Sentimientos del caído.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Ela McDowell, 7 Diciembre 2013.

  1.  
    Ela McDowell

    Ela McDowell Entusiasta

    Sagitario
    Miembro desde:
    29 Noviembre 2013
    Mensajes:
    175
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Sentimientos del caído.
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    667
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    Esta noche hay luna llena.

    Sí, hermosa y pálida; siempre desprendiendo esa tétrica luz mortecina que despierta temor en las almas débiles. Ese astro que ha jugado el papel de madre durante tanto tiempo, cuando necesitaba que me acobijase en su frío manto para no perderme entre las oscuras tinieblas, y me aferraba a ella con todas mis fuerzas, susurrando oraciones a un cielo que ya no escuchaba.

    ¿Lo recuerdas, amado mío? ¿Sigue en tu lúcida memoria el por qué de nuestra historia?

    Yo vivo de los fragmentos de épocas remotas, sin conocer la razón del castigo que nos fue impuesto. He caído en la ignorancia de mi propia existencia, desde que Él me volvió la espalda hace incontables eternidades. Y sin embargo, los eones que siguen claros en mi mente, tan nítidos como si de una fotografía se tratasen, son aquellos que pasé en esta habitación, a tu lado.

    Nunca pensé que una princesa, a pesar de haber sido revocada de su trono y exiliada de su reino, llegase al punto de convertirse en una frágil muñeca capaz de rodearse de mortales que ignoran el motivo de su llanto.

    Ahora huyo de ti, o mejor dicho, de cada nuevo tú que nace a través de los siglos en algún lugar distinto a este. Y en el momento de nuestro reencuentro cometemos el mismo error, una y otra vez, como un interminable ciclo vicioso que nos corrompe en esencia: Enamorarnos.

    No me malinterpretes, porque para mí no hay nada que logre reemplazar tus besos, tus caricias, la calidez del corazón que aún late bajo ese firme pecho. Pero para aquellos que nos vigilan desde las alturas, observándonos con sus inquisidores ojos, es la excusa perfecta para causar nuestro martirio.

    ¿Cuánto más tendremos que soportarlo? Siempre se repite dicho tormento, manifestándose cual agrio desenlace teñido de carmesí. Mueres por mi culpa, por mi amor.

    Lucy, mi lucero. ¿Has sido feliz junto a mí?

    ¡¿Cómo puedes hacerme preguntas tan crueles?! ¿Cómo es posible que estando en la plataforma de ejecución, y yo encadenada al destino del que no se me permite escapar, sonrías para aliviar únicamente el dolor que me embarga? Y todavía tuviste el descaro de pedirme que enjugara mis lágrimas. ¡Eres un egoísta!

    Arrastro conmigo el peso del pecado que corre por las venas de toda la creación. El mío fue el primero, y el tuyo fui yo. No merezco la alegría que me has brindado, tampoco tu comprensión, tu cariño o tu amor. No tengo derecho a poseer las palabras gentiles que susurrabas, ni las canciones de cuna con las que me arrullaste.

    ¡Soy la reina de quienes me siguen, la diosa de los que me veneran!

    Soy la reina de los condenados.

    Y a pesar de conocer mi identidad, no te importó. Sólo creías en la verdad que veían tus propios ojos. Quiero preguntarte ¿cuál es esa? ¿En qué pensabas durante aquellas infaustas noches en las que Israel caía, siendo tú su último rey? Has dejado atrás un millón de incógnitas, de dudas que nunca seré capaz de formular en voz alta por miedo a saber las respuestas.

    Lo único cierto es que tú eres el principio de mi mundo. Eres quien dio color a la tierra que se había marchitado hacía mucho tiempo. Por eso me alejaré de ti todo lo que permitan mis pies, ya que errante he de ser en el cosmos. Te protegeré de la que se hace llamar “justicia con la fuerza del averno.

    Por favor, no me busques. Si lo haces, de seguro me encontrarás. Correré en la dirección opuesta y te evitaré. Así será, por los siglos de los siglos, hasta que uno de los dos se convierta en polvo.

    «He de aquel que cometa el primer pecado, pues diez mil veces diez mil será su castigo».

    La maldición que cargo es un peso insoportable, porque nunca imaginé que mi castigo serías .
     
    Última edición: 12 Marzo 2014

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