ESSELLOHAR

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Ghea Kurai, 11 Julio 2011.

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    Ghea Kurai

    Ghea Kurai Entusiasta

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    ESSELLOHAR

    1


    Jinetes diabólicamente diestros en el arte de la guerra han devastado las tierras de Lilihat, "el país que florece". Sus motivos son desconocidos para este pueblo y sus gobernantes. Ahora, a este reino se lo conoce como Essellohar, "el país del gran lamento", en la lengua de sus habitantes. Y es en este paraje desolador que esta historia se comenzará a contar, en los restos de lo que fué la gran ciudad de Olit, inmóviles, testigos de la masacre acontecida horas antes, se distinguen apenas los escombros de una casita en las afueras, ahí se incorpora la diminuta figura empolvada de un niño, cuyos pequeños ojos purpúreos miran a su alrededor, que; aunque de hermoso color; no tienen el brillo de la inocencia en ellos, no parecen de niño, mas bien son los ojos de un veterano de guerra.

    - Shh! ya vienen - dice el pequeño agachándose veloz, su corazoncito le llega al cuello, cierra sus ojos y se muerde la manga del traje.

    Los siniestros jinetes pasan en un instante por allí, se alejan entre la penumbra nocturna. Ahora el silencio, en el infinito espacio de su terror, el niño llora inconsolable y atosigado por la angustia de ser descubierto. De pronto se estremece aún más, y abre sus ojos de repente.

    - Rija, vámonos - murmura halando el brazo de una doncella que, al igual que él, está cubierta de polvo blanco -Rija, Rija ellos siempre vuelven, debemos alejarnos, debemos...

    Ya casi amanece, a lo lejos se escuchan los destrozos que continúan haciendo los jinetes en la ya devastada Olit, el pequeño había caminado y caminado, de golpe se detiene y cae de rodillas en el césped de aquella llanura, como fulminado por una fuerza misteriosa, a la vez que suelta la mano de su "carga" sus lágrimas cesan.

    - ¡Rija Olidaet! - grita con una voz que no parece suya - No... maldita, maldita traidora, tu también me has dejado, ¡cómo sere fuerte!mentiro... sa, ¡mentirosa! - grita aún con más vigor y golpea con sus puños el suelo, agita su cabeza en negación y llora, llora, llora.

    El polvo cae dejando ver sus rubios y largos cabellos, mientras los rayos del sol bañan su dolor, el pequeño se calma y voltea a la doncella, cuyos ojos celestes aún abiertos miran al pequeño, horrorizándolo, este mira a otro lado y extiende la mano al rostro de ella, buscando cerrárselos. Luego de varios minutos voltea a verla y con sus lágrimas le limpia el rostro.Termina de llorar sobre el vientre de ella quedándose profundamente dormido.

    Sueña:

    -Estas... sí ahí dice: Estas son las flores del... del Norte de Lilihat. ¡Ah! ya veo, Rija estas son las flores mágicas de invierno - dice el niño rubio, mirando a la doncella que leía junto a el.

    -Vaya, vaya Rahiat Luthan, eres muy inteligente, leer este viejo libro de runas es imposible para tu hermano mayor y aún más para mí. Sin duda serás un buen cultivador.

    - ¿Eso cree? señorita Rija la verdad, no quiero ser eso, lo que deseo es estar en el Gran Consejo de Lilihat - responde al tiempo que da la vuelta la página del libro.

    - ¡Qué cosas dices! sabes que solo aquellos que tengan el poder de al menos cinco regiones forman parte de el Gran Consejo... - se detiene, pues se da cuenta de que está aplastando las esperanzas de su oyente - pero, pero tal vez si haya alguna forma, no te rindas Rahi

    -Raji?...jejeje - ríe el niño.

    - ¿Humm? ¿por qué la risa? Lo digo en serio... no te rindas - insiste la doncella, que ahora trenza con flores blancas su sus cabellos castaños.

    - Rija y Raji! jejeje me río por eso.

    - ¡Oh! pues si suena gracioso, Rahiat, tu risa se parece al canto de las aves Li - dice ella, finalizando el trenzado, ahora toma una flor purpura y la acomoda en la trenza de Rahiat.

    - Mi madre me lo decía también - comenta el niño, mientras ve a Rija transfigurada en una dama de brillantes ojos purpúreos y cabellos cortos, rizados del mismo color, adornados con las flores blancas de tres pétalos.

    Despierta. Siente sus manos entumecidas, se ha dormido en ellas, siente también el blando cuerpo de Rija, que yace inerte. El calor del sol de medio día lo molesta, el cuerpo de ella ha comenzado a descomponerse.

    - A... adiós Rija, mi señora... ¡cómo quisiera enterrarme junto a ti! - murmura el niño al tiempo que dibuja un círculo y dos puntos en el suelo - Amno Tum Amno - dice seremonialmente poniendo sus manos a los lados del círculo.

    En un instante el suelo literalmente se trago el cuerpo de Rija Olidaet, la gobernante octava de la ciudad de Olit, a los cien años de haber nacido, y una rosa de blancos pétalos con rosío dorado nació en cuestión de minutos. El niño entonces se levantó y caminó sin rumbo, simplemente deseando alejarse de su natal Olit, cual zombie, ahora es un ser sin esperanza.
     
    Última edición: 2 Diciembre 2016
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    Ruriel

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    Hola Kurai, gracias por invitarme a leer tu historia. De verdad que me gusto, en realidad este tipo de historias son mis favoritas, espero que lo sigas y pongas mucho más desarrollo a la misma, fue un poco corto, pero obviamente al ser un comienzo esta bien, yo empece de la misma forma. Me gustará saber como lo continuas y que personajes van a aparecer a lo largo de tu fic. Te mando un beso compañera, sigue de esta forma que vas bien, hasta pronto.
     
  3.  
    maFFer susin

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    Kuraaaii-chaaaaan :3 perdon pero despuees de siglos vuelo, son como la marihuana: hierba mala nunca muere xDDD muajajajajaja como sea amiga, me gusto mucho tu escrito & opino q´lo deberias de continuar. No me gusto que haya estado tan cortio :/ pero bueno que se le hace :D

    DEBES continuarlo por favoor¡¡¡¡ ahora :D me gusto mucho casi no tienes errores y nme hace muy feliz saber q´te has animado a subir algo :D no te desepciones amiga & procura continuar ok? cualqier cosa a tus ordenes tu amiga:

    maphhh ♥
     
  4.  
    Verloren Sadasto

    Verloren Sadasto Entusiasta

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    Hola, disculpa la demora, jeje... bueno, a lo que venimos.
    El capítulo, a pesar de ser corto, deja varias interrogantes en el aire que espero ver resueltas en capítulos posteriores. Siento que posees un ritmo demasiado rápido de narrativa, por lo que te pediría hacer un mayor uso de las comas, y hubo un momento en que me perdí, entre el creer que la reina estaba muerta y de repente verla hablando de nuevo... no sé si me haya pasado sólo a mí.
    La propuesta se ve interesante, un libro original de mitología y guerras, espero que sepas manejarlo, confío en ello, pues tienes narrativa y sabes manejar las palabras.
    Saludos.
     
  5.  
    Hela Hyuga

    Hela Hyuga Guest

    Hola, espero que estes bien.
    Primero que nada dejame darte una disculpa porque hace tiempo me habias avisado y no pude leerlo, no te conosco pero me gustaria conversar contigo. Me ha dejado muy encantada tu historia. Espero que la continues muy pronto porque muero por saber como se va ha desenvolver.
    Gracias por invitarme, espero pasarme seguido por aqui.
    Saludos!!!!
     
  6.  
    Ghea Kurai

    Ghea Kurai Entusiasta

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    Han pasado dos días desde que los jinetes destruyeron Olit.

    Una caravana de carretas haladas por grandes escarabajos negros y personas a pie recorren un valle bastante accidentado, son los gitanos de este país, personas nómadas que recorrían el amplio territorio de lo que fué Lilihat. Un gigantesco nombre, calvo y de abundante barba negra, con algunas canas, camina al frente del grupo.


    - Abelito, este no es el camino, ¿qué pasa? – dice una voz infantil dentro de la curiosa carreta en forma de tomate.

    - Estamos camino a la región Roa… cerca de ciudad Armel - contesta muy serio.

    - Abelito, estaba pensando, en esos hombres a caba… caba-llo, que vimos camino a Olit ¿por ellos nos vamos allí? – vuelve a preguntar la misma vocecita.

    - Sí, ya no preguntes más mi pequeña. Debo estar atento al camino.

    - Dinos la verdad Jhorman, sabes algo, y lo escondes – dijo otra voz infantil, una niña pecosa saca su cabeza de la carreta, los cabellos rubios y rizados cubren la mitad de su rostro, ella despeja su cara y fija sus ojos ambarinos en la nuca del barbudo.

    - Acércate May - termina diciendo el hombre, que incomodo por la silenciosa insistencia de la niña le dice en secreto - La segunda ciudad más importante del país, Olit, ha caído, esos jinetes son enemigos de los que escapamos – responde susurrando al oído.


    La caravana siguió su camino. May guardaba la confesión que Jhorman le había hecho, su preocupación la hunde en un llanto silencioso, acaricia la cabezita de otra niña, menor que ella y que dormita sobre sus piernas. Afuera los mayores comentan en voz baja:

    - Estamos perdidos… el tiempo de la flor y el canto ha terminado – sentencia una anciana menuda con pocas arrugas y piel tostada, de cabellos grises trenzados.

    - No, algo debemos hacer, las flores no nos abandonaran – dice una mujer embarazada.

    - Hace mucho que no sabemos lo que es un guerrero, pues por el pacto con las flores, no han sido necesarios justicieros, ni tribunales, las únicas leyes que se cumplen eran las dictadas por la reina Liwilieth – Jhorman tenía razón, pero esto no era esperanza para nadie.

    - La señora Liwilieth aún lo más secreto sabe, pero hace doscientos años que nadie la ha visto. Sólo los miembros del Gran consejo saben de ella – dice la anciana.

    - Tú casi tienes doscientos años, ¿no es así abuela Mila? – dice Jhorman, más hablador que de costumbre.

    - No tengo tantos, apenas 25, je je… 125 y puedo decirte que vi muchas cosas, pero un guerrero, una guerra o una muerte violenta solo en libros antiguos, libros que ya hoy no existen - responde sonriente la anciana.



    A CONTINUACIÓN LAS LEYES Y LA HISTORIA GENERAL DE LILIHAT


    De las leyes de Lilihat:

    *
    Las flores serán consideradas como iguales a los ciudadanos, solo los “cultivadores” podrán utilizarlas y distribuirlas.

    **
    Ningún ciudadano deberá dejar el país de Lilihat pues será considerado una falta al pacto con las flores.

    * * *
    Las acciones que algún ciudadano o grupo realicen en contra de otros serán castigados siendo enviados inmediatamente a la región norte del país. En Lilihat no se roba, no se mata y no se puede dejar el trabajo a otros, todos deben hacer su parte.

    * * * *
    En cualquier conflicto entre los ciudadanos que no se pueda resolver de manera pacífica tendrá decisión la reina, que enviará a los concejales para informar y ejecutar la orden.


    De la historia de Lilihat:


    Se dice que la reina Liwilieth; al igual que todas sus predecesoras; estaba enterada de todo gracias a las flores, y que estas comunicaban a los concejales de sus decisiones acerca de cada persona en Lilihat, cada concejal estaba encargado de cierto número de regiones, cinco era el mínimo, el país tenía 120 regiones (comarcas). Las ciudades, que eran 5, Minire (al N), Armel (al S), Olit (al E), Atihan (al O) y la capital en el centro Lumenil, se contaban en el domino directo de la reina y sus sacerdotisas (posibles sucesoras).

    La mayoría de los ciudadanos estaban contentos con la vida en este país, pues a cambio de su obediencia y respeto, las flores les daban ciertos beneficios, vivían más tiempo y casi sin enfermedad, la vejez no tenía tantas complicaciones, las personas tenían también claridad de pensamiento y era muy raro que desarrollaran sentimientos negativos hacia otros, mucho menos acciones.

    Algunos de los cultivadores más sabios podían llegar a controlar la tierra, el agua y el viento gracias a los libros antiguos que fueron entregados como parte del pacto a la primera reina Tessa Eluhicamin , hace ya más de mil años. Desde entonces cuatro son las reinas, cada una gobernó 300 años, sin guerras ni grandes catástrofes. Hasta ahora.

    Ni las flores saben de donde llegaron los invasores, que para cuando destruyeron Olit ya habían arrasado con la capital Lumenil, con la ciudad de Athian y 87 regiones. No pudieron hacer frente a estos jinetes, eran rápidos, numerosos y despiadados. En las vastas praderas que rodeaban a Armel se veía la peregrinación de un puñado de sobrevivientes, huyendo de la masacre. Nada se sabía de la reina, quizá cautiva, o muerta, ni de las sacerdotisas, ni de la ciudad escondida de Minire.

    Minire, la ciudad del Norte era casi un mito, y digo casi porque aunque ninguna persona de esta ciudad era conocida y nadie había estado allí en cientos de años, cuando la reina dejaba el trono una sacerdotisa era enviada al Norte y otra regresaba a cumplir el destino de las elegidas.
     
    Última edición: 2 Diciembre 2016
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    Ghea Kurai

    Ghea Kurai Entusiasta

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    Una diminuta sombra se deslizaba entre los durmientes, sus pequeños pies apenas hacían ruido y la negrura de la noche sin luna era una cómplice perfecta. Por fin se aleja lo suficiente del campamento de la caravana y corre en línea recta a través de un delgado sendero montaña arriba.

    Momentos después, de vuelta en la caravana.


    - Ro, no muevas tu ¿cola? Pelusa - dice May en la oscuridad al tocar al gato – ¿pero dónde está Ro? – se levanta de su lecho y sale de la carreta.

    Camina por el campamento y llama a media voz a su amiga, pero nada más que ronquidos puede oír, entonces, gracias a su privilegiada vista, distingue a la pequeña sombra subiendo la montaña al pie de la que estaban descansando. May es una niña de 10 años, pero con una experiencia que supera su corta edad, es una de las pocas niñas que perdió a sus padres siendo aún una bebé, en un país casi sin huérfanos, ella tuvo que aprender a serlo. Así, con la determinación que la caracterizaba, se fue tras la sombra, ya muy cerca de ella escuchó la voz de su amiga cantando una extraña canción, cosa curiosa, no se equivocaba en las palabras:


    Algo se escucha

    allá entre las flores.

    Todos olvidan.


    El vasto tiempo

    ya no es otra cosa

    que fragancia dulce.


    Será la vida

    un bello sueño fugaz

    para Lilihat.


    Calla, secreto.

    en silencio sagrado.

    Música sabia.


    El ave Li canta

    sus últimas notas.

    ¿Nadie la oye?

    Ya habían llegado a la cima de la montaña cuando May alcanza a la pequeña sombra, casi sin aliento para llamarla la agarra por el hombro y la voltea.


    - Rosa… no… no te alejes así… ¡uff! a dónde vas… - le reclama la agotada rubia, apenas puede distinguir a su pequeña amiga vestida con un pijama azul oscuro.

    - ¡May…! – responde la nena sorprendida – es que… no sé… pero algo me hizo a salir y buscad, yo… yo… tengo prezentimento, como si tuviera que encontame con alguien. – responde Rosa, y desde la oscuridad sus brillantes ojos negros brillaban reflejando la poca luz de las estrellas.

    - Rosa… no bromees así, me asustas, volvamos. – resuelve May halando a Rosa devuelta, pendiente abajo. – Debí despertar a Jhorman.

    - No… ven May, confía en Roza. – esta vez la pequeña tiene un tono muy serio y apremiante, se paró firme y arreglo su gorrito de dormir.



    Rosa tenía apenas 5 años, es ya una gran proeza que haya llegado a la cima de una montaña, tenía convicción en sus palabras, y aunque era traviesa, no hacía este tipo de cosas, por lo que May decide acompañarla, con la condición de regresar antes del amanecer. Caminaron y caminaron hasta descender al otro lado de la montaña, que era parte de la cadena de montañas Allum, que hacían un límite natural entre los territorios de Lumenil, Olit y Armel, divisaron las inmensas planicies verdes de Olit, parecían infinitas. El cielo se iluminaba con la luz del alba y May ya se quería regresar, pero Rosa se le escapaba y corría veloz.


    - No más, yo volveré sola – amenaza la agotada rubia y pensaba “no puedo creer que no esté cansada, pero que fuerza misteriosa es la que la llama… ¿y si es algo malo?”.

    - Etamos zerca, ven – afirma la pequeña, acomodando el gorro de dormir, que ya le empezaba a molestar.


    May se resigna y la sigue. Un poco más adelante encuentran un pequeño cuerpo lleno de polvo blanco y tierra, sus ropas estaban tan sucias que casi se confundían con la tierra.


    - May, una pesona… ¿eztá muerto? – la pequeña Rosa se esconde detrás de May, que se acerca para ver mejor el hallazgo.

    - ¡Por Liwilieth! Sus ropas… ¡es una sacerdotisa! Ros… ella te debió haber llamado – exclama la sorprendida May mientras su amiga se quita el gorro y descubre al viento su cabellera plateada.

    - No sabía que podían hace eso - responde Rosa y limpia el rostro de la sacerdotisa con su gorro – está viva, respira. Y está muy sucia ¿Cómo harémos pa llévala?

    - Llevarla. – corrige, y después reflexionar - Déjamela a mí está muy delgada, no debe pesar mucho… ¡Ros! este símbolo es de Olit – dice tratando de disimular “tal vez la siguieron y esos jinetes andan cerca” piensa y mira a lo lejos, esperando poder distinguir el peligro, nada.

    May está nerviosa, el símbolo bordado en la camisa le recuerda lo dicho por Jhorman y se apresura en cargar a la sacerdotisa. Además de ser muy sagaz; es muy fuerte físicamente, y más si se siente amenazada. Corren hasta llegar a la montaña que temprano habían descendido, allí se esconden entre unas grandes rocas para descansar.

    - Tengo hambe, May… iré po algunas fores – Rosa no da tiempo de responder a la rubia y se va.

    - Espera Rosa, aún es peligroso – regaña May y la sigue.


    Vuelven a su escondite con algunas flores y a lo lejos se escuchan los truenos de una tormenta.


    - Y ahora va ha llover… que buena suerte – dice irónica May.

    - Decansemos un poco, antes de vover – Rosa mordisqueaba una florecilla violeta, después de un rato de observar detenidamente a la sacerdotisa, pregunta – ¿Qué sabes de las sace… sace… sacedotizas?

    - Sacerdotisas – corrige May - son importantes – responde algo triste la pecosa – y lo sé todo de ellas, casi fuí una.

    - May… ¿tu una sa… cer-do-ti-za? apena tiene 10 años.- dice incrédula la niña

    - Mira, las sacerdotisas empiezan desde los 7 años, basta con que una niña quiera ser reina algún día, claro que es largo camino para lograrlo y debe hacer un gran sacrificio.

    - Así que sacrifizio ¿Cuád?¿Po eso no fuiste sacedotisa como ella?

    - No lo sé, creo que no todos los deseos se cumplen – después de una larga pausa agrega – pero ahora estoy contigo, con los gitanos.


    Rosa no dice nada, y continua comiéndose su flor, May se sume en sus recuerdos, de niña, borrosos. Sabía que Gamael, su padre, era el hermano de una sacerdotisa y que esta era su única familia con vida, pero claro, el gran sacrificio al que se refería implicaba que las sacerdotisas renuncian a la familia. Estos personajes llenos del misticismo representaban el poder de la reina, y debían recorrer un largo camino antes de que alguna fuera escogida… ¿Qué sería de su tía?


    ACLARACIÓN SOBRE LAS MUJERES QUE LIDERABAN AL PUEBLO DE LILIHAT

    De las sacerdotisas de Lilihat:

    * Abandonaban a sus familias y hacían votos de castidad para estudiar en la AMN (Academia Madre Natura), un gran palacio que se levantaba imponente en las afueras de la capital; de donde solo salían si renunciaban a ser sacerdotisas. Las que lograban graduarse recibían el don de la juventud, no envejecerían.

    **
    Después de estudiar durante 20 años a la nueva sacerdotisa le era encomendado el cuidado de una de las regiones. A menos que fuera una de las cinco elegidas para reina.

    *** Las sacerdotisas ascendían al círculo de la Flor Imperial y se retiraban a vivir al Templo de los pétalos cuando una nueva sacerdotisa la reemplazaba en su función de guía de una de las regiones.

    ****
    Sólo las 5 elegidas como candidatas a reina eran encargadas de regir en las ciudades junto a las otras elegidas de años anteriores, hasta la víspera del final del reinado, entonces serían introducidas en la parte superior del Templo de los pétalos, donde aguardaban a que una de ellas fuera coronada reina al día siguiente por su predecesora, las demás desaparecían.



    Ya pasado el medio día llegan al campamento donde Jhorman las recibe aliviado y enojado, sonriente y rojo echando chispas de enojo por los ojos. Las niñas, asustadas y tímidas le explicaron cómo pudieron su hallazgo.

    - Abelito May me dijo que no, ella solo me ayudo, yo tenía que encontrad la sacedotisa, no podía dejala… - apenas pudo decir Rosa, y se puso a llorar.

    - Jhorman.. ejem… señor Jhorman… yo tampoco sé cómo explicar esto, pero…no corrimos ningún peligro, nadie nos vió… y yo estuve pendiente de su nieta… y… y - May tragaba saliva, trataba de no llorar y aún tenía a la sacerdotisa cargada en su espalda.

    - Ya es suficiente - interrumpe el anciano – casi todos los hombres salieron a buscarlas, ahora debemos esperarlos. – muy serio se inclinó a ver a la niña sacerdotisa aún inconsciente – Mila… abuela Mila, por favor atienda a la pequeña.

    - Vamos, vamos, viejo gitano tu corazón debe florecer nuevamente, en esta pequeña puede estar la respuesta a nuestra angustiante situación. No por nada las flores la salvaron – replicó la anciana. – May, tráeme a la pequeña sacerdotisa.

    - Sí señora – dijo la agotada rubia y siguió a la menuda anciana con su carga.

    Una vez dentro de la tienda de Mila, la sabia mujer revisó a su paciente, ninguna herida encontró, solo pequeños golpes, nada importante. Pero no se animaba a quitarle el precioso uniforme, muchos mitos y creencias se tejían alrededor de estas prendas que se decía que las sacerdotisas nunca se las quitaban pues eran parte de su cuerpo y estaban hechas de pura vida.

    - No despierta… ¿seguro no está muerta? – dicen al unísono Ros y May, que no se habían separado de la entrada de la tienda de abuela Mila.

    - Esta viva, pero no quiere estarlo, quiere secarse, como flor que se arranca descuidadamente – sentencia la anciana que palpaba el cuerpecito buscando alguna herida.

    - ¿Por qué no la regamos? – propone Rosa.

    Después de un silencio de reflexión… Mila manda traer agua y flores para sumergir en una gran tina a su paciente. Apenas unos segundos pasaron estando bajo el agua llena de flores cuando la sacerdotisa finalmente despertó. Y debajo del agua miraba las figuras de los curiosos gitanos deslumbrados por el profundo azul de sus ojos. De sus cabellos se desprendió el polvo y tierra, dejando ver su color natural, un rubio dorado, su piel era clara.

    - Ya es mucho tiempo ¿Se quedará ahí? – pregunta uno de los gitanos.

    - Creo que no aguantará más tiempo…


    Y ni bien dijo esto la anciana, la sacerdotisa repentinamente salió del agua tomando una bocanada de aire, asustando a todos los que rodeaban la tina de madera.
     
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    Ghea Kurai

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    Ni una palabra decía, ninguna persona lograba arrancarle alguna emoción, alguna sonrisa, los gitanos estaban frustrados. Desde que la encontraron hace una semana solo malas noticias les llegaban, y la caravana se hacía más y más grande, los nuevos integrantes eran sobrevivientes que encontraban en el camino. Ciudad Armel y las regiones circundantes habían caído.

    La caravana había marchado sin rumbo entre las montañas, y sentimientos extraños, desconocidos se criaban en los corazones y mentes de los gitanos y los sobrevivientes. Estando establecidos en la rivera del Río Armel se realizó una asamblea donde los representantes de ambos grupos, debían decidir qué hacer antes de ser descubiertos por el ejercito enemigo.

    - Vamos al Norte – decía Jhorman a los sobrevivientes en representación de su gente, sus ropas eran distintas, se había ataviado muy elegante, y un pendiente dorado brillaba en su oreja derecha, símbolo de su autoridad.

    - Nos abandonan entonces, nosotros no iremos a esas tierras; son para los que reciben el castigo de la reina, esas regiones no tienen flores, no tienen esperanza, solo hielo y muerte – respondía un hombre alto y delgado vestido de uniforme, chaqueta negra con botones dorados y pantalones abombados del mismo color.

    - No hay más opción que ir a la ciudad de hielo Mínire, hasta allá no nos seguirán – respondía el jefe gitano, levantándose ante él, imponente, cerro los puños y continuó diciendo – Es la única ciudad que queda de nuestra amada Lilihat.

    - Señor Lemental Tistro – dijo la anciana gitana dirigiéndose al hombre alto y delgado - concejal de la región Roa… la reina, las leyes… las flores tampoco crecen ya aquí – Mila, hablaba con la verdad, pero esta era tan dura que nadie quería escucharla. – Esa es la mejor opción, a menos que la reina haya comunicado alguna cosa ¿sabe usted algo de la señora Liwilieth?

    Lemental callaba. Nada se supo de la reina, se rumoraba que el Templo de los pétalos era lo único que los jinetes habían respetado y que quizá la reina estaba refugiada ahí, pues de ciudad Lumenil no había quedado más que polvo, ni siquiera el Palacio de las cuatro estaciones donde habitaba la reina había sobrevivido.

    - Muy bien gitanos, si logran que la sacerdotisa hable, los seguiremos al Norte, pues solo ella sabrá decirnos si aún podremos encontrar a la mítica ciudad escondida, de lo contrario iremos a Lumenil, al templo, a buscar a nuestra reina – sentenció el concejal.

    - Así sea – responde Jhorman y sale en busca de su nieta y la sacerdotisa.

    Rosa le dio el nombre de Amapola a la sacerdotisa, a quien manejaba como muñeca, pues esta no ofrecía resistencia a nada de lo que Rosa le hacía, por ello May se encargaba de limitar los juegos de su amiga vigilando que no se sobrepasara con sus travesuras, como cuando Rosa trato de hacerla comer y como la sacerdotisa no abría la boca rosa llenó de miel el rostro de Amapola y el escarabajo gigante que jalaba la carreta de Jhorman se puso a lamerle el rostro. Cuando el abuelo llegó a buscar a la sacerdotisa Rosa no estuvo muy contenta, además su abuelo le había anunciado que desde ahora la sacerdotisa debía servir de guía a la caravana.

    - Abelito, Amapola no habla, no hace nada ¿cómo guia tu careta? – replicaba la niña.

    - Es verdad que no habla, pero lo hará… es cuestión de tiempo y paciencia – Jhorman en serio era positivo al decir esto – mi pequeña Rosa, entiende que tu abuelo como jefe gitano no puede dejar a su gente a su suerte, y si rosa puede guiarnos a una esperanza…

    - Esta bien – dijo a regañadientes la nena.

    Amapola fue llevada con la anciana Mila, que nada conseguía de la pequeña, pasaban los días y la situación entre gitanos y sobrevivientes se tensaba mucho más. Las flores y raciones de miel eran escasos, los cultivadores no se daban abasto, y la indecisión de sus líderes desesperaba a muchos de los sobrevivientes, cuyos corazones estaban invadidos de miedo, del recuerdo de los jinetes destruyendo sus hogares.

    Después de dos semanas de lecciones sin resultados Mila dejó que Rosa y May se llevaran a su alumna para descansar de su labor educativa.

    - Ros no pintes su rostro.

    - May… ella está bien… solo jugamo.

    - Por cierto Ros… ¿recuerdas qué estabas cantando esa noche?

    - ¿Cuál noche? – respondió Rosa sin dejar de pintar a la pobre Amapola.

    - La noche que saliste a buscarla… ¿dónde aprendiste esa canción?

    - ¡Ah! Sí la canción… no sé de donde apendí… no recuedo.

    - Yo también he pensado mucho en esa canción, pero no recuerdo bien la letra, cántamela.


    Algo se escucha,

    allá entre las flores.

    Todos olvidan.


    El vasto tiempo

    ya no es otra cosa

    que fragancia dulce.


    Será la vida

    un dulce sueño fugaz

    para Lilihat.


    Calla, secreto.

    en silencio sagrado

    Música sabia.


    El ave Li canta

    sus últimas notas.

    ¿nada se oye?


    Cuando Rosa llegó a esta última estrofa pasó algo que sorprendió a las dos niñas, Amapola continuó el cántico, su voz era profuda y melodiosa, llena de emoción y dolo.


    Hoy no sería

    invierno ni verano.

    Sin la promesa.


    Hoy no reirían

    sin el compromiso.

    Nada extrañan.


    Desde aquel día

    no se ha movido

    ningún pecado.


    Lilihat bella

    la eterna aurora.

    Alguien lo sabe.


    Su ociosa espada

    sueña con nuestra sangre.

    Desierto será.


    Amapola miraba fijamente las florecillas blancas en el suelo, May y Rosa pedían que cante otra vez, pero ella no hacía caso, entonces Rosa se puso a cantar la primera parte otra vez y May también, Amapola continuó y cantaron una y otra vez. Mila oyó la dulce voz, y las misteriosas palabras de la canción inquietaron su sabio corazón, llamó a Jhorman y este su vez llamó a Lemental para escuchar a las tres niñas cantar. Escondidos anotaban la letra, cuando ya creían tener todo, Amapola cantó una parte nueva, el final de la canción.


    El ave Li canta

    sus últimas notas.

    ¿nada se oye?


    Ésta en la mano

    de los que guerra traen.

    Es ave traidora.


    ¿Es tú imperio

    esa luz que se apaga?

    Nadie nos llora.


    Bajo la luna

    la sombra se alarga

    es una sola.


    Sobre sus muertes

    reirá aquella sombra.

    Todo marchitó.


    Ave solloza

    ¿arrepentida mira?

    No puede trinar.


    Cuelga ahora

    el último pétalo.

    de Essellohar.


    Lemental comprendió en seguida que aquello no era una simple canción, era una profecía, las niñas callaron largo rato. Los grillos eran los únicos que se escuchaban a lo lejos.

    Al día siguiente May le dijo a Jhorman y Mila que la sacerdotisa había cantado con ellas y le confesaron que habían oído todo.


    - Qué haremos ahora, en ese canto… está sentenciado nuestro destino – comentó el hombre, cuyas enormes manos trataban de ordenar los siempre despeinados cabellos de May.

    - Creo que sé de dónde sacó el canto Amapola – dice Lemental que acaba de llegar con un desconocido.

    - Lemental quién es él ¿otro sobreviviente? – pregunta Mila examinando al joven que hizo una graciosa reverencia ante los dos ancianos.

    - Buenos días, soy un cultivador, mi nombre es Remi, Remi Vila – responde el hombre moreno, era musculoso y de talla respetable.

    - Remi, lo encontré caminando cerca de aquí, la comarca donde él vive está a salvo todavía. Le comente de la canción y aunque no la conoce tiene un libro en la que puede estar escrita.

    - ¿Cómo afirma eso si no ha escuchado la canción antes? – inquiere May.

    - El libro es de cánticos antiguos, y como cultivador he estado trabajando en traducirlo, aunque ha sido una tarea difícil, casi inútil, logré descifrar el título de una de las canciones: Nnelnegurai Liliharem ja Esselloharem, que quiere decir ”Hado de la tierra que florece y la tierra del gran lamento”.

    - Todavía no es clara la relación – el viejo gitano nada sabe de los conocimientos y palabras mágicas de las flores, igual que la mayoría de los habitantes de Lilihat.

    - El nombre de nuestro país, Lilihat, significa “país que florece”, sin embargo, por la actual situación los cultivadores lo llamamos Essellohar, “país del gran lamento”. La canción que cantó la sacerdotisa puede ser la que está en el libro, si ella puede leer el resto de los cánticos tal vez podamos saber qué hacer, las flores nos guían de esta forma.

    - Las canciones antiguas ya han sido olvidadas – replica Mila que hasta entonces había permanecido callada – cuando aún era una niña la reina Liwilieth las prohibió incluso a las sacerdotisas. Los libros que contenían cántos y profesías fueron olvidados dentro del palacio, ¿cómo puede usted tener alguno? Si la reina todo lo sabe.

    - Veo que usted es de aquellos tiempos, pues si bien fueron olvidados, el que tengo no fue entregado por las flores, fue escrito por un anciano cultivador de mi pueblo hace cientos de años, aunque nadie recuerda su nombre, decían que este hombre tenía visiones del futuro.

    - Ya veo, entonces no es un libro sagrado, pero entonces… ¿cómo llego a saber de esta canción la sacerdotisa? – Mila estaba verdaderamente confundida.

    - Eso es un misterio, pero quizá todo sea parte del designio de las flores, tal vez esta es su manera de protegernos. – responde el joven.

    Cuando salen de la tienda de Mila dan la noticia a todos para recoger el campamento y mudarse a la comarca de Remi.
     
    Última edición: 2 Diciembre 2016

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