Explícito Tales of Ancient Age

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 8 Noviembre 2018.

  1.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    203
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    283
    PROLOGO
    Aventureros, esos grandes y fuertes guerreros que emprenden misiones para salvaguardar la seguridad de las personas, o eso dicen. Algunos prefieren vender sus servicios o buscar sus propias fortunas en tumbas y mazmorras plagadas de riesgos. Y en este mundo todo puede con llevar a un riesgo.

    En la cima más alta del mundo, donde ninguna persona debe llegar, se esconde un secreto ancestral. Poder y conocimiento más allá de lo que los magos expertos son capaces de hacer o entender, cosas inimaginables. Sin embargo, por algún motivo ese poder fue sellado y escondido ¿No? Mil años la cripta del loco ha permanecido cerrada, solo los autores sabrán porque.

    Una hermosa mujer, asolada por el temor de perder a alguien, emprende la misión de encontrar ese lugar y obtener lo que cree salvará a esa persona. Ella desconoce que ese, será el peor error de su vida, poniendose en riesgo a sí misma y a todo el mundo.

    Los aventureros tendrán que afrontar muchos peligros y muerte, si es que quieren sobrevivir y salvar al mundo. Una época de oscura se acerca a nuestro amado mundo.

    Afiche encontrado en los gremios de aventureros del mundo:

    Atención aventureros de todas las naciones: se solicita su presencia en el reino de Wex. Extraños sucesos acaban de comenzar y se necesitan guerreros para investigarlos, se asegura que el gobierno y los nobles pagaran con creces por sus servicios. Favor de presentarse cuanto antes en los gremios de aventureros más cercanos.

    Atte. Consejo de seguridad mágica del Reino de Wex
    ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
    ADVERTENCIA:
    Este fic contiene: Violencia grafica, sexo explicito, lenguaje ofensivo, abusos, gore, muerte y tortura.
    Se recomienda discreción
     
    Última edición: 8 Noviembre 2018
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    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3254
    Saga I: Mil años de encierro

    Capítulo I: Lo que buscas

    (Opening: All good things – Fight)
    31 de octubre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Es una noche fría en las cima de una nevada montaña. Una ventisca de nieve azota con fuerza dicha cúspide. Es allí donde divisamos cuatro siluetas abrirse paso a través de dicho vendaval helado. Camina con paso firme hacia una zona específica de esa montaña un grupo aventureros, a si les llaman a esa clase de guerreros buscadores de fortunas, mercenarios o cazadores, pues es difícil sintetizar en una sola palabra todo a lo que se dedican esa clase de personas.

    Este grupo en particular se conforma por dos hombres y dos mujeres, cada uno corresponde a una clase diferente. Al frente tenemos a la fuerte Arlett, una veterana de combate, una bella mujer de edad considerable, aquí entrenos tiene treinta y cinco años, aunque no le gusta admitirlo. Ella es una paladín, una clase avanzada de aventurero.

    La valiente, bella y seria mujer de cabellos rubios largos, los cuales ata en una trenza, mantiene sus fieros ojos verdes, cual esmeraldas, al frente, su bello rostro no resiente el frio. El peso de su armadura, hecha de acero platinado de alta calidad, que, lamentablemente, oculta su atractivo y delgado cuerpo, no aminora su avance, ya hace un rato dejó a sus compañeros atrás.

    –Arlett, no avances tan rápido, te estás separando del grupo –llamó un hombre, quien trataba de alcanzarla.

    –Entonces dense prisa, Bor, no detendré mi avance por ustedes, esta tormenta está aumentando, si no llegamos a la Cripta ahora, moriremos congelados –alegó la rubia de forma seria, sin siquiera mirar a los que detrás de ella están.

    –Cielos, nada la detiene –comentó con admiración ese hombre.

    Bor, un Soldado humano en la clasificación de los aventureros. Son fuertes en el cuerpo a cuerpo, además de ser resistentes ante los arqueros y otras clases de hostigadores.

    –No por nada es la líder del gremio de Wex, es una guerrera sin igual ¿Verdad, señor Bor? –esto lo dijo una joven.

    –Sí, eso es verdad. No te quedes atrás, Lana, o te perderemos en la nieve –dijo Bor, esto a forma de burla.

    La chica solo bufó un poco ofendida. Se refería a la baja estatura de la chica, quien es una Maga Blanca elfa, estos magos carecen de fuerza o destreza, su fortaleza es la de ayudar en combate a sus aliados, así como curarlos o mejorar sus habilidades mediante posiciones y hechizos.

    –Dejen de hablar, nos estamos atrasando –esto lo dijo el último miembro del grupo. Quien avanzaba rápidamente a través del a tormenta buscando alcanzar a Arllet.

    Este último es un Arquero vampiro, esta clase es muy ágil y veloz en sus movimientos, sobre todo durante las noches, especialistas en el ataque a distancia y las emboscadas.

    Era un camino de subida muy difícil para ese grupo de aventureros, por suerte pocos minutos después llegaron a su objetivo. En una gruta hallaron una inmensa puerta: con diez metros de altura por cinco de ancho, además de estar hecha de metal sólido, en ella se grabó un extraño símbolo: Tres rostros con expresiones diferentes, los cuales forman un triángulo, y en el centro un corona.

    Lana usó una gema de luz para iluminar el lugar y poder apreciarla mejor.

    –Jamás había visto un símbolo como este, ¿Cuál es su origen? –preguntó la joven maga blanca.

    –Ni idea, pero el libro que hayamos no mentía –respondió Bor mientras admiraba la gigantesca puerta – “En la cima de la montaña del cuervo, donde ningún hombre puede llegar, allí está la Cripta del loco, en su interior se haya un ancestral poder que nadie ha visto en miles de años” –citó el texto que encontraron en un libro.

    –Dijeron que tenían un forma de entrar –cuestionó el vampiro arqueo a la rubia.

    –Y la tenemos –respondió de forma seria. Buscaba en la puerta una abertura donde colocar la llave que tenían.

    –¿Dónde hallaron esa llave? –preguntó el vampiro al soldado.

    –En una muy antigua caverna, la custodiaban hombres de roca, cuando los vencimos calculamos que tenían, al menos, ochocientos años de edad, eran unos verdaderos vejestorios ¿no? –respondió de forma orgullosa el soldado.

    –Demasiado antiguos, diría yo –musitó el vampiro con algo de desconfianza.

    La rubia no tardó en hallar la cerradura que buscaba, vaya que era pequeña. Introdujo la llave y giró. Se escucharon grandes mecanismos de metal moverse y resonar en toda la montaña.

    –Listo –dijo Arlett articulando una gran sonrisa –. Ahora veamos cuál es ese ancestral poder.

    Los cuatro hicieron un esfuerzo para empujar las grandes, y extrañamente ligeras, puertas. El interior estaba terriblemente oscuro, pero lograron percibir una extraña presencia, dentro estaba muy cálido, a pesar de estar en la cima del mundo.

    El grupo comenzó a entrar, los primero que notaron fue que el suelo estaba hecho de metal, lo que hacía resonar sus pasos en la inmensidad oscura a la que se adentraban. La luz de la gema de la maga blanca apenas e iluminaban por donde caminaban.

    –Este lugar es inmenso –comentó el soldado mirando en todas las direcciones, el techo era imposible de ver, debe ser muy alto.

    –El ambiente se siente pesado, hay algo extraño aquí que no me agrada –agregó el vampiro con una flecha ya sobre su arco, solo para estar seguro.

    –Déjense de tonterías, este lugar debe llevar siglos sellado, incluso los cadáveres desaparecen en ese periodo de tiempo –espetó la rubia líder algo seria.

    Mientras más avanzaban más sentían la presencia, una extraña presencia. Hasta que escucharon un golpe muy fuerte y metálico, eso los sorprendió y se pusieron en formación, Arlett y Bor al frente, detrás Lana y detrás el arquero.

    –¿Ven algo? –preguntó Bor mirando en todas direcciones.

    –Nada, ni yo soy capaz de ver en esta oscuridad –respondió el vampiro haciendo brillar sus ojos para tratar de ver a través de la penumbra, con fallidos resultados.

    –¡Atentos! –llamó la joven maga cerrando los ojos y concentrada en detectar magia–. Una presencia mágica se acerca por el frente, es de poco nivel, pero se mueve rápido.

    Arlett trató de ver qué era eso que la elfa percibía, tardó poco hasta escuchar algo correr en su dirección. Lo que logró divisar fue a una persona, o eso parecía, con una armadura en pésimo estado.

    –¡Lo tengo! –avisó el vampiro. Se movió a un lado con gran agilidad arrojando una fugaz flecha hacia esa cosa.

    Grande seria la sorpresa al verlo recibir la flecha en la cabeza, atravesando el yelmo, y seguir corriendo como si nada. La paladín avanzó golpeándolo salvajemente con su escudo, la fuerza lo arrojó violentamente por el suelo.

    –Eso no era un humano –dijo Bor extrañado –, esa cosa recibió la flecha como si nada…

    –¡Se acercan más! –alertó la maga.

    Otro de esos raros sujetos atacó a Bor, por el costado, no tenía armas, más bien intentaba derribar al soldado. Bor lo golpeo con su escudo alejándolo para luego atacar con su espada, decapitándolo con facilidad. Otro intentó atacar a Arlett, atacándola de frente.

    –¡Estocada! –enunció, activando el conjuro de su arma, la cual brilló y arrojó una presión de aire que hizo volar de forma violenta al atacante.

    De momento parecían estar a salvo, o eso creía. Bor se acercó al sujeto que venció para verlo mejor y saber que era. Impactante fue ver que dentro de esa vieja armadura había un cadáver. Era ya solo huesos con escasos pedazos de piel y carne pútrida, que despedía un repúgnate hedor.

    –Por la diosa de la luz, que mierda es esto –espetó ante su sorpresa. El asco lo invadió llevándose la mano a la boca para contener sus nauseas.

    –Que un mal rayo nos parte, esto es un draugr –alegó con temor el vampiro –, esto es nigromancia avanzada. Salgamos de este infame y sacrílego lugar.

    –No, aun no encontramos ese poder ancestral… –Dijo con seriedad la paladín.

    –¿Qué esperas encontrar en esta tumba? –interrumpió molesto el vampiro –. Ustedes me engañaron, dijeron que sabían bien lo que encontraríamos aquí. Sea lo que sea ese poder es más que obvio que rebosa magia negra, y no tengo intención alguna de inmiscuirme en esas cosas. Yo me largo.

    –Espera, no te vayas, aun podemos sacar provecho de esto. Si es que es algo oscuro y maligno bien podemos destruirlo y cobrar al reino por ello ¿No? –trató de convencerlo Bor.

    –Humanos de mierda, solo piensan en dinero –gruñó ofendido el arquero. No tenía intención de quedarse allí y se encaminó a la salida –, tu deberías hacer lo mismo, una novata no tiene nada que hacer aquí –esto se lo dijo a la joven maga quien miraba confundida lo que pasaba.

    Sin embargo algo no quería ellos salieran. Más de esos draugr se hicieron presentes rodeándolos y atacándolos. El vampiro no tuvo más opción que quedarse a luchar. Disparando sin cesar sus flechas directas al cuello de los draugr hasta sepáralas de sus torsos.

    Por otro lado, Bor, un soldado curtido en combate, no ve problemas, atacando con gran habilidad. Su escudo lo protege de los ataques y las arremetidas de los no muertos, para luego con su espada cortarles la cabeza.

    –Estocada –enuncia la paladín. Agita su sable y una fuerte ventisca manda a volar a una decena de esos monstruos.

    Ella es aún más superior que sus compañeros. Se mueve con gracia y agilidad, a pesar de su gran armadura, y su sable rebana a los monstruos como si de mantequilla estuvieran hechos. Esas antiguas y oxidadas armaduras son de papel ante ese filo sublime.

    La joven maga no sabe qué hacer, a diferencia de sus compañeros ella no puede defenderse sola. Un draugr se acerca por detrás tomándola de los hombros, haciéndola gritar. El monstruo busca morderla.

    Flecha encadenada –enuncia el vampiro dando un gran salto. Arroja una flecha brillante clavándola en la cabeza del draugr. Una cadena mágica conecta dicha flecha con la mano del arquero. Con fuerza lo jala alejándolo de la maga.

    –Gracias –dijo ella aliviada.

    –No hay tiempo para eso, Lena. Debes protegerte, usa un escudo –sugirió el soldado que luchaba contra tres draugr al mismo tiempo.

    –Pero, señor Bor, si hago eso no podré ayudarlos con mi magia de apoyo –replicó ella.

    –Necesitamos que estés sana y salva para curarnos cuando acabemos con estos monstruos –agregó la rubia Arlett cortando por la mitad a dos draugr al mismo tiempo.

    –Está bien, lo haré –eso era algo característico y frustrante de los magos blancos, son inservibles para luchar –Escudo de luz –enunció levantando su báculo. Magia pura emano de este creando una cúpula azul y transparente que la protegería.

    Los dos humanos y el vampiro siguieron luchando contra los no muertos, quienes no dejaban de llegar. Los cadáveres se acumulaban y amontonaban sin cesar.

    –Esto no acaba nunca ¿o qué? –gruñó frustrado y molesto el soldado.

    –Les dije que debíamos largarnos de este puto lugar, ya no tengo más flechas, tendré que usar mi magia –espetó frustrado el arquero.

    –Ya me cansé de estos asquerosos monstruos, y este repugnante hedor que comienza a marearme –dijo la paladín con –, acabaré con esto de una maldita vez. Usaré mi Seishin, prepárense.

    –Esto se pondrá feo –alegó el soldado –. Vampiro acércate a ella y quedémonos detrás.

    No entendía por qué tanto temor, pero sabía que los todos guerreros tienen un Seishin, una habilidad mágica de gran poder y destrucción. Arlett se colocó frente a la esfera de la maga, para no dañarla, y a su vez Bor y el arquero detrás. La paladín de puso firme, con su sable hacia el suelo. Los draugr no tardaron en rodearlos, eran decenas, quizás cientos, que pasaban sobre los cadáveres de sus aliados vencidos sin importarles nada.

    –Jama había visto que un nigromante fuera capaz de levantar a tantos draugr, debe haber cientos. Quien lo haya hecho regresar a la vida, debe ser muy poderoso –comentó el vampiro mirando a tantos enemigos.

    –¿Quieres ver algo poderoso? –rio el soldado bastante confiado.

    El arquero volvió su mirada a la paladin. Una gran cantidad de magia emanaba de ella cual si fuera fuego en color azul.

    Seishin, liberado: ¡Tifón de la devastación! –articuló con firmeza.

    Un viento comenzó a girar alrededor de ella y los miembros de su esquipo, viento que comenzó a ganar fuerza y velocidad hasta convertirse en un tornado. Los draugr fueron tomados por esos poderosos vientos levantándolos y golpeándolos entre sí.

    –Que poder –admitió con incredulidad el vampiro al ver un tornado desde su interior y no sentir absolutamente nada.

    –No por nada es una de las guerreras más importantes y a famadas de Wex –agregó con admiración el soldado.

    Los vientos eran cada vez más violentos, estrellando brutalmente a los draugr contra objetos en la oscuridad, despedazándolos o mutilándolos. Era hora de acabar con esto bastó con que enfundara su armada para poner fin a ese poder. Creando una violenta explosión que estrelló con salvajismo a todos los draugr que aún quedaban con vida. En cuestión de segundos había acabado con un ejército de no muertos, sin sudar una sola gota.

    –Debo admitir que eso fue impresionante –comentó el vampiro al ver tantos pedazos de cadáveres y trozo de metal, otrora armaduras, regados por el lugar.

    –Usted es impresionante, señora Arllet –dijo la maga con gran emoción mientras desactivaba su escudo.

    –Parece que acabé con todos esos monstruos –sonrió con cierta soberbia, se notó un poco cansada por usar ese poder –. Encontremos ese poder ancestral y nos largamos.

    –Impresionante –se escuchó la voz de alguien. Al instante todos se pusieron en guardia.

    –¿Quién anda allí? –Alegó la rubia mirando en todas direcciones.

    Al instante las luces de lugar se encendieron, de forma que los deslumbró un momento. Dicha cripta era una gigantesca sala. El techo estaba a unos veinte metros de altura y unos grandes pilares lo sostenían, el suelo era de metal y las paredes también, como si de una inmensa caja de tratase. En el centro, a unos metros frente al grupo, había un hombre, o eso parecía.

    Estaba arrodillado y decenas de enormes cadenas ancladas a los pilares lo mantenían inmóvil. Sus ojos están vendados al igual que su boca. Además de estar completamente desnudo. Su piel es gris y su cabello negro, tan largo que cubre su cara.

    –Hola, hola, hola –se escuchaba una voz. La voz de un hombre, quien parecía muy animado –. Por fin un grupo de imbéciles han llegado a mi prisión a jugar conmigo.

    –¿Qué? –cuestionó Bor sin entender –. ¿Ese sujeto es el que está hablando?

    –Pero claro que soy yo, idiota. Quien más puede tener esta dulce y sensual voz. Por cierto, veo que se divirtieron mucho con mis mascotas no muertas –dijo riendo. Era extraño ver a un hombre hablar sin usar la boca.

    –¿Quién eres?, ¿y por qué estas encerrado en esta cripta? –cuestionó Arlett dudosa de ese extraño sujeto.

    –Ya se, si me liberan les diré quién soy…

    –Ni muerto. Es momento de irnos, este sujeto es alguna clase de monstruo, solo así pudo haber pasado tantos siglos encerrado y seguir con vida…

    –No, no, no. No soy un monstruos, vampiro estúpido –¿Cómo sabía que él era un vampiro si no puede ver? –, yo llevo aquí un milenio.

    –Patrañas, nada puede vivir tanto tiempo, ni siquiera los espíritus negros –alegó Bor incrédulo.

    –¿Quién eres? –insistió Arlett –. Aquí se oculta un gran poder, lo sé ¿Dónde está?

    –¿Por qué quieres encontrarlo? –preguntó el extraño hombre.

    Ante esa pregunta el vampiro y Bor, miraron con curiosidad a la mujer, pues, desde que los reclutó no le reveló el motivo para llegar a hasta ese lugar y el por qué buscaba con vehemencia ese ansiado poder. Ella gruñó y se acercó al encadenado.

    –Los libros dicen que aquí se esconden conocimientos y poderes para prologar la vida mortal –dijo con seriedad.

    –¿Qué? –exclamaron sorprendidos la maga y el arquero.

    –Arlett, ¿Dijiste libros? –fue lo que intrigó a Bor –. Tú y yo solo hemos encontrado un libro que hablaba de este lugar.

    –Tú y yo, lo dijiste. Yo llevo meses investigando sobre este lugar –se colocó frente al encadenado –, ¿Dónde está ese poder y esos conocimientos para prologar la vida, para curar enfermedades y todo eso?

    –… Aun no has respondido a mi pregunta, preciosa –rio la voz del encadenado, quien permanecía inmóvil cual estatua –, ¿por qué deseas el poder y los conocimientos? Si respondes con la verdad, te diré dónde encontrarlos.

    Gruñó mirándolo con frustración.

    –Necesito salvar a alguien. Es una persona muy importante para mí, está enfermo… muy enfermo –hizo un esfuerzo para mantenerse firme y no quebrarse –, él morirá si no lo salvo.

    –Arlett –musitó Bor – hablas de…

    –¿Y quién es ese afortunado hombre? –cuestionó el encadenado con intriga –, debe ser alguien muy importante para que vengas hasta la cima del mundo en busca de una solución, ¿No?

    –…si, si es alguien muy importante para mí –suspiró con un nudo en la garganta.

    –Arllet, ese hombre es un monstruo, dejó de ser humano en el momento que se entregó a la oscuridad…–objetó molesto Bor, acercándose a ella.

    –¡Cállate! –Exclamó ella mirándolo, había odio y tristeza en su mirada, al tiempo que las lágrimas escapaban por sus ojos –. No te permito que hables así de él. Ni tú, ni nadie tiene derecho a juzgarlo, ni tú ni nadie conocen y por qué se convirtió en lo que es.

    –Es una bestia, un demonio maldito que aceptó caminar por la oscuridad a cambio de poder –decía con desprecio el soldado –, no vale tu esfuerzo, es…

    –¡Es el hombre que amo! –con fuerza tomó a Bor por el cuello acercándolo a ella –. ¡Lo amo más que a mi propia vida, y es mi culpa que se convirtiera en lo que es! –lo soltó de forma brusca, secando sus lágrimas –, aceptó esa maldición para salvarme, ahora es mi turno para devolverle el favor. Ya respondí tu maldita pregunta, ahora dime donde carajos está ese poder y conocimientos –volvió su mirada al encadenado.

    –Bien, es una historia interesante, y estoy convencido de que no me mientes –dijo el encadenado –. Bueno, ese poder y conocimiento que buscas está frente a ti ahora. Yo, yo yo soy ese poder y conocimiento que pueden prolongar la vida de los mortales, entre otras cosas.

    –¿Qué, de que mierda hablar? –gruñó ella tomando su sable –, déjate de tonterías y dime la puta verdad.

    –Libérame y te mostraré de lo que soy capaz –rio de forma burlona.

    –No haré eso. Si no me dejas alternativa te cortaré la cabeza –amenazó enfurecida –, ¡habla ya maldito!

    –Bien, no me dejas opción, tendré que obligarlos a liberarme –su voz se tornó más seria.

    En ese momento algo muy grande y pesado cayó detrás de ellos. Los cuatro guerreros volvieron la mirada para ver que había sido ese estruendo. Lo que vieron les heló la sangre, la joven maga se paralizó de miedo. Un gran y poderoso golem de bronce se levantaba frente a ellos, con cuatro grandes brazos y diez metros de altura.

    –Ya jugaron con mis cachorros, veremos que pueden hacer contra mi perro grande –rio el encadenado ante las reacciones de esos cuatro.

    –Acabaré con esa bestia y luego te cortaré la cabeza, imbecil –sentenció la paladín con firmeza encarando al golem.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
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    4383
    Saga I: Mil años de encierro

    Capítulo II: El ancestral Karppoforo

    (Opening: All good things – Fight)

    31 de octubre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Frente al grupo de aventureros se erguía un poderoso e imponente golem de bronce, con la característica de tener cuatro brazos. Bor, retrocedió intimidado, el arquero tembló y la joven maga simplemente se paralizó de miedo ante tal monstruo. Sin embargo, la inalterable paladín Arllet, miraba con una inmutable expresión en su rostro.

    –Acabemos con esa cosa –dijo con decisión mirando sobre su hombro a sus compañeros–. O moriremos.

    El soldado y el arquero se miraron entre si reuniendo el valor para asentir y hacer frente a esa bestia.

    –Lana, necesitaremos tu magia de apoyo –dijo Bor acercándose a la maga blanca.

    Pero la joven estaba paralizada, mirando con horror a esa criatura. El soldado la tomó por los hombros colocándose frente a ella para que lo mirara a él.

    –Lana, no es el momento para tener miedo. Esta es la vida del aventurero, ahora recobra tu valor y ayúdanos para vencer a esa cosa –dijo con seriedad mirándola a los ojos.

    –Se, se, señor Bor… yo, yo no puedo, no puedo…–trataba de hablar pero no lograba, el miedo la controlaba.

    –¡Cuidado! –alertó el arquero.

    El soldado vió sobre su hombro. El golem había atacado y se precipitó buscando aplastarlos. Arlett aprovechó esto y saltó arrojando un feroz corte que dañó la rodilla derecha del golem, haciéndolo caer y rodar por el suelo. El soldado tomó a la maga y se arrojó a un lado en el último momento para evitar ser arrollados por el cuerpo del golem.

    –¿Están bien? –cuestionó el arquero, quien debió hacer el mismo movimiento.

    –Sí, estamos bien –respondió el soldado levantándose, aun con la maga en sus brazos –. Lana, por favor, debes reaccionar, necesitamos tu magia de asistencia.

    La chica seguía aferrada a él. Pero poco duraría este estado, comenzó a respirar lentamente para calmarse y recobrar el poco valor que tenía.

    Por otro lado, el golem se levantó tan rápido como podía, solo para ver a una poderosa rubia saltar hacia él arrojando una estocada hacia su pecho.

    –¡Estocada! –enunció ella, activando ese conjuro que creaba una presión de aire. La cual bastó para empujar al pesado golem y derribarlo una vez más.

    Gran flecha –siguió el arquero usando un conjuro que aumentaba el tamaño y potencia de sus proyectiles.

    Arrojó una flecha a toda velocidad que se clavó justo en la frente del golem impidiéndole levantarse.

    –Buen intento, pero los golem no son vencidos así. Para acabar con ellos debes destrozar el núcleo de su magia –informó la paladín junto al arquero.

    –¿Y dónde es eso? –cuestionó el vampiro mirándola de reojo mientras preparaba otra flecha mágica.

    –En el centro de su pecho –respondió la rubia agitando su sable esperando el siguiente ataque.

    El golem no tardó en levantarse una vez más, con una gran abertura en su frente causada por el ataque del arquero. Cuando se puso de pie, recibió un ataque muy enérgico. El soldado corrió con vehemencia y saltó hasta impactar la cabeza del golem con su escudo.

    Embestida –era el nombre del ataque. Bor se notaba diferente una magia azul lo rodeaba, esta le ayudó a aumentar su fuerza casi al doble.

    –Disculpen mi reacción. Ya estoy lista para ayudarlos –dijo Lana acercándose a Arllet y el vampiro. Su mano permanecía levantada apuntando al soldado–. Esta es mi magia de asistencia. Gran fuerza, mientras mantenga este conjuro el señor Bor tendrá un gran aumento en su fuerza y resistencia.

    –Bien hecho, no pierdas la concentración, arquero quédate junto a ella y ataque desde la distancia –ordenó Arllet.

    El golem, una vez más se levantó. El golpe propiciado por Bor le había destrozado la cara, desencajando su mandíbula y abollando la mitad de su rostro de bronce. Esta clase de criaturas no sienten dolor, y seguirán luchando hasta que sean destruidos, cosa que solo se puede lograr destrozando su núcleo.

    –Pero que malos son con mi mascota –se escuchó la voz del encadenado, quien parecía bastante animado ante lo que presenciaba–. Humanos maleducados, no deben tratar así a las mascotas de su anfitrión.

    –Ese sujeto dice solo tonterías –bufó el soldado sin perder de vista al golem.

    –Tendré que dejar que mi golem les dé una lección por su insolencia. Golem, puedes usar tu arma –ordenó riendo.

    –¿Arma? –alegaron el soldado y la paladin sin entender de que hablaba–. Los golem no usan armas.

    Se llevarían una gran sorpresa al ver al gigante de bronce extender sus manos en dirección a ellos, y disparar ráfagas de flechas. Tuvieron que reaccionar tan rápido como le fuera posible, Arlett y Bor usaron sus escudos para cubrirse, por otro lado el arquero se arrojó sobre la maga para salvarla de esas andanadas de flechas. Dicha ofensiva del golem duró unos segundos, en los cuales disparó una gran cantidad de flechas.

    –Eso es increíble, ese golem parece tener aditamentos secretos –dijo Bor a Arllet asomándose por su escudo para asegurarse que termino el ataque.

    –Esto no me agrada. Jamás supe de un golem que tuviera armas secretas –agregó la rubia con una seria mirada.

    –¡Arquero! –gritó la maga llamando la atención de los otros dos.

    El vampiro, en su afán de salvar a la maga, recibió cuatro flechas que atravesaron sus piernas, dejándolo inmóvil y gruñendo ante el dolor. La maga se acercó a él para hacer lo que debía.

    –Señor Arllet, señor Bor, debo usar mi magia de curación para ayudarlo –informó al tiempo que sus manos brillaban –. Bendición de la diosa de la luz

    Curar heridas como esas llevaría un tiempo, tiempo que no tendrían. Bor y Arlett se concentraron en combatir contra el golem que buscaba aplastarlos.

    Mientras la maga hacia su trabajo no notó que más draugr salieron de agujeros en el suelo. Un par se acercaron por detrás de Lana en silencio.

    –¡Detrás de ti! –exclamó el arquero al abrir los ojos y ver a los no-muertos tan cerca.

    No pudo hacer nada, un draugr la tomó con fuerza del cabello jalándola bruscamente alejándola del arquero quien aún no estaba ni cerca de recuperarse, aunque trató de tomarla para que no la alejara. Ella solo chilló sorprendida y adolorida por esa agresión. El draugr colocó sobre ella intentado morderla, a lo que ella apenas logra alejar usando todas sus fuerzas para alejarlo mientras gritaba por ayuda.

    Bor fue quien volvió la mirada al escucharla, pues Arllet estaba enfrascada usando sus habilidades de viento para luchar con el golem, buscando dañar sus piernas. El soldado pudo divisar una gran cantidad de draugr aparecer y acercarse a la maga y el arquero. Tan rápido como pudo se acercó a ella usando embestidas para alejar al no muerto que trataba de morderla.

    Los no-muertos trataban de abalanzarse sobre Bor ahora. Usando su espada y escudo les dio batalla destrozándolos sin piedad, mientras la maga buscaba al arquero. El grito desgarrador de dolor avisó lo que le pasaba. Sobre él había al menos, unos cuatro no-muertos, aunque trataba de alejarlos, no podía y estos comenzaron a morderlo. Los escasos, podridos, pero afilados, dientes se clavan en su piel y carne para luego desgarrarla y arrancar pedazos sanguinolentos, los gritos de desesperación y dolor aumentaban mientras su sangre se esparcía por el suelo.

    –Mierda, mierda, no, ¡no! –exlcamó furioso el soldado. Aunque tratara de acercase mas no-muertos lo detenían obligándolo a luchar sin poder llegar hasta su compañero. Los gritos y quejidos ahogados en dolor que suplicaban ayuda desesperaban y frustraban al soldado. Bor exclamó con fuerza partiendo a dos draugr por la mitad –. Acabaré con ustedes, bastardos de mierda. Seishin, liberado: ¡Yo te invoco, gran rey de los leones!

    Clavó su espada en el suelo. Al instante un circulo mágico de color dorado apareció abriendo un portal que permitiría traer a hasta aquí aun gran y majestuoso gran rey león. A simple viste es un león con dos metro de altura, un bello pelaje dorado y una melena negra, además de una fuerza devastadora. No hizo falta que Bor le diera una orden. Por instinto el león se arrojó sobre los draugr, embistiéndolos, mordiéndolos y desgarrándolos con sus afiladas garras.

    La paladin seguía enfrascada en su batalla personal contra el golem. Esquivó una patada del gigante de bronce, y se acercó a su otra pierna, arrojando un corte que dañó su tobillo. Antes que el golem reaccionara ella saltó por su espalda usando su estocada una vez más derribándolo bruscamente. Dio un gran saltó y cayó en picada sobre la espalda del golem incrustando todo su sable, esperando poder llegar hasta el núcleo de magia. Pero no fue suficiente, el largo de su arma no lo permitía. Al ver fallido su ataque debió bajar antes que el golem la golpeara.

    Arllet, tomó distancia y miró a sus compañeros, el león seguía arrasando con los draugr, pero aun no lograban salvar al vampiro que seguía siendo masacrado. Sintió una gran impotencia por no poder ayudarlos, además de culpa por ser ella quien los llevó allí, básicamente con mentiras y sin darles suficiente información.

    El golem se incorporó y atacó con más ráfagas de flecha, a lo que ella debió cubrirse. El gigante aprovechó eso e intentó patearla. En el último momento ella logró ver la gigantesca pierna de metal que la destrozaría. Soltó su escudo y se arrojó a un lado para evitarlo. Al verla en el suelo la criatura arremetió con un puñetazo intentado aplastarla, ella usó su sable y arrojó una estocada que empujó al golem alejándolo.

    –Tomo a esto, pedazo de metal –se levantó rápidamente y comenzó a correr para alejarse un poco. El golem intentó seguirla, aunque era demasiado lento–. Ven aquí imbécil, ven –se dijo así misma preparando un ataque que debía ser arroajdo desde una distancia larga–. Eres mío ¡Viento segador!

    Arrojó un corte horizontal, el cual creó una hoja de viento terriblemente afilada. Avanzó a una a gran velocidad hasta cortar por completo el tobillo dañado del golem, haciéndolo tropezar y rodar por el suelo hasta derribar uno de los pilares del recinto. Arllet se arrojó a un lado para evitar que la arrollara. Vió su oportunidad y se acercó saltando sobre el pecho de la criatura. Allí usó todas sus fuerzas para clavar su sable esperando dañar el núcleo mágico. Está vez lo logró. El pecho del golem comenzó a brillar, lo cual era extraño, además que comenzaba a contraerse haciendo un horrible sonido por estar hecho de metal.

    –¿Qué diablos pasa? –se dijo a sí misma la paladín sin entender.

    La luz era cada vez más potente y el golem se destrozaba a sí mismo. Ella logró intuir que era lo que podría pasar. Tan rápido como pudo saltó de él y se alejó, aunque debió dejar su sable clavado, pues tratar de sacarlo le quitaría tiempo.

    –¡Va a explotar, cúbranse! –avisó a sus compañeros.

    Un par de segundos después el golem estalló. Un gran y estrepitoso estallido de magia que derribó dos pilares más, además de hacer temblar toda la montaña. Los draugr, que aún quedaban, salieron volando estrellándose mortalmente contra las paredes, techo y otros pilares. La maga ávidamente creó un escudo que la cubrió a ella y al soldado. Cabe mencionar que Bor debió romper la invocación de su león para evitar que fuera dañado por la explosión, haciéndolo desaparecer.

    La maga desactivó su escudo y corrió hacia el vampiro, esperanzada en que aun pudiera salvarlo. Ya era demasiado tarde. Lana se llevó las manos a la boca, aterrada y temblado al ver el terrible estado en el que quedó el cuerpo del vampiro. Los draugr lograron arrancarle los brazos a mordidas, además de dejar grotescas heridas sobre su rostro, cuello y piernas. Pero lo que le dio muerte, aunque en esas condiciones quizás era algo bueno, fue la explosión, la que lo estrelló contra un pilar partiéndole el cuello y la espalda.

    –Dioses –chilló ella cubriendo sus ojos con sus manos, en parte para no ver la horrible escena, y además para que no la vieran sollozar.

    –Tranquila, tranquila –dijo el soldado acercándose a ella para abrazarla–. Esta es la vida del aventurero, un peligro constante…

    –Es horrible –sollozaba buscando refugió en el pecho de Bor–. Estas no son las aventuras que imaginé cuando me registré en el gremio.

    –Esto fue un terrible error –miró con seriedad a Arllet, pues ella los había llevado hasta allí con mentiras y poca información–. Nunca debimos venir aquí, esta no era una misión para un grupo de cuatro.

    –Lo sé –respondió la rubia desviando la mirada ante los culposos ojos del soldado–. Fue una pérdida de tiempo, y una muerte en vano –gruñó al ver el cuerpo del arquero. La paladín se fijó en el encadenado, quien no había dicho nada, pero se le escuchaba reír–. Te dije que te cortaría la cabeza después de vencer a esa cosa.

    Agitó sus sable y se acercó con enojo hacia el encadenado, quien solo seguía riendo, una risa burlona y muy molesta. Cuando estuvo frente a él lo tomó del cabello y levantó su sable.

    –¿Sabes cuánto tiempo me tomó juntar todo ese bronce y crear un núcleo de magia tan grande que estallara al ser dañado? Eres una mujer muy grosera, sabias –dijo aquel extraño hombre sin asustarse.

    –Que lindas últimas palabras –bufó ella–. Es hora de terminar con esto.

    –¿En verdad crees que ya terminó? –fue lo que dijo el encadenado con una voz muy alegre–. Venir aquí fue una terrible estupidez, para ustedes, porque, en el momento que abrieron esa puerta rompieron el sello que comprimía mi magia.

    –¿De qué diablos hablas? –gruñó ella.

    –Que no saldrán nunca de aquí. Todas mis mascotas y experimentos están despertando, y ni siquiera una fuerte guerrera como tu podrá contra todos ellos.

    Un extraño sonido se escuchó en toda la sala. La paladin dejó de lado su intento de ejecución tratando de entender que era eso. Eran como susurros inentendibles, aunado a un metal rechinando. Lana se asustó ante eso solo aferrándose al soldado.

    –Qué mala suerte para ustedes, parece que mis Hatairoy y mi Metalanguis ya despertaron, comparados con ellos, los draugr son hormigas.

    Una puerta de roca se abrió en uno de los costados del salón y de ella salió algo parecido a una serpiente, era muy grande, de unos ocho metros de longitud, así como estar hecha de metal.

    –¿Qué es eso? –alegó la paladín soltando al encadenado y mirando incrédula a esa criatura que se acercaba a ella rápidamente.

    –Es uno de mis mejores experimentos, una serpiente de metal con una curiosa afición por matar –rio el encadenado.

    La serpiente se acercó a la rubia, girando a gran velocidad enrollándose, arrojando su cola contra Arllet a manera de ataque. Y vaya que fue útil, aun cubriéndose con sus brazos la fuerza la arrojó varios metros haciéndola rodar por el suelo. Los brillantes ojos rojos de la criatura se fijaron en el soldado, yendo a por él.

    Lo único que pudo hacer, en parte por miedo y en otra por tener a la maga aferrada cual gato asustado, fue tomar a la chica y comenzar a correr tan rápido como podía hacia la salida. No pensaba en abandonar a Arllet, lo que quería era sacar a la maga y ponerla a salvo. Pero no era más rápido que esa criatura, la serpiente o, Metalanguis, hizo el mismo ataque golpeando con fuerza la espalda del soldado arrojándolo por el suelo y separándolo de la maga.

    La serpiente siguió su ataque hacia el humano, acercándose e intentado morderlo con sus afilados colmillos. No obstante, un escudo mágico la detuvo. Lana había visto su ataque creando un escudo que salvó al solado.

    –Lana, debes huir ahora, debes regresar y pedir refuerzos al gremio –ordenó el soldado, aliviado al verse protegido por ese escudo mágico.

    La maga asintió y deshizo su escudo, el soldado se lanzó contra la serpiente y usando su embestida para golpear la cabeza de la criatura y que se fijara en él, de forma que la maga lograra irse.

    Lana corrió tanto como podía, por fin acercándose a la salida hasta poder ver la luz de la luna y la fría ventisca de la montaña. No obstante, no lograría salir. Una cadena fue arrojada hacia ella y esta se enredó en su cuello, para luego ser jalada violentamente.

    –¡Lana! –gritó Bor, arrojando un corte a la serpiente que la alejó.

    ¿Quién había sido? Jalando la cadena había una extraña figura, de dos metros de estatura, viste una pesada y enorme armadura de metal negro. No se puede ver nada de él salvo la armadura y un par de luces rojas en el yelmo que aparentan ser ojos.

    –Esos son mi Hatairoy, uno de mis experimentos con mejores resultados –dijo el encadenado, quien era testigo de todo lo que pasaba.

    –¡Tú eres quien controla todo esto, maldito! –la paladín saltó hacia él encadenado buceado atravesarlo con su sable.

    Estuvo muy cerca de llegar, no obstante, en el último momento una cadena fue arrojada hacia ella atrapándola por la cintura y siendo jalada de forma brusca hasta estrellarla contra un pilar, logrando sacarle un grito.

    –Los Hatairoy tienen el decreto de protegerme a toda costa, jamás dejaran que nada me toque –agregó con una molesta risa el encadenado.

    La maga era arrastrada por el suelo mediante la cadena aferrada a su cuello. La chica trataba de respiras, cosa que dicha cadena le impedía. El extraño ser denominado Hatairoy la acercó y soltó la cadenada. La chica tosió con desespero al poder respira otra vez, además del dolor que le causó la forma en la que la jaló. La criatura de metal negro, la tomó del cabello levantándola entre gritos e intentos de zafarse. Sin piedad la golpeo en estomago hasta hacerla escupir sangre e impedirle gritar.

    –¡Hijo de perra! –exclamó el furioso soldado. Golpeo con fuerza la cabeza de la serpiente alejándola y corrió hacia el Hatairoy.

    Saltó y usó embestida con su escudo para golpearlo, pero subestimó a su rival. Con su brazo detuvo la embestida, sorprendiendo al soldado. Luego arrojó un puñetazo con tal fuerza que arrojó a Bor por el suelo, haciéndolo perder su escudo, espada y dañando severamente su armadura.

    –Se, señor Bor –musitó la maga, tosiendo y con dificultad, al tiempo que llevaba sus manos a su abdomen.

    –Bor –dijo la paladin levantándose, y siendo lo primero que vió a su amigo ser arrojado de forma violenta. Volvió la mirada a la cadena alrededor de su cintura, cortándola fácilmente con su sable. Luego divisó al Hatairoy que la había atacado.

    Este otro hombre de metal sacó una espada y se acercó a ella con intenciones ofensiva. Poco duraría ese intento, la paladín usó Viento cortante, cercenando la cabeza de la criatura, dándole muerte al instante. Debía matar al encadenando, pero la serpiente se acercaba hacia Bor, así que decidió intentar salvar a su amigo. No lo lograría, más de esos Hatairoy aparecieron, arrojando una cadena a cada brazo y pierna logrando apresarla. Arllet tuvo que ser testigo impotente de lo que Bor sufriría.

    La serpiente se acercó rápidamente tratando de morderlo, a lo que el soldado intentó escapar, pero la criatura atrapó su pierna entre sus fauces afiladas. Un fuerte gritó aunado a la sangre que emanó de la boca de la serpiente fueron solo el comienzo. Arllet trataba con todas sus fuerzas de soltarse, reventando una cadena, para al instante ser trepada por otra.

    La serpiente no soltaba la pierna de soldado, quien golpeaba la cabeza de la criatura con su otra pierna. Entonces la criatura de metal lo levantó y comenzó a agitarlo de un lado a otro de forma violenta, aumentando por mucho el suplicio. Desgarrando piel, carne, tendones y finalmente el hueso, logrando seccionar la pierna del soldado a la altura de la rodilla. Quien salió arrojado por los movimientos de la serpiente.

    –¡Señor, Bor, No! –gritó aterrada la maga, intentado acercarse, pero el Hatairoy la volvió a golpear.

    –¡Ya basta, ya basta, detén esto, maldita sea! –gritó Arllet hablándole al encadenado. Reventó las cadenas de sus piernas y trató de correr hacia el anfitrión, llevando consigo a los Hatairoy que trataban de detenerla. Pero más de ellos aparecieron y más cadenas la tomaron. Tenía ya al menos tres cadenas en cada extremidad que buscaban controlarla.

    –¡Grita, grita y suplica, quiero ver su desesperación! –exclamó el encadenado junto a una demencial risa.

    El soldado lisiado trataba de arrastrarse por el suelo en busca de su arma. Pero ya no había más que hacer, la serpiente se posó sobre él y comenzó a morderlo con tal brutalidad que arrancaba partes de su cuerpo, mutilándolo hasta matarlo. La rubia gritó con todas sus fuerzas, ante tal frustración e ira, por otro lado la maga solo lloraba asustada y deseando que todo fuera un sueño.

    –Ahora acabaremos con la hermosa rubia, a ella quiero que la desoyen –dijo el encadenado a sus Hatairoy.

    –¡Basta, ya, por favor ya deténgase! –gritó suplicante la maga– ¡Por favor, haré lo que sea pero ya no siga con esta barbarie!

    –Carajo… eso era lo que quería escuchar –dijo el encadenado. Ordenando aun Hatairoy que llevara a la maga hasta él –. Estoy seguro que tienes suficiente magia para romper el sello de las cadenas.

    Los pilares a los cuales estaban ancladas las grandes cadenas que lo apresaban tenían sellos para que estas no pudieran ser dañadas por el tiempo, por él mismo y por criaturas no naturales como sus sirvientes.

    –¡Lana, no lo hagas, no liberes a ese maldito loco! –exclamó Arllet, sabiendo bien que nada bueno podía pasar si lo hacía. Sin embargo otro Hatairoy la tomó por detrás tapándole la boca.

    –No la escuches, niña. Si quieres salvarte y salvarla a ella, haz lo que ordeno –insistió el encadenado.

    Dudosa, pero sin otra opción obedeció. No fue fácil, pero logró deshacer los sellos, los que debilitaron las cadenas lo suficiente para que el encadenado fuera capaz, por sí solo, de reventarlas. Ahora está libre. La maga mira con temor a ese hombre, e incuso Arllet también.

    El hombre se levanta, después de mil años en esa posición, su cuerpo se nota debilitado. Lo primero que hizo fue quitarse las vendas de los ojos y boca. Sus ojos son de dos colores diferentes, uno es completamente negro, salvo por un punto rojo que parece ser su pupila, el otro es blanco, pero la pupila es una especie de símbolo parecido a un sello mágico en color dorado. Abre la boca para mover su mandíbula, mostrando que todos sus dientes son colmillos afilados, además de tener una lengua bífida.

    –Que bien se siente estar libre una vez más, mil jodidos años en esa posición… me duelen todos mis huesos –habló con su voz propia, la cual era muy intimidante por lo grave que es. Miró a la maga y sonrió, hizo un ademan para que se acerca a él, lo cual la asustada joven hizo–. Arrodíllate ante mí, te daré mi bendición y agradecimiento –su voz se tornó suave para no asustarla más.

    Temblando, con miedo y una gran desconfianza lo hizo, arrodillándose y agachando la cabeza. El extraño hombre levantó su mano, de la cual comenzó a emanar su propia sangre creando una pequeña esfera flotante, que luego formaría una lanza sólida de coloro rojo. Arllet pudo ver lo que pasaría, trato de gritar y hacer algo, pero las cadenas no se lo permitieron. El hombre usó esa lanza para atravesar a la maga de forma certera y con tal precisión que le atravesó el corazón dándole una muerte al instante.

    –Una muerte rápida es un hermoso agradecimiento –sonrió de forma perversa mientras sacaba su lengua y lamia sus labio mirando el cuerpo de la maga.

    Un fuerte viento llamó su atención y miró a la rubia. El aire comenzaba a girar a su alrededor. Con fuerza golpeo con su cabeza al Hatairoy detrás de ella para que le soltara la boca.

    –¡Vas a pagar por esto maldito monstruo! –miraba con odio a ese sujeto por la forma en la que acabó con esa novata–. Destruiré este lugar y a ti con él. ¡Seishin: Tifón de la Devastación!

    El sujeto la miró con curiosidad. Los vientos comenzaron a girar a su alrededor ganando fuerza y velocidad en segundos, los Hatairoy que tenían las cadenas que la aprisionaban salieron volando y la soltaron. El tifón ganó más fuerza cubriéndola a ella con un tornado. Entonces se acabó. La lanza roja atravesó los vientos hasta clavarse en ella, arrojándola fuera del tornado el cual desapareció al instante.

    Arllet estaba en el suelo, sorprendida pues habían anulado su más fuerte ataque, además de un dolor sin igual, pues la lanza se había clavado en su hombro derecho, y para mayor sorpresa todo su brazo estaba paralizado, quizás por habilidad de esa arma. Trató de ponerse de pie. Pero el hombre se acercó a ella colocando su pie en el pecho de la rubia para que no se moviera.

    –No te preocupes, hermosa, a ti no te voy a matar. Tu y yo nos vamos a divertir mucho a partir de ahora, tengo tantos experimentos que hacer, y una humana con tu belleza es perfecta –la sonrisa de ese hombre no enmascaraba las viles intenciones que tenía–. Por cierto. Hace unos momentos preguntaste mi nombre y quien era. Bien, pues mi nombre es Karppoforo, soy un Ancestral, y me conocían como “El genio de la demencia” Bien, debo hacer unos arreglos a este horrible lugar –sin más se alejó de ella–. Por cierto, será mejor que no intentes nada, mientras mi lanza, Margo, este clavada en ti anulara toda habilidad mágica.

    Derrotada, sorprendida por lo que pasaba, asustada, herida, a merced de lo que ese sujeto quisiera hacer con ella y culpándose por el deceso de eso que la acompañaron, Arllet solo pudo decir algo.

    Dante, James. Perdónenme, creí que podría hacerlo –dedicó eso a un par de hombres muy apreciados por ella.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
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    Angelivi

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    Y aquí acaba la primera parte de la historia por lo que veo. Muy buena narración y la psicología de los personajes está muy bien construidas, te felicito por ello. Lo único que no me terminó de convencer es el desarrollo del diálogo antes de que Karppoforo les enviase el gólem. Había algunas partes que no estaban bien hiladas, o al menos no sentí la misma fluidez que en el resto de los dos capítulos. He notado una influencia en los juegos de rol, describiendo las clases de aventureros y usando hechizos propios de los videojuegos; no está mal, tan solo es llamativo.

    Aprecio el conocimiento que tienes en el uso de las tildes, en un trabajo de esta extensión es habitual encontrar errores ortográficos a mansalva; sin embargo he de decir que el texto no está exento de erratas. Supongo que son errores accidentales que con una lectura serás capaz de localizar, he podido ver unos cuantos pero con una edición lo solucionarás enseguida.

    Un consejo para capítulos futuros: en los diálogos, las exclamación pueden darte mucho juego, en especial si estás narrando un combate. Cualquier grito, sorpresa, advertencia o insulto debería ir entre exclamaciones. En el segundo capítulo he visto más exclamaciones, pero en ciertas ocasiones eché en falta alguna exclamación.

    Solo me ha quedado por descubrir un poco el mundo en el que se desarrollará esta historia, pero ahora que harás un "reinicio" de historia es muy probable que tengamos la oportunidad de empaparnos de lleno con la historia del reino de Wex. Seguiré los próximos capítulos. ¡Mucho ánimo!
     
    Última edición: 13 Noviembre 2018
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    Gracias por el comentario.
    Podria decirse que aquí acaba la primera saga(parte)
    Gracias por la narracion, siempre le pongo mucho empeño, así como a los personajes y sus dialogos y psicologia. puede que la ultima escena del primer cap fuera algo acelerado, así como que la personalidad de Karppoforo será muy erratica debido a su clara locura.

    Si, la historia está muy marcada por los juegos de rol, así como los animes de este tipo.

    Trabajaré siempre en mejorar y corregir los errores.

    En los proximos caps de verá mas acerca de otros personajes y el mundo.

    Gracias por leer.
     
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    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3356
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo III: El gran gremio

    (Opening: All good things – Fight)

    10 de Noviembre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Diez días han pasado desde aquel trágico encuentro entre el Ancestral Demente, Karppoforo y la paladín Arllet, quien pensó podría hallar una cura para su ser amado, pero solo encontró un terrible destino, solo los dioses saben que ha hecho con ella su captor, pues sus acompañantes perecieron durante el combate.

    Ahora nos alejamos cientos de kilómetros hasta un bello y soleado paraje del reino de Wex. Por una carretera que rodea un gran bosque una carreta deambula lentamente tirada por un solo caballo. Dirigiéndolo vemos a un hombre. Su cabello es negro y largo, completamente despeinado, cubriendo un poco de su rostro, además de tener una larga y frondsa barba que le dan madurez a su serio semblante, y ni hablar sus fieros ojos rojos. Viste una larga gabardina de cuero, debajo de esta una camisa negra, pantalón oscuro y botas de cuero con grabas, su manos son cubiertas por guanteletes de acero. Y en su espalda un hacha de guerra. Su figua es alta, con dos metros de estatura y una inocultable gran musculatura.

    –¿Ya vamos a llegar? –bufó otra persona.

    Era un joven chico que iba recostado en la carreta junto a varias cajas. Su cabello es color café y se nota bastante alborotado, se nota alto, quizás 1.75 metros de altura, además de poseer una complexión delgada, esto, junto a su rostro y sus ojos azules lo consideran un joven bastante a puesto. Viste una camisa manga larga blanca, pantalón café, guantes de cuero y botas de cuero. En su cinturón lleva un sable de alta calidad.

    –Deja de joder –alegó el enorme y barbudo hombre–. Es la quinta vez que preguntas.

    –Oye, no tengo nada mejor que hacer, llevamos dos días viajando en esta carreta sin detenernos. ¿Qué tan lejos podemos estar de la ciudad de Sky?

    –Menos que ayer y más que mañana –respondió suspirando y tratando de no alterarse por las cuestiones de su molesto acompañante.

    –Que aburrido eres –bufó y se acercó a él para sentarse a su lado– ¿Por qué no nos detenemos en un pueblo de esos que están en el horizonte y tomamos una cerveza?

    –No creo que sea buena idea darte alcohol, eres molesto sobrio, no te imagino ebrio –alegó el barbudo con su apacible, pero intimidante voz.

    –Que aburrido eres. ¿Seguro que eres un aventurero? –dijo a manera de burla.

    –Lo fui –respondió tajante–. Además, no pienses que las misiones de los aventureros son diversión y alegría. Si te descuidas terminaras con la cabeza clavada en una lanza.

    –Por favor, que tan difícil puede ser cazar a unos cuantos seres mágicos, duendes, orcos, tragos, trolls, son pan comido para un experto como yo –dijo con cierta arrogancia a pesar de su poca edad y casi nula experiencia.

    –Mientras te encuentres con uno o dos, no habrá problemas, pero si te rodean y te encuentras solo te mataran muy lentamente –respondió el barbudo con su seriedad–. No olvides que vamos a Sky por un solo motivo, no regresaría a ese lugar si no fuera necesario.

    –Ya lo sé –la sonrisa tonta del joven despareció y se tornó serio–. Debemos encontrar a nuestra Arllet. Mi hermana, y tú novia. No olvidaré eso, jamás, encontrarla es lo que más deseo.

    –¿Por qué insistes en llamarla hermana? Sé que ustedes no son nada realmente –cuestionó el barbudo mirando al chico de reojo.

    –Lo sé, pero ella me salvó cuando era un niño, y cuidó de mí en el orfanato –sonrió mirando al frente, pero recordando a esa bella y bondadosa mujer–. Luego me entrenó y me convirtió en el aventurero que soy. Le debo todo a Arllet, por eso la aprecio como si fuera mi hermana mayor, mi ejemplo a seguir. Es imposible no confiar en ella y desear luchar a su lado, ¿no?

    –Ella tiene esa habilidad –suspiró el otro–. Hacer sentir bien a cualquiera que mira su hermosa sonrisa y preciosos ojos, es una mujer sin igual. Capaz de dar todo por alguien que no vale la pena.

    Dante –llamó el chico con una voz más suave al ver cierto atisbo de depresión en su compañero–. ¿Tú y ella, desde cuando se conocen?

    –Desde que tenemos memoria. Somos amigos desde que éramos niños –suspiro enormemente para olvidar su depresión y fijar la mirada en el camino–. Deja ya de preguntar tantas tonterías, James. Eres molesto.

    –Y tú un idiota –sonrió el chico al entender que a su compañero no le gustaba verse sentimental–. La vamos a encontrar y estará sana y salva, ya lo veras –aseguró James.

    Kilómetros más adelante, por ese mismo camino, se encuentra la gran y bella ciudad de Sky, sede del gran gremio de aventureros de todo el reino de Wex, es decir, allí se encuentra el más grande de todos y desde el cual se dirigen y administran a los aventureros. La ciudad de Sky es muy grande y poblada, rodeada por una gran muralla defensiva. Exceptuando al gran gremio de aventureros, esta ciudad basa la mayor parte de su economía en el comercio, de forma que sus puertas siempre están abiertas y grandes carretas y caravanas de mercaderes entran y salen todo el día.

    Pero este es un día singular, dos eventos importantes daban como resultado el gran jolgorio y jubilo del que la ciudad rebosa. Este día se celebra el festival de la ciudad, aunado a la convocatoria enviada por el ministerio de seguridad mágica. La ciudad estaba atestada de extranjeros, aventureros y civiles, que venían a disfrutar del festival y registrarse para las misiones que no han dejado de llegar desde hacía cinco días, estas, competentes a un mal desconocido.

    Avanzando por las grandes y concurridas calles llegamos al afamado gran gremio. Un edificio de varias plantas y forma de torre, con extensos balcones desde los cuales se puede tener una linda vista de la ciudad. La primera planta estaba llena de aventureros que buscaban registrarse y otros que buscaban tomar misiones. Mientras que el segundo funge como restaurante y bar exclusivo para aventureros, los demás pisos son habitaciones.

    En un balcón, donde hay varias mesas y sillas para comer y disfrutar de la vista. Allí se encuentra una mujer de larga y bella cabellera azabache, bastante lisa y larga, pues llega hasta la mitad de su espalda. Posee uno lindos ojos color verde, que, ante la luz de los cambian su tonalidad. Su piel es blanca, curiosa y tiernamente, posee unas cuantas pecas por la nariz y los pómulos. Su complexión es delgada, denotando un gran entrenamiento físico, así como una estatura de 1.70 metros.

    Pero no os dejéis engañar por su belleza, esta dama no es una doncella. Viste un corset negro, unas largas medias que llegan poco después de la mitad de sus muslos, calza unas botas de cuero con raro diseño, sobre el corset lleva una tela roja que rodea de forma diagonal su torso y cuelga, su cintura es rodeada por un cinturón de acero. A manera de protección lleva un brazal en su mano derecha, una gruesa y ruda hombrera en el hombro izquierdo, y finalmente, un largo guante que cubre todo el brazo izquierdo.

    Esta preciosa y fiera mujer aprovecha ese apacible momento para comer algo, un trozo de tarta de manzana recién horneada, y un vaso con jugo de uvas recién exprimidas. Un manjar en pocas palabras. Una lidna sonrisa de dibuja en su rostro ante ese dulce y cálido sabor al momento que lleva un trozo de tarta a su boca.

    –Que delicia –se dijo a sí misma–. Hace tantos años que no probaba las deliciosas tartas de manzana del reino de Wex. Simplemente son las mejores.

    Siguió disfrutando de su comida llevando su mirada a la ciudad. Donde el festival se llevaba a cabo, tal vista de una ciudad pacífica y divertida alegrarían a cualquiera. Hasta que su momentos fue interrumpido por alguien más.

    –Que festival tan más divertido, ¿no? –dijo la voz de un hombre. Llamando la atención de la chica.

    Aquel era un alto e intimidante hombre, aunque su sonrisa daba cierta confianza. Su cabello es corto en color negro, sus ojos son rojo carmesí, por extraño que parezcan, su piel parece un tanto pálida para ser humano. Finalmente su estatura es de 1.89 metros, aunado a una gran musculatura.

    Viste un gran manto blanco que lo cubre casi por completo, y, lo más curioso es la máscara de acero, bastante elegante, que cubre todo su rostro, dejando ver solo sus ojos.

    –Hola –saludó de forma alegre.

    –Hola –respondió ella un tanto extrañada–. ¿Puedo ayudarte en algo?

    –Oye, que fría eres, casi como si no nos conociéramos –dijo riendo mientras se sentaba frente a ella.

    –Perdona, pero apenas y nos conocemos, solo porque viajamos en la misma caravana –explicó ella sin ser grosera.

    –Sí, eso es verdad, la verdad no recuerdo tu nombre, pero igual eres la única persona que medianamente conozco –rio él–. Bueno, comencemos con el pie derecho. Mi nombre es Yuzzo, soy de este precioso reino, de las tierras al sur.

    –Mucho gusto, me llamo Nao, aunque nací en este reino hace algunos años viaje a y me establecí en Docia –explicó ella dando un trago a su vaso de jugo.

    –Que bien. Bueno, no espero que malinterpretes mis intenciones, así que iré al grano –sacó de sus ropas una hoja que dejó sobre la mesa y se la dio –. ¿Necesito una compañera?

    –¿Compañera? –cuestionó ella mirando la hoja–. No es por ofender, pero hasta ahora te trabajado sola, lo siento –tomó la hoja para verla.

    –Yo también, pero me temo que no se podrá en esta ocasión –alegó él mientras llamaba a un mesero con un ademan–. El reino ha creado una nueva norma para todos los aventureros, a partir de hoy se prohíbe tomar misiones en solitario, sin importar su dificultad.

    –Eso es… extraño –comentó mientras leía la hoja, no solo era extraño el hecho de promulgar dicha norma, si no que se especificaba en letras negras al final de la hoja. ¿A caso ocurrió algo para qué se tomara dicha medida?

    –Así que, siendo tú la única persona que medianamente conozco, además que eres una aventurera de rango profesional, creo que podríamos hacer un buen equipo, ¿no?

    La chica suspiró, pues estaba acostumbrada a trabajar en solitario, pero ahora ya no había cabida para esa opción. Y, el sujeto que tenía enfrente era extraño, pero no parecía alguien que aparentara desconfianza.

    –Bien, creo que es buena idea que hagamos equipo. Por cierto, soy una Chaman, para que lo tengas en cuenta.

    –Genial, estoy ansioso por iniciar la misión. Yo soy un Berserker.

    –Veamos de que se trata –volvió a la hoja que él le había dado, la cual era una solicitud de misión. En ella describía detalladamente lo que se sabía, además de asignar un rango de dificultad–. Una aldea cerca de un bosque ha sido atacada contantemente, llevándose a algunos campesinos, esto ocasionado por criaturas desconocidas que atacan solo por las noches, dos aventureros de rango novato aceptaron esta misión previamente y desaparecieron. Dificultad estimada: B/A. Suena interesante, idóneo para una profesional y un… –miró a su, ahora, nuevo compañero.

    –Yo soy un Elite –rio un poco presumido.

    –Perfecto, entonces en una hora debe comenzar a trabajar. Dudo que esto sea problema para nosotros –sonrió algo sorprendida.

    Los dos se quedaron allí un rato más comiendo y bebiendo, aprovechando el momento también para conocerse un poco mejor, después de todo ahora eran compañeros y debían conocerse bien para luchar en perfecta armonía. Mientras ese par seguían su charla y almuerzo no notaron que un hombre vestido con una túnica blanca que lleva en la espalda el extraño dibujo de un sol rojo pasó junto a ellos y arrojó, muy discretamente unas tarjetas, una en el equipaje de él y otra en la bota de ella. Ambas tarjetas no fueron percibidas por ellos, pero se pegaron a sus objetos al instante.

    Otro par de interesantes personas subían esa parte del edificio, un elfo y una humana, que, a simple vista parecían un adulto y una niña por la diferencia de estaturas. Ambos son aventureros, de eso no hay dudas, pero existe una gran diferencia entre sus poderes y su clase, así como sus personalidades.

    –¡Malditos imbéciles! –gruñía el enorme elfo mientras avanzaba–. Parece que los humanos no entienden lo que es el orden, gritan y empujan como si esto fuera una fiesta.

    –Tranquilo, es porque están muy animados por registrarse y comenzar a tomar las misiones –alegó su compañera, quien lucía más alegre, pues en su rostro había una tierna sonrisa.

    –Creen que las misiones se tratan de una simple casería, como sigan pensando así terminaran muertos –alegó el elfo tomando asiento.

    El elfo, un hombre de edad considerada, ni joven ni maduro. Con una intimidante estatura de 1.95 metros, complexión musculosa y tosca, su cabello era rubio y largo con las puntas en color rojo, posee un ojos en color rojo y el otro en color azul, con una cicatriz que atraviesa de forma vertical su ojo derecho. Su piel es paliada como la de su raza. Su actual atavió consta de una gabardina roja oscura bastante larga y algo desgastada, por debajo una camisa café y pantalones oscuros con zapatos viejos. Aunado a su equipaje, una bolsa de piel que lleva en su espalda junto a su gran espada de doble punta.

    –¿Quieres comer algo antes de descansar? –preguntó su compañera.

    Ella, una chica bastante joven de raza humana, con una larga cabellera rubia con reflejos rosados, ojos lila con un ligero y encantador brillo, su suave y tersa piel es pálida. Esta bella joven posee una complexión bastante delgada así como una baja estatura, 1.65 metros. Viste, de momento, un vestido sin mangas y de tirantes en color azul cielo con un enorme moño en la parte baja de la espalda. Debajo lleva largas medias azules con negro y calza unas zapatillas azules. Sus brazos son cubiertos por unas mangas blancas, llevando en su brazo derecho un pañuelo azul y su precioso cabello es adornado con dos moños pequeños en blanco y azul.

    Era más que obvio que tan preciosa chica llamaba la atención de los hombres allí presentes, quienes al ver a su acompañante, el intimidante y serio elfo, pasaban de largo.

    –¿Quién te dijo que quiero descansar? Vine a hacer mucho dinero y hay misiones de sobra, comeré algo rápido y tomaré la primera misión que se me cruce por la mirada –alegó el elfo con una seria mirada y su típica posición de brazos cruzados.

    –Pero viajamos durante toda la noche y amanecer, estoy agotada –dijo recostándose en la mesa fingiendo cansancio.

    –No aguantas nada, es obvio que no has dejado de ser una novata –dijo él sonriendo de lado.

    –¡Oye! –espetó ofendida y cruzada de brazos. Además de inflar un poco las mejillas. Que solo hacía que se viera más linda–. Todo el tiempo me lo estás recordando.

    –Vale, como sea –arqueo la ceja desviando la mirada para escapar esa lindura que tiene por compañera–. Comeremos algo y luego descansamos en una de las habitaciones, pero, a primera hora tomaremos esta misión –sacó una hoja de su gabardina y se la mostró a ella.

    –¿Creí que no habías elegido ninguna misión aun? –cuestionó la chica mientras la tomaba.

    –Aun no la he firmado, solo la tomé para leerla mejor, tiene algo que me interesó –respondió mientras le pedía un par de bebidas al mesero.

    –Dice. Se solicitan a ventureros para rescatar a un mercader que desapreció hace dos días en una vereda a la mita de un bosque, se desconoce que haya ocasionado su desaparición. Se ofrecen 500Wells por traerlo de regreso... Hmmm ¿Te fijaste en esto por hacer una buena obra o por el dinero?

    –¿Tu qué crees? –respondió de forma seria mientras le llevaban un tarro de cerveza y daba un buen trago de ella–. Qué bien, esto era lo que me hacía falta.

    –¿Qué pediste para mí? –preguntó mientras tomaba el otro tarro.

    –Un vaso de leche calientita –dijo a manera de burla mientras bebía más.

    –¡Castiel, deja de tratarme como una niña! –bufó un tanto ofendida.

    –Solo es broma Cloud. Es jugo de uva. Ni sueñes que de tejaré beber una gota de alcohol. Puede que seas una aventurera pero no eres mayor de edad aun.

    –Sí, si ya sé, sé. Ni quien quiera ese feo alcohol –Bufó tomando el vaso con jugo–. Castiel ¿Qué crees que sea lo que ha aumentado los ataques de seres mágicos?

    –No lo sé, y no es que me importe realmente. Pero ha propiciado una ola de misiones sin igual y muy bien pagadas la mayoría, no me imagino cuanto gastará el gobierno de Wex por tantas recompensas.

    –De lo que creen, menos es, jóvenes –dijo un hombre que pasó a un lado de ellos.

    Viste una gran túnica blanca con un sol rojo en la espalda, lleva un largo sombrero de punta en color negro y en su mano derecha un báculo de acero negro con un sol en la punta. A la primera vista parece un hombre mayor, su cabello es grisáceo y muy largo, aunado a una larga y frondosa barba. Sus cejas dan seriedad a sus intrigantes ojos completamente blancos. Lleva un morral de tela en un costado de su cintura.

    –Disculpe, ¿quién es usted y por qué dice eso? –preguntó con curiosidad Cloud.

    –Mi intromisión perdonen, un metiche he de parecer –rio el viejo, quien parecía alguien amable, con una peculiar forma de hablar.

    –Si usted lo dice –alegó de forma seria el elfo mirándolo a detalle.

    –¡Castiel! –llamó su compañera ante la forma descortés de hablar de su compañero.

    –Lo entiendo. El punto es, sobre la pregunta que hiciste. Una estrategia el reino es. Motivo por el cual gastar menos lograrán. para eso este festival es así como la convocatoria internacional. Mas información encontraran esta tarde, el ministro de magia del reino un llamado hará. Sus palabras atentamente escuchen mas no engañarse dejen. No todo lo que parecer es –articuló una extraña pero intrigante sonrisa mientras con su mano buscaba algo en su morral.

    –Disculpe, pero no entiendo que es lo que dice ¿Qué es lo que el ministro dirá? –preguntó la chica con intriga.

    –Revelarles eso ahora no puedo, escucharme personas equivocadas pueden –miró sobre su hombro, pero había tantas personas que no se supo a quién miró precisamente–. La verdad sobre lo que ocurre averiguar pueden –sacó de su morral una tarjeta y la dejó sobre la mesa frente a ellos–. “Seguir al sol deben, la luna mentiras proclama

    Sin más que decir, y siendo imposible confundir más a ese par, el viejo hombre se retiró sin más.

    –Qué sujeto más extraño, y que forma de hablar más molesta –bufó el elfo viendo al viejo alejarse.

    –No entendí nada de lo que dijo, no tanto por su forma de hablar, si no por lo que expresaba ¿de que hablaba? Que significa seguir al sol y que la luna proclama mentiras –tomó la tarjeta, no era más que una tarjeta de papel grueso, completamente negra con el dibujo de un sol rojo con una cara seria–. ¿Habías visto este símbolo antes?

    –Jamás, seguro es alguna clase de sectario demente, será mejor no tomar en cuenta sus palabras –dijo el elfo despreocupado.

    Así como ellos decenas, cientos y cientos de aventureros llegaron hasta ese lugar en busca de fama, quizás y aventuras. Aunque no todos en ese preciso orden o con las mismas intenciones. El punto era que nadie sabía el motivo del por qué los ataques de seres mágicos habían aumentado en tan poco tiempo.

    ¿Acaso aquellos que llevan un sol rojo en su espalda saben algo más? ¿y si el sol dice la verdad, quien es la luna y por qué miente?

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  7.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3908
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo IV: Los portadores del sol

    (Opening: All good things – Fight)

    11 de Noviembre. Año 3150. Ubicación desconocida.

    Una nueva mañana se comienza en este mundo. La ciudad de Sky se ve cada días más y más concurrida debido al festival de los aventureros, quienes llegan y llegan cada día buscando misiones, fama y riquezas. Ya todas las posadas de la ciudad están casi a tope, los mercaderes deben hacer pedidos en grandes cantidades para satisfacer tal demanda de objetos y accesorios para los guerreros, los herreros trabajan día y noche forjando armaduras y armas.

    Sin embargo de momento nos encontramos un tanto lejos de la jubilosa ciudad. Cerca de los prados del sur, por donde los caminos principales cruzan nos encontramos con un raro hombre.

    Él es un elfo, sus orejas lo delatan. Su apariencia física es de unos veintidós años, aunque su edad cronológica debe ser por mucho superior. Su cabello es color azabache, corto y lo lleva bastante desordenado. Posee una complexión bastante delgada y es de estatura normal.

    Viste una largo abrigo que oculta en su interior algunas runas mágicas, lleva pantalones oscuros asidos a él mediante dos cinturones, los cuales a su vez forman una X, curiosamente sus zapatos son de tela. Finalmente porta diez anillos en sus manos, estos hechos de un raro metal propio de los elfos. Como protección también lleva un par de brazales.

    Aquel hombre parece estar muy relajado, retozando bajo la sombra de un árbol, recargando su cabeza sobre su equipaje. Fácilmente podría pasarse todo el día allí, pues tiene una perfecta vista del bello amanecer, viendo al sol asomarse lentamente por las montañas del norte, curiosamente había un par de ciervos que decidieron descansar a su lado, cosa que a este elfo le agradaba.

    –Creo que los informes exageraban las cosas –se dijo a sí mismo el elfo–. Afirmaban que el reino se estaba llenando de seres mágicos muy violentos, pero desde que llegué aquí no me he topado con ningún, de hecho, diría que el territorio está muy pacifico.

    Se levantó un momento, para estirarse, posiblemente allí mismo había dormido la noche anterior. Tomo su equipaje y se dio un momento para disfrutar de la vista de ese lugar.

    –La verdad comienzo a creer que realmente no habrá nada de interés aquí, si no me encuentro algo interesante me regresaré a Mors.

    Regresó al camino con intención de retomar su viaje en busca de criaturas mágicas y aventuras. A los pocos minutos divisaría una caravana acercándose a él. Era un bello y lujoso carruaje tirado por dos caballos. Dicho carruaje era escoltado por cuatro jinetes, los cuales era fácil identificar, por sus armaduras y armas, eran paladines.

    El elfo no le dio mucha importancia, siguió su camino hasta pasar justo aun lado de dicha caravana, allí su mirada se dirigió a quien pudiera estar dentro, sin embargo, la ventanas eran cubiertas por telas traslucidas. Lo único que pudo ver fue la silueta de una mujer.

    –Aléjese del carruaje, señor –ordenó uno de los paladines, quien rápidamente se interpuso entre el elfo y el carro.

    Los ojos del elfo se fijaron en el peto del paladín, divisando un símbolo, un sol rojo. Símbolo que él reconoció al instante, pues muchas son las leyendas y rumores que se oyen con respecto a los portadores de ese sol. Decidió no provocar problemas y retrocedió ante la orden del paladín. Quien regresó a su formación para seguir escoltando el carruaje.

    –Ese símbolo, ya lo había visto antes. Los Sabios del Sol, es gente muy extraña, llena de misterios y leyendas –si dijo a sí mismo, viendo el carruaje–. Ellos residen en Anglia, ¿Qué hacen aquí?

    En ese momento, el carruaje se detuvo, esto llamó la atención del elfo. Los paladines bajaron de sus caballos rápidamente para tomar posiciones defensivas. El cochero, quien era otro paladín, bajó y abrió la puerta del carro. Los ojos del elfo se abrieron a más no poder ante la mujer que vió descender del carruaje.

    Era una mujer con una belleza digna de una diosa. Su cabello es rubio cenizo, muy largo, lacio y sedoso. Su piel es blanca cual porcelana, sus ojos son de un azul profundo e hipnótico cual si fueran zafiros, sus delicados labios son de un rosa natural que, con solo mirarlos, son dulces. Es una mujer de estatura alta, 1.80 metros para ser exactos. Su cuerpo indica pureza, pero a la vez pensamientos lascivos, pues no hay ropajes que puedan esconder el tamaño de sus pechos o lo voluptuoso de sus caderas y lo delgado de su cintura.

    –Por el Dios Sol –fue lo único que pudo musitar el elfo al verla.

    La hermosa mujer decidió acercarse al elfo. Viste un largo vestido blanco de manga larga, calza unas botas y en su cuello lleva un collar con el símbolo del sol.

    –Buenos días viajero –saludó ella, haciendo una leve reverencia.

    –…buen día tenga usted, señorita –tuvo que agitar la cabeza para salir del hechizo del encanto de esa mujer.

    –Disculpe mi atrevimiento, pero, ¿usted se dirige al a ciudad de Sky? –preguntó. Vaya que tenía una dulce voz.

    –No, me dirijo hacia el sur en busca de criaturas mágicas para estudiar y… –pero ella le interrumpió.

    –Por favor, debe dirigirse a Sky, los aventureros requerirán el apoyo de un mago blanco de elite tan sabio y hábil como usted.

    –¿Cómo sabe que soy un mago blanco y de elite? –alegó sorprendido.

    –Verá –llevó su mano al collar que lleva–. Este es El ojo del sol, es una antigua reliquia que me confiere ciertas habilidades, como ver, sentir e interpretar la magia de cada ser del mundo. Por eso sé que usted es un mago blanco, y por su cantidad de magia sé que debe ser de elite.

    –Entiendo, ustedes los sabios del sol, son gente muy extraña –arqueo la ceja–. Pero me temo que mi destino no está en Sky, si no en…

    –Un terrible mal ha despertado –objetó al instante. Llevando su mano al pecho del elfo y los azules ojos de ella se volvieron blancos. El elfo al instante se paralizó y fue víctima de una visión.

    Pudo ver la gigantesca silueta de un hombre levantarse por encima de las montañas del horizonte, sus ojos brillaban en rojo.

    –¿Qué es eso? –cuestionó entre asustado y sorprendido.

    –Es El Ancestral Demente, un ser lleno de maldad y poder –respondió ella. Sus ojos volvieron a la normalidad y rápidamente quitó su mano del pecho de elfo, liberándolo de la visión–. Discúlpeme, no, no debí hacer eso –retrocedió notándose avergonzada por mostrarle eso–. Aun no puedo controlar mis habilidades.

    –¿El Ancestral Demente?– preguntó él, jadeando un poco–. Recuerdo haber escuchado eso hace siglos.

    –Nadie sabe cuál era su verdadero nombre, pero desde que se hizo con un poder inigualable fue conocido como Karppoforo, que en el primer lenguaje significa Mal Supremo. Los sabios del sol, hace mil años, lo encerraron en una cripta secreta. Todo lo que en el reino de Wex está sucediendo apunta a que ese temido ser se ha liberado de su prisión –explicó ella, denotando temor ante sus palabras.

    –Poco entiendo de lo que me ha dicho. ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

    –Los sabios del sol ya no son tan fuertes como hace mil años, somos muy pocos, si Karppoforo ha despertado no podremos hacerle frente. Pero, hay miles y miles de aventureros fuertes y aguerridos, por eso he venido a este reino, a reclutar a los más fuertes, y usted posee una gran cantidad de magia…

    –No tengo intención alguna de inmiscuirme en esto. No sé qué sea ese sujeto, Karppoforo o como se llame, pero una guerra es algo en lo que no pretendo participar, lo siento –completamente confundido le dio la espalda para irse.

    Gigalomaquia –Llamó ella–. Si te vas ahora, muchas personas sufrirán.

    –¿Cómo sabe mi nombre? –cuestionó mirándola sobre su hombro.

    –Yo soy Ilitia, suma sacerdotisa de los sabios del sol. Soy una maga con el poder de la Mente y el Espíritu. Puedo leer los pensamientos de las personas con el tacto, así como interpretar su espíritu. Sé que tienes cierto temor por eventos de tu pasado, sentí ese temor cuando…

    –Hasta donde sé leer la mente de las personas es una magia imposible de conseguir –la miró con cierto temor–. Usted no puede hacer eso, usted no vio nada, usted no sabe nada de mí. Así que por favor déjeme en paz –Gigalomaquia se notó intimidado pero molesto a la vez. Se dispuso una vez más a irse.

    –No era mi intensión leer su mente, lo siento –la mujer agachó la mirada–. Como dije antes, no controlo mis habilidades aun, le pido una sincera disculpa –Él se detuvo al escuchar eso–. Mi deber es salvaguardar la paz de este mundo, pero no sé cómo hacerlo. Soy demasiado joven para este deber y no tengo los conocimientos necesarios, lo único que sé es que debo reunir a los guerreros más fuertes que pueda.

    –…¿Qué edad tiene, señorita Ilitia? –preguntó el elfo mirándola sobre su hombro.

    –Veinticinco años –respondió ella.

    –Es verdad, es demasiado joven para estar al mando de la los sabios del sol. ¿Cómo es que obtuvo el puesto de su suma sacerdotisa?

    –Todos los lideres, incluido mi maestro, fueron asesinados hace algunas semanas –respondió con cierto temblor en su voz–. La orden estuvo a punto de fragmentarse, así que decidí tomar el puesto afirmando que mi maestro me había dicho que debía hacer, pero…

    –Era mentira –dio vuelta y se acercó a ella–. No tienes idea que hacer, ¿verdad?

    –No –negó con la cabeza gacha–. Conocí a un viejo mago quien dijo que él sabía quiénes habían ordenado el asesinato de los líderes de la orden, me advirtió que solo era el comienzo de algo aun mayor, y de que debíamos viajar cuanto antes a Wex. Ahora he escuchado los rumores acerca de los ataques de seres mágicos que han aumentado y ese mismo mago me dijo que podría ser por el despertar del Ancestral Demente.

    +–Entonces ese mago te dijo que debías reunir aventureros de gran poder, ¿no? –cuestionó Gigalomaquia, a lo que ella solo asintió con timidez–. Al parecer ese ese sujeto quien dirige y no tú –comentó riendo un poco.

    –No eres el primero en decirlo. Los miembros del consejo también lo saben, he tratado de convencerlos de que la idea era mía, pero no parecen creerlo. Si se dan cuenta que alguien me está diciendo lo que debo hacer me quitaran el título de suma sacerdotisa y no continuaran esta misión, por eso debo encontrar aventureros poderoso cuanto antes. Pero llevo ya días viajando y no había encontrado ninguno, hasta que lo vi a usted, y… me emocioné.

    –Entiendo –suspiró sonriendo ligeramente, pues le parecía una chica inocente–. ¿Te preocupa mucho perder ese título?

    –Muchísimo. La verdad es que acepté la idea de reunir a los aventureros por un motivo más personal –levantó entonces la mirada, mostrando que algunas lágrimas escapaban de sus ojos–. Quiero encontrar a mis hermanos, han pasado muchos años desde que los vi, y solo sé que son aventureros, si me quitan el título no podré encontrarlos.

    –Oye, tranquila –no pudo evitar suavizarse al verla llorar.

    –Lo siento, no, no puedo evitarlo –sacó de sus ropas un pañuelo para secar sus lágrimas.

    –¿Y dónde está ese mago tan sabio? –preguntó Gigalomaquia.

    –Su nombre es Oldverg, él se adelantó, ya debe de estar en Sky buscando aventureros para reclutar.

    –Bien –la miró un momento y suspiró–. Creo que me ha convencido, señorita, viajaré a Sky.

    –¡¿En serio?! –preguntó sorprendida–. ¿Se unirá a nosotros para detener a Karppoforo?

    –Eso aún no lo he decidido, si me hablaras más acerca de él quizás me decida –sonrió de forma amable.

    –Entonces puede viajar conmigo, le diré todo lo que sabemos de él durante el viaje –dijo con emoción.

    El elfo Gigalomaquia así fue como se unió a la suma sacerdotisa Ilitia. Subieron al carruaje y emprendieron el viaje hacia la ciudad de Sky.

    Horas más tarde, y por otro lado, regresamos con aquel par conformado por Dante y James, quienes sigue en su viaje hacia la ciudad.

    –¿Oye, esta cosa no puede ir más lento? –cuestionó el joven recostando en la parte de atrás y con claro sarcasmo.

    –Llevamos varios días de viaje, muchacho, no podemos forzar tanto a los caballos –respondió de forma seria Dante.

    –¡Vamos, puedo sentir como envejezco! –se levantó y se acercó a su compañero–. A este ritmo cuando lleguemos ya habrá terminado el festival.

    –Poco me importa el festival, lo único que me importa es encontrar a Arllet y nada más –respondió de forma seria Dante.

    –Que aguafiestas eres –bufo el muchacho. Rápidamente se acercó y tomó a Dante del hombro–. Me dirás que no deseas pasar por los hermosos y amplios burdeles de la ciudad, allí hay mujeres preciosas y muy cariñosas ¿sabías? Elfas, humanas y vampiras por igual.

    –Que estupideces dices, muchacho –le miró de reojo con sus fieros ojos rojos–. La única mujer que me interesa es Arllet, jamás la engañaría con cualquier zorra. Vuelves a decir esas sandeces y te tumbo lo dientes.

    –Oye, relajante Dante –rio James por su reacción–. Solo estaba jugando contigo amigo. Me alegra saber que mi hermana tiene a un hombre tan fiel como tú, es afortunada.

    –El afortunado soy yo –musitó Dante.

    –Pero de cualquier forma, no estaría mal pasar a una taberna y beber unos cuantos tarros de cerveza mientras un juglar canta una canción acerca de los fuertes y heroicos aventureros –dejó de lado la conversación.

    –Tu que puedes saber de alcohol, muchacho… –rio. Hasta detuvo el avance de su caballo.

    –¿Qué pasa, porque nos detenemos? –cuestionó James.

    –Algo se acerca, algo grande –respondió Dante bajando de un salto de carreta y tomando su hacha.

    –Oye, yo no escucho nada –agregó James, pego igual se bajó con su sable en mano.

    La tierra comenzó a temblar y los animales salieron corriendo del bosque a toda velocidad. Se escuchó un rugido y de entre los altos arboles una enorme bestia apareció.

    –¡Hijo de puta, es un Troll Blanco! –exclamó el joven aventurero ante tal criatura.

    Los troll blancos tienen la característica principal de tener piel blanca, lo cual les permite deambular durante el día sin problema. Estas bestias llegan a medir hasta siete metros de altura. Visten solo un taparrabos y suelen usar piedras o troncos como armas.

    ¡Ultima luz! –se escuchó la voz de una mujer.

    Una chica salió de entre los arboles siguiendo al troll, dio un gran salto y disparó una flecha luminosa. La flecha voló a gran velocidad hasta impactar en la frente de la bestia, creando una explosión. El troll rugió ante ese dolor y arrojó un ataque con un trazo que lleva en su mano. La arquera debió salta a un lado para evitar ser aplastada por eso.

    –¡Está sola, debemos ayudarla! –dijo James desenvainado su sable.

    Antes que hiciera algo otra persona salió a toda velocidad del bosque, y vaya que corría con gran rapidez hacia el troll.

    –¡Oye, monja, está aturdido atácalo con todo! –exclamó la arquera.

    La otra chica se acercó al desprevenido Trol, quien tenía la mirada fija en la arquera, y saltó hasta llegar a él y atacar.

    ¡Gran puño celestial! –exclamo esa “monja”

    Una energía mágica blanca recubrió su puño e impactó en el costado del troll. La fuerza que imprimió debió ser muchísima pues hizo gritar al troll y lo derribó, obligándolo a llevar sus manos a la zona del golpe.

    –¡Así se hace! –dijo la arquera preparando otra flecha. Y se acercó al adolorido troll.

    –O bueno, quizás no necesitan nuestra ayuda –comentó James al verlas dominar, o eso creían. Se dispuso a regresar a la carreta.

    –Espera –llamó Dante al verla–. ¿Qué está haciendo? Ese troll aún no está vencido.

    –¿Qué pasa? –cuestionó James. Antes que dijera nada Dante comenzó a correr hacia ellas pues sabía que algo podría salir mal–. Oye, espera –y lo siguió.

    –Adiós amiguito, hola recompensa –la arquera se acercó a la cabeza del troll y preparó otra flecha.

    No contaba con el troll la miró y abrió la boca liberando una gas verde, terriblemente nauseabundo y, si se expone demasiado a él, toxico.

    –¡Que mierda! –alegó soltando su arco llevándose las manos a la boca y la nariz.

    –¿Arquera? –cuestionó la monja al ver que no pasaba nada. El troll reaccionó y arrojó una patada a la monja, quien logró reaccionar en el último momento–. ¡Escudo de guerra! –juntó sus brazo y creo un escudo mágico. Pero la fuerza del troll fue demasiada, la impactó y la arrojó de forma violenta.

    –¡Cuidado James! –alertó Dante al ver a la monja salir volando.

    –¿Qué? –dijo el joven. No la vio venir y la monja se estrelló contra él.

    –Mierdas –gruñó Dante. Pero regresó su mirada a la indefensa y mareada arquera.

    Aunque ella salió de la nube de gas verde esta la había afecto, causándole mareo e incontrolables nauseas, cayó de rodillas sintiendo una horrible necesidad de vomitar. El troll se levantó y amenazó con aplastarla con su mano, ella solo vió sobre su hombro su destino. Pero en el último momento fuerte hombre saltó y con su hacha de guerra cortó la mano del troll. La bestia retrocedió gritando desesperado mientras sus sangre emanaba a raudales.

    –¿Estas bien? –preguntó Dante a la arquera, ayudándola a levantarse.

    –Sí, si eso creo –Se levantó aun un poco mareada–. ¿Quién eres?

    –Me llamo Dante, estaba deambulando por aquí y no pude evitar verlas luchas contra esa cosa. Parece que nunca te habias enfrentado a un Troll Blanco, ¿verdad?

    –Gracias por la ayuda, me llamó Lost –dijo ella–. No tenía idea que podían crear gases en su boca.

    –Por favor, eso no era un gas como tal, fue un eructo –explicó él–. No te imaginaras las clases de porquerías que hay dentro de sus estómagos, ente caballos, otros animales, gusanos y plantas descompuestas…

    –¡Vale, entendí! –dijo sintiendo arcadas.

    Lost, una bella chica de veintitrés años de edad, de estatura normal y complexión delgada, aunque posee un cuerpo desarrollado. Su cabello es corto y rizado en un color azul oscuro, del mismo color son sus ojos, azules y posee una blanca piel.

    Viste una extraña, aunque, elegante, armadura. Luce tres colores, rojo con negro y detalles en azul. Lleva un casco negro con detalles en dorado y un adorno en forma de moño en la parte posterior. Luego el peto con colores negros hasta la clavícula donde empieza las partes rojas formando sus senos, por su estómago empieza toda la armadura negra otra vez hasta llegar a sus muslos donde partes rojas resaltan y bajando un poco esas partes rojas forman algo similar a "botas" de tacón alto. Lleva unas hombreras anchas de color negro, los brazales, del codo hasta la muñeca, son de color rojo con detalles dorado y una línea azul. El detalle que más resalta de su armadura son las "alas" que tiene en la espalda, esta parte de su armadura es como su "mochila" donde guarda su arco y un cuchillo largo, estas alas se pueden separar y finalmente formar un gran arco pesado

    –Que armadura tan interesante…y rara –dijo Dante mirándola a detalle–. Oye, muchacho, ¿estás bien?

    –Sí, es creo –James reaccionó, notando que tenía sobre él a la monja–. Cielos que esto tan suave –curiosamente su mano estaba sobre uno de los redondos y suaves pechos de ella, y lo apretaba sin saberlo. Para su suerte ella estaba inconsciente– mierda, no quería hacer eso –alegó sonrojado soldándola–. Oye, despierta, despierta.

    El troll miró a los aventureros con molestia y comenzó a correr hacia ellos. Dante y Lost estaban listos para darle combate, pero la enorme bestia cambió de objetivo, fijándose en James y la monja, dirigiéndose con vehemencia hacia ellos.

    –¡Mierda, mierda, mierda! –exlcamó James al verlo venir. La monja apenas comenzaba a reaccionar, no tuvo más opción que tomarla en sus brazos y comenzar a correr.

    –Lanza una flecha de esas explosivas –dijo Dante a Lost, quien asintió. El guerrero con hacha comenzó a correr tras el troll.

    ¡Ultima luz! –enunció arrojando una flecha explosiva que dio justo en la nuca del troll, obligándolo a tropezar y caer rodando por el suelo, pero igual se precipitaba hacia James.

    –¡Oye, eso no sirvió de nada! –exclamó pues tenía que seguir corriendo para que el cuerpo del trollo no lo arrollara.

    –¿Qué pasa? –musitó la monja despertando. Vió lo que ocurría y al instante bajó de los brazos de James. Y corrió hacia el troll.

    –¿Qué haces, mujer? –cuestionó el joven al verla.

    ¡Gran puño celestial! –exclamó para arrojar un fuerte puñetazo que detuvo al troll en seco, destrozando sus costillas en esta ocasión.

    Antes que el troll hiciera otra cosa Dante saltó sobre él clavando con todas su fuerzas su hacha en el cuello del troll, decapitándolo al instante, no sin antes llenarse de esa sangre. Los demás se acercaron al fiero berserker.

    –Vaya, eso sí fue brutal –comentó Lost sonriendo sorprendida.

    –Ahora estoy lleno de porquería –gruñó Dante mirando su ropa sucia por la sangre.

    –Muchas gracias por su ayuda, viajeros –dijo la monja haciendo una reverencia–. Mi nombre es Maia, soy una monja guerrera.

    Maia, es una chica de veinte años de edad, bastante alta, con 1.85 metros de estatura, así como una atlética complexión. Su cabello es corto y blanco completamente, sus ojos son de un intenso color verde, y destaca por su belleza a pesar de su rudo aspecto.

    Viste una camisa sin mangas de tela amarilla, un pantalón ligeramente holgado del mismo color, llevan en su cintura una cinta en color negro y en su cuello una bufanda, botas de piel, grebas de bronce brazales y brazales de bronce. Así como unos guanteletes de hierro forjado. Pues los monjes no usan armas.

    –Soy James, un paladín –dijo con clavando una furtiva mirada en ambas chicas, sobre todo en la monja.

    –Aprendiz de paladín, recuérdalo –dijo Dante, quizás solo para molestarlo.

    –No jodas con eso, vale –bufó el chico cruzándose de brazos.

    –Gracias por la ayuda, ¿ustedes también son aventureros que van a Sky? –preguntó Lost.

    –Él es aventurero, yo no –respondió Dante con seriedad.

    –Así es, nos dirigimos a la bella ciudad de Sky a disfrutar del festival, además estamos en una misión. Si gustan podemos llevarlas también –sugirió el chico acercándose a Lost.

    –No queremos causar molestias, regresaremos caminando, gracias –objetó la monja.

    –Por favor, Maia. Sky está a tres días caminando –alegó Lost–. Perdimos nuestros caballos anoche, ese estúpido troll se los comió. Si no es una molestia, aceptamos viajar con ustedes.

    –No es ninguna molestia –sonrió James–. ¿Verdad, Dante?

    –Me da igual –respondió sin interés mientras tomaba su hacha y regresaba a la carreta.

    –Tu amigo parece algo molesto –comentó la maga.

    –Es por qué no lo conocen, la verdad es que está animado –rio James–. Vengan, vayamos a la ciudad.

    Es así que ese par de chicas se unen en al James y Dante para retornar a la ciudad de Sky, la cual está a un día de viaje en carreta

    Continuara…

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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo V: Un encuentro cercano con Karppoforo

    (Opening: All good things – Fight)

    12 de Noviembre. Año 3150. Ciudad Sky

    La luna impera en cielo estrellado, una fría ventisca de albores de invierno corre por el lugar. Son las altas horas de la madrugada en la ciudad de Sky, sede del festival de los aventureros. A pesar de la gran cantidad de gente que ha llegado a la ciudad a esas horas a penas y hay una que otra persona, siendo estos los guardias que vigilan la paz y tranquilidad, así como uno que otro ebrio vagando sin más.

    Es a estas horas que dos figuras cubiertas por capuchas negras caminan de forma atemorizante por las calles, su destino, el Gran Gremio de Aventureros.

    La figura más alta es la de un hombre muy alto y de complexión atlética, y, aunque a simple vista aparente unos diecinueve años, realmente ha vivido novecientos años, así como una tez pálida, su cabello es rubio ligeramente largo y bastante despeinado. Sus ojos son normalmente de un azul oscuro y suele siempre tener un serio semblante, y, como miembro de la mítica y temible raza de los vampiros, sus orejas son puntiagudas, aunque estas son cubiertas por su cabello.

    Curiosamente, viste un uniforme el cual consta de pantalones blancos, una capa purpura con detalles en negro, un chaleco blanco con detalles en negro y botones amarillo, un cinturón negro con amarillo, así como dos guantes el derecho negro y el izquierdo blanco, botas negras altas. En su espalda porta una gran espada larga hecha de un bello acero brillante.

    Asura, sabes, desde que llegué a la ciudad he sentido una extraña presencia, no sé qué es, ¿tú la percibes también? –preguntó la chica que acompañaba al antes descrito.

    Ella es un tanto diferente a su acompañante. Ella es de una estatura más baja, y, su apariencia física es la de una joven de solo catorce años, aunque realmente ha vivido setecientos años. Ella posee una complexión muy delgada y piel pálida, sus ojos son de color rojo y su cabello es de un interesante color rosa, el cual es largo pero ella lo ata con una cinta, de forma que parecen las alas de un murciélago, al igual que su compañero ella también tiene las orejas puntiagudas pues es también una vampira.

    Esta lida chica viste un vestido corto estilo gótico, el cual da un aire a lolita por su apariencia física. Dicho vestido lleva las mangas separadas y largas. Lleva un collar blanco en el cuello con una cinta roja. Usa unas botas negras muy altas que llegan poco después que sus rodillas. Y en su espalda porta un arco negro con diseños de murciélago, así como un carcaj.

    –Sí, yo también pude percibirla, Krul. Es algo muy extraño –respondió él, sin embargo parecía no impórtale mucho–. Puede que sea algún mago de alto nivel que sea aventurero.

    Ambos no le dieron más vueltas a ese asunto y siguieron su camino hacia el Gran Gremio. Al entrar pudieron ver que casi no había nadie en la sala principal. Solo un viejo limpiando el lugar, un ebrio dormido en una mesa, dos guardias vigilando el lugar, y la bella y amable recepcionista nocturna. Quien es una vampira también.

    –Buenas noches, aventureros, bienvenidos –saludó ella de forma amable–. ¿En qué puedo servirles?

    Asura se acercó al mostrador y dejó caer una gran bolsa que llevaba, así como Krul mostraba un papel a la recepcionista.

    –Misión 00075, cumplida con excito –dijo la joven chica con una sonrisa orgullosa.

    La recepcionista tomó la hoja y la leyó. Luego vió la bolsa que él había dejado allí y la abría. Dentro se encontró con la cabeza cercenada de un minotauro.

    –Cielos –exclamó un poco sorprendida–. Vaya, fue muy rápido, esta misión fue liberada hoy en la mañana –entonces posó sus coquetos ojos sobre Asura–. Usted debe ser un guerrero muy fuerte, ¿verdad?

    –¡Si, lo es! –espetó Krul cruzada de brazos y mirando molesta a la recepcionista por su osadía–. Podrías darnos nuestro dinero, ¿por favor?

    –Sí, si claro –dijo la recepcionista intimidada. Buscó en los cofres y sacó una bolsa de cuero que le entregó a Asura–. Aquí tiene señor Tepes, 500 Wesex. Gracias por su trabajo. ¿Desea tomar una habitación? Aún nos quedan un par libres por esta noche.

    –No, gracias –respondió él tomando la bolsa–. Vamos a descansar en una posada cercana.

    Sin más que decir ambos salieron del gremio como si nada. Aunque la linda Krul seguía con su seria mirada y sus brazos cruzados, mientras caminaban por esa calle.

    –¿Pasa algo? –preguntó Asura mirándola de reojo al notar su seriedad.

    –No, no pasa nada –alegó ella desviando la mirada. Parecía molesta.

    –Por favor, como si pudieras engañarme, hermanita –rio un poco, pues si alguien la conocía bien, era él–. Vamos, dime que pasa –se acercó abrazándola por el hombro.

    –Solo que no me gusta que una cualquiera te coquetee, eso es todo –no pudo evitar que sus pálidas mejillas se ruborizaran por el abrazo de su hermano.

    –No seas tonta, Krul. Sabes perfectamente que no me interesa cualquier mujer –sonrió enternecido mientras la abrazaba–. Sabes que solo me importa una en todo el mundo –le susurró al oído–. Tú.

    –No, no hagas eso, Asura –la chica se sonrojó más por eso y se escondió en el pecho de su hermano abrazándolo. De cierta forma le daba un poco de vergüenza sonrojarse.

    –Puedo hacerlo mil veces más y nunca le perderé el gusto –sonrió acariciando su cabello suavemente.

    –No te burles –levantó la mirada haciendo un tierno puchero.

    Los dos se miraron un momento. Hasta que algo los hizo reaccionar, era una presencia mágica singular. Sus miradas se tornaron sorprendidas y soltaron su abrazo buscando al causante de esa extraña presencia. Sobre la calle y en la distancia vieron a tres personas.

    El del centro viste una túnica negra que lo cubre por completo, aunque se vislumbra muy alto. Por otro lado los otros dos acompañantes portan unas pesadas y completas armaduras negras, las cuales no nos permiten ver nada de ellos, salvo dos pequeñas luces rojas en los yelmos que parecen ser sus ojos.

    –¿Quiénes son esos sujetos? –cuestionó Krul extrañada, pero esa presencia no dejaba de incomodarla.

    –No tengo idea. Pero es el del centro es el que emana esta magia, los otros dos no tienen presencia alguna –explicó Asura de forma seria mientras empuñaba su enorme espada.

    –Parece que me he topado con un par de vampiritos –dijo el hombre de la túnica, al levantar su rostro vemos que porta una especie de máscara de hierro que cubre toda su cara. Pero sus ojos lo delatan, uno negro con rojo, y el otro blanco con dorado. Ese hombre no es otro que el mismísimo Karppoforo–. Quiero conocerlos.

    Los otros dos hombres de armadura negra, que eran sus Hatairoy. Emitieron un sonido similar al rechinar del metal, un sonido que solo su amo puede interpretar.

    –No, no, no tengo ganas de destruir este lugar, eso sería demasiado fácil. Saben que me gusta divertirme, además, vine hasta esta ciudad solo para conseguir componentes mágicos e información. Necesito un buen lugar para establecer mi nuevo laboratorio –respondió elocuentemente a sus guerreros.

    –Parece que hablan entre ellos –dijo Krul tomando un flecha y poniéndola en el arco.

    –No se quienes sean, pero hay algo extraño en ese sujeto de la túnica, no me agrada. Su magia es muy extraña, como si… cambiara.

    –¿Cambia? –cuestionó su hermana.

    –nosotros los vampiros nacemos con la habilidad natural de sentir la magia de otros seres vivos. Pero cada presencia que percibimos no cambia es estática, la de este sujeto se mueve y se mueve, crece y luego decrece…. Jamás he visto algo así.

    Karppoforo decidió acercarse a ellos. Para estar prevenidos ambos tomaron sus armas. Krul tomó su arco y lo preparó con una flecha, mientras que Asura empuñaba su enorme espada. Ante eso El Ancestral Demente no pudo evitar reír enormemente.

    –Muy buenas noches, jóvenes vampiros –saludó hasta estar cerca de ellos–. Es un gusto ver que aún existen seres de la noche en este mundo. Al parecer las cosas han cambiado mucho durante el tiempo que estuve prisionero. Ahora los humanos son quienes gobiernan el mundo, allí donde voy solo veo humanos y humanos y más humanos –Hablaba tranquilamente como si de amigos se tratase.

    –Por la forma en la que hablas no eres humano, ni vampiro. ¿Acaso eres un elfo? ¿Quién eres? –cuestionó Asura.

    –¿Y de qué diablos hablas? –agregó Krul. Ambos con gran desconfianza.

    –Sé que ustedes tal vez no lo sepan. Yo estuve mil años encerrado en una prisión escondida, pero ahora soy libre una vez más ¡y tengo muchas ganas de divertirme! –levantó los brazo cual niño emocionado. Los hermanos se miraron entre sí extrañados–. Así que vine a esta pintoresca ciudad a conseguir materiales e información para establecer mi nuevo y flamante laboratorio.

    –Debes de ser un sujeto bastante loco. Pero si has vivido encerrado por tanto tiempo es porque eres alguna clase de criminal, ¿no? –dijo Krul levantando su arco y apuntando a Karppoforo.

    –Que linda eres –sonrió completamente despreocupado de la flecha que le apuntaba–. ¿Qué tal si participas en uno de mis experimentos? Se me ocurren muchas cosas divertidas que hacer con tu cuerpo.

    –¡Oye! –llamó Asura.

    El ancestral volvió la mirada al otro vampiro, topándose con unos fieros ojos rojos que se clavaron en los de él. En un instante todo de volvió oscuro para Karppoforo, se veía ausente del espacio y el tiempo.

    –¿Qué pasa, dónde estoy? –se dijo a sí mismo mirando en todas direcciones.

    –Estamos dentro de tu mente, idiota –se escuchó la voz de Asura apareciendo detrás de él con su espada en mano–. Esto es una ilusión, pero créeme, puedo hacer que sean muy reales.

    –¿A sí? ¿Y qué vas a hacer chico rudo? –Karppoforo se veía bastante confiado, incluso retador.

    Asura apretó los dientes y arrojó un corte feroz y fugaz, el cual cercenó las piernas del ancestral de un solo tajo, derribándolo por obviedad.

    –¿Te gusta? ¿Cómo se siente el dolor? Aun siendo una ilusión vas a sentir todo como si fuera real –explicó mientras levantaba su espada.

    –… Pues, te diré… he sentido más. Me causaría una mejor reacción estar en la cama con tu hermana –rio tranquilamente aun cuando sus piernas habían sido cortadas.

    –¿Qué? ¡¿Qué demonios?! –exclamó sorprendido el vampiro mirando a su rival–. ¿Cómo es posible que no sientas dolor?... un momento ¿Cómo sabes que ella es mi hermana?

    Una terrible carcajada fue la respuesta que dio el ancestral. Todo el lugar se fragmentó, y como si estuvieran dentro de una caja de cristal. Todo se rompió, revelando que ahora estaban en un desierto gris con cielo rojo y nubes negras.

    –¿Qué, que es esto? –Asura no entendía que pasaba, era su ilusión, ¿por qué estaban ocurriendo estas cosas entonces?

    –Me encanta esa reacción de ustedes los vampiros cuando sus ilusiones se vuelven en su contra –llamó el ancestral. Sus piernas habían vuelto a crecer y estaba de pie una vez más–. Una vez le hice esto mismo a tu abuelo, Velkan Tepes, ese bastardo traidor me juró lealtad y luego se unió a esos imbéciles Sabios del Sol para atraparme, aun no lo he olvidado, Asura.

    –¡¿Cómo sabes todo eso?! –alegó el vampiro lanzándose sobre Karppoforo intentando cortarlo con su espada. Pero el ancestral solo se desvaneció y apareció detrás de él.

    –Esa habilidad de crear ilusiones es única de los vampiros, la usaban para esclavizar a los humanos y asustar a los elfos. Pero yo, mi estimado, Asura, yo no soy de esas razas. ¡Yo soy un Ancestral! la primera raza que existió, mucho antes que ustedes los vampiros –sonrió Karppoforo dándole la espalda.

    Asura se acercó y lo decapitó de un tajo. El cuerpo cayó inerte y la cabeza rodó por el suelo.

    –No diré que los ancestrales éramos inmunes a sus ilusiones, de hecho éramos muy susceptibles –a pesar de esa acción por Asura. La cabeza de Karppoforo seguía hablando.

    –¡Maldición! Tendré que liberarlo de la ilusión –Cerró los ojos y se concentró. No podía, ya no era quien controlaba la ilusión–. ¿Qué? Esto es imposible, porque no puedo deshacerla.

    Un agudo dolor atravesó su pecho haciéndolo gritar y escupir una gran cantidad de sangre. Detrás de él estaba el cuerpo decapitado del ancestral, quien lo atravesaba con su lanza de sangre, Margo.

    –Pero yo, con el pasar de los años, desarrollé una habilidad para revertir las ilusiones y atrapar a los vampiros en ella. Incluso cuando tú a penas habías nacido yo ya tenía varios milenios de edad, no hay truco que no conozca. En el momento que la usaste sobre mí, entré en tu mente y te atrapé. Y claro, me di el lujo de leer tus recuerdos para saber quién eras.

    Con fuerza el cuerpo sacó bruscamente la lanza del pecho de Asura dejando una herida abierta y sangrante. El vampiro cayó arrodillado y escupiendo una gran cantidad de sangre. Él sabía que la herida no era real, pero el dolor sí.

    –¡Yo soy Karppoforo, el Ancestral Demente! Mi magia no tiene igual, recuérdalo, puede que algún día trabajes para mí. Los vampiros me fueron fieles por mucho tiempo.

    –Ja… jamás, imbécil, nadie manda sobre un vampiro –gruñó adolorido y tosiendo.

    –Ya lo veremos –dijo Karppoforo con una enorme sonrisa. Entonces una gigantesca silueta negra apareció allí detrás de él.

    Era enrome, del tamaño de una montaña. Los ojos de Asura se abrieron como plantos al entender que esa silueta era la presencia mágica completa de Karppoforo, por mucho, la más grande que había visto en toda su vida el vampiro.

    Todo se volvió negro, y ambos volvieron al mundo real. Siendo Asura quien caería arrodillado sintiendo un dolor irreal en el pecho, esto como resultado de la ilusión.

    –Fue divertido conocerte, Asura. Salúdame a los traidores de tu familia cuando vuelvas a verlos, quizás uno de estos días me decida a matarlos –dijo Karppoforo sonriendo, al tiempo que acariciaba el cabello de Asura. Sin más que decir simplemente se fue caminando tranquilamente por la calle junto a sus Hatairoy.

    –¡Asura! –exclamó Krul preocupada y se acercó a él–. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?

    –Estoy, estoy bien –jadeaba mientras el dolor lentamente desaparecía–. Ese, ese sujeto me, me venció en mi propia ilusión.

    –¿En tu propia ilusión? Pero, hermano, eso es imposible. Es tu ilusión, tú controlas todo.

    –No sé quién es. Pero pudo invertirla y tomar el control –se levantó junto a su hermana vieron a ese misterioso sujeto que se hace llamar un ancestral desaparecer entre los callejones.

    –Debemos avisar al gobierno de Wex, ese hombre no es un aventurero y no tiene buenas intenciones –dijo Asura con seriedad.

    –Entiendo, pero, por ahora será mejor llevarte a descansar, ¿sí? –dijo ella preocupada y atemorizada por las palabras de su hermano.

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Un nuevo día comienza y ahora nos encontramos en un pequeño poblado bastante lejos de la ciudad de Sky. Las calles de este pequeño poblado son poco concurridas a esas horas. El lugar parece muy pacifico hasta que cuatro caballos entran a todo galope, sus jinetes los hostigan demasiado. Para suerte de los equinos al llegar a un Centro de Aventureros sus jinetes los dejaron en paz, pues bajaron como rayos y entraron abruptamente.

    Los centro de aventureros son pequeños gremios donde los aventureros pueden tomar misiones o pasar la noche, la diferencia con los gremio, y claramente el gran gremio, es que aquí se delegan las misiones de baja paga sin importar su rango de dificultad, además que no suelen haber muchas disponibles, así que este lugar funge principalmente como una posada para aventureros.

    Volviendo al punto. Cuatro personas entraron rápidamente en el centro. Era un grupo de dos hombres y dos mujeres, claramente eran aventureros.

    –¡Rápido, necesitamos refuerzos! –exclamó una joven.

    Es de baja estatura, su cabello es color castaño y llega a la mitad de su espalda, poseedora de un lindo rostro de princesa con bellos ojos en color verde esmeralda. Así como una delgada y fina complexión. Viste una camisa color verde con un chale de seda sobre esta, una falda color negra, medias de color gris oscuro que llegan poco después que sus muslos y calza una zapatillas blancas con broches de plata. En su cintura lleva varias bolsas asidas a su cinturón. Y, como protección varias piezas de armadura en color verde metálico.

    Jennifer, tranquilízate –llamó uno de sus acompañantes, acercándose a ella.

    Este era otro joven aventurero, este estatura alta y complexión atlética. Portador de una larga cabellera rubia ceniza. Sus ojos son de color rojo sangre curiosamente. Siendo alguien considerado atractivo. Portador de una armadura de color azul con artísticos diseños de fuego en los brazales el símbolo de un relámpago en la espalda. En su cintura lleva un par de katanas grices con empuñadoras rojas y azul, y en su cintura, varios cuchillos arrojadizos.

    –No tenemos tiempo Estarlin, debemos ayudar a esos aventureros cautivos –alegó la chica, quien claramente se notaba preocupada.

    –Pero armar un alboroto tampoco les ayudará –agregó Estarlin, quien no se molestaba en alzar la voz.

    –Les dije que podíamos encargarnos de ellos nosotros solos. Somos cuatro aventureros contra esos insectos –comentó de forma soberbia otro miembro de ese grupo.

    Este es un vampiro, de veinte años físicos. No es alto, pero está en forma, quizás gracias a un constante entrenamiento. Sus ojos son de color gris y su cabello blanco, el cual hace juego con su pálida piel, propia de la raza vampira.

    Ataviado con una camisa holgada manga larga en color blanco, que es cubierta por un chaleco largo negro, pantalón café y un cinturón de cuero con botas negras, protegiéndose únicamente con un peto de acero. En su espalda porta una naginata y en su cinturón cuelga una hoz.

    –Sabes perfectamente que no podríamos hacerlo solos, Kyle. Son demasiados orcos los que resguardan a esos aventureros y civiles capturados.

    –Oye, sabes perfectamente de lo que soy capaz, mujer. No me subestimes, Ambar –alegó el vampiro de nombre Kyle encarando a esta otra chica.

    –¿Me estas amenazando, idiota? –respondió ella frunciendo el ceño ante las palabras de Kyle.

    –Por favor, no se peleen, se supone que estamos juntos en esto –dijo Jennifer acercándose a ellos para evitar una pelea.

    –Como sea –bufó la vampira, dándole la espalda a Kyle–. Busquen a alguien que pueda ayudarnos lo antes posible.

    Esta preciosa y ruda vampira posee una estatura de 1.55 metros, lo que la hace algo baja para su raza, pero posee una sensual figura, delgada y agraciada. Su cabello es largo y de color negro, perfectamente atado en una coleta. Ataviada con un vestido largo rojo de mangas largas y con sensual escote, sin llegar a mostrar mucho, pero si el principio de sus senos. Porta un cinturón de cuero color café, calza unas botas negras y, sobre todo, una capa verde oscuro. Como arma en su espalda porta una katana y en su cintura algo que aparenta ser un abanico.

    –Sí. Estarlin, Kyle, pregunten a la recepcionista sobre aventureros que estén en el pueblo, yo hablaré con algunos comensales de la taberna –sugirió Jennifer saliendo rápidamente a esa zona del recinto.

    –Tu amiga parece muy enérgica a la hora de ayudar, ¿no? –dijo Kyle a Estarlin.

    –Ella aun es algo inocente, pero sí, le gusta ayudar –dijo el humano mirando con una leve sonrisa a su amiga irse.

    –No, perdamos más el tiempo, vamos a la recepción –llamó Ambar.

    Mientras los tres se fueron a hablar con la recepcionista, la linda Jennifer fue a la zona de la taberna. Esperaba toparse con una gran cantidad de aventureros. Pero no, casi no había nadie allí. Dos ebrios dormidos en una mesa, un viejo hombre limpiando el lugar, y uno más, quien parecía disfrutar mucho de la compañía de una voluptuosa mujer.

    –No puede ser, no hay nadie aquí –se dijo así misma mirando el lugar. Sin embargo, sus ojos se posaron en aquel hombre que estaba con la mujer.

    No lleva armas, solo un par de guanteletes muy rudos y pesados con pinchos que cuelgan de su cinturón. Tiene una larga cabellera con los lados rapados, y atada en una trenza elegante, en los costados de su cabeza tiene varios tatuajes. Su rostro es rudo, con unas cejas pobladas y ojos azules, una larga barba negra en la cual también tiene varias trenzas. Curiosamente su apariencia recuerda al mismo Dante. Muy alto y musculoso.

    Viste una camisa sin mangas holgada en colores blanco con detalles en negro, su pantalón es holgado también y con los mismos colores, sus botas son de piel y están recubiertas de gruesos vendajes, al igual que sus puños y antebrazos. Finalmente lleva en su cuello un collar de cuentas negras.

    –¡Un monje guerrero! –dijo ella sonriendo con emoción. Rápidamente fue hacia él–. Disculpe, disculpe señor.

    Aquel hombre, que tenía la cara entre los abundantes pechos de su acompañante volvió la mirada a Jennifer.

    –¿Qué quieres niña? –dijo de forma grosera y con la mirada la detalló–. Lo siento, eres linda pero ya no tengo más dinero.

    –¿!Que¡? no, yo, yo no soy de esa clase de mujeres. Soy una aventurera –explicó, ofendiéndose por lo que el hombre sugería–. Verá, mis compañeros y yo vimos a un grupo muy grande de orcos cerca de la montaña. Han capturado a varios aventureros y civiles. Necesitamos ayuda para enfrentarlos, y vinimos a buscar refuerzos –explicó ella.

    –¿Así, orcos? Bueno, de cuanto hablamos, veras, no trabajo por menos de 500 Wesex. No por nada soy un elite –respondió arqueando la ceja mientras con una mano masajeaba los pechos de su acompañante, quien no parecía molestarse.

    –No, no hay paga, señor, solo débenos ayudarlos. Supongo que no le importará ayudarnos, después de todo usted es un monje –explicó ella, un tanto incomoda por el descaro de ese sujeto.

    –¿Esperas que trabaje gratis? Mira, que sea un monje guerrero no significa que sea tan idiota como todos los demás. Yo no trabajo gratis, soy un maldito aventurero de elite, no voy ir por allí haciendo obras de caridad. Así que deja de decir tonterías y vete, niña –respondió de forma seria, y al parecer molesto por la idea de trabajar gratis. Al tiempo que daba un gran trago a su tarro de cerveza.

    –Pero… no entiende que son nuestros compañeros, necesitan ayuda, si no hacemos nada pueden hacerles mucho daño –insistió ella.

    –¿Daño? –rio–. Los orcos se cogen a las mujeres y se comen a los hombres…bueno, técnicamente se comen a ambos. Daño es poco comparado con lo que les harán.

    –¡Usted es un idiota! –exclamó molesta, y atemorizada por lo que dijo–. No merece llamarse aventurero.

    –En verdad eres muy molesta –gruñó. La mujer que estaba con él rápidamente se quitó de sus piernas. El hombre se levantó mostrando su altura, dos metros para ser exactos–. Mira, niña, no sé qué mierda crees que significa ser aventurero, pero no es ir por allí jugando al héroe matando y matando como si los enemigos no tuvieran brazos. Si sigues con esa actitud terminaras muerta, o peor, como la esclava de algún monstruo.

    Él se acercó a ella con su imponente figura, la cual intimidaba a Jennifer retrocediendo ante su avance.

    –Lo, lo… lo siento –dijo asustada esperando poder escapar.

    –¿Lo sientes? No te estoy amenazando, niña tonta, te estoy dando un consejo –comentó el hombre.

    Entonces una mano se posó sobre el hombro de ese intimidante hombre. Miró sobre su hombro. Allí estaba Estarlin mirándole de forma muy seria y amenazante.

    –¿No te han enseñado a tratar a la mujeres? –cuestionó Estarlin con seriedad.

    –Quizás, ¿A caso tú vas a enseñarme? –respondió aquel hombre con una sonrisa retadora.
    Continuara…

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    Última edición: 2 Enero 2019
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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VI: Los Hatairoy

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Nos encontramos en un centro de aventureros. Minutos atrás la linda aventurera Jennifer había tenido un altercado con un monje guerrero, quien mostraba tener una muy grosera actitud para con ella. Las palabras de la chica lograron enojarlo y este se acercó a ella de forma amenazante, hasta que Estarlin, compañero de Jennifer, apareció por detrás del sujeto deteniéndolo al tomarlo por el hombro.

    –Entonces, muchacho, ¿vas a enseñarme a respetar a las mujeres? –cuestionó el monje de forma retadora con una sonrisa sínica en los labios.

    –Estarlin –llamó Jennifer preocupada por lo que pudiera ocurrir.

    –No me agradan los bravucones –respondió Estarlin con seriedad, clavado sus fieros ojos en los del monje–. ¿Cómo alguien como tú se volvió un aventurero?

    La sonrisa del enorme sujeto desapareció un momento al escuchar esas últimas palabras.

    –Repite eso último una sola vez mas –su mirada se volvió seria y su voz más ruda.

    Estarlin abrió sus labios para repetir esa pregunta a manera de reto, sin embargo, antes que una sola palabra saliera de él, en una sola fracción de segundo, un poderoso puñetazo le fue impactado en el abdomen. La fuerza le sacó el aire y lo hizo caer arrodillado conteniendo su vientre.

    –¡Estarlin! –exclamó Jennifer acercándose a su amigo rápidamente.

    –Perdón, no escuché lo que tenías que decir, muchacho –dijo sonriendo el monje mientras chocaba sus puños.

    –¡Eres un idiota, atacar a otro aventurero es un delito! –advirtió Jennifer molesta.

    –Fue en defensa propia, él me tomó por la espalda –se encogió de hombros.

    –Parece que tenemos problemas aquí, ¿no? –se escuchó la voz de una mujer entrar en esa ala.

    Ambar y Kyle se acercaron. Entendieron que aquel monje fue quien golpeo a Estarlin.

    –Parece que un imbécil monje se está metiendo con los miembros de mi vanguardia –dijo ella de forma seria mientras con su mano acariciaba la empuñadura de su espada, la cual lleva en la espalda.

    –¿Desde cuándo somos una vanguardia? Apenas nos conocemos –alegó Kyle, mientras rodeaba al monje, y su mano empuñaba el mango de su guadaña–. Como sea, ese par son nuestros compañeros, y no me gusta que un bravucón se meta con mis compañeros.

    –No, no, no, jóvenes. Usar armas dentro de un gremio está prohibido –sonrió cruzándose de brazos aquel monje.

    ¡Atención, hemos detectado un conflicto en el interior del centro. Se pide atentamente a los aventureros: Jennifer Escuarez, Estarlin D. Calez, Ambar Eidan y Kyle Manson, retirarse de las instalaciones! –se escuchó la voz de una mujer en toda la habitación.

    –¿Qué? ¿Por qué? Él fue el que comenzó esto –alegó Jennifer.

    –No, tú fuiste la que llegó a incordiarme, luego tu amigo me tomó por la espalda, yo solo me defendí –rio el monje haciéndose la víctima.

    –¡Oye, seas quien seas, esto es muy injusto! –espetó Ambar cruzada de brazos.

    Solo estoy siguiendo las reglas tal y como han sido establecidas. Por favor, se solicita se retiren de las instalaciones… y soy la recepcionista –insistió.

    –bueno, por ahora será mejor retirarnos. Dejemos a este imbécil solo, como debe de estar –bufó Kyle mirando con molestia al monje.

    –¿Estas bien, Estarlin? –preguntó Jennifer mientras lo ayudaba a levantarse.

    –sí…no es nada. Ese idiota golpea como niña –trató de contener el dolor, pero era más que obvio que no lo lograba.

    –Ya, vámonos. Tenemos que salvar a esos aventureros y civiles –llamó Ambar mientras se retiraba y miraba de reojo a aquel sujeto.

    Sin más que alegar los cuatro se retiraron del lugar, de regreso a sus caballos donde emprendieron un galope veloz hacia el lugar en el que se encuentran esos cautivos.

    –¡Perdimos mucho tiempo discutiendo con ese imbécil, no debimos venir a buscar “refuerzos”! –alegó Kyle, buscando que le dieran la razón.

    –¡Teníamos que hacerlo, tonto, aunque fue en vano, tendremos que apañárnosla solos! –respondió Ambar, quien galopaba a su lado.

    –¡Por favor, somos cuatro fuertes aventureros, y ellos son solo un grupo de orcos estúpidos, lo tendremos muy fácil! –bufó aquel vampiro notándose muy confiado.

    –¡No debemos subestimar a los orcos! –comentó Estarlin de forma seria.

    –¡¿Por qué lo dices, Estarlin?! –cuestionó Jennifer, la cual cabalga a su lado.

    –¡Los orcos pueden ser estúpidos, pero si juntas una gran cantidad tendrás un grupo de fieras asesinas dispuestas a todo, recuerden que no sabemos cuántos de ellos había exactamente!– explicó el humano.

    –¡Puede que tengas razón, pero no tienes que preocuparte, estoy segura que los cuatro podremos hacerles frente, solo no cometamos errores! –animó Ambar, quien se veía emocionada y lista para la batalla.

    –¡Cambiando de tema! ¡¿Qué les parece formar juntos una vanguardia cuando terminemos esto, seguro que lo hacemos de maravilla?!

    –¡¿Una vanguardia?! –cuestionó Jennifer, quien, quizás, no sabía a qué se refería.

    –¡Una vanguardia es un equipo predefinido de aventureros, es decir, si formamos una vanguardia tomaremos misiones juntos, así como registrarnos en las fuerzas especiales si hacemos suficientes misiones, tienen sus privilegios! –Explicó Ambar–. ¡La verdad, a mí me gusta la idea, creo que los cuatro haríamos un equipo formidable!

    –¡Así se habla, Ambar! –sonrió Kyle.

    –¡Creo que sería genial formar un equipo! –dijo aceptando Jennifer, luego miró a Estarlin–. ¡¿Qué dices Estarlin?

    –¡Está bien! –respondió desviando la mirada, aunque se notaba que le agradaba la idea.

    –¡Qué bien, una poderosa vanguardia, cuando tengamos nuestra primera noche de tarros, nos buscaremos una buen nombre! –exclamó con emoción el vampiro, acelerando el trote de su equino.

    –¡Por si se lo preguntan, una noche de tarros es una celebración después de cumplir una misión! –explicó Ambar, quien no podía evitar compartir la emoción de su compañero.

    Varios minutos pasaron hasta que el grupo logró llegar a la zona en la que avistaron el campamento de orcos donde estaban los cautivos. Dejaron sus caballos un poco alejados y prepararon su equipo de combate. Estarlin y Jennifer se colocaron sus castos, el de ella con un bello diseño artístico en un costado y el de él un poco más rudo, ambos solo dejan ver sus ojos. Avanzaron lentamente ocultándose entre los árboles y los arbustos.

    Desde esa distancia ya se podían escuchar los gritos, algunos de dolor y de miedo, así como también llantos de miedo y desesperación. Era obvio que había muchas personas atrapadas, y era misión de este grupo liberarlas.

    El lugar era un campamento de orcos pequeño, había, por lo menos, una decena. Estaban apostados justo en la entrada de una cueva. Allí un grupo de esos orcos preparaban un fogata. Cerca había alrededor de ocho jaulas de gran tamaño, es allí donde metían a los humanos, entre civiles y aventureros.

    –No entiendo, ¿Por qué no intentan escapar? –cuestionó el vampiro Kyle en voz baja–. Esas jaulas no parecen ser muy resistentes.

    –Miera esos extraños grilletes que todos llevan, no parecen de metal, ¿o sí? –agregó Jennifer.

    Todos los cautivos estaban aprisionados mediante gruesos y extraños grilletes de color negro, estos parecían imposibilitarles el uso de la magia, además de aparentar ser muy pesados. Los aventureros seguían apreciando la escena para averiguar todos los riesgos, hasta que sus miradas se posaron en un árbol singular, es allí donde se quedaron boquiabiertos.

    –Hijos… de puta –dijo Estarlin pasmado ante lo que veía.

    En una larga y gruesa rama había cinco cuerpos colgados por el cuello mediante cadenas, cinco aventureros ejecutados. Los cuatro miraban con odio esa escena, a nada se saltar sobre los monstruos. Fue el grito de una mujer lo que los sacó de ese trance. Volvieron sus miradas al origen de ese alarido. Una bella y joven mujer era arrastrada por el cabello por una de esas viles criaturas, la cual reía y se lamía los labios.

    –¿Qué harán con ella? –cuestionó Ambar sobresaltada.

    Las funestas palabras de aquel grosero monje resonaron en la cabeza de Jennifer “Los orcos se cogen a las mujeres y se comen a los hombres…bueno, técnicamente se comen a ambos” fue que entendió lo que harían con esa pobre.

    –¡Suficiente! –gritó ella con decisión y saltó de su cobertura.

    –¡Jennifer, espera! –llamó Estarlin tratando de detenerla, pero era tarde.

    La alquimista estaba decidida y nada la detendría. Corrió a toda velocidad hacia los orcos, llamando su atención claramente. Se fijó en los que preparaban la fogata, sacó de su mochila un par de pequeños frascos.

    –A ver si esto les gusta, monstruos –se dijo así misma mientras corría, apuntó al fuego y arrojó las esferas– Bomba verde

    Los pequeños frascos llevan dentro de sí un líquido verde. Al entrar en contacto con el fuego estallan, generando una potente llamarada, la cual fácilmente prendió en fuego a un grupo de orcos, que comenzaron a correr frenéticos buscando apagar el fuego que los cubría.

    La alquimista vió a un par de orcos que se acercaron hacia ella con sus espadas, arrojando feroces cortes horizontales, pero la agilidad de ella fue superior y saltó evitando las afiladas armas. Al mismo tiempo, en el aire arrojó otra de sus posiciones, esta de color rojo dentro de una esfera de cristal. Cuando esta se quebró, justo a los pies de los orcos, estalló arrojándolos violentamente por el suelo.

    Rodó con gracia para incorporándose y visualizar a sus enemigos, no sabía que detrás de ella un par de arqueros disparaban sus flechas desde un árbol.

    –¡Detrás de ti! –se escuchó la voz de Estarlin.

    El mago elemental de las katanas corrió a gran velocidad hasta colocarse detrás de ella, y con sus armas, desviar las flechas.

    –No olvides que las hembras orco son arqueras –le susurró a su compañera mientras cubría su espalda.

    –Sabía que vendrías detrás de mí –sonrió ella guiñándole el ojo.

    –Ya acabaste con un cuarteto de estos monstruos, pero aún hay más, no te confíes –respondió sin prestar atención al gesto de ella, pues debía desviar otro par de flechas que le fueron arrojadas.

    Las arqueras orco preparaban sus flechas para un nuevo ataque. Pero una fugaz katana las atacó a gran velocidad. Los dos cuerpos decapitados cayeron de la rama, sobre la cual estaba la bella vampira Ambar agitando su espada para quitar el exceso de sangre.

    –No quieran quedarse con toda la diversión –dijo sonriendo.

    Por otro lado, Kyle luchaba contra un par de toscos y torpes orcos armados con lanzas, pero el vampiro es usurario de un bella naginata. Los orcos arrojan estocadas burdas, que son desviadas por el arma del Kyle. Patea a un orco en la cabeza y lo aleja, al otro lo golpe en el ojo con la base de la naginata, doblegándolo por el dolor, gira ágilmente su arma cercenando la cabeza del orco.

    El segundo regresa al ataque intentando escotadas más rápidas, pero para el vampiro basta con esquivarlas, agita su arma cortando la pierna derecha de su rival. Ahora en el suelo, basta con ejecutarlo. Dos hembras de orco trepan a un árbol ágilmente, en esa posición arrojan dos flechas por la espalda del vampiro. Creen que pueden herirlo, pero en el último momento este gira y corta la flechas.

    –¿Quién dijo que un chamán no puede ser un hábil guerrero? –dijo de forma soberbia.

    Sin que lo supieran las arqueras orco, una serpiente negra muy veloz e imperceptible, trepó por el árbol y luego sobre una de ellas, se envolvió en su cuello y apretó con fuerza para asfixiarla, la otra arquera vió a su compañera en problemas y trató de ayudarla, pero una hoz voló por el aire clavándose en su cabeza dándole muerte, a los pocos segundos la otra arquera fue asfixiada y cayó al suelo.

    Kyle se tomó un momento, reír. La serpiente regresó a él llevándole su hoz.

    –Bien hecho, preciosa sombra serpiente –dijo acariciando la cabeza del reptil y retomando su hoz.

    –¿Estas bien? –preguntó Jennifer a la joven que iba a ser víctima de los orcos.

    La chica estaba asustada y aliviada, se lanzó a los brazos de la alquimista aferrándose a ella mientras le agradecía el salvarla.

    –Vamos a liberar a los otros cautivos –llamó Ambar, quien sonreía satisfecha y victoriosa.

    –Aun no entiendo como un grupo de inútiles orcos lograron capturar a tantos aventureros, no me lo tomen a mal, pero incluso un par de novatos podría haber acabado con ellos sin problemas –comentó Kyle acercándose a sus compañeros.

    –Qué más da, lo que importa es que los rescatamos y ahora estarán sanos y salvos –dijo Ambar despreocupada, sin prestar atención a ese detalle.

    –Lo que no podremos hacer es algo por ellos –agregó Estarlin señalando a los que fueron ejecutados y ahora cuelgan de aquel árbol.

    –Es una pena, un aventurero no merece una muerte tan deshonrosa. Llamaremos a los servicios mortuorios para que se ocupen de sus cuerpos y les den un entierro digno –suspiró Ambar.

    Los tres se dirigieron a las jaulas para liberar a los demás mientras Jennifer trataba de tranquilizar a la joven chica. Ambar abrió la primera jaula donde había un par de niños.

    –Vengan pequeños, ya están a salvo –dijo la vampira sonriendo para que los niños salieran, y eso hicieron.

    Entonces uno de los cautivos logró quitarse la mordaza que le impedía, como a todos los demás, hablar.

    –¡Esos no son todos! –gritó tratando de advertir a sus salvadores.

    Era tarde. Ninguno de los cuatro pudo prever lo que pasó. Una veloz cadena voló por el aire, atrapando a la joven por el cuello y tomándola firmemente. Jennifer apenas pudo entender lo que pasaba cuando una fuerza sobre humana tiró de la cadena jalando con ella a la chica. Fue arrastrada hasta la entrada de la cueva.

    –¡Chicos! –llamó Jennifer, para alertar a su compañeros.

    Todos volvieron las miradas a la cueva. En dicha entrada ocho guerreros con pesadas armaduras negras, la cuales no nos permiten ver nada de su cuerpo, salvo sus brillantes ojos rojos.

    –¿Quiénes son ellos? –cuestionó Kyle empuñando su naginata.

    –¿bandido? ¿asesinos? –especuló Ambar desenfundando su katana. Volvió la mirada a los niños que se escondían detrás de ella–. Niños, corran y regresen al pueblo tan rápido como puedan –les ordenó. Los pequeños no lo pensaron dos veces y salieron corriendo a toda velocidad.

    –¡No son humanos, ni elfos, ni vampiros! –dijo el aventurero cautivo.

    La chica estaba en el suelo, a los pies de uno de esos guerreros, quien sacó su espada y sin piedad alguna se la clavó con fuerza en el pecho, dándole muerte al instante. Estos son los fieles siervos del ancestral demente, son los Hatairoy

    –¡No! –gritó Jennifer. Sin pensarlo arrojo dos frascos sobre ellos.

    Pero estos no fueron tontos, fácilmente patearon los frascos regresándoselos a la alquimista, quien tuvo que arrojarse a un lado para evitar las explosiones.

    Estarlin no dudó en lanzarse al ataque. Pero estos no son ajenos al combate. Sedientos de sangre atacan también. El mago elemental debe hacer frente a dos hábiles guerreros, que arremeten con fiereza portando espadas largas, las dos katanas apenas logran bloquear los ataques certeros.

    Estarlin está en apuros, para su suerte, Kyle ataca por un costado. Carga con la naginata al frente atravesando aun Hatairoy por su costado, llevándolo clavado en su arma hasta estrellarlo contra un árbol.

    –¡Oy! creo que no saben que yo soy la estrella de esta vanguardia –dijo Kyle de sonriendo arrogante, clavando más su arma en el enemigo.

    No obstante, desconoce que los Hatairoy no sienten dolor. Lo que emana de su herida no es sangre, sino una especie de líquido negro muy espeso.

    –¿Qué diablos es eso? No, no es sangre –alegó sorprendido, descuidándose. El Hatairoy rápidamente tomó las muñecas de Kyle firmemente– ¿Qué carajos haces? suéltame –trató de zafarse, pero su rival era muy fuerte.

    –¡No dejes que te toque, suéltate! –gritaba el aventurero cautivo.

    Las manos del guerrero de armadura negra brillaron y materializaron grilletes en las muñecas de Kyle. El vampiro se sorprendió soltando su arma para alejarse. Ahora sus manos están atrapadas por unos raros grilletes de metal negro, mismos que portan los cautivos. Para su suerte el Hatairoy que lo atrapó terminó por perecer ante la herida causada por la naginata.

    Otro Hatairoy se acercó velozmente, arrojando una poderosa patada al rostro de Kyle, quien no pudo evitarla, terminando en el suelo por el golpe.

    –¡Hijo de puta! –gruñó escupiendo sangre– Anguila eléctrica –enunció para hacer aparecer a una de sus criaturas.

    No obstante, de poco sirvió su ataque, no hubo efecto alguno, mas al contrario, al usar ese conjuro los grilletes se hicieron mas pesados.

    –¡No uses magia, esos grilletes la absorberán y se volverán más pesados! –explicó el aventurero cautivo.

    –¡Dilo mañana, idiota! –espetó Kyle. Pero vió de reojo a su agresor arrojar un corte con su espada, debiendo el vampiro rodar por el suelo para evitarlo.

    El Hatairoy atacaba una y otra vez, obligando al vampiro únicamente rodar por el suelo. Hasta que una katana fugaz cayó desde un árbol con un certero corte que cercenó uno de los brazos del guerrero de armadura negra.

    –¿Qué pasó Kyle, creí que eras la estrella de esta vanguardia? –cuestionó Ambar a manera de burla al salvar a su compañero.

    –No es el momento Ambar, acaba con esa cosa y libérame –bufó el vampiro algo ofendido.

    La vampira solo rio y siguió su ataque contra el manco Hatairoy, que aun así, insistía en luchar. Atacaba con fuerza, pero poca técnica, la vampira esquivaba y bloquea sus ataques con cierta facilidad, pero el Hatairoy la patea en el pecho alejándola, y ataca con una estocada feroz, Ambar salta a un lado evitándola y rueda por el suelo para tomar distancia.

    –¡Detrás de ti! –advierte Kyle.

    Detrás de la vampira se acerca otro Hatairoy con mortales intenciones, la vampira lo ve de reojo.

    –Prisión de fuego –enuncia, creando un aro de fuego alrededor del Hatairoy manco, inmovilizándolo para poder fijarse en el que le ataca por la espalda.

    Bloquea el ataque vertical, patea al guerrero de armadura negra en el pecho y lo aleja, ahora la vampira da un gran salto quedando detrás de su rival, gira ágilmente buscando cortarle la cabeza. Pero el Hatairoy se agacha evitando ese corte. Vuelven a estar cara a cara. La vampira mira al que está rodeado de fuego y con su magia aumenta la temperatura, comenzando a cubrirlo en llamas.

    –Parece que tu amigo lo está pasando muy mal, ¿cómo crees que se siente mi fuego? –sonríe tratando de provocar a su adversario, pero este no muestra ningún sentimiento.

    Ambos se arrojan al combate, chocan con fuerza las espadas que resuenan en cada golpe. Él ataca de forma vertical, pero ella lo aleja pateándolo en el pecho, se lanza en su contra intentando una estocada, el Hatairoy se prepara para desviar este ataque, pero Ambar sonríe en el último momento, cambia su objetivo y se agacha, clavando su espada en la rodilla del enemigo, con fuerza logra cortarla. El guerrero de armadura negra cae, ahora es una víctima fácil para la vampira, quien le corta la cabeza de un corte.

    De la nada el Hatairoy con un solo brazo intentó atacarla por la espalda.

    –¡No lo harás, bastardo! –gritó el vampiro.

    Kyle se lanza sobre este derribandolo. En el suelo se coloca sobre él y comienza a golpearlo una y otra vez con los grilletes que se han vuelto muy pesados por los constantes intentos de escape. Golpe tras golpe machaca la cabeza del Hatairoy hasta asesinarlo.

    –Vaya, gracias Kyle –sonrió Ambar.

    –Oye, soy la estrella de este equipo, unas tontas cadenas no me van a detener –dijo sonriendo y guiñándole el ojo.

    Pero ambos no vieron venir el siguiente ataque. Un Hatairoy más apareció arrojando sus cadenas desde cada mano, una hacia Ambar, quien reaccionó y logró evitarla, y otra hacia Kyle, quien por los pesados grilletes no lo logró evitarlo. Fue tomado por el cuello y encadenado a un árbol.

    Ambar retrocedió para visualizar bien a su enemigo, quien ahora se fijaba en ella. Una vez más arrojó sus cadenas sobre la vampira, quien saltó a la rama de un árbol evitándolo.

    –¿Qué clase de conjuro o hechizo es ese? –se dijo a sí misma la vampira. No tuvo mucha tranquilidad, otra cadena fue arrojada sobre ella y debió saltar a otra rama para evitarla–. Las cadenas salen de sus manos completamente, y se extienden tanto como desea, o puede cortarla en cualquier momento. Jamás he visto algo como eso.

    Los ataques de las cadenas no se detenían, una tras otra y tras otra, obligando a Ambar a saltar entre los árboles. Hasta que en un momento ella dio un gran salto para evitar dos cadenas arrojadas por ese Hatairoy, sin saber que otro la esperaba, y este arrojó su cadena justo cuando ella estaba en el aire, atrapándolo sin posibilidad de escapar.

    Cayó al suelo de forma brusca, gritando un poco. Comenzó a tratar de zafarse o reventarlas, y lo habría logrado, de no ser porque fue apresada por más cadenas.

    –¡Ambar! –gritó Kyle, quien hacia todo lo que podía buscando soltarse de sus grilletes, que seguían aumentando su peso– ¡Estarlin, Jennifer!

    Estarlin estaba en un aprieto luchando mano a mano contra tres Hatairoy, imposibilitado para atacar o tomar distancia siquiera, se limitaba a esquiar y bloquear los ataques con sus katanas.

    –Esto servirá –dijo Jennifer buscando una de sus mejores pociones – ¡Estarlin, recibe esto, potencial de oro! –y arrojó la esfera hacia su compañero–. Con esa poción será más fuerte y rápido.

    Estarlin logró verla, y sabía bien que le serviría. Rodó por el suelo evitando dos cortes de sus enemigos, se incorporó y trató de tomar la pócima, pero una cadena voló hacia la pócima primero, tomándola y alejándola del mago.

    –¡No puede ser! –exclamó Jennifer sorprendida.

    Estarlin gruñó frustrado. Había bajado su defensa, una patada de un Hatairoy lo regresó al combate, derribándolo y haciéndolo rodar por el suelo.

    –Suficiente, tendré que ponerme serio –gruñó el mago–. Vista eléctrica –levantó su mano y arrojó una centella eléctrica a uno de los Hatairoy. Dicha corriente recorrió todo su cuerpo y los ojos del mago brillaron en un color azul–. Ahora veré sus puntos débiles y sabré como venc… –los ojos de Estarlin no podían reflejar mejor su sorpresa–. No, no tienen sistema nervioso, ni músculos, ni huesos, ni órganos.

    –¡Estarlin cuidado!–gritó Jennifer.

    Los demás Hatairoy lo rodearon y arrojaron sus cadenas, el mago estaba asombrado e incrédulo por lo que vió, que bajó completamente su guardia. Una cadena atrapó su brazo derecho, y otra su brazo izquierdo, logró reventar la primera, pero al instante otra retomó su brazo, mas cadenas llegaron sobre él hasta inmovilizarlo, se acercaron y le colocaron esos terribles grilletes de metal negro, además de dejarlo encadenado a los árboles.

    –¡Jennifer, corre! –gritó Estarlin, tratando con todas sus fuerzas de reventar las cadenas, pero al intentar usar su magia sus grilletes solo aumentaron de peso.

    Ahora lo cinco Hatairoy restantes posaron sus miradas sobre la última maga de pie, Jennifer, quien mira con temor a esos cinco guerrero de armadura negra que no tardan en rodearla y arrojar sus cadenas sobre ella.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  10.  
    Fersaw

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    Aries
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    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
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    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VII: Hallazgo misterioso

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Ambar, Kyle y Estarlin han sido derrotados y sometidos por los Hatairoy, quienes ahora fijan sus miradas en la última aventurera de pie, la joven Jennifer.

    La alquimista se ve rodeada por esos peligrosos guerreros, tiene que pensar que hacer, pues pronto comenzaran a atacar.

    –¡Jennifer, huye! –gritaba Estarlin, haciendo todo lo posible para zafarse de los pesados grilletes de metal negro, pero estos solo aumentan más su peso ante el más mínimo atisbo de magia.

    –¡Jennifer, debes escapar y traer refuerzos cuanto antes, corre! –exclamaba, la vampira, quien era presa de decenas de cadenas.

    La maga escuchaba a sus compañeros decirle que escapara, pero, ¿cómo hacerlo? Cuando está rodeada por los cinco guerreros de armadura negra. Mientras pensaba, una cadena voló por los aires con intenciones de atraparla, por suerte ella logró verla de reojo y la esquivó, pero más siguieron, una tras otra con gran dificultad las cadenas la hostigaban, hasta que una logró tomarla del brazo y otra le arrancó el casco de forma brusca, dejando su bello rostro desprotegido.

    –¡Hijos de puta, suéltenla! –lleno de furia e impotencia, Estarlin logró ponerse de pie, haciendo un terrible esfuerzo para levantarse con el peso de los grilletes. No obstante de poco serviría, al primer pasó cayó vencido por el peso.

    –¡No puede ser, no puede ser! Si me atrapan a mí también nadie podrá salvarlos –decía Jennifer tratando de zafarse de la cadena.

    Otra cadena más fue arrojada, pero esta no tenía la intención de atraparla, si no que buscaba golpearla cual si fuera una látigo. Gritó adolorida y cayó al suelo con una marca roja en su rostro, donde la cadena la había golpeado.

    –¡Jennifer! –gritó con fuerza Estarlin. Ver a su compañera ser tratada de esa forma lo estaba volviendo loco. La ira y la desesperación comenzaban a apoderarse de su ser.

    Los Hatairoy se ensañaron con la alquimista, siguieron atacándola con las cadenas. La golpeaban por todas partes de su cuerpo, mientras que con otras cadenas detenían sus brazos para que no pudiera cubrirse. La chica solo trataba a toda consta de zafarse de ese castigo, entre gritos de dolor y desesperación, las cadenas no tardaron en hacer cortes en su piel.

    La furia no dejaba de crecer en el mago Estarlin. Apretaba los dientes y los puños, las venas de sus brazos comenzaban a resaltarse, al tiempo que un aura azul emanaba de su cuerpo, su poder se estaba elevando cada vez más.

    Los Hatairoy siguieron torturando a la chica, ya todo parecía perdido para este cuarteto de aventureros. Hasta que una enorme sombra atravesó la maleza corriendo a toda velocidad cual bestia, cargando hacia el Hatairoy que tenía atrapados los brazos de Jennifer. Dio un saltó para cercarse más rápido.

    –¡Gran martillo! –gritó un hombre. El puño de este sujeto brilló para luego impactarlo en el pecho del Hatairoy. La fuerza fue tal que lo atravesó por completo hasta salir por la espalda.

    Todos se sorprendieron ante lo que ocurrió, y más se sorprenderían al ver quien había llegado en su ayuda.

    –Parece que llegó justo a tiempo –sonrió de forma socarrona.

    –Maldita sea, es ese imbécil –comentó Kyle.

    –No sé por qué vino, pero me alegra que lo haya hecho –suspiró con gran alivio Ambar.

    Era nada más y nada menos que aquel monje guerrero con quien tiempo atrás habían tenido roces. Se le ve imponente con su larga barba y trenza, así como sus pesados guantes de acero con pinchos.

    –Monje –musitó Jennifer adolorida, tratando de levantarse–. ¿Vino a ayudarnos?

    –Me llamo Harald, y si, vine a ayudarlos –la miró de reojo–. ¿Me pueden decir que son estas cosas?

    –No, no lo sabemos –logró ponerse de pie, pero los golpes resentían en ella, terminó por tropezar y caer de rodillas.

    Los Hatairoy no tardaron en contraatacar, arrojaron sus cadenas tanto a él como a ella.

    Escudo de guerra –enunció el monje, creando un escudo de energía mágico, luego se acercó a Jennifer para protegerla también con el escudo –. ¿Algo que deba saber acerca de ellos para que no me sorprendan?

    –Debe tener cuidado con sus cadenas, una no es problema, pero comenzaran a arrojar una tras otra hasta atraparlo. Parecen no sentir dolor ni emociones –explicó ella.

    –Bien, lo tengo –debía ver a cada uno de los cuatro restantes para repeler sus cadenas–. Bajaré el escudo y los atraeré hacia mí, toma esto –le entregó un pócima–. Con esto podrás liberar a tus amigos, agrita y debilita el metal.

    –Gracias, señor Harald –la tomó y le miró–. ¿Por qué vino a ayudarnos después de lo que pasó?

    –Me topé con un par de niños mientas caminaba por la vereda –dijo él.

    Minutos atrás.

    Nos encontramos en una gran y empedrada vereda, la cual conecta diferentes poblados cercanos, es por allí que el monje guerrero Harald caminaba a lomos de su caballo con incierto destino.

    Por los caminos cabalgó, tropa del invasor. Las espadas sonaran la batalla comenzó, de rojo el campo se tiñó –cantaba Harald tranquilamente–. Ahora que lo pienso, esa mujer me cobró cien wesex… y ni siquiera la llevé a la cama. Maldición, las mujeres voluptuosas son mi debilidad.

    Tal acción parecía importarle poco por la forma que se reía. Pero su diversión poco duró, siendo interrumpida por los gritos de un par de niños. Divisó rápidamente el origen de dichos chillidos, logrando ver a los dos niños que minutos tras fueron liberados por Ambar.

    –¡Auxilio, auxilio! –gritaba la niña y su hermano.

    –¿Qué pasa? –alegó extrañado el monje.

    –¡Señor, necesitamos ayuda! –dijo la niña llegando hasta él.

    –¿Ayuda? ¿Qué ayuda pueden necesitar un par de niños? ¿Acaso se robaron algo o molestaron a alguien? –cuestionó riendo, dando muy poco importancia a lo que pudieran necesitar.

    –¡No señor, no es eso, un grupo de aventureros está en peligro! –dijo el niño con cierta desesperación.

    –¡Si, unos monstruos muy raros los están atacando, son muchos, debe ayudarlos! –agregó la niña con el mismo temor de su hermano.

    –Por favor. No creo que sea algo tan malo, ellos podrán encargarse, pero ustedes deben regresar al pueblo, estos caminos no son seguros para un par de chiquillos –dijo despreocupado siguiendo su camino.

    –¡Usted es un aventurero, no puede irse así como así! –llamó la niña.

    –Lo siento, yo no trabajo gratis –rio despreocupado.

    –Olvídalo hermana, no va a ayudar –dio el niño con una voz más seria agachando su mirada–. Ese hombre no es un aventurero de verdad, solo es un mercenario más.

    –Oye, niño. Debes respetar a tus mayores, yo soy un aventurero…–alegó Harald ofendido.

    –No puede decir nada, usted solo pelea por dinero, como muchos. En mi pueblo había un aventurero que peleaba por defendernos, nunca pidió una sola moneda a cambio. ¡Por eso usted no es un verdadero aventurero, solo piensa en el dinero y no en los demás, como todos! –Exclamó con fuerza el niño levantando la mirada mostrando un par de inocentes lágrimas–. ¡Encontraré a un verdadero aventurero que pueda ayudar! –dicho esto salió corriendo.

    –¿Qué le pasa a ese mocoso? –dijo serio el monje viéndolo irse.

    –El aventurero del que hablaba era nuestro padre, pero él murió hace un par de años. Mi hermano siempre lo vió como su héroe –suspiró la niña. Entonces buscó entre sus ropas y encontró algo–. Sé que no es mucho, pero, ¿podría ayudar a esos aventureros por esto? –la niña le mostró una moneda de un Wesex.

    El monje la miró atentamente con un serio semblante. Se acercó a ella y tomó la moneda para verla. Realmente no se puede comprar casi nada con eso, pero los ojos de la niña veían en él a un héroe, aun aventurero que podría ayudar.

    –¿Crees que esos aventureros estén en peligro real? –cuestionó con una voz más suave.

    –Sí, ellos no lo saben, pero las criaturas con las que se enfrentarán son muy fuerte, atraparon a muchos aventureros antes y los encerraron en jaulas, no creo que con estos sea diferente.

    –Bien –suspiró regresándole la moneda–. Es el precio correcto, pero los trabajos se pagan cuando se terminan. Me encargaré de ayudarlos y liberar a los cautivos. Tu ve por tu hermano y regresen al pueblo.

    La niña sonrió enormemente agradeciéndole su ayuda, le indicó el camino y luego ambos se separaron. Harald apresuró el trote de su caballo para llegar cuanto antes.

    En el presente

    –Creí que no trabajaba por menos de quinientos Wesex –rió Jennifer al escuchar lo que el monje le relató.

    –Le hice una oferta a esa niña –rió también–. Es hora de acabar con estas cosas y liberar a los demás. ¡Ahora!

    Deshizo el escudo y corrió hacia uno de los Hatairoy, cadenas volaron en su dirección, pero el monje logró esquivarlas. Saltó y conectó una fuerte patada en el pecho del enemigo, con tal fuerza que lo arrojó por el suelo de forma violenta.

    Jennifer aprovechó eso y corrió a toda velocidad hacia Estarlin. Una cadena amenazó con tomarla por el tobillo, pero logró saltar y evitarla, aunque tropezó se levantó tan rápido como pudo para llegar a su compañero.

    –¡Jennifer! ¿Estás bien? –preguntó él preocupado por las heridas que veía en ella.

    –Sí, estoy bien –respondió sin preocuparse por sí misma. Vertió la posición sobre los grilletes negros de Estarlin, los cuales, lentamente comenzaron a agrietarse y debilitarse.

    Por otro lado el monje seguía luchando contra los Hatairoy. Atacaban uno tras otro, con sus espadas hostigaban de cerca, mientras que con las cadenas atacaban a la distancia. Retrocede evitando los cortes, pero una cadena lo ataca por detrás, logra saltar a tiempo para evitarla, pero otra ya lo espera y lo toma por el cuello con fuerza. Comienza a forcejear, los más rápido posible logrando reventarla, otra vuela por el aire y lo golpea en la cara haciéndole un corte en la mejilla.

    –Eso me dolió– gruñe esquivando los siguientes azotes de cadena.

    Un Hatairoy intentó atacarlo por la espalda con una estocada certera. El monje le vió de reojo y giró ágilmente, deteniendo la espada del enemigo con su mano, la cual está protegida por un grueso y pesado guantelete de acero. Sorprendido por la fuerza del monje el Hatairoy no logra liberar su arma del agarre enemigo.

    –¡Gran martillo! –usó una vez más ese ataque, su mano brilló, soltó la espada y al instante impactó un devastador puñetazo en el rostro del Hatairoy. El yelmo fue pulverizado y arrojado por los aires, arrancado la cabeza del cuerpo–. Uno menos.

    Los tres Hatairoy restantes rodearon al monje, quien les miraba desafiante, esperando comenzar el ataque.

    ¡Granada roja! –gritó Jennifer arrojando una de sus bombas hacia uno Hatairoy.

    El guerrero la escuchó y vió la bomba acercarse a él por el aire, arrojó una cadena con intensión de destrozar el frasco de la granada. Era parte del plan, pues lo que no vió venir fue al bravío Estarlin, quien tenía su cuerpo cubierto de fuego, una habilidad mágica que aumentaba su fuerza y velocidad.

    –¡prueba mi fuego sagrado, hijo de perra! –gritó acercándose a toda velocidad, tomando por sorpresa al Hatairoy.

    La katana del mago atravesó el pecho del Hatairoy de forma brutal. Estarlin soltó su arma, dejándola clavada en él, entonces arrojó una potente patada a la cabeza del enemigo, arrojando al Hatairoy contra un árbol, el cual fácilmente se partió.

    –¡Bien hecho, Estarlin! –animó Jennifer, quien corría para liberar sus otros dos compañeros.

    El monje seguía enfrascado, ahora solo contra dos Hatairoy. A uno lo tomó por la cabeza con fuerza, tratando de aplastarle el cráneo, mientras que el otro le arrojó una cadena a la cintura, sin embargo, un solo Hatairoy no tenía la fuerza suficiente para siquiera mover al corpulento monje.

    Se escuchó el grito de guerra de un hombre que se aceraba a toda velocidad por detrás del segundo Hatairoy. Este volvió la mirada solo para toparse con Kyle, quien lo atravesaba por el pecho con su naginata.

    –¡Regresé al juego! –empuñó con firmeza el mango y lo levantó, elevando al enemigo empalado.

    –¡Allí mantenlo! –gritó Ambar. Corrió un poco tomando impulsó y entonces arrojó su katana hasta clavarla en la cabeza del guerrero. Luego Kyle lo soltó en el suelo.

    Es escuchó el martillo del monje, pulverizando al último Hatairoy. Ahora están todos vencidos y los tres magos libres otra vez.

    –Eso estuvo genial, fue épico –animó Kyle acercándose a los demás.

    –Debo admitir que me emocionó mucho luchar contra esas raras criaturas –agregó Ambar con una sonrisa.

    –Estuvimos muy cerca de fallar, si no fuera por el señor Harald estaríamos atrapados todos –comentó Jennifer, quien se acercaba cojeando, y ayudada por Estarlin.

    –¿Estas bien? Tus heridas pueden ser serias, Jennifer –preguntó Estarlin.

    –Toma –llamó el monje dándole una pócima a la maga–. No curará tus heridas, pero aliviará tu dolor por un tiempo.

    –Muchas gracias, señor Harald.

    –Sí, muchas gracias bravucón –dijo Ambar dándole un golpe en el hombro, aunque terminó por dolerle más a ella.

    –Era muy extraño que un monje guerrero no ayudará en estos casos, ¿Qué te hizo cambiar de opinión? –preguntó Kyle.

    –Fue por la petición de una niña, no crean que lo hice por ustedes, cuarteto de debiluchos –se cruzó de brazos.

    –Que tierno –rió Ambar saltando sobre la espalda del monje y pellizcando su mejilla–. Parece que este grandulón tiene su corazoncito. Oye que tal si te unes a nuestra vanguardia, un enorme sujeto como tú nos vendría bien.

    –¿Qué les hace pensar que no tengo una vanguardia ya? –comentó arqueando la ceja.

    –¿Quizás por que no eres alguien muy agradable, y eres un buscapleitos? –dijo a manera de broma Kyle.

    –Imbécil –bufó Harld.

    –Vamos, vamos, únetenos, únetenos, monje –insistió Ambar, quien seguía trepada en la espalda del monje.

    –Bueno… quizás podamos hacer un trato, tu y yo –la miró de reojo de forma picara.

    –Pervertido –rápidamente la chica se bajó de él con un sonrojo en sus mejillas.

    –No pensé que tuvieras pésimos gustos, monje, mira que fijarte en esta…–se burlaba Kyle, hasta que Ambar le dio un golpe en la cabeza.

    –¡Ya quisieras que me fijara yo en ti, idiota! –alegó ofendida.

    –Chicos, no es momento para discutir esas cosas. Debemos liberar a los otros aventureros y civiles –llamó Jennifer.

    Minutos después habían abierto todas las jaulas y liberado a las personas. Entre civiles y aventureros habían capturado a más de veinte personas. Una vez fuera, los, ahora cinco, hablaron con uno de los cautivos, quien había sido el primero en ser capturado.

    –Aceptamos una misión para acabar con pequeño grupo de orcos que estaban acampando aquí –relataba dicho sujeto, quien era un novato–. Cuando llegamos acabamos con la mayoría, habían estado cavando en esa cueva por días, sin descanso. Pensamos que estábamos fuera de peligro, entonces aparecieron esos guerreros de armadura negra, nunca habíamos visto algo así, yo y mi equipo no tardamos en ser sometidos y capturados. Mas orcos llegaron y siguieron el trabajando en la excavación. Día y noche, sin descanso, jamás vi a los orcos trabajar tanto y tan apresurados.

    –¿Esas cosas les daban órdenes a los orcos? –preguntó Jennifer, mientras una maga blanca curaba sus heridas.

    –No, para nada, nunca los escuchamos decir una sola palabra, creo que ni siquiera pueden hablar. Pero aun así los orcos los respetaban y parecían tenerles miedo.

    –Es extraño, los orcos son seres muy orgullosos y salvajes, no sabía que podían ser dominados de esa forma –comentó Kyle.

    –Esas cosas no son humanos, ni alguna clase de ser vivo. Cuando los analicé no vi órganos, músculos o huesos, nada, solo una armadura viva, por extraño que parezca –dijo Estarlin.

    –Eso solo significa una cosa –llamó Harld, quien miraba la cueva–. Si no son seres vivo naturales, significa con son vida artificial, y alguien los creó. Lo que más me intriga, es saber que buscaban los orcos y por qué cavaron tanto.

    –Bueno, pues solo hay una forma de averiguarlo, ¿no? –sonrió Ambar chasqueando sus dedos para crear una pequeña llama en su mano, con la cual iluminaria el camino a través de la cueva.

    –Esto se pone más emocionante –animó Kyle siguiéndola.

    –Mientras no nos arrojen más cadenas todo estará bien –dijo el monje siguiéndolos también junto a Estarlin.

    –Oigan, esperen, no creo que sea buena idea entrar –quizás no quería, pero igual los siguió.

    Los cuatro miembros de la nueva vanguardia avanzaron lentamente por la estrecha cueva, se notaba a leguas que había sido escavada apresuradamente.

    –Esto está muy estrecho y oscuro, casi no hay espacio ni veo nada… ¿qué esto? –comentó Kyle.

    –¡Kyle, quita tus manos de allí! –exclamó sorprendida y sonrojada Ambar al sentir una mano en cierta zona de su cuerpo.

    –Lo, lo siento… si iluminaras mejor no tendría que agarrar lo primero que sienta –comentó algo apenado.

    –Idiota –bufó ella.

    –Podrían callarse, esta cueva no se ve muy estable, no queremos un derrumbe, ¿verdad? –reprendió el monje.

    Siguieron avanzando sin más. El lugar era sin dudas bastante largo, ya llevaban varios minutos caminando por esa gruta. Entonces notaron algo extraño, la temperatura comenzaba a descender notoriamente.

    –De la nada siento un extraño frio, ¿ustedes? –preguntó Jennifer.

    –Sí, la temperatura está bajando conforme seguimos avanzando, es raro –respondió Estarlin.

    Entonces salieron de esa estrecha gruta, entrando a lo que parecía ser una cámara no muy grande, y hecha de roca tallada, con diferentes formas, el suelo estaba adoquinado y había muchos sellos mágicos en las paredes. Lo primero que notaron fue cadáveres momificados en el suelo, portando armaduras y armas muy viejas.

    –Maldición, que pasó aquí –dijo Kyle avanzado.

    –¿Alguien sabe que son esa cosas? –preguntó Ambar mientras encendía las antorchas que había en las paredes para iluminar mejor el lugar.

    –Son draugrs –respondió Estarlin, quien se tomó un momento para analizarlos–. Cadáveres reanimados, pero alguien los eliminó ya.

    –El de la armadura tiene razón, estos draugrs fueron puestos aquí para proteger esta cripta o mazmorra o lo que sea –comentó el monje, quien analizaba los sellos en las paredes–. Cuando alguien entró en este lugar rompió los sellos y liberó a los drugrs, aunque los asesinó igual.

    –Debieron ser los guerreros de armaduras negras, los draugrs son incluso más débiles que un orco, y no parecen ser muchos –dijo Jennifer, analizando también los demás sellos.

    –Bien, interesante, pero hasta donde sé, los draugrs solo se emplean para proteger cosas de valor, ¿no? –cuestionó Kyle–. ¿Qué es lo que protegían aquí?

    –Miren, una puerta –llamó Ambar.

    En el fondo de la cámara había una puerta de roca con más sellos, pero igual estaban rotos.

    –Sea lo que sea que defendía, está allí –dijo Estarlin–. ¿Deberíamos abrirla?

    –Debe ser algo muy valioso –sonrió enormemente Kyle.

    –O algo malo, hay un dicho que dice que los draugrs nunca defienden algo bueno –opinó Jennifer algo dudosa de si debían abrir esas puertas.

    –Pero si defienden tesoros o reliquias antiguas, cosas muy valiosas –opinó el monje con una clara ambición.

    –¡Vamos a abrirla! –dijo Kyle con emoción.

    Los pensaron un poco, y terminaron por estar de acuerdo, aunque Ambar y Jennifer no tanto. Los tres hombres tomaron las puertas y las abrieron, gracias a la fuerza del monje no fue nada difícil hacerlo. Los tres se sorprendieron enormemente al ver lo que allí había.

    –¿Y bien, que hay? –preguntó curiosa Ambar, trepando en la espalda del monje para ver que había allí–. ¿Un ataúd?

    –¿Qué clase de broma es esta? ¿Quién diablos esconde un ataúd de esta forma? ¿A caso es un rey o algo así? –Kyle parecía estar frustrado al no encontrar un tesoro.

    –Es un ataúd de roca, se usaban hace muchos siglos para preservar los cuerpos de personas importantes –informó Estarlin.

    –Tiene una inscripción –dijo el monje.

    Aquel que no podía morir y que por voluntad fue encerrado hasta esperar el regreso de su amo, aquel que sirvió fielmente al gran Karppoforo, aquel que podía escapar de la muerte cuando deseaba, aquel que reside en esta tumba porta el nombre de Espilgoroth “El inmortal”

    –Me cago en todo… eso suena a vil magia negra –alegó Kyle sorprendido.

    –¿Aquel que por voluntad fue encerrado? ¿El gran Karppoforo? ¿Aquel que podía escapar de la muerte cuando deseaba? Me gustaría entender algo de eso, ¿Quién es Karppoforo? –cuestionó muy confundida la vampira.

    –Jamás he escuchado ese nombre –dijeron todos, pues ninguno de los allí presentes había tan siquiera escuchado del Ancestral Demente, Karppoforo.

    –¿Qué deberíamos hacer con esta cosa? –preguntó Jennifer.

    –Sea quien sea que esté allí dentro debió ser un mago oscuro o algo así, por nada del mundo debemos abrir ese ataúd –dijo Ambar algo asustada.

    –Tampoco podemos dejarlo aquí, algún imbécil podría abrirlo –objetó Kyle

    –El vampiro tiene razón. Sugiero que lo llevemos a la ciudad de Sky, y se lo entreguemos al ministerio de seguridad mágica, ellos sabrán qué hacer con esto…y, quizás nos den una recompensa en metálico –sonrió el monje.

    –¿Como un monje puede ser tan avaricioso? –alegó Ambar jalándole la mejilla, pues seguía trepada en su espalda.

    –Hagamos eso. Harald tiene razón, dejarlo aquí es un riesgo, un incauto podría liberar lo que sea que haya dentro –opinó Estarlin.

    Es pues que la nueva vanguardia conformada por: Ambar, Estarlin, Harald, Kyle y Jennifer, se dispuso a la misión de transportar el raro ataúd de roca hasta la ciudad de Sky.

    Ahora nos ausentamos de este lugar y viajamos de regreso a Sky. La ciudad sigue siendo la sede del jolgorio del festival de los aventureros, las calles atestadas de gente disfrutando de las fiestas y las ofertas otorgadas por las decenas y decenas de comerciantes. Nos hayamos en una pequeña taberna, bastante cerca del gran gremio de los aventureros. En dicho lugar casi no hay gente a esas horas de la mañana, salvo un par de guardias tomando algo para refrescarse.

    El lugar es tendido por una bella mujer de unos veinticinco años de edad, de tez blanca y un cuerpo voluptuoso, destacando sus caderas y sus pechos, a pesar de dicha figura cautivadora, su rostro refleja una gran moralidad y amabilidad, sus cabellos son rubios, largos y ligeramente rizados, que caen por su espalda, sus ojos son de un perfecto azul y lleva solo un labial en color rosa. Es sin dudas una de las mujeres más hermosas que se podían encontrar en la ciudad. Viste el uniforme del lugar, una camisa sin magnas rosa, una falda negra, botas y un delantal blanco.

    La mujer se encontraba limpiando la barra apaciblemente, cuando las puertas de lugar se abrieron llamando su atención. Dos figuras entraron, un hombre y una mujer, parecían intimidantes a simple vista, pero ya la mujer los conocía, así que solo sonrió al verlos.

    El hombre es alto y corpulento, ataviado con una extraña armadura que protege todo su cuerpo, es azul celeste, brillante ante la luz del sol, se nota la gran calidad de dicho equipo y lleva el símbolo de una diosa en el peto. Solo podemos ver su rostro, agraciado y atractivo ante los ojos de cualquier mujer, su cabello es azul y largo, de momento lo lleva suelto. Su seria mirada, enmarcada por sus pobladas cejas y atractivos ojos azul oscuro, lo hace más misterioso y cautivador. En su espalda porta su escudo, hecho de un hielo especial, que, por magia, jamás se derrite, y en su cintura una larga y gruesa espada. También posee un casco, pero de momento no lo lleva puesto.

    Por otro lado está la chica que le acompaña. En disparidad con la estatura de él, ella es baja, de tez pálida y de complexión delgada, si bien, no aparenta una gran fuerza, su constitución la hace muy ágil y veloz. Su cabello es corto, en color negro, su rostro se nota jovial y animado casi todo el tiempo, con una linda sonrisa que deja ver sus colmillos, propios de la raza vampírica, al igual que sus cautivadores y exóticos ojos rojos. Viste de forma sencilla y ligera, un pantalón oscuro ajustado, botas de cuero, camisa sin mangas pero con una capucha, como protección, brazales y chaleco de cuero. Lleva en su espalda una guadaña y en su cinturón varias dagas.

    –Oye, Percival, ¿Por qué siempre quieres venir aquí? Este lugar es muy aburrido y casi no hay gente, debimos haber ido al gran gremio con los otros.

    –Me gusta el ambiente de este lugar, Ryume –respondió el caballero, pues esa es su clase de guerrero.

    –Buenos días, señor Percival. Veo que ya regresó de su última misión –dijo la mujer que atiende la taberna, aunque no es secreto que se animó más al ver a Percival–. ¿Qué desea tomar esta vez?

    –Una copa de vino, y un poco de pan, por favor –dijo de forma suave y amable, aunque igual tenía una expresión seria en su rostro, a pesar de las claras atenciones que esa mujer le daba–. No tienes que llamarme señor, Ana.

    –Sí, lo siento, lo había olvidado, señ… Percival –respondió con un leve rubor en sus mejillas–. Enseguida le traigo lo que pidió.

    –Sí, claro, el ambiente –sonrió Ryume–. A mí no me engañas pervertido, vi un par de cosas en esa mujer que es por lo que seguro vienes, ¿verdad? –lo siguió y se sentó a su lado.

    –No soy esa clase de hombres, Ryume, yo si respeto a las mujeres –alegó tranquilamente.

    –Sí, claro –rió la vampira–. Oye, tráeme a mi también una copa de vino.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)


     
  11.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    18 Junio 2016
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    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3130
    Saga II: Festival de los aventureros

    Capítulo VIII: El ministro y los Siervos

    (Opening: All good things – Fight)

    13 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Nos encontramos en una taberna de la ciudad Sky, es en este lugar donde minutos antes llegaron el caballero Percival y su compañera, la vampira Ryume. Fueron cálidamente atendidos por la encargada del lugar, aquella hermosa mujer de cabello rubio de nombre Ana.

    –¿Oye, no crees que 500 Wesex es muy poco por lo que hicimos? –preguntó Ryume a su compañero mientras contaba sus monedas.

    –Diría que es un precio justo –respondió él de forma tranquila–. El problema, y no es que lo consideré como tal, es que debíamos repartirlo entre los cuatro miembros de la vanguardia.

    –Sí, es verdad. 125 wesex es muy poco, ese maldito minotauro casi me destroza con su hacha –dijo con pesar mientras se sobaba los golpes en sus brazos.

    –No te quejes, hicimos un servicio importante para el reino, ese minotauro había asesinado muchos campesinos.

    –Lo dices como si eso te preocupara –rio la vampira–. Tu solo piensas en dinero y en matar cosas que tengan magia negra.

    –Eso es verdad.

    –Aquí tienen sus bebidas –llamó Ana entregando el vino y el pan–. ¿Cómo le fue en su misión, Percival? Esta ocasión le tomó más días que lo normal –preguntó de forma amable y con una gran sonrisa.

    –Estuvo bien, nada fuera de lo normal –respondió de forma seria.

    –Huy que frio eres. La mujer trata de ser amable, corresponde, cabeza de lata –reprochó Ryume–. Por cierto, he notado que hay más presencia de soldados y gente en la ciudad, ¿a qué se debe? –le preguntó a Ana.

    –Es porque hoy viene a la ciudad una persona muy importante, el gran Lord Egbert Rotten, amo del castillo Cresta Negra y sus tierras, líder de los Siervos de la Luna, y también nuestro Ministro de Seguridad Mágica, muchos dicen que es la persona más importante después del rey.

    –Mierda, sí que es alguien importante para tener tantos títulos –alegó Ryume.

    –¿Siervos de la Luna? –musitó Percival extrañado por ese nombre–. ¿Dónde he escuchado eso antes?

    –Los siervos son un grupo especial al servicio del ministro, se encargan de investigar situaciones que puedan poner en riesgo a la nación, se conforma por magos que se unen al grupo, podría decirse que son como un ejército privado del ministerio de defensa mágica –explicó Ana.

    –Y ese sujeto, Egbert, ¿Qué edad tiene?

    –No estoy muy segura, hasta donde sé, varios siglos, supongo, es un elfo

    –…interesante –se dijo a sí mismo–. Debo ir a la biblioteca, hay un libro que puede aclarar mis dudas –dio un gran trago para beber todo el vino, luego se levantó para irse, no sin antes pagar lo consumido dejando unas monedas en la mesa.

    –¿Ya se va? Tan pronto –cuestionó Ana, sorprendida y ligeramente triste.

    –Oye, espera, quería comer algo, y quiero ver a ese sujeto cuando llegue –agregó Ryume.

    –Entonces nos vemos allí, yo también quiero verlo –sin más que decir salió de lugar con dirección a la biblioteca.

    –¡Que molesto! Ya me dejaron sola otra vez –bufó Ryume–. Menuda vanguardia hemos formado, todos se van por su lado. Oye, rubia, trame un buen filete de cordero y toda la botella de vino.

    Sin que los aventureros los supieran, en el fondo de la taberna alguien los había estado observando desde que llegaron. Aquel hombre era el mago de ojos blancos que porta el símbolo del sol rojo, quien días atrás había hablado con Castiel y Cloud.

    –Ahora que recordar puedo, de la armadura de ese caballero el símbolo conozco, esa espada y ese escudo propios de cierto lugar son. Del destruido Reino de Hielo, ese caballero proviene. Creo que un buen recluta ser podrá, solo la verdad encontrar debe, sobre quien a su reino destruyó –dejó unas monedas sobre la mesa y se levantó para acercarse a Ryume.

    –¿Por qué nunca puedo aliarme con gente normal? –se preguntaba a sí misma mientras comía su carne–. Este loco de lata, el niño y el vampiro paladín, y yo, la asesina, que vanguardia más singular ¡jajaja! –rio con claro sarcasmo–. Idiotas.

    –Buenos días, señorita –llamó el mago parado junto a ella.

    –…Si –respondió un poco avergonzada por que obviamente la escuchó decir sus tonterías.

    –¿Podría indicarme a donde su amigo se dirige? Hablar con él debo –preguntó de forma amable.

    –¿Ese loco de lata? Se dirige a la biblioteca, seguro se pasará allí todo el día, no hace más que leer y leer todo lo que puede.

    –Entiendo, muchas gracias. Por cierto, ¿presenté estará durante la llegada del ministro? –la miró con curiosidad, con sus extraños ojos blancos.

    –¿Quizás? No lo sé…

    –Escucharlo debe, pero guiarse de sus mentiras no debe –sacó de su morral una carta y se la entregó–. Sigua al sol, la luna, mentiras proclama

    Sin más que decir se retiró del lugar, dejando más que confundía a Ryume y a Ana, quien escuchó todo desde la barra.

    –¿Pero qué sujeto más raro? –fue lo único que dijo la vampira mientras miraba la carta–. ¿Sabes quién es ese loco?

    –No tengo la menor idea, señorita –respondió Ana.

    Minutos más tarde las calles de la ciudad fueron despejadas por el ejército, la avenida principal debió quedar libre para la llegada de un gran contingente, cual si fuera un desfile, las personas, civiles y alguno que otro aventurero, se acercaron para ver la llegada de ese hombre tan famoso.

    La escolta era provista de Siervos de la Luna, esos extraños y poco conocidos guerreros que sirven única y exclusivamente al ministro. Visten túnicas negras con el símbolo de una media luna en la espalda y pecho, la luna posee una cara sonriente. Se puede notar que en dicho grupo hay tanto hombres como mujeres, vampiros, humanos y elfos por igual pues nada cubre sus rostros, la única exclusividad que posee es que todos deben ser magos. Los del frente portan los estandartes del ministerio, del reino y de su grupo.

    No obstante, por intimidantes que puedan parecer estas personas poco importan. Más atrás está el afamado ministro, a lomos de un bellísimo caballo negro se le puede ver.

    Cabello blanco, largo y lacio, piel blanca y dueño de una belleza sin igual, ojos azules que incluso parecen brillar, levanta la mano saludando con gran aprecio al populacho, que le responden con alabanzas y elogios, para ellos, ese hombre es quien se encarga de su seguridad. Ataviado con una camisa manga larga negra, pantalón del mismo color, finas botas de cuero y guantes también, finalizando con una larga capa blanca con diseños en dorado.

    –Este es el cariño que un pueblo ofrece a sus líderes, hija, nunca lo olvides –dijo aquel hombre a la mujer que lo acompaña, al tiempo que reía un poco.

    A diferencia de él, ella no es una elfa, es humana. Su cabello es negro al igual que su largo y fino vestido, sus ojos son color azul y su piel blanca. No están joven como pudiera aparentar pero es poseedora de una gracia y belleza única y cautivadora al instante. Con un voluptuoso y sensual cuerpo que su ceñido vestido resalta.

    Esta joven es la hija adoptiva de Lord Egbert, la acogió desde muy temprana edad y siempre la trató con gran cariño y aprecio, esperando una sola cosa de ella, lealtad.

    –Un pueblo inocente e incauto, ¿no? –susurró la mujer con una linda pero maliciosa sonrisa.

    –A sí es, Pandora. Ninguno de estos incautos sabe la verdad, solo míralos, sonriéndome cual si fuera el rey –respondió mirándola de reojo y sonriendo de igual forma–. Poco me importa su seguridad o sus vidas, estamos aquí por un motivo mucho más importante.

    –Encontrar a nuestro gran amo, ¿verdad? A nuestro señor Karppoforo –dijo con una sonrisa emocionada–. Ansió con todo mí ser por fin conocerlo.

    –Y con más ansias espero yo conocerlo, mil años lo mantuvieron encerrado en aquella cripta, pero ahora estoy seguro que la cripta fue abierta y él ha logrado escapar. Debe estar confundido en este nuevo mundo.

    –No se preocupe, padre, lo encontraremos. Volverá a gobernar como hace mil años, y nosotros estaremos a su lado, sirviéndole con lealtad –dijo ella con una preocupante seguridad, como si el objetivo de su vida fuera servirle a Karppoforo.

    –A sí se habla, hija mía –respondió él mirándola con orgullo mientras acariciaba el cabello de esa mujer.

    Desde la distancia, en uno de los tantos balcones del gran gremio de aventureros, donde se tiene una gran vista del recorrido del contingente, se encuentran dos figuras masculinas observando con seriedad al ministro y compañía.

    –Ese sujeto no es lo que aparenta, ¿verdad? Solo mírelo, sonriendo cual si fuera superior. Mi padre siempre habló cosas malas acerca de ese elfo –decía con desprecio un joven de tan solo dieciséis años.

    De estatura promedio, poseedor de una corta cabellera blanca y ojos grises, colores atípicos en un humano. Aun así es alguien atractivo ante los ojos de las chicas. De complexión fornida con unos fuertes brazos debido a un claro entrenamiento de combate. Ataviado con una chaqueta de cuero tintado de azul, pantalón negro y botas del mismo color, en su cinturón cuelga un gran libro mágico y en su espalda porta un báculo de madera.

    –Es el líder de los Siervos de la Luna, una persona despreciable –agregó el otro sujeto a su lado, con una voz muy grave e intimidante–. Mucho se puede hablar de su maldita familia.

    A diferencia del joven este otro hombre, quien es un vampiro con varios siglos de edad, es muy alto y de complexión atlética, su cabello es negro completamente, sus ojos son de color plata, bajo la luz la luna suelen brillar, su piel lo delata como vampiro, pues es pálida.

    Cuando entra en combate usa una fina y delgada armadura negra que lo protege por completo, sin embargo, cuando no está en una misión viste de forma casual. Porta una larga gabardina negra con una capucha que sobre su cabeza y parte de su rostro, el cual además es cubierto por una máscara negra que solo deja ver sus ojos, debajo una camisa blanca manga larga, un pantalón oscuro y botas de metal. Aun cuando está de descanso nunca deja sus armas, las cuales son un mandoble delgado y ligero que lleva en la espalda, además de un par de espadas cortas que porta en la cintura.

    –¿A qué se refiere, señor Vesperth? –preguntó el joven con curiosidad.

    –Mucho tiempo atrás, mi clan formó parte de ese asqueroso grupo de Siervos de la Luna, Set. Si no me equivoco antes tenían otro nombre, algo similar –respondió–. Mi abuelo y padre me contaban cosas poco agradables: mucha magia negra, rituales extraños y muchos secretos que solo los miembros más importantes conocen. Mi padre y mi abuelo tuvieron alguna diferencia con el ministro, y terminaron por ordenar que todos los miembros de clan abandonaran a los Siervos –explicó él.

    –Qué miedo –dijo el chico–. Pero lo creo, con solo verlo me da un mal presentimiento.

    –Yo puedo verlo. Percibo su presencia, es singular. Sin embargo, desde que regresamos a la ciudad he notado otra presencia, una aún más extraña.

    –Lo mismo dijo Ryume cuando llegamos, pudo percibir una presencia muy extraña en la ciudad. ¿Quién podrá ser?

    –No es que importe mucho, debe ser algún mago bastante poderoso. Aun así, me intriga –finalizó Corvus Vesperth para luego retirarse de regreso al interior.

    –¿Qué haremos ahora? ¿reúno a los otros miembros de la vanguardia? a Percival y Ryume –preguntó el chico al vampiro.

    –Por ahora no, descansemos este día –dijo el vampiro retirándose a su habitación.

    El ministro llegó a la plaza central y recitaba un inspirador y muy elocuente discurso a las personas incautas que poco saben de sus verdaderas intenciones. Mientras tanto el caballero Percival estaba en la biblioteca de la ciudad algo desesperado buscando un libro que pudiera tener las respuestas que desea.

    –¿Dónde está? –se repetía una y otra vez buscando en las grandes y más viejas estanterías del lugar, en una zona algo alejada–. Juro que lo vi la última vez que estuve aquí, incluso leí sus primeras hojas, dije que cuando volviera lo leería todo… ¡Aquí está! –dijo con emoción al encontrarlo muy al fondo.

    Sin dudas era un libro muy antiguo, la portada estaba casi completamente borrada, solo se podía ver el título.

    –“Historias de los Reinos Antiguos” –leyó él.

    –¿Encontrar algo acerca de su reino espera? –se escuchó la voz de un hombre.

    –¿Quién eres? –cuestionó la instante Percival.

    –Solo un humilde y viejo mago, caballero. ¿Me temo que nada de lo que busca encontrar podrá en ese libro?

    –¿Cómo sabe que es lo que busco? –inquirió con seriedad.

    –Adivinarlo pude. Usted un caballero del Reino de Hielo es, ¿verdad? –tranquilamente se acercó a una mesa cercana y tomó asiento.

    –¿Lo dice por mi armadura y armas? Pues sí, así es –admitió, y se sentó frente al mago–. ¿Cómo sabe que no encontraré lo que busco en este libro?

    –Por qué el Reino de Hielo desapareció solo hace veinte años, y ese libro fue escrito hace cien. Nada acerca de la caída de tu reino hallaras allí.

    –Eso lo sé. No busco información acerca de su caída, si no de sus guerras –suspiró–. Deduzco que con su edad usted conoce a esos Siervos de la Luna, ¿verdad?

    –De lo que desearía más –respondió el mago.

    –Pues ese nombre me resultó muy familiar. Mi padre me contó historias acerca de un grupo de magos que atacaron mi reino en diferentes ocasiones a lo largo de un los últimos quinientos años, y al final fueron ellos los que causaron el caída de mi nación. Quiero saber más acerca de esos guerreros y saber si guardan alguna relación con los Siervos de la Luna. Son tan…

    –Ninguna relación guardan, joven –interrumpió, y entonces lanzó la bomba–. Son los mismos.

    Ante esa revelación el caballero se quedó mudo.

    –…¿Cómo está tan seguro? –fue lo único que logró articular después de unos momentos.

    –Mucho acerca de ellos conozco, si quieres más información revelarte puedo, pero el momento no es –se levantó de la mesa y sacó una carta de su morral–. Cosas terribles acerándose están, seguir al sol es lo que hacer debes –le entregó la carta.

    –¿A dónde va ahora y que es esto? –cuestionó siguiéndolo y mirando la carta.

    –A más aventureros encontrar debo, mi señora aquí pronto estará. Esa carta guardar debes, solo con ella acceder a la reunión podrás. Aguardar es lo que harás –le miró sobre el hombro y trató de irse.

    –¿Cómo espera que haga lo que me dice si no me dice quién es usted o por que debo confiar? –alegó confundido y molesto.

    –Si más acerca de la caída de tu reino saber quieres obedecer harás –explicó el viejo mago.

    –Espere, solo una cosa más… ¿Esto tiene que ver con la Cripta del Loco? –miró la carta y luego al mago, logrando sorprenderlo y que se detuviera.

    –¿Acerca de la cripta tu sabes? –cuestionó el mago.

    –No mucho, solo sé que en ella hay algo terriblemente oscuro, algo que nunca debe ser liberado. Mi padre me dijo que esos sujetos, esos Siervos de la Luna, atacaban mi reino en busca de una forma para abrir la cripta…una… ¿una llave? No recuerdo, pero era algo parecido… era la reliquia más importante de mi reino. ¿Qué hay en la cripta y por qué los Siervos la desean?

    –Oscuridad y maldad, eso es lo que en ella hay. Y si, por esa llave los Siervos tu reino atacaron y destruyeron, en aquel entonces se llamaban Sabios de la Luna –explicó el mago agachando la mirada–. Pero la llave oculta fue en otro lugar por tu gente.

    –¿Dónde? ¿Sigue allí? –cuestionó sorprendido y con cierta desesperación–. No podemos permitir que esos malditos la encuentren, si mi reino cayó por protegerla es mi deber hacerlo aun…

    –Me temo que encontrada fue ya la llave –interrumpió el mago con pesar–. La princesa de tu reino la llave a los Hombres de Piedra confió. Del mundo subterráneo los habitantes eran. Sin embargo, los Siervos de eso se enteraron, y una tras otra y tras otra ocasión las grandes y antiguas cuevas de los nobles Hombres de Piedra atacaron sin piedad, al final ellos fueron extinguidos, pero los siervos muchas bajas sufrieron.

    –¿Entonces, donde está la llave? –no dejaba de sorprenderse, ¿Cómo era que ese viejo sabía todo eso?

    –A una gran amiga y poderosa guerrera a por la llave yo envié, Arllet Hogenhill es su nombre. Ella encontró la llave y la tomó.

    –Eso es bueno. ¿Dónde está esa mujer? Seguro necesitara protección si transporta algo tan valioso. Iré con ella para ayudarla y que los siervos no pongan sus manos en esa reliquia –se encaminó a la salida, solo esperando que el mago le dijera el paradero de la paladín.

    –Me temo que su ubicación desconozco. Arllet me traicionó y tomó para sí la llave –sentenció el mago.

    –¿Qué? ¿Por qué hizo eso? –alegó Percival.

    –Probablemente, la paladin seducida fue por una falsa idea de lo que la cripta alberga. Probable es que ella la haya abierto ya, aunque asegurarlo no puedo.

    –Maldición, mi padre decía que ese lugar nunca debía ser abierto. ¿Ahora qué hacemos? –apretó los dientes con gran frustración.

    –Preocuparte aun no debes. Por causa de eso aquí estoy, reunir aventureros es mi misión, tu un gran candidato eres, por favor, esperar debes, pronto mi señora aquí estará y todas las dudas que tengas aclaradas serán –insistió el mago.

    –…Bien, aguardaré –suspiró frustrado–. Solo espero que no tome mucho, estoy teniendo muchas ganas de acabar con los siervos ahora mismo.

    –La paciencia una virtud es, y con ella gozo y regocijo encontrar puedes. Tarde o temprano una revancha tendrás contra ellos, te lo aseguro –se acercó y puso su mano en el hombro del caballero al tiempo que sonreía–. Nos vemos, Percival –tras esto se retiró del lugar.

    –Sí, claro…un momento… ¿Oye, como sabes mi nombre? –pero el mago ya no estaba–. ¿Quién es ese sujeto?

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
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    Hola gente, soy el Fersaw. Vale, solo queria decir que puede que haya confusion por los distitnos puntos de vista y la cantidad de personajes que se estan presentando, lo sé. Sin embargo, lentamente la historia irá tomando forma, os lo aseguro.
    No se olviden de dejar su zukulento comentario o duda. Nos vemos en el siguiente cap. No te olvides de visitar mis otras historias, puede que te gusten.
     
  12.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    18 Junio 2016
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    Título:
    Tales of Ancient Age
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
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    11
     
    Palabras:
    4039
    Saga II: El festival de los aventureros

    Capítulo IX: El secreto de Dante

    (Opening: All good things – Fight)

    14 de Noviembre. Año 3150. Oeste del reino de Wex.

    Es una fresca mañana en los bosques del reino de Wex. Es en esta zona donde la noche anterior un grupo de aventureros conformado por James, Dante, Lost y Maia, se detuvieron a pernoctar. Tienen por objetivo llegar hasta la ciudad Sky.

    Muy temprano, el guerrero del hacha, Dante. Se levantó para alejarse del grupo e internarse en el bosque, sus compañeros ya estaban despiertos, así que les dijo que tardaría poco, pero que no se les ocurriera ir a molestarlo. De manera que los otros tres se quedaron en el improvisado campamento esperándole. El joven peli café, James, aprovechó el momento para robar un poco de la carne que su compañero trasporta y asarla para desayunar con las dos preciosas chicas que le acompañan.

    –Eso huele muy bien, está casi lista. Sea lo que sea ese grandulón sabe muy bien como sazonar la carne –decía James mientras movía la movía sobre la fogata.

    –Eso no está bien, James –reprendió Maia de forma seria y con los brazos cruzados–. Esa carne no es tuya.

    –Oye, no te quejes, tomé suficiente para que los tres podamos comer. ¿O es que acaso no tienes hambre, Maia? –alegó el mirándola de reojo.

    –No –negó. Pero el gruñir de su estómago la delató–. Vale, solo un poco –suspiró apenada.

    –Lo sabía –rio James–. Tu también debes tener hambre, Lost –volvió la mirada a la chica de cabello azul oscuro y preciosos ojos azules.

    La chica no le respondió. Parecía distraída mirando en dirección al bosque. Cabe mencionar que durante su trayecto en compañía del joven paladín y Dante decidió despojarse de su armadura para deambular más cómoda. Ahora solo viste un traje ajustado en color negro, encima una tela roja con bordes azules que cubre sus pechos, guantes rojos que bajan del codo hasta sus manos, y finalmente botas de tacón alto en color rojo. James no podía, ocasionalmente, no mirarla de forma pervertida, sobre todo sus largas y torneadas piernas, o sus redondo y voluptuosos pechos.

    –Oye, ¡Lost, te estoy hablando! –tuvo que alzar la voz para llamar la atención de la chica.

    –… ¿Qué? ¿Pasa algo? –respondió saliendo de sus pensamientos–. Perdona, es que me distraje un poco.

    –¿Un poco? –dijo con sarcasmo el joven–. Solo te decía que si querías comer un poco de carne.

    –¿Qué esa carne no es de Dante? –alegó ella cruzándose de brazos.

    –No notará si faltan uno o tres bistecs, no se preocupen por eso –respondió despreocupado mientras retiraba un par del fuego–. No saben lo que es un buen asado hasta que no comen esta carne.

    –Está bien. Gracias –dijeron las dos chicas. Quizás no les parecía tan buena idea, pero el hambre aunada al dulce aroma de la carne y las convenció.

    –James ¿tu conoces bien a Dante? –preguntó Lost.

    –Basta bien –dijo el chico mientras arrancaba con los dientes un trozo de la carne–. Desde que yo era niño. ¿Por qué?

    –Bueno, es que tengo algunas dudas sobre él –un muy leve rubor apareció en sus mejillas, aunque agachó la mirada para que no lo notaran–. ¿Él también es un aventurero?

    –Hasta donde sé, lo fue cuando era más joven, pero se retiró. Ahora, se dedica a cazar, pescar, vender pieles y carne –explicó él.

    –¿Y por qué se retiró? –dijo Lost.

    –A él lo expulsaron del gremio, no estoy seguro porque. No le gusta hablar de eso, pero siempre dice que no le importa y que está mejor sin ser aventurero. Lo raro es que era uno de los mejores, llegó muy joven al rango de elite, su clase era Berserker.

    –Entiendo. ¿Qué edad tiene? Se le ve algo maduro, pero no viejo –el rubor reapareció en sus mejillas.

    –Si mal no recuerdo tiene treinta y ocho años, algo así –por curiosas que fueran las preguntas, James seguía respondiendo, además que no miraba a la chica para ver su sonrojo.

    Pasaron un largo momento más en silencio, incluso terminaron de comer, pero igual tenían que esperar a Dante, además que el barbudo le pidió al joven paladín que revisara la carreta para que estuviera lista para seguir el viaje. Dante y Maia estaban haciendo eso, él revisando las ruedas y los ejes, mientras que la monja acariciaba y alimentaba al caballo.

    –¿No creen que Dante ya tardó mucho? –preguntó Lost mirando en dirección al bosque.

    –No te preocupes por él. Dante puede matar un oso con una mano, mientras con la otra ahorca a un jabalí –dijo tranquilo el joven. Hasta que en un mal movimiento soltó una de las ruedas de la carreta, y esta comenzó a rodar cuesta abajo–. ¡Mierda! –gritó teniendo que correr detrás de ella.

    Maia no pudo evitar reír, mientras que la arquera seguía mirando al bosque. Vió que sus compañeros se habían ido por la rueda, así que decidió ir a buscar a Dante. Se adentró en el bosque entonces. Pasó varios minutos siguiendo la pista de donde podía haberse metido. Trepó a los árboles y comenzó a moverse sobre ellos, para tener una mejor vista del entorno. A los poco minutos divisó un lago, dedujo que quizás el hombre estuviera pescando o algo así, de manera que decidió acercarse.

    –¿Dónde estará? –se preguntó a sí misma llegando a la orilla. En eso escuchó un leve gruñido cerca de donde estaba. Así que se acercó, asomándose por una enorme roca para ver que era. Al ver que había allí, la cara de la chica se tornó roja al instante, abrió los ojos a más no poder, se quedó muda y paralizada por la impresión.

    A escasos metros de donde ella miraba, está Dante dentro del agua hasta las rodillas, y desnudo. Menudo hombre era Dante, haciendo honor a la clase Berserker. Con su imponente estatura de 1.90 metros, y su gran musculatura. Brazos duros como el acero, manos grandes y pectorales planos, abdominales muy marcados, y luego sus piernas, largas y gruesas, podría partir arboles con sus patadas.

    La joven arquera no podía quitar sus ojos azules de ese monumento a la masculinidad, no podía estar más roja. Entonces su mirada lentamente fue bajando a cierta zona, la entrepierna del guerrero.

    Q-que grande –pensó casi intimidada, pero más cautivada.

    La situación pudo tornarse más excitante y caliente, de no ser porque él no parecía estar precisamente bañándose por gusto. En su mano tenía una tela, era blanca pero estaba manchada de rojo. Su pecho se veía sano, muy sano, pero de la anda una herida se abría sin explicación alguna, como si alguna fuerza invisible lo arañara, a lo que él no hacía nada, salvo gruñir y contener el dolor.

    –Ya cálmate, hijo de perra. Deja de arañarme –gruñía Dante limpiando la sangre una vez más. Pero ¿con quién habla?

    ¿Dante? –se preguntó Lost extrañada. Dejó de lado la erótica situación para notar las heridas en su pecho.

    El ex-aventurero dejó de lado su conversación, y salió del agua, para vestirse. En eso le dio la espalda a Lost, quien pudo apreciar que tenía un extraño símbolo en su espalda. No era un tatuaje común, era un símbolo aterrador que ella pudo reconocer al instante.

    ¡La Bestia Roja! –pensó asustada Lost–. La bestia roja era un demonio muy poderoso que azoló el Reino de Mors, hace algunos años. Fueron los Cultistas de la Muerte quienes abrieron una cripta antigua, en la cual dormía. Es uno de los cuatro Reyes Bestias. Hundió a Mors en la miseria por mucho tiempo, hasta que de la noche a la mañana la bestia desapareció. Será acaso que él… ¿la capturó en su cuerpo? –pensaba Lost.

    Dante se había colocado las botas y el pantalón, ya. Hasta que decidió hablar otra vez.

    –¿Te gusta lo que vez, arquera? –dijo con voz seria–. Ya sé que estas allí, y huelo tu miedo. Si, lo que tengo en la espalda es el símbolo de la Bestia Roja –la miró de reojo.

    Intimidada, pero sería, salió de su escondite y lo encaró. En su mano tenía su arco y una flecha lista.

    –¿Eres humano o eres la Bestia? –cuestionó tratando de controlar el temblor en sus manos.

    –…Ambas –respondió sin mirarla–. Soy humano, pero la bestia reside dentro de mí, así que es parte de mí ser también.

    –¿Por qué, porque la capturaste dentro de ti? Aprisionar seres mágicos dentro de nuestros cuerpos es más que un crimen en todas las naciones, es un pecado mortal… Pero, tu no pareces la clase de hombre que hace esas cosas, seguro alguien la atrapó dentro de ti, contra tu voluntad, ¿verdad? –sonrió nerviosa, pues no quería dudar de la integridad moral de ese hombre.

    –No es la primera vez que me hacen esa pregunta. No, nadie me obligó. Lo hice por voluntad propia, sabiendo perfectamente cuales serían los resultados de mi acción –su mano empuñó su hacha entonces.+

    –¿Qué te orilló a abandonar tu humanidad? –Levantó su arco y le apuntó a la cabeza, con una seria mirada–. ¿Por qué lo hiciste?

    –Por lo único que puede orillar a un hombre a hacer cualquier locura, lo único que vale más que la vida misma –levantó la mirada suspirando–. Por la mujer que uno ama –en su otra mano se pudo ver un collar de plata, con forma de estrella con dos nombres grabados, Arlett y Dante–. Los hice por la mujer que amo, porque por ella, yo haré cualquier cosa.

    –Pero es un crimen, Dante –alegó ella–. No eres humano, te uniste un una criatura mágica. Eres magia negra pura…debo capturarte, lo siento –esa era la ley, una de las leyes más importantes que todo aventurero debe saber y respetar. Pero por mas ley que fuera ella no quería tener que capturarlo y entregarlo, por eso se notaba dubitativa.

    –Agáchate –dijo él levantando el hacha.

    –¿Qué? –alegó sin entender.

    –¡Detrás de ti! –gritó arrojando su hacha con fuerza.

    Lost se arrojó al suelo tan rápido como pudo. Al instante se escuchó el chocar de dos metales. La chica volvió la mirada para ver qué había ocurrido. El hacha de Dante había golpeado otra hacha, un poco más tosca y rudimentaria, la cual había volado hacia la cabeza de la arquera sin que ella la viera venir.

    –Tomo tu arco, arquera –ordenó Dante. Levantó su mano y su hacha regresó a él–. ¿Es momento de luchar? Ya luego terminaremos ese asunto entre tú y yo.

    Ella no entendía que pasaba, pero le hizo caso. Se levantó y empuñó su arco. No le fue difícil con sus hábiles ojos ver al enemigo que la había atacado en la distancia, casi al otro lado del lago.

    –Un minotauro –alertó ella lanzado una ráfaga de tres flechas.

    La bestia antropomorfa de cuernos largos vio venir las flechas de ella y las esquivó. Entonces comenzó a correr hacia ellos teniendo que rodear el lago.

    –Prepárate, viene a por nosotros –avisó Dante colocándose en guardia–. No sé por qué, pero está muy enfurecido y luchara sin piedad. Busca un punto alto y dame asistencia.

    Lost dudó por un momento, ¿Por qué debía obedecerlo? Luego de pensarlo no tuvo más opción y asintió. Rápidamente trepó a un árbol, desde allí es donde tendría mejor visión del campo. El minotauro corría con vehemencia, parecía simplemente enloquecido sin motivo aparente. Llegó hasta Dante en poco tiempo, trató de embestirlo con sus afilados cuernos, pero el hombre saltó sobre él fácilmente evitándolo.

    Flecha perforante –enunció la arquera arrojando una flecha de punta brillante, que viajo a gran velocidad hasta clavarse en la espalda del rival. No fue suficientemente profundo–. Su piel es demasiado gruesa.

    –No es eso, está en modo ataque, todos sus músculos están terriblemente tensos he hinchados. Las flechas convencionales o mágicas sencillas no le harán nada –explicó Dante encarando a la bestia.

    El guerrero del hacha dio un gran salto intentando partir en dos al minotauro, pero la bestia evitó su ataque y lo atacó con un salvaje puñetazo en la cara que logró acercar en el hombre, la devastadora fuerza fue suficiente para derribarlo.

    –¡Dante! –exclamó asustada la arquera.

    La fuerza de un minotauro es por mucho superior a la de un humano, son capaces de partir rocas con los puños, o derribar grandes robles con su fuerza. La arquera descendió del árbol pensando que debía ayudar a su compañero. Pero el minotauro la vió y le arrojó una gran roca. Lost la esquivó ágilmente para ver como el minotauro cargaba hacia ella.

    –Toma esto Ultima luz –pasó su mano por sobre su arco y este aumentó su tamaño, al tiempo que varias flechas de energía mágica aparecían a su alrededor. Tomó una y la arrojó.

    El minotauro trató de detenerla con su mano, lo hizo, pero la flecha estalló haciéndolo tropezar por el suelo y rodar varios metros. Lost sonrió y de un salto regresó al árbol. Buscó con la mirada para ver cómo estaba Dante. El guerrero ya no estaba donde había caído. Lo vio correr ágilmente hacia el minotauro.

    –¿Cómo diablos soportarse eso? –cuestionó sorprendida la arquera al verlo casi sin ningún daño, salvo el moratón en su mejilla.

    –No es tiempo para esas preguntas, arquera –le dijo él. Llegó hasta la bestia y arrojó un poderoso corte con su hacha, el minotauro trató de evitarlo, pero el humano fue más rápido y le destrozó el cuerno derecho.

    La bestia gruñó con fuerza, arrojando un puñetazo, pero el humano retrocedió ágilmente evitándolo. Al instante otra flecha blanca voló hasta impactar el pecho del minotauro, arrojándolo violentamente por la explosión. Dante aprovechó eso y tomando su hacha intentó cortarle la cabeza en el suelo. Le minotauro demostró una vez más ser más fuerte y astuto de lo que se puede pensar. Logró detener el hacha de Dante, tomándola por el mango.

    –¡Hijo de perra! –gruñó Dante. Trató de soltar su arma del agarre de la bestia, pero no lo lograba –¿Por qué eres tan fuerte?

    Los ojos del minotauro comenzaban a brillar en rojo. Eso era algo nuevo incluso para Dante. Al no poder zafar su hacha del agarre del rival, no tuvo más opción que soltarla y alejarse para tomar distancia.

    –¿Por qué tiene los ojos así? –cuestionó Lost sorprendida. Arrojó otra de sus flechas explosivas. El minotauro la esquivó de forma increíble, moviéndose a gran velocidad.

    –Algo no está bien, este minotauro parece alterado o controlado por algo, no lo entiendo. Es algo que jamás he visto –comentó Dante.

    La gran bestia de cuernos se levantó imponente para gruñir con todas sus fuerza. Resonó en todo el bosque ensordeciendo a los aventureros cercanos. Luego un par de rugidos fueron la respuesta ante el del minotauro.

    –Maldición, lo que faltaba, osos –gruño Dante. Volvió su mirada detrás de sí, para ver a tres osos acercándose a toda velocidad hacia él.

    –¿El minotauro los controló? Eso no tiene sentido –dijo Lost mirando también lo que pasaba–. Dante, encárgate de los osos, yo del minotauro.

    –¿Estas segura? –cuestionó él. A decir verdad, un minotauro común y corriente no es algo sencillo, ahora tenían que contemplar que este parecía enloquecido.

    –No te preocupes por mí, soy más fuerte de lo que parezco –respondió bajando del árbol de un salto. Quedando justo enfrente de su bestia rival–. Bien, torito. Tú y yo nos vamos a divertir un poco. Primera luz –enunció tranquilamente abriendo los brazos. Su magia se hizo visible al poco tiempo, emanando de ella cual humo azul. Diez luces salieron de ella, formando diez arcos mágicos a su alrededor.

    Aun así la bestia con cuernos no se intimidó, gruñó amenazante empuñando el hacha que le quitó a Dante. Lost chasqueó los dedos y todos los arcos soltaron una andanada de flechas sobre la bestia. Atacó con el hacha destrozando algunas flechas, mientras que otras se clavaron en su piel, no fueron muy profundas, pero le causaron dolor, y lo obligaron a arrodillarse.

    La arquera sonrió satisfecha. Los arcos mágicos desaparecieron al tiempo que ella corría a gran velocidad a hacia su rival. Al estar cerca el minotauro intentó cortarla con el hacha arrojando un ataque horizontal, pero ella anticipó eso, salto ágil y grácilmente sobre él. Estando en el aire le disparó una flecha perforante que se clavó sin piedad en el ojo del minotauro. Lost cayó de pie detrás del adolorido enemigo, lazó una flecha más que se calvó justo en su espalda. No fue suficiente para vencerlo. Terriblemente adolorido, herido y sangrante la criatura no se detenía, seguía arrojando erráticos pero devastadores ataques con el hacha. La arquera debió tomar distancia.

    Por otro lado el humano se liaba a golpes limpios contra los osos. Uno se levantó en dos patas, mostrándose imponente ante el humano. Arrojó un feroz zarpazo, pero Dante lo evitó y contraatacó saltando para impactar un puñetazo en el rostro del animal, logrando derribarlo de un solo golpe. Otro más corrió por un costado de él buscando embestirlo. El animal impactó contra un poderoso humano que lo recibió y contuvo toda su fuerza.

    –He matado animales más grandes que tú, estando ebrio –gruñó Dante deteniéndolo y golpeándolo en las costillas. El oso, por más grande y fuerte que sea no puede soportar la fuerza del humano, sus cosquillas se rompieron al segundo impacto.

    Cayó adolorido y vencido, incapaz de moverse. El humano se levantó victorioso, pero el tercer oso estaba detrás de él, fue increíble para Dante, el animal debió moverse a una velocidad increíble para que él no lo presintiera. Lo que ocurrió fue que atrapó la pierna de Dante entre sus fauces. El dolor fue tan instantáneo como la reacción del humano, quien sin pensarlo lo golpeo varias veces en la cabeza.

    –¿Qué diablos? –alegó. Esos puñetazos debieron ser suficientes para reventarle el cráneo, pero ahora parecían apenas y haberle dolido, sus ojos brillaban en rojo como los del minotauro. El dolor en su pierna aumento, pues el animal apretó más sus fauces, y el humano cayó. Al tenerlo derribado el osos se colocó sobre él, tratando de morderle el cuello, Dante no podía hacer más que tratar de alejarlo, logrando que las garras del animal lo hirieran en cada movimiento.

    De regreso en el combate del minotauro y la arquera. Lost pudo ver la difícil situación en la que Dante estaba, así que decidió hacer algo arriesgado. Corrió hasta estar muy cerca de su enemigo, esquivó un ataque, y ella lanzó una de sus flechas explosivas. Lo aturdió y lo hizo retroceder. Se acercó hasta estar justo enfrente de él y allí arrojó una flecha perforante más, justo en la frente del minotauro. La flecha se clavó profunda en el animal, y este simplemente cayó al suelo.

    –Sí, funcionó –dijo ella sonriendo al verlo inerte en el suelo–. Es increíble, vencí aun minotauro yo sola, ¿ya soy una elite? No, sin un seishin no me considerarán elite, debo trabajar en eso… –entonces recordó– ¿Dante? ¡Dante!

    El guerrero seguía forcejeando contra la bestia. Por más golpes que le arrojaba no lograba hacerlo retroceder, la resistencia del oso había aumentado a raíz del cambio en sus ojos, el cual seguía sin explicarse..

    La arquera preparó una flecha y apunto al oso, sin embargo, una sombra se posó sobre ella desde atrás. Logró verla de reojo y volvió la mirada. Era el minotauro, aun con la flecha clavada en su cabeza, ¿Cómo podía seguir en pie? Esto era obra de la magia de alguien, no había otra respuesta. La bestia atacó con una fuerte patada a la arquera. La sorpresa no le permitió esquivarla, apenas logró cubrirse con sus brazos. La potencia de la pierna de esa criatura bastó para arrojar violentamente a Lost contra un árbol, el cual se partió por el cuerpo de la chica.

    –Mierda, otra, otra vez me distraje –musitó tosiendo adolorida mientras escupía sangre y trataba de levantase. Pero otra patada más le fue dada por la criatura. Cual si fuera una pelota la arrojó varios metros por el aire hasta golpearse aparatosamente con las rocas cerca del agua.

    Ahora estaba inconsciente y herida. El minotauro se acercó a ella, la levantó por la pierna y la arrojó al agua cual si fuera una piedra. Estando inconsciente poco tardaría en ahogarse.

    El minotauro buscaba ahora con la mirada al otro humano. Lo único que vió fue el pesado cuerpo de un oso volar por los aires contra él. El minotauro debió arrojarse a un lado para evitarlo. Entonces divisó al humano, o bueno, a lo que parecía un humano.

    –¿Crees que eres más fuerte que yo? ¡Nada es más fuerte que yo! –enunció Dante. Pero ya no era él, al menos no del todo. Su voz era muy grave.

    Sus músculos se habían engrosado mucho más, su larga cabellera y barba negra se habían vuelto completamente rojas al igual que sus ojos, sus uñas se volvieron afiladas garras negras, e incluso una cola le surgió en la base de la columna y todas las heridas que los osos le causaron habían desaparecido. El minotauro se intimidó, por extraño que fuera, sabia en su mente de animal que estaba frente a una criatura muy poderosa.

    Levantó su mano y el hacha volvió a él en un instante. La arrojó con todas su fuerza, el minotauro fue incapaz de esquivarla y perdió el otro cuerno por eso. Cayó arrodillado terriblemente adolorido. Dante dio un gran salto hasta estar frente a él. La criatura trató de defenderse arrojando un puñetazo, pero Dante lo detuvo con su mano, la fuerza del impactó resonó en toda la zona.

    –Me quedan solo diez segundos –se dijo así mismo. Al parecer esta “transformación” tiene límite de tiempo. Arrojó un puñetazo al minotauro. Bastó para tirarlo al suelo aturdido. Era obvio el daño en su cerebro, por suerte poco tuvo que sufrir eso, pues el humano lo golpeo con aun mayor fuerza tres veces más, las cuales bastaron para romperle el cráneo y por fin darle muerte.

    Buscó con la mirada a Lost, creyó que había podido salir del agua, pero al parecer no, seguía allí. Sin pensarlo dio un gran saltó y entró al agua sumergiéndose para buscarla. Pudo verla casi en el fondo, inconsciente, nadó tan rápido como pudo hasta tomarla y poder sacarla.

    Mientras estaba en el agua perdió esa “transformación” volvió a ser él, y lo malo fue que también las heridas reaparecieron, comenzó a sangrar por toda el agua y a sentir todo el dolor, pero no fue suficiente para evitar que sacara a la mujer del agua.

    Llegó a la orilla y la recostó suavemente en la arena, entonces sí, pudo tirarse a su lado y gritar lleno de dolor. Las mordidas y arañazos de los osos no eran nada leve, estaba sangrando mucho.

    –¡Arquera, arquera trae ayuda, por favor! –exclamó llevando su mano a su vientre, donde estaba la herida más profunda.

    Pero no hubo respuesta. Lost estaba inconsciente. La miró de pies a cabeza y supo lo que tenía que hacer. Haciendo de lado su dolor personal se preocupó más por ella y comenzó a darle respiración boca a boca además de presiones en su pecho. Gracias a la diosa ella logró escupir toda el agua y abrir sus ojos.

    Los primero que pudo ver fue el rostro serio, pero preocupado, de ese hombre demasiado cerca del suyo así como sentir sus labios separarse de los de ella, luego pudo sentir donde estaba. en sus grandes y fuertes brazos que la abrazaban suavemente, aunque lo hizo para levantarla un poco y que pudiera escupir el agua.

    –¿Estas bien? –dijo él suavizando su voz.

    –S-sí, Dante –dijo casi hipnotizada por los ojos de ese apuesto hombre, además se sentir sus mejillas rojas. Poco le duró esa bella visión. Pues sintió algo cálido mojándola más. Bajó la mirada y vio la sangre de Dante manchándola.

    –Que bien, porque necesito que traigas ayuda, cuanto antes –dijo él sonriendo y riendo un poco, para luego caer desmayado.

    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     
  13.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    203
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Tales of Ancient Age
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3980
    Saga III: Tres ataúdes
    Capítulo X: La villa oscura

    (Opening: All good things – Fight)


    16 de Noviembre. Año 3150. Norte de Wex.

    Dos días han pasado desde lo suscitado con Dante y compañía. No obstante nuestra historia nos lleva a otro lugar. Muchos kilómetros al norte, cerca de las grandes Montañas Grises. Es aquí donde una pareja de aventureros recién arriba a un lugar. Subiendo la tediosamente empinada vereda que lleva a la villa Cuervo Calabaza, nos encontramos al corpulento e intimidante elfo Castiel Hoffel, quien es secundado por su inseparable compañera, la joven y hermosa humana Cloud.

    –Cloud, te estas quedando atrás. Date prisa –ordenó con su típica seriedad el elfo, mirando sobre su hombro a la chica.

    –Espera –dijo jadeando. Se notaba que la chica estaba agotada por la subida–. Ve más lento, ¿sí? Ya estoy cansada. Llevamos una hora caminado cuesta arriba.

    –No te quejes. Yo no estoy cansado –se detuvo y espero que ella lo alcanzara. Era impresionante ver a tan gran persona caminar con tanta habilidad. Aunado a su corpulencia está todo el equipo que lleva, la enorme armadura, la pesada espada y el equipaje de ambos, el cual decidió cargar él para que Cloud no se cansara tanto–. Si no te apresuras no llegaremos a tiempo a la villa y la noche nos alcanzará.

    –¿Y qué tiene de malo que caiga la noche y no lleguemos? –cuestionó logrando llegar hasta él. Allí se tomó un momento para respirar y tomar un poco de agua.

    –¿No lo sabes? –sonrió malicioso–. Se dice que en este lugar, por las noches, aparecen monstruos putrefactos que atacan a la gente. Se mueven arrastrándose por la tierra, y los toman por los pies, para jalarlos a una cueva oscura y devorarlos lentamente –esto se lo susurró al oído con una voz lúgubre.

    –…–la maga, tragó nerviosa mirando a su compañero–. E-es broma, ¿verdad? –cuestionó sonriendo nerviosa mientras apretaba más su báculo.

    –Hmmm… no lo sé, quizás sí, quizás no –se encogió de hombros y siguió el camino–. ¿Quieres quedarte hasta la noche y averiguarlo? –la miró sobre su hombro.

    –Bueno, n-no es que crea en cuentos para niños. Pero sería mejor darnos prisa, ¿verdad? No es que tenga miedo, p-pero se nota que la noche será muy fría y no queremos pescar un resfriado –rio un poco para ocultar un poco el miedo. El elfo solo sonrió satisfecho.

    Así es que los dos apresuraron más su paso. La maga podía estar cansada, pero por nada se detendría hasta llegar a la dichosa villa. Minutos más tarde, por fin, habían llegado hasta el final de la vereda. Para ese momento la tarde estaba cerca de su ocaso.

    –Por fin. Llegamos, la villa Cuervo Calabaza –dijo Castiel estirándose un poco–. No fue tan difícil, ¿verdad? –miró a Cloud.

    –No, no lo fue –decía jadeando mientras se recostaba en el suelo para descansar–. ¿Podemos ir a una posada y descansar por hoy, Castiel, por favor?

    –Ya que. Rentamos una habitación, tu descansa y yo me reúno con el contacto para informarnos mejor acerca de la misión –rodó los ojos y se cruzó de brazos.

    –De acuerdo –sonrió superando y se levantó.

    Durante su trayecto hasta la posada pudieron apreciar el estado de la villa. Primero que nada el nombre, Cuervo Calabaza, se debe al simple hecho de que allí se cultivan grandes cantidades de enormes calabazas, y esto atrae parvadas de cuervos que anidan en los árboles o en los techos de las casas. Para contrarrestar a los cuervos y lo molestos que pueden ser, lo granjeros locales colocan espantapájaros por montones en los cultivos.

    En general es una villa grande, hay muchas y muchas casas, así como edificios de comercios y otros servicios. El motivo de la población se debe, no solo al cultivo de calabazas, sino también la explotación de una mina a un kilómetro de distancia. La cual se encuentra pasando un viejo y oscuro bosque, justo en la montaña.

    Al estar en una zona alta es normal que las temperatura se más baja, y esto lo resienten las construcciones de madera que, con el tiempo, se van tornando grises si no se les da un mantenimiento correcto, al notar que la mayoría de los edificios son grises, es obvio que no se les da dicho mantenimiento. El efecto de las temperaturas también lo resienten los árboles, que suele ser grisáceos y con muy escaso follaje.

    Las personas que allí residen se notaban más preocupadas por tapiar las ventanas que por otra cosa. Además que miraban con desconfianza a los dos aventureros que recién llegaban.

    –Que gente más rara. Parece que no les agradan los extraños, ¿por qué será? –comentó la maga a su compañero.

    –Qué más da, no vinimos a hacer amigos –respondió él despreocupado. Si le miraban feo bastaba con que él frunciera el ceño para que las personas se intimidaran.

    –No sé. Siento que algo malo está ocurriendo en este lugar. ¿No percibes un aura de oscuridad? –insistió al tiempo que un leve escalofría la recorría.

    –Lo único que siento es que esta gente no tiene dinero para pagarme. Le cortaré la cabeza a lo que sea que está jodiendo este lugar y luego iré a cobrar la recompensa –respondió serio.

    –¿Por qué solo piensas en dinero? –bufó ella cruzándose de brazos.

    –¿Será porque soy un aventurero? –respondió con sarcasmo.

    –Eres un tonto, eso es lo que eres, Castiel. No te importa nada –refunfuñó haciendo un lindo gesto al inflar un poco las mejillas.

    –Te equivocas, hay algo que me importa más que todo –sonrió mirándola de reojo, en verdad se veía tan linda cuando hacia eso. Aunque lo que dijo lo dijo muy bajo para que ella no lo oyera.

    Siguieron avanzando por las calles hasta llegar a lo que parecía ser el centro del poblado. Fue una aglomeración de personas lo que llamó la atención de los aventureros. A pesar de haber muchas personas allí no había un alboroto. Estaban reunidos alrededor de algo, mientras en el centro un hombre hablaba. Castiel y Cloud se acercaron por curiosidad.

    –¡Lo ven, yo se los advertí, yo se los he advertido desde que esa mina fue construida señores! –vociferaba un viejo hombre, ataviado con una sotana negra y una corbata roja, demostrando que era un sacerdote–. ¡Esto es lo que ocurre cuando se irrespetan los lugares sagrados y los lugares prohibidos! ¡Estas son las consecuencias de la codicia de ese hombre!

    Castiel y Cloud se adentraron entre la muchedumbre para ver qué era lo que todos miraban con temor. En el centro, había dos cadáveres. Al instante, por sus ropas, cualquiera notaba que eran aventureros. Yacían en charcos de sangre con enormes heridas en sus pechos y espaldas. Como si una enorme lanza los hubiera atravesado, además de que sus gargantas estaban abiertas.

    –Dioses –exclamó Cloud sorprendida.

    –Pobres, novatos –agregó Castiel, aunque lo hizo con cierto respeto. Todo aventurero fallecido en combate debe ser tratado con respeto, esa es una de las costumbres más arraigadas entre los aventureros.

    –¡Las bestias que dormían en esa cueva maldita han despertado, ahora amenazan nuestra amada comunidad! –dijo el sacerdote.

    Aquel hombre es alto y muy delgado, de piel gris, cabello corto oscuro y ojos rojos. Esto no es algo raro, después de todo es un vampiro. En su mano derecha lleva un libro religioso llamado Blanca Providencia. Por extraño que pudiera parecer no era más que un sacerdote de una de las tantas religiones que hay.

    –¿De qué hablará ese hombre? –cuestionó Cloud con curiosidad de lo que decía.

    –No lo sé. Pero no me agradan los fanáticos, y menos los Altruistas. Esa religión es muy estricta y aburrida –dijo con seriedad el elfo cruzándose de brazos.

    –¡Usted, sacerdote, no tiene derecho alguno a culparme a mí, o nadie, por lo que está ocurriendo! –exclamó en forma objeción otro hombre.

    Un grupo de personas, vestidas con túnicas negras y el símbolo de una media luna sonriente en su pecho y espalda, abrieron paso entre la gente, pues escoltaban a quien había objetado las acusaciones del sacerdote. Era un alto y apuesto elfo vestido con ropajes de lujo y decenas de joyas.

    –Sacerdote Gerald. ¿Otra vez haciendo falsas acusaciones hacia mi persona? –cuestionó con una soberbia sonrisa aquel hombre–. ¿Cómo puede dudar de la integridad de su alcalde? Por diez años he administrado y velado por el bienestar de esta villa.

    –Pues no lo parece, señor Abel. Usted ordenó que se reabriera la mina cuando ya hace años habíamos tenido un problema similar –alegó con seriedad el sacerdote.

    –No hay tal maldición en esa mina, yo lo puedo asegurar. Personalmente, junto a mis guardaespaldas, he visitado la mina en estos días. No hemos encontrado ni una pizca de magia. Por favor, mis estimados vecinos, no se fíen de este hombre. Solo busca llenarles la cabeza con mentiras de su religión. ¿Qué dirá a continuación? ¿Debemos erigir un templo para su dios, rezar todas las mañanas y noches, sacrificar una cabra? –cualquiera podría darse cuenta que se burlaba del sacerdote. Pero las personas no parecían darse cuenta de su tono hilarante, realmente parecían creerle a ese hombre.

    –¿Qué clase de ofensa es esta? –exclamó Gerald molesto por los agravios del alcalde–. Los sacerdotes del Altruismo nunca sacrificamos seres vivos, y solo rezamos cuando sentimos la necesidad. En ningún momento he dicho una sola falacia, ni me interesa un templo. Todo aquel que busque la palabra del dios Blanco es libre de venir a mí y yo le guiaré. Es usted quien envenena las mentes de estas nobles personas con sus mentiras y su ambición. Es usted quien ha puesto en peligro esta villa.

    –Una vez más se equivoca –dijo riendo–. No tiene prueba alguna para acusarme de eso. De lo único que soy culpable es de velar por la seguridad de mi gente. Por eso me encargue de contratar más aventureros para que vinieran hasta aquí a acabar con esas deleznables criaturas –con un ademan señaló a Castiel y a Cloud.

    Todas las personas les miraron con alivio y esperanza, como si vieran a sus héroes. Castiel no dijo nada, seguía de pie serio y de brazos cruzados, a pesar de los agradecimientos de la gente. Por otro lado Cloud sonrió algo avergonzada por la repentina atención. Hasta que notó algo en las palabras del alcalde.

    –Castiel, ¿él dijo que nos contrató? –miró a su compañero extrañada pero con una sospecha.

    –Creo que olvidé decirte que fue un contrato privado. Lo siento –fingió recordar algo. La verdad es que no tenía intención de decírselo porque sabía bien cuál sería la reacción de la chica.

    –¿Un contrato privado? –cuestionó asombrada. Se acercó a él para hablar más bajo–. No somos mercenarios, Castiel. Tú sabes bien que los contratos privados están fuera de la jurisdicción del Gremio de Aventureros. Si cometemos algún error o hacemos algo malo nos pueden arrestar –le dijo molesta, pero hablando bajo.

    –Sí, pero pagan hasta el triple que en un contrato normal –respondió despreocupado a pesar de lo que ella le recriminó

    –He aquí dos aventureros que yacen occisos. ¿Eso no le importa, Alcalde? –cuestionó el sacerdote con desprecio hacia ese hombre.

    –Claro que lamento terriblemente su deceso. Me comunicaré personalmente con el Gremio de Aventureros para hacer llegar su paga a sus familiares –sacó un pañuelo y fingió estar triste, la verdad lo hizo muy convincente–. Lamentablemente no terminaron su labor, así que debí traer a más aventureros para acabar con esos monstruos. Con este par de fuertes guerreros, tenemos ya a cuatro aventureros entre nosotros. Le garantizo, mis queridos aldeanos, que esta vez, los monstruos serán vencidos definitivamente. Sacerdote Gerald, deje que mis hombres se encarguen de los cuerpos de estos nobles guerreros –Miró a Castiel y a Cloud–. Aventureros, les espero esta noche para informales todo lo que deben saber acerca de la situación –sin más que decir aquel petulante hombre se retiró del lugar con sus escoltas.

    Tras eso, la gente comenzó a retirarse del lugar también. Cloud y Castiel se disponían a irse. Pero alguien se acercó a ellos. Era el sacerdote Gerald.

    –Aventureros, agradezco su llegada y los servicios que van a prestar a esta villa. Sin embargo, debo advertirles algo. No se fíen de ese hombre. Su lengua escupe mentiras como una serpiente veneno –les susurró pasando entre ellos y luego se fue.

    –No me gustó nada lo que pasó aquí. Hay algo raro en este lugar, pero no me refiero solo a los monstruos que mencionaron. Ese alcalde oculta algo, lo sé –dijo Cloud con seriedad.

    –Qué raro. Yo desconfió más del sacerdote. ¿Y cómo sabes que el alcalde oculta algo? –dijo Castiel. Aunque la verdad poco le importaban los conflictos sociales, él solo quiere hacer su trabajo, cobrar y luego irse.

    –Llámalo intuición femenina. Lo supuse por su forma de actuar tan despreocupada ante dos asesinatos y por como cuestionaba al sacerdote de esa forma tan irrespetuosa, él sabe algo –dijo cruzada de brazos mientras seguía a su compañero–. Dijo también que había otros dos ventureros, ¿dónde estarán?

    –Qué más da. Mientras no me estorben no me importa –alegó el elfo.

    No hubo más de que hablar en el lugar. Ambos aventureros se encaminaron a la única posada que en ese lugar había. Allí pidieron una habitación al dueño del recinto.

    –Me temo que solo me queda una habitación disponible, con una sola cama. ¿Tiene algún problema con ello? –avisó el viejo hombre mientras buscaba la llave de dicha habitación.

    –Supongo que no –dijo Castiel con seriedad dejando las monedas de la renta en el mostrador.

    –¿Pero qué dices? –alegó Cloud, al tiempo que sus blancas mejillas se ruborizaban –¿A caso quieres que durmamos juntos?

    –Si no te gusta la idea igual puedes dormir en el suelo –la miró de reojo con una leve sonrisa.

    –Que grosero eres. Si fueras un caballero tú dormirías en el suelo y me dejarías a mí la cama –bufó cruzándose de brazos.

    –Quizás. Pero no me gusta dormir en el suelo frio. Como yo lo veo, la única solución es que durmamos juntos –tomó la llave y se dirigió a dicha habitación dando por sentado lo que harían.

    –E-está bien…pero no intentes nada pervertido, ¿vale? –respondió un poco avergonzada siguiéndolo.

    –Tenga cuidado. No sean muy rudos, la cama no es tan resistente como pueda parecer –agregó el viejo posadero, pensando en otras cosas.

    –¡No haremos nada! –exclamó completamente roja la maga.

    Llegaron pues a la habitación, la cual era bastante modesta y con pocos muebles. Para ese momento la noche había comenzaba.

    –Voy a ir a la reunión con el alcalde. Puedes quedarte a descansar si lo deseas –sugirió el elfo estirándose un poco al despojarse por fin de todo el equipaje que cargaba.

    –Bueno. La verdad quiero acompañarte, pero estoy algo cansada y hambrienta –dijo sonriendo apenada.

    –No te preocupes. Quédate aquí entonces, yo volveré cuando la reunión termine. Baja a la taberna y come algo –dijo tranquilamente mientras le dejaba su bolsa de monedas. Para luego disponerse a irse.

    –Castiel –llamó ella con una suave y dulce voz–. Sé que te lo digo todo el tiempo, pero. Gracias, y cuídate, ¿sí? –sonrió mirándolo con un leve rubor en sus mejillas.

    –No te preocupes por mí. No duermas hasta tarde, mañana por la mañana saldremos a investigar –respondió él. Quien también suavizó un poco su voz, y no pudo evitar sonreír también ante la dulce expresión de esa chica.

    Dicho esto el berserker elfo salió. Deambuló por las calles oscurecidas. Los primero que notaria era la ausencia de gente en las calles, todos parecían estar a guarecidos en sus casas, a pesar de ser solo las siete de la noche. Aunado a eso, notaba como algunas personas tapiaron sus ventanas por completo y dibujaron símbolos religiosos en sus puertas, cual si trataran de protegerse de algún ente místico.

    –Qué extraña gente –musitó el aventurero.

    Siguió su caminata hasta donde pensó que encontraría el ayuntamiento. En lugar de un edificio público cualquiera, se topó con una residencia muy lujosa y grande, la más grande de toda la villa. Con un gran y bello jardín al frente.

    –¿Será aquí? –dudó el elfo recordando al pie de la letra la dirección, la cual era esa.

    –Hola –llamó alguien acercándose a él.

    El elfo volvió la mirada para ver de quien se trataba. Se topó con otro aventurero. Alto y muy fornido, nada de su rostro es visible, pues un casco y una armadura negra con elegantes diseños de dragones lo cubren. Pero en su espalda porta una larga y pesada nodachi, y en su cintura una katana. El elfo le miró extrañado y con su típica seriedad.

    –Tú debes de ser uno de los otros aventureros que contrató el alcalde. Es un gusto conocerte, me llamo Yuzzo –dijo tranquilamente mientras se acercaba. Al estar juntos se notaba la poca diferencia de altura y de corpulencia entre ellos. Ambos eran berserkers, de eso no hay duda–. Él dijo que había contratado a dos parejas de aventureros. ¿Dónde está tu compañero? La mía se quedó dormida toda la tarde. Llegamos al medio día… –relataba con elocuencia, era claro que buscaba ser amigable.

    –Descansando –dijo con seriedad y de forma tajante.

    –Ya…ya veo –comentó extrañado por su frialdad–. Parece que…que trabajaremos juntos, ¿no?

    –¿De qué rango eres? –cuestionó sin mirarlo y con los brazos cruzados.

    –Soy elite, por supuesto –respondió con gran orgullo–. Tengo bastante experiencia en misiones de…

    –Bien –interrumpió y le miró de reojo–. Al menos sé que no me estorbaras. Pero te lo advierto, no vine a hacer amigos, vine a ganar dinero.

    –Mierda. Sí que eres rudo y frio, colega –comentó algo incómodo por lo opuestas que eran sus personalidades–. Es curioso, mi padre siempre decía que los guerreros fuertes nunca se llevan bien a la primera.

    –Pues tenía razón –respondió él con una voz.

    Pasaron unos minutos hasta que un par de esos guardaespaldas que custodian al alcalde salieron a recibirlos. Aquellos vestidos con túnicas negras que portan el símbolo de una media luna sonriente en pecho y espalda.

    –¿Ustedes son los aventureros? –preguntó uno de ellos.

    –Pues claro que sí. ¿Qué no es obvio? –dijo Yuzzo de manera elocuente.

    –¿Dónde están los otros dos? –preguntó el otro guardaespaldas.

    –Eso no importa ahora. Vinimos a la reunión –objetó con un tono algo molesto el elfo.

    –Ya lo oyeron. No se preocupen por los otros dos, están descansando en la posada –agregó Yuzzo para evitar que se molestaran los escoltas.

    –Bien, supongo que no hay problema –dijo uno de ellos mirando con seriedad al elfo–. Por favor, pasen, nuestro amo les espera.

    Yuzzo fue el primero en entrar, tranquilamente y ciertamente despreocupado, no notó ese término usado por el escolta.

    –¿Amo? –musitó Castiel extrañado por que usara ese término. Normalmente los escoltas de refieren a su patrón como jefe, nunca como amo. No le dio más importancia y también entró en la residencia.

    Mientras se suscitaba la reunión en dicha residencia, en la posada un encuentro inesperado también ocurría. La linda maga Cloud bajó de su habitación y fue a la taberna de la posada para cenar algo. Le bastó con un poco de fruta y un té. Estaba tranquilamente comiendo sola cuando de la nada una persona se acercó a ella.

    –Disculpa, ¿eres una maga? –preguntó una mujer. Esa dama era muy hermosa, aunque se notaba madura. Su cabello oscuro atado en una coleta alta y sus preciosos ojos verdes.

    –Sí, lo soy. ¿Necesitas ayuda con algo? –respondió amable la maga.

    –No, al menos no por ahora. Solo quería saberlo. Tú debes de ser una de los dos aventureros que aún no llegaban, ¿verdad? –la mujer también se mostraba amable.

    –Así es, yo y mi compañero llegamos por la tarde. Ahora él está con el alcalde hablando –explicó Cloud.

    –Sí, el mío también. Llegamos al medio día –la mujer se sentó junto a Cloud–. Me quedé dormida y le dije que me despertara para estar en esa reunión pero el muy tonto no lo hizo. Perdona, siempre se me olvida. Me llamo Nao, es un gusto. Soy una chaman profesional –se presentó haciendo una leve reverencia.

    –Es un gusto. Me llamo Cloud Tsrif. Soy maga blanca novata –Se presentó ella–. Supongo que ustedes están un poco más informados de lo que pasa en este lugar, ¿no?

    –Hemos averiguado solo un poco más –le hizo un gesto para que se acercara y le susurrara lo que había averiguado–. Al parecer por las noches este pueblo ha sido atacado por un grupo de criaturas muy agresivas y peligrosas. El sacerdote afirma que fue el alcalde el culpable de despertarlos. El alcalde afirma que no es su culpa, que esas criaturas se crearon en el bosque, y culpa al sacerdote de hacer rituales extraños,

    –Cielos, ¿tú a quien le crees? –preguntó Cloud curiosa.

    –No puedo asegurar nada, no tenemos pruebas que culpen a alguno. Pero te puedo decir que ese alcalde me da mala espina –confesó ella.

    En ese momento un grito desde la calle llamó su atención. Parecía ser de una mujer. Las dos aventureras rápidamente se levantaron de su sillas, mientras los pocos comensales se atemorizaban afirmaban que los monstruos habían regresado.

    –Es hora de trabajar. ¿Vienes? –dijo Nao sonriendo con un poco de emoción mientas se colocaba sus guantes de acero.

    –¿Y-yo? Bueno…sí, si vamos –estaba indecisa por el hecho de que no estaba con su compañero, y desde siempre hacían misiones juntos. Pero no era momento de esperarle.

    Las dos mujeres salieron rápidamente a la calle. Miraron en todas direcciones para ver de dónde provenía el grito. Cloud divisó una sombra moverse muy rápidamente entre un callejón.

    –Por allí, vi algo –llamó a la chaman.

    –Vamos, pero con precaución –afirmó Nao. En eso se preparó para hacer una invocación. Un círculo blanco apareció en su piel, desde su hombro se movió hasta su mano. Su magia se hizo presente en forma de humo blanco. Su piel y el ambiente cerca de ella se helaron en un solo instante, hasta el punto que era posible ver su aliento–. Glacies: Tezgla.

    Levantó su mano y a un par de metro de ella una nube de aire helado creó la bella figura de un caballo blanco con un cuerno en la frente. Es una clase poco común de unicornio, denominado Tezgla. Su piel es fría y su larga cola emana aire frio. Una criatura simplemente majestuosa.

    –Cielos, es precioso. Nunca había visto a un tezgla –sonrió la maga asombrada.

    –Vamos, Cloud. No perdamos nuestro tiempo –recordó la chaman.

    Las dos mujeres, acompañadas del unicornio, siguieron a aquella sombra. A los pocos minutos vieron un rastro de sangre que avanzaba entre las calles.

    –Esto no es bueno –dijeron las dos sorprendidas y preocupadas.

    La sombra hizo un rápido movimiento por la calles para dirigirse a los cultivos. Ambas aventureras le siguieron. Al llegar notaron una espesa neblina que cubría el suelo. La luz de la luna iluminaba todo el campo, mientras que los cuervos miraban desde los arboles cercanos. Todo estaba en un perturbador silencio nocturno, y ellas perdieron de vista aquella sombra.

    –Debe estar cerca, estate alerta, Nao –dijo Cloud tratando de vislumbrar. Avanzando lentamente paran o tropezarse con algo oculto por la neblina.

    Fue un especie de crujido y gruñido lo que llamó la atención de las dos en cierta dirección. Justo detrás de un espantapájaros vieron una silueta entre la neblina, aprecia una persona arrodillada, las dos se acercaron lentamente y entonces notaron algo.

    –Algo no está bien, Cloud. No parece una persona –susurró Nao. Chasqueo los dedos y su tezgla se puso en guardia.
    Continuara…

    (Ending: Icon for hire - The grey)
     

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