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  1. ¿Viste cuando no tenés laburo? Como yo, ahora mismo, que no tengo trabajo. Soy totalmente un desempleado indigente viviendo de unos míseros dólares depositados en una cuenta bancaria en el exterior. ¿Sabes cuál es tu trabajo? Tu trabajo no es tu trabajo; tu trabajo es comprar. Vos sos empleado del sistema comprando, todos los días, yendo a comprar la coca-cola. La única forma de morir en una ilusión de libertad absoluta sería irse a vivir al medio del monte, plantar tus cosas; comer tu comida, plantar tu faso. Y así y todo esto es otra ilusión, aún así no somos libres. Creo que la Matrix existe. Hay algo ahí, un no sé-qué en el aire. Lo percibo.

    Hay un super multi procesador en algún lado controlando toda esta situación. Es todo como los sims, somos los sims. Es el Age Of Empire gigante. Estoy muy convencido de que todo puede ser una simulación. Muy. Sí, tenemos libertades de elegir, que sé yo, pero dentro de la Matrix. No podés romper un espacio-tiempo así como así...

    ¿Qué pensarán los perros, loco? Yo creo que somos iguales que a los perros, somos animales. Pero la diferencia entre los perros y nosotros, es que nosotros nos dimos cuenta de muchas cosas... y al pedo, no nos teníamos que dar cuenta de todas esas cosas de las que nos estábamos dando cuenta, nos hicimos muy conscientes; empezamos a escribir canciones, empezamos a inventar historias... cuando inventamos narrativas, cuando inventamos historias, creo que arruinamos todo. Creamos los dioses, creamos la biblia, creamos el bien y el mal, arruinamos todo.

    Para un perro no existe el bien y el mal.
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  2. No me acuerdo cómo titulé el resto de los blogs, espero que de la misma manera para no quedar ridículo.
    Admito que tuve que ver el calendario de mi móvil porque no sé ni en qué día estoy. Llegué hace cuarenta minutos del trabajo, quizá un poco más. Entré pensando que iba a escribir estas líneas apenas ingresara en el piso.

    Pero bueno, pasaron cosas y me olvidé.

    También admito que voy fumado y mucho.

    00:30 de la noche. Estaba caminando del trabajo para mi casa, con mis auriculares puestos y mirando la pantalla del móvil para dar con la puta canción que no encontraba y tenía muchas ganas de escuchar. La tarareaba en susurros, con la cabeza gacha, rebuscando por el buscador de Spotify. La tarea es imposible, pero sigo caminando, sin echarme hacia atrás. Mientras tanto, obvio, no puedo comenzar la búsqueda de esa mística e inalcanzable canción del cosmos musical sin un buen repertorio de música motivadora. Busco algo aleatorio en mi biblioteca y suena:



    Levanto la cabeza, me prendo el segundo porro de la noche; el primero fue mientras cerraba el bar. Busco mechero en mis bolsillos, no lo encuentro; rebuscó dentro de mi sudadera, tampoco. Me quito un brazo de la mochila y abro el bolsillo pequeño y meto la mano. Tanteo un sobre de un chicle, monedas, un paquete de ibuprofeno 600. Doy con el objetivo, saco el mechero y comienza mi viaje musicalizado.

    Sigo caminando, fumando con la mano derecha y yendo por la pendiente que me indicaba que aún me quedaban fácilmente quince minutos de caminata, mínimo. Las calles vacías, muy poca gente un martes a las... ¿que horas eran? de seguro ya las 00.45hs. Inhalo muy profundo. Mantengo. Exhalo despacio, el humo blanco vuela por el aire, junto mis pensamientos.

    Me acuerdo de Víctor. Un chaval de unos 19, quizá 20 años. Víctor, así con acento en la i, es el típico chaval despistado, medio tontón, que se cree chulo pero no, no sé, un personaje de aquellos. Un día estaba en el bar, hablando con un compi sobre que teníamos que intentar meter extras a la plantilla para que nos solucionen la vida; gente que limpie mesas, que lleve bebidas, nada más, no pedimos mucho tampoco, simplemente un mínimo de conocimiento y si no lo tenés, obvio, acá se te enseña sin problema. Pero chaval, que hay que estar avispado, si no te comen. Y Víctor era de esos.

    Fue uno de los primeros extras que entro al bar preguntando por la oferta de ayudante de camarero. Un chaval común y corriente, pero al menos parecía decente. Miré a un compi a ver si detectaba algo raro que me pueda decir y al comprobar que él también pensaba lo mismo que yo, lo aceptamos.

    Solamente trabajaba los sábados y de mediodía. Eran los días mas, son los días en realidad, mas fuertes. Es el típico día que en una hora y media entra y sale una media de 120 personas y en constante bucle. Y somos dos... bueno, decidimos llamar a unos refuerzos. Me reí ese sábado a la noche con mi colega al recordar el caos del día. Fumabamos unos porros en la barra, terminando de ver un partido del gran Betis, equipo de mi compi de toda la vida, desde shiquitito, me diría. Estabamos cansados, pensando en el domingo, reventados... y nos reímos tanto al recordar a Víctor.




    Situación real de ese bendito sábado de diciembre del 2019.
    14:20hs de la tarde.

    La barra, por lo general la barra de cualquier establecimiento de cara al público hostelero, está a reventar. Llena de copas, jarras, vasos, platos sucios, cubiertos, mierda, de todo. Encontré hasta un paquetito de peri (de cocaína) en la puta barra, cuando esas mierdas por lo general se barren todas las noches de los sábados (imagínense la puta locura de servicio, todos están del orto y vos super sobrio, llega un punto que querés matar a todos). Como sea, la barra a esa hora está a reventar, es una suerte si encontras una bandeja limpia y que no esté llena de jarras sucias, con copas, hielo, paquetes de ketchup y su puta madre. Víctor se acerca y me pide dos cafés con leche de la S1. Lo miro con intensidad, yo estaba rabioso y la espuma se me salía por la comisura de mis labios. Víctor lo pudo intuir, porque rápidamente y sin tartamudear desde que llegó, me dijo que estaba seguro que era la S1 por que era la mesa al lado de la nevera azul. Lo sigo mirando y el fuego lo quema, porque sigue intentando maniobrar para salir de ese callejón de muerte; me señala la mesa, miró en esa dirección pero no lo quería perder de vista tampoco; ya se había equivocado en miles de comandas repetidas, se equivocaba de las enumeraciones de las mesas, yo no podía soportar otro error porque literalmente lo mataba.

    El sevillano, mi compi, me grita desde el fondo.

    "¡Sí, papi, sí! ¡Es la S1!"

    Afirmo, preparo dos cafés con leche y los pongo en dos platos que encuentro de casualidad. Los preparo en la barra frente a Víctor. Me giro, busco dos azúcares y vuelvo a mirar los cafés. Víctor les había puesto la cuchara a cada uno, pero no al lado, sobre el platito, como toda persona normal. Los puso dentro de los cafés. ¡A las dos cucharas!

    Lo miro. Me mira.

    "¿Le metiste las cucharas dentro?".

    "Sí. ¿Por qué, está mal?".
    Sonríe, como si lo que hubiera dicho tuviera sentido dentro de su retorcida mente de adolescente.

    "Loco, cuando vas a un bar. ¿Te ponen la cuchara dentro del café? Pensá un poco, loco". Baja la vista avergonzado. Quito las cucharas. No eran cucharas. Le había puesto dos tenedores. Lo miro. Empieza a sudar. Me rio. Largo una carcajada campechana que hasta el pixa se detiene a mirarme.

    "¿Qué pasó"?. Pregunta el sevillano, sonriendo al verme tentado.

    "Este hijo de puta metió dos tenedores dentro del café"

    "Mentira, no te creo".

    "Te lo juro, pixita"

    Ambos miramos a Víctor. Se encoge de hombros.

    "Me confundí". Dice sin más.

    Pixita también ríe y le da una palmada fuerte en la espalda a nuestro Víctor. A nuestro Víctor. A partir de ahí lo llamamos todos los sábados para que fuera a ayudar.

    Tengo miles de anécdotas con este tipo, y muchas quizá hasta se me acuse de mentiroso y exagerado, pero les juro con todo el corazón de mi ser, que son reales. Obvio no voy a contar todas, son miles de verdad, pero sí situaciones random de muchos sábados al año.

    Un día, luego de un servicio muy fuerte, estaba con mi compi tomando algo a eso de las 17:15hs junto los cocineros del local. Ése es, como lo llama el pixita: el descanso del guerrero. Estamos ahí, viendo a los extra hacer el trabajo sucio y agotador de recoger el servicio, limpiar, prepararlo para la noche y seguir en constante movimiento durante el resto de la tarde. ¿Nos cuesta dinero tener a cinco chavales un sábado a la semana? No tanto como vale más la seguridad y comodidad de que, dentro de todo, el día termine relativamente bien. No nos cansamos tanto ahora, así que por eso yo digo que lo vale. Realmente lo vale.

    A Víctor se le unieron diferentes personajes que merecen la pena destacar. Entre ellos tenemos a Vargas, amateur de boxeador y le encanta la hamburguesa con huevo. Y la sala bourbon. Se ganó el apodo de de Bourbon Vargas para cuando se presente en alguna pelea a futuro. Es más, hasta hicimos la "hamburguesa bourbon" en su honor, con huevo frito y salsa bourbon. También tenemos a Ana, la pija, una niña mimada que tira flores a la plantilla y a los chavales los tiene tontos y los lleva como quiere. Le cambian los días, les hacen horas extras. No me lo explico, pero olé sus huevos, los tiene como quiere. Después esta Kunde, un metalero personaje de esos antiguos que debieron morir en la movida de Madrid en el barrio de Malasaña, pero aún vive y tiene muchas historias graciosas. Trabaja con la camiseta de los Ramones, tiene como cuatro iguales. Esta chalado.

    Detengo mis pensamientos.

    Finalmente encontré la canción que quería poner

    ¡Al fin!



    Levanto la cabeza.

    Llegué a casa.
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  3. Es gracioso que mientras ahora mismo son la 1:14 de la madrugada, en mi blog aparece como que escribí estas líneas el día anterior, osease: el 1 de septiembre del 2021. Nada. Dato curioso nomás antes de empezar.

    Compruebo que esté todo donde debe de estar. Caja apagada, correcto. Limones y naranjas repuestos, correcto. Lavavajillas apagado, correcto. Aire acondicionado apagado, correcto. Lo último que miro siempre son en mis bolsillos, mientras tengo los cascos de música puestos desde hace mucho antes de estar listo para salir. Mi horario terminaba a las 00.00hs. Le dije a mi compañera que se vaya yendo si quería, acá hay tormenta y amagaba con que iba a llover en cualquier momento.

    Andá tranquila, Cari.

    ¿Si?

    Sí, sí. Dale nomás. Antes que te agarre la lluvia.

    Nos despedimos con un abrazo y un choque de puños ya incorporado desde hace mucho tiempo. Carina se va del local aún con el uniforme inconfundible de un camarero/a. Jeans oscuros, zapatillas oscuras, camiseta con el logo de una cerveza, de Estrella Galicia más específicamente, que consiste en una mano sosteniendo una lata de cerveza. Mola. Está buena. Ella se va así, yo no. Yo tengo que cambiarme. Es como que dejo el disfraz ahí, no puedo salir vestido así, me siento sucio, cansado. Por eso opto en cambiarme y retrasar un poco la salida del bar. 00.15hs estaba listo. Con mi vaquero corto, con mis alpargatas, con mi camiseta de Rick and Morty y mis cascos de música. De ese modo estaba listo mientras comprobaba que nada me quede abierto antes de irme. Miró la hora en el móvil: 00.30hs. Coloco la alarma y cierro la puerta de entrada. Doy un paso hacia atrás y me bajo con un estruendo metálico el cierre de metal. Me agacho, lo cierro y me levanto. Saco un encendedor, agarro el porro que tenía armado en la oreja y lo prendo. Aspiro mucho. Retengo. Suelto con un suspiro. Estoy tan cansado que la primer seca me deja aturdido. Sonrío. Me giro y cierro la puerta de la terraza cubierta. Me pongo un reproductor de música y camino mientras fumo y observó la noche madrileña.

    Bares cerrando, algunos otros limpiando lo último. Mucha gente, chavales, adultos, familias. Todos grupos sociales que volvían con lentitud a sus hogares. La noche se había terminado. Doblo por una esquina y mientras camino veo que está sentado en un bar, en una mesa junto a una piba, un cliente muy habitual de mi bar. Lo miro y le sonrío; me saluda con un gesto y una sonrisa; me mira el porro, me mira a mí. Lo miró con una sonrisa. El tipo me guiña un ojo. Le saludo con la mano al pasar.

    Obviamente se da cuenta que me estoy quemando un faso, pero obviamente el tipo es de la misma onda, digamos, quizá hasta fuma casualmente. Como sea, luego de ese día siempre que va al bar lo saludo con la mejor, nos reímos y charlamos más. Encontré otro nuevo cliente con el que me voy a llevar bien. El porro hace la unión social.

    De pronto empezó a sonar una música en mis cascos en el momento en que estaba llegando a una avenida, eso quiere decir, calles muy transitadas, aunque a esa hora era solo la bola de paja rodando, esa la de los western. Empezó a sonar una canción muy peligrosa para mi estado actual, en el que me liberaba del pudor total.



    La bateria de fondo hace que mi cabeza comience a moverse con un ritmo especial. Miro hacia los costados con exageración, en todo momento manteniendo el ritmo de los platillos. Cuando suena el bajo comienzo a chasquear los dedos, siguiendo el compás del sonido. A todo esto sigo moviendo la cabeza, empezando un pequeño culebreo con todo mi cuerpo. Cuando el piano hace su aparición en el instrumental mi cuerpo toma toda la pasión de Michael Jackson, pero sin técnica. Debe ser gracioso verme de fuera, espero que nadie lo haya visto jamás.
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  4. Estaba pensando en incluir siempre una canción en cada inicio de blog que demuestre mi sensación o emociones mientras escribo. No estoy tan depre, eh, que conste. Pero el título le viene de maravilla a mi día: "Day is gone" y lo traduzco algo así como: "el día terminó". Y sí. Después de casi 12 horas se trabajo, del día a día, recién un martes, apenas empezando la semana y ya la nafta se va agotando más rápido que antes. ¿O será que en 7 días me voy de vacaciones? ¿será ésa la sensación correcta? Por que a veces irte de vacaciones te hace trabajar más eficiente, sabiendo que en pocos días te vas y no querés bajar tu productividad... o por el contrario, te hace trabajar más desganado; los pies te pesan al levantarte de la cama y saber que te tenés que meter ahí de nuevo. Y sí. Mi día de hoy transcurrió muuuuuuy lentaaaaameeeeennnnnte. Era como si la hora iba por medio de un reloj de arena y encima la arena estaba húmeda. La puta madre, el día no pasa más.

    Y me pasa también con este bendito mes de agosto. Yo me iba a ir de vacaciones en agosto. Eran, como bien escribí antes, mis vacaciones elegidas, programadas y con mucho amor. Iba a hacer muchas cosas en agosto, sobre todo irme de vacaciones con colegas, ¿mejor plan? no existía. Pero uno de mi trabajo cae enfermo de COVID. El puto virus nunca me hizo nada pero me jode, con toda la poesía natural de alguien que no cree en este virus, el karma con toda su brutalidad. Me imagino el virus este flotando en el aire, mientras piensa: "No te voy a enfermar pero voy a enfermar al pringado de tu compi así te jode las vacas". Y dicho y hecho. No me pude ir de vacas. Resulta que no pasa nada, era un viaje muy copado, con amigos... pero todo bien. Tengo más planes. El 20 de agosto para ser específico. Me froto las manos. Tengo nervios de comentar que viajo a alguien. ¿No les pasa que cuando tienen un plan muy importante o un proyecto o lo que fuese, y no lo dicen por miedo a que se pinche? ¿A que el destino, tan hijo de puta, se decida a cagarte ese viaje que tenías planeado con tanta antelación? ¿Y justamente por ese miedo no se lo dicen a nadie, verdad? Me pasa lo mismo. Pero también es que soy muy intenso y tengo que decir a dónde me voy, con quién y cuando vuelvo. Lo dije. Lo admito. Pero tranquilos, el destino me bajó con un headshot mientras me subía al tren mágico de la alegría. El viaje se canceló. Trabajé todo junio, julio y encima, agosto, sin vacaciones.

    Y reto contrariar al puto destino diciendo que la semana que viene viajo para Cantabria.
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  5. Alguna vez tuvieron esa sensación de estar pensando en un cuadro estilo "LA MONA LISA", con esos tintes de la época; una pintura de mierda pero que de cierta forma genera belleza. ¿Será por el simple hecho de sentir alguna especie de atractivo por lo viejo? Es que no sé pero me estoy desviando de la idea: dejame plantear la idea.

    Estaba pensando en eso, en un cuadro de esos con pinturas viejas de un estilo viejo. Y cuando ví este cuadro, siempre en mi imaginación, veía como la cara del obispo plasmado en tintura vieja... que la cara se me derretía. Derretía de a poco, en plan la cara se caía como un globo y una sonrisa triste. Bueno, de ahí empecé a ver mi cara! Pero como si fuera el cuadro, plasmado para la eternidad en un cuadro viejo de una familia vieja de una época vieja. Y me veía y me derretía. Yo veía como me derretía... Mientras veía mi cuadro derritiéndose yo me derretía a la par! Y en un momento, dentro de mi cabeza y parte consciente del cerebro, sentí que me derretía de verdad. Y por reflejo me toqué la mejilla a ver si estaba derritiendome... pero no, estaba normal. Bueno, normal normal....

    Y ahí me dije. Que fumado que estas.
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  6. De la mano de Ayeah les traigo un dibujo del trío de "amigos" del nuevo rol creado por el sensacional Reual Nathan Onyrian !

    El pequeño Goltas (Liza White ) junto con la gran Brumas y el observador Hando. xD

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