Ciencia ficción Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior

Tema en 'Novelas' iniciado por Manuvalk, 16 Noviembre 2025.

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    Manuvalk

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    Título:
    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    5826
    Un saludo a todos los que se aventuren a leer esto, ya sean curiosos o conocedores de este universo ficticio, bautizado como Los Viajeros. Antes de dejaros con el comienzo de la parte II (tenéis las guías de personajes, la cronología y demás en mi blog), quiero agradecer a mi gran amigo Agus estresado por estar siempre aquí, disfrutando (aunque no siempre XD) con esta historia de mi autoría. Espero que esta parte que se viene sea de su agrado en términos generales. Dicho esto, ¡hora de leer!


    El fuego prueba al oro. La adversidad prueba al hombre”.

    Séneca





    Sinopsis: La expedición clandestina orquestada por Akkor ha dado comienzo, teniendo que entregar un cargamento misterioso a los kharaket, una especie inteligente con la que los anixis contactaron en el pasado y con la cual el representante superior tiene un pacto secreto. Por otro lado, en Ibos, parte del grupo tiene decidido enfrentar el lado corrupto del Consejo Superior pese a las consecuencias que puede tener semejante movimiento. ¿Podrá la expedición cumplir con su misión y regresar a Ibos en el mismo intento? ¿Lograrán los aliados derrocar el poder tiránico de sus enemigos sin perder sus vidas en el proceso?




    Conflicto





    Tres semanas después


    Estar lejos de tu hogar puede ser difícil, pese a que puedes sentir el calor de tus seres queridos, brindándote energía allá donde estés. Nunca he recordado un instante en el cual mi vida fuese fácil; nunca lo fue. Desde el momento en el que nací estaba destinado, inconscientemente, a cargar con un legado que desconocía pero con el que tenía un vínculo inquebrantable. Mi madre nos educó sola, a mí y a mi hermana, conforme pudo. Pero éramos una familia más grande; amigos, hermanos… pronto descubrí que ellos también eran mi familia. Y pese a mi deseo de partir, de ver otros mundos que deleitaran mis ojos, mi corazón siempre estaba con ellos. Lo sigue estando esté a los años luz que esté de mi familia. Volveré a casa aunque sea lo último que haga.


    Jackon esquivó con asombrosa facilidad el golpe directo de su oponente, pese al largo rato que llevaban enzarzándose entre sí sobre la lona predispuesta para el conflicto amistoso. Aunque a la hora del conflicto nadie era amistoso.

    La sudor recorría sus rostros mediante diversas y pequeñas gotas que se formaban debido al exigente esfuerzo físico que estaban teniendo durante una larga hora, pero eso no impedía que los combatientes siguiesen dando lo mejor de sí. Ninguno de los dos había sido derribado por más de cinco segundos sobre el área delimitada para la lucha, siendo una norma que ambos impusieron una vez estuvieron de acuerdo.

    Aquellos que espectaban el encuentro a pocos metros de distancia no podían evitar murmurar, asombrarse e incluso aplaudir los diferentes movimientos. El comandante de la expedición estaba enfrentando a su viejo conocido neoniano, quién le propuso una pelea al comienzo de la misión.

    — Son increíbles — Musitó Young, dándole un pequeño toque a quien tenía a su lado — ¿No te lo parece?

    — Sublime, desde luego — Contestó Ernu, uno de los anixis que formaba parte de la cruzada clandestina — Aunque sus movimientos ya empiezan a ser predecibles. El agua termina desgastando al metal.

    Kairos enlazó una serie de patadas a la altura de la cintura que Jackon se vio obligado a bloquear, contraatacando con un gancho indirecto de izquierda que terminó por convertirse en un amago, pues el humano pateó con su pie derecho a la rodilla de apoyo del neoniano, haciendo que éste se inclinase hacia él para finalmente asestarle un puñetazo contundente en el rostro.

    El derribo fue instantáneo y tras el se escucharon algunos vítores por parte de aquellos que observaban el entrenamiento de alto nivel entre el comandante de la expedición y uno de sus miembros.

    — ¡Y eso son cinco segundos en la lona! — Indicó con energía aquel que hacía de árbitro, siendo este Yeved, otro de los neonianos presentes — ¡Oficialmente el ganador es el comandante Vaalot! ¡Y ya son tres seguidas!

    El líder de la expedición levantó el puño en señal de victoria y algunos de los presentes le aplaudieron el gesto, a excepción de unos pocos que aún no habían terminado de entrar en la dinámica del grupo.

    Las diferencias entre todos ellos eran notables, pero mientras algunos las habían dejado a un lado para colaborar en el éxito de la misión, otros se habían mantenido fríos y distantes en todas las ocasiones en las que había que interactuar.

    Jackon tenía un labio partido, pero eso no le importaba en absoluto. Estaba celebrando haber derrotado en un combate cuerpo a cuerpo a Kairos, quien se estaba incorporando ayudado por Yeved y Horn.

    — Buena pelea, jefe — Kent le tendió una mano a su superior mientras con la otra se encajaba de nuevo la mandíbula — Pero no te descuides, no perderé la revancha.

    — La estaré esperando con ansias, compañero — Sonrió Vaalot con cierta prepotencia.

    El comandante alzó la vista una vez se saludó cordialmente con el neoniano, momento en el que se percató de la presencia, a cierta distancia —casi al fondo del gimnasio—, de Oda.

    La inteligencia artificial con forma humana se encontraba seria y de brazos cruzados, habiendo observado toda la pelea. La robot ya le había dejado claro a su superior que no aprobaba esas cosas.

    — Jackon, ha sido increíble de ver — La ingeniera Yazuke se aproximó a él, comprobando la herida que éste tenía en el labio — Déjame ver.

    — No es nada — Musitó él, restándole importancia — Luego le diré a Uldi que le eche un vistazo.

    — Podría hacer eso yo, ahora — Insistió la asiática, mostrándose amable y servicial.

    — Ahora no — Dijo Vaalot, tajante — Te lo agradezco, Mia, pero me voy a duchar y enseguida debo preparar el descenso de mañana.

    — Es cierto… mañana llegamos a las coordenadas marcadas — La mujer no parecía muy entusiasmada con la respuesta de su líder y con la misión en si — ¿Qué sabemos sobre ese mundo?

    — Tenemos los datos, mañana os los comunicaré a todos justo antes de partir a su superficie — Jackon se veía un tanto serio, como si ya se hubiese instalado en su mentalidad de comandante — Si me disculpas…

    — Por supuesto, comandante.

    El hombre se dirigió a la salida mientras en el proceso algunos de sus soldados e ingenieros le felicitaban por la victoria. Un tablón electrónico marcaba los combates que ya se habían dado entre los miembros de la expedición que quisieran participar, siendo tres victorias para Jackon, dos para Kairos y otras dos para Brokad, el neoniano con implantes tecnológicos.

    Evidentemente no todos habían decidido participar en esos combates, por lo que todavía quedaban muchos posibles emparejamientos y por ende muchas luchas de lo más interesantes entre soldados tan dispares.

    — Jackon — Oda frenó el avance del comandante, quién pasaba por su lado para salir de esa amplia sala que contenía armería y gimnasio — Te necesitamos en la mejor forma para mañana. No me parece correcto haber empleado tu energía física de hoy en una pelea irrelevante para nuestros intereses.

    — A veces pareces un robot, Orenda — Le dijo Vaalot con cierta ironía, quitándole hierro al asunto — Estoy bien, tengo energía para hoy y para mañana tendré mucha más.

    — Mañana podría ser el encuentro con los kharaket y no sabemos cómo van a reaccionar, pese al acuerdo que tengan con Akkor.

    — Soy consciente de ello, pero contamos con Ikviek y Ernu. Ambos conocen a los kharaket y podrán advertirnos de sus movimientos.

    — Eso no significa nada — Insistió la IA con forma humana, tratando de no hablar alto para llamar la atención de otros — Lo que sabemos por parte de Akkor es que les corresponde la entrega de un cargamento, pero no sabemos ni que contiene esa caja ni que pretenden esos alienígenas. Simplemente te digo que seamos cautos, nuestra prioridad es regresar a Ibos.

    — ¿Te crees que no lo sé? — Jackon se sentía constantemente vigilado por Oda y así se lo hizo saber — No eres mi niñera y yo soy el comandante. Sé muy bien lo que hago.

    A esas palabras las acompañó la espantada de Vaalot, que se marchó rápidamente del lugar mientras Orenda permanecía quieta, procesando todo lo que el humano le había dicho.

    Para una robot que no tenía emociones como tal pese a que las reconocía, todo era interpretado de una forma más analítica y lógica, por lo que no se tomaba personal nada de lo que se le dijese. El resto de tripulantes que estaban presentes en el área, a excepción de unos pocos, decidieron marcharse también del lugar.

    Fare, la científica de la nave Explorario, pasó por al lado de Oda y pensó que podría estar preocupada por el comandante Vaalot, pues les había visto hablar.

    — No te preocupes por el comandante, Orenda — La syleriana de aspecto delgado y fino decidió mostrar su afecto al colocar una de sus manos en el hombro de la ‘humana’ — Es más inteligente y fuerte de lo que parece, al menos para mi.

    Oda asintió, mostrando una falsa sonrisa.

    Y es que la mujer robot debía disimular las emociones humanas —que eran casi las mismas que las del resto de especies— para pasar más inadvertida, puesto que mostrarse con total frialdad o seriedad podría extrañar a muchos de los tripulantes, pese a que no todos eran especialmente emocionales con los demás. Sin embargo, sabía que era muy relevante el crear conexiones de ese calibre con otros miembros de la expedición para así tener posibles aliados para sus intereses si se prestase el momento para la ocasión de necesitarlos.

    Todos se marcharon de la armería/gimnasio a excepción de Nosh, que decidió quedarse en el banco de trabajo para realizar una serie de modificaciones a un Flasher por el cual se quejó Ikviek, ya que según él durante su práctica en la misma sala —donde también estaba la galería de tiro—, el arma no respondía del todo bien a las órdenes de disparo cuando éste apretaba el gatillo.

    Y sabiendo que el humano era uno de tantos que tenía dotes de ingeniería, recibió el pedido por parte del ex soldado anixis, que veía en Nosh a un tipo callado e introvertido que apenas había interactuado con nadie durante todo este tiempo, a excepción del propio Ikviek.

    — ¡Te he dicho que mis modificaciones funcionan perfectamente!

    Nosh escuchó de pronto como varios pasos resonaban en dirección a su área de trabajo, volteándose para ver que efectivamente así era. Brokad, el neoniano que tenía por extremidades piezas de ingeniería robóticas —piernas y brazos a los cuáles se les podían ver todas las piezas, expuestas a la vista de cualquiera— llegaba hecho una furia y persiguiendo a Kris, syleriano y otro de los ingenieros presentes en la expedición.

    Éste elevaba sus ojos al cielo en señal de agotamiento mental, lo cual le producían las incesantes quejas y reproches del soldado neoniano. Ninguno de los dos prestó especial atención al humano que se encontraba reparando uno de los Flasher de la armería.

    — ¡Vale, Brokad, déjame en paz! — Exclamó Kris, girándose para confrontar al soldado — ¡Solo te he dicho que les vendría bien contar con una capa metálica como protección para evitar que se deterioren las piezas más rápidamente!

    — ¡No quiero ninguna protección de esas! — Contestó Brokad con arrogancia — ¡Además, tal cuál están dan más miedo!

    — ¡¿Qué te hace pensar que los kharaket o cualquier especie pueda temerte por llevar implantes cibernéticos como extremidades?!

    — ¡Parezco una máquina andante, Kris! ¡Puedo correr a más velocidad que cualquiera de esta nave, puedo trepar más ágilmente y no puedo quedarme sin extremidades en combate!

    — Si puedes, solo basta con que varias balas impacten en los conductos que enlazan con tu sistema nervioso y quedarían inutilizadas.

    — ¡Ninguna maldita bala va a penetrar todas las capas!

    — ¡Maldito idiota! ¡¿Qué capas?! ¡Llevas cero protección!

    — ¡La protección es para inútiles que tienen miedo! ¡Yo no temo a nada!

    — ¡Pues mucha suerte si hay algún tiroteo ahí fuera!

    — ¡Parece que la toxicidad de Syleria la lleváis los sylerianos en la sangre!

    Brokad decidió terminar la discusión ahí, emprendiendo el camino hacia la salida y dejando a Kris allí mismo, a solas con Nosh. Ambos ingenieros se miraron entre sí mientras el syleriano negaba con la cabeza, apoyando sus manos sobre su propia cintura en un claro gesto desalentador.

    — Hola — Rath, la neoniana psicóloga y experta en el contacto con otras especies, apareció repentinamente en la zona — ¿Por casualidad no habéis visto a Ikviek? Le toca una sesión conmigo.

    — No, no lo he visto — Murmuró Kris, al mismo tiempo que Nosh negaba con la cabeza sin decir palabra alguna — Si lo vemos, le diremos que le esperas…

    — En mi camarote — Explicó ella — Allí trato a la tripulación, ya que no tengo una sala habilitada.

    — Bueno, dínoslo a nosotros los ingenieros — El syleriano señaló toda la sala en la que se encontraban, la cual compaginaba armería, gimnasio y banco de trabajo a la vez.

    Rath asintió sin querer proseguir más de la cuenta con esa conversación, decidiendo por el momento seguir buscando al soldado anixis con el cual tenía una conversación pendiente. La neoniana avanzó por los diferentes pasillos de la Explorario, pero no encontraba a Ikviek hasta que se dio de bruces con él saliendo del almacén previo al puente de mando.

    — Tenemos una sesión — Indicó ella, un tanto molesta por tener que ser la que fuera a buscarle a él.

    — Disculpa, Rath — Musitó él, señalando al puente de mando — Pero no podrá ser hasta dentro de un rato.

    — ¿Y eso por qué…?

    El soldado señaló directamente a Plaxor, que se encontraba en el puente de mando junto a Horn y Jackon, al parecer en lo que estaba siendo una discusión acalorada entre el ex consejero anixis y el comandante junto a su piloto.

    Ikviek no estaba dispuesto a perderse la oportunidad de ver que estaba ocurriendo para aportar su punto de vista, pues el ex soldado chocaba fuertemente con las ideas de su antiguo general en el ejército superior y siempre aprovechaba cualquier ocasión para confrontarlo.

    — ¡Ya te he dicho que deberíamos descender con las lanzaderas, no con la Explorario! — Plaxor estaba bastante cerca del piloto humano, que sin embargo, no le tenía miedo aparentemente — ¡No podemos exponer la nave a ningún contratiempo y Pateliala es un mundo difícil!

    — ¿Qué está pasando aquí? — Ikviek no se lo pensó dos veces a la hora de intervenir en esa tensa discusión, siendo acompañado por Rath — ¿Otra queja más sobre el proceder de los demás?

    — Habló el saboteador número uno — El ex general del ejército superior atacó al que fuera su ex soldado en un tiempo pasado — No tienes ni voz ni voto en esto.

    — De hecho, sí lo tiene — El comandante Vaalot confrontó también al anixis que Akkor había metido en la expedición para controlar el curso de esta — Toda la tripulación tiene derecho a hablar porque así lo quiero. Aunque el que toma las decisiones soy yo.

    — Recuerda que quién manda es Akkor, tú solo eres su experimento favorito — Plaxor apretó los puños y los dientes al decir eso — Como iba diciendo, no podemos aterrizar con la nave en Pateliala. Hace un largo tiempo de la última vez que se hizo el contrabando con los kharaket y el punto de encuentro podría estar comprometido, además de que las condiciones climáticas no son muy favorables ahí.

    — La IA de la nave está realizando el escaneo planetario — Indicó Horn, el piloto, de brazos cruzados y gesto indiferente ante las quejas del ex consejero — Para el descenso de mañana tendremos toda la información.

    — ¿Has mandado mensaje a la baliza que detectamos al entrar al sistema? — Jackon sabía que debían informar a la especie dominante de la zona sobre su presencia — Deben saber que estamos en las coordenadas.

    — Lo hice, pero no hubo respuesta — Musitó el piloto humano, alzando los hombros — Ha pasado un día completo y nada.

    — Esto no me gusta… — Plaxor era pesimista por naturaleza.

    — Aquí debo coincidir con el gruñón — Indicó Ikviek, un soldado veterano con bastante experiencia en su campo y sobre los kharaket — Si no contestan, es extraño. Propongo descender armados y con una de las lanzaderas, ser un equipo pequeño nos vendría bien para analizar la situación y no exponernos a todos. Eso sí, sin el cargamento.

    — Concuerdo contigo, Ikviek — El líder de la expedición pensaba prácticamente lo mismo — Plaxor, no es mala idea la tuya, ya ves que podemos trabajar todos juntos. Pero tu actitud lo complica todo.

    El ex consejero lanzó un gruñido como respuesta y optó por marcharse del puente de mando, dejando a solas a los dos humanos, al anixis y a la neoniana. Fue precisamente esta última la que se quedó mirando a Plaxor, consciente de que le vendría bien tener una sesión con ella para expresar el porqué de toda esa ira en su interior. No obstante, ya habría tiempo para ello.

    La psicóloga —y a su vez exploradora— del navío vio como Horn realizaba una serie de comandos en el puente con el objetivo de aproximar la Explorario al planeta de nombre Pateliala. Todo esto mientras Ikviek le comunicaba algo al comandante de la misión.

    — Sabes que este tipo va a darnos problemas, ¿verdad?

    — Lo suponía desde el principio.

    — No sé si lo has pensado, pero él es el único enlace directo con Akkor — Dijo el veterano anixis en un tono bajo para evitar que Rath o Horn le oyesen — Y sé que como soldado que eres, tienes un plan para regresar a Ibos. Pero no todos aquí queremos regresar a ese mundo.

    — ¿Quieres irte al planeta donde están el resto de exiliados?

    — Seguro que allí las cosas son más justas que con el Consejo Superior.

    — Allí siguen dependiendo del Consejo.

    — No completamente. Según tengo entendido, hay un sistema el cual hace funcionar todo allí.

    — Bueno, por el momento la misión es…

    — Esta misión solo le interesa a Akkor y Plaxor — Ikviek estaba siendo completamente sincero con el comandante respecto a lo que pensaba — A menos que los kharaket sean útiles para ti, no entiendo el motivo por el cual seguimos haciendo esto, cuando podríamos lanzar a Plaxor por una esclusa al espacio exterior y volar hacia las coordenadas del planeta de exiliados.

    — No tenemos esas coordenadas, Akkor nos las dará cuando terminemos con esto — Jackon había pensado en todo — Comprendo que tengas tus metas, Ikviek, pero necesitamos cumplir con la misión antes de siquiera planear qué hacer. Además, como bien dices, los kharaket podrían ser útiles.

    — En base a mi experiencia con ellos, solo son un lastre — Murmuró el anixis, que no se veía por la labor de seguir tratando ese tema — En fin, tú verás, Vaalot. Supongo que Akkor te designó comandante de esta expedición porque al final sabía que obedecerías como un siervo.

    Jackon vio como Ikviek se marchaba del puente de mando y no pudo evitar sentir como un brote de rabia le recorría el cuerpo, pues esas palabras por parte del anixis eran un claro ataque sutil a la parsimonia con la que el actual comandante se tomaba sus intereses respecto la misión. Sin embargo, el humano decidió serenarse, sabedor de que sus objetivos no habían cambiado pero entendiendo que por el momento necesitaba seguir el plan establecido.

    Su instinto le decía que los kharaket podrían ser útiles de alguna forma, por lo que no quería desaprovechar esa oportunidad, además de que le intrigaba ver que tipo de cargamento transportaban pese a que por el momento no tenían forma de abrirlo.

    Fuese lo que fuese, el comandante Vaalot alzó la vista y la centró en Pateliala, un mundo de color blanco ante sus ojos el cual sería su próximo destino.

    […]

    El humo de un cigarrillo se elevaba hacia arriba con lentitud, creando diversas formas gracias al movimiento del aire en una corriente de viento producida por varias ventanas abiertas.

    El bullicio de la ciudad de Vianus en su frontera con el exterior era menor que en el centro, pero eso no evitaba que los sonoros trabajos de reconstrucción en la zona no se colasen al interior de los apartamentos.

    Dicho cigarro se encontraba sobre un escritorio, concretamente en un cenicero que se veía impoluto hasta que el tabaco empezó a dejar caer la ceniza mientras se iba consumiendo.

    Kendall observaba como aquello que había sido su vicio durante los primeros años en Ibos, se evaporaba con el paso del tiempo ante sus ojos. Un humo blanco y espeso producido por el fuego que ardía en el interior del pitillo daba al detective la posibilidad de imaginar formas con el, gracias a como se mecía en el aire con suavidad. El hombre se tocó el costado derecho de su torso, sintiendo la cicatriz casi imperceptible que le había dejado la operación que tuvieron que realizarle.

    Ahora solo contaba con un pulmón natural y otro artificial, que era el que le habían implantado tras perder el suyo propio.

    — ¿Kendall…? ¿Estás ahí?

    Xom alzó la vista y la centró en la puerta de su pequeño apartamento.

    Su vista se topó con la pantalla que producía el humo del cigarrillo. El detective abrió el primer cajón de varios con los que contaba su escritorio y sacó de este un Striker reconvertido a pistola, dejándolo sobre la mesa.

    Tras unos segundos de completo silencio solo interrumpido por el sonido de la productividad de un nuevo día en Vianus que entraba por las diversas ventanas abiertas, el hombre dio el visto bueno a esa visita.

    — Estoy aquí. Pasa.

    La puerta ya estaba abierta, así que el visitante solo tuvo que accionar el pomo para obtener el acceso al despacho del detective. Kendall ni se inmutó cuando vio entrar al representante de la Alianza Interestelar de Especies, aquel que le contrató para una misión clandestina que terminó evaporándose como el humo de ese cigarrillo que estaba por apagarse solo.

    Omnius se quedó de pie frente al detective, mirando por un momento ese cigarro que emitía constantemente su toxicidad al ambiente del lugar.

    — ¿No lo habías dejado?

    — Ni lo he tocado — Musitó Kendall, sin mirar directamente a los ojos de su principal líder — ¿Qué quieres, Om?

    — Saber cómo estás — El syleriano tomó asiento frente al anfitrión — Desde que te dieron el alta que no he sabido nada de ti. Y de eso ya hace más de una semana.

    — ¿Qué quieres, Om? — El humano sabía que no estaba allí simplemente por conocer su estado de salud — ¿Esperas que te dé las gracias por haber hecho un trato que salvara mi vida?

    — Bueno, no me quejaría si me lo agradecieras.

    — Pues no lo vas a oír de mi boca — Contestó Xom, tajante — Salvaste mi vida a costa de la de otros que se han ido exiliados y a los cuáles probablemente no volvamos a ver. Hubiese preferido mil veces antes que guardaras la confesión de Relic y yo hubiese muerto.

    — Ken, no me creo que pienses así…

    — ¡Yo no tengo a nadie aquí conmigo! — Exclamó el detective, golpeando la mesa con sus puños — ¡Jackon tiene a su hermana y su pareja aquí! ¡Otros exiliados también tienen a sus familias!

    — Tú eres familia mía y del grupo, amigo — Paokt intentaba justificar su decisión desde que la tomó, pese a que nadie de aquellos a los que consideraba de su familia les convenciese — Jackon, Kairos, Mia… han sido exiliados, sí. Pero no están al borde de la muerte como lo estabas tú. Yo os metí en esto y no quería perder a nadie. La muerte de Eeron aún pesa…

    — Ser exiliado bien podría significar acabar muerto allá donde sea que hayan sido llevados — Le contra argumentó el hombre con rasgos asiáticos — Me da igual que sea una colonia y que el Consejo la provea de suministros o no, de que tengan un sistema de gobierno o un líder allí… es un mundo sin ley. Y has dejado que los nuestros se fueran injustamente allí, haciendo un trato de mierda con un hijo de perra corrupto que nos tiene en la palma de su mano. No pierdas el tiempo en darme explicaciones sobre porqué te pareció tan bien escoger este camino, Om. Para mí, te equivocaste y no tengo ningún interés en pretender que no me importa. Ahora, si me permites, estoy muy ocupado…

    El gesto de Kendall señalando la puerta fue bastante revelador para Paokt, que entendió perfectamente que no era muy bienvenido en el piso franco del detective.

    Aceptándolo con entereza a pesar de que le dolía, el representante de la Alianza y aún miembro del Consejo Superior, se incorporó de su asiento y emprendió el trayecto hacia la salida con el semblante serio. No hubo un adiós ni un hasta luego de despedida, no hubo palabras más que las que ya se habían dicho. Eso era, en cierto modo, suficiente para saber como estaban las cosas entre Omnius y el resto de esas personas que eran de su familia. La situación era la que era tres semanas después de todo lo sucedido.

    Cuando Xom se percató, el humo del pitillo había dejado de salir de este, lo que quería decir que ya se había apagado.

    — Debería prepararme — Murmuró para sí mismo, tomando la pistola que tenía sobre la mesa junto a otras pertenencias — Me están esperando.

    El detective tomó todo lo que consideraba necesario para su breve viaje y salió de su apartamento, dirigiéndose a una zona próxima en la que aparcaba su lanzadera de uso personal.

    Kendall se sentó en el asiento de conductor y activó los propulsores del vehículo aéreo, elevándose sobre el asfalto hasta tomar una altura considerable, rotar la lanzadera y apuntar con ella hacia la dirección en la que debía ir. Apenas le iba a tomar diez minutos al trayecto que, de ser andando, sería media hora larga.

    Su destino no era otro que el Distrito Neonia, donde le estaban esperando aquellos que compartían su misma visión de seguir presionando al Consejo Superior.

    Cuando el hombre llegó, se encontraba sobre un área rodeada por chatarra, un tanto alejada del núcleo urbano del distrito neoniano. Había viejos transbordadores y lanzaderas desmontadas a piezas entre todo tipo de materiales tecnológicos que se recolectaban para reciclarlos allí. Justo en el centro había una pequeña explanada que bien podía servir como zona de aterrizaje, lugar en el que Xom optó por hacer descender su vehículo aéreo al ver que había otro más ubicado en esa zona.

    En cuanto aterrizó, apagó los propulsores y salió del vehículo, un neoniano y una syleriana se aproximaron a él. No destacaba nada en ellos, a excepción de una marca idéntica que portaban en una de sus cejas; una cicatriz que parecía más hecha a propósito que en algún accidente.

    — ¿Kendall Xom? — La pregunta provino del neoniano, que quería corraborar la identidad del recién llegado.

    — Ese soy yo — Musitó el hombre de rasgos asiáticos.

    — Síguenos — Le indicó la syleriana — Tus amigos y nuestra líder te esperan en el subsuelo.

    — ¿Perdón? — Kendall no comprendió a qué se refería — ¿Vamos a un sótano?

    — Algo así — Espetó el neoniano, con la vista al frente — Un punto de encuentro en la clandestinidad.

    El humano suponía lo que querían decirle esos dos mercenarios y en su interior agradecía el no tener que usar más su apartamento como piso franco para reuniones que involucraban investigar al Consejo Superior, más que nada porque eso hacía que su propio hogar fuese un objetivo si los operativos de Akkor descubrían que allí llevaban a cabo reuniones secretas para atentar contra sus intereses.

    Los dos guardias guiaron a Xom hasta un contenedor rodeado por todo tipo de piezas de vehículos aéreos. Una vez dentro, cerraron tras de sí la puerta. El interior del contenedor se veía como si se tratase de un pequeño refugio con un catre y poco más, pero el neoniano se acercó a una alfombra y la levantó para revelar un compartimento.

    La syleriana le ayudó a abrirlo y Kendall pudo ver que había unas escaleras que llevaban hasta el subsuelo.

    — Baja por estas escaleras y te encontrarás con alguien — Le indicó el neoniano, que se acercó a una pequeña mesa en la cual había dos Striker que parecían haber sido limpiados — Nosotros nos quedamos vigilando.

    — Vale, entendido.

    El detective empezó a bajar por las escaleras mientras escuchaba como cerraban ese compartimento secreto tras de sí. El lugar se sentía algo polvoriento y eso le hizo toser tímidamente un par de veces mientras descendía a esa especie de sótano clandestino. La luz allí era rudimentaria, pudiendo verse bombillas y cables mal colgados por la pared de piedra en lo que era un pasadizo iluminado que le llevó a encontrarse de bruces con una persona ante una puerta.

    — ¿Kendall Xom? — El custodio de esa entrada iba fuertemente armado, algo que sorprendió al humano.

    — Sí.

    — Adelante, la reunión está a punto de comenzar.

    El guardia abrió la puerta para dar acceso a Kendall a su interior, cerrándola tras de sí acto seguido.

    Se encontraba en un espacio amplio, similar a una sala de recreativos privada, con la excepción de que los recreativos eran una galería de tiro pequeña, un proyector apuntando a la pared con varios sofás a su alrededor y finalmente una barra con varias botellas contadas de alcohol. Al menos, eso era todo lo que se veía a simple vista. Justo en la zona de los sofás y el proyector había varias personas, rodeando a una mesa diminuta pero en la cual había distintas armas sobre ella.

    Cuando el detective se acercó pudo divisar algunos rostros conocidos, los cuáles le habían dado la indicación de que se personase allí.

    — Ken, ya estás aquí — Dijo la comandante Mercer, incorporándose para darle un abrazo — Me alegra verte bien.

    — Sí, lo mismo digo.

    — ¿Todo bien? — El joven Crane también estaba allí, levantándose de su asiento para darle un buen apretón de manos a su amigo — Siéntate por aquí si quieres.

    — Me alegra ver que tienes buen color de piel — Murmuró Karla, que también abrazó al hombre de rasgos asiáticos — Y que te sumas a la causa.

    — Puedes sentarte aquí si quieres — La joven Vermeer también se encontraba allí y le hizo un hueco a su lado al detective — Me alegra que estés bien.

    — Gracias, a todos.

    A excepción de todos esos rostros familiares, también había al menos seis que le eran completamente desconocidos. Dos de ellos eran Eret y Vorta, siendo esta última la actual líder del grupo de mercenarios que había hecho de esa área de chatarra su refugio clandestino tras el exilio de Kairos. Parecían haber estado trabajando los últimos meses para terminar haciendo esa especie de sótano secreto que bien podía servir para hablar de temas privados que convenía no airear en zonas públicas o casas.

    La syleriana le tendió la mano al asiático, que la aceptó con normalidad poco después de haber tomado asiento entre Andrómeda y Owen.

    — Kendall Xom — Dijo Vorta con seriedad y respeto — Tus amigos nos han hablado bastante bien de ti y de lo que hiciste, aunque casi terminase con tu vida.

    — Sí, bueno, no contaba con las consecuencias inesperadas de ello.

    — Los operativos de Akkor son impredecibles — La líder de los mercenarios había estado investigando mediante sus recursos — Y por lo que sabemos, no son pocos. El representante superior tiene a su disposición a la élite del ejército superior, básicamente.

    — Soldados o emisarios camuflados en sus puestos — Pensó en voz alta la comandante del ejército de la Alianza — Ese malnacido ha metido mano en todo tipo de poder en esta sociedad.

    — En efecto, y con el representante Paokt a su merced, investigarle no va a ser tarea fácil — Eret se unió a la conversación — No tenemos a nadie que pueda servirnos como espía desde dentro del Consejo. En cambio ellos ahora son dos, contando a Akkor y Relic.

    — Tres, porque Omnius es ahora mismo su sirviente — Karla lo dijo despectivamente — Y según hemos sabido por Echo, el ahora general Orlat está investigando por su cuenta.

    — Bueno, sabemos que el consejero Valtin y la consejera Ziba no están involucrados en la corrupción de Akkor, al menos no directa ni conscientemente — Andrómeda había hecho los deberes, inmiscuyéndose de lleno en la misión que tenían ante sí — ¿Habéis pensado que podríamos…?

    — ¿Contactar con ellos? — Vorta miró incrédula a la joven científica — Sin pruebas, sería como vendernos ante Akkor.

    — Cierto, necesitamos ir a ellos con algo sólido que demuestre que el resto del Consejo en el que se encuentran es corrupto — Owen asintió al escuchar a la líder syleriana — La cuestión es cómo obtenemos esas pruebas.

    — Va a haber conflicto, eso es evidente — Echo quiso dejarlo claro de primeras — Olvidémonos de sutilezas, eso era lo que pretendíamos y nos terminaron sometiendo sin apenas haber empezado. Saben que vamos a por ellos y se van a preparar. Hagamos lo propio.

    La comandante Mercer señaló las armas que había sobre la mesa.

    Varios Striker, Flasher y Winlock sin etiqueta —fuera de los controles de las autoridades— estaban allí para que cada uno tomase el que quisiese. Todo el grupo se miró entre sí, conscientes de lo que significaba todo aquello. Se acabó el intentar investigar sin hacer daño e ir cuidadosamente, pues eso ya no era viable. Si querían exponer la corrupción, debían enfrentarla con dureza. La lucha contra los operativos no iba a ser tarea fácil y debían prepararse para enfrentar militares anixis que protegían los intereses del representante superior. Todo ello si querían terminar exponiendo a Akkor.

    Uno a uno empezaron a tomar armas mientras Vorta y Echo se miraban entre sí, asintiendo. Sin lugar a dudas, ellas dos eran las que más deseos tenían de atacar a la corrupción de la sociedad anixis. Sabían que tenían un tiempo límite antes de que Kairos y Jackon pudiesen regresar a Ibos.

    — Necesitaremos un plan, ¿no? — La científica Vaalot tampoco quería lanzarse a lo loco a un ataque — Entiendo que debemos protegernos, pero dudo que un ataque frontal sea lo mejor.

    — No atacaremos a lo loco — La líder de los mercenarios quiso tranquilizar a quiénes estuviesen preocupados por ello — Dadnos unos días y mi gente recolectará información sobre las próximas exposiciones públicas del Consejo. Ahí podremos trabajar con algo.

    — Por el momento, os sugerimos que os quedéis con un arma y la mantengáis cerca — Eret quiso dejar claro ese detalle — No dudéis de que los operativos también irán preparados.

    — Esperad, ¿por qué tanta preocupación por esto de repente? — Owen sabía que su amigo neoniano no lo decía en vano — ¿Sabéis algo?

    — Sabemos lo suficiente como para suponer que os están vigilando — Vorta lo dijo sin pensárselo dos veces — Por mucho pacto que haya hecho con Omnius, Akkor sabe que sois un cabo suelto y le daréis problemas.

    — Yo se los voy a dar, de eso puede estar seguro — Kendall sorprendió a todo el grupo cuando accionó el seguro del arma, demostrando que no había perdido su conocimiento ni dotes de soldado — Seamos la resistencia que termine por derrocar la corrupción en Ibos. Es ahora o nunca.
     
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    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo.

    Paso a comentar el capítulo de esta semana, y el primero de esta parte II.

    Tengo que decir que ha sido una muy buena introducción. Todavía me cuesta un poco aprenderme el nombre de los que van en la tripulación, pero voy en un buen ritmo. Lo escribiré para que no se me olvide y de paso tenerlo a mano.
    Young: una chica que parece admiradora de Jackon
    Ikviek: un anixis con cierto odio a Akkor y con rencillas con Plaxor.
    Brokad: el neoniano con implantes mecánicos que parece estar muy confiado de sí mismo (aprovecho para decir que si no es la primera baja, será la segunda XD)
    Rath: la neoniana psicóloga del grupo.
    Kris: syleriano que es ingeniero y cuida de sus compañeros.
    Fare: científica amiga de Orenda.
    Horn: piloto de la tripulacion.

    Algunos de ellos están viendo peleas entre sus compañeros, y en una de esas tenemos a Jackon peleando contra Kairos. El chad del universo demuestra por qué es el chad del universo, ganando la pelea y encima atrayendo a las minitas. Mia va directo a él y encima le dice que quiere ver su herida en el labio y a parte le ofrece a que la revise ella. Dios, esa chica lo único que le falta es decirle que le de un beso a ver si su saliva ayuda a secar la sangre XD. Pero en serio, se nota que ella quiere con Jackon, y más encima que están alejados de los demás, me preocupa que Jackon pueda caer en la tentación :osha:

    Tras la pelea vemos que Orenda desaprueba las demostraciones de violencia a pesar de ser amistosas, dado a que, al no saber nada sobre los kharaket, se debe ir en buen estado. Jackon le pide que no se meta demasiado como si fuera su madre o su niñera, y ella no se entristece porque sabe que los seres vivos son testarudos a veces. Luego de que Jackon se vaya, vemos que él, discute un poco con Plaxor respecto a las medidas de seguridad, ya que Jackon quiere que bajen con la nave, mientras que Plaxor quiere que usen lanzaderas y no entreguen el cargamento, a parte de que nos enteramos que mandaron mensaje a una baliza para avisar de su llegada y no han tenido respuesta, lo cual puede ser peligroso :aniscream: Jackon decide que le harán caso a Plaxor, y aprovecha para soltarle una puya. Luego vemos que Ikviek le dice que los kharaket no son seres muy útiles, pero Jackon quiere verlo por su cuenta, y yo también, a decir verdad :think:

    Regresamos a casa y vemos que Kendall ha encendido un cigarrillo, pero que todavía no retomó su hábito de fumar. Bien hecho, bebé, pero mejor ya no prendas más el cigarro, que ahora uno de tus pulmones es artificial, y mejor no desgastarlo, no mientras los anazis estén ahí a la vuelta de la esquina. Mientras está en ese ritual, Ken recibe la visita de Om, quien le quiere ver tras este negarse a hablar con él pese a que fue la intervención de Om la que le salvó la vida. Ken le dice que, siendo una persona solitaria, hubiera preferido morir si eso servía para mantener la confesión de Relic, y así haber evitado que los que se fueron exiliados dejaran a sus familias atrás. Muy noble de ese bebé, pero me duele que Kendall prefiera morir, no digas eso , bebé :anicry:

    Tras Om decirle que él lo considera parte de su familia y que no quería perderlo tras la muerte de Eeron, Ken lo echa, y entonces se va a una nueva reunión clandestina. Ya no se pueden estar reuniendo todos en su apartamento, ya que sería demasiado obvio que si un montón de gente se la pasa yendo de visita, sospechas van a levantar, de hecho, recuerdo que Owen y Karla se encontraron con uno de los operarios de Akkor al salir de una reunión. El sitio está bien escondido, y los mercenarios de Vorta les ayudan a custodiar la entrada. Ken entra a una guarida secreta donde se encuentra con Owen, Karla, Echo, y Andrómeda. Los cuatro lo reciben con abrazos y cariño, e incluso Andrómeda le demuestra que lo quiere cerca. Bien echo, niña, dejaste de arrastrarte por Brandon y ahora vas encaminada a estar con alguien bueno de verdad :\*u*/:

    El grupo, con Eret y Vorta, discuten sus posibilidades. Saben que Omnius no es un recurso útil, pero que los consejeros que están detrás de la corrupción son Akkor y Relic. Valtin y Ziba no tienen idea de nada, y consideran que, si van a ellos con una prueba concreta, podrian poner la balanza a su favor, más sabiendo que Orlat sigue investigando. Incluso todo indica que habrá un evento cerca que planean aprovechar, pero que deberán ir con sumo cuidado, ya que se sabe que los operarios de Akkor podrían estar a cada esquina. Y es que Vorta tiene razón, Akkor ordenó a los operarios seguir a los angelitos casi que de esta forma:

    [​IMG]

    XDDDDDDDDDDD. Perdón, pero tenía que hacerlo.

    Vorta les advierte que puede haber problemas, y Kendall toma un arma y le dice que está preparado para dárselos, e incluso habla sobre ser una Resistencia que destape su corrupción. Imagino que los genes de Sun han despertado, y ahora se prepara para ser un revolucionario. Sun toda orgullosa hablando en el cielo con todos los demás diciéndole que le pongan atención a su hijo, seguro :clap:

    Bueno amigo, acá me despido por esta semana. Ha sido una muy buena introducción, excelente para repasar como está la mesa del juego y las tablas antes de pasar a lo más jugoso. Ya quiero que llegue la semana próxima para que podamos seguir leyendo en simultáneo y continuar viendo lo que pasa aquí.

    Con eso me despido. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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    Manuvalk

    Manuvalk el ahora es efímero

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    Los Viajeros Vol. 2: Parte II: Un orden superior
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    Ciencia Ficción
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    Bienvenidos a todos al segundo capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros Vol. 2. No tengo mucho que decir por el momento, más allá de agradecer a mi querido amigo Agus estresado por estar aquí a la orden del día, disfrutando de este gran universo ficticio. Disfruto mucho de nuestras leídas en simultáneo y de su interés en esta historia.
    Próximamente actualizaré guía de personajes y demás. Sin más dilación, disfrutad de la lectura.







    Bajo observación




    — ¡Quiero movimiento! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos!

    Xerom observaba los entrenamientos matutinos que estaban dándose a cabo en las inmediaciones del cuartel militar de la Alianza en Ibos, el cual estaba a las afueras de la ciudad de Vianus, lugar que acaparaba los principales sitios más emblemáticos y gubernamentales de la sociedad.

    El soldado syleriano veía como los cadetes —aspirantes a formar parte del ejército aliado en un tiempo próximo— se formaban bajo la batuta de uno de los subcomandantes de la propia milicia. Este mismo, tras ladrar una serie de órdenes a los jóvenes soldados que estaban realizando la formación física, se aproximó al subcomandante Devom.

    Tres eran los subcomandantes que regían el ejército aliado en ausencia del comandante, siendo dos de ellos los que estaban por tener una conversación al respecto.

    — Buenos días, Devom. Veo por el semblante serio que tienes en tu rostro, que hay un asunto que te preocupa.

    — En efecto, Stalo — Era el nombre del otro subcomandante — He venido a interrumpirte en tu entrenamiento porque debo notificarte que hasta nuevo aviso, la comandante Mercer va a cesar sus funciones.

    — ¿Por qué? — Stalo, quien era neoniano, parecía molesto con esa información — ¿Primero Vaalot nos deja tirados y ahora Mercer?

    — Negativo, no nos deja tirados — Indicó Xerom sin siquiera hacer una mueca de expresión en su cara — Ha remitido una carta de baja temporal por asuntos personales.

    — Entiendo — Musitó Stalo, que se volteó a observar a sus alumnos proseguir con el entrenamiento — Supongo que el exilio de Vaalot y la muerte de Eeron la han afectado profundamente, ¿verdad?

    — Oh, si, seguro que es eso — Devom no pudo evitar decirlo con ironía — Sea como sea, tú, yo y Octavia estamos al mando del ejército aliado hasta el regreso de la comandante Mercer.

    — Estoy un poco en shock, honestamente — El subcomandante neoniano se frotó los ojos, como si estuviese aturdido — ¿Has informado a Octavia?

    — Deberás hacerlo tú mismo — Le indicó Xerom, sorprendiendo a su compañero — Yo debo reunirme con el representante Paokt.

    — ¿Él conoce lo sucedido?

    — No, por eso debo verlo.

    — ¿Y por qué no se lo ha notificado Mercer?

    Xerom lanzó un suspiro que evocaba un conocimiento de la situación bastante más amplio del que quería aparentar. No obstante, el syleriano prefería omitir ciertas situaciones al resto del ejército, pues en el no se conocía prácticamente nada del equipo clandestino que Omnius formó con la intención de destapar la corrupción de Akkor, antes de que todo terminase siendo disuelto por una causa mayor.

    — Hazme el favor de informar a la subcomandante Octavia, ¿vale?

    — Claro, Devom, así lo haré.

    — Te lo agradezco, Stalo.

    Xerom, en calidad de subcomandante, programó una reunión inmediata con el representante de la Alianza.

    Dando por sentado que Echo había renunciado temporalmente a las funciones de comandante del ejército por seguir investigando al representante superior y conocedor de que Om había sido dejado de lado por los demás, sabía que no debían quitarle un ojo ni a ella ni a sus amigos. El subcomandante Devom fue de los primeros en abstenerse de seguir con el proyecto secreto de equipo en la sombra una vez el propio Omnius decidió desmantelarlo verbalmente, consiguiendo también quedar al margen ante los ojos de quiénes consideraba familia.

    Lo comprendía, pero no por ello iba a permitir que actuasen sin el beneplácito del representante de la Alianza, que sin embargo, seguía las órdenes de Akkor para que éste y sus operativos no atentasen contra su ‘familia’.

    El soldado syleriano llamó a un transporte para que le llevasen a la vivienda del representante Paokt, donde iba a llevarse a cabo la reunión. Apenas veinte minutos de trayecto le bastaron para llegar a las puertas del hogar de Om, quien ya dejó en sobreaviso a su IA asistente para que le abriese al subcomandante una vez éste se personase. Xerom entró sin complicaciones al lugar, caminando por un breve pasillo hasta la gran sala de estar, donde el propio Omnius le esperaba pacientemente.

    Sentado en un sofá con forma de cuadrado incompleto y con una mesita en medio, el actual líder de la Alianza Interestelar de Especies se incorporó para recibir a su viejo amigo y símil.

    — Me alegra verte, Xerom — Murmuró Paokt, indicándole con un gesto que tomase asiento — Dime, ¿deseas algo para beber?

    — No, pero muchas gracias por el ofrecimiento — El subcomandante fue muy cortés — Vayamos directos al grano, creo que la situación lo requiere.

    — Si… — Omnius lanzó un suspiro de resignación mientras volvía a tomar asiento — Es sobre Echo, ¿verdad?

    — Exacto. Se ha dado de baja de sus funciones, aunque temporalmente.

    — Ya veo.

    — ¿Sabes por qué o para qué?

    — Me hago una clara idea — En la mente del representante de la Alianza ya se sopesaba una teoría muy evidente — Desde lo que le pasó a Kendall que tanto él como Owen, Karla, Andrómeda y la propia Echo han decidido no mantener contacto alguno conmigo.

    — ¿Qué hay de Brandon?

    — Está totalmente al margen, centrado en sus asuntos de médico general — Reveló Om, visiblemente cabizbajo — Tú, por lo menos, sigues confiando en mi y no actuando a mis espaldas.

    — Soy leal a lo que importa — Especificó Devom, orgulloso de ello — Tú eres la máxima autoridad y a menos que pongas en peligro a nuestra Alianza, me tendrás a tu lado.

    — Te lo agradezco mucho, amigo mío.

    — No hay nada que agradecer, aparte de amigos, somos los principales responsables de que la AIE se mantenga fuerte.

    — Así es, así es…

    — Entonces… ¿qué hacemos respecto a Echo y los demás? — El subcomandante syleriano temía que ellos solos se pusiesen en peligro — ¿Van a tener problemas si…?

    — Claro que los van a tener, mi trato con Akkor era para evitar justamente esto — Se sinceró Paokt, con las manos en la cabeza y con la mirada apuntando al suelo — Pero estoy convencido de que van a pelear.

    — ¿Y eso que significa para nosotros?

    — Precisamente lo que hemos dicho — El representante de la Alianza alzó la vista y la centró en su amigo — Problemas.

    […]

    Echo abrió los ojos a un horario al que no estaba acostumbrada.

    Su reloj de mesita marcaba las once de la mañana, lo que hacía que el día estuviese ya bien entrado en lo que a rutina se refería. Hacía varios días que había decidido pedir un excedencia en su cargo como comandante del ejército, al cual no había renunciado, sino que simplemente había apartado por supuestos asuntos personales. Esos asuntos no eran otros que trabajar codo con codo junto a sus amigos y los mercenarios de Vorta con el fin de exponer la corruptela con la que Akkor y Relic gobernaban Ibos.

    La mujer pasó su mano izquierda por el lado derecho de la cama, acariciando ese vacío que había dejado Jackon ya incluso antes de su exilio. Pese a que su relación sentimental se había deteriorado un poco por los deseos del soldado humano de partir al espacio como emisario, ese amor no se había perdido en ningún momento. La joven Mercer se quedó, por unos instantes, observando ese espacio libre en su cama de matrimonio. Pero lamentar la ausencia de su amado por un tiempo prolongado no iba a hacerla sentir mejor, así que la mujer se incorporó en su lado del cama y lanzó un suspiro de resignación para evidenciar la pena que arrastraba.

    Tras una serie de respiraciones profundas con las que la humana se levantaba siempre —acto que le enseñaron sus padres adoptivos neonianos para empezar el día con calma y llena de oxígeno—, se dirigió al cuarto de baño. Un ducha de agua templada y el sonido de esta eran sin duda otro acto de relajación para evitar que el estrés cotidiano y de la situación personal actual que vivía le afectase con más ahínco. Acto seguido, la aún comandante del ejército de la Alianza se personó en la cocina, preparándose un desayuno rico en proteína y vitaminas.

    Tomó asiento en la mesa, teniendo frente a ella las vistas del barrio residencial de Vianus en el que vivía, gracias a una ventana de tamaño más que aceptable. Con el silencio de fondo, únicamente roto por su masticar, Echo observó como alguien sentado en un banco —el cual tenía una vista directa hacia el hogar de la comandante— parecía estar observándola detenidamente. No portaba prismáticos ni nada por el estilo, pero su postura y su mirada parecían estar dirigidas a la vivienda de Mercer.

    En ese instante, el desayuno dejó de sentarle lo bien que le gustaría.

    — Pero, ¿qué…?

    La soldado no quitaba la vista de esa persona humana que parecía estar vigilándola, momento en el que un transporte aterrizó en mitad de la calle, siendo una especie de autobús para los ciudadanos. El vehículo aéreo estuvo en tierra apenas treinta segundos, pero fueron suficientes para que al elevarse, Echo viese que en ese banco desde el cual la observaban con detenimiento, ahora no hubiese nadie.

    Su mente empezó a divagar en todo tipo de pensamientos al respecto hasta que una notificación en su comunicador la trajo de vuelta al presente.

    — “Comandante Echo Mercer, soy el general Orlat. He oído que se está tomando un descanso de su cargo, pero creo que deberíamos hablar. No quiero dar detalles por precaución, pero me gustaría concertar una reunión contigo y con quiénes estéis al corriente de lo que sucede con algunos miembros del Consejo Superior. Es de extrema importancia para el futuro de esta sociedad.”

    […]

    — Buenos días, señorita Vermeer.

    Un syleriano de aspecto aseado y simpático acababa de entrar por la puerta.

    Andrómeda se encontraba realizando estudios de botánica sobre las diferentes plantas que poblaban Ibos, para así conocer cuanta cantidad de nutrientes de la tierra fértil del planeta necesitaban para crecer, con el fin de equipararlo a las plantas traídas por la gran arca desde el territorio conocido, las cuáles tenían más dificultades de adaptación que las autóctonas.

    Había encontrado ese trabajo hacía casi dos semanas, en un invernadero ubicado en las proximidades de la frontera de Astea. Conviviendo con la pareja de amigos que tenía, Owen y Karla, el acceso al lugar estaba relativamente cerca y eso le servía para ganar créditos al mismo tiempo que se encontraba inmersa en la trama por destapar la corrupción de Akkor y Relic.

    — Buenos días, capataz Wilbur — La joven científica se mostró lo risueña que siempre era — ¿Qué tal avanza su día?

    — Oh, esplendido, querida — Wilbur, el encargado del invernadero, tenía modales de caballero y una edad acorde a ellos — Venía a ver que tal avanzaba tu investigación.

    — Aún es pronto para hablar de resultados — Murmuró ella, que no era fan de sentirse presionada en su trabajo — Necesitaré más tiempo.

    — Jovencita, tiempo es justo lo que nos falta y nos sobra al mismo tiempo — Dijo el syleriano mientras apoyaba sus manos en los hombros de la humana, quién le estaba dando la espalda al estar sentada frente a una mesa donde había plantas traspasadas a macetas con diferentes tipos de tierra.

    — Que filosófico — Musitó ella, mostrándose un tanto incómoda mientras proseguía con sus labores.

    — Dime, Andrómeda — El capataz se puso a pasear por la sala de botánica — ¿Cuándo era que llegaba tu amigo?

    — Debe estar a punto de llegar — Indicó Vermeer, fijándose en la hora que era — Le dije que aquí buscaban gente y él ya cuenta con experiencia previa en invernaderos.

    — Excelente, excelente — Visiblemente entusiasmado, Wilbur se dispuso a abandonar el habitáculo — Lo recibiré en la entrada. Te veo luego.

    — Perfecto.

    Andrómeda no pudo evitar lanzar un suspiro de alivio al escuchar como su jefe se marchaba del lugar, pues aunque era un tipo cortés y amable, a veces tenía comportamientos un tanto incómodos para los demás, muchas veces por un contacto físico como apoyarse en alguien o hacer alguna caricia indeseada.

    Por suerte para ella, Owen estaba por presentarse ante Wilbur en el que podía ser su primer día como agricultor en dicho invernadero, ya que era una forma de ganar dinero —tras la disolución del equipo en la sombra por parte de Om, se acabó el cobrar créditos de la propia Alianza—. El joven Crane se encontraba de camino a la zona junto a la científica Vaalot, que decidió acompañarle para darle todo su apoyo y cariño.

    — Se siente algo extraño el volver a un invernadero después de lo que ocurrió en el último en el que estuve — Dijo de pronto el chico, invadido por los recuerdos más recientes — Desde aquello, todo lo que ha pasado es surrealista.

    — Te entiendo, amor mío — Musitó ella, acariciándole la espalda como gesto de afecto — Pero aunque las cosas no sean como queremos, estamos trabajando para que terminen siéndolo.

    — Así es, cielo — Dijo él, mirándola a los ojos — No me olvido de esa casa en Cainia.

    Karla esbozó una sonrisa que le bastó a Owen para inclinarse hacia ella y darle un breve pero tierno beso, una vez se encontraban ya casi en la entrada al invernadero en el que su amiga Andrómeda trabajaba. Hacía un sol increíble ese día y una temperatura envidiable a los pies de las montañas que rodeaban la ciudad de Astea.

    La científica se percató de que, una vez estaban ante el invernadero, un syleriano de aspecto fino y arreglado se dirigió hacia ellos con un porte elegante y una sonrisa en el rostro.

    — Buenos días, jóvenes humanos — Dijo Wilbur, realizando incluso una especie de saludo tipo reverencia — Tú debes de ser Owen Crane, ¿verdad?

    — En efecto — Contestó él, sonriente — Vengo por la vacante en la sección de agricultura.

    — ¡Claro, claro! — Sonrió el syleriano — Pasad, pasad.

    — Yo soy Karla Vaalot — La mujer se sintió apartada de la conversación, por lo que decidió incluirse en ella con un tono serio.

    — Oh, disculpa, señorita Vaalot — El capataz del invernadero se disculpó cordialmente — Tengo muchos asuntos en mi mente.

    — Ya veo…

    La científica observaba detenidamente a Wilbur.

    Por alguna extraña razón, su personalidad se le hacía demasiado extravagante y falsa, como si estuviese interpretando un papel en una obra de teatro. En cuanto entraron al invernadero, dos anixis que trabajaban en el lugar se voltearon a verlos, mirando fijamente a la pareja de humanos. Owen estaba demasiado ensimismado, apreciando el tamaño y aspecto del invernadero, además de lo que Wilbur le explicaba mientras avanzaban por los distintos pasillos. Sin embargo, Karla percibía esas miradas con fuerza y por un momento dudó que ese lugar fuese seguro.

    Su preocupación la hizo tomar a su novio de la mano, buscando esa tranquilidad que acababa de perder.

    — ¿Todo bien, amor? — Murmuró él, viendo el rostro de ella.

    — Si… es solo que… — La joven Vaalot se veía preocupada — ¿De verdad tienes que trabajar aquí?

    — Está al lado de casa prácticamente — Owen lo veía idóneo — Y encima Andrómeda también está aquí. Es un buen sitio, seguro.

    — Ya, claro — La científica dudaba seriamente de eso último.

    Acompañados de Wilbur, la pareja terminó descubriendo la sala de botánica, donde Andrómeda se encontraba realizando sus funciones. Al verse, la joven no dudó en saludar con la mano a sus dos amigos, con los cuáles también convivía en el día a día.

    — Es una chica encantadora, vuestra amiga — El syleriano asintió con determinación a esa frase que él mismo dijo — No dudo de que vosotros también sois iguales.

    — ¿Y cuándo empezaría? — Crane desvió la atención hacia el tema que le importaba verdaderamente — Tengo disponibilidad inmediata.

    — ¿Si? ¿No tienes asuntos entre manos?

    La pregunta del capataz le resultó sospechosamente extraña a la pareja, que sin embargo, decidió dejarla pasar al momento.

    — Tenemos nuestros asuntos, nuestra rutina, pero puedo estar en el horario que se indica para la oferta — Owen no dudó en afirmar que estaba listo para empezar cuanto antes — Estoy a su disposición.

    — Bueno, en ese caso, quédate ya mismo y te voy revelando cuáles serán tus tareas exactas en la sala principal del invernadero, además de introducirte a tus compañeros — El jefe syleriano le indicó con un gesto que le siguiese, no sin antes centrarse en Karla — Puedes venir, si lo deseas, señorita Vaalot.

    — Cariño, ve a casa — Le indicó Owen a su novia, aproximándose a ella y tomándola de las manos — Trabajaré un par de horas hoy, así que no tiene sentido que me esperes. Te veré luego.

    — Está bien, entiendo.

    Karla y Owen se dieron un abrazo y un beso de despedida que fue observado por Wilbur, quien veía la escena con una indiferencia absoluta, algo que contrastaba con su personalidad alegre y educada. Tras eso, la científica se dirigió a la salida, siguiendo sus pasos previos, mientras el joven Crane y su nuevo capataz se iban por otro pasillo.

    La humana se percató nuevamente de la mirada de algunos de los trabajadores presentes, en especial de dos de los anixis que estaban realizando sus funciones casi en la puerta de entrada y salida.

    — ¿Qué les pasa a casi todos aquí? — Se preguntó para sí misma, extrañada — ¿Por qué actúan como si escondiesen algo?

    […]

    — Señor Xom, su análisis ya ha sido completado — Una enfermera neoniana se aproximó al detective, revelándole los datos en una tableta fina — Pase a consulta y el doctor le dará más información.

    — Se lo agradezco.

    Kendall se incorporó de su asiento en una de las varias salas de espera con las que contaba el principal hospital de la ciudad de Vianus.

    Apenas habían pasado tres semanas desde que le operaron de urgencia, teniendo que perder un pulmón por culpa de uno de los disparos plasma que Relic le asestó durante su encerrona en un callejón, tras los eventos ocurridos en el cementerio de árboles durante la despedida pública al fallecido Eeron.

    Por motivos médicos obvios, el hombre debía personarse cada ciertos días ante su médico de cabecera, con el cual mantenía un fuerte seguimiento de cómo respondía su pulmón artificial —tecnología anixis en su máximo esplendor— y la adaptación de este órgano a su cuerpo.

    El detective golpeó varias veces la puerta de la consulta hasta que recibió el visto bueno de quien se encontraba en el interior del habitáculo.

    — Buenos dí… — Xom se sorprendió al no encontrarse ahí con su doctor — ¿Qué haces tú aquí?

    — Ken, no tenemos mucho tiempo — Brandon se incorporó del asiento en el que se encontraba, frente a un amplio escritorio, para aproximarse a su viejo compañero con cierto nerviosismo — Tenemos que hablar.

    — ¿De qué? ¿Qué ocurre?

    El médico general se veía realmente preocupado, algo que no hacía sentir especialmente bien al detective, quien empezaba a pensar que podía estar ocurriendo algo bastante serio.

    — Brandon, dime de una maldita vez que diablos está pasando — Kendall estaba perdiendo la paciencia.

    — N-nos vigilan, ¿sabes? — El joven Gallagher se veía asustado, evidenciándose en sus temblorosas manos — Llevo un par de semanas aquí y me siento totalmente observado, vaya donde vaya.

    — Oye, tío, deberías relajarte — Xom trató de calmarle — Cuéntame bien porqué sospechas que te vigilan.

    — No es ‘te’, sino ‘nos’ — Recalcó el médico sin tapujos — No sé si lo sabes, pero yo estuve en tu operación.

    — ¿En serio? ¿Y por qué no me lo has dicho antes?

    — Me dijeron que no hablara, pero no puedo seguir callado — Brandon se frotó el rostro con sus manos, un tanto agitado — Decidí indagar un poco tras tu operación y tú médico es un puto operativo. Él también estuvo en tu cirugía de urgencia.

    — ¿Cómo? — El ex comisario de la gran arca dio unos pasos hacia atrás, impactado por la noticia — Espera, espera, espera… ¿Qué mierda me estás diciendo, Brandon? Si mi médico es syleriano, no entien…

    — ¡Da igual, joder! — Exclamó Gallagher, casi presa del pánico — ¿No lo entiendes? Akkor no solo tiene operativos anixis como Relic, tiene también operativos de las especies aliadas.

    — ¿Me estás diciendo que hay humanos, neonianos y sylerianos que trabajan secretamente para ese hijo de puta corrupto?

    — Así es, amigo, así es — Confirmó el médico general, apoyando ambas manos en el escritorio — Y cuando descubrí la tapadera de tu médico, ese syleriano, me amenazó de muerte. Tengo miedo, Ken. ¡Me cago en mi puta vida! ¡No debí meterme en esa mierda de equipo de Om!

    El detective no esperaba semejante información en lo que debía ser una simple visita rutinaria al médico para saber que todo seguía en orden tras su operación y que el pulmón artificial funcionaba correctamente. Aquello le hizo pensar en algo que, de ser cierto, sería bastante preocupante.

    — Brandon, dime algo — Kendall se aproximó al doctor para captar la atención de sus ojos — Cuando me hicieron la cirugía, el pulmón artificial que llevo… ¿me pusieron algún tipo de localizador, algún chip con otro propósito, lo que sea?

    — N-no, no que yo sepa… — Murmuró el joven Gallagher, pensativo — A ver, no puedo asegurarte nada, pero yo no vi que te lo pusieran.

    — Ya, bueno, resulta extraño que deba venir cada semana desde mi operación para asegurar que mi pulmón artificial funciona correctamente.

    — Ya, es extraño — Dijo Brandon, mostrándose temeroso — Normalmente el seguimiento se alargaría a varias semanas más, no tan seguido.

    — Hijos de puta… — Xom no sabía qué podía hacer al respecto, pero veía que podía ser una amenaza para sus amigos — Oye, ¿me podrías volver a operar?

    — ¿Qué? ¡No! ¡¿Estás loco?! — El médico general se alarmó bastante — ¡Necesitaría un equipo de varias personas, instrumental…! ¡No lo puedo hacer solo y aunque fuese así, no tengo pulmones artificiales a mi disposición! ¡Sería una locura intent…!

    — Vaya, mi paciente ya está aquí.

    Tanto Kendall como Brandon se voltearon a ver al doctor del detective, el mismo syleriano que se encargaba de su recuperación y de monitorizar que todo estuviese en orden. La presencia del médico general allí generaba una tensión añadida, especialmente porque Xom ya conocía un poco lo que estaba ocurriendo allí y cual era el verdadero propósito, en cierto modo, de su doctor syleriano.

    — Doctor Gallagher, ¿por qué está usted aquí? — El médico del humano con rasgos asiáticos le lanzó una mirada desafiante — No sé si recuerda que…

    Repentinamente, el detective se abalanzó contra el syleriano, colocándole el antebrazo derecho en el cuello al mismo tiempo que lo empujaba contra la pared. Con la mano izquierda libre en forma de puño, amenazaba con golpearlo contundentemente en el rostro.

    — Cierra el pico, doctor — Le indicó Ken con un tono muy serio y algo agresivo — Hablemos sin rodeos.

    — Tú dirás, Kendall.

    — Mi pulmón artificial. ¿Qué tiene? ¿Le habéis implementado algún chip de seguimiento?

    — ¿Seguimiento? — El médico syleriano empezó a reír — Venga, detective. Eres más inteligente que eso.

    — ¡Algo le habéis puesto! — Xom estaba furioso, presionando su antebrazo contra el cuello del doctor.

    — No eres tan importante — Musitó el operativo con cierto todo despectivo — Ninguno lo somos.

    — ¿Qué quieres decir? — Gallagher tenía curiosidad por saberlo.

    — Que todos deberíamos estar rindiendo pleitesía a nuestros padres biológicos, seres superiores que nos dieron la infinita sabiduría. Trabajar por el orden de esta sociedad junto al representante superior es un privilegio que lamentablemente no todos podréis obtener. Su misión de mantener el orden es superior a nuestras vidas — El doctor syleriano sonaba totalmente adoctrinado por las ideas de los más radicales y puristas — Ibos debe seguir bajo su mando o el caos lo destruirá todo. Vosotros y vuestros amigos no queréis aceptar vuestro lugar en el universo, así que por ello, sois dispensables. Como reza el dicho humano que me atribuyo: “solo somos peones en esta partida de ajedrez”.

    El detective aflojó la presión sobre el cuello del doctor syleriano mientras le escuchaba hablar, quedándose tan impactado por la forma de hablar y pensar que tenía un miembro de las especies aliadas, que perdió completamente la atención sobre la situación que ocurría.

    Esto lo aprovechó el operativo para darle un rodillazo en el abdomen y quitárselo de encima, provocando que Kendall retrocediese unos pasos, sujetándose el estómago por el dolor.

    — Es evidente que no vais a deteneros en vuestro afán por destruir el orden superior, así que me doy permiso para terminar con vuestras amenazas.

    El médico sacó de uno de los bolsillos de su bata una especie de cuchillo a modo de bisturí alargado, lo que sin duda podía funcionar perfectamente como un arma blanca. Gallagher observó con verdadero horror como el syleriano se colocaba sobre Xom para intentar asesinarlo, sabiendo que probablemente después él sería el siguiente.

    — ¡Suéltame, escoria!

    Kendall forcejeaba contra el doctor syleriano, pero aún no estaba totalmente recuperado de su operación, por lo que no contaba con todas sus fuerzas físicas. Sin embargo, logró quitarle de las manos el bisturí pero esto solo hizo enfurecer más al operativo, que tomó del cuello al detective y empezó a asfixiarlo con toda su cólera ante los ojos incrédulos de Brandon.

    — ¡Un malgasto de recursos el que se hizo contigo! — Exclamaba el syleriano, viendo que estaba por cumplir su cometido — ¡Únete al emisario honorífico y a aquellos que no creen en el orden superior!

    — Suelt… ayud…

    Xom estaba poco a poco perdiendo las fuerzas y el oxígeno conforme veía que su vista se oscurecía, mientras el siervo de Akkor apretaba con más fuerza el cuello del humano.

    No obstante, cuando parecía que el hombre de rasgos asiáticos iba a perder su vida en esa consulta médica, el operativo cesó la presión sobre su cuello. Su rostro estaba desencajado mientras alzaba la vista y se volteaba, percatándose de que Gallagher había recogido ese bisturí que se había quedado a un lado y el cual ahora se encontraba atravesándole el centro del torso, sobresaliendo tímidamente por delante.

    El médico syleriano empezó a perder sangre rápidamente mientras caía a un lado, desvaneciéndose a ojos de los dos humanos presentes.

    Kendall tosía y trataba de tomar aire desesperadamente tras haber estado cerca de no contarlo, mientras que Brandon veía como acababa de asesinar a alguien por primera vez en su vida. Sus manos volvieron a temblar como antes lo estaban haciendo, pero esta vez, con más intensidad.

    El detective se incorporó del suelo y se acercó a su viejo compañero de misión, tomándolo del rostro para sacarlo del shock en el que se encontraba.

    — ¡Brandon! — Exclamó el hombre de rasgos asiáticos, zarandeando un poco el rostro del médico general — ¡Tenemos que irnos! ¡Aquí ya no estás a salvo! ¡Nadie lo está! ¡Esto no tiene marcha atrás!

    — Yo… yo… — Gallagher señalaba el cuerpo sin vida del operativo syleriano que acababa de matar para salvar la vida del detective.

    — Has hecho lo que debías, créeme, me has salvado la vida — Visiblemente agradecido y sorprendido por ello, Xom trató de hacer volver en sí al joven médico — Vámonos, sé de un lugar en el que estaremos a salvo por el momento.

    El ex policía no dudó en abrir la puerta de la consulta, tomando de la mano a Brandon y cerrando tras de sí. Tenían tiempo antes de que alguien descubriese el cuerpo, se abriese una investigación y demás, pero sobre todo, iban contrarreloj respecto a las represalias que el representante superior y sus operativos tomasen tras enterarse de lo sucedido.

    Los mercenarios de Vorta y la comandante Mercer estaban deseando empezar con su misión de luchar contra la corrupción, pero nadie contaba con que sucedería así. Casi sin darse cuenta, Kendall y Brandon acababan de empezar esa guerra de la que Echo hablaba en la última reunión que tuvieron todos. La lucha había comenzado.

    […]

    La base militar del ejército superior se encontraba algo alejada de las tres principales y únicas ciudades de Ibos, en un punto estratégico, siendo este en lo alto de unas montañas rocosas de difícil acceso. Solo vehículos aéreos podían acceder ahí, ya que por tierra era prácticamente imposible debido a la formación rocosa de la sierra.

    Allí se concentraba el grueso del ejército anixis; desde armamento hasta naves, pasando por una gran cantidad de soldados que literalmente hacían su vida diaria allí. Era casi como una pequeña colonia, un pueblo —evidentemente menor a una ciudad como las que se habitaban— en el que la máxima autoridad, más allá del Consejo Superior con sede en la Casa Superior, era el propio general del ejército. Ese no era otro que Orlat.

    No obstante, había poco o nada que hacer durante las últimas semanas para el que fuera el principal mandatario del ejército anixis. Con los disturbios por víveres de parte de las especies aliadas siendo opacado por el asesinato del emisario honorífico Eeron, las patrullas en las ciudades eran tarea fácil de gestionar para el propio general, el cual delegaba esas cosas en sus tenientes. Orlat, en el ámbito personal, estaba solo. No tenía familia de la que preocuparse ni amigos cercanos, con lo que su principal foco estaba en el ejército y por eso mismo se formó como soldado en sus inicios. Ahora, sin embargo, estaba centrado en investigar a Akkor y Relic, aunque la advertencia de Omnius de que debía detenerse si no quería que su vida corriese peligro le dejó un tanto preocupado.

    Aunque aquello no le detuvo. Durante las últimas tres semanas, el general del ejército superior se encargó de dedicar su vida privada —y los recursos militares con los que podía contar— en investigar al representante superior y el nuevo miembro del Consejo. Pese a estar solo y sin el apoyo inicial del representante de la Alianza, Orlat logró encontrar pequeñas intervenciones de Akkor en el ejército, cuando este estaba bajo el mando de Plaxor. Indagando, descubrió que un grupo de soldados pasó a tener una formación secreta en algún punto del planeta hacía ya varios años atrás, de la cual surgieron los denominados ‘operativos’. Todo esto estaba en un archivo clasificado al que Orlat tuvo que bucear en una extensa base de datos de la milicia. Pero todo eso le bastó para confirmar que había una trama política corrupta en lo que a su sociedad se refería.

    Sin dudarlo ni un instante pero sabiendo que hablarle a Om sería peligroso, decidió preparar un mensaje a la comandante Mercer, suponiendo que por su relación sentimental con el exiliado Jackon Vaalot podría estar intentando investigar por su cuenta. No solo por eso, sino porque tras las primeras conversaciones con el actual líder de la AIE, supo entrever que éste había intentado crear un pequeño equipo personal para que le ayudase en su cruzada de destapar la tiranía de Akkor, siendo algo verdaderamente complicado debido a que el principal líder anixis contaba con el fuerte brazo militar del cual sus miembros eran apodados como ‘operativos’.

    — “Comandante Echo Mercer, soy el general Orlat. He oído que se está tomando un descanso de su cargo, pero creo que deberíamos hablar. No quiero dar detalles por precaución, pero me gustaría concertar una reunión contigo y con quiénes estéis al corriente de lo que sucede con algunos miembros del Consejo Superior. Es de extrema importancia para el futuro de esta sociedad.”

    El general se reclinó en su silla, encontrándose en su principal despacho en la base militar del ejército superior. El mensaje había sido enviado por un canal privado y exclusivo que él acababa de abrir con el enlace directo hacia Echo. Esperaba obtener respuesta de la humana pronto. Sin embargo, Orlat desconocía que todos los implicados en la investigación contra Akkor y Relic estaban bajo observación por parte de los famosos operativos que trabajaban para el representante superior.

    Y ni él ni ella eran una excepción.
     
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  4.  
    Agus estresado

    Agus estresado Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Saludos, amigo, paso a comentar el capítulo de la semana.

    Ya hice el chiste de poner el gif de Dexter en el capítulo anterior, por lo que no lo volveré a repetir pero se me hace difícil no pensar en otra cosa XD. Akkor les dijo a los operativos que siguieran de cerca a los amigos de Jackon y estos lo están haciendo.

    Arrancamos el capítulo con Xerom informándole a Stalo que él y otra humana llamada Octavia serán subcomandantes a cargo en lo que Echo se retira de manera temporal para atender ciertos asuntos. Vemos que él luego habla con Om sobre lo que está pasando bajo la sombra. Om le dice que hizo un pacto con Akkor para protegerlos, pero que si ellos se buscan el conflicto, lo van a tener a la mano. Y bueno, espero que esto sea el puntapie que necesita Om para saber que tienen que actuar. Si Akkor ya intenta apoderarse de la alianza y encima el trato que tiene con él no detendrá a los anixis de actuar, pues es tiempo de que el líder syleriano actúe por el bien de los suyos.

    La próxima escena vemos a Echo preparándose para un día con una rutina diferente pues ya no tiene que ir a trabajar. La mujer hace cosas con cierta normalidad cuando pronto va y se da cuenta de que hay alguien observándola desde la ventana, claramente teniendola vigilada y mucho más ahora que se aleja de su puesto de trabajo y puede dedicar su tiempo libre a descubrir otras cosillas. Y encima luego pasa un autobús y ese asiento queda vacío. Quizá esta sea la parte de los gifs, porque ahora se me vino a la mente este mientras leía la escena XDDDDDDDDDD.

    [​IMG]

    Acto seguido pasamos a ver como Andrómeda se encuentra trabajando en su invernadero para un capataz syleriano llamado Wylbur, que es bastante toquetón (viejo verde, para decirlo de otra manera :aniscream:). Ella recomienda a Owen para que pueda tener un trabajo, y el tipo este acepta porque sabe que así podrá tener a dos de los amigos del exiliado Jackon bajo una total vigilancia. Owen y Karla llegan al lugar, listos para que Owen pase a incorporarse al trabajo (super tierno que Owen siga queriendole comprar una casa en la playa a su novia :nice:). Karla, quien es más atenta tras lo ocurrido con su hermano, nota de inmediato el peligro, pero Owen tarda algo más en percibirlo. Pero pronto, con la pregunta que hace Wylbur, los dos notan que algo va mal. Owen directamente le dice a Karla que vaya a casa para que no se exponga, y ahora le tocará fingir una excusa para él y para Andrómeda.

    Otro angelito con problemas es Kendall, quien va a una sesión de control rutinaria donde se encuentra a Brandon. El doctor le dice a su viejo amigo toda la verdad, y le revela que el médico que lo vigila es un operario. Ken se siente incrédulo porque no puede creer que entre gente de su especie haya no anixis, pero pronto Brandon le convence con lo que encontró para que sepa que nadie está exento de peligro. Admiro mucho el valor de Brandon, el tipo, pese al miedo, se dispuso a arriesgarse para poder advertir a su amigo. Luego, cuando el médico syleriano llega, este les dice la verdad, y es que está totalmente adoctrinado por los anazis :blue: Quiere adorar a estos como seres superiores (buen guiño a la parte IV ;) ) y para eso, tiene que asegurarse que las especies no interfieran. Ken pasa a las manos, y pronto, por su condición médica, tiene desventaja. Brandon actúa y se mancha por primera vez las manos, quedándose en shock. Entiendo lo que le pasó, y buena forma de expresarlo. Él nunca se preparó para matar gente, todo lo contrario, era médico y se suponía debía salvar vidas, no contribuir a que nadie muera. Lo más retorcido que se le pasaba por la mente era tener un harem de minitas, pero eso era más fantasía que un deseo malicioso, me pregunto como reaccionará. Y es que lo que hizo ahora tendrá repercusiones. A Akkor no le hará gracia que maten a sus operarios, y a Om fijo tampoco le caerá bien que Brandon haya matado a uno de los suyos. Creo que el personaje de Om tendrá que ver por fin y de manera total de qué lado está, y ojalá se decante por ir del lado de la alianza, ya que aunque haya muerto uno de los suyos, al servir a Akkor y operar en la sombra, técnicamente se saltó su autoridad. Espero que lo entienda.

    Para finalizar, vemos que Orlat ha estado investigando pese a las advertencias de que no lo haga. Al no tener esposa, hermanos, hijos o padres, este sabe que una bala en la cabeza no le causará daño a nadie más que no sea él. Tremendo sentido de la justicia el del general. Con sus investigaciones logra descifrar que Akkor ha estado apartando a la creme de la creme para hacerlos actuar bajo las sombras, y viendo que Om no parece estar dispuesto, quiere una reunión con Echo. Bueno, reuniones van a tener, y si Kendall lleva a Brandon al refugio y le dice a Echo y a Vorta todo lo que pasó, será necesario un aliado dentro del bando anixi para los angelitos. Sería justo, Akkor tiene gente de la AIE en sus filas, ojalá Echo y mis bebés tengan a alguien anixi en sus filas, y ojalá los discípulos de Eeron se asomaran alguna vez para pronunciarse.

    En fin amigo, esperaba que este capítulo fuera algo más tranquilo, pero el final indica que no será tan así. Oficialmente, la guerra entre los angelitos y los anazis se prendió :shani:

    Y bueno, acá termina mi comentario del capítulo de esta semana. Será hasta la semana siguiente si el foro sigue en pie (ojalá). Ya tengo ganas de nueva leída en simultáneo, y ojalá la tengamos en un finde a horarios más tranquilos, aunque no por eso estoy disconforme con el horario y el día de esta, y agradezco que te tomaras el tiempo para juntarte un viernes por la tarde :muffin:

    Ahora sí, hasta la próxima. Un abrazo y cuídate mucho :cynda:
     
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  5. Threadmarks: Punto de encuentro (I)
     
    Manuvalk

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    Hola a todos. Ya vamos por el tercer capítulo de esta segunda parte de Los Viajeros Vol. 2 y como siempre, quiero dar las gracias a mi buen amigo Agus estresado por su entusiasmo e interés por este universo ficticio. Aunque sé que siempre digo lo mismo, es lo que pienso y siento, por ello le estoy muy agradecido. Siempre es un placer tener leídas en simultáneo y debatir diferentes sucesos de nuestras historias, algo que ya se ha convertido en un ritual casi semanal. Sin más que decir, espero que cualquiera que llegue hasta aquí, disfrute de la lectura.







    Punto de encuentro (I)




    El amplio ventanal del puente de mando estaba casi cubierto al completo por una masa blanca y redonda, la cual era observada detenidamente por el comandante Vaalot.

    Acariciándose el mentón mientras veía de cerca la inmensidad del planeta al que estaba por descender, detrás suya se estaba llevando a cabo el protocolo previo a un aterrizaje, con la básica inteligencia artificial del navío exponiendo las diversas condiciones climatológicas adversas que los exploradores afrontarían en su superficie.

    Nos encontramos en Ketenna, el sistema solar hogar de los kharaket. Pese a que no han respondido al mensaje que hemos enviado a la baliza que se instaló hace casi cien años, el punto de encuentro para la entrega del cargamento es este — La IA captó la atención de toda la tripulación, presente en el puente de mando pese a que no todos iban a participar en el descenso — Bienvenidos a Pateliala, el mundo más alejado del sol de este sistema. Planeta fronterizo con el basto espacio exterior, Pateliala es un mundo helado con máximas de diez grados centígrados y mínimas que pueden llegar hasta los menos cincuenta grados centígrados. Cubierta por una gruesa capa de hielo por toda su superficie, rachas de viento frío que pueden alcanzar los ciento treinta kilómetros por hora, esta roca congelada intentó ser colonizada por los kharaket, sin éxito debido a que son seres que sufren con las bajas temperaturas. Ahora es un páramo helado que sirve como punto de encuentro entre los kharaket y los anixis para su contrabando.

    — Vaya, lo que se dice un paraíso — El primero en reaccionar a la información fue Kairos — Parece que nuestros amigos los kharaket escogen lugares molestos en los que reunirse.

    — Los kharaket no son nuestros amigos — Plaxor respondió inmediatamente — De hecho, nos conviene tenerlos controlados como hasta ahora.

    — Que casualidad, igualito que con las especies de la Alianza — Mia lanzó un órdago al ex consejero que sin duda aplaudieron el resto de humanos, neonianos y sylerianos presentes.

    — Es extraño que los kharaket no hayan respondido al mensaje de la baliza — Uno de los anixis, Ernu, dio un paso al frente para recibir las miradas de todos — Los conozco lo suficiente como para saber que debe haber algún problema con ellos.

    — ¿Cuál problema? — La pregunta provino de Nosh, visiblemente nervioso.

    — Esos seres siempre han estado en conflicto consigo mismos y nuestra llegada a su mundo no hizo sino que empeorar las cosas — Ikviek, el otro soldado anixis que estuvo en ese primer contacto con los kharaket, arrojó más datos para el resto del grupo — No sé que clase de acuerdo obtuvo Akkor con ellos ni que tipo de cargamento les entregamos, pero no nos conviene inmiscuirnos en nada que no tenga que ver con nosotros.

    — Concuerdo con Ikviek — Intervino Oda, pasando inadvertida como una simple ingeniera humana — Hagamos el trabajo para el que hemos venido y aseguremos nuestras vidas en donde sea que debamos estar.

    — Joder, Orenda, te conformas con cualquier cosa, ¿no? — Young, la hacker de la expedición, jugaba con su pelo corto mientras hablaba.

    — No estamos aquí para meternos en un conflicto con esos seres, ¿verdad? — Un tanto preocupada con esa idea, la doctora Uldi se cruzó de brazos con la mirada gacha.

    — ¡Si es necesario, los partiremos en dos! — Brokad saltó a la conversación mientras simulaba trocear a Nosh con sus brazos proteicos.

    — Bueno, si nos atacan por sorpresa, yo abogo por defendernos — Yeved no se lo pensó demasiado — Pero cierto es que si tienen problemas, no son de nuestra incumbencia.

    — Exacto, si no están en ese punto de encuentro, deberíamos notificárselo a Akkor y que nos dé las coordenadas del planeta de los exiliados — Horn, el piloto principal de la Explorario, no se sentía cómodo sabiendo que la misión comenzaba a enrarecerse.

    — Eso es, nosotros estamos cumpliendo con nuestro trabajo entregando esa caja misteriosa — Rath, la exploradora y psicóloga de la misión, siempre buscaba la razón más lógica — Si los kharaket no se presentan o no nos responden, no deberíamos tener que buscarlos. Sería buscarnos problemas.

    — Pero, ¿y si necesitan ayuda? — La bióloga syleriana de a bordo, Fare, no era partidaria de abandonar a nadie a su suerte — ¿Y si tienen serios problemas y necesitan nuestro apoyo?

    — ¿Y para qué ayudarles? Por lo que sabemos, podrían estar bien y simplemente tendernos una trampa, ¿no? — Kris, otro de los ingenieros de la expedición, se mostró desconfiado respecto a la situación — Además, ¿debemos entregarles el cargamento y ya está? ¿O nos tienen que dar algo?

    — No tienen que darnos nada — Jackon, que había permanecido en silencio mientras se desarrollaba el debate, decidió intervenir sin quitarle la vista de encima a la panorámica que tenía de Pateliala ante sí — Les entregamos el cargamento y Akkor nos da las coordenadas de nuestro nuevo hogar. Es sencillamente así.

    Obviamente, el comandante Vaalot no estaba por la labor de revelar que su verdadero objetivo era regresar a Ibos y acabar con la corrupción en el Consejo Superior, pues Plaxor estaba presente y desconocía las intenciones del resto de tripulantes exiliados al respecto. Únicamente Jackon y Kairos conocían, gracias a Oda, el plan de escape como tal.

    Ellos eran la prioridad para la inteligencia artificial que fue enviada a Ibos con el propósito de proteger al futuro de la Alianza.

    Comandante Vaalot, le sugiero organizar un grupo de descenso al planeta — La IA de la Explorario instó al líder de la expedición a empezar a ponerse manos a la obra — Ahora mismo los sensores detectan cierta calma en los vientos helados de Pateliala. Es un buen momento para partir a la zona designada de descenso.

    Jackon sabía que no había tiempo que perder si no querían tener contratiempos en la superficie de esa roca congelada, por lo que decidió escoger con rapidez a sus elegidos para desembarcar mediante una única lanzadera y sin el cargamento, ya que sin la respuesta de los kharaket, no quería arriesgarse a perder lo que fuese que contenía esa caja metálica que Akkor ordenó entregar.

    Sería una primera toma de contacto en busca de los seres que deberían estar esperando a la llegada del Explorario o en su defecto, comprobar el porqué no había nadie allí esperándoles.

    […]

    Los escogidos para descender a la superficie de Pateliala eran Ernu, Fare, Yeved, Horn y el propio Jackon.

    El soldado anixis estuvo en el primer contacto con los kharaket y conocía de primera mano su modus operandi, por lo que fue elegido sin dudarlo por el comandante. Fare, que operaba en la misión como científica y médico, estaba interesada en recoger muestras del mundo helado especialmente al conocer que los kharaket no toleraban muy bien las temperaturas bajas, ya que era una experta en biología y patógenos alienígenas. Yeved también iría para tener más mano de obra y experiencia en combate en caso de que fuese necesario, mientras que Horn haría lo propio dadas sus habilidades como piloto y también soldado.

    El resto de la tripulación permanecería a bordo de la Explorario, monitorizando la misión y asegurándose de que no había peligros en órbita, pudiendo notificar cualquier cambio si llegasen naves de los kharaket o la climatología en el planeta empeorase drásticamente. Oda se encargaría del pilotaje de la nave en ausencia de Horn, mientras que Vaalot otorgó temporalmente el mando a Kairos, más por descarte que por confianza extrema en el mercenario neoniano.

    El propio comandante se encontraba en la zona de la armería —la cual era también la sala de ingeniería e incluso el mismo gimnasio— junto al resto de miembros del equipo de descenso, preparando su armas y sus trajes de exploración antes de tomar una de las dos lanzaderas del hangar para partir.

    Sin embargo, había varios tripulantes de los que no habían sido escogidos que se acercaron al grupo de exploración para dirigirse expresamente a su superior, cuestionando su decisión respecto a los elegidos. Ikviek se aproximó a Jackon acompañado de Brokad y de Oda, quiénes también discrepaban sobre la decisión del humano. El soldado anixis no dudó en interferir en la preparación del comandante, que no tuvo más remedio que dejar de hacer lo que estaba haciendo para voltearse y confrontar a tres de sus tripulantes disconformes con su orden.

    — Vaalot, yo puedo ser más útil ahí abajo que aquí, si las cosas se tuercen — Mostrándose conciliador pero serio, Ikviek dejó clara su postura — Al igual que Ernu, yo también conozco como operan los kharaket.

    — Lo sé, por eso mismo solo puede venir uno de los dos — Respondió Jackon, dispuesto a dar explicaciones — Si hubiese problemas, no puedo perder a dos de mis tripulantes con conocimientos sobre la especie con la que tenemos que reunirnos.

    — Bueno, entonces debería bajar yo en lugar de Ernu.

    Ikviek refunfuñó un poco, pero sabía que la decisión del humano no iba a cambiar, así que emprendió el camino de salida de la armería. Esto le dio la oportunidad a Brokad para exponer sus motivos, cosa que hizo una vez apoyó sus brazos proteicos sobre la mesa de trabajo en la que Jackon tenía un Striker con la munición mejorada de los anixis.

    — Vamos, tío, tú sabes que yo soy tu hombre — El neoniano con extremidades robóticas se veía sobrado de confianza — Apenas pasaré frío en mis brazos y piernas y puedo correr, trepar y saltar exageradamente mejor que cualquiera de la tripulación. ¡Soy un arma andante!

    — Ya lo veo, amigo, pero esto es una misión de reconocimiento — Murmuró Vaalot sin tapujos, mientras seguía trabajando en equiparse con todo lo necesario — No necesito un arma andante.

    Brokad lanzó un gruñido de desaprobación al aire y se dio media vuelta para abandonar el área al igual que había hecho Ikviek hacía menos de un minuto. Esto dejó a Oda a solas con Jackon, lo cual era justo lo que quería la robot con forma humana, para así hablarle de tú a tú sin secretos.

    — Jackon…

    — No tú, Orenda — El comandante no quería seguir atendiendo personas disconformes con su elección — Bajarán los que he dicho y punto.

    — No es eso — Oda empezaba a expresar las emociones de mejor manera en su rostro, pues iba aprendiendo sobre la marcha — Pero ya sabes que mi plan requiere que tanto tú como Kairos estéis vivos. Y ahí abajo es la incertidumbre a la que os vais a encontrar.

    — Si hay problemas, regresaremos en la lanzadera y evaluaremos la situación.

    — ¿Qué les diré a Karla o Echo si mueres ahí fuera y yo no estoy para intentar evitarlo? — La pregunta retórica de la IA móvil hizo que el humano se detuviese por completo en sus acciones — Déjame ir con vosotros.

    — He dicho que no, Oda — Esta vez, Vaalot usó el verdadero nombre de la robot — Te necesito aquí para pilotar la nave en ausencia de Horn.

    — Pues que se quede él y yo voy con vosotros.

    — ¡Basta! — Exclamó el comandante, captando la atención del resto del equipo que estaba allí organizándose para al descenso — Agradezco tu ayuda, pero deja de actuar como si dependiese de ti para sobrevivir. Ni siquiera te veo siendo igual con Kairos, así que ve a molestarle a él.

    Cualquiera persona con algo de empatía y emoción se habría sentido bastante mal ante esas palabras de Jackon, pero no Oda, que procesaba la información como lo que era: una máquina. Sin responder a ese cruel mensaje de parte de su comandante, Orenda se marchó ante la vista de todos los presentes, que viéndola marchar también vieron aparecer repentinamente a la ingeniera Yazuke, corriendo hacia el comandante para decirle algo.

    Jackon esperaba más quejas, en este caso de parte de Mia, pero se sorprendió al recibir un beso en la mejilla de forma inesperada.

    — Cuídate ahí fuera, ¿vale?

    Mia le mostró una media sonrisa tímida justo antes de irse, dejando al comandante realmente sorprendido al mismo tiempo que Yeved se aproximaba a su superior dando sendos aplausos mientras parecía disfrutar de las escenas que acababa de presenciar hacía escasos minutos.

    — Vaya, comandante, ¿cuál es su fórmula?

    — ¿Qué hablas, Yeved?

    — ¿Qué hablo? ¡Venga ya! — El neoniano se mostraba impactado — Orenda y Mia. Parecen estar enamoradas de ti, ¿cómo lo haces?

    — Si eso viene incluido con el rango, yo también quiero ser comandante algún día — El piloto llamado Horn no dudó en compartir su pensamiento en la conversación.

    — Comandante Vaalot, es usted un espécimen atractivo — La syleriana de nombre Fare no dudó en halagar la belleza humana de su superior — No me extraña que despierte interés reproductivo en las féminas de su especie.

    — A las anixis les gusta cuando un macho demuestra sus capacidades físicas y mentales en situaciones exigentes — Ernu no quiso quedarse fuera de la distendida charla que se estaba dando en la armería — Supongo que para las humanas es igual.

    — ¡¿Pero qué…?! — Jackon estaba al borde de la vergüenza absoluta — ¡Dejad el tema! ¡No tiene nada que ver!

    Horn y Yeved se empezaron a reír a carcajadas, a la vez que Ernu reveló una sonrisa de perfil mientras terminaba de colocarse la armadura sobre el traje de exploración y Fare reía tímidamente al ver el rostro algo sonrojado de su superior. Al menos, aquel momento había rebajado esa tensión interna que se siente cuando estás por dar comienzo a una misión importante o de la cual tienes poca información y mucho misterio que descubrir. Eso mismo pensaba el comandante, que rápidamente volvió a enfocarse en lo que de verdad importaba.

    El equipo de cinco exploradores se dirigió al hangar por el pasillo, recibiendo la despedida de algunos de sus compañeros como Rath, Young, Kris, Nosh o Uldi. Ya una vez estaban en el interior de una de las dos lanzaderas —y sin el cargamento a bordo—, la IA de la Explorario despresurizó el hangar y abrió las compuertas para que el vehículo aéreo pudiese salir hacia el espacio exterior y comenzar su misión.

    Desde el puente de mando, algunos de los presentes observaban mediante las cámaras externas de la nave y las que los exploradores llevaban equipadas en los trajes, como se desarrollaba el descenso a Pateliala. Horn pilotaba la lanzadera con absoluta precisión mientras Jackon, Ernu, Fare y Yeved permanecían en sus asientos a la espera de poder poner un pie fuera del vehículo. El descenso al mundo de color blanco brillante fue relativamente rápido, concretamente en unos seis minutos de reloj. Oda, Mia, Kairos, Plaxor e Ikviek se encontraban observando la situación en las pantallas, que captaban la señal en directo de las cámaras portables.

    Los nervios estaban a flor de piel tanto para los exploradores como para aquellos que aguardaban acontecimientos en el puente de mando de la Explorario.

    — Aterrizaje confirmado — Indicó Horn a su comandante y compañeros — Abriendo compuerta externa.

    Recuerden que las temperaturas gélidas pueden afectar al medidor de su traje y los fuertes vientos pueden confundir a sus sensores — La IA podía comunicarse por enlace de radio con los exploradores de a pie, por lo que así lo hizo, dándoles la advertencia.

    — Vale, perfecto — Jackon fue el primero en colocarse ante la compuerta de salida — Cuando estéis listos, salgamos. Se supone que este lugar es el punto de encuentro con los kharaket para la entrega.

    El piloto humano se encargó de activar el comando que ordenaba la apertura de las compuertas, abriéndose a cada lado de la lanzadera y revelando una estepa helada.

    Un golpe de viento zarandeó los cuerpos de todos los presentes, que se vieron sorprendidos por esa ventisca algo fuerte —pese a que la IA de la nave indicó que la tempestad estaba bajo mínimos— mientras daban los primeros pasos por la superficie de Pateliala.

    — Es… increíble — Fare estaba asombrada al pisar un planeta que no fuese Ibos por primera vez en años — Incluso dentro del traje se percibe el frío.

    — No se ve nada más allá de diez metros al frente — Informó Yeved, comprobando que la ventisca era tal que dificultaba la visión — ¿Es aquí dónde debían estar los kharaket?

    El punto de encuentro está a pocos metros — La IA de la Explorario se encargó de guiar a los exploradores — Deberíais ver una baliza con la luz roja.

    — Creo que la veo — Ernu decidió tomar la iniciativa — Seguidme.

    El comandante Vaalot estaba asimilando que se encontraba en un planeta ajeno no solo a Ibos, sino también a Paraíso, Neonia y Vulkano, mundos que había podido visitar en su infancia y adolescencia. A diferencia de todos estos mundos habitables, Pateliala era un planeta realmente difícil para colonizar debido a sus bajas temperaturas y sus fuertes ventiscas, siendo un lugar donde siempre estaba nevando y haciendo absoluto frío.

    Sin embargo, se trataba de un mundo totalmente diferente a los que él había conocido, lo que lo convertía en un momento muy especial.

    — Ojalá estuvierais aquí para explorar conmigo — Jackon no pudo evitar acordarse de su hermana y sus amigos — Pero con ese como único propósito.

    El soldado anixis avanzaba en el frente, siendo seguido por el piloto humano, la bióloga syleriana y el explorador neoniano.

    El comandante de la expedición custodiaba la retaguardia, aunque era realmente difícil ver si algo venía por cualquier dirección a menos que tuviese alguna luz llamativa. No les tomó más de unos minutos el encontrar esa baliza de tonalidad roja, la cual iluminaba un área de pocos metros cuadrados.

    No obstante, lo que había en la zona empezó a ser preocupante. Cajas de suministros e inclusive una especie de lanzadera detallaban una escena que se convertiría en aterradora cuando Yeved halló el cadáver de un ser alienígena.

    — Eh… ¿compañeros? — El neoniano se arrodilló ante el cuerpo sin vida de lo que parecía ser un kharaket — Aquí hay un muerto.

    — Y aquí — Indicó Horn, señalando uno a escasos metros suyos.

    — Maldición — Musitó Fare, que se asomó al interior de la lanzadera solo para encontrarse con dos cuerpos más — Aquí también.

    — Comandante, esto no me gusta en absoluto — Ernu se aproximó a su superior para hacerle saber su sentir — Esto significa que han estado esperando nuestra llegada, pero han sido atacados por algo o alguien.

    — ¿Sabes de alguna otra especie inteligente en este sistema, aparte de los propios kharaket? — Jackon desenfundó su Striker, el cual portaba enganchado en su espalda, mientras observaba a su alrededor.

    — No, este sistema está dominado por ellos, pero bien podría ser…

    — ¡Eh! — El piloto humano señaló con su arma en una dirección, lanzando varios disparos de advertencia — ¡¿Qué mierda era eso?!

    — ¡¿El qué?! ¡¿Qué has visto?! — Fare se estremeció de terror al sentir que estaba totalmente expuesta al peligro.

    — ¡Deberíamos volver! — Yeved lo tenía bastante claro.

    — ¡He visto unos…!

    De pronto, las palabras dejaron de salir de la boca de Horn cuando unos ojos brillantes y azulados se revelaron tras esa cortina de nieve que producía la ventisca.

    Desde el puente de mando de la Explorario y gracias a las cámaras equipadas en los trajes de los exploradores, el resto de la tripulación veía la escena con verdadera tensión. Esos ojos parecían los de un depredador que estaba de nuevo en su coto de caza.

    — Oh, mierda... — Murmuró Vaalot antes de dar la orden — ¡Fuego!

    Ninguno de los cuatro presentes tuvo que recibir la indicación de su superior dos veces, pues todos abrieron fuego contra esa criatura casi al mismo tiempo. La balacera que se desató provocó que el ruido de esta se viera cubierto por los fuertes vientos que se empezaban a levantar en la zona, pero eso era lo de menos. Dicho animal extraño empezó a emitir una serie de gruñidos de dolor hasta que fueron precedidos por el silencio absoluto.

    Los cinco exploradores se miraron entre sí sin saber muy bien qué hacer y sin saber si ese ser estaba abatido o seguía con vida.

    Comandante, debería considerar una retirada de la zona. Desconozco a ese depredador pero no puede haber únicamente uno — La IA aconsejó al líder de la expedición — Sin los kharaket con vida, deberíamos dirigirnos hacia el segundo punto de encuentro.

    — ¡Concuerdo! — Vaalot comprobó las balas que le quedaban en su Striker y los cargadores que llevaba encima — ¡Equipo, retroceded! ¡Nos vamos!

    El líder de la expedición ordenó la retirada y por ende el regreso a la lanzadera, viendo que el punto de encuentro en el que debían hallar a los kharaket estaba con estos seres diezmados por unas extrañas criaturas que todo el mundo presente desconocía. Sin embargo, el peligro no había pasado en lo más mínimo. Yeved iba en la retaguardia y se volteaba casi cada diez segundos para asegurarse de que nada ni nadie les seguía, pero cuando se giró una siguiente vez, sus ojos se abrieron como platos.

    — ¡Oh, no! ¡Ahí vienen más de esas cosas!

    La advertencia del neoniano provocó que el resto de sus compañeros se girasen instantáneamente solo para comprobar que varios puntos azulados destacaban tras la neblina ocasionada por la ventisca y nevada que estaba sucediéndose en el área. Desde el Explorario, el resto de la tripulación veía con impotencia y temor todo lo que estaba sucediendo en la superficie de Pateliala.

    Las cámaras equipadas en los exploradores parecían estar grabando una verdadera película de terror.

    — Muy probablemente los disparos han atraído a más de esos seres — Viéndolo todo desde las pantallas del puente de mando, Ikviek apretó los puños por la frustración de no poder actuar.

    — ¡Deberíamos bajar todos ahí! — Exclamó Brokad, sobre excitado al ver las imágenes — ¡Podríamos acabar con todos esos monstruos!

    — Ese no es el objetivo y sería un gasto absurdo de suministros y munición — El neoniano al mando temporalmente, Kairos, contestó con seriedad a su homónimo.

    — Debí bajar contigo, Jackon — Se dijo Oda a sí misma mientras veía las escenas en tiempo real.

    En tierra firme, Yeved fue el primero en descargar una lluvia de disparos plasma contra esos animales salvajes, asesinos de los kharaket que aguardaban ahí la llegada del Explorario. El neoniano ni siquiera esperó órdenes de parte de su comandante, el cual había indicado que entraran en la lanzadera inmediatamente.

    — ¡Corre, Yeved! — Jackon veía al neoniano y al resto aún algo alejados, o al menos esa era la sensación debido a la dificultad de otear el horizonte por culpa de la tempestad — ¡Vamos, corred, joder!

    — Estas cosas son mucho peores que los Ikorfs — Murmuró para sí mismo el explorador neoniano, que empezó a correr con todas sus fuerzas tras efectuar varios disparos.

    Ernu, que era el más próximo al comandante —siendo ambos los mejor posicionados para subir a la lanzadera—, empezó a lanzar disparos de advertencia a las criaturas que veía acercarse y rodearlos a todos. Sus ojos azulados brillaban tras la cortina incesante de nieve y ni siquiera se podía percibir la forma de esos depredadores hasta que uno de ellos se adelantó.

    Horn fue el primero en ver la forma de dichos animales salvajes, desconociéndose si eran autóctonos de Pateliala o habían sido puestos en ese mundo para fines oscuros.

    El monstruo fue tomando forma, color y aspecto, hasta comprobarse que se trataba de un animal cuadrúpedo, de pelaje blanco como la nieve y unos cuatro colmillos afilados —dos en la mandíbula de arriba y dos en la de abajo— que acompañaban a unas garras en sus cuatro patas que podían ser guadañas. El humano se estremeció de terror mientras sujetaba un Striker en sus manos temblorosas y retrocedía lentamente, al mismo tiempo que dicho animal avanzaba hacia él mientras lanzaba una serie de gruñidos al aire.

    — A-ayuda…

    El piloto ni siquiera tenía valor para levantar el arma, evidenciando que no todos allí estaban verdaderamente capacitados para formar parte de una expedición espacial con todas sus consecuencias. Jackon vio esa escena y levantó su arma, apuntando a ese monstruo de la nieve, cuando repentinamente dicho ser desapareció de su vista.

    Horn, que estaba ante esa cosa, la vio desaparecer ante sus ojos como si hubiese adoptado una invisibilidad absolutamente digna de fantasía.

    — ¡¿Qué…?! — El humano empezó a ver a todos lados — ¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde se ha ido?!

    El que era uno de los pilotos de la expedición apenas tuvo tiempo para preguntarse nada más.

    Algo lo partió en dos mitades por la cintura, como si una espada afilada hubiese hecho su majestuoso trabajo. El torso con cabeza que era Horn cayó por el peso de la gravedad, mientras sus piernas caían arrodilladas. La facilidad con la que atravesó el traje hizo sentir el verdadero terror a todos los exploradores que fueron testigos de eso.

    La sangre de Horn empezó a teñir la nieve y también manchó a ese ser con capacidad para hacerse invisible, revelando su posición gracias a ello.

    — Es… es… — Incluso Ernu estaba sin palabras al haber visto esa aterradora escena.

    — Bestias de Bildsh.

    — ¿Qué diablos son las bestias de Bils? — En el puente de mando, la hacker Young no entendió las palabras que dijo Oda mientras todos veían la muerte de Horn en pantalla.

    — ¿Cómo sabes qué son esos seres? — Rath no sabía como tomarlo.

    Las bestias de Bildsh son unos animales salvajes con la capacidad de hacerse invisibles al ojo. Fueron objeto de investigación en el viejo imperio anixis durante la guerra contra Mente Colmena — La IA de la nave compartió la información al tenerla recogida en su base de datos — Son nativas del planeta Bildsh, pero su ubicación está muy alejada del sistema Ketenna como para que hayan aparecido aquí. Su presencia en Pateliala es una incógnita.

    — ¿Cómo es posible…? — Kris, el ingeniero syleriano, quedó pensativo.

    — No es ninguna incógnita ahora que me acuerdo — Ikviek se volteó hacia Plaxor, como si intuyese que él sabría algo más — Esas bestias de Bildsh son prácticamente un arma. Soltarlas en Pateliala es una forma de garantizar que los kharaket no salgan del sistema instalándose en ese mundo, ¿verdad?

    Todos se voltearon hacia el ex consejero y ex general del ejército superior, que se hallaba de brazos cruzados con la mirada puesta en las pantallas. Consciente de que no serviría de mucho el omitir según que información, Plaxor decidió compartir todo lo que sabía al respecto.

    — No pensé que hubiesen sobrevivido a las bajas temperaturas del planeta, pero es evidente que así ha sido — Dijo, con la atención de los demás puesta sobre él — Antes de la muerte de mi antepasado, el Gran General, ordenó que durante la evacuación del arca que trajo a las anteriores generaciones a Ibos llevasen consigo varias bestias de Bildsh entre otras cosas, con el fin de seguir investigando con ellas.

    — ¿Pero…? — Uldi, la médico, quería saber más.

    — Pero no consiguieron hallar el modo de replicar esa habilidad para la invisibilidad que tienen, así que dejaron de ser útiles hasta que nos encontramos con los kharaket — Indicó Plaxor, que tras ver lo que estaba sucediendo en el punto de encuentro, supo que había algo más de lo que Akkor le dijo — Si os cuento esto, es porque no esperaba que ocurriese algo así. Akkor me ha escondido secretos a mi también.

    — ¡Ese hijo de perra nos ha traído aquí para morir! — Dijo Mia con bastante rabia — ¡Entregamos su cargamento y si de paso morimos en el proceso, genial! ¡Total, somos putos exiliados!

    — ¡Es verdad, ese anixis de mierda nos usa como esclavos! — Nosh se sumó al pensar que estaba generándose en la mayoría.

    — ¡Mirad! — Exclamó la psicóloga neoniana de a bordo, señalando algo que podían ver por las pantallas y evitando así un conflicto en el puente — ¡Son demasiadas bestias!

    En la superficie nevada de Pateliala, la situación solo empeoraba por momentos.

    Con la muerte de Horn, el resto de exploradores empezaron a correr y disparar contra esos seres, pero estos tenían una velocidad pasmosa y una fuerza descomunal, eso sin sumar el hecho de que podían hacerse invisibles. Yeved se quedó sin munición plasma y en un acto reflejo, lanzó el arma al suelo para ponerse a correr en dirección a la lanzadera con todas sus fuerzas. Sin embargo, no pudo ser más rápido que dos bestias de Bildsh que se abalanzaron sobre él y lo derribaron, para luego empezar a desmenuzarlo como si se tratase de un simple trozo de carne.

    Sus gritos de dolor se apagaron al instante pero fueron captados por sus compañeros, que seguían dirigiéndose al vehículo aéreo que podría sacarlos de ahí.

    — ¡Vamos, vamos, vamos! — Repetía incansablemente el comandante Vaalot, mientras Ernu y Fare iban detrás suya.

    La bióloga syleriana veía cerca la posibilidad de salvarse junto a sus compañeros, pero de pronto tropezó con el cadáver de un kharaket que yacía semi enterrado en la gruesa capa de nieve, cayendo y perdiendo un tiempo verdaderamente valioso para su escape. Jackon y Ernu se voltearon al escuchar tímidamente su caída, pero para cuando la vieron, ya era tarde. Hasta cinco depredadores se lanzaron sobre ella, partiéndola en varias partes de syleriana bajo la mirada horrorizada del comandante y el soldado, que escucharon un grito agudo de Fare justo antes de que ésta perdiese la vida rápidamente al ser atravesada por múltiples garras.

    — ¡No te detengas, Jackon! — Ernu, con bastante más experiencia en el campo de batalla que su propio superior, le empujó para hacerle avanzar.

    De cinco exploradores que habían aterrizado en Pateliala para reunirse con los kharaket, únicamente quedaban dos con vida.

    Las bestias de Bildsh que los anixis liberaron allí en el pasado se habían hecho con el territorio y sin mucho que cazar, se habían vuelto mucho más despiadadas y violentas de lo que ya eran en el territorio conocido. Por suerte para el dúo, la lanzadera ya se avistaba y la compuerta estaba abierta, por lo que solo tuvieron que entrar en su interior y activar el cierre manual. Una vez dentro, las bestias se lanzaron con todas sus fuerzas contra el vehículo, provocando abolladuras y un zarandeo constante del aparato mientras Ernu tomaba los mandos.

    — ¡¿Sabes pilotar una de estas?! — Jackon no esperaba que el anixis tuviese esa habilidad.

    — ¡Si eres soldado, debes saber hacer cualquier cosa! — Exclamó Ernu, activando los propulsores para elevarse al cielo tormentoso de Pateliala — ¡Agárrate fuerte! ¡Voy a despegar con todo!

    Conforme pudo, el comandante se agarró a uno de los asientos mientras la lanzadera se tambaleaba violentamente en el aire, debido a los fuertes golpes ocasionados por las bestias salvajes. A duras penas el vehículo podía elevarse y volar, aunque los daños deberían ser reparados por los ingenieros a bordo de la Explorario.

    Pero desgraciadamente para los miembros de la expedición de exiliados, su primer punto de encuentro había resultado ser no solo un absoluto fiasco, sino un encuentro de pesadilla.

    […]

    — ¡Esto no puede estar pasando!

    — ¡Estamos muertos si seguimos adelante!

    — ¡Maldito Akkor, nos ha enviado a la muerte!

    — ¡¿Por qué seguimos con esto?!

    — ¡Deberíamos abrir ese puto cargamento!

    — ¡Sí! ¡Veamos qué contiene!

    — ¡Se acabaron los secretos de ese corrupto malnacido!

    — Comandante Vaalot.

    Rath trataba de traer de vuelta a Jackon, sumido en sus pensamientos y en el traumático recuerdo reciente de lo sucedido, reviviendo las escenas de las muertes de Horn, Yeved y Fare en el punto de encuentro de Pateliala. Apenas hacía cinco minutos que él y Ernu habían regresado a duras penas de su corto pero intenso periplo en la superficie de ese mundo helado, encontrándose con un fuerte debate entre todos los miembros de la tripulación sobre que hacer tras lo acontecido.

    — Jackon — La neoniana con dotes de psicología no dudó en quedarse con el humano, que se encontraba un poco en shock — Es normal que te sientas así. Debes procesar lo que has vivido.

    — ¡¿Qué eran esas cosas, colega?! — Brokad se aproximó a Ernu, que se hallaba sentado sobre una caja de suministros en el hangar, donde estaba toda la tripulación al completo — ¡¿Cómo habéis podido escapar de eso?!

    — Entonces… bestias de Bildsh — El soldado anixis omitió por completo al neoniano de extremidades robóticas para dirigirse directamente a Oda — ¿Estás segura de eso?

    — La IA de la nave me ha dado la razón — Musitó la máquina con aspecto de humana, acaparando todas las miradas — Ahora falta saber qué hacían ahí en un planeta que no es el suyo.

    Plaxor miraba detenidamente a Oda, pues percibía algo en ella que le era difícil de discernir por el momento, al igual que Ernu e Ikviek miraban fijamente al ex general. Sin embargo, sus pensamientos al respecto pasaron a un segundo plano cuando vio que los tripulantes de la Explorario, en su mayoría, le lanzaban miradas inquisitivas. El ex consejero anixis no dudó en poner mala cara justo antes de marcharse del lugar, dejándolos a todos con la extraña sensación de que sabía mucho más de lo que había revelado en un principio.

    — No esperéis solidaridad de ese malnacido — Ikviek se sumó al rechazo que sentían todos por Plaxor — Os vendería a Akkor si con eso recuperase el prestigio que él solito ha ido perdiendo a lo largo de los años.

    — Me importa una mierda que ese tal Gran General fuese su antepasado y me importa otra mierda que Akkor quiera que llevemos una caja misteriosa a los kharaket esos — De brazos cruzados y un semblante serio, Young decidió decir lo que pensaba — Deberíamos saber que contiene el cargamento que llevamos en el almacén. Es por nuestra seguridad.

    — Concuerdo con la humana de curioso aspecto — Kairos caminó lentamente hasta el grupo, que había hecho una especie de coro para hablar de lo ocurrido — Nuestras vidas están en juego y a la vista está. Saber que tenemos ahí dentro nos daría la oportunidad de negociar con Akkor si es que nos ha enviado aquí a morir.

    — ¿Por qué molestarse en hacer un pacto o chantaje con todos nosotros solo para enviarnos a morir? — Uldi, la médico syleriana, no comprendía que ese pudiese ser el motivo.

    — Akkor es un ser retorcido, ha liderado Ibos con puño de hierro pero la gente no lo ha visto como tal — Ernu, que se veía cansado tras la experiencia que acababa de vivir, se incorporó — Debe tener un plan.

    — ¿Un plan? ¿Cuál? — El más callado de la tripulación era sin duda Nosh, que pocas veces interactuaba en estas conversaciones grupales.

    — Si el cargamento le importase lo suficiente, no enviaría a simples exiliados a hacer el trabajo, ¿no creéis? — Sonando con bastante lógica, Ernu emprendió el camino hacia el almacén, no muy lejos del hangar en el que se encontraban todos — Lo que sea que contenga esa caja no debe ser relevante ni para él ni para nosotros, pero sí para los kharaket.

    — Me encanta como piensa este tipo — Kairos no dudó en halagar al soldado anixis, siguiendo sus pasos al igual que casi todos los presentes.

    Únicamente Rath se quedó con Jackon a solas en el hangar, aunque tanto Oda como Mia se voltearon a ver a su amigo y comandante con cierta preocupación, pues se le veía impactado tras lo sucedido. Estaba claro que se había formado para ser soldado pero era su primera vez en una verdadera situación de vida o muerte, en un lugar inhóspito y peligroso, por lo que su cuerpo y mente estaban procesado todo tipo de emociones.

    A excepción de la psicóloga neoniana, el comandante humano y el ex general del ejército anixis, ninguno se quiso perder la apertura del cargamento que el representante superior ordenó a los exiliados enviar a los kharaket. Todos se personaron en el almacén, que pese a no ser un espacio muy amplio, contaba con diferentes utensilios y objetos, encontrándose en el centro de la sala dicha caja misteriosa. Iluminada por la luz del centro del habitáculo, tanto Ernu como Kairos le quitaron una lona que la cubría en su totalidad, revelando una caja de considerable tamaño hecha de metal macizo y de un color grisáceo.

    — ¿Quién la abre? — Kris, uno de los ingenieros de a bordo, estaba visiblemente nervioso.

    — Tiene un cierre electrónico encriptado — La hacker humana llamada Young se aproximó al cargamento, tocándolo y buscando vulnerabilidades — No podremos forzarla ni mucho menos.

    — ¿Y cómo diablos la abrimos entonces? — Yazuke estaba perdiendo la paciencia desde el inicio — ¿Será que se abre con un código que solo conocen los kharaket?

    — Es altamente probable — Indicó Nosh, que lo veía factible — De lo contrario no nos habrían dejado acercarnos al cargamento siquiera.

    — Nuestro querido corrupto representante superior sabe hacer las cosas bien, le tengo que dar ese crédito — El otro soldado anixis de la expedición, Ikviek, se cruzó de brazos al ver que descubrir el interior del cargamento sería una tarea casi imposible — Bueno, compañeros, se ha intentado.

    — Y yo que quería abrir mi regalo de cumpleaños — Brokad lanzó un comentario sarcástico que nadie le río.

    La gran parte de la tripulación del Explorario se marchó del almacén tras un pobre intento de abrir el cargamento de Akkor, pese a que quedó patente desde el principio que descubrir si interior sería una ardua y complicada tarea la cual no podían hacer sin el código necesario o material específico para la apertura de una caja metálica y electrónica.

    Uno por uno fueron saliendo de la sala a excepción de Oda, que se quedó observando el cargamento con la mirada fija en un pequeño teclado que servía para inscribir el código con el cual se tendría acceso al contenido del cubo. La IA con forma humana ya estaba empezando a maquinar cómo podría forzar su apertura para conocer qué estaban transportando expresamente para los kharaket.

    El cargamento solo puede ser abierto por los kharaket — Dijo de pronto la IA básica de la nave, sorprendiendo a la robot humana — Cualquier intento de abrirla podría comprometer la misión.

    — Claro, lo entiendo — Levantando la cabeza como si estuviese hablándole a una presencia en la sala, Oda parecía desafiar a quien se podía considerar como una homónima suya — Hay muchas vidas en juego.
     
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