Ciencia ficción Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 16 Noviembre 2025.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    13
     
    Palabras:
    6109
    Hola a todos, en especial a mi buen amigo Reydelaperdicion por estar siempre presente, disfrutando de esta historia y a su vez haciendo que los fines de semana (siempre que es posible juntarnos) sean de mucha desconexión y diversión. No tengo mucho más que decir, aparte de que algunas guías han sido actualizadas en función de los eventos actuales, así que sin más, solo puedo esperar y desear que disfrutéis de la lectura.







    El guardián de Khara (II)




    — Yaya sabe reconocer cuando alguien es especial.

    Ebran encendió unas velas en su humilde morada, donde se encontraba Jackon como invitado.

    El resto del grupo estaba dándose una vuelta por el poblado, eso si, vigilados por los miembros de la resistencia. El líder insurgente le había pedido al comandante de la expedición una conversación en privado tras presenciar aquel curioso acontecimiento entre la anciana kharaket y el joven humano.

    Sin embargo, lo que quería decirle no tenía nada que ver con eso.

    — ¿Si? — Vaalot le restaba importancia a supuestas leyendas de las especies en general, en este caso de los kharaket — Bueno, no tengo nada de especial. Solo quiero acabar con Akkor y sus trucos sucios, ya que ellos me han traído hasta aquí.

    — Y eso, en parte, ha sido algo bueno — Musitó el joven kharaket, prendiendo una especie de incienso una vez las velas adornaban el salón de su vivienda — Al menos para mi gente.

    El hogar de Ebran constaba de una casa hecha de madera y distribuida en un salón, un dormitorio y una habitación más que el humano desconocía para qué servía. Tenía pocos muebles y era iluminada por velas, algo que seguía evidenciando la falta de tecnología en las vidas de los kharaket, al menos de aquellos que se embarcaron en la cruzada de la resistencia contra el gobierno liderado por Zorin.

    — ¿De qué querías hablar? — Jackon quiso ir directo al grano, pues no deseaba pasar más tiempo del necesario en Khara.

    — Quiero que sepas algunas cosas de nosotros… y alguna cosa de uno de tus amigos.

    — ¿A qué te refieres?

    — Vayamos paso a paso.

    Ebran le indicó a Jackon que tomase asiento con un gesto, algo que el humano aceptó a regañadientes, preguntándose principalmente a qué se refería con saber algo de uno de sus amigos. El comandante de la expedición no apreciaba mucho a aquellos que se portaban como tipos enigmáticos, tolerando bastante poco ese aura de misterio en algunos.

    — Como te dije en el puente de mando de tu nave, andamos escasos de tecnología, como puedes ver — El kharaket mostró las palmas de las manos y con ellas señaló su alrededor — Y como ya sabes, Akkor tiene un acuerdo con Zorin para la entrega de cargamentos con suministros tecnológicos cada seis meses.

    — Sí, eso lo sé.

    — Bueno, ¿Akkor mencionó por qué nos hace entrega de ese cargamento y por qué tiene ese acuerdo con Zorin?

    — No.

    — Mi gente, los kharaket, teníamos tecnología avanzada. Estábamos empezando a salir de Khara para visitar el resto de mundos de Ketenna, nuestro sistema, pero entonces aparecieron los anixis — El líder insurgente lo contaba con cierta rabia en su tono de voz — Aparecieron el despreciable general Plaxor y sus soldados, iniciando así el primer contacto entre especies. Como te puedes imaginar, la cosa no terminó bien.

    — Plaxor está muerto, si te sirve de consuelo — Vaalot no tuvo reparo en regalarle ese dato a su nuevo aliado — Ese bastardo también intentó joderme a mí y a los míos.

    — Me alegra saberlo, espero que fuese lenta.

    Jackon hizo una mueca de indiferencia a ese comentario y permaneció en silencio, queriendo seguir escuchando al kharaket.

    — La cuestión es que, de un día para otro, la tecnología de mi especie dejó de funcionar. Fue como si algo la hubiese desactivado. Ya fuese maquinaria, armamento, vehículos… todo dejó de ser útil.

    — Y fue entonces cuando Akkor os propuso abasteceros con tecnología anixis, ¿verdad?

    — Eso es.

    — Lo que no entiendo es porqué. ¿Qué quería él a cambio?

    — No lo sabemos, pero seguramente Zorin sí.

    — Akkor también lo sabrá — El humano pensó en ese momento que quizá convendría capturarlo con vida, si ofrecía resistencia — Tendrá información tanto para ti como para mi.

    — Lo doy por sentado — Dijo Ebran, que una vez reveló el porqué de la falta de tecnología en su planeta, decidió abordar el otro asunto que tenía en mente — Sobre tu amigo…

    — ¿Cuál de todos?

    — Ese ser de piel verde claro, no recuerdo el nombre de su especie.

    — El neoniano, Kairos Kent.

    — Supongo que será ese, sí — El líder de la resistencia frunció el ceño y miró detenidamente al humano — Justo antes de que os liberarais en Táfadon e irrumpierais en mi tienda, ese tal Kairos me ofertó aliarme con él y con sus mercenarios.

    — ¿Qué más dijo? — Jackon no esperaba que el neoniano intentase una alianza por su cuenta, pero tampoco es que se sorprendiese de que tuviese alguna jugada sucia entre manos — Porque los falsos como él suelen hablar más de lo que deberían.

    — Me propuso eso y me dijo que pretende gobernar Ibos una vez derroquemos a Akkor del poder. Básicamente, quiere cambiar un tirano por otro tirano, por él mismo.

    — ¿Y por qué me cuentas esto, Ebran? — El comandante apoyó ambas manos sobre la mesa que le separaba del kharaket, teniéndolo enfrente.

    — Es una prueba de mi lealtad hacia nuestra temprana unión — Asintió el líder insurgente, queriendo demostrar su confianza — Te advierto de un potencial peligro que puedes tener porque espero que tú hagas lo mismo si se llega a dar el caso.

    — Tenemos un acuerdo — Vaalot le tendió la mano, gesto que el kharaket desconocía — Estrecha mi mano y no solo tendrás mi palabra, sino también el valor de un pacto que voy a cumplir por mi parte.

    — Admiro esa honestidad en ti, la percibo, incluso — Ebran estrechó la mano del líder de la expedición, mostrándose contento — Sé que he hecho bien en contarte todo esto.

    — Mantendré vigilado a Kairos, descuida — Musitó Jackon, incorporándose de su asiento — Aprovechemos y vayamos a ese almacén donde podamos abastecernos de suministros, me gustaría partir antes de que anochezca.

    — Por supuesto, sígueme.

    El líder de la insurgencia kharaket invitó al humano de su mismo rango a seguirle, saliendo de la vivienda en la que se hallaban.

    La mayoría de calles del poblado estaban delimitadas por senderos rodeados de vegetación seca —debido al clima árido del planeta, pese a estar más al norte— pero por ellos transitaban los civiles afiliados a la resistencia, observando al humano con esa característica mezcla entre curiosidad y temor, debido a que era la primera vez que veían a un nuevo alienígena desde la llegada de los anixis muchos años atrás.

    En cuestión de unos pocos minutos, Jackon y Ebran llegaron a la entrada de una cueva, custodiada por dos guardias y en la cual ya estaban esperando no solo más kharaket sino el resto de los tripulantes de la Explorario, que habían sido llevados allí al poco de observar la aldea.

    — Ahí dentro almacenamos todo lo que tenemos, ya sea víveres o tecnología — Explicó Ebran, señalando la entrada a dicha cueva — Por desgracia, contamos con pocos suministros que puedan sernos útiles de cara a enfrentar a Akkor en Ibos.

    — No pasa nada, siempre es mejor algo que nada — Indicó el comandante de la expedición — Veamos que tenéis.

    Mientras Jackon se disponía a entrar a la cueva que utilizaban esos kharaket como almacén, éste lanzó una mirada bastante seria a Kairos, que se encontraba en su camino. El neoniano no esperaba esa reacción al cruzar miradas, sintiéndose un tanto extrañado hasta que rápidamente pudo hilar cabos sueltos en su mente. Instantáneamente, Kent frunció el ceño y miró para un lado, sabiendo que su comandante le había perdido algo de respeto por ese intento de soborno a Ebran durante los sucesos en Táfadon.

    No obstante, sus pensamientos y los del resto pronto serían atraídos por un repentino mensaje de radio proveniente de la Explorario.

    ¿Hola? ¿M-me recibe alguien?

    — ¿Quién es? — Aunque todos recibieron el mensaje debido a que este fue emitido en una línea que conectaba con todos, fue Mia quién tomó la iniciativa de contestarlo — ¿Young? ¿Rath? ¿Uldi?

    Sí, soy Uldi — Musitó la voz en la radio, hablando en un tono bajo y con la voz temblorosa — Yo, eh… ayuda.

    — Uldi, ¿qué está pasando? — Ikviek habló por la radio que tenía equipada.

    Unos kharaket han… — La doctora de la expedición enmudeció — Ayuda.

    Tanto Ebran y sus camaradas como Jackon y su grupo se miraron entre sí durante unos escasos segundos, temiéndose lo peor. Los mensajes breves y llenos de silencio por parte de Uldi hacían presagiar que algo grave estaba ocurriendo a bordo de la Explorario, especialmente con la mención de que unos kharaket estaban por allí.

    Rápidamente, el comandante miró a los suyos y empezó a señalar quiénes quería que le acompañaran.

    — Oda, ¿te importaría quedarte y ver con Ebran cuáles suministros podemos llevarnos? — Vaalot también se fijó en la ingeniera asiática, con la que apenas había vuelto a interactuar desde el intento de la chica por acercarse al corazón del comandante — Mia, quédate con ella y ayúdala, por favor.

    — Entendido, comandante — Asintió la IA con forma humana.

    — Sí, está bien — Respondió Yazuke con cierta indiferencia.

    Ikviek, Kairos y Ernu irían con él de regreso a la ubicación del navío en una lanzadera, mientras Oda y Mia se encargarían de gestionar qué recursos llevarían consigo a bordo antes de partir de Khara. El comandante de la expedición no pretendía contar con los insurgentes, pero su líder no dudó en ofrecer su ayuda, consciente de que podían necesitarla.

    — Varios de los míos pueden acompañaros — Ebran no dudó en indicarle a cuatro de los suyos que se fueran con el humano — Una de ellos es Solphea, mi segunda al mando y una de las mejores.

    Solphea era una kharaket que más allá de la apariencia propia de estos, destacaba por tener una mirada penetrante y fina, además de una gran habilidad en el combate cuerpo a cuerpo. La segunda al mando de la insurgencia que peleaba contra el gobierno de Zorin no dudó en obedecer a su superior, junto a tres soldados y compañeros suyos.

    — Te lo agradezco — Valorando realmente ese gesto de su aliado, Jackon asintió como señal de agradecimiento — Vamos.

    — Tened cuidado, es probable que se trate de un escuadrón del ejército — Ebran quiso advertir al humano y su grupo — Irán fuertemente armados y seguramente han visto tu nave durante la entrada al planeta. Hay una ciudad no muy lejos de aquí, quizá vengan de ella.

    — Deben ser ellos — Recalcó Solphea, mirando primero a su líder y luego al alienígena que debería obedecer durante un rato — Querrán la nave.

    — Para llevarse la Explorario antes deberán matarnos a todos.

    Con la ferocidad que siempre caracterizaba a Vaalot en momentos en los que las cosas se complicaban, el comandante indicó con un gesto a sus soldados y a los prestados por la resistencia kharaket que era momento de partir, dirigiéndose hacia una de las dos lanzaderas con las que habían aterrizado en la entrada al poblado.

    Todo ello mientras Ebran guiaba a Oda y Mia al interior de la cueva donde tenían ciertos suministros que podrían ser útiles en el intento por asaltar a Akkor y sus operativos en Ibos.

    […]

    Dos horas antes


    Camaradas, deberíamos avanzar — Indicó Ebran, sabedor de que les esperaba un largo camino.

    No te preocupes, podremos ir todos en las dos lanzaderas — El comandante Vaalot no tenía pensado caminar durante tantos kilómetros para llegar a dichas montañas donde estaba el poblado de la resistencia.

    ¡Comandante! — Ernu llamó la atención de su superior — ¿Qué hacemos con la Explorario? ¿La dejamos aquí sin más?

    Desde luego que no — La respuesta de Jackon fue clara — Necesito voluntarios para quedarse a bordo.

    ¿Quién carajo querría robar la nave? — Young no pensaba que alguien pretendiese obtenerla.

    Humana, te aseguro que hay gente muy desesperada en este mundo — Uno de los kharaket se dirigió a ella — Podrían adueñarse de la nave los grupos de bandidos que merodean las estepas e incluso el propio ejército del gobierno de Zorin.

    Bah — Musitó la hacker de la expedición, quitándole hierro al asunto — Está bien, joder, yo me quedaré.

    Al menos dos personas más deberían estar contigo — Con seriedad, Jackon señaló a dos acompañantes de Young — ¿Rath? ¿Uldi?

    No tengo problema en quedarme, comandante — La psicóloga neoniana no puso objeción alguna a ser elegida para quedarse atrás.

    ¡Gracias! — Uldi, que no contaba con casi habilidades como exploradora ni soldado, agradeció bastante el quedarse a bordo de la nave — Sí, me quedo, gracias.

    La humana, la neoniana y la syleriana esperaban a bordo de la Explorario el regreso del resto de sus compañeros de expedición.

    Con tal de preservar la seguridad del navío y no dejarla abandonada durante unas horas, las tres mujeres accedieron a quedarse. Junto a ellas solo estaba la IA básica de la nave, cumpliendo funciones sencillas y automatizadas pero sin capacidad para realizar nada más. La doctora de la tripulación se encontraba en su pequeña clínica médica, organizando el inventario que tenía y que apenas había sido utilizado, ya que no había habido casi heridos en las misiones; únicamente muertes directas.

    La exploradora y psicóloga de la expedición se hallaba en el puente de mando junto a la hacker e ingeniera, ambas realizando distintos comandos mientras aguardaban cualquier noticia de parte del comandante Vaalot y del resto. Ambas apenas habían interactuado más allá de breves conversaciones desde que la expedición a la que fueron forzadas a participar, dio comienzo. Por ello, el silencio fue la tónica general en el tiempo en el que compartían el espacio, hasta que la neoniana decidió romper esa barrera de indiferencia que se encontraba entre las dos.

    — Young, leí tu informe hace unas semanas — Dijo de pronto Rath, girándose hacia la humana. Ambas estaban sentadas frente a pantallas y comandos — En el se indica tu perfil psicológico: eres irascible, borde y no confías en nadie.

    — Vaya, parece que los anixis que me tenían encerrada en procesamiento me estuvieron evaluando bastante bien — Expresó la hacker, mostrando una media sonrisa que rápidamente se evaporó — ¿Y qué pasa? ¿Te supone un problema mi personalidad?

    — En absoluto, pero me he dedicado toda mi vida al estudio de las distintas personalidades y como se van formando. Cuando mi especie se unió a la Alianza, apenas era una joven aprendiz y el explorar las personalidades en distintas especies me ha enriquecido bastante.

    — Te doy la enhorabuena por eso.

    — Eres huérfana, ¿verdad?

    La afirmación con posterior pregunta de Rath buscaba una confirmación que recibió inmediatamente por parte de Young mediante su expresión facial y mirada asesina, bastándole para obtener su respuesta. La psicóloga había tocado una fibra delicada y sensible de la vida de la humana.

    — No sabes esconder tus emociones — Musitó Rath, asintiendo para sí misma pese a dirigir sus palabras a su compañera — Es normal, no tuviste figuras paternas que te hiciesen comprenderlas.

    — Vete a la mierda — Murmuró Young con cierta ira — Estoy harta de que me psicoanalice todo el mundo.

    — Yo no pretendo hacerlo, solo quiero conocerte más — Se sinceró la exploradora — Hemos sido compañeras durante un mes de viaje espacial y apenas hemos intercambiado monosílabos hasta ahora.

    — No he venido aquí por placer ni para hacer amigos — La ingeniera siguió tecleando unos comandos antes de detenerse bruscamente, respirar hondo y mirar a su compañera — Mira, Rath, entiendo lo que intentas. Muchos en el pasado también lo han intentado. No pienso confiar en nadie ni abrirme ante ti, no esperes que formemos un vínculo que nos haga ser amigas para siempre, porque ni quiero eso ni lo busco.

    — Te has acostumbrado a estar sola, pero no estás aprovechando la oportunidad que te brinda el estar en esta misión — La neoniana se incorporó de su asiento, una vez había acabado sus tareas realizando comandos en el puente — Recuerda que somos un equipo, Young.

    La hacker ni se inmutó, centrando la mirada en la pantalla que tenía enfrente mientras la psicóloga decidía que su estancia en el puente de mando había llegado a su fin.

    Con el propósito de dirigirse hacia la clínica médica para así entablar contacto con Uldi, la neoniana empezó a caminar en dirección a la salida de la sala, cuando un pitido muy insistente empezó a alertarla tanto a ella como a Young. Rápidamente, una de las pantallas se iluminó y empezó a emitir constantes parpadeos, al mismo tiempo que la IA de la nave lanzaba un aviso bastante preocupante.

    Se detectan formas de vida en las inmediaciones de la nave.

    — ¡¿Son los demás?! — Preguntó un tanto alterada Uldi, que había ido corriendo desde la sala médica hasta el puente de mando en cuanto escuchó la alarma.

    — No lo creo — Indicó la humana, señalando las cámaras externas de la Explorario — Parecen soldados kharaket, como esos que vinieron a por el cargamento en Táfadon.

    — Hay que avisar al comandante y a los demás — Rath se dispuso a ello.

    Repentinamente, una explosión hizo tambalearse durante dos segundos al navío, lo que hizo que las mujeres volteasen de nuevo a ver las cámaras.

    Ese escuadrón del ejército kharaket había utilizado un explosivo para detonar las resistentes bisagras de la compuerta presurizada que daba acceso al interior de la nave, ubicada en la zona del hangar. Colocados de una forma perfectamente estratégica, las bisagras cedieron y la compuerta se abrió por inercia, exponiendo el interior del hangar a una veintena de soldados kharaket, armados con tecnología anixis y bien provistos.

    El trío de mujeres se miraron entre sí, señalando rápidamente el paso a seguir.

    — ¡Rápido, a la armería! — Indicó Rath, siendo la primera en ir corriendo a abastecerse de un arma y munición.

    — ¡Te sigo! — Young no iba a quedarse atrás — ¡Tú, Uldi, avisa al resto! ¡Trataremos de que no pasen del hangar!

    — ¡V-vale, vale!

    Fue así como la syleriana se quedó en el puente de mando, utilizando una serie de comandos que le permitían hablar por la radio general de la nave, contactando así con todos los que tenían esa frecuencia en sus radios. Los disparos entre ambos bandos dieron comienzo, resonando por todas las salas de la Explorario como un eco infinito.

    — ¿Hola? ¿M-me recibe alguien?

    ¿Quién es? — Aunque todos recibieron el mensaje debido a que este fue emitido en una línea que conectaba con todos, fue Mia quién tomó la iniciativa de contestarlo — ¿Young? ¿Rath? ¿Uldi?

    — Sí, soy Uldi — Musitó la voz en la radio, hablando en un tono bajo y con la voz temblorosa — Yo, eh… ayuda.

    Uldi, ¿qué está pasando? — Ikviek habló por la radio que tenía equipada.

    Unos kharaket han… — La doctora de la expedición enmudeció — Ayuda.

    Repentinamente, los disparos cesaron.

    Uldi dejó la radio y corrió a esconderse tras unas cajas de suministros que ocupaban una esquina del puente de mando, ya que estaba desarmada y completamente aterrada. El silencio era desolador hasta que empezaron a escucharse una serie de pasos uniformes que resonaban con cada vez más fuerza, pisando sobre la superficie metálica del navío, hasta que un numeroso grupo de kharaket aparecieron en el puente de mando y armados hasta los dientes.

    — ¡Asegurad la zona! — Ordenó aquel soldado que estaba al mando — ¡Registrad cada rincón de esta nave, no me creo que estuviesen esos dos seres solos aquí!

    — Entendido, subcomandante Strul.

    — Subcomandante, tiene una llamada del comandante Draux.

    — Pásamelo.

    Un soldado kharaket le acercó un aparato similar a un comunicador a quién era el subcomandante del ejército y a su vez el líder de ese escuadrón.

    Strul —que estuvo presente en el punto de encuentro por el cargamento en Táfadon, donde perdió a su hermano y subcomandante Vogais— tomó dicho aparato y contestó al llamado de su superior, con un semblante molesto. La doctora syleriana lo estaba escuchando todo gracias a que kharaket y el resto de especies compartían ese traductor universal de origen anixis.

    — ¿Qué quieres, Draux?

    Esa no es forma de hablarle a tu comandante, Strul.

    — ¿Y cómo mierda quieres que te hable? — El subcomandante se veía bastante enfadado — ¡Quise vengarme en Táfadon de esos seres y de la resistencia! ¡Mataron a mi hermano y tú ordenaste la puta retirada!

    En las batallas hay muertes, deberías saberlo a estas alturas — La respuesta de su comandante no le contentó en absoluto — Te dije que no asaltaras la nave de esos exiliados, hicimos bien en colocarles el localizador antes de reunirnos con ellos pero el plan era esperar a su regreso a Ibos.

    — ¿Y eso para qué? — Strul no estaba de acuerdo — ¡Podemos acabar con ellos aquí y ahora, en Khara! ¡Quizá incluso encontremos dónde se esconden los malnacidos de la resistencia!

    Ha habido un cambio de planes, órdenes del representante Zorin — Draux tomó una pausa — Parece que las cosas con Akkor se han complicado e incluso se teme que haya perdido el control en su mundo, por eso mismo, el objetivo es dejar que los exiliados regresen a su hogar para así tener las coordenadas exactas del planeta.

    — ¡¿Y qué vamos a hacer después?! ¡¿Asaltar un mundo repleto de anixis que ahora comparten con más seres, estando mejor equipados que nosotros?! ¡Es ridículo!

    No necesariamente tenemos que asaltar su mundo, nos basta con realizar un viaje y obtener toda su información, planos tecnológicos… Podría ser nuestra oportunidad de volver a ser la civilización que éramos.

    — Eso es conformarse con las migajas, escondiéndonos y robando como si fuésemos inferiores — Musitó Strul, cansado de seguir órdenes — Yo y mis soldados estamos de acuerdo en este plan, que es un mejor plan.

    ¿Qué plan? ¿Vais a insubordinaros así?

    — Mataremos a estos seres, nos quedaremos con esta maldita nave, que de seguro tiene ya las coordenadas del planeta anixis e iremos nosotros a por todos esos datos que tanto anhela el representante Zorin.

    ¿Y después? Si actúas en solitario, estarás a tu suerte en ese mundo y en tu regreso a este. De hecho, por insubordinado, tú y tus soldados pagaréis la traición. Seréis buscados como lo está siendo la resistencia.

    — Al menos no ordenaré una retirada para dejar morir a los míos, comandante malnacido de mierda — El subcomandante estaba decidido a terminar la conversación ahí — Mándale recuerdos al puto de Zorin, dile que regresaré como un héroe y fundaré una nueva nación. Yo seré el guardián de Khara que ni él ni nadie nunca han podido ser.

    Strul cortó la llamada y le cedió de nuevo el comunicador a uno de sus soldados.

    Dieciocho kharaket estaban dispersándose por todas las salas de la nave en busca del resto de la expedición, que sin que ellos lo supiesen, estaban de regreso en una lanzadera. Uldi se estremecía de terror, escondida tras varias cajas de suministros mientras observaba como Strul trataba de conocer cuáles eran los comandos operativos de la nave para así ponerla en marcha y demás.

    Sin saber de Young y de Rath, la esperanza de la médico syleriana pasaba porque sus compañeros salvasen el día.

    — ¡Subcomandante! — Uno de los soldados que estaba junto a su líder en el puente, vio por las cámaras externas y el radar del área como se aproximaba un vehículo aéreo — ¡Alguien se acerca!

    — ¡Si es el comandante Draux o el comandante Huze, quiero que disparéis a matar! ¡Son enemigos por seguir confiando en Zorin! — Exclamó Strul, dando una orden clara a sus soldados — ¡Y si son la resistencia, o esos seres que parece que se han esfumado de la nave, también los quiero muertos! ¡Van a pagar caro el haber asesinado a mi hermano en Táfadon!

    […]

    — Aproximándonos a la Explorario, comandante.

    Ernu pilotaba la lanzadera en la cual iban el propio Jackon, Ikviek y Kairos, siendo ellos cuatro junto a Solphea y tres kharaket más quiénes se encargarían de averiguar el porqué de esa extraña comunicación con Uldi. La syleriana había advertido de la presencia de kharaket desconocidos, pero no se sabía si estaban en el interior o por fuera del navío, cuestión que se resolvió en la llegada del vehículo aéreo a las inmediaciones de la Explorario.

    — Hijos de puta… — Murmuró Vaalot con rabia.

    — Han entrado — Kairos confirmaba lo que ya era evidente para todos.

    — Esto no es cosa de simples rebeldes, ¿verdad? — Ikviek se volteó hacia Solphea y los suyos.

    — Los bandidos no cuentan apenas con tecnología, a menos que hayan atacado algún convoy del ejército y les hayan robado — La segunda al mando de la insurgencia kharaket decidió hablar con lógica — Así que si tuviera que apostar por alguien, diría que esto es obra del ejército.

    — Así es, tan solo fijaos en cómo han abierto la compuerta de vuestra nave — Uno de los rebeldes señaló a través de la ventana de la lanzadera — En Khara, solo la milicia cuenta con explosivos.

    — Desciendo, comandante — El joven anixis que pilotaba dio el aviso — Preparaos todos, podemos encontrar resistencia inmediata en la zona.

    Jackon les indicó a sus compañeros de expedición que tomasen sus armas, mientras Solphea y los tres kharaket restantes habían recibido prestadas aquellas armas que portaban otros, siendo indispensable el tenerlas para el probable conflicto que se avecinaba. Una vez el vehículo aéreo tomó tierra y una de las compuertas laterales se abrió, comprobaron que hasta tres lanzaderas enemigas se encontraban allí, a pies de la Explorario.

    Una polvareda empujada por el viento que se estaba alzando en la llanura dificultó durante unos instantes la visibilidad para el grupo, momento en el que un escuadrón de diez soldados kharaket descendieron por la rampa del hangar y empezaron a dispararles, alcanzando a uno de los tres miembros de la resistencia que acompañaban a la mano derecha de Ebran.

    La herida era fatal y el kharaket apenas jadeaba mientras una sangre de color casi negro brotaba de un lado de su cuello, zona del impacto de bala.

    — ¡Cobertura! ¡Rápido! — Ordenó Jackon, que estaba empezando a experimentar el peso de su cargo desde que emprendió el inicio de esa expedición forzada en la que se encontraba.

    Ikviek, Solphea y los dos rebeldes restantes que la acompañaban se escudaron en una de las lanzaderas del ejército kharaket, mientras que el comandante, Ernu y Kairos ocupaban otra posición, tras uno de esos mismos vehículos aéreos.

    Consciente de que no podrían avanzar si el enemigo contaba con la ventaja numérica, el soldado anixis más veterano decidió mostrar su amplia experiencia en ese tipo de conflictos. Armado con un rifle Winlock y aprovechando las cortinas de polvo que el viento provocaba, Ikviek se escabulló hasta la tercera de las lanzaderas de la milicia enemiga.

    La mayoría de sus compañeros lo vieron, por lo que intuyeron lo que pretendía.

    — ¡Disparad! ¡Atraed su atención! — Solphea no dudó en dar la orden pese a que era el humano quién estaba al mando de la operación.

    El grupo de diez kharaket que disparaban desde la entrada del hangar no vieron venir el disparo limpio que atravesó la cabeza de uno de sus compañeros el cual cayó sobre la rampa de acceso, tiñéndola de una sangre espesa y muy oscura. Sin detectar de dónde provenían los disparos, hasta cuatro más cayeron presas de la mira óptica del Winlock que portaba Ikviek, dejando cinco soldados restantes que optaron por retirarse al interior de la nave, donde suponían que tendrían la ventaja con mejores coberturas que el estar expuestos en la zona de acceso al navío.

    — Buen trabajo, anixis.

    La única kharaket presente supo reconocer la habilidad de Ikviek, que únicamente contestó con un suspiro y una media sonrisa, mientras su rifle francotirador veía salir un ligero humo de su cañón. Sin tiempo que perder, el comandante Vaalot tomó la iniciativa cauta de ir al frente, adentrándose todos juntos al interior de la Explorario y encontrándose no solo con los cuerpos de esos cinco soldados enemigos que habían sido abatidos, sino también con dos cadáveres conocidos.

    Young yacía literalmente agujereada por una ingente cantidad de balas que le habían perforado todos los órganos, quitándole la vida en el acto, mientras que Rath parecía estar muerta hasta que Kairos se aproximó a ella y le tomó el pulso, pues su estado no era ni parecido al de la humana muerta.

    — ¡Está viva! — Indicó el neoniano, sorprendiendo al resto.

    — Yo me quedaré con ella — El joven soldado anixis decidió custodiar a su compañera y asegurarse de que permanecía con vida — Avanzad, si aparecen más soldados podré avisaros con tiempo desde esta posición.

    — Vale, Ernu, permanece atento y cuida de ella — Jackon se quedó tranquilo sabiendo que su noble compañero estaría ahí — El resto sigamos con cuidado, podrían estar esperándonos en los pasillos.

    El comandante y Kairos iban al frente mientras tras ellos estaban los dos rebeldes y la retaguardia la protegían Solphea e Ikviek.

    Antes de poder avanzar por el pasillo que conectaba con varias instalaciones de la nave, una ráfaga de disparos impactaron en la pared, haciendo rebotar las balas de lo que serían armas Striker —lo que indicaba que el ejército kharaket había recibido en cargamentos de años anteriores, armas de procedencia humana, entre otras—. El grupo retrocedió, sabiendo que si asomaban siquiera un poco la cabeza, terminarían muertos.

    Sin embargo, había algo con lo que los enemigos no contaban o al menos no parecía que tuvieran en su poder.

    — No salgo de casa sin dos de estas, al menos.

    Kent, como buen neoniano que era, portaba consigo dos granadas de energía clásicas de su especie, las cuáles emitían un pulso eléctrico al detonar que inutilizaban temporalmente cualquier arma o artefacto tecnológico en un radio corto de espacio. Los cinco soldados que habían retrocedido desde el hangar hasta el interior de la nave se vieron sorprendidos por esas granadas, que al activarse dejaron sus armas totalmente inservibles por un lapso de treinta segundos, tiempo suficiente para que el grupo apareciese ante sus coberturas en distintos pasillos para perforarles las armaduras básicas que tenían sobre su vestimenta militar.

    Esos disparos atrajeron a más soldados kharaket, que sin darse cuenta estaban yendo hacia una trampa mortal ante seres que se conocían esa nave con bastante eficacia —sin contar a Solphea y los otros dos rebeldes—. Uno a uno, fueron cayendo hasta ocho miembros de la milicia que dirigía el gobernante Zorin y comandaba Draux, aunque estos soldados fuesen desertores y estuviesen bajo el mando del subcomandante Strul.

    Precisamente éste se encontraba en el puente de mando junto a los once soldados restantes que le quedaban en pie, apuntando a la única entrada que daba acceso al propio puente y por ende al control de la Explorario.

    — ¡Tenéis todas las de perder, insensatos! — Exclamó Strul con la sensación de que tenía la sartén por el mango — ¡Mostraos y tal vez os perdone!

    — Eso es una farsa, si nos presentamos ante él nos va a acribillar — El líder de esos mercenarios que supuestamente le aguardaban en Ibos lo tuvo claro en cuanto escuchó al subcomandante kharaket — ¿Alguien tiene alguna sorpresa que revelar? Este es el momento perfecto.

    — No tenemos más granadas y entrar abriendo fuego puede salir muy bien o muy mal — Visiblemente preocupado, Jackon veía que apenas tenían alternativas — Pero parece que no nos queda de otra.

    — Estás loco, Jackon — Kairos se lo dijo en cara.

    — Sí, pero me gusta — Ikviek aprobaba ese todo o nada que planteaba el humano.

    — Es un suicidio, camaradas — Solphea no contemplaba el arriesgar hasta ese punto su vida — Creo que deb…

    — ¡¿Quién es ese ser?! — Exclamó repentinamente uno de los soldados kharaket, apuntando hacia un lado de la sala y provocando que sus compañeros hiciesen lo propio.

    — ¡No me matéis, por favor! — Uldi salió de detrás de esas cajas de suministros que la habían mantenido escondida hasta ese punto — ¡No llevo armas!

    — ¡Esa cosa podría ser la piloto de la nave, no le disparéis! — Ordenó Strul.

    No obstante, esa pequeña distracción le bastó al grupo liderado por el comandante Vaalot para irrumpir con una balacera que pilló desprevenidos a la mayoría de soldados kharaket, los cuáles cayeron acribillados a disparos. Sin embargo, algunos también tuvieron tiempo para responder, disparando contra todos ellos y alcanzando a los dos miembros de la resistencia que acompañaban a Solphea, además de herir en una pierna al propio Kent, que cayó al suelo con gestos de dolor.

    Pero la victoria, si se le podía decir de esa manera, había caído del lado de la expedición. Strul se encontraba rodeado de una montaña de cadáveres de sus soldados mientras veía como se aproximaban a él Jackon, Ikviek y Solphea. La reacción de ella evidenciaba que estaba dispuesta a matarlo inmediatamente.

    — Vaya… ¿por qué no me sorprende? — Escupiendo sangre y jadeando entre palabras, Strul miró detenidamente al trío — La escoria siempre se junta con escoria. ¿Y ahora qu…?

    — Muérete de una maldita vez, traidor.

    Solphea, que acababa de perder a los tres camaradas que la acompañaron a esa misión por orden de Ebran, no dudó en apretar el gatillo de su Striker y disparar al subcomandante enemigo en la frente, terminando con su vida de una forma piadosa y al mismo tiempo cruel, evitando que terminase de hablar antes de ejecutarlo ante Jackon e Ikviek, que no esperaban tampoco semejante reacción e incluso creían que podía haber sido útil retenerlo con vida para sustraerle información.

    Pero ese pensamiento ya era en vano y la kharaket no estaba de humor para comentar lo sucedido.

    — ¡Gracias al universo que habéis aparecido! — Uldi corrió a abrazar a sus compañeros, haciéndolo primero con Ikviek, al que más cerca tenía — ¡Creí que me encontrarían y me matarían! ¡Oh, gracias! ¡¿Dónde están Young y Rath?! ¡Ellas fueron a…!

    — Rath está seriamente herida, pero viva — El comandante decidió ponerla al día sin pelos en la lengua — Pero Young… lamentablemente ha muerto.

    La doctora syleriana apenas podía pensar en la persona que había muerto, pese a que escucharlo fue como recibir ella misma un disparo.

    No obstante, su mente ya pensaba como una médico y corrió en dirección al hangar, donde Ernu estaba con la malherida neoniana, para así tratar de ver en qué estado se encontraba y llevarla hasta la pequeña clínica en la propia nave con el objetivo de tratarla lo antes posible.

    — ¡Eh, que yo también estoy herido! — Kairos se levantó cojeando, lo que indicaba que la bala que lo había alcanzado, solamente le había rozado.

    — Cierra la boca — Jackon no quería oírlo tras saber que intentó pactar un acuerdo entre él y Ebran.

    — Malditos soldados, seguro que nos siguieron durante el trayecto de Táfadon hasta aquí — Teorizó Ikviek, pensando en todas las opciones — O quizá sí hay algún satélite operativo en órbita que nos detectó al llegar.

    — Sea lo que sea, cuando regrese Oda, le diré que realice un escaneo de toda la nave para eliminar cualquier cosa extraña ya sea en los sistemas o en la propia nave en sí — El comandante no quería arriesgarse a nada, mientras realizaba unos comandos para hablar por radio — Oda, Mia, ¿me recibís?

    ¿Jackon? ¿Está todo bien en la nave?

    — Así es, Mia, hemos asegurado la nave.

    Eran soldados del ejército, ¿verdad? — Ebran se sumó a la conversación por radio.

    — Sí — Musitó el humano, algo cansado tras la adrenalina y tensión de lo que acababan de vivir — Podéis venir, ¿ya tenéis los suministros?

    No es gran cosa, comandante, pero tenemos suministros que pueden servirnos — La IA con forma humana dio una respuesta afirmativa a su superior y protegido.

    Vamos de camino — La ingeniera Yazuke confirmó que se dirigían en ese instante a la lanzadera que los llevaría de regreso a la Explorario.

    — Ebran, soy Solphea — La kharaket quiso darle la noticia — Solo he quedado yo con vida.

    Maldición… ¡maldición! — Gritó el líder de la insurgencia, escuchándose furioso incluso por radio — ¿Puedes regresar?

    — Sí, tomaré prestada una de las lanzaderas que se han dejado los soldados de Draux.

    Bien, quiero que te quedes con el poblado y te encargues de liderarlos — Las palabras de Ebran sorprendiendo tanto a su segunda al mando como al resto de los presentes en el puente de mando — Ya me he despedido de Yaya y de los demás. Iré en esa expedición a terminar con Akkor.

    — ¿Tú solo? — Solphea no entendía esa decisión — ¡Te necesitamos aquí en Khara! ¡La lucha no ha terminado!

    ¡La lucha terminará en cierto modo cuando ese anixis desaparezca!

    — Ebran…

    Haz lo que te digo. Me llevo conmigo a varios de los nuestros que quieren formar parte de esto, pero el resto quedan a tu cargo, ¿entiendes?

    — S-sí…

    — No te preocupes, Solphea. Regresaremos antes de lo que crees.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar el capítulo de la semana. Tengo que decir que ha sido muy interesante, porque además de la acción que vimos, aprendimos ciertas cosas interesantes.

    Primero, vemos como Ebran y Jackon entran en la casa de este último, una casita bastante rudimentaria, mostrando que la tecnología es muy escasa. Allí es donde Ebran le dice que antes los kharaket, cuando empezaban a salir de su mundo, tenían tecnología. Pero todo cambió cuando la nación anazi atacó XD. Plaxor y los suyos, como solo él puede, hicieron un desastre, y luego les activaron una bomba que los dejó sin tecnología y a merced del pacto que Akkor y Zorin tienen. Me pregunto cuál es el pacto que tendrá Akkor con Zorin, porque realmente no veo qué es lo que Akkor gana con un pacto con seres a quienes dejaron primitivos y en un planeta lejano :think: Luego de eso, Ebran, en señal de honestidad, le confiesa a Jackon las verdaderas intenciones de Kairos, cosa que a Jackon le sorprende más por el momento que por ser él, ya que se lo estaba esperando. Cuando entran a una cueva, incluso Jackon intercambia miradas con Kairos y allí le dice todo. Kairos sabe que la cagó y deberá actuar en consecuencia.

    Poco tiempo tienen,ya que les llega el mensaje de Uldi diciéndoles que están bajo ataque. Entonces es cuando Jackon decide llevarse a los hombres de la expedición mientras mantiene a Oda y a Mía a salvo. Bueno, se entiende que a Oda no la quiera arriesgar, pero lo de Mia es claramente cariño, no amor, para desgracia de la chica XD, pero cariño al fin y al cabo. Entonces Ebran les confía a unos de sus rebeldes, liderados por una tal Solphea, quien es su segunda al mando y una mujer con caracter. Entonces el grupo toma las lanzaderas y parten a la nave.

    Mientras Uldi se encontraba en la sala médica, Rath y Young comparten una conversación un poco unilateral, ya que Rath solo se la pasa citándole a Young cosas negativas de su vida, y Young le responde con poco ánimo. A ver, si a mí viniera un alien a decirme en mi cara que soy feo, pocos amigos, pocas minitas, sin laburo y encima algo arisco, yo también me enojaría. Las cosas no llegan mucho más, porque ven como la IA les alerta del peligro para luego ser atacados de inmediato. Que no se note que Akkor los desprecia y quiere muertos XD, su IA nada más dio el aviso cuando los kharaket del ejercito estaban a las puertas. Rath y Young van a la armería, y Uldi se queda escondida. Poco a poco vemos como el grupo de Strul ingresa en la nave. En un claro acto de rebeldía, pues están hartos de Zorin, del pacto con Akkor y de su propio comandante Draux. Strul, también, es alimentado por la ira de la muerte de su hermano y el hecho de que Draux les haya ordenado la retirada.

    Vemos que desde el alto mando militar, Zorin advirtió que Akkor podría estar por caer en casa, y que sería mejor dejar que los exploradores se marchen y les revelen la información del planeta Anixis para que puedan ir a robarles planos y ser una sociedad más avanzada. En otras palabras, Zorin fue a por la vía de Make Khara Great Again. Strul no está de acuerdo y decide robar la nave, ir al hogar de Akkor, ponerle fin y luego ser nombrado el guardián de Khara. Pobre tipo, no sabe que ese título ya se lo quedó el chad del universo, Jackon Vaalot :dancecat:

    Cuando Jackon y los demás llegan, los reciben a los tiros, pero una estrategia audaz de Solphea permite a Ikviek, que no por nada es veterano, acabar con la incursión que los esperaba. Al entrar en la nave vemos que Young fue totalmente abatida, pero que Rath está herida pero viva. Ernu decide quedarse y les dice que la cuidará para que sea atendida. Entonces, el grupo continúa el avance. Kairos revela que, a pesar de ser hijo de puta, está preparado, y va con granadas PEM que deshabilitan las armas de los kharaket del ejército, lo cual permite al grupo acabar con ellos.

    Strul estaba listo para enfrentarse al grupo de Jackon cuando estos cruzasen la entrada, y es allí cuando Uldi hace una distracción, que no sé si fue intencional o accidental pero fue la clave de la victoria :ganso: Jackon y el grupo entra y consiguen abatir a todos los soldados de Strul, quedandose este vencido. Kairos es herido superficialmente, y los soldados de Solphea han muerto. Por lo cual, esta mata a sangre fría a Strul, acabando así con él. Uldi va a atender a Rath tan pronto se da cuenta que está viva, y es así como el grupo sabe que tiene una tarea pendiente, la cual es irse a casa y poner fin a la tiranía de Akkor, a la cual irán acompañados por Ebran y algunos soldados, mientras que Solphea se quedará en Khara a defenderla.

    En fin, amigo, tremendo capítulo este. Diría que fue de los mejores de la parte, por acción y por la posibilidad de dejarnos ver la información que queda en el aire pero sin revelarnos todo de golpe. Ha sido genial, y ahora, el grupo partirá a casa para poner fin al reinado anazi de Akkor :\*u*/:

    Curiosa la forma en que quedan distribuidos los sobrevivientes de la Explorario.
    Jackon y Mia son los últimos dos humanos (mal para ella que aun así no podrá tenerlo :aniblush:)
    Kairos y Rath son los últimos dos neonianos (incluso se me hizo ver cierto interés de Kairos hacia ella)
    Ikviek y Ernu son los últimos dos anixis
    Mientras que Orenda y Uldi están a solas, pues una es una IA y la otra es una syleriana.

    Pero bueno, la tripulación era todavía mayor y ahora quedan pocos. Veremos qué tanta ayuda pueden brindar en Ibos, pero confío en que vencerán a los anazis, si es que llegan a tiempo para el combate final, ojalá que sí :shani:

    Con eso me despido por ahora. Ansiando ver el resto del clímax de esta parte. Un abrazo y cuídate mucho:cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Un saludo a todos, en especial a mi buen amigo Reydelaperdicion por las leídas en simultáneo que solemos tener los findes, al margen de las tardes de videojuegos por Discord.

    Disfruto mucho de todo eso y es siempre una alegría tenerlo por aquí, leyendo el desarrollo de esta historia de mi autoría. Nos vamos acercando al final de esta parte II, aunque aún quedan varios capítulos y muchas cosas por ocurrir.

    Así que sin más preámbulos, os dejo con la lectura.







    Tropas de choque




    Los ciudadanos de Ibos habían perdido la poca paciencia que les quedaba.

    Tras un último año un tanto turbulento por las protestas de las especies de la Alianza respecto a la falta de víveres para los suyos, ahora se sumaban los civiles anixis tras conocerse mediante los medios de comunicación globales que el representante superior Akkor y el consejero Relic estaban utilizando una facción secreta del ejército superior a la que llamaban ‘operativos’.

    No solo eso había salido a la luz, sino también la confesión que el joven emisario reveló ante el detective Xom durante el fortuito encuentro que tuvieron tras lo sucedido en el cementerio de árboles. El descubrir que uno de los suyos, un anixis, había matado al emisario honorífico Eeron al que tanta estima tenían todas las especies que habitaban el mundo, terminó por provocar el caos.

    Una ola de ira se abalanzó sobre Akkor y Relic, llevando no solo a protestas violentas en Vianus, Astea y Cainía sino también a las puertas de la Casa Superior.

    Los trabajos, la vida cotidiana, el funcionamiento de la sociedad como un engranaje diario… todo fue interrumpido una vez las noticias desvelaban toda la información sobre la corrupción que había estado gobernándoles durante más de cien años. La huida del viejo imperio solo sirvió para que la cadena de mando terminase con Akkor en el poder, fingiendo dar un nuevo comienzo a la especie anixis en un nuevo y prometedor planeta, pero utilizando todo lo que tenía a su alcance para explotar el sistema y obtener constantes ganancias y estabilidad para así mantenerse en lo más alto de la sociedad.

    Pero ahora su líder había sido destapado por unos pocos valientes, en su mayoría seres de las subespecies, con la consecuencia de que todo estaba derrumbándose.

    Echo y Xerom fueron directamente al cuartel militar del ejército de la Alianza, ubicado a las afueras de Vianus, la principal ciudad del planeta. Omnius, Ziba y Valtin se refugiaron junto a Kendall y Vorta, quiénes les llevaron hasta la base subterránea de los mercenarios en el Distrito Neonia para evitar que la gente los atacara al poder considerarlos cómplices del delito de sus compañeros del Consejo. Aunque las noticias eran bastante claras, toda precaución era poca. En dicho lugar ya se encontraban Karla, Owen, Andrómeda, Brandon, Sizgolar y el pequeño Cole, con la ausencia del general Orlat, que no dudó ni un instante en dirigirse al cuartel militar del ejército superior para asegurar el orden en las ciudades y tratar de apaciguar las fuertes protestas con el fin de evitar la destrucción de infraestructuras y en general de todo el sistema.

    Pero a su llegada se llevó una desagradable sorpresa.

    — General Orlat, ha sido relegado de sus funciones.

    Akkor ya estaba allí, habiendo sido llevado mediante lanzadera por varios guardias de la Casa Superior que estaban a su favor, encontrando que un gran sector del ejército superior lo apoyaba fervientemente. Casi el setenta por ciento de los soldados anixis eran bastante conservadores y pese a la evidencia de corrupción de su principal líder, consideraban que todo lo sucedido había dinamitado la paz que habían creado en su estancia en Ibos, tildando de culpables a las subespecies.

    El resto de soldados no pudieron hacer nada ya que sobreponerse sería en vano, pues el representante superior contaba con una gran mayoría de su lado y resistirse a su toma del poder militar podría acabar francamente mal para cualquier soldado, además de que su ejército se regía por muchas normas, pero una en especial destacaba por encima de las demás: jamás traicionarás a un soldado que pelea a tu lado. Y muchos de ellos eran amigos, aunque con diferentes ideologías, pero no era suficiente como para enfrentarlos pues al final del día, el enemigo era la Alianza Interestelar de Especies.

    Orlat fue despojado de su cargo como principal responsable del ejército superior, siendo encerrado junto a ese treinta por ciento que no iba a interponerse en el camino de Akkor y de sus compañeros, pero que no compartían el hacer que estos pretendían sobre las subespecies. El representante superior tuvo vía libre para dar órdenes a aquellos que le apoyaban por ser aquel líder que los guio en una época oscura, tras escapar de la extinción que pretendía Mente Colmena.

    Sabiendo que la sociedad debería cambiar para siempre después del suceso masivo que estaba dándose, Akkor tomó las riendas asumiendo que el futuro en Ibos sería bajo una tiranía transparente a su mando. Él seguiría liderando el futuro de los anixis y de las especies aliadas aunque fuese a la fuerza, ya sin esconderse y demostrando que cualquiera que osase desafiarle, tendría un destino fatal.

    — Dispersad los altercados en las ciudades — Fue el primer mandamiento del principal líder de la sociedad anixis, el cual veía en riesgo su corrupto imperio — Usad la fuerza si es necesario.

    — ¿Qué hacemos si no obedecen, representante superior? — Preguntó uno de los soldados, con las mismas dudas que muchos otros de sus compañeros — ¿Cómo medimos nuestra fuerza en ese caso?

    — Si algunos deben morir para que el resto se apacigüe, no lo dudéis — Respondió Akkor con crudeza — Es momento de hacer sacrificios.

    […]

    El Distrito Neonia siempre había sido de los más críticos con la gestión de la sociedad que el Consejo Superior ejercía.

    Ya desde meses atrás, con el problema de los víveres para las especies aliadas, se demostró que la especie neoniana era la más irascible en cuanto a tolerancia en diferentes situaciones y eso ya hizo que los anixis de las altas esferas —principalmente Akkor y sus operativos— los tuvieran en el punto de mira. Tras ver mediante los noticieros toda la información que repentinamente había salido a la luz sobre el representante superior, los operativos y el acuerdo con los kharaket, el pueblo neoniano del distrito —en el cual también vivían unos pocos humanos y sylerianos— se lanzó a la gran y concurrida avenida a la que llamaban hogar la mayor parte del tiempo.

    Mientras las protestas se generaban en las calles, un tanto apartados del foco del conflicto se encontraban los mercenarios que lideraba Vorta, junto a su líder, el resto de personas con las que trabajaban por derrocar al corrupto Akkor y los consejeros como invitados, con el propósito de mantenerlos a salvo. Ziba, Valtin y Omnius serían objetivos de los operativos por haber desvelado los trapos sucios de su superior, de quién desconocían su ubicación.

    Sabiendo que debían prepararse para un encuentro con enemigos, todos se prepararon tanto física como mentalmente. Ya no había vuelta atrás y la lucha había dado comienzo. La televisión emitía imágenes de las tres ciudades del planeta donde se apreciaban los altercados violentos que se estaban dando y tildaba el suceso de ‘el comienzo de una guerra civil sin precedentes en la historia reciente de Ibos’.

    — ¿Ha dado respuesta? — Kendall se aproximó a un mercenario neoniano, quién negaba con la cabeza mientras jugaba con un aparato tecnológico similar a una radio antigua — ¿Nada?

    — ¿Creéis que esté en peligro? — Preocupado por alguien con quien tuvo conversaciones sobre derrocar al actual líder anixis, Omnius se veía intranquilo.

    — No significa nada bueno, eso desde luego — Murmuró la líder syleriana de los mercenarios, en ausencia de Kairos.

    — Entonces hemos perdido a Orlat — Andrómeda estaba siendo un tanto pesimista — Sin su apoyo militar, los operativos serán difíciles de…

    — Nadie ha dicho que esté muerto, solo desaparecido — Expresó Karla.

    — ¿Y cómo diablos vamos a saber quiénes son operativos y quiénes no? — Bastante preocupado por la situación y por verse envuelto en ella, el médico adinerado se acercó al núcleo del grupo, una reunión improvisada en la base subterránea del vertedero tecnológico — ¿Qué os hace pensar que vendrán a por nosotros? Bastante deben tener con evitar ser perseguidos por las autoridades.

    — Ahora mismo no hay autoridades que puedan investigar e ir tras ellos, con todas las protestas que está habiendo — La consejera Ziba tomó la palabra — Y no sé quiénes sean esos operativos, pero creo que aquí estamos a salvo, ¿no?

    — Si esa gente cuenta con espías y alta tecnología de uso militar, tal y como me habéis comentado… — Valtin se estremecía solo de imaginarlo — Debe ser cuestión de tiempo que vengan aquí a por nosotros.

    — Si vienen, nos encargaremos de ellos — Sizgolar, que se encontraba hasta el momento apartado del grupo y con el pequeño huérfano Cole en sus brazos, se acercó al círculo — Ya han hecho suficiente daño.

    — Gente — Owen llamó la atención de sus compañeros, estando él a escasos metros — He recibido un mensaje.

    — ¿De quién? — Preguntó su pareja y científica.

    — ¿El general Orlat? — El consejero e ingeniero Valtin deseaba obtener ese atisbo de esperanza.

    — Willbur — Musitó el joven Crane, viendo su comunicador — El capataz jefe del invernadero donde empecé a trabajar hace poco.

    — ¿Qué? — Andrómeda, que también trabajaba como botánica en ese invernadero, se sorprendió al escucharlo — ¿Qué quiere?

    “Owen, no fue difícil averiguar dónde te escondes”.

    — ¿Cómo? — Vorta se acercó al humano con un evidente enfado — ¿Quién carajo es ese tipo? ¿Te siguieron cuándo venías del trabajo?

    — N-no, no creo que… — Owen se sentía entre la espada y la pared — Mierda.

    — ¡¿Qué?! ¡¿Qué ocurre?! — Bastante tenso, el joven Gallagher se acercó a su viejo amigo.

    “Salid de ese sucio vertedero y hablemos” — Leyó el agricultor en su comunicador — “Hay un viejo amigo que quiere veros”.

    Todos los presentes se miraron durante unos breves instantes, hasta que automáticamente tomaron sus armas y, junto a varios mercenarios, emprendieron el rumbo hacia la salida.

    Quedarse allí abajo sería inútil, aunque por el momento era lo más sensato para los consejeros Paokt, Ziba y Valtin, quiénes serían protegidos por soldados mercenarios. El bebé Cole también se quedó atrás, pero no un Sizgolar ansioso de venganza. El resto salieron en tromba, utilizando una salida distinta a la habitual para evitar ser emboscados. Esa ruta trasera les llevó a salir por fuera del vertedero, trayecto que les llevó a entrar por otro lugar desde donde pudieron ver varias lanzaderas aparcadas en la entrada y varios cadáveres de mercenarios que custodiaban la puerta, al parecer viéndose sorprendidos por la llegada abrupta de los operativos.

    Justo en el centro del vertedero se encontraban, dispersos y fuertemente armados, al menos treinta operativos entre los que se encontraban el capataz syleriano Willbur —siendo un espía entre las subespecies como lo fue Clerk— y aquel que los dirigía, Relic.

    — Separémonos — Ordenó Vorta tanto a sus mercenarios como al resto — Tratad de flanquearles, colocaos en diferentes posiciones y ángulos.

    — Sí, acabemos con estos bastardos de una vez por todas — Rugió Xom, deseoso de poder encontrarse con aquel que casi termina con su vida.

    — Llamaré su atención — Owen sorprendió con su inesperada valentía — Si me miran a mí, no sabrán de dónde les vienen las balas.

    — ¡¿Estás loco?! ¡No! — La joven Vaalot se negó rotundamente a esa idea — ¡No pienso dejarte hacer eso!

    — Tú quédate con Andro y…

    — ¡He dicho que no, maldito idiota! ¡Iré contigo si es necesario!

    — Estaré con vosotros — El neoniano veterano decidió por su cuenta — Quiero que me señales al malnacido que intentó matarnos en los suburbios y acabó con la vida de Myra.

    — Os aseguro que si tengo a tiro al hijo de puta de Relic, lo mataré — Kendall estaba determinado a hacerlo — Os lo juro por mi único pulmón natural que me queda.

    — No falles, chico — Sizgolar señaló al detective — O me encargaré yo.

    Kendall asintió ante neoniano y se marchó junto a Vorta, Andrómeda, Brandon y otros mercenarios que se iban a colocar estratégicamente alrededor de la zona central del vertedero tecnológico, donde parecían encontrarse todos los operativos que habían ido allí con la intención de acabar con los consejeros y también con aquellos que estuvieron insistiendo en derrocar a Akkor.

    El joven emisario y consejero vio como por la entrada aparecían Owen, Karla y Sizgolar, armados y apuntándole, pese a que los operativos presentes —en su mayoría anixis a excepción de dos humanos, un neoniano y un syleriano— hacían lo propio contra ellos.

    — Muy astuto — Empezó diciendo Relic mientras aplaudía de forma lenta y parsimoniosa — Habéis salido del agujero por otro agujero, ¿no?

    — ¿Cómo habéis encontrado este sitio tan rápido? — Owen lanzó la pregunta, aunque iba dirigida a quién se suponía que era su jefe.

    — Muchacho, estamos en todos lados, observando — Willbur le sonrió burlonamente — En cuanto tomé el control del invernadero y te vi entrar, supe que estabais por la zona.

    — Era cuestión de tiempo, humano — Relic volvió a tomar la palabra — Pero eso es lo de menos.

    — Si quisierais matarnos directamente ya lo habríais hecho — La científica Vaalot no dudó en decir lo que pensaba — ¿Qué queréis?

    — Solo vengo a deciros que Akkor os quiere muertos — Dijo el joven consejero — Pero sé que incluso así, yo y él estamos condenados si nos quedamos en Ibos. Por eso mismo, vengo a proponeros un trato.

    — ¿Qué trato? — Karla tenía curiosidad por oírlo.

    — Conseguid una nave para mí y para los míos — Relic señaló a todos los presentes — Somos muchos operativos y espías, pero todos los que veis aquí no quieren atacaros, solo huir de esta situación.

    — Huir es la palabra favorita de los cobardes — Sizgolar sintió el impulso de decir lo que sentía — Y tratar de asesinar por la espalda en vez de hacerlo de frente también.

    — ¿Quién se supone que eres tú, neoniano? — Willbur le señaló — Cierra esa bocaza y escucha la propuesta.

    — Si fuera por mí, ya habría oído suficiente — Sizgolar estaba al límite.

    — ¿A dónde iríais? — Owen sentía curiosidad.

    — No te importa — Replicó Relic — Muy lejos de aquí.

    — ¡¿Hay trato o qué?! — El espía syleriano parecía tener prisa.

    — Para hacer más suculenta la oferta, como bonus os diré lo que pretende Akkor — El joven emisario parecía dispuesto a cualquier cosa con tal de recibir un billete libre fuera de Ibos — Ahora mismo debe haber obtenido el control del ejército superior y va a aplacar las protestas a la fuerza. Os aseguro que si lo logra, someterá este mundo a una tiranía sin filtros. Ese viejo inútil se cree dueño de todos pero la realidad es que no está viendo que ha llegado su fin. Si quiere quedarse aquí a morir o vivir encerrado de por vida, es cosa suya. Yo quiero irme y os ofrezco un beneficio por ello.

    — Siempre has hablado de más, hijo de puta — Dijo en alto una voz, captando la atención de todos — Gracias por la información, pero me voy a asegurar de callarte para siempre.

    En cuanto acabó de hablar, Kendall efectuó un disparo con su Flasher, estando escondido tras varias piezas de lanzaderas a una distancia prudente pero efectiva.

    Las habilidades de Relic le permitieron realizar una jugada sucia y colocar a Willbur delante suya, siendo quién recibiera el disparo de plasma en su rostro, el cual empezó a quemarse mientras sus gritos daban comienzo a lo que iba a convertirse en un auténtico conflicto armado.

    — ¡Malditos engreídos! — Exclamó en un tono furioso el anixis que lideraba a los operativos del principal tirano — ¡Retirada, debemos irnos!

    El tiroteo entre ambos bandos dio comienzo en el vertedero tecnológico mientras en la principal calle del Distrito Neonia ya habían aparecido soldados del ejército superior dispuestos a acabar con las protestas del pueblo ya fuese por lo civil o lo criminal. Esta misma situación se expandía al resto de distritos y ciudades en Ibos, orquestadas por Akkor y aquellos fieles que pese a su corrupción le consideraban el referente de la sociedad que había logrado escapar y esconderse de las garras de Mente Colmena.

    Los operativos, liderados por el joven emisario y consejero Relic, hubiesen preferido un acuerdo con esa resistencia en la sombra que llevaba meses tras ellos, pero estos se negaron rotundamente al dar inicio a una batalla campal en una zona que bien podría ser propicia para ello.

    Kendall se maldijo a sí mismo por haber fallado ese preciado disparo que podría haber acabado con la vida de aquel que le quitó un pulmón semanas atrás.

    — ¡Acabad con todos! — La orden de Vorta fue dada principalmente a sus camaradas mercenarios — ¡Esto termina hoy y aquí para ellos!

    Todos, tanto aliados como enemigos, buscaron inmediata cobertura en cualquier lugar del vertedero tecnológico con tal de protegerse de los disparos, pero los operativos se presentaron en el lugar con cierta confianza y aires de superioridad que ya les estaban empezando a pasar factura.

    El cuerpo sin vida del capataz syleriano llamado Willbur yacía en mitad del área con el rostro desfigurado por las quemaduras que le había provocado el disparo plasma del detective Xom, mientras sus compañeros luchaban desesperadamente por huir de la zona, conscientes de que tenían todas las de perder ya que no solo estaban siendo atacados por la resistencia sino que eventualmente las autoridades del planeta darían la orden de búsqueda y captura contra ellos, al formar parte de la estratagema de Akkor.

    — ¡No vas a salir con vida de este sitio, Relic! — El escuchar esto de boca de Kendall aterrorizó al anixis, que nunca se había visto en una posición tan vulnerable — ¡Te voy a reunir con tus padres!

    — ¡Ken, no! — Andrómeda trató de evitar que el detective se lanzase a por el anixis, pero no pudo lograrlo — ¡No lo hagas!

    Mientras los operativos estaban demasiado ocupados enfrentando a Owen, Karla, Siz, Andrómeda, Brandon, Vorta y el resto de mercenarios presentes en la zona, Kendall aprovechó su oportunidad de posicionarse cara a cara con aquel que casi termina con su vida. Relic se volteó con un Flasher en la mano dispuesto a usarlo contra el humano, pero repentinamente una flecha le atravesó el antebrazo y éste soltó el arma, lanzando un grito de dolor antes de empezar a correr para huir de la escena.

    Desde una elevada cobertura, el representante Paokt sujetaba un Rhage —el arma principal de los sylerianos— con la intención de contribuir en la lucha, cansado de permanecer en la seguridad de la base subterránea. Lo mismo pensaron los consejeros Ziba y Valtin, que salieron también dispuestos a contribuir en ayudar a aquellos que estaban peleando por el fin de la tiranía en Ibos.

    — ¡Consejeros! — La joven Vermeer se sorprendió de verlos a su lado, empuñando armas — ¡¿Q-qué hacen?! ¡Deberían estar a salvo!

    — No pienso quedarme de brazos cruzados — La respuesta de la emisaria que descubrió a los kharaket fue rotunda — También sé pelear.

    — Bueno, yo no es que sepa, pero…

    — Quédese conmigo, consejero Valtin — Brandon llevaba un arma pero no era para nada un experto con ella, identificándose con el anixis — Tratemos de ayudar desde la distancia.

    El reputado ingeniero asintió con cierto alivio, pues temía tener que envalentonarse para justificar su salida del sótano, donde era más probable que estuviese a salvo.

    Por otro lado, contagiada por la fuerza de Ziba, la joven científica decidió acompañarla en la lucha, teniendo algo más de control sobre el manejo de armas que meses atrás. Mientras el tiroteo seguía sucediéndose y las bajas se contaban principalmente del lado de los operativos —algunos mercenarios también habían perecido—, Kendall y Relic se batían a un duelo cuerpo a cuerpo.

    Un reencuentro cara a cara tan solo varias semanas después de un suceso que marcó el devenir de esa partida de ajedrez que jugaban Akkor y Omnius antes de que la situación se tornase ventajosa durante un tiempo para el representante superior.

    — Incluso con una mano menos te puedo matar — Relic empezó tratando de jugar con la mente de su oponente — Y tú solito has venido a ello.

    — Esta vez soy yo quién tiene la oportunidad de matarte — Kendall mostró una sonrisa un tanto oscura, evidenciando las ganas de venganza que recorrían sus venas — Debiste haberme matado aquel día.

    — Estarías muerto si el trato que hizo Akkor con Omnius no hubiese sucedido — El operativo se posicionó para la lucha — Debí ver ahí que el viejo estaba siendo muy blando con todos vosotros. Debí matarlo.

    — La gente como tú, los traidores, nunca llegáis demasiado lejos — El detective también adoptó una posición para combatir — Estos son tus últimos momentos con vida, asesino.

    — No eres tan diferente a mí — Relic le señaló — Ya has matado y pretendes volver a hacerlo. Uno de los dos se irá con una nueva víctima en la lista.

    — Y ese voy a ser yo.

    Sin dar más aviso que ese, Xom se lanzó al ataque con una combinación de puñetazos que el anixis esquivó con cierta facilidad para acto seguido tratar de hundir un rodillazo en el costado izquierdo del humano, sin éxito debido a que éste dio un salto al lado para evitarlo. Sin embargo, una pelea cuerpo a cuerpo en mitad de un tiroteo no era lo mejor, por lo que se vieron frenados por una ráfaga de balas que intentó acertar en Kendall, quién tuvo que huir.

    Un operativo aprovechó la ocasión y tomó del brazo a Relic para llevárselo de allí, habiendo interferido en ese comienzo de lucha entre él y el detective. Ambos empezaron a correr campo a través mientras la lluvia de balas provenía de todas direcciones, tratando de alcanzar una de las lanzaderas con las que habían llegado al lugar.

    Sin embargo, cuando se veían triunfadores en esa huida, los vehículos aéreos empezaron a arder en llamas inesperadamente, terminando por explotar ante sus ojos. La onda expansiva lanzó a Relic y a su compañero varios metros atrás, quedando aturdidos en el suelo mientras veían como empezaban a llegar soldados no solo del ejército de la Alianza sino también del ejército superior, trabajando juntos bajo los mandos de la comandante Mercer y el general Orlat.

    — ¡Es el ejército! — Exclamó aterrado uno de los enemigos, dejando de disparar.

    — ¡¿Pero el ejército superior no estaba del lado de Akkor?!

    — ¡Quizá no todos lo estaban! — Dijo otro de los operativos, viendo que ahora sí que estaban en serios problemas — ¡Vámonos!

    — ¡¿Qué hay de Relic?! — Uno de ellos lo vio tirado en el suelo — ¡Está ahí!

    — ¡Él se lo ha buscado, debemos irnos!

    Viéndose en suma desventaja, los operativos que quedaban con vida decidieron que lo mejor y único que podían hacer era correr, huyendo por sus vidas. Los mercenarios y soldados de los ejércitos empezaron a disparar contra ellos, alcanzando a algunos pero no pudiendo evitar que unos pocos se perdiesen en la lejanía, ya fuese por el bosque más próximo o entremezclándose con la multitud de protestantes que parecía no tener problemas con esa facción de soldados que Akkor había enviado ahí a disolver ese altercado.

    La aparición de Echo y Orlat evidenciaba que estos se habían encargado de ese escuadrón del ejército superior que estaba al servicio del representante corrupto.

    — ¡Echo! — Exclamó Owen, aproximándose a saludarla — ¡Que alegría que hayas aparecido!

    — General Orlat — La emisaria y consejera se aproximó a su homónimo — Pensábamos que estabas en serios apuros.

    — Lo estaba, junto al resto de soldados fieles a una sociedad justa — Orlat miró a la comandante Mercer — Pero ella apareció para liberarnos.

    — Y que bien que lo he hecho — La mujer que lideraba al ejército de la Alianza asintió con una media sonrisa — Sabía que debía llegar aquí cuanto antes, mi instinto me lo dijo.

    — Menos mal, amiga — Karla la abrazó, demostrándole su afecto — Podíamos manejar esto, pero si aparecían los soldados de Akkor…

    — No serán problema en este distrito, pero todavía hay que enfrentarlos en el resto de ciudades — El general anixis no daba la situación por terminada — Por suerte, juntándonos con el ejército de la Alianza somos más.

    — He enviado a Stalo y Octavia a liderar los enfrentamientos en Astea y Cainía — Reveló la comandante humana a sus compañeros y amigos — Xerom se encuentra encargándose de los distritos Jefferson y Admir.

    — ¿Y qué hay de Vianus? — Era la ciudad en la que estaban, pensaba Kendall — Debemos ir a la Casa Superior y asegurarnos de que Akkor no regresa allí.

    — Ya lo ha hecho, se encuentra allí según la información que tenemos — Con el semblante serio y decidido a ir, Orlat dio más detalles — Al parecer se ha atrincherado allí y tiene bastantes soldados evitando que la ciudadanía irrumpa en el lugar.

    — Llegar tampoco será fácil, tiene bastantes soldados dispersos en la ciudad — Indicó Echo, algo preocupada por ello — Habrá que abrirse paso hasta allí como hemos hecho hasta aquí, siendo tropas de choque.

    — Y-yo… — Una voz que sonaba aquejada, captó la atención de todos — P-puedo ay… ayudar… ayudaros…

    Relic yacía en el suelo verdaderamente adolorido, lleno de polvo y visiblemente aturdido tras haber sido lanzado por la onda expansiva de las explosiones provocadas por las lanzaderas que estaban en la entrada, destruidas por Echo y Orlat. El anixis apenas podía moverse y eso era algo que disfrutaba principalmente Kendall, quién se aproximó a su verdugo con pasos lentos y una expresión de rabia en su rostro.

    El Flasher que portaba en sus manos lo agarró con más fuerza, mientras el resto le veían acercarse al operativo.

    — ¿Ayudarnos? — Owen también se acercó al malherido Relic mientras negaba con la cabeza — Sí, claro, ahora que te ves en graves problemas.

    — S-si… Puedo hablar con… con Akkor…

    — No te preocupes, malnacido, no vas a tener que hablar nunca más — El detective Xom levantó el arma de origen anixis y apuntó al torso del operativo — Dejaré que te desangres y no puedas respirar sin un pulmón.

    — Ken… — La joven Vermeer no parecía entusiasmada con ver esa versión furiosa de su amigo — No creo que…

    — ¡Debe morir! — Exclamó el hombre, determinado a cumplir su deseo de venganza.

    — En Ibos no matamos a menos que sea necesario — La consejera Ziba dio su veredicto — Relic es inofensivo y podremos encerrarlo hasta decidir si merece el exilio o una condena de por vida…

    — ¿Cómo? — Karla se sentía incrédula al escuchar eso.

    — Eso no me parece justo, no me sirve — Murmuró Kendall, que no apartó la mirada ni un instante del operativo — No pienso respetar unas leyes que no han sido aplicadas correctamente.

    — Espera, joven… — Valtin se dispuso a detenerle.

    — Déjalo — Le indicó Brandon al anixis ingeniero, apuntándole con su arma.

    — Que muera ese bastardo — Vorta, la líder de los mercenarios, opinaba igual.

    — Mató a una persona especial para mi y dejó huérfano a su hijo — Sizgolar recordaba con tristeza y rabia la muerte colateral de Myra — Sentiré paz una vez lo vea exhalar su último aliento.

    — Kendall, no sé si esto sea lo adecuado — Omnius trató de convencer a su amigo, aunque no estaban en su mejor momento como amistad — Si nos dejamos guiar por el deseo de venganza, volveremos a como todo era antes en el territorio conocido. Muchos se tomaron la justicia por su mano…

    — Jamás pensé que diría esto — Xom parecía emular en ese instante a la figura del padre que nunca conoció — Pero prefiero el cómo era antes.

    Sin dudarlo, Kendall ejecutó a Relic a ojos de todos los presentes, disparándole finalmente en la cabeza para evitar siquiera la oportunidad de que lo detuviesen y pudiesen salvar la vida del operativo. El plasma quemó el rostro del anixis y éste apenas pudo articular un jadeo antes de exhalar ese último aliento que Siz quería ver.

    Una escena que alivió a algunos, preocupó a otros y dejó un sabor agridulce a la mayoría. Algo había cambiado en ellos.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo. Paso a comentar este capítulo.

    Tengo que decir que fue genial por una escena (y sabes cual XD) pero en general, el capítulo fue toda una maravilla.

    Arrancamos el capítulo cuando Orlat sufre una toma de poder y es que Akkor lo manda a él y al resto de la fuerza del ejército que no le es leal, a los calabozos, para ser él quien tome el control del ejército superior, y ponerse así a combatir cada una de las protestas que se enfrentan en el mundo ahora. Vemos que la estabilidad social en Ibos se fue y posiblemente no vuelva en un tiempo, pues ahora es una lucha total entre civiles y el ejército, en cooperación con los ejércitos de la alianza y los mercenarios de Vorta.

    Ha sido interesante ver que son un montón los que le tienen gran lealtad a Akkor, representando al 70% del ejército. Se ve que Mente Colmena ha aterrorizado mucho a los anixis como para que le guarden lealtad a Akkor solo por ser el salvador en esa guerra :ashum:

    Luego pasamos a la escena donde estalla lo grueso del capítulo. Relic, ayudado por Wilbur y otros operativos más, llegan al escondite de los mercenarios, los cuales ya no podrán estar ocultos por más tiempo. Estos, sabiendo que se les viene un conflicto potente entre manos, deciden salir a hacerles frente. Owen, Karla y Sizgolar salen como distracción mientras los otros se preparan para tomarlos por sorpresa desde más atrás. Relic les dice que, sorprendentemente, no están allí para pelear :.O.:

    Aparentemente, ninguno de ellos ve el futuro en Ibos ya sea que Akkor gane o pierda, pues si Akkor pierde, ellos son los siguientes. Y si gana, la tiranía reinará en Ibos. Eso los lleva a querer huir del conflicto, y van a los mercenarios diciéndoles que quieren huir hacia una destinación desconocida. ¿Será el planeta de los exiliados? Posiblemente. :think: El grupo sabe que tras el asesinato de Eeron, el atentado sobre Kendall, el exilio de Jackon y Mia y otro atentado sobre Karla, no tienen deseos de hacer pactos con Relic y con los suyos, ya sean anixis o de las subespecies. Así que es que abren fuego directamente empezando un conflicto.

    Fue tremendo ver que Kendall y Sisgolar se pelean por ver quien mata a Relic, pero la verdad es que él se lo tenía bien merecido. Con ayuda de Om, Relic queda herido, y es entonces cuando Kendall va para ponerle fin a su vida :eyebrow: Lo bueno es que Wilbur también murió, y junto con él y Klerk, ya creo no quedan más personajes con nombre que hayan sido traidores como tal.

    Parecía que iban a huir todos al ver a Relic siendo herido, pero entonces, sus lanzaderas son incendiadas. La explosión alcanza a Relic y lo deja bastante maltrecho y a punto de morir :clap: Echo y Xerom actuaron rápidamente y con cabeza, liberando a Orlat y a otros anixis de la cárcel, y poniéndolos del lado. Y mientras Echo y Orlat van hacia el refugio para ayudar a pelear, Xerom y otros subcomandantes se encargan del conflicto en las demás ciudades.. Un par de operativos huye del lugar, pero lo bueno es que ya todos saben que Akkor está acuartelado totalmente en la Casa Superior. Eso significa que tienen un sitio al que ir a pelear para poder cortarle la cabeza a la serpiente :ganso:

    Relic, quien oye todo, siempre tan oportunista, les dice que quiere colaborar. Pero todos, tras las cosas horribles que hizo, ya se hartaron de él, y quieren ver que pague por todo y que sea con su vida. Hay algunos como Valtin y Ziba que desean que las leyes se cumplan para dejar un precedente de que están intentando ser distintos a Akkor. Om desea que Kendall no caiga ante la venganza o todo será un ciclo de odio. Y Andrómeda simplemente quiere que Kendall deje vivir a Relic para no ver al chico de quien poco a poco empezó a sentir algo siendo un asesino a sangre fría. Pero Echo, Kendall, Owen, Karla y Sisgolar piensan diferente. Kendall no lo duda y le pone fin a la vida de Relic, y es una muerte que claramente disfruté, SIUUUUUUUUUUUU :\*u*/::\*u*/::\*u*/:

    Con eso ya es uno menos para el futuro, y quien queda con vida es nada más y nada menos que Akkor. Ojalá mi bebé Jackon y los demás puedan regresar y ayudar en el conflicto, porque con el setenta porciento de la fuerza anazi seguro van a ser difíciles de derrotar, más si se refugian en la casa superior. Pero mis bebés encontrarán la manera, siempre lo hacen.

    Y bueno, amigo, con esto me despido por ahora. Será hasta la próxima leída en simultáneo. Ansioso de ver qué me traes en la continuación del clímax del conflicto.

    Sin más para decir, nos vemos hasta la siguiente leída. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  5. Threadmarks: El control del desorden
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos, en especial a mi buen amigo Reydelaperdicion por no perderse nada de esta historia. Este ya es el antepenúltimo capítulo de la parte II, por lo que solo puedo deciros que disfrutéis la conclusión. Se vienen cositas :dancecat:.







    El control del desorden




    Desde lo alto de la Casa Superior se podía otear el horizonte, pudiendo divisar incluso las ciudades de Astea y Cainía en la lejanía.

    Era uno de los edificios más altos de la ciudad de Vianus, la cual podías apreciar si simplemente mirabas hacia abajo desde el balcón. Asomado en el estaba el representante superior, en lo que podían ser sus últimas horas en el cargo. Sus ojos enfocaron en un principio a las ciudades más alejadas, desde las cuales emergían diferentes columnas de humo que presagiaban no solo altercados sino también conflictos armados, algo que el propio líder del Consejo Superior estaba dispuesto a llevar a cabo.

    Apoyando sus manos sobre la barandilla de cerámica, Akkor sentía una tremenda impotencia por ver como la sociedad que él había creado bajo su mando estaba colapsando tan solo cuatro años después de la llegada de las subespecies al planeta. Algo que en un inicio creía factible pero que el tiempo le había demostrado que, para su juicio personal, había sido un grave error de cálculo que lo había precipitado a la posibilidad de perderlo todo.

    La Casa Superior fue el primer edificio en construirse tras la llegada a Ibos por parte del arca anixis, habiendo sido construida en base a materiales bastante comunes y conocidos en las diversas culturas y especies, lo que la hacía un símbolo de antigüedad arquitectónica. Los ciudadanos solían agolparse en sus grandes puertas durante las festividades como lo era el Día de la Unión, hasta ese mismo día que todo cambió.

    La gente volvía a estar ante las puertas pero esta vez no era para celebrar nada, sino más bien para protestar y exigir una condena para aquel que les había estado liderando y guiando por casi un siglo. La edad del representante superior era considerable, teniendo una vida longeva gracias a la evolución de la genética anixis y de los avances científicos que estos hicieron en el pasado.

    Akkor estaba casi en los ciento cincuenta años de edad, pero su esperanza de vida podía llevarlo hasta los doscientos. Sin embargo, pese a su vejez y veteranía, el anixis se había conservado paulatinamente bien y aunque no estaba para entrar en acción, podía defenderse de ser necesario. Su mente divagaba mientras veía a su pueblo clamar contra él, escuchaba los gritos de la multitud pero a la vez no los oía; únicamente su voz interna captaba toda su atención hasta que alguien incordió ese momento de transitoria soledad.

    — Representante superior.

    — Dime — Akkor se volteó con lentitud y un semblante abatido, serio.

    Tres operativos estaban ante él, junto a dos guardias de la Casa Superior que les habían guiado hasta lo alto de la torre, lugar donde sabían que estaba su líder.

    Estos tres miembros anixis de la facción en la sombra de su ejército se miraron entre sí con evidentes expresiones de preocupación, como si temiesen represalias una vez revelasen la información que pretendían revelar a su superior. El silencio incómodo era roto constantemente por los gritos de la ciudadanía que exigían al referente que siempre habían tenido que diese la cara y se entregase a las autoridades competentes, las cuales ya habían emitido una orden contra él sin poder cumplirla debido a que dichas autoridades, en todos sus ámbitos, estaban sufriendo una fuerte división respecto a en qué lado posicionarse.

    — Veo que estáis algo magullados — El veterano anixis se percató de que esos tres operativos tenían heridas superficiales — ¿Os han dado problemas los súbditos de Paokt?

    — Señor, yo… — Uno de ellos parecía haber tomado la iniciativa, pero a última hora se desmoronó — L-lo siento muchísimo.

    — ¿El qué?

    — Lo que quiere decir mi compañero… — Otro de ellos lanzó una mirada fulminante a su amigo, ya que se suponía que iba a ser él quién diese la noticia — ...es que hemos fracasado en nuestra misión.

    Akkor cerró los ojos y respiró profundamente para después soltar el aire suave y lentamente por la boca.

    Se encontraba apoyado en el balcón y apretó sus manos sobre la barandilla de cerámica, sintiendo el frío y las pequeñas grietas en esta. Los tres operativos ante él se veían verdaderamente aterrados por las consecuencias que pudiese haber para ellos, pese a omitir el hecho de que no habían ido al vertedero tecnológico para acabar con las vidas de los amigos de Omnius sino más bien para ofrecerles un trato y huir de las autoridades de Ibos con el fin de evitar una condena que les llevase a pudrirse en una celda de por vida.

    — Está bien, me alegra que seáis honestos — Con el semblante más serio que nunca, Akkor abrió los ojos y miró a los tres — ¿Dónde está Relic? Creo que debería haber sido él quién viniese a darme explicaciones.

    — Siento decirle, representante superior, que Relic ha sido asesinado.

    El actual líder del Consejo Superior —aunque no por mucho más tiempo— sintió una fuerte punzada en el centro de su torso, casi como si una daga le hubiese atravesado el pecho por detrás. De pronto, los gritos se intensificaron en las calles, en la gran plaza de Vianus y por ende en las puertas de la Casa Superior.

    El setenta por ciento del ejército superior, fiel a su representante, había empezado a usar la violencia para disolver esas protestas en la zona.

    — ¿Cómo…? — Akkor apenas encontraba las palabras — ¿Qué…?

    — Señor…

    — ¡¿Quién?! — El representante superior parecía salivar exageradamente de la rabia que estaba brotando en su interior — ¡¿Quién ha sido?!

    — No sabemos quién ha sido exactamente, pero hemos visto que la comandante del ejército aliado y el general Orlat salían del lugar junto a sus tropas — Explicó uno de los operativos, esperando por no recibir ningún tipo de castigo por parte de su superior — Y cuando hemos regresado, encontramos el cadáver de Relic en el suelo.

    — ¿Regresamos? — Akkor supo leer muy bien a aquellos que estaban frente a él, como si la rabia también se hubiese convertido en intelecto y hubiese hecho una lectura rápida e inteligente de la situación — ¿Acaso abandonasteis vuestro puesto? ¿A vuestros compañeros? ¡¿A vuestro líder?!

    — R-representante superior, de verdad que…

    — Ibais a iros sin más, ¿verdad?

    — N-no, señor.

    — En absoluto, repr…

    — Jamás pens…

    Sin decir ninguna palabras más, el veterano anixis asintió con su cabeza a ambos guardias que iban con el trío de operativos.

    Como si con ese gesto les hubiese dado una orden completamente clara, estos apuñalaron a dos de los tres operativos con unas dagas de energía. El tercero de ellos, que era aquel que había hablado y dado la cara ante su jefe, intentó huir rápidamente pero fue detenido y sometido por dichos guardias mientras Akkor le miraba con desprecio e ira, a la vez que se aproximaba hacia él.

    — Se me ha acabado hasta la última gota de paciencia.

    — ¡Les dije que era un error venir ante ti, que no nos perdonarías lo sucedido! — El único operativo anixis que quedaba con vida de todo ese equipo de especialistas a disposición del representante superior, estaba empezando a decir lo que pensaba, sabiendo lo que se aproximaba — ¡Debimos verlo antes! ¡Hasta Relic lo dijo! ¡Eres un auténtico dictador!

    — Ahora me doy cuenta de que precisamente debí serlo hace mucho tiempo — Murmuró el líder del Consejo Superior, tomando del cuello al operativo que hasta hacía escasas horas le servía — Pero un operativo siempre está dispuesto a correr riesgos y asumir los sacrificios.

    Akkor tomó al operativo de sus ropas y lo lanzó por el balcón, provocando que éste se precipitase al vacío.

    Demostrando no solo una fuerza sorprendente para su edad sino una faceta totalmente oscura de su personalidad, el representante superior se percató de que la barandilla de cerámica había añadido una nueva grieta más visible y prominente, debido al choque del operativo con esta antes de caer, empujado por la fuerza de la gravedad y por el veterano líder anixis.

    El operativo cayó justo a los pies de la entrada de la Casa Superior, sorprendiendo a todos los ciudadanos presentes y generando una ola de pánico entre ellos, al mismo tiempo que la sección del ejército superior a favor del propio Akkor empezaba a disparar a todo aquel que no retrocediese como ellos ordenaban.

    — Es hora de poner control al desorden.

    […]

    — No me gusta quedarme atrás.

    Omnius negaba con la cabeza al mismo tiempo que se encontraba sentado y cruzado de brazos en un sofá desgastado de cuero.

    Su color marrón bien podía deberse al polvo que había en aquel sótano clandestino, hogar de las reuniones y las fiestas de los mercenarios liderados por Kairos antes de que la situación con el representante superior escalase hasta la actualidad. Vorta había cogido a los suyos y se los había llevado junto a Echo y Orlat, quiénes lideraban sus respectivos escuadrones en busca de liberar a la ciudadanía del sometimiento al que una facción rebelde del ejército superior —liderada por el corrupto Akkor— estaba llevándoles a cabo.

    Al lado del líder actual de la Alianza Interestelar de Especies se encontraba Sizgolar junto al pequeño Cole. El neoniano veía en la actitud y las reacciones del syleriano una impotencia que conocía, la cual sentías cuando creías que deberías estar haciendo algo más de lo que has hecho hasta cierto punto.

    — Te entiendo — Musitó Sizgolar, mientras cargaba en brazos a Cole, un niño de apenas un año de edad — Yo, en cambio, no tengo ningún problema en quedarme en la retaguardia. Una vez muerto el asesino de la madre de este pequeño, me siento con la responsabilidad de no abandonarle.

    — Eso habla muy bien de ti — Dijo Omnius, clavando sus ojos en los del niño humano — Ese pequeño está en las mejores manos.

    — No sé si en las mejores, pero sí en buenas manos — El veterano soldado rectificó a su representante.

    En la barra de bar que había en dicha caverna subterránea bajo el vertedero tecnológico, se apoyaban los consejeros Ziba y Valtin, mientras el joven Gallagher les servía una bebida a la par que conversaban. Om y Siz los observaron durante unos segundos hasta que el primero se volteó.

    — Ziba ha sido emisaria y sabe valerse sola, es valiente — Paokt dio su opinión de sus compañeros — Pero Valtin es todo lo contrario, aunque es un fenómeno en la ingeniería.

    — Cada quién tiene su rol en esta sociedad y en la vida, chico — Debido a la diferencia de edad, el neoniano creía poder permitirse hablarle así — Yo sé que tú has sido entrenado por tu padre y que desearías ir a la lucha junto a tus amigos, pero ese no es tu rol en esta partida.

    — ¿Cuál es entonces? — Om se veía algo apenado.

    — Liderar al pueblo hacia un futuro mejor — Expresó el veterano mientras acunaba al niño — Una vez esto termine para bien o para mal, iniciará una nueva etapa y tú representas uno de los cargos más importantes en lo que se refiere a un nuevo comienzo, una reconstrucción.

    — ¿Eso crees? Porque a veces pienso que fui yo quién provocó todo esto — El syleriano se mostró cabizbajo mientras se miraba a las manos — Siento que podría estar haciendo más, no esperando aquí a que las personas que quiero terminen con el trabajo que yo empecé.

    — Bueno, naciste para liderar — Dijo Sizgolar, mirándole a los ojos — Pero tienes alma de guerrero, eso se ve.

    — Ojalá mi madre Hylda esté orgullosa de mí, sea dónde sea que esté.

    — Chico, seguro que lo está. Mira hasta donde has llegado.

    — A un búnker con tintes apocalípticos como los que estamos viviendo.

    Sizgolar lanzó una tímida carcajada que fue más para sus adentros que para mostrarla a Omnius, quién a su vez no pudo evitar sonreír al haber dicho un comentario tan sarcástico como realista dada la situación que estaban atravesando.

    Tan solo a diez metros de ellos, los dos consejeros anixis conversaban con el médico general humano —quién tenía conocimientos para tratar a cualquier especie de la Alianza— tras haber sido dejados allí por petición de la comandante Mercer y del general Orlat, quiénes consideraban que los líderes no deberían arriesgar sus vidas ya que serían los encargados de reconstruir el Consejo Superior y la sociedad una vez todo acabase, con suerte, del lado de ellos.

    — ¿Nunca sospechasteis de Akkor?

    La pregunta de Brandon hizo que los rostros de los consejeros pasasen de tener una expresión algo relajada a una más seria. Ziba dejó su bebida sobre la barra, apoyándose más en ella mientras miraba a los ojos de su símil para después centrar la vista en los del médico.

    — Jamás imaginamos que nuestro líder, aquel que nos gobernó desde que llegamos a Ibos en el arca, tenía una facción del ejército superior a sus órdenes y manipulaba a la ciudadanía con tratos desconocidos — Se sinceró la que antaño era emisaria y exploradora — Los operativos, el acuerdo secreto con el gobernador Zorin, los suministros de la Alianza… ordenar el asesinato de Eeron…

    Ziba tenía en alta estima al fallecido emisario honorífico, hasta el punto que mencionarlo le hizo derramar un par de lágrimas, brotando de sus ojos negros grandes y prominentes. Su compañero y amigo le mostró su apoyo al colocar una de sus manos sobre el hombro de ella, para acto seguido dar su punto de vista de la situación. Gallagher prestaba total atención.

    — Akkor nos escondió todas sus artimañas durante años — Murmuró Valtin, mientras negaba tímidamente con la cabeza — Confiábamos en él, en su palabra. A mi me hizo trabajar para él sin darme siquiera cuenta, construyendo la Explorario para sus fines y luego diciéndome que había habido un accidente con ella en los tests en el espacio profundo. En fin, menos mal que tus compañeros nos mostraron las evidencias.

    — Todavía no me creo que esto esté pasando — Expresó el joven adinerado, sirviéndose una copa de un whisky de origen humano — Que haya habido muertos. Que yo haya matado…

    — A veces, debemos hacer cosas que creímos que nunca haríamos — Algo más recompuesta, Ziba quiso consolar al médico — Especialmente si es para salvar tu vida o la de aquellos que más amas.

    — En efecto — El reputado ingeniero anixis recalcó lo dicho por la consejera.

    — Bueno… — Como si algo se le hubiese ocurrido a Brandon, éste decidió cambiar el tópico de la conversación, dándole un giro de ciento ochenta grados que ninguno de los dos anixis vio venir — Decidme, consejeros, ¿cuáles son vuestros planes una vez este conflicto se resuelva?

    — ¿A qué te refieres? — Valtin no comprendía por donde iba el humano.

    — Pues a que habrá que reforzar las leyes, la confianza de la ciudadanía en sus líderes, la seguridad en todos los ámbitos… Cambios en el Consejo Superior, en definitiva.

    — No es algo en lo que estemos pensando ahora, pero si todo esto termina con Akkor capturado, podremos empezar a hacerlo — La emisaria dio un sorbo a su bebida, terminándosela de un último trago — Y seguro que habrá muchos cambios.

    — Así es, para empezar, hay dos vacantes en el Consejo que deberán ser ocupadas por personas con dotes de liderazgo — Contó el ingeniero, sin tapujos — Ya que Relic y Akkor, desde luego, no van a ostentar sus cargos.

    — Quizá Plaxor, cuando regrese de esa visita a Ceti Nosea para ver que andan haciendo los exiliados, retome su cargo — Ziba dijo su pensamiento en voz alta — Si es que eso no es una mentira más de Akkor.

    — A estas alturas, lo más probable es que lo sea — Añadió Valtin, lanzando un suspiro de resignación — Pero en resumidas cuentas, sí, hará falta hacer cambios y reconstruir, literal y figuradamente.

    — Yo… yo podría ayudar en eso — Reveló el joven Gallagher, sacando su lado más negociador — Tengo una de las fortunas más grandes de la Alianza y sería un acto generoso de mi parte aportar fondos a reconstruir lo que sea.

    — Tú mismo lo has mencionado, sería un acto generoso de tu parte, Brandon — La anixis supo inmediatamente las intenciones del humano — ¿Pero…?

    — Pero no lo haré a cualquier precio.

    — ¿Qué quieres decir? — Valtin parecía nunca estar atento a las señales.

    — Si necesitáis fondos, yo soy una opción bastante atractiva — El médico tenía una mirada de cazador, como si estuviese a punto de devorar a sus presas — Pero todo dinero está para comprar algo. Y eso sería uno de esos dos puestos en el Consejo Superior.

    — Eso sería manipulación y nosotros nos debemos a los ciudadanos, así que deberíamos darles unas elecciones antes de siquiera pensar en candidatos para los puestos vacantes en el Consejo — Ziba fue rotunda en su respuesta — Podrías proponer tu candidatura y confiar en que el pueblo de la Alianza te respalda.

    — Así es, aunque también es cierto que tus fondos serían muy útiles — A diferencia de la emisaria, Valtin sí parecía tener interés en hacer negocios con Brandon — Tengo muchas ideas que podrían mejorar Ibos.

    […]

    Los distritos Jefferson y Admir están controlados. Los subcomandantes Stalo y Octavia se harán cargo de la seguridad en los distritos una vez Astea y Cainía estén bajo control. Yo puedo liberarme si lo necesitas, comandante.

    La voz de la radio provenía del subcomandante Devom, quién había sido enviado a dichos distritos a rebajar la tensión pero principalmente a evitar que la facción rebelde del ejército superior impusiese sus restricciones por orden de Akkor.

    Con ese objetivo conseguido sin mucha dificultad y sin apenas bajas —los soldados del tirano estaban centrados en los núcleos de población concentrados en las tres ciudades del planeta, pero muy especialmente en la ciudad de Vianus, con el fin de proteger y sostener la Casa Superior para su representante—, Xerom estaba disponible para reunirse con el escuadrón que lideraba la comandante del ejército de la Alianza, acompañada de otro escuadrón del ejército superior que se vio ninguneado por Akkor, liderado por su general Orlat.

    Junto a ellos, estaba la actual líder de los mercenarios, Vorta.

    — Entendido, subcomandante — Echo se encontraba ante el anixis de mayor rango militar y ante la líder del grupo de mercenarios que se había unido a la lucha — Nuestro objetivo es proteger a los ciudadanos de Vianus, donde hemos recibido avisos de abuso de la autoridad por parte de los soldados que apoyan a Akkor, en las proximidades de la Casa Superior.

    Recibido, comandante — El soldado syleriano tenía una pregunta — ¿Cuál es el estado de los consejeros, si se puede saber?

    — Sanos y salvo, pero la ubicación te la mandaré por privado — Mercer no se andaba con rodeos — Las frecuencias de radio podrían estar manipuladas y podríamos estar siendo escuchados en este instante.

    Sin problema, ¿dónde nos reunimos?

    — Te mando la dirección por el comunicador, junto a los demás detalles.

    Cambio y corto, comandante. Nos vemos pronto.

    Con la comunicación entre Xerom y Echo concluida, el general Orlat y la mercenaria Vorta se aproximaron a la comandante del ejército de la Alianza, quién ya estaba empezando a organizar las piezas en el tablero. Por suerte para ella, podía delegar su gran responsabilidad en sus tres subcomandantes, aunque también en el general anixis y provisionalmente en los mercenarios, pues estos no eran ninguna autoridad y simplemente se les permitía participar por su apoyo a la Alianza.

    — Tus amigos me esperan — Informó Orlat, indicando a su escuadrón que era la hora de irse de las inmediaciones del vertedero tecnológico — Estaremos en contacto por radio si hay problemas.

    — Por supuesto — La mujer le tendió la mano al anixis, que la aceptó en un acto de respeto mutuo — Por favor, asegúrate de que lo logran.

    — Dependemos de ellos si queremos detener a Akkor — El general anixis accionó el pasador del Flasher y comprobó el cargador de plasma, habilitando el arma para ser disparada — Haré el máximo.

    La comandante Mercer asintió al general Orlat mientras que Vorta simplemente observó como el anixis partía junto a su numeroso grupo de soldados hacia una posición concreta en la que se reunirían con Karla, Owen, Kendall y Andrómeda, quiénes se habían ofrecido a ser la clave de un plan que habían organizado hacía apenas unas horas.

    Los mercenarios, portando consigo Strikers, Flashers y armas obsoletas como Busters, eran un número más que decente que sumar a las tropas de Echo. Con el semblante serio, la líder syleriana se aproximó a la humana para decirle un pensamiento que se le pasó por la cabeza en ese preciso instante.

    — Os ayudamos a cambio de que Kairos Kent quede limpio de cargos — Vorta fue directa en sus condiciones — Y que se nos considere una fuerza militar de apoyo al ejército de la Alianza.

    — Tienes mi palabra, Vorta — Contestó Echo — ¿Vamos?

    — Vamos — Asintió la líder de los mercenarios, sonriéndole a la comandante y acto seguido a sus camaradas — ¡Seremos recordados por participar en la conquista de Vianus contra los traidores de una sociedad justa!

    — ¡Sí!

    — ¡Ibos es de los justos!

    — ¡Acabemos con Akkor y sus súbditos!

    La comandante Mercer observó a los mercenarios y se sorprendió gratamente de ver no solo su actitud guerrera y entusiasmo por lograr una victoria que terminase con la corrupción, sino su ímpetu por querer tener un auténtico nuevo comienzo, que era el motivo por el que la gran mayoría de colonos de la gran arca accedieron a viajar a Ibos. Su confianza arrolladora fue contagiada a los soldados de la Alianza que estaban allí presentes, bajo el mando de Echo, quiénes se sumaron al griterío como muestra de fe en que lograría sobreponerse a la tiranía que Akkor pretendía instaurar.

    Era una guerra civil en líneas generales, pero si tenían la fortuna y la fuerza de su lado, tan solo duraría unos días. Y un verdadero comienzo podría darse.

    — En marcha — Ordenó la comandante de la AIE, para luego decirse unas palabras a sí misma en voz baja — Construiremos un nuevo imperio surgido del viejo, Jackon. Lo verás cuando regreses a casa.

    […]

    Los ciudadanos de Ibos pero principalmente los de Vianus se encontraban protestando —algunos violentamente— contra su actual representante superior, tras haber conocido mediante una filtración a los noticieros —obra de los consejeros y el resto del grupo— que había estado realizando actos corruptos a espaldas del Consejo Superior, de los ciudadanos anixis y de las especies de la Alianza.

    Un hecho que desencadenó un conflicto en las tres ciudades, con altercados que parte del ejército superior bajo el mando de Akkor intentó aplacar con fuerza bruta, siendo repelidos por escuadrones del ejército de la Alianza y de los pocos soldados anixis que repudiaban la conducta de esos símiles que apoyaban a su corrupto líder. La gente estaba manifestándose en todo el mundo, literalmente, pero una gran multitud estaba agolpada frente a la Casa Superior, que había sido tomada por el propio Akkor y sus fieles seguidores.

    Con los operativos y Relic fuera del juego, solo quedaba cumplir con la orden que las autoridades habían lanzado contra el representante superior: detener a Akkor para su posterior juicio.

    Va a ser imposible acceder por las puertas principales.

    A ojos de Owen, entrar a la Casa Superior por la entrada iba a ser una tarea prácticamente imaginaria.

    La cantidad de personas —anixis, humanos, sylerianos y neonianos— que aporreaban las puertas y exigían que el representante superior diese la cara y se entregase a las autoridades impedía siquiera acercarse sin recibir algún golpe o simplemente sin poder llegar más allá de unos pocos escalones al frente. El joven Crane se encontraba entre esa muchedumbre con la sensación de que las cosas podían descontrolarse en cualquier momento, pero con la tarea de informar al resto de sus compañeros.

    Pronto llegaría el general Orlat con un escuadrón de fieles soldados para disolver la manifestación y encontrarse cara a cara con los soldados que apoyaban a Akkor, siendo ambos bandos del mismo ejército.

    ¿Hay opción de escabullirse por los tejados y entrar por la parte de arriba? Esa torre se ve prometedora.

    Andrómeda se encontraba a cierta altitud, concretamente en un edificio anexo a la Casa Superior.

    No obstante, ella misma formulaba la pregunta porque desde su posición no podía ver formas de saltar de un lugar a otro y desde el sitio en el que estaba era imposible acceder ya que había una distancia de separación considerable. La gran plaza que había ante las puertas del edificio más emblemático de todo Ibos estaba abarrotada de gente, por lo que no se podía acceder por abajo y parecía que, de momento, tampoco por arriba.

    Uno de sus compañeros no tardó en dar una posible solución al impedimento que estaban teniendo para hallar un modo de acceder a la fortaleza improvisada del representante superior.

    Estoy viendo que la parte trasera está poco vigilada, ya que para acceder se necesita pasar por un callejón y las puertas de acceso a dicha calle están cerradas. Hay poca gente también, intentando romperlas sin éxito.

    Desde el otro lado de una calle, Karla observaba como un grupo de ciudadanos hastiados por la situación y por ver como su líder se negaba a soltar el poder, golpeaba y empujaba las puertas de metal que impedían el acceso a pie por una entrada trasera a la Casa Superior. Esta estaba vigilada por al menos diez soldados del ejército anixis, que eran considerados pocos dado que la gran mayoría parecían encontrarse entre la multitud, dando golpes y enfrentando a la gente entre sí.

    Algunos seguramente estaban dentro del edificio para proteger a Akkor en caso de que la gente irrumpiese.

    Creo que lo tengo, voy a comprobar algo.

    Kendall se encontraba a varias calles de la Casa Superior, algo alejado del conflicto —no armado por el momento— que se estaba dando a las puertas del lugar.

    Sin embargo, eso no impedía que en las calles anexas hubiese bastantes personas protestando, realizando cánticos contra el representante superior y dirigiéndose a la gran plaza —en la cual no cabía ya ni un alfiler— para meter más presión al tirano. Gente de las ciudades de Astea y de Cainía se habían desplazado hasta Vianus para sumarse a la manifestación multitudinaria que se estaba dando.

    El detective, no obstante, creyó encontrar un modo de acceder a la Casa Superior. Y es que el alcantarillado era una opción más que interesante para explorar, ya que todos los edificios tenían un acceso común a los túneles subterráneos con el fin de que los residuos orgánicos fuesen todos a parar a un lugar lejos de la ciudad.

    Voy a meterme al túnel del alcantarillado — Expresó Xom mientras se aseguraba de abrir una tapa en una calle alejada del foco mediático — Tengo los planos de la ciudad, así que sé como llegar al túnel que conecta con la Casa Superior.

    Está bien, notifica cualquier cosa y si es apto, te seguiremos — La científica Vaalot celebró internamente que su compañero hubiese encontrado un posible acceso.

    Ten cuidado, Ken — Musitó la joven Vermeer por la radio, preocupada por su amigo — Podría haber vigilancia ahí abajo también.

    Ten ojos en todo momento — Le advirtió Crane — Como dice Andro, podría hab… ¡Oh, joder!

    ¡¿Owen?! — Su pareja se aterró al escuchar esa reacción — ¡¿Qué ocurre?! ¡¿Estás bien?!

    Owen acababa de presenciar como alguien caía desde lo alto de la torre de la Casa Superior, impactando con el cemento de la superficie de la entrada, casi destruyendo su cuerpo debido a la fuerza de la gravedad. Su sangre salpicó a todos aquellos ciudadanos que estaban frente a la entrada, quedándose en shock y empezando a gritar presas del pánico mientras al mismo tiempo las puertas se abrían abruptamente para ver salir a dos docenas de soldados fieles a Akkor, quiénes empezaron a disparar al aire para hacer retroceder a la multitud agolpada en la zona.

    Nervioso por que la situación había subido de nivel, el joven Crane empezó a retroceder.

    ¡Alguien ha caído de lo alto del edificio! — Informó el hombre a sus compañeros en un tono de puro terror — ¡Y los soldados han salido de la Casa Superior disparando al aire!

    En ese preciso instante, mientras algunas personas huían de la gran plaza y otras se quedaban a enfrentar a los soldados de Akkor pese a estar desarmadas, el escuadrón liderado por el general Orlat hizo acto de presencia. Al escuchar los disparos, el líder del ejército anixis —del cual había perdido a gran parte que apoyaba al representante superior— ordenó que los suyos preparasen las armas, estableciendo contacto visual con quiénes un día antes habían sido compañeros, ahora estando enfrentados entre sí.

    Parte de la protesta se había disuelto, pero la situación seguía siendo peligrosa para esos civiles que no se achantaban con unos simples disparos al aire. Los gritos de este numeroso grupo de ciudadanos solo hicieron que provocar más y más a los soldados anixis fieles a su líder. Furioso, uno de ellos cruzó la línea y ejecutó de un disparo limpio a un civil anixis, que cayó fulminado al acto.

    — ¡Atrás todos si no queréis acabar como ese problemático! — Gritó con rabia el asesino de aquel pobre tipo.

    — ¡No puede ser!

    — ¡Psicópata!

    — ¡Eres un puto enfermo!

    — ¡Te vamos a matar!

    — ¡Bajad las armas, soldados! — La exclamación en forma de orden provino de Orlat, acercándose a la entrada de la Casa Superior con un equipo de soldados que estaban listos para enfrentar a sus compañeros si estos así lo querían — ¡Tú! ¡Acabas de violar una de las normas más importantes del juramento de la Constitución Superior! ¡Has matado a uno de los nuestros!

    — ¡Ese tipo se lo ha buscado! — Replicó el soldado, que se dio cuenta de que no tenía el apoyo de los demás — ¡¿Acaso no es verdad?!

    — ¡He dicho que dejéis las armas en el suelo! — El general repitió la orden dada anteriormente — ¡El ejército superior no fue creado para esto! ¡No está hecho para matar habitantes de Ibos ni mucho menos para seguir las órdenes de un traidor a la sociedad!

    — ¡Akkor nos trajo a este planeta cuando todo el imperio caía!

    — ¡Y le estamos agradecidos por ello, pero su ambición ha sobrepasado todos los límites! — Orlat estaba casi implorando que sus soldados desistiesen de seguir las órdenes de Akkor — ¡¿Acaso no lo veis?!

    Algunos empezaron a dejar sus armas en el suelo, evidenciando que no querían una masacre con el pueblo de Ibos y que pese a su apoyo a Akkor, no estaban dispuestos a asesinar civiles por él. Sin embargo, aquel que había ejecutado a un ciudadano y otros más decidieron que estaban en lo correcto, por lo que sin decir nada más, abrieron fuego contra sus propios compañeros y contra su propio general, sin poder buscar apenas coberturas al estar en una zona abierta como lo era la gran plaza.

    Estos eran los últimos operativos al servicio del representante superior.

    — ¡General, cuidado!

    Ningún soldado pudo evitar que varios disparos plasma impactasen de lleno en el torso de Orlat, quién era el soldado más adelantado de su escuadrón.

    El general del ejército superior anixis fue abatido por unos soldados rebeldes que en el último momento optaron por seguir creyendo en el tirano que un día fue visto como el salvador de la especie. Sin tiempo para reaccionar, aquellos soldados fieles a su recientemente asesinado líder, iniciaron un conflicto armado contra los soldados rebeldes, quiénes retrocedieron hasta atrincherarse en el interior de la Casa Superior.

    Los soldados que desistieron de seguir apoyando a Akkor se acercaron a sus compañeros y al cuerpo sin vida de Orlat, desarmados y en completo shock.

    — N-no… no creíamos que…

    — Esto no debía pasar.

    — Nos estamos matando entre nosotros. ¿Por qué?

    — Mirad en lo que nos ha convertido Akkor en cuestión de un día…

    — Juramos proteger a los ciudadanos de Ibos, a nuestros compañeros soldados… No abatirlos.

    — Vosotros sabéis cuántos fieles al representante superior hay dentro.

    — Sí, os ayudaremos a acabar con ellos.

    — No queremos formar parte de esto.

    — Que sean las últimas muertes que debemos presenciar en Ibos.

    Desde cierta distancia, como mucha gente atemorizada por el tiroteo, Owen observaba la escena y veía el cadáver del general Orlat, muerto al acto tras recibir diversos disparos en el torso. Con el semblante entre serio y apenado, el joven Crane empezó a retroceder para reencontrarse con sus amigos.

    Han matado a Orlat. Esos salvajes se han vuelto contra su propia gente.

    ¿C-cómo dices…? — Andrómeda no daba crédito a lo que escuchaba.

    Debemos avisar de esto a Echo — Manteniendo la compostura pese a que el miedo iba por dentro, Karla pensó lo más sensato — Ella debe estar con un grupo de soldados, también con Vorta.

    Le enviaré toda la información mediante el comunicador y a vosotros la ubicación de acceso al alcantarillado — Indicó Kendall, consciente de que solo podían centrarse en seguir adelante — Seguid el camino que he marcado por los túneles. Ya estoy en el interior de la Casa Superior.
     
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