Long-fic de Pokémon - Trucos del Amar Fuerte y Vivir Breve [Longfic de San Valentín]

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por VeniaSilente, 15 Febrero 2026 a las 6:45 AM.

  1.  
    VeniaSilente

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    Título:
    Trucos del Amar Fuerte y Vivir Breve [Longfic de San Valentín]
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2405
    Acaba de pasar el 14 de Febrero y ¿qué mejor forma de celebrarlo que con más Nidoran? Bueno, "más" es un decir. Traigo de vuelta a la misma parejita de mi historia anterior de San Valentín, ¿los recuerdan? ¿Sí? Pues ahora hicieron familia.

    Esta historia ya lleva corriendo por un tiempo en inglés, ¡pero ahora la traigo para la comunidad en Español! Ojalá la disfruten. En general, las actualizaciones serán en los días alrededor de San Valentín, aunque actualizaciones con fechas especiales serán anunciadas con antelación.

    Que lo disfruten.




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    En algún lugar del mundo…

    Proveedor (1)



    Era una noche oscura y tormentosa en las tierras costeras del este de Suocé; mas no en los precipicios y blosques altos al oeste, en la Mesa, donde viven los Nidoran. La colonia de Pokémon conejos, esparcida entre colinas y montañas lejos del alcance de los humanos, se encuentra aún durmiendo. Prestos. Como raza crepuscular, atendían a los primeros rayos del sol como la llamada de Frith, Dios Pájaro del Sol, quien los conminaba a salir al mundo exterior para explorar y en esta pequeña franja del día hacer suyos los bosques, los arroyos y las cuevas, territorios donde se alimentarían, combatirían y aparearían.

    …Bueno, ése sería el plan usual, pero en una madriguera en el lado oriental de las montañas, en las orillas de la colonia y alejada de la actividad social más frenética, Inka, la Nidorina madre de familia, había decidido que lo mejor sería seguir durmiendo junto a su prole. Tan sólo cinco minutos más, enrollada en la cueva junto a sus seis bolas de pelo roncadoras que hacían su camada más reciente.

    A unos pasos dormía el émar de Inka, Baluarkos, un joven macho rural, estirado ante la entrada de la madriguera para servir de obstáculo.

    Qué mejor hubiera sido para la pareja que pasar la mañana durmiendo. Sin embargo, como padres de una camada de seis, más al menos dos camadas previas, estaba dado que eso no podía durar.

    —Ni~ —gimió una de las crías.

    —¿Ri? —chilló otra.

    —¡Ro!

    —¿...Niiiii? — chilló la primera cría, esta vez insistiendo con más fuerza.

    Dentro de poco ya había una cacofonía de llamados y chillidos mientras las bolas de pelo se despertaban, se estiraban y empezaban a lamerse unas a otras, a empujarse, a olisquear y rasguñar todo y a picotear a su madre en busca de atención. ¡Las bolas de pelo quieren entretenimiento y aventura!

    —Día de hraka... ¿por qué tan temprano? —fue el siseo y lamento de Inka ante todos los manotazos y picotazos que la despertaban. A las crías no pareció molestarles, y siguieron insistiendo en buscar su atención.

    En la apertura de la cueva, Baluarkos se despertó y alzó una oreja. El Nidorino palmeó el suelo un par de veces, a ver si podía llamar a las crías al orden. Después de eso dio vuelta la cabeza para ver lo que pasaba y frunció el ceño ante tanta actividad.

    —Lenguaje, amor. Buen día, por cierto.

    —¿Lo es, Ba’? —respondió la coneja, tratando suavemente de sacarse cuatro crías de encima. —Siento que acababa de echarme a dormir...

    El Nidorino ladeó la cabeza hacia la salida de la cueva. Asomándose un poco, podía ver la coloración del cielo aclarándose un poco ya. En su oreja pudo percibir el reclamo de la hembra buscando recuperar el sueño.

    Una vez más, Baluarkos se dio vuelta hacia el interior de la cueva y le dio tumbos al suelo con una pata para llamar la atención de las crías.

    —¡Do!

    —¿Ro?

    —¿Ni?

    Algunas de las crías se bajaron raudamente de su madre y fueron donde su padre, dando saltitos y tumbos animados como las crías de la Colonia suelen hacer. El padre les lamió y los acorraló cuidadosamente con su pata para que no fuesen de vuelta con su madre.

    Con cuidado, el Nidorino se pudo de pie dentro del espacio de la madriguera.

    —Ellos sólo quieren jugar —comentó en medio de un bostezo.

    —¡Ro! ¡Ro!

    De inmediato una de las crías clamó y alzó una pata, tratando de alcanzar el hocico de su padre, como confirmando ese comentario.

    Inka se aplanó como pudo contra el suelo de la cueva.

    —Dicen "ro", masculino, así que tú dales atención —se quejó ella, tratando de ignorar los llamados de las crías.

    Baluarkos dio un pisotón más fuerte en el suelo, pero las crías tenían mucha energía como para tranquilizarse. El Nidorino agarró cuidadosamente a una de las chicas al paso, alzándola del pelaje del cuello levemente para sentarla frente a él.

    —¿A dormir, bebita?

    La Nidoran pequeña miró a su padre, parpadeó un par de veces, y continuó sus chillidos. Pronto algunas de las otras crías vinieron a saltar círculos alrededor de ella, uniéndose al reclamo.

    —Supongo que no. ¿Desayuno, entonces?

    Las crías miraron fijo al Nidorino por un rato y luego intensificaron su llanto. Lo que fuese que querían, al menos no era alimento.

    Al otro lado de la cueva, Inka dio un suspiro.

    —Ya tuvieron su comida.

    Baluarkos miró fijamente a su émar mientras dos o tres crías se entretenían subiendo y bajando de su lomo cuando suspiraba, aprovechando el vaivén del pecho de su madre. Eso le dio a Baluarkos una idea.

    —Pues entonces lo que quieren es aventura. Apa, niños, nos vamos afuera.

    —Por mí está bien —reclamó Inka.

    El Nidorino hizo un esfuerzo por recolectar a sus crías y acercarlas a la salida de la cueva; pero la mayoría de ellas insistía en arrastrarse de vuelta más cerca de su madre.

    —Vamos… —insistió el joven macho, pensando en alguna salida. —¡Como si quisieran pelear!

    ¡Y eso les llamó la atención! En particular los niños, que alzaron las orejas y se apomponaron, tratando de hacerse los grandes en lo que se sentaban al lado de su padre. Como para enfatizarles el punto, Baluarkos arrastró la punta de su cuerno por el suelo, y los críos no le quitaron el ojo.

    —Entonces, uno que otro movimiento. Ya sería hora que aprendan a dar Picotazos.

    Con eso ya agarraba también la atención de las crías que estaban aún subidas a su madre; cuidadosamente se bajaron y se acercaron a Baluarkos a saltitos.

    Inka dio un suspiro más relajado. —Yo puedo enseñarles eso —musitó.

    Baluarkos dio un gruñido suave de burla. —Pensé que querías dormir.

    Inka dejó escapar un par de improperios entre suspiros, y se enrolló lo más que pudo. Su intento de volver a su descanso inmediatamente llamó la atención de los críos, y algunos de ellos trataron de acercarse a ella. Su única respuesta fue darse vuelta al lado opuesto, esta vez mirando a su pareja, pero aún enrollada y haciendo lo posible por ignorar a sus críos.

    —Rasguño entonces —ofreció Baluarkos como alternativa —, o lo que sea que sirva practicar antes que debamos enviarlos a la Colonia. ¿Sabes? No es justo que sólo los Nidorino instructores puedan lucirse. —Para enfatizar su mensaje, Baluarkos dio un vaiven con su cuerno.

    —¿Sigues en plan de tratar de enseñarles a pelear? —preguntó Inka dando una mirada fría a su macho, una que se contradecía con esa suave sonrisa.

    —Pero claro. Es divertido —, fue la respuesta.

    Baluarkos no pudo ahondar en el tema mucho más. Las bolas de pelo ya se habían encantado con la idea y se comportaban de manera alocada, así que el Nidorino se tomó un momento para agarrarlos de a uno y sentarlos frente a él. Cuando tuvo ya a unos cuantos sentados, se volvió a su pareja.

    —Sabes que la tropa sólo enseña lo usual; me gustaría que nuestros críos tuviesen una experiencia única.

    Inka simplemente gruñó y entrecerró los ojos. Los críos ya empezaban a dar vueltas alrededor de Baluarkos, aunque uno o dos habían volteado la oreja hacia su madre.

    —Quién sabe, incluso mi encanto especial.

    Los críos ya se habían dado cuenta que no obtendrían mucha atención de su madre, cerrando los ojos y dando bostezos, así que se habían dado ya la vuelta a su padre y lo observaban con ahínco, chillando de vez en cuando para exigir la diversión del día. Baluarkos les respondió con un guiño y apuntando hacia la entrada de la madriguera, en lo que esperaba la confirmación de Inka.

    —No entiendo que insistas tanto, pero… —fue lo que ella dijo, estirándose y aplanándose contra el suelo de la madriguera cual gato. —No es como que seas malo para esto, pero si fuese por enseñar a los roolil a pelear —anunció ella de forma resoluta —, eso debería hacerlo yo.

    Inka se relajó sobre la tierra, agradecida de que los pequeños Nidoran guardaban silencio y que ahora la dejarían dormir.

    Tardó un momento en darse cuenta que estaba todo callado… muy callado.

    Inka abrió los ojos y se dio la vuelta hacia la entrada de la madriguera, y de inmediato vio tres… cuatro… cinco… seis, roolilsentados atentamente frente a ella, mirándola con grandes ojos tiernos y brillantes como perlas, orejas alzadas y atentas apuntándole en forma educada, y una respiración persistente pero suave y callada. Las seis crías, mostrando esa mejor faceta de ellos que a tan temprana edad, sabían que sus padres no se podían resistir.

    Inka los miró fijo, luego miró a Baluarkos, quien sólo se limitó a deslizar una sonrisa, y luego de vuelta a los críos.

    Uno de ellos – el macho más grande – dio un saltito adelante y apoyó su patita contra el pecho de Inka, poniendo una expresión de súplica.

    Inka se dio cuenta de inmediato, que había caído en su trampa. Su pecho se aflojó y sus orejas se cayeron en lo que mentalmente aceptaba el fin de una tranquila madrugada.

    —…¿Ahora mismo?

    Más temprano que tarde, la pareja de Nidos se vio en el mundo de fuera de la madriguera con sus retoños. Baluarkos había salido primero para vigilar, dirigiéndose al pasto más corto y desde ahí echando vistazo a la oscuridad colina arriba, que de a poco empezaba a amainar. Bajo el negro del cielo se dejaban ver algunas hilachas de luz rojiza, señal que Frith estaba por ascender pero que había aún tiempo disponible.

    Lo mejor sería usarlo en explorar y entrenar.

    Inka, quejona como ella sola, salió a continuación y llamó a los seis retoños, que emergieron corriendo de la madriguera y se esparcieron alrededor, cada uno haciendo lo suyo: rascando la tierra, mordisqueando el pasto, o tratando de hincarle una garra a las ramas y troncos caídos cerca para poder trepar.

    Entre respingos, Inka olfateó el viento por un momento, y una vez contenta que no habría nada extraño cerca se dio vuelta a donde estaba su macho, vigilando. Ella le indicó que vigilara él el espacio de colina abajo mientras ella aseguraba el terreno superior.

    La ronda de seguridad de los padres fue rápida, limpia, eficiente. Tras instruir a los críos que se mantuvieran cerca de la apertura del nido, ambos padres hicieron sus respectivas rutas, revisando pedruzcos y ramas cercanos, buscando cualquier huella de pisotones o arrastres en el pasto, y viendo si había alguna criatura trepada en los árboles colindando arriba. Los retoños miraron con asombro cómo su madre trepaba un árbol tomando ventaja de un segmento donde el tronco se doblaba.

    Inka y Baluarkos consideraban la ronda de seguridad usualmente aburrida: la baja densidad del bosque en este lado de la colina, a diferencia de las tierras centrales de la colonia, significaba que era fácil notar en las rondas que no había ningún depredador demasiado cerca… así como tampoco ninguna familia de Nidoran vecina. Así, una vez que Baluarkos hubo marcado el territorio alrededor, e Inka se hubiese contentado con su revisión de los alrededores, ambos padres se devolvieron al tronco de árbol más cercano a la madriguera.

    –Ningún elil cerca, eso es bueno —declaró Inka usando el término más tradicional para los depredadores. —Puedo yo encargarme de la clase.

    —¿Segura? —preguntó el Nidorino en lo que acercaba a los retoños de a uno en uno pescándolos del pescuezo. —Esperaba poder mostrarles lo básico además de—

    —Eso lo veré rápido —le respondió ella de golpe, viéndolo de reojo. —De momento tráenos hierbas y bayas, no vaya a ser que uno de los críos sufra una herida.

    Ante la respuesta fría de Inka, Baluarkos agachó las orejas y se quedó mirándola, algo confundido. En el intertanto los retoños ya empezaban a impacientarse y hacían saber su descontento dando vueltas en círculo alrededor de sus padres. Baluarkos bajó la cabeza y les echó un vistazo, pero ellos lo ignoraron en favor de quemar energía.

    Cuando Baluarkos alzó de nuevo la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Inka, ambos se miraron, e Inka también pareció confundida por un momento, o al menos eso le pareció a él, al verla ladeando la cabeza y abriendo un poco su hocico, como queriendo decir algo. Mas antes que alguno de los dos se pudiera aventurar a explicar la situación, algunos de los críos se treparon a su madre y se agarraron con toda la fuerza que daban sus garras, que ya a su temprana edad era la suciente como para que ella no los pudiera ignorar.

    La pobre madre dio un par de pisotones en el suelo, tratando de llamar a su prole al orden. Con un suspiro, le rogó a su macho que fuera por los frutos y volviera pronto, aunque tras un par de parpadeos inseguros de Baluarkos ella tuvo que repetir y enfatizar el gesto.

    —Supongo —, fue todo lo que alcanzó a decir el joven macho antes de dar la vuelta y partir colina arriba, a donde estaba el mejor alimento.

    ...Si es que los elil no habían llegado primero.




    Continuará... (por ahora)



    Y bueno esto ha sido todo por ahora. Dejando algunas Notas de Autor:

    Esta historia fue publicada originalmente en inglés en 2017 como un one-shot pero fue, con el tiempo, agregando actualizaciones en varios años, y ahora es una historia con publicación regular los días de San Valentín. Ahora empieza su sindicación en Español, actualizando anualmente cuando sea posible. La segunda parte de este capítulo se publicará durante el mes de Febrero.

    Y eso, espero que hayan disfrutado.
     
    Última edición: 15 Febrero 2026 a las 6:48 AM

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