Instalaciones Recepción general

Tema en 'Sakura Inn' iniciado por Gigi Blanche, 3 Marzo 2026.

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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    La aparición de Morgan y el parasol fue un poco repentina, pero me sirvió para sacar la atención del grupito donde estaba metido Fujiwara. No es que tuviera de qué sentir celos como tal ni miedo, si había pasado las mejores vacaciones que podía recordar, pero al final del día seguía siendo un crío y algunas cosas siempre iban a desagradarme. Me gustara o no, la verdad tampoco quería quitarle a ella el derecho de mantener contacto con él. Era excesivo e inmaduro.

    Shimizu se puso a darle todos los pormenores a Sasha, pero Dunn y yo nos quedamos ocupados con Morgan. Que hablando de Cayden, parecía estar en su propio viajecito espiritual, con las invitaciones random y los aires de hippie que busca conectar con su yo superior, o capaz era el fit veraniego, daba igual; alguien tenía que decirle que se cortara esa mata de pelo de nuevo. Ni modo a todos nos llegaba el turno y yo le había dicho el día que Alisha nos puteó a todos por igual que se amarrara los pantalones de una vez, vete a saber si lo habría hecho o lo planeaba.

    En fin, que de pronto estuvimos debatiendo el por qué Kannon maldijo las costas si había aparecido en ellas y a mí me resultó anormal de por sí que eligieran encasquetarle el título de maldición a una silueta en la bruma. La contestación de Cayden siguió más el camino de la superstición y llegué a preguntarme de dónde tan creyencero, pero no lo cuestioné más de lo que ya lo había hecho de por sí.

    —Las maldiciones se alimentan como todo círculo vicioso, supongo —reflexionó el chiquillo, mirándome como si yo fuese el loco de esta charla—. Anyhow, we can say that almost everything is a fable at certain level.

    —Da un poco lo mismo si otro borracho toma una barcaza y sale a buscar la silueta de Kannon que bien pudo ser el lomo de una ballena —refuté para ambos, balanceando el parasol todavía—. Advierten a unos del peligro y ciertos tontos heroicos van en su búsqueda.

    Dunn, otra vez, me dejó a mi bola y se concentró en Morgan cuando afirmó a la pregunta del templo de Kannon en Kamakura y mencionó las estatuas de Jizō, lo que la llevó al campamento. Me di cuenta que ambos hicimos memoria, aunque yo en los intermedios también traté de recordar sobre la Benten-Kutsu.

    —Ah, el templo dentro de la roca. Sí que debe ser impactante verlo en persona.

    —¿No creo que viéramos el santuario? —dijo Cayden, dubitativo.

    We did. Durante la prueba de valor, por la noche. Donde casi te comen porque no sabes decirle que no a una mujer —dije recordando como lo había regañado el niño y todo el teatro de la Nure Onna.

    Ah, shit. —Su voz fue un murmuro avergonzado y quebró el tema de regreso al santuario—. Igual es como si no lo hubiésemos visto entonces. Estaba oscuro que daba gusto y no nos acercamos como tal, lo bordeamos. Quizás debimos.

    Hubo algo distinto en su tono, no supe bien el qué, y sus ojos bailaron por la recepción de forma un poco azarosa. Al menos a mí me lo pareció.

    —¿Por qué tantas estatuas de Jizō en el Hase-dera?

    —Padres en duelo, si no recuerdo mal —apañó Dunn y sus dedos presionaron el móvil que tenía dando vueltas desde que llegó Morgan. Bastó el apunte para que yo sacara la información del archivo mental, tarde eso sí—. ¿Ya lo olvidaste? Jizō es el protector de los niños, sobre todo de los que parten antes que sus padres. Igual desconozco por qué justamente el Hase-dera.

    —¿La compasión de Kannon se empareja a la protección de Jizō, quizás?

    La pregunta, obvio, fue hacia Morgan y ambos miramos a la chica como si de repente fuese una enciclopedia. Mira que los japoneses éramos nosotros, no ella, ¿pero quién tenía la información fresca por haber estado en Kamakura en el verano?

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    Me hacía un poco de gracia notar que de alguna manera Alethea y yo estábamos aquí con pintas de cazar moscas con la boca abierta, no porque estorbáramos ni nada del estilo, simplemente porque las que acaparaban la conversación eran Ilana y Riamu. Eso tampoco era malo como tal y yo no iría a quejarme de estar reunido con tres muchachas, ¿cierto? De hecho el asunto este de la ropa y tal me hizo deslizar la vista a Ilana y pensé que dejaba relativamente poco a la imaginación. Los short, los hombros descubiertos, su silueta colándose bajo el encaje. De todas formas, la prenda era como tan... Ilana coded que casi se le pasaba por alto.

    De nuevo, daba siempre la sensación de hacer lo que se le antojara.

    Riamu le dio la bienvenida cuando apunté a que era nueva aunque Ilana había tratado de sacarse a sí misma de la categoría. A mi ver, algunos no dejábamos nunca de ser los nuevos. En todo caso, la rubia se puso a sacar cuentas primero con las manos y luego con la mente y cuando finalmente pareció capaz de recordar la fecha, dio un respingo en su lugar.

    —¡Llegué el doce de junio! Así que llevo dos meses y medio, digamos, y todo agosto son vacaciones así que vendría siendo un mes y poco más —contestó, risueña, y al preguntarle si había hecho más amigos asintió con la cabeza. Para estar desvelada le quedaba mucha energía en el cuerpo, había que decirlo, ¿o era sólo el match de extroversión con Riamu?—. Desde que llegué he hablado con un montón de gente, como Joey y Morgan o Sasha, que me ayudó con los chocolates de la White Week, también Vero y Beatriz, aunque Bea es de primero. De todas formas hablo más con los de mi clase, Pai que fue el que me dio el tour cuando llegué, Suiren que es amigo suyo, Cay... ¡Y Kakeru, claro! Al pobre Kakeru no lo dejo en paz.

    Seguramente no enlistó a toda la gente con la que había hablado porque no acabaríamos hasta mañana, pero al mencionar a Fujiwara se echó una risa digna de aquel que no se arrepiente de sus crímenes y yo negué con la cabeza, como si fuese un caso perdido. Esta muchacha siempre había sido confianzuda, amiguera y fácil de llevar. Acercarse a ella era sencillo. Era casi igual que esto de Sasha ayudándole con los chocolates.

    Las chicas se habían transferido en abril, así que eso las dejaba en el saco de gente nueva menos nueva, como a mí. A la pregunta que formuló Alethea, asentí con la cabeza y entonces le contesté.

    —A mí me interesa más porque mi madre trabaja en la industria hotelera, así que creo que esto de las pasantías me puede ayudar a entender mejor todo lo que ha tenido que hacer —expliqué—, pero claro que el lujo importa mucho. Ya quiero darme la buena vida, ¿quién no quisiera una semana en un hotel así?

    —Yo sólo quería viajar —admitió la rubia, enlazando las manos tras la espalda—, pero ganar experiencia también suena muy bien, así que es una situación como de win-win. ¿Creen que nos pondrán a trabajar de inmediato? Tipo, tengan, habitaciones y woosh, a trabajar que no hay tiempo que perder.

    Laila.png

    Apenas vi que Adara se zafó del muchacho pude respirar con tranquilidad. Desconocía qué diablos pasaba aquí, con estos tres y el cuadro del abrazo más incómodo que habría visto en un rato, pero tampoco me interesaba. Si ella estaba incómoda y su amiga no iba a sacarla de allí, pues lo haría yo. Jez habría hecho lo mismo y estaba segura de ello. El muchacho me miraba, pero elegí no darle importancia.

    —Lo mismo digo —atajé al saludo de Fiorella, manteniendo la sonrisa y la amplié algo más al notar la de Adara.

    La pelirroja hizo los disclaimers necesarios, presentó al chico que resultó apellidarse Lombardi y ser compañero de clase de Jez y Adara. Hizo una suerte de reverencia que imité sin problema y posiblemente fuese por lo que había visto antes, pero que yo recordara mis padres me habían dado un nombre por un motivo: para que lo usaran. ¿Me apetecía ver hasta dónde respetaba o no límites ajenos? Un poco también.

    —Preferiría que si vas a referirte a mí, lo hagas con mi nombre o mi apellido, pero también es un gusto, Lombardi —señalé sin ser brusca ni nada—. Ahora no recuerdo muy bien. Conocí a Bianchi a través de nuestra amiga en común y por un proyecto de clase. Y Adara, por mi amiga igual. Llevan un rato de conocerse.

    Adara me había hablado en confidencia antes de que yo contestara, pero para no interrumpir tanto el flujo de las cosas (ya bastante raras de por sí) fue que le respondí a él primero. Por demás, entendí que Jez no le habría contado nada a la chica y me pareció extraño, pero tampoco podía culparla. Entre Sonnen, Adara y yo le habíamos estado sacando canas de todos los colores. Quizás quería tener un viaje donde pudiese pensar, ordenar ideas. Llevaba notándola sobrecargada ya un tiempo.

    Al menos yo sabía que había abusado de su amor incondicional.

    Como fuese, luego de responderle a Enzo, me acerqué a Adara de nuevo y le contesté de la misma forma. Ella parecía no querer ser oída y aunque quedara como una maleducada, respetaría ese deseo. Me acerqué a ella de nuevas cuentas y hablé en voz baja.

    —Se fue con su familia de vacaciones a Países Bajos. Volverá cuando empiecen las clases.
     
    Última edición: 15 Marzo 2026 a las 9:14 PM
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    Gigi Blanche

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    Los estudiantes habían matado el tiempo recorriendo la recepción, descansando del viaje o conversando entre sí. Transcurridos unos quince minutos, finalmente, Iori se ubicó más o menos en el centro del espacio con una planilla en sus manos. A su derecha se posicionaron Koko Sullivan y Linda Patterson, y, a su izquierda, Shuichi Nakano y Kanade Shinzo.

    —Muy bien, chicos, sus habitaciones están listas. Como podrán ver al salir de aquí, en la posada disponemos de dos alas para huéspedes además de las suites privadas. Ahora se dividirán en dos grupos: a los que llame primero se reunirán aquí con Sullivan-san y Patterson-san, quienes supervisarán el Ala Oeste. El resto irá con Nakano-san y Shinzo-san al Ala Este. Ellos les explicarán el resto, yo me quedo aquí. Es un placer tenerlos en Sakura Inn y espero que la experiencia les resulte enriquecedora y gratificante.


    Time to moveeee, luego los etiquetaré en las respectivas alas para hacer la distribución de habitaciones. Esta es la división:

    Ala Oeste
    1. Adara Makris
    2. Alisha Welsh
    3. Altan Sonnen
    4. Anna Hiradaira
    5. Bleke Middel
    6. David Mason
    7. Ervin Dougal
    8. Fiorella Bianchi
    9. Jack Anderson
    10. Kashya Thornton
    11. Katherin Manson
    12. Kohaku Ishikawa
    13. Kou Shinomiya
    14. Morgan O’Connor

    Ala Este
    1. Abby Miller
    2. Aleksander Hal
    3. Alethea Ethans
    4. Arata Shimizu
    5. Cayden Dunn
    6. Emily Hodges
    7. Enzo Lombardi
    8. Génesis Allen
    9. Ilana Rockefeller
    10. Joey Wickham
    11. Kaia Hattori
    12. Kakeru Fujiwara
    13. Kenneth Thornton
    14. Laila Meyer
    15. Riamu Yumemi
    16. Rowan Ikari
    17. Sasha Pierce
    18. Yuta Hattori
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    ¿A qué lugar del mundo iría? No me interesaba demasiado viajar, partiendo de la base, y no albergaba un deseo puntual por fuera de... de los destinos usuales, ¿no? Nueva York, París, Venecia, ese tipo de cosas. Aún así, jamás me había planteado con seriedad viajar tan lejos. Era mucho dinero y... ¿y qué? ¿Iría solo? Ni de coña. No era el hippie de acá al lado.

    —¿Regresar a Argentina cuenta? —dijo Anna—. Si no, me gustaría recorrer Latinoamérica. Como hacía con mi familia pero a escala internacional, con una casa rodante y todo. Sería muy divertido.

    —¿Tú, Emily? —inquirió Kohaku.

    Por suerte, el encargado me salvó de dar una respuesta genérica. Anna y Kohaku se habían retirado al grupo del Ala Oeste y me cargué los pulmones de aire, liberándolo despacio. Había habido un breve momento de "¡oh no, no tuve tiempo de sobornar al bribón!" y pronto descubrimos que el deseo de las chicas se haría añicos. Si no compartía habitación con Kou ni con Kohaku... esperaba, al menos, tener suerte.

    —Nos partieron al medio, ¿eh? —le comenté a Emily, mientras nos acercábamos al otro grupo—. Cuánta crueldad.


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    Sonreí con cierta diversión ante la mención de la prueba de valor. Era lo único que genuinamente me apenaba haberme perdido del campamento escolar. Afirmé para confirmar la información de Cayden sobre la utilidad de las estatuas y me encogí de hombros, cerrando el abanico por fin.

    —Quizá, si lo explicaron me distraje. Hay tantos dioses por aquí que muchas veces los templos hacen collages de culto algo eclécticos. Tal vez no tenga nada que ver.

    En ese momento, el encargado alzó la voz y nos fue llamando para dividirnos en dos grupos. Para cuando mi nombre apareció, Sonnen era el único que se había desprendido de nuestra simpática reunión. Le sonreí a Pierce, Shimizu y Dunn, y avancé tras un "nos vemos" dicho al aire. Volví a ubicarme a un lado de Altan simplemente porque estaba siguiendo mi parasol, y entonces se nos unieron Kohaku y la chiquilla Hiradaira.

    —Hola, Al —lo saludó ella con una sonrisa de lo más brillante, y su expresión mutó a confusión al reparar en sus manos—. ¿Y esa sombrilla?

     
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    Podía decir que estaba más que segura de que Enzo no se iba a tomar en serio lo que la chica le había mencionado sobre llamarla por su nombre y apellido. Estaba completamente convencida; no tenía dudas, aunque tampoco pruebas. La sonrisa que le dedicó fue una mezcla entre diversión y curiosidad; más que nada, sus ojos reflejaban un reto.

    —¿Entonces te molesta que diga Piccola? Espero no haberte ofendido —le regaló una sonrisa en todo su esplendor, de esas que marcaban aún más el hoyuelo en su mejilla izquierda—. Meyer será.

    Cuando me había acercado para hacerle la pregunta, ella ya había respondido la que Enzo le había hecho antes. Él solo asintió, observando a Fiorella.

    —Para ser sincera, no recordaba muy bien que nos habíamos conocido por el proyecto —rió suavemente—. Así de olvidadiza soy.

    El chico negó con suavidad antes de picarle la nariz con el dedo índice en ese momento escuché la voz de Laila respondiendo mi pregunta de la misma forma en que yo se la había hecho asentí, entre extrañada y algo más que no supe explicar, pero no le reprochaba nada realmente entendía a Jez. No habíamos hablado desde la última vez y, siendo honesta, había sido terrible… incómodo. Sentí que con esa conversación me había alejado más de ella.

    No quería presionarla; eso era lo último que quería hacer yo probablemente habría hecho lo mismo. Así que mi objetivo era resolver todo con Jez antes de que mi padre confirmara si iba a seguir con sus proyectos aquí… o si regresaríamos a Grecia.

    —Muchas gracias, seguro le escribiré para saber cómo está —le regalé una sonrisa antes de relajar mis expresiones, quedando completamente neutra.

    En ese momento escuché la voz del hombre que antes nos había dado indicaciones. Primero habló de las dos alas: la del Oeste y la del Este, mencionando a quienes las supervisaban. Luego escuché mi apellido junto al de Alisha y otros más. Noté la sonrisa de Fiore al oír los nombres; su amigo estaba entre ellos, junto a varias personas que seguramente conocía. Por mi parte, alcé una ceja ante el compartimiento, ojalá nos tocara en el mismo cuarto.

    —Bueno, creo que aquí nos despedimos. Seguro nos volveremos a ver —al decir eso, Fiore miró a Laila y a Enzo—. Que la pasen bien en la otra ala.

    Luego entrecerró los ojos al fijarlos en Enzo.

    —Por favor, compórtate.

    Él rió con ligereza.

    —No prometo nada, roja. Pero pueden ir en paz. Lo que sí puedo prometer es no volver a llamar por ningún apodo a Meyer mientras estemos aquí.

    Ella sonrió, divertida, negando levemente antes de girarse. No sin antes añadir:

    —Nos vemos, Laila.

    Por mi parte, solo le regalé una sonrisa antes de alejarnos por completo. Aun así, alcancé a escuchar por encima lo que Enzo le dijo.

    —¿Seguimos, Meyer? —apuntó con la barbilla hacia el lugar al que debían dirigirse—. ¿O vas a buscar a alguien para avanzar?
     
    Última edición: 16 Marzo 2026 a las 11:14 PM
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    Reual Nathan Onyrian

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    — Pero por su claro que lo eres, Ali. Y nací en Austria, conozco bastante rubia. Pero ninguna se te compara —le dije, guiñándole un ojo, divertido.

    Me relajé un poco más en el sillón, y tuve que combatir una oleada de cansancio que me invadió apenas cerré los ojos por un segundo. Quizás había sido muy mala idea sentarse, pero la verdad que mi pierna me estaba matando después de viajar tan incómodo en avión y en autobus, por lo que valía la pena resistir un poco las ansias de echarme una siestita. La lluvia no ayudaba para nada, tampoco.

    Me restregué los ojos, tanto por el sueño como por el agua que me caía del cabello (que vaya, había sido una lluviecita de porquería, y tampoco que había pasado tanto tiempo afuera, pero mi pelo absorbía humedad que daba calambre), y le sonreí a la chica de manera algo cansada.

    Ich? Nein, si estoy fresco como una lechuza. Pechuga... Lechuga. Como una lechuga —solté una risa, y estiré los brazos hasta que mi codo hizo un ruido que quizás no debería haber hecho. Me quedé un segundo quieto, pero apenas sentí que podía todavía mover los dedos de la mano, suspiré.— Pasé diecisiete horas en un avión en donde no pude dormir, llegué con horas de anticipación antes de la hora de reunión, tuve que salir corriendo para no llegar tarde, me olvidé el equipaje, así que tuve que volver a buscarlo, y volver a salir, y entre los nervios, ansias, y el hecho de ser grandote, no pude ni cerrar el ojo en todo el viaje hasta aquí.

    >> En conclusión, estoy destruido, y solo me mantengo en pie debido a mi increíble fuerza de voluntad. Pero sé que apenas vea una cama voy a morir por el resto del día.

    No alcancé a decir mucho más, ya que el encargado apareció en el centro de la sala con una planilla en la mano, y parecía que iba a decir algo importante. Con las pocas energías que tenía encima, más valía concentrarme en lo que fuera que iba a decir.

    Oh, scheisse, íbamos a tener que lidiar con puntos cardinales. Uno de mis puntos débiles. Mi única salvación era que me tocara en un ala de alguien que conocía, para poder seguirlos. En el estado en el que estaba, no confiaba en mí mismo para nada. Probablemente iba a terminar de vuelta en Tokyo, de alguna manera.

    Leyeron primero los nombres de aquellos que se iban a hospedar en el ala oeste, y escuché que había un tal Jack Anderson, pero suponía que era yo y habían dicho Atkinson, y simplemente había escuchado mal porque estaba partido de sueño. Por suerte (si el tal Anderson era de verdad yo y no un pobre muchacho al que le estaba robando la identidad), me había tocado en la misma ala que Alisha.

    Le sonreí a la rubia, y con cierto esfuerzo, me incorporé de aquel sillón que tan cómodo era. Le ofrecí mi mano, para ayudarla a levantarse, haciendo una pequeña reverencia de broma.

    Milady... —dije, en el acento más posh posible.

    Sin embargo, en cuanto comenzaron a leer los nombres para el ala este, giré el cuello de manera inconsciente. Alethea. Entre el sueño y el cansancio, me había olvidado por unos momentos de que había visto una cabellera azul al entrar. No habíamos hablado mucho desde nuestra "cita", si es que se la podía llamar así, hacía ya varios meses atrás. Había tenido uno de mis ataques, y tuve que terminar la salida antes de lo planeado. Desde ese momento, no me habia acercado mucho a ella, por vergüenza de lo que me había pasado y culpa por haber terminado todo tan abruptamente.

    No fue difícil encontrarla entre la multitud. Su pelo resaltaba bastante, la verdad. No pude evitar quedarme mirando durante una fracción de segundo. La verdad que estaba hermosa con ese vestido.

    Corté el contacto visual casi tan rápido como empezó, culpando a la falta de sueño por haberme quedado mirando fijamente. Ayudé a Alisha a levantarse, e hice otra reverencia burlona.

    After you —le dije, y luego fruncí el ceño.— Oye, ¿y Joey? Oí su nombre en la lista, pero no lo estoy pudiendo ubicar.
     
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  1. Gigi Blanche
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