Romántico Entre lo que fue y lo que pudo ser

Tema en 'Novelas' iniciado por KingBishoujo, 27 Enero 2026.

Cargando...
  1. Threadmarks: Capítulo V – La conversación
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    88
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    457
    No fue una gran discusión.

    No hubo reproches ni palabras dichas con rabia.

    Fue una conversación tranquila, y precisamente por eso resultó tan difícil.

    Recuerdo el momento con una claridad incómoda. Estábamos sentados uno frente al otro, en un sitio que ya conocíamos de memoria. No pasaba nada especial ese día, y aun así ambos sabíamos que algo se había acumulado demasiado como para seguir ignorándolo.

    Tardamos en empezar.

    Las palabras se amontonaban en la garganta, pesadas, torpes. Yo miraba sus manos, ella evitaba mirarme a los ojos. Había cariño en el ambiente, pero también cansancio. Un cansancio hondo, de esos que no se van durmiendo.

    — Creo que no estamos bien — dijo al final, con una voz algo temblorosa.

    No me sorprendió.

    Lo había pensado muchas veces, aunque nunca me había atrevido a decirlo en voz alta. Aun así, escucharla pronunciarlo me dejó sin aire durante unos segundos.

    Hablamos despacio.

    Con cuidado.

    De cómo nos queríamos, pero nos estábamos perdiendo a nosotros mismos.

    De cómo nos apoyábamos, pero a veces nos hundíamos juntos.

    De lo difícil que se había vuelto respirar sin sentir culpa.

    Yo le confesé que me sentía agotado, que había días en los que no sabía si estaba triste por algo concreto o simplemente cansado de sostenerlo todo. Ella me dijo que sentía miedo, que muchas veces no sabía quién era sin mí al lado, y que eso la asustaba.

    No hubo acusaciones. Solo verdades dichas con miedo a hacer daño.

    Nos dimos cuenta de que ninguno estaba entero cuando empezamos. Éramos dos personas rotas que se encontraron y se agarraron con fuerza, creyendo que así dejarían de caerse. Pero nadie nos había enseñado a amar sin depender, a acompañar sin cargar, a querer sin miedo.


    Hubo silencios largos, de esos que no se rellenan porque no hay nada que decir.
    Yo pensaba que quizá bastaría con intentarlo un poco más, con cambiar pequeñas cosas, con esforzarnos mejor. Ella parecía pensar lo mismo… y al mismo tiempo, parecía agotada de intentarlo siempre.

    — No quiero perderte — dije en un momento que no recuerdo bien cuándo llegó — Pero tampoco quiero hacerte daño

    Asintió despacio. Y ese gesto, tan pequeño, me dolió más que cualquier palabra.

    No tomamos una decisión ese día.

    No dijimos “se acabó”.

    Solo dejamos la conversación abierta, como una herida que todavía no se atreve a cerrarse.

    Pero algo había cambiado. Después de esa charla, ya no pudimos fingir que todo estaba bien.
    La idea de que quizá querernos no era suficiente se quedó flotando entre nosotros, silenciosa, inevitable.

    Y aunque todavía nos abrazábamos, todavía nos decíamos te quiero, ambos sabíamos que habíamos cruzado una línea invisible: la del momento en que el amor empieza a preguntarse si basta para sostenerlo todo.
     
  2. Threadmarks: Recuerdo VI – Somos débiles
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    88
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    391
    No fue una ruptura.
    Tampoco una reconciliación.

    Fue ese territorio extraño en el que sabes que algo no funciona, pero sigues intentándolo porque soltar duele más que resistir.
    Éramos conscientes de nuestras grietas, de la dependencia, del desgaste… y aun así volvíamos el uno al otro como quien vuelve a casa en mitad de una tormenta, aunque el techo ya tenga goteras.

    Nos prometimos hacerlo mejor.
    Darnos espacio. No exigir tanto. Aprender a estar bien por separado.
    Y durante unos días, incluso durante semanas, parecía que funcionaba. Había calma. Conversaciones más ligeras. Abrazos menos urgentes.

    Pero éramos débiles.

    No débiles de carácter, sino débiles de cansancio, de miedo, de heridas antiguas que nunca terminaban de cerrar. Cuando alguno flaqueaba, el otro corría a sostenerlo. Cuando uno se rompía, el otro olvidaba sus propios límites.
    Y así, sin darnos cuenta, volvíamos al mismo lugar.

    Había noches en las que nos abrazábamos con una intensidad distinta, casi desesperada. No era solo deseo ni solo amor: era la necesidad de sentir que todavía existíamos, que aún éramos importantes para alguien.
    A veces, después, el silencio pesaba más que antes.

    Yo sentía que me estaba vaciando poco a poco.
    Ella sentía que no sabía cómo sostenerse sola.
    Y aun así, cuando hablábamos de separarnos, algo nos atravesaba el pecho como un aviso: todavía no, un poco más, aguantemos.

    Confundimos debilidad con esperanza.
    Creímos que si seguíamos intentándolo, algo cambiaría por pura insistencia. Pero nadie puede sanar del todo mientras se agarra a otro para no caer.

    Había días buenos.
    Y esos días eran peligrosos, porque nos hacían olvidar los malos.
    Reíamos, planeábamos cosas, imaginábamos futuros posibles. Y por unas horas, incluso por unos días, parecía que todo había valido la pena.

    Pero luego volvían el cansancio, la ansiedad, la sensación de estar sosteniendo algo que ya no tenía equilibrio.
    Y lo sabíamos. Ambos.
    Solo que ninguno quería ser el primero en aceptar que el amor, a veces, no salva.

    Éramos débiles porque todavía nos queríamos.
    Porque soltarse requería una fuerza que ninguno tenía en ese momento.
    Porque admitir que seguir juntos nos hacía daño era aceptar una pérdida demasiado grande.

    Así que seguimos.
    Un poco más.
    Con cuidado.
    Con miedo.
    Con la esperanza cansada de quien sabe que el final se acerca, pero aún no está preparado para mirarlo de frente.
     
  3. Threadmarks: Recuerdo VII – Silencio. Parte I - Después
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    88
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    422
    El silencio no llegó de golpe.
    Se fue instalando poco a poco, como una habitación que se queda vacía sin que nadie cierre la puerta.

    No recuerdo una frase exacta que marcara el final. No hubo un “hemos terminado” claro y contundente. Fue más bien una comprensión compartida, pesada, inevitable. Una verdad que se nos sentó delante y a la que ninguno quiso mirar directamente durante un rato.

    Seguíamos sentados uno frente al otro, como tantas veces antes, pero algo era distinto. Ya no buscábamos soluciones. Ya no intentábamos convencernos de que con un poco más de esfuerzo todo iría mejor. El cansancio había ganado terreno, y por primera vez no nos dio miedo reconocerlo.

    Nos amábamos.
    Eso seguía ahí, intacto, casi dolorosamente presente.
    Y precisamente por eso, seguir así empezaba a sentirse cruel.

    Había demasiadas cosas que queríamos decirnos y demasiadas que decidimos callar. No porque no importaran, sino porque sabíamos que decirlas solo serviría para alargar lo inevitable.
    El silencio se volvió una forma de cuidado.

    Yo la miraba y pensaba en todo lo que no habíamos sido capaces de darnos. Ella me miraba con esa mezcla de amor y tristeza que solo aparece cuando sabes que estás perdiendo algo importante, pero también sabes que no puedes sostenerlo más tiempo.

    Ninguno lloró al principio.
    Las lágrimas parecían fuera de lugar, como si el momento exigiera una serenidad que dolía más que el llanto.
    Respirábamos despacio, midiendo cada gesto, como si cualquier movimiento brusco pudiera rompernos del todo.

    —Nos estamos haciendo daño —dijo en voz baja, casi como una pregunta.

    No respondí enseguida.
    Porque tenía razón.
    Y porque aceptarlo era renunciar, al menos por ahora, a todo lo que habíamos imaginado juntos.

    Asentí.
    Y ese gesto fue más definitivo que cualquier palabra.

    El silencio que vino después no fue incómodo. Fue denso.
    Un silencio lleno de recuerdos, de planes no cumplidos, de promesas que nunca llegamos a formular pero que ambos sentíamos como propias.
    Un silencio en el que el corazón gritaba quédate mientras la cabeza suplicaba suéltame.

    Nos quedamos ahí un rato más, compartiendo ese último espacio común. Sin tocarnos. Sin alejarnos del todo. Como si ambos supiéramos que, una vez nos levantáramos, algo se cerraría para siempre… o al menos por mucho tiempo.

    Y aun así, en medio de todo ese silencio, había algo que ninguno se atrevía a negar:
    no era un adiós lleno de rabia.
    No era un final roto.
    Era una pausa dolorosa, necesaria, hecha desde el amor y no desde el rencor.
     
  4. Threadmarks: Recuerdo VII – Silencio. Parte II - ¿Despedida?
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    88
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    694
    El silencio terminó rompiéndose no porque dejara de doler, sino porque necesitábamos decir algo antes de separarnos del todo.
    No para convencernos.
    No para luchar una vez más.
    Sino para cuidar lo poco que aún quedaba en pie.

    —No quiero que te pierdas —dije al fin, con la voz más baja de lo que esperaba—. No quiero ser alguien que te apague.

    Ella respiró hondo, como si llevara rato conteniendo el aire.

    —Y yo no quiero ser la razón por la que dejas de ser tú —respondió—. Me duele verte así. Me duele saber que me quieres y aun así no puedo darte lo que necesitas sin romperme yo también.

    Nos miramos entonces de verdad.
    Sin máscaras.
    Sin expectativas.

    Había amor en sus ojos. Mucho.
    Y también cansancio, miedo, tristeza.
    La mezcla exacta que aparece cuando dos personas se dan cuenta de que seguir juntas sería egoísta, aunque separarse duela más de lo que deberían soportar.

    Hablamos de lo que habíamos sido.
    De lo bueno. De lo real.
    De cómo nos habíamos salvado en momentos en los que nadie más supo hacerlo.
    Y también de cómo, sin querer, habíamos empezado a hundirnos juntos.

    No hubo reproches.
    Solo aceptación.

    —Quizá —dijo ella, dudando—… quizá ahora mismo lo más honesto sea alejarnos. No porque no nos queramos, sino porque nos queremos demasiado como para seguir haciéndonos daño.

    Esa frase se me clavó despacio.
    Porque era verdad.
    Y porque aceptar eso significaba soltar algo que aún latía.

    —No quiero cerrar la puerta —añadí, casi en un susurro—. No quiero prometer nada… pero tampoco quiero decir “nunca”.

    Ella asintió despacio, con los ojos brillantes.

    —Yo tampoco. No sé qué pasará. No sé quiénes seremos dentro de un tiempo. Pero ahora mismo… ahora mismo necesito aprender a estar bien sin depender de ti. Y quiero que tú también puedas hacerlo.

    Pensaba más en mí que en ella.
    Y yo pensaba más en ella que en mí.
    Y quizá por primera vez en mucho tiempo, eso era amor bien entendido.

    Nos levantamos sin prisa.
    El gesto fue torpe, como si el cuerpo no supiera aún cómo despedirse de alguien a quien sigue queriendo. Cuando nos abrazamos, al principio fue contenido, casi cuidadoso… y luego ya no.

    Lloramos.
    Sin disimular.
    Durante un rato largo en el que el tiempo pareció detenerse.

    Sentí su cara hundida en mi hombro, su respiración entrecortada, el temblor de su cuerpo intentando mantenerse en pie. Yo también me rompí ahí, en silencio, aferrándome a ella como si soltar fuera demasiado definitivo. Cuando por fin nos separamos un poco, ambos teníamos los ojos rojos, hinchados, la cara mojada. El rímel le corría sin remedio por las mejillas.

    Nos miramos así.
    Deshechos.
    Y, sin saber muy bien por qué, nos reímos.

    Fue una risa pequeña, cansada, casi absurda, nacida del reconocimiento mutuo: míranos, así estamos, y aun así seguimos aquí.
    Ella se secó las lágrimas con el dorso de la mano, negó con la cabeza y sonrió de una forma triste y hermosa a la vez.

    —Te quiero —dijo.

    No como una promesa.
    No como una súplica.
    Como una verdad que no necesitaba futuro para existir.

    —Yo también —respondí, sin dudar.

    Nos volvimos a abrazar una última vez.
    Más breve.
    Más suave.
    Como si ambos entendiéramos que prolongarlo solo haría más difícil dar el siguiente paso.

    No prometimos volver.
    No prometimos esperarnos.
    Solo nos despedimos con cariño, con respeto, con el amor suficiente como para no atarnos.

    Y cuando nos alejamos, el silencio regresó.
    Pero ya no era vacío.
    Era un silencio lleno de lágrimas compartidas, de risas rotas y de un te quiero dicho a tiempo.


    Al irme, sin darme cuenta, dejé la puerta entreabierta.
    No fue un gesto consciente. No miré atrás para comprobarlo. Simplemente ocurrió, como ocurren las cosas que no se saben hacer de otra manera. Tal vez reflejaba exactamente cómo nos sentíamos: incapaces de seguir, pero también de cerrar del todo.
    Una puerta que no invitaba a volver, pero tampoco prohibía hacerlo.
    Una puerta suspendida en ese punto incierto donde viven las historias que no terminaron de acabarse… y que quizá, algún día, encuentren la forma correcta de continuar.
     
  5. Threadmarks: Recuerdo VIII - Reflexión
     
    KingBishoujo

    KingBishoujo Entusiasta

    Aries
    Miembro desde:
    1 Abril 2025
    Mensajes:
    88
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Título:
    Entre lo que fue y lo que pudo ser
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    354
    Durante un tiempo pensé que el silencio posterior sería insoportable. Que la ausencia pesaría más que cualquier recuerdo.
    Pero no fue así.

    Dolía, sí.
    Había momentos en los que el cuerpo pedía volver atrás, escribir un mensaje, comprobar si la puerta seguía ahí. Pero también había algo nuevo, tímido, que empezaba a aparecer entre los días: espacio. Un espacio incómodo, desconocido… y necesario.

    Aprendí que amar no siempre significa quedarse.
    Que a veces el acto más honesto de amor es no insistir, no aferrarse, no convertir el cariño en una forma de daño compartido. Nos quisimos profundamente, pero también nos agotamos. Y aceptar eso no borraba lo vivido; lo colocaba en su lugar.

    Comprendí que no fallamos.
    Hicimos lo que pudimos con las herramientas que teníamos en ese momento. Éramos dos personas heridas intentando cuidarse sin saber todavía cómo hacerlo sin perderse en el intento. Y aunque no supimos sostenernos juntos, eso no invalida lo que hubo entre nosotros.

    Con el tiempo, el recuerdo dejó de doler en bruto.
    Se volvió más suave, más humano. Pude pensar en ella sin que el pecho se cerrara, sin rabia, sin culpa. Solo con una gratitud tranquila por lo compartido y una aceptación serena de lo que no pudo ser.

    La puerta quedó entreabierta, sí.
    Pero entendí que no era una promesa, ni una espera. Era simplemente respeto por lo que fue. La certeza de que, si algún día la vida nos volvía a cruzar, tendría que ser desde un lugar distinto, más sano, más libre.

    Y si no ocurría, también estaría bien.

    Porque al final, más allá del amor, aprendí algo importante:
    nadie puede salvar a otro sin salvarse primero.
    Y nadie debería quedarse en una historia solo por miedo a perderla.

    Aquel silencio no fue vacío.
    Fue el principio de algo nuevo: aprender a estar solo, a reconstruirme despacio, a entender que incluso las historias que no llegan hasta el final pueden enseñarte a amar mejor.

    Y así terminó ese capítulo de mi vida.
    No con un portazo.
    No con una promesa.
    Sino con una puerta entreabierta… y la valentía suficiente para seguir caminando.
     
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso