Colectivo The Cave

Tema en 'Novelas' iniciado por Tarsis, 23 Marzo 2019.

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  1. Threadmarks: Cap I: Desapariciones.
     
    Tarsis

    Tarsis Usuario VIP Escritora Modelo

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    The Cave
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    Fantasía
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    1
     
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    Aclaratoria: Esta es una historia colectiva, escrita por Insane y por mí, de forma que ella también estará publicando capítulos. LA AMO ☼♫

    [​IMG]


    Cap I: Desapariciones.



    ¿Injusticias? Todos podemos contra ellas, sólo debemos hacerlo con el corazón y la razón a juego, para detener crueles actos. Somos capaces de eso, y de mucho más. Al menos eso decía papá.


    Desde hace un par de años me dedico a lo que me apasiona. A la justicia, como toda una señorita de bien, porque actos mal vistos, actos incorrectos y comportamientos insólitos… oh no, serán castigados a como dé lugar. Sea de la raza que sea, porque a mí, nada se me escapa.


    Dejando de lado el desastre de vida amorosa que me ha tocado. Sin prestar atención a eso, todo en orden.


    Scarlett Fiore ☼



    Sus piernas se balancearon en el aire. Permanecía en el techo del edificio observando como las sirenas de los bomberos sonaban escandalosamente mientras corrían en dirección a la columna de humo que comenzaba a esparcirse por toda la cuadra creciendo cada vez más a medida que las llamas aumentaban.


    Su vista sobrenatural que podía distinguir rostros incluso a kilómetros de distancia estaba fija en el edificio en llamas. Llamas hermosas y de colores bajo la luz del sol. Incluso el fuego era más hermoso bajo tanta claridad, algo que en su dimensión no se veía. La única luz que conocían eran las de las llamas que los alimentaba y que adoraban y no era tan divertido como aquello.


    Nadie gritaba en las llamas.

    Nadie lloraba en medio de ellas.

    Nadie suplicaba auxilio o intentaba salvarse.


    Los bomberos sacaron gruesas mangueras de agua tratando de ahogar las llamas que persistían levantándose una y otra vez con furia. Había gente adentro gritando mientras que sus cuerpos se calcinaban lentamente.


    Milo sonrió mientras el movimiento de sus manos mantenía las llamas vivas.


    Porque el fuego no debe morir…


    .

    .

    .


    Sus dedos recorrieron el periódico que estaba sobre el escritorio. Gabriel permaneció en silencio, esperando respuestas. Scarlett mantuvo el silencio por un rato más, pensando, reflexionando al recordar que últimamente habían demasiadas desapariciones extrañas y lo único que se mostraba en los medios de comunicación era información banal.


    —¿Qué piensas Scarlett?


    Ella le miró a los ojos y volvió la vista al periódico.


    —Es una de las pocas desapariciones que imprimen, y lo hacen por la magnitud de desaparecidos —susurra y se sienta en la cómoda silla que Gabriel le había ofrecido al llegar—, ya de por sí es extraño que la cifra que publiquen es una pequeña parte de la realidad de la que me estás informando… diría que es para que el pánico no domine a la raza humana.


    Gabriel asintió y se ajustó la corbata, sujetando una taza de café y ofreciéndosela a Scarlett, la cual bebió de ella un par de sorbos y luego la dejó sobre el cristal del escritorio nuevamente.


    —¿Aceptarías investigar… este caso? —Ella le miró incrédula a su pregunta, pues bien sabía él que ella nunca se negaba a un caso que pedía justicia a gritos. Gabriel sonrió nervioso ante su penetrante mirada y su postura recta—. Si no quieres no hay problema —Scarlett rió entre dientes por la sinceridad y el temor en las palabras de Gabriel.


    —Claro que sí, me haré cargo de esto —enunció y le sujetó la mano. Él dio un respingo y ella con cariño le miró a los ojos—, debemos recolectar información. Imagino que este caso es de suma confidencialidad Gabriel, así que por favor ten cuidado con quien hablas, eres demasiado blando.


    Gabriel sintió su garganta carraspear, porque en vez de estar él cuidando de ella al ser el que le encomendaba tal encargo peligroso era ella quien le estaba dando palabras de aliento. No podía evitarlo, cada vez que sus ojos se clavaban en él sentía todo su interior removerse. Pero se aclaró la garganta manteniendo la compostura, buscando en su escritorio una carpeta con papeles confidenciales y entregándosela.


    —Esto es lo que he podido recolectar hasta ahora. No sigue ningún patrón particular, tampoco un tipo específico de persona, varían en todas las edades, profesiones y razas. Pero la cantidad es tan grande que ya no puede ser algo fortuito y algo importante a resaltar, es que todas las víctimas son humanas —puntualizó. La chica asintió al tiempo que tomaba la carpeta de sus manos y comenzaba a ojearla con interés.


    —Ni siquiera sé por dónde empezar —admitió sin despegar los ojos de los documentos en sus manos.


    —Aunque no me gustaría que fueses sola, te acompañaría, deberías comenzar en el sitio en el que los caminos de todos los inmortales se cruzan…


    Ella enarcó una ceja interrogativa.


    —En The Cave. Un… antro de mala muerte propiedad de un inmortal —explicó enrojeciendo un poco y eludiendo los detalles principales de aquel abominable sitio. Scarlett asintió llenándose de curiosidad.


    —¿Cuándo podrías ir?


    —Cuando lo necesites —contestó de inmediato.


    —¿Entonces qué estamos esperando? —Le sonrió, mientras lo agarraba nuevamente de la mano arrastrándolo fuera de la oficina con ella.


    A Scarlett no le pasaron por alto los panfletos pegados, colgados y hasta tirados en el pavimento de la calle; fotos con el título de desaparecidos y varios números de teléfono. Sintió su estómago contraerse de tan solo pensar en que toda esa cantidad de personas estuviesen muertas, y en cómo se sentiría la familia al tener la esperanza de volverlos a ver al esparcir por la ciudad avisos con suma frecuencia.


    Ella trataría de devolverles a sus seres queridos, y como mínimo daría con el culpable de toda esa maraña caótica e insólita.


    Gabriel fue el primero en bajarse del auto mientras su chofer aparcaba frente aquel oscuro sitio, extendió su mano a Scarlett para ayudarla a salir como todo caballero que era.


    —Es bastante extraña esta zona —susurró Gabriel, era lo que siempre había pensado desde la primera vez que había visto el local y Scarlett asintió al ver diferentes criaturas con ropa demasiado reveladora para su gusto personal.


    —No te separes de mí, Gabriel —advirtió al saber por cuenta propia de la inocencia que conllevaba ser un ángel. Demasiado ingenuo, demasiado creyente… poco egoísta, sin malicia, sin avaricia y sin pecados encima. Al menos eso ella conocía.


    Scarlett fue la primera en entrar, escuchando la música suave en sus tímpanos y visualizando el alcohol que llevaban de aquí para allá meseras con prendas que discutiría en su moral. Gabriel sintió su garganta seca… por los valores perdidos que tenían en aquel lugar.


    —Bienvenidos —Una impresionante mujer ataviada en un ajustado vestido blanco que tenía un corte griego se paseó hasta ellos en movimientos sensuales y delicados. Parecía una diosa sacada de un libro o de una pintura griega. Scarlett se mantuvo seria aunque ésta fuese más alta que ella —. Oh, a ti te hubiese recordado si hubieras venido por acá —, sus brillantes ojos se pasearon por el alto y fornido hombre. Éste ante su voz sintió su piel erizarse. Camille sonrió al no pasarle por alto aquella reacción y se relamió los labios carmín con suavidad—. ¿En qué puedo ayudarte?


    Scarlett tosió de forma fingida para obtener su atención y la miró de manera mordaz.


    —¿Has escuchado sobre las extrañas desapariciones de la raza humana?


    Camille le miró a los ojos con naturalidad, estudiándola por un minuto antes de caminar dos pasos más hacia el hombre y deslizar sus uñas pulcramente pintadas por el hombro de Gabriel. Scarlett permaneció quieta pero con notable irritación en el movimiento de sus zapatos.


    —Lo siento, no puedo ayudarte —respondió y dirigió su completa atención al hombre moviendo sus pestañas de forma coqueta—. Pero a ti sí. ¿Te gustaría quedarte un rato más?


    Gabriel le sostuvo la mirada y le sonrió con amabilidad. Camille deslizó sus dedos desde su hombro derecho hasta el final de éste y lo sintió retroceder al tacto.


    —Gracias por la invitación —respondió Scarlett y sujetó a Gabriel de la mano—. Pero debemos declinar.


    La sonrisa de Camille se amplió cual gato, dejó que su mano se deslizara del hombro al pecho del ángel.


    —Hueles a Ángel…—ronroneó con los ojos cerrados por unos segundos mientras inhalaba profundamente y se mordía los labios con deseo. Scarlett frunció el ceño jalando a Gabriel hacia ella apartándole de esa tóxica mujer decidiendo que de allí no sacaría nada productivo y no le gustaba la forma en que ella parecía comérselo con la mirada.


    —Buenas noches, señorita —dijo con educación, mientras era arrastrado sin oponer resistencia fuera del sitio por su pequeña detective.


    Camille se rió profundamente haciéndole un coqueto gesto con la mano despidiéndose. En cuanto salieron de su establecimiento movió sus caderas a una de las mesas al fondo y depositó una jarra de cerveza que había agarrado de una de las repartidoras en el medio de la misma.


    —Esta va por la casa. —Se sentó en medio de ambos hombres que la observaban con una sonrisa en los labios.


    —Creo que hay un ratón hurgando en tus cosas —Se burló Damián, terminando de engullir la bebida.


    —No creo que llegue muy lejos la pequeña dama —comentó con una sonrisa llena de mofa al recordar la postura de niñita correcta.


    Damian sujetó de la muñeca a Camille y la sentó sobre él, bebiendo un sorbo del alcohol del vaso mientras jugaba con la punta de sus dedos sobre el muslo de la elegante y sensual mujer.


    —Luego pensarás en eso Milo —susurró y pellizcó con fuerza la piel de los brazos de Camille—. Ahora hagamos algo más divertido.
     
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