Long-fic de Pokémon - 30 días para enamorarse

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Fuzz, 15 Septiembre 2025.

Cargando...
  1. Threadmarks: Capítulo 14: Un lugar seguro.
     
    Fuzz

    Fuzz Lectora shippera

    Sagitario
    Miembro desde:
    19 Abril 2011
    Mensajes:
    128
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Título:
    30 días para enamorarse
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    18
     
    Palabras:
    5465

    Capítulo 14: Un lugar seguro.


    En la arena del gimnasio de Ciudad Celeste, Misty estaba sentada en una de las bancas laterales, con una caja de teléfono recién abierta a su lado.

    Terminó de insertar el chip a su teléfono nuevo, rogando no haber perdido toda la información (y fotos) que tenía en su anterior teléfono.

    Violet se apoyó en el marco de la puerta que daba hacia los camarines, mirándola de brazos cruzados.

    —¿Te puedo recordar lo idiota que fuiste por dejar que tu teléfono se cayera a la piscina?

    —No es necesario, Violet —refunfuñó Misty, ajustando la configuración de red— Ya me lo recordaste como diez veces.

    —Y lo haré once —canturreó su hermana antes de desaparecer del marco de la puerta.

    Misty murmuró fastidiada algo entre dientes, algo que Violet no alcanzó a escuchar.

    —¿Qué dijiste? —dijo su hermana, asomando su rostro a la puerta de nuevo.

    Misty levantó la vista y le dedicó su mejor sonrisa inocente.

    —Nada, sólo dije “diviértete, entonces”.

    Violet entornó los ojos, claramente poco convencida, y se fue.

    Psyduck la observaba desde un rincón, ladeando la cabeza, siguiendo cada movimiento del teléfono como si fuera un misterio profundo. Al fin, la sincronización terminó y las notificaciones comenzaron a llegar de golpe: correos, promociones absurdas, mensajes viejos… y uno nuevo.

    De Tracey.

    Misty lo abrió casi sin pensar.

    Tracey: Oye, creo que Ash te necesita.

    El ceño se le frunció al instante. Una presión conocida se instaló en su pecho, la misma que siempre aparecía cuando algo estaba fuera de lugar. Si Tracey le escribía eso, era porque algo andaba mal con Ash.

    Dejó el teléfono a un lado.

    —Tiene a su novia —murmuró, más para convencerse que por otra cosa— No es asunto mío.

    Pero la frase no se sostuvo.

    Llevaba semanas intentando mantenerse al margen. Evitarlo. No pasar por lugares donde podría eventualmente toparse con él, no exponerse a esa punzada constante de verlo con otra chica. Porque verlo junto a Serena le dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir, y por eso había tomado distancia.

    Pero lo cierto era que lo extrañaba.

    Y no solo eso. No podía estar tranquila pensando que algo le podría haber pasado.

    Psyduck la miró, quieto, con esa expresión vacía que de algún modo se le hacía adorable.

    Ella cerró los ojos y exhaló con frustración.

    —¡Arg, está bien!

    Tomó el teléfono otra vez.

    Porque, aunque doliera, Ash seguía siendo Ash. Su amigo. Su eterno dolor de cabeza. Ese idiota testarudo que siempre se metía en problemas y que, de alguna manera, terminaba arrastrándola con él.

    Abrió la conversación y se mordió suavemente el nudillo un segundo, antes de escribir.

    Misty: ¿Ya te dormiste, cabeza hueca?

    A los pocos segundos, el estado “en línea” apareció bajo su nombre.

    Misty esperó, sin despegar la vista de la pantalla, hasta que el mensaje apareció:

    Ash: No puedo dormir.

    Primera señal de alerta.

    Ash no había respondido con una pulla, a pesar de su provocación anterior. Eso, viniendo de él, ya decía demasiado.

    Respiró profundo y tecleó su respuesta:

    Misty: Qué raro… tú siempre duermes como Snorlax.

    Pasaron varios segundos. Misty lo imaginó mirando la pantalla, escribiendo algo, borrándolo.

    Ash: No es nada.

    Ella apretó los labios, el ceño fruncido. No respondió de inmediato. Se permitió unos segundos de silencio, como si le estuviera dando la oportunidad de decir la verdad por sí solo.

    No lo hizo. Así que escribió.

    Misty: Mentiroso.

    La respuesta tardó más esta vez.

    Los tres puntitos aparecieron… desaparecieron… volvieron a aparecer. Hasta que, al fin, llegó el mensaje.

    Ash: Me conoces bien.

    Misty se quedó quieta.

    Sintió una presión incómoda en la garganta, como si alguien le hubiera apretado el aire.

    Porque lo conocía. Vaya que lo conocía.

    Conocía al Ash que negaba todo. Al que decía estoy bien incluso con el alma hecha pedazos. Al que odiaba las palmadas en la espalda, las miradas de compasión, los gestos de lástima. Al que prefería pelear, gritar, reír o desafiar al mundo antes que admitir que algo le dolía.

    Y ese mensaje. Ese “me conoces bien”, era todo lo que necesitaba saber.

    Ash estaba mal.

    Misty miró el reloj. 23:17.

    Dejó escapar un suspiro… y luego un gruñido bajo, cargado de fastidio y algo más profundo que no quiso nombrar.

    —Tsk… ¿por qué siempre tengo que ser yo la que te salve cuando te estás ahogando? —murmuró, inclinando la cabeza hacia atrás.

    Pero no había reproche real en su voz. Solo un cariño que la movía a actuar de forma imprudente, aunque quisiera resistirse.

    No se lo pensó más.

    Se levantó de la banca, cruzó la puerta y caminó por el pasillo con pasos firmes, como si el cuerpo hubiera tomado la decisión antes que la razón.

    Psyduck la siguió hasta la escalera y la miró ladeando la cabeza, como preguntando.

    Misty se agachó un segundo y le revolvió el plumón.

    —Te quedas a cargo, amigo.

    La expresión vacía de Psyduck no cambió, pero emitió un suave “Psy-ay” que, por alguna razón, sonó comprensivo.

    Fue directo a su habitación. Togekiss dormía plácidamente junto al enorme Snorlax de peluche. Misty se sentó al borde de la cama y lo despertó con cuidado.

    —Hey, bebé… ¿estás de humor para un vuelo nocturno?

    Togekiss abrió los ojos y sonrió, agitando las alas sin una sola queja.

    —Bien —le acarició la cabeza—Vamos a animar a ese tonto.

    Se puso la chaqueta ligera, colgó la mochila al hombro y salió de la habitación con pasos decididos. Togekiss caminó tras ella por el pasillo, con su expresión risueña de siempre.

    Antes de salir, alzó la voz hacia el interior de la casa:

    —¡Daisy! Salgo un rato. No me esperes despierta.

    No esperó respuesta.

    Cruzó la puerta principal y, ya en el exterior, se detuvo apenas un segundo. Togekiss se inclinó para que pudiera subir, y cuando Misty se acomodó sobre su lomo, alzó vuelo con suavidad.

    El viento fresco de Ciudad Celeste le revolvió el cabello y Misty se sostuvo con firmeza, la mirada fija al frente.

    —Mira las locuras que me haces hacer, idiota…

    Y bajo el cielo estrellado, se elevaron rumbo a Pueblo Paleta.

    -----------------------------------------------------------------------------​

    Ash seguía en su cama, sin cerrar los ojos, con la respiración pesada y el pecho lleno de un nudo que no terminaba de desatarse. El cuarto estaba en silencio, salvo por el tic tac del reloj.

    Pikachu, recostado a su lado, levantó las orejitas.

    Una piedrita rebotó contra el vidrio de la ventana.

    —¿Eh…? —Ash se incorporó, confundido.

    Otra piedrita.

    Pikachu se lanzó hacia la ventana de un salto y asomó la cabeza, dejando escapar un emocionado gritito.

    —¡Pikachu-pi!

    Ash parpadeó un par de veces. No podía ser. Solo había una persona a la que Pikachu llamaba así.

    —¿Misty? —murmuró, con el corazón retumbando en el pecho.

    Se levantó de un salto, corrió hacia la ventana y la abrió de golpe. El viento fresco de la noche le revolvió el cabello.

    Y ahí estaba ella.

    Montada sobre Togekiss, suspendida en el aire como si fuera la cosa más natural del mundo. Tenía esa sonrisa confiada que Ash conocía desde que tenía diez años, y el cabello revuelto por la brisa nocturna le caía sobre los hombros en mechones despeinados.

    Pikachu no esperó y saltó de la ventana, aterrizando en sus brazos.

    —¡Pikachu-pi! —chilló feliz, frotando su cabecita en los brazos que lo recibían como si no se hubieran visto en meses.

    Ash se quedó sin aliento. Por un instante, todo lo que había sentido esas horas se disipó. Solo pudo mirarla como si no creyera que fuera real.

    —¿Q-qué haces aquí?

    La pregunta salió torpe de sus labios.

    Misty se limitó a encogerse de hombros, tratando de bajarle la importancia. Como si no hubiera recorrido medio Kanto sólo para verlo.

    —Nada. Solo quería saber si Dragonite y tú estaban de humor para un vuelo nocturno —dijo, con su típica sonrisa desafiante.

    Ash sintió que algo se soltaba dentro de él. Como si ese simple comentario hubiese abierto una compuerta que necesitaba desesperadamente abrirse.

    Sonrió. Fue pequeño, cansado, pero genuino. Una gratitud que no sabía cómo expresar se le atoró en la garganta.

    —Misty…

    Su voz salió más baja de lo que pretendía. Casi quebrada.

    Ella lo miró con una calidez que rara vez se veía en ella, y se acercó un poco más hacia la ventana. Pikachu ya estaba acomodado justo frente a ella.

    —Vamos. No te quedes ahí parado como un tonto.

    Ash esbozó una sonrisa suave, la más genuina que había tenido en días.

    —Ya voy.

    —Pero sin ruido, idiota —le advirtió ella, llevándose un dedo a los labios— No quiero que nadie nos descubra escapándonos a media noche.

    Ash no pudo evitar sonreír. Era absurdo… una travesura de niños. Pero se sentía bien, muy bien. Se puso la chaqueta sin molestarse en abrocharla, se calzó los zapatos al vuelo y se trepó al borde de su ventana.

    Misty le tendió la mano desde la montura de Togekiss. Ash la tomó y saltó hacia el Pokémon, para acomodarse detrás de ella.

    Ella lo miró con una risita cómplice, porque en ese momento eran, literal, como dos niños que se escapan por la ventana de casa.

    —No puedo creer que hayas venido —murmuró Ash, más para sí como para ella.

    Ella sonrió de medio lado.

    —Yo tampoco.

    Togekiss alzó vuelo con suavidad. Ash apoyó una mano en la cintura de Misty, solo para no perder el equilibrio. El contacto fue breve… pero suficiente. Algo cálido, familiar, se deslizó por su pecho. Como si su cuerpo le dijera que estaba en un lugar seguro.

    Se alejaron de la casa y, cuando ya no pudo distinguir el techo entre los árboles, Ash cerró los ojos. El aire frío de la noche le golpeó el rostro y, por primera vez en horas, el peso en su pecho aflojó un poco.

    Misty lo miró de reojo. Notó el cambio. Cómo su respiración se acompasaba. Cómo dejaba de estar rígido. Y sonrió. No estaba ahí sólo para ver al amigo que tanto había extrañado. Estaba ahí porque él lo necesitaba.

    —No te pongas tan cómodo —dijo, rompiendo el silencio— Esto no es un paseo.

    —¿Eh?

    —¿Trajiste a Dragonite? —preguntó, girándose apenas— Porque Togekiss y yo planeamos humillarlos en una carrera.

    Ash parpadeó… y sonrió. No una sonrisa grande. Pero real.

    —Nunca aprendes, ¿verdad?

    Buscó la Pokéball en su cinturón y la lanzó al aire. Dragonite emergió con un gruñido alegre, dando una vuelta amplia en el aire antes de quedar junto a ellos.

    En un movimiento fluido, Ash y Pikachu montaron sobre Dragonite.

    Ya separados, se miraron desde el aire con esa complicidad vieja, intacta, como si el tiempo no hubiera pasado.

    —¿A dónde? —preguntó Ash, con un brillo nuevo en los ojos.

    —Al lago —respondió Misty.

    —¿Cuál?

    Ella arqueó una ceja.

    —Al de siempre. Donde se te escapó el Poliwag shiny la otra vez.

    Ash soltó una risita, de esas que salen sin permiso.

    —Sabía que algún día me lo ibas a sacar en cara.

    —Y lo haré siempre —respondió ella, guiñándole un ojo—¿Preparado?

    Ash y Dragonite se miraron. Pikachu se aferró con fuerza, anticipando lo que venía.

    —En tres… dos…

    Misty se inclinó sobre Togekiss y salió disparada antes del “uno”.

    —¡Oye, tramposa! —gritó él desde atrás, mientras Dragonite comenzaba a volar tras ella.

    Misty miró sobre su hombro y gritó con burla:

    —¡En las carreras y en el amor todo se vale, Ash!

    La frase hizo que Ash no pudiera contener una risita. Claro. Ella se lo había dicho, aquella tarde jugando PokéKart, en la casa de Brock, semanas atrás.

    Negó con la cabeza, se impulsó y Dragonite ganó velocidad.

    En ese momento toda la culpa y la tensión de los días anteriores desapareció. El viento en su cara, la adrenalina y la sensación refrescante de competir le había devuelto el aire. Y durante unos segundos, no existió nada más.

    Volaron, se empujaron, se adelantaron uno al otro, se emparejaron y volvieron a alejarse. Risas, gritos, ese aire fresco de la noche y una sensación de libertad que no sabía cuánto necesitaba hasta tenerla ahí.

    Finalmente llegaron al lago casi empatados, descendiendo en picada hacia la superficie brillante del agua bajo la luna.

    Dragonite se detuvo primero, batiendo sus alas con fuerza para frenar. Ash se enderezó, respirando agitado, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho.

    No de ansiedad. No de culpa.

    De pura, simple, revitalizante adrenalina.

    —¡Te gané! —gritó— ¡Eres una lenta, Misty!

    —¡Fue por un segundo! —respondió ella, todavía riendo.

    —Hiciste trampa y aun así te gané.

    Misty y Togekiss rieron al unísono. De pronto, Togekiss se abalanzó y le dio un empujón juguetón a Dragonite con el ala.

    —¡Ya, cállate, presumido! —le gritó ella entre risas.

    Mientras recuperaba el aliento, Misty se inclinó hacia Togekiss y le susurró algo al oído. El Pokémon sonrió travieso y se quedó flotando justo frente a Ash y Dragonite.

    Ash entrecerró los ojos.

    —¿Y ahora qué tramas…?

    Misty lo apuntó con un dedo, desafiante.

    —Te reto a un combate aéreo. Dragonite contra Togekiss. Aquí y ahora.

    Ash abrió los ojos, incrédulo.

    —¿Estás loca? ¡Estamos literalmente encima de ellos!

    —¿Y? —ladeó la cabeza, sin apartar la mirada— ¿Acaso te asusta?

    Por un segundo, Ash no respondió. Solo la miró.

    Luego sonrió.

    Esa sonrisa torcida, competitiva, que solo aparecía cuando alguien lo desafiaba de verdad.

    —Sabes que no.

    —Entonces demuéstralo.

    Togekiss batió las alas, colocándose en posición.

    —Reglas simples —anunció Misty, alzando la voz sobre el batir de alas— Gana el que logre derribar al otro. El primero que caiga al agua… pierde.

    Ash sonrió, acomodándose mejor sobre Dragonite.

    —Suena bien.

    Dragonite fue el primero en moverse.

    —¡Tornado!

    El remolino atrapó a Togekiss en pleno vuelo, haciéndolos girar sin control.

    —¡Woah! —Misty se aferró con fuerza al lomo de su Pokémon, los dedos hundidos en el plumaje— ¡Aguanta, Togekiss!

    Ash no pudo evitar soltar una risita, el corazón acelerado, divertido como hacía días no lo estaba.

    El tornado se disipó y Togekiss salió hacia un costado, tambaleándose un segundo en el aire. Estaba claramente mareado… pero no derrotado. Sus alas se estabilizaron y volvió a elevarse con energía renovada.

    Misty alzó la mirada, desafiante.

    —¡Ríndete ante nuestro encanto!

    Soltó ella, con una mirada encantadora, casi coqueta, sincronizándose con el movimiento de Togekiss, quien brilló suavemente, lanzando el movimiento “Encanto”.

    Dragonite se frenó de golpe, como si algo lo hubiera paralizado un segundo, pero sacudió su cabeza y volvió a su posición.

    Ash soltó una risita y la miró alzando una ceja.

    —Sus encantos no tienen efecto sobre nosotros.

    Se elevó un poco más, tomando mejor ángulo y apuntó hacia ella.

    —Dragonite, échalos a rodar otra vez. ¡Tornado!

    El aire volvió a rugir.

    El remolino atrapó a Togekiss de nuevo, sacudiéndolos con fuerza. Misty perdió el equilibrio por un segundo, el cuerpo ladeándose peligrosamente… pero apretó los dientes, se sostuvo y logró reincorporarse al lomo justo a tiempo.

    —¡¿Eh?! —protestó— ¡Pero Encanto debió bajar el ataque!

    Ash, sin pensarlo, respondió con su tono burlesco e infantil de siempre.

    —Qué tonta eres. Encanto baja el ataque físico. Tornado es un ataque especial.

    Misty entrecerró los ojos, avergonzada y miró a otro lado, de forma orgullosa.

    —Tss… solo… no estaba segura de qué tipo de ataque era tornado.

    Ash sonrió, provocador.

    —No me explico como sigues siendo líder de gimnasio.

    La frase salió sin filtro. Sin medirla. Sin preocuparse si estaba bien o no.

    Misty no se ofendió.

    Sonrió.

    Esa sonrisa peligrosa, afilada, que Ash conocía demasiado bien.

    —No te creas tanto —replicó—Togekiss… sin piedad con ese dragón ¡Brillo Mágico!

    Una esfera rosada comenzó a formarse alrededor de Togekiss, creciendo y pulsando antes de estallar contra Dragonite.

    —¡Whoa! —Ash perdió el equilibrio, estuvo a punto de salir despedido— ¡Dragonite!

    Se aferró con fuerza, logró recomponerse y apretó los dientes, ahora completamente encendido por la competencia.

    —¡Furia Dragón!

    Dragonite lanzó el ataque con un rugido, lanzando una bola brillante de energía directo hacia Togekiss. Misty reaccionó al instante.

    —¡Rápido! ¡Hacia Abajo!

    Togekiss descendió en picada, girando justo antes de tocar el agua. Misty reía, adrenalina pura, girando apenas el torso para mirar sobre su hombro.

    —¡Muy lento, Ash!

    Ash apenas tuvo tiempo de responder cuando vio ese brillo rosado formarse otra vez alrededor de Togekiss, y aproximándose peligrosamente hacia ellos.

    Y entonces decidió ir con todo.

    —Dragonite… prepara un hiperrayo.

    La energía comenzó a concentrarse frente a Dragonite como una esfera radiante. Pikachu se sujetó con fuerza, anticipando el impacto.

    Misty abrió los ojos, viendo como la energía comenzaba a concentrarse frente a sus ojos… y luego sonrió con emoción pura.

    —¡Ríndanse!

    Ash respondió sin dudar.

    —¡Jamás!

    Misty se sostuvo más fuerte de su Pokémon, preparándose para el ataque.

    —¡Brillo mágico, ahora!

    —¡Hiperrayo!

    Ambos ataques se lanzaron al mismo tiempo.

    El impacto fue un choque de luz y energía.

    La explosión iluminó el lago como un relámpago rosado y dorado. El impacto sacudió el aire, rompió el equilibrio de ambos Pokémon… y de sus entrenadores.

    Ash y Misty perdieron el agarre al mismo tiempo.

    Y entonces cayeron al lago.

    Al abrir los ojos bajo el agua, sus miradas se encontraron.

    Rieron sin sonido, burbujas escapándose de sus labios, una risa torpe y desordenada que no necesitaba permiso para existir.

    Emergieron casi al mismo tiempo, rompiendo la superficie del lago con un resoplido ahogado.

    —¡Ack! —Misty se pasó una mano por el rostro, apartando un mechón de pelo que le tapaba los ojos—¡Esto cuenta como empate!

    Ash la miró, jadeando y empapado.

    —Empate mis Pokéballs —se burló— Te estaba ganando.

    Ella rió, una risa real, abierta, de esas que le nacían desde el pecho.

    —Claro, claro. Siempre dices lo mismo.

    Dragonite y Togekiss flotaban cerca, observándolos divertidos, mientras Pikachu se aferraba al cuello de Ash, chorreando agua y emitiendo un pequeño “Pikaaa…”

    Misty, entonces, sorprendió a Ash mirándola y riéndose bajito.

    —¿Qué? — dijo ella sin entender.

    —Te ves horrible— Soltó él, divertido.

    Ella reaccionó inflando sus mejillas como un Jigglypuff.

    —No peor que tú, allá en tu habitación.

    Pero Ash no tuvo tiempo para reaccionar, porque justo, en ese mismo segundo, Togekiss se lanzó al agua junto a ellos, empapándolos de nuevo.

    Se miraron un segundo y soltaron una risa baja.

    Después de unos momentos, él respiró largo y profundo, buscando la orilla con la mirada.

    —Será mejor que salgamos antes que nos dé un resfriado.

    Ambos salieron del agua, empapados y temblando. Ya en la orilla, Ash regresó a Dragonite a su Pokéball y se estrujó un poco la ropa.

    Togekiss se sacudió, llenando a Misty de gotas, mientras Pikachu saltaba cerca de él, jugando como si el tiempo no hubiera pasado, no importaba que ahora Togekiss tenía diez veces el tamaño de cuando era un Togepi.

    Ash miró eso con una sonrisa débil, como aferrándose a ese momento de normalidad.

    No estaba seguro cuánto rato más podían seguir así. Pero por ahora, sólo pedía que ese momento no se acabara.

    -----------------------------------------------------------------------------​

    Misty se dejó caer junto a él frente al fuego, abrazándose las rodillas.

    Ambos permanecieron en silencio un momento, solo con el sonido del fuego y los Pokémon jugando.

    El fuego chisporroteaba suavemente frente a ellos, lanzando destellos anaranjados que se reflejaban en la superficie calma del lago. Togekiss y Pikachu seguían jugando a perseguirse por la orilla, ajenos a aquel pequeño espacio compartido por sus entrenadores.

    El calor de la fogata apenas lograba contrarrestar la brisa nocturna, pero Ash estaba demasiado agotado para notarlo.

    Se sentó junto a Misty, con los brazos apoyados sobre las rodillas, mirando el fuego que chispeaba y crepitaba. El silencio se volvió cómodo, casi reparador, pero Ash no podía dejar de sentir el peso de los últimos días, el cansancio acumulado, la culpa que le devoraba por dentro.

    Misty, sin mirarlo, murmuró, apenas un susurro:

    —¿Un poco mejor…?

    Ash tragó saliva. Cerró los ojos un segundo y asintió, sin palabras.

    Misty soltó una risita breve y cansada. Y se quedó mirando el fuego frente a ellos.

    —Eres un tonto.

    La frase no tenía fastidio, ni enojo. Era una acusación cargada de ternura, de años de conocerlo, de saber cómo funcionaba ese idiota testarudo que tenía al lado. Miraba fijamente el fuego, como si las llamas pudieran sostener la intensidad de lo que estaba diciendo.

    —Siempre haces lo mismo. Nunca pides ayuda. Ni cuando te estás ahogando.

    Ash bajó la mirada. Miró el leve brillo de las brasas que crujían con un débil sonido.

    Misty inspiró hondo y soltó el aire, aún sin mirarlo.

    —Te crees un héroe… y no es que no lo seas. Pero te metes demasiado en el papel —continuó, con voz suave— Pero… si algún día sientes que ya no quieres serlo… Yo… estaré aquí.

    Se giró hacia ella, pero ella seguía con su mirada fija en las llamas que danzaban frente a ellos. El silencio volvió, como si sus palabras se hubieran quedado flotando entre ambos.

    Ash tragó saliva.

    —Lo sé —respondió al fin, con una sonrisa pequeña, sincera.

    Ella con cierta inseguridad lo miró de soslayo y sus miradas se cruzaron. No dijeron nada, pero fue suficiente para que ella reuniera el valor que necesitaba.

    Sin pensarlo demasiado, extendió la mano hacia él, una invitación silenciosa, temerosa, pero sincera. Como invitándolo a un abrazo.

    Pero él no se acercó. No se movió. Sólo desvió la mirada a su mano que lo invitaba a acercarse, y luego a ella otra vez, como si no supiera cómo reaccionar.

    Misty bajó la mano con disimulo y se maldijo internamente por haberse atrevido a tanto. Obvio que la iba a rechazar. Sabía que Ash odiaba las miradas de lástima y las palmaditas en la espalda. Ahora parecía una tonta probablemente. Su rostro se ruborizó de inmediato y trató de cambiar de tono.

    —Entonces... —dijo con un tono más vivo, aunque su voz tembló un poco— ¿qué tal un combate uno a uno? Si quieres podemos hacer una carrera, o una competencia a ver quién pesca el Magikarp más gr…

    Pero su voz fue interrumpida por la de él. Sin levantar la vista del fuego, habló muy bajo, casi un suspiro:

    —¿Puedes… bajar las rodillas?

    Ella pestañeó un par de veces, sin entender.

    Vio que Ash bajó un poco más la mirada.

    —Por favor.

    Ella obedeció sin entender, y entonces, como si todo el peso de los últimos días lo venciera al fin, se inclinó hacia ella con lentitud… y se dejó caer.

    Suavemente se acomodó, apoyando su cabeza en su regazo.

    Misty se quedó inmóvil, con el corazón latiendo tan fuerte que creyó que él podría escucharlo. La fogata iluminaba su rostro, y Ash, con los ojos entrecerrados, miraba el fuego danzar, como si en esas llamas pudiera quemar un poco de su culpa.

    No sabía cuánto necesitaba eso.

    Esa calidez, ese contacto. Su corazón empezó a latir con más calma y sus mejillas se tiñeron ligeramente. No era paz, exactamente. Era algo más profundo. Una sensación de estar… a salvo.

    No tenía que esforzarse en parecer fuerte. No tenía que fingir. No necesitaba estar bien.

    Podía ser Ash. Solo Ash.

    Y ese pensamiento lo quebró.

    Porque él admitía que había ido demasiado lejos. Que, en el intento de cumplir las expectativas, de no fallar, de hacer feliz a alguien más… se había perdido en el camino. Se había traicionado. Y más que a él, había traicionado a Serena al pretender ser alguien que no era. Que había estado jugando a ser el novio, y cuando se dio cuenta de todo lo que eso significaba, ya el daño estaba hecho.

    Un suspiro tembloroso se escapó de sus labios, uno que cargaba más de lo que decía.

    Y Misty, que lo conocía demasiado, lo notó.

    Sin mirarlo directamente, bajó apenas los ojos hacia él, y lo vio.

    Ese brillo en sus pupilas, ese ligero temblor en las comisuras de los labios, como si las palabras se le atoraran en la garganta. No dejó escapar ninguna lágrima. Pero estaban ahí, peligrosamente cerca, cristalizando en sus ojos.

    Pero entonces, con voz baja y temblorosa, Ash rompió el silencio:

    —¿Puedo… confesarte algo…?

    Ella bajó la vista, paciente. Solo asintiendo en silencio.

    —Yo… —su voz se cortó— besé a Serena.

    Misty sintió un vacío en el estómago, pero lo ignoró. Necesitaba escuchar lo que él tenía que decir.

    Ash continuó, la voz aún más baja, temblorosa:

    —Pero no estuvo bien—confesó, la mirada perdida en el fuego frente a él— Porque no sentía que debía hacerlo. Fue… como si estuviera actuando. Como si quisiera demostrar que… podía ser la persona que ella quería.

    Su respiración se agitó.

    —Y ahora siento que la engañé, que la lastimé. Y no puedo dejar de pensar en lo basura que soy por hacerlo.

    Cerró los ojos y tragó saliva, dejando que las palabras salieran.

    —Pero no fue sólo eso—continuó él, y tragó saliva — Yo… sabía perfectamente lo que hacía. Sabía que… no estaba siendo honesto. Y me convencí a mí mismo que lo hacía por el bien de ella, pero… yo sé que no.

    Misty lo escuchó sin interrumpir. Su pecho dolía, no solo por lo que él dijo, sino por verlo así, roto, ahogándose en su propia culpa.

    No sé qué hacer —cerró los ojos y de forma inconsciente se tapó el rostro con el dorso de su mano—No sé cómo arreglarlo, Misty. Siento que hice algo imperdonable. Lo arruiné todo y… no sé cómo volver atrás.

    Ella lo escuchó en silencio. Su instinto fue abrazarlo, pero se contuvo. Sabía que eso no era lo que él necesitaba. Necesitaba recordar quién era.

    —Ash… —empezó, con una calma poco habitual en ella. Su voz sonaba firme, pero cálida— Sí, te equivocaste.

    Él bajó el brazo, sorprendido. Ella continuó.

    — Hiciste algo que estuvo mal, y no lo hiciste por maldad, sino porque te perdiste tratando de ser lo que creías que debías ser.

    Se inclinó un poco hacia él, suavizando su voz.

    —Pero ¿sabes qué? Castigarte no va a cambiar nada. Lo único que puedes hacer es aceptar que te equivocaste y aprender. Eso es lo que siempre haces.

    Ash la miraba, en silencio. Su garganta se apretó.

    Misty no apartó la vista de la fogata, sus ojos aguamarina reflejando la llama.

    —Deja de creerte un monstruo solo porque cometiste un error. Los héroes también se equivocan, Ash. Y tú... —su voz bajó, más suave— tú eres demasiado bueno como para seguir tratándote así.

    Suspiró y sonrió con un dejo de ternura.

    — Además, si sigues revolcándote en tu miseria, no me vas a dejar espacio para regañarte yo.

    Él soltó una risa débil, entre cansada y sincera. Esa mezcla de humor y franqueza que solo ella sabía darle lo desarmó.

    Y por esa noche, el peso en su pecho se alivió un poco.

    —Tienes razón… —susurró, apenas audible.

    Misty bajó la vista hacia él, y su expresión se suavizó del todo.

    —Ahora descansa un poco —dijo al fin, con voz baja—Esta vez… yo salvaré el mundo por ti.

    Ash no lo iba a reconocer, pero en ese instante, Misty había salvado el suyo.

    Y por fin, se permitió relajarse.

    A dejar que esas palabras calaran en su corazón. Y descansar.

    Quizás no iba a poder resolverlo todo esa noche, y probablemente mañana tampoco, pero al menos tenía la certeza de que ya no tenía que cargar con todo él solo.

    El cansancio acabó por rendirlo y, sin darse cuenta, se quedó profundamente dormido. Misty lo observó en silencio, con el corazón latiéndole lento y firme.

    Pikachu se acercó con cautela. Había estado mirando de lejos y no había querido interrumpir hasta ese momento. Misty le sonrió y este se acercó a ellos en silencio y una mirada tranquila, agradecida.

    Con cuidado de no despertarlo, Misty buscó su chaqueta en la mochila y la puso sobre Ash, y con eso, Pikachu se acomodó junto a él.

    El corazón de Misty latía fuerte, demasiado fuerte. Tenerlo así de cerca, su calor, su presencia, su confianza… era abrumador. Porque, aunque sabía que él estaba saliendo con otra chica, ella lo amaba. No podía evitarlo. Lo amaba de esa forma antigua y terca, de esa que no desaparece, aunque uno lo intente.

    Togekiss se acomodó justo detrás de ellos y Misty apoyó la espalda en su suave plumaje, y cerró los ojos.

    Y por esa noche… se permitió tenerlo así. Dejarlo descansar. Cargarlo un poco, porque… para eso estaba ella.

    -----------------------------------------------------------------------------​

    Pasaron así, envueltos en esa burbuja tranquila durante las siguientes horas, hasta que el horizonte comenzó a teñirse de tonos rosados. Misty alzó la vista y se dio cuenta de que también se había dormido.

    Se frotó los ojos y alzó la vista al horizonte. Ya estaba por amanecer.

    Bajó la mirada hacia sus piernas y ahí estaba Ash, durmiendo medio desparramado y roncando, con la boca ligeramente abierta, y la chaqueta que había usado para cubrirlo muy lejos de donde la había dejado.

    Se aguantó una risita.

    Sí. No tenía remedio. Desastre y todo, estaba toda enamorada de ese tipo.

    Con cuidado, inclinó la cabeza hacia él.

    —Oye… ya va a amanecer —le susurró, con una voz suave, moviéndolo ligeramente— Tienes que volver antes de que se den cuenta de que no estás.

    Ash soltó un gruñido, sin levantar la cara de su regazo.

    —No quiero. Estoy bien aquí.

    Ella rodó los ojos con una sonrisa breve.

    —No te estoy preguntando. Arriba. No me voy a meter en problemas por tu culpa.

    Y sin más, se incorporó despacio, dejando que la cabeza de Ash se deslizara hasta el suelo con un leve golpe amortiguado por el pasto. Él la miró de reojo desde abajo, medio ofendido, medio resignado, mientras ella se estiraba como si nada.

    Pero ella tenía razón. Debía estar en su cama, y no en medio de un claro, junto al lago. Se metería en problemas si alguien descubría que se habían escapado a medianoche.

    Togekiss se sacudió el plumón con una risita suave, sacando chispas de brillo en el aire. Misty se acomodó en su espalda, ya lista para partir.

    —Ven, date prisa.

    Ash suspiró, pero no pudo evitar sonreír mientras se incorporaba.

    Porque, sin decirlo, ambos sabían que ese pequeño paréntesis era lo único real que habían tenido en semanas.

    -----------------------------------------------------------------------------​

    Serena se despertó temprano. No había dormido mucho, pero ya no lloraba. Era una extraña calma la que sentía… esa calma que aparece después de haber tocado fondo.

    Había tomado una buena ducha, ordenado sus cosas, tendido la cama, y también había quitado el esmalte de sus uñas, que había quedado medio gastado después de todos esos días.

    Encendió su teléfono casi por costumbre y fue entonces que lo vio.

    Un mensaje. Solo uno.

    De Calem.

    [Ubicación compartida]

    Cerca. Muy cerca.

    Su corazón se detuvo un instante.

    Miró el reloj. Eran las 09:10 am.

    No podía ser.

    Revisó varias veces el mensaje, comprobando si no se había confundido. Y su corazón se disparó sin permiso.

    Se levantó de golpe, tomó su bolsito y su teléfono, calzó las zapatillas sin pensarlo, y bajó rápido las escaleras.

    —Voy a salir un rato.

    Dijo al vuelo a Delia y salió por la puerta a toda velocidad.

    Calem. Calem, no puede ser.

    Cada paso que daba por ese sendero hacia el mirador parecía arrancarle peso del pecho.

    Y cuando lo vio, de pie, junto a la cerca de madera con el campo de calabazas extendiéndose tras él, sus ojos se llenaron de lágrimas.

    Corrió. Sin pensarlo, corrió.

    Y cuando estuvo frente a él, Calem la miró sin decir una palabra, porque sabía que no necesitaba decir nada.

    Serena se lanzó contra él, y todo se desmoronó.

    Calem la sostuvo fuerte contra su pecho.

    Le acarició el cabello, la espalda, y la dejó llorar en silencio, como tantas veces antes a distancia. Pero ahora estaba ahí.

    Cuando Serena se calmó, separó apenas su rostro del pecho de Calem. Sus ojos brillosos lo buscaron.

    Y él la tomó suavemente de los hombros, para mirarla a los ojos.

    —Ya vine —susurró él, sonriendo, con ese tono dulce y molestoso a la vez— ¿Mejor ahora?

    Serena asintió, sonriendo. Sonriendo de verdad.

    No había amargura. No había dolor.

    Solo Calem.

    Su lugar seguro.




    Y llegamos por fin, con un poco de oxígeno TwT.
    Debo confesar que este ha sido el capítulo que más me ha gustado.
    Y quería publicarlo antes de que pasara mucho tiempo.
    Hay mucho corazón aquí.
    De todo mi corazón espero que lo disfruten.
    [Se viene un hiatus, por motivos de viaje, pero trataremos de tener algo antes de Marzo]



    Gracias por leer:chick:
     
    • Adorable Adorable x 2
  2.  
    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Adicto Comentarista Top

    Libra
    Miembro desde:
    24 Septiembre 2006
    Mensajes:
    2,340
    Pluma de

    Inventory:

    Escritor
    Este fue... un episodio bastante bello.

    Me gustó mucho el inicio. Mi reacción fue literal...

    "Oh, y yo que pensaba que Misty estaría también en la depre... pero no, solo se le cayó el celu a la piscina. Hmmm... tiene todo el sentido xD"

    Suficiente tenemos con tres personajes deprimidos (¿O quizás debería decir 2 y medio?) Ash, Serena y Calem... hasta cierto punto.

    Yo soy Misty y le digo

    "¡Bésame el culo, entonces!"


    Pero no creo que ella haya dicho eso con disimulo... ella puede tener sus defectos, pero vulgar no es.

    Por cierto, yo no dejaría que Psyduck cuidara nada. No me inspira confianza alguna... aunque habrá que confiar en Misty xD.

    Más adelante, con el plan...

    Eh... ¿Olvidaste que el Dragonite de Ash es hembra?

    Aunque quizás si hubiera sido macho lo hubieran tratado un poco mejor... seguiría siendo opacado por cierto chacal, pero quizás un poco menos.

    Bueno, la batalla fue buena para su cometido: Crear un momento bonito y que combinara con las personalidades de Ash y Misty. Y luego, los momentos compartidos y las palabras de aliento - y "webeo" - estuvieron chéveres.

    Si alguien podía sacar a Ash del hoyo... esa era Misty. ¿Qué más puedo opinar? Aparte de que me dan ganas de lanzarle una concha de Wartortle teledirigida como mencionaste antes xD. Por tramposa.

    Y claro, a Serena también le debe tocar algo bonito, ¿Verdad? Y llegó Calem, tal como se lo propuso. Y no se necesitaron palabras... ella fue y corrió hacia él, porque lo necesitaba.

    Su refugio.

    Ay c':

    Toma tu descanso n__n. Espero todo salga bien para ti.
     
    • Adorable Adorable x 1
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso