Mini-rol Edén [Pokémon Rol Championship]

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Yugen, 31 Diciembre 2025.

  1.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Cuando alzó los brazos sonreí complacida y aproveché para levantar su ropa y deslizarla hasta descubrir la piel lechosa de su vientre. Tracé un camino de besos cortos, apenas un roce fugaz de mis labios en sentido ascendente sobre su ombligo. Toques ligeros, el fantasma de un roce, que no tenían intención de ir más allá.

    No era una sádica como tal pero sí podía serlo de muchas otras formas. Amagar, tentar e impacientar... La Dionaea era paciente, sibilina y podía jugar con los sentidos hasta que sus dulces presas suplicaban por ser devoradas.

    Pude sentir su piel erizarse y los músculos de su vientre contraerse en anticipación. Era absolutamente delicioso para mí. Su osadía, su descaro y especialmente su sumisión, esa que asomaba brevemente entre las grietas como un brote frágil abriendo sus pétalos al sol estival.

    —Creo recordar que es el invernadero lo primero que te he mostrado—le respondí con una risa baja, grave, alzando mis ojos hasta los suyos. Aprovechando su postura, deslicé su ropa hacia arriba hasta que pude quitársela—. Si te portas bien, quizás te enseñe el resto.

    No quería mostrarlo pero era innegable lo honesto que era su cuerpo, el rubor que se había apoderado de sus mejillas y la parte superior de su pecho, extendiéndose como un fuego vivo bajo su piel. Se retorcía contra aquellas ataduras aún invisibles que amagaban por sostenerla y dominarla... cuando había depositado esa confianza y ese poder en mis manos.

    Podía parecer contradictorio, pero era algo a lo que estaba acostumbrada. Muy a menudo, por mucho que estuviese de acuerdo en ceder, a la naturaleza humana no le gustaban las cadenas.

    >>Cierra los ojos—instruí—. Mantén tus brazos arriba y no los abras hasta que yo te lo diga. ¿Puedo confiar en ti?

    Cuando respondió afirmativamente le respondí con un sonido de apreciación, acaricié brevemente su mejilla con las puntas de mis dedos y me separé de ella. Los muelles crujieron bajo mi peso cuando me moví y me incorporé de la cama para abrir uno de los cajones del armario.

    Había elegido Clematis como palabra de seguridad. Era sonora, inconfundible y la recordaría en cualquier momento porque era su propio apodo. Me mordí la sonrisa en los labios. Una elección interesante. Quizás un tanto predecible, ¿pero quién era yo para juzgar cuando Clematis era mi propia impresión de ella?

    Cuando regresé a la cama me senté sobre sus caderas atrapando su cuerpo bajo el mío y el colchón. Con dedos hábiles deslicé las esposas de cuero negro alrededor de una de sus muñecas primero y después de la otra, inmovilizando sus brazos por encima de su cabeza.

    Comprobé que fuese firme y me aseguré de no rozase sus muñecas de forma excesiva ni provocase rozaduras por la fricción.

    —Eso es, justo así—murmuré sumamente complacida con su sumisión. Deslicé mi pulgar a la altura de su muñeca—. ¿Sientes ansiedad o algo parecido? La falta de libertad puede resultar angustiante al inicio, especialmente si no estás acostumbrada. Puedo ajustarlas para ti.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  2.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Era curioso. Aceptaba dejar toda mi confianza en sus manos pero mi ser se revolvía cada vez que buscaban coartar su libertad. Tal vez era una mezcla de muchas cosas. De la naturaleza intrínseca del ser humano y mi propia lucha contra los grilletes con los que había sido sometida la mayor parte de mi vida.

    En cualquier caso acepté y obedecí a cada una de sus indicaciones con prontitud. Ai apartó mi sudadera y la camisa de cuadros que yacía debajo y sentí la piel erizarse bajo el toque sutil de sus labios. Su influencia, cercanía y la novedosa situación a la que estaba siendo expuesta tenían la capacidad de acelerar mi corazón inquieto, pero intentaba disimularlo lo mejor posible. A veces con el humor, otras con la osadía y el atrevimiento. No obstante mi cuerpo era sumamente honesto... y ella podía notarlo con la claridad de un cristal.

    —Mhm —murmuré un sonido afirmativo y cerré los ojos, manteniendo los brazos en el aire.

    La escuché danzar por su habitación en la distancia y aproveché esos instantes de soledad para intentar relajarme. Había dicho que, en sesiones así, era común que las personas se quejasen, negasen o inclusive llorasen. Que podía usar a su favor todo cuanto tenía a su alcance para estimular mis sentidos hasta que ya no pudiese más. A grandes rasgos sonaba sumamente intenso... pero lejos de estar aterrada y quisiese huir en respuesta fue la adrenalina la que se disparó en mis venas.

    ¿Cómo demonios funcionaba mi estúpido cerebro? ¿Seguro que no era masoquista en realidad?

    Ai regresó y se sentó sobre mis caderas, arrancándome un suspiro traicionero del pecho. Inmovilizó mis muñecas con la destreza que solo te otorgaba la experiencia, y tironeé ligeramente como un acto reflejo, comprobando la firmeza de mis ataduras.

    —Es... un poco agobiante, sí —solté el aire por la nariz en una risa baja, mirándola desde abajo—. Pero se me pasará. La sensación de estar inmovilizada tiene su aquel.

    Nunca había estado en una situación así. Pero era algo que en el fondo llamaba poderosamente mi atención. Era una forma de silenciarme, también; de evitar que mis impulsos y mis mecanismos de defensa se entrometiesen de más en la ecuación. Me revolví ligeramente bajo su cuerpo, acomodando mi posición y acostumbrándome con el tiempo a la sensación de completa vulnerabilidad.

    Una oleada de calor apremiante me recorrió en toda mi extensión cuando racionalicé la situación y mordí mi labio inferior, intrigada y expectante por lo que el destino me deparaba. Estaba completamente a merced de las circunstancias y de lo que ella quisiese hacer conmigo.

    >>¿Y... ahora? —musité, desviando brevemente la mirada de sus ojos para regresar a ellos con timidez. Parecía que restringir mi cuerpo físico también había relajado en cierta medida mi actitud—. ¿Tengo que... hacer algo más?
     
    Última edición: 15 Enero 2026
    • Fangirl Fangirl x 1
  3.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Imaginaba que debía ser extraño para ella, especialmente cuando yo sabía el pánico que le causaba estar atrapada y encerrada, y estaba dispuesta a aflojar la tensión de las correas si así lo veía necesario. La privación de la movilidad por lo general resultaba ligeramente angustiante... pero en su caso, podría tener una reacción adversa mucho mayor.

    Por eso aguardé por una respuesta. Estaba acostumbrada a ajustarlas. A veces para aflojarlas y muchas más que las anteriores, para apretarlas aún más.

    Sin embargo y contrario a mis expectativas, Clematis pareció satisfecha. Mencionó que le gustaba aquella sensación de indefensión y una corriente de lujuria recorrió mi piel desde el bajo de mi vientre hasta la punta de mis dedos.

    Oh, cielos.

    Quizás mi pequeño brote de verano escondía mucho más de lo que yo había creído en un inicio. Me alegra y complacía saber que estaba explorando algo que le causaba curiosidad para descubrir que le gustaba. Eso era en definitiva lo que estábamos haciendo. La estaba guiando mientras tanteaba un camino inexplorado.

    Limitar su libertad tuvo un efecto en su actitud descarada y rebelde y trajo a la superficie el sentimiento vulnerable que buscaba. Esa honestidad sin máscaras.

    Pude sentir su pulso en la muñeca, turbulento y acelerado, y deslicé mis manos hacia abajo por su brazo permitiéndome un momento para detallar su torso expuesto con algo más de atención. ¿Cuantas veces había estado en una situación similar? ¿Cuantas veces había esposado muñecas ajenas?

    Lillium fue la primera en esposar las mías.

    Desde entonces, no le había permitido hacerlo a nadie más.


    —Ahora...— me incliné hacia ella, solícita, y mi voz fue un murmullo bajo sobre la sensible piel de su cuello. Dejé una serie de besos, lenta y metódicamente y ronroneé complacida cuando inclinó la cabeza hacia atrás en busca de más contacto—. Voy a ponerte un collar... aquí.

    Deslicé mi índice por el lado opuesto de su cuello negándome sistemáticamente a darle un solo descanso.

    >>Un collar azul de cuero a juego con el mar de tus ojos. ¿Te gustaría que hiciera algo así?
     
    Última edición: 15 Enero 2026
    • Fangirl Fangirl x 1
  4.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    No tenía sentido. Era claustrofóbica, por el amor de Arceus... ¿Por qué me estaba encendiendo tanto algo así?

    Mi espalda se arqueó y las cadenas tintinearon contra el cabezal cuando me estremecí bajo el tacto de sus labios. Sentir el roce lento y tentativo en una zona tan sensible se recrudeció de alguna forma inexplicable con la existencia de aquellas ataduras. ¿Era por la sensación de indefensión? ¿Por removerme y saber que no podría apartarla aunque quisiese?

    Incliné la cabeza hacia atrás, dejando escapar sonidos ligeros que fui incapaz de retener en mi garganta por mucho más tiempo. No permanecía más de lo estrictamente necesario en ninguna parte y era precisamente eso lo que activaba cada rincón por el que transitaba, dejándome con ganas de más, y más. Podía notar los músculos de mi cuerpo tensarse en anticipación cada vez que se inclinaba, deseosos de resultar el siguiente destino en el itinerario de aquella impredecible mujer.

    Tensé los labios cuando su dedo se deslizó por el lado opuesto de mi cuello, receptiva y vulnerable, y abrí los ojos con evidente desconcierto al escuchar su sugerencia. ¿Había... oído bien? ¿Un collar a juego con mis ojos, decía?

    La estupidez del Lillipup se volvía real momentos.

    —Qué... considerada de tu parte —murmuré, dibujando una media sonrisa en mis labios a pesar de la creciente excitación. El collar solo reafirmaba la sumisión que debía profesarle, como si las cadenas no fueran ya de por sí suficiente indicativo. A simple vista resultaba humillante e innecesario... ¿Pero por qué demonios me lo estaba pensando tanto entonces?

    Definitivamente se me había frito el cerebro.

    >>¿...Por qué no? —Tras unos segundos de aparente expectación esa fue mi respuesta. Ai se apartó lo suficiente para poder verla a los ojos y le sostuve la mirada entonces. Pese al evidente e ineludible pudor, la intrepidez seguía persistiendo como un faro en medio de aquel océano turbulento al que había sido reducida—. Hemos venido por la experiencia completa. Me gustaría ver ese collar.
     
    Última edición: 16 Enero 2026 a las 2:10 AM
    • Fangirl Fangirl x 1
  5.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Su respuesta fue quizás incluso más de lo que esperaba oír. Pero si era una cosita de lo más proactiva. Me gustaban las flores así, esas que no temían enfrentar las tormentas y crecían con aún más brío en situaciones desconocidas y complejas. El rubor de sus mejillas era intenso y delator, había alcanzado hasta la punta de sus orejas... pero su curiosidad y su interés era aún mayor que su pudor.

    —Una maravillosa elección—alabé—. Déjame ver que tengo para ti.

    Me incorporé de la cama con movimientos pausados y le dirigí una mirada por encima del hombro y una sonrisa sedosa al girar el rostro en su dirección.

    Su torso estaba expuesto exceptuando su sostén, del que quizas me encargase pronto, y sus manos firmemente esposadas por encima de su cabeza por esposas de cuero. La imagen estremecía aquella criatura ansiosa en mi interior y se revolvía, ronroneando de puro deleite. La Dionaea estaba hambrienta. Pero, por suerte o por desgracia para la intrépida clemátide, era paciente y metódica. Iba a jugar con su propia impaciencia al tiempo que me aseguraba de que fuese una experiencia segura y confortable.

    —Dentro del BDSM, el collar es algo mas que un accesorio o un añadido estético—le expliqué mientras rodeaba la correa de cuero azul alrededor de su cuello y ajustaba la tensión al pasarla por la hebilla. Aquella no era la primera ni la ultima vez que hacía algo así. Pude sentir su pulso latiendo frenético bajo la punta de mis dedos—. Simboliza la entrega. Mientras lo lleves puesto me perteneces. ¿Entiendes eso, cariño?

    En algunos círculos, la entrega del collar era casi un ritual de iniciación. Un símbolo de pertenencia y un sello de sumisión. Pocas cosas podían expersar exactamente lo que implicaba someterse a otra persona mejor que un collar.

    Mis ojos regresaron a los suyos para comprobar si se trataba de ansiedad, nerviosismo o anticipacion. Probablememte fuese un poco de todo.

    Me incliné hacia delante y hablé a la altura de sus labios.

    —¿No está muy apretado?—lentamente deslicé mis dedos sobre el cuero del collar y colé el índice alrededor de la argolla de metal sin apartar mis ojos de los suyos. No tiré de ella ni hice ningún movimiento brusco. Era pronto para eso—¿Puedes respirar bien?
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  6.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    En el momento en el que se levantó del colchón y me sonrió en la distancia, sedosa y satisfecha con mi propia predisposición, fue cuando me tomé uno instantes para racionalizar verdaderamente la situación. Me iba a poner un collar. ¡Yo le había pedido ver ese collar! ¿Qué demonios estaba diciendo? Era como si mis labios se moviesen solos cada vez que me miraba a los ojos, la dopamina recorriendo mis venas cada vez que me felicitaba al cumplir sus demandas.

    Sabía que era una chica de impulsos, pero nunca había visto un enfrentamiento tan directo entre mi mente y mis emociones como hasta ese entonces. ¿Este era mi propio experimento del Boltund de Pavlov? ¿¡Yo era el Boltund de Pavlov!?

    Todos mis pensamientos se silenciaron cuando los muelles rechinaron nuevamente bajo su peso, anunciando su llegada. Ladeé el rostro, facilitando la colocación del collar sintiendo el rostro arderme como un fuego vivo mientras se explicaba. Iba a terminar por hacer combustión espontánea en cualquier momento si seguía diciendo cosas tan vergonzosas.

    —¿...Qué sucede si me niego? —cuestioné con sagacidad, cautelosa. Sus dedos se encontraban ajustando la hebilla del collar en ese instante y su aroma me nubló los sentidos. No tenía razones para negarme, no después de haber aceptado todo eso, pero era una criatura curiosa por naturaleza.

    El roce del cuero alrededor de mi cuello me causó en un inicio ansiedad, sintiéndome cada vez más atrapada y restringida. Quise llevar dos de mis dedos hacia el interior de la correa, estirándola ligeramente hacia afuera para darla de sí como acto reflejo, pero las esposas me retuvieron en el acto, chocando inevitablemente contra una pared invisible. Necesitaba aún acostumbrarme a mi nueva situación.

    —P-puedo respirar —le aseguré, inhalando profundamente para calmar los latidos inquietos de mi corazón. Cerré los ojos, exhalando y repitiendo el proceso un par de veces. Cuando mi cuerpo pareció comprender que no estaba ante una amenaza y que contaba con la ayuda de Ai en todo momento, pude derretirme nuevamente sobre el colchón—. Mi cuerpo comprenderá paulatinamente que no se trata de ninguna amenaza.

    Tal vez sí lo fuera, pero no de esa forma.

    >>Ai —la llamé en un murmullo, notando su dedo jugar mientras tanto con la argolla del collar. Al abrir los ojos conecté mis orbes con los suyos, sintiendo un escalofrío apremiante ante la creciente cercanía. Tenía... que concentrarme. Pero estaba demasiado cerca como para poder hacerlo—. He obedecido cada una de tus indicaciones hasta ahora. Creo que merezco formular una petición por buen comportamiento.
     
    Última edición: 16 Enero 2026 a las 5:29 PM
    • Fangirl Fangirl x 1
  7.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    —Nada—le respondí con una pequeña risa, entretenida con su pequeño acto de rebeldía—. Podemos prescindir del collar. Pero... me pregunto si es realmente eso lo que quieres.

    Me había asegurado de no usar un collar grueso ni demasiado grande y aunque la correa era ajustable, mi prioridad había sido evitar que dificultase el paso del aire. Tenía un amplio surtido de collares: desde simples cadenas de metal hasta correas firmes de cuero y otros materiales. Era tan variado como surtido el gusto de mis flores. Había tenido experiencias cercanas con situaciones tan peligrosas como la asfixia erótica pero jamás en una primera vez y jamás con la intención de causar daño. La gama de experiencias sensoriales era... algo difícil de definir.

    Su cuerpo se tensó inmediatamente y las cadenas que unían sus esposas crujieron y se quejaron cuando en un impulso primitivo trató de quitarse el collar. No había tenido problemas aceptando las esposas pero esto era diferente. Aunque temporal simbolizaba la pertenencia: eran un marca de posesión y propiedad. Clematis era como Lillium: un espíritu rebelde, un alma inquieta, y eran ansias de libertad tan vastas como el océano aquello que veía en sus ojos. Su lucha no era simple naturaleza humana, era mucho más.

    Mi expresión se suavizó.

    —Shh... tranquila—murmuré con un tono calmo y suave que pretendía serenar su inquietud. Apoyé mi mano sobre su mejilla y acaricié su piel con el pulgar en un intento por solapar la sensación de ansiedad con una más agradable—. ¿Recuerdas lo que te dije en el ascensor? Respira lentamente si te sientes angustiada. Toma aire por la nariz y suéltalo despacio por la boca. Eso es, buena chica. Lo estás haciendo muy bien.

    No había dicho la palabra de seguridad de modo que seguíamos dentro de los límites permitidos.

    Lentamente sus músculos se destensaron y su cuerpo se relajó sobre el colchón como mantequilla derretida. Aún podía sentir cierta rigidez, un remanente de aquella inquietud y de la ansias de libertad que no desaparecerían, al menos no lo suficiente, hasta que no lograse acostumbrarse a aquella nueva sensación.

    Por mi parte, yo era paciente y cuidadosa. No tenía ni prisas ni ansiedad. Sí, estaba excitada y sí, la ropa me quemaba sobre la piel mientras aquel calor se extendía zigzagueante desde mis senos hasta el interior de mis muslos, pero no iba a adelantar acontecimientos. Si había algo de lo que me enorgullecía tener, eso era autocontrol.

    —¿Mm?—murmuré cuando me llamó alzando mis ojos hasta los suyos. Mi índice sostenía la argolla del collar mas no estaba distraída. Todos mis sentidos yacían en ella, en sus reacciones y en cada movimiento. Tanto en los ansiosos e impacientes como aquellos que pudiese indicar genuino disconfort. La sumisión tácita en sus palabras me estremeció y consciente de aquella chispa incendiaria que no dejaba de crecer y extenderse, ronroneé—. Vaya, ¿tan pronto haciendo demandas?

    Tiré ligeramente de la argolla del collar.

    >>Yo también lo creo, amor. El buen comportamiento debe recompensarse.

    >>Dime, ¿qué quieres pedirme?
     
    Última edición: 16 Enero 2026 a las 10:06 PM
    • Fangirl Fangirl x 1
  8.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    La ansiedad fue desapareciendo con el transcurrir de los minutos, lenta y paulatinamente. Cerré los ojos y me recargué contra su tacto, cálido y conciliador, guiándome a través de su voz tal y como había sucedido en el ascensor. A medida que la angustia retrocedía fui notando otra clase de sensaciones ganar terreno. La forma en la que mi cuerpo se estremecía con cada elogio no me pasó desapercibida, y me pregunté si esto era a lo que llamaban un praise kink.

    Ugh... ¿De verdad era una criatura tan simple? Estaba segura de que podría decir casi cualquier cosa, con esa voz suave y aterciopelada y sus ojos de esmeralda, y tarde o temprano aceptaría. Tal vez me revolvería o me opondría en un inicio, rebelde e indómita por naturaleza, pero si sabía cómo pedírmelo lo haría.

    Menudo gay mess estaba hecha.

    Tiró ligeramente de la argolla, inclinándome hacia sí, y le sostuve la mirada de cerca. Debía ser una imagen encantadora ver a la incansable clemátide teñida por el rubor hasta las orejas. La naturaleza humana y la vulnerabilidad inherente que los envolvía eran imposibles de enmascarar. Mucho menos de un ojos observador y entrenado como el de la Dionaea.

    ¿Qué necesidad había de hacerlo, en realidad?

    —Quiero que por, cada prenda que me quites, te desprendas de una de las tuyas de manera equivalente —Fue esa mi elección. Era una petición simple, concisa pero bastante acertada en realidad. Era evidente que sabía cómo sacar el máximo provecho de todo cuanto estuviese a mi alcance—. Lo haría yo misma, pero... —Tiré de las esposas, las cadenas chocando entre sí y reafirmando mi punto—. Tengo un... ligero inconveniente entre manos. Sabrás disculparme.
     
    Andysaster ha tirado dados de 3 caras para Chan chan chan Total: 3 $dice
    Última edición: 17 Enero 2026 a las 8:07 AM
    • Fangirl Fangirl x 1
  9.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Estaba dispuesta a aceptar cualquier petición. Si me pedía que dejase de ignorar deliberadamente aquellos puntos sensibles que exigían atención, era probable que recibiese una respuesta afirmativa por mi parte.

    Lo notaba, porque no solo era cuestión de experiencia, era noción básica sobre las reacciones de un cuerpo exactamente igual al mío. Estaba ruborizada, acalorada y sensible, y se estremecía dulcemente con un simple roce más cercano de lo necesario. Sus reacciones me abstraían. Estaba absolutamente encantada con ellas.

    La petición, sin embargo, fue distinta. No iba a pedirme tocarla, al menos no de momento. Lo que buscaba era igualdad de condiciones. Si ella tenía el torso expuesto a excepción de su sostén, quería exactamente lo mismo conmigo.

    Dos prendas por dos prendas.

    Bueno, era una petición justa.

    —Oh. Impaciente, ¿verdad?—una risa baja me estremeció el pecho, entretenida con su audacia—. Tendré que quitarme la camisa y el sostén...

    Con una mano me recogí el cabello a un lado del cuello e incliné mi cuerpo hacia ella hasta que mis senos estuvieron al alcance de sus labios. Imprimí en mi voz un tono meloso, decididamente sensual a propósito.

    >>¿Me ayudas con los primeros botones? Yo haré el resto.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  10.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    En ningún momento sentí la necesidad de pedirle a través de mi demanda que me tocara. Tal vez porque, aunque la necesidad me recorría el cuerpo y erizaba mi piel sin descanso, el orgullo que permanecía latente dentro de mí me impedía mostrarme tan rendida ante las circunstancias. No aún, al menos. No de momento. Aunque era una criatura impaciente e inquieta creía poder contenerme un poco más.

    Contra todo pronóstico Ai accedió de buen grado. La sudadera y la camisa de cuadros yacían ahora a un lado del colchón, de modo que la mujer debía despojarse de algo más aparte de su única prenda superior. Me sonreí, victoriosa, viendo que mi ingenio había revertido en cierta medida las tornas. ¿La camisa y el sostén, encima? Pero si no sería una mente brillante yo.

    Debía estar con la realidad claramente distorsionada para llegar a creer por un milisegundo que podría ganarle a Ai un solo round en su propio juego. Mi expresión confianzuda y casi presuntuosa mutó de golpe en una abrumadora vergüenza cuando deslizó su cabello hacia el costado, colocándome su torso frente a mi rostro para que le ayudase a desabrochar los botones con... ¿¡C-Con la boca!?

    Todo mi rostro se encendió como un Octillery cocido al sol. Parpadeé, desconcertada y acalorada, y mis ojos intercambiaron miradas entre sus orbes y, ehhh... Los botones que debía desabrochar. E-eso.

    —...Mira que aprovecharte de una pobre desvalida como yo —Me quejé, si bien entre el visible pudor se asomó cierta jocosidad. Estaba impresionada. Esta mujer siempre iba dos pasos por delante. Me incliné hacia delante, sin apartar un solo segundo la mirada de sus ojos. Si debía hacerlo, procuraría que no se perdiese uno solo de mis movimientos—. Voy a tener ciertas complicaciones. Espero que no te importe esperarme.

    El corazón me latía frenético en el pecho cuando mis labios rozaron la tela de su camisa, tentativa. Atrapé la prenda con los dientes, tratando de localizar la abertura correcta con la lengua. Tal vez, si pudiese alisar la camisa con las manos, pudiese lograr la tarea de manera eficiente. Pero Ai se había despertado juguetona ese día, y a mí no me importaba hurgar de más en la tela bajo la excusa del dichoso botón.

    —Mngh... —casi gruñí, forzando el botón con un impulso de la lengua a salir. A pesar de la dificultad, el contacto visual y la sensualidad del gesto volvieron aquellos instantes mucho más íntimos. La atmósfera se sentía enrarecida y acalorada. En determinado momento, abstraídas en la mirada de la otra, el botón dejó de luchar hasta abandonar su posición. Victoriosa, seguí con el segundo y el tercero, hasta que ambas consideramos que había sido suficiente.

    >>La próxima vez podrías elegir un lazo —Le sugerí, recargando la cabeza de nuevo contra la almohada en mitad de un suspiro. El sostén asomaba ya a través de la abertura y desvíe la mirada, durante un instante apenas perceptible—. ...Tal y como has prometido, el resto debería correr por tu cuenta.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  11.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Aquel rubor encantador en sus mejillas, cada vez más feroz, era el combustible perfecto para mantener en funcionamento mi lado más travieso y disonante de convencionalismos. No me interesaba lo que era correcto hacer si no aquello que mis impulsos me instaban. Escuchaba la voz insiosa de ese diablito en mi hombro, susurrándome que le mostrase donde se había metido, porque este bosque que evidenciaban mis ojos era denso, intrincado y misterioso.

    —No te preocupes, cariño—le respondí, almibarada, y en mi voz se coló parte de la satisfacción que me hizo sentir la rapidez con la que se adaptó a las circunstancias. Algo me decía que por mucho pudor que sintiese no pensaba retroceder—. Soy una persona paciente. Solo da tu mejor esfuerzo.

    Tan solo el ligero tirón de la tela cuando atrapó uno de los botones con sus dientes me provocó un escalofrío. Mordí ligeramente mi labios inferior sintiendo el sabor de mi propio pintalabios un instante antes de que nuestros ojos se encontraran nuevamente. Su lengua debería estar concentrándose en desabotar la camisa pero o le era complicado o simplemente estaba tomando ventaja de la situación. Vaya,¿Quién se estaba aprovechando de quién entonces?

    El ambiente se sentía volátil y denso, pesado y asfixiante, tal y como si una sola chispa pudiera arrasarlo todo en un solo segundo. Ella no apartaba la mirada y yo tampoco lo hacía, como si de alguna manera estuviéramos o retándonos o abstraídas la una en la otra. Bien podía ser un poco de ambas.

    Me preguntaba si lo hacía porque era consciente del pequeño, ínfimo suspiro que abandonaba mis labios con cada botón que lograba liberar.

    Recargó la cabeza contra la almohada mientras yo me encargaba de los últimos botones. Su sugerencia tubo cierta cuota de queja.

    —Podría—reí—. Pero de haberlo hecho antes no habría podido verte haciendo justo esto. ¿No crees que hubiera sido una lástima?

    >>Solo espero que no vayas a apartar la mirada ahora. Algo me dice que llevas mucho tiempo esperando esto.

    Deslicé la fina camisa de lino y dejé que se resbalara por mis hombros y espalda como si fuera agua. Mi piel estaba ardiendo y el contacto con mis propios dedos me hizo cerrar los ojos por un breve instante.

    Hice lo propio con las tiras del sostén. Me gustaba ese encaje, era elegante y sofisticado, con un intrincado patrón que recordaba a los pétalos de una rosa. Con un movimiento hábil solté el enganche en mi espalda y contuve un suspiro pesado cuando mis senos se liberaron y el aire de la habitación acarició mi piel.

    La dejé mirarme sin ningún tipo de pudor, recorrer mi torso descubierto y voluptuoso tanto como quisiera hacerlo. Podía mirar... pero no tocar. Al menos, no mientras sus manos estuvieran atadas por encima de su cabeza.

    Eso era control. Y a mi gustaba hacer de él algo casi artístico.

    Apoyé mis manos en su vientre y las deslicé hasta que pude subirle el sostén y exponer sus senos desnudos al aire viciado del cuarto.

    —Si no te lo quito por completo no cuenta como otra prenda, ¿verdad?— Estábamos hablando de igualdad condiciones, ¿y cómo no aprovecharme de esos pequeños vacíos legales cuando eran tan tentadores?

    Aquella piel nacarada, tersa y sensible, coronada por unos ansiosos botones enrojecidos...

    Impacientar, tentar, amagar... eran mis especialidades. A veces lo hacía sin intención de obtener nada o dar nada, por diversión o porque estaba en mi naturaleza. Seducía por el simple hecho de hacerlo. Y cuanto más sumisas y vulnerables eran las reacciones, más se deleitaba la Dionaea. Era un intercambio equivalente, un mutualismo facultativo mutuamente beneficioso.

    Ellas me daban sumisión. Y yo ofrecía todo lo que quisieran a cambio.

    —¿Cuanto llevas así? ¿Desde que te traje a mi habitación? ¿Desde que nos besamos? ¿Desde antes incluso?

    >>Me pregunto si quisiste venir a charlar hoy con la idea de que algo así ocurriría—tracé un círculo alrededor de su areola—. Mi pequeño brote estival es una flor muy traviesa.

    Presioné uno de sus edurecidos pezones entre el pulgar y el índice. Un jadeo repentino le cortó momentáneamente la respiración en la garganta.

    —Mmm...—ronroneé inclinándome para que mis labios rozaran su oreja enrojecida—. Ya casi estamos, amor. Falta una última cosa.

    Y mirándola una vez más a los ojos le sonreí, sugerente, antes de incorporarme de la cama.
     
    Última edición: 17 Enero 2026 a las 9:21 PM
    • Fangirl Fangirl x 1
  12.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    No me pasó desapercibida la forma en la que su cuerpo respondía a la intromisión de mi boca, su torso cubierto aún por la tela de su ropa. Seguí cada uno de sus movimientos con atención; desde la forma en la que mordió su labio inferior hasta los ligeros susurros que abandonaron su boca. Era una forma de desafío, de jugar con la situación y volver aquello mucho más sensual e íntimo si cabía. A veces tironeaba de la ropa en zonas alejadas del botón, peligrosamente cerca de sus senos, pero sin llegar a rozarlos nunca.

    Iniciamos aquel duelo de miradas casi como un reto, aguardando tal vez por cuál de las dos desviaba la mirada primero, para terminar abstrayéndonos irremediablemente en el reflejo de la otra.

    Por supuesto que no aparté la mirada cuando se desprendió de ambas prendas. En su lugar mantuve mis ojos en ella, enrojecida y acalorada, y repasé sus senos desnudos y voluptuosos desde mi posición. El cuerpo de la mujer siempre me había parecido particularmente estético, mucho más que el del hombre en realidad. Y el de Ai, tan esbelto y curvilíneo, solo me daba más y más razones para agradecer haber aceptado un par de años atrás mi verdadera sexualidad.

    De repente se inclinó hacia mí y su mano, incansable y descarada, se deslizó hacia arriba hasta apartar mi propio sostén sin desabrocharlo. El movimiento inesperado y la propia sensibilidad de mi cuerpo hicieron que soltase una exclamación ahogada, baja, que me hizo removerme bajo su cuerpo.

    ¿Qué estaba...?

    —Primero la pista y ahora esto... —Inicié, la voz ligeramente temblorosa. El contacto directo con el aire me erizó la piel, endureciendo aún más aquellos botones rosados—. Creí que serías de las que juegan limpio.

    Aquello no era solo una forma de dominación y sumisión. Era un enfrentamiento de ingenio y de perspicacia, donde ambas parecíamos negarnos a quedarnos atrás frente a la otra. Resultaba estimulante y atrayente, un duelo equiparable de mentes despiertas y tenaces. A pesar de mi evidente y desventajosa posición, mientras pudiese formular palabras no pretendía quedarme atrás.

    "¿Cuanto llevas así? ¿Desde que te traje a mi habitación? ¿Desde que nos besamos? ¿Desde antes incluso?"

    —N-Ngh...

    Una corriente eléctrica me recorrió la columna y me hizo arquear la espalda cuando jugó y pellizcó la piel sensible y expuesta, arrancándome el aire de la garganta. Sus palabras se asentaron en mi mente embotada y me pregunté si esa había sido verdaderamente mi intención. Si había acudido a su floristería aquella mañana para olvidar la extraña y acuciante soledad que la partida de Mimi me había dejado. Quizás, para eliminar la ansiedad y la tristeza que sentía al ser cada vez más consciente del inexorable paso del tiempo

    No lo sabía.

    Pero había algo que sí.


    —Lo... mismo podría decirse de ti, ¿cierto? —señalé. A pesar de lo impertérrita y paciente que lucía compartíamos el mismo cuerpo. Uno que permanecía expuesto en ese instante, tan evidente para mí como un libro abierto. Saber que detrás de esa firmeza se escondía una creciente excitación me hizo curvar los labios en una sonrisa, temblorosa pero sugerente—. No... te ves muy distinta a mí. ¿Tal vez haya sido incluso antes?

    Nuevamente cortó mi linea de pensamiento con facilidad cuando sus labios rozaron mi oído. Contuve la respiración ante su cercanía, y me costó en un primer momento procesar sus palabras cuando se separó. La seguí con la mirada, confusa y desorientada, sin comprender qué pretendía hacer a continuación.

    Era... una mujer enigmática e indescifrable. Y eso, sin lugar a dudas, era lo que la volvía a mis ojos absolutamente irresistible.
     
    Última edición: 18 Enero 2026 a las 9:20 AM
    • Fangirl Fangirl x 1
  13.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Por supuesto que yo no estaba en una situación distinta y su audacia al mencionarlo me arrancó una risa baja pero extrañamente entretenida de la garganta. En ningún momento había tenido intenciones de ocultarlo o de negarlo siquiera. ¿Cúal sería la necesidad? Ella lo sabía, yo lo sabía y era cada vez más evidente a medida que nos adentrábamos juntas en las turbulentas aguas de la lujuria más visceral.

    Oh, estaba jugando limpio. Estaba adaptándome a su ritmo y siguiendo sus pasos, pero aprovechándome de algún que otro pequeño vacío legal. Nadie dijo que no pudiera hacerlo. Las pistas, las prendas... podía ser si se quiere una especie de reto, un intento por obtener una amplia gama de reacciones por su parte.

    Desde que nos conocimos en el parque no había hecho otra cosa. Su actitud juguetona y curiosa, sus ansías de libertad, su aparente transparencia que escondía mucho más y su parecido con Lillium... todo estremecía mis sentidos, impulsaba mi deseo y me hacía querer más. Había cierta cuota de ansiedad, una impaciencia no dicha pero ampliamemte mostrada y una necesidad que no pretendía esconder.

    Lo que Clematis no sabía es que apenas había empezado. Estábamos en los preliminares de lo que sería una larga tarde. Ahora que había cerrado Edén, éramos la una para la otra hasta el ocaso.

    Le pedí que cerrara los ojos de nuevo, solícita, y que esperara mi regreso en silencio. Tenía la impresión de que no lo cumpliría en su totalidad, que la curiosidad podría más y me dirigiría miradas furtivas mientras no la estaba mirando. La perspectiva me arrancó una sonrisa traviesa, un escalofrío de deseo por la columna. Era algo que podía tolerar. Por suerte o por desgracia, me resultaban atractivos esos pequeños actos de rebeldía por su parte.

    La cama se hundió bajo mi peso cuando regresé, dejé lo que había ido a buscar en la mesita y me arrodillé a su lado en el colchón. Tenía mil cosas que podía enseñarle, todo un mundo nuevo de sensaciones que ofrecerle. Pero íbamos despacio, adaptándonos a un ritmo que ella pudiera seguir sin sentirse abrumada.

    Mas, y esto debía matizarlo, el hecho de ir despacio también tenía sus pequeños vacíos legales.

    —Las esposas, el collar... todo tiene el objetivo de privarte de algo—le dije. Mi voz se deslizó suave y pausada pero había bajado unas octavas sin pretenderlo—. Las primeras de tu movilidad y libertad; el segundo, de tu independencia. Pero no podría considerar que has probado la experiencia completa hasta que no te haya privado también de algo más.

    Tracé un camino de fuego al bajar mi índice por su piel desde el collar hasta su vientre, lenta e inmisericorde. No le estaba dando lo que quería. De hecho, estaba ignorando deliberadamente las señales de su cuerpo. Les prestaba atención a veces, le concedía un alivio momentáneo... y entonces volvía a negárselo.

    Estaba probando sus límites.

    >>Eres muy sensible, reaccionando de forma tan dulce a todo lo que te hago... pero usar una venda para los ojos agudizará el resto de tus sentidos y te hará más consciente de los sonidos, los aromas y el contacto físico.

    >>No vas a poder verme ni a mí, ni nada de lo que planee hacerte. Solo podrás aguardar, sin saber qué esperar ni cuando, temblando de anticipación—con dedos de raso descendí por su muslo y me entrometí sin pedir permiso en el bajo de su falda, amagando, sí, pero sin ceder—. Aunque ya asumo la respuesta, voy a preguntártelo directamente: ¿Confiarías en mí?
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  14.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Cerré mis ojos, inesperadamente dócil de repente. Pero estaba en lo correcto al intuir que mi curiosidad se interpondría de nuevo; en cuanto giró sobre sus pasos abrí uno de mis ojos, mostrando parte de la picaresca que me acompañaba desde mi más tierna infancia. Recorrí su espalda desnuda, sin prisa, atenta a cada uno de sus movimientos. Por mucho que me inclinase no lograba adivinar sus intenciones, de modo que desistí después de un par de intentos.

    Para cuando regresó sobre sus pasos mis ojos ya se encontraban cerrados, si bien en mis labios se insinuaba una curva leve y delatora. Tan tenue, que bien podría haber sido confundida con un espejismo.

    Mencionó que cada uno de los accesorios que ahora llevaba conmigo buscaban desprenderme de algo. Mi movilidad, mi autonomía, mi libertad. Esta última se revolvía especialmente con mi propia esencia, generando una clara disonancia entre el deseo y la ansiedad que se revolvían dentro de mí. Con el transcurrir de los minutos, sin embargo, la balanza se inclinaba lentamente en favor de la primera.

    Su índice recorrió mi torso hasta desembocar en mi vientre y mi respiración cambió con celeridad, como si hubiese pulsado un simple interruptor con sus dedos. No permanecía en ningún lugar más de lo necesario y comprendí en ese entonces que me estaba poniendo a prueba, adivinando cierta cuota de desafio y divertimento en sus ojos.

    Ugh... No se lo pondría tan fácil. No, señor. Era una Ranger. Entrenaba arduamente cada mañana y había enfrentado situaciones mucho más peliagudas que esta. Necesitaría mucho más para hacerme caer.

    Entonces... ¿por qué estaba suspirando de esa forma cuando coló su mano bajo mi falda?

    ¡C-Céntrate, Liza!


    —¿Una... una venda? —repetí, circunspecta. Arrugué el entrecejo, sopesando el peso de sus palabras mientras cruzaba mis piernas como acto reflejo. El cosquilleo que sentía entre mis muslos solo se intensificó ante su repentina intromisión—. Si me privas del sentido de la vista no podré verte —Señalé, desencantada en cierta medida con la idea—. ¿Cual sería la gracia de eso?

    No podía tocarla, ahora tampoco verla... La idea de sumirme en la más absoluta oscuridad, encadenada y a merced de las circunstancias triplicaba la ansiedad que me comprimía el pecho. Que jugase con mis sentidos de esa forma sonaba absurdamente intenso y opresivo.

    "¿Confiarías en mí?"

    No supe bien de dónde surgió. Pero pese a mis reservas y mi aparente rechazo inicial, el solo hecho de formular esa pregunta hizo que mis labios se moviesen solos. No conocía la respuesta a las demás incógnitas; si me agradaría o no aceptar una privación tan intensa de mis sentidos o vivir la sola experiencia.

    Pero, si su pregunta era si confiaba en ella o no, mi respuesta era tan clara como el agua de un arroyo en una mañana de primavera.

    —Claro que sí —respondí. Fue breve, contundente y cristalino. Por supuesto que confiaba en ella. Y aunque el tiempo de conocernos fuese breve y la razón se opusiese a los hechos, en mi corazón no había lugar para otra respuesta. Apreté los ojos, armándome de valor para la locura de proporciones épicas que estaba a punto de cometer—. "Darle a la otra persona la capacidad de destruirte pero confiando en que no lo hará". En eso se resume todo, ¿no es así?

    Me incliné hacia delante, dándole acceso a mi nuca para que atase más cómodamente la venda alrededor de mi rostro. Tomé una bocanada de aire, infundándome de valor.

    >>Entonces hazlo.
     
    Última edición: 19 Enero 2026 a las 4:34 PM
    • Fangirl Fangirl x 1
  15.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya
    —Cariño, esa es exactamente la gracia—se me escapó una pequeña risa entretenida. Con mi mano libre, le di un toquecito juguetón en la nariz—. No se trata de ver, se trata de sentir.

    Simplemente aguardé por su respuesta, sin presionarla y sin insistir. Yo era quien la estaba guiando pero era ella quien marcaba el ritmo de toda esta interacción. Era yo y no ella quien se estaba adaptando a su paso, quien buscaba ofrecerle una experiencia segura y confortable. Estaba bastante segura de que habría personas que no me considerarían una verdadera dom por el trato gentil y cuidadoso que ofrecía, pero no podía importarme menos las conceciones que terceros tuviesen sobre mí. Mis flores no merecían menos que cuidado, paciencia y atención, especialmente en momentos tan vulnerables.

    Para mí la sumisión no era un derecho, era un regalo. Era confianza y entrega absoluta y yo la apreciaba como tal. El control tanto físico como psicológico no valía nada sin confianza. Y la mejor forma de honrarla, era ofrecer un ambiente de escucha y validación.

    Su respuesta me suavizó el gesto, extendió un calor agradable desde mi pecho hasta la punta de mis dedos y dulcificó mi sonrisa. No lo había dudado un solo segundo.

    Con movimientos suaves deslicé la venda negra sobre sus ojos y la até hábilmente detrás de su cabeza. Las esposas, el collar, la venda... estaba tomando paso a paso pedazos de su autonomía, aceptando el control que me ofrecía mientras colocaba sumisamente su confianza en mis manos.

    Tenía las mejillas tintadas de rojo y marcas de pintalabios dispersas de forma arbitraria sobre su cuello y la línea de su mandíbula. También se le había corrido parte de su propio carmín. Sus orejas estaban rojas y el rubor se le extendía desde el cuello al pecho. No era solo vergüenza o pudor, era genuina excitación sexual.

    Y me hacía arder por dentro como un fuego vivo.

    —Ah... ojalá pudieras verte ahora—le dije levándole el mentón con los dedos—. Te ves absolutamente adorable.

    >>¿Cómo te sientes?—recorrí su gesto con la mirada buscando cualquier signo de incomodidad que no quisiera mencionar en voz alta. No podía ver y aunque abriese los ojos, solo captaría una profunda e insonsable oscuridad—. Puede que tardes un poco en acostumbrarte. Tómalo con calma. Si te sientes angustiada solo tienes que decírmelo.

    >>Ven mi amor, siéntate—tiré de la argolla del collar y en el momento en que su cuerpo se incorporó me presioné contra su espalda. Rodeé su cintura con mis brazos y descansé mi mentón sobre su hombro—. Eso es, justo así. ¿Te gusta cuando te felicito? Puedo hacerlo mucho más si solo sigues siendo así de obediente para mí.

    En un ademán travieso mordisqueé el lóbulo de su oreja y tiré levemente de él hasta que pude obtener un gemido ahogado por su parte. Su sensibilidad me enardecía y su sumisión era un absoluto deleite para mis sentidos.

    Suspiré contra su oído y ahogué un gemido bajo sobre su piel cuando su espalda rozó las sensibles protuberancias de mis senos desnudos. Mis manos se deslizaron sin prisas por sus costados enviando descargas de placer inesperado por su espina dorsal. Su cadera, su cintura, el bajo de su vientre y el interior de sus muslos... apretaba su piel entre mis manos, la rozaba con las uñas, pero no me detenía mucho tiempo en ningún lugar.

    >>Estaba pensado que al final no te recité los primeros versos de Oda a la Primavera...—murmuré a la altura del oído con un tono bajo y sedoso— supongo que tendremos que dejarlo para después.

    >>Ahora, ardo en deseos de verte florecer para mí—rodeé sus senos ahuecándolos en las palmas de mis manos y un chispazo repentino me erizó la piel cuando la sentí estremecerse y arquearse con absoluta sumisión. Después de haberla tentado durante tanto tiempo, el contacto directo fue suficiente para provocarle una reacción así de intensa.

    Tuve que sostener la cadena que unía sus esposas y empujar sus manos hacia abajo para sujetarla e impedir que se estremeciese más de la cuenta.

    Quería que se centrase en el momento presente y en las sensaciones que experimentaba y que la recorrían como pequeñas descargas de electricidad. Quería que dejase de pensar, que su mente se vaciase de cualquier otro pensamiento que no estuviese relacionado con el aquí y el ahora.

    Con el pasar de los minutos decidí ser consecuente y mi tacto dejó de un simple roce esporádico para convertirse en algo más firme y directo. Aunque no era suficiente y no lo sería hasta que no me lo pidiese. Rocé las sensibles protuberancias de sus senos con el pulgar, tracé círculos concéntricos y los pellizqué con mi mano libre, inmisericorde.

    Llené la piel de su cuello que el collar dejaba expuesto de marcas de pintalabios y de un penetrante olor a rosas. Era elegante, dulce y sofisticado. Las rosas simbolizaban la pasión y no había una flor que encajase mejor con nosotras en ese momento. Si Clematis se fijaba, notaría que no solo mi aroma era tal, si no también el de las sábanas entre las que se retorcía, frágil, presa de las sensaciones amplificadas por la venda en sus ojos.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  16.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,937
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Por mucho que se explicase no lograba verle el encanto. No poder reparar en sus expresiones, o en la sombra de la lujuria permeando sus ojos era como despojarle de su pincel a un artista. Y sin embargo, pese a mi notoria reticencia, le permití deslizar aquella venda de seda sobre mis ojos, fundiendo mi mundo a negro.

    Lo primero en lo que reparé con el correr de los segundos, sumidas en un confortable silencio, fue en el insistente latido de mi corazón inquieto. Qué extraño, sonaba... más cerca que de costumbre. ¿O tal vez el sentido de mi oído se había agudizado? Reparé en el sonido de mi respiración, tensa y contenida, en sincronía con el desasosiego que me generaba los primeros minutos de zozobra. Era como verme atrapada en un abismo insondable del que no tenía escapatoria.

    Entonces la sentí. Sus dedos inclinaron mi mentón y me hicieron, de alguna forma, enfocarme por completo en su presencia, dejando el abismo y la ansiedad atrás. Sentí su fragancia, elegante y dulzona; su voz sedosa y aterciopelada y la suavidad de sus dedos sobre mi piel, prendiendo mi rostro en llamas.

    "¿Cómo te sientes?"

    —Es... raro —le dije a media voz, frunciendo ligeramente el ceño—. Me angustia no poder ver pero a su vez todo se siente más... cerca. Como si fuera un poco más consciente de la realidad —solté el aire por la nariz, incrédula—. ¿Tiene eso sentido siquiera?

    Pronto comprendería la trascendencia de sus palabras. Porque en el momento en el que me instó a sentarme sobre el colchón y sentí su cuerpo presionándose contra mi espalda, toda mi piel se erizó, estúpidamente sensible y receptiva. Me preguntó si me gustaba que me felicitase y el corazón me dio un vuelco en el pecho, soltando un sonidito ahogado presa de la vergüenza. ¿En qué momento se había dado cuenta? ¿De verdad era tan obvia?

    —No, eso no es... ¡A-ah!

    Traté de negar la realidad, pero entonces Ai se inclinó sobre mi oído, maliciosa, atrapando mi lóbulo entre sus dientes y arrancándome un gemido inesperado. Era... imposible centrarse así. Todo se sentía el doble de intenso, el doble de vívido, y no sabía qué demonios hacer con el placer que el simple concepto me estaba generando. ¿Cual era la ciencia detrás de esto, perder un sentido para amplificar el resto? ¿Cómo Giratinas podía ser tan efectivo?

    Las luces de mi raciocinio titilaron a medida que su tacto me enviaba descargas cada vez más intensas por mi columna. Se deslizó por mis costados, mi vientre y el interior de mis muslos, tentativa, derritiéndome bajo sus caricias y el dulce gemido que amortiguó sobre mi piel. Me presioné contra su pecho, arqueando mi espalda ante las sensaciones, y tensé los dedos de los pies cuando sus manos ahuecaron mis senos. Fue un roce tan directo y tan focalizado al fin que me hizo retorcerme de placer sobre las sábanas, embriagada por el aroma que impregnaba la habitación.

    Sus labios no buscaron darme tregua y crearon un sendero de besos sobre la de por sí sensible piel de mi cuello. Lentamente la calma y el sopor de la tarde fueron sustituidos por suspiros incontenibles y el tintineo de las cadenas sobre el cabezal, esporádicas, advirtiendo de las notables diferencias en las reacciones de mi cuerpo.

    —Ai... Mngh... —murmuré, agitada y vulnerable—. ¿Cómo... cómo es posible? Se siente... demasiado intenso con muy poco —Me presioné un poco más hacia atrás, buscando sentirla más cerca—. ¿...De verdad es por la venda?
     
    Última edición: 21 Enero 2026 a las 2:18 AM
    • Fangirl Fangirl x 1
  17.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    6,401
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Ai Mamiya

    Clamatis pareció contrariada al inicio, tensa, pero a diferencia de las esposas su cuerpo no amagó por intentar quitarse la venda. Quizás y como ella misma había mencionado con anterioridad, solo necesitaba no solo acostumbrarse si no permitirle a su cuerpo comprender que no se trataba de ninguna amenaza.

    Mencionó que le angustabia pero también que la realidad se sentía de alguna manera más real y la incredulidad le tiñó la voz cuando preguntó si eso era siquiera posible. Me mordí la sonrisa en los labios. Su inexperiencia me resultaba sumamente tierna, como un pokemon recién salido del huevo al que estaba ayudando a descubrir el mundo.

    —Mhm-mhm—le respondí suavemente, maternal—. Eso es exactamente lo que quiero que sientas. Al no poder ver debes de apoyarte en el resto de tus sentidos para captar el mundo y evadir peligros. Por eso el tacto, el oído, el olfato... incluso el gusto se agudizan.

    Tener este tipo de experiencias con chicas inexpertas era algo común para mí. Me gustaba guiar e instruir, tomar sus manos y permitirles un pequeño vistazo del que llevaba años siendo mi mundo. Desde que Lillium me lo mostró. Al inicio, también había sido angustiante y extraño, y había dudado de mí misma, cuestionándome si esas emociones, si esas inclinaciones que tenía eran válidas o no. Mis padres no me habían educado así. Tendía a esconderme, a huir de mí misma y a pensar que terminaría casada con un apuesto caballero de esas novelas románticas que tanto apreciaba leer en el silencio de la tarde. Me decía que era lo correcto, lo que se suponía que debía hacer... Pero en mi fuero interno, detestaba la simple idea de imaginar las manos de ese hombre sobre mi piel desnuda.

    Con el tiempo decidí dejar de preocuparme y permitirme disfrutar todo lo que me había negado por años, sin prejuicios, sin miedos, sin ocultamientos. Lillium abrió la puerta y me mostró todo lo que desconocía.

    Que yo era una Dionaea, una planta carnívora.

    Y que estaba hambrienta.

    —No, eso no es... ¡A-ah!


    —Oh cielos...—casi ronroneé cuando intentó negar la realidad tan roja como los pétalos de una rosa. ¿De verdad había creído que no notaría como se le agitaba el pulso cada vez que reconocía su esfuerzo?— ¿Entonces estoy equivocada? Estaba segura de que mi pequeño brote de primavera era una buena chica a la que le gustaba recibir cumplidos cuando hacía las cosas bien. Qué descuidada por mi parte...

    Rezongué con fingido pesar y tiré de la argolla del collar para forzar a su cuerpo a inclinarse ligeramente hacia delante. En el momento en que lo hizo, sembré un pequeño camino de besos por sus hombros y su nuca, uno en cada vértebra hasta la mitad de su espalda y de regreso al punto de partida. Cada ligero chasquido de mis labios al separarse de su piel era para ella perfectamente audible y lo acompañaba un ligero escalofrío, un chispazo de placer culpable.

    Atrapé su piel ente mis dientes sin apretar, sin marcarla. No buscaba dejar signos de pertenencia, incluso si en esos instantes, con el peso del cuero alrededor de su cuello me pertenecía. Todo lo que pretendía era regalarle sensaciones y experiencias.

    Un mordisco algo mas brusco de lo normal pero sin resultar doloroso, una caricia con la punta de los dedos alrededor de su ombligo, erizándole la piel y tensando sus músculos... otro ligero pellizco en un pezón. Me estaba asegurando de que su piel estuviese lo más receptiva posible, de que el simple roce de mis dedos alrededor de su cintura fuese suficiente para hacerle arquear las caderas en busca de una fricción directa.

    —La venda amplifica tus sentidos, de hecho, pero no es lo único—le respondí—. Llevo todo este tiempo tentándote y jugando contigo y sin embargo no te he dado nada lo que necesitas. Cuando finalmente lo obtengas, también se sentirá más intenso.

    Suspiré pesadamente cuando se apretó contra mí, mis senos presionados en su totalidad contra su espalda. Me enloquecía, era algo que no pensaba negar. Era una chispa, un incendio... un cortocircuito brusco e ineludible a mis sentidos. Ese fuego que crepitaba, crecía y lamía mi piel como si pretendiese derretirla.

    Mientras jugaba con su impaciencia, también me estaba torturando a mí misma.

    Apreté sus muslos con ambas manos y cuando flexionó las rodillas, inquieta, volví a deslizarlas hasta el interior de estos, acariciando su piel con movimientos circulares y ascendentes.

    —Estás temblando...—observé junto a su oído. Mi voz se arrastró baja y pausada en un ronroneo grave y terso—. Me pregunto cuanto tiempo más aguantarás así. Debes de estar hecha un desastre un poco más abajo. ¿Vas a mojar mi cama si te quito la ropa interior?

    Llevé una de mis manos a su mejila y el pulgar a la altura de sus labios. Los acaricié tiernamente e hice una ligera presión sobre ellos, separándolos con un sonido húmedo como si mi intención fuera adentrarme en su boca.

    >>Oh, mi amor. Si eres honesta y me dices lo que quieres, puede que te de una pequeña recompensa.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
Cargando...
Similar Threads - [Pokémon Championship]
  1. Naiki
    Respuestas:
    25
    Vistas:
    1,652

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso