Mini-rol A Harmonious Rest | Samurai Sensō

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Nekita, 9 Noviembre 2025.

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    Nekita

    Nekita Amo de FFL

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    Akihito Shishio

    Después de un rato simplemente contemplando la mariposa Kousei inició su camino de regreso a la habitación, recorriendo arbustos de manera lenta y silenciosa para evitar llamar la atención de cualquier otro invitado, le tomaría un rato, pero sabía que eventualmente llegaría a su destino. Mientras tanto, en la habitación Akihito solo se limitó a sonreír ante el recuerdo de como Rengo le había entregado a su nuevo compañero.

    —En las Islas Oki había unos Onis... y en una gran historia resumida, Rengo gracias al Señor Hoshi pudo conectarse con Mara para ayudarnos a pelear contra ellos, quedó muy herido y shi quedó a la deriva así que, una vez que todos estuvieron a salvo volví para, asegurar, en cierta forma a shi para que no se deslizara de la montaña o alguien pudiera tomarla. —Todavía le daba algo de gracia la expresión de Xiao que no entendía en lo absoluto lo que estaba haciendo para ese punto.

    —Y, ¿recuerdas que me avisaste que Rengo iría a la montaña con su herrero, Togashi? —En ese entonces creía que quería buscar una reacción de su parte, como si supiera que tenía ese interés en Rengo y le daba curiosidad ver cómo reaccionaría de saber que se iría con alguien atractivo —Me dijo que lo encontró allí en mi haori cuando terminaron... lo que fuera que hicieron allá arriba, no quería salir de allí así que se lo llevó dentro de mi prenda y me lo entregó.

    La silueta de Kousei entró de pronto a la habitación y fue a tomar refugio debajo de la mesa, moviéndola un poco por a rapidez en la que se metió debajo, Akihito acarició su cabeza con una pequeña risa avergonzada antes de sentirlo deslizarse hacia el otro lado, acercándose a Kohaku para olerlo, presionando su hocico en su pierna mientras lo olfateaba, quizás, muy rigorosamente.

    —Estaba aterrado —Confesó mirando su taza de té, él podía tener fe de lo que estaba haciendo en esos momentos pero nunca tuvo la seguridad de que los demás entendieran la razón por la cual había tomado esa decisión —, y creo que le dije mil veces lo aterrado que estaba por lo mismo, pero... entendí que mi miedo podía ser irreal, pero lo que él tenía que hacer si era necesario y... valía la pena asumir la culpa.

    Volvió a mirarlo para sonreírle por lo que recordaba y también por sus palabras.

    —Creo que ambos lo encontramos en el otro, ¿y ustedes? ¿Cómo es que se hicieron amigos? Se ve que Rengo te tiene mucho aprecio.
     
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    Fui asintiendo y conectando los recuerdos que tenía de las islas, tanto los propios como los relatos recibidos. Sabía del ataque de los oni, sí, y había topado con Rengo y Togashi al subir la montaña. ¿El pequeño zorro había aparecido allí arriba, oculto dentro de su haori? Sonreí, enternecido. Una parte de mí sentía que no podía ser coincidencia, dada la naturaleza de Hoshi y la consecuente conexión de Rengo con los zorros.

    —Y permaneció contigo —asumí, deslizando la vista a los jardines; no veía a Kousei, pero sabía que estaba ahí.

    Entonces el pequeño apareció y, algo atolondrado, se escondió bajo la mesa. Reí en voz baja y sostuve mi cuenco con ambas manos, procurando que no se derramara té en la madera. Chiasa había dado un pequeño respingo y se acercó al borde para asomar la cabeza, precavida. Bajé la mano al comprender las intenciones del zorro y aguardé a que me olfateara.

    —Buenas noches, pequeño Kousei —murmuré.

    Asentí, comprensivo, y me mantuve en silencio al no encontrar nada para decir. Al final del día, lo importante era sobreponerse a los miedos y ellos lo habían conseguido. Transcurrido un tiempo prudencial, me incliné y estiré mi mano hacia el zorro, con la esperanza de que se acercara y me permitiera acariciarlo. Chiasa aún observaba todo con una mezcla de curiosidad y precaución.

    —Nosotros... nos conocimos en Shizuoka. —Evoqué el recuerdo del sol, el aroma a té dentro del shukusha—. Por esa época aún llevaba puesta una máscara y realmente no hablaba mucho con nadie, pero también es el motivo de que recuerde tan vívidamente a quienes conocí y quienes destacaban por su personalidad. Rengo fue uno de ellos. Fresco, agradable y atolondrado desde el primer momento. Ese día realmente no hablamos, sin embargo. Después de eso... —Arrugué el ceño, bajando la vista a mi té; el viento helado, las wisterias—. Kamakura. El ascenso fue duro y digamos que Kato no nos dio una bienvenida sobrecogedora. Jamás había visto a un padre tratar así a su propio hijo. Esa noche intenté ayudarlo y al final yo también caí enfermo, así que, otra vez, no hablamos casi nada.

    Solté una risa leve, rascándome la mejilla. Vaya historial.

    —No fue hasta después de la batalla de Shizuoka, que coincidimos en la playa y tuvimos nuestra primera conversación de verdad. Esa noche... Le presté la máscara por unos segundos, exponiendo mi rostro en el proceso. Ahora lo pienso y suena un poco tonto, pero en ese momento fue una decisión importante para mí. No mucha gente me había visto a lo largo de mi vida. He tenido... problemas por mi aspecto —confesé, algo avergonzado—. Ya sabes. Los tatuajes, el cabello raro, los ojos aún más raros. —Me reí—. Fue mi voto de confianza hacia Rengo y aún recuerdo lo que me dijo: "espero algún día verte bajo la luz del sol". Me hizo feliz que me aceptara así, sin más, que no cuestionara ni me hiciera preguntas. Después de eso, viajamos juntos a Kamakura y me ayudó a desbloquear mi energía espiritual... y todo este gran viaje comenzó.

    Chiasa se acercó a mis dedos y le rasqué entre las orejas, a lo que ella cerró los ojos.

    —Quizá sea un poco unidireccional. Rengo es importante para mí porque sin él habría permanecido en una eterna y dolorosa ceguera. Supuestamente alguien bloqueó mi Qi, no sé cómo ni cuándo, entonces lo que él hizo, aún sin darse cuenta, fue regresarme una parte de mí mismo que siquiera sabía que poseía. Y, a partir de ese momento, todo empezó a cobrar sentido.

    Guardé silencio unos segundos y me di cuenta de repente que mi relato quizá sonara... ¿demasiado emocional? Como si... ¿sintiera algo por Rengo? La idea me agobió repentinamente e intenté disimularlo al regresar la mirada a Akihito.

    —Así que sí, me gusta pensar en él como un buen amigo —concluí junto a una risa que, los Dioses quisieran, esperaba que no hubiera sonado nerviosa—. No es que tenga muchos amigos, de por sí.


    Y eso había sonado triste y deprimente. Fantástico.

    —¿H-has disfrutado de la ciudad en el tiempo que llevamos aquí, Akihito-san?
     
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    Nekita

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    Akihito Shishio

    Kousei no necesitó más que ver la mano de Kohaku frente a él para pasar de olfatear su pierna a directamente presionar su hocico sobre la palma de su mano hasta terminar con un par de lamidas, como si estuviera aprobando su cercanía. Salió de su escondite debajo de la mesa y poco a poco, pero con seguridad se fue queriendo colar entre las piernas de Kohaku hasta exitosamente quedarse sentado entre ellas y quedar frente a Akihito, quien cubría parte de su rostro en vergüenza de que estuviera invadiendo tanto el espacio del peliazul.

    —Discúlpalo, se emociona mucho con personas nuevas...

    Mientras escuchaba su historia con atención, Kousei de vez en cuando extendía alguna de sus pasas para tratar de tocar a Chiasa cuando se acercaba al borde de la mesa.

    Durante la historia de Kohaku le costaba imaginarlo con una máscara cubriendo su rostro todo el tiempo pese a estar fuera de su hogar, pero imaginaba que también era una forma de mantener a los suyos y su historia cerca, viva. Lo que sí no lo sorprendió fue la parte de Kamakura o que Rengo tuviera un momento así de honesto y lindo con él, lo veía como una de sus cualidades, su capacidad de ver a las personas, de acercarse.

    Chiasa se acercó a los dedos de Kohaku y Kousei, aprovechando el momento, le acercó su hocico como si también esperara que la pequeña ardilla se le acercara.

    —Es muy muy lindo relato —Admitió una vez que todo su recuento acabó con una sonrisa sincera —. Y, si me permites decirlo, no recordaría o denominaría como algo tonto un momento donde expresaste una parte de ti que no todos harían, más si tienes inseguridad o problema al respecto... fue algo valiente, y tuviste una linda recompensa. También espero que eso se haya podido resolver, tan siquiera para mi tienes un rostro muy bonito, y esos rasgos "raros" lo hacen mas distinguible, único. Es un buen contraste.

    Se tomó la libertad de servirse algo más de té a su taza y también ofrecerle un poco más a Kohaku en caso de que él también quisiera rellenar la suya.

    —Por otro lado, no creo que algo en la vida pueda ser unidireccional para Rengo... Así que creo que él también debe tenerte en ese mismo nivel de estima, de eso estoy seguro, se que debes ser un amigo que aprecia mucho —Sonrió antes de tomar un poco del té —. Yo tampoco tengo muchos amigos, nosotros podríamos serlo, si... te interesa, claro.

    Y eso estaba seguro que había sonado desesperado.

    Volvió a tomar algo de té para disimular su propio regaño mental ante la formulación de esa última frase.

    —Ha decir verdad sí, nunca tuve mucha oportunidad de salir a muchos lugares así que ha sido lindo ver estas ciudades y disfrutar de estos pequeños lujos —Dejó la taza de té en la mesa y jugó un poco con ella, paseando los dedos por el borde hasta que finalmente se animó a preguntar, mirando a Kohaku con cierta curiosidad —. Tengo una pregunta que hacerte, ya que parece que has conocido a Rengo obviamente más tiempo que yo pero... ¿contigo usaba mucho el contacto físico?

    —No pregunto por nada malo o similar, solo... me causa curiosidad porque definitivamente yo no estaba acostumbrado a eso de alguien, ¿sabes? Que estén tan cerca de ti, que tomen tus manos de repente, esas cosas...

    No había podido ver a Rengo interactuar con más personas a detalle, lo cual había jugado un aspecto muy importante en tardar tanto en descifrar qué era lo que estaba haciendo, si era algo normal, si le estaba intentando decir algo, si estaba jugando... y vaya, genuinamente tampoco lo había descubierto hasta que se arriesgó a besarlo, así que esta era una oportunidad perfecta para eliminar sus dudas.
     
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master

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    La reacción del zorro me robó una risa breve de pura alegría y le permití hacer lo que quisiera con mi mano. Alcé los brazos al notar sus intenciones de acomodarse en mi regazo y miré a Akihito con la misma ilusión, empezando a rascarle la cabeza a Kousei.

    —Descuida, no me molesta. A decir verdad, me gustan mucho los animales.

    Recordé la cría de oso que sorpresivamente había traído padre a casa hacía ya varios otoños, pero decidí callarme una vez pensé en el destino que había sufrido. El mismo destino de la villa entera. Durante el tiempo que vivió, con mis hermanos nos habíamos escabullido más de una vez para alimentarla con salmón fresco que robábamos de la residencia o de la pesca matutina. Se había acostumbrado a nuestra presencia e incluso habíamos llegado a acariciarla.

    Chiasa se fue acostumbrando a Kousei gradualmente, a su curiosidad y entusiasmo. Le había ocurrido similar con los gatitos, que al principio huyó despavorida y al final acabó durmiendo aplastada contra sus lomos. Eso me recordaba... ¿Estarían con Hachi? Me dio ternura la idea de sumarlos a este cuadro, aunque tal vez volvieran la reunión excesivamente caótica.

    Las apreciaciones de Akihito sonaron calmas y sinceras a mi oído, lo que me permitió relajarme; al menos, claro, hasta que mencionó mi rostro. ¿Que era... bonito? ¿Había oído bien? Dioses, claro que lo oí bien, no había ruido en la habitación. La incredulidad le dio paso a una vergüenza inmensa que me calentó el cuerpo entero y me forzó a agachar la mirada, más nervioso de lo que podía controlar. ¿Qué se suponía que respondiera a eso? ¿Cómo debía reaccionar? Nadie... Nunca nadie me había dicho una cosa así, ni siquiera Hachi. Era, más bien, todo lo contrario. Las personas habían tendido a observarme con recelo o aprehensión y había aprendido la lección desde muy pequeño, cuando un simple descuido se tradujo en una decisión permanente.

    Busqué sus ojos a tientas, repentinamente preocupado de que mi silencio lo ofendiera, y moví la cabeza en un asentimiento veloz y algo torpe que pretendió compensar el agradecimiento atorado en mi garganta.

    —Sí, por favor —murmuré, acercando mi cuenco al suyo. Agradecía que hubiera virado la conversación hacia el té.

    Le di un trago apenas lo tuve de regreso, y con ello me forcé a relajarme. Tal vez no tuviera que darle tanta importancia, ¿verdad? La gente iba por la vida con sus rostros descubiertos, era lo más común. Además, si me preguntaran a mí, consideraría que tanto él, como Hachi e incluso Rengo, también... me parecían... ¿b-bonitos?

    Dioses, ¿qué estaba pensando?

    Carraspeé la garganta, habiéndome atorado un poco con el té, y me di una bofetada mental. Muy bien, ya basta. Compostura, Kohaku. Estaba tan ofuscado en mis dilemas que apenas había oído al pobre Akihito hasta que pareció hacerme una oferta, o tal vez una sugerencia, que volvió a congelarme el cerebro. ¿Amigos? ¿Que si quería... ser su amigo? ¿Yo?

    —Claro. —La respuesta brotó de mis labios sin pedir permiso y sonreí amplio, emocionado—. Me encantaría que seamos amigos, Akihito-san.

    Así, de un plumazo, todos mis nervios se habían evaporado. Lo escuché hablarme de la ciudad mientras jugueteaba con Kousei, pero al percibir sus intenciones de abordar otro tema le concedí toda mi atención. ¿Que si Rengo me tocaba mucho...? Fruncí el ceño, concentrándome en rememorar nuestros encuentros esporádicos. Siempre me había parecido una persona muy abierta y expresiva, pero no diría que lo consideraba excesivamente... ¿toquetón? Al menos no conmigo, claro.

    —Hmm, no. Recuerdo que en las islas sí me dio un abrazo que me pilló en frío, pero le había alcanzado comida y unas mantas, y consideré que era su forma de agradecimiento.

    Y en Fukui había tocado mis manos pero, claro, fue con el pacto de por medio. En mi mente, todos sus acercamientos respondían a un motivo concreto.

    —¿Por qué preguntas, Akihito-san? —me atreví a indagar, indudablemente curioso, y agregué a modo de broma—: ¿Acaso Rengo se la ha pasado encima tuyo?

     
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    Akihito Shishio

    Kousei no perdió tiempo en empezar a empujar su cabeza hacia la mano de Kohaku cada vez que sentía que iba a acercarse para extender las caricias, su cola iba de arriba hacia abajo con velocidad ante la imposibilidad de moverla de lado a lado por chocar con el cuerpo de su nuevo amigo. Akihito por su parte asintió un poco más tranquilo de saber que el pequeño zorro no le estaba causando o le causaría molestias con sus pequeñas travesuras inocentes.

    Sonrió discretamente cuando vio la reacción de Kohaku ante su cumplido, le daba bastante ternura ver que no parecía ser algo a lo cual estuviera acostumbrado y estaba seguro que él mismo tenía esas reacciones cuando alguien que no esperaba le hacía un cumplido por, realmente, cualquier cosa. A fin de cuentas, eran pequeñas cosas que podían quedarse en la memoria de alguien y estaba seguro que, al igual que sucedía con él, Kohaku también lo apreciaría.

    Sirvió té en su taza cuando accedió y se aseguró dejar la tetéra un poco más cerca de su lado de la mesa en caso de Kousei intentara de nuevo estar tocando a Chiasa sobre la mesa y accidentalmente la tirara o algo similar.

    Luego, cuando escuchó con algo de sorpresa que Kohaku aceptaba esa propuesta de amistad sonrió con más ganas, agradeciéndole con una pequeña reverencia y un asentimiento de cabeza. Pero antes que pudiera añadir algo, escuchó su respuesta a la tan extraña pregunta que le había hecho y jugueteó de nuevo con su cuenco algo nervioso mientras lo escuchaba hasta que poco a poco se fue relajando, entendiendo que eso no era algo que solía hacer.

    Y luego, vino el sonrojo que lo hizo apartar la mirada momentáneamente, por esas cosas era que solía traer un abanico, se podía ocultar en situaciones así.

    —Desde que empecé a hablar más con él parece que mi espacio es su espacio... —murmuró lejos de ser una queja, ciertamente avergonzado pero no en una mala manera. Respiró hondo y volvió a mirar a dirigir su mirada hacia Kohaku —Creo que de manera inconsciente y porque es una práctica educada siempre trato de darle espacio a los demás pero Rengo... me hablaba así...

    Movió su cuenco para tener espacio para inclinar su cuerpo hacia delante sobre la mesa que los alejaba para quedar cerca de Kohaku, imitando la distancia que Rengo solía tener de él cuando hablaban por mucho tiempo.

    —A esta distancia se suele poner, luego me tomaba las manos aunque las tuviera detrás de mí, jugaba con ellas... —Se alejó no sin antes darle una caricia a Kousei para luego "derretirse" sobre la mesa, quedando recostado momentáneamente para suspirar de manera audible y finalmente reincorporarse —Me volvía loco la naturalidad con la que lo hacía mientras yo por dentro estaba muriendo de nervios porque... no... es algo que acostumbrara yo, sobrio, tan siquiera. Pero nunca supe si era él... siendo... él o era algo diferente.
     
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  1. rapuma
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