Historia larga Saints

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 4 Marzo 2018.

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  1. Threadmarks: T: III - Capítulo XLIII: El trato de Gideon
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Temporada III – Capítulo XLIII: El trato de Gideon

    “Los montes verdes se ubican muy al oeste en el reino de Albores. En su base existen inmensos y densos bosques, tan inexpugnables y difíciles que ningún grupo de personas ha podido asentarse allí, a pesar de los ríos, animales y árboles frutales”

    20 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Por un lado la mano blanca recién vencía, una vez más, a las fuerzas del duque, por otro lado Argos, el demente precepto del emperador salía de cacería en busca de humanos cerca de la base. Algunos kilómetros más lejos al oeste, justo al otro lado de las montañas, pero igual en el inmenso bosque, se encuentra una tercia de personas buscando como salir de allí. Ya era el atardecer y la noche no tardaría en llegar

    –¿Ya llegamos? –preguntaba por enésima vez Zael, haciendo su papel de niño molesto, buscando fastidiar al mago humano que avanza junto a su hermana frente a él.

    –¡No, no, ya te dije mil veces que no! –exclamó frustrado y molesto, a lo que Zael solo se reía.

    –Zael, deja de actuar como un niño y no molestes a Albert, ¿vale? –regañó Zila mirando seria a su hermano.

    –Sí, tranquila, mamá –respondió riendo.

    –Lo siento, Albert. A veces puede ser un poco idiota –susurró Zila al humano disculpándose.

    –¿A veces? No le conozco otra faceta. En vez de estar jodiendo debería buscar comida decente en vez de nueces y bayas –reprendió irritado.

    –Te traeré un conejo si me dices cuanto falta “guia” –dijo Zael.

    –¿Porque todos los malditos días debo responder esa jodida pregunta? –musitó sobándose las sienes para relajarse–. Ya te dije que no lo sé, en mi puta vida había venido a este lugar. Lo único que sé es que allí están las malditas montañas, y allí es donde, carajos, debemos ir

    –Vale –sonrió Zael acercándose y dándole un golpe en el hombro–. Te has ganado un conejo, solo falta que lo encuentre –se alejó riendo.

    –Como te odio, imbécil –susurró Albert, pero era más por su estrés que por un odio real.

    –Albert, tranquilo debes relajarte –dijo Zila con una voz suave para no molestarlo más.

    –¿Cómo quieres que me calme? –le miró de reojo.

    –Creo que lo mejor será descansar aquí por hoy, avanzar por las noches es peligroso –dijo ella suspirando, pues no lograba hacer que Albert mejorar su estado de ánimo, cosa que había estado intentando durante estos días.

    Los tres buscaron una zona ligeramente despejada y plana para poder pernoctar. Pronto sería muy oscuro, así que debía hacer una fogata, lo cual no fue problemas para los hermanos, quienes con un chasquido de sus dedos podían encender un trozo de madera.

    –Listo, está preparado el campamento –dijo Zael de forma hilarante.

    –Bien, entonces ve a cazar algo para la cena –ordenó a su hermano. Sin problemas fue a hacer lo que le pidió–. Yo iré a buscar ramas secas para mantener la fogata, Albert tu… –miró al mago.

    Albert estaba quitándose las improvisadas vendas que cubrían sus lastimadas manos. Durante estos días había seguido intentando crear una varita, sin resultados fructíferos.

    –¿Estas bien? –preguntó ella algo preocupada, pues no se veía nada bien.

    –No, no lo estoy, creo que se están infectado –respondió mientras contenía el dolor–. Iré a buscar algo al bosque.

    –¿Qué cosa? –preguntó ella.

    –Lo que sea que no me mate –dijo tajante alejándose.

    Y sin decir más se alejó entre los árboles. Zila se quedó solo suspirando, en parte preocupada y por otra parte decepcionada, pues el humor del humano no hacía más que empeorar. Se sentía culpable por todo lo que le estaba pasando.

    Los minutos pasaron y la noche llegó, Zael había regresado con un par de conejos y Zila con varias ramas de madera, pero Albert no.

    –¿Dónde se habrá metido? –preguntaba ella preocupada.

    –Qué más da –bufó Zael mientras despellejaba los conejos con un pedazo de espada.

    –Pues porque puede estar en problemas, idiota –reprochó ella.

    –¿Y qué? –se encogió de hombros–. No es que lo necesitemos, ¿verdad?

    –Él nos está guiando, Zael, deberías estar agradecido –alegó ella levantándose algo molesta por lo que su hermano decía.

    –¿Agradecido? ¿Qué ha hecho por nosotros? Fuiste tú quien lo salvó en primer lugar, cuando escapamos de esa aldea, y no nos está guiando a ningún lugar, él mismo ha dicho que no tiene idea de donde está –dijo él–. No digo que me desagrada, debo decir que le he tomado cierto aprecio, pero poco me importa si un oso se lo come en el bosque, solo es un humano.

    –¿Solo un humano? ¿Qué significa eso Zael? –cuestionó arqueando la ceja.

    –Que no es uno de nosotros, solo es un humano. No tiene nada que ver con nuestra raza o nuestro mundo –respondió, extrañado por la actitud de su hermana.

    –Pues ese humano me salvó a mí y a ti. Me liberó de la jaula donde un desgraciado de nuestro mundo me encerró, y a ti te salvó de morir envenenado –dijo alzando la voz.

    –¿Y qué? ¿Ahora tengo que apreciarlo como si fuera un amigo, tengo que cuidarlo y asegurarme que esté bien? –dijo molesto levantándose también–. Escúchame bien Zila. No sé a qué estás jugando con eso de tratarlo bien, tú y yo sabemos qué pasará cuando lleguemos al portal, lo acordamos. Lo único que nos importa es regresar a nuestro mundo, lo que pasé o deje de pasar aquí no nos compete.

    –Yo dije lo que vamos a hacer, le diremos al rey lo que Grimor hizo aquí para que lo detenga –alegó ella.

    –Por favor, Zila. A mí no me puedes engañar. Sabes perfectamente que cuando lleguemos allí lo abandonaremos como carnada para Grimor, solo así llegaremos al portal –dijo con seriedad–. ¿Por qué de la nada has empezad o portarte atenta y servicial con él?

    –…Por qué no es justo –musitó ella agachando la mirada.

    –¿Perdón? –preguntó sin entender.

    –¡No es justo! –exclamó–. No es justo lo que hicimos en este mundo, no es justo como matamos a esa gente y destruimos el hogar de Albert, no es justo como lo tratamos y como lo alejamos de su hermana. Los humanos no se lo merecían, vinimos de otro mundo como conquistadores, asesinos y barbaros. Y no es justo que quieras abandonarlo de esa forma después de todo lo que ha hecho.

    –¡¿Y qué? son solo humanos, Zila, entiéndelo. Ese pedazo de mierda casi me mata el primer día que vinimos aquí, eso no se lo voy a perdonar.

    –Pues no son diferentes a nosotros, tú entiéndelo. Son iguales, y si, intentó matarte, y luego te salvó la vida –respondió con seriedad alejándose de él.

    –¿A dónde diablos vas, Zila? –le llamó él molesto.

    –A ver qué Albert esté bien. Me prometí a mí misma que lo protegería, y eso haré. No me importa lo que tú hagas, yo cumpliré mi promesa, y lo ayudaré. Y cuando llegamos allí, al portal, yo…

    –¿Tú qué? –cuestionó.

    –…Yo lo protegeré –dijo segura mirando a su hermano–. Yo lo protegeré y encontraré una forma para no usarlo como carnada. Tú no lo valoras, pero yo le debo la vida.

    –Tú también lo salvaste, no le debes nada…

    –No me refiero a eso. Destruimos su hogar, asesinamos a sus conocidos, lo alejamos de su hermana y lo tratamos como un animal enjaulado. Destruí su vida, esa deuda la tengo que saldar aun –sin más se alejó entre el bosque.

    –Zila, Zila, ¡Zila vuelve aquí ahora! –ordenó él sin resultado alguno.

    Ella no respondió y se alejó en busca de Albert. Caminó un par de minutos buscando al mago sin resultado alguno.

    –No puedo creer que Zael sea tan malagradecido –hablaba consigo misma–. Albert ha hecho mucho por nosotros.

    –¡Me lleva el carajo! –se escuchó el gritó de Albert, no muy lejos de ella.

    Siguiéndolo logró dar con el mago. Albert estaba a la orilla de una arrollo buscado algo entre el agua.

    –Odio no tener magia para hacer estas tonterías –refunfuñaba.

    –¿Albert? –Llamó ella acercándose–. ¿Todo bien?

    –¡No, no estoy bien, nada de esto está bien, deja de preguntarlo si ya lo sabes! No debería estar en un puto bosque infinito buscando los malditos huevos de un pez para curar mis manos –dijo al instante–. ¡Debería estar en la puta capital de la región buscando a mi hermana, eso es lo que está mal!

    El humano estaba al límite, el estrés, la incertidumbre, Zael, la situación, el dolor, simplemente ya no soportaba tanto. Hubo un momento de silencio entre ellos. Al menos eso sirvió para que él se calamara un poco, y se arrepintió por gritarle de esa forma. Zila, quien solo agachó la mirada, pues no sabía que decir.

    –Perdóname, no debí gritarte, lo siento –se disculpó, avergonzado por su reacción tan grosera.

    –No, tranquilo. Entiendo que estas muy estresado, cansando y lastimado, es normal estar de mal humor –dijo ella con una leve sonrisa.

    –Aun así, lo siento, no es tú culpa –suspiró y salió del agua– ¿Puedes ayudarme? Me duelen mucho las manos y esos huevos son muy resbalosos –pidió.

    Ella asintió y se acercó para tomar lo que él necesitaba. Eran unos huevos pequeños, y terriblemente resbalosos. Lo sacó y se los entregó al mago, quien los colocó sobre una roba plana y los machacó con otra hasta crear una especie de ungüento, el cual untó sobre sus manos. Mientras lo hacia ella le miraba curiosa.

    –¿Esto te ayudará? –preguntó con curiosidad.

    –Eso espero. Esto debe aliviar el dolor y combatir la infección, al menos por ahora. No debo seguir intentando crear mi varita si deseo recuperar mis manos –dijo suspirando con cierto alivio por el efecto del ungüento –comenzó a buscar unas hojas que había cortado de forma alargada. Con ellas pretendía cubrir sus manos.

    –Entonces, deberías dejar de hacerlo. Te has lastimado mucho, Albert –dijo ella. Viendo lo difícil que le era colocarse las hojas, se acercó y lo ayudó.

    Con sus suaves y femeninas manos logró cubrir las heridas del mago con esas suaves hojas verdes, las cuales fungirían como vendajes. Luego las aseguró con cuerda hecha de raíces.

    –No puedo dejar de hacerlo, Zila –suspiró, notando lo suaves que eran las manos de la sever–. Estoy totalmente desprotegido sin una varita.

    –No te preocupes por eso. Mientras estes cerca de nosotros no te pasará nada –explicó ella con seguridad.

    –Por favor, en cualquier momento un puto animal puede atacarme, o una patrulla de demonios o el demente de tu hermano. No estoy seguro, cualquier cosa puede atacarme –bufó.

    –¿Crees que yo te lastimaría? –preguntó mirándolo a los ojos.

    Los ojos rojos de la sever miraban directamente al humano, pero no había odio o molestia, si no duda. Quería saber si él confiaba en ella, eso se había vuelto una duda constante en los últimos días. Al final el mago se puso un poco nervioso por la insistente mirada.

    –Yo…n-no lo sé. Supongo que sí. Desde que estuvimos encerrados en esas jaulas creo que hemos aprendido a confiar en el otro, ¿no? –dijo teniendo que desviar la mirada.

    –Yo confió en ti, Albert. Has hecho mucho por nosotros, y debo agradecértelo. Después de todo lo que hemos hecho, lo que te hicimos a ti y a tu aldea. En verdad, no sabes cuánto lo lamento –había una terrible sentimiento de culpa en ella, y no podía ocultarlo.

    –¿Te arrepientes de lo que hiciste? –preguntó él extrañado por la actitud de Zila.

    –Sí. La verdad sí, este mundo no es en nada como nos lo contaban o como lo dicen los libros –suspiró.

    –¿Qué concepto tenían de nosotros en tu mundo?

    –Decían que era un lugar vacío y carente de civilización. Que los humanos no eran diferentes a bestias salvajes con terribles sentimientos. Asesinos, violadores y ladrones por todos lados, un mundo corrupto y podrido –explicó ella en forma breve–. Pero la verdad es que es todo lo contrario.

    –Qué extraño –comentó Albert–. Nosotros teníamos un concepto similar de ustedes. Es un alivio que no seamos tan diferentes, ¿no crees?

    –Sí, estoy de acuerdo –fue entonces que articuló una leve, pero bella sonrisa, tal que el humano no la pasó por alto.

    –Tienes una linda sonrisa, Zila –pensó en voz alta. Aunque luego cayó en cuenta.

    –G-gracias –respondió extrañada, por el repentino elogio–. Tú también tienes una linda sonrisa –respondió al elogio.

    Sin darse cuenta, los dos terminaron metiéndose en una muy amena y relajada conversación, con el afán de conocer un poco más acerca del mundo del otro. Lo cual al final solo constataba más las similitudes entre ambos, así como entre las razas. Ya de camino al improvisado campamento ambos seguían con su conversación, y, por fin, ella había logrado relajar al mago, sacándolo de su estrés y su mal humor.

    –Bueno, no es por presumir, pero las academias de magos crean a los mejores magos guerreros de todo el reino, y yo tuve la fortuna de estudiar en una de las más antiguas y respetables –comentaba el mago riendo un poco, acompañado de la sever.

    –Es muy similar a las academias militares de Hollgom. Allí se forjan los soldados que están destinados a tener puestos de mando importantes. El problema es que son costosas y no cualquiera puede entrar allí. Por suerte, para mí y Zael no fue un inconveniente entrar en una –respondía ella.

    –¿Qué tan costosas pueden ser? –preguntaba el mago con interés.

    –Mucho. Mi padre pagaba mil monedas de oro por mí y otras mil por Zael.

    –Diablos, eso es una fortuna –dijo sorprendido el humano.

    –Sí, es mucho dinero, nadie que no sea de la nobleza puede pagarlo. Para las personas de clase media y pobres existen los centros de reclutamiento. Allí los entrenan únicamente para el combate, no para dirigir. Es un poco injusto, al fin y al cabo solo los ricos pueden tener puestos importantes en el ejército.

    –Tu mundo es demasiado desigual en cuanto a las clases sociales –dijo Albert.

    –Y lo es, si, lo es. Eso ha desatado muchas guerras civiles, o rebeliones como suelen llamarlas. Casi siempre son personas inocentes alzándose en contra del gobierno, en busca de mejores condiciones de vida. El problema es que siempre terminan igual, vencidos, muertos o esclavizados.

    Sin notarlo habían regresado hasta el campamento, donde se toparon con Zael, quien estaba en un sueño profundo recargado en un árbol.

    –Este flojonazo ya se quedó dormido, seguro no nos dejó nada de comida –dijo Zila.

    –Que más dá. Lo mejor será descansar para seguir caminando mañana. Podemos ir a pescar por la mañana si quieres –sugirió él buscando un buen lugar donde dormir, cerca de la calidez del fuego.

    –Supongo que tienes razón –en su afán de seguir conversando ella buscó estar más cerca de él.

    –¿Crees que sea fácil que tú y Zael llegen hasta ese portal? La base de Grimor debe estar muy defendida –cuestionó el mago ya recostado en el suelo.

    –…Si, debe estarlo. Tendremos que pensar en una forma de infiltrarnos para llegas hasta allí –la idea de su hermano pasó por su mente, usar al humano como carnada, pero ella la repudiaba completamente, más ahora que parecía mejorar su relación con Albert–. Creo que lo mejor será pensar en eso hasta que lleguemos, y descansar por hoy.

    –Sí, tienes razón, aún estamos lejos –bostezó–. Descansa, Zila –dijo antes de cerrar los ojos para dormirse.

    –…descansa, Albert –musitó ante las palabras del humano. No sabía en qué momento el odio e indiferencia había desaparecido por completo, volviéndose algo diferente–. ¿Acaso somos amigos ahora? –se preguntó antes de dormir.

    Al mismo tiempo, justo al otro lado de las grandes montañas, nos encontramos con otro grupo, este conformado por humanos liderados por la fiera capitán Erin. A estas horas la mayor parte del grupo dormía en sus suaves y cómodas bolsas de dormir, o eso parecía. Todos excepto la capitán misma, quien estaba frente al fuego afilando su enorme hacha.

    –Yo sé que hay algo en la cima de esa montaña, puedo presentirlo –se decía así misma en voz baja mientras sonreía y miraba la montaña. Estaban ya comenzando a escalar mediante veredas inclinadas–. Tendré la cabeza de ese dragón, lo juro por mis ancestros.

    –¿Un dragón? ¿De eso se trataba entonces? –se escuchó la voz de un hombre detrás de ella.

    Erin sorprendida volvió su mirada para toparse con el mismo Gideon de pie a su lado, quien le sonreía de forma maliciosa.

    –Entonces no se trata de ningún grupo de bandido, ¿verdad? –susurró para que solo ella lo escuchará.

    –¿Estabas despierto? –gruñó molesta, pero a la vez sorprendida de verse descubierta–. Llevas horas con los ojos cerrados y sin moverte.

    –Que puedo decir, estaba muy ansioso por compartir esta misión con la poderosa capitán Erin. Le he pedido a Dale que me hable de usted, y vaya que ha hecho muchas hazañas. Es sin dudas una mujer muy fuerte –decía tranquilamente sentándose junto a ella–. Estaba tan emocionado por combatir a su lado contra un grupo de bandidos que no podía dormir.

    –Deja de burlarte, idiota –gruñó notando el sarcasmo.

    –¿En verdad cree que me engañó? –sonrió presumido–. Yo nací y crecí cerca de estos bosques. Nadie se asienta en estos lugares, son muy difíciles de acceder, mucho menos lo haría un grupo de bandidos, además, ¿por qué le pedirían esta misión a una de las mejores capitanes que tiene la primera legión? Yo sabía que usted ocultaba algo desde el principio.

    –¿Y por qué no has dicho nada hasta ahora? –empuñó su hacha de forma amenazante.

    –¿Qué no es obvio? Quiero algo de usted –sonrió mirándola y detallándola.

    Hasta que ella lo tomó con fuerza de la camisa jalándolo hasta encararlo, al tiempo que colocaba su hacha en el cuello.

    –¿Crees que puedes chantajearme, imbécil? –al parecer la capitana entendió de otra forma lo que él quería decir, y vaya que era fuerte, con una sola mano dominaba a Gideon–. Todos los hombres son iguales, unos cerdos pervertidos.

    –R-relájese, capitán –decia con cierta dificultad para hablar por la forma en la que lo tomaba de la camisa–. No olvide que usted tiene un hermano que también es hombre.

    –No metas a mi hermano en esto. Él es el hombre más respetable y honorable del mundo –se levantó furiosa, pero tratando de no despertar a los otros miembros del grupo. Con un solo brazo levantó a Gideon sin soltarlo, el hombre estaba intimidado, pero a la vez maravillado por la fuerza de la mujer.

    –C-creo que malinterpretó todo lo que dije, le pido una disculpa. Si me suelta puedo explicarle lo que quise decir –no pudo evitar sonreír, al parecer la situación le parecía divertida y emocionante–. No querrá iniciar un combate aquí, en medio del campamento.

    Ella se extrañó de tal amenaza, entonces miró a un costado de sí. Una de las espadas de Gideon estaba apuntando al costado de la capitana.

    –¿Amenazas a tu capitán? –ahora era ella la que sonreía ante la actitud del soldado–. Tú sí que tienes cojones, novato. Debo admitir que me agradas, pero esa actitud tan confiada te costará un par de huesos rotos si no la cambias –entonces lo soltó.

    –Bueno, podrá ser mi capitán, pero no por eso dejaré de defenderme –dijo acomodándose la camisa–. Lo que quise decir es que la seguí aquí, aun sabiendo que era una mentira –eso lo susurró–. Porque quiero ganarme su confianza y pedirle algo muy importante. No es lo que usted cree, y no es que no la consideré atractiva, de hecho, es bastante encantadora, y físicamente hablando, posee características atractivas. Pero no es eso…

    –¡Vale! Ya me quedó claro. Imagino lo que quieres –suspiró–. ¿Dinero, un ascenso, mejor equipo, vacaciones?

    –Claro que no –dijo al instante–. Deseo que usted me entrene.

    De todo lo que ella pudo imaginar esa era la última cosa, y es porque ni siquiera lo pudo anticipar.

    –Disculpa –dijo riendo–. Creo que el sueño comienza a vencerme y no entendí lo que dijiste.

    –Quiero que usted me entrene, capitán –repitió al instante–. No quiero ningún ascenso, dinero o equipo que no me haya ganado justamente. Lo que deseo es volverme cada vez más fuerte, y para ello debo entrenar, entrenar y no dejar de hacerlo, no obstante, hacerlo con una guerrera de elite como usted puede ser de gran ayuda. Por eso la seguí, para conocerla mejor y ganarme su confianza.

    –No creo que sea buena idea, jamás he entrenado a nadie, mucho menos a un novato –se negó un poco apenada, aunque halagada ante la petición.

    –Bueno, sé que puedo parecer un simple novato, pero durante mi instrucción entrené algunos meses con Lady Rose, ella…

    –¿Rose? ¿Rose Hagart? ¿La escolta del rey? –apretó los dientes– ¿Esa zorra antipática, presumida, orgullosa, vanidosa y rompecorazones fue tu maestra?

    –Hmmm…pues, pues sí, supongo que sí –dijo extrañado por el repentino repudio hacia la mencionada mujer. Era obvio que había algún rencor por parte de Erin hacia Rose–. Entrené con ella algunos meses, pero me dijo que no podía dedicar más tiempo a mi entrenamiento, pues debía ir a servir al rey en persona…

    –Pues claro, esa estúpida lo único que le importa es estar detrás del rey como perrita faldera. Seguro no sale de la cama del rey como buena traidora que es…

    –Vale, vale, no entiendo a que se refiere con eso de traidora, ni todo lo que dijo antes, pero no viene al caso, yo solo quiero que usted me entrene, ese es el punto –dijo deteniéndola para evitar que Erin se enojara más.

    –Pues claro que te voy a entrenar, yo puedo hacer mejor todo lo que esa perra ha hecho –dijo tomándolo por el cuello al instante a manera de abrazo–. Pero no será fácil, novato, además, debes quedarte callado con respecto al motivo de este viaje.

    –Entendido capitán –sonrió él con emoción por la aceptación.

    Sin que lo supieran, muy en la distancia, escondidos entre los matorrales y árboles, tres figuras les observaban. Estaba tan lejos que uno de ellos usaba un cristal especial a manera de catalejo para poder ver mejor al grupo de humanos que acampaba en una ladera de la montaña.

    –Mira esa piel tan blanca –decía una seseante voz, mientras la lengua jugaba entre sus afilados dientes–. La quiero devorar hasta los huesos –rio cual demente hambriento, incluso salivando solo con imaginar morder a la capitán Erin y engullir un trozo de su carne–. Carne humana, que deliciosa debe ser –decía el mismo Argos con una enorme sonrisa.
     
    Última edición: 23 Febrero 2019
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola, paso a comentar tras haber leído el capítulo.

    He notado unos errores, pero han sido pocos. El caso es que no estoy con mucho tiempo así que no los señalaré esta vez. Quiero ir directo al grano y comentar respecto a la trama.

    Por un lado, parece que Zael se esfuerza en ser un rompe bolas para su hermana y para Albert. Me pregunto si se está tomando en serio el asunto que tienen. Sé que sí, pero me parece que está bromeando demasiado y no tiene en cuenta que se estarán enfrentando a Grimor dentro de poco. Ya veremos luego cuando llegue el momento si realmente lo está tomando en serio. Mientras tanto, Albert parece que estará nerfeado en esta batalla sin su varita y con las manos heridas. En ese estado, no será de mucha utilidad para cuando llegue el momento de batallar, y seguramente los hermanos sever se darán cuenta de ello. Me pregunto que plan van a utilizar cuando llegue el momento. Zila parece que se ha hecho muy amiga de él, mientras que su hermano solo muestra agradecimiento y lo ve como una simple carnada. A esperar por ver que ocurre.

    Y por el otro lado, parece que Gideon consiguió lo que quería y podría recibir entrenamiento de una de las mujeres más fuertes del reino. Ciertamente jugó bien sus cartas, pero fue más mérito de la capitana por haber abierto la boca y no guardarse los pensamientos para sí misma (un clásico XD). Aunque parece que su entrenamiento se verá interrumpido ahora que Argos y las dos sirvientas de Grimor. Aunque originalmente pensaba que Erin moriría, el hecho de que haya mencionado esas cosas acerca de Rose me hace pensar que no morirá, al menos no ahora sino hasta después de que se nos revele que es lo que quiso decir con lo de "traidora". Aunque el hecho de "rompecorazones" me da una ligera idea.

    En fin, tengo curiosidad por ver si Zael, Zila y Albert se unirán a la batalla si es que llegan a escuchar ruidos. Aunque estén lejos, claramente deberían verlo como una oportunidad para debilitar un poco las fuerzas de Grimor. Ya se verá que es lo que el trío decide hacer.

    Por ahora eso será todo. Nos vemos.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Buena pregunta, ¿Que pensará Zael al respecto de que pronto se toparan con Grimor? ¿Estará confiado en usar a Albert como carnada?. Por otro lado tenemos al mago herido y sin su principal arma, tal como dices, en este momento está fuera de combate. ¿Que haria Zila si algo, o alguien, atacan a Albert?

    Gideon mostró ser un poco mas atento y astuto en esta ocacion, logrando lo que queria, a pesar de que igual están en una mision basada en una mentira. Argos está ya muy cerca de ellos, le acecha como un cazador a sus presas, ¿Que pasará cuando ataque y como lo hará?. Al parecer hay algun rencor entre Erin y Lady Rose, ¿en que se basará, que habrán hecho? veremos si tu idea es acertada cuando lo revele.

    La distancia entre ambos grupos, el de Zila y el de Erin es demasiada, están en lados opuestos de la cadena montañosa.

    Nos vemos en el proximo cap.
     
  4. Threadmarks: T: III - Capítulo XLIV: El secreto de Aldan
     
    Fersaw

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    Aries
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    Temporada III – Capítulo XLIV: El secreto de Aldan

    “La corte del emperador Hollgom está conformada única y exclusivamente por sus hijos, todos ellos inmortales y sin parentesco con cualquiera de las razas de ese mundo”

    21 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Es un frio amanecer en la cima de la montaña, justo donde se encuentra la base de la horda. Con los primeros rayos del sol el líder de este ejército despertó. La noche no pudo ser más cálida para él, pues durmió junto a su amada Kaira. No pudo evitar sonreír a ver a tan hermosa mujer descansar apaciblemente acurrucada en su pecho, con solo la manta cubriendo su cuerpo.

    Pasó su mano suavemente por su cabello, dedicando unas lindas palabras antes de levantarse y dejarla seguir descansando. Se vistió en silencio para no despertar a su amante, y luego salió del lugar.

    Era muy temprano, el sol apenas se asomaba en el horizonte. La mayoría de los miembros del ejército dormían a esas horas, solo quedando los guardias que se aseguraban que todo estuviera bajo control. Con respeto y admiración todo soldado, o trabajador, que viera al general hacia una reverencia.

    El motivo de su temprano despertar no era otro que una reunión privada, pactada la noche anterior, con su apreciado mentor, el precepto del orgullo, Aldan. Este le pidió a Grimor que hablaran por la mañana en un lugar privado. El lugar elegido era un risco no muy lejano a la base. Ya allí estaba el viejo hombre esperándole mientras admiraba la bella vista que esa cima ofrecía.

    –Llegas tarde, Grimor. Yo no te enseñé eso –dijo de forma seria aquel hombre, mirando sobre su hombro a Grimor.

    –Usted dijo al amanecer, no fijó una hora exacta –respondió él con una leve sonrisa.

    –Siempre buscando salirte con la tuya. Siempre me ha agrado eso de ti –sonrió el viejo hombre–. Sí, es verdad.

    –¿Por qué me citó aquí? ¿De que desea hablarme? –pregunto Grimor.

    –Quiero saber cómo planeas dominar este mundo, no te has tomado tiempo para explicarnos tu plan –dijo Aldan apreciando la gran vista que ese risco les brindaba de toda la región en la que estaban.

    –De la forma en la que se dominan las cosas, maestro. Por la fuerza. Los humanos no son seres superiores. No será problema para nosotros doblegarlos con nuestro poder.

    –¿No te estas confiando demasiado? La soberbia solo lleva a la desgracia y al fracaso –objetó con seriedad.

    –Por supuesto que no, que los considere inferiores no significa que los subestime, la suerte, la inteligencia y sus números puede estar de su lado. No por nada vencieron al ejército que Zael envió a una de sus ciudades –respondió él–. Tengo todo preparado para doblegar a este reino.

    –¿Este reino? –cuestionó Aldan con interés.

    –Por lo que tengo entendido, según la información que hemos recabado, en este mundo existen veintiún estados diferentes, entre reinos e imperios, además de unos conceptos muy interesantes llamados “república” y “confederación” –explicó Grimor, basado en la información que consiguieron durante su estadía en Irden–. Al parecer este mundo es mucho más basto y complejo que el nuestro.

    –Estoy de acuerdo. Ningún libro o pergamino, por más antiguo que sea, habla de tal diversidad. Háblame de este reino.

    –No hay mucho que decir. No hemos recabado información más detallada. Lo que sé es que es de los reinos más pequeños, débiles y pobres. Por eso estoy seguro que no supondrá un riesgo hacernos con una buena porción de él para crear un estado sólido y fuerte desde donde mejorar y aumentar nuestras filas.

    –¿Cuántos hombres tienes hasta ahora?

    –Tenemos dos mil quinientos tiranus listos para el combate, además de otros quinientos en entrenamiento.

    –Dime que tu idea no es marchar con ellos y atacar la primera ciudad que tenga enfrente cual si fuera una horda de barbaros.

    –Por supuesto que no. Soy un general, la estrategia es lo mío. Primero debilitaré a los humanos, les daré algo más con que pelear, mientras eso ocurre, mis fuerzas aumentaran su tamaño y su destreza, luego enviaré exploradores para que encuentren objetivos fáciles y claves para asegurar territorio. Entonces atacaremos –expresó su plan a grandes rasgos.

    –¿A sí? –sonrió de forma maléfica–. Dime ¿Cuál será esa distracción con la que los humanos pelearan primero? –su sonrisa se notó más presumida, pero perturbadora, como si de alguna manera supiera la respuesta.

    –Las plagas, las peores enfermedades con las que nuestro mundo tuvo que lidiar. La sarna negra y la fiebre roja. Tengo aun monje rojo muy hábil y demente trabajando en eso, pronto las tendrá listas para propagarlas en los humanos. Será la mejor forma de debilitarlos, después de todo, nosotros nos hemos vuelto inmunes a sus efectos.

    –Los has pensado bien. Muy bien hecho –le miró con una sonrisa sin igual–. Hiciste justo lo que esperaba.

    –Agradezco su apoyo…¿Un momento? ¿Qué dijo? –Grimor no entendió a que se refería Aldan–. ¿De qué habla?

    –Por favor, Grimor, pensé que era más astuto y que te darías cuenta –suspiró el viejo hombre–. ¿Crees que todo esto se te ocurrió a ti de la nada? Claro que no, yo planeé todo esto desde hace décadas, mucho antes de conocerte.

    –Con todo respeto, no entiendo de que habla. Pero este plan es mío, yo lo cree desde cero…–alegó incrédulo ante lo que él decía.

    –¿A sí? –sonrió Aldan–. ¿Quién fue la persona que te habló de este mundo en un principio? ¿Quién alabó y alentó todos tus desdenes y rencor hacia los reyes y el emperador? –le miró con seriedad, acercándose a él, a lo que Grimor se intimidó un poco por los fieros ojos de aquel hombre–. ¿Crees que fue mera casualidad que yo te regalara todos mis libros y pergaminos que hablaban de este mundo y los humanos? ¿Quién crees que encontró la fórmula para crear el portal?

    –…puede que tenga razón, e-en algunas cosas –titubeo sorprendido–. Pero el monje rojo fue quien encontró la formula…

    –¿Y para quien piensas que ha estado trabajando el monje rojo todos estos años? Para mí. Seguro te decía una vez al mes que tenía que ir al estado imperial a buscar más información, ¿sabes que es lo que hacía?. Me visitaba a mí en prisión, yo le decía todo lo que tenía que hacer o decir, y como hacerlo, incluso ahora, si él sabe cómo manipular las plagas es porque yo le explique cómo hacerlo –no pudo evitar reír–. Todo esto fue obra mía, tu solo fuiste quien lo ejecutó. No importa cuánto tiempo pase Grimor, nunca dejaré de ser tu maestro.

    –…M-me manipuló todo este tiempo, ¿solo fui una herramienta? –gruñó apretando los puños, en parte molesto, y por otra parte decepcionado.

    –No, no fue así muchacho. Aun con esta verdad, este proyecto es tuyo, y nadie podrá quitarte el mando que te mereces. Quien intente traicionarte morirá en mis manos –aseguro con seriedad–. Tú serás rey, Grimor y yo haré todo lo posible para que así sea.

    Se acercó a él tomándolo firmemente por el cuello, jalándolo hasta juntar sus frentes. Entonces la voz de aquel viejo precepto se suavizó.

    –Tú, Argos y Meduza son lo mejor que he hecho, son de lo único que no me arrepiento. Los amo a los tres como si fueran mis hijos, como si fueran mi sangre. Pocas veces lo demostré y nunca lo dije, pero esa es la verdad. Por ustedes soy capaz de hacer cualquier cosa, por eso pensé en esto. Sé que no fue justo que te manipulara, pero no tenía otro modo de hacerlo. Te pido perdón.

    El general estaba muy confundido y afligido, pocas veces había escuchado a su maestro hablar con sentimentalismos como esos, pero cuando lo hacía no había cabida para las mentiras.

    –¿Por qué yo? ¿Por qué me confió todo esto a mí si el plan era suyo? –fue lo que preguntó, y era lo que más se cuestionaba ahora que sabía la verdad.

    –Porque eres el más joven, más inteligente y menos loco de los tres –rio un poco–. Y porque tú siempre compartiste el mismo sueño que yo. Un mundo lejos de la tiranía de los reyes y el emperador, un mundo de tiranus para tiranus, por eso confié en ti para crear esto, y los has hecho muy bien hasta ahora. Confió que completaras el proyecto y cuando yo muera este reino quedará en las mejores manos –sonrió mirándolo a los ojos–. Además tendrás a Meduza y a Argos contigo para ayudarte, así como yo lo he hecho todo este tiempo desde las sombras.

    –Gracias, maestro –suspiró entendiendo todo, aunque no dejaba de estar sorprendido–. Nunca dejaré de aprender de usted.

    –Hay algo más, Grimor. Algo por lo que debes apresurar todo –dijo él–. Nuestro mundo está por colapsar, ya no es solo una leyenda, es una profecía que se cumplirá.

    –¿Se refiere a la leyenda que no contó poco antes de separarnos? pensé que solo era eso, una leyenda –alegó Grimor con mayor sorpresa aun.

    –No, no lo es. Yo fui la primera prueba –suspiró volviendo la mirada al horizonte, pero solo se perdía en sus recuerdos–. Un secreto que todos querían ocultar. Aldan, el precepto del orgullo, le hijo mortal del emperador, la prueba viviente de que el emperador comenzó a debilitarse.

    –Cuando nos habló de eso, nos parecía casi ridículo que el emperador, el ser más poderoso de Hollgom, se debilitara, es, es casi inimaginable. Él ha existido desde siempre –agregó Grimor a su lado.

    –Y como todo lo que inicia debe terminar, Grimor. Pocas cosas son eternas, y él abandonó ese privilegio por capricho. El emperador es un dios que se obligó a sí mismo a residir en un cuerpo físico. Durante 6750 años lo ha hecho. Sin embargo un cuerpo físico no puede comprimir tanto poder para siempre, ahora ha comenzado a deteriorarse. En algún momento, más cerca de lo que imaginamos, su cuerpo se destruirá y él, técnicamente, morirá. Entonces una era de guerra y terror como nunca se ha visto iniciará.

    –El regente eterno dejará su trono. Trono que alguien querrá reclamar –musitó Grimor entendiendo lo que su maestro decía.

    –La peor guerra de todos los tiempos. Millones van a morir en esa espiral de caos, muerte, ambición y odio. Me estremezco solo de pensar en los campos y ciudades tintados de sangre inocente, legiones masacradas a diestra y siniestra. Y al final solo un tirano se alzará con la corona máxima. Es por eso que debemos crear un baluarte donde la mayoría de los tiranus puedan refugiarse, un reino en otro mundo.

    –Ahora lo entiendo todo –dijo con una mirada incrédula–. Será un honor ser el rey de tal reino. No cometeré los errores de los tiranos que nos han gobernado desde siempre. Guiaré con equidad, justicia y…

    –Oye, oye. Tranquilo muchacho –rio el viejo–. Guarda eso para cuando te corones. No estaría mal escribir un discurso. Bueno. Ahora me siento menos culpable al revelar la verdad.

    –Aun en su encierro usted nunca ha dejado de guiarme e instruirme. Estoy en deuda de por vida –sonrió Grimor haciendo una leve reverencia.

    –Puedes pagarme cumpliendo nuestro sueño –sonrió y se retiró del lugar–. Qué tal si comemos algo junto a Meduza, como en los viejos tiempos.

    –Claro que sí, ordenaré un banquete para todos. Ella también debe saber esto –dijo él siguiéndole.

    Ahora nos vamos a la parte inferior de la montaña, donde el grupo de humanos liderados por Erin se habían tomado un descanso en su avance. Durante dicho descanso la capitán y Gideon aprovecharon para comenzar el entrenamiento que ella le había prometido.

    –¿Por qué de la nada decidieron entrenar esos dos? –cuestionaba la joven maga Abby, quien, junto a sus otros dos compañeros, Merl y Dale, comían algo y descansaban.

    –Es porque son santos, siempre les encanta estar peleando –respondió Merl despreocupado mientras analizaba el mapa que los debía llevar hasta la cima de la montaña.

    –Qué raro. Ella no suele entrenar con los novatos –susurró Dale, quien era el mayor del grupo–. Y más extraño aun. Llevamos ya varios días en la montaña y no hemos visto a uno solo de esos bandidos que menciona la misión. ¿No creen que es extraño?

    –Quizás están escondidos o aún estamos demasiado lejos –sugirió Abby.

    –No estoy seguro de eso…

    –¡Cuidado! –alertó Erin a los tres magos.

    ¿Por qué? Pues porque había arrojado a Gideon en esa dirección, por suerte los tres lograron evitar que el santo los arrollara. Gideon terminó estrellándose contra un árbol.

    –Si atacas de frente tu rival te partirá en dos sin problemas –dijo la capitán acercándose al santo. Los brazos de ella estaban recubiertos de metal gracias a sus habilidades como santo.

    –E-eso me dolió –gruñó él mientras se levantaba adolorido.

    –No esperabas que esto fuera ser fácil, ¿verdad? –sonrió ella de forma presumida.

    –No se atreva a suavizarse conmigo –alegó él poniéndose de pie y empuñando sus espadas–. Para ser el mejor, debes vencer al mejor –susurró para sí a manera de motivación. Dio un gran saltó cargado de electricidad para mejorar sus velocidad.

    Aun así ella lo pudo ver y bloquear su patada con sus brazos. La fuerza ni siquiera la hizo retroceder. El santo intentó una patada directa a la cara de ella, pero la volvió a bloquear, recibiendo él el daño debido al recubrimiento de los brazos de Erin. Cayó al suelo de rodillas contendiendo el dolor.

    –¿Eso es todo? –sonrió ella tomándolo por la cabeza para intentar darle un rodillazo en la cara.

    El santo logró interponer sus brazos para evitar el impactó.

    –No, no lo es –gruñó tratando de detener los siguientes rodillazos. La mujer lo levantó y lo estrelló contra el suelo.

    –No estas al nivel. ¡Levántate, vamos, pelea como un hombre! –decía buscando provocarlo para que luchara con más ahínco. Trató de pisotearlo en el suelo pero el santo logró rodar para evitarlo.

    –La capitán es mucho más fuerte físicamente, además de tener mayor resistencia –comentaba Abby junto a los otros dos.

    –La fuerza es una gran ventaja, pero no lo es todo en una batalla. Si Gideon quiere ganar debe pensar en otra estrategia –agregó Dale.

    –¿Otra estrategia? –musitó el santo para sí mismo al escuchar lo que los magos decían. Fue pues que tuvo un plan–. Electro: Resplandor –levantó su espada y esta emitió una luz muy potente que deslumbró a Erin.

    Aprovechó eso para lanzarse a toda velocidad y darle un golpe directo en el abdomen. Tuvo que usar toda su fuerza para lograr dañarla, y eso que ella contuvo la mayoría del dolor. La mujer trató de atacarlo aun cegada arrojando un par de fuertes y veloces golpes que estuvieron muy cerca de dar en el santo.

    Electro: sobrecarga –su mano se cubrió de electricidad con la que golpeó a la mujer.

    Esta vez no pudo contener el quejido, y terminó arrodillada por esa sensación de electricidad recorriéndola por todo el cuerpo. Él levantó la pierna intentando una patada descendente, pero ella logró bloquearla con su defensa de metal, terminado por recibir el dolor Gideon.

    –Eso fue un buen ataque, debo admitir –sonrió tomando firmemente el tobillo del santo–. Pero apenas me dolió –lo jaló hacia ella para golpearlo con el antebrazo en el pecho. La fuerza arrojó a Gideon por el suelo–. Deberías rendirte por ahora, no estas cerca de pasar mi primera prueba.

    El santo se levantó una vez más, con pecho adolorido, pero con más deseo de seguir luchando.

    –Aun no estoy listo para rendirme, Erin. Sé que puedo dar un poco más y pasar esta prueba –llevó sus manos al suelo y se cargó de electricidad una vez más–. Electro: movimiento centella.

    Una de sus mejores técnicas, la cual mejoraba por mucho su velocidad, casi al triple. Se acercó a ella corriendo y saltó para arrojar una cercera estocada directa al pecho de ella. Sin embargo, aun con su velocidad mejorada ella pudo verlo y detenerlo.

    –¡Diablos! eso estuvo muy cerca –exclamó Merl sorprendido.

    –Lo repito, novato, ¿eso es todo? –sonrió presumida la capitán, no obstante, en el fondo estaba sorprendida por lo que el santo demostraba–. Bien, digamos que esto es un empate.

    Ella había atrapado a Gideon por el cuello, sosteniéndolo firmemente. Pero, la espada estaba justo a un lado del cuello de Erin, le había causado una muy pequeña cortada, de la cual apenas emanó una leve gota de sangre.

    –L-lo siento, no era mi intensión herirla. Creí haber fallado –se disculpó, pues esto podía haber terminado peor

    –Relájate, un poco de sangre no está mal de vez en cuando. Igual te permití que lo hicieras –rio ella.

    –¿E-eso que significa, Erin? –cuestionó él tratando de hablar pues aun lo tenía por el cuello.

    –Que has pasado la primera prueba. Pero tendrás que entrenar más y prepararte para la siguiente, pues no me contendré tanto –dijo ella soltándolo.

    –Sin dudas estoy ante una guerrera de elite –respondió suspirando, además de notarse emocionado–. No la decepcionaré. Le prometo que estaré listo para esa prueba lo más pronto posible…–al instante recibió un puñetazo en el estómago que lo hizo arrodillarse.

    –Primera regla al entrenar conmigo, no aceleres las cosas. Todo tiene su tiempo, debes entrenar sin pensar en el tiempo, solo en tu esfuerzo y mejora constante. Un santo de elite no se hace de la noche a la mañana, ¿entendido? –dijo con seriedad.

    –…entendido, Erin –respondió tosiendo.

    Ella se acercó para hablarle al oído.

    –Por cierto, no me llames por mi nombre frente a los demás o te arranco el miembro –amenazó con una leve risa, que solo amedrentaba más.

    –E-entendido, capitán –tragó nervioso por esa amenaza.

    –Bien, levanten todo, debemos seguir avanzando, estamos cada vez más cerca de la cima. Vamos –ordenó a todo el grupo.

    En la distancia, mas arriban en la montaña pero con una vista casi perfecta del grupo estaba el mismo Argos, espiando desde la rama de un árbol y con un cristal a menara de telescopio, detallando a cada miembro del grupo.

    –Que delicioso huele esa sangre, quiero, quiero ¡quiero! –decía hablando solo cual lunático.

    –Oiga, señor Argos, ¿Por qué no atacamos de una vez? –cuestionó Zarina, junto a Gilda. Ambas debajo del árbol esperando a que Argos se dignara a hacer algo, pues llevaban dos días solo espiando al grupo.

    –Niñas, niñas no sean tan impacientes –sonrió bajando de un salto–. Todo a su tiempo. De hecho esta noche pretendo hacerles una visita.

    –¿De qué habla? –cuestionó Zarina.

    –Ven a esa preciosura con piel blanca y cara de putita –dijo señalando a una de las humanas mientras miraba con el cristal.

    –¿La más joven? –cuestionó Gilda con curiosidad.

    –¿Que con ella? –preguntó Zarina algo molesta y cruzada de brazos.

    –¡Pues esta noche me la voy a comer! –respondió con una enorme sonrisa mientras salivaba cual animal rabioso.

    Las dos jóvenes se miraron entres si, asustadas y desconcertadas a partes iguales.

    –Cuando dice comer, no lo dice de forma literal, ¿verdad? –dijo Zarina algo incrédula.

    –¡Pero claro que sí! Le voy a arrancar la carne del hueso con mis dientes, devoraré cada fibra de esos suculentos músculos, le morderé el corazón y la cara, luego voy a chupar cada gota de su sangre. Por eso no he comido en estos días, quiero tener mucha hambre para cuando llegue mi momento.

    –En verdad está demente. Usted si le hace honor al estado de la Gula. ¿En verdad pretende comerse a una humano? –alegó molesta y asqueada Zarina solo de imaginarse todo lo que decía.

    –Por favor, niña, me he comido a otros tiranus incluso–respondió con seriedad–. Yo me como todo ser vivo que se ponga en mi camino.

    Zarina asustada retrocedió alejándose de él igual que Gilda.

    –Relájense niñas –se acercó a ellas abrazándolas por los hombros mientras se carcajeaba–. Sí, me he comido a algunos…bueno, a muchos tiranus, severs, malaquis, riyuns, zanganos…me he comido casi cualquier ser vivo que puedan imaginarse, ¿vale? Pero jamás he lastimado a mis amigos y seres queridos, solo me como a mis enemigos. No se asusten, además ustedes son como mis sobrinas… ¿o mis cuñadas? –sonrió malicioso– ¿Cuál es su relación con el pequeño Grimor?

    –B-bueno, p-pues somos…–decía Gilda sonrojada.

    –Somos sus novias, punto –respondió Zarina de forma tajante.

    –¡Que hijo de puta más afortunado, pedazo de mierda! –se carcajeó a un más soltándolas–. Bueno sigamos nuestro camino y preparémonos para esta noche.

    Fue pues que las horas pasaron y la noche cayó una vez más en las montañas. Necesariamente los miembros del grupo de humanos debieron pararse a descansar. Montaron un improvisado campamento. Uno a uno tomaba turnos para vigilar el lugar por seguridad. Hasta que llegó el turno de la joven Abby durante la madrugada.

    –Que aburrida estoy –decia bostezando mientras picaba las brasas de la fogata con una vara–. Una hora más y será turno de Gideon vigilar.

    Todo parecía muy tranquilo en el bosque hasta que unos leves ruidos fueron escuchados por la maga.

    –¿Qué fue eso? –cuestionó levantándose y tomando su varita magica. Pudo ver algo moverse debajo de los arbustos como si de un animal se tratase.

    Decidió acercarse, usando su varita para iluminar el camino, pero el ruido se alejaba lentamente, sin que lo supiera por seguir ese sonido terminó por alejarse de sus compañeros.

    –Esto está muy raro, será mejor que despierte a los demás y revisemos de que se trata –susurró para sí misma.

    Trató de volver, pero una enorme sombra cayó de un árbol detrás de ella.
     
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    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Parece que Zila está bien enamorada de Albert. Zael solo es molesto, pero demustra una gran similitud a los humanos, y si no le agradara Albert no lo molestaría tanto.

    Parece que Aldan manipula todo desde lss sombras, y es de admitir que fue muy sutil para hacerlo. Lo que falta es ver si en verdad le quiere dejar el reinado a los tres chiflados, digo, Grimor, Meduza y Argos. Y si el Emperador es tan poderoso, ¿no podría renacer en un nuevo cuerpo? Porque "técnicamente muerto" no necesariamente significa que deja de existir.

    Erin, ¿cómo pudo pensar esas cosas de Gideon? Las mujeres solo piensan en eso y los hombres solo quieren entrenar.

    Y, a ver cómo le va al grupo de soldados en contra del glotón de Argos, y sus secuases prestadas.
     
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    Fersaw

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    Aries
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    Gracias por el comentario.
    ¿Crees que Zila esté enamorada de Albert? Sin dudas Zael se ha vuelto mas molesto, y puede que sí, sea por que le agrada el humano.

    Aldan, el arquitecto desde las sombras, ademas de tener un pasado muy interesante, sabiendo quien es su padre. Veremos si sus palabras fueron sinceras a la hora de revelar la verdad a Grimor. ¿Que pasará cuando el emperador "muera"?

    Algunas mujeres suelen ser muy pervertidas XD

    Prnto veremos de que es capaz el precepto del caos. Nos vemos en el siguiente cap.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Bien, finalmente pude ponerme al día (suerte que era un capítulo). Hoy estoy muy cansado para señalar errores, y por suerte, no creo haber encontrado nada en el capítulo más reciente, más allá de algunas tildes que no van, lo cual ahorra mucho tener que seguir XD.

    Me parece increíble que Aldan hubiera hecho un plan a largo plazo y que resultara tan bien. El tipo ciertamente conoce bien a sus alumnos, en especial a Grimor, y además debe tener una super máquina de cálculos en la cabeza. Poder predecir varias cosas como esa no debe ser fácil. Hay personas (como yo) que no saben ni donde van a estar paradas el día de mañana y este tipo puede predecir todo de forma genial. Realmente me gustarían ver flashbacks sobre él interactuando con sus alumnos y ver cómo fue su procedimiento para llegar a las conclusiones que llegó. Aunque, te soy sincero, lo preferiría en una cuarta temporada y no en la actual. Ahora quisiera poder ver la cooperación entre los otros tres preceptos (o los cuatro si al viejo se le ocurre pelear) y ver que tan peligrosos puedan llegar a ser. Y luego obtener el trasfondo.

    Se ve que la vida del emperador no es tan eterna como muchos creen, y aparentemente, está llegando a su fin. Esto me hace pensar que, incluso si Albert, Zila y Zael logran cumplir su objetivo, el emperador no será capaz de evitar que los 4 preceptos cumplan el suyo. Si se está volviendo más débil, dudo que la inmortalidad pueda estar ayudándolo. En un momento yo llegué a pensar que el emperador podría morir pero luego reencarnar, pero si Aldan admite que es su hijo, eso me hace pensar que no será posible que lo haga. Salvo que él en sí mismo sea un recipiente para una reencarnación, o que el emperador sí pueda reencarnar pero no lo haya hecho en él. En fin, por el momento, me quedo con que no puede hacerlo. Luego veré a donde va en el futuro.

    Gideon ciertamente no pierde tiempo en entrenar. Si es la propia Erin quien lo entrena, eso quiere decir que este se podría terminar convirtiendo en uno de los santos más fuertes del reino de Albores, y probablemente se gane algo de fama entre los otros reinos. Sin embargo, el plan podría truncarse ahora que Argos se ha decidido a atacar. Me pregunto como es que harán para salir de esta. Dudo que derroten al precepto, deberán ingeniárselas y lograr escapar de allí de alguna forma. Sin mencionar que no va solo y dos de las escoltas de Grimor lo acompañan.

    Por ahora es todo. Saludos.
     
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    Fersaw

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    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Aldan es la mente maestra detrás de todo. No hay que olvidar que estuvo muchos años en prisión, desde donde dirigía todo, claro, en colaboración del mencionado monje rojo, quien a la vez servia a Grimor, y venia siendo el nexo entre ambos. Aun hay muchos flashback sobre los cuatro preceptos, tanto sus historias individuales como en conjunto. Debo decir que son las historias personales las que mas me gusta escribir. Igual los veremos pelear mas adelante, Argos está por tener su primer combate y contra una guerrera de elite. Debo decir que a esta temporada no le quedan muchos caps, ademas que ya decidí con que evento terminará.

    Existen muchas posibilidades para el futuro del emperador, tanto en si como en su aspecto de ser divino, y, admito que ya tengo planeado cual es, prefiero reservarme toda información relevante al futuro del emperador. Ademas, tarde o temprano se le verá en la historia, pues hasta ahora no ha sido mas que mencionado, sin embargo, solo aparcera en recuerdos de los personajes. Una vez mas, admito que estoy ansioso por presentarlo.

    Podríamos contar a Gideo como un tercer protagonista, después de Aikar, quien aunque en estos caps no lo ha parecido, es junto a Diane, los personajes principales, luego Albert y su compañía, y luego el buen Gideon. Debo decir, aunque no estoy seguro si ya se mencionó, creo que no, que si bien Erin es una guerrera de elite, no es la guerrera mas fuerte del reino, hay algunos enfrente de ella como Eusebio y Rose, recordemos que Erin tiene una rivalidad con esta ultima.
    Las verdaderas preguntas ahora son, ¿que pasará cunado ella se enfrente a Argos? y ¿Que papel jugará Gideon?
     
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  9. Threadmarks: T: III – Capítulo XLV: Festín del cazador
     
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    Aries
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    Título:
    Saints
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    52
     
    Palabras:
    3871
    Temporada III – Capítulo XLV: Festín del cazador

    “A diferencia de los santos, los magos tienen la capacidad natural de aprender cualquier conjuro que deseen, sin limitarse a un elemento o a algún tipo de combate especifico”

    21 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Presintió peligro así que desenfundó su varita intentando defenderse. Antes que siquiera dijera algo, una enorme y fuerte mano tapó su boca, mientras que otra tomaba su brazo bruscamente haciéndola perder su varita, además inmovilizarla. Intentó zafarse de ese agarre, pero era simplemente ridículo, no había comparación en la fuerza. Vió frente a ella un par de brillantes ojos rojos y una sonrisa que helaba la sangre.

    –Por fin podré comer una deliciosa humana. ¿Tu carne es dulce o salada, suave o dura? Lo averiguaré pronto –susurró la voz de Argos.

    La levantó con suma facilidad, tomándola por la cara. La mujer trataba con desesperación de zafarse, incluso arrojando patadas al cuerpo de su agresor, arañando su brazo, pero este ni siquiera las sentía y su piel no sufría daño por los arañazos. En su último intento de salvarse sacó un cuchillo e intentó apuñalar el brazo de Argos. Pero este detuvo el brazo de Abby.

    –Oye, no me hagas las cosas más difíciles, quieres. Si te golpeo mucho puedo dañar tu carne, y no quiero –bastó solo un poco de su fuerza para fracturarle el brazo a la mujer, liberando un terrible grito que fue suprimido por la mano que le tapaba la boca.

    Se la llevó a una distancia considerable, buscando que los gritos no pudieran ser escuchados por sus compañeros. Llegó a una cueva donde las dos escoltas, Zarina y Gilda, esperaban a la luz de una fogata.

    –Hay, no puede ser, en verdad atrapó a uno de los humanos –alegó Gilda sorprendida, y nerviosa por lo que haría ese sujeto.

    –Oiga, s-señor Argos, ¿Que hará con ella? –se atrevió a preguntar Zarina, esperando equivocarse.

    –Ustedes saben muy bien lo que haré con esta delicia –rio mientras la acercaba a él y le lamia el rostro lentamente. Abby seguía, en su afán por liberarse, teniendo que soportar el dolor de su brazo lesionado.

    –¿S-se la va a comer en serio? –agregó Gilda, con una extraña sensación de miedo y asco. Escuchar tal cosa solo aumento el desespero y el terror en la mujer.

    –Claro que me la voy a comer, ya se los dije. Pero sé que hay personas a las que no les agrada ver como descuartizo un cuerpo, si quieren, pueden salir. –finalizó con una demencial risa, que intimidaba incluso a las dos tiranus–. Traten de descansar, mañana atacaremos a los otros humanos. Fuera de su delicioso sabor, espero que sean dignos de luchar contra mí. ¿A que esperan? Lárguense o las voy a manchar de sangre y viseras.

    Tan rápido como pudieron Gilda y Zarina salieron de la cueva, y buscaron alejarse algunos metros.

    –Gilda, este sujeto está demente. No quiero admitirlo, pero me da miedo –confesó Zarina–. ¿Q-que pasará si se fija en nosotras para comernos?

    –Tranquilízate –respondió Gilda, tratando de mantener la compostura–. Sea lo que sea, este sujeto es un gran amigo de Grimor y tiene toda su confianza, además nos dijo que no nos haría daño.

    En la cueva, la joven y desdichada maga Abby fue estrellada violentamente contra la pared, terminando en el suelo, con una herida en la cabeza y un brazo fracturado. Estaba atrapada en ese lugar con ese monstruo frente a ella. Argos no podía notarse menos emocionado, pues, para él sería un nuevo platillo en su vida. Se quitó la capa que tenía mostrando las varias armas en su cinturón. La maga se paralizó del miedo, incapaz de hacer nada.

    –¿Q-que vas a hacer? –cuestionó con un hilo de voz.

    –Voy a disfrutar de mi primera cena de humano –decía riendo y mostrando esos afilados dientes, mientras tomaba dos hachas de mano de su cinturón–. ¡Que comience el festín, pedazo de mierda!

    Un grito desgarrador fue lo único que se pudo escuchar escapar desde esa cueva, grito que ponía fin a la vida de una joven y era el inicio de una demencial muestra de barbarie.

    –¿Qué fue eso? –reaccionó Gideon en su campamento, escapando de sus sueños por una extraña sensación. Miró al cielo notando que el amanecer estaba cerca–. No puede ser, Abby debió quedarse dormida y no me despertó para el cambio de guardia –bufó levantándose, siendo lo primero que notó la ausencia de la antes mencionada–. ¿Abby? ¿Abby dónde estás?

    Algo no estaba bien, todos los demás del grupo estaban dormidos, y la maga simplemente no estaba. Decidió despertar a sus compañeros.

    –¿Q-que pasa Gideon? ¿Por qué me despiertas? Hoy no me toca guardia –alegó la capitán bostezando y tratando de no despertar.

    –¡Capitán, esto es serio, Abby desapareció! –explicó con tono de preocupación.

    –¿Qué? –reaccionó ella saliendo de su saco de dormir–. ¿Cómo que desapareció?

    –Parece que se fue en algún momento de la noche, ¿pero no sabemos por qué? –explicó Merl revisando las cosas de la maga, de las cuales no faltaba nada–. Dejó todo, solo debe tener su varita y nada más.

    –Esto es grave –dijo la capitán tomando sus cosas–. Pudo haberse perdido en los bosques, tenemos que encontrarla de inmediato.

    –Abby es miembro del grupo de sanadores, pero es buena exploradora también –alegó Dale desconcertado.

    –Sea lo que sea, debemos hallarla de inmediato. Dale, Merl vayan en esa dirección, Gideon, tu y yo vamos en esa otra –ordenó Erin.

    Los tres hombres asintieron y tal como ella dijo se separaron en dos grupos. De los cuales solo uno iba en la dirección correcta.

    Las dos tiranus se habían quedado plácidamente dormidas durante la noche. Dormían abrazadas y tranquilas hasta que una sombra se posó sobre ellas e hizo un leve sonido para levantarlas, siendo Zarina la primera en despertar.

    –¿Q-que? –musitó abriendo los ojos–. ¿Qué hora es? ¡Haaa! –gritó a todo pulmón.

    Gilda despertó al instante por eso, cubriendo a su hermana y tomando su espada al pensar que se trataba de un enemigo. Pero no.

    –¿Qué les pasa? ¿Quieren que los humanos descubran nuestra posición tan pronto? –dijo Argos arqueando la ceja y riendo un poco por la reacción de Zarina.

    El motivo del grito fue el susto que le provoco ver a Argos. Estaba completamente cubierto de sangre, desde la boca hasta el pecho, al igual que las manos. Se dibujó unas runas en la frente y mojó las puntas de su cabello con la misma sangre. Sus cuchillos y hachas no eran la excepción, además de tener pedazos de piel y carne aun, y por ende su cinturón y pantalón también manchados.

    –L-lo siento, es que me asustó señor Argos. Perdona, Gilda, no quería despertarte tan bruscamente –se disculpó avergonzada.

    –Qué más da –dijo riendo–. Lo que importa es que están despiertas y es hora de matar a los otros humanos. Vamos, levántense niñas.

    –Oiga, y, ¿también pretende comerse a los otros? –preguntó Gilda mientras se levantaba y preparaba.

    –Qué más quisiera yo –lamió sus labios–. Pero ya no me cabe un bocado más. No me lo van a creer, pero esa humana estuvo deliciosa. Su carne era suave y jugosa, además que su sangre tenía un sabor muy dulce. El hígado era demasiado amargo, tuve que desecharlo. ¡Pero lo mejor fue su corazón! ¡El mejor trozo de carne que puedan imaginarse, suave, esponjoso y asquerosamente jugoso, pedazo de mierda! También disfrute el sabor de sus genita…

    –¡Vale, ya entendimos! –interrumpió Zarina, sintiendo nauseas.

    –Como sea, démonos prisa. No hay nade que me guste más después de una buena comida que un combate intenso y matar a algún imbécil.

    –Entonces debemos ir hasta su campamento…

    –No, tranquilas. Ellos vendrán, me aseguró de dejar un sutil rastro hasta aquí –sonrió dando un gran salto para subir a los arboles más altos y con mayor follaje–. Ansió ver la reacción de esos humanos cuando vean lo que hice con esa mujer.

    Las dos tiranus le siguieron, pues la idea era tender una emboscada a los humanos.

    –Esto me está preocupando mucho –decía Dale caminando junto a Merl, siguiendo un rastro en el suelo–. Encontramos la varita de Abby tirada a la mitad del bosque. Ningún mago deja su mejor arma bajo ninguna circunstancia, a ella le pasó algo malo.

    –Vamos, Dale, piensa positivo amigo. Quizás solo tuvo un accidente, o…o algo, no lo sé. Pero no quiero pensar que algo le paso a Abby. Ella es la prometida de mi hermano, no puedo dejar que algo malo le pase.

    –¿Prometida? –cuestionó Dale.

    –Sí, ya sabes, van a casarse dentro de dos meses. De hecho esta era su última misión, ella se retirará cuando regresemos. Solicitará la baja maternal.

    –Diablos, es decir, me alegro por ella, pero entonces es crucial encontrarla de inmediato –agregó Dale, sintiéndose más preocupado por la maga, además de mirar su mano y vislumbrar su anillo de matrimonio.

    –Oye, mira una cueva. Quizás Abby se refugió allí –señaló Merl una pequeña cueva a algunos metros.

    Sin saber lo que se encontrarían allí los dos entraron rápidamente.

    –¿Abby, estas aquí? –llamó Merl avanzando y encendiendo una luz con su varita.

    Los dos hombres se petrificaron al ver lo que la oscuridad ocultaba. En el suelo encontraron solo trozos de lo que alguna vez fue el cuerpo de una bella joven, carne machacada, huesos rotos y órganos regados por el suelo en una charco sanguinolento. Sería casi imposible saber que era ella, de no ser porque la cabeza está intacta y perfectamente colocada mirando a la entrada de la cueva.

    –P-por todos los dioses, q-que clase de barbarie es esta –apenas logró articular Dale. El hedor y la brutal escena le dieron ganas de vomitar, teniendo que salir de la cueva.

    –A-Abby… ¡Abby! –gritó de forma desgarradora, incapaz de controlar la desesperación, el miedo y la culpa.

    –Amo los gritos de los insectos miserables, le daré una mordida al más joven –susurró Argos saltando de la rama hasta caer frente a Dale, quien estaba vomitando.

    El mago se sorprendió al ver a un demonio frente a él, así que retrocedió tan rápido como pudo sacando su varita.

    –U-un demonio ¿Cómo es posible? L-los matamos a todos –titubeo, entre sorprendido y asustado por la apariencia de ese imponente sujeto.

    –¿Así? –rio Argos, empuñando dos hachas de mano–. Lo dudo.

    –Esa sangre –musitó Dale al ver todas las manchas en el cuerpo y ropa de Argos–. ¡Monstruo, tú fuiste! –Argos le arrojó una de sus hachas a Dale, pero este reaccionó a tiempo cubriéndose con un escudo sacro–. ¡Pagaras por lo que hiciste! Lluvia de flechas

    Levanto su varita para liberar una andanada de flechas mágicas, las cuales no fueron problema para Argos, quien dio un gran salto para evitarlas todas, desde arriba arrojó su otra hacha a gran velocidad. Dale debió saltar a un lado para evitarla.

    –Vamos humano, quiero divertirme –retó el Precepto acercándose lentamente.

    Lanza relámpago –se escuchó la voz de Merl saliendo de la cueva. Sin embargo el enemigo logró reaccionar a tiempo para evitar este nuevo ataque–. ¡Maldito, maldito, maldito! –gritaba desesperado arrojando más y más relámpagos sobre Argos.

    Gilda saltó de los arboles arrojando varias flechas de hielo sobre Merl, no obstante, Dale se acercó a su compañero y activó un escudo burbuja para protegerse ambos.

    –Merl, tenemos que pensar una manera de salir de esta. Ese sujeto parece ser demasiado fuerte…

    –¡Lo asesinaré! lo asesinaré por lo que le hizo a Abby –gruñó Merl mirando con ira al tiranus que tranquilamente se acercaba la burbuja.

    –No es momento de dejarnos llevar por la ira. Volveremos con la capitan y Gideon, luego los cuatro acabaremos con estos monstruos –objetó Dale, mirando a su compañero.

    –¿Ya terminaron, pedazos de mierda? Me aburro –se burló Argos acariciando la burbuja con su mano, para, acto seguido, destrozarla de un puñetazo.

    Gran llamarada –Merl pasó de Dale, y atacó a Argos con una potente llamarada. Una vez más el precepto fue capaz de esquivarla sin problemas.

    Gilda atacó por un lado arrojando un par de lanzas de hielo. Dale debió tomar a Merl por la camisa para jalarlo y salvarlo de ese ataque.

    –¡Idiota, harás que nos maten! –pudo ver de reojo a la otra tiranus saltar de los arboles intentando una patada. Dale la esquivó retrocediendo y fue capaz de evitar los siguientes golpes de Zarina–. Espada y escudo.

    Una espada y un escudo hechos de magia aparecieron en sus brazos, justo a tiempo para bloquear con el escudo la patada de Zarina.

    –¿Cómo es que algunos humanos pueden hacer tantas cosas diferentes? –cuestionó Zarina desconcertada.

    –¡Porque somos magos, perra! –arremetió con rápidos y certeros ataques de espada, obligando a Zarina a retroceder.

    Gilda atacó por la espalda usando una espada de hielo, pero el mago pudo preverla y bloquear sus ataques con el escudo mágico, logrando abrir su defensa y golpeándola en el pecho la alejó.

    Zofoku: soldado nivel 5, liberado –su cuerpo se cubrió de esencia magia en un solo instante, lo cual aumentaría sus habilidades físicas.

    Arremetió contra una sorprendida Gilda, quien apenas lograba bloquear los diferentes ataques del mago, que cada vez aumentaban más su velocidad. Zarina apareció por un lago embistiendo a Dale, estrellándolo contra la roca de la montaña.

    –Vamos niñas, vamos, ustedes pueden, sigan insistiendo –animaba el Precepto, quien parecía tomarse todo muy a la ligera. Hasta que vió un par de esferas de fuego caer el cielo en su dirección, basto un salto a un lado para evitarlas y las explosiones subsecuentes.

    –¡Yo soy tu rival, monstruo! –enunció con fiereza el mago Merl, quien a su vez desprendía esencia mágica de su ser en forma de humo verde.

    –Me cuesta creerlo, pedazo de mierda –se burló riendo Argos.

    Zofoku: Doble espada, nivel 8, liberado –dos espadas mágicas aparecieron en sus manos y de un gran salto busco acercarse a su rival.

    –Diablos, estos humanos son interesantes, aumentan su fuerza y velocidad muy rápido. Tiene cierto parecido con mi habilidad –se movió a un lado evitando los embates veloces del mago. La defensa queda abierta y el precepto lo aleja de empujón, el cual derriba al humano.

    Da un gran salto y pretende aplastar la cabeza de Merl, esta rueda por el suelo para evitarlo, la fuerza del impacto destroza el suelo rocoso. Apenas se levanta arroja una de sus espadas al tiranus, este desenvaina uno de sus cuchillos con el cual la desvía.

    El mago arroja una lanza relámpago que es evitada una vez más por Argos, salta e intenta un corte vertical sobre él, este intenta bloquearlo con otro de sus cuchillos, no obstante, se quebró ante el impacto de la espada mágica. Llevándose Argos un corte en el brazo por ese error.

    –Maldición, eso no me lo esperaba –rio Argos alejándose de un salto para apreciar el corte, que no era nada grave.

    –¿Te gusta el dolor? ¡Por qué te voy a causar mucho más! –liberó otra poderosa llamarada sobre su enemigo. Quien saltó en el aire.

    El mago salta intentando cortarlo, Argos gira y conecta una patada certera en el pecho de Merl regresándolo al suelo de forma violenta. Sin dilación se precipitó sobre el humano saltando mientras este apenas se levantaba. Una patada en las cotillas lo estrella contra un árbol, haciéndolo escupir sangre.

    –El único dolor que podrás causarme será de estómago cuando devore tu apestosa carne, humano –se burló retomando sus hachas.

    Por otro lado Dale se batita en un fiero combate de espadas contra la aguerrida Gilda, quien tenía que admitir que este humano la igualaba en habilidad.

    –¿Cómo puede un humano ser tan rápido y fuerte? –gruñía en cada choque de espada y ataque desviado, salta atrás esquivando un corte dirigido a su abdomen.

    Zarina toma el frente intentando un puñetazo por el costado, Dale se cubre con su escudo, aunque la fuerza lo aleja y lo acorrala contra la roca de la montaña. Zarina sigue su acometida intentando una patada, Dale la esquiva, y debe cubrirse rápidamente ante las flechas de hielo arrojadas por Gilda desde la distancia. Sin embargo esto no le permitió ver a Zarina quien aguardo que bajara el escudo para darle una patada directa al pecho, estrellándolo contra la roca violentamente.

    –No están fuerte como parece –aseguro Zarina pateándolo en el costado–. Acabaremos con él ahora hermana –llamó a Gilda dejando de mirar al mago

    Dale sonrió, pues había caído en una trampa. Su escudo y espada desparecieron.

    Iluminus –arrojo una esfera de luz cegadora sobre Zarina, quien no logró evitarla–. Zofoku: Puño pesado, nivel 5 –sus puños se cubrieron de magia y se lanzó al ataque con poderoso puñetazos.

    Un golpe al abdomen logra doblegar a la tiranus, otro en el rostro que la hace retroceder, golpe a las costillas, golpe a la cara, punta pie que la aleja, salta y remata con un certero puño centrando en la cara de Zarina. La tiranus cae al suelo, deslumbrada, aturdida y muy adolorida. Sus labios rebosan sangre, al igual que la herida en su mejilla, y el dolor latente en su costado.

    –Esto acabará contigo, monstruo –levantó su mano y varita en dirección a Zarina–. Bombarda

    Se generó una pequeña esfera de fuego en su mano, Zarina pudo ver su destino frente a ella, de no ser porque alguien se movió a toda velocidad por un lado del mago y supo lo que pasaría. La esfera de fuego fue disparada creando una pequeña pero potente explosión.

    –Eso acabará contigo… –pensó Dale, sintiendo algo acercarse a un lado. Apenas logró reaccionar ante la veloz lanza que le hirió en el costado.

    –Lo siento, humano. Pero fallaste –sonrió Gilda con un lanza de hielo en la mano.

    Dale retrocedió tanto como pudo, llevando su mano a su costado, sintiendo su sangre escapar. El humo de la explosión se disipó, revelando un grueso escudo de hielo, el cual sucumbió segundos después, mostrando a Zarina intacta.

    –M-mierda –gruñó el humano viendo como las dos mujeres lo rodeaban.

    Un poco lejos, Merl era estrellado contra otro árbol, mientras Argos solo se carcajeaba.

    –Eres tan patético, siento que estoy peleando contra una gallina en un corral. Esa putita era igual a ti, no hacía nada para salvarse, por eso tuve que partirle el cuello para que dejara de gritar…–en eso escuchó la explosión generada por Dale lo cual llamó su atención–. ¿Qué fue eso?

    Merl aprovechó esa distracción para atacar a Argos por la espalda. De nada le sirvió, el precepto lo previo claramente, lo esquivó. Merl intento otro corte pero su brazo fue detenido por Argos.

    –Lo siento, ya no podemos jugar –sentenció con seriedad el precepto. Un puñetazo devastador impactó sin piedad el abdomen del mago, levantándolo y sacándole el aire, además de sangre, pues fácilmente le reventó las vísceras. Lo tomó por el cabello jalándolo hacia tras para exponer su cuello–. No puedo irme sin dar un mordisco más –con brutalidad mordió la garganta de Merl, clavando sus dientes para después arrancar la tráquea completa.

    Desde la distancia Dale pudo ver lo que ocurría. Y el miedo le invadió al ver a su compañero ser asesinado de esa forma. Apenas logró evitar las estocadas de Gilda, pero el dolor en su costado lo hizo arrodillarse, para luego recibir un puñetazo por parte de Zarina, arrojándolo por el suelo.

    –¿Estas bien, Zarina? –preguntó Gilda a su hermana.

    –Sí, no te preocupes. Gracias por cubrirme.

    –T-tengo que escapar de aquí y pedir ayuda a la capitán– musitó Dale logró levantarse con dificultad. Miro sobre su hombro a las dos mujeres y a Argos acercándose. Levantó su varita en lo alto–. ¡Gran Iluminus!

    Un mayor destello liberó desde su varita. Pero Argos arrojó una de sus hachas instantes antes. Esta voló a toda velocidad, terminando por cercenar la mano derecha de Dale. Un grito ahogado de dolor resonó en todo el bosque, para luego el mago caer arrodillado ante el suplicio.

    –¡Pedazo de mierda, falle! –gritó Argos colocándose frente a las dos mujeres para protegerlas, pues la luz las había cegado momentáneamente.

    Dale, haciendo gala de un aguante impresionante se levantó y comenzó a correr, no sin olvidar su varita. Se adentró en el bosque para intentar huir.

    –E-está escapando, señor Argos. Vamos a acabarlo antes que…–decia Gilda.

    –No, no. Tengo una mejor idea –sonrió Argos mirando a Dale irse–. Va a buscar a los otros dos, sigámoslo para hallarlos, tal vez esos otros dos si me ofrezcan una buena pelea –sonrió lamiendo aun la sangre de Merl en sus labios y boca.

    Dale logró alejarse tanto como pudo, hasta pensar que estaba a salvo, pues no dejaba de mirar detrás de sí. El dolor y la sangre no cesaban, tenía que morderse la lengua para no gritar, y debió arrancar un parte de su ropa para envolver el muñón.

    –No puedo morir aquí, no puedo morir aquí –se repetía una y otra vez hasta detenerse–. La capitán y Gideon podrán contra esos monstruos, estoy seguro –empuñó su varita y la dirigió al cielo soltando una bengala roja. Una señal de ayuda.

    –Capitan, tengo un mal presentimiento. Siento que estamos lleno en la dirección incorrecta –dijo Gideon junto a Erin.

    –Debo decir que tienes razón, yo también siento que no encontraremos nada a este paso. Quizás Merl y Dale tuvieron mejor suerte. Creo que lo mejor será regresar al campamento y…

    –¡No puede ser, están pidiendo ayuda! –alegó Gideon al ver la bengala de Dale en la distancia.

    –Mierda, Gideon. Será mejor que corras como nunca. ¡Vamos!

    Con esa orden los dos santos comenzaron a correr tanto como podían en esa dirección. Mas tortuosos minutos pasaron, en lo que Dale apenas logró avanzar algo debido a la pedida de sangre. Logró regresar hasta el campamento donde se cayó sentando contra un árbol, dispuesto a curarse con magia. Se quitó la tela del muñón.

    –N-no puede ser, esto ni tiene cura, y moriré si sigo perdiendo sangre –apretó los dientes con fuerza y llevó su varita para detener el sangrado. No obste alzó la mirada.

    En un árbol estaba el Argos, sonriendo y mirando como un auténtico cazador a Dale. Agitó sus hachas un poco y saltó para acabar con él. El mago fue incapaz de hacer algo para escapar, solo se limitó a cerrar los ojos y afrontar el dolor.

    –¡No! –gritó con fuerza.

    –Dale –se escuchó la seria voz de una mujer frente a él. El mago abrió los ojos para ver a la formidable Erin enfrente, protegiéndolo, pues había detenido el ataque de Argos con su gran hacha de guerra–. Esto aún no termina, atiende tu herida de inmediato.

    –Hueles deliciosa –se burló Argos tratando de doblegarla con su fuerza, pero no lo lograba Erin mostraba un fuerza similar–. Aunque debo decir que tu parece más dura, y un poco masculina…

    Un puñetazo reforzado de acero impactó en la cara de Argos haciéndolo retroceder, y sorprendiéndolo.

    –¿Me llamaste hombre, hijo de puta? –gruñó Erin bastante ofendida por eso–. Te voy cortar el miembro y haré que te lo tragues.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar el capítulo. Tengo que decir que ha sido un capítulo bueno, el problema aquí es que en las escenas de pelea hay una gran cantidad de errores que cortan mucho con la lectura. Eso lo dejo para el final.

    El título, y algunas otras cosas más podrían traerte problemas de derechos de autor XD. Pero las referencias fueron entendidas por el Capitán América. Tal parece que Argos no perdió el tiempo y terminó convirtiendo a la pobre Abby en sopa do humano. Me pregunto si habrá sido uma delicia. En fin, la escena fue bastante cruel, imagino que debe ser un monstruo muy famoso en el mundo de los demonios si es que es así de despiadado la mayor parte del tiempo.

    Tengo que decir que no me siento muy mal por la muerte de Abby, debido a que no llegó a desarrollarse mucho. Por Merl y Dale podría decir lo mismo, aunque este último no ha muerto. De hecho, la capitana Erin tampoco ha tenido un gran desarrollo como para que su muerte pueda afectarme, sin embargo, estoy seguro de que su pelea en contra de Argos será bastante brutal. Me pregunto que tan bien luchará el precepto en contra de la capitana Erin y el santo Gideon. Sin duda será una batalla que espero presenciar. Estoy pensando que tal vez una de las sirvientas de Grimor podría morir en la batalla, dado a que ahora enfrentan soldados de primer nivel.

    Tengo mucha curiosidad por saber que es lo que hará la primera Legión una vez que se enteren que la horda se encuentra en las montañas. Imagino que podrán solicitar la ayuda más magos y santos para que ayuden a exterminar a los enemigos. Aunque probablemente no dispongan de tanto tiempo. A todo esto, también me gustaría ver cuanto tiempo les quedaría a los hermanos sever y a Albert para poder llegar hacia ese lugar.

    Como dije al principio, las batallas estaban llenas de errores, y el capítulo en general también. Por eso no me gustó tanto como los anteriores. Te señalaré algunos ahora que puedo hacerlo.

    Ahí, deberías usar el "ay" y no el "hay".

    Esa no debía ser una pregunta.

    Ahí hay dos verbos mal conjugados.

    Ahí sí debían ir los signos de interrogación.

    La forma correcta de preguntar es "ah, ¿sí?" o "¿ah sí?". Dado a que el "así" se usaría cuando alguien está preguntando por la manera.

    Ejemplo rápido:
    - Hay que usar las piedras para afilar las espadas- decía uno de ellos.

    -¿Así? - preguntaba el otro, mientras le mostraba al primero como lo hacía.


    De momento, eso será todo. Saludos.
     
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    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Mas bien diria que fue un sushi, pues se la comió cruda y recién asesinada, tal parece que la disfrutó mucho XD. Me hubiera gustado ser un poco mas explicito en esa escena, pero no sé, pensé que seria innecesario. Mas temprano que tarde sabremos un poco mas acerca de su pasado, os aseguro que les sorprenderá.

    Debo revelar que la razon de existir de Abby y Merl era morir en manos de Argos, un poco cruel, pero algunos personas solo existe para ser asesinados tarde o temprano, prefiero decirlo así ya que suena mas cruel decir que son de relleno XD. La pregunta es ¿Quienes son?

    Se avecina la pelea mas importante de esta temporada, tendremos la mejor muestra del poder, tanto de Argos como de Erin, se que el desenslase os sorprenderá, tampoco diré nada acerca de Gideon, Gilda y Zarina. El final de esta temporada responderá tu pregunta acerca de que harán los humanos cuando sepan que la horda aun está en su mundo.

    Eso es todo en este cap, nos vemos en el siguiente.
     
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  12. Threadmarks: T: III - Capítulo XLVI: Fuerza bruta
     
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    Aries
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    Saints
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
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    Temporada III – Capítulo XLVI: Fuerza bruta

    “Existen diferentes tipos de santos basados en sus técnicas y habilidades, aquellos que moldean o mejoran su cuerpo mediante técnicas son denominados Shield. Una de sus principales características es la carencia, casi total, de técnicas que deban ser enunciadas”

    22 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    –Hija de puta, sí que eres fuerte –alegó Argos retrocediendo por ese poderoso puñetazo.

    –No has visto nada, imbécil –sonrió de lado agitando su hacha de forma soberbia y colocándose en guardia–. No tengo idea como pudieron escapar de esa aldea, pero te haré pedazos aquí.

    –Me encantaría verte intentarlo –rio Argos empuñando sus dos hachas–. En serio, me encantaría verte haciéndolo. Cuando menos te lo esperes te voy a dar un buen mordisco en la cara.

    –¿Qué? –alegó ella sin entender a lo que se refería exactamente.

    –¡Quiero un poco de mejilla! –gritó saltando hacia ella intentando cortarla con ambas hachas.

    Erin saltó para evitar el ataque. Contraataco golpeado con la punta del hacha las costillas de Argos, logrando impactarlo y hacerlo retroceder, gira sobre sí misma para intentar un corte horizontal, sin embargo el tiranus lo evita fácilmente saltando hasta las ramas de un árbol.

    –Que fuerza tienes, mujer. ¿A caso eres una sub raza especial de humano?

    –¿De qué hablas, idiota? Claro que no, soy una humana –respondió con seriedad acercándose al árbol. Con un solo movimiento de su afilada arma cortó el tronco.

    –Sí, claro –saló hasta otro árbol ágilmente–. Con ese cuerpo tan grande. ¿Acaso eres la cruza de un oso con un humano? ¿O quizás un toro con una humana?

    –¡Te voy a matar, hijo de puta! –salta hasta él intentando cortarlo, pero Argos salta hacia a tras logrando llegar a otra rama.

    –Perdón, ¿te ofendí? –se burló–. Seguramente no soy el primero en decirte estas cosas, ¿verdad? No he visto mucho humanos, salvó la putita con piel deliciosa, el inútil con el que me topé, y este imbécil que dejé escapar, pero tú eres más alta que ellos, además de ser mucho más fuerte, es obvio que no eres alguien común.

    –¡Cállate y pelea malnacido! –exclamó cortando el árbol en el que Argos estaba.

    –Normalmente la gente no se enoja cuando digo tonterías –dio un salto y aterrizó en el suelo–. Los que se enfurecen son los que saben que digo la verdad –sonrió mirándola sobre su hombro–. ¿Dije alguna mentira?

    –¡Tú no sabes nada, pendejo! –gritó aún más molesta. Saltó hasta él intentando cortarlo por la espalda.

    Argos salto una vez más evitando el ataque y quedando detrás de ella, la pateó con fuerza en la espalda terminando por derribarla. Erin trató de levantarse tan rápido como pudo, pero Argos se acercó pateándola en el costado. Erin voló por el aire, sin embargo el Precepto sintió un dolor en su pierna.

    –¿Q-que, mierda? –gruñó con un repentino dolor.

    –¿Qué pasó, putita? ¿Te lastimé? –llamó Erin levantándose, y mostrando sus brazos recubiertos de acero–. ¡Esta es mi habilidad, idiota, soy santo de la estrella de acero! –empuñó su hacha y comenzó a correr contra él.

    –Ni me dolió tanto –gruñó corriendo contra ella también.

    Apareció Gideon corriendo y jadeando al mismo tiempo, al parecer la capitán le había dejado atrás en cuanto a velocidad. Siendo a Erin luchar contra ese fuerte y enorme tiranus lo primero que vió.

    –¡Imposible, ¿es un demonio?! –alegó incrédulo sacando sus espadas.

    –Gideon –llamó con dolor en la voz el mago Dale. Quien estaba recostado en un árbol tratando de parar el sangrado de su amputación.

    –Por dios, Dale, ¿Qué te pasó, amigo? –cuestionó sorprendió al ver la terrible herida en su compañero. Se acercó rápidamente para ayudarlo.

    –Gideon, escúchame. Ese monstruo asesinó a Abby, sé que sonará como una tontería, pero es la verdad, ese monstruo se la comió, la mutilo, la destrozó… fue horrible.

    –N-no puede ser, ¿Abby? P-pero ella estaba a punto de retirarse, ¡no puede ser! –respondió asustado, pero convencido ante la expresión de terror y odio en la cara de su compañero–. ¿Dónde está Merl?

    –Lo asesinó, pude ver cómo le mordió la garganta y se la arrancó. Ese sujeto es verdadero monstruo, un demonio de verdad –tembló mirando al Precepto luchar contra Erin y las hachas resonar en todo el bosque en cada impacto.

    –Bastardo –sentenció Gideon levantándose para divisar a su enemigo, dando la espalda a Dale y alejándose un poco, preparado para apoyar a Erin–. Esto no se quedará aquí, asesinó a nuestros compañeros, yo lo asesinaré a él.

    –No, Gideon. Tú tienes que encargarte de sus compañeras. Dos mujeres demonios vinieron con él, pueden parecer jóvenes, quizás atractivas, pero son fuertes y peligrosas… –un gritó fue lo único que se escuchó por parte del mago.

    Gideon volvió la mirada al instante. Con ojos atónitos, pudo ver lo que había ocurrido, una flecha de hielo, veloz y terriblemente afilada, se había clavado en el corazón de Dale.

    –Hablaste demasiado, humano –se escuchó la voz de Gilda desde un árbol, apenas asomándose en el denso follaje.

    –¡Dale! –gritó el santo al ver a su amigo con una herida mortal.

    Argos cae al suelo por un golpe del mango del hacha enemiga en la cara. El grito de Gideon termina por distraer a Erin, quien también fijó a su subordinado con esa herida que acabaría con su vida casi al instante. No pudo evitar sentirse culpable por lo que estaba ocurriendo, dando por sentado que los otros dos también habían perecido.

    –L-lo siento –musitó apretando los dientes con frustración y coraje.

    Pero esto la distrajo, terminando por recibir un puñetazo contundente en la cara. Argos se acerca dándole un rodillazo en el vientre, la mujer se dobla por el dolor, para luego recibir un codazo en la espalda, a amenaza por caer, de no ser porque su rival la tomó por el cabello, impactando un rodillazo en la cara de la capitán. La toma por el cinturón y la arroja hasta estrellarla violentamente contra un árbol muy grueso, el cual se parte por el impacto.

    –¡Nunca te distraigas cuando peleas contra mí, Argos, Precepto del Caos! –exclamó con firmeza y su típica sonrisa, que comenzaba a verse cubierta por sangre.

    –¡Maldita, perra! –gritó Gideon, mirando con ira a la fría Gilda, quien solo respondió con una sonrisa soberbia.

    –Vaya, tu si eres un humano bastante apuesto, ¿Cómo es eso posible? –preguntó a manera de burla, pero detallando a Gideon.

    –¡Te voy a matar!... –amenazó enfurecido. Sin embargo de entre los arbustos apareció Zarina corriendo a toda velocidad, embistiendo al santo.

    Gideon logró cubrirse, pero la fuerza de la tiranus lo arrojó por el suelo rodando varios metros. Logró levantarse tan rápido como pudo, logrando desviar y bloquear la andanada de flechas que sobre él fueron disparadas.

    –Este humano parece más hábil, será mejor no jugar con él –musitó para sí Gilda bajando del árbol.

    –Mi turno –gruñó iracundo el santo. Sus espadas se cargaron de electricidad.

    Aumentó su velocidad y se arrojó contra Zarina. Ella esquivó los primero cortes con dificultad, el santo era demasiado rápido para ella. Gideon se mueve detrás usando el movimiento centella, la golpe en por detrás de la rodilla, obligándola a arrodillarse. Amenaza con cortarla, de no ser porque Gilda atacó por un costado con una espada de hielo. Gideon retrocede tras bloquear el ataque.

    –Zarina, este humano es fuerte, debemos atacarlo con todo y acabarlo tan rápido como podamos –ordena a su hermana.

    –Entendido, no me contendré –aseguró ella levantándose y poniéndose en guardia.

    En la pelea de Argos y Erin. El precepto se acerca sonriendo y confiado a la inerte Erin tras el golpe contra el enorme roble. La toma por el cabello y la levanta, con esto el peto de su armadura cayó al suelo debido al daño. El rostro de la capitán muestra el daño, con sangre escurriendo por la comisura de sus labios, además de la nariz y un moratón en la mejilla derecha.

    –Qué pena, arruiné ese intento de armadura –rie mirándola, pensando que estaba inconsciente–. Solo los cobardes usan armaduras, un guerrero de verdad lucha con el torso expuesto y un vulgar pantalón de tela… Ahora que lo pienso, no me molestaría verte sin ropa, sería interesante ver esa piel que voy a comerme, tienes una apariencia ligeramente masculina, pero… –antes que siguiera diciendo algo un agudo dolor en el abdomen lo invadió, teniendo que soltarla.

    –Tu no vas a ver nada de mi piel, cerdo –sonrió ella abriendo los ojos. Argos había recibido una poderosa patada en el abdomen, propinada por las duras botas de metal de ella, que dentro tenían sus pies recubiertos de acero, aumentando el peso y la fuerza.

    Argos retrocede doblado de dolor, conteniendo su abdomen, incapaz de hablar, o respirar momentáneamente. Cae arrodillado, ella lo toma por el cabello.

    –¿Qué dijiste que ibas a hacer con mi piel, animal? –Una maléfica sonrisa se dibujó en el rostro de Erin. Antes que el tiranus haga algo ella le impacta un puñetazo brutal en el abdomen otra vez, el impacto resuena en todo el bosque. El Precepto escupe una gran cantidad de sangre–. ¿Dijiste que parezco hombre? –otro puñetazo más en la misma zona hacen gritar a Argos–. ¡Nadie me llama hombre y sale ileso, pedazo de mierda! –un tercer puñetazo termina por obligar a Argos a vomitar, entre lo que comió horas atrás y su propia sangre.

    –Patético. Haré que te ahogues en tu propia inmundicia –se alejó para retomar su hacha.

    –M-mi comida –musitó entre gruñido, quejidos y arcadas–. N-no puede ser… tengo que volver a comer. Creo que se me antoja una humana con apariencia de hombre –susurró, para luego comenzar a carcajearse, a pesar del latente dolor en su abdomen, donde un enorme hematoma se hacía presente.

    –¿A caso ya te volviste loco, animal? –alegó Erin tomando su hacha–. No importa, seré piadosa y acortaré tu sufrimiento.

    Argos se movió tan rápido como pudo atrapándola por detrás, rodeado su cuello con su brazo comenzó a asfixiarla, además de levantarla para que no se apoyara en el suelo. El repentino movimiento la hizo perder su hacha.

    –¡Quiero comerte, te quiero comer, te quiero comer, pedazo de mierda! –gritó con una atemorizante desesperación y locura. La mujer no podía hablar, solo trataba de zafarse de ese fuerte agarre.

    Gideon hacia frente a la habilidades de espada de Gilda, quien empuñaba ahora dos espadas de hielo para hacer frente a las dos espadas cargadas de electricidad del santo.

    –Te mueves bien para ser humano –comentó Gilda atacando con dos cortes descendentes.

    –Me muevo mejor cuando quiero matar a un monstruo –respondió el santo bloqueando ambos ataques. Patea con fuerza el pecho de Gilda y la hace retroceder–. Electro: Proyectil Centella –una de sus espadas se llena de electricidad e intenta arrojarla hacia Gilda.

    Antes que lo logre aparece Zarina golpeando la mano del santo, logrando desviar la espada, la cual sale proyectada hasta un árbol, el cual atraviesa. La tiranus resiente la electricidad, quejándose, pero sigue el ataque. Golpea a Gideon en el costado, este contiene el dolor y le da un cabezazo a Zarina, pero esta lo resiste y contraataca con el mismo golpe, Gideon no puede soportar el cabezazo de la tiranus, terminando por retroceder ante el dolor y el aturdimiento.

    –N-no pensé que fuera tan fuerte –se dice a sí mismo tomando distancia.

    –Mientras más daño reciba mi cuerpo, más fuerte me vuelvo, esa es mi habilidad, humano estúpido –enunció ella sonriendo con superioridad.

    Gilda salta por encima de su hermana, tomando el ataque. Arroja un corte doble que Gideon intenta bloquear, pero la fuerza de Gilda termina por desamarlo.

    –Eres mío –asegura la tiranus lanzando una estocada directa al pecho de Gideon.

    El santo logra evitar el ataque, llevándose un corte en el costado, pero su movimiento le ofrece un ataque directo al costado de Gilda, el cual no desaprovecha.

    Sobrecarga –su mano se cubre de electricidad y golpe con su palma las costillas de su rival.

    El choque eléctrico recorre todo el cuerpo de Gilda en un parpadeo, la mujer grita y su cuerpo se paraliza por unos instantes, cayendo al suelo de rodillas. El santo aprovecha la situación tanto como puede. La toma por el cuello y se aferra a ella por detrás, abrazándola con firmeza.

    –¡¿Q-que diablos haces, humano de mierda?! ¡Suéltame! –exclama tratando de zafarse.

    –Esto te dolerá como el infierno, perra –le susurró al oído–. ¡Sobrecarga! –una vez más su brazos se cubrieron de electricidad, la cual se trasmitió por completo a Gilda.

    Gritó tanto como pudo ante ese terrible dolor y ardor. A pesar de que sabía lo que pasaría, Zarina se acercó por detrás tomando a Gideon por el cuello, terminando por electrocutarse también. Gritó por el dolor, pero se aferró más al humano, su intensión, recibir daño y aumentar más su fuerza. Cuando la electricidad de Gideon cesó Gilda cayó al suelo inconsciente y con sus músculos contrayéndose a voluntad. Zarina, por otro lado cayó de rodillas temblando.

    –Eso fue una verdadera estupidez –dijo el santo eléctrico mirando a Zarina–. No me sorprende que monstruos como ustedes carezcan de sentido común. Ahora vengaré a mis compañeros –retomó una de sus espadas–. Primero te mataré a ti, y luego le clavaré mi espada en el corazón a esta zorra –señaló a Gilda.

    Se acercó a Zarina, la tomó por el cabello y se preparó para degollarla. En ese momento la tiranus tomó con firmeza la muñeca de Gideon, y con su fuerza bastó para doblegar al santo, haciéndolo quejarse y sucumbir a su movimiento.

    –Tú no vas a tocar a mi hermana, imbécil –amenazó con una seria mirada apretando más la muñeca del santo, su fuerza había aumentado mucho–. El que toca a mis hermanas, se muere –se levantó sin soltar Gideon.

    –¿C-como t-te hiciste tan fuerte de la nada? –cuestionó apretando los dientes con fuerza ante ese dolor.

    –Que estúpido eres, te lo dije, mientras más daño recibo más incrementa mi fuerza, ¿Por qué crees que me acerqué a ti sabiendo que podía electrocutarme? –Gideon no dudó en arrojar un corte con su espada directo al cuello de Zarina. Pero esta lo vió y bloque el ataque, tomando la otra muñeca del santo también–. Ahora es mi turno.

    Podía sentir como sus huesos se romperían en cualquier momento, incapaz de liberarse de esa terrible fuerza. Fue en el último minuto que logró reaccionar,

    Resplandor –enunció. Su espada destelló una luz cegadora.

    Zarina se vió deslumbrada, teniendo que soltar a Gideon al instante para luego retroceder y tomar distancia anticipando los ataques que él podría intentar. El santo no estaba en la mejor condición, estaba libre del agarre de su rival, pero el dolor en sus muñecas era abrumador.

    Erin era víctima del agarre asfixiante del poderoso Argos, quien apretaba aún más su brazo alrededor del cuello de la capitán. Ella lo golpeaba con sus codos reforzados, pero el Precepto contenía el dolor a pesar de la sangre que escapaba de su boca. La fuerza lentamente abandonaba a Erin por la falta de oxígeno.

    –E-eso no te servirá de nada, preciosa. Mientras más luches más de agotaras y más rápido te asfixiaré –se burló Argos a pesar de los constantes golpes recibidos–. Ya me imagino tu delicioso sabor –pasó su larga lengua por la mejilla de Erin.

    –N-no puede ser. Este sujeto va a, a matarme. Tengo que hacer algo ahora. Usaré m-mi mejor técnica, aunque tenga que usar mucha magia, sé que podré vencerlo de una vez por todaspensó Erin llegando a su límite de aguante, además de sentir un latente asco, miedo e ira ante la acción de Argos, que le traía funestos recuerdos–. Iron: M-muñeca de acero –susurró a penas. En un instante todo su cuerpo se volvió acero sólido, aumentando su peso y fuerza por mucho.

    –¿P-pero que mierda? ¿Ahora qué hiciste? –gruñó Argos, sintiendo como el peso del cuerpo de Erin le ganaba, teniendo que forzarse más para sostenerla.

    Erin se apoyó en el suelo y con toda su fuerza saltó, levantando a Argos, logrando derribarlo y caer sobre él. El peso del cuerpo de Erin lo hizo gritar y lo forzó a soltarla. La santo rodó por el suelo alejándose de su rival y logrando levantarse, mientras este tosía sangre y se quejaba por el dolor.

    –Aquí se acaba todo, pedazo de animal –aseguró la capitán, con su voz distorsionada a causa de su habilidad.

    –¿En serio? L-lo dudo mucho, humana –objetó Argos levantándose y encarándola–. ¿Qué intentaras ahora?

    –Ya lo veras, nadie me ha vencido jamás cuando uso esta, mi mejor técnica –advirtió ella.

    Erin se precipitó hacia Argos, su velocidad se veía drásticamente reducida debido a su aumento de peso, pero esto tenía una compensación mucho mejor. Llegó hasta Argos y arrojó un puñetazo, el Precepto lo previó sin problemas y trató de bloquearlo, terrible error. La potencia del puño destrozó su guardia, moviendo sus brazos violentamente.

    –¡Que! –gruñó ante ese dolor. Antes que haga algo Erin lo patea en el pecho. La fuerza arroja a Argos por el suelo.

    Ella da un gran saltó buscando aplastar al Precepto, quien logra evitarla por muy poco, el impacto hunde el suelo. Argos trate de alejarse rodando, ella lo patea una vez más, patada que él no logra evitar. Ahora el fuerte tiranus vuela por el aire estrellándose contra el suelo bruscamente.

    –N-no puedes ser más fuerte que yo, eso es imposible –espetó jadeando adolorido. Se levantó tan rápido como pudo.

    La santo no detiene sus acometidas, se acerca y arroja un puñetazo recto, el Precepto la esquiva y contraataca con una patada al rostro de Erin. La capitán retrocede apenas unos pasos debido a la fuerza del precepto, pero el dolor recae totalmente Argos, pues la cabeza de Erin está blindada.

    –¡Maldición! –retrocede cojeando y gruñendo –. ¡Qué habilidad más mierda e injusta tienes!

    Erin sonríe, no sintió dolor alguno. Salta alto y se precipita hacia él, la caída causa un gran estruendo y levanta una nube de polvo, logrando cegar momentáneamente a su rival. Un puñetazo empuja a Argos fuerza la nube, Erin se abalanza conectándole otro en las costillas, el precepto se dobla por el dolor, ella arroja una patada que argos logra evitar a penas, intenta una vez más contraatacar, ahora un golpe a las costillas de Erin, de nada sirve, la fuerza la a leja a ella, pero el dolor es solo para él.

    –¡Mi mano! –exclama adolorido–. ¡No es justo, no es justo si no puedo golpearte!

    –Comienzo a debilitarme, debo acabar con esto ya –pensó Erin sintiendo su cuerpo más pesado y débil debido al gasto de magia.

    Se acerca una vez más, Argos trató de mantener la distancia pero su pierna lastimada no se lo permitía. Erin arrojó un combo de varios puñetazos dirigidos a la cara del Precepto, a lo que este solo pudo cubrirse, terminando por dañar más sus brazos. El último golpe entró sin problemas hasta la cara de Argos, la potencia lo proyecta hasta estrellarlo con un grupo de árboles, los cuales sucumbieron ante el cuerpo del tiranus. Ahora Argos está inerte en el suelo, noqueado, débil y herido.

    La capitán no es la excepción, instantes después su técnica se desactivó por si sola. Erin cae arrodillada, jadeando con desespero, al tiempo que sus extremidades tiemblan y sus músculos tienen terribles contracciones.

    –L-lo logré, acabe con ese asqueroso monstruo –sonríe victoriosa, tratando de levantarse, pero sus piernas fallan–. S-solo un momento de descanso y estaré lista otra vez.

    –¡Sobrecarga! –enuncia una vez más el santo Gideon.

    Seguido se escucha el grito de Zarina, a pesar del choque eléctrico ella logra golpear a Gideon con su antebrazo, la fuerza de la tiranus aumenta aún más, Gideon simplemente es arrojado por el suelo y rueda varios metros de forma tosca.

    Ambos están en malas condiciones. Gideon ha recibido pocos golpes, pero estos son demasiado fuertes para él, sus brazos están magullados, al igual que su cuerpo, le cuesta volver a levantarse. Zarina requiere del daño físico para aumentar su fuerza, sin embargo sigue siendo daño, el cual se acumula, y los constantes choques eléctricos le dificultan moverse, su cuerpo arde, tiembla y jadea con desespero.

    –M-maldición, ¿cuánto más debo electrocutarla para vencerla? –se cuestiona a sí mismo el santo levantándose una vez más.

    –Y-ya no puedo, ya no tengo más energía –musitaba Zarina, levantándose con mucha dificultad, pues sus piernas temblaban debido a la electricidad que había recibido.

    –Z-zarina –se escuchó la voz de Gilda, quien comenzaba a reaccionar–. ¿D-donde está el señor Argos?

    –N-no lo sé hermana, estaba luchando con la otra humana –respondió Zarina aliviada de verla levantarse.

    –Mierda, la otra ya reaccionó, estoy en desventaja otra vez –susurró Gideon retrocediendo.

    Las dos tiranus encararon a Gideon, dispuestas a seguir luchando.

    –Qué vergüenza, Argos. Vencido y humillado por esa humana, ¿así te atreves a llamarte Precepto del Caos? El viejo Aldan estaría terriblemente avergonzado de ti –susurraba para sí mismo Argos, despertando después de haber quedado inconsciente un momento. Hallándose en medio de varios pedazos de árboles–. Esa mujer es muy fuerte, demasiado. Hace muchos años que no me topaba con un rival tan exigente –entonces, con la boca llena de sangre, articuló una enorme sonrisa–. Jamás pensé que alguien pudiera obligarme a usar mi habilidad, hasta hoy, esta mujer me ha superado lo admito, estoy forzado a usar mi habilidad… ¡increíble, pedazo de mierda!

    Se levantó, sintiendo sus huesos rotos, en especial varias costillas, salió de entre los arboles regresando al campo de batalla, topándose con Erin quien tenía su hacha en mano con intenciones de rematarlo.

    –¡¿Cómo es que sigues en pie, hijo de puta?! –cuestionó incrédula y atónita.

    –Eres asquerosamente fuerte, mujer, lo reconozco. Me habrías matado sin problemas –aseguró tosiendo y riendo a la vez.

    –¿Habría? –arqueo la ceja Erin–. Voy a hacerlo, estas vencido ya, no puedes seguir peleando.

    –No, ya no puedo seguir peleando así, lo sé. Para tu desgracia, aún no he usado mi habilidad –sonrió para luego mirar a Gilda y Zarina, quienes acechaban a Gideon–. ¡Niñas! –las dos lo miraron–. ¡Les ordeno que escapen de este lugar, aléjense tanto como les sea posible y no regresen hasta que escuchen mi voz otra vez!

    –¿Qué? ¿De qué habla, señor Argos? –preguntaron las dos sin entender de que hablaba.

    –¡Tiene que irse ahora, porque voy a perder la cabeza un rato! –ordenó apretando los puños con fuerza.

    –Deja de decir estupideces, es imposible que puedas seguir luchando después de todo el daño que has recibido, no puedes tener tanta magia…–fue entonces que Erin entendió que si era posible.

    –¿Hasta ahora lo notas, estúpida? No he usado un solo ataque mágico en todo el combate, me bastó con mi fuerza natural para lidiar contigo, bueno, no me bastó, por eso me veo obligado a usar mi habilidad –agregó sonriendo y burlándose de ella con su risa.

    Las dos tiranus recordaron la advertencia que Aldan les había hecho, entendieron pues que tenían que salir de allí antes que Argos comenzara a atacar. Olvidándose de Gideon por completo comenzaron a correr para alejarse.

    –¡¿A dónde creen que van, cobardes?! –exclamó el santo, tratando de seguirlas, hasta que una terrible sensación lo detuvo.

    Argos había liberado por fin su poder mágico. Cual si fuera un terrible y voraz fuego de color rojo este se elevaba por varios metros, envolviendo por completo al cuerpo del tiranus, una cantidad de magia descomunal, quizás, la más grande que Gideon y Erin habían visto.

    –¡Presencien, asquerosos humanos, la herencia maldita de la temida tribu Dientes Largos! –gritó con todas sus fuerzas Argos–. ¡Esta es mi habilidad, Berg-Skeer! –la magia desbordó a un más, arrojando ventiscas por todo el lugar.

    Los ojos del precepto se volvieron completamente blancos, perdiendo con esto el raciocinio, entregando su mente a las acciones más básicas y salvajes de un ser vivo. Las heridas internas, como las fracturas, se curaron al instante, su musculatura creció mucho, haciéndolo verse aún más imponente con esos enormes músculos y las venas que se resaltaban en ellos pariendo que estuvieran por estallar, sus dientes se alargaron un poco más, pareciendo la dentadura de un feroz depredador. Cuando la magia cesó Argos era otro, completamente diferente, su cuerpo temblaba como si estuviera ansioso, sus ojos carecían de pupilas e iris, respiraba agitadamente por la boca, de la cual emanaba saliva en grandes cantidades, gruñidos y sonidos guturales.

    –C-capitán –llamó Gideon sintiendo un aterrador mal presentimiento–. Debemos huir, ahora.
     
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    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Vaya, esta lucha entre Erin y Argos está intensa, y no acaba aún. Parece que Argos entró en un modo berseker, sin mencionar que se curó. Me parece que al final habrá un muerto de entre Erin y Argos, no veo que esto pueda acabar de alguna forma que los tres sobrevivan.

    Y ahí estuvieron Gideon y las tiranus. Un tanto decepcionante que entre Zarina y Gilda apenas si mantienen a raya al santo.
     
    Última edición: 19 Marzo 2019
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, lamentablemente no cuento con demasiado tiempo para marcar todos los errores, pero te informo que han habido una gran cantidad, y varios de ellos en momentos muy importantes de la pelea, los cuales te van sacando y provocando que la inmersión se pierda de a ratos. Al menos así lo siento yo.

    No hay mucho que comentar, dado a que el capítulo únicamente ha mostrado el combate. La narración está muy fluida en todo momento, y salvo por los errores que aparecen en algunas palabras, no se corta nunca la lectura. Noté un único error allí, que es en una de las zonas donde habla la capitana Erin.

    Esos dos fragmentos de diálogo están cortados cuando es la misma persona la que habla y deberían ir juntos.

    Tal parece que a Argos no le fue muy bien conteniendo su poder, pero ahora va a liberarlo todo y las cosas se van a complicar muchísimo para Erin. Aun así, entre ella y Gideon lograron darle una pelea muy pareja a Argos y a las sirvientas de Grimor. Finalmente se ha visto el choque de un santo en contra de las tiranus, en realidad, dos de ellas, y no ha sido una pelea fácil para las dos escoltas de Grimor. Si Merl, Dale y Abby hubieran estado con vida al momento de la pelea, estoy seguro de que la horda se habría llevado más de una baja para reportar. Lamentablemente, no tuvieron la oportunidad de hacerlo, y solo quedaron el santo relámpago y la capitana de las águilas.

    Sin embargo, ahora los dos la tienen super complicada para poder derrotar a Argos si es que va a luchar como un auténtico demente y sus heridas han curado. Aunque yo creo que personalmente, Erin y Gideon lograrán escapar si logran trabajar juntos. Probablemente se lleven alguna herida algo jodida para el futuro, pero no los veo muriendo en esta lucha aquí. Solo me queda esperar para averiguarlo.

    Estoy ansioso de ver como se irán moviendo los conflictos en el futuro entre todos los personajes. Y esperaré pacientemente hasta la publicación del próximo capítulo. Por ahora será todo. Saludos.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por los comentarios.

    El combate fue bestial entre la capitan y el preceto, sin embargo, la verdad es que fue Erin quien dominó y habría ganado de no ser por el secreto de Argos. Y si, el combate continua, ahora con un precepto restituido y con su poder aumentado. ¿Será que alguno de nuestros humanos pueda perecer en su ira demencial?

    ¿Será que todo el grupo de Erin habria podido contra los demonios? Cuando veias el Full Power de Argos tendrán esa respuesta ;)

    Pronto tendremos el desenlace de este combate y el final de temporada está solo a algunos caps de distancia. Nos vemos en el siguiente cap.
     
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  16. Threadmarks: T: III - Capítulo XLVII: Berg-Skeer
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Saints
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    Acción/Épica
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    Temporada III – Capítulo XLVII: Berg-Skeer

    “Tanto las razas de Plea, como de Hollgom, poseen dos tipos de energía en sus cuerpos, magica y física”

    22 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Los dos santos humanos están de pie mirando expectantes al tiranus que se irgue indemne, fortalecido y carente de un raciocinio frente a ellos. Gruñe y jadea cual animal rabioso mientras mira en todas direcciones.

    –Capitán debemos irnos –susurró Gideon a Erin, siendo él el más intimidado por la nueva apariencia de su enemigo.

    –¿Qué fue lo que hizo ese monstruo? –alegó la capitán, obviando las palabras de su subordinado–. No importa, no podrá vencerme aun así.

    Argos se fijó en ellos mirándolos por un momento para luego saltar de repente. Gideon retrocedió mientras que Erin trató de anticipar los movimientos de Argos e intentar cortarlo con el hacha. El precepto vió el ataque y lo esquivó quedando frente a Erin para darle un poderoso cabezazo en la frente que derribó a la mujer.

    Gideon intentó atacarlo por un lado arrojando una de sus espadas como proyectil, las habilidades del precepto les sorprendieron pues la esquivó sin problemas, no solo eso, la atrapó en el aire y se la regresó a Gideon a pesar de estar cargada de electricidad.

    –¿Cómo diablos hizo eso? –alegó el santo esquivando su propia arma.

    Argos comenzó a correr hacia Gideon a toda velocidad, velocidad que había aumentado, el santo eléctrico debió usar sus técnicas eléctricas, centella eléctrica, para poder escapar al devastador puñetazo que estuvo cerca de asestarle.

    –Maldición, es demasiado rápido –musitó el santo alejándose.

    Argos no tardó en lanzarse sobre él cual animal tomándolo con firmeza por el cuello, Gideon forcejeó y lo golpeo varias veces en la cara, no hubo daño o muestra alguna de dolor por parte del precepto. Argos lo levanta y lo arroja violentamente contra los arboles cercanos. Erin aparece por detrás a toda velocidad intentando cortarlo con su hacha. Sin necesidad de verla él pudo anticipar su ataque, se agachó para evitar el peligroso corte.

    –Mierda –maldice la capitán al errar.

    El precepto gira y arroja un golpe a Erin esta lo bloquea con el mango de su hacha logrando detener ese enorme puño pero la fuerza es tal que la mujer sale disparada hasta estrellarse contra varios árboles. Argos golpea el suelo con los puños y suelta un gran gruñido cual bestia enfurecida.

    El santo eléctrico apareció por detrás, el precepto lo ve de reojo y trata de detenerlo con sus puños, Gideon los esquiva con dificultad buscando quedar detrás de él otra vez, lo logra y salta sobre la espalda de Argos aferrándose con firmeza.

    –¡Sobrecarga! –enuncia para cubrirse de electricidad y conducirla sobre su enemigo.

    La energía recorre todo el cuerpo del santo para luego conducirse hasta el del tiranus quien grita con fuerza ante ese terrible castigo. Aun así no cae ni se paraliza por la corriente, se agita frenéticamente tratando de quitarse de encima a Gideon, el santo apenas logra asirse. Argos lo toma por la ropa con una mano y lo jala con su gran fuerza logrando quitárselo y estrellarlo contra el suelo.

    Gideon no puede creer como ese sujeto pudo soportar una de sus mejores técnicas, no tiene tiempo para meditar eso pues Argos intentó aplastarle la cabeza con un pisotón. Rueda por el suelo para alejarse, su enemigo es más rápido y lo patea brutalmente en las costillas. El santo eléctrico vuela por el aire hasta caer aparatosamente contra el suelo.

    –¡Gideon! –exclama Erin preocupada pues el santo no se mueve tras el golpe. Encara a su enemigo llena de ira–. Me las vas a pagar, pedazo de animal ¡Te haré pedazos! ¡Iron: Muñeca de metal!

    La capitán ataca por la espalda tratando de patearlo pero este se anticipa evitándolo y contraataca golpeándola en la cara, el blindaje la protege y le regresa el daño, o eso es lo que ella cree, Argos chilla al golpearla, pero no retrocede y arroja otro puñetazo, Erin sin problemas deja que lo golpee el dolor es para él, pero la bestia no retrocede e insiste en golpearla más veces.

    –¿Qué te pasa idiota? –cuestiona desconcertada, retrocediendo solo por la fuerza–. Te estás haciendo mierda las manos, animal.

    Tal como un animal Argos no es capaz de entender el lenguaje común, actúa solo por impulso salvaje y sigue golpeándola a pesar de la sangre que cubre sus puños ya. Empuja a Erin y con fuerza gruñe, gruñido que resuena en el lugar y aturde a la capitán.

    No era un simple gruñido, era un aviso, si, una vez más aumenta su habilidad. Sus músculos crecen un poco más, la piel se torna aún más roja que lo normal, las venas de sus ojos se hinchan y los tornan del mismo color, espuma comienza a emanar de su boca cual perro rabioso.

    Erin se asusta aunque trata de disimular, ataca antes que él golpeándolo con todas sus fuerzas, fuerza aumentada por su técnica. El puño impacta en la cara del precepto y lo hace retroceder, ella insiste saltando y conectado uno más contundente. Argos se arrodilla mientras la sangre escapa de su boca y se funde con la espuma.

    –¡Ya muerte hijo de puta! –exclama con desespero la mujer. Toma la cabeza de su enemigo y le conecta un brutal rodillazo que retumba en el bosque–. ¡Muérete, muérete, muerte ya, maldito monstruo!

    La fuerza Erin sería capaz de matar a cualquier persona de un golpe, pero a Argos no parece afectarle tanto, y eso está atemorizando a la santo. Intenta otro rodillazo, pero Argos lo detiene con la boca. Atrapa entre sus fauces la pierna de la mujer.

    –¡¿Q-que haces?! –cuestiona sorprendida tratando de zafar su pierna, no puede, las mandíbulas del tiranus son demasiado fuertes–. ¡Suéltame! –ahora lo golpea en la cabeza para tratar de liberarse.

    Las mandíbulas del precepto aprietan y clavan esos filosos colmillos en ella, a pesar del blindaje. Erin grita de dolor y desesperación pues jamás nada ni nadie la habían dañado usando su mejor técnica, ahora era testigo de cómo este sujeto atravesaba su blindaje con los dientes y llegaba hasta su carne.

    En un solo movimiento suelta la pierna de la mujer y se levanta conectado un poderoso puñetazo en el abdomen de Erin, aun con su técnica sintió el dolor y se doblega. Argos toma su cabeza con las manos para comenzar una andanada de cabezazos que impacta uno tras otro en la frente de la mujer. Aturdida es incapaz de esquivar el siguiente ataque del tiranus, un gran puñetazo ascendente.

    El blindaje y el peso aumentado no sirven de nada ya. Erin vuela por el aire hasta caer en el suelo, el puño del precepto no presenta daño alguno. Erin queda inerte y boca abajo mientras su blindaje desaparece y la sangre inunda su boca acompañada de un agónico dolor.

    Argos domina a la santo de elite y ni hablar de Gideon quien ni siquiera se mueve después del último golpe recibido. El tiranus gruñe una vez más con fuerza se torna más errático y violento al punto de arañarse así mismo la cara sin motivos, se arrodilla y golpe el suelo haciéndolo temblar.

    Ambos humanos comienzan a reaccionar después de unos momentos moviéndose lentamente. Gideon escupe y tose sangre llevándose una mano al costado, una costilla rota logra deducir por el dolor y la sensación. Erin trata de levantarse pero su cuerpo está débil y tiembla. Es en ella que se fija la bestia Argos.

    La toma por la cabeza y la somete manteniéndola recostada, ella se queja pero su fuerza ya no es nada comparada con la de él, ahora se fija en el hombro de ella, el cual está expuesto. Obedeciendo aun primitivo instinto le clava lo dientes buscando morderla, la armadura apenas presentó resistencia, los colmillos del precepto la atravesaron y se clavaron en ella. Erin grita con todas sus fuerza ante ese agudo y tortuoso dolor. Trata con desesperación de escapar pero no puede.

    –¡Suéltala! –grita Gideon saltando sobre Argos tomándolo por detrás y aferrándose a él. Logra que Argos suelte a Erin e intenta una vez más su técnica –¡Sobrecarga!

    Esta vez no logra nada, Argos se lo quita de encima y lo arroja antes que su electricidad surja. Erin recién se levantaba, siendo muy notoria la sangre que emanaba de su hombro por la mordida.

    –Gideon –ve al santo ser arrojado otra vez–. Tenemos que escapar de aquí –musitó para sí misma mientras miraba a Argos acercársele otra vez.

    Intentó atacarlo con sus puños, de nada sirvió, ella ya no tenía toda su fuerza y él era aún más poderoso. Detuvo los ataques de Erin y la golpeó haciéndola retroceder aturdida. Argos no cesó y la tomó por detrás intentado asfixiarla con sus brazos.

    El precepto preparó un puñetazo formidable alejando su puño derecho y con una fuerza bestial impactó la espalda baja de Erin. La mujer sintió el peor dolor de su vida pero no pudo gritar pues casi al instante quedó inconsciente con los ojos en blanco, él solo la dejó caer.

    –¡Capitán! –exlcamó Gideon al verla–. ¡Maldito, maldito, maldito! –gritó lleno de furia fijándose en Argos–. ¡Maldito monstruo, me las pagaras!

    El santo decidió que utilizaría una técnica muy peligrosa, no solo para su enemigo, sino para él mismo. Se arrodillo y puso sus manos en el suelo su electricidad comenzó a recorrerlo.

    Argos estaba envuelto en una locura mayor, la espuma de su boca ahora era roja, se golpeaba así mismo en la cara, se mordía y arañaba los brazos, tal parece que mientras más tiempo permanezca activada su habilidad su demencia también aumenta. Hasta que se fijó en el santo que seguía cargando su habilidad, gruñó con fuerza y se preparó para atacarlo sin embargo algo tomó su pie impidiéndolo.

    –G-Gideon, vete, escapa de aquí –musitó con escasas fuerza Erin. Había usado una vez más su técnica de muñeca de metal para retener al precepto.

    El santo eléctrico no la escuchó así que no le hizo caso y siguió cargando su técnica, la electricidad desbordaba hasta impactar en el suelo cercano.

    –La técnica que mi padre me enseñó –enuncia mientras la electricidad emana incluso de su boca.

    –¡Gideon, huye de aquí, por favor! –gritó Erin para luego recibir un puñetazo en la cabeza que la volvió a noquear.

    ¡Electro: relámpago imparable! –gritó con todas sus fuerzas.

    La electricidad se tornó roja en un instante y el santo salió dispara cual proyectil hacia el precepto. Era una velocidad sin igual, casi imperceptible para el mismo Argos. Gideon impactó en el pecho del precepto desatando un estallido de centellas y rayos que volaron por el lugar. El precepto salió volando por el aire decenas y decenas de metros cayendo por un despeñadero, Gideon rebotó en el impacto rodando por el suelo varios metros.

    Todo quedó en silencio por unos momentos hasta que el santo abrió los ojos y comenzó a gritar de dolor, su cuerpo no estaba listo para contener tal cantidad de electricidad así que esta terminó por hacerle daño, recorriendo su cuerpo dejando arañazos y quemaduras, la sangre escapó por ojos, nariz y boca, los músculos se tensaban a voluntad cerca del desgarre. A pesar del suplició logró levantarse y apuntar su mano al cielo, de ella emanó toda la electricidad que aun poseía causando severas quemaduras en su mano. Al final el dolor lo hizo caer al suelo inconsciente.

    Por otro lado Argos no estaba en mejores condiciones. La caída había sido bestial y el daño generado por el ataque del santo era muy notorio, todo su pecho y abdomen estaban quemados. Chillaba como animal agonizante la locura reanudó golpeándose una y otra vez en la cara mientras se revolcaba por el suelo frenéticamente. una vez más su habilidad mostraría lo poderosa que era pues lentamente la herida creada por Gideon se curaba por completo, sin embargo Argos se volvía aún más loco golpeando árboles entre gritos, chillidos y gruñidos, su demencia lo hizo alejarse de sus verdaderos objetivos solo buscando caos que crear. Para este punto cualquier cosa viva seria su objetivo.

    Las horas pasaron hasta que Gideon pudo reaccionar estaba desorientado e inundado por dolor en diferentes partes de su cuerpo, principalmente su mano. Con dificultad se levantó fijando que no había peligro cerca. Se fijó en su capitán y corrió hacia ella, tropezando debido al dolor en sus piernas.

    –Capitán, capitán, responda, por favor –decía preocupado mientras la movía. Divisó todos los golpes y heridas que tenía además de estar inconsciente. Se acercó a su pecho para escuchar su corazón, seguía viva, eso era buen–. Tengo que sacarla de aquí y llevarla de inmediato a un sanatorio –se dijo así mismo.

    Se arrancó la camisa y la seccionó para cubrir su mano herida y la herida en el hombro de Erin, haciendo gala de un aguante de dolor increíble, incluso para un santo. Erin es una mujer de gran estatura y complexión es pesada incluso más que Gideon. Aun así el santo demostró su fuerza levantándola y colocándola sobre sus hombros, sus piernas amenazaron con doblegarse pero aguantó como un verdadero guerrero.

    –No la voy a abandonar aquí, no sé cómo lo lograré, pero usted sobrevivirá, lo juro por mi clan. No es el lugar para que una guerra de su nivel perezca –dijo mirándola aunque era obvio que no lo escuchó.

    Fue pues que el santo Gideon se dispuso a escapar de ese lugar y regresar al poblado más cerca donde pudieran atenderla.

    Ya por la noche Gilda y Zarina deambulaban por el bosque solo con la luz de la luna para guiarse, parecían buscar a alguien.

    –Estoy segura que escuche su voz por esta zona, estaba pidiendo ayuda –decía Gilda caminando al frente.

    –¿Crees que sea buena idea? Él dijo que no nos acercáramos –objetó su hermana siguiéndola.

    –Sí, pero estaba pidiendo ayuda, no podemos dejarlo a su suerte, Zarina –replicó Gilda sin detenerse–. Si vemos que intenta algo salimos corriendo, además la pelea terminó hace horas no hemos escuchado ni gritos ni golpes desde entonces.

    –Vale, puede que tengas razón –suspiró Zarina algo desconfiada.

    Avanzaron un poco hasta encontrar una zona deforestada, decenas y decenas de árboles estaban destrozados y tirados sin más, incluso grandes rocas habían sido pulverizadas y partidas, aunado a una cantidad inhumana de animales masacrados, osos, lobos, ciervos y jabalíes pulverizados o destrozados de forma barbárica.

    –Bueno, ahora entiendo por qué lo llamaban precepto del caos –comentó Zarina incrédula ante tal desastre.

    –¿Dónde están los humanos? No los veo por ningún lado –dijo Gilda ante la ausencia de los santos.

    –Tal vez se los comió también –sugirió Zarina a manera de broma, pero creyendo que era posible.

    –N-niñas, por aquí –se escuchó la voz del tiranus muy débil.

    Las dos se acercaron rápidamente llevándose una gran sorpresa al verle. Aquel enorme e imponente tiranus estaba en un estado físico deplorable, famélico y pálido, como si no hubiera comido en semanas, pero la verdad es que toda su energía, tanto mágica como física, fue consumida casi en su totalidad. Para los versados en la sanación Argos aprontaba estar a poco de morir de inanición.

    –Señor Argos, ¿qué le ocurrió? –preguntó Zarina sorprendida y preocupada por verle así.

    –Creo que me excedí mantuve demasiado tiempo activada mi habilidad y estas son las consecuencias –a pesar de eso él solo se reía–. Estoy demasiado débil ayúdenme a volver a la base, por favor

    Las dos tiranus lo auxiliaron a levantarse y poder caminar de lo contrario no podría hacerlo.

    –¿Cuánto tiempo tardará en recuperarse? –preguntó Zarina.

    –No mucho, con el descanso y la comida necesaria estaré como nuevo en una semana –respondió él.

    –Su habilidad debe ser muy buena, pero pagando un coste como este no creo que sea tan útil en el campo de batalla.

    –Estoy un poco oxidado con el entrenamiento volveré a ser tan fuerte como antes. Además debo decir que abusé de mi habilidad, no la había utilizado en años, pero es que esa humana era tan fuerte que no podía quedarme atrás, tenía que seguir luchando.

    –¿Los asesinó? –preguntó Zarina.

    –Por supuesto, dudo mucho que puedan sobrevivir a mi poder. Aunque la verdad poco, o casi nada, puedo recordar, es otro efecto secundario –no le importaba nada, ni el peligro en el que estuvo, estaba feliz y sonriente–. Espero que haya más humanos como ellos en este mundo así nunca se acabará mi diversión.

    Las dos chicas solo se miraron incrédulas ante las palabras de ese sujeto.

    Al otro lado de la montaña tres personas avanzaban hacia la cima, cada vez más cerca de su objetivo. Era de noche y debían descansar, además que el frio ya comenzaba a afectarlos.

    –Con esto bastará –dijo Albert creando una improvisada cama de hojas y pasto dentro de la cueva donde los tres pernoctarían–. No será la mejor cama del mundo pero nos mantendrán calientes durante la noche.

    –Por suerte conseguimos estas pieles. Cada vez hace más frio y aún falta por subir –comentó Zila aun lado de él llevando en sus brazos varias pieles–. Sin magia resultas bastante hábil, Albert.

    –Cuando no eres fuerte el conocimiento te basta –respondió él recostándose en la improvisada cama–. ¿Cómo crees que Grimor esté contrarrestando el inclemente frio?

    –Dudo que los tiranus estén siquiera preocupados por eso –suspiró ella recostándose a un lado de él–. Ellos tienen una increíble tolerancia a las temperaturas extremas aun con este frio no tendrán problemas.

    –Mierda, que envidia –agregó él. Albert sacó una vara de sus ropas y comenzó a tallarla.

    –¿Qué haces? –preguntó ella curiosa.

    –Voy a volver a intentar crear una varita mágica, mis manos están sanas otra vez así que correré el riesgo –respondió tranquilamente.

    –No crees que es muy arriesgado, has fracasado las últimas veces –comentó arqueando la ceja–. Que nos llevemos bien no significa que te ayudaré si pierdes las manos –eso ultimo lo dijo sonriendo a manera de broma.

    –Gracias, que amable –rio él pues esos comentarios eran más que comunes ya–. Esta vez intentaré un método diferente, para el cual creo que podrás ayudarme.

    –¿Mi ayuda? –cuestionó sin entender–. Yo no sé nada de eso, ¿cómo podría ayudarte?

    –Esto será raro, pero bueno –dijo algo avergonzado–. ¿Qué edad tienes, Zila?

    –Veintisiete años, ¿a qué viene eso? –no podía estar más confundida.

    –¿Has estado casada o en una relación sentimental? –insistió el humano sin explicar el porqué de las interrogantes.

    –¿Q-que? Bueno….no, no he tenido pareja –respondió algo nerviosa.

    –Entonces puedes ayudarme –sonrió el humano emocionándose–. Necesito la sangre de una mujer virgen para el ritual que sirve para crear una varita, y bueno, tú eres una mujer y eres…

    –Mi sangre no te servirá –respondió tajante solo agachando la mirada.

    –…entiendo, supongo que tú ya… n-no quería ofenderte ni parecer un metiche, lo siento –sintió una gran vergüenza por lo que dijo–. Ese sujeto debió ser muy afortunado al poder estar contigo –trató de animarla mediante un halago.

    –No sabes de lo que hablas, Albert –apretó los puños y los dientes–. No quiero jamás hablar de eso, así que no hagas esas preguntas, ¿de acuerdo? –le dio la espalda y se recostó.

    –Sí, lo entiendo, y lo siento no quería molestarte…

    –¡Ve a ver que Zael no se pierda de regreso! tiene un largo rato que lo mandamos por leña y no regresa –ordenó ella alzando la voz.

    El humano decidió hacerle caso y salió de la cueva tan rápido como pudo, ya la había visto enojada antes, pero esta vez era diferente.

    –Mandona –bufó el mago al salir de la cueva.

    Caminó por una pequeña vereda hasta toparse con el otro sever, quien estaba recolectado pedazos de madera seca.

    –Vaya el humano se decidió a ayudar al pobre sever, que alegría –dijo con sarcasmo.

    –Cállate, tienes suerte que tu hermana me lo pidió con esa lida voz y amabilidad que le caracteriza –respondió con el mismo sarcasmo.

    –Te lo pidió a gritos, ¿verdad? Es típico de ella –rio mientras cargaba la leña sobre su hombro–. Las mujeres sever suelen ser bastante autoritarias, incluso mi padre, siendo un general y guerrero, no se negaba cuando mi madre le daba una orden, la belleza combinada con carácter es algo encantador, ¿no crees?

    –Sí, así son las mujeres, también las humanas, mi madre y hermana no eran diferentes –sonrió recordando a esa hermosas mujeres que tanto ha amado. Mientras recogía la leña recordó la extraña actitud de Zila ante sus preguntas y quiso indagar–. Oye, ¿Tu hermana tuvo algún problema con alguno hombre?

    –¿De qué hablas? Mi hermana ha tenido problemas con muchas personas, no es muy fácil de tratarla –respondió sin entender lo que él decía.

    –Me refiero a problemas íntimos, personales –insistió el mago.

    –No, no que yo sepa, ella no es de las que tengan amigos íntimos, de hecho jamás ha tenido novio y nadie la ha pretendido, lo cual me extraña, debo admitir que es bastante atractiva y es una gran mujer, pero su actitud es complicada –sonrió y luego frunció el ceño–. ¿A qué viene eso? Últimamente has estado bastante conversador con Zila, espero no te hagas ideas raras, humano.

    –Relájate, idiota. No te olvides que somos de mundos y razas diferentes –respondió rodando los ojos.

    –Bien, no lo olvides tu tampoco –finalizó Zael.

    Sin que lo supieran, en la distancia, ocultos entre árboles y matorrales un par de personas les espiaban.

    –Es el hijo del general Zero junto a un humano –susurraba una tiranus a su compañero.

    –Es imposible que escaparan al ataque de los humanos en aquel pueblo, ¿cómo lo logró? –cuestionó sorprendido.

    –Es probable que su hermana esté por aquí también. Debemos avisar de inmediato al general Grimor, seguro querrá verlos.

    Ambos eran exploradores. Se alejaron del lugar de regreso a la base.
     
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  17.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar el capítulo. Tengo que admitir que este sí me ha mantenido intrigado. El modo demencia de Argos me ha gustado. Tal parece que es una bestia incapaz de razonar mientras lo usa, lo cual además de ser una fortaleza, se convierte en una gran debilidad para él, ya que no solo ataca a posibles aliados, sino que se ataca a sí mismo. Con una habilidad así, dudo mucho que Argos pueda llegar a serles de mucha utilidad en el campo de batalla. De nada le serviría una habilidad así si solo empieza a matar a sus propios soldados aliados, e incluso si se lastima a sí mismo. Aunque no niego la posibilidad de que pueda entrenar para controlarla, y así poder mantener el control al entrar en un modo tan demencial como ese.

    Hoy vimos la fuerza completa tanto de Erin como de Gideon, aunque yo creo que el daño que recibieron en sus combates anteriores los dejó un poco nerfeados y que por eso no fue totalmente efectiva. Estoy seguro de que si hubieran ido con todas sus fuerzas desde el principio, y solamente contra el precepto del caos, podrían haberle hecho un daño muy serio. Imagino que luego de este "empate" (para mí lo fue, dado a que ninguno pudo asesinar al otro) se pondrán a entrenar con una mayor intensidad, y si se encuentran en algún momento con él, usarán su máxima fuerza desde el principio sin darle oportunidad a que cargue ese modo. Aunque me imagino que tras el daño recibido, pasará un tiempo hasta que los dos puedan volver a pelear.

    Ahora me pregunto como reaccionará Eusebio cuando su hermana le diga que fue a perseguir lo que ella creyó que era un dragón y terminó siendo nada más y nada menos que un escondite de la horda (no llegaron al escondite, pero el ataque de los demonios debe de darles un indicio de que están cerca). Imagino que ahora enviarán a un grupo a atacar dicha montaña.

    Por otro lado, vemos que Albert, Zila y Zael ya están por acercarse a su objetivo. Cuando las cosas marchaban bien, parece que Albert no eligió las palabras adecuadas para tratar con Zila. Me imagino si eso podría llegar a influir en lo que pase a continuación. Ahora vemos que un par de espías de Grimor los han encontrado, lo que quiere decir que estarán en peligro. Momento perfecto para que Albert intente crear una nueva varita. Ya que si no lo logra, se verá en grandes problemas realmente.

    Te señalaré unos errores que encontré:

    En el medio de esa frase falta una coma.

    Eso será todo por ahora. Saludos.
     
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  18.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Definitivamente Argos tiene lo suyo, aunque me impresionan más Erin y Gideon por combatir contra un berseker, recibir tanto daño, y sobrevivir para contarlo.

    Albert se metió en un tema delicado, sin saberlo. Tiene que tener más cuidado con lo que dice.

    Como estoy del teléfono no marco fallas, pero el "mágica" de la frase del inicio se tilda.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por los comentarios.

    El modo bestia de Argos es muy singular, pero así como tiene ventajas también tiene desventajas. Pero yo diría que puede ser muy util en el campo de batalla, solo como ejemplo, imaginemos una tropa de humanos que llegue a una ciudad en la que solo se encuentra Argos. Rodeado de enemigos podria luchar sin misericordia, aunque por esto podemos decir que su habilidad es únicamente para luchar en solitario. Ademas, con respecto a las heridas, pues mientras lo mantenga activo se regenerará aunque esto lo vuelve mas loco.

    Los dos santos dieron lo mejor y mostraron sus mejores técnicas, sin embargo no pudieron superar al poderoso precepto del caos.

    La verdad es que Erin luchó con todo, Gideon estaba medianamente agotado por luchar contra Gilda y Zarina. ¿Que hubiera pasado si los dos santos lucharan contra Argos desde un principio? en el momento que él activara su habilidad no había vuelta atrás, aunque le hicieron daño no dominaron a Argos desde que la activó él mantuvo el control de la batalla a partir de ese momento. Y si, concurro en que fue un empate. ¿Habrá secuelas en sus cuerpos después de esto?

    ¿Como reaccionará el general cuando sepa que la horda sigue de pie? bueno primero nuestros dos santos deben salir vivos de la montaña y dar el aviso.

    ¿En algún momento Zila revelará lo que Grimor le hizo años atrás? ¿Albert sospecha algo? ¿Como reaccionará Grimor cuando sepa que este par sigue con vida y cerca de su posicion? los problemas están cerca.
     
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  20. Threadmarks: T: III - Capítulo XLVIII: Encuentros inesperados
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Título:
    Saints
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    52
     
    Palabras:
    3481
    Temporada III – Capítulo XLVIII: Encuentros inesperados

    “Todo ser vivo posee energía mágica en su ser, los magos y santos poseen más que la mayoría. El problema recae para los magos quienes requieren de un mayor consumo de esta energía”

    23 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Todo era caos e incertidumbre en los montes verdes, sin embargo, nuestra historia ahora nos lleva más al norte del reino. Algunos días han pasado desde que la Mano Blanca había actuado por última vez causando problemas y pérdidas al duque embajador, desde entonces se tomaron un par de días para descansar y preparar el siguiente asalto.

    Algunos miembros del equipo aprovecharon esto para entrenar, siendo Diane la más enfocada en eso. La joven maga no dejaba un solo día sin practicar y ahora encontraba en Sira una compañera y mentora que la ayudaría. El cubo Hípercomprimido que contiene la bella casa que debió ser para el duque funge ahora como base portátil para el grupo.

    Es pues que dicha casa está instalada en los límites de un pequeño bosque y cerca de un camino blanco, todo parecía calmo de no ser por los estruendos que no dejan de escucharse debido a ciertos entrenamientos.

    –Vamos, Diane, tienes que ser menos predecible en tus ataques, trata de combinar diferentes conjuros y movimientos –Sugería Sira a su compañera.

    La guerrera de hielo empuñaba su fría espada y de su cuerpo emanaba un helado vapor. Frente a ella Diane jadeante debido al agotamiento además de estar sucia debido a los constantes fallos en sus ataques que la hacían terminar e en el suelo.

    –Lo tengo –Asintió al escuchar la sugerencia de Sira–. Tengo que combinar conjuros y diferentes movimientos, ¿cómo? –Se preguntó así misma mientras empuñaba su varita y analizaba la rígida y firme postura de su rival.

    Diane comenzó a correr y a arrojar un par de flechas verdes desde su varita, Sira no tiene problemas en destrozarlas con su espada, la maga cambia de rumbo y comienza a rodear a su compañera arrojando más flechas una tras otra.

    –¿Qué intenta? –Se preguntó a si misma Sira.

    Lluvia de flechas –Enunció la maga volviendo a cambiar la dirección y acercándose otra vez a Sira, además de liberar contra ella una andanada de flechas, pero no todo termina aquí–. Cadena de anclaje, proyección

    Desde su varita surgió a gran velocidad una larga cadena que Sira debió esquivar, aun así la cadena siguió hasta clavarse en un árbol atrás de la santo. La cadena comenzó a contraerse llevado consigo a Diane precipitándose hacia Sira a gran velocidad combinándose con las flechas que recién arrojaba.

    –¡Ice: Gran escudo de hielo! –Sira no podía esquivar el ataque así que decidió protegerse creando un escudo grande y grueso.

    Las flechas se clavaron con fuerza causando grietas en el hielo, acto seguido llegó Diane propulsada por la cadena e impactando una contundente patada en el escudo.

    Combo: Flecha y cadena –Exclama durante el impacto nombrado a su ataque. La fuerza no rompió el escudo pero si arrojó a Sira por el suelo terminando por perderlo–. Cuchillo mágico –La mano de la maga se recubrió de energía sólida que formó una hoja afilada.

    –Sus técnicas no son poderosas, pero lo compensa con su creatividad –Dijo Sira levantándose tan rápido como pudo–. Pero correr de frente a tu enemigo no te conviene. Ice: Aliento helado.

    Desde su boca liberó una gélida ventisca que diezmó la carrera de Diane obligándola a detenerse. Sira contraatacó arrojando esferas de hielo, la maga no se rinde y activa su escudo burbuja para evitarlas.

    –Es una buena defensa pero tiene su debilidad –Aseguró la santo saltando sobre el escudo para golpear la parte superior con su espada lo que dañaba rápidamente todo el escudo.

    Diane aún no se veía rendida pues su mente maquinaba en cómo seguir luchando, tuvo una nueva idea. Dejó que Sira rompiera la burbuja mientras le apuntaba con su varita. El escudo poco tardó en ceder.

    Nacimiento del agua –Su varita liberó un fuerte chorro de agua que dio contra Sira. No le causó daño pero la hizo cubrirse y la empapó por completo.

    –¿Y esto qué? –Alegó la santo de hielo al verse completamente mojada y sobre un charco de agua. Alzó la mirada y se sorprendió de ver lo que Diane planeaba.

    Flecha eléctrica –Sonrió apuntando su varita al charco de agua a los pies de Sira. Si lanzara la flecha la santo recibiría una fuerte descarga eléctrica, obviamente Diane no lo hizo, pero dio por sentada su victoria–. Creo que gané esta, ¿no?

    –Puedo congelar el agua…–Argumentó la santo sonriendo también.

    –¿Antes que mi flecha la toque? –Retó Diane segura de sí y su posición.

    –…Vale, tu ganas esta Diane –Rio aceptando la derrota–. Esta chica aprende muy rápido, es más inteligente de lo que parece –Pensó Sira guardando su espada–. Bueno, has ganado, Diane. La próxima no te lo pondré tan fácil, vamos 1-10. Ahora prepárate… ¿Estás bien?

    –S-solo dame un momento –La maga estaba bastante cansada y se recostó en el suelo–. Crear agua de la nada requiere demasiada energía mágica.

    –Sí, ya lo noté –Sonrió Sira. Se acercó para ayudarla a levantarse y tomar un merecido descanso–. Cuando te conocí no pesé que fueras una guerrera, creí que eras la típica novia delicada y frágil que acompaña a un guerrero.

    –…No te han dicho que eres demasiado sincera, Sira –Objetó la maga arqueando la ceja–. Ya te he dicho mil veces que Aikar y yo no somos novios, y tampoco soy una niña delicada y frágil, quizás sea algo débil…

    –Tranquila. Dije que lo pensé, ahora me doy cuenta que estaba muy equivocada, eres toda una guerrera y no digas que eres débil por qué no lo eres –Se acercaron a la entrada de la casa donde se sentaron en una banca.

    –¿Lo dices en serio, Sira? –La maga se sintió muy halagada pues veía a Sira no solo como una amiga si no como un ejemplo a seguir de guerrera.

    –Tu misma lo dijiste, soy muy sincera –Aseguro la santo–. Diane, tienes mucho futuro, solo no dejes de entrenar: El poder y la fuerza solo se logran con constancia, entrenamiento y dedicación.

    –Vaya, gracias Sira, en verdad significa mucho viniendo de ti –Sonrió ella.

    Por otro lado teníamos otro combate un tanto diferente, Aikar, junto con Oss, y Rufus se enfrentaban al líder del grupo, Dyr. El viejo hombre se mantenía de pie en el centro del campo mientras los otros dos santos le rodeaban.

    –¿Señor Dyr, está seguro que aún puede seguir peleando? –Cuestionó el bestiary algo preocupado pues aquel líder.

    –Llevamos cuatro rondas, 2-2, tenemos que decidir quién gana hoy, jóvenes –Aseguró el líder, aunque se le notaba cansado por su respiración.

    –Usted nunca se rinde, ¿verdad? –Sonrió Aikar empuñando su guadaña–. Es impresionante ver a alguien de su edad con tal ahínco.

    –Oye, no me faltes al respeto, muchacho, no soy tan viejo –Refutó Dyr arqueando la ceja ofendido–. Vale, comiencen.

    Los dos santos asintieron y se acercaron al líder tan rápido como podían.

    Vulcano: Aves de fuego –Dyr extendió sus manos y creó varias aves hechas de fuego las cuales se precipitaron hacia sus rivales a toda velocidad.

    Rufus comenzó a arrojar rocas contra esas aves tan rápido como podía, cada que eran destruidas creaban una explosión por esto debían procurar que no se acercaran demasiado a ellos. Aikar usaba sus cuchillas de viento para destruirlas pero estas no dejaban de ser creadas por el viejo hombre una tras otra.

    –Vamos Aikar –Llamó Rufus golpeando el suelo con su pie para crear una rampa de roca frente al santo.

    Aikar aprovechó esta elevación para dar un gran salto en dirección a su rival. Las aves intentaron detenerlo pero las cortó desde la distancia para luego precipitarse hacia el viejo hombre. Dyr no se preocupó, apuntó su mano al suelo y creó una explosión que lo proyectó a sí mismo lejos del alcance de Aikar.

    –¡Eres mío! –Gritó Rufus atacando por detrás de Dyr con un poderoso puñetazo.

    El viejo le vió de reojo y saltó ágilmente por encima de este quedando detrás de Rufus. Levantó su mano y disparó una explosión no tan potente pero con la suficiente fuerza para mandar a volar al gran hombre. Aunque luego resintió el movimiento con un agudo dolor en su espalda baja.

    –Ya no puedo seguir haciendo eso –Se dijo así mismo quejándose.

    El santo de la estrella de la muerte se acercó a toda velocidad arrojando cuchillas de viento, Dyr se vió obligado crear una potente explosión desde su mano con la fuerza suficiente para desvanecer todas las cuchillas creadas por Aikar. Una columna de humo se levantó tras la explosión, y de esta emergió Aikar saltando ágil intentando atacar a Dyr, pero el viejo loga esquivar el corte y acerca su mano al torso de Aikar.

    –¡Mierda! –Grita el joven al ver lo que se avecina, pero suelta su guadaña en el último momento.

    Dyr detona la explosión y Aikar vuela por el aire. Sin embargo la guadaña quedó a los pies del viejo hombre. Oss volvió a su forma humana conectando un fuerte puñetazo en la mandíbula de Dyr con la suficiente fuerza para derribarlo. El sirviente se acercó al aturdido hombre colocando una daga en su cuello, dando por finalizado el combate.

    –Ganamos, señor Dyr –Aseguró Oss con una sonrisa presuntuosa.

    –Volví a caer en esa tonta trampa, maldición –Se quejó el líder aceptado su derrota–. Bien, ustedes ganan esta vez.

    Aikar y Rufus se acercaron victoriosos. Oss ayudó a Dyr a levantarse debido a que el golpe lo atontó.

    –Fue un buen combate, seguro aprenderemos algo de esto –Dijo el bestiary mostrando respeto a su líder.

    –Es un honor luchar contra un veterano de guerra como usted, señor Dyr. Pero debo insistir en que ya no debería esforzarse tanto… –Un golpe en la cabeza fue lo que recibió.

    –¡No soy un anciano! –Refunfuñó–. Solo soy mayor, pero aun puedo luchar. No se preocupen por mí, muchachos irrespetuosos. Como sea, vamos a tomar un descanso, el gran líder enviará una carta con nuestro objetivo mañana así que pueden tomarse el día.

    –Ahora que lo menciona, la despensa está casi vacía, no estaría mal usar algo de lo que hemos robado para llenar nuestros suministros –Sugirió Oss.

    –Bien hagan eso. Hacia el norte hay un pequeño pueblo como a treinta minutos caminando –Dijo el señor Dyr mientras se retiraba sobándose la espalda debido a un dolor que aún le aqueja.

    Mientras tanto Diane y Sira conversaban hasta que el menos alegre y amigable del grupo salió de la casa, hablamos de Vyll quien con su típica mirada seria pasó de ellas.

    –¿A dónde vas Vyll? –Preguntó Diane al verle salir.

    –Iré al pueblo que está cerca –Respondió sin detenerse y de forma tajante.

    –¿Quieres que te acompañe? –Sugirió la maga de forma amable–. Me gustaría ver si encuentro…

    –No –Objetó al instante–. Prefiero ir solo –Dicho esto se alejó y tomó el camino blanco en dirección al pueblo.

    –¿Y a este idiota que le pasa? –Bufó Sira con poco agrado ante la actitud de Vyll–. ¿Quién se cree que es? Deberíamos darle una paliza para que aprenda a comportarse.

    –No creo que sea para tanto, Vyll parece no estar a acostumbrado a formar parte de un equipo, por eso se comporta así, debemos ayudarlo a integrarse –Justificó Diane nada agraviada por la actitud de aquel.

    –Tú pareces bastante interesada en agradarle, no creo que a Aikar le guste eso, él y Vyll no se llevan muy bien que digamos –Comentó Sira sonriendo picara.

    –¡Deja de molestar con eso, Sira! –Respondió Diane cruzándose de brazos.

    –Tal vez mi abuelo se ponga algo celoso si te ve con ese idiota –Insistió Sira dándole unos leves codazos.

    –¿Celoso? –Replicó Diane sorprendida por eso–. ¿Crees que él se ponga celoso? –Un infantil rubor se apoderó de sus mejillas al pensar en eso.

    –¡Pero mira que linda te vez así toda rojita! –Rio Sira abrazando a Diane y alborotando su cabello.

    –O-oye sira… ahora que lo pienso, espero no te molestes pero he notado que no eres muy femenina que digamos… No eres de esa clase de mujeres que les gustan otras mujeres, ¿verdad? –La idea le pasó por la mente debido a su forma de actuar y personalidad.

    –¡¿Tú también?! –Dijo indignada cruzándose de brazos–. Del idiota del abuelo lo esperaba, ¿Pero tú? Como sea. No, no me gustan otras mujeres, ¿No entiendo que tiene de malo mi actitud? Digo, sé que no soy una doncella precisamente, pero tampoco parezco hombre.

    –Vale, tranquila Sira, lo siento, no quería ofenderte –Se disculpó la maga pero conteniendo la risa que le causó la espontanea reacción de su amiga.

    –Creo que estoy ganando más velocidad en cada combate, ¿no crees? –Rufus y Aikar se acercaron a las chicas mientras hablaban de su entrenamiento–. Siento que soy más ligero cada vez –Decía el bestiary.

    Ambos hombres deambulaban con sus torsos desnudos y sudorosos, además de sucios debido a los contantes golpes contra el suelo que solo daban mayor rudeza a su apariencia. Dicha vista tan atractiva, quizás erótica, no pasó por alto ante los ojos de ambas mujeres.

    Los grandes y toscos músculos además de su gran estatura aunada a su larga cabellera gris y esos rasgos caninos eran un verdadero deleite para los ojos de Sira quien incluso de mordió el labio perdida en sus pectorales duros como roca. Por otro lado, Diane detallaba la complexión atlética de Aikar, sus músculos no eran tan grandes pero se marcaban perfectamente, sobre todo unas cuantas ventas en sus brazos y sus abdominales. Ambos hombres no notaron las miradas.

    –Eres puro musculo amigo, no creo que seas más ligero. A mí me preocupa más el señor Dyr, ¿has notado como se queja de su espalda? –Aikar pensaba más en la salud de su mentor que en su desarrollo.

    –Por cierto, ¿Qué tal si hoy para la cena les cocino un precioso bagre en salsa de cebolla? Cerca de aquí hay un lago donde puede haber unos muy grandes. ¿Quién quiere ir a pescar al estilo bestiary?

    –¡Yo! –Respondió al instante Sira. Llevándose unas miradas por parte de Diane y Aikar, y una más burlona por parte de Oss–…Digo, s-sí, quieres yo te acompaño –Claro que se avergonzó, agachó la mirada para ocultar su sonrojo.

    –No se diga más –Por suerte Rufus es poco perspicaz y no notó el porqué de la repentina respuesta.

    –Diane, vayamos a comprar comida al pueblo –Dijo Aikar a la maga con una sonrisa amigable.

    –Sí, claro, vamos –Respondió ella sonriendo tambien, y como decirle no a esa sonrisa que solo a ella le dedica.

    –Que situación tan más interesante tenemos aquí –Susurró Oss mirando a los cuatro frente a él y sus reacciones. Una gran sonrisa se formó en los labios del sirviente.

    Es pues que los miembros de la mano blanca se dividieron, Rufus y Sira fueron al lago a pescar mientras que Diane, Oss y Aikar irían al pueblo. Mismo al que Vyll también se dirige.

    Cerca del pueblo es por donde se encontraba ya el santo de la estrella viento salvaje. Su mirada era más seria que lo normal y esto era debido a una carta que recibió la noche anterior mediante una mujer encapuchada, dicha carta decía una sola oración “Te quiero ver mañana en la posada del pueblo - Mordecay” Anticipaba una reunión con ese temido y malvado hombre, reunión a la que se dirige en este momento.

    –Estas segura que le entregaste la carta, estúpida –Agredía verbalmente Gard a Ritzka fuera de una posada, ocultos en un callejón y cubiertos por capas y capuchas.

    –Sí señor, le aseguro que se la entregué al hombre llamado Vyll ayer por la noche, lo encontré caminado solo cerca de una casa en los límites del bosque –Aseguró ella agachando la mirada y aferrándose cohibida a su arcabuz.

    –Ese imbécil a un no llega, el señor Mordecay debe estar molesto ya –Bufó Gard mirando con discreción por la calle.

    –S-señor Gard, disculpe. P-pero usted me dijo que me llevaría con un sanador para que me colocara un nuevo colmillo –Pidió con miedo y vergüenza–. ¿P-podemos ir cuando termine la reunión?

    –No tengo tiempo para tonterías, además si el señor Eliott te ve con un nuevo colmillo te por seguro que te lo arrancará otra vez. Deja de molestarme con eso –Respondió con desprecio y asco en la mirada.

    –…L-lo siento –Fue lo único que pudo decir mientras agachaba la mirada.

    –Sabes que, ve a la entrada del pueblo para ver si ya llegó ese imbécil –Ordenó Gard. Ritzka no tuvo más opción que obedecer e ir hasta esa zona.

    Minutos después Vyll llegó, aunque por otra dirección. Gard se le acercó para abordarlo de forma molesta.

    –Llegas tarde, imbécil, mi señor…

    –¡Cállate, escoria! –Gruñó Vyll con rabia–. No voy a hablar con un patético sirviente, ¿Dónde está Mordecay?

    –…dentro, te está esperando –El vampiro también estaba molesto por cómo le habló, pero poco podía hacer.

    El santo pasó del mercenario y entró abruptamente en la posada. Al instante fijó a Mordecay al fondo del salón sentado en una mesa en solitario mientras bebía vino. Se acercó hasta él lleno de ira, cual si quisiera matarlo, y es que eso quería.

    –¿Me puedes explicar por qué carajos mandaste a una vampira para darme esta maldita carta? –Preguntó arrojado sobre la mesa la carta arrugada–. Los otros miembros del gremio pudieron verla, imbécil.

    –Tus hermanas son muy hermosas, ¿sabes? –Respondió el santo del sonido con una sonrisa en los labios–. Sin dudas no te pareces a ellas en nada. El otro día uno de mis asesinos pudo ver como la más joven se daba una ducha, el sujeto estaba incrédulo y maravillado ante tanta belleza.

    –¡Bastardo de mierda! ¡¿Quieres que te mate?! –Amenazó el santo colocando su mano en la empuñadura de su espada.

    –Si no quieres que mis hombres hagan pedazos a esas zorras…

    –¡No te permito que las llames así, malnacido! –Exclamó a punto de estallar.

    –¡Y yo no te permito que me hables así, pendejo! –Mordecay se levantó al instante dejando su actitud tranquila de lado y tornándose más serio–. ¿Crees que me intimadas, idiota? Yo he matado santos y magos más fuertes que tú. Pero a ti no solo te voy a matar, primero me encargaré que tus hermanitas tengan el peor puto destino que puedas imaginar, y luego te mataré. Ahora cállate, modera tu maldito lenguaje, siéntate y escucha con atención.

    Vyll no tuvo más opción que acatar las órdenes de ese despreciable hombre, se calló y tomó asiento frente a él a pesar la furia que tenía que contener.

    En la entrada del pueblo estaba Ritzka sentada en una fuente esperando el arribo de Vyll como Gard le ordenó. Cosa que claramente nunca pasaría. Esta pobre mujer no podía tener una mirada que no fuera triste y depresiva, los constantes abusos y ofensas la hacían sentir mal todo el tiempo, ¿Cuándo fue la última vez que sonrió? Ahora se avergonzaba de ello y le apenaba mostrar su dentadura carente de un colmillo el cual por cierto aun le causaba dolor y sangraba ocasionalmente.

    –Me duele mucho –Se decía mirando su reflejo en el agua de la fuente–. Cómo desearía poder alejarme de ellos, ¿Pero a donde puedo ir? No tengo familia, no tengo amigos y no conozco el mundo, solo soy una esclava –Suspiró con desolación mientras acariciaba su arcabuz–. La vieja vidente me dijo que algún día sería feliz, creo que solo mentía.

    Sin embargo pudo ver la llegada de otra persona en ese momento.

    –¡Es él! El hombre de la guadaña –Dijo sorprendida, sus lindos ojos morados brillaron al verlo.

    Era Aikar junto a Oss y Diane quienes llegaban al pueblo. La vampira lo reconoció al instante, era el hombre que le perdonó aquella vez y que además elogió sus ojos. Ritzka no entendía por qué, pero aquel hombre le causaba un gran interés y sus pálidas mejillas se enrojecieron al volver a verlo. Sin pensar en las consecuencias decidió seguirlo.

    –Mi señor no está nada contento con lo que ocurrió con sus caravanas, de hecho está muy molesto y ya no quiere jugar con tu grupito de bandidos –Explicó Mordecay sirviendo una copa de vino a Vyll.

    –No entiendo de que hablas, solo dime que quieres que haga ahora –Bufó Vyll cruzado de brazos y sin interés en el vino.

    –Mi señor quiere atrapar con vida a todo tu grupito para despedazarlos en persona, y tú me vas a ayudar. Esto es lo que harás –Dijo Mordecay para dar un gran trago al vino.

    Continuara…
     
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