Un cuerpo para tres

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Nestea, 24 Enero 2012.

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    Nestea

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    Leo
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    Un cuerpo para tres
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    Well... Ahora les presento mi nuevo original, esta idea tenía ya mucho rato revoloteando en mi cabeza y necesitaba escribirla. Ahora veamos que les parece: Un cuerpo para tres
    Prólogo
    La leyenda cuenta que hace millones de años, el mundo fue concebido por una Gran Entidad. Esa entidad estaba integrada por tras deidades diferentes quienes crearon bosques, mares, ríos, lagos, animales y una gran multitud de todo tipo de seres semi-inmortales.

    Aquel mundo que se había concebido era perfecto, pero aún parecía vacío, por ello, las tres conciencias dentro de la Gran Entidad, crearon tres razas más para poblar el mundo: los Ángeles, los Demonios, y los Humanos.

    Luego de la creación, debido a la gran cantidad de poder que usaron, la Gran Entidad se dividió en las tres deidades principales:

    La primera ―y única mujer de los 3―, era Bene, diosa de la perfección y la pureza, fue la consciencia que creó a los ángeles, mejor conocidos como “Los Celestiales”.

    El segundo, Nefas, dios de la ignorancia y el orgullo. Se encargó de formar a los demonios, que luego se dieron a conocer como “Los Nefastos”.

    Y el tercero, pero más poderoso de los 3: Omnes, la deidad de la sabiduría y la longevidad, concibió a los seres humanos, que posteriormente fueron llamados “Los Neutrales”.

    El mundo era pacífico bajo el gobierno de los reyes que ellos elegían y las decisiones que tomaban. Pero Bene y Nefas constantemente estaban discutiendo y cuestionando las decisiones que tomaba uno u otro. Día a día las discusiones se volvían más extensas y problemáticas, y las consecuencias menos productivas. Finalmente las disputas de los dos terminaron en una gran guerra entre Nefastos y Divinos, que se conoció como “La Guerra del Dolor”.

    La guerra duró cientos de años, en los cuales millones de seres vivos murieron, sin importar su bando. Durante esa misma guerra Bene y Nefas murieron. Omnes, arrepentido por haber colaborado para crear a los seres que ahora se destruían entre ellos ―e incluso habían acabado con sus dioses―, usó todo su poder ―incluida su energía vital― para destruir tanto a Nefastos como a Divinos. Aunque Omnes no logró destruir por completo a ninguno de los dos bandos, les obligó a retroceder y esconderse; de tal forma que aún hoy no se sabe nada de ellos.

    En cuanto a la existencia de los humanos y el resto de las creaciones de la Gran Entidad; también se llevó a cabo una guerra. Guerra que obligó a todos los seres no-mortales a esconderse entre los humanos o vivir lejos de cualquier establecimiento mortal.

    Con el dominio de los seres humanos sobre cualquier otra criatura, nuestro mundo dejo de llamarse Magna Matris (como le habían puesto los dioses) y pasó a llamarse simplemente: “Planeta Tierra”. El idioma natal y universal que fue inventado por Omnes para todos los seres vivos fue abandonado, dando paso a muchos otros, que cortaron finalmente el nexo comunicativo entre los humanos y las demás razas.

    ¿Qué por qué les cuento esto? Primero les advierto: No soy yo, somos nosotros, un grupo de entidades que son una. ¿Qué somos? Pues, no somos de ninguna raza o especie, aunque alguna vez pertenecimos a alguna de ellas; pero por el simple hecho de ser nosotros dentro de uno, ya no podemos especificar lo que somos.
    Ahora, si les apetece, podríamos contarles una historia un poco más larga; la historia de nuestro nacimiento y de las cosas que nos pasaron antes de poder estar aquí, conversando con ustedes.

    ¡Blah! Se quedaron callados, tenemos ganas de relatar, relataremos para quien quiera:

    Con un súbito movimiento, el muchacho se despertó jadeando y bañado en sudor. Se sentó tratando de infundirse calma; “sólo ha sido un sueño”, se dijo. Pero había algo raro. De nuevo el mismo sueño, en la misma habitación, con otra persona idéntica a él mostrándole guerras entre seres que sólo existían en los mitos y las leyendas que le contaba su difunta abuela hacía años.

    Nunca, en sus recién cumplidos 18 años de vida, se había atrevido a contarle de aquel sueño a su padre; pues cada vez que insinuaba algo al respecto, el hombre se alteraba y sencillamente decía “son estupideces chico, estupideces”. Su abuela materna, en cambio, le había contado fantásticas leyenda acerca de aquellas criaturas de las guerras. “Porque fueron dos” se dijo, citando a su abuela, mientras una lágrima resbalaba por su mejilla si tan sólo siguieras viva…, al menos podrías haberme contado un poco más acerca de mamá

    ―¡Diablos! Ya tengo dieciocho años. Han pasado 8 años desde que la abuela murió, y aún sigo creyendo en esos cuentos―susurró, mientras veía el reloj en su mesa de noche―. 2:30 a.m., tengo que descansar, no hay enormes fiestas a las que me inviten cada dos por tres―se dijo mientras se volvía a echar en la cama bajo la acogedora oscuridad de su cuarto.

    No tardó mucho en volverse a dormir, y ―a su parecer― mucho menos tardó su alarma en sonar.
    Algo daba la impresión de haber cambiado.

    El joven se levantó con pereza y oprimió el interruptor junto a su cama para encender la luz, la cual le segó por unos segundos.

    Seth adoraba lo sencillo, eso se hacía notar en su habitación; en la cual no había más que un armario, su cama, un escritorio y una mesita de noche con un reloj despertador. Todo estaba dispuesto de una manera que volvía al lugar acogedor.

    El muchacho; ya un poco más desperezado; tomó sus anteojos de encima de la mesa de noche, se los colocó, y fue directo al baño de su habitación. Al entrar se miró al espejo, como todos los días. Se tomó unos segundos para detallarse a sí mismo. La tez morena y facciones finas ―según su abuela: “heredadas de mamá”― seguían igual. El cabello negro y corto seguía hecho rastas. Sus ojos seguían igual que siempre, tan negros que el brillo en ellos los hacía parecer noches estrelladas.

    Nada había cambiado tampoco respecto a su cuerpo, seguía igual de delgado que siempre, a pesar de que practicaba deportes. El símbolo con forma de estrella en su hombro…

    Un segundo, él nunca se habría tatuado tal cosa en su hombro; su padre lo mataría si se enteraba. Incrédulo, el joven sacudió la cabeza para volver a mirarse… Nada, su hombro era tan natural como el de cualquier ser humano. Soltó un suspiro de alivio mientras decía para sí: “imaginaciones mías”.

    El resto de su día transcurrió con tranquilidad, veía TV, escuchaba música, iba al ordenador un rato; pero ahora, además de la sensación de que algo había cambiado, sentía que olvidaba algo.

    Cuando el reloj de su cuarto marcó las 7:30 de la noche escuchó el timbre de su móvil. Con un salto y una agilidad impresionantes, el joven se puso en pie y tomó su teléfono de la mesa de noche, acababa de recordar lo que había olvidado. Apenas contestó la llamada, lo primero que recibió fue una broma.

    ―¿Qué hubo astilla rasta? ―preguntó una voz ronca, pero con cierto tono amistoso.

    ―Ja, ja, mira quién habla, el “gordito”―respondió Seth con sarcasmo a su amigo.

    ―¡Por supuesto cielo! ―contestó el otro, estallando en carcajadas― ¿Listo para la fiesta de tu vida, Seth?

    ―Pues fíjate que se me había olvidado. Pero dame unos minutos, ¿Ya le avisaste a Mariah? ¿Vienes en la camioneta de tu papá?

    –De nuevo olvidas las cosas, “muchachito”. Recuerda mi regalo de mayoría de edad. Pero eso no importa mucho, con tal de que ella vaya… ¿Cuándo te le vas a declarar?

    ―¡Bah! Déjame en paz, Aaron. Sabes que estas cosas no se me dan como a ti―replicó el muchacho con pesadez; si bien era cierto que era mejores amigos desde preparatoria y que se conocían perfectamente; también lo era que Seth odiaba que le recalcaran su falta de virtud con las mujeres, y que Aaron adoraba presumir de lo opuesto―Voy a darme un baño, pasa primero por aquí y luego iremos por Mariah.

    ―Vale, vale… Pero date prisa, sabes que a mi bebé no le tomará mucho llegar hasta allá.

    Ambos cortaron la llamada.



    Ahora, para los que quieren comentar pero no saben por donde comenzar:

    ¿Qué les parece este prólogo?
    ¿Qué piensas que ocurrirá en el primer capítulo?
    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
     
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    Anh Peárys

    Anh Peárys Bubbles

    Cáncer
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    ¡Konni~~~~!

    ¡Cielo bello!, me dejaste encantada con esto >,<

    Siempre eh amado esas historias de ángeles vs demonios, ¿agregastes humanos?, ¡Esto es genial!

    Ahora: nada de errores ortográficos, de narracción, etc, etc...

    Sigue así, espero con ansias el primer capitulo *v*

    ¿Qué les parece este prólogo?
    ¡Super!
    ¿Qué piensas que ocurrirá en el primer capítulo?
    No lo sé, sorprendeme
    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
    No tengo idea, espero de todo >,<

    Besos~~~~

    Att: Muñeca Ha Neko
     
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  3.  
    Sakuno kun

    Sakuno kun Usuario común

    Piscis
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    Hola. Gracias por la invitación.
    A mi me gustó mucho el prólogo, me pareció bastante llamativo y da mucha seguidilla. Pero noté algunos errores de dedos. Sin embargo tienes una narración preciosa y me dejaste en suspenso con eso de la estrella que le apareció en el hombro y luego desapareció.

    ¿Qué les pareció el prólogo?
    Fue increíble. Precioso.

    ¿Qué piensas que va a pasar en el primer capitulo?
    Algo muy sorprendente.

    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
    Eso espero.

    Nos vemos en el próximo capitulo.
     
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  4.  
    Zeon

    Zeon Iniciado

    Virgo
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    Nada más ver tu invitación, me vine a tu historia "volando".

    Como seguramente has podido deducir leyendo mis escritos, me encantan las historias llenas de elementos sobrenaturales, por lo que me has atrapado con la historia de esas tres entidades nacidas de una única más poderosa. Me gustó la idea de que dos de esos "dioses" fuesen contrarios mientras que el tercero fuese neutral (es lo que más me atrajo de las Crónicas de la dragonlance).

    Me pregunto qué relación tiene Seth con esa historia. ¿Es un humano o un Celestial? ¿Puede ser incluso que sea uno de los malos, un Nefasto? Eso ya lo irás desvelando a lo largo de la historia.

    Respecto a lo técnico, únicamente vi unos pocos errores que se deben más a un desliz de tus dedos que a no saber escribir, cosa que no te sucede a ti, pues tu narración es muy buena.

    ¿Qué les pareció el prólogo?
    Eso puedes inferirlo de lo que he escrito arriba.

    ¿Qué crees que va a pasar en el primer capítulo?
    Supongo que alguna revelación asombrosa.

    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
    Casi seguro (las cosas extrañas suelen suceder en lugares llenos de gente), pero eso depende de ti.

    Saludos y que los hados vayan contigo.
    Espero el primer capítulo con entusiasmo.
     
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  5.  
    Kohome

    Kohome Fanático Comentarista destacado

    Libra
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    Hola ^^. Bueno, con este prólogo conseguiste una lectora fiel: yo XD.

    Ejem... buen prólogo, enserio, parece un capítulo.

    Ahora las preguntas:

    ¿Qué les parece este prólogo?
    Creo yo que un poco largo para ser un prólogo. No se.

    ¿Qué piensas que ocurrirá en el primer capítulo?
    Pues la aparición de la tal Mariah (si no estoy mal se escribe así) y su amigo "el gordito" porque el nombre ni lo dijiste.

    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
    No creo sinceramente, abrá que ver ¿no?

    Bueno jeje, una preguntita y me retiro (retorica no la responda nadie) ¿qué tendrá que ver ese cuento de los origenes y las tres deidadez con este muchacho?, bueno listo ^^ me voy.

    Hasta la conti
     
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  6.  
    Fadow

    Fadow Iniciado

    Escorpión
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    Muy detallista y hermosa narración tienes, es una buena forma de expresar cada acontecimiento que pasa en la historia, me imaginé cada momento de la historia, pero debo admitir que me revolví un poco en los nombres de las entidades y en lo que creó cada uno. Supongo que es algo normal, puesto que apenas comienza tu historia y nos tiene mucho qué explicar. Y para no ser la única que no respondió tus preguntas al final, pues las contestaré:

    1: El prologo se me hace algo más que suficiente, motivos que ya te expliqué y nuevamente, te felicito por la narración que tienes, se requiere mucha practica para llegar a narrar así.

    2: Me imagino que será algo referente a su cumpleaños, tal vez él llegue a declararse a la chica que le gusta, o quizás pase algo inesperado, una profecía u otra marca en su cuerpo.

    3: Creo que con la segunda pregunta respondí ésta también.
     
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  7.  
    Myriel

    Myriel Iniciado

    Tauro
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    Saludos ^^
    Bueno, la verdad esque el prólogo a despertado mi interés, me ha gustado bastante lo que he leido.
    Tienes una narración y ortografía muy buenas, no me he fijado mucho en las faltas.
    Tiene un enganche que aun no he comprendido... porque me ha dejado con ganas de leer más.

    ¿Qué les parece este prólogo?
    Fantástico.

    ¿Qué piensas que ocurrirá en el primer capítulo?
    Surprise me.

    ¿Pasará algo importante en la fiesta?
    Más te vale (;


    Un dulce saludo: Myriel.
     
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  8.  
    minialexia

    minialexia Entusiasta

    Virgo
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    Tu historia me ha encantado, me gustan mucho los ángeles y los demonios, a tus preguntas creó que para ser un prólogo parece mas bienun capitulo, pero gusto mucho, creó que en la fiesta el chico va a transformarse en un demonio o un ángen, sube el siguiente capitulo rápio que lo quiero leer :)
     
  9.  
    Nestea

    Nestea Entusiasta

    Leo
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    Well, well: ¡NUEVO CAPI!
    Pero primero, me gusta responder a los comentarios de mis lectores (y no perderé la costumbre ewe):

    Capítulo I: El accidente, y sus complicaciones.
    Media hora después, Seth ya estaba casi listo. Llevaba una camisa informal de color negro con mangas de 3/4 y unos jeans desteñidos. Acompañaba sus ropas con un reloj de plata―que usaba en la mano derecha a pesar de no ser zurdo―.

    Justo cuando terminaba de ponerse el perfume, se escuchó la bocina del automóvil de Aaron.

    ―Justo a tiempo―dijo el muchacho, al tiempo que salía de su habitación y bajaba hasta la sala―. Como supuse, también tuvo trabajo hasta tarde hoy, ¡Estúpidos Hoteles Gaia!―refunfuñó Seth, su padre casi nunca estaba en casa; trabajaba como contador para la cadena de Hoteles Gaia allí en Italia.

    El joven tomó sus llaves de la casa y salió al encuentro de su amigo con expresión pesarosa.

    Aaron le esperaba recostado del capó de su coche ―un Lamborghini Estoque de color negro―.

    A pesar de ser un poco más bajo que Seth, Aaron era bastante más robusto. Era de tez blanquecina y ojos cafés, llevaba el cabello negro con un ligero flequillo sobre la frente; pero no dejaba de tener un porte muy varonil.

    El apuesto joven vestía un chaleco de color azul oscuro, una camisa blanca de rayas azules y unos jeans negros; todo ello acompañado de unos lentes oscuros ―muy discrepantes, sobre todo por el hecho de ir a una fiesta nocturna― y una cadena de plata al cuello.

    ―¡Eh! Vas a una fiesta con tu mejor amigo y la chica que te gusta, no al velorio de tu hermano. ¡Quita esa cara hombre!―le dijo Aaron, que estaba atrayendo las miradas de más de la mitad de las chicas del vecindario.

    ―Aaron…―replicó Seth con expresión desaprobatoria, mientras se acercaba a su compañero.

    ―Ya, ya, lo olvidé por un segundo―se disculpó el otro muchacho, que captó inmediatamente la queja de su amigo, el cual aborrecía hablar de cualquier cosa relacionada a la muerte―. Pero quita esa cara y vámonos, porque; aquí entre dos, estas chicas me están asfixiando―concluyó, mientras caminaba hasta la puerta del conductor.

    Ambos chicos subieron al auto, y en poco menos de 5 minutos ―según Aaron, habría sido menos si no fuera por los semáforos―, estuvieron frente al edificio donde se encontraba el departamento de Mariah.

    Seth se quedó mirando por la ventanilla, completamente distraído, pensando en cómo estaría vestida la chica. La corriente de su pensamiento iba y venía, pero siempre girando en torno a la muchacha, se imaginaba besándola, diciéndole lo que sentía…

    ―¡Eh Seth! Quita esa cara de bobo y llámala por teléfono, no esperaras que oiga la bocina desde aquí abajo ¿No?

    ―Oh… Bueno… Dame un segundo…―contestó el moreno, mientras trasteaba desesperadamente los bolsillos de sus pantalones para sacar el móvil.

    El muchacho tomó su teléfono y marcó el número de Mariah… Nadie contestó. Intentó una vez más… Nada. El proceso se repitió unas 4 o 5 veces más, hasta que una muchacha morena salió por la puerta del edificio.

    ―¡Ya oí el teléfono! ―exclamó Mariah, con gesto divertido, mientras bajaba las escaleras con porte señorial.

    Poseía una tez lisa y morena de facciones delicadas, sus ojos eran de un color marrón que recordaba a los árboles en otoño. El cabello, negro y alisado le llegaba hasta los hombros y dejaba un flequillo sobre su ojo izquierdo. Mariah hacía gala de una silueta que cualquier italiana habría deseado tener ―al menos en forma natural―.

    La joven llevaba un vestido corto y escotado de color morado, y completaba su atuendo con unas zapatillas de tacón y un bolso a juego.

    ―¿Y bien?―dijo la recién llegada a la expectativa.

    Seth se había quedado boquiabierto. En todo el tiempo que había pasado imaginándose a Mariah vestida para la fiesta, nunca pensó que la vería con un vestido.

    ―¡Es contigo bobo!―le susurró Aaron con un codazo, que acabó por sacarle un “¡Estás fantástica!” a su amigo.

    Una vez la chica también estuvo a bordo del coche, salieron al lugar de la fiesta: una gran colina a las afueras de Roma.

    Una vez más, el bebé no falló, llegaron al lugar en unos 15 minutos; en los que no hubo otro tema de conversación, más que las insinuaciones de Aaron para que Seth “sumara puntos” con Mariah.

    Aquella fiesta resulto de lo más divertida para muchos. Pero Seth no era uno de esos muchos, pues no le hizo mucha gracia que Mariah se encontrara con un viejo amigo en la fiesta y estuvieran bailando y hablando sin parar.

    Aaron, tan talentoso como siempre con las mujeres, bailó al menos con la mitad de las que estaban en la fiesta ―porque las demás eran viejas o feas, a su parecer―.

    Lo que si hicieron los tres chicos fue consumir licor. Para cuando iban de regreso a eso de las 5:00 a.m., Mariah pidió que le dieran un aventón a su amigo hasta la casa de ella―cosa que Seth maldecía con todas sus fuerzas, aunque ni siquiera conocía al chico―; Aaron no podía caminar 1 metro sin dar un traspié, y Seth, pues se mostraba extremadamente ácido y balbuceaba cosas inentendibles cada vez que podía.

    Los cuatro jóvenes a duras penas pudieron subirse al automóvil, el cual detuvieron a los pocos minutos de haber comenzado a bajar. Aaron quería sacar algunas cervezas que se había traído en la cajuela y Mariah quería hacer una llamada telefónica.

    Seth aún estaba irritado con la chica, pero por alguna razón la seguía mirando por la ventanilla del auto con rostro inexpresivo.

    Las primeras luces del alba iluminaban a la chica, quien estaba parada a la orilla de la carretera. Aquella imagen producía en él una fascinación que jamás habría esperado experimentar. Aunque tan pronto como llegó la sensación, se fue, pues ante sus ojos apareció un panorama que heló su sangre: un autobús venía bajando la colina y se dirigía directamente a…

    ―¡Mariah!―chilló el muchacho, al tiempo que haciendo uso de una fuerza y agilidad indignas de un borracho, e incluso más indignas de un humano; derribó la puerta del automóvil de un golpe y salió disparado hacia la joven.

    Tomó a la chica por el brazo y la arrojó hasta el otro lado de la carretera, donde estaba estacionado el auto, sin embargo… ¿No había nada? Los demás chicos se quedaron perplejos viendo a Seth, sin siquiera fijarse en la destruida puerta del auto de Aaron.

    Ni él mismo entendía lo que le acababa de ocurrir. Aunque empezó a entenderlo unas milésimas de segundo después. El mismo autobús que le parecía haber visto cuando salió del auto iba directamente hacia él. El muchacho intentó moverse por todos los medios, pero sus músculos ―probablemente agotados por el repentino movimiento de unos segundos antes― no reaccionaron.

    Se escuchó un gran estruendo, el sonido de huesos rompiéndose y del vidrio resquebrajándose; al tiempo que un par de voces rugían al unísono “¡Seth, no!”.

    El muchacho sintió un impacto tremendo sobre su lado derecho y algo parecido a una mota de polvo en su ojo; seguidos de la sensación de su impacto contra el pavimento, y un dolor insoportable invadiendo cada milímetro de su cuerpo. Podía sentir un líquido recorriendo su cara, su brazo y sus costillas del lado derecho.



    Aaron contempló a su mejor amigo tirado en la carretera. El muchacho había ido a parar unos 4 metros más allá de donde se detuvo el autobús. Los huesos de su brazo derecho se habían quebrado y sobresalían en algunas partes de su piel; de su ojo derecho salía sangre a borbotones; sus costillas parecían haberse contraído hacia adentro y su rostro mostraba un indisimulable mueca de dolor.

    Mariah, por su parte, salió corriendo hacia él y se agachó a su lado sollozando incontrolablemente.

    ―¡Idiota! ¡Fuiste un idiota Seth!―sollozaba― ¡¿Entiendes?! ¡Un…

    ―Un… Idiota… Sigo siendo…―dijo el joven mientras dejaba escapar una lágrima de arrepentimiento.

    Estaba seguro de que moriría, iba a morir ahí, con Mariah tan cerca y sin poder decirle la razón de su sacrificio. Sin poder revelarle que preferiría experimentar mil veces la muerte antes que verla a ella siendo dañada.

    “Idiota. Ella tiene mucha razón. Eres un idiota por hacer sacrificio así por una humana que lo único que te puede decir en este momento es ‘idiota’”.



    ―Aguanta compadre. Todavía tienes cosas que hacer en este mundo―le decía Aaron con lágrimas en el rostro, mientras subían a la ambulancia.

    Ni él ni Mariah tenían la más mínima idea de porqué Seth supo que ocurriría algo antes de que pasara. Y le sería imposible averiguarlo, pues cada vez que veía el rostro de su amigo su mente se nublaba aún más. Estaba totalmente consternado, no sabía si su compañero sobreviviría. Y si sobrevivía ¿Cómo reaccionaría al darse cuenta de que había perdido su ojo derecho?

    ―¿Va… A estar bien?―preguntó Mariah, por enésima vez.

    ―Claro mujer, estamos hablando de Seth. Hierba mala nunca muere―dijo Aaron, intentando ocultar su pesimismo.

    Ni bien terminó esas palabras, sintió un escalofrío tremendo atravesándole la espina, seguido de la extraña sensación de que algo ―o alguien― estaba atento a ellos.

    Las cosas eran exactamente como Aaron lo pensaba.

    Un encapuchado reposaba sobre el techo de la ambulancia, invisible a los ojos humanos. Pero, en su estado actual era imposible ocultarse a los sentidos de algunos.

    Esa maldita Celestial al fin cumplirá su parte del trato―se decía el ser con desdén.

    Llegados al hospital, Seth fue trasladado a quirófano para intentar frenar sus múltiples hemorragias internas y alinear sus huesos rotos. Entretanto, los otros dos jóvenes llamaron a Mario, el padre de Seth.

    Inexplicablemente, al hombre le tomó 5 horas llegar al hospital, y para cuando lo hizo, su hijo ya había sido trasladado a cuidados intensivos.

    Cuando el hombre de tez blanca, bajo, rechoncho y de calva reluciente llegó a la sala de espera, pudo ver la expresión de tristeza en los rostros de ambos jóvenes. Aquello hizo que sus facciones, que antes parecían de piedra; se contrajeron y su voz tembló al preguntarle al doctor:

    ―¿Cómo está mi hijo?―ante la pregunta, Aaron y Mariah se incorporaron para escuchar la respuesta del médico.

    ―¿Es usted el padre de Seth Nihil?―preguntó el doctor pausadamente.

    ―Por supuesto, yo soy Mario Nihil. Pero por favor, responda mi pregunta ¿Cómo está?

    El doctor inhaló profundamente y luego comenzó a hablar:

    ―Está estable, ahora mismo está siendo llevado a una habitación normal. Pero ―prosiguió, tomando a Mario por los hombros para que no se fuera a buscar al muchacho―, ha sufrido graves daños la sección superior derecha de su cuerpo.

    ―¿Qué tan graves?―preguntó Mariah con un hilo de voz.

    ―Su ojo derecho está completamente perdido. Presenta múltiples magulladuras en el cuerpo y fracturas en la parte superior de sus costillas. Hay hemorragias en su páncreas e hígado. Y su brazo derecho está prácticamente desarmado―paró un momento, dándose cuenta de que la noticia había caído como una pesada losa sobre sus interlocutores.

    ―Y-y ¿Qué pasará con su brazo?―balbuceó Mario.

    El doctor volvió a inhalar profundamente y añadió:

    ―Según lo veo. Cabe la posibilidad…―hizo una helada pausa―de que lo pierda. Pero no pensemos en eso; por ahora le dejaremos descansar y se le aplicarán analgésicos, mañana vendrá un especialista para evaluar el daño en su brazo.



    Al fin tu madre pagará su parte del trato―rió el extraño sospechoso.

    Se acercó a Seth en medio de la penumbra en que permanecía la habitación y posó su mano sobre la frente del joven.

    Hubo un ligero resplandor negro.



    El moreno sintió como si algo estuviese invadiendo su cuerpo. Era como si unas cadenas invisibles le estuvieran oprimiendo el corazón. Intentó gritar, zafarse de las cadenas, correr, pedir ayuda; estaba angustiado.

    Su cuerpo comenzó a doler de nuevo, sentía un terrible dolor en su brazo y su ojo. El malestar se hizo más intenso y se esparció hasta cubrir todo su cuerpo. Sentía como si le estuviesen descuartizando vivo. Sólo había una palabra para describir aquello: Insoportable. Era completamente insoportable.

    Entonces, cuando creyó que no aguantaría un minuto más… Gritó, con todas sus fuerzas, pedía piedad, ayuda, o cualquier cosa que pudiera librarle de aquel inconmensurable dolor. Pero no ocurrió nada, nadie podía oírle. Deseo más que nunca haber muerto luego del accidente, si estuviera muerto ahora no estaría sufriendo.

    No te rindas tan rápido―le dijo una apacible voz desde dentro de sí.

    Pronto sintió que el dolor se hacía distante.

    Cayó sentado en el suelo, y un fino olor a hierba inundó sus pulmones. Al intentar abrir los ojos, sólo uno de ellos se abrió para dejarle ver un cielo azulado y una llanura cubierta de hierba, que parecía infinita.

    El hecho de que uno de sus ojos no se abriera, no le resultó más sorprendente que lo siguiente que vio: su brazo derecho completo no estaba, ni tampoco su hombro y pie izquierdos.

    El joven quedó boquiabierto, queriendo preguntarse el porqué de aquello. Era como si hubiesen pasado muchos años desde el accidente, porque las heridas estaban completamente cerradas. Sin embargo, iba contra todas las leyes de la física, pues el resto de su brazo izquierdo seguía allí, flotando sobrenaturalmente como si estuviese conectado a su cuerpo mediante hilos invisibles.

    ¡Eh! ¡Has logrado entrar!―le dijo la voz de antes, sólo que un poco más agitada, esta vez provenía desde detrás suyo.

    Al girarse, Seth se llevó una gran sorpresa. No supo cómo no lo notó antes: Dos… ¿Personas? Estaban combatiendo allí.

    Ambos tenían su misma estatura y estructura física, la diferencia yacía en sus rostros y pieles. Ninguno de los dos tenía rostro, pero sus pieles presentaban dos tonos opuestos y bien distinguidos: uno era blanco como la nieve y parecía emanar luz de su cuerpo, mientras que el otro era de un negro infinito como el espacio y parecía absorber la luz a su alrededor.

    Al detallarlos un poco más, pudo darse cuenta de dónde estaban las partes faltantes de su cuerpo. Su ojo y brazo derechos eran ahora parte del ser negro, y su hombro y pie izquierdos estaban pegados al ente blanco.

    Aunque aquellos individuos no peleaban usando armas, desarrollaban una fiera batalla; en la que quien se mostraba más ofensivo era el blanco.

    Si me ayudaras, estaría agradecido―le dijo el ser blanco.

    ―Pero ¿Qué está…― intentó inquirir Seth al sentir un terrible dolor en su mejilla, el negro había asestado un golpe.

    ¡Quiere apoderarse de tu alma! ¡Es un Nefasto!―exclamó―Bastará con que luches con su consciencia.

    >>Es ese extraño dolor que has estado sintiendo, debes resistirte. Por haber intentado rendirte hace un momento es que ahora no tienes brazo, ni ojo―prosiguió, adivinando sus pensamientos.

    No sabía bien si era un sueño, pues sólo había oído de aquellos seres en los cuentos de su abuela; pero aquella “cosa” le había dicho que debían ganar.

    Si perdió la batalla por querer alejarse del dolor, podía reanudarla si lo volvía a sentir, y ganarla se resistía a él. Intentó centrarse en el dolor. Cada golpe que se asestaban mutuamente aquellas entidades le punzaba como si él fuera el golpeado.

    Pero no sólo él lo sentía, tan pronto como alguno asestaba un golpe, los tres lo sufrían. Entonces se dio cuenta: ambos eran parte de él. Si la batalla seguía, el dolor se haría más intenso y podía acabar por destruirlos a los tres…, ¿O sólo a él? De cualquier forma, aquello debía parar.

    ―¡Paren!―exclamó a voz en cuello.

    ―¡Dije que paren carajo!―repitió, al darse cuenta de que no le prestaron atención.

    ¡No!―respondió el negro―No pararé hasta que este cuerpo sea mío.

    ―Pues, si no paran, nadie podrá tener lo que desea―refutó el muchacho, mientras comenzaba a correr para ponerse en medio de ambos.

    ¡Maldito seas muchachito!―rugió el Nefasto, mientras retrocedía por el dolor de haber dado su golpe más fuerte en el cuerpo de Seth.

    ¿Qué pasa muchacho? "Eso" está intentando invadir este cuerpo (nuestro cuerpo) ¿Y lo dejarás?―inquirió el ser luminoso con calma.

    ―Y si sabes que es “nuestro cuerpo” ¿Por qué insistes en golpear? Supongo que ya ambos sintieron el dolor que les causa cada impacto, aunque no sean ustedes los golpeados. Dejen de pelear o seguiré recibiendo cada golpe―concluyó.

    Uff… Me lo estás poniendo difícil―gruñó el blanco.

    Y al parecer, el otro combatiente pensaba lo opuesto, pues, con un aullido de ira se lanzó sobre él.



    El lugar se desvaneció, junto con los dos seres, pues todos sus sentidos despertaron de golpe. Se sintió acostado sobre cómoda cama y una mullida almohada.

    ―¡Y nunca más te acerques a mi hijo!―escuchó rugir a su padre.

    Al abrir su ahora único ojo, pudo verlo. Estaba junto a la ventana de la habitación, con unas enormes ojeras y colorado de la furia.

    ―¿Q-qué ha pasa… ¡AAH!―rugió el joven por el dolor, mientras volvía a caer sobre su cama.

    Había intentado levantarse apoyándose sobre su brazo, que ahora tenía múltiples suturas. Todo su torso, su cabeza, y la mitad de su cara estaban cubiertos de vendas.

    ―A mi me parece que los nervios de tu brazo están muy bien―escuchó reír amablemente, desde la puerta―. Señor Nihil, por favor no grite, recuerde que esto es un hospital―reprendió al hombre.

    Se trataba de un médico, como mucho tendría 30 años. Era de tez pálida y un poco tosca, su cabello dorado estaba bien cortado. Parecía haber sido jugador de baloncesto, pues era bastante alto.

    ―Yo soy el especialista―respondió ante la confundida mirada del padre de Seth, mientras se acercaba a la cama del muchacho.

    El hombre se acercó inclinó sobre el muchacho para examinarle.

    ―Por lo visto, ese día de sueño te ha sentado de perlas―dijo amablemente el hombre, mientras tocaba ciertos puntos del brazo que hacían que las lágrimas de Seth se resbalaran.

    ―¿Ha venido a examinarme o hacerme llorar?―inquirió el joven, claramente irritado por la actitud confianzuda de su doctor.

    ―Calla y deja que el médico te examine, o me sentiré culpable si te amputan el brazo―dijo Mariah, entrando a la habitación. Su voz sonaba melodiosa, pero podía percibirse en ella un toque ácido; típico de la chica cuando estaba molesta.

    La muchacha iba vestida con unos jeans y una blusa de color lila ceñidos al cuerpo, y su cabello ―con la excepción del flequillo― estaba recogido en una pequeña cola de caballo.

    ―¡Eh Mariah! ¿Te importaría tener más tacto?―gruñó Aaron―Te salvó la vida.

    ―¿Tacto? ¡Lo dice el que habla de muertos siempre que Seth está cerca!―dijo alterada, ignorando la mueca en la cara del muchacho moreno―¡Yo no lo necesitaba!―respondió ella con un gritito―Mira como quedó por estar cometiendo idioteces.

    Para Seth, aquellas palabras fueron más dolorosas que el mismísimo golpe que había recibido hacía unas 24 horas. Pero no estaba dispuesto a hacer lo de siempre: callar. Algo dentro de sí le pedía a gritos que hablara, aunque eso significara apuñalar su propio corazón.

    ―Aaron, ella tiene razón, déjala―masculló, de forma que su amigo le entendiera; y luego añadió con frialdad:― He sido un idiota por ver ese bus antes de que llegara, y aún más por intentar salvarle la vida a alguien que estaría mejor muerta―concluyó resoplando por lo bajo, y no por su aversión a las cosas de la muerte, sino porque sintió como si algo más hubiese dicho esas palabras por él.

    Cada una de sus palabras traspasaron a Mariah cuan carámbanos de hielo. La muchacha no sabía qué responder. Usualmente, cuando ella le decía cosas así, él callaba diciendo: "no me gusta discutir con quienes aprecio, así que puedes continuar y te oiré, pero no responderé". Había sacado de quicio a Seth.

    ―Yo… Eso no fue… ―su voz se quebró, y puso la cara entre sus manos mientras salía por donde había llegado.

    ―Eso ha estado acalorado…―susurró el médico, un poco apenado por lo que acababa de ocurrir y por la mirada de “¿Qué has hecho?” que dirigía Aaron a su amigo―Por lo que pude observar, los nervios de tu brazo están casi perfectos, pero habrá que saber de tus huesos.

    El médico se dirigió hacia una mesa pequeña que se encontraba junto a la puerta de la habitación blanquecina y sacó unas placas del sobre que estaba sobre ella para examinarlas.

    ―Pero ¿Qué…?―inquirió el doctor arqueando las cejas.

    Mario y Aaron se acercaron curiosos para ver las radiografías, ante las cuales quedaron boquiabiertos.


    Las preguntas(que había olvidado D: )
    ¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
    ¿Qué crees que pasará en el siguiente capi?
    ¿Puedes intuir lo que vieron el la placa de Seth?
     
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    Zeon

    Zeon Iniciado

    Virgo
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    Bueno, no ha ocurrido nada importante durante la fiesta... ¡Ha ocurrido al acabar!

    Me pregunto cómo es que Seth pudo ver el accidente de autobús antes de que sucediese, aunque no sería tan raro teniendo en cuenta que parece tener a un nefasto y un celestial luchando por su alma en su interior. Por lo menos parece que su madre es un ángel, pero ¿de dónde proviene ese nefasto?; ¿de su padre?

    Yo pensaba que Mariah iba a ser una chica dulce, pero ha resultado ser una desagradecida quejica, una verdadera decepción.

    Me ha encantado el capítulo y ya estoy ansioso por leer el siguiente, del que creo que puedo esperar cualquier cosa. En lo referente a las radiografías, es probable que la sorpresa se deba a que los huesos estén intactos, algo muy extraño tras ser atropellado por un autobús.

    Saludos y que los hados vayan contigo.
     
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    Luck

    Luck Iniciado

    Sagitario
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    Esta genial, me encanto gracias por invitarme :Despero con ansias la conti...Bueno no note errores y la historia esta muy interesante, en general me gustan mucho este tipo de historias, bueno alas preguntas:)
    ¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
    Me pareció genial, woow pobre Mariah lo que Seth le dijo fue muy......fuerte, aunque creo que bien merecido.
    ¿Qué crees que pasará en el siguiente capi?
    No lo se, pero espero con muchas ansias el siguiente cap.;)
    ¿Puedes intuir lo que vieron el la placa de Seth?
    No, me imagino que fue algo anormal en un humano o algo por el estilo....
     
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    Fadow

    Fadow Iniciado

    Escorpión
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    Tu capitulo me hace recordar que siempre habrá un amigo talentoso con las mujeres, por suerte ese no es mi caso, y eso que la mayoría de mis amigos son varones. Me apreció una entrada excelente tu capitulo, me dio tanta ansiedad el accidente, al principio pensé que se trataba de un Deja-vu, pero fue algo más que eso. Me estás comiendo viva ¿de qué tratará la historia de ahora en adelante? Me dolió mucho que por sacrificarse por su amada perdió un ojo. Pero bueno, ahora a las preguntas formuladas:

    -. Me apreció muy tentador y a la vez muy intrigante, lleno de misterios y personas extrañas que lo cuidaban y otras deseaban su destrucción. Este capitulo tuvo de todo (amor, comedia, acción, tristeza, misterio, etc…)

    -. Como finalizaste el capitulo, pienso yo que las heridas del joven sanaron por el sueño o lo que vio de aquellos seres, puesto que estaban combatiendo: uno quería su alma y otro lo protegía.

    -. Bueno, creo que, repito otra vez, sanaron sus heridas. Eso pienso yo, haber si le atino.
     
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  13.  
    Myriel

    Myriel Iniciado

    Tauro
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    Sin palabras :X

    ¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
    ¿Cómo explicarlo? ¡ Increible ! me encantó, de verdad, creí estar ahi delante observando a Seth... de verdad me está encantando, no tengo palabras, tu narración, vocabulario... todo es ideal. Esta perfecto.

    ¿Qué crees que pasará en el siguiente capi?
    Te pedí que me sorprendieras... asi que espero lo mismo del siguiente.

    ¿Puedes intuir lo que vieron el la placa de Seth?
    Estoy segurísima de lo que han visto es que sus huesos se han reegenerado (???) hahaha eso espero ;P
     
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    Kohome

    Kohome Fanático Comentarista destacado

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    ¿Qué les ha parecido este primer capítulo?
    Joh exelente, simplemente exelente, narras de una manera espectacular.

    ¿Qué crees que pasará en el siguiente capi?
    Eso realmente no lo se jeje.

    ¿Puedes intuir lo que vieron el la placa de Seth?
    No, ya dije que no se que va a pasar jeje.

    Bueno, creo que fue un poco seco con Mariah, al igual que ella con él, digo, ¡le salvó la vida!, ¡tonta!

    En fin, aya ella con sus cosas no, como quien dice: "cada loco con su tema"

    Jeje, avísame cuando esté la conti, que curiosidad, enserio. ^^
     
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  15.  
    Nestea

    Nestea Entusiasta

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    Un cuerpo para tres
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    Acción/Épica
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    3
     
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    3382
    Ladys and gentlemen, there's the new Cap. Espero que no les parezca muy corto (no acostumbro poner 2800 palabras en un capi, usualmente son más, pero me pareció que el punto final de este está bien). Ahora las respuestas a sus comentarios:​
    Capítulo II: Kyle, el mago
    Las placas mostraban casi a manera de video como el número de fracturas disminuía de forma alarmante ―de treinta a sólo quince―.

    ―Esto es absurdo, he sabido de gente cuyas fracturas se curan en unos pocos días; pero esto es completamente ilógico―recalcó el médico, resumiendo lo que los otros querían decir―. Si tus huesos han seguido recuperándose a ese ritmo, ya sólo deben quedar las contusiones―añadió con una extraña preocupación.

    El hombre, ataviado con la bata blanca, miró a Seth por unos segundos y luego salió de la habitación a paso veloz.

    ―Lo hizo…―suspiró Mario, de manera casi inaudible y con rostro de preocupación.

    Ninguno de los muchachos podía decir algo más. Seguían viéndose el uno al otro, perplejos. Ambos sabían bien lo que deseaban preguntar pues, su amistad los había vuelto expertos en predecirse mutuamente. Lo complejo era encontrar las palabras correctas para formular la pregunta.

    El chico fornido fue el primero que encontró las palabras:

    ―¿Cómo has hecho eso?―preguntó Aaron, nervioso.

    ―¿A qué te refieres con “eso”?

    ―Hablo de lo del autobús, ¿Cómo supiste que estaría allí?―aclaró.

    ―Bueno, la verdad no sé. Supongo que lo adiviné, cosa que no me sorprendería después de estas últimas veinticuatro horas ―suspiró, recordando la batalla entre aquellos seres y la extraña sensación de que algo invadía su cuerpo. Aquello posiblemente había sido real, y, por lógica razonable, tenía que ver con su misteriosa premonición y la milagrosa recuperación de sus huesos.

    ―Puedo predecirte, no adivinar tu pasado. Cuéntame, no creo que pueda ser más loco que la sensación de que “alguien más” iba en la ambulancia con nosotros ―dijo con seriedad.

    Esto sí era más loco que aquella simple sensación. Seth estuvo a punto de reír, y lo habría hecho de no haber sabido que su amigo había colocado una silla a su derecha y esperaba atento.

    ―Em…, no sé cómo decir esto. Pero me gusta ver a las personas cuando les hablo ―explicó el moreno con tristeza, recordándole a Aaron que a él le resultaría imposible mirarlo sin girar dolorosamente el cuello.

    ―Oh… Sí, disculpa, es que aún no me hago a la idea ―señaló apenado, mientras movía la silla hasta el otro lado y se sentaba de frente a la cama.

    ―Créeme que yo tampoco me acostumbro, pero es algo con lo que viviré ―suspiró con resignación, mientras comenzaba a exprimir su memoria para relatarle a su amigo todo lo sucedido (sin excepción) desde que salieron de la fiesta.

    Aaron escuchó pacientemente el relato de principio a fin. Al terminar, Seth se fijó que durante todo ese tiempo la mirada de su amigo había estado fija en un punto sobre él.

    ―Hombre, ¿Qué tanto le ves a mi hombro? ¿Has prestado atención a lo que te conté?

    ―Digamos que sí, pero… ¿Cuándo te hiciste ese tatuaje? ―inquirió, mientras señalaba el símbolo con forma de estrella en su hombro izquierdo.

    ―¡¿Qué diablos?! ―se asombró Seth, incorporándose extrañado. Sólo tenía algunos leves dolores.

    Cuando intentó ver su hombro, sólo pudo ver un borrón negro. Es más, ahora que se fijaba, todo estaba borroso. Asomó su mano a la mesita para trastear sus lentes y sintió que depositaban algo en su regazo.

    ―Eso lo compró Mariah. Pensamos que como los otros se habían roto en el accidente, necesitarías unos nuevos ―explicó el muchacho robusto, haciendo que su amigo se sintiera mal por lo que había dicho a la chica―. Después de ver esas placas hace un rato, creí que no los necesitarías, pero veo que me equivoqué ―concluyó entre alegre y serio.

    Seth se sintió horrible. No podía comprender por qué la chica estaba molesta, si se había preocupado en comprarle unos lentes nuevos. ¿Acaso era imposible comprender a las mujeres? Tampoco lograba entender por qué se había vuelto tan agresivo, necesitaba respuestas ¿Se le iba a hacer imposible comprenderse? Esa última pregunta ofuscaba su mente. Lo desequilibraba la idea de que hubiera algo más viviendo dentro de él, y que ese ―o esos― “algo” pudiera influir en el control de su cuerpo.

    “Lo hizo” había oído decir de su padre, ¿Qué sabía su papá acerca de aquello? No. Su papá no podía saber nada, porque habría dicho algo más sospechoso que “son estupideces, chico, estupideces”, cuando él intentaba hablarle acerca de sus sueños.

    ―Parece que necesitas tiempo a solas (pero creo que para eso tendrías que despachar a ese par) ―contuvo la risa―. Yo iré a hablar con Mariah para saber por qué se puso así. Tú quédate aquí e intenta responder esas preguntas que te están revoloteando en la cabeza, aunque aún no comprendo bien cuáles son.

    Dicho eso, Aaron se levantó de su silla y salió de la habitación a paso ligero. Él sabía que ni Mariah ni Seth habían dicho aquello porque querían. Pero no sabía el porqué, y pensaba que era su deber hacer que ese par limara las asperezas.

    El joven sentado en la cama miró la pequeña caja por unos segundos. La cajita de color vino tinto parecía pedir a gritos que la abrieran. Pero Seth no estaba dispuesto a hacerlo, o mejor dicho, había una parte de él que no lo deseaba. “Los necesito para no tropezarme con todo al caminar”, se convenció.

    Eso es lo que odio de ustedes, los humanos. Esa actitud de crear dependencias me enfurece―dijo una voz igual a la suya, pero con cierto tono de malicia.

    El joven abrió la caja rápidamente, y sacó de ella los lentes rectangulares de montura negra con detalles en vino tinto que se puso al instante. Mirando atentamente a sus alrededores lo comprendió; no se trataba de una voz desde fuera, sino de una que provenía de su mente.

    “¡Hey! ¿Están ahí? Quiero hacerles unas preguntas”―pensó, intentando comunicarse con aquellos extraños seres dentro de él.

    No hubo respuesta.

    Bueno, al menos podría cerciorarse de lo que le comentó su amigo. Giró lentamente el cuello, no para evitar el dolor, sino temiendo que el símbolo hubiese desaparecido.

    Aún estaba allí, aquel círculo con una estrella de siete puntas dentro seguía allí, tatuado en negro sobre su piel. Pasó por alto el regaño que podía recibir de su padre por ello. Prefirió centrarse en recordar lo único que le ofrecía una explicación más o menos razonable de lo que ocurría, la leyenda acerca de la creación del mundo.

    Según le había dicho el negro era un nefasto. Pero su abuela le había dicho que los únicos seres que estaban capacitados para darle pelea a un nefasto eran los que eran capaces de manipular su maná ―o poder mágico―. Si el negro era un nefasto, había una infinidad de posibilidades acerca de la identidad del otro.

    “¿En qué coño pienso? Ni siquiera yo estoy seguro de que esas leyendas sean verdad”―pensó para sí― “Aún no tengo evidencias: la puerta del auto a lo mejor ya estaba averiada, aquella pelea pudo ser un sueño, tal vez las placas estaban mal tomadas, y las voces quizá fueron producto de mi imaginación”.

    Miró entonces al heptagrama en su hombro ¿Y eso de dónde había salido? El tatuaje era lo único que no tenía ningún tipo de explicación.

    El muchacho siguió pensando, buscando la forma de darle una explicación lógica al asunto. Sus pensamientos vagaron sin rumbo por unas horas…, hasta que se durmió.



    Aaron pasó una hora completa buscando a la joven. No respondía al teléfono, ni estaba en casa, tampoco la había visto en el hospital. Cuando se disponía a regresar al sanatorio para informarle a su compañero acerca de su empresa fallida, alcanzó a ver a Kyle parado en la puerta del hospital.

    ―Ven, Mariah ―siseó débilmente, el amigo de la muchacha; se había quedado en el auto cuando ocurrió el accidente y ahora había acudido a su encuentro.

    El joven de piel blanca, ojos azules y cabello dorado esperaba pacientemente. Llevaba una sudadera negra, acompañada de unos jeans del mismo color. Sus facciones, bien parecidas, mostraban un enorme cansancio.

    ―¡Por dios! ¿Qué te pasó Kyle? Te ves terrible ―exclamó la muchacha con preocupación, mientras se colocaba frente a él.

    ―Oh… Esto no es nada. Suele ocurrirme cuando estoy nervioso, hasta se me duermen partes del cuerpo.

    ―¿En serio? ―inquirió, tomándole por el mentón para verle a los ojos.

    El joven ignoró por completo las palabras de la muchacha, la tomó por el mentón, y cruzó su mirada azulada con la mirada castaña de la joven.

    ¡Ego imperium!―recitó, mientras esbozaba una sonrisa maquiavélica.

    Luego de que Kyle enunciara esas palabras, los ojos de la chica se volvieron distantes. Sus pensamientos, que ya estaban opacos desde su primer encuentro con el guapo muchacho, desaparecieron.

    El par de jóvenes se tomó de las manos y salieron caminando cuan pareja de novios.

    ―¿De qué me perdí? ―musitó Aaron, mientras se movía detrás de ellos.

    Roma estaba particularmente agitada esa mañana, por lo que no fue difícil seguir el paso de muchachos sin ser detectado. Caminaron de un lado a otro, pasando por plazas, iglesias, monumentos, centros comerciales; no se detenían en ningún lugar.

    Aaron pensó que nada podía ser más extraño, ya llevaba 3 horas siguiéndoles, eran las 2:00 p.m. y aún no se detenían a descansar. Seguramente Kyle sabía que él los estaba siguiendo; era imposible que una pareja caminara sin detenerse durante 3 horas. De no ser porque el soccer lo había acostumbrado a correr durante largos períodos de tiempo, seguramente se habría desmayado.

    Pronto llegaron a un pequeño caserío lleno de callejones, en el cual casas no parecían poder albergar a más de dos personas completamente saludables. Algunos hogares estaban hechos de una madera muy desgastada, otros eran de concreto, pero sus paredes poseían pintura desconchada y llena de limo. Era un barrio pobre y apenas poblado, por lo que la afluencia de gente era mucho menor que en el resto de la ciudad.

    Al joven deportista le pareció extraño que Mariah, quien siempre había tenido especial sensibilidad en cuanto a la pobreza, pasara al lado de un niño que le pidió limosna sin siquiera darle una mirada.

    En poco tiempo, el par de jóvenes se detuvieron y se giraron ágilmente hacia Aaron, que se había distraído y no logró esconderse a tiempo.

    ―Oh… ¿Eras tú? ¿Desde cuándo nos sigues? ―preguntó Kyle, en un tono suave, pero peligroso.

    ―Soy yo quien debería hacer las preguntas ¿No crees? ―dijo Aaron con altanería, mientras se tronaba las manos.

    El joven que estaba con Mariah era muy delgado, y, a juzgar por su apariencia cansada, no aguantaría ni un solo golpe del mejor defensa del equipo de soccer.

    ―No hablaba contigo. ¡Mortem!

    Un ligero resplandor negro iluminó todo el callejón, y una esfera negra salió disparada desde el dedo del hechicero.

    Lo siguiente que el muchacho fornido pudo ver lo paralizó. La esfera de energía había sido disparada a un lado de él, donde ahora yacía el pálido cadáver de un niño.

    ―¿Q-qué hiciste? ―balbuceó.

    ―¿Eres ciego o estúpido? Lo maté. Este asunto es entre nosotros 4 y no quiero espectadores.

    ―¿Cómo que 4? ¿Mariah qué haces con ese… esa cosa?

    La muchacha no reaccionó, seguía de pie junto a Kyle. Su mirada se notaba vacía.

    ―Respóndele ¿Qué haces conmigo? ―le siseó el mago con autoridad.

    ―Admirar lo presumidos que pueden llegar a ser los hombres ―respondió la muchacha, dándole un codazo y una patada en la entrepierna, para correr al lado de su amigo.

    Al recibir ese golpe inesperado, el hechicero cayó al suelo resoplando de dolor. En verdad no se esperaba aquel golpe, y su cuerpo era excesivamente débil sin sus “otros poderes”.

    ―Has estado haciendo que obedezca tus órdenes, dije cosas que no quería por tu culpa. Además, mataste a un niño pequeño ―dijo la morena, mientras tomaba un tubo de acero del suelo y se lo pasaba a Aaron.

    ―Simples humanos. Si creen que pueden derrotar a un mago con un simple tubo metálico, se equivocan ―rió, aún en el suelo, jadeando.

    ―¡Eso se verá! ―rugió el joven, mientras se abalanzaba sobre él.

    ¡Immobiles!

    Con un ligero chasquido, tanto Aaron como Mariah quedaron petrificados. El tubo cayó al suelo con un golpe seco mientras ambos jóvenes movían sus ojos de un lado a otro, confundidos.

    ―Deberías sentirte feliz porque te necesito con vida, perra. ¡Apparent!

    Otra vez hubo un chasquido y los tres desaparecieron del callejón, dejando atrás el cadáver del niño.


    Seth despertó de golpe en medio de la oscuridad de su habitación. Su padre dormía tranquilamente en una silla a su lado. “Ojalá se pudiera decir lo mismo de mi”, pensó.

    Acababa de tener ―como no― un extraño sueño. Pero este era diferente, no había sido una premonición. Tampoco fue como aquellos sueños donde repasaba las guerras sufridas en el antiguo mundo. Era sólo una imagen, muy nítida e insistente: Aaron y Mariah, atados a un árbol con un encapuchado de negro, extrañamente familiar frente a ellos.

    Intentó comunicarse con los otros dos entes para preguntarles. Pero no tuvo respuesta, sólo aquella imagen insistente. Ya no sabía qué pensar, pero no lograba sacar la imagen de su cabeza. Con poco esfuerzo se levantó, se arregló el pantalón corto que usaba de pijama, tomó sus anteojos y fue al baño de la habitación.

    Una vez allí, se lavó la cara y se quedó mirándose en el espejo. Su reflejo le despertó la curiosidad. No por el heptagrama del hombro, pues ya casi se había resignado a no tener una explicación para eso. Lo que llamaba su atención era que, si todos sus huesos se habían curado, ¿Qué había pasado con la otra mitad de su cara que estaba envuelta en vendas?

    Fue imposible contenerse. Se quitó los vendajes a la velocidad del rayo, preparado para la sorpresa.

    Bajo las vendas, la piel de su cara yacía completamente intacta. Pero lo más sorprendente ―o aterrador― era su ojo, que estaba allí, aunque a simple vista no era posible definir si realmente estaba intacto. Su esclerótica era completamente negra, y su pupila se había vuelto un heptagrama, tan rojo como la sangre.

    La imagen en el espejo era perturbadora. No sabía por qué, pero le hacía sentir un miedo inconmensurable. Era un terror equiparable a presenciar su propia autopsia y descuartizamiento. Tuvo que morderse la mano para no gritar. Dio un traspié y cayó hacia atrás, con el corazón latiéndole a toda potencia.

    Requirió de toda su concentración para poder desterrar el miedo de su mente, y cuando lo logró, pudo oír de nuevo lo que tanto había querido.

    Lo has visto ¿eh? ―le dijo una voz rústica desde su mente ―Es sólo una parte del poder del Ojo de los Nefastos.

    ¿Puedes callarte, Superbia? ―masculló el otro, irritado ―. El muchacho no domina bien su maná, nuestro tiempo es limitado ―le reprendió ―. Escucha Seth, tus amigos están en peligro. Puedo suponer que tú, como nosotros, lo has visto. El lugar donde…

    La voz se apagó con suavidad antes de poder terminar la oración.

    ―¡Mierda! Entonces, es porque no puedo controlar mi maná… Pero ¿Cómo influye eso en la forma de comunicarme con ellos? No será tan importante si no me lo dijeron.

    Pensó entonces en sus amigos ¿Qué clase de peligro corrían? Seguramente tenía algo que ver con el misterioso encapuchado de la imagen, pero ¿Dónde estaban?

    Se esforzó por recordar la imagen. Estaban atados a un árbol, a lo lejos podía verse un farol encendido y algunas bancas…

    ―¡Eso!

    Se trataba de un parque no muy lejos del hospital. Cuando estaban en secundaria, siempre se reunían con sus amigos. Resultaba un poco irónico, pero no había tiempo para pensar en eso; sus amigos estaban corriendo peligro y él debía hacer algo.

    Se puso en pie, colocó las gafas en su rostro y salió del baño en busca de alguna ropa. Trasteó toda la habitación buscando una ropa que ponerse para intentar colarse fuera. Pasaron diez minutos antes de que encontrara algo; él siempre había sido malo para buscar cosas. Con suerte, encontró unos jeans que eran de Aaron, posiblemente los dejó allí cuando se quedó la noche anterior.

    Con poca dificultad se puso los pantalones. Le quedaron mejor de lo que esperaba, tanto de largo, como de ancho ―a pesar de que su amigo era extremadamente más fornido que él―. Ahora por lo menos tenía cubierta esa parte, pero ¿Cómo iba a cubrir el resto de su cuerpo? Su mente no concebía la idea de salir a la calle con el pecho desnudo. Pero no había de otra, aunque no podría salir del hospital por la puerta. Cerró los ojos con resignación, no tenía más tiempo para pensar. Sus amigos estaban en peligro. Se asomó por la ventana; la caída era de unos treinta metros.

    Sabiendo Parkour, era sencillo sobrevivir a una caída de diez metros, y un poco más complejo salir de una de quince. Esta distancia superaba con creces su máxima caída. Pero no había de otra, intentar disminuir la distancia usando las sábanas sería más arriesgado, pues cabía la posibilidad de romperlas y caer.

    Inhaló profundamente y exhaló con resignación, mientras metía los anteojos en su bolsillo y daba unos pasos hacia atrás para tomar impulso. Corrió a toda la velocidad que su humanidad le permitió; rogando a todos los dioses que había conocido en sus dieciocho años de vida para salir vivo de esta.

    Y, finalmente, saltó.

    ********​
    Espero que este capi haya sido de su agrado... No les dejo las preguntas porque me da flojera ponerlas ya saben lo que me gustaría saber xD.
     
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  16.  
    Kleopack

    Kleopack ♔ InFinyTis ღ

    Capricornio
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    Gracias por la invitacion
    Estuviste genial redactando !!
    Y para tu capitulo estuvo muy emotivo
    Bien te digo algo:
    Solo debes mejor la ortografía y mas narracion en fin
    Cuídate mucho y gracias :)
     
  17.  
    yanin

    yanin Usuario común

    Escorpión
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    Escritora
    Primeramente gracias por invirtarme a leer tu fic Nestea, tarde pero aqui estoy leyendolo;) me gusto bastante desde la primer capitulo que dejaste me atrapao al instante la forma en que narras y describes los hechos de tu historia.
    Ahora Seth no sabe relamente quien es, ya que dentro de su cuerpo habitan dos seres; ademas fue algo sorprendente para su amigo Aaron no nada mas para el si no para el doctor que sus huesos se regenerarr¡on apesar del accidente que tuvo por salvar a Mariah, pero para el tambien al ver que su cuerpo se curaba sin tener un minimo rasguño y recuperar su ojo.

    pues esperare el siguente capitulo, para saber que va a pasar con sus amigos ya que Kyle se llevo a ambos jovenes.

    saludos.
     
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