El grito de Vince ahogó un poco el sonido. Kris decidió acercarse a la muchedumbre, pero él y Alpha quedaron atrás aún, escondidos y agazapados. Se armó rápidamente un revuelo que sirvió a Anna para rescatar a Marcoh y reunirse con Kris, pero... ... el revuelo dejó paso a otra cosa peor. Miedo. Vince salió del escondite mientras vosotros lograbais llevar a Marcoh hacia fuera todo lo posible. Corrió, ignorando que estabais ahí, y se abrió paso entre todos de forma brusca, apartando a la multitud a manotazos. Tampoco era como si nadie se interpusiese en su camino: el shock había hecho o que se paralizasen, o que quisiesen huir. Pero no había huída posible. —¡¡Drakloak!! ¡¿Qué le has hecho?! Cuando Vince llegó hasta Valiant, lo hizo con el puño por delante, furioso. No obstante, Valiant lo detuvo con una sola mano, agarrándole la mano. A juzgar por la expresión que puso Vince, debía estar apretándole con una fuerza extraordinaria: todo su cuerpo quedó subyugado, aparentemente, por un solo agarrón del robot. —CALMA... EL POKÉMON ESTÁ BIEN. A SALVO. SOLO LE HE PRIVADO DE SU FUERZA, DE SU ENERGÍA, PARA DARLE UN MEJOR USO. PODRÁS ENTRENARLO NUEVAMENTE, DESDE CERO; HACER QUE GANE PODER. MANTENER EL CICLO. —¿Ciclo? H-Hijo de puta- ¡Agh! Valiant, en ese momento, giró la mano de Vince, y el chico se retorció de dolor. Luego, Valiant miró a Dreepy, en el suelo, que se incorporaba con debilidad, pequeño y frágil. —LOS POKÉMON TIENEN UN GRAN POTENCIAL. Y ESE POTENCIAL SOLO LO PUEDEN EXTRAER LOS HUMANOS, LOS ENTRENADORES. POR ESO OS NECESITAMOS MOTIVADOS, ACTIVOS. FUERTES. SOIS UNA PARTE CLAVE DEL IMPERIO DE VALTHYRIA, IMPRESCINDIBLE. "Motivados, activos, fuertes". Las palabras resonaron con Alpha un poco: ¿acaso esa pequeña "prueba" a la que le sometió el robot jefe buscaba, precisamente, darle a Alpha un pequeño impulso para sacar su fuerza? A Valiant solo le interesaban los humanos en la medida en que podían... entrenar a pokémon, y así robar luego los frutos de ese entrenamiento. Eran un medio para un fin. Y un holder ya llevaba de serie un sello de garantía para ello, Chance y el Imperio lo sabía bien. Materia prima de primera. No podía desaprovecharse. —... HECHAS LAS DEBIDAS EXPLICACIONES, EXISTEN DOS OPCIONES AHORA —empezó a decir Valiant. Mientras tanto, Kris y Anna ya habían arrastrado a Marcoh al punto en el que se escondía Kris originalmente, junto a Alpha. Y en ese momento, el pacificador empezó a recuperar poco a poco la conciencia, sus ojos abriéndose con lentitud. —¿D-Dónde estoy...? —OPCIÓN 1: VOLVED A VUESTRA SALA DE ESPERA, CON CALMA, A AGUARDAR LA LLEGADA A PUERTO, QUE ACONTECERÁ EN BREVE... Y SEGUID LAS INSTRUCCIONES QUE SE OS VAYAN DANDO. Pudisteis daros cuenta entonces de que estabais rodeados. Por detrás de vosotros, dos Ferropaladines se aproximaban, cortando la salida. En el desvío también apareció otro. No había... forma de huir. No sin el "permiso" de Valiant. Era eso, o... —OPCIÓN 2: MORID AQUÍ, COMO EL POBRE INFELIZ QUE YACE EN EL SUELO. ¿QUÉ ELIGE USTED, AGENTE FARADAY? Vince, aún dolorido, solo podía mirar a Dreepy con desesperación, anhelando rescatarlo, pero incapaz de moverse. Había, de hecho, caído sobre su rodilla. Cerró los ojos, y dijo: —... obedeceré lo que digáis. Y el jefe de los robots, solo entonces, le soltó. Vince no tardó ni dos segundos en tomar entre sus brazos a Dreepy cuando lo hizo. —... BUENA DECISIÓN. —Valiant miró entonces hacia abajo, y sus ojos parpadearon. Luego miró a la multitud, en silencio. Parecía... haberse percatado de que algo no cuadraba. Un escáner surgió brevemente de sus ojos. Cuando lo hizo, y pasó la vista por los pacificadores, sentenció—. AHORA, AGENTE FARADAY, Y TODOS LOS QUE SEAN FIELES AL IMPERIO... DEMUÉSTRENLO. >> TRÁIGANME A ANNA HIRADAIRA. YA.
En silencio y desde la esquina misma nos quedamos observando como sombras, imposibles de recibir atención dada la muchedumbre acorralando a ese ser de metal entre preguntas y alegatos. ¿Que todos tenían un lugar en Valthyria? Aferraba los puños hasta tornarlos blancos provocando el temblor de mis antebrazos en su mismo lugar. Hablaba como quien está en un juego refiriéndose a sus cartas, hacías el par y luego botabas para seguir hasta ganar la partida. A estos tipejos, a sus pokémon, estoy seguro que incluso a las máquinas que destrocé. Todo era reemplazable tras cumplir su labor. Y los que no... No necesité imaginarlo para saberlo. Rojo desbordando por la punta filuda hasta caer al piso en una charca de nauseabunda muerte. Me ericé desde los pies hasta la coronilla antes de apartar la vista y reducirme en un ovillo. Ardor acariciándome la garganta nacido desde un dolor en la boca del estómago que casi me lleva a vomitar. Otra vez ocurría. Pasaban de vuelta las imágenes de la playa, la arena teñida de bermellón y un eco de los últimos suspiros de esa mujer reverberaban en mi mente cuando el acero tembló bajo peso inerte. ¿Por qué...? ¿... Por qué otra vez? ... Si para evitar esto me había subido a este estúpido barco. Todo pareció borrarse de mi entorno por un tiempo que no soy capaz de medir ni recordar. Solo oí gritos y voces metálicas resonar en una mezcla ininteligible de idas y vueltas. Cuando pude asomarme de mi abstracción lo vi de lleno: Vince golpeando contra el general enemigo y éste no solo haciéndolo a un lado cual paquete, sino también terminando de... Desnutrir al casi Dragapult hasta transformarlo en la fase inicial extrayendo un líquido que no tardé en recordar. Si había ocurrido hace menos de media hora, ahí donde el pokémon de Marcoh estaba nadando indefenso. Cruzado de brazos fui incapaz de seguir viendo. Él también... No hay más ruidos grotescos, menos mal. A mi lado oigo pasos y levanto el rostro para ver a dos más llegar con nosotros. Una chica y... Marcoh. No me cambió la expresión pero suspiré para mis adentros con alivio. Un problema menos. Ahora solo queda... El otro problema gigantesco que teníamos delante. Esa cosa tenía una idea macabra. Entrenar, absorber y luego volver a hacer crecer a los pokémon para alimentar a sus creaciones. Apreté mis uñas contra mis hombros hasta hacer escocer al darme cuenta de que para eso era su tontería de prueba. Quería otro peón, un miembro más de su equipo como quien avienta una pokéball a un salvaje para domesticarlo y que peleé por él. Una mierda. Miré al camino de origen como una suerte salvación solo para ver de pronto las colas alteradas de Tauros. Latigueaban cobardemente en el aire mientras, pasos hacia atrás, se acorralaba a sí mismo contra el marco de metal forzándome a moverme si no quería quedar aplastado. Ahí venían mínimo dos guardias, por como chocaban los pies pesados contra las planchas bajo nosotros. Por el frente, llamaban claramente a atrapar a una tal Anna, la que salvó a Marcoh, imagino. O sea... También vienen para acá. —Nos embolsaron—Avisé de pronto, aparentemente siendo el primero en reaccionar.—... Muévanse. Sin refuerzos, ni relevos. Sin pokémon o algún arma. Maldije nuestra suerte y también la falta de peso en mi mano derecha. Sin la espada estaba totalmente indefenso. Era imposible romper o siquiera resistirnos. Tocaba... Elegir. Ir hacia atrás nos dejaba con una cantidad incierta de tropas. Delante una sala llena de pacificadores aterrados a punto de seguir las órdenes, un cadáver que no quería ni ver y lo más peligroso en el barco, el general enemigo con ganas de añadir a la castaña, y porque no al albino, a su conteo de muertes. La falsa ilusión de la elección, ¿no? Por eso salí el primero con manos en alto, metiéndome en el espacio que había dejado Vince previamente al pasar. —Me rindo—Dije de inmediato. Hablaba hacia el robot, pero no podía sino ver hacia cualquier otra parte que evitara poner mis ojos en los restos.—. Negociemos... No toques a nadie más y ayudaré en lo que quieras. A este punto... Al menos podía intentar evitar que corriera más sangre. Qué más daba condenarme a cualquier cosa.