Romántico The distance between Us.

Tema en 'Novelas' iniciado por Tarsis, 16 Mayo 2019.

  1.  
    Tarsis

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    140
    Again yo con otra de mías ideas que tal vez no concluya. (?




    Sinopsis.


    Katherine.
    Una vez basta para hacerte acelerar el corazón, y también para romperlo en mil pedazos. Siempre queremos que las cosas buenas se multipliquen y que las malas desaparezcan, pero la verdad es que la vida no es justa. Mucho menos el amor, y mas si fuiste tú que llegaste tarde.


    Nickolas.
    Una vez es suficiente para confundirte el corazón, el alma, la mente. No necesitas conocer a alguien de toda la vida para enamorarte, sólo pasa y te arrastra como un huracán en el proceso. Y luego de eso… sólo quedan llantos y lamentos.
     
    Última edición: 16 Mayo 2019
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    Tarsis

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    Capítulo I.





    Tomó la tarjeta luego de pagar, le dio un sorbo a su caliente y humeante chocolate deleitándose en el olor. Era un día como cualquier otro, el aeropuerto estaba particularmente vacío, posiblemente por la hora. Ya afuera comenzaba a oscurecer y la mayoría de los vuelos habían salido por hoy, uno que otro hacia europa aún estaban chequeando pasajeros.


    —Sorry, can you help me? —La voz masculina la hizo detenerse a mitad del enorme pasillo. Lo observó por unos segundos, pulcramente vestido en un traje hecho a la medida y con la maleta en una de sus manos.


    Extranjero.


    —Sure. What can I do for you? —Le contestó en inglés. Esperaba no se alargara mucho la conversación, la verdad es que su inglés estaba algo oxidado, hace años que no hablaba con nadie.


    —Necesito un taxi —Le requirió educadamente en inglés. Por un segundo dudó en si debía ayudarlo no, siempre veía esos programas de aeropuertos peligrosos, pasajeros pidiendo ayuda sólo para luego dejarle drogas o cosas para inculparlos. Pero sinceramente, era imposible relacionar al hombre frente a ella con algún tipo de contrabandista, ladrón o drogadicto. No sólo por la ropa, sino por su rostro y porte. Aparte de tener una voz exquisita, su rostro era precioso. No era ningún niño, era un hombre bien entrado en edad, quizás unos 36, le calculó por encima.


    —Afuera pasan —respondió, señalando las puertas automáticas que daban a la vía principal.


    —Me han dicho que es peligroso éste aeropuerto.


    Ella asintió y volvió a mirarlo de arriba abajo, esto lo hizo reír.


    —Lo siento —. Se disculpó por su indiscreción.


    —No se preocupe, creo que voy demasiado vestido —dijo con una sonrisa.


    —No le pasará nada si toma un taxi afuera, pero no creo que hablen inglés. También puede dirigirse allá —Le señáló uno de los locales que decía Rent a Car a unos 100 metros de ellos—, también ofrecen servicio de taxi ejecutivo y deben hablar inglés.


    —¿Le importaría venir conmigo en caso de que no hablen inglés? Le pagaré por supuesto, por las molestias que se está tomando —. Se apresuró a aclarar, ella negó rápidamente a su vez.


    —No hace falta, y claro, vamos.


    Caminaron hacia el local, donde una morena lo atendió rápidamente en perfecto inglés. Katherine le dio una media sonrisa y se retiró. Ya había sobrepasado su tiempo de descanso. Volvió a la tienda terminándose el chocolate de un solo trago, ya se había enfriado.


    Al menos había pasado algo diferente en su día.


    .

    .

    .


    Aquello sinceramente comenzaba a desesperarle enormemente. Al menos el 80% de las personas con las que se topaba no entendían inglés y la verdad, es que debía aceptar su ineficiencia en ese campo, lo único que podría decir correctamente en español es “Hola” y ni eso podría decirlo sin acento americano. Con todos los problemas actuales del país, la persona que atendía éstas oficinas había decidido trasladarse permanentemente con su familia a usa y por problemas de legalidad, mientras hacían los trámites para la residencia no podían abandonar el país. Por eso se encontraba él allí, no era la primera vez que visitaba Venezuela, pero sí la primera vez que lo hacía solo.


    Nunca pensó en todos los inconvenientes que su incapacidad de comunicación le traía, dependía totalmente de aquellas personas que sí podían entenderlo.


    La semana se le había pasado en un abrir y cerrar de ojos y sinceramente, sentía que no había avanzado ni un poco.


    Hace años más de 10 años que había logrado fundar su pequeña empresa comercializadora de equipos informáticos, especialmente para pequeñas empresas. Había empezado con un pequeño local en su propia ciudad, y con el paso de los años había logrado extenderse a otros cuatro países. Quizás no nadase en dinero como Donald Trump, pero realmente tenía una vida completamente holgada y bastante confortable.

    Tenía que pensar una solución a éste asunto apenas regresase a Nueva York. Y con ese último pensamiento, cayó completamente dormido en la comodidad de la cama del hotel.
     
    Última edición: 18 Mayo 2019
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    Oh, no sé si me equivoque pero este era uno que tenías guardado hace un tiempo que me mostraste por chat. Recuerdo lo de las maletas y un aeropuerto. Es enternecedor el prólogo. Katherine se ve como una persona amable y noble, Nikolas como un enamorado empedernido. Esperaré la continuación Tars <3
     
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    Tarsis

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    1058
    Capítulo II.



    Dejó escapar el aire un poco exasperado. Su vuelo estaba demorado y sinceramente, estaba un poco cansado de estar acá. No tenía dinero en bolívares, no entendía ése estúpido cambio de moneda. De verdad que ésa economía estaba enferma y que no eran exageraciones de la prensa. Dos escasas semanas en ese país y ya quería salir corriendo. Aún no había contratado a nadie para ayudarlo con algunas cosas que estaba dejando pendientes.


    El largo y ondulado cabello captó inmediatamente su atención. No lo confundiría, su cabello parecía ser caramelo fundido. Hermoso, brillante, largo. Una preciosidad de cabellera, se mordió el labio indeciso, mientras la observaba pedir en Chips Cooks. Se levantó, y se detuvo al estar detrás de ella.


    —Buenas tardes —saludó educado, ella se sobresaltó, volteandose de golpe hacia él. El olor tenue de su cabello llenó sus sentidos. Pero lo ignoró, colocándolo en un rincón aparte.


    —Buenas tardes —contestó aún un poco sobresaltada.


    —¿Me recuerdas? —inquirió un poco incómodo. Usualmente no iba por la vida saludando a personas con las que no había hablado más de una vez y algo tan escaso como lo que compartieron, no la culparía si le respondía que no lo recordaba.


    —El americano del taxi —La chica asintió y sonrió vagamente.


    Su descripción le hizo sonreír.


    —Sí, ese mismo —convino divertido.


    La chica volteó su atención al cajero que le estaba pidiendo sus datos, pero Nickolas se adelantó y colocó un billete de cinco dólares sobre la mano del joven que estaba esperando el pago.


    —Déjame pagarte el favor que me hiciste —repuso con tranquilidad, ella se mordió el labio visiblemente incómoda pero no protestó. “Gracias” agradeció dispuesta a marcharse, pero la agarró del brazo deteniéndola. Rápidamente la soltó sabiendo que había traspasado los límites para un desconocido, así que se llevó las manos a los bolsillos.


    —¿Podrías hacerme un último favor?

    Ella se quedó viéndolo con esos enormes ojos castaños, esperando que hablara.


    —¿Puedes sentarte o estás ocupada? No quiero incomodarte.


    —Estoy en mi hora de descanso.


    Nockolas asintió, y se sentó en una de las mesas vacías frente a ellos. Ella lo imitó con una mirada precavida en sus ojos, sentándose frente a él.


    —Me llamo Nickolas —Se presentó luego de unos minutos de incómodo silencio entre ambos.


    —Katherine.


    Tenía nombre de reina, fue el primer pensamiento que cruzó su mente, pero se aseguró de dejarlo allí, en sus pensamientos. Ya esto estaba resultando lo suficientemente extraño e inconfortable sin él diciendo cosas fuera de lugar.


    —Realmente he pasado un infierno éstas dos semanas aquí, no comprendo nada de su sistema monetario, no sé donde queda nada aquí, y la mayoría de las personas no haya inglés de forma fluída. Y yo la verdad, no sé ni una palabra de español. Tengo una empresa aquí y la verdad, tengo algunas cosas pendientes aún, así que debo volver a principios del próximo mes. Y el punto de decirte todo esto es, que me gustaría preguntarte, si estarías dispuesta a aceptar un trabajo a distancia. —Propuso luego de hablar sin detenerse ni un minuto a agarrar aire.


    —Ya tengo un trabajo —respondió automáticamente.


    —Lo sé, lo sé. Pero sólo necesito a alguien a tiempo parcial. Para que me coordine los taxis para mis próximos vuelos, se encargue de hacerme el cambio de moneda y también de hablar por mí con algunas personas. Obviamente te pagaría muy bien y en dólares en efectivo, dado que la verdad no tengo idea de cómo hacer para pagarte de otra forma, ese es uno de los dilemas legales que vine a intentar resolver.


    Katherine se mordió el labio inferior pensativa, procesando toda la explicación completamente convincente que él acaba de darle.


    —¿Por favor? —presionó.


    —No lo conozco —señaló.


    —Ni yo a usted, la verdad. Pero sé juzgar a la gente y definitivamente, no creo que me esté equivocando a depositar mi confianza en ti. Pero, de igual forma, es algo en lo que no estaré cerca de usted, todo se lo podría indicar por teléfono o correo, y por supuesto pagarle por adelantado si gusta, realmente serían unas escasas horas que tendría que dedicarle a la semana. —Se explayó en su argumento buscando convencerla de una forma u otra. Ella permaneció en silencio, aún indecisa—. Mire Katherine, hagamos esto. Le dejaré mi correo electrónico y mi número de teléfono, piénselo unos días y me envía su respuesta, sea negativa o positiva.


    Tomó una de sus tarjetas de presentación de su billetera, mientras escuchaba como llamaban su vuelo por los auriculares de la feria. Le entregó la tarjeta, mientras le sonreía.


    —Ha sido un placer conocerla señorita, pero están llamando mi vuelo. Espero su correo. —Se despidió.


    —El placer ha sido mío —Le sonrió, mientras giraba de forma nerviosa entre sus dedos la elegante tarjeta.


    Sin nada más que decir, se giró en dirección a la puerta de embarque.


    .

    .

    .


    —Yo en tu lugar lo haría.


    Katherine no le respondió nada a su prima. Ya había pasado una semana y aún estaba dudando. Mantener contacto con un perfecto desconocido que te aborda de esa forma para ofrecerte un trabajo sin conocerte no le parecía un movimiento inteligente. ¿Y si lo que quería era robarle información? ¿Aprovecharse de ella de alguna forma? ¿Quizás pagarle con dólares falsos?


    —Deja de sobre pensarlo, Kat. —Vanessa se dejó caer a su lado en la cama arrancándole la tarjeta de la mano—. Nickolas Bold. Incluso su nombre suena bien, y si es tan impresionante como dijiste…


    Katherine recuperó su tarjeta, sentándose sobre el colchón irritada.


    —Por eso mismo es que se me hace extraño. —Replicó recordando a ese hombre, sus ojos, su porte, incluso su olor.


    —¿No puede sentirse perdido? Es decir, no te dijo algo que no fuese cierto, es difícil encontrar personas que hablen inglés, y tú lo ayudaste en su momento. No veo nada extraño y tampoco veo que tengas nada que perder.


    Agarró su teléfono y abrió el gmail. Quizás no fuese algo que la convenciera por completo, pero la verdad, es que necesitaba la entrada extra y si se daba de verdad, sería como tener una pequeña mina de oro.


    “Buenas tardes,


    Le habla Katherine, me gustaría aceptar el trabajo.


    Atenta a sus comentarios,


    Saludos.”
     
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    GUUUUUUUUUUURL


    Leí la sinopsis y como, que de cierta forma me hizo un poco de click. Digamos que, comprendo bastante bien ese sentimiento de corazón roto, de cómo pasa y te arrastra...

    En fin, la verdaaaaaaad es que soy re cursi xD... no puedo evitar hacer así como "ajhsgagsffg" cuando leo cosas como estas:

    Like, sobretodo esta de aquí:

    Me gusta mucho leer historias que evocan a los sentidos y a los pequeños detalles, sobretodo los tácitos, los que no se declaran pero están latentes en el ambiente.

    Dshdbfdhsj y qué te digo, ahahah la verdad es que, me gustan las historias así, tipo dos extraños que se conocen casualmente y todo es al principio una gran cortesía y así... aunque tiene su grado de creepy un tipo que de la anda te busca así (? Así que, a ver qué sucede con esta historia haha. Por la sinopsis no suena muy feliz...

    Me gustó la transición de empezar con inglés apra señalar y luego en la narrativa explicar que están hablando en inglés pero ponerlo ya en español para ahorrarte todos los diálogos en inglés, buen recurso. Lo que sí se me hizo raro es aque se hablaban de tú en un momento y en otro de usted .-. digo, en inglés sólo hay "you", pero supongo que en este contexto es "usted"
     
    Última edición: 18 Mayo 2019
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    Yo también estaría super desconfiada, jaja, no sé, es muy peculiar el favor que le ha pedido, o bueno, el trabajo que le ha ofrecido. Y mira, todo por una casualidad del destino. Ya veremos que prosigue, porque lo del cambio de moneda, la dificultad del idioma de verdad que lidiar con eso es super tedioso. Y quizá por como le ayudó una vez él se lanzó en la aventura de proponerselo, como si confiase algo en ella.

    Nos vemos en el otro, Tars <3
     
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    Tarsis

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    Capítulo III.



    Buenas tardes,


    Adjunto la lista con los proveedores y sus números de cuenta.


    Saludos,

    Katherine.

    *

    *


    Morning!

    Éste es el número de confirmación, el paquete llegará el 08/02. Te anexo el comprobante de envío.


    Saludos,

    Nickolas.

    *

    *



    -Hey! ¿Tendremos la video conferencia hoy?

    -Lo siento! Se me hizo tarde, pero sí, dame cinco minutos.

    *

    *


    -Sólo como observación, odié ese hotel y cada segundo que pasé allí.

    -Jajaja, entendida la indirecta :)

    *

    *


    Buenos días,


    Te anexo el documento con el resumen de la reunión con tus trabajadores y las solicitudes que tiene,


    Saludos,

    Katherine.

    *

    *

    -Hey! No logro comunicarme contigo. Todo bien?

    -Katherine?

    *

    *

    Buenos días!

    Lo siento, mi teléfono pasó a mejor vida. Me estaré comunicando sólo por ésta vía hasta nuevo aviso.


    PD: Estuve de viaje estos tres días.


    Saludos,

    Katherine.

    *

    *


    -Gracias por el teléfono! Pero creo que es demasiado, puedes descontármelo de mi paga de éste mes, Nickolas.

    -Es un instrumento de trabajo, tómalo como un teléfono corporativo.

    *

    *

    Buenos días,


    Te anexo la información de mi vuelo,


    Saludos,

    Nickolas.



    .

    .

    .


    Cruzó las piernas un poco cansada de estar en la misma posición, observó la hora en el reloj en su muñeca por tercera vez en la tarde. Volvió a ordenar por cuarta vez en los chocolates en el estante.


    —Mira eso —Le susurró Erika en el oído disimuladamente, señalando con la vista al pasajero que acaba de entrar, arrastrando consigo su maleta. Vestido pulcramente con jeans, un suéter negro de cuello alto y zapatos del mismo color. Un poco más cómodo que las últimas veces, pero aún sin perder su buen sentido de la moda y elegancia.


    Tuvo que esconder la sonrisa en cuanto el pasajero se acercó hacia ellas.


    —Bienvenido, ¿en qué podemos ayudarle? —Se adelantó Erika a atenderle.


    —No, muchas gracias señorita. —Le contestó educado, antes de quitarse los lentes y centrar sus ojos en ella—. ¿Por qué tengo el presentimiento que esa sonrisa es una burla por mi atuendo? —inquirió un poco divertido en modo de saludo.


    —Tal vez porque me hace reír cuál es tu definición de “informal” —Le contestó mientras su sonrisa se ampliaba.


    Un año.


    Un año había transcurrido desde la primera vez que se habían cruzado y le había ayudado a conseguir un taxi. Bueno, quizás un poco más.


    Once meses.


    Once meses desde que había decidido aceptar trabajar para él. Bueno, quizás un poco más.


    Todos este tiempo hablando semanalmente por una cosa u otra había logrado asentar entre ellos una cómoda relación de familiaridad. Nickolas había viajado a supervisar físicamente seis meses atrás. Habían dejado poco a poco las formalidades para ir dejando entrar una una ligera amistad. Nada significativo, pero que hacía que no fuese extraño hablar como si fuesen viejos amigos.


    —¿Cenamos hoy? —La invitó, mientras agarraba unos chocolates de las estanterías, leyendo las etiquetas mientras esperaba la respuesta de la asesora.


    —No puedo, salgo tarde—declinó su oferta con pesar. La verdad es que aunque pudiese, no podría aceptarla, al menos no en la noche. Aunque tampoco se lo diría—. Y el taxi está esperando por ti.


    —¿Desayunamos entonces? —Intentó nuevamente, entregándole las cosas que tenía intención de comprar. Ella lo llevó todo a la caja, mientras lo observaba pagar en efectivo y esperar por su factura.


    —Sí, yo me acerco a tu hotel. —Contestó, mientras le colocaba los productos en una bolsa ordenadamente.


    —Te espero mañana entonces. —Nickolas asintió agarrando la bolsa, metiendo la factura en ella—. Que tengas buenas noches, Katherine.


    —Tú igual, Nickolas.
     
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    Me gustó mucho la conversación del principio. El formato y todo, los mensajes yendo y viniendo, creo que de cierta forma sí establece bien la dinámica... aunque bueno, si te soy sincera en algunas partecitas me perdí un poco con quién decía qué haha
     
  9.  
    Tarsis

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    Jajajaja, era uno y uno. Uno enviaba él el otro ella. Así, xD
     
  10.  
    Tarsis

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    Capítulo IV.


    La habitación estaba en un armonioso silencio, sólo el sonido de las teclas al ser presionadas en la laptop rompían su concentración. Una concentración que le había costado alcanzar, dado que aún sin estar pensando conscientemente en ella su imagen volvía a instalarse en el centro de su mente.


    No era un secreto para él y tampoco intentaba negar lo hermosa que esa mujer le parecía. Desde la primera vez que la había visto, le había costado quitarle los ojos de encima. Le gustaba todo de ella, su cuerpo lleno de curvas, su cabello impresionante, esa sonrisa fácil y amplia, sus labios carnosos. Y tristemente para él, aquel impulso de haberle ofrecido trabajo le había costado caro, porque conocerla sólo había empeorado las cosas.

    Aparte de hermosa, era inteligente, divertida, educada, reservada y amable. Estaba a salvo porque tenían al menos cinco países de por medio separándoles.


    Su teléfono comenzó a vibrar, mostrando el nombre de la persona que estaba llamando en la pantalla. Sintió la ola de culpabilidad a través de su cuerpo, antes de contestar.

    —¿Aló?

    —Nick, estaba muerta de preocupación, ¿por qué no me avisaste al llegar? —Le reprochó la voz femenina al otro lado.

    —Lo siento, lo siento. La verdad es que me distraje, tenía hambre, y no estuve chequeando el teléfono. Llegué bien, sin ningún tipo de retraso. —La tranquilizó.

    —En fin, aprovechando que estamos separados, ¿puedes reconsiderar todo esto, Nick? ¿No te parece un poco drástico? Sé que las cosas se habían enfriado entre nosotros, quizás el tiempo, nuestras responsabilidades…

    —No te pongo a ti por debajo de mi trabajo, Alessandra. —La interrumpió.

    —Pon tu amor por mí primero ésta vez sobre tus miedos, entonces.


    Nickolas se quedó en silencio, sin saber qué decir. La verdad es que había comenzado a dudar desde antes de montarse en el avión. Habían sido días de tormento y de bastante esfuerzo psicológico de su parte.


    —No te estoy pidiendo que me des una respuesta ahora, aprovecha ésta semana en otro país para reflexionar, ¿sí? Me debes al menos eso, Nick. No soy una novia casual con la que tienes un mes. Soy tu esposa, con la que tienes 12 años de relación. Me parece que puedo exigirte un segundo pensamiento, ¿no crees?

    —Te llamaré luego, Ale —suspiró, apretando el botón de colgar.

    Ya le había dado un segundo, tercer y hasta un cuarto pensamiento a su decisión.

    .

    .

    .

    —Buenos días —saludó amablemente con un bostezo. Nickolas le sonrió abriendo la silla caballerosamente para que ella tomase asiento frente a él.


    —Buenos días, Katherine. ¿Dormiste bien? —inquirió, notando como sus ojos aún estaban un poco hinchados por el sueño. Ella realmente usaba poco maquillaje, nada más la máscara que elevaba sus pestañas y hacía que sus ojos dorados fuesen grandes y vistosos.

    Ella asintió en respuesta.


    —Eso debería preguntarte yo a ti.

    —Yo dormí excelente, estaba cansado por el viaje, así que estuve revisando unos correos, pedí la cena en la habitación y después de bañarme me quedé dormido de inmediato. —No le mencionó que la llamada que había recibido había logrado desestabilizarlo. Que no había podido dormir sino hasta bien entrada la madrugada cuando su mente agotada no podía más.


    El mesero tomó sus pedidos y se retiró, dejándoles con café y jugo de naranja en la mesa. Katherine se sirvió una taza y le ofreció una a Nickolas que aceptó sin dudar.

    —El taxi debería llegar por ti en 45 minutos —dijo Katherine mientras observaba el reloj en su muñeca.

    —Es demasiado temprano para que me hables de trabajo, srta Robot. —Le increpó entornando los ojos—. Déjame desayunar al menos.

    —Sólo estarás cinco días aquí —puntualizó, mientras se recostaba del espaldar de la sill ay veía al mesero traer su orden y colocarlo en la mesa.
    —Pues al menos uno de esos cinco días, tienes que comprometerte a ser mi guía turística. No conozco nada de este país.

    Katherine sospesó la idea mientras comía su desayuno. La verdad es que, en ésta ciudad lo único que realmente abundaban eran las playas, y pensar en Nickolas con poca ropa hacía que le diese automáticamente calor. Tampoco tendría como explicarle a su novio que iría a acompañar a su jefe que no veía sino dos veces al año a la playa.

    —Supongo que podría llevarte a algún local nocturno —convino, pero sin prometer nada.


    —¿No es esta ciudad famosa por sus playas? —Sus ojos castaños la atravesaron, mientras tomaba otro sorbo de su café. Ella se sonrojó y apartó la mirada, escudándose tras su jugo de naranja.

    —No creo que sea buena idea.

    —¿Por qué? —presionó.

    —Porque el agua está sucia —respondió lo primero que se le ocurrió.

    —¿Y cómo es que son tan famosas entonces? —preguntó confundido.

    —Porque las personas acá ya están acostumbradas. Pero mira tu piel, se ve que es sensible.


    Él observó sus propios brazos y luego la observó a ella antes de echarse a reír. Su profunda carcajada resonó por todo el lugar, haciendo que algo dentro de Katherine se removiera.

    —No soy tan delicado como piensas, Katherine —puntualizó aún divertido.

    Ella se sonrojó aún más, pensando en todo lo que aquella frase podía implicar.

    .

    .

    .


    ✔✔¿Cenamos?

    ✔✔¿Muy ocupado?

    ✔✔¿Rich?

    ✔✔Por favor escríbeme cuando estés en tu casa.


    —¿Katherine? —La mano de Nickolas se posó en su hombro llamando su atención.

    —Lo siento, estaba concentrada en algo que me dijeron. —Se disculpó.

    —¿Todo bien? —inquirió amable, ella asintió y él le preguntó algo acerca de unos envíos a los empleados.


    ✔✔ Estoy ocupado, Katherine.


    La seca respuesta le hizo contener las lágrimas de rabia. ¿Acaro era tan anormal que tu novia espere le escribas al menos un mensaje al día? ¿Qué le digas buenos días, buenas tardes o buen provecho?


    ✔✔Ok.


    Tecleó la respuesta y dejó caer el iphone en el fondo de su cartera. Nickolas se dio cuenta del gesto, pero no le dijo nada al respecto, le abrió la puerta del carro para que ella subiese.


    —¿Cenas conmigo hoy? —La invitó, se subió al carro después de ella, el auto estaba impregnado de su suave perfume. Parecía talco. Él respiró profundo mientras esperaba su respuesta.

    —Hoy no puedo, ¿tal vez mañana? —Él asintió con tranquilidad ocultando la espinita del rechazo.


    —No hay problema, a la casa de la señorita por favor —Le indicó al chofer.

    Sólo necesitaba aguantar tres días más, no necesitaba una cena con ella que luego fueran mortificantes recuerdos por tenerla tan lejos. Por desear lo que no se puede tener.
     
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    The Condesce

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    No sé, ¿sabes?

    La premisa de un hombre increíble que se enamora de una mujer hermosa y a sus ojos es perfecta y no puede dejar de pensar en ella y en todas su virtudes, etc., parece ser como un tema un poco cliché, y muy explotado, pero, a decir verdad... en realidad es... agradable de leer. ¿Cómo decirlo? a quién no le gustaría imaginar a alguien así que piensa de esa forma sobre la persona de la que está enamorado.

    Tal vez, de cierta forma es una romantización... una idealización del amor y de lo que buscamos en él, y habrá quién lo critique y tache de tonto, o incorrecto, o incluso dañino. Pero a decir verdad, yo disfruto mucho imaginando ese tipo de cosas uwu

    Ahora bien... NUMAAAA LO DE LA ESPOSA ME SORPRENDIÓOOO like YOOOOO dudeeeee R U MARRIED? WHAT R U DOING NOO ashahahahsbdjh Y QUE ELLA TIENE NOVIO AHHHHHHHHH lksknckjdbcdb whyy ahhaha

    PFFF qué cortante, eh, que el chabón se está buscando que lo terminen.

    nbnhsbjsd de nuevo, me gustó el recurso de los mensajes, está genial uwu

    Bueh, nos vemos en el siguiente cap uwu
     
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  12.  
    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    The distance between Us.
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    Romance/Amor
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    Capítulo V.


    Su tercer día en Venezuela fue uno de los más inesperados de su vida. Y Nickolas no era ningún niño, ya con 36 años pocas cosas llegaban a sorprenderlo.


    Estaba en el restaurant del Olé Caribe, el hotel donde se estaba hospedando, con una copa en la mano mientras esperaba a Katherine. Se había sorprendido cuando le había mandado un whatsapp invitándola, realmente por cortesía, jamás pensó que ella iba a aceptar, pero allí estaba esperándola. Tomó un largo trago del líquido oscuro que le quemó la garganta, no le gustaba sentirse de esa forma. Nervioso, ansioso, como si fuese un adolescente enamoradizo.


    Le ordenó otra bebida al barman en inglés, afortunadamente en éste hotel no tenía ninguna dificultad para comunicarse. Un plus de tener a Katherine como asistente, es que se ocupaba de esos pequeños detalles.


    La observó acercarse, y aunque disimuló no apartó sus ojos a tiempo, así que sólo sonrió tratando de que sus ojos no se detuvieran nuevamente en sus piernas. Se había puesto una falda negra con dorada y una camisa vaporosa blanca. Ante todo era hombre, le gustaban las piernas y las caderas redondas y esbeltas como aquellas, pero sería una falta de respeto a su compañera no quitarle los ojos de encima como si fuese un viejo baboso.


    —Hola —Lo saludó, inclinándose para depositarle un beso en la mejilla. Costumbre del país, la verdad es que las personas venezolanas eran muy afectuosas, incluso para saludarse.


    —Hola. ¿Quieres algo de beber? —Katherine asintió y el barman pronto le trajo su coctel.


    Había pasado tiempo desde que se divertían tanto. Él siempre en el trabajo, los problemas en su propia casa que pese a no tener hijos eran muchos. Ella siempre trabajando, el estrés, la situación, un novio bastante celoso que no permitía que saliera a ningún sitio sola, aquello era un momento refrescante.


    Hablaron de todo un poco. De su infancia. De los sitios que habían visitado, de sus estudios, de sus travesuras, de amores e incluso decepciones.


    —Me casé completamente enamorado —admitió—, pensé que ella también lo estaba pero la verdad, luego me di cuenta que aunque también me ama, necesitaba una forma rápida de salir de su casa con problemas y yo fui la solución más rápida.


    —Yo ni siquiera sé por qué está conmigo —Era el alcohol hablando—. No me invita a salir, no comparte conmigo. Sólo viene a mi casa y voy a la de él, no hacemos nada diferente, nada innovador.


    —Si tú fueras mi novia tampoco querría salir de la casa —admitió, luego se echó a reír con incomodidad, era el alcohol hablando por él—. Lo siento, creo que estos tragos están más fuertes de lo que pensaba.


    —Llevas 3 botellas. —Se rió ella acusándole.

    —Y tú al menos 10 de esos cocteles —Le acusó de vuelta.


    Se levantó agarrándola de la mano para arrastrarla con él a la pista de baile. Eran al menos las 2 de la madrugada, y aún habían unas cuantas parejas bailando allí y el establecimiento estaba repleto aún dado que era viernes, bueno, en realidad ya estaban a sábado.


    —No bailo —admitió intentando soltarse, pero él la atrajo hacia sí.


    —Déjame enseñarte —. Colocó sus manos en sus caderas, mientras la pegaba a su cuerpo para moverse al ritmo lento de la música. Ella se dejó llevar, quizás fuese el alcohol o simplemente porque era él, o porque se estaba divirtiendo, o tal vez era porque estaba allí, sintiendo el calor emanar de su cuerpo, el olor de su perfume mezclado con el de él, quizás porque sabía que no tendría una oportunidad más perfecta de poder poner sus brazos alrededor de su cuello y de sentir su cuerpo tan cerca.


    Después de varias canciones, unas lentas, unas rápidas volvieron a la barra.


    —Me pisaste Nickolas, se supone que ibas a enseñarme y me pisaste. —Muerta de la risa agarró automáticamente el coctel que ya el barman sabía que quería y lo bebió, estaba sedienta por el esfuerzo al intentar bailar.


    —Nunca dije que fuese un experto, sólo que te podía enseñar —Se defendió riéndose.


    Ni siquiera notó en qué momento todo comenzó a darle vueltas, las luces de la miniteca le desorientaron por un segundo. La voz de Nickolas la escuchaba lejana.


    —¿Estás bien, Katherine? —Ella asintió, mientras la vista se enfocaba en el hermoso hombre frente a ella, sintiendo su mano cálida en su pierna y su respiración tan cerca de su rostro—. ¿Estás borracha? —Volvió a preguntar, ella negó, aunque sí lo estaba, y él también.


    —Quizás mañana no me acuerde de esto, pero…—susurró a escasos centímetros de sus labios, ella se humedeció los labios, expectante. Nickolas cerró la distancia entre ellos, besándola con sumo cuidado, como si ella fuese de porcelana, como si fuese a desvanecerse frente a él. Luego la volvió a besar con más intensidad, dejando que sus manos se aferraran a su cadera excitado cuando ella suspiró en su boca.


    Aquello estaba mal…


    Pero su boca no quería soltarla, sentía sus labios suaves responderle y sus delicadas manos aferrarse a su cuello. La besó a hasta dejarla sin aliento, hasta que toda la pintura de labio desapareció de sus labios.

    —C-Creo que debería irme ya —suspiró entrecortadamente, sintiendo su cuerpo derretirse al sentir que su labio inferior era atrapado entre los dientes del rubio.


    —Yo también lo creo —respondió, atrapando nuevamente su boca.


    —No puedo irme si me sigues besando —admitió sin apartarlo.


    —Entonces no creo que debas irte.


    La jaló hacia así, colocándola entre sus piernas, abrazando su cintura estrecha exigiéndole más a su besos. Katherine sentía que todo a su alrededor estaba en llamas, el calor parecía consumir su cuerpo. No podía culparlo o apartarlo, su cuerpo lo estaba deseando tanto como él.


    —E-Estamos borrachos —gimió en un pequeño momento de lucidez, pero sentir sus manos masculinas subirle por las piernas todo pensamiento lógico se esfumó.


    —Es algo que sólo pasará una vez —Fue una de las pocas cosas que recordó haber escuchado, luego de eso, todo recuerdo de palabras eran sus nombres y muchos gemidos.


    .

    .

    .



    Abrió los ojos adormitada, desperezándose mientras bostezaba. Se aferró a las sábanas blancas que cubrían su cuerpo desnudo.


    Estaba en una cama que no era la suya.

    Estaba desnuda y ni siquiera recordaba donde estaba su ropa.


    —Buenos días. —La voz masculina la hizo gritar por la sorpresa—. Lo siento, no quería asustarte.


    La disculpa de Nickolas la hizo sonrojarse aún más, estaba desnuda en su habitación del hotel. Él no tenía camisa puesta, sólo unos shorts blancos deportivos.


    —¿Quieres un vaso de agua? —Le ofreció cordial. Ella asintió, incapaz de hablar. Tenía la garganta seca y no sólo por la resaca que comenzaba a acribillarle la cabeza. Le entregó el vaso de agua con una pastilla, sentándose en una esquina de la cama—. Creo que, anoche nos pasamos con los tragos.


    —Lo siento, yo…


    —No creo que haya nada por lo que tengas que disculparte, Katherine —La cortó con firmeza, agarrando el vaso de sus manos en cuanto ella terminó de beber—. Somos adultos, pasó. No hay mucho que lamentar.


    —Tienes esposa, y yo tengo novio —Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas en el momento que el peso de lo que había hecho comenzaba a ser notorio. En el momento que todas las imágenes volvían a su mente. Quería esconderse bajo las sábanas y no verlo a la cara.


    —No voy a justificarnos, pero tampoco quiero que te sientas mal. Mi esposa y yo estabas prácticamente separados, así que no estás arruinando el matrimonio de nadie. Y pues sobre el otro tema, ya es algo que debes evaluar tú. —Se dejó caer a su lado en la cama, con la mirada en el techo. Tampoco se sentía orgulloso de lo que había hecho, pero, tampoco podría desear olvidarse de todo.


    —¿Podrías darme un momento a solas para vestirme? —inquirió, apretando las sábanas en su pecho. Nickolas asintió, levantándose y saliendo de la habitación sin titubear.


    Tuvo que contener las ganas de jalarse el cabello. En sus 27 años jamás le había pasado algo similar. Se puso de pie y buscó la ropa rápidamente y se la puso. Fue al baño y se lavó la cara e intentó arreglarse un poco el enmarañado cabello. Lo que más le dolía, es que en realidad no se sentía culpable. Podía ver la piel enrojecida que pronto serían morados por su cuello y sus pechos y sentía vergüenza pero por la forma en que se había acostado con él borracha como si fuese una adolescente. Escuchó que tocaban la puerta y salió a abrir.


    Nickolas estaba allí de pie con una bandeja con el desayuno en las manos.


    —¿Lista?


    —Sí, lo siento por sacarte de tu habitación —Se diculpó haciéndose a un lado para que él entrase.


    —No hay problema, bajé a buscar esto mientras te daba espacio. ¿Tienes hambre? —Ella asintió, buscando la forma de comenzar a explicarse, pero Nick sólo le sonrió adivinando el camino de sus intenciones—. El alcohol sólo quita las inhibiciones, Kat. Y no me violaste ni nada por el estilo. Así que el cuento se cuenta solo.


    Ella lo observó mientras comía, tranquilo, sereno, sin presionarla ni acercarse mucho a ella. Tampoco culpándola o mencionando lo que había pasado.


    Igual era un error de una sóla vez.
     
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  13.  
    The Condesce

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    Ok, creo que es mi capítulo favorito hasta ahora.

    No sé, hubieron partes de lo del bar que realmente pude imaginármelo, like cómo te diviertes cuando vas a algún bar y bailar y tomas y simplemente la pasas bien y te dan ganas de hacer cosas locas haha

    Por otro lado


    PERO SI CON ESO YA ESTÁS VOMITANDO hahaha too much alcohol.

    I liked this part:

    No sé, sobretodo por la sensación de sentir el cuerpo de alguien cerca cuando llevas rato buscándolo...

    jkshdasjdh y esto me pareció como tan en punto. Me Agrada cuando los diálogos se vuelven así, cómo decirlo, con las implicaciones tácitas...

    También me gustó cómo lo trataste de que Nickolas no la presionó ni nada.

    Pero la última línea está genial.

    Ajá, claro, sólo una vez...
     
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  14.  
    Insane

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    El alcohol haciendo de las suyas, como te dije en wpp tenía la re duda, de que llevando 12 años de matrimonio estuviese en esas, pero ya con la influencia del alcohol que les ha soltado la lengua a ambos comprendí un poco más de sus relaciones personales, y el cómo llegaron a la infidelidad entre ellos. Pero eso de una sóla vez no se lo cree nadie, solo digo (?)
     
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  15.  
    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    Capítulo VI.



    Engorrosa.

    Vergonzosa.

    Cohibida.


    Cualquier sinónimo parecido también serviría para describir la interacción entre ellos el resto del día luego de que terminaran de desayunar y al día siguiente mientras intentaban trabajar en conjunto. No podía negar que la principal culpable era ella, se sentía incómoda teniéndolo cerca. Se sentía culpable, pero sobre todo… no podía sacarse de su mente su cuerpo desnudo, sus labios, ni su toque. El verdadero problema estaba siendo que ella no podía olvidar. No lograba borrar eso de su mente, y su corazón se disparaba ante la mera posibilidad de que él pudiese tocarla.


    Más de una vez había notado los ojos de Nickolas sobre sus labios, sobre su cuerpo, y aunque ninguno de los dos decía nada, la tensión estaba allí, latente, tanto que podría cortarse con un cuchillo.


    ✔ ¿Puedo ir a tu casa? Me gustaría hablar contigo antes de irme.


    Se paró de un salto de su cama, su pequeño apartamento tipo estudio parecía un verdadero chiquero. Comenzó a recoger todo con rapidez, lavar los platos, recoger los zapatos y carteras, tender la cama, todo a una velocidad vertiginosa.


    ✔ Sí.


    Tecleó la respuesta antes de meterse directo a la ducha para un pequeño baño de gato. Cuando el timbre sonó estaba colocándose un poco de crema corporal en los codos y manos ya decentemente vestida. Respiró profundo, armándose de valor antes de ir a abrir la puerta.


    —Hola —saludó con una sonrisa y alzando una botella de vino. Katherine se mordió el labio inferior mientras lo observaba, casual en unos jeans negros y una camisa de cuello ve blanca.


    —Hola, adelante —Se hizo a un lado para darle paso—. ¿Celebramos algo? —inquirió mientras cerraba la puerta detrás de él y le indicaba que tomara asiento en los pequeños muebles de la sala-cocina.


    —Celebramos que ya mañana me voy, creo que eso es algo de lo que te alegrarás —señaló, obviamente sin rodeos. Estaba cansado de caminar sobre vidrio estos dos días con ella.


    Katherine se sonrojó avergonzada.


    —No es así, Nickolas —negó su afirmación. No se alegraba de que se fuera, todo lo contrario, sufría porque sabía que nunca se quedaría.


    —Pues me has hecho pensar lo contrario. De verdad necesito un poco de vino para lo que voy a decir, ¿podrías traer vasos o copas y sentarte un momento conmigo?


    Dudó un momento, pero la seriedad en sus orbes avellana la disuadieron. Fue a la cocina y sacó las únicas copas que tenía allí. Se sentó frente a él en la pequeña sala y lo dejó servir el vino en cada una de ellas. Se tomó el suyo de un trago y escuchó la risa baja de Nickolas antes de rellenársela otra vez.


    —Deberías tomártelo con calma si no quieres que terminemos en la cama otra vez —Le advirtió con diversión en esos ojos hermosos. Ella se atragantó con la segunda copa, mientras comenzaba a toser desmesuradamente. La risa de su acompañante sólo se incrementó mientras ella intentaba tomar aire—. Lo siento, eso no fue muy educado de mi parte.


    Katherine siguió el camino de la copa nuevamente a su boca masculina, sin molestarse en responderle, aún estaba agitada por sus palabras y por el accidente con el vino.


    —¿Qué es lo que realmente te molesta? ¿Que estoy casado? —inquirió dándole otro sorbo despreocupado a su copa.


    Se llevó las manos al cabello, jugueteando con la punta de sus ondas mientras pensaba que responder con sinceridad. Él le estaba hablando directamente y con franqueza, ella también podría hacerlo.


    —No diría que es lo que más me molesta. La verdad creo que lo que más me incomoda es saber que sólo fue una aventura de una noche, no soy partidaria de ese tipo de relaciones —admitió.


    —No puedes llamar relación a algo que fue completamente espontáneo y dado por la atracción del momento —la contradijo con tranquilidad—, y con sinceridad, lo volvería a hacer sin pensármelo. No era algo que había premeditado, pero la atracción que siento por ti, siempre ha estado allí latente. No puedo evitarlo, no puedes simplemente esperar que no quiera llevarte nuevamente la cama conmigo. Sería mentirnos a los dos.


    —No volverá a pasar, Nickolas. Fue el alcohol, estaba borracha… —comenzó a explicarse.

    —No vine aquí para convencerte de repetirlo, Kat. Vine aquí porque durante este año te ganaste mi aprecio y mi amistad. Y no me gusta que una noche que tú consideras un error, lo arruine por completo —remarcó el “tú” dejando muy clara su postura al respecto.


    —No está arruinando nada —contradijo. Él suspiró, terminándose el líquido tinto de su copa y se recostó en el sofá.


    —¿Por qué entonces parece que estás a punto de correr de la habitación? —cuestionó viéndola directamente a los ojos.


    —Porque me pones incómoda.


    —¿Por que me gustas?


    —Porque tú me gustas.


    El silencio entre ellos se hizo más pesado. Ya está, había dejado caer el elefante en la habitación. Quizás ser sincera haría que toda la tensión entre ellos desapareciera. Él se colocó en la orilla del mueble, apoyando los codos en sus fuertes muslos, inclinando su cuerpo hacia adelante para acortar la distancia entre ellos, pero sin invadir su espacio.


    —Acércate un momento, Katherine —pidió. Ella se inclinó hacia adelante, y antes de que pudiese reaccionar tenía los labios de Nickolas sobre los suyos. Su boca cálida se abrió paso en la de ella, derritiéndola por completo como mantequilla. Todo pensamiento coherente desapareció de su mente, toda queja e incluso toda preocupación. Contra todo sentido de preservación, sus brazos se alzaron para rodear su cuello y acercarlo más a ella.


    Al parecer sería un error que repetiría dos veces.


    Tal vez tres.


    .

    .

    .


    Giró la llave en la cerradura, abriendo la puerta con dificultad con la enorme maleta en la otra. Frunció el ceño al ver las luces encendidas, dejó el equipaje en la puerta, sin molestarse en subirlo a su habitación y siguió el ruido hacia la cocina.


    La mujer de hermoso y corto cabello negro le estaba dando la espalda, concentrada en lo que estaba sacando del horno, perfectamente vestida en aquel vestido de verano blanco, un color no muy idóneo para cocinar.


    —¿Qué haces aquí, Ale? —preguntó, sobresaltándola.


    —¡Por el amor de Dios, Nick! —Se llevó la mano al corazón asustada. Respiró profundo, mientras lo veía tomar asiento en la encimera de granito, con aquella mirada cautelosa que tan bien ella conocía—. Todavía es mi casa, ¿no? ¿O ya no soy bienvenida?


    —Sólo me tomas por sorpresa —respondió diplomático.


    Alessandra caminó hacia él, colocándose en el medio de sus piernas, dejando que sus manos se deslizaran por su cuello arreglando la ya arreglada corbata.


    —Binevenido a casa, Nick —depositó un pequeño beso en sus labios.


    Él se quedó allí, estático. Sin saber cómo rechazarla, pero sin querer animarla. Aún tenía el olor de Katherine en la piel. Le parecía una falta de respeto a ambas. La apartó con cuidado, y se bajó de donde estaba sentado.


    —Voy a tomar un ducha, estoy agotado. —Se disculpó.


    —Te espero para cenar —Se limitó a asentir, antes de perderse escaleras arriba.


    Agarró el teléfono y abrió la conversación con Katherine.


    ✔ Ya en casa. Fue un buen vuelo.


    Ya estaba cansado emocionalmente de lo que le esperaba durante la cena y no tenía ni 10 minutos de haber llegado.


    .

    .

    .


    Nuevamente la puerta. Suspiró, dejando el teléfono en la mesa de noche antes de ir a abrir. Estaba en pijama, acaba de tomar un ducha y estaba haciendo calor. Así que los pequeños shorts y una camisa de tirantes eran sus acompañantes ésta noche.


    —¡Richard! —Lo saludó sorprendida al ver su rostro serio al abrir la puerta.


    —¿Puedo pasar o ya tienes compañía? —inquirió despectivo. Ella enarcó la ceja irritada, haciéndose a un lado para dejarle pasar.


    —Me dijeron que te vieron en una fiesta en Macuto, con una falda que dejaba ver todo —Fue lo primero que soltó. No un hola, no un beso, no un cómo estás Katherine apretó los puños mientras la rabia comenzaba a burbujear en su sangre.


    —Te escribí varias veces ese día y no me respondiste. —Le espetó de vuelta.


    —¿Y por eso te vas de fiesta sola?


    —¿Y cuál es el problema si lo hago? No vas a ningún lado conmigo, así que no veo porqué no puedo ir sola —respondió irritada.


    —Si quieres actuar como una prostituta no deberías tener novio —repuso con acidez.


    —Si no quieres que actúe como una deberías actuar como un novio —respondió con rabia.


    —Es estúpido que estemos peleando esto, Katy. Hiciste mal, lo sabes, pero te perdono...—Se acercó a ella agarrándola por las caderas e intentando besarla. Katherine apartó la cara y lo intentó empujar, pero él la sostenía con fuerza.


    —No necesito que me perdones, necesito que te vayas de mi casa.


    —¿Para irte con el cabrón que te dejó estas marcas? —inquirió, apretándola aún más. Uno de sus dedos se presionó sobre su garganta recorriendo donde su piel se había comenzado a colorear.


    —Suéltame Richard, me estás lastimando —Le reclamó, tratando de apartarlo de ella con asco.


    —No te estaban lastimando cuando te estabas dejando marcar como una perra. Me das asco. —La soltó con brusquedad empujándola hacia el mueble.


    Lo observó irse dando un portazo antes de comenzar a llorar, dejando salir el miedo y los nervios que por un momento llenaron su cuerpo. ¿Por qué aún estaba con alguien como él? Alguien que la ignoraba e incluso le respondía mal. ¿Por él se había sentido culpable? ¿Cuándo había dejado de ser amor y comenzado a ser no más que costumbre?
     
  16.  
    The Condesce

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    qué puto perro asco me dio leer esto
    UGHHH

    Hahaha ya, después de vomitar un rato...

    HASDJSAJ me gustó mucho en el sentido de que está súper bien logrado, para mostrar la toxicidad de ambas relaciones. Tanto lo incómodo y demasiado forzado del matrimonio de Nick como lo jodido de la relación de Kat en todos los sentidos...


    Lol esta parte la leí en inglés:

    No sé si lo escribes en inglés y luego lo traduces o directo en español but, no sé, lo leí en mi mente como "Because I like you?" y la respuesta "Because I like you".


    En fin, but seriously, todo, desde la entrada del novio y todos sus diálogos y la forma en que le dice que la vieron en una fiesta y lo de la falda todo... todo es tan, somehow, real. Me gusta lo crudo y real de eso. Y sé que existen ese tipo de chabones enfermos asquerosos... good chapter :3
     
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  17.  
    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    Capítulo VII.



    ✔✔Te entiendo, Nick. No me debes explicaciones. Ella es tu esposa.

    ✔✔Sí, pero no era algo que había planeado.

    ✔✔No me prometiste nada, no me debes nada.

    ✔✔Igual me siento culpable.

    ✔✔Yo no, soy soltera al contrario de ti, jajaja.

    ✔✔Ja, ja. Muy graciosa.

    ✔✔¿Amigos?

    ✔✔Amigos. :)


    .

    .

    .


    —¿Puedes prestarme dinero?


    Se volteó hacia Katia, aún con el vestido que intentaba probarse a mitad de camino. Con esfuerzo terminó de bajarlo por sus amplias caderas y se volteó nuevamente hacia el espejo.


    —¿Para? —Le preguntó distraída, concentrada en su propio reflejo. Aquel vestido le prestaba, era ajustado y llamativo en todos los sitios que debería serlo.


    —La inscripción de la universidad —contestó, mientras jugaba en la cama con los diferentes vestidos que Katherine había sacado para probarse. En unos días sería la fiesta de fin de año de la compañía y necesitaba preparar la ropa que usaría.


    —Por supuesto, te los presto —aceptó de inmediato. La inflación hacía casi imposible pagar algo de un sólo golpe en este país. Ella aún vivía cómodamente gracias a su trabajo adicional. El teléfono sonó y sonrió al leer el mensaje, se tomó una foto y la envió.


    —Ojalá me consiguiera yo un gringo que me mandara dólares, no sé como lo dejaste ir —. Le lanzó la almohada haciendo que Katherine soltara el teléfono de la impresión, lo atajó por puro reflejo y respiró aliviada. Le devolvió la almohada con fuerza y colocando los ojos en blanco.


    —No me lo regala, es un trabajo. Hago mil quinientas cosas para él al mes. —Se defendió. Y era cierto, los negocios de Nickolas en Venezuela iban muy bien, por lo que incluso había tenido que contratar más personal, hacer citas, contratos, acuerdos y pare usted de contar.


    —Menos lo que realmente quieres hacerle —bromeó Katia en doble sentido, haciendo que Katherine se sonrojara.


    —No es así, sólo somos amigos —dijo a la defensiva.


    —Amigo ratón del queso —dejó escapar una carcajada ante la obvia incomodidad de Katherine. A veces podía comportarse como una adolescente penosa.


    —Tiene esposa Katia, incluso, va a ser papá —confesó mientras volvía su atención nuevamente al espejo y comenzaba a quitarse el vestido para probarse otro.


    —¿Sólo jugó contigo? —inquirió un poco molesta, no esperaba esa noticia. Parecía un tipo decente.


    —No. No me prometió nada y sabía que era casado. Su esposa lo estaba esperando en la casa cuando volvió de viaje, con la cena hecha y con muchas ganas de reconciliación. Y aunque me consta que no cedió a la primera esa misma noche, ella se ha esforzado por enamorarlo de nuevo, y él me dijo que, le debía una segunda oportunidad a su matrimonio y es verdad —Se encogió de hombros, guardándose por completo sus sentimientos respecto a eso, que realmente eran encontrados.


    —¿Y tú?


    —Soy su amiga, que está a varios países de distancia. Además, no es cómo si le estuviese siendo infiel conmigo en la distancia, realmente sólo hemos forjado una amistad, nunca sobrepasamos los límites.

    .

    .

    .

    Los ojos se le inundaron en lágrimas sin poder evitarlo, se mordió el labio para contenerlas. Sus ojos estaban fijos en la pantalla del eco mientras la doctora se movía sobre su esposa mostrándole cada parte de su bebé aún no nacido. ¡Un niño! Iba a tener un hermoso y sano varón según las palabras de la obstetra que estaba guiando a su esposa durante su embarazo.


    Alessandra estaba como hipnotizada, no veía más que a esa pantalla en blanco y negro. Estaba completamente preciosa, incluso con aquella enorme barriga de la que se quejaba tanto. A él le parecía que estaba preciosa, deslumbrante, encantadora, magnífica, perfecta. No le importaba cuántos kilos había aumentado, ni que ahora llorara o gritara por todo. Nunca la había visto tan emocional, tan viva o tan humana como ahora embarazada. La rigidez de su esposa y su pasión por el trabajo había impedido que fuese padre durante todo este tiempo, y aunque más joven lo anhelaba, había aprendido a dejarlo en segundo plano, a no insistir, a darse por vencido. Por eso le había sorprendido tanto cuando ella le mostró la prueba, efectivamente positiva, y efectivamente suyo debía acotar.


    Nunca podría describir la sensación ante esa noticia. Así como no podría describir los sentimientos que lo embargaban viendo el ecosonograma en este momento. Saber que sería padre de un pequeño niño. Uno que quizás le gustaran las motos o la natación, que quizás le gustará leer o las fiestas. Saber que una pequeña parte de él andaría como una persona propia en el mundo… simplemente no podía describir el sentimiento.


    Luego de salir de allí la acomodó en el asiento, ayudándola a colocarse el cinturón de seguridad antes de subirse al asiento del conductor.


    —¿Vamos al centro comercial a comprar la ropa? Ya sabemos que podemos comprar todo azul —bromeó antes de pisar el acelerador y arrancar. La italiana se quedó por unos minutos en silencio antes de suspirar:


    —No, quiero ir a casa. Tengo que procesarlo.


    Nick sintió un tirón en el corazón pero asintió y emprendió el camino a su hogar. Ahora realmente sería un hogar.


    .

    .

    .


    ✔✔Es niño, Kat!

    ✔✔No vayas a llorar, eh. Sólo bromeo. Felicidades!

    -imagen del eco-

    ✔✔Crees que se parece a mí?

    ✔✔Si se parece a ti, tendrá suerte. :* Y hablando de trabajo, todo está listo.

    ✔✔Perfecto, te nombraré jefa internacional, eres demasiado eficiente.

    ✔✔Descansa, voy a dormir.

    ✔✔Descansa, Katherine.
     
  18.  
    The Condesce

    The Condesce Usuario común

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    NOOOOO POR QUEEÉ ahaha

    Ese plot twist... I was not expecting that. ¿Y será que realmente funcionará el matrimonio con esto? No lo sé, yo no estaría tan segura... un hijo no va a resolver los problemas que tenían... hmmm qué complicaciones. Pero bueno, a ver qué sucede. Qué bueno que Katherine rompió con su novio el odioso tóxico, al menos.
     
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  19.  
    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    The distance between Us.
    Clasificación:
    Para todas las edades
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    Romance/Amor
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    Capítulo VIII.


    01/07/2017

    Buenos días,


    Adjunto el pago de nómina de este mes,


    Saludos,

    Katherine.



    02/07/2017

    Buenos días,


    Amable recordatorio,


    Saludos,

    Katherine.




    15/07/2017.


    ✔¿Nickolas?

    ✔¿Que pasa? Tengo dos semanas intentando contactarte.

    ✔¿Nick?

    ✔¿Estás bien?


    30/07/2017.


    Nickolas,


    No sé que pasó con tu teléfono pero no he podido comunicarme contigo, apenas leas este correo, por favor escríbeme.


    Katherine.


    06/08/2017.


    Katherine,


    Estaré llegando al aeropuerto de Maiquetía en dos días, disculpa, pero te daré las explicaciones en persona,


    Nickolas.


    .

    .

    .


    La punta de sus tacones chocaban incesante contra la cerámica del piso, haciendo un molesto sonido que denotaba su impaciencia. Estaba requiriendo toda su concentración para no comenzar a comerse las uñas. Ese simple correo le había devuelto el espíritu al cuerpo. Sinceramente, un mes de desaparición total la habían llevado a pensar lo peor de lo peor. Por ello en cuanto vio esa rubia cabeza que ya tenía el placer de conocer, su cuerpo se levantó al instante motivado por el mero alivio de verlo bien.


    El bebé en sus brazos no pasó para nada desapercibido, una perfecta versión de su padre pero con el pelo oscuro, seguramente herencia de su madre italiana. Se contuvo de abrazarlo, por si acaso la esposa de Nick no fuese muy fan de demostraciones efusivas.


    —Es precioso, Nickolas —Fue lo primero que dijo, dirigiéndole una deslumbrante sonrisa al pequeño hombrecito que observaba todo con mucha curiosidad desde los brazos de su padre.


    —Me han dicho que se parece a mí —Le sonrió de vuelta, ella asintió mientras le acariciaba los arrebolados cachetes.


    —No te han mentido. Me alegra ver que estás bien… —Le recriminó dejando claro el hecho de que no estaba muy contenta por su súbita desaparición.


    —Es un cuento largo —suspiró, abrazando más al bebé.


    —Me lo puedes contar de camino al hotel, ¿y tu esposa?


    —No vino conmigo —respondió a secas.


    —No me parece recomendable que un bebé de tan pocos meses viaje solo. ¿Está loca? —inquirió sorprendida de forma indiscreta.


    —Loca no, está muerta Kat. Murió durante el parto.


    Katherine se quedó de piedra. Sin poder dar crédito a lo que sus oídos escuchaban estuvo tentada a volver a preguntar, pero la mirada seria en la cara de Nickolas dejaba claro que no era una frase que quisiese repetir. Él estaba aquí, en otro país, con su bebé recién nacido, sin su madre. No había necesidad de preguntar una segunda vez.



    —Lo siento mucho, Nick… Yo.. ni siquiera sé qué decir, discúlpame...—comenzó a balbucear.


    —Yo ni siquiera sé qué hacer aún y ya ha pasado un mes, así que no te preocupes. ¿Podemos irnos al hotel? Estoy cansado. Y Marco también.


    Marco, un nombre italiano. Como su mamá que ahora estaba muerta. Las lágrimas se acumularon tras sus ojos mientras asentía y emprendía la marcha hacia el taxi mientras lo ayudaba con una de las maletas, mucho más grandes que las que normalmente traía.


    .

    .

    .


    Se sentó en el mueble de la recepción de la suite, aceptando la copa que Nickolas le ofrecía sin dudar.


    —No sé como lo hiciste, Kat. Pero gracias. Usualmente no quiere dormir temprano, se despierta muchas veces. Siento que no he dormido más de dos horas seguidas y vienes tú, haces tu magia y él simplemente se durmió.


    —Soy buena con los niños —Se rió mientras le daba un sorbo a su copa. Se permitió examinarlo con detenimiento, notando lo cambiado que estaba y las diferencias existentes. Su cabello era simplemente un desastre, tenía pronunciadas ojeras, al parecer propiciadas por un revoltoso Marco, pero sobre todo, preocupación y tristeza en sus ojos.


    —Eres buena con todo lo que haces —Le sonrió concediéndole ese punto, más como un chiste para él mismo. Las mejillas de Katherine se calentaron y ella se aclaró la garganta apartando la mirada.


    Ambos habían pensado en el mismo momento.


    —¿Qué harás? —preguntó volviendo al tema original.


    —Sinceramente, estuve planteandome lanzarme del avión mientras estuve allí. No sé ni siquiera por donde empezar Katherine… ni siquiera sé cambiar un pañal, pero lo quiero conmigo, es mi hijo, es mi bebé. Quiero que esté conmigo —dijo con desesperación mientras se pasaba las manos por sus hebras rubias.


    Ella se acercó y se sentó en el mueble con él, acariciando su amplia espalda en un gesto de consuelo.


    —Es un bebé, Nick, no un extraterrestre. No hay nada de él que no puedas aprender. Te adaptaras y tendrás un precioso hijo. Al menos no tires la toalla sin intentarlo.


    Él asintió en silencio, agradeciendo sus palabras de apoyo. Continuaron hablando hasta la madrugada, poniéndose al día hasta que el rubio cayó completamente dormido en el sofá. Kat lo arropó mientras ella se fue a la cama junto al bebé que dormía plácidamente acercándose a su calor.


    Por un momento, sentiría la dicha de ser madre.

    .

    .

    .


    Abrió los ojos al sentir el quejido de Marco a su lado, se desesperezó, mientras lo acunaba y el niño comenzaba a calmarse por unos segundos antes de comenzar a llorar nuevamente. Ella sonrió y se terminó de sentar, por supuesto la pobre criatura tendría hambre.


    —¡Ay! —gritó asustada pegándose nuevamente de la cama asustando al niño que comenzó a llorar más fuerte—. ¿Qué demonios haces allí, Nickolas? ¡Casi me matas del susto!


    El mencionado permaneció impasible, sentado allí observándola.


    —Te veía dormir. Bueno, los veía dormir —corrigió.



    —Pues déjame decirte que esto es muy extraño de tu parte —Le recriminó, acomodándose el cabello detrás de las orejas incómoda.


    —Ven conmigo a América.


    La petición la tomó por sorpresa, sus manos temblaron un poco mientras sostenía al pequeño que se había calmado al sentirse a salvo en sus brazos.


    —¿Estás loco?


    —No, eres perfecta para esto. Me ayudarías principalmente con Marco. Todo pago, vivirías en mi casa, tengo una casa enorme. Incluso tengo dos autos, espacio de sobra y mucho dinero. Te pagaría por supuesto…


    —Ni siquiera tengo visa, Nickolas —Puso los ojos en blanco ante sus incongruencias tan temprano.


    —Nada que no pueda solucionarse. Katherine, por favor, ven a trabajar para mí en América. Por favor…


    Le estaba literalmente rogando. Pero el llanto del bebé los interrumpió nuevamente, había alguien que debía comer y no le importaba si ellos estaban o no en medio de una conversación importante.
     
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  20.  
    The Condesce

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    ......................................................

    Well, that's an easy way of getting rid of the wife.


    Y ahora es complicado porque le está ofreciendo un trabajo pero al mismo tiempo los sentimientos se van a mezclar y va a ser tremendo caos porque se acaba de morir su esposa, no podría tener una relación y de todos modos involucrar tanto el dinero poero vivir en la misma casa nunca es del todo sano ahh demonios

    Qué bueno que actualizaste! :0 ahora a ver qué sucede
     
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