Historia larga Saints

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 4 Marzo 2018.

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    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Este día intentaré hacer las correcciones en citas, para ver cómo luce el mensaje.

    Cuando un personaje habla con dificultad lo mejor es usar puntos suspensivos, como dando a entender la pausa, si lo que repiten es una sílaba, sería usar un guión medio "e-estás".
    Uno de esos dos 'en' está de más, no importa cuál elimines.
    No sé si ya lo he dicho, probablemente sí, no inicies diálogo en medio de un párrafo.
    No uses números en diálogos, a menos que sean muy grandes. En el caso del '4', no estoy seguro si ese es un nombre oficial, si no lo es, también va en letras.
    Tengo serios problemas para creerme la motivación de Grimor. Siempre se le ha visto como una especie de sociópata, alguien que solo quiere conquistar y hacer sufrir a otros. Pero verlo sacrificarse por alguien más como que me sacó de onda con su personalidad. Entiendo eso de necesitar amor de alguien, pero como que algo está mal ahí. La venganza no alcanza como razonamiento.

    Dejando de lado eso, y yendo hacia la otra lucha en mano. Si los hermanos y Albert logran escapar, los planes de Grimor se irán al caño. Si logran decirle al rey sobre la traición del tiranus, entonces será el final del general y sus cuatro novias.

    Como los últimos capítulos han tratado sobre este ataque, casi se me había olvidado que es en esta misma historia que están Aikar y los demás, en camino a ver al rey humano.

    Por ahora aguardo al siguiente para ver si hay una lucha entre Zila y Zael contra las tiranus que los persiguen.
     
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    Fersaw

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    Aries
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    Antes que nada, gracias por el comentario.

    Bueno, empezamos con las correcciones que siempre agradezco y estoy de acuerdo, son cosas que no noto al escribir y tampoco al leer el cap, cosa que me sorprende. Solo un detalle, en lo de los 4 Preceptos del Emperador, lo puse con numero por que es un nombre oficial, ya luego se hablará de eso. Sobre los dialogos en medio de un parrafo, bueno, lo hago solo para ahorrar espacio... XD

    Antes que nada, debo aclarar que todo lo que dijo Grimor en su charla con Zero son cosas muy complejas de su pasado, la mayoria, así como la mencion de los cuatro preceptos del emperador y lo del precepto del rencor, es posible que cause confusion por que no se ha explciado nada de ello, no os preocupen ya habrá un cap unicamente dedicado al pasado de Grimor y sus motivaciones, así como su relacion con sus escoltas, y sobre todo, que es lo que desea hacer.

    Luego lo de Zila, Zael y Albert, bueno, no puedo revelar nada de ellos para evitar spoilers ;3
    Ya retomaremos la historia por parte de Aikar y los suyos, aquí hay tiempo y protagonismo para todos XD

    Bueno, no vemos en el siguiente cap y gracias.

    Posdata: Son tres novias, no cuatro (Zarina, Kaira y Gilda)
     
    Última edición: 30 Octubre 2018
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Debo admitir que estuvo muy bien, ya que pese a no tener acción, se ha mostrado una parte importante del pasado de Grimor y su relación y odio hacia Zero. No hubiera creído nunca que eran maestro y alumno, o al menos que lo hayan sido. Sin duda alguna, me gustaría ver más sobre el pasado de Grimor, la muerte de sus padres, hermanos y los experimentos en contra suya. Tengo una gran curiosidad por ver que es lo que harán Eusebio y Amadeus ahora. Grimor está casi sin fuerzas y todos los demás miembros del ejército están casi acabados. La legión tiene vía libre para la conquista de una ciudad, que ahora solamente es un cenicero, pero no deja de ser una conquista más. Sobre todo si logran capturar a uno de los generales más importantes de la horda.

    Estoy empezando a pensar que Zila siente algo más que respeto y una sensación de estar en deuda con Albert. Por eso tengo muchas intriga por saber qué es lo que van a hacer cuando lleguen al puerto. Albert no puede escapar en barco en el estado en el que está, pero si se lo llevan con ellos, puede que lo traten de formas mucho peores de las que lo han tratado aquí.

    Mi reacción al ver a Grimor en este capítulo fue esta:
    [​IMG]

    Después de ver lo pervertido, rencoroso, amargado y sádico que era, me cuesta mucho trabajo verlo en esta forma. Y tengo el presentimiento de que, una vez que las escoltas mueran, si es que llegan a morir, Grimor podría perder la cordura por completo y caer derrotado ante un enemigo como Zero o más fuerte.

    Te marcaré un par de errores:

    Debería llevar tilde.

    Esto no es un error en sí, solo una sugerencia. Si alguien "exclama" algo, deberías usar los signos de exclamación para que se note mejor que lo está haciendo.

    Si es una pregunta, debe ir separado.


    Por el momento eso será todo. Esperaré ansioso por la continuación. ¿Vas a publicarla el viernes o será en otro momento? Sea como sea, intentaré leerla. Saludos.
     
    Última edición: 31 Octubre 2018
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    Aries
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    Bueno, gracias por el comentario.

    Como dije antes entender las motivaciones y los objetivos de Grimor no es tan facil hasta este punto, ya habra un cap únicamente dedicado al pasado de Grimor alli se explicará mejor sus deseos y ambiciones os lo aseguro, pero desde ahora aviso que, muy posiblemente, Grimor sea el personaje mas miserable y que mas ha sufrido de toda la historia, y por ellos, y por su forma de ser, puede que se le vea mas como un demente. Así como puede ser cruel, tambien puede ser bueno, pero solo con ciertas mujeres.

    Dejando eso de lado, tenemos luego a Zila, Zael y Albert, ellos aun tienen que escapar del lugar, pero se toparan con cierta situacion que les complicará mucho las cosas.

    Eso es todo por ahora, nos vemos luego.
     
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    Fersaw

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    Aries
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    Título:
    Saints
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    52
     
    Palabras:
    4162
    Temporada II – Capítulo XXIX: A la deriva

    “El honor de guerra y las leyes de guerra contemplan muchas situaciones y las acciones que deben ser tomadas en cada una, ir en contra de dichos protocolos es considerado un crimen de guerra, daña la reputación y honor del ejército así como el de su general”

    26 de marzo, 1750 de la 2da edad de Plea.

    La playa cerca de la ciudad de Irden. Los dos hermanos, Zila y Zael corren a toda velocidad en dirección a donde debería estar el portal que los llevará a su mundo. Zael, por órdenes de su hermana, lleva sobre su hombro a Albert quien está inconsciente.

    –Zila ¿Qué pretendes que hagamos con este humano cuando lleguemos al portal? –cuestionó el sever, quien no estaba de acuerdo en que lo salvaran.

    –Ya pensaré en eso, por ahora solo date prisa, el portal debe estar cerca –respondió de forma seria, pues aun ella no sabía qué hacer con el humano.

    Zael solo gruñó y no tuvo más que seguirla. A los pocos minutos se darían cuenta del problema en el que estaban. En donde debía estar el portal solo quedaban pedazos de rocas negras derruidas que alguno momento fueron el portal. Fue destruido previamente por órdenes de Grimor apenas arribó el general Zero.

    –No, no ¡No! –exclamó Zila al ver –. Ese hijo de puta de Grimor, él debió ordenar que destruyeran el portal para que no pudiéramos escapar ¡Maldito!

    –Estamos jodidos, Zila ¿Qué vamos a hacer ahora? –cuestionó Zael preocupado mientras miraba a su hermana.

    Zila maldecía a Grimor llena de ira y de frustración –no lo sé Zael, está vez, no, no sé qué hacer –suspiró pesadamente dejándose caer sentada en la arena –. Estamos atrapados aquí, hermano.

    –No podemos darnos por vencidos ahora, debe haber alguna forma para escapar de aquí…

    –¡¿Cómo demonios quieres que escapemos?! –espetó frustrada y de forma molesta a su hermano.

    –Los severs no nos rendimos –musitó. En eso, su mirada se dirigió al muelle viendo las barcas de pesca que usaban –. Si no podemos escapar de este mundo al menos debemos salir de este lugar. Vamos a las barcas y larguémonos.

    –¿Qué hay de papá? –objetó ella aun sentada en el suelo, como si sus ánimos se hubieran esfumando.

    –Él…

    –¡Su papi está muerto! –se escuchó el grito de la fiera Zarina. Se precipitaba a ellos a toda velocidad cayendo del cielo buscando impactar un puñetazo en Zael.

    Con mucha suerte Zael logró arrojarse a un lado, aun con Albert encima. El impacto de la fuerte tiranus hizo temblar el lugar, levantó la arena creando una nube que la cubrió unos instantes.

    –Esta perra no se rinde –dijo con odio, y cierto temor, Zila mientras se levantaba y tomaba distancia.

    –No los dejaré escapar imbéciles, mi señor desea matarlos con sus propias manos, así como mató a su papi –dijo ella saltando de entre la nube de arena lanzo un golpe a Zila, quien se arrojó a un lado para evitarlo.

    –Nuestro padre no está muerto. Un imbécil como Grimor jamás podría vencerlo –contradijo Zael ofendido mientras dejaba a Albert en el suelo y arrojaba esferas de fuego sobre la tiranus.

    Pero la magia de Zael ha disminuido. Zarina pudo esquivar sus ataques con facilidad. Sonriendo se acerca a Zael, pero ignora a Zila quien se arroja a toda velocidad arrojando un puñetazo al rostro de la tiranus, quien la ve en el último momento y se cubre del golpe, luego aprisiona la mano de la sever.

    –¿No lo entendieron? Si me lastiman me hago más fuerte, estúpidos sever –sonrió maliciosa y le da un fuerte cabezazo a Zila. El golpe la deja aturdida y cae al suelo.

    –¡Zila! –exclama Zael al ver a su hermana en el suelo. Carga contra la tiranus y arroja varios puñetazos, puños que Zarina detiene con sus manos fácilmente.

    –Mi señor siempre tuvo razón, eres un fracasado ¿Cómo un debilucho como tu llegó a ser comandante? Seguro fue por ayuda del imbécil de tu padre –se burló la tiranus, y al instante conecto un golpe directo al abdomen de su rival. Golpe que lo levantó del suelo y lo arrojó junto a su hermana.

    Zila estaba aturdida por el cabezazo que recibió. Zael es incapaz de moverse, contiene el dolor en su estómago mientras escupe y tose sangre. Albert inconsciente y ajeno a lo que ocurre. Zarina cree que ya los venció, solo espera que su hermana, Gilda, venga ayudarla a capturarlos.

    Se acerca con curiosidad al humano para verlo de cerca, a pesar del tiempo que estuvo en la base nunca se tomó un momento para ver bien a los humanos.

    –Que raza tan más curiosa. Sin músculos, sin cuernos, de baja estatura, sin cola ¿Qué tan fuertes pueden ser estos sacos de carne? –se decía así misma, lo tomó por el cuello para ver mejor su rostro. Se tomó un momento para detallarlo –debo admitir, que este hombre es apuesto ¿Todos los hombres serán humanos serán así de atractivos?

    –Zila ¿Qué hacemos? –preguntó con voz adolorida Zael mirando a su hermana.

    –No lo sé, hermanito –respondió ella, se notaba cansada, poca magia podía quedarle, además que su rival estaba fresca y más fuerte –creo que es el fin, estamos a su merced. Grimor, Grimor nos hará prisioneros otra vez –al mencionar eso sus ojos reflejaron temor, temor ante sucesos de su pasado cometidos por aquel general –no quiero Zael, no quiero que ese sujeto nos capture –su voz amenazó con quebrarse un poco.

    –¿Zila? –Zael se extrañó por esa reacción. Luego volvió la mirada a Zarina quien seguía examinando a Albert –si doy la oportunidad de escapar ¿Te llevaras al humano?

    –Claro que lo haré, no lo voy a abandonar –respondió ella mirando también a Zarina, gruñendo un poco al verla tocar a Albert.

    –¿Por qué, Zila? –insistió su hermano.

    –Por qué se lo debo –respondió tajante –, él tuvo la oportunidad de abandonarme cuando salió de su celda, pero no lo hizo, gasto parte de su energía mágica curando a papá sin que se lo pidiéramos, luego nos salvó de la explosión con ese escudo que hizo y luego evitó que Zarina me hiciera pedazos de un golpe usando la poca magia que le quedaba. Él y yo hicimos un pacto y la verdad él ha puesto más de su parte.

    –Los humanos son extraños ¿No? –expresó Zael ante un pensamiento que había meditado –están muy lejos de ser lo que nos dijeron y lo que leíamos en la academia, son seres muy parecidos a nosotros, demasiado parecidos.

    –¿Parecidos? Él hablaba de eso ocasionalmente –pensó ella.

    –Zila, quiero que estés lista, voy a crear una oportunidad para escapar, toma al humano y dirígete hacia la barca tan rápido como puedas –se levantó con ahínco ignorando el dolor.

    –¿Y tú? –cuestionó ella levantándose sin entender que hará su hermano.

    –No te preocupes, te alcanzaré en la barca –sonrió seguro –, lista. ¡Ahora!

    El gritó de Zael llamó la atención de Zarina. El sever arrojó varias esferas de fuego en contra de la tiranus, quien tranquilamente arrojó al humano al suelo para evitar los ataques. Allí Zila se acercó corriendo tanto como podía para tomar a Albert, mientras que Zael seguía arrojando más andanadas de fuego contra Zarina.

    –Lo tengo –avisó Zila mientras corría hacia la barca con el humano.

    –Bien, ahora, una buena distracción –sonrió Zael.

    –¿Qué pretenden, par de inútiles? –gruñó Zarina.

    Zael llevó sus manos al suelo y usando, casi, toda la magia que le quedaba levantó un muro de fuego con un par de metros de altura, el calor hizo retroceder a la tiranus. Zila logró llegar a la barca y dejar allí al humano, luego volvió la mirada a su hermano, quien seguía allí arrodillado levando el muro de fuego.

    –¿Zael, que esperas? –cuestionó preocupada al ver que no se movía.

    –Maldición, no puedo hacerlo arder, si quito mis manos se apagará el muro, mi fuego no es suficientemente caliente para arder solo –se dijo así mismo al ver su plan fallido –solo me quedan unos segundos antes de desmayarme –tembló y miró sobre su hombro –¡Zila, debes irte!

    –¡No te voy a abandonar, Zael! –se asustó, su hermano quería sacrificarse.

    –¡Esto no durará mucho más, me voy a agotar pronto, ya vete, por favor! –insisitió.

    –No, no, no te voy a dejar –se dijo frustrada y desesperada ¿Qué podía hacer para salvar a su hermano y poder escapar? En eso miró al humano en la barca y una idea llegó a su mente –esto es muy injusto para ti, Albert, pero debo pedirte que des un poco más en esta batalla. Lo siento.

    Se acercó a él y tomó su brazo –si lo hago muy fuerte o muy profundo le haré mucho daño, además de una herida que no podremos curar, debe ser lo suficiente para que salga sangre –se decía nerviosa y desesperada, su hermano no duraría mucho más. Se acercó y clavó sus colmillos en la carne del mago, fue cuidadosa de no ser muy profunda, los sacó y el líquido rojo comenzó a brotar. Lo lamio con desespero y chupo la herida también, absorbiendo todo lo que podía.

    –Ya no puedo, hasta aquí llegué –susurró Zael antes de desmayarse.

    El fuego amenazó con bajar y apagarse, cosa que esperaba Zarina para lanzarse sobre ellos y acabarlos. La tiranus creyó que era el momento, el fuego casi se había apagado, se lanzó y en el último momento, antes de saltar, el fuego se volvió blanco y se elevó una vez más con mayor fuerza, la escolta se sorprendió y debió retroceder apresuradamente llevándose unas leves quemaduras.

    –Lo hiciste bien, hermanito. Pero ni sueñes que te dejaré aquí –dijo Zila. Cargaba a Zael sobre su hombro y su mano en el suelo para levantar el muro, por las comisuras de sus labios se veía la sangre que le robó al mago –. Con esto será suficiente.

    El fuego de Zila era suficiente como para arder solo, así logró regresar a la barca con Zael. Activó la gema mágica que controla el navío y zarparon hacia el mar tan rápido como esa embarcación podía moverse. En la distancia, Zila, vio el fuego apagarse lentamente, detrás de este había una furiosa y frustrada tiranus que la miraba con ira al tiempo que la maldecía.

    –Nos volveremos a ver, puta, te lo prometo –sentenció Zila con una mirada seria mientras se alejaba por el mar. A sus pies, recostados están su hermano y el mago inconscientes –lo logramos, chicos, logramos escapar –suspiró aliviada y con una pequeña sonrisa dejándose caer un en sentada para descansar.

    –¡Maldición! –gritaba Zarina desde la playa viendo a sus objetivos alejarse.

    A los pocos segundos apareció Gilda corriendo hacia su hermana –Zarina ¿Qué pasó? ¿Dónde están esos imbéciles? –preguntó mirando en todas direcciones.

    –Escaparon, esos hijos de puta escaparon –suspiró frustrada, pero a la vez avergonzada, pues sabía que tenía que decirle eso a Grimor.

    –¿Los dejaste escapar? Maldita sea, Zarina. Nuestro señor estará furioso cuando sepa que ellos escaparon –alegó Gilda molesta reprochando a su hermana.

    –Ya lo sé, lo siento, no pude evitarlo. Me distraje y esos malditos aprovecharon para escapar –respondió gruñendo frustrada por su error –si hubieras llegado antes tal vez no hubieran logrado escapar.

    –No me culpes a mí, estúpida –bufó cruzando de brazos –mi señor necesitaba de mis habilidades para algo. Fue muy extraño –desvió la mirada pensativa –Zero está muerto, mi señor logró vencerlo, pero está muy herido. Ya terminamos aquí, es hora de…

    Un cuerno de guerra, fue lo que escucharon las dos tiranus. Eso solo avisaba del inicio del ataque de la primera legión de los humanos.

    –Tenemos que irnos ahora –ordenó Gilda preocupada.

    Las dos comenzaron a correr tan rápido como podían a una vía de escape que Grimor había planeado previamente.

    En el costado oeste del lugar, había una salida especial, esa zona es boscosa y permite ocultar una pequeña caravana donde Grimor, Gilda y una escolta de tiranus esperaban. El general permanecía dentro de una carreta, recostado y recibía atención de un par de sanadores. La carreta es tirada por un ataremus.

    –¿Dónde están ese par? –decía Kaira nerviosa pues también había escuchado el cuerno de guerra hace un par de minutos.

    –Esperaremos hasta que estén aquí, no me marcharé sin ellas –dijo el general con voz baja mientras los sanadores se encargaban de sus heridas.

    En el frente, detrás de lo que quedó de la empalizada, los soldados del general Zero trataban de formar filas ante el inminente ataque humano, no obstante, esto era imposible, la mayoría estaban heridos por la explosión del sol. Los que peor surte tuvieron tenían heridas muy serias, quemaduras de tercer grado, otros con menores quemaduras y algunos fueron golpeados por los objetos que volaron durante el estallido. El lugar se llenaba de gritos de dolor y desespero, a penas había un grupo de cincuenta sanadores, quienes no se daban abasto para atender a los heridos, incluso, algunos de los sanadores hacían su trabajo a pesar de sus heridas propias.

    –¡Formen filas, ahora, al frente, lanceros al frente, arqueros, prepárense! –gritaba con desespero un comandante que trataba de mantener la firmeza.

    –Comandante, tenemos demasiados heridos, debemos regresar a la playa, regresemos a nuestro mundo de inmediato –decía una joven oficial sever que sin dudas estaba siendo presa del pánico. Los gritos de dolor de sus compañeros, las decenas de cadáveres quemados o mutilados.

    –No podemos hacer eso si no es por órdenes del general Zero –respondió tajante, haciendo de tripas corazón ante tan horrible ambiente –vuelve a tu batallón y fórmalos ¡Es una orden! –dijo con autoridad.

    La chica no sabía que hacer ¿Su batallón? Su batallón estaba fuera de combate casi en su totalidad. En ese momento se escuchó una orden al otro lado de la empalizada.

    –¡Magos, al frente, derriben la empalizada! –gritó algún oficial o comandante. Una invocación fue enunciada por un gran grupo de hombres y mujeres.

    Arrojaron grandes esferas de fuego que al impactar en la empalizada estallaron desatando un gran estruendo. El comandante se tiró al suelo para evitar golpes o daños, cuando el ataque ceso la empalizada había sido derribada y el humo cubría al ejército.

    –Oficial, ¿Oficial? –decía él comandante buscando con la mirada a la chica que estaba a su lado. La joven sever estaba en el suelo en un charco de sangre, al parecer un pedazo de la empalizada fungió como metralla y le atravesó el pecho dándole muerte –no, no ¡Hijos de puta! –exclamó furioso al ver a esa linda joven muerta.

    El comandante se levantó y empuñó su espada, al otro lado de la cortina de humo se escuchó un furioso grito de guerra humano –¡Sin piedad, hasta el final! –gritaron además de golpear sus escudos con sus espadas y lanzas para animar a las tropas.

    –Soldados –Llamó el comandante sever –. ¡Ataquen! –ordenó, siendo él quien estaba al frente y se lanzó al combate.

    Un soldado humano saltó por la cortina de humo corriendo con vehemencia hacia el comandante, quien chasqueó sus dedos arrojando una esfera de fuego hacia el humano, este se cubrió con su escudo, el cual se prendió en fuego y debió soltarlo.

    –Te voy a empalar, monstruo –amenazó con furia el soldado cargando con su lanza.

    Dio un salto y arrojó una estocada que fue desviada por la espada del comandante. Se acercó al soldado y lo tomó por el cuello acercándolo y dándole un fuerte cabezos que hizo volar el casco del humano. Este retrocedió algo aturdido, lo que el comandante aprovechó para atacar con varios cortes, sin embargo el soldado los preveía, esquivándolos.

    Pero este no es un soldado como los que lucharon en Bahía Azul, este es un miembro de la 1era legión, un soldado de elite. Se recuperó rápidamente y vió su oportunidad, esquivó un corte horizontal agachándose, y allí clavó su lanza en el pie del comandante. Mientras gritaba por el dolor lanzó una estocada que atravesó la armadura del sever clavándose debajo de las costillas, para su suerte la armadura opuso resistencia recibiendo solo un apuñalamiento de pocos centímetros. Retrocedió adolorido conteniendo su herida, intentó arrojar un corte más, pero la lanza del humano fue más rápida atravesando el brazo del comandante en el aire. Gritó con fuerza perdiendo su espada.

    –Te dije que te empalaría, maldito –sonrió el humano arrojándose con todas sus fuerzas en una estocada final, estocada que atravesó el torso del comandante por completo hasta emerger por su espalda.

    –Llegaron los humanos, hijo de puta –le susurró para sacar su lanza de él de forma tosca. Luego dejó caer el cuerpo del comandante y miró al frente.

    Los escasos soldados que no estaban heridos formaron filas y se prepararon para atacar –¡Ataquen! –gritaron y comenzaron a cargar contra ese humano.

    –¡Gloria a Albores, gloria al rey! –gritó el soldado para luego arrojarse al suelo.

    ¿Por qué lo hizo? Por qué una lluvia de flechas cayó sobre los demonios, haciéndolo parar su carrera ante la lluvia de muerte. Entonces los soldados humanos atravesaron la cortina de humo cargando con vehemencia, decenas, cientos, batallón tras batallón ingresaron para luchar contra unos aterrados, heridos y débiles demonios.

    Una carnicería sería la mejor descripción de lo que ocurrió en esa ciudad, los sever, riyuns, malaquis, zánganos y tiranus que había allí no fueron rivales para una legión cargada de ira, odio e ímpetu. Atacaron como bestias, sin piedad, sin compasión, aun cuando algunos se arrodillaron y soltando sus armas pidiendo misericordia, los humanos los ejecutaron de forma despiadada, lanzas, espadas, flechas y magia dieron muerte a todos y cada uno de los miembros del ejército de Zero.

    Algunos soldados, principalmente los más jóvenes y recién llegados a la legión eran quien mayor crueldad mostraban, principalmente con los enemigos que se rendían. Los desarmaban y los apuñalaban con dagas y cuchillos para darles una muerte más lenta. Otros eran golpeados, pateados y pisoteados hasta la inconsciencia y de allí hasta la muerte. Todo esto fue alimentado por las historias de leyendas así como los relatos del ataque a Bahía Azul, casi todos los soldados veían a los demonios como animales o bestias.

    El santo Gideon avanzaba entre tales ejecuciones, no sabía que pensar, el había aprendido del honor de la guerra desde muy joven, respetar a tu rival y las leyes de la guerra, pero dudaba si estas debían aplicarse a los demonios, aun así sentía que no debían tratarlos de esa forma, se estaban rindiendo y soltaban sus armas. Su armadura estaba manchada de sangre, sangre de la que ninguna gota es suya, por donde pisaba había sangre regada de forma vil. Dio vuelta en una esquina para ser testigo de una escena que lo sacó de ese trance y lo hizo decidirse. Esto era un crimen, que los enemigos sean o parezcan bestias no significa que los traten como tal.

    Una mujer sever salió rápidamente de una casa a medio derruir. Lloraba con desesperación y terror hasta tropezar. Gideon la vió en el suelo, su cabello era rojo escarlata, sus ojos azules y vestía una túnica blanca, carece de cualquier arma, tenía golpes en la cara y su ropa estaba desgarrada.

    –¡Auxilio, ayuda, por favor! –chillaba.

    Un soldado salió de la casa y la tomó del cabello con fuerza, ella suplicaba piedad y que se detuviera, afirmaba que ella no era una soldado, que por favor no la lastimaran. El soldado no respondió nada y la golpeo con fuerza para llevarla de regreso a la casa. Gideon sintió algo, algo muy extraño al verla así, además de seguir escuchando sus gritos desde dentro a pesar de ser enemigos él pensaba que no era necesario que la trataran así. Decidido se acercó para detener lo que le harían.

    –Ustedes, deténganse ahora, no… –el santo se asombró de lo que vería allí dentro.

    Había tres mujeres sever, de igual vestimenta, allí dentro. La que intentó escapar, junto con otra fueron atadas y amordazadas, al tiempo que dos soldados las tocaban de forma lasciva, la peor parte se la llevaba la tercera, esta estaba en el suelo, sometida por otro par de soldados, uno aprisionaba sus manos y el otro le arrancaba la túnica cual animal furioso. La mujer, quien se notaba algo mayor que las otras dos, posiblemente de unos treinta y cinco a cuarenta años, aunque muy bella y voluptuosa por cierto. Se veía el terror en su mirada, trataba de zafarse y gritar, pero la mordaza que tenía en la boca y el otro soldado la detenían.

    Gideon no supo por qué, pero la escena le asqueo y enfureció. Se acercó al soldado y colocó su espada en el cuello de este.

    –Detente ahora –le ordenó de forma seria –. Suéltenlas.

    –¿Por qué haríamos eso? –gruñó el soldado pero detuvo sus movimientos al sentir el metal en su cuello, mientras que los otros miraban serios a Gideon y empuñaban sus espadas –estas mujeres no son humanas, son solo animales…

    –¿Y violarías a un animal? –alegó enojándose más –sean lo que sean, no son soldados y se han rendido ya, deben ser capturadas y ser prisioneras. Esta crueldad es un crimen.

    –¿Y quién nos va a obligar? –cuestionó otro de los soldados preparando una flecha y apuntando a Gideon.

    –Estos actos son un crimen que se castigan con prisión, expulsión o degradación –se escuchó una voz más entrar al lugar.

    Al ver quien era los soldados criminales temblaron y soltaron sus armas al instante. Gideon miró sobre su hombro para ver quién era. En la puerta, acompañado de sus dos guardaespaldas, que también son santos, estaba el general Eusebio.

    –Veo que la primera legión se ha olvidado todo atisbo de profesionalismo durante estos años y se han rebajado a una parda de barbaros de montaña –dijo con una seria mirada mientras se quitaba la capa y la usaba para cubrir a la mujer que estaba siendo víctima de esos soldados.

    Sus guardaespaldas se acercaron a las otras dos y les quitaron las mordazas así como las desataron. La mayor se levantó cubriéndose con la capa y se colocó detrás del general buscando protección ante las furiosas miradas de los soldados.

    –señor, ellas no son humanas, son monstruos que…

    –¿Monstruos? –cuestionó arqueando la ceja al tiempo que miraba a esas mujeres y no hallaba esa monstruosidad que imaginó –puede que lo sean, sí. Pero ustedes son soldados, soldados de la primera legión que están ensuciando el honor del mejor ejército del reino de Albores, y peor aún, están ensuciando mi honor como general –se acercó a uno de ellos –, y odio que ensucien mi honor –arrojó un puñetazo veloz que derribó a uno de ellos –mientras yo sea el general nadie cometerá crímenes de guerra y el que lo haga será tratado como un criminal. Por esta vez, los dejaré sin castigo, pero si se repite, les juro que desertaran antes de recibir mi castigo. Regresen a la retaguardia, soldado Gideon, ayúdame a llevar a estas mujeres con los otros prisioneros –ordenó el general, sin nadie que objetara algo.

    Por otro lugar no encontramos con Amadeus, el mago no le importó lo suscitado con los soldados y los demonios, él solo había ido allí para encontrar Albert. Corrió por el devastado pueblo buscando una señal se dé su sobrino. El lugar al que llegó le heló la sangre y el temor lo llenó. Llegó a la plaza donde los humanos capturados fueron ejecutados y quemados, por causa de la explosión los cadáveres, otrora apilados, estaban dispersos por el lugar, la mayoría se despedazaron. El mago tembló con el simple hecho de pensar que uno de eso calcinado era su sobrino. El destino se empeñó en engañarlo, la capa de Albert estaba entre las ruinas, tirada en esa misma zona, era fácil saber que era de él, lleva el símbolo de la academia de magos así como que Albert era el único mago en ese lugar con una capa de esas.

    –No, no, no, Albert, tu no, hijo –su corazón se aceleró al tomar la capa –. Tú no puedes estar muerto, hijo –miró en todas direcciones esperanzado ver al joven mago con vida. Pero sus ojos solo divisaron algo que terminaría de convencerlo.

    Tirada entre los escombros del lugar estaba la varita del joven mago. La tomó y su rostro se reflejó la desolación, era de Albert, no había duda, tenía su apellido grabado. Ningún mago deja su varita solo porque sí. Suspiró inexpresivo como si su alma se hubiera apagado.

    –Albert, muchacho –musitó. Cientos y cientos de recuerdos inundaron su mente, recuerdos con ese joven a quien apreciaba como a un hijo –, llegué tarde, llegué muy tarde –lo peor fue lo que debía hacer ahora, ni siquiera él sabía cómo lo haría –¿Cómo se lo diré a Diane? Como le diré que su hermano está muerto. Mi niña no voy a soportarlo –las lágrimas no se hicieron esperar… ¡Maldición!
     
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  6.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Tal parece que Zila y Zael no han logrado escapar de regreso a su mundo, y que ahora estarán prisioneros en el mundo humano por mucho más tiempo. Afortunadamente para los dos, Albert podría ser una especie de aliado para ayudarlos a sobrevivir ahí. Por lo que se observó en este capítulo, estoy empezando a creer que tanto Zila como Zael piensan de él lo que él piensa de ellos, que sus especies son muy parecidas y que probablemente, las cosas no son como les decían cuando eran niños. Deberían pasar muchos capítulos, pero creo en la posibilidad de que tanto los hermanos sever como el humano consigan convivir en paz una vez que el conflicto termine.

    Me ha sorprendido lo que hacían los soldados de la primera legión. Cuando vi que estaban atormentando a las prisioneras, yo creí que podrían no ser tan honorables como se los pintaba. Creí que si hacían eso, era porque no tenían miedo de ser castigados si fueran descubiertos, pero todo cambió cuando Eusebio llegó. Está claro que es un ejemplo a seguir dentro del reino y también de la legión, ya que se ha negado a que sus soldados cometieran esa clase de crímenes, incluso cuando se trata de los demonios que atacaron su mundo.

    Me da lástima Amadeus, ciertamente tiene todos los motivos para creer que su sobrino fue asesinado, y no hay nada que pueda hacer para darse cuenta de que se encuentra con vida. Aunque tengo la esperanza de que ambos se volverán a ver. Lo cierto es que Albert tendrá muchos problemas sin su varita, por lo que el encuentro tardará en llegar. Mucho más si tenemos en cuenta que está acompañado por dos sever, por lo que será difícil para él moverse con facilidad.

    También ha sido bueno ver un poco más sobre el sentido de la justicia de Gideon, quien llevaba tiempo sin aparecer en la historia. Me pregunto si ahora que el ataque de la legión y la lucha entre Grimor y Zero ha terminado, podremos volver a ver a Aikar y al grupo de la "Dragona Invencible" (olvidé su nombre real debido a que solo ha aparecido por un capítulo).

    Te marcaré un par de errores:

    En el medio de las dos frases debería haber un punto seguido.

    La primer palabra siempre debe ir con mayúsculas.

    Esa frase tiene muchas cosas mal. Le falta la tilde a la palabra interrogativa, te equivocaste con la segunda frase de Amadeus, y no hay separador entre diálogo y narración.

    Debería quedar así:

    ¿Cómo le diré que su hermano está muerto? Mi niña no va a soportarlo las lágrimas no se hicieron esperar –… ¡Maldición!

    Además, también encontré otras palabras sin tilde en el capítulo.

    Eso será todo. Saludos.
     
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  7.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    No me siento de mucho ánimo para un comentario largo, así que será general.

    "Zila maldecía a Grimor llena de ira y de frustración –no lo sé Zael, está vez, no, no sé qué hacer –suspiró pesadamente dejándose caer sentada en la arena –. Estamos atrapados aquí, hermano."
    Ya lo he dicho antes, pero no pongas diálogo en medio de un párrafo, se comienza con diálogo o se hace un punto y aparte del párrafo para comenzar el diálogo en otro renglón.

    Lo de siempre, algunas tildes, comas faltantes, aunque vi mejoría en ese punto, plurales mal usados. Cosas que releyendo se arreglan.

    Si algo se aprendió de este capítulo, es que los humanos y los demonios son igualmente crueles e ignorantes. Son similares en compasión, temor, alegrías y traiciones. Un claro ejemplo de racismo incitado por falta de comprensión e historias exageradas contadas por intolerantes.

    Al menos Albert y los hermanos lograron salvarse. Solo falta ver si Grimor y sus chicas, no sé porque razón dije que eran cuatro en el último comentario, lograron escapar. Supongo que ya esto acabó, se siente como una especie de final de temporada.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por los comentarios.

    Zila, Zael y Albert tiene que afrontar un nuevo destino, si bien no regresaron a su mundo, al menos escapar de Grimor y sus escoltas. La relación entre los tres será algo importante para sobrevivir, ya veremos como les va.

    Sin duda, algunos soldado de la primera legión, creyeron que estar allí los hacia estar por encima de todo, le da mucho ego, pero el general Eusebio jamas permitirá que sus soldados se comporten de esa forma, el honor ante todo. Y Gideon, como santo, conoce bien lo que es el honor.

    Amadeus está plenamente convencido que Albert murió, ahora afronta el hecho que tendrá que decirle a Diane, que su amado hermano está muerto, será algo muy duro.

    Aunque parece el final de temporada, cosa que no es, hubiera sido uno bueno, pero tengo planeado otro momento para finalizar esta temporada. Se menciona las similitudes entre los demonios y los humanos, ese aspecto será algo interesante. Sobre lo del racismo, pronto se veran las peores muestras de ese aspecto en algunos personajes.

    En lso proximos capítulos se retomará a Aikar y su grupo como foco central, no obstante, me temo que pasará un buen tiempo hasta que la Dragona Invencible aparezca otra vez, ademas que no se ha revelado su verdadero nombre.

    Bueno, noss vemos
     
    Última edición: 4 Noviembre 2018
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  9. Threadmarks: T: II - Capítulo XXX: La capital
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Temporada II – Capítulo XXX: La capital

    “Se dice, que cuando un familiar cercano fallece, los santos y magos pueden sentir un dolor inexplicable en el pecho ademas de una repentina sensación de preocupación”

    Trece Años atrás

    Es una fría noche de invierno, las nubes son oscuras ante una tormenta que se acerca. Nos encontramos en la casa de la familia Will, aquella donde nació y se crió Albert. En una habitación, iluminada por un par de velas, se ve a un joven de quince años de edad estudiando sus libros de magia. Este es Albert, de quince años de edad en aquel entonces. El aspirante a mago debe estudiar arduamente, pues, en un año podrá presentar su examen de ingreso a la academia de magos en Bahía Azul.

    –Estúpidos círculos mágicos –musita con cierta frustración–. ¿Cómo esperan que memorice por lo menos veinte de esto círculos si todos son casi iguales?

    Decidió cerrar un momento el libro para relajar la mente y la vista, pues lleva ya algunas horas estudiando y comienza a estresarse. Lo dejó sobre su escritorio y se tomó un momento para relajarse. Pocos segundos duró ese silencio apacible, pues un llanto infantil llamó su atención. Extrañado salió de su habitación para ver que era, aunque, para él, era más que obvio quien podía ser la causante de ese llanto.

    En el pasillo pudo vislumbrar a su hermana menor, una niña de diez años en aquel entonces. La pequeña lloraba mientras caminaba con el pasillo, quizás con intención de ir a la habitación de su hermano mayor. Estaba descalza y con ropas de dormir, pues son altas horas de la madrugada.

    –¿Qué pasa Diane? –preguntó Albert con cierta preocupación al verla llorar.

    –Hermanito, tuve una pesadilla muy fea –respondió entre sollozos y gimoteos –, mamá y papá no están, no han vuelto.

    –Tranquila –se acercó a ella abrazándola –, ellos volverán pronto.

    –Tengo miedo. No quiero estar sola –agregó aferrándose al abrazo de su hermano.

    Albert la conocía mejor que nadie, sabía bien que ella era muy asustadiza, sobre todo cuando había tormentas. Sonrió enternecido y la cargó.

    –Ya veo, entonces ¿quieres dormir conmigo? –sugirió llevándola dentro y cerrando la puerta.

    –Sí, contigo me siento segura –confesó sonriendo y secando sus lágrimas.

    Era obvio que la pequeña Diane quería eso desde el principio. Albert siempre fue muy atento y amable con ella, así como sobreprotector. La llevó a la cama y la recostó suavemente para luego cubrirla con la manta.

    –Hermanito ¿No te molesta que duerma contigo? –preguntó con un poco de vergüenza.

    –Claro que no, Diane, eres mi hermanita –respondió él de forma amable mientras se recostaba a su lado– Yo debo cuidarte siempre que mamá y papá no estén –acarició suavemente el largo y oscuro cabello de ella–. Ya es hora que duermas, Diane.

    La niña asintió y se dispuso a dormir, cosa que no tardó mucho. Antes que él se durmiera no pudo evitar ver a su hermanita descansar, era tan linda y él la quería tanto.

    –Diane –musitó para no despertarla–, siempre cuidaré de ti, hermanita.

    Dicho esto bostezó y se acomodó para cerrar los ojos y descansar. A los pocos segundos escuchó un fuerte estruendo fuera de la casa, sorprendido por ello, se levantó y acercó a una ventana para ver que ocurría. Lo que apreció lo asustó, la gente corría por la calles a toda velocidad mientras gritaban llenos de terror, sin poder ver de qué huían.

    –Diane, despierta… –volvió la mirada a la cama donde debería estar su hermana, pero ya no estaba–, ¿Diane? ¿Diane, donde estás?

    Donde podía estar. Asustado y preocupado salió de la habitación a toda velocidad para hallarla, pero no estaba en la casa. Salió para buscarla en las calles. Grande seria su sorpresa al ver el pueblo de Irden arrasado y en ruinas, sin una sola alma en ese desolado caos. Lo último que pudo escuchar fue el grito desgarrador de su Diane llamándolo.

    –¡Diane! – Gritó con fuerza, abriendo los ojos y levantándose bruscamente mientras escapaba de ese sueño.

    En ese momento sentí un dolor muy agudo en el pecho, no sé qué fue pero…–comentaba Zila a su hermano, hasta verse interrumpida por el grito del humano.

    –¿Qué te pasa humano? –cuestionó Zael mirándolo con una ceja arqueada. Los dos hermanos estaban sentados frente a una improvisada fogata.

    –¿Dónde estamos? –obvió la pregunta del sever– ¿Qué pasó? –comenzó a ver en todas direcciones, entendiendo que todo lo que vió había sido solo un sueño.

    Ahora se encontraba en otro lugar. Una playa vacía, la madrugada con la luna en el cielo, una barca sobre la arena y dos hermanos sever que le miraban confundidos.

    –Es una buena pregunta. No tengo idea donde estamos, viajé hasta que se acabó la magia de la gema de la barca, y llegué a esta playa, ustedes aún estaban inconscientes –respondió Zila–, al menos logramos escapar de ese horrible lugar.

    –¿Horrible? –se dijo a sí mismo al oír lo que ella dijo. Recordando su sueño y a su vez esa aldea que esa su hogar –. ¡Ese horrible lugar, como tú lo llamas, era mi hogar! –exclamó molesto–. ¡Yo nací y crecí allí, mi hermana, mis padres, toda mi familia siempre vivió allí, esa aldea era el lugar más hermoso de todo el jodido mundo, nunca había problemas!

    Zael estaba sorprendido, y ofendido por lo como les gritaba, por otro lado, Zila se mostraba diferente, sorprendida sí, pero, por algún motivo, un sentimiento de culpa surgía en ella.

    –¡Ese lugar tenía más de cien años de antigüedad, soportó toda clase de desastres naturales, pero no pudo soportar a una puta horda de miserables seres de mierda que solo llegaron a destruir, matar y acabar con todo a su paso! –gritaba dejando salir toda la frustración y odio que había acumulado–. ¡Ustedes, malditos demonios hijos de puta, son como una maldita plaga, destruyen todo lo que vieron, no me sorprende que se maten entre ustedes, son bestias, seguro esa mierda de Grimor acabó con su padre y luego se fue!

    –¡Hijo de perra, no digas eso! –alegó Zael sin soportar esa mención.

    El sever se levantó y se lanzó sobre el humano golpeándolo con fuerza en el rostro, golpe que Albert regresó con la misma furia. Aunque es probable que ambos no tuvieran mucha fuerza por ahora.

    –¡Ya basta, los dos! –ordenó Zila, quien estaba abrumada ante todo lo que había pasado, sobre todo, la posibilidad de la muerte de su padre y la culpa ante las palabras del humano.

    –Voy a acabar contigo, maldito humano, así como debí hacerlo desde que te conocí –gruñía Zael golpeando a Albert.

    –Yo fui quien estuvo a punto de matarte, pedazo de animal –respondió el humano esquivando y cubriéndose de esos ataques, para luego contraatacar.

    –¡Deténganse ya, maldición! –gritó Zila.

    Ese par seguían peleando, golpeando con las pocas fuerzas que tenían, lo cual causó que poco tardaran en fatigarse. Zael se acercó y pateó a Albert en el abdomen derribándolo, pues él tiene más fuerza que el humano aun estando débil.

    –Ya basta, Zael – intervino ella para evitar que se lanzara sobre el mago. Lo jalo del brazo tirándolo también–, ¿no entienden la situación? Estamos atrapados en este lugar, sea cual sea. Si queremos salir de aquí debemos estar unidos, lo quieran o no –explicó ella.

    –Este imbécil humano, piensa que solo él ha sufrido –alegó Zael jadeando tirado en el suelo –, quizás nuestro padre pueda estar muerto, quizás no. Él no tiene derecho a decir esas cosas.

    –¡Púdrete, imbécil! –gruñó el humano levantándose a dolorido–. ¿Creen que yo no tengo familia? Por su puta culpa no sé dónde está mi hermana, no sé qué fue de ella, no sé si aún esté viva. Todo por su maldita culpa. Ella es la única familia que me queda, y por ustedes pude haberla perdido –les dio la espalda mirando al mar, tratando de calmarse y no pensar en funestos destinos para Diane.

    –¿Diane? –llamó Zila–, ¿Ese es su nombre? Fue lo que gritaste al despertar.

    –Sí, ese es su nombre. Yo juré, ante las tumbas de mis padres, que siempre la cuidaría, y lo hice bien hasta que unos monstruos de otro mundo llegaron y la separaron de mi–, les miró sobre el hombro con desprecio.

    –Albert –suspiró Zila –, en verdad, sé que no hay palabras que puedan suavizar tu forma de mirarnos, pero si de algo sirve lo diré. En verdad, lo lamento mucho. No solo lo de tu hermana, si no todo…

    –¿Zila? –cuestionó su hermano sorprendido al verla disculparse.

    –Tienes razón –rio el mago –, no sirve de nada. No tengo intención alguna de seguir con ustedes, cumplí mi palabra, te ayude a hallar a tu hermano y a escapar. Ahora me largo. Suerte en lo que sea que vayan a hacer –se encaminó sin siquiera saber a dónde dirigirse, lo que buscaba era alejarse de ellos.

    –Albert, espera –llamó Zila–, no puedes irte así como a sí, debes descansar –¿En verdad le importaba el estado del mago o solo quería retenerlos?

    –No te preocupes por mí, estoy mejor solo que con ustedes. ¿Crees que no noté las heridas en mi brazo? Chupaste mi sangre ¿Verdad?

    –Era algo necesario, lo siento –respondió desviando la mirada–, de no haberlo hecho nos habrían atrapado.

    –Perfecto, gracias entonces. Me largo –fingió una sonrisa y se dispuso marcharse.

    –Deja que se largue ese imbécil –agregó Zael sentándose frente al fuego.

    –Espera. Tengo un trato que ofrecerte –dijo con voz decidida. El mago rodó los ojos pero se detuvo solo para escuchar lo que ella le ofrecería, la miró y esperó que hablara–. Ayúdanos a encontrar a Grimor.

    –¿Qué? –Alegaron los dos hombres sorprendidos por su petición–. ¿Por qué quieres encontrarlo?

    –¿Que no es obvio? Grimor escapó, estoy casi segura que se escondió en esas montañas por las que te interrogó. Debe estar planeando crear una base desde la cual atacar a los humanos. Si vamos allí él debe tener otro portal a nuestro mundo, así podremos regresar –explicó ella–, además, podremos saber qué pasó con papá.

    –Estás loca, ¿en verdad quieres volver con ese monstruo y su sequito de asesinas? –discutió con incredulidad el mago.

    –Es lo único que podemos hacer, Albert. No hay otra forma de volver a nuestro mundo –suspiró ella con pesar –, por favor, ayúdanos…

    –¿Y que gano yo? Es más que obvio que tengo que arriesgar mi vida otra vez. Acabo de escapar de una cautividad de no sé cuánto, y ahora me pides que los lleve a un lugar donde hay maldito loco poderoso que no dudará en matarnos, pues no, gracias, esa no es una ventura en la que quiera participar. Te recuerdo que debo encontrar a mi hermana antes…

    –Pues tu hermana, y este reino no vivirán mucho si Grimor se sale con la suya –objetó de forma seria acercándose a él hasta encararlo–. El único que puede detener a Grimor con facilidad es nuestro rey o el emperador, para eso debemos regresar a nuestro mundo y asegurarnos que ese desgraciado monstruo no traiga más tropas aquí, entonces ustedes podrán acabarlo –explicó buscando convencerlo–, cuando él se quede sin apoyo será considerado un criminal, entonces ustedes podrán acabar con él sin problemas. No te pido que nos lleves a nuestro mundo, solo quiero tu ayuda para encontrar su nueva base, de allí en mas todo lo demás cuestión mía y de mi hermano. Ayúdanos a detener a un enemigo en común.

    –Todo lo que dijiste es traición, Zila. Aceptar ayuda de un humano así como darle información…

    –¡¿Traición?! No digas tonterías, Zael. Con todo lo que ha hecho ese maldito, él es traidor. Abusó de nuestra confianza, intentó matarte, me encerró, luego atacó a papá, además de todo lo que me hizo antes de…–En ese último momento recapacitó y dejó de hablar.

    –¿Lo que te hizo antes? –cuestionó él sin entender.

    Albert también se extrañó, intuía que había algo que Zila ocultaba acerca de Grimor, pero no sabía que era, como sea, solo le causaba una leve curiosidad.

    –No es nada –cambió de tema volviendo la mirada al humano, ofreciendo su mano para sellar el pacto–. Qué dices, Albert, ¿aceptas?

    El mago la miró un momento, había tantas cosas que considerar. En parte deseaba volver a ver a su hermana, saber que ella estaba bien, no obstante, Grimor es una gran amenaza para todo el reino. Aunque no quisiera aceptarlo, la sever tenía razón. Grimor debe ser eliminado cuanto antes, y él, como mago al servicio del reino tiene un juramento que cumplir, hallar la base de ese monstruo y luego avisar al ejército debía ser su nueva misión. Suspiró enormemente, sintiendo un dolor en el corazón por la decisión que tomaría. La que implicaba aplazar la búsqueda de su hermana.

    –Bien, acepto. Seremos aliados hasta hallar la base de ese demente –estrechó la mano de ella. A lo que la sever no pudo evitar sonreír aliviada.

    –Que bien, que divertido, seguiremos con el humano… maldición –bufó Zael desviando la mirada. Entonces sintió como le jalaban la cola – ¡Oye!

    –Has un esfuerzo, Zael. Si queremos que las cosas salgan bien debemos trabajar juntos, los tres –le dijo Zila, quien le había jalado la cola a su hermano.

    Sin más que decir los tres se sentaron frente al fuego, solo esperando que iniciara el día.

    –¿Entonces, dónde estamos? –preguntó Zila al mago.

    –Tendremos que esperar a que salga el sol para que pueda orientarme mejor –explicó Albert.

    –Esto será un viaje muy difícil –suspiró Zael.

    Así las horas y horas pasaron hasta que el sol se levantó en el gran cielo iluminándolo. Nos hayamos a la orilla de un pequeño rio, allí fue donde Aikar y compañía se detuvieron a pernoctar. Bajo la sombra de un árbol se encuentra la joven maga, Diane. Quien parece no estar muy animada ese día.

    La chica parecía sumida en sus pensamientos hasta que el santo de la estrella de la muerte se acercó a ella.

    –¿Todo bien, Diane? –preguntó con amabilidad sentándose a su lado.

    –…Aikar, perdón, ¿decías algo? –no estaba prestando atención, de forma que no oyó lo que él dijo.

    –¿Qué si estás bien? desde que despertaste te noto algo apagada.

    –Sí, si estoy bien –suspiró con pesadez –. Solo que… anoche tuve un sueño que me hizo preocuparme. Era mi hermano, él y yo éramos niños y jugábamos en el bosque, parecía un simple recuerdo, eso era algo que hacíamos mucho. Hasta que en un momento desapareció y por más que lo buscaba no lo encontraba, sentí un gran miedo y… luego desperté –abrazó sus piernas sintiendo la tristeza y preocupación ganar fuerza en ella–. Lo extraño mucho, quiero saber que está bien.

    Su voz amenazó con quebrarse y agachó la mirada para que el santo no viera sus lágrimas escapar. Hasta que sintió el abrazó de Aikar que buscaba animarla.

    –No pienses en cosas malas, Diane. Tu hermano está vivo, lo sé –usó una voz muy suave –. Cuando perdemos a un familiar tan cercano como un hermano o un padre, lo sabemos. Es dolor muy agudo en el corazón, un dolor que no se puede explicar.

    –Sí, eso es verdad –dijo tratando de detener sus lágrimas, al tiempo que se acurrucaba en el pecho del santo buscando ese apoyo –. Días antes de saber que mis padres habían muerto, yo sentí ese dolor y un horrible mal presentimiento. Pero, cuando pienso en Albert, no siento nada de eso, es, es porque él está vivo ¿Verdad?, aunque a veces pienso que...

    –Él está vivo, Diane –la interrumpió –, no llenes tu mente de malas ideas.

    Si decir más, ambos se quedaron así, abrazados, un momento más. Sin saber que desde la distancia cierto par les miraban con intriga. Oss y Rufus estaban preparando el desayuno para los cuatro.

    –Oye, Oss, ¿ellos tienen algo? –preguntó Rufus con curiosidad al verlos abrazados.

    –Buena pregunta –rio el sirviente –, creo que son tan tontos que no se dan cuenta.

    –Bueno, como sea. Dejando eso de lado, voy a asar estos conejos –avisó el bestiary.

    –Oye, cuantas veces debo decir que la mejor forma de comer conejo es con papas –objetó el sirviente.

    –Estás loco, es mejor comerlo asado. No me vas a decir como comer conejo, yo lo consumo casi todos los días.

    –Pues se nota que no sabes cómo cocinar un delicioso conejo. Cuando pruebes mis papas veras de lo que te hablo.

    Y así dieron comienzo a un nuevo y último día de viaje. Estaban ya muy cerca de la capital, tanto, que en la distancia se podía ver la gran Ciudad Blanca, capital del reino de Albores y donde se reunirían con el rey. Debían darse prisa, pues este era su último día para asistir con él.

    Luego de un buen desayuno, en el cual Rufus tuvo que admitir su equivocación acerca de la mejor forma de comer conejo, dieron pie al final de su marcha. El resto del camino fue corto, perdidos entre las conversaciones acerca de la capital y su historia. Llegaron justo al medio día a las puertas de la ciudad.

    La maravillosa Ciudad Blanca, vestigio viviente de la antigua grandeza del reino de Albores, aun con la mayor parte de su poder y riquezas perdidas, su capital sigue siendo una de las ciudades más grandes del mundo, fundada ya hace más de mil años. Resguardada por una gran y resisten muralla de diez metros de altura, con torreones fortificados y armados con armas de asedio.

    La entrada principal consta de un par de grandes y pesadas puertas de madera reforzadas con hierro que deben ser abiertas mediante grandes mecanismos. Desde allí se tiene una magnifica vista de la ciudad mediante la avenida principal. Uno de los detalles más importantes de esta ciudad es su belleza y limpieza digna de las capitales más importantes del mundo, incluso, superándolas. Construcciones hechas de roca blanca, madera y otros tipos de materiales de edificación. Se nota la antigüedad en casi todos los edificios.

    La gente deambula por las calles con una gran tranquilidad y alegría, pues las calles son resguardas por miembros de la honorable guardia de la ciudad, así como la legión de la capital. Los lugares más relevantes y sobresalientes son: el distrito comercial, lleno de mercaderes de todo el mundo, la catedral blanca, una maravilla con setecientos cincuenta años de antigüedad, luego tenemos la academia militar de Albores, el único lugar donde se entrenan santos, estos, provenientes de las familias con el derecho a tenerlos.

    –Qué extraño –comentó Aikar –, no veo la torre del mago, el centro de investigaciones mágicas del reino –comentó tratando de divisar la construcción que él recordaba.

    –Tampoco veo el Baluarte Real, aunque recuerdo que estaba más cerca del centro de la ciudad, cerca del palacio –agregó Oss.

    Curiosamente mientras más se acercaban al centro de la ciudad los edificios se veían más nuevos y se perdía la antigua arquitectura, grande seria la sorpresa del santo cuando viera el hogar del rey de esta época.

    Finalmente el castillo del rey, erigido justo en el centro de la ciudad y resguardado por su propia muralla, aunque de dimensiones más pequeñas que la de la ciudad. Desde aquí hubo un conflicto entre lo que Aikar veía y lo que recordaba. Los cuatro caminaban lentamente por las calles a lomos de sus caballos disfrutando de tal vista.

    –Esto, esto no es como yo lo recuerdo –comentó el santo de la muerte–, este, este lugar era muchísimo más grande, y no era un simple castillo, era una palacio enorme. Tenía más de cien habitaciones… pero, pero esto, es un simple castillo.

    –No es un simple castillo, Aikar –llamó Oss –, esto se parece demasiado al Baluarte del Rey.

    –Por favor, Oss. Por qué el rey de esta época viviría en un simple baluarte.

    –Aikar, bueno, me temo que el palacio del que hablas ya no existe –dijo Diane, sabiendo que a Aikar le afectaba ver grandes cambios con respecto a su periodo de sello–. El antiguo palacio, fue destruido hace doscientos años durante la guerra entre Albores y La Republica de los Bosques Verdes. Ahora aquí vive el rey y su familia.

    – Maldición –musitó –, incluso eso ha cambiado… malditos quinientos años.

    Dejando de lado esa decepción. Lo cuatro bajaron de sus caballos y se acercaron a las puertas, donde la guardia real, como era de esperare, los detuvo. En las murallas había, por lo menos, uno veinte arcabuceros mirándoles con seriedad, en la entrada, unos diez guardias con alabardas.

    –Alto ahí. Identifíquense –Ordenó quien parecía estar al mando, un capitán pro su uniforme. Sería imposible ver su rostro por el yelmo, curiosamente tenía una armadura más lujosa y detallada que los demás, aunada a una larga y blanca capa.

    Aikar y Rufus se acercaron y mostraron las cartas que el rey les había enviado. El guardia las tomó para leerlas y analizarlas. Luego las guardó el mismo en sus ropas.

    –Bienvenidos, señores. ¿Ese par de personas viene con ustedes? –se refería a Oss y a Diane, a lo que Aikar asintió–. Por favor, síganme –les dijo, mostrando más respeto.

    Con un ademan abrieron las puertas para permitir a los cuatro entrar escoltados por los guardias. El interior era bastante agradable, aunque no dejaba de dar ese aire de sencillez. Tenía unos bellos y verdes jardines al frente, así como unas pocas estatuas que mejoraban el aspecto. Los guardias los llevaron hasta las puertas principales del edificio central. Allí los detuvieron otra vez. El capitán se acercó a la puerta e informó a otros guardias. A los pocos minutos dos mujeres salieron y se dirigieron al capitán.

    Una era una mujer alta, cerca del 1.80. Su cabello es rubio y largo, atado perfectamente en una trenza, sus ojos son de un raro color rojo, y su piel es blanca. Cabe mencionar que, a pesar de su belleza, ya no es una mujer joven, esta dama tiene cuarenta años de edad. A pesar de eso viste una armadura que se nota pesada, sin llegar a ocultar su apariencia femenina, en color plata con una larga capa blanca y dorada.

    La otra mujer, ligeramente más baja, con 1.75 de estatura, cabello platinado corto y ojos del mismo color, así como una linda y jovial apariencia. Ella posee una complexión más delgada y carece de armadura, viste un vestido blanco de manga larga con aberturas a los lados para permitirle mejor movilidad.

    El capitán le entregó las cartas a la rubia y luego se retiró. Ambas mujeres se acercaron a Aikar y sus compañeros.

    –Buenos días… señor Aikar, señor Rufus y compañía. Mi nombre es Rose Hogartt, ella es mi sirviente María, nosotras somos las guardaespaldas y asistentes del rey –ambas mujeres hicieron una leve reverencia ante ellos.

    –Cielos, es un honor, lady Rose, lady María –respondieron ellos de igual forma haciendo una reverencia.

    –Hace mucho tiempo que no veía a otro sirviente, y menos a una tan bella –comentó Oss mirando a María de forma algo picara.

    –El rey está muy agradecido por su asistencia a esta reunión, sin embargo, no los atenderá en este momento hasta que se reúnan todos los citados. El capitán fue a buscarlos, ellos llegaron un par de días antes que ustedes. De momento, los guiaré al jardín interior para que esperen más a gusto el inicio de su reunión, por favor, síganme –invitó ella de forma amable, para guiarlos a dicho jardín.

    –Disculpe, lady Rose –llamó Rufus siguiéndola– ¿Cuándos santos fuimos invitados a esta reunión?

    –Son cuatro contándolos a ustedes, señor Rufus, los otros dos están descansando en una posada cercana, llegaran en breve.
     
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    Hola. Paso a comentar. Debo decir que es una sorpresa que además de Aikar y Rufus hayan invitado a otros dos santos al castillo del rey. Imagino que debe ser por algo importante, y tengo la teoría de que el rey podría pedirles que se unan a algún batallón. Es eso, o bien otorgarles alguna otra clase de misión que quisiera que ellos llevaran a cabo. Me pregunto si Aikar y Rufus le dirán al rey sobre lo que el duque embajador Elliot lleva haciendo, y también siento curiosidad por saber lo que hará el rey si se entera. Dado a que el duque parece tener una gran confianza en que su poder es mayor al del rey. Sin duda alguna, es algo que quiero ver.

    Por otro lado, vemos un poco más de la relación en el pasado entre Albert y Diane, y se puede ver el lazo que ambos tenían y siguen teniendo. Sobre todo, ahora que sus padres ya no están. Debido al lazo que los une, ambos saben que continúan con vida. O al menos Diane lo sabe.

    Fue interesante que, después de haber tenido una discusión con ellos, Albert aceptara formar un equipo junto a Zila y Zael otra vez. Ahora la tensión entre Albert y Zael vuelve a poner tensa, y parece que Zila será quien se encargue de mantenerlos a los dos bajo control. Por lo menos de momento. Imagino que los dos podrán aprender a llevarse bien, pero que falta mucho para eso. Y tal como se dice, todos salen beneficiados en esta alianza, ya que Grimor será detenido si es que todo sale bien. Zero ha muerto, por lo que los dos hermanos deben estar sintiéndose muy preocupados ante esta sospecha.

    Te marcaré unos errores que encontré:

    En esas dos te faltaron los signos de interrogación.

    Y también, el guión está mal usado en la mayor parte de este capítulo.

    Allí usas la coma cuando deberías usar un punto. Como aquí.

    También noté que hay algunas tildes que faltaban.

    Eso será todo por ahora. Saludos.
     
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    Gracias por el comentario.
    Pensé que seria algo obvio que habría mas santos invitados. Sobre el motivo me temo que habrá que esperar para saberlo, no me gustaría dar nada de información acerca de eso. Pero como adelanto, el duque embajador será tema de la reunión.
    Ocasionalmente habrá recuerdos de todos los persnajes para conocer sus pasados y relaciones, en este caso, podemos ver que tan unidos eran los hermanos Will
    Albert se verá forzado a seguir conviviendo con los hermanos sever y si, será Zila quien los mantenga a raya y vigilando sus actitudes en pos de un ben mayor para ambas partes.
    Nos vemos en el siguiente, cap, que será en unos momentos XD
     
  12. Threadmarks: T: II - Capítulo XXXI: El árbol
     
    Fersaw

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    Aries
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    Temporada II – Capítulo XXXI: El árbol

    “Se dice que algunos magos han desarrollado métodos para extender la vida de las plantas. Pero, hacerlo con los humanos es considerado un crimen que va en contra del Ciclo de la Vida y la Existencia”

    27 de marzo de 1750, 2da edad de Plea.

    El grupo fue llevado por las doncellas a los jardines interiores del castillo. Eran hermosos, se notaba la dedicación que se les da, había flores en todos los colores y de diferentes naturalezas, además de ser bastante grande esa parte del recinto. Puesto que tenían que esperar el arribó de las otras dos personas citadas decidieron disfrutar de esa zona. Diane se tomó un largo rato para apreciar las flores que podrían ser usadas como componentes mágicos al tiempo que lo constataba en su libro.

    –Oye, mira –llamó Oss a Rufus señalando un árbol–. Esas son naranjas, hace mucho tiempo que no como una.

    –¿Naranjas? –cuestionó el bestiary mirando con curiosidad esas frutas–. Nunca las había visto.

    –Claro que no, son muy raras en esta zona del reino. Qué tal si cortamos unas cuantas –sugirió el sirviente con una enorme sonrisa.

    –No creo que sea buena idea –alegó el hombre de la cola de lobo y ojos amarillos.

    –Pero nadie nos está viendo, amigo. Vamos solo unas cuantas y veras lo deliciosas que son –sonrió susurrándole eso.

    –… Bueno, vale, pero seamos rápido ¿sí? –sin pensarlo mucho se acercaron al árbol con intenciones de tomar unas cuantas de esas naranjas.

    Por otro lado, el santo de la estrella de la muerte, Aikar, aunque el lugar era muy bello, él no lo encontraba tan interesante, de manera que prefirió dar un paseo por todo el lugar. Sin darse cuenta terminó por alejarse de sus amigos y llegar hasta una zona en la que había solo un gran manzano. A pesar de ser de esa clase el árbol era muy grande y se notaba claramente longevo. Entonces Aikar logró recordar algo, vio el lugar y supo que ya había estado allí. Su mirada apacible se llenó de sorpresa y se acercó al árbol.

    –No puede ser, yo, yo recuerdo este lugar… y, y este árbol, bueno, más o menos –se dijo a sí mismo notándose muy sorprendido.

    El joven se vió atrapado en un recuerdo de la época que antes vivió.

    Era una mañana como cualquier otra en la capital, hace poco más de quinientos años, en ese tiempo Albores era el reino más grande y próspero del mundo.

    El lugar en el que se encuentra hoy Aikar, siglos atrás era el Baluarte Real, una fortaleza donde se entrenaba soldados y se llevaban a cabo reuniones importantes del alto mando militar. En aquel entonces este no era el hogar del rey.

    Una mañana de primavera, Aikar, quien en poseía solo diez años, acompañaba a su padre a una reunión. Pero como él no podía entrar en la sala de reuniones su padre le pidió que le esperara en los jardines del castillo, a lo que el chico asintió. Acompañado de Oss, quien tendría una aparecía similar a la de su amo, un chico de diez años también, decidieron dar un paseo por el lugar. Poca diversión encontrarían, pues no había casi nadie, salvo los guardias que hacían sus rondas o vigilaban sus posiciones.

    Hasta que llegaron a una zona en la que no había nada sembrado solo césped, Aikar sintió curiosidad por acercarse a esa zona, mientras que Oss sintió el inconfundible aroma del pan recién horneado muy cerca de allí y sin que se dieran cuenta ambos se separaron. Aikar se acercó a esa zona verde y lo único que desentonaba era una rama que parecía estar clavada en el centro. Así como tal, una simple rama.

    –¿Qué raro? –dijo el niño así mismo mirándola con curiosidad –. ¿Por qué clavaron una rama a la mitad de este lugar?

    –No está clavada, tonto –se escuchó una dulce e infantil voz detrás de él.

    Aikar volvió la mirada para toparse con una niña de cabellos rojos, ojos azul celeste y una sonrisa llena de inocencia, esas sonrisas que jamás nadie puede olvidar. Al pasar varios segundos mirando a esa niña, que tendría más o menos la misma edad que él, Aikar terminó por sonrojarse.

    –Hola –saludó ella acercándose. Llevaba un lindo vestido azul sin mangas y que llegaba poco después que sus rodillas.

    –…Ho, hola –musitó algo nervioso al verla tan cerca, pues solo aumentó el rubor en sus mejillas.

    –No eres de aquí, ¿verdad? –preguntó ella de forma curiosa mirándolo a detalle.

    –No, yo, yo vivo en la villa de mi familia, al oeste de aquí –respondió él.

    –Ya veo. Entonces, ¿eres miembro de esos clanes de santos? Solo ellos tienen villas propias –rio con cierta emoción, quizás nunca había visto a uno de esos santos.

    –Sí, así es. Me llamó Aikar Grimm, mucho gusto –terminó por hacer una leve reverencia ante ella, cosa que no era necesario, pero quizás el pequeño Aikar aún no entendía muy bien los formalismos. La niña solo rio ante eso.

    –Mucho gusto, yo me llamo Bianca Hardd, yo soy de un clan de magos.

    –Ya veo, entiendo por qué eres tan bonita –rio nervioso, quizás sin darse cuenta de lo que dijo.

    –¿Bonita? –alegó ella, un poco sorprendida. Ahora era ella quien se sonrojó. Para evitar que lo notara cambió de tema–. Hace un momento dijiste que era una rama clavada, ¿no?

    –Sí, bueno. Eso parece –igual él deseaba cambiar el tema.

    –Pues no lo es. Está sembrado, es un experimento de mi abuelo, quiere crear un árbol que de manzanas más rápido y durante todo el año, incluso en el invierno. Quiere encontrar una solución para que ya no haya hambre durante esa época del año. Aunque dice que es probable que también aumente su vida.

    –Supongo que alargar la vida de las plantas es sencillo comparado con un humano –dijo Aikar con curiosidad.

    –Pues claro. Los árboles son seres muy longevos por naturaleza. Además, las leyes de la magia prohíben cualquier tipo de investigación que tenga por objeto aumentar la vida de un humano, es algo que va en contra del Ciclo de la Vida y la Existencia –explicó la niña, quien parecía ya conocer de magia a tan corta edad.

    Ambos niños se miraron entre sí. Hubo un momento en el que solo sus miradas existieron para el otro, era un aviso del destino. Ese encuentro era el comienzo de algo, algo hermoso que terminaría de forma terrible por adversos acontecimientos.

    De regreso en el presente. Aikar estaba frente a ese, ahora, enorme árbol, tan bello y tan fuerte a pesar de los siglos pasados.

    –Es casi imposible de pensar que exista un testigo viviente de aquella época tan lejana –hablaba consigo mismo mientras acariciaba el tronco del árbol–. Pero tú y yo nos conocimos, hace quinientos años, ambos éramos unos retoños. Esperando que el tiempo nos volviera fuertes y que no diera lo que necesitábamos para ser felices.

    Suspiró pesadamente recordando el motivo que lo llevó a vivir todo este tiempo, tiempo antinatural.

    –Pero tú has vivido por tu fuerza propia, yo rompí el ciclo de la vida y la existencia para estar aquí. Mucha gente debe haber vivido gracias a tus frutos. Yo solo permanecí en la oscuridad todo este tiempo –sonrió, había cierto duelo de sentimientos en su interior con respecto a la maga Bianca–. Aquí ella y yo nos conocimos. Dos niños que no entendían el mundo y eran felices aun así… Bianca, ¿qué fue de ti?

    Un silencio se hizo presente por unos momentos. En su mente, Aikar solo imaginaba los destinos que Bianca pudo tener. ¿Le deseaba el mal o le deseaba el bien? ni él mismo lo sabía, fue la mujer que lo selló y lo sentenció a medio milenio de oscuridad, pero también fue la primera y única mujer que amo. No había mayor dilema para el santo que ese.

    Pero poco duraría su tribulación mental, pues pudo escuchar algo que lo sacó de sus pensamientos, llevando su mirada a las ramas del árbol. Menuda sorpresa se llevó el santo al ver a una mujer allí, sentada en una rama, quien le miraba con la misma sorpresa y confusión.

    –…yo, yo…no, no tenía idea que había alguien, lo siento, en verdad –dijo Aikar aun sorprendido pero comenzando a sentirse avergonzado.

    –No era, mi, mi intención escucharlo, una disculpa –la chica estaba comiendo una manzana, así que por eso hablaba así. Además que tenía algo en su regazo.

    En ese momento ella intentó bajar, no es que fuera una gran altura, el problema es que no notó que la parte inferior de su vestido se había atorado con una rama, cosa que Aikar si notó.

    –Tenga cuidado, señorita, su vestido… ¡Cuidado! –era tarde, la chica se había lanzado.

    Su vestido la hizo no poder colocar sus piernas para caer bien, de forma que se precipitó al suelo de costado. La chica dio un leve grito por el susto. No obstante, para el santo fue más que fácil anticipar su movimiento, se colocó en la posición correcta y la atrapó en sus brazos. Salvándole de un buen golpe.

    –¿Está usted bien? –preguntó el santo al tenerla en sus brazos. Vaya que era ligera esa chica.

    –Sí, si gracias –suspiró aliviada, además que desde esa posición pudo apreciar mejor el rostro de quien la salvó, y al instante, lo encontró apuesto, esto lo demostró un leve sonrojo en sus mejillas.

    –Jamás había visto que una chica subiera un árbol con un vestido tan grande, debe ser difícil –dijo él mientras la bajaba.

    –No tienes idea –rio ella–. Odio usar estos vestidos, son muy estorbosos y no me dejan hacer casi nada.

    Entonces fue Aikar quien pudo verla mejor. Es una chica, bastante joven, veinte años, una estatura de 1.70 y complexión muy delgada, lo que se espera de una doncella, destacando sus pechos de tamaño considerable. Su cabello es rubio, un rubio perfecto que pareciera brillar ligeramente, lo usa suelto, debajo tenemos la obra de arte esculpida por los dioses que es su rostro, sus ojos son de color verde claro, más bellos que cualquier esmeralda, su piel es blanca y tersa, mientras que sus labios son de un dulce color rosa. Todas las doncellas del mundo envidiarían tal hermosura. Esta dama, viste un largo vestido verde de manga larga, y calza unas botas.

    –No creo que una dama deba subir a un árbol, puede ser algo arriesgado –dijo el santo. ¿Qué hombre podría resistirse a tal belleza? pues Aikar hacia todo lo posible por lograrlo.

    –Todos dicen eso, incluso mi padre –rodó los ojos–. A mí me gusta subir a los arboles desde que era niña, desde allí puedo tener la paz que me inspira para dibujar.

    –Ya veo –sonrió y vio lo que ella tenía, y que perdió al caer. Era un libro y un lápiz. Al abrirlo pudo ver lo que esta chica hacia–. Cielos, es impresionante.

    Y lo decía en serio. Con un simple lápiz esta doncella era capaz de dibujar cualquier objeto, animal o persona con tal detalle que parecían retratos. No solo era hermosa, era una artista nata.

    –Gracias. Siempre me ha gustado el arte, la pintura y el dibujo. Pero no es algo que le agrade a mi padre, dice que debería invertir más mi tempo en aprender cómo ser una dama –bufó cruzada de brazos.

    –No creo que eso sea un problema –le devolvió el libro–. Cualquier hombre desearía tener por esposa a una mujer hermosa y con dotes de artista.

    –¿Usted cree? –cuestionó sonrojada por lo que decía.

    –Por supuesto. Por cierto, no me he presentado, siempre olvido eso –rio e hizo una reverencia–. Me llamo Aikar Grimm.

    –Mucho gusto, señor Aikar –ella replicó el gesto de forma grácil–. Mi nombre es Victoria de Albo.

    –¿Albo? Creo que ya había oído ese apellido, más no recuerdo donde –dijo con intriga.

    –Bueno, no es por presumir, pero claramente es el apellido más conocido en todo el reino –rio cautivada por esa ingenuidad o amabilidad que Aikar tenía –. Por cierto ¿A qué se debe su presencia en el castillo, es algún noble o miembro del ejercito?

    –Es una historia curiosa. Verá, tengo una reunión con el rey hoy mismo. Soy un santo, aunque no pertenezco al ejército.

    –Entiendo, entonces usted es uno de esos santos desconocidos con los que mi padre se reunirá hoy, ¿verdad? –curiosamente se acercó a él para hablar más bajo.

    –Sí, así es. Estamos esperando a los otros para iniciar la reunión…un momento –entonces notó la palaba que la chica usó para referirse al rey–. ¿Dijo padre?

    –Sí, así es. El rey es mi padre –sonrió, en verdad esa ingenuidad de él le gustaba.

    Abrió los ojos como platos para lanzarse al suelo arrodillado.

    –¡Lamento mucho mi insensatez, princesa. No tenía idea de quien era usted, le pido me perdone si he resultado grosero o imprudente! –decía con vergüenza y temor al pensar que pudo ofender a la princesa.

    –Tranquilo, señor Aikar –dijo ella pidiéndole que se levantara–. No es para tanto, en serio.

    –¿En serio? –cuestionó sorprendido.

    –Claro, no me gusta que me traten como princesa todo el tiempo –sonrió amable–. Pero, regresando al tema. ¿Cuál santo es usted?

    –¿Disculpe? –alegó él.

    –¿Qué si cual santo es usted? Mi padre envió cartas a cuatro santos diferentes: El de los bosques, el que estaba en prisión, la extranjera y el que luchó en Bahía Azul –explicó ella haciendo memoria de lo que sabía–. No me dijo mucho, dice que es algo de máximo secreto, pero muy importante para el reino.

    –¿Dijo “El que estaba en prisión”? –se notó bastante sorprendido al entender que uno de esos dos que faltaban era un criminal.

    –Sí, aunque no sé mucho de eso, no será usted, ¿verdad? –se notó un poco nerviosa llegando a pensar que fuera él.

    –No, para nada señorita, yo no he estado en prisión… al menos no en esta época –eso último se lo dijo así mismo–. Supongo que según esas descripciones yo soy el que luchó en Bahía Azul.

    –¡¿En serio?! –Victoria, literalmente, saltó de la emoción–. Que increíble, tenía tantas ganas de conocer a ese santo. Usted fue quien luchó y venció a los demonios que atacaron la ciudad, que emocionante.

    –Bueno, claro que luché, y creo que luché contra uno de los más fuertes, pero no puedo adjudicarme toda la batalla, seria deshonesto y soberbio, muchos soldados y magos también lucharon allí.

    –Sí, eso es verdad. ¿Podría hablarme más acerca de esa batalla y como eran los demonios? –rápidamente la princesa tomó el brazo del santo, mientras le miraba con una sonrisa llena de admiración.

    –Supongo que, que sí, será un honor, princesa –el noble y respetuoso Aikar no pudo decirle no ¿Y quién podría cuando una princesa tan hermosa que te ve como a un héroe?

    Los dos fueron hacia una banca cercana para sentarse a gusto y poder hablar de esa batalla. Sin problemas el santo relató con detalle cómo fue todo el conflicto, al principio la princesa se asustaba e interesaba por lo que decía de esos fieros guerreros de otro mundo, pero, cuando relató su combate contra el comandante Zael, Victoria, simplemente se fascinaba al escuchar de su fuerza y habilidad al manejar la guadaña. Así pasaron un largo rato conversando. Ella parecía interesada en los demonios, pero más en Aikar. Estaban bastante cerca el uno del otro, mientras que ella tomaba la mano del santo entre las suyas. Quizás él no lo notó, o pensó que quitarla sería una ofensa.

    Todo este momento se prolongó hasta que cierta chica de cabellos oscuros y ojos azul celeste, quien posee una belleza que podría rivalizar con Victoria, apareció y miró la escena del santo y la princesa de forma seria. Aclaró la garganta para llamar la atención de él.

    –Diane –dijo Aikar al verla.

    –Aikar, te estaba buscando –extrañamente, la maga se notaba un poco seria–. Lady Rose dice que ya es hora, los otros dos santos ya están aquí.

    –Sí, ya veo. Gracias por avisarme –él se levantó y miró a Victoria–. Princesa, debo retirarme, su padre aguarda.

    –Sí, claro –dijo ella levantándose también–. Antes que se vaya me gustaría darle un regalo por su valentía al defender el reino –sonrió con un inocente rubor en sus mejillas.

    –Muchas gracias, será un honor recibir…

    Mientras hablaba recibió ese regalo, el cual, fue un tierno beso en la mejilla por parte de la princesa. El santo se sonrojó un poco al tiempo que se sorprendió. Y Diane, quien miraba la escena a cierta distancia también se sorprendió, aunque no fue para bien, la joven maga sintió una rara y nueva sensación de molestia. Aunque claramente no lo expresó.

    Sin más que decir la princesa se retiró y el santo se acercó a su amiga, quien le miraba de brazos cruzados y una seria mirada.

    –Eso fue, inesperado, ¿no? –rio nervioso el santo al ver a la princesa irse, sin prestar atención a la maga.

    –Sí, eso veo. Pero parece que no te molestó –dijo tajante dándole la espalda–. Si sigues mirándola llegaras tarde con el rey.

    –Sí, es verdad. Vamos –en verdad era bastante ingenuo, que no notó la actitud de su amiga.

    Sin más que decir regresaron al interior del castillo donde María, la sirviente de Rose, guió a Aikar y su grupo a la sala del trono. El lugar era más pequeño de lo que se podría esperar. Exceptuando el trono, los estandartes y las alfombras no había nada más que adornara el lugar, el cual tenía varias columnas que sostenía el techo alto, además de los grandes ventanales que dejaban entrar la luz. Una decoración muy austera.

    Allí se toparon con tres personas más. Dos parecían estar esperando y el otro hablaba con Rose en voz baja.

    –Parece que ustedes son los otros dos que esperábamos, vaya que llegan tarde –esto lo dijo una chica quien parecía burlarse de Aikar y los suyos con una enorme sonrisa.

    Esta chica tiene una estatura de 1.75, con una edad cercana a los veinticinco años. Su cabello es oscuro ligeramente largo, atado en una coleta alta, que lleva un moño rojo, sus ojos son oscuros y sin dudas es preciosa, aunque su personalidad sea más bien ruda. Su complexión es delgada y viste una camisa manga larga negra con un chaleco café, una falda corta en color negro y unas botas altas de cuero, estas llegan casi a sus rodillas. Llevaba partes de armadura también, grebas, brazales y una hombrera. Finalmente en su espalda dos espadas.

    –Sí, lamentamos eso –dijo Aikar arqueando la ceja ante la risa de la chica. Curiosamente algo en ella le parecía familiar.

    Entonces los ojos del santo se fijaron en hombre más silencioso. Dicho sujeto posee el cabello corto y despeinado en color café oscuro, su mirada es muy seria y fría, no parece mostrar interés en nadie, sus ojos son cafés también. Posee una estatura intimidante, 1.90, aunado a su musculatura, posee también un frondosa barba. Viste una camisa blanca manga larga bastante holgada, un pantalón marrón y botas de cuero, sobre todo una capa gris y en su cintura una espada larga.

    –Bueno, deja que yo me encargue, Rose, el rey me puso al mando de este proyecto –esto lo dijo el tercer hombre mientras se dirigía a los santos.

    Este es bastante diferente. Es un hombre de edad madura, a pesar de su fornido cuerpo y estatura de 1.75, este hombre tiene sesenta años de edad, cosa que es demostrado por su cabello cano y su larga barba. Posee los ojos en color azul. Viste una armadura real y de lujo, hecha de acero platinado, además de una capa blanca con bordes dorados. Curiosamente no lleva ningún arma.

    –Muy bien señores….hmmm, señores….¿Cómo era qué? –comenzó a pensar o más bien tratar de recordar.

    –Cielos –bufó rose acercándose a él dándole las cartas–. Ni siquiera puedes recordar sus nombres, tío. Lo mejor es que yo me encargue de esto…

    –¡Para nada, Rose! Que ya se mayor no significa que no pueda hacer las labores que el rey nos pide –tomó las cartas y las leyó rápidamente–. Como decía, señores, Aikar, Vyll, Rufus y Sira, por favor, síganme, el rey estará aquí en breve y comenzará la reunión. ¡Guardias, cierren el castillo!
     
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    Hola. Paso a comentar el capítulo. Debo decir que realmente me ha gustado mucho, a pesar de tratarse de un capítulo tranquilo. Estuvo muy bien llevado, y eso fue lo que me permitió disfrutar de él de esta forma.

    En primer lugar, vemos que Oss tiene ganas de demostrarle a Rufus sobre las delicias de las que se está perdiendo. En otro lado, Aikar regresa al lugar en donde conoció a la primera y única (por ahora) mujer de la que se ha enamorado, y le ha traído recuerdos un poco dolorosos, lo cual es comprensible. Imagino que debe sufrir al ir recordando las cosas de esa forma, más aún después de pasar tantos años dormido. Pero ahora conoció a alguien más, alguien que parece tener mucho interés en él, sus historias, y hazañas, y no es nada más ni nada menos que la misma hija del rey en persona, quien parece tener una cierta atracción hacia Aikar. Me ha dado risa la reacción de Diane hacia la princesa, ya que ella siente algo desde Aikar, pero se niega o no quiere admitirlo. Bueno, si no se da prisa, le van a ganar XD.

    Tengo interés en saber más sobre los otros dos santos que llegaron, principalmente en Vyll, ya que si no me equivoco, es el santo que estuvo en prisión. Sin dudas quiero saber por qué estuvo en prisión, además de cuales son las fortalezas de cada uno. Otra cosa que me intriga es ver como reaccionará el rey cuando Aikar y Rufus le digan que el duque embajador está moviéndose por su cuenta. O quizá el rey ya lo sepa y haya querido contactar con esos cuatro santos justamente para que se encarguen, en fin, queda esperar para ver.

    El capítulo ha estado muy bien, aunque han habido un par de errores con las tildes. Revisando los encontrarás. Te señalaré estos dos que me parecen más graves.

    Ahí el nombre de Rose salió en minúsculas.

    Bueno, por el momento eso será todo. Sin duda alguna tengo ganas de saber que es lo que le espera al grupo y a todos los demás. Saludos.
     
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    Gracias por el comentario.

    Este sin dudas es un cap de relax, donde se presetan superficialmente a unos nuevos personajes.
    En cuanto a las relaciones entre Aikar, la princesa y Diane, pues no pretendo revelar nada, solo digo que será interesante seguir esas relaciones con el pasar de los caps, así como con la adicion de nuevos personajes. El buen Aikar no deja de sufrir con los recuerdos de su vida pasada, recuerdos que pueden ser para bien o dolorosos, ademas de constantes.

    El proximo cap estará cardado de informacion, así como de marcar la pauta que los personajes seguiran, ademas que será el final de temporada.

    Nos vemos entonces.
     
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  15. Threadmarks: T: II - Capítulo XXXII: La mano blanca
     
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    Temporada II – Capítulo XXXII: La mano blanca

    “Lo gremios negros son agrupaciones de santos, magos, etc, quienes se dedican a la vida criminal”

    27 de marzo de 1750, 2da edad de Plea.

    En la sala del trono están los cuatro santos citados para la reunión con. Aikar, Rufus, Vyll y Sira, junto al trono, y esperando la llegada del monarca, están lady Rose, lady María y el viejo hombre. Más atrás, pero igual en ese lugar, Oss y Diane. Y nadie más, las puertas fueron cerradas y no hubo guardia alguno que permaneciera dentro de ese lugar.

    Algunos minutos pasaron mientras esperaban la llegada del rey, curiosamente nadie decía nada, solo había un intrigante silencio.

    Una puerta se abrió a un lado del trono y aquel hombre apareció, era obvio que cualquiera esperaba un sujeto elegante vistiendo las telas y prendas más finas habidas, así como joyas con oro, plata y toda clase de piedras preciosas. Grande seria la decepción de quienes esperaban eso.

    Aquel hombre era alto, quizás 1.80 metros de estatura, su piel es blanca y es de complexión delgada. Su cabello es corto y en color oscuro, con ligeras canas apareciendo en sus costados, sus ojos poseen un profundo color verde, como los de su hija, finalmente una barba y bigote con un corte elegante. Es un hombre de edad avanzada, con cincuenta y cinco años, que no puede ocultar.

    Pero su atavió era lo que más llamaba la atención. Viste una simple capa blanca con diseños en color dorado con el símbolo del reino, una camisa manga larga blanca con detalles en dorado, pantalón oscuro y botas de piel. No posee joya alguna, solo un humilde anillo de plata en su dedo anular derecho. ¿La corona? Pues la corona que este rey lleva no tiene ni una sola gema, está hecha de metal sólido, acero platinado, que si bien, no es un material barato, tampoco es un metal precioso, es ligeramente más económico que la plata. Las caras de aquellos que nunca lo habían visto no ocultaron su sorpresa ante un rey tan… ¿humilde?

    Llegó a su trono, el cual está hecho de mármol, y se sentó para mirar a los allí presentes, quienes le miraban con respeto, para acto seguido arrodillarse.

    –Tal parece que han venido todos –dijo el rey con una apacible voz, aunque denotando seriedad–. Les agradezco mucho que hayan decidido asistir, en verdad, hubiera sido una pena tener que tomar otras medidas. Dejemos de lado las formalidades, en este momento no soy el rey –hizo una ademan indicándoles que se levantaran.

    –¿Qué quiso decir con eso? –susurró Rufus a Aikar.

    –No tengo la menor idea, pero este rey es algo extraño, no se parece en nada al de mi época –respondió el santo de la muerte.

    El viejo se acercó a rey y le entregó las cartas.

    –Señor Aikar, señor Rufus, señor Vyll y señorita Sira. Cuatro santos tengo frente a mi ahora, sin embargo, puedo ver a otras dos personas allí, personas que no conozco ni recuerdo haber invitado –cuestionó mirando a Oss y Diane.

    –Ellos llegaron con el señor Aikar y el señor Rufus –respondió lady Rose.

    –Sí. Si me permite, su majestad –dijo Aikar pidiendo la palabra, que le fue concedida–. El hombre allí presente no es un humano, es mi sirviente.

    –¿Sirviente? –alegó con sorpresa el rey.

    –Entonces, ¿eres un santo egoísta? Increíble –agregó Sira con una gran sorpresa.

    El viejo hombre sonrió de lado, mientras que Vyll le miraba de reojo arqueando una ceja.

    –Así es, su majestad. Mi nombre es Aikar Grimm, santo de la estrella de la muerte, y él es mi sirviente, Oss –se presentó haciendo una reverencia. Mientras que Oss se acercó y le reverenció igual.

    –¡¿Eres un Grimm?! –exclamó a un mas sorprendida Sira, acercándose rápidamente a Aikar.

    –Señorita Sira, respete la presencia del rey –objetó Rose con cierta molestia al escucharla alzar la voz.

    –Una, una disculpa, lady Rose –sonrió un poco avergonzada por su reacción, no sin antes mirar una vez más a Aikar con una enorme sonrisa.

    –Lady Rose, no se preocupe, le recuerdo que en este momento no represento al rey de Albores –sonrió el hombre desde su trono–. En verdad es una gran sorpresa que uno de ustedes sea un santo egoísta, eso será muy útil por lo que tendrán que hacer.

    –¿Nos dirá a qué se debe esta reunión, su majestad? –preguntó Vyll con su seria mirada y fría expresividad.

    –Así es –se tornó más serio–. Tengo que hacerles una petición muy delicada y difícil –los cuatro santos allí presentes asintieron con gran curiosidad–. El reino de albores atraviesa un momento muy delicado, económica y políticamente. No me refiero a los ataques de los demonios que se efectuaron al sur del reino, y que me complazco en avisar han sido socavados por la primera legión. Este reino tiene una enfermedad que se ha encargado de debilitarnos por muchos años. ¿El nombre de esa enfermedad? Eliott Rosaria, el maldito y miserable duque embajador –sentenció de forma seria, denotando odio en sus palabras.

    Esas palabras no pasaron desapercibidas por sus escuchas, exceptuando a las damas, Rose y María, y el viejo hombre, pues, al parecer ellos conocían de antemano el motivo de la reunión.

    –Ese hombre…no, ese desgraciado, se ha encargado de acabar con la economía de este reino, ha corrompido las leyes y a los nobles, ha violado toda ley habida y ha puesto en mi contra no solo al consejo blanco, sino a todos los nobles del reino. No puedo tolerar más estas ofensas y desafíos por su parte, es por eso que ustedes están aquí. Ya me cansé de que ese hijo de puta crea que puede hacer lo que quiera por que el consejo blanco lo respalda, ahora es mi turno para golpearlo, y lo voy a hacer con todo lo que pueda.

    –No, no lo entiendo, su majestad, ¿qué es lo que nosotros haremos? –preguntó el bestiary Rufus.

    –¿Qué no es obvio? –alegó Vyll con seriedad, al parecer él ya entendía que era lo que el rey deseaba.

    –Ustedes cuatro, como santos desconocidos e ilegales, formaran un grupo al margen de la ley que fungirá para minar y acabar con todos los planes que ese bastardo tenga. Serán dirigidos en secreto por mí, y tendrán la estructura de un gremio negro, así como un nombre –explicó con seriedad.

    Ante eso los cuatro santos, exceptuando a Vyll, quien no parecía sorprenderse o era solo su seriedad habitual, se miraron entre si sorprendidos y desconcertados.

    –Disculpe, su majestad. Entiendo perfectamente deseo de acabar con ese sujeto que usted puede tener, yo lo comparto, pero, ¿no sería más fácil impelente… asesinarlo? –cuestionó el bestiary con sumo respeto ante el rey.

    –Dudo mucho que ustedes cuatro puedan infiltrarse en su villa y acabarlo, ese sujeto tiene muchos mercenarios custodiándolo, incluido un santo muy fuerte de nombre Mordecay –respondió el rey.

    –Pero usted tiene el mando de todos los soldados del reino, no sería más fácil enviar a sus santos de elite a eliminarlo o arrestarlo –agregó el hombre bestia.

    –Ese sería el peor error que puedo cometer –dijo tajante–. A ese desgraciado lo respalda el consejo blanco, no me van a escuchar a mí antes que a él, además, el Reino de Albores, y yo, su rey, estamos en la lista negra del consejo por no acatar sus malditas órdenes. Mi antecesor y yo los desafiamos muchas veces, y él rey anterior pereció junto a su familia por retar al consejo blanco.

    Un silencio inundó el lugar, aunque realmente Aikar, Oss y Sira no tienen idea alguna de lo que habla el rey.

    –Disculpe, su majestad. ¿A qué se refiere con eso? –Intervino Diane acercándose al rey–. Se supone que el rey anterior fue desterrado tras la guerra civil donde perdió contra usted.

    –Sí, bueno, es la historia oficial –suspiró con cierto pesar, quizás vergüenza–. Pero no es la verdad. Durante esa guerra civil, que finalizó hace cinco años, yo capturé al anterior rey en este mismo castillo, una batalla que duró dos días hasta que él se rindió. Entonces lo líderes del bando “Rebelde”, como nos decían, decidimos que sería desterrado junto con su familia y firmamos el decreto. Pero nunca se le dejó libre después de eso. Lo que hice me avergüenza aun hoy día –agachó la mirada–. Pero era lo correcto, era lo que el reino necesitaba.

    –Mis padres murieron en esa guerra –dijo al instante al ver que el rey dejó de hablar–. Ellos, ellos lucharon por usted, en el bando Rebelde.

    –Mi rey, no tiene que hablar de eso ahora, no es necesario…–comentó lady Rose al ver, y saber, que él rey no suele hablar de lo que hizo después de ganar.

    –No, ellos deben saberlo, ella también, sus padres, así como lo de muchos, murieron por mi causa, tiene derecho de saber lo que hice –espetó levantando la mirada–. Cuando capturamos al rey anterior y a su familia, los entregamos al consejo blanco, porque fue el consejo quien apoyó a los Rebeldes desde un principio. Firmé un pacto con ellos cuando inició la guerra civil. Me darían su apoyo y me harían rey de Albores, a cambio, debía capturar al rey anterior y entregárselos vivo, junto con sus hijos. Desde un principio sabía que los querían asesinar.

    –¿Pero, por qué? ¿Por qué el consejo blanco querría matar a un rey? –preguntó Sira.

    –Aquel rey cometió muchos agravios y ofensas al consejo. No pagaba los impuestos, hacia alianzas con naciones de la lista negra, insultaba la autoridad, entre otras cosas. Pero hubo dos eventos que lo sentenciaron. El primero, él dio asilo a un hombre que era buscado por el consejo, no recuerdo por qué, pero decían que era un gran peligro para cualquier reino, un hombre terriblemente poderoso y que había trabajado para el consejo y luego los traicionó. Lo llamaban El santo rey de los océanos, quien tenía el poder de la luna.

    –Era un santo legendario –agregó el viejo hombre, quien permaneció a un lado del rey en todo momento–. Dicen que era el santo más poderoso de todo el mundo, que nunca nadie había logrado vencerlo y que había acabado con ejércitos él solo. Pero la verdad se mezcla con los rumores.

    –Y el segundo evento, que detonó las represalias por parte del consejo blanco en su contra. Él asesino al anterior duque embajador, padre del duque actual –dijo el rey.

    –¿Quiere decir, que la guerra civil fue apoyada por el consejo blanco, porque el rey anterior asesinó al duque embajador? –cuestionó Diane más que sorprendía.

    –Me atrevería a decir, que si el consejo blanco no hubiera intervenido no habría habido una guerra civil, y aquel rey seguiría rigiendo. Ahora entienden por qué no se puede matar a un duque embajador, al principio no me preocupe, pero luego tuve que sufrirlo en persona para entender. Al igual que el anterior, yo intenté matar a Eliott, envié a un grupo de santos y magos, encabezados por mi hermano para capturar a Eliott, porque ese hijo de puta… ¡se atrevió a tocar a mi hija y faltarle el respeto! –No pudo evitar enojarse por las acciones de ese odiado hombre.

    –¡¿La princesa?!– alegó Aikar sorprendió ante eso–. Bastardo, hijo de perra –musitó.

    El rey se tomó un momento para relajarse.

    –Pero mi hermano y su grupo fallaron, Mordecay y otros mercenarios lo detuvieron…y los mataron en el combate. Aunque lograron herir a Eliott, ese malnacido sobrevivió, y un año después se cobraría. Él fue el autor intelectual de la muerte de mi esposa.

    Un nuevo silencio se hizo presente ante esta revelación, pues, no era tan fácil saber que la reina había sido asesinada por el duque, o más bien, el duque había ordenado que fuera asesinada.

    –Nos dijeron que la reina había muerto por una enfermedad –dijo Diane desconcertada.

    –Eliott logró conseguir a una asesina muy extraña. Esa noche una mujer se infiltró al castillo y envenenó a mi esposa, veneno que le causó una enfermedad que la hizo fallecer al tercer día…después de sufrir agónicamente intentando sobrevivir –apretó los puños y los dientes con rencor mientras sus ojos se humedecían–. Esa misma noche, el mejor sanador y alquimista del reino fue atacado y herido de gravedad, era obvio que sabían que él podría haber salvado a mi mujer. Varios guardias también perdieron la vida tratando de atrapar a esa asesina. Nunca supieron quién era, pero esa forma de vestir, jamás la he vuelto a ver: Una túnica gris, el número seis en rojo y la máscara de un buitre.

    –Maldición, suena horrible –suspiró Rufus.

    –Jamás he escuchado o visto nada igual –agregó Sira pensativa.

    –No me imagino el poder que debe tener para ser capaz de infiltrarse en un castillo y asesinar a una reina –musitó Oss.

    –He pasado días y noches pensando en una venganza, como hacer sufrir a ese malnacido –el rey se levantó de su trono y se acercó a ellos–. Mercenarios, asesinos, miembros del ejército, ninguno sirve, Eliott tiene informantes en todos lados, gremios, mercaderes, nobles, soldados, miembros del gobierno, él siempre se entera de todo. Además, tristemente, tiene más dinero y recursos que yo. Irónico cuando soy el rey –no pudo evitar reír un poco.

    –¿Cómo es eso posible, su majestad? –preguntó Aikar, seguía con esa duda, pues ya antes había escuchado eso.

    –Él es un corrupto, un ladrón y un explotador, tiene negocios y propiedades heredades por generaciones, además que estoy seguro que extorsiona a muchas personas, trafica con esclavos y solo los dioses sabrán que crímenes más comete. Sabe perfectamente que no puedo hacerle nada pues el consejo blanco lo respalda, y es obvio que yo no le agrado al consejo. Por otro lado, yo no tengo propiedad más que este castillo, todo lo que alguna vez le perteneció a la corana real de Albores, lo he vendido, joyas, pinturas, estatuas, reliquias, vestimentas de lujo, propiedades –suspiró con pesar–. El dinero que he conseguido lo he usado para pagar las deudas de la nación, así como las penalizaciones del consejo, los impuestos de otros reinos y luchar contra los bandidos que asolan las fronteras. Las arcas reales casi siempre están en su mínimo, todo el dinero que se recauda se usa para el apoyo de la gente, para pagar al ejército y para crear obras que mejoren la calidad de vida de la gente –sonrió un momento–. No me molesta ser el rey más pobre del mundo si mi pueblo puede vivir bien. No hay mayor riqueza que la gratitud y amor del pueblo que uno gobierna.

    –Ojalá muchas personas pensaran como usted. Muy pocos monarcas son capaces de tal nobleza y humildad –sonrió Aikar. Esas palabras le recordaban a un gran amigo que tuvo en su época, el príncipe de aquel tiempo.

    –Mis padres siempre dijeron que usted sería un gran rey. Me alegra saber que no se equivocaron –sonrió Diane.

    –El regente del lugar del que vengo era un hijo de perra vicioso y abusivo. Usted es todo lo contrario –agregó Sira.

    –Gracias por sus palabras, en verdad. Pero me he desviado del tema, lo siento. Entre todos mis planes de venganza recordé algo. Alguna vez un grupo de bandidos atacaron las caravanas de Eliott robándole mucho dinero, y este no pudo hacer nada porque no sabía quiénes eran, no tenía informantes que identificaran a esos bandidos para saber de dónde vinieron.

    Una enorme sonrisa se formó en los labios del rey mientras regresaba a su trono.

    –Allí fue donde concebí una idea, una forma de atacarlo sin que sepa que fui yo. Un grupo de guerreros que no puedan ser identificados, santos ilegales y desconocidos, no tienen registros, no pertenecen a ningún ejército o gremio y, aunque los vean, serán considerados bandidos sin más. Tardé algún tiempo, porque son pocas las personas en las que puedo confiar esto, pero logré reunirlos a ustedes cuatro. Dos santos desconocidos, una santo que vino de otra nación y un santo ilegal que “escapó de prisión”, son perfectos.

    –¿Perfectos? Al final terminamos siendo simples asesinos a los que nadie le importará si matan –bufó Vyll.

    –Un respeto a tu rey –espetó lady Rose molesta al escucharlo.

    –No, el señor Vyll tiene todas las razones para pensar así, porque en parte es la verdad. Ustedes son perfectos porque no tienen registro alguno para identificarlos y ser vinculados con el ejército o cualquier organización. Pero no piense que los dejaré a su suerte, yo los apoyaré tanto como me sea posible –dijo el rey, quien entendía la actitud y palabras de Vyll–. Sé que lo que les pido no es algo fácil, pero es necesario para el reino. El duque embajador es una enfermedad que debe ser eliminada. Primero lo van a debilitar, arruinar sus planes y harán que pierda su riqueza que es lo que sustente todo lo que tiene.

    –Ese hombre atacó a mi pueblo y enjauló a mis amigos, si tengo que convertirme en un bandido para luchar con él, lo haré –dijo Rufus dando un paso al frente y se arrodilló–. Yo quiero luchar para usted, su majestad.

    –Yo juré lealtad a este reino, y eso nunca nada lo cambiará. Escuchar de un hombre como ese me da asco, no me quedaré de brazos cruzados –dijo Aikar, dio un paso al frente y Oss a su lado, ambos se arrodillaron–. Nosotros también lucharemos.

    –Soñé con poder volver a este reino, el reino que vió nacer a mi clan y del que fuimos vilmente expulsados –dijo Sira–. No me importa ser una asesina, yo lucharé por el bien de esta nación –se acercó y se arrodilló.

    –Supongo que la otra opción es volver a la cárcel, ¿no? –cuestionó Vyll. El rey iba a responder pero este le interrumpió antes–. No importa, prefiero estar fuera, así sea como un bandido –se acercó y se arrodilló.

    –Su majestad –llamó Diane–. Por favor, permítame unirme también. Me llamó Diane Will, soy una aprendiz de mago, no formo parte del ejercito ni de ningún gremio, además, la ciudad en la que nací fue atacada por la horda, creo que no podrán identificarme a mí tampoco –se acercó a los demás y se arrodilló también.

    Los, ahora seis guerreros incluyendo a la maga y el sirviente, estaban arrodillados frente al rey, quien no pudo evitar sonreír con cierta satisfacción y alivio al ver que su plan estaba tomando forma. Entonces miró a aquel viejo hombre que miraba con igual sonrisa al grupo.

    –¿Qué esperas, Dyr? –dijo el rey al viejo con una gran sonrisa–. Dijiste que si lo lograba reunirlos a todos te unirías también, no por nada te saque de la madriguera en la que vivías, viejo loco.

    –Una promesa es una promesa, su majestad. Por fin he de volver a pelear por algo que no sea alcohol –rió el viejo hombre, quien realmente era un santo retirado ya hace varios años y de quien, hasta ese día, no se sabía su paradero. Se acercó a los otros seis y se arrodilló también.

    El rey se levantó de su trono frente a los, ahora siete, guerreros.

    –A partir de este momento serán conocidos como un gremio negro, un grupo de bandidos bajo el nombre de La mano blanca. Ante los ojos del mundo son criminales, ante los ojos de los dioses, las estrellas y el rey, ustedes son protectores del reino y de su pueblo, nunca olviden que sus actos son por el bien del Albores y de su gente. Dyr Hagart, Rufus Raelius Blacksmith, Vyll Landen, Aikar Grimm, Oss, Diane Will y Sira Grimm, que las estrellas y los dioses guíen su camino –dijo el rey.

    –Un momento –dijeron Aikar y Oss al instante–. ¿Dijo Grimm?

    Ambos miraron a esa chica quien les sonrió y asintió.
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    WAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!
    FINAL DE TEMPORADA, FINAL DE TEMPORADA ¡WOW!
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Increíble capítulo para que actúe como final de temporada. Tal y como pensé, el rey ya conocía desde hace mucho tiempo sobre los crímenes cometidos por el duque embajador, no solo eso, sino que lo ha combatido antes, pero no ha tenido éxito.

    Supuse que si estaba reclutando santos ilegales sería bien para volverlos oficiales o para que fueran tras el duque, aunque lo primero podría bien ser una recompensa para cuando acaben con lo segundo. Sin duda alguna, parece que los siete guerreros que van a entrar en esta operación están conscientes del peligro que van a correr cuando se enfrenten al duque en persona. Eso quiere decir que su grupo comandado por la "dragona invencible" se enfrentará, tarde o temprano contra ellos. En un principio pensé en la posibilidad de que Eusebio se les uniera, pero el hecho de que Elliot tenga tantos informantes lo haría difícil, además de que es una figura conocida. ¿Qué mejor para este trabajo que un grupo de gente que nadie conoce? Sin embargo, creo que esto no terminará bien para más de uno de los guerreros. Tengo el presentimiento de que Rufus y Vyll van a morir, y quien sabe que ocurrirá con Sira.

    Hablando de ella, me da mucha curiosidad el hecho de que ella sea una Grimm tanto como Aikar. Eso quiere decir que, tal vez, algún familiar de Aikar pudiera haber sobrevivido y continuar con el legado de los Grimm. Es más, Sira menciona que su clan fue exiliado, así que es más que obvio que alguno de ellos debió haber sobrevivido. Me pregunto que tipo de interacción tendrá con Aikar, Oss y Diane. El que más problemas podría causar es Vyll, pero habrá que ver como se llevan como equipo.

    Marcaré un par de cosas:

    Albores fue escrito en minúscula?

    Ahí escribiste mal "simplemente".

    En esa parte creo que te excediste con las comas. Creo que iría mejor así: Mercenarios, asesinos, miembros del ejército, ninguno sirve. Eliott tiene informantes en todos lados. Gremios, mercaderes, nobles, soldados, miembros del gobierno. Él siempre se entera de todo.

    De momento será todo. Estaré esperando con ansias el siguiente capítulo.
     
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    Fersaw

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    Aries
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    Gracias por el comentario.
    Pudo haber terminado en la batalla de Zero y Grimor, pero sabia que este seria un mejor final de temporada, pues marca el camino de la siguiente.

    La historia en tre Marco y Eliott es muy intensa y hay mucho odio entre ellos, sobre todo por la muerte de la reina. La verdad no fue muy facil ocultar el motivo de la reunion, estoy seguro que se podia deducir XD.
    Los siete guerreros lucharan una batalla contra un persoanje con mucho poder, dinero e influencia, no será nada facil, mas no quiero hacer nigun guiño a sus destinos, solo el tiempo lo dirá.
    Sobre Eusebio, si este luchara Eliott no tardaria nada en darse cuenta que fueron ordenes del rey.
    Sira y el clan Grimm, esa chica hará muchas revelaciones en los capitulos por venir, sobre todo acerca de como lso Grimm sobrevivieron hace 500 años.
    Vyll será un personaje bastante interesante e intrigante, lo aseguro.

    Nos vemos en el siguietne cap, el inicio de la 3era temporada.
     
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    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Saludos.

    Ya sabes, detalles. Intenté no incluir lo que ya Rey te señaló.

    "... la reunión con. Aikar, Rufus,..." ¿Y ese punto? ¿Con quién es la reunión?
    "Pero su atavío era lo que más..."
    "...hizo una ademán indicándoles..."
    "...al rey y le entregó..."
    "...al consejo blanco, sino..." Esto es más recomendación, pero "Consejo Blanco" debería ir en mayúscula, al ser el nombre de una organización.
    "...santos de élite a eliminarlo..."

    Momento que soy lento, ¿me dices que los policías no sabían que asuntos internos les tendieron una trampa? Eso no era lo que quería decir.

    ¿Otra Grimm? ¿No estaban extintos? O al menos su nombre perdido.

    "La Mano Blanca" suena como un grupo interesante. Aunque, se me hace difícil creer que el Duque Embajador no sepa ya que ese grupo llegó al castillo. Incluso que haya un infiltrado, o infiltrada. También pienso que Diane va a resaltar mucho en ese gremio negro, como lo llamó el rey.

    "FINAL DE TEMPORADA, FINAL DE TEMPORADA ¡WOW!"
    ¿Tan rápido? Pero si falta un mes para que acabe la temporada de otoño.
     
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    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Gracias por el comentario.

    La verdad, no entendí lo primero que escribiste.

    Si, como tu lo dices, el apellido estaba perdido, y, como Sira mencionó, al parecer fueron exiliados del reino, ya pronto se revelará como fue que sobrevivieron a la guerra de hace 500 años.

    Ya veremos como será el comienzo de La Mano Blanca, solo como dato, el color blanco es muy significativo para el reino de albores. El apellido del rey es Albo, que significa Blanco. Veremos que papel jugará la joven maga, recuerda que ahora hay tres nuevos integrantes, Dyr, Vyll y Sira.

    Sobre lo del final de temporada, no me refiero a la temporada del año, mas bien las temporadas es una forma que tengo de agrupar los capítulos por diferentes motivos. Esta temporada, la 2da, tuvo dos capítulos mas que la primera.

    Nos vemos en el siguiente cap. Habrá mucha información por revelar.
     
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  20. Threadmarks: T: III - Capítulo XXXIII: Las dos caras del enemigo
     
    Fersaw

    Fersaw ¿Os gusta el pan?

    Aries
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    Título:
    Saints
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    52
     
    Palabras:
    3617
    Temporada III – Capítulo XXXIII: Las dos caras del enemigo

    “Cuando un niño nace santo sin que pertenezca a una de las cuatro familias con derecho a procrear santos, debe ser despojado de esa bendición”

    28 de marzo de 1750, 2da edad de Plea.

    Nos encontramos ahora en las frías e inhóspitas cumbres de los montes verdes, aquella cadena montañosa que se extiende por kilómetros y kilómetros hacia el norte del reino. Si bien, la mayor parte de estas montañas son verdes al estar recubiertas de vegetación y densos bosques, las cumbres son completamente blancas por la nieve y el frio que allí hace.

    Las ventiscas heladas no cesan a pesar de la temporada y la hora del día. A Nuestro paso nos encontramos con algo muy extraño. Las blancas nieves se tornan rojas conforme avanzamos, para luego dar paso a cadáveres, decenas, cientos de cadáveres dispersos por la nieve. Algo atacó a esos demonios y les dio muerte.

    Más adelante, en una zona plana de esas cumbres, se vislumbran decenas de tiendas allí establecidas, así como a varios demonios trabajando en la roca. Ellos parecen indiferentes ante los cadáveres que a pocos metros de encuentran.

    En el centro de las tiendas se encuentra la más grande, la cual es rodeada por diez tiranus, quienes hacen guardia a pesar del frio, que, por cierto, parece no afectarles en lo más mínimo. Dentro está nada más y nada menos que el mismo general Grimor, quien permanece en reposo por sus múltiples heridas, sus brazos y torso permanecen vendados, así como un parche blanco en su ojo dañado. A su lado están sus fieles escoltas, asistentes y amantes, Kaira y Zarina.

    –Grimor, aquí tienes tu desayuno –dijo zarina acercándose con una bandeja de fruta y pan, así como agua y un brebaje propio del tratamiento para sus heridas.

    –Gracias, Zarina –respondió incorporándose para sentarse al borde de la improvisada cama–. ¿Pudieron dormir anoche? Hubo mucho alboroto allí afuera con esos imbéciles –rio de forma perversa.

    –No fue un problema –sonrió Kaira, quien desayunaba también desde una mesa.

    –Preferí salir y ayudar a Gilda para que todo terminara más rápido –agregó Zarina sentándose junto a su señor y amante.

    A los pocos momentos apareció la antes mencionada, quien se veía agitada, cansada y manchada de sangre. Sus hermanas y Grimor le miraron esperando que hablara.

    –Lo siento, pensé que aún estaba descansando –sonrió acercándose a Grimor, para arrodillarse frente a él–. Está listo, acabamos con todos los insectos que podían suponer un riesgo. Todos los insectos, zánganos, riyun, malaquis y severs han sido asesinados efectivamente. Ahora esta base le pertenece a los tiranus.

    –Perfecto, con eso aseguramos la lealtad de todas las tropas –sonrió con satisfacción al ver cumplida su orden.

    –Grimor, ayer habló acerca de modificar la estrategia, ¿qué vamos a hacer ahora? –preguntó Kaira.

    –De momento vamos a permanecer inactivos durante un tiempo, debo recuperarme de mis heridas, debemos establecer una base sólida y perfectamente suministrada, debemos abrir un nuevo portal a nuestro mundo, así como reclutar nuevas tropas para traer aquí. Cuando todo esto esté listo, nuestro primer movimiento será arrojar las plagas sobre lo humanos.

    –¿Llevará acabo eso? –preguntó Zarina con curiosidad.

    –Claro que lo haré. La sarna negra y La fiebre roja, fueron enfermedades que destrozaron nuestro mundo hace siglos, hoy en día todos los nacidos en nuestro mundo somos inmunes, pero estoy seguro que los humanos no han visto enfermedades como esas, así que liberarlas será una gran forma de debilitarlos –explicó mientras comía.

    –¿Eso será suficiente? Luego que las plagas los debiliten atacaremos, ¿verdad? –dijo Gilda, sentándose junto a él.

    –Así es, allí comenzará nuestro ataque –dejó su comida a un lado y se incorporó, con cierta dificultad–. Sin embargo, debo admitir que Zero me dio una gran lección durante nuestro combate.

    –¿Qué lección es esa? –dijo Kaira.

    –Que me he vuelto débil con los años, Zero pudo vencerme de haber tomado la estrategia correcta, estoy con vida solo por un error –dijo con seriedad.

    –No diga eso, Grimor, usted pudo vencerlo, solo que…

    –No debo mentirme a mí mismo, Gilda. Zero pudo vencerme, y el culpable soy yo. Han paso muchos años desde que dejé de entrenar –suspiró levantando sus puños mirando sus manos, heridas por cierto–. No soy ni la mitad de fuerte de lo que alguna vez fui. No soy la sombra de aquel temido guerrero que portó con orgullo el título de Precepto del Rencor.

    –¿Lo dice en serio, tan poderoso era? –cuestionó con asombra Zarina.

    –Sí, lo fui. Si Zero se hubiera enfrentado a mi yo del pasado, no habría durado mucho y hubiera acabado con él sin problemas. Los Cuatro Preceptos del Emperador, éramos los guerreros más fuertes de todo nuestro mundo.

    –entonces ¿Volverá a entrenar? –preguntó Gilda, con cierta emoción, esperando poder entrenar con él.

    –No solo eso, mi amada Gilda –sonrió acariciando el rostro de Gilda–. He decidió tomar una muy importante decisión. Deseo reunir a mis ex compañeros, a los otros tres preceptos del emperador, para que se unan a mi causa.

    Grande fue la sorpresa de sus escoltas al escuchar eso, ellas pocas veces escucharon de esas tres personas, lo poco que saben acerca de ellos es el nivel de poder que tenían, terribles rumores acerca del temor que infundían en las personas. Los asesinos personales del emperador, es como también se les conocía. Sin embargo, dicho grupo, fue disuelto hace muchos años por el mismo emperador a causa de un terrible evento.

    –¿Usted sabe dónde están? ¿Vendrán pronto? ¿Cómo los reunió? –cuestionaban las tres chicas.

    –Conozco el paradero dos de ellos, y encargué a Valya encontrar al tercero –tomó una capa y se la colocó–. Deseo hablar con las tropas.

    –Disculpe, solo es una duda ¿usted era el más fuerte de los cuatro? –preguntó Kaira siguiéndolo.

    –Decir que lo era sería una mentira. Yo era el segundo más poderoso. Aquel que dirigía a los cuatro preceptos del emperador, era quien tenía el título del más poderoso, su nombre es Aldan, anterior Precepto del Orgullo –dicho esto salió de la tienda, dejando sorprendidas a sus escoltas, quienes le siguieron.

    Fuera, varios soldados tiranus le esperaban reunidos, otros se encargaban de apilar los cadáveres de las demás razas. Al ver a Grimor se formaron rápidamente creando un contingente perfectamente ordenado, así como enmarcaban grandes sonrisas, pues veían en ese general una especia de caudillo que los guiará a lo que siempre han deseado, lo que siempre han creído que es merecido. El poder de Grimor sobre estos hombres y mujeres se basa en la ideología. Ideología de la superioridad de la raza tiranus sobre todas, ahora incluida las razas de Plea.

    –Hermanos –dijo con un tono autoritario hacia los allí reunidos–. Estamos aquí, en este lugar adverso, o eso es lo que cualquier sever, malaqui o humano pensaría. Ellos creen que somos como ellos, pero aquí estamos, tranquilos, sin problemas, mientras esos insectos, el día de ayer, temblaban y morían de frio. Esos insectos no entienden que no hay lugar donde un tiranus no pueda habitar, el frio o el calor, a nosotros no nos hace daño por mas intensó que este sea.

    Se acercó a ellos y comenzó a caminar entre las filas.

    –¿No demuestra eso que somos una raza superior? –dijo con una enorme sonrisa–. ¡Somos una raza superior!

    Todos corearon lo mismo “somos superiores”

    –Aquí comienza este proyecto, mis hermanos. Este mundo, el mundo de los humanos, será el que vea nacer al más grande y glorioso reino de todos los tiempos, un reino construido con el arduo y duro trabajo de ustedes y el mío, un reino de tiranus para tiranus, donde las demás razas tendrán que aprender cuál es su lugar, que siempre será por debajo de nosotros, y, si deciden que están a nuestro nivel, serán destruidos por nuestro puño. Ningún tiranus jamás volverá a ser víctima de la esclavitud, esa vida estará solo reservada para las razas inferiores –esa era parte central de su idea, así como un motivo que lo llevó a planear este proyecto– ¡Juntos, como hermanos, forjaremos el Reino Tiranus!

    Los gritos de emoción y euforia no se hicieron esperar, coreando una y otra vez la palabra “Tiranus” así como muestras de odio e insultos a todas la demás razas.

    –El trabajo no será fácil, ni será rápido, pero los resultados serán, por mucho, satisfactorios. Todos los aquí presentes formaran parte principal de la oligarquía de este reino emergente –se aceró a alguno poniendo sus manos en sus hombros en señal de aprecio– Ustedes serán los pioneros y fundadores de nuestro reino.

    Con esa promesa de poder, riqueza y estatus quien no decidiría seguir a ese sujeto.

    –Por ahora debemos descansar, entrenar y prepararnos para la guerra que está por venir. Convertiremos este lugar en una fortaleza donde nacerá nuestra principal fuerza de conquista, y, cuando tomemos el primer castillo humano, podremos declararnos un reino. Ahora, vayan, forjen nuestra fortaleza y prepárense día a día para la misión que tenemos por delante, mis hermanos.

    Con estas palabras los soldados hicieron una reverencia, para romper filas y regresar a sus actividades o a descansar.

    –¿confía en todos ellos? –preguntó Zarina en voz baja.

    –Completamente –sonrió confiado el general–. Todos los tiranus de sangre pura compartimos la ideología de superioridad, eso nos une, y esa será la base para un gran y formidable ejercito empeñado en la creación de un reino superior a todos los demás. Incluidos a los siete estados de nuestro mundo. Regresemos al interior, debo descansar para que mis heridas sanen lo más rápido posible.

    Con esto los cuatro regresaron al interior de la tienda principal para descansar y seguir detallando su estrategia a seguir.

    Mientras tanto, en la capital del reino de Albores, más precisamente una posada, alejada del castillo del rey, un joven maga despierta con los primeros rayos del sol. Es la joven maga Diane, quien ha cambiado su a atavió, ahora viste una camisa blanca sin mangas, una falda negra corta, medias negras que llegan a la mitad de sus muslos, botas de tacón, guantes blancos y una capa blanca. Al bajar a la parte principal no encuentra a quien buscaba.

    –¿Dónde está Aikar? –se preguntó a sí misma.

    –Buenos días Diane –llamó Rufus, quien, junto a Dyr, eran los únicos allí presentes desayunando.

    –Rufus, señor Dyr, ¿han visto a Aikar? –preguntó acercándose.

    –¿Ustedes dos son novios? –preguntó Dyr, con cierta curiosidad.

    –¡No! Claro que no –alegó al instante, sin poder evitar un leve rubor en sus mejillas–. Solo somos amigos. Quiero saber dónde está, desde ayer que se quedó en el castillo cuando nos fuimos no le he visto.

    –¿A qué se quedó en el castillo? –preguntó Rufus.

    –Creo que la princesa quería hablar con él, aunque no tengo idea para que –respondió Dyr, quien arqueo la ceja ante la reacción de la chica a su pregunta.

    –Sí, lo sé –bufó la chica desviando al mirada.

    –Como sea, dejando eso de lado. Aikar salió muy temprano con Oss y Sira, creo que iban a dar un paseo. Y Vyll, pues el solo salió sin decir nada –explicó Rufus.

    –Espero que este aquí al medio día, a esa hora recibiremos la primera misión de nuestro gran líder, así como el nombramiento de quien estará al mando de nuestro gremio –explicó Dyr. Por gran líder se refiere al rey, pero, por motivos de seguridad se les prohibió usar la palabra rey para referirse a él.

    –Entiendo –dijo Diane con un poco menos de ánimo. Y decidió tomar asiento junto a ellos–. ¿Qué hizo con su armadura, señor Dyr?

    –Decidí venderla, no puedo usar algo tan ostentosos si voy a ser un bandido –dijo despreocupado. Ahora solo viste una gabardina de cuero café, una camisa negra, pantalón negro y botas de cuero, así como la carencia de arma alguna.

    –Aikar, Oss y Sira, no tardarán en llegar. Ten, come algo para empezar bien el día –dijo dándole un poco de pan y bebida.

    Mientras ellos tres desayunaban otra parte del grupo deambulaba por las calles, sosteniendo una conversación muy importarte, pues Aikar revelaba su origen a Sira.

    –¡Por todas las estrellas del cielo! –exclamaba la chica de cabellos oscuros con una sonrisa llena de emoción y a la vez sorpresa–. ¿En verdad nacieron hace más de quinientos años?

    –Así es, nosotros incluso luchamos en la guerra santa –agregó con cierta soberbia el santo de la muerte.

    –¡Eso es increíble! –sintió una gran emoción y saltó sobre él abrazando a Oss–. Mi abuelo siempre me contaba historias aquella época, cuando los Grimm éramos un enorme y temido clan.

    –Bueno, técnicamente yo no soy un Grimm –rio Oss un poco sorprendido por la emoción del a chica.

    –No digas tonterías Oss, tú también eres un Grimm –alegó ella.

    –Lo vez, ella lo entiende también, tu y yo somos como hermanos –dijo Aikar–. Bueno, dejando eso de lado, háblame de ti, ¿cómo es que los Grimm terminaron exiliados?

    –Bueno, todo lo que se es gracias a mi abuelo y aun viejo libro que ha pasado de generación en generación. Tengo entendido que fue poco después del final de la guerra santa, el clan Grimm fue brutalmente masacrado en un día, dejando muy poco supervivientes. Aquellos que lograron sobrevivir fueron capturados por y los mantuvieron presos por varios años hasta que la guerra terminó. Una vez finalizada la guerra un hombre muy poderoso y quien manipuló a la reina les ofreció un trato a los Grimm restantes: A cambio de su libertad debían abandonar el reino para nunca regresar. Es obvio que aceptaron –relató ella, sin bajarse de la espalda de Oss.

    –¿Un hombre poderoso y que manipulaba a la reina? –se dijo a sí mismo Oss–. ¿Te suena familiar, Aikar?

    –Por supuesto, es obvio que era ese hijo de puta de Marcoh Frendell, el mago más poderoso de aquel entonces –bufó con rencor Aikar.

    –Ahora que lo mencionas, la autora de ese libro menciona ese nombre Marcoh, varias veces, como a un traidor –comentó Sira recordando.

    –Y lo es. Ese bastardo fue quien ordenó el asesinato de toda mi familia, así como fue quien me selló…y, engañó a la mujer que amaba para que me odiara.

    –Maldición, que hijo de puta –bufó ella con molestia al saber quién era el causante de su exilio. Curiosamente ella sentía rencor por algo que ocurrió hace quinientos años. Al parecer el orgullo Grimm se hereda–. Luego de ser exiliados los restantes Grimm buscaron refugio en una pequeña nación emergente llamada Reino Verde, hoy conocida como Republica de los Bosques Verdes.

    –Al menos tienen un nuevo hogar, seguro el clan sigue tan fuerte como antes, ¿verdad? –cuestionó con una esperanzada sonrisa.

    –Me, me temo que no –suspiró con un semblante entristecido–. El clan Grimm está por desaparecer.

    –¡¿Qué?! –alegaron los dos sorprendidos.

    –Sí, solo quedamos unos pocos jóvenes Grimm, le problema es que… todas somos mujeres, por obviedad no podemos heredar nuestro apellido.

    –Pero, pero…¿Qué pasó con los hombres? –cuestionó sin entender

    –La mayoría han muerto, el clan Grimm se ha vuelto un grupo de mercenarios –dijo ella–. No hay hombres que hereden el apellido.

    –pero, hasta donde sé, una mujer puede heredar su apellido si su esposo lo acepta, ¿verdad? –agregó Oss.

    –Sí, eso es verdad. El problema es que la Republica de los Bosques Verdes es predominada por elfos, esos imbéciles arrogantes jamás dejarían que el apellido de su esposa sea heredado en vez del suyo –suspiró con pesar–. Llegué a pensar que mi generación será la última en llevar el apellido Grimm. ¡Hasta que te conocí! Tú puedes continuar el legado de los Grimm con esa maga.

    –Es espero porque…espera, ¿qué? ¿Maga? ¿Diane? No, ella y yo no somos pareja –no pudo evitar sonrojarse ante eso.

    –¿En serio? Yo pensaba que era tu novia –comentó ella, a lo que Oss solo rio.

    –Este tonto no se da cuenta de lo que siente –dijo el sirviente bastante divertido por la reacción de su amo.

    –Ella y yo solo somos amigos, Oss. Ella es quien me liberó de mi prisión de bronce, al parecer es descendiente la mujer de la que me enamoré en mi época.

    –¡Carajo! Menuda coincidencia, ¿no? –comentó Sira, quien, por cierto, seguía trepada en la espalda de Oss, a quien tampoco parecía molestarle.

    –Demasiada coincidencia, diría yo. A mi parecer es como una señal del destino, ¿no? –inquirió el sirviente.

    –¡Vale, vale! No quiero hablar de eso, vayamos con el herrero y luego regresamos a la posada donde están todos los demás, seguro no tardará en llegar la primera orden del líder –dijo cambiando radicalmente el tema.

    El grupo de los tres Grimm decidieron dejar de hablar acerca de lo que Aikar podría, o no, sentir por la joven maga. Se dirigieron a una herrería para conseguir equipo.

    Mientras todos los miembros de La Mano Blanca estaban dentro de la ciudad había uno más que decidió salir, me refiero al misterioso Vyll. Muy temprano por la mañana el santo había salido de la ciudad hacia una pequeña y poco concurrida zona fuera de los muros, un cementerio.

    A la sombra de un viejo roble se haya una lápida, la cual era limpiada por el santo Vyll a detalle.

    –ocho años, madre, ocho años pasé en prisión. Me prometí que apenas pudiera vendría a tu tumba –decía en voz baja hablando consigo mismo–. Ahora soy un fugitivo del reino, ese fue el precio de mi “liberación” me he vuelto un criminal culpable de un delito que no elegí cometer –con delicadeza y cuidado quitaba la maleza–. Yo no elegí nacer santo, tampoco elegí que me escondieras de las leyes del reino cuando sabias que no podía conservar mi bendición, pero sé y entiendo que lo hiciste porque me amabas. Todos los niños que son despojados de su bendición se vuelven débiles y enfermizos, solo hiciste lo que cualquier madre hubiera hecho. Siempre fuiste la mujer más bondadosa, atenta, cariñosa y amable del mundo.

    Se tomó un momento en silencio para arrodillarse frente a esa tumba y solo inundar su mente con recuerdos de esa mujer que allí descansaba en paz. Suspiró muy lentamente cerrando los ojos.

    –Mientras estuvo allí encerrado solo había una duda en mi mente, por más que me decían que era verdad yo me negaba a creerlo, aun ahora no quiero creerlo. ¿En verdad fueron mis hermanas quienes me entregaron? Sé que no les agradé, ellas son magas, y yo un santo, ellas nunca me trataron con el cariño que esperaba de ellas, siempre fueron frías, rudas, poco amables, impacientes… ¡Pero, maldita sea, ellas no fueron capaces de entregarme para ser encerrado!...¿verdad? quiero crees que no fueron ellas.

    Sus puños se apretaron con fuerza al igual que sus dientes, su respiración se agitó ante una especia de odio y tristeza combinados, incluso sus ojos se humedecieron.

    –Yo las amo. A pesar de todo, a pesar de cómo me trataban siempre las he amado, y siempre lo haré, ¡son mis hermanas! mi sangre. Los cuatro crecimos en el mismo vientre y, y… ellas son tan parecidas a ti. Cuando alguien las insultaba, cuando alguien se atrevía a lastimarlas no podía evitar enfurecerme, sé que podían defenderse solas, pero, era algo natural, aun siendo el menor yo quería protegerlas, quería que me apreciaran, que supieran, que entendieran, lo mucho que las amo, y que por ellas haría lo que fuera, que podían confiar en mí… –ya no pudo más, y las lágrimas salieron de sus ojos recorriendo sus mejillas–. Nunca te lo dije, pero me culpaban por la muerte de papá, decían que por mi culpa lo mataron, y, y… y tenían razón.

    Golpeo con fuerza el suelo, causando un leve temblor, derribando todos los frutos del árbol cercano.

    –papá murió por mi culpa, no pude salvarlo, aquella noche ¡aquella maldita noche! Luchamos por horas, por horas y no dejaban de llegar esos enormes lobos eran demasiados y papá estaba herido, lo único que pudo hacer fue huir llevándome con él en su espalda. Aun lo recuerdo como si fuera ayer, el sangraba demasiado, yo tenía dieciséis años, le rogaba, le suplicaba que se detuviera y que se curara pero él no quería arriesgarme. Él se culpaba así mismo, decía que nunca debió haber ido solo conmigo, que no estaba listo para una misión así… murió desangrado –a pesar de tan funestas palabras enmarcó una sonrisa con un nudo en la garganta–. Antes de morir me pidió perdón, porque decía que fue su culpa. Y…y, y con su último aliento me pidió que cuidará de ti y de mis hermanas, sin importar que, yo debía protegerlas… por eso no puedo odiarlas. Ahora son mi única familia.

    –Que conmovedor, la familia Landen siempre ha sido tan… amorosa –dijo alguien detrás de él. Una voz muy conocida.

    Al instante Vyll tomó su espada y la desenvainó dando media vuelta para encarar a quien estuviera allí. Frente a él estaba nada más y nada menos que el mismo Mordecay, con su flauta en la mano, así como otras dos personas a sus lados, dos encapuchados que apuntaban a Vyll con arcabuces muy elegantes y extraños.

    –¿Quién mierda son ustedes? –cuestionó el santo mirándoles con seriedad y en guardia.

    –No te preocupes, me envía un amigo de tu familia, el duque embajador, el señor Eliott Rosaria –dijo Mordecay con una gran sonrisa.

    –¡Mi familia jamás se ha aliado con gente como él! –gruñó molesto.

    –Me temo que muchas cosas han pasado estos ocho años que estuviste en prisión. Deja que te explique algunas cosas, mi estimado Vyll –dijo con una enorme sonrisa.
     
    Última edición: 3 Diciembre 2018
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