Otro Del Bosque y Ratones

Tema en 'Relatos' iniciado por Peristroff, 8 Febrero 2026 a las 4:28 PM.

  1.  
    Peristroff

    Peristroff Iniciado

    Aries
    Miembro desde:
    3 Agosto 2019
    Mensajes:
    13
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Del Bosque y Ratones
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1287
    Una historia creada exclusivamente para FFL.

    Fecha de creación: 06/07/2025

    Basado en hechos reales.




    Heme aquí sentado, al frente de mi escritorio, escribiendo en mi computador una historia que me gustaría escribir, mientras tengo mis audífonos puestos escuchando música de la banda sonora de un videojuego llamado Wuthering Waves.

    Me llamo Pablo, tengo 29 años, tengo la cara llena de cicatrices y marcas por las espinillas que me salieron en la pubertad, la frente marcada con arrugas, un lunar en el medio de la nariz, el pelo corto de color castaño oscuro, casi negro con un par de canas y ojos cafés. Hoy hace un poco de frío así que, visto de pantalones negros, un chaleco gris y zapatos cafés, y bueno, escribo por diversión. A veces me paro de mi asiento y me paseo por mi habitación dónde apenas hay espacio para caminar para pensar mejor. Tengo que empujar la silla hacia el escritorio para hacerme un espacio para caminar. Al menos creo que eso a veces me ayuda a pensar mejor, a veces no y me quedo tirado en mi cama que está a unos centímetros del escritorio. Cuando saco la silla para sentarme en el escritorio, apenas hay espacio para moverse.

    Específicamente hoy (véase la fecha de creación) mi habitación huele misteriosamente mal, no tengo idea de dónde viene el olor. También me digo, ¡ya basta de quejas! Esto que estoy escribiendo no es para quejarme, es para contar la historia, concéntrate. Así que me paro, saco la basura y el mal olor sigue. ¡Qué molestia! ¿No era la basura?

    Me doy una vuelta por el dormitorio y se me ocurre abrir el closet. En vez de ver a mi ropa veo un bosque frondoso, lleno de árboles.

    Desconcertado, cierro el closet y veo por fuera que es un closet normal.

    —¡Ah! ¡Es como Narnia! —me digo—. Espero que no me demanden por derechos de autor por haber dicho eso.

    Me adentro en el closet y camino por el bosque, las ramas de los árboles atraviesan el suelo y camino por una de las ramas, subiendo entre las hojas, verdes y densas. Me detengo al ver un espejo que está insertado en el tronco de otro árbol.

    Me parece curioso ver un espejo en medio de este bosque. Un objeto hecho por el hombre en medio de tanta naturaleza. Me veo en el espejo y veo un ratón. Un ratón de pie sobre sus dos patas traseras con pelaje gris, ojos cafés y pequeñas orejas redondas por encima de mi cabeza, por dentro de las orejas, se puede ver que tiene pelaje corto con tonos blancos y rosados. Por alguna razón, no siento miedo, sólo curiosidad.

    Escucho una voz femenina que viene del bosque.

    —Hola.

    Me doy vuelta para ver de dónde venía la voz, pero no veo a nadie.

    —Aquí, en el espejo.

    Me vuelvo a dar la vuelta y veo otro ratón, con mis mismos colores similares a mí, pero con la cara un poco más fina.

    —¿Cómo te llamas?

    Lo miro por un segundo, aunque me suena familiar.

    —Eco —le inventé—. ¿Y tú?

    —Cia. No te llamas Eco, ¿cierto?

    —Y tú tampoco te llamas Cia.

    Soltó una leve risa y sonrió.

    —Está bien, lo haremos a tu manera, "Eco".

    La ratona camina por detrás del espejo y sale del tronco del árbol, caminando por una rama, como si fuera un vidrio en vez de un espejo que estaba en el tronco.

    —¿Cómo salgo de aquí? —le pregunto.

    —Ya sabes la respuesta.

    —Si lo supiera, no te habría preguntado.

    —Entonces no sabes la respuesta.

    Suspiro y me siento en la gruesa rama del árbol.

    —¿Quién eres?

    La ratoncita ligeramente más pequeña que yo se sienta al lado mío, mirándose las uñas.

    —Oye, piensa un poco. Me parezco a ti y salí de un espejo. ¿Eso no te dice nada?

    Sentado desde las alturas de la rama me quedo mirando la cantidad infinita de hojas que hay en los árboles que tapan el horizonte. Se escucha levemente el pacífico mecer de las hojas. Ella interrumpe el silencio entre nosotros:

    —¿Alguna vez has escuchado del método rubber ducky?

    La miro con un gesto cansado.

    —Si creo en quién eres, entonces sí sé, pero adelante —hago sonar mi palma sobre mi muslo—, díselo a la gente que está leyendo para que tenga más contexto.

    —El método rubber ducky es cuando uno habla con un patito de goma o consigo mismo para salir de un problema. Así uno puede vocalizar y entender mejor las opciones que uno tiene.

    —Bueno, no es la definición exacta, pero así lo entiendo.

    La ratoncita se acerca aún más a mi lado y me dice con los ojos entrecerrados:

    —Sé que es tu fetiche tener sexo contigo mismo… —me dice medio cantando la ratona.

    —Cia, para.

    —Egocéntrico.

    —¡Ya cállate! —le digo entre dientes con el ceño fruncido y medio sonrojado.

    Cia sonríe, como si estuviera rozando una herida con sal, maximizando ser lo más molesta posible y pone su cara muy cerca de mí, agitando un poco su cara para acentuar sus palabras:
    —¡Virgen!

    Me paro y le grito con todas mis fuerzas:
    —¡CÁLLATE!

    El bosque dice devuelta con mi eco:
    —¡Cállate...! ¡Cállate...! ¡Cállate...!

    Mi pecho suspira agitado mientras lo miro. Ella se había inclinado ligeramente hacia atrás por el grito y se le había borrado de golpe su sonrisa.

    Comienzo a caminar en línea recta por la rama del árbol. La gran rama tiene curvas que están inclinadas, que se dirigen hacia el suelo y yo simplemente la sigo.

    —¿A dónde vas? Allá no es la salida —me advierte ella.

    —¡No me importa! ¡Cualquier lado es mejor que estar contigo! —le grito mientras me alejo.

    Me pongo a correr en línea recta, dándome la impresión que había bajado del árbol y pasando por un montón de ramas, vuelvo a subir otra y ahí está otra vez, la ratona, sentada al lado del espejo. Me pregunto si estuve dando vueltas. ¿Cómo era posible si caminé en línea recta? ¿O ella está en todos los árboles?

    —¿Cómo salgo de aquí? —le volví a preguntar.

    La ratona se pone de pie y me mira.

    —¿Recuerdas el rubber ducky?

    —No sé si lo entiendo muy bien.

    Ella cruza los brazos.

    —Sí, lo entiendes bien —me responde.

    Doy un suspiro, cierro mis ojos y extiendo mi mano. Ella lo toma sin titubear.

    —¿Nunca antes le habías dado la mano a una chica? —me comenta, aun molestándome.

    —Ya le había tomado la mano a una chica antes. Y tú no eres una chica, eres un monstruo.

    —Sí, claro —me dice girando sus ojos hacia arriba.

    Mientras caminamos, abro los ojos y vemos una luz que se filtra por unas ramas y reconozco las puertas blancas del closet.

    —¡Espera! —me detiene ella—. ¿Qué pasa si cruzamos la puerta y yo me hago humana? ¿Un clon tuyo, pero mujer?

    —¿Es una broma?

    —Piensa en las posibilidades.

    —¿Me detuviste solo para que pensara en las posibilidades? Estás loca.

    Una vez más se vuelve a reír hacia adentro con su risita tonta.

    —Chaíto, Eco.

    De pronto una luz blanca enceguecedora no me deja ver absolutamente nada y mientras ambos cruzamos la puerta, ya del otro lado, sigo caminando y choco con el estante que está al frente del closet. Volví a ser una persona otra vez, aún tengo la mano apretada, pero Cia ya no está. Miro para todos lados, buscándola, y veo a mi habitación tal cual estaba antes de irme.

    Abro el closet, pero sólo veo ropa.

    —¿Cia? —pregunto al aire.

    —Aquí estoy —me dice ella, en mi mente.

    Sonrío y me siento de nuevo en mi escritorio a escribir esta historia.

    Fin.
     
    Última edición: 8 Febrero 2026 a las 4:30 PM

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso