Explícito Tales of Ancient Age

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Noviembre 2018.

  1.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    317
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    21
     
    Palabras:
    3613
    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XVIII: Secreto tras la cascada

    (Opening: All good things – Fight)

    20 de Noviembre. Año 3150. Oeste de Wex.

    Los tres aventureros, Corvus, Ryume y Set encaraban a una extraña y repentina tercia de osos que amenazan sin motivo aparente.

    –Oigan, ¿soy yo o los ojos de esos ositos están brillando? –preguntó a sus compañeros.

    –Sí, están brillando, ¿qué significa? –agregó Set.

    –Estos osos parecen estar influenciados por alguna clase de hechizo –explicó Corvus desenvainando su espada, la cual emitía un leve resplandor.

    –Esto será divertido, jamás he matado a un osito –rio Ryume agitando su guadaña y saltó entre los árboles.

    Los tres osos rugieron con fuerza, tal que resonó en todo el bosque. La vampira saltó frente a uno de ellos, el oso se levantó en dos patas y arrojó un zarpazo feroz. Lo esquiva agachándose, desenfunda un cuchillo y salta girando, abriendo la garganta del animal en el proceso.

    –Lo ven, sencillo –rio retrocediendo, pensando que el animal caería muerto. Pero no fue así – ¡¿Qué?! –exclamó al ver al oso correr hacia ella, regando su sangre como si nada–. Esto no está nada bien –da un gran salto subiendo a una rama cercana.

    Sin embargo el oso no dudo en comenzar a trepar, como si una fuerza lo controlara para hacer todo lo posible en asesinar a la vampira.

    –Esto no tiene sentido. Algo muy extrañó está pasando en este bosque –comentó Corvus saltando por un lado para decapitar al oso que subía el árbol. Solo así el animal dejó de moverse.

    –No sienten dolor, eso es lo que pasa –llamó Set. El chamán mantenía a raya a los otros dos, ayudado de una de sus criaturas.

    Un enorme zorro blanco de cuatro colas, que posee, entre sus varias habilidades, el poder del fuego azul. Ambos arrojaban bolas de fuego contra los osos pero a estos no les importaba ser impactados por estas, a pesar de las quemaduras.

    Los animales rodearon al joven y a su zorro. Comenzaron a correr buscando embestirlos, el chamán y el zorro esquivan el ataque, dejando que los osos impacten entre sí. A pesar de dicho golpe estos no se detienen y se abalanzan sobre el aventurero. El zorro ágilmente toma la distancia y desde su boca arroja una poderosa llamarada azul la cual envuelve al oso por completo. Aun así el animal emerge del fuego, envuelto en llamas y sigue su frenética carrera.

    –Maldición. ¿Cómo se logra detener a estos animales? –Set se vió forzado a correr para escapar del oso que le perseguía.

    Entre los arboles saltaba Ryume buscando alcanzarlo. Salta ágilmente hacia el animal aplastando la cabeza del oso haciéndolo tropezar y rodar por el suelo deteniendo su vehemencia momentáneamente.

    –No corras, novato, la fiesta recién comienza –se burló ella de Set, quien solo bufó. Antes que el oso se levantara la vampira se acercó cortándole la cabeza con su afilada guadaña–. Qué pena, estos ositos no son muy fuertes.

    –Deja de burlarte –alegó el chaman acercándose a su compañera–. Parece que su resistencia, agresividad, fuerza, velocidad y tolerancia al dolor han aumentado. Es obra de la magia de alguien, lo puedo garantizar.

    En eso el tercer oso salió volando sobre ellos, hasta estrellarse contra un árbol y romperlo por la fuerza, además de tener el cuello roto.

    –Mira Set un oso volador, pide un deseo Set –rio Ryume.

    –Parece que la única forma de vencerlos es decapitándolos o rompiéndoles el cuello –explicó Corvus acercándose a sus compañeros.

    –Estos son solo animales sin más, no son un riesgo para nosotros, pero si para los civiles que tengan la infortuna de deambular por aquí. Debemos solucionar esto –dijo Set.

    –Me preocupa pensar que también los minotauros y orcos estén afectados por eso, las criaturas mágicas son peligrosas por si solas, si además están enloquecidas la desgracia es segura.

    –Entonces dejemos de hablar como tontos y vamos a matarlos –sugirió la vampira corriendo en dirección al lago.

    –Ryume, espera. Debemos planear una estrategia –objetó el líder del grupo, pero ella poco caso le hizo y se alejó rápidamente–. Maldición, porque siempre es tan imprudente e impulsiva.

    –Dice que es parte de su propio encanto –suspiró con pesar el chaman. Teniendo los dos que seguirla a la batalla.

    A penas salieron de la cobertura una lluvia de flechas cayó sobre ellos, disparadas por los orcos y duendes desde la distancia. Corvus y Set se limitaron a esquivarlas, a Ryume se le hizo más divertido cortar tantas como pudo.

    –Esto es divertido –sonrió la vampira saltando para destrozar las flechas con su guadaña.

    –Montaran a los wargos primero, acabaremos con ellos. Ustedes se encargaran de los demás y yo distraeré a los minotauros –explicó su plan Corvus.

    –Entendido señor –asintió el humano.

    Los tres aventureros se separaron un poco para tener mejor campo de ataque. Los wuargos, como Corvus lo dijo, fueron los primeros en lanzarse al ataque, sobre estos montaba un orco y un duende arquero. El primero buscó enfrentarse al fiero paladín.

    La bestia intenta embestir al vampiro, mientras el duende lanza flechas tan rápido como puede. No hay flecha que pueda tan siquiera acercarse al ágil y paladín negro. Arroja su espada cual proyectil, esta atraviesa al jinete y al arquero por igual, obligándolos a caer del wargo. La bestia sigue su carrera ahora en solitario, el paladín salta por encima esquivándolo sin problemas.

    Mildios –enunció con voz calma. Su magia se materializo en forma de un afilado sable en su mano. El wargo no tardó en volver sobre si para intentar atacar al aventurero. A penas se acercó el paladín hizo un corte a una velocidad abrumadora. La cabeza de la bestia voló por el aire mientras su cuerpo rodaba por el suelo hasta detenerse.

    Desvaneció la espada de magia y se acercó a los otros dos, los cuales seguían vivos y desesperados por luchar a pesar de estar atravesados por una espada. Corvus apreció, al igual que en los osos, que estos también tienen los ojos rojos.

    –Maldición, también las criaturas mágicas están afectadas por esta cosa –fácilmente sacó un par de espadas cortas con las que les dio muerte a los dos enemigos, clavándoselas en la cabeza, solo así dejaron de luchar.

    Una sombra se posó detrás del vampiro, quien ocultó la sorpresa. Una hacha enorme amenazó con destrozarlo, de no ser por que saltó evitando el ataque que impactó en el suelo causando un estruendo.

    –Se movió muy rápido para ser un minotauro –musitó el paladín negro retomando su espada principal. Encarando a dos minotauros que le amenazaban con sus enormes y rusticas hachas.

    Por otro lado. Set, Ryume y el zorro de cuatro colas corrían a toda velocidad hacia el segundo wargo y sus jinetes. Set usó su guantelete para tomar la habilidad de su criatura invocada y arrojar bolas de fuego azul sobre el enemigo. Era increíble ver al wargo moverse de forma tan ágil esquivándolas todas.

    El zorro se colocó a un lado y arrojó una llamarada hacia los jinetes. El wargo saltó esquivando la columna de fuego y se alejó un poco, pero las flechas del arquero montado no cesaban, una logró rozar la mejilla del novato.

    –Ryume, ataquemos juntos –llamó Set. Pero no hubo respuesta, miró en todas direcciones buscando a su compañera.

    Ryume había pasado de luchar contra el wargo y sus jinetes, prefirió acercarse al improvisado campamento, donde estaban los demás enemigos. Usando una de sus habilidades, ocultación, la cual le permitía volverse casi invisible. Una fila de orcos estaba lista para soltar otra andanada de flechas. Pero la asesina vampira se les anticipó, se colocó detrás de ellos.

    Toxina –susurro, en sus manos había seis cuchillos arrojadizos, los cuales cambiaron de color ante este conjuro, tornándose purpuras. Aunque esto inhabilitó su conjuro de ocultación, volviéndose visible.

    Dos orcos la vieron y advirtieron, gruñendo algo, era tarde. Ryume arrojó los seis cuchillos con fuerza y puntería sin igual, clavándolos en las cabezas de los orcos, matándolos casi al instante, y, si sobrevivían, el veneno atacaría directamente al cerebro en segundos.

    –¡Soy la mejor! –exclamó emocionada. Los otros dos orcos la atacaron por ambos lados. Esquiva ambas espadas, patea a uno en la cabeza alejándolo, el otro pierde un brazo ante la veloz guadaña de la asesina, lo golpe y luego lo decapita en un solo movimiento–. ¡No pueden contra mí, idiotas! –el segundo salta por detrás intentando atravesarla con su pobre espada.

    La asesina gira ágilmente pateándolo en el pecho evitando el corte y regresándolo al suelo, donde le es fácil clavar la punta de la guadaña en la cabeza para matarlo. Con una enorme y perversa sonrisa encara a los duendes que armados con palos se lanzan contra ella, creyendo que pueden hacer algo.

    De regreso con Set, este es embestido con fuerza por el wargo, derribándolo y haciéndolo rodar por el suelo. Una flecha estuvo muy cerca de darle, por suerte la bloque con su guantelete. Sin que los jinetes lo previeran el zorro de cuatro colas saltó por detrás mordiendo violentamente el cuello del duende y arrojándolo por el aire, luego se abalanzó sobre el jinete orco derribándolo del wargo.

    El chaman se levantó rápidamente y se lanzó sobre el animal enemigo, el cual se distrajo debido al ataque del zorro. Se trepó al lomo del wargo, el cual comenzó a agitarse y saltar frenéticamente tratando de quintárselo de encima. Set avanzó aferrado al pelaje del animal hasta llegar a su cabeza, donde colocó su mano y le arrojó una llamarada directa. El zorro se dio gusto prendiendo en fuego al orco y al arquero duende, para luego golpearlos una y otra vez con sus colas. A los pocos momentos el wargo cayó fulminado debido al daño causado por las brutales quemaduras.

    –Carajo, carajo, eso fue demasiado agitado –se quejó Set bajando del lomo del wargo, sintiéndose mareado y agitado ante los furiosos movimientos del animal. El zorro se acercó a él señalando con una de sus colas a Ryume–. ¿Qué pasa?... ¡Ryume, cuidado!

    La vampira asesina se daba gusto masacrando a los indefensos duendes que no fueron más que un juego para ella. Pero mientras aplastaba la cabeza del último, no notó a un minotauro que subía por la cascada y se arrojaba sobre ella con su enorme hacha en alto.

    –¡Que pasa, novato! –respondió ella, reaccionado en el último momento saltando a un lado. La fuerza del hacha impactó la roca del suelo destrozándola, creando un estruendo que resonó en el lugar. Ryume trató de levantarse y defenderse, pero el enemigo fue más rápido y la pateó en el costado arrojándola por el aire, golpeándola contra la roca de la montaña.

    En la distancia Corvus lidiaba con dos minotauros frenéticos, uno tras otro atacaban con fuerza desmesurada, obligando al vampiro a retroceder y esquivar, sin oportunidad para un contraataque. Aun así logró ver lo ocurrido con la asesina.

    –Mierda, esa tonta sí que sabe meterse en problemas –salta por encima de los enemigos evitando las dos hachas–. ¡Set! –llama al joven, pero rápidamente debe reaccionar a los ataques de las bestias, estos minotauros eran los más rápidos y agiles con los que se había topado–. ¡Set, ayuda a Ryume, rápido! –ordenó.

    Esquivando un ataque y por fin contraatacando, lanzando una estocada al abdomen de uno de los minotauros, pero de poco sirvió pues este no sintió dolor alguno, además que su espada quedó atrapada en el cuerpo de la criatura y el otro amenazó con despedazarlo, dejar su espada allí y retroceder fue la única opción.

    Set divisó a su compañera en problemas, no dudó en ir a apoyarla. Subió a lomos de su zorro y se dirigió a toda velocidad. Ryume recién se levantaba después de tan rudo impacto, la sangre se hizo presente en sus labios.

    –Eso no me dolió, pegas como vaca –se burló riendo y empuñando su guadaña–. Ven, imbécil, te voy a convertir en filetes.

    Sin embargo, de entre la cascada apareció otro minotauro más, y se unió al combate contra la vampira, este empuñaba un gran mazo de roca.

    –Oigan, esto no se vale, no me gustan los tríos –alegó retrocediendo–. Sean hombres…bueno, toros, y luchen uno por uno…

    Antes que siguiera diciendo sus cosas una de las criaturas le arrojó su hacha, la cual debió esquivar, el segundo minotauro saltó por el iré intentando aplastarla con el mazo. Ryume logró evitarlo, pensando que podría contraatacar, pero la fuerza del impacto hizo temblar ese lugar. La vampira estuvo cerca de recibir otro mazazo pero se agachó justo a tiempo. Se levantó e hizo un corte en la rodilla del enemigo, este se arrodilla por la herida y ella le clava un cuchillo en la garganta. Pudo haberlo matado, si no estuviera influenciado por ese extraño estado. Contuvo todo el dolor y tomó con fuerza a mano de la vampira para que no pudiera alejarse, ella intentó cortarle la cabeza con la guadaña, pero increíblemente el minotauro detuvo su otra mano también, inmovilizándola.

    –¡Mierda, mierda, suéltame, hijo de perra! –gritaba adolorida por la fuerza del agarre.

    El minotauro se levantó y la levantó a ella para asestarle un brutal rodillazo en el abdomen. La vampira cae al suelo incapaz de moverse y respirar por la fuerza del impacto. El otro minotauro se acerca con su hacha dispuesto a asesinarla.

    Para suerte de la vampira Set y su zorro llegaron y se abalanzaron sobre el minotauro del hacha, mordiéndolo con brutalidad en el cuello y arrojándolo al suelo. Set saltó del zorro y arremetió con una poderosa llamarada sobre el segundo, el cual se prendió en fuego y retrocedió.

    –¿Estas bien, Ryume? –preguntó él.

    –E-eso creo, solo tengo destrozado el estómago, nada grave –se quejó levantándose adolorida–. Sabes, tengo una forma muy fácil de acabar con estos bastardos, pero necesito tu ayuda.

    –Dime que no es una de tus típicas tonterías –cuestionó el chaman, reanudando el fuego sobre el minotauro que buscaba alejarse.

    –Solo necesito que los distraigas un momento, tengo que concentrar mi magia, vale –respondió con una sonrisa y dándole un golpe en el brazo a Set.

    –Vale, los distraeré, pero más te vale que valga la pena –terminó por aceptar lo que ella quería. Corrió hacia el minotauro, saltó y lo golpeó con fuerza en la cara, aunque no le hizo mucho daño.

    –¡Qué bien, podré usar mi Seishin otra vez! ¡No te preocupe, Set, no tomará mucho! –se arrodilló y concentró su magia, la cual comenzó a emanar de ella como humo.

    En el otro lado del combate, Corvus se veía rodeado y desarmado por los minotauros que le rodeaban, aun así permanecía sereno. Había notado que el quinto minotauro permanecía quieto en un peñasco, sostenía un báculo enorme y no se movía en lo mas mínimo.

    –¿Qué pretendes tú? –cuestionó intrigado por esa criatura allí. Luego volvió su mirada a los otros dos, los cuales arrojaron un hacha sobre él intentando cortarlo, le fue fácil esquivarla–. Tengo que acabar con esto ya para apoyar a los otros dos. Alis –enunció con tranquilidad. Su magia emanó en su espalda, materializando un par de grandes alas brillantes.

    Los minotauros no les importaron, ni los intimidó, se abalanzaron sobre él a toda velocidad. El paladín negro solo las agitó una vez, esto lo proyectó velozmente hasta uno de sus enemigos, el minotauro a penas lo vió llegar, solo sintió como le clavaba las dos espadas en el cuello y con otro movimiento le cercenaba la cabeza.

    El segundo minotauro se acercó por detrás intentando cortar al paladín con el hacha, batió sus alas una vez más y se elevó en el aire algunos metros.

    –Estilo del clan Vesperth, pesadilla de los cielos –musitó con orgullo, más al ver las caras de sus enemigos. Agitó sus espadas como antelación, se elevó un poco más para luego caer en picada a toda velocidad.

    El minotauro se preparó para intentar despedazarlo con su hacha. Todo fue demasiado rápido para la criatura cornuda, solo se escuchó un filo, y un brazo voló por el aire separado del torso, seguido de un hacha que caía al suelo.

    –Nosotros asesinábamos dragones en el aire, tú no eres más que un insecto –musitó mirando sobre su hombro al furioso e inmutable enemigo, el cual solo rugió mientras la sangre de su brazo cercenado brotaba sin control.

    En un fugaz movimiento Corvus arrojó una de sus espadas cortas clavándola en la frente del minotauro, aunque este parecía no haber recibido daño suficiente, pues retomo la carrera contra el aventurero.

    –No fue suficiente, está bien, puedo arreglarlo –no pudo evitar sonreír. Agitó sus alas una vez más para proyectarse hasta él una vez más. Pateo su espada y terminó por clavarla más en el cráneo de la criatura hasta atravesarlo y darle su muerte.

    El minotauro cayó inerte y el paladín retomó sus espadas. Volvió la mirada sus compañeros. El novato no era rival para los frenéticos minotauros, y menos sin la ayuda de Ryume. Set fue víctima de un impacto por parte de uno de los minotauros, volando por el aire y estrellándose abruptamente contra la montaña, luego su zorro le siguió, recibiendo el mismo golpe, terminando por caer sobre el chaman, causándole más daño.

    –L-levántate –ordenaba al zorro, pero este estaba inconsciente. Los enemigo se acercaron a él, uno con severas quemaduras debido al fuego y cojeando por la herida en al rodilla, y el otro con una enorme mordida en el cuello, pero empuñaban sus armas y no mostraban dolor alguno–. ¿Creen que les voy a tener miedo, bestias inmundas? Vengan por mí, ¡vamos, matéenme si pueden! –retaba furioso el chaman.

    Una risa de mujer se escuchó detrás seguida de un conjuro.

    Silenciar –era Ryume.

    Dos flechas mágicas de color purpura se clavaron el cabeza de los minotauros. De la nada estos se paralizaron, y dejaron de acercarse al novato. Extrañamente comenzaron a moverse de forma errática, ya no gruñían ni atacaban, simplemente parecían perdidos.

    –¿Pero qué mierda? –cuestionó el novato mirando desconcertado a las criaturas. Entonces sus ojos se fijaron en su compañera y se intimidó ante lo que vió.

    Los ojos de Ryume se volvieron completamente negros y de ellos emanaba humo purpura, y de sus manos emanaba magia del mismo color, su guadaña se volvió enorme con diseños de calaveras y huesos, emanaba la misma magia cual si fuera fuego.

    –¿Qué pasa cariño? ¿Jamás habías visto la magia de la Maldición Purpura? ¿No? Entonces esto te volverá loco –rio de forma perturbadora.

    –¿R-ryume? –tragó saliva nervioso ante lo perversa que se veía su compañera.

    Levanto su guadaña y apuntó a uno de los erráticos minotauros, luego arrojó una flecha de color purpura pero mucho más grande, esta atravesó el cuerpo del minotauro. El fuego purpura envolvió el cuerpo del minotauro en un segundo, y al instante este cayó inerte al suelo, mientras que una luz verde salía de su cuerpo y desaparecía el fuego purpura.

    –La maldición purpura es una magia muy peligrosa y secreta –dijo Ryume mientras lanzaba otra flecha al otro minotauro, con el mismo resultado–. No quema el cuerpo, quema el alma –sentenció con una sonrisa perturbadora.

    –¿Q-quema el alma? –cuestionó asustado el chaman–. Dicen que no hay nada peor que tu alama sea quemada, cuando se muere existe el otro mundo, y la reencarnación, p-pero cuando tu alma es quemada, todo termina, la conciencia se desvanece, nunca has existido –susurró con temor.

    Hasta que vió a Ryume caer al suelo inconsciente. Set hizo desaparecer a su zorro y se acercó a su compañera para ver qué había ocurrido.

    –Parece que gastó mucha magia usando esa técnica –dedujo el chaman mientras la levantaba suavemente en sus brazos.

    En ese momento el quinto minotauro salto de donde estaba, acercándose a la cascada. Parecía importarle poco la presencia de los aventureros o la muerte de sus compañeros, solo comenzó a correr al interior de la cascada, donde claramente había algo.

    –¡Set, encárgate que Ryume esté bien, yo me encargaré de ese minotauro! –ordenó Corvus corriendo a detrás de la criatura y lo siguió al interior de la cascada, donde se topó con un túnel.

    –Claro, no se preocupe, señor Corvus –respondió Set.

    –S-set –susurró débilmente Ryume–. C-creo que usé demasiada magia, estoy agotada. –sonrió acomodándose en los brazos del chico–. Espero que no intentes nada pervertido, vale.

    –¿No puede dejar de decir estupideces? –arqueo la ceja.

    Por otro lado Corvus siguió al minotauro atreves de ese largo túnel. Parecía hecho por manos humanas pues estaba adoquinado y tenía pilares de roca labrada.

    –Esto me huele mal, tengo un mal presentimiento –se dijo así mismo el paladín negro.

    El túnel terminaba en una gran cripta, la cual había sido abierta por los minotauros pues las puertas estaban destrozadas. El lugar ese solo iluminado por antorchas y gemas de luz. No había nada más que un ataúd de roca en el centro de la sala, y a los pies de este yacía el minotauro, muerto aparentemente, sobre el ataúd el báculo, el cual estaba quemado inexplicablemente. El paladín se acercó con cautela, divisando que en la tapa había una inscripción.

    Aquella que que doma a las bestias, aquella que ama a los animales, aquella que por voluntad fue encerrada hasta esperar el regreso de su amo, aquella que sirvió fielmente al gran Karppoforo, aquella que podía devastar ciudades con solo una orden, aquella que reside en esta tumba porta el nombre de Loudina “La señora de las bestias”

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  2.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

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    Tales of Ancient Age
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XIX: La dama roja

    (Opening: All good things – Fight)

    20 de Noviembre. Año 3150. Oeste de Wex.

    –Esto no me agrada –dijo así mismo el paladín al leer lo que aquella cripta decía–. ¿Qué fue lo que mató a este minotauro? –cuestionó al ver a su objetivo inerte en el suelo con los ojos en blanco y carente de vida alguna–. Será mejor reportar esto al ministerio de seguridad mágica.

    Envainó su espada y se dispuso a salir de ese lugar. Un extraño sonido llamó su atención obligándolo a volver a mirar. Una extraña luz brillaba en la tapa del ataúd el paladín desconcertado solo se quedó mirando lo que ocurría. Cuando la luz cesó todo parecía estar otra vez tranquilo hasta que la tapa comenzó a moverse lentamente.

    –¿Qué clase de magia es esta? –retrocedió Corvus con la mano en la espada.

    La tapa cayó causando un leve estruendo por su peso fue en ese momento que una persona emergió. Cualquiera esperaría a un monstruo o algo similar. Una bella mujer fue quien salió de allí.

    Su piel es grisácea, no es muy alta pero destaca su sensual y desarrollada figura, sobretodo, sus grandes y redondos senos. Su bello y exótico rostro es cubierto por una larga cabellera carmesí de entre la cual se vislumbran sus sensuales y rosados labios. En sí no sería algo tan sorprendente de no ser porque carecía de ropa, así es, está completamente desnuda frente al paladín negro quien no pudo evitar tener cierta reacción ante tan erótica figura.

    –¿Quién eres? –se acercó con cautela avanzando lentamente sin soltar su arma.

    La mujer no respondió, se estiraba un poco para luego acomodar su cabello y mostrar un par de preciosos ojos en color negro.

    –¡¿Quién eres?! –insistió el paladín con mayor seriedad.

    –…¿eres un vampiro? –cuestionó ella con una apacible voz–. Estoy casi segura de que lo eres –sonrió y tranquilamente se acercó a Corvus–. Eso es bueno. Dime, ¿sabes dónde está mi señor Karppoforo?

    –¿Quién es Karppoforo? –alegó retrocediendo–. Aun no responde a mi pregunta, ¿quién es usted y que es este lugar?

    –Mi nombre es Loudina, la apóstol roja, la dama roja, la señora de las bestias –se presentó con una bella sonrisa–. Seguro has oído hablar mucho de mí…

    –No, no lo he hecho –interrumpió–. Será mejor que me explique por qué estaba dentro de ese ataúd.

    –Lo siento, cariño, No tengo tiempo para eso debo encontrar a mi señor cuanto antes, es probable que ya me esté esperando a mí y a mis compañeros. Por cierto, hace mucho frio aquí, ¿podrías darme algo para vestirme? Por favor –pidió con una linda risa y cierta pena.

    –... –por suerte tenía un casco que cubría su mirada que recorría de pies a cabeza a esa mujer poseedora de una belleza que pocas veces ha visto el paladín negro–. Tal vez tenga algo para usted sin embargo me temo que tengo que llevarla ante las autoridades para que definan su situación.

    –Por favor, cariño, eso no es necesario –dijo con tranquilidad acercándose a el–. Solo dame algo de ropa y me iré sola no tenemos por qué hacer un problema de esto, ¿vale?

    –Me temo que eso no es posible, señorita, las leyes me obligan a…

    –Las leyes pueden hacerse a un lado ocasionalmente, cariño –tranquilamente con sus manos acarició los brazos del vampiro tratando de doblegarlo usando su belleza como arma principal. No lo lograría.

    –Las leyes son las leyes y no las voy a irrespetar, tengo que entregarla a las autoridades por presunción del uso de magia negra… –antes que siguiera hablando una gran fuerza lo empujo hasta estrellarlo contra una pared.

    –Tú no vas a hacer eso, vampiro idiota. ¿Quién te crees que eres? –la sonrisa y amable voz de esa mujer desaparecieron ahora estaba furiosa–. ¿No sabes quién soy yo? ¡Soy una apóstol del gran Karppoforo! Tú un mugroso e insignificante vampiro no me va a tratar como a cualquiera.

    –Que fuerza –musito el vampiro adolorido después del golpe–. ¿Quién es esta mujer?

    Se fijó en ella pero entonces sintió que algo trepaba por su pierna. Una raíz emergía del suelo atrapándolo.

    –Creo que puedo tomarme un momento para divertirme contigo –sonrió moviendo su mano siendo ella quien controlaba la raíz–. Te enseñaré a no faltarme al respeto.

    No le fue fácil pero logró zafarse de la raíz rompiéndola. Se incorporó y desenvainó su espada fijando a la mujer como su enemiga.

    –No sé quién eres pero tendré que atraparte por las malas y entregarte a las autoridades –amenazó el vampiro con seriedad.

    –Me gustaría ver que lo intentes es obvio que no sabes ni comprendes con quien te estas metiendo –sonrió soberbia y bastó un gesto de su mano para invocar dos grandes raíces que destrozaron el suelo de roca.

    Estas intentaron atrapar al vampiro pero su espada fácilmente las cortó, dio un gran salto intentando atacarla a ella. Loudina esquivó el ataque ágilmente y luego atacó por el costado golpeado las costillas del vampiro con su palma. No fue un gran golpe pues apenas logró hacer retroceder a Corvus sin embargo su mano dejó un sello en la armadura del paladín negro aunque este no lo notó.

    –Dios, eres fuerte. No importa, he vencido hombres más fuertes que tú –sonrió ella retrocediendo.

    Corvus la siguió corriendo a toda velocidad intentan un corte pero ella lo esquiva, Corvus gira para intentar otro pero Loudina se agacha y lo golpea en el vientre plantado otro sello allí.

    –¿Eso es todo cariño? No eres tan fuerte como pensé, si sigues así no lograras vencerme –se burló Loudina.

    El vampiro solo se mantenía serio. Volvió a lanzarse al ataque esta vez siendo aún más rápido, Loudina evitó dos cortes e intentó plantar otro sello, esta vez no le serviría pues el vampiro anticipó sus movimientos. Toma con fuerza la muñeca de Loudina aprisionándola para acto seguido golpearla con fuerza en el abdomen.

    La apóstol no pudo evitar quejarse y caer de rodillas por la fuerza del golpe. El paladín la tomó con fuerza del cabello para someterla pero una raíz surgió tomando a Corvus por el cuello obligándolo a soltarla.

    –Eres un maldito lograste golpearme –se alejó Loudina sonriendo–. También me gusta jugar rudo, cariño. Toma esto Espiga asesina

    Juntó sus manos para canalizar una mayor cantidad de magia. Del suelo brotó una nueva planta, esta era muy fina y aguda, tal como una lanza. Corvus apenas logró verla y esquivarla pues se movía a una gran velocidad. Más de estas plantas afiladas surgían a cada segundo hostigando al paladín desde todas direcciones. Aun así este lograba esquivarlas y córtalas todas.

    Corvus salta en el aire evitando dos espigas, a toda velocidad Loudina saltó detrás de él para golpearlo en la espalda, logrando plantarle el tercer sello. La fuerza del golpe lo regresaría al suelo contra las espigas.

    Alis –enunció para hacer aparecer otra vez sus alas mágicas y batirlas para poder escapar de las afiladas espigas.

    –Qué lindo, se ve como una preciosa ave a punto de ser desplumada –sonrió perversa Loudina mirándole volar y cortar las espigas que seguían tras de él–. Solo falta un sello para que quedes a mis pies. Rosa cortante.

    Del suelo emergieron decenas y decenas de hermosas rosas rosas, hasta allí todo bien, pero estas comenzaron a disparar sus pétalos a toda velocidad hacia el paladín que seguía volando evitando las espigas. Corvus logró verlas llegar y se sorprendió pues jamás había visto un ataque o magia como esa. Sabía que era una ataque así que comenzó a volar a gran velocidad para evitar todos los pétalos, los cual no sería del todo posible pues era tantos que algunos lograban darle y causar cortes en el metal de la armadura. Si estos le daban en la piel tendría serios cortes así que apresuró su vuelo y maniobras para evitarlos tanto como podía.

    Pocas veces en su vida tuvo que exigirse tanto al volar para su suerte los pétalos se agotaron a los pocos minutos.

    –Maldición, es muy poderosa –dijo jadeando algo cansado, su elegante y ruda armadura presentaba decenas y decenas de cortes a pesar de ser un muy buen metal–… ¿Dónde está esa mujer?

    La buscó por con la mirada pero ya no estaba así como que las espigas dejaron de salir del suelo y todo parecía estar en calma. No había notado que Loudina estaba asida al techo moviéndose sigilosa como una araña.

    Tormenta de pétalos –susurró la apóstol.

    Todos los pétalos de rosas que estaban en el suelo comenzaron a elevarse por el aire y girar cual si estuvieran dentro de una fuerte ventisca, en pocos segundos atraparon al vampiro en su interior, quien trataba de no ser tocado por esos pétalos creyendo que le cortarían, esta vez no lo harían pues no tenían la fuerza para hacerlo mas bien eran solo una distracción. Loudina saltó con fuerza desde el techo atrapando a Corvus en el aire y plantándole el cuarto y último sello en la espalda.

    –Sello del cordero –enunció ella.

    Se escuchó un golpe contra el suelo para luego todos los pétalos caer cual lluvia hasta el suelo. Corvus estaba derribado boca arriba y Loudina sobre él de forma comprometedora. Era ella quien sonreía victoriosa mientras el vampiro no entendía que era lo que pasaba y porque no podía moverse.

    –Ahora eres mío, vampiro –susurró ella de forma coqueta.

    Mientras tanto, fuera estaban Ryume y Set. Ella seguía desmayada después usar su Seishin mientras que él la miraba con seriedad detallándola.

    –Maldición purpura –musitó el chamán–. Es una magia secreta y poco conocida pero tan deleznable y corrupta como la magia negra. ¿Cómo es posible que una mujer como ella pueda usarla? ¿El señor Corvus será consiente de esto? –Set comenzaba a dudar de la integridad de su compañera pues no es grato que alguien domine ese tipo de magia–. Ryume, ¿qué más ocultas?

    En eso la asesina de elite y de raza vampírica abrió sus ojos para toparse con la seria y desconfiada mirada de Set sobre ella.

    –¿Qué pasa, Set? –musitó débil mientras trataba de levantarse. Normalmente él la ayudaría pero de momento el chico estaba confundido–. Oye, deja de mirarme y ayúdame, estoy agotada.

    –Sí, claro –se acercó–. Esa habilidad tuya es algo…peculiar, ¿no?

    –Sí, bastante –respondió tranquila–. Es herencia de mi familia.

    –Vienes de Anglia, ¿no? –cuestionó.

    –¿A qué viene eso Set? –arqueo la ceja extrañada.

    En eso un rugido llamó la atención de ambos, volvieron la mirada en esa dirección para toparse con un grupo de cuatro osos que salían del bosque y se acercaban a ellos. Sus ojos enrojecidos delataban que estaban presas de la locura que afectaba a las criaturas de ese bosque.

    –Maldición lo que faltaba –gruñó el chamán colocándose al frente y preparando sus guanteletes–. ¿Puedes luchar? –cuestionó con seriedad a Ryume.

    –N-no, lo siento. Ya no tengo nada de magia por ahora tendrás que hacerlo tu esta vez…–se excusó con vergüenza.

    –No importa, yo me haré cargo de esto –dijo tajante–. Luego hablaremos tú y yo.

    –Oye, Set, ¿qué pasa? –pero este no la escuchó pues se había lanzando al ataque.

    El chamán invocó una vez más a una de sus criaturas, Kana del sol, el zorro de cuatro colas sobre el cual se montó para avanzar rápidamente hasta sus enemigos.

    –Maldición purpura, poder de la sangre, invocación del inframundo no importa que nombre les den no son diferentes a la magia negra –susurró para sí con despreció–. La magia que acabó con mi tribu.

    –Set –musitó Ryume viéndolo luchar–. ¿Hice algo malo? –se preguntó a sí misma.

    De regreso en la cripta tras la cascada. Loudina, la apóstol roja, se daba el lujo de reírse de su indefenso enemigo. El vampiro miraba a esa sensual y peligrosa mujer sobre él y se preguntaba por qué no podía moverse.

    –¿Qué hiciste, bruja? –gruñó el vampiro tratando con dificultad de moverse apenas logrando levantar sus manos

    –Usé una sello sobre ti, cariño –quitó bruscamente las manos del vampiro–. El sello del cordero, un sello que mi señor me enseñó cuando lo conocí, es sencillo, anula toda la fuerza física del rival dejándolo completamente indefenso y paralizado.

    –Maldita, me las pagaras... ¡No me toques! –exlcamó ante lo que ella hizo que fue despojarlo de su casco. Desprotegiendo sus apuesto rostro en el cual destacan sus ojos color plata ligeramente brillantes como los de cualquier vampiro, su cabellera negra como la noche misma y su pálida piel propia de su raza.

    –Pero que tenemos aquí, eres más guapo de lo que pensé cariño –rio llevando su mano a la mejilla del vampiro para acariciarlo–. Es una pena, no me gusta matar hombres como tú. Si no hubieras sido tan tonto te habría dejado unirte a mí.

    –No me interesa unirme a una harpía pervertida y malévola –acto seguido recibió una bofetada por parte de ella.

    –Que grosero eres, no debes hablarle así a una mujer, idiota –realmente no le ofendió pues se estaba riendo–. Aun así te voy a dar un último regalo. Seguro que enamoraras de mí por esto. Rosa negra.

    Una flor emergió del suelo, era una hermosa rosa de color negro que creció hasta llegar a la mano de Loudina, ella le quitó un pétalo y se lo llevó a los labios hasta pintárselos con la esencia que desprendía terminando con los labios de un hermoso y cautivador color negro.

    –¿Que pretendes ahora? –alegó Corvus desconcertado por lo que hacía.

    –Cállate y disfruta –lo tomó por la mejillas y unió sus labios con él en un beso.

    Era difícil no disfrutar de los suaves y hábiles labios de esa mujer, incluso el vampiro se sorprendió tanto que no pudo hacer nada para evitarlo. Se prolongó uno segundo hasta que un extraño sabor amargo lo inundó. Trató de mover la cabeza para escapar pero la lengua de Loudina estaba dentro de su boca jugando con la de él. Segundos después lo soltó.

    –Que delicia, vampiro –suspiró ella sonrojada–. Tienes unos labios deliciosos, desearía poder llevarte conmigo, pero ya no se puede.

    –¿Qué hiciste, que hiciste? –decía tosiendo y escupiendo tratando de quitarse ese horrible sabor de la boca.

    –Te he dado el mejor y último beso de tu vida, no me lo agradezcas –se levantó dejándolo allí–. Te acabo de infectar con uno de los peores venenos que existen, morirás en algunos minutos no sin antes sufrir. Lo siento, pero no me agradó tu actitud, nos vemos guapo.

    Un ardor comenzó a recorrer toda su boca mientras la respiración se tornaba más difícil, solo logró verla irse por la salida de ese lugar.

    Fuera de la cueva y en el nuevo campo de batalla el joven chaman terminaba con la vida del ultimo oso enloquecido. Jadeaba agotado y con un arañazo en el abdomen pero de pie y victorioso.

    –Y-ya no hay más enemigos –dijo jadeando–. Será mejor irnos de aquí antes que más de esas cosas vengan. ¿Qué estará haciendo el señor Corvus?

    Escuchó el gritó de Ryume y volvió su mirada en esa dirección. Vió a la asesina volar por el aire arrojada, lo dudo por un momento, pero al final se decidió en ir hasta ella y atraparla antes que se estrellara contra el suelo.

    –¿Qué pasó? –preguntó él.

    –¡Set, una mujer salió de la cueva tras la cascada, está desnuda y me arrojó por el aire con una rara raíz que salió del suelo! –respondió aun sorprendida por lo que pasó.

    –Deja de decir tonterías, Ryume…

    –¡No, mira! –le señaló la cascada.

    Allí estaba la misma Loudina mirándoles con una enorme y perversa sonrisa.

    –Mierda, es verdad –dijo bajando a Ryume–. ¿Quién es ella? ¿Dónde está el señor Corvus?

    –¿Y por qué está desnuda? –agregó la vampira.

    En eso un nuevo rugido llamó la atención de ambos aventureros un rugido diferente a todos los que recientemente han visto. Sus miradas se dirigieron al origen de este sonido, palidecerían al ver a una tercia de nuevas criaturas.

    –No puede ser –dijeron los dos atónitos.

    Tres crías de dragón de tierra hacían acto de presencia frente a ellos, podían ser solo crías pero no eran para nada poca cosa, de hecho son criaturas de nivel Súper Fuerte, además de estar influenciados por la locura.

    –Parece que algunos de mis bebés han venido dejaré que ellos se diviertan con esos dos yo tengo cosas más importantes que hacer, debo encontrar a mi señor Karppoforo cuanto antes –se dijo Loudina a sí misma para luego salir corriendo del lugar.

    Ahora los dos aventureros estaban a merced de esos fuertes y peligrosos dragones mientras que dentro de la cripta Corvus se debatía entre la vida y la muerte presa de ese terrible veneno que lo asesinaría en minutos además del sello que le impedía moverse.

    –¿Alguna idea? –cuestionó Ryume a Set.

    –Ninguna en la que no nos coman –respondió gruñendo molesto e intimidado.

    –Vaya, vaya, parece que llegamos justo a tiempo chicas, hay que salvar a un par de novatos otra vez –se escuchó la voz de una mujer detrás de los dragones.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  3.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Tales of Ancient Age
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    Acción/Épica
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XX: Las doncellas mas poderosas

    (Opening: All good things – Fight)

    20 de Noviembre. Año 3150. Oeste de Wex.

    La situación no puede ser más peligrosa para un par de aventureros quienes son presa de una tercia de crías de dragón de tierra del tamaño de elefantes cubiertos por grises escamas, dientes cortos pero afilados y ojos rojos que atemorizaban al joven novato chaman, pero a pesar del miedo no retrocede.

    –Juraría haber escuchado a alguien, parecía una mujer –Dijo Set mirando en todas direcciones para ubicar quien había sido.

    –Set dime que tienes una idea para escapar –Dijo Ryume en brazos de su compañero, la asesina de elite pero carente de energía como para seguir luchando.

    –Solo se me ocurre correr tan rápido como podamos…

    –No hagáis eso, los dragones se alteran cuando su presa corre –Se escuchó otra voz cerca de ellos, está un poco más suave que la anterior pero igual seguía siendo de una mujer.

    –¡¿Quiénes son?! –Preguntó el joven chaman alzando la voz, cosa que no fue buena idea.

    Uno de los dragones se alteró por el grito y se abalanzó sobre los aventureros.

    –¡Mierda! –Gritaron Set y Ryume abrazándose entre sí debido al miedo, de forma quizás cómica.

    Una sombra saltó por el aire a gran velocidad colocándose sobre el dragón. Viste una capa negra con detalles en dorado y sus manos portan un elegante y enorme arco de madera negra, su rostro no es visible pues una máscara de carnaval negra con dorado lo cubre, pero se puede apreciar de baja estatura y cabello morado corto. La cuerda se tensa y un conjuro resuena.

    Flecha paralizante –Dijo aquella misteriosa mujer encapuchada liberando una gran flecha mágica.

    La flecha se incrusta firmemente en la cabeza del dragón deteniendo su avance, paralizándolo como bien dice el conjuro. Ante de caer al suelo arrojó dos flechas más sobre los otros dragones.

    Flecha cegadora –Estas flechas eran de magia pura y al acercarse a las cabezas de las criaturas brillaron con fuerza cegándolas.

    Al final la arquera cayó con gracia en el suelo junto a los aventureros, quienes debido al ataque del dragón habían cerrado los ojos.

    –Míralos, que lindos así abrazados como un par de tortolos –Decía riendo la primera voz–. ¡Abran paso que llegó la destructora número uno del reino de Wex!

    De entre la maleza emergió a toda velocidad una increíble mujer. Una altura fuera de lo común, 1,90 para ser exactos, una gran musculatura, sin llegar a perder la bella figura femenina, de hecho su musculatura la hacen algo exótica junto a su piel morena, sus ojos color turquesa en un rostro agraciado que lleva pintura de guerra con diseños tribales en color rojo, su larga cabellera café es atada en rastas que ondean debido a su carrera.

    Su atavío no es nada fuera de lo normal, un top de cuero y falda de piel, armadura de hierro completa sobre sí y sus manos empuñan un enorme y pesado mazo de acero sólido. ¿Queréis conocer su fuerza?

    –Eres mía lagartija desarrollada. Castigo de dolor –El mazo brilla con energía mágica verde para luego impactar brutalmente el costado del primer dragón. Ni su tamaño y peso lo hicieron permanecer en el suelo, literalmente voló por el aire ante tal impacto que resonó en todo el bosque–. ¡Eso sí que es volar! –Agregó riendo al ver al dragón estrellarse contra los arboles lejanos.

    El daño no había matado al dragón al instante, pero le había destrozado los huesos al punto que sería incapaz de levantarse otra vez y moriría en pocos minutos.

    –No lo puedo creer –Dijeron sorprendidos Set y Ryume al ver frente a ellos a esa gran mujer–. Una valquiria, la contraparte femenina de un berserker.

    –Tranquilos niños, están a salvo ahora –Se dirigió a ellos con una confiada sonrisa echando su masa al hombro y guiñándoles el ojo–. Los novatos están asegurados, acaben con los otros dos dragones.

    –¡No soy una novata! –Exclamó Ryume ofendida.

    La arquera saltó por encima de ellos fijando a los otros dos dragones que recién recuperaban la vista.

    Saeta trampa –Enunció ella liberado tres flechas rojas que se clavaron en el suelo frente a las criaturas.

    Los dragones rugieron molestos y avanzaron contra los aventureros sin ver las flechas a sus pies. Al aplastarlas estas estallaron con fuerza haciéndolos rugir de dolor y levantaron una columna de humo.

    –Eso no será suficiente, rarita, debiste apuntar a las cabezas y perforarlas –Objetó la valquiria a la arquera.

    –¡Ya te dije que no me llames así, gigantona! –Exclamó ofendida y haciendo una rabieta, o algo similar.

    –Relájate pequeña, es solo cariño –Rio la valquiria abrazando a su compañera con un poco de fuerza.

    –¡Me asfixias! –Se quejó la arquera.

    Ryume y Set poco, o nada, entendían de lo que pasaba y quienes eran esas dos, se miraron entre sí con incredulidad en la mirada.

    El humo seguía y se disipaba lentamente mostrando la silueta de los dragones heridos. Entre ellos apareció otra figura, la de una persona caminando tranquilamente entre ambas criaturas, fue pues que levantó la mano al cielo.

    –Dioses, la jefa está enojada –Comentó la valquiria.

    –Va a hacer un desastre con esos pobres dragones, debemos decir que enojarse todo el tiempo no es bueno para la salud –Agregó la enmascarada suspirando.

    –Y que nos dé una paliza a las dos, no gracias. Por mi puede hacer todo el desastre que quiera –Rio nerviosa la valquiria.

    –Está molesta por que el dragón que matamos en esa cueva rayó su escudo favorito, en verdad eso la enojó mucho –Agregó la arquera–. Novatos tapen sus oídos.

    –¡Que no soy una novata! –Refunfuñó Ryume otra vez.

    Los cuatro lo hicieron. Se escuchó la voz de aquella mujer en medio de las criaturas.

    ¡Lanza de la tormenta! –Exclamó con fuerza. Su mano brilló por un momento y acto seguido dos relámpagos cayeron del cielo fulminando a las crías dragón que no tuvieron oportunidad alguna de hacer algo.

    El sonido retumbó en el bosque dejando después un gran silencio. Aquella guerrera salió del humo sin duda alguno tan poderosa como hermosa. Su largo cabello negro cae con gracia por su espalda perfectamente peinado hacia atrás, los ojos verdes dan una belleza sin igual a su faz, la cual recuerda mucho a cierta paladín de ojos similares y paradero desconocido. De estatura normal y complexión atlética porta una armadura elegante de color azul y blanco, destacando el escudo y la espada en sus manos.

    –Por dios –Fue lo único que pudo decir Set hipnotizado ante esa dama–. E-es un ángel encarnado.

    –¡Oye! –Exclamó Ryume extrañamente molesta por su comentario.

    –¡Ja! –Rio la valquiria–. Será mejor que no te oiga decir eso, novato, ella detesta los cumplidos –Advirtió divertida.

    –¡Situación! –Exclamó autoritaria la ojiaverde a sus compañeras. Su carácter parecía bastante fuerte y serio.

    –Los dragones están vencidos, jefa. Todas las crías y la madre han sido asesinadas –Respondió con respeto la valquiria.

    –La misión principal está cumplida, además hemos salvado a estos dos novatos –Agregó con el mismo respeto la arquera.

    –¡Que no soy una novata, maldita sea! –Exclamó por tercera vez la asesina.

    –Disculpe, ¿Quién es usted? –Preguntó Set acercándose a la caballera–. Creo que ya la he visto antes en algún lugar, pero no logro recordar donde

    –Pues claro, niño –Interrumpió la valquiria–. Todos los aventureros de este reino conocen perfectamente a esta hermosa, amable, cariñosa y respetuosa mujer –Dijo con sarcasmo en la descripción.

    –No tengo tiempo para estas tonterías –La caballera rodó los ojos y se alejó.

    –Ella es Verónica Hogenhill –Siguió la valquiria riendo ante la reacción de su capitán.

    –¡Imposible! –Exclamó Set incrédulo mirándola aún más, pero hizo una reverencia en señal de respeto–. En vedad es usted, es un gran honor conocerla en persona.

    –No entiendo, ¿quién es ella? –Cuestionó confundida la asesina.

    –Verónica Hogenhill, una caballera de elite, líder de la vanguardia número uno de todo el reino, y la aventurera más poderosa del reino también. No hay nadie, hombre, mujer o bestia que puedan vencerla, la apodan La doncella tormenta invencible

    –¡Vaya, sí que estas bien informado! –Rio la valquiria–. Y nosotras somos su famosa vanguardia. Esta rarita de aquí –Señaló a la arquera, que solo se cruzó de brazos molesta por el apodo–. Es Ada Almonte, arquera de elite, yo soy Shivali Hakku, la única valquiria de elite del reino y juntas somos Las Doncellas de Plata.

    –¿Solo ustedes tres? –Cuestionó Ryume.

    –Lamentablemente perdimos a una de nuestras compañeras y la estamos buscando, su nombre es Arllet, aunque tenemos indicios de donde puede estar –Explicó Shivali–. Pero somos cinco… ¿Dónde está la ratita de biblioteca?

    –¿Por qué tienes que ponerle apodos a todo el mundo, gigantona? –Alegó Ada.

    –Déjense de tonterías ya, no podemos perder el tiempo –Intervino Verónica–. ¿Ustedes están bien? Si es así no tenemos más nada que hacer y debemos seguir nuestro camino.

    –Mi señora, detecto algo mas –Se escuchó una dulce y linda voz acercarse.

    Era la cuarta miembro la apodada ratita de biblioteca, esto debido a su pequeño tamaño, lentes y la mochila que porta en su espalda cargada de libros. Viste una túnica blanca con dorado, báculo y una bola de cristal que flota a su lado. Bastante linda y más joven que las otras guerreras, es una maga blanca de la raza elfica, su cabello es rubio corto y tiene cierta inocencia en su mirada, aun así no hay que confiarse de su apacible y linda apariencia pues no por nada es de rango elite y miembro de la vanguardia número uno de todo el reino.

    –¿De qué se trata, Eva? –Preguntó Verónica arqueando la ceja.

    –Hay alguien detrás de la cascada, parece estar inconsciente y en mal estado, quizás un hechizo o poción le están afectado –Explicó mientras miraba su esfera la cual le trasmitía toda esa información.

    –Es Corvus, esa mujer le hizo algo, lo sabía –Dijo Ryume.

    –El señor Corvus está en problemas, ayúdenos –Solicitó Set a las guerreras.

    –Claro que sí, una maga blanca siempre debe ayudar a un herido –Respondió Eva segura.

    –Bien, dense prisa y ayuden a ese sujeto. Shivali, Ada vayan con ellos, aquí les espero –Ordenó Verónica con gran seriedad y brazos cruzados.

    Los cinco acudieron rápidamente hasta la cueva tras la cascada donde estaba la cripta y allí retozaba en el suelo el paladín negro. Su piel se volvía gris y las venas de sus labios se remarcaban en un color morado, sus ojos lentamente se volvían hacia atrás y cada vez la respiración era más difícil.

    –Señor Corvus –Exclamó Set al instante.

    Él y Ryume trataron de acercarse para ayudarle, pero Shivali los detuvo.

    –Tranquilos, niños, dejen que Eva se encargue de esto –Les dijo tranquilamente y confiada en las habilidades de su compañera.

    Eva, la maga blanca, no vaciló en ayudar al moribundo paladín. Se sentó a su lado y su bola de cristal comenzó a flotar sobre Corvus. La mano de la maga se posó sobre la frente de él.

    –¿Qué le ocurrió? –Cuestionó Ryume mirando a detalle lo que la maga hacía.

    –Parece que alguien le ha envenenado. El veneno se ha propagado por la mayor parte de su cuerpo y avanza rápido, eso es bueno pues los venenos de acción rápida son débiles y fáciles de detener –Aseguro ella. Su bola de cristal comenzó a lanzar pequeños haces de luz blanca sobre el cuerpo.

    –¿Envenenado? –Repitió Ryume–. Debió ser la mujer desnuda, ella debió hacerle esto. Claro con ese cuerpo tan sensual sedujo a Corvus y lo envenenó ¡que zorra!

    –Deja de decir tonterías, Ryume, el señor Corvus no están estúpido como para dejarse seducir por una mujer misteriosa –Objetó Set dándole un golpe en la cabeza a su compañera.

    –¿De qué mujer desnuda hablan ustedes? –Interrumpió la valquiria.

    –Una extraña mujer salió corriendo de esta cueva antes que los dragones nos atacaran –Explicó Ryume sobándose la cabeza–. Luego se perdió en el bosque. No tengo idea de donde pudo salir esa zorra, pero estoy segura que ella fue quien le hizo esto al señor Corvus.

    La maga blanca liberó un gran círculo mágico en el suelo con el cual atrapó a Corvus. Unos minutos pasaron y en un rápido movimiento el paladín se levantó bruscamente, de su boca comenzó a escapar todo el veneno en forma de líquido negro, el cual era absorbido por la bola de cristal. Comenzó a toser desesperado mientras su cuerpo temblaba.

    –Tranquilo, tranquilo, ya estas a salvo –Decía la maga con una amble sonrisa–. Eso estuvo muy cerca, si no llego a tiempo no habría podido hacer nada.

    –G-gracias… ¿Q-que pasó y quienes son ustedes? –Su cuerpo estaba algo entumido y un horrible sabor inundaba su boca, pero estaba completamente fuera de peligro.

    –¡Corvus! –Gritó Ryume saltando sobre él para abrazarlo y frotar su mejilla contra la de él–. Creímos que te íbamos a perder, estábamos muy asustados. ¿Qué haríamos sin nuestro amargado capitán? ¿Quién nos va a regañar y golpear cuando hacemos estupideces?

    –Tu eres la que hace estupideces todo el tiempo –Agregó Set acercándose y sintiéndose aliviado por Corvus–. Me alegra que esté bien, señor Corvus.

    –Denme un momento, no me siento del todo bien, tengo escalofríos y un sabor a mierda en la boca –Se quejó tratando de alejarla.

    –Deberíamos investigar mejor este lugar, no me agrada su aspecto, es como si algo maligno hubiera estado encerrado aquí –Sugirió la arquera acercándose a la valquiria.

    –Concuerdo, sin embargo, la jefa no tiene tiempo para esto, debemos encontrar a Arllet cuanto antes –Respondió Shivali con seriedad mientras analizaba la cripta.

    Mientras tanto, fuera de la cueva se encontraba aquella poderosa y afamada guerrera, Verónica, esperaba impaciente a sus compañeras.

    –¿Por qué tardan tanto? –Gruñó exasperada. Respiró profundo para calmarse un poco.

    Miró su cinturón y de una pequeña bolsa sacó una carta la cual leyó una vez más, ya sabía lo que decía, pero cada que la leía le hacía recordar el motivo de su búsqueda.

    Sé que debes estar muy molesta, Verónica. Te pido perdón por lo que hice, fue muy injusto e irresponsable abandonar la vanguardia sin previo aviso, pero no tuve opción, el tiempo apremia. Descubrí un lugar donde se esconde poder y conocimientos antiguos así que decidí ir a investigarlo, no pienses que hago esto por ambición, sabes bien que no soy así.

    Esto lo hago por Dante él cada día está más débil y la bestia que posee en su interior amenaza con escapar, él ha hecho todo lo posible para contenerla pero ya no puedo, su cuerpo tarde o temprano será destruido por ese poder. Debo ayudarlo, si algo le pasara a él yo no podría seguir viviendo, sabes bien cuánto lo amo. Es pues que acudí a un viejo amigo, Bor, le pedí que reclutara a otros dos aventureros para explorar ese lugar. Lamento que te enteres de esto mediante una carta, pero no tuve tiempo para hablarlo contigo, te pido perdón si estas enfadada, cuando regrese podrás castigarme como quieras.

    Te amo Verónica, atentamente Arllet.

    Posdata: Sé que lo entenderás, eres mi hermana mayor y me conoces mejor que nadie, sabes que soy capaz de hacer cualquier cosa por él.

    Dicha carta causaba varias reacciones en la poderosa verónica, no obstante la más notoria es ira.

    –Todo por culpa de ese maldito imbécil, todo por culpa de Dante –Gruñó apretando la hoja–. No importa, lo primero es salvar a mi hermana, luego me encargaré de ese maldito hombre.

    Minutos después todos salieron de la cueva, aunque Shivali y Ada trataron de convencer a Verónica de investigar la cripta y a aquella mujer que el otro grupo mencionaba La Tormenta Invencible se negó rotundamente alegando lo prioritario de su verdadera misión, encontrar a Arllet. Es así que las dos vanguardias se separaron para seguir sus cursos, Corvus, Set y Ryume volverían a la ciudad Sky, mientras que Las Doncellas de Plata seguirían su rumbo hacia el norte.

    Nuestra historia nos lleva de regreso a la montaña donde Arllet había sido vencida. La Cripta del Loco había cambiado bastante desde entonces pues Karppoforo contaba con una gran cantidad de mano de obra inagotable, sus fieles Hatairoy. La entrada permanecía abierta y resguardada por decenas de estas criaturas. Usando su prisión como base el poderoso Ancestral Demente creó dentro de la montaña una gran e intrincada base, con habitaciones de todo tipo, dormitorios, calabozos, estudios, bibliotecas, cocina y comedores entre otros, cada uno tan detallado como el anterior.

    Para su suerte aquellos que le encerraron hace mil años habían escondido allí también la mayoría de sus pertenencias entre artilugios, libros y cientos de pergaminos extraños para la mente de un mortal, no le fue difícil hallarlos.

    Los amplios detallados corredores, que aún eran adornados por los Hatairoy que trabajan veinticuatro siete, nos llevan hasta una habitación bastan singular. Está completamente vacía salvo por unas largas mesas de roca y estantes de madera al otro lado. Sin embargo hay alguien dentro.

    Encadenada al techo con grandes y pesadas cadenas de aquel metal negro obligada a permanecer de pie se encuentra la misma Arllet. Su cuerpo ha sido despojado de casi toda su ropa y protección siendo solo cubierta por su ropa interior, en color negra por cierto. Su blanca piel muestra arañazos, golpes y suciedad, su rubia cabellera desaliñada cae sobre su rostro dejándonos solo vislumbrar sus bellos labios rosas que susurran maldiciones hacia su captor. Ver a una mujer con tal belleza indefensa seria la fantasía de muchos.

    Lo más curioso era que Karppoforo, quien la llevó hasta allí, había dejado sobre los estantes la espada, escudo y armadura de Arllet, como si no le preocupara que ella escapara, y es que no le preocupa.

    –Dante, perdóname –Repetía la rubia una y otra vez con pesar–. Verónica, hermana, lo siento mucho, cometí un terrible error. James, te he fallado como maestra.

    En eso se escuchan pasos de metal acercarse junto a un jovial y rítmico silbido por el pasillo.

    –Vamos, vamos, dense prisa pedazos de metal –Era la inconfundible y burlona voz de aquel malvado ser, Karppoforo, y si, silbaba una melodía. Entró en la habitación pateando la puerta–. ¡Hola preciosa! –Saludó a Arllet, quien solo le miró con odio.

    Un grupo de Hatairoy entraron tras de él con grandes caja que depositaron en ese lugar. Karppoforo se acercó a la rubia con un vaso en su mano.

    –¿Cómo dormiste anoche? –Cuestionó con cinismo, ¿quién podría dormir en esa posición?–. ¿Seguro tienes sed? ¿Quieres agua?

    –¡Vete al infierno, monstruo! –Maldijo furiosa y escupiéndolo.

    –Pero que mujer tan grosera y maleducada –Rio mientras limpiaba el escupitajo de su hombro–. Igual no quiero que te mueras de sed –Hizo un gesto con su mano y un círculo mágico se dibujó sobre Arllet–. Gran Cascada

    Un torrente de agua helada cayó sobre la mujer haciéndola gritar y temblar por el frio, chasqueó los dedos y el agua cesó.

    –Mira nada más, ya te mojaste –Se burló–. Y eso que aún no me quito la ropa –Una carcajada resonó y se alejó para desempacar las cosas de las cajas.

    –¡¿Qué es lo que pretendes?! –Cuestionó desesperada–. ¿Por qué no me has matado?

    –Buena pregunta, cariño –Dijo mientras sacaba pergaminos y libros de las cajas–. Veras un demente como yo no puede estar solo ni hacer cosas solo. Así que hay dos posibles respuestas a tu pregunta, o te quiero aquí para que me hagas compañía –De la caja sacó un extraño artefacto similar a una empuñadura e cuero–. O necesito un conejillo de indias.

    La mirada del ancestral no mostraba más que maldad, por más valiente que fuera la paladín no pudo evitar atemorizarse ante esos ojos que la ven como un objeto.

    –Déjame mostrarte algo –Empuñó con firmeza ese objeto, entonces un látigo mágico de desplegó–. Esta es una tecnología maravillosa que desarrollé hace mucho tiempo, la llamo Ilusión del Castigador.

    –¿Q-que vas a hacer? –Tembló y tragó saliva al ver esa cosa. Nerviosa trató de alejarse, obviamente no podia.

    Karppoforo solo sonrió lamiéndose los labios y movió su mano a gran velocidad, el látigo impactó la piel de la mujer arrancándole un grito, un ardor inimaginable fue lo que sintió. Todo el cuerpo de la mujer se tensó y su respiración se aceleró, acto seguido recibió otro y los gritos se repitieron acompañados de maldiciones.

    –Es un látigo de energía mágica. Este objeto no ataca tu cuerpo físicamente si no que activa todos los receptores de dolor de la zona atacada y envía una señal a tu cerebro para que crea que está recibiendo daño, entonces libera la sensación de dolor. ¿Lo entiendes? Es una tortura que nunca acaba pues por más que te golpee jamás de lastimaré de verdad. Déjame enseñarte lo que es el dolor –Agita su mano y ahora el látigo impacta la entrepierna de Arllet.

    –¡Haaa! –Gritó con todas sus fuerzas y sus ojos casi se ponen en blanco ante ese horrible e infame dolor en su zona genital. Apretó sus piernas para que no repitiera ese tormento–. ¡B-basta, basta ya!

    –¿Basta? Lo siento, preciosa. Esto recién comienza, espero encontrar más conejillos como tú, tengo tantas cosas que probar –Karppoforo lamió sus labios mirándola con ojos de demonio–. Eres una hermosa flor a la que arrancaré cada pétalo hasta que seas solo un tallo marchito.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     

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