Era un hombre muy viejo con una barba muy larga, sus ojos, del azúl mas puro de todos, brillaban con la ternura de un niño, su sabia sonrisa era testigo de las experiencias mas atroces jamás vistas. Tenia la apariencia de un vagabundo sucio y hambriento, pero ese hombre era capaz de ser lo que quisiera, desde un bebé risueño, a un niño juguetón y escurridizo, una vez llego a ser un empresario ceñudo, y un adolescentes problemático. Tenia en sus manos metas alcanzadas, y fracasos, también, allí guardaba al tiempo, procurando no dejarlo ir. En el letrero que sostenía estaba escrita la letra mas sabia, aquella letra zurda de alguien que ha descrito el universo con las mejores palabras jamas escuchadas. En su saco de dormir descansaban las ideas de un inventor nato, y de un soñador sin limites. Su nombre no era como las palabras mágicas de los magos, carecía de importancia. Guardaba en los bolsillos la primera moneda que gano cuando era un niño, la fotografía de una familia anciana, una caja de cerillas mojadas y un diente roto. Su corazón no era el mas hermoso de todos, pero si el mas sabio, lleno de aberturas y grietas, que eran un recordatorio de otros corazones mas insatisfechos, este hombre no murió al frío ni fue feliz al calor, guardaba en su rostro una mirada permanente de pura felicidad, pero quien sabe si lo era.
Vaya este escrito deja mucho que pensar. Te señalaría faltas y eso, pero la verdad que se me da fatal y así a primera leída no note nada. Me ha gustado, no dejo de pensar que podrías utilizar esto para un relato más grande, una pequeña historia tal vez, por que acabas de construirte un personaje bastante interesante, al que podrías sacarle el jugo :)
La tercera edad en todo su esplendor con tu texto que, en lo personal, me dejo un buen sabor de boca al reflejar cada detalle. Gracias por compartir y suerte.