Historia larga Saints

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 4 Marzo 2018.

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  1. Threadmarks: T: III - Capítulo XXXVIII: La esclava vampira
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Temporada III – Capítulo XXXVIII: La esclava vampira

    “Por el mundo existen decenas y decenas de agrupaciones de magos que se dedican a crear objetos y artilugios que ofrezcan ventajas o ayudas para toda clase de labores. A estas agrupaciones se les llama compañías, pues suelen vender dichas tecnologías”

    01 de abril de 1750, 2da edad de Plea.

    La mañana inicia una vez más en el reino de Albores. Nos hallamos en uno de los grandes y empedrados caminos del reino. Esta larga e intrincada red de caminos conecta a todo el reino, de norte a sur y de este a oeste. El tramo en el que estamos atraviesa uno de los bosques menos peligrosos y más bello del reino, el bosque Burs.

    En medio del camino estaban todos los miembros de la Mano Blanca, exceptuando a Dyr y a Rufus.. Parecían tener ya un rato allí pues Vyll y Aikar se impacientaban caminando de un lado a otro.

    –Esto ya tardó demasiado. ¿Qué tan lejos pueden estar? –cuestionó el santo de la gran espada, Vyll.

    –Es verdad. Dyr y Rufus llevan casi una hora desde que se fueron –agregó Aikar mientras agitaba de un lado a otro a Oss en su forma de guadaña.

    –Hombres –suspiró Sira tranquila sentada en un tronco mientras afilaba su espada corta–. No sean impacientes, no se trata de solo ver dónde están y cuantos son. Debemos identificar qué clase de mercenarios son y prever todas sus reacciones –explicó ella.

    –No me hables como a un niño. Fácilmente puedo ser tu tatarabuelo, o mucha más –bufó Aikar.

    –Pues tengo un tatarabuelo bastante tonto –rio ella.

    El santo sonrió de lado ante lo que decía. En poco tiempo había logrado forjar amistad con esa chica. Sira era bastante amigable y siempre suele estar de buen humor, además que no es muy femenina, de manera que puede jugar y molestarse con los hombres sin problemas. Es una chica ruda y una buena guerrera.

    Aikar volvió la mirada a su otra, y más apreciada, compañera, la maga Diane. Ella parecía enfocada en leer su libro mágico mientras balbucea una especie de conjuro teniendo su varita en mano.

    –¿Diane? –llamó él extrañado al verla concentrada– ¿Todo bien?

    –S-sí, claro. Estoy lista –respondió, pero se notaba cierto nerviosismo en ella.

    –¿Segura? No parces lista –preguntó él en voz baja–. ¿Algo te pone nerviosa?

    –No, no es eso…bueno, si –suspiró y cerró su libro–. La verdad es que si estoy nerviosa –confesó, con vergüenza.

    –Entiendo. Mira, no tienes que ponerte nerviosa, esos sujetos no son tan rudos como aparentan, son solo una parada de bandidos bien vestidos. Cuando matemos a la mitad los demás escaparan corriendo como liebres –buscaba relajarla, pensando que eran los mercenarios los que preocupaban a la maga.

    –No es eso Aikar –sonrió, al escucharlo hablarle de esa forma. Aikar era quien sabía siempre como animarla. Pero en este momento era otra cosa el motivo de su nerviosismo–. Es que, creo que no estoy al nivel de todos aquí. Tal vez soy demasiado…débil –agachó la mirada.

    –Diane –dijo el santo sorprendido. Suavemente levantó la mirada de la chica–. Tú no eres débil. Por favor, solo recuerda lo que has hecho. Escapaste de una aldea invadida de demonios, luchaste en un asedio, y fuiste tú quien venció a uno de los más poderosos, y claro, también ya te has enfrentado a estos mercenarios antes –la miró a los ojos y le habló de forma muy suave–. No pienses que eres la más débil del grupo, piensa en como demostrarnos que estas a nuestro nivel –finalizó con una sincera sonrisa, una que solo le dedica a ella en ciertos momentos.

    –Aikar –musitó ella mirándolo a los ojos, sintiendo como sus palabras la convencían y la animaban más–. Gracias, santo tonto.

    –¿Es que no se dan cuenta? –sonrió Sira mirando la escena.

    –Son bastante ciegos –agregó Vyll mirándolos de reojo con su típica seriedad y cruzado de brazos.

    –¿Estas practicando algún hechizo? –preguntó Aikar para cambiar el tema.

    –Sí. Llevo un par de días practicando un par hechizos ofensivos. Quiero mejorar mis técnicas para luchar mejor. Este se llama Cuchillo mágico. Consiste en cubrir mi varita y mano de magia, solidificarla y crear una especie de cuchillo con ella –explicó ella.

    –Suena complicada –dijo Aikar.

    –No mucho. Es de nivel cuatro, creo que puedo lograrla si me concentro lo suficiente –aseguró con una sonrisa llena de confianza. Confianza infundida por el santo.

    En ese momento dos caballos llegaron hasta ellos rápidamente. Eran Dyr y Rufus que regresaban con la información acerca de la caravana objetivo.

    –¿Y bien? –preguntó Vyll con los brazos cruzados y frialdad en la mirada.

    –La caravana está a diez minutos de distancia. Avanzan a paso ligero, debemos hacerlos detenerse para poder atacar. Solo hay un par de jinetes. La carreta principal es tirada por dos caballos, todos los mercenarios caminan a sus lados. No son un grupo numeroso, pero tampoco son pocos –informó Rufus bajando de su equino y escondiéndolo en el bosque junto a los demás.

    –No será difícil. Acabaremos con ellos fácilmente –sonrió con seguridad Sira.

    –Hay algo mas –llamó Dyr bajando del caballo–. No sé por qué, pero parece que mejorar la seguridad de la caravana.

    Al escuchar eso Vyll desvió la mirada. Días atrás envió una carta a Mordecay, advirtiendo que atacarían una caravana, aunque no especificó cual, argumentando que era el líder del grupo es el único que tenía toda la información.

    –¿Trajeron magos? –cuestionó Aikar a Dyr.

    –No puedo asegurarlo. Vi cuatro sujetos vestidos con capuchas negras y portando arcabuces. Realmente dudo que sean simples arcabuceros. Tendremos que ser muy cuidadosos –ordenó el líder del grupo. A diferencia de los demás él no usa armas, como Rufus, lucha con sus puños–. Tomen posiciones, seguiremos la estrategia que habíamos planeado antes, pero debemos ser más certeros y mortíferos.

    –¿mortíferos? –cuestionaron extrañados.

    –No debemos dejar sobrevivientes, ¿de acuerdo? –les ordenó de forma seria.

    Los miembros del grupo se miraron entre sí para asentir y estar preparados. Entonces se separaron tomando diferentes posiciones escondidos entre la maleza y los árboles. Solamente Sira tomó una posición diferente. Ella se colocó justo en el centro del camino y se arrodilló, luego vertió sobre su ropa un poco de salsa roja para emular una herida.

    Minutos después apareció la dichosa caravana. Una carreta con una jaula cubierta por una tela blanca, de manera que no se nos permite ver que hay dentro. Un cochero que dirige a los dos caballos que tiran de la carreta. Luego tenemos a los lados de la misma a esas cuatro figuras encapuchadas con sus arcabuces. Y luego a quince mercenarios que resguardan la carreta, cinco en la derecha, cinco en la izquierda y cinco en la retaguardia. El frente era protegido por dos jinetes a caballo.

    –¡Ayuda, por favor! –gritó Sira fingiendo estar herida–. ¡Un bandido me asaltó, estoy herida!

    Al verla, unos de los jinetes ordenó a la caravana detenerse. Se bajó de su caballo y se acercó a Sira.

    –Idiota –susurró ella al verlo acercarse. Pero el mercenario la sorprendería.

    –¡Ataquen! –ordenó ese hombre sacando su espada y corriendo para agredir a Sira.

    –¡Qué diablos! –reaccionó ella al verse descubierta. Se levantó y sacó su espada–. Ice: flecha de hielo –enunció para luego levantar su mano y de ella brotar una flecha de hielo que se clavó en el estómago del mercenario. La mujer corrió hacia él y en un ágil movimiento le cortó el cuello.

    En ese mismo instante se escuchó una detonación de arcabuz. Lo siguiente que Sira pudo ver fue un destello moverse de forma errática por el aire durante algunos segundos. La santo no entendía que era eso. La centella dejo de moverse como loca y se dirigió a gran velocidad hacia Sira. Sin dudas le hubiera acertado, de no ser porque Vyll saltó sobre ella derribándola y salvándola del disparo.

    –¡Vyll! –lo miró sorprendida–. ¿Qué era esa cosa? –el santo la miró de reojo sin responder. Era esa extraña técnica que enfrentó días antes en el cementerio.

    –No hay tiempo para hablar –dijo tajante sacando su espada.

    Frente a ellos se formó un muro de lanzas compuesto por diez de los mercenarios. Se escucharon tres detonaciones más. Los tres destellos se movieron en diferentes direcciones.

    –No podremos esquivarlas todas –alegó Sira tratando de seguir las tres balas con la mirada. Esta vez no les dieron tanto tiempo para pensar. Las tres balas se precipitaron a ellos rápidamente, atacando en tres diferentes direcciones.

    Mercy: Escudo burbuja –se escuchó la voz de Diane. Justo a tiempo se acercó a ellos y creó la burbuja. Esta logró detener las tres balas, que estallaron al impactar en la defensa.

    –Es bueno tener una maga en el equipo –sonrió aliviada Sira. Mirado a Diane de reojo con una sonrisa.

    –Ataquen ahora. Tardaran en recargar los arcabuces –ordenó Vyll. Saliendo a toda velocidad de la protección.

    Los otros tres miembros del equipo salieron de sus escondites. Aikar atacó directamente a la carreta. Esta buscaba escapar mientras los mercenarios distraían a los guerreros. Aikar usó su Gran Hoja de Viento. Arrojando una hoja de aire directa a los ejes que unen a los caballos al vehículo. Los cortó y tan pronto como pudieron los equinos salieron corriendo a toda velocidad, dejando varada la carreta. Fue fácil para Aikar luego eliminar al cochero con un fugaz corte de su arma.

    Por otro lado el santo bestiary cargó a toda velocidad buscando embestir por un lado al muro de lanzas formado por los diez mercenarios.

    Mina: puño fuerte –su brazo derecho se recubrió por completo de roca. Luego propinó un mortal golpe al primer mercenario de la fila. Este murió, pero la fuerza lo hizo derribar a sus compañeros para desarticular la formación.

    Por la retaguardia avanzó tranquilamente el líder del grupo. Dyr “puños ardientes”. Cinco Capaz Blancas se formaron ante él para luego cagar con las lanzas en alto.

    –Ya estoy viejo para esto –suspiró. Esperó el momento correcto y dio un gran salto para esquivar sus ataques.

    Los mercenarios no pudieron creer como alguien, que aparenta ser un anciano, pudo moverse con esa agilidad. Se detuvieron tan rápido como pudieron, para tratar de regresar y atacarlo otra vez.

    –¡Dioses, mi espalda! maldición, no debí hacer eso –se quejó el viejo hombre sin prestar atención a los lanceros que se acercaban otra vez. Solo los miró y levantó su mano apuntándoles–. Vulcano: Cañón –articulo apaciblemente.

    Una poderosa explosión emergió de su mano. Bastó para destrozar parte del camino y arrojar por los aires a los mercenarios. Quienes cayeron al suelo ya muertos. Es aquí donde entendemos por qué lo llaman “puños ardientes” pues después de usar una de sus técnicas su mano queda envuelta en llamas por unos segundos. Llamas que no le provocan ni el más mínimo daño.

    De regreso al frente. Rufus se liaba a golpes contra cuatro capaz blancas que le rodearon. De poco les servía a esos desdichados cubrirse con sus escudos, los puños del santo los destrozaban. Vyll ni siquiera hacia uso de sus habilidades como santo, su fuerza y destreza con la espada eran más que suficientes.

    Los arcabuceros habían recargado sus armas y se preparaban para volver a disparar. Dos de ellos no tardaron en fijar a Sira como su blanco. El primero disparó, la bala se agitó un poco y luego se precipitó hacia ella.

    –Te tengo esta vez, tonto –dijo sonriendo. Vió venir la bala y pensó que podría bloquearla con su espada. Lo hizo, pero la bala estalló, terminando por aturdir a Sira y desarmarla– ¡No puede ser! –dijo sorprendida al ver su espada volar por la explosión.

    Entonces el segundo arcabucero sucedió a su compañero y disparó. Esta bala fue más directa, sin agitarse. El blanco estaba desarmado y listo para caer. No obstante una guadaña se interpuso en el camino bloqueando la bala, la cual no estalló pues era de otro tipo.

    –¿Qué pasa Sira? ¿No me digas que tendré que salvarte a cada rato? –sonrió Aikar mirándola de reojo.

    –Solo fue esta vez, no te luzcas, abuelo –sonrió aliviada y retomando su arma.

    Otro arcabucero corrió colocándose detrás de ambos santos y se preparó para disparar. Pero el conjuro de una maga llamó su atención.

    Archer: Lluvia de flechas –fue el conjuro usado por Diane. Este de mayor nivel, pues liberaba una andanada de flechas mágicas desde su varita.

    El arcabucero hizo gala de una gran habilidad y reflejos, pues logró esquivar la mayoría. Hasta que una hirió su pierna y detuvo sus esquives, luego otra le dio en el estómago haciéndolo soltar su arma y finalmente una última flecha verde voló por el aire clavándose certeramente en su cabeza, justo en la frente. El arcabucero cayó muerto en un instante. Los dos santos miraron a la autora de ese ataque con sorpresa.

    –¿Seré yo quien los salve? –sonrió Diane haciendo girar su varita, y guiñándoles el ojo.

    –La maga mejora rápidamente, me agrada. Tu novia es genial, abuelo –sonrió Sira dándole un golpe en el hombro a Aikar.

    –Lo es –sonrió mirando a la maga. Hasta que entendió–… ¡no es mi novia, Sira!

    Dos de los arcabuceros restantes estaban preparando sus armas una vez más. Mientras que el tercero miraba el campo de batalla con miedo, se notaba pues sus manos y arma temblaban, además que no se molestaba en recargar.

    –Caballeros –llamó Dyr acercándose lentamente a los dos que recargaban tan rápido como podían–. Vulcano: Águila de fuego –levantó sus manos y en cada una apareció una pequeña águila de fuego. Los arcabuceros se sorprendieron por eso. Ambas águilas se proyectaron velozmente hacia los enemigos, prendiéndolos en fuego al instante. En pocos segundos estaban muertos y sus cuerpos ardiendo.

    –¡El jinete! –alertó Rufus.

    Uno de los jinetes aún seguía vivo y a lomos de su caballo. No consideró la idea de luchar, pues sería un suicidio, así que se dio a la fuga, hostigando con desesperación a su caballo. Sira arrojó varias flechas de hielo, pero fallaron.

    –¡Lo tengo! –dijo Diane–. Captura: cadena de anclaje –tardó un poco, quizás hasta hacer dudar a la maga. Pero luego de unos instantes una cadena de magia salió desde su varita hasta atrapar la pierna del caballo, obligándolo a caer al suelo.

    El jinete se levantó tan rápido como pudo, insistiendo en el escape ahora corriendo.

    Wind: Corriente cortante –dijo Vyll tranquilamente. Agitó su espada y la arrojó con todas sus fuerzas. El arma comenzó a girar cual si fuera un disco, ayudada por una corriente de viento creada por el santo. En pocos segundos alcanzó al mercenario decapitándolo, para luego dar un giro y regresar a las manos del santo como un fiel búmeran.

    –¡Eso fue genial! Apenas fueron rivales para nosotros –comentó Sira guardando su espada.

    –Juraría que eran cuatro arcabuceros –alegó Rufus mirando los cadáveres.

    –¡Mierda, está escapando! –alertó Dyr señalando al bosque. Por allí apenas lograron ver al cuarto arcabucero corriendo tanto como podía.

    –No se preocupen, nosotros nos encargamos –dijo Aikar yendo tras de él–. Aseguren la carreta, no tardamos –se refería a él y a Oss en su forma de guadaña.

    Corría a toda velocidad para alcanzar al último miembro con vida de la caravana. Era extraño, pero ese sujeto sí que corría, además de tener una gran agilidad, pues esquivaba todos los árboles, arbustos y raíces.

    Diablos, como corre ese hijo de puta –dijo Oss.

    –Lo sé. No puede ser un simple arcabucero. ¿Será un santo o un mago? –dudó Aikar al ver que no le estaba siendo fácil alcanzarlo.

    No estaría huyendo si lo fuera –contradijo Oss.

    –Cierto. Como sea, no voy a seguirlo por este lugar para siempre –agitó su guadaña y arrojó una cuchilla de viento.

    La cuchilla viajó rápidamente hasta dar justo en una de las piernas del arcabucero. No pudo seguir corriendo y cayó rodando por el suelo. Entonces la capucha descubrió su rostro y se pudo oír su voz. Era una joven mujer.

    –Sí que corres hijo de puta, pero bueno, es hora de acabar con…esto… –Aikar se acercó y pudo verla, ahora ahora notaba que era una mujer.

    Una chica un poco alta y bastante delgada, a simple vista parece de constitución débil, enfocada más en la agilidad. Su larga y lacia cabellera se liberó también al rodar por el suelo, es de color morado. Sus ojos, los cuales miran llenos de miedo al santo, son también morados. Y entre sus lindos labios rosas se ven un par de colmillos. Esta preciosa chica es una vampira, de eso no hay duda.

    –Eres una mujer –dijo el santo sorprendido–. Oye, aquí estoy.

    Aikar dijo eso al notar que ella miraba con dificultad, como si no fuera capaz de distinguir al santo que está frente a ella. Estaba solo en el suelo, tirada sin intenciones de levantarse pues sus piernas y manos temblaban, además que su rostro reflejaba el miedo que la inundaba.

    –No me mate, p-por favor –pidió con una voz quebrada y temblorosa–. N-no quiero morir –cerró los ojos mientras un par de lágrimas escapaban de sus ojos.

    –¿Qué te pasa? Menuda guerrera eres. Le pides perdón a la persona que estabas apunto de matar –arqueo la ceja. Entonces divisó algo a sus pies. Un par de anteojos. Los tomó y luego la miró a ella – ¿estos anteojos son tuyos?

    –S-sí, señor. Sin ellos n-no puedo ver bien –confesó aun temblando.

    –¿Quién diablos contrata a una arcabucera miope para defender algo importante? –entonces le dio sus anteojos.

    –Yo no fui contratada –los tomó y se los puso. Entonces pudo apreciar bien al santo frente a ella–. S-soy una esclava, señor –confesó con un gran pesar.

    –¿Esclava? –dijo con seriedad. Pero luego se tornó más dubitativo, mientras pasaba su guadaña por el cuello de ella haciéndola suspirar de miedo–. No sé si creerte.

    –P-por favor, por favor –suplicó cerrando los ojos tratando de contener el miedo y las lágrimas.

    Aikar –llamó Oss–Dejémosla ir, yo le creo –susurró Oss en la mente de su Aikar.

    –Yo también –suspiró el santo bajando su arma–. Vampira, tienes unos lindos ojos –sonrió mirándola a los ojos. A decir verdad eran unos ojos preciosos–. Solo por esta vez no les quitaré la vida.

    –¿L-lo dice en serio, señor? –preguntó sorprendida, sintiendo el más grande alivio de su vida, al tiempo que un leve rubor cubría sus mejillas. Mas al detallar lo apuesto que era ese hombre.

    –Sí, ahora vete antes que cambie de opinión –dijo con seriedad. Ella asintió y salió corriendo de allí. No sin antes agradecer con una reverencia a Aikar–. Es una esclava. Solo un esclavo olvidaría su arma –miró que ella dejó su arcabuz.

    Durante la Guerra Santa matamos a muchos esclavos. Era muy triste verlos suplicar por una vida que les fue arrebatada y les fue obligada a entregar por sus inhumanos amos –dijo Oss al recordar esos momentos.

    –Siempre me he compadecido de los esclavos. Hombres y mujeres obligados a luchar por personas que los tratan como animales. La esclavitud es una mierda, es una pena que solo este reino la haya prohibido. Como sea, volvamos con los demás, les diremos que la matamos y ya –tomó el arcabuz y se retiraron.

    Regresó con los miembros de su grupo. Rufus se encargaba de asir sus caballos para tirar de la carreta y poder llevársela

    –Debemos averiguar que hay en esa cosa –Ordenó Dyr. Él, Vyll y Diane fueron a la parte de atrás para ver que había allí

    –Solo transportan una caja. Debe ser algún artefacto o una pieza de arte –sugirió Vyll.

    –Esta cosa ha cruzado muchas fronteras –informó Diane mirando los documentos que había junto a la misma–. Sea lo que sea viene desde el Imperio Zarrahines.

    –Carajo, eso es casi al otro lado del mundo –el viejo se subió para verla mejor. Entonces vió las instrucciones y advertencias escritas en la caja–. “No sacar de la caja hasta su uso. Una vez activada por primera vez El cubo Hípercomprimido se volverá estable. Las instalaciones cuentan con: cuatro habitaciones, un baño, una sala y una cocina, así como dos habitaciones que pueden ser usadas para diferentes actividades. Este objetó fue creado por la compañía Ek-barak. Investigación y desarrollo mágico de vanguardia” –leyó Dyr en la caja–. ¿Alguien entendió algo? –miró a los dos que estaban con ellos.

    –Ni un carajo –respondió Vyll.

    –¡Es increíble! –exclamó Diane sorprendida–. Ek-bark es la compañía de investigación y desarrollo mágico más grande e importante del mundo. Ellos se encargan de desarrollar tecnologías y artilugios mágicos. Son los mejores y más avanzados. Mi tío tenía una varita hecha por ellos, era muy resistente y…

    –Vale ya entendimos –interrumpió Vyll–. ¿Sabes lo que es un Cubo Hipercomprimido?

    –Cierto…me temo que no lo sé. Debe ser una tecnología nueva –respondió ella.

    –Sea lo que sea, ahora es nuestra –sonrió Dyr–. Esta cosa dice que debe ser usado en un lugar estable y llano, sin nada que lo estorbe. Vamos a probarlo. A un par de kilómetros hay unos grandes pastizales, seguro que allí la podremos usar –bajó de la carreta.

    Minutos más tarde llegaron a ese terreno. Bajaron la caja y la abrieron. Dentro había una especie de cubo de metal y cristal, era grande, exactamente un metro cubico. A pesar de eso era bastante ligero se notaba resistente y sólido. Rufus lo colocó en el suelo.

    –Aquí dice que hay que activarlo con una cantidad de magia pequeña inyectada mediante una varita –leyó Dyr una especia de instructivo. Todos volvieron la mirada a la única maga del grupo.

    Diane se acercó y colocó su varita justo en el centro de la cara superior dejó salir un poco de su energía magica. El cubo comenzó a brillar un poco y una voz emanó de él.

    Por favor, aléjese a una distancia prudente. El cubo está calculando las dimensiones para la instalación –parecía la voz de una mujer. Los miembros del grupo se alejaron un poco. Cabe mencionar que un par de ellos parecían algo nerviosos pues bien podría ser un arma.

    El cubo comenzó a crear una silueta a su alrededor con varias luces que salían de todas sus caras. Hubo un gran destello verde el cual deslumbró a los guerreros.

    –Mierda. Esta cosa nos dejará ciegos –alegó Oss frotándose los ojos.

    –Quizás es un arma para cegar a los enemigos. Es muy efectiva –bufó Sira.

    –Oigan, miren eso –llamó Dyr, notándose impactado en su tono de voz.

    Frente a ellos había aparecido una casa de tres plantas, hecha completamente de madera. No era muy grande pero se notaba bastante linda y cálida por dentro. Eso es un Cubo Hipercomprimido, tiene la habilidad de absorber cosas muy grandes y guardarlas dentro de sí para luego desplegarlas una y otra vez en cualquier lugar y en cualquier momento.

    Maravillados por tal tecnología los siete entraron en la casa para asombrarse con su interior. Completamente amueblado y adornado, cualquiera diría que es una casa cualquiera habitada por una familia, pues lo tiene todo, podrían residir y pasar varias noches allí, de no ser porque la despensa está vacía.

    –¿Podemos pasar la noche aquí? –preguntaron todos, exceptuando a Vyll, al líder del grupo. No era que se quejaran, pero dormir en el suelo frio del bosque no era tan cómodo, y ahora tienen una casa para ellos.

    –…Vale. Pero la habitación grande es mía –respondió sonriendo.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar el capitulo. De entrada digo que estoy desde el celular y no puedo usar el pc, asi que sera algo breve.

    Tengo que admitir que me parece curiosa la aparicion de la esclava vampira. El hecho de que Aikar la haya dejado ir me hace creer que ella regresará en un futuro y que ayudaria al santo al sentirse en deuda con el. Aunque solo el tiempo lo dira.

    Se ve que el grupo de la mano blanca es bueno para dominar combates, pero se enfrentaron a un grupo algo debil, incluso ellos mismos lo reconocieron. Imagino que a finales de temporada lucharan contra un grupo muy importante o incluso contra demonios de la horda.

    Me parece raro que el rey les haya mandado a asaltar esa carreta con el dispositivo. Es decir, mas alla de ser una casa que el grupo puede usar como base o refugio, no le veo mas utilidad para la mision de la mano blanca o el reino. Tal vez el rey haya querido que el grupo tuviera un lugar en el que vivir sin quedarse en posadas o hoteles donde podrian ser vistos por espias. Es eso o bien esa carreta solamente era un señuelo para tapar algo mas importante. Queda esperar y ver.

    Parece que todos se dan cuenta de lo de Aikar y Diane exceptuando a ellos dos XD. La tipica. Me pregunto cuanto tardaran en darse cuenta, aunque yo creo que para el final de temporada ya habran al menos reconocido los sentimientos de unosnñ con otros.

    Desde el celular no puedo marcar errores, pero he notado que en una parte pusiste "capaz" en lugar de "capas". Ademas de haber algunos errores con las tildes.

    Por ahora es todo, saludos.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.

    No puedo adelantar nada acerca de la vampira, para no hacer spoiler. No obstane hay un detalle que no has considerado. Dyr ordenó que no hubiera sobrevivientes, y Aikar dejó ir a una.
    Si, en este cap solo se toparon con un grupo que no era rival, incluso, no era necesaria la participacion de todos los miembros de la mano. Pero tarde o temprano se enfrentaran contra enemigos de su nivel, veremos como les va entonces.
    Pronto veremos la reaccion del duque cuando se enteré que le fue robada esa carreta. ademas, has acertado en los motivos por los cuales era imperativo tener una base, si es movil, pues mucho mejor. Recordemos que el duque tiene espias por todos lados.
    La relacion entre Aikar y Diane lleva gestandose, basicamente, desde que inició la historia, su desarrollo será un misterio.
    Nos vemos en el siguiente cap.
     
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  4. Threadmarks: T: III - Capítulo XXXIX: La historia de un tiranus
     
    Fersaw

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    Temporada III – Capítulo XXXIX: La historia de un tiranus

    “Los monjes rojos tienen el permiso de los reyes y emperador para usar esclavos y con ellos experimentar. Su objetivo es desarrollar nuevas técnicas, artefactos y tecnologías que ayuden a los estados”

    05 de abril de 1750, 2da edad de Plea.

    Los días han pasado rápidamente en Plea. Nos encontramos en la nueva base de la horda bajo el mando de Grimor. Con el incesante trabajo de los tiranus, quienes siguen llegando al mundo a través del portal, este lugar ha cambiado completamente. Se han erigido empalizadas con adarves, puertas, pequeñas y modestas cabañas, así como se ha escavado la roca para crear almacenes y otro tipo de áreas. Los materiales, así como parte de la comida, son llevados hasta la cima de la montaña por los soldados que bajan a los bosques a cazar, recolectar y talar árboles. Por órdenes del general todos los recolectores deben cubrirse completamente para que no los identifiquen, y si ven humanos demasiado cerca, tienen órdenes estrictas de matarlos.

    Un salón fue construido recientemente, este alberga al mismo líder del ejército y a sus fieles escoltas y amantes. Grimor había decidido tomar una cálida ducha en su baño privado junto a sus tres hermosas escoltas.

    Gilda limpiaba la espalda de Zarina, quien estaba sentada en un banco y se mojaba con un cuenco. Grimor permanecía dentro de una enorme tina de agua junto a Kaira, quien se acurrucaba en el pecho de ese hombre mientras él le acariciaba el cabello y disfrutaba de la erótica vista de las otras dos.

    –¿Cuándo llegaran tus compañeros? –preguntó Zarina con curiosidad.

    –Deben estar cerca, quizás hoy o mañana, aunque uno de ellos demorará un poco más –respondió apaciblemente.

    –Deben ser muy poderosos para haber pertenecido a los preceptos del emperador ¿Qué tan fuertes son? –preguntó Gilda.

    –Mucho, sin embargo uno de ellos era más poderoso que yo y los otros dos. Es una pena que tuviera un terrible destino, es probable que ahora se haya debilitado. Aun así, es alguien muy inteligente y con gran experiencia, además de un gran amigo –explicó, mientras una nostálgica sonrisa aparecía en sus labios.

    –¿Podrías contarnos cómo fue que te volviste precepto? –solicitó Zarina con una gran sonrisa.

    –-No, mejor cuéntanos porque los destituyeron y los separaron –alegó Gilda.

    –Mejor háblanos de tu vida como esclavo –agregó Karina. Tal solicitud desconcertó a los demás–. Y-yo sé que no te gusta hablar de eso, pero, no pude evitar escuchar todo lo que le dijiste a Zero y, pues, quería conocer mejor tú pasado –dijo un poco apenada.

    –No suelo hablar de mi niñez –sonrió él acercándola más a él–. Pero creo que ustedes merecen saberlo, después de todo serán mis esposas. Bien, resumiré mi historia para ustedes.

    No desaprovecharían esa oportunidad de saber los secretos del pasado de su amado amo. Gilda y Zarina entraron a la tina con ellos y a se acercaron a su amante para escuchar con gran atención.

    –¿Por dónde empiezo? –sonrió mirándolas con amor.

    Relato de Grimor (pvd Grimor)

    Yo nací hace muchos años en el Estado de la Lujuria. Era el menor de cuatro hermanos. Mi padre era un miembro del sequito del rey y mi madre administraba una granja. Recuerdo que desde que mis padres siempre se opusieron a las guerras que periódicamente se suscitaban entre los reinos, incluso crearon grupos civiles y asociaciones que se manifestaban en contra del rey y las guerras. En algún momento yo y mis hermanos salíamos a la calles a repartir afiches y esas cosas, no las recuerdo bien, en aquel entonces poco podía entender de política y guerra.

    Mi infancia fue alegre, tenía a mis padres y hermanos, vivíamos en una linda granja a las afueras de la capital. Todo se destruyó en un día. Los guardias del rey llegaron a nuestro hogar y armaron un terrible desastre buscando a mi padre. Al parecer había ofendido al rey días atrás. El rey no estaba dispuesto a soportarlos constantes agravios y contradicciones de mi padre.

    Mientras los guardias destrozaban toda la granja, mi padre salió de la casa para detenerlos. Los guardias lo golpearon brutalmente hasta matarlo, luego entraron en la casa. Mi madre nos escondió a mí y a mis hermanos. Yo y mi hermana mayor nos escondimos en la despensa de la cocina, mis otros dos hermanos en una habitación.

    Mi madre trató de hablar con esos hombres y pedirles que no nos hicieran daño. De nada sirvió. Era una mujer hermosa, esos sujetos no se contuvieron y la tomaron por la fuerza. La tiraron sobre la mesa de nuestra cocina y, frente a mis ojos, la violaron una y otra vez con salvajismo. Llena de dolor y desesperación intentó atacarlos con un cuchillo. Al final la mataron también.

    Cuando todo quedó en silencio, los guardias comenzaron a buscar por toda la casa, sabían que estábamos allí. Yo estaba llorando aterrado, pero mi hermana me tapaba la boca y me abrazaba con todas sus fuerzas para que no nos oyeran. Tampoco sirvió de nada, nos encontraron y nos sacaron por la fuerza, me golpearon y a ella también. Aun con la forma en la que la trataban ella solo se preocupaba por mí, suplicando que no me lastimaran.

    Un hombre con una elegante armadura entró y les ordenó que nos capturaran, en ese momento nos declararon esclavos por ser familia de un traidor. Nos metieron a una jaula y mientras nos llevaban volví a mirar mi hogar, estaba ardiendo en llamas. Y mis hermanos aún estaban dentro. Jamás los volví a ver o a saber de ellos. Las cosas solo empeorarían a partir de ese día.

    Fuimos llevados a un gran castillo para servir como esclavos. Éramos propiedad del hermano del rey, quien era un general. Vivíamos como animales, todas las noches las pasábamos encerrados en un calabozo, y por las mañanas salíamos a trabajar todo el día, apenas nos daban de comer y beber. Teníamos que bañarnos en uno de los patios del castillo, frente a todo el mundo. Como animales.

    Mi hermosa hermana, Grimla, quien era doce años mayor que yo, y por aquel entonces tenía dieciocho años, heredó la belleza de mi madre. Todos los días debía soportar los insultos, maltratos y manoseos de los hombres. Nunca se quejó, nunca se desesperó, siempre tenía la frente en alto.

    Por las noches yo lloraba de miedo y dolor por el maltrato. No dejaba de llamar a mi madre, después de todo solo era un niño de seis años. Grimla, con un amor sin igual, me abrazaba y me recostaba sobre su regazo para consolarme, acariciaba mi cabello mientras me decía que todo estaría bien, que pronto seriamos libres y volveríamos a casa. Me dormía en sus amorosos brazos, para despertar y ver su bello rostro sonreírme y besar mi frente.

    Pocos meses después el general se fijó en Grimla de otra forma. Una noche los guardias llegaron a nuestra celda y la sacaron por la fuerza. Yo traté de detenerlos e impedirlo, solo me llevé golpes por eso. Mi hermana me dijo que todo estaría bien, que debía hacer unas labores que se había olvidado, que durmiera y que por la mañana estaría conmigo otra vez. No pude dormir esa noche sin ella.

    Cuando regresó sus brazos tenía moratones y arañazos, sus ojos estaba llenos de lágrimas, su ropa desgarrada y sus piernas temblaban, así como había sangre entre ellas. Traté de preguntarle que le habían hecho, ella solo se acercó a mí y me abrazo temblando, me dijo que yo era todo lo que tenía ahora y que por mi haría lo que fuera. Yo no entendía que pasó ni de que hablaba. Era más que obvio, el general la había violado, arrebatándole su castidad de forma violenta, la había amenazado con venderme si no accedía.

    Solo fue el comienzo de cuatro largos años de infierno para ella y para mí. Hasta que una noche, como ya se había vuelto costumbre, ella fue llevada a los aposentos de ese sujeto. Esa noche fue diferente, yo lo presentía, traté de dormir pensando que ella estaría conmigo al despertar como había sido hasta entonces. Sin embargo, sentía un agudo dolor en mi pecho que no me dejó dormir hasta que llegó el amanecer y esperar verla regresar. Jamás volví a ver a Grimla. Ese mismo día me vendieron y me sacaron del castillo entre gritos llamando a mi hermana.

    Años después descubriría lo que pasó esa noche. El general, quien era un alcohólico sin remedio, había abusado de ella como de costumbre, pero al final intentó marcarla en la espalda con su espada al rojo vivo. Ella, aterrada, se defendió arañando la cara del general, quien en un estallido de ira la ahorco hasta matarla.

    A los diez años fui vendido a un grupo de monjes rojos en el Estado Imperial. Llegue a pensar que por fin podría dejar atrás ese infierno y que podría comenzar a tener una mejor vida al volverme monje. Me equivoque terriblemente. No llegué a ese templo como un aprendiz, llegué como un esclavo, o lo que es igual para ellos, un conejillo de indias.

    Los monjes rojos llevan a cabo investigaciones y experimentación mágica para el desarrollo de técnicas y tecnologías. Todas las noches en ese lugar eran aterradoras. Nos encerraban en habitaciones con una cama y una pequeña ventana, era un poco mejor que el calabozo donde residía antes. Pero dormir se volvía imposible. Los demás esclavos gritaban y gritaban suplicando que los liberaran, o que los mataran, otros lloraban desgarradoramente, y otros simplemente caían en los brazos de la locura golpeándose a sí mismos contra las puertas y las paredes, se reían o solo decían cosas incoherentes. Una sola noche en ese lugar te marcaba para toda la vida.

    Recuerdo que a veces teníamos que limpiar las instalaciones, allí conocí a dos personas, un hombre algo mayor que no tenía ojos y una niña de mi edad, esclavos también con quien hicimos amistad, diría que esa niña fue mi mejor amiga. Aquel hombre nos narraba todas las aberraciones y monstruosidades que allí hacían. Pero yo y ella nos negábamos a crecerlo. Hasta que lo vimos.

    Estábamos limpiando una habitación un día. Esta tenía una ventana que nos permitía ver la habitación contigua. Un grupo de monjes entraron arrastrando a un hombre que se removía y gritaba con desesperación. Lo recostaron en una cama y lo ataron de pies y manos, además de amordazarlo. Comenzaron a cortarle los brazos con una sierra y luego cauterizaron los muñones. Jamás temblé con tanto miedo como ese día, la niña estaba tan asustada que se orinó encima, y estoy seguro que yo también lo hice, pero si hacíamos el menor ruido sabrían que estábamos mirando y eso no les gustaría. Luego que le amputaron los miembros comenzaron a inyectarle muchas cosas y dibujar sellos en su piel. Los huesos comenzaron a crecer desgarrando los muñones y haciendo la sangre manchar las túnicas rojas de los monjes quienes permanecían tranquilos y apacibles, una frialdad sin igual. Querían encontrar un tratamiento que sirviera para regenerar miembros perdidos. Pero ese no fue más que un grotesco fracaso, solo regeneraron los huesos, sin carne, sin piel y creando heridas que no dejaban de sangrar. Aquel sujeto murió en un par de minutos.

    Entendí que había bajado a un lugar peor que el infierno. Todos los días vivíamos con un temor pensando que en cualquier momento nos llevarían a una de esas habitaciones para hacernos alguna brutalidad. Tuve una gran suerte, pues me eligieron para un proyecto diferente, y los primeros pasos eran fortalecer mi cuerpo y mejorar mi resistencia, de manera que me salvé de las torturas por un par de años. El viejo hombre que no tenía ojos, porque se los habían quitado, murió durante ese tiempo, se suicidó en su habitación cortándose las venas con un cristal roto. La pobre niña tuvo un destino peor, fue víctima de varios experimentos que destrozaron su pequeño cuerpo, además de abusos, ella misma terminaría con su vida arrojándose de la torre más alta.

    A los doce años era mi turno para sufrir. Mi fuerza física y mi resistencia habían mejorado debido a entrenamiento y una dieta apropiada. El proyecto para el que prepararon a mí y a otros nueve candidatos era muy visionario. Querían desarrollar un ritual que permitiera quitar una habilidad a una persona y dársela a otro. Así es, yo nací sin habilidades mágicas, Intangible y Ojo del vórtice, no nací con ellas como es lo normal.

    Era un ritual complejo. Y los primeros intentos tuvieron terribles resultados. Los primero tres se prendieron en fuego durante el ritual, los siguientes tres sus huesos se destrozaron hasta morir por múltiples laceraciones, los siguientes dos sobrevivieron al ritual, pero murieron a los pocos días por enfermedades en la sangre. Entonces llegó mi turno. A decir verdad ya me había resignado a morir, así que solo rogaba por no sufrir tanto. El ritual se hizo conmigo. Lo primero que sentí fueron miles de agujas ardiendo se me clavaron mi piel. Algunos de mis huesos se rompieron, vomité y defeque sangre por una semana. Sin embargo, al octavo día todo el dolor y la debilidad desaparecieron. Mi cuerpo volvió a la normalidad y había adquirido una habilidad mágica, intangible. El ritual había sido un excito. Me entrenaron solo un poco para asegurarse que funcionaba.

    A los catorce años volvieron a usarme para el mismo ritual, esta vez querían implantarme la habilidad única de soldado que había muerto hace poco. Esa habilidad era El ojo del vórtice. Esa habilidad era única, de manera que solo ese soldado la tenía y si moría, al no tener hijos, la habilidad se perdería. Así que me usaron como recipiente para guardarla, y a la vez, probar que era posible que una sola persona tuviera dos habilidades. Una vez más fue un éxito y esta vez con menos daños en mi cuerpo pues habían perfeccionado el ritual.

    Una guerrera muy influyente, quien también formó parte de los cuatro preceptos se fijó en mí y mis habilidades. Me compró y luego me liberó del estatus de esclavo, bajo la condición que fuera su discípulo. Esa mujer era una sever y se llamaba Zynia, la abuela materna de Zila. En ella encontré consuelo, paciencia, cariño, felicidad y compresión que no conocía desde que perdí a mi hermana. Escuchó mi historia y todo lo que había sufrido, se apiadó de mí, me cuidó, me ayudó a superar mis traumas. Muchas noches lloré en sus brazos, ella nunca se quejó y tuvo la paciencia para ayudarme. Me entrenó por años y formamos un vínculo especial. Sin saberlo, me enamoré de esa mujer.

    Era la primera vez que tenía ese sentimiento de amar a alguien de esa forma. Pero jamás estaría conmigo, era mayor que yo. Sabía que no tenía oportunidad de estar a su lado como amenté, igual me conformaba por poder estar a su lado como amigo y aprender todo lo que me ofrecía. Un día ella dejó a los preceptos para casarse con un noble del Estado de la Ira. Yo me quedé en la capital como miembro de la guardia imperial, un puesto que ella me había conseguido.

    Se casó y al poco tiempo tuvo a una hija que nombró Lizna. Se mudó al Estado de la Ira, muy lejos del estado imperial, un par de veces al año podía visitarla, pero a su marido eso no le gustaba. No vi a Zynia en mucho tiempo, tiempo en el cual me ascendieron a precepto del rencor. Título que me dio el emperador mismo pues dictaminó que mi rencor guiaría mis acciones futuras, para bien o para mal.

    Volví a ver a Zynia Hasta el día de su muerte. Sucumbió ante una de las plagas que golpeó con fuerza los estados del sur de Hollgom, la fiebre roja me arrebató a mí amada mentora. Allí conocí a Lizna, una hermosa sever que heredó la belleza de su madre. Ella tenía dieciséis años, y yo me enamoré perdidamente. Aun siendo un precepto del emperador la visitaba ocasionalmente, también conocí en ese tiempo a Zero quien me veía como un ejemplo a seguir.

    Los preceptos éramos las armas más poderosas del emperador, allí a donde fuéramos teníamos la única misión de acabar con todos nuestros enemigos, lo cual casi siempre era intervenir en guerras civiles y levamientos armados. Algunos años más tarde hubo una gran guerra en el estado de la lujuria, el lugar donde nací, una guerra civil que se salió de control.

    Yo y los otros preceptos fuimos enviados para controlar las cosas. Tardamos algunos meses en entender que ocurría. Era el rey y su hermano quienes estaban causando todo, habían abusado demasiado de la clase trabajadora y comenzaron a matarlos sin piedad en la calles de las ciudades. El mismo rey que asesinó a mis padres, y su hermano era el general quien asesino a mi hermana. No pude evitarlo, tenía que vengarme, aun cuando habían pasado treinta años. Usando mi habilidad con las palabras logré convencer a mis compañeros de seguirme, explicándoles lo que me hicieron a mí y a mi familia. Los tres, incluido el líder, amigo y mentor, aceptaron.

    En una tarde ellos me dejaron entrar solo al castillo donde se escondían el rey y toda su familia. Sobre ellos volqué todo mi rencor acumulado. Masacre al rey y a sus hijos, a su esposa la violé frente a él. Luego torturé toda la noche a ese general, a su hijo y a su esposa también. Todo el rencor de una vida de sufrimiento fue liberado esa noche sobre los causantes de mi sufrimiento. Al amanecer destruí el castillo y asesiné a todos los guardias. El precepto del caos me miraba con devoción y asombro, La precepto de la venganza, me miraba con temor, pero también con deseo, y el líder, El precepto del orgullo, me miraba con una enorme sonrisa propia del orgullo.

    Cuando dimos el reporte al emperador manipulamos toda la información para culpar al rey, argumentando que fue una trampa para matarnos a nosotros y poder invadir el estado imperial. Al emperador no se le puede engañar. Nos acusó de traidores, y estuvimos a punto de ser ejecutado. Pero fue el líder quien logró convencer al emperador de perdonarnos. Lo logró, pero teníamos que pagar. El castigo fue destituirnos y prohibirnos volver a vernos jamás. Yo fui enviado como general al Estado de la Ira, La Precepto de la Venganza fue enviada como miembro del sequito del rey del Estado de la Gula, El Precepto del Caos fue enviado como general al estado de la Pereza. Finalmente nuestro líder fue condenado a veinte años en la Prisión Volcán Negro, la peor prisión de todo Hollgom.

    La última noche que nos vimos yo les hice saber que estaba en desacuerdo con la forma de gobernar de todos los reyes e incluso del emperador, y, que si me fuera posible, yo crearía mi propio reino donde todos los tiranus pudieran vivir tranquilamente y donde no existiría la esclavitud. Dos de ellos me dijeron que si lo hacía no dudara en llamarlos para unirse, aunque era obvio que lo dijeron a manera de broma. No obstante nuestro líder solo me miró y me dijo “Si alguien es capaz de hacer algo así, ese eres tú, Grimor del Rencor” Desde aquel día no los he vuelto a ver. Pero pronto estarán aquí.

    Al llegar al estado de la Ira, pensé que tendría la fortuna de volver a ver a Lizna. Lo primero que me enteré es que se había casado con mi nuevo discípulo, Zero, un capitán en aquel entonces. Mi rencor se volvió amargura, no tenía nada, no tenía a nadie. Me encerré en mi nuevo castillo asqueado de la vida, de los reyes y el emperador. Como general fui testigo de cientos y cientos de injusticias, viendo a más familias ser destruidas por los abusos del gobierno, y vi a muchos jóvenes prometedores morir en guerras innecesarias, además de la crueldad y la impunidad con la que los esclavos eran tratados.

    Mi vida no ha sido nada agradable, la poca felicidad que he conseguido desaparece rápidamente. Pero aquí estoy a mis sesenta y ocho años de edad listo para cumplir mi sueño y forjar el reino perfecto, donde todos puedan vivir en paz y tranquilidad disfrutando de la prosperidad, sin guerras, sin opresión y sobre todo, sin esclavitud para los tiranus y quizás, con el tiempo, la prohibiré para todas las razas inferiores también.

    Fin del relato de Grimor

    Al terminar de hablar sus tres amantes estaban aferradas a él sollozando, mientras él con una muy nostálgica sonrisa les había resumido la historia trágica y dura de su vida.

    –Es horrible, e-es horrible todo lo que tuviste que soportar –sollozaba Zarina abrazándolo y recostada en su pecho.

    –Debes de ser la persona más fuerte que existe. ¿Nunca intentaste suicidarte? –preguntó Gilda con la voz quebrada mientras secaba sus lágrimas.

    –Cuando estuve cautivo por los monjes rojos, lo pensé muchas veces, e incluso estuve a punto de hacerlo. Pensaba en cortarme las venas y terminar con todo. Pero no sabía que había ocurrido con mi hermana, aún tenía el sueño de volver a verla, eso me mantuvo con vida –respondió con un leve sonrisa que ocultaba el dolor aun existente. Al tiempo que acariciaba el cabello de Gilda.

    –¿Eso nos hubiera pasado a nosotras? –Musitó Kaira aferrada al brazo de su amante–. Nos salvaste de ese horrible infierno. Jamás podríamos agradecerte lo que hiciste por nosotras.

    –Aun siendo esclavas, nunca sufrimos tanto como tú –agregó Zarina acariciando el pecho de Grimor–. Dudo que alguien conozca mejor el sufrimiento que tú.

    –Aun así, puedo contar también que no desconozco la felicidad –sonrió con amor abrazándolas a las tres–. Recuerdo una mañana de verano en el mercado de la capital de la Ira hace unos veintidós años. Ese día conocí a tres pequeñas niñas y las salvé de un monje rojo. Atesoro ese día como el principio de mi mayor felicidad, la cual ha estado conmigo hasta el día de hoy.

    Flash back (22 años atrás. Capital del Estado de la Ira)

    Era una fresca mañana en la ciudad. Aquel día Grimor, general de una de las legiones, decidió ir al mercado de la ciudad para comprar libros. Como era costumbre deambulaba solo, aun siendo un alto miembro del ejército nunca había usado guardaespaldas o asistentes. Miraba a todos con una seriedad que intimidaba.

    Fue pues que llegó a la plaza central, donde cierto mercader estaba ofreciendo sus mejores productos, esclavos. Pasó por allí mirando con gran despreció a ese horrible Malaquí que vendía a personas como animales.

    –Asqueroso esclavista. –musitó gruñendo. No le prestó más atención y pretendía seguir su camino. Al fin y al cabo, por perverso que parezca, aquel hombre no estaba haciendo nada ilegal, era un comercio fidedigno en todos los estados.

    –¡Vamos, vamos acérquense, es la hora de vender los más exóticos y únicos productos que tengo! –entonces quitó una tela que cubría una de las jaulas–. ¡Miren esto y ofrezcan todo lo que tienen!

    Tres niñas había allí. Dos de ellas tenía ocho años, mientras que la tercera siete, tres pequeñas tiranus. Una de ellas tenía un lindo y corto cabello azul, otra tenía el cabello oscuro y largo, mientras que la tercera tenía el cabello carmesí y corto. Eran Gilda, Zarina y Kaira respectivamente. La menor, que es Gilda, se aferraba a Kaira mientras lloraba, mientras que ella solo trataba de consolarla, sin siquiera poder esconder su propio miedo. Zarina miraba a esa gente con lágrimas en los ojos tratando de no llorar.

    –¡Estas tres linduras nacieron en el Estado de la Envidia. Hijas de esclavos, fueron vendidas al nacer y han pasado por varios mercaderes hasta llegar aquí, os aseguro que las tres aún son puras! –anunció con una sonrisa asquerosa y perversa.

    –H-hermanita, ¿Qué significa eso de que somos puras? –preguntó la pequeña Gilda aterrada aferrándose a ella aún más–. Tengo mucho miedo, no quiero estar aquí.

    –Tranquila, Gilda. N-no te preocupes, todo estará bien, quizás nuestro nuevo amo sea, sea un buen hombre –trató de consolarla, pero no podía ocultar su propio temor–. ¿Verdad, Zarina?

    Ella no respondió, trataba con todas sus fuerzas de no mostrar su miedo, pero sus ojos húmedos y el temblor de sus piernas la delataban.

    Desde la distancia Grimor miró impactado a las tres pequeñas. Trajo a su mente tantos recuerdos de su vida como esclavo, sintió un gran nudo en la garganta al escuchar llorar a Gilda. La forma en la que Kaira la abrazaba recordaba tanto a su amada hermana mayor, y la apariencia de Zarina le recordaba a su amiga que se suicidó en el templo de los monjes rojos.

    –S-son solo niñas –musitó apretando los dientes–. Son solo unas niñas. ¿Cómo pueden hablar así de unas niñas? ¿Qué clase de monstruo se interesaría en su pureza?

    En eso los ojos del general se fijaron en un monje rojo que se acercaba al mercader. No permitiría algo así.

    –Le ofrezco 90 piezas de plata, por las tres –ofreció el monje tranquilamente, mirando con perversidad a las chiquillas. Zarina se asustó tanto que se acercó a las otras dos abrazándolas también.

    –¡90 piezas de plata, otra oferta! –preguntaba el mercader cual si fuera una subasta.

    La gente comenzó a ofrecer cantidades más y más altas cada vez. El monje no se daría por vencido tan fácil así que lanzó su mejor oferta.

    –300 piezas de plata por las tres –ofreció seguro de que nadie lo igualaría. Nadie más habló, y al final el mercader estuvo a punto de finalizar la subasta–. Son mías –aseguro sonriendo el monje.

    Pero la gente se había callado por que vieron al temido general Grimor acercarse. Para que este pasara todos se hicieron a un lado. Grimor llegó al frente y con su amenazadora presencia miró al mercader.

    –100 piezas –dijo con seriedad–. De oro.

    Todos se impactaron ante algo así, una sola pieza de oro equivale a cincuenta de plata. Nadie de los allí presentes podía competir con esa oferta y el mercader encantado aceptó. Minutos después las tres niñas fueron sacadas de la jaula y entregadas al general. Las pequeñas se acercaron a ese norme e intimidante hombre mientras el mercader contaba el dinero pagado por Grimor.

    Las niñas miraban el general, quien apenas les prestaba atención, hasta que Gilda jalo su capa para que las mirara.

    –¿U-usted es nuestro amo? –preguntó con una tierna e infantil voz que titubeaba.

    –Obviamente –arqueo la ceja. Con su serio semblante. El cual solo intimidó a Gilda, quien se escondió detrás de Kaira.

    –U-usted es un bueno ¿verdad? –preguntó Kaira temblando y con un nudo en la garganta. Grimor no les prestó importancia.

    –Fue un gran placer hacer negocios con usted, señor –dijo el mercader más que contento por su venta–. ¿Desea que les ponga collares o que las marque con sus iniciales? –al escuchar tal barbaridad las niñas se escondieron detrás de Grimor.

    Grimor miró con furia a ese sujeto, estaba a nada de matarlo. Pero no debía, igual no se quedaría de brazos cruzados.

    –Usted hace eso, y yo le rompo el cuello. Es más, creo que sería bueno para su salud que no regrese a esta ciudad nunca más. Ahora lárguese.

    El mercader cohibido salió rápidamente de ese lugar. Grimor suspiró para relajarse un poco. Volvió la mirada a las niñas que se escondían detrás de su capa. Vaya que eran muy tiernas y lindas, sus cabellos de diferentes colores como sus grandes y brillantes ojos conmovieron el frio corazón de Grimor casi al instante.

    –Supongo que las llevaré a casa –se rascó la cabeza pensando para que las querría. Ralamente las había comprado solo para joder al monje rojo–. Síganme –ordenó y las guió hasta su hogar.

    –D-disculpe, amo. Pero es que estamos cansadas, no hemos comido desde ayer –dijo con vergüenza Zarina.

    –Mi castillo está muy lejos, ¿cómo pretenden llegar? –dijo, tratando lo más posible de suavizar su voz.

    Las tres agacharon sus miradas con vergüenza y pena. Grimor rodó los ojos, en parte porque no entendía porque había vuelto tan suave de la nada. Se acercó a ellas y se arrodilló frente a ellas.

    –Tu, y tú, suban a mis hombros y agárrense de mis cuernos –les ordenó a Kaira y a Zarina.

    Las niñas se extrañaron por eso, pero igual lo hicieron. Se sentaron en los hombros de Grimor aferrándose de sus cuernos. Luego tomó a Gilda, quien era más pequeña de tamaño, cargándola con delicadeza bajo su brazo. Y fue así como las llevaría hasta su castillo.

    –¡Vaya, u-usted es muy fuerte! –dijo Gilda sonriendo y riendo un poco.

    –Y muy alto, también –rio Kaira–. Por cierto mi nombre es Kaira, ella es Zarina y ella es Gilda. No somos hermanas realmente, pero no conocemos desde siempre.

    –¿Usted cómo se llama, amo? –preguntó Zarina.

    –Me llamo Grimor –respondió. Entonces no pudo evitar sonreír un poco por sus tiernas risas.

    Solo el tiempo revelaría lo mucho que esas niñas le cambiaron la vida al amargado y solitario general.

    Fin del Flash back
     
    Última edición: 18 Enero 2019
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, paso a comentar. Creo que este capítulo ha sido el más largo de la historia hasta el momento, pero igualmente se me hizo tan bueno que me resultó muy corto.

    Ha sido una buena forma de conocer un poco más de la historia de Grimor, de su relación con los otros tres preceptos (aunque de manera superficial por el momento), y de como sufrió todo lo que sufrió en su niñez y adolescencia desde que era un niño. Por un momento, no podía llegar a entender las cosas que Grimor le hizo a Zila siendo que él había visto lo mismo en su madre y en su hermana. Se me hacía raro que Grimor pudiera violar gente sin ponerse a pensar en un segundo en el sufrimiento que habían pasado sus familiares. Sin embargo, luego vi su venganza sobre el rey y su hermano y creí que estaba tan concentrado en eso que probablemente se haya olvidado. Aun así, al ver como Grimor formaba una relación de aprecio por la mujer que lo liberó de la esclavitud, se me hace difícil de buscar una excusa para tratar así a su nieta. Probablemente sea porque Zero se casó con la mujer que amaba, y que eso generara que su rencor creciera aún más.

    Puedo ver que Grimor le tiene un gran resentimiento a los reyes y al emperador. Sin embargo, por la forma en que se habla del emperador aquí, parece ser que se trata de un ser invencible. Y en caso de que no lo fuera, probablemente debería tener preparados más experimentos para poder enfrentarse a Grimor en caso de que este se salga de control. Dado a que Grimor es el primero en tener dos habilidades juntas, imagino que alguien debería haber preparado alguna especie de plan en el caso de que este se les tornara en contra, incluso aunque no fuera por voluntad propia.

    También ha sido interesante el flashback de Grimor junto a sus tres sirvientas. Se nota que desde pequeñas las ha estado apreciando, y que han vivido juntos por más de 40 años, lo cual no es poco tiempo (al menos en el mundo humano, puede que en el de los demonios sea poco). Eso explica la forma en que las tres se apegan mucho al general, y también el gran afecto que este les tiene a las tres.

    No sé por qué, pero tengo el presentimiento de que una de las tres va a morir. Usualmente, cuando vienen capítulos de este estilo, es cuando se aprovecha para desarrollar a los personajes antes de su muerte. Y teniendo en cuenta de que Erin y su grupo están en camino hacia ellos, y que si los descubren, lo más seguro es que llamen a Eusebio y a la legión, sumado al hecho de que el trío de Albert, Zila y Zael también están tras ellos, creo que podría desencadenar en la muerte de alguna de ellas en poco tiempo.

    Ahora sí tengo el pc, por lo que marcaré un par de errores.

    Allí se habla de las acciones del padre de Grimor, por lo que "soportar" y "los" deben ir separados.

    Esa frase está mal expresada. Debería ser "lo primero que sentí fue como miles de agujas ardiendo se clavaban en mi piel" o también "lo primero que sentí fueron miles de agujas ardiendo clavándose en mi piel".

    Debería haber un "No" adelante, además de que hay una mayúscula sin punto antes.

    Por ahora será todo. Saludos y hasta la próxima.
     
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  6.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Efectivamente, este es el cap mas largo hasta ahora, y espero que sea el mas largo de toda la serie, pues no me gusta escribir caps tan largos. Cabe mencionar que borré alguna escena, de manera que hubiera sido aun mas largo.

    Para entender la motivaciones "sexuales" de Grimor, tal como tu lo dices, en sí el no deberia ser capaz de algo así, pues dos mujeres muy importantes para él lo sufrieron. Sin embargo, en venganza contra los que les hicieron eso, él les hizo lo mismo, violando a la esposa del rey y a la del general. Entonces, ¿Por que también Zila? Este punto se tocó, un poco mas afondo, en el capítulo 28, donde se lo explica a Zero antes de morir, y sí, fue básicamente por su rencor hacia Zero y la madre de Zila, que buscó "venganza" abusando de ella. No obstante, mas adelante hay mas puntos de la historia de Grimor que toca, uno de ellos es su relación con la familia de Zila y Zael, donde se entenderá un poco mejor ese aspecto.

    Cabe mencionar, solo como un detalle, que no se puede esperar que las acciones de Grimor se rigan por una logica al 100%, pues, como detallo en su historia, a raiz de su reclusión con los monjes rojos desarrolló ciertos traumas. Así como que el ser El Precepto del Rencor no es un titulo nada mas, es algo que tiene mucho que ver con su personalidad y sus acciones, al igual que los otros preceptos para quienes su titulo tiene que ver con ellos.

    Mas adelante se hablará mas a fondo acerca de los cuatro preceptos, quienes son, como se eligen, etc.

    El emperador se vuelve un personaje enigmático hasta ahora, así como las acciones de los Monjes Rojos, quienes se encargan de los experimentos, OJO no por ordenes del emperador, solo bajo su permiso, es decir, el emperador les deja hacer lo que quieran, pero no les dice que hacer. Y Grimor esconde un secreto acerca de esos monjes rojos que luego se revelará. Si, Grimor tiene un terrible odio hacia los gobernantes de Hollgom, como detalle, que igual se mencionara luego, Grimor fue el primer demonio en asesinar a un rey por su propia cuenta.

    Sobre las tres escolas/amantes. Te confundes con las fechas, ellas llevan junto a Grimor 22 años, el flashback ocurre hace 22 años, cuando ellas tenian entre 9 y 8 años (Zarina y Kaira tienen 29 años en el presente, Gilda 28) Hay una enorme dispariedad entre las edades de ellas y la de Grimor (En el presente Grimor tiene 68 años) Pero, como Nazrim explica a Eusebio, los tiranus tienen una espectativa de vida de 120 años, superior a todas las razas de ambos mundos (Incluso mas que los elfos, quienes tienen 100 años como espectativa de vida) Y tambien, falta hablar de como fue que esas tres niñas se criaron con él, y, con el pasar del tiempo, se volvieron sus amantes.

    Vale, me gusta hablar del futuro, sin hacer spoilers. El grupo de Erin y el de Albert van hacia allí, pero, también los otros tres preceptos estan cerca, es mas, en el proximo cap aparecerán :D (En lo personal estaba ansioso ya por presentarlos) Así como que la primera legión va en camino hacia el norte del reino, y, por si fuera poco, uno de los planes de Grimor es soltar en la población enfermedades para debilitarlos, ademas que su ejercito sigue creciendo.

    Como detalle curioso, la fiebre roja es una de las enfermedades que planeo soltar sobre los humanos, misma que causó la muerte de Zynia. Muchos años atras.

    Finalmente, como un extra, en el proximo cap vislumbraremos el primer verdadero reto que tendrá la Mano Blanca por enfrentar. Muy buenos combates se avecinan en esta temporada.

    Nos vemos en el siguietne cap.
    (Al igual que el cap, esta es mi respuesta mas larga XD)
     
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  7.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Haré un comentario ligero, por falta de tiempo.

    Veo que es otro capítulo sobre el lado de los demonios. Y me parece una historia bastante cruda la de Grimor. Todo lo que le sucedió, lo que sufrió, el resentimiento acumulado que tiene en su persona hacia los gobernantes. Y estoy de acuerdo con que no es muy factible que logre derrotar al emperador si en verdad tiene tanto poder como el que dicen las leyendas, ni tomándolo desprevenido.

    No creo Grimor sea el único con más de una habilidad que crearon los monjes rojos, seguro hay más, y la mayoría trabajando para el emperador, o los generales de confianza al menos.

    Que Grimor tenga un lado tierno es bastante chocante, en especial luego de todo lo que ha hecho hasta ahora. Y uno pensaría que las tres guardaespaldas lo verían más como un padre que como amante. No me muero por saber la razón.

    ¿Está mal que diga que las historias de los demonios sean mucho mejores que las de los humanos y santos? O al menos me gustan más las historias de los de ese bando.

    Ya solo queda a esperar al siguiente, solo para averiguar quién o quiénes mueren en el próximo, o si la casa se puede volver a volver compacta.
     
  8.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.
    El rencor de Grimor hacia los reyes no solo se basa en lo que ya vivió, mas adelante retomaremos otros puntos mas especificos de su pasado, los cuales conllevaron a su plan para conquistar Plea. Y, por cierto, él sabe que vencer al emperador es casí imposible.

    Los monjes rojos guardan muchos secretos, al igual que Grimor, pues con el tiempo que estuvo con ellos descubrió muchas cosas.

    Yo diria que era algo que se veia venir, ese lado únicamente se lo dedica a sus tres amantes, pues como él dicho, en una vida llena de decepciones constantes y escaces de felicidad, ellas son la unica felicidad que ha perdurado con él por años. Mas adelante se profundizará en su relacion con ellas y como fue que llegaron a ser sus amantes, adema, en esos recuerdos se encuentra un gran secreto por revelar.

    No creo que esté mal, despues de todo, Grimor es un personaje principal de la historia, es el "Villano" despues de todo, no obstante, está diseñado para ser uno de esos "villanos" que tienen razon hasta cierto punto en sus actos, y, tan solo una parte, no es tan mala.
    Nos vemos en el siguiente cap.
     
  9. Threadmarks: T: III - Capítulo XL: La demencia del duque
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Saints
    Clasificación:
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    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    52
     
    Palabras:
    3949
    Temporada III – Capítulo XL: La demencia del duque.

    Durante la guerra civil de Albores, la mayoría de las personas adineradas vendieron sus propiedades para huir del país, esto fue aprovechado por otras personas para hacerse con propiedades productivas e importantes
    07 de abril de 1750, 2da edad de Plea.

    Un día ha pasado desde nuestra visita a la base de la horda, ahora viajamos al hasta llegar a una villa, la cual se encuentra a algunos kilómetros al oeste de la capital. Este lugar se conforma por decenas de pequeñas casas y sembradíos de flores y hortalizas. Todos los días las personas deben hacer sus múltiples labores para subsistir. A diferencia de la mayoría de ciudades o pueblos del reino, este lugar es custodiado por los temidos mercenarios Capaz Blancas, quienes sirven única y exclusivamente al duque embajador.

    En el centro de la villa, rodeada por una gran y elegante barda, se encuentra la mansión del regente del poblado. Una antigua y elegante edificación con varios pisos de altura, así como un precioso y envidiable jardín de rosas cuidado a detalle, el cual, en el centro del jardín forma el símbolo de una rosa, visto desde arriba.

    Siglos atrás este lugar fue el hogar del poderos y respetable clan Grimm, sin embargo, hoy en día es la residencia de un temido, engreído, soberbio, adinerado y poderosos hombre, el duque embajador, Eliott Rosaria. Los muros de este recinto ocultan las atrocidades y crimines que allí se llevan a cabo.

    Conforme nos adentramos en los largos y decorados pasillos, en los cuales podemos encontrar toda clase de excentricidades, podemos escuchar algo, algo no muy agradable, son los gritos y quejidos de una mujer. Llegamos al gran salón. En el centro una vampira de cabello morado permanece en el suelo, tose adolorida mientras con sus manos cubre su abdomen.

    –Eso…eso es todo lo que sé, lo juro, no vi nada mas –decía asustada y adolorida.

    –¡Eres una inútil! –Insultaba otro vampiro, este de edad madura –. ¡¿Cómo permitiste que robaran el cargamento de nuestro señor?! –la pateó con fuerza en el abdomen.

    –L-lo siento, lo siento –murmuraba jadeado y respirando con dificultad, incapaz de defenderse.

    –Lamento esto terriblemente, mi señor. Pero yo le advertí, le dije que ella no era apta para esta misión, solo es una esclava de nuestro clan, no tiene la inteligencia o la fuerza para misiones, no es más que una mula de carga o un pedazo de carne que habla –decía el vampiro mirando al frente, excusándose ante su señor.

    Al fondo del salón, sentado en un trono de mármol y detalles en oro solido estaba el mismo Eliott Rosaria, el duque embajador, y su mirada era todo menos alegre. Respiraba profundamente tratando de calmarse, mientras con una mano apretaba una daga de plata, oro y gemas preciosas.

    Además a sus lados había dos jóvenes y bella mujeres, quienes vestían harapos como ropas y llevaban collares de hierro con cadenas. Esclavas, esclavas en un reino donde la esclavitud está prohibida. Este es uno de los “lujos” que él duque ha logrado conseguir por su propia voluntad.

    –¿Eso es todo? –gruñó apretando los dientes–. ¡¿Eso es todo lo que puedes decirme?!... ¿Crees que defeco dinero? Responde, ¿crees que defeco dinero?

    –... ¿disculpe? no, no entiendo…–musitó el vampiro temblando ante el grito del duque.

    –Dime, pedazo de mierda –se levantó de su trono rápidamente acercándose al vampiro–. ¿Crees que cuando voy al baño mi retrete se llena de oro?

    El vampiro no respondió, solo levantó la mirada y tragó nervioso. El duque no era alguien físicamente imponente, y menos con su atavió de hombre rico, vistiendo un elegante traje blanco con detalles en dorado, así como una capa de piel de lobo negro y todas la joyas en sus manos, cuello e incluso un pendiente con un diamante. Aun así su mirada penetraba en el vampiro y lo intimidaba.

    –¿Tienes idea cuánto dinero perdí cuando me robaron esa puta caravana? –se acercó al oído del vampiro y se lo susurró.

    –S-supongo que…que varios miles, mí, mi señor –tartamudeó.

    –¿Varios miles? –Comenzó a reír repitiendo eso mientras miraba a las otras personas en la sala–. Oyeron eso, este idiota dice que perdí “varios miles” –repitió riendo.

    ¿Pero quienes eran las otras personas? Pues había un par de Capaz Blancas haciendo guardia en la puerta del salón. Aun lado de la gran chimenea estaba el mismo Mordecay quien reía ante las tonterías de su señor, sentado en otro banco estaba uno de los arcabuceros vampiros, quien se mantenía en silencio. Finalmente, sentados en una mesa, mientras comían, había tres personas más. Los tres visten túnicas grises y llevan un número bordado, el diez, el nueve y el ocho. Lo que los distingue son sus máscaras: el jabalí, la lechuza y el escorpión. Los tres miraban con atención y curiosidad lo que ocurría.

    –Sí, perdí “varios miles” –suspiró el duque apretando su puño. De la nada estampó un poderoso puñetazo en la cara del vampiro con tal fuerza que lo mandó al suelo en un instante–. ¡7500 piezas de oro, pedazo de animal! ¡Esa preciosa casita en un cubo hipercomprimido, me costó 7500 putas piezas de oro¡

    Se despojó de su capa arrojándola al suelo, al instante una de las esclavas debió recogerla tan rápido como pudo. El duque se acercó al aturdido vampiro tomándolo con fuerza de la ropa para levantarlo y encararlo.

    –¡¿Crees que eso es poco?! El dinero me sobra, pero no por eso lo voy a desperdiciar o voy a permitir que me lo roben, a mí nadie me roba ¡nadie, me roba! En esa caravana había algo más valioso que tu puta vida –acto seguido lo golpeo varias veces en el estómago y luego en la cara regresándolo al suelo–. ¡Tú puta esclava me está saliendo demasiado cara para ser una perra famélica, miope y cobarde, así como todos tus estúpidos arcabuceros de tu estúpido e inútil clan de pacotilla!

    –¡Nadie habla así del clan Leonhard! –gruñó el vampiro mientras escupía sangre. Al instante sacó de sus ropas una espada corta, mirando al duque con ojos asesinos.

    Los mercenarios sacaron sus espadas rápidamente y los tres enmascarados se levantaron. Sin embargo, Mordecay permaneció tranquilo, solo sonriendo ante lo que pudiera ocurrir.

    –¡Gott, no amenaces a tu señor, guarda tu arma y recibe tu castigo! –exclamó el otro vampiro, mirando sorprendido lo que su compañero hizo.

    –Tranquilos, tranquilos todos, vale –rio el duque levantando sus manos para que todos se calmaran y no hicieran nada–. Dime, ¿en verdad piensas en usar esa espada contra mí?

    –Puede que usted nos esté pagando, pero no voy a permitir que insulte al poderoso Clan Leonhard. Además, ya no soporto trabajar para un bastardo petulante y estúpido –gruñó el vampiro levantándose con la espada en mano.

    –¡Gott, cierra tu puta boca y discúlpate con tu señor! –ordenó el otro arcabucero mirando con molestia a su compañero. Mientras en el suelo la vampira miraba asustada lo que pasaba.

    –No, Gard, no puedes dejar que hable así de nuestro clan –objetó Gott mirando de reojo a su compañero–. Además, no voy a recibir un castigo por algo que esta estúpida hizo.

    –La idea de traerla a esta misión fue tuya, no es culpa de nuestro señor que esta estúpida no sea capaz de cumplir sus expectativas, por eso te vas a callar, vas a pedir perdón y recibirás un castigo justo y merecido –insistió Gard preparando su arcabuz–. No me hagas recordarte una de las leyes de nuestro clan.

    –Cállense los dos –sonrió el duque caminando lentamente alrededor de Gott–. ¿Crees que puedes venir a mi casa, cobrarme un sueldo y luego traicionarme? ¿En verdad te crees capaz de eso?

    –Hablas así de confiado porque tienes a todos esos guerreros detrás de ti cuidándote, niño rico. Todos los riquillos son como tú, valientes con secuaces a sus espaldas, pero sin ellos son solo unos cobardes inútiles incapaces de hacer nada sin un sirviente –respondió Gott mirando con desprecio a Eliott.

    –Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? Un libre pensador, un anarquista en contra de las clases sociales. Sabes, estoy de acuerdo contigo, tienes mucha razón. Así son los ricos, cobardes, débiles e inútiles –era extraño verlo sonreír y darle la razón–. Pero creo que no has contemplando a todos los “riquillos” en tu descripción despectiva.

    –¿De qué hablas, loco? –gruñó Gott sin entender, apretando más su espada, listo para atacar en cualquier momento.

    –Te daré una oportunidad. Vamos a luchar aquí y ahora, tú contra mí, mano a mano, una pelea de hombres, ¿Qué os parece? –sonrió mientras hacía gestos con sus manos.

    –Mi señor ¿Qué está haciendo? –alegó Gard.

    –Este sujeto me agrada –susurró el escorpión a sus compañeros.

    –Solo es otro duque embajador loco –bufó la lechuza con casi nada de interés en lo que iba a pasar.

    –¿Es una broma? –preguntó dudoso Gott–. En cualquier momento ordenará a uno de sus hombres que me maten.

    –Juro solemnemente, por todos mis ancestros de mierda, que no lo haré. Es más, si logras hacerme una herida o derribarme, te daré 1000 piezas de oro y podrás librarte de mis servicios, que rayos, también te daré dos de mis mejores esclavas.

    –¿Y usted que ganaría con esto? –el vampiro se sorprendió ante tal propuesta.

    –Realmente nada, solo un poco de diversión y sano ejercicio –respondió encogiéndose de hombros mientras reía un poco–. ¿Entonces? ¿Eres capaz de luchar con un riquillo cobarde y débil?

    –Acepto el reto, lord. Le prometo que lo lastimaré mucho –aseguró el vampiro sonriendo de lado.

    –¡esplendido! –aplaudió con emoción–. Ya oyeron, no quiero que nadie intervenga en esto pase lo que pase, esto es entre el caballero y yo. ¿Comenzamos?

    El vampiro sonrió y dio un grito de batalla arrojándose con vehemencia sobre el duque, quien permanecía de pie con una sonrisa perturbadora. Dio un gran salto e intentó cortar a Eliott. Fue una gran sorpresa la agilidad con la que este se movió a un lado evitando el ataque, y siguió caminando tranquilamente.

    –Déjame contarte una historia, mi estimado asesino. Había una vez un pequeño niño, muy guapo, de cabellos rubios y ojos azules. Este infante en cuestión nació en un callejón frio y húmedo de la capital, su madre era una prostituta y su padre un delincuente. Este niño aprendió rápidamente que debía sobrevivir por sus propios medios, pues sus padres jamás harían algo por él, lo trataban como un esclavo, lo obligaban a hacer cualquier trabajo y muchas veces lo dejaron sin comer por días –relataba Eliott.

    El vampiro se acercó otra vez e intentó cortarlo, pero una vez más el duque se luciría. Esquivó el ataque fácilmente, y pateo las piernas del vampiro derribándolo, para luego patearlo justo en la cara, con la fuerza que lo hizo escupir sangre. Siguió caminando mientras relataba su historia.

    –El niño creció entre los arrabales más jodidos y peligrosos, terminó por convertirse en un ladrón y estafador sin igual, y no era para menos, ese chiquillo demostró tener una malicia e inteligencia que asombraba, era como si tuviera un don para el crimen. Así se hacía con grandes cantidades de dinero, robando y vendiendo cosas para los mercaderes de mala fama.

    El vampiro se incorporó. Se acercó al duque intentando una estocada directa, pero Eliott la esquivó y se acercó propinado un cabezazo contundente que aturdió a Gott, acto seguido, recibió una patada que lo regresó al suelo.

    –El niño creció y se convirtió en adolecente, desarrolló una pasión sin igual por el dinero, para él, el dinero lo era todo. Por monedas de oro hacia cualquier trabajo, secuestrar, robar, extorsionar y claro, matar. Supo cómo funcionaban las cosas, supo reconocer el poder del dinero. Para evitar ser arrestado bastaba con dar una parte del botín a las autoridades y ellos se harían de la vista gorda. Guardias, jefes de guardias, capitanes, alcaldes, gobernadores, ministros. Todos tiene un precio, todos se corrompen al ver un cofre lleno de oro.

    –¡Ya me cansé de esto! –gruñó Gott tomando una lanza de una decoración.

    –Señor Mordecay, debemos parar esto o el señor Eliott va a… –advirtió Gard.

    –No te preocupes por él. Es obvio que tu compañero no sabe lo que le espera, se metió con el “riquillo” equivocado –respondió Mordecay despreocupado.

    –Luego llegó la guerra civil –sonrió Eliott inmerso en su relato. Llevó una de sus manos a su espalda, y con un rápido movimiento sacó un pequeño cuchillo arrojadizo de su manga–. Fue entonces que ese joven se hizo con una fortuna. Usó sus ahorros para contratar una banda de mercenarios que lo siguieran por todos lados, era el mejor momento para robar sin medidas, tomar todo lo que podía sin importar a quien, esa era su misión.

    Gott cargó intentando empalar al duque, poco lograría avanzar. Con un movimiento fugaz el duque arrojó el cuchillo clavándolo justo en la rodilla del vampiro, quien cayó por el suelo ante tal lesión, el dolor no se hizo esperar, pues el arma le había destrozado la articulación.

    –Durante aquel conflicto nuestro joven en cuestión se hizo con todo tipo de cosas, oro, plata, gemas, joyas, suministros, armas, reliquias y tesoros. Con su visión supo que quedarse con todas esas cosas no le llevarían a nada. Tuvo una gran idea, vender todo para comprar propiedades, todo tipo, minas, granjas, puertos, estaciones de correo, canteras, talleres de herrería y carpintería. Con la guerra en su cúspide, los nobles querían largarse para no regresar a este país, y por eso remataban sus tierras.

    El vampiro apenas logró levantarse arrastrando su pierna. Eliott se acercó a él tomándolo por el cuello con firmeza, él intentó apuñalarlo pero el duque le quitó con habilidad la espada.

    –Al final de la guerra, ese joven era el hombre más rico de la nación, en principio no tenía mucho oro, de hecho no tenía nada de oro, pero tenía un cofre lleno de títulos de propiedad, y con ellos forjaría su propia fortuna, la cual fue coronada con el gran honor de ser el duque embajador del consejo blanco, pues reconocieron su potencial –terminó su relato riendo al oído del vampiro–. ¿Moraleja?... La felicidad y prosperidad se forja con la miseria de otros.

    Desenvainó su daga y sin piedad apuñaló al vampiro en el estómago, la sacó y repitió el ataque, una y otra vez, clavando más y más profundo. Las heridas le hicieron imposible al vampiro mantenerse en pie.

    –¿Cuál es la diferencia entre el respeto y le miedo? –tomó con fuerza la boca del vampiro para que sus gritos dejaran de oírse–. El miedo perdura mientras se tenga la voluntad de doblegar al enemigo, el respeto, desaparece con el tiempo.

    Con fuerza arrastró al vampiro por el cabello hasta la chimenea. Tomó un guante que le cubrió el brazo completo y que lo protegería del fuego mismo. Tomó otra vez al vampiro y con firmeza metió la cabeza de este al fuego. La habitación se inundó con el olor de la carne quemada y los gritos agónicos. Sin importar cuanto se moviera, que no era mucho debido a la pérdida de sangre, el vampiro fue incapaz de zafarse del agarre del duque, quien solo miraba con satisfacción el sufrimiento de ese sujeto. Después de varios minutos dejó de moverse y su vida se había extinguido.

    –Este sujeto me agrada, creo que nos llevaremos muy bien –susurró el escorpión riendo un poco.

    –La primera vez que lo conocí no me imaginé que estuviera tan demente –comentó el jabalí, más que sorprendido por esa demostración de barbarie.

    –Todos los duques son iguales –agregó la lechuza.

    –Es así, señores, como se castiga a un gusano que decidió alzar su mano contra el hombre que le da de comer. Esas personas son basura, y como tal son tratados –decía Eliott mientras se quitaba el guante–. ¿Hay algún inconveniente, Gard?

    –N-no, mi señor –respondió este al instante. Ahora conocía mejor a su señor y sabía que no le gustan los errores o las contradicciones.

    Los encantadores y diabólicos ojos del duque se fijaron al instante en la vampira de cabello morado. Ella estaba temblando de miedo ante lo que había visto. Cuando vió la mirada de ese terrible hombre sobre ella, sintió pánico y se paralizó.

    –No me he olvidado de ti, cariño. Después de todo tu eres la estúpida que perdió mi caravana –se lamió los labios detallándola–. Sabes, eres bastante linda. ¿Qué puedo hacer contigo? –dijo pensando mientras jugaba con su daga–. Gard, quiero matarla, ¿Cuánto vale?

    –¡N-no! –gritó ella con ojos húmedos–. P-por favor, n-no me mate, se lo suplico mi señor. L-le juro que hice todo lo que podía para defender su caravana, pero…

    –¡No te pregunté a ti, pedazo de animal! –gritó con furia dándole una fuerte patada en la cara.

    La pateo con fuerza en la cara, rompiéndole la boca y haciendo volar sus anteojos lejos de ella. Quedó en el suelo tapándose la boca con las manos para que no la escucharan gritar, mientras que su sangre cubría sus blancas manos. La chica no pudo evitar comenzar a llorar por el dolor y el miedo.

    –¡¿Cuánto quieres por esta cosa?! Quiero matarla –insistió mirando a Gard.

    –M-me temo, que no puedo venderla, mi señor. Yo no soy su dueño –respondió Gard tartamudeando– S-su verdadero dueño está de viaje en otras misiones, pero Gott decidió traerla para que nos ayudara. Me temo que no estoy en condiciones de autorizar su venta, además, su dueño es el líder de nuestro clan y, y la aprecia mucho –la garganta lo traicionaba.

    –Me importa un carajo, sabes –alegó con seriedad el duque, pero luego suspiró–. Pero debo respetar las pertenecías de mis “aliados” después de todo varios miembros de tu clan han muerto haciendo el trabajo para el que les pago –miró de reojo el cuerpo del vampiro, el cual aun seguía en el fuego–. Aun así tengo la gran necesidad de castigar a esta estúpida esclava.

    –Lo entiendo perfectamente, mi señor. Puede hacer con ella lo que desee, siempre y cuando respete su vida –suspiró aliviado Gard.

    Al escuchar eso solo la vampira supo que algo horrible le esperaba. Temblando logró acercarse al duque, arrodillándose a sus pies.

    –L-e prometo que no fallaré otra vez, se lo juro mi señor –suplicaba entre gimoteos y sangre–. Por favor, l-le suplico que me perdone, se lo suplico, no me lastime, no más –rogó con todas sus fuerzas y miedo fundidos.

    –Vaya, tu si sabes cómo humillarte ante tu amo –sonrió en lo que parecía una muestra de complacencia–. Pero mis zapatos valen más que tu patética vida, y los estas manchando con tu asquerosa sangre –la tomó del cabello con fuerza levantándola–. Si fueras un poco más atractiva solo te cogería, pero las vampiras nunca me han gustado. ¿Cómo te llamas?

    R-Ritzka, mi señor –respondió apretando los dientes por la forma en la que la tomaban del cabello.

    –Bien Ritzka, creo que ya sé cómo puedo castigarte adecuadamente –fijó con sus azules y perversos ojos los dientes de la joven, blancas perlas en las cuales destacan sus largos colmillos.

    Al instante la golpeó con fuerza en el estómago haciéndola arrodillarse y toser, fácilmente la hubiera hecho vomitar, de no ser porque no ha comido nada en todo el día. El duque se alejó un momento yendo a una pequeña mesa aun lado de la chimenea donde había diferentes herramientas.

    –Mordecay, ¿te acuerdas de mi collar de colmillos de lobo? –preguntó sonriendo mientras se despojaba de su fina camisa. Mostrando su delgado pero atlético cuerpo, donde había cicatrices y diferentes tatuajes.

    –Claro que sí, mi señor. Un esclavo tuvo la osadía de robarlo –respondió este preparado su flauta, como si supiera lo que Eliott haría.

    –Exacto. Aquel bastardo que me lo robó, jamás reveló donde lo escondió –miró las herramientas, pensando cual usaría para su castigo–. Le arranque con un pinza las veinte uñas del cuerpo, clavé agujas en cada articulación de su cuerpo, y luego lo marqué con hierro al rojo vivo varias veces en la espalda –entonces se fijó en una pinza pequeña de hierro–. El hijo de perra se murió antes de revelar donde lo escondió.

    –Merecía una muerte peor, mi señor –agregó Mordecay sonriendo.

    –Suena, exquisito –musitó el escorpión riendo.

    –El punto. Jamás recuperé mi preciado collar. No obstante ante mí tengo a una criatura con colmillos también, creo que tomaré uno para hacer un nuevo y más valioso collar –los ojos azules parecían brillar con una luz terrorífica sobre Ritzka.

    La vampira supo lo que harían con ella, sin pensarlo intentó correr y escapar. De poco sirvió, antes que siquiera se alejara, la flauta de Mordecay sonó paralizándola al acto. El duque comenzó a silbar una melodía mientras se acercaba a ella. La pateó haciéndola quedar boca arriba, se colocó encima para tener una mejor posición.

    –¿El izquierdo o el derecho? –pregunto mientras con fuerza le abría la boca.

    –¡N-no lo haga, no lo haga por favor! –gritaba desesperada y con fuerza, incapaz de mover un solo musculo de su cuerpo.

    –¡Cállate maldita sea, o tendré que quitártelos todos! –la abofeteó con y le volvió a abrir la boca por la fuerza. Se lamió los labios con una sonrisa demencial y llevó la pinza a su colmillo izquierdo–. Ustedes tres –se refirió a los enmascarados–. Vayan a buscar a los ladrones que me quitaron mi cubo –presionó con fuerza la pieza dental.

    Las suplicas se convirtieron en gritos desgarradores y agónicos, cargados de desesperación y sufrimiento. Incapaz de hacer nada, las lágrimas salieron de sus ojos al igual que la sangre que emanaba por el salvaje intento de arrancarle un diente.

    –Lo siento, pero nosotros vinimos para…–objetó la lechuza.

    –Sí, si lo que digas. Vinieron para estar bajo mi mando, y ahora quiero que encuentren a esos pedazos de mierda que me robaron. Además no se quejen, les voy a pagar muy bien si me los traen con vida –sonrió mientras seguía en su extracción. Detuvo el movimiento, tomó con fuerza el diente con la pinza–. Yo soy el rey de los ladrones, y nadie me roba una sola moneda, ¡Nadie! –en un solo y brutal movimiento arrancó de raíz el colmillo de Ritzka.

    El peor grito se pudo oír en ese momento, al tiempo que la sangre manchaba el torso y los pantalones del duque por la cantidad que emanaba. Incapaz de moverse la joven comenzó a ahogarse con su propia sangre.

    –La felicidad solo se consigue con la miseria de otros – se dijo así mismo con una horrible sonrisa mientras miraba el colmillo en la pinza. Se levantó y se alejó de ella–. Mordecay libérala, no quiero que se muera.

    El santo asintió y liberó a la vampira de su hechizo. Rápidamente se dio vuelta para poder escupir toda la sangre que se acumuló en su boca.

    –¡Mi colmillo, mi colmillo, me duele, me duele! –lloriqueaba con la cara llena de sangre–. ¡Ya no más, por favor, por favor ya no me lastime más!

    –No te preocupes, Ritzka, ya no me interesas. Gard, saca esa basura de mi salón y llévala a lavarse la boca –dijo tranquilamente. Luego llamó a las esclavas–. ¿Qué están esperando para limpiar mi suelo? no quiero ver su asquerosa sangre –antes de retirarse miró a los tres enmascarados–.Ya saben que hacer, vayan a por lo desgraciados que osaron robarme. Les daré mil piezas de oro a cada uno si me los traen con vida.

    –Es un precio razonable –sonrió el jabalí.

    –Yo solo tengo ganas de hacer sufrir a quien se atraviese en mi camino –agregó el escorpión.

    –Hombres estúpidos y ambiciosos –bufó la lechuza.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Estuve muy complicado en estos últimos días y por eso no he sido capaz de leer este capítulo ni el viernes ni tampoco los otros días. Por eso aproveché hoy que fue un día tranquilo para ponerme a leer.

    Tengo que admitir que ha sido un capítulo interesante, y una buena forma sobre aprender del pasado del duque embajador. Y no se trata ahora de un niño mimado cobarde que no es nada sin la gente que los defienda, sino de alguien brutal, poderoso y también hábil. Aunque lo cierto es que su rival era un vampiro al que él mismo había golpeado un poco antes del combate (si el duque lo hizo con esas intenciones, eso quiere decir que además es astuto). Me gustaría verlo probar su verdadero poder en una batalla contra un enemigo más temible y poderoso.

    Al final, la esclava que Aikar dejó ir no la está pasando muy bien. Honestamente, creo que habría sido mucho mejor para ella el haber muerto que haber regresado con ellos. Me pregunto cuánto tiempo podrá soportar y si en algún momento lograría escapar o ser liberada. Por la reacción del duque al perder tanto dinero, lo cual quiere decir que su punto más fuerte también es su punto débil. Si el grupo de la mano blanca se entera de eso, seguro que podrían planear una estrategia para debilitarlo alrededor de todas sus propiedades. Aunque eso no sería una tarea fácil, pero supongo que podría ser un buen comienzo.

    Si el escorpión (que parece ser uno de los más sádicos), la lechuza y el jabalí van a intentar recuperar la casa comprimida, eso quiere decir que Aikar podrá enfrentarse a él nuevamente, lo cual sería algo interesante de ver.

    El combate que hubo entre el vampiro y el duque estuvo bien narrado, al menos para mí, que no me perdí en ningún momento en la pelea. Lo que sí noté es que hubo una gran cantidad de errores. Te citaré algunos.

    Por ahora eso será todo. Saludos y hasta la próxima.
     
  11.  
    Dark RS

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    Saludos.

    Otra vez no señalo nada por estar desde el teléfono, pero si habían detalles que podrías arreglar.

    Parece que el Duque Embajador es más que un "riquillo" obeso. Parece que sabe moverse, pero ¿será rival para los santos que lo quieren derrocar?

    Hablando de ellos, parece que Aikar y compañía se metieron en problemas al conseguir casa nueva. Una lucha entre los santos/magos contra Lechuza, Jabalí y Escorpión está a la vista. No puedo esperar a verla.

    La frase del día: "La felicidad solo se consigue con la miseria de otros" -Elliot 1750 sda edad de Plea.
     
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  12. Threadmarks: T: III - Capítulo XLI: Los cuatro Preceptos del Emperador
     
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    Temporada III – Capítulo XLI: Los cuatro Preceptos del Emperador

    “Los cuatro preceptos del emperador fueron un grupo de guerreros de elite que servían al emperador como asesinos personales, este grupo fue creado por el mayor de ellos, quien eligió e instruyó a los otros tres”

    10 de abril de 1750, 2da edad de Plea.

    Es una fría noche en la cima de la montaña donde se asienta la base de la horda. En este lugar un humano debería estar bien abrigado para soportar el frio, no obstante para los tiranus este frio no es nada, deambulan de un lado a otro haciendo sus actividades con naturalidad y sin inconvenientes.

    A estas horas del día nadie se encuentra cerca del portal, salvo cuatro personas. El general y sus tres seguidoras. Grimor se presenta son una sonrisa en sus labios pues espera, con ansias, a uno de sus antiguos compañeros.

    –¿Estás seguro que hoy vendrá? –preguntó Zarina notando el leve retraso.

    –Completamente. Ella siempre llega a tiempo, detesta la impuntualidad –sonrió tranquilo y seguro.

    –¿Cómo es ella, la Precepto de la Venganza? –cuestionó Gilda con curiosidad.

    –Bueno, ella es…

    En ese momento el portal ardió más de lo normal elevándose una gran llamarada por el cielo. Grimor supo que ya no era necesario hablar de esa mujer, pues ya estaba allí. Las tres escoltas se sorprendieron, mientras que Grimor solo sonrió de lado.

    Del portal emergió una mujer muy alta, con 1.90 metros de estatura, aunque esto para las hembras tiranus no es mucho, pues esa raza es muy alta por naturaleza. Su piel es roja como la de cualquier demonio, aunque aun así se nota tersa y suave, su cabello muy largo hasta la cintura, perfectamente alaciado en un color negro, sus ojos azules y brillantes son las joyas de la obra de arte que es su rostro. Pues a pesar de ser una mujer madura no deja de ser terriblemente hermosa, con una sonrisa coqueta de labios pintados de negro, así como el maquillaje que da encanto a su rostro. Poseedora también de una sensual y voluptuosa figura con grandes pechos que sabe presumir.

    Viste un largo y elegante vestido negro sin mangas, ceñido y con un escote sugerente, calza unas elegantes botas de cuero. Sus muñecas, dedos, y cuello son adornados con joyas de oro puro.

    Con un coqueto caminar se acercó hasta Grimor, quien la miraba sin decir nada, solo sonriendo.

    –Por todos los condenados, Grimor –dijo ella con una voz muy coqueta–. Con todos estos años que han pasado, cariño, y tú sigues igual de delicioso –se acercó a él colocando sus manos en el pecho de Grimor, las cuales eran adornadas por anillos de oro y las uñas en color negro ligeramente largas–. ¿O es que acaso te pusiste así para nuestro rencuentro?

    Karina, Zarina y Gilda abrieron los ojos a más no poder, y dos de ellas apretaron los puños al ver a esa mujer acercarse de esa manera su amado Grimor.

    –No has cambiado en nada, Meduza –no pudo evitar reír un poco, pues le alegraba que seguía tal cual la recordaba–. Aunque antes usabas ropa más atrevida.

    –Oye, ya no soy una jovencita como antes, soy una mujer casada, debo ser más recatada –dijo con sarcasmo mientras seguía acariciando el torso de Grimor.

    –¿Casada? Nunca mencionaste eso...

    –Relájate guapo, mi marido trágicamente murió mientras dormía hace algunos meses –respondió riendo–. Oye que tal si recordamos viejos tiempo –se acercó intentando besarlo.

    Zarina intentó acercarse llena de enojo, pero Kaira la detuvo antes que hiciera algo. Al mismo tiempo, Grimor alejó suavemente a Meduza para evitar el beso.

    –Lo siento, Meduza, pero ya no soy el de antes en ese aspecto. Me temo que no puedo permitirme una mujer más, pues ya tengo tres reinas a las que adorar y amar –dijo sonriendo.

    Meduza arqueó la ceja sorprendida, y algo ofendida. Luego miró detrás de Grimor divisando a sus tres amantes, quienes la miraban con seriedad, y celos.

    –Pero que tenemos aquí, no me digas que son tus hijas, deben serlo, ¿no? –sonrió y se acercó rápidamente a ellas.

    –No son mis…

    –Son preciosas las tres, tan lindas y con esas miradas de guerreras –decía mientras las miraba de pies a cabeza y las abrazaba. Hasta que se detuvo en Zarina–. Sin dudas tú eres la más hermosa, con ese cuerpo fuerte y desarrollado –la miró con unos ojos coquetos y se lamió los labios mientras le acariciaba el rostro.

    –Oiga, n-no me toqué –alegó ella sorprendida y algo nerviosa al recibir las caricias de otra mujer.

    –Tranquila, cariño. No tienes que asustarte. Seguro es la primera vez que otra mujer te mira así, ¿verdad? –rio y la jaló hacia ella abrazándola–. Eso me gusta, las jovencitas como tú… –con su lasciva mirada se comía a Zarina, quien intimidada no se movía. Hasta que Grimor colocó su mano en el hombro de Meduza con cierta firmeza.

    –Nunca me molestaron tus depravaciones y vicios, pero mantelos lejos de ellas –dijo con seriedad al tiempo que sus ojos brillaban–. Son lo más valioso que tengo, y nadie las toca.

    –V-vale, tranquilo, cariño, solo estaba jugando –rio un poco nerviosa mientras soltaba y se alejaba de Zarina.

    –¿Q-que le pasa a esta loca? –musitó nerviosa Zarina acercándose a sus hermanas.

    –Era de esperarse de alguien que viene del Estado de la Lujuria –agregó Gilda molesta por lo que hizo Meduza.

    –Entonces, guapo. Después de tantos años sin hacer nada en ese patético castillo por fin estoy más que lista para volver a luchar, y si es junto a mis mejores amigos, será todo un placer, ¿dónde están los otros dos zoquetes?

    –Me temo que aún no llegan, pero no te preocupes, tengo preparada una gran recepción para mis grandes amigos. Por favor, ven conmigo –sonrió señalándole el camino.

    Meduza sonrió y se acercó a él tomándolo del brazo para que la llevara, ante las celosas miradas de sus tres amantes, quienes no tuvieron más opción que seguirlos.

    –¿En verdad esa zorra es tan fuerte como dice Grimor? –preguntó Gilda a sus hermanas–. No lo parece, se ve débil.

    –No lo sé, pero si Grimor la tiene en tan alta estima debe serlo –agregó Kaira con seriedad.

    –Aun así, solo la conozco desde hace unos minutos y ya la estoy odiando. Como se atreve a tomar del brazo a Grimor, él es nuestro –bufó Zarina.

    Ella fue llevada al salón principal, donde le esperaba un gran banquete cortesía de su anfitrión. Los cinco tuvieron un ameno desayuno donde hablaron de recuerdos del pasado y lo que Grimor tenía pensado para el reino que pensaba fundar en Plea.

    Las horas pasaron mientras ellos seguían conversando, aunque las tres jóvenes fueron relegadas pues la conversación era entre Grimor y Meduza.

    –Es una mierda, ese bastardo obeso con el que tuve que casarme, daba asco solo con verlo –decía Meduza con desprecio mientras bebía vino.

    –Que desgracia, te condenaron a una vida entre lujos, sirvientes, castillos y palacios, pobrecita –dijo con sarcasmo Grimor.

    –No solo eso, idiota. Ese estúpido príncipe con el que me tuve que casar solicitó al emperador, tiempo después que nos separaron, que sellara mi habilidad ¡Y eso hijo de puta lo hizo! –exclamó con gran ira.

    –Espera, ¿qué? –cuestionó Grimor sorprendido–. No me dijiste que tu habilidad estaba sellada.

    –Pues lo estaba –dijo riendo de forma perversa–. Al parecer el sello estaba ligado a mi marido, aunque tarde años en descubrirlo, en el momento que lo maté el sello se rompió.

    –¿Y por qué selló tu habilidad? –cuestionó con curiosidad.

    –¿Por qué crees? –arqueó la ceja–. En verdad crees que, yo, ¿Meduza, Precepto de la Venganza, la mujer más hermosa y deseada de Hollgom, me iba rebajar a acostarme con ese pedazo de mierda? –era obvio que hablaba llena de soberbia, aunque la verdad era que era demasiado hermosa como para no presumirlo–. Pues no, claro que no. Yo tuve a los hombres más hermosos y viriles a mis pies y en mi cama, y bueno, también a muchas mujeres –sonrió de forma pervertida mientras lamia sus labios y miraba a Zarina.

    –Si lo recuerdo, a mí también me ataste a tu cama un par de veces –musitó desviando la mirada un poco.

    –Y ese bastardo sabía que no podría ser suya, con un solo golpe podía matarlo. Así que selló mi habilidad y me convirtió en su esclava sexual, me ataba con cadenas a la cama y se posaba sobre mí con su asqueroso aliento y minúsculo miembro. Daba vergüenza sinceramente, no merecía llamarse hombre.

    –Estoy seguro que lamentó mucho haberte hecho eso, su muerte no pudo ser rápida –suspiró Grimor.

    –Solo le prendí fuego a la habitación, la cerré con llave y me fui. Horas después el sello se rompió y volví a ser yo. No lo pensé un solo momento para reunirme con mis amigos, los preceptos –dijo subiéndose a la mesa y gateando hasta Grimor–. Aunque ya no me tratas como tu amiga, ¿porque?

    –Ya te dije que no puedo hacerlo, eres hermosa, sí. Pero yo solo deseo y amo a tres mujeres –dijo levantándose de la mesa.

    –Que aburrido eres, Grimor –bufó cruzándose de brazos.

    –Quieres diversión, puedes ponerte a trabajar desde ahora. Mis hombres están yendo a buscar leña y a cazar a los pies de la montaña, puedes ir con ellos.

    –Vete al diablo. Estoy agotada, he viajado sin descanso hasta llegar aquí, además soy una guerrera de elite… no, elite es poco comparado con lo que soy. El punto es que a mi envíame a misiones importantes, donde haya enemigos fuertes o grandes ejércitos, no a buscar suministros al bosque –dijo cruzada de brazos y frunciendo el ceño.

    –Por eso me agradas –rio Grimor pues solo la estaba molestando–. Ya podrás divertirte cuando el psicópata venga, ese demente es igual de vicioso y depravado que tú.

    –Bueno, puede que tengas razón, me gustaba mucho su salvajismo –rio bajándose de la mesa–. Por cierto, ¿hay enemigos fuertes en este mundo?

    –No estoy seguro de eso, a decir verdad, y no me he enfrentado a los humanos. Aunque vencieron al hijo de Zero en un asedio, pero fue porque yo trunqué sus planes. En fin, ya habrá tiempo para eso, por ahora, quiero que tú descanses y te prepares para volver al combate. ¿Entendido?

    –Tranquilo, tú sabes bien que soy poderosa, con descanso y un poco de entrenamiento estará como nueva –aseguró de forma relajada.

    –Pues no estaría tan seguro. Debes tomar en cuenta que ya no eres una…–los fieros ojos de Meduza se posaron sobre él.

    –¿Ya no soy qué? –dijo con seriedad.

    –Pues…ya, no eres…joven –debitó pues sabía lo delicada que era en cuanto a esos temas.

    –…quizás, ¡quizás! Pero aun así, sigo siendo fuerte y hermosa como antes, no lo dudes –apretó los dientes y desvió la mirada ofendida, pero pues era la verdad.

    –Si te hace sentir mejor, has envejecido menos que yo –sonrió Grimor– aunque eres mayor que yo –le susurró a sus tres amantes como dato curioso.

    –¡Vale, ya! Como sea. Ya que tanto me quieres fresca y preparada me voy a descansar de una vez…–algo indignada se levantó de la mesa. Pero un ruido llamó la atención de los allí presentes.

    –¡Mueve tu feo culo, carajo! –gritó un hombre.

    Acto seguido un guardia entró en el salón mediante una patada que lo hizo rodar por el suelo. Todos volvieron la mirada para ver que pasó. Gilda, Zarina y Kaira rápidamente se levantaron y prepararon para luchar.

    Un nuevo tiranus ingresó en el salón. Alto y muy delgado, de piel roja, como es normal, aunado a un par de largos cuernos propios de los hombres tiranus, sus ojos, uno en color blanco y el otro en color negro haciendo su mirada intimidante, su larga cabellera blanca y esponjada, junto con una frondosa barba del mismo color lo hacen ver como un verdadero demonios. Viste una capa negra, y un pantalón de piel con botas de hierro. Su torso carece de ropa, de manera que lo podemos aprecia, cubierto de tatuajes y más tatuajes, así como cicatrices.

    –¡Exijo ver al imbécil que está a cargo de esta jodida y helada base! –exclamó con seriedad, teniendo un ojo más abierto que el otro.

    –¡¿Quién eres?! –cuestionó Zarina en guardia mientras ella y las demás lo rodeaban.

    –Será mejor que no intentes hacer nada, imbécil –agregó Kaira.

    –Hablando del psicópata –sonrió Meduza mirándolo de reojo.

    –Chicas, no se preocupen por él. Déjenlo pasar –ordenó Grimor acercándose con una gran sonrisa a ese extraño hombre.

    –¡Me cago en todos los Estados! –sonrió el intruso acercándose también–. En verdad eres tú, ¡En verdad es el pequeño Grimor!

    Cuando estuvieron cerca el uno del otro, el intruso arrojó un poderoso puñetazo, el cual apenas logró bloquear Grimor, y no le fue fácil. A pesar de la musculatura del general y lo delgado que es el intruso, se notó más fuerte.

    –Y-ya vas a empezar con tus locuras, Argos –suspiró Grimor.

    –¡Pedazo de mierda! No te has debilitado, carajo, ven aquí –carcajeándose se acercó abrazando con emoción a Grimor.

    –A mi también me alegra verte, Argos –reveló él mientras correspondía al abrazo.

    –¡Pero que tenemos aquí pedazo de mierda! Pero si es la hembra más hermosa, sensual y pervertida de todo Hollgom. ¿Cómo estás, Meduza? –dijo Argos acercándose con intenciones de abrazarla también.

    Sin embargo una patada en el pecho por parte de Meduza lo alejó.

    –Ni se te ocurra, Argos. Desde aquí siento el hedor a carne podrida en tu boca, ¿qué diablos te comiste ahora?

    –Ya me conocen, me fascina la carne cruda –sonrió mientras abría la boca, mostrando que todos sus dientes eran colmillos afilados–. Cuando me escapé del Estado de la Gula tuve que llevarme a alguien conmigo para que no me siguieran.

    –¿A quién? –preguntaron Grimor y Meduza.

    –Un general. Ese pedazo de mierda nunca confió en mí, así que antes de irme decidí pasarle la cuenta de cobro por joderme todos estos años –dijo riendo cual si una broma fuera.

    –La verdad me da miedo preguntar qué fue de ese pobre desgraciado –suspiró Meduza.

    –¡Lo secuestré y lo torturé durante todo el camino en la carreta que me trajo hasta aquí! –rió a carcajadas, mientras abrazaba a Meduza.

    –Pobre infeliz –sonrió Grimor, pues conocía bien las torturas de su amigo.

    –¿Pero que tenemos allí? –preguntó Argos con una enorme sonrisa, la cual se dibujó en su rostro al ver a las tres hermanas. Rápidamente se acercó a ellas–. Hola preciosas, ¿Qué las trae por aquí? –dijo sonriendo mientras lamia sus labios–. Hace tanto tiempo que no estoy con una linda y hermosa… –de la nada una pesada y firme mano se posó sobre su hombro.

    –Ellas no son simples mujeres, Argos –dijo Grimor con seriedad, haciendo brillar sus ojos y liberando un poco de su magia a manera de humo negro–. Esas tres reinas que ves allí, son lo que más amo en esta vida. Nada, ni nadie las toca, porque yo destruyo lo que se atreva a hacerlo.

    –V-v-vale, y-ya l-lo tengo entendido, relájate –no pudo evitar tragar nervioso y alejarse de ellas rápidamente.

    –Tranquilo, a mí también me pasó lo mismo –rio Meduza junto a Argos–. Yo que tú, ni siquiera las miraría, al parecer son las “reinas” de Grimor –se acercó y le susurró algo–. Aunque entre nos, esa de allí me parece más hermosa –sonrió señalando con la mirada a Zarina.

    –Tú no cambias nada, verdad –arqueo la ceja Argos–. Aunque has envejecido un tanto, diría que…

    –¡Cállate, imbécil! –gruñó arrojándole un puñetazo a la cara.

    –Chicas, les presentó a Argos, Precepto del Caos. Argos, mis reinas, Kaira, Gilda y Zarina.

    –Es un honor. Pero, cambiando de tema, ¿Dónde está el maestro? –dijo Argos mirando en todas direcciones.

    –Él aún no ha llegado. Pero solo es cuestión de tiempo. Por favor, ven y siéntate a la mesa para que comas algo, aunque me temo que no tengo carne cruda para ti –ofreció Grimor.

    –Qué más da. Quizás luego salga a cazar y me coma lo primero que vea saltando –respondió riendo.

    Las horas pasaron entre risas, bromas y desfachateces entre esos tres. Ya por la noche Grimor ordenó a sus tres escoltas que se retiraran a descansar, que luego el las alcanzaría. De igual forma, horas más tarde, ya por la noche Argos y Meduza también se fueron a descansar, aunque curiosamente en la misma habitación por decisión propia.

    Grimor llegó a su habitación, la cual solo era iluminada por unas pocas velas. Notando que sus reinas no estaban en la cama. Caminó por la habitación buscándolas con la mirada y llamándolas. En ese momento la puerta se cerró sola, volvió la mirada para ver qué había ocurrido.

    –Llegas tarde –dijo Kaira acercándose a él de forma coqueta, y desnuda.

    –¿Q-que? –preguntó sonriendo al verla así.

    –Espero que esa zorra no te haya traído recuerdos que quieras revivir –se escuchó la voz de Zarina, quien salió de detrás de unas cortinas, de igual forma desnuda y con una mirada y sonrisa fiera.

    –Ya veo, al parecer, mis amores, están celosas –se perdió en la bella figura de Zarina, quien se acercaba con un contoneo sensual.

    –Sí, así es –dio Gilda apareciendo detrás de él arañando un poco su espalda, cosa que solo lo hizo suspirar–. Esa zorra se acercó demasiado a nuestro hombre.

    –Me encanta como suena eso –se relamió los labios mirando de reojo a Gilda, al tiempo que se quitaba la camisa.

    –Debe entender que tú eres nuestro, y de nadie más, Grimor –Zarina lo tomó del brazo besando sus hombros.

    Lo soltaron y Gilda lo empujó a la cama. Sin objeción dejó que lo hicieran, luego las tres se recostaron con él llenándolo de besos y caricias.

    –Nada, ni nadie, puede alejarme de ustedes. Son todo lo que quiero y lo que necesito –suspiró sonriendo acariciándolas para luego besar a Kaira de forma apasionada.

    Una noche de pasión pasó rápidamente, sin dudas los cuatro disfrutaban de esos momentos de placer y amor. No obstante, a las primeras horas de la mañana, Grimor se levantó de la cama y salió al salón principal para buscar algo de agua. Caminó por allí, hasta que notó algo detrás de él.

    –Esperaba que mis apreciados alumnos me recibieran al llegar a este mundo –se escuchó una apacible voz detrás de él.

    –Llegaste –dijo Grimor sorprendido volviendo su mirada a ese hombre.

    Alto, como todos los tiranus, cabello oscuro ligeramente largo, su ojo derecho en color amarillo, el otro lo perdió y en su lugar una enorme cicatriz que recurre desde su frente hasta su mandíbula, barba oscura con trenzas por lo larga que es, carente de uno de sus cuernos, solo posee uno, de complexión atlética, ataviado con una túnica gris, descalzo y con grilletes en muñecas y tobillos.

    Aldan, sabía que acudirías al llamado –sonrió Grimor acercándose a él, quien se levantó para abrazarlo con aprecio.

    –Solo era cuestión de tiempo. Algún día los cuatro Preceptos del Emperador se reunirían otra vez, aunque ahora, bajo el mando del miembro más joven del grupo, el pequeño Grimor –dijo con respeto–. Ansió tanto escuchar tu plan, pero más ansió ver a los otros dos…

    –¡¿A qué horas desayunan es te lugar, pedazo de mierda?! –se escuchó la voz de Argos.

    –Ya cállate, quieres. Me duele la cabeza, sabía que seguir bebiendo contigo solo me llevaría a una jodida resaca –bufó Meduza detrás de él. Los dos entraron en el salón.

    –Meduza y Argos, me alegra saber que aún están como los recuerdo, más o menos –sonrió Aldan.

    –¡Aldan! –exclamaron los dos al instante con el solo escuchar su voz.

    –¡No lo puedo creer, eres tu viejo loco! –exclamó Argos abrazándolo–. Esperaba que murieras de viejo en esa puta celda.

    –El destino no complace a todos, ni siquiera al emperador –rio Aldan, para luego abrazar a Meduza.

    –Pero… con tu edad, ¿Cómo escapaste de ese lugar? –cuestionó Meduza.

    –A veces, la experiencia y la astucia son más importantes que la misma fuerza o el poder. Esos guardias y generales fueron humillados por un hombre de noventa años de edad, el único que ha escapado de la prisión de máxima seguridad de Hollgom, sin usar su habilidad.

    –¡Pedazo de mierda! Contigo no habrá quien pueda detenernos, esos humanos se van a cagar de miedo cuando vean a los cuatro Preceptos del Emperador destrozando sus ejércitos –rio a carcajadas Argos.

    Grimor no dijo nada, solo miró a sus amigos y compañeros. Eso era lo que necesitaba para hacer reales sus planes, guerreros terriblemente poderosos, despiadados y leales hasta la muerte.
     
    Última edición: 3 Febrero 2019
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  13.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Veamos, ya se reunieron los cuatro preceptos, aunque no parece haber un claro predominio, como que daría la impresión que Grimor es más fuerte que Argos y Meduza.

    Aunque aquel que llaman maestro, Aldan, tiene potencial de seguir siendo el más poderoso. Claro que la edad marchita almas y debilita cuerpos. Así que toca esperar.

    Luego de esta presentación, no creo que Erin y compañía vayan a matar a alguno, tal vez Argos. Pareciera que va hacia su final, por andar de imprudente, aunque, Erin parece ser más importante a la historia que el mismo Grimor, que casi estoy seguro no podrá ganarle al Emperador.

    Pero, será cuestión de esperar lo que sugue.
     
  14.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Finalmente conseguí leer el capítulo. Esta vez estoy desde el celular, así que seré breve y no marcaré los errores. Solo mencionarte que ha habido algunos, pero no tantos como en capítulos anteriores.

    Finalmente, el plan de Grimor ha comenzado y los cuatro preceptos del emperador están reunidos. Si servían al emperador, eso quiere decir que se trata de guerreros formidables. De esa forma, dudo que exista un guerrero capaz de enfrentarlos a los cuatro juntos. Únicamente que algún personaje logre obtener una especie de power up, o que más de uno se una, dudo mucho que sean capaces de derrotarlo. Me pregunto que ocurrirá con Erin, Gideon y el resto de su unidad, así como también con Albert, Zila y Zael. Creía que los dos grupos conseguirían derrotar a Grimor estando solo, pero ahora que los otros tres están con él, lo veo imposible. A lo sumo creo que podrían acabar con Aldan, que ya está algo deteriorado por la edad. Ciertamente, espero que podamos verlos a los cuatro juntos en acción en esta temporada. No sé cuantos capítulos quedarán, pero desde la lucha entre Grimor y Zero en la temporada pasada, no ha habido una gran lucha. Creo que sería un buen cierre para esta temporada.

    Lo que me ha gustado es que has caracterizado muy bien a Meduza y a Argos, ya que se nota en tan solo un capítulo que tienen personalidades diferentes. Claramente es que yo esperaba que las tuvieran, pero creí que eso empezaría a notarse luego de varios capítulos. Ha sido una sorpresa agradable ver que ya desde el primer capítulo se han diferenciado no solo entre ellos sino también con Grimor. Al único al que le faltó eso fue a Aldan, pero es lógico, dado a que apareció al final y ya habrá tiempo para eso.

    Una sugerencia, viendo que aparecen muchos personajes en cada capítulo, y que el número sigue en aumento, te sugiero que uses tu blog para crear una guía de personajes. Muchas veces es difícil recordar los nombres de todos, y al equipo al que pertenecen. Con los que salieron en la temporada 1 no tengo problemas ya que estuvieron en varios capítulos, pero con los de las temporadas siguientes ya se vuelve un poco complicado.

    Solamente una guía para mantenerme orientado, no es necesaria una descripción de cada uno, ni tampoco especificar a que raza o clan pertenecen. Podría ser por ejemplo algo como esto:

    Aikar Grimm
    Oss
    Diane Will
    Rufus

    Grimor
    Medusa

    Lógicamente de forma más completa. Creo que sería algo sencillo de hacer que no te debería tomar más de media hora, y que sería de gran ayuda para mí por el resto de la historia.

    Por ahora eso es todo. Saludos y hasta la próxima.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.
    Pronto tendremos una buena muestra del poder de los preceptos, principalmente de Argos. Quizás nadie pueda enfrentar a lo cuatro, pero si otro grupo que pueda desafiarlos?

    Aunque Aldan sea un anciano, técnicamente, no hay que olvidar que por algo fue el maestro de los otros tres y líder del grupo, ademas que alberga un secreto que no os imagináis, pero será muy importante para ese personaje y su historia. Esta temporada tendrá un cierre explosivo e importante, aun no estoy seguro tampoco cuantos caps le quedan a esta, pero claramente se hasta donde llegará.

    Una curiosidad es que a pesar de ser tan diferentes en sus personalidades son un equipo formidable y muy unido, considerándose los tres (Grimor, Meduza y Argos) hermanos, y ven a Aldan como un maestro o, quizás, una figura paternal. También tendremos recuerdos que nos permitan conocer como se conocieron y como se volvieron tan unidos y fuertes.

    Me gusta la idea de hacer una especia de guía acerca de los personajes, se que pueden llegar a ser muchos y muy confusos, teniendo en cuenta que hay personajes que dejan de aparecer algunos cap y reaparecen después, así como algunos que son irrelevantes pero igual se les menciona. Cabe mencionar que en esta temporada ya no habrá mas personajes por aparecer, no obstante, en la siguiente, así como en las subsecuentes mas personajes irán apareciendo, y claro, llegará el momento en que algunos encuentren su propio final
    (:cref:)
    Incluso yo necesito una tabla donde anotar a todos y sus detalles mas importantes. Pronto la haré os lo aseguro.
    Eso es todo por ahora, nos vemos en el siguiente cap.
     
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  16. Threadmarks: T: III - Capítulo XLII: Argos sale de caceria
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Temporada III – Capítulo XLII: Argos sale de cacería

    “Los montes verdes están cubiertos por inmensos bosques en su parte inferior, estos bosques son muy difíciles de transitar y es fácil perderse en ellos”

    20 de abril de 1750, 2da edad de Plea

    Diez días han pasado desde el reencuentro de los cuatro poderosos preceptos del emperador. Ahora viajamos al norte del reino, justo a uno de los tantos caminos blancos que existen y que fungen como principales caminos del reino.

    No obstante lo que ocurre no parece ser una situación agradable. Una carreta está destrozada a la mitad de la vereda, y, junto a ella, al menos diez cadáveres de los temidos Capaz Blancas. Al mismo tiempo, una tercia de guerreros se alejan campantes y riendo por tal fechoría.

    –No puedo creer la cantidad de dinero que tiene este bastardo duque –comentó Oss, quien llevaba en sus manos un cofre que se notaba pesado.

    –Con cuerdo, Oss. Llevamos ya varios asaltos en esta semana. Todas sus carretas están llenas de oro, plata o joyas –agregó Aikar, quien llevan sobre su hombro otro cofre similar.

    –Lo sé. ¿En qué gastaremos este dinero, abuelo? –cuestionó con una enorme sonrisa Sira, quien en sus brazos llevaba finas telas.

    –¿De qué hablas? No vamos a gastar nada. Como todos los demás lo guardaremos en la base y, cuando podamos, lo meteremos de forma secreta a las arcas del gran líder –explicó Aikar mirándola de reojo. Por gran líder se refieren al rey.

    –¡Vamos! –dijo bufando–. Debemos tomar algo de esto para nosotros. El gran líder no se enterará. ¡Ya sé! ¿Qué tal si compramos unos barriles de la mejor cerveza y celebramos esta noche? –sugirió ella.

    –Sabes, no me parece tan mala idea –comentó Oss sonriendo de lado–. La cerveza siempre me sube los ánimos. Igual podemos comprar pan y carne de la mejor calidad para que sea una mejor fiesta.

    –¡Así se habla, Oss! –apoyó Sira.

    –Oigan, par de holgazanes. ¿Se les olvida que quien decide las cosas es Dyr? Si quieren una fiesta pues díganselo a él. Aunque igual y los apoyo, hace tiempo que no bebo un buen tarro frio de cerveza –dijo Aikar con una leve sonrisa.

    –¡Esa es la actitud, abuelo!

    Caminaron hasta llegar a sus caballos, sobre los cuales colocaron los cofres y las telas robadas. Los montaron y pusieron rumbo a reunirse con sus compañeros.

    –Por cierto, ¿cómo van las cosas con Diane? –preguntó Sira mirando de reojo a Aikar con una sonrisa pícara.

    –¿De qué hablas? –respondió él sin entender el porqué de la pregunta.

    –Su relación, ¿ha mejorado? –rio un poco por lo despistado que parecía ser.

    –Oye, ¿por qué siempre estas preguntando eso? Te lo he dicho muchas veces, ella y yo solo somos amigos –negó un poco avergonzado por la pregunta–. ¿Ella te ha dicho algo? –cuestionó con curiosidad.

    –No. No puedo creer como tú y ella pueden ser tan ciegos, es obvio que se gustan y que hay atracción entre ustedes –dijo segura.

    –Pues la verdad, con tu excesivo interés en mi relación con Diane, más bien pareciera que tú eres a quien le gusto –sonrió de lado–. ¿Estás celosa, Sira?

    –Por favor, no digas tonterías abuelo. Tú no me gustas en lo más mínimo –no pudo evitar reírse casi a carcajadas.

    –Vale, ya entendí. No tienes por qué burlarte –arqueo la ceja algo indignado por la risa burlona.

    –Lo siento, no te ofendas, Aikar –recobró la compostura–. Eres un gran hombre, fuerte, inteligente y muy amable, y no niego que eres guapo, pero, digamos que no eres mi tipo, eso es todo, no es para que te ofendas.

    –Eso es bueno, pues aún está la posibilidad que realmente seamos familia. Sería raro que te gustara –agregó él.

    –¡Ahora lo entiendo! –dijo Oss chasqueando los dedos al tener una idea–. A ti te gusta Rufus, ¿verdad? –cuestionó mirando a Sira.

    La joven santo no pudo evitar ponerse roja al instante al escuchar lo que el sirviente decía. No había que ser un genio para saber que Oss había acertado.

    –Mierdas. ¿Es verdad, te gusta Rufus? –agregó Aikar sorprendido por lo sonrojada que estaba ella.

    –¿C-como lo supiste, Oss? –desvió la mirada para que no la vieran.

    –Bueno, al principio no lo comprendí. Pero vi como lo mirabas, y que siempre querías hacer equipo con él, siempre quieres entrenar con él y no dejas de alabar su comida. Y pues ahora dijiste que Aikar no era tu tipo, de forma que te gusta otra clase de hombres.

    –No hablas mucho per te fijas en todo –dijo Aikar a su sirviente–. Debo decir que no me lo esperaba, incluso llegué a pensar que eras de esas mujeres a las que les gustan otras mujeres –agregó Aikar mirando a Sira.

    –¡Oye! Que no sea tan femenina, que me guste luchar y adore la cerveza no significa que no me gusten los hombres, ¡idiota! –alegó claramente ofendida.

    –Y vaya clase de hombres. Enormes, musculosos y bestiarys –rio, a lo que ella se sonrojó más. Aikar se acercó abrazándola por el hombro–. Mírala Oss, que tierna, se puso roja como si fuera una adolecente, ¿a que es linda? –se burló pellizcándole las mejillas, mientras Oss solo reía.

    –¡Vale, ya, muchas risas! –alegó ella alejándose–. Sí, me gustan los bestiary, y los hombres enormes con músculos por todos lados, ¿acaso es un crimen?

    –Relájate, Sira. A cada quien sus gustos, no tiene nada de malo –dijo Oss para que ella se relajara–. Pero puede que debas ser un poco más discreta con tus miradas, puede que él se entere.

    –Pues si no se lo dicen no lo hará –bufó y se acercó a Aikar dándole un golpe en el hombro–. Si le dicen algo de esto los castro a los dos.

    –Cielos, que carácter –sonrió él un poco adolorido–. No cabe duda que eres una mujer Grimm.

    –Claro que lo soy, abuelo, y a mucha honra –agregó con una sonrisa orgullosa.

    –Me recuerda tanto a nuestra hermana mayor –suspiró Oss sonriendo, recordando a la hermana mayor de Aikar, a quien él también se refería como hermana.

    –Son parecidas, pero nuestra hermana ya nos habría castrado –sonrió Aikar con un poco de nostalgia.

    Ahora nos ausentamos rumbo al oeste de la capital, en la villa y mansión de Eliott el duque embajador, quien a esas horas se encontraba desayunando en su despacho principal, no obstante, su comida se vió interrumpida por una carta enviada por la administración de sus caravanas. No hizo falta terminar de leerla, con las primeras parte fue más que suficiente para hacerlo estallar de ira. Con todas sus fuerzas arrojó contra una pared la copa de vino de la que bebía, casi hiriendo a una de sus esclavas.

    –¡Hijo de puta! –gritó con todas sus fuerzas, escuchándose su rabieta por toda la mansión. Fijó con su mirada a su asistente, Mordecay y le arrojó la carta para que la leyera también–. ¡Que carajos se supone que están haciendo esa tercia de imbéciles enmascarados, por que sea quienes sean, me siguen robando!

    –No se preocupe, mi señor. Le aseguro que he preparado una sorpresa para los asaltantes en una caravana –aseguro con un semblante serio.

    –Bien, bien, bien –dijo el duque con sarcasmo–. ¡Pues te recuerdo que tengo más de veinte caravanas cruzando los caminos cada puto día!

    –Le aseguro, mi señor. Que estoy casi seguro de la zona en la que este grupo de bandidos está actuando, de manera que he dejado transitar por allí solo a un puñado de caravanas, entre ellas, la caravana trampa. Si los tres enmascarados no los encuentran yo puedo hacerme cargo del problema.

    –¿Puedes hacer mejor el trabajo que tres miembros de las Diez Bestias? Eso es muy interesante –cuestionó con seriedad el duque, mientras regresaba a su asiento–. ¿Por qué crees que puedes hacerlo mejor que ellos?

    –Porque yo sé quiénes son los que están causando estos problemas. Un grupo de guerreros desconocidos formados por el rey, entre los cuales está Vyll Landen. Si me lo permite, partiré de inmediato para cuadrar una reunión con él y poder capturar a todo su grupo.

    –Así que el rey está detrás de esto. ¿Por qué no me lo habías dicho antes, Mordecay? –cuestionó más serio.

    –Quería estar seguro, mi señor. He recibido escasa información de Vyll, quien actúa como un espía para nosotros dentro del grupo. Alega que el líder no les informa a ellos hasta que es el momento, por eso no podemos anticipar sus ataques.

    –¿Y le crees?

    –Por supuesto, él sabe bien que si por algún motivo llega a traicionarnos sus amadas hermanas perecerán. Tengo a varios asesinos del mi clan vigilándolas todo el tiempo.

    –Entiendo. Como siempre, logras sorprenderme, Mordecay, por eso te admiro y aprecio tanto –sonrió de forma perversa–. Entonces reúnete con él, pídele que entregue a sus compañeros. Los quiero vivos a todos para ejecutarlos con mis propias manos. Si este sujeto, Vyll se niega, entrégale la cabeza de una de sus hermanas y la mano de otra.

    –Como usted ordene, mi señor –sonrió de igual forma, y se dispuso a retirarse.

    –Cuando mate a esos sujetos, y les saque la información de que el rey los envió, me vengaré del rey también –dijo antes que su asistente se fuera, a lo que Mordecay le miró sobre su hombro con curiosidad–. Me gusta cuando el rey cree que puede desafiarme, la última vez asesine a su esposa.

    –¿Qué hará en esta ocasión, mi señor?

    –Quiero a su hija –sonrió lamiéndose los labios–. Quiero a esa zorrita en mi cama, por las buenas o por las malas.

    –Por eso lo admiro, mi señor. Usted consigue todo lo que quiere –dijo Mordecay antes de retirarse.

    Mordecay se retiró dejando solo al duque con sus esclavas y guardias, entre ellos la vampira Ritzka, quien miraba al suelo en todo momento, incapaz de mirar a ese terrible hombre.

    –¡Oye tú, puta! –llamó el duque a la vampira de forma grosera–. Limpia eso y tráeme más vino, o te arranco el otro colmillo –ordenó riendo un poco.

    De regreso en el norte. Otra caravana del duque había sido asaltada, esta vez por Vyll y Diane, quienes conformaron otro equipo de los tres en los que se dividió el gremio. Apenas encontraron resistencia, solo un par de mercenarios que no tardaron en perecer ante la salvaje espada del santo. Saquearon la carreta que portaba solo un cofre.

    –Sabes, creo que no era necesario matarlos –comento la maga caminando detrás del santo–. Ya se habían rendido.

    –¿Y qué? –cuestionó de forma fría–. Sus vidas no eran necesarias.

    –No creo que eso sea verdad, Vyll. Yo sé que es necesario matar en ocasiones, pero también creo que es necesario perdonar sus vidas –sugirió ella.

    –¿Eres pacifista? –cuestionó con cierto tono de desprecio.

    –No, no soy pacifista, pero tampoco disfruto la violencia –aclaró con seriedad.

    –La violencia es necesaria, la violencia es lo que hace que el mundo camine, la paz solo es un lapso de tiempo sin violencia –explicó con seriedad.

    –Cielos, esa filosofía es muy bélica, ¿dónde la emprendiste? –preguntó con curiosidad.

    –De mi clan –dijo tajante, pues parecía no tener interés alguno en una conversación.

    –Me hubiera gustado mucho aprender de ellos, tu clan fue famoso por sus poderosos magos y alquimistas –comentó ella–. Había tres guerreras muy fuertes que formaron parte de dicho clan, pero después de la guerra no se supo más de ellas, salvo que dejaron el ejército. ¿Las conociste?

    –No quiero hablar de mi clan, ni de ellas –respondió con seriedad y algo de enojo.

    –Lo siento. Bueno, ¿quieres hablar de algo en particular? –preguntó ella de forma amable.

    –No, no quiero hablar de nada –gruñó él.

    –¿Estas molesto por algo, Vyll? Desde ayer que regresaste del pueblo te noto tenso y estresado –preguntó algo preocupada.

    Vyll la miró de reojo y se sorprendió. La noche anterior había ido a un pueblo para poder enviar una carta a Mordecay y advertir de la localización del grupo, tal y como estaba obligado a hacerlo.

    –¿A caso me seguiste? –cuestionó aparentando estar tranquilo.

    –Claro que no. Todos estaban cenando dentro de la casa, yo salí a revisar los caballos y te vi salir. No te seguí solo vi que fuiste al pueblo –explicó ella–. ¿Pasó algo en ese lugar? –Diane no sospechaba nada, solo tenía curiosidad.

    –Quizás fue eso –se relajó al saber que no lo habían descubierto–. Creo q-que comí algo que no estaba bien en la taberna, me duele el estómago un poco –mintió.

    –No veo por qué, Rufus es el cocinero oficial del grupo y cocina de maravilla, no tenías que ir a otro lugar a cenar –reprendió ella–. ¿Quieres que te revise? –sugirió.

    –¿Eres sanadora? –preguntó él arqueando la ceja.

    –No, pero tengo conocimientos básicos. Ahora que lo mencionas, si nos estamos dedicando a atacar caravanas llenas de mercenarios deberíamos tener un sanador en nuestro grupo.

    Siguieron caminando de regreso a sus caballos. Hasta que de pronto Vyll se detuvo de la nada, llamando la atención de Diane.

    –¿Pasa algo? –preguntó ella mirándolo.

    –¿No escuchas eso? –preguntó él mirando alrededor.

    Pudieron ver lo que se acercaba, desde el cielo cuatro enorme bolas de fuego se precipitaban hacia ellos. Diane se movió rápidamente hacia él activando un escudo burbuja, el cual se vía más sólido que antes, se notaba que la maga lentamente aumentaba su poder. Las esferas de fuego golpearon la burbuja con fuerza estallando en cada impacto, aun así el conjuro logró soportar los cuatro estallidos.

    –¡Es una trampa! –exclamó Vyll soltando el cofre y sacando su espada.

    –Ese conjuro se llama fuego de mortero, es de nivel intermedio. Esas esferas de fuego explotan al primer contacto con algo –explicó ella mirando por el cielo.

    Poco tardaron en lanzar el mismo ataque otra vez. Vyll salió de la defensa de la burbuja y preparó su ataque, arrojó un corte con su espada que liberó un poderoso vendaval que desvió las esferas de fuego. Sin embargo esos no eran los únicos atacantes al parecer. Se escuchó un grito de guerra entre los árboles y arbustos. Una decena de mercenarios salieron a toda velocidad para atacarlos.

    Diane deshizo su escudo y decidió atacar, usando un nuevo conjuro, lluvia de flechas, arrojó sobre ellos una andanada de flechas mágicas. Algunos mercenarios lograron cubrirse con sus escudos, pero unos cuantos no, de manera que sucumbieron ante esos ataques.

    –¡Diane, retrocede! –dijo Vyll colándose frente a ella.

    –¡Yo también puedo luchar! –alegó ella.

    –Lo sé, pero debes encargarte de los ataques aéreos, yo me ocuparé de estos imbéciles –ordenó él, a lo que Diane asintió.

    El santo Vyll se arrojó al combate cual guerrero salvaje. Con un movimiento de su espada arrojó un potente ventarrón que derribó a varios de los mercenarios, además de aturdir a otro. Se acercó y comenzó a lanzar cortes certeros y mortales con su espada, uno tras otro y tras otro, no había soldado que pudiera hacerle competencia a un santo. Hasta que una centella se vió por los aires moviéndose de un lado a otro de forma frenética, no era algo nuevo, Vyll sabía que era una de esas raras balas de los arcabuceros vampiros. Rebanó el cuello de dos mercenarios y se preparó para detener la bala.

    –Ven aquí –dijo viendo cómo se precipitaba hacia él.

    De la nada cambió su dirección y fue a por la maga, quien estaba distraída arrojando flechas a las bolas de fuego que amenazaban sobre ellos.

    –¡Diane, cuidado! –avisó. Pero la bala sería más rápida. No tuvo más opción que arrojar un fuerte ventarrón contra ella.

    La maga voló por el aire rodando por el suelo, pero a salvo de la bala. Más esferas de fuego se precipitaron sobre Vyll. Se enfocó en ellas, arrojando cortes por el aire. Una vez más otra bala centellante apareció en el aire desde los árboles. Se precipitó a toda velocidad hacia él.

    –Maldición –se dijo así mismo al verla acercarse. Dejó de lado las esferas, que no dejaban de llegar y trató de desviar la bala. Error, la bala también explotó al tocar su espada.

    El estallido arrojó al santo por el suelo, dejándolo aturdido e indefenso ante las esferas que no dejaban de llegar. Trató de levantarse, incapaz de hacer otro ataque que lo salvara. Para su suerte la maga no lo dejaría morir. Diane corrió tan rápido como podía para activar una vez más su escudo burbuja. Salvando a Vyll de las explosiones.

    –Pudiste avistarme que arrojarías con ese viento –reprochó un poco molesta.

    –No había tiempo –respondió levantándose y reponiéndose.

    –Lo sé, gracias por salvarme, Vyll –sonrió ella mirándole–. Sabía que eres un buen tipo, a pesar que eres tan frio y callado, además de irritable y amargado.

    –…No es nada, s-somos compañeros después de todo –respondió con voz un poco baja, aunque sintiéndose algo culpable por lo que hacía en secreto.

    –¿Alguna idea para acabar con estos sujetos? Preguntó ella.

    –Podemos correr juntos por el bosque para atacar a los magos que están en la distancia, y luego encargarnos del arcabucero que está escondido, pero aún están estos mercenarios de mierda…

    Los mercenarios que aún estaban con vida habían rodeado el escudo y lo golpeaban con sus lanzas y espadas, esperando que cayera para atacar a la maga y al santo. No obstante un par de explosiones en la distancia llamaron la atención de todos, mismas explosiones que cesaron los ataques aéreos.

    –¿Qué fue eso? –cuestionó Vyll mirando en esa dirección, en la que solo se alzaba una columna de humo.

    –Ese fue el señor Dyr, deben a ver venido a ayudarnos –sonrió Diane.

    –¡Aquí estoy! –se escuchó el rudo grito de un hombre.

    Se escuchó el grito de guerra del poderoso bestiary miembro del grupo. Rufus saltó a toda velocidad sobre los mercenarios, atacándolos con sus poderosos puñetazos y patadas que partían escudos y huesos. Otra bala voló por el aire en el mismo momento que la burbuja cayó. Vyll fijó su mirada en ella y lanzó un corte de viento sobre el proyectil haciéndolo estallar en el aire. Diane se unió a Rufus con sus flechas para diezmar a los pocos mercenarios que aún quedaban.

    –Parece que tendré que retirarme –dijo un encapuchado arcabucero desde el árbol donde estaba–. El señor Mordecay no estará feliz por esto, pero hemos recabado información interesante sobre estos bandidos.

    Sin más que decir, y aprovechando que los guerreros estaba distraídos con los mercenarios el arcabucero logró escapar sin que lo vieran.

    –Este era el último –dijo Rufus asesinado al último mercenario al romperle el cuello–. ¿No han notado que cada vez están mejor aseguradas las caravanas? como si supieran que vamos a atacarlos.

    –Puede ser, pero es obvio. Ese sujeto trata de proteger mejor sus cosas. Aunque esta vez fue una emboscada, ellos nos estaban esperando, ¿Cómo supieron que atacaríamos aquí? –cuestionó Diane con intriga.

    –Quizás tendieron emboscadas en diferentes caravanas esperando que cayéramos en alguna –sugirió Vyll mientras recogía su cofre, aunque él sabía bien que fue por la información que él le dio a Mordecay.

    –Puede ser. Será mejor que volvamos a la base con los demás –dijo Rufus.

    Los tres se retiraron de la zona a lomos de sus caballos para reencontrarse con el grupo en la base. Al mismo tiempo, de regreso en las montañas algo se preparaba. En una zona despejada, cerca de la base de la horda dos guerreros se medían el uno al otro en un fiero entrenamiento.

    –¿Eso es todo lo que tienes Grimor? –decía el psicótico Argos jadeando y semidesnudo, a pesar del frio ambiente–. Te has debilitado mucho, amigo.

    Al otro lado Grimor jadeaba un poco adolorido con los brazos entumecidos. Argos saltó hasta llegar a él intentando golpearlo con ambos brazos. El impacto resonó en todo el lugar, Grimor apenas logró bloquear el golpe de su compañero, el cual tuvo tanta fuerza que el general cayó de rodillas.

    –Aunque sigues siendo igual de resistente, pedazo de mierda –dijo riendo el Argos.

    –Y tú sigues siendo demasiado presumido en combate –respondió Grimor alzando la mirada. Usando su habilidad intangible golpeo en la cara a Argos.

    El Precepto del Caos retrocedió ante el fuerte impacto invisible. Grimor aprovechó esto para saltar hacia él impactando un puñetazo en su abdomen. Argos gruñó conteniendo el dolor y con ambas manos tomó el brazos de Grimor tratando de evitar que lo golpeara otra vez, pero de poco sirvió pues volvió a usar intangible para darle otro puñetazo en la cara. Una poderosa patada en el pecho terminó por derribar a Argos.

    –Suficiente por ahora –ordenó Aldan desde la distancia, junto a Meduza y las tres escoltas–. Argos, sigues lanzándote como un demente al combate sin pensar en nada. Grimor, te contuviste todo el combate, te limitaste a defenderte

    Ambos se escucharon con atención lo que su mentor les decía, tomándose un respiro. Grimor estaba sintiendo sus brazos magullados por los poderosos golpes de Argos, quien demostraba tener más fuerza. Y, aunque Argos tenía moratones por todos lados y sangre escurriendo de su boca no demostraba cansancio o dolor.

    –Apenas estoy comenzando, no me cortes la diversión –se burló Argos, a pesar de la sangre que escurría de sus labios.

    –Sí, ya lo noté –se reincorporó el general más aliviado. Sus tres escoltas se acercaron a él para darle un abrigo y un poco de agua.

    –No lo hiciste muy bien Argos, ¿qué te pasa, te has oxidado? –dijo Meduza burlándose.

    –Mira quien lo dice, tú eres mayor que yo y Grimor, no creo que estés en mejor forma –respondió él.

    –Eso es lo que quiero averiguar. Por eso no puedo seguir luchando solo contra ti, Argos –llamó Grimor–. Quiero pelear contra Meduza y contra Aldan también. Pero no te preocupes, te tengo una misión.

    –¿Qué misión? –dijeron Argos y Meduza. Ella molesta y él emocionado.

    –Unos exploradores dijeron haber visto un grupo de humanos en los bosques bajo la montaña. Aún están lejos de nosotros pero queremos evitar cualquier inconveniente. Ve y encárgate de ellos, iras con Zarina y Gilda –explicó Grimor.

    –¡Oye, yo también quiero una misión! –exclamó Meduza, para luego clavar sus ojos en Zarina y detallarla de pies a cabeza–. No me molestaría ir con ella, y quizás perdernos en el bosque –dijo sonriendo mientras se lamia los labios.

    Zarina, incomoda e intimidada por la mirada de Meduza, se escondió detrás de Grimor.

    –Zorra pervertida –susurró Zarina.

    –Jamás pensé que confiaría más en Argos para estar con ellas, pero él no es un depravado como tú –suspiró Grimor.

    –Además de ninfómana –agregó burlándose Argos, mientras le daba una fuerte nalgada a Meduza, que le sacó un gemido, pero luego le regreso un puñetazo en la cara, a lo que Argos solo se rio–. Como sea. ¿Puedo comerme a los humanos?

    –Has lo que quieras con ellos, siempre y cuando los mates –dijo despreocupado Grimor regresando al campo de batalla–. Meduza, es tu turno.

    –¡Entonces no esperemos más! –exclamó Argos con entusiasmo y corriendo a toda velocidad de regreso a la base. Detrás de él fueron las dos escoltas que lo acompañarían.

    –Niñas –llamó Aldan a Gilda y a Zarina para que se acercaran a él–. Tengan cuidado con Argos.

    –¿Por qué? Grimor confía en él –cuestionó Gilda confundida.

    –Así es. Argos puede ser un psicópata y un demente sanguinario, pero es alguien en quien se puede confiar. Él jamás les haría daño o les faltaría al respeto a ustedes, estoy plenamente seguro de eso. No obstante, si en algún momento él activa su habilidad, será mejor que ustedes se alejen tanto como puedan, pues cuando lo hace, no distingue aliados de enemigos. Atacara todo lo que esté a su alrededor sin miramientos –explicó Aldan.

    Las dos chicas se miraron entre sorprendidas y curiosas, pues en ningún momento habían visto la habilidad Argos o les había hablado acerca de ella. Sin más siguieron al precepto antes que estuviera demasiado lejos.
     
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  17.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    No seas así, Aikar. Deja que se diviertan.

    Sabía que te convencerían.

    Ahí te faltó una o, porque me fijo en los detalles.
    Y total, la emparejamos con Diane si fuera el caso.

    Aquí o falta una s en 'parte' para que también sea plural o le sobran s en 'las primeras'.

    ¿Mordecay, si podías hacerlo solo para que haces perder el tiempo de los tres enmascarados?

    Creo que reclama porque no le avisó, porque el avistamiento se hace con la mirada.

    Ese haz estoy seguro lleva z.
    Y finalmente llegaron a dónde están los demonios. Juro que se tomaron su tiempo en llegar.
     
  18.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola, finalmente me ha dado el tiempo para leer.

    Tengo que decir que desde que vi que la mano blanca ha estado atacando las carretas del duque, supe que se trataba de una trampa puesta por el mismo para dar con ellos. Me sorprende que el duque no haya decidido enviar una carreta con cerveza contaminada con veneno como señuelo y probar matándolos de esa forma. Entiendo que eso sería sabotear su propia producción y que si no asaltan dicha carreta, sería un desperdicio, pero para un hombre tan rico como él le sería más sencillo hacerlo de esa forma y sacrificar un barril de cerveza mientras salva el resto de su mercadería. Es así como yo actuaría supongo.

    Me da curiosidad lo de Mordecay. Tengo intriga de por qué no se encarga él de los atacantes, en lugar de hacer que los enmascarados actúen por él si es que afirma que podrá con ellos. Si no se trata de una estrategia con el fin de debilitar al grupo, no veo ninguna utilidad en lo que está haciendo. Sea como sea, creo que será interesante ver una batalla entre el grupo y los enemigos. Me pregunto si la veremos en el final de temporada.

    Parece que Aikar se esfuerza en negar que Diane le gusta. Claramente no miente al decir que es una amiga, pero es un tonto por negar sus verdaderos sentimientos. Ya veremos a donde lo termina llevando esto al final. Mientras tanto, me parece curioso que Sira sienta algo por Rufus, siendo que todavía no los hemos visto interactuar demasiado. Habrá que ver cómo sigue avanzando.

    Y por otro lado, parece que Erin, Gideon y los demás (es por eso que requiero de la guía de personajes, ahora mismo no recuerdo los otros nombres) se acercaron demasiado y que Argos demostrará su poder. Siendo que Erin no es tan importante, y que Argos acaba de llegar, veo probable que ella muera en la pelea. Claramente, los extras van a morir. Me pregunto quienes los acompañarán. También me pregunto si una de las sirvientas de Grimor podría llegar a morir si es que Argos se descontrola al activar su habilidad. Eso sería interesante y podría causar conflictos entre los 4 preceptos.

    Dark ya te comentó los errores, pero yo te marco dos importantes.

    1- Creo que el nombre de los hombres del duque no es "Capaz Blancas", y que el verdadero nombre es "Capas Blancas". ¿Es un error o realmente es el primero?

    2- En una parte confundiste "haber" con "a ver". El primero es cuando la palabra se deriva de "hay". Ejemplo: "tiene que haber una entrada". El segundo es cuando se deriva de ver. Ejemplo: "a ver cual de los dos platos es el más delicioso".

    Fue en esta parte:

    Eso es todo por ahora. Saludos.
     
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  19.  
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.

    Primero que nada. La estrategia que mencionas bien podría funcionar, no obstante, tendría que envenenar mas de un carreta, pues el mismo mencionó cuantas tiene cruzando los caminos, ademas que la mano blanca asalta las que llevan cosas valiosas no mercancías, ademas que al final, delega esas responsabilidades a Mordecay, quien es el que debe zanjar los problemas.
    El final de la temporada está casi planeado, aunque no puedo garantizar nada aun, lo que si, es que, como siempre, la temporada terminará con un evento muy importante.
    Aikar, sigue en su dilema romántico, mismo en el que está Diane. Por otro lado, Sira no afirma estar enamorada de Rufus, ella dijo que le gusta físicamente así que no es algo tan avanzado, no obstante ya tendremos un poco mas acerca de ellos.
    Sobre la batalla que se avecina entre el grupo de Gideon y Argos, no voy a adelantar nada, pero lo que si puedo decir es que será un combate bestial, en el que Argos, Erin y Gideon mostraran sus verdaderos poderes luchando con todo.

    Como dato, si Argos le hiciera daño a Zaria o a Gilda, Grimor no se lo perdonaría, esperemos que no pase.
    Pronto subiré la guia de personajes a mi blog para que no sean tan confusos los grupos
     
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    Fersaw

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    Aries
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