~¡Caminos Entrecruzados!~

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Abdy, 11 Julio 2013.

  1.  
    Abdy

    Abdy Iniciado

    Piscis
    Miembro desde:
    24 Septiembre 2012
    Mensajes:
    16
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    ~¡Caminos Entrecruzados!~
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1655
    Hello Everybody!

    Espero estén bien sino... pues mejorénse! ;)

    Este pequeño fic (es más un mini fic) lo hice exclusivamente para la actividad Identidad Perdida, es algo triste lo sé, y al principio es algo como >_< pero se pondrá interesante a medida que avanza. Prometo terminar con él y no dejarlo a medias. A ver si alguien comenta este ya que Celaje como que a nadie le gustó! :'(

    Espero les guste y si no es mucha molestia dejen su comentario ¿vale?
    Chaito, cuídense! :*


    ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~​
    El día era soleado y alegre, simplemente perfecto.
    De pronto se escuchó que alguien tocaba a la puerta con gran entusiasmo, pasados dos segundos el timbre comenzó a sonar insistentemente al igual que la puerta. El viejo hombre de cabellos plateados se levantó de su silla, tomó su bastón y caminó hacía la entrada; al abrir se encontró con una gran y alegre sorpresa.

    — ¡Abuelo!
    — ¡Abuelito! — gritó un niño de unos diez años de cabellos dorados, ojos celeste y tez blanca. La copia exacta del primero; eran gemelos.
    —Hola papá. —exclamó el hombre detrás de ellos que sostenía dos mochilas iguales.
    — ¡Mis niños! ¿Cómo han estado?, pasen adelante.

    Los pequeños abrazaron al señor de avanzada edad y le acompañaron en cada paso ayudándole hasta llegar a la sala de la casa.

    — ¿Dónde esta Susane, Robert? —preguntó el anciano mientras se sentaba en su mecedora de costumbre.
    —Ella, esta en casa, haciendo las maletas. Te envía saludos.
    —Salúdala de mi parte también. ¿Cuando se van? —preguntó en tono serio.
    —En unas horas, ¿dónde está mamá?
    —Debe de estar en la cocina.

    El hombre joven, Robert. Caminó hacía la cocina que estaba algo alejada de la sala, era una casa extraña; parecía estar mal diseñada, aunque su diseño en general era muy funcional. Atravesó un largo pasillo, en las paredes de éste colgaban algunos cuadros con fotos familiares que le recordaron a su infancia. “La familia perfecta” —se dijo a si mismo.

    Siguió caminando y se detuvo frente otro cuadro donde esta vez aparecían todos los integrantes de la familia: él, su madre, Amanda; su padre, Guillermo; y su difunto hermano gemelo, William.

    — ¿Robert? ¿Robert, eres tú? —exclamó una voz de mujer que provenía del final del pasillo.
    —Sí mamá, soy yo.
    —Que bueno hijo. Ven.

    Caminó hasta llegar a una puerta que estaba al final del corredor, al cruzarla estaba la cocina y en ella su madre. Con delantal puesto y su cabello plateado producto de los años; sus guantes de cocina cubrían sus manos mientras movía una bandeja llena de galletas recién horneadas.

    —Hola. –dijo con nostalgia.
    —Hola hijo, ¿cómo has estado? Tiempo sin verte.
    —Lo mismo digo, huele delicioso. ¿Canela y miel? –preguntó mientras apuntaba a las galletas.
    —Las favoritas de William —exclamó Amanda con tristeza.
    —Ni que lo digas, estas galletas lo volvían loco, pero… —no completó la frase. Los recuerdos invadían su mente y la voz se le quebró al intentar terminar de hablar al mismo tiempo que sus ojos se aguaban.
    —Sí… lo sé.

    De pronto pasos apurados y risas de niños inundaron el pasillo que llegaba a la cocina, y por este entraron los hijos de Robert.

    — ¡Abuela! —dijeron al unísono los dos pequeños.
    — ¡Taylor! ¡Byron! —gritó la abuela de los niños mientras los arropaba a los dos al mismo tiempo— A que no adivinan lo que les hice.
    — ¡Yo sé! ¡Yo sé! —dijo Taylor
    — ¡Son galletas! —completó Byron.
    —Muy bien, pero se las daré más tarde, en lo que se enfríen, ¿les parece?
    —No es justo —dijeron los dos niños al unísono mientras hacían pucheros.
    —Cada día se parecen más a su padre
    —Y a tu tío —exclamó el abuelo que se incorporaba a la conversación.
    —Sí… —Amanda dudó un momento— a William también, sobre todo Byron. Es idéntico —musitó con nostalgia y la tristeza se hizo presente en el ambiente.
    — ¿Qué les parece si les cuento una historia mientras se enfrían las galletas? ¿Quieren chicos? —dijo Guillermo.
    — ¡Sí!
    —Entonces vamos.

    Todos se fueron hasta la sala de la casa, y tomaron asiento donde mejor les pareció, listo para escuchar la historia que el abuelo tenía que contar.

    —Bueno, estamos listos. Ahora escuchen, la historia comienza así:

    Muchos sueñan con grandes médicos, arquitectos, bomberos, abogados. Pero antes el mayor sueño de todo hombre era poder volar, por eso se inventaron los aviones; unos resultaron ser mejores que otros ya que podían volar lejos y algunos ni siquiera podían alzar vuelo porque eran muy pesados.

    Pero hace mucho, mucho tiempo había un hombre que soñaba con conocer que había sobre las nubes y si había algo después del mar. Su sueño era ser un gran piloto reconocido en todo el mundo, por eso estudió y se preparó todo lo que pudo; entrenó para tener buena condición física.

    Logró cumplir su objetivo, se subió al avión para hacer un viaje de una costa a otra pero nunca llegó a su destino. Una fuerte tormenta se había formado mar adentro, la lluvia le impedía la visión, pensó en aterrizar pero no podía ya que no había tierra en varios kilómetros a la redonda y si caía al mar estaba más que seguro de que no viviría para contarlo. Unos dicen que su avión cayó al mar y murió, pero eso no es verdad, él cayó en una isla y está allí esperando a que lo rescaten, yo lo sé.

    —Abuelito… ¿y cómo tu sabes eso? —preguntó Byron.
    —Escucha y verás. Sigo entonces:

    El hecho es que su avión cayó a una pequeña isla, fue un duro golpe y quedó inconciente por varias horas. Cuando despertó se preguntó donde estaba, había perdido la memoria, no recordaba quién era él ni nada de su pasado. Sabia que era piloto porque había un avión que solo podía pilotear una persona y al parecer no había nadie más en la isla, por lo que ahora tendría que hacer todo lo que estuviera en sus manos para sobrevivir.

    —Aún guarda esperanzas de que William siga vivo ¿verdad? —preguntó Robert a su mamá en voz baja.
    —Todos las tenemos… —hizo una pausa— ¿Quién quiere galletas? —preguntó dirigiéndose a los gemelos.
    — ¡Yo!
    — ¡Y yo!
    —Vamos a la cocina entonces, ya se deben haber enfriado.

    Los niños salieron corriendo en dirección a la cocina a toda velocidad y su abuela los seguía con su lento pero constante andar.

    —Papá, me tengo que ir —le dijo a Guillermo.
    —Esta bien hijo, ten mucho cuidado cuando subas a ese avión, no quiero… —el teléfono de la casa sonó, alguien llamaba.

    Robert decidió contestar

    — ¿Diga?
    — ¿Hola? —preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.
    —Es Robert, el hijo de Guillermo ¿Quién habla? —escuchó lo que le tenían que decir— Esta bien, entiendo. Muchas gracias.
    — ¿De quién era la llamada?
    —Consiguieron la avioneta en la que William viajaba…
    — ¿Y él? ¿Está vivo?
    —No… no lo sé. La avioneta estaba sumergida en alta mar. Pero aún no consiguen su cuerpo.
    —Todavía guardo esperanzas, él no pudo… simplemente no podría… —la voz se le quebró a causa del llanto.
    —Tranquilo papá. Todo estará bien. Aún hay esperanzas —le consolaba mientras lo abrazaba.
    —Por favor ten cuidado, no quiero perderte a ti también.
    —Lo tendré, tranquilo. Estate quieto; prometo que te llamaré antes de irme y cuando llegue.
    —Esta bien —musitó con tristeza, las lágrimas aún brotaban de sus ojos como caudalosos ríos. Era raro para Robert ver a su padre así; él siempre había sido el fuerte, el duro, la figura de autoridad. Pero ahora… se quebraba.
    —Me tengo que ir. Prometo que te llamaré, despídeme de mamá —se levantó, le dio un último abrazo a su padre y salió por la puerta directo a su auto.












     
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  2.  
    Lucy J Watson

    Lucy J Watson Usuario común

    Aries
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    16 Agosto 2010
    Mensajes:
    241
    Pluma de
    Escritora
    Me gusto mucho,realmente me encanto la forma en que narraste..^^

    Es algo esperado que los padres tengan esperanzas de que su hijo siga vivo por el tipo de accidente que tuvo,aunque sea un pequeño destello de luz..estoy segura que Guillermo y Amanda seguirán creyendo en que su querido William puede estar vivo en algún lugar.De alguna forma yo también creo que es posible que este varado en alguna isla sin saber su procedencia.

    Me agradaron Taylor y Byron,dan esa sensación de inocencia de cualquier niño de su edad.Me gusto cuando se quejaron porque querían galletas...yo también quiero T-T.Espero que no le pase nada malo a Robert...espero ansiosa el siguiente capitulo.

    Muchas gracias por darme este maravilloso rato de lectura ^^
     
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