Contenido oculto: sigue la radio —Más bien el peligro es que yo te dé los comunicados sin que los pidas, así que no —solté junto a una risa—. No tienes carita de pedir comunicados, pero sí te ves muy... Comunicable. Él se quedó quieto ante la caricia en el cabello, no apartó la vista de mis ojos y por alguna razón pensé justamente en los gatos negros de los que estábamos hablando antes. Dio la sensación de ser uno, como si solo esperara qué pasaría con la caricia, y al final no hice más que sostener la sonrisa en mi rostro. Me dijo que estaba a una llamada de distancia y me reí por lo bajo, tanto por eso como por lo de la fama de guardaespaldas. —I know —murmuré, tranquila—. Yo también lo estoy. Aunque mis servicios incluyen solamente conversación sin fin, no sé para qué puedas necesitar eso. Me reí una vez más, ¿en qué contexto necesitaba uno llamar a la parlanchina profesional? Ni Dios sabía seguramente. Ya después nos centramos en los planes que en verdad era uno y el resto me los saqué yo de la manga, como siempre. Mientras seguía ocupada con mi cabello lo escuché afirmar lo del helado y mi sonrisa se estiró sin mi permiso. —Entonces tendré que darle las gracias por no permitirte olvidar algo así de importante —solté por la tontería. Ante mi sugerencia, creí percibir algo de vergüenza en su risa y me quedé esperando su respuesta. Al escuchar que Kohaku se iba casi todas las vacaciones pensé en Cayden, en si lo sabría o incluso si estaría contemplado en el plan. En sí tampoco era que hubiéramos hablando mucho de nada más que un intercambio de mensajes en el que luego, sorpresa, me había clavado un ghosteo digno de campeonato mundial. —Eso te deja entonces con una cantidad angustiosa de tiempo libre y, en efecto, mucho por hacer en esta gran ciudad —exageré, balanceando el cuerpo de un lado al otro, concentrada en la música. La pregunta por mis amigos me pilló algo en frío—. ¿Los míos? Mi mente se desvió a Bea más que todo ya que habíamos estado pasando tiempo juntas, un poco a Cay que era lo mismo que nada porque iba a su bola y en Paimon con su dichosa invitación a no sé qué evento importante de su familia, que seguía sin una fecha, ¿qué hacía yo siendo invitada a eso, para empezar? Al pensarlo me rasqué la cabeza un momento, algo preocupada porque de verdad me dijera fecha y hora. Igual, ¿Bea no acabaría infartada si la invitaba con nosotros? Y Pai no pintaba nada, si era peor que comer limones con sal. Me sentía un poco mal, pero a Pai no lo invitaría a... a nada, era difícil definir qué le gustaba. Los demás, pues hablaba con mucha gente, pero tampoco era que fuéramos besties, ¿cierto? —Dos de mis amigas de la otra escuela se marcarán un Kohaku yéndose casi todas las vacaciones —le conté luego de algunos segundos—. Mei, otra de ellas, se queda en la ciudad y es la clase de persona que se apunta a cualquier cosa. ¡Ah, Mei fue la que me arrastró la última vez que salí de noche! Pésima influencia... Negué con la cabeza con una gran decepción que, por supuesto, era impostada.
Arrugué la nariz y el ceño al lanzar la vista al frente, intentando definir cómo era una cara comunicable. Comunicable... ¿Me quería decir que parecía bien predispuesto? ¿Que sabía escuchar? Pero en ese caso, ¿no serían mis orejas las... comunicables? —¿Sabes qué? —resolví, dejando caer las manos en mis muslos—. Lo tomaré como un cumplido, así que te lo agradezco. Le concedí una sonrisa de labios cerrados y la charla continuó. Concluimos que ambos estábamos a una distancia corta (o larga, pero instantánea gracias a la tecnología) y reí, asintiendo, a la idea de extenderle su gratitud a Riamu. —Se lo puedo decir, probablemente la vea también —afirmé, recordando que a ella también le había prometido un helado. La pregunta por sus amigos provocó una reacción diferente a la que había pretendido y mi atención se enfocó un poco más en ella. Tuve la sensación de que procesó y filtró información mientras pensaba, mientras se rascaba la cabeza, y pese al pinchazo de curiosidad siquiera se me cruzó por la cabeza indagar. Yo era el menos indicado para presionar a la gente, ocultando prácticamente la mitad de mi vida... y no sufriendo la debida culpa al respecto. —¿Mei mala? —pregunté, junto a una risa, y clavé el codo en mi rodilla, descansando el rostro en mi mano—. Parece que a ti también te abandonan... No deberíamos pasar así nuestras últimas vacaciones de instituto, ¿no? Algún día nos arrepentiremos. —Una sonrisa danzó en mis labios y la miré—. Por ende, deberías salir más con la-pésima-influencia Mei. Te quedarán grandes anécdotas. Confía en el consejo de tu senpai. Con pereza, fui desarmando mi posición para incorporarme. Me palmeé el pantalón y le eché un vistazo al móvil en mi bolsillo, confirmando que mejor pegábamos la vuelta. Guardé el bento en mi bolsa y, al pararme frente a ella, cerré los ojos. —Morgan me da un poco de miedo, así que prefiero no arriesgarte a que te eche ninguna maldición gitana por haberme compartido el secreto ancestral. —Extendí mi mano hacia ella—. Con que hayas decidido compartirlo me basta. Ahora... tendrás que volver a guiar a este pobre anciano. Contenido oculto por acá voy cerrando, muchas grachis por la interacción
Vi su reacción a la palabra que utilicé y no pude evitar reírme, porque la verdad había pensado bastante poco en cómo se entendería. Igual lo que habría querido decir más bien era que él parecía alguien accesible o que tenía cara de tener personalidad agradable y acabé en "comunicable" por la tontería del papel que le había dejado en el casillero. Suponía que también servía para decir que lucía como alguien con quien se podía conversar, pero en eso más bien me excedía, pobre hombre. Al final era lo mismo en su base, que me sentía tranquila con él. —¡Es que sí era un cumplido! —defendí, la risa se me coló en la voz—. ¿Cuándo te diría yo algo que no fuese un cumplido? Eso a un lado, asentí cuando dijo que podría pasarle el agradecimiento a su amiga y sonreí. Me hizo un poco de gracia imaginarlo en una suerte de teléfono escacharrado con mi agradecimiento, pero también fue un poco tierno que se ofreciera a pasar el mensaje. Luego me preguntó por mis amigos y se me hizo un cacao mental en el que él no pretendió ni presionarme ni meterse. Tuve la suerte de acomodo de información interno y al final, de todas formas, volví a las amigas que mantenía desde hace más tiempo. —¿Te lo puedes crees? —solté, ofendida, cuando él apuntó que a mí también me dejaban tirada y me reí al oírlo decir que debería salir más con Mei ahora bautizada como "la pésima influencia"—. ¿Estás diciendo que me escape con mi amiga? ¿No fuiste tú el que hace un momento estaba diciéndome que no hiciera cosas peligrosas de noche? Al final habrá que aplicar la carta de guardaespaldas antes de lo esperado, con los consejos que me estás dando. Lo señalé, acusadora, pero por supuesto que no hubo una pizca de seriedad en lo que dije. En cualquier caso, al verlo deshacer su posición para incorporarse, asumí que el receso se nos iba acabando, así que me puse a alzar campamento. Pausé la música, guardé el móvil y volví a anudar la tela con el bento. Con eso hecho, guardé también la kalimba con delicadeza y le di un sorbo a la botella que había traído, regresándola al pequeño bolso improvisado junto a lo demás. Estaba terminando eso cuando Kakeru se plantó frente a mí y al alzar la mirada, lo vi con los ojos cerrados. ¿Yo había dicho algo de llevármelo a ciegas también? ¿Verdad que no? Sus palabras me explicaron el motivo detrás de su acción y negué con la cabeza, incrédula ante el hecho de que el miedo a Morgan fuese más fuerte que la curiosidad humana, pero acepté sus deseos de, momento, ¿era por mí? ¿Acaso no estaría él incluido en la maldición gitana de por sí? Como se había cegado a voluntad pude mirarlo, las facciones se me habían habían suavizado y la sonrisa que me alcanzó el rostro, aunque no fue amplia, cargó consigo una mezcla de emociones un poco simpática que danzó entre la pura y llana diversión y el afecto, ligero y paciente, que empezaba a desarrollar hacia este chico. —Gracias por pensar en liberarme de potenciales maldiciones gitanas en las que yo ni siquiera había pensado, héroe mío —dije con suavidad, me ajusté la bolsa al brazo y tomé su mano—. Let's go then. Nos llevé de regreso a la abertura en la valla, pero antes de pasar para ayudar a Kakeru a volver al terreno escolar, giré el rostro para echarle un vistazo a la espesura que dejaríamos atrás. Me permití una inhalación profunda y sin darme cuenta estreché su mano con algo más de firmeza antes de regresar a lo que nos concernía. Crucé yo primero, así pude enfocarme en ayudarlo a pasar a él cuidando que no se golpeara de ninguna forma y lo llevé de regreso al patio, cuidando que no se me fuese a caer. En el trayecto murmuré algunas estrofas de la última canción que había sonado en mi teléfono. Hay más en esta vida que sufrimiento, decía. Pero aún queda tiempo, no es demasiado tarde. Nada cambiará hasta que cambie yo mismo. —Listo, ya no debería importar que abras los ojos —le avisé cuando íbamos llegando al cerezo otra vez. Solté su mano, pero deslicé el contacto a su brazo y me quedé allí sujeta sin dejar de caminar—. Gracias por acompañarme. ¿Crees que cumplimos con las expectativas de nuestro receso pre-vacaciones? A mí me gustó mucho. Contenido oculto por acá cierro as well uvu disfruto mucho rolearlos, so thank u *era yo volviendo a kakeru el primer secuestro de ilana*