Explícito Soy mejor que tú [RivalShipping]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por GalladeLucario, 7 Octubre 2019.

  1.  
    GalladeLucario

    GalladeLucario Game Master Best GM ♡

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    Escritor
    Título:
    Soy mejor que tú [RivalShipping]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    6493
    Título: Soy mejor que tú
    Fandom: Pokémon Rol Championship
    Personajes: Ian Lockhart, Alpha Xenodis (protagonistas), Effy Joy, Hubert Mattsson, Lucas Diamond, Liza White, Ethan Encina (secundarios), Emily Hodges (mencionada).
    Palabras: 6312
    Resumn: "Dos archienemigos, dos rivales que no pueden evitar tratar de destruirse el uno al otro todo el tiempo… ¿enamorados? Tché. Era irónico, cuanto menos. ¿Acaso la rivalidad termina por desembocar en… eso? ¿Sería cierto aquel refrán que dice que “los que se pelean, se desean”?"
    Advertencias: Bueno, lo prometí y lo he hecho: allá va mi explícito de RivalShipping. Advertir que habrá escenas de sexo homosexual entre chicos en este fic, así como diversas descripciones de desnudos masculinos y demás. Es todo bastante explícito, así que si puede herir tu sensibilidad, well, yo he avisado (?)

    Son los creadores de los protas y uno de ellos me pidió que lo mencionase, so... os cito a ambos uwu Gold-Kun Juanjomaster
    Espero no haber destruido vuestra imagen de Alpha/Ian uwu/ (?)
    Also, etiqueto a los roleros propietarios de los personajes que también salen aquí, que lean bajo su propia responsabilidad: Bruno EVF Nami Roronoa Liza White Lucas Diamond Kurone y Amane, que Emi no sale pero está presente en espíritu (?



    Soy mejor que tú [RivalShipping]


    —¡Flame, Puño Fuego!

    El Charizard negro, ya megaevolucionado y con llamas azuladas manando de su boca, se lanzó directo hacia su rival, con su garra cerrada en forma de puño y bañada en un mar de fuego celeste. Su rapidez era envidiable, mucho mayor que la de cualquier otro ejemplar de la especie: no en vano, Alpha lo había entrenado a conciencia para hacerlo una máquina de matar, rápido, certero y fuerte.

    Sin embargo, su oponente no era alguien cualquiera. Una sonrisa maliciosa se esbozó bajo su nariz. El Mega Slaking que había en el cambio le imitó, riéndose como él, y Alpha, en los segundos en que duró aquella interacción, supo que acababa de sentenciar el combate.

    Ian susurró, entre dientes:

    —Creo que olvidabas que, a diferencia de ti… yo aún puedo usar otro Pokémon.

    Fue muy rápido. Alpha trató de evitar que Flame atacase, pero era muy tarde. El golpe impactó de lleno, sí… pero Ian ya había hecho un cambio. Uno que sería el detonante del fin de aquel combate. Wobbuffet fue el que recibió el golpe, y su cuerpo, elástico, se echó hacia atrás, como si fuese un saco de boxeo que recibía un gran puñetazo.

    —Oh, oh… —dijo Lucas, que estaba presenciando el combate, tenso. Liza, a su lado, tragó saliva.

    —Alpha, siendo tan estúpido como siempre —susurró Mimi, sentada junto a los otros dos, indignada—. ¿¡Es que se le ha olvidado la existencia de ese saco de golpes!? ¡Le va a pasar lo mismo que en el Gran Campeonato!

    Alpha gruñó al ver cómo aquel Pokémon resistía el golpe. Charizard estaba muy cansado, jadeante, y tuvo que apoyarse en el suelo. Él sabía que no tenía escapatoria. Pese a que el rostro inalterable de Wobbuffet no daba indicativos de ningún tipo de reacción, le bastaba con ver la cara de Ian para entender qué iba a pasar. Lo supo desde el momento en que se rio por primera vez. ¡Ese maldito Ian, siempre con esa maldita sonrisa triunfante…!

    —Venga, Wobbuffet —dijo él, de brazos cruzados—, acabemos con esto. Contraataque.

    Y una energía rojiza surgió del cuerpo azulado, dirigiéndose hacia el Pokémon de fuego. No pudo evitarlo, pues estaba demasiado cansado como para seguir esquivando. Así pues, terminó cayendo de espaldas, inconsciente. Terminó debilitándose, y… con eso, Ian se hacía con la victoria.

    Otra vez.



    Alpha apretó los dientes, frustrado, y se dejó caer hacia atrás, sobre la arena. Sus ojos se enfocaron en el cielo azul, meditativo y aislado de todo cuanto le rodeaba. Se sentía tremendamente impotente. ¿¡Qué demonios tenía que hacer para ganar a aquel tipo!? Era imposible. ¡No había manera de derrotarle! ¿Era culpa suya, de su equipo, de sus estrategias? Quizá esa lógica de “pega con más fuerza que el rival y ganarás” no funcionaba tan bien como pensaba…

    Pero él era un buen entrenador, eso lo sabía. No en vano había quedado en segundo lugar en el Gran Campeonato, ¡a las puertas de la victoria!

    … victoria que, por supuesto, se llevó él. Vio que le tendía la mano, y la agarró de mala gana. Mientras Ian le ayudaba a levantarse, le dijo, sarcástico y provocativo:

    —Soy mejor que tú, deja de intentar vencerme, anda.

    —Tché —se quejó Alpha, ya en pie, sacudiéndose la ropa—. No creas que esta es la última vez en que te desafío, Ian. Te voy a ganar cueste lo que cueste.

    —Sí, sí, bueno —dijo él, poniendo una mano en su hombro antes de seguir caminando hacia delante, alejándose de allí—. Pero creo yo que te va a costar más de lo que puedes permitirte, eh.

    Y, furioso, se giró, dirigiéndole una mirada desafiante desde la lejanía.

    El Gran Campeonato había sucedido hacía solo una semana. Ocho fueron los clasificados para los cuartos de final, y, a todos ellos, Irvine, el antiguo campeón y organizador del evento, les había regalado unas vacaciones en un resort de Alola, el Hotel Arrullo de Mar. La arena de la playa rozaba los dedos descalzos de Alpha, y el sudor comenzaba ya a calar su camiseta, empapándola. No se había percatado siquiera, pues estaba profundamente absorto en su batalla costera contra Ian. De hecho, siguió allí, de pie, sin hacer nada… hasta que oyó una voz desde lejos.

    —¡Alpha, Mimi, chicos! Vamos a la piscina, ¿os venís?

    Hubert, junto a Effy, agitaba su mano desde lejos. Ambos estaban en traje de baño, revelando el chico un torso delgado y fibroso, quedando los abdominales tapados por el vello negro que recubría con timidez desde su ombligo hasta su pecho. Effy, por su parte, lucía un bikini de una pieza que dejaba entrever un sutil escote; pero, como solía ser costumbre en ella, no se exhibía demasiado. A ella solo le gustaba ser el centro de atención si era en el campo de batalla, claro está.

    … y vaya si lo demostró. Effy quedó en quinto lugar en el Torneo, después de una larga ausencia y de recuperarse de una terrible enfermedad. No pudo entrenar, no pudo dedicarse a los preparativos del torneo, y… aun así, logró quedar entre los ocho mejores del Gran Campeonato.

    —¡Oh, piscina! Me apunto —gritó Lucas, levantándose de la arena y correteando tras ellos.

    —¡Sí, vamos! La arena me está matando —Liza se levantó también, pasando junto a Alpha. Le tocó el hombro, y le sonrió al decirle—. ¿Te vienes tú también, Alpha?

    Lucas fue el cuarto en el torneo. Se enfrentó en los cuartos de final a Effy, derrotándola, pero… luego no pudo superar a Hubert, que se hizo con el bronce. Con todo, había logrado demostrar su valía como entrenador. ¿Quién lo habría dicho? Era un muchachillo algo enclenque, y al quitarse la camiseta, uno podía ver que su altura y complexión delgada se extendía a todo su cuerpo, revelando un torso nada entrenado y que casi parecía seguir siendo el de un niño: sin un solo pelo, y sin marcar ningún músculo.

    Liza, por su parte, fue la sexta. Demostró unas grandes capacidades para entrenar y combatir, pero… tuvo un problema: le tocó enfrentarse en cuartos de final a Ian, y fue derrotada sin poder demostrar su verdadero potencial. Ahora ella lucía un cabello distinto, con su clásico castaño, pero cortado hasta los hombros. Se la veía mucho más madura, más adulta; y cierto era que había madurado como persona después de todas las aventuras que tuvo que vivir antes del Gran Campeonato. Alpha no pudo evitar, cuando pasó junto a él, fijarse en sus enormes ojos azules, hermosos, y en su pecho, que, si bien no era extraordinariamente grande, se resaltaba profundamente con su bikini blanco.

    Zarandeando la cabeza, Alpha se dirigió a Mimi, que era la única que no parecía haberse unido a la marcha hacia la piscina. A decir verdad, él no tenía tampoco muchas ganas de ir, pero… ¡tal vez Ian estuviese allí! Lo ahogaría un par de veces en la piscina, al menos, para desquitarse. Ese chico estaba todo el maldito día en su cabeza, más aún desde que le arrebató el título de tercer campeón de Galeia. Tsk.

    —¿Vamos? —le dijo a Mimi, pero ella, suspirando, se colocó sus gafas de sol y apartó la vista.

    —Paso. Me quedaré a tomar el sol.

    Alpha se rascó la mejilla, confuso.

    —Ethan no te va a morder, ¿sabes?

    —¿¡Q-Qué dices!? N-No tiene nada que ver con Ethan, idiota. ¿Es que no puedo querer estar sola, sin más? En la piscina hay demasiada gente, quiero un poco de paz.

    … mentira. Alpha no era especialmente ducho en interpretar lo que las mujeres pensaban y sentían, ¡eran demasiado complicadas para él! Pero después de tratar mucho a Mimi, ya no podía engañarle. Mimi fue la séptima en el Gran Campeonato, siendo eliminada por él mismo, pero… El octavo fue Ethan, un chico que no formaba parte del grupo original de holders, pero que era uno igual de competente que el resto. Alpha no lo conocía mucho, pero sabía que tenía un estrecho vínculo con Emily, y… he ahí el motivo por el que Mimi evitaba al pelirrojo y estaba molesta con él: Emily.

    Ella… ella no había podido venir. Y, claramente, Mimi culpaba a Ethan por ello. Probablemente, la chica de Sinnoh estaba esperando disfrutar de aquellas vacaciones con su gran amiga, pero, al quedar novena en la lista, quedó excluida de los cuartos de final, y por eso, y solo por eso, no estaba en aquel hotel con ellos, en la Isla de Akala. ¿Y quién fue el que la derrotó? Ethan, claro. Para Mimi, Ethan era el enemigo ahora, en cierto modo; él había derrotado a Emily, la había privado de venir a aquellas vacaciones, quedándose sola en Galeia, y, encima, ahora se había acoplado al grupo como si nada, intentando sustituirla. “Ojalá te hubieses quedado tú en Galeia, pelirrojo de bote”, podía leer Alpha en la mente de Mimi. Si es que era como un libro abierto… ¡y que él pudiese decir aquello ya era decir!



    La tarde aconteció con tranquilidad en la piscina. Ian y Mimi fueron los únicos que no estuvieron allí, y Alpha no pudo evitar estar intranquilo todo el tiempo. Los demás le incitaban a nadar, a jugar con el balón o a cualquier otra cosa para distraerse, pero… él siempre se encontraba abstraído, pensando, única y exclusivamente, en Ian. Pensando en cómo demonios podría derrotarle, en cómo superarle. En cómo ser mejor que él. ¡Ni siquiera en vacaciones podía quitárselo de la cabeza!

    Por eso, no se dio ni cuenta cuando ya había anochecido. Los demás se marcharon hacia las duchas, mientras que él decidió seguir unos minutos más flotando en la piscina, abstraído. Algo le hizo despertar de su trance, sin embargo: ese maldito Pokémon había vuelto a salir de su ball.

    —¡D-Darkrai! —dijo, alarmado, al ver cómo el Rey de las Pesadillas campaba a sus anchas, dirigiéndose hacia alguna parte. Tuvo que salir corriendo de la piscina, y lo persiguió, con su pokéball en mano.

    Se dio cuenta, espiando desde lejos, que Darkrai había ido a confrontar a Cresselia, como siempre. Hubert y él, entrenadores de ambos legendarios, estaban en el mismo sitio, y eso… solo podía significar problemas. La Guardiana de los Sueños y el Rey de las Pesadillas pasaban el día peleando, pues en su naturaleza estaba el ser enemigos. Y Darkrai aprovechaba cualquier despiste para intentar atacarla. Sin embargo, aquella vez fue diferente. Escondido tras un muro, Alpha vio cómo Darkrai observaba, desde la lejanía, a Cresselia y a Gardevoir, ambas caminando en libertad por la playa. No las atacaba, no se acercaba, solo… las miraba desde lejos. Y, con cuidado, se acercó a él.

    —¿Qué miras…? —le preguntó, sobresaltando al Pokémon.

    En seguida notó como sus ojillos temblaban, nervioso, y agitó las manos rápidamente. Alpha no entendía nada. ¿Estaba… colado por Cresselia?

    —¿Te gusta… te gusta Cresselia?

    Darkrai negó con la cabeza, pero eso solo logró divertir aún más a Alpha.

    —Pero bueno, ¡claro que te gusta! ¡Es buenísimo! El todopoderoso Señor de las Pesadillas, enamorado de su némesis. Busca eliminarla, pero, en el fondo, él querría que cada golpe fuese un besito —bromeó, sarcástico… lo que le costó un golpe de Darkrai, que parecía molesto por aquella broma.

    Riendo a carcajadas, Alpha terminó por agarrar su ball, y le dijo a Darkrai:

    —Anda, vuelve a tu Pokéball. No vaya a ser que me busques algún problema. Todavía sigo sin fiarme del todo de ti.

    Pese a que cruzó los brazos, molesto, Darkrai se dejó hacer, y terminó volviendo a la ball. Antes de dirigirse a las duchas, Alpha dirigió una última mirada hacia Cresselia, en la lejanía, y reflexionó acerca del sorprendente descubrimiento que había realizado. Dos archienemigos, dos rivales que no pueden evitar tratar de destruirse el uno al otro todo el tiempo… ¿enamorados? Tché. Era irónico, cuanto menos. ¿Acaso la rivalidad termina por desembocar en… eso? ¿Sería cierto aquel refrán que dice que “los que se pelean, se desean”?

    Agitó su cabeza con fuerza. ¡Qué chorradas!



    Finalmente, Alpha terminó entrando también en las duchas. Habían acordado que se darían un remojón en las duchas públicas y saldrían a dar una vuelta antes de que fuese la hora de cenar; si tuviesen que ducharse bien y cada uno por su lado, tardarían demasiado, y Liza y Effy querían ver el festival de Akala antes de que terminase.

    Evidentemente, las chicas se habían separado de los chicos, pues iban a ducharse, y eso implicaba estar totalmente desnudos, en un lugar abierto en el que podrían verse en su más profunda intimidad. A Alpha no le habría importado meterse en el baño de las chicas, la verdad, pero hey, qué remedio.

    Mientras se quitaba el bañador y soltaba su pokédex a buen recaudo, se fijó en que tenía un mensaje de Mimi en esta última: “Por favor, espérame en recepción antes de que salgáis. Voy a ducharme en mi habitación, que a saber quién ha pasado por esas duchas comunes. ¡Tardaré poco, pero no os vayáis todos sin mí!”. Suspiró. Esa niña, siempre igual, ¿huh?

    En fin, ya desnudo, Alpha caminó hacia el interior de las duchas. Estaban tranquilas, y, si no fuese por los holders, estarían vacías. No era temporada alta de vacaciones, así que tampoco había demasiados inquilinos, en cualquier caso. En los vestuarios, sin embargo, había largos espejos en los que pudo verse reflejado por unos instantes, mientras caminaba.

    Estaba… bien, ¿no? O sea, era atractivo. O eso consideraba él, al menos. Hacía bastante ejercicio con la tontería de entrenar a sus Pokémon concienzudamente, y no paraba nunca quieto, así que sus brazos dejaban entrever algunos músculos, y su abdomen y pecho estaban definidos. Más que Hubert, desde luego, y eso que él era el más fuerte de todos los demás. Tenía poco pelo, eso sí; solo algunos vellos rebeldes podían verse en su pecho, y el resto estaban todos debajo del ombligo. Le gustaría tener más pelo, y quizá algo de barba; eso le daría un aire más masculino. Donde sí tenía algo más de pelo, sin embargo, era ahí abajo, ¡vaya que sí! Una mata oscura cubría la parte superior de su pelvis, cubriendo sus partes íntimas, que estaban al aire y colgaban libremente. No es que Alpha fuese especialmente presumido, pero hey… si le gustasen los chicos, probablemente se fijaría en alguien como él. ¡Hasta estaba bien dotado! O eso creía, vaya. ¡Su tamaño era más que perfecto! …¿no?

    A decir verdad, no estaba del todo seguro. Hacía mucho tiempo que no veía a otros hombres (y a otras mujeres, para qué vamos a engañarnos) desnudos; no podía compararse demasiado, pues no tenía referencias. Pero… pronto iba a tenerlas. Allí dentro estarían, probablemente, Ethan, Lucas, Hubert… y… ¿estaría Ian?

    Por un momento, se sorprendió a sí mismo pensando en cómo sería Ian desnudo. ¿La tendría más grande que él? Ya había visto su pecho y su abdomen, y ahí, al menos, le ganaba… pero, en cuanto al pene, era algo diferente. Tsk, ¡seguro que él la tenía más grande! Ian tenía pinta de ser un pichacorta, ¡seguro!

    … de una forma u otra, Alpha siempre terminaba pensando en Ian. Siempre trataba de competir con él en todo. ¿Estaría obsesionado, tal vez? Quién sabe.

    —Oh, Alpha —le saludó Ethan, ya dentro de las duchas, enjabonándose todo el cuerpo—. ¿Dónde te habías metido? Date prisa, que llegamos tarde.

    No pudo evitar fijarse en Ethan. Toda su autoestima se vino abajo cuando le vio: estaba completamente musculado, y recubierto su pecho de una fina capa de cabellos pelirrojos. No solo tenía unos abdominales y un pecho de modelo, sino que, ahí abajo… ¿¡qué demonios tenía Ethan ahí abajo!? Con sutileza, Alpha se enjabonaba mientras, discretamente, observaba el miembro del holder de Teselia. El pelirrojo era natural, de eso no había duda, pero… ¡wow! El pene de Ethan podía ser perfectamente el doble de grande que el suyo.

    Apartó la mirada rápidamente.

    —Eh, uh, sí, lo siento —dijo, mirando al techo. ¿¡Por qué miraba al techo de pronto!? —. Tranquilo, tardaré poco.

    Alpha no se había comparado nunca con otro chico desnudo, y, cuando lo hacía, tenía que ser con ese jodido dios del Olimpo. ¡Madre mía, si es que le daba ganas de cambiarse de acera! Comenzó a frustrarse un poco, y, mientras se enjabonaba, cubrió con disimulo sus partes, algo avergonzado. ¿Era ese tamaño el normal, o qué? ¿Y-Y si el pichacorta era él? Sonrojado, Alpha se sintió profundamente incómodo.

    Y, luego, aparecieron, Hubert y Lucas, ambos dispuestos a secarse ya.

    —¿Qué, chicos? —dijo el primero—. ¿Estáis listos?

    Ethan se estaba aclarando, sacudiéndose el pelo bajo el agua.

    —En seguida —dijo—. Pero creo que vamos a tener que esperar a Alpha, acaba de entrar.

    Alpha negó con la cabeza.

    —Que no… no voy a tardar nada, ya veréis.

    Comenzó a frotarse el pelo con el gel, observando a Lucas y a Hubert, que charlaban mientras se secaban, fuera de la zona donde caía el agua. Su mirada, automáticamente, se dirigió a su cintura. Y casi que no debió haber mirado: si bien el tamaño de Hubert era algo más estándar, era más ancha de lo normal, bastante más que la suya. Y no solo eso, sino que estaba depilado; o eso, o su pelo crecía de forma muy uniforme y elegante. Se notaba que el tipo tenía novia, vaya. O bueno, quizá simplemente le gustaba cuidarse; no sabía hasta qué punto había llegado su relación con Effy.

    Pero Lucas… ¡madre mía, Lucas! Del tamaño de Ethan y la anchura de Hubert, lo que ese niño tenía ahí parecía un Serperior. El trauma de Alpha comenzó a escalar de forma exponencial. Él se tenía por un chico de cuerpo envidiable, y resultaba que ni en eso destacaba. Hasta el más tirillas de todos los holders, Lucas, resultaba ser el que escondía el mayor secreto de todos. ¡Joder!

    ¿Qué diría Ian si le viese desnudo? Suerte que él no estaba allí. Seguro que él también estaba mejor dotado y se reía de Alpha. “Hasta en esto soy mejor que tú”. Casi podía oírle decirlo.

    Se decidió a terminar lo más rápido posible, aclarándose y secándose con velocidad. Solo quería salir de allí y dejar de pensar en penes y en cuerpos masculinos, y… y en Ian. ¡Cualquiera que supiese lo que estaba pensando lo tomaría por gay, seguro! Y él no lo era, por supuesto. Había tenido alguna experiencia con Destiny, y había sido satisfactoria, sin duda. Breve, eso sí, pero… no tenía interés alguno en los chicos, no. Solo le interesaba ser mejor que los demás, ya está, sí. Eso era todo.

    … pero, ¿por qué se autojustificaba tanto?

    —Bueno, ¿estamos todos? —preguntó Liza, ya arreglada, cuando todos quedaron en la puerta del hotel. Estaba guapísima, con un vestido corto de color azul, a juego con los luceros que tenía por ojos.

    Lucas miró a ambos lados, buscando al resto.

    —Uhm. Faltan Mimi e Ian, ¿no?

    —A saber dónde están esos dos —suspiró Effy.

    Fue entonces cuando Alpha despertó de sus pensamientos, y recordó el mensaje de Mimi.

    —Oh, es verdad… Mimi me dijo que la esperase, que se iba a duchar por su cuenta.

    —¿Qué…? —se quejó Liza, suspirando—. ¡Para cuando termine, ya será la hora de cenar!

    —Esta chica siempre igual —se quejó Effy.

    —En fin, vamos yendo nosotros, si os parece —sugirió Hubert—. Alpha, estaremos por la zona del puerto, ¿vale?

    Él asintió, observando cómo todos se marchaban. Desabrochó el botón superior de la camisa blanca que llevaba, algo acalorado, y terminó suspirando cuando se quedó solo. Aún con aquella extraña idea en la cabeza, se llevó la mano al bulto de su pantalón vaquero, y apretó ligeramente, percibiendo algo de rigidez bajo la tela. ¿Qué demonios? ¿S-Se estaba excitando? Con tanta imagen de penes en su cabeza, Alpha ya no sabía si era por el calor, si era por lo guapa que estaba Liza o si… bah. Serían las hormonas, sin más.

    Se dirigió, pues, algo incómodo, de vuelta al interior del hotel. Y se sentó, pacientemente, en la recepción. Había un sofá algo apartado, al fondo de la misma. La poca gente que pasaba por allí a esas horas ni siquiera veía aquel apartado rincón, de manera que decidió que era un buen lugar para esperar, ya que empezaba a tener un… “problemilla” en su entrepierna, y no le agradaba la idea de que cualquier pudiese darse cuenta. Mejor sería apartarse un poco de miradas indiscretas mientras esperaba a la tardona de Mimi, se dijo.

    Cuando se sentó, se encontró cansado. Terminó quitándose los zapatos y tumbándose. Total, nadie iba a decirle nada, ¿no? Su mente, sin embargo, seguía pensando en Ian. Cerró los ojos por un instante, rememorando las últimas batallas que había tenido con él, analizando cada detalle… y, sin darse cuenta, mientras lo hacía, estaba masajeando la superficie de su pantalón ligeramente. La imagen de Ian, poco a poco, comenzó a eclipsar a la de sus Pokémon, y la preocupación por ser mejor que él en combates quedó a un lado; de nuevo, volvió a imaginarlo desnudo, incapaz, sin embargo, de construir su cuerpo completamente, pues no podía hacerse una idea de cómo sería aquello que el chico escondía. Sin embargo, lo veía riéndose de él, insultándole por tenerla pequeña, y él… él se frustraba, aún más.

    De pronto, notó la presencia de alguien, y abrió los ojos. Se sobresaltó bruscamente, retrepándose en el sofá.

    —¡Wow! ¿Qué haces aquí? ¡No me des esos sustos, tú!

    Era… era Ian, que había tomado asiento a su lado y lo miraba, ceja alzada.

    —¿Qué estabas… haciendo? —le preguntó, inclinando la cabeza a un lado.

    —N-Nada, tío, déjame —Alpha se estaba sonrojando enormemente. La erección aún le duraba, y trataba de cubrirse con uno de los cojines que había en el sofá—. Estaba esperando a Mimi, y me habré quedado transpuesto.

    —Ajá —Ian le miraba con una sonrisa burlona. Con esa sonrisa burlona que siempre esbozaba, y que tanto odiaba—. ¿Y por qué estabas tocándote mientras “estabas transpuesto”?

    —¿E-E-Eh? ¿T-Tocándome? ¡Serás enfermo! —Alpha no sabía cómo excusarse o dónde meterse. Se sentía terriblemente avergonzado. ¡Tenía que ser el maldito Ian el que le viese en aquella situación tan lamentable! Acalorado, se desabrochó otro botón de su camisa, pues notaba que le faltaba el aire. Hacía demasiado calor—. No estaba haciendo nada de eso. ¿Qué haces tú aquí, si puede saberse?

    Ian no respondió, sino que le miró fijamente por unos segundos.

    —¿Q-Qué? ¿¡Qué miras!? —empezaba a incomodarle demasiado.

    —… ¿seguro que no estabas tocándote? A ver. Levanta ese cojín —le propuso, socarrón y burlesco. En lugar de obedecerle, Alpha apretó el cojín con más fuerza aún.

    —¡Qué pesado eres, Ian! ¿Qué pasa, es que acaso quieres vérmela o algo, eh?

    —Oh, no, claro que no —se encogió de hombros. La estrategia de Alpha de actuar a la defensiva no iba a funcionar con él, en absoluto—. Eres tú el que quiere vérmela a mí, ¿a que sí?

    Aquello le dejó helado. No supo responder. Se sonrojó más aún, y notó cómo el sudor, por el calor, la tensión, o quién sabe qué, comenzaba a encharcar una vez más su camisa.

    —Hey, no me mires así —dijo Ian—. Eres tú el que estaba murmurando mientras se tocaba sobre el pantalón. “¡Ian! ¡Ian, ¿cómo la tienes?! ¿Es más grande que la mía? ¡Ian!” —imitó, de forma burlesca, haciendo la mayor mofa posible de él.

    Alpha reaccionó golpeándole con el cojín, revelando por unos instantes el bulto que llevaba un tiempo ocultando. Rápidamente, volvió a taparse.

    —I-Idiota, no te pienses cosas raras.

    —Hm —meditó Ian, mano en el mentón—. Déjame que lo adivine… estás tan desesperado con ganarme que quieres, aunque sea, ganarme en eso, ¿no? Eres la viva imagen de un adolescente cavernícola, eh. Peleando a ver quién tiene la lanza más larga.

    El entrenador se sentía tan avergonzado, tan humillado, que sentía ganas de llorar. Se empezó a notar agobiado, como encerrado. Derrotado, en cierto modo, otra vez por Ian. Y no respondió, por pura impotencia. Quedó en silencio, aparando la mirada para no ver la expresión burlona del chico.

    Sin embargo, se sorprendió cuando, por el rabillo del ojo, pudo ver cómo Ian se levantaba del asiento, de pie frente a él, y empezaba a desabrochar su pantalón. Alpha, completamente contrariado, exclamó, mirando a su alrededor, preocupado porque alguien les viese y pensase algo raro:

    —¡T-Tío, quieto, qué haces!

    —… solucionar tus dudas. ¿No es eso lo que querías? ¿Compararnos para ver quién gana? —al terminar de desabrochar sus pantalones, quedó en calzoncillos; en unos ceñidos que marcaban profundamente un enorme bulto bajo ellos.

    —P-Pero… yo… Ian, aquí no… —Alpha seguía sin ser capaz de mirar, avergonzado, pero sus ojos, de vez en cuando, se movían rápidamente en la dirección en la que estaba Ian, no pudiendo reprimir su curiosidad.

    —No va a vernos nadie, tranquilo —afirmó Ian, que, con ambas manos, sujetó sus calzones y empezó a bajarlos con lentitud.

    Alpha notó cómo, de pronto, el corazón le empezó a latir con fuerza, y el calor se intensificaba. Sentía una presión terrible bajo los pantalones, y, aunque su cabeza seguía mirando hacia la pared, sus ojos se deslizaban hacia el borde, mirando fijamente lo que Ian estaba a punto de enseñar.

    Finalmente, la ropa interior quedó por las rodillas, y el miembro del tercer Campeón de Galeia quedó al aire, expuesto frente a Alpha, y… profundamente erecto. Era curvado, hacia arriba, dejando entrever la cabeza ligeramente, y no tenía demasiado vello en su base. Al ver la evidente excitación de Ian, el otro chico se quedó mudo. ¿Por qué estaba… así? Y, lo más importante de todo: ¿por qué él se estaba poniendo peor aún?

    —Bueno —dijo Ian, desde la altura en la que se encontraba, con los brazos en jarra pero los pantalones por los tobillos—. Digo yo que si quieres que comparemos… tendrás que bajarte los pantalones tú también, ¿no?

    Alpha no estaba entendiendo nada, pero, por algún motivo, aquello le estaba resultando terriblemente morboso. Tenía una doble dimensión para él: por un lado, una dimensión puramente sexual, pues aquel acercamiento le producía un terrible cosquilleo por todo su cuerpo, tal vez por lo “prohibido” de aquello; y, por otro lado, una dimensión competitiva. Aún después de todo, por excitado que estuviese Ian, sabía que la propuesta de compararse iba en serio, y eso, precisamente, era lo que le daba más morbo aún a Alpha. Que ni siquiera entonces, en aquella extraña escena, perdían su competitividad.

    —Vamos —siguió insistiendo Ian—. ¿A qué esperas?

    Sin mediar palabra, Alpha se levantó, quedando frente a Ian, a pocos centímetros de él. Con la mirada fija en su pene, que parecía estar apuntándole desde abajo por la curvatura que describía la erección, fue, también él, desabrochando sus pantalones. Ian, sin embargo, no miraba hacia abajo: le miraba a él, de frente, directamente. Y, cuando Alpha apartó los molestos boxers del camino, su miembro salió, rozándose con el de su rival, también curvado, aunque algo menos.

    —… vaya —comentó Ian, agachando la mirada por primera vez—. Debo reconocer que es más grande de lo que esperaba. Pero, ¿es más grande?

    —… lo es, claramente —Alpha respiraba con esfuerzo, su corazón latiendo con enorme fuerza.

    —A ver…

    Y, entonces, Ian agarró, sorpresivamente, el miembro de Alpha con una mano, lo que provocó que Alpha sintiese un escalofrío recorriendo todo su cuerpo. Moviéndolo con su mano, lo colocó justo al lado del suyo propio, sujetando ambos con la misma mano, de manera que quedasen paralelos.

    —… g-gano yo —dijo Alpha, sudando por la excitación.

    —… sí —aceptó Ian—. Por poco, pero sí. Vaya, supongo que ya puedes estar tranquilo, ¿eh? Eres… mejor que yo en algo.

    Alpha tragó saliva con esfuerzo. Aunque la “comparativa” ya estaba hecha, Ian, por algún motivo, seguía sujetando ambos miembros con la mano, y, aunque con discreción, empezó a moverla de un lado a otro, lentamente.

    —Me pregunto… —dijo el Campeón—. Si serás mejor que yo en alguna otra cosa.

    —¿C-Como por ejemplo…? —siguió el juego Alpha, que empezaba a perder la capacidad de pensar con claridad. En realidad, hacía tiempo que la había perdido.

    —… por ejemplo, besando. ¿Eres bueno?

    —… el mejor.

    —¿Seguro? Tengo mis dudas. Seguro que soy mejor.

    —No lo creo.

    Las bocas de ambos se acercaban lentamente, sintiendo el aliento caliente del otro. Los cosquilleos que sentía Alpha se propagaron por todo su cuerpo como un calambre.

    —Comprobémoslo, entonces…

    Y ambos labios se fundieron en uno solo. Al principio, fue un simple beso, suave y ligero, de poco contacto. Alpha no tardó en separarse, confuso.

    —O-Oye, esto no… no deberíamos estar haciendo esto.

    Ian alzó una ceja.

    —¿Hm? Entonces, ¿ese es tu mejor beso? Vaya mierda. No eres mejor que yo ni de broma —provocó él.

    Alpha frunció el ceño.

    —Maldito… Ian.

    Y fue él el que, esta vez, agarrándole de la camisa, acercó a Ian hacia sí, y los labios, de nuevo, se unieron… solo que esta vez, el beso fue apasionado, y las bocas de ambos se abrían y cerraban en lo que parecía un baile perfectamente sincronizado. Mientras se besaban, Ian recorría con sus dedos la espalda de Alpha, metiendo sus manos bajo su camiseta, y Alpha hizo lo propio, descendiendo poco a poco, hasta que terminó colocando ambas palmas en la cintura del Campeón. Mientras seguían besándose, con timidez, fue deslizándolas más y más hacia atrás, hasta que estuvieron colocadas sobre el trasero de Ian, que apretó con suavidad.

    Lentamente, se fueron separando, quedando aún abrazados, excitados, muy juntos.

    —… bueno, eso puede considerarse un empate.

    —Sí —asintió Alpha, que se dejó caer hacia atrás, sentándose en el sofá mientras Ian aún seguía de pie—. Así que habrá que desempatar de alguna forma, ¿no?

    Se desabrochó otro botón de la camisa, y luego otro, y otro… hasta que quedó con el torso al descubierto por completo. Ian sonrió de forma socarrona.

    —Veamos, ¿cómo piensas desempatar? —seguía de pie, cerca de él, aún con los pantalones bajados. Dio un par de pasos en su dirección.

    Alpha ni siquiera pensó.

    —… te demostraré quién de los dos aguanta más —le dijo de forma picante y seductora.

    —¿Ah, sí…? Bien. La primera ronda es tuya, entonces.

    Y, tras mirarle desde abajo, Alpha agarró el miembro de Ian con una mano y luego lo miró de cerca. Estaba justo a la altura de su cabeza, grueso y totalmente erecto…

    —Ahora verás.

    Con lentitud, abrió la boca y lo envolvió con esta. Fue moviéndose despacio hacia delante y hacia atrás… y llegó a sentir, en un momento dado, que las manos de Ian se colocaban en su cabeza, impulsándola rítmicamente a seguir su movimiento, su danza. Ian se retorcía, jadeando de placer.

    —Uf… sin duda, eres… un rival digno, ¿eh?

    Alpha sacó el miembro de su boca y, mientras lo masajeaba con una mano, miró hacia arriba, sonriendo con malicia. Las piernas de Ian le temblaban, y había podido notarlo.

    —Claro que lo soy. De hecho, soy mucho mejor que tú.

    —Lo dudo —dijo Ian, que empujó a Alpha hacia atrás, hasta que este se chocó contra el respaldo del sofá—. Recuerda que esto solo ha sido una ronda. Ahora… me toca a mí.

    —¿Y qué vas a hacer tú?

    —Acabar contigo, eso desde luego.

    Ian subió entonces al sofá, de cara a Alpha, con una pierna a cada lado de su cuerpo. Se sentó, completamente desnudo de cintura para abajo, sobre el miembro del subcampeón, y empezó a moverse lentamente, frotándose contra él.

    —… madre mía —no pudo evitar soltar Alpha, envuelto por las sensaciones que le rodeaban—. Madre mía.

    Completamente fuera de sí, empezó a besar el cuello de Ian, mordiéndolo y lamiéndolo sin control, mientras desabrochaba su camisa también él. Ambos estaban, finalmente, completamente desnudos. E Ian, con las manos en los hombros de Alpha, le besó, justo antes de decirle:

    —Ahora verás.

    Llevó una mano al miembro de Alpha mientras aún seguía sentado sobre él, y lo levantó, de manera que apuntase hacia arriba. Con cuidado, fue sentándose, esta vez justo sobre él, de manera que el pene de Alpha fue entrando poco a poco dentro de Ian. Ambos gemían al notar cómo el subcampeón iba recorriendo el interior del campeón con lentitud. Y, cuando estuvo totalmente dentro, Ian comenzó a moverse. Al principio lo hacía de forma suave, lenta… pero, cuando notó que Alpha estaba jadeando de forma muy apresurada, completamente extasiado, incrementó la velocidad, galopando sobre él. El placer inundaba los sentidos de ambos, y Alpha, al borde del orgasmo, susurró:

    —C-Cabrón… n-no vas a ganar…

    —… e-eso lo veremos…

    Ian aumentó aún más la velocidad, y los gemidos pasaron de susurros a gritos. Llegados a un punto, explotaron, ambos prácticamente al unísono, y un estridente gemido de placer decoró cada rincón de aquella vacía recepción. Ambos habían culminado casi al instante, manchándose el pecho de Alpha en el proceso. Al ver la situación, el subcampeón suspiró, extasiado, y dijo:

    —… ¿Empate, otra vez?

    —… empate, sí —Ian dejó caer la cabeza en el hombro de Alpha, exhausto—. Mucho me temo que vamos a tener que volver a enfrentarnos. Esto no puede quedar así, ¿no crees?

    —Por supuesto que no —sonrió Alpha, mientras acariciaba la espalda de Ian, abrazándole con suavidad—. Ya tendremos tiempo para demostrar quién de los dos es el mejor.

    Y cerró sus ojos, sonriendo con felicidad, plenamente satisfecho y agotado por el momento de pasión.

    De pronto, escuchó una voz:

    —¡Venga ya! ¡Arriba, joder!

    Se sobresaltó, y empujó ligeramente a Ian, hasta que quedó mirándolo de frente. Era él el que hablaba, pero esa… no fue su voz.

    —¿Q-Qué has dicho…?

    —¡Que venga! —exclamó. Su voz chirriaba, era aguda, era… era la voz de…—. ¡¡Ahora me echarán la culpa a mí, cuando aquí el que se queda dormido eres tú!!




    De pronto, Alpha despertó bruscamente, sudando y con casi toda la camisa desabrochada. El cojín estaba sobre sus pantalones, pero estaba vestido, y… no había ni rastro de Ian. En su lugar, quien estaba allí era Mimi, que arrugaba la nariz con desagrado.

    —Mira, de verdad, ni voy a preguntarte lo que estabas soñando —apartó la mirada, tensa—. Yo me voy con los demás, que se hace tarde. Tú cámbiate la camisa o algo, porque hijo mío, qué forma de sudar…

    Confuso, Alpha se incorporó mientras veía cómo Mimi taconeaba hacia la puerta del lugar. Levantó lentamente el cojín y… se sorprendió al ver una mancha en su pantalón. D-Demonios, había sido… un sueño.

    —¿¡Qué cojones!? —exclamó, tapándose de nuevo, avergonzado—. ¿Qué hago yo soñando esas cosas…? —apretó los dientes, ruborizado… y fue entonces cuando miró su bolsillo, sacó una ball y liberó a Darkrai.

    Furioso, le miró y le dijo:

    —Has sido tú, ¿verdad?

    Darkrai inclinó la cabeza, confuso.

    —¡No te hagas el loco! Me has hecho tener una pesadilla, ¿¡a que sí!? A mí no me engañas, ¡estás picado por lo que te dije antes de Cresselia!

    Pero Darkrai, completamente confuso, no entendía nada. Con todo, Alpha no tuvo más remedio que regresar rápidamente a su cuarto, cambiarse de ropa y volver a bajar en busca de sus amigos. Tranquilo y calmado, porque estaba convencido de que aquello solo fue una pesadilla provocada por Darkrai; no en vano se encargaba de eso, ¿no?

    Pero, al bajar del ascensor, encontró a todos los demás regresando; incluido Ian. Le miró, algo sonrojado, pero no dijo nada al respecto, claro está.

    —Hey, ¿ya volvéis? ¡P-Pero si estaba a punto de salir!

    —Tarde, chico —se quejó Mimi, brazos cruzados—. Eso te pasa por quedarte dormido en el sofá y soñar guarradas —¡tendría morro! ¡Encima que él la estaba esperando a ella!

    —¿Guarradas? —Ian alzó una ceja, divertido—. Vaya, Alpha, qué poca cortesía por tu parte. A saber con quién estabas soñando.

    —Tché —dijo él, apartando la cabeza—. Fue una pesadilla, nada más.

    —Bueno, bueno. Pues ya pasó, entonces —comentó Hubert—. Vamos a cenar ahora; a eso sí vendrás, ¿no, Alpha?

    Zarandeó la cabeza, despejando todos aquellos pensamientos perturbadores que pasaban por su cabeza, y asintió con una sonrisa genuina, de oreja a oreja.

    —¡Por supuesto! Me voy a comer el buffet entero.

    —Je —Ian se cruzó de brazos—. Prueba a superarme.

    —¡Maldito engreído! —gruñó Alpha—. ¡Me apuesto lo que quieras a que me como tres platos más que tú!

    —¡Ja! ¿Te recuerdo cómo acabó el Campeonato? Pues vas a terminar igual.

    —¡¡Y una mierda!!

    Y ambos se adelantaron, corriendo para llegar los primeros al restaurante. Effy, junto a Hubert, suspiró.

    —Esos dos son tal para cual.

    —Sí, la verdad —confirmó Hubert, rascando su mejilla. Tras eso, miró a ambos lados—. Oye, ¿has visto a Cresselia? La dejé libre junto a Gardevoir para que diesen un paseo, pero solo volvió el Hada.

    —Ni idea —dijo Effy—. Bueno, no te preocupes. Mientras no se tope con Darkrai, todo irá bien. Cresselia, al fin y al cabo, no hace nada malo, ¿no?

    Hubert asintió.

    —Sí, su objetivo es proteger los sueños y hacer que cada persona tenga el mejor sueño posible, después de todo. ¡Uno tendrá mejores sueños si Cresselia anda cerca! Soñará con lo que más desea, así que… casi haremos hasta un favor a los inquilinos dejarla por ahí.

    Ambos se rieron, mientras se marchaban. Pero no solo ellos reían. Cresselia, que estaba escondida detrás del sofá del fondo de la sala de recepción, asomó la cabeza, y se rio de forma pícara.

    Un trabajo bien hecho por parte de la Guardiana, ¿eh?
     
    Última edición: 7 Octubre 2019
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