Explícito Tales of Ancient Age

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Noviembre 2018.

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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    348
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    283
    PROLOGO
    Aventureros, esos grandes y fuertes guerreros que emprenden misiones para salvaguardar la seguridad de las personas, o eso dicen. Algunos prefieren vender sus servicios o buscar sus propias fortunas en tumbas y mazmorras plagadas de riesgos. Y en este mundo todo puede con llevar a un riesgo.

    En la cima más alta del mundo, donde ninguna persona debe llegar, se esconde un secreto ancestral. Poder y conocimiento más allá de lo que los magos expertos son capaces de hacer o entender, cosas inimaginables. Sin embargo, por algún motivo ese poder fue sellado y escondido ¿No? Mil años la cripta del loco ha permanecido cerrada, solo los autores sabrán porque.

    Una hermosa mujer, asolada por el temor de perder a alguien, emprende la misión de encontrar ese lugar y obtener lo que cree salvará a esa persona. Ella desconoce que ese, será el peor error de su vida, poniendose en riesgo a sí misma y a todo el mundo.

    Los aventureros tendrán que afrontar muchos peligros y muerte, si es que quieren sobrevivir y salvar al mundo. Una época de oscura se acerca a nuestro amado mundo.

    Afiche encontrado en los gremios de aventureros del mundo:

    Atención aventureros de todas las naciones: se solicita su presencia en el reino de Wex. Extraños sucesos acaban de comenzar y se necesitan guerreros para investigarlos, se asegura que el gobierno y los nobles pagaran con creces por sus servicios. Favor de presentarse cuanto antes en los gremios de aventureros más cercanos.

    Atte. Consejo de seguridad mágica del Reino de Wex
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    ADVERTENCIA:
    Este fic contiene: Violencia grafica, sexo explicito, lenguaje ofensivo, abusos, gore, muerte y tortura.
    Se recomienda discreción
     
    Última edición: 8 Noviembre 2018
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    Fersaw

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    Aries
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    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
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    Saga I: Mil años de encierro

    Capítulo I: Lo que buscas

    (Opening: All good things – Fight)
    31 de octubre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Es una noche fría en las cima de una nevada montaña. Una ventisca de nieve azota con fuerza dicha cúspide. Es allí donde divisamos cuatro siluetas abrirse paso a través de dicho vendaval helado. Camina con paso firme hacia una zona específica de esa montaña un grupo aventureros, a si les llaman a esa clase de guerreros buscadores de fortunas, mercenarios o cazadores, pues es difícil sintetizar en una sola palabra todo a lo que se dedican esa clase de personas.

    Este grupo en particular se conforma por dos hombres y dos mujeres, cada uno corresponde a una clase diferente. Al frente tenemos a la fuerte Arlett, una veterana de combate, una bella mujer de edad considerable, aquí entrenos tiene treinta y cinco años, aunque no le gusta admitirlo. Ella es una paladín, una clase avanzada de aventurero.

    La valiente, bella y seria mujer de cabellos rubios largos, los cuales ata en una trenza, mantiene sus fieros ojos verdes, cual esmeraldas, al frente, su bello rostro no resiente el frio. El peso de su armadura, hecha de acero platinado de alta calidad, que, lamentablemente, oculta su atractivo y delgado cuerpo, no aminora su avance, ya hace un rato dejó a sus compañeros atrás.

    –Arlett, no avances tan rápido, te estás separando del grupo –llamó un hombre, quien trataba de alcanzarla.

    –Entonces dense prisa, Bor, no detendré mi avance por ustedes, esta tormenta está aumentando, si no llegamos a la Cripta ahora, moriremos congelados –alegó la rubia de forma seria, sin siquiera mirar a los que detrás de ella están.

    –Cielos, nada la detiene –comentó con admiración ese hombre.

    Bor, un Soldado humano en la clasificación de los aventureros. Son fuertes en el cuerpo a cuerpo, además de ser resistentes ante los arqueros y otras clases de hostigadores.

    –No por nada es la líder del gremio de Wex, es una guerrera sin igual ¿Verdad, señor Bor? –esto lo dijo una joven.

    –Sí, eso es verdad. No te quedes atrás, Lana, o te perderemos en la nieve –dijo Bor, esto a forma de burla.

    La chica solo bufó un poco ofendida. Se refería a la baja estatura de la chica, quien es una Maga Blanca elfa, estos magos carecen de fuerza o destreza, su fortaleza es la de ayudar en combate a sus aliados, así como curarlos o mejorar sus habilidades mediante posiciones y hechizos.

    –Dejen de hablar, nos estamos atrasando –esto lo dijo el último miembro del grupo. Quien avanzaba rápidamente a través del a tormenta buscando alcanzar a Arllet.

    Este último es un Arquero vampiro, esta clase es muy ágil y veloz en sus movimientos, sobre todo durante las noches, especialistas en el ataque a distancia y las emboscadas.

    Era un camino de subida muy difícil para ese grupo de aventureros, por suerte pocos minutos después llegaron a su objetivo. En una gruta hallaron una inmensa puerta: con diez metros de altura por cinco de ancho, además de estar hecha de metal sólido, en ella se grabó un extraño símbolo: Tres rostros con expresiones diferentes, los cuales forman un triángulo, y en el centro un corona.

    Lana usó una gema de luz para iluminar el lugar y poder apreciarla mejor.

    –Jamás había visto un símbolo como este, ¿Cuál es su origen? –preguntó la joven maga blanca.

    –Ni idea, pero el libro que hayamos no mentía –respondió Bor mientras admiraba la gigantesca puerta – “En la cima de la montaña del cuervo, donde ningún hombre puede llegar, allí está la Cripta del loco, en su interior se haya un ancestral poder que nadie ha visto en miles de años” –citó el texto que encontraron en un libro.

    –Dijeron que tenían un forma de entrar –cuestionó el vampiro arqueo a la rubia.

    –Y la tenemos –respondió de forma seria. Buscaba en la puerta una abertura donde colocar la llave que tenían.

    –¿Dónde hallaron esa llave? –preguntó el vampiro al soldado.

    –En una muy antigua caverna, la custodiaban hombres de roca, cuando los vencimos calculamos que tenían, al menos, ochocientos años de edad, eran unos verdaderos vejestorios ¿no? –respondió de forma orgullosa el soldado.

    –Demasiado antiguos, diría yo –musitó el vampiro con algo de desconfianza.

    La rubia no tardó en hallar la cerradura que buscaba, vaya que era pequeña. Introdujo la llave y giró. Se escucharon grandes mecanismos de metal moverse y resonar en toda la montaña.

    –Listo –dijo Arlett articulando una gran sonrisa –. Ahora veamos cuál es ese ancestral poder.

    Los cuatro hicieron un esfuerzo para empujar las grandes, y extrañamente ligeras, puertas. El interior estaba terriblemente oscuro, pero lograron percibir una extraña presencia, dentro estaba muy cálido, a pesar de estar en la cima del mundo.

    El grupo comenzó a entrar, los primero que notaron fue que el suelo estaba hecho de metal, lo que hacía resonar sus pasos en la inmensidad oscura a la que se adentraban. La luz de la gema de la maga blanca apenas e iluminaban por donde caminaban.

    –Este lugar es inmenso –comentó el soldado mirando en todas las direcciones, el techo era imposible de ver, debe ser muy alto.

    –El ambiente se siente pesado, hay algo extraño aquí que no me agrada –agregó el vampiro con una flecha ya sobre su arco, solo para estar seguro.

    –Déjense de tonterías, este lugar debe llevar siglos sellado, incluso los cadáveres desaparecen en ese periodo de tiempo –espetó la rubia líder algo seria.

    Mientras más avanzaban más sentían la presencia, una extraña presencia. Hasta que escucharon un golpe muy fuerte y metálico, eso los sorprendió y se pusieron en formación, Arlett y Bor al frente, detrás Lana y detrás el arquero.

    –¿Ven algo? –preguntó Bor mirando en todas direcciones.

    –Nada, ni yo soy capaz de ver en esta oscuridad –respondió el vampiro haciendo brillar sus ojos para tratar de ver a través de la penumbra, con fallidos resultados.

    –¡Atentos! –llamó la joven maga cerrando los ojos y concentrada en detectar magia–. Una presencia mágica se acerca por el frente, es de poco nivel, pero se mueve rápido.

    Arlett trató de ver qué era eso que la elfa percibía, tardó poco hasta escuchar algo correr en su dirección. Lo que logró divisar fue a una persona, o eso parecía, con una armadura en pésimo estado.

    –¡Lo tengo! –avisó el vampiro. Se movió a un lado con gran agilidad arrojando una fugaz flecha hacia esa cosa.

    Grande seria la sorpresa al verlo recibir la flecha en la cabeza, atravesando el yelmo, y seguir corriendo como si nada. La paladín avanzó golpeándolo salvajemente con su escudo, la fuerza lo arrojó violentamente por el suelo.

    –Eso no era un humano –dijo Bor extrañado –, esa cosa recibió la flecha como si nada…

    –¡Se acercan más! –alertó la maga.

    Otro de esos raros sujetos atacó a Bor, por el costado, no tenía armas, más bien intentaba derribar al soldado. Bor lo golpeo con su escudo alejándolo para luego atacar con su espada, decapitándolo con facilidad. Otro intentó atacar a Arlett, atacándola de frente.

    –¡Estocada! –enunció, activando el conjuro de su arma, la cual brilló y arrojó una presión de aire que hizo volar de forma violenta al atacante.

    De momento parecían estar a salvo, o eso creía. Bor se acercó al sujeto que venció para verlo mejor y saber que era. Impactante fue ver que dentro de esa vieja armadura había un cadáver. Era ya solo huesos con escasos pedazos de piel y carne pútrida, que despedía un repúgnate hedor.

    –Por la diosa de la luz, que mierda es esto –espetó ante su sorpresa. El asco lo invadió llevándose la mano a la boca para contener sus nauseas.

    –Que un mal rayo nos parte, esto es un draugr –alegó con temor el vampiro –, esto es nigromancia avanzada. Salgamos de este infame y sacrílego lugar.

    –No, aun no encontramos ese poder ancestral… –Dijo con seriedad la paladín.

    –¿Qué esperas encontrar en esta tumba? –interrumpió molesto el vampiro –. Ustedes me engañaron, dijeron que sabían bien lo que encontraríamos aquí. Sea lo que sea ese poder es más que obvio que rebosa magia negra, y no tengo intención alguna de inmiscuirme en esas cosas. Yo me largo.

    –Espera, no te vayas, aun podemos sacar provecho de esto. Si es que es algo oscuro y maligno bien podemos destruirlo y cobrar al reino por ello ¿No? –trató de convencerlo Bor.

    –Humanos de mierda, solo piensan en dinero –gruñó ofendido el arquero. No tenía intención de quedarse allí y se encaminó a la salida –, tu deberías hacer lo mismo, una novata no tiene nada que hacer aquí –esto se lo dijo a la joven maga quien miraba confundida lo que pasaba.

    Sin embargo algo no quería ellos salieran. Más de esos draugr se hicieron presentes rodeándolos y atacándolos. El vampiro no tuvo más opción que quedarse a luchar. Disparando sin cesar sus flechas directas al cuello de los draugr hasta sepáralas de sus torsos.

    Por otro lado, Bor, un soldado curtido en combate, no ve problemas, atacando con gran habilidad. Su escudo lo protege de los ataques y las arremetidas de los no muertos, para luego con su espada cortarles la cabeza.

    –Estocada –enuncia la paladín. Agita su sable y una fuerte ventisca manda a volar a una decena de esos monstruos.

    Ella es aún más superior que sus compañeros. Se mueve con gracia y agilidad, a pesar de su gran armadura, y su sable rebana a los monstruos como si de mantequilla estuvieran hechos. Esas antiguas y oxidadas armaduras son de papel ante ese filo sublime.

    La joven maga no sabe qué hacer, a diferencia de sus compañeros ella no puede defenderse sola. Un draugr se acerca por detrás tomándola de los hombros, haciéndola gritar. El monstruo busca morderla.

    Flecha encadenada –enuncia el vampiro dando un gran salto. Arroja una flecha brillante clavándola en la cabeza del draugr. Una cadena mágica conecta dicha flecha con la mano del arquero. Con fuerza lo jala alejándolo de la maga.

    –Gracias –dijo ella aliviada.

    –No hay tiempo para eso, Lena. Debes protegerte, usa un escudo –sugirió el soldado que luchaba contra tres draugr al mismo tiempo.

    –Pero, señor Bor, si hago eso no podré ayudarlos con mi magia de apoyo –replicó ella.

    –Necesitamos que estés sana y salva para curarnos cuando acabemos con estos monstruos –agregó la rubia Arlett cortando por la mitad a dos draugr al mismo tiempo.

    –Está bien, lo haré –eso era algo característico y frustrante de los magos blancos, son inservibles para luchar –Escudo de luz –enunció levantando su báculo. Magia pura emano de este creando una cúpula azul y transparente que la protegería.

    Los dos humanos y el vampiro siguieron luchando contra los no muertos, quienes no dejaban de llegar. Los cadáveres se acumulaban y amontonaban sin cesar.

    –Esto no acaba nunca ¿o qué? –gruñó frustrado y molesto el soldado.

    –Les dije que debíamos largarnos de este puto lugar, ya no tengo más flechas, tendré que usar mi magia –espetó frustrado el arquero.

    –Ya me cansé de estos asquerosos monstruos, y este repugnante hedor que comienza a marearme –dijo la paladín con –, acabaré con esto de una maldita vez. Usaré mi Seishin, prepárense.

    –Esto se pondrá feo –alegó el soldado –. Vampiro acércate a ella y quedémonos detrás.

    No entendía por qué tanto temor, pero sabía que los todos guerreros tienen un Seishin, una habilidad mágica de gran poder y destrucción. Arlett se colocó frente a la esfera de la maga, para no dañarla, y a su vez Bor y el arquero detrás. La paladín de puso firme, con su sable hacia el suelo. Los draugr no tardaron en rodearlos, eran decenas, quizás cientos, que pasaban sobre los cadáveres de sus aliados vencidos sin importarles nada.

    –Jama había visto que un nigromante fuera capaz de levantar a tantos draugr, debe haber cientos. Quien lo haya hecho regresar a la vida, debe ser muy poderoso –comentó el vampiro mirando a tantos enemigos.

    –¿Quieres ver algo poderoso? –rio el soldado bastante confiado.

    El arquero volvió su mirada a la paladin. Una gran cantidad de magia emanaba de ella cual si fuera fuego en color azul.

    Seishin, liberado: ¡Tifón de la devastación! –articuló con firmeza.

    Un viento comenzó a girar alrededor de ella y los miembros de su esquipo, viento que comenzó a ganar fuerza y velocidad hasta convertirse en un tornado. Los draugr fueron tomados por esos poderosos vientos levantándolos y golpeándolos entre sí.

    –Que poder –admitió con incredulidad el vampiro al ver un tornado desde su interior y no sentir absolutamente nada.

    –No por nada es una de las guerreras más importantes y a famadas de Wex –agregó con admiración el soldado.

    Los vientos eran cada vez más violentos, estrellando brutalmente a los draugr contra objetos en la oscuridad, despedazándolos o mutilándolos. Era hora de acabar con esto bastó con que enfundara su armada para poner fin a ese poder. Creando una violenta explosión que estrelló con salvajismo a todos los draugr que aún quedaban con vida. En cuestión de segundos había acabado con un ejército de no muertos, sin sudar una sola gota.

    –Debo admitir que eso fue impresionante –comentó el vampiro al ver tantos pedazos de cadáveres y trozo de metal, otrora armaduras, regados por el lugar.

    –Usted es impresionante, señora Arllet –dijo la maga con gran emoción mientras desactivaba su escudo.

    –Parece que acabé con todos esos monstruos –sonrió con cierta soberbia, se notó un poco cansada por usar ese poder –. Encontremos ese poder ancestral y nos largamos.

    –Impresionante –se escuchó la voz de alguien. Al instante todos se pusieron en guardia.

    –¿Quién anda allí? –Alegó la rubia mirando en todas direcciones.

    Al instante las luces de lugar se encendieron, de forma que los deslumbró un momento. Dicha cripta era una gigantesca sala. El techo estaba a unos veinte metros de altura y unos grandes pilares lo sostenían, el suelo era de metal y las paredes también, como si de una inmensa caja de tratase. En el centro, a unos metros frente al grupo, había un hombre, o eso parecía.

    Estaba arrodillado y decenas de enormes cadenas ancladas a los pilares lo mantenían inmóvil. Sus ojos están vendados al igual que su boca. Además de estar completamente desnudo. Su piel es gris y su cabello negro, tan largo que cubre su cara.

    –Hola, hola, hola –se escuchaba una voz. La voz de un hombre, quien parecía muy animado –. Por fin un grupo de imbéciles han llegado a mi prisión a jugar conmigo.

    –¿Qué? –cuestionó Bor sin entender –. ¿Ese sujeto es el que está hablando?

    –Pero claro que soy yo, idiota. Quien más puede tener esta dulce y sensual voz. Por cierto, veo que se divirtieron mucho con mis mascotas no muertas –dijo riendo. Era extraño ver a un hombre hablar sin usar la boca.

    –¿Quién eres?, ¿y por qué estas encerrado en esta cripta? –cuestionó Arlett dudosa de ese extraño sujeto.

    –Ya se, si me liberan les diré quién soy…

    –Ni muerto. Es momento de irnos, este sujeto es alguna clase de monstruo, solo así pudo haber pasado tantos siglos encerrado y seguir con vida…

    –No, no, no. No soy un monstruos, vampiro estúpido –¿Cómo sabía que él era un vampiro si no puede ver? –, yo llevo aquí un milenio.

    –Patrañas, nada puede vivir tanto tiempo, ni siquiera los espíritus negros –alegó Bor incrédulo.

    –¿Quién eres? –insistió Arlett –. Aquí se oculta un gran poder, lo sé ¿Dónde está?

    –¿Por qué quieres encontrarlo? –preguntó el extraño hombre.

    Ante esa pregunta el vampiro y Bor, miraron con curiosidad a la mujer, pues, desde que los reclutó no le reveló el motivo para llegar a hasta ese lugar y el por qué buscaba con vehemencia ese ansiado poder. Ella gruñó y se acercó al encadenado.

    –Los libros dicen que aquí se esconden conocimientos y poderes para prologar la vida mortal –dijo con seriedad.

    –¿Qué? –exclamaron sorprendidos la maga y el arquero.

    –Arlett, ¿Dijiste libros? –fue lo que intrigó a Bor –. Tú y yo solo hemos encontrado un libro que hablaba de este lugar.

    –Tú y yo, lo dijiste. Yo llevo meses investigando sobre este lugar –se colocó frente al encadenado –, ¿Dónde está ese poder y esos conocimientos para prologar la vida, para curar enfermedades y todo eso?

    –… Aun no has respondido a mi pregunta, preciosa –rio la voz del encadenado, quien permanecía inmóvil cual estatua –, ¿por qué deseas el poder y los conocimientos? Si respondes con la verdad, te diré dónde encontrarlos.

    Gruñó mirándolo con frustración.

    –Necesito salvar a alguien. Es una persona muy importante para mí, está enfermo… muy enfermo –hizo un esfuerzo para mantenerse firme y no quebrarse –, él morirá si no lo salvo.

    –Arlett –musitó Bor – hablas de…

    –¿Y quién es ese afortunado hombre? –cuestionó el encadenado con intriga –, debe ser alguien muy importante para que vengas hasta la cima del mundo en busca de una solución, ¿No?

    –…si, si es alguien muy importante para mí –suspiró con un nudo en la garganta.

    –Arllet, ese hombre es un monstruo, dejó de ser humano en el momento que se entregó a la oscuridad…–objetó molesto Bor, acercándose a ella.

    –¡Cállate! –Exclamó ella mirándolo, había odio y tristeza en su mirada, al tiempo que las lágrimas escapaban por sus ojos –. No te permito que hables así de él. Ni tú, ni nadie tiene derecho a juzgarlo, ni tú ni nadie conocen y por qué se convirtió en lo que es.

    –Es una bestia, un demonio maldito que aceptó caminar por la oscuridad a cambio de poder –decía con desprecio el soldado –, no vale tu esfuerzo, es…

    –¡Es el hombre que amo! –con fuerza tomó a Bor por el cuello acercándolo a ella –. ¡Lo amo más que a mi propia vida, y es mi culpa que se convirtiera en lo que es! –lo soltó de forma brusca, secando sus lágrimas –, aceptó esa maldición para salvarme, ahora es mi turno para devolverle el favor. Ya respondí tu maldita pregunta, ahora dime donde carajos está ese poder y conocimientos –volvió su mirada al encadenado.

    –Bien, es una historia interesante, y estoy convencido de que no me mientes –dijo el encadenado –. Bueno, ese poder y conocimiento que buscas está frente a ti ahora. Yo, yo yo soy ese poder y conocimiento que pueden prolongar la vida de los mortales, entre otras cosas.

    –¿Qué, de que mierda hablar? –gruñó ella tomando su sable –, déjate de tonterías y dime la puta verdad.

    –Libérame y te mostraré de lo que soy capaz –rio de forma burlona.

    –No haré eso. Si no me dejas alternativa te cortaré la cabeza –amenazó enfurecida –, ¡habla ya maldito!

    –Bien, no me dejas opción, tendré que obligarlos a liberarme –su voz se tornó más seria.

    En ese momento algo muy grande y pesado cayó detrás de ellos. Los cuatro guerreros volvieron la mirada para ver que había sido ese estruendo. Lo que vieron les heló la sangre, la joven maga se paralizó de miedo. Un gran y poderoso golem de bronce se levantaba frente a ellos, con cuatro grandes brazos y diez metros de altura.

    –Ya jugaron con mis cachorros, veremos que pueden hacer contra mi perro grande –rio el encadenado ante las reacciones de esos cuatro.

    –Acabaré con esa bestia y luego te cortaré la cabeza, imbecil –sentenció la paladín con firmeza encarando al golem.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
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    Saga I: Mil años de encierro

    Capítulo II: El ancestral Karppoforo

    (Opening: All good things – Fight)

    31 de octubre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Frente al grupo de aventureros se erguía un poderoso e imponente golem de bronce, con la característica de tener cuatro brazos. Bor, retrocedió intimidado, el arquero tembló y la joven maga simplemente se paralizó de miedo ante tal monstruo. Sin embargo, la inalterable paladín Arllet, miraba con una inmutable expresión en su rostro.

    –Acabemos con esa cosa –dijo con decisión mirando sobre su hombro a sus compañeros–. O moriremos.

    El soldado y el arquero se miraron entre si reuniendo el valor para asentir y hacer frente a esa bestia.

    –Lana, necesitaremos tu magia de apoyo –dijo Bor acercándose a la maga blanca.

    Pero la joven estaba paralizada, mirando con horror a esa criatura. El soldado la tomó por los hombros colocándose frente a ella para que lo mirara a él.

    –Lana, no es el momento para tener miedo. Esta es la vida del aventurero, ahora recobra tu valor y ayúdanos para vencer a esa cosa –dijo con seriedad mirándola a los ojos.

    –Se, se, señor Bor… yo, yo no puedo, no puedo…–trataba de hablar pero no lograba, el miedo la controlaba.

    –¡Cuidado! –alertó el arquero.

    El soldado vió sobre su hombro. El golem había atacado y se precipitó buscando aplastarlos. Arlett aprovechó esto y saltó arrojando un feroz corte que dañó la rodilla derecha del golem, haciéndolo caer y rodar por el suelo. El soldado tomó a la maga y se arrojó a un lado en el último momento para evitar ser arrollados por el cuerpo del golem.

    –¿Están bien? –cuestionó el arquero, quien debió hacer el mismo movimiento.

    –Sí, estamos bien –respondió el soldado levantándose, aun con la maga en sus brazos –. Lana, por favor, debes reaccionar, necesitamos tu magia de asistencia.

    La chica seguía aferrada a él. Pero poco duraría este estado, comenzó a respirar lentamente para calmarse y recobrar el poco valor que tenía.

    Por otro lado, el golem se levantó tan rápido como podía, solo para ver a una poderosa rubia saltar hacia él arrojando una estocada hacia su pecho.

    –¡Estocada! –enunció ella, activando ese conjuro que creaba una presión de aire. La cual bastó para empujar al pesado golem y derribarlo una vez más.

    Gran flecha –siguió el arquero usando un conjuro que aumentaba el tamaño y potencia de sus proyectiles.

    Arrojó una flecha a toda velocidad que se clavó justo en la frente del golem impidiéndole levantarse.

    –Buen intento, pero los golem no son vencidos así. Para acabar con ellos debes destrozar el núcleo de su magia –informó la paladín junto al arquero.

    –¿Y dónde es eso? –cuestionó el vampiro mirándola de reojo mientras preparaba otra flecha mágica.

    –En el centro de su pecho –respondió la rubia agitando su sable esperando el siguiente ataque.

    El golem no tardó en levantarse una vez más, con una gran abertura en su frente causada por el ataque del arquero. Cuando se puso de pie, recibió un ataque muy enérgico. El soldado corrió con vehemencia y saltó hasta impactar la cabeza del golem con su escudo.

    Embestida –era el nombre del ataque. Bor se notaba diferente una magia azul lo rodeaba, esta le ayudó a aumentar su fuerza casi al doble.

    –Disculpen mi reacción. Ya estoy lista para ayudarlos –dijo Lana acercándose a Arllet y el vampiro. Su mano permanecía levantada apuntando al soldado–. Esta es mi magia de asistencia. Gran fuerza, mientras mantenga este conjuro el señor Bor tendrá un gran aumento en su fuerza y resistencia.

    –Bien hecho, no pierdas la concentración, arquero quédate junto a ella y ataque desde la distancia –ordenó Arllet.

    El golem, una vez más se levantó. El golpe propiciado por Bor le había destrozado la cara, desencajando su mandíbula y abollando la mitad de su rostro de bronce. Esta clase de criaturas no sienten dolor, y seguirán luchando hasta que sean destruidos, cosa que solo se puede lograr destrozando su núcleo.

    –Pero que malos son con mi mascota –se escuchó la voz del encadenado, quien parecía bastante animado ante lo que presenciaba–. Humanos maleducados, no deben tratar así a las mascotas de su anfitrión.

    –Ese sujeto dice solo tonterías –bufó el soldado sin perder de vista al golem.

    –Tendré que dejar que mi golem les dé una lección por su insolencia. Golem, puedes usar tu arma –ordenó riendo.

    –¿Arma? –alegaron el soldado y la paladin sin entender de que hablaba–. Los golem no usan armas.

    Se llevarían una gran sorpresa al ver al gigante de bronce extender sus manos en dirección a ellos, y disparar ráfagas de flechas. Tuvieron que reaccionar tan rápido como le fuera posible, Arlett y Bor usaron sus escudos para cubrirse, por otro lado el arquero se arrojó sobre la maga para salvarla de esas andanadas de flechas. Dicha ofensiva del golem duró unos segundos, en los cuales disparó una gran cantidad de flechas.

    –Eso es increíble, ese golem parece tener aditamentos secretos –dijo Bor a Arllet asomándose por su escudo para asegurarse que termino el ataque.

    –Esto no me agrada. Jamás supe de un golem que tuviera armas secretas –agregó la rubia con una seria mirada.

    –¡Arquero! –gritó la maga llamando la atención de los otros dos.

    El vampiro, en su afán de salvar a la maga, recibió cuatro flechas que atravesaron sus piernas, dejándolo inmóvil y gruñendo ante el dolor. La maga se acercó a él para hacer lo que debía.

    –Señor Arllet, señor Bor, debo usar mi magia de curación para ayudarlo –informó al tiempo que sus manos brillaban –. Bendición de la diosa de la luz

    Curar heridas como esas llevaría un tiempo, tiempo que no tendrían. Bor y Arlett se concentraron en combatir contra el golem que buscaba aplastarlos.

    Mientras la maga hacia su trabajo no notó que más draugr salieron de agujeros en el suelo. Un par se acercaron por detrás de Lana en silencio.

    –¡Detrás de ti! –exclamó el arquero al abrir los ojos y ver a los no-muertos tan cerca.

    No pudo hacer nada, un draugr la tomó con fuerza del cabello jalándola bruscamente alejándola del arquero quien aún no estaba ni cerca de recuperarse, aunque trató de tomarla para que no la alejara. Ella solo chilló sorprendida y adolorida por esa agresión. El draugr colocó sobre ella intentado morderla, a lo que ella apenas logra alejar usando todas sus fuerzas para alejarlo mientras gritaba por ayuda.

    Bor fue quien volvió la mirada al escucharla, pues Arllet estaba enfrascada usando sus habilidades de viento para luchar con el golem, buscando dañar sus piernas. El soldado pudo divisar una gran cantidad de draugr aparecer y acercarse a la maga y el arquero. Tan rápido como pudo se acercó a ella usando embestidas para alejar al no muerto que trataba de morderla.

    Los no-muertos trataban de abalanzarse sobre Bor ahora. Usando su espada y escudo les dio batalla destrozándolos sin piedad, mientras la maga buscaba al arquero. El grito desgarrador de dolor avisó lo que le pasaba. Sobre él había al menos, unos cuatro no-muertos, aunque trataba de alejarlos, no podía y estos comenzaron a morderlo. Los escasos, podridos, pero afilados, dientes se clavan en su piel y carne para luego desgarrarla y arrancar pedazos sanguinolentos, los gritos de desesperación y dolor aumentaban mientras su sangre se esparcía por el suelo.

    –Mierda, mierda, no, ¡no! –exlcamó furioso el soldado. Aunque tratara de acercase mas no-muertos lo detenían obligándolo a luchar sin poder llegar hasta su compañero. Los gritos y quejidos ahogados en dolor que suplicaban ayuda desesperaban y frustraban al soldado. Bor exclamó con fuerza partiendo a dos draugr por la mitad –. Acabaré con ustedes, bastardos de mierda. Seishin, liberado: ¡Yo te invoco, gran rey de los leones!

    Clavó su espada en el suelo. Al instante un circulo mágico de color dorado apareció abriendo un portal que permitiría traer a hasta aquí aun gran y majestuoso gran rey león. A simple viste es un león con dos metro de altura, un bello pelaje dorado y una melena negra, además de una fuerza devastadora. No hizo falta que Bor le diera una orden. Por instinto el león se arrojó sobre los draugr, embistiéndolos, mordiéndolos y desgarrándolos con sus afiladas garras.

    La paladin seguía enfrascada en su batalla personal contra el golem. Esquivó una patada del gigante de bronce, y se acercó a su otra pierna, arrojando un corte que dañó su tobillo. Antes que el golem reaccionara ella saltó por su espalda usando su estocada una vez más derribándolo bruscamente. Dio un gran saltó y cayó en picada sobre la espalda del golem incrustando todo su sable, esperando poder llegar hasta el núcleo de magia. Pero no fue suficiente, el largo de su arma no lo permitía. Al ver fallido su ataque debió bajar antes que el golem la golpeara.

    Arllet, tomó distancia y miró a sus compañeros, el león seguía arrasando con los draugr, pero aun no lograban salvar al vampiro que seguía siendo masacrado. Sintió una gran impotencia por no poder ayudarlos, además de culpa por ser ella quien los llevó allí, básicamente con mentiras y sin darles suficiente información.

    El golem se incorporó y atacó con más ráfagas de flecha, a lo que ella debió cubrirse. El gigante aprovechó eso e intentó patearla. En el último momento ella logró ver la gigantesca pierna de metal que la destrozaría. Soltó su escudo y se arrojó a un lado para evitarlo. Al verla en el suelo la criatura arremetió con un puñetazo intentado aplastarla, ella usó su sable y arrojó una estocada que empujó al golem alejándolo.

    –Tomo a esto, pedazo de metal –se levantó rápidamente y comenzó a correr para alejarse un poco. El golem intentó seguirla, aunque era demasiado lento–. Ven aquí imbécil, ven –se dijo así misma preparando un ataque que debía ser arroajdo desde una distancia larga–. Eres mío ¡Viento segador!

    Arrojó un corte horizontal, el cual creó una hoja de viento terriblemente afilada. Avanzó a una a gran velocidad hasta cortar por completo el tobillo dañado del golem, haciéndolo tropezar y rodar por el suelo hasta derribar uno de los pilares del recinto. Arllet se arrojó a un lado para evitar que la arrollara. Vió su oportunidad y se acercó saltando sobre el pecho de la criatura. Allí usó todas sus fuerzas para clavar su sable esperando dañar el núcleo mágico. Está vez lo logró. El pecho del golem comenzó a brillar, lo cual era extraño, además que comenzaba a contraerse haciendo un horrible sonido por estar hecho de metal.

    –¿Qué diablos pasa? –se dijo a sí misma la paladín sin entender.

    La luz era cada vez más potente y el golem se destrozaba a sí mismo. Ella logró intuir que era lo que podría pasar. Tan rápido como pudo saltó de él y se alejó, aunque debió dejar su sable clavado, pues tratar de sacarlo le quitaría tiempo.

    –¡Va a explotar, cúbranse! –avisó a sus compañeros.

    Un par de segundos después el golem estalló. Un gran y estrepitoso estallido de magia que derribó dos pilares más, además de hacer temblar toda la montaña. Los draugr, que aún quedaban, salieron volando estrellándose mortalmente contra las paredes, techo y otros pilares. La maga ávidamente creó un escudo que la cubrió a ella y al soldado. Cabe mencionar que Bor debió romper la invocación de su león para evitar que fuera dañado por la explosión, haciéndolo desaparecer.

    La maga desactivó su escudo y corrió hacia el vampiro, esperanzada en que aun pudiera salvarlo. Ya era demasiado tarde. Lana se llevó las manos a la boca, aterrada y temblado al ver el terrible estado en el que quedó el cuerpo del vampiro. Los draugr lograron arrancarle los brazos a mordidas, además de dejar grotescas heridas sobre su rostro, cuello y piernas. Pero lo que le dio muerte, aunque en esas condiciones quizás era algo bueno, fue la explosión, la que lo estrelló contra un pilar partiéndole el cuello y la espalda.

    –Dioses –chilló ella cubriendo sus ojos con sus manos, en parte para no ver la horrible escena, y además para que no la vieran sollozar.

    –Tranquila, tranquila –dijo el soldado acercándose a ella para abrazarla–. Esta es la vida del aventurero, un peligro constante…

    –Es horrible –sollozaba buscando refugió en el pecho de Bor–. Estas no son las aventuras que imaginé cuando me registré en el gremio.

    –Esto fue un terrible error –miró con seriedad a Arllet, pues ella los había llevado hasta allí con mentiras y poca información–. Nunca debimos venir aquí, esta no era una misión para un grupo de cuatro.

    –Lo sé –respondió la rubia desviando la mirada ante los culposos ojos del soldado–. Fue una pérdida de tiempo, y una muerte en vano –gruñó al ver el cuerpo del arquero. La paladín se fijó en el encadenado, quien no había dicho nada, pero se le escuchaba reír–. Te dije que te cortaría la cabeza después de vencer a esa cosa.

    Agitó sus sable y se acercó con enojo hacia el encadenado, quien solo seguía riendo, una risa burlona y muy molesta. Cuando estuvo frente a él lo tomó del cabello y levantó su sable.

    –¿Sabes cuánto tiempo me tomó juntar todo ese bronce y crear un núcleo de magia tan grande que estallara al ser dañado? Eres una mujer muy grosera, sabias –dijo aquel extraño hombre sin asustarse.

    –Que lindas últimas palabras –bufó ella–. Es hora de terminar con esto.

    –¿En verdad crees que ya terminó? –fue lo que dijo el encadenado con una voz muy alegre–. Venir aquí fue una terrible estupidez, para ustedes, porque, en el momento que abrieron esa puerta rompieron el sello que comprimía mi magia.

    –¿De qué diablos hablas? –gruñó ella.

    –Que no saldrán nunca de aquí. Todas mis mascotas y experimentos están despertando, y ni siquiera una fuerte guerrera como tu podrá contra todos ellos.

    Un extraño sonido se escuchó en toda la sala. La paladin dejó de lado su intento de ejecución tratando de entender que era eso. Eran como susurros inentendibles, aunado a un metal rechinando. Lana se asustó ante eso solo aferrándose al soldado.

    –Qué mala suerte para ustedes, parece que mis Hatairoy y mi Metalanguis ya despertaron, comparados con ellos, los draugr son hormigas.

    Una puerta de roca se abrió en uno de los costados del salón y de ella salió algo parecido a una serpiente, era muy grande, de unos ocho metros de longitud, así como estar hecha de metal.

    –¿Qué es eso? –alegó la paladín soltando al encadenado y mirando incrédula a esa criatura que se acercaba a ella rápidamente.

    –Es uno de mis mejores experimentos, una serpiente de metal con una curiosa afición por matar –rio el encadenado.

    La serpiente se acercó a la rubia, girando a gran velocidad enrollándose, arrojando su cola contra Arllet a manera de ataque. Y vaya que fue útil, aun cubriéndose con sus brazos la fuerza la arrojó varios metros haciéndola rodar por el suelo. Los brillantes ojos rojos de la criatura se fijaron en el soldado, yendo a por él.

    Lo único que pudo hacer, en parte por miedo y en otra por tener a la maga aferrada cual gato asustado, fue tomar a la chica y comenzar a correr tan rápido como podía hacia la salida. No pensaba en abandonar a Arllet, lo que quería era sacar a la maga y ponerla a salvo. Pero no era más rápido que esa criatura, la serpiente o, Metalanguis, hizo el mismo ataque golpeando con fuerza la espalda del soldado arrojándolo por el suelo y separándolo de la maga.

    La serpiente siguió su ataque hacia el humano, acercándose e intentado morderlo con sus afilados colmillos. No obstante, un escudo mágico la detuvo. Lana había visto su ataque creando un escudo que salvó al solado.

    –Lana, debes huir ahora, debes regresar y pedir refuerzos al gremio –ordenó el soldado, aliviado al verse protegido por ese escudo mágico.

    La maga asintió y deshizo su escudo, el soldado se lanzó contra la serpiente y usando su embestida para golpear la cabeza de la criatura y que se fijara en él, de forma que la maga lograra irse.

    Lana corrió tanto como podía, por fin acercándose a la salida hasta poder ver la luz de la luna y la fría ventisca de la montaña. No obstante, no lograría salir. Una cadena fue arrojada hacia ella y esta se enredó en su cuello, para luego ser jalada violentamente.

    –¡Lana! –gritó Bor, arrojando un corte a la serpiente que la alejó.

    ¿Quién había sido? Jalando la cadena había una extraña figura, de dos metros de estatura, viste una pesada y enorme armadura de metal negro. No se puede ver nada de él salvo la armadura y un par de luces rojas en el yelmo que aparentan ser ojos.

    –Esos son mi Hatairoy, uno de mis experimentos con mejores resultados –dijo el encadenado, quien era testigo de todo lo que pasaba.

    –¡Tú eres quien controla todo esto, maldito! –la paladín saltó hacia él encadenado buceado atravesarlo con su sable.

    Estuvo muy cerca de llegar, no obstante, en el último momento una cadena fue arrojada hacia ella atrapándola por la cintura y siendo jalada de forma brusca hasta estrellarla contra un pilar, logrando sacarle un grito.

    –Los Hatairoy tienen el decreto de protegerme a toda costa, jamás dejaran que nada me toque –agregó con una molesta risa el encadenado.

    La maga era arrastrada por el suelo mediante la cadena aferrada a su cuello. La chica trataba de respiras, cosa que dicha cadena le impedía. El extraño ser denominado Hatairoy la acercó y soltó la cadenada. La chica tosió con desespero al poder respira otra vez, además del dolor que le causó la forma en la que la jaló. La criatura de metal negro, la tomó del cabello levantándola entre gritos e intentos de zafarse. Sin piedad la golpeo en estomago hasta hacerla escupir sangre e impedirle gritar.

    –¡Hijo de perra! –exclamó el furioso soldado. Golpeo con fuerza la cabeza de la serpiente alejándola y corrió hacia el Hatairoy.

    Saltó y usó embestida con su escudo para golpearlo, pero subestimó a su rival. Con su brazo detuvo la embestida, sorprendiendo al soldado. Luego arrojó un puñetazo con tal fuerza que arrojó a Bor por el suelo, haciéndolo perder su escudo, espada y dañando severamente su armadura.

    –Se, señor Bor –musitó la maga, tosiendo y con dificultad, al tiempo que llevaba sus manos a su abdomen.

    –Bor –dijo la paladin levantándose, y siendo lo primero que vió a su amigo ser arrojado de forma violenta. Volvió la mirada a la cadena alrededor de su cintura, cortándola fácilmente con su sable. Luego divisó al Hatairoy que la había atacado.

    Este otro hombre de metal sacó una espada y se acercó a ella con intenciones ofensiva. Poco duraría ese intento, la paladín usó Viento cortante, cercenando la cabeza de la criatura, dándole muerte al instante. Debía matar al encadenando, pero la serpiente se acercaba hacia Bor, así que decidió intentar salvar a su amigo. No lo lograría, más de esos Hatairoy aparecieron, arrojando una cadena a cada brazo y pierna logrando apresarla. Arllet tuvo que ser testigo impotente de lo que Bor sufriría.

    La serpiente se acercó rápidamente tratando de morderlo, a lo que el soldado intentó escapar, pero la criatura atrapó su pierna entre sus fauces afiladas. Un fuerte gritó aunado a la sangre que emanó de la boca de la serpiente fueron solo el comienzo. Arllet trataba con todas sus fuerzas de soltarse, reventando una cadena, para al instante ser trepada por otra.

    La serpiente no soltaba la pierna de soldado, quien golpeaba la cabeza de la criatura con su otra pierna. Entonces la criatura de metal lo levantó y comenzó a agitarlo de un lado a otro de forma violenta, aumentando por mucho el suplicio. Desgarrando piel, carne, tendones y finalmente el hueso, logrando seccionar la pierna del soldado a la altura de la rodilla. Quien salió arrojado por los movimientos de la serpiente.

    –¡Señor, Bor, No! –gritó aterrada la maga, intentado acercarse, pero el Hatairoy la volvió a golpear.

    –¡Ya basta, ya basta, detén esto, maldita sea! –gritó Arllet hablándole al encadenado. Reventó las cadenas de sus piernas y trató de correr hacia el anfitrión, llevando consigo a los Hatairoy que trataban de detenerla. Pero más de ellos aparecieron y más cadenas la tomaron. Tenía ya al menos tres cadenas en cada extremidad que buscaban controlarla.

    –¡Grita, grita y suplica, quiero ver su desesperación! –exclamó el encadenado junto a una demencial risa.

    El soldado lisiado trataba de arrastrarse por el suelo en busca de su arma. Pero ya no había más que hacer, la serpiente se posó sobre él y comenzó a morderlo con tal brutalidad que arrancaba partes de su cuerpo, mutilándolo hasta matarlo. La rubia gritó con todas sus fuerzas, ante tal frustración e ira, por otro lado la maga solo lloraba asustada y deseando que todo fuera un sueño.

    –Ahora acabaremos con la hermosa rubia, a ella quiero que la desoyen –dijo el encadenado a sus Hatairoy.

    –¡Basta, ya, por favor ya deténgase! –gritó suplicante la maga– ¡Por favor, haré lo que sea pero ya no siga con esta barbarie!

    –Carajo… eso era lo que quería escuchar –dijo el encadenado. Ordenando aun Hatairoy que llevara a la maga hasta él –. Estoy seguro que tienes suficiente magia para romper el sello de las cadenas.

    Los pilares a los cuales estaban ancladas las grandes cadenas que lo apresaban tenían sellos para que estas no pudieran ser dañadas por el tiempo, por él mismo y por criaturas no naturales como sus sirvientes.

    –¡Lana, no lo hagas, no liberes a ese maldito loco! –exclamó Arllet, sabiendo bien que nada bueno podía pasar si lo hacía. Sin embargo otro Hatairoy la tomó por detrás tapándole la boca.

    –No la escuches, niña. Si quieres salvarte y salvarla a ella, haz lo que ordeno –insistió el encadenado.

    Dudosa, pero sin otra opción obedeció. No fue fácil, pero logró deshacer los sellos, los que debilitaron las cadenas lo suficiente para que el encadenado fuera capaz, por sí solo, de reventarlas. Ahora está libre. La maga mira con temor a ese hombre, e incuso Arllet también.

    El hombre se levanta, después de mil años en esa posición, su cuerpo se nota debilitado. Lo primero que hizo fue quitarse las vendas de los ojos y boca. Sus ojos son de dos colores diferentes, uno es completamente negro, salvo por un punto rojo que parece ser su pupila, el otro es blanco, pero la pupila es una especie de símbolo parecido a un sello mágico en color dorado. Abre la boca para mover su mandíbula, mostrando que todos sus dientes son colmillos afilados, además de tener una lengua bífida.

    –Que bien se siente estar libre una vez más, mil jodidos años en esa posición… me duelen todos mis huesos –habló con su voz propia, la cual era muy intimidante por lo grave que es. Miró a la maga y sonrió, hizo un ademan para que se acerca a él, lo cual la asustada joven hizo–. Arrodíllate ante mí, te daré mi bendición y agradecimiento –su voz se tornó suave para no asustarla más.

    Temblando, con miedo y una gran desconfianza lo hizo, arrodillándose y agachando la cabeza. El extraño hombre levantó su mano, de la cual comenzó a emanar su propia sangre creando una pequeña esfera flotante, que luego formaría una lanza sólida de coloro rojo. Arllet pudo ver lo que pasaría, trato de gritar y hacer algo, pero las cadenas no se lo permitieron. El hombre usó esa lanza para atravesar a la maga de forma certera y con tal precisión que le atravesó el corazón dándole una muerte al instante.

    –Una muerte rápida es un hermoso agradecimiento –sonrió de forma perversa mientras sacaba su lengua y lamia sus labio mirando el cuerpo de la maga.

    Un fuerte viento llamó su atención y miró a la rubia. El aire comenzaba a girar a su alrededor. Con fuerza golpeo con su cabeza al Hatairoy detrás de ella para que le soltara la boca.

    –¡Vas a pagar por esto maldito monstruo! –miraba con odio a ese sujeto por la forma en la que acabó con esa novata–. Destruiré este lugar y a ti con él. ¡Seishin: Tifón de la Devastación!

    El sujeto la miró con curiosidad. Los vientos comenzaron a girar a su alrededor ganando fuerza y velocidad en segundos, los Hatairoy que tenían las cadenas que la aprisionaban salieron volando y la soltaron. El tifón ganó más fuerza cubriéndola a ella con un tornado. Entonces se acabó. La lanza roja atravesó los vientos hasta clavarse en ella, arrojándola fuera del tornado el cual desapareció al instante.

    Arllet estaba en el suelo, sorprendida pues habían anulado su más fuerte ataque, además de un dolor sin igual, pues la lanza se había clavado en su hombro derecho, y para mayor sorpresa todo su brazo estaba paralizado, quizás por habilidad de esa arma. Trató de ponerse de pie. Pero el hombre se acercó a ella colocando su pie en el pecho de la rubia para que no se moviera.

    –No te preocupes, hermosa, a ti no te voy a matar. Tu y yo nos vamos a divertir mucho a partir de ahora, tengo tantos experimentos que hacer, y una humana con tu belleza es perfecta –la sonrisa de ese hombre no enmascaraba las viles intenciones que tenía–. Por cierto. Hace unos momentos preguntaste mi nombre y quien era. Bien, pues mi nombre es Karppoforo, soy un Ancestral, y me conocían como “El genio de la demencia” Bien, debo hacer unos arreglos a este horrible lugar –sin más se alejó de ella–. Por cierto, será mejor que no intentes nada, mientras mi lanza, Margo, este clavada en ti anulara toda habilidad mágica.

    Derrotada, sorprendida por lo que pasaba, asustada, herida, a merced de lo que ese sujeto quisiera hacer con ella y culpándose por el deceso de eso que la acompañaron, Arllet solo pudo decir algo.

    Dante, James. Perdónenme, creí que podría hacerlo –dedicó eso a un par de hombres muy apreciados por ella.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
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    Angelivi

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    Y aquí acaba la primera parte de la historia por lo que veo. Muy buena narración y la psicología de los personajes está muy bien construidas, te felicito por ello. Lo único que no me terminó de convencer es el desarrollo del diálogo antes de que Karppoforo les enviase el gólem. Había algunas partes que no estaban bien hiladas, o al menos no sentí la misma fluidez que en el resto de los dos capítulos. He notado una influencia en los juegos de rol, describiendo las clases de aventureros y usando hechizos propios de los videojuegos; no está mal, tan solo es llamativo.

    Aprecio el conocimiento que tienes en el uso de las tildes, en un trabajo de esta extensión es habitual encontrar errores ortográficos a mansalva; sin embargo he de decir que el texto no está exento de erratas. Supongo que son errores accidentales que con una lectura serás capaz de localizar, he podido ver unos cuantos pero con una edición lo solucionarás enseguida.

    Un consejo para capítulos futuros: en los diálogos, las exclamación pueden darte mucho juego, en especial si estás narrando un combate. Cualquier grito, sorpresa, advertencia o insulto debería ir entre exclamaciones. En el segundo capítulo he visto más exclamaciones, pero en ciertas ocasiones eché en falta alguna exclamación.

    Solo me ha quedado por descubrir un poco el mundo en el que se desarrollará esta historia, pero ahora que harás un "reinicio" de historia es muy probable que tengamos la oportunidad de empaparnos de lleno con la historia del reino de Wex. Seguiré los próximos capítulos. ¡Mucho ánimo!
     
    Última edición: 13 Noviembre 2018
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    Gracias por el comentario.
    Podria decirse que aquí acaba la primera saga(parte)
    Gracias por la narracion, siempre le pongo mucho empeño, así como a los personajes y sus dialogos y psicologia. puede que la ultima escena del primer cap fuera algo acelerado, así como que la personalidad de Karppoforo será muy erratica debido a su clara locura.

    Si, la historia está muy marcada por los juegos de rol, así como los animes de este tipo.

    Trabajaré siempre en mejorar y corregir los errores.

    En los proximos caps de verá mas acerca de otros personajes y el mundo.

    Gracias por leer.
     
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    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    3356
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo III: El gran gremio

    (Opening: All good things – Fight)

    10 de Noviembre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Diez días han pasado desde aquel trágico encuentro entre el Ancestral Demente, Karppoforo y la paladín Arllet, quien pensó podría hallar una cura para su ser amado, pero solo encontró un terrible destino, solo los dioses saben que ha hecho con ella su captor, pues sus acompañantes perecieron durante el combate.

    Ahora nos alejamos cientos de kilómetros hasta un bello y soleado paraje del reino de Wex. Por una carretera que rodea un gran bosque una carreta deambula lentamente tirada por un solo caballo. Dirigiéndolo vemos a un hombre. Su cabello es negro y largo, completamente despeinado, cubriendo un poco de su rostro, además de tener una larga y frondsa barba que le dan madurez a su serio semblante, y ni hablar sus fieros ojos rojos. Viste una larga gabardina de cuero, debajo de esta una camisa negra, pantalón oscuro y botas de cuero con grabas, su manos son cubiertas por guanteletes de acero. Y en su espalda un hacha de guerra. Su figua es alta, con dos metros de estatura y una inocultable gran musculatura.

    –¿Ya vamos a llegar? –bufó otra persona.

    Era un joven chico que iba recostado en la carreta junto a varias cajas. Su cabello es color café y se nota bastante alborotado, se nota alto, quizás 1.75 metros de altura, además de poseer una complexión delgada, esto, junto a su rostro y sus ojos azules lo consideran un joven bastante a puesto. Viste una camisa manga larga blanca, pantalón café, guantes de cuero y botas de cuero. En su cinturón lleva un sable de alta calidad.

    –Deja de joder –alegó el enorme y barbudo hombre–. Es la quinta vez que preguntas.

    –Oye, no tengo nada mejor que hacer, llevamos dos días viajando en esta carreta sin detenernos. ¿Qué tan lejos podemos estar de la ciudad de Sky?

    –Menos que ayer y más que mañana –respondió suspirando y tratando de no alterarse por las cuestiones de su molesto acompañante.

    –Que aburrido eres –bufó y se acercó a él para sentarse a su lado– ¿Por qué no nos detenemos en un pueblo de esos que están en el horizonte y tomamos una cerveza?

    –No creo que sea buena idea darte alcohol, eres molesto sobrio, no te imagino ebrio –alegó el barbudo con su apacible, pero intimidante voz.

    –Que aburrido eres. ¿Seguro que eres un aventurero? –dijo a manera de burla.

    –Lo fui –respondió tajante–. Además, no pienses que las misiones de los aventureros son diversión y alegría. Si te descuidas terminaras con la cabeza clavada en una lanza.

    –Por favor, que tan difícil puede ser cazar a unos cuantos seres mágicos, duendes, orcos, tragos, trolls, son pan comido para un experto como yo –dijo con cierta arrogancia a pesar de su poca edad y casi nula experiencia.

    –Mientras te encuentres con uno o dos, no habrá problemas, pero si te rodean y te encuentras solo te mataran muy lentamente –respondió el barbudo con su seriedad–. No olvides que vamos a Sky por un solo motivo, no regresaría a ese lugar si no fuera necesario.

    –Ya lo sé –la sonrisa tonta del joven despareció y se tornó serio–. Debemos encontrar a nuestra Arllet. Mi hermana, y tú novia. No olvidaré eso, jamás, encontrarla es lo que más deseo.

    –¿Por qué insistes en llamarla hermana? Sé que ustedes no son nada realmente –cuestionó el barbudo mirando al chico de reojo.

    –Lo sé, pero ella me salvó cuando era un niño, y cuidó de mí en el orfanato –sonrió mirando al frente, pero recordando a esa bella y bondadosa mujer–. Luego me entrenó y me convirtió en el aventurero que soy. Le debo todo a Arllet, por eso la aprecio como si fuera mi hermana mayor, mi ejemplo a seguir. Es imposible no confiar en ella y desear luchar a su lado, ¿no?

    –Ella tiene esa habilidad –suspiró el otro–. Hacer sentir bien a cualquiera que mira su hermosa sonrisa y preciosos ojos, es una mujer sin igual. Capaz de dar todo por alguien que no vale la pena.

    Dante –llamó el chico con una voz más suave al ver cierto atisbo de depresión en su compañero–. ¿Tú y ella, desde cuando se conocen?

    –Desde que tenemos memoria. Somos amigos desde que éramos niños –suspiro enormemente para olvidar su depresión y fijar la mirada en el camino–. Deja ya de preguntar tantas tonterías, James. Eres molesto.

    –Y tú un idiota –sonrió el chico al entender que a su compañero no le gustaba verse sentimental–. La vamos a encontrar y estará sana y salva, ya lo veras –aseguró James.

    Kilómetros más adelante, por ese mismo camino, se encuentra la gran y bella ciudad de Sky, sede del gran gremio de aventureros de todo el reino de Wex, es decir, allí se encuentra el más grande de todos y desde el cual se dirigen y administran a los aventureros. La ciudad de Sky es muy grande y poblada, rodeada por una gran muralla defensiva. Exceptuando al gran gremio de aventureros, esta ciudad basa la mayor parte de su economía en el comercio, de forma que sus puertas siempre están abiertas y grandes carretas y caravanas de mercaderes entran y salen todo el día.

    Pero este es un día singular, dos eventos importantes daban como resultado el gran jolgorio y jubilo del que la ciudad rebosa. Este día se celebra el festival de la ciudad, aunado a la convocatoria enviada por el ministerio de seguridad mágica. La ciudad estaba atestada de extranjeros, aventureros y civiles, que venían a disfrutar del festival y registrarse para las misiones que no han dejado de llegar desde hacía cinco días, estas, competentes a un mal desconocido.

    Avanzando por las grandes y concurridas calles llegamos al afamado gran gremio. Un edificio de varias plantas y forma de torre, con extensos balcones desde los cuales se puede tener una linda vista de la ciudad. La primera planta estaba llena de aventureros que buscaban registrarse y otros que buscaban tomar misiones. Mientras que el segundo funge como restaurante y bar exclusivo para aventureros, los demás pisos son habitaciones.

    En un balcón, donde hay varias mesas y sillas para comer y disfrutar de la vista. Allí se encuentra una mujer de larga y bella cabellera azabache, bastante lisa y larga, pues llega hasta la mitad de su espalda. Posee uno lindos ojos color verde, que, ante la luz de los cambian su tonalidad. Su piel es blanca, curiosa y tiernamente, posee unas cuantas pecas por la nariz y los pómulos. Su complexión es delgada, denotando un gran entrenamiento físico, así como una estatura de 1.70 metros.

    Pero no os dejéis engañar por su belleza, esta dama no es una doncella. Viste un corset negro, unas largas medias que llegan poco después de la mitad de sus muslos, calza unas botas de cuero con raro diseño, sobre el corset lleva una tela roja que rodea de forma diagonal su torso y cuelga, su cintura es rodeada por un cinturón de acero. A manera de protección lleva un brazal en su mano derecha, una gruesa y ruda hombrera en el hombro izquierdo, y finalmente, un largo guante que cubre todo el brazo izquierdo.

    Esta preciosa y fiera mujer aprovecha ese apacible momento para comer algo, un trozo de tarta de manzana recién horneada, y un vaso con jugo de uvas recién exprimidas. Un manjar en pocas palabras. Una lidna sonrisa de dibuja en su rostro ante ese dulce y cálido sabor al momento que lleva un trozo de tarta a su boca.

    –Que delicia –se dijo a sí misma–. Hace tantos años que no probaba las deliciosas tartas de manzana del reino de Wex. Simplemente son las mejores.

    Siguió disfrutando de su comida llevando su mirada a la ciudad. Donde el festival se llevaba a cabo, tal vista de una ciudad pacífica y divertida alegrarían a cualquiera. Hasta que su momentos fue interrumpido por alguien más.

    –Que festival tan más divertido, ¿no? –dijo la voz de un hombre. Llamando la atención de la chica.

    Aquel era un alto e intimidante hombre, aunque su sonrisa daba cierta confianza. Su cabello es corto en color negro, sus ojos son rojo carmesí, por extraño que parezcan, su piel parece un tanto pálida para ser humano. Finalmente su estatura es de 1.89 metros, aunado a una gran musculatura.

    Viste un gran manto blanco que lo cubre casi por completo, y, lo más curioso es la máscara de acero, bastante elegante, que cubre todo su rostro, dejando ver solo sus ojos.

    –Hola –saludó de forma alegre.

    –Hola –respondió ella un tanto extrañada–. ¿Puedo ayudarte en algo?

    –Oye, que fría eres, casi como si no nos conociéramos –dijo riendo mientras se sentaba frente a ella.

    –Perdona, pero apenas y nos conocemos, solo porque viajamos en la misma caravana –explicó ella sin ser grosera.

    –Sí, eso es verdad, la verdad no recuerdo tu nombre, pero igual eres la única persona que medianamente conozco –rio él–. Bueno, comencemos con el pie derecho. Mi nombre es Yuzzo, soy de este precioso reino, de las tierras al sur.

    –Mucho gusto, me llamo Nao, aunque nací en este reino hace algunos años viaje a y me establecí en Docia –explicó ella dando un trago a su vaso de jugo.

    –Que bien. Bueno, no espero que malinterpretes mis intenciones, así que iré al grano –sacó de sus ropas una hoja que dejó sobre la mesa y se la dio –. ¿Necesito una compañera?

    –¿Compañera? –cuestionó ella mirando la hoja–. No es por ofender, pero hasta ahora te trabajado sola, lo siento –tomó la hoja para verla.

    –Yo también, pero me temo que no se podrá en esta ocasión –alegó él mientras llamaba a un mesero con un ademan–. El reino ha creado una nueva norma para todos los aventureros, a partir de hoy se prohíbe tomar misiones en solitario, sin importar su dificultad.

    –Eso es… extraño –comentó mientras leía la hoja, no solo era extraño el hecho de promulgar dicha norma, si no que se especificaba en letras negras al final de la hoja. ¿A caso ocurrió algo para qué se tomara dicha medida?

    –Así que, siendo tú la única persona que medianamente conozco, además que eres una aventurera de rango profesional, creo que podríamos hacer un buen equipo, ¿no?

    La chica suspiró, pues estaba acostumbrada a trabajar en solitario, pero ahora ya no había cabida para esa opción. Y, el sujeto que tenía enfrente era extraño, pero no parecía alguien que aparentara desconfianza.

    –Bien, creo que es buena idea que hagamos equipo. Por cierto, soy una Chaman, para que lo tengas en cuenta.

    –Genial, estoy ansioso por iniciar la misión. Yo soy un Berserker.

    –Veamos de que se trata –volvió a la hoja que él le había dado, la cual era una solicitud de misión. En ella describía detalladamente lo que se sabía, además de asignar un rango de dificultad–. Una aldea cerca de un bosque ha sido atacada contantemente, llevándose a algunos campesinos, esto ocasionado por criaturas desconocidas que atacan solo por las noches, dos aventureros de rango novato aceptaron esta misión previamente y desaparecieron. Dificultad estimada: B/A. Suena interesante, idóneo para una profesional y un… –miró a su, ahora, nuevo compañero.

    –Yo soy un Elite –rio un poco presumido.

    –Perfecto, entonces en una hora debe comenzar a trabajar. Dudo que esto sea problema para nosotros –sonrió algo sorprendida.

    Los dos se quedaron allí un rato más comiendo y bebiendo, aprovechando el momento también para conocerse un poco mejor, después de todo ahora eran compañeros y debían conocerse bien para luchar en perfecta armonía. Mientras ese par seguían su charla y almuerzo no notaron que un hombre vestido con una túnica blanca que lleva en la espalda el extraño dibujo de un sol rojo pasó junto a ellos y arrojó, muy discretamente unas tarjetas, una en el equipaje de él y otra en la bota de ella. Ambas tarjetas no fueron percibidas por ellos, pero se pegaron a sus objetos al instante.

    Otro par de interesantes personas subían esa parte del edificio, un elfo y una humana, que, a simple vista parecían un adulto y una niña por la diferencia de estaturas. Ambos son aventureros, de eso no hay dudas, pero existe una gran diferencia entre sus poderes y su clase, así como sus personalidades.

    –¡Malditos imbéciles! –gruñía el enorme elfo mientras avanzaba–. Parece que los humanos no entienden lo que es el orden, gritan y empujan como si esto fuera una fiesta.

    –Tranquilo, es porque están muy animados por registrarse y comenzar a tomar las misiones –alegó su compañera, quien lucía más alegre, pues en su rostro había una tierna sonrisa.

    –Creen que las misiones se tratan de una simple casería, como sigan pensando así terminaran muertos –alegó el elfo tomando asiento.

    El elfo, un hombre de edad considerada, ni joven ni maduro. Con una intimidante estatura de 1.95 metros, complexión musculosa y tosca, su cabello era rubio y largo con las puntas en color rojo, posee un ojos en color rojo y el otro en color azul, con una cicatriz que atraviesa de forma vertical su ojo derecho. Su piel es paliada como la de su raza. Su actual atavió consta de una gabardina roja oscura bastante larga y algo desgastada, por debajo una camisa café y pantalones oscuros con zapatos viejos. Aunado a su equipaje, una bolsa de piel que lleva en su espalda junto a su gran espada de doble punta.

    –¿Quieres comer algo antes de descansar? –preguntó su compañera.

    Ella, una chica bastante joven de raza humana, con una larga cabellera rubia con reflejos rosados, ojos lila con un ligero y encantador brillo, su suave y tersa piel es pálida. Esta bella joven posee una complexión bastante delgada así como una baja estatura, 1.65 metros. Viste, de momento, un vestido sin mangas y de tirantes en color azul cielo con un enorme moño en la parte baja de la espalda. Debajo lleva largas medias azules con negro y calza unas zapatillas azules. Sus brazos son cubiertos por unas mangas blancas, llevando en su brazo derecho un pañuelo azul y su precioso cabello es adornado con dos moños pequeños en blanco y azul.

    Era más que obvio que tan preciosa chica llamaba la atención de los hombres allí presentes, quienes al ver a su acompañante, el intimidante y serio elfo, pasaban de largo.

    –¿Quién te dijo que quiero descansar? Vine a hacer mucho dinero y hay misiones de sobra, comeré algo rápido y tomaré la primera misión que se me cruce por la mirada –alegó el elfo con una seria mirada y su típica posición de brazos cruzados.

    –Pero viajamos durante toda la noche y amanecer, estoy agotada –dijo recostándose en la mesa fingiendo cansancio.

    –No aguantas nada, es obvio que no has dejado de ser una novata –dijo él sonriendo de lado.

    –¡Oye! –espetó ofendida y cruzada de brazos. Además de inflar un poco las mejillas. Que solo hacía que se viera más linda–. Todo el tiempo me lo estás recordando.

    –Vale, como sea –arqueo la ceja desviando la mirada para escapar esa lindura que tiene por compañera–. Comeremos algo y luego descansamos en una de las habitaciones, pero, a primera hora tomaremos esta misión –sacó una hoja de su gabardina y se la mostró a ella.

    –¿Creí que no habías elegido ninguna misión aun? –cuestionó la chica mientras la tomaba.

    –Aun no la he firmado, solo la tomé para leerla mejor, tiene algo que me interesó –respondió mientras le pedía un par de bebidas al mesero.

    –Dice. Se solicitan a ventureros para rescatar a un mercader que desapreció hace dos días en una vereda a la mita de un bosque, se desconoce que haya ocasionado su desaparición. Se ofrecen 500Wells por traerlo de regreso... Hmmm ¿Te fijaste en esto por hacer una buena obra o por el dinero?

    –¿Tu qué crees? –respondió de forma seria mientras le llevaban un tarro de cerveza y daba un buen trago de ella–. Qué bien, esto era lo que me hacía falta.

    –¿Qué pediste para mí? –preguntó mientras tomaba el otro tarro.

    –Un vaso de leche calientita –dijo a manera de burla mientras bebía más.

    –¡Castiel, deja de tratarme como una niña! –bufó un tanto ofendida.

    –Solo es broma Cloud. Es jugo de uva. Ni sueñes que de tejaré beber una gota de alcohol. Puede que seas una aventurera pero no eres mayor de edad aun.

    –Sí, si ya sé, sé. Ni quien quiera ese feo alcohol –Bufó tomando el vaso con jugo–. Castiel ¿Qué crees que sea lo que ha aumentado los ataques de seres mágicos?

    –No lo sé, y no es que me importe realmente. Pero ha propiciado una ola de misiones sin igual y muy bien pagadas la mayoría, no me imagino cuanto gastará el gobierno de Wex por tantas recompensas.

    –De lo que creen, menos es, jóvenes –dijo un hombre que pasó a un lado de ellos.

    Viste una gran túnica blanca con un sol rojo en la espalda, lleva un largo sombrero de punta en color negro y en su mano derecha un báculo de acero negro con un sol en la punta. A la primera vista parece un hombre mayor, su cabello es grisáceo y muy largo, aunado a una larga y frondosa barba. Sus cejas dan seriedad a sus intrigantes ojos completamente blancos. Lleva un morral de tela en un costado de su cintura.

    –Disculpe, ¿quién es usted y por qué dice eso? –preguntó con curiosidad Cloud.

    –Mi intromisión perdonen, un metiche he de parecer –rio el viejo, quien parecía alguien amable, con una peculiar forma de hablar.

    –Si usted lo dice –alegó de forma seria el elfo mirándolo a detalle.

    –¡Castiel! –llamó su compañera ante la forma descortés de hablar de su compañero.

    –Lo entiendo. El punto es, sobre la pregunta que hiciste. Una estrategia el reino es. Motivo por el cual gastar menos lograrán. para eso este festival es así como la convocatoria internacional. Mas información encontraran esta tarde, el ministro de magia del reino un llamado hará. Sus palabras atentamente escuchen mas no engañarse dejen. No todo lo que parecer es –articuló una extraña pero intrigante sonrisa mientras con su mano buscaba algo en su morral.

    –Disculpe, pero no entiendo que es lo que dice ¿Qué es lo que el ministro dirá? –preguntó la chica con intriga.

    –Revelarles eso ahora no puedo, escucharme personas equivocadas pueden –miró sobre su hombro, pero había tantas personas que no se supo a quién miró precisamente–. La verdad sobre lo que ocurre averiguar pueden –sacó de su morral una tarjeta y la dejó sobre la mesa frente a ellos–. “Seguir al sol deben, la luna mentiras proclama

    Sin más que decir, y siendo imposible confundir más a ese par, el viejo hombre se retiró sin más.

    –Qué sujeto más extraño, y que forma de hablar más molesta –bufó el elfo viendo al viejo alejarse.

    –No entendí nada de lo que dijo, no tanto por su forma de hablar, si no por lo que expresaba ¿de que hablaba? Que significa seguir al sol y que la luna proclama mentiras –tomó la tarjeta, no era más que una tarjeta de papel grueso, completamente negra con el dibujo de un sol rojo con una cara seria–. ¿Habías visto este símbolo antes?

    –Jamás, seguro es alguna clase de sectario demente, será mejor no tomar en cuenta sus palabras –dijo el elfo despreocupado.

    Así como ellos decenas, cientos y cientos de aventureros llegaron hasta ese lugar en busca de fama, quizás y aventuras. Aunque no todos en ese preciso orden o con las mismas intenciones. El punto era que nadie sabía el motivo del por qué los ataques de seres mágicos habían aumentado en tan poco tiempo.

    ¿Acaso aquellos que llevan un sol rojo en su espalda saben algo más? ¿y si el sol dice la verdad, quien es la luna y por qué miente?

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  7.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Tales of Ancient Age
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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo IV: Los portadores del sol

    (Opening: All good things – Fight)

    11 de Noviembre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Una nueva mañana se comienza en este mundo. La ciudad de Sky se ve cada días más y más concurrida debido al festival de los aventureros, quienes llegan y llegan cada día buscando misiones, fama y riquezas. Ya todas las posadas de la ciudad están casi a tope, los mercaderes deben hacer pedidos en grandes cantidades para satisfacer tal demanda de objetos y accesorios para los guerreros, los herreros trabajan día y noche forjando armaduras y armas.

    Sin embargo de momento nos encontramos un tanto lejos de la jubilosa ciudad. Cerca de los prados del sur, por donde los caminos principales cruzan nos encontramos con un raro hombre.

    Él es un elfo, sus orejas lo delatan. Su apariencia física es de unos veintidós años, aunque su edad cronológica debe ser por mucho superior. Su cabello es color azabache, corto y lo lleva bastante desordenado. Posee una complexión bastante delgada y es de estatura normal.

    Viste una largo abrigo que oculta en su interior algunas runas mágicas, lleva pantalones oscuros asidos a él mediante dos cinturones, los cuales a su vez forman una X, curiosamente sus zapatos son de tela. Finalmente porta diez anillos en sus manos, estos hechos de un raro metal propio de los elfos. Como protección también lleva un par de brazales.

    Aquel hombre parece estar muy relajado, retozando bajo la sombra de un árbol, recargando su cabeza sobre su equipaje. Fácilmente podría pasarse todo el día allí, pues tiene una perfecta vista del bello amanecer, viendo al sol asomarse lentamente por las montañas del norte, curiosamente había un par de ciervos que decidieron descansar a su lado, cosa que a este elfo le agradaba.

    –Creo que los informes exageraban las cosas –se dijo a sí mismo el elfo–. Afirmaban que el reino se estaba llenando de seres mágicos muy violentos, pero desde que llegué aquí no me he topado con ningún, de hecho, diría que el territorio está muy pacifico.

    Se levantó un momento, para estirarse, posiblemente allí mismo había dormido la noche anterior. Tomo su equipaje y se dio un momento para disfrutar de la vista de ese lugar.

    –La verdad comienzo a creer que realmente no habrá nada de interés aquí, si no me encuentro algo interesante me regresaré a Mors.

    Regresó al camino con intención de retomar su viaje en busca de criaturas mágicas y aventuras. A los pocos minutos divisaría una caravana acercándose a él. Era un bello y lujoso carruaje tirado por dos caballos. Dicho carruaje era escoltado por cuatro jinetes, los cuales era fácil identificar, por sus armaduras y armas, eran paladines.

    El elfo no le dio mucha importancia, siguió su camino hasta pasar justo aun lado de dicha caravana, allí su mirada se dirigió a quien pudiera estar dentro, sin embargo, la ventanas eran cubiertas por telas traslucidas. Lo único que pudo ver fue la silueta de una mujer.

    –Aléjese del carruaje, señor –ordenó uno de los paladines, quien rápidamente se interpuso entre el elfo y el carro.

    Los ojos del elfo se fijaron en el peto del paladín, divisando un símbolo, un sol rojo. Símbolo que él reconoció al instante, pues muchas son las leyendas y rumores que se oyen con respecto a los portadores de ese sol. Decidió no provocar problemas y retrocedió ante la orden del paladín. Quien regresó a su formación para seguir escoltando el carruaje.

    –Ese símbolo, ya lo había visto antes. Los Sabios del Sol, es gente muy extraña, llena de misterios y leyendas –si dijo a sí mismo, viendo el carruaje–. Ellos residen en Anglia, ¿Qué hacen aquí?

    En ese momento, el carruaje se detuvo, esto llamó la atención del elfo. Los paladines bajaron de sus caballos rápidamente para tomar posiciones defensivas. El cochero, quien era otro paladín, bajó y abrió la puerta del carro. Los ojos del elfo se abrieron a más no poder ante la mujer que vió descender del carruaje.

    Era una mujer con una belleza digna de una diosa. Su cabello es rubio cenizo, muy largo, lacio y sedoso. Su piel es blanca cual porcelana, sus ojos son de un azul profundo e hipnótico cual si fueran zafiros, sus delicados labios son de un rosa natural que, con solo mirarlos, son dulces. Es una mujer de estatura alta, 1.80 metros para ser exactos. Su cuerpo indica pureza, pero a la vez pensamientos lascivos, pues no hay ropajes que puedan esconder el tamaño de sus pechos o lo voluptuoso de sus caderas y lo delgado de su cintura.

    –Por el Dios Sol –fue lo único que pudo musitar el elfo al verla.

    La hermosa mujer decidió acercarse al elfo. Viste un largo vestido blanco de manga larga, calza unas botas y en su cuello lleva un collar con el símbolo del sol.

    –Buenos días viajero –saludó ella, haciendo una leve reverencia.

    –…buen día tenga usted, señorita –tuvo que agitar la cabeza para salir del hechizo del encanto de esa mujer.

    –Disculpe mi atrevimiento, pero, ¿usted se dirige al a ciudad de Sky? –preguntó. Vaya que tenía una dulce voz.

    –No, me dirijo hacia el sur en busca de criaturas mágicas para estudiar y… –pero ella le interrumpió.

    –Por favor, debe dirigirse a Sky, los aventureros requerirán el apoyo de un mago blanco de elite tan sabio y hábil como usted.

    –¿Cómo sabe que soy un mago blanco y de elite? –alegó sorprendido.

    –Verá –llevó su mano al collar que lleva–. Este es El ojo del sol, es una antigua reliquia que me confiere ciertas habilidades, como ver, sentir e interpretar la magia de cada ser del mundo. Por eso sé que usted es un mago blanco, y por su cantidad de magia sé que debe ser de elite.

    –Entiendo, ustedes los sabios del sol, son gente muy extraña –arqueo la ceja–. Pero me temo que mi destino no está en Sky, si no en…

    –Un terrible mal ha despertado –objetó al instante. Llevando su mano al pecho del elfo y los azules ojos de ella se volvieron blancos. El elfo al instante se paralizó y fue víctima de una visión.

    Pudo ver la gigantesca silueta de un hombre levantarse por encima de las montañas del horizonte, sus ojos brillaban en rojo.

    –¿Qué es eso? –cuestionó entre asustado y sorprendido.

    –Es El Ancestral Demente, un ser lleno de maldad y poder –respondió ella. Sus ojos volvieron a la normalidad y rápidamente quitó su mano del pecho de elfo, liberándolo de la visión–. Discúlpeme, no, no debí hacer eso –retrocedió notándose avergonzada por mostrarle eso–. Aun no puedo controlar mis habilidades.

    –¿El Ancestral Demente?– preguntó él, jadeando un poco–. Recuerdo haber escuchado eso hace siglos.

    –Nadie sabe cuál era su verdadero nombre, pero desde que se hizo con un poder inigualable fue conocido como Karppoforo, que en el primer lenguaje significa Mal Supremo. Los sabios del sol, hace mil años, lo encerraron en una cripta secreta. Todo lo que en el reino de Wex está sucediendo apunta a que ese temido ser se ha liberado de su prisión –explicó ella, denotando temor ante sus palabras.

    –Poco entiendo de lo que me ha dicho. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

    –Los sabios del sol ya no son tan fuertes como hace mil años, somos muy pocos, si Karppoforo ha despertado no podremos hacerle frente. Pero, hay miles y miles de aventureros fuertes y aguerridos, por eso he venido a este reino, a reclutar a los más fuertes, y usted posee una gran cantidad de magia…

    –No tengo intención alguna de inmiscuirme en esto. No sé qué sea ese sujeto, Karppoforo o como se llame, pero una guerra es algo en lo que no pretendo participar, lo siento –completamente confundido le dio la espalda para irse.

    Gigalomaquia –Llamó ella–. Si te vas ahora, muchas personas sufrirán.

    –¿Cómo sabe mi nombre? –cuestionó mirándola sobre su hombro.

    –Yo soy Ilitia, suma sacerdotisa de los sabios del sol. Soy una maga con el poder de la Mente y el Espíritu. Puedo leer los pensamientos de las personas con el tacto, así como interpretar su espíritu. Sé que tienes cierto temor por eventos de tu pasado, sentí ese temor cuando…

    –Hasta donde sé leer la mente de las personas es una magia imposible de conseguir –la miró con cierto temor–. Usted no puede hacer eso, usted no vio nada, usted no sabe nada de mí. Así que por favor déjeme en paz –Gigalomaquia se notó intimidado pero molesto a la vez. Se dispuso una vez más a irse.

    –No era mi intensión leer su mente, lo siento –la mujer agachó la mirada–. Como dije antes, no controlo mis habilidades aun, le pido una sincera disculpa –Él se detuvo al escuchar eso–. Mi deber es salvaguardar la paz de este mundo, pero no sé cómo hacerlo. Soy demasiado joven para este deber y no tengo los conocimientos necesarios, lo único que sé es que debo reunir a los guerreros más fuertes que pueda.

    –…¿Qué edad tiene, señorita Ilitia? –preguntó el elfo mirándola sobre su hombro.

    –Veinticinco años –respondió ella.

    –Es verdad, es demasiado joven para estar al mando de la los sabios del sol. ¿Cómo es que obtuvo el puesto de su suma sacerdotisa?

    –Todos los lideres, incluido mi maestro, fueron asesinados hace algunas semanas –respondió con cierto temblor en su voz–. La orden estuvo a punto de fragmentarse, así que decidí tomar el puesto afirmando que mi maestro me había dicho que debía hacer, pero…

    –Era mentira –dio vuelta y se acercó a ella–. No tienes idea que hacer, ¿verdad?

    –No –negó con la cabeza gacha–. Conocí a un viejo mago quien dijo que él sabía quiénes habían ordenado el asesinato de los líderes de la orden, me advirtió que solo era el comienzo de algo aun mayor, y de que debíamos viajar cuanto antes a Wex. Ahora he escuchado los rumores acerca de los ataques de seres mágicos que han aumentado y ese mismo mago me dijo que podría ser por el despertar del Ancestral Demente.

    +–Entonces ese mago te dijo que debías reunir aventureros de gran poder, ¿no? –cuestionó Gigalomaquia, a lo que ella solo asintió con timidez–. Al parecer ese ese sujeto quien dirige y no tú –comentó riendo un poco.

    –No eres el primero en decirlo. Los miembros del consejo también lo saben, he tratado de convencerlos de que la idea era mía, pero no parecen creerlo. Si se dan cuenta que alguien me está diciendo lo que debo hacer me quitaran el título de suma sacerdotisa y no continuaran esta misión, por eso debo encontrar aventureros poderoso cuanto antes. Pero llevo ya días viajando y no había encontrado ninguno, hasta que lo vi a usted, y… me emocioné.

    –Entiendo –suspiró sonriendo ligeramente, pues le parecía una chica inocente–. ¿Te preocupa mucho perder ese título?

    –Muchísimo. La verdad es que acepté la idea de reunir a los aventureros por un motivo más personal –levantó entonces la mirada, mostrando que algunas lágrimas escapaban de sus ojos–. Quiero encontrar a mis hermanos, han pasado muchos años desde que los vi, y solo sé que son aventureros, si me quitan el título no podré encontrarlos.

    –Oye, tranquila –no pudo evitar suavizarse al verla llorar.

    –Lo siento, no, no puedo evitarlo –sacó de sus ropas un pañuelo para secar sus lágrimas.

    –¿Y dónde está ese mago tan sabio? –preguntó Gigalomaquia.

    –Su nombre es Oldverg, él se adelantó, ya debe de estar en Sky buscando aventureros para reclutar.

    –Bien –la miró un momento y suspiró–. Creo que me ha convencido, señorita, viajaré a Sky.

    –¡¿En serio?! –preguntó sorprendida–. ¿Se unirá a nosotros para detener a Karppoforo?

    –Eso aún no lo he decidido, si me hablaras más acerca de él quizás me decida –sonrió de forma amable.

    –Entonces puede viajar conmigo, le diré todo lo que sabemos de él durante el viaje –dijo con emoción.

    El elfo Gigalomaquia así fue como se unió a la suma sacerdotisa Ilitia. Subieron al carruaje y emprendieron el viaje hacia la ciudad de Sky.

    Horas más tarde, y por otro lado, regresamos con aquel par conformado por Dante y James, quienes sigue en su viaje hacia la ciudad.

    –¿Oye, esta cosa no puede ir más lento? –cuestionó el joven recostando en la parte de atrás y con claro sarcasmo.

    –Llevamos varios días de viaje, muchacho, no podemos forzar tanto a los caballos –respondió de forma seria Dante.

    –¡Vamos, puedo sentir como envejezco! –se levantó y se acercó a su compañero–. A este ritmo cuando lleguemos ya habrá terminado el festival.

    –Poco me importa el festival, lo único que me importa es encontrar a Arllet y nada más –respondió de forma seria Dante.

    –Que aguafiestas eres –bufo el muchacho. Rápidamente se acercó y tomó a Dante del hombro–. Me dirás que no deseas pasar por los hermosos y amplios burdeles de la ciudad, allí hay mujeres preciosas y muy cariñosas ¿sabías? Elfas, humanas y vampiras por igual.

    –Que estupideces dices, muchacho –le miró de reojo con sus fieros ojos rojos–. La única mujer que me interesa es Arllet, jamás la engañaría con cualquier zorra. Vuelves a decir esas sandeces y te tumbo lo dientes.

    –Oye, relajante Dante –rio James por su reacción–. Solo estaba jugando contigo amigo. Me alegra saber que mi hermana tiene a un hombre tan fiel como tú, es afortunada.

    –El afortunado soy yo –musitó Dante.

    –Pero de cualquier forma, no estaría mal pasar a una taberna y beber unos cuantos tarros de cerveza mientras un juglar canta una canción acerca de los fuertes y heroicos aventureros –dejó de lado la conversación.

    –Tu que puedes saber de alcohol, muchacho… –rio. Hasta detuvo el avance de su caballo.

    –¿Qué pasa, porque nos detenemos? –cuestionó James.

    –Algo se acerca, algo grande –respondió Dante bajando de un salto de carreta y tomando su hacha.

    –Oye, yo no escucho nada –agregó James, pego igual se bajó con su sable en mano.

    La tierra comenzó a temblar y los animales salieron corriendo del bosque a toda velocidad. Se escuchó un rugido y de entre los altos arboles una enorme bestia apareció.

    –¡Hijo de puta, es un Troll Blanco! –exclamó el joven aventurero ante tal criatura.

    Los troll blancos tienen la característica principal de tener piel blanca, lo cual les permite deambular durante el día sin problema. Estas bestias llegan a medir hasta siete metros de altura. Visten solo un taparrabos y suelen usar piedras o troncos como armas.

    ¡Ultima luz! –se escuchó la voz de una mujer.

    Una chica salió de entre los arboles siguiendo al troll, dio un gran salto y disparó una flecha luminosa. La flecha voló a gran velocidad hasta impactar en la frente de la bestia, creando una explosión. El troll rugió ante ese dolor y arrojó un ataque con un trazo que lleva en su mano. La arquera debió salta a un lado para evitar ser aplastada por eso.

    –¡Está sola, debemos ayudarla! –dijo James desenvainado su sable.

    Antes que hiciera algo otra persona salió a toda velocidad del bosque, y vaya que corría con gran rapidez hacia el troll.

    –¡Oye, monja, está aturdido atácalo con todo! –exclamó la arquera.

    La otra chica se acercó al desprevenido Trol, quien tenía la mirada fija en la arquera, y saltó hasta llegar a él y atacar.

    ¡Gran puño celestial! –exclamo esa “monja”

    Una energía mágica blanca recubrió su puño e impactó en el costado del troll. La fuerza que imprimió debió ser muchísima pues hizo gritar al troll y lo derribó, obligándolo a llevar sus manos a la zona del golpe.

    –¡Así se hace! –dijo la arquera preparando otra flecha. Y se acercó al adolorido troll.

    –O bueno, quizás no necesitan nuestra ayuda –comentó James al verlas dominar, o eso creían. Se dispuso a regresar a la carreta.

    –Espera –llamó Dante al verla–. ¿Qué está haciendo? Ese troll aún no está vencido.

    –¿Qué pasa? –cuestionó James. Antes que dijera nada Dante comenzó a correr hacia ellas pues sabía que algo podría salir mal–. Oye, espera –y lo siguió.

    –Adiós amiguito, hola recompensa –la arquera se acercó a la cabeza del troll y preparó otra flecha.

    No contaba con el troll la miró y abrió la boca liberando una gas verde, terriblemente nauseabundo y, si se expone demasiado a él, toxico.

    –¡Que mierda! –alegó soltando su arco llevándose las manos a la boca y la nariz.

    –¿Arquera? –cuestionó la monja al ver que no pasaba nada. El troll reaccionó y arrojó una patada a la monja, quien logró reaccionar en el último momento–. ¡Escudo de guerra! –juntó sus brazo y creo un escudo mágico. Pero la fuerza del troll fue demasiada, la impactó y la arrojó de forma violenta.

    –¡Cuidado James! –alertó Dante al ver a la monja salir volando.

    –¿Qué? –dijo el joven. No la vio venir y la monja se estrelló contra él.

    –Mierdas –gruñó Dante. Pero regresó su mirada a la indefensa y mareada arquera.

    Aunque ella salió de la nube de gas verde esta la había afecto, causándole mareo e incontrolables nauseas, cayó de rodillas sintiendo una horrible necesidad de vomitar. El troll se levantó y amenazó con aplastarla con su mano, ella solo vió sobre su hombro su destino. Pero en el último momento fuerte hombre saltó y con su hacha de guerra cortó la mano del troll. La bestia retrocedió gritando desesperado mientras sus sangre emanaba a raudales.

    –¿Estas bien? –preguntó Dante a la arquera, ayudándola a levantarse.

    –Sí, si eso creo –Se levantó aun un poco mareada–. ¿Quién eres?

    –Me llamo Dante, estaba deambulando por aquí y no pude evitar verlas luchas contra esa cosa. Parece que nunca te habias enfrentado a un Troll Blanco, ¿verdad?

    –Gracias por la ayuda, me llamó Lost –dijo ella–. No tenía idea que podían crear gases en su boca.

    –Por favor, eso no era un gas como tal, fue un eructo –explicó él–. No te imaginaras las clases de porquerías que hay dentro de sus estómagos, ente caballos, otros animales, gusanos y plantas descompuestas…

    –¡Vale, entendí! –dijo sintiendo arcadas.

    Lost, una bella chica de veintitrés años de edad, de estatura normal y complexión delgada, aunque posee un cuerpo desarrollado. Su cabello es corto y rizado en un color azul oscuro, del mismo color son sus ojos, azules y posee una blanca piel.

    Viste una extraña, aunque, elegante, armadura. Luce tres colores, rojo con negro y detalles en azul. Lleva un casco negro con detalles en dorado y un adorno en forma de moño en la parte posterior. Luego el peto con colores negros hasta la clavícula donde empieza las partes rojas formando sus senos, por su estómago empieza toda la armadura negra otra vez hasta llegar a sus muslos donde partes rojas resaltan y bajando un poco esas partes rojas forman algo similar a "botas" de tacón alto. Lleva unas hombreras anchas de color negro, los brazales, del codo hasta la muñeca, son de color rojo con detalles dorado y una línea azul. El detalle que más resalta de su armadura son las "alas" que tiene en la espalda, esta parte de su armadura es como su "mochila" donde guarda su arco y un cuchillo largo, estas alas se pueden separar y finalmente formar un gran arco pesado

    –Que armadura tan interesante…y rara –dijo Dante mirándola a detalle–. Oye, muchacho, ¿estás bien?

    –Sí, es creo –James reaccionó, notando que tenía sobre él a la monja–. Cielos que esto tan suave –curiosamente su mano estaba sobre uno de los redondos y suaves pechos de ella, y lo apretaba sin saberlo. Para su suerte ella estaba inconsciente– mierda, no quería hacer eso –alegó sonrojado soldándola–. Oye, despierta, despierta.

    El troll miró a los aventureros con molestia y comenzó a correr hacia ellos. Dante y Lost estaban listos para darle combate, pero la enorme bestia cambió de objetivo, fijándose en James y la monja, dirigiéndose con vehemencia hacia ellos.

    –¡Mierda, mierda, mierda! –exlcamó James al verlo venir. La monja apenas comenzaba a reaccionar, no tuvo más opción que tomarla en sus brazos y comenzar a correr.

    –Lanza una flecha de esas explosivas –dijo Dante a Lost, quien asintió. El guerrero con hacha comenzó a correr tras el troll.

    ¡Ultima luz! –enunció arrojando una flecha explosiva que dio justo en la nuca del troll, obligándolo a tropezar y caer rodando por el suelo, pero igual se precipitaba hacia James.

    –¡Oye, eso no sirvió de nada! –exclamó pues tenía que seguir corriendo para que el cuerpo del trollo no lo arrollara.

    –¿Qué pasa? –musitó la monja despertando. Vió lo que ocurría y al instante bajó de los brazos de James. Y corrió hacia el troll.

    –¿Qué haces, mujer? –cuestionó el joven al verla.

    ¡Gran puño celestial! –exclamó para arrojar un fuerte puñetazo que detuvo al troll en seco, destrozando sus costillas en esta ocasión.

    Antes que el troll hiciera otra cosa Dante saltó sobre él clavando con todas su fuerzas su hacha en el cuello del troll, decapitándolo al instante, no sin antes llenarse de esa sangre. Los demás se acercaron al fiero berserker.

    –Vaya, eso sí fue brutal –comentó Lost sonriendo sorprendida.

    –Ahora estoy lleno de porquería –gruñó Dante mirando su ropa sucia por la sangre.

    –Muchas gracias por su ayuda, viajeros –dijo la monja haciendo una reverencia–. Mi nombre es Maia, soy una monja guerrera.

    Maia, es una chica de veinte años de edad, bastante alta, con 1.85 metros de estatura, así como una atlética complexión. Su cabello es corto y blanco completamente, sus ojos son de un intenso color verde, y destaca por su belleza a pesar de su rudo aspecto.

    Viste una camisa sin mangas de tela amarilla, un pantalón ligeramente holgado del mismo color, llevan en su cintura una cinta en color negro y en su cuello una bufanda, botas de piel, grebas de bronce brazales y brazales de bronce. Así como unos guanteletes de hierro forjado. Pues los monjes no usan armas.

    –Soy James, un paladín –dijo con clavando una furtiva mirada en ambas chicas, sobre todo en la monja.

    –Aprendiz de paladín, recuérdalo –dijo Dante, quizás solo para molestarlo.

    –No jodas con eso, vale –bufó el chico cruzándose de brazos.

    –Gracias por la ayuda, ¿ustedes también son aventureros que van a Sky? –preguntó Lost.

    –Él es aventurero, yo no –respondió Dante con seriedad.

    –Así es, nos dirigimos a la bella ciudad de Sky a disfrutar del festival, además estamos en una misión. Si gustan podemos llevarlas también –sugirió el chico acercándose a Lost.

    –No queremos causar molestias, regresaremos caminando, gracias –objetó la monja.

    –Por favor, Maia. Sky está a tres días caminando –alegó Lost–. Perdimos nuestros caballos anoche, ese estúpido troll se los comió. Si no es una molestia, aceptamos viajar con ustedes.

    –No es ninguna molestia –sonrió James–. ¿Verdad, Dante?

    –Me da igual –respondió sin interés mientras tomaba su hacha y regresaba a la carreta.

    –Tu amigo parece algo molesto –comentó la maga.

    –Es por qué no lo conocen, la verdad es que está animado –rio James–. Vengan, vayamos a la ciudad.

    Es así que ese par de chicas se unen en al James y Dante para retornar a la ciudad de Sky, la cual está a un día de viaje en carreta

    Continuara…

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    Tales of Ancient Age
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    Acción/Épica
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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo V: Un encuentro cercano con Karppoforo

    (Opening: All good things – Fight)

    12 de Noviembre. Año 3150. Ciudad Sky

    La luna impera en cielo estrellado, una fría ventisca de albores de invierno corre por el lugar. Son las altas horas de la madrugada en la ciudad de Sky, sede del festival de los aventureros. A pesar de la gran cantidad de gente que ha llegado a la ciudad a esas horas a penas y hay una que otra persona, siendo estos los guardias que vigilan la paz y tranquilidad, así como uno que otro ebrio vagando sin más.

    Es a estas horas que dos figuras cubiertas por capuchas negras caminan de forma atemorizante por las calles, su destino, el Gran Gremio de Aventureros.

    La figura más alta es la de un hombre muy alto y de complexión atlética, y, aunque a simple vista aparente unos diecinueve años, realmente ha vivido novecientos años, así como una tez pálida, su cabello es rubio ligeramente largo y bastante despeinado. Sus ojos son normalmente de un azul oscuro y suele siempre tener un serio semblante, y, como miembro de la mítica y temible raza de los vampiros, sus orejas son puntiagudas, aunque estas son cubiertas por su cabello.

    Curiosamente, viste un uniforme el cual consta de pantalones blancos, una capa purpura con detalles en negro, un chaleco blanco con detalles en negro y botones amarillo, un cinturón negro con amarillo, así como dos guantes el derecho negro y el izquierdo blanco, botas negras altas. En su espalda porta una gran espada larga hecha de un bello acero brillante.

    Asura, sabes, desde que llegué a la ciudad he sentido una extraña presencia, no sé qué es, ¿tú la percibes también? –preguntó la chica que acompañaba al antes descrito.

    Ella es un tanto diferente a su acompañante. Ella es de una estatura más baja, y, su apariencia física es la de una joven de solo catorce años, aunque realmente ha vivido setecientos años. Ella posee una complexión muy delgada y piel pálida, sus ojos son de color rojo y su cabello es de un interesante color rosa, el cual es largo pero ella lo ata con una cinta, de forma que parecen las alas de un murciélago, al igual que su compañero ella también tiene las orejas puntiagudas pues es también una vampira.

    Esta lida chica viste un vestido corto estilo gótico, el cual da un aire a lolita por su apariencia física. Dicho vestido lleva las mangas separadas y largas. Lleva un collar blanco en el cuello con una cinta roja. Usa unas botas negras muy altas que llegan poco después que sus rodillas. Y en su espalda porta un arco negro con diseños de murciélago, así como un carcaj.

    –Sí, yo también pude percibirla, Krul. Es algo muy extraño –respondió él, sin embargo parecía no impórtale mucho–. Puede que sea algún mago de alto nivel que sea aventurero.

    Ambos no le dieron más vueltas a ese asunto y siguieron su camino hacia el Gran Gremio. Al entrar pudieron ver que casi no había nadie en la sala principal. Solo un viejo limpiando el lugar, un ebrio dormido en una mesa, dos guardias vigilando el lugar, y la bella y amable recepcionista nocturna. Quien es una vampira también.

    –Buenas noches, aventureros, bienvenidos –saludó ella de forma amable–. ¿En qué puedo servirles?

    Asura se acercó al mostrador y dejó caer una gran bolsa que llevaba, así como Krul mostraba un papel a la recepcionista.

    –Misión 00075, cumplida con excito –dijo la joven chica con una sonrisa orgullosa.

    La recepcionista tomó la hoja y la leyó. Luego vió la bolsa que él había dejado allí y la abría. Dentro se encontró con la cabeza cercenada de un minotauro.

    –Cielos –exclamó un poco sorprendida–. Vaya, fue muy rápido, esta misión fue liberada hoy en la mañana –entonces posó sus coquetos ojos sobre Asura–. Usted debe ser un guerrero muy fuerte, ¿verdad?

    –¡Si, lo es! –espetó Krul cruzada de brazos y mirando molesta a la recepcionista por su osadía–. Podrías darnos nuestro dinero, ¿por favor?

    –Sí, si claro –dijo la recepcionista intimidada. Buscó en los cofres y sacó una bolsa de cuero que le entregó a Asura–. Aquí tiene señor Tepes, 500 Wesex. Gracias por su trabajo. ¿Desea tomar una habitación? Aún nos quedan un par libres por esta noche.

    –No, gracias –respondió él tomando la bolsa–. Vamos a descansar en una posada cercana.

    Sin más que decir ambos salieron del gremio como si nada. Aunque la linda Krul seguía con su seria mirada y sus brazos cruzados, mientras caminaban por esa calle.

    –¿Pasa algo? –preguntó Asura mirándola de reojo al notar su seriedad.

    –No, no pasa nada –alegó ella desviando la mirada. Parecía molesta.

    –Por favor, como si pudieras engañarme, hermanita –rio un poco, pues si alguien la conocía bien, era él–. Vamos, dime que pasa –se acercó abrazándola por el hombro.

    –Solo que no me gusta que una cualquiera te coquetee, eso es todo –no pudo evitar que sus pálidas mejillas se ruborizaran por el abrazo de su hermano.

    –No seas tonta, Krul. Sabes perfectamente que no me interesa cualquier mujer –sonrió enternecido mientras la abrazaba–. Sabes que solo me importa una en todo el mundo –le susurró al oído–. Tú.

    –No, no hagas eso, Asura –la chica se sonrojó más por eso y se escondió en el pecho de su hermano abrazándolo. De cierta forma le daba un poco de vergüenza sonrojarse.

    –Puedo hacerlo mil veces más y nunca le perderé el gusto –sonrió acariciando su cabello suavemente.

    –No te burles –levantó la mirada haciendo un tierno puchero.

    Los dos se miraron un momento. Hasta que algo los hizo reaccionar, era una presencia mágica singular. Sus miradas se tornaron sorprendidas y soltaron su abrazo buscando al causante de esa extraña presencia. Sobre la calle y en la distancia vieron a tres personas.

    El del centro viste una túnica negra que lo cubre por completo, aunque se vislumbra muy alto. Por otro lado los otros dos acompañantes portan unas pesadas y completas armaduras negras, las cuales no nos permiten ver nada de ellos, salvo dos pequeñas luces rojas en los yelmos que parecen ser sus ojos.

    –¿Quiénes son esos sujetos? –cuestionó Krul extrañada, pero esa presencia no dejaba de incomodarla.

    –No tengo idea. Pero es el del centro es el que emana esta magia, los otros dos no tienen presencia alguna –explicó Asura de forma seria mientras empuñaba su enorme espada.

    –Parece que me he topado con un par de vampiritos –dijo el hombre de la túnica, al levantar su rostro vemos que porta una especie de máscara de hierro que cubre toda su cara. Pero sus ojos lo delatan, uno negro con rojo, y el otro blanco con dorado. Ese hombre no es otro que el mismísimo Karppoforo–. Quiero conocerlos.

    Los otros dos hombres de armadura negra, que eran sus Hatairoy. Emitieron un sonido similar al rechinar del metal, un sonido que solo su amo puede interpretar.

    –No, no, no tengo ganas de destruir este lugar, eso sería demasiado fácil. Saben que me gusta divertirme, además, vine hasta esta ciudad solo para conseguir componentes mágicos e información. Necesito un buen lugar para establecer mi nuevo laboratorio –respondió elocuentemente a sus guerreros.

    –Parece que hablan entre ellos –dijo Krul tomando un flecha y poniéndola en el arco.

    –No se quienes sean, pero hay algo extraño en ese sujeto de la túnica, no me agrada. Su magia es muy extraña, como si… cambiara.

    –¿Cambia? –cuestionó su hermana.

    –nosotros los vampiros nacemos con la habilidad natural de sentir la magia de otros seres vivos. Pero cada presencia que percibimos no cambia es estática, la de este sujeto se mueve y se mueve, crece y luego decrece…. Jamás he visto algo así.

    Karppoforo decidió acercarse a ellos. Para estar prevenidos ambos tomaron sus armas. Krul tomó su arco y lo preparó con una flecha, mientras que Asura empuñaba su enorme espada. Ante eso El Ancestral Demente no pudo evitar reír enormemente.

    –Muy buenas noches, jóvenes vampiros –saludó hasta estar cerca de ellos–. Es un gusto ver que aún existen seres de la noche en este mundo. Al parecer las cosas han cambiado mucho durante el tiempo que estuve prisionero. Ahora los humanos son quienes gobiernan el mundo, allí donde voy solo veo humanos y humanos y más humanos –Hablaba tranquilamente como si de amigos se tratase.

    –Por la forma en la que hablas no eres humano, ni vampiro. ¿Acaso eres un elfo? ¿Quién eres? –cuestionó Asura.

    –¿Y de qué diablos hablas? –agregó Krul. Ambos con gran desconfianza.

    –Sé que ustedes tal vez no lo sepan. Yo estuve mil años encerrado en una prisión escondida, pero ahora soy libre una vez más ¡y tengo muchas ganas de divertirme! –levantó los brazo cual niño emocionado. Los hermanos se miraron entre sí extrañados–. Así que vine a esta pintoresca ciudad a conseguir materiales e información para establecer mi nuevo y flamante laboratorio.

    –Debes de ser un sujeto bastante loco. Pero si has vivido encerrado por tanto tiempo es porque eres alguna clase de criminal, ¿no? –dijo Krul levantando su arco y apuntando a Karppoforo.

    –Que linda eres –sonrió completamente despreocupado de la flecha que le apuntaba–. ¿Qué tal si participas en uno de mis experimentos? Se me ocurren muchas cosas divertidas que hacer con tu cuerpo.

    –¡Oye! –llamó Asura.

    El ancestral volvió la mirada al otro vampiro, topándose con unos fieros ojos rojos que se clavaron en los de él. En un instante todo de volvió oscuro para Karppoforo, se veía ausente del espacio y el tiempo.

    –¿Qué pasa, dónde estoy? –se dijo a sí mismo mirando en todas direcciones.

    –Estamos dentro de tu mente, idiota –se escuchó la voz de Asura apareciendo detrás de él con su espada en mano–. Esto es una ilusión, pero créeme, puedo hacer que sean muy reales.

    –¿A sí? ¿Y qué vas a hacer chico rudo? –Karppoforo se veía bastante confiado, incluso retador.

    Asura apretó los dientes y arrojó un corte feroz y fugaz, el cual cercenó las piernas del ancestral de un solo tajo, derribándolo por obviedad.

    –¿Te gusta? ¿Cómo se siente el dolor? Aun siendo una ilusión vas a sentir todo como si fuera real –explicó mientras levantaba su espada.

    –… Pues, te diré… he sentido más. Me causaría una mejor reacción estar en la cama con tu hermana –rio tranquilamente aun cuando sus piernas habían sido cortadas.

    –¿Qué? ¡¿Qué demonios?! –exclamó sorprendido el vampiro mirando a su rival–. ¿Cómo es posible que no sientas dolor?... un momento ¿Cómo sabes que ella es mi hermana?

    Una terrible carcajada fue la respuesta que dio el ancestral. Todo el lugar se fragmentó, y como si estuvieran dentro de una caja de cristal. Todo se rompió, revelando que ahora estaban en un desierto gris con cielo rojo y nubes negras.

    –¿Qué, que es esto? –Asura no entendía que pasaba, era su ilusión, ¿por qué estaban ocurriendo estas cosas entonces?

    –Me encanta esa reacción de ustedes los vampiros cuando sus ilusiones se vuelven en su contra –llamó el ancestral. Sus piernas habían vuelto a crecer y estaba de pie una vez más–. Una vez le hice esto mismo a tu abuelo, Velkan Tepes, ese bastardo traidor me juró lealtad y luego se unió a esos imbéciles Sabios del Sol para atraparme, aun no lo he olvidado, Asura.

    –¡¿Cómo sabes todo eso?! –alegó el vampiro lanzándose sobre Karppoforo intentando cortarlo con su espada. Pero el ancestral solo se desvaneció y apareció detrás de él.

    –Esa habilidad de crear ilusiones es única de los vampiros, la usaban para esclavizar a los humanos y asustar a los elfos. Pero yo, mi estimado, Asura, yo no soy de esas razas. ¡Yo soy un Ancestral! la primera raza que existió, mucho antes que ustedes los vampiros –sonrió Karppoforo dándole la espalda.

    Asura se acercó y lo decapitó de un tajo. El cuerpo cayó inerte y la cabeza rodó por el suelo.

    –No diré que los ancestrales éramos inmunes a sus ilusiones, de hecho éramos muy susceptibles –a pesar de esa acción por Asura. La cabeza de Karppoforo seguía hablando.

    –¡Maldición! Tendré que liberarlo de la ilusión –Cerró los ojos y se concentró. No podía, ya no era quien controlaba la ilusión–. ¿Qué? Esto es imposible, porque no puedo deshacerla.

    Un agudo dolor atravesó su pecho haciéndolo gritar y escupir una gran cantidad de sangre. Detrás de él estaba el cuerpo decapitado del ancestral, quien lo atravesaba con su lanza de sangre, Margo.

    –Pero yo, con el pasar de los años, desarrollé una habilidad para revertir las ilusiones y atrapar a los vampiros en ella. Incluso cuando tú a penas habías nacido yo ya tenía varios milenios de edad, no hay truco que no conozca. En el momento que la usaste sobre mí, entré en tu mente y te atrapé. Y claro, me di el lujo de leer tus recuerdos para saber quién eras.

    Con fuerza el cuerpo sacó bruscamente la lanza del pecho de Asura dejando una herida abierta y sangrante. El vampiro cayó arrodillado y escupiendo una gran cantidad de sangre. Él sabía que la herida no era real, pero el dolor sí.

    –¡Yo soy Karppoforo, el Ancestral Demente! Mi magia no tiene igual, recuérdalo, puede que algún día trabajes para mí. Los vampiros me fueron fieles por mucho tiempo.

    –Ja… jamás, imbécil, nadie manda sobre un vampiro –gruñó adolorido y tosiendo.

    –Ya lo veremos –dijo Karppoforo con una enorme sonrisa. Entonces una gigantesca silueta negra apareció allí detrás de él.

    Era enrome, del tamaño de una montaña. Los ojos de Asura se abrieron como plantos al entender que esa silueta era la presencia mágica completa de Karppoforo, por mucho, la más grande que había visto en toda su vida el vampiro.

    Todo se volvió negro, y ambos volvieron al mundo real. Siendo Asura quien caería arrodillado sintiendo un dolor irreal en el pecho, esto como resultado de la ilusión.

    –Fue divertido conocerte, Asura. Salúdame a los traidores de tu familia cuando vuelvas a verlos, quizás uno de estos días me decida a matarlos –dijo Karppoforo sonriendo, al tiempo que acariciaba el cabello de Asura. Sin más que decir simplemente se fue caminando tranquilamente por la calle junto a sus Hatairoy.

    –¡Asura! –exclamó Krul preocupada y se acercó a él–. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

    –Estoy, estoy bien –jadeaba mientras el dolor lentamente desaparecía–. Ese, ese sujeto me, me venció en mi propia ilusión.

    –¿En tu propia ilusión? Pero, hermano, eso es imposible. Es tu ilusión, tú controlas todo.

    –No sé quién es. Pero pudo invertirla y tomar el control –se levantó junto a su hermana vieron a ese misterioso sujeto que se hace llamar un ancestral desaparecer entre los callejones.

    –Debemos avisar al gobierno de Wex, ese hombre no es un aventurero y no tiene buenas intenciones –dijo Asura con seriedad.

    –Entiendo, pero, por ahora será mejor llevarte a descansar, ¿sí? –dijo ella preocupada y atemorizada por las palabras de su hermano.

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Un nuevo día comienza y ahora nos encontramos en un pequeño poblado bastante lejos de la ciudad de Sky. Las calles de este pequeño poblado son poco concurridas a esas horas. El lugar parece muy pacifico hasta que cuatro caballos entran a todo galope, sus jinetes los hostigan demasiado. Para suerte de los equinos al llegar a un Centro de Aventureros sus jinetes los dejaron en paz, pues bajaron como rayos y entraron abruptamente.

    Los centro de aventureros son pequeños gremios donde los aventureros pueden tomar misiones o pasar la noche, la diferencia con los gremio, y claramente el gran gremio, es que aquí se delegan las misiones de baja paga sin importar su rango de dificultad, además que no suelen haber muchas disponibles, así que este lugar funge principalmente como una posada para aventureros.

    Volviendo al punto. Cuatro personas entraron rápidamente en el centro. Era un grupo de dos hombres y dos mujeres, claramente eran aventureros.

    –¡Rápido, necesitamos refuerzos! –exclamó una joven.

    Es de baja estatura, su cabello es color castaño y llega a la mitad de su espalda, poseedora de un lindo rostro de princesa con bellos ojos en color verde esmeralda. Así como una delgada y fina complexión. Viste una camisa color verde con un chale de seda sobre esta, una falda color negra, medias de color gris oscuro que llegan poco después que sus muslos y calza una zapatillas blancas con broches de plata. En su cintura lleva varias bolsas asidas a su cinturón. Y, como protección varias piezas de armadura en color verde metálico.

    Jennifer, tranquilízate –llamó uno de sus acompañantes, acercándose a ella.

    Este era otro joven aventurero, este estatura alta y complexión atlética. Portador de una larga cabellera rubia ceniza. Sus ojos son de color rojo sangre curiosamente. Siendo alguien considerado atractivo. Portador de una armadura de color azul con artísticos diseños de fuego en los brazales el símbolo de un relámpago en la espalda. En su cintura lleva un par de katanas grices con empuñadoras rojas y azul, y en su cintura, varios cuchillos arrojadizos.

    –No tenemos tiempo Estarlin, debemos ayudar a esos aventureros cautivos –alegó la chica, quien claramente se notaba preocupada.

    –Pero armar un alboroto tampoco les ayudará –agregó Estarlin, quien no se molestaba en alzar la voz.

    –Les dije que podíamos encargarnos de ellos nosotros solos. Somos cuatro aventureros contra esos insectos –comentó de forma soberbia otro miembro de ese grupo.

    Este es un vampiro, de veinte años físicos. No es alto, pero está en forma, quizás gracias a un constante entrenamiento. Sus ojos son de color gris y su cabello blanco, el cual hace juego con su pálida piel, propia de la raza vampira.

    Ataviado con una camisa holgada manga larga en color blanco, que es cubierta por un chaleco largo negro, pantalón café y un cinturón de cuero con botas negras, protegiéndose únicamente con un peto de acero. En su espalda porta una naginata y en su cinturón cuelga una hoz.

    –Sabes perfectamente que no podríamos hacerlo solos, Kyle. Son demasiados orcos los que resguardan a esos aventureros y civiles capturados.

    –Oye, sabes perfectamente de lo que soy capaz, mujer. No me subestimes, Ambar –alegó el vampiro de nombre Kyle encarando a esta otra chica.

    –¿Me estas amenazando, idiota? –respondió ella frunciendo el ceño ante las palabras de Kyle.

    –Por favor, no se peleen, se supone que estamos juntos en esto –dijo Jennifer acercándose a ellos para evitar una pelea.

    –Como sea –bufó la vampira, dándole la espalda a Kyle–. Busquen a alguien que pueda ayudarnos lo antes posible.

    Esta preciosa y ruda vampira posee una estatura de 1.55 metros, lo que la hace algo baja para su raza, pero posee una sensual figura, delgada y agraciada. Su cabello es largo y de color negro, perfectamente atado en una coleta. Ataviada con un vestido largo rojo de mangas largas y con sensual escote, sin llegar a mostrar mucho, pero si el principio de sus senos. Porta un cinturón de cuero color café, calza unas botas negras y, sobre todo, una capa verde oscuro. Como arma en su espalda porta una katana y en su cintura algo que aparenta ser un abanico.

    –Sí. Estarlin, Kyle, pregunten a la recepcionista sobre aventureros que estén en el pueblo, yo hablaré con algunos comensales de la taberna –sugirió Jennifer saliendo rápidamente a esa zona del recinto.

    –Tu amiga parece muy enérgica a la hora de ayudar, ¿no? –dijo Kyle a Estarlin.

    –Ella aun es algo inocente, pero sí, le gusta ayudar –dijo el humano mirando con una leve sonrisa a su amiga irse.

    –No, perdamos más el tiempo, vamos a la recepción –llamó Ambar.

    Mientras los tres se fueron a hablar con la recepcionista, la linda Jennifer fue a la zona de la taberna. Esperaba toparse con una gran cantidad de aventureros. Pero no, casi no había nadie allí. Dos ebrios dormidos en una mesa, un viejo hombre limpiando el lugar, y uno más, quien parecía disfrutar mucho de la compañía de una voluptuosa mujer.

    –No puede ser, no hay nadie aquí –se dijo así misma mirando el lugar. Sin embargo, sus ojos se posaron en aquel hombre que estaba con la mujer.

    No lleva armas, solo un par de guanteletes muy rudos y pesados con pinchos que cuelgan de su cinturón. Tiene una larga cabellera con los lados rapados, y atada en una trenza elegante, en los costados de su cabeza tiene varios tatuajes. Su rostro es rudo, con unas cejas pobladas y ojos azules, una larga barba negra en la cual también tiene varias trenzas. Curiosamente su apariencia recuerda al mismo Dante. Muy alto y musculoso.

    Viste una camisa sin mangas holgada en colores blanco con detalles en negro, su pantalón es holgado también y con los mismos colores, sus botas son de piel y están recubiertas de gruesos vendajes, al igual que sus puños y antebrazos. Finalmente lleva en su cuello un collar de cuentas negras.

    –¡Un monje guerrero! –dijo ella sonriendo con emoción. Rápidamente fue hacia él–. Disculpe, disculpe señor.

    Aquel hombre, que tenía la cara entre los abundantes pechos de su acompañante volvió la mirada a Jennifer.

    –¿Qué quieres niña? –dijo de forma grosera y con la mirada la detalló–. Lo siento, eres linda pero ya no tengo más dinero.

    –¿!Que¡? no, yo, yo no soy de esa clase de mujeres. Soy una aventurera –explicó, ofendiéndose por lo que el hombre sugería–. Verá, mis compañeros y yo vimos a un grupo muy grande de orcos cerca de la montaña. Han capturado a varios aventureros y civiles. Necesitamos ayuda para enfrentarlos, y vinimos a buscar refuerzos –explicó ella.

    –¿Así, orcos? Bueno, de cuanto hablamos, veras, no trabajo por menos de 500 Wesex. No por nada soy un elite –respondió arqueando la ceja mientras con una mano masajeaba los pechos de su acompañante, quien no parecía molestarse.

    –No, no hay paga, señor, solo débenos ayudarlos. Supongo que no le importará ayudarnos, después de todo usted es un monje –explicó ella, un tanto incomoda por el descaro de ese sujeto.

    –¿Esperas que trabaje gratis? Mira, que sea un monje guerrero no significa que sea tan idiota como todos los demás. Yo no trabajo gratis, soy un maldito aventurero de elite, no voy ir por allí haciendo obras de caridad. Así que deja de decir tonterías y vete, niña –respondió de forma seria, y al parecer molesto por la idea de trabajar gratis. Al tiempo que daba un gran trago a su tarro de cerveza.

    –Pero… no entiende que son nuestros compañeros, necesitan ayuda, si no hacemos nada pueden hacerles mucho daño –insistió ella.

    –¿Daño? –rio–. Los orcos se cogen a las mujeres y se comen a los hombres…bueno, técnicamente se comen a ambos. Daño es poco comparado con lo que les harán.

    –¡Usted es un idiota! –exclamó molesta, y atemorizada por lo que dijo–. No merece llamarse aventurero.

    –En verdad eres muy molesta –gruñó. La mujer que estaba con él rápidamente se quitó de sus piernas. El hombre se levantó mostrando su altura, dos metros para ser exactos–. Mira, niña, no sé qué mierda crees que significa ser aventurero, pero no es ir por allí jugando al héroe matando y matando como si los enemigos no tuvieran brazos. Si sigues con esa actitud terminaras muerta, o peor, como la esclava de algún monstruo.

    Él se acercó a ella con su imponente figura, la cual intimidaba a Jennifer retrocediendo ante su avance.

    –Lo, lo… lo siento –dijo asustada esperando poder escapar.

    –¿Lo sientes? No te estoy amenazando, niña tonta, te estoy dando un consejo –comentó el hombre.

    Entonces una mano se posó sobre el hombro de ese intimidante hombre. Miró sobre su hombro. Allí estaba Estarlin mirándole de forma muy seria y amenazante.

    –¿No te han enseñado a tratar a la mujeres? –cuestionó Estarlin con seriedad.

    –Quizás, ¿A caso tú vas a enseñarme? –respondió aquel hombre con una sonrisa retadora.
    Continuara…

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    Última edición: 2 Enero 2019
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    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    3890
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VI: Los Hatairoy

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Nos encontramos en un centro de aventureros. Minutos atrás la linda aventurera Jennifer había tenido un altercado con un monje guerrero, quien mostraba tener una muy grosera actitud para con ella. Las palabras de la chica lograron enojarlo y este se acercó a ella de forma amenazante, hasta que Estarlin, compañero de Jennifer, apareció por detrás del sujeto deteniéndolo al tomarlo por el hombro.

    –Entonces, muchacho, ¿vas a enseñarme a respetar a las mujeres? –cuestionó el monje de forma retadora con una sonrisa sínica en los labios.

    –Estarlin –llamó Jennifer preocupada por lo que pudiera ocurrir.

    –No me agradan los bravucones –respondió Estarlin con seriedad, clavado sus fieros ojos en los del monje–. ¿Cómo alguien como tú se volvió un aventurero?

    La sonrisa del enorme sujeto desapareció un momento al escuchar esas últimas palabras.

    –Repite eso último una sola vez mas –su mirada se volvió seria y su voz más ruda.

    Estarlin abrió sus labios para repetir esa pregunta a manera de reto, sin embargo, antes que una sola palabra saliera de él, en una sola fracción de segundo, un poderoso puñetazo le fue impactado en el abdomen. La fuerza le sacó el aire y lo hizo caer arrodillado conteniendo su vientre.

    –¡Estarlin! –exclamó Jennifer acercándose a su amigo rápidamente.

    –Perdón, no escuché lo que tenías que decir, muchacho –dijo sonriendo el monje mientras chocaba sus puños.

    –¡Eres un idiota, atacar a otro aventurero es un delito! –advirtió Jennifer molesta.

    –Fue en defensa propia, él me tomó por la espalda –se encogió de hombros.

    –Parece que tenemos problemas aquí, ¿no? –se escuchó la voz de una mujer entrar en esa ala.

    Ambar y Kyle se acercaron. Entendieron que aquel monje fue quien golpeo a Estarlin.

    –Parece que un imbécil monje se está metiendo con los miembros de mi vanguardia –dijo ella de forma seria mientras con su mano acariciaba la empuñadura de su espada, la cual lleva en la espalda.

    –¿Desde cuándo somos una vanguardia? Apenas nos conocemos –alegó Kyle, mientras rodeaba al monje, y su mano empuñaba el mango de su guadaña–. Como sea, ese par son nuestros compañeros, y no me gusta que un bravucón se meta con mis compañeros.

    –No, no, no, jóvenes. Usar armas dentro de un gremio está prohibido –sonrió cruzándose de brazos aquel monje.

    ¡Atención, hemos detectado un conflicto en el interior del centro. Se pide atentamente a los aventureros: Jennifer Escuarez, Estarlin D. Calez, Ambar Eidan y Kyle Manson, retirarse de las instalaciones! –se escuchó la voz de una mujer en toda la habitación.

    –¿Qué? ¿Por qué? Él fue el que comenzó esto –alegó Jennifer.

    –No, tú fuiste la que llegó a incordiarme, luego tu amigo me tomó por la espalda, yo solo me defendí –rio el monje haciéndose la víctima.

    –¡Oye, seas quien seas, esto es muy injusto! –espetó Ambar cruzada de brazos.

    Solo estoy siguiendo las reglas tal y como han sido establecidas. Por favor, se solicita se retiren de las instalaciones… y soy la recepcionista –insistió.

    –bueno, por ahora será mejor retirarnos. Dejemos a este imbécil solo, como debe de estar –bufó Kyle mirando con molestia al monje.

    –¿Estas bien, Estarlin? –preguntó Jennifer mientras lo ayudaba a levantarse.

    –sí…no es nada. Ese idiota golpea como niña –trató de contener el dolor, pero era más que obvio que no lo lograba.

    –Ya, vámonos. Tenemos que salvar a esos aventureros y civiles –llamó Ambar mientras se retiraba y miraba de reojo a aquel sujeto.

    Sin más que alegar los cuatro se retiraron del lugar, de regreso a sus caballos donde emprendieron un galope veloz hacia el lugar en el que se encuentran esos cautivos.

    –¡Perdimos mucho tiempo discutiendo con ese imbécil, no debimos venir a buscar “refuerzos”! –alegó Kyle, buscando que le dieran la razón.

    –¡Teníamos que hacerlo, tonto, aunque fue en vano, tendremos que apañárnosla solos! –respondió Ambar, quien galopaba a su lado.

    –¡Por favor, somos cuatro fuertes aventureros, y ellos son solo un grupo de orcos estúpidos, lo tendremos muy fácil! –bufó aquel vampiro notándose muy confiado.

    –¡No debemos subestimar a los orcos! –comentó Estarlin de forma seria.

    –¡¿Por qué lo dices, Estarlin?! –cuestionó Jennifer, la cual cabalga a su lado.

    –¡Los orcos pueden ser estúpidos, pero si juntas una gran cantidad tendrás un grupo de fieras asesinas dispuestas a todo, recuerden que no sabemos cuántos de ellos había exactamente!– explicó el humano.

    –¡Puede que tengas razón, pero no tienes que preocuparte, estoy segura que los cuatro podremos hacerles frente, solo no cometamos errores! –animó Ambar, quien se veía emocionada y lista para la batalla.

    –¡Cambiando de tema! ¡¿Qué les parece formar juntos una vanguardia cuando terminemos esto, seguro que lo hacemos de maravilla?!

    –¡¿Una vanguardia?! –cuestionó Jennifer, quien, quizás, no sabía a qué se refería.

    –¡Una vanguardia es un equipo predefinido de aventureros, es decir, si formamos una vanguardia tomaremos misiones juntos, así como registrarnos en las fuerzas especiales si hacemos suficientes misiones, tienen sus privilegios! –Explicó Ambar–. ¡La verdad, a mí me gusta la idea, creo que los cuatro haríamos un equipo formidable!

    –¡Así se habla, Ambar! –sonrió Kyle.

    –¡Creo que sería genial formar un equipo! –dijo aceptando Jennifer, luego miró a Estarlin–. ¡¿Qué dices Estarlin?

    –¡Está bien! –respondió desviando la mirada, aunque se notaba que le agradaba la idea.

    –¡Qué bien, una poderosa vanguardia, cuando tengamos nuestra primera noche de tarros, nos buscaremos una buen nombre! –exclamó con emoción el vampiro, acelerando el trote de su equino.

    –¡Por si se lo preguntan, una noche de tarros es una celebración después de cumplir una misión! –explicó Ambar, quien no podía evitar compartir la emoción de su compañero.

    Varios minutos pasaron hasta que el grupo logró llegar a la zona en la que avistaron el campamento de orcos donde estaban los cautivos. Dejaron sus caballos un poco alejados y prepararon su equipo de combate. Estarlin y Jennifer se colocaron sus castos, el de ella con un bello diseño artístico en un costado y el de él un poco más rudo, ambos solo dejan ver sus ojos. Avanzaron lentamente ocultándose entre los árboles y los arbustos.

    Desde esa distancia ya se podían escuchar los gritos, algunos de dolor y de miedo, así como también llantos de miedo y desesperación. Era obvio que había muchas personas atrapadas, y era misión de este grupo liberarlas.

    El lugar era un campamento de orcos pequeño, había, por lo menos, una decena. Estaban apostados justo en la entrada de una cueva. Allí un grupo de esos orcos preparaban un fogata. Cerca había alrededor de ocho jaulas de gran tamaño, es allí donde metían a los humanos, entre civiles y aventureros.

    –No entiendo, ¿Por qué no intentan escapar? –cuestionó el vampiro Kyle en voz baja–. Esas jaulas no parecen ser muy resistentes.

    –Miera esos extraños grilletes que todos llevan, no parecen de metal, ¿o sí? –agregó Jennifer.

    Todos los cautivos estaban aprisionados mediante gruesos y extraños grilletes de color negro, estos parecían imposibilitarles el uso de la magia, además de aparentar ser muy pesados. Los aventureros seguían apreciando la escena para averiguar todos los riesgos, hasta que sus miradas se posaron en un árbol singular, es allí donde se quedaron boquiabiertos.

    –Hijos… de puta –dijo Estarlin pasmado ante lo que veía.

    En una larga y gruesa rama había cinco cuerpos colgados por el cuello mediante cadenas, cinco aventureros ejecutados. Los cuatro miraban con odio esa escena, a nada se saltar sobre los monstruos. Fue el grito de una mujer lo que los sacó de ese trance. Volvieron sus miradas al origen de ese alarido. Una bella y joven mujer era arrastrada por el cabello por una de esas viles criaturas, la cual reía y se lamía los labios.

    –¿Qué harán con ella? –cuestionó Ambar sobresaltada.

    Las funestas palabras de aquel grosero monje resonaron en la cabeza de Jennifer “Los orcos se cogen a las mujeres y se comen a los hombres…bueno, técnicamente se comen a ambos” fue que entendió lo que harían con esa pobre.

    –¡Suficiente! –gritó ella con decisión y saltó de su cobertura.

    –¡Jennifer, espera! –llamó Estarlin tratando de detenerla, pero era tarde.

    La alquimista estaba decidida y nada la detendría. Corrió a toda velocidad hacia los orcos, llamando su atención claramente. Se fijó en los que preparaban la fogata, sacó de su mochila un par de pequeños frascos.

    –A ver si esto les gusta, monstruos –se dijo así misma mientras corría, apuntó al fuego y arrojó las esferas– Bomba verde

    Los pequeños frascos llevan dentro de sí un líquido verde. Al entrar en contacto con el fuego estallan, generando una potente llamarada, la cual fácilmente prendió en fuego a un grupo de orcos, que comenzaron a correr frenéticos buscando apagar el fuego que los cubría.

    La alquimista vió a un par de orcos que se acercaron hacia ella con sus espadas, arrojando feroces cortes horizontales, pero la agilidad de ella fue superior y saltó evitando las afiladas armas. Al mismo tiempo, en el aire arrojó otra de sus posiciones, esta de color rojo dentro de una esfera de cristal. Cuando esta se quebró, justo a los pies de los orcos, estalló arrojándolos violentamente por el suelo.

    Rodó con gracia para incorporándose y visualizar a sus enemigos, no sabía que detrás de ella un par de arqueros disparaban sus flechas desde un árbol.

    –¡Detrás de ti! –se escuchó la voz de Estarlin.

    El mago elemental de las katanas corrió a gran velocidad hasta colocarse detrás de ella, y con sus armas, desviar las flechas.

    –No olvides que las hembras orco son arqueras –le susurró a su compañera mientras cubría su espalda.

    –Sabía que vendrías detrás de mí –sonrió ella guiñándole el ojo.

    –Ya acabaste con un cuarteto de estos monstruos, pero aún hay más, no te confíes –respondió sin prestar atención al gesto de ella, pues debía desviar otro par de flechas que le fueron arrojadas.

    Las arqueras orco preparaban sus flechas para un nuevo ataque. Pero una fugaz katana las atacó a gran velocidad. Los dos cuerpos decapitados cayeron de la rama, sobre la cual estaba la bella vampira Ambar agitando su espada para quitar el exceso de sangre.

    –No quieran quedarse con toda la diversión –dijo sonriendo.

    Por otro lado, Kyle luchaba contra un par de toscos y torpes orcos armados con lanzas, pero el vampiro es usurario de un bella naginata. Los orcos arrojan estocadas burdas, que son desviadas por el arma del Kyle. Patea a un orco en la cabeza y lo aleja, al otro lo golpe en el ojo con la base de la naginata, doblegándolo por el dolor, gira ágilmente su arma cercenando la cabeza del orco.

    El segundo regresa al ataque intentando escotadas más rápidas, pero para el vampiro basta con esquivarlas, agita su arma cortando la pierna derecha de su rival. Ahora en el suelo, basta con ejecutarlo. Dos hembras de orco trepan a un árbol ágilmente, en esa posición arrojan dos flechas por la espalda del vampiro. Creen que pueden herirlo, pero en el último momento este gira y corta la flechas.

    –¿Quién dijo que un chamán no puede ser un hábil guerrero? –dijo de forma soberbia.

    Sin que lo supieran las arqueras orco, una serpiente negra muy veloz e imperceptible, trepó por el árbol y luego sobre una de ellas, se envolvió en su cuello y apretó con fuerza para asfixiarla, la otra arquera vió a su compañera en problemas y trató de ayudarla, pero una hoz voló por el aire clavándose en su cabeza dándole muerte, a los pocos segundos la otra arquera fue asfixiada y cayó al suelo.

    Kyle se tomó un momento, reír. La serpiente regresó a él llevándole su hoz.

    –Bien hecho, preciosa sombra serpiente –dijo acariciando la cabeza del reptil y retomando su hoz.

    –¿Estas bien? –preguntó Jennifer a la joven que iba a ser víctima de los orcos.

    La chica estaba asustada y aliviada, se lanzó a los brazos de la alquimista aferrándose a ella mientras le agradecía el salvarla.

    –Vamos a liberar a los otros cautivos –llamó Ambar, quien sonreía satisfecha y victoriosa.

    –Aun no entiendo como un grupo de inútiles orcos lograron capturar a tantos aventureros, no me lo tomen a mal, pero incluso un par de novatos podría haber acabado con ellos sin problemas –comentó Kyle acercándose a sus compañeros.

    –Qué más da, lo que importa es que los rescatamos y ahora estarán sanos y salvos –dijo Ambar despreocupada, sin prestar atención a ese detalle.

    –Lo que no podremos hacer es algo por ellos –agregó Estarlin señalando a los que fueron ejecutados y ahora cuelgan de aquel árbol.

    –Es una pena, un aventurero no merece una muerte tan deshonrosa. Llamaremos a los servicios mortuorios para que se ocupen de sus cuerpos y les den un entierro digno –suspiró Ambar.

    Los tres se dirigieron a las jaulas para liberar a los demás mientras Jennifer trataba de tranquilizar a la joven chica. Ambar abrió la primera jaula donde había un par de niños.

    –Vengan pequeños, ya están a salvo –dijo la vampira sonriendo para que los niños salieran, y eso hicieron.

    Entonces uno de los cautivos logró quitarse la mordaza que le impedía, como a todos los demás, hablar.

    –¡Esos no son todos! –gritó tratando de advertir a sus salvadores.

    Era tarde. Ninguno de los cuatro pudo prever lo que pasó. Una veloz cadena voló por el aire, atrapando a la joven por el cuello y tomándola firmemente. Jennifer apenas pudo entender lo que pasaba cuando una fuerza sobre humana tiró de la cadena jalando con ella a la chica. Fue arrastrada hasta la entrada de la cueva.

    –¡Chicos! –llamó Jennifer, para alertar a su compañeros.

    Todos volvieron las miradas a la cueva. En dicha entrada ocho guerreros con pesadas armaduras negras, la cuales no nos permiten ver nada de su cuerpo, salvo sus brillantes ojos rojos.

    –¿Quiénes son ellos? –cuestionó Kyle empuñando su naginata.

    –¿bandido? ¿asesinos? –especuló Ambar desenfundando su katana. Volvió la mirada a los niños que se escondían detrás de ella–. Niños, corran y regresen al pueblo tan rápido como puedan –les ordenó. Los pequeños no lo pensaron dos veces y salieron corriendo a toda velocidad.

    –¡No son humanos, ni elfos, ni vampiros! –dijo el aventurero cautivo.

    La chica estaba en el suelo, a los pies de uno de esos guerreros, quien sacó su espada y sin piedad alguna se la clavó con fuerza en el pecho, dándole muerte al instante. Estos son los fieles siervos del ancestral demente, son los Hatairoy

    –¡No! –gritó Jennifer. Sin pensarlo arrojo dos frascos sobre ellos.

    Pero estos no fueron tontos, fácilmente patearon los frascos regresándoselos a la alquimista, quien tuvo que arrojarse a un lado para evitar las explosiones.

    Estarlin no dudó en lanzarse al ataque. Pero estos no son ajenos al combate. Sedientos de sangre atacan también. El mago elemental debe hacer frente a dos hábiles guerreros, que arremeten con fiereza portando espadas largas, las dos katanas apenas logran bloquear los ataques certeros.

    Estarlin está en apuros, para su suerte, Kyle ataca por un costado. Carga con la naginata al frente atravesando aun Hatairoy por su costado, llevándolo clavado en su arma hasta estrellarlo contra un árbol.

    –¡Oy! creo que no saben que yo soy la estrella de esta vanguardia –dijo Kyle de sonriendo arrogante, clavando más su arma en el enemigo.

    No obstante, desconoce que los Hatairoy no sienten dolor. Lo que emana de su herida no es sangre, sino una especie de líquido negro muy espeso.

    –¿Qué diablos es eso? No, no es sangre –alegó sorprendido, descuidándose. El Hatairoy rápidamente tomó las muñecas de Kyle firmemente– ¿Qué carajos haces? suéltame –trató de zafarse, pero su rival era muy fuerte.

    –¡No dejes que te toque, suéltate! –gritaba el aventurero cautivo.

    Las manos del guerrero de armadura negra brillaron y materializaron grilletes en las muñecas de Kyle. El vampiro se sorprendió soltando su arma para alejarse. Ahora sus manos están atrapadas por unos raros grilletes de metal negro, mismos que portan los cautivos. Para su suerte el Hatairoy que lo atrapó terminó por perecer ante la herida causada por la naginata.

    Otro Hatairoy se acercó velozmente, arrojando una poderosa patada al rostro de Kyle, quien no pudo evitarla, terminando en el suelo por el golpe.

    –¡Hijo de puta! –gruñó escupiendo sangre– Anguila eléctrica –enunció para hacer aparecer a una de sus criaturas.

    No obstante, de poco sirvió su ataque, no hubo efecto alguno, mas al contrario, al usar ese conjuro los grilletes se hicieron mas pesados.

    –¡No uses magia, esos grilletes la absorberán y se volverán más pesados! –explicó el aventurero cautivo.

    –¡Dilo mañana, idiota! –espetó Kyle. Pero vió de reojo a su agresor arrojar un corte con su espada, debiendo el vampiro rodar por el suelo para evitarlo.

    El Hatairoy atacaba una y otra vez, obligando al vampiro únicamente rodar por el suelo. Hasta que una katana fugaz cayó desde un árbol con un certero corte que cercenó uno de los brazos del guerrero de armadura negra.

    –¿Qué pasó Kyle, creí que eras la estrella de esta vanguardia? –cuestionó Ambar a manera de burla al salvar a su compañero.

    –No es el momento Ambar, acaba con esa cosa y libérame –bufó el vampiro algo ofendido.

    La vampira solo rio y siguió su ataque contra el manco Hatairoy, que aun así, insistía en luchar. Atacaba con fuerza, pero poca técnica, la vampira esquivaba y bloquea sus ataques con cierta facilidad, pero el Hatairoy la patea en el pecho alejándola, y ataca con una estocada feroz, Ambar salta a un lado evitándola y rueda por el suelo para tomar distancia.

    –¡Detrás de ti! –advierte Kyle.

    Detrás de la vampira se acerca otro Hatairoy con mortales intenciones, la vampira lo ve de reojo.

    –Prisión de fuego –enuncia, creando un aro de fuego alrededor del Hatairoy manco, inmovilizándolo para poder fijarse en el que le ataca por la espalda.

    Bloquea el ataque vertical, patea al guerrero de armadura negra en el pecho y lo aleja, ahora la vampira da un gran salto quedando detrás de su rival, gira ágilmente buscando cortarle la cabeza. Pero el Hatairoy se agacha evitando ese corte. Vuelven a estar cara a cara. La vampira mira al que está rodeado de fuego y con su magia aumenta la temperatura, comenzando a cubrirlo en llamas.

    –Parece que tu amigo lo está pasando muy mal, ¿cómo crees que se siente mi fuego? –sonríe tratando de provocar a su adversario, pero este no muestra ningún sentimiento.

    Ambos se arrojan al combate, chocan con fuerza las espadas que resuenan en cada golpe. Él ataca de forma vertical, pero ella lo aleja pateándolo en el pecho, se lanza en su contra intentando una estocada, el Hatairoy se prepara para desviar este ataque, pero Ambar sonríe en el último momento, cambia su objetivo y se agacha, clavando su espada en la rodilla del enemigo, con fuerza logra cortarla. El guerrero de armadura negra cae, ahora es una víctima fácil para la vampira, quien le corta la cabeza de un corte.

    De la nada el Hatairoy con un solo brazo intentó atacarla por la espalda.

    –¡No lo harás, bastardo! –gritó el vampiro.

    Kyle se lanza sobre este derribandolo. En el suelo se coloca sobre él y comienza a golpearlo una y otra vez con los grilletes que se han vuelto muy pesados por los constantes intentos de escape. Golpe tras golpe machaca la cabeza del Hatairoy hasta asesinarlo.

    –Vaya, gracias Kyle –sonrió Ambar.

    –Oye, soy la estrella de este equipo, unas tontas cadenas no me van a detener –dijo sonriendo y guiñándole el ojo.

    Pero ambos no vieron venir el siguiente ataque. Un Hatairoy más apareció arrojando sus cadenas desde cada mano, una hacia Ambar, quien reaccionó y logró evitarla, y otra hacia Kyle, quien por los pesados grilletes no lo logró evitarlo. Fue tomado por el cuello y encadenado a un árbol.

    Ambar retrocedió para visualizar bien a su enemigo, quien ahora se fijaba en ella. Una vez más arrojó sus cadenas sobre la vampira, quien saltó a la rama de un árbol evitándolo.

    –¿Qué clase de conjuro o hechizo es ese? –se dijo a sí misma la vampira. No tuvo mucha tranquilidad, otra cadena fue arrojada sobre ella y debió saltar a otra rama para evitarla–. Las cadenas salen de sus manos completamente, y se extienden tanto como desea, o puede cortarla en cualquier momento. Jamás he visto algo como eso.

    Los ataques de las cadenas no se detenían, una tras otra y tras otra, obligando a Ambar a saltar entre los árboles. Hasta que en un momento ella dio un gran salto para evitar dos cadenas arrojadas por ese Hatairoy, sin saber que otro la esperaba, y este arrojó su cadena justo cuando ella estaba en el aire, atrapándolo sin posibilidad de escapar.

    Cayó al suelo de forma brusca, gritando un poco. Comenzó a tratar de zafarse o reventarlas, y lo habría logrado, de no ser porque fue apresada por más cadenas.

    –¡Ambar! –gritó Kyle, quien hacia todo lo que podía buscando soltarse de sus grilletes, que seguían aumentando su peso– ¡Estarlin, Jennifer!

    Estarlin estaba en un aprieto luchando mano a mano contra tres Hatairoy, imposibilitado para atacar o tomar distancia siquiera, se limitaba a esquiar y bloquear los ataques con sus katanas.

    –Esto servirá –dijo Jennifer buscando una de sus mejores pociones – ¡Estarlin, recibe esto, potencial de oro! –y arrojó la esfera hacia su compañero–. Con esa poción será más fuerte y rápido.

    Estarlin logró verla, y sabía bien que le serviría. Rodó por el suelo evitando dos cortes de sus enemigos, se incorporó y trató de tomar la pócima, pero una cadena voló hacia la pócima primero, tomándola y alejándola del mago.

    –¡No puede ser! –exclamó Jennifer sorprendida.

    Estarlin gruñó frustrado. Había bajado su defensa, una patada de un Hatairoy lo regresó al combate, derribándolo y haciéndolo rodar por el suelo.

    –Suficiente, tendré que ponerme serio –gruñó el mago–. Vista eléctrica –levantó su mano y arrojó una centella eléctrica a uno de los Hatairoy. Dicha corriente recorrió todo su cuerpo y los ojos del mago brillaron en un color azul–. Ahora veré sus puntos débiles y sabré como venc… –los ojos de Estarlin no podían reflejar mejor su sorpresa–. No, no tienen sistema nervioso, ni músculos, ni huesos, ni órganos.

    –¡Estarlin cuidado!–gritó Jennifer.

    Los demás Hatairoy lo rodearon y arrojaron sus cadenas, el mago estaba asombrado e incrédulo por lo que vió, que bajó completamente su guardia. Una cadena atrapó su brazo derecho, y otra su brazo izquierdo, logró reventar la primera, pero al instante otra retomó su brazo, mas cadenas llegaron sobre él hasta inmovilizarlo, se acercaron y le colocaron esos terribles grilletes de metal negro, además de dejarlo encadenado a los árboles.

    –¡Jennifer, corre! –gritó Estarlin, tratando con todas sus fuerzas de reventar las cadenas, pero al intentar usar su magia sus grilletes solo aumentaron de peso.

    Ahora lo cinco Hatairoy restantes posaron sus miradas sobre la última maga de pie, Jennifer, quien mira con temor a esos cinco guerrero de armadura negra que no tardan en rodearla y arrojar sus cadenas sobre ella.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  10.  
    Fersaw

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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VII: Hallazgo misterioso

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Ambar, Kyle y Estarlin han sido derrotados y sometidos por los Hatairoy, quienes ahora fijan sus miradas en la última aventurera de pie, la joven Jennifer.

    La alquimista se ve rodeada por esos peligrosos guerreros, tiene que pensar que hacer, pues pronto comenzaran a atacar.

    –¡Jennifer, huye! –gritaba Estarlin, haciendo todo lo posible para zafarse de los pesados grilletes de metal negro, pero estos solo aumentan más su peso ante el más mínimo atisbo de magia.

    –¡Jennifer, debes escapar y traer refuerzos cuanto antes, corre! –exclamaba, la vampira, quien era presa de decenas de cadenas.

    La maga escuchaba a sus compañeros decirle que escapara, pero, ¿cómo hacerlo? Cuando está rodeada por los cinco guerreros de armadura negra. Mientras pensaba, una cadena voló por los aires con intenciones de atraparla, por suerte ella logró verla de reojo y la esquivó, pero más siguieron, una tras otra con gran dificultad las cadenas la hostigaban, hasta que una logró tomarla del brazo y otra le arrancó el casco de forma brusca, dejando su bello rostro desprotegido.

    –¡Hijos de puta, suéltenla! –lleno de furia e impotencia, Estarlin logró ponerse de pie, haciendo un terrible esfuerzo para levantarse con el peso de los grilletes. No obstante de poco serviría, al primer pasó cayó vencido por el peso.

    –¡No puede ser, no puede ser! Si me atrapan a mí también nadie podrá salvarlos –decía Jennifer tratando de zafarse de la cadena.

    Otra cadena más fue arrojada, pero esta no tenía la intención de atraparla, si no que buscaba golpearla cual si fuera una látigo. Gritó adolorida y cayó al suelo con una marca roja en su rostro, donde la cadena la había golpeado.

    –¡Jennifer! –gritó con fuerza Estarlin. Ver a su compañera ser tratada de esa forma lo estaba volviendo loco. La ira y la desesperación comenzaban a apoderarse de su ser.

    Los Hatairoy se ensañaron con la alquimista, siguieron atacándola con las cadenas. La golpeaban por todas partes de su cuerpo, mientras que con otras cadenas detenían sus brazos para que no pudiera cubrirse. La chica solo trataba a toda consta de zafarse de ese castigo, entre gritos de dolor y desesperación, las cadenas no tardaron en hacer cortes en su piel.

    La furia no dejaba de crecer en el mago Estarlin. Apretaba los dientes y los puños, las venas de sus brazos comenzaban a resaltarse, al tiempo que un aura azul emanaba de su cuerpo, su poder se estaba elevando cada vez más.

    Los Hatairoy siguieron torturando a la chica, ya todo parecía perdido para este cuarteto de aventureros. Hasta que una enorme sombra atravesó la maleza corriendo a toda velocidad cual bestia, cargando hacia el Hatairoy que tenía atrapados los brazos de Jennifer. Dio un saltó para cercarse más rápido.

    –¡Gran martillo! –gritó un hombre. El puño de este sujeto brilló para luego impactarlo en el pecho del Hatairoy. La fuerza fue tal que lo atravesó por completo hasta salir por la espalda.

    Todos se sorprendieron ante lo que ocurrió, y más se sorprenderían al ver quien había llegado en su ayuda.

    –Parece que llegó justo a tiempo –sonrió de forma socarrona.

    –Maldita sea, es ese imbécil –comentó Kyle.

    –No sé por qué vino, pero me alegra que lo haya hecho –suspiró con gran alivio Ambar.

    Era nada más y nada menos que aquel monje guerrero con quien tiempo atrás habían tenido roces. Se le ve imponente con su larga barba y trenza, así como sus pesados guantes de acero con pinchos.

    –Monje –musitó Jennifer adolorida, tratando de levantarse–. ¿Vino a ayudarnos?

    –Me llamo Harald, y si, vine a ayudarlos –la miró de reojo–. ¿Me pueden decir que son estas cosas?

    –No, no lo sabemos –logró ponerse de pie, pero los golpes resentían en ella, terminó por tropezar y caer de rodillas.

    Los Hatairoy no tardaron en contraatacar, arrojaron sus cadenas tanto a él como a ella.

    Escudo de guerra –enunció el monje, creando un escudo de energía mágico, luego se acercó a Jennifer para protegerla también con el escudo –. ¿Algo que deba saber acerca de ellos para que no me sorprendan?

    –Debe tener cuidado con sus cadenas, una no es problema, pero comenzaran a arrojar una tras otra hasta atraparlo. Parecen no sentir dolor ni emociones –explicó ella.

    –Bien, lo tengo –debía ver a cada uno de los cuatro restantes para repeler sus cadenas–. Bajaré el escudo y los atraeré hacia mí, toma esto –le entregó un pócima–. Con esto podrás liberar a tus amigos, agrita y debilita el metal.

    –Gracias, señor Harald –la tomó y le miró–. ¿Por qué vino a ayudarnos después de lo que pasó?

    –Me topé con un par de niños mientas caminaba por la vereda –dijo él.

    Minutos atrás.

    Nos encontramos en una gran y empedrada vereda, la cual conecta diferentes poblados cercanos, es por allí que el monje guerrero Harald caminaba a lomos de su caballo con incierto destino.

    Por los caminos cabalgó, tropa del invasor. Las espadas sonaran la batalla comenzó, de rojo el campo se tiñó –cantaba Harald tranquilamente–. Ahora que lo pienso, esa mujer me cobró cien wesex… y ni siquiera la llevé a la cama. Maldición, las mujeres voluptuosas son mi debilidad.

    Tal acción parecía importarle poco por la forma que se reía. Pero su diversión poco duró, siendo interrumpida por los gritos de un par de niños. Divisó rápidamente el origen de dichos chillidos, logrando ver a los dos niños que minutos tras fueron liberados por Ambar.

    –¡Auxilio, auxilio! –gritaba la niña y su hermano.

    –¿Qué pasa? –alegó extrañado el monje.

    –¡Señor, necesitamos ayuda! –dijo la niña llegando hasta él.

    –¿Ayuda? ¿Qué ayuda pueden necesitar un par de niños? ¿Acaso se robaron algo o molestaron a alguien? –cuestionó riendo, dando muy poco importancia a lo que pudieran necesitar.

    –¡No señor, no es eso, un grupo de aventureros está en peligro! –dijo el niño con cierta desesperación.

    –¡Si, unos monstruos muy raros los están atacando, son muchos, debe ayudarlos! –agregó la niña con el mismo temor de su hermano.

    –Por favor. No creo que sea algo tan malo, ellos podrán encargarse, pero ustedes deben regresar al pueblo, estos caminos no son seguros para un par de chiquillos –dijo despreocupado siguiendo su camino.

    –¡Usted es un aventurero, no puede irse así como así! –llamó la niña.

    –Lo siento, yo no trabajo gratis –rio despreocupado.

    –Olvídalo hermana, no va a ayudar –dio el niño con una voz más seria agachando su mirada–. Ese hombre no es un aventurero de verdad, solo es un mercenario más.

    –Oye, niño. Debes respetar a tus mayores, yo soy un aventurero…–alegó Harald ofendido.

    –No puede decir nada, usted solo pelea por dinero, como muchos. En mi pueblo había un aventurero que peleaba por defendernos, nunca pidió una sola moneda a cambio. ¡Por eso usted no es un verdadero aventurero, solo piensa en el dinero y no en los demás, como todos! –Exclamó con fuerza el niño levantando la mirada mostrando un par de inocentes lágrimas–. ¡Encontraré a un verdadero aventurero que pueda ayudar! –dicho esto salió corriendo.

    –¿Qué le pasa a ese mocoso? –dijo serio el monje viéndolo irse.

    –El aventurero del que hablaba era nuestro padre, pero él murió hace un par de años. Mi hermano siempre lo vió como su héroe –suspiró la niña. Entonces buscó entre sus ropas y encontró algo–. Sé que no es mucho, pero, ¿podría ayudar a esos aventureros por esto? –la niña le mostró una moneda de un Wesex.

    El monje la miró atentamente con un serio semblante. Se acercó a ella y tomó la moneda para verla. Realmente no se puede comprar casi nada con eso, pero los ojos de la niña veían en él a un héroe, aun aventurero que podría ayudar.

    –¿Crees que esos aventureros estén en peligro real? –cuestionó con una voz más suave.

    –Sí, ellos no lo saben, pero las criaturas con las que se enfrentarán son muy fuerte, atraparon a muchos aventureros antes y los encerraron en jaulas, no creo que con estos sea diferente.

    –Bien –suspiró regresándole la moneda–. Es el precio correcto, pero los trabajos se pagan cuando se terminan. Me encargaré de ayudarlos y liberar a los cautivos. Tu ve por tu hermano y regresen al pueblo.

    La niña sonrió enormemente agradeciéndole su ayuda, le indicó el camino y luego ambos se separaron. Harald apresuró el trote de su caballo para llegar cuanto antes.

    En el presente

    –Creí que no trabajaba por menos de quinientos Wesex –rió Jennifer al escuchar lo que el monje le relató.

    –Le hice una oferta a esa niña –rió también–. Es hora de acabar con estas cosas y liberar a los demás. ¡Ahora!

    Deshizo el escudo y corrió hacia uno de los Hatairoy, cadenas volaron en su dirección, pero el monje logró esquivarlas. Saltó y conectó una fuerte patada en el pecho del enemigo, con tal fuerza que lo arrojó por el suelo de forma violenta.

    Jennifer aprovechó eso y corrió a toda velocidad hacia Estarlin. Una cadena amenazó con tomarla por el tobillo, pero logró saltar y evitarla, aunque tropezó se levantó tan rápido como pudo para llegar a su compañero.

    –¡Jennifer! ¿Estás bien? –preguntó él preocupado por las heridas que veía en ella.

    –Sí, estoy bien –respondió sin preocuparse por sí misma. Vertió la posición sobre los grilletes negros de Estarlin, los cuales, lentamente comenzaron a agrietarse y debilitarse.

    Por otro lado el monje seguía luchando contra los Hatairoy. Atacaban uno tras otro, con sus espadas hostigaban de cerca, mientras que con las cadenas atacaban a la distancia. Retrocede evitando los cortes, pero una cadena lo ataca por detrás, logra saltar a tiempo para evitarla, pero otra ya lo espera y lo toma por el cuello con fuerza. Comienza a forcejear, los más rápido posible logrando reventarla, otra vuela por el aire y lo golpea en la cara haciéndole un corte en la mejilla.

    –Eso me dolió– gruñe esquivando los siguientes azotes de cadena.

    Un Hatairoy intentó atacarlo por la espalda con una estocada certera. El monje le vió de reojo y giró ágilmente, deteniendo la espada del enemigo con su mano, la cual está protegida por un grueso y pesado guantelete de acero. Sorprendido por la fuerza del monje el Hatairoy no logra liberar su arma del agarre enemigo.

    –¡Gran martillo! –usó una vez más ese ataque, su mano brilló, soltó la espada y al instante impactó un devastador puñetazo en el rostro del Hatairoy. El yelmo fue pulverizado y arrojado por los aires, arrancado la cabeza del cuerpo–. Uno menos.

    Los tres Hatairoy restantes rodearon al monje, quien les miraba desafiante, esperando comenzar el ataque.

    ¡Granada roja! –gritó Jennifer arrojando una de sus bombas hacia uno Hatairoy.

    El guerrero la escuchó y vió la bomba acercarse a él por el aire, arrojó una cadena con intensión de destrozar el frasco de la granada. Era parte del plan, pues lo que no vió venir fue al bravío Estarlin, quien tenía su cuerpo cubierto de fuego, una habilidad mágica que aumentaba su fuerza y velocidad.

    –¡prueba mi fuego sagrado, hijo de perra! –gritó acercándose a toda velocidad, tomando por sorpresa al Hatairoy.

    La katana del mago atravesó el pecho del Hatairoy de forma brutal. Estarlin soltó su arma, dejándola clavada en él, entonces arrojó una potente patada a la cabeza del enemigo, arrojando al Hatairoy contra un árbol, el cual fácilmente se partió.

    –¡Bien hecho, Estarlin! –animó Jennifer, quien corría para liberar sus otros dos compañeros.

    El monje seguía enfrascado, ahora solo contra dos Hatairoy. A uno lo tomó por la cabeza con fuerza, tratando de aplastarle el cráneo, mientras que el otro le arrojó una cadena a la cintura, sin embargo, un solo Hatairoy no tenía la fuerza suficiente para siquiera mover al corpulento monje.

    Se escuchó el grito de guerra de un hombre que se aceraba a toda velocidad por detrás del segundo Hatairoy. Este volvió la mirada solo para toparse con Kyle, quien lo atravesaba por el pecho con su naginata.

    –¡Regresé al juego! –empuñó con firmeza el mango y lo levantó, elevando al enemigo empalado.

    –¡Allí mantenlo! –gritó Ambar. Corrió un poco tomando impulsó y entonces arrojó su katana hasta clavarla en la cabeza del guerrero. Luego Kyle lo soltó en el suelo.

    Es escuchó el martillo del monje, pulverizando al último Hatairoy. Ahora están todos vencidos y los tres magos libres otra vez.

    –Eso estuvo genial, fue épico –animó Kyle acercándose a los demás.

    –Debo admitir que me emocionó mucho luchar contra esas raras criaturas –agregó Ambar con una sonrisa.

    –Estuvimos muy cerca de fallar, si no fuera por el señor Harald estaríamos atrapados todos –comentó Jennifer, quien se acercaba cojeando, y ayudada por Estarlin.

    –¿Estas bien? Tus heridas pueden ser serias, Jennifer –preguntó Estarlin.

    –Toma –llamó el monje dándole una pócima a la maga–. No curará tus heridas, pero aliviará tu dolor por un tiempo.

    –Muchas gracias, señor Harald.

    –Sí, muchas gracias bravucón –dijo Ambar dándole un golpe en el hombro, aunque terminó por dolerle más a ella.

    –Era muy extraño que un monje guerrero no ayudará en estos casos, ¿Qué te hizo cambiar de opinión? –preguntó Kyle.

    –Fue por la petición de una niña, no crean que lo hice por ustedes, cuarteto de debiluchos –se cruzó de brazos.

    –Que tierno –rió Ambar saltando sobre la espalda del monje y pellizcando su mejilla–. Parece que este grandulón tiene su corazoncito. Oye que tal si te unes a nuestra vanguardia, un enorme sujeto como tú nos vendría bien.

    –¿Qué les hace pensar que no tengo una vanguardia ya? –comentó arqueando la ceja.

    –¿Quizás por que no eres alguien muy agradable, y eres un buscapleitos? –dijo a manera de broma Kyle.

    –Imbécil –bufó Harld.

    –Vamos, vamos, únetenos, únetenos, monje –insistió Ambar, quien seguía trepada en la espalda del monje.

    –Bueno… quizás podamos hacer un trato, tu y yo –la miró de reojo de forma picara.

    –Pervertido –rápidamente la chica se bajó de él con un sonrojo en sus mejillas.

    –No pensé que tuvieras pésimos gustos, monje, mira que fijarte en esta…–se burlaba Kyle, hasta que Ambar le dio un golpe en la cabeza.

    –¡Ya quisieras que me fijara yo en ti, idiota! –alegó ofendida.

    –Chicos, no es momento para discutir esas cosas. Debemos liberar a los otros aventureros y civiles –llamó Jennifer.

    Minutos después habían abierto todas las jaulas y liberado a las personas. Entre civiles y aventureros habían capturado a más de veinte personas. Una vez fuera, los, ahora cinco, hablaron con uno de los cautivos, quien había sido el primero en ser capturado.

    –Aceptamos una misión para acabar con pequeño grupo de orcos que estaban acampando aquí –relataba dicho sujeto, quien era un novato–. Cuando llegamos acabamos con la mayoría, habían estado cavando en esa cueva por días, sin descanso. Pensamos que estábamos fuera de peligro, entonces aparecieron esos guerreros de armadura negra, nunca habíamos visto algo así, yo y mi equipo no tardamos en ser sometidos y capturados. Mas orcos llegaron y siguieron el trabajando en la excavación. Día y noche, sin descanso, jamás vi a los orcos trabajar tanto y tan apresurados.

    –¿Esas cosas les daban órdenes a los orcos? –preguntó Jennifer, mientras una maga blanca curaba sus heridas.

    –No, para nada, nunca los escuchamos decir una sola palabra, creo que ni siquiera pueden hablar. Pero aun así los orcos los respetaban y parecían tenerles miedo.

    –Es extraño, los orcos son seres muy orgullosos y salvajes, no sabía que podían ser dominados de esa forma –comentó Kyle.

    –Esas cosas no son humanos, ni alguna clase de ser vivo. Cuando los analicé no vi órganos, músculos o huesos, nada, solo una armadura viva, por extraño que parezca –dijo Estarlin.

    –Eso solo significa una cosa –llamó Harld, quien miraba la cueva–. Si no son seres vivo naturales, significa con son vida artificial, y alguien los creó. Lo que más me intriga, es saber que buscaban los orcos y por qué cavaron tanto.

    –Bueno, pues solo hay una forma de averiguarlo, ¿no? –sonrió Ambar chasqueando sus dedos para crear una pequeña llama en su mano, con la cual iluminaria el camino a través de la cueva.

    –Esto se pone más emocionante –animó Kyle siguiéndola.

    –Mientras no nos arrojen más cadenas todo estará bien –dijo el monje siguiéndolos también junto a Estarlin.

    –Oigan, esperen, no creo que sea buena idea entrar –quizás no quería, pero igual los siguió.

    Los cuatro miembros de la nueva vanguardia avanzaron lentamente por la estrecha cueva, se notaba a leguas que había sido escavada apresuradamente.

    –Esto está muy estrecho y oscuro, casi no hay espacio ni veo nada… ¿qué esto? –comentó Kyle.

    –¡Kyle, quita tus manos de allí! –exclamó sorprendida y sonrojada Ambar al sentir una mano en cierta zona de su cuerpo.

    –Lo, lo siento… si iluminaras mejor no tendría que agarrar lo primero que sienta –comentó algo apenado.

    –Idiota –bufó ella.

    –Podrían callarse, esta cueva no se ve muy estable, no queremos un derrumbe, ¿verdad? –reprendió el monje.

    Siguieron avanzando sin más. El lugar era sin dudas bastante largo, ya llevaban varios minutos caminando por esa gruta. Entonces notaron algo extraño, la temperatura comenzaba a descender notoriamente.

    –De la nada siento un extraño frio, ¿ustedes? –preguntó Jennifer.

    –Sí, la temperatura está bajando conforme seguimos avanzando, es raro –respondió Estarlin.

    Entonces salieron de esa estrecha gruta, entrando a lo que parecía ser una cámara no muy grande, y hecha de roca tallada, con diferentes formas, el suelo estaba adoquinado y había muchos sellos mágicos en las paredes. Lo primero que notaron fue cadáveres momificados en el suelo, portando armaduras y armas muy viejas.

    –Maldición, que pasó aquí –dijo Kyle avanzado.

    –¿Alguien sabe que son esa cosas? –preguntó Ambar mientras encendía las antorchas que había en las paredes para iluminar mejor el lugar.

    –Son draugrs –respondió Estarlin, quien se tomó un momento para analizarlos–. Cadáveres reanimados, pero alguien los eliminó ya.

    –El de la armadura tiene razón, estos draugrs fueron puestos aquí para proteger esta cripta o mazmorra o lo que sea –comentó el monje, quien analizaba los sellos en las paredes–. Cuando alguien entró en este lugar rompió los sellos y liberó a los drugrs, aunque los asesinó igual.

    –Debieron ser los guerreros de armaduras negras, los draugrs son incluso más débiles que un orco, y no parecen ser muchos –dijo Jennifer, analizando también los demás sellos.

    –Bien, interesante, pero hasta donde sé, los draugrs solo se emplean para proteger cosas de valor, ¿no? –cuestionó Kyle–. ¿Qué es lo que protegían aquí?

    –Miren, una puerta –llamó Ambar.

    En el fondo de la cámara había una puerta de roca con más sellos, pero igual estaban rotos.

    –Sea lo que sea que defendía, está allí –dijo Estarlin–. ¿Deberíamos abrirla?

    –Debe ser algo muy valioso –sonrió enormemente Kyle.

    –O algo malo, hay un dicho que dice que los draugrs nunca defienden algo bueno –opinó Jennifer algo dudosa de si debían abrir esas puertas.

    –Pero si defienden tesoros o reliquias antiguas, cosas muy valiosas –opinó el monje con una clara ambición.

    –¡Vamos a abrirla! –dijo Kyle con emoción.

    Los pensaron un poco, y terminaron por estar de acuerdo, aunque Ambar y Jennifer no tanto. Los tres hombres tomaron las puertas y las abrieron, gracias a la fuerza del monje no fue nada difícil hacerlo. Los tres se sorprendieron enormemente al ver lo que allí había.

    –¿Y bien, que hay? –preguntó curiosa Ambar, trepando en la espalda del monje para ver que había allí–. ¿Un ataúd?

    –¿Qué clase de broma es esta? ¿Quién diablos esconde un ataúd de esta forma? ¿A caso es un rey o algo así? –Kyle parecía estar frustrado al no encontrar un tesoro.

    –Es un ataúd de roca, se usaban hace muchos siglos para preservar los cuerpos de personas importantes –informó Estarlin.

    –Tiene una inscripción –dijo el monje.

    Aquel que no podía morir y que por voluntad fue encerrado hasta esperar el regreso de su amo, aquel que sirvió fielmente al gran Karppoforo, aquel que podía escapar de la muerte cuando deseaba, aquel que reside en esta tumba porta el nombre de Espilgoroth “El inmortal”

    –Me cago en todo… eso suena a vil magia negra –alegó Kyle sorprendido.

    –¿Aquel que por voluntad fue encerrado? ¿El gran Karppoforo? ¿Aquel que podía escapar de la muerte cuando deseaba? Me gustaría entender algo de eso, ¿Quién es Karppoforo? –cuestionó muy confundida la vampira.

    –Jamás he escuchado ese nombre –dijeron todos, pues ninguno de los allí presentes había tan siquiera escuchado del Ancestral Demente, Karppoforo.

    –¿Qué deberíamos hacer con esta cosa? –preguntó Jennifer.

    –Sea quien sea que esté allí dentro debió ser un mago oscuro o algo así, por nada del mundo debemos abrir ese ataúd –dijo Ambar algo asustada.

    –Tampoco podemos dejarlo aquí, algún imbécil podría abrirlo –objetó Kyle

    –El vampiro tiene razón. Sugiero que lo llevemos a la ciudad de Sky, y se lo entreguemos al ministerio de seguridad mágica, ellos sabrán qué hacer con esto…y, quizás nos den una recompensa en metálico –sonrió el monje.

    –¿Como un monje puede ser tan avaricioso? –alegó Ambar jalándole la mejilla, pues seguía trepada en su espalda.

    –Hagamos eso. Harald tiene razón, dejarlo aquí es un riesgo, un incauto podría liberar lo que sea que haya dentro –opinó Estarlin.

    Es pues que la nueva vanguardia conformada por: Ambar, Estarlin, Harald, Kyle y Jennifer, se dispuso a la misión de transportar el raro ataúd de roca hasta la ciudad de Sky.

    Ahora nos ausentamos de este lugar y viajamos de regreso a Sky. La ciudad sigue siendo la sede del jolgorio del festival de los aventureros, las calles atestadas de gente disfrutando de las fiestas y las ofertas otorgadas por las decenas y decenas de comerciantes. Nos hayamos en una pequeña taberna, bastante cerca del gran gremio de los aventureros. En dicho lugar casi no hay gente a esas horas de la mañana, salvo un par de guardias tomando algo para refrescarse.

    El lugar es tendido por una bella mujer de unos veinticinco años de edad, de tez blanca y un cuerpo voluptuoso, destacando sus caderas y sus pechos, a pesar de dicha figura cautivadora, su rostro refleja una gran moralidad y amabilidad, sus cabellos son rubios, largos y ligeramente rizados, que caen por su espalda, sus ojos son de un perfecto azul y lleva solo un labial en color rosa. Es sin dudas una de las mujeres más hermosas que se podían encontrar en la ciudad. Viste el uniforme del lugar, una camisa sin magnas rosa, una falda negra, botas y un delantal blanco.

    La mujer se encontraba limpiando la barra apaciblemente, cuando las puertas de lugar se abrieron llamando su atención. Dos figuras entraron, un hombre y una mujer, parecían intimidantes a simple vista, pero ya la mujer los conocía, así que solo sonrió al verlos.

    El hombre es alto y corpulento, ataviado con una extraña armadura que protege todo su cuerpo, es azul celeste, brillante ante la luz del sol, se nota la gran calidad de dicho equipo y lleva el símbolo de una diosa en el peto. Solo podemos ver su rostro, agraciado y atractivo ante los ojos de cualquier mujer, su cabello es azul y largo, de momento lo lleva suelto. Su seria mirada, enmarcada por sus pobladas cejas y atractivos ojos azul oscuro, lo hace más misterioso y cautivador. En su espalda porta su escudo, hecho de un hielo especial, que, por magia, jamás se derrite, y en su cintura una larga y gruesa espada. También posee un casco, pero de momento no lo lleva puesto.

    Por otro lado está la chica que le acompaña. En disparidad con la estatura de él, ella es baja, de tez pálida y de complexión delgada, si bien, no aparenta una gran fuerza, su constitución la hace muy ágil y veloz. Su cabello es corto, en color negro, su rostro se nota jovial y animado casi todo el tiempo, con una linda sonrisa que deja ver sus colmillos, propios de la raza vampírica, al igual que sus cautivadores y exóticos ojos rojos. Viste de forma sencilla y ligera, un pantalón oscuro ajustado, botas de cuero, camisa sin mangas pero con una capucha, como protección, brazales y chaleco de cuero. Lleva en su espalda una guadaña y en su cinturón varias dagas.

    –Oye, Percival, ¿Por qué siempre quieres venir aquí? Este lugar es muy aburrido y casi no hay gente, debimos haber ido al gran gremio con los otros.

    –Me gusta el ambiente de este lugar, Ryume –respondió el caballero, pues esa es su clase de guerrero.

    –Buenos días, señor Percival. Veo que ya regresó de su última misión –dijo la mujer que atiende la taberna, aunque no es secreto que se animó más al ver a Percival–. ¿Qué desea tomar esta vez?

    –Una copa de vino, y un poco de pan, por favor –dijo de forma suave y amable, aunque igual tenía una expresión seria en su rostro, a pesar de las claras atenciones que esa mujer le daba–. No tienes que llamarme señor, Ana.

    –Sí, lo siento, lo había olvidado, señ… Percival –respondió con un leve rubor en sus mejillas–. Enseguida le traigo lo que pidió.

    –Sí, claro, el ambiente –sonrió Ryume–. A mí no me engañas pervertido, vi un par de cosas en esa mujer que es por lo que seguro vienes, ¿verdad? –lo siguió y se sentó a su lado.

    –No soy esa clase de hombres, Ryume, yo si respeto a las mujeres –alegó tranquilamente.

    –Sí, claro –rió la vampira–. Oye, tráeme a mi también una copa de vino.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)


     
  11.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    18 Junio 2016
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    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
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    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    3130
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VIII: El ministro y los Siervos

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Nos encontramos en una taberna de la ciudad Sky, es en este lugar donde minutos antes llegaron el caballero Percival y su compañera, la vampira Ryume. Fueron cálidamente atendidos por la encargada del lugar, aquella hermosa mujer de cabello rubio de nombre Ana.

    –¿Oye, no crees que 500 Wesex es muy poco por lo que hicimos? –preguntó Ryume a su compañero mientras contaba sus monedas.

    –Diría que es un precio justo –respondió él de forma tranquila–. El problema, y no es que lo consideré como tal, es que debíamos repartirlo entre los cuatro miembros de la vanguardia.

    –Sí, es verdad. 125 wesex es muy poco, ese maldito minotauro casi me destroza con su hacha –dijo con pesar mientras se sobaba los golpes en sus brazos.

    –No te quejes, hicimos un servicio importante para el reino, ese minotauro había asesinado muchos campesinos.

    –Lo dices como si eso te preocupara –rio la vampira–. Tu solo piensas en dinero y en matar cosas que tengan magia negra.

    –Eso es verdad.

    –Aquí tienen sus bebidas –llamó Ana entregando el vino y el pan–. ¿Cómo le fue en su misión, Percival? Esta ocasión le tomó más días que lo normal –preguntó de forma amable y con una gran sonrisa.

    –Estuvo bien, nada fuera de lo normal –respondió de forma seria.

    –Huy que frio eres. La mujer trata de ser amable, corresponde, cabeza de lata –reprochó Ryume–. Por cierto, he notado que hay más presencia de soldados y gente en la ciudad, ¿a qué se debe? –le preguntó a Ana.

    –Es porque hoy viene a la ciudad una persona muy importante, el gran Lord Egbert Rotten, amo del castillo Cresta Negra y sus tierras, líder de los Siervos de la Luna, y también nuestro Ministro de Seguridad Mágica, muchos dicen que es la persona más importante después del rey.

    –Mierda, sí que es alguien importante para tener tantos títulos –alegó Ryume.

    –¿Siervos de la Luna? –musitó Percival extrañado por ese nombre–. ¿Dónde he escuchado eso antes?

    –Los siervos son un grupo especial al servicio del ministro, se encargan de investigar situaciones que puedan poner en riesgo a la nación, se conforma por magos que se unen al grupo, podría decirse que son como un ejército privado del ministerio de defensa mágica –explicó Ana.

    –Y ese sujeto, Egbert, ¿Qué edad tiene?

    –No estoy muy segura, hasta donde sé, varios siglos, supongo, es un elfo

    –…interesante –se dijo a sí mismo–. Debo ir a la biblioteca, hay un libro que puede aclarar mis dudas –dio un gran trago para beber todo el vino, luego se levantó para irse, no sin antes pagar lo consumido dejando unas monedas en la mesa.

    –¿Ya se va? Tan pronto –cuestionó Ana, sorprendida y ligeramente triste.

    –Oye, espera, quería comer algo, y quiero ver a ese sujeto cuando llegue –agregó Ryume.

    –Entonces nos vemos allí, yo también quiero verlo –sin más que decir salió de lugar con dirección a la biblioteca.

    –¡Que molesto! Ya me dejaron sola otra vez –bufó Ryume–. Menuda vanguardia hemos formado, todos se van por su lado. Oye, rubia, trame un buen filete de cordero y toda la botella de vino.

    Sin que los aventureros los supieran, en el fondo de la taberna alguien los había estado observando desde que llegaron. Aquel hombre era el mago de ojos blancos que porta el símbolo del sol rojo, quien días atrás había hablado con Castiel y Cloud.

    –Ahora que recordar puedo, de la armadura de ese caballero el símbolo conozco, esa espada y ese escudo propios de cierto lugar son. Del destruido Reino de Hielo, ese caballero proviene. Creo que un buen recluta ser podrá, solo la verdad encontrar debe, sobre quien a su reino destruyó –dejó unas monedas sobre la mesa y se levantó para acercarse a Ryume.

    –¿Por qué nunca puedo aliarme con gente normal? –se preguntaba a sí misma mientras comía su carne–. Este loco de lata, el niño y el vampiro paladín, y yo, la asesina, que vanguardia más singular ¡jajaja! –rio con claro sarcasmo–. Idiotas.

    –Buenos días, señorita –llamó el mago parado junto a ella.

    –…Si –respondió un poco avergonzada por que obviamente la escuchó decir sus tonterías.

    –¿Podría indicarme a donde su amigo se dirige? Hablar con él debo –preguntó de forma amable.

    –¿Ese loco de lata? Se dirige a la biblioteca, seguro se pasará allí todo el día, no hace más que leer y leer todo lo que puede.

    –Entiendo, muchas gracias. Por cierto, ¿presenté estará durante la llegada del ministro? –la miró con curiosidad, con sus extraños ojos blancos.

    –¿Quizás? No lo sé…

    –Escucharlo debe, pero guiarse de sus mentiras no debe –sacó de su morral una carta y se la entregó–. Sigua al sol, la luna, mentiras proclama

    Sin más que decir se retiró del lugar, dejando más que confundía a Ryume y a Ana, quien escuchó todo desde la barra.

    –¿Pero qué sujeto más raro? –fue lo único que dijo la vampira mientras miraba la carta–. ¿Sabes quién es ese loco?

    –No tengo la menor idea, señorita –respondió Ana.

    Minutos más tarde las calles de la ciudad fueron despejadas por el ejército, la avenida principal debió quedar libre para la llegada de un gran contingente, cual si fuera un desfile, las personas, civiles y alguno que otro aventurero, se acercaron para ver la llegada de ese hombre tan famoso.

    La escolta era provista de Siervos de la Luna, esos extraños y poco conocidos guerreros que sirven única y exclusivamente al ministro. Visten túnicas negras con el símbolo de una media luna en la espalda y pecho, la luna posee una cara sonriente. Se puede notar que en dicho grupo hay tanto hombres como mujeres, vampiros, humanos y elfos por igual pues nada cubre sus rostros, la única exclusividad que posee es que todos deben ser magos. Los del frente portan los estandartes del ministerio, del reino y de su grupo.

    No obstante, por intimidantes que puedan parecer estas personas poco importan. Más atrás está el afamado ministro, a lomos de un bellísimo caballo negro se le puede ver.

    Cabello blanco, largo y lacio, piel blanca y dueño de una belleza sin igual, ojos azules que incluso parecen brillar, levanta la mano saludando con gran aprecio al populacho, que le responden con alabanzas y elogios, para ellos, ese hombre es quien se encarga de su seguridad. Ataviado con una camisa manga larga negra, pantalón del mismo color, finas botas de cuero y guantes también, finalizando con una larga capa blanca con diseños en dorado.

    –Este es el cariño que un pueblo ofrece a sus líderes, hija, nunca lo olvides –dijo aquel hombre a la mujer que lo acompaña, al tiempo que reía un poco.

    A diferencia de él, ella no es una elfa, es humana. Su cabello es negro al igual que su largo y fino vestido, sus ojos son color azul y su piel blanca. No están joven como pudiera aparentar pero es poseedora de una gracia y belleza única y cautivadora al instante. Con un voluptuoso y sensual cuerpo que su ceñido vestido resalta.

    Esta joven es la hija adoptiva de Lord Egbert, la acogió desde muy temprana edad y siempre la trató con gran cariño y aprecio, esperando una sola cosa de ella, lealtad.

    –Un pueblo inocente e incauto, ¿no? –susurró la mujer con una linda pero maliciosa sonrisa.

    –A sí es, Pandora. Ninguno de estos incautos sabe la verdad, solo míralos, sonriéndome cual si fuera el rey –respondió mirándola de reojo y sonriendo de igual forma–. Poco me importa su seguridad o sus vidas, estamos aquí por un motivo mucho más importante.

    –Encontrar a nuestro gran amo, ¿verdad? A nuestro señor Karppoforo –dijo con una sonrisa emocionada–. Ansió con todo mí ser por fin conocerlo.

    –Y con más ansias espero yo conocerlo, mil años lo mantuvieron encerrado en aquella cripta, pero ahora estoy seguro que la cripta fue abierta y él ha logrado escapar. Debe estar confundido en este nuevo mundo.

    –No se preocupe, padre, lo encontraremos. Volverá a gobernar como hace mil años, y nosotros estaremos a su lado, sirviéndole con lealtad –dijo ella con una preocupante seguridad, como si el objetivo de su vida fuera servirle a Karppoforo.

    –A sí se habla, hija mía –respondió él mirándola con orgullo mientras acariciaba el cabello de esa mujer.

    Desde la distancia, en uno de los tantos balcones del gran gremio de aventureros, donde se tiene una gran vista del recorrido del contingente, se encuentran dos figuras masculinas observando con seriedad al ministro y compañía.

    –Ese sujeto no es lo que aparenta, ¿verdad? Solo mírelo, sonriendo cual si fuera superior. Mi padre siempre habló cosas malas acerca de ese elfo –decía con desprecio un joven de tan solo dieciséis años.

    De estatura promedio, poseedor de una corta cabellera blanca y ojos grises, colores atípicos en un humano. Aun así es alguien atractivo ante los ojos de las chicas. De complexión fornida con unos fuertes brazos debido a un claro entrenamiento de combate. Ataviado con una chaqueta de cuero tintado de azul, pantalón negro y botas del mismo color, en su cinturón cuelga un gran libro mágico y en su espalda porta un báculo de madera.

    –Es el líder de los Siervos de la Luna, una persona despreciable –agregó el otro sujeto a su lado, con una voz muy grave e intimidante–. Mucho se puede hablar de su maldita familia.

    A diferencia del joven este otro hombre, quien es un vampiro con varios siglos de edad, es muy alto y de complexión atlética, su cabello es negro completamente, sus ojos son de color plata, bajo la luz la luna suelen brillar, su piel lo delata como vampiro, pues es pálida.

    Cuando entra en combate usa una fina y delgada armadura negra que lo protege por completo, sin embargo, cuando no está en una misión viste de forma casual. Porta una larga gabardina negra con una capucha que sobre su cabeza y parte de su rostro, el cual además es cubierto por una máscara negra que solo deja ver sus ojos, debajo una camisa blanca manga larga, un pantalón oscuro y botas de metal. Aun cuando está de descanso nunca deja sus armas, las cuales son un mandoble delgado y ligero que lleva en la espalda, además de un par de espadas cortas que porta en la cintura.

    –¿A qué se refiere, señor Vesperth? –preguntó el joven con curiosidad.

    –Mucho tiempo atrás, mi clan formó parte de ese asqueroso grupo de Siervos de la Luna, Set. Si no me equivoco antes tenían otro nombre, algo similar –respondió–. Mi abuelo y padre me contaban cosas poco agradables: mucha magia negra, rituales extraños y muchos secretos que solo los miembros más importantes conocen. Mi padre y mi abuelo tuvieron alguna diferencia con el ministro, y terminaron por ordenar que todos los miembros de clan abandonaran a los Siervos –explicó él.

    –Qué miedo –dijo el chico–. Pero lo creo, con solo verlo me da un mal presentimiento.

    –Yo puedo verlo. Percibo su presencia, es singular. Sin embargo, desde que regresamos a la ciudad he notado otra presencia, una aún más extraña.

    –Lo mismo dijo Ryume cuando llegamos, pudo percibir una presencia muy extraña en la ciudad. ¿Quién podrá ser?

    –No es que importe mucho, debe ser algún mago bastante poderoso. Aun así, me intriga –finalizó Corvus Vesperth para luego retirarse de regreso al interior.

    –¿Qué haremos ahora? ¿reúno a los otros miembros de la vanguardia? a Percival y Ryume –preguntó el chico al vampiro.

    –Por ahora no, descansemos este día –dijo el vampiro retirándose a su habitación.

    El ministro llegó a la plaza central y recitaba un inspirador y muy elocuente discurso a las personas incautas que poco saben de sus verdaderas intenciones. Mientras tanto el caballero Percival estaba en la biblioteca de la ciudad algo desesperado buscando un libro que pudiera tener las respuestas que desea.

    –¿Dónde está? –se repetía una y otra vez buscando en las grandes y más viejas estanterías del lugar, en una zona algo alejada–. Juro que lo vi la última vez que estuve aquí, incluso leí sus primeras hojas, dije que cuando volviera lo leería todo… ¡Aquí está! –dijo con emoción al encontrarlo muy al fondo.

    Sin dudas era un libro muy antiguo, la portada estaba casi completamente borrada, solo se podía ver el título.

    –“Historias de los Reinos Antiguos” –leyó él.

    –¿Encontrar algo acerca de su reino espera? –se escuchó la voz de un hombre.

    –¿Quién eres? –cuestionó la instante Percival.

    –Solo un humilde y viejo mago, caballero. ¿Me temo que nada de lo que busca encontrar podrá en ese libro?

    –¿Cómo sabe que es lo que busco? –inquirió con seriedad.

    –Adivinarlo pude. Usted un caballero del Reino de Hielo es, ¿verdad? –tranquilamente se acercó a una mesa cercana y tomó asiento.

    –¿Lo dice por mi armadura y armas? Pues sí, así es –admitió, y se sentó frente al mago–. ¿Cómo sabe que no encontraré lo que busco en este libro?

    –Por qué el Reino de Hielo desapareció solo hace veinte años, y ese libro fue escrito hace cien. Nada acerca de la caída de tu reino hallaras allí.

    –Eso lo sé. No busco información acerca de su caída, si no de sus guerras –suspiró–. Deduzco que con su edad usted conoce a esos Siervos de la Luna, ¿verdad?

    –De lo que desearía más –respondió el mago.

    –Pues ese nombre me resultó muy familiar. Mi padre me contó historias acerca de un grupo de magos que atacaron mi reino en diferentes ocasiones a lo largo de un los últimos quinientos años, y al final fueron ellos los que causaron el caída de mi nación. Quiero saber más acerca de esos guerreros y saber si guardan alguna relación con los Siervos de la Luna. Son tan…

    –Ninguna relación guardan, joven –interrumpió, y entonces lanzó la bomba–. Son los mismos.

    Ante esa revelación el caballero se quedó mudo.

    –…¿Cómo está tan seguro? –fue lo único que logró articular después de unos momentos.

    –Mucho acerca de ellos conozco, si quieres más información revelarte puedo, pero el momento no es –se levantó de la mesa y sacó una carta de su morral–. Cosas terribles acerándose están, seguir al sol es lo que hacer debes –le entregó la carta.

    –¿A dónde va ahora y que es esto? –cuestionó siguiéndolo y mirando la carta.

    –A más aventureros encontrar debo, mi señora aquí pronto estará. Esa carta guardar debes, solo con ella acceder a la reunión podrás. Aguardar es lo que harás –le miró sobre el hombro y trató de irse.

    –¿Cómo espera que haga lo que me dice si no me dice quién es usted o por que debo confiar? –alegó confundido y molesto.

    –Si más acerca de la caída de tu reino saber quieres obedecer harás –explicó el viejo mago.

    –Espere, solo una cosa más… ¿Esto tiene que ver con la Cripta del Loco? –miró la carta y luego al mago, logrando sorprenderlo y que se detuviera.

    –¿Acerca de la cripta tu sabes? –cuestionó el mago.

    –No mucho, solo sé que en ella hay algo terriblemente oscuro, algo que nunca debe ser liberado. Mi padre me dijo que esos sujetos, esos Siervos de la Luna, atacaban mi reino en busca de una forma para abrir la cripta…una… ¿una llave? No recuerdo, pero era algo parecido… era la reliquia más importante de mi reino. ¿Qué hay en la cripta y por qué los Siervos la desean?

    –Oscuridad y maldad, eso es lo que en ella hay. Y si, por esa llave los Siervos tu reino atacaron y destruyeron, en aquel entonces se llamaban Sabios de la Luna –explicó el mago agachando la mirada–. Pero la llave oculta fue en otro lugar por tu gente.

    –¿Dónde? ¿Sigue allí? –cuestionó sorprendido y con cierta desesperación–. No podemos permitir que esos malditos la encuentren, si mi reino cayó por protegerla es mi deber hacerlo aun…

    –Me temo que encontrada fue ya la llave –interrumpió el mago con pesar–. La princesa de tu reino la llave a los Hombres de Piedra confió. Del mundo subterráneo los habitantes eran. Sin embargo, los Siervos de eso se enteraron, y una tras otra y tras otra ocasión las grandes y antiguas cuevas de los nobles Hombres de Piedra atacaron sin piedad, al final ellos fueron extinguidos, pero los siervos muchas bajas sufrieron.

    –¿Entonces, donde está la llave? –no dejaba de sorprenderse, ¿Cómo era que ese viejo sabía todo eso?

    –A una gran amiga y poderosa guerrera a por la llave yo envié, Arllet Hogenhill es su nombre. Ella encontró la llave y la tomó.

    –Eso es bueno. ¿Dónde está esa mujer? Seguro necesitara protección si transporta algo tan valioso. Iré con ella para ayudarla y que los siervos no pongan sus manos en esa reliquia –se encaminó a la salida, solo esperando que el mago le dijera el paradero de la paladín.

    –Me temo que su ubicación desconozco. Arllet me traicionó y tomó para sí la llave –sentenció el mago.

    –¿Qué? ¿Por qué hizo eso? –alegó Percival.

    –Probablemente, la paladin seducida fue por una falsa idea de lo que la cripta alberga. Probable es que ella la haya abierto ya, aunque asegurarlo no puedo.

    –Maldición, mi padre decía que ese lugar nunca debía ser abierto. ¿Ahora qué hacemos? –apretó los dientes con gran frustración.

    –Preocuparte aun no debes. Por causa de eso aquí estoy, reunir aventureros es mi misión, tu un gran candidato eres, por favor, esperar debes, pronto mi señora aquí estará y todas las dudas que tengas aclaradas serán –insistió el mago.

    –…Bien, aguardaré –suspiró frustrado–. Solo espero que no tome mucho, estoy teniendo muchas ganas de acabar con los siervos ahora mismo.

    –La paciencia una virtud es, y con ella gozo y regocijo encontrar puedes. Tarde o temprano una revancha tendrás contra ellos, te lo aseguro –se acercó y puso su mano en el hombro del caballero al tiempo que sonreía–. Nos vemos, Percival –tras esto se retiró del lugar.

    –Sí, claro…un momento… ¿Oye, como sabes mi nombre? –pero el mago ya no estaba–. ¿Quién es ese sujeto?

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
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    Hola gente, soy el Fersaw. Vale, solo queria decir que puede que haya confusion por los distitnos puntos de vista y la cantidad de personajes que se estan presentando, lo sé. Sin embargo, lentamente la historia irá tomando forma, os lo aseguro.
    No se olviden de dejar su zukulento comentario o duda. Nos vemos en el siguiente cap. No te olvides de visitar mis otras historias, puede que te gusten.
     
  12.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Tales of Ancient Age
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    Acción/Épica
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    Saga II: El festival de los aventureros

    Capítulo IX: El secreto de Dante

    (Opening: All good things – Fight)

    14 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Es una fresca mañana en los bosques del reino de Wex. Es en esta zona donde la noche anterior un grupo de aventureros conformado por James, Dante, Lost y Maia, se detuvieron a pernoctar. Tienen por objetivo llegar hasta la ciudad Sky.

    Muy temprano, el guerrero del hacha, Dante. Se levantó para alejarse del grupo e internarse en el bosque, sus compañeros ya estaban despiertos, así que les dijo que tardaría poco, pero que no se les ocurriera ir a molestarlo. De manera que los otros tres se quedaron en el improvisado campamento esperándole. El joven peli café, James, aprovechó el momento para robar un poco de la carne que su compañero trasporta y asarla para desayunar con las dos preciosas chicas que le acompañan.

    –Eso huele muy bien, está casi lista. Sea lo que sea ese grandulón sabe muy bien como sazonar la carne –decía James mientras movía la movía sobre la fogata.

    –Eso no está bien, James –reprendió Maia de forma seria y con los brazos cruzados–. Esa carne no es tuya.

    –Oye, no te quejes, tomé suficiente para que los tres podamos comer. ¿O es que acaso no tienes hambre, Maia? –alegó el mirándola de reojo.

    –No –negó. Pero el gruñir de su estómago la delató–. Vale, solo un poco –suspiró apenada.

    –Lo sabía –rio James–. Tu también debes tener hambre, Lost –volvió la mirada a la chica de cabello azul oscuro y preciosos ojos azules.

    La chica no le respondió. Parecía distraída mirando en dirección al bosque. Cabe mencionar que durante su trayecto en compañía del joven paladín y Dante decidió despojarse de su armadura para deambular más cómoda. Ahora solo viste un traje ajustado en color negro, encima una tela roja con bordes azules que cubre sus pechos, guantes rojos que bajan del codo hasta sus manos, y finalmente botas de tacón alto en color rojo. James no podía, ocasionalmente, no mirarla de forma pervertida, sobre todo sus largas y torneadas piernas, o sus redondo y voluptuosos pechos.

    –Oye, ¡Lost, te estoy hablando! –tuvo que alzar la voz para llamar la atención de la chica.

    –… ¿Qué? ¿Pasa algo? –respondió saliendo de sus pensamientos–. Perdona, es que me distraje un poco.

    –¿Un poco? –dijo con sarcasmo el joven–. Solo te decía que si querías comer un poco de carne.

    –¿Qué esa carne no es de Dante? –alegó ella cruzándose de brazos.

    –No notará si faltan uno o tres bistecs, no se preocupen por eso –respondió despreocupado mientras retiraba un par del fuego–. No saben lo que es un buen asado hasta que no comen esta carne.

    –Está bien. Gracias –dijeron las dos chicas. Quizás no les parecía tan buena idea, pero el hambre aunada al dulce aroma de la carne y las convenció.

    –James ¿tu conoces bien a Dante? –preguntó Lost.

    –Basta bien –dijo el chico mientras arrancaba con los dientes un trozo de la carne–. Desde que yo era niño. ¿Por qué?

    –Bueno, es que tengo algunas dudas sobre él –un muy leve rubor apareció en sus mejillas, aunque agachó la mirada para que no lo notaran–. ¿Él también es un aventurero?

    –Hasta donde sé, lo fue cuando era más joven, pero se retiró. Ahora, se dedica a cazar, pescar, vender pieles y carne –explicó él.

    –¿Y por qué se retiró? –dijo Lost.

    –A él lo expulsaron del gremio, no estoy seguro porque. No le gusta hablar de eso, pero siempre dice que no le importa y que está mejor sin ser aventurero. Lo raro es que era uno de los mejores, llegó muy joven al rango de elite, su clase era Berserker.

    –Entiendo. ¿Qué edad tiene? Se le ve algo maduro, pero no viejo –el rubor reapareció en sus mejillas.

    –Si mal no recuerdo tiene treinta y ocho años, algo así –por curiosas que fueran las preguntas, James seguía respondiendo, además que no miraba a la chica para ver su sonrojo.

    Pasaron un largo momento más en silencio, incluso terminaron de comer, pero igual tenían que esperar a Dante, además que el barbudo le pidió al joven paladín que revisara la carreta para que estuviera lista para seguir el viaje. Dante y Maia estaban haciendo eso, él revisando las ruedas y los ejes, mientras que la monja acariciaba y alimentaba al caballo.

    –¿No creen que Dante ya tardó mucho? –preguntó Lost mirando en dirección al bosque.

    –No te preocupes por él. Dante puede matar un oso con una mano, mientras con la otra ahorca a un jabalí –dijo tranquilo el joven. Hasta que en un mal movimiento soltó una de las ruedas de la carreta, y esta comenzó a rodar cuesta abajo–. ¡Mierda! –gritó teniendo que correr detrás de ella.

    Maia no pudo evitar reír, mientras que la arquera seguía mirando al bosque. Vió que sus compañeros se habían ido por la rueda, así que decidió ir a buscar a Dante. Se adentró en el bosque entonces. Pasó varios minutos siguiendo la pista de donde podía haberse metido. Trepó a los árboles y comenzó a moverse sobre ellos, para tener una mejor vista del entorno. A los poco minutos divisó un lago, dedujo que quizás el hombre estuviera pescando o algo así, de manera que decidió acercarse.

    –¿Dónde estará? –se preguntó a sí misma llegando a la orilla. En eso escuchó un leve gruñido cerca de donde estaba. Así que se acercó, asomándose por una enorme roca para ver que era. Al ver que había allí, la cara de la chica se tornó roja al instante, abrió los ojos a más no poder, se quedó muda y paralizada por la impresión.

    A escasos metros de donde ella miraba, está Dante dentro del agua hasta las rodillas, y desnudo. Menudo hombre era Dante, haciendo honor a la clase Berserker. Con su imponente estatura de 1.90 metros, y su gran musculatura. Brazos duros como el acero, manos grandes y pectorales planos, abdominales muy marcados, y luego sus piernas, largas y gruesas, podría partir arboles con sus patadas.

    La joven arquera no podía quitar sus ojos azules de ese monumento a la masculinidad, no podía estar más roja. Entonces su mirada lentamente fue bajando a cierta zona, la entrepierna del guerrero.

    Q-que grande –pensó casi intimidada, pero más cautivada.

    La situación pudo tornarse más excitante y caliente, de no ser porque él no parecía estar precisamente bañándose por gusto. En su mano tenía una tela, era blanca pero estaba manchada de rojo. Su pecho se veía sano, muy sano, pero de la anda una herida se abría sin explicación alguna, como si alguna fuerza invisible lo arañara, a lo que él no hacía nada, salvo gruñir y contener el dolor.

    –Ya cálmate, hijo de perra. Deja de arañarme –gruñía Dante limpiando la sangre una vez más. Pero ¿con quién habla?

    ¿Dante? –se preguntó Lost extrañada. Dejó de lado la erótica situación para notar las heridas en su pecho.

    El ex-aventurero dejó de lado su conversación, y salió del agua, para vestirse. En eso le dio la espalda a Lost, quien pudo apreciar que tenía un extraño símbolo en su espalda. No era un tatuaje común, era un símbolo aterrador que ella pudo reconocer al instante.

    ¡La Bestia Roja! –pensó asustada Lost–. La bestia roja era un demonio muy poderoso que azoló el Reino de Mors, hace algunos años. Fueron los Cultistas de la Muerte quienes abrieron una cripta antigua, en la cual dormía. Es uno de los cuatro Reyes Bestias. Hundió a Mors en la miseria por mucho tiempo, hasta que de la noche a la mañana la bestia desapareció. Será acaso que él… ¿la capturó en su cuerpo? –pensaba Lost.

    Dante se había colocado las botas y el pantalón, ya. Hasta que decidió hablar otra vez.

    –¿Te gusta lo que vez, arquera? –dijo con voz seria–. Ya sé que estas allí, y huelo tu miedo. Si, lo que tengo en la espalda es el símbolo de la Bestia Roja –la miró de reojo.

    Intimidada, pero sería, salió de su escondite y lo encaró. En su mano tenía su arco y una flecha lista.

    –¿Eres humano o eres la Bestia? –cuestionó tratando de controlar el temblor en sus manos.

    –…Ambas –respondió sin mirarla–. Soy humano, pero la bestia reside dentro de mí, así que es parte de mí ser también.

    –¿Por qué, porque la capturaste dentro de ti? Aprisionar seres mágicos dentro de nuestros cuerpos es más que un crimen en todas las naciones, es un pecado mortal… Pero, tu no pareces la clase de hombre que hace esas cosas, seguro alguien la atrapó dentro de ti, contra tu voluntad, ¿verdad? –sonrió nerviosa, pues no quería dudar de la integridad moral de ese hombre.

    –No es la primera vez que me hacen esa pregunta. No, nadie me obligó. Lo hice por voluntad propia, sabiendo perfectamente cuales serían los resultados de mi acción –su mano empuñó su hacha entonces.+

    –¿Qué te orilló a abandonar tu humanidad? –Levantó su arco y le apuntó a la cabeza, con una seria mirada–. ¿Por qué lo hiciste?

    –Por lo único que puede orillar a un hombre a hacer cualquier locura, lo único que vale más que la vida misma –levantó la mirada suspirando–. Por la mujer que uno ama –en su otra mano se pudo ver un collar de plata, con forma de estrella con dos nombres grabados, Arlett y Dante–. Los hice por la mujer que amo, porque por ella, yo haré cualquier cosa.

    –Pero es un crimen, Dante –alegó ella–. No eres humano, te uniste un una criatura mágica. Eres magia negra pura…debo capturarte, lo siento –esa era la ley, una de las leyes más importantes que todo aventurero debe saber y respetar. Pero por mas ley que fuera ella no quería tener que capturarlo y entregarlo, por eso se notaba dubitativa.

    –Agáchate –dijo él levantando el hacha.

    –¿Qué? –alegó sin entender.

    –¡Detrás de ti! –gritó arrojando su hacha con fuerza.

    Lost se arrojó al suelo tan rápido como pudo. Al instante se escuchó el chocar de dos metales. La chica volvió la mirada para ver qué había ocurrido. El hacha de Dante había golpeado otra hacha, un poco más tosca y rudimentaria, la cual había volado hacia la cabeza de la arquera sin que ella la viera venir.

    –Tomo tu arco, arquera –ordenó Dante. Levantó su mano y su hacha regresó a él–. ¿Es momento de luchar? Ya luego terminaremos ese asunto entre tú y yo.

    Ella no entendía que pasaba, pero le hizo caso. Se levantó y empuñó su arco. No le fue difícil con sus hábiles ojos ver al enemigo que la había atacado en la distancia, casi al otro lado del lago.

    –Un minotauro –alertó ella lanzado una ráfaga de tres flechas.

    La bestia antropomorfa de cuernos largos vio venir las flechas de ella y las esquivó. Entonces comenzó a correr hacia ellos teniendo que rodear el lago.

    –Prepárate, viene a por nosotros –avisó Dante colocándose en guardia–. No sé por qué, pero está muy enfurecido y luchara sin piedad. Busca un punto alto y dame asistencia.

    Lost dudó por un momento, ¿Por qué debía obedecerlo? Luego de pensarlo no tuvo más opción y asintió. Rápidamente trepó a un árbol, desde allí es donde tendría mejor visión del campo. El minotauro corría con vehemencia, parecía simplemente enloquecido sin motivo aparente. Llegó hasta Dante en poco tiempo, trató de embestirlo con sus afilados cuernos, pero el hombre saltó sobre él fácilmente evitándolo.

    Flecha perforante –enunció la arquera arrojando una flecha de punta brillante, que viajo a gran velocidad hasta clavarse en la espalda del rival. No fue suficientemente profundo–. Su piel es demasiado gruesa.

    –No es eso, está en modo ataque, todos sus músculos están terriblemente tensos he hinchados. Las flechas convencionales o mágicas sencillas no le harán nada –explicó Dante encarando a la bestia.

    El guerrero del hacha dio un gran salto intentando partir en dos al minotauro, pero la bestia evitó su ataque y lo atacó con un salvaje puñetazo en la cara que logró acercar en el hombre, la devastadora fuerza fue suficiente para derribarlo.

    –¡Dante! –exclamó asustada la arquera.

    La fuerza de un minotauro es por mucho superior a la de un humano, son capaces de partir rocas con los puños, o derribar grandes robles con su fuerza. La arquera descendió del árbol pensando que debía ayudar a su compañero. Pero el minotauro la vió y le arrojó una gran roca. Lost la esquivó ágilmente para ver como el minotauro cargaba hacia ella.

    –Toma esto Ultima luz –pasó su mano por sobre su arco y este aumentó su tamaño, al tiempo que varias flechas de energía mágica aparecían a su alrededor. Tomó una y la arrojó.

    El minotauro trató de detenerla con su mano, lo hizo, pero la flecha estalló haciéndolo tropezar por el suelo y rodar varios metros. Lost sonrió y de un salto regresó al árbol. Buscó con la mirada para ver cómo estaba Dante. El guerrero ya no estaba donde había caído. Lo vio correr ágilmente hacia el minotauro.

    –¿Cómo diablos soportarse eso? –cuestionó sorprendida la arquera al verlo casi sin ningún daño, salvo el moratón en su mejilla.

    –No es tiempo para esas preguntas, arquera –le dijo él. Llegó hasta la bestia y arrojó un poderoso corte con su hacha, el minotauro trató de evitarlo, pero el humano fue más rápido y le destrozó el cuerno derecho.

    La bestia gruñó con fuerza, arrojando un puñetazo, pero el humano retrocedió ágilmente evitándolo. Al instante otra flecha blanca voló hasta impactar el pecho del minotauro, arrojándolo violentamente por la explosión. Dante aprovechó eso y tomando su hacha intentó cortarle la cabeza en el suelo. Le minotauro demostró una vez más ser más fuerte y astuto de lo que se puede pensar. Logró detener el hacha de Dante, tomándola por el mango.

    –¡Hijo de perra! –gruñó Dante. Trató de soltar su arma del agarre de la bestia, pero no lo lograba –¿Por qué eres tan fuerte?

    Los ojos del minotauro comenzaban a brillar en rojo. Eso era algo nuevo incluso para Dante. Al no poder zafar su hacha del agarre del rival, no tuvo más opción que soltarla y alejarse para tomar distancia.

    –¿Por qué tiene los ojos así? –cuestionó Lost sorprendida. Arrojó otra de sus flechas explosivas. El minotauro la esquivó de forma increíble, moviéndose a gran velocidad.

    –Algo no está bien, este minotauro parece alterado o controlado por algo, no lo entiendo. Es algo que jamás he visto –comentó Dante.

    La gran bestia de cuernos se levantó imponente para gruñir con todas sus fuerza. Resonó en todo el bosque ensordeciendo a los aventureros cercanos. Luego un par de rugidos fueron la respuesta ante el del minotauro.

    –Maldición, lo que faltaba, osos –gruño Dante. Volvió su mirada detrás de sí, para ver a tres osos acercándose a toda velocidad hacia él.

    –¿El minotauro los controló? Eso no tiene sentido –dijo Lost mirando también lo que pasaba–. Dante, encárgate de los osos, yo del minotauro.

    –¿Estas segura? –cuestionó él. A decir verdad, un minotauro común y corriente no es algo sencillo, ahora tenían que contemplar que este parecía enloquecido.

    –No te preocupes por mí, soy más fuerte de lo que parezco –respondió bajando del árbol de un salto. Quedando justo enfrente de su bestia rival–. Bien, torito. Tú y yo nos vamos a divertir un poco. Primera luz –enunció tranquilamente abriendo los brazos. Su magia se hizo visible al poco tiempo, emanando de ella cual humo azul. Diez luces salieron de ella, formando diez arcos mágicos a su alrededor.

    Aun así la bestia con cuernos no se intimidó, gruñó amenazante empuñando el hacha que le quitó a Dante. Lost chasqueó los dedos y todos los arcos soltaron una andanada de flechas sobre la bestia. Atacó con el hacha destrozando algunas flechas, mientras que otras se clavaron en su piel, no fueron muy profundas, pero le causaron dolor, y lo obligaron a arrodillarse.

    La arquera sonrió satisfecha. Los arcos mágicos desaparecieron al tiempo que ella corría a gran velocidad a hacia su rival. Al estar cerca el minotauro intentó cortarla con el hacha arrojando un ataque horizontal, pero ella anticipó eso, salto ágil y grácilmente sobre él. Estando en el aire le disparó una flecha perforante que se clavó sin piedad en el ojo del minotauro. Lost cayó de pie detrás del adolorido enemigo, lazó una flecha más que se calvó justo en su espalda. No fue suficiente para vencerlo. Terriblemente adolorido, herido y sangrante la criatura no se detenía, seguía arrojando erráticos pero devastadores ataques con el hacha. La arquera debió tomar distancia.

    Por otro lado el humano se liaba a golpes limpios contra los osos. Uno se levantó en dos patas, mostrándose imponente ante el humano. Arrojó un feroz zarpazo, pero Dante lo evitó y contraatacó saltando para impactar un puñetazo en el rostro del animal, logrando derribarlo de un solo golpe. Otro más corrió por un costado de él buscando embestirlo. El animal impactó contra un poderoso humano que lo recibió y contuvo toda su fuerza.

    –He matado animales más grandes que tú, estando ebrio –gruñó Dante deteniéndolo y golpeándolo en las costillas. El oso, por más grande y fuerte que sea no puede soportar la fuerza del humano, sus cosquillas se rompieron al segundo impacto.

    Cayó adolorido y vencido, incapaz de moverse. El humano se levantó victorioso, pero el tercer oso estaba detrás de él, fue increíble para Dante, el animal debió moverse a una velocidad increíble para que él no lo presintiera. Lo que ocurrió fue que atrapó la pierna de Dante entre sus fauces. El dolor fue tan instantáneo como la reacción del humano, quien sin pensarlo lo golpeo varias veces en la cabeza.

    –¿Qué diablos? –alegó. Esos puñetazos debieron ser suficientes para reventarle el cráneo, pero ahora parecían apenas y haberle dolido, sus ojos brillaban en rojo como los del minotauro. El dolor en su pierna aumento, pues el animal apretó más sus fauces, y el humano cayó. Al tenerlo derribado el osos se colocó sobre él, tratando de morderle el cuello, Dante no podía hacer más que tratar de alejarlo, logrando que las garras del animal lo hirieran en cada movimiento.

    De regreso en el combate del minotauro y la arquera. Lost pudo ver la difícil situación en la que Dante estaba, así que decidió hacer algo arriesgado. Corrió hasta estar muy cerca de su enemigo, esquivó un ataque, y ella lanzó una de sus flechas explosivas. Lo aturdió y lo hizo retroceder. Se acercó hasta estar justo enfrente de él y allí arrojó una flecha perforante más, justo en la frente del minotauro. La flecha se clavó profunda en el animal, y este simplemente cayó al suelo.

    –Sí, funcionó –dijo ella sonriendo al verlo inerte en el suelo–. Es increíble, vencí aun minotauro yo sola, ¿ya soy una elite? No, sin un seishin no me considerarán elite, debo trabajar en eso… –entonces recordó– ¿Dante? ¡Dante!

    El guerrero seguía forcejeando contra la bestia. Por más golpes que le arrojaba no lograba hacerlo retroceder, la resistencia del oso había aumentado a raíz del cambio en sus ojos, el cual seguía sin explicarse..

    La arquera preparó una flecha y apunto al oso, sin embargo, una sombra se posó sobre ella desde atrás. Logró verla de reojo y volvió la mirada. Era el minotauro, aun con la flecha clavada en su cabeza, ¿Cómo podía seguir en pie? Esto era obra de la magia de alguien, no había otra respuesta. La bestia atacó con una fuerte patada a la arquera. La sorpresa no le permitió esquivarla, apenas logró cubrirse con sus brazos. La potencia de la pierna de esa criatura bastó para arrojar violentamente a Lost contra un árbol, el cual se partió por el cuerpo de la chica.

    –Mierda, otra, otra vez me distraje –musitó tosiendo adolorida mientras escupía sangre y trataba de levantase. Pero otra patada más le fue dada por la criatura. Cual si fuera una pelota la arrojó varios metros por el aire hasta golpearse aparatosamente con las rocas cerca del agua.

    Ahora estaba inconsciente y herida. El minotauro se acercó a ella, la levantó por la pierna y la arrojó al agua cual si fuera una piedra. Estando inconsciente poco tardaría en ahogarse.

    El minotauro buscaba ahora con la mirada al otro humano. Lo único que vió fue el pesado cuerpo de un oso volar por los aires contra él. El minotauro debió arrojarse a un lado para evitarlo. Entonces divisó al humano, o bueno, a lo que parecía un humano.

    –¿Crees que eres más fuerte que yo? ¡Nada es más fuerte que yo! –enunció Dante. Pero ya no era él, al menos no del todo. Su voz era muy grave.

    Sus músculos se habían engrosado mucho más, su larga cabellera y barba negra se habían vuelto completamente rojas al igual que sus ojos, sus uñas se volvieron afiladas garras negras, e incluso una cola le surgió en la base de la columna y todas las heridas que los osos le causaron habían desaparecido. El minotauro se intimidó, por extraño que fuera, sabia en su mente de animal que estaba frente a una criatura muy poderosa.

    Levantó su mano y el hacha volvió a él en un instante. La arrojó con todas su fuerza, el minotauro fue incapaz de esquivarla y perdió el otro cuerno por eso. Cayó arrodillado terriblemente adolorido. Dante dio un gran salto hasta estar frente a él. La criatura trató de defenderse arrojando un puñetazo, pero Dante lo detuvo con su mano, la fuerza del impactó resonó en toda la zona.

    –Me quedan solo diez segundos –se dijo así mismo. Al parecer esta “transformación” tiene límite de tiempo. Arrojó un puñetazo al minotauro. Bastó para tirarlo al suelo aturdido. Era obvio el daño en su cerebro, por suerte poco tuvo que sufrir eso, pues el humano lo golpeo con aun mayor fuerza tres veces más, las cuales bastaron para romperle el cráneo y por fin darle muerte.

    Buscó con la mirada a Lost, creyó que había podido salir del agua, pero al parecer no, seguía allí. Sin pensarlo dio un gran saltó y entró al agua sumergiéndose para buscarla. Pudo verla casi en el fondo, inconsciente, nadó tan rápido como pudo hasta tomarla y poder sacarla.

    Mientras estaba en el agua perdió esa “transformación” volvió a ser él, y lo malo fue que también las heridas reaparecieron, comenzó a sangrar por toda el agua y a sentir todo el dolor, pero no fue suficiente para evitar que sacara a la mujer del agua.

    Llegó a la orilla y la recostó suavemente en la arena, entonces sí, pudo tirarse a su lado y gritar lleno de dolor. Las mordidas y arañazos de los osos no eran nada leve, estaba sangrando mucho.

    –¡Arquera, arquera trae ayuda, por favor! –exclamó llevando su mano a su vientre, donde estaba la herida más profunda.

    Pero no hubo respuesta. Lost estaba inconsciente. La miró de pies a cabeza y supo lo que tenía que hacer. Haciendo de lado su dolor personal se preocupó más por ella y comenzó a darle respiración boca a boca además de presiones en su pecho. Gracias a la diosa ella logró escupir toda el agua y abrir sus ojos.

    Los primero que pudo ver fue el rostro serio, pero preocupado, de ese hombre demasiado cerca del suyo así como sentir sus labios separarse de los de ella, luego pudo sentir donde estaba. en sus grandes y fuertes brazos que la abrazaban suavemente, aunque lo hizo para levantarla un poco y que pudiera escupir el agua.

    –¿Estas bien? –dijo él suavizando su voz.

    –S-sí, Dante –dijo casi hipnotizada por los ojos de ese apuesto hombre, además se sentir sus mejillas rojas. Poco le duró esa bella visión. Pues sintió algo cálido mojándola más. Bajó la mirada y vio la sangre de Dante manchándola.

    –Que bien, porque necesito que traigas ayuda, cuanto antes –dijo él sonriendo y riendo un poco, para luego caer desmayado.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  13.  
    Fersaw

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    Acción/Épica
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    23
     
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    3980
    Saga III: Tres ataúdes
    Capítulo X: La villa oscura

    (Opening: All good things – Fight)


    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Dos días han pasado desde lo suscitado con Dante y compañía. No obstante nuestra historia nos lleva a otro lugar. Muchos kilómetros al norte, cerca de las grandes Montañas Grises. Es aquí donde una pareja de aventureros recién arriba a un lugar. Subiendo la tediosamente empinada vereda que lleva a la villa Cuervo Calabaza, nos encontramos al corpulento e intimidante elfo Castiel Hoffel, quien es secundado por su inseparable compañera, la joven y hermosa humana Cloud.

    –Cloud, te estas quedando atrás. Date prisa –ordenó con su típica seriedad el elfo, mirando sobre su hombro a la chica.

    –Espera –dijo jadeando. Se notaba que la chica estaba agotada por la subida–. Ve más lento, ¿sí? Ya estoy cansada. Llevamos una hora caminado cuesta arriba.

    –No te quejes. Yo no estoy cansado –se detuvo y espero que ella lo alcanzara. Era impresionante ver a tan gran persona caminar con tanta habilidad. Aunado a su corpulencia está todo el equipo que lleva, la enorme armadura, la pesada espada y el equipaje de ambos, el cual decidió cargar él para que Cloud no se cansara tanto–. Si no te apresuras no llegaremos a tiempo a la villa y la noche nos alcanzará.

    –¿Y qué tiene de malo que caiga la noche y no lleguemos? –cuestionó logrando llegar hasta él. Allí se tomó un momento para respirar y tomar un poco de agua.

    –¿No lo sabes? –sonrió malicioso–. Se dice que en este lugar, por las noches, aparecen monstruos putrefactos que atacan a la gente. Se mueven arrastrándose por la tierra, y los toman por los pies, para jalarlos a una cueva oscura y devorarlos lentamente –esto se lo susurró al oído con una voz lúgubre.

    –…–la maga, tragó nerviosa mirando a su compañero–. E-es broma, ¿verdad? –cuestionó sonriendo nerviosa mientras apretaba más su báculo.

    –Hmmm… no lo sé, quizás sí, quizás no –se encogió de hombros y siguió el camino–. ¿Quieres quedarte hasta la noche y averiguarlo? –la miró sobre su hombro.

    –Bueno, n-no es que crea en cuentos para niños. Pero sería mejor darnos prisa, ¿verdad? No es que tenga miedo, p-pero se nota que la noche será muy fría y no queremos pescar un resfriado –rio un poco para ocultar un poco el miedo. El elfo solo sonrió satisfecho.

    Así es que los dos apresuraron más su paso. La maga podía estar cansada, pero por nada se detendría hasta llegar a la dichosa villa. Minutos más tarde, por fin, habían llegado hasta el final de la vereda. Para ese momento la tarde estaba cerca de su ocaso.

    –Por fin. Llegamos, la villa Cuervo Calabaza –dijo Castiel estirándose un poco–. No fue tan difícil, ¿verdad? –miró a Cloud.

    –No, no lo fue –decía jadeando mientras se recostaba en el suelo para descansar–. ¿Podemos ir a una posada y descansar por hoy, Castiel, por favor?

    –Ya que. Rentamos una habitación, tu descansa y yo me reúno con el contacto para informarnos mejor acerca de la misión –rodó los ojos y se cruzó de brazos.

    –De acuerdo –sonrió superando y se levantó.

    Durante su trayecto hasta la posada pudieron apreciar el estado de la villa. Primero que nada el nombre, Cuervo Calabaza, se debe al simple hecho de que allí se cultivan grandes cantidades de enormes calabazas, y esto atrae parvadas de cuervos que anidan en los árboles o en los techos de las casas. Para contrarrestar a los cuervos y lo molestos que pueden ser, lo granjeros locales colocan espantapájaros por montones en los cultivos.

    En general es una villa grande, hay muchas y muchas casas, así como edificios de comercios y otros servicios. El motivo de la población se debe, no solo al cultivo de calabazas, sino también la explotación de una mina a un kilómetro de distancia. La cual se encuentra pasando un viejo y oscuro bosque, justo en la montaña.

    Al estar en una zona alta es normal que las temperatura se más baja, y esto lo resienten las construcciones de madera que, con el tiempo, se van tornando grises si no se les da un mantenimiento correcto, al notar que la mayoría de los edificios son grises, es obvio que no se les da dicho mantenimiento. El efecto de las temperaturas también lo resienten los árboles, que suele ser grisáceos y con muy escaso follaje.

    Las personas que allí residen se notaban más preocupadas por tapiar las ventanas que por otra cosa. Además que miraban con desconfianza a los dos aventureros que recién llegaban.

    –Que gente más rara. Parece que no les agradan los extraños, ¿por qué será? –comentó la maga a su compañero.

    –Qué más da, no vinimos a hacer amigos –respondió él despreocupado. Si le miraban feo bastaba con que él frunciera el ceño para que las personas se intimidaran.

    –No sé. Siento que algo malo está ocurriendo en este lugar. ¿No percibes un aura de oscuridad? –insistió al tiempo que un leve escalofría la recorría.

    –Lo único que siento es que esta gente no tiene dinero para pagarme. Le cortaré la cabeza a lo que sea que está jodiendo este lugar y luego iré a cobrar la recompensa –respondió serio.

    –¿Por qué solo piensas en dinero? –bufó ella cruzándose de brazos.

    –¿Será porque soy un aventurero? –respondió con sarcasmo.

    –Eres un tonto, eso es lo que eres, Castiel. No te importa nada –refunfuñó haciendo un lindo gesto al inflar un poco las mejillas.

    –Te equivocas, hay algo que me importa más que todo –sonrió mirándola de reojo, en verdad se veía tan linda cuando hacia eso. Aunque lo que dijo lo dijo muy bajo para que ella no lo oyera.

    Siguieron avanzando por las calles hasta llegar a lo que parecía ser el centro del poblado. Fue una aglomeración de personas lo que llamó la atención de los aventureros. A pesar de haber muchas personas allí no había un alboroto. Estaban reunidos alrededor de algo, mientras en el centro un hombre hablaba. Castiel y Cloud se acercaron por curiosidad.

    –¡Lo ven, yo se los advertí, yo se los he advertido desde que esa mina fue construida señores! –vociferaba un viejo hombre, ataviado con una sotana negra y una corbata roja, demostrando que era un sacerdote–. ¡Esto es lo que ocurre cuando se irrespetan los lugares sagrados y los lugares prohibidos! ¡Estas son las consecuencias de la codicia de ese hombre!

    Castiel y Cloud se adentraron entre la muchedumbre para ver qué era lo que todos miraban con temor. En el centro, había dos cadáveres. Al instante, por sus ropas, cualquiera notaba que eran aventureros. Yacían en charcos de sangre con enormes heridas en sus pechos y espaldas. Como si una enorme lanza los hubiera atravesado, además de que sus gargantas estaban abiertas.

    –Dioses –exclamó Cloud sorprendida.

    –Pobres, novatos –agregó Castiel, aunque lo hizo con cierto respeto. Todo aventurero fallecido en combate debe ser tratado con respeto, esa es una de las costumbres más arraigadas entre los aventureros.

    –¡Las bestias que dormían en esa cueva maldita han despertado, ahora amenazan nuestra amada comunidad! –dijo el sacerdote.

    Aquel hombre es alto y muy delgado, de piel gris, cabello corto oscuro y ojos rojos. Esto no es algo raro, después de todo es un vampiro. En su mano derecha lleva un libro religioso llamado Blanca Providencia. Por extraño que pudiera parecer no era más que un sacerdote de una de las tantas religiones que hay.

    –¿De qué hablará ese hombre? –cuestionó Cloud con curiosidad de lo que decía.

    –No lo sé. Pero no me agradan los fanáticos, y menos los Altruistas. Esa religión es muy estricta y aburrida –dijo con seriedad el elfo cruzándose de brazos.

    –¡Usted, sacerdote, no tiene derecho alguno a culparme a mí, o nadie, por lo que está ocurriendo! –exclamó en forma objeción otro hombre.

    Un grupo de personas, vestidas con túnicas negras y el símbolo de una media luna sonriente en su pecho y espalda, abrieron paso entre la gente, pues escoltaban a quien había objetado las acusaciones del sacerdote. Era un alto y apuesto elfo vestido con ropajes de lujo y decenas de joyas.

    –Sacerdote Gerald. ¿Otra vez haciendo falsas acusaciones hacia mi persona? –cuestionó con una soberbia sonrisa aquel hombre–. ¿Cómo puede dudar de la integridad de su alcalde? Por diez años he administrado y velado por el bienestar de esta villa.

    –Pues no lo parece, señor Abel. Usted ordenó que se reabriera la mina cuando ya hace años habíamos tenido un problema similar –alegó con seriedad el sacerdote.

    –No hay tal maldición en esa mina, yo lo puedo asegurar. Personalmente, junto a mis guardaespaldas, he visitado la mina en estos días. No hemos encontrado ni una pizca de magia. Por favor, mis estimados vecinos, no se fíen de este hombre. Solo busca llenarles la cabeza con mentiras de su religión. ¿Qué dirá a continuación? ¿Debemos erigir un templo para su dios, rezar todas las mañanas y noches, sacrificar una cabra? –cualquiera podría darse cuenta que se burlaba del sacerdote. Pero las personas no parecían darse cuenta de su tono hilarante, realmente parecían creerle a ese hombre.

    –¿Qué clase de ofensa es esta? –exclamó Gerald molesto por los agravios del alcalde–. Los sacerdotes del Altruismo nunca sacrificamos seres vivos, y solo rezamos cuando sentimos la necesidad. En ningún momento he dicho una sola falacia, ni me interesa un templo. Todo aquel que busque la palabra del dios Blanco es libre de venir a mí y yo le guiaré. Es usted quien envenena las mentes de estas nobles personas con sus mentiras y su ambición. Es usted quien ha puesto en peligro esta villa.

    –Una vez más se equivoca –dijo riendo–. No tiene prueba alguna para acusarme de eso. De lo único que soy culpable es de velar por la seguridad de mi gente. Por eso me encargue de contratar más aventureros para que vinieran hasta aquí a acabar con esas deleznables criaturas –con un ademan señaló a Castiel y a Cloud.

    Todas las personas les miraron con alivio y esperanza, como si vieran a sus héroes. Castiel no dijo nada, seguía de pie serio y de brazos cruzados, a pesar de los agradecimientos de la gente. Por otro lado Cloud sonrió algo avergonzada por la repentina atención. Hasta que notó algo en las palabras del alcalde.

    –Castiel, ¿él dijo que nos contrató? –miró a su compañero extrañada pero con una sospecha.

    –Creo que olvidé decirte que fue un contrato privado. Lo siento –fingió recordar algo. La verdad es que no tenía intención de decírselo porque sabía bien cuál sería la reacción de la chica.

    –¿Un contrato privado? –cuestionó asombrada. Se acercó a él para hablar más bajo–. No somos mercenarios, Castiel. Tú sabes bien que los contratos privados están fuera de la jurisdicción del Gremio de Aventureros. Si cometemos algún error o hacemos algo malo nos pueden arrestar –le dijo molesta, pero hablando bajo.

    –Sí, pero pagan hasta el triple que en un contrato normal –respondió despreocupado a pesar de lo que ella le recriminó

    –He aquí dos aventureros que yacen occisos. ¿Eso no le importa, Alcalde? –cuestionó el sacerdote con desprecio hacia ese hombre.

    –Claro que lamento terriblemente su deceso. Me comunicaré personalmente con el Gremio de Aventureros para hacer llegar su paga a sus familiares –sacó un pañuelo y fingió estar triste, la verdad lo hizo muy convincente–. Lamentablemente no terminaron su labor, así que debí traer a más aventureros para acabar con esos monstruos. Con este par de fuertes guerreros, tenemos ya a cuatro aventureros entre nosotros. Le garantizo, mis queridos aldeanos, que esta vez, los monstruos serán vencidos definitivamente. Sacerdote Gerald, deje que mis hombres se encarguen de los cuerpos de estos nobles guerreros –Miró a Castiel y a Cloud–. Aventureros, les espero esta noche para informales todo lo que deben saber acerca de la situación –sin más que decir aquel petulante hombre se retiró del lugar con sus escoltas.

    Tras eso, la gente comenzó a retirarse del lugar también. Cloud y Castiel se disponían a irse. Pero alguien se acercó a ellos. Era el sacerdote Gerald.

    –Aventureros, agradezco su llegada y los servicios que van a prestar a esta villa. Sin embargo, debo advertirles algo. No se fíen de ese hombre. Su lengua escupe mentiras como una serpiente veneno –les susurró pasando entre ellos y luego se fue.

    –No me gustó nada lo que pasó aquí. Hay algo raro en este lugar, pero no me refiero solo a los monstruos que mencionaron. Ese alcalde oculta algo, lo sé –dijo Cloud con seriedad.

    –Qué raro. Yo desconfió más del sacerdote. ¿Y cómo sabes que el alcalde oculta algo? –dijo Castiel. Aunque la verdad poco le importaban los conflictos sociales, él solo quiere hacer su trabajo, cobrar y luego irse.

    –Llámalo intuición femenina. Lo supuse por su forma de actuar tan despreocupada ante dos asesinatos y por como cuestionaba al sacerdote de esa forma tan irrespetuosa, él sabe algo –dijo cruzada de brazos mientras seguía a su compañero–. Dijo también que había otros dos ventureros, ¿dónde estarán?

    –Qué más da. Mientras no me estorben no me importa –alegó el elfo.

    No hubo más de que hablar en el lugar. Ambos aventureros se encaminaron a la única posada que en ese lugar había. Allí pidieron una habitación al dueño del recinto.

    –Me temo que solo me queda una habitación disponible, con una sola cama. ¿Tiene algún problema con ello? –avisó el viejo hombre mientras buscaba la llave de dicha habitación.

    –Supongo que no –dijo Castiel con seriedad dejando las monedas de la renta en el mostrador.

    –¿Pero qué dices? –alegó Cloud, al tiempo que sus blancas mejillas se ruborizaban –¿A caso quieres que durmamos juntos?

    –Si no te gusta la idea igual puedes dormir en el suelo –la miró de reojo con una leve sonrisa.

    –Que grosero eres. Si fueras un caballero tú dormirías en el suelo y me dejarías a mí la cama –bufó cruzándose de brazos.

    –Quizás. Pero no me gusta dormir en el suelo frio. Como yo lo veo, la única solución es que durmamos juntos –tomó la llave y se dirigió a dicha habitación dando por sentado lo que harían.

    –E-está bien…pero no intentes nada pervertido, ¿vale? –respondió un poco avergonzada siguiéndolo.

    –Tenga cuidado. No sean muy rudos, la cama no es tan resistente como pueda parecer –agregó el viejo posadero, pensando en otras cosas.

    –¡No haremos nada! –exclamó completamente roja la maga.

    Llegaron pues a la habitación, la cual era bastante modesta y con pocos muebles. Para ese momento la noche había comenzaba.

    –Voy a ir a la reunión con el alcalde. Puedes quedarte a descansar si lo deseas –sugirió el elfo estirándose un poco al despojarse por fin de todo el equipaje que cargaba.

    –Bueno. La verdad quiero acompañarte, pero estoy algo cansada y hambrienta –dijo sonriendo apenada.

    –No te preocupes. Quédate aquí entonces, yo volveré cuando la reunión termine. Baja a la taberna y come algo –dijo tranquilamente mientras le dejaba su bolsa de monedas. Para luego disponerse a irse.

    –Castiel –llamó ella con una suave y dulce voz–. Sé que te lo digo todo el tiempo, pero. Gracias, y cuídate, ¿sí? –sonrió mirándolo con un leve rubor en sus mejillas.

    –No te preocupes por mí. No duermas hasta tarde, mañana por la mañana saldremos a investigar –respondió él. Quien también suavizó un poco su voz, y no pudo evitar sonreír también ante la dulce expresión de esa chica.

    Dicho esto el berserker elfo salió. Deambuló por las calles oscurecidas. Los primero que notaria era la ausencia de gente en las calles, todos parecían estar a guarecidos en sus casas, a pesar de ser solo las siete de la noche. Aunado a eso, notaba como algunas personas tapiaron sus ventanas por completo y dibujaron símbolos religiosos en sus puertas, cual si trataran de protegerse de algún ente místico.

    –Qué extraña gente –musitó el aventurero.

    Siguió su caminata hasta donde pensó que encontraría el ayuntamiento. En lugar de un edificio público cualquiera, se topó con una residencia muy lujosa y grande, la más grande de toda la villa. Con un gran y bello jardín al frente.

    –¿Será aquí? –dudó el elfo recordando al pie de la letra la dirección, la cual era esa.

    –Hola –llamó alguien acercándose a él.

    El elfo volvió la mirada para ver de quien se trataba. Se topó con otro aventurero. Alto y muy fornido, nada de su rostro es visible, pues un casco y una armadura negra con elegantes diseños de dragones lo cubren. Pero en su espalda porta una larga y pesada nodachi, y en su cintura una katana. El elfo le miró extrañado y con su típica seriedad.

    –Tú debes de ser uno de los otros aventureros que contrató el alcalde. Es un gusto conocerte, me llamo Yuzzo –dijo tranquilamente mientras se acercaba. Al estar juntos se notaba la poca diferencia de altura y de corpulencia entre ellos. Ambos eran berserkers, de eso no hay duda–. Él dijo que había contratado a dos parejas de aventureros. ¿Dónde está tu compañero? La mía se quedó dormida toda la tarde. Llegamos al medio día… –relataba con elocuencia, era claro que buscaba ser amigable.

    –Descansando –dijo con seriedad y de forma tajante.

    –Ya…ya veo –comentó extrañado por su frialdad–. Parece que…que trabajaremos juntos, ¿no?

    –¿De qué rango eres? –cuestionó sin mirarlo y con los brazos cruzados.

    –Soy elite, por supuesto –respondió con gran orgullo–. Tengo bastante experiencia en misiones de…

    –Bien –interrumpió y le miró de reojo–. Al menos sé que no me estorbaras. Pero te lo advierto, no vine a hacer amigos, vine a ganar dinero.

    –Mierda. Sí que eres rudo y frio, colega –comentó algo incómodo por lo opuestas que eran sus personalidades–. Es curioso, mi padre siempre decía que los guerreros fuertes nunca se llevan bien a la primera.

    –Pues tenía razón –respondió él con una voz.

    Pasaron unos minutos hasta que un par de esos guardaespaldas que custodian al alcalde salieron a recibirlos. Aquellos vestidos con túnicas negras que portan el símbolo de una media luna sonriente en pecho y espalda.

    –¿Ustedes son los aventureros? –preguntó uno de ellos.

    –Pues claro que sí. ¿Qué no es obvio? –dijo Yuzzo de manera elocuente.

    –¿Dónde están los otros dos? –preguntó el otro guardaespaldas.

    –Eso no importa ahora. Vinimos a la reunión –objetó con un tono algo molesto el elfo.

    –Ya lo oyeron. No se preocupen por los otros dos, están descansando en la posada –agregó Yuzzo para evitar que se molestaran los escoltas.

    –Bien, supongo que no hay problema –dijo uno de ellos mirando con seriedad al elfo–. Por favor, pasen, nuestro amo les espera.

    Yuzzo fue el primero en entrar, tranquilamente y ciertamente despreocupado, no notó ese término usado por el escolta.

    –¿Amo? –musitó Castiel extrañado por que usara ese término. Normalmente los escoltas de refieren a su patrón como jefe, nunca como amo. No le dio más importancia y también entró en la residencia.

    Mientras se suscitaba la reunión en dicha residencia, en la posada un encuentro inesperado también ocurría. La linda maga Cloud bajó de su habitación y fue a la taberna de la posada para cenar algo. Le bastó con un poco de fruta y un té. Estaba tranquilamente comiendo sola cuando de la nada una persona se acercó a ella.

    –Disculpa, ¿eres una maga? –preguntó una mujer. Esa dama era muy hermosa, aunque se notaba madura. Su cabello oscuro atado en una coleta alta y sus preciosos ojos verdes.

    –Sí, lo soy. ¿Necesitas ayuda con algo? –respondió amable la maga.

    –No, al menos no por ahora. Solo quería saberlo. Tú debes de ser una de los dos aventureros que aún no llegaban, ¿verdad? –la mujer también se mostraba amable.

    –Así es, yo y mi compañero llegamos por la tarde. Ahora él está con el alcalde hablando –explicó Cloud.

    –Sí, el mío también. Llegamos al medio día –la mujer se sentó junto a Cloud–. Me quedé dormida y le dije que me despertara para estar en esa reunión pero el muy tonto no lo hizo. Perdona, siempre se me olvida. Me llamo Nao, es un gusto. Soy una chaman profesional –se presentó haciendo una leve reverencia.

    –Es un gusto. Me llamo Cloud Tsrif. Soy maga blanca novata –Se presentó ella–. Supongo que ustedes están un poco más informados de lo que pasa en este lugar, ¿no?

    –Hemos averiguado solo un poco más –le hizo un gesto para que se acercara y le susurrara lo que había averiguado–. Al parecer por las noches este pueblo ha sido atacado por un grupo de criaturas muy agresivas y peligrosas. El sacerdote afirma que fue el alcalde el culpable de despertarlos. El alcalde afirma que no es su culpa, que esas criaturas se crearon en el bosque, y culpa al sacerdote de hacer rituales extraños,

    –Cielos, ¿tú a quien le crees? –preguntó Cloud curiosa.

    –No puedo asegurar nada, no tenemos pruebas que culpen a alguno. Pero te puedo decir que ese alcalde me da mala espina –confesó ella.

    En ese momento un grito desde la calle llamó su atención. Parecía ser de una mujer. Las dos aventureras rápidamente se levantaron de su sillas, mientras los pocos comensales se atemorizaban afirmaban que los monstruos habían regresado.

    –Es hora de trabajar. ¿Vienes? –dijo Nao sonriendo con un poco de emoción mientas se colocaba sus guantes de acero.

    –¿Y-yo? Bueno…sí, si vamos –estaba indecisa por el hecho de que no estaba con su compañero, y desde siempre hacían misiones juntos. Pero no era momento de esperarle.

    Las dos mujeres salieron rápidamente a la calle. Miraron en todas direcciones para ver de dónde provenía el grito. Cloud divisó una sombra moverse muy rápidamente entre un callejón.

    –Por allí, vi algo –llamó a la chaman.

    –Vamos, pero con precaución –afirmó Nao. En eso se preparó para hacer una invocación. Un círculo blanco apareció en su piel, desde su hombro se movió hasta su mano. Su magia se hizo presente en forma de humo blanco. Su piel y el ambiente cerca de ella se helaron en un solo instante, hasta el punto que era posible ver su aliento–. Glacies: Tezgla.

    Levantó su mano y a un par de metro de ella una nube de aire helado creó la bella figura de un caballo blanco con un cuerno en la frente. Es una clase poco común de unicornio, denominado Tezgla. Su piel es fría y su larga cola emana aire frio. Una criatura simplemente majestuosa.

    –Cielos, es precioso. Nunca había visto a un tezgla –sonrió la maga asombrada.

    –Vamos, Cloud. No perdamos nuestro tiempo –recordó la chaman.

    Las dos mujeres, acompañadas del unicornio, siguieron a aquella sombra. A los pocos minutos vieron un rastro de sangre que avanzaba entre las calles.

    –Esto no es bueno –dijeron las dos sorprendidas y preocupadas.

    La sombra hizo un rápido movimiento por la calles para dirigirse a los cultivos. Ambas aventureras le siguieron. Al llegar notaron una espesa neblina que cubría el suelo. La luz de la luna iluminaba todo el campo, mientras que los cuervos miraban desde los arboles cercanos. Todo estaba en un perturbador silencio nocturno, y ellas perdieron de vista aquella sombra.

    –Debe estar cerca, estate alerta, Nao –dijo Cloud tratando de vislumbrar. Avanzando lentamente paran o tropezarse con algo oculto por la neblina.

    Fue un especie de crujido y gruñido lo que llamó la atención de las dos en cierta dirección. Justo detrás de un espantapájaros vieron una silueta entre la neblina, aprecia una persona arrodillada, las dos se acercaron lentamente y entonces notaron algo.

    –Algo no está bien, Cloud. No parece una persona –susurró Nao. Chasqueo los dedos y su tezgla se puso en guardia.
    Continuara…

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  14.  
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XI: Una criatura aterradora

    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Las dos aventureras estaban de pie, a un lado de Nao su fiero Tezgla listo para atacar, emanando de si su humo frio. Al frente una silueta agazapada detrás de unas calabazas, la oscuridad y la neblina no les permite a las mujeres apreciar quien o que es eso. Solo escuchan el crujir de algo mientras ese ente parece comer.

    –Nao, algo no está bien. Puedo percibir un aura muy oscura en esa cosa, será mejor retirarnos –sugirió Cloud al tiempo que un escalofrió le recorría la espalda y se aferraba más a su báculo.

    –¿De qué hablas? –cuestionó la chaman sin entender el repentino temor de la maga–. Esa cosa debe ser quien ha estado atacando el lugar, y es nuestra oportunidad de detenerlo. ¡Tezgla!

    Con esa firme orden su criatura comenzó el ataque. El cuerno del animal brilló para luego arrojar una lanza de hielo a gran velocidad hacia el ente. La lanza lo atravesó fácilmente derribándolo.

    –¡Si, así se hace! Lo vez, nada de qué preocuparnos, Cloud –aseguro la chaman confiada. Mientras acariciaba a su criatura.

    Sin embargo un gruñido proveniente de la criatura llamó su atención al instante. Fue pues que la luz de la luna fue liberada de las nubes que la cubrían, mientras que esa criatura se levantaba y se revelaba ante las aventureras. Ambas reconocieron a ese monstruo al instante, y no pudieron evitar temblar.

    –E-e-es, eso es… –musitó la maga temblando de miedo y con una gran incredulidad en su cara.

    –E-es una broma, esas cosas n-no apareen así como así –la chaman, aunque trató de mantener la calma, su temor la hizo retroceder y tragar nerviosa.

    Frente a ella una de las criaturas más oscuras, aterradoras, raras y peligrosas, conocidas por los aventureros se levantaba. Con forma humanoide, pero con extremidades muy alargados, llegando a los tres metros de estatura. Brazos y piernas tan delgados que parece un esqueleto. Su piel es gris oscura, y emana un aroma fétido. Posee dos grandes y redondos ojos completamente negros como la noche misma. Sus mandíbulas son prominentes, dejado a los dientes inferiores sobresalir, aunado a que todos sus dientes son largos colmillos afilado. Sus manos son zarpas largas, terriblemente afiladas. Estas criaturas suelen caminar jorobadas, para disimular su gran altura, a veces cambiando a cuatro patas, otras solo con las piernas. Pero cuando se irguen lo hacen para intimidar.

    –¡Un Skelitox! –exclamaron las dos mujeres.

    La criatura gritó con todas sus fuerza, un grito que parecía el alarido de un animal, agudo y desgarrador. La fuerza del grito fue tal que ambas aventureras cayeron al suelo tratando de tapar sus oídos y gritando por el agudo dolor en sus tímpanos, pues incluso algunas ventanas de casas cercanas se rompieron.

    –¡Tenemos que salir de aquí y reunirnos con nuestros compañeros! –exclamó Cloud levantándose aturdida por el grito de la criatura.

    –No podemos dejarlo, escapará y se ocultará en el bosque –objetó Nao, igual de aturdida–. ¡Tezgla, ataca ahora!

    El caballo volvía a usar su cuerno para arrojar otra lanza de hielo. Esta se clavó en el abdomen de la criatura atravesándolo fácilmente, sin embargo, esta no se inmutó. Solo miraba a las aventureras con curiosidad.

    –¿Qué? Como diablos puede resistir eso –alegó Nao sorprendida.

    –Los Skelitox son criaturas muertas, de nada sirve herirlo, no sienten dolor, solo existe una forma de matarlos –explicó Cloud.

    Mientras ellas hablaban, el Skelitox se movió ágilmente, a una velocidad sorprendente. Levantó una de sus largas y afilas zarpas y se preparó para rebanar a la maga. Fue gracias a Nao, quien se arrojó sobre ella derribándola, que logró salvarse de ese mortal ataque. Luego el tezgla atacó por detrás embistiendo al Skelitox y logrando arrojarlo lejos.

    –¿Estás bien? –cuestionó Nao, levantándose junto con la maga.

    –Sí, gracias –sacudió sus ropas.

    –Diablos, sus garras son muy afiladas, pudo cortarte a la mitad fácilmente –comentó Nao sorprendida.

    –¡Pues claro! Esa cosa es demasiado peligrosa. Debemos retirarnos y regresar los cuatro… ¡¿A dónde vas?!

    –No vamos a dejar que esa cosa ataque la villa, asesinaría a muchas personas. Tú debes encontrar a nuestros compañeros para que vengan lo más pronto posible, yo me quedaré para detenerlo –la chaman corría a toda velocidad contra el Skelitox que se incorporaba.

    –No puedes quedarte sola contra esa cosa –objetó Cloud.

    El Skelitox vió a Nao acercarse, así que arrojó otro mortal zarpazo horizontal buscando cortarla en dos. Pero la maga lo esperaba, con una agilidad envidiable saltó evitando el ataque ya cercándose a la cabeza de la criatura, pasó por encima cortando el rostro del Skelitox con su guantelete afilado. Cayó con agiblemente detrás de la criatura agitando su brazo para limpiar la sangre. El lado derecho de la criatura tenía tres cortes profundos que lo obligaban a no poder abrir el ojo, no obstante no mostraba dolor, como Cloud dijo, el Skelitox no siente dolor ante nada.

    –No me subestimes, niña –sonrió soberbia.

    –¿Debo irme? –dudó la maga blanca. Parecía que Nao podía controlar a la criatura.

    El Skelitox intentó girar y atacarla, Nao solo sonrió. Una vez más el tezgla embistió a la criatura, ahora con más fuerza hasta estrellarla contra un árbol.

    –¿Qué estas esperando, niña? No te preocupes por mí y ve por esos otros dos –insistió al ver a Cloud dudar.

    –Está bien, volveré lo más rápido posible –respondió Cloud y salió corriendo a toda velocidad para buscar a los otros dos.

    –Igual cuando vuelvas ya me encargué de esta cosa –sonrió algo presumida.

    El Skelitox se levantó una vez más. Fijó su negro ojo en la chaman, abrió su fauces a todo lo que daban, pareciendo una boca capaz de engullir lo que sea, su lengua emergió desde la garganta cual si fuera una serpiente, larga, roja y con espinar en la punta.

    –¿Qué? ¿Tratas de intimidarme? –cuestionó, no obstante, un escalofrió la recorrió–. ¡He matado cosas más grandes que tú! Te cortaré la lengua y haré un cinturón con ella.

    En un parpadeo el Skelitox comenzó a correr a toda velocidad hacia Nao, con sus largas zancadas no tardó en acercarse e intentar una vez más un corte horizontal. La chaman se arrojó aun lago ágilmente evitándolo.

    –Eres rápido, pero no lo suficiente –ella se acercó por detrás cortándolo en la parte trasera de la pierna, obligándolo a arrodillarse–. ¡Tezgla!

    El caballo de hielo volvió a cargar con mayor fuerza. Embistió al Skelitox atravesando su pecho con su cuerno y así lo arrastro por vario metros hasta detenerse y arrójalo. No obstante esta vez el pobre equino no lo tendría tan fácil, mientras lo arrojaba, la lengua del Skelitox salió cual látigo golpeando al tezgla en el cuello y con las espinas de la punta le hizo varias heridas que parecían simples arañazos.

    –Sí que aguanta esa maldita cosa. Supongo que herirlo constantemente solo es una pérdida de tiempo. La mejor forma de acabar rápidamente con un problema es cortarle la cabeza –sonrió chocando sus puños–. Tezgla, es hora de acabar con esto, precioso.

    El Skelitox, a pesar de las tres heridas en su torso, y los cortes en su cara y pierna, se volvió a levantar como si nada. Una risa, o algo similar fue lo que se escuchó de la criatura, algo así le helaría la sangre a cualquiera.

    –¿Te estas riendo, monstruo? –cuestionó Nao extrañada.

    ¡Sucumbe! –¿habló? Si, el Skelitox habló, y no solo eso, hizo una invocación con una gutural y apenas compresible voz. Con su zarpa señaló al tezgla.

    Los arañazos que tenía en el cuello le causaron un ardor terrible al caballo de hielo, haciéndolo enloquecer agitándose de un lado a otro con desesperación.

    –¡tezgla, tezgla, ¿Qué te ocurre?! –exclamó Nao precopa da y desconcertada. El cuello del equino comenzaba a tornarse rojo, cual si una infección se espaciara por él–. ¿Qué pasa, que te pasa, tezgla? Tranquilo, tranquilo, precioso.

    Pero Nao se distrajo, y eso lo aprovechó el Skelitox. Se acercó ágilmente hacia ella, la chaman logró presentirlo, pero era tarde, recibió una violenta patada en un costado que la arrojó por el suelo de forma violenta. Dando tumbes terminó estrellándose contra un árbol, soltando un alarido de dolor.

    El tezgla vió a su ama herida y logró controla su dolor por un instante, arrojando una lanza de hielo desde su cuello que atravesó el pecho del Skelitox, lamentablemente solo causó que la criatura esquelética se fijara en el caballo de hielo.

    ¡Sucumbe! –enunció una vez más con firmeza.

    El equino cayó al suelo fulminado, paralizado por un dolor abrumador, se retorcía desesperado mientras una espuma roja salía de su boca. Al verlo indefenso el Skelitox sintió que el hambre regresaba y un lindo caballo frio sería un manjar suculento. Se arrodilló a su lado lamiéndolo lentamente y cubriéndolo con su fétida saliva.

    –¡No lo toques, maldito! –gritó Nao furiosa. La chaman corrió a toda la velocidad arrojándose con fiereza sobre la criatura esquelética. La velocidad de Nao fue tal que el Skelitox no la vió venir. Ella saltó y lo golpeo en la cara con todas su fuerzas logrando derribarlo y se colocó sobre él–. Nadie se come a mis criatura, bastardo –presa de un enojo violento comenzó a golpear con fuerza bruta el rostro del Skelitox.

    Puñetazo tras puñetazo despiadado comenzaba a destrozar los colmillos de su enemigo. El Skelitox ataca con su zarpa y nao la esquiva ágilmente, y regresa con sus puñetazos.

    –¡Muerte ya! –gritó jadeando sin dejar de golpearlo.

    La lengua emerge de la garganta con velocidad de látigo, Nao logra verla y retrocede saltando, no logra evitar que las espinas de la punta le arañen el cuello. La chaman retrocede y se lleva las manos a la zona irritada, de momento no siente nada, solo un arañazo.

    –Eso estuvo cerca. Casi me clava esas agujas en el cuello –se dijo así misma limpiando un par de gotas de sangre que salieron de los arañazos–. Debo regresarte, tezgla. Anulación.

    Levantó su mano, en la cual brilló un símbolo azul, de esta manera el caballo de hielo desapareció y regresó a su lugar de descanso, esto sirve para que las criaturas que los chamanes invocan se curen rápidamente.

    Carente de dolor alguno, el Skelitox se levanta una vez más, y otra vez reía con su tenebrosa voz, él sabe bien que aunque su lengua apenas había arañado el cuello de la humana, era más que suficiente para usar su veneno.

    –¿De qué te ríes ahora, monstruo? –gruñó molesta–. ¿Crees que no tengo más criaturas para traer? Esta vez te haré pedazos por lo que le hiciste a mi tezgla. –su magia comenzó a concentrarse, una nueva invocación se preparaba.

    ¡Sucumbe! –exclamó la criatura antes que ella lograra la invocación.

    Un ardor terrible invadió el cuello de Nao. Perdiendo toda la concentración que tenía, cayó de rodillas llevándose la mano al cuello.

    –¡¿Q-que es esto?! –apretaba los dientes para contener el dolor.

    Era la oportunidad, el Skelitox se acercó es intentó cortarla una vez más. Nao logró reaccionar a pesar del suplicio y se arrojó a un lado esquivando el ataque. Jadeaba y trataba de ignorar el dolor, que con cada momento se esparcía haciendo una pancha roja sobre su piel. Logró evitar el siguiente zarpazo, pero no la patada que le fue arrojada casi al instante. La esquelética piernas de la criatura impactó en el costado de la chaman arrojándola por el suelo varios metros.

    –Mierda, mierda –maldijo Nao, tratando de levantarse. No era solo el ardor en su cuello, ahora también el dolor agudo en su costado, quizás una costilla rota. El sabor de su propia sangre inundó sus labios–. Quizás la niña tenía razón. No, no es momento para pensar en eso. Solo debo invocar a otra criatura.

    Antes escuchó al Skelitox acercarse una vez más. Se levantó tan rápido como pudo, logrando evitar un zarpazo que se clavó en la tierra. Retrocedió tambaleándose por el dolor en las costillas y el ardor en su cuello, que ahora se extendía a su pecho y espalda.

    –No me vas a vencer, monstruo –escupió su sangre con desprecio. Una vez más trató de concentrar su magia para la ansiada invocación.

    El Skelitox se acercó hostigándola, no le permitirá reunir su magia. Atacar con un zarpazo horizontal, ello logra esquivarlo, pero el siguiente movimiento no. En un solo segundo la chaman es detenida, y atravesada por una de las largas y afiladas zarpas.

    Los ojos de Nao reflejan lo que ocurre. Sus manos se posan en la garra que la atravesó, fue tan repentino que no pudo ni gritar. El Skelitox ríe una vez más. Levanta su mano, levantándola a ella haciéndola gritar de dolor, no puede escapar al dolor, la zarpa entró por su abdomen y sale por su espalda.

    –Tú morir, yo comerte –se mofa la criatura mirando a los ojos de la humana. Nao trata con escasas fuerzas de zafarse, pero cada movimiento causa un dolor terrible, tal que la hizo olvidarse del ardor de su cuello o de su costilla rota.

    –¡N-no, no, no voy morir aquí, no voy a morir! –gritaba y tosía sangre raudales.

    Con violencia el Skelitox la arrojó por el aire extrañándole la zarpa. Cayó al suelo aparatosamente. Trató de levantarse pero ya no podía hacerlo, sus piernas no reaccionaban, así que se arrastró por el suelo, mientras su sangre manchaba el campo.

    –E-esto no puede estar pasando, no puedo morir aquí –se decía así misma, asustada, pues no veía escape a esta situación. Miró sobre su hombro y vió al Skelitox acercarse. Tembló de miedo–. ¡Auxilio! –gritó desesperada con todas sus fuerzas.

    Una luz brillante apareció aun lado, llamando la atención de ella y del Skelitox. Un hombre vestido con una sotana negra caminaba hacia ellos. En su mano izquierda un libro blanco, y la izquierda una daga de plata en forma de cruz que brillaba. En su espalda dos alas hechas de luz blanca.

    Mientras él la justicia y el amor fluyan por mis venas el Dios Blanco me cuida –hablaba aquel hombre. El Skelitox se fijó en él y se acercó para atacarlo–. Aun en la cueva más oscura podré caminar, pues el dios blanco guiará mi camino, y no habrá oscuridad que se interponga en mí andar. ¡Reliquia del cielo, lanza del guardián!

    Desde el cielo una luz cayó a toda velocidad, una lanza de energía blanca cayó a toda velocidad atravesando al Skelitox, con tal fuerza que lo clavó al suelo.

    –¿S-sacerdote? –musitó Nao.

    El hombre pasó a un lado del inmovilizado monstruo y se acercó a Nao rápidamente.

    –Si llego un segundo más tarde, tendría mucho que lamentar –dijo tomándola suavemente para ver su herida. Sacó una tela de sus ropas para hacer presión y evitar que perdiera tanta sangre, el problema es que estaba atravesada–. Es peor de lo que pensé, hija. Bebe esto, rápido –tratando de mantener la calma le dio una pócima.

    –¿Q-que es? –preguntó mientras él se la daba de beber.

    –Aliviará tu dolor y retrasará la pérdida de sangre. Espero que esa maga blanca esté cerca.

    –Sacerdote. Debe irse, e-esa cosa sigue con vida y lo asesinará también –le advirtió mientras tosía, y se relajaba como efecto de la pócima.

    –No te preocupes por mí, hija –sonrió tranquilo mientras con un pañuelo limpiaba la sangre de su rostro y acariciaba su cabello–. El dios blanco me aseguró que hoy no voy a morir. Así como el me protege, es mi deber proteger a otros.


    –Debo estar alucinando, ya. Veo que usted tiene alas –rio un poco, pero no era una alucinación, eran reales, alas de luz.

    –No hables, conserva tus energía, las vas a necesitar –sonrió amable.

    En ese momento la lanza de luz que retenía al Skelitox desapareció y este fue libre una vez más. Tambien las alas del sacerdote desaparecieron. Se levantó rápidamente furioso. Fijando al sacerdote y la chaman como sus objetivos, sin pensarlo comenzó a correr contra ellos. El sacerdote permaneció inmóvil.

    –Sacerdote, debe irse, váyase o lo matará –alertó Nao.

    Yo soy la antorcha del dios, y soy la llama que ilumina la oscuridad. No temeré y no moriré. –Confiado en su fe, permaneció junto a Nao y se atrevió a cerrar los ojos.

    –¡Sacerdote! –gritó Nao.

    ¡Escudo de cristal! –exclamó la voz de Cloud. Mientras levantaba su báculo.

    Una cúpula de energía mágica cristalina cubrió al sacerdote y a Nao al instante, deteniendo el ataque del Skelitox.

    Mi dios está conmigo –terminó el sacerdote abriendo los ojos y sonriendo al ver que se habían salvado.

    –¡Eso estuvo muy cerca!–sonrió aliviada Cloud– ¡Ahora, atáquenlo! –gritó.

    Los dos poderosos berserkers corrían con vehemencia con su objetivo fijo. Destrozar al Skelitox.

    –Nadie ataca a mi compañera y sale vivo de esta, monstruo –gritó Yuzzo con su enorme nodachi en manos.

    –Más te vale no estorbar –gruñó con seriedad Castiel, con esa espada de tamaño increíble en sus manos.

    Se dividieron para atacar por ambos lados a la criatura. Yuzzo fue el primero, el skelitox intentó cortarlo, pero la nodachi bloqueo sus zarpas, resonando el choque en todo el lugar. El skelitox era fuerte, no hay duda, pero es enfrentaba contra un berserker, los aventureros más fuertes de todos.

    –Hijo de perra, que fuerza tienes –sonrió impresionado. Aun así la fuerza del skelitox no era suficiente para dominar a Yuzzo.

    Castiel se acercó por el otro lado, evitó el zarpazo, saltó y conectó un contundente puñetazo en la cara del monstruo alejándolo por el aire y revolcándolo por el suelo.

    –Sí, lo mayo yo, el dinero es mío –advirtió Castiel concentrado su energía mágica y yendo a por la criatura.

    –¡Ja! Si claro, ni lo sueñes. Yo matare a esa cosa –dijo a manera de reto Yuzzo, y solo para provocar al elfo también mostró su magia concentrándolo–. Y el dinero será mío.

    Por otro lado, Cloud corrió hacia Nao tan rápido como pudo. Desactivo su escudo y se arrodilló junto a ella.

    –Maga, tu amiga está herida de gravedad, debes salvarla –informó el sacerdote.

    –¡Dios! –exclamó sorprendida al ver la herida–. N-no importa, yo puedo curarla. Nao, Nao, mírame, todo estará bien –llamó con nerviosismo mientras con su mano acariciaba el cabello de Nao y con la otra cubría su herida.

    –T-tengo frio, Cloud –dijo con debilidad.

    –Ha perdido mucha sangre, pero sé que está en buenas manos –sonrió el sacerdote levantándose–. Debo acabar con esa criatura.

    –Gracias por protegerla, sacerdote –agradeció Cloud mientras su magia la cubría–. ¡Aid! –Todo el cuerpo de la maga se cubrió de energía blanca, que luego cubrió a Nao comenzando a curar todas sus heridas, aunque el coste de maná era para ambas.

    Los berserkers seguían luchando contra la criatura. Chocaban sus espadas contra las zarpas, debería ser fácil, el problema es que los enormes hombres no se coordinaban para atacar de forma eficiente.

    –¡Te dije que no estorbes! –gruñó Castiel empujando a Yuzzo, para luego arrojarse a un lado y evitar las garras.

    –¡Entonces deja de moverte como si fueras un paladín, lucha como un jodido berserker! –respondió Yuzzo también frustrado. Para luego girar por el suelo evitando el ataque de la lengua del skelitox.

    –¡Tu no me vas a decir a mi como lucha un berserker, humano idiota! –gruñó el elfo levantándose–. Si te largas puedo acabar con él.

    –Ni lo sueñes, orejas de punta, yo vine aquí por una jugosa cantidad de dinero, y no me iré sin nada –objetó Yuzzo bloqueando todos los ataques del Skelitox.

    ¡Sentencia del cielo, lanza del guardián! –se escuchó la voz del sacerdote. Una lanza del cielo cayó atravesando la pierna del skelitox y lo clavó al suelo–. Dejen de pelear, tontos. Acaben con esa cosa de una vez.

    Los dos berserkers se miraron entre sí gruñendo molestos. Yuzzo fue el primero en acercarse decidido a acabar con la criatura él solo sacándole ventaja a Castiel quien también lo seguía buscando ser él quien lo matara.

    – Yo lo mataré –aseguró mientras concentraba toda su energía mágica– ¡Alama de dragón! –su magia desaparece y todos los músculos de su cuerpo se engrosaron en un instante, su velocidad y su fuerza se vieron aumentadas.

    Atacó con un corte cargado de energía y fuerza bruta. El Skelitox, atrapado por la lanza del sacerdote solo intentó cubrirse con sus zarpas. De nada sirvió, la fuerza de Yuzzó fue tal que destrozó sus garras, los huesos de sus manos y brazos se quebraron y salió disparado perdiendo la pierna atrapada en el proceso.

    –¡Maldición! –exlcamó sabiendo que no lo había matado.

    –Ahora es mío, estúpido humano –aseguró Castiel siguiendo al Skelitox que aun volaba por la fuerza de Yuzzo. El elfó dio un gran saltó y con un certero corte de su espada cortó la cabeza del Skelitox en el aire. El berserker cayó de pie, firme e imponente. El Skelitox destrozado, primero cayó su cuerpo y luego su cabeza–. La decapitación es la única forma de matar a un Skelitox.

    –… ¡La mitad de la paga es mía y de Nao! –gruñó Yuzzo frustrado. Entonces recordó– Mierda, ¡Nao!

    Vio a la maga apagar su luz y se acercó a ellas.

    –Maga, ¿Cómo está ella? –preguntó el berserker claramente preocupado, más al verla con los ojos cerrado e inmóvil.

    –Tranquilo, está fuera de peligro, solo se desmayó por el uso de su magia para curarse –dijo sonriendo algo cansada.

    –Que bien. Me alegra que hubiera una maga blanca aquí para salvarla –suspiró aliviado.

    –Sí, no te animes tanto. Ya acabos y ya nos vamos –dijo Castiel acercándose.

    –Necesito hablar con ustedes cuatro, vengan a mi capilla –dijo el sacerdote con seriedad–. Les voy a decir la verdad de lo que tenemos

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  15.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    18 Junio 2016
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    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
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    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
    Palabras:
    3453
    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XII: Secuestro

    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    El sacerdote Gerald guió a los cuatro aventureros hacia su residencia, sin embargo, mientras se alejaban no se percataron de la presencia de tres sombras entre los arboles, quienes fueron testigos de todo lo que ocurrió.

    –Lo sabía. Ese sacerdote maldito y embustero –susurraba uno de ellos quien eral mismo alcalde Abel. Detrás de él le secundaban dos de sus fieles escoltas, los siervos de la luna–. Siempre supe que ese infeliz tenía la reliquia.

    –¿La reliquia, amo? –cuestionó uno de los siervos.

    –Sí. El sacerdote Gerald posee La Daga del Guardián, una antigua y poderosa reliquia creada y bendecida por los Ancestrales hace miles de años. Maldito hijo de puta, vaya que la ha escondido bien todo este tiempo, pero todo tiene su final. De una u otra forma, esa daga será mía.

    –Amo, no tiendo. ¿Por qué desea esa daga? Creí que nuestra misión era encontrar la cripta de El aterrador, la cual ya sabemos su ubicación, no una reliquia –objetó el otro siervo.

    –Sí, y lo es, claro que lo es. No obstante, nuestro líder nos pidió a mí y a otros Maestros encontrar cosas que sean dignas ofrendas para el gran Karppoforo. Fue entonces que pensé en esa daga, sabía que estaba oculta en esta villa de porquería, y ahora se quien la tiene.

    –Entendido, amo. Iremos por la daga de inmediato –los dos siervos se dispusieron a ir tras Gerald.

    –No, no es el momento –objetó él deteniéndolos–. A como veo las cosas poco tardará el sacerdote en hacer que esos cuatro aventureros estén de su lado. Con dos berserkers de elite protegiéndolo no será nada fácil robar la reliquia –lo pensó un momento hasta que tuvo una idea–. Ahora es el mejor momento para terminar con la búsqueda. Uno de esos berserkers se encargará de abrir la cripta. Lo que sea que la custodia lo matará a él y a los otros aventureros, luego buscamos y recuperamos el ataúd de “El aterrador” y antes de irnos le quitamos la daga al sacerdote. Es perfecto –dijo sonriendo de forma perversa.

    –¿Cómo hará que los aventureros vayan a la mina y abran la cripta? –cuestionó uno de ellos.

    –Será fácil. Los aventureros son sencillos y tontos. Ya tengo el plan y ustedes lo llevaran a cabo por la madrugada. No tendrán más opción que ir a la mina y abrir la cripta.

    Los siervos asintieron y se retiraron desapareciendo en la oscuridad del bosque.

    Minutos más tarde, en la residencia de Gerald. Los aventureros esperaban hablar con el sacerdote quien les pidió un momento para rezar. En un sofá Yuzzo recostó a Nao, quien seguía inconsciente por la curación de Cloud.

    –No tienes de que preocuparte, Yuzzo. Ella estará bien, está fuera de peligro –animó la joven maga acercándose al preocupado berserker.

    –Sí, lo sé. Confío en la magia de los magos blancos. Es que no puedo evitar sentirme culpable por lo que le ocurrió –suspiró con pesar.

    –No tienes por qué hacerlo. No fue tu culpa.

    –Lo sé, es solo que, pues…ella y yo no tenemos mucho tiempo como compañeros, apenas es nuestra primera misión, y casi muere. Si hubiera estado con ella esto no habría pasado –explicó mientras la cubría con una manta.

    –Nao luchó con fiereza –agregó Cloud–. Desearía ser tan fuerte y tan valiente.

    –E imprudente –agregó Castiel, quien estaba en un silla con su serio semblante y de brazos cruzados.

    –¡Castiel! –reclamó Cloud por su comentario.

    –¿Por qué lo dices? –cuestionó Yuzzo mirándole de reojo.

    –Lo que hizo fue una insensatez. Ella es una chaman de rango profesional, y decidió enfrentarse sola contra un skelitox, una criatura no-natural, súper rara y de nivel súper fuerte.

    –Lo hizo para proteger a las personas. Si ella y yo nos retirábamos el skelitox atacaría a los aldeanos. Lo que hizo no fue insensato, Castiel, fue valiente –respondió Cloud algo ofendida por el comentario de su compañero.

    –Disculpen que me entrometa, pero hubo una frase que me llamó la atención. ¿Qué significa nivel súper fuerte y súper raro? –preguntó Gerald acercándose a ellos.

    –El gremio de aventureros ha clasificado a todos las criaturas mágicas de diferentes formas. Unas de esas clasificaciones son por su nivel de poder y la probabilidad de encuentro. Las probabilidades son: Común, Poco común, atípico, raro, súper raro y uno en un millón. Los niveles de poder son: Débil, Bajo, Medio, Fuerte, Súper fuerte, Devastador y Legendario –explicó Cloud.

    –A partir de súper fuerte, se considera que la criatura debe ser enfrentada únicamente por aventureros de elite –agregó Yuzzo–. Aun así ella fue muy valiente por enfrentarlo sola, y eso lo admiro.

    –Lo que sea –gruñó Castiel–. No vine aquí para un curso de inducción al gremio. ¿Qué es lo que quería decirnos sacerdote?

    –Primero que nada, quiero agradecerles por venir hasta aquí para ayudar a esta comunidad, aunque sé que vinieron por los engaños del alcalde Abel –el sacerdote hizo una reverencia.

    –¿Por qué dice que el alcalde miente? ¿Qué es lo que oculta? –cuestionó Yuzzo.

    –El alcalde no es quien dice ser. Se apoderó de nuestro poblado hace algunos meses, y desde entonces comenzaron a aparecer esas criaturas. Todo comenzó el día en que decidió reabrir la vieja mina del bosque. Ese lugar llevaba décadas cerrado.

    –¿Qué fue lo que ocurrió para que la cerraran? –preguntó Cloud.

    –O más bien, ¿Qué había adentro? –dijo Yuzzo.

    –Ese es el punto. Nunca pudimos saberlo, pero algo muy oscuro, demasiado oscuro, habita ese lugar. La última vez, debieron llegar varios aventureros para lograr cerrarla, y nos advirtieron que nunca debía ser abierta. Informaron al Ministerio, pero nunca hicieron nada al respecto.

    –¿Es de allí que provienen los skelitox? –preguntó Yuzzo.

    –No puedo asegurarlo, pero es muy probable. Desde que el alcalde la abrió yo he asesinado a tres de esas criaturas, y serian cuatro con la que mataron hoy. Puedo asegurar que hay más y pronto vendrán.

    –¿Cuatro? En tan poco tiempo –musitó Castiel extrañado. Al tiempo que recordaba algo.

    –Eso no importa, vengan los que vengan acabaremos con ellos –aseguró Yuzzo con una sonrisa presumida.

    –Sean los que sean no dejaran de aparecer si no cerramos la mina otra vez. Por eso los necesito. Les pido que por favor le brinden su ayuda a nuestra comunidad, solo ustedes pueden ayudarnos –una vez más hizo una reverencia.

    –E-esa daga que usó, es una herramienta poderosa, ¿no? –dijo Castiel con seriedad pero con un ligero nerviosismo en su voz–. ¿Por qué no la usa usted para cerrar la mina?

    –Esta reliquia es un arma poderosa, lo admito –sacó la daga de entre sus ropas–. Me fue entregada por mi mentor en el templo donde me instruí, antes que este fuera atacado. No obstante, esta arma no está diseñada para que un simple humano la manipule, el solo usar un par de conjuros de menor nivel me agota terriblemente. Además, solo me serviría para atacar desde la distancia. Mis capacidades físicas son como las de cualquier persona normal –explicó él.

    –Entiendo, entonces nosotros nos encargaremos de esa mina. Los cuatro podremos cerrarla para salvar…–decia Yuzzo hasta que Castiel intervino.

    –Yo no vine a hacer caridad –se levantó de su silla en un instante. Apretó los puños y miró hacia le suelo–. Dudo mucho que usted pueda pagarnos por esta misión. Yo vine a matar criaturas y para que me paguen por eso –explicó, pero había algo raro en su forma de hablar.

    –¡Castiel! –reprochó Cloud–. No es momento para que seas un mercenario, este pueblo nos necesita…

    –Lo que necesito es regresar a la posada y descansar. Si no aparece otro skelitox mañana iré a cobrar mi dinero y me largo –respondió tajante dispuesto a irse–. Vámonos, Cloud.

    –¿Y te haces llamar a venturero? –dijo enojado Yuzzo–. Tu compañera tiene la razón al llamarte mercenario, eso es lo que eres.

    Muchos se han llevado golpizas por el simple hecho de hablarle de esa forma a Castiel, no obstante, a pesar de las palabras esta vez el elfo no dijo nada, solo le dio la espalda a Yuzzo y se retiró. Sin poder hacer nada Cloud fue tras de él.

    –Lamento esto, sacerdote. Ese sujeto no es un aventurero de verdad, solo es un mercenario más que vino por dinero –suspiró Yuzzo–. Apenas mi compañera se recupere nosotros nos encargaremos de cerrar esa mina para que esta aldea esté fuera de peligro.

    –Ese sujeto parece un aventurero muy poderoso, ¿no? –preguntó intrigado por la forma en la que Castiel se retiró.

    –Supongo, es un elite. Me sorprende que alguien como él actué de esa forma.

    –Oculta algo –dijo el sacerdote–. Pude notar cierto temor en sus palabras.

    –¿Temor? –respondió Yuzzo sin entenderlo.

    Por las calles Castiel caminaba rápidamente con dirección a la posada. Detrás de él estaba Cloud quien trataba que se detuviera para hablar pero este se negaba.

    –Castiel, ¿Qué te pasa? –llamaba ella–. Detente y dime porque no quieres ayudar.

    –Ya dije porque. No me interesa ir a esa mina, solo quiero descansar y cobrar –respondió sin mirarla.

    –Algo te pasa. Tú no eres así, bueno, sí, pero nunca huyes de una misión –el caminaba más rápido y ella trataba de seguirle el paso.

    –No estoy huyendo de ninguna misión, eso no es una misión. Solo es caridad, yo no hago caridad –entró en la posada azotando la puerta y dirigiéndose a la habitación.

    –Pero si estas huyendo –jadeaba un poco cansada por la caminata–. Castiel, sé que te ocurre algo, dime que es.

    –No me pasa nada, estoy bien, deja de molestarme con eso –gruñó molesto, pero también nervioso, por la insistencia de la maga.

    Entraron en la habitación y ella cerró la puerta tras de sí. Castiel dejó su espada a un lado y se sentó al borde de la cama, solo para toparse con la linda cara de Cloud, quien le miraba cruzada de brazos y con seriedad.

    –¿Qué quieres? –apretó los dientes desviando la mirada pues sabía que ella insistiría.

    –Mírame a los ojos –ordenó de forma autoritaria, a lo que él obedeció sin saber por qué–. Castiel, yo sé que a ti te pasa algo, no sé qué es, pero lo sé. Dime ¿Por qué comenzaste a actuar así cuando hablaron de la mina?

    –No estoy actuando ni nada, solo no me interesa –fue incapaz de verla a los ojos mientras decía eso.

    –No me engañas, Castiel. Yo te conozco mejor que nadie, se cuándo algo te incomoda o te desagrada –dejó de lado su actitud autoritaria y suspiro agachando la mirada–. Después de todo este tiempo, ¿no confías en mí?

    –No, claro no es eso. Yo confió en ti, Cloud, más que en cualquier otra persona –la miró sorprendido por lo que dijo.

    –¿Entonces por qué no me quieres decir la verdad? –se sentó a un lado de él mirándolo con sus lindo ojos.

    –No es fácil para mí, Cloud. Es algo que me avergüenza –la miró a los ojos y su afán por ocultar lo que le pasaba desapareció. No podía mentirle, no a ella. Lo conocía demasiado bien, así que lo mejor era decir la verdad.

    –Lo sabía –sonrió ella–. Pero no tienes por qué ocultármelo, Castiel. Sea lo que sea yo puedo ayudarte. Ven aquí –señaló sus piernas.

    El intimidante elfo no pudo evitar sonrojarse. Lo que ella quería es que él se recostara y apoyara su cabeza en sus piernas, era algo que ocasionalmente hacían cuando conversaban. Sabiendo bien lo cómodo que era lo hizo.

    –Entonces, ¿me dieras que es lo que te ocurre? –preguntó con una suave y cálida voz.

    –…Vale –suspiró, mirándola–. Cloud, no creo…no debemos ir a esa mina, es demasiado peligroso.

    –¿Demasiado peligros? Tú no le temes a nada, ¿Por qué dices eso? –dijo extrañada.

    –El sacerdote dijo que ha habido cuatro skelitox desde que se reabrió la mina. Eso es demasiado en muy corto tiempo. Un skelitox puede formarse de manera natural en varias décadas, un mago negro podría invocarlos, pero sería demasiado complejo y escandaloso como para que nadie lo note. Entonces solo queda una tercera opción para que puedan ser invocados tantos y tan rápidos –explicó él mientras la miraba a los ojos, sus preciosos ojos.

    –¿Cuál?

    –Un Skelitox Negro –sentenció con firmeza, pero a la vez con un atisbo de temor–. Una criatura mucho peor que un skelitox normal, mucho más peligrosa. Es de nivel devastador.

    –Jamás había escuchado de ellos. ¿Por qué dices que son más peligrosos? –lo que sorprendía a la maga era ese leve temor que Castiel mostraba, jamás lo había visto así. Lentamente comenzó a acariciar el cabello del elfo.

    –Son más fuertes, más grandes, más veloces, más resistentes, pueden regenerarse, y lo peor, dominan la magia de la ilusión –tembló, pero fue por las caricias de Cloud.

    –¿La magia de la ilusión? –ahora era ella quien se asustó un poco.

    –¿Ahora entiendes por qué son más peligrosos? Esos monstruosos pueden meterse en la mente de las personas y atacarlos allí, o engañarlos. Además son racionales y astutos. Los berserkers somos más susceptibles a las ilusiones que cualquier otra clase.

    –No puede ser, eso es muy malo. Con una criatura como esa esta villa seria destruida, debemos hacer algo Castiel… –detuvo sus caricias para expresar su preocupación ante lo que pudiera pasar.

    –No hay nada que podamos hacer, Cloud. Aun los cuatro juntos no habría forma de vencerlo. Bastaría con que me domine a mí y a Yuzzo para que tú y la chaman queden desprotegidas. Antes que ella logré invocar a cualquiera de sus bestias el monstruo la asesinaría…y luego te atacaría a ti –apretó los puños con temor de pensar que le hicieran daño a su compañera–. No es miedo, pero se cuándo algo está fuera de mis capacidades.

    –No tienes que preocuparte por mí. Estoy segura que tú y Yuzzo podrían hacerle frente, conmigo dándoles protección y las criaturas de Nao… –trató de relajarlo, pues notó como se tensaba.

    –¡No! –exclamó de repente–. No me voy arriesgar a que te suceda algo –respondió al instante con una mirada más que decidida. Esa frase no pudo sorprender más a la maga, quien se sonrojó un poco–. Podría e ir yo y los otros dos para intentarlo, aunque moriríamos probablemente, no me importaría. Pero no te voy a arriesgar a ti, Cloud. Nunca…

    –¡Que egoísta eres! –ahora fue ella la que interrumpió–. Siempre estás pensando en tomar los riesgos y luchar contra el peligro solo, siempre tratas de protegerme de todo y que esté a salvo. ¡Yo también soy una aventurera! Yo también quiero luchar. Deja de hacerlo, deja de preocuparte tanto por mí y preocúpate por ti una vez. ¿Cómo crees que me sentiría si algo te pasara a ti?

    –Cloud –musitó el sorprendido. Para luego sentir como una cálidas gotas caen sobre su rostro.

    –No sabes cómo odio que hables de tu muerte de esa forma, como si no importara. No quiero oírlo, no quiero imaginarme siquiera que algo te pasara. ¡Tú me importas más que cualquier otra persona en este mundo! –decía mientras sollozaba–. Tú eres lo único que tengo, Castiel. Si algo te pasara me quedaría sola.

    Castiel se levantó y la tomó suavemente atrayéndola hacia él para abrazarla entre sus brazos..

    –Lo siento, no quería que pensaras en eso –dijo el elfo suavemente–. Mañana nos iremos de aquí, no podemos hacer nada. Al menos no nosotros.

    –No podemos dejar a estar gente a su suerte, ni que Yuzzo y Nao vayan a ese lugar –secó sus lágrimas mientras pensaba en una solución, y se acurrucaba en los fuertes y suaves brazos del elfo–. Nos iremos, solo con una condición.

    –¿Cuál? –preguntó él.

    –Que les avisemos a Yuzzo y Nao del peligro. Luego iremos de inmediato a un gremio de aventureros a pedir refuerzos, todos los aventureros que sean necesarios para poner a salvo a este pueblo –explicó ella.

    –Nunca te rindes, ¿verdad? –sonrió él acariciando el cabello de la maga.

    –Claro que no. Lo aprendí de un obstinado mercenario –sonrió sonrojándose un poco.

    –Está bien, mañana nos retiramos de este lugar después de avisarle a los otros dos y regresamos con esos refuerzos, ¿De acuerdo? –la soltó.

    –De acuerdo. Supongo que ya no hay más que hacer. Descansemos –asintió ella.

    Ambos se despojaron de su equipo y armadura para poder dormir cómodamente. Cloud estaba un poco nerviosa por compartir la cama con Castiel, aunque no era la primera vez. Sin más que decir ambos se recostaron en la misma cama para pernoctar. Cloud no tardó en dormirse, sin saberlo, se aferró al fuerte brazo del berserker, era algo que hacia siempre que tenían que dormir juntos, además, ya dormido Castiel apenas lo notaba. Esa debilidad de tener un sueño profundo la lamentaría esa noche.

    Por la madrugada un muy sutil sonido fue escuchado por la maga, quien lentamente fue despertando.

    –¿Q-que pasa? –musitó bostezando mientras se levantaba. Miró en la oscuridad de la habitación, pero no había nada, solo la brisa nocturna y la luz de la luna colándose por las ventanas–. Juraría haber cerrado las ventanas antes de acostarme –se dijo así misma mientras bostezaba adormilada.

    Se levantó de la cama, miró a su compañero, quien dormía como un tronco. Entonces se acercó a la ventana que estaba abierta. Cuando se dispuso a cerrarla otro sonido la distrajo, un leve golpe en la puerta, dio la espalda a la ventana.

    –¿Qué está pasando? –esto ya no podía ser una coincidencia. De manera que se puso alerta.

    Era tarde. Una sombra vestida de negro y con una luna sonriente como emblema en su pecho entró por la ventana ágilmente y en silencio. La tomó por la espalda tapándole la boca con un trapo húmedo. Ella asustada trató de zafarse del abrupto agarre, pero su agresor era demasiado fuerte y le aprisionaba los brazos. Sentía que sus fuerzas menguaban, lo que sea que humedecía el trapo la estaba debilitando. Vió un pequeño florero en una mesa, sabía que eso podía salvarla, arrojó una patada buscando hacer ruido.

    Estuvo cerca, pero no lo logró. En el último momento el captor la jaló y se arrojó con ella por la ventana. Cayó ágilmente de pie con ella apresada aun en sus brazos. Ya no tenía como escapar, se debilitó hasta quedar inconsciente.

    –Te tengo, preciosa. Ahora volvamos loco a tu compañero –susurró el asaltante. Arrojó una carta por la ventana de la habitación. Para luego cargar a Cloud y llevársela.

    A primera hora de la mañana el elfo despertó con los rayos del sol que se asomaba en el horizonte dando paso al día. Se removió por la cama pues la luz le daba en la cara.

    –Cloud, ¿podrías cerrar las cortinas? –musitó moviéndose por la cama. Hasta que notó algo–. ¿Cloud? Cloud.

    Se sentó en la cama. Ella no estaba. Eso era raro, ella nunca se iba sin decir a donde, aun cuando él estuviera dormido le avisaba.

    –Cloud, ¿estás en el baño? –preguntó pensado que estuviera duchándose. Pero no hubo respuesta.

    Se levantó para buscarla en la posada, pensando que probablemente estuviera desayunando.

    –Debe ser temprano aun. Ella siempre me despierta para que no me quede dormido –se dijo así mismo mientras iba la puerta. Entonces vió algo en el suelo cerca de la ventana, una carta. La situación no podía ser más extraña. Se acercó y la tomó para leerla.

    “Tenemos a tu compañera. Si no quieres que destrocemos su lindo rostro tienes que ir a la mina por la mañana, allí te esperará alguien que te dirá lo que debes hacer para recuperarla. La vida de tu compañera depende de ti. No le falles”

    Eso era todo lo que decía la carta. Las manos del elfo temblaron llenas de fuerza, sus músculos se tensaron y varias venas se remarcaron. La ira lo estaba invadiendo a tal punto que su magia comenzó a ser visible en forma de humo verde que emanaba de él.

    –S-se llevaron a Cloud… se atrevieron a llevarse a mi Cloud –apretaba los dientes con fuerza mientras gruñía. La magia que emanaba de él comenzó a hacer temblar los muebles–. Los haré pedazos a todos, si le tocan un solo cabello, los voy a destrozar.

    Se colocó su equipo y armadura, tomó su espada y salió del lugar con un solo objetivo en mente. Recuperar a Cloud, y por ella no había nada que él no fuera capaz de hacer. Nada.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  16.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Tales of Ancient Age
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    Acción/Épica
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XIII: El sacerdote y el alcalde

    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Por las calles de la villa cuervo calabaza caminaba el poderoso berserker elfo de nombre Castiel, la ira se reflejaba en su semblante, bastaba con mirarle para que cualquiera de los aldeanos se asustara y se alejaran de él. Con paso firme se dirigió hacia la dichosa mina, la cual se encuentra al otro lado del bosque.

    –Ya te dije que estoy bien, vale, no tienes que preocuparte tanto por mí –decía Nao caminando junto a su compañero, Yuzzo.

    –Solo quiero asegurarme que estés lista para ir a esa mina, según el sacerdote, puede haber muchos peligros allí –insistió el berserker.

    –Estoy lista para lo que sea, vale. Ese skelitox me tomó por sorpresa eso es todo. Esta vez no será igual –bufó ella alfo ofendida.

    –No lo tome a mal, señorita Nao. Es solo por precaución, no deben actuar con imprudencia en ese lugar –comentó Gerald.

    En ese momento vieron pasar a Castiel frente a ellos, quien los ignoró.

    –Oye, Castiel ¿A dónde vas con tanta prisa? –cuestionó Yuzzo con curiosidad. Pero este no le dijo nada.

    –¿Dónde está Cloud? Quería agradecerle por salvarme –agregó Nao.

    –Se la llevaron –respondió el elfo apretando los dientes. Sorprendidos por lo que escucharon decidieron seguirlo para saber más.

    –¿Cómo que se la llevaron? ¿Quién? –insistió la chaman caminando detrás de Castiel.

    –No lo sé, pero cuando lo sepa lo haré pedazos. Anoche de alguna forma la secuestraron –dijo entregándole la carta que había encontrado en su habitación.

    –Desgraciados –musitó ella molesta–. Sabían que ella era la más débil, por eso la tomaron. Sean quienes sean iremos contigo para ayudarte…

    –No necesito su ayuda –objetó él sin mirarlos.

    –Oye, deja de hacerte el fuerte. No tenemos idea de lo que hay en esa mina, quieras o no, vas a necesitar que te ayudemos. Al menos deja de lado tu orgullo por tu compañera –reprochó Yuzzo siguiéndole también.

    Castiel solo gruñó molesto. Sin más que decir los tres avanzaron por el bosque rápidamente. Pero, en cierto momento el sacerdote se separó de ellos regresando a la villa.

    Mientras tanto, en la residencia del alcalde, la pequeña Cloud recién despertaba. Estaba atada a una silla en medio de una habitación vacía y carente de ventanas, solo lámparas iluminaban el lugar. Junto con ella dos siervos de la luna custodiándola, aunque estaban más preocupados por su juego de cartas que por la maga.

    –¡Oigan! ¿Dónde estoy y quienes son ustedes? –llamó asustada tratando de zafarse de los fuertes amarres.

    –Parece que ya despertó –bufó uno de ellos–. No te preocupes, el amo vendrá a hablar contigo pronto. Solo relájate y cállate, ¿quieres?

    –¿Por qué me trajeron aquí, que es lo que quieren? –obvió las indicaciones de los custodios.

    La puerta de la habitación se abrió. Allí hizo acto de presencia el mismo Abel, alcalde de la villa y miembro de los Siervos de la Luna. Con una soberbia y malvada sonrisa se acercó a ella para acariciar su cabello y rostro.

    –Diablos, sí que eres bonita. Era de esperarse de una maga blanca –dijo riendo.

    –¿Alcalde? –cuestionó sorprendida al saber que era él quien la capturó–. ¿Qué significa esto, porque me secuestraron? ¡Le exijo que me libere!...

    Una fuerte bofetada fue lo que recibió por parte de Abel, haciéndola gritar obviamente.

    –¿Te sientes en posición para exigir algo, estúpida? –dijo con seriedad, luego la tomó del cabello firmemente para levantar su rostro–. Estas aquí para que tu compañero haga un trabajo para nosotros.

    –¿Q-que clase de trabajo quieren que haga Castiel? –musitó asustada y adolorida.

    –No es gran cosa, solo tiene que entrar en la vieja mina, abrir una cripta, matar lo que sea que haya dentro y luego podrá recuperarte –reveló despreocupado, volviendo a acariciarla.

    –¿Una cripta? ¿En la mina? ¿Qué es lo que hay dentro? –trataba de alejar su rostro de la mano del sujeto.

    –Hay un ataúd, es lo que realmente nos importa. Pero una criatura lo protege, eso es con lo que tu compañero se enfrentará, ¿qué es? no lo sé, pero debe ser algo muy fuerte –sonrió, y la tomó con fuerza por el rostro–. En verdad no quiero tener que lastimarte, así que, por tu bien, compórtate.

    –Él vendrá por mí, y los matará a todos. Es mejor que me liberen, no saben de lo que Castiel es capaz –dijo preocupada, pues conocía lo brutal que podría llegar a ser el elfo cuando estaba desesperado.

    –No, preciosa, tu eres la que no sabe de lo que nosotros somos capaces –se arrodilló frente a ella y abrió su camisa mostrando el tatuaje de la luna en su pecho–. Somos los Siervos de la Luna, no hay nada que no podamos lograr. Y ahora, con el regreso de nuestro gran señor Karppoforo, volveremos a gobernar el mundo –el tatuaje brilló por un momento–. Cuando tengas miedo aléjate de la luna, porque devorará tu alma.

    Las luces de la habitación comenzaron a apagarse y encenderse sin explicación asustando a Cloud. En las paredes de la habitación el símbolo de la luna apareció como sombras. Abel se acercó a ella y le susurró al oído.

    El sol se oculta porque le teme a la luna –sin explicación se retiró de la habitación, dejándola asustada y confundida. A los pocos segundos las luces volvieron a la normalidad.

    –El amo le dijo el código –susurraba uno de los custodios.

    –¿Será que la quiere reclutar? –respondió el otro. Cloud los escuchó, y solo se asustó más.

    –Castiel, ¿dónde estás? –se dijo así misma.

    Ahora viajamos a la vieja mina. La entrada no es más que un túnel a los pies de la montaña. No obstante de momento eso no es lo que importa. Pues una batalla se lleva acabo.

    –¡¿Dónde tienen a Cloud?! –gritaba el furioso berserker estrellando contra la pared a un siervo de la luna.

    –Bastardos, como se atreven a hacerle eso a una niña –decia Nao igual de molesta, sometiendo con sus filosos guantes a dos siervos, tomándolos por el cuello para que no se levantaran.

    –Hablen ya carajo, donde tienen a la maga –dijo Yuzzo golpeando en la cara a otro desdichado que tuvo la osadía de atacar al berserker, acción que le costó una fractura de codo.

    –Hijos de puta –musitó adolorido el que parecía el líder, quien era golpeado por Castiel. Con la boca llena de sangre y un par de costillas rotas trató de levantarse. El elfo lo tomó por el cuello arrojándolo al suelo de forma violenta.

    –¡¿Dónde está?! –exclamó el elfo una vez más.

    –¡Quieren detenerse idiotas, maldición, tenían que ser aventureros, llegaron como imbéciles atacando sin entender nada! –gritó uno de los que tenía atrapados Nao.

    Los tres aventureros posaron sus piradas sobre él. Nao le arañó la cara con sus agilados guantes para dejarlo fuera de combate. Luego tomó al hablador y los acercó a sus compañeros, arrodillándolo por la fuerza.

    –Parece que esta basura está dispuesta a hablar –dijo Nao.

    Castiel golpeó con fuerza su víctima dejándolo inconsciente. Yuzzo le rompió una pierna a su víctima dejándolo inmóvil. Los dos berserker se acercaron a Nao. Con sus fieras miradas fulminaron a ese siervo.

    –Habla –ordenó el elfo.

    –Si matan a uno de nosotros nuestro amo asesinará a la maga, no está aquí la tiene escondida en otro lugar –reveló con temor el siervo.

    –Solo es una niña, bastardos de mierda –reprochó indignada Nao tomándolo por el cabello con fuerza–. Dinos donde la tienen.

    –N-no lo sé, se los juro que no lo sé –dijo adolorido por el agarre de la chaman–. S-si la quieren recuperar deben entrar en la mina. Dentro hay una cripta, solo deben abrirla y matar a la criatura que está dentro, e-eso es todo.

    –¿Cripta? ¿Qué hay dentro de ese lugar? –interrogó Yuzzo.

    –Una criatura, no sabemos que es. No tienen opción, deben hacerlo para recuperar a la maga –aseguró.

    –Deberíamos matarte primero….

    –No –negó Castiel–. No voy a poner en riesgo la integridad de Cloud. Si matamos a uno de estos imbéciles seguro le harán daño. No tengo más opción, voy entrar en ese lugar y pelearé con lo que sea que hay allí.

    Sabía lo que podría estar dentro, el skelitox negro, hacerlo era demasiado arriesgado, aun así, por Cloud él haría cualquier cosa sin importar el peligro. Empuñó su enorme espada y se dirigió a la entrada de la mina.

    –Oye, espera. No puedes ir tu solo a ese lugar. Te acompañaremos y lucharemos juntos –sugirió Nao soltando al siervo.

    –No –negó el elfo sin detenerse.

    –Que seas un elite no te hace invencible, vas a necesitar nuestra ayuda la quieras o no. Esto no es por ti, elfo estúpido, esto es por la maga –dijo Yuzzo molesto por lo obstinado que era su homónimo.

    –Lo que hay allí adentro es demasiado peligro, es probable que sea un skelitox negro, una criatura por mucho más poderosa que un skelitox normal. ¿Entienden el riesgo? –gruñó mirándolos de reojo.

    –¿Y tu entiendes que somos aventureros todos? –cuestionó Nao con seriedad–. Los aventureros luchan juntos, en equipos, o parejas, nos ayudamos mutuamente para poder vencer lo que sea. Si no entiendes eso no eres un aventurero.

    El elfo les miró con extrañes, pocas veces se había topado con gente tan insistente, pero a la vez tan noble. Además, sebe perfectamente que no puede vencer solo a la criatura que allí reside, toda ayuda aumenta sus posibilidades de volver a ver a Cloud y salvarla.

    –Bien, lucharemos juntos, por ahora –suspiró y siguió su camino.

    –Menudo testarudo –bufó Yuzzo negando, y yendo tras de él.

    –Lo sé, pero, debo decir que me agrada. Solo necesita amigos y buenos compañeros –sonrió Nao–. ¿Crees que podamos formar una vanguardia cuándo esto termine?

    –¿Una vanguardia? ¿Quieres formar una vanguardia con este testarudo y la maga? –cuestionó Yuzzo con cierta sorpresa.

    –Claro, seria genial, ¿no? –sonrió segura.

    –Bueno, pero tú tendrás que convencerlos –rio el berserker.

    Sin más que decir los tres se adentraron en la oscuridad de la mina.

    Mientras tanto en la villa. El sacerdote Gerald caminaba con paso firme y seriedad hacia la residencia del alcalde. En su cintura portaba la famosa Daga del guardián, además de una espada al otro lado. Llegó hasta la entrada y habló.

    –¡Abel! –gritó con fuerza, demostrando su enfado.

    Varios siervos salieron por la puerta principal para ver lo que ocurría. Gerald volvió a llamar al alcalde. A los pocos minutos dicho hombre hizo acto de presencia, asomándose por el balcón de su habitación, su sonrisa presumida solo enfadaba más al sacerdote.

    –Mi estimado y apreciado sacerdote de la fe blanca. ¿Qué te trae esta alegre mañana por mi humilde residencia? –saludó con un sarcasmo más que burlón.

    –¡Te exijo que liberes a la chica de inmediato! –llevó su mano a la daga empuñándola.

    –¿La chica? Me temo que no sé de qué hablas. En mi hogar no hay…

    –¡Cállate! –gruñó furioso–. Sé que tú secuestraste a la maga blanca. Eres más cobarde de lo que pude llegar a pensar. La capturaste para obligar a los aventureros a entrar en la mina, ¿Por qué? ¿Qué hay allí que tanto deseas?

    –Lo que hay allí no te compete. Está bajo jurisdicción del Ministerio de Defensa Mágica y de nadie más. Ahora, deja de meterte en cosas ajenas a ti, o puede que dejes de agradarme –la sonrisa de Abel desapareció rápidamente ante las acusaciones y cuestionamientos del sacerdote.

    –¡¿Me estas amenazando?! –sonrió de lado el sacerdote–. ¿Esa es la clase de persona que eres? Alguien que abusa de su estatus para hacer lo que el viene en gana. Este pueblo no va a soportar más tus abusos y locuras. Muchas vidas se han perdido por tu capricho de reabrir esa mina, también hiciste que los soldados que custodiaban esta villa se retiraran, un grupo de aventureros perdieron sus vidas al enfrentarse a esas cosas, y ahora un nuevo grupo que ha llegado se ve obligado a ir a ese lugar ¡¿Por qué?!

    Todo cesó cuando un relámpago golpeó el suelo cerca del sacerdote, derribándolo y aturdiéndolo. El miedo se propago al ver que dicho relámpago salió de la mano del alcalde.

    –Ya me canse –dijo con seriedad–. Este patético pueblo de mierda ya me tiene harto, y sobre todo ese bastardo de Gerald. ¡Maten al sacerdote! –ordenó a los siervos.

    Sin pensarlo los siervos comenzaron a atacar a Gerald arrojando flechas y cuchillos arrojadizos.

    ¡Protección del cielo, escudo del guardián! –liberando la magia de la daga un pesado escudo de luz cayó desde el cielo protegiéndolo de todos los proyectiles.

    La gente comenzó a escapar a toda prisa ante la batalla que recién comenzaba. No obstante el sacerdote no lo haría, estaba dispuesto a usar la daga para acabar con Abel. Retrocedió ante los siguientes ataques de los siervos. Para él luchar cuerpo a cuerpo contra más de uno era una locura.

    Invocación, guardián menor –sacó la daga de la funda para activar un conjuro de mayor nivel.

    Desde el cielo cayó un soldado hecho de luz, cubierto por una armadura, lanza, escudo y las alas características de un ángel. Este se lanzó al ataque contra todos los siervos que osara enfrentarlo. Sin embargo, al ser un humano normal el coste de magia fue demasiado para el sacerdote, quien cayó arrodillado jadeando agotado.

    –Esta es mi oportunidad, esa daga será mía –sonrió Abel saltando desde el balcón al suelo y corriendo hacia el sacerdote– ¡Eres mío bastardo!

    La mano de Abel se cargó de electricidad para luego arrojar un rayo hacia el sacerdote, quien solo pudo usar su espada para intentar bloquearlo. El impacto creó una explosión que arrojó a Gerald contra una casa de madera, la cual atravesó con su cuerpo.

    –¿Eso es todo? A penas usó un ataque básico y ya de te vencí, esperaba mas de tan valiente sacerdote –se burló acercándose a los escombros donde estaba.

    S-sentencia del cielo, lanza del guardián –Una lanza de luz cayó desde el cielo, pero Abel la vió llegar y la esquivó sin problemas. Lo que no esquivaría fue el poderoso golpe que el guardián menor le dio en la espalda con su escudo.

    Luego de rodar por el suelo por el impacto Abel pudo reincorporarse, para ver a su rival, pero lo que más le sorprendería seria ver a sus fieles siervos inertes en el suelo, asesinados por la invocación del sacerdote. El soldado menor ahora se enfocaba en Abel, listo para volver a atacarlo.

    –¿A sí? ¿Crees que vas a vencer a un Maestro como yo solo con tu estúpida invocación? –sonrió levantándose, apretó sus puños cargándoles de electricidad.

    Dio un gran saltó para atacar al soldado menor, golpeando con fuerza su escudo, tal fuerza lo hizo retroceder. Aun así, arrojó una estocada con su lanza intentando clavársela en el pecho, pero Abel fue más rápido y se escapó del ataque, moviéndose cual centella eléctrica hasta quedar detrás del soldado menor y patearlo en la espalda arrojándolo por el suelo.

    Aprovechando la distracción de Abel, el sacerdote salió de entre los escombros. Caminando con cierta dificultad, en parte por el cansancio provocado por las invocaciones, el impacto contra el edificio que seguro le rompió un par de costillas, además el rayo que le causó quemaduras en el brazo derecho.

    –Mientras está distraído debo liberar a la maga –se dijo así mismo. Aun con todo se dirigió hasta la residencia para buscar allí a Cloud.

    De regreso en la mina. Los tres aventureros habían descendido mediante escaleras y andamios hasta llegar a una gran zona excavada, donde solo había huesos, grava, pedazos de herramientas, una gran puerta de roca tallada que era claramente la entrada la dichosa cripta, y un par de skelitox que protegían ese lugar. Por suerte una abertura en el techo permitía la entrada de un poco de luz.

    –¡Te tengo, basura! –gritó Nao cabalgando a su fiero Tezgla.

    El unicornio de hielo cargó contra un desprevenido skelitox al que Yuzzo le había cortado un brazo, lo embistió atravesándolo por el costado hasta estrellarlo violentamente contra una pared. Antes que se levantara Nao se acercó golpeándolo con todas su fuerzas en la cabeza volviendo a derribarlo. El tezgla arrojó varias lanzas de hielo desde su cuerno clavando el único brazo de la criatura al suelo.

    –Ya no eres tan rudo, verdad amiguito –sonrió ella. Levantó su mano derecha la cual se cubrió de hielo formando una afilada hoja, esto gracias al vínculo que comparte con su criatura invocada. En un solo y fugaz movimiento le cortó la cabeza al skelitox–. ¡Uno menos!

    Los dos berserkers batallaban con el último skelitox, quien arrojaba su lengua sobre Yuzzo para envenenarlo, pero el humano fue más rápido atrapando con su mano la lengua, lo jaló hacia él y le impactó un poderoso puñetazo ascendente que le destrozó los dientes y le arrancó la lengua, además de hacerlo volar por los aires.

    –¡Es todo tuyo elfo testarudo! –sonrió Yuzzo.

    –Estamos tardando demasiado –gruñó viendo a la criatura en el aire. Empuñó con fuerza su espada y preparó uno de sus mejores ataques. Recubriéndola con su magia exclamó–. Erhöhen

    Arrojó el corte con tal fuerza que una corriente de aire se liberó en el lugar, además el filo se extendió por el aire hasta llegar al skelitox y cortarle el cuello con suma facilidad.

    –¡Cielos, eso estuvo genial, ¿no?! –exclamó con emoción Yuzzo.

    –Pelear en equipo facilita mucho las cosas –agregó Nao acariciando la crin de su tezgla.

    –No perdamos más el tiempo, abramos la cripta y matemos lo que sea que hay allí –ordenó Castiel encaminándose a las puertas de roca.

    –Oye, espera –llamó ella acercándosele–. Estás herido –señaló un corte en su antebrazo.

    –No es nada, no importa…

    –Claro que importan. Déjame curarte, por suerte traigo vendajes de sanador aquí…

    –Cloud es la única que cura mis heridas –negó con seriedad.

    –Pero ella no está aquí, deja de hacerte el rudo y déjate ayudar –reprochó con seriedad. El elfo solo gruñó y asintió. Tomó el fornido y fuerte brazo de Castiel y lentamente cubrió la herida con el vendaje color azul, el cual ayuda a curar heridas leves mucho más rápido–. Sé que te preocupas por Cloud, pero si no somos precavidos terminaremos muertos.

    –Ella…está sola, no quiero que esté sola por más tiempo –musitó él relajando su típica seriedad.

    –Es lindo que un grandulón como tú se preocupe tanto por una chica como ella –sonrió Nao.

    –Sí, claro a él si lo curas porque es rubio y bonito, ¿verdad? –bufó en voz baja Yuzzo, notándose algo molesto por las atenciones de la chaman para con el elfo–. Bueno, ya ¿no? Solo estamos perdiendo tiempo –les llamó.

    Se acercaron a la puerta de la cripta. Los berserkers la abrieron juntos pues eran muy pesadas. Entraron en una cámara terriblemente oscura y con un ambiente pesado y agobiante.

    –Si hay algo aquí no será nada agradable –dijo Nao.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  17.  
    Fersaw

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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XIV: Una criatura de nivel devastador

    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Los tres aventureros, dos de ellos de elite, se adentraron en la cámara que recién habían abierto. El lugar estaba completamente oscuro salvo por unas cuantas gemas brillantes en el techo que apenas y emanaban un poco de luz. Además un ambiente pesado, lo cual, solo constataba el tiempo que ese lugar debió haber permanecido cerrado.

    –¿Qué cree que haya aquí adentro? –preguntó Yuzzo con cierta curiosidad, pero sin bajar la guardia.

    –Un skelitox negro, es lo más probable –respondió el serio elfo Castiel. Ambos avanzaban detrás de Nao, quien usaba su magia para crear una llama en su mano y poder iluminar mejor el lugar.

    –No me refiero a eso –agregó Yuzzo–. Si no que guarda este lugar, y por qué deseaban que lo abriéramos. Es obvio que el skelitox está protegiendo algo, ¿pero qué?

    –Algo me dice que pronto lo averiguaremos –respondió Nao. Poco después de abrir la cámara ella desactivo la invocación de su tezgla–. ¿Ya han luchado contra un skelitox negro? ¿Algún consejo?

    –Yo no he luchado contra ninguno, aunque he escuchado de ellos –afirmó Yuzzo.

    –Yo sí. Hace años –respondió con seriedad el gran elfo–. Lo único que puedo sugerirles es que pase lo que pase, no lo miren a los ojos, así es como te atrapa en sus ilusiones.

    –Carajo –dijo Yuzzo sorprendido por la criatura a la que se enfrentarían.

    Los tres siguieron avanzando, el lugar parecía ser muy amplio y sin nada en su interior. Llegaron al final, y fue allí donde hallaron algo, un ataúd de roca. Nao se acercó para verlo y apreciar el grabado que este tenía en su tapa.

    –¿Qué dice? –cuestionó con curiosidad Yuzzo.

    Aquel que no que no conoce el miedo y que por voluntad fue encerrado hasta esperar el regreso de su amo, aquel que sirvió fielmente al gran Karppoforo, aquel que forjó los peores terrores y atormentó la mente de los desdichados, aquel que reside en esta tumba porta el nombre de Dardal “Rey de las pesadillas –leyó mujer, quien no entendió nada.

    –¿Quién diablos es Dardal y Karppoforo? –preguntó Yuzzo buscando respuesta en sus compañeros.

    –No tengo la menor idea –respondió el elfo–. Debemos… –en ese momento un sonido llamó la atención de los tres. Parecía una especie de susurro detrás de ellos.

    Los tres volvieron sus miradas rápidamente en esa dirección, la penumbra no permitía ver nada.

    –Manténganse alertas –advirtió el elfo.

    En la distancia Castiel pudo ver un par de luces rojas muy pequeñas, que se movían de un lado a otro muy lentamente. Sin saberlo, el elfo estaba mirando a los ojos de una criatura oculta en la oscuridad.

    –¿Qué son esas luces? –musitó, no obstante, no pudo percibir la presencia de sus compañeros. Miró a los lados para darse cuenta que estaba solo–. ¡Qué demonios! ¿Yuzzo, Nao? –preguntaba tratando de encontrarlos.

    Una sombra apareció detrás de él. El elfo vió de reojo una afilada zarpa acercarse a él, de manera que reaccionó lanzando un corte horizontal con su enorme espada, la criatura logró reaccionar y retrocedió de un salto. El elfo le siguió saltando de igual forma hasta alcanzarlo y conectarle un poderoso puñetazo en la cara, el cual logró derribarlo.

    –¡Hijo de puta, ¿Qué te pasa?! –gritó Yuzzo en el suelo, luego de recibir el puñetazo de Castiel.

    –¡¿Castiel, porque atacas Yuzzo?! –exclamó Nao interponiéndose en el elfo y el humano.

    Pero el berserker elfo no respondía, era como si no los escuchara. Ante los ojos de Castiel, Yuzzo y Nao no estaban, solo veía al skelitox.

    –Castiel, ya basta, detente, ¿qué te pasa? –insistía la chaman tratando de detenerlo, aunque era obvio que no tenía la fuerza para hacerlo.

    Yuzzo se puso de pie y sacó su espada también.

    –Oye, nuestro enemigo está allí, no aquí –dijo amenazándolo, sin resultado alguno.

    Castiel una vez más se lanzó al ataque con su poderosa espada, la cual fue detenida por la de Yuzzo, resonando por el lugar el choque de los metales. El elfo insistió con más ataques contundentes, incapaz de escuchar las advertencias de sus compañeros.

    –Ya basta, no me obligues a… –Yuzzo trataba de hacer entender a su hipnotizado compañero, pero un puñetazo en la cara lo derribó una vez más–. Te haré pedazos, idiota.

    –¡Yuzzo, espera, no es él, algo le pasó a Castiel pero crees que está luchando contra el skelitox! –exclamó Nao para evitar que Yuzzo atacara con todo.

    –¡¿Y qué haremos?! –gruñó tratando de evitar los constantes ataques del elfo. Miró a Nao y pudo ver algo acercarse detrás de ella–. ¡Nao, detrás de ti!

    La chaman reaccionó mirando de reojo. Una enorme figura delgada alzo una afilada zarpa y la dejó caer sobre ella tratando de cortarla. La chaman la esquivó en el último momento, se arrojó al frente rodando por el suelo y tomando distancia con su enemigo.

    –Al fin muestras tu asquerosa cara –encaró la chaman, aunque, lo hacía mirando las piernas de la criatura ante la advertencia de no mirarlo a los ojos.

    Con forma humanoide, llegando a los cuatro metros de estatura. Brazos y piernas tan delgados que parece un esqueleto. Su piel es oscura y emana un aroma fétido. Posee dos grandes y redondos ojos que brillan como el fuego mismo. Sus mandíbulas son prominentes, dejado a los dientes inferiores sobresalir, aunado a que todos sus dientes son largos colmillos afilados y de tamaños diferentes. Sus manos son zarpas largas y afiladas. Camina jorobado para disimular su gran altura.

    El elfo voló por el aire ante un poderoso puñetazo propinado por el humano. Por un momento Yuzzo pudo ver al skelitox, no obstante, sin darse cuenta lo miró a los ojos. El skelitox se movió a toda velocidad y en un solo movimiento atravesó a Nao con su zarpa.

    –¡Nao! –gritó Yuzzo presa de una ilusión.

    –¿Qué pasa? –cuestionó Nao, pero Yuzzo no la veía ni la escuchaba.

    –¡Maldito monstruo te voy a matar! –gritó lleno de ira–. ¡Aliento del dragón! –usando su magia el berserker humano inhaló hasta llenar sus pulmones y luego sopló liberando desde su boca una poderosa llamarada.

    –¡¿Qué haces, Yuzzo?! –gritó Nao, pues ella estaba en dirección del fuego sin embargo su compañero no la podía ve u oír. Aun corriendo a toda velocidad apenas logró escapar de poderoso fuego, llevándose una quemadura–. ¿Qué les pasa a estos dos idiotas? –gruñó conteniendo el ardor.

    –Somos débiles a-ante las ilusiones –se escuchó la voz de Castiel junto a ella, recién se levantaba del golpe recibido, pero ahora era libre de la ilusión–. Los berserkers somos los aventureros con menos resistencia a la magia de la ilusión, caemos al instante y no podemos defendernos de ella solos.

    –Eso lo sabía, pero no pensé que cayeran tan fácilmente.

    –Me temo que sí. Por eso debes ayudarnos tú, ese maldito monstruo sabe que no puede hipnotizarte tan fácil como a nosotros. Intentará hacer que te matemos o que nos matemos entre nosotros. Mientras ellos hablaban Yuzzo seguía en la ilusión, de momento no podía ver a nada ni a nadie.

    –¿Pero yo sola no puedo vencerlo? Debemos luchar juntos –reprochó ella.

    –Solo puede atrapar a uno en su ilusión a la vez. Eso es una ventaja. Necesitamos más fuerza, algo que él no pueda atrapar en una ilusión… ¡Maldición!

    El skelitox hizo a Yuzzo atacar a sus compañeros. Cayó con gran fuerza intentando cortar a Castiel, quien apenas logró bloquear la espada del humano con la suya. Golpeo a Yuzzo en la cara haciéndolo retroceder.

    –¡Invoca a otra de tus criaturas, yo distraeré a Yuzzo! –ordenó alejándose de ella con el otro berserker que seguía atacándolo.

    –Está bien, pero, no lo lastimes –afirmó ella levantándose y preparándose para una invocación. Una marca roja apareció en su hombro, esta se movió por su brazo hasta llegar a su mano, pero le causaba cierto ardor al ser muy caliente. Al final la marca apareció en el suelo.

    De la nada apareció el skelitox intentando atacarla, sin embargo, la marca en el suelo se prendió en fuego levantando una cortina ardiente que hizo retroceder al skelitox. El fuego siguió aumentando y comenzó a crear un gran remolino de fuego. Para este punto el consumo de magia era tal que Nao comenzó a resentirlo y cayó arrodillada por el esfuerzo. El remolino se disipó en un solo momento dejando en su lugar a la criatura invocada.

    Un enorme y fuerte lobo de pelaje negro y gris, con un tamaño que era similar al de un toro. Sobre su pelaje había marcas rojas que emanan calor y sus ojos son de un fiero color amarillo esta no es una criatura cualquiera, es un Lobo Ignis, una raza casi extinta de bestias primigenias, bestias muy violentas y salvajes, además de mágicas. Apenas apareció gruñó con todas sus fuerzas, haciendo resonar en todo el lugar.

    –Que bien, logré invocarlo a la primera –sonrió Nao jadeando agotada. Se acercó a su lobo y lo tomó por el lomo–. Necesito tu ayuda…

    De la nada el fiero lobo la atacó pateándola en el abdomen con una de sus patas traseras, para luego gruñirle en señal de advertencia.

    –¡No me jodas, Nao! –gritó en la distancia Castiel, quien seguía enfrascado en su combate contra el hipnotizado Yuzzo–. ¡¿Esa es tu invocación, un puto lobo ignis?!

    –¡N-no le hables así! –reprochó ella adolorida por la patada–. S-su nombre es Zero, y yo sé cómo tratar con él.

    –¡No se me ocurre una criatura más salvaje y violenta! –alegó el elfo, pero fue callado por un codazo en la cara que Yuzzo le dio.

    –Zero –llamó ella al lobo, el cual la miraba a ella y gruñía ligeramente–. Vamos amigo. Soy yo, Nao, tu ama –lentamente se acercó al lobo con la mano en alto–. Tranquilo, tranquilo –dejó de gruñir y dejo que ella se acercara y acariciara su cabeza suavemente–. Así, eres un buen chico. Pero me temo que es el momento de pelear.

    El lobo la miró con una fiera mirada, como si dudara o no estuviera de acuerdo y le gruñó una vez más. Pero de la nada apareció una vez más el skelitox y con su fuerte pierna pateo al lobo arrojándolo por el suelo. A pesar que dicha patada dejó una quemadura en la pierna de la criatura.

    –¡Zero! –gritó ella al verlo ser arrojado de forma violenta.

    No tenía tiempo de preocuparse por él, el skelitox se fue sobre ella pateándola con su otra pierna. Aunque pudo cubrirse con su brazo no pudo contener esa fuerza. La arrojó por el aire estrellándola contra el ataúd de roja. La chaman cayó al suelo adolorida y con el sabor a sangre en la boca, eso no era todo, su brazo izquierdo estaba fracturado.

    A penas logró levantarse con mucha dificultad, pero el skelitox estaba sobre ella y con su zarpa lista para cortarla. Nao solo cerró los ojos esperando su final. El cual no llegó, pues el lobo Zero saltó furioso sobre la espalda del skelitox clavándole las garras y mordiéndole el hombro de forma salvaje.

    –Z-zero, lobo orgulloso, sabía que no te quedarías sin hacer nada –sonrió aliviada.

    El lobo siguió mordiendo y desagarrando la piel y carne del hombro de la criatura que luchaba desesperadamente por quitárselo de encima. Se dejó caer sobre su espalda aplastando a Zero, que si bien no lo lastimó mucho, sirvió para quitárselo.

    El skelitox apenas se levantaba para cuando el lobo le escupió una poderosa llamarada de fuego directa a la cara. La criatura no tuvo más opción que levantase y alejarse. Nao no sé quedó de brazos cruzados. A pesar de su herida atacó por detrás. Usando su afilado guante derecho hizo unos cortes profundos en una de las piernas del skelitox. La criatura cayó arrodillada por tal herida.

    –Acabaremos con esa cosa Zero, no podrá vencernos juntos –aseguró la chaman sintiéndose más seguro.

    Con lo que no contaba Nao era que el skelitox seguía controlando las acciones de Yuzzo. El humano se liberó de los ataques del elfo y la ilusión lo hizo fijar un nuevo objetivo.

    –¡Deja de huir, maldito cobarde, te mataré por lo que le hiciste a Nao! –gritó el berserker acercándose por detrás de Zero. Dio un puñetazo con todas sus fuerzas justo en las cosillas del lobo.

    El impacto fue tal que Zero fue arrojado por el aire hasta impactar en una pared.

    –¡No, Zero! –gritó Nao al verlo golpearse–. ¡Yuzzo, imbécil! –trató de reprocharle, pero recordó que todo era por la ilusión del skelitox–. ¡Castiel, dijiste que los distraerías!

    –¡¿Cómo quieres que lo haga sin lastimarlo?! –afirmó el elfo, quien había recibido varios puñetazos del humano pues tenía moratones por toda la cara, además de sangre en la boca y dolor en las costillas.

    Yuzzo ahora se fijó en Nao, pensando que era su enemigo. La pateo con fuerza derribándola, se paró frente a ella y preparó su espada para atravesarla.

    –¡Te mataré maldito, monstruo! –dijo Yuzzo dentro de su ilusión.

    –Lo siento, Yuzzo no tengo otra opción –debía hacer algo, y para ello tendría que atacarlo. Usando el vínculo con su criatura arrojó una llamarada desde su guantelete, la cual hizo retroceder al humano. Se levantó y en un rápido movimiento hizo un corte en la parte trasera de la pierna de Yuzzo, obligándolo a arrodillarse.

    ¡Erhöhen! –gritó Castiel arrojando un corte por el aire. El skelitox estaba detrás de Nao apunto de arrojarle un corte con sus zarpas, por suerte, el corte volador de Castiel lo evitó, logrando apuntarle la mano a la criatura–. Tenemos que acabar con esto cuanto antes, Nao –dijo Castiel

    –¿Tienes alguna idea? –cuestionó ella también adolorida y agotada por el uso de su magia, la cual amenazaba con agotarse.

    –Sí, usaré mi Seishin –dijo de forma seria.

    –¿Tienes un Seishin? ¿Por qué diablos no lo usaste desde antes? –exclamó molesto.

    –Por qué no es tan fácil. Debo concentrar toda mi magia durante un momento, necesito que distraigas a Yuzzo y al skelitox. Solo así podré concentrarme lo suficiente –explicó el elfo.

    –¿A los dos, yo sola? –cuestionó. Pudo ver a Yuzzo levantarse a pesar de la herida en la pierna. Además que sabía que el skelitox atacaría en cualquier momento–. Maldición. Está bien, pero date prisa.

    El elfo se arrodilló, juntó sus manos y cerró los ojos para comenzar a concentrarse y juntar toda su magia y lograr usar su Seishin, la técnica más poderosa y difícil que un aventurero puede poseer. Por otro lado Nao debía enfrentarse a Yuzzo, le arrojó varias esferas de fuego esperando alejarlo, pero no servían, Yuzzo lograba esquivar cada uno.

    –¡Yuzzo, reacciona, soy yo! –decía ella retrocediendo.

    –Maldito monstruo, no sabía que podías arrojar fuego –decía el berserker dentro de su ilusión.

    Ella intentó cortarlo con sus garras, pero él la esquivó y la tomó por el cuello con firmeza. Ella lo golpeó una y otra vez en la cara, el pecho o el brazo, pero su fuerza no se comparaba con la del berserker que comenzaba a asfixiarla.

    –¿Cómo pudiste matarla, a ella? –gruñó Yuzzo con ira, creyendo que tenía al skelitox por el cuello.

    –Y-Yuzzo, s-soy yo –trataba de decir pero le era casi imposible hablar.

    –Era una mujer increíble, fuerte, inteligente, amable, divertida… y hermosa –había un gran pesar en sus palabras–. Te haré pedazos por lo que hiciste, maldito monstruo –apretó más el cuello de Nao.

    Ella le miró, entre sorprendida por lo que dijo al principio, pero asustada por lo que dijo al final. La levantó por el cuello y la estrelló con fuerza contra el suelo. El impacto fue tan fuerte que ni siquiera pudo gritar. Inmovilizada no iba a poder escapar de la espada del berserker que se levantó en lo alto y se preparó para ejecutarla.

    En el último momento el lobo Zero reapareció por detrás de Yuzzo. Corrió a toda velocidad para embestir brutalmente al humano. La fuerza arrojó a Yuzzo quien terminó por impactar su cabeza contra el ataúd de roca, quedando inerte por el golpe. El lobo intentó arremeter otra vez contra Yuzzo, de no ser porque Nao lo tomó por la pata.

    –N-no, y-ya no lo lastimes, por favor. Él no tiene la culpa de lo que hace –dijo con dificultad. Aun con la furia que lo envolvía el lobo la obedeció–. Protégelo a él –señaló al elfo que seguía desprotegido para poder concentrarse.

    Zero se acercó a Castiel. El skelitox estaba asido al techo de la cámara, donde nadie lo vio acercarse, apareció entre las sombras una vez más, tomando por sorpresa al lobo y arrojando su lengua como látigo, logrando herirlo e inyectarle su veneno.

    Sucumbe –susurró la criatura comenzando a doblegar al férreo animal, quien a pesar del dolor que sentía le arrojó una llamarada de fuego al skelitox.

    Incapaz de acercarse al elfo que estaba protegido por el lobo se fijó en Nao, quien apenas lograba levantarse. Amenazó con atacarla a ella, de forma que el lobo tendría que protegerla a su ama. Por otro lado Yuzzo recién reaccionaba después del golpe que se llevó en la cabeza pero sirvió para sacarlo de la ilusión.

    –¡Mierda, mierda, siento que me va a estallar la cabeza! –dijo terriblemente adolorido mientras se levantaba–. ¡Nao! –exclamó sorprendido al verla de pie. Pero luego vió al skelitox acercarse a ella. Corrió rápidamente hasta ella, colocándose entre ella y el skelitox–. ¡Aliento de dragón!

    Una gran llamarada emergió de su boca para cubrir a la criatura, obligándola a esquivar el fuego saltando aun lado. La llamarada también cubrió a Zero. El lobo cerró los ojos para evitar daño, pero esto lo dejó desprotegido ante el zarpazo que el skelitox le arrojo. Para suerte del lobo, solo fue una herida en uno de sus costados, no obstante, fue suficiente para dejarlo fuera de combate.

    –Yuzzo, estas libre de la ilusión –sonrió Nao aliviada.

    –Creo que ahora entiendo todo lo que pasó. ¿Dime que no te ataque a ti mientras estaba hipnotizado? –dijo mirándola de reojo, notándose avergonzado y preocupado.

    –¡Eso no importa ahora, debes proteger a Castiel para que pueda activar su Seishin y acabar con esta maldita cosa de una vez! –ordenó ella despreocupada.

    El humano fijó su mirada en el elfo. El skelitox se acercaba a él a toda velocidad pues estaba desprotegido.

    ¡Alma de dragón! –con este conjuro, la fuerza y velocidad de Yuzzo se mejoraba de repente.

    El skelitox fijó al elfo como su objetivo, estaba listo para acabar con él. Se acercó y arrojó un zarpazo con intención de cortar a la mitad a Castiel.

    –¡No lo harás hijo de puta! –exclamó Yuzzo tomando al skelitox por la pierna para jalarlo con todas sus fuerzas y alejarlo de Castiel.

    Un gritó se escuchó por parte del elfo. Y la sangre emanó de su abdomen, la garra de la criatura había logrado herirlo. Pero al abrir los ojos Castiel, su magia emanó violentamente de su cuerpo, estaba completamente cargado y listo para activar su seishin.

    –¡Es hora de acabar con esto! –gruñó enfurecido y lleno de dolor por la herida.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
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    Capítulo XV: Un poder mayor

    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Mientras los tres aventureros luchaban contra el aterrador skelitox negro, en la villa otro combate se llevaba a cabo justo frente a la residencia del alcalde.

    –Hijo de puta, ¿Por qué no te mueres? –gruñía Abel. Quien combatía con fiereza contra el guardián invocado por el sacerdote Gerald.

    Abel estaba maltrecho, con fuertes golpes en la cara y dolor en los costados, además de un corte ligeramente profundo en el costado, causado por la lanza de su rival. Por otro lado, el guardián de luz, a pesar de estar en peores condiciones, con ambas alas cortadas y la armadura destrozada, no mostraba indicio alguno de capitulación.

    –Maldito sacerdote –escupe un poco de sangre–. Sabía que ocultaba algo, pero no imaginé que algo tan fuerte –se incorporó y se preparó, cargando sus brazos con electricidad–. Cuando lo encuentre lo haré pedazos –se proyectó a toda velocidad impactando el escudo del guardián, obligándolo a retroceder.

    El sacerdote se había colado en su residencia con la misión de encontrar a Cloud y liberarla. La joven maga blanca seguía atrapada en aquella habitación, donde estaba atada a una silla y un solo sirvo la vigilaba. Dicho hombre parecía preocupado y nervioso ante los contantes ruidos y gritos que se oían fuera del inmueble.

    –¿No debería ir a ver qué es lo que está ocurriendo? –Sugirió la maga–. Puede que tus amigos necesiten tu ayuda.

    –T-tengo que quedarme aquí –dijo titubeando indeciso–. No puedo dejar que te escapes.

    –Por favor, crees que puedo escaparme yo sola –suspiró, mientras discretamente, trataba de zafarse de los amarres, aunque esto terminó por lastimar sus muñecas.

    –¡No me digas que hacer! –exclamó molesto.

    Tocaron a la puerta de la habitación y el siervo fue a abrirla. Apenas lo hizo Gerald apareció y lo apuñaló. Clavando una espada muy profunda en el vientre del siervo, sacándola y cortándole el cuello en un rápido y certero movimiento.

    –E-ese era el último, eso creo –suspiró cansado.

    –¡Señor Gerald! –exclamó Cloud sorprendida por verle allí, además de como asesinó al siervo.

    –Por fin te encuentro jovencita –sonrió aliviado acercándose a ella para liberarla.

    –¿Qué hace usted aquí? y ¿Qué es lo que está pasando afuera? –preguntó mientras se liberaba.

    –Decidí enfrentar al alcalde –respondió él–. No hay tiempo para explicaciones. Debes ir de inmediato a la mina, allí están tus amigos, puede que necesite tu ayuda.

    –¿Por qué fueron a ese lugar?

    –Fue la condición que Abel les puso para liberarte. Debes ir allí, irse del pueblo y pedir ayuda al gremio –explicó él.

    –Entiendo, ¿Qué hará usted? ¿Está herido?

    –No te preocupes por mí, yo estaré bien, debo hacer algo antes de irme –en ese momento le entregó una especia de tubo de metal en forma de capsula–. Llévate esto.

    –¿Qué es? –preguntó ella tomándolo.

    –No te lo diré ahora por tu bien. Pero cuando llegue el momento ábrelo –dijo con voz seria–. Es algo muy importante y preciado, no dejes que nada ni nadie lo usen excepto tú.

    –¿Por qué me confía algo así, señor? –cuestionó sorprendida mientras la tomaba.

    –Lo supe desde el momento en que te vi –sonrió mirándola–. La gente piensa que eres débil por ser una maga blanca y muy joven. Lo que no saben es que los magos blancos ocultan un poder que, usado con la herramienta adecuada, se vuelve extraordinario. Ninguna otra clase de aventurero puedo usar este objeto. Cuídalo bien y úsalo solo para el bien. Si cae en las manos equivocadas sería terrible.

    –E-entiendo, muchas gracias, señor –hizo una reverencia y se preparó para irse–. ¿Está seguro que está usted bien?

    –No te preocupes por mí, cuando te vayas, mi misión estará completada –sonrió para que confiara en él.

    Ella presentía que algo no estaba bien, aun así, decidió confiar en él y se retiró del lugar tan rápido como pudo, escapando por la parte trasera de la residencia y poniendo rumbo a la dichosa mina. Una vez ella se fue, el sacerdote pudo suspirar aliviado y mirar su costado derecho. Una herida muy profunda lo estaba desangrando.

    –Ya no tengo de que preocuparme –cayó sentado en la silla–. Ese bastardo jamás la tendrá.

    ¡Destructor de la tormenta! –exclamó el alcalde cayendo sobre el guardián con un poderoso relámpago que lo atravesó, finalmente dándole fin a la existencia del guardián de luz.

    Abel cayó al suelo agotado, herido y molesto. Se incorporó con cierta dificultad, mientras un grupo de siervos se acercaban a él.

    –M-mi señor, la maga escapó –informó uno de ellos, quien fue fulminado al instante por un rayo desde la mano del alcalde.

    –¿L-la dejaron escapar? –gruñó lleno de ira, mientras se cargaba una vez más y miraba a los otros dos asustados siervos.

    –N-no mi señor, e-el sacerdote se coló en la casa, asesinó a varios de nosotros y la liberó –Abel negó con la cabeza apretando los puños, cargando otro ataque–. ¡P-pero lo atrapamos, señor! –se excusó.

    –¿Tiene a ese hijo de puta sacerdote? –bajó su mano y sonrió de lado–. Bien hecho, llévenme con él.

    Tal como lo ordenó sus hombres le guiaron hasta la habitación donde encontrar a Gerald moribundo, no obstante, uno de los siervos decidió curarlo para que no muriera y pudieran entregárselo a su amo.

    –Aquí estas bastardo de mierda. Vaya que montaste un gran alboroto, además de liberar a mi prisionera –dijo Abel a penas verlo, con una enorme y maléfica sonrisa–. Debo decir que me fascinó ver el poder de la daga, ese guardián que invocaste era poderoso.

    –Es uno menor, jamás habría podido invocar a uno superior, ni tu vencerlo –aseguró adolorido mientras lo curaban.

    –Eso solo me emociona más –se acercó y golpeó con fuerza Gerald en la cara–. Ahora me dirás donde coño dejaste mi daga.

    A pesar de la sangre que emanó de su nariz, destrozada por el golpe, el sacerdote solo sonrió y rió levemente, mirando a Abel a los ojos y negó con la cabeza. Esto solo molestó más al alcalde.

    –Nunca pondrás tu asquerosas manos sobre esa reliquia –aseguró, para luego recibir otro puñetazo más que lo noquearía.

    Ahora regresamos a la cripta donde la batalla contra el skelitox negro aun no concluía. Yuzzo hacia todo lo posible por alejar a la criatura del elfo. Castiel estaba completamente cargado de magia, la cual emanaba de él cual si fuera fuego. Sin embargo, en su anterior movimiento la criatura había logrado herir al elfo, haciéndole un corte profundo en el abdomen.

    Yuzzo gritó con fuerza jalando a la criatura hasta estrellarla contra una pared. El berserker humano estaba potenciado gracias a una de sus habilidades. Al instante Zero, el lobo de Nao, se lanzó a atacar al skelitox con sus garras y poderosas mandíbulas.

    –¿Castiel, Castiel? –decía Nao alarmada por su compañero, quien estaba sangrando abundantemente–. ¡Mierda, esa herida es muy seria! Debemos…

    –Aléjense –dijo el elfo mientras levantaba su espada.

    –¿Qué? –cuestionó ella incrédula.

    –Yuzzo, aléjate de esa cosa. Yo me encargaré –dijo con una mirada seria y voz ruda, ignorando por completo el dolor.

    –¿Qué vas a hacer? Estas herido, Castiel, deja que yo y Nao…

    –No podrán vencerlo –explicó él caminando hacia la criatura–. Mi Seishin acabaré con esa mierda.

    Nao y Yuzzo se miraron entre sí. En parte tenía razón, pero no les parecía que estuviera en posición para seguir luchando. Aun así era ridículo tratar de cambiar la opinión del elfo.

    –Dile a tu lobo que se aleje –ordenó a Nao.

    Ella hizo llamó a Zero para que este se alejara del skelitox. Ahora la criatura se fijó en el elfo, quien agachó la mirada para no caer en las ilusiones de la criatura. Comenzó a correr hasta el berserker, quien esperó el momento adecuado para activar su mejor habilidad.

    –Libera tu poder Star Saber –su espada comenzó a resplandecer con una fuerza deslumbrante, la cual deslumbró a Nao, Yuzzo y al skelitox–. Seishin liberado: Arrêter

    Levantó su arma y con todas sus fuerzas la clavó en el suelo, haciendo temblar el lugar en un principio. Un sello mágico se liberó desde la espada recorriendo todo a su alcance. Con esto el tiempo mismo se había detenido, el color de todo lo existente, ante los ojos del elfo, desapareció. Solo quedando él, ausente, elevado, momentáneamente, aun tiempo diferente al de todo.

    La magia de la distorsión de la realidad –musitó jadeando, con dificultad para respirar–. Una magia exclusiva de los elfos, y aun nosotros no la dominamos, pero podemos usarla ocasionalmente –sacó su espada del suelo levantándola y cargando un nuevo ataque–. Aunque el costo mágico es abrumador ¡Prepárate para morir pedazo de mierda! ¡Erhöhen!

    La espada se mueve por el aire arrojando un corte que se extiende hacia un rival completamente indefenso. La cabeza es separada del torso en un momento, y el temido skelitox negro perece ante el grupo de aventureros. Casi al mismo tiempo el efecto del Seishin del elfo terminó.

    Para Yuzzo y Nao todo pasó tan rápido que no vieron nada, solo la cabeza del skelitox caer seguida se su cuerpo.

    –¡Pero qué diablos! –exclamó el humano más que estupefacto.

    –¿Qué ocurrió? –preguntó la chaman sin entender nada.

    El elfo tembló un poco, estaba débil pero seguía de pie, con una sonrisa satisfactoria en su faz. Hasta que algo ocurrió. Las luces que apenas iluminaban el techo de la cripta aumentaron su brillo de la nada, para luego arrancar una porción de la magia de Castiel. El elfo estaba demasiado débil, no pudo sostener su arma la cual cayó al suelo.

    –¿Q-que fue eso? –se dijo así mismo mientras su vista se nublaba.

    –¿Oye, estas bien? –se acercó Yuzzo. Justo en el momento adecuado para atrapar al elfo quien no pudo mantenerse de pie y cayó–. ¡Joder! ¿qué pasa amigo?

    –Esto no está bien. Está demasiado débil por el uso del Seishin, además se está desangrando –dijo Nao acercándose para ayudar.

    –¿Qué podemos hacer? –preguntó el humano.

    –N-no lo sé, no soy sanadora –respondió ella–. Debemos sacarlo de aquí y llevarlo de regreso a la villa.

    –Bien. Yo puedo cargarlo…

    –Me desangraré antes de llegar –suspiró el elfo mirándolo–. A-algo pasó, el Seishin no me quita tanta magia, fue otra cosa.

    –¿De qué hablas? –dijo Yuzzo sin entender.

    –Eso no importa ahora. Lo que debemos hacer es salvarte –se quitó la tela roja que es parte de su indumentaria y con esta comenzó a hacer presión en la herida–. Si tan solo Cloud estuviera aquí.

    –Cloud… mi querida Cloud –musitó el elfo–. N-no debo…no puedo abandonarla. No se cómo salir de esta, pero tengo que encontrarla.

    –Yuzzo, ve de inmediato a la villa y busca a un sanador –ordenó Nao. Este asintió y se dispuso a irse tan rápido como podía.

    Por suerte alguien llegó justo en ese momento.

    –¿Castiel? –se escuchó la voz de Cloud entrando en la cripta. Para Yuzzo y Nao fue un alivio. Para el elfo fue como escuchar a un ángel llegar.

    Recostado en el suelo volvió su mirada la hermosa maga que se acercó corriendo asustada hasta él. El elfo solo pudo sonreír. La maga se arrodilló a su lado, para ver la herida, lo cual solo la asustó más.

    –Dios mío, ¿Qué te pasó? –dijo alarmada y asustada–. Es muy grave, debo curarte ahora –Nao y Yuzzo se alejaron un poco para darle espacio. Se concentró tanto como pudo para poder usar su magia de curación–. Aid –sus manos brillaron al igual que la herida de Castiel.

    Lentamente el dolor y la sangre se detuvieron, para luego comenzar a sanar la piel y la carne lacerada.

    –Los magos blancos son increíbles, ¿no crees? –comentó Nao a Yuzzo, sonriendo aliviada al ver que Castiel estaría bien.

    –Sí, lo sé. Toda vanguardia necesita a uno –agregó él.

    –Castiel es muy fuerte, logró vencer al skelitox y salvarnos –comentó mirándolo–. Parece muy rudo y serio, pero al final sabe luchar en equipo, y no es una mala persona.

    –…Si, supongo –respondió el humano mirándola de reojo algo molesto por lo que dijo–. Aunque no lo hizo solo –susurró.

    –N-no pensé que vendrías a salvarme –dijo débilmente Castiel, pero sonriendo y tomando la mano de Cloud cuando esta había terminado.

    –¡Eres un tonto! siempre terminas herido, ¿Es que no puedes luchar con precaución? –le reclamó algo molesta, pero igual fue a raíz de su preocupación por él.

    –Sabes que así no es divertido –rio mirándola, casi perdido en la faz de esa maga–. Gracias, Cloud. Está vez tú me salvaste a mí.

    –Sé que no puedo luchar a tu lado, lo único que puedo hacer es cuidar que no te metas en problemas y curar tus heridas –suspiró, correspondiendo al gesto y tomando la mano de él.

    –Y eso es todo lo que necesito de ti –se levantó con dificultad y la jaló suavemente para abrazarla–. No soy tan fuerte si no te tengo a mi lado –le susurró.

    –C-Castiel –susurró sonrojada.

    –Por cierto, ¿Cómo llegaste hasta aquí? –dijo Yuzzo–. ¿Creí que estabas secuestrada?

    –¡Es cierto! –reaccionó ella recordado como fue que logró liberarse–. ¡El sacerdote Gerald está en problemas!

    –¿Cómo? –preguntó Nao.

    –No estoy muy segura de lo que pasó. Él desafió al alcalde, comenzaron una lucha en la villa, pero luego se infiltró en su casa y me liberó. Me dijo que tenía que venir con ustedes…y me dio esto –mostró el tubo de metal que le había entregado.

    –Oye, que bonito pedazo de metal, ¿qué es?– preguntó Yuzzo sonriendo.

    –No lo sé. Él me dijo que lo abriera en el momento indicado. Además que debo proteger lo que hay en su interior y que solo yo puedo usarlo.

    –Eso no me da mucha confianza –comentó el elfo. Dudoso del motivo por el que Gerald le confiaba algo así a Cloud– ¿Qué pasó con el alcalde?

    –Estaba luchando, eso es todo lo que sé. El señor Gerald me dijo que cuando yo me fuera su misión estaría terminada.

    –Será mejor volver a la villa para ver que está ocurriendo –sugirió Yuzzo.

    –Sí, además. Tengo cuentas pendientes con esos imbéciles –gruñó Castiel mientras retomaba su espada.

    –No iras a meterte en problemas –ordenó Cloud con mirada molesta y cruzada de brazos. Lo que sorprendió al elfo–. Estas muy débil como para meterte en otro problema. El sacerdote me dijo que debíamos irnos y pedir ayuda al gremio. Y eso es lo que haremos.

    –Cielos, que carácter, amiga –dijo Nao sorprendida, pero sonriendo.

    –¿Castiel, una mujer te manda? Que mal, amigo –se burló Yuzzo por la postura tan firme y autoritaria de Cloud.

    –Cállate –gruñó Castiel, fulminándolo con la mirada–. Está bien, Cloud. Haremos lo que te dijo el sacerdote.

    –Bien, entonces debemos ir al pueblo más cercano donde haya un gremio, es en… –Nao hablaba hasta que algo llamó la atención de todos.

    El ataúd que estaba en la cripta comenzó a brillar, llamando la atención de los aventureros.

    –¿Y ahora qué? –bufó Yuzzo preparando su espada.

    La tapa del ataúd se abrió, cayendo aun lado. Los aventureros retrocedieron un poco. Fue pues que algo emergió de dicho ataúd.

    –¿Un no-muerto? –cuestionó Castiel.

    –¿Draugr o una momia? –preguntó Nao.

    A pesar de emerger de un ataúd, no parecía un no-muerto. Era un hombre, su complexión era muy decadente, demasiado delgado, desnutrido sería la mejor forma de describirlo, pues sus huesos se apreciaban claramente. Su piel era gris oscura, carente de cabello pero si portador de una larga barba completamente blanca y que llega hasta su pecho. Sus ojos son completamente negros cual si de un abismo se tratasen, apenas apreciable es su iris en color rojo. Aquel hombre estaba completamente desnudo, solo cubriendo sus genitales con una tela delgada.

    –¿No tienen un terrible mal presentimiento? –dijo Cloud asustada, escondiéndose detrás de Castiel.

    El hombre salió del ataúd y se levantó. Estirándose y respirando pesadamente, abrió sus negros ojos mirando todo a su alrededor, siendo lo primero que vió el cadáver del skelitox.

    –¿Está muerto? –se preguntó con una voz muy ronca–. Qué pena, me tomó cierto tiempo criarlo –su mirada se movió por la cripta–. ¿Cuánto tiempo dormí? Mi cuerpo se siente muy pesado, aunque creo que bajé un poco de peso.

    –Será mejor irnos –sugirió Nao.

    –Creo que estoy de acuerdo, vayámonos antes que nos vea –secundó Castiel, aun siendo tan aguerrido sentía algo muy extraño en ese sujeto. Dieron la vuelta para salir de ese lugar

    –¿Quiénes son ustedes? –dijo aquel hombre. Quien había aparecido de frente a ellos, justo en la entrada de la cripta.

    –¡Maldición! –exclamó Yuzzo.

    –¿Cómo se movió tan rápido? –alegó Nao.

    –¿Quién eres tú? –dijo Castiel hablando a ese extraño hombre.

    –Mi nombre es Dardal, Rey de las pesadillas. ¿Han escuchado del Gran Karppoforo? Debo encontrarlo cuanto antes.

    –No tenemos idea quien es, ni usted… –respondió Nao al instante.

    –Entonces no me sirven –levantó su mano apuntando a ella, para luego desaparecer cual si fuera humo.

    –¡Este hijo de puta también maneja las ilusiones! –dijo Yuzzo empuñando su arma y buscando por todo el lugar a Dardal.

    Sin que lo supieran el famélico sujeto estaba asido al techo, mirándolos y detallándolos a los cuatro.

    –Esa niña tiene algo muy poderoso consigo –susurró mirando a Cloud. Pero luego miró a Yuzzo–. Tú serás el primero. Ilusión dolorosa.

    Levantó su mano y desde la punta de su dedo una pequeña luz fue disparada hasta la cabeza de Yuzzo, quien no sintió nada al principio.

    –¿Dónde se metió ese imbécil? –decía él sin ubicarlo. De la nada un agudo dolor lo invadió, gritando con fuerza. Una lanza lo había atravesado por detrás, emergiendo por su pecho. Sin embargo, solo él lo veía.– ¿D-de donde vino esto? –gruñó, para luego sentir otra lanza atravesándolo por el estómago. El berserker cayó de rodillas adolorido.

    –¿Yuzzo, que ocurre? –Nao sea acercó para verlo.

    Realmente no tenía nada, solo estaba siendo presa de otra ilusión. Al igual que las anteriores, se volvió incapaz de ver a sus compañeros, pensando que estaba solo.

    –¿Dónde están? N-necesito ayuda –miraba en todas direcciones, sin poder verlos, a pesar que estaba junto a él.

    –Oye, oye, aquí estamos –decía Nao mirándolo y tomándolo por el rostro.

    –Tú serás la siguiente –sonrió Dardal desde el techo. Replicando su ataque sobre Nao.

    La chaman vio a Dardal frente a ella, sin saber que estaba en una ilusión.

    –¿Qué le hiciste a Yuzzo? –gruñó preparando sus garras. Dardal solo rió provocándola. La chaman se lanzó sobre él intentando cortarlo.

    –¿Nao, que haces? Allí no hay nadie –llamó Cloud, pero no lograba escucharla.

    –Maldita sea, está en una ilusión. Ese sujeto también usa magia de ilusión –gruñó Castiel al entender que le pasaba a esos dos.

    Cuando Nao tocó a Dardal con sus garras este estalló liberando un gran llamarada que la envolvió por completo. Prendiéndola en fuego.

    –¡Me quemo, me quemo! –gritaba corriendo de un lado a otro, sintiendo incluso el terrible ardor de las llamas consumiendo su piel–. ¡Auxilio, ayúdenme!

    –¿Castiel que hacemos? –dijo Cloud asustada, mirando al elfo.

    –No hay nada que podamos hacer. Debemos irnos…

    –¡No podemos abandonarlos! –objetó ella, asustada pero inquebrantable.

    –¡No podemos luchar contra algo así, Cloud! –respondió él, mostrando que también estaba asustado.

    –… ¡Cuidado! –alertó ella al ver a Dardal detrás de Castiel.

    El elfo reaccionó y trató de golpearlo, pero se desvaneció, solo era una engaño. El verdadero Dardal cayó del techo, aterrizando detrás del elfo. Golpeó a Cloud con fuerza alejándola, luego se fijó en el elfo.

    Mano fantasma –el brazo de Dardal se volvió etéreo y lo usó para atravesar el cuerpo del elfo, paralizándolo–. Sus pobres mentes son demasiado débiles para luchar contra mí. Humanos, elfos, vampiros, son tan patéticos, no hayo belleza en su existencia. Mi señor los erradicará de nuestro mundo tarde o temprano –dijo con voz apacible.

    –¿D-de que hablas? –logró decir el elfo. Sus piernas fallaron y se arrodilló ante su enemigo.

    –Pronto él traerá la belleza y la eternidad a nuestro mundo. Magdanhork lo cubrirá todo –apretó su puño dentro del cuerpo del elfo haciéndolo gritar de dolor. El dolor debía ser agonizante, pues Castiel jamás había gritado con tanta fuerza.

    –¡Sueltalo! –gritó Cloud intentado golpear con su báculo al Dardal, pero este la pateo alejándola otra vez.

    –Arrancaré un pedazo de su espíritu –dijo Dardal–. Dolerá, pero no es mortal, el espíritu se regenera.

    La sangre emanó lentamente de la boca y ojos del elfo. Dardal sacó bruscamente su mano del cuerpo del elfo, llevando consigo una especie de esencia verde, lo que es el espíritu de un ser vivo. El elfo gritó una vez más, para luego desmayarse.

    Dardal miró a los otros dos, Yuzzo y Nao, las ilusiones terminaron por dejarlos inconscientes también. Entonces fijó su mirada en la maga, que le miraba aterrada.

    –Ahora es tu turno –sentenció.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  19.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Tales of Ancient Age
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    Acción/Épica
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    23
     
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XVI: Fin de la misión
    (Opening: All good things – Fight)

    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    –Ahora es tu turno –sentenció el temible Dardal fijando a la joven y aterrada maga Cloud como su objetivo.

    La chica tembló asustada, fue testigo de cómo sus compañeros, Nao, Yuzzo y Castiel fueron vencidos en un solo instante. ¿Qué podía hacer ella?

    –¿P-porque haces esto? N-no somos tu es enemigos –titubeo tratando de que no le hiciera daño.

    –Nunca dije que fueran mis enemigos –respondió Dardal con su apacible voz–. Simplemente tengo que usar mis habilidades, no tengo idea cuanto tiempo dormí así que quiero recuperar un poco de práctica. No es nada personal.

    Dio un salto intentando atraparla. Cloud solo gritó y se cubrió con los brazos. Un resplandor emanó de sus ropas y un escudo de energía dorada la protegió. Dardal no pudo prever algo así, al chocar contra el escudo este lo expulsó violentamente hasta estrellarlo con el techo, y luego contra el suelo al caer.

    Todo quedó en silencio por un momento. La rubia abrió sus ojos pensando en porque no sentía dolor alguno, topándose con sorpresa del escudo dorado que la protegía y Dardal en el suelo.

    –¿Q-que esto? –entonces fijó el brillo en sus ropas. Era la capsula que el sacerdote le entregó, esta estaba medio abierta así que decido sacar lo que allí había. Su sorpresa no pudo ser mayor al encontrar La Daga del Guardián–. N-no puede ser, ¿Por qué me entregó su daga?

    –¿U-una reliquia sagrada? –cuestionó Dardal levantándose después de tan fuerte golpe, y con un poco de sangre en sus labios–. Eso no me lo esperaba, ¿Quién confía a una mocosa un objeto tan poderoso? –el humo negro comenzó a emanar de sus ojos, al igual que un par de sombra aparecían detrás de él–. No importa, dudo que esa cosa te salve.

    La maga estaba incrédula de tener algo así, además de asustada al ver a ese sujeto liberar su poder. Aun así, se llenó de coraje y lo encaró.

    –Vete ahora, y, y no te haré daño –amenazó fingiendo firmeza.

    –¿Me amenazas? ¿Crees que puedes hacerme daño? –levantó su mano arrojando una esfera de energía negra, pero solo rebotó en el escudo, aunque lo debilitó–. ¡Rómpete! –repitió el ataque destrozando la defensa.

    La maga fue arrojada por la fuerza de la explosión, por suerte se aferró a la daga. Intentó levantarse, temblando por el dolor. Un puñetazo en su lindo rostro la hizo gritar, luego uno más en su estómago la arrodilló la tomó del cabello y un rodillazo en la cara la estrelló contra la pared.

    –-En verdad me gusta matar insectos como ustedes. Pero a ti te quiero hacer sufrir más –la tomó por el cuello y la levantó contra la pared.

    El precioso rostro de Cloud se veía mancillado por los golpes que ese hombre le había propinado, la sangre corría por su boca y nariz.

    –¿Q-que me vas hacer? –preguntó con dificultad para hablar pues la tomaba por el cuello.

    –Ya lo veras –sonrió de lado levantando su otra mano–. Oscuridad y terror combinados, permítanme marchitar la mente de esta persona –recitaba mientras su mano se tornaba negra y varias runas aparecían en sus dedos.

    –¡N-no, no! –gritó aterrada, identificando que se trataba de una maldición. Comenzó a patalear y tratar de zafarse, pero le era imposible–. ¡Castiel, Castiel!

    –Nadie puede salvarte preciosa –sonrió de forma perversa al deleitarse con el terror de la chica–. Que las sombras arrebaten tu cordura cada vez que estés sola, que la dexia sea tu castigo.

    Llevó su mano a la cara de Cloud colocando cada una de las runas sobre su piel. Un grito desgarrador fue el resultado por parte de ella al sentir un terrible ardor en su rostro. A los pocos segundos quedó inconsciente y maldecida. Dardal la dejó caer al suelo.

    –Humanos, elfos, son tan débiles –suspiró mirando a los otros tres en el suelo–. No merecen que pierda mi tiempo en ellos, debo encontrar a mi señor.

    Si importar nada se retiró del lugar saliendo de la cripta y dejando a los cuatro aventureros inconscientes.

    En la villa Curvo Calabaza algo terrible también sucedía. En un árbol del centro del pueblo el sacerdote Gerald fue colgado por los brazos para ser interrogado y torturado por Abel. Fue despojado de su camisa, exponiendo su torso, el cual tenía golpes, cortes y quemaduras por todos lados.

    –¡¿Dónde está mi puta daga?! –gritó con desesperación y odio Abel, arrojando una descarga eléctrica a Gerald, quien solo gritó.

    L-la paz del dios blanco es la paz del mundo, aquellos que vivimos bajo sus mandatos viviremos en paz y armonía con el mundo… –oraba sin decir nada a su torturador.

    Otra descarga eléctrica le interrumpió, debiendo gritar para liberar el dolor.

    –¿Vas a hablar imbécil? –gruñó Abel.

    Q-que el dios…el dios blanco bendiga nuestras vidas, solo con… con su amor podremos cumplir nuestro propósito en este mundo –era fuerte, sin dudas, seguía conteniendo el dolor.

    Abel tomó una espada y se colocó detrás de Gerald. Lentamente fue cortando la espalda del sacerdote, clavándola lentamente en su carne y abriéndola. La sangre no se hizo esperar emanando cual si fuera agua, y los gritos de agonía tampoco.

    –¡P-perdóname dios, mi dios, perdóname por mi errores y defectos, perdóname por mis transgresiones! ¡Permíteme el perdón y elevar mi alma a tu divina gracia! –gritaba a todo pulmón. No podía ser más fuerte, con dolor brutal y lágrimas en los ojos no reveló el paradero de la daga.

    –¡Ya me tienes harto tú y tu puto dios de mierda! –gritó lleno de ira Abel–. ¡Tú, tu dios y este maldito pueblo de mierda pueden irse al carajo, el único dios verdadero es el gran Karppoforo, el traerá la gloria y los conocimientos a este mundo!

    Sin piedad atravesó a Gerald con la espada. La vida de aquel noble hombre se esfumó en un par de segundos, no sin antes mirar al cielo y dedicar unas últimas palabras a su dios.

    –G-gracias por dejarme cumplir mi misión. Puedo retirarme de este mundo en paz. Confió en que dejé la reliquia en las manos adecuadas, lo sé. Ahora t-tú debías guiarla a ella –susurró para sí mismos. Poco después sus ojos se cerraron para siempre.

    –M-mi señor, ¿Qué debemos hacer ahora? –cuestionó uno de los siervos a Abel.

    –¡Quemen todo! destrocen todo este miserable pueblo y encuentren la daga. Este bastardo de mierda debió esconderla en algún lugar –ordenó lleno de rabia y frustración, arrojando relámpagos a las casas cercanas.

    A la orden de Abel, los siervos de la luna bajo su mando comenzaron a destrozar todo a su paso. Las personas debieron salir huyendo ante esa cólera de ira vertida allí por el otrora alcalde. Lamentablemente muchos quienes se resistieron perecieron ante los siervos.

    Las horas avanzaron muy rápidamente, hasta que la noche llegó y aquel pueblo se redujo a cenizas y ruinas. Todo sobreviviente había escapado. Aun después de todo esto la ira de Abel no se calmaría, pues en ningún lugar halló su tan ansiada reliquia.

    –¡Maldición, maldición, maldición! –gritaba desesperado ante los infructíferos resultados–. ¿Dónde demonios dejó este hijo de perra la daga? –soltó otra descarga eléctrica sobre el cadáver de Gerald.

    –Mi señor –alertó uno de los siervos al ver a otra persona acercarse.

    –¿Qué tenemos aquí? –dijo la apacible voz del temido Dardal acercarse a ese lugar–. Típico comportamiento humano, masacrando a los suyos por cualquier motivo sin importancia. Que raza más triste y patética.

    –¿Quién diablos eres tú? –gruñó Abel mirándolo con seriedad.

    –Mi nombre es Dardal –respondió acercándose a Abel. Los siervos lo rodearon ordenándole que no se acercara más. Pero hizo caso omiso–. ¿En qué año estamos? –preguntó despreocupado.

    –¿Dardal? Ya he escuchado ese nombre antes –pensó Abel intrigado y tratando de recordar–. Estamos en el año 3150, ¿A qué viene esa pregunta?

    –¿3150? –musitó Dardal llevándose la mano a su larga barba pensativo–. Eso es mucho tiempo, aproximadamente mil años. He permanecido dormido por mil años. Qué vergüenza.

    –Tú estás loco, ya me di cuenta. No tengo tiempo para eso. Mira, no sé dónde he escuchado tu nombre antes, y no me voy a poner a averiguarlo. Mátenlo –ordenó Abel a sus siervos.

    –¿Matarme, un patético grupo de humanos? Me gustaría que lo intentaran –rio Dardal.

    Tres siervos se acercaron rápidamente hasta él intentando cortarlo con sus espadas. Fueron demasiado lentos, pues Dardal dio un gran salto en el aire y desde allí atacó.

    Ilusión, anulación de los sentidos –desde su dedo disparó un conjuró que impactó en la cabeza de uno de los siervos. Este desdichado hombre se paralizó al instante tras recibir el ataque de Dardarl.

    –Oye ¿Qué te pasa, idiota? ¿Qué esperas para atacar? –ordenó Abel al verlo no hacer nada.

    –N-no, no puedo ver, mi señor –respondió temblando–. No puedo ver nada… estoy ciego.

    –¿Qué? –se desconcertó Abel.

    –Lo ven, son tan débiles ante mí. No es problema acabar con un humano –esquiva las otras dos espadas de sus atacantes–. Es como aplastar insectos. Espada de la ilusión.

    La mano derecha de Dardal se cubrió de energía mágica oscura que formó una espada. Con esta se acercó a los siervos para atacarlo. Un corte vertical feroz, que el rival intentó bloquear con su espada. El problema es que la de Dardal es etérea y no puede ser detenida por objetos físicos. El filo mágico terminó por cruzar todo el torso de aquel hombre.

    Cayó de rodillas gritando de dolor, no obstante, no había herida alguna en su cuerpo, la magia de la ilusión le hacía sentir dolor real en una herida inexistente.

    –¿Magia de ilusión? –se preguntó así mismo Abel, comenzado a recordar–. ¿Dardal, Dardal? ¡Dardal!

    El último siervo intentó atacar al rey de las pesadillas por la espalda.

    Mano fantasma –la espada de ilusión desapareció y su mano se volvió etérea.

    Esquivó el ataque y luego atravesó el cuerpo de ese incauto sujeto atrapando su espíritu como lo hizo con Castiel. Salvo que a este no le dio tiempo siquiera de gritar al instante le arrancó un fragmento de espíritu para luego dejarlo inconsciente.

    –Ahora tú…–se refería a Abel, volviendo su mirada hacia él.

    –Le pido perdón, señor Dardal –respondió al instante aquel hombre arrodillado y con la cara hacia el suelo–. No tenía idea que estaba tratando con uno de los cuatro apóstoles del gran Karppoforo. Por favor, acepte mis sinceras disculpas y las ofensas que tuve hacia su persona –dijo casi temblando.

    Dardal sonrió y se acercó a él colocando su pie en la cabeza de Abel para hundirlo en la tierra un poco.

    –Ese es tu lugar, bajo mis pies. Aunque admito que admiro tu devoción y conocimientos. Soy el Apóstol Negro aquel impío ante los herejes y los traidores. Y por cierto, somos tres, el cuarto es un traidor, a quien espero, con mucho anhelo, toparme para ejecutarlo con mis propias manos –quitó su pie de él se alejó un poco–. Supongo que eres un Sabio de la Luna. ¿Puedes guiarme hasta mi señor Karppoforo?

    –No hay nada que desee más que conocer al gran Karppoforo en persona. Pero me temo que desconozco su paradero o si él ya ha despertado…

    –Él ha despertado ya, de eso no tengo dudas. El conjuro que me mantenía dormido se rompió en el momento que él despertó. Solo fue cuestión de tiempo y con una cantidad de magia cerca de mi tumba para despertarme. Un grupo de humanos entraron a mi cripta y me ayudaron.

    –¿Humanos? ¿Qué hizo con ellos? –preguntó Abel con curiosidad.

    –Me encargué de ellos. Les mostré lo inferiores que son ante un ancestral como yo. Pero ese no es el tema –volvió la mirada a Abel–. Te ordeno que me guíes hasta las otras tumbas o hasta quien sea que lidere a los Sabios en estos días.

    –Será un gran honor, mi señor. Le guiaré hasta nuestro líder y responderé todas la dudas que tenga acerca de esta época. Por cierto, en estos tiempos nos hacemos llamas Siervos de la Luna –respondió sonriendo, aunque seguía un poco nervioso ante la presencia de ese hombre.

    Todos los siervos dejaron el pueblo junto a su comandante, Abel, y ahora este poderoso ancestral llamado Dardal. Tras de ellos solo quedó una villa, convertida en cenizas y ruinas.

    De regreso en la cripta. Después de varias horas de inconciencia, los aventureros despertaban uno a uno, siendo los primeros Yuzzo y Nao.

    –M-maldición, me duele el cuerpo –se quejaba el berserker humano, recordado las ilusiones de las que fue víctima, y de las cuales aun persistía un atisbo de dolor–. No puedo creer que exista alguien con un poder ilusorio tan alto.

    –Me arde la piel –decía Nao temblando un poco mientras se levantaba–. Jamás sentí nada igual. Fue tan real la sensación de quemarme.

    –No te preocupes, esto pasará en un par de horas –dijo Yuzzo ayudándola a levantarse–. ¿Estás bien? ¿Te hizo algo más?

    –No, por suerte no. Me alegra que no nos haya herido de verdad… ¡Cloud, Castiel! –exclamó al ver la sangre en sus rostros.

    El elfo lentamente comenzaba a despertar, notándose con dificultad para respirar. Yuzzo acudió en su apoyo.

    –Oye, ¿todo bien, amigo? ¿Qué te hizo a ti? –lo tomó del brazo para levantarlo con cuidado.

    –A-algo que nunca había visto, o sentido –gruñó, sintiendo su cuerpo terriblemente débil–. Me arrancó una parte de mi espíritu, no sé qué significa eso.

    –Carajo. Ese sujeto es cosa seria, está muy por encima de nosotros. Debemos alertar al gremio para que le den caza los aventureros de elite del reino. Es un riesgo que deambule libre por…

    –¡Cloud! –exclamó el elfo al verla inconsciente. Salió corriendo hasta ella.

    –¿La daga del sacerdote Gerald? –decía Nao para sí–. ¿Por qué la tiene ella?

    –¿Cloud, estas bien? ¿Cloud? –decía el elfo preocupado. Vislumbrando el bello rostro de la chica con los golpes que el ancestral le dio, un par de moratones y sangre en labios y nariz. Sin embargo, las marcas de la maldición habían desaparecido–. ¡Hijo de puta! ¡Me las pagará por esto! Voy a…

    –N-no, Castiel –llamó la maga despertando por los grito de su compañero–. No debemos pelear contra él, es demasiado para nosotros –la chica se notaba bastante débil, con dificultad para levantarse.

    –Pero… –trató de alegar el elfo.

    –Ella tiene razón, Castiel. Nosotros cuatro no podremos vencerlo –secundó con frustración Nao–. Si todos fuéramos elite, quizás…

    –Aun así –dudó el berserker humano–. Debemos regresar y avisar al gremio. Las vanguardias de elite del reino de encargaran de ese hijo de puta.

    –…Bien –bufó Castiel–. ¿Qué haremos ahora?

    –Volveremos al pueblo para visar al sacerdote de lo que pasó aquí. Esperemos que ese sujeto no haya ido en esa dirección –respondió Nao.

    –Ok. Hagamos eso –Castiel se acercó a Cloud y la tomó en sus brazo cargándola.

    –Castiel, ¿q-que haces? –cuestionó sonrojada por tal acción.

    –Será mejor que no te esfuerces más. Yo te llevaré hasta el pueblo, allí descansaremos y recobraremos nuestras fuerzas.

    –Pero tú también estás débil –objetó Nao.

    –Soy un berserker. Aun estado débil llevar a Cloud no es difícil. Dejemos de perder el tiempo y regresemos –respondió saliendo de la cripta con la maga en sus brazos, quien no tardó en acomodarse en esos fuertes y grandes brazos.

    –Por cierto. ¿Cómo fue que terminaste con la daga del sacerdote? –preguntó Yuzzo.

    –Él me la entregó cuando me liberó. Dijo que la necesitaría en cierto momento, ¿me pregunto si él sabía lo que nos encontraríamos aquí?

    –¿Y te sirvió para algo? Igual ese maldito te golpeó y dejó inconsciente –comentó Nao.

    –Al principio sí, cuando intento atacarme la daga creó un escudo que le hizo daño. Aunque no le fue difícil destruirlo, luego me golpeo, y…y… –parecía no poder recordar algo–. No recuerdo que fue lo último que hizo para dejarme inconsciente.

    –Alguna ilusión o algo así. Ese desgraciado es el más hábil que alguna vez he visto en esa magia –suspiró Yuzzo.

    Sin más salieron de todo ese lugar para regresar al pueblo. No tenían idea de lo que se encontrarían. Y cuando llegaron se quedaron estupefactos y con una terrible sensación de ira al ver el lugar destrozado. Se dividieron para recorrer las calles y encontrar algún sobreviviente, cosa que no lograron.

    –Si vino en esta dirección –musitó Yuzzo apretando los puños mientras caminaban por la plaza.

    –Pagará por esto, pagará muy caro por esto –agregó Nao a su lado mientras veía algunos cadáveres entre los escombros–. Eran personas inocentes, no merecían este destino. ¡Maldito desgraciado infeliz!

    –Tienen que ver algo –llamó Castiel acercándose a ellos.

    Los llevó un par de calles más adelante. Donde vieron a Cloud arrodillada y sollozando frente a un árbol. En el cual colgaba el cuerpo sin vida y torturado del sacerdote.

    –Maldición, es el sacerdote –exclamó Yuzzo acercándose–. Lo torturaron.

    –No puede ser, ¿por qué? ¿Por qué le hicieron esto? –cuestionaba indignada Nao mirando a sus compañero buscando respuesta alguna.

    –La daga, probablemente –dijo Castiel, quien era el menos afligido de los tres.

    –¿Qué? –preguntó Cloud secando sus lágrimas.

    –Intuyo que alguien quería esa daga, por eso te la entregó a ti para que no la encontraran. Luego lo capturaron y lo torturaron para que revelara la ubicación. Y como aún no han venido por nosotros es probable que no dijera nada –explicó el elfo.

    –El alcalde, seguramente él fue –agregó Nao sorprendida–. Él y el sacerdote tenían problemas, quizás por la daga.

    –Sea lo que sea. Este hombre está muerto y el alcalde se fue. No hay nada que podamos hacer. Vayamos al gremio más cercano y avisemos de Dardal –respondió con intenciones de irse.

    –Al menos, al menos enterremos su cuerpo. No merece quedar allí colgado –objetó Cloud poniéndose de pie–. Él me salvó y me entregó algo muy importante.

    –Sí, no me iré sin antes darle una merecida tumba –apoyó Nao–. Quizás no podremos vencer nosotros a Dardal, pero si podemos atrapar al alcalde y entregarlo ante la justicia…

    –No te lo tomes personal, Nao –alegó el elfo arqueando la ceja.

    –¡No es personal! Es justicia. Gerald era un buen hombre, solo quería proteger a su pueblo, y mira como terminó. Esas son las clases de injusticias con las que siempre me topaba en Docia, y por las que decidí volver a este reino.

    Los tres le miraron al saber un poco de su pasado. Ella solo se apenó y desvió la mirada.

    –Ellas tiene razón Castiel. Sé que no te importaba este pueblo ni el sacerdote, pero ten un poco de corazón. Démosle una tumba a este hombre, y luego nos vamos –dijo Yuzzo para convencer al elfo.

    –Bien, como quieran –respondió el elfo.

    Tardaron algunos minutos en cavar la tumba y enterrar al sacerdote junto con su preciado libro. Una cruz de madera adornaba el montículo donde su cuerpo residiría para la eternidad. Con los primeros rayos del sol los cuatro aventureros dejaron el pueblo con la firme intención de alertar a los gremios de la presencia de Dardal.

    Nao caminaba al frente con el ceño fruncido, no dejaba de pensar en el odio y ansias de justicia que tenía para Abel, le enfurecía lo que ese sujeto hizo, pues le traía funestos recuerdos. En eso Yuzzo se acercó a ella colocando su mano en el hombro de la chica para decirle algo en voz baja.

    –Si vas a ir a buscar al alcalde, cuenta conmigo –le susurró con una leve sonrisa–. La justicia es parte de las labores de un aventurero también.

    –Gracias, Yuzzo –respondió algo sorprendida, pero articulando una leve sonrisa para él–. Seguiremos juntos por un tiempo más –esas palabras crearon una sonrisa en los labios del berserker humano,.

    Continuara…
    (Ending: Icon for hire - The grey)

     
  20.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
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    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    23
     
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    Saga III: Tres ataúdes

    Capítulo XVII: Peligro en el bosque

    (Opening: All good things – Fight)

    17 de Noviembre. Año 3150. Oeste de Wex.

    Un nuevo día se alza en el gran y basto reino de Wex. Ahora nos encontramos en un sanatorio en uno de los tantos pueblos de la región oeste. Días antes el grupo de aventureros conformado por Dante, James, Maia y Lost habían llegado hasta aquí buscando asistencia médica para el primero, quien resultó severamente herido en su enfrentamiento contra los osos y el minotauro rabioso.

    –Diablos, sí que es testarudo –alegó el joven James acercándose a sus compañeras, quienes estaban en el jardín del lugar.

    –¿Sigue insistiendo con irse? –preguntó Maia al verlo llegar.

    –Así es –suspiró James–. Logré convencerlo para que descansara hoy, además que le pedí a una de las sanadoras que lo sedaran otra vez. Me queda claro que no es alguien normal, un oso casi le come las entrañas y él sigue diciendo que está bien.

    –Fue muy extraño lo que pasó ese día –agregó Lost pensativa. Recordando cada momento de ese combate, pero sobre todo cuando él la salvó de ahogarse, recuerdo que ruborizaba sus mejillas ligeramente–. Pero, él está bien ¿verdad?

    –Sí, tranquila. Está completamente fuera de peligro, con una enorme mordida en el abdomen, pero fuera de peligro.

    –No pensaba que un berserker como él tuviera problemas luchando contra un par de osos –comentó Maia.

    –Bueno, Dante dejó de ser aventurero hace mucho tiempo, es obvio que perdió la práctica y el ritmo. Según lo que mi hermana Arllet me contaba, cuando Dante estaba en plena forma podía acabar con un oso de un solo golpe y un minotauro no sería un problema. No por nada era el berserker más poderoso de todo el reino.

    –Arllet, Dante no deja de hablar de esa mujer –musitó Lost para sí.

    –Pero bueno, ya habrá tiempo para eso. Por ahora nos tomaremos un descanso de un par de días en este pueblo hasta que el grandulón esté plenamente listo para viajar –dijo James–. Iré a dar una vuelta por el mercado, ¿vienen?

    –Iré, quiero comprar algunas cosas, y comer algo –dijo Maia con una linda sonrisa–. P-pero no tengo mucho dinero, cuando dejé el monasterio no traje mucho conmigo –dijo apenada.

    –Tranquila, preciosa –sonrió James abrazándola suavemente por el cuello–. Yo invito esta vez, ¿vale?

    –¿P-preciosa? –cuestionó ella por la forma en la que la llamó–. Bueno, gracias, James.

    –Me quedaré a cuidar de Dante –respondió Lost. Los otros dos le miraron extrañados por lo que decía–. B-bueno, no es que lo necesite, verdad. S-solo no quiero que se quede solo, puede escaparse si se despierta –trató de mentir, pero su risa nerviosa la delató.

    –Sí, tienes razón. Ese loco es capaz de hacerlo –sonrió James. Al parecer el chico no es tan perspicaz.

    Por otro lado Maia miró con intriga a la arquera, aunque no dijo nada y se retiró junto con James. Lost decidió ir a la habitación donde estaba el antes mencionado ex aventurero. En la habitación Dante descansaba tranquilamente en una cama, cubierto hasta la cintura por una manta blanca.

    –Debo decir que jamás había visto a alguien pelear contra un oso. Fue impresionante –susurró Lost para sí, mientras se acercaba a él. Recorrió a Dante con la mirada, detallando cada parte de su cuerpo.

    Esos grandes y fuertes brazos, podía recordar el momento en que la salvó, su frondosa y negra barba aportando ese toque de masculinidad sin igual, ese duro y plano pecho, el rostro de un hombre maduro y muy serio, que al dormir se notaba más relajado. No pudo evitar sonrojarse, y llevó su mano hasta el hombro de Dante, acariciándolo lentamente.

    –Dante –susurró. Luego su mano se dirigió a la mejilla de él–. No entiendo, que es lo que me pasa contigo, jamás me había sentido así por nadie…

    Debió mover su mano tan rápido como pudo ante el sonido de la puerta abriéndose. Giró para ver de quien se trataba.

    –¿Qué haces, Lost? –preguntó Maia, quien entró y pudo ver el rápido movimiento.

    –N-nada solo estaba revisando si no tiene fiebre –mintió, notándose nerviosa

    –Una sanadora lo revisó hace una hora –insistió Maia arqueando la ceja.

    –Quería asegurarme eso es todo –respondió rápidamente, alejándose un poco para tomar asiento en una silla–. ¿Por qué volviste? Creí que irías con James al mercado.

    –Pensé que podría traerte algo –Maia sospechaba que algo raro estaba haciendo, pero no podía asegurarlo–. Supongo que no necesitas nada, me voy. Cuida de Dante, no dejes que se escape, ¿vale? –le dio la espalda y se retiró del lugar.

    –Sí, claro –fingió una sonrisa. Y una vez que ella se fue pudo suspirar aliviada–. Eso estuvo cerca. ¿Qué diablos estabas haciendo, Lost? ¿Por qué lo estabas acariciando así? –se reprochó a sí misma. Mientras miraba al dormido Dante aun–. Al menos no se despertó él.

    Dejamos de lado estos curiosos eventos para viajar a la afamada ciudad Sky, más precisamente en la pequeña taberna donde la hermosa Ana trabaja. En este lugar es donde una vanguardia tenía una rápida reunión.

    –Aquí tienen sus bebidas –con una preciosa sonrisa la rubia entregó cuatro tarros de cerveza a los aventureros que en esa mesa se reunían.

    –Gracias, Ana –dijo con su típica seriedad el caballero Percival, quien de momento no portaba su casco.

    –Entonces, ¿me vas a decir por qué no vendrás a esta misión con nosotros? –preguntó Corvus, el paladín negro, quien también se encontraba carente de su casco.

    –Me temo que no puedo acompañarlos en esta ocasión, tengo motivos para permanecer en esta ciudad. Espero lo entiendan –respondió, buscando no tener que revelar nada.

    –Oye, Percival. ¿Qué te pasa? Hace unos días te quejabas porque no teníamos misiones de buen nivel y cuando conseguimos una no quieres venir, ¿quién te entiende? –bufó Ryume cruzada de brazos, algo molesta por la actitud del caballero, para luego dar un gran trago a su tarro de cerveza.

    –Creo que estamos perdiendo el tiempo, él dijo que no va a acompañarnos en esta ocasión, sus motivos tendrá –alegó el joven Set, cruzado de brazos y de pie, esperando poder ir a la misión que les aguarda–. Con todo respeto, pero creo que nosotros tres podemos hacernos cargo de esto.

    –Concuerdo contigo, Set. Dudo que esta misión requiera a nuestra vanguardia completa. Como dije, será solo por esta ocasión –agregó Percival dando un trago a la cerveza.

    –Sí, pero no es lo mismo si no estamos los cuatro juntos, idiota. Se supone que somos un equipo –alegó Ryume dándole un zape a Set.

    –¡¿Por qué me pegas a mí, vampira tonta?! –alegó el joven sobándose la cabeza, intentando regresárselo pero ella lo esquivó.

    –¡Oye, respétame, soy de mayor rango y mayor edad! –se burló ella mientras reía.

    –¡Si pero con tu tamaño y complexión pareces una niña! –respondió él burlándose también.

    –¡Púdrete idiota! –exclamó ofendida por lo que dijo saltando sobre él.

    –¡Cállense los dos, parecen niños! –exclamaron Percival y Corvus, irritados por la actitud tan infantil de ese par–. Háganme un favor y esperen fuera, debo hablar en privado con Percival.

    Ana no pudo evitar reír un poco, pues no eran nuevas estas escenas propiciadas por esta vanguardia.

    –Siempre terminas metiéndome en problemas, Ryume –bufó Set levantándose y saliendo de la taberna junto con la vampira.

    –Eso pasa por no respetarme, idiota. Soy una aventurera de elite y tu un novato –respondió ella acomodando su ropa y teniendo que salir también.

    –Cuando te comportes como una comenzaré a respetarte –alegó él riendo. Al final los dos salieron del lugar dejando a los otros dos solos.

    –¿Ahora si me vas a decir que te ocurre? –insistió Corvus–. Antes que el ministro y sus siervos llegaran estabas muy normal esperando un buena misión, pero cuando ellos aparecieron comenzaste a actuar de forma extraña. ¿Qué ocurrió?

    Percival agachó la mirada suspirando pesadamente, sin dudas a Corvus no podría engañarlo tan fácil.

    –Fueron ellos, los siervos de la luna fueron quienes destruyeron mi reino, no estaba seguro pero ya lo confirmé –reveló con pesar, mirando a su compañero.

    –Bueno, es un avance. Pero no era algo que no sospecháramos desde antes –da un trago a la cerveza–. ¿Por qué deseas quedarte en la ciudad? Los siervos y el ministro ya se fueron.

    –Durante el día de su llegada conocí a un mago, anciano y muy extraño, que me reveló muchas cosas acerca de lo que pasó con mi reino, el paradero de la reliquia y la cripta del loco. Sin embargo, me habló de una reunión cuando una mujer llegue, y que hasta entonces podría darme más información. Es por eso que deseo permanecer aquí hasta ese día

    –¿La cripta de loco? –cuestionó Corvus con intriga–. Cuando te conocí, envenenado y a punto de morir a la mitad de una carretera, la mencionabas, decías que tenías que llegar a ella. Te diré que en este reino ese lugar solo es un cuento para niño, nadie sabe si es real…

    –Es real, estoy plenamente seguro de eso. Y al parecer mi reino resguardaba la llave que abre esa cripta. Como el último Guerrero de Diamante, es mi responsabilidad resguardar ese lugar y evitar que nadie lo abra. Según lo que se dice, ese lugar alberga oscuridad y maldad infinita. Aunque me temo que pudo ser abierta ya –dijo con cierta decepción.

    –¿Qué hay de Osfert? Habíamos acordado encontrar a ese desgraciado fanático y darle muerte. Sé que he tardado pero pronto tendré información acerca de su paradero –cuestionó con seriedad el vampiro Corvus.

    –Osfert, El ángel –musitó con odio, apretando los dientes. El hombre que traicionó a mi reino y lo hizo caer. Jamás me olvidaría de él. Vine hasta este reino buscándolo, sin embargo, no tenemos información de donde puede estar. La última vez que me topé con él casi me matan. Hasta que no tengamos información de su paradero no podemos hacer nada, Corvus. No obstante cuando llegue el momento lo asesinaremos. Entiendo el odio que posees hacia su persona.

    –Es un traidor, no solo con tu reino, también con mi clan. Puede que compartamos la misma sangre, pero ese maldito dejó de ser mi hermano hace mucho tiempo, solo mancha el nombre de nuestro clan con su existencia –reveló tratando de no alzar la voz–. Aun así, no puedo matarlo con mis propias manos, por eso te necesito a ti.

    –Y lo haré. Juro que lo haré. Por ahora debo permanecer en esta ciudad hasta volver a hablar con ese mago –respondió Percival.

    –Bien, entiendo. Solo quiera asegurarme que nuestro convenio sigue en pie. Por la misión no te preocupes, yo y ese par nos encargaremos –se levantó de la mesa, no sin antes terminar la cerveza y dejar un par de monedas en la mesa–. Espero que ese sujeto te dé la información que esperas. Nos vemos luego.

    El paladín negro se retiró del lugar para reunirse con los otros dos miembros de su compañía. Percival le miró de reojo suspirando pesadamente, ante sus ganas de asistir en la misión, no obstante, consideraba mas importante su próxima reunión con el mago.

    –¿Va a querer algo más, señor Percival? –peguntó la bella Ana acercándose con su típica sonrisa, que solo dedica a ese caballero.

    –Una botella de vino y algo de carne, por favor –respondió con pocos ánimos.

    Un par de horas más tarde, los tres miembros de la vanguardia, Corvus, Ryume y Set estaban a lomos de sus caballos con dirección a la misión.

    –¿Cómo logró convencerlo, señor Corvus? –preguntó Set.

    –Que sea el líder de la vanguardia no significa que mande sobre ustedes en todo momento. Cada quien es libre de hacer lo que desea fuera de las misiones, como faltar a una –respondió el paladín de forma seria.

    –El señor Percival ha estado actuando algo extraño, ¿hubiera sido mejor saber de qué se trata? –cuestionó para sí el joven chaman.

    –No es nada de qué preocuparse, hablé con él al respecto. Solo se sentía indispuesto, eso es todo.

    –¡Oye, sonso! ¿Por qué a ellos les llamas con tanto respeto y a mí no? –llamó Ryume cruzada de brazos.

    –¿Será por que a ti no respeto? –respondió con sarcasmo–. ¿Cómo puedo respetar a una aventurera qué conocí en un taberna apostando con pandilleros y bandidos, y que además hacia trampa?

    –¡Te he dicho mil veces que no estaba haciendo trampa, esa carta siempre estuvo en mi mano! –exclamó ofendida y molesta.

    –Vi cuando la sacaste de tu manga –suspiró Set.

    –Por eso prefiero que Percival venga, para callar a este par –susurró Corvus arqueando la ceja.

    –Dejando a este mocoso irrespetuoso de lado, aun no nos has dado todos los detalles de la misión, Corvus –llamó Ryume al líder.

    –Cierto. Nos dirigimos a la región oeste del reino. Al parecer ha habido diversos avistamientos de minotauros, duendes y orcos cerca de un lago, además de un raro comportamiento por parte de los animales, como si estuvieran enfurecidos y rabiosos todo el tiempo.

    –Eso sí que es extraño. ¿Quizás alguna clase de mago haciendo experimentos? –sugirió el joven chaman.

    –Eso solo explicaría el comportamiento de los animales, pero no la presencia de las criaturas mágicas. Debe ser alguna clase de fuerza que los atrae y los afecta, como un Ídolo maldito.

    –No podemos asegurar nada hasta entonces. Lo preocupante es que ya un par de vanguardias han sido enviadas y ninguna se ha reportado. Quizás ya hubo bajas –mencionó eso ultimo con cierta preocupación.

    –Los minotauros suelen ser subestimados por los novatos, son grandes, pesados y fuerte, pero también astutos –agregó Ryume, luego miró a sonriendo a Set–. No te vayas a confiar, novato.

    –Te voy a…–gruñó molesto el chamán.

    –Cállense los dos –ordenó Corvus–. Durante las misiones el que manda soy yo. No se tomen esto a juego o terminaran muertos. Sea lo que sea que esté ocurriendo en ese lugar, no es nada bueno, así que estén alertas y no hagan estupideces.

    Los otros dos se miraron entre sí y asintieron, entiendo que su líder no estaba de humor para sus típicas tonterías, así como que no era una misión cualquiera.

    Tres días más tarde la vanguardia de Corvus llegó al lugar de la misión. Desde ese punto ya suponían que algo no estaba bien.

    –Es aquí –gruñó el líder bajando de su caballo.

    Una carretera adoquinada lo llevó a los límites de un bosque, en esa zona una vereda se adentraba en el mismo y en ella se encontraron con una caravana de mercaderes masacrada por orcos, los cuales también yacían en el lugar. Decenas de humanos muertos, apuñalados y con mordidas en sus cuerpos, claramente se defendieron pues los orcos tenían heridas de espada y flechas, aun así los cadáveres humanos eran demasiados.

    –Por todos los dioses, los orcos no atacan así desde hace milenios, ¿Qué diablos pasó? –comentó Set también sorprendido mientras avanzaban entre los restos.

    –Quince civiles asesinados –informó Ryume moviéndose entre los grandes y frondosos árboles del bosque para tener una mejor vista del entorno–. Solo hay cinco orcos muertos, ¿dónde están los otros?

    –¿Los otros? ¿Crees que hay más? –cuestionó Set mirando la carreta que estaba tirada a un lado de la vereda.

    –Por supuesto que hay más –respondió Corvus–. Cinco orcos jamás podrían con una caravana, los humanos suelen contratar mercenarios fuertes y aguerridos para protegerlas, y estos no son la excepción.

    –No robaron nada, señor –llamó Set, viendo que la carga de la carreta estaba intacta. En este caso pieles y telas.

    –Maldición, esto es más raro aun –Ryume bajó de un salto quedando aun lado del chico–. Los orcos no atacan solo porque si, lo hacen por hambre o para robar oro. Pero esta carreta no tiene ninguna de esas cosas.

    –Avancemos, no hay nada que podamos hacer aquí –ordenó Corvus siguiendo la vereda que los llevaría al centro del bosque donde se ubica el objetivo–. Manténganse alertas y vigilen todo el entorno, no sabemos que no es espera en este lugar.

    Corvus marchaba al frente, imponente e intimidante con su oscura y brillante armadura, además de su mano fija en la empuñadura de su espada enfundada. El joven chaman Set avanza a su lado, con el semblante serio y con su libro mágico en manos, así como sus guantes de acerco bien afilados. Entre los árboles y con una agilidad sin igual se mueve la asesina Ryume, solo necesita una mano para colgarse de las ramas e impulsarse, pues en la otra lleva su afilada guadaña.

    Con una señal de su mano, el líder les ordenó que se detuvieran, pues habían llegado al objetivo y debían analizar la situación. Los dos hombres se ocultaron detrás de unos árboles, para que no les descubrieran.

    –Esto es peor de lo que imaginé, señor Corvus –susurró Set mirando sorprendido la cantidad de enemigos.

    –No será nada fácil, debemos ser muy precisos para derrotarlos, pero no es imposible –aseguró el paladín negro desenvainando su espada, la cual emitió un leve brillo rojo al sacarla de la funda–. Dame números exactos, Ryume.

    –Claro, jefe –sus ojos brillaron en rojo para mejorar sus vista y percepción–. Cinco minotauros, diez orcos, cinco duendes y dos wargos. ¿Qué diablos hacen todos juntos?

    En el lugar, el cual era aquel lago donde días atrás Dante y Lost lucharon contra un minotauro, había una especie de campamento improvisado montado por esas criaturas de razas diferentes y que nunca se les había visto cooperar. Cerca de un pequeño risco hay una cascada, la cual llena el lago, es allí donde un par de minotauros entraban y salían sacando grandes y pesadas rocas.

    –Hay algo detrás de esa cascada, señor –sugirió Set.

    –Lo sé. ¿Pero qué es? Y lo más importante, porque demonios están trabajando juntos. En toda mi vida jamás había visto o escuchado algo similar, los orcos y los duendes se odian por naturaleza, y los minotauros odian todo.

    –Sugiero que ataquemos cuanto antes. No tardaran en sentir nuestro aroma, bueno, el aroma de cierto chaman humano que viene con nosotros –se burló Ryume–. No sé si lo sepas, pero los vampiros no emitimos ningún aroma.

    –Pues en las mañanas no hueles a rosas precisamente –respondió el chamán.

    –Debemos acabar con los wargos primero, luego con los duendes que son los más débiles. Yo distraeré contra los minotauros mientras ustedes acaban con los orcos –explicó él saliendo de su corbertura–. Debemos ser rápidos y certeros, guarden su energía mágica para los minotauros…

    –Señor Corvus –llamó Set mirando algo detrás de ellos.

    El vampiro volvió la mirada detrás de sí, solo para toparse con una tercia de osos acercándose lentamente y con los ojos rojos.

    –Oye, Set, acaso quieres un osito para abrazar –se burló la vampira desde el árbol–. Son solo osos, qué más da, se asustaran cuando comience el combate.

    –Ryume cállate y ponte seria –ordenó el líder con seriedad, percibiendo un aura oscura en los animales. Los tres osos se levantaron en dos patas y rugieron con fuerza, tal que resonó en todo el bosque.

    –Esto no está bien, estos osos no son normales –alertó Set abriendo su libro y preparando su primera invocación.

    –La pelea comenzó aquí –sentenció el paladín corriendo hacia los osos.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     

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