7° Entrada de Blog: Olvidé lo que me llevó a investigar

Publicado por Mi Luzhao en el blog El manto que se iluminó con melancolía. Vistas: 25

Día a día, a veces semana a semana, en otras ocasiones mes a mes, incluso tarde año a año repaso aquel pasado.

Como cualquier otro he llorado, como cualquier otra he reído. Como cualquier persona, he tenido conflictos.

Y, sin afán en detalles, fui consciente hace relativamente poco de un error obvio, pero que podría ser más grave de lo que creo. Un error que va en contra a esa voluntad pueril cuando la adolescencia era apenas un tema en mi día a día, pero los problemas ya estaban cargados de angustia.

Cargados de salud, cargados de incertidumbre, cargados del suspiro de señales mortíferas y, por fortuna, que nunca terminaron por cobrar esa muerte.

En esa época en que desconocía ciertas cosas del mundo, varías, incluido el cómo vivir; pero a la vez dislumbré recovecos que, ahora sé, no me hubiera gustado vivir a tan tierna edad.

Pero no es un mal inicio, es un malestar que padecí junto a un montón de otros.

Un mal que, tal vez, quien lee también padeció, estuviera en la posición que estuviera.

Frente a la adversidad de lo frágil que se siente la vida cuando la enfermedad, la adversidad y, sobre todo, la ignorancia (sea intelectual, emocional, incluso espiritual, si aún creemos en un espíritu que salvar) acechan en cada rincón, en variedad de decisiones, filtrando nuestro mundo a través de la angustia, el pánico y, otra vez, la incertidumbre, recuerdo prometerme algo.

¿Era una promesa, o era un anhelo? Que tierna la sensación del infante que siente tener las posibilidades en sus manos, solo falta adquirirlas en el tiempo por delante que les queda al crecer.

Tiempo que sentimos más angosto día con día, como si la vida fuera un suspiro.

Aun con todo eso, para no desviarme del meollo de este asunto:

Prometí aprender, investigar, educarme con el afán de comprender al otro, y así no temerle.

Más en el proceso usé ese conocimiento adquirido, y ni siquiera bien adquirido, para juzgar, criticar y encapsular a otros en un valor del cual ni siquiera tenía autoridad de impartir.

Entendí que, pasados los años, mi conocimiento ya no buscaba entender. Que si, entendía alguna que otra cosa, pero ese conocimiento que adquirí se usó para juzgar, más no entender.

Se usó de mala manera, de una manera que me desagrada tanto como cuando leo personas en internet deseando que todos esos 'enfermos mentales' terminen en un manicomio.

Como si los centros psiquiátricos fueran una cárcel para padecientes, más no un centro de rehabilitación. Rehabilitación que toda persona que padece merece.

No tengo autoridad para decir quien tiene cuál o qué cosa, porque hay personas que se han quemado pestañas para tenerla. E incluso si la tuviera, de todas formas obré contra el deseo de aquella infancia, porque la usé desde el rencor, es lo que veo.

Desde el dolor, si se quiere ver.

Y no me parece bien. Una vez más, asocié todo lo que me parecía mal a un solo 'arquetipo', pues lo que hice no tenía nada de real diagnóstico, que al final del día hace más mal que bien, sobre todo para las personas realmente padecientes de esas condiciones adversas que día a día se enfrentan a un mundo que las mira como centro del mal.

Como un agujero negro, donde quien orbita a su alrededor son víctimas de todo lo que hagan.

Y yo no quiero creer que sea así.

Quiero entender qué hay detrás, quiero creer que hay oportunidad, quiero creer que algo con lo que no elegimos nacer, con lo que no elegimos vivir, es capaz de integrarse de buena forma en sociedad.

Puede ser ingenuo pensar que si investigamos más, que si debatimos más, encontraremos una solución.

El tema es que a veces esa solución consiste en cerrar la boca al menos una vez y escuchar la totalidad de lo que el otro diga. Desde lo más agradable y luminoso, hasta lo más oscuro y retorcido.

¿Podremos encontrar ahí una manera de ver cómo crear un mapa a la competencia?

No la competencia de ser uno mejores a otros, unos superiores a otros.

La competencia de ser capaces de competir contra la adversidad, contra el homicidio, contra la imprudencia, contra la ignorancia, contra la indignidad.

El conocimiento, se dice, ilumina. No sé dónde lo leí, ni dónde lo aprendí, pero es algo que no se me ocurrió a mí, sino que es reflejo de todas las cosas que me ha tocado leer, escuchar y ver.

El conocimiento ilumina, y si usas ese conocimiento para oscurecer a otro o a ti mismo, entonces no estamos hablando de conocimiento.

Estamos hablando de desprecio, creo que podría ser eso.

Donde lo que apreciábamos nos nubla lo que nos hizo dejar de apreciarlo.

En fin, me vi en una interrupción en mi vida, tras la pantalla, tras el teclado, que me desvió de cualquier otra linea de reflexión que viniera meditando, por lo que esto llega hasta acá.

Que tengan buen por venir y nunca se culpen por reflexionar. Más sepan que cualquier cosa en exceso puede llevarnos a una angustia mayor de la que resuelve la misma reflexión.

18:41:50 - 19:23:??
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