Kohaku Ishikawa Me senté frente a Takeda y envolví mi cuenco de té con ambas manos, oyéndolo atentamente. Fui alternando la vista, pero apenas escuchar que había culpado a su falta de convicción le clavé la mirada encima; no lo interrumpí. Las últimas palabras que Kuroki le había dedicado en Nagoya se superpusieron con las mías en Shima, nubladas por el dolor y la ira. Esbocé una pequeña sonrisa, amarga, y detallé las ondas sobre la superficie del té. Era un recuerdo penetrante. No queda nadie. Ya no queda nadie. —Cuando topé con él en Shima, cuando acababa de... morir mi padre, discutimos. Lo último que le dije fue que no merecía servirte, ni a ti ni al clan. —Comprimí los dedos en torno al cuenco, absorto en las ondas, y arrugué el ceño—. Por largas noches me pregunté si acaso mis palabras habían sido un error, un impulso nacido del rencor. Temí, quizá, haber provocado un daño irreparable. Más tarde nos encontramos a las afueras de Kioto, y entonces lo comprendí. Alcé la mirada a Takeda. —El daño ya estaba hecho. No fui yo, tampoco usted. Su corazón se vació por las grietas incluso antes de conocernos, y su búsqueda siempre fue otra. Una búsqueda imprecisa, ciega, impulsada por el hueco que reconocía en su interior. Una búsqueda de sentido, más allá de los clanes, la guerra, o el futuro del país. No podía servirle a usted, pues sólo sabía servirse a sí mismo. ¿Tuvimos forma de ayudarlo? ¿Había parches para esas grietas? —Meneé la cabeza—. No lo sé. Me habría gustado entenderlo a tiempo e intentar acompañarlo, ciertamente, pero es vano detenerse en las semillas que no germinan. No lo sé, y no lo sabré nunca. Escucharlo hablar de mí me avergonzó un poco; pese a ello, me esforcé por sostenerle la mirada y honrar cada una de sus palabras. Además, por sobre el bochorno... me hacía feliz. Oír a Takeda decir esas cosas me colmaba el corazón de una alegría difícil de explicar. Si lo mío había sido un salto de fe, lo suyo también. Había prometido cargar nuestro bagaje sin siquiera conocernos y esa ingenuidad, tarde o temprano, le había pagado con dolores y traiciones. Pero había persistido, había luchado y crecido por encima de las estocadas. —Siempre lo admiré, señor —admití, bajando la vista al té—. Desde que me presenté en el dojo de Nara y recibió la misiva de mi mano, desde que nos acogió sin distinción, sin dudas ni recelo. Yo... lo había perdido todo, absolutamente todo, y a su lado sentí que podía volver a pertenecer a algo. Que aún podía luchar, que quedaba en mí la voluntad para hacerlo. Su causa, sus principios, sus ideales, se convirtieron en la tenue antorcha que vislumbré tras años de recorrer un largo, oscuro y sinuoso camino. Ahora logré reabrir mi corazón hacia los demás, atesorar a mi familia sin romperme y hacer nuevos amigos. Tomé partes de mí, de mi pasado, y las deposité en las manos correctas. Enhebré pulseras con los guijarros de mis hermanos y las obsequié a personas preciadas para mí. —Sonreí, pensando en el mala de su amigo, Chikusa, que le había dado a Rengo—. En cierta forma, señor... me salvó la vida. Mi lealtad es la moneda más pequeña que tengo para recompensarlo, y siempre será suya. Bebí de mi té para disimular el nudo que me había comprimido la garganta y por fin lo miré, noté su sonrisa. Mi propio corazón se alivianó y yo también sonreí. —¿Está rico, al menos? —bromeé, riendo ligeramente, y giré el cuenco entre mis manos—. Después de la guerra beberemos otro. Permití que el silencio asentara mi promesa y poco después la calma se disolvió. Oímos la voz de la princesa y Takeda salió a comprobar la situación; yo me removí, incómodo, y me apresuré por acabar mi té. Tenía un leve presentimiento. Efectivamente, Tomoe ingresó al refugio y me incorporé a las prisas para reverenciarla. —Princesa —saludé, irguiéndome después. Bueno, era mi señal de retirada, ¿no? Ya había tentado demasiado a la suerte ese día. Sin embargo, no encontré hueco para despedirme; la tensión había permeado el aire y, entonces, Tomoe comunicó una noticia terrible. Me quedé inmóvil, sintiéndome ajeno a la situación, y cuando Takeda la abrazó, aproveché para avanzar hacia la salida en perfecto silencio. Oír a la princesa decir que iría a la guerra volvió a detenerme en mi sitio y giré el torso, consternado. Por suerte, Takeda rechazó la idea y respiré aliviado. No quería que Hachi perdiera a nadie más. —Lamento profundamente su pérdida, señor, princesa —me disculpé junto a otra reverencia al encontrar un silencio, ya junto a la salida—. Con su permiso. Las palabras de Tomoe rebotaban tras alcanzar el exterior y toparme con Rengo, Yuzuki, Akihito y Hayato. Una misión que había fallado, órdenes incumplidas. Shiga, el lugar al que habían ido. Alterné la mirada entre los primeros tres y exhalé con cierta pesadez. No tenía idea qué había ocurrido pero... sólo esperaba que todo marchara bien. —Me alegra verlos a salvo. —Esbocé una pequeña sonrisa y me moví hacia un costado—. El señor y la princesa están adentro. Eran ya demasiadas personas, no tenía sentido interferir. Navegué el espacio hasta ubicar a Tamura con Hachi a la distancia, y me acerqué a ellos. Le sonreí a Ginko a modo de saludo y entonces miré a Hachi. —¿Podríamos hablar? —pedí, en voz baja.
Aoi Nobunaga Recorrió en silencio todo el camino de vuelta, alejada de aquel grupo y encabezando la comitiva tras Cuervo, quien los guió al campamento base. A medida que los sonidos característicos de un gran grupo que se preparaba para la guerra iban venciendo al silencio del camino, su corazón se iba acelerando. Su mirada fría y vacía se tornó ansiosa mientras escudriñaba cada grupo en busca de los suyos. Pero ellos la vieron antes. De la nada, se vio sumida en un cálido y reconfortante abrazo que la desarmó por completo. Dejó que su cuerpo se relajara por primera vez en días y dejó escapar un larguísimo suspiro de alivio. Al fin estaba en casa. Escuchó las preguntas de ambos, pero se aferró a aquel abrazo durante unos segundos más reacia a romperlo. — Dije que Cuervo vendría si me sucedía algo. — Respondió con la voz amortiguada contra el hombro de Ryoshi, ocultando una sonrisa. — No vino, eso significa que estoy bien. A regañadientes rompió el abrazo para dar una vuelta sobre sí misma que corroborase sus palabras y, tras enlazar sus manos con las de su parvada para no perder el contacto fisico que sin saberlo tanto había anhelado, se sumió en un breve resumen de lo ocurrido en Shiga. Una vez finalizó su relato, sacudió la cabeza con desdén. — Ese grupo de idiotas casi nos cuestan la vida. — Suspiró. Era difícil seguir enfada cuando estaba rodeada de aquellos a quienes amaba. Pero la decepción y la desconfianza serían más difíciles de diluir. — ¿Te devolvieron tu katana? — Inquirió, volviéndose hacia Ryoshi. — Vamos a necesitar suministros para la guerra que se avecina.
Yuzuki Minami Después de encargarnos de los cuerpos retomamos el camino para reunirnos con los demás, en los momentos de descanso en que Misato practicaba con Yin yo había hecho revisiones constantes de mis materiales y había tratado, casi en vano, limpiar la sangre de mi ropa. Estaba seca ya y había dejado mancha incluso si pretendía sacarla. El olor lo tenía adherido a la nariz, no tenía idea si se sentía tanto como yo lo percibía. Realmente siempre olía a sangre. Había tenido que atender también a la mujer que había llegado con Kato y los demás, aunque Kato en sí no iba a dejarse tocar por mí y seguía lastimado. ¿Qué? ¿Tan fuerte era el recuerdo de ver a los Minami abriéndose el vientre que ni siquiera iba a dejarme atenderlo en su vida, aunque estuviera muriéndose en algún momento? Preferí no darle muchas vueltas y ayudé, junto a Ukita, a que Oori caminara. La voz de Hayato hablándole a Hashimoto sobre combate y dulces me tranquilizó un poco el corazón. Escuchaba también a Rengo intentando a animar a Aki a su manera y aunque era algo tierno, me imaginé también lo frustrante que debía ser para él sentirse limitado respecto a lo que podía hacer. La situación era complicada y pronto nos enfrentaríamos a sus resultados finales, más allá de la muerte de Noishi. Esto no se acababa nunca. Al llegar al campamento Oori fue bien recibida y a mí unos soldados me indicaron dónde encontrar a Takano y Takeda. Al recibir la información llamé a Hayato para que se quedara cerca de mí; claro que acompañaba a Rengo y Aki, pero también quería verlos. Quería poder ver a Takano y abrazar a Takeda por la muerte de Noishi, si es que era posible antes de ponernos en los temas tan delicados que nos concernían. Pensé, tarde, en que vería a Hashimoto... muerto. Takano estaba afuera ya que Tomoe estaba con Takeda y me recibió con un abrazo, al pobre prácticamente me le fui encima y no me di cuenta de que había derramado lágrimas silenciosas hasta que besó mi frente y alcé a mirarlo entre mi visión empañada. Verlo cargar a Hayato me desbarató y busqué abrazarlos a ambos, lloraba el desastre de Rengo matando a Hachi, el de encontrar a Noishi muerto y el de haber tenido que enterrar a Rei y Hashimoto. —Era parte de su trato, ya sabes, esas cosas de Dioses —le expliqué a Takano en voz baja sorbiendo por la nariz—. ¡Y se pegó a mí, este viejo testarudo! Lo segundo fue una queja falsa, cualquiera se habría dado cuenta, y la usé para tratar de balancear mis propias emociones. Me despegué de Takano y Hayato lentamente, limpiándome el rostro. Rengo y Aki estaban dispuestos a ingresar, Takano pretendió frenarlos, pero yo lo sujeté de un brazo y dejé que el menor de los Harima se explicara. —Voy a entrar con ellos, quiero acompañarlos en esto —sumé, ya más tranquila—. Y creo que es mejor que esté allí con Takeda, ya sabes. Estaba en eso cuando Kohaku salió, pescándome un poco en frío, y le sonreí, respirando distinto al saber que habían llegado a salvo también. No se sabía lo que podía ocurrir en el camino. —Lo mismo digo, Ko —secundé a sus palabras y asentí a lo que dijo sobre a Tomoe y Takeda—. Entraremos en un momento, gracias. Luego de decirlo tomé aire y miré a los muchachos dedicándoles una sonrisa conciliadora. Aproveché para acercarme a ambos, a Rengo le dejé un beso en la mejilla y le hice una caricia en el rostro y a Aki por un momento solo lo miré y luego me tomé el atrevimiento de acomodarle un poco el cabello, incluso si estaba acomodado ya. Quizás fue una actitud ansiosa, ni idea. —Yo estoy lista cuando tú lo estés —repetí las palabras de Rengo en un murmuro cómplice.
Ginko Harutomo —¿Entonces no llevarás nada? Qué tacaño...— exclamó Ginko, guardando el juego de memoria y alejándose, no sin antes saludar a los presentes con una reverencia. Entre ellos se encontraba Kohaku que volvía de hablar con Takeda, pero este último se seguía viendo ocupado, por lo que Ginko simplemente caminó hasta el árbol donde había dejado apostado a Sangurasu y buscó al búho de los recados. Encargó una madre selva para reponer la que había vendido y separó unas monedas que guardaría por si necesitaba utilizar al búho una vez más durante la guerra para comprar algo de urgencia. Luego, caminó por el campamento en busca de gente que le vendiera algunos ingredientes a cambio de las monedas que le quedaban. Finalmente, se quedó sentado junto al caballo y el fantasma de su tío, fumando y disfrutando los últimos momentos de paz antes de la guerra. Contenido oculto Gasto 300 monedas en una madre selva con el búho. Gasto 350 monedas (creo) comprando ingredientes, 5 de cada de los siguientes: Hierbas de manzanilla (10 monedas) x5 Semillas de girasol (10 monedas) x5 Corteza de árboles de cerezo (10 monedas) x5 Corteza de sauce (10 monedas) x5 Sanguijuelas (20 monedas) x5 Campanillas de invierno (10 monedas) x5 TOTAL: 650
Fujiwara no Riku Con las despedidas echas, el grupo que entró a Shiga ha echo su misión y era momento de regresar a Sekigahara. Siendo más que cuando entramos, e igualmente siendo menos. "¿Dazai?". Al entrar al campamento fui recibido por su figura, inesperada. Estaba en medio en realizar un saludo hacia él cuando... Notaba la peculiaridad incorpórea mostraba. No lo dijo con palabras, sino que se expreso en sus gestos de vergüenza hacia mi. Esperaba lo entendiera, pero no tuvo la consideración que querría negarlo. Trate de negar con la cabeza y dejar de mirarlo, luchar contra esos pensamientos que buscaban conectarse. Quería caer negación. Quería solo extender la ignorancia unos segundos más, pero no podía. Le debía más que aquello. Force mis ojos a mirar, contemplarlo de pies a cabeza, suficiente para finalmente hacer entender a mi corazón aquello que buscaba negar. "Creo que no, pero si lo hizo es porque cree que podrá seguirte el rastro". Respondí a su pregunta, tratando de mantener esa conversación movimiento. Hemos tenido pocas interacciones recientemente, desde que descubrí que vivía. Ahora, me toca descubrir que ha muerto. Está vez realmente lo hizo. "Quería creer, realmente, que yo sería quién partiría antes que tú. Así lo hubiera querido. Ojalá pudiera haberlo evitado...". Le sonríe de manera derrotada, medio admitiendo todas las promesas que abría tirado si por él se tratase. Hubiera querido seguir preguntando sobre lo sucedido, sin importarme que tanto me entrometiera, tenía que saber sobre lo sucedido. Pero fui abordado en un fuerte abrazo en mi despiste en medio de mis reflexiones. Dude por segundos en la sensación, permaneciendo alerta y rígido ante la sensación. Pronto, comprendiendo, me relaje. Suspiré y rebaje los hombros, relajando mi cuerpo ante aquellos brazos y dejé que los míos propios también la abracen. "... He fallado". Finalmente dije, hundiendo mi rostro en su hombro. Queriendo quedarme ahí, pero sabía que todavía no era el momento para aquello. Contenido oculto Kirara salvaje muerta efecto. Es eficaz (?) - Remedio para fatiga x4 (200x4 = 800) - Remedio para resaca x1 (200) - kunais 12 (50x13 = 650) Costo: 1650
[Takeda; Tomoe; Shinrin; Kohaku] Las palabras de Kohaku sobre Kuroki hicieron afirmar a Takeda —Yo no tenía lo que él quería —concluyó para después terminarse el té mientras escuchaba sus palabras sobre el por qué de su lealtad hacia él. —Agradezco tu confianza; y admito que yo también terminé colgándome de ustedes. Si ustedes creían en mí, debía forzarme a ser mejor y no dejarme tirar tan fácilmente —sonrió — Digamos que ambos nos necesitábamos sin saberlo — afirmó —Gracias, Ko. El té estaba delicioso. Ko se fue de allí expresando su honor ante aquella pérdida. Tomoe lo ignoró y se aferró a Takeda; pero Takeda afirmó ante Kohaku con una sonrisa amarga. Una que Kohaku también se había tenido que obligar a demostrar. Todos perdían algo o a alguien constantemente, y aquello ya era irremediable. Contenido oculto Gigi Blanche [Hachi; Tamura; Ginko; Kohaku] [Yurei: Kumiko; Taiki]Hachi sonrió a las palabras de Ginko —Te compraré acabando la guerra. No voy a experimentar una droga que aun no conozco, capaz me cae mal —dijo llevando su mano al estómago y en ese instante llegó Kohaku. Ginko se fue a esperar unos encargos y Tamura se levantó para dejarlos solos. Hachi observó a Kohaku y afirmó, invitándolo a sentarse a su lado. Ya para esos momentos, el grupo que antes estaba allí se había diseminado. —Me acabo de enterar por Ginko que existe una droga que contrarresta los efectos de la abstinencia. Yume y Tamura se lo guardaron seguramente para que deje el opio por voluntad y sin ayuda de otra droga — Hachi no se veía molesto por eso, aquel detalle de sus amigos parecía enternecerlo —Dime, ¿De qué quieres hablar? — dijo recargando su mano en la de Kohaku. Contenido oculto Slam Gigi Blanche [Ginko] Avanzó por el campamento después de recibir la madreselva del búho de un muchacho con una venda en los ojos que andaba por allí. Pudo notar cómo empacaba el producto y luego recibía las monedas y las contaba, felicitando a su búho por hacer otro negocio. Después exploró hasta encontrarse con herborista, y este lo miró; le hizo varias preguntas que Ginko no le pudo contestar y le negó la venta —Vender ingredientes a gente que ni sabe para que son es una pérdida de materia prima. Contenido oculto Slam Cito mi post de herborista: [Aoi; Ryoshi; Dozan] [Yurei: Kaori] Ryoshi negó al instante su desaprobación ante lo sucedido en Shiga; pudieron haber caído todos allá y aquello lo preocupó. ¿Por qué habían aceptado una misión si no la iban a cumplir? Pero Dozan miró al suelo mientras Ryoshi se quejaba. —Las emociones entorpecen el juicio —dijo con una sonrisa hacia Ryoshi y Aoi —Si a mi me dicen que nuestra misión es pelear hasta el final en Kioto y veo que ustedes están en problemas; mi misión pasaría a ser basura. Ryoshi también sonrió —Eso es distinto. Nosotros... Dozan negó —No creo que fuera distinto al menos para Akihito y Seikanji. Tenían vínculos mayores con el enemigo que con su propio líder —levantó los hombros —Los otros dos si fueron débiles, porque era una decisión de mente para ellos; pero Seikanji y Akihito tenían una decisión aquí —llevó su mano al pecho. Ryoshi se cruzó de brazos algo contrariado; porque no podía perdonarlos por arriesgar a Aoi en el proceso —Si nosotros hubiéramos estado allí matamos a todos —Todos hubieran muerto, si —aseguró Dozan — Yo no lo hubiera dudado ni un segundo— soltó una risa para después mirar a Aoi — Sólo creo que si en lugar de Bokuso, hubiera sido yo. Tal vez hubieras dudado de soltar esa flecha ¿No es cierto? — le sonrió, su corazón parecía estarse saliendo de su pecho. Sabía que la respuesta si hubiera dicho el nombre de Ryoshi sería certera cómo sus disparos, ella no mataría a Ryoshi en ninguna instancia. ¿Pero también cabía la posibilidad de que él tuviera ese peso? Él esperaba que si. Contenido oculto Ayeah [Takano; Yuzuki; Hayato; Akihito; Rengo] [Yurei: Hashimoto, Rei] Takano afirmó sin realmente entender lo de Hashimoto; pero sonrió ligeramente al ver cómo Yuzuki se refería a él, pues ese hombre ya había formado parte de su vida. Takano limpió el rostro de Yuzuki, y miró aquellos ojos enrojecidos —Es demasiado peso. Tal vez, deberías dejarlos solos — miró a Akihito y Rengo. Rengo afirmó al instante a su hermano mayor y después miró a Yuzuki — No quiero detenerte a hacerlo; si quieres entrar no hay nada que pueda frenarte, eres así de fuerte —le sonrió — Pero en esta ocasión, yo quiero ser quién defienda — se talló ligeramente la frente — Tal vez no sea ni siquiera un pie de hábil con las palabras comparado contigo; pero creo que no puedo depender a que nos ayudes a solucionar todo — afirmó con seguridad — Sé que yo puedo defenderlo. Contenido oculto Zireael Nekita [Riku; Kirara] [Yurei: Dazai; Inosoke] Dazai negó —Era imposible evitarlo. Kirara se colgó de Riku con una alegría desbordada, amaba a ese hombre y quería que todo el mundo lo viera. Ella pensó que la recibiría con su solemnidad característica, por lo que aquel abrazo correspondido la llenó de felicidad; una que se convirtió en preocupación cuándo el dijo aquellas palabras, hundiéndose en su hombro; ella acarició su nuca con suavidad. —Estás aquí conmigo; para mi esto es una victoria —recargó su rostro sobre la cabeza de Riku; dejándolo ocultar su rostro todo el tiempo que quisiera; ella lo protegería, no dejaría que nadie se atreviera a juzgarlo. Ella aun no sabía que había sucedido; pero nada la haría cambiar de opinión sobre en hombre en sus brazos. El más fuerte y bondadoso que había conocido jamás. Contenido oculto Monpoke
Yuzuki Minami Que Takano me dijera que debía dejarlos solos me hizo comprimir los gestos, contrariada, pero entonces Rengo se sumó a ellos y tuve que aflojar las facciones a la fuerza. No era que dudara de ellos, en lo más mínimo, de hecho ni siquiera pretendía hablar como tal porque la información que yo poseía del incidente era bastante escueta si debíamos ser sinceros. Su argumento, de todas formas, me aflojó una risa. —No es como que tenga suficiente información para defender a nadie, baso todo esto en una corazonada y ya está —repliqué encogiéndome de hombros—. No iba con ustedes como defensora, iba como apoyo, compañía nada más. Confío en ti, en Aki y sobre todo confío en el hermano que encontré en Takeda. Tomé mucho aire por la nariz y lo solté de golpe. —Quería entrar por él también, pero quizás sea mejor que le robe algo de tiempo luego de que ustedes lo hagan... Suponiendo que pueda hacerlo. En fin, ¡eres un niño grande! Fue lo que me dijiste en las islas y lo sé muy bien. Puedes hacer lo que quieras, así que adelante, acompaña a Aki cuando se sienta listo. Le dediqué una sonrisa que pretendió transmitirle seguridad incluso si no hacía falta y de nuevo puse mi atención en Takano, no tardé casi nada en volver a buscar refugio contra su cuerpo, pues no sabía cuándo podría hacerlo de nuevo o cómo terminaría esto. Hayato y él eran mi pequeña familia, la que había formado antes de darme cuenta. —¿Podemos pasar un rato juntos entonces? Hayato, tú y yo —le dije alzando la vista en su dirección—. Bueno y Hashimoto.
Kohaku Ishikawa Le agradecí la privacidad a Tamura con una breve sonrisa y, mientras lo veía marcharse, recordé algo súbitamente. —¡Pero luego vente con Yume! —exclamé, amplificando mi voz con una mano—. ¡Tenemos que contarle esa historia! Interioricé los alrededores y supuse que tendríamos aquí la suficiente calma. Bajé mi vista a Hachi, pensé en la noticia de Noishi y no tuve el corazón para mencionarlo; no me atreví a hacerlo. No estaba seguro cómo le afectaría y precisamente por eso callé. Acepté su invitación, me acomodé a su lado y fruncí apenas el ceño, confundido. —¿Podría generarte acostumbramiento también? No veía otro motivo por el cual le ocultaran la información, pero quizá fuese un conocimiento que no poseía. Su mano reposó en la mía, apoyada sobre mi rodilla, y agaché la mirada allí. Sonreí, giré la palma y la envolví entre mis dedos; estaba tibia. —Lamento haber enterrado a los shinigami junto a Rei —murmuré, sin quitar la mirada de nuestras manos—. Tienes razón en que otro sitio habría sido más respetuoso con él y con Hashimoto, no... no lo pensé lo suficiente. Era una disculpa que deseaba extenderle, no una que me carcomiera. Busqué sus ojos y le sonreí, sereno, en parte para enmascarar los ligeros nervios que rebotaban en mi estómago. No sabía cómo reaccionaría. —También estuve pensando... Tamura probablemente se quede aquí, cuidando de Yume. —Tomé aire y presioné su mano, mi sonrisa desapareció—. Hachi, ¿tú podrías quedarte con ellos? ¿Por favor? Ya has hecho tanto y... quiero que estés a salvo. Es todo lo que quiero.
Akihito Shishio Ni siquiera había podido decirle algo a Rei cuando salió con Mei en brazos, cuando trtó de explicarle lo que había sucedido y solo salió un corto lamento prefirió callar y solo mirarlo con arrepentimiento. No había podido lograr nada para su familia y no estaba seguro si Rei del todo estaba queriendo aceptar el peso de lo que significaba que ahora ambos estuvieran muertos. Mantuvo su compostura al enterrarla incluso si sus manos temblaron en todo el momento, era irreal, tanto que tenía que mantener su cabeza centrada a lo que estaba viviendo en ese momento y no tratar de pensar más allá en lo que tendría que decir... si llegaba el momento de encontrarse a sus medios hermanos. En algún punto tuvo a Kousei en brazos, lo acariciaba y apretaba contra él cada tanto para centrarse y mantenerse presente en las historias que escuchaba de Rengo, lo distraían, sí, y aunque le causaban cierta gracia ternura algunas formas de resolver las cosas que le pasaron pero su rostro no podía mostrarlo. De vez en cuando se apoyaba contra él mientras caminaban para mostrarle que sus historias no estaban simplemente siendo ignoradas, otras simplemente negaba con suavidad para reprobar ciertas acciones como ponerse pasto. —Sabes que nunca he podido huir de mis consecuencias...—murmuró sin pensar que realmente un sonido saldría de su boca, pero aunque era duro sabía que estaba en lo cierto, y si huía hacia ella... ¿qué tantos problemas le traería? No estaría nada segura si llegaban a buscarlo, al mismo tiempo no creía que eso sería algo que su madre querría que hiciera. Llegar finalmente al campamento hizo que su estómago se revolviera un poco más de la cuenta y no se dio cuenta de lo fuerte que había empezado a abrazar a Kousei hasta que este se quejó y tuvo que disculparse con el por la molestia con un pequeño beso sobre su frente antes de dejarlo en el suelo con cuidado para que caminara (y evitar abrazarlo un poco demás), luego tan solo volvió a aferrarse a la mano de Rengo, esperando que su caminar hacia su líder no se viera interrumpido por ningún rostro conocido para él. Prefería manejar un malestar a la vez. Llegar a toparse primero con Takano no lo sorprendió tanto como ver a Kohaku salir del lugar, pero el alivio de que no fuera un rostro no tan conocido no le duró demasiado cuando supo que Tomoe se encontraba dentro y claro que estaba allí, era lo más lógico si el espíritu de Noishi se encontraba al lado de Shino y... su presencia le presionaba más su corazón. La confesión se iba a complicar un poco más. Asintió a las palabras de Rengo, apretó su mano y tomó una gran bocanada de aire para calmar sus nervios, con la ayuda del pañuelo que le había dado Yuzuki limpió su cara lo mejor posible para deshacerse de la tierra acumulada, de su ropa rota... bueno, no podía hacer mucho, su cabello por negarse a soltar a Rengo tan solo se había asegurado que todo se mantuviera en su lugar y no extrañamente posicionado. —Para nada estoy listo, siento como si fuera a... —Cuando vio a Yuzuki frente a él guardó silencio al no verla venir pero, al ver que también lo ayudaba a arreglarse no pudo evitar inclinarse ligeramente para agradecerle —. Gracias, a ambos. Saber que iba respaldado lo ponía un poco más nervioso, porque si las cosas llegaban a salir más implicaba que iba a defenderlo y tampoco quería que se pusiera en la línea de su líder por algo que él había hecho, no quería que estuviera en peligro, por algo que él había decidido... por algo que solo debía ser su posible castigo. —Pasará lo que tenga que pasar...—murmuró sin demasiadas ganas antes de mirar a Rei —, ¿c-crees que podrías darle un vistazo a Matahachi si es que se encuentra aquí? No... no se como va a ir todo esto y no quiero que te preocupes por lo que pueda pasar allí o perturbar más tu descanso con lo que hice en Shiga con lo que se pueda decir allí dentro... Y si sí pasaba algo malo, ¿quizás que su espíritu cerca de su otro hijo haría que su ser no se viera afectado? Dicho esto asintió a sus acompañantes e inició su andar al interior, cada paso lo sentía como si fuera en cámara lenta con el eco de su corazón golpeando sus tímpanos hasta que los vio allí parados frente a él, por un segundo sintió que los veía hasta borrosos de lo rápido que su corazón empezó a latir al grado de obligarse a respirar hondo nuevamente. —Mi señor, Princesa. —Inició con la voz más firme que pudo soltar, dejo ir la mano de Rengo para poder hacer su reverencia completa que mantuvo por un par de segundos antes de reincorporarse para quedar sentado sobre sus piernas, todavía manteniendo la cabeza baja para no parecer irrespetuoso y lo que le hizo notar a Kousei recostado al lado suyo. —Lamento mucho entrar así sin ninguna clase de audiencia o aviso, pero me temo que es necesario debido al tema a tratar, uno que me han dicho que ya se la informado. —Hizo una pausa, apretando la tela de su kimono entre sus manos —Me presento ante usted porque soy yo quien ha sido el causante de la revuelta en Shiga al cuestionar las órdenes de Noishi con el equipo asignado, puse en peligro la misión al dejar temas personales interferir con lo que teníamos que hacer, permití que las cosas se complicaran al darle una ventaja al enemigo por mi insubordinación y eso terminó con la lamentable pérdida de nuestro líder, su hermano, Noishi. —Se que una disculpa de mi parte puede no valer nada en este momento, y sería perfectamente razonable que así fuera, pero yo genuinamente lamento todo lo que provoqué. Si pudiera regresar a ese momento escogería simplemente ser el soldado que debí ser y no algo más para que no tuvieran que lidiar con el peso de su partida. —...Lamentablemente esos escenarios no pueden existir y las consecuencias de lo decidido no pueden ser cambiadas, entonces... lo único que encuentro que puedo hacer es estar frente a usted, ustedes para decirles lo que sucedió y... afrontar lo que eso podría traer. También tenga por seguro que tengo planeado, si así el curso de la guerra y lo que decida lo permite, hacer lo mismo con los otros implicados que fueron dañados con mis decisiones, como la Dama Shino o el Señor Sugita... quien considero que también deberían tener la oportunidad de escucharlo.
Fujiwara no Riku "Quería lograr que todos pudieran decir aquello. Y esa en parte ha sido mi falla, una que no quiero se repita tan cerca del final...". Fui liberando de a poco mi rostro de la cercania de su cuerpo, respirando lentamente de lo que casi fue una liberación emocional que hubiera querido evitar. Lleve mis brazos a sus hombros y la aleje sutilmente, no por evitarla, sino en querer nos veamos frente a frente."Muchos eventos han sucedido hasta ahora, algunos de los cuales podríamos no ser concientes". Señale con los ojos a Dazai, que ahora esperaba su pareja estuviera bien. "Hay cosas que podrían no ser nuestro lugar saber...". Negué. "No sé que sucederá a continuación, y tal vez todo lo que suceda no nos concierne directamente". Era conciente de una manera extraña del desconocimiento de todos los hilos que llevaron a este final. "Pero vamos a estar para evitarlo, nos cruzaremos contra enemigos que ni conocemos o sabremos que han echo, lo haremos con el fin de evitar que más tragedias sigan golpeando". "Me niego a ser un espectador al cual le deben contar lo sucedido". Sonreí, dolosamente, porque en el fondo sabía en dónde me estaba por meter. Nuevamente. Pero como salte a ser comandante en Shizuoka o luche en el duelo que se llevó acabo aquí, no tenía obligación, no más que aquel deber auto impuesto de creer que debía entregar mi vida por alguna causa. "Lo siento...". Me disculpé, bajando la cabeza, sabiendo que mis decisiones son una que le pesan a cada momento.
Aoi Nobunaga Escuchaba hablar a los piratas con una sonrisa ligera que se congeló cuando Dozan manifestó su opinión. Ella compartía la tozudez de Ryoshi y no lo había planteado de aquella manera. Frunció ligeramente el ceño y se llevó la mano al pecho en un acto reflejo del suyo, sintiendo cómo su propio corazón se aceleraba sutilmente al comprender. — Aquí...— Repitió ligeramente consternada, sacudiendo la cabeza despacio. Lo entendería si hubieran sido Aki o Rengo, pero no aquellas personas que estaban dispuestas a matarlos a ellos. ¿Acaso estaban enamorados? El amor era en único sentimiento que podía comprender. — La hubiera soltado sin dudar. — Respondió al instante. — En dirección hacia cualquiera que me ordene matar a aquellos a los que amo. No pudo evitar sonrojarse levemente al pronunciar aquellas palabras, a pesar de que eran una obviedad para ella, el decirlo en voz alta resultó extrañamente vergonzoso. Contenido oculto: gastando dinerito Me gustaría gastar las monedas (560) en bufotoxina (500) y agujas (50)
[Takano; Yuzuki; Hayato; Akihito; Rengo] [Yurei: Hashimoto, Rei] Rengo escuchó a Yuzuki y sonrió apretando los dientes. No había pensado en nada. Mara soltó una carcajada y alarmó a los presentes que no estaban acostumbrados a escuchar aquella voz. Rei negó a Akihito —¿Perturbar mi descanso? ¡BAH! — se quejó —¿Te parece que ando descansando? — comenzó a reírse — Nada puede ser peor que aquella misión en Yamato con ese niño. Aburridísimo — Aun no quería ver a Hachi, le incomodaba incluso más que la traición de Mei. Pero le preocupaba que junto a Takeda pudiese estar Noishi, así que debía entrar para callarle su espectral boca para que no influyera en la decisión de su hermano. Takano miró a Yuzuki y levantó una ceja; cuando ambos se adentraron al refugio Takano afirmó —Me preocupa el golpe que esto representará para Takeda; pero no me preocupa que pierda la compostura —negó — Se sacó un ojo sin titubear, es fuerte —miró a Yuzuki — A decir verdad es que eso quería decirte; que debíamos pasar un tiempo juntos — Él pensaba sólo en ella; pero la sonrisa de Hayato impidió que pudiera decirlo cómo antes lo hubiera hecho — Con Hashimoto no tenemos opción ¿No? Hashimoto también se rió. Takano no rió, nada. No podía hacer nada con Yuzuki mientras el viejo estuviera allí. Miró al eclipse y apretó su mandíbula con molestia. Contenido oculto Zireael Nekita [Riku; Kirara] [Yurei: Dazai; Inosoke] Kirara le sonrió —¿Tu maestro Kojiro también te enseño a hacer esto?— dijo señalándolo en su completa agonía —¿Cuándo a un Fujiwara le ha aterrado el combate? — a ella, cuándo lo vio pelear en esa misma tierra —No ofendas al clan — soltó una risa seca, no lo estaba regañando, se lo decía a sí misma — No podemos hacer nada por lo que no conocemos; pero sabemos lo que tenemos y por eso peleamos. Iremos juntos, yo estoy prepara de ir a tu lado. ¿O acaso crees que soy tan débil que me pondré a llorar justo ahora? —negó — No, no lo haré. Lo sacudió violentamente —¿No te apetece jugar Kaidan? Tal vez sea la...— detuvo el pensamiento de decir "una última vez" — No tenemos dinero pero; podemos hacer que el perdedor haga algo humillante —sonrió — ¿O quieres pasear? También podemos pescar algo para la cena, o comida; ya no sé que hora pueda ser en este momento. Y tal vez no pesquemos nada —volvió a negar y tomó el rostro de Riku entre sus manos —Hagamos algo que no sea llorar, por favor. Contenido oculto Monpoke [Hachi; Tamura; Ginko; Kohaku] [Yurei: Kumiko; Taiki] Ante la pregunta de la dependencia sólo levantó los hombros en un ademán de no saber; después Kohaku se disculpó por lo de los shinigamis y apretó los labios en una señal de disconformidad. Aquello lo seguía incomodando; pero al menos no los trató con respeto. Pero antes de que pudiera formularle su desdén por aquellas criaturas; las siguientes palabras de Kohaku lo descolocaron. Soltó sus manos y se levantó — ¿Me estás pidiendo que me quede aquí cuando el asesino de mi padre está allá? —miró sus propias manos y las apretó con fuerza —¿Cómo puedes pedirme eso? Soy lo que soy porque me he movido para completar mi venganza —lo miró, en sus ojos no había odio, sino desesperación — Sé que tus palabras vienen de la preocupación; yo también tengo la misma inquietud para contigo. Pero me parece injusto que me pidas que yo te espere aquí mientras tu vas a la guerra. "Son rencorosos, los cuervos" —Debemos regresar juntos a Tateyama ¿No es cierto?— Recordó que Kohaku ya lo había visto morir y frotó sus manos para tranquilizarse —¿Acaso crees que soy débil? ¿Crees que voy a estorbar? Sé que no he tenido un buen desempeño últimamente; pero he recuperado mi fuerza ¡He entrenado toda mi vida para esto! —sus ojos su nublaron, era desesperación pura; su mano la llevó al hombro por instinto mientras temblaba —Todas las vidas que he tomado fueron para llegar a ÉL. Y nadie puede arrebatarme lo que por sangre me pertenece tomar. Esto era el odio visceral albergado en Hachi, un odio contenido en cada caminata por el castillo Imperial al cruzar miradas con él. Misiones a un lado de él. Un mismo techo compartido. Misma comida. Escucharlo reírse a carcajadas en su cara. Taiki lo observaba mientras Kumiko bajó la mirada. Hachi se quedó allí, de pie —Voy a seguirte a la guerra. Quieras o no. Contenido oculto Gigi Blanche [Takeda; Tomoe; Rengo; Akihito] [Yurei: Kozaemon; Kenzaburo; Rei] —¡Tú deberías haber estado cuando mi hermana y Murai se quebraron al ver el espíritu de Noishi! ¡Tu deberías haber oído esos llantos!— le recriminó Tomoe mientras Takeda los observaba; al principio confundido, pues no los reconocía; hasta que la mirada triste de Rengo lo alcanzó. Para Rengo fue lo mismo, el rostro de Takeda era distinto. ¿En qué momento dejaron de parecerse? — Están —pausó Tomoe, su voz se quebraba, sus ojos se nublaban —Están destrozados. "La calma en medio de la quietud no es verdadera calma; mantenerse tranquilo en medio de la turbulencia, esa es la verdadera calma" Rengo seguía observando a Takeda quién se mantenía allí, firme— Me dijiste que guardar rencores o mostrar enojo con alguien que comete errores no le enseñará a no cometerlos, sólo le enseña a ocultarlos. Takeda afirmó y miró a Akihito. Tomoe tomó del brazo a Takeda y se hincó a su lado — No debes de ser indulgente. Esto fue una traición. De él y de los demás cobardes que no han venido a enfrentarnos. Takeda miró a Tomoe y la instó a levantarse, aquellos actos lo incomodan en demasía —Impondré mi justicia. Rengo estaba allí junto a Akihito; de la misma manera que intentó estar con Natsu, con Mao o con Kuroki. Parecía que Rengo se rodeaba de las personas que más lastimaban a Takeda. ¿Los traidores? Mara calló; sabía que su voz no ayudaría a Akihito. —Tal vez, yo soy el problema —Respondió Rengo —Pero créeme que Aki es diferente —dijo sin siquiera formular la oración que lo llevó a esa conjetura. Takeda negó inmediatamente y se dirigió a Akihito —Tu desobediencia no te convierte en traidor, te hace carente de disciplina, si aceptaste ir sin ayudar a la estrategia, habías hecho el pacto de sumisión. No lo seguiste, fuiste rebelde ante tu líder, y esto costó su vida y pusiste en riesgo a la de tus compañeros —Inició con voz calmada, no gritaba —Y aun así, Noishi te protegió. Porque él sabía que lo correcto no era castigarte con la muerte, y yo no asesinaré al hombre que costó el último aliento a mi hermano de sangre —Takeda se colocó frente a Aki —Tus latidos, tu piel, tus pasos. Todo tu cuerpo está en deuda con mi hermano. Cómo Kato está en deuda con las Minami; cómo Murai lo está con los Fujiwara; cómo los Fujiwara con los Sugita. Y yo, el último de los Minamoto estoy en deuda con tantas personas. He perdido demasiado para no saber que una vida arrepentida de sus actos me es valiosa, a diferencia de una traición llena de excusas, adornos o total abandono. —¿Qué haces? — preguntó Tomoe quién se acercaba a Takeda para obligarlo a retroceder; pero Shinrin la detuvo. —Escucha — le sugirió Shinrin a Tomoe. —Fuiste irresponsable; pero honesto. Y has venido aquí a tirarte a nuestros pies en disculpas —Takeda se inclinó para tomar del mentón a Akihito para obligarlo a mirarlo a los ojos, no fue un movimiento suave, se sintió amenazante; pero no encontró una mirada de odio, encontró una mirada cansada, herida. Takeda lo soltó brusco —El exceso de respeto y la sumisión me impiden ver tu rostro. Me molesta que no me vean cuando se disculpan. Mírame a la cara, mírame y dime que buscabas su muerte. Los ojos de Akihito lo decían todo. —Tal vez mi hermano no esté de acuerdo conmigo; que las Taira tengan otras palabras que dirigirte como responsables de tus acciones; incluso que los Sugita respondan distinto. Pero yo, Takeda Minamoto te ordeno levantarte. Esperó a que Akihito lo hiciera, Rengo lo siguió. —Mi hermano te ha dado una segunda oportunidad. Tú podrás volver a ver un sol que él ya no podrá. Te veo en este momento a los ojos a ti en lugar de ver los de mi hermano —inhaló con fuerza para contener sus lágrimas dentro —Vive con esa vergüenza y conviértela en convicción. O no vuelvas a sostenerme la mirada nunca más—Takeda suspiró, dispuesto a salir de allí. —Pero Takeda— Tomoe lo miraba. —Estoy harto de tomar vidas arrepentidas por cumplir con un deber vacío —Dijo hacia Tomoe quién lo miraba a detalle — Si la voz de este hombre se levanta; prefiero que viva. Y así saber que mi hermano no ha muerto en vano —Volvió hacia Akihito —Una cosa más; inicia siempre presentándote. Contenido oculto Nekita [Aoi; Ryoshi; Dozan] [Yurei: Kaori] "La hubiera soltado sin dudar" Las piernas de Ryoshi temblaron. La caída sería dura. "En dirección hacia cualquiera que me ordene matar a aquellos a los que amo" —¿Eso significa— no terminó la frase; miró a Aoi sonrojarse y él también lo hizo al instante; pero después giró su rostro hacia Ryoshi quién los miraba confundido. —¿En qué momento?— preguntó Ryoshi a ambos. Dozan se congeló en aquel instante, mientras Kaori aplaudía entre risas. Contenido oculto Ayeah
Aoi Nobunaga El calor en sus mejillas se intensificaba a medida que los segundos avanzaban entre miradas cargadas de un significado que no alcanzaba a comprender en su totalidad. La pregunta inconclusa de Dozan y la pregunta completa de Ryoshi no hicieron sino confundirla más. ¿Acaso no era algo obvio? Pasó la mirada de uno a otro una vez, dos, tres... Y suspiró, incómoda. No era buena con las palabras y mucho menos con los sentimientos. El corazón martilleaba tan fuerte que temió que saliera huyendo de su pecho y tubo ganas de seguirlo a toda costa. Trató de ordenar sus ideas. ¿Qué significaba aquello? — Significa que te amo. — Respondió con un aplomo que estaba lejos de sentir, para después volverse hacia Ryoshi y extender su mano hacia él. — Hace tiempo que somos una familia de tres... Titubeó. Aquello era algo que Aoi había dado por sentado y ahora comenzaba a darse cuenta que quizá para aquellos jóvenes no era tan obvio. — ...¿No es así? — Mordisqueó nerviosa su labio inferior, a la espera de una respuesta.
Yuzuki Minami La carcajada de Mara dejó claro que Rengo no había pensando en ningún momento cómo defender a Aki con la información que poseía y al darme cuenta lo miré con un dejo de diversión que no calzaba con la situación. Ese, sin embargo, era ahora su problema y no el mio. Sabía que no había necesidad de preocuparne de más. –Ya perdió mucho antes, sé que- ¿Un ojo? —Miré a Takano, escandalizada y habiendo olvidado lo demás—. ¡¿Un ojo?! ¡Para el final de esto nos habrá quedado medio Takeda, con suerte! ¡Primero un brazo, ahora un ojo! ¿Acaso tengo que decirte cada vez que me voy "Takano, recuerda no dejar que Takeda pierda otra parte de su cuerpo, por favor"? Me llevé las manos al rostro, bueno, la mano y caer en cuenta de que había intentado usar mi propia extremidad faltante me frustró bastante, de hecho agité el brazo con evidente molestia. Maldito Gendo, Kuroki y toda su prole. Refunfuñé de manera audible, siquiera lo disimulé, y me enjuagué los ojos (que yo sí tenía ambos, para variar) con los dedos. —Un ojo —lloriqueé, afligida, y luego traté de calmarme enfocándome en lo demás—. No, con Hashimoto no tenemos opción. Miré al hombre, a su figura incorpórea más bien, y comprimí los gestos. Me recordé a mí misma llorando, pidiéndole que no muriera, y luego cómo me había apiñado a dormir con Rengo y Hayato. Ahora una parte de mí quería estar a solas con Takano, otra quería estar con Hayato también y luego estaba el viejo Inugami, que cuando por fin descansara desaparecería para siempre. —Perdón —murmuré refiriéndome a mi reacción de antes, suponía que el ojo de Takeda... no habría sido más que otra transacción o algo así. Busqué el brazo de Takano con la mano y me aferré a él—. Vamos, tengamos ese tiempo juntos. Ya sabes, nuestra pequeña familia. Hayato hizo maravillas con las flechas incendiarias hace poco, por cierto. Me cuida muy bien.
Kohaku Ishikawa Su reacción a mi disculpa sembró la primera pizca de nerviosismo, de incertidumbre. Había creído, quizá vanamente, que su respuesta intentaría balancear mi arrepentimiento con alguna reflexión de su parte, alguna suerte de negociación que nos acercara el uno al otro; desde Fukui, durante el viaje al campamento, prácticamente no habíamos hablado y eso me había pesado. ¿Tal vez a él no? ¿Tal vez... yo estaba siendo arrogante? Resolví, pues, que mi imprudencia había calado más hondo de lo que estimaba, y cometí lo que me pareció un segundo error: seguir hablando. De un momento al otro, su mano se había deslizado lejos de mi agarre y Hachi estaba en pie, mirándome desde arriba. Bajé la vista a mi mano, vacía, y fui consciente de lo ajena que me resultó la sensación. ¿Me había malacostumbrado? ¿O... lo había malinterpretado? Empezó a hablar, junté mis manos al centro y alcé la cabeza, mirándolo. Parecía... enfadado. Soy lo que soy porque me he movido para completar mi venganza. —Eres más que eso —mascullé, en voz baja y sin intenciones de interrumpirlo, sobre un instante de silencio. Fue un impulso que no moderé y que pronto regresó a su sitio, priorizando el... desconcierto que sentía. Era la primera vez que lo veía así. Sabía de su deseo de venganza, sabía todo el dolor que Saizo Honda le había provocado. Pensé en Amanozako, incluso en Hashimoto, y también en mis propias palabras. La ironía era casi ridícula. La venganza carece de propósito o utilidad a mis ojos, por ello prefiero conservarlos. Ver el mundo y discernir con claridad, ¿no es eso más importante? Había minimizado el valor de la venganza, había rechazado a Amanozako por eso, y ahora estaba aquí: sin atreverme a replicar y con una cuenca vacía. Era un poco patético. Lo seguí escuchando con el semblante contraído, atento a cada idea, cada indicio, cada pequeña emoción filtrada. ¿Débil? Por los Dioses, era una de las personas más increíbles que había conocido y quise decírselo, pero... las palabras se me enredaron en la garganta. Lo había subestimado, ¿verdad? Su necesidad, su rencor y odio contenidos. Había subestimado el peso que cargaba sobre sus hombros... o tal vez no. Tal vez, precisamente por eso, había intentado lograr lo imposible: que no entrara a Kioto. Que se alejara de Saizo. Que renunciara. Y nadie puede arrebatarme lo que por sangre me pertenece tomar. Tenía razón, estaba siendo injusto. —¿Y si él es el enemigo de los Cielos? —pregunté, viéndolo a los ojos—. ¿Qué harás si Saizo Honda resulta ser el objetivo de Amanozako, mi objetivo? Terriblemente injusto.
Fujiwara no Riku Sonreí apenado de ser visto de tal manera, aunque no podía negarlo del todo. "Recuerda, se supone que sea yo quien te siga. Eres nuestra líder y haré lo que decidas. Lucharemos juntos. Tu, Shinko, Yato y yo, ¿No? Nosotros, los Fujiwara". Sentía repercusiones en mi pecho de temor al pensar en que estarías en peligro, pero al menos lo haremos juntos. "Creo, sería la primera vez que nos reuniremos los cuatro de esta manera". Era irónico, que a pesar de todo, no hemos llegado a combatir mucho juntos. "Parece lejano ese momento donde buscábamos pelear contra los Minamoto en Kamakura...". Rei levemente al ahora viejo recuerdo de una intención que nunca se cumplió... Eran muchas ideas de como pasar este tiempo final, estaba a medio asentir entusiasta ante sus sugerencias cuando me recordé de algo. "Kirara...". Tomé una de sus manos que llevo a mi rostro, incluso de llevar una propia hacia su rostro. "Supongo te recordarás de Dazai. Es un viejo amigo". Señale, está vez en un mayor énfasis hacia él. Por mucho que quisiera ir directamente a cumplir su palabra, no podía simplemente dejar plantado a Dazai después de que también me estuvo esperando. Esperar. Suspiré pensando en aquello que tal vez debí cumplir apenas llegando, lo cual no veía como una prioridad. A pesar de que pareciera que solo una persona importaba para responsabilizarse de todo. "Ojalá pudiera hablar con él, ojalá pudiera seguirte y reunirnos con los demás, pero...". Dudaba, en un sentido diferente al querer escapar, sino con un deseo de querer atesorar estos instantes. "Lamentablemente, no puedo dejar que toda la responsabilidad de lo sucedido en la misión recaiga sobre una sola persona. Debe de estar con Takeda en estos momentos".
Akihito Shishio Asintió a las palabras de Tomoe con pesar a penas las escuchó, era algo que sabía y ya había imaginado, pero incluso con toda esa preparación, escuchar una confirmación por alguna razón hacía que doliera aun más. Y aunque el respaldo de las primeras palabras de Rengo le traían consuelo, esperaba que eso tuviera un poco más de peso que las que Tomoe estaba ejerciendo, porque aunque debía de aceptar lo que fuera que se decidiera aun así no le quitaba el miedo y la incertidumbre de lo que tendría que enfrentar. Escuchó las palabras de Takeda con cierto asombro y confusión, en ningún momento había cruzado por su mente el imaginario que pudiera dedicarle esas palabras, eran duras sí, pero... no las sentía agresivas y no sabía qué pensar, cómo reaccionar del todo o como sentirse, todos sus sentimientos se mezclaban de maneras que no lograba explicar y se intensificaban sin que pudiera evitarlo. Incluso su corazón seguía latiendo con fuerza con nervios y casi sintió como se detenía por un segundo cuando logró notar la cercanía de Takeda, de nuevo, no le estaba condenando a nada pero aun así se sentía intimidado por mucho que sus palabras le resonaran. "Me molesta que no me vean cuando se disculpan." Su instinto fue querer esconderse más en si mismo al sentir que aquello que nuevamente no contempló pudiera hacer que el tono de la conversación girara a algo más negativo, pero todo intento de protegerse intentando hacerse más pequeño se vio frustrado cuando de repente sintió que Takeda alzó su mentón y no hizo más que congelarse para tratar de mantenerse compuesto porque aquel escenario no era lugar para desmoronarse, ya había tenido su espacio y además sabía que no podía decir nada de lo que le pedía, porque se retorcía internamente por siquiera recordarlo, porque esa perdida no debió de suceder. Obedeció cuando le pidió ponerse de pie para luego mantener ese esfuerzo consciente en simplemente mantener su mirada en él y seguir tomando sus palabras a consciencia, incluso aquel error de no haberse presentado que en otro contexto le hubiera pintado su rostro en vergüenza —L-Lo haré...—carraspeó un poco para aclarar su voz —, no olvidaré mi deuda hacia él, ni lo que hizo por mi a pesar de no merecerlo, tampoco olvidaré sus palabras, mi Señor. Viviré, trabajaré y mejoraré los ámbitos que carezco para que esto no vuelva a repetirse, no... causar más dolor o pérdidas. Tomó aire tratando de regresar la coherencia a su cabeza pero sentía que no tenía demasiado éxito, porque todavía una parte de él deseaba haber podido expresarse mucho mejor pero... con todo lo dicho, estaba prácticamente palabras con la resolución que le había dado. —Y perdone, mi nombre es Akihito Shishio —Hizo una pequeña reverencia aunque ya tampoco estaba muy seguro de que protocolo seguir. De igual manera con ese movimiento aprovechó para sacar un papel cuidadosamente doblado del interior de su kimono y con ambas manos se lo mostró con intenciones de que lo tomara si así lo deseaba —. C-Cuando estaba a punto de desfallecer fue la voz de Noishi quien me hizo mantenerme consciente, aunque estoy seguro que sus palabras no me tenían a mí como objetivo final, así que decidí escribir lo que me dijo para usted. No habría forma humana en la que él pudiera repetirlo, sabía que sería in desastre nada entendible si trataba de hacerlo y además sentía que merecía la privacidad de leerlas si así lo deseaba.
Togashi Al ver cómo Kawa trataba de hurgar en recuerdos que implicaban el ataque que había tomado su vida, Togashi se arrepintió por la pregunta que había hecho. La había formulado sin pensar, embargado por la mezcla de emociones que contenía duras penas. Aunque hubiese recibido una información más clara sobre lo que le había sucedido a aquella chica a la que había empezado a ver como una hermana a la que proteger; tener una certeza, no iba a cambiar el hecho de que a ella también la había perdido. No había necesidad de hacerle rememorar su cruel destino, menos aún cuando seguía sosteniendo el cuerpo físico en las aguas del río. Quiso decirle que no era necesario el esfuerzo de recordar, pero fue Benkei quien se ocupó de contenerla, dirigiéndoles una mirada de súplica. Miró al monje con evidente arrepentimiento y le dedicó un gesto de cabeza que podía entenderse como una reverencia: se estaba disculpando por su impertinencia, a la vez que prometía, en silencio, no decir nada que acercara a Kawa a la dolorosa verdad. Ya con bastante debía estar lidiando, presenciando su propio funeral. Dejó que el río la llevara, la vio partir en paz junto con la naturaleza. Retrocedió hasta quedar junto a Kojiro. La postura de su cuerpo era más firme, había conseguido dominar buena parte de las emociones que sufrió desde su llegada a Sekigahara; pero la melancolía se podía ver en sus ojos, la tristeza de otra pérdida. Fueron las palabras de Kojiro los que regresaron algo de calidez a su mirada, consiguiendo también que sonriera, a la par de Kawa. Llevaba un tiempo sin oír la poesía de Kojiro, y supo cuánta falta le había hecho. —Y tu luz es ahora nuestra fuerza —añadió—. Con ella nos alzaremos sobre los fragmentos de nuestro espíritu herido, y de éstos resurgiremos convertidos en almas más sólidas e inquebrantables —miró a los presentes, con una afirmación, esperando que sus palabras permitieran templar el alma de Byakko y Jiin; luego, se acercó a los espíritus de Benkei y Kawa, a los que reverenció— Son y serán mi impulso bajo el eclipse. Espero poder tenerlos a mi lado… hasta el final. Cuando hubo terminado de oír las respuestas correspondientes, Togashi miró hacia el campamento. Entre otras personas, reconoció a la distancia a Gonsake, lo cual le comprimió ligeramente el pecho. La última vez que hablaron, le había dicho que lucharían juntos, y quizás éste era aquel momento. Sin embargo, había alguien más a quien quería ver antes de partir a Tokio. Se dirigió a los demás: —Planeo presentarme ante Takeda —anunció—. No hemos hablado desde la batalla de Shizuoka, y quién sabe cuándo surgirá otra oportunidad. Puede que su katana necesite algún mantenimiento.
Seikanji Yamagawa —Noishi… —repitió el nombre y por un instante pareció que iba a decir algo más, pero calló. No era un amigo íntimo, pero su muerte pesaba, pesaba porque había sucedido frente a sus ojos... y pesaba porque Seikanji había elegido otro camino distinto. Tanto Akihito como él pensaron con el corazón por primera vez en una misión. Nunca habían dudado antes, no lo hicieron en Higashiomi contra el atentado a Shura ni en ningún otro momento desde entonces. Cada uno tenía sus razones por haber quebrado la orden de matar a todos. —Noishi dio la orden de matar a todos —dijo, con la mirada en el suelo—. Y no pude obedecerlo. No cuando entre “todos” estaba Bokuso, mi maestro. —desvió la vista un poco, incómodo con la idea de que notaran lo que le pasaba por dentro. —Ahora ambos están muertos... pero no dejaré que la culpa me hunda, al contrario, me impulsara para marchar una última vez y por todas. Para que este sinfin de muertes tenga un giro con último golpe. —apretó la mano de Aki, sintiendo un ancla entre sus dedos, sabiendo que no lo soltaría. Alzó el puño de su otra mano —Pero antes nos reabasteceremos de pertrechos. Nos protegeremos, tengo suficiente dinero para todos o lo encontraremos de algún modo. Personalizaremos flechas para Konan, Aoi, Aki y para mí. De este modo Akihito tendrá un arma secreta para sorprender al enemigo también. ¿Quién más necesita algo o cree necesario tener que llevar? —y rápidamnete, con la idea de invertir dinero para proteger a su familia, Seikanji comenzó a hablar muy rápido, decidiendo que el dolor no le detendría.