Colección Sabores del cosmos [Honkai Star Rail]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Gigi Blanche, 13 Febrero 2026 a las 10:14 PM.

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  1. Threadmarks: I. Panna cotta [Aventurino & Dr. Ratio]
     
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

    Piscis
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    Escritora
    Título:
    Sabores del cosmos [Honkai Star Rail]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1393
    N/A: título cringe porque no se me ocurrió qué pingo ponerle de nombre a la colección. Quería participar de la actividad de escritura de San Valentín pero no se me caía una idea y ya estoy un poco cansada de escribir siempre de roles, yyy hablando con Neru el otro día se me ocurrió copiar su idea. Estoy tan invested con el Honkai, el lore y los personajes, why not give it a try y volver al mítico mundo de los fanfics? So, here i am :D El objetivo obviamente es lograr un escrito con todos los postres de la lista, pero eso será misión de la Belu del futuro.

    De paso etiqueta descarada porque vENÍ, NERU, ESCRIBÍ DE LOS GAYSSSS

    Sin más cháchara, adentro fic :D



    Panna cotta
    Aventurino & Dr. Ratio

    .

    .

    .

    Aquella mesa situada a los pies del precipicio era la favorita de Aventurino. La resguardaba una baranda de gruesos caños metálicos, claro, y por encima de su superficie se expandía la inmensa barrera translúcida y ovalada que contenía al restaurante, dándole su fama de “ojo de pescado”. Era una ubicación que a él le gustaba considerar estratégica. Suficientemente alejada del bullicio, convenientemente cercana a la pasarela espacial por la cual desfilaba la infinidad de naves que entraban y salían de Pier Point a diario. Disfrutaba del café y los postres de aquel sitio, del insondable paisaje oscuro a su lado, y del atisbo dorado de la barrera de Qlipoth que se vislumbraba sobre sus cabezas. Claro que su presencia allí robaba frecuentes murmullos y miradas indiscretas, pues ¿quién en su sano juicio esperaría ver sentado a uno de los Diez Corazones de Piedra en una ordinaria mesa de la terraza del Restaurante Kiliro? Solo, en silencio, comiendo un postre a cucharadas sin ninguna preocupación aparente en el universo.

    —¡Ah, profesor!

    Aventurino alzó la mano y sonrió, captando la atención de uno de los muchos transeúntes a varios metros de distancia. El hombre se detuvo y giró la cabeza, aunque poco podía deducirse por fuera de eso. Al menos, que accediera a acercarse era un comienzo.

    —Lo sigo pensando y lo seguiré diciendo —prosiguió Aventurino, recostándose en su asiento con liviandad—. ¿Cómo puedes usar esa cabeza de escayola todo el día? Te arruinará la piel, profesor.

    —Mi piel es la última de mis preocupaciones, apostador —aseveró, tajante, la voz debajo de aquella… máscara.

    —Pues mal hecho. Ya que pones tu cerebro al servicio de la humanidad, bien podrías ponerlo al servicio de tu pobre rostro.

    —Una observación arrogante de un hombre arrogante, como cabría esperar.

    —Ah, el mundo debe ser tan aburrido para ti~ ¿Gustarías acompañarme?

    Aventurino señaló el asiento vacío frente a él con un elegante movimiento de brazo. El profesor Ratio, tras parecer ponderarlo unos instantes, accedió en silencio. Apoyó al borde de la mesa el libro que cargaba en su mano y giró la cabeza hacia la pasarela espacial mientras el comensal hundía la cuchara en su postre. El bocado, dulce y sabroso, dibujó una sonrisa en sus labios.

    —¿Qué haces en Pier Point, a todo esto? —indagó, redistribuyendo uniformemente la jalea rojiza—. Es raro ver por aquí a un miembro de la Sociedad del Conocimiento, ni hablar de tu pequeño club de mediocres.

    —Consejo —corrigió Veritas, en un tono de voz plano, mientras su dedo índice golpeteaba la mesa a un ritmo constante—. Nos convocó el Departamento de Tecnología, vinimos como delegados de la Universidad.

    —Hmm… Ah, creo que oí al respecto. ¿Algo de un programa motivacional y una serie de conferencias para los tiernos e inocentes reclutas del departamento? —Aventurino soltó una carcajada, fresca y despreocupada—. Para invitarte a ti hay dos posibilidades: o el Doctor Primitivo los convirtió en monos o utilizaron el proyecto de excusa para arrastrarte aquí. Hace pocos días me topé con Yabuli y se veía perfectamente bien, si acaso algo borracha, así que me atrevería a arriesgar la respuesta... ¿Estoy en lo correcto, profesor~?

    Ratio guardó impenetrable silencio y eventualmente suspiró, virando el cuerpo hacia una de las diagonales para tener espacio de cruzar las piernas.

    —¿Qué estás comiendo? —inquirió, o más bien criticó—. ¿Es hora para un postre?

    —No hay hora para algo dulce, es por esas reglas tuyas que te la pasas amargado —replicó Aventurino con calma, depositando la cuchara en el plato—. Es una incorporación nueva al menú, un postre típico de uno de los últimos planetas que se incorporó a la red de comercio o qué sé yo, no importa demasiado. Panna cotta, según la baliza sinestésica significa “crema cocida”. Yo creo que puede gustarte, ¿no quieres probarlo?

    Su eterna sonrisa se balanceaba entre la diversión y la soberbia. La invitación, sin embargo, era bastante genuina. Empujó el plato en dirección a Ratio y aguardó, tranquilo, sin quitarle la vista de encima. La cabeza de escayola del profesor descendió, se inclinó levemente hacia un costado, y su índice siguió golpeteando la mesa hasta que, transcurridos unos segundos de aparente análisis, la compulsión se detuvo. Llevó la mano a su máscara, presionó las yemas y la deslizó hacia arriba, removiéndola sin dificultad. Aventurino se permitió detallar el movimiento de su cabello violáceo al caer, complacido.

    —¿Cómo rayos haces para que la rama de oliva quede en su lugar? —reclamó, refiriéndose al accesorio que Veritas lucía en el pelo, en un cuestionamiento que sabía a viejo.

    Ratio suspiró, recogiendo la cuchara.

    —Ni siquiera transpiras debajo de esa cosa… —prosiguió, estirando el torso sobre la mesa—. ¿Tiene un sistema de refrigeración? No, no, ¿de ventilación? Pero ¿por dónde?

    —Si tu mente aloja tantas dudas, quizá debas empezar por escoger un libro y leerlo —afirmó el profesor, sereno—. Te aseguro que no te matará.

    Aventurino volvió a reír.

    —Como si un Corazón de Piedra tuviera tiempo para esas cosas. Además, ¿no es que te dedicas a recorrer el cosmos curando a la gente de su idiotez? Responder preguntas es tu trabajo.

    —Mi trabajo es estimular la capacidad de análisis y el razonamiento crítico, no resolver dudas mediocres.

    Mientras hablaba, hundió la cuchara en lo que quedaba de panna cotta y se lo llevó a la boca. Aventurino guardó silencio y cruzó los brazos al borde de la mesa, aguardando expectante al veredicto; Veritas saboreó el bocado con los ojos cerrados por un tiempo que se le antojó absurdo.

    —¿Y? —preguntó por fin, impaciente.

    —Supongo que está bien, no es un sabor desagradable, aunque sí excesivamente dulce. No toleraría más de una o dos cucharadas.

    —Todo en su justa medida, doc. Así funciona la vida, ¿no~?

    Ratio murmuró un sonido afirmativo escueto y empujó el plato de regreso hacia Aventurino, quien tomó la cuchara al instante y comió. El profesor no logró disimular a la perfección su ligero desconcierto, probablemente acostumbrado a existir en público bajo la protección de la escayola. Se encontraba frente a un Corazón de Piedra, al fin y al cabo. Todo el tiempo que él consumía nutriendo su mente e impartiendo lecciones, Aventurino lo utilizaba para anticipar a las personas y comprender sus intenciones. Sus deseos, también. Mientras disfrutaba de aquel sabor intenso dentro de su boca, una sonrisa de plena satisfacción estiró sus labios.

    —Tu piel es la última de tus preocupaciones, dices. ¿Compartir utensilios con cualquiera también lo es~?

    Veritas frunció el ceño y regresó la cabeza de escayola a su lugar, recogiendo su libro de la mesa.

    —Tengo asuntos más apremiantes de los que ocuparme, y sospecho que tú también, apostador. Nos vemos.

    Aventurino lo observó mientras se retiraba, el porte digno y el ritmo compuesto de un hombre que se sabía superior y, al mismo tiempo, asumía con fervor su mediocre condición de ser humano. Qué criatura tan encantadora e interesante, constantemente torturado entre la misión de un héroe y la claridad de un prodigio. Tan, tan elevado, tan por encima de los dilemas mundanos, que olvidaba la simple etiqueta de solicitar una nueva cuchara para comer de un postre ajeno. Irremediablemente satisfecho, acomodó lo último de panna cotta y lo llevó a su boca, asegurándose de barrer con esmero hasta la última gota de crema del utensilio. Ah, sí.

    Ahora sabía incluso mejor.

     
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    Neru

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    Me causa mucha risa que esto sería perfectamente canon sabiendo cómo tratan la relación de Ratio y Aventurine (doctor, its huge!). Me encanta leer cosas de ellos, así que me alegra haberte inspirado indirectamente a hacer este relatito.

    Muchas gracias por la mention para leerlo jiji. Te quedó *cheff kiss*.
     
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    Fucking SCREAMED. Que forma de terminar un fic, SUBLIME. Un beso era menos intimo aamksks.

    Sus personalidades absolutamente on point y escribir tan bien la picardía de Aventurino es ugh. Extraño a mi niño aaaa necesito más.

    A parte Ratio la perra seducido por una panna cotta, tan correcto pero overlooking el detalle mas importante. Eso es un beso? Eso es un beso. Marry eachother and bicker por el resto de sus días, please uwu.

    GRACIAS POR ESTA BENDICIÓN GIGI.
     
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  1. Yugen
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