La respuesta del hombre fue tan serena que consiguió aplacarme, al menos lo suficiente para frenar mis quejas. Volví a relajar el cuerpo sobre la camilla y acabé con la vista clavada en el techo. Sanos y salvos, ¿eh? La mención de la Prisión Rostiz, sin embargo, reanudó mi tensión y me eché una ojeada a mí misma. ¿Esta era ropa de paciente... o de recluso? El tipo pronto confirmó mis temores y sentí una presión desagradable contra las costillas. Bueno, ¿qué podría haber esperado luego de semejante espectáculo? Sólo me había faltado escupirle a Valiant en la cara. Siguieron hablando, pero las voces se mezclaron con el ruido blanco que me latía en los oídos. De un segundo al otro cobré consciencia y giré el rostro hacia Marcoh, preocupada. Efectivamente, él también portaba esa "ropa de preso". No dije nada, pues en ese momento se abrió la puerta y yo arrugué el gesto. Comenzaba a hartarme de los putos robots. Me senté en mi camilla con cierta lentitud y mis ojos se abrieron, consternados, al ver que se llevaban a Marcoh. El impulso de decirle algo, lo que fuera, se extinguió en mi garganta y sólo pude seguir su recorrido en silencio. Aún me sentía adolorida y algo entumecida, pero bastó para endurecerme el estómago. Esto no pintaba nada bien. El silencio fue denso y opresivo. ¿Que nuestro jefe estaría bien, decía? La sombra de una mueca me sobrevoló los labios. Vaya, qué detalle, y yo que me moría de preocupación por él. Entendía mi posición, sin embargo, al menos ahora era bastante consciente de que no tenía margen para ninguna estupidez, no encerrada en una prisión subterránea y separada de Zuki. Sostuve la mirada de la Ferroregente en profunda seriedad y oí los cargos de los que se me acusaba sin pestañear, aunque los latidos de mi corazón fueran casi dolorosos. ¿Diamond y Xenodis... estarían aquí también? ¿Adam? Vince... Entendía que las dichosas misiones eran órdenes, no invitaciones, y de todos modos el encarcelamiento no era una opción para mí, no si eso libraba a Zuki a su suerte. Lo recordé de repente, aún recuperándome del aturdimiento, y mi semblante se deformó. Zuki... Le habían drenado la energía. Ahora era un pequeño Tinkatink y no sabía absolutamente nada de ella desde entonces. ¿Se habría despertado? ¿Estaría bien? El tipito verde hizo sus preguntas mientras yo recuperaba la compostura, aún sentada en mi camilla. Me forcé a relajar mi mano, empuñada en torno a las sábanas. —Cuando chocamos... o cuando me pareció que chocábamos, hubo una especie de resplandor que me cegó por completo... y después de eso no recuerdo nada. No es que mis embarcaciones se estrellen todos los días, pero ciertamente no se sintió como un choque ordinario. ¿Qué fue lo que ocurrió?
Caos en el barco. Entre todos los gritos, las miradas a un Valiant negociante con su subalterno y el pánico mucho más cercano de Marcoh, yo solo pude mantener la calma. ¿Qué más le íbamos a hacer? El choque era inminente. Lancé un largo suspiro y negué con la cabeza. Hasta aquí, supongo. Es lo que hay. Eso sí, resonó algo dentro de mi cabeza. Hablaban de mí, de Lucas, de otros ocho. Los diez. Éramos moneda de cambio, interés en algo más que mi pasado... O lo que fuera que vieran en Lucas. Sentí tensión en la espina, hacía mucho que no volvía. Lo sabía por experiencia: Juntarnos a todos invita a la desgracia. ¿Qué importaba eso ahora? Con uno menos... Aun si el resto está bien. Aun si ella... Espero esté bien... No suena tan mal acabar atravesado. Se reirán de mí en la otra vida, estoy seguro, pero no... ... Y así, por fin, todo se apagó. ... ... ... O no. Podía abrir los ojos otra vez. Un pestañeo a la vez, dejando que el blanco de unas paredes desconocidas fuera poco a poco aclarándose entre la bruma enturbiando mi mirada hasta que una voz desagradablemente alta me regresaba a la vida. ... Bah... Mover los ojos no solo me hizo darme cuenta de la situación, sino me trajo más sensaciones de mierda. Nauseas y mareos, el cuerpo me tiritaba en parte por un frío que solo vientre evitaba. Corrí la vista a ese lugar para hallarme con vendas arropándome, tapando lo que describió ése sujeto como una adición más a la colección. No desencajaría entre zarpazos, otras suturas y algún que otro balazo, pero... ¡...! Mis manos atadas no impidieron que me retorciera y- Mierda, no debí moverme, agh. Punzaba desde dentro, ardía desde fuera y encima estaba la sensación de sentirme ya débil potenciando todo. Perdí mucha sangre, no era primera vez, y peor si me estaba sacando un poco más en esa jeringa recostada sobre la mesa a mi lado. ¿Por qué? Cosas de médicos, ¿qué voy a saber de eso? Aunque honestamente siento que me hubieran drenado la mitad del estanque. Oigo sus palabras y mi expresión es un poema: Me duele. Pero las respuestas, tal como dice él, llegarán de una u otra forma. —Nada—Me sale la voz casi en un gruñido, no es hostil, sino producto de la situación.—... No tengo... Nada de eso. Al menos podía ahorrarme más dolor. Tampoco es que pueda pensar en otra cosa.
Nada, ni una vara para poder atar mi pie. Lo que proveia este lugar era lo absolutamente esencial. Tal vez ni siquiera eso. Podría usar alguna de las mudas de ropa, pero no quería meterme en problemas por destruir aquello... Decidí acostarme, manteniendo mi pie tan inmóvil como fuese posible. Cerré los ojos. Mi estadía en la prisión pintaba ser mucho mas larga que mi tiempo de recuperación. El sonido de la puerta abriéndose me hizo levantarme de golpe, mi pie a penas tocó el suelo, pero la molestia estaba presente sin importar en que posición estuviese. Es la hora de la salida. Disfrútala. No se garantiza que las tengas a menudo. Camina detrás del Ferropalmas, y tranquilito. — Qué amables — camuflé completamente mi sarcasmo — Desgraciadamente no me encuentro en las mejores condiciones. Me levanté sin disimular la mueca de dolor que apareció cuando el pie se apoyó en el piso. Tal vez exageré un poco, pero había que vender la idea. — Mi pie no me va a permitir ir muy lejos, ¿Podrías darme una mano? —dije casualmente, de la misma forma en la que pedirias un favor a un amigo. No que yo tuviese muchos de esos. El guardia me observó de arriba a abajo, que se pensara la respuesta me daba un poco de esperanza. Otro de los prisioneros me hablo a cierta distancia, ya había salido de su celda, era el tipo que había observado antes. Sus ojos tenían un destello compasivo. No era algo común en un régimen como este. Hace mucho que el egoísmo era la herramienta más efectiva para sobrevivir. — ... Sí, una mano estaría bien... o un hombro si eso — murmuré
Lelouch Módulo de alta seguridad Como pasó con el resto, a ti también te llevaron inconsciente. Quizá era una forma que evitaseis conocer cómo era exactamente el acceso a la Prisión; algo que solo tenía sentido, en realidad, si alguna vez ibais a salir. Cosa que no tenía pinta de ser su intención, después de todo. Quizá era mera paranoia de Chance, o de quien fuese que gestionaba aquel lugar. Importaba poco la razón, realmente. Al final, la realidad era la misma. Habías hecho una verdadera speedrun de acabar encarcelado en Valthyria. Te bastaron poco más de diez pasos una vez cruzada aquella frontera, y ya fuiste detenido. E Ingrid, "amablemente", procedió a cumplir su amenaza y mandarte allí. Al menos, gracias a su comentario sabías el nombre del sitio: estabas en la Prisión Rostiz. Eso estaba claro. Parecía ser que lo que hizo saltar las alarmas de verdad no fue que intentases robar, ni que llevases un pokémon... pokémon que, por cierto, no estaba en ninguna parte, para variar. Habrías deseado que se hubiese podido colar en tus ropas, pasar desapercibido y entrar contigo, pero suponías que no era fácil ni siquiera para él. Te cambiaron de ropa, después de todo: ahora ibas todo de blanco, vestido así de pies a cabezas, con un aburrido, monótono, y absurdamente sencillo blanco. Y Gimmighoul no estaba. Pero no, no fueron esas cosas las que te aseguraron ticket de oro en la prisión. Ni siquiera mentir sobre tu identidad; fue tu identidad en sí lo que claramente hizo que acabases allí. O, al menos, "allí" en cuanto a la ceda concreta en la que te metieron: una que tenía demasiado espacio como para ser "normal", y el hecho de que había solo una celda a cada lado, las cuales apenas alcanzabas a ver a través de los barrotes, y que el pasillo estaba condenadamente vacío y silencioso... te hacían pensar que estabas en un sitio especial. Sí, desde luego, que fueses "Ian Lockhart" te ganó un trato especial, significase eso algo bueno o malo. Ya el tipo que te falsificó la tarjeta, al menos, no tendría nada con lo que chantajearte, el destino solito se encargó de usarlo en tu contra. Que le jodiesen a sus estúpidas bobinas. Contigo, en fin, pasó el mismo protocolo que Emily, Mimi y Alpha pasaron, sin que tú supieses nada de que ellos estaban allí, claro: al segundo día de tu estancia, se te presentó la Ferroregente, indicándote que de te llevarían ante un médico. Este era uno cubierto hasta arriba de ropa negra, solo dejando ver los ojos, y te hizo preguntas rutinarias y exámenes básicos. Luego, siempre empujado por otro "Ferropalmas", volviste a subir en el ascensor, y de vuelta a la celda. No se te dio explicaciones, ni nada más. Todo lo que te daban era comida tres veces al día, y... ya. Poco más. Otro día más, simplemente, pasó. Tres días de encarcelamiento Al tercer día allí fue cuando algo muy, muy especial pasó. Algo distinto. Demasiado distinto. Observaste a un Ferropalmas, que usualmente nunca pasaban por allí, escoltado por la Ferroregente. Y al pasar ante tu celda, te diste cuenta de algo: el ferropokémon grandote llevaba algo en sus manazas. No, de hecho, no "algo": a "alguien". A una persona que llevaba un aspecto horrible, que estaba ya vestido con ropa de celda y claramente inconsciente. A penas lograste discernir sus rasgos... pero habrías jurado que la cara te era familiar. Vagamente familiar. Lo viste por poco tiempo, pero... te sonaba de algo. Contenido oculto Parecía que había un nuevo prisionero. Y escuchaste que lo arrojaron en una celda no demasiado lejos de ti; asomándote al pasillo que ya sabías que era circular, te pareció escuchar que estaría a dos, quizá tres celdas de distancia. Te sorprendió eso: no te cruzaste a nadie más en tu viaje a la consulta de aquel médico, habrías jurado que estabas solo allí. Debería haber espacio más que suficiente para albergar a gente, y, sin embargo, lo ponían bastante cerca. ¿Acaso empezaba a acabárseles el espacio viable? ¿Acaso solo así podían mantener distancia con todo el mundo? ¿Cuántas celdas había, por cierto? En tu viaje al médico, la única vez que saliste, contaste, sumando la tuya... cuatro. Y apenas cubriste un cuarto del área de aquel enorme pasillo circular. ¿Veinte celdas, quizá? Pensar en aquellas cosas podía ser una pérdida de tiempo, sí. Pero... quizá era la mejor forma que tenías de distraerte. La alternativa era la pura desidia y desesperación, después de todo. Al menos la comida estaba cerca. El guardia no debía tardar en llegar, después de todo. *** Graecus Si te preguntaban cómo habías conseguido entrar allí, seguramente habrías tardado horas en explicarlo. Posiblemente, ni siquiera sabrías cómo hacerlo. Mencía te dijo que ella tenía que quedarse fuera, pero que tenían "recursos" y estaban todos preparados para ayudarte a acceder. ¿El plan? Infiltrarte, como hizo su compañero, en aquella cárcel con el objetivo número uno de encontrarle a él y asegurarte de su seguridad, y el objetivo número dos de, de paso, tratar de salvar al amigo de la chica, el tal "Florián". Por supuesto, era mucho, mucho, mucho más fácil decir todo aquello que hacerlo, pero confiar en los "recursos" de la resistencia parecía ser todo lo que podías hacer. Mencía te lo dijo claro, sin embargo. "El problema de este método —explicó—, es que con él podrás entrar de forma relativamente fácil. Pero salir... no lo será tanto". Quizá por eso él se quedó allí abajo, después de todo. ¿Ibas a unirte a esa loca idea? ¿Cómo narices habías terminado así? "Allí abajo no hay miembros de la División de Control, al menos que sepamos —te dijo, también—. Por lo que no habrá problema en mostrar tu rostro cuando puedas; mientras no digas tu nombre real, no sabrán quién eres. Y no te pasarán un escáner identificativo... salvo una sola vez. Pero eso es cosa nuestra, ¿vale? Confía en nuestros recursos". Los dichosos... recursos. En fin, bajar por aquel agujero enorme en mitad de un jodido desierto podría parecer la parte más difícil, pero fue, de hecho, la más sencilla. Relativamente hablando. Existía toda una bajada rocosa haciendo espiral en un borde, tan perfectamente tallada en la propia piedra que resultaba imposible visualizar cómo demonios habían fabricado aquello. Pero lo habían hecho. Por el camino, viste un par de robots que parecían Marowaks, que, al verte enfundado totalmente en negro salvo por la cabeza, se quedaron mirándote, curiosos. Pero no hicieron nada. Se apartaron, te dejaron pasar, y luego volvieron a montar guardia, bloqueando la bajada a otros que decidiesen acercarse. ¿Solo con ir de negro era suficiente, o qué? Contenido oculto No te dio tiempo a apreciar un ligero cambio en esos robots, sin embargo. Algo pasó con ellos, pero tú, en principio, no lo notaste. Sí que lo notaste cuando te encontraste el segundo bloqueo. Esta vez, uno de los Marowak fue rápido en agarrar su "hueso" y convertirlo en una espada, y estuvo apunto de apuntarte con ella, cuando, de repente... Simplemente se detuvo. Y, como los anteriores, se apartó para dejarte pasar. Así lo hizo un tercer bloqueo, este de una especie de Gallade o Gardevoir, que eran Ferropaladines, que vigilaban con cuidado la zona. A ellos le notaste algo mucho más claro. Sus ojos... se convirtieron por unos instantes en estrellas extrañas. Fue rápido, lo suficiente para apartarse y, luego, apagarse casi por completo. No entendías mucho qué pasaba, pero suponías que ese era el truco de la resistencia. Parecía que sus "recursos"... eran la mágica posibilidad de manipular robots. Al menos en cierta medida. De alguna forma desconocida. Entraste al final en una edificación, y ahí te perdiste entre pasillos, escaleras, bajadas y subidas. La mayoría, eso sí, bajadas. Muchas, muchas bajadas. Una chica jovencita, vestida igual que tú, morena, menuda y frágil, con un aspecto sensible, fue la que te recibió y te guio por el camino. Se le veía algo extraña, estaba como... desganada, de alguna forma. Agotada, quizá. Te guiaba casi por inercia por allí, dando pasos lentos, cansados. Curioso, cuando su rostro se mostraba mucho más jovial. Él, en fin, te explicó un poco todo. Tú solo le soltaste el discurso que te dijo Mencía: decir que eres el nuevo trabajador, que venías a dar apoyo dadas las nuevas incorporaciones, y que debían haber recibido el aviso el día anterior de tu llegada, de parte de la División de Servicios. Ella, de hecho, hizo algunas comprobaciones al decirle aquello, y no protestó... por lo que intuías que, de alguna forma, no detectó la mentira. ¿Más de la magia de los "recursos", quizá? —Bueno, en fin —te fue explicando durante la larga caminata—. Yo llevo aquí muy poco tiempo, también. Mi nombre es Viola... me han asignado a enfermería. >> Ya te dirá una Ferroregente cuál es tu puesto, pero primero deberás pasar por el escáner. Las cosas aquí, ya te darás cuenta, son... bastante estrictas. Pero bueno, te las apañarás. Creo que venías para gestión de presos, ¿no? Entonces te tocará atender al módulo que te asignen, llevarles comida, y poco más. Las políticas que me han dicho que te den son solo un par, atiende bien... Vaya. Realmente parecía completamente abatida. Hablaba sin ganas. Miraba al suelo al andar. Estaba como deprimida. Como si hubiese perdido toda esperanza, de alguna forma. —Jamás, bajo ningún concepto, puedes quitarte la "máscara" delante de los internos. Prohibido por completo. Si te ven la cara, lo mejor que te puede pasar es que acabes encarcelado como ellos. >> Nunca debes hablarles, por mucho que ellos te digan cosas, salvo autorización expresa de tu Ferroregente. La otra excepción a esto es que sea la hora de la salida, ahí puedes hablar para dar instrucciones; toca una cada tres días, y los internos están cuatro horas por las inmediaciones a la prisión, en todos los módulos. Bueno, salvo en uno, creo, pero no creo que te manden ahí, siendo novato. Si te toca guardia en el "patio", esa es la peor parte, por lo que he oído. Te darán un táser y una porra, úsalas sin duda alguna en caso de que haya cualquier vulneración de las normas, altercado o trifulca. Solo los nuevos presos dan problemas, los que llevan un tiempo... saben que no compensa. >> Tendrás una sala de descanso donde sí podrás quitarte la máscara, con otros compañeros. Hay una cafetería, los alojamientos de los trabajadores, y varias instalaciones más. Las salas son comunes, supongo que... nos veremos por allí, quizá. O quizá no, no sé. Esto es muy grande, y hay mucha gente. Miró luego hacia atrás, observando a Varoom. Todo el tiempo había avanzado con lentitud, detrás de ti, pegado al suelo. —El pokémon —dijo, señalándolo con el dedo pulgar— se quedará en una sala especial para ellos. Podrás visitarlo a veces. Algunos tenemos compañe... herramientas aquí, después de todo. Pero salvo que sean necesarios, no podrá salir de allí. Solo se autorizará su salida por orden expresa de una Ferroregente, y usualmente para usarlo para disuadir altercados o en... ciertas ejecuciones, si procede. Pasa a veces. Yo no he visto ninguna en este puñado de días... por suerte. Tragó saliva al decir eso. Juraste haberla visto temblar por un instante. Esa chica no quería estar allí, era más que obvio, pero... parecía no tener alternativa. O tener una alternativa mucho peor, de algún modo. Te siguió diciendo algunas cosas más: que la Ferroregente que te asignasen (fuese lo que fuese eso) sería tu jefa directa, pero que los "Ferropalmas" podían recibir ciertas órdenes de tu parte y las acatarían, pero solo para ayudarte en tareas de sometimiento y escolta, en su caso. Y te habló de los "Ferrocentinelas". —Ignóralos. Dan... algo de miedo, la verdad. Pero no tienen nada que ver con nada, solo están como... fuerza armada, junto al resto de la División Militar. Algunas Ferroregentes los usan para imponer respeto. Pero solo colaboran; no están al mando de Madame, después de todo. Finalmente, llegasteis a... algún sitio. Te habías perdido, entre tanta escalera y pasillo, pero sí supiste que, en un punto dado, empezaste a cruzar un estrecho puente que pasaba por encima de un enorme vacío. Y, a mitad del mismo, una puerta esperaba. Fue allí donde viste a un robot apostado... uno de esos Ferropolilla, de esos Volcarona metálicos. Y ahí recordaste las últimas palabras de Mencía. El último de los trucos de sus "recursos". "... cuando te escaneen —explicó entonces—, tirarán de la base de datos. Estás ahí, bien clarito. Pero... podremos modificarla por unos instantes, solo unos poquitos. Lo suficiente para que no te identifiquen como Drake... como uno de los "holders", como le llamáis". El Ferropolilla, así, te escaneó a ti, luego a Viola. Y sus ojos brillaron. "Recuerda, eso sí —siguió diciéndote, en su momento, Mencía—. Ten cuidado". —... IDENTIDAD VERIFICADA —dijo el robot, en voz mecanizada—. ACCESO AUTORIZADO. "... si te vuelven a escanear, ya no habrá vuelta atrás. No podremos cubrirte las espaldas dos veces. De ahí... que te vaya a costar salir". *** Un par de horas después, ya te habían separado de Varoom, y habías accedido a las zonas comunes. Te cruzaste con múltiples trabajadores, todos vestidos como tú, totalmente de negro. Algunos, incluso, aún llevaban la máscara encima, cubriendo sus rostros y dejando ver solo los ojos. Parecía que había gente que se sentía cómoda llevándola, después de todo. Te asignaron una habitación, y pudiste comer algo en la cafetería antes de que llegase la Ferroregente que iba a ser tu "jefa". Pero el momento, claro, llegó. Y se presentó ante ti. —Hola, recluta —dijo al entrar. Estabas con ella en una sala de reuniones vacía, donde te mandaron para esperarla. Y, cuando la viste, ella se contoneó hasta acercarse al otro lado de la mesa. No se sentó; no sabías ni si su morfología se lo permitiría—. Me presento. Soy la Ferroregente TS4-1100, encargada de la gestión de personal. Al parecer bienes a dar apoyo al área más necesitada. Alzó su batuta, la cual hizo girar. —Asistirás en uno de los módulos de internos, recluta. En uno muy especial. Espero que estés preparado. De repente, paró la batuta, y la dejó apuntándote. Tu corazón casi se detiene cuando un escáner empezó a recorrer tu cuerpo, surgiendo de aquel aparato. ¡P-Pero Mencía te dijo que...! —... valores biométricos generales aceptables. Masa muscular media. No veo necesario que pases por enfermería general... podemos hablar de tu trabajo directamente, si quieres. ¿Uh? ¿No te detectó? ¿Ese escáner no era... para tu identidad, acaso? —Por favor: expresa todas tus dudas al respecto del empleo. Según tengo entendido, te han dado pautas generales. Entiendo que tendrás cuestiones al margen de estas. Es el momento de preguntarlas. Contenido oculto Hello Juanjo y George uvu Aquí podéis arrancar los dos, sé que especialmente lo de Grae is a lot again, pero quería colocar a Drake en una posición más cercana ya a la trama de verdad y ahorrarme varios posts de entrar en el sitio, explicaciones, y blablablabla, así que lo aligeré todo hasta dejarle ahí. Con Ian, como podrá ver, no le dejé nada concreto aún porque así le doy espacio para que me ponga un (1) post inicial y a partir de ese ya arranco (lo cual me permite ganar tiempo también para que otros posteen, potencialmente, y así responderle junto a otra gente y poder hilar tramas si procede, está todo pensado ewe. Respecto del resto: únicamente le voy a soltar aquí post a Neki (y por extensión a Kat) porque estaba pendiente de un check y además su post es ligerito, y eso les permitirá ya reubicarse en el otro tema. Al resto os prometo y reprometo que os respondo, pero será todos a la vez y mañana o pasado, lo siento la vida adulta es durísima (?) Again, así aprovecho si alguien más postea y tiro a todos pa'lante hehe *** Nekita (y Kcalbdelaperdicion) Pensaste en esa mención de "tercera" que hizo el guardia. ¿A qué... podía referirse? ¿La tercera celda, puerta, o algo así, como una especie de pista para saber dónde dirigirte? No tendría mucho sentido, dado que no tenías idea de la estructura de la prisión, y eso debería saberlo; no te lanzaría un mensaje en clave si no podías deducir el código correctamente. ¿La tercera comida? No, tenías solo dos al día. ¿La tercera noche? Podía ser, tal vez. Tal vez se refería a la próxima noche, la del tercer día desde tu encarcelamiento. Era una posibilidad. Quizá esta noche pasaría algo especial, o te daría alguna información extra, otro mensaje oculto, algo. Aunque eso tenía sus puntos débiles, por ejemplo, no tenías certeza de que él pudiese saber cuánto tiempo llevabas en la prisión, exactamente (no parecía saber exactamente si eras Dante o no, después de todo). Pero, aun así, era algo plausible, quizá lo más plausible. Sin embargo, intentaste pensar un poco más allá. De otra manera, desde otra perspectiva. Tenías que tener en cuenta algo: no sabías quién era, y le preguntaste justo entonces, a través de tu mensaje oculto, por su identidad o la de quien quiera que te estaba hablando: escribiste "H?" precisamente por eso. Quizá su mensaje iba más en la línea de tratar de decirte quién era H. O quién era él, o... las dos cosas, si es que eran la misma. Entonces, quizá, al decirte "tercera" de manera especialmente enfatizada, siendo una palabra normal y corriente para cualquiera que la escuchase, pero que al oírla tú, de algún modo, pudieses saber qué mensaje ocultaba. Claramente conocía de tu existencia, de tu nombre completo: por lo que, quizá, sabía que para ti "tercera" podía tener un significado especial, podía simbolizar algo que "Dante Miles" podría llegar a interpretar de una manera distinta; algo que, de paso, quizá te daba pistas para saber quién era "H". ... lo tenías al borde de tu mente. Estaba ahí, en algún lado. Tenías todos los hilos... pero te faltaba hacer el nudo. —Moveos, venga —presionó el guardia detrás de ti. Ayudando al chico de pelo grisáceo a moverse (lo hacía más o menos bien, pero cierto era que cojeaba un poco), no tuvisteis más remedio que seguir avanzando, las manos del Hariyama robótico empujando a todo el que se rezagaba. Y, al final, salisteis al exterior. O, bueno, todo lo "exterior" que era aquella cueva. Podéis postear desde ya en las Cavernas Rostiz.
Pasé las páginas del libro con movimientos mecánicos, mi atención dividida entre las palabras que había escritas y los recuerdos de lo que había pasado desde que habíamos "aterrizado" en el Imperio. Seguía sin poder quitarme de la cabeza lo que Ethan había hecho, la última mirada que compartimos antes de que Penance nos arrestara a todos, y lo que el ferropokémon le había dicho. ¿Ethan estaba roto? Era cierto que algo le pasaba, considerando que no me había reconocido al vernos, pero... Reprimí el escalofrío que quiso recorrerme la espalda. ¿El Imperio de Chance curando a Ethan después de haber mandado a Penance para que nos aniquilara? Sí, me costaba mucho creer en ello. Suspiré con pesadez, dejando caer el libro abierto sobre mi pecho, y estiré los brazos hacia ambos lados, con la vista clavada en el techo. Llevaba poco más de una semana ahí metida y todavía no tenía ni idea de qué querían de mí. Había estado absolutamente convencida de que me ejecutarían en cuanto pusiera un pie dentro de la prisión, pero no había sido el caso. Me habían hecho unas pruebas médicas, aunque al parecer iba a haber otras más tarde. ¿Qué demonios podía querer Chance de nosotros a estas alturas? ¿Quizás solo pretendía torturarnos por el placer de hacerlo? A decir verdad, no creía que fuera capaz de quitarme más las ganas de vivir. Desistí de seguir leyendo, pues de todos modos vi que me estaban trayendo el almuerzo, y poco después de comer, la ferrorregente apareció para abrirme la celda. No supe si tuve más ganas de resoplar o reír cuando me informó que dar un paseo por estas instalaciones del infierno era una buena noticia, así que acabé por no hacer ninguna, simplemente mirándola con una expresión apática mientras me ponía en pie. Me paré en seco cuando habló de unos nuevos compañeros, sin embargo, sobre todo porque mencionó que me alegraría de verles. ¿Acaso...? No podía ser Ethan, ¿no? No creía que calificara de "nuevo". —¿Nuevos compañeros? —cuestioné al llegar a su lado, procurando enmascarar la confusión que estaba sintiendo—. ¿A quién te refieres? No conozco a nadie que viva aquí.
¿Preguntas? Probablemente solo tenía preguntas en la cabeza. De a ratos sentía sudor frío corriendo por mi espalda. Ya desde el comienzo no había sido yo el mayor fan del plan de Mencía, pero escuchar el plan y cumplir mi parte eran cosas completamente diferentes. Ni siquiera sabía cómo había llegado hasta este punto sin cagarla. Estaba en la prisión pero no como un prisionero... aún. Aún podía arruinarlo. El plan de Mencía era agridulce. Por una parte lograba avanzar en mi misión, encontrarme con esa chica en el primer hospedaje que visité pareció cosa del destino. De haber llegado sin un plan y sin tener idea de adónde ir, a tener algo parecido a un plan y estar justo en el lugar donde debo estar. Sin duda era un avance. Pero el modo...no me gustaba el modo. No se me daba bien improvisar, y estaba seguro de ser malo en fingir las cosas. La mejor forma de no ser delatado sería tomarme esto como ellos lo veían, solo un trabajo. Pero lo que menos me gustaba de este plan era la repartición de los roles. Yo era mandado nuevamente a ciegas a cumplir exactamente la misma misión, con nuevas credenciales que me permitieran el acceso a aún más peligros. Mencía, mientras tanto, cumplía la misma labor de Moura Honda asegurando mi acceso y luego quedándose afuera bien tranquila, cumpliendo su parte. Hasta donde sabía, "su parte" en esta misión ya había terminado y ahora todo dependía de mí. Otra vez. Pero el sudor en mi espalda no era por eso. La voz de Mencía aún resonaba en mi cabeza. Repetía la frase mil veces, hasta casi dejar de entender el significado de las palabras. Las sopesaba, sobrepensaba y a ratos incluso subestimaba, pero no se iban de mi mente. Eran como un mantra que más que ayudarme parecía buscar mi locura. "El problema de este método es que con él podrás entrar de forma relativamente fácil. Pero salir... no lo será tanto" Una bonita forma de decorar la idea de que, casi al igual que los prisioneros en este sitio, estaba atrapado. No había forma de controlar mi salida de este lugar, y cualquier movimiento en falso me pondría del otro lado de los barrotes, si había suerte. Si no la había...Mencía me habia comentado de otra habilidad de las Ferropolillas aparte del escáner. Solo esperaba que si llegaban a eso apuntaran directamente a la cabeza. Respiré profundo en un intento por regular mi respiración. Estaba ahora frente a otro de esos robots, quien al parecer era mi jefe ahora. Esa chica de la enfermería, Viola... No parecía estar muy de acuerdo con las cosas que pasaban por aquí, o simplemente estaba mentalmente agotada por las cosas que seguramente había visto. En cualquier caso, se le había escapado llamar compañeros a los Pokémon de los demás guardias, aún cuando al parecer se buscaba que pensara en ellos como herramientas. Así que había decidido que me caía bien, aunque dudaba completamente que se pudiera confiar en ella. Miré a la ferroregente. ¿Preguntas? Trabajo. Esto es un trabajo. —Se me dijo que no puedo hablar con los presos a menos que sea la hora de salida—comenté, tratando de mantener mi voz lo más neutral posible.— ¿Me puedes dar más información sobre esta hora de salida y exactamente las instrucciones que tengo dar?
Módulo de alta seguridad Puente central Naiki Yugen Cuando respondiste, el tipo se dedicó a anotar todo en su pc, como si fuese un médico de verdad, en su oficina y todo. Tecleó con velocidad, casi exasperado. Claramente no tenía ganas de estar ahí; te hacía preguntarte si, quizá, no eras el único "prisionero", al menos en cierto sentido. Porque estabas retenido. Ya era una realidad. El hombre se levantó tras tu respuesta a las preguntas, y luego se acercó a ti, caminando a tu alrededor. Te puso una mano en el hombro, y te dijo desde allí (no podías verle, ni tampoco moverte mucho, por culpa de las ataduras): —Voy a mover la silla. Ten cuidado. Tiró de ti con fuerza, o más bien de la silla, haciendo que te girases. Se inclinó levemente, mirando las vendas sobre tu torso. Con una mano, cuidadosamente, rozó un borde de la venda, el superior. Solo el roce hizo que te escociese; no fue horrible, pero preocupaba cuánto picó aun siendo, suponías, la parte más externa de la herida. Él, por supuesto, notó tu reacción refleja. —Por si acaso, diré que manden a alguien a desinfectarte la herida de vez en cuando, en la celda. Y... no te voy a hacer pasar por mucho más, tranquilo. Me ahorro el pesaje y la medición, pongo datos aproximados y listo. Déjame que mire algunas cosas más, y... estarás listo para irte de esta consulta, al menos. Hizo, entonces, la rutina que ya pasó con Mimi en otra sala, solo unos minutos antes. Te examinó con el estetoscopio, te miró oídos, vista, la boca... todo con utensilios médicos al uso. Si no fuese porque estabas atado y porque el tipo parecía un villano de un cómic con aquellas ropas, podría haber pasado perfectamente por un reconocimiento médico normal y corriente. Pero ¿por qué preocuparse tanto por todo eso? —Bien, pues... todo listo. Con un solo movimiento, las ataduras de tus manos se deshicieron, y te viste, por fin, libre para moverte. —Ponte en pie, y ponte esto. —El Doctor, en ese momento de espaldas a ti (tuvo que tener cierta confianza como para darte la espalda nada más desatarte) agarró una especie de camisa blanca y te la arrojó las piernas—. Puedes salir cuando quieras. Habrá un Ferropalmas en la puerta; síguele, él te llevará a la celda. Y, sin más, pese a las punzadas, te viste con fuerzas suficientes como para levantarte y... pudiste salir de allí. Viste al doctor por última vez preocupado por su ordenador y algunos documentos, sentado en la mesa como si tal cosa. Como si eso fuese un día más para él, una rutina ordinaria y común. Un paciente más que entraba y salía de su consulta. Que ese paciente viniese de ser suturado por un corte en el abdomen de un barco que aparentemente se estrelló y que estuviese atado a la silla no parecían ser elementos de alarma o sorpresa para él, solo... un día más. Al salir, en fin, te recibió el "Ferropalmas": una versión robótica de un gigantesco Hariyama. Al salir, habías enfocado tu cuerpo de manera natural hacia el sur, quizá porque el pasillo tendía naturalmente a inclinarse ligeramente hacia abajo en esa dirección. Y al fondo viste lo que parecía la puerta de un ascensor. El Ferropalmas, sin perder el tiempo, se colocó en tu linea de visión, y te hizo girarte de repente. Parecía que quería que caminases hacia allí... hacia "arriba". Al fondo del pasillo. Al girarte, sin embargo, viste que al fondo del pasillo había otro Ferropalmas de esos. Uno que iba acompañado de otro robot más esbelto, más menudo, con tonos verdosos... y de una persona humana. Alguien, también, vestido de blanco. Una chica. Una mujer, más bien. Extrañamente familiar. Muy, muy familiar. *** La mujer puso los ojos en blanco ante tu comentario. —Te lo digo en serio, Mimiko: te arrepentirás si no comes. Pero es tu propia integridad física la que está en juego, y eres mayorcita. Haz lo que quieras. Con esas palabras te dejó salir, y cuando lo hiciste, por supuesto, el famoso Ferropalmas estaba allí, esperando como un matón de una discoteca. Con su mano separada del cuerpo, rozó tu hombro y te obligó, a base de un leve empujón, a girarte. Pero no lo hizo hacia la dirección en la que habías venido, y donde estaba Steve, no: lo hizo hacia el otro lado; hacia el fondo del pasillo, alejándote del ascensor. Conforme andabas, o casi más bien eras arrastrada por aquel robot, te fuiste dando cuenta de que al fondo del pasillo, frente a una gran puerta (que perfectamente podría ser otro ascensor), aguardaba una Ferroregente más. Una con su batuta a la espalda, donde también se dirigían sus manos, apoyadas ahí con calma y serenidad. Era imposible determinar si era la misma que amablemente te "acompañó" hasta allí o era otra distinta, pero una cosa sí estaba clara: Steve no se había marchado en esa dirección. Steve volvió a las celdas. Tú ibas en otro sentido totalmente opuesto, por alguna razón que nunca te explicaron. —Hola, Mimiko Honda —saludó la Ferroregente casi nada más llegar—. Bienvenida. Soy la Ferroregente TS4-97580, y estoy encargada de las pruebas de Energía Vital. Espero que el chequeo haya acontecido sin mayores inconvenientes. Curiosamente, pese a que el tono era idéntico al de la primera Ferroregente, había algo ligeramente distinto en esta. Quizá su elección de palabras, no era muy obvio, pero casi parecía tener una personalidad algo distinta a la primera; esta se veía algo más... ¿agradable? ¿Protocolaria era la palabra, quizá? En todo caso, ¿realmente les daban algún tipo de personalidad a esas cosas? —En breves instantes iniciaremos las pruebas, no te preocupes. No obstante, creo que antes querrás reencontrarte con el otro sujeto experimental que tenemos por el momento. Está llegando justo ahora. Te giraste cuando la Ferroregente señaló sobre tu hombro con su batuta. Y fue entonces cuando lo viste. Un hombre con el rostro apagado, con la mirada vacía. Pero un hombre que, probablemente, reconocerías en cualquier parte, ¿no? Un hombre muerto. Que ahora, aparentemente, revelaba no estarlo. *** Módulo de alta seguridad Celdas Amane Lelouch La Ferroregente inclinó la cabeza hacia un lado. —El número de internos en el módulo de seguridad ha sido creciente desde tu llegada, cuando solo dos reos os ubicabais aquí. Hoy mismo han llegado dos nuevos presos, y en los últimos días se unieron otros tres. El total de presos de este módulo asciende ahora mismo a siete; un récord desde la creación del mismo. Grandes noticias. >> Camina, por favor. Así, la Ferroregente dio pasos muy lentos a tu lado, manos a la espalda sujetando la batuta, que apuntaba hacia arriba. Pese a que su tamaño era más pequeño que el tuyo, no dejaba de ser imponente, y no estaba del todo claro qué era lo que tenía que hacía a ese robot sentirse amenazante. Quizá era la autoridad que emanaba de ella. Siguió hablando mientras la seguías. En tu estancia en la celda habías andado, sí, pero dentro de ella, sin disponer de mucho espacio, precisamente. No te diste cuenta de lo oxidadas que estaban tus articulaciones y tus músculos hasta que pudiste encadenar una buena decena de pasos seguidos. Te adaptaste rápido, por suerte, quizá porque el paso tan pausado y tranquilo de la Ferroregente, el cual te obligabas a seguir, era idóneo para que la adaptación fuese lo más pausada posible. Hasta hacía preguntarse si estaba todo medido. —Muchos de vosotros deberéis acudir a las pruebas de Energía Vital. Me consta que algunos reos ya están en camino. He venido personalmente a buscarte a ti y a otro recluso más para llevaros hasta allí, pero parecía urgente asegurar que, tras múltiples días sin salir de la celda, te encuentres en condiciones físicas adecuadas. Se detuvo de pronto, y tú lo hiciste apenas a un par de pasos más. Alzó entonces su batuta, y te apuntó con ella. De la punta manó un escáner rojizo que pasó de tus tobillos a tu cabeza. —... la condición física no parece terrible. Prosigamos, por favor. Y reanudó la marcha. En un momento dado, pasaste junto a una celda que habrías jurado que estaba vacía unos días atrás, cuando fuiste a la revisión médica al poco de entrar... pero ahora había alguien dentro. Estaba desplomado en la cama, sin respuesta. Su cuerpo se veía cubierto de magulladuras y golpes. No sabías si estaba dormido o había perdido el conocimiento... o algo peor. Era un tipo de cabellos blancuzcos, y no pudiste sacar mucho más de él solo con un simple vistazo, al menos. La Ferroregente no lo ignoró; decidió hacer referencia a él. —Ese es uno de los presos. No os acompañará a las pruebas, por el momento. No se encuentra en las condiciones físicas óptimas para ello, y no muestra actitud colaborativa. Se reevaluará más adelante; puedes estar tranquila, se encuentra con vida. Y... siguió el camino, dejando atrás la celda. Pasaste entonces, más adelante, junto a otra celda más. Viste allí a un chico que también leía un libro, y alzó la vista de él al verte pasar: el mismo que ya viste la única otra vez en que saliste de allí, para ir al examen médico. La Ferroregente se paró delante de la celda, y le miró. Él entrecerró el libro, dejando el dedo índice entre las hojas, y alzó la otra mano a modo de saludo, con una expresión solo ligeramente sonriente. No estaba claro si te saludaba a ti o a la Ferroregente. —... puedes ignorar a este interno —dijo la Ferroregente, aún enfocando su atención en el chico—. No es relevante ahora mismo. Prosigamos. Caminaste, entonces, un poco más, y viste de reojo cómo el chico inclinaba la cabeza para intentar seguir tu camino, quizá con algo de curiosidad. No pronunció una sola palabra en todo el tiempo. Poco después, la Ferroregente habló de nuevo. —Llegamos ya. En esta celda se encuentra quien te acompañará actualmente. Se detuvo frente a otra celda, delante de sus barrotes. Con su batuta, hizo que estos se abriesen de repente, igual que sucedió contigo. El chico de dentro era un hombre de... más o menos tu edad. Con cabello castaño ligeramente largo, y una mirada con ojos dorados y, en cierto modo, ocultando una evidente astucia. Te era muy familiar. Mucho. Y entonces ella dijo su nombre. —Buenas tardes, Ian Lockhart. Volvemos a vernos. Te invito a que nos acompañes en este breve paseo por las instalaciones: en breves instantes... bajaremos a la sala de pruebas. Se apartó ligeramente, dejando espacio entre ti y la puerta, abierta, de la celda. ¿Dijo... Ian? *** Zona de trabajadores Enfermería general Santygrass Gigi Blanche La Ferroregente te miró primero a ti. Tu pregunta pareció suscitarle (o activarle mecanismos que produjeron algo similar a esa reacción, claro) algo de interés, quizá incluso satisfacción. O eso expresó cuando entrecerró los ojos y alzó ligeramente la cabeza. Quizá le gustó que mostrases interés en trabajar, de un modo u otro, bajo sus órdenes. O quizá simplemente disfrutaba de pensar que un agente que no debía estar bajo su mando pasaba a estarlo. —Ah. Las divisiones externas a Paldea no estáis enterados, por lo que constato. Desde que pisáis estas tierras, como agentes del Imperio, podéis estar asignados a cualquiera de las Divisiones, Kyllian Faure, pero pasáis a ser parte de alguna de ellas. La transferencia de autoridad puede darse en cualquier momento en tanto que el trabajo a desempeñar esté dentro del ámbito de dicha División. Actualmente, estáis asociados a la Militar todos los que partíais en el S.S. Destino, en tanto en cuanto todos fuisteis reclutados por Valiant para una u otra función. Por regla general... Te miró inclinando la cabeza a un lado. —... un mecánico con buenas habilidades ofrece muchas posibilidades. Por lo que no puedo descartar que se te asigne a otras Divisiones frecuentemente. Tu talento puede resultar útil en distintas empresas. Distinto es el caso de Anna Hiradaira. La miró. —Como Pacificadora, está intrínsecamente ligada a la División Militar, tal es su función. Ello no excluye el cambio de roles, por supuesto. Y en todo caso, —volvió, de repente, a enfocar su cuerpo hacia ti— siempre deberéis obediencia a la división bajo cuya tutela os encontréis, y subsidiariamente al resto de Divisiones. Por favor, acostumbraos a esta premisa: vuestra estancia aquí estará ligada en todo momento a ella. Luego, tú hiciste aquella pregunta. La Ferroregente TS4... lo-que-fuese se giró una vez más hacia ti. La pregunta que tú le hiciste no le gustó tanto. Se mantuvo rígida, sin mover la cabeza, invariable. Protocolaria. —No aconteció ningún choque. Únicamente una parada de emergencia —informó, monótona—. El brusco parón fue lo que provocó daños a múltiples compañeros, sin embargo. El destello que apreciaste no fue sino la causa de esa parada. Valiant activó el protocolo de emergencia y acudió a la ayuda de la División de Energía, que cortó de raíz cualquier tipo de suministro energético en el barco. Los protocolos establecen, sin embargo, que esta medida, de graves consecuencias para los Ferropokémon afectados por la desactivación y de alto coste energético en sí misma, no debe utilizarse salvo bajo circunstancias extremas. La legitimidad o no acerca del recurso que Valiant hizo de esta será algo que se juzgará en su debido tiempo. >> En todo caso, no es nada que deba preocuparos. Esa División de Energía... parecía que la robot se resistía a dar muchos datos sobre ella. Parecía importante, desde luego. —En cualquier caso —siguió diciendo, dándoos ahora la espalda y caminando por la sala, casi como lo haría alguien que quiere pensar. No, más bien... como haría en las películas un alto ejecutivo que mira por la ventana mientras está dando una orden importante—. Procederé a daros las indicaciones generales de vuestras misiones, al margen de las dudas que puedan seguir persistiendo, que podréis plantear acto seguido. Contemplo que muchas de ellas podrán resolverse durante la ejecución de los encargos. Se giró una vez más, casi de golpe, con una sola pierna apoyada en el suelo y rotando sobre su eje con extrema precisión e, incluso, cierta elegancia. Y os miró uno a uno. —El uniforme que se os ha asignado, como podréis observar, es diferente. Es importante que sepáis que ninguno de los dos tiene, sin embargo, asignado el rol de preso o de guardia de forma real: se trata de una simulación necesaria para acometer vuestras tareas. En ambos casos, se os requiere para obtener cierta información imprescindible para la División de Servicios y para la Prisión Rostiz. >> Kyllian Faure. Se giró hacia él, estática en el sitio. —Actuarás como un guardia, entrando en sus instalaciones y acompañando a otros en sus tareas. El objetivo: averiguar si existe algún potencial traidor y desvelar su identidad. Tenemos las sospechas de que una persona enemiga del Imperio ha podido infiltrarse en los últimos días en nuestras filas, mezclándose entre los guardias de la Prisión. Es prioritario que sea localizado y descubrir cuáles son las intenciones del mismo, en caso de que exista. >> Anna Hiradaira. De la misma forma, se giró entonces hacia ti. —Actuarás como reo. Se te asignará al módulo de alta seguridad, donde deberás mezclarte con el resto de presos del mismo. Para tu tranquilidad, en tanto muestres colaboración con el imperio, se te proporcionará un trato favorable durante tu encarcelamiento simulado. El objetivo: obtener información acerca del libro escarlata de parte de uno de los reos. Debes lograr que te indique su ubicación, y trasladarla a la División. Paralelamente, se te encargará velar desde dentro por la colaboración activa del resto de reos en las pruebas que habrán de realizárseles, y asegurar su bienestar físico en todo momento. Paró, y, una vez más, se dio la vuelta, dándoos la espalda. —... asumo que esto generará más dudas. Por favor, aseguraos de tener clara la misión de cada uno antes de afrontarla. *** Zona de trabajadores Sala de reuniones La Ferroregente te miró en silencio mientras preguntabas, esperando pacientemente a que terminases. A los dos segundos, cronometrados, desde que terminaste de hablar, comenzó su pregunta. —Por supuesto. Es fundamental que conozcas correctamente los protocolos. No obstante, debo informarte de algo: las instrucciones que se te han dado son correctas, pero el módulo al que irás es uno diferente. No existe hora de salida reglada. Tus accesos al mismo serán, generalmente, únicamente para repartir y recoger la comida, en cuyo caso nunca podrás dirigirle palabra a los reos, bajo ninguna circunstancia. Digan lo que digan. Espero que este extremo quede claro. >> Se te requerirá, sin embargo, en otros contextos esporádicamente. Hablamos de un grupo de presos especial, de alta peligrosidad o relevancia, por uno u otro motivo. Un grupo muy reducido y aislado; por estas características especiales de su encarcelamiento, esporádicamente visitarán diversas instalaciones del módulo para realizar pruebas de diverso tipo, exámenes médicos, interrogatorios, y un largo etcétera. Disponemos de Ferropalmas asignados a la zona, por supuesto, pero en múltiples ocasiones se te podrá requerir para brindar apoyo al equipo encargado de las pruebas, o para el traslado de los presos de una estancia a otra. En esos casos, se te indicará expresamente qué puedes decir a estos presos. ¿Comprendido? Se giró luego, rápidamente, sobre sus propios tobillos, dándote la espalda. —Ruego que seas rápido en solventar el resto de dudas que te surjan; en breve se te requerirá para asistir en una de estas pruebas, precisamente. Es justo la hora de la salida en el resto de módulos, y nuestro equipo humano está mayoritariamente ocupado. —Soltó entonces algo parecido a un suspiro ahogado, pero robotizado aun así. Lo demás lo dijo en un tono bajo, pero claramente audible—. Los humanos tendéis a ser mucho menos eficientes... pero necesarios en ciertas tareas. *** Módulo C El hombre al que te dirigiste al decir eso te miró de reojo, pasando a tu lado. —... En efecto, se pensó la respuesta. Se giró para mirarte, y te observó de arriba abajo. Finalmente, hizo un gesto con la mano, alzando la palma y apuntándote con esta. —... tu problema, reo. No puedo ayudarte. Y, sin más, siguió avanzando. Por suerte, aquel chico sí se compadeció de ti, pero... parecía que la empatía no iba a lograr tirar de los guardias, o al menos no de todos. Debían tener instrucciones muy estrictas, o... simplemente, ser unos desalmados. Contenido oculto Dos cosas: Primero, a quienes os he juntado, ya podéis interactuar entre vosotros libremente hehe. Si queréis que yo intervenga y no queréis simplemente rolear entre vosotros, o ya lo habéis hecho y queréis seguir, ponedme lo que sea en negrita y yo me referiré a esa acción. Ello no excluye que pueda intervenir aunque no hagáis esto, pero de esta manera, digamos, me "invocáis" para avanzar trama. Segundo, quiero dejar algo en claro en general, porque creo que hay un buen ejemplo aquí, con la respuesta a Alpha: aunque intente tomar un poco de inspiración en juegos de rol de mesa, tenemos el problema de que es por escrito y no a viva voz, y eso tiene sus ventajas y desventajas. La desventaja principal que nos podemos encontrar es el hecho de que tengamos que tomar una de dos opciones: o poner mini-posts con muy poquita información para dar al otro el máximo margen posible para elaborar su respuesta y que se construyan los eventos de la manera más natural posible; o poner posts con bastante información concentrada que hace que sucedan varias cosas a la vez a las cuales se podría reaccionar en distintos puntos y que, de hacerlo, quizá cambiarían el curso del resto del post. Ejemplo de esto último, con Alpha: en un punto digo que el médico le da la espalda tras desatarlo. Pero luego yo continuo con todo diciendo que Alpha se va, y se lo llevan junto a Mimi, básicamente. Yo esto lo hago no a la ligera, sino porque asumo, por el estado de Alpha tanto físico como mental, que no va a querer hacer nada raro; pero Nico perfectamente podría decir: "hey, yo aquí habría aprovechado para intentar atacar al doctor". Y si hubiese hecho eso, con su posible check correspondiente, muy probablemente el resto de lo que cuento en el post no habría pasado así. El punto es que para que esto no pase, como decía, la alternativa es que a cada pequeño rato yo pare el post y espere vuestra respuesta. Eso, con trece jugadores activos, nos pone por lo menos en 2057 como fecha de fin de toda esta vaina, y no queremos eso (? So. Lo que quiero dejar claro es: yo seguiré haciendo ciertas asunciones a veces por el bien del progreso, siempre dejando decisiones o reacciones que sí considero importantes a vuestro criterio. Pero si en algún punto doy por sentado algo que vosotros no queréis que dé por sentado, decídmelo, y postead sin miedo como si mi post solo llegase a ese punto. Resolveremos la tirada que haya que resolver y, en su caso, cambiaré el resto del post si procede. Es más orgánico que esperar a respuesta por cada frase o evento (? Eso sí, esto funciona conmigo, pero no entre vosotros: si Mimi ahora responde a Alpha, por ejemplo, ya no hay vuelta atrás, ya asumimos canon todo lo anterior. Para eso ya sí os pido que os coordinéis vosotros pls (?
Digerí su respuesta en silencio. Por lo menos había obtenido algo más de información. Aún con todo no dejaba de sentir que estaba de camino al matadero sin poco más que improvisar. De momento, parecía que mi trabajo con los presos sería únicamente repartir la comida, salvo que me dieran otras órdenes. Tenía otras miles de preguntas en la cabeza, pero no lograba ponerlas en orden. Incluso se me ocurrió por un momento preguntar lo que realmente quería saber. "¿Tienen información sobre el paradero de...?" Pero no iba a tener tanta suerte. Ni siquiera terminé aquel pensamiento. —No tengo más preguntas, entonces—respondí.—Estoy listo. Era un muy mal mentiroso.
Era perfectamente consciente de que resistirme a comer no era una opción, pero era mi única posibilidad de resistencia en ese sitio. No me iban a dejar morir de hambre pero, ¿honestamente? Dentro de mí creía que eso sería aún mejor que serle algún tipo de utilidad a Tyre Chance. Ese hijo de puta me lo había arrebatado todo. No le daría nada. Si tenía que elegir entre morir y colaborar con él, me cortaría las venas aunque fuera con mis propias uñas. No tenía barbitúricos que tomar... hah, que giro de tuerca para la muerte de una actriz. Cuando salí de la consulta esperaba regresar a la celda, ver la sopa aguada de antes y arrojarla por el inodoro. Pero no, esta gente tenía otros planes y cuando el Hariyama metálico me impujó, apreté los dientes y el aire entre mis labios sonó como un siseo. —Oye, ¿qué estás haciendo?—pregunté mientras prácticamente me arrastraba por el pasillo. Al darme cuenta de la acción había dejado de caminar a su paso y aquella cosa me puso su manaza en el hombro y se aseguro de que siguiera—. Las celdas están en aquella dirección. No hubo respuesta. Seguía dirigiéndome en dirección opuesta, hacia el fondo del pasillo. Traté de mirar al camino del ascensor por encima de su hombro, pero andaba detrás de mí, muy cerca, y era más alto que yo. >>Hello? Te estoy hablando cerebro de hojalata. ¿Estás sordo? Pronto me di cuenta de que estaba pasando. Al fondo del pasillo, frente a lo que parecía ser otro ascensor, había otra de esas Perrabots, la Ferroregente número de serie-me-importaba-un-carajo. ¿Cuántas cosas de estas había aquí? Parecían... diferentes. ¿Quién siquiera se molestaría en darles distinta personalidad a unos robots? ¿Hasta dónde llegaba el metodismo del Imperio? Un escalofrío gélido me recorrió la espalda, se extendió por mi columna y me erizó la piel del cuello. Pruebas... ¿de energía vital? Eso era de lo que estaba hecha, de lo que los diez estábamos hechos. ¿Qué pretendían probar? ¿Querían nuestra energía para crear más cosas de estas? ¿Alguien por favor podía explicarme qué demonios estaba pasando? Pero pronto descubrí o más bien afirmé por quién sabe qué vez, que el universo tenía un muy particular y retorcido sentido del humor. Me avisaron de que había alguien más, un segundo sujeto de experimento al que conocería pronto. Albergué momentáneamente la esperanza de que fuera Dante, quizás Steve, solo por volver a ver no solo una cara conocida, si no una cara humana. Pero cuando giré la cabeza, esperando precisamente eso, el tiempo pareció detenerse. El labio me tembló como un Magikarp fuera del agua, en shock, porque mi cerebro no parecía estar conectado con mi boca. Aquella persona... estaba muerta. Estaba muerta, porque para mí no había otro motivo que le impidiese cumplir su promesa y regresar a mi lado después de Kalos. Y sin embargo... allí estaba. Con el aspecto de un cadáver, con ojos vacíos y hundidos, sin brillo, apaleado por la vida como jamás imaginé verlo. Ni siquiera durante aquellas largas noches sin poder dormir, atormentado por las pesadillas que le causaba Darkrai lo había visto tan mal. Ese idiota sonriente con media neurona y una corazón tan grande y transparente como el Lago Veraz ahora era... una sombra de sí mismo. —¿Alpha...?—mi voz fue un hilo bajo, frágil, lleno de incredulidad. Ni siquiera la reconocí como propia. No... no lo entendía. Era como si el suelo se hubiese fragmentado bajo mis pies y vuelto a unirse al mismo tiempo. Me faltaba el aire, me faltaba las fuerzas... probablemente también porque llevaba días sin comer, pero... porque aquella imagen era un simple sueño guardado en algún lugar de mi mente, en un compartimento sellado con el cartel de "no tocar" pegado con cinta adhesiva. Había perdido la esperanza hacía años, cuando los días se convirtieron en meses y la larga espera solo me devolvió silencio. Era como estar gritando al vacío y solo recibir tu propio eco como respuesta. La más completa y absoluta nada. Me moví antes de que siquiera pudiese procesar la orden de mi cerebro. El sucedáneo de portero de discoteca de metal estaba ahí, pero no me importó. Mi cuerpo simplemente actuó. —¡Alpha!—exclamé con la suficiente fuerza para que me oyera desde el fondo del pasillo—¡¿Eres Alpha de verdad?! ¿¡Has estado vivo todo este tiempo?! Súbitamente flashbacks repentinos de nuestra última conversación, hacía ya ocho años, regresaron a mi mente como quien pasa rápidamente los fotogramas de una película. —Durante la comida estaban viendo las noticias. Era sobre la guerra de Kalos. Dianta se retiró como campeona y estaba hablando su reemplazo. Es Destiny. Está... agotada, está sufriendo. Y yo... yo quiero ir a acabar con esa guerra. Teníamos veintitrés y veinticuatro años. Nuestra vida apenas estaba comenzando. Sorprendentemente, después de noches de llanto y pesadillas interminables habíamos logrado cierta estabilidad... hasta ese día. —¿Has perdido completamente la cabeza? —¡Claro que no! ¡No quiero que a Des también le pase! ¡Ni a nadie más! ¿¡Crees que me voy a quedar de manos atadas mientras todo eso ocurre en Kalos!? ¡¡Más y más personas van a sufrir mientras más dure esa estúpida guerra!! —¿Y crees que tú vas a detenerla? ¡No hay ganadores en una guerra, Alpha! ¡Ya viste lo que sucedió con Raiden o con Flame! iSi sales por esa puerta vas a morir! >>¿Por qué eres tan idiota? Siempre, siempre lanzándote al peligro sin pensar, siempre queriendo ser el héroe de todos... ¿¡Por qué no usas la cabeza que tienes sobre los hombros?! —¡¡Claro que soy idiota y me lanzo sin pensar!! ¿¡Qué esperas que pase si un idiota así no aparece!? ¡¡Los idiotas no sabemos que somos idiotas!! ¡¡Necesitan que alguien nos muestre lo idiotas que estamos siendo y les encamine para dejar de hacer idioteces!! ¡¡Y me encargaré de hacerles ver lo idiotas que están siendo!! ... Nunca hacía sentido nada de lo que salía por su boca. —¡¿Quieres dejar de dar golpes como un maldito Slaking usando Enfado y escucharme?! —¡¡Sé que no voy a ganar la guerra!! ¡¡Nadie lo hará!! ¡¡Pero haré todo lo que pueda para que todos dejen de perder, ¿me oyes?!! ¡¡Iré a detener tantas pérdidas como pueda!! Recordaba haberme recluído en mí misma. Ya había perdido a todo el mundo... ¿qué importaba si perdía a alguien más? Todo lo que quería me lo arrebataban de una u otra forma. Mi madre y su enfermadad, mi padre y su estúpido trabajo, mi equipo masacrado impunemente. Y mi novio, el hombre con el que estaba dispuesta a pasar el resto de mi vida... se iba a luchar una guerra al otro lado del mundo con su ex. Era tan patético que maldeciría todo si lo pensaba lo suficiente. Y no podía detenerlo, así que ni siquiera lo intenté. —Mimi... No vas a perderme. Yo regresaré cuando todo eso termine. Volveré y seremos felices. Pero si no voy ahora... Si no salgo por esa puerta, voy a arrepentirme por siempre. —No. No es algo que puedas prometer, así que ni siquiera lo intentes. —Tienes razón. En todo tienes razón, pero voy a ir. Lo prometo. Volveré y me disculparé hasta que me perdones. Lo haré todo el día, todas las tardes y todas las noches si es necesario. Te lo prometo, Mimi. ... Puto mentiroso de mierda. —¡Suéltame!—rugí retorciéndome entre el agarre del Ferropalmas. Ya no era fingida indiferencia o sarcasmo mordaz, estaba reflejando aunténtica, verdadera desesperación, la misma que había escondido desde que desperté en aquella asquerosa celda—. ¡¡Te digo que me sueltes!! Necesitaba una explicación, necesitaba un por qué, necesitaba... ni siquiera sabía qué coño necesitaba. La poca calma que había logrado reunir, todos mis planes por mantenerme estoica... ahora eran solo pedazos desperdigados por el suelo. Contenido oculto Bueno, he supuesto que el Ferropalmas la agarraría antes de permitirle acercarse, aquí tomándome libertades por el drama (?) Los falshbacks no son invento mío, es de un mini rol que hicimos Nico y yo hace bastante para este mismo momento hehe
—O sea que, en resumen, tenemos que hacerle caso a las órdenes de literalmente cualquiera —acoté antes de preguntarle por el incidente del barco. ¿Eso no merecía como un triple sueldo? ¿No? Y ahora que lo pensaba, ¿acaso me pagarían por algo de esto? Bueno, primero estaba sobrevivir. Su respuesta sobre el choque (perdón, no-choque) y la justificación del destello no me convenció en absoluto, pero tampoco me quedaba margen para seguir siendo una cría prepotente. Me eché un vistazo a mí misma, a mi pierna, y los diferentes dolores que permanecían estáticos sobre mi piel palpitaron. ¿Valiant acaso habría confesado el pequeño hackeo al cual fue sometida su tripulación? —Imagino por qué hizo eso —murmuré a la pasada—, se había puesto bastante... curiosa la situación en el barco. Respecto a las misiones... No estaba presa en serio, lo cual era una buena noticia, sino tendría que infiltrarme con prisioneros de verdad y jugar a la espía. Mala noticia. Era gracioso que pusieran al mecánico a actuar de guardia y a la guardia a actuar de reo, pero entendía que realmente no confiaran en mí para... Espera, ¿con mis antecedentes recientes no era la mejor opción para que un traidor infiltrado bajara la guardia conmigo? Bueno, suponía que regresábamos a lo mismo: no confiaban en mí. Si hacía cualquier estupidez fingiendo ser una prisionera siquiera tendrían que esforzarse para apresarme de verdad. Además, así me mantendrían desprovista de armas y alejada de Zuki. Módulo de alta seguridad. Un libro escarlata. ¿Asegurar el bienestar físico de los prisioneros? Suspiré, irguiéndome un poco más con cierta dificultad. Giré el cuerpo y me senté al borde de la camilla, dejando las piernas colgadas. —Diamond y Xenodis están aquí, ¿verdad? —indagué, masajeándome levemente uno de mis muslos; dolía—. ¿De qué clase de pruebas estamos hablando? Si existían probabilidades de cruzármelos tendría que apegarme a la verdadera historia lo más posible. Al menos, suponía, no les sorprendería verme apresada luego de intentar ayudar a uno y desafiar a Valiant frente al otro. Quizá se preguntaran qué coño hacía mezclada con los prisioneros de alta seguridad, pero eso sería un problema del futuro. Una broma estúpida me cruzó la mente y solté una risa floja, amarga. —Si quieren que los convenza de nada tendrán que golpearme un poco más. —Miré a la robot—. ¿Garantizarán la seguridad de mi Pokémon en tanto siga la misión?
Toda esperanza desapareció de mi rostro cuando la agente comenzó a contactar con el CEO de la compañía. Aunque había dicho que estaba subcontratado, y las posibilidades de que un CEO conociese a cada uno de sus emplados eran prácticamente nulas, en cuanto me preguntase algo sobre la compñaía estaba frito. Sólo que eso no pasó. Porque no se me dió la oportunidad de hablar si quiera; fui rechazado inmediatamente, y colgó la llamada inmediatamente tras eso. Ni siquiera se molestó en verificar nada. La agente me miró con hastio y terminó trayendo una de esas ferropolillas que había evitado cuando entré a la ciudad. Sinceramente esperaba no aparecer en su base de datos; hacía 15 años que no pisaba lo que antes era Galeia, no debían tener mi información e, incluso si la tuvieran, no podrían reconocerme tras tanto tiempo. Pero una vez más, eso no fue lo que pasó. "IAN LOCKHART. PRIORIDAD ESTABLECIDA: ALTA. INSTRUCCIONES: APRESAR DE INMEDIATO." Me quedé en shock una vez más, sin ser capaz de procesar lo que estaba pasando. ¿Cómo era... siquiera posible...? Me mandaron a dormir antes de poder hacer o decir nada, y cuando desperté estaba metido en una celda, sin rastro de Gimmighoul una vez más. En realidad no estaba preocupado por él; su último acto me había dejado claro que era capaz de escapar de prácticamente cualquier cosa. Al menos mientras no aparecieran los peces verdaderamente gordos. Para mí, sin embargo, era el fin del camino. Me había dejado atrapar por la razón más estúpida posible, y después de todos estos años de vivir en la clandestinidad, todo se había terminado. Golpeé el suelo de la celda con fuerza, y poco después me dejé caer apoyado en una de las paredes de la celda, antes de hacer un swing con el brazo hacía atrás, golpeando ahora la pared repetidamente con el lateral del puño. —¡Maldita sea...! —había desperdiciado los últimos 15 años de mi vida, y ahora que tenía la oportunidad de vengarme de Chance, lo había mandado todo a la mierda como un completo retrasado mental. Meterme a robar a un avión a punto de despegar, dejarme coaccionar por aquel timador, e intentar robar en frente de uno de aquellos robots endemoniado. Todas decisiones impulsivas y descerebradas. Había tirado por la borda el sacrificio de mis pokémon en aquel momento. Me deslicé lentamente por la pared hasta quedar acostado en el frío suelo de la celda, desparratado, y cerré los ojos. El sitio era increíblemente silencioso; no había nada que me distrajera de aquel tumulto de pensamientos de enojo y autodesprecio. La había cagado, y sólo podía darle vueltas a todo lo que podría haber hecho diferente, y a gritarme por lo que había terminado pasando. Aquellos sentimientos fueron persistentes, pero eventualmente fueron aminorados por el paso de las horas. Mis siguientes pensamientos fueron sobre esperar mi ejecución; me había sorprendido que me metieran en una prisión en lugar de asesinarme en el acto. Quizá Chance quería hacerlo personalmente. O quizá... era aún peor. No importaba cuanto tiempo pasara, aún recordaba perfectamente aquel dispositivo de control mental que chance había desarrollado y que le permitió dominar a nuestros pokémon sin problema. Obligarlos a hacer cualquier cosa, incluso matarse entre ellos... De eso hacía más de una década; su tecnología actual debía ser 100 veces mejor, no me sorprendería que pudiese controlar también personas ahora. Convertir en marionetas a sus otrora enemigos, sí, era algo que le pegaba. Eventualmente mis pensamientos terminaron emborronándose de nuevo, y terminé cayendo dormido una vez más. El paso del tiempo era difícil de medir, pero en lo que parecía ser el segundo día uno de esos robots vino por mí. "Ah, finalmente es hora de mi ejecución" pensé. Pero resultó ser un chequeo médico. Era extraño, ¿Por qué un chequeo médico a alguien que perfectamente podrías ejecutar? La idea del lavado cerebral se volvía cada vez más posible. Más adelante arrojaron a alguien moribundo a una de las celdas contiguas y se marcharon. Intenté suicidarme; antes que convertirme en uno de sus perros, en experimentar lo mismo que habían experimentado mis compañeros y convertirme en una marioneta de carne para que él jugase a placer, iba a volver este cuerpo y cerebro inútiles para él. Habían pocas cosas en la celda, como cabía de esperarse, pero tenía un par de productos del aseo que podían servir; mezclé varios de ellos en una solución acuosa, e hice el esfuerzo por ingerirlos e inhalarlos. Tosí violentamente, y me sentí horrible, pero no parecía que fuera suficiente para matarme. Apreté los dientes y estampé la cabeza una y otra vez contra la pared, hasta que eventualmente perdí el conocimiento. Claro que mis captores no me permitieron morir, no; al parecer, entraron a la celda casi al instante en el que comencé a desvancerme, me dieron atención médica, me ataron con una camisa de fuerza, y un pequeño "curso de buenos modales" tras despertar. Sí, era un trofeo para ellos que no iban a dejar irse fácilmente. Estaba totalmente atado de manos, figurativa y literalmente hablando. Así pasó otro día más pudriéndome en el suelo de aquella celda, y una nueva visita llegó. Sonreí cuando ví que la ferroguardia venía acompañada de una persona, vestida de la misma manera que yo. "La vieja táctica de la compañía. Dale a alguien con quién conversar para que se distraiga; seguramente será una subordinada de chance con la que quieren que baje la guardia y les cuente lo que sé'" Reí para mis adentros, ¿Cuál sería su reacción cuando supieran que uno de los criminales más buscados por el imperio había terminado allí por un cúmulo de coincidencias y no tenía ningún otro aliado o contacto en el exterior? —Buenas tardes para ti también TS4-097 —respondí burlón. No había encontrado motivos para conversar con los robots hasta entonces, pero ahora que había una persona de carne y hueso, al fin valía la pena—, un placer verte de tan buen humor como siempre. Alegremente aceptaría tu invitación, no necesitabas traer a otra chica para convencerme —crucé las piernas y giré mientras me impulsaba hacía arriba, poniéndome de pie. Avancé lentamente hacía el exterior de la celda, escrutando rápidamente a la que sería mi compañera en el camino—. Un gusto conocerte, supongo que ya no hace falta que diga mi nombre, ¿no? Me gustaría saludarte como corresponde y darte un apretón de manos pero, como comprenderás, estoy un poco limitado en ese aspecto ahora mismo. Espero que nos llevemos bien en estos pocos días que me quedan de vida. A la sala de pruebas, uh. Recordaba que habían mencionado que nos harían algo llamado pruebas de Energía Vital. El solo nombre daba escalofríos, y no esperaba volver ileso de allí, si es que volvía siquiera. Al menos como yo mismo. Además, energía vital era un nombre demasiado extraño y específico, ¿no solía Iota mencionar ese mismo término cuando extraía la vida de los pokémon del otro mundo?
La Ferroregente se quedó mirándote por unos instantes, como si analizase tus gestos y tu fingida determinación. Puso una mano en su mentón conforme se decidía, finalmente, a decir algo. —Sorprendente. Debes ser una persona muy adaptable si no tienes más preguntas. Veremos en breve si realmente mereces la pena. Dio un par de golpecitos con su batuta en el suelo, casi como si fuese un bastón. Y, en ese momento, casi al instante, un Ferropalmas se dejó ver en la sala. —Te llevarán junto a un compañero que te guiará un poco en tus labores. Hoy... se te requerirá como poco más que observador. Salvo que estalle algún conflicto, no será necesaria una intervención directa. Así irás aprendiendo poco a poco. Ve con tu compañero, y reuníos con la jefa. >> Ahora, puedes marcharte. Dicho aquello, caminaste detrás del Ferropalmas por el pasillo del que vino, hasta que llegaste hasta otro tipo que parecía esperar con la espalda contra la pared. Él tampoco tenía la "máscara" puesta, y exhaló un humo que rápidamente identificaste como un cigarrillo entre sus dedos. No parecía que hubiese mucha regulación de humos allí, la verdad. Se giró a mirarte en cuanto te vio llegar. Tenía la piel oscura, ojos brillantes y sagaces, y el cabello rizado recogido en una especie de moño tras su cabeza. Contenido oculto —Hey —te saludó al verte llegar, arrojando el cigarrillo al propio suelo, sin ningún tipo de miramientos—. Al fin llegas. Se me ha dicho que te espere. El Ferropalmas que te guiaba se detuvo a su lado, y él le hizo un gesto con la mano. Ese simple gesto pareció bastar para que el robot se apartase, aguardando pacientemente al otro lado del pasillo. —Soy Xander... me ocupo del Módulo de alta seguridad. No sabía que teníamos tan pronto a gente nueva, pero falta hace, desde luego. En un par de semanas se ha multiplicado por seis el número de presos allí. Claro que antes era solo uno, no era difícil. Se cruzó de brazos bajo el pecho, apartando la mirada. —Se ve que vas a ser mi nuevo compañero. Hasta ahora me encargaba yo solo de la zona, salvo en alguna ocasión puntual con gente que rotaba. Si te han dejado fijo aquí, mejor. Es un trabajo sencillo. O al menos lo era... ahora hay un par de presos que están siendo muy molestos. Se adaptarán, no les queda otra. Te volvió a mirar, de arriba abajo. —De momento tenemos que esperar... debemos vigilar las pruebas, que empezarán pronto. Cuando empiecen, tú ponte la máscara y limítate a seguirme. Solo tendrás que observar, y... usar esto si lo necesitas. Que esperemos que no sea el caso. Te ofreció entonces dos cosas: una porra y un táser. Justo lo que te dijo Viola que te ofrecerían, ¿no? Obtienes: Táser rápido + Porra de pacificador. —Dos cosas importantes: primero, no interrumpas la sesión en ningún caso salvo que o bien lo diga Joy, o bien veas un claro acto de violencia no autorizado por parte de los internos. Y segundo, y más importante que nada... aplica toda la fuerza que necesites para reducir a los presos si se tercia, pero jamás, bajo ningún concepto, acabes con la vida de ninguno de ellos. Espero que este punto te quede especialmente claro. Miró al suelo tras eso, suspirando, y agarró de su bolsillo otro cigarrillo. —No me has dicho tu nombre... no hace falta que lo hagas si no quieres; total, aquí somos casi anónimos. Con un mechero, lo encendió, y tomó una calada de él sin siquiera quitárselo de los labios. Luego te ofreció uno. —¿Fumas? Te doy uno si quieres. El resto ya te los compras tú cuando te den el primer salario... Contenido oculto Psst, necesito que me digas cuántos puntos de lógica le damos a Drake y todo eso, gracias *** La Ferroregente asintió. —Correcto, agente Hiradaira, muy observadora. Sí: somos conscientes de que dos de las personas con las que cruzó caminos en el barco son dos de los internos. No obstante, nada de eso debe ser preocupación suya: nos encargaremos de, cuando proceda, ofrecer un argumento creíble sobre su encarcelamiento en dicho módulo. En caso de requerir una excusa, limítese a decir que no tiene idea de por qué le han encerrado allí. Hizo girar su batuta entre sus manos, casi como si estuviese distraída, o pensando. Procesando información, más bien. —Sobre la seguridad de su pokémon... puede estar tranquila. Los ejemplares de Tinkatink y Bramblin están bien por el momento, ambos: han sido llevados junto al resto de pokémon del personal de la zona, separados de los recluidos por los internos. El trato dado allí, se lo aseguro, es mucho mejor que el que se le proporciona a los demás. En tanto cumpla con la misión, no le sucederá nada. Te miró a ti, y luego a Kyllian. E inclinó la cabeza a un lado. —¿Podemos proceder, entonces? Me temo que el tiempo se nos viene encima; estamos en el contexto idóneo para que comiencen ambas misiones.
—¿Y cómo es que no me has traído un trozo de tarta para celebrarlo? —repliqué, si bien en voz baja, y no tardé ni un segundo en arrepentirme de ello. Me mordí el labio inferior para evitar hablar de nuevo y cerré los ojos con fuerza, reprimiéndome mentalmente por haber tenido un lapsus tan estúpido. Era más que consciente de la chispa de rebeldía que seguía latiendo en mi interior, sin importar los años que había pasado intentando ignorarla y apaciguarla, pero el contexto en el que me encontraba no era, ni de lejos, el más apropiado para que saliera a relucir. Tenía que ser más inteligente si pretendía sobrevivir, aunque... no tenía muy claro para qué rayos quería vivir más tiempo. Solté algo de aire por la nariz, de manera pausada, y seguí los pasos de la ferrorregente en completo silencio, centrando mi atención en sus palabras. ¿Pruebas de Energía Vital? ¿Así que era eso? ¿Chance nos quería por nuestra... Energía Vital? Tuve que hacer un esfuerzo enorme por reprimir el escalofrío que me quiso recorrer la espalda, sobre todo porque la ferropokémon me escaneó con su batuta en ese momento. Viendo lo que Chance había conseguido hacer en estos últimos años... no quería ni imaginar los planes que tendría en mente si conseguía algo de valor con aquellas pruebas. Pasamos junto a dos celdas ocupadas, pero la ferrorregente no me dio mucha información sobre sus presos y, a decir verdad, yo no encontré el deseo de querer saber más en mi interior; no fue hasta que llegamos a la tercera celda ocupada que pude conocer al que sería mi compañero. Me quedé congelada cuando escuché su nombre, tanto que ni siquiera fui capaz de apartar mi mirada del ferropokémon. >>¿I-Ian? —repetí, mi voz ronca y casi inaudible. Cuando finalmente me sentí capaz de mover la cabeza, el prisionero ya se había colocado frente a mí, y tuve que pestañear varias veces seguidas, convencida de que en cualquier momento el chico desaparecería. El castaño empezó a hablar como si no hubiera un mañana y algo dentro de mí quiso reírse, porque aquello era algo tan típico de Ian que casi no podía creérmelo. Mentiría si dijese que llegué a registrar todo lo que dijo, pues a mitad de su verborrea me eché hacia delante para rodearlo con mis brazos, notando como las lágrimas se me empezaban a acumular en la cuenca de los ojos. >>Ian, e-estás vivo —murmuré, obligándome a separarme de su cuerpo antes de que Tsareena sintiese la necesidad de intervenir—. No me puedo creer que estés vivo... todos estos años pensé... bueno, no sabía que había sido de vosotros y me imaginé que... ¿pero qué haces aquí? ¿Qué...? ¿Por qué llevas eso? —Giré la cabeza para mirar a la ferropokémon, frunciendo el ceño—. ¿Qué le habéis hecho?
En la... Celda. Ya veo. Ahí quedó lo de ser aliado de Valiant, supongo... Al menos esperaba que cumpliera la otra parte del acuerdo. Si no... Tché. Es lo que hay. Al menos desearía que dejara de moverme tanto porque ¡gh!... Mi herida estaba en el vientre y aun así solo tirarme la oreja hacia atrás provocaba que me escociera hasta la punta de mi último cabello. Peor fue cuando se fue a tocar el mismo lugar que por reflejo busqué protegerlo inclinando el torso al frente, bloquearle la entrada bajo las vendas pese que acabó solo empujándome sin mayor importancia. Ya, que era su trabajo y eso, pero puta madre; Se supone que debía aliviar esto, no empeorarlo. Así hasta que finalmente me liberó y me pude parar apenas, las piernas me temblaban en respuesta a los pinchazos que venían de mi abdomen y fue casi peor cuando me terminé pasando esa camiseta por encima. Por poco me podía sujetar sin apoyarme de algo y siempre debía inclinarme sujetándome sobre la herida para que no escociera tanto, así que solo seguí las instrucciones como buen preso. ¿Qué más puedo hacer si no? Camino al ascensor todo fue en silencio. Miraba al piso tras un corto vistazo al Hariyama robot que, a diferencia de Valiant, no era tan conversador. Parecía más bien como los Marowak que rompí o sus otras copias a color que solo servían como guardias. Me pregunté por un momento qué tantas variaciones habían... Esperaba sinceramente no ver un Tauros robot pronto. Si es que salía de la celda... Lo dudo... Suspiré. No había demasiada diferencia con salir de casa, a fin de cuentas, por mucho que en mi mente siguiera retumbando esa frase de involucrarnos a los diez... Hacerlos nueve por mi cuenta no era una opción... Nunca lo había sido. Des... Ella se enfadaría conmigo sin dudas... Mierda... Todo esto es una mierda. Y podía ser peor. Fue cuando juré que el ascensor llegaba. Un grito desde atrás que me pareció solo un eco tonto de un pasado mejor. No, no era tan estúpida para caer en esto, ¿verdad? ¿Por qué diablos se arriesgaría a dar cualquier paso dentro del territorio del imperio a sabiendas de la situación que teníamos? Podía quedarse viviendo bien allá en Sinnoh... En nues-... Su casa. ... No hay razón para venir aquí. Terminé mirando para desmentirme. Para arrastrar mi mirada desde el piso y me detuve al ver el mismo blanco que yo lucía; Estamos iguales. No, no tiene ningún sentido... No se arriesgaría a salir otra vez, no querría seguir saliendo herida... Pero la duda atemorizándome me forzó a seguir. Mientras más escalaba, las sensaciones me apretaban desde dentro y no era el dolor de la herida, sino una ansia desagradable que palpitante por mi pecho me carcomía. Rogaba no ver azul y dorado en sus rostro a los que el camino de su cuello me llevó a encontrarle y hacer una pausa, sostener miradas con mis ojos abriéndose enormes antes cerrarse y apretarse con mi nariz y dientes en una maldición silenciosa. Es Mimi. Mierda, mierda y más mierda. Podría pasarme el resto del día repitiendo esa palabra si callaba un rato la desagradable sensación apretándome el pecho, la presión que forzaba a mis ojos a pegarse al piso y que ponía a mis labios a prensarse como si quisieran destruirse el uno al otro. Había tanto corriendo por mi mente ahora que simplemente no podía poner mis pensamientos en orden. ¿Por qué...? ¿Por qué se había puesto en peligro cuando tanto me gritó a mí mismo para que no lo hiciera? —¡Te dije que no prometieras! ¿Qué se supone que significa eso? ¡No puedes prometer que volverás y que todo seguirá igual cuando te vas sin importarte nada! ¡Te lanzas a luchar y matar y probablemente morir sin pensar en lo que yo pueda sentir o en lo que yo sienta! Resonaron fuerte esos gritos allá por Aromaflor. Si me decía eso a mí, estaba seguro que jamás se atrevería a nada más. Podía disfrutar su vida mientras yo... Mientras yo hacía lo que creía correcto allá entonces. Tragué saliva y cerré los puños a mi lado y sobre mi cuerpo. Vaya... Idiota. No era nada más que un idiota. Me quemó la culpa entonces. Sí, debí regresar. Sí, debí ir y darle una explicación. Sí, debí al menos mandarle una señal de que seguía en este mundo... La cosa es que no lo pensé. No hasta pasado varios meses de lamentarme bajo el sol de Udan. ¿Qué sentido tenía siquiera poner más esfuerzo en algo? El daño estaba hecho... Sigh. Romper una, dos, tres promesas... Incluso ahora es inútil darle explicaciones. Es todo lo mismo... Pero es ella la que no quiere entenderlo. Está indefensa entre las palmas enormes del guardia que la detiene sin problema alguno pese a sus pataleos, a como ruge con esa fuerza de siempre; No se callaría hasta oír lo que quería... Idiota. —Mimi—Le llamé por instinto, un hábito; Respondía a su nombre cuando las pesadillas la agobiaban, cuando las noches se volvían largos intentos de convencernos de que podíamos vivir en paz.—, deja... Deja de pelear—Monótono, seguí mirando al piso en cada palabra.—. Solo harás que te hagan daño... >>De verdad... Ríndete, Mimi.
Desde que había llegado a la prisión no podía dejar de sentirme observado. Analizado. Como si en cada momento hubiera un par de ojos sobre mi, siguiendo mis pasos. Las expresiones de mi cara, los movimientos de mis ojos, el temblor en mis manos. No podía esperar a poder encontrarme solo, y parecía que ese momento no llegaría aún. La ferroregente me dejó con aquel extraño Hariyama metálico, y luego fui presentado a quien sería mi compañero en el trabajo. Xander parecía ser alguien duro, pero apenas comenzó a hablar pude notar que era agradable. Por lo menos, me podía sentir menos presionado con él que con todo el asunto de los robots controlando todo. Aún con todo, no tuve más remedio que recibir las armas que se me entregaban en caso de que los presos se pusieran violentos. Sacudí la cabeza cuando me ofreció cigarros.—Lo siento, no fumo. Me pareció siempre un mal hábito, gastar dinero en algo que te pudre el cuerpo de adentro hacia afuera. Tampoco acepté decirle mi nombre. No estaba seguro de con que nombre había sido registrado gracias a Mencía, y no quería tener que acostumbrarme a un nombre cualquiera o a un apodo. Si podía ser anónimo, lo tomaba. Esperaba que Xander no fuera alguien de hacer muchas preguntas. La presión de estar en aquel lugar sin tener un plan concreto ya me estresaba lo suficiente. La ferroregente había dicho algo de que nos uniríamos a la jefa, y Xander había mencionado a una tal Joy. Con que fuera humana me bastaba, me estaba cansando de tener que darle razones a máquinas. Y estaba cansado de sentirme observado. Así que no tardé en colocarme la máscara apenas tuve oportunidad, solo dejando mis ojos visibles. Me hacía sentir más seguro, menos expuesto. —Dices que llegaron nuevos presos al módulo de alta seguridad la última semana, ¿no?—pregunté. ¿Cuál era la probabilidad de que él estuviera allí? — ¿Acaso atraparon a algún grupo terrorista? ¿Como puede aumentar tanto la cantidad de presos importantes de un día para otro? Tenía un mal presentimiento. No dejaba de sentir como si fuera a encontrarme a Mencía en alguna celda, aún cuando sabía que había logrado entrar a la prisión gracias a su ayuda desde afuera. Y si él estaba aquí, ya habría completado la mitad de la misión. No podía más con la expectativa.
Tras rechazar el cigarrillo, Xander guardó la caja en sus bolsillos y dio una calada fuerte al que se acababa de encender. De una sola, dejó el cigarro a la mitad, y vacío la ceniza en el suelo sin mayores contemplaciones. Luego te miró mientras hablabas, y te fijaste en cómo, con sus ojos, te escaneó brevemente de arriba abajo, como si aprovechase para juzgarte, de algún modo. —... ojalá lo supiese, amigo. —Se encogió de hombros por toda respuesta a tu pregunta—. Hace algo más de una semana trajeron a una chica nueva. La dejaron encerrada por días, y días. Luego, hace como tres días, vinieron tres más, los tres en el mismo día. Se me multiplicó el trabajo de repente; especialmente porque uno de esos tipos es un dolor de muelas, hubo que reducirlo en un par de ocasiones, y seguía resistiéndose. Y... hoy mismo, hace unas horas, han llegado más. Ha pasado algo con un barco del Imperio, no sé, no sé los detalles. >> No sé si son de la Resistencia o qué, ni zorra, la verdad. —Dio otra calada, esta vez, algo más suave—. No es mi trabajo preguntarlo, tampoco. Pero la gracia está en que van a hacerles pruebas... "pruebas de Energía Vital", las llaman. Una cosa muy rara, la propia agente Joy se hizo algunas delante de mí el otro día; creo que preveían que iban a tener que reproducirlas en grupo, y querían practicar, o algo así. Y de paso, así yo me acostumbraba. Se encogió de hombros. —Al cabrón de Florián nunca le han hecho esas pruebas, y mira que lleva tiempo ahí encerrado. No sé. El Imperio hace cosas raras, a veces. No lo cuestiones, tú ejecuta, y punto. No protestes. Al menos, no delante de una Ferroregente. —Miró al Ferropalmas que aún os observaba, en la pared contraria—. Delante de estas bolas de sebo, sin embargo, di lo que quieras. No tienen nada ni remotamente parecido a un cerebro, así que da igual.
El Ferropalmas no me iba a dejar ir. Ni siquiera estaba haciendo un verdadero esfuerzo por detenerme. Solo me estaba sujetando con aquellas manazas de acero frío, y yo, para él, no era el más mínimo problema. Aquellas cosas debían tener el cerebro del tamaño de un maní, si es que tenían cerebro siquiera, pero eran hábiles en el único trabajo que sabían hacer. Dejé de retorcerme cuando me di cuenta de que la debilidad en mis propios músculos no me permitiría un derroche grande de energía. No tenía precisamente una reserva boyante; si no guardaba energías no podría seguir sin comer. Fue mi propia debilidad, aquella que odiaba con toda la fuerza de mi ser, lo que me hizo dejar de luchar. ¿Las consecuencias de mi propia rebeldía? No me importaban realmente. Si mi vida iba a ser así el resto de lo que me quedaba de existencia, viendo robots cada maldito día con la luz del sol como un lejano recuerdo, prefería quitar mi pieza del tablero. Nunca había sido conocida precisamente por aceptar el devenir de los acontecimientos cuando estaban en contra de todo lo que creía. Siempre había luchado con uñas y dientes, desde Kappa hasta Tau, Justice y el P.A.M... pero estaba harta. Nunca me había arrepentido de ser una holder pero... ¿y si hubiera tenido una vida normal? Tal vez no hubiera visto a una mujer destripada sobre una mesa de metal con catorce años. Nina... aún sentía que pude salvarla. Toda la mierda que me pesaba sobre los hombros, no solo a mí, si no a todos nosotros, era una carga cada vez más difícil de soportar. Había puertas que debían permanecer cerradas y Alpha, con su aspecto de moribundo, acababa de abrir una de ellas. Pensé, quizás, que no había regresado a Sinnoh porque había estado preso. Quizás por eso tenía ese aspecto lamentable, como si le hubieran chupado el alma del cuerpo. Pero aunque aquella era una posibilidad, el sentimiento de abandono era superior a la razón. A la mujer abandonada no le importaban los motivos, solo las consecuencias y las promesas que jamás cumplió. Aquel resquemor mal sanado ardía como un fuego vivo. Había empezado como pequeñas brasas, leves pero latentes, y ahora bastaría una sola chispa para terminar de incendiarlo todo. Boom. Como si me hubiese tocado con hierro hirviendo mi cuerpo se tensó en el momento en qué pronunció mi nombre. Lo había escuchado cientos, miles de veces... pero en ese instante lo sentí lapidario, como una sentencia de muerte. Escucharle pronunciar mi nombre no me despertaba ninguna simpatía, al contrario. Reabría heridas que deberían estar cerradas. Su voz, que había sido un madero a la deriva en mitad de la tormenta en altamar en la que se convirtió mi vida, ahora se sentía como un ácido corrosivo. Lo odiaba por abandonarme, por marcharse sin escucharme, pero, ¿honestamente? realmente nunca me escuchaba. Vivía en su mundo de batallas, creyéndose el protagonista de una novela cuando no llegaba ni a personaje secundario. ¿Y yo? Yo era otro tanto de lo mismo. El hipotético trono en el concebía mi vida no estaba eregido en un salón real, lujoso y opulento, si no en una asquerosa pocilga. Que ridículo par de imbéciles. La ironía de su advertencia me comprimió los gestos en una sonrisa sin gracia y solté una risa baja, grave, profundamente sardónica. —¿Después de ocho años sin dar señales de vida hablas sobre hacer daño?—levanté el mentón, desdeñosa—. No seas tan cínico. No te atrevas a fingir que te preocupas por mí.
—Ah, qué convincente. No pude evitar soltar aquella ironía al aire cuando la oí decir que mi excusa tendría que ser "no tengo idea qué hago aquí", y al instante me lo reproché mentalmente y me mordí la lengua. ¿Alguna vez aprendería? Agaché la mirada mientras la robot se mantenía en silencio, los movimientos de su batuta aparecían en un rincón de mi campo de visión. Sus modos y forma de hablar eran... sorprendentemente humanos. Ignorando por la cara mi pregunta de las pruebas, ¿eh? Pues nada que hacerle. Liberé un profundo suspiro tras oír sobre Zuki y me arranqué algunas porquerías a las que estaba conectada, bajándome de la cama. La tontería hizo danzar una sonrisa en mis labios; siempre había querido hacer eso, como en las pelis. Me eché un vistazo y una mueca comprimió mi semblante brevemente. Qué uniforme tan feo... —Quizá no sea mi lugar preguntar, pero ¿a Marcoh le asignaron una misión similar a la mía? El muchacho que antes estaba aquí, quiero decir, ya que también iba con estas... ropas. Por lo demás ya estaba lista. Me palmeé los muslos y coloqué los brazos en jarra, indicándole a la robot que podíamos proceder.
Agaché más la cabeza con un largo suspiro. ¿Qué caso tiene responder siquiera...? Ella es aceite y yo soy- era... Ni siquiera sé qué soy ahora... ... Suelto un suspiro largo; va a reaccionar quemándolo todo si pongo la chispa. Fue siempre así, y ahora más que nunca estaba en lo correcto: Es mi culpa. Por no querer ver que tenía un vaso medio lleno en mis manos, aceptar que simplemente podía continuar una vida de tranquilidad con ella si decidía hacer a un lado mis impulsos egoístas. ¿Ir a detener la guerra? ¿Hacerle darse cuenta al mundo de lo mal que estaban? Ser... Un estúpido, eso es lo que quise ser. ... Solo quería que nadie más sufriera como Mimi. No más pesadillas... Pero la ignoré a ella en el proceso y quedé sediento. Ni medio lleno... Ni medio vacío... Solo un vaso. —Por... favor—Mi voz se interrumpe por un quejido a medida que me inclino sobre el Ferropalma y desde atrás busco llamar su atención. La diestra me la llevo al vientre sobre el que me encorvo más.—. Suéltala. No hará... No hará nada peligroso. Huyo cada vez que me persigue la mirada. Ojalá también lo hiciera de aquí.