Mini-rol Edén [Pokémon Rol Championship]

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Yugen, 31 Diciembre 2025.

  1.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,405
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora

    Ai Mamiya


    —¿Oh? ¿Y si lo pides por favor?

    Solté una risa ligera cuando volvió a estremercerse. Ah, era una flor de lo más tierna. Podría habérselo pedido en serio, pero tenía la certeza de que ya se lo había negado lo suficiente. Estaba siendo obediente y la obediencia debía ser recompensada.

    Acaricié la piel de su muslo recorriendo su piel con la punta de mis dedos.

    —Eso es. Muy bien mi amor, porque quiero hacer justo eso—le dije a media voz—. ¿Sientes mi mano aquí? Todo lo que desea hacer es tocarte.

    >>Eres adorable... tan dulce y perfecta como un ángel—sosteniendo aún su rostro por el mentón incliné suavemente su cabeza hacia atrás para poder verla mejor. La venda negra opacaba su visión, pero el rubor era perfectamente visible en sus mejillas pálidas como rosas floreciendo bajo la nieve—. Pero el cómo te ves así... Oh, cielos. Estás lejos de ser un ángel, ¿verdad?

    >>Eso está bien—le dije al oído, sedosa—, porque yo tampoco lo soy.

    Deslicé mis dedos hasta su ropa interior y tiré de ella permitiendo que resbalara por su piel mientras ella alzaba las caderas para permitirme quitársela. Quedó a la altura de su tobillo donde ya no podía molestar. Dejé un pequeño beso en su mejilla antes de hacer lo propio con la mía. Ya no quedaban prendas entre nosotras, solo el roce ardiente de la piel y un incinerador deseo.

    —Mira todo este dulce néctar... —ronroneé junto a su oído y recogí con mis dedos las humedad creciente antes de llevar aquellos mismos dedos hasta sus labios. No podía verlo pero sabía que era perfectamente consciente de su situación, y el rubor que alcanzaba incluso sus orejas solo avivó el fuego que latía dentro de mí. Presioné sobre su labio inferior con la yema de mi pulgar—. Abre la boca.

    Separó los labios, rendida.

    >>Eso es. Buena chica.

    Con un ligero sonido húmedo deslicé aquellos dos dedos entre sus labios, primero uno y luego otro. Contuve un suspiro, tal vez un pequeño gemido de propia necesidad cuando la humedad y el calor abrazaron mi índice y mi dedo corazón. Su boca ardía; todo su cuerpo era un incendio propagado.

    Moví aquellos dedos en un suave, apenas perceptible movimiento de vaivén. Besé su oreja y la línea de su mandíbula trazando un camino de besos ligeros sobre su piel y sintiéndola temblar y estremecerse en anticipación.

    Con mi mano libre y haciendo uso de dos dedos separé aquellos pétalos enrojecidos y empapados. Su esencia se deslizaba entre ellos como el rocío matutino en las hojas de una flor.

    —Mmmn... y este tímido brote, tan hinchado y sensible—murmuré sobre la piel de su cuello—. Es como si estuviera suplicando por un poco de atención. ¿Qué crees que pasará si lo toco ahora?

    No la dejé protestar, ni siquiera responder. No solo porque mis dedos se deslizaban sobre su lengua, si no porque el índice de mi mano libre también lo hizo sobre aquella receptiva piel sensible. Recorrí su clítoris de arriba hacia abajo como si estuviera dibujándolo con mis dedo en una hoja de papel. Podía sentir el latir de su corazón ansioso y necesitado, prácticamente llevado al límite después de tanto tentar y negar.

    Estaba perdida, completamente a la deriva en un mar de sensaciones impredecibles. Su cuerpo se arqueó con brusquedad, sus caderas presionaron contra mi mano y sus dientes rozaron mis dedos en mitad de un chispazo de placer intenso.

    >>Ah-ah. No me muerdas—murmuré pesadamente sobre su oído. Tenía la voz permeada por el deseo y no era algo que pretendía ocultar—. Si lo haces, voy a tener que castigarte y no queremos eso, ¿verdad que no?

    Presioné uno de mis dedos primero y un segundo después y con un suspiro pesado los deslicé tan profundo como pude llegar, hasta que mi índice y mi dedo corazón desaparecieron en el espacio ardiente entre sus piernas. Empujó las caderas de forma inmediata y su interior se apretó tan fuertemente alrededor de mis falanges que me arrancó un gemido de la garganta.

    >>Oh. Mi amor, vas a romper mis dedos...

    Sus músculos estaban tensos, rígidos, ansiosos por permitirle a su cuerpo el alivio tan necesitado que requerían. Por su piel se extendía un intenso rubor, desde su rostro a su cuello y su pecho, recorrida por la electricidad volátil de su propio deseo. Iba a deshacerse de un momento a otro como agua derramada entre mis manos.

    Y quería verlo. Ardía en deseos de presenciar ese momento, de sentir como se derretía bajo mi tacto como las heladas del invierno en un caluroso día primaveral. Y sin embargo, también quería alargar ese instante, tomarlo entre mis manos y extenderlo indefinidamente hasta que Clematis desconociese donde terminaba ella y donde comenzaba yo. Hasta que sus palabras careciesen de sentido, convertidas a una serie de gemidos y jadeos inconexos, y su línea de pensamiento hubiese sido reducida al simple y primitivo deseo de "más."

    A una súplica ansiosa y desesperada.

    >>Lo estas haciendo muy bien, cariño. No te contengas ahora—la felicité con la voz convertida en un ronroneo bajo y mordí su lóbulo, permisiva. Retiré mis dedos de su boca y rodeé su cintura con mi brazo libre para apretarla aún más contra mí mientras temblaba y se estremecía, incontenible—. Quiero escucharte.

    Y al decirlo, mientras mis dedos la llenaban, volví a trazar aquel brote sensible con el pulgar.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  2.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,945
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    "¿Oh? ¿Y si lo pides por favor?"

    Reaccioné como un resorte, enrojecida hasta las orejas ante su audacia.

    —¿Q-Quieres darme un respiro? —me quejé, frunciendo los labios apenas en algo similar a un mohín—. Ya me estoy muriendo de la vergüenza de por sí.

    Por suerte tuvo algo de compasión conmigo. Podía disfrutar de manera casi sádica de mi rubor y timidez, nacidas de la sumisión más absoluta en la que probablemente me habría encontrado nunca... Pero al menos sabía cumplir su palabra. Era capaz de establecer esos límites.

    Me avergonzaba y abrumaba mi situación, en completa merced de las circunstancias y de lo que ella desease hacer conmigo, pero también esparcía un deseo y placer incontenibles por cada pedazo de mi ser. El carácter impredecible de cada roce y mis receptores sensoriales amplificados por el efecto de la venda volvían aquella experiencia sumamente intensa y adictiva. Mamiya lo desconocía, pero tenía lo que cualquier profesor que había pasado por mi vida hubiese deseado jamás.

    Mi más completo interés y atención.

    Inclinó mi rostro hacia atrás, me susurró al oído con la sedosidad y la gravedad que dominaban ahora su voz, permeada por el deseo, y me dejé hacer con completa docilidad. Ahogué un gemido cuando apartó la última prenda de mi cuerpo y rozó la humedad de mi centro con los dedos, acelerando mi respiración en anticipación.

    Con la mente nublada por las sensaciones y la cruda necesidad abrí los labios, permitiendo que introdujese sus dedos dentro de mi boca. La sensación me produjo un escalofrío que me arqueó la espalda y por un instante olvidé que estaba probando mi propio sabor. Probablemente moriría por combustión espontánea.

    Ahogué sonidos que fueron a morir contra sus dedos en aquel ardiente vaivén dentro de mi boca. Mi lengua recorría sus falanges de tanto en tanto, si bien sus besos sobre mi cuello y su mano libre deslizándose entre mis muslos paralizaban mis acciones de tanto en tanto, bloqueada por mi propio placer. Un chispazo incomparable sacudió mi cuerpo cuando anunció su llegada entre mis piernas y todo mi cuerpo tembló al igual que las cadenas que me contenía al sentir sus caricias sobre aquel botón hinchado y palpitante. El estremecimiento involuntario me llevó a cerrar ligeramente la mandíbula y rozar sus dedos con los dientes, recibiendo la consecuente reprimenda de Ai.

    ¿Cómo... pretendía que pudiese controlar mi boca cuando estaba perdiendo el control de mi cuerpo de esa forma? ¿Y por qué me atraía tanto el riesgo de ser o no castigada?

    De verdad que era una adicta a la adrenalina.

    —¡M-Mngh...!

    Mi espalda se arqueó en su totalidad cuando deslizó sus dedos dentro de mí, derritiéndome por completo bajo su tacto. Sus dedos largos y hábiles se introdujeron tan lejos como pudieron llegar y mis caderas se movieron en consecuencia, deseando de ella todo cuanto pudiesen obtener. Mis suspiros y gemidos se volvieron incontenibles, amortiguados por la intromisión de sus dedos aún dentro de mi boca. Apenas podía articular palabras coherentes, pero dudaba que tuviesen algún sentido en la situación en la que me encontraba.

    Aún así se lo ofrecí. Al apartar sus dedos y rodear mi cintura, atrayéndome aún más hacia sí, me permití mandar a la mierda mi orgullo, vergüenza y contenciones morales, y le rogué por más. Más rápido, más profundo. Más. Más. Más. Todo en lo que se redujo mi línea de pensamiento era en su voz, en la forma en la que me felicitaba y me derretía bajo su tacto, incrementando de maneras inexplicables mi propia excitación.

    Todo mi cuerpo se tensó en determinado momento, contenido y arropado entre sus brazos, y me deshice en el que probablemente fuese el clímax más intenso que había sentido en mi vida. La presión entre mis piernas estalló y se redujo en cenizas, logrando que toda la tensión en mi cuerpo se desvaneciese al mismo tiempo. Mi espalda dejó de arquearse y me recargué contra su cuerpo, agitada, boqueando por el aire que escapaba de mis pulmones.

    Apoyé la cabeza contra su hombro, tratando de reconectar los cables de mi raciocinio. Me encontraba acalorada y agitada, incapaz de recuperar mi propia voz durante segundos que se volvieron eternos, pero los que disfruté fundiéndome con su propia piel.

    —Eso... ha sido... —murmuré al cabo de un tiempo, sintiendo las mejillas arderme con fiereza. Solté una risa baja, temblorosa aún—. ¿Cómo has...?

    Terminé por negar con la cabeza, rendida ante mis propias cavilaciones.

    >>De acuerdo... tú ganas —dejé caer los hombros al fin, resignada pero satisfecha en realidad. Había dudado de su efectividad, per las pruebas eran inequívocas—. Tu dichosa venda es increíble.
     
Cargando...
Similar Threads - [Pokémon Championship]
  1. Naiki
    Respuestas:
    25
    Vistas:
    1,706

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso