Ciencia ficción Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 16 Noviembre 2025.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    5826
    Un saludo a todos los que se aventuren a leer esto, ya sean curiosos o conocedores de este universo ficticio, bautizado como Los Viajeros. Antes de dejaros con el comienzo de la parte II (tenéis las guías de personajes, la cronología y demás en mi blog), quiero agradecer a mi gran amigo Agus estresado por estar siempre aquí, disfrutando (aunque no siempre XD) con esta historia de mi autoría. Espero que esta parte que se viene sea de su agrado en términos generales. Dicho esto, ¡hora de leer!


    El fuego prueba al oro. La adversidad prueba al hombre”.

    Séneca





    Sinopsis: La expedición clandestina orquestada por Akkor ha dado comienzo, teniendo que entregar un cargamento misterioso a los kharaket, una especie inteligente con la que los anixis contactaron en el pasado y con la cual el representante superior tiene un pacto secreto. Por otro lado, en Ibos, parte del grupo tiene decidido enfrentar el lado corrupto del Consejo Superior pese a las consecuencias que puede tener semejante movimiento. ¿Podrá la expedición cumplir con su misión y regresar a Ibos en el mismo intento? ¿Lograrán los aliados derrocar el poder tiránico de sus enemigos sin perder sus vidas en el proceso?




    Conflicto





    Tres semanas después


    Estar lejos de tu hogar puede ser difícil, pese a que puedes sentir el calor de tus seres queridos, brindándote energía allá donde estés. Nunca he recordado un instante en el cual mi vida fuese fácil; nunca lo fue. Desde el momento en el que nací estaba destinado, inconscientemente, a cargar con un legado que desconocía pero con el que tenía un vínculo inquebrantable. Mi madre nos educó sola, a mí y a mi hermana, conforme pudo. Pero éramos una familia más grande; amigos, hermanos… pronto descubrí que ellos también eran mi familia. Y pese a mi deseo de partir, de ver otros mundos que deleitaran mis ojos, mi corazón siempre estaba con ellos. Lo sigue estando esté a los años luz que esté de mi familia. Volveré a casa aunque sea lo último que haga.


    Jackon esquivó con asombrosa facilidad el golpe directo de su oponente, pese al largo rato que llevaban enzarzándose entre sí sobre la lona predispuesta para el conflicto amistoso. Aunque a la hora del conflicto nadie era amistoso.

    La sudor recorría sus rostros mediante diversas y pequeñas gotas que se formaban debido al exigente esfuerzo físico que estaban teniendo durante una larga hora, pero eso no impedía que los combatientes siguiesen dando lo mejor de sí. Ninguno de los dos había sido derribado por más de cinco segundos sobre el área delimitada para la lucha, siendo una norma que ambos impusieron una vez estuvieron de acuerdo.

    Aquellos que espectaban el encuentro a pocos metros de distancia no podían evitar murmurar, asombrarse e incluso aplaudir los diferentes movimientos. El comandante de la expedición estaba enfrentando a su viejo conocido neoniano, quién le propuso una pelea al comienzo de la misión.

    — Son increíbles — Musitó Young, dándole un pequeño toque a quien tenía a su lado — ¿No te lo parece?

    — Sublime, desde luego — Contestó Ernu, uno de los anixis que formaba parte de la cruzada clandestina — Aunque sus movimientos ya empiezan a ser predecibles. El agua termina desgastando al metal.

    Kairos enlazó una serie de patadas a la altura de la cintura que Jackon se vio obligado a bloquear, contraatacando con un gancho indirecto de izquierda que terminó por convertirse en un amago, pues el humano pateó con su pie derecho a la rodilla de apoyo del neoniano, haciendo que éste se inclinase hacia él para finalmente asestarle un puñetazo contundente en el rostro.

    El derribo fue instantáneo y tras el se escucharon algunos vítores por parte de aquellos que observaban el entrenamiento de alto nivel entre el comandante de la expedición y uno de sus miembros.

    — ¡Y eso son cinco segundos en la lona! — Indicó con energía aquel que hacía de árbitro, siendo este Yeved, otro de los neonianos presentes — ¡Oficialmente el ganador es el comandante Vaalot! ¡Y ya son tres seguidas!

    El líder de la expedición levantó el puño en señal de victoria y algunos de los presentes le aplaudieron el gesto, a excepción de unos pocos que aún no habían terminado de entrar en la dinámica del grupo.

    Las diferencias entre todos ellos eran notables, pero mientras algunos las habían dejado a un lado para colaborar en el éxito de la misión, otros se habían mantenido fríos y distantes en todas las ocasiones en las que había que interactuar.

    Jackon tenía un labio partido, pero eso no le importaba en absoluto. Estaba celebrando haber derrotado en un combate cuerpo a cuerpo a Kairos, quien se estaba incorporando ayudado por Yeved y Horn.

    — Buena pelea, jefe — Kent le tendió una mano a su superior mientras con la otra se encajaba de nuevo la mandíbula — Pero no te descuides, no perderé la revancha.

    — La estaré esperando con ansias, compañero — Sonrió Vaalot con cierta prepotencia.

    El comandante alzó la vista una vez se saludó cordialmente con el neoniano, momento en el que se percató de la presencia, a cierta distancia —casi al fondo del gimnasio—, de Oda.

    La inteligencia artificial con forma humana se encontraba seria y de brazos cruzados, habiendo observado toda la pelea. La robot ya le había dejado claro a su superior que no aprobaba esas cosas.

    — Jackon, ha sido increíble de ver — La ingeniera Yazuke se aproximó a él, comprobando la herida que éste tenía en el labio — Déjame ver.

    — No es nada — Musitó él, restándole importancia — Luego le diré a Uldi que le eche un vistazo.

    — Podría hacer eso yo, ahora — Insistió la asiática, mostrándose amable y servicial.

    — Ahora no — Dijo Vaalot, tajante — Te lo agradezco, Mia, pero me voy a duchar y enseguida debo preparar el descenso de mañana.

    — Es cierto… mañana llegamos a las coordenadas marcadas — La mujer no parecía muy entusiasmada con la respuesta de su líder y con la misión en si — ¿Qué sabemos sobre ese mundo?

    — Tenemos los datos, mañana os los comunicaré a todos justo antes de partir a su superficie — Jackon se veía un tanto serio, como si ya se hubiese instalado en su mentalidad de comandante — Si me disculpas…

    — Por supuesto, comandante.

    El hombre se dirigió a la salida mientras en el proceso algunos de sus soldados e ingenieros le felicitaban por la victoria. Un tablón electrónico marcaba los combates que ya se habían dado entre los miembros de la expedición que quisieran participar, siendo tres victorias para Jackon, dos para Kairos y otras dos para Brokad, el neoniano con implantes tecnológicos.

    Evidentemente no todos habían decidido participar en esos combates, por lo que todavía quedaban muchos posibles emparejamientos y por ende muchas luchas de lo más interesantes entre soldados tan dispares.

    — Jackon — Oda frenó el avance del comandante, quién pasaba por su lado para salir de esa amplia sala que contenía armería y gimnasio — Te necesitamos en la mejor forma para mañana. No me parece correcto haber empleado tu energía física de hoy en una pelea irrelevante para nuestros intereses.

    — A veces pareces un robot, Orenda — Le dijo Vaalot con cierta ironía, quitándole hierro al asunto — Estoy bien, tengo energía para hoy y para mañana tendré mucha más.

    — Mañana podría ser el encuentro con los kharaket y no sabemos cómo van a reaccionar, pese al acuerdo que tengan con Akkor.

    — Soy consciente de ello, pero contamos con Ikviek y Ernu. Ambos conocen a los kharaket y podrán advertirnos de sus movimientos.

    — Eso no significa nada — Insistió la IA con forma humana, tratando de no hablar alto para llamar la atención de otros — Lo que sabemos por parte de Akkor es que les corresponde la entrega de un cargamento, pero no sabemos ni que contiene esa caja ni que pretenden esos alienígenas. Simplemente te digo que seamos cautos, nuestra prioridad es regresar a Ibos.

    — ¿Te crees que no lo sé? — Jackon se sentía constantemente vigilado por Oda y así se lo hizo saber — No eres mi niñera y yo soy el comandante. Sé muy bien lo que hago.

    A esas palabras las acompañó la espantada de Vaalot, que se marchó rápidamente del lugar mientras Orenda permanecía quieta, procesando todo lo que el humano le había dicho.

    Para una robot que no tenía emociones como tal pese a que las reconocía, todo era interpretado de una forma más analítica y lógica, por lo que no se tomaba personal nada de lo que se le dijese. El resto de tripulantes que estaban presentes en el área, a excepción de unos pocos, decidieron marcharse también del lugar.

    Fare, la científica de la nave Explorario, pasó por al lado de Oda y pensó que podría estar preocupada por el comandante Vaalot, pues les había visto hablar.

    — No te preocupes por el comandante, Orenda — La syleriana de aspecto delgado y fino decidió mostrar su afecto al colocar una de sus manos en el hombro de la ‘humana’ — Es más inteligente y fuerte de lo que parece, al menos para mi.

    Oda asintió, mostrando una falsa sonrisa.

    Y es que la mujer robot debía disimular las emociones humanas —que eran casi las mismas que las del resto de especies— para pasar más inadvertida, puesto que mostrarse con total frialdad o seriedad podría extrañar a muchos de los tripulantes, pese a que no todos eran especialmente emocionales con los demás. Sin embargo, sabía que era muy relevante el crear conexiones de ese calibre con otros miembros de la expedición para así tener posibles aliados para sus intereses si se prestase el momento para la ocasión de necesitarlos.

    Todos se marcharon de la armería/gimnasio a excepción de Nosh, que decidió quedarse en el banco de trabajo para realizar una serie de modificaciones a un Flasher por el cual se quejó Ikviek, ya que según él durante su práctica en la misma sala —donde también estaba la galería de tiro—, el arma no respondía del todo bien a las órdenes de disparo cuando éste apretaba el gatillo.

    Y sabiendo que el humano era uno de tantos que tenía dotes de ingeniería, recibió el pedido por parte del ex soldado anixis, que veía en Nosh a un tipo callado e introvertido que apenas había interactuado con nadie durante todo este tiempo, a excepción del propio Ikviek.

    — ¡Te he dicho que mis modificaciones funcionan perfectamente!

    Nosh escuchó de pronto como varios pasos resonaban en dirección a su área de trabajo, volteándose para ver que efectivamente así era. Brokad, el neoniano que tenía por extremidades piezas de ingeniería robóticas —piernas y brazos a los cuáles se les podían ver todas las piezas, expuestas a la vista de cualquiera— llegaba hecho una furia y persiguiendo a Kris, syleriano y otro de los ingenieros presentes en la expedición.

    Éste elevaba sus ojos al cielo en señal de agotamiento mental, lo cual le producían las incesantes quejas y reproches del soldado neoniano. Ninguno de los dos prestó especial atención al humano que se encontraba reparando uno de los Flasher de la armería.

    — ¡Vale, Brokad, déjame en paz! — Exclamó Kris, girándose para confrontar al soldado — ¡Solo te he dicho que les vendría bien contar con una capa metálica como protección para evitar que se deterioren las piezas más rápidamente!

    — ¡No quiero ninguna protección de esas! — Contestó Brokad con arrogancia — ¡Además, tal cuál están dan más miedo!

    — ¡¿Qué te hace pensar que los kharaket o cualquier especie pueda temerte por llevar implantes cibernéticos como extremidades?!

    — ¡Parezco una máquina andante, Kris! ¡Puedo correr a más velocidad que cualquiera de esta nave, puedo trepar más ágilmente y no puedo quedarme sin extremidades en combate!

    — Si puedes, solo basta con que varias balas impacten en los conductos que enlazan con tu sistema nervioso y quedarían inutilizadas.

    — ¡Ninguna maldita bala va a penetrar todas las capas!

    — ¡Maldito idiota! ¡¿Qué capas?! ¡Llevas cero protección!

    — ¡La protección es para inútiles que tienen miedo! ¡Yo no temo a nada!

    — ¡Pues mucha suerte si hay algún tiroteo ahí fuera!

    — ¡Parece que la toxicidad de Syleria la lleváis los sylerianos en la sangre!

    Brokad decidió terminar la discusión ahí, emprendiendo el camino hacia la salida y dejando a Kris allí mismo, a solas con Nosh. Ambos ingenieros se miraron entre sí mientras el syleriano negaba con la cabeza, apoyando sus manos sobre su propia cintura en un claro gesto desalentador.

    — Hola — Rath, la neoniana psicóloga y experta en el contacto con otras especies, apareció repentinamente en la zona — ¿Por casualidad no habéis visto a Ikviek? Le toca una sesión conmigo.

    — No, no lo he visto — Murmuró Kris, al mismo tiempo que Nosh negaba con la cabeza sin decir palabra alguna — Si lo vemos, le diremos que le esperas…

    — En mi camarote — Explicó ella — Allí trato a la tripulación, ya que no tengo una sala habilitada.

    — Bueno, dínoslo a nosotros los ingenieros — El syleriano señaló toda la sala en la que se encontraban, la cual compaginaba armería, gimnasio y banco de trabajo a la vez.

    Rath asintió sin querer proseguir más de la cuenta con esa conversación, decidiendo por el momento seguir buscando al soldado anixis con el cual tenía una conversación pendiente. La neoniana avanzó por los diferentes pasillos de la Explorario, pero no encontraba a Ikviek hasta que se dio de bruces con él saliendo del almacén previo al puente de mando.

    — Tenemos una sesión — Indicó ella, un tanto molesta por tener que ser la que fuera a buscarle a él.

    — Disculpa, Rath — Musitó él, señalando al puente de mando — Pero no podrá ser hasta dentro de un rato.

    — ¿Y eso por qué…?

    El soldado señaló directamente a Plaxor, que se encontraba en el puente de mando junto a Horn y Jackon, al parecer en lo que estaba siendo una discusión acalorada entre el ex consejero anixis y el comandante junto a su piloto.

    Ikviek no estaba dispuesto a perderse la oportunidad de ver que estaba ocurriendo para aportar su punto de vista, pues el ex soldado chocaba fuertemente con las ideas de su antiguo general en el ejército superior y siempre aprovechaba cualquier ocasión para confrontarlo.

    — ¡Ya te he dicho que deberíamos descender con las lanzaderas, no con la Explorario! — Plaxor estaba bastante cerca del piloto humano, que sin embargo, no le tenía miedo aparentemente — ¡No podemos exponer la nave a ningún contratiempo y Pateliala es un mundo difícil!

    — ¿Qué está pasando aquí? — Ikviek no se lo pensó dos veces a la hora de intervenir en esa tensa discusión, siendo acompañado por Rath — ¿Otra queja más sobre el proceder de los demás?

    — Habló el saboteador número uno — El ex general del ejército superior atacó al que fuera su ex soldado en un tiempo pasado — No tienes ni voz ni voto en esto.

    — De hecho, sí lo tiene — El comandante Vaalot confrontó también al anixis que Akkor había metido en la expedición para controlar el curso de esta — Toda la tripulación tiene derecho a hablar porque así lo quiero. Aunque el que toma las decisiones soy yo.

    — Recuerda que quién manda es Akkor, tú solo eres su experimento favorito — Plaxor apretó los puños y los dientes al decir eso — Como iba diciendo, no podemos aterrizar con la nave en Pateliala. Hace un largo tiempo de la última vez que se hizo el contrabando con los kharaket y el punto de encuentro podría estar comprometido, además de que las condiciones climáticas no son muy favorables ahí.

    — La IA de la nave está realizando el escaneo planetario — Indicó Horn, el piloto, de brazos cruzados y gesto indiferente ante las quejas del ex consejero — Para el descenso de mañana tendremos toda la información.

    — ¿Has mandado mensaje a la baliza que detectamos al entrar al sistema? — Jackon sabía que debían informar a la especie dominante de la zona sobre su presencia — Deben saber que estamos en las coordenadas.

    — Lo hice, pero no hubo respuesta — Musitó el piloto humano, alzando los hombros — Ha pasado un día completo y nada.

    — Esto no me gusta… — Plaxor era pesimista por naturaleza.

    — Aquí debo coincidir con el gruñón — Indicó Ikviek, un soldado veterano con bastante experiencia en su campo y sobre los kharaket — Si no contestan, es extraño. Propongo descender armados y con una de las lanzaderas, ser un equipo pequeño nos vendría bien para analizar la situación y no exponernos a todos. Eso sí, sin el cargamento.

    — Concuerdo contigo, Ikviek — El líder de la expedición pensaba prácticamente lo mismo — Plaxor, no es mala idea la tuya, ya ves que podemos trabajar todos juntos. Pero tu actitud lo complica todo.

    El ex consejero lanzó un gruñido como respuesta y optó por marcharse del puente de mando, dejando a solas a los dos humanos, al anixis y a la neoniana. Fue precisamente esta última la que se quedó mirando a Plaxor, consciente de que le vendría bien tener una sesión con ella para expresar el porqué de toda esa ira en su interior. No obstante, ya habría tiempo para ello.

    La psicóloga —y a su vez exploradora— del navío vio como Horn realizaba una serie de comandos en el puente con el objetivo de aproximar la Explorario al planeta de nombre Pateliala. Todo esto mientras Ikviek le comunicaba algo al comandante de la misión.

    — Sabes que este tipo va a darnos problemas, ¿verdad?

    — Lo suponía desde el principio.

    — No sé si lo has pensado, pero él es el único enlace directo con Akkor — Dijo el veterano anixis en un tono bajo para evitar que Rath o Horn le oyesen — Y sé que como soldado que eres, tienes un plan para regresar a Ibos. Pero no todos aquí queremos regresar a ese mundo.

    — ¿Quieres irte al planeta donde están el resto de exiliados?

    — Seguro que allí las cosas son más justas que con el Consejo Superior.

    — Allí siguen dependiendo del Consejo.

    — No completamente. Según tengo entendido, hay un sistema el cual hace funcionar todo allí.

    — Bueno, por el momento la misión es…

    — Esta misión solo le interesa a Akkor y Plaxor — Ikviek estaba siendo completamente sincero con el comandante respecto a lo que pensaba — A menos que los kharaket sean útiles para ti, no entiendo el motivo por el cual seguimos haciendo esto, cuando podríamos lanzar a Plaxor por una esclusa al espacio exterior y volar hacia las coordenadas del planeta de exiliados.

    — No tenemos esas coordenadas, Akkor nos las dará cuando terminemos con esto — Jackon había pensado en todo — Comprendo que tengas tus metas, Ikviek, pero necesitamos cumplir con la misión antes de siquiera planear qué hacer. Además, como bien dices, los kharaket podrían ser útiles.

    — En base a mi experiencia con ellos, solo son un lastre — Murmuró el anixis, que no se veía por la labor de seguir tratando ese tema — En fin, tú verás, Vaalot. Supongo que Akkor te designó comandante de esta expedición porque al final sabía que obedecerías como un siervo.

    Jackon vio como Ikviek se marchaba del puente de mando y no pudo evitar sentir como un brote de rabia le recorría el cuerpo, pues esas palabras por parte del anixis eran un claro ataque sutil a la parsimonia con la que el actual comandante se tomaba sus intereses respecto la misión. Sin embargo, el humano decidió serenarse, sabedor de que sus objetivos no habían cambiado pero entendiendo que por el momento necesitaba seguir el plan establecido.

    Su instinto le decía que los kharaket podrían ser útiles de alguna forma, por lo que no quería desaprovechar esa oportunidad, además de que le intrigaba ver que tipo de cargamento transportaban pese a que por el momento no tenían forma de abrirlo.

    Fuese lo que fuese, el comandante Vaalot alzó la vista y la centró en Pateliala, un mundo de color blanco ante sus ojos el cual sería su próximo destino.

    […]

    El humo de un cigarrillo se elevaba hacia arriba con lentitud, creando diversas formas gracias al movimiento del aire en una corriente de viento producida por varias ventanas abiertas.

    El bullicio de la ciudad de Vianus en su frontera con el exterior era menor que en el centro, pero eso no evitaba que los sonoros trabajos de reconstrucción en la zona no se colasen al interior de los apartamentos.

    Dicho cigarro se encontraba sobre un escritorio, concretamente en un cenicero que se veía impoluto hasta que el tabaco empezó a dejar caer la ceniza mientras se iba consumiendo.

    Kendall observaba como aquello que había sido su vicio durante los primeros años en Ibos, se evaporaba con el paso del tiempo ante sus ojos. Un humo blanco y espeso producido por el fuego que ardía en el interior del pitillo daba al detective la posibilidad de imaginar formas con el, gracias a como se mecía en el aire con suavidad. El hombre se tocó el costado derecho de su torso, sintiendo la cicatriz casi imperceptible que le había dejado la operación que tuvieron que realizarle.

    Ahora solo contaba con un pulmón natural y otro artificial, que era el que le habían implantado tras perder el suyo propio.

    — ¿Kendall…? ¿Estás ahí?

    Xom alzó la vista y la centró en la puerta de su pequeño apartamento.

    Su vista se topó con la pantalla que producía el humo del cigarrillo. El detective abrió el primer cajón de varios con los que contaba su escritorio y sacó de este un Striker reconvertido a pistola, dejándolo sobre la mesa.

    Tras unos segundos de completo silencio solo interrumpido por el sonido de la productividad de un nuevo día en Vianus que entraba por las diversas ventanas abiertas, el hombre dio el visto bueno a esa visita.

    — Estoy aquí. Pasa.

    La puerta ya estaba abierta, así que el visitante solo tuvo que accionar el pomo para obtener el acceso al despacho del detective. Kendall ni se inmutó cuando vio entrar al representante de la Alianza Interestelar de Especies, aquel que le contrató para una misión clandestina que terminó evaporándose como el humo de ese cigarrillo que estaba por apagarse solo.

    Omnius se quedó de pie frente al detective, mirando por un momento ese cigarro que emitía constantemente su toxicidad al ambiente del lugar.

    — ¿No lo habías dejado?

    — Ni lo he tocado — Musitó Kendall, sin mirar directamente a los ojos de su principal líder — ¿Qué quieres, Om?

    — Saber cómo estás — El syleriano tomó asiento frente al anfitrión — Desde que te dieron el alta que no he sabido nada de ti. Y de eso ya hace más de una semana.

    — ¿Qué quieres, Om? — El humano sabía que no estaba allí simplemente por conocer su estado de salud — ¿Esperas que te dé las gracias por haber hecho un trato que salvara mi vida?

    — Bueno, no me quejaría si me lo agradecieras.

    — Pues no lo vas a oír de mi boca — Contestó Xom, tajante — Salvaste mi vida a costa de la de otros que se han ido exiliados y a los cuáles probablemente no volvamos a ver. Hubiese preferido mil veces antes que guardaras la confesión de Relic y yo hubiese muerto.

    — Ken, no me creo que pienses así…

    — ¡Yo no tengo a nadie aquí conmigo! — Exclamó el detective, golpeando la mesa con sus puños — ¡Jackon tiene a su hermana y su pareja aquí! ¡Otros exiliados también tienen a sus familias!

    — Tú eres familia mía y del grupo, amigo — Paokt intentaba justificar su decisión desde que la tomó, pese a que nadie de aquellos a los que consideraba de su familia les convenciese — Jackon, Kairos, Mia… han sido exiliados, sí. Pero no están al borde de la muerte como lo estabas tú. Yo os metí en esto y no quería perder a nadie. La muerte de Eeron aún pesa…

    — Ser exiliado bien podría significar acabar muerto allá donde sea que hayan sido llevados — Le contra argumentó el hombre con rasgos asiáticos — Me da igual que sea una colonia y que el Consejo la provea de suministros o no, de que tengan un sistema de gobierno o un líder allí… es un mundo sin ley. Y has dejado que los nuestros se fueran injustamente allí, haciendo un trato de mierda con un hijo de perra corrupto que nos tiene en la palma de su mano. No pierdas el tiempo en darme explicaciones sobre porqué te pareció tan bien escoger este camino, Om. Para mí, te equivocaste y no tengo ningún interés en pretender que no me importa. Ahora, si me permites, estoy muy ocupado…

    El gesto de Kendall señalando la puerta fue bastante revelador para Paokt, que entendió perfectamente que no era muy bienvenido en el piso franco del detective.

    Aceptándolo con entereza a pesar de que le dolía, el representante de la Alianza y aún miembro del Consejo Superior, se incorporó de su asiento y emprendió el trayecto hacia la salida con el semblante serio. No hubo un adiós ni un hasta luego de despedida, no hubo palabras más que las que ya se habían dicho. Eso era, en cierto modo, suficiente para saber como estaban las cosas entre Omnius y el resto de esas personas que eran de su familia. La situación era la que era tres semanas después de todo lo sucedido.

    Cuando Xom se percató, el humo del pitillo había dejado de salir de este, lo que quería decir que ya se había apagado.

    — Debería prepararme — Murmuró para sí mismo, tomando la pistola que tenía sobre la mesa junto a otras pertenencias — Me están esperando.

    El detective tomó todo lo que consideraba necesario para su breve viaje y salió de su apartamento, dirigiéndose a una zona próxima en la que aparcaba su lanzadera de uso personal.

    Kendall se sentó en el asiento de conductor y activó los propulsores del vehículo aéreo, elevándose sobre el asfalto hasta tomar una altura considerable, rotar la lanzadera y apuntar con ella hacia la dirección en la que debía ir. Apenas le iba a tomar diez minutos al trayecto que, de ser andando, sería media hora larga.

    Su destino no era otro que el Distrito Neonia, donde le estaban esperando aquellos que compartían su misma visión de seguir presionando al Consejo Superior.

    Cuando el hombre llegó, se encontraba sobre un área rodeada por chatarra, un tanto alejada del núcleo urbano del distrito neoniano. Había viejos transbordadores y lanzaderas desmontadas a piezas entre todo tipo de materiales tecnológicos que se recolectaban para reciclarlos allí. Justo en el centro había una pequeña explanada que bien podía servir como zona de aterrizaje, lugar en el que Xom optó por hacer descender su vehículo aéreo al ver que había otro más ubicado en esa zona.

    En cuanto aterrizó, apagó los propulsores y salió del vehículo, un neoniano y una syleriana se aproximaron a él. No destacaba nada en ellos, a excepción de una marca idéntica que portaban en una de sus cejas; una cicatriz que parecía más hecha a propósito que en algún accidente.

    — ¿Kendall Xom? — La pregunta provino del neoniano, que quería corraborar la identidad del recién llegado.

    — Ese soy yo — Musitó el hombre de rasgos asiáticos.

    — Síguenos — Le indicó la syleriana — Tus amigos y nuestra líder te esperan en el subsuelo.

    — ¿Perdón? — Kendall no comprendió a qué se refería — ¿Vamos a un sótano?

    — Algo así — Espetó el neoniano, con la vista al frente — Un punto de encuentro en la clandestinidad.

    El humano suponía lo que querían decirle esos dos mercenarios y en su interior agradecía el no tener que usar más su apartamento como piso franco para reuniones que involucraban investigar al Consejo Superior, más que nada porque eso hacía que su propio hogar fuese un objetivo si los operativos de Akkor descubrían que allí llevaban a cabo reuniones secretas para atentar contra sus intereses.

    Los dos guardias guiaron a Xom hasta un contenedor rodeado por todo tipo de piezas de vehículos aéreos. Una vez dentro, cerraron tras de sí la puerta. El interior del contenedor se veía como si se tratase de un pequeño refugio con un catre y poco más, pero el neoniano se acercó a una alfombra y la levantó para revelar un compartimento.

    La syleriana le ayudó a abrirlo y Kendall pudo ver que había unas escaleras que llevaban hasta el subsuelo.

    — Baja por estas escaleras y te encontrarás con alguien — Le indicó el neoniano, que se acercó a una pequeña mesa en la cual había dos Striker que parecían haber sido limpiados — Nosotros nos quedamos vigilando.

    — Vale, entendido.

    El detective empezó a bajar por las escaleras mientras escuchaba como cerraban ese compartimento secreto tras de sí. El lugar se sentía algo polvoriento y eso le hizo toser tímidamente un par de veces mientras descendía a esa especie de sótano clandestino. La luz allí era rudimentaria, pudiendo verse bombillas y cables mal colgados por la pared de piedra en lo que era un pasadizo iluminado que le llevó a encontrarse de bruces con una persona ante una puerta.

    — ¿Kendall Xom? — El custodio de esa entrada iba fuertemente armado, algo que sorprendió al humano.

    — Sí.

    — Adelante, la reunión está a punto de comenzar.

    El guardia abrió la puerta para dar acceso a Kendall a su interior, cerrándola tras de sí acto seguido.

    Se encontraba en un espacio amplio, similar a una sala de recreativos privada, con la excepción de que los recreativos eran una galería de tiro pequeña, un proyector apuntando a la pared con varios sofás a su alrededor y finalmente una barra con varias botellas contadas de alcohol. Al menos, eso era todo lo que se veía a simple vista. Justo en la zona de los sofás y el proyector había varias personas, rodeando a una mesa diminuta pero en la cual había distintas armas sobre ella.

    Cuando el detective se acercó pudo divisar algunos rostros conocidos, los cuáles le habían dado la indicación de que se personase allí.

    — Ken, ya estás aquí — Dijo la comandante Mercer, incorporándose para darle un abrazo — Me alegra verte bien.

    — Sí, lo mismo digo.

    — ¿Todo bien? — El joven Crane también estaba allí, levantándose de su asiento para darle un buen apretón de manos a su amigo — Siéntate por aquí si quieres.

    — Me alegra ver que tienes buen color de piel — Murmuró Karla, que también abrazó al hombre de rasgos asiáticos — Y que te sumas a la causa.

    — Puedes sentarte aquí si quieres — La joven Vermeer también se encontraba allí y le hizo un hueco a su lado al detective — Me alegra que estés bien.

    — Gracias, a todos.

    A excepción de todos esos rostros familiares, también había al menos seis que le eran completamente desconocidos. Dos de ellos eran Eret y Vorta, siendo esta última la actual líder del grupo de mercenarios que había hecho de esa área de chatarra su refugio clandestino tras el exilio de Kairos. Parecían haber estado trabajando los últimos meses para terminar haciendo esa especie de sótano secreto que bien podía servir para hablar de temas privados que convenía no airear en zonas públicas o casas.

    La syleriana le tendió la mano al asiático, que la aceptó con normalidad poco después de haber tomado asiento entre Andrómeda y Owen.

    — Kendall Xom — Dijo Vorta con seriedad y respeto — Tus amigos nos han hablado bastante bien de ti y de lo que hiciste, aunque casi terminase con tu vida.

    — Sí, bueno, no contaba con las consecuencias inesperadas de ello.

    — Los operativos de Akkor son impredecibles — La líder de los mercenarios había estado investigando mediante sus recursos — Y por lo que sabemos, no son pocos. El representante superior tiene a su disposición a la élite del ejército superior, básicamente.

    — Soldados o emisarios camuflados en sus puestos — Pensó en voz alta la comandante del ejército de la Alianza — Ese malnacido ha metido mano en todo tipo de poder en esta sociedad.

    — En efecto, y con el representante Paokt a su merced, investigarle no va a ser tarea fácil — Eret se unió a la conversación — No tenemos a nadie que pueda servirnos como espía desde dentro del Consejo. En cambio ellos ahora son dos, contando a Akkor y Relic.

    — Tres, porque Omnius es ahora mismo su sirviente — Karla lo dijo despectivamente — Y según hemos sabido por Echo, el ahora general Orlat está investigando por su cuenta.

    — Bueno, sabemos que el consejero Valtin y la consejera Ziba no están involucrados en la corrupción de Akkor, al menos no directa ni conscientemente — Andrómeda había hecho los deberes, inmiscuyéndose de lleno en la misión que tenían ante sí — ¿Habéis pensado que podríamos…?

    — ¿Contactar con ellos? — Vorta miró incrédula a la joven científica — Sin pruebas, sería como vendernos ante Akkor.

    — Cierto, necesitamos ir a ellos con algo sólido que demuestre que el resto del Consejo en el que se encuentran es corrupto — Owen asintió al escuchar a la líder syleriana — La cuestión es cómo obtenemos esas pruebas.

    — Va a haber conflicto, eso es evidente — Echo quiso dejarlo claro de primeras — Olvidémonos de sutilezas, eso era lo que pretendíamos y nos terminaron sometiendo sin apenas haber empezado. Saben que vamos a por ellos y se van a preparar. Hagamos lo propio.

    La comandante Mercer señaló las armas que había sobre la mesa.

    Varios Striker, Flasher y Winlock sin etiqueta —fuera de los controles de las autoridades— estaban allí para que cada uno tomase el que quisiese. Todo el grupo se miró entre sí, conscientes de lo que significaba todo aquello. Se acabó el intentar investigar sin hacer daño e ir cuidadosamente, pues eso ya no era viable. Si querían exponer la corrupción, debían enfrentarla con dureza. La lucha contra los operativos no iba a ser tarea fácil y debían prepararse para enfrentar militares anixis que protegían los intereses del representante superior. Todo ello si querían terminar exponiendo a Akkor.

    Uno a uno empezaron a tomar armas mientras Vorta y Echo se miraban entre sí, asintiendo. Sin lugar a dudas, ellas dos eran las que más deseos tenían de atacar a la corrupción de la sociedad anixis. Sabían que tenían un tiempo límite antes de que Kairos y Jackon pudiesen regresar a Ibos.

    — Necesitaremos un plan, ¿no? — La científica Vaalot tampoco quería lanzarse a lo loco a un ataque — Entiendo que debemos protegernos, pero dudo que un ataque frontal sea lo mejor.

    — No atacaremos a lo loco — La líder de los mercenarios quiso tranquilizar a quiénes estuviesen preocupados por ello — Dadnos unos días y mi gente recolectará información sobre las próximas exposiciones públicas del Consejo. Ahí podremos trabajar con algo.

    — Por el momento, os sugerimos que os quedéis con un arma y la mantengáis cerca — Eret quiso dejar claro ese detalle — No dudéis de que los operativos también irán preparados.

    — Esperad, ¿por qué tanta preocupación por esto de repente? — Owen sabía que su amigo neoniano no lo decía en vano — ¿Sabéis algo?

    — Sabemos lo suficiente como para suponer que os están vigilando — Vorta lo dijo sin pensárselo dos veces — Por mucho pacto que haya hecho con Omnius, Akkor sabe que sois un cabo suelto y le daréis problemas.

    — Yo se los voy a dar, de eso puede estar seguro — Kendall sorprendió a todo el grupo cuando accionó el seguro del arma, demostrando que no había perdido su conocimiento ni dotes de soldado — Seamos la resistencia que termine por derrocar la corrupción en Ibos. Es ahora o nunca.
     
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    Reydelaperdicion

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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar el capítulo de esta semana, y el primero de esta parte II.

    Tengo que decir que ha sido una muy buena introducción. Todavía me cuesta un poco aprenderme el nombre de los que van en la tripulación, pero voy en un buen ritmo. Lo escribiré para que no se me olvide y de paso tenerlo a mano.
    Young: una chica que parece admiradora de Jackon
    Ikviek: un anixis con cierto odio a Akkor y con rencillas con Plaxor.
    Brokad: el neoniano con implantes mecánicos que parece estar muy confiado de sí mismo (aprovecho para decir que si no es la primera baja, será la segunda XD)
    Rath: la neoniana psicóloga del grupo.
    Kris: syleriano que es ingeniero y cuida de sus compañeros.
    Fare: científica amiga de Orenda.
    Horn: piloto de la tripulacion.

    Algunos de ellos están viendo peleas entre sus compañeros, y en una de esas tenemos a Jackon peleando contra Kairos. El chad del universo demuestra por qué es el chad del universo, ganando la pelea y encima atrayendo a las minitas. Mia va directo a él y encima le dice que quiere ver su herida en el labio y a parte le ofrece a que la revise ella. Dios, esa chica lo único que le falta es decirle que le de un beso a ver si su saliva ayuda a secar la sangre XD. Pero en serio, se nota que ella quiere con Jackon, y más encima que están alejados de los demás, me preocupa que Jackon pueda caer en la tentación :osha:

    Tras la pelea vemos que Orenda desaprueba las demostraciones de violencia a pesar de ser amistosas, dado a que, al no saber nada sobre los kharaket, se debe ir en buen estado. Jackon le pide que no se meta demasiado como si fuera su madre o su niñera, y ella no se entristece porque sabe que los seres vivos son testarudos a veces. Luego de que Jackon se vaya, vemos que él, discute un poco con Plaxor respecto a las medidas de seguridad, ya que Jackon quiere que bajen con la nave, mientras que Plaxor quiere que usen lanzaderas y no entreguen el cargamento, a parte de que nos enteramos que mandaron mensaje a una baliza para avisar de su llegada y no han tenido respuesta, lo cual puede ser peligroso :aniscream: Jackon decide que le harán caso a Plaxor, y aprovecha para soltarle una puya. Luego vemos que Ikviek le dice que los kharaket no son seres muy útiles, pero Jackon quiere verlo por su cuenta, y yo también, a decir verdad :think:

    Regresamos a casa y vemos que Kendall ha encendido un cigarrillo, pero que todavía no retomó su hábito de fumar. Bien hecho, bebé, pero mejor ya no prendas más el cigarro, que ahora uno de tus pulmones es artificial, y mejor no desgastarlo, no mientras los anazis estén ahí a la vuelta de la esquina. Mientras está en ese ritual, Ken recibe la visita de Om, quien le quiere ver tras este negarse a hablar con él pese a que fue la intervención de Om la que le salvó la vida. Ken le dice que, siendo una persona solitaria, hubiera preferido morir si eso servía para mantener la confesión de Relic, y así haber evitado que los que se fueron exiliados dejaran a sus familias atrás. Muy noble de ese bebé, pero me duele que Kendall prefiera morir, no digas eso , bebé :anicry:

    Tras Om decirle que él lo considera parte de su familia y que no quería perderlo tras la muerte de Eeron, Ken lo echa, y entonces se va a una nueva reunión clandestina. Ya no se pueden estar reuniendo todos en su apartamento, ya que sería demasiado obvio que si un montón de gente se la pasa yendo de visita, sospechas van a levantar, de hecho, recuerdo que Owen y Karla se encontraron con uno de los operarios de Akkor al salir de una reunión. El sitio está bien escondido, y los mercenarios de Vorta les ayudan a custodiar la entrada. Ken entra a una guarida secreta donde se encuentra con Owen, Karla, Echo, y Andrómeda. Los cuatro lo reciben con abrazos y cariño, e incluso Andrómeda le demuestra que lo quiere cerca. Bien echo, niña, dejaste de arrastrarte por Brandon y ahora vas encaminada a estar con alguien bueno de verdad :\*u*/:

    El grupo, con Eret y Vorta, discuten sus posibilidades. Saben que Omnius no es un recurso útil, pero que los consejeros que están detrás de la corrupción son Akkor y Relic. Valtin y Ziba no tienen idea de nada, y consideran que, si van a ellos con una prueba concreta, podrian poner la balanza a su favor, más sabiendo que Orlat sigue investigando. Incluso todo indica que habrá un evento cerca que planean aprovechar, pero que deberán ir con sumo cuidado, ya que se sabe que los operarios de Akkor podrían estar a cada esquina. Y es que Vorta tiene razón, Akkor ordenó a los operarios seguir a los angelitos casi que de esta forma:

    [​IMG]

    XDDDDDDDDDDD. Perdón, pero tenía que hacerlo.

    Vorta les advierte que puede haber problemas, y Kendall toma un arma y le dice que está preparado para dárselos, e incluso habla sobre ser una Resistencia que destape su corrupción. Imagino que los genes de Sun han despertado, y ahora se prepara para ser un revolucionario. Sun toda orgullosa hablando en el cielo con todos los demás diciéndole que le pongan atención a su hijo, seguro :clap:

    Bueno amigo, acá me despido por esta semana. Ha sido una muy buena introducción, excelente para repasar como está la mesa del juego y las tablas antes de pasar a lo más jugoso. Ya quiero que llegue la semana próxima para que podamos seguir leyendo en simultáneo y continuar viendo lo que pasa aquí.

    Con eso me despido. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Bienvenidos a todos al segundo capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros Vol. 2. No tengo mucho que decir por el momento, más allá de agradecer a mi querido amigo Agus estresado por estar aquí a la orden del día, disfrutando de este gran universo ficticio. Disfruto mucho de nuestras leídas en simultáneo y de su interés en esta historia.
    Próximamente actualizaré guía de personajes y demás. Sin más dilación, disfrutad de la lectura.







    Bajo observación




    — ¡Quiero movimiento! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!

    Xerom observaba los entrenamientos matutinos que estaban dándose a cabo en las inmediaciones del cuartel militar de la Alianza en Ibos, el cual estaba a las afueras de la ciudad de Vianus, lugar que acaparaba los principales sitios más emblemáticos y gubernamentales de la sociedad.

    El soldado syleriano veía como los cadetes —aspirantes a formar parte del ejército aliado en un tiempo próximo— se formaban bajo la batuta de uno de los subcomandantes de la propia milicia. Este mismo, tras ladrar una serie de órdenes a los jóvenes soldados que estaban realizando la formación física, se aproximó al subcomandante Devom.

    Tres eran los subcomandantes que regían el ejército aliado en ausencia del comandante, siendo dos de ellos los que estaban por tener una conversación al respecto.

    — Buenos días, Devom. Veo por el semblante serio que tienes en tu rostro, que hay un asunto que te preocupa.

    — En efecto, Stalo — Era el nombre del otro subcomandante — He venido a interrumpirte en tu entrenamiento porque debo notificarte que hasta nuevo aviso, la comandante Mercer va a cesar sus funciones.

    — ¿Por qué? — Stalo, quien era neoniano, parecía molesto con esa información — ¿Primero Vaalot nos deja tirados y ahora Mercer?

    — Negativo, no nos deja tirados — Indicó Xerom sin siquiera hacer una mueca de expresión en su cara — Ha remitido una carta de baja temporal por asuntos personales.

    — Entiendo — Musitó Stalo, que se volteó a observar a sus alumnos proseguir con el entrenamiento — Supongo que el exilio de Vaalot y la muerte de Eeron la han afectado profundamente, ¿verdad?

    — Oh, si, seguro que es eso — Devom no pudo evitar decirlo con ironía — Sea como sea, tú, yo y Octavia estamos al mando del ejército aliado hasta el regreso de la comandante Mercer.

    — Estoy un poco en shock, honestamente — El subcomandante neoniano se frotó los ojos, como si estuviese aturdido — ¿Has informado a Octavia?

    — Deberás hacerlo tú mismo — Le indicó Xerom, sorprendiendo a su compañero — Yo debo reunirme con el representante Paokt.

    — ¿Él conoce lo sucedido?

    — No, por eso debo verlo.

    — ¿Y por qué no se lo ha notificado Mercer?

    Xerom lanzó un suspiro que evocaba un conocimiento de la situación bastante más amplio del que quería aparentar. No obstante, el syleriano prefería omitir ciertas situaciones al resto del ejército, pues en el no se conocía prácticamente nada del equipo clandestino que Omnius formó con la intención de destapar la corrupción de Akkor, antes de que todo terminase siendo disuelto por una causa mayor.

    — Hazme el favor de informar a la subcomandante Octavia, ¿vale?

    — Claro, Devom, así lo haré.

    — Te lo agradezco, Stalo.

    Xerom, en calidad de subcomandante, programó una reunión inmediata con el representante de la Alianza.

    Dando por sentado que Echo había renunciado temporalmente a las funciones de comandante del ejército por seguir investigando al representante superior y conocedor de que Om había sido dejado de lado por los demás, sabía que no debían quitarle un ojo ni a ella ni a sus amigos. El subcomandante Devom fue de los primeros en abstenerse de seguir con el proyecto secreto de equipo en la sombra una vez el propio Omnius decidió desmantelarlo verbalmente, consiguiendo también quedar al margen ante los ojos de quiénes consideraba familia.

    Lo comprendía, pero no por ello iba a permitir que actuasen sin el beneplácito del representante de la Alianza, que sin embargo, seguía las órdenes de Akkor para que éste y sus operativos no atentasen contra su ‘familia’.

    El soldado syleriano llamó a un transporte para que le llevasen a la vivienda del representante Paokt, donde iba a llevarse a cabo la reunión. Apenas veinte minutos de trayecto le bastaron para llegar a las puertas del hogar de Om, quien ya dejó en sobreaviso a su IA asistente para que le abriese al subcomandante una vez éste se personase. Xerom entró sin complicaciones al lugar, caminando por un breve pasillo hasta la gran sala de estar, donde el propio Omnius le esperaba pacientemente.

    Sentado en un sofá con forma de cuadrado incompleto y con una mesita en medio, el actual líder de la Alianza Interestelar de Especies se incorporó para recibir a su viejo amigo y símil.

    — Me alegra verte, Xerom — Murmuró Paokt, indicándole con un gesto que tomase asiento — Dime, ¿deseas algo para beber?

    — No, pero muchas gracias por el ofrecimiento — El subcomandante fue muy cortés — Vayamos directos al grano, creo que la situación lo requiere.

    — Si… — Omnius lanzó un suspiro de resignación mientras volvía a tomar asiento — Es sobre Echo, ¿verdad?

    — Exacto. Se ha dado de baja de sus funciones, aunque temporalmente.

    — Ya veo.

    — ¿Sabes por qué o para qué?

    — Me hago una clara idea — En la mente del representante de la Alianza ya se sopesaba una teoría muy evidente — Desde lo que le pasó a Kendall que tanto él como Owen, Karla, Andrómeda y la propia Echo han decidido no mantener contacto alguno conmigo.

    — ¿Qué hay de Brandon?

    — Está totalmente al margen, centrado en sus asuntos de médico general — Reveló Om, visiblemente cabizbajo — Tú, por lo menos, sigues confiando en mi y no actuando a mis espaldas.

    — Soy leal a lo que importa — Especificó Devom, orgulloso de ello — Tú eres la máxima autoridad y a menos que pongas en peligro a nuestra Alianza, me tendrás a tu lado.

    — Te lo agradezco mucho, amigo mío.

    — No hay nada que agradecer, aparte de amigos, somos los principales responsables de que la AIE se mantenga fuerte.

    — Así es, así es…

    — Entonces… ¿qué hacemos respecto a Echo y los demás? — El subcomandante syleriano temía que ellos solos se pusiesen en peligro — ¿Van a tener problemas si…?

    — Claro que los van a tener, mi trato con Akkor era para evitar justamente esto — Se sinceró Paokt, con las manos en la cabeza y con la mirada apuntando al suelo — Pero estoy convencido de que van a pelear.

    — ¿Y eso que significa para nosotros?

    — Precisamente lo que hemos dicho — El representante de la Alianza alzó la vista y la centró en su amigo — Problemas.

    […]

    Echo abrió los ojos a un horario al que no estaba acostumbrada.

    Su reloj de mesita marcaba las once de la mañana, lo que hacía que el día estuviese ya bien entrado en lo que a rutina se refería. Hacía varios días que había decidido pedir un excedencia en su cargo como comandante del ejército, al cual no había renunciado, sino que simplemente había apartado por supuestos asuntos personales. Esos asuntos no eran otros que trabajar codo con codo junto a sus amigos y los mercenarios de Vorta con el fin de exponer la corruptela con la que Akkor y Relic gobernaban Ibos.

    La mujer pasó su mano izquierda por el lado derecho de la cama, acariciando ese vacío que había dejado Jackon ya incluso antes de su exilio. Pese a que su relación sentimental se había deteriorado un poco por los deseos del soldado humano de partir al espacio como emisario, ese amor no se había perdido en ningún momento. La joven Mercer se quedó, por unos instantes, observando ese espacio libre en su cama de matrimonio. Pero lamentar la ausencia de su amado por un tiempo prolongado no iba a hacerla sentir mejor, así que la mujer se incorporó en su lado del cama y lanzó un suspiro de resignación para evidenciar la pena que arrastraba.

    Tras una serie de respiraciones profundas con las que la humana se levantaba siempre —acto que le enseñaron sus padres adoptivos neonianos para empezar el día con calma y llena de oxígeno—, se dirigió al cuarto de baño. Un ducha de agua templada y el sonido de esta eran sin duda otro acto de relajación para evitar que el estrés cotidiano y de la situación personal actual que vivía le afectase con más ahínco. Acto seguido, la aún comandante del ejército de la Alianza se personó en la cocina, preparándose un desayuno rico en proteína y vitaminas.

    Tomó asiento en la mesa, teniendo frente a ella las vistas del barrio residencial de Vianus en el que vivía, gracias a una ventana de tamaño más que aceptable. Con el silencio de fondo, únicamente roto por su masticar, Echo observó como alguien sentado en un banco —el cual tenía una vista directa hacia el hogar de la comandante— parecía estar observándola detenidamente. No portaba prismáticos ni nada por el estilo, pero su postura y su mirada parecían estar dirigidas a la vivienda de Mercer.

    En ese instante, el desayuno dejó de sentarle lo bien que le gustaría.

    — Pero, ¿qué…?

    La soldado no quitaba la vista de esa persona humana que parecía estar vigilándola, momento en el que un transporte aterrizó en mitad de la calle, siendo una especie de autobús para los ciudadanos. El vehículo aéreo estuvo en tierra apenas treinta segundos, pero fueron suficientes para que al elevarse, Echo viese que en ese banco desde el cual la observaban con detenimiento, ahora no hubiese nadie.

    Su mente empezó a divagar en todo tipo de pensamientos al respecto hasta que una notificación en su comunicador la trajo de vuelta al presente.

    — “Comandante Echo Mercer, soy el general Orlat. He oído que se está tomando un descanso de su cargo, pero creo que deberíamos hablar. No quiero dar detalles por precaución, pero me gustaría concertar una reunión contigo y con quiénes estéis al corriente de lo que sucede con algunos miembros del Consejo Superior. Es de extrema importancia para el futuro de esta sociedad.”

    […]

    — Buenos días, señorita Vermeer.

    Un syleriano de aspecto aseado y simpático acababa de entrar por la puerta.

    Andrómeda se encontraba realizando estudios de botánica sobre las diferentes plantas que poblaban Ibos, para así conocer cuanta cantidad de nutrientes de la tierra fértil del planeta necesitaban para crecer, con el fin de equipararlo a las plantas traídas por la gran arca desde el territorio conocido, las cuáles tenían más dificultades de adaptación que las autóctonas.

    Había encontrado ese trabajo hacía casi dos semanas, en un invernadero ubicado en las proximidades de la frontera de Astea. Conviviendo con la pareja de amigos que tenía, Owen y Karla, el acceso al lugar estaba relativamente cerca y eso le servía para ganar créditos al mismo tiempo que se encontraba inmersa en la trama por destapar la corrupción de Akkor y Relic.

    — Buenos días, capataz Wilbur — La joven científica se mostró lo risueña que siempre era — ¿Qué tal avanza su día?

    — Oh, esplendido, querida — Wilbur, el encargado del invernadero, tenía modales de caballero y una edad acorde a ellos — Venía a ver que tal avanzaba tu investigación.

    — Aún es pronto para hablar de resultados — Murmuró ella, que no era fan de sentirse presionada en su trabajo — Necesitaré más tiempo.

    — Jovencita, tiempo es justo lo que nos falta y nos sobra al mismo tiempo — Dijo el syleriano mientras apoyaba sus manos en los hombros de la humana, quién le estaba dando la espalda al estar sentada frente a una mesa donde había plantas traspasadas a macetas con diferentes tipos de tierra.

    — Que filosófico — Musitó ella, mostrándose un tanto incómoda mientras proseguía con sus labores.

    — Dime, Andrómeda — El capataz se puso a pasear por la sala de botánica — ¿Cuándo era que llegaba tu amigo?

    — Debe estar a punto de llegar — Indicó Vermeer, fijándose en la hora que era — Le dije que aquí buscaban gente y él ya cuenta con experiencia previa en invernaderos.

    — Excelente, excelente — Visiblemente entusiasmado, Wilbur se dispuso a abandonar el habitáculo — Lo recibiré en la entrada. Te veo luego.

    — Perfecto.

    Andrómeda no pudo evitar lanzar un suspiro de alivio al escuchar como su jefe se marchaba del lugar, pues aunque era un tipo cortés y amable, a veces tenía comportamientos un tanto incómodos para los demás, muchas veces por un contacto físico como apoyarse en alguien o hacer alguna caricia indeseada.

    Por suerte para ella, Owen estaba por presentarse ante Wilbur en el que podía ser su primer día como agricultor en dicho invernadero, ya que era una forma de ganar dinero —tras la disolución del equipo en la sombra por parte de Om, se acabó el cobrar créditos de la propia Alianza—. El joven Crane se encontraba de camino a la zona junto a la científica Vaalot, que decidió acompañarle para darle todo su apoyo y cariño.

    — Se siente algo extraño el volver a un invernadero después de lo que ocurrió en el último en el que estuve — Dijo de pronto el chico, invadido por los recuerdos más recientes — Desde aquello, todo lo que ha pasado es surrealista.

    — Te entiendo, amor mío — Musitó ella, acariciándole la espalda como gesto de afecto — Pero aunque las cosas no sean como queremos, estamos trabajando para que terminen siéndolo.

    — Así es, cielo — Dijo él, mirándola a los ojos — No me olvido de esa casa en Cainia.

    Karla esbozó una sonrisa que le bastó a Owen para inclinarse hacia ella y darle un breve pero tierno beso, una vez se encontraban ya casi en la entrada al invernadero en el que su amiga Andrómeda trabajaba. Hacía un sol increíble ese día y una temperatura envidiable a los pies de las montañas que rodeaban la ciudad de Astea.

    La científica se percató de que, una vez estaban ante el invernadero, un syleriano de aspecto fino y arreglado se dirigió hacia ellos con un porte elegante y una sonrisa en el rostro.

    — Buenos días, jóvenes humanos — Dijo Wilbur, realizando incluso una especie de saludo tipo reverencia — Tú debes de ser Owen Crane, ¿verdad?

    — En efecto — Contestó él, sonriente — Vengo por la vacante en la sección de agricultura.

    — ¡Claro, claro! — Sonrió el syleriano — Pasad, pasad.

    — Yo soy Karla Vaalot — La mujer se sintió apartada de la conversación, por lo que decidió incluirse en ella con un tono serio.

    — Oh, disculpa, señorita Vaalot — El capataz del invernadero se disculpó cordialmente — Tengo muchos asuntos en mi mente.

    — Ya veo…

    La científica observaba detenidamente a Wilbur.

    Por alguna extraña razón, su personalidad se le hacía demasiado extravagante y falsa, como si estuviese interpretando un papel en una obra de teatro. En cuanto entraron al invernadero, dos anixis que trabajaban en el lugar se voltearon a verlos, mirando fijamente a la pareja de humanos. Owen estaba demasiado ensimismado, apreciando el tamaño y aspecto del invernadero, además de lo que Wilbur le explicaba mientras avanzaban por los distintos pasillos. Sin embargo, Karla percibía esas miradas con fuerza y por un momento dudó que ese lugar fuese seguro.

    Su preocupación la hizo tomar a su novio de la mano, buscando esa tranquilidad que acababa de perder.

    — ¿Todo bien, amor? — Murmuró él, viendo el rostro de ella.

    — Si… es solo que… — La joven Vaalot se veía preocupada — ¿De verdad tienes que trabajar aquí?

    — Está al lado de casa prácticamente — Owen lo veía idóneo — Y encima Andrómeda también está aquí. Es un buen sitio, seguro.

    — Ya, claro — La científica dudaba seriamente de eso último.

    Acompañados de Wilbur, la pareja terminó descubriendo la sala de botánica, donde Andrómeda se encontraba realizando sus funciones. Al verse, la joven no dudó en saludar con la mano a sus dos amigos, con los cuáles también convivía en el día a día.

    — Es una chica encantadora, vuestra amiga — El syleriano asintió con determinación a esa frase que él mismo dijo — No dudo de que vosotros también sois iguales.

    — ¿Y cuándo empezaría? — Crane desvió la atención hacia el tema que le importaba verdaderamente — Tengo disponibilidad inmediata.

    — ¿Si? ¿No tienes asuntos entre manos?

    La pregunta del capataz le resultó sospechosamente extraña a la pareja, que sin embargo, decidió dejarla pasar al momento.

    — Tenemos nuestros asuntos, nuestra rutina, pero puedo estar en el horario que se indica para la oferta — Owen no dudó en afirmar que estaba listo para empezar cuanto antes — Estoy a su disposición.

    — Bueno, en ese caso, quédate ya mismo y te voy revelando cuáles serán tus tareas exactas en la sala principal del invernadero, además de introducirte a tus compañeros — El jefe syleriano le indicó con un gesto que le siguiese, no sin antes centrarse en Karla — Puedes venir, si lo deseas, señorita Vaalot.

    — Cariño, ve a casa — Le indicó Owen a su novia, aproximándose a ella y tomándola de las manos — Trabajaré un par de horas hoy, así que no tiene sentido que me esperes. Te veré luego.

    — Está bien, entiendo.

    Karla y Owen se dieron un abrazo y un beso de despedida que fue observado por Wilbur, quien veía la escena con una indiferencia absoluta, algo que contrastaba con su personalidad alegre y educada. Tras eso, la científica se dirigió a la salida, siguiendo sus pasos previos, mientras el joven Crane y su nuevo capataz se iban por otro pasillo.

    La humana se percató nuevamente de la mirada de algunos de los trabajadores presentes, en especial de dos de los anixis que estaban realizando sus funciones casi en la puerta de entrada y salida.

    — ¿Qué les pasa a casi todos aquí? — Se preguntó para sí misma, extrañada — ¿Por qué actúan como si escondiesen algo?

    […]

    — Señor Xom, su análisis ya ha sido completado — Una enfermera neoniana se aproximó al detective, revelándole los datos en una tableta fina — Pase a consulta y el doctor le dará más información.

    — Se lo agradezco.

    Kendall se incorporó de su asiento en una de las varias salas de espera con las que contaba el principal hospital de la ciudad de Vianus.

    Apenas habían pasado tres semanas desde que le operaron de urgencia, teniendo que perder un pulmón por culpa de uno de los disparos plasma que Relic le asestó durante su encerrona en un callejón, tras los eventos ocurridos en el cementerio de árboles durante la despedida pública al fallecido Eeron.

    Por motivos médicos obvios, el hombre debía personarse cada ciertos días ante su médico de cabecera, con el cual mantenía un fuerte seguimiento de cómo respondía su pulmón artificial —tecnología anixis en su máximo esplendor— y la adaptación de este órgano a su cuerpo.

    El detective golpeó varias veces la puerta de la consulta hasta que recibió el visto bueno de quien se encontraba en el interior del habitáculo.

    — Buenos dí… — Xom se sorprendió al no encontrarse ahí con su doctor — ¿Qué haces tú aquí?

    — Ken, no tenemos mucho tiempo — Brandon se incorporó del asiento en el que se encontraba, frente a un amplio escritorio, para aproximarse a su viejo compañero con cierto nerviosismo — Tenemos que hablar.

    — ¿De qué? ¿Qué ocurre?

    El médico general se veía realmente preocupado, algo que no hacía sentir especialmente bien al detective, quien empezaba a pensar que podía estar ocurriendo algo bastante serio.

    — Brandon, dime de una maldita vez que diablos está pasando — Kendall estaba perdiendo la paciencia.

    — N-nos vigilan, ¿sabes? — El joven Gallagher se veía asustado, evidenciándose en sus temblorosas manos — Llevo un par de semanas aquí y me siento totalmente observado, vaya donde vaya.

    — Oye, tío, deberías relajarte — Xom trató de calmarle — Cuéntame bien porqué sospechas que te vigilan.

    — No es ‘te’, sino ‘nos’ — Recalcó el médico sin tapujos — No sé si lo sabes, pero yo estuve en tu operación.

    — ¿En serio? ¿Y por qué no me lo has dicho antes?

    — Me dijeron que no hablara, pero no puedo seguir callado — Brandon se frotó el rostro con sus manos, un tanto agitado — Decidí indagar un poco tras tu operación y tú médico es un puto operativo. Él también estuvo en tu cirugía de urgencia.

    — ¿Cómo? — El ex comisario de la gran arca dio unos pasos hacia atrás, impactado por la noticia — Espera, espera, espera… ¿Qué mierda me estás diciendo, Brandon? Si mi médico es syleriano, no entien…

    — ¡Da igual, joder! — Exclamó Gallagher, casi presa del pánico — ¿No lo entiendes? Akkor no solo tiene operativos anixis como Relic, tiene también operativos de las especies aliadas.

    — ¿Me estás diciendo que hay humanos, neonianos y sylerianos que trabajan secretamente para ese hijo de puta corrupto?

    — Así es, amigo, así es — Confirmó el médico general, apoyando ambas manos en el escritorio — Y cuando descubrí la tapadera de tu médico, ese syleriano, me amenazó de muerte. Tengo miedo, Ken. ¡Me cago en mi puta vida! ¡No debí meterme en esa mierda de equipo de Om!

    El detective no esperaba semejante información en lo que debía ser una simple visita rutinaria al médico para saber que todo seguía en orden tras su operación y que el pulmón artificial funcionaba correctamente. Aquello le hizo pensar en algo que, de ser cierto, sería bastante preocupante.

    — Brandon, dime algo — Kendall se aproximó al doctor para captar la atención de sus ojos — Cuando me hicieron la cirugía, el pulmón artificial que llevo… ¿me pusieron algún tipo de localizador, algún chip con otro propósito, lo que sea?

    — N-no, no que yo sepa… — Murmuró el joven Gallagher, pensativo — A ver, no puedo asegurarte nada, pero yo no vi que te lo pusieran.

    — Ya, bueno, resulta extraño que deba venir cada semana desde mi operación para asegurar que mi pulmón artificial funciona correctamente.

    — Ya, es extraño — Dijo Brandon, mostrándose temeroso — Normalmente el seguimiento se alargaría a varias semanas más, no tan seguido.

    — Hijos de puta… — Xom no sabía qué podía hacer al respecto, pero veía que podía ser una amenaza para sus amigos — Oye, ¿me podrías volver a operar?

    — ¿Qué? ¡No! ¡¿Estás loco?! — El médico general se alarmó bastante — ¡Necesitaría un equipo de varias personas, instrumental…! ¡No lo puedo hacer solo y aunque fuese así, no tengo pulmones artificiales a mi disposición! ¡Sería una locura intent…!

    — Vaya, mi paciente ya está aquí.

    Tanto Kendall como Brandon se voltearon a ver al doctor del detective, el mismo syleriano que se encargaba de su recuperación y de monitorizar que todo estuviese en orden. La presencia del médico general allí generaba una tensión añadida, especialmente porque Xom ya conocía un poco lo que estaba ocurriendo allí y cual era el verdadero propósito, en cierto modo, de su doctor syleriano.

    — Doctor Gallagher, ¿por qué está usted aquí? — El médico del humano con rasgos asiáticos le lanzó una mirada desafiante — No sé si recuerda que…

    Repentinamente, el detective se abalanzó contra el syleriano, colocándole el antebrazo derecho en el cuello al mismo tiempo que lo empujaba contra la pared. Con la mano izquierda libre en forma de puño, amenazaba con golpearlo contundentemente en el rostro.

    — Cierra el pico, doctor — Le indicó Ken con un tono muy serio y algo agresivo — Hablemos sin rodeos.

    — Tú dirás, Kendall.

    — Mi pulmón artificial. ¿Qué tiene? ¿Le habéis implementado algún chip de seguimiento?

    — ¿Seguimiento? — El médico syleriano empezó a reír — Venga, detective. Eres más inteligente que eso.

    — ¡Algo le habéis puesto! — Xom estaba furioso, presionando su antebrazo contra el cuello del doctor.

    — No eres tan importante — Musitó el operativo con cierto todo despectivo — Ninguno lo somos.

    — ¿Qué quieres decir? — Gallagher tenía curiosidad por saberlo.

    — Que todos deberíamos estar rindiendo pleitesía a nuestros padres biológicos, seres superiores que nos dieron la infinita sabiduría. Trabajar por el orden de esta sociedad junto al representante superior es un privilegio que lamentablemente no todos podréis obtener. Su misión de mantener el orden es superior a nuestras vidas — El doctor syleriano sonaba totalmente adoctrinado por las ideas de los más radicales y puristas — Ibos debe seguir bajo su mando o el caos lo destruirá todo. Vosotros y vuestros amigos no queréis aceptar vuestro lugar en el universo, así que por ello, sois dispensables. Como reza el dicho humano que me atribuyo: “solo somos peones en esta partida de ajedrez”.

    El detective aflojó la presión sobre el cuello del doctor syleriano mientras le escuchaba hablar, quedándose tan impactado por la forma de hablar y pensar que tenía un miembro de las especies aliadas, que perdió completamente la atención sobre la situación que ocurría.

    Esto lo aprovechó el operativo para darle un rodillazo en el abdomen y quitárselo de encima, provocando que Kendall retrocediese unos pasos, sujetándose el estómago por el dolor.

    — Es evidente que no vais a deteneros en vuestro afán por destruir el orden superior, así que me doy permiso para terminar con vuestras amenazas.

    El médico sacó de uno de los bolsillos de su bata una especie de cuchillo a modo de bisturí alargado, lo que sin duda podía funcionar perfectamente como un arma blanca. Gallagher observó con verdadero horror como el syleriano se colocaba sobre Xom para intentar asesinarlo, sabiendo que probablemente después él sería el siguiente.

    — ¡Suéltame, escoria!

    Kendall forcejeaba contra el doctor syleriano, pero aún no estaba totalmente recuperado de su operación, por lo que no contaba con todas sus fuerzas físicas. Sin embargo, logró quitarle de las manos el bisturí pero esto solo hizo enfurecer más al operativo, que tomó del cuello al detective y empezó a asfixiarlo con toda su cólera ante los ojos incrédulos de Brandon.

    — ¡Un malgasto de recursos el que se hizo contigo! — Exclamaba el syleriano, viendo que estaba por cumplir su cometido — ¡Únete al emisario honorífico y a aquellos que no creen en el orden superior!

    — Suelt… ayud…

    Xom estaba poco a poco perdiendo las fuerzas y el oxígeno conforme veía que su vista se oscurecía, mientras el siervo de Akkor apretaba con más fuerza el cuello del humano.

    No obstante, cuando parecía que el hombre de rasgos asiáticos iba a perder su vida en esa consulta médica, el operativo cesó la presión sobre su cuello. Su rostro estaba desencajado mientras alzaba la vista y se volteaba, percatándose de que Gallagher había recogido ese bisturí que se había quedado a un lado y el cual ahora se encontraba atravesándole el centro del torso, sobresaliendo tímidamente por delante.

    El médico syleriano empezó a perder sangre rápidamente mientras caía a un lado, desvaneciéndose a ojos de los dos humanos presentes.

    Kendall tosía y trataba de tomar aire desesperadamente tras haber estado cerca de no contarlo, mientras que Brandon veía como acababa de asesinar a alguien por primera vez en su vida. Sus manos volvieron a temblar como antes lo estaban haciendo, pero esta vez, con más intensidad.

    El detective se incorporó del suelo y se acercó a su viejo compañero de misión, tomándolo del rostro para sacarlo del shock en el que se encontraba.

    — ¡Brandon! — Exclamó el hombre de rasgos asiáticos, zarandeando un poco el rostro del médico general — ¡Tenemos que irnos! ¡Aquí ya no estás a salvo! ¡Nadie lo está! ¡Esto no tiene marcha atrás!

    — Yo… yo… — Gallagher señalaba el cuerpo sin vida del operativo syleriano que acababa de matar para salvar la vida del detective.

    — Has hecho lo que debías, créeme, me has salvado la vida — Visiblemente agradecido y sorprendido por ello, Xom trató de hacer volver en sí al joven médico — Vámonos, sé de un lugar en el que estaremos a salvo por el momento.

    El ex policía no dudó en abrir la puerta de la consulta, tomando de la mano a Brandon y cerrando tras de sí. Tenían tiempo antes de que alguien descubriese el cuerpo, se abriese una investigación y demás, pero sobre todo, iban contrarreloj respecto a las represalias que el representante superior y sus operativos tomasen tras enterarse de lo sucedido.

    Los mercenarios de Vorta y la comandante Mercer estaban deseando empezar con su misión de luchar contra la corrupción, pero nadie contaba con que sucedería así. Casi sin darse cuenta, Kendall y Brandon acababan de empezar esa guerra de la que Echo hablaba en la última reunión que tuvieron todos. La lucha había comenzado.

    […]

    La base militar del ejército superior se encontraba algo alejada de las tres principales y únicas ciudades de Ibos, en un punto estratégico, siendo este en lo alto de unas montañas rocosas de difícil acceso. Solo vehículos aéreos podían acceder ahí, ya que por tierra era prácticamente imposible debido a la formación rocosa de la sierra.

    Allí se concentraba el grueso del ejército anixis; desde armamento hasta naves, pasando por una gran cantidad de soldados que literalmente hacían su vida diaria allí. Era casi como una pequeña colonia, un pueblo —evidentemente menor a una ciudad como las que se habitaban— en el que la máxima autoridad, más allá del Consejo Superior con sede en la Casa Superior, era el propio general del ejército. Ese no era otro que Orlat.

    No obstante, había poco o nada que hacer durante las últimas semanas para el que fuera el principal mandatario del ejército anixis. Con los disturbios por víveres de parte de las especies aliadas siendo opacado por el asesinato del emisario honorífico Eeron, las patrullas en las ciudades eran tarea fácil de gestionar para el propio general, el cual delegaba esas cosas en sus tenientes. Orlat, en el ámbito personal, estaba solo. No tenía familia de la que preocuparse ni amigos cercanos, con lo que su principal foco estaba en el ejército y por eso mismo se formó como soldado en sus inicios. Ahora, sin embargo, estaba centrado en investigar a Akkor y Relic, aunque la advertencia de Omnius de que debía detenerse si no quería que su vida corriese peligro le dejó un tanto preocupado.

    Aunque aquello no le detuvo. Durante las últimas tres semanas, el general del ejército superior se encargó de dedicar su vida privada —y los recursos militares con los que podía contar— en investigar al representante superior y el nuevo miembro del Consejo. Pese a estar solo y sin el apoyo inicial del representante de la Alianza, Orlat logró encontrar pequeñas intervenciones de Akkor en el ejército, cuando este estaba bajo el mando de Plaxor. Indagando, descubrió que un grupo de soldados pasó a tener una formación secreta en algún punto del planeta hacía ya varios años atrás, de la cual surgieron los denominados ‘operativos’. Todo esto estaba en un archivo clasificado al que Orlat tuvo que bucear en una extensa base de datos de la milicia. Pero todo eso le bastó para confirmar que había una trama política corrupta en lo que a su sociedad se refería.

    Sin dudarlo ni un instante pero sabiendo que hablarle a Om sería peligroso, decidió preparar un mensaje a la comandante Mercer, suponiendo que por su relación sentimental con el exiliado Jackon Vaalot podría estar intentando investigar por su cuenta. No solo por eso, sino porque tras las primeras conversaciones con el actual líder de la AIE, supo entrever que éste había intentado crear un pequeño equipo personal para que le ayudase en su cruzada de destapar la tiranía de Akkor, siendo algo verdaderamente complicado debido a que el principal líder anixis contaba con el fuerte brazo militar del cual sus miembros eran apodados como ‘operativos’.

    — “Comandante Echo Mercer, soy el general Orlat. He oído que se está tomando un descanso de su cargo, pero creo que deberíamos hablar. No quiero dar detalles por precaución, pero me gustaría concertar una reunión contigo y con quiénes estéis al corriente de lo que sucede con algunos miembros del Consejo Superior. Es de extrema importancia para el futuro de esta sociedad.”

    El general se reclinó en su silla, encontrándose en su principal despacho en la base militar del ejército superior. El mensaje había sido enviado por un canal privado y exclusivo que él acababa de abrir con el enlace directo hacia Echo. Esperaba obtener respuesta de la humana pronto. Sin embargo, Orlat desconocía que todos los implicados en la investigación contra Akkor y Relic estaban bajo observación por parte de los famosos operativos que trabajaban para el representante superior.

    Y ni él ni ella eran una excepción.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Santa del año

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de la semana.

    Ya hice el chiste de poner el gif de Dexter en el capítulo anterior, por lo que no lo volveré a repetir pero se me hace difícil no pensar en otra cosa XD. Akkor les dijo a los operativos que siguieran de cerca a los amigos de Jackon y estos lo están haciendo.

    Arrancamos el capítulo con Xerom informándole a Stalo que él y otra humana llamada Octavia serán subcomandantes a cargo en lo que Echo se retira de manera temporal para atender ciertos asuntos. Vemos que él luego habla con Om sobre lo que está pasando bajo la sombra. Om le dice que hizo un pacto con Akkor para protegerlos, pero que si ellos se buscan el conflicto, lo van a tener a la mano. Y bueno, espero que esto sea el puntapie que necesita Om para saber que tienen que actuar. Si Akkor ya intenta apoderarse de la alianza y encima el trato que tiene con él no detendrá a los anixis de actuar, pues es tiempo de que el líder syleriano actúe por el bien de los suyos.

    La próxima escena vemos a Echo preparándose para un día con una rutina diferente pues ya no tiene que ir a trabajar. La mujer hace cosas con cierta normalidad cuando pronto va y se da cuenta de que hay alguien observándola desde la ventana, claramente teniendola vigilada y mucho más ahora que se aleja de su puesto de trabajo y puede dedicar su tiempo libre a descubrir otras cosillas. Y encima luego pasa un autobús y ese asiento queda vacío. Quizá esta sea la parte de los gifs, porque ahora se me vino a la mente este mientras leía la escena XDDDDDDDDDD.

    [​IMG]

    Acto seguido pasamos a ver como Andrómeda se encuentra trabajando en su invernadero para un capataz syleriano llamado Wylbur, que es bastante toquetón (viejo verde, para decirlo de otra manera :aniscream:). Ella recomienda a Owen para que pueda tener un trabajo, y el tipo este acepta porque sabe que así podrá tener a dos de los amigos del exiliado Jackon bajo una total vigilancia. Owen y Karla llegan al lugar, listos para que Owen pase a incorporarse al trabajo (super tierno que Owen siga queriendole comprar una casa en la playa a su novia :nice:). Karla, quien es más atenta tras lo ocurrido con su hermano, nota de inmediato el peligro, pero Owen tarda algo más en percibirlo. Pero pronto, con la pregunta que hace Wylbur, los dos notan que algo va mal. Owen directamente le dice a Karla que vaya a casa para que no se exponga, y ahora le tocará fingir una excusa para él y para Andrómeda.

    Otro angelito con problemas es Kendall, quien va a una sesión de control rutinaria donde se encuentra a Brandon. El doctor le dice a su viejo amigo toda la verdad, y le revela que el médico que lo vigila es un operario. Ken se siente incrédulo porque no puede creer que entre gente de su especie haya no anixis, pero pronto Brandon le convence con lo que encontró para que sepa que nadie está exento de peligro. Admiro mucho el valor de Brandon, el tipo, pese al miedo, se dispuso a arriesgarse para poder advertir a su amigo. Luego, cuando el médico syleriano llega, este les dice la verdad, y es que está totalmente adoctrinado por los anazis :blue: Quiere adorar a estos como seres superiores (buen guiño a la parte IV ;) ) y para eso, tiene que asegurarse que las especies no interfieran. Ken pasa a las manos, y pronto, por su condición médica, tiene desventaja. Brandon actúa y se mancha por primera vez las manos, quedándose en shock. Entiendo lo que le pasó, y buena forma de expresarlo. Él nunca se preparó para matar gente, todo lo contrario, era médico y se suponía debía salvar vidas, no contribuir a que nadie muera. Lo más retorcido que se le pasaba por la mente era tener un harem de minitas, pero eso era más fantasía que un deseo malicioso, me pregunto como reaccionará. Y es que lo que hizo ahora tendrá repercusiones. A Akkor no le hará gracia que maten a sus operarios, y a Om fijo tampoco le caerá bien que Brandon haya matado a uno de los suyos. Creo que el personaje de Om tendrá que ver por fin y de manera total de qué lado está, y ojalá se decante por ir del lado de la alianza, ya que aunque haya muerto uno de los suyos, al servir a Akkor y operar en la sombra, técnicamente se saltó su autoridad. Espero que lo entienda.

    Para finalizar, vemos que Orlat ha estado investigando pese a las advertencias de que no lo haga. Al no tener esposa, hermanos, hijos o padres, este sabe que una bala en la cabeza no le causará daño a nadie más que no sea él. Tremendo sentido de la justicia el del general. Con sus investigaciones logra descifrar que Akkor ha estado apartando a la creme de la creme para hacerlos actuar bajo las sombras, y viendo que Om no parece estar dispuesto, quiere una reunión con Echo. Bueno, reuniones van a tener, y si Kendall lleva a Brandon al refugio y le dice a Echo y a Vorta todo lo que pasó, será necesario un aliado dentro del bando anixi para los angelitos. Sería justo, Akkor tiene gente de la AIE en sus filas, ojalá Echo y mis bebés tengan a alguien anixi en sus filas, y ojalá los discípulos de Eeron se asomaran alguna vez para pronunciarse.

    En fin amigo, esperaba que este capítulo fuera algo más tranquilo, pero el final indica que no será tan así. Oficialmente, la guerra entre los angelitos y los anazis se prendió :shani:

    Y bueno, acá termina mi comentario del capítulo de esta semana. Será hasta la semana siguiente si el foro sigue en pie (ojalá). Ya tengo ganas de nueva leída en simultáneo, y ojalá la tengamos en un finde a horarios más tranquilos, aunque no por eso estoy disconforme con el horario y el día de esta, y agradezco que te tomaras el tiempo para juntarte un viernes por la tarde :muffin:

    Ahora sí, hasta la próxima. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  5. Threadmarks: Punto de encuentro (I)
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Hola a todos. Ya vamos por el tercer capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros Vol. 2 y como siempre, quiero dar las gracias a mi buen amigo Agus estresado por su entusiasmo e interés por este universo ficticio. Aunque sé que siempre digo lo mismo, es lo que pienso y siento, por ello le estoy muy agradecido. Siempre es un placer tener leídas en simultáneo y debatir diferentes sucesos de nuestras historias, algo que ya se ha convertido en un ritual casi semanal. Sin más que decir, espero que cualquiera que llegue hasta aquí, disfrute de la lectura.







    Punto de encuentro (I)




    El amplio ventanal del puente de mando estaba casi cubierto al completo por una masa blanca y redonda, la cual era observada detenidamente por el comandante Vaalot.

    Acariciándose el mentón mientras veía de cerca la inmensidad del planeta al que estaba por descender, detrás suya se estaba llevando a cabo el protocolo previo a un aterrizaje, con la básica inteligencia artificial del navío exponiendo las diversas condiciones climatológicas adversas que los exploradores afrontarían en su superficie.

    Nos encontramos en Ketenna, el sistema solar hogar de los kharaket. Pese a que no han respondido al mensaje que hemos enviado a la baliza que se instaló hace casi cien años, el punto de encuentro para la entrega del cargamento es este — La IA captó la atención de toda la tripulación, presente en el puente de mando pese a que no todos iban a participar en el descenso — Bienvenidos a Pateliala, el mundo más alejado del sol de este sistema. Planeta fronterizo con el basto espacio exterior, Pateliala es un mundo helado con máximas de diez grados centígrados y mínimas que pueden llegar hasta los menos cincuenta grados centígrados. Cubierta por una gruesa capa de hielo por toda su superficie, rachas de viento frío que pueden alcanzar los ciento treinta kilómetros por hora, esta roca congelada intentó ser colonizada por los kharaket, sin éxito debido a que son seres que sufren con las bajas temperaturas. Ahora es un páramo helado que sirve como punto de encuentro entre los kharaket y los anixis para su contrabando.

    — Vaya, lo que se dice un paraíso — El primero en reaccionar a la información fue Kairos — Parece que nuestros amigos los kharaket escogen lugares molestos en los que reunirse.

    — Los kharaket no son nuestros amigos — Plaxor respondió inmediatamente — De hecho, nos conviene tenerlos controlados como hasta ahora.

    — Que casualidad, igualito que con las especies de la Alianza — Mia lanzó un órdago al ex consejero que sin duda aplaudieron el resto de humanos, neonianos y sylerianos presentes.

    — Es extraño que los kharaket no hayan respondido al mensaje de la baliza — Uno de los anixis, Ernu, dio un paso al frente para recibir las miradas de todos — Los conozco lo suficiente como para saber que debe haber algún problema con ellos.

    — ¿Cuál problema? — La pregunta provino de Nosh, visiblemente nervioso.

    — Esos seres siempre han estado en conflicto consigo mismos y nuestra llegada a su mundo no hizo sino que empeorar las cosas — Ikviek, el otro soldado anixis que estuvo en ese primer contacto con los kharaket, arrojó más datos para el resto del grupo — No sé que clase de acuerdo obtuvo Akkor con ellos ni que tipo de cargamento les entregamos, pero no nos conviene inmiscuirnos en nada que no tenga que ver con nosotros.

    — Concuerdo con Ikviek — Intervino Oda, pasando inadvertida como una simple ingeniera humana — Hagamos el trabajo para el que hemos venido y aseguremos nuestras vidas en donde sea que debamos estar.

    — Joder, Orenda, te conformas con cualquier cosa, ¿no? — Young, la hacker de la expedición, jugaba con su pelo corto mientras hablaba.

    — No estamos aquí para meternos en un conflicto con esos seres, ¿verdad? — Un tanto preocupada con esa idea, la doctora Uldi se cruzó de brazos con la mirada gacha.

    — ¡Si es necesario, los partiremos en dos! — Brokad saltó a la conversación mientras simulaba trocear a Nosh con sus brazos proteicos.

    — Bueno, si nos atacan por sorpresa, yo abogo por defendernos — Yeved no se lo pensó demasiado — Pero cierto es que si tienen problemas, no son de nuestra incumbencia.

    — Exacto, si no están en ese punto de encuentro, deberíamos notificárselo a Akkor y que nos dé las coordenadas del planeta de los exiliados — Horn, el piloto principal de la Explorario, no se sentía cómodo sabiendo que la misión comenzaba a enrarecerse.

    — Eso es, nosotros estamos cumpliendo con nuestro trabajo entregando esa caja misteriosa — Rath, la exploradora y psicóloga de la misión, siempre buscaba la razón más lógica — Si los kharaket no se presentan o no nos responden, no deberíamos tener que buscarlos. Sería buscarnos problemas.

    — Pero, ¿y si necesitan ayuda? — La bióloga syleriana de a bordo, Fare, no era partidaria de abandonar a nadie a su suerte — ¿Y si tienen serios problemas y necesitan nuestro apoyo?

    — ¿Y para qué ayudarles? Por lo que sabemos, podrían estar bien y simplemente tendernos una trampa, ¿no? — Kris, otro de los ingenieros de la expedición, se mostró desconfiado respecto a la situación — Además, ¿debemos entregarles el cargamento y ya está? ¿O nos tienen que dar algo?

    — No tienen que darnos nada — Jackon, que había permanecido en silencio mientras se desarrollaba el debate, decidió intervenir sin quitarle la vista de encima a la panorámica que tenía de Pateliala ante sí — Les entregamos el cargamento y Akkor nos da las coordenadas de nuestro nuevo hogar. Es sencillamente así.

    Obviamente, el comandante Vaalot no estaba por la labor de revelar que su verdadero objetivo era regresar a Ibos y acabar con la corrupción en el Consejo Superior, pues Plaxor estaba presente y desconocía las intenciones del resto de tripulantes exiliados al respecto. Únicamente Jackon y Kairos conocían, gracias a Oda, el plan de escape como tal.

    Ellos eran la prioridad para la inteligencia artificial que fue enviada a Ibos con el propósito de proteger al futuro de la Alianza.

    Comandante Vaalot, le sugiero organizar un grupo de descenso al planeta — La IA de la Explorario instó al líder de la expedición a empezar a ponerse manos a la obra — Ahora mismo los sensores detectan cierta calma en los vientos helados de Pateliala. Es un buen momento para partir a la zona designada de descenso.

    Jackon sabía que no había tiempo que perder si no querían tener contratiempos en la superficie de esa roca congelada, por lo que decidió escoger con rapidez a sus elegidos para desembarcar mediante una única lanzadera y sin el cargamento, ya que sin la respuesta de los kharaket, no quería arriesgarse a perder lo que fuese que contenía esa caja metálica que Akkor ordenó entregar.

    Sería una primera toma de contacto en busca de los seres que deberían estar esperando a la llegada del Explorario o en su defecto, comprobar el porqué no había nadie allí esperándoles.

    […]

    Los escogidos para descender a la superficie de Pateliala eran Ernu, Fare, Yeved, Horn y el propio Jackon.

    El soldado anixis estuvo en el primer contacto con los kharaket y conocía de primera mano su modus operandi, por lo que fue elegido sin dudarlo por el comandante. Fare, que operaba en la misión como científica y médico, estaba interesada en recoger muestras del mundo helado especialmente al conocer que los kharaket no toleraban muy bien las temperaturas bajas, ya que era una experta en biología y patógenos alienígenas. Yeved también iría para tener más mano de obra y experiencia en combate en caso de que fuese necesario, mientras que Horn haría lo propio dadas sus habilidades como piloto y también soldado.

    El resto de la tripulación permanecería a bordo de la Explorario, monitorizando la misión y asegurándose de que no había peligros en órbita, pudiendo notificar cualquier cambio si llegasen naves de los kharaket o la climatología en el planeta empeorase drásticamente. Oda se encargaría del pilotaje de la nave en ausencia de Horn, mientras que Vaalot otorgó temporalmente el mando a Kairos, más por descarte que por confianza extrema en el mercenario neoniano.

    El propio comandante se encontraba en la zona de la armería —la cual era también la sala de ingeniería e incluso el mismo gimnasio— junto al resto de miembros del equipo de descenso, preparando su armas y sus trajes de exploración antes de tomar una de las dos lanzaderas del hangar para partir.

    Sin embargo, había varios tripulantes de los que no habían sido escogidos que se acercaron al grupo de exploración para dirigirse expresamente a su superior, cuestionando su decisión respecto a los elegidos. Ikviek se aproximó a Jackon acompañado de Brokad y de Oda, quiénes también discrepaban sobre la decisión del humano. El soldado anixis no dudó en interferir en la preparación del comandante, que no tuvo más remedio que dejar de hacer lo que estaba haciendo para voltearse y confrontar a tres de sus tripulantes disconformes con su orden.

    — Vaalot, yo puedo ser más útil ahí abajo que aquí, si las cosas se tuercen — Mostrándose conciliador pero serio, Ikviek dejó clara su postura — Al igual que Ernu, yo también conozco como operan los kharaket.

    — Lo sé, por eso mismo solo puede venir uno de los dos — Respondió Jackon, dispuesto a dar explicaciones — Si hubiese problemas, no puedo perder a dos de mis tripulantes con conocimientos sobre la especie con la que tenemos que reunirnos.

    — Bueno, entonces debería bajar yo en lugar de Ernu.

    Ikviek refunfuñó un poco, pero sabía que la decisión del humano no iba a cambiar, así que emprendió el camino de salida de la armería. Esto le dio la oportunidad a Brokad para exponer sus motivos, cosa que hizo una vez apoyó sus brazos proteicos sobre la mesa de trabajo en la que Jackon tenía un Striker con la munición mejorada de los anixis.

    — Vamos, tío, tú sabes que yo soy tu hombre — El neoniano con extremidades robóticas se veía sobrado de confianza — Apenas pasaré frío en mis brazos y piernas y puedo correr, trepar y saltar exageradamente mejor que cualquiera de la tripulación. ¡Soy un arma andante!

    — Ya lo veo, amigo, pero esto es una misión de reconocimiento — Murmuró Vaalot sin tapujos, mientras seguía trabajando en equiparse con todo lo necesario — No necesito un arma andante.

    Brokad lanzó un gruñido de desaprobación al aire y se dio media vuelta para abandonar el área al igual que había hecho Ikviek hacía menos de un minuto. Esto dejó a Oda a solas con Jackon, lo cual era justo lo que quería la robot con forma humana, para así hablarle de tú a tú sin secretos.

    — Jackon…

    — No tú, Orenda — El comandante no quería seguir atendiendo personas disconformes con su elección — Bajarán los que he dicho y punto.

    — No es eso — Oda empezaba a expresar las emociones de mejor manera en su rostro, pues iba aprendiendo sobre la marcha — Pero ya sabes que mi plan requiere que tanto tú como Kairos estéis vivos. Y ahí abajo es la incertidumbre a la que os vais a encontrar.

    — Si hay problemas, regresaremos en la lanzadera y evaluaremos la situación.

    — ¿Qué les diré a Karla o Echo si mueres ahí fuera y yo no estoy para intentar evitarlo? — La pregunta retórica de la IA móvil hizo que el humano se detuviese por completo en sus acciones — Déjame ir con vosotros.

    — He dicho que no, Oda — Esta vez, Vaalot usó el verdadero nombre de la robot — Te necesito aquí para pilotar la nave en ausencia de Horn.

    — Pues que se quede él y yo voy con vosotros.

    — ¡Basta! — Exclamó el comandante, captando la atención del resto del equipo que estaba allí organizándose para al descenso — Agradezco tu ayuda, pero deja de actuar como si dependiese de ti para sobrevivir. Ni siquiera te veo siendo igual con Kairos, así que ve a molestarle a él.

    Cualquiera persona con algo de empatía y emoción se habría sentido bastante mal ante esas palabras de Jackon, pero no Oda, que procesaba la información como lo que era: una máquina. Sin responder a ese cruel mensaje de parte de su comandante, Orenda se marchó ante la vista de todos los presentes, que viéndola marchar también vieron aparecer repentinamente a la ingeniera Yazuke, corriendo hacia el comandante para decirle algo.

    Jackon esperaba más quejas, en este caso de parte de Mia, pero se sorprendió al recibir un beso en la mejilla de forma inesperada.

    — Cuídate ahí fuera, ¿vale?

    Mia le mostró una media sonrisa tímida justo antes de irse, dejando al comandante realmente sorprendido al mismo tiempo que Yeved se aproximaba a su superior dando sendos aplausos mientras parecía disfrutar de las escenas que acababa de presenciar hacía escasos minutos.

    — Vaya, comandante, ¿cuál es su fórmula?

    — ¿Qué hablas, Yeved?

    — ¿Qué hablo? ¡Venga ya! — El neoniano se mostraba impactado — Orenda y Mia. Parecen estar enamoradas de ti, ¿cómo lo haces?

    — Si eso viene incluido con el rango, yo también quiero ser comandante algún día — El piloto llamado Horn no dudó en compartir su pensamiento en la conversación.

    — Comandante Vaalot, es usted un espécimen atractivo — La syleriana de nombre Fare no dudó en halagar la belleza humana de su superior — No me extraña que despierte interés reproductivo en las féminas de su especie.

    — A las anixis les gusta cuando un macho demuestra sus capacidades físicas y mentales en situaciones exigentes — Ernu no quiso quedarse fuera de la distendida charla que se estaba dando en la armería — Supongo que para las humanas es igual.

    — ¡¿Pero qué…?! — Jackon estaba al borde de la vergüenza absoluta — ¡Dejad el tema! ¡No tiene nada que ver!

    Horn y Yeved se empezaron a reír a carcajadas, a la vez que Ernu reveló una sonrisa de perfil mientras terminaba de colocarse la armadura sobre el traje de exploración y Fare reía tímidamente al ver el rostro algo sonrojado de su superior. Al menos, aquel momento había rebajado esa tensión interna que se siente cuando estás por dar comienzo a una misión importante o de la cual tienes poca información y mucho misterio que descubrir. Eso mismo pensaba el comandante, que rápidamente volvió a enfocarse en lo que de verdad importaba.

    El equipo de cinco exploradores se dirigió al hangar por el pasillo, recibiendo la despedida de algunos de sus compañeros como Rath, Young, Kris, Nosh o Uldi. Ya una vez estaban en el interior de una de las dos lanzaderas —y sin el cargamento a bordo—, la IA de la Explorario despresurizó el hangar y abrió las compuertas para que el vehículo aéreo pudiese salir hacia el espacio exterior y comenzar su misión.

    Desde el puente de mando, algunos de los presentes observaban mediante las cámaras externas de la nave y las que los exploradores llevaban equipadas en los trajes, como se desarrollaba el descenso a Pateliala. Horn pilotaba la lanzadera con absoluta precisión mientras Jackon, Ernu, Fare y Yeved permanecían en sus asientos a la espera de poder poner un pie fuera del vehículo. El descenso al mundo de color blanco brillante fue relativamente rápido, concretamente en unos seis minutos de reloj. Oda, Mia, Kairos, Plaxor e Ikviek se encontraban observando la situación en las pantallas, que captaban la señal en directo de las cámaras portables.

    Los nervios estaban a flor de piel tanto para los exploradores como para aquellos que aguardaban acontecimientos en el puente de mando de la Explorario.

    — Aterrizaje confirmado — Indicó Horn a su comandante y compañeros — Abriendo compuerta externa.

    Recuerden que las temperaturas gélidas pueden afectar al medidor de su traje y los fuertes vientos pueden confundir a sus sensores — La IA podía comunicarse por enlace de radio con los exploradores de a pie, por lo que así lo hizo, dándoles la advertencia.

    — Vale, perfecto — Jackon fue el primero en colocarse ante la compuerta de salida — Cuando estéis listos, salgamos. Se supone que este lugar es el punto de encuentro con los kharaket para la entrega.

    El piloto humano se encargó de activar el comando que ordenaba la apertura de las compuertas, abriéndose a cada lado de la lanzadera y revelando una estepa helada.

    Un golpe de viento zarandeó los cuerpos de todos los presentes, que se vieron sorprendidos por esa ventisca algo fuerte —pese a que la IA de la nave indicó que la tempestad estaba bajo mínimos— mientras daban los primeros pasos por la superficie de Pateliala.

    — Es… increíble — Fare estaba asombrada al pisar un planeta que no fuese Ibos por primera vez en años — Incluso dentro del traje se percibe el frío.

    — No se ve nada más allá de diez metros al frente — Informó Yeved, comprobando que la ventisca era tal que dificultaba la visión — ¿Es aquí dónde debían estar los kharaket?

    El punto de encuentro está a pocos metros — La IA de la Explorario se encargó de guiar a los exploradores — Deberíais ver una baliza con la luz roja.

    — Creo que la veo — Ernu decidió tomar la iniciativa — Seguidme.

    El comandante Vaalot estaba asimilando que se encontraba en un planeta ajeno no solo a Ibos, sino también a Paraíso, Neonia y Vulkano, mundos que había podido visitar en su infancia y adolescencia. A diferencia de todos estos mundos habitables, Pateliala era un planeta realmente difícil para colonizar debido a sus bajas temperaturas y sus fuertes ventiscas, siendo un lugar donde siempre estaba nevando y haciendo absoluto frío.

    Sin embargo, se trataba de un mundo totalmente diferente a los que él había conocido, lo que lo convertía en un momento muy especial.

    — Ojalá estuvierais aquí para explorar conmigo — Jackon no pudo evitar acordarse de su hermana y sus amigos — Pero con ese como único propósito.

    El soldado anixis avanzaba en el frente, siendo seguido por el piloto humano, la bióloga syleriana y el explorador neoniano.

    El comandante de la expedición custodiaba la retaguardia, aunque era realmente difícil ver si algo venía por cualquier dirección a menos que tuviese alguna luz llamativa. No les tomó más de unos minutos el encontrar esa baliza de tonalidad roja, la cual iluminaba un área de pocos metros cuadrados.

    No obstante, lo que había en la zona empezó a ser preocupante. Cajas de suministros e inclusive una especie de lanzadera detallaban una escena que se convertiría en aterradora cuando Yeved halló el cadáver de un ser alienígena.

    — Eh… ¿compañeros? — El neoniano se arrodilló ante el cuerpo sin vida de lo que parecía ser un kharaket — Aquí hay un muerto.

    — Y aquí — Indicó Horn, señalando uno a escasos metros suyos.

    — Maldición — Musitó Fare, que se asomó al interior de la lanzadera solo para encontrarse con dos cuerpos más — Aquí también.

    — Comandante, esto no me gusta en absoluto — Ernu se aproximó a su superior para hacerle saber su sentir — Esto significa que han estado esperando nuestra llegada, pero han sido atacados por algo o alguien.

    — ¿Sabes de alguna otra especie inteligente en este sistema, aparte de los propios kharaket? — Jackon desenfundó su Striker, el cual portaba enganchado en su espalda, mientras observaba a su alrededor.

    — No, este sistema está dominado por ellos, pero bien podría ser…

    — ¡Eh! — El piloto humano señaló con su arma en una dirección, lanzando varios disparos de advertencia — ¡¿Qué mierda era eso?!

    — ¡¿El qué?! ¡¿Qué has visto?! — Fare se estremeció de terror al sentir que estaba totalmente expuesta al peligro.

    — ¡Deberíamos volver! — Yeved lo tenía bastante claro.

    — ¡He visto unos…!

    De pronto, las palabras dejaron de salir de la boca de Horn cuando unos ojos brillantes y azulados se revelaron tras esa cortina de nieve que producía la ventisca.

    Desde el puente de mando de la Explorario y gracias a las cámaras equipadas en los trajes de los exploradores, el resto de la tripulación veía la escena con verdadera tensión. Esos ojos parecían los de un depredador que estaba de nuevo en su coto de caza.

    — Oh, mierda... — Murmuró Vaalot antes de dar la orden — ¡Fuego!

    Ninguno de los cuatro presentes tuvo que recibir la indicación de su superior dos veces, pues todos abrieron fuego contra esa criatura casi al mismo tiempo. La balacera que se desató provocó que el ruido de esta se viera cubierto por los fuertes vientos que se empezaban a levantar en la zona, pero eso era lo de menos. Dicho animal extraño empezó a emitir una serie de gruñidos de dolor hasta que fueron precedidos por el silencio absoluto.

    Los cinco exploradores se miraron entre sí sin saber muy bien qué hacer y sin saber si ese ser estaba abatido o seguía con vida.

    Comandante, debería considerar una retirada de la zona. Desconozco a ese depredador pero no puede haber únicamente uno — La IA aconsejó al líder de la expedición — Sin los kharaket con vida, deberíamos dirigirnos hacia el segundo punto de encuentro.

    — ¡Concuerdo! — Vaalot comprobó las balas que le quedaban en su Striker y los cargadores que llevaba encima — ¡Equipo, retroceded! ¡Nos vamos!

    El líder de la expedición ordenó la retirada y por ende el regreso a la lanzadera, viendo que el punto de encuentro en el que debían hallar a los kharaket estaba con estos seres diezmados por unas extrañas criaturas que todo el mundo presente desconocía. Sin embargo, el peligro no había pasado en lo más mínimo. Yeved iba en la retaguardia y se volteaba casi cada diez segundos para asegurarse de que nada ni nadie les seguía, pero cuando se giró una siguiente vez, sus ojos se abrieron como platos.

    — ¡Oh, no! ¡Ahí vienen más de esas cosas!

    La advertencia del neoniano provocó que el resto de sus compañeros se girasen instantáneamente solo para comprobar que varios puntos azulados destacaban tras la neblina ocasionada por la ventisca y nevada que estaba sucediéndose en el área. Desde el Explorario, el resto de la tripulación veía con impotencia y temor todo lo que estaba sucediendo en la superficie de Pateliala.

    Las cámaras equipadas en los exploradores parecían estar grabando una verdadera película de terror.

    — Muy probablemente los disparos han atraído a más de esos seres — Viéndolo todo desde las pantallas del puente de mando, Ikviek apretó los puños por la frustración de no poder actuar.

    — ¡Deberíamos bajar todos ahí! — Exclamó Brokad, sobre excitado al ver las imágenes — ¡Podríamos acabar con todos esos monstruos!

    — Ese no es el objetivo y sería un gasto absurdo de suministros y munición — El neoniano al mando temporalmente, Kairos, contestó con seriedad a su homónimo.

    — Debí bajar contigo, Jackon — Se dijo Oda a sí misma mientras veía las escenas en tiempo real.

    En tierra firme, Yeved fue el primero en descargar una lluvia de disparos plasma contra esos animales salvajes, asesinos de los kharaket que aguardaban ahí la llegada del Explorario. El neoniano ni siquiera esperó órdenes de parte de su comandante, el cual había indicado que entraran en la lanzadera inmediatamente.

    — ¡Corre, Yeved! — Jackon veía al neoniano y al resto aún algo alejados, o al menos esa era la sensación debido a la dificultad de otear el horizonte por culpa de la tempestad — ¡Vamos, corred, joder!

    — Estas cosas son mucho peores que los Ikorfs — Murmuró para sí mismo el explorador neoniano, que empezó a correr con todas sus fuerzas tras efectuar varios disparos.

    Ernu, que era el más próximo al comandante —siendo ambos los mejor posicionados para subir a la lanzadera—, empezó a lanzar disparos de advertencia a las criaturas que veía acercarse y rodearlos a todos. Sus ojos azulados brillaban tras la cortina incesante de nieve y ni siquiera se podía percibir la forma de esos depredadores hasta que uno de ellos se adelantó.

    Horn fue el primero en ver la forma de dichos animales salvajes, desconociéndose si eran autóctonos de Pateliala o habían sido puestos en ese mundo para fines oscuros.

    El monstruo fue tomando forma, color y aspecto, hasta comprobarse que se trataba de un animal cuadrúpedo, de pelaje blanco como la nieve y unos cuatro colmillos afilados —dos en la mandíbula de arriba y dos en la de abajo— que acompañaban a unas garras en sus cuatro patas que podían ser guadañas. El humano se estremeció de terror mientras sujetaba un Striker en sus manos temblorosas y retrocedía lentamente, al mismo tiempo que dicho animal avanzaba hacia él mientras lanzaba una serie de gruñidos al aire.

    — A-ayuda…

    El piloto ni siquiera tenía valor para levantar el arma, evidenciando que no todos allí estaban verdaderamente capacitados para formar parte de una expedición espacial con todas sus consecuencias. Jackon vio esa escena y levantó su arma, apuntando a ese monstruo de la nieve, cuando repentinamente dicho ser desapareció de su vista.

    Horn, que estaba ante esa cosa, la vio desaparecer ante sus ojos como si hubiese adoptado una invisibilidad absolutamente digna de fantasía.

    — ¡¿Qué…?! — El humano empezó a ver a todos lados — ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde se ha ido?!

    El que era uno de los pilotos de la expedición apenas tuvo tiempo para preguntarse nada más.

    Algo lo partió en dos mitades por la cintura, como si una espada afilada hubiese hecho su majestuoso trabajo. El torso con cabeza que era Horn cayó por el peso de la gravedad, mientras sus piernas caían arrodilladas. La facilidad con la que atravesó el traje hizo sentir el verdadero terror a todos los exploradores que fueron testigos de eso.

    La sangre de Horn empezó a teñir la nieve y también manchó a ese ser con capacidad para hacerse invisible, revelando su posición gracias a ello.

    — Es… es… — Incluso Ernu estaba sin palabras al haber visto esa aterradora escena.

    — Bestias de Bildsh.

    — ¿Qué diablos son las bestias de Bils? — En el puente de mando, la hacker Young no entendió las palabras que dijo Oda mientras todos veían la muerte de Horn en pantalla.

    — ¿Cómo sabes qué son esos seres? — Rath no sabía como tomarlo.

    Las bestias de Bildsh son unos animales salvajes con la capacidad de hacerse invisibles al ojo. Fueron objeto de investigación en el viejo imperio anixis durante la guerra contra Mente Colmena — La IA de la nave compartió la información al tenerla recogida en su base de datos — Son nativas del planeta Bildsh, pero su ubicación está muy alejada del sistema Ketenna como para que hayan aparecido aquí. Su presencia en Pateliala es una incógnita.

    — ¿Cómo es posible…? — Kris, el ingeniero syleriano, quedó pensativo.

    — No es ninguna incógnita ahora que me acuerdo — Ikviek se volteó hacia Plaxor, como si intuyese que él sabría algo más — Esas bestias de Bildsh son prácticamente un arma. Soltarlas en Pateliala es una forma de garantizar que los kharaket no salgan del sistema instalándose en ese mundo, ¿verdad?

    Todos se voltearon hacia el ex consejero y ex general del ejército superior, que se hallaba de brazos cruzados con la mirada puesta en las pantallas. Consciente de que no serviría de mucho el omitir según que información, Plaxor decidió compartir todo lo que sabía al respecto.

    — No pensé que hubiesen sobrevivido a las bajas temperaturas del planeta, pero es evidente que así ha sido — Dijo, con la atención de los demás puesta sobre él — Antes de la muerte de mi antepasado, el Gran General, ordenó que durante la evacuación del arca que trajo a las anteriores generaciones a Ibos llevasen consigo varias bestias de Bildsh entre otras cosas, con el fin de seguir investigando con ellas.

    — ¿Pero…? — Uldi, la médico, quería saber más.

    — Pero no consiguieron hallar el modo de replicar esa habilidad para la invisibilidad que tienen, así que dejaron de ser útiles hasta que nos encontramos con los kharaket — Indicó Plaxor, que tras ver lo que estaba sucediendo en el punto de encuentro, supo que había algo más de lo que Akkor le dijo — Si os cuento esto, es porque no esperaba que ocurriese algo así. Akkor me ha escondido secretos a mi también.

    — ¡Ese hijo de perra nos ha traído aquí para morir! — Dijo Mia con bastante rabia — ¡Entregamos su cargamento y si de paso morimos en el proceso, genial! ¡Total, somos putos exiliados!

    — ¡Es verdad, ese anixis de mierda nos usa como esclavos! — Nosh se sumó al pensar que estaba generándose en la mayoría.

    — ¡Mirad! — Exclamó la psicóloga neoniana de a bordo, señalando algo que podían ver por las pantallas y evitando así un conflicto en el puente — ¡Son demasiadas bestias!

    En la superficie nevada de Pateliala, la situación solo empeoraba por momentos.

    Con la muerte de Horn, el resto de exploradores empezaron a correr y disparar contra esos seres, pero estos tenían una velocidad pasmosa y una fuerza descomunal, eso sin sumar el hecho de que podían hacerse invisibles. Yeved se quedó sin munición plasma y en un acto reflejo, lanzó el arma al suelo para ponerse a correr en dirección a la lanzadera con todas sus fuerzas. Sin embargo, no pudo ser más rápido que dos bestias de Bildsh que se abalanzaron sobre él y lo derribaron, para luego empezar a desmenuzarlo como si se tratase de un simple trozo de carne.

    Sus gritos de dolor se apagaron al instante pero fueron captados por sus compañeros, que seguían dirigiéndose al vehículo aéreo que podría sacarlos de ahí.

    — ¡Vamos, vamos, vamos! — Repetía incansablemente el comandante Vaalot, mientras Ernu y Fare iban detrás suya.

    La bióloga syleriana veía cerca la posibilidad de salvarse junto a sus compañeros, pero de pronto tropezó con el cadáver de un kharaket que yacía semi enterrado en la gruesa capa de nieve, cayendo y perdiendo un tiempo verdaderamente valioso para su escape. Jackon y Ernu se voltearon al escuchar tímidamente su caída, pero para cuando la vieron, ya era tarde. Hasta cinco depredadores se lanzaron sobre ella, partiéndola en varias partes de syleriana bajo la mirada horrorizada del comandante y el soldado, que escucharon un grito agudo de Fare justo antes de que ésta perdiese la vida rápidamente al ser atravesada por múltiples garras.

    — ¡No te detengas, Jackon! — Ernu, con bastante más experiencia en el campo de batalla que su propio superior, le empujó para hacerle avanzar.

    De cinco exploradores que habían aterrizado en Pateliala para reunirse con los kharaket, únicamente quedaban dos con vida.

    Las bestias de Bildsh que los anixis liberaron allí en el pasado se habían hecho con el territorio y sin mucho que cazar, se habían vuelto mucho más despiadadas y violentas de lo que ya eran en el territorio conocido. Por suerte para el dúo, la lanzadera ya se avistaba y la compuerta estaba abierta, por lo que solo tuvieron que entrar en su interior y activar el cierre manual. Una vez dentro, las bestias se lanzaron con todas sus fuerzas contra el vehículo, provocando abolladuras y un zarandeo constante del aparato mientras Ernu tomaba los mandos.

    — ¡¿Sabes pilotar una de estas?! — Jackon no esperaba que el anixis tuviese esa habilidad.

    — ¡Si eres soldado, debes saber hacer cualquier cosa! — Exclamó Ernu, activando los propulsores para elevarse al cielo tormentoso de Pateliala — ¡Agárrate fuerte! ¡Voy a despegar con todo!

    Conforme pudo, el comandante se agarró a uno de los asientos mientras la lanzadera se tambaleaba violentamente en el aire, debido a los fuertes golpes ocasionados por las bestias salvajes. A duras penas el vehículo podía elevarse y volar, aunque los daños deberían ser reparados por los ingenieros a bordo de la Explorario.

    Pero desgraciadamente para los miembros de la expedición de exiliados, su primer punto de encuentro había resultado ser no solo un absoluto fiasco, sino un encuentro de pesadilla.

    […]

    — ¡Esto no puede estar pasando!

    — ¡Estamos muertos si seguimos adelante!

    — ¡Maldito Akkor, nos ha enviado a la muerte!

    — ¡¿Por qué seguimos con esto?!

    — ¡Deberíamos abrir ese puto cargamento!

    — ¡Sí! ¡Veamos qué contiene!

    — ¡Se acabaron los secretos de ese corrupto malnacido!

    — Comandante Vaalot.

    Rath trataba de traer de vuelta a Jackon, sumido en sus pensamientos y en el traumático recuerdo reciente de lo sucedido, reviviendo las escenas de las muertes de Horn, Yeved y Fare en el punto de encuentro de Pateliala. Apenas hacía cinco minutos que él y Ernu habían regresado a duras penas de su corto pero intenso periplo en la superficie de ese mundo helado, encontrándose con un fuerte debate entre todos los miembros de la tripulación sobre que hacer tras lo acontecido.

    — Jackon — La neoniana con dotes de psicología no dudó en quedarse con el humano, que se encontraba un poco en shock — Es normal que te sientas así. Debes procesar lo que has vivido.

    — ¡¿Qué eran esas cosas, colega?! — Brokad se aproximó a Ernu, que se hallaba sentado sobre una caja de suministros en el hangar, donde estaba toda la tripulación al completo — ¡¿Cómo habéis podido escapar de eso?!

    — Entonces… bestias de Bildsh — El soldado anixis omitió por completo al neoniano de extremidades robóticas para dirigirse directamente a Oda — ¿Estás segura de eso?

    — La IA de la nave me ha dado la razón — Musitó la máquina con aspecto de humana, acaparando todas las miradas — Ahora falta saber qué hacían ahí en un planeta que no es el suyo.

    Plaxor miraba detenidamente a Oda, pues percibía algo en ella que le era difícil de discernir por el momento, al igual que Ernu e Ikviek miraban fijamente al ex general. Sin embargo, sus pensamientos al respecto pasaron a un segundo plano cuando vio que los tripulantes de la Explorario, en su mayoría, le lanzaban miradas inquisitivas. El ex consejero anixis no dudó en poner mala cara justo antes de marcharse del lugar, dejándolos a todos con la extraña sensación de que sabía mucho más de lo que había revelado en un principio.

    — No esperéis solidaridad de ese malnacido — Ikviek se sumó al rechazo que sentían todos por Plaxor — Os vendería a Akkor si con eso recuperase el prestigio que él solito ha ido perdiendo a lo largo de los años.

    — Me importa una mierda que ese tal Gran General fuese su antepasado y me importa otra mierda que Akkor quiera que llevemos una caja misteriosa a los kharaket esos — De brazos cruzados y un semblante serio, Young decidió decir lo que pensaba — Deberíamos saber que contiene el cargamento que llevamos en el almacén. Es por nuestra seguridad.

    — Concuerdo con la humana de curioso aspecto — Kairos caminó lentamente hasta el grupo, que había hecho una especie de coro para hablar de lo ocurrido — Nuestras vidas están en juego y a la vista está. Saber que tenemos ahí dentro nos daría la oportunidad de negociar con Akkor si es que nos ha enviado aquí a morir.

    — ¿Por qué molestarse en hacer un pacto o chantaje con todos nosotros solo para enviarnos a morir? — Uldi, la médico syleriana, no comprendía que ese pudiese ser el motivo.

    — Akkor es un ser retorcido, ha liderado Ibos con puño de hierro pero la gente no lo ha visto como tal — Ernu, que se veía cansado tras la experiencia que acababa de vivir, se incorporó — Debe tener un plan.

    — ¿Un plan? ¿Cuál? — El más callado de la tripulación era sin duda Nosh, que pocas veces interactuaba en estas conversaciones grupales.

    — Si el cargamento le importase lo suficiente, no enviaría a simples exiliados a hacer el trabajo, ¿no creéis? — Sonando con bastante lógica, Ernu emprendió el camino hacia el almacén, no muy lejos del hangar en el que se encontraban todos — Lo que sea que contenga esa caja no debe ser relevante ni para él ni para nosotros, pero sí para los kharaket.

    — Me encanta como piensa este tipo — Kairos no dudó en halagar al soldado anixis, siguiendo sus pasos al igual que casi todos los presentes.

    Únicamente Rath se quedó con Jackon a solas en el hangar, aunque tanto Oda como Mia se voltearon a ver a su amigo y comandante con cierta preocupación, pues se le veía impactado tras lo sucedido. Estaba claro que se había formado para ser soldado pero era su primera vez en una verdadera situación de vida o muerte, en un lugar inhóspito y peligroso, por lo que su cuerpo y mente estaban procesado todo tipo de emociones.

    A excepción de la psicóloga neoniana, el comandante humano y el ex general del ejército anixis, ninguno se quiso perder la apertura del cargamento que el representante superior ordenó a los exiliados enviar a los kharaket. Todos se personaron en el almacén, que pese a no ser un espacio muy amplio, contaba con diferentes utensilios y objetos, encontrándose en el centro de la sala dicha caja misteriosa. Iluminada por la luz del centro del habitáculo, tanto Ernu como Kairos le quitaron una lona que la cubría en su totalidad, revelando una caja de considerable tamaño hecha de metal macizo y de un color grisáceo.

    — ¿Quién la abre? — Kris, uno de los ingenieros de a bordo, estaba visiblemente nervioso.

    — Tiene un cierre electrónico encriptado — La hacker humana llamada Young se aproximó al cargamento, tocándolo y buscando vulnerabilidades — No podremos forzarla ni mucho menos.

    — ¿Y cómo diablos la abrimos entonces? — Yazuke estaba perdiendo la paciencia desde el inicio — ¿Será que se abre con un código que solo conocen los kharaket?

    — Es altamente probable — Indicó Nosh, que lo veía factible — De lo contrario no nos habrían dejado acercarnos al cargamento siquiera.

    — Nuestro querido corrupto representante superior sabe hacer las cosas bien, le tengo que dar ese crédito — El otro soldado anixis de la expedición, Ikviek, se cruzó de brazos al ver que descubrir el interior del cargamento sería una tarea casi imposible — Bueno, compañeros, se ha intentado.

    — Y yo que quería abrir mi regalo de cumpleaños — Brokad lanzó un comentario sarcástico que nadie le río.

    La gran parte de la tripulación del Explorario se marchó del almacén tras un pobre intento de abrir el cargamento de Akkor, pese a que quedó patente desde el principio que descubrir si interior sería una ardua y complicada tarea la cual no podían hacer sin el código necesario o material específico para la apertura de una caja metálica y electrónica.

    Uno por uno fueron saliendo de la sala a excepción de Oda, que se quedó observando el cargamento con la mirada fija en un pequeño teclado que servía para inscribir el código con el cual se tendría acceso al contenido del cubo. La IA con forma humana ya estaba empezando a maquinar cómo podría forzar su apertura para conocer qué estaban transportando expresamente para los kharaket.

    El cargamento solo puede ser abierto por los kharaket — Dijo de pronto la IA básica de la nave, sorprendiendo a la robot humana — Cualquier intento de abrirla podría comprometer la misión.

    — Claro, lo entiendo — Levantando la cabeza como si estuviese hablándole a una presencia en la sala, Oda parecía desafiar a quien se podía considerar como una homónima suya — Hay muchas vidas en juego.
     
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    Reydelaperdicion

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de esta semana.

    Juntada inesperada, pero nos ha dejado la chance de poder leer juntos, y menos mal, porque este ha sido un buen capítulo dentro de todo.

    Arranca todo con Jackon contemplando el planeta al que va a descender por primera vez, Pateliala, un mundo congelado que fue elegido como punto de encuentro. Sabe que es momento de descender y entregar el cargamento, pero con los kharaket dejandolos sin respuesta cuando no contestaron la baliza, obligan a ser cauteloso. Jackon elige a su tripulación para la misión, y eso termina con mucho enojo de algunos miembros del equipo. Principalmente Ikviek, quien quiere ir en lugar de su homónimo Ernu, Brokad que quiere llevarse sus implantes para ponerlos a prueba, y también Oda, quien le insiste a Jackon que su misión es no permitir que él o Kairos mueran en la aventura. Jackon los rechaza a todos, y luego llega Mia para ir a plantarle un beso a Jackon de despedida :aniblush: Encima la chica le dice a Jackon que se cuide mucho en la misión, claro porque después quiere que se la ponga, seguro :blue: . Ahora bien, Jackon no evitó el beso, no se la quitó de encima ni tampoco se molestó. Me pregunto si a Jackon inconscientemente le gusta Mia y estando lejos se le está olvidando que Echo espera por él, aunque técnicamente no son nada en ese momento :think:

    Jackon pronto es molestado por sus compañeros ya que tratan de aligerar el ambiente, pero más pronto que tarde se ponen manos a la obra y los 5 elegidos para el descenso bajan allí. La lanzadera aterriza cerca de una baliza roja que señala el punto de encuentro en un mundo muy frío, con viento soplando a lo loco y una nevada dejando todo blanco sin poder ver nada. Lo primero que se encuentran al llegar hasta la zona es la razón por la cual los kharaket no respondieron a la baliza, y es que todos han sido masacrados por unas bestias que no tardan demasiado en aparecer. Monstruos que pueden hacerse invisibles, y más encima en un escenario tormentoso te pone mucho más dificil el detectarlos por el sonido. Una auténtica pesadilla para la exploración :aniscream: Viendo que ya no tienen nada más que hacer allí, Jackon ordena la retirada al punto siguiente.

    Mientras tanto, en la Explorario vemos que Oda es capaz de reconocer a las bestias de Bildsh, normal que las recuerde con tanto detalle, si esos animales se metieron en la nave cuando ella era una simple IA y atacaron a la tripulación de la misión de conocer la ruta anixis. Pronto las miradas caen en Plaxor, y este les dice que las bestias fueron puestas allí por Akkor para evitar que los kharaket colonizaran el planeta, de cierto modo, para mantenerlos controlados. Entre eso y el comentario de Ikviek que le dice que los kharaket eran problemáticos antes de encontrarse con ellos y la llegada de los anixis solo empeoró las cosas, todo esto solo me hace pensar que pueden ser tipos peligrosos.

    Jackon intenta llegar a la lanzadera para escapar con toda la tripulación, pero pronto solo él y Ernu llegan a escapar con vida. Horn, Yeved y Fare no lo logran, y terminan siendo comida para las bestias. Tras regresar estos dos, vemos que Jackon está bastante traumatizado por todo. Primera vez que pelea por su vida, y todo en una situación bastante terrorifica. Además, él mismo expresó su deseo de que sus amigos y familia pudieran estar con él para explorar el planeta. Imagino que la imagen de sus amigos cercanos encontrándose cerca de la muerte, junto con el hecho de pensar que él eligió a los soldados para la misión y por ende los mandó a morir, lo tienen afectado, incluso si la misión fue todo idea de Akkor en realidad.

    Pronto Oda vuelve a nombrar a las bestias de Bildsh, y esto es algo que deja a Plaxor bastante preocupado, pues ella debería ser una simple humana que no debió haber estado en la misión en la cual fueron descubiertas. Seguro ahora el anazi expulsado del consejo va a estar molestando, fijo :slap:

    Un grupo se dispone a terminar por una vez con todas con tanto misterio, y deciden que quieren abrir el cargamento para saber por qué arriesgaron sus vidas y qué es lo que llevó a 3 compañeros a la muerte en una simple misión. Van en grupo, pero pronto se terminan encontrando con que se trata de cajas cerradas mediante un código de seguridad que me imagino que solo los kharaket pueden abrir. Pero bueno, el misterio sigue, y yo estoy muy de acuerdo con este final. Me habría decepcionado si abrían la caja, y si al mirar dentro, se cortaba el capítulo allí XD :angrycat:

    Pronto vemos que Orenda se queda mirando las cajas, y la propia IA de la nave, una versión que le recuerda a ella en sus inicios, le dice que no lo haga porque podría comprometer la misión. Tremendo, dos IAs hablándose mutuamente . Me pregunto si Plaxor podrá descubrir a Oda antes de que esta de con una forma de abrir el cargamento oculto de Akkor.

    Y bueno amigo, gran capítulo. La misión será mucho más complicada mientras estén en ese mundo con tormentas de nieve, viento y más aún si las bestias de Bildsh evolucionadas y agresivas están ahí para joder. A ver qué es lo que deciden hacer los demás. Si tengo que suponer entiendo que Plaxor tratará de descifrar más cosas respecto a Orenda, mientras ella intenta convencer a la IA de la nave que la ayude a abrir las cajas o sino buscar una forma de eludirla. Kairos irá reuniendo a gente con ánimos de pelea como Brokad, Ikviek y Ernu para tratar de sacarle algo más de info a Akkor sobre la misión. Jackon quizá tenga que ir con la psicóloga de la nave, y Mia, bueno, seguro la chica buscará una forma de aliviarle la tensión :humm: Okno XDDD. Sea como sea, ya tengo ganas de que leamos el siguiente capítulo y ver como sigue todo esto a partir de ahora.

    Será hasta la próxima semana en el foro, ya que espero que podamos tener mañana una nueva juntada pero ya sin leída. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  7. Threadmarks: Reunión clandestina
     
    Manuvalk

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Saludos, ya está aquí el cuarto capítulo de esta parte II de Los Viajeros Vol. 2. Como siempre, agradecer a mi querido amigo Agus estresado por estar a la orden del día en lo que a esta historia se refiere. Valoro mucho nuestras juntadas para hacer leída en simultáneo y jugar, así que sea cuando sea la siguiente, confío en que lo pasaremos genial.

    Dicho esto, les dejo con la lectura.







    Reunión clandestina




    Explorario


    El comandante Vaalot yacía sobre su cama con la mirada perdida en el techo.

    Su camarote estaba en penumbra, tímidamente iluminado por dos pequeñas lámparas, una ubicada en la mesita de noche y la otra en el centro de una mesa redonda entre dos sillones, junto al ventanal con vistas al abismo estelar. Aunque estaba con los ojos abiertos, su mente le traía las imágenes recientes de las muertes de Fare, Horn y Yeved, junto con la aterradora mirada azulada que proyectaban las bestias de Bildsh tras la cortina de nieve que la ventisca azotaba contra los exploradores.

    Rath, la neoniana con experiencia en psicología, se quedó durante unos minutos en el hangar con el humano hasta que le recomendó ir a su habitación a descansar, aunque no fuese tarea fácil. Para Jackon, era la primera vez que experimentaba una situación extrema en un mundo inhóspito y en circunstancias peliagudas, pues los entrenamientos en Paraíso jamás podían igualar una experiencia real en un mundo habitado por criaturas salvajes.

    Sin lugar a dudas, lo sucedido le había dejado huella.

    — ¿Jackon?

    Una voz femenina se escuchó tras la puerta del camarote, seguida de dos golpes suaves.

    Aquello logró disuadir brevemente al comandante de seguir sumiéndose en los intensos y recientes recuerdos que tenía del descenso en Pateliala. Fuese como fuese, la misión seguía su curso y ya habían puesto rumbo al siguiente punto de encuentro, donde esta vez, deberían estar los kharaket sin problemas de por medio.

    — Un momento.

    Vaalot lanzó un suspiro al aire y se frotó la cara con ambas manos para acto seguido incorporarse y sentarse sobre el borde de su cama. Se dirigió al habitáculo que tenía como cuarto de baño, se lavó la cara con agua, se secó y emprendió el rumbo hacia la puerta. No le importó ir únicamente con pantalones cómodos, revelando a quien fuera su visita un torso atlético de muy buen ver.

    El joven accionó el cierre de seguridad de la puerta para que esta se abriese, apareciendo ante sus ojos una de sus compañeras.

    — Oh, vaya, perdona — Mia no pudo evitar sonrojarse un poco al encontrarse a su superior a medio vestir — ¿Te ibas a duchar o…?

    — Me duché antes, ahora solo quería estar cómodo en mi camarote.

    — Claro, es comprensible.

    — Dime, Mia, ¿querías algo?

    — Solo quería ver cómo estabas — El tono de voz de Yazuke indicaba cierta preocupación en el hombre — Hace un rato, en el hangar, te vi totalmente perdido…

    — Ya, yo… — Jackon se asomó al pasillo para ver que no hubiese nadie en quien apenas confiara, algo que no era así con la asiática — Pasa.

    La ingeniera no pretendía entrar al camarote en un principio, pero no iba a decir que no a la petición de su superior y amigo, que parecía no querer mostrarse vulnerable ante cualquiera —a pesar de que varios tripulantes de la expedición ya le habían visto en shock en el hangar—. Con un gesto serio pero amable, Vaalot le indicó a Yazuke donde sentarse.

    — Supongo que todos vieron las imágenes a través de las cámaras que llevamos equipadas — Supuso el comandante, que decidió quedarse de pie con los brazos cruzados y la vista en el horizonte estrellado.

    — Sí, todos lo hemos visto — Se sinceró Mia, algo apenada — Ha sido impactante, pero bueno, no conocía mucho a esas personas.

    — Fare, Horn, Yeved… Esos eran sus nombres — Jackon se había tomado muy en serio su rango de comandante, aprendiéndose los nombres de todos y sus historias tras haber revisado sus informes — Mi tarea era protegerlos. Y he perdido a los tres en una misma salida.

    — Jackon, no debes cargar con toda esta responsabilidad tú solo — Yazuke se incorporó y posó su mano sobre el hombro del chico, tratando de consolarle — Tal vez Akkor te nombrase comandante de esta expedición, pero todos somos un equipo a pesar de las circunstancias que nos han traído hasta aquí.

    — ¡Es mi primera misión como comandante en una expedición, Mia! ¡Soñé con algo así toda mi vida! ¡Quería ser como mi padre! — Exclamó Jackon en un tono más contenido que furioso — No es como lo soñé, desde luego, pero esperaba estar a la altura. El tiempo me dio la razón cuando dejé la comandancia al poco de llegar a Ibos.

    — No digas eso — La mujer se sentía mal al ver cómo se machacaba mentalmente su líder y amigo — Eres un gran líder y aprenderás más sobre la marcha. Estoy segura.

    — No sé, Mia, yo…

    — En las misiones espaciales muere gente y esta era difícil que fuese a ser una excepción. Quizá incluso Akkor nos ha enviado a morir, eso piensan muchos — Mia no escatimó en decir todo lo que pensaba y más — Yo… no quiero sonar cruel, pero las muertes de nuestros compañeros no me afectan. Siempre he estado sola y he visto gente morir a mi alrededor.

    — Todos vimos morir gente a nuestro alrededor en el territorio conocido — Vaalot sentía en un principio que le quería hacer ser menos — Todos hemos sufrido, no solo tú.

    — Lo sé, pero a lo que me refiero es que sus muertes me dan igual, aunque suene egoísta — La asiática miró a los ojos de su comandante — Aquí nadie me importa… excepto tú.

    Sin esperárselo, el comandante vio como los labios de su amiga se aproximaban a los suyos hasta que ambos hicieron contacto, fundiéndose durante unos cortos pero intensos segundos. El hombre no supo como reaccionar después de eso y la mujer parecía dispuesta a seguir avanzando, pero el recuerdo de Echo golpeó la mente de Jackon como un disparo de advertencia que le hizo retroceder.

    Evidentemente, sus instintos más básicos le empujaban a desarrollar la situación, pero su corazón le mandó una clara señal: se estaba engañando si seguía por ese camino.

    — L-lo siento, Mia — Impactado por lo que acababa de suceder entre ambos, Vaalot se echó atrás con la mirada gacha — No puedo hacer esto.

    — ¿Por qué? — La ingeniera llevaba tiempo queriendo acercarse sentimentalmente a su superior y amigo — ¿Qué te lo impide?

    — Echo. Ella es…

    — Según tengo entendido, no estáis en una relación.

    — No estamos juntos porque yo planeaba irme como emisario y ella se iba a quedar en Ibos comandando al ejército de la Alianza, pero luego ocurrió todo esto…

    — No lo entiendo, Jackon — Mia se sentía un poco ninguneada — Habla claro, ¿quieres?

    — No sé lo que quiero al respecto, ¿vale? — El comandante de la expedición no estaba para discutir esos temas.

    — ¿Qué quieres decir exactamente?

    — Mira, la verdad es que me pareces una chica interesante y no me importaría ver que ocurre entre nosotros — Reveló Jackon, para sorpresa de la ingeniera — Pero aún tengo fuertes sentimientos por Echo, son muchos años juntos y no he tenido problemas con ella…

    Yazuke entendía a qué se refería el hombre, pero eso no lo hacía algo fácil de digerir, especialmente porque aquello la dejaba en una posición compleja a la hora de intentar avanzar en esa posible relación con él. La asiática asintió repetidas veces con la mirada perdida hasta que optó por retroceder y dirigirse a la salida del camarote, bajo la atenta mirada de Vaalot.

    — Perdona, Jackon — Musitó ella, evidentemente afectada por la situación pese a la entereza que mostraba — No debí haber hecho eso.

    Mia salió un tanto apresurada por la puerta de la habitación, dejando en completo silencio al comandante de la expedición. Sin embargo, apenas se fue la ingeniera, apareció por la entrada el rostro de la inteligencia artificial con forma humanoide. Oda había visto como la asiática se marchaba del camarote y por la expresión en el rostro de Jackon, intuyó que había ocurrido algo.

    — ¿Todo bien? — Preguntó Oda, aproximándose al humano.

    — Sí, todo bien, descuida — La respuesta del hombre dejó insatisfecha a la robot — Estábamos tratando un asunto personal.

    — Estoy haciendo una lectura de tus expresiones faciales y es evidente que ha ocurrido algo que te ha contrariado — Reveló la IA, sorprendiendo a su superior — ¿Te importa esa chica?

    — A ver, es una amiga que forma parte de mi generación, de mi familia…

    — Entiendo, desconocía eso — Oda tenía la orden de mantener con vida en la gran arca únicamente a Jackon, Karla, Owen, Echo, Kendall y Omnius — ¿Quieres que la incluya en el plan junto a ti y Kairos?

    — Está bien, pero no le releves tu identidad aún — Murmuró él, mostrándose serio respecto a ese tema.

    — Entendido, comandante.

    — ¿Querías algo más, Orenda?

    — Ver cual era tu estado mental después de lo ocurrido en la superficie de Pateliala, pero veo que lo estás procesando mediante tus emociones y pensamientos, así que te dejaré estar.

    — Vale, pues muchas gracias. Avísame cuando estemos cerca del siguiente punto de encuentro.

    — Te lo haré saber, Jackon.

    Oda se marchó del camarote del comandante, cerrando la puerta tras de sí, mientras éste permanecía pensativo ya no solo en lo que había vivido en esa traumática salida al planeta helado sino también en lo que acababa de ocurrir con Mia. Sus sentimientos por Echo no habían desaparecido y el recuerdo de su apasionado beso en la despedida previa al exilio seguía presente, pero era innegable que la asiática era atractiva y además mostraba una bonita preocupación por él, lo que le llamaba la atención. Además, había una ligera posibilidad de nunca pudiese regresar a Ibos y de que nunca volviese a ver a sus seres queridos.

    En ese caso, ¿debía privarse de vivir algo bello de nuevo? Todo eran pensamientos cruzados y sentimientos encontrados en el comandante Vaalot, que consideró que lo mejor era apartar todo eso para no perder el foco de lo que verdaderamente importaba: entregar el cargamento a los kharaket y hallar el modo de burlar los engaños de Akkor para regresar a casa.

    […]

    En la gran sala del Explorario que servía como armería, sala de entrenamiento e ingeniería, se encontraba la mayor parte de la tripulación.

    Los últimos sucesos habían dejado bastante preocupados y pensativos a gran parte de los exiliados miembros de la expedición secreta que el representante superior había organizado para sus chanchullos, por lo que todos los presentes en esa área sentían que debían actuar por su cuenta. Una especie de reunión clandestina orquestada por varios exploradores, entre los que estaban Young, Brokad y Ernu.

    Ellos tres eran los artífices de que esa reunión se estuviese llevando a cabo tras el intento fallido de abrir el cargamento, el cual tenía un cierre electrónico que solo los kharaket conocían, lo que imposibilitaba conocer el contenido de este.

    — La realidad es que no podemos seguir con esto sin más — Comenzó diciendo Ernu, uno de los soldados anixis de la expedición — Akkor debería habernos informado de la presencia de bestias de Bildsh en Pateliala y no lo hizo. Creo que es un mensaje.

    — ¿Mensaje? Hermano, nosotros estuvimos en ese primer contacto con los kharaket, bajo las órdenes de Plaxor, bajo el mando de Akkor… — Ikviek no dudó en decir lo que pensaba ante su homónimo y los demás — No hace falta ningún mensaje. Somos claramente prescindibles para ese malnacido.

    — Entonces, ¿qué diablos hacemos? — El ingeniero llamado Nosh se veía algo ansioso debido a la situación — ¡Estamos en claro peligro!

    — Cálmate, llorón — La hacker de la expedición miró al hombre despectivamente — A mi modo de ver, hay un par de opciones.

    — Te escuchamos — Kris permanecía de brazos cruzados.

    — Podríamos dar media vuelta y regresar tal cual a Ibos — Explicó Young, ante la mirada de todos los presentes — O bien buscar el modo de encontrar las coordenadas del planeta de los exiliados y quedarnos allí directamente.

    — En ambas opciones, Akkor y sus operativos vendrían a por nosotros por no cumplir con la misión — Ernu dejó claras las cosas — Estaríamos en constante persecución y esa no es forma de vivir durante mucho tiempo.

    — ¡¿Cómo que no?! — Brokad, que había permanecido callado hasta el momento, intervino con efusividad — ¡Podríamos matar a todos esos malditos operativos y después al bastardo de Akkor!

    — Tú no debes haberte enfrentado nunca a un operativo anixis — Ikviek hablaba con relativa tranquilidad pero a su vez con contundencia — Son los mejores entrenados del ejército superior. Sus habilidades son excepcionales.

    — ¡Y las mías también! — El neoniano señaló sus extremidades robóticas.

    — Además, según tengo entendido, Plaxor está aquí para vigilar que completamos la misión, ¿no? — La médico de nombre Uldi dejó constancia de ese detalle.

    — Sí, ese gruñón está aquí para hacer de niñera de todos — Nuevamente, Ikviek añadió más a la conversación — Pero dudo que se oponga a lo que decidamos hacer, somos todos contra él. Aunque seguro que puede avisar a Akkor de lo que ocurra y empeorar nuestra situación.

    — ¿Y por qué no lo matamos directamente?

    Todos se voltearon a ver a quien había dicho eso, tratándose del mismísimo Kairos.

    El neoniano se encontraba un poco apartado del círculo que se había creado para esa reunión, pero había estado escuchando todo el debate y las aportaciones al respecto, terminando por llegar a una conclusión más que debatible, pese a que a priori había pasado por la mente de la mayoría.

    — ¿Y qué ganaríamos con eso? — Fue la pregunta que el ingeniero syleriano Kris lanzó a la palestra.

    — Cortar la vigilancia de Akkor sobre nosotros — Contestó el que fuera líder del grupo de mercenarios que ahora controlaba Vorta en Ibos — Parcialmente, al menos.

    — Tú lo has dicho, parcialmente — Añadió Ernu con seriedad — Plaxor no debe ser lo único que nos vigile aquí.

    — ¿La IA de la nave? — Esta duda la planteó Uldi.

    — No, es una IA básica para aportar información, no tiene conexión externa ni puede escuchar conversaciones como tal — Ikviek parecía haber investigado un poco al respecto — Creedme, me he asegurado de comprobar eso en cuanto subí a bordo. De lo contrario, hablar como estamos haciendo ahora sería nuestra tumba.

    — Entonces, ¿qué hacemos? — Nosh volvió a insistir en tener un plan claro.

    — Yo abogaría por seguir unidos, avanzar al siguiente punto de encuentro y entregar lo que sea que debamos entregar a los kharaket — Uno de los dos soldados anixis, siendo Ikviek el más veterano, optó por seguir igual — Mientras tanto, atentos a cualquier ventaja que podamos usar a favor de nosotros. Se supone que una vez entregado el cargamento, Akkor nos dará las coordenadas del planeta de los exiliados.

    — ¿Quién te ha dicho que todos queremos ir ahí? — Kairos no se quedó callado — No estoy dispuesto a rendirme y acabar en un tugurio gobernado por cuatro locos.

    — Por el momento, solo tienes eso, neoniano — La respuesta de Ikviek fue contundente, pero el anixis desconocía que Kairos, Jackon y Oda ya venían con un plan para ellos — Tú decides.

    — Si, exacto, yo decido — Murmuró Kent, mostrando una sonrisa reveladora.

    […]

    — Pasa, por favor.

    La puerta del camarote se abrió instantáneamente, dando paso a un fornido anixis de aspecto imponente y rostro aquejado por las inclemencias del tiempo y de la guerra.

    El que fuera ex consejero —en el Consejo Superior— y ex general —del ejército superior— tomó asiento frente a la psicóloga de la expedición, la neoniana llamada Rath. Plaxor nunca había sido partidario de acudir a charlas terapéuticas o de trabajar con especialistas de la mente, pero Rath tenía la tarea de concertar un encuentro con cada miembro de la expedición desde que esta comenzó, quedándole únicamente el anixis que había sido contratado por Akkor para vigilar que se cumplían sus deseos en la nave Explorario.

    — ¿Qué quieres que hablemos? — El veterano anixis frunció el ceño casi al instante de sentarse, pues no se sentía cómodo ante alguien que pretendía hacerle abrirse — No tengo ningún conflicto interno como lo pueda tener ahora mismo el comandante Vaalot.

    — ¿Por qué lo mencionas a él? — La neoniana se fijó en ese detalle — Jackon no forma parte de esta sesión.

    — Te vi con él en el hangar, cuando regresó junto a Ernu del punto de encuentro en Pateliala — Contestó el ex consejero, juntando ambas manos y apoyando sus brazos en sus rodillas — Sé lo que se siente en tu primera misión en el espacio exterior, especialmente si termina con muertos…

    — En ese caso, le podría venir bien escuchar tus consejos sobre esa experiencia, ¿no crees?

    — Ni él querrá escucharlos ni yo quiero dárselos.

    — ¿Por qué?

    — Estoy aquí para asegurarme de que estos exiliados, entre los que te incluyes, cumplen con el objetivo de entregar el cargamento a los kharaket para después recibir las coordenadas de Ceti Nosea.

    — ¿Y después? — Rath no dejaba de apuntar los datos que más le interesaban en su tableta portátil — ¿Tú también te quedarás allí?

    — Medio año — Musitó Plaxor, que parecía algo molesto con eso — Hasta que llegue el envío de suministros. Me iré con ellos de regreso a Ibos.

    — Entiendo.

    La neoniana empezó a teclear parte de las respuestas del ex general anixis, que permanecía en silencio, mirándola con intriga. La duda sobre qué estaba escribiendo le carcomía hasta el punto de que golpeó con un puño la mesa redonda que les separaba, ubicada en medio de los dos.

    Rath se sobresaltó un poco al no ver venir esa reacción furiosa del veterano anixis.

    — ¡¿Qué estás escribiendo ahí?!

    — Nada de lo que debas preocuparte, solo estoy ampliando tu perfil psicológico — Explicó la exploradora y graduada en psicología.

    — No debería haber venido — Plaxor hizo amago de irse.

    — Espera, ¿te puedo hacer una última pregunta?

    El ex general del ejército superior lanzó un ligero suspiro seguido de unos puños apretados, estando ya de pie en el lugar en que se suponía que debía sentarse. El anixis estaba dispuesto a marcharse, pero la curiosidad por saber cual era esa pregunta le hizo ser paciente.

    — Habla, neoniana.

    — ¿Por qué sientes tanta repulsa hacia otras especies?

    La pregunta de Rath era sin duda una buena pregunta, ya que era una obviedad que Plaxor odiaba a todas las especies que no fueran anixis. Ni siquiera apreciaba o valoraba mínimamente a las subespecies con las que sus homónimos compartían la vida en Ibos. En otras circunstancias, el ex consejero no habría querido dar respuesta a ello, sin embargo, sorprendió a la psicóloga con su pensamiento al respecto.

    — Desde el primer contacto con los kharaket, descubrí que todas las especies buscan sobreponerse a las otras y obtener el dominio — Dijo Plaxor, revelando básicamente lo que pensaba — Con las subespecies no es diferente. Con ninguna lo es. El universo está lleno de seres tan insignificantes como un insecto diminuto en un bosque. Y odio que cualquiera de ellas pueda destruir todo lo que a los anixis nos ha costado mantener desde la infección al viejo imperio de Mente Colmena.

    — Mente Colmena era como un insecto en un bosque y casi nos aniquila a todos — Las palabras de Rath fueron un argumento de contraataque perfecto — Tan insignificantes no serán los insectos o las bacterias cuando son capaces de destruir todo lo que una especie inteligente ha levantado.

    — No son seres insignificantes por su denominación, sino porque no merecen la grandeza que los anixis nos hemos ganado — Casi sin voltearse a verla, el ex general emprendió el camino hacia la salida del camarote — El universo sería un lugar mejor si fuese gobernado por la supremacía anixis.

    […]

    Ibos


    El vertedero tecnológico que los mercenarios de Kairos —ahora liderados por Vorta— utilizaban como base operativa de sus actividades clandestinas, ubicado a las afueras del Distrito Neonia, era testigo de como parte de ese grupo que trabajaba en la sombra por el bienestar de los más desfavorecidos —aunque ahora estaban centrados en destapar la corrupción de Akkor— se concentraba con la intención de emprender rumbo hacia una zona alejada de las tres ciudades del planeta.

    Una lanzadera rudimentaria pero que cumplía su función de transporte, llevaría consigo a parte del grupo y a sus aliados, pues habían acordado una reunión clandestina con el actual general del ejército superior, el ex teniente Orlat. La comandante Mercer, con una excedencia que la liberaba temporalmente de su rol burocrático en el ejército de la Alianza, recibió le mensaje del investigador anixis, que vio como Om le daba la espalda de forma un tanto extraña.

    — “Comandante Echo Mercer, soy el general Orlat. He oído que se está tomando un descanso de su cargo, pero creo que deberíamos hablar. No quiero dar detalles por precaución, pero me gustaría concertar una reunión contigo y con quiénes estéis al corriente de lo que sucede con algunos miembros del Consejo Superior. Es de extrema importancia para el futuro de esta sociedad.”

    Así, la propia Echo junto a Vorta, Eret, Karla, Kendall, Brandon, Owen y Andrómeda se dirigían a dicho encuentro secreto con el general del ejército anixis, quien empezaba a tener serias sospechas de que la influencia de Akkor en las decisiones gubernamentales de la sociedad era demasiado fuerte.

    Apenas había pasado un día de lo que cada uno de ellos había vivido, siendo desde simplemente nada, a sentirse vigilados por la gente y en última instancia tener que asesinar a alguien, como lo que había ocurrido precisamente con Brandon y Kendall en el hospital principal de Vianus.

    El médico general, que había optado por abstenerse de toda esa trama política por el peligro que entrañaba y sus nulas habilidades para desenvolverse en situaciones de vida o muerte, se vio de pronto inmerso de lleno en todo ese conflicto. Tuvo que matar al médico que monitorizaba la respuesta y mejoría de Kendall con respecto al pulmón artificial que le implantaron, pues este syleriano era en realidad un operativo al servicio del representante superior.

    — Hey, ¿te encuentras bien? — Owen, que conocía más o menos bien al joven adinerado, se acercó a él durante el viaje en lanzadera una vez conocía lo que había ocurrido en el hospital.

    — No lo sé — Temblando aún pese a que había pasado casi un día completo desde ese suceso, Brandon apenas apartaba la vista del frente — Yo… he matado a alguien.

    — Sí… no me puedo imaginar lo que debes sentir — Murmuró el joven Crane, que tenía la suerte de no haber matado a nadie por el momento — Pero creo que debes decirte a ti mismo que has hecho lo que debías.

    — ¿Tú crees?

    — Claro, piénsalo — El trabajador de invernadero apoyó una de sus manos en un hombro de su amigo, reconfortándolo — Le salvaste la vida a Kendall y muy probablemente a ti también. ¿Acaso crees que ese tipo te habría dejado vivo después de presenciar aquello?

    Gallagher no había pensado mucho en ese detalle, pero al escucharlo de boca de su compañero, le vio todo el sentido.

    Tal vez su vida habría terminado si la del detective también lo hacía, por lo que su asesinato era en defensa propia y por proteger a una persona. Llegar a esa conclusión en ese instante le hizo sentirse un tanto aliviado, aunque no por ello se sintiese ya tranquilo del todo, pues estaba metido de lleno en la lucha y procesar que has matado a una persona no es algo que desaparece de la noche a la mañana.

    — Diez minutos para llegar al lugar designado — Se trataba de Eret, quien pilotaba la lanzadera hacia su destino.

    — Entendido — Echo se volteó hacia Vorta — ¿Venimos equipados?

    — Obviamente — La actual líder de los mercenarios se sorprendió con esa pregunta — No iba a ir con las manos vacías a un encuentro con un anixis.

    — Veamos que quiere ese tal Orlat — Musitó la científica Vaalot, que había dejado sus funciones a un lado de forma temporal.

    — ¿Qué creéis que quiera? — Andrómeda sentía curiosidad y temor al mismo tiempo — ¿Tendrá información que nos pueda ser útil o…?

    — O bien es una maldita trampa — Kendall no se andó con rodeos — Supuestamente viene solo, pero no me lo creo.

    — Preparémonos para un posible asalto en contra nuestra — Quiso añadir la comandante del ejército aliado — Quizá Akkor haya decidido montar esta reunión para eliminarnos a todos de un plumazo.

    El grupo se encontraba con ese pensamiento durante el trayecto hacia el lugar indicado, que se trataba de una extensa llanura en la cual había pequeñas ruinas de lo que fue uno de los primeros puestos que instalaron los anixis durante su llegada a Ibos hacía cientos de años, abandonado posteriormente para la construcción de la ciudad de Vianus y las venideras.

    Esa lanzadera destartalada pero funcional en la que viajaba el grupo, terminó llegando antes de la hora indicada, pero no había ni rastro del vehículo aéreo con el que el general del ejército superior aparecería. Uno por uno y todos armados fueron saliendo del aparato una vez este tomó contacto con tierra, sin atreverse a cerrar las compuertas por si hubiese que irse rápidamente a la mínima sospecha de que todo fuese un complot.

    — Justo a tiempo — Señaló Eret hacia el horizonte — Ahí.

    Una lanzadera con la insignia del ejército superior se aproximaba a la zona donde se iba a dar esa reunión clandestina entre el grupo y el general.

    Sus propulsores aminoraron la marcha y se posicionaron hacia el suelo, permitiendo así el descenso controlado a escasos metros de Vorta y Echo, que eran las que estaban al frente. El vehículo aéreo tomó contacto con la superficie terrestre al mismo tiempo que el sonido de sus motores desaparecía, diluyéndose hasta convertirse en mero silencio. Owen, Karla, Eret, Kendall, Andrómeda y Brandon apuntaron con sus armas —varios Striker del mercado negro— en cuanto vieron que la compuerta de esa lanzadera se abría, revelando ante todos al actual general anixis.

    — Vaya — Orlat se llevó una sorpresa al verse encañonado en cuanto salió de su vehículo personal — Bueno, es comprensible.

    — ¡¿Estás solo?! — La líder de los mercenarios tomó la palabra, mientras apuntaba con su Striker al anixis.

    — Así es — Indicó el general, levantando las manos y demostrando que iba desarmado — Estoy completamente solo.

    — Recibí tu mensaje — La comandante de la Alianza se aproximó a su homónimo militar, bajando el arma con la seguridad de que el resto seguía apuntando al recién llegado — ¿Qué quieres de nosotros?

    — No quiero nada como tal, solo pretendo establecer lazos — La respuesta del anixis no dejó indiferente a nadie — No sé si lo sabéis, pero el representante Paokt se ha rendido.

    — Sí, lo sabemos — Echo parecía ser quién mantendría la conversación de ahora en adelante — No contamos con él para derrocar a Akkor del poder.

    — Por eso mismo estoy aquí, para ayudaros en eso.

    Las palabras y la convicción que proyectaba Orlat tenía a más de uno extrañado, pues no esperaban que el mismísimo general del ejército anixis estuviese metido en una investigación interna por destapar la corrupción sistemática que el representante superior estaba orquestando desde hacía décadas, aunque los miembros de la Alianza la estaban viviendo desde hacía unos pocos años.

    — ¿Y cómo podemos creerte? — La joven Vaalot se aproximó unos pasos hacia el anixis, sin bajar el arma — ¿Sabes algo que nosotros no sepamos?

    — Lamentablemente, sé lo mismo que vosotros — Se sinceró el general, mostrándose cabizbajo al decirlo — Pero creo que podríamos trabajar juntos, especialmente ahora que Omnius nos ha dejado de lado.

    — ¿Qué propones? — Vorta no iba a quedarse atrás a la hora de intervenir en la conversación — Porque nosotros no trabajamos con cualquiera así por así. No hay nada mejor que tener intereses comunes.

    — En efecto, tienes toda la razón — Orlat asintió, compartiendo ese pensar de la syleriana — Lo que propongo son mis recursos y mi participación en la investigación.

    — No sé si lo sabes, general, pero esto ya no es una investigación — La comandante Mercer reveló una expresión de ira en su rostro — Es una guerra encubierta.

    — ¿Estás dispuesto a entrar en guerra contra quién se supone que es tu superior? — El detective Xom decidió lanzar esa pregunta al anixis.

    — Si es necesario, por el bien de la sociedad, lo haré.

    — Vale… — Echo se aproximó al general del ejército superior con la mano tendida — Si nos traicionas, date por muerto.

    — Si actuáis como terroristas sin que os importen las vidas civiles, os traicionaré — Reveló Orlat, sin miedo a encontrarse en clara desventaja y anteponiendo sus ideales — De lo contrario, si buscamos desmantelar la corrupción de Akkor y Relic, seré fiel hasta el final.

    Tanto la comandante humana como la líder mercenaria se miraron entre sí, al mismo tiempo que el resto del grupo que se encontraba más atrás, veía la escena con seriedad y con la determinación de que el anixis era un potencial buen aliado para la causa. Pero de pronto, inesperadamente, el sonido de varios vehículos aéreos se empezó a escuchar en el área.

    Casi sin darse cuenta y rápidamente, varias lanzaderas se aproximaban por aire y empezaban a aterrizar muy próximas al punto de reunión.

    — ¡¿Qué diablos es esto?! — El joven Crane se puso tenso al ver que hasta cuatro lanzaderas les rodeaban.

    — ¡Hijo de puta! — Kendall puso el cañón de su Striker en el torso del general anixis — ¡¿No decías que venías solo?!

    — ¡No mentía! — Orlat se veía igual de sorprendido y preocupado que el resto — ¡No vienen conmigo!

    — Gente, deberíamos irnos — Murmuró Eret, dirigiéndose hacia la lanzadera para ponerla en marcha — No estam…

    Repentinamente, un disparo limpio atravesó la frente del mercenario neoniano justo cuando estaba por entrar al interior de su vehículo aéreo.

    El agricultor antaño en el mismo invernadero que Owen se desplomó instantáneamente ante todos sus compañeros, en especial ante un Crane que se quedó impactado al ver como uno de sus amigos acababa de morir de un momento para otro.

    — ¡Eret! — Gritó, enloquecido — ¡No! ¡No! ¡No!

    — ¡Mierda! — Exclamó Xom, mirando en todas direcciones.

    — ¡Al suelo! — Ordenó Echo mientras hacia lo propio.

    Una lluvia de disparos plasma empezó a precipitarse sobre el grupo mientras todos se echaban las manos a la cabeza y se tiraban al suelo, donde la hierba alta de la explanada servía para camuflarse, al menos temporalmente. La cabeza de Eret no dejaba de brotar sangre mientras Owen lo veía totalmente furioso, sintiendo como la adrenalina empezaba a recorrer todo su cuerpo mientras apretaba el arma contra su pecho, determinándose a usarla.

    — ¡Vais a pagar por esto!

    El joven Crane tiró de coraje y se incorporó abruptamente, descargando una lluvia de balas —hechas de un metal anixis bastante perforante— que empezó a agujerear las lanzaderas enemigas. Cubriéndose tras ellas se encontraban los operativos del representante superior, que tras haber pinchado las comunicaciones del general Orlat, se habían presentado en esa reunión para poner fin al complot que el grupo estaba ideando contra Akkor.

    — ¡Ha llegado vuestro momento! — Exclamó una voz que le resultó familiar a más de uno, siendo Relic — ¡Es la hora de vuestra muerte!

    El asesino del emisario honorífico se asomó desde su posición y empezó a disparar su Flasher contra Owen, pero el humano logró identificar de donde provenían los disparos y se agachó justo a tiempo para evitar ser alcanzado. Estando rodeados, el grupo supo que lo mejor que podía hacer era meterse en la lanzadera y escapar antes de que sus enemigos terminasen por someterlos más aún.

    — ¡Tenemos que largarnos de aquí! — Gritó Brandon, callado hasta el momento y siendo presa del pánico — ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Ya!

    — ¡Yo pilotaré la lanzadera! — Indicó Kendall, que tenía la experiencia al tener un vehículo personal.

    — ¡Vale! — Dijo Vorta, mirándose con Echo — ¡Demos fuego de cobertura para que Ken suba a bordo y la ponga en marcha!

    — ¡Sí! — Asintió la comandante de la Alianza.

    Mientras Echo, Vorta y Andrómeda disparaban fuego de cobertura, el detective se subía a bordo de la lanzadera acompañado de un Brandon aterrado, mientras Karla trataba de llevarse consigo a Owen, quién quería arrastrar el cadáver de Eret al interior del vehículo.

    — Amor mío, lo siento, pero no podemos…

    — ¡No podemos dejarlo aquí! — Exclamó Crane, totalmente roto en llanto — ¡No podemos dejarle así!

    — Owen, mírame — La científica le tomó del rostro y le obligó a mirarla — Si no nos vamos ya, podríamos morir todos.

    Mientras el joven agricultor dudaba, Orlat tomaba el arma del fallecido neoniano y disparaba contra sus símiles, sorprendiendo a la mayoría del grupo, que no contaba con que fuese a hacerlo. Sin embargo, para sorpresa suya y de todos, vieron que había algunos operativos humanos, neonianos y sylerianos entre aquellos que les estaban atacando.

    Siendo algo nuevo para algunos del grupo, que no esperaban encontrarse con algo así.

    — ¡¿Pero qué hace esa gente con los secuaces de Akkor?! — La joven Vermeer, que apenas sabía usar un arma pero la estaba empleando como podía, se quedó atónita al ver aquello.

    — ¡Vendidos! — Les gritó la líder mercenaria, disparando contra ellos — ¡Traidores a sus propias especies!

    Karla y Owen se incorporaron para devolver los disparos y de paso dirigirse al interior de la lanzadera que Kendall estaba poniendo en marcha, pero el hombre se vio sorprendido por un disparo plasma que acertó en su hombro derecho, derribándolo ante su amada.

    — ¡Owen! — Gritó ella al ver como su novio caía al suelo tras recibir un disparo — ¡¿Estás…?!

    — ¡Estoy bien! — Pese a que se dolía y colocó su mano sobre la piel quemada por el plasma, el joven Crane estaba relativamente bien.

    La científica se volteó y se agachó para detectar desde donde había provenido ese disparo, logrando ver a un operativo humano con un Winlock en sus manos.

    Actuando como un francotirador entre la maleza, este tipo había matado a Eret y estuvo cerca de hacer lo propio con Owen, por lo que Karla decidió que no iba a dejarlo así. Tomó una respiración profunda, apuntó con su Striker hacia esa posición y miró detenidamente al humano. Pudo ver su rostro y pudo reconocerlo al instante.

    ¡Oh… muchas gracias! — Exclamó el vagabundo con la voz algo ronca — Esto es… esto es… lo necesitaba.

    Descuide, señor — Owen le sonrió al ver la gratitud en él — ¿Cómo se llama?

    Me llamo Clerk, chico — El tipo estaba abriendo la botella de agua y tras darle un sorbo, retomó la conversación — ¿Y vosotros? Se os ve una pareja joven y amable.

    Ella es Karla y yo soy Owen — Crane evitó decir los apellidos de ambos por diferentes motivos — Nos alegra haberte ayudado aunque sea poco.

    Muchacho, poco ya es algo y algo ya es más que nada — El vagabundo llamado Clerk se acababa de comer una de las dos barritas de cereales en un momento, evidenciando su hambre — Muchísimas gracias.

    Es un placer, Clerk — La joven Vaalot asintió, momento en el que vio que su compañera de ciencias salía del apartamento — Ahí está Andrómeda.

    Bueno, nos tenemos que ir — Indicó el joven agricultor, ahora sin trabajo de su ámbito — Cuídese mucho, Clerk.

    Igualmente, jóvenes. Tened mucho cuidado con esta sociedad.

    Cuando Karla recordó el rostro de ese vagabundo y lo reconoció en aquel operativo humano que estaba disparando contra sus amigos, supo que habían sido observados durante todo este tiempo desde que empezaron a planificar el cómo destapar la corrupción de Akkor.

    Eso solo significaba que el representante superior y sus operativos los tenían muy vigilados desde el principio, quizá en cuanto Om empezó a verse indagando en los trapos sucios del Consejo Superior. El líder de la sociedad en Ibos se anticipó al representante de la AIE y comenzó a tenerlo controlado sin que éste siquiera se percatase de ello.

    Algo que decía mucho de lo que habían vivido.

    — Hijo de perra… — Murmuró Vaalot, apuntándole — La gente como tú debió morir en casa cuando aparecieron los Veerham.

    — Karla, ¿de qué hablas? — En medio del tiroteo, su pareja la escuchó decir eso.

    La científica, que estaba empezando a sorprender a todos dada su facilidad para manejar armas, disparó una ráfaga de balas contra Clerk, que estaba desprevenido intentando matar a otro miembro del grupo y no pudo ver que estaba por ser alcanzado. Efectivamente, varias balas impactaron entre su torso y su rostro, algunas incrustándose en el cuello y terminando drástica e inmediatamente con su vida, la cual era indiferente para el resto.

    — Un peón menos — Musitó Relic al ver como Clerk caía sin vida al suelo — ¡Vamos, que no escapen sin unos buenos rasguños!

    Echo y Vorta eran las que más estaban dando ese fuego de cobertura para que el resto pudiesen subir a bordo de la lanzadera que Kendall acababa de poner en marcha.

    Los motores y la propulsión estaban listos, por lo que el vehículo aéreo empezó a elevarse y obligó a la comandante del ejército de la Alianza y a la líder mercenaria a dar un salto para subirse, mientras les llovían disparos de todas direcciones.

    — ¡Sácanos de aquí! — Le ordenó Echo a su compañero y amigo que estaba pilotando.

    — ¡Hago lo que puedo con esta tartana de lanzadera, joder! — El hombre de rasgos asiáticos contestó con dureza.

    Mientras se alejaban de la zona, algunos como Karla y Andrómeda se aproximaban a Owen para ver el estado de su herida. El disparo plasma de Clerk con su Winlock había provocado una quemadura considerable en el hombro derecho del joven Crane, sin embargo, no supondría nada serio y se recuperaría en unos días.

    Brandon tranquilizó al grupo al afirmarlo.

    — No os preocupéis, hay una pomada que regenera la piel quemada en unos días, la aplicaremos varias veces y se quedará casi perfecto.

    — ¿Casi? — Owen se echó a reír — ¿Qué quiere decir eso?

    — Se te quedará la marca — Confirmó Gallagher, mostrándole una sonrisa a su viejo amigo — Parece que tú presumirás de haber sido herido y yo de haber matado a alguien.

    — ¿Has pasado de sentirte mal a sentirte bien al respecto? — Andrómeda se sorprendió con ese cambio repentino.

    — Bueno, en menos de dos días he sobrevivido a un intento de asesinato y a un tiroteo — Indicó el médico, sorpresivamente contento — Y en contra de esos cerdos que quieren evitar que les descubramos. ¿Sabes qué? Que se jodan. Si debo matar a más de ellos, merecerá totalmente la puta pena.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Santa del año

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    Saludos, amigo. Paso a comentar el capítulo de esta semana.

    Arranca tranquilo, con Jackon en la nave preocupado por lo que acaba de vivir, recordando y contrastando los pensamientos que tenía de cómo sería su primera misión en comparación a lo que pasó cuando se dio la llegada del grupo al punto de encuentro. Mientras estaba procesando todo, alguien toca su puerta, y este va a abrirle sin camisa. Me imagino que Mia, al verlo así, habrá reaccionado de esta forma :aniblush: Los dos hablan sobre lo sucedido, donde Jackon le dice que se siente mal porque, a pesar de no conocerlos, él debía protegerlos. Mia le dice que ella no ha tenido a mucha gente en su vida, y que de toda la tripulación, solo él le importa y por fin le da un beso en la boca. Jackon por un momento cae, pero sus recuerdos con Echo lo hacen desistir y evitar que lo suyo con Mia siga avanzando. Mia le dice que se explique, y Jackon le dice que él ama a Echo, y que no la desprecia, pero su corazón le pertenece a otra. Bien hecho, bebé :muffin: Mia se retira y luego entra Orenda. Jackon le explica todo, y ella le dice que puede integrar a Mia a su objetivo prioritario de mantener con vida a él y a Kairos, Jackon quiere hacerlo, pero todavía no quiere que se involucre del todo.

    Luego, de que eso termina, pasamos a ver otra escena entre más personajes, entre ellos Ikviek y Ernu, con Brokad, Young y Nosh, quienes se dan cuenta de que, al Akkor no haberles dicho nunca sobre las bestias en el planeta, deciden que lo mejor sería simplemente regresar a Ibos a plantar cara a Akkor, o bien pedirle las coordenadas del planeta de los exiliados. También discuten que no tienen libertad completa al estar Plaxor en la nave, y es allí donde Kairos aparece y propone que maten a Plaxor para librarse de la vigilancia de Akkor. Luego descubrimos que él no tiene intenciones de vivir en el mundo de exiliados, y que luchará por estar en Ibos con su gente.

    Por último, vemos como Plaxor toma una reunión con la psicóloga Rath en lo que se supone debe ser una sesión. Plaxor revela lo que ve, y que no está muy interesado en ayudar, y que lo que más le importa es volver a Ibos luego de cumplir. Cuando Rath le pregunta por qué odia a las subespecies, Plaxor dice sin tapujos que él tuvo malas experiencias con Mente Colmena y los kharaket (dios, que ansias de conocerlos de una vez) y que por eso cree que todas las especies son conflictivas, mientras que él considera a los anixis como superiores, y considera que una galaxia dominada por ellos sería mucho mejor. Maldito anazi con pensamiento de anazi :ewww: Lastima que no se propuso nunca a intentar conocer mejor a las subespecies por la envidia de que fueran ellos quienes derrotaron a Mente Colmena. Este pensamiento, a mis ojos, vuelve Plaxor completamente irredimible. Solo espero que al llevar a cabo su plan, Kairos no perjudique en nada a Jackon, pero sí, que lo maten a Plaxor. Sería poético que su cuerpo muriera congelado en Pateliala mientras luego su alma arde en el infierno, por favor amigo, concédeme ese deseo :shani:

    Terminados los povs en la nave, volvemos a Ibos, donde Vorta y Eret llevan a los angelitos (y Brandon, porque todavía no se ganó ese título) a una reunión con Orlat, quien ansió reunirse con Echo ante la falta de determinación de Om. El grupo trata de convencer a Brandon de que, pese a sus dudas de lo que hizo, llega un momento donde las cosas ya no se definen en el bien y el mal, sino entre vivir o morir. El shock le dura a Brandon, ya que él, como todo médico, estudió para salvar vidas. Pronto, llegan todos al sitio y se disponen a esperar a Orlat, habiendo muchos que dudan sobre él y sus intenciones. El general llega solo y se sorprende al ser recibido así, pero lo entiende, y les dice que ya sabe que Om no ayudará con la situación.

    El grupo le pregunta a Orlat qué es lo que quiere, y él demuestra que está del lado de la justicia. Quiere destapar la corrupción de la sociedad anixi, pero no por ello quiere que personas inocentes sufran en el proceso, y les dice que si en algún momento ellos empiezan a quitar vidas sin cuidado, él no dudará un solo momento en traicionarlos, pues una cosa no quita la otra. Me agrada mucho Orlat, lo dicho, necesitábamos quitar a Akkor y a Plaxor y poner en el consejo a Eeron y a Orlat. Orlat es demasiado correcto para su propio bien, y me da que eso puede terminar en que lo maten. Pero si no es así, ojalá haya Orlat para rato :dancecat:

    La reunión no avanza mucho más, pues Relic y los demás operarios llegan al sitio y comienzan a abrir fuego. Allí es donde Eret, un neoniano amable y simpatizante de causas justas, muere. Todos quedan en shock, principalmente Owen, quien lo conoció y trabajó con él. El enfrentamiento comienza, y todos se sorprenden al ver que Orlat se pone de su lado y dispara a los operarios, llevándose allí más sorpresas, pues no solo era el médico syleriano, sino que hay más miembros de las subespecies en el bando de los anazis.

    Kendall va por la lanzadera queriendo usar su experiencia como dueño de un vehículo, y entonces el resto decide cubrirlo. Durante la escapada, a mi pobre Owen le disparan en el hombro. Maldito, pudiendo herir a cualquiera vas y te pones a herir a mi angelito favorito, voy a recordar esto en mi mente :ewww: . Mientras intentan el escape, Karla se fija entre los atacantes y encuentra a Clerk, dandose cuenta que desde que Om les reclutó, habían sido vigilados tiempo atrás. Eso desata la ira de Karla, quien indignada al ver que han matado a Eret y lastimado a su novio, dispara y le asesina dejando desatada su furia. Clerk cae muerto, y tal y como lo dice Relic, es un peón menos. Yo festejo, Clerk se lo merecía por traidor :\*u*/:Ahora, es curioso como a Relic no le importan las vidas ni de aquellos entre las subespecies que son sus aliados. Es una pena que no lo hayan escuchado hablar en voz alta, porque de ser así, más de un operario se lo pensaría dos veces. Dejando el cadáver de Eret tirado, el grupo escapa en la lanzadera. Brandon le dice a Owen que pueden arreglar su brazo, y hasta hace un chiste sobre lo ocurrido. Andrómeda se lo cuestiona, y Brandon confiesa que ya no le importará mancharse las manos con más sangre de esa gente si tiene que hacerlo.

    Aquí podemos ver como todo lo ocurrido con los anixis ha llevado a la nueva generación a tomar un camino más duro. Ellos viajaban a Ibos dejando atrás sus mundos, hogares, y en el caso de algunos, familias, para ser de ayuda en la sociedad. Pero esto que Akkor y Relic han hecho lo arruinó todo, me gustaría poder decírselo en la cara a Plaxor, a ver qué opina :angrycat:

    Y bueno amigo, aquí se termina mi comentario. Un gran capítulo que me deja con bastante intriga para el siguiente. La explorario aún no conoce a los kharaket (obviando a los anixis), pero el complot para matar a Plaxor está en marcha. Mientras que en Ibos la guerra, que parecía estarse dando en silencio, ya ha estallado del todo. Será cuestión de tiempo a que las noticias le lleguen a la sociedad.

    Y con eso me despido hasta la próxima semana. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  9. Threadmarks: Amenazas y presiones
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Avanzamos hasta el quinto capítulo. No tengo mucho que decir, así que simplemente espero que mi buen amigo Agus estresado y quiénes lleguen hasta aquí para leer, disfruten mucho de la lectura y de lo próximo que está por venir en este universo ficticio.







    Amenazas y presiones




    Ibos


    El joven Crane se miraba frente a un espejo polvoriento y gastado mientras se quitaba el vendaje que tenía en su hombro derecho, lugar donde había recibido un disparo plasma durante el encuentro con el general Orlat y los operativos de Akkor.

    De fondo, el resto del grupo y el líder del ejército superior estaban debatiendo cuál era el paso a seguir tras todo lo que acababa de ocurrir.

    — Me sorprende que se hayan expuesto así — Decía Orlat en referencia a los operativos que les atacaron — Pero debí saber que me tenían vigilado. Supongo que por eso acudieron a la reunión.

    Owen hizo una mueca de dolor al terminar de quitarse el vendaje, revelándose una herida con la piel de alrededor quemada y un pequeño orificio que, según palabras del doctor Gallagher, se curaría pronto.

    — ¡Esto es una declaración de intenciones sin lugar a dudas! — Explotó Vorta, teniendo presentes a varios de sus mercenarios de confianza — ¡El maldito Akkor viene a por nosotros con sus asesinos a sueldo! ¡Y han acabado con Eret!

    Escuchar el nombre de su amigo neoniano fue como una punzada en el corazón para Owen, que vio cómo una solitaria lágrima brotaba de uno de sus ojos, pese a que su semblante era totalmente serio, e incluso enfadado.

    — ¡Deberíamos actuar cuanto antes! — Kendall levantó el puño en señal de lucha — ¡Ir directamente a por Akkor!

    — ¡Sí! — Echo apoyó la idea — ¡Esto ya no es un simple juego de estrategias! ¡Es una batalla!

    El resto de miembros del grupo, tales como Karla, Andrómeda, Brandon y otros mercenarios, no veían del todo como correcto ese plan. Si bien muchos otros estaban ansiosos de venganza por la muerte de Eret, lanzarse al ataque podría terminar muy mal, además de parecer una célula terrorista de cara al resto de la población. Algo que sin duda debilitaría su causa.

    — Entiendo vuestra ira, pero si perdemos la racionalidad ahora…

    — ¡Tú tienes recursos militares, Orlat! — Indicó uno de los mercenarios, un syleriano visiblemente furioso — ¡Ayúdanos a acabar con esto hoy mismo!

    — ¡Sí! ¡Acabemos con esto de una vez! — Añadieron varios más.

    — ¡Basta!

    Todo el grupo al completo se volteó al escuchar una voz seria y contundente que disipó por completo el intenso debate que se estaba llevando a cabo en aquel sótano secreto bajo el vertedero de residuos tecnológicos del Distrito Neonia. El joven Crane apareció con la herida expuesta, un vendaje nuevo listo para colocarse y el rostro con una expresión de furia contenida.

    Nadie había visto así a Owen prácticamente nunca en sus vidas.

    — No seáis ridículos — Murmuró mientras se colocaba lentamente dicho vendaje, ante la vista de todos los presentes — Atacar a lo loco solo conseguirá que muera más gente, más allá del resultado.

    — ¿Y qué propones, genio? — Otro humano miembro de ese grupo de mercenarios no dudó en sentirse ofendido — A algunos os gusta mucho hablar y poco hacer.

    — Prepararnos — Reveló Crane, terminando de colocarse el vendaje mientras portaba un semblante totalmente serio — ¿Acaso no lo veis? Ellos vendrán. Es solo cuestión de tiempo.

    Los murmullos entre los miembros mercenarios empezaron a intensificarse al escuchar al agricultor, algunos dudando de que los operativos estuviesen preparando una ofensiva contra ellos sin siquiera conocer su posición —aunque muchos empezaban a creer que ese lugar en el que estaban podría verse comprometido pronto— mientras otros empezaban a suponer que el hombre herido podría estar en lo cierto.

    Owen se dolió de su herida en el hombro y optó por sentarse para recostarse, acción que vio su pareja, haciendo que ésta tomase asiento al lado del chico.

    Mientras el resto seguía debatiendo y evaluando las opciones que tenían sobre la mesa tras lo sucedido, Karla acarició el rostro de Owen mientras observaba el vendaje que cubría el disparo plasma que recibió hacía apenas un par de horas.

    — ¿Te duele? — La científica suponía que sí, pero tenía la ligera esperanza de que esa molestia fuese mínima.

    — Un poco, la verdad — Crane lo dijo con una media sonrisa en su rostro, restándole importancia — Pero sanará, que es lo que importa.

    — En ese instante, cuando fuiste alcanzado… — Karla se estremeció solo de pensarlo — Por un momento creí que te…

    — No lo pienses, cariño — El hombre la rodeó con su brazo derecho, atrayéndola hacia su pecho — No pasó y estoy aquí.

    — Lo sé — Musitó ella, aún pensando en esa posibilidad de perder al amor de su vida — Lo sé…

    Owen la veía preocupada y se sentía mal por ello, pero sabía que estaban en un punto en el que no había marcha atrás.

    Si querían la vida que tanto anhelaban, antes debían terminar definitivamente con la tiranía encubierta que Akkor proyectaba sobre toda la sociedad en Ibos. Hacer un mundo más justo para las especies de la Alianza, en consonancia con los buenos ciudadanos anixis que abogaban por una unión de verdad. Pero hasta llegar a ese momento todavía quedaba trabajo que hacer y el joven agricultor no podía dejar de pensar en que un buen amigo suyo como lo era Eret, había muerto sin justicia alguna, como un número más en una estadística. Ya no era solo él, sino el asesinato de Eeron, la casi muerte de Kendall y el exilio de Jackon, entre otros… Esa fuerza interna que empezaba siendo rabia comenzaba a emerger en su interior sin apenas conocer su procedencia.

    Era el impulso de un Crane Carver; querer hacer lo correcto pese al peligro.

    […]

    Aquel lugar en el que se había dado esa reunión entre Vorta, Echo y el resto del grupo con el general Orlat, tenía ahora la apariencia de un campo de batalla.

    No ya solo por las ruinas que ya había —pues era el área abandonada del primer intento de colonia que planearon los anixis al poco de habitar Ibos— sino por varios cadáveres que yacían sobre la tierra fresca de esa estepa verde. Las autoridades de la Alianza se aproximaron a la zona tras haber recibido una llamada anónima, encontrándose con todo el panorama.

    Los cuerpos sin vida de Eret y de Clerk, entre unos pocos más —de operativos— dejaban entrever que lo sucedido era un conflicto entre dos bandos. Al menos, esa era la conclusión a la cual llegaron los policías. No obstante, la presencia de estos no era la única, pues uno de los tres subcomandantes del ejército de la AIE se encontraba allí también con el objetivo de ayudar en la investigación a los agentes de la ley.

    — Subcomandante Octavia — Uno de los policías, que era neoniano, se acercó a la militar humana — Hemos identificado algunos cuerpos, pero hay otros con los que no hemos podido hacerlo.

    — ¿A qué te refieres? — Octavia, que se encontraba observando las huellas que las lanzaderas habían dejado en el pasto, miró extrañada al agente.

    — Aquí hay muertos que no tienen identidad, no figuran en el sistema de reconocimiento, ni en la base de datos — El neoniano se encogió de hombros, sin saber que más hacer — Es como si fueran fantasmas.

    — Ya veo — Musitó ella, pensativa — Sigue con tu trabajo, tengo que hacer una llamada.

    — Entendido, subcomandante.

    Octavia sabía que ese dato no debía dejarlo pasar, por lo que no dudó en sacar su comunicador para establecer contacto con otro de sus compañeros. Xerom recibió el llamado de la humana mientras se encontraba nuevamente en una reunión con el representante Paokt, tras la que mantuvieron hacía no muchos días.

    — ¿Octavia? — El soldado syleriano se extrañó un poco — ¿Ocurre algo en la base?

    Subcomandante Devom, no, no hay ningún problema en la base.

    — ¿Entonces? ¿A qué se debe la llamada? — A Xerom no le gustaba haber sido interrumpido en mitad de su encuentro con Omnius, quién estaba atento a la conversación — Estoy reunido con el representante Paokt.

    Genial, porque quizá también le interese a él — Octavia se tomó una pausa — Me encuentro en lo que era la antigua colonia anixis. Comisaría recibió una llamada anónima sobre un conflicto entre dos facciones en esta área y hemos descubierto varios cadáveres con heridas fatales de Striker, Flasher y Winlock.

    — ¿Desde cuándo tenemos bandas organizadas en Ibos? — El subcomandante Devom se miró con su homónimo y superior, mostrándose ambos bastante contrariados.

    No lo sé, la policía está abriendo una investigación, pero no es solo eso — La soldado humana se dispuso a revelar el curioso dato — Uno de ellos me ha informado de que hay cuerpos que es imposible identificar. Es como si no existieran.

    Xerom permaneció en silencio durante unos segundos sintiendo la mirada punzante de Om, que al escuchar esa información, tragó saliva de forma un tanto incómoda mientras apretaba los puños sobre la mesa que tenía justo delante. Al actual líder de la Alianza y al que era uno de los subcomandantes del ejército aliado se les iluminó la bombilla al instante.

    — Entendido, subcomandante Octavia, gracias por la información. Seguid con la recogida de huellas, datos y demás para ampliar la investigación.

    Así lo haremos, Xerom.

    — Cualquier novedad, me dices. Hablamos pronto.

    Entendido. Adiós.

    La llamada fue colgada por el syleriano, que en cuanto guardó su comunicador en el bolsillo, alzó la vista.

    Paokt se veía preocupado y furioso al mismo tiempo, sin apenas reaccionar a la conclusión de la llamada. La luz que se filtraba por la ventana iluminaba considerablemente el salón de la vivienda del representante de la Alianza, aunque el lugar en el que se encontraba Xerom, la penumbra era significativa. Esos rayos de sol no alcanzaban ese lado de la sala, manteniéndola casi en total oscuridad.

    — ¿Qué piensas, Om? — Fueron las palabras de Devom, que quería ver si su sospecha correspondería con la de su superior.

    — Operativos — Murmuró Paokt con cierta ira en su tono de voz.

    — Eso significa que los demás estaban allí y que el conflicto ha comenzado — Supuso el subcomandante, apoyando ambas manos sobre la mesa, con una postura seria — ¿Qué hacemos?

    El representante de la Alianza Interestelar de Especies y Elegido de los sylerianos se dirigió hacia la ventana desde la cual podía ver un pequeño patio, ubicado en el centro de su cómoda y atractiva vivienda a las afueras de la ciudad de Vianus. Era por la tarde y esa luz del día se marcharía por el horizonte en cuestión de horas para dar paso a una noche más en Ibos.

    — Akkor prometió no hacer daño a nadie pero es evidente que no va a cumplir con ello — Omnius veía la realidad cruda y dura que existía en esos momentos, pese a confiar en un principio en la palabra del tirano — Y sé que si actuamos, seremos objetivos eventualmente.

    — Lo sé — Asintió Xerom, consciente de ello — Y no sé tú, pero estoy dispuesto a arriesgar mi vida.

    — ¿Si?

    — Se trata de nuestros amigos, Om.

    — Lo sé.

    — Te dije que obedecería tus órdenes porque me debo a ti, ya que eres nuestro representante y mi elegido — Indicó el subcomandante syleriano, exponiendo su pensar al respecto — Pero si el malnacido de Akkor va a jugar sucio, no podemos quedarnos de brazos cruzados.

    — Cierto, tienes razón — Om se volteó hacia su homónimo y amigo, con las manos cruzadas en su espalda — Se acabaron las amenazas y presiones por parte del representante superior. Él solo obedece sus propias reglas y me he cansado de jugarlas.

    — En ese caso… ¿qué podemos hacer?

    — Encontrar el modo de ayudar a nuestros amigos y asegurarnos de que la ciudadanía descubra al corrupto que nos gobierna. De una vez por todas.

    […]

    La zona de los suburbios de la ciudad de Vianus era la más poblada de todas las ciudades por diferencia.

    Incluso con los distritos habilitados para gran parte de los colonos de la Alianza, algunos de estos decidieron adentrarse en la vida urbana de las ciudades anixis, mezclándose con estos seres y formando cada vez más parte del engranaje diario en estos lugares. La gente iba del trabajo a sus viviendas en los suburbios, aunque había garitos para los más adultos y zonas recreativas para los más jóvenes. Sin embargo, era un hecho irremediable que los suburbios eran el lugar donde convivían los ciudadanos más pobres de toda Ibos, o en su defecto, aquellos que querían un estilo de vida más básico y alejado de todo el glamour.

    Avanzando por sus diversas calles, las cuales podían pasar de ser bajadas o pendientes a estar niveladas en según que áreas, la científica Vaalot se encontraba sola con el propósito de hallar la ubicación de Sizgolar, aquel neoniano del que su hermano, previo al exilio, le habló. Pese a que Jackon le indicó la zona en la que éste vivía, no le explicó exactamente en qué lugar, por lo que Karla no tenía más opción que dedicarse a preguntar. Era bastante sabido fuera de los suburbios de Vianus que entre su gente se conocían lo suficiente como para saber de quién hablabas.

    De hecho, las autoridades anixis tuvieron muchas complicaciones en ciertas ocasiones cuando querían identificar a algún delincuente de los suburbios, pues nadie abría la boca para revelar nada sobre un vecino.

    — Señorita Vaalot, la veo muy perdida — Musitó de pronto una voz a la espalda de la humana — ¿Necesita ayuda de algún tipo?

    Karla se sobresaltó hasta el punto de que desenfundó un Striker reconvertido a pistola que portaba consigo para sentirse más segura, especialmente tras ver que los operativos de Akkor la vigilaban a ella y al resto muy de cerca. Y no era para menos, pues ante sus ojos se encontraba precisamente un rostro muy reconocible de aquellos que trabajaban para el representante superior.

    — Una capacidad de reacción sorprendente para una simple científica — Dijo Relic, apoyado en una pared de la estrecha calle en la que se encontraban.

    — ¿Qué diablos haces aquí? — Karla no bajó el arma, sin importarle la gente que presenciaba la escena conforme pasaba por esa calle — ¿Vienes a matarme?

    — Podría hacerlo, pues tus balas no podrían detenerme antes de que te alcanzase con mis dagas — Expresó el operativo número uno de Akkor, mostrando una media sonrisa que no pasó desapercibida para la mujer — Pero esta vez no estoy aquí para hacer daño a nadie. Ya hicimos suficiente por el momento al matar a uno de vuestros amigos y herir a otro…

    — Maldito hijo de puta — Murmuró Karla, aunque ese era un insulto que el resto de especies, en especial los anixis, no sentían como una ofensa al no entender el significado de la última palabra — Bueno, vosotros también os fuisteis con algunas bajas, como la del falso vagabundo traidor…

    El que fuera aprendiz de emisario del asesinado Eeron no pudo evitar liberar una carcajada. La humana guardó el arma para no atraer más miradas ajenas, pero sabía que no podía confiarse en ningún momento, pues el anixis era capaz de cualquier cosa.

    — Sí, bueno, admito que Clerk me gustaba. Era un buen siervo, pero totalmente prescindible como el resto de espías aliados.

    — ¿Qué mierda quieres de mí, Relic? — Cansada de hablar sobre los muertos, Karla confrontó al operativo — No me apetece hablar contigo más de lo necesario.

    — Solo estoy aquí para recordarte que la vida de tu hermano está en las manos de Akkor — El operativo tenía ese mensaje que dar — Avisa a tus amigos de que si seguís presionando con vuestra absurda causa, os traeremos la cabeza de Jackon en una maldita bandeja de plata.

    — Vete al infierno, Relic.

    — Es un concepto banal de un lugar que no existe — El operativo se dio media vuelta mientras emprendía el camino contrario al de la científica, alejándose paso a paso — Hay muchos infiernos en este universo.

    Karla no pudo evitar sentirse furiosa por haber tenido cara a cara al ser que asesinó a Eeron y exilió a su hermano, sobre todo porque apenas había percibido su presencia.

    Cada vez resultaba más evidente que los operativos del representante superior estaban vigilando muy de cerca a todos aquellos que estaban metidos de lleno en la lucha contra su superior, lo que empezó a preocupar considerablemente a la científica en ese momento, pues de seguro que no era la única de sus amigos que estaba bajo constante vigilancia. Ahí pensó que tal vez no había hecho bien al ir sola a los suburbios de Vianus, dejando a su malherido Owen bajo el cuidado de Andrómeda mientras el resto se encontraban evaluando el siguiente paso que dar en la misión.

    Solo ellos dos sabían qué hacía Karla allí.

    El trayecto siguiendo la calle abajo le llevó a una pequeña placeta en la que unos niños se encontraban jugando a la pelota. Los jovencitos, siendo de las varias especies que habitaban el planeta, disfrutaban de ese momento bajo la atenta mirada de algunos de sus padres, quiénes entraban y salían de un local de bebidas con un cartel iluminado en el que ponía “Leviatán”.

    El nombre del garito era de origen humano, por lo que Karla pensó que sería un buen punto de partida para preguntar por Sizgolar. La científica pasó por al lado de los pequeños que se encontraban jugando, cruzando la placeta hasta adentrarse en el local. La entrada era una especie de salón diminuto previo al interior, donde una sala de mayor tamaño acogía a la gente, con música, una larga barra con bebidas y un segundo piso al que acceder.

    — ¡Bienvenida al Leviatán! — Una mujer anixis sorprendió a la científica, que estaba observándolo todo — ¿Tienes reserva?

    — Ehm… no, la verdad es que no — Karla pensó que podría no tener permiso para acceder al recinto — ¿Es necesaria?

    — No realmente, pero sí si quieres participar en la fiesta del segundo piso.

    — No, gracias.

    — De igual manera, ¿te puedo ayudar en algo? — La anixis se veía algo insistente — Soy la relaciones públicas del Leviatán y estoy a la entera disposición de quiénes nos visiten.

    — Pues ahora que lo dices, me vendría bien tu ayuda.

    — Claro, ¿qué necesitas?

    — Estoy buscando a un neoniano llamado Sizgolar — Dijo Vaalot, que pese a comprender que nadie ahí tenía porqué saber quién era él, no dudó en ir preguntando desde ese mismo instante — Es importante que lo vea.

    — Entiendo… deja que pregunte a un par de personas. Espera aquí.

    — Vale.

    Mientras la encargada de relaciones públicas del local se perdía entre la multitud que bailaba en la pista, Karla esperaba de brazos cruzados a que ésta regresase.

    El ambiente en el lugar era de pura festividad, algo que en cierto modo incomodaba a la científica, pues en el fondo sabía que no había nada que celebrar al estar bajo la tiranía camuflada de Akkor. Sin embargo, nadie allí ni en las demás ciudades eran conocedores de la corrupción que reinaba en su sociedad, manejada por el representante superior.

    — Te puedo dar la dirección exacta de su vivienda — La mujer anixis reapareció de nuevo, mostrándose extremadamente servicial — Pero como comprenderás, le hemos advertido de tu visita.

    — Entiendo, por seguridad.

    — Así es.

    — Muchas gracias por la información.

    La joven Vaalot asintió como muestra de agradecimiento mientras se llevaba consigo la dirección de la casa de Sizgolar, escrita en una tarjeta transparente y con una tinta que se evaporaba en unas horas. Sin lugar a dudas, la gente de los suburbios se cuidaba entre sí como una verdadera comunidad, al menos esa era la sensación que tenía la científica.

    Por suerte, el camino no era largo y en cuestión de casi diez minutos de paseo, Karla se encontró ante la puerta de la vivienda que se le indicó. Varios golpes en la puerta sirvieron para darse a conocer, pues no pasó mucho tiempo antes de que una mujer de aspecto joven abriese, cargando a un bebé en brazos.

    — ¿Quién eres? — Myra, que era como se llamaba, fue directa con la desconocida visitante — ¿A qué has venido a esta casa?

    — Disculpa, yo… — Karla se tomó una pausa al ver que el bebé la miraba fijamente — Vengo a ver a Sizgolar.

    — ¿Por qué?

    — Soy la hermana de Jackon Vaalot.

    Myra permaneció en silencio unos segundos, observando de arriba a abajo a la científica para finalmente voltearse al interior de la vivienda, dejándole paso al mismo tiempo que avisaba al neoniano.

    — ¡Siz! ¡Ha llegado esa visita del Leviatán!

    La mujer humana decidió llevarse consigo a su pequeño mientras llegaba Sizgolar al encuentro con Karla.

    El semblante serio, su cuerpo visiblemente fuerte y su vestimenta denotaban que era un tipo inteligente, calmado pero peligroso. Para la joven Vaalot resultó evidente enseguida que el neoniano había sido entrenado en el ejército de la Alianza, probablemente en un tiempo lejano.

    — Karla Vaalot — Musitó él, ofreciéndole la mano, conocedor de que ese era el principal saludo humano — Tenía la sensación de que podría conocerte eventualmente, tras haber ayudado a tu hermano.

    — Si, bueno, él me indicó que acudiese a ti en caso de que necesitase ayuda.

    — ¿Y la necesitas?

    — No por algo en particular, pero nos vendría bien alguien como tú.

    — Yo ya le devolví el favor a tu padre, al ayudar a tu hermano — Murmuró Sizgolar, mostrándose un tanto reacio a intervenir en causas ajenas a sus ideales — Sé en qué estás metida, tú y tus amigos, pero no puedo ni quiero participar en ello. Tengo gente a la que cuidar.

    Desde el fondo del pasillo, Myra acunaba a su hijo Cole mientras observaba la conversación que estaba dándose entre el neoniano y la humana.

    — Lo entiendo, de verdad, no digo que tengas que luchar con nosotros — Karla sabía que no podía pedirle eso sin más — Pero tengo entendido que fuiste soldado del ejército aliado hace mucho tiempo y pensé que quizá podrías ayudarme a mí y a otros a convertirnos en soldados.

    — ¿De verdad quieres ser una soldado? — Visiblemente contrariado, el neoniano se cruzó de brazos — Supongo que no te vendría mal tener unas nociones más amplias sobre el tema, pero ser una soldado implica dedicarte en cuerpo y alma al conflicto.

    — No planeo ser una soldado toda mi vida, pero quiero estar preparada hoy.

    — ¿Por qué no le pides asesoramiento y entrenamiento a alguno de tus amigos? Creo que la comandante Mercer es parte de ese grupo de amigos tuyos, ¿verdad? — Sizgolar se veía poco inclinado a relacionarse con más gente — Yo estoy viejo para estas cosas, Vaalot.

    — Todos los que saben manejarse están ocupados preparando el siguiente paso en el plan — La científica no tenía problema en revelar ese detalle — Y mi hermano, antes de ser exiliado, me dijo que podía contar contigo.

    — Como ya te he dicho, le debía un favor a tu padre y el destino me dio la dicha de poder devolvérselo ayudando a su hijo — El neoniano le dio la espalda a Karla, lo que la decepcionó bastante — Estamos en paz.

    […]

    Explorario


    — ¿Crees que podrás hacerlo?

    — Creo que sí, el encriptamiento es anixis, por lo que no me debería suponer una excesiva dificultad el hackearlo.

    — ¿Qué hay de la IA de la nave? ¿Puede darnos problemas?

    — Es muy limitada. Nos escucha pero no comunica, le he hecho una visita a su base de datos en la sala del núcleo de la nave. Si tenía algún modo de enviar información a Akkor o quien sea, ya no es posible.

    — Genial. Me alegra que estés aquí.

    Oda era un robot, al fin y al cabo, pero esas palabras de Jackon la hicieron sonreír.

    En ese instante lo supo: cada vez se estaba mimetizando más con las emociones de los seres orgánicos. Empezó a sospechar que el creador de su forma física, el ingeniero Lynx Herswood, le implementó la capacidad de reconocer y adaptar las reacciones y emociones de otros seres.

    — Aprovechemos ahora que están todos en la gran sala organizando esos combates que les gusta hacer — Murmuró el comandante de la expedición, observando el procedimiento que estaba llevando a cabo Oda — No quiero que todos sepan el contenido del cargamento sin saberlo yo antes. Es una ventaja demasiado valiosa.

    — Comprendido, comandante — La IA con forma humana se limitaba a seguir con su trabajo.

    Oda se encontraba buscando el modo de hackear la apertura electrónica del cargamento que debían entregar a los kharaket.

    Aunque había que introducir un código de cinco dígitos y las posibilidades eran muchísimas, la robot creía que con algo de tiempo podía hallar el código de apertura correcto para así descubrir qué contenía esa caja metálica de tamaño considerable. A su lado, Jackon observaba con atención mientras se aseguraba de que nadie irrumpiese inesperadamente en el almacén, donde se hallaban. Ambos querían aprovechar que casi toda la tripulación se encontraba en la zona de gimnasio, organizando una serie de peleas en las que el comandante ya participó, siendo la última que hizo contra su compañero Kairos.

    — ¡Mierda! — El humano se acercó a la compuerta que daba acceso al lugar — Oigo pasos.

    — Necesito tiempo, Jackon — Le indicó la IA personificada — Si alguien va a entrar aquí, entretenlo de cualquier manera.

    — Joder… — Los pasos se escuchaban cada vez más cerca — Oda, escondámonos mejor.

    — Entendido.

    Oda —llamada Orenda para el resto de tripulantes de la expedición— obedeció a la orden dada por su comandante, buscando un lugar entre otras cajas de suministros y compartimentos del almacén para permanecer ocultos en caso de que alguien fuese a entrar a la habitación.

    Efectivamente, los pasos se detuvieron en la compuerta y esta se abrió, dando paso a Plaxor. El anixis cerró tras de si y se aproximó a la caja metálica, realizando unas comprobaciones puramente estéticas, hasta percatarse de que había algo extraño. Era algo evidente que había una posible manipulación.

    — ¡Sé que alguien ha estado intentando abrir el cargamento! — Exclamó repentinamente el ex consejero y ex general del ejército superior — ¡Tengo un sistema de alarma que me lo notifica! ¡Sal de dónde te escondas, gusano!

    Jackon se dispuso a salir a confrontar a Plaxor sin ningún miedo, pero Oda detuvo en seco sus intenciones, anticipándose ella.

    La robot se sentía plenamente responsable del comandante Vaalot —y del neoniano Kent— ya que estaba en la expedición con el propósito de asegurar la supervivencia de ambos, además de su regreso a Ibos junto a su gente. El humano vio como la IA salía de detrás de unas cajas de suministros, presentándose ante Plaxor con absoluta normalidad.

    El anixis la miró de arriba a abajo, apretando los puños al verla allí mismo, suponiendo que había estado tocando el cargamento a escondidas.

    — ¡¿Qué haces aquí?! — Le reprochó el ex consejero, queriendo intimidarla — ¡Este cargamento está vigilado por mí! ¡Solo debe abrirlo un kharaket!

    — Disculpe, pero el contenido de este cargamento es un riesgo para toda la tripulación — Oda aprovechó para exponer sus argumentos — Hasta que no sepamos que es, estamos en peligro por su culpa. ¿Acaso tú no quieres saber también que contiene?

    — ¡Claro que sí! ¡Pero me debo al representante superior! — El anixis no estaba por la labor de ceder, mostrándose ciegamente fiel a Akkor — ¡Si no sales de aquí, me veré obligado a hacerte daño!

    — Si intentas hacerme daño, te corresponderé con el mismo — La IA robótica no estaba dispuesta a dejarse manipular ni intimidar, especialmente con Jackon en la misma sala pudiendo correr peligro.

    — ¿Te crees muy valiente, humana? — Visiblemente molesto, Plaxor se aproximó a la máquina hecha mujer, evidenciándose la diferencia de tamaño tanto en altura como en anchura — Creo recordar que te llamas Orenda. Pues bien, Orenda, aquí todos sois prescindibles. No te sientas especial, porque bien podría quedarme yo solo en esta nave y ser el único en entregar este maldito cargamento a los kharaket.

    — Tu fanatismo por el representante superior y tu odio injustificado contra el resto de especies, lastran tu capacidad de juicio — Las palabras de Oda eran literalmente un ataque verbal, pero acertado — Me sorprende que no seas consciente aún de que Akkor te ha enviado aquí porque tú también eres prescindible para él. Tu ausencia en su organigrama es irreverente.

    — ¿Y qué hay de ti, Orenda? Leí tu expediente antes de que subieras a bordo. Experta tecnológica, ingeniería, pilotaje de naves… — El ex general del ejército superior la miraba detenidamente a los ojos — ¿Cómo alguien con un currículum tan perfecto termina siendo exiliada?

    — Leíste mi informe, ahí lo pone.

    — Ese es el problema, que todos están aquí porque han hecho algo que comprometía la seguridad y el control del orden en Ibos, pero tú solo coleccionas delitos pequeños y absurdos como para acabar aquí.

    — ¿Y qué pasa con eso?

    — He sido general del ejército superior, sé cuándo mi instinto me dice que hay algo más… Y aquí lo hay, Orenda.

    — No hay nada que no hayas visto en mi informe.

    — Sin familia, sin amigos, sola en la vida. ¿Quién notará tu ausencia?

    Plaxor parecía haberse cansado de hablar y la forma en la que Oda le había hablado había terminado por agotar su paciencia, sumado a que la situación en la misión no era la mejor tras lo sucedido en el primer punto de encuentro. Con el nivel de estrés más elevado del que querría, además de oír la cruda verdad de boca de una simple humana ante sus ojos, el ex consejero decidió actuar siguiendo a sus impulsos, algo muy propio de él y que ya le había costado su puesto en el Consejo Superior.

    El anixis tomó repentinamente a la mujer por el cuello, con ambas manos, ejerciendo presión con un claro objetivo.

    — ¡Ahora aprenderás a mantener la maldita boca cerrada, humana insignificante!

    Ver eso bastó para que el comandante saliese de su cobertura y se lanzase al ataque.

    Jackon dio un salto con intenciones de propiciar una patada voladora en la sien del anixis, acertándole de pleno y provocando que éste soltase inmediatamente a Oda. Una persona normal estaría jadeando, casi sin aire en los pulmones al haber tenido una presión asfixiante en su cuello, pero no la mujer robot.

    Ese detalle no pasó desapercibido para Plaxor.

    — ¿Cómo…?

    — Hijo de puta — Le dijo Jackon, colocándose entre la IA y el anixis — ¿Ibas a matarla? ¿Ese es tu rol en esta expedición? Asesinar a quien no sigue las reglas.

    — ¡Y haré lo mismo contigo, Vaalot! ¡Seré yo quién comande esta misión!

    El ex general del ejército superior lanzó una patada frontal con el objetivo de acertar en el centro del pecho del humano, pero éste fue rápido y se apartó ágilmente para aprovechar su ventaja temporal y realizar un giro sobre su eje que le permitió golpear con su pierna izquierda al anixis, derribándolo instantáneamente.

    Jackon se puso sobre él y comenzó a propinarle una lluvia de puñetazos, pese a que Plaxor se cubría bien su torso y rostro con sus musculosos antebrazos. Cuando vio la oportunidad, el ex consejero liberó uno de sus brazos —el cual usaba cómo escudo— y golpeó contundentemente a un costado del torso del comandante de la expedición, propiciándole temporalmente la no entrada de oxígeno en uno de sus pulmones, sumándole a eso un dolor punzante que el anixis había conseguido introducirle con un golpe práctico y certero.

    Plaxor había estado estudiando a las subespecies y conocía zonas del cuerpo donde poder asestar golpes dañinos que les dejarían fuera de juego por un rato en una hipotética pelea.

    — Sin una armadura, los humanos sois carne blanda — El anixis recordó unas palabras que expuso durante una reunión en la Casa Superior — Fáciles de romper.

    Vaalot se retorcía en el suelo bajo la atenta mirada de Oda, que no dudó en confrontar a Plaxor.

    La IA con forma humana se abalanzó sobre el anixis, decidida a tomarlo del cuello como él había hecho con ella hacía escasos momentos. Sin embargo, el ex general logró derribarla al patearla desde el suelo, aprovechando ese ligero descuido de la robot para él incorporarse y tener la superioridad momentánea. Antes de que Oda pudiese levantarse, Plaxor decidió volcar el cargamento que debían entregar los kharaket sobre la mujer humana, que consiguió apartarse lo suficiente como para no quedar aplastada por una caja de metal macizo, pero con la mala fortuna de ver como su brazo izquierdo quedaba inutilizado al tener toda la presión de esa caja sobre el.

    Alguien normal estaría sintiendo una presión intensa y un dolor en el brazo, el cual muy probablemente debería terminar siendo amputado debido al peso del cargamento, pero Oda se limitaba simplemente a intentar quitarse la caja de encima, sin inmutarse ni sufrir por ello. El anixis comenzó a patearla fuertemente en los costados de su torso, pero ver cómo la humana ni siquiera prestaba atención a esos golpes, le estremeció por un segundo. Sus ojos se abrieron como platos cuando vio que Oda optó por separar su brazo del cuerpo, quitándose así de estar atrapada.

    Ahora la mujer estaba ante el anixis, sin un brazo izquierdo y en su lugar una especie de engranajes.

    — ¡¿Qué?! — El ex consejero retrocedió unos pasos al ver aquello — ¡Ni siquiera un implante se ve así!

    Oda no respondió, limitándose a atacar.

    La máquina con forma humanoide utilizó su único brazo disponible para golpear el mentón del fornido anixis, logrando darle con la potencia suficiente como para que éste retrocediese hasta chocar contra la pared y caer de culo, permaneciendo sentado en el suelo. Al irse contra la pared, accionó la apertura de la compuerta del almacén, quedándose abierta. La robot aplicó su pie derecho —que estaba hecho de puro metal, como todo su cuerpo, pese a la apariencia de carne y hueso— sobre el cuello de Plaxor, ejerciendo una presión sobrehumana sobre sus articulaciones y venas.

    El anixis empezó a jadear fuertemente, pero aprovechó que se aproximaban unos pasos para hacer ruido y gritar lo suficiente como para que ese alguien hiciese acto de presencia.

    — ¡Ayu…! ¡...da! — Plaxor trataba mediante todas sus fuerzas articular palabra, sintiendo como su cuello se comprimía como una almohada presionada — ¡Argh…!

    La sangre empezó a brotar de la boca, ojos y oídos del ex general del ejército superior, que empezaba a sentir como su fuerza se iba de su cuerpo al mismo tiempo que veía como estaba perdiendo la vida ante una humana que ya era evidente que no lo era. Esos pasos del exterior se hicieron cada vez más latentes, resonando con fuerza en el pasillo.

    A la IA humanoide no le importó lo más mínimo que nadie la viera, pues dada la situación en la que se encontraba, estaba dispuesta a asumir posibles consecuencias. Jackon estaba viendo la escena desde el suelo, aún sintiendo que el aire no entraba del todo en su pulmón mientras el dolor apenas menguaba de intensidad en ese costado, bajo las costillas.

    La presencia de un miembro de la expedición en la escena podía cambiar las cosas.

    Ikviek era aquel que se encontraba pasando por el pasillo que conectaba con el almacén del Explorario, hallándose en una situación de lo más inesperada para él. Jackon y Oda se le quedaron mirando, el humano con una mueca de dolor evidente mientras que la máquina con una expresión seria e indiferente. El anixis observó cómo Plaxor estaba siendo asesinado por Orenda y cómo el cargamento había sido movido de sitio a la fuerza, pero de su boca no surgió ninguna palabra. Ikviek permaneció impasible, viendo como Plaxor se desvanecía ante un formidable y peligroso rival, al cual le faltaba un brazo y se apreciaba que no era un ser orgánico.

    Cuando el ex consejero exhaló su último aliento, el soldado habló.

    — Nos estamos aproximando al segundo punto de encuentro — Reveló Ikviek, sin siquiera mencionar lo que acababa de presenciar, pero sí mostrándose muy conciliador — Acabemos con esto de una vez.
     
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    Saludos, amigo. Paso a comentar el capítulo.

    Ha sido espectacular leer este capítulo. Entiendo hemos llegado al primer tercio de esta parte, y las cosas se están poniendo tensas.

    En el escondite de los mercenarios, mientras Owen trata su herida, Vorta y sus mercenarios exigen a Orlat y al resto ayuda para poder hacer pedazos a Akkor a través de la batalla. Orlat intenta convencerlos de no hacer locuras, y mientras todos se empiezan a irritar, Owen sale allí para convencerles de que no tienen que hacer nada a lo loco, ya que eso solo los convertiría en asesinos o terroristas, y que lo mejor es esperar a que Akkor y sus operarios aparezcan a pelear y darles en ese mismo sitio. Todos están asombrados con esa cualidad de Owen, que demuestra bien por qué es un hijo de Lill y Snow. Está en su sangre el saltar a ayudar a otros cuando tienen problemas, pero eso no implica cobrar venganza a lo loco. Al fin y al cabo, Eret era amigo suyo y lo extraña, pero no se cobrará vidas inocentes en el camino. Ese es mi bebé, y futuro chad del universo :\*u*/: Karla lo abraza asustada por lo que estuvo por acontecer en el enfrentamiento, pues él estuvo cerca de perder la vida. Descuida, Karla, no vas a tener que preocuparte por eso, en realidad te tendrás que preocupar de las minitas que van a hacer fila en tu casa para pedir ser parte del linaje :aniblush:

    Xerom y Om, en otro lado, se encuentran reunidos cuando reciben una llamada de una de las comandantes de la humanidad. Octavia les avisa, sin saber qué significa pero entendiendo que algo le interesará a Xerom, de que hubo un enfrentamiento en un terreno baldío y que hay cuerpos que no se pueden identificar. Xerom y Om se dan cuenta de lo que eso significa. Sus amigos están en peligro, y la promesa hecha por el anazi de Akkor no va a mantener a nadie a salvo. Es más, los operarios ya han ido a por ellos y seguirán haciéndolo :ewww: Eso le da pie a una conversación donde Xerom le dice a Om que toda orden que él de será seguida, pero que sería bueno que se pusieran manos a la obra para pelear por el bien. Toca ponerte los pantalones Omnius, demuestra tú también de quién eres hijo. Lill y Om fueron buenos líderes y amigos, a ver si Owen y Omnius lo serán ahora :dancecat:

    Karla se encuentra de visita en Vianus en búsqueda de Syzgolar, o Syz, como me gusta llamarlo, sabiendo que necesitan ayuda y él puede dársela. Entonces es allí cuando aparece el puto Relic a decirle que se mantengan tranquilos si no quieren que Jackon pague con su vida. Maldito hijo de puta, te das el lujo de venir a amenazar a mis bebés después de lo que hiciste :humm: Ya llegará tu hora maldito, sé que en esta parte morirás, y yo lo voy a gozar como no te lo imaginas :dontstap:

    Karla lo ignora, pues sabe que ella es una simple civil y que no está allí para causar daño a nadie, y termina obteniendo la dirección de Syz en un club de nombre humano. Estos se la dan y avisan al neoniano al respecto, y entonces, Karla va a su casa, donde volvemos a ver a Myra y al pequeño Cole. Syz sale a su encuentro y le dice a Karla que era un honor conocerla. Karla le pide ayuda sabiendo de su pasado militar, pero Syzgolar dice que él tenía una deuda con Axlor, y la pagó ayudando a Jackon. Karla le pide que solo se limite a entrenarla a ella y un par de amigos, pero Syz insiste en que él ya ha hecho lo que debía. A ver, yo estoy seguro de que lo volveremos a ver, pero de seguro será porque Relic (que fijo habrá seguido a Karla aunque finja que no) hará algo a Myra o al pequeño Cole :blue:

    Por último, Jackon y Oda se encuentran en la nave intentando hackear las cajas de cargamento antes de que alguien más lo pueda averiguar. Entonces, alguien entra. El rompe pelotas de Plaxor, quien tiene vigiladas las cajas y sabe de que alguien las está hackeando :aniscream: Orenda y Jackon se esconden, y Orenda es quien decide aparecer, pues su misión es primero. Plaxor le dice que se encargará de hacerle lamentar por intentar acceder al material y por intentar engañarle. Cuando Jackon interviene, Plaxor lo deja fuera de combate de un golpe al pulmón. Luego trata de acabar con Orenda creyendo que es una humana normal, dándose cuenta de que no lo es cuando esta se arranca un pedazo de brazo :o Orenda lo toma por sorpresa y toma la ventaja en la pelea. Justo cuando Ikviek llega, este ve la escena sin intervenir, permitiendo que asesinen a Plaxor, pues el plan era intentar asesinarlo. Entonces, Ikviek le informa a Jackon que se acercan al próximo punto de control.

    Y bueno, no me quedo sin festejar. Plaxor está muerto, siuuuuuuuuuuuuuuuu :shark::vibing::eyebrow::shani: Ya le tocaba a ese anazi que no dejaba de romper las bolas. Pronto la hora de todos llegará. Y estaré listo para festejar.

    En fin amigo, gran capítulo, y muy ansioso estoy ya para la próxima lectura en simultáneo, que tengo unas ganas tremendas de ver como sigue todo, ya que seguro no tardarán en darse cuenta en Ibos de que Plaxor ha perdido la vida. Y bueno, a ver cuanto más aguanta el misterio de Orenda, ya que de seguro cuando todos se enteren de que no es humana en verdad querrán saber cómo la infiltraron allí, y quizá no les sea de su agrado escuchar que ella está allí para proteger a Jackon, Kairos y Mía.

    Pero bueno, ese hype me lo guardo para las siguientes leídas. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  11. Threadmarks: Punto de encuentro (II)
     
    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Bienvenidos al sexto capítulo, donde ya estamos aproximándonos al ecuador de esta parte II que tendrá quince capítulos.

    Tal y como se ha ido mostrando en anteriores capítulos, las cosas están por escalar de nivel, por así decirlo. Antes que nada, quiero agradecer como siempre a mi buen amigo Agus estresado por las leídas en simultáneo que hacemos, leyendo nuestras historias y disfrutando de ellas, además de todo lo que conlleva juntarnos; siempre es un placer.

    Dicho esto, espero que tanto él como quiénes hayáis llegado hasta aquí, disfrutéis la lectura. Las guías (de personajes, información y cronología) están a la orden del día.







    Punto de encuentro (II)




    Cuando el resto de la tripulación vio que Jackon, Oda e Ikviek cargaban con el cadáver de Plaxor mientras lo introducían en una escotilla, los murmullos se hicieron presentes.

    Totalmente ajenos a lo que había sucedido hacía apenas media hora en el almacén —donde se encontraba el cargamento para los kharaket—, la mayoría de miembros de la expedición tenían sensaciones encontradas al respecto. Personas como Nosh, Rath, Kris, Uldi y Ernu estaban preocupadas por el hecho de que el ex consejero estuviese muerto, ya que él era el enlace directo con el representante superior, quien a su vez era el autor de esa misión, de la cual dependían todos a bordo para obtener las coordenadas del planeta de los exiliados.

    El resto, quiénes eran Kairos, Mia, Young y Brokad —a los que se sumaban los propios Jackon, Oda e Ikviek—, eran totalmente indiferentes al asesinato de Plaxor. Incluso creían que debía haberse hecho eventualmente, pues la función del ex general en la expedición no era otra que la de vigilar a todos los exiliados y asegurar que cumplían con su forzado propósito, menospreciándolos e incluso afirmando que eran prescindibles a ojos de Akkor. El cuerpo sin vida del anixis fue eyectado al espacio exterior ante la seria mirada del resto de la tripulación, cada uno cavilando sobre en qué situación les dejaba ese suceso.

    No obstante, la misión seguía su curso y se encontraban en las proximidades del segundo punto de encuentro.

    Nos encontramos en las proximidades de Táfadon, el siguiente punto de encuentro que tenemos en ruta. En circunstancias normales, ya deberíamos haber podido entregar el cargamento en Pateliala, por lo que no hubiésemos visitado este mundo. Los kharaket han respondido a mi mensaje predeterminado que envié a una de sus balizas de contacto, informando de que estarán en las coordenadas pactadas — La IA de la Explorario realizaba este tipo de tareas en segundo plano, evidenciando ser útil y sospechosamente hábil a pesar de que Oda se había asegurado de que esta no pudiese comunicarse externamente con Ibos — Se trata de un mundo frondoso, con potencial para la habitabilidad de una colonia pero únicamente en su ecuador. Debido a la no rotación planetaria, una de sus caras es abrasada por el sol del sistema, mientras que la otra es un páramo nocturno y helado. Solo una delgada línea en el centro está empezando a emerger como un lugar en el que pueda surgir la vida, aunque aún no se ha visto fauna, más allá de insectos. En ese lugar, una especie de jungla exótica, tenemos la reunión con los kharaket.

    Los tripulantes de la nave habían escuchado las palabras de la IA mientras sus pensamientos aún rumiaban sobre la muerte de Plaxor a manos del comandante Vaalot y de Orenda.

    Encontrándose en la sala de reuniones, rodeando la mesa central, veían cómo un holograma de Táfadon emergía para revelar un poco más de su apariencia, condiciones climáticas y las coordenadas exactas del punto de encuentro con los kharaket.

    — ¿Qué vamos a hacer esta vez, comandante? — Ernu se dirigió a su superior, rememorando esa pequeña salida en Pateliala que terminó con hasta tres pérdidas.

    — Parece que finalmente les pondremos cara a los kharaket — Kairos estaba algo apartado del resto, lo que atrajo miradas — Y ya no tenemos al inútil de Plaxor entre nosotros.

    — Descenderemos todos — Las palabras de Jackon sorprendieron a la tripulación, que no se imaginaba esa decisión por parte de su comandante — Nadie se va a quedar en la Explorario. Cuantos más seamos, mejor nos podremos defender si es necesario.

    — No parece que necesites mucha ayuda — Le recriminó Young, señalando al hombre y a la robot — Tú y esa chica os bastáis sin mucho problema.

    — Cierto, habéis matado a Plaxor, ¿no? — Uldi se hallaba de brazos cruzados — Matar a ese anixis no debe haber sido nada fácil.

    — No lo fue, pero se lo buscó — Oda no dudó en defenderse y justificarse sin mucho alarde — Se empeñó en asesinarnos. Era él o nosotros.

    Oda se pudo recolocar rápidamente el brazo robótico que quedó atrapado bajo el cargamento cuando Plaxor lo arrojó sobre ella, siendo únicamente Ikviek quien conocía ese gran secreto que escondía la apariencia humana de la IA, a diferencia del resto de la tripulación.

    — Me dais miedo, honestamente — El callado ingeniero de nombre Nosh, veía a Jackon y Oda como serias amenazas — Todo lo que sea matar a sangre fría…

    — ¡A veces es justo lo que toca hacer, muchacho! — Golpeando sus robóticas manos a modo de aplauso, Brokad intervino.

    — Bueno, lo de Plaxor ahora mismo es irrelevante — Mia decidió tomar la conversación y redirigirla a lo que consideraba importante — ¿Qué debemos esperar de los kharaket? ¿Entregamos el cargamento y nos vamos?

    — Se supone que ese es el plan, ¿no? — Otro de los ingenieros, el syleriano Kris, dijo lo más lógico — Solo así obtendremos las coordenadas de nuestro futuro hogar.

    — No sé si obtendremos esas coordenadas con Plaxor muerto — Rath, la neoniana y psicóloga de a bordo, no consideraba que haber matado al ex consejero fuese lo correcto y creía que acarrearía serios problemas — Entregaremos el cargamento a los kharaket y después solo podremos esperar que Akkor nos diga a donde ir.

    — Si antes estábamos solos en esto, ahora es así más que nunca — Ikviek, que era un veterano y experimentado soldado, captó la atención de sus compañeros — Los kharaket tienen un acuerdo con Akkor, al menos eso se supone. Entreguemos el cargamento y luego nos ocuparemos de qué hacer después. Pensar más allá es innecesario en estos momentos.

    — Ya lo habéis oído, vayamos a prepararnos — El líder de la expedición dio por terminada esa reunión, siendo una mera previa del descenso al segundo punto de encuentro estipulado — Nosh, Kris… quiero que activéis uno de los drones RECO. Que nos sirva de avanzada en el descenso.

    Ambos ingenieros asintieron al pedido de su comandante.

    La tripulación, cada uno con sus inquietudes y dudas respecto al porvenir de la misión una vez se les entregase a los kharaket lo que fuese que había en el interior del cargamento, se dirigió a la que era la sección más grande de la nave, la cual contaba con la armería, el gimnasio y un espacio para la ingeniería. Uno por uno fueron abandonando la sala de reuniones, quedándose únicamente Jackon e Ikviek, siendo los últimos en emprender la marcha.

    Sin embargo, el anixis no dudó en aprovechar esa ocasión para acercarse a su superior y recordarle lo que había visto no hacía mucho rato.

    — Me debes una, comandante Vaalot — Le susurró al oído — Es evidente que contar con una IA robótica infiltrada es síntoma de tener un plan.

    Ikviek sonrió una vez concluyó en expresar su pensar respecto a lo que había visto en el almacén, tomando la delantera en el camino hacia la armería donde todos se equiparían con lo necesario antes de dirigirse al hangar y subirse a las lanzaderas. Jackon no le respondió verbalmente, pero la seriedad con la que observaba al anixis mientras éste se marchaba resultaba ser más que reveladora.

    El líder de la expedición sabía que Ikviek podía darle problemas si revelaba que Oda era una IA en vez de una humana, ya que haría suponer a todos que él escondía algún secreto.

    […]

    Todos los miembros de la expedición del Explorario se embarcaron en el descenso a Táfadon, un mundo de lo más peculiar, en el cual finalmente harían contacto con los kharaket.

    Dividiéndose en dos grupos —la lanzadera uno era liderada por el comandante Vaalot y contaba con Mia, Oda, Kairos, Ernu y Uldi, mientras que la lanzadera dos tenía consigo a Ikviek, Brokad, Nosh, Kris, Young y Rath—, los exiliados que fueron enviados a la fuerza y mediante chantajes por el representante superior, vieron como los vehículos aéreos se tambaleaban al cruzar la atmósfera planetaria.

    El horizonte era muy llamativo, con un claro contraste si observabas a un lado en el que se veía el sol y al otro en el que se veía un cielo totalmente estrellado.

    Ambas lanzaderas contaban con las coordenadas marcadas del punto exacto de encuentro, pero el aterrizaje se daría a unos pocos kilómetros para asegurarse de que no había peligros con los que no contaban. El suceso en Pateliala había dejado huella en todos, especialmente en el propio Jackon, que ya no se fiaba de los mundos inhóspitos.

    Con el dron RECO de avanzadilla y ya tomando contacto con la superficie del planeta, ambos grupos recibieron imagen en directo de la máquina. En medio de una noche infinita y un día eterno, se abría una brecha en la que ambos convivían y daban forma a un lugar realmente exótico. La señal en directo del RECO revelaba un área selvática, con árboles y plantas de una diversidad y color que dejaron absortos a muchos de los exploradores.

    Así, mientras finalmente las lanzaderas tocaban tierra en Táfadon, la Explorario se mantenía en una órbita muy cercana al globo.

    La IA básica de la nave se encargaría de mantenerla operativa con las funciones mínimas y necesarias a la espera de que las dos lanzaderas con la tripulación regresasen a bordo tras haber hecho entrega del cargamento, que estaba siendo llevado en la primera lanzadera que comandaba Jackon. Precisamente fue esta la primera en abrir sus compuertas, revelando a sus integrantes vestidos con los trajes espaciales de exploración, garantizando unas reservas de oxígeno pese a que el aire en Táfadon era respirable según los monitoreos y datos previos.

    Fue por eso que todos optaron por guardar su suministro de oxígeno, equipado de por si en el traje, por si tuviese que ser necesario más adelante.

    — Hay buenas condiciones climáticas — Oda realizaba sus propios escaneos del ambiente al ser una IA, pero los revelaba como opiniones — Y diría que el oxígeno es alto, así que podemos respirar sin problemas.

    — Bueno, en ese caso, almacenemos el suministro de oxígeno — Aunque varios ya lo habían hecho, el comandante reafirmó esa decisión — ¿Qué está viendo el RECO?

    — Se está acercando al punto de encuentro — El ingeniero syleriano veía la imagen en directo del dron desde una tableta que él mismo portaba — El camino está despejado.

    — Estamos a un kilómetro andando, comandante — Ernu se aproximó al líder de la expedición, cargando en sus brazos un Flasher — Sugiero…

    — ¡El dron no responde! — Kris alertó al resto de exploradores — ¡He perdido la señal!

    — ¡Yo también! — Nosh, que era otro de los ingenieros que había puesto en marcha el dron, alarmó más aún al grupo — ¡Seguía su ubicación en tiempo real y ha desaparecido!

    Automáticamente como si se hubiese activado un mecanismo de defensa en los exploradores, los más experimentados en el ámbito militar desplegaron su conocimiento mediante la formación circular de todos ellos, rodeando y protegiendo al grueso del grupo mientras llevaban las armas en alto. Jackon, Kairos, Ernu, Brokad e Ikviek eran los más experimentados en cuanto a armas se refería, habiendo sido soldados de sus respectivos ejércitos todos ellos.

    Otros con algo de experiencia como Mia, Rath y Young imitaron la formación de sus compañeros soldados, dejando a Oda, Kris, Uldi y Nosh en el centro de ese círculo, mostrándose algo preocupados —a excepción de la IA con forma humana, que mantenía un semblante neutro en todo momento—. La pérdida del dron RECO significaba que alguien o algo lo había inutilizado repentinamente y eso los puso a todos en alerta.

    — ¿Serán los kharaket? — Uldi se estremecía solo de pensar que los alienígenas podían pretender hacer algo con ellos.

    — Lo dudo — Musitó Kairos, observando las copas de los árboles por si estaban siendo observados — ¿Por qué atacarnos si vamos a hacerles entrega de algo que quieren?

    — ¿Y si en realidad no quieren esta maldita caja? — La joven hacker llamada Young apretaba con fuerza el Striker — Podría ser todo una mentira en la que nos han metido para borrarnos del universo.

    — No somos tan importantes, humana — Ikviek lo dejó claro — Pero los kharaket sí podrían ser los causantes de la pérdida del dron.

    — Vayamos de igual manera al punto de encuentro — Ordenó el comandante Vaalot, señalando a los cuatro que estaban en el interior del círculo que los exploradores experimentados habían formado — Vosotros vais a transportar el cargamento mientras el resto lo protegeremos.

    — ¡¿Porqué íbamos a proteger esa cosa?! — Brokad confrontó a su superior, pues no estaba de acuerdo — ¡Podría contener algo que no nos ayude en absoluto!

    — ¡Pues lo sabremos si los putos kharaket lo abren en nuestras narices! — Jackon estaba cansado de estar debatiendo y discutiendo las cosas — ¡Haced lo que digo, joder! ¡Vamos, andando!

    Algunos de los presentes se sorprendieron al ver como su comandante se había mostrado repentinamente enfadado, pero otros no le juzgaban, pues estar en su posición no era nada sencillo y de por sí todos estaban bastante alterados tras lo ocurrido en Pateliala hacía un par de días y lo sucedido recientemente con Plaxor.

    Acatando la orden sin más, los encargados de llevar el cargamento —Oda, Uldi, Nosh y Kris— lo harían mediante una especie de carro en el cual estaba la caja metálica, teniendo que empujarlo durante los mil metros aproximados que había desde la zona donde habían descendido con las dos lanzaderas hasta las coordenadas donde deberían encontrarse con los kharaket.

    El trayecto fue algo incómodo y tenso, pues además de la vegetación exótica que les rodeaba y el temor a ser asaltados por cualquier cosa, algunos insectos empezaron a hacer acto de presencia. La médico syleriana recomendó encarecidamente que todos se colocasen de nuevo los cascos de sus trajes de exploración y utilizasen el oxígeno almacenado, pues desconocían si esos insectos eran venenosos o agresivos.

    Sin embargo, su advertencia no llegó a tiempo para Nosh, que estaba ayudando a transportar el cargamento. Pese a haber hecho caso a Uldi, el ingeniero humano se desplomó repentinamente, captando la atención de sus compañeros.

    — ¡Nosh! — Kris, que era el que más tiempo había pasado con él, fue corriendo a socorrerlo — ¡¿Qué te pasa, amigo?!

    — ¡¿Qué diablos le ocurre?! — Mia se estremeció al verlo desfallecido.

    — ¡Déjame ver! — La doctora syleriana se acercó a chequearlo.

    — ¿Y bien? — Rath se temía lo peor, viendo que el ingeniero había dejado de respirar justamente — ¿Está…?

    Uldi comprobó que, efectivamente, Nosh acababa de morir.

    Sus constantes vitales se habían apagado como si de un aparato eléctrico se tratase, pero lo más llamativo era el color morado que estaba empezando a ponérsele a su cara. La médico syleriana vio que dentro de su casco había dos insectos, muy similares a mosquitos, revoloteando como si nada. Aquello parecía un signo evidente de lo que podía haberle ocurrido al humano, muerto en cuestión de dos minutos.

    — Ha fallecido, sí — Confirmó Uldi, negando con la cabeza — ¿Y veis a esos insectos? Deben tener una especie de picadura que afecta a los humanos y les provoca un shock anafiláctico, alterando su sistema inmune y generando algo en su sangre, de ahí ese color en su rostro.

    — ¿Crees que solo afecte a los humanos? — Uno de los dos soldados anixis, siendo Ernu, se acercó al cuerpo del ingeniero.

    — Es difícil saberlo, a menos que un miembro de cada especie se exponga a la picadura de este insecto — La doctora syleriana no lo propuso, sino que más bien explicó su pensamiento — Quizá a cada especie le afecte de manera diferente o de la misma forma que a este chico.

    — Nosh… — Kris lanzó una mirada fría a su homónima por ese comentario — Este chico se llamaba Nosh.

    — Ya, claro… Nosh — Uldi se disculpó rápidamente — Lo siento.

    El ingeniero syleriano frunció el ceño y se incorporó, consciente de que no iban a cargar con el cadáver de su amigo porque la misión requería seguir avanzando, ya que se encontraban muy cerca del punto de encuentro. Varios de los exploradores le agradecieron a Uldi el advertirles de colocarse los cascos, ya que si no lo hubiesen hecho a tiempo, podrían haber terminado como Nosh.

    El camino finalmente había llegado a su fin, pues el mapeado que tenían de Táfadon ya había notificado a todos de que se encontraban en las coordenadas exactas de la reunión con los kharaket. La selva frondosa y exótica se abría a los costados, dejando un espacio no muy grande en el centro sin árboles ni vegetación de ningún tipo. Únicamente una tierra marrón y seca les recibía, sin ninguna presencia más en el lugar.

    — ¿Qué mierda es esto? — Young estaba molesta — ¿Por qué carajo no están esperándonos?

    — No lo sé, pero pueden haberse retrasado o puede ser una trampa — Jackon, que se había traído consigo el bastón que Sizgolar le fabricó en honor al de su padre Axlor, mantenía el arma cuerpo a cuerpo a mano pero portaba principalmente un Rhage, su arma favorita — Permaneced alerta.

    El silencio solo era roto por el mecerse de las hojas de los árboles que rodeaban esa isla pequeña y desértica en mitad de la selva, un viento que empezó a hacerse cada vez más fuerte hasta que hizo alzar la vista a todos los tripulantes de la Explorario, cuando una nave mucho más grande que una lanzadera convencional pero sin ser un navío de aparente exploración espacial, se cernía sobre sus cabezas mientras descendía paulatinamente.

    Todos observaban detenidamente cómo el vehículo aéreo se posaba sobre la tierra seca, levantando una polvareda considerable que les hizo agradecer llevar los cascos puestos.

    Una vez sus motores se apagaron, ese fuerte viento y esa nube de polvo empezaron a disiparse al mismo tiempo que una compuerta se abría de par en par. Del navío empezaron a salir lo que parecían ser soldados, en su mayoría armados con objetos como lanzas y mazas a excepción de cuatro de ellos, que destacaban porque sus trajes eran de un color rojo completo mientras que el de la mayoría eran blancos con rayas rojas. Parecía que los kharaket tenían rangos en su milicia.

    Eso se confirmó cuando los cuatro que vestían con armaduras rojas tomaron la iniciativa, avanzando unos pasos hasta ponerse al frente de una veintena de soldados bajo su mando.

    — ¿Entendéis lo que digo? — Uno de esos seres tomó la palabra, queriendo saber inicialmente si podía comunicarse gracias al traductor universal que portaban instalado en sus trajes de exploración.

    — Sí, te entendemos — El comandante Vaalot era el encargado, por rango, de entablar el contacto.

    — Bien — Musitó otro de ellos, señalando a la expedición del Explorario — ¿Qué sois? ¿Dónde están los anixis?

    — Ahí hay dos — Otro de los cuatro kharaket que vestían de un rojo llamativo, se encargó de señalar a Ikviek y Ernu — Pero ninguno de ellos es el general Plaxor.

    En ese momento, tanto Jackon como Oda pensaron que tal vez matarlo había sido un error, si es que los kharaket habían hecho entregas de cargamento con el ex consejero como voz autorizada y presente.

    — Plaxor está muerto — Jackon no tuvo ningún reparo en revelar ese dato, aunque sabía que podía estar jugándosela, por lo que decidió mentir — Fue atacado por esas bestias que habitan Pateliala, donde se supone que debíamos reunirnos.

    — Sí, bestias que tus amigos los anixis soltaron en ese mundo hace casi cien años — Ese kharaket parecía estar recriminando ese acto — Pensábamos que ya estarían congeladas, pero se han adaptado y mataron a nuestros soldados, los que estaban esperándoos.

    — Huze, silencio — Otro de ellos increpó a su compañero, decidido a tomar él la palabra — Estos seres aún no han respondido a mis preguntas. ¿Quiénes sois y dónde están los anixis?

    — Mi nombre es Jackon Vaalot, soy humano, como varios de aquí — El comandante indicó quiénes eran de su especie — También hay neonianos, sylerianos y anixis. Si con la segunda pregunta te refieres a porqué estamos nosotros aquí y no solo los anixis…

    — ¡Así es, humano! ¡Deja de hablar por hablar y responde lo que se te pide!

    — ¡Strul! — Aquel que había recriminado primero a ese tal Huze, ahora lo hacía con otro de los suyos — ¡Hablarás cuándo yo lo ordene! ¡Aprende de tu hermano Vogais, en silencio y atento!

    Vogais era el único que no había hablado de los cuatro kharaket que vestían armaduras militares de color rojo chillón. Al parecer, él era hermano de Strul, que parecía ser un tanto irascible e impulsivo. Toda la tripulación de la Explorario permanecía en silencio, algunos sorprendidos e impactados con la apariencia kharaket, mientras que los dos anixis les miraban con total seriedad, conocedores absolutos de esta especie.

    Los kharaket compartían muchas similitudes con las especies de la Alianza, con la excepción de que tenían cuatro brazos robustos, dos piernas de gran tamaño y un único ojo en el centro de sus rostros, además de una piel de color amarillento que recordaba a los thunianos que se habían quedado en el territorio conocido. Por lo demás, compartían similitudes evidentes de ser parte del selecto grupo de seres orgánicos conocidos.

    — Disculpad a Strul, es solo su segunda vez en una entrega de cargamento — El kharaket que parecía llevar la batuta de la conversación por parte de los suyos, decidió presentarse — Mi nombre es Draux y soy el comandante primero de nuestro ejército. Ellos son mi comandante segundo y mis subcomandantes.

    — Yo soy el comandante de mi expedición — Indicó Jackon, que ya había mencionado su nombre — Nosotros somos exiliados, personas que Akkor ha decidido echar de Ibos. Nos han forzado a hacerte entrega de este cargamento para así obtener asilo en otro planeta anixis.

    — Es una información contrastable, te lo agradezco — Draux se aseguraría de confirmar esos datos una vez la reunión concluyese, probablemente mediante una comunicación con el propio Akkor — Hacedme entrega del cargamento, mis soldados lo introducirán en nuestra nave y vuestro trabajo habrá acabado aquí.

    Jackon se volteó y ordenó a sus compañeros que empujaran el cargamento hasta el centro del área, donde algunos soldados rasos de los kharaket se estaban posicionando para recoger la caja metálica. Kris, Oda y Uldi fueron ayudados por Ikviek y Brokad para mover el cargamento, y mientras lo estaban haciendo, el comandante Draux se acercó al comandante Jackon. El kharaket se veía más imponente de cerca que desde la distancia, especialmente al contar con dos brazos más y unas piernas que parecían fuertes.

    Su único ojo penetrante se clavó en los dos del humano.

    — Akkor no me advirtió de que enviaría exiliados a esta entrega — Murmuró Draux, visiblemente dubitativo — Pero entiendo porqué lo ha hecho.

    — ¿Ah, sí? ¿Por qué crees que lo ha hecho?

    — La respuesta es obvia — Musitó el comandante kharaket, sin cambiar un ápice de su expresión facial — Sois prescindibles.

    Jackon interpretó esas palabras como una clara señal de que iban a ser asesinados allí mismo, pero antes siquiera de que pudiese actuar o advertir a sus compañeros, un objetó cuadrado cayó en mitad de los dos comandantes. Ese extraño artefacto se abrió por dos de sus costados y comenzó a emitir una especie de humo mientras todos empezaron a retroceder. Considerando eso como un asalto por parte de la expedición mientras estos daban por sentado que los kharaket querían matarlos, una batalla dio comienzo, pero no por culpa de ninguno de los dos bandos.

    — ¡Muerte a Draux y su séquito! — Se escuchó desde lo profundo de la selva, al mismo tiempo que se veían cosas muy similares a lanzas y flechas volar desde diversas direcciones.

    — ¡¿Quién ha dicho eso?! — El comandante primero se estremeció al oírlo — ¡Maldición! ¡Acabad con estos exiliados, Akkor nos obsequiará por ello!

    — ¡No, Draux! ¡Nos han seguido! — Recalcó uno de sus subcomandantes, siendo el que se hacía llamar Strul — ¡Son los insurgentes!

    — ¡No es posible! — Gritó Huze, retrocediendo hacia la nave — ¡Deberíamos retirarnos!

    — ¡No! ¡El cargamento!

    Vogais corrió hacia la caja metálica para tirar de ella, mientras a su alrededor se sucedía un tiroteo y varios combates cuerpo a cuerpo. El que era uno de los subcomandantes del ejército kharaket estaba decidido a llevarse consigo el cargamento, pero se encontró con que Brokad estaba dispuesto a impedírselo.

    — ¡Ni en tus sueños, kharaketo! — Exclamó el neoniano con extremidades artificiales, forcejeando con el subcomandante.

    — ¡Suelta, monstruo! — Vogais le tenía miedo al ver esas extremidades robóticas y su aspecto — ¡Este cargamento es nuestro!

    El forcejeo entre ambos continuaba por el control del cargamento mientras el resto de sus compañeros estaban emplazados a un tiroteo en el cual la expedición partía victoriosa, al contar con más armas en su bando. Sin embargo, tanto Vogais como Brokad se vieron sorprendidos por la embestida de un animal robusto y corpulento —una mezcla entre un caballo y un toro— al que controlaba su jinete. El choque fue con tal potencia, sin contar con que dicha montura tenía dos cuernos en su frente, que el subcomandante kharaket y el neoniano salieron disparados contra los árboles más cercanos.

    Vogais acabó con varios agujeros en el centro de su torso, incluso con su armadura perforada y una contusión severa en su cabeza al haber chocado contra el árbol a una velocidad endiablada. Brokad, por su parte, perdió tres de las cuatro extremidades robóticas que tenía, además de haber recibido varios agujeros en la parte baja de su abdomen. Apenas podía hablar debido a lo rápido que estaba desangrándose, siendo observado con absoluto terror por varios de sus compañeros de expedición.

    — ¡¡¡No!!! — Strul acababa de ver como había muerto su hermano Vogais — ¡¡¡Hermano!!!

    La montura y su jinete se giraron hacia los tripulantes de la Explorario, revelándose como otro kharaket con una diferente vestimenta a la de los soldados que habían aparecido en el punto de encuentro. No estaba solo, pues otros kharaket con una apariencia similar y humilde, estaban atacando a los soldados del ejército kharaket, comandados por Draux.

    El jinete apuntó con su montura a los miembros de la expedición, realizando una maniobra la cual hizo elevarse al animal mientras rugía al aire.

    — ¡Vosotros! ¡Seres de otros mundos! — El tipo parecía ser aquel que lideraba la insurgencia contra el ejército — ¡Me pertenecéis junto al cargamento que portáis!

    — ¡Has matado a uno de los nuestros! — Gritó Jackon, harto de perder miembros de la expedición que él mismo lideraba — ¡Lo único que te va a pertenecer es la muerte!

    El comandante Vaalot no dudó en disparar su Rhage contra la montura del líder insurgente y pese a la cantidad de humo debido a esa especie de granada cuadrada que habían lanzado esos kharaket, el humano logró su cometido. Sin embargo, la pelea todavía seguía en marcha y la tripulación de la Explorario se encontraba en una batalla a tres bandas, con la prioridad de sobrevivir y mantener el cargamento para ellos mismos, aunque no supiesen porque los kharaket peleaban entre sí con tanto ahínco por el. El kharaket rebelde vio como ese animal que cabalgaba desfalleció al tener varias perforaciones, fruto de las flechas que Jackon le había disparado, provocando una serie de desgarros internos que terminaron por desangrarlo.

    El jinete insurgente cayó al suelo, captando la atención de sus compañeros.

    — ¡Ebran! — Se escuchó de entre todo el ruido generado por el conflicto — ¡Rápido, sacadlo del fuego cruzado!

    Varios kharaket que vestían con un ropaje más rústico y humilde —de un color marrón desértico— que los soldados del ejército de esa misma especie, corrieron en tromba para ayudar a aquel que les lideraba en su ataque rebelde contra el ejército comandado por Draux. Mientras esto sucedía, los miembros de la expedición se veían siendo asaltados tanto por soldados kharaket como por insurgentes, mientras custodiaban el cargamento en un acto a la desesperada.

    Algunos decidieron aventurarse un poco más, conscientes de que cargaban con armas de fuego y les daba ventaja.

    — ¡A mi señal, abrís fuego contra la nave enemiga! — Ikviek no dudó en dar una orden a sus compañeros, ignorando la cadena de mando — ¡Ahora!

    Incluso aquellos que no estaban especializados en el manejo de armas, como lo eran Young, Kris, Rath y Uldi, accedieron al mandato del veterano anixis y empezaron a disparar contra los soldados kharaket que utilizaban la cobertura de su transporte espacial. Estos no portaban armas de fuego, a excepción de sus cuatro líderes —de los cuáles había muerto uno, siendo Vogais—, por lo que se estaban viendo sobrepasados entre la férrea defensa de los tripulantes de la Explorario y el asalto inesperado de los insurgentes.

    Visiblemente furioso por la muerte de su hermano, el subcomandante Strul se dispuso a gastar la munición de su arma, pero Huze colocó su mano en el hombro para hacerle saber que esa ira era inútil en ese momento.

    — ¡Retirada! — Ordenó el comandante segundo, mientras observaba a Strul con una expresión de lástima — ¡Todos a bordo! ¡Nos vamos de aquí!

    Sus soldados recibieron esa orden como un bálsamo pues se estaban viendo contra la espada y la pared debido a los escasos recursos con los que contaban.

    Decidido incluso a perder el cargamento por el que habían ido a Táfadon con tal de salvaguardar lo que quedaba de su escuadrón, el comandante primero llamado Draux indicó el momento de marcharse. Los insurgentes seguían yendo con todo a por los soldados de su ejército, pero también a por los miembros de la expedición que rodeaban la caja metálica decididos a no entregarla a la ligera.

    — ¡Ebran, se marchan! — Uno de los rebeldes señalaba cómo la nave cerraba sus compuertas, con los soldados supervivientes ya en su interior — ¡¿Qué hacemos ahora?!

    — ¡Dejadlos! — Ebran, que era el nombre del líder de los kharaket insurgentes, centró su objetivo en los recién llegados — ¡Quiero ese cargamento! ¡Y a esos seres! ¡Podrían tener información vital!

    Gracias a los traductores universales que portaban los kharaket —siendo un detalle que indicaba que podían haberlos conseguido de los anixis en el pasado—, los tripulantes de la Explorario escucharon esas palabras. Preparados para repeler a los kharaket rebeldes mientras el navío de su ejército se empezaba a elevar sobre ellos con la determinación de partir, todos se dispusieron a convertirse en auténticos guerreros.

    No obstante, sus armas se quedaron sin munición pues esta no era ilimitada, por lo que los exploradores exiliados se vieron obligados a luchar a la vieja usanza.

    — ¡No dejaré que os llevéis el cargamento! — Exclamó el ingeniero syleriano, utilizando su arma para golpear cuerpo a cuerpo — ¡Han muerto compañeros por esto!

    — ¡Ríndete, ser de color azul! — Uno de los kharaket se dirigió a Kris por el tono de su piel — ¡Sois menos que nosotros!

    — ¡Nunca, malnacido!

    Kris esquivó un intento de golpe con una maza por parte del insurgente, realizando él mismo un intento por golpearle con la culata del Flasher que portaba en sus brazos, sin éxito. Sin embargo, sus habilidades de pelea no eran las mejores, evidenciando que su campo era únicamente el de la ingeniería y poco más. Sus aptitudes no le sirvieron de mucho para ese enfrentamiento, porque el kharaket logró incrustar un potente golpe con su maza en la cabeza del syleriano, el cual terminó por dejarlo noqueado.

    Kris cayó al suelo abatido, sin ser consciente de que su vida iba a terminar ahí, debido a que el rebelde le lanzó un segundo y contundente golpe con su arma de mano el cual iba dirigido a su cabeza. El resto de sus compañeros vieron con horror, sin poder llegar a tiempo para defenderle, como su cabeza era destruida hasta convertirse en una masa de sesos desparramados.

    — ¡No! — Exclamó Ebran, dirigiéndose a su súbdito mientras el resto rodeaban al grupo de la Explorario — ¡No he ordenado matarlos! ¡Los quiero vivos porque podrían sernos útiles!

    — ¡Hijo de puta! — El comandante Vaalot sacó su bastón, accionándolo con un botón que lo hacía expandirse por cada lado — ¡Tus acciones no dicen lo mismo!

    Jackon se abalanzó sobre el líder de los insurgentes, que reaccionó rápidamente colocando su lanza a modo de protección.

    Ambas armas de corta distancia chocaron entre sí ante la vista de ambos bandos, los cuáles apenas reaccionaron a la confrontación. Con un gran número de insurgentes rodeando a los exploradores —algunos de ellos sobre varias de esas imponentes monturas— y parte del ejército oficial kharaket habiéndose retirado de la escena, la batalla prácticamente había concluido. La tripulación de la Explorario se había quedado sin munición a mano y en un claro número reducido en comparación a sus oponentes, por lo que era un hecho que habían sido capturados por la insurgencia de estos seres.

    — ¡Resistirse es en vano, humano! — Ebran parecía haber escuchado la conversación que hubo entre los líderes del ejército kharaket y el comandante de la expedición, estando vigilante previo al inicio de su propio asalto — ¡Depositad las armas en el suelo y no se os hará daño alguno!

    — ¡Mientes, maldito bastardo! — Visiblemente furioso por haber perdido a varios de sus compañeros de misión, el comandante volvió a lanzarse al ataque — ¡Voy a dejar a tu gente sin líder!

    Vaalot demostró una versatilidad y habilidad asombrosa con el bastón, pese a haber estado entrenando muy poco tiempo con él.

    En su mente, rememoraba las lecciones que él mismo había tenido cuando era pequeño, al usar el bastón histórico que portaba Axlor, cuando vivía en Neonia. Tras el ambiente tóxico en el que se quedó el planeta neoniano por el gas de la nave nodriza Veerham, esa y muchas otras pertenencias quedaron abandonadas. Pero el nuevo bastón, creación de Sizgolar, era una versión más superior al arma cuerpo a cuerpo que llevó consigo su padre, por lo que Jackon tenía más opciones con las que manejarse en el conflicto.

    En un ágil movimiento, el comandante de la expedición logró derribar al líder insurgente, posicionando velozmente su bastón a escasos centímetros del rostro de éste. Varios de los kharaket se aproximaron con sus lanzas y mazas en alto, dispuestos a lanzarse sobre el humano para evitar que su líder resultase herido.

    Pero Ebran gesticuló con la mano mientras miraba fijamente a los ojos de Jackon, pese a tener la punta del bastón en su cara.

    — Debo admitir que sabes desenvolverte bien — El líder de la insurgencia kharaket no se atrevió a levantarse pese a confiar en que el humano no le haría nada — Me pregunto si todos los humanos sois así de hábiles.

    — Pregúntate lo que quieras, idiota — Jackon no sentía miedo alguno pese a tener a varios kharaket dispuestos a apalearle con sus armas — Si los tuyos me atacan, eso mismo será lo último que tu ojo vea.

    Ebran ordenó a los suyos con la mirada que retrocediesen, algo que tuvieron que hacer a regañadientes.

    Vaalot no esperaba ese acto por parte del líder de esa resistencia kharaket, aunque no veía ningún tipo de bondad en sus acciones. Sin embargo, sentía curiosidad por comprender los motivos que les habían llevado a esos kharaket a enfrentarse a sus símiles.

    — No estás en posición de amenazar, comandante — Incorporándose pese a tener el bastón de Jackon muy cerca, Ebran se mostró bastante confiado — Ahora sois prisioneros de la facción insurgente de Khara.
     
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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar este capítulo. Ha sido intrigante, plagado de acción y muerte a montones.

    Todo arranca con el grupo deshaciéndose del cadáver de Plaxor. Con este muerto, ya son solo dos los anixis que quedan en el grupo, y cada vez están más reducidos. El grupo se pone a debatir sobre si seguir adelante ahora que Plaxor se ha ido ya que sin él, puede que Akkor no quiera darles las nuevas coordenadas del mundo de exiliados. Pero eso no quita que la misión esté en marcha todavía. Ikviek le dice a Jackon que él tiene una deuda pendiente por el secreto de Oda, ya que esta logró corregir el brazo dañado. El grupo se prepara para el descenso en un nuevo mundo, alejado algo de la experiencia que han vivido en el planeta anterior, siendo este un mundo irregular, donde el calor y el frío tienen cada uno una mitad, igual que la noche y el día. Te digo la verdad, la forma en que se describe el mundo me hace desear poder viajar a verlo en persona, pero luego de lo que pasó, creo que prefiero solo ver XD :aniscream:

    Ni bien llegan, son más inteligentes en enviar a uno de los drones RECO para pelear, y aunque todo parecía estar bien en ese momento, pronto se terminan por dar cuenta de que este ha dejado de transmitir. Sin más información al respecto, el grupo decide caminar unido para llevar el cargamento y cumplir con la misión de una vez por todas.

    Arrancan a caminar, y no tardan en ser recibidos por un comité de mosquitos que tienen una picadura letal. Joder, y acá cada verano le tenemos miedo al dengue, esos mosquitos mataron a Nosh en un abrir y cerrar de ojos, entre los dos lo picaron y este cayó y murió sin agonía ni nada. Espero que el veneno que lleven en su cuerpo no pueda ser extraído de ninguna manera para ser usado como arma :blue: Lamentándose un poco, el grupo continúa, siendo Kris el syleriano el más afectado, ya que Nosh era un compañero cercano suyo por compartir profesión.

    La caminata es larga, pero entonces pasan el kilómetro y llegan al segundo punto de entrega, donde los kharaket aparecen por primera vez, siendo seres con cuatro brazos, de gran altura y por lo que se dice, que no se saltan el día de pierna en el gym :dontstap: Una nave desciende, y 4 de ellos salen armados con armas de fuego mientras que el resto lleva solo armas algo más rudimentarias. Podemos ver que entre los subcomandantes de Draux, líder de todos, se encuentran dos tipos algo explosivos como lo son Strul y Huze, mientras que otro de ellos, llamado Vogais es más tranquilo. Las conversaciones se tensan un poco, ya que los kharaket esperaban recibir el cargamento de parte de los anixis, más que nada de Plaxor, pero pronto descubren que Plaxor está muerto (aunque no saben la verdad) y la tripulación la conforman exiliados. Los kharaket y la expedición se están a punto de enfrentar, cuando una granada de humo es lanzada (te digo la verdad, por poco pensé que sería esa niebla que usaban los anixis de Deon para dormir a sus enemigos :cref:) y otros anixis más humildes hacen acto de presencia, siendo liderados por un insurgente llamado Ebran. Está claro que el cargamento debe ser de gran importancia, puesto a que tanto los liderados por Draux como los insurgentes lo quieren. En el medio de la revuelta, Brokad intenta pelear contra Vogais por el cargamento, y ambos son eliminados cuando Ebran utiliza su montura para acabar con ellos :bunchie:

    Draux ordena la retirada del lugar, y entonces Ebran pide capturar con vida a la exploración y asegurar el cargamento. Kris intenta honrar las muertes de Nosh y Brokad tratando de proteger el material, pero entonces, uno de los insurgentes se deja llevar por la emoción y lo mata, haciendo así tres bajas en el equipo (estás despidiendo a muchos personajes, amigo, el sindicato te va a poner una queja XDDDDD okno angrysnake ). Jackon logra eliminar al animal en el que va montado Ebran, y luego lo vence en una pelea cuerpo a cuerpo utilizando su habilidad y la lanza que le obsequió Sisgolar (seguro que si Mia lo vio, debe estar así por dentro :aniblush: XDDDD)

    Pero los insurgentes son más, y les rodean, terminando con Ebran diciendole a Jackon que aunque ganó el combate, no ganó el asalto, y que deben rendirse pues ahora son prisioneros.

    Epico cierre, amigo. Yo con esperanzas de que los kharaket odiaran a los anixis y se unieran a los angelitos en la cruzada, pues resulta que los kharaket con armadura respetan a Akkor y Plaxor y encima los insurgentes planean apoderarse de todos. Honestamente, no sé cómo va a terminar todo. Quizá Jackon, Kairos y el grupo elijan darle a los kharaket insurgentes el cargamento y una mano en enfrentarse a Draux y los demás a cambio de su ayuda en casa, pero siendo tipos tan salvajes, no se si se puede confiar en ellos. El tiempo lo dirá, yo desde luego estaré esperando ansioso para ver por donde se va a decantar este conflicto, y ver si me toca ponerme del lado de los kharaket regentes, de los insurgentes o de nadie en particular :ashum:

    Con eso me despido por ahora. Ha sido de lo más agradable que pudiéramos tener una juntada entre semana el día previo a navidad, ya que nos permite seguir avanzando en las lecturas de las historias, además de que las leídas entre semana no suelen ser demasiado frecuentes, pero bueno, eso es lo que las hace especiales. :char:

    Con eso me despido hasta la próxima ocasión. Te deseo unas muy felices fiestas con la familia y amigos , un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  13. Threadmarks: ¿Aliados o enemigos?
     
    Manuvalk

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Hola a todos/as, ya entrando definitivamente en el ecuador de esta parte, se viene el que será el capítulo más corto hasta el momento, el cual espero que disfruten.

    No quiero irme sin antes agradecer a mi buen amigo Reydelaperdicion (que se ha cambiado el aka XD) por estar siempre aquí, pendiente de este universo ficticio y en general pasándolo bien conmigo en las juntadas por Discord que tenemos, las cuáles son ya casi un ritual semanal.

    Sin más que añadir, os dejo con la lectura.







    ¿Aliados o enemigos?




    Los rebeldes kharaket avanzaban al frente y rodeando a los miembros de la expedición de la Explorario, de los cuáles únicamente quedaban nueve.

    Yeved, Fare, Horn, Brokad, Kris, Nosh y Plaxor habían perdido la vida en esa misión que Akkor creó con el propósito de hacer entrega a los kharaket de un cargamento con contenido desconocido. En su mayoría siendo exiliados con un destino incierto en una supuesta colonia donde los anixis enviaban a sus criminales más peligrosos o insistentes y viéndose forzados a colaborar con las fuerzas oscuras que tenían el poder en Ibos, el comandante Vaalot acompañado de Oda, Mia, Kairos, Ernu, Ikviek, Uldi, Young y Rath, veía como habían sido capturados por una facción insurgente que por motivos desconocidos había decidido asaltar a sus propios símiles durante el intercambio que se iba a dar en el segundo punto de encuentro.

    Ahora caminaban por esa zona selvática del ecuador de Táfadon sin saber hacia dónde estaban siendo llevados por estos seres, pero con la sensación de que las cosas estaban por cambiar. Algunos de esos kharaket empujaban el cargamento que deberían haberse llevado los líderes del ejército de esta misma especie, los cuáles se retiraron durante el conflicto viendo que tenían todas las de perder. El hecho de que una resistencia pudiese repeler a un escuadrón de militares hizo que Jackon se extrañase al ver la mínima diferencia de poderío armamentístico entre unos y otros.

    Decidido a saber más sobre esos seres y sus motivaciones, el comandante de la expedición no dudó ni un segundo en acelerar el paso para acercarse al líder de estos.

    — Quieto ahí — Uno de los guardias colocó su lanza en el camino del humano, bloqueando su paso — Mantente en la fila junto a tu gente.

    — Quiero hablar con vuestro líder — Contestó Jackon, mostrando una expresión seria en su rostro.

    — Hablarás con él cuando lleguemos al refugio — Le indicó el kharaket, totalmente indiferente a la petición y reacción del comandante.

    Vaalot tuvo que reprimir sus ganas de contestarle nuevamente, ya que sabía que solo conseguiría enfadar a sus captores. El hombre retrocedió lentamente en sus pasos previos para colocarse al frente de la fila que lideraba, siendo seguido por el neoniano Kent.

    — Frustra no poder dar las órdenes, ¿verdad?

    — No estoy de humor, Kairos.

    — Tranquilízate, amigo — El neoniano parecía bastante calmado y sonriente pese a la situación en la que se encontraba — ¿Te has dado cuenta?

    — ¿De qué? — Vaalot tenía el ceño fruncido y muy pocas ganas de hablar sobre cualquier tontería.

    — Los militares que vinieron a nuestro encuentro, solo sus cuatro líderes portaban armas de fuego — Hablando en voz baja para evitar llamar la atención de los kharaket que rodeaban la fila del grupo, Kent se aproximó tímidamente al oído del humano — Y eran armas anixis.

    Jackon se percató de ello al recordar cuando los comandantes y subcomandantes salieron de su nave armados con unos Flasher. Una coincidencia de la que no se percató inicialmente en su momento pero que se quedó grabada en su mente y Kairos logró recalcar de entre todo lo sucedido.

    El humano se volteó lentamente para seguir conversando con su compañero de expedición.

    — Y el resto iban con armas rudimentarias, de cuerpo a cuerpo — Empezando a trabajar en diferentes teorías, Vaalot se puso a pensar — ¿Acaso lo que llevamos en el cargamento…?

    — Lo descubriremos pronto — Musitó Kairos con una media sonrisa que no pasó desapercibida para uno de los kharket.

    — ¿Por qué sonríes, alienígena?

    — ¿Acaso no somos todos alienígenas? — Kent extendió los dos brazos — Bueno, vosotros más. Tenéis cuatro brazos.

    — Cierra la boca y sigue andando.

    Kairos vio como le aguaban la fiesta mientras tras él caminaban Oda e Ikviek, quiénes habían visto esa breve escena entre el neoniano y el kharaket.

    Todos los miembros de la expedición desconocían la duración del trayecto que tenían que hacer andando pero por suerte, todos estaban con los cascos puestos para evitar que el insecto que mató silenciosamente a Nosh no terminara con la vida de nadie más. No parecía sorprender a Oda el hecho de que los kharaket no portaban ninguno, lo que indicaba que esos insectos no afectaban al sistema inmune de dicha especie.

    Sin embargo, la IA estaba empezando a maquinar cual podría ser su siguiente paso con el objetivo de sacar, principalmente, a Jackon y Kairos de esa situación.

    — Orenda — La voz del veterano soldado anixis que iba tras ella, logró sin duda captar su atención — Ya sabes que conozco tu pequeño secreto.

    — Revelarlo ahora mismo sería indiferente para cualquiera de nosotros — La IA con forma humanoide trató de disuadirlo.

    — Oh, sí, desde luego — Ikviek sabía que podía jugar con esa información en su beneficio — Pero, dime, ¿qué crees que dirán nuestros nuevos amigos si descubren que una forma robótica con alta inteligencia está infiltrada como una simple mortal entre todos nosotros?

    — No dirás nada si no quieres perderme como ventaja — Contundente en sus argumentos, Oda se volteó para mirar fríamente a los ojos del soldado — ¿Me equivoco?

    — Claro que no, eres una IA bastante avanzada según he visto. Me sorprende que las subespecies hayan aprendido a usar y mejorar la tecnología anixis en el territorio conocido, suponiendo que todo debe estar bastante obsoleto.

    — No habéis avanzado tanto tecnológicamente como os gustaría.

    — Tal vez — Ikviek decidió cambiar el foco de la conversación — Por cierto, Orenda, ¿crees que podrás encontrar la forma de sacarnos de esta situación?

    — Creo que primero tendremos que escuchar lo que quieren decirnos estos kharaket, después ya veremos que ocurre.

    A escasos metros de ellos pero sin haber podido entender de qué hablaban sus compañeros debido a sus bajos murmullos, Mia y Ernu se centraban en ver a su alrededor.

    Aquella jungla frondosa llena de vegetación e insectos no parecía contar con fauna salvaje, pero eso no la hacía menos peligrosa, pese a que tenía una belleza muy particular dado la cantidad de colores que se podían apreciar en sus diferentes plantas. Táfadon maravillaba a los más curiosos por esa polaridad en su superficie, con una zona desértica de altas temperaturas que era abrasada durante todo el ciclo de rotación planetario por el sol del sistema, quedando la otra parte en completa oscuridad y a unas temperaturas mínimas que complicaban seriamente la habitabilidad, dejando únicamente su ecuador como zona viable para alguna forma de vida.

    — Permaneced alerta — Ernu tenía experiencia previa con los kharaket y desconfiaba de ellos — No sabemos qué pretenden con nosotros.

    — Ya lo dijo su líder — La ingeniera Yazuke contestó a su compañero — Obtener información de su interés.

    — Falta ver qué tipo de información y si lo que tenemos le puede servir — Rath intervino en la conversación, estando de las últimas en la fila.

    — ¿Acaso vamos a entregarles todo lo que sabemos como si nada? — Reacia a esa idea, Young negaba con la cabeza pese a ser observada a pocos metros por sus captores — Ni de coña. Y una mierda.

    — Quizá si les decimos lo que quieran saber, nos dejen ir — Uldi, visiblemente más preocupada que el resto de sus compañeros, abogaba por ser colaborativos con los kharaket.

    — ¡Silencio! — Exclamó uno de los que patrullaba junto a la fila de exiliados, escuchando todo tipo de murmullos — ¡No quiero oír ninguna palabra hasta que lleguemos al puesto y una vez lleguemos, no hablaréis hasta que se os indique!

    La reprimenda recibida por parte de ese insurgente provocó una reacción de temor en unos pocos y de frustración en la mayoría, que sabían que poco más podían hacer que no fuese obedecer a quiénes les tenían sometidos. Pese a no ir atados de manos ni de pies, estaban rodeados y en desventaja numérica, además de estar desarmados y tener lanzas y mazos apuntándoles en todo momento por si intentaban cualquier movimiento.

    Por suerte para los tripulantes de la Explorario —que aguardaba en la órbita con Táfadon— la espera había llegado a su fin.

    Los kharaket liderados por el que se hacía llamar Ebran señalaron al frente, donde otro de ellos se encontraba apostillado en un puesto de vigilancia construido en la copa de un alto árbol. Aquel vigilante contaba con una lanza en sus manos y al ver que llegaban sus compañeros, se volteó para ordenar a otros que abriesen unas puertas que resultaban estar sorprendentemente camufladas bajo una capa abundante de hojas y ramas que disimulaban muy bien ser un simple tejido de vegetación. Conforme las compuertas se abrían, los exploradores pudieron observar como se trataba de un campamento pequeño, aunque bien protegido por una muralla hecha de árboles caídos, ramas y demás que servían como protección natural contra cualquier cosa o cualquiera que intentase irrumpir a la fuerza.

    Había al menos treinta kharaket en ese lugar sin contar a los que custodiaban a los exiliados, y al ver a su líder junto al cargamento empezaron a corear su nombre.

    — ¡Ebran! ¡Ebran! ¡Ebran!

    El máximo responsable de los insurgentes se llevó una mano a donde supuestamente tenía el corazón, en el lado opuesto del pecho a diferencia de los humanos. Hizo una pequeña reverencia y acto seguido indicó con un gesto a los suyos que abriesen el cargamento, sin importarle que fuese a la vista de sus rehenes. Uno de los suyos realizó el comando pertinente, tecleando el código correcto para que la gran caja metálica emitiese un breve sonido de despresurización, antes de que empezase a abrirse muy lentamente.

    El comandante Vaalot y el resto de su grupo observaba con atención, intrigados por ver que habían estado llevando en el almacén de su nave durante varias semanas. Para su sorpresa, en el cargamento había suministros tecnológicos: desde comunicadores hasta armas e incluso herramientas eficientes que sin duda eran más útiles que ir con simples lanzas y mazas, como hacían esos insurgentes. No obstante, esa revelación dejó tan impactados como decepcionados a los miembros de la Explorario.

    — Pero, ¿qué diablos es eso? — Young no podía creérselo — ¿Hemos sido simples mensajeros con un paquete de tecnología básica?

    — Eso me temo — Mostrándose indiferente, Mia dio respuesta a las preguntas retóricas de su compañera.

    — ¡Vaya, vaya, vaya! — Exclamó Kairos, que se lo tomó con un gran sentido del humor — ¡Akkor solo quería entregar suministros simples a sus queridos amigos, los kharaket!

    — Oye, no hables así, podrías meternos en problemas — Rath decidió confrontar a su símil — Déjate de tonterías y ponte serio.

    Los insurgentes no se tomaron nada bien la efusividad con la que Kent hablaba, aproximándose al grupo en posición amenazante y con sus armas de combate cuerpo a cuerpo en mano.

    — ¡Calma! — Jackon quiso rebajar la tensión repentina que había surgido en ese lugar — Nosotros no estamos aquí para buscar problemas.

    — Tienes razón, estabais aquí para hacer entrega de estos suministros vitales a nuestro vendido ejército y nuestro corrupto gobierno — El líder de todos esos kharaket se encaró con el comandante humano — Y eso solo os hace cómplices de la tiranía, especialmente siendo enviados de Akkor.

    — No tienes ni idea de lo que ocurre aquí, pero déjame explicarlo.

    — No te preocupes, comandante, vas a poder explicarte muy pronto — Ebran, que llevaba consigo el bastón que pertenecía a Jackon, le señaló con el — Voy a asegurarme de que todos y cada uno de vosotros me decís todo lo que sabéis sobre Akkor, los anixis y los kharaket. Después, bueno, de vosotros dependerá vivir o morir hoy.

    […]

    La doctora de la expedición de la Explorario fue la primera en ser llamada a los aposentos del líder de esa resistencia kharaket que hacía un par de horas había requisado el cargamento.

    Con la revelación de su contenido ya hecha, los exiliados que el representante superior chantajeó para que hicieran la entrega de tecnología anixis a estos nuevos seres se veían en una tesitura realmente desfavorable. Sin poder contactar con Akkor ni con nadie en Ibos, se encontraban a merced de lo que estos alienígenas decidiesen hacer con todos ellos. Recluidos en una especie de celdas rudimentarias pero lo suficientemente eficientes como para evitar su escape, el resto de miembros de la expedición aguardaban el regreso de la syleriana con noticias sobre qué habían hablado los kharaket con ella.

    Mientras sus compañeros esperaban impacientes su vuelta, la médico fue llevada por dos guardias insurgentes hasta una especie de carpa que hacía de vivienda temporal para Ebran, el principal líder de esa resistencia kharaket. Estos guardias decidieron quedarse en la puerta para evitar un posible intento de huida por parte de Uldi, que se veía realmente nerviosa ante la situación en la que se encontraba.

    El rebelde la miró de arriba a abajo como si de un escáner corporal se tratase, apoyado sobre una mesa de madera con papeles escritos a mano en una tinta algo peculiar.

    — Siéntate — Por el tono de voz, parecía más una orden que una sugerencia.

    La syleriana obedeció sin rechistar, tomando asiento en una de las varias sillas que había frente al líder insurgente, que optó por mantenerse de pie sin apartar la vista de su cautiva.

    — Hay una serie de preguntas que voy a hacerte y quiero obtener solamente la verdad.

    Tanto Uldi como Young, Rath y Mia fueron interrogadas de la misma manera y ellas no dudaron en contestar a su modo, algunas revelando más información que otras y cuidando sus principales intereses.

    — Entendido — Musitó Uldi, visiblemente temerosa.

    — Vale — Contestó Rath, que estaba decidida a analizar el comportamiento y las intenciones del kharaket rebelde.

    — Ok — La indiferencia con la que respondía Young no era del agrado del líder insurgente — Lo que tú digas.

    — Adelante — Mia no iba a regalar la información que tenía, aunque tampoco deseaba proteger los intereses de Akkor.

    Ebran: ¿Por qué trabajas para Akkor?

    Mia: No lo hago porque quiero, sino porque no tenía elección.

    Uldi: No quiero estar en un planeta con criminales exiliados.

    Young: No tengo más remedio que hacerlo.

    Rath: Porque él tiene el control de todo.

    Ebran: ¿Sabíais lo que contenía el cargamento? Vuestras reacciones han dicho mucho, antes.

    Young: Ha sido una completa decepción. ¿Tecnología? O sea, os debe venir bien porque parecéis los de mi especie en la prehistoria con tintes futuristas, pero no sé, me parece… (Ebran cortó su respuesta).

    Rath: No, no lo sabíamos. Quisimos descubrirlo, pero era imposible sin el código que vosotros poseéis.

    Uldi: No, no teníamos ni idea de qué contenía hasta hoy.

    Mia: Si llego a saber que había armas y tecnología anixis, habría abandonado ese cargamento a la primera señal de conflicto. Lástima que no lo hicimos…

    Ebran: ¿Por qué sois exiliados del mundo anixis?

    Mia: Me metí en una lucha de poder en la que pensé que podía salir victoriosa, pero la corrupción en Ibos está arraigada como las raíces de un árbol a su tronco.

    Rath: Protesté contra el Consejo Superior y promoví revueltas que fueron violentamente aplacadas por las autoridades anixis.

    Uldi: Robé medicinas para los más necesitados.

    Young: ¿Y a ti que mierda te importa? ¿Es esto una entrevista de trabajo o un maldito interrogatorio?

    Ebran: ¿Por qué vuestras especies están con los anixis?

    Mia: Creíamos que uniéndonos a ellos tendríamos un futuro mejor.

    Young: Porque somos idiotas.

    Uldi: Ellos son nuestros creadores, nos dieron el don de la inteligencia y gracias a ello conseguimos evolucionar en nuestros respectivos mundos.

    Rath: Hubo una guerra donde nuestras especies convivían aliadas y los anixis nos ofrecieron asilo para empezar de cero.

    […]

    Una vez Uldi, Mia, Rath y Young fueron interrogadas por el líder de los kharaket insurgentes, estas regresaron a la celda que compartían todos los tripulantes de la Explorario.

    Los siguientes en ser llamados, sorprendentemente juntos, fueron los únicos anixis de la expedición. Ernu e Ikviek fueron escoltados por varios guardias —dada la corpulencia del segundo, que imponía bastante a los rebeldes— hasta la carpa en la que Ebran les esperaba. El gesto serio del kharaket no intimidó en absoluto a los dos experimentados soldados anixis que ahora eran simples exiliados forzados a trabajar para los intereses de su representante superior.

    Ninguno de ellos quiso tomar asiento, notándose cierta tensión en el ambiente.

    — Anixis — Murmuró Ebran con un tono muy despectivo — Desde que aparecisteis en Khara, nuestra civilización ha involucionado.

    — Incluso con tecnología sois unos salvajes — Ikviek no se calló nada — ¿Sabes qué, escoria? Deberíais darnos las gracias, porque sin nosotros, esa masacre del primer contacto habría sido global.

    — Ikviek… — Su compañero anixis le indicó que debía morderse la lengua, en lugar de hablar de esa forma — Cálmate, ellos no son el enemigo y ambos lo sabemos.

    — No sabéis nada, seres repugnantes — El líder insurgente los miraba con un desprecio absoluto — Si no os hemos liquidado ya es porque habéis venido en un grupo con una diversidad de especies sorprendente.

    — ¿Y qué? ¿Te caen bien los nuevos?

    — A diferencia de vosotros, los anixis, estos seres parecen conciliadores y comunicativos. No usan la violencia inicialmente para hablar.

    — No los conoces tampoco — Ernu estaba dispuesto a defender a su raza — Humanos, neonianos y sylerianos… también son peligrosos.

    — Nosotros lo somos más, rastrero — Ebran le señaló con el dedo acusador — Dejad de disimular, los anixis sois los causantes de todos los males que conozco y conoceré, casi con total probabilidad.

    — Te ciega el odio, lo entiendo, lo ocurrido en el primer contacto no debió ser así — Más conciliador y tranquilo que Ikviek, su compañero Ernu abogaba por la diplomacia — Déjame decirte que ahora estamos en el mismo bando.

    — ¿Por qué iba a creeros? Veníais a hacer entrega del cargamento rutinario a nuestro ejército traidor, ese que aceptó colaborar con vuestro líder Akkor justo cuando la tecnología kharaket empezó a ser inútil.

    — No lo entiendes, hay una explicación…

    — Ernu, no malgastes tu aliento en estos seres, ya hicimos bastante por ellos en aquel entonces — Ikviek intercedió por su símil — Sin nuestros actos aquel entonces, su especie sería polvo cósmico y Khara sería un páramo sin vida inteligente. Aunque no sé si a estos seres se les pueda considerar inteligentes…

    — ¡Guardias! ¡Llevaos a estos asesinos de mis aposentos antes de que los ensarte con mi maldita lanza!

    La furia con la que Ebran ordenó que sacaran a Ikviek y Ernu de su improvisada vivienda, evidenciaba que había un pasado doloroso y turbulento entre los kharaket y los anixis, pese a que ambos gobiernos tenían un acuerdo y los primeros parecían subsistir gracias a los segundos. Ambos anixis emprendieron el camino de salida custodiados por varios rebeldes mientras Ebran respiraba agitadamente y las venas de sus cuatro brazos resaltaban como si las recorriese un líquido en ebullición.

    Aquello solo significaba que la siguiente persona en ser interrogada en cierto modo iba a ser Oda. La IA con forma humanoide —algo que desconocían los kharaket en ese momento— fue llevada a la carpa del líder insurgente, que tuvo el momento necesario para tomarse una pausa y relajar un poco su sistema nervioso. La llegada de Oda al lugar le hizo mantener el semblante serio.

    — Tienes un aspecto algo diferente al de los tuyos.

    — ¿Tú crees? — Oda se sorprendió al recibir ese comentario de parte de aquel que iba a interrogarla.

    — Sí, lo noto en tus facciones, en tu mirada… Eres distinta.

    — Lo que tú digas — La mujer robótica se mantuvo impasible e indiferente ante Ebran — ¿Qué quieres de mi?

    El líder insurgente le realizó más o menos las mismas preguntas que al resto de sus compañeros —con la excepción de los anixis Ikviek y Ernu— y una vez concluyó el interrogatorio, la envió de vuelta a las celdas. Allí solo quedaban el comandante Vaalot y el mercenario Kent, siendo éste último el que fue llamado al encuentro con Ebran. Dos guardias que portaban una lanza cada uno respectivamente, guiaban al neoniano por el breve trayecto de la rudimentaria cárcel hasta la carpa de su líder, mientras recibían las atentas y serias miradas de los residentes de ese campamento improvisado.

    La dualidad que se apreciaba en el cielo al ser Táfadon un mundo con una cara directa al sol y la otra escondida, era asombrosa. El día y la noche convergían en la zona del ecuador, conocida también como el terminador, donde el cielo se veía como un atardecer infinito si apuntabas la vista hacia el lado iluminado y la noche estrellada si veías al lado oscuro. Kairos se perdió durante unos instantes en esa belleza planetaria antes de ser introducido en el interior de los aposentos del líder insurgente.

    Éste centró la vista en el neoniano y recordó su efusiva reacción ante el contenido del cargamento, cuando fue abierto por la propia resistencia kharaket.

    — Siéntate si quieres estar más cómodo — Murmuró Ebran, bajando la mirada hacia unos papeles que tenía en la mesa, en los cuales parecía haber estado haciendo apuntes sobre los miembros de la expedición.

    — Como usted ordene, jefe.

    Kairos esbozó una falsa sonrisa mientras tomaba asiento, momento en el que los dos guardias que lo custodiaban decidieron esperar en la parte de fuera de la entrada a la carpa. A solas con el líder insurgente, el neoniano se reclinó hacia él, apoyando sus antebrazos sobre la mesa de madera.

    — Ya sé que les has hecho a todos las mismas preguntas — Dijo de pronto, revelando una expresión de soberbia en su rostro — Es evidente.

    — Veo que habéis hablado entre todos en esa celda — No muy preocupado por ello, el kharaket decidió tomar asiento también — No me sorprende.

    — Veo que eres inteligente, amigo — Kairos le señaló con el dedo índice de su mano derecha mientras asentía — Eres un líder nato, pude verlo desde el principio. ¿Sabes? Yo también lo soy.

    — ¿De veras? Porque me pareció entender que el líder de tu grupo es ese ser al que llamáis comandante Vaalot.

    — Oh, sí, él manda… porque Akkor así lo quiso.

    — ¿Trabaja para él?

    — Bueno, todos lo hacemos, aunque no porque queramos.

    — Ya, eso lo sé.

    — Entonces, si eres lo inteligente que veo que eres, habrás visto la oportunidad.

    — ¿La oportunidad?

    — Sí, la oportunidad — Kairos se incorporó, danzando de un lado a otro de la carpa sin quitarse la vista de Ebran de encima — La ocasión de trabajar unidos por un frente común.

    — ¿Por qué iba a unirme con vosotros? — El líder insurgente casi suelta una carcajada en mitad de la pregunta — No sois un ejército, solo un grupo de seres de diferente procedencia que han sido utilizados como carne de cañón por parte del malnacido Akkor.

    — Somos un ejército — Le rectificó Kent, mostrándose algo molesto con ese comentario del kharaket — Puede que solo veas a nueve de nosotros, pero en Ibos tenemos más gente. Mis mercenarios están esperando mi regreso y cuando eso suceda… voy a incendiar la Casa Superior con Akkor dentro y así obtendré el control de la sociedad anixis.

    Ebran se incorporó bruscamente y se aproximó a Kairos rápidamente, provocando que éste reaccionase defensivamente. Sin embargo, el kharaket usó dos de sus brazos para cogerle los únicos dos que tenía el neoniano, dejándolo expuesto a los dos restantes que poseía el líder de esa resistencia.

    El rebelde usó sus dos brazos libres para tomar del cuello al líder de los mercenarios, que se vio en serios aprietos y sin poder defenderse.

    — Vienes ante mi… con aires de superioridad y con ideas infantiles sobre una posible alianza… — Bastante molesto, Ebran tenía la tentación de matar allí mismo a Kairos — ¿Y me hablas de convertirte tú en un tirano?

    — ¡Basta!

    El líder insurgente se vio sorprendido por el comandante Vaalot, que se encontraba en la entrada de la carpa junto a Ernu y Oda, ambos armados con armas del cargamento que habían abierto anteriormente los miembros de esa resistencia kharaket. Ebran pudo ver como fuera de su vivienda temporal, el resto de su numeroso grupo de rebeldes estaba de rodillas y todos juntos en un círculo, mientras el resto de la expedición se encontraba armada y custodiándolos.

    El kharaket no contaba con ese giro dramático de los acontecimientos, sorprendido por la facilidad con la que la tripulación de la Explorario se había liberado —aunque no era difícil dada las condiciones de la celda y del campamento en sí, junto con el nivel de armamento de los insurgentes—. La situación había pasado de estar bajo control, a estar en control de aquellos que habían sido capturados por él mismo.

    — Suéltalo — Le ordenó Jackon, apuntándole con un Striker — Podríamos mataros a todos e irnos, pero no lo hemos hecho.

    — ¿Por qué? — Ebran no tuvo más remedio que soltar a Kairos, que se apartó unos metros a la vez que respiraba agitadamente — ¿Por qué no nos matáis?

    — Porque mi instinto me dice que podemos entendernos más allá del propio lenguaje, dada la situación en la que nos encontramos ambos — Bajando el arma ante el líder insurgente, Jackon aprovechó para coger su bastón, que se encontraba sobre la mesa central — Pero antes de hablar, necesito saber que somos. ¿Aliados o enemigos?
     
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  14.  
    Reydelaperdicion

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de esta semana.

    Teniendo en cuenta que estamos a finales del 2025, este podría ser el último capítulo del año y la última leída de todas. Tengo que decir que, de ser así, es un buen cierre a las lecturas en simultáneo del 2025. Pero paso a comentar.

    El capítulo arranca con los sobrevivientes de la expedición siendo trasladados por los kharaket al campamento rebelde donde operan para joder al ejército de Khara. En el camino, vemos que Ikviek trata de conseguirse favores de Oda aprovechando que sabe que es una inteligencia artificial, mientras que esta le dice que los anixis como tal no llegaron a evolucionar tanto como ellos hubiesen querido. Jackon intenta hablar con Ebran, pero los guardias no se lo permiten. Vemos que Kairos está más sonriente de lo normal tras conocer que el ejercito kharaket tenía armas de los anixis, algo que tampoco cae bien a los guardias.

    La caminata no dura demasiado, y por lo pronto, los kharaket logran conducirlos hasta un refugio en medio de la selva, uno protegido por muros formados por árboles caídos y ocultos que brindan camuflaje a los demás. El grupo entra, y luego de eso vemos a los kharaket abriendo el cargamento con suma facilidad. Me pregunto cómo es que tenían la clave. ¿Acaso hay algún traidor en el ejército que se unió a la resistencia, o será que tienen las comunicaciones pinchadas y los rebeldes conocen sus pasos? Me inclino más por la segunda opción, ya que eso podría explicar cómo es que supieron cuando atacar en el momento indicado para robar el cargamento. El grupo se decepciona (y un poco yo también :angrycat:) al ver que el cargamento eran simples armas, pues es todo por lo que arriesgaron sus vidas y era una tarea para la cual no era nada necesario enviar a morir a mucha gente, una clara señal de que Akkor no tenía intenciones de mantenerlos con vida por demasiado tiempo.

    Luego de tenerlos a todos en el lugar, los meten en una celda y comienzan a llevárselos uno por uno para los interrogatorios. Tengo que decir que me parece muy creativa la forma en que narraste a modo de reporte policial, la variación en las respuestas a las preguntas que contestaron Young, Mia, Rath y Uldi. No solo sintetiza más el capítulo, evitando tener que pasar por la narración de hacer que uno salga y entre de la celda, sino que nos deja ver cómo se tomó cada una la misión que tuvieron que realizar. Tengo que decir que Young, para mí, está en peligro de muerte XD. Contesta cosas muy largas sin decir demasiado, y cuando responde de forma breve es para insultar o molestar. Se me hace que, cuando los kharaket tengan tiempo y ganas, se la sacan de encima :slap:

    Los siguientes en ir a la entrevista son los dos anixis. Ikviek y Ernu, donde vemos a Ikviek bastante explosivo con los kharaket, mientras que Ernu trata de mostrarse más conciliador. Aquí se nos deja ver el lore oculto de las cosas que han pasado entre anixis y kharaket, lo cual agradezco, ya que estos tipos tenían que aparecer en la historia pronto y quería conocer lo que está pasando. En el pasado hubo un primer contacto donde Ebran afirma que la presencia de los anixis solo empeoró las cosas, Ernu dice que todo lo hicieron por una buena causa y se les fue del control, y por último Ikviek le dice que para no quedarse cortos tendrían que haberlos matado a casi todos :yagami: XD Okno, no fue eso lo que dijo, pero seguro él estaría deseando que así hubiera sido. Ikviek es otro que está poniéndose una diana en la cabeza, entre el secreto de Oda y la forma en que irrita a los kharaket, me da que lo van a echar por el ducto.

    Oda es entrevistada, y allí es donde Ernu le dice que nota algo diferente en ella que en los otros no ve. Ella lo niega, pero imagino que no es algo posible mantener las apariencias por mucho tiempo :blue:

    Cuando llega el turno de entrevistar a Kairos, este le cuenta a Ebran que Akkor los obligó a ir a una misión sin que él lo quisiera, y que no son tan parte de la corrupción de Akkor como él piensa que son. Le dice que pueden colaborar juntos, y que en casa tiene a más gente dispuesta a seguirlo, ya que él quiere encargarse de hacer pedazos a Akkor e incendiar la casa superior :shani: Pero hay una falla aquí, y es que Kairos quiere gobernar por su cuenta. Joder, por supuesto que este tipo tenía que ser discípulo de Yak :humm: se nota mucho que esas cosas que está diciendo son producto de las enseñanzas de Yak, que se habrá puesto más violento tras la muerte de su hijo. En fin, hasta aquí llegó mi simpatía por Kairos. Tenía que luchar contra la tiranía de Akkor para liberar a las subespecies, no para convertirse en su líder. Pero bueno, le dedico esto a nuestro querido neoniano

    [​IMG]

    Okno XDDDDDD. Pero es que al tipo se le fue la olla.

    Ebran, que está harto de las tiranías, no soporta mucho la propuesta de Kairos, a quien lo ve muy arrogante y para nada mejor que Akkor. El kharaket estaba dispuesto a matar a Kairos allí mismo cuando vemos que Jackon y su grupo se han liberado, tomado las armas y sometido a los rebeldes. Jackon le dice a Ebran que las cosas van a ser diferentes, ya que el control cambió de manos. Y que puede matarlos con facilidad, dar el cargamento a los otros kharaket y cumplir con la misión original, pero elige darle a Ebran la oportunidad de que se una a ellos en su causa por Ibos. Y bueno, cuando eres el chad del universo eres el chad del universo :dancecat: Jackon pasó de ser un prisionero a tener la sartén por el mango.

    Ahora sí, quedo con una gran intriga de ver qué pasará en los próximos capítulos, tanto en casa para ver cómo va la cosa en Ibos como para ver de qué lado se decantan las cosas en el planeta de los kharaket, a ver qué ocurrirá cuando el ejército aliado de Akkor aparezca de nuevo, y ver si Ebran acepta unirse o no a la rebelión en contra de los anaxis.

    Buen capítulo amigo, corto pero con la duración necesaria para hacerlo bien interesante. Si cerramos las lecturas en este punto, diría que es un sitio ideal para arrancar el 2026 con todo. Por mi parte, me despido aquí.

    Ten un buen cierre de año en amigos y familia, y luego, quizá en el 2026 seguiremos leyendo y juntándonos a jugar por Discord. Mando un gran abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

    Sagitario
    Miembro desde:
    14 Diciembre 2013
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    809
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    10
     
    Palabras:
    5227
    Un saludo a todos, espero que estéis pasando una felices fiestas al lado de vuestros seres queridos.

    Voy a dejar por aquí el último capítulo del año, no sin antes mencionar a mi gran amigo Reydelaperdicion por no perderse ninguno y por todas esas leídas en simultáneo que hemos hecho, las cuáles han amenizado sin lugar a dudas el paso de las semanas y las dificultades que ha traído este 2025.

    El año pasado acabó con la historia principal, Los Viajeros (2017-2024), y este mismo dio luz al comienzo de su continuación, Los Viajeros Vol. 2 (2025- ... ). El segundo viaje de mi vida en este universo ficticio de mi autoría aún tiene algo de recorrido por delante, aunque sin duda no será tan longevo como su predecesor. El futuro es incierto, eso es obvio, pero estoy agradecido de poder seguir dando vida a un universo tan extenso que nació en mi cabeza y el cuál, por momentos, me motiva a seguir expandiéndolo.

    Solo espero que todos los que habéis leído mis historias en algún momento, las hayáis continuado o no, disfrutarais de ellas. Yo lo hice escribiéndolas.

    ¡Feliz fin de año y comienzo del 2026! :dancecat:







    En algún lugar




    — Como ya te he dicho, le debía un favor a tu padre y el destino me ha dio la dicha de poder devolvérselo ayudando a su hijo — El neoniano le dio la espalda a Karla, lo que la decepcionó bastante — Estamos en paz.

    Sizgolar no estaba dispuesto a formar parte de la cruzada en la que Karla y sus amigos se encontraban, enfrentando la corrupción con la que el representante superior y sus operativos sometían la sociedad en Ibos. La científica sabía que tampoco podía forzar al veterano neoniano a unirse a la causa, especialmente cuando ya había hecho más que suficiente por Jackon, cuando éste huía de las autoridades anixis tras ser culpado del asesinato a sangre fría del emisario honorífico Eeron.

    Myra, la mujer humana con la que convivía el neoniano, le cedió a su pequeño bebé Cole —de un año de edad— quien se recostó en los brazos de Siz. Decidida, se acercó a Karla y le indicó con un gesto que la acompañaba a la puerta, sin embargo, el ruido de unos cristales rompiéndose captó la atención de los tres adultos y el bebé.

    — ¡Al suelo!

    El neoniano gritó inmediatamente, segundos antes de que unas granadas implosionaran en el interior de la vivienda, provocando una explosión pequeña pero que en esas cuatro paredes fue terrorífica. El techo se vino abajo, al igual que parte del propio edificio y del contiguo, provocando un derrumbe sobre Sizgolar, Cole, Myra y Karla que apenas pudieron evitar.

    La joven Vaalot se salvó milagrosamente de recibir alguna fuerte contusión en la cabeza que la hubiera dejado fuera de combate o incluso la podría haber matado, pero el aturdimiento y el polvo en suspensión la impedían ver con claridad. Empezó a gatear en busca de los demás, encontrándose a dos metros de ella con el cadáver de Myra.

    — Oh, no… — Musitó, observando como un antebrazo sobresalía de un montón de rocas sobre el cuerpo sin vida de la mujer — ¡Despierta! ¡Vamos!

    Apenas Karla comenzó a gritar y remover rocas del cuerpo de la humana, una tos empezó a llamar su atención, al mismo tiempo que llegaban vecinos de los suburbios para socorrerles.

    La joven Vaalot se vio sorprendida por un anixis y una syleriana que la arrastraron fuera de la polvareda y el fuego que había iniciado en la zona, mientras una sirena ensordecedora advertía a las autoridades del suceso para que estos se personasen rápidamente en el lugar. La científica vio como sacaban con vida a Sizgolar y a Cole, quiénes habían sobrevivido milagrosamente a la explosión y al derrumbe.

    No obstante, el neoniano se veía maltrecho, ya que protegió el pequeño cuerpo del bebé Cole para que no sufriera daño alguno y las rocas que se desprendieron del techo impactaron en su espalda y piernas. En cuestión de dos minutos llegó la unidad de bomberos de la ciudad de Vianus junto a la policía, una lanzadera médica y algunos soldados del ejército superior. Al ver la escena, los médicos se lanzaron a socorrer a Karla, Siz y Cole mientras los bomberos iniciaban su trabajo, bajo la atenta y preocupada mirada de los vecinos, que se extrañaban y estremecían con lo sucedido.

    Todo eso estaba siendo observado por un grupo de tres operativos liderados por Relic, quiénes habían sido los causantes del intento de homicidio contra Karla y aquellos a los que había visitado. Desde el tejado de un edificio próximo, veían cómo la humareda se elevaba hacia el cielo, mientras el joven emisario sonreía pese a no haber cumplido con su objetivo de asesinarles.

    — ¿De veras que esto fue una orden que te dio Akkor? — Uno de los operativos, siendo los tres anixis y por ende él también, discrepaba sobre si ese atentado contra la científica había sido orquestado por su superior.

    — ¡Ya te dije que sí! ¡¿Estás sordo o qué te pasa?! — Relic confrontó a su compañero, afirmando algo que en realidad había sido una idea exclusivamente suya — ¡Hemos empezado la ofensiva contra esos ingratos y debemos asegurarnos de que mueran todos!

    — No lo sé, Relic, me da la sensación de que esta no es la mejor manera de acabar con ellos sin que la población empiece a sospechar de…

    — ¡No sospecharán de nada, porque culparemos a esos malnacidos de este suceso! ¡Diremos que han provocado un atentado en los suburbios y quizá incluso podamos revelar sus nombres a los ciudadanos, si el representante superior accede! ¡Imagínate, incluso la gente iría a por ellos y estarían del lado de las autoridades! ¡Ellos harán el trabajo por nosotros!

    Ambos compañeros de Relic se miraron entre sí con expresiones de evidente duda en sus rostros.

    Si bien debían creer al joven emisario porque era el operativo al que Akkor había dado más poder, dudaban de si el representante anixis había dado la orden de atacar en concreto a Karla Vaalot y dos personas a las que había ido a visitar, entre las que estaba un bebé. Los operativos estaban dispuestos a todo, pero no comprendían en qué podía beneficiar ese acto a su propósito de evitar que los trapos sucios de Akkor quedasen expuestos.

    Sin embargo, obedecían sin peros a sus superiores y no iban a dudar más sobre sus métodos, aún siendo extremos.

    […]
    ¡Es inadmisible! ¡Enviar exiliados con el cargamento ha sido sin duda un auténtico error por tu parte!

    La voz del otro lado del comunicador de enlace cuántico, el cual habilitaba que se formase un holograma con la figura de aquel ser que entablaba contacto desde otro aparato del mismo propósito, sonaba realmente furiosa. Frente a esa forma digital y con las manos tras la espalda, el representante superior del Consejo que gobernaba Ibos permanecía impasible ante los reproches de quién era el gobernador principal de los kharaket.

    Akkor se encontraba así en la sala de comunicaciones de la Casa Superior, un área destinada exclusivamente para tener conversaciones a distancia —únicamente con lugares que contasen con la misma tecnología—.

    ¡Mi comandante primero me ha informado de todo lo sucedido! — Indicó el representante kharaket, líder absoluto de su pueblo — ¡Tus exiliados empezaron a disparar contra ellos en cuanto aparecieron los insurgentes!

    — Zorin, no estás en posición de hablarme de ese modo — El anixis de avanzada edad y principal líder de su sociedad se mostró muy autoritario — Además, he perdido la comunicación con mi aliado en la expedición de los exiliados y ahora tú me dices que tus soldados se han enfrentado a ellos. ¿Acaso me quieres decir que están muertos?

    No, mis soldados tuvieron que retirarse del encuentro en Táfadon cuando los insurgentes aparecieron — Zorin, que era como se llamaba el gobernante kharaket, sonaba avergonzado al decir eso — Y lo último que sabemos es que tus exiliados y mis insurgentes se quedaron peleando entre sí. Con el cargamento allí.

    — ¡¿Tu ejército abandonó el conflicto y dejó allí el cargamento?! — Muy alterado, Akkor hizo aspavientos con los brazos — ¡¿Y luego te pones en contacto conmigo para criticar mi decisión de enviar criminales al encuentro?!

    Akkor, sabes perfectamente que delegar semejante tarea diplomática en seres que desconocíamos y que además, según ellos mismos informaron, son ciudadanos de Ibos exiliados por delitos…

    — ¡Antes de preocuparte por eso, deberías asegurarte de que ese grupo de rebeldes que atenta contra ti y tu asamblea esté bien muerto! ¡Si quieres culpar a alguien del fracaso de esta entrega, culpa a tu incompetencia por no acabar con semejante y ridícula amenaza!

    ¡Tú tampoco estás para dar lecciones, Akkor! ¡De no ser porque necesitamos tu tecnología, este trato se habría roto hace décadas! — El representante Zorin no quiso acobardarse ante el anixis — ¡Exigimos la entrega de otro cargamento, dando por perdido este!

    — ¡Ni en tus mejores sueños tendrás otro envío de tecnología hasta que llegue la próxima fecha estipulada en el acuerdo! — El líder del Consejo Superior señaló al holograma con forma de kharaket que tenía enfrente — ¡Si quieres este cargamento, encuentra a tus insurgentes y acaba con ellos de una vez por todas! ¡Y si vuelves a hablarme con esa soberbia, romperé el pacto que tenemos y los kharaket viviréis como seres por evolucionar!

    El representante superior no dio oportunidad a Zorin de que replicase a lo que él había dicho, pues colgó inmediatamente la llamada al pulsar un botón en un pequeño teclado a su disposición. En ese preciso instante, la puerta que daba acceso a la sala de comunicaciones se abrió, haciendo que el representante superior se girase abruptamente y viese como Omnius entraba en el lugar. Ambos se miraron fijamente durante unos segundos mientras el syleriano se aproximaba al que era su superior, el mismo que le había chantajeado para evitar que su corrupción quedase expuesta.

    — ¿Qué se supone que haces aquí, Omnius? — El anixis desconfiaba bastante del aún líder de la Alianza, pese a tenerlo en sus manos como un títere.

    — Debo comunicarme con el equipo de investigación de la estación espacial en órbita — Contestó Paokt, sin más opción que esa — Ya sabes que es algo rutinario.

    — Sí, lo sé, solamente no me acordaba que hoy debías hacerlo — Visiblemente estresado, Akkor decidió que era el momento de irse — Te dejo hacer tus labores de consejero.

    — Gracias.

    El representante superior abandonó la sala de comunicaciones, cerrándose la puerta tras de sí y dejando completamente solo al representante de la AIE.

    Dispuesto a cumplir con su tarea como miembro del Consejo Superior, el syleriano se preparó para hacer los comandos pertinentes con el fin de hacer ese llamado, pero antes de ello, se percató de una conversación extraoficial en el historial de llamadas del comunicador, siendo esta la que acababa de tener Akkor con Zorin.

    Dudando por un instante de si dejarlo estar o indagar en ello, Om terminó por jugársela a quedar expuesto ante aquel que manejaba los hilos de la sociedad.

    El syleriano tan solo tuvo que entrar en el historial, pulsar en dicha comunicación reciente y, surgiéndole la opción de escucharla o bien leerla en un archivo, decidió lo segundo. El registro escrito de esa llamada se abrió en una pantalla, donde Paokt comenzó a leer lo que se había dicho. Sus ojos se fueron abriendo cada vez más a medida que descubría el hecho de que Akkor había enviado a exiliados a realizar la entrega de un cargamento con tecnología anixis para una especie inteligente llamada kharaket, de la cual había oído hablar mínimamente.

    — Maldito tirano… — Murmuró para sí mismo mientras terminaba de leer la conversación entre Akkor y Zorin.

    Una vez supo que también había perdido la comunicación con la expedición y el que era su cómplice en ella, además de que se había dado un conflicto en un planeta llamado Táfadon, el líder syleriano no lo dudó y descargó el archivo de esa conversación en su comunicador personal, donde al mismo tiempo, enviaba un mensaje al subcomandante Devom sobre lo que acababa de descubrir, sabedor de que sería una información relevante para sus amigos y en definitiva, para aquellos que estaban luchando en las sombras.

    […]

    El líder corrupto de la sociedad de Ibos acababa de salir de la sala de comunicaciones y se dirigía a su despacho personal, cruzándose con los otros consejeros Ziba y Valtin.

    Los tres se saludaron cordialmente mientras Akkor seguía su camino, viéndose repentinamente asaltado por Relic y dos operativos más que intervinieron en su camino de regreso a su puesto. Sabiendo todos los presentes que no se podían poner a hablar en mitad de un pasillo de la Casa Superior, el veterano anixis les emplazó a seguirle con un gesto claro, guiándolos hasta su propio rincón personal. El despacho con forma circular recibió a su inquilino y a tres de sus operativos, siendo uno de ellos también consejero desde hacía relativamente poco tiempo.

    Relic ordenó a sus dos acompañantes que esperasen fuera y en la puerta, para asegurarse de que nadie entraba o escuchaba lo que estaban por hablar. Eso hizo que el joven emisario y el viejo lobo anixis se encontrasen cara a cara, tomando ambos asiento en sus respectivos sillones.

    Akkor lanzó un suspiro que evidenciaba el estrés por el que estaba pasando tras haberse comunicado breve pero intensamente con el gobernante Zorin.

    — ¿Y bien? — El representante superior no quiso andarse con rodeos — Si me has interceptado en mi camino hasta aquí, supongo que era porque debías hablarme de algo importante.

    — Así es, no sé si te has enterado aún…

    — ¿De qué?

    — Ha habido una explosión en un bloque de viviendas de los suburbios de la ciudad — Reveló el operativo, viendo la expresión de preocupación en el rostro de su superior — Creo que ha habido heridos y algún fallecido.

    — ¡¿Han sido esos bastardos?! — Akkor hacía referencia a la resistencia formada por los mercenarios de Vorta y los amigos de Omnius.

    — No, he sido yo junto a mis dos compañeros — Reveló Relic, sorprendiendo al anixis de más avanzada edad — Ya sé que…

    — ¡¿Qué se supone que haces, Relic?! — Akkor se incorporó bruscamente, mostrándose bastante enfadado — ¡Primero tengo que soportar al inútil de Zorin y ahora no puedo encargarte nada a ti porque te dedicas a actuar a mis espaldas! ¡¿En qué pensabas, niño?!

    — Estábamos vigilándoles, tal y como nos dijiste. Entonces vimos como la científica Karla Vaalot se dirigió sola a los suburbios y pensamos que podría estar por reunirse con más gente para su causa — Pese a sentirse menospreciado por su líder, Relic quería explicarse — Y bueno, no sabemos si fue así, pero yo… Fue mi decisión. Vi la oportunidad de eliminar una amenaza y la tomé. Introdujimos varias granadas en la vivienda y la explosión destruyó parte del edificio y de los colindantes. Las autoridades llegaron y… En fin. Lo siento, Akkor. Pero creo que debemos acabar con esto de una vez por todas.

    — ¡Eso lo decidiré yo cuando así lo considere! ¡Yo estoy al mando de esta operación, no tú! ¡Tú eres un muñeco en mis manos! ¡La división de operativos la creé yo! ¡Deja de actuar sin mis órdenes!

    Relic apretó los puños y los dientes, sintiéndose vapuleado verbalmente por aquel que era su superior. Sin embargo, lo respetaba demasiado como para responderle mal o incluso golpearle, así que contuvo esa ira mientras escuchaba la reprimenda por parte de Akkor. Tras las palabras del líder del Consejo Superior, se hizo un silencio pesado de un minuto de largo que bien parecía haber sido del doble de tiempo.

    — Ya está hecho — Murmuró el representante superior, tomando asiento mientras algunas gotas de sudor le recorrían la frente, tras haberse puesto algo frenético — Así que solo queda asegurarnos de que los ciudadanos sepan pronto quiénes han sido los culpables de ese suceso.

    — ¿Lo vendemos en los medios de comunicación como un atentado terrorista de una resistencia de aliados que odia a los anixis? — El operativo ya había pensado en ello.

    — Eso mismo pensaba — Asintió Akkor, cruzando los dedos de las manos — Digamos que Jackon Vaalot formaba parte de un grupo terrorista que empezó matando a Eeron para intentar sabotear la paz en Ibos. Y que ahora que él no está, sus amigos se han vuelto más agresivos contra nuestra sociedad. Tal vez eso desvíe el foco y lo ponga sobre ellos. Quizá con semejante presión social decidan desistir en su intento por relegarme de mi posición y podamos tenerlos igual de controlados que a su representante.

    […]

    En cuanto Xerom recibió el mensaje del representante de la Alianza, dejó todo su trabajo en la base militar y emprendió el camino en dirección al piso franco del detective Xom, con la esperanza de encontrarlo allí para informarle de la revelación que Om acababa de tener, al haber aprovechado que Akkor estaba sumido en sus pensamientos y no había borrado la conversación del historial de la máquina de comunicaciones de enlace cuántico.

    Ambos sylerianos eran sabedores de que semejante información podría jugar en contra de los intereses del representante superior, pero si el propio Omnius no lo exponía, era porque estaba siendo bastante vigilado en la Casa Superior. Solamente la resistencia formada por los mercenarios de Vorta y el equipo en la sombra que el propio líder syleriano formó en el pasado reciente, podían hacerse cargo de difundirlo.

    Pero antes, debían saberlo.

    — ¿Kendall? — El que fuera uno de los tres subcomandantes del ejército aliado decidió contactar al detective, al no recibir respuesta suya estando en la puerta de su vivienda — Soy Xerom, necesito saber donde estáis todos. Es urgente.

    Te envío la ubicación exacta — Xom contestó bastante rápido al mensaje por el comunicador móvil del syleriano — Pero ten cuidado: creemos que hay operativos en la zona. Podríamos estar cercados por ellos.

    — Entendido, voy armado por si acaso.

    Devom observó la ubicación enviada por su viejo compañero en la sombra y confirmó que se encontraba relativamente cerca; a veinte minutos desde la casa hasta el Distrito Neonia, donde una especie de vertedero tecnológico servía como tapadera de una pequeña base secreta subterránea para los mercenarios de Kairos —ahora bajo el mando de Vorta—.

    Sin querer demorarse más tiempo del necesario, el soldado syleriano ordenó una lanzadera taxi para dirigirse a las proximidades del lugar estipulado en la ubicación que había recibido. El trayecto fue relativamente tranquilo, pero la adrenalina recorría por dentro el cuerpo del subcomandante, que pese a no saber de qué trataba la información, suponía que era relevante y que representaba un giro en el objetivo de sus amigos de derrocar del poder al tirano y corrupto Akkor, director de orquesta en las sombras.

    — Ya hemos llegado, señor — El taxista era un neoniano de media edad, el cual estaba exigiendo el pago del trayecto — Son veinte alianzas, si es tan amable.

    — Transferencia hecha — Le informó Devom, mostrándole una sonrisa forzada — Muchas gracias. Que tenga un buen día.

    — Igualmente.

    Xerom se bajó de la lanzadera taxi, encontrándose literalmente delante de la entrada del vertedero tecnológico. Las puertas solían estar abiertas y muchos de los mercenarios se dedicaban a ese trabajo, sirviendo tanto como tapadera como para sustento a la hora de vivir en el distrito. Cuando el syleriano se adentró en el área, empezó a recibir las miradas de algunos de los trabajadores que se encontraban lijando partes de vehículos abandonados, clasificándolos y demás tareas rutinarias.

    Para sorpresa del subcomandante del ejército aliado, su amigo humano apareció para recibirle, indicándole con un gesto que le siguiese.

    — ¿Lleváis aquí estas últimas semanas?

    La pregunta de Xerom era un intento de romper el silencio y ponerse al día con su viejo compañero, pero la respuesta de éste fue el silencio.

    Kendall no quería hablar de nada que pudiese ser sensible para oídos ajenos, ya que no podía garantizar que no hubiese operativos aliados —espías de las tres especies de la Alianza que trabajaban para Akkor y su grupo en la sombra— presentes en la zona. El syleriano decidió no decir nada más pese a no entender el motivo por el cual el humano estaba callado, limitándose a seguirle hasta una especie de contenedor rectangular.

    El detective golpeó la puerta de dicho contenedor y esta se le fue abierta casi de inmediato, dejándoles paso tanto a él como al soldado syleriano. Xerom observaba a todo y a todos con bastante atención, comprobando que bajo el suelo había una trampilla que parecía descender a un sótano. Xom le indicó nuevamente con un gesto que bajase por ahí, algo a lo que Devom accedió sin queja alguna. Suponía que en el subsuelo era donde se llevaban a cabo las reuniones y planes por parte de los mercenarios y demás, algo que no tardó el corraborar cuando se adentró más profundamente, encontrándose con varias personas allí abajo, entre las cuales estaba la comandante Mercer, el general Orlat y la líder mercenaria Vorta.

    Las ausencias de Karla, Owen, Andrómeda y Brandon eran debido a lo sucedido en los suburbios de la ciudad de Vianus —en la cual se encontraban todos— aunque el subcomandante no sabía nada de lo sucedido allí.

    — Comandante Mercer — Xerom se aproximó a la que era su superior, pese a su excedencia temporal del cargo — Me alegra verte bien.

    — Lo mismo digo, subcomandante Devom.

    — ¿General Orlat? — El syleriano se llevó una gran sorpresa al encontrarse allí con el principal líder del ejército superior — ¿Cómo es que usted…?

    — Es una historia que seguramente habrá escuchado de parte de su representante — El anixis estaba algo molesto con Om por abandonar la misión de exponer a Akkor, pese a que no sabía que había sido chantajeado y amenazado por Relic — ¿Verdad, subcomandante?

    — Sí… algo he oído — Visiblemente contrariado e incómodo en el lugar, Devom centró la vista en la syleriana que se aproximó a él con aires de grandeza — ¿Y tú eres…?

    — Mi nombre es Vorta y represento a mi gente, en colaboración con tus viejos amigos — La líder mercenaria ni se planteó estrecharle la mano a su símil — Según nos ha dicho Ken, tienes información que podría sernos vital para nuestro objetivo. ¿Es cierto?

    — Sí, lo es. La tengo en mi comunicador — Confirmó Xerom, mostrándose serio — Información que el representante Paokt ha podido proporcionarnos en un momento de picardía y agilidad mental.

    — Claro, es todo un prodigio nuestro líder — El detective no le tenía en alta estima tras saber del pacto que le salvó pero condenó a varios al exilio, además del fracaso de la misión que seguían tratando de cumplir.

    Algunos mercenarios se pusieron cómodos mientras que otros se encargaron de pasar el archivo en el comunicador de Xerom a otro dispositivo en el cual podrían leer el registro de la conversación entre Akkor y Zorin, además de escucharlo como una grabación, extraída literalmente tal y como había sido la conversación entre los líderes anixis y kharaket respectivamente.

    Gracias por atender mi llamado, representante superior Akkor.

    No hay problema, gobernador Zorin. De hecho, este contacto me conviene y lo recibo con mucho gusto.

    Bueno, yo no lo hago con gusto. Estoy bastante molesto con tu proceder en este último envío.

    Tú dirás…

    He sabido de boca de mis soldados que tu parte acudió al encuentro… siendo seres de diferentes especies que desconocíamos.

    Te hubiese informado sobre ellos, pero mi enlace en la expedición no ha podido comunicarse conmigo y no sabía cuando estaban por hacerte entrega del cargamento.

    ¡Son alienígenas para nosotros! ¡Seres desconocidos! ¡Eso representa un peligro, maldición! ¡¿Desde cuándo hay más especies involucradas en este pacto?!

    Hace años que conocíamos de la existencia de ellos, son colonos de otro lugar de la galaxia y trabajan para nosotros. Aquellos que fueron al envío son exiliados, seres prescindibles por sus conductas delictivas que quieren una segunda oportunidad de resarcirse.

    ¡Me importa absolutamente nada! ¡¿Encima son malditos criminales?!

    La cuestión es, ¿tenéis ya el cargamento? Esa es la prioridad, no si os habéis asustado por ver otras formas de vida inteligentes...

    ¡Es inadmisible! ¡Enviar exiliados con el cargamento ha sido sin duda un auténtico error por tu parte! ¡Mi comandante primero me ha informado de todo lo sucedido! ¡Tus exiliados empezaron a disparar contra ellos en cuanto aparecieron los insurgentes!

    Zorin, no estás en posición de hablarme de ese modo. Además, he perdido la comunicación con mi aliado en la expedición de los exiliados y ahora tú me dices que tus soldados se han enfrentado a ellos. ¿Acaso me quieres decir que están muertos?

    No, mis soldados tuvieron que retirarse del encuentro en Tafadon cuando los insurgentes aparecieron. Y lo último que sabemos es que tus exiliados y mis insurgentes se quedaron peleando entre sí. Con el cargamento allí.

    ¡¿Tu ejército abandonó el conflicto y dejó allí el cargamento?! ¡¿Y luego te pones en contacto conmigo para criticar mi decisión de enviar criminales al encuentro?!

    Akkor, sabes perfectamente que delegar semejante tarea diplomática en seres que desconocíamos y que además, según ellos mismos informaron, son ciudadanos de Ibos exiliados por delitos…

    ¡Antes de preocuparte por eso, deberías asegurarte de que ese grupo de rebeldes que atenta contra ti y tu asamblea esté bien muerto! ¡Si quieres culpar a alguien del fracaso de esta entrega, culpa a tu incompetencia por no acabar con semejante y ridícula amenaza!

    ¡Tú tampoco estás para dar lecciones, Akkor! ¡De no ser porque necesitamos tu tecnología, este trato se habría roto hace décadas! ¡Exigimos la entrega de otro cargamento, dando por perdido este!

    ¡Ni en tus mejores sueños tendrás otro envío de tecnología hasta que llegue la próxima fecha estipulada en el acuerdo! ¡Si quieres este cargamento, encuentra a tus insurgentes y acaba con ellos de una vez por todas! ¡Y si vuelves a hablarme con esa soberbia, romperé el pacto que tenemos y los kharaket viviréis como seres por evolucionar!

    El fin de la comunicación, que había sido escuchada por todos los presentes, les dejó impactados.

    La revelación de un acuerdo entre Akkor y los kharaket por tecnología anixis, que el envío lo hicieran exiliados… Muchos empezaron a maquinar diferentes teorías en sus mentes, preguntándose que había más allá de ese extraño pacto en el que los kharaket ganaban tecnología pero los anixis no parecían ganar nada a priori.

    La sensación era que había algo más que desconocían, sin embargo, era una información sensible ya que de saberla toda la población de Ibos —que parte de sus suministros, principalmente tecnológicos, estaban siendo entregados a otra especie sin conocimiento de todos— podría derivar en el fin de Akkor como su líder.

    […]

    Owen, Andrómeda y Brandon habían acudido al hospital de la ciudad de Vianus al cual fueron llevados Karla, Sizgolar y el pequeño Cole tras el derrumbamiento del edificio en la que se encontraban viviendo los dos últimos junto a la fallecida Myra.

    Relic y otros dos operativos más se encargaron de soltar varias granadas de fragmentación en el interior del hogar en un intento por matar principalmente a la científica, pero provocando únicamente la muerte de la joven madre, que acababa de dejar a un niño completamente huérfano. Los malheridos en ese suceso se hallaban siendo tratados por los médicos del consultorio, los cuáles estaban gratamente sorprendidos de que solo tuviesen heridas y contusiones leves pese a haber vivido un derrumbamiento sobre sus cabezas.

    Como el joven Crane era uno de los teléfonos de contacto de Karla en caso de que a ésta le ocurriese algo, fue notificado sobre el suceso, motivo más que suficiente para que se personase junto a dos de sus compañeros en el lugar. El hombre, también malherido tras el enfrentamiento días atrás entre su grupo y los propios operativos, respiró aliviado al ver a su pareja sentada en la camilla en lugar de recostada, lo que evidenciaba que se hallaba medianamente bien.

    Al ver llegar a su chico y a sus amigos, la joven Vaalot se incorporó lentamente y con lágrimas en los ojos se abrazó con Owen. Andrómeda veía la escena con ternura mientras que Brandon estaba allí para asegurarse de que su compañera se encontraba bien, pues él era un médico cualificado.

    — ¿Qué ha pasado? — La voz de Crane escondía una rabia contenida que no fue difícil de identificar para los demás — ¿Quién lo ha hecho?

    — Han sido los operativos… — Murmuró Karla, visiblemente adolorida pero fuera de peligro — Fui a buscar al amigo de Jackon, aquel del que me habló cuando nos despedidos el día de su exilio… Vivía en los suburbios. Allí me encontró también Relic.

    — Ese malnacido… — Andrómeda sentía impotencia al escuchar ese nombre — Lo pagará, hermana. Haremos que así sea.

    — Lo importante es que estás bien — El joven Gallagher no quiso quedarse al margen, demostrando su interés en el bienestar de la científica — Si quieres, cuando regresemos a la base, te hago un chequeo completo.

    — Ya me lo han hecho y está todo bien, pero gracias igualmente, Brandon.

    — Si me cruzo con ese hijo de puta, lo enterraré bajo una pila de escombros tal y como él ha intentado contigo — Owen derrochaba furia por los poros y eso preocupaba a sus amigos — ¡Voy a ir a por ese desgraciado!

    Un médico escuchó el tono de voz alto del joven agricultor, aproximándose para advertirle sobre ello, algo que puso a Brandon nervioso. Recordando que hacía no mucho, él y Kendall se defendieron de un doctor que resultaba ser un operativo infiltrado y terminaron matándolo antes de huir de allí, sabía que ser reconocido podía acarrearle problemas. Por ello, el hombre adinerado decidió abandonar la sala y esperar a sus compañeros en la salida del hospital.

    Quiso tener un acto de bondad con su compañera Karla, pero en ese instante comprendió que podía haber sido un error el acudir a ese lugar.

    — Disculpe, joven, pero le ruego que guarde silencio — El enfermero era una neoniana de avanzada edad — Aquí hay gente descansando, enferma y adolorida que no quiere oír gritos innecesarios. Y mucho menos, amenazas.

    — Ya, ya… Yo… — Owen se sintió tremendamente avergonzado — Lo siento. Lo siento muchísimo, perdone.

    En ese momento, Andrómeda recibió el llamado de Brandon mediante su comunicador, en el cual le decía que estaba esperándolos fuera por un motivo más que comprensible. La joven científica se ausentó unos minutos de la sala para atender la llamada de su amigo y compañero, dejando a solas a la pareja.

    Sin embargo, esa solitud no les duró mucho porque un neoniano de aspecto fornido, mayor en edad y lleno de cicatrices, apareció ante ellos. Cargaba con un bebé de un año de edad, el cual milagrosamente estaba intacto tras el derrumbe del techo sobre sus cabezas. Los ojos de Karla se inundaron de lágrimas al verlos, simplemente porque sentía que los había comprometido indirectamente y había causado la muerte de Myra, pudiendo ser también las muertes de ellos.

    — Oh, Sizgolar, déjame decirte que…

    — No te disculpes, Vaalot — Musitó él, con una voz algo rota y apagada, mientras el bebé rompía en llanto al mismo tiempo — Lo sucedido solo tiene dos culpables: el autor y el auspiciador.

    — Lo sé, yo… — Karla tomó en brazos a Cole, logrando que se calmara — T-te prometo que cuidaremos de él y en cuanto a ti…

    — Me uniré a vuestra causa, pero únicamente para hacerle justicia a Myra.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Santa del año

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    Saludos, amigo.

    Primera lectura en simultáneo del año. Buena forma de empezar, y con qué capítulo, la verdad. Se están prendiendo las cosas.

    Todo arranca donde quedo el último pov del planeta de Ibos. Karla estaba por irse de la casa de Sisgolar, Myra y Cole, cuando esta es atacada por granadas que causan un derrumbe. Maldito Relic, ¿cómo se atreve a atacar así para matar a mi bebé? Ojalá pronto leer el final de su vida, porque lo voy a disfrutar a montones :ewww: Del atentado terminan heridos Karla y Sisgolar, quien arriesgó mucho su integridad por la vida del bebé, mientras que Myra acaba de morir. Tengo que decir que, siendo una madre soltera y con un solo hijo, me la veía muriendo en esta parte, pero ha sido muy rápido. La gran víctima de todo esto es el pequeño Cole, que se quedó sin padres. Pero bueno, en LV tú te encargabas de dejar huerfanitos a muchos, así que veo que aquí en la conti la tradición sigue :sadexo:

    Relic habla junto a operativos anixis como el, quienes no están seguros de que Akkor haya dado la orden de atacar como lo hicieron, y aunque Relic dice que sí, sabemos que no fue así. El operativo y consejero anazi está actuando por su cuenta, lo cual lo vuelve alguien peligroso, porque gente así es la que se suele salir de control con el tiempo. Pero bueno, no me sorprende nada de un tipo que fue capaz de matar a su mentor a sangre fría. Arderás en el infierno, Relic, lo sé :shani:

    Luego pasamos a ver como Akkor habla con Zorin, el líder kharaket al cual la expedición debía de entregarle el cargamento. Estos dos se reprochan cosas mutuamente. Zorin el haber enviado delincuentes como exiliados a entregar el cargamento, y Akkor por haber permitido que sus hombres lo acabaran perdiendo. Las cosas entre los dos líderes no están bien, y Zorin le dice a Akkor que no está conforme con lo que está pasando, y que de no ser por la necesidad de su alianza, hubieran disuelto todo hace tiempo. Zorin pide un nuevo cargamento, pero Akkor se niega, y le dice que espere a la próxima fecha o que recupere él mismo el cargamento ya enviado, caso contrario, los kharaket serán una raza que tendrá que vivir como seres por evolucionar. Interesante amenaza, a saber a qué se refiere con eso :think:

    Omnius llega para una comunicación rutinaria con la nave de órbita, que es en la misma sala donde Akkor habló. Este aprovecha el momento tan estresante de Akkor para robar información sobre los acuerdos que este tiene con un líder en otro mundo que nadie o casi nadie conoce, y que es a cambio de obtener armas. Bien hecho, Om, te toca hacer tu aporte sin que nadie se entere :dancecat: Om le pasa esa info a Devom, quien pide reunirse con Kendall. El syleriano llega con el grupo conformado ya por los mercenarios de Vorta, los amigos de Jackon y el propio general Orlat, del ejército anixi. Le preguntan a qué viene, y Devom les indica que Om le pasó información que puede ser útil para poner a la población en su contra. Allí acceden todos al contenido de la charla entre Akkor y el misterioso líder Zorin, y descubren sobre la existencia de los kharaket, el acuerdo de envío de suministros y que el contacto de Akkor ya no le pasa info. Bien, ahora veremos cómo difunden eso. Aunque creo que lo más prudente sería esperar. Cuando ese archivo se difunda, todos sabrán que Om pinchó las comunicaciones, por lo que este ya no podrá robar más info. Supongo que tendrán que decidir entre revelar la información ahora o ser pacientes y ver qué más se le puede escapar a Akkor :\*u*/:

    La escena que más me gustó fue ver como Akkor le reprochó a Relic por el atentado. ¿Lo ves, Relic? Si hubieras mantenido a Eeron vivo, él te habría aceptado como discípulo y hermano menor. En vez de eso, ahora trabajas para un anazi que te ve como un títere para sus misiones. Hay que aprender a elegir mejor, ahora ya es tarde :slap: Akkor está en total desacuerdo por lo que hizo, pero ya no hay mucho más. Los dos planean inventarse que Jackon tenía amigos terroristas que hicieron ese atentado. Cuando salga la noticia de que la hermana de Jackon estuvo allí, ese relato se les va a caer por su propio peso. Maravilloso, entre la estupidez de Relic y los errores de Akkor por el estrés, se está acercando la caída de la corrupción de los anixis en Ibos, maravilloso arranque de año :eyebrow:

    En la escena final vemos que Andromeda, Karla, Brandon y Owen se reúnen para ver cómo se encuentra la chica que fue atacada. Karla les dice que está bien. Brandon, por precaución, decide irse para vigilar que nadie se atreva a ir a molestar. Mientras que Owen y Andrómeda le ofrecen su apoyo a Karla, Owen explota. Primero lo atacaron a él, y luego atacaron a su amada. Oficialmente, los anixis la cagaron. Despertaron a la bestia XD, espero se entienda la referencia :dontstap: Andrómeda se retira, y en ese momento entra Sisgolar en compañía del pequeño Cole, quien llora porque lo dejaron huérfano. Karla, invadida por la culpa, le pide perdón por lo ocurrido, mientras que Sisgolar le dice que ahora serán aliados, pues se unirá a la causa, pero solo para buscar justicia por el asesinato de Myra.

    Y con eso seguimos sumando aliados al bando de los buenos, con información que podría serles útil, mientras que en Táfadon, las cosas no están saliendo bien para los kharaket aliados de Akkor. Todo el poder que ellos tenían en la parte I, contando con todos los personajes como rehenes y en la palma de su mano se están desmoronando, y la alianza está volviéndose cada vez más fuerte. Aunque bueno, todavía quedan dos consejeros más y el resto de la sociedad anixis para que elijan bando. Toca ver cómo se forma cada uno.

    Con eso me despido por ahora, amigo. Lamentablemente la semana que viene no estoy, por lo que no tendremos juntada, pero espero que en algún otro momento podamos tener más leídas en simultáneo, porque me está gustando mucho el rumbo de esta historia. Esper:cynda:o haya sido un gran arranque de año para ti. Un abrazo y cuídate mucho
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Bienvenidos al noveno capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros Vol. 2. Con este, solo quedan seis capítulos para conocer el desenlace y las cosas están por explotar, tanto con el POV de los personajes en Ibos como en el de la expedición de la Explorario.

    No quiero despedirme sin antes agradecer a Reydelaperdicion por su interés y entusiasmo en esta historia, lo cuál me da fuerzas para seguir haciéndola, disfrutando ambos de las buenas leídas en simultáneo siempre que podemos.

    Sin más, espero que les sea una lectura entretenida.







    Evidencias




    Al día siguiente del intento de los operativos —más bien de Relic— por acabar con la vida de Karla y a su vez con la de Sizgolar, Myra y su bebé Cole —consiguiendo únicamente la muerte de la mujer—, los noticieros saltaron en las pantallas de todos los ciudadanos de Ibos con la exclusiva de que las autoridades habían atribuido la explosión en los suburbios como un atentado terrorista por parte de supuestos seguidores del exiliado Jackon Vaalot, quiénes pretendían generar caos y conflicto en la población para que la confusión se adueñase de todos ellos y apuntasen al Consejo Superior como los culpables de todos los sucesos que habían ocurrido desde el último Día de La Unión, incluyendo las famosas protestas de las especies aliadas por la falta de víveres, ahora paliadas tras sendos acuerdos entre el representante superior y el representante Paokt.

    El desconcierto en la gente era tal, que varias marchas en forma de protestas fueron convocadas en las tres principales y únicas ciudades del planeta. Los anixis exigían una reubicación de las especies aliadas con el propósito de alejarlas de los principales núcleos poblacionales de los propios anixis, argumentando que con el paso de los años habían empezado a dar más problemas que paz a la sociedad y por ello debían instalar una nueva colonia lejos del trío de ciudades de Ibos. No obstante, las especies aliadas también convocaron protestas para quejarse por la xenofobia que los noticieros parecían estar promoviendo contra ellos, alimentando así los choques entre los anixis y las subespecies, además de argumentar que la Alianza tenía bastante controlados a sus propios ciudadanos, quiénes dudaban de que la autoría de ese atentado en los suburbios de Vianus fuese cosa de las especies aliadas.

    Bajo la superficie del vertedero tecnológico en el que los mercenarios de Vorta tenían su base, en el subsuelo, con los recién llegados Owen, Andrómeda, Brandon, Karla, Siz y Cole, todos vieron por el telediario como se estaba dando esa noticia y como, nuevamente, podía darse un conflicto civil tras el altercado en el cementerio de árboles durante el funeral del emisario honorífico Eeron. La situación era crítica y el grupo sabía que era su oportunidad para revelar la información conseguida por Omnius sobre el pacto secreto de Akkor con los kharaket, pero eran conscientes de que ellos no podían divulgar eso así por así, ya que su credibilidad era nula cara a la población.

    Sin embargo, el subcomandante Devom captó la atención de sus amigos y conocidos con una idea bastante lógica y sensata.

    — Debemos entregar estas pruebas de la corrupción de Akkor a los demás consejeros — La propuesta de Xerom pilló desprevenidos a todos los presentes — Pensadlo, si tan solo Ziba y Valtin acceden a votar en contra del representante superior junto a Om, serían tres contra dos y el Consejo Superior sería restituido. Relic y Akkor están solos si eso ocurre, y con esta información revelándose al pueblo, la presión mediática y social sería una bomba para ellos.

    — Si eso puede derrocar a ese malnacido, me sirve — La comandante Mercer apoyó el plan de su compañero militar.

    — Deberíamos contactar con el representante Paokt y advertirle de ello — Indicó la líder de los mercenarios, Vorta, aproximándose a su símil — Necesitamos que convenza a los consejeros de reunirse a solas, pero sobre todo, debe protegerlos. Si los operativos descubren lo que vamos a intentar, vamos a ponerlos a todos en peligro.

    — Lo que deberíamos hacer es ir algunos a la Casa Superior y asegurarnos de poder enseñarles esta información a los consejeros Ziba y Valtin — El detective Xom irrumpió en la conversación para compartir su pensar — Ayudaríamos a Om en caso de que los operativos reaccionasen, aunque si no lo saben, se enterarán más tarde.

    — Avisaré a Om ahora mismo con el comunicador e iré directamente a la Casa Superior — El soldado syleriano no se andó con rodeos, decidido a tomar la iniciativa — ¿Quién viene conmigo?

    No hicieron falta palabras a esa pregunta del subcomandante. Echo, Kendall, Orlat y Vorta se sumaron a ese plan mientras que Owen, Andrómeda y Brandon se quedarían cuidando principalmente de Karla y Sizgolar, aún magullados tras haber sufrido ese derrumbe sobre sus cuerpos maltrechos, pero también del lugar, que podría ser atacado por los operativos si estos se enteraban de lo que estaban planeando los rebeldes.

    Así, aprovechando que el detective contaba con un vehículo propio, tanto él como los demás que habían optado por estar en la Casa Superior para revelar toda la información a Ziba y Valtin, se subieron a la lanzadera una vez se habían equipado con armas y con protección. Todos eran conscientes de que la situación se estaba calentando en las ciudades y que los operativos podían atacar en cualquier momento si así lo querían —al menos eso creía el grupo, viendo que Relic atacó a Karla inesperadamente—, por lo que debían estar atentos y preparados para enfrentar un posible conflicto.

    […]

    El representante Paokt sintió una punzada en el pecho cuando recibió el mensaje de su homónimo, el subcomandante Devom.

    Su rostro se palideció, asumiendo que había llegado el momento en que debía actuar en favor de aquellos a los que siempre había mencionado como su ‘familia’. Sabía que si no contribuía —aunque las consecuencias pudiesen ser fatales—, perdería de su vida a esos seres queridos que le acompañaron en esa travesía hasta Ibos, para bien o para mal. Sus manos temblorosas le hicieron activar la apertura de la puerta de su área habilitada como despacho, saliendo así a uno de los tantos pasillos con los que contaba la gran y extensa Casa Superior.

    Visiblemente nervioso por la urgencia que tenía por encontrar a los consejeros Valtin y Ziba, especialmente sabiendo que Xerom estaba en camino junto a varios de sus amigos, el syleriano tuvo que empezar a respirar suavemente para calmarse.

    — Vamos, Omnius, ha llegado el momento de actuar — Se decía a sí mismo mientras caminaba apresuradamente por los pasillos — Es la oportunidad perfecta para acabar con esta pesadilla.

    El líder de la Alianza Interestelar de Especies y a su vez miembro del Consejo Superior se encontraba más tranquilo tras realizar unas respiraciones durante el trayecto, el cual le había llevado a la puerta del lugar donde el consejero Valtin recibía visitas en su horario de trabajo, en su mayoría respecto a temas sobre el progreso de la sociedad pero también en otras ocasiones de índole tecnológica dada su especialidad en ingeniería. Om golpeó varias veces la puerta hasta que esta fue abierta abruptamente por el consejero, que vestía una especie de túnica marrón y en su semblante se apreciaba cierta molestia por la visita del syleriano.

    — ¿Por qué esa insistencia golpeando mi puerta, Omnius?

    — No tengo tiempo para explicártelo ahora, consejero Valtin — Con un comportamiento extraño y preocupante para el anixis, el representante Paokt observaba a ambos lados del pasillo para evitar miradas curiosas — Necesito que vengas conmigo y me ayudes a encontrar a la consejera Ziba. Es un caso de extrema importancia.

    — Cálmate, joven Omnius, creo que…

    — ¡Sígueme y cierra la boca!

    — Vale, vale.

    Valtin no quiso rechistar ante la actitud pasivo-agresiva del líder de la Alianza, intrigado por lo que fuese que tenía que contarle, aunque no por ello estaba de acuerdo con esas formas. Limitándose a seguirle en su búsqueda por hallar a la consejera Ziba, el anixis temía que algo grave hubiese ocurrido, pero no tuvo más opción que apaciguar ese deseo por averiguar lo que estuviese sucediendo.

    — ¿Tienes idea de dónde puede estar?

    Paokt se volteó hacia su compañero en el Consejo Superior, queriendo aprovechar al máximo el tiempo antes de la llegada de su grupo de amigos con la información pertinente que se les sería mostrada a los consejeros. Un tanto sorprendido por esa necesidad imperiosa del syleriano por encontrar a Ziba hizo que Valtin se sintiese algo presionado, empezando a tener dificultades para pensar con claridad.

    — Eh, pues, yo creo que… — El consejero e ingeniero a tiempo parcial parecía estar buscando la respuesta en un cajero con archivos en su cerebro — Podría estar en…

    — ¡Date prisa, maldita sea! — Exclamó Om, temiendo seriamente que los operativos ya supiesen sobre lo que ocurría.

    — L-los jardines, creo que puede estar ahí — Indicó Valtin, contagiado por ese nerviosismo del syleriano — Creo que tenía una clase con los futuros emisarios en los jardines.

    Sin perder ni un segundo, Om tomó del brazo a Valtin y lo llevó consigo a la zona de jardines de la Casa Superior, donde en el pasado estaba Eeron enseñando a un joven emisario como lo era Relic, siendo ahora una tarea en manos de otros antiguos y recientes emisarios como era el caso de Ziba. En apenas dos minutos se encontraron en el lugar, confirmando el pensamiento del consejero e ingeniero.

    La emisaria que descubrió a los kharaket en el pasado se encontraba ahí, en uno de los varios jardines, dando una clase de espiritualidad a los futuros jóvenes aventureros anixis para que pudiesen encontrarse a ellos mismos. Sin embargo, su sesión se vio repentinamente interrumpida por la aparición un tanto violenta de Omnius y Valtin.

    — Consejeros, ¿ocurre algo…?

    — Consejera Ziba, necesito que dejes lo que estás haciendo y vengas con nosotros — El representante Paokt extendió su mano para que la anixis la tomara — Por favor, es de extrema importancia.

    Ziba se quedó mirando a Omnius y a sus alumnos durante unos segundos.

    Los aprendices a emisario estaban algo extrañados y sorprendidos, pero acatarían la decisión que su profesora tomase sin queja alguna. Tras esos segundos que para el syleriano fueron eternos, la consejera decidió tomar su mano, dirigiéndose con la mirada y con las palabras a su clase.

    — La sesión ha terminado, nos veremos el próximo día.

    Los alumnos asintieron, algunos contrariados con lo que acababa de ocurrir mientras que otros se sentían indiferentes al respecto, pero respetando la orden de su maestra y recogiendo sus pertenencias para marcharse a sus aposentos —los aprendices a emisario vivían prácticamente en la Casa Superior, como si de un monasterio se tratase—.

    Así, el trío de consejeros fue llevado por el propio Om hasta la sala de asambleas, lugar donde solían reunirse todos los consejeros para tratar temas que involucraban cambios y situaciones en la sociedad de Ibos. Esta vez, las ausencias del representante superior Akkor y del consejero Relic no eran casualidad, aunque esto era algo que desconocían tanto Ziba como Valtin.

    — ¿Qué tema vamos a tratar que precisa tanta urgencia? — El ingeniero estaba deseando saber el porqué de ese apresuramiento — Debe ser algo de suma importancia si tienes el ritmo cardíaco en aumento, Omnius.

    — ¿Esperamos a Akkor y Relic? — Preguntó ella, intrigada y preocupada por la expresión en el rostro del syleriano — Es obvio que no podemos empezar una asamblea sin todos los miembros del Consejo presentes, a menos que ellos informen de su ausencia.

    — No — El representante de la Alianza contestó únicamente a la pregunta de la consejera y emisaria, mientras clavaba su mirada en las puertas que ellos tres habían cruzado hacía apenas un minuto — Estamos esperando a mis amigos.

    — ¿Tus amigos? — Ziba no entendía nada — ¿Qué se supone que van a hacer aquí tus amigos?

    — ¡Exigimos una explicación, Omnius! — Harto de ser ignorado, Valtin sacó ese carácter que rara vez se le veía — ¡Basta de misterio!

    — Por favor, consejeros, os lo ruego — Om casi les suplicaba a ojos de los anixis — Tened paciencia. Pronto tendréis respuesta a vuestras preguntas.

    […]

    La lanzadera que pilotaba Kendall y en la cual iban varios de sus compañeros, finalmente tocó tierra.

    El trayecto desde el vertedero tecnológico del Distrito Neonia hasta la Casa Superior —ubicada en el centro de la ciudad de Vianus— fue relativamente corto, pues ambas ubicaciones se encontraban en el mismo núcleo poblacional. Los cuatro estaban armados, pero para evitar llamar la atención innecesariamente —especialmente si los ciudadanos los podían considerar terroristas tras el suceso ocurrido en los suburbios— portaban las armas en mochilas con las que cargaban.

    Toda precaución era poca en un momento que se antojaba crucial para sus intereses.

    — Según me ha dicho Om por el comunicador, está junto a los consejeros en la sala de asambleas, donde suele reunirse todo el Consejo Superior — Xerom se volteó hacia sus compañeros justo cuando estaban en las grandes puertas principales — Nos están esperando.

    — ¿Entonces a qué esperamos nosotros? — El detective se veía ansioso por mostrar la información a dos de los líderes de la sociedad — ¡Entremos!

    — Espérate, Ken — La aún comandante del ejército de la Alianza le frenó los pies a su viejo amigo — Xerom, ¿podemos entrar así sin más?

    — Dudo que con nuestras pintas nos dejen pasar como si nada — La otra syleriana presente, Vorta, pensó razonablemente — A menos que esté equivocada y reciban gente común sin ningún problema.

    — Por eso mismo, tenemos dos opciones — El subcomandante Devom propuso dos estrategias a seguir — La más sensata sería encontrar la forma de escalar el edificio, ya que la sala de asambleas se encuentra varios pisos por encima de nuestras cabezas. Pero el problema es que hay drones RECO patrullando el aire y por ende, la zona que rodea la Casa Superior.

    — Es comprensible — Xom intervino en la conversación — Se trata del lugar más protegido de toda Ibos.

    — Exacto, es demasiado arriesgado intentar trepar sin que esos drones no nos detecten y estemos en peligro — La única mujer humana presente en ese grupo dio por descartada esa primera propuesta de su subcomandante — Y bien, ¿cuál es la otra alternativa?

    — Al entrar, tendremos que pasar por el mostrador de secretaría — El syleriano se veía algo contrariado mientras hablaba — Y sin una cita con algún consejero, no habrá opción de que nos deje pasar la seguridad.

    — Habrá que incapacitar a quiénes estén en secretaría y tal vez a los guardias, ¿verdad? — La líder mercenaria cruzó miradas con aquel de su misma especie, como si se leyesen la mente.

    Devom asintió a su homónima, mientras los dos humanos mostraban reacciones de preocupación e incomodidad al respecto.

    Si bien no pretendían causar alboroto alguno, sin una cita oficial con alguien que habitase la Casa Superior, la entrada les sería denegada. Por ende, podían verse obligados a usar la fuerza bruta con personas inocentes que solo realizaban su trabajo con total normalidad. Asumiendo que eso pondría en peligro la exposición de las pruebas a los consejeros Ziba y Valtin, además de dar más motivos a la gente para creer que ellos sí eran verdaderamente unos terroristas, la comandante Mercer pensó en algo más.

    — Xerom, ¿podrías decirle a Om que él mismo salga a recibirnos? — Los demás miraban a Echo conforme ella sugería esa posibilidad — Dudo que cuestionen su autoridad; al fin y al cabo es un consejero más.

    — No es mala idea, deja que le contacte por mensaje escrito.

    Mientras el subcomandante se puso a ello mediante su comunicador, Echo alzó la vista y pudo ver hasta tres drones de reconocimiento patrullando la zona aérea de alrededor de la Casa Superior. Además, era un secreto a voces que también había cámaras en las tres ciudades del planeta, aunque no todas estaban a la vista de la gente.

    Kendall sentía el irrefrenable deseo de fumarse un cigarrillo debido al estrés del momento, pero no tenía ninguno encima y tampoco iba a darse ese lujo ya que se encontraba en el proceso de dejarlo para siempre. Vorta, por su parte, observaba detenidamente a Xerom mientras éste realizaba su tarea, viendo en él a uno de esos sylerianos fieles a la causa pero más fieles al Elegido de turno, algo que ella no compartía en absoluto, pero sí admiraba por esa infranqueable lealtad que en un grupo de mercenarios no era sencillo de encontrar.

    — Ya está — Indicó Devom, regresando de nuevo al grupo — Me ha dicho que vayamos entrando mientras él, a su vez, nos recibe en la entrada.

    — Perfecto, vamos — Musitó Mercer, asintiendo con determinación.

    — No perdamos más el tiempo — Sugirió la líder mercenaria.

    — Es ahora o nunca — Añadió el detective, frotándose las manos mientras sonreía de forma pícara.

    El cuarteto entró por la puerta principal de la Casa Superior, encontrándose un ambiente bastante silencioso y tranquilo.

    Unas luces tenues que simbolizaban la luz y calidez que emitirían unas antorchas rudimentarias les recibieron de manera acogedora, además de una impresionante belleza arquitectónica resaltada en unos pilares con forma de espiral que parecían sujetar todo el edificio con absoluta maestría. Por un instante, se quedaron tan atónitos con la escena que tenían ante sus ojos que no vieron aparecer al anixis que se encargaba de la secretaría, aunque tenía consigo a varios compañeros de trabajo realizando diferentes labores.

    — Bienvenidos a la Casa Superior — El anixis, con una vestimenta elegante y una actitud complaciente, se personó ante el grupo — ¿A qué se debe esta visita? ¿Tienen una cita agendada con algún consejero o tal vez vienen a ver un joven amigo que está formándose como emisario?

    — ¡Tienen cita conmigo! — La aparición del representante Paokt salvó al cuarteto de tener que improvisar unas palabras — Tengo una reunión pendiente con estas personas.

    — ¿De veras? No me figuraba ninguna cita en la agenda del día de hoy, consejero Paokt.

    — Descuida, surgió de última hora y no lo notifiqué. Discúlpame por ello.

    — No se preocupe, consejero Paokt. Lo anotaré en la agenda ahora mismo.

    — Perfecto — Omnius no tenía problema con eso, ya que la agenda no era algo que pudiese ver cualquiera — Muchas gracias por su atención.

    — Todo un placer.

    El secretario anixis emprendió el camino de regreso a su habitáculo con mostrador mientras el líder de la Alianza les indicaba a sus amigos que le siguiesen.

    La sensación en el ambiente era de inquietud en todos ellos, pues su presencia allí era sin duda extraña y si había operativos en la Casa Superior solo era cuestión de tiempo que viesen al grupo. Sin embargo, estando en un horario de clases para emisarios, la presencia en los pasillos era prácticamente nula, algo de lo que pudieron beneficiarse. El camino hasta la sala de asambleas fue corto aunque tuvieron que subir varias escaleras.

    Algunos respiraban aliviados al ver que los detectores metálicos de la entrada no saltaron con las armas que portaban en las mochilas, agradeciendo que estas tuviesen un revestimiento interno que impedía que el contenido de la bolsa fuese detectado por aparatos externos.

    — Ya hemos llegado — Musitó Omnius, abriendo los dos portones de la sala de asambleas — Es el momento de exponer a Akkor y sus operativos.

    Dos de los consejeros del Consejo Superior que se encontraban allí, siendo estos Ziba y Valtin, se sorprendieron bastante al ver como Omnius regresaba junto a cuatro personas más, de las cuáles únicamente reconocían a la comandante del ejército de la Alianza por su alto rango en la milicia. El amplio lugar también dejó asombrados a Kendall, Vorta y Xerom, quiénes nunca habían estado en ese sitio —Echo era la única que en el pasado tuvo la oportunidad de ver la Casa Superior, una vez fue comandante—.

    Con la ausencia de los dos consejeros restantes —Akkor y Relic—, quiénes serían señalados por la información que traía el cuarteto, dio comienzo la exposición de datos con el propósito de convencer a la antigua emisaria y al reputado ingeniero de que el líder de su sociedad era un corrupto.

    — ¿Qué está pasando aquí? — Valtin no sabía como lidiar con aquella situación — ¿Om?

    — Os pido calma, consejeros — El líder syleriano habló en un tono tranquilo, siendo contrario a su nerviosismo del principio — Quiero que mis amigos tomen la palabra. Os ruego que escuchéis atentamente.

    — Si es lo que quieres, así lo haremos — Ziba habló por ella y por su compañero anixis.

    Vorta, Kendall y Echo decidieron tomar asiento para que el subcomandante Devom empezase con la revelación que el mismísimo representante Paokt le había entregado cuando la descubrió en la sala de comunicaciones del propio lugar. Om ya sabía lo que se iba a exponer ante sus compañeros consejeros, por lo que se cruzó de brazos y permaneció serio mientras veía como Xerom dejaba sobre la mesa redonda de la sala de asambleas, una especie de grabadora holográfica, desde la que se emitió la imagen del representante superior hablando con alguien mediante el comunicador de enlace cuántico, lo que indicaba que el receptor era de otro mundo.

    La conversación entre Akkor y Zorin, el gobernante kharaket, fue de por sí una revelación impactante para los dos consejeros anixis. Mientras el ingeniero negaba con la cabeza, apoyado sobre la mesa y con la mirada gacha, su compañera, quién fue la emisaria que logró encontrar y contactar con los propios kharaket en el pasado, se veía un tanto frustrada. La traición de quien creyó que nunca más se supo de la especie que descubrió se podía apreciar en la expresión facial de la anixis. Sus ojos estaban al borde de las lágrimas, pero estas eran de rabia e impotencia.

    — Entiendo que esto pueda ser bastante preocupante y no es para menos, puesto que confirma el acuerdo de un contrabando entre el principal líder del gobierno que tenemos en Ibos y un alto cargo de otra especie la cual desconocíamos prácticamente todos — De syleriano a syleriano, Xerom se encargó de que una vez fuese mostrada la conversación entre Akkor y Zorin, el mismo Om se encargase de seguir hablando — Por este motivo os he convocado a la fuerza y con urgencia. Akkor actúa a nuestras espaldas y eso es un hecho innegable después de esto.

    — Ahora empiezo a hilar diferentes circunstancias ocurridas en los últimos meses… — Como si estuviese haciendo memoria, Valtin se mantuvo pensativo por unos segundos — La mejor nave que jamás he diseñado en solitario, según me dijeron, tuvo problemas en un vuelo de prueba en el sistema vecino y fue destruida por una llamarada solar.

    — ¿Qué tiene que ver eso con esto? — Xerom se dirigió al consejero e ingeniero sin entender su comentario.

    — Que yo no autoricé ese vuelo de prueba y además, la Explorario la diseñé con el objetivo de que pudiese soportar altas cantidades de energía, ya que está creada para expediciones de exploración — El anixis empezó a negar con la cabeza, gesto que solía hacer cuando algo no le convencía — Y escuchando esa conversación, hablan de una expedición de exiliados… Lo que podría significar que Akkor se encargó de robarme la Explorario para entregársela a unos exiliados para que hicieran su trabajo sucio.

    — Nos engañó a los dos, Valtin — Musitó de pronto Ziba, visiblemente enfadada — A mi se me informó hace décadas de que los kharaket rechazaron hostilmente nuestros ofrecimientos de colaboración y desde entonces, se cesaron los contactos con ellos. Pensé que eso era verdad pero ha quedado demostrado que han seguido en contacto y por alguna razón que desconozco, Akkor les entrega tecnología nuestra… ¿a cambio de qué?

    — Es difícil saberlo, pero ahora es lo de menos — La comandante Mercer intervino en la conversación, captando la atención de todos los presentes — La cuestión es que esto deja en evidencia al representante superior, que por cierto, colabora con el consejero Relic y con una división del ejército superior que trabaja para ellos en la sombra. ¿Han oído hablar de los operativos?

    — En absoluto — Murmuró Valtin, aún procesando la información sobre la ausencia de su proyecto de nave más ambicioso — ¿Son soldados?

    — En efecto, lo son — La líder de los mercenarios no quiso estar más tiempo en silencio — Y nos han atacado en repetidas ocasiones, porque saben que llevamos tiempo intentando encontrar razones para exponerles a ellos y a su líder corrupto.

    — Ese atentado en los suburbios fue cosa de Relic y los operativos, que intentaron asesinar a una de nuestras amigas — Echo no dudó en lanzar ese dardo, agrandando la lista de motivos por los que exponer a los operativos.

    — Con estos datos, podríamos filtrarlos en los medios de comunicación y que la ciudadanía se entere de todo — Omnius propuso el siguiente paso — El mismo pueblo se encargará de pedir la dimisión de Akkor y Relic, detenerlos y crear un nuevo Consejo Superior con…

    — Espera, representante Paokt — La emisaria y consejera quiso frenar el ímpetu del syleriano — No podemos filtrar esto sin más.

    — Exacto, podríamos simplemente convocar a Akkor y Relic y hacerles decirnos la verdad ante nosotros — Valtin abogaba por una prudencia que podía ser contraproducente — Si votamos su exclusión del Consejo, ganaríamos por tres a dos. Luego, los encerraríamos hasta obtener más pruebas y realizar un juicio público para…

    — Eso no es todo, consejeros.

    El detective Xom, que había permanecido callado bastante rato, decidió que era el momento idóneo para exponer algo más. El humano dejó sobre la mesa un aparato que hacía la mayoría de veces de grabadora, dejando extrañados tanto a los dos anixis como a sus propios compañeros. El silencio al que dieron paso todos trajo consigo una conversación reveladora pese a ser únicamente en audio.

    Una confesión irrefutable que conforme empezaron a escuchar, enmudeció más aún la sala de asambleas.

    No tiene sentido que huyas más — Kendall logró estar cara a cara con el verdadero asesino del emisario honorífico — Sabemos que tú mataste a Eeron.

    Las subespecies sois muy obstinadas, os doy ese crédito.

    Me importa una mierda lo que te parezcamos, eres un asesino y has inculpado a un amigo mío — El detective mostró una sonrisa mientras se echaba la mano izquierda al oído del mismo lado, donde tenía el comunicador — Echo, ¿me recibes? Tengo a Relic ante mí.

    Espera, ¿qué?

    Así es. Necesito que vengas a mi ubicación, te la transmito en tiempo real.

    Voy lo más rápido posible.

    ¿Pides ayuda? — El operativo se veía muy confiado — Y yo que pensaba que podría divertirme contigo.

    ¿Te divertiste también con Eeron, hijo de perra? — El hombre de rasgos asiáticos buscaba la forma de entretenerlo en lo que llegaba la comandante, que era la única del grupo que estaba libre para acudir — Apuesto lo que quieras a que huiste como una rata antes de que Jackon te humillase.

    Hablas como si tu amigo fuese el mejor peleador de la humanidad — Relic soltó una leve carcajada — Yo supe huir a tiempo, él no. Por eso lo pillaron en el lugar del crimen y lo van a juzgar por asesino mientras yo sigo aquí.

    Vaya, veo que estás muy seguro de que tu plan ha funcionado. Dime, bastardo, ¿y si te dijera que estoy grabando esta conversación mientras se envía directamente a una base de datos?

    Esa inesperada revelación de Kendall hizo que el operativo se sintiese por primera vez en mucho tiempo en serio peligro.

    Viéndose entre la espada y la pared, Relic optó por sacar una pistola de plasma, una versión más pequeña del conocido rifle Flasher. Sabía que matándolo no evitaría que esa conversación grabada y que se estaba transmitiendo hacia una base de datos se perdiese, pero la frustración de que tenía poca o nulas posibilidades de salir indemne de ello le hicieron apuntar al humano en aquel callejón.


    Matándome no evitarás que el peso de tu propia ley caiga sobre ti — Dijo Xom, que quiso mantenerse serio pese a que temía por su vida.

    No, pero al menos retrasaré un poco que esa grabación llegue a manos de las autoridades y me dará la oportunidad de huir.

    Visiblemente aterrado y como pocas veces se le había visto, Relic realizó un rápido movimiento con su túnica para cubrir el cañón del arma, haciendo que en cierto modo no sonasen los disparos. El plasma del arma perforó su túnica, pero logró disimular bastante el ruido, alcanzando a Kendall con dos disparos en el torso.

    Uno de ellos impactó en el abdomen y empezó a quemarle la piel de alrededor, mientras que el otro impactó cerca de un pulmón, provocando que el detective cayese al suelo mientras la sangre brotaba violentamente de su boca. Habiendo sucedido en un callejón de tantos, nadie encontraría pronto a Xom a excepción de la comandante Mercer, que se encontraba de camino hacia su posición.

    Relic no dudó ni un instante en huir de la escena, sabiendo que tenía las horas contadas antes de que su media confesión llegase a oídos de las autoridades. Solo un milagro o una intervención in extremis podrían evitarlo.


    Una vez la grabación de aquel momento terminó, Kendall mostró una media sonrisa mientras se desabrochaba la camiseta y revelaba una extensa cicatriz en un costado del torso, donde el disparo plasma le perforó un pulmón que tuvo que ser remplazado por uno artificial. Ver esa herida impactó fuertemente en los dos consejeros anixis, que además de estar aterrados por haber oído la confesión de que Relic había asesinado a Eeron, no daban crédito a que el detective hubiese podido sobrevivir a tan fatal herida.

    Sin embargo, ese gesto hizo sonreír al representante Paokt.

    — Al principio odiaba a Omnius por haberse dejado chantajear por Akkor con el fin de que ese trato salvase mi vida — Xom miró fijamente a Om, haciéndole ver que se dirigía a él — Pero ahora entiendo que, si no lo hubiese hecho, yo no estaría aquí para enseñaros esta grabación.

    El syleriano y el humano asintieron al mismo tiempo en señal de agradecimiento mutuo, algo que parecía indicar que ese enfado entre ambos por lo que sucedió estaba empezando a quedar atrás, una vez las piezas del puzzle se colocaban en su sitio. Sonriente, el representante de la Alianza recordó un detalle importante del asunto que no dudó en decirle al detective.

    — Pensaba que solo tenías una grabación de ese encuentro con Relic en la base de datos de tu piso.

    — En mi profesión, conviene ser precavido por dos.

    Echo no dudó en abrazar por detrás a su amigo, indicándole así su máxima gratitud y aprecio por haber sido el más inteligente y haber actuado con una absoluta perspicacia digna de alguien como él. Xerom empezó a reír con energía mientras le daba una palmada en la espalda al humano, mientras que Vorta simplemente empezó a aplaudir con una sonrisa de oreja a oreja.

    Sin embargo, aún quedaba algo por hacer y eso lo dejaron claro ambos consejeros anixis, que eran los que se veían más serios en el lugar.

    — No pensaba que fuese lo correcto, pero después de esto, he cambiado totalmente de opinión — Ziba se apoyó con sus manos en la mesa, mirando al grupo y después a su homónimo — ¿Valtin?

    — Lo mismo digo — El ingeniero asintió a su compañera y centró su mirada en el quinteto que tenía enfrente — La ciudadanía tiene todo el derecho a saber quiénes son los consejeros Akkor y Relic. Que las evidencias hablen por si solas y que el pueblo dicte sentencia.

    […]

    El representante superior del Consejo, aquel que lideraba el gobierno de cinco líderes que debatían y decidían por el bien de la sociedad que habían construido en el planeta llamado Ibos, no solo manejaba esos asuntos oficiales sino que también tenía objetivos extraoficiales. Akkor lideraba una sección secreta del ejército superior a la que llamaba ‘operativos’, entre los cuáles destacaba el actual consejero y joven emisario Relic, quién sin duda se había convertido en su mano derecha durante los últimos meses. Junto a él, viendo las exigencias de la Alianza Interestelar de Especies y en especial de su representante Omnius Paokt, además del apoyo de parte de la sociedad anixis con las subespecies, optó por poner en marcha un movimiento que golpeó contundentemente la moral de su pueblo.

    El asesinato del emisario honorífico, Eeron, fue adjudicado al inocente Jackon Vaalot aprovechando que éste estuvo cerca de evitarlo, generando así una ola de odio contra las especies aliadas que apenas hacía cuatro años que estaban en el mundo colonizado por los anixis hacía cientos de años. Con el exilio del ex comandante del ejército aliado, las cosas parecieron calmarse en Ibos, hasta que los amigos de éste iniciaron una resistencia en las sombras con el propósito de derrocarle del poder y destapar al mundo todas sus artimañas. Decidido a evitarlo, Akkor delegó en Relic la vigilancia y el control sobre el equipo que Om creó y deshizo tiempo atrás, pero el joven consejero elevó el nivel y atacó en dos ocasiones a dicha resistencia, liderada principalmente por Vorta, Karla y Echo.

    Esto generó una escalada en ese conflicto invisible para la población, que de pronto se vio sorprendida por un supuesto atentado terrorista en los suburbios que se le atribuía a esta resistencia por orden del representante superior. Sin embargo, éste no sabía que pecó de simple durante una conversación con el máximo mandatario kharaket, llamado Zorin, durante una conversación en la sala habilitada para ello, todo mediante un comunicador de enlace cuántico para comunicaciones a larga distancia. El error de no eliminar rastro de un intercambio de información tan comprometedor, terminó con Omnius descubriendo el pacto que Akkor mantenía con los kharaket. Una información que de saberla la ciudadanía, haría temblar todos los cimientos de la Casa Superior, pues la entrega de tecnología y recursos propios a una especie inteligente la cual nadie conocía era sin duda un acto corrupto e injustificable.

    El principal líder del Consejo Superior se encontraba en su pequeña y acomodada sala en el edificio sede de su gobierno, sin saber que horas antes se había dado una reunión entre tres de sus consejeros —Om, Ziba y Valtin— y un grupo de cuatro miembros de esa resistencia contra él. Pero toda su comprensión de la situación actual estaba por cambiar para el anixis de avanzada edad, cuando decidió ver las emisiones en directo de los medios de comunicación, esperando que estos siguiesen haciendo referencia al atentado en los suburbios de Vianus. La sorpresa fue desagradable para el representante superior cuando vio que no solo no hablaban de ello apenas, sino que ahora el principal tema de conversación era él mismo. Su conversación con Zorin era de dominio público en esos instantes, al igual que el grupo de militares operativos en la sombra ya no operaba en la sombra sino que ahora había sido expuesto al mundo.

    Y la confesión de Relic ante Kendall había revelado a este como el asesino de Eeron.

    Las imágenes en las noticias eran las de los ciudadanos manifestándose con mucha fuerza, dando comienzo disturbios severos en las ciudades de Vianus, Astea y Cainia en las que se pedía un juicio público y el exilio tanto para Akkor como para Relic. Un escalofrío recorrió la columna vertebral del veterano anixis mientras veía la pantalla, al mismo tiempo que su comunicador vibraba con una llamada entrante de su operativo de confianza. Las escenas de ciudadanos anixis, humanos, sylerianos y neonianos cargando con fuerza contra las autoridades anixis le hicieron estremecerse durante unos segundos, pero rápidamente empezó a surgir en él una rabia contenida de todo este tiempo, pues había sabido manejar la situación sin exponer el conflicto a gran escala.

    Por desgracia para sus intereses, eso había pasado a la historia y ahora el mundo clamaba por su tiranía.

    Akkor, ¿lo estás viendo? — La voz de Relic sonaba temblorosa — ¡E-estamos en serios problemas! ¡L-la gente n-nos quiere exiliar!

    — Lo estoy viendo.

    ¡¿Qué hacemos, Akkor?! ¡¿Qué mierda hacemos?!

    — Voy a asumir el mando del ejército superior — Las palabras del principal y flamante líder anixis fueron una bomba para el operativo — Tú te vas a encargar de ir a por todos los que han hecho esto posible.

    Pero, ¿qué vamos a conseguir con eso? — Relic no entendía muy bien el beneficio de actuar así — ¡Si nuestra propia gente nos repudia, estamos perdidos! ¡Deberíamos abandonar Ibos antes de que nos maten!

    — ¡No me iré de mi mundo! ¡Derramaré sangre contra las subespecies si es necesario! — La furia hablaba en nombre del representante superior — ¡He sido benevolente con ellos, con Omnius, con los traidores de sus amigos! ¡Pero eso ya ha terminado! ¡Van a pagar por meter las narices en asuntos que no les competen!

    ¿Y crees que el ejército superior te obedecerá? ¿Qué hay del general Orlat?

    — Voy a tomar el control de Ibos, ¿entiendes eso, malnacido? — Akkor ya estaba harto de hablar con educación a su protegido — ¡Tú ya tienes tu tarea! ¡Quiero a todos los amigos de Omnius y Jackon muertos! ¡Tú tenías razón, hijo, hay que matarlos a todos! ¡Fue un error traerlos del viejo imperio!

    Akkor, yo… haré lo que me pides. Pero temo que podamos revertir est…

    — ¡¡¡CÁLLATE, MALDITO FRACASO!!! — Exclamó con toda esa rabia el representante superior — ¡¡¡HAZ LO QUE TE DIGO!!!

    Relic no pudo responder porque vio la comunicación cortada justo después de esos gritos hacia su persona.

    Akkor colgó la llamada en su comunicador mientras respiraba agitadamente, viéndose repentinamente sorprendido por unos golpes en su puerta y esta abriéndose inmediatamente. Dos guardias de la Casa Superior escucharon sus gritos y se asomaron, aún sabiendo todo lo que estaba sucediendo en su propio mundo.

    — ¿Ocurre algo, representante superior?

    — N-no… No, nada — Musitó Akkor, incorporándose de su cómodo sillón mientras se dirigía al guardia que le había hablado — Necesito que me lleven a la base militar, en las afueras de Astea. Es urgente.

    — Sin problema, le acompañaremos en transporte aéreo.

    — ¿De verdad? ¿Sabéis…?

    — Está en todos los noticieros y en las transmisiones de radio — Reveló el otro guardia anixis, mostrándose serio — Pero no se preocupe, somos fieles a usted.

    — ¿Por qué?

    — Usted fue quien lideró la gran arca que nos trajo aquí en el pasado, escapando de la infección de Mente Colmena y del fin de nuestro glorioso imperio. Nuestros antepasados, nuestras familias, sobrevivieron gracias a ti y ahora nosotros estamos con vida en un mundo nuevo. Créame, representante superior, no estará solo en esta lucha.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Santa del año

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de esta semana. Tras 15 días sin, hemos podido retomar la costumbre, y que bueno, porque este capítulo ha sido genial y paso a comentar.

    En la base de los mercenarios, vemos que estos se deciden a integrar a los otros dos consejeros para tenerlos de su lado, buscando así que sea un 3 vs 2 dejando a Akkor y Relic a solas ante los otros. Es allí cuando todos, aceptando la idea, deciden que es hora de reclutar a más aliados de entre los anixis. Echo, Vorta, Xerom y Kendall acuden a la Casa Superior tras haber avisado a Om de su viaje (se menciona que Orlat también va, pero luego no lo vemos en escena, eso me ha llamado la atención como sabes).

    Om se entera de lo que va a pasar, y se pone algo tenso, pues sabe que tiene que reunir a los dos consejeros Ziba y Valtin para que les puedan contar la verdad, sin que se entere ni Akkor, ni Relic y mucho menos algún otro operativo. Om se nota como un manojo de nervios andante, y no es para menos, pues un error significa la posible caída y muerte de toda la resistencia, junto con el fin de la esperanza para que la AIE tuviera voz y voto en el consejo superior. Los diálogos y gestos de Om mientras buscaba y se comunicaba con los otros dos consejeros han estado bien narrados, y se pudo reflejar bien el estrés de Om ante una situación que podría haber sido de vida o muerte, te ha quedado muy bien, amigo :/*-*\:

    Om logra llegar hasta ellos, y cuando sus aliados aparecen en escena, este les mete en la Casa Superior aprovechando su estatus. Puntos extra para los mercenarios, que cubrieron las armas con un revestimiento para que los detectores no salten, de modo que no estuvieran desprotegidos en territorio hostil :clap:

    Mientras esperan podemos ver más sobre los personajes. Echo ha estado en la Casa Superior antes, y sabe de la vigilancia que hay ahí. Kendall está tan estresado por la información y las consecuencias de lo que harán que quiere prenderse un cigarrillo, pero sabe que tiene que ser fuerte para poder dejarlo para siempre, así se hace, bebé :\*u*/:. Vorta por un lado mira a Xerom, dándose cuenta de que él, al igual que ella es leal, pero su lealtad es más al Elegido que a la sociedad, lo cual no le termina de cerrar, pero aun así la deja impresionada. Me veo venir que podría llegar a haber algo entre la mercenaria y el subcomandante, quizá la mercenaria quiera ir al ejército o el subcomandante elija operar en la sombra. En fin, a ver a dónde se van a encontrar estos dos:eyebrow:

    Luego de que entran, les ponen al corriente de todo. Valtin y Ziba descubren el trato entre Akkor y Zorin, al mando de una expedición de exiliados para los kharaket, y allí es donde los dos se cambian al bando de los buenos. Valtin ve que Akkor le ha mentido y le ha robado la nave, mientras que Ziba se da cuenta de que no se habían cortado las comunicaciones con los kharaket, sino que el propio Akkor mantenía negocios ocultos con ellos sin que se sepa más sobre esto y sin dejar en claro que beneficios habría para la población en Ibos. Ken no se queda callado y aprovecha para revelar que tiene la confesión de que Relic ha matado a Eeron e inculpado a Jackon, ya que se hizo una copia de seguridad de todo antes de que Om la borrase. Bien hecho, bebé, estás por el buen camino. Seguro Sun estaría orgullosa de ver como su hijo promueve una resistencia de forma inteligente y no violenta :bunchie:

    Con todo ya en la mesa, los consejeros se encargan de mandar la info hacia toda la población. Así, las protestas que eran de anixis pidiendo controles más fuertes y una segregación de las especies de la alianza mientras ellos protestaban contra la xenofobia, se unifican en una única protesta que va en contra de Akkor y Relic, exigiendo a ambos ser exiliados de Ibos de una vez. Akkor enciende la tele para ver cómo van las protestas de su gente, y se lleva una sorpresa enorme cuando ve que sus negocios sucios con los kharaket, la unidad de los operativos y el asesinato de Eeron han sido expuestos.

    Relic lo llama para decirles que están arruinados, y que deberían huir pues ahora su gente está en su contra. Eso es, Relic, tiembla de miedo. Te lo mereces por lo que le hiciste a mis bebés, vas a sufrir por el resto de tu vida :ewww::shani:

    Relic le dice a Akkor que deberían huir, pero Akkor le dice que asumirá el mando del ejército y peleará contra quien se oponga a él, pues cree que su mundo es suyo y que va a gobernar por siempre. Relic no está convencido, y vemos que Akkor lo insulta de gratis. No es la primera vez, y creo que Relic no va a ayudar a Akkor. Yo creo que Relic, sabiendo que tiene las de perder, se exiliará a sí mismo y escapará. Ojalá se encuentre con Jackon y este lo mate de una vez, sería glorioso :dancecat:

    Akkor recibe la visita de un soldado, quien le dice que no le interesa lo que suceda, pues él ha salvado a la especie de Mente Colmena al mudar a los Anixis del viejo imperio hacia Ibos, y que tanto él, como otros soldados y sus familias, estarán de su lado. Ahora empezará una lucha de Akkor, sus operativos y sus soldados leales para poder tomar el control del ejército superior y luego de Ibos. En fin, es una pena que haya tipos que elijan ser parte de un regimen autoritario, anazi y corrupto solo porque Akkor les ha salvado la vida, pero bueno, cosas que suceden, será otra escoria que hay que remover de Ibos.

    En fin amigo, con eso es todo. Estoy seguro de que el climax podría estar por empezar. Mientras Jackon y los exiliados tienen a Ebran y a los rebeldes del cuello, en Ibos se prepara para estallar una guerra civil. Fijo que los capítulos que faltan para que se termine esta parte van a ser una completa locura, y ya quiero ver cómo se termina todo, aunque algo me dice que Akkor y Relic seguirán vivos para molestar a mis bebés :aniscream:.

    Ojalá la semana próxima podamos repetir, o sino entre semana ya que todavía me quedan unos días más de vacaciones. Pero ya quiero que llegue la siguiente leída en simultáneo. Será hasta la próxima. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  19. Threadmarks: El guardián de Khara (I)
     
    Manuvalk

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Un saludo a todos, en especial a mi buen amigo Reydelaperdicion (con quien disfruto de las leídas en simultáneo y los ratos en Discord). Hemos llegado al capítulo diez de esta parte II y nos vamos acercando a la conclusión de muchas tramas (y al comienzo de otras) conforme avanzamos.

    No tengo mucho más que añadir, solo espero y deseo que cualquiera que haya llegado hasta aquí, sea entretenido por esta ambiciosa historia.







    El guardían de Khara (I)



    Los insurgentes kharaket liderados por aquel llamado Ebran accedieron a subir a bordo del navío Explorario por petición del comandante Vaalot, pese a las discrepancias de algunos de sus compañeros de expedición. Jackon veía en esa resistencia una oportunidad de obtener aliados en la lucha contra los operativos de Akkor, con el fin de derrocar a éste último del poder y regresar a su no tan antigua vida en Ibos.

    El líder rebelde, por su parte, estaba a la expectativa en lo que a los exiliados se refería, viéndolos como una clara ventaja para destapar a su corrupto gobierno y a su principal mandatario, llamado Zorin. Los intereses de ambos parecían confluir en un mismo objetivo, pero antes de lanzarse definitivamente a ello, debían negociar los términos y las condiciones de esa frágil alianza entre ambos bandos.

    Jackon y Ebran estaban negociando en el puente de mando de la nave únicamente con dos personas de su máxima importancia —una cada uno—, mientras el resto de sus grupos permanecían en la zona del hangar de descenso donde la multitud insurgente era mayoría contra los pocos exiliados que quedaban en la expedición tras las innumerables pérdidas desde que esta dio comienzo. Los kharaket contaban con armas bastante rudimentarias, pero eso no significaba que si se dignaran a atacar, tuviesen las de perder.

    Por suerte para todos ni ellos pretendían hacerlo ni la tripulación de la Explorario tendría que pelear, aunque la vigilancia era constante sobre los nuevos alienígenas.

    — Yo debería estar ahí dentro con él — La asiática e ingeniera Yazuke era la única miembro de la expedición en estar dando la espalda a los insurgentes, mirando el extenso pasillo que conectaba directamente con el puente de mando — Pensaba que era la persona de su máxima confianza aquí.

    — Bueno, es que Orenda está más capacitada que tú.

    La respuesta provenía del neoniano Kent, que la escuchó murmurar sus quejas. La mujer se volteó con los brazos cruzados y el semblante serio para lanzarle una mirada fulminante a su compañero de equipo.

    — No me mires así, Mia, tengo razón — Kairos mostró una sonrisa burlona — Ella es una robot.

    — ¿Cómo?

    — Lo que has oído.

    Yazuke permaneció en silencio por unos segundos, asegurándose primero de que nadie a su alrededor les podía haber escuchado. Acto seguido, la humana se aproximó al neoniano, más concretamente a su oído, en una actitud un tanto preocupada.

    — ¿Qué quieres decir con que Orenda es una robot? — La asiática susurró la pregunta para evitar posibles escuchas — ¿Literalmente?

    — No estoy jugando contigo, si es lo que crees — Musitó Kairos, borrando esa sonrisa de su rostro para ponerse serio — Sí, ella es una IA con forma humana. Y realmente se llama Oda.

    — Oda… — Mia pudo reconocer ese nombre — ¿No era así cómo se llamaba esa IA de la Nolartis?

    — Exactamente.

    — Aún recuerdo cuando fuimos de excursión al interior de esa nave durante el primer año en la academia — La ingeniera estaba verdaderamente sorprendida con esa revelación — ¿De veras es ella?

    — Sí.

    — ¿Y por qué mierda lo sabes tú y no yo?

    — Porque Oda es un as en la manga tanto para Jackon como para mi — El neoniano estaba por ponerse a explicar resumidamente lo que había sucedido hasta llegar a ese momento — Es un plan de mis camaradas, de Karla Vaalot y sus amigos.

    — Pero, ¿por qué no me dijeron nada? — Mia se sentía, como en otras ocasiones, apartada de aquellos de su misma generación — ¿Por qué Jackon no me lo dijo?

    — Porque no formabas parte del plan de extracción, es bastante evidente — Murmuró Kairos, que sabía que toda esa información influiría negativamente en la asiática — De no ser por mis mercenarios, yo tampoco lo sería. Tú y yo somos iguales, Mia.

    — No, tú y yo no somos lo mismo.

    — Claro que sí, ambos creímos tener amigos donde no los tenemos.

    — Joder, estaba mejor sola.

    — Si algo he aprendido, es que solos no podemos cambiar las cosas — Kent se acercó a la humana y apoyó su mano sobre el hombro de ella — Únete a mi grupo, creo que encajarías perfectamente en mi familia. Piénsalo.

    Kairos decidió tomar algo de distancia de la humana para evitar llamar la atención con más cuchicheos, dejándola pensativa.

    El resto de sus compañeros aguardaban a los principales líderes, esperando a que su resolución respecto a establecer una alianza entre insurgentes y exiliados fuese desvelada a todos y cada uno de ellos. Mientras esperaban, mantenían diferentes conversaciones sobre la situación que estaban experimentando, algo que Rath, Young y Uldi vivían de distinta manera.

    — No me fío de estos seres — La hacker de la expedición estaba preparada para empuñar el cañón de un Striker si se daba la ocasión — Siento como si en cualquier momento todo esto fuese a estallar.

    — Sí, especialmente si Jackon y ese tal Ebran no se ponen de acuerdo — Masculló Uldi, que no quería levantar la voz por si los insurgentes más próximos la entendían.

    — La paranoia es comprensible en esta situación — Rath, la psicóloga y exploradora neoniana, quiso calmar a sus compañeras — Pero no me parece que estos kharaket quieran dar problemas, sino todo lo contrario.

    — ¿Confías en una alianza con ellos? — La pregunta fue de la médico syleriana, que seguía comedida en sus gestos y palabras.

    — Lo creo, absolutamente.

    — Ojalá tengas razón, Rath, porque de lo contrario vamos a tener una lucha en nuestra nave y eso solo puede dar problemas — Dijo Young con cierto recelo a confiar en los rebeldes.

    Quiénes estaban más alejados de los insurgentes eran los dos anixis de la expedición, ex soldados del ejército superior que traicionaron las órdenes del que por entonces fuera el general Plaxor —influenciado directa o indirectamente por Akkor—. Ernu e Ikviek mantenían sus distancias debido a su pasado con los kharaket, especialmente durante la primera misión en el planeta de estos seres, donde las cosas se salieron de control.

    Mientras Ernu se encontraba de brazos cruzados y con un Flasher apoyado a su lado en la pared, Ikviek sujetaba firmemente su arma mientras les observaba fijamente, masticando una especie de alimento nutritivo que había obtenido de la cocina de la nave.

    — Creo saber tu respuesta, pero igualmente te lo voy a preguntar — Dijo de pronto el soldado anixis más joven — Dime, Ikviek, ¿crees que el comandante Vaalot hace bien en negociar una alianza con esta facción rebelde?

    — Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, o eso escuché decir a mi último compañero de celda, antes de ser seleccionado para formar parte de esta expedición de prescindibles.

    — ¿Quién era tu último compañero de celda?

    — Un humano con aspecto de haberse puesto bajo un propulsor de lanzadera — Murmuró el soldado anixis más veterano, mascullando debido al alimento que tenía en la boca — Pero respondiendo a tu pregunta, creo que no hace bien nuestro comandante humano. Pero es necesario.

    — Sí, bueno, tal vez tengas razón — Ernu tenía dudas al respecto.

    — ¿Y tú que piensas sobre esto?

    — Creo que estamos asumiendo un alto riesgo si colaboramos con estos insurgentes — Se sinceró el anixis, de aspecto más delgado y menos fornido que su símil — Entiendo el porqué si lo hacemos, pero puede salir bastante bien o…

    — Bastante mal, lo sé — Ikviek terminó la frase de su compañero — Sea como sea, amigo mío, es una decisión que no nos compete a nosotros. Y en el peor de los casos, tenemos billete a casa.

    — ¿Te refieres a Ibos?

    — Ibos si la cosa acaba bien — El veterano anixis se giró lentamente para mirar a los ojos a su homónimo — Ceti Nosea si la cosa acaba mal.

    Ernu asintió, compartiendo el pensar del propio Ikviek, que había mencionado el nombre del conocido planeta de los exiliados bautizado como ‘Ceti Nosea’ en un lenguaje antiguo anixis. El soldado veterano asumía que si la situación en Ibos no mejoraba o no la mejoraban ellos regresando y terminando con la tiranía de Akkor y su facción de operativos, su nuevo hogar no sería otro que el mundo en el que todos los criminales de la sociedad con delitos muy fuertes o repetidos terminaban yendo.

    Ikviek parecía el más resignado de todos los miembros de la expedición, aceptando lo que fuese que ocurriese en el devenir de las cosas, pese a no considerarse un delincuente.

    — Ahí vienen Ebran y ese comandante exiliado.

    Uno de los insurgentes captó la atención tanto de los suyos como de los miembros de la expedición, que veían como Jackon avanzaba por el pasillo en dirección al hangar donde todos esperaban, acompañado de Ebran, de Oda y de otro kharaket de confianza para su líder. Ambos referentes para sus respectivos grupos dieron un paso al frente, recibiendo todo tipo de miradas; desde expresiones de confianza a algunas con evidente recelo.

    El silencio que se formó en el hangar de la Explorario auguraba que pronto se darían respuestas a todos los presentes.

    — He tenido una conversación verdaderamente inspiradora con el comandante Vaalot de la expedición de exiliados — Empezó diciendo Ebran, en un tono serio pero calmado — Y dada la honestidad con la que me ha revelado toda la información sobre su experiencia en Ibos y su cruzada actual, he decidido también compartir mis vivencias y las de aquellos disconformes con nuestro corrupto gobierno.

    — En efecto, así ha sido. Ebran me ha contado el lazo que une a los kharaket con los anixis, más concretamente con Akkor — Continuó hablando Jackon, tomando la palabra — Y hemos comprendido, casi inmediatamente, que enfrentamos a un enemigo común. La corrupción en nuestros respectivos mundos está tan asentada que por años hemos creído tener vidas acordes a lo que sería un futuro idílico, pero el tiempo y los hechos nos han demostrado que todo era una farsa.

    — Por eso mismo, vamos a poner rumbo a Khara — El líder insurgente se encargó de terminar el discurso improvisado y compartido con el líder humano — Allí, nos equiparemos y prepararemos para hacer otro parada con el propósito de conseguir más aliados para la causa. Y posteriormente, pondremos rumbo a Ibos para enfrentar a los operativos del maldito Akkor.

    — ¡¿Y qué hay de Zorin y su gobierno de papel?! — Aquel kharaket rebelde no veía esa unión como algo justo — ¡¿Por qué iremos a su mundo a acabar con la corrupción pero no haremos lo propio en el nuestro, ahora?!

    — ¡Sí, eso mismo!

    — ¡Por supuesto, tiene razón!

    — ¡No pienso luchar por unos alienígenas que no conozco!

    — ¡Libremos Khara de la plaga de la corrupción primero!

    Jackon y sus compañeros de expedición se miraron entre sí, temiendo una revuelta allí mismo y sin comprender muy bien como iba a gestarse esa alianza recientemente oficializada por los dos líderes. Ebran alzó los brazos y los bajó lentamente, en un gesto que parecía pedir calma a los suyos. Su segundo al mando observaba, desafiante, a algunos tripulantes de la nave que sujetaban las armas con la intención de estar preparados para todo.

    Sorprendentemente, Oda dio un paso al frente y captó la atención de todos los presentes, no por su movimiento en sí sino por el sonido de su pisada. El suelo metálico de la nave parecía estar en contacto con otra superficie metálica cuando la IA con forma humana caminaba al frente. Sin decir nada, empezó a girar uno de sus brazos a una velocidad de vértigo, impactando a todos aquellos que desconocían su verdadera faceta de robot, a excepción de Jackon, Kairos, Ikviek y recientemente Mia, apenas conocedora de ello.

    — ¡¿Qué clase de movimientos puede hacer esa humana?! — Uno de los insurgentes estaba entre molesto y aterrado al ver aquello.

    — ¿Orenda…? — Rath se sorprendió bastante al ver semejante capacidad en la mujer.

    — No soy humana — Reveló Oda ante sus compañeros de expedición y los propios kharaket rebeldes, que se estremecieron al ver como se desacoplaba el brazo que había estado girando a gran velocidad desde su eje — Soy una inteligencia artificial anixis de antigua creación, modificada y mejorada por las especies aliadas, especialmente por una familia de humanos.

    Prácticamente nadie se atrevió a decir nada a semejante revelación sobre la identidad de la máquina con aspecto humano.

    La IA tenía a todos con una mezcla de asombro, estupefacción, temor y preocupación, pues sin duda evidenciaba un avance significativo en la tecnología anixis pese a venir de ser creada por antepasados de estos seres. Sin ningún tipo de expresión facial en el rostro de la robot que pudiese evidenciar algún tipo de emoción fácil de reconocer para los seres orgánicos presentes, Orenda se acercó al grupo numeroso de insurgentes, que retrocedieron rápidamente con temor.

    — Esta es mi forma de ser honesta con todos vosotros, con la intención de que me veáis como una aliada más — Oda quiso demostrar que estaba a favor de los presentes, de una sociedad justa y libre de engaños — Una prueba para que confiéis en Jackon Vaalot y todos nosotros. Esta unión no será temporal, porque si todo sale bien, Khara e Ibos serán libres de la tiranía y serán mundos hermanos.

    Ebran se aproximó a sus súbditos con una media sonrisa en su rostro mientras observaba la demostración de habilidad y confianza hecha por la máquina inteligente con aspecto humanoide. El líder insurgente asintió con satisfacción mientras se dirigía a su gente.

    — Estamos a punto de cambiar las tornas de la historia, camaradas — Dijo Ebran en un tono de seguridad y superioridad — Esta unión con estos seres será el comienzo de una nueva Khara.

    […]
    La Explorario emprendió rumbo hacia el mundo de origen de los kharaket, abandonando la órbita de Táfadon tras dos días en los que había sucedido absolutamente de todo, con las pérdidas de Nosh, Kris y Brokad en el punto de encuentro. El conflicto con la milicia del gobierno kharaket y con la resistencia de estos por el cargamento misterioso había sacado al descubierto varias cosas que ponían más aún el foco en Akkor.

    ¿Por qué entregar tecnología anixis a los kharaket? ¿Por qué los kharaket no contaban con tecnología propia? ¿Qué ganaba Akkor con ese acuerdo? Las preguntas se amontonaban no solo en la mente de Jackon sino también en la de Ebran, que no tenía esas respuestas o al menos no podía afirmar con certeza lo que él creía. Ambos se encontraban en el puente de mando junto a Oda, que se estaba encargando de la tarea de pilotar el navío en dirección a Khara.

    — No te lo he dicho antes, comandante — Musitó de pronto el líder insurgente, con una expresión apenada en su rostro — Me da vergüenza admitirlo, pero has sido benevolente con nosotros.

    — ¿Qué quieres decir? — El humano no entendía de primeras a qué se refería su nuevo aliado.

    — Pudiste matarnos a todos en el campamento, cuando os liberasteis — Dijo Ebran, mostrándose más conciliador que nunca — Tenéis las armas, la nave, la tecnología… — El kharaket observó a Oda — Una IA avanzada.

    Oda no se volteó pese a haber escuchado el comentario del rebelde, aunque tampoco es que se hubiera ofendido o molestado con ello. Ella misma era consciente de que era una ventaja en el conflicto que se estaba dando y que sus capacidades eran únicas en ese contexto.

    El comandante de la expedición asintió, estando de brazos cruzados mientras ante sus ojos se abría un mar de estrellas el cual se revelaba por el ventanal amplio con el que contaba el puente de mando.

    — Así es, pero aunque tengamos todo eso, Akkor y presumiblemente ese tal Zorin del que me has hablado, también tienen armas y tecnología avanzada — Vaalot no se las prometía felices con el devenir de la situación — Además, tu gente duda de esto. Creo que no les hace gracia que nos centremos en liberar Ibos de la tiranía de Akkor antes que tu propio mundo.

    — Lo entenderán, estoy seguro. Acabando con Akkor en Ibos e instaurando un nuevo Consejo Superior, podremos regresar a Khara con más suministros y más soldados para derrocar a Zorin y su séquito — Ebran estaba confiado, algo que contrastaba con la prudencia del humano — Al fin veo luz al final de la oscuridad.

    El líder insurgente dijo esa última frase en sentido figurado pero también aplicable para el literal, pues la luz de un sol empezaba a emerger sobre una esfera en la distancia del cosmos repleto de estrellas por el que navegaban.

    El sistema Ketenna —hogar de Pateliala, Táfadon y Khara— les daba la bienvenida al planeta natal de los kharaket, el cual tenía a una distancia prudente pero cercana a un mundo gaseoso de un tamaño colosal. Su fuerza de atracción era bastante poderosa y Oda tuvo que amplificar la fuerza de los escudos de energía de la Explorario para no verse arrastrada hacia el.

    Atención: fuerza gravitacional por encima del nivel neutro — La IA básica de la nave dio el aviso al momento.

    — Te presento al guardián de Khara — Murmuró Ebran mientras señalaba al imponente planeta gaseoso en la distancia — Mi mundo ha estado prácticamente libre de asteroides gracias a la fuerza gravitacional de Conburto. Lo consideramos el protector de nuestro hogar.

    — Se ve precioso y aterrador — El comandante de la expedición se sorprendió con el tamaño de ese mundo — ¿Esos destellos que emite desde diferentes zonas de la superficie…?

    — Son explosiones — Reveló el líder de la resistencia kharaket, sorprendiéndose de sí mismo al estar contándole parte de la historia de su especie a un nuevo alienígena — Nuestros astrónomos, antiguamente cuando nuestra tecnología era próspera, estudiaron Conburto con mucho detenimiento. Esas explosiones se deben al contacto con objetos externos.

    — Su fuerza gravitacional es tan potente que atrae cualquier objeto a la deriva en el sistema y lo destruye — Sorprendió Oda al revelar ese dato — Sin duda es un planeta de lo más interesante.

    — Absolutamente — Jackon sintió nostalgia en ese instante — Me recuerda al cinturón de asteroides que rodeaba Paraíso. Nos protegía hasta…

    — ¿Hasta qué? — Ebran tenía curiosidad.

    — ¿Has oído hablar de Mente Colmena? — Preguntó de pronto Vaalot, suponiendo que los kharaket no conocerían de su existencia.

    — Akkor advirtió a nuestro gobierno décadas atrás de la amenaza de una bacteria inteligente, creo recordar que se llamaba así.

    — Así es, bueno… Mente Colmena nos atacó y ese cinturón terminó prácticamente destruido.

    — Os protegió una última vez, de lo contrario, no estarías aquí.

    El comandante humano asintió con cierta lástima, recordando la cantidad de gente que sucumbió no solo a la batalla sino a la infección de la bacteria, como le ocurrió a su propia madre Arva. Los ojos de Vaalot se pusieron vidriosos, algo que Ebran supo identificar inmediatamente pese a ser la primera vez que veía a uno de los nuevos alienígenas llorar.

    Solo un par de lágrimas brotaron, pero fue suficiente como para que el kharaket descubriese que las subespecies de los anixis tenían corazón, al menos en general.

    — Nos estamos acercando a Khara — Informó Oda, captando la atención de ambos líderes — ¿Dónde aterrizamos?

    — En estas coordenadas — Ebran tecleó en los comandos del puente de mando, ya que conocía su funcionamiento al haber contado en Khara con algunas pocas naves y tecnología anixis — Es el poblado en el que vivimos. Evitamos las grandes ciudades porque el gobierno de Zorin nos persigue.

    — ¿Drones o satélites de los que debamos escondernos? — Jackon quería asegurarse de que no les seguían a ese poblado.

    — No contamos con suficiente tecnología, no tenemos drones ni satélites en órbita.

    — Vale.

    Entrada en la atmósfera inminente.

    — Iré con los míos, les daré el aviso de que estamos en casa.

    — Entendido, Ebran. Nos vemos en el hangar de descenso.

    […]

    La Explorario aterrizó en una extensa llanura de hierba seca a la cual golpeaba el sol con cierta crudeza, erradicando cualquier signo de plantas en abundancia que pudiera haber en la zona.

    Cierto es que a lo lejos de la ubicación, al sur, se apreciaba lo que parecía ser un bosque, pero el color amarillento de sus hojas se podía ver incluso en la distancia y denotaba que su aspecto no sería muy distinto que el de esa área en la que estaban. El clima árido de Khara no fue esperado por los miembros de la expedición, que esperaban un planeta en su clásico estado de habitabilidad; con varios colores en sus flores, agua fluyendo, climatología templada y demás.

    No obstante, pese a ello aquel mundo albergaba vida y eso era un hecho irrefutable.

    — Vivimos cerca de las montañas rocosas del norte — Señaló Ebran, rompiendo ese silencio casi sepulcral que se había instaurado en todos una vez bajaron del navío — Allí hace algo menos calor y nos podremos proteger del sol de estas horas.

    — Si, por favor — Murmuró Uldi, pasando su mano por su frente — Acabamos de llegar y ya estoy sudando.

    — Es un fuerte clima árido y hay mucha humedad en el aire — Oda compartió cierta información que sus sensores de máquina inteligente obtenían del ambiente — ¿No habrá un océano en la zona por casualidad?

    Algunos de los kharaket rebeldes retrocedieron unos pasos al escuchar hablar a la IA con forma humana, tras haber visto en primera persona su revelación como robot. Incluso algunos de sus compañeros de expedición la miraban con recelo, como si pudiese estar infectada por algún virus y no quisiesen ser contagiados.

    — Vaya, si que eres una auténtica inteligencia artificial — El líder insurgente se vio gratamente sorprendido con el comentario de Oda, a diferencia de algunos de sus símiles — Así es, hay un océano en la zona. Más concretamente, bajo tus pies.

    Algunos miraron al suelo como si esperasen estar caminando sobre agua, pero nada más lejos de la realidad.

    Khara estaba cerca de ser un planeta desértico pero lo que lo hacía diferente a estos era que contaba con acueductos naturales, los cuáles conectaban con un océano profundo que rodeaba gran parte de la corteza terrestre subterránea. Cerca de las montañas estaba el agua dulce y esa era la encargada de hidratarles.

    — Camaradas, deberíamos avanzar — Indicó Ebran, sabedor de que les esperaba un largo camino.

    — No te preocupes, podremos ir todos en las dos lanzaderas — El comandante Vaalot no tenía pensado caminar durante tantos kilómetros para llegar a dichas montañas donde estaba el poblado de la resistencia.

    — ¡Comandante! — Ernu llamó la atención de su superior — ¿Qué hacemos con la Explorario? ¿La dejamos aquí sin más?

    — Desde luego que no — La respuesta de Jackon fue clara — Necesito voluntarios para quedarse a bordo.

    — ¿Quién carajo querría robar la nave? — Young no pensaba que alguien pretendiese obtenerla.

    — Humana, te aseguro que hay gente muy desesperada en este mundo — Uno de los kharaket se dirigió a ella — Podrían adueñarse de la nave los grupos de bandidos que merodean las estepas e incluso el propio ejército del gobierno de Zorin. Estamos en una guerra civil.

    — Bah — Musitó la hacker de la expedición, quitándole hierro al asunto — Está bien, joder, yo me quedaré.

    — Al menos dos personas más deberían estar contigo — Con seriedad, Jackon señaló a dos acompañantes de Young — ¿Rath? ¿Uldi?

    — No tengo problema en quedarme, comandante — La psicóloga neoniana no puso objeción alguna a ser elegida para quedarse atrás.

    — ¡Gracias! — Uldi, que no contaba con casi habilidades como exploradora ni soldado, agradeció bastante el quedarse a bordo de la nave — Sí, me quedo, gracias.

    — Yo y Orenda pilotaremos las lanzaderas — Ernu se ofreció y ofreció también a la IA con forma humana — ¿Orenda? ¿Oda? Lo que sea.

    — Está bien — Asintió ella con obediencia.

    — En ese caso, ya está todo claro — Jackon observó al resto de su tripulación y finalmente al líder insurgente con el que tenía una alianza recientemente pactada — ¿Nos recibirán con naturalidad en tu poblado?

    — Si vais junto a nosotros, no habrá problema.

    Una vez las lanzaderas descendieron, tras hacer el trayecto desde la explanada donde aterrizó la Explorario hasta el poblado escondido de la resistencia kharaket, parte de este grupo liderado por Ebran y la mayor parte de la expedición comandada por Jackon salieron de los vehículos aéreos.

    Los habitantes de ese lugar se veían viviendo en condiciones humildes, recogiendo agua de pozos hechos por ellos mismos o de sumideros naturales, de los cuáles provenía el agua de manantiales naturales en las montañas más próximas del norte. Algunos vestían con ropajes simples y sencillos, siendo los civiles, mientras aquellos que formaban parte de la resistencia militarizada contra el gobierno de Zorin portaban una vestimenta idéntica y destacada, especialmente por las armas blancas que llevaban.

    — ¡Ebran, hijo mío, cuánto me alegra verte!

    Una kharaket de aspecto envejecido y algo pequeña a diferencia de los demás, se aproximó al líder insurgente en cuanto lo vio.

    El resto de ciudadanos del poblado observaban con curiosidad y miedo a los alienígenas recién llegados con aquellos a quiénes consideraban héroes por estar combatiendo por una causa en la que creían. Gracias a los traductores universales que todos portaban —cortesía de la tecnología anixis, expandida al parecer por diversos cúmulos y sistemas durante su gran expansión con el viejo imperio—, los tripulantes de la Explorario podían entender el lenguaje local en el que se expresaban todos los kharaket.

    — Tranquila, Yaya, estoy bien — Ebran acarició el rostro de la anciana — ¡Logramos obtener el cargamento en Táfadon!

    Algunos rebeldes alzaron sus lanzas en señal de aprobación mientras celebraban con efusividad, pero unos pocos se aproximaron a su líder mientras observaban a los alienígenas recién llegados con seriedad, especialmente porque las armas de fuego las tenían ellos.

    — ¿Y dónde están? — Preguntó uno de los miembros de esa resistencia.

    — Por lo que veo, las tienen estos seres desconocidos en sus manos.

    — ¿Qué es esto, Ebran?

    — Calma — El joven líder quiso apaciguar las dudas y la tensión en algunos de sus camaradas — Estos alienígenas son de confianza. En un principio les enfrentamos, pero lograron repeler al escuadrón de Draux y nos demostraron que no quieren problemas.

    — Eso no me parece motivo suficiente para traerlos a la aldea — Uno de los insurgentes estaba disconforme con la explicación de su líder — ¡Podrían estar del lado de Zorin y delatar nuestra posición! ¡Somos un blanco fácil!

    — ¡Son nuestros aliados! — Exclamó Ebran con cierto enfado, captando así la atención de mayores, jóvenes y pequeños — ¡Han venido a ayudarnos, pero antes debemos prepararnos para atacar! ¡Iremos a acabar con el principal culpable de nuestra precaria situación!

    — ¡¿Atacar?! ¡¿Atacar a quién?!

    — ¡Pero si no tenemos armas!

    — ¡¿Ir a dónde?!

    — Las armas del cargamento más las de nuestra nave — El comandante Vaalot decidió tomar la palabra para no dejar a Ebran solo — Iremos a Ibos para terminar de una vez por todas con la tiranía de Akkor. Es el responsable de que viváis escondidos y de que el resto de vuestro mundo tema al gobierno de Zorin y al ejército comandado por Draux. Están colaborando con él, el principal líder de la sociedad anixis y en la cual otras especies, las nuestras, están aliadas. Ha resultado ser un engaño y nos tienen sometidos casi sin siquiera saberlo, pero eso cambiará. Tenemos compañeros luchando en Ibos por revelar a la ciudadanía la corrupción del propio Akkor y una vez lo derroquemos, Khara podrá ser liberada con todos los recursos que hagan falta. ¡Pedimos ayuda para devolverla con intereses!

    Mientras algunos de los presentes enmudecieron al escuchar a Jackon, pensativos tras las palabras del humano, otros se mostraron reacios o dubitativos a que eso pudiese ser posible e incluso unos pocos negaban con la cabeza y afirmaban no creerse nada de lo que el comandante decía.

    — ¡Dudo mucho que eso sea así!

    — ¡¿Qué garantiza que si os ayudamos, vosotros lo haréis?!

    — ¡Seguro que es todo una farsa, no le escuchéis!

    — ¡Basta! — El líder insurgente no toleró más comentarios — ¡Esta unión puede cambiar el curso de nuestra historia!

    — Hijo mío, ¿cómo se llama ese ser que habla con convicción?

    — Su nombre es Jackon Vaalot. ¿Por qué lo preguntas, Yaya?

    La anciana kharaket centró su mirada en el comandante de la expedición, que a su vez la veía aproximarse a él mientras sus compañeros observaban la escena con cierta extrañeza y curiosidad por ver que ocurriría. Yaya, que era como se llamaba la mujer de avanzada edad, tomó de las manos a Jackon, que se dejó pese a estar un poco asustado por si le intentaba hacer algo.

    Para sorpresa del hombre, Yaya le sonrió y colocó una mano sobre el centro de su pecho para luego dirigirla hasta el lado izquierdo, donde empezó a sentir los latidos de un corazón humano. Rebeldes y exploradores miraban con atención y en completo silencio la escena, como si estuviese sucediendo algo único y especial.

    Incluso los niños kharaket se acercaron a Yaya, viendo que si ella no temía, ellos tampoco tenían porqué hacerlo.

    — Siempre creí que el guardián de Khara sería un kharaket, incluso la leyenda sobre Conburto parecía así afirmarlo — Yaya veía como Jackon se sentía algo nervioso y extrañado, pero eso solo provocó en ella una sonrisa genuina — ¿Lo sabías, joven? Conburto era un joven explorador kharaket, el primero en salir de nuestro mundo y viajar por las estrellas. Por eso le pusimos su nombre al planeta que vela por la protección del nuestro.

    — N-no lo sabía… — Vaalot no sabía qué hacer, mientras veía como toda la atención del lugar estaba centrada en él — ¿Qué significa todo esto?

    — Que quizá las viejas historias no siempre se refieren a quiénes las cuentan — Yaya se tomó una pausa — Quizá solo basta el fuerte corazón de un ser noble que viene de fuera, para dar esperanza a todo un mundo.
     
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