Historia larga Saints

Tema en 'Novelas' iniciado por Fersaw, 4 Marzo 2018.

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  1. Threadmarks: Prologo
     
    Fersaw

    Fersaw Aprendiz de Escanor-Sama

    Aries
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    Saints
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Acción/Épica
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    18
     
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    PROLOGO

    Plea, nuestro mundo, ha cambiado mucho en los últimos siglos, ya han quedado atrás aquellas oscuras épocas de guerra y de caos que tanto ensombrecieron este maravilloso mundo. Los mortales han aprendido a vivir en entre ellos, humanos, vampiros, elfos, hombres bestia, por fin pueden dejar atrás sus rencores.

    Fue tras la última guerra santa, hace poco más de 500 años, que los rencores del mundo quedaron sepultados, gracias al gran consejo blanco, las naciones pueden vivir en paz. O eso es lo que quieren que creamos, el consejo blanco solo es la mente maestra que controla al mundo desde las sombras y oculta la verdad en todo momento.

    Si, 500 años han pasado desde la última guerra santa que enfrentó a todos, reinos e imperios, clanes y gremios, santos, magos y soldados. Fue aterradora y sangrienta como cuentan las leyendas, sin embargo después de tanto caos, decidieron que los culpables, eran los santos, si, aquellos hombres y mujeres de cualquier raza que tenían un poder más haya que el de cualquier mago o humano, pero, cuan ridículo fue este conflicto y su desenlace, que fueron los mismos culpables, como fueron llamados, quienes pusieron fin a la guerra.

    Un conflicto, que solo fue el resultado del rencores, venganzas y envidias de personas poderosas y perversas.

    Ahora, un viejo mal se cierne sobre la tierra, y es necesario que los tiempos de guerra regresen. Ahora es la época de los magos, quienes son temidos y respetados, admirados y aborrecidos, amados y odiados por igual.

    Gracias a la guerra santa, todos se olvidaron de un conflicto que fue aún más grande, y por mucho mas destructivo, una guerra que sucedió hace 1750 años, duró 100 años, y marcó un comienzo nuevo para las razas mortales, cuando estuvieron al borde de la excitación.

    La guerra del infierno se acerca, y los magos, santos y soldados, no se imaginan lo que se avecina.


    “Solo aquellos nacidos bajo la bendición de una estrella pueden ser llamados santos, y solo aquellos que el nombre de santos reciben forjarán el destino de nuestro mundo, para bien o para mal”
     
    Última edición: 4 Marzo 2018
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    Reydelaperdicion

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    Hola, Fersaw. Esta es la primera vez que leo una historia tuya. Entre por el titulo y el prologo me parecio llamativo como para considerar leer esta historia.

    Aunque encontré varias cosas que podrían mejorar.

    Por ejemplo, en los primeros parrafos utilizas demasiado las comas y casi nunca los puntos seguidos, lo que lo hace muy cansador, dado a que las pausas con la coma son mas cortas y el texto se lee casi sin hacer pausas.

    Noté que en algunos casos olvidaste o pusiste de mas alguna tilde. Y hay palabras a las que les faltó una letra. Estoy desde el celular y no puedo marcarte cuales son, pero tratándose de un capítulo corto, podrías leerlo y revisarlo por tu cuenta para arreglar esos errores.

    La historia podría ser muy buena si se desarrolla de forma adecuada. Creo que este prologo es más un resumen o una sinopsis que un prólogo en si. Me hubiera gustado que fuera algo más largo y detallado, o que al menos revelara un poco más de información.

    Eso es todo por ahora, igualmente, tratándose de un prologo tan corto no hay tanto que comentar. Estaré pendiente de las actualizaciones, y luego juzgaré la historia. Saludos.
     
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    Fersaw Aprendiz de Escanor-Sama

    Aries
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    Gracias por el comentario, estoy de acuerdo con esos errores, ya pronto lo corregiré y el primer cap está listo ya
     
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  4. Threadmarks: capítulo I: La flor del infierno
     
    Fersaw

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    18
     
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    Capítulo I: La flor del infierno

    “Solo aquellos nacidos bajo la bendición de una estrella pueden ser llamados santos y, solo aquellos que el nombre de santos reciben forjaran el destino de nuestro mundo, para bien o para mal”

    1ero de marzo del año 1750 de la 2da edad de Plea.

    Un día más comienza en las tierras sureñas del reino de Albores, en las costas del sur de este pacifico reino se encuentra una pequeña aldea frente a las blanquecinas playas. El nombre que recibe este poblado es Irden, famoso por la abundante pesca y la variedad de peces que se pueden obtener en esas aguas.

    En el paisaje de grandes praderas verdes y bosques lejanos es donde se erige este pintoresco pueblo, lleno de pequeñas construcciones humanas, casas en su mayoría de madera, adobe y roca, dando una apariencia humilde pero alegre, esto exceptuando algunas construcciones que destacan más, tales como la iglesia, una escuela, el sanatorio, y cuartel de la guarida local.

    Sobre una pequeña colina, en los límites del pueblo casi al iniciar un bosque, está construida una preciosa casa que no es nada diferente a las demás, quizás un poco más grande que las otras. En el 2do piso una ventana abierta dejaba a la luz del sol entrar y alumbrar completamente su interior.

    Fueron pues estos cálidos rayos de sol que perturbaron el sueño de la persona que en esa habitación descansaba, aunado a esto, alguien tocó a su puerta de forma algo suave.

    – ¿Hermana? ¿Ya estas despierta? Vamos, por favor, ya es tarde, no te dará tiempo para desayunar – Decía la voz de un hombre, posiblemente joven, usando un tono muy amable.

    Entre las sabanas de la mullida cama se removía una grácil figura femenina. Se sentó en la cama saliendo de su agradable sueño, sus cabellos, largos y lacios en color oscuro, cubrían de forma deshornada su rostro.

    – Ya, ya desperté hermano, bajo en unos minutos – Respondió ella aun medio dormida y bostezando.

    Se levantó de su cama con dirección al baño para lavarse la cara, vestía un camisón color celeste que cubría todo su cuerpo hasta sus rodillas.

    Lo primero que hizo fuer domar su alborotada melena, peinándose completamente hacia atrás, dejando solo tres mechones sobre su rostro. Y hablando de su rostro, vaya que era una joven hermosa, piel blanca y tersa, claramente por su juventud, pues esta hermosa joven apenas posee 23 años de edad, sus cejas perfectamente delineadas, largas pestañas que enmarcan de forma perfecta sus ojos azules celeste que parecieran brillar ligeramente y a ojos masculinas serían las más hermosas gemas del mundo, sumado a esto, unos lindos labios rosados que serían la tentación de cualquiera y de los cuales fácil sería enamorarse.

    Ahora su figura. No es muy alta, quizás 1.70 de estatura, de complexión delgada, sus pechos eran algo grandes para una chica de tan inocente apariencia, sus uñas ligeramente largas en color azul oscuro.

    Sin duda era una joven encantadora en toda la extensión de esta palabra. Pero antes de salir de su habitación debía vestirse, así que eligió un atavió típico de ella, el cual constaba de una blusa a botones blanca, con un lindo moño rojo en el cuello, una falda negra que llegaba justo arriba de sus rodillas, unas medias negras que llegaban justo a la mitad de sus muslos, luego, una botas de cuero con un pequeño tacón, siguió y se colocó su fiel capa azul marino la cual porta un símbolo muy conocido, en sus manos dos guantes blancos con el mismo símbolo de la capa, el cual, es el símbolo de una famosa academia de magia, y finalmente, un cinturón donde colocó la funda de su varita, junto con la varita, y en otra funda un pequeño libro con extraños símbolos en su portada.

    – Lista – Se dijo a si misma mirándose al espejo, sonriendo inocentemente sin saber lo que ese día depararía – Creo que será un día muy tranquilo – Dirigió su mirada a la ventana y a tan hermosos sol que iluminaba desde un cielo despejado.

    Salió de su habitación bajando las escaleras con dirección a la cocina, donde su hermano le esperaba terminando el desayuno de ambos.

    – Casi no querías despertar flojita – Sonrió el chico al verla llegar – Te vez muy linda hoy Diane.

    – Gracias Albert – Sonrió y se acercó a abrazarlo con cariño – Me alegra mucho que pudieras pasar toda la semana conmigo hermano.

    – Bueno, fue un poco difícil pero logré zafarme de algunos deberes en el cuartel así podemos aprovechar las vacaciones de la semana del rey para estar juntos – Correspondió al abrazo suavemente sonriendo – Pero bueno, anda, a desayunar que vamos salir al mercado

    – ¿Y eso porque hermano? – Cuestionó curiosa mientras tomaba asiento frente a la mesa.

    – Debo comprar algunas cosas para preparar los fuegos artificiales, me lo ha pedido el alcalde – Respondió mientras serbia el desayuno para ambos – Vamos, que esto ya está.

    Albert, es el hermano mayor de Diane, esto por cinco años. Ambos tienen un gran parecido que hace más obvia su relación. Aunque claro, él es más alto, llegando al 1.85 de estatura, de complexión delgada, con musculatura ligeramente marcada por los ejercicios militares. Su cabello, oscuro como el de su hermana, es corto completamente peinado hacia atrás, sus cejas algo gruesas, tal como su hermana heredó el color de sus ojos, azul celeste, los ojos de su madre, su piel también es blanca, aunque no tanto como la de Diane, finalmente una ligera barba con poco días de crecimiento.

    Él viste una camisa manga larga blanca, sobre la cual lleva un chaleco oscuro, aunada una corbata roja con el símbolo del ejército. Un pantalón oscuro y zapatos negros perfectamente lustrados, también, como Diane, unos guantes con el símbolo del ejército, en su cinturón, su varita y otros aditamentos más que ella.

    Pasaron un rato conversando y disfrutando de su desayuno, para luego de eso salir de su casa con dirección a la plaza del pueblo, donde se encuentra el mercado local.

    – Cielos, hoy sin duda es un día muy hermoso, el sol brilla en todo su esplendor, las nubes son hermosamente blancas y la brisa sopla divinamente – Comentaba Diane mientras caminaban por las calles sonriendo feliz.

    – Si, es el inicio de la primavera hermana, es normal, pero debo admitir que este ambiente es muy lindo y es difícil no disfrutar el día. Además, este pueblo y su paz lo hacen aún más ameno.

    El pueblo de Irden, estaba lleno de personas buenas, amables y muy respetuosas, todos se dedicaban a trabajar arduamente para salir adelante, no había odios, rencores o rivalidades entre ellos, y esto también gracias a los fuertes y valientes guardias locales que se encargan siempre de cuidar esa paz y si es necesario resolver los problemas de la mejor forma posible.

    Después de un rato de caminar llegaron a su destino, la plaza central, donde se ubica el mercado local, un amplio espacio abierto y de suelo adoquinado donde decenas de mercaderes se reúnen en pequeños, medianos y grandes puestos para ofertar sus productos, habiendo una gran variedad de cosas, desde las más comunes hasta las más atípicas.

    – Bueno, voy a tardar un rato comprando todo lo de la lista – Comentó Albert revisando la nota que escribió.

    – De acuerdo hermano, voy a dar una vuelta y luego te alcanzo ¿Si?

    – Bien, pero no tardes, voy a necesitar ayuda con las compras – Luego de esto él se alejó para ir a las tiendas.

    Mientras Diane aprovechó para dar un corto paseo por el mercado y ver alguna que otra baratija que llamara su atención. Más tarde se acercó al malecón, el cual ofrecía una hermosa y espectacular vista del inmenso mar azul y en el cual soplaba una brisa muy fresca.

    – Creo que elegimos el mejor lugar del mundo para vivir, que paisaje más hermoso – Se dijo así misma sonriendo.

    Entonces sus ojos pudieron divisar algo, en la playa a algunos cientos de metros más adelante de ella, sobre la arena había una gran flor roja, y por gran quiero decir enorme, por lo menos de 3 metros de altura y dos de ancho. Pero no había florecido aun, de modo que solo era un capullo rojo y gigante que solo emergía de la arena como si nada, algo por demás extraño.

    – ¿Qué es eso? Jamás había nada igual – Se dijo así misma sorprendida.

    Un grupo de guardias se acercaban a esa cosa para inspeccionarla, claramente acompañados de un mago de la ciudad. Desde donde estaba Diane podía verlos perfectamente.

    – Oye ¿Qué tanto miras? – Llamó su hermano acercándose a ella.

    – Albert mira ¿Tu sabes que es esa cosa? – Le preguntó señalando tan misteriosa flor.

    – Vaya, pero mira que flor más grande, jamás había visto nada igual, aunque se me hace algo familiar, quizás la he visto en algún libro – La miró detalladamente tratando de recordar algo con respecto a eso. Hasta que decidió tomar el libro que portaba consigo en su cinturón, uno más grande que el de Diane.

    – ¿Crees que sea algún tipo de flor rara que crezca de ese tamaño en las arenas? – Cuestionó ella muy pensativa mirando a los guardias y al mago revisarla – Bueno, debo admitir que tiene un lindo color rojo escarlata, ¿Se podrá hacer un tinte con ella? Me quedaría muy bien en las uñas – Sonrió inocentemente sin saber lo que era esa cosa.

    – Toda materia vegetal puede convertirse en tinte hermana ¿Ya lo olvidaste? – Comentó el mientras seguía investigando en su libro – Rojo escarlata, rojo escarlata… ¿Rojo escarlata?

    Sus ojos amenazaron con salirse de sus cuencas por la sorpresa que se llevó al encontrar la información, sus manos temblaron como nunca y no pudo evitar dejar caer el libro mientras su pie palidecía.

    – ¿Albert? – Preguntó ella algo asustada, ya que nunca lo había visto así.

    – La, la, la flor, la flor del infierno, la, la puerta, la puerta de la horda, el inicio de una época de caos y destrucción – Balbuceaba con la mirada fija en la flor.

    – Hermano, que, que dices, me estas asustando – Dijo ella tratando de hacerlo reaccionar.

    Se acercó rápidamente al límite del malecón.

    – ¡Ustedes, aléjense rápido de esa cosa! – Gritó a los soldados que estaban revisándola – ¡Regresen ahora, rápido!

    En ese momento, y antes que lograran entender lo que les gritaba, uno de ellos clavó su lanza en la flor. Allí es donde todo comenzó. La flor explotó como si de una bomba se tratase.

    – ¡Al suelo! – Gritó él arrojándose sobre su hermana para que se echaran al suelo.

    Tal explosión hizo temblar la tierra y la llamarada de elevó varios metros por el aire, esos incautos hombres fueron carbonizados al instante por tan terrible llamarada, una llama de color rojo puro, y no solo eso, bolas de fuego escarlata surgieron siendo arrojadas sobre el pueblo, iniciando incendios por doquier y calcinando inocentes al instante.

    El pánico se expandió en segundos, pero solo era el inicio, el infierno abría sus puertas apenas. Albert se levantó para mirar donde estaba esa flor antes, en su lugar una gigantesca puerta de fuego se había creado, y un mal atroz e inhumano cruzaba el portal.

    – La, la, la horda – Dijo Albert aterrado y temblando.

    – Hermano, hermano ¿Que está pasando? ¿Que eso? – Decía Diane desesperada e inundada por el pánico.

    Un dragón negro cruzó el cielo, pues de aquel portal había surgido, su sola presencia destrozó la voluntad de cualquier mago o soldado que allí estuviera, paralizados por el miedo y la incredulidad, mirando a tan colosal y poderosa bestia surcar el cielo.

    – El inicio de una época de caos, destrucción, muerte y perdición – Enuncio Albert mirándolo, perdido en tan maligna imagen, solo cayó de rodillas – Vamos a morir en las llamas eternas.

    Unas temblorosas manos tomaron suavemente su rostro por las mejillas, él bajó la mirada a esos tiernos ojos azul celeste como los suyos, llenos de lágrimas y que reflejaban el miedo en toda la extensión de su significado.

    – Hermano, hermano, ¿Por qué dices eso? ¿Porque vamos a morir? – Preguntó sollozando por el miedo, más al ver al hombre que más admiraba, su hermano, temblaba y decía tan sombrías palabras.

    Pero no hay miedo, o imagen, que dobleguen el espíritu de un mago tan poderoso como él, la persona que más amaba y que había jurado proteger estaba frente a él y lo necesitaba ahora. Tomó suavemente las manos de su hermana y luego secó sus lágrimas.

    – No vamos a morir, esto solo es el inicio, y serán ellos lo que tiemblen de miedo – Recobró todo su valor sonriendo seguro.

    Rápidamente los guardias se acercaron a ellos, que no sabían que hacer y estaban también asustados.

    – Señor Albert, señor Albert. ¿Qué debemos hacer? No sabemos que está ocurriendo, por favor señor, díganos que hacer – Cuestionaba desesperado el capitán, un hombre rudo y veterano, que estaba lleno de miedo.

    – Primero cálmese, recobre su valor y el de sus hombres – Respondió serio y con tono autoritario, levantándose más decidido que nunca – Estamos siendo atacado por la horda, si, lo oyeron bien, la horda, no era solo un mito de cuentos antiguos, es verdad y está aquí ahora.

    Al oír eso los hombres claramente temblaron y se miraron entre sí.

    – Pero no han ganado, no dejaremos que su presencia sola nos derrote, tanto ustedes como yo hicimos un juramento, proteger y servir al pueblo, a este reino, y a esta ciudad, no dejaremos que esos sucios monstruos nos quiten lo que es nuestro.

    Mientras hablaba con ellos, un grupo de esas criaturas treparon por el muro del malecón haciendo retroceder a los soldados. Monstruos como duendes, de baja estatura y complexión deplorable, famélicos o regordetes, de pieles rojas y escamosas, ojos negros y pupilas rojas que brillan con sed de sangre, orejas en punta, largas y deformes narices, cabellos blancos, negros o en su defecto, calvos, dientes podridos y afilados. Visten con armaduras de metales terriblemente maltrechas e incompletas y espadas aserradas, algo rotas o roídas más que oxidadas. Sin embargo poseen una sed de sangre inhumana.

    – Se, señor Albert – Llamó tartamudeando el capitán señalando lo que había detrás del mago.

    – Her, hermano – Agregó también Diane retrocediendo con los soldados.

    – ¡Yo soy un mago de decimo nivel, soy un maestro de la magia! – Se dio vuelta encarando con ira a esas criaturas – ¡Yo sirvo al rey, soy un fiel siervo de este reino y no permitiré que nada, ni nadie haga daño a mi pueblo, a mi gente, o a mi familia. Eligieron un mal lugar para aparecer bastardos del infierno! – Tomó el libro en sus mano, haciendo brillar el símbolo en su guante y en la portada del libro – ¡Lucharan contra mi ira! – Un viento fuerte emanó de él haciendo ondear su capa y alejar un poco a esos monstruos

    – Albert – Dijo Diane sorprendida, ya que nunca había visto a su hermano mostrar todo su poder.

    ¡Sword Master: Lluvia de espadas! – Extendió su mano a ellos con la palma abierta.

    Decenas de pequeñas luces de energía amarilla se formaron detrás de él para luego formar espada de luz que con fuerza y velocidad acribillaron a esos siervos del mal, destrozándolos en pedazos y regresándolos fuera de la muralla del malecón, todo, en cuestión de segundos.

    – Jamás vi a mi hermano usar tanto poder, nunca lo vi pelear así ¿Este es el poder de un mago de nivel 10? – susurró la joven Diane, sorprendida y admirada por las habilidades de su hermano mayor.

    – Guardias, ellos también pueden morir, ya lo han visto – Volvió su seria y valerosa mirada a los hombres – Ahora, recobren su valor y salvemos a los civiles, ese es nuestro deber, nuestra misión y nuestro objetivo, debemos abandonar el pueblo, contenerlos será imposible.

    – ¡Si, señor! – Respondió el capitán también invadido por ese sentimiento de valor y deber.

    – Diane, ven conmigo – Ordenó Albert a su hermana, quien sin pensarlo asintió.

    Corrieron a toda velocidad por las calles del pueblo. Más y más de esos monstruos invadían, y sin motivos destruían cualquier cosa a su paso.

    – ¿Hermano, que son esas cosas? – Preguntó Dian siguiéndolo mientras corrían a toda velocidad, tratando de evitarlos.

    – Son Zánganos soldados básicos de la horda, son demonios de muy bajo nivel que solo sirven para intimidar por su número, carecen de habilidades especiales y no suelen ser muy fuertes, pero como dije, siempre luchan en grandes números, eso los hace peligrosos – Respondió él.

    – Pero ¿Por qué nos atacan, porque hay demonios invadiéndonos? – Insistió sin dejar de estar asustada y nerviosa.

    – Eso no lo sé, la flor que vimos, se llama flor del infierno, es un portal, solo aparecen en lugares poco comunes y cada cierto tiempo, no entiendo cómo logró aparecer aquí. Como sea, la activaron y ahora es un portal abierto para que la horda nos pueda invadir.

    – Es una pesadilla ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo los detendremos? – Comentó ella mirando a los monstruos destruir las casas

    – Nosotros solos no podremos, lo único que puedo hacer es ayudar a las personas a escapar, debemos informar a la academia de magos y al gobernador de la región, y este avisará al rey.

    Después de tanto correr llegaron a su hogar, algo agotados por la carrera.

    – ¿Que hacemos aquí hermano? – Cuestionó ella jadeando entrado junto con él.

    – No debemos perder tiempo en avisar al gobernador y a la academia – Rápidamente fue a su estudio y comenzó a buscar en los cajones su equipo de combate.

    – Entonces ¿Cuándo salvemos a los civiles iremos a la capital de la región? – Preguntó ella.

    – Si, y no – Rápidamente sacó una maleta donde estaba lo que buscaba. Comenzó a vestirse con la armadura.

    – No entiendo Albert – Se acercó a él para ayudarlo.

    – Yo me quedaré para ayudar a los civiles, y tu iras a la capital de la región para avisar a todo el mundo – Dijo mientras terminaba de alistarse.

    – ¡¿Qué? Claro que no, no te dejaré solo! – Alegó ella molesta por esa idea.

    – No está a discusión Diane, no tenemos tiempo que perder, entiéndelo – Comenzó a buscar en la bolsa las ultimas cosas de su equipo y colocó su espada en su cinturón.

    – ¡No! Entiéndelo tú, yo no te voy a abandonar hermano, te voy a ayudar a…

    Pero Albert cortó sus palabras intimidándola con fuerte golpe en el escritorio que la hizo retroceder un poco.

    – Diane, por favor entiéndelo, no podemos perder tiempo, mientras más minutos pasen y ese portal no se cierre más de ellos van a venir a nuestros mundo y será más difícil detenerlos. Necesitamos soldados, magos guerreros y a los santos del reino – La miró sobre el hombro – Hermana, soy un mago de nivel 10, yo puedo luchar con ellos y detenerlos lo suficiente para salvar a las personas que una estén en el pueblo, pero tú, tu solo eres una aprendiz aun, eres de nivel 2, no te ofendas, pero este lugar es demasiado para ti.

    Se acercó a ella y la abrazó con cariño, a lo cual ella temblado correspondió.

    – Eres todo lo que tengo en este mundo, si te algo te pasara por mi culpa, nunca me lo perdonaría, y no podría seguir viviendo hermana. Le juré a nuestros padres que yo te protegería y eso haré – Dijo suavemente.

    – Yo, yo tampoco quiero perderte hermano – Se aferró a él sollozando – Pero, sé que tienes razón, es demasiado para mí. Quisiera ser tan fuerte y poderosa como tú, para poder ayudarte.

    – No te menos precies Diane, tú eres fuerte de corazón y de voluntad y algún día, créeme, algún día serás más poderosa que yo.

    Sonrió mirándola a los ojos.

    – Está bien hermano, me iré para avisar, pero, prométeme que cuando los civiles hayan huido tú también lo harás, y que nos volveremos a ver, promételo por favor – Pidió con miedo mirándolo con sus hermosos ojos llenos de lágrimas.

    – Lo prometo Diane. En ese caso, tu prométeme que no te detendrás hasta llegar a la ciudad e informar de lo que ha ocurrido – Sonrió con cariño para ella y el dio un tierno beso en la frente, para luego soltar el abrazo.

    – Si, también lo prometo hermano. Entonces, es hora de irme – Dijo ella tratando se sonar decidida y secando sus lágrimas.

    – Si, necesitaras esto – Le entregó una maleta – Es mi viejo equipo de combate, quizá haya algunas cosas que te sirvan la ciudad capital de la región está a unos cuantos días a pie, y esto también te hará falta – Le entregó un collar – Es mi selló de mago del rey, con esto creerán todo lo que les digas sin dudar, no lo pierdas.

    Lo tomó y colocó la mochila en su espalda y el collar en su cuello. Salieron rápidamente de su casa para ver cómo iba la invasión, y era terrible, ya había unas cuantas centenas de demonios invadiendo y mucha gente tratando de huir aun.

    – Es el infierno mismo – Alegó ella aun temblando de miedo al ver lo que estaba pasando – Quien pensaría que algo así pudiera ocurrir de la nada, hoy, hoy era un día muy hermoso – Logró contener las lágrimas esta vez.

    – Tranquila, este no es el fin hermana, está vez no será como en la 1era edad de la tierra, estamos preparados para lo que venga– Comentó el sonriendo para animarla.

    Entonces una nueva bestia apareció frente a ellos. Una criatura similar a un rinoceronte, pero más grande y fuerte, de piel oscura y dura como la roca, con cuatro atemorizantes ojos rojos, un largo y afilado cuerno en la punta de su cabeza y una cola llena de pinchos, no obstante, solo era un animal del infierno, pues sobre su lomo tres Zánganos lo montaban.

    Ataremus – Comentó colocándose en guardia y tomando su libro y varita – Una bestia de guerra del infierno.

    – Hermano, como, como vas a pelear contra eso – Alegó ella retrocediendo temblando.

    – Diane, no te preocupes por mí, recuerda nuestras promesas – Respondió este serio mirándola – Es hora que te vayas, y te prometo que nos veremos luego.

    Tragó saliva indecisa aun si irse o quedarse. Veía el bosque por donde huiría y luego miraba la bestia de guerrera frente a ellos. Cerró los ojos y se decidió.

    ¡Iluminus! – Desenfundo su varita muy rápido y con ese conjuro arrojó una esfera de luz cegadora para distraer a la bestia y a sus jinetes – ¡Cumpliré mi promesa hermano, los refuerzos vendrán pronto! – Entonces se echó a correr tan rápido como podía a través del bosque.

    – Sé que lo harás, eres muy fuerte y decidida – Sonrió el al verla alejarse. Luego suspiró para centrarse y mirar serio a sus rivales – Ahora es mi turno – Tomó su varita también, y dejó fluir su energía una vez más – ¡Rangeki: Lanza relámpago!

    Un poderoso relámpago salió de su varita e impactó al ataramus perforándolo por completo y arrojando al suelo a sus jinetes

    – Enfrenten el poder de Albert Will basura del infierno – Sonrió con su vara en mano y desenvainando su espada listo para destrozarlos.

    Por otro lado, la joven Diane corría y corría por el bosque tratando de alejarse lo más que podía, claramente corría hacia el norte, hacia donde está la mencionada ciudad capital de la región y su objetivo. Pero no sabía que un grupo de criaturas viles de la horda se había dispersado por el bosque y la seguían.

    Llegó a un descampado en el centro del bosque donde paró un momento para recuperar el aliento después de un largo rato corriendo.

    – Cielos, aun, aún falta mucho camino por recorrer, a este paso me tomará dos días llegar – Decía jadeando. Arrodillada. Sacó su varita – Aqua: Agua dulce

    Con este conjuro de la punta de su varia comenzó a salir un pequeño chorro de agua del cual bebió para saciar su sed.

    Después de recuperarse se concentró en el lugar, no era una parte cualquiera del bosque, era una donde ya había estado antes y conocía bien. En el centro de dicho descampado había una estatua de bronce que era un hombre, una que ella conocía y que se sabía albergaba un gran misterio.

    Dicha estatua era muy extraña, un hombre arrodillado cubierto por una capucha y que parecía golpear la tierra con ambos puños, su cabello le cubria el rostro, y era aún más rara por el realismo y su calidad y pensar que estaba hecha de bronce sólido.

    – Vaya, la vieja estatua del bosque, creo que he avanzado menos de lo que pensaba – Suspiró y se acercó a la estatua, donde se sentó en el suelo un momento, abrazando sus piernas – Me pregunto ¿cómo estará mi hermano? Espero que esté bien. No seas tonta, claro que lo está, él es un mago de nivel 10, nadie podría contra él, ninguno de esos monstruos puede ser tan poderoso.

    Trató de convencerse a sí misma, luego miró al cielo.

    – Pensaba que esas historias sobre la horda y las puertas del infierno solo eran mitos y leyendas, jamás pensé que pudieran pasar de verdad – Suspiró y luego volvió la mirada a esa estatua – Si eso era verdad, entonces, que tal si tu leyenda también lo es, y que dentro de ti se esconde un gran poder.

    Se quedó un momento en silencio.

    – Claro, que no, pero que tontería – Se dijo así misma riendo – Solo es una vieja estatua de bronce que alguien dejó aquí hace muchos años, esa leyenda es solo un cuento de niños para ir a dormir.

    El sonido de las ramas y arbustos la alertaron. Frente a ella un grupo de Zánganos exploradores sonriendo con sus sucios dientes y tomando sus armas.

    – Carne fresca – dijo uno de ellos con una voz muy baja y casi inentendible.

    – No, no puede ser – Se levantó ella rápidamente – ¿Que, que voy a hacer? – Tal y como Albert lo dijo llegaron en gran cantidad, al menos 10 de ellos que la rodearon rápidamente.

    El miedo la invadió una vez más, pero ahora estaba sola y su hermano no la ayudaría esta vez. Los monstruos atacaron rápidamente y lo único que se le ocurrió a ella fue arrodillarse para hacer un conjuro rápido.

    Mercy: Escudo burbuja – Invocó un escudo de energía que la cubrió a ella como un domo y también abarco a la estatua.

    Los zánganos chocaron contra este, sin embargo se levantaron rápidamente comenzando a golpear la burbuja con sus armas, y esta no tardaría mucho en ser destruida.

    – Dios, ¿Qué debo hacer? No puedo pelear contra ellos son muchos, debo pensar antes que esta burbuja se rompa – Decía desperada y asustada. Solo pudo mirar la estatua una vez más – Si tan solo tu leyenda fuera real, tú me salvarías, ya deja de decir estupideces Diane, concentrarte.

    Los zánganos insistían más y más golpeado la burbuja, haciendo pequeños agujeros con sus armas

    – Eso no pasará, estoy sola, no podré cumplir la promesa que hice a Albert – Trataba de contener las lágrimas, pero estas escapaban por si solas de sus ojos – Si tan solo, si tan solo tuviera un poco más de poder.

    Y ya la burbuja estaba al límite, uno de esos zánganos lograba comenzar a hacer una abertura por la cual metió marte de su cuerpo y su lanza, ella no lo había notado aun, estaba temblando por el miedo y la frustración tratando de pensar. Ella volvió la mirada hacia dónde el monstruo trataba de colarse y solo pudo sentir el afilado metal de esa lanza clavarse con fuerza en su piel y ser penetrada.

    El grito ahogado en dolor fue seguido de la sangre que salpicó el suelo, la lanza, la ropa de Diane y la estatua, logró caer al suelo sentada y sacarse la lanza que había perforado su hombro. Contenía el dolor y la sangre de la herida con sus manos, pero ella no era una guerrera, jamás había sentido algo similar y no podía evitar quejarse y gritar de dolor.

    – ¡Ayuda, ayuda por favor! – Gritaba desperrada, llorando pues sabía que este solo era el comienzo de una dolorosa muerte, veía su sangre, su camisa otrora blanca ahora era carmesí y sus manos completamente rojas.

    El Zángano trataba de colarse dentro de la burbuja un poco más para volver a herirla y sonreía emocionado al verla sufrir

    – ¡Basta, por favor! – Trataba de levantarse apoyándose en la estatua mancándola con más y más sangre – ¡Duele, duele mucho, no quiero morir, no quiero morir! – Sus sollozantes ojos no veían salida a tan funesta situación.

    Perdió un poco el equilibrio por la desesperación y terminó colocando ambas manos en los hombros de la estatua, plasmando allí su sangre.

    Y es aquí, donde una leyenda que se contaba solo a los niños cobraba vida como si de un milagro se tratase, los ojos de la estatua brillaron, la tierra tembló con fuerza, destrozando la burbuja, pero también haciendo a los zánganos y Diane caer al suelo por la sacudida.

    – ¡¿Qué, que pasa ahora, que pasa ahora?! – Gritó la joven sin entender nada.

    Una sombra hizo que el mismo sol se ocultara, el día, se hizo noche en unos segundos, las miles estrellas del firmamento fueron visibles brillando con fuerza, parpadeando en cientos y cientos de colores diferentes. Pero fue una en especial que atravesó el cielo de Plea, una estrella negra dejando una estela del mismo color a su paso la cual desparecía lentamente.

    La chica, e incluso los monstruos miraban el cielo sin entender nada de lo que pasaba. Dicho espectáculo duro solo un minuto. Las estrellas dejaron de brillar y el sol fue descubierto por esa sombra volviendo a iluminar el día. El temblor cesó, pero un gran destello cubrió la estatua, dejando deslumbrados a Diane y los zánganos.

    – No, no puede ser, esto no es posible, pero, pero ¿Y si lo es? – Decía ella sin poder mirar por tan radiante luz, pero sabía que emanaba de esa estatua – La leyenda que nos contaban de niños, es verdad.
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola. Me leí el primer capítulo y te tengo que decir que la historia tiene un gran potencial esperando ser explotado.

    Tengo que decir que al principio me agradaba como iban siendo narrados los sucesos, pero luego se me hizo muy apresurado. Desde que la flor surgió de la nada en adelante, considero que el resto del capítulo se apresuró demasiado y rompió el ritmo que estaba manteniendo al principio.

    Luego, noté que en la segunda mitad en adelante predominan los diálogos mientras que la narración es muy escasa. Hay varias líneas de diálogo entre dos líneas de narración, lo que sería mejor corregir en el futuro.

    Noté varios errores en el relato, pero no los recuerdo todos. Te marcaré los que más me llamaron la atención.

    Al tratarse de una pregunta, se escribe "¿por qué?". Separado y con tilde en el qué.

    Te recomendaría que en esos casos utilizaras los puntos suspensivos para hacer ver que un personaje está asombrado o sin habla, ya que consigue un efecto mejor que la coma. Además en el diálogo de Diane deberían ir los signos de pregunta.

    – La...la... la flor. La flor del infierno. La... la puerta... la puerta de la horda. El inicio de una época de caos y destrucción

    – Hermano, ¿qué dices?


    Eso no se lee muy bien. Yo pondría "indecisa aun sobre si quedarse o irse" o "indecisa sobre si debería irse o quedarse".

    Hay más errores, pero creo que esos tres son los más graves para señalar.

    Me interesa hacia donde pueda llevar la historia. Ver que le espera a Diane cuando le avise al rey sobre la invasión, que clase de monstruos aparecerán para enfrentar a la horda invasora, como Diane irá desarrollando sus poderes, ver si Albert rescatará y entrenará a alguien para que ayude.

    Como dije antes, la historia tiene mucho potencial. Solo hay que saber sacarlo. Eso será todo por ahora. Saludos y hasta la próxima.
     
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  7. Threadmarks: Capítulo II: El santo de la estrella de la muerte
     
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    Capítulo II: El santo de la estrella de la muerte

    “El sueño eterno de bronce, hechizo de alto nivel para los magos, pero aun en su inmensa complejidad es posible salir de él, solo la sangre de una virgen podrá romper el sello de su prisionero”

    ----------------------------------------------------15 años antes (Flash back) --------------------------------------

    Un día hermoso iluminaba aquel pueblo de Irden aquella mañana. En una pequeña vereda del bosque un grupo de personas caminaban alegremente. Había solo dos adultos, una mujer joven y un hombre mayor, junto con ellos iban ocho niños.

    ¿Por qué iban al bosque? Pues el motivo era algo interesante, la mujer que iba con ellos y que poseía un gran parecido con Diane, era una maga e iba allí para practicar algunos hechizos y conjuros. Por otro lado, el hombre mayor que los acompañaba era un famoso mago y maestro de esa mujer.

    Salieron del bosque y llegaron a ese mismo descampado donde en la actualidad Diane luchaba por su vida contra los zánganos.

    – Bueno niños, ya llegamos, jueguen por allí mientras Eliza y yo practicamos un poco ¿Si? – Dijo de forma amble el anciano.

    – Sí, señor Esben – Respondió uno de ellos sonriendo y junto con los demás se alejaron un poco para jugar en tan hermoso lugar y con tan agradable día.

    Los pequeños retozaban por el lugar jugando entre ellos, los niños con pequeñas ramas simulando espadas, o tratando de atrapar uno que otro insecto, un par de ellos más llevaron consigo una pelota.

    El viejo y la mujer tranquilamente repasaban sus libros de magia sentados sobre un sello que habían dibujado en la grama. Todo era paz y alegría aquella mañana de verano en el bosque de Irden.

    En el centro de dicho lugar, y como en el presente, estaba aquella extraña estatua de bronce y no había pasado inadvertida para uno de esos pequeños. Pues tal tamaño y forma captaron la atención de una niña que la miraba con mucha curiosidad.

    Tenía tan solo ocho años en aquel entonces, su lindo cabello oscuro y ojos azul celeste ya la caracterizaban desde temprana edad. Vestía un bello vestido azul celeste que llegaba podo más de sus rodillas y era de mangas largas, y como calzado levaba unas pequeñas botas negras. Si, esta dulce niña era Diane,

    Miraba dicha estatua con la típica curiosidad de un niño, hasta que alguien se acercó para llamar su atención.

    – ¿Qué haces hermana? ¿No quieres jugar con nosotros? – Era Albert, con trece años y de apariencia más tierna claramente.

    – Hermano ¿Tú sabes de quien es esa estatua? – Preguntó ella.

    – No Diane, no lo sé. Solo sé que siempre ha estado allí desde hace muchísimo tiempo – Respondió mirándola también – ¿Es muy grande verdad? Debe ser muy pesada, nunca la han movido.

    – Se ve muy real, pareciera que fuera un hombre de verdad – Agregó ella y con su pequeña mano la tocó – Está cálida – Sonrió ella.

    – Claro que lo está hermanita, ha estado todo el día bajo el sol – Agregó el sonriendo – Dicen que muchas veces en las noches las personas que no son de nuestro pueblo la confunden con un hombre de verdad, está muy bien hecha, quien la hizo debió ser un gran artista.

    – ¿Qué hacen niños? ¿Jugando con la estatua? – Cuestionó el viejo acercándose a ellos.

    – Abuelo ¿Ya terminaron de practicar tú y mamá? – Preguntó el pequeño Albert.

    – Así es Albert, ella está preparando un pequeño almuerzo para todos ¿Por qué no vas a ayudarle? – Sonrío amable el viejo.

    – Si – Respondió el pequeño y corrió hacia su madre para ayudarla.

    Lo miró correr tan alegre y lleno de energía, recordando a aquel viejo hombre su juventud. Esben era ya un anciano, alto, y de largos cabellos canosos, una barba larga del mismo color, con ojos cafés llenos de experiencia y conocimientos. Aquel día, y como casi siempre, llevaba su uniforme de mago del rey, igual al de Albert en la actualidad.

    – Abuelo – Llamó la pequeña tirando suavemente de la capa de Esben.

    – ¿Qué pasa Diane? – Respondió con cariño él.

    – Tu sabes muchas cosas ¿Sabes de quien es esa estatua? – Insistió un poco más interesada, ya que entendía bien que su abuelo era un hombre muy sabio.

    – ¿Por qué? Te da mucha curiosidad ¿Verdad? – Se arrodilló para estar a la altura de ella.

    – Sí, quiero saberlo, ¿Tú lo sabes verdad? – Insistió un poco más.

    – Claro que lo se pequeña – Sonrió acariciando su cabello – Cuenta la leyenda, que esa estatua alguna vez fue un hombre de carne y hueso, muy apuesto según dicen. Vivió en estas tierras hace más de quinientos años…– Relataba el viejo.

    – ¡Quinientos! Eso es mucho tiempo – Alegó ella sorprendida.

    – Así es Diane, nuestro pueblo aun no existía en ese entonces y este reino era aún muy joven, eran otras épocas – Siguió su relato – Él fue convertido en estatua por diez grandes y poderosos magos de aquellos tiempos.

    – Pero ¿Por qué? – Agregó la pequeña sorprendida – ¿Era un hombre malo o los magos eran malos?

    – Tranquila. Él era un gran y respetado guerrero, era un santo…Pero dicen que se desvió del buen camino y por eso enviaron a los magos a detenerlo – Suspiró mirando la estatua.

    – ¡Un santo! Eso es asombroso abuelo ¿Cuál era su estrella? – Sonrió más interesada.

    – Bueno, eso no lo sé realmente. Era muy fuerte y temido, los magos que lo aprisionaron también lo eran, sin embargo en aquellos tiempos fue la guerra santa y muchas cosas pasaron, debieron terminar por enfrentarse entre sí y él fue vencido. Por sus crimines fue sentenciado al sueño eterno de bronce, es un conjuro de prisión muy antiguo y poderoso.

    – ¿Y, tú crees que pueda despertar algún día? – Miró con cierto temor la estatua.

    – Lo dudo mucho, por sí solo sería imposible, y para que alguien lo libere debería saber cuál es la debilidad del sello y romperlo, pero puede ser cualquier cosa – Sonrió acariciando su cabello – Bueno, basta de historias, es hora de comer – Se levantó y fue donde estaban Albert y Eliza.

    – ¿Un santo malo? – Se dijo a sí misma la pequeña – Pero, los santos son buenos. Tal vez solo fue un malentendido entre él y los magos – Se acercó mirando la cara de la estatua, la cual era cubierta por sus cabellos – No creo que seas malo.

    Sonrió inocentemente y acaricio el cabello de la estatua, y de la nada pudo sentir y escuchar un latido que provenía de la estatua, lo cual la hizo retroceder sorprendida.

    – Diane, ven a comer amor – Llamó su madre.

    – Si, ya voy mami – Miró unos momentos más la estatua y terminó por pensar que era su imaginación. Se olvidó de eso y fue a comer.

    -----------------------------------------------------Fin del flashback---------------------------------------------------

    Todo eso pasó por la mente de Diane al ver lo que ocurría en la estatua. Seguía brillando con intensidad, y a los pocos segundos comenzó a emanar una gran cantidad de viento. Ella se tiró al suelo para no salir volando, cosa que sí ocurrió con los zánganos.

    – ¿Qué es esto? ¿Qué pasa? – Se decía así misma aferrada al suelo.

    Pero lentamente todo se fue calmando, el viento y la intensa luz, hasta que desaparecieron. Volviendo ella a poder mirar. Y allí, donde antes había una estatua de bronce, ahora estaba un hombre en esa misma posición. Temblaba ligeramente y parecía inmóvil, se escuchaban algunos leves quejidos.

    – Es, es él – Miraba atónita a ese hombre. Lentamente se levantó y aun adolorida por su herida se acercó lentamente, temblaba un poco ya que sentía un poco de nervio por todo lo que ya había vivido ese día – Dis, Disculpe, señor ¿Está, está usted bien? – Decía titubeando.

    El hombre se puso en pie rápidamente, sin embargo, al instante volvió a caer de rodillas, esta vez gritando de dolor con fuerza. El grito la asustó haciéndola retroceder.

    – ¡Malditos, malditos bastardos! – Gritó con odio aquel hombre, denotando una voz muy gruesa e intimidante.

    Diane tembló, recordando las palabras de su abuelo al decirle que era un santo que se desvió del bueno camino ¿Qué tal si era un hombre malo? Recobró el valor y tragando saliva se acercó a él un poco más decidida.

    – Señor ¿Está usted bien? – Preguntó una vez más pero su voz temblaba, y con su mano contenía su herida.

    – No – Respondió expresando dolor en sus tono – Mi cuerpo está terriblemente adolorido, no puedo moverme. Siento que mis huesos pesan mucho y mis músculos desgarrarse con cada acción – Temblaba y trataba a toda consta de contener ese sufrimiento.

    En ese momento olvidó por completo que estaba hablando con un hombre que antes era una estatua, incluso se olvidó de la herida en su hombro que aun sangraba, dejó de temerle y se acercó más a él para ayudarlo a levantarse.

    – Déjeme ayudarlo – Respondió con un tono más amable y seguro.

    – Despacio, por favor, duele, duele – Se quejaba mientras con ayuda de ella se incorporaba.

    Fue allí que por fin pudo verlo bien gracias a la luz de la luna. Un hombre alto, llegando al 1.85 de estatura. Su cabello era negro completamente, era ligeramente largo que cubría un poco su rostro, sus cejas pobladas oscuras dándole cierta seriedad a su mirar, luego sus ojos, en un extraño color blanco en el iris, haciendo solo visible su pupila, tenía una barba ligera. De complexión delgada pero claramente con músculos desarrollados y fuertes.

    Tal aspecto, aunado a su cercanía y la forma en la que él se aferraba a ella para poder levantarse hicieron que la joven chica se sonrojara mirándolo como hipnotizada.

    – ¿Qué, que pasa? – Cuestionó él al notar la mirada de ella.

    – No, no es nada, pero, es que tengo muchas preguntas. No sé qué fue lo que paso realmente – Alegó nerviosa y un poco avergonzada, pero solo se sonrojó más.

    – Gracias por ayudarme. Yo también tengo algunas preguntas – Sonrió de forma amable – Parece que el dolor desaparece, no sé cuánto tiempo estuve dormido en ese maldito hechizo – Entonces notó que ella estaba sangrando – ¿Estas herida? ¿Qué te ocurrió niña?

    – Si, fueron unos malditos monstruos, pero no se preocupe por mí, yo puedo curarme sola – Sonrió ella para no preocuparlo.

    – ¿Estas segura? Parece que sangras aun – Insistió también algo preocupado por ella.

    – En verdad, solo necesito un momento y me curaré – Respondió tranquila – Entonces, la leyenda era real, usted es un santo, un guerrero poderoso – Sonrió emocionada y de alguna forma aliviada,

    – Si, yo soy… – Pero un ruido llamó la atención de ambos.

    Los zánganos se habían levantado y estaban otra vez listos para luchar.

    – ¿Qué son esas cosas? Parecen demonios – Cuestionó él extrañado.

    – Son demonios señor, han venido del infierno y han atacado mi pueblo, traté de huir pero ellos me siguieron hasta aquí y me atraparon – Respondió ella otra vez temerosa, tratando se acercarse a él para sentirse segura.

    – ¿Demonios? ¿La horda? ¿Cómo es eso posible? – Espetó sorprendido mirándola.

    – Es una larga historia señor, si, son la horada – Respondió recordando la destrucción de su pueblo.

    – No entiendo nada ¿Cuánto tiempo dormí? – Comentó molesto mirando a esos monstruos sonreír perversamente – Niña, suéltame y aléjate un poco, yo me encargaré de ellos.

    – Pero, en su estado, no podrá pelear – Agregó preocupada.

    – No te preocupes eso son solo insectos comparados conmigo, no te olvides, soy un santo, además el dolor parece haberse ido ya – La miró sonriendo.

    Ella lo miró a los ojos y asintió tranquila, pues al instante sintió una gran seguridad con él, así que se alejó solo un poco para darle espacio. El santo miró a sus rivales de forma seria, y a continuación se despojó de su capa dejándola caer al suelo.

    Vestía un chaleco de cuero negro ajustado a su tonificado cuerpo, en la espalda llevaba el símbolo de una calavera y un águila en color blanco. Sobre su hombro derecho portaba una hombrera de acero oscuro, seguido de un brazal que hacia juego con la hombrera. Por el contrario en el brazo izquierdo solo tenía una hombrera de cuero más pequeña y un brazal de cuero. Un cinto en su cintura que llevaba un par de bolsas pequeñas, seguido de un pantalón negro ligeramente holgado y finalmente un par de botas de cuero café oscuro.

    – No sé cuánto tiempo ha pasado, pero un poco de ejercicio me vendría bien – Se dijo así mismo sonriendo – Es hora de levantarse Oss

    Extendió su mano derecha sobre su capa, que estaba en el suelo, lentamente de esta comenzó a surgir una especie de polvo blanco.

    – ¿Qué clase de magia es esa? – Se preguntó a si misma Diane sorprendida por lo que veía – A decir verdad, nunca he visto a un santo luchar ¿Será cierto que son más fuerte que un mago? – Notó que era su oportunidad así que comenzó a curarse con su varita – Mercy: Hoja del médico – Su varita brilló en blanco un poco y comenzó a pasarla por su herida para curarse lentamente.

    El polvo lentamente tomaba forma en su mano, la forma de una guadaña. Terminó su proceso y cambio de color. Cuchilla de metal negro alargada y brillante ante la luz de la luna, un mango también hecho de metal más oscuro, y en la parte superior, donde se une con la cuchilla, una calavera de plata.

    – Se siente bien ¿Verdad amigo? – Mordió su labio al sentir su arma otra vez en sus manos sonriendo de forma algo perversa.

    Los zánganos rugieron con fuerza y se lanzaron sobre él corriendo para atacarlo. En un instante el santo saltó muy alto en el aire, se acercó a ellos y con fuerza cayó sobre uno de ellos aplastándolo hasta hundirlo en el suelo y causar severas heridas en él. Se puso en cuclillas y agitó su guadaña haciendo un corte horizontal hacia su lado derecho, cortando en dos a otro de ellos fácilmente.

    Otro se acercó por su izquierda para atacarlo, alzando su espada para herirlo. La mirada del santo se posó sobre él abriendo sus ojos y una fuerza invisible empujó con fuerza a su rival haciéndolo rodar por el suelo varios metros. Retrocedió unos metros alejándose de sus rivales.

    – ¡Diablos! Esto se siente increíble – Sonrió lamiendo sus labios.

    Dos zánganos se acercaron a él alzando sus espadas para cortarlo, simplemente bloqueó los ataques con el mango de su arma. Los demonios insistían haciendo más presión tratando inútilmente de doblegarlo. Conecta una poderosa patada en el pecho de uno de ellos estrellándolo contra un árbol lejano causándole la muerte, desvía la espada del otro y lo parte a la mitad con su guadaña haciendo un sencillo corte horizontal.

    Sonriendo respiró profundamente extendiendo sus brazos.

    – ¡Por fin! Libertad ¡Estoy vivo otra vez! – Gritó lleno de felicidad y emoción.

    – Deja de gritar humano – Gruñó con odio uno de los cuatro zánganos que aun vivían.

    – Yo no soy un humano insecto, soy un santo. Ahora, hagan el favor de morir ¡Oss: Cuchillas de viento! – Agitó con fuerza su hoz y decenas de cortes invisibles causados por el aire impactaron a dos de eso zánganos destazándolos en segundos a pesar de la distancia.

    Los dos restantes no se inmutaron por eso y corrieron con furia por ambos lados de él para atacarlo. El de la derecho atacó primero, pero antes que hiciera su ataque ya lo habían cortado a la mitad. Sin embargo, antes que el otro atacara el santo sintió de nuevo ese dolor en su cuerpo cayendo de rodillas paralizado.

    – ¡Estás muerto! – Gritó el último zángano sonriendo y lanzándose sobre él para matarlo.

    ¡Archer: Flecha rápida! – Levantó su varita rápidamente y una flecha de energía azul salió clavándose al instante en la cabeza del último zángano.

    El demonio cayó al suelo inerte. A lo que el santo suspiro aliviado, y volvió la mirada a su salvadora. Diane también suspiró aliviada y sorprendida por su reacción.

    – Gracias, me salvaste – Sonrió un poco avergonzado, levantándose lentamente.

    – ¿Estas bien? ¿Qué fue lo que ocurrió? – Se acercó para ayudarlo otra vez.

    – Bueno, no sé cuánto tiempo estuvo allí dormido, y creo que me exigí demasiado muy rápido – Respondió caminado con ayuda de ella.

    – Estuvo muy cerca – Sonrió aliviada – Ven, será mejor que descanses. Nos alejaremos de este lugar y buscaremos donde escondernos por un rato.

    – Gracias – Sonrió él agradecido.

    – Por cierto. Soy Diane Will, aprendiz de maga nivel dos ¿Y tú? – Preguntó ella, presentándose.

    Aikar Grimm, santo de la estrella negra de la muerte – Sonrió amable.

    – ¿De la muerte? – Dijo sorprendida un poco estremecida – Eso es algo sombrío.

    – ¿A caso me ves cara de fantasma? – Arqueo la ceja algo ofendido – Uno no elige a su estrella. Tampoco soy algo del otro mundo, sigo siendo un santo, niña.

    – Ya, tranquilo no te enojes, solo me impresionaste un poco – Sonrió nerviosa.

    Se adentraron en el bosque para buscar un lugar seguro para descansar un rato. A los pocos minutos encontraron una pequeña cueva. Entraron y suavemente Aikar se recostó, para ese momento el dolor desaparecía lentamente. Diane se sentó en una roca frente a él.

    Aun trataba de asimilar todo lo que había ocurrido en este día. Miró con detalle a Aikar que descansaba un poco, lo que le vio hacer era algo que nunca había visto, la forma en la que luchó contra los zánganos la dejó impresionada, puesto que nunca había visto aun santo luchar.

    Aikar estaba un poco serio y pensativo mirando al bosque.

    – Niña – Llamó titubeando – Tengo algo de miedo de preguntar esto, pero me cuesta no notar las diferencias de lo que veo con lo que recuerdo. El lugar donde me encerraron era una gran pradera, y ahora veo este enorme bosque –Tragó saliva y la miró – ¿En qué año estamos?

    – Es el primero de marzo del año mil setecientos cincuenta – Respondió amable – Entonces ¿Cuántos años pasó allí?

    Aikar al oír ese número se paralizó, sintiendo un agudo dolor en su pecho, abriendo los ojos a más no poder.

    – Mil, mil setecientos cincuenta – Repitió temblando – No, no es posible, es imposible que pasara tanto tiempo – Se llevó las manos al cabello con desespero – No pudo pasar tanto tiempo, debe, debe ser un maldito error.

    – ¿Aikar? – Cuestionó preocupada – ¿En qué año te atraparon en esa estatua?

    – En, en el año mil doscientos cincuenta – Respondió apretando los dientes.

    – ¡Quinientos años! – Dijo sorprendida también – Estuvo allí por quinientos años, eso, eso es increíble.

    – ¡No! – Reprochó mirándola molesto – No es increíble, es horrible. Esos malditos, esos malditos traidores se salieron con la suya – Golpeo con fuerza el suelo haciendo la cueva temblar y causó grietas en el suelo – ¡Esos malditos magos ya no están en este mundo para que pueda vengarme de ellos!

    Diane se asustó por tan repentina furia y cayó al suelo por el estremecimiento. Sin embargo a los pocos segundos Aikar se quebró y las lágrimas salieron de sus ojos.

    – Mi familia, mis hermanos, no, no pude ayudarlos, debieron necesitarme y yo no estaba – Gruñía apretando los dientes inundado por él enojo de la frustración, pero al mismo tiempo las lágrimas surcaban sus mejillas al llorar por el dolor de pensar en su familia – Mamá, Papá, les fallé, les fallé ¡Les fallé terriblemente!

    – Aikar – Susurró conmovida, se acercó él y acaricio su cabello suavemente – No pienses así, no fue tu culpa que te capturaran y que durmieras todo este tiempo.

    – Déjame por favor. Tú, tú no sabes nada niña, tu no entenderías todo lo que pasó y lo que hice, claro que fue mi culpa – Alejó sus manos y se alejó de ella – Debieron matarme. Desearía haber muerto ese día.

    – No digas eso Aikar, no debes desear tu muerte – Insistió acercándose a él otra vez – Los dioses te permitieron vivir todo este tiempo por algún motivo.

    – ¡Cállate niña tonta! – La miro con su rostro desconsolado sin poder contener el llanto – No me hablas de dioses ahora, no los menciones nunca, ellos no existen. Si existieran no hubiera permitido todas las injusticias que yo vi, no dejarían que inocentes fueran asesinados sin motivo.

    Se sorprendió por esas palabras, ella era una mujer de fe desde que era niña y esas palabras eran serias para ella. Retrocedió un poco, pero recupero su actitud al momento.

    – Yo, yo sé que es difícil de entender. No comprendo, ni conozco tu dolor, no sé qué es lo que te hace sufrir. No obstante, sé que solo estas abrumado por todo lo que estás pensando y recordando, tu tampoco entiendes todo lo que ha pasado, y es normal, dormiste quinientos años contra tu voluntad – A pesar de sus palabas ella sonreía de forma amable mirándolo.

    La miró sin entenderla, pero esa sonrisa lo desconcertaba.

    – Tu familia nunca querría que murieras en vano ¿Verdad? – Se llevó las manos al pecho juntándolas – Si estás aquí ahora es por algún motivo. Tú ya lo has visto, la horda ha regresado, y si las leyendas son como la tuya estamos en serios problemas. Este reino es muy débil, no hay muchos santos que puedan ayudarnos, nuestro ejército es débil y pequeño, nuestros magos son hábiles y fuertes, pero no son numerosos. Entonces justo el mismo día que los necesitamos apareces tú, eso debe significar algo ¿No crees?

    Las lágrimas se detuvieron en los ojos de Aikar, y aparecieron en las mejillas de la chica, pero no eran de tristeza y miedo, esta vez eran de felicidad, de esperanza. La luz de la luna la iluminó suavemente, haciendo brillar ligeramente su cabello y ojos, dejando al santo hipnotizado por la belleza de esa joven y por tan hermosa imagen que antes sus ojos aparecía.

    El dolor y el odio en él se calmaron lentamente y un sonrojo atípico en los hombres apareció en sus mejillas. Desvió la mirada por vergüenza, suspiro tratando de recuperarse y secó sus lágrimas.

    – Nunca he entiendo como las mujeres pueden hacer eso – Se susurró así mismo – Quizás tengas razón, no obstante entenderás que estoy muy confundido en este momento. Tengo muchas preguntas, y tú no podrías responderlas todas.

    – Si, eso lo entiendo – Sonrió secando también sus lágrimas – Pero ahora estamos juntos. Quisiera que me ayudaras en mi misión – Se sentó a su lado.

    – ¿Misión? ¿Qué misión puede tener una niña como tú? – Inquirió curioso.

    – Debo llevar la información de lo que ocurrió en mi pueblo a la ciudad capital, se lo prometí a mi hermano – Respondió aun notándose preocupada por él.

    – ¿Tu hermano? ¿Acaso él se quedó en ese pueblo que tú mencionas, o fue a otro lugar? – Agregó él.

    – Si, él se quedó allí ayudando a los civiles a escapar. Él es un mago muy poderoso, sé que estará bien, el me prometió que nos volveríamos a ver, así como yo le prometí que informaría a todos de lo que ocurrió, aun así, me cuesta no preocuparme por él – Volvió a sonreír de forma alegre y segura mirándolo – ¿Entonces, me ayudaras?

    – ¿Qué? ¿Ayudarte? No veo en que pueda ayudarte con eso, es probable que no conozca las ciudades y caminos de estos tiempos – Respondió él sonrojándose una vez más lo que hizo que se pusiera ligeramente nervioso.

    – Eso lo se tonto – Rió por su reacción y lo que dijo – Como habrás notado no soy una guerrera habilidosa. El camino a la ciudad es largo y este bosque es algo peligroso – Comentó ella algo tímida por lo que pedía.

    – ¿Y quieres que te cuide? – Preguntó arqueando la ceja curioso y sonriendo.

    –No, no, bueno, sí, pero no tienes que verlo de esa forma – Ahora era ella quien se sonrojaba y se ponía un poco nerviosa – más bien podemos ir juntos a la ciudad, para que me acompañes y a cambio responderé las preguntas que puedas hacerme sobre esta época.

    La miró y sonrió por tan linda reacción.

    – Tranquila, con gusto iré contigo – Sonrió enternecido por la chica – Pero será hasta mañana, aun me duele un poco el cuerpo y ya anocheció.

    – Si, es verdad – No pudo evitar emocionarse por ello – Bueno será mejor descansar para despertar temprano, usé muchos conjuros hoy y estoy algo cansada.

    Ambos buscaron la mejor forma de acomodarse para dormir en esa cueva, improvisar unas camas con pasto y hojas. Ya a los pocos minutos estaban recostados, pero Aikar parecía no querer dormir, solo estaba mirando el techo de la cueva.

    – Aikar ¿pasa algo malo? – Cuestionó ella casi a punto de quedarse dormida.

    – Sabes, mientras estaba allí atrapado en ese sueño de bronce, sentí como si solo hubieran pasado una horas, como si hubiera dormido normalmente. Me da vergüenza admitirlo, pero, me da miedo dormir otra vez y no volver a abrir los ojos – Confeso un poco temeroso y avergonzado.

    – Aikar – Sonrió ella tierna – No pienses eso, esta vez nadie te atrapará en un conjuro tan cruel como ese.

    – Lo sé – Suspiró – El miedo sigue en mi a pesar de saber eso, no puedo evitarlo. Lo siento.

    – Tranquilo, el miedo es normal, no tienes por qué sentirte avergonzado por eso – Rio tiernamente.

    – Soy el santo de la estrella de la muerte, yo no le temo a nada – Se cruzó de brazos de forma orgullosa y algo soberbia – O, no debería, aun así temo – Suspiro decepcionado de sí mismo, pero también rio por ello – Soy un ridículo ¿verdad?

    – A mí me pareces muy amable y agradable – Sonrió ella también riendo un poco por eso – Ahora sé que parte de la tu leyenda era mentira, no eres un mal hombre.

    – ¿Acaso eso decían de mí? – Cuestionó curioso mirándola de reojo.

    – Sí. Se decía que eras un santo que se desvió del camino del bien y por eso los magos te condenaron a ese sueño eterno. Pero eso eran mentiras eso me alegra mucho – Lo miro tiernamente – Eres un bueno Aikar.

    – Ja, pues claro que lo soy niña, soy un santo después de todo – Sonrió orgulloso – A mí, a mí me alegra que alguien como tu estuviera aquí en mi regreso. Gracias

    – No es nada – Bostezó sintiendo el cansancio dominarla – Aikar ¿Aun tienes miedo de dormir?

    – Si, no puedo evitarlo – Desvió la mirada avergonzado.

    – Toma mi mano entonces – Sugirió ella con una dulce voz. Y acercó su mano a él.

    – ¿Qué? – Cuestionó mirándola un poco sorprendido.

    – Toma mi mano Aikar así aunque duermas, sabrás que no estás solo y estoy segura que te hará sentir más tranquilo – Sugirió ella.

    Él lo pensó un momento mirándola a sus hermosos y azules ojos, correspondió la sonrisa y lentamente acercó su mano a la de ella para tomarla suavemente.

    – Tu, tu mano es muy suave y cálida niña – Susurró Aikar sonrojado mirándola.

    – Gracias. Descansa Aikar – Fue lo que dijo para luego no tardar en dormirse.

    – Descansa, Diane – Sonrió mirándola y se dispuso a dormir también sin soltar la mano de la chica.
     
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    Hola. Este capítulo me gustó mucho más que el anterior. Tuvo la narración y los diálogos mucho mejor distribuidos que el anterior, y creo que el desarrollo del mismo fue tranquilo y adecuado.

    Supe que el hombre de la estatua era un santo (mas que nada por el título de la historia) y que iba a ser despertado de su sueño desde que la sangre de Diane lo tocó en el capítulo anterior. Tengo que decir que manejaste muy bien el despertar de Aikar y su reacción al darse cuenta de que esa era otra época distinta a la cual vivía. Aunque creo que el hecho de que se alegrara tanto al matar a sus enemigos me pareció precipitado. No sabía donde ni en que época estaba (el mismo dijo que el bosque antes era un prado), y creo que no debería haberse alegrado tanto puesto a que no sabía donde estaba su familia, y el matar de esa manera no iba a decírselo. Igualmente no creo que esté mal, es probable que sea parte de la personalidad de Aikar, pero tendré que ver como se desarrolla su personaje, que según tú, será protagonista junto a Diane.

    Veo super rara una relación entre ellos, dado a que Diane y él sabe que se llevan unos 500 años de diferencia aproximadamente. Aunque en historias de fantasía y magia, ese no es un problema.

    Me gustaría conocer más sobre los santos, es decir, ver si tienen algún objetivo en común, si su condición como santos les daba privilegios y obligaciones, ver si todos eran buenos dependiendo de la estrella bajo la que nacían, si más de un santo podía nacer bajo la misma estrella de otro... y muchas cosas. Se sabe que los santos eran más fuertes que los magos, y eso acabade verse con el accionar de Aikar, pero me gustaría ver más sobre ellos en el futuro. Tal vez mientras Aikar haga preguntas sobre el presente, Diane las haga sobre el pasado.

    Noté errores similares a los que mencioné en el capítulo anterior, pero lo más grave es una falla en alguna tilde, una mayúscula fuera de lugar, o una coma o punto mal puesto. Creo que el word viene con una función de detectar esos errores, te serán fáciles de utilizar.

    Un consejo sería que al iniciar un flashback cambiaras la letra de normal a cursiva (es lo que hago yo), ya que el poner "inicio de flashback/fin de flashback" rompe un poco la narrativa. Al cambiar el tipo de letra, el lector sabe que hubo un cambio de tiempo sin que se lo indiquen. Con mencionar una vez que la cursiva es para los flashbacks, este ya lo sabrá cuando lea la próxima vez.

    Eso es todo por ahora. Saludos. Estaré pendiente de la historia.
     
    Última edición: 9 Marzo 2018
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    Gracias por el comentario colega.

    La verdad el word parece obviar algunos errores por lo que veo, igual tendré que dar un par de revisiones mas.

    Tendré en cuenta lo de las cursivas para los flash backs, gracias.

    Aun faltan mucho y todos demostraran su poder, en el siguiente Albert será quien lo haga.
     
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  10. Threadmarks: capítulo III: El mago contra el infierno
     
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    Capítulo III: El mago contra el infierno

    “Un comandante de batallón, un demonio miembro de una raza superior a los zánganos, interesantes criaturas son, mas por su parecido con las razas de Plea”

    Horas antes. Durante la invasión de Irden.

    La espadas de luz destrozan a un demonio más, clavándolo mutilado en la pared detrás de él. Se escuchó la hoja de una espada agitarse con fuerza y un brazo rojo cae al suelo amputado. Una patada poderosa estrella al demonio contra una pared, acto seguido recibe esa espada en su pecho causándole la muerte.

    El mago de nivel diez, Albert Will, es quien empuña esa espada. La saca con fuerza del demonio dejándolo caer al suelo inerte.

    – Está listo, pueden salir sin peligros – Dijo sin dejar de estar alerta vigilándolo todo.

    Al oír eso una familia salió de una de las habitaciones de la casa en la que estaban y donde se libró esa pelea. Eran un hombre algo alto y fuerte, quien cargaba en sus brazos a una niña de no más de cinco años, a su lado su esposa quien cargaba un bebé.

    – ¿Los…los venció señor? – Cuestionó temerosa la mujer abrazando a su bebé mirando con horro la masacre de zánganos en su casa.

    – Así es, esta es su oportunidad, por favor dense prisa para salir de aquí – Pidió él asomándose a la entrada y que no hubiera enemigos en la calle.

    Ellos salieron rápidamente, afuera un grupo de cuatro guardias se encargaban de ejecutar a un par de zánganos.

    – Ustedes, dejen eso, deben escoltar a esta familia fuera del pueblo – Llamó Albert a los guardias de forma autoritaria y seria.

    – Sí, señor – Respondieron rápidamente acercándose a ellos.

    – Muchas gracias señor Will, muchas gracias por salvarnos – Decía con inmenso agradecimiento el padre de esa familia sin soltar a su pequeña quien se aferraba a él.

    – No tiene nada que agradecer, solo cumplo con mi deber – Respondió de forma educada – Corran hasta alejarse de aquí, no se detengan por nada y solo luchen si es estrictamente necesario. Yo seguiré buscando sobrevivientes y personas atrapadas – Indicó a los guardias.

    Estos asintieron y partieron escoltando a esa familia. Albert entonces saltó ágilmente sobre una de las casas, desde allí esperaba tener una mejor vista del pueblo: pero la vista era terrible, muchos edificios ardían en llamas y podía ver a varios zánganos saltar por los tejados. El ocaso se acercaba cada vez más cuando la noche cayera se vería obligado a escapar también del pueblo.

    – Malditos monstruos de mierda, están arrasando con mi amado pueblo – Apretó la mandíbula furioso – Aun así, debo ayudar a más personas que han no hayan escapado.

    Comenzó a moverse sobre los tejados para desplazarse más rápido por el poblado saltando de uno a otro ágilmente.

    – Debo ir hacia la plaza central, puede haber personas atrapadas en la iglesia – Se dijo así mismo y hacia allí decidió ir.

    Sin embargo en un momento, mientras saltaba por los tejados, una gran esfera de fuego fue arrojada hacia él por un costado seguida de un rugido. Por suerte logró reaccionar a tiempo.

    ¡Aqua: Esfera liquida! – Apuntó con su varita a la esfera de fuego y creo otra de agua que chocó con la primera causando una gran cantidad de vapor – No veo nada – Alegó alerta desenfundando su espada.

    Se escuchó un rugido acercarse a él velozmente. Reaccionó a tiempo y saltó a un lado tirándose. Un dragón cruzó por el vapor intentado morderlo, lo cual no logró y debió elevarse.

    – Maldita sea, lo que faltaba, una cría de dragón – Golpeo frustrado el tejado en el que estaba – Al menos el dragón mayor no está.

    Pero su atacante retomaría su acción tan rápido como pudo precipitándose hacia donde el mago estaba. Albert rodó apresuradamente hasta caer del tejado. El dragón golpeo esa casa con sus fuertes patas que logrando destrozarla.

    A pesar de ser solo una cría era grande y fuerte, tenía diez metros de longitud, unas gruesas escamas negras que cubrían su cuerpo, sus alas como las de un murciélago y una serie de pinchos sobre su espalda.

    Albert se levantó pero los escombros y el polvo le impidieron reaccionar rápidamente pues tuvo que cubrirse la cara. Apenas se disipó el polvo divisó a la cría emprendiendo el vuelo otra vez.

    – No escaparas aberración ¡Archer Master: Lluvia de flechas! – Apuntó con su varita al dragón. Decenas de flechas de luz fueron arrojadas rápidamente contra la bestia. No obstante todas se fragmentaron al tocarlo – Maldición, sus escamas son muy resistentes, y pensar que solo es una cría.

    La bestia se elevó en el aire escondiéndose entre las nubes. El mago sabía que pronto regresaría, y tenía que eliminar a esa bestia, era muy riesgoso dejarla viva. Volvió a salta sobre otro tejado esperando divisarla.

    – Ven aquí maldito, ven – Miraba al cielo buscándolo. El rugido lo alertó, se acercaba en picada hacia él – Eres mío. ¡Rangeki: Lanza relámpago!

    El relámpago emergió con fiereza de su varita tratando de perforar a su objetivo. El dragón se mueve a un lado ágilmente esquivando el ataque del mago. La bestia alada abre sus fauces y su fuerte llamara es arrojada.

    – No puede ser – Se sorprendió al ver errado su mejor ataque – ¡Mercy: Escudo sacro! – En el último instante, antes que la llamarada lo incinerara, un enorme escudo de luz platinada apareció frente a él salvándolo.

    Pero el calor de las llamas abrazadoras no lo pudo evitar, se vio forzado a resistirlo. Cuando el fuego se detuvo hizo desaparecer el escudo. Al momento el dragón aterrizó frente a él salvajemente haciendo temblar esa estructura. El mago cae por ese estremecimiento.

    La bestia se acerca a él intentado morderlo, a lo que el mago se ve forzado a saltar de un lado a otro evitando esas fauces afiladas. La estructura no podía soportar el peso del dragón y terminó por romperse bajo sus pies, haciéndolo caer al interior. Esto logró darle unos segundo de respiró a Albert para incorporarse.

    – Maldición, eso ha estado cerca – Suspiraba agitado tomando un respiro momentáneo.

    Poco le duraría esa pausa, el dragón emergió una vez más, pero esta vez lo embistió por debajo con tal fuerza que se lo llevó. La bestia alada se elevó muy rápido, antes que él reaccionara, pues quedó aferrado a una de sus alas mientras el dragón ganaba altura.

    – ¡Carajo, carajo, carajo! – Gritaba asustado mientras veía como se alejaba del suelo – ¡Estúpida bestia, regrésame al suelo ahora!

    Pero dragón tenía otros planes, se agitó con fuerza dando un giro en el aire, lo que causó que el mago saliera despedido de él.

    – ¡No, claro que no! – Gritaba mientras caí precipitándose al suelo – ¡Tú me elevaste, tú me bajas maldito Captura: Cadena de anclaje! – De su varita salió una cadena verde que arrojó hacia el dragón, la punta de la cadena de luz se clavó en el ala de la bestia, y el mago se aferró al otro extremo de la cadena – ¡Te tengo!

    El dragón quien comenzó a volar más intenso por el dolor llevando consigo a Albert. El mago comenzó a recorrer la cadena trepándola con sus manos acercándose a su enemigo a pesar de sus salvajes movimientos.

    – Eres mío monstruo, eres mio – Sonrió perverso acercándose más a la bestia.

    Terminó de recorrer la cadena y ahora comenzó a trepar por los pincho de la espalda del dragón aunque era más difícil por la forma en la que se agitaba y aumentaba su velocidad.

    – ¡Te ordeno que bajes! – Logró llegar hasta el inicio del cuello del dragón y clavo su espada allí, aunque las escamas opusieron resistencia logró herirlo ligeramente, rompiéndolas un poco.

    El dragón rugió con fuerza por el dolor, sin embargo el mago sabía que aún no estaba vencido así que insistió clavando más y más la espada apuñalando el cuello de la bestia destrozando las escamas, la carne, y finalmente, llegando a los huesos, esto solo después de muchos fuertes y cansados apuñalamientos. Lentamente la velocidad y los movimientos se fueron mermando

    – ¡Muere, muere, muere! – Gritaba desesperado dejando que su sangre manchara su rostro y ropa.

    Con tales heridas el dragón ya no pudo más y perdió la fuerza, dejó de volar y comenzó a caer inerte. Albert saltó alejándose de él cayendo también. Su cuerpo comenzaba a sentir ya el cansancio después de tan larga y exigente jornada. Sin embargo no era momento para descansar pues su cuerpo se precipitaba al suelo rápidamente.

    Mercy: Burbuja ligera – Invocó una burbuja que lo envolvió y detuvo su caída.

    Se tomó un respiro dentro de la burbuja, la cual comenzaba a descender al suelo de forma muy lenta y segura.

    – Cielos. Creo que eso ha sido lo más peligroso que he hecho en toda mi vida – Suspiro mirando al dragón estrellarse violentamente contra el suelo – Cielos, nadie me creerá si digo que asesiné a una cría de dragón – Sonrió un poco.

    Su misión aún no había terminado. Se puso de pie y esperó que la burbuja lo dejara en el suelo, al tocarlo esta se desvaneció.

    – Sigamos – Guardó su espada en la funda y comenzó a dirigirse hacia la plaza central.

    Decidió no apresurar su paso para recuperar un poco de energía. No tardó muchos minutos en llegar hasta allí, pero rápidamente se escondió detrás de unas cajas y barriles.

    – Esto no puede ser bueno – Susurró para sí mismo analizando la situación.

    La iglesia del pueblo estaba frente a esa plaza, y sus puertas parecían cerradas, sin embargo un gran grupo de zánganos la golpeaban con fuerza buscando abrirla, lo cual solo significaba una cosa.

    – Debe haber muchas personas allí atrapadas – Pensó el mago susurrándose. La situación era un poco más difícil que las anteriores. Analizó detalladamente a los enemigos – Cuarenta, cuarenta zánganos, son muchos para un combate frontal, debo pensar en una estrategia para acabarlos.

    Entonces divisó la entrada al almacén del gremio de constructores y una idea surgió en su cabeza.

    – Eso es perfecto, aunque no soy muy bueno con las invocaciones, trataré de hacerlos lo más sencillo posible, creo que con cuatro estaré bien.

    Rápidamente se coló dentro del almacén y comenzó a dibujar con su varita un gran círculo mágico en el suelo, detallándolo con símbolos y demás. Con su conocimiento Albert conocía muchos círculos diferentes, cada uno orientado a un tipo de hechizo diferente, en este caso eligió uno orientado para la creación de un tipo específico de criaturas.

    – Listo, ahora debo elegir los materiales. ¿Arena? No, sería muy débil. ¿Madera? Tampoco…Piedras serán más fuertes – Con su magia hizo levitar varias piedras hasta el centro del círculo.

    – Bien, haya vamos – Sacó su libro y lo puso frente a en el suelo, justo en uno de los bordes del círculo. Se tomó unos segundos para concentrase y canalizar su energía mágica haciendo brillar ligeramente su libro – Vale, haya vamos. Summon: Golem guardia

    El circulo se iluminó al instante en una luz azul y las rocas comenzaron a unirse tomando forma de un golem, no era muy grande, quizás tres metros, pero al estar hecho de roca sería muy resistente, un par de luces azules celeste aparecieron en lo que sería su cabeza simulando ojos.

    – Listo, con ellos lograré acabar con esos monstruos – Sonrió orgulloso.

    Repitió el mismo proceso tres veces más hasta lograr tener cuatro. Salieron del almacén y corrieron hacia la plaza. Ya los zánganos comenzaban a abrir la puerta oyéndose los gritos de terror de las personas atrapadas dentro.

    Los zánganos ocupados por abrir la iglesia no notaron las cuatro moles de piedra que se acercaron a ellos corriendo para embestirlos, atravesaron el grupo de demonios golpeándolos con rudeza y haciéndolos rodar por el suelo para luego algunos se pisoteados por ellos.

    – Los golems son fuertes y resistentes, pero se alimentan de mi energía mágica, ahora mismo ellos están usando el 60% de mi capacidad, si uso hechizos y supero el 100% me agotaré rápidamente, además de que dicha capacidad disminuirá también. Debemos usar siempre menos del 100% al mismo tiempo para durar en la batalla – Se dijo así mismo.

    Los golems luchaban entonces contra los demonios, eran lentos y torpes, pero los zánganos no podían hacer nada contra ellos, sus espadas se quebraban al chocar contra la piedra: Aplastados, golpeados o arrojados lejos así terminaban esos endebles demonios.

    Aunque eran autónomos en su forma de actuar, Albert podía darles ordenes mentalmente sin necesitad de decir nada. Él se mantuvo al margen sentado sobre unas cajas mirando como el número de zánganos se reducía rápidamente, algunos dejaron sus armas y huyeron. Se acercó a las puertas de la iglesia.

    – ¡Hey, los demonios ya no están, pueden salir! – Llamó al interior.

    La puerta se abrió lentamente a los pocos segundos, y un par de hombres se asomaron. Eran un guardia y el sacerdote.

    – Es verdad, ya no están, el señor Albert acabó con ellos – Dijo sorprendido el sacerdote.

    – Así es, esta es su oportunidad de escapar dense prisa por favor – Pidió él.

    La gente comenzó a salir, algunos estaban heridos y necesitaban ayuda de otros para moverse, mientras lo hacían Albert vigilaba. Estaba distraído mirándolos sin notar que una ágil figura se movía rápidamente entre los tejados acercándose a él, dicha figura cubierta por una gran capa negra con bordes rojos.

    El mago volvió la mirada a los supervivientes. Solo logró ver una esfera de fuego rojo dirigirse a ellos, movió a un golem para que lo recibiera, estallando con él al contacto, destrozando la piedra.

    – ¡Corran, corran ahora! – Ordenó desesperado a los supervivientes corriendo hacia ellos para protegerlos.

    Entonces enfocó al causante de ese ataque, era aquel encapuchado que estaba sobre un tejado mirándolo únicamente.

    – ¿Quién eres? ¡Da la cara monstruo cobarde! – Exigió furioso tomando su varita y espada. Cubrió la calle por donde los supervivientes huían con dos de los golems.

    Pero aquel rival solo se quedaba allí sin decir o hacer nada, solo mirándole. Entonces el suelo comenzó a temblar un poco, grandes pasos se acercaban. El mago miró hacia una de las calles laterales y pudo vislumbrar a otra bestia de guerra, otro Ataremus, aunque este se notaba ligeramente más pequeño que el primero, destacaba por portar una gran y tosca armadura de metal negro.

    El mago retrocedió un poco intimidado por la situación, pero sin dejar seria mirada sobre los rivales, hasta que sus ojos se posaron sobre el jinete de la bestia, lo cual sin duda lo intimido aunque supo disimularlo. Ese no era un demonio cualquiera, no era otro zángano.

    Tenía una gran estatura, la cual fue fácil de notar cuando desmontó la bestia, lograba llegar hasta los dos metros de altura. Tenía la complexión y la apariencia de un humano, notándose bastante fornido, su piel era roja y con escamas en ciertas zonas, su cabello era blanco y corto, largas y puntiagudas orejas como las de un elfo, sus ojos brillaban en un rojo ardiente, su soberbia y perversa sonrisa permitía apreciar sus largo dientes afilados y lengua puntiaguda. Ciertamente guardaba parecido con los humanos.

    Aunque la mayor parte de su armadura era del mismo metal negro que la de los zánganos estaba completa, no estaba maltrecha, acompañada de una larga capa negra con bordados carmesí y en su cintura una espada en su funda

    – Vaya, vaya, así que era cierto. Hay un mago en este basurero – Hablaba su voz era muy grave e intimidante.

    – ¿Y tú? Co…Comandante de la horda – El mago titubeo un poco pues estaba ante un rival de mayor nivel ahora – ¿Cómo te llaman?

    – Me alegra que preguntes – Respondió sonriendo malicioso – Mi nombre es Zael, comandante primero de la vanguardia de la primera división de la horda – Hizo una reverencia – Ahora, cuál es tu nombre mago.

    – Albert Will, mago de nivel diez, eterno protector del reino de Albores… Y también el causante de tu muerte ¡Rangeki: Lanza relámpago!

    Albert no quería pasar más tiempo intercambiando palabras con él, así que se lanzó al ataque tan rápido como pudo. El relámpago rugió con fuerza proyectándose hacia su objetivo.

    – Vaya, que sujeto más impaciente – Comentó tranquilo Zael, simplemente chasqueo los dedos y un escudo en llamas se materializó frente a él deteniendo el relámpago.

    Con la mente el mago dio la orden a sus golems de atacar, el primero embistió el escudo destrozándolo, el segundo salto sobre su igual intentando aplastar al demonio con sus puños. Sin embargo el comandante saltó fácilmente hacia atrás esquivándolos.

    Rangeki: Movimiento relámpago – Este conjuro le permitió a Albert moverse a una velocidad inhumana dejando electricidad como estela de su movimiento apareciendo detrás del demonio.

    Con furia intentó una estocada con su espada, Zael no ocultó su impresión que fue expresada en su mirada, en el último momento logró esquivar ese ataque, a pesar de eso recibió un corte ligero en el costado derecho.

    – Increíble, en verdad eres muy hábil humano – Sonrió este a pesar de estar conteniendo su herida con su mano y la poca sangre que brotaba, sangre negra.

    Mientras Albert miraba a su rival no notó que el Ataremus embestía a uno de sus golems destrozándolo, luego la bestia arrojó un golpe con su cola al mago, golpe que no pudo evitar. Y terminó rodando por el suelo por la fuerza.

    El comandante rio por eso y se acercó al mago desenvainado su espada. El último golem intento golpearlo varias veces, pero era demasiado lento y torpe, el demonio saltó sobre su rival quedando detrás. Chasqueo los dedos y una explosión golpeo al golem destrozándolo también.

    – Eso es todo mago, esperaba algo más interesante – El comandante reía altanero.

    Albert se incorporó una vez más, estaba adolorido pero no le daría el gusto a su enemigo de notarlo, solo escupió un poco de sangre y también sonrió.

    – Entonces te enseñaré un buen truco monstruo – Guardó su varita y tomó el libro que tenía en sus bolcillos colgándolo de una cadena en su cinturón. Se arrodilló un momento.

    – ¿Qué haces? Vas a pedir perdón, eso no te servirá de nada humano – Alegó presumido el comandante.

    – ¡Zael! – Llamó su atención la voz de una mujer, aunque femenina, sonaba algo ruda. Era la persona encapuchada sobre los tejados, había estado observando todo – Deja de decir estupideces y concéntrate, no estas luchando contra un mago cualquiera.

    – ¿Qué? – Le dio la espalda a Albert para mirarla – ¿A qué viene ese comentario tonta? Ya está derrotado – Alegó despreocupado.

    Zofoku: Espadachín nivel 3 ¡Liberado! – El libro que colgaba de su cinturón comenzó a brillar, un sello mágico apareció en el suelo emitiendo luz azul, al igual que el mago, quien comenzaba a emanar energía del mismo color en forma de humo – Gracias por esperar… Demonio Imbécil – Sonrió presumido.

    En un parpadeo se acercó a su rival, moviéndose a una velocidad sobrehumana, lanza un poderoso ataque con su espada. Zael apenas logró reaccionar bloqueando el ataque del mago, sin embargo la fuerza del corte rompió la defensa del demonio dejándolo abierto para recibir un poderoso puñetazo lanzado por Albert con su otra mano. Zael es proyectado con fuerza contra un muro escupiendo sangre al instante.

    – ¡Zael, deja de jugar y pelea! – Insistió la mujer sin intervenir.

    – Como…Como hizo eso – Dijo el comandante claramente adolorido escupiendo la sangre que emanaba de su boca.

    El mago no tardó en volver a acercarse, con esa misma velocidad, lanzaba poderosos ataques con su espada, rápidos y fuertes, a lo que el demonio apenas y lograba bloquear o esquivar, recibió más puñetazos fuerte y patadas. Comenzó a retroceder para poder pensar que hacer y evitar el castigo.

    – ¿Qué pasa cobarde, un humano es mucho para ti? – Decía retador el mago son su semblante serio.

    – ¡Cállate! – Gritó molesto, pero a la vez jadeaba agotado y adolorido – No has visto nada de mi poder.

    Se lanzó sobre el demonio una vez más haciéndolo retroceder, el demonio esquivaba sus ataques un poco más fácil pero veía imposible la posibilidad de un contraataque, el mago era demasiado rápido. Pero tuvo una idea, chasqueo los dedos causando una explosión, Albert la esquivó saltando hacia atrás fácilmente.

    Sin notarlo antes se colocó justo en la posición en la que el Ataremus pudo golpearlo una vez más con su poderosa cola estrellándolo contra el muro de la iglesia levantado polvo y creando escombros al derrumbar ese muro.

    – ¡Ahora muere basura humana! – Gritó emocionado el demonio, chasqueando sus dedos varias veces y con cada una arrojaba una esfera de fuego que se estrellaba contra el lugar donde estaba el mago causando.

    El humó se elevaba y el interior del lugar comenzaba a arder. Zael sonrió confiado y guardó su espada convencido que su rival estaba ya eliminado.

    Zofoku: Espadachín nivel 4, Liberado – Susurró el mago de forma que solo él pudo oírse.

    – ¡ Zael, acaba con esto ahora o lo lamentaras! – Exigía la mujer cada vez notándose seria y mirando el lugar de donde brotaba el humo.

    El demonio la miró también molesto, luego regresó la mirada a su rival. Solo distinguió un destello azul y el sonido de una hoja. Y en un parpadeo el mago estaba detrás del demonio con la espada levantada, como si hubiera terminado un ataque. Zael estaba paralizado con los ojos abiertos completamente.

    El mago seguía vivo, su camisa había sido desintegrada por el fuego, ahora su atlético y marcado torso estaba expuesto, su pantalón aún estaba en condiciones, aunque estaba algo maltrecho. Denotaba algunas quemaduras en su pecho y brazos, hematomas y cortes de lo que su sangre brotaba. Sin embargo su cuerpo no temblaba ni se doblaba, ahora su piel expulsaba más energía mágica en forma de humo de color azul, también sus ojos emitían un brillo, esto por aumentar el nivel de su Zofoku

    – ¿Zael? – Cuestionó la mujer, por vez primera dejando su seriedad y molestia, y expresando preocupación.

    El comandante cayó de rodillas y su peto se destrozó cayendo a pedazos. En su torso había una enorme herida provocado por la espada del mago, cruzaba de forma diagonal desde el lado izquierdo su abdomen hasta la clavícula derecha, la cual sin duda había sido cortada también, una herida seria que no demoró en sangrar abundantemente.

    – Hermana…hermana…ayúdame – Decía apenas pudiendo hablar mirando a la mujer en el tejado.

    Aun siendo un demonio no pudo evitar sentir tal dolor gritando desgarradoramente cayendo al suelo. La mujer saltó del tejado y miró al Ataremus dándole una orden y este comenzó a correr hacia el mago para embestirlo salvajemente.

    – A este paso no lograré luchar mucho más, activando el nivel tres de este Zofoku alcance el 100% de mi capacidad, ahora en nivel cuatro me estoy excediendo mucho, debo estar, por lo menos, al 160%. Mi energía mágica se reduce a cada segundo: Debo acabar con esto ahora o estoy muerto – Se susurró así mismo.

    La bestia estaba a escasos metros de él ahora, no obstante, el mago ni se inmutó corrió también hacia ella y ejecutó un fulminante corte con su espada. El aire extendió el ataque por la fuerza y la velocidad de su movimiento, haciendo parecer que la hoja se hubiera extendido, pero no. El ataque partió por la mitad a la bestia de forma horizontal y a lo largo, creando una imagen muy grotesca. Albert saltó para evitar que los restos del animal lo golpearan.

    Aquí comenzó a resentir el hecho de sobrepasar su capacidad, sintió un leve mareo y cayó de rodillas. Pero su voluntad es más fuerte, se levantó y volvió a dirigirse hacia el comandante demonio, quien se arrastraba para alejarse de él.

    Sus aterradores ojos rojos ahora eran los aterrados, miraba con miedo al poderoso mago que se acercaba a él con su espada para darle muerte. Se arrastraba más y más dejando un rastro de sangre.

    – ¡Hermana, hermana ayúdame! – Gritaba pidiendo ayuda.

    Albert aplastó su espalda con fuerza para que ya no se alejara, cosa que le causó más dolor al demonio, lo que expresó con gritos obviamente.

    – Vienes a mi tierra, destrozas mi hogar y asesinas a mi gente – Le miraba con feroz ojos sedientos de venganza – Ahora, muere pedazo de porquería.

    Alzó su espada al aire y la dejó caer con fuerza, aunque no imprimió toda la fuerza que tenía ahora, si no solo la necesaria para asesinar a su rival, quien solo cerró los ojos esperando su final. Sin embargo el sonido del metal chocando con el metal fue lo que lo hizo volver a mirar.

    Aquella mujer había intervenido entonces, bloqueo el ataque del mago con su propia espada.

    – No dejaré que mates a mi estúpido hermano menor– Fue lo único que ella dijo de forma seria.

    El mago se sorprendió y antes de poder hacer algo recibió un puñetazo brutal en el abdomen que lo levantó del suelo, y antes que cayera la mujer le agregó una patada dirigida a la misma zona que lo hizo alejarse por la fuerza, rodando por el suelo.

    – ¡Zila! – Gritó aliviado y emocionado el comandante.

    – Cállate idiota, te dije que dejaras de jugar con él, tu maldita soberbia te causará la muerte un día – Lo miró seria, aunque no pudo evitar que su rostro demostrara su preocupación.

    – Lo…Lo siento hermana, me confié otra vez – Dijo avergonzado desvió la mirada.

    – Como sea, yo me haré cargó se ese mago – Suspiró y sacó algo se su capucha, era un frasco de cristal con un líquido rojo – Toma, esto te mantendrá con vida lo suficiente como para que te curen – Se lo dio y luego se dirigió hacia el mago.

    Albert, estaba terriblemente adolorido, la fuerza de esa mujer era, por mucho, mayor que la del comandante incluso ese puñetazo fue más fuerte que la cola del Ataremus. Se incorporó tambaleando y escupiendo sangre, contenía con su brazo el dolor de su abdomen.

    Pero lo peor era que su magia se redujo mucho para este momento, tanto que la energía que emanaba de él ahora era incluso menor que cuando activó el Zofoku por primera vez.

    – Estoy…Estoy acabado, mi... – tosió sangre y cayó de rodillas – Mi Zofoku ahora es de nivel dos, no puedo hacer nada ya.

    La mujer se paró a unos metros frente a él y se quitó la capa, la cual ocultaba una sorprendente apariencia. Una larga y sedosa cabellera blanca, cejas del mismo color algo gruesas, sus ojos aunque atemorizantes por el color rojo brillante, tenían cierto encanto aunado a sus largas pestañas, sus labios eran de color oscuro, esto porque ella los pintaba. Su rostro albergaba tal similitud con una humana que era fácil decir que era hermosa, ya que lo único impropio del humano era el color rojo de su piel, el color de sus ojos y sus largas y puntiagudas orejas. Era alta, llegando al 1.90 de estatura, de complexión delgada y con una musculatura marcada además de unos grandes pechos.

    A diferencia de su hermano ella no llevaba una gran armadura, solo unas hombreras y brazales, sus senos eran cubiertos por una especie de top de cuero, dejando visible su plano y marcado abdomen. Portaba un pantalón negro ajustado y sobre este solo una grebas. Y obviamente en su mano su espada.

    Albert no pudo evitar sorprenderse por esa apariencia, pero reaccionó a tiempo para correr hacia ella intentando atacarla. Estaba ya muy débil, era lento para ella, quien fácilmente bloqueaba sus ataques.

    – Parece que llegaste a tu limite mago – Comentó seria mientras detenía sus ataques sin siquiera moverse de donde estaba plantada – Era de esperarse, liberaste mucha energía mágica con esas técnica.

    – Calla monstruo, no me vencerás – Decía claramente agotado jadeando para respirar y contendiendo el dolor de sus heridas al mismo tiempo.

    El Zofoku volvió a bajar, ahora en nivel uno, marcando el final de la lucha del mago. Ella desvió uno de sus ataques y con su otra mano lo tomó del cuello fuertemente, lo levanto con fuerza y lo estrello contra el suelo brutalmente hasta el punto de crear grietas en el adoquín e incrustarlo en el suelo y ni hablar del daño que le hizo al mago, quien solo escupió sangre y quedó inerte en el suelo.

    – No…Ya…Ya no puedo más – Se decía así mismo sin siquiera poder mover su cuerpo. Reduciendo su poder mágico a cero. Solo miró al cielo y la noche que se alzaba – Di…Diane…Perdóname.

    No pudo continuar y cayó inconsciente. Zael se acercó lentamente por su herida y gruñendo por el dolor, pero con su espada en mano dispuesto a asesinarlo. La levantó en el aire dispuesto a dejarla caer sobre el mago

    – Detente – Dijo Zila seriamente deteniendo el brazo de su hermano.

    – ¿Qué? Aún está vivo, matémoslo ahora – Alegó furioso por su derrota.

    – No seas estúpido hermano, aun nos sirve. Este humano tiene un gran poder mágico, puede sernos de utilidad – Respondió ella y tomó al mago cargándolo sobre su hombro – Este lugar está ya destruido, volvamos al campamento para curarte – Ordenó y juntos se encaminaron a su base que estaban estableciendo en la playa.

    – ¿Por qué crees que nos servirá ese humano? – Cuestionó molesto el comandante criando detrás de ella, lentamente.

    – No estoy segura, hay algo en él, algo que me llama mucho la atención – Respondió ella.

    – ¿Su poder mágico? – Cuestionó él mirándola.

    – No precisamente – Respondió algo dudosa y pensativa.
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola. Reconozco que sabes muy bien como narrar escenas de pelea que involucren ataques corporales y magia. La dinámica de la misma está muy bien llevada, y uno puede imaginarse bien la pelea en la mente.

    Las batallas que tuvo Albert fueron intensas, y me parecía raro que su poder se extendiera mucho tiempo. La verdad es que yo creí que caería antes, pero demostró tener una gran reserva en su cuerpo. Zila lo dominó, pero estoy seguro de que ella no sacó su máximo poder aun. Con el cansancio de la lucha contra el dragón, y el gaste de magia que usó para llamar a los golems, sumado a la pelea contra de Zael y el ataremus, Albert se excedió y perdió todo su poder. Habrá que ver si en algún momento llegan a enfrentarse de nuevo los dos al cien por ciento quien es el victorioso del combate. Aunque tengo la sensación de que Albert podría derrotarla.

    Ahora me intriga mucho saber que es lo que harán con él. Si te digo la verdad, no me convenció ese "hay algo en él que llama la atención". Creo que no justifica el llevárselo como prisionero ni como esclavo. Si ver como le dio una paliza a su hermano y cruzar su límite no la convenció en primer lugar, no sé que más podría hacerlo. Ojalá se aclare mejor en el futuro, porque lo siento como una excusa para que Albert siga con vida.

    Hubo varios errores que entorpecieron un poco la lectura, dado a que son errores en la narración o palabras mal utilizadas. Te marcaré los que encontré, aunque podría haber más.

    Ahí faltó una coma en el medio. Es el menos grave de todos.

    Ahí se metió un "han" en el medio y causa confusión. Sería bueno quitarlo o reemplazar lo que sigue por un "quedado en la ciudad".

    Este es un error más grave, dado a que la oración termina y no continúa. Salvo que te hayas equivocado y pusieras ese "que" de más. Pero así da la sensación de que falta algo más.

    Haya viene del verbo haber. Lo que tú habrás querido poner es "allá".

    Y ahí se ve otro error como el de más arriba, donde una oración queda sin continuar.

    Más allá de estos errores, el capítulo es excelente. Aunque a mi también a veces me pasa, y no me doy cuenta porque escribo muy tarde. Pero señalar esos errores te ayudará a encontrarlos más facilmente. Eso será todo por ahora. Saludos.
     
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    Gracias por el comentario colega. Bueno, tengo ya un poco de experiencia narrando combates de este tipo, supongo que no me fue tan dificil.

    Creo que el motivo por el cual se llevaron a Albert lo justifica les será muy util a los miembros de la horda en el futuro.

    Gracias por señalarme esos errores los corregiré pronto.
     
  13. Threadmarks: Capítulo IV: La realidad de la nueva epoca
     
    Fersaw

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    Capítulo IV: La realidad de la nueva época
    “El reino de Albores, hermosa tierra al suroeste de Plea, tan hermosa como débil es esta nación, que los dioses les protejan si algún día se encuentran en guerra una vez más”

    Marzo 2 del año 1750, 2da edad de Plea.

    Era una tranquila y fresca mañana en aquellos verdes y hermosos bosques en las tierras sureñas del reino de Albores. Se escuchaba ya el canto de las aves y el movimientos de los arboles ante los suaves vientos.

    En aquella cueva, donde pernoctaron la maga y el santo, la chica lentamente se despertaba, removiéndose un poco y sopesando sus ojos al tiempo que bostezaba. Lentamente se levantó para vislumbrar tan hermoso paisaje boscoso.

    – Buenos días señorita, espero su sueño haya sido muy placentero – Pero, quien había hablado, claramente no era la voz de Aikar, esta era más aguda.

    La maga se sorprendió por ello. Lo primero que notó fue la ausencia del santo que había dormido a su lado. Volvió la mirada hacia quien le había hablado. Una sombra se acercó a ella lentamente, cubierto por una capa.

    – Buenos días señorita Diane – Volvió a decir con un tono amable.

    Pero la joven maga palideció al verle, sus ojos se abrieron por lo que veía y solo pudo decir algo.

    – ¡Aikar! – Gritó fuertemente.

    No muy lejos, en medio del bosque, el santo de la estrella de la muerte parecía recolectar frutos. Usaba su capa como bolsa llevando varias manzanas y moras, cabe mencionar que no llevaba consigo su guadaña.

    – Que día más hermoso – Sonrió mirando el lugar y aspirando el aroma del bosque. Hasta que escuchó el gran gritó de la maga, al instante lo alertó – ¡Diane! – Exclamó sorprendido y se echó a correr a toda velocidad de regreso a la cueva.

    La maga estaba fuera de la misma mirando con miedo el interior de la misma y con su varita sin invocar ningún conjuro.

    – ¡Monstruo, monstruo! – Repetía asustada y temblando un poco.

    – Señorita, por favor escúcheme, no soy un monstruo – Trataba de convencerla aquella persona sin salir de la cueva.

    – ¿Qué ocurre Diane? – Cuestionó el Aikar regresando hasta ella.

    – Aikar – Sonrió ella aliviada corriendo a esconderse detrás de él – Hay un monstruo en la cueva.

    – ¿Un monstruos? – Cuestionó sin entender mirándola sobre su hombro. Sin embargo supo perfectamente lo que estaba pasando – Ya sé que es – Sonrió y fue a la cueva – Oss ¿Que te dije? Te dije que la cuidaras no que la asustaras saco de huesos idiota.

    – Pero, mi señor, no fue mi intensión asustarla. La estaba custodiando perfectamente, no obstante, creo que fue mi aspecto lo que la atemorizó. – Respondió aquel sujeto.

    Ambos salieron de la cueva y se pudo ver claramente quien o que era aquel al que llamaba Diane monstruo. Y no era para menos, pues era un esqueleto, un esqueleto que hablaba y se movía. Sus huesos eran completamente blancos, como si de porcelana se tratase, y en sus cuencas había un par de luces blancas que simulaban sus iris. Vestía una capa gris que lo cubrir del cuello hasta el suelo, dejando solo visible su cabeza cuando la cerraba, pero contaba con una capucha así que podría cubrir su cabeza si quería.

    – ¿Qué pasa Aikar? ¿Qué es esa cosa? – Decía la maga confundida y algo atemorizada aun manteniendo la distancia.

    – Diane, tranquila, no te asustes, este es Oss, mi fiel y eterno sirviente – Explicó Aikar a la chica – Y también es mi arma.

    – ¿Qué? – Cuestionó más que confundida sin entender.

    – Si, es mi arma, mira. Oss – Chasqueo los dedos. El esqueleto se desvaneció por completo convirtiéndose en polvo, dejando caer su capa, luego flotó a la mano de Aikar y tomó la forma de su guadaña, para luego convertirse en ella – Lo ves, es mi arma y mi sirviente.

    – ¡Cielos! – Se acercó sorprendida y curiosa dejando de lado su anterior temor – Jamás vía nada igual que magia más increíble.

    – ¿Magia? Bueno, algo así – Volvió a chasquear sus dedos y soltó el arma, se volvió a convertir en polvo que flotó hasta la capa y se materializó una vez más ese curioso esqueleto sirviente – No pensaras que iba a deambular de un lado a otro con una guadaña en mi mano ¿Verdad?

    – ¿Y un esqueleto parlante no es más llamativo y atemorizante? – Cuestionó ella sonriendo y mirando detalladamente a Oss.

    – Claro que lo es…Un momento…Oss, Por que no usas tu forma humana – Se cruzó de brazos.

    – Pues…Verá mi señor. Cuando luchamos la última vez fui atrapado estando en mi forma de guadaña, y perdí algo importante que no tengo en este momento y por eso no puedo usar mi forma humana – Comentó algo avergonzado.

    – ¿Qué cosa? – Cuestionó el santo sin entender – Que más da, te ordenó que tomes tu forma humana ahora.

    Oss, solo suspiró pues no podía desobedecer la orden su amo. Así que juntó sus manos y comenzó a brillar un poco, a los segundo el brillo se fue y su forma había cambiado por completo

    Su cabello era largo, lacio y de color gris claro. Su piel era igual a la de Aikar, es decir, de color claro, sus cejas eran algo pequeñas y el color de sus ojos era blanco, como los de su amo. De hecho, conservaban cierta similitud, como si de familiares se tratase, además de otorgarle una complexión delgada, pero conservando su altura misma que es de 1.70.

    – ¡Por los dioses! – Alegó la maga emocionada y sorprendida por lo que había visto.

    – Así te vez mejor Oss, y de haberlo hecho desde un principio hubieras evitado asustar a Diane – Comentó el santo sonriendo.

    – Pero señor, ahora tengo un problema si mantengo esta forma – Dijo avergonzado cubriendo su cuerpo por completo con la capa.

    – ¿Qué problema? – Cuestionó Aikar.

    Oss se levantó rápidamente la capa mostrando que estaba completamente desnudo, ahora con un cuerpo humano completo. La joven maga se sonrojó al instante al verlo así, chilló tapándose los ojos rápidamente.

    – No seas degenerado, costal de huesos exhibicionista – Aikar saltó sobre su sirviente dándole un golpe en la cabeza.

    – Lo siento amo – Alegó sobándose la cabeza y con los ojos llorosos y volviendo a cubrirse – Los golpes duelen mas así.

    – Bueno, exceptuando le hecho de que estas desnudo…Creo que te vez mejor así Oss, te pareces a Aikar – Comentó la maga aun con su sonrojo en las mejillas tratando de borrar esa imagen de su mente.

    – Lo ve amo, ya lo dijo ella. También me veo ridículo y…– Pero otro golpe en sus cabeza lo detuvo.

    – ¿A quién le dices ridículo, costal de huesos? – Alegó su amo quien le había dado otro golpe en la cabeza.

    – Vale chicos, tranquilos no se enojen – Dijo ella sonriendo algo divertida por lo que pasaba y separando a Aikar de Oss – ¿Pero por qué se parece a ti Aikar?

    – Porque fue la primera forma humana a la que tuve acceso. Es la forma del abuelo de Aikar cuando era joven, lo vi en un retrato y tomé esa forma – Comentó Oss – Pero es incómodo, las mujeres se me acercan para tratar de coquetearme, soy irresistible en esta forma – Agitó su cabello el cual se movió con el viento dedicando una mirada seria pero seductora.

    – Eso no te molesta, eres un pervertido y te gusta que te coqueteen – Agregó tranquilamente Aikar mientras se sentaba a comer – Como sea, te quedas así y te jodes. Diane, ven, come un poco de fruta, la conseguí en el bosque – Dijo mostrando las frutas.

    – Sí, claro, tengo un poco de hambre. No he comido nada desde ayer – Sonrió y se acercó a su lado para comer un poco.

    Los tres comenzaron a degustar los frutos conseguidos por el santo. De momento guardaron silencio, pero no tardaron mucho hasta que la maga rompió el silencio.

    – Aikar, dime ¿Cómo es que hiciste que Oss fuera tu sirviente, que hechizos usaste para animar sus huesos? – Cuestionó ella curiosa.

    – No use ningún hechizo para eso. Oss apareció una noche en mi habitación cuando yo era un niño, aunque en aquel entonces era de mi estatura y su voz era como la mía. El director de la academia de santos en la que me entrené dijo que él era un hijo de la estrella de la muerte – Comentó mientras comía unas moras.

    – ¿Un hijo de tu estrella? Podrías explicarte más, no entiendo – Insistió pero más interesada en saber de lo que hablaba.

    – Yo soy un ser que fue enviado a Plea por la estrella de la muerte, soy una pequeña parte de todo su poder, tengo la forma de un esqueleto, por la naturaleza de mi estrella madre – Agregó explicando Oss mientras comía las manzanas.

    – Jamás había escuchado eso, no sabía que los santos tenían sirvientes de sus estrellas – Respondió ella pensativa.

    – Es que no es así, bueno, no del todo. Veras no todos los santos tienen un sirviente como yo, solo unos pocos. Desde que era un niño a mí siempre me trataron diferentes que a los demás santos en la academia, decían que yo era un tipo santo muy especial, uno que no nace en mucho tiempo. Luego mi maestro y mis padres dijeron que me revelarían la verdad cuando me convirtiera en un Santo Maestro – Comentó Aikar.

    – ¿Y cuál es ese secreto Aikar? ¿Qué te dijeron tus padres? – Se acercó a él más interesada y curiosa.

    – Pues…Ellos…No tuve esa oportunidad – Desvió la mirada – Ellos fueron asesinados antes que yo llegará a ese rango. Perdí mucho tiempo de entrenamiento gracias a la Guerra Santa.

    – Lo…Lo siento Aikar, no quería hablar de eso – Entendió que él no deseaba hablar de su familia – Bueno…Mencionaste que había Academias de Santos, yo no sabía de eso ¿Cómo eran? – Preguntó, pero realmente solo quería cambiar el tema.

    – ¿De qué hablas? ¿Acaso nunca has visto una? Debe de haber muchas hoy día, en mis época había por lo menos diez en todo el reino y eran muy famosas – Olvidó lo anterior y se extrañó por lo que ella dijo.

    – ¿En serio? Pues, debieron desaparecer, hoy en día no existen las academias de santos, solo las de magos – Explicó ella.

    – Eso no puede ser. Este reino era famoso y temido por su gran legión de Santos, el temido Ejército de las tres mil estrellas. Yo y mi familia también – Enterarse de lo que ella decía le sorprendió mucho y le costaba creerlo.

    – Ya veo – Suspiró – Bueno, han pasado quinientos años, era otra época. Dicen que antaño este reino era el más poderoso de todos. Hoy solo es la sombra de aquellas épocas.

    Agachó la mirada a la manzana a medio comer que acariciaba en sus manos, la miraba recordando aquellos cuentos de un antiguo reino de Albores poderoso y rico en todos los aspectos, donde todos vivían bien, en paz, no existían la pobreza ni las injusticias, una tierra hermosa a dónde venían de todos las naciones a comerciar y vivir para compartir tal dicha.

    Un reino que era temido y respetado por un poderoso ejército conformado por los mejores y más fuertes santos, magos y soldados de todo Plea. Cuentos que quedaron en el pasado, pues cierta guerra marcó el final de esa opulencia.

    – Diane ¿Dime que ha cambiado? Pareciera que te hablo de un reino que ya no existe – Se acercó a ella al notar esa añoranza que la mirada de la chica transmitía. Añoranza de que esos tiempos volvieran a ser reales.

    – Aikar, el reino de Albores ya no es como lo recuerdas, la Guerra Santa fue muy costosa – Lo miró – El reino de albores perdió la mitad de su territorio original, ese poderoso ejército que mencionas, al igual que muchos otros fueron exterminados, las riquezas se fueron. Este reino fue uno de los culpados por el inicio de la guerra santa. Se impusieron severos castigos por eso.

    Oír eso realmente impactó al santo y lo hizo quedarse un momento en silencio con la mirada clavada en el rostro de la maga, pero su mente estaba llena de confusión. Oss también había escuchado todo y se encontraba igual de impresionado que su amo.

    – Uno de los castigos que mencioné es el causante que las academias de santos hayan desaparecido de este reino – Agregó ella desviando la mirada.

    El santo aún estaba asimilando lo que había oído. En su mente la imagen de ese poderoso, respetado y rico reino era algo difícil de borrar, pero estaba consciente del tiempo que estuvo ausente de la realidad, así que era posible. Solo se limitó a mirar a la maga con la expresión que aún no se borraba de su rostro y oír lo que diría.

    – ¿Cuál es ese castigo Diane? – Preguntó Oss ante el silencio de su amo.

    – El reino de Albores tiene prohibido poseer más de cincuenta santos en su ejército. De esta forma solo pueden existir legalmente cinco clanes de santos – Comentó ella suspirando.

    Abrió la boca y los ojos aún más sin poder creer ¿Cómo era eso posible?

    – Eso no es lo peor Aikar. Una ley fue promulgada, todo niño o niña que nazca bajo la bendición de una estrella y que no pertenezca a esos clanes debe ser despojado de la bendición y perder sus poderes de santo, convirtiéndose en un humano normal – Volvió la mirada al santo – Si se descubre a un santo adulto que se haya ocultado toda su infancia…Es encerrado y posteriormente ejecutado.

    – ¿Qué? – Alegó levantándose rápidamente – ¡Eso no puede ser, quitarle a un niño su bendición era un delito muy grave en mi época, como es posible que ahora el gobierno lo imponga! ¿¡Qué clase de monstruo imbécil gobierna Albores ahora!? – Estaba furioso y confundido al oír tal cosa, algo que en su mente era inconcebible.

    – Amo, cálmense, no creo que el rey de Albores sea el responsable de tal atrocidad ¿Verdad Diane? – Comentó Oss tratando de relajar a Aikar.

    – Así es Oss. El rey jamás permitirá tal injusticia, nuestro rey es un hombre bondadoso y muy noble – Sonrío ella igual tratando de calamar a Aikar haciéndolo volverse a sentar – Pero él no puede hacer nada, esas leyes fueron impuestas por el Consejo Blanco tras finalizar la guerra santa.

    – ¿Consejo Blanco? – Cuestionaron ambos.

    – ¿No lo conocen? Es una organización internacional, ellos velan por la paz en todo el mundo desde hace…Quinientos años – Estaba hablando hasta que notó que esa fecha – Cuando ustedes fueron capturados ¿La Guerra Santa aún no había terminado?

    – No, aun no. Luchamos en esa guerra, éramos parte del ejército de las tres mil estrellas. Pero la guerra se extendió demasiado, comenzamos a investigar ciertos acontecimientos en el interior del reino por órdenes del rey, fue cuando fuimos capturados. Ese consejo blanco ¿Fue creado al finalizar la guerra? – Respondió Aikar serio.

    – Así es, según dicen los hombres y mujeres que pusieron fin a la guerra crearon esa organización para que nunca más hubiese una guerra entre las naciones. Hoy controlan todo en el mundo y tienen autoridad sobre todas las naciones, por eso ellos pueden imponer leyes a los reyes y a su pueblo – Relataba ella recordando todo lo que su abuelo y padres le habían contado sobre el consejo blanco – Según se dice el fundador de esa organización era de este reino.

    – Que horrible época – Comentó a ella agachando la mirada y sus pirando desanimado – No me sorprende que la horda atacara aquí, Albores es muy débil.

    – Si, eso es verdad – Agregó ella también agachando la mirada – Solo los magos han podido mantener el reino medianamente tranquilo.

    – ¿Acaso somos el reino más débil del mundo? – La miró de reojo y bastante desanimado.

    – Bueno…No, no creo que se así, hay algunos reinos que son más pequeños no deben ser tan fuertes ni poseer ejércitos numerosos – Dijo ella mientras pensaba en uno – Si mal no recuerdo en lo más al este que existe en el mundo hay una isla, creo que ese es el reino más pequeño…No, creo que es una república, es la Republica de Shun

    – Suena interesante, háblame más de este nuevo mundo – Sonrió levemente tratando de no pensar en todo lo que se acababa de enterar de su amada nación.

    – Claro, déjame pensar – Sonrió ella notando que eso mejoraba lentamente el ánimo del santo – Bueno, los reinos más poderosos son El imperio Zarrahines, El reino del norte, El imperio Sacro y El imperio Elfico, este último no es muy grande, pero en su territorio está la sede del Consejo Blanco y eso les ha dado poder.

    – Vaya, eso sí es interesante. Los come arenas, los salvajes del norte y los oreja de punta que creen que son hijos de los dioses aún se mantienen entre los más fuertes, algunas cosas no han cambiado al menos – Dijo sonriendo y recordando otros tiempos.

    – Bueno el imperio sacro y el imperio elfico son ambos de población elfica, no sé a quiénes te refieras – Sonrió divertida por los apodos.

    – A ambos, el imperio elfico era una potencia en mi época, el imperio sacro seguro era el Estado Sacro, eran un estado emergente pero estaban bajo la protección del imperio elfico, habrán crecido mucho en estos siglos.

    – Supongo. También algo nuevo, hace no más de cuatrocientos años los hombres bestia comenzaron a independizarse y crear estados por el mundo, hoy día deben haber tres reinos que son de población de hombres bestia.

    – Eso si es extraño, los hombres bestias siempre fueron tratados como monstruos y esclavos al servicio de las demás razas. Me gustaría visitar uno de esos reinos – Comentó bastante curioso y sonriendo un poco más.

    – Si, también existen algunos reinos que albergan a todas la razas por igual, de manera que no hay una raza que domine la población, se les llama naciones libres – Agregó ella sonriendo.

    – Cielos, eso es aún más increíble. En mi época esa idea sería inconcebible, cada nación debía tener una raza que dominara la población. Hay muchas sorpresas en este nuevo mundo – Se levantó y estiró un poco – Bueno, es hora de seguir nuestra misión. Dije que te acompañaría hasta la capital de la región y eso haré.

    – Si, es verdad – Ella también se levantó sacudiendo un poco su falda – Debo cumplir la promesa que hice a mi hermano, además el camino es largo. Caminando nos tomará unos tres días llegar aproximadamente.

    – No se diga más, pongamos rumbo hacia esa ciudad…Por cierto ¿Cómo se llama? – Cuestionó él mientras se ponía su capa.

    Bahía Azul, es una ciudad amurallada en una gran bahía donde hay un importante puerto – Respondió ella también colocándose su capa.

    – Bien, haya vamos entonces. Este quizás ya no sea el reino magnifico en el que nací y crecí, no obstante sigue siendo mi tierra natal e hice un juramento de protegerla. Siendo así, seré entonces el quincuagésimo primer santo del reino de Albores – Sonrió él mirando a Diane, transmitiendo una gran confianza y seguridad.

    – Así se habla Aikar – Agregó ella sonriendo con cierta emoción.

    – ¿Crees que podamos encontrar información de lo que fue de nuestro clan? El clan Grimm era muy famoso en nuestra época – Preguntó Oss siguiéndolos mientras comenzaban a caminar.

    – Bueno…Yo no sé mucho de historia y esas cosas, quizás mi maestro, él es el director de la academia de magos de Bahía Azul, es un hombre muy sabio, puede que él sepa algo.

    – Entonces perfecto. Le pediremos información a ese hombre ¿Verdad? – Agregó Oss sonriendo mirando a su amo.

    Sin embargo Aikar no dijo nada ante lo que su sirviente había dicho, pues trataba de no pensar en eso, y quería evitar el tema de su familia.

    Por otro lado, de regreso en el devastado pueblo de Irden. La vanguardia de la horda, encabezada por el infame comandante Zael, estaba estableciendo una gran base en el pueblo, el cual utilizaron también como lugar para que las tropas descansaran.

    La iglesia fue terminada derruir por varios Ataremus. Sobre el ayuntamiento se encargaron de quitar la bandera del reino de albores y la sustituyeron por la de la horda. Una bandera negra con un ojo grande rodeado por siete ojos en color rojo. Los zánganos se encajaban de limpiar los edificios que ocuparían, también hacían construcciones o reparaciones si eran necesarias, principalmente estaban construyendo varias torres que serían para vigilar los perímetros de su base.

    Los animales fueron llevados a un almacén, luego serían sacrificados para ser devorados por la horda puesto que los demonios comen más que nada carne, pueden comerla cruda sin problemas, aunque a los de mejor rango se les conceden comidas preparadas al igual que las mejores bebidas, siendo el vino lo que más suelen consumir, la cerveza y el agua son solo para las tropas inferiores.

    Era en el centro del pueblo, la plaza, donde se encontraba la mayor crueldad cometida por la horda. Todo el lugar estaba lleno de jaulas, decenas y decenas, apiladas una sobre otras de dimensiones de tres por tres por dos de alto metros. ¿Que había en ellas? Humanos capturados, sin embargo había cierta coincidencia entre todos los presos exceptuando a uno.

    La mayoría de los prisioneros eran mujeres y hombres jóvenes, con edades entre los dieciséis y veinte años. Como dije había una excepción, y ese era el mago de nivel diez Albert Will.

    Lentamente abrió sus ojos, la luz solar le incomodaba un poco al principio, pero fue reaccionando a los pocos segundos.

    – ¿Qué pasó? ¿Dónde estoy? – Se decía así mismo mientras trataba de levantarse. Notó los grilletes en sus piernas y las grandes y pesadas esposas en sus muñecas – Ya veo. Me capturaron – Suspiró decepcionado.

    Luego notó algo que realmente lo extrañó sus heridas habían sido curadas, aunque estaba muy adolorido, había vendajes sobre sus heridas. Su torso estaba expuesto pues perdió su camisa durante la lucha. No obstante cuando pensó que no había más, se sentó y notó un extrañó y agudo dolor en su espalda, además de un ardor y comezón. Al mirar su espalda se horrorizó y palideció.

    Tenía clavadas dos extrañas criaturas, eran como mosquitos, pero mucho más grandes y redondos, del tamaño de una mano completa. Se aferraban a su espalda con sus patas y clavaban un pincho en su piel colocados cerca de sus omoplatos.

    – ¿Que mierda? ¿Qué mierda es esto? – Cuestionó aterrado y agitándose desesperado tratando que se soltaran de él, pero el movimiento solo causaba más dolor haciéndolo arrodillarse y gruñir para contenerlo.

    – Vaya, vaya, veo que ya despertaste – Llamó una conocida voz frente a él. Era Zila, quien usaba otra vez su capa pero dejando descubierta su cabeza.

    – Tu, monstruo. ¿Qué clase de atrocidad es esta? ¿Qué son estas cosas que me pusieron en la espalda? – Cuestionó molesto y asustado.

    – Relájate. Son solo Ditos, unos insectos que habitan en el infierno – Dijo tranquila – Lo único que están haciendo es chupar tu sangre muy lentamente, cuando sus estómagos estén llenos te los quitaremos…Pero te pondremos otros.

    – Asquerosa criatura de piel roja. ¿Para qué se supone que quieres mi sangre? – Se enojó más aun conservando cierto temor.

    – ¿Tu sangre? No te sientas tan especial humano. Mira a tu alrededor – Respondió sonriendo maliciosa.

    El mago miró a su alrededor, específicamente a las demás jaulas. El terror que sintió al ver a los jóvenes capturados también con esas asquerosas criaturas en sus espaldas fue indescriptible. Chicos y chicas encadenados y sentenciados a ser ordeñados por esas cosas, solos sus miradas perdidas y llenas de lágrimas describían lo que sentían.

    – ¿Como, pueden hacer algo como esto? – Decía sorprendido y asustado a la vez – ¿Tan asquerosa y vil es tu raza? – Volvió su mirada a la mujer demonio.

    – ¡Deja de escupir estupideces humano! – Dijo golpeando la celda molesta – Su sangre es algo importante para nosotros. La sangre de los humanos y elfos puede ser consumida por nosotros, aumenta nuestra energía, fuerza, agilidad y resistencia física durante un tiempo determinado, todo dependiendo de la cantidad y su pureza.

    – Son solo jóvenes, no merecen ser tratados así. Podría llegar a entenderlo si lo hicieran con los soldados capturados – Agachó la mirada arrodillado – Por favor, déjalos ir.

    – Me temo que eso no es posible mago tonto – Sonrió ella arrodillándose frente a él – La sangre virgen es mucho mejor que la de otros humanos, es más dulce y posee mayores beneficios, la de esos jóvenes será consumida por las tropas de zánganos y soldados convencionales, por eso necesitamos mucha.

    – Hubiera preferido que me mataras ayer, sería un mejor destino – Suspiró decepcionado de sí mismo.

    – Claro que no, no digas eso cariño – Sonrió perversa y acaricio el rostro y cabello del mago suavemente – Tu sangre es por mucho más valiosa que la de todos ellos juntos. Eres un mago con un gran poder, tu sangre está llena de poder mágico.

    – ¿Y eso qué? – Gruñó por las caricias de ella alejando su rostro, aunque debía admitir que para ser una mujer demonio tenía unas manos muy suaves y cálidas.

    – Los demonios de mi clase podemos absorber la energía mágica de la sangre que bebemos y así aumentar la nuestra – Sonrió mirándolo de forma soberbia – Tu sangre nos hará más poderosos a mi hermano y a mí, por eso la quiero. Eres nuestra mascota ahora y todo tu poder pronto será también nuestro. Por eso es que sigues con vida humano, deberías agradecerme.

    Se enfureció y se levantó rápidamente ignorando el dolor mirándola a los ojos, con desprecio y asco le escupió en la cara.

    – Jamás seré un juguete ni una mascota para unos malditos, asquerosos y aberrantes monstruos como tú – La miraba con tal odio y furia en su mirada.

    – Maldito humano de mierda – Obviamente ella también se enfureció. Lo tomó del cuello con fuerza acercándolo a los barrotes – Esta vez lo pasaré por alto, pero la próxima vez que te atrevas a insultarme o faltarme al respeto te sacaré esos lindos ojos que tienes con mis propias manos – Lo soltó con fuerza empujándolo al suelo – Y no te preocupes, te mantendremos bien alimentado para que nos des mucha sangre antes de morir – Sonrió perversa y se fue de allí.

    El mago solo suspiró conteniendo el dolor en su cuerpo para no darle el gusto de oírlo quejarse. Se sentó mirando todo el lugar, solo le quedaba esperar y pensar cómo salir de esa situación.

    La mujer se dirigió hacia el ayuntamiento el cual era utilizado como residencia para él y su hermano. Y allí estaba el famoso comandante de la vanguardia. Zael estaba también muy herido, con su cuerpo cubierto por vendas. Sin embargo yendo contra las indicaciones de los médicos y de su hermana se estaba levantando y colocando su armadura.

    – ¿Qué crees que estás haciendo Zael? – Alegó ella quitándose su capa y acercándose su hermano de forma seria.

    – ¿Qué te parece que hago? – Alegó también serio – Voy a salir de esta tonta cama para hacer mi trabajo y organizar a mis tropas.

    – Claro que no, vas quitarte esa armadura y regresaras a esa cama para descansar hasta estar mejor – Se colocó frente a él hablándole de forma autoritaria.

    – No, no lo haré. Ya estoy harto de no hacer nada, llevo todo el día recostado. Así que te guste o no, voy a salir y hacer mi trabajo hermana – Se levantó serio y decidido a salir.

    Sin embargo ella puso su mano en el hombro de él deteniéndolo, haciendo cierta presión en su mano.

    – Regresa a esa cama ahora Zael, es una orden – Lo miró de forma seria, sin embargo solo parecía contener su enojó, el cual había comenzado por Albert.

    – El general de la legión vendrá en unos días, quiero que vea lo bien que puedo manejar estos batallones, por eso debo hacer mi trabajo – Entonces quitó la mano de ella de forma brusca – Soy el comandante, tú no puedes darme ordenes, eres mi segunda al mando.

    De la nada la mujer se enfureció y lo tomó con fuerza estrellándolo contra la pared, y luego lo tomó por el cuello con fuerza, levantándolo del suelo y clavando un poco sus uñar en su piel. Trató de quejarse pero la mano de ella le asfixiaba.

    – ¡Deja de ser tan arrogante, imbécil! – Gritó enfurecida con sus ojos brillando como el fuego– Te recuerdo que si eres el comandante es gracias a que padre te puso allí para ganar influencia y renombre para nuestro clan y porque te ha protegido desde que eras un niño inútil y obstinado. Aunque seas el comandante yo soy tu hermana mayor y soy la responsable de tus estúpidos actos ante padre, yo soy quien debe cuidar al débil e incompetente Zael, eso fue lo que padre nos ordenó que te quede claro imbécil, es lo que he estado haciendo desde que eras un niño que no podía cuidarse solo: Tu mandas al ejército, pero yo te mando a ti.

    El comandante la miraba también con odio, pero denotaba temor, aunado al hecho que con un solo brazo ella lo dominaba aunque el tratase con ambas manos de quitarla su cuello, le era imposible.

    Sin embargo el fuerte golpe contra la pared hizo mella en él volviendo a abrir sus heridas, principalmente la de su torso. La sangre negra comenzó a manchar las vendas. Eso la hizo reaccionar, apagando el fuego en su mirada al instante y soltándolo.

    – ¿Zael? Lo…Lo siento…No quería hacer eso, perdóname – Comentó arrepentida y preocupada al mismo tiempo.

    Se acercó a él para ayudarlo a levantarse. Pero el comandante reaccionó dándole un fuerte manotazo que le dio en la cara y la derribó.

    – ¿Hermano? – Cuestionó sorprendida mirándolo y sobando su mejilla.

    – Lárgate – Alegó aun arrodillado con la mirada agachada y conteniendo su herida que sangraba más y más – ¡Me quedaré en la maldita cama, lárgate de aquí! – Gritó con fuerza y enojo.

    – Zael…No quería lastimarte ni decir todas esas cosas, no sé qué fue lo que me pasó, me…me dejé llevar por la ira, lo…lo siento en verdad, perdóname hermano por favor – Se levantó y se acercó a él notándose muy arrepentida por lo que hizo.

    – Siempre me has tratado como un niño, crees que no soy incapaz de hacer algo por mi cuenta, que todo lo que hago está mal – Dijo apretando los dientes frustrado y molesto, pero también dejando salir un par de lágrimas, pero con la cabeza agachada no ella no lo vió – Siempre me han tratado así, tú y padre. ¡Ya estoy harto de eso! Lárgate ahora o haré…haré que te arresten por atacar a tu superior.

    – Za…Zael – Alegó sorprendida y con un nudo en la garganta por lo que dijo, ya que nunca lo había oído tan enojado y decidido.

    – Médicos, médicos – Llamó el comandante mientras por si solo se sentaba en la cama, tratando de no demostrar el dolor.

    A los pocos segundos tres demonios vestidos con túnicas grises y máscaras negras llegaron con algunos bolsos donde probablemente llevaran algunos objetos que usaría para atender heridos.

    – Díganle a la sub-comandante que se retire – Les ordenó a los médicos sin mirarla a ella.

    No hizo falta que ellos hicieran algo al oír eso Zila salió corriendo del lugar, estaba dolida por las palabras de su hermano, pero sabía que ella era la culpable por haberlo herido y tratado de esa forma.
     
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    Reydelaperdicion

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    Hola. Paso a comentar. Este capítulo ha sido muy bueno al igual que el anterior. A pesar de que no haya peleas en él, sirve para conocer un poco más sobre el mundo en el que transcurre la historia, además de saber más acerca de los personajes.

    Tal y como pensé, Aikar se enfrenta a una realidad difícil al darse cuenta de que el mundo en el que creció ha cambiado mucho. Que el ejército más fuerte ya no exista, y que el reino es de los más débiles. Entiendo la frustración, dado a que 500 años han pasado para él como unos pocos minutos y es algo muy radical. Me gustó que se respondieran algunas de mis preguntas acerca de los santos, ahora se sabe un poco más sobre ellos. Su sirviente, Oss, aparentemente ocupará el rol de alivio cómico de la historia, pero me gustaría que tuviera algo más de participación a parte de eso.

    Ahora entiendo bien lo que Zila quería decir cuando dijo que Albert les sería de utilidad, pero creo que debió haber dicho que podrían aprovechar su potencial para fortalecerse en lugar de decir simplemente un "creo que podría servir". La idea de esas criaturas parecidas a mosquitos me pareció muy original, al menos yo no la había visto antes.

    Es interesante ver la relación entre Zila y Zael. Parece una relación fraternal muy conflictiva. Zila lo infravalora demasiado, pero aun así puede llegar a sentir pena por él, mientras que Zael solo quiere demostrar que es apto para su rol. Será interesante ver como avanza su relación.

    Noté errores, pero todos ellos son similares. Se trata de palabras mal escritas. No hubo errores de narración, o con signos de puntuación que dificultaran la lectura.

    Leeré cuando publiques el siguiente. Saludos.
     
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    Gracias por el comentario como siempre.

    Me alegra que gustara este cap, así como este habra algunos que se centrar unicamente en explicar cosas dejando de lado la accion, aunque claro, estos no seran tan comunes.

    Aun faltan explicar muchas cosas sobre los santos y sobre la situacion del reino de Albores y sobre lo de Oss, es cierto lo que dices será quien agrege ese toque de comedia a la historia, pero tambien tendrá importancia a come esta avance.

    la relacion de los hermanos demonios es un poco mas complicada de lo que hasta ahora se a mostrado, pronto se revelará mas de su historia familiar .

    Finalmente, quiero aprovechar esto para los que esten siguiendo la historia, sobre la edad de Aikar, estuve considerando algunos factores de la historia y él debe tener 23 años, obvio está que sin dontar los 500 años que durmio.

    Bueno eso es todo por ahora, gracias a los que sigen la historia.
     
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  16. Threadmarks: Capítulo V: Bahía Azul
     
    Fersaw

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    Capítulo V: Bahía Azul

    “Las academias de magia, fantásticos lugares llenos de conocimientos e historia, entre sus grandes pasillo y abundantes habitaciones muchas cosas interesantes se pueden encontrar”

    6 de marzo del año 1750, segunda edad de Plea.

    Era cerca del mediodía, nos encontramos en un camino adoquinado de varios metros de ancho que cruzaba una gran campiña bastante hermosa y verde, caminaban por allí aquel trio, Aikar, Diane y Oss. Aunque en el semblante del santo se notaba algo agotado y aburrido.

    – Entonces ¿Eres inmortal? – Cuestionó Diane caminando junto a Oss. Estaba interesada mientras el sirviente le hablaba de su naturaleza.

    – Así es Diane, y lo soy en toda la extensión de la palabra. No puedo morir sin importar que herida sufra – Comentaba el sirviente Oss quien conservaba su forma de humano – Soy capaz de regenerarme desde la parte más pequeña de mi cuerpo.

    – Eso es increíble, ustedes los sirvientes son asombrosos, quisiera conocer a otro como tú – Comentó emocionada y llena de curiosidad – Pero, si eres inmortal y puedes regenerarte, debes tener también alguna debilidad ¿No?

    – Bueno, lamentablemente si – Sonrió un poco avergonzado – No puedo usar ningún tipo de magia bajo ninguna circunstancia, las pócimas y brebajes no tienen ningún efecto en mí. Y pues, aunque puedo regenerarme suele tomarme cierto tiempo hacerlo, y tardó más si estoy en mi forma humana.

    – Ya veo – Asintió entendiendo todo lo que él le decía – Entonces, por eso eres un sirviente de un santo, no importa cuán grande sea el peligro en el que él este tú no puedes sepárate de su lado.

    – Si, así es – Asintió el sirviente. Entonces se acercó a ella y le susurró al oído – Pero mi más grande debilidad es mi amo. Si él muerte, yo también.

    – Por los dioses, que fidelidad más grande – Respondió conmovida por eso.

    – Diane – Habló Aikar arrastrando la palabra – No es que me queje, pero, ya han pasado cuatro días de caminar por el bosque y luego de salir ahora solo seguimos este enorme camino ¿Cuánto falta para llegar?

    – Ya debemos estar cerca Aikar – Respondió ella sonriendo tranquila sin notarse cansada.

    – Eso dijiste desde ayer por la mañana. No puedo creer que esa ciudad esté tan lejos, dijiste solo tomaría nos días llegar – Alegó frustrado.

    – Si, bueno…El problema es que yo nunca había tomado el camino viejo del bosque, así que creo que no calculé bien el tiempo – Sonrió un poco apenada.

    – ¿Si no lo conocías porque lo tomaste? – Cuestionó arqueando la ceja.

    – Pues porque no tuve opción santo tonto. Cuando escapé de mi pueblo solo pude huir por el bosque. Además no sé de qué te quejas, se supone que eres un santo que luchó en la Guerra Santa, esta caminata debería ser un paseo para ti – Respondió haciendo un puchero.

    – No se trata de eso. Te recuerdo que estuvo quinientos años arrodillado y cubierto de bronce, mi cuerpo aun lo resiente…Me duelen las rodillas – Suspiró agachando la mirada.

    – Puedo cargarlo si lo desea amo – Sugirió Oss.

    – Ni lo sueñes…Soy un Santo y tengo una reputación que cuidar, nadie carga aun Santo, costal de huesos – Respondió recobrando su caminar tranquilo – Porque no invocas unos caballos o lo que sea que sirva para movernos más rápido, se supone que eres una maga ¿No?

    – No te burles santo tonto, claro que lo soy – Alegó un poco ofendida, pero luego agachó la mirada jugando con sus dedos – Pero aun soy solo una aprendiz de nivel dos.

    – Eso no es muy alentador. Como sea, solo espero que al llegar pueda comer algo decente – Comentó el santo dejando de lado la pequeña discusión.

    – Pues solo que sean rocas, porque no tengo una sola moneda, no tuve tiempo para tomar mi monedero cuando escapé.

    – Déjame ver – Aikar comenzó a revisar las bolsa que tenía en su cinturón esperando encontrar algo que pudiera usar como canje.

    – Que tal si seduzco a la mesera de un restaurante para que nos de la comida gratis – Sugirió de forma coqueta el sirviente Oss.

    – No creo que eso sea buena idea… ¿Qué tal si es un mesero? – Cuestionó la maga considerando la idea de Oss.

    – Bueno lo único que tengo de valor es esto – Aikar mostró una pequeña moneda de oro con el rostro de alguna persona importante grabado, además de algunas letras – Crees que tenga valor aun, era una moneda en mi época.

    – Claro que sí, el oro nunca pierde su valor…Aunque es algo pequeña, seguro servirá para desayunar algo bueno – Sonrió tomándola.

    Dejaron de lado esa conversación y siguieron caminando un largo rato más. Luego de subir una cuesta que hacia el terreno por fin lograron divisar su objetivo, la gran ciudad amurallada y costera de Bahía Azul.

    Era una ciudad enorme, con grandes edificios que se podían ver incluso por sobre la muralla que la resguardaba. Templos, torres, palacios y casas grandes eran lo que reinaba. Construidas con roca sólida y de gran durabilidad, las banderas del reino adornaban cualquier cima de edificio público. La gran muralla, construida de adoquín también, se alzaba con diez metros de altura por cuatro de grosor, una muralla que se notaba ya con cierta antigüedad, pero que aún podía dar lucha.

    En uno de los costados de la ciudad se podía ver el gran puerto comercial y la dichosa bahía por la cual se le nombraba así a la ciudad.

    – ¡Por fin, por fin llegamos! – Saltaba emocionada la chica al ver su destino ante ellos.

    – Vaya, que ciudad más hermosa – Agregó el santo sonriendo y disfrutando de esa vista – Bueno démonos prisa.

    Apresuraron pues el paso hacia la capital de la región que aún estaba a una distancia considerable. Sin embargo notaron algo un tanto extraño al acercase más. Las grandes puertas principales estaban cerradas por completo, y había una gran presencia de soldados tanto en la entrada, como a lo largo del adarve de la muralla.

    Se acercaron hasta que un grupo de soldados se colocaron rápidamente frente a la puerta formando una fila y apuntando a ellos con unas armas que Aikar jamás había visto. También les apuntaron los que estaban en el adarve aunque ellos tenían simples arcos.

    Cabe mencionar que en ese grupo había tanto hombres como mujeres. El uniforme de esos soldados, que por cierto, eran unidades básicas, era el siguiente: Sus camisas eran de manga larga en color negro con el símbolo de Albores, un águila dorada, en el pecho, el pantalón era holgado y del mismo color. Solo unos cuantos contaban con cascos de metal, aunque de baja calidad y algo malhechos, otros gorros de cuero y los más desdichados nada sobre su cabeza. Sus protecciones se limitaban a simples grebas, brazales y chalecos de cuero. Todos tenía como arma una espada corta, y de nuevo debo decir que de mala calidad.

    – ¿Qué es esto? – Cuestionó Aikar extrañado sin saber que eran esos raros objetos con los que les apuntaban – ¿Nos apuntan con tubos de metal pegados a trozos de madera? ¿Qué clase de soldados son ustedes?

    – Aikar, esos son arcabuces, son armas muy peligrosas – Le explicó la maga cubriéndose detrás de él asustada.

    – ¿Arca…que? – Cuestionó el mirándola sobre su hombro.

    – Por favor, identifíquense y expliquen sus motivos por venir a Bahía Azul – Ordenó otro soldado que estaba junto a los que les apuntaban, quien parecía ser el oficial al mando de ese grupo. Se diferenciaba de ellos por la banda en su brazo derecho, era blanca y con una letra “C” en ella.

    – No, no somos personas malas – Explicó la joven maga colocándose frente a Oss y Aikar – Debemos reunirnos con el gobernador y el líder de la academia de magos, tenemos información urgente para ellos.

    – Lo sentimos. En este momento la ciudad está cerrada. Me temo que no puedo confiar en esa historia sin saber quiénes son ustedes.

    – Capitán, en verdad debe creerme, la información que debo entregar es urgente, hay una emergencia al oeste. Un mago de nivel diez me pidió que trajera esta información – Explicó mejor notándose un poco desesperada

    – Señor, mire, lleva una capa de la academia de magia, al igual que sus guantes. Yo creo que no miente – Comentó uno de los arcabuceros a su capitán.

    El oficial lo pensó un momento, hasta que al final cedió.

    – Bien, bajen las armas. Los dejaremos pasar, pero antes de eso deben ser revisados para comprobar la ausencia de armas.

    Los soldados bajaron sus armas y las montaron en sus espaldas para acercarse a ellos y revisar que no poseyeran armas, cosa que no tenían, ni Aikar ni Diane. Sin embargo cuando se acercaron a Oss este se puso un poco nervioso.

    – La verdad, no tengo nada bajo la capa, no será necesario que me la quite – Dijo este para evitar que lo revisaran.

    – No se resista señor, debe ser revisado como sus compañeros – Dijo sería una mujer soldado. Que por cierto era bastante bonita para ser soldado – Quítese la capa para ser revisado.

    – Oss, no seas renuente y deja que te revise – Agregó su amo sonriendo de forma un poco maliciosa sabiendo bien la situación en la que su sirviente estaba.

    El pobre Oss no tuvo más opción, y dejó caer la capa mostrando una vez más su desnudes, Diane sabía bien lo que pasaba así que se limitó a no mirar. La joven soldado se sorprendió al igual que los demás soldados, salvó que ella lentamente se sonrojo, pues hay que admitir que posee un físico envidiable. Aikar solo sonrió al ver la reacción de esa mujer.

    – Vale, ya…ya puede colocarse…su…su capa señor – Dijo ella desviando la mirada aunque mirándolo de reojo un poco sin poder quitar el rubor de sus mejillas.

    – Eso es humillante – Alegó el sirviente avergonzado. Al instante se la colocó para volver a cubrirse.

    – No te preocupes, quizás te consiga algo de ropa en la ciudad – Agregó el santo riendo.

    – Como sea. Pueden pasar y…y lamento esto, entenderá que es parte del protocolo – El capitán dio la orden para que las grandes puertas fueran abiertas.

    – Disculpe capitán ¿A qué se debe que hayan cerrado la ciudad? – Cuestionó la maga antes de que entraran.

    – Penosamente un asesino anda suelto. Hoy por la madrugada dos miembros importantes del ejército fueron atacados, desgraciadamente uno de ellos murió, y la otra está muy mal herida – Respondió serio aquel capitán de cierta edad – Los estaban acechando desde hacía unos días, reportaron a una persona que los vigilaba y los seguía ocasionalmente. Esta madrugada hizo su ataque.

    – Por los dioses, eso es terrible – Exclamo la joven maga sorprendida.

    – Debieron ser oficiales de alto rango ¿Verdad? – Cuestionó Aikar serio e interesado.

    – Si, pero hay algo más. No eran simples comandantes, ambas víctimas…Eran Santos – Eso último lo dijo con cierto énfasis.

    Los tres se sorprendieron aún más al oír algo como eso, se miraron entre si atónitos.

    – Sospechamos que pudo ser un mago, asesinar a dos santos sería imposible para un humano. Seguro un asesino asueldo, un profesional – Agregó pensativo el capitán – Anden con cuidado, no tenemos ninguna pista sobre el asesino. Si ven algo fuera de lo normal o sospechoso avisen al ejército o a la guardia local.

    – Cuente con ellos capitán, y lamentamos mucho tan atroz crimen – Asintió Aikar junto con sus compañeros.

    Siguieron su camino y las puertas se cerraron tras de ellos. Tomaron la avenida principal para dirigirse primero que nada hacia la academia de magos, y lo primero que notaron fue que las calles no estaban muy concurridas para el tamaño de la ciudad. Había gente, sí, pero no lo que se esperaría ver. Además de la presencia militar por las calles.

    – No lo puedo creer, dos asesinatos, bueno uno y otro herido. ¿Quién pudo hacer eso y porque? – Se dijo a si mismo Aikar algo intrigado por lo sucedido.

    – No lo sé. Debió ser alguien poderoso, luchó contra dos santos – Agregó ella también pensativa y sorprendida aun.

    Tardaron unos cuantos minutos en llegar a la plaza central de la ciudad, un gran y espacioso lugar donde había muchas tiendas y puestos, además de edificios como el ayuntamiento, la central de la guardia y la iglesia, una imponente y gran iglesia.

    – Aikar, debemos ir a ver al líder de la academia – Señaló una loma algo alejada de la zona urbana, allí se erigía un gran edificio con cuatro torres que lo caracterizaban, en las cuales ondeaba ese famoso símbolo que ella portaba en su capa.

    – Vaya, está un poco lejos – Comentó el santo mirándola en la distancia – Diane, vayamos entonces será interesante ver una academia de magos – Sonrió él.

    – Disculpen, yo sé que no les interesa o ya se les olvidó – Dijo Oss acercándose a ellos juntándolos un poco hacia él y poder hablar más bajo – Pero, les recuerdo que estoy desnudo, necesito un poco de ropa – Agregó algo molesto.

    – Vale, ya. Es verdad, bueno, Diane y yo iremos a la academia. Toma – Le entregó la moneda de oro – Ve que puedes conseguir con esa cosa y nos vemos aquí en un rato.

    – ¿Estará bien si lo dejamos solo? – Agregó un poco dudosa la maga.

    – Claro, no te preocupes por él, Oss puede cuidarse solo – Respondió despreocupado el santo.

    – Siento las miradas lascivas de las mujeres sobre mí – Comentaba el sirviente mirando a su alrededor, donde ninguna mujer se fijaba en él – Huelen la carne débil e inocente.

    – Ahora veo que el peligro es él – Suspiró la maga sonriendo.

    – Bueno. Nos vamos, nos vemos en un rato Oss, no hagas ninguna estupidez ¿De acuerdo? – Fue lo último que dijo Aikar y se fue con Diane.

    El sirviente se quedó mirando todo a su alrededor, a pesar de la situación de la ciudad la gente seguía acudiendo al mercado para hacer sus compras diarias. Y en una ciudad como esa había tiendas y comercios de sobra.

    – Ese hermoso aroma, yo lo recuerdo – Sonrió suspirando el aire y cerrando los ojos – ¡Ofertas de fin de semana! – Y se lanzó a los puestos a ver todo lo que se ofertaba.

    Dejando al fiel sirviente de lado. El santo y la maga caminaron otro largo rato hasta por fin llegar a esa gran academia. Los grandes portones estaban abiertos de par en par y casi no había gente, aún era la semana del rey y los magos se tomaban vacaciones.

    Al entrar las pocas personas que estaban allí eran algunos maestros y uno que otro aprendiz tomando clases extras. Cruzaron el patio de entrenamientos para entrar a las aulas y demás alas de educación. Las paredes de los pasillos estaban adornadas con bellas estatuas o pinturas de gran calidad, la luz entraba perfectamente los por los grandes ventanales.

    – Cielos, este lugar sí que es grandes, en verdad se parece mucho a las academias de santos – Comentó Aikar mirando todo a su alrededor.

    – Ahora que lo pienso, esta academia es muy antigua, quizás en algún momento fue una de santos – Dijo ella pensativa.

    Al final de ese gran corredor estaba una puerta grande y muy detallada de madera, se notaba vieja, con el símbolo de la academia. Diane se acercó y tocó suavemente.

    – Adelante – Se hoyó la voz de un hombre desde dentro. Una voz algo grave y ronca.

    Ambos entraron lentamente. Era una gran habitación, a los lados había grandes y llenos libreros, varias mesas con más libros, pergaminos, algunos raros artilugios, más pinturas adornaban las paredes, así como estatuas y armaduras sobre maniquíes, al lado opuesto de la puerta dos grandes ventanales permitían que la luz iluminara esa habitación que sin duda era un gran desorden.

    En el techo colgaba una esfera de cristal en color azul oscuro y de gran tamaño, un par de metros de diámetro. Casi al otro lado un gran y lujoso escritorio lleno de libros viejos y nuevos, pedazos de pergamino, e incluso un poco de comida vieja. Sentado frente a este estaba el mencionado líder de la academia.

    – Señor – Sonrió ella al verle haciendo una reverencia, a lo que Aikar copio – Me alegra mucho volver a verle.

    – Silencio – Comentó este de forma algo seria. Tenía un hábito blanco que lo cubría por completo y la capucha no dejaba ver su rostro.

    Ambos se quedaron en silencio mirándole extrañados. Aquel hombre se levantó, y vaya que era alto, por lo menos 1.90, se le notaba algo corpulento. Se acercó a ellos hasta estar frente a ella.

    – Jovencita, me puedes explicar, por qué te fuiste sin decir nada – Dijo su seria voz mirándola hacia abajo.

    – Bueno…Yo…Yo quería pasar la semana del rey en casa con mi hermano…Olvide avisar que me iba y…y – Se puso nerviosa y algo avergonzada.

    Se quitó la capucha mostrado su rostro. Era un hombre mayor pero su rostro aun no lo denotaba, apenas comenzaban a aparecer arrugas, su cabello era rubio y lo usaba bastante corto, aunque despeinado, sus cejas eran gruesas llamativas, el azul celeste en sus ojos ya decía algo entre él y la maga, tenía un gran y elegante bigote que se unía con su larga y espesa barba, en la cual tenía unas trenzas.

    – Un…Un momento, acaso ustedes son…– Alegó Aikar sorprendido al ver cierta similitud entre ellos.

    – ¡Te fuiste sin despedirte de tu amado tío! – Exclamó fingiendo tristeza abrazándola – Nos preocupaste mucho, Neil salió a buscarte con su pelotón incluso. Hasta que Albert tuvo la decencia de enviar una carta y decirnos que estabas a salvo en casa.

    – Tío…Tío – Decía ella un poco avergonzada, mas por la presencia del santo tras de ellos.

    – Vaya, y no vienes sola – Entonces el gran mago se fijó en Aikar – Un gusto conocerte. Mi nombre es Amadeus Darhun, líder de esa gloriosa academia, miembro de la Orden de Sabios de Albores y mago de nivel catorce – Se presentó ante Aikar con una reverencia.

    – ¡Ca…Ca…Catorce! – Exclamo boquiabierto ante un mago de tan alto nivel. Pero obvio eso para no parecer grosero – Claro…Soy Aikar Grimm – Y también ofreció una reverencia.

    – Ya veo, un joven apuesto de una edad similar – Miró a su sobrina – Debe ser tu novio ¿Verdad Diane?

    Chilló y se sonrojó a más no poder ante ese comentario por parte de su tío.

    – ¡No, claro que no! – Exclamo avergonzada y sonrojada – Solo…Solo somos amigos tío.

    La puerta se abrió con fuerza, a lo que todos llamó la atención.

    – ¡Buenos días amor, te traje tu almuerzo! – exclamo con mucha alegría una mujer.

    En la puerta había una mujer algo mayor, quizás poco más de cincuenta años, sin embargo al no ser humana se veía un tanto más joven, aparentando unos cuarenta cunando mucho, pero eso no le quitaba la belleza, pues era una autentica elfa. No era muy alta, quizás llegando al 1.70, su cabellera era café con varias trenzas que la adornaban. Sus cejas eran delineadas y pequeñas, sus ojos tenían un lindo color amarillo muy común en los elfos, añadiendo claramente las típicas orejas puntiagudas, era de complexión delgada y con una piel muy blanca.

    Vestía un sencillo pero lindo vestido azul claro sin mangas que llagaba hasta el suelo.

    – Mi amor – Respondió el gran mago sonriendo igual y acercándose a ella para abrazarla con amor, denotando la diferencia entre sus alturas.

    – Dioses, sálvenme. Es mi tía Lira – Se dijo a sí misma la maga sabiendo bien como era su tía.

    – Diane, cariño ya regresaste, que linda te vez – Sonreía la mujer abrazando a su sobrina – Estábamos muy preocupados, no debes irte de la ciudad sin avisar cariño – Entonces los ojos de la elfa se posaron en Aikar – Vaya y este joven tan apuesto…Claro, debe ser tu novio ¿Verdad?

    – ¡No, no lo es! – Dijo un poco molesta pero con ese sonrojo otra vez en sus mejillas.

    – Cariño, cuando tenía tu edad yo también decía que tu tío no era mi novio, pero pasábamos todos los días juntos – Rio la mujer por eso.

    – Que buenos tiempos eran esos Pero sigues siendo igual de hermosa, es más, cada día lo eres más – Agregó el gran mago abrazando con amor a su mujer haciéndola sonrojarse.

    – Je, que familia más alegre – Sonrió Aikar pues le parecía divertida la situación.

    – Tío – Llamó la maga con un tono más serio y sacó el collar que su hermano le había dado mostrándoselo.

    – Diane – Reaccionó desconcertado al ver que ella tenía algo tan valioso que le pertenecía a su hermano.

    – Algo terrible ha pasado – Lo miró a los ojos de forma seria – Albert me hizo prometer que vendría hasta aquí para informales.

    – ¿Qué ha ocurrido Diane? – La enorme sonrisa se borró de su rostro y se acercó a ella tomando el collar mirándola atento.

    – Es la horda, la horda nos invade – Dijo seria a ese hombre.

    Aun un mago tan poderoso y sabia como lo es Amadeus no pudo evitar tal impacto en tan fuertes palabras. Sus ojos se abrieron atónitos mirándola y tratando de asimilarlo.

    – La…La horda…Una puerta al infierno fue abierta – Fue lo único que pudo articular – ¿Cómo? ¿Cuándo?

    – Hace cinco días, yo y Albert vimos la flor del infierno, esta estalló creando el portal, luego decenas y decenas de demonio salieron destruyendo Irden, acabaron con todo rápidamente – Relató lo que vivió aquel día.

    – ¿Y Albert? – Dijo claramente preocupado – ¿Qué pasó con tu hermano Diane?

    – Él…Él se quedó ayudando a los civiles – Agachó la mirada al instante su cabeza se llenó de malos pensamientos.

    – Tranquila. Albert es un mago poderoso, seguro habrá escapado a otros pueblos – Se acercó acariciando su cabello suavemente para animarla – Hiciste lo correcto Diane al venir a avisarnos.

    La joven se acercó a él y lo abrazó fuerte, no quería pensar que su hermano hubiera muerto, pero había una gran posibilidad y ella lo sabía.

    – No quiero perderlo. Es toda la familia que me queda – Dijo con un hilo de voz tratando de contener sus lágrimas.

    – Cariño, no te preocupes por tu hermano, yo puedo jurar que él está sano y salvo – Dijo suavemente abrazándola para calmarla.

    – No…No entiendo ¿Qué es la horda? – Preguntó Lira, la esposa de Amadeus confundida pero entiendo que no era nada bueno.

    – Es algo muy malo mi señora, es un mal terrible que puede destruir un reino entero, e incluso el mundo – Respondió Aikar mirándola serio.

    A lo cual ella solo suspiró asustada por esas palabras y miró a su esposo.

    – El joven Aikar está en lo correcto, esto es una emergencia, debo hablar de inmediato con el gobernador para que envié agilas mensajeras a la capital, cinco días es más que suficiente para que la horda arme un gran ejército – Soltó a su sobrina suavemente y fue a buscar unas cosas a su escritorio – Diane, donde pasaran la noche tú y tu amigo.

    – Aun no lo hemos pensado – Dijo ella secando sus lágrimas.

    – Bien. Pueden pasar la noche en nuestra casa, ya sabes donde es. Amor, prepárales una habitación – Comentó Amadeus mientras guardaba algunos libros en una bolsa de tela.

    – No queremos molestar, además otro amigo está en el pueblo, somos tres, sería mejor que Diane pase la noche en su casa y nosotros busquemos una posada – Dijo el santo pues no quería ser una molestia.

    – No es ningún problema joven, los amigos de Diane son bienvenidos en nuestro hogar, además es muy espacioso – Agregó su tía sonriendo amable.

    – Bueno, siendo una invitación tan amable, la acepto con gusto – Respondió amable.

    – Perfecto. Diane, Aikar, Hagan lo que tengan que hacer, Supongo que ya sabrán sobre el asesino que anda suelto, así que no estén hasta tarde en las calles. Yo iré con el gobernador a hablar con él, apenas pueda iré a casa para comentarle lo que me haya dicho, nos vemos en la casa – El mago llevaba su bolso con varios libros y pergaminos, se puso su típico sombrero de punta en color gris y un báculo en su mano derecho. Se despidió de su esposa con un tierno beso y salió del lugar.

    Regresando al pueblo. El fiel sirviente Oss entre sus andanzas se había topado con una tienda de antigüedades bastante grande, había hablado con el dueño un rato sobre la moneda.

    – ¡¿Lo dices en serio viejo?! – Exclamó con asombro Oss con respecto a lo que hablaban.

    – Así es, así es señor. Le ofrezco 600 tesales por esa moneda de oro – Repetía el dueño sonriendo emocionado viendo esa moneda – Como ya le dije es muy valiosa debe tener más de quinientos años, cosas así son casi imposibles de conseguir, además alberga una gran historia, vera, el hombre que está acuñado en ella es un muy antiguo rey que… – El hombre relataba como todo un maestro de historia, pero fue interrumpido.

    – Vale, vale, vale, no me tiene que comer la cabeza con historia, acepto el trato – Dijo emocionado Oss entregando la moneda.

    Mientras ellos hacían el trato un hombre se acercó por detrás de Oss. Era bastante alto y corpulento pero no sé dejaba ver, llevaba una capa gris que lo cubría por completo además de la capucha. No pretendía atacarlo si no comprar algo, se colocó a un lado del sirviente colocando sobre el mostrador un par de gemas que quería comprar.

    – ¿Cuánto por estas gemas anciano? – Cuestionó aquel hombre de forma seria y algo intimidante.

    – Si, déjeme ver – Estaba un poco ocupado contando el dinero con el que le pagaría a Oss, pero igual vio lo que ese otro quería comprar – Gemas de engarce antiguas vacías…son tres…Serian 6000 tesales señor.

    – No cree que es un poco caro anciano – Alegó de forma seria.

    – Puede que lo parezca, pero es un precio justo. No son gemas de engarce vacías convencionales, estas son antiguas además fueron hechas elfos magos hace trescientos años – Respondió un poco ofendido.

    – Vaya…Conoces este negocio bastante bien anciano – Dijo riendo un poco – Está bien, pagaré los 6000.

    Oss le miraba de reojo serio ya que sin duda le parecía un hombre bastante grosero y maleducado. Sin embargo, cuando ese sujeto buscaba en su capa el dinero Oss pudo notar algo. Su brazo derecho quedó al descubierto, tenía un recubrimiento de roca sólida, que cubría toda su mano y llegaba hasta su codo, parecía liviano o ese hombre era muy fuerte, daba una imagen muy tosca pero lo que importaba más eran las decenas de símbolos mágicos que tenían, ordenados perfectamente diez líneas que hacían circunferencia a al guante una detrás de la otra. Sin duda era algo extraño que llamaba la atención del sirviente.

    Oss tomó el dinero que le habían pagado por la moneda y se retiró, antes de salir miró a ese hombre de reojo, había algo en él que no le daba buena espina a Oss. No parecía un mago, para que querría esas gemas entonces ¿Decoración? Nadie paga fácilmente 6000 por una simple decoración es lo que Oss pensaba.

    Salió de la tienda y se dispuso a caminar de regreso a la plaza para comprar un poco de ropa y algo de comer. Sin embargo, cuando ese misterioso hombre salió siguió a Oss un momento.

    – Oye, tu – Llamó ese sujeto al sirviente.

    – ¿Si? – Respondió serio mirándolo sobre su hombro, estando alerta por si intentaba algo.

    – Ese anciano te vio la cara – Dijo tranquilamente – Esa moneda valía por lo menos el doble de lo que te dio. Es una pena.

    Oss se extrañó por eso, no es que eso le importase mucho. Entonces el sujeto simplemente le dio la espalda al sirviente y se alejó sin más. Dejando a Oss desconcertado y con un mal presentimiento por lo que vió en su brazo.
     
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  17.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido Maratonista

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    Hola. Dije que me pasaría a comentar, y aquí estoy. Tengo que decir que cada capítulo que pasa muestra algo interesante que permite que no se pierda la emoción de leer la historia. Las descripciones que pones en cada lugar y en el aspecto físico, además también en la ropa de los personajes te queda genial. No son demasiado largas como para que resulten pesadas ni demasiado cortas como para que quede todo a la imaginación del lector. El trabajo que debías tomarte en hacerlas es el justo y necesario.

    Me agradan esos toques de comedia que le das a la historia. Principalmente Oss. Con el correr de los capítulos podría convertirse en mi personaje favorito si se le da un buen desarrollo. Además, la comedia no consume el resto de la historia.

    Parece que Diane y Aikar podrían estar en peligro con ese asesino suelto, sobretodo porque ha atacado incluso a dos santos y parece que no lo han derrotado. Eso solo dice que podría ser muy fuerte. Me pregunto si detectará que Aikar es un santo, y quien de los dos ganaría en un combate, dado que Aikar no ha peleado mucho desde que despertó, y ese asesino parece ser muy hábil. Estoy seguro que es el comprador que se encontró con Oss, o de lo contrario, no habrías centrado la atención en él. Probablemente las gemas sean para rastrear santos o para aumentar sus poderes contra estos. Sea como sea, será algo bueno de leer.

    Los tíos de Diane son personas agradables. En un momento yo creí que el líder de la academia de magos ignoraría la advertencia de Diane, o no la creería tan importante (como suele pasar en muchas obras), pero reconoció el peligro que representaba la horda y decidió ir a dar aviso de inmediato.

    Me dejaste con una duda sobre cuantos niveles de magos existen. Ya que Amadeus es un mago de nivel catorce y es quien dirige la academia, me gustaría saber cual es el nivel más alto que hay.

    Sobre los errores: estos son muy pequeños, y no entorpecen tanto la lectura. Hay lugares donde faltan comas, tildes, signos de interrogación ,una 's' en ciertas palabras, y alguna pequeña falta ortográfica. Con un editor como el Word deberías ser capaz de solucionarlos. Incluso si le das a la opción "editar" al final de cada capítulo, el editor de FFL tal vez te marque esos errores.

    Sigo interesado por la trama, y voy a pasarme a seguir leyendo la proxima vez que publiques. Saludos.
     
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  18.  
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    Como siempre, gracias por el comentario, lo aprecio mucho.

    Bueno, me agrada que la historia parezca aun interesante, aun no ha habido muchas peleas ni se han revelado cosas cruciales en la trama, pero todo a su debido tiempo. Siempre me ha gustado describir a los personajes en detalles muy especificos para poder diferenciarles, inclouido el vestuario.

    Sobre lo de los niveles de mago, pues se que puede causar curiosidad, el punto es que aun no estoy seguro si lo escriba aqui o en la historia, pronto lo aclararé en algun cap. Sobre el asesino, bueno, la vedad es que resultó muy obvio que era el comprado que vio Oss XD

    Gracias por comentar.
     
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  19. Threadmarks: Capítulo VI: El jabalí cazador
     
    Fersaw

    Fersaw Aprendiz de Escanor-Sama

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    Capítulo VI: El jabalí cazador
    “Arcano es todo aquello que es secreto, que está oculto o que es difícil de entender, también es algo que un grupo de personas decidieron hacer en secreto. Imperio Zarrahines, Magia Arcana, Magia Artificial”

    06 de Marzo de 1750, 2da Edad de Plea

    Una hora pasó aproximadamente tras el encuentro de la maga con su tío y líder mágico en la academia de Bahía Azul. Ella junto con el santo Aikar decidieron volver al pueblo a reunirse con el sirviente Oss. Regresaron pues al centro de la ciudad, en el gran mercado.

    – ¿Dónde se habrá metido ese costal de huesos? – Cuestionó Aikar mirando por todos lados buscando a su fiel sirviente.

    – Quizás esté comiendo algo con lo que consiguió por esa moneda – Sugirió la maga pensativa.

    – Dudo que sea eso, estaba más preocupado por conseguir ropa, además, no creo que haya conseguido mucho por esa vieja moneda. En mi época apenas daba para comer algo decente – Respondió él.

    Siguieron avanzando por el lugar lleno de gente, y de soldados debido al último acontecimiento. Entonces el llamado de cierto sirviente llamó a su atención.

    – ¡Hey, por aquí, amo, Diane! – Llamaba Oss con algo en la boca.

    Volvieron la mirada hacia él. Estaba en un gran restaurante, no lujoso, pero sin duda grande, además que se notaba la gran cantidad de comida que tenía servida en la mesa, aunado al hecho de que se notaban sus nuevos ropajes. Rápidamente se acercaron, sorprendidos por lo que veían.

    – ¡Oss ¿De dónde sacaste todo esto?! – Alegó incrédulo Aikar.

    – Pues vendí la moneda señor, y me dieron mucho dinero por ella, resultó que era una valiosa antigüedad – Respondió sonriendo el sirviente mientras comía un pedazo de pollo asado.

    – Cielos, que festín Oss – Alegó la maga también sorprendida y sin duda con mucha hambre al ver toda esa comida.

    – Vamos, coman, hay mucho y es para los tres, les estaba esperado – Invitó Oss – Carne asada, puré de papas, pollo asado, vino, cerveza, aguamiel, panes, sopa de cebolla incluso una tarta de manzana… Este lugar es increíble, además de que las personas de aquí cocinan asombroso – Comentó sonriendo emocionado y conmovido por el sabor tan grandioso de lo que comía.

    – Pues te tomo la palabra Oss. Tengo mucha hambre – El santo se sentó en la mesa rápidamente tomando una pieza de pollo y un tarro de cerveza – Vamos Diane, también come.

    – Si, Gracias – Se sentó un poco tímida y claramente con más modales que el santo, tomó el tazón de sopa de cebolla y un trago de la suculenta agua miel que le sacó un leve sonrojo – Cielos, el agua miel del sur de Albores es la mejor.

    Por otro lado el santo comía rápidamente y con fuerza, tomando un poco de todo seguido de un gran trago de cerveza.

    – Aikar – Llamó ella un poco seria arqueando la ceja – No tienes que ser tan avorazado y maleducado, hay suficiente para todos.

    – Lo…Lo siento – Alegó mientras comía un trozo de pan – Pero tengo mucha hambre – Tragó todo y suspiró – Nunca tuve tanta hambre desde las campañas militares en el norte.

    – Eso fueron tiempos difíciles. Recuerdo que llegué a pasar hasta dos meses sin probar bocado – Agregó Oss mientras comía tranquilamente.

    – ¿Qué? ¿Dos meses? ¿Y cómo sobreviviste? – Cuestionó ella sorprendida.

    – Pues…Normalmente. Recuerda que soy inmortal, no puedo morir de hambre. Yo como por gusto, no por necesidad – Dijo sonriendo.

    – Si este pudiera subir de peso, con todo lo que come sería un cerdo de una tonelada – Agregó el Aikar bromeando.

    – No puedo evitarlo, el sabor de la comida y las bebidas me encanta y seduce de formas únicas e insaciables. No puedo evitar comer y beber hasta no poder más. Comer es uno de los más grandes placeres de esta vida – Alegó sonriendo de forma lujuriosa sonrojado y acariciando su rostro.

    – Eres un caso perdido amigo – Rio un poco el santo y la maga se sorprendió por tan extraña reacción.

    Luego de tan interesante charla siguieron comiendo tranquilamente conversado sobre lo que hablaron con Amadeus y lo que harían luego de eso, pues debían esperar la respuesta del líder de la academia. En cierto momento mientras degustaban aun sus platillos, un grupo de varios soldados pasaron junto a ellos con sus lanzas y escudos.

    – Bien, vamos a peinar la avenida principal en busca del sospechoso – Decía el capitán – Según la única testigo, se trata de un hombre alto y fornido, tiene una voz intimidante. Usaba una máscara de metal con forma de jabalí y su brazo derecho tiene un gran guante de roca, no es gran cosa, pero es todo lo que tenemos. Vamos a encontrar a ese criminal por lo que le hizo a nuestros comandantes – Alegó con cierto rencor ante lo ocurrido.

    Sus soldados respondieron con ímpetu deseando también dar con ese criminal y vengar al santo caído. Luego siguieron su patrullaje.

    – Cielos, siguen buscando al hombre que atacó a los santos – Comentó la maga algo preocupada.

    – Si, aun me sorprende eso – Comentó el santo bebiendo su cerveza – Seguro fue un mago, es lo más probable.

    – Claro que no tonto, un mago de Albores jamás haría algo tan horrible como eso, no somos así – Alegó ofendida dándole un zape.

    – Oye, relájate mujer. Nunca dije que fuera un mago de Albores, quizás fue un extranjero – Agregó para calmarla un poco.

    – ha, bueno. Así si – Respondió más calmada volviendo a tomar del aguamiel.

    – ¡No puede ser! – Espetó con sorpresa el sirviente, llamando la atención de sus compañeros.

    – ¿Qué pasa? – Cuestionaron ambos.

    – La descripción del sospechoso – Comentaba sin quitar la sorpresa de su rostro – Corresponde a la de un sujeto que vi en la tienda de antigüedades…Bueno, no vi su rostro, pero si vi su brazo derecho, tenía una especie de guante de piedra muy grande, y estaba lleno de símbolos mágicos, era algo muy extraño.

    – ¿En serio Oss? ¿Qué más sabes? – Cuestionaron una vez más al unísono la maga y el santo.

    – Pues, no vi nada más, pero hizo una compra rara. Eran gemas de engarce antiguas y vacías, pago mucho por ellas. Le vi hace más de una hora, sabrán los dioses done está ahora – Suspiró algo desanimado el sirviente.

    – Bueno, al menos sigue dentro de la ciudad, quizás los soldados aun tengan oportunidad de atraparle. Un brazo como ese debe ser muy llamativo – Agregó el santo regresando a su comida.

    – Si…Pero, un brazo de roca con símbolos mágicos y piedras de engarce, eso suena muy extraño ¿No creen? – Cuestionó la maga pensativa ante tales cosas.

    – Si, pero. No sé para que puedan usarse las gemas de engarce, ni sé que son – Comentó el santo.

    – Pues tienen muchos usos realmente, desde cosas sencillas hasta magia avanzada. Me intriga eso, puede que sea un mago en todo caso – Respondió ella.

    Dicho eso dejaron el tema de lado y prosiguieron a terminar de comer. A pesar de la cantidad de comida el sirviente pago sin problemas e incluso dejó una buena propina para el restaurante. Salieron del lugar y pusieron rumbo por la avenida principal hacia el norte de la ciudad.

    – Por todos los dioses, estoy lleno, no podría comer nada más en todo el día – Decía sonriendo satisfecho Aikar.

    – Comes demasiado Aikar, parecías un barril sin fondo – Comentó ella riendo un poco.

    – No digas eso. Los santos necesitamos comer bien para siempre estar fuertes y listos para una salvaje pelea – Respondió en su defensa.

    – Puede que sea verdad – Rio ella – Por cierto ¿Cuánto dinero conseguiste por esa moneda Oss? – Preguntó la maga mirando al sirviente.

    – 600 tesales, no sabía cuánto era, pero cuando vi los precios en el mercado parecía una buena cantidad. Todo lo que comimos solo costó 250 tesales. Y esta bella ropa fue una ganga – Sonrió quitándose la capa para mostrar su atavió. Una camisa blanca manga larga algo holgada, un chaleco de cuero, seguido un pantalón café oscuro ligeramente holgado y unas botas negras de cuero, además de unos guantes de tela en las manos – Este bello conjunto me costó solo 200 tesales. Los guantes fueron un regalo de la hermosa jovencita que me atendió, dijo que veía más seductor con ellos.

    –… La sedujiste para que te los regalara ¿Verdad? – Afirmó arqueando la ceja su amo.

    – Los caballeros no tenemos memoria, mi señor – Respondió riendo de forma soberbia – Dejando eso de lado, aún nos quedan 150 tesales, Aikar.

    – Eso suena genial ¿Cuánto nos costará una linda posada por aquí? – Cuestionó mirando a todos lados buscando una.

    – No te preocupes por eso Aikar, recuerda que mis tíos nos ofrecieron quedarnos a dormir en su casa – Dijo ella.

    – ¿Tus tíos? – Cuestionó el sirviente.

    – Si, es verdad. Veras Oss, nuestra linda compañera resulta ser sobrina del líder de la academia, además de tener una tía elfa muy linda y amable, que nos invitó a pasar la noche en su hogar – Explicó el santo.

    – Eso suena bien…Y dime Diane ¿Tu tía cocina bien? aún tengo espacio para un poco más – Sonrió abrazando por encima del hombro a la maga.

    – ¡¿Qué?! – Exclamaron ambos sorprendidos.

    Ellos siguieron caminado hacia la casa de los tíos de Diane.

    Sin embargo por otro lado. Aquel hombre con quien Oss se topó en la tienda de antigüedades caminaba tranquilamente por un callejo oscuro, al ver una patrulla de soldados se escondió detrás de unas cajas, esperando que pasaran.

    – A este paso no podré salir de la ciudad pronto. Que molestos son estos humanos – Susurró molesto asimismo.

    Al pasar la patrulla por la calle se incorporó y se dirigió a una puerta, una que abrió con una llave. El lugar al que entró estaba algo oscuro pues las ventanas estaban cubiertas por cortinas que tapaban casi toda la luz. Lo primero que hizo fue acercarse a un escritorio y prender unas velas, pero ¿Cómo lo hizo?

    Fuego: Ascuas – Enuncio un conjuro, levanto su brazo de piedra y de su dedo índice salieron unas pequeñas llamas que encendieron las velas. Magia ¿Sin varita?

    La vela iluminó mejor el ambiente. Era una habitación no muy grande, una cama, un escritorio y una mesa, en una esquina se podían ver un par de cajas de madera y eso era todo lo que allí había, sin decoración ni nada. Dejó su morral en el escritorio, junto al cual había una rara mascara de jabalí hecha de metal. Se quitó la capa mostrando por vez primera su apariencia.

    Era un hombre mayor de treinta años, 1.85 de altura. Cabello oscuro largo que no se molesta en llevar sobre su rostro completamente despeinado, cejas oscuras y no muy pobladas, ojos grises con una seria e intimidante mirada, su vello facial estaba completamente afeitado. Su piel era muy blanca, hasta el punto de parecer pálido, pero ¿Por qué? y ¿Por qué tiene colmillos tan largos? pues es porque es un vampiro.

    Bajo su capa vestía una camisa sin mangas negra, un pantalón gris y grandes botas de cuero. Y claro está ese famoso brazo de roca, que debo aclarar es una guante.

    Cubría su mano hasta, casi, su codo, dando una imagen muy tosca y ruda, pero a pesar de eso se movía con facilidad, como si no pesara nada. El guante lleno de símbolos mágicos ordenados en círculos diferentes, y al final del mismo había una gema roja incrustada, dicha gema no era de color rojo, sino más bien transparente y contenía un líquido rojo.

    Se acercó a su mesa donde una tela negra cubría algo. Quitó la tela y reveló una esfera de cristal sobre un círculo mágico dibujado sobre la mesa. Puso su mano de piedra tocando el círculo con un dedo y se concentró.

    Un círculo de símbolos del brazo de piedra se iluminó y luego el círculo bajo la esfera, la cual comenzó a iluminarse muy tenuemente.

    – Numero 13 reportándose a la cueva de las bestias, tengo el informe sobre la misión que se me asignó – Fue lo que ese hombre dijo mirando la esfera con un tono muy serio.

    La esfera entonces mostró una imagen, algo borrosa, pero se podía ver a una persona cubierta por una túnica negra, aunque no se veía su rostro.

    Joss. Tardaste más de lo que pensé, creí que esto sería algo fácil para ti. ¿Ya estás de regreso? – Respondió esa otra persona, y aunque su voz estaba algo distorsionada se podía identificar que era de una mujer.

    – Me temo que no mi señora – Respondió algo temeroso – La misión está completada. He atacado y asesinado al santo objetivo. Otra mujer santo intentó interferir pero la he dejado fuera de combate – Ante este último comentario sonrió.

    – Magnifico mi querido jabalí – Comentó la mujer con cierta seriedad pero también con satisfacción.

    – Sin embargo, la ciudad fue sellada hasta encontrar al responsable, es por eso que aún no he podido escapar – Agregó un poco avergonzado.

    – ¿No puedes escapar? El jabalí cazador está atrapado, eso sí es irónico – Esto lo dijo con cierto tono de burla.

    – No, claro que no mi señora. Solo estoy esperando el momento correcto para escapar de la ciudad. Como usted ordenó, debo evitar a toda consta que me identifiquen y que me relacionen con nuestro grupo – Agregó él.

    – Eso es verdad Joss. Sabes que nada ni nadie debe saber que uno de los nuestros estuvo allí, es difícil mantener nuestro estatus de anonimato. Eso te debe quedar muy claro – Su voz se tornó un poco más seria e intimidante – Si eso ocurre, Joss, sabes perfectamente lo que te haré.

    El hombre no pudo evitar intimidarse y tragar saliva al oír eso.

    – No se preocupe mí…mi señora eso no ocurrirá, lo juro por mi lealtad a usted y al grupo – Respondió tratando e no sonar intimidado, cosa que no logró.

    – Perfecto. Bueno, si no tienes más que agregar, me despido mi querido jabalí – Y de la nada su voz se volvió un poco más amable. Y terminó con la comunicación.

    Joss quitó su dedo del selló y este se apagó junto a la esfera. Suspiró tratando de relajarse, aunque la amenaza de esa mujer claramente lo amedrentó, haciéndolo sudar frio por el momento.

    Por otro lado, de regreso con el grupo del santo, la maga y el sirviente. La tercia de compañero había llegado a esa casa donde pernoctarían. Sin duda era una gran y lujosa casa, pues era de esperarse, ya que Amadeus es un mago de renombre con títulos y puestos importantes.

    El inmueble era grande, de tres plantas además de una azotea a la que se podía acceder. Los materiales eran de mayor calidad haciendo juego con las construcciones cercanas que claramente eran de gente adinerada. Al frente había un jardín rodeado por una barda con rejas en formas muy artísticas, aunado a un portón lujoso y grande.

    Entraron pues caminando por el sendero adoquinado que llegaba al pórtico.

    – Cielos, tus tíos sí que saben vivir – Comentó el sirviente Oss caminando detrás de su amo y mirando todo el lugar con asombro.

    – Pues, sí. Mi tío es un mago famoso y poderoso, además de tener rangos importantes. Luego mi tía es hija de un gran mercader elfo que también vive aquí. Y su hijo es capitán del ejército. Son bastante pudientes en la ciudad – Explicó la maga tranquilamente.

    Llegaron a la entrada principal que era una gran puerta doble de madera con hermosos relieves. Tocaron y en pocos segundos abrió la puerta la tía de Diane, sonriendo mucho al verles.

    – Me alegra que llegaran chicos. Vamos, entren, entren, el estofado aún está caliente por si tienen hambre – Saludó haciéndoles pasar.

    – Creo que probaré un poco, de ese delicioso platillo… – Sonrió lamiéndose los labios el sirviente. Pero un golpe en la cabeza por parte de su amo fue lo que recibió.

    – Antes de pedir, presentante con la señora de la casa. Muestra un poco de respeto y modales – Fue lo que dijo arqueando la ceja.

    – Si, es verdad. Disculpe mis modales – Comentó sobándose la cabeza – Soy Oss, es un honor y placer conocerla, y gracias por permitirme dormir en sus hogar – Dijo con una reverencia.

    – El placer es mío. Soy Lira Saffin de Darhun – Sonrió amble – Diane sabes que siempre es bienvenida en nuestro hogar y sus amigos también, y más cuando son un par de jóvenes tan amables, educados y apuestos como ustedes.

    – ¿Apuestos? Gracias mi señora – Cuestionaron ambos hombres ligeramente sonrojados.

    – Buenos. Pueden relajarse, hay comida y bebida en la cocina si aún tienen sed y hambre, por lo pronto me encargaré de preparar sus habitaciones – Dijo amable mientras se dirigía a la segunda planta.

    – Déjame ayudarte tía – Comentó la joven maga siguiéndola.

    – No cariño, quédate con ellos y atiende bien a tu novio y tú amigo – Rio un poco para luego irse.

    – ¡Él no es mi novio tía! – Exclamó sonrojada y avergonzada.

    – Vaya, que mujer más amable y hospitalaria – Sonrió el santo al verla irse.

    – Si, bastante, además de hermosa. Pero bueno, creo que yo probaré un poco de ese estofado ¿Me guías a la cocina Diane?

    – Claro, es por aquí – Suspiró olvidando el comentario de su tía y los llevó hasta la gran y basta cocina.

    – Cielos, que lugar tan hermoso y grande, tu tía debe ser una gran cocinera. Esto me trae lindo recuerdos de nuestra época, ¿verdad Aikar? – Comentó Oss sonriendo al ver tan ostentoso y abastecido lugar.

    – Si, vaya que me recuerda a cierto lugar – No pudo evitar decir esto con un tono algo apagado y agachando la mirada.

    La maga notó esa actitud, pero no quiso preguntar el por qué. Se limitó a servirle un tazón de estofado a Oss. Le indicó a Aikar donde tenían las bebidas y tomaron una botella de vino para beber y pasar el momento en una amena platica. Más que nada acerca de la familia de la casa en la que estaban.

    – Y desde entonces mi tío se hizo miembro de los sabios de Albores. Un grupo de magos de alto nivel y con grandes conocimientos sobre la magia, están directamente bajo las órdenes del rey – Explicaba la joven maga.

    – Cielos, era de esperarse de un mago de tan alto nivel. En nuestra época ya existía ese grupo de magos, y ciertamente eran los más poderosos de todo el reino. Fueron muy importantes en la guerra santa – Agregó el santo Aikar.

    – Y mi primo, aunque no nació con poderes mágicos desde joven fue muy bueno con las espadas así que se unió al ejército, es capitán del ejército…Ahora que lo pienso, él debería estar aquí. Bueno, me alegra un poco que no esté aquí, es bastante sobreprotector e impertinente – Se dijo así misma eso último.

    Entonces se escuchó el llamado de alguien que recién llegaba a esa casa.

    – ¡¿Diane, dónde estás?! – Fue lo que preguntó la voz de un hombre denotando clara emoción.

    – No soy adivino, pero algo me dice que ese es tu primo ¿Verdad? – Cuestionó sonriendo el sirviente.

    – Si, es él – Suspiró resignada.

    Se escucharon los rápidos pasos de ese sujeto para llegar hasta la cocina y entró deslizándose para no chocarse pues entró corriendo.

    – ¡Diane! – Sonrió enormemente al verla.

    – Hola Neil – Saludó un poco avergonzada por su enérgica personalidad.

    – La pequeña Diane regresó – Se acercó y la abrazo fuertemente – Cuando te fuiste sin avisar nos preocupamos mucho, hasta que Albert tuvo la decencia de mandar una carta para avisar que estabas con él.

    – ¡No, no me llames pequeña Diane! – Se avergonzó más por ese apodo mientras era abrazada con tal impulso – Lamento haberlos preocupado – Suspiro y decidió corresponder, pues al fin y al cabo era su primo y le alegraba verlo.

    – Un momento – Dijo él soltándola y viendo a Aikar y Oss, quienes miraban la escena tranquilamente – Ustedes, quienes son y que intenciones tienen con Diane…Uno de ustedes debe ser su novio ¿Verdad? pues tendrán que entender que ella es un chica inocente y…. – Pero un golpe en su cabeza fue lo que recibió al instante.

    – ¡Aikar no es mi novio! – Alegó molesta y sonrojada Diane quien le propinó ese golpe.

    – Que curioso, él nunca especificó a Aikar ¿Qué te hace pensar que se refería a él?... – Esto lo dijo Oss, pero al igual que Neil recibió un fuerte golpe en la cabeza por parte de la maga. Golpe que impresionó incluso al santo por la velocidad a la que se lo dio.

    – ¡Eso no importa Oss! – Pero su sonrojo no desaparecía. Suspiró para relajarse y acomodó su cabello que se había alborotado por sus rápidos y fuerte movimientos – Neil, ellos son amigos, Aikar y Oss. Aikar, Oss, este tonto es mi primo Neil.

    – Es un gusto conocerte Neil. Soy Aikar Grimm. Tu prima habla muy bien de ti. Dice que eres un gran soldado, y eso lo respeto mucho – Dijo el santo ofreciendo su mano para estrecharla con él de forma respetuosa.

    – Si, bueno, el gusto es mío. Soy Neil Darhun. Amo servir a mi reino, por eso me volví soldado, me alegra que Diane lo reconozca y hable de ellos – Comentó Neil sobándose la cabeza y correspondiendo al gento del santo.

    – Yo me llamo Oss e igual que él aprecio y respeto a los hombres que sirven a un reino – Agregó el sirviente también estrechando su mano con Neil.

    El soldado Neil. Sin duda un hombre apuesto. Alto, con una estatura de 1.90 que va a acorde con una musculatura marcada por los entrenamientos militares. Su cabellera era corta, como lo exige el ejército, notando el mismo color café que heredó de su madre. Su piel y facciones son más propias de un elfo sin las típicas orejas, esto por la combinación de razas, siendo más humano que elfo. Sus cejas eran pobladas como las de su padre y compartía el mismo color de ojos de la familia Darhun, ojos azul celeste.

    Vestía su uniforme de capitán. Su camisa era de manga larga negra y algo ajustada, en su pecho el símbolo del reino, un águila dorada. El pantalón era café y ligeramente holgados, luego un par de botas de cuero de cierta calidad.

    Eso era todo, quizás puede confundirse con el uniforme de los soldados que se toparon en la entrada de la ciudad. Pero hay una diferencia, Neil debería portar una armadura de metal pues es miembro a de una unidad superior, sin embargo no portaba esa armadura en ese momento, al menos no por completo, pues si llevaba las grabas de acero, las cuales poseían unos grabados que las hacían ver un poco mejor. Y claro está en su brazo su distintivo de capitán.

    – ¿Por cierto, donde habías estado Neil? Me sorprendió no encontrarte aquí – Cuestionó Diane volviendo a su actitud normal.

    – He estado ocupado con respecto a lo que pasó con los santos que fueron atacados esta madrugada – Respondió suspirando algo cansado y frustrado – Todos los soldados y magos están desconcertados, incluso el gobernador está algo asustado. Por lo pronto, no sabemos mucho del atacante.

    – Si, alguien que es capaz de asesinar a un santo, no es algo que se vea todos los días – Agregó Diane pensativa.

    – ¿Y que saben acerca de ese sujeto? – Preguntó Oss algo curioso.

    – Realmente no mucho. Es un hombre de edad madura, alto y fornido, viste una capa gris que lo cubre por completo, además de una rara mascara de jabalí que llevaba cuando atacó a los santos…Cierto, y su brazo derecho parece estar recubierto de roca, lo más probable es que sea una especie de guante. Aun o nos ponemos de acuerdo si es un mago o un santo – Relató él recodando todo lo que sabía.

    – Ahora que lo recuerdo. Oss dijo haber visto a un hombre así – Dijo Aikar mirando a su sirviente.

    – ¡¿En serio?! – Exclamó sorprendido Neil mirando a Oss – ¿Dónde le viste?

    – Bueno, fue hace varias horas. Fui a una tienda de antigüedades y allí entró ese sujeto, pude ver la capa y ese famoso brazo de roca, pero, me temo que no vi su rostro – Respondió un poco avergonzado de no saber nada más.

    – Cielos…Bueno, al menos aún sigue dentro de la ciudad, eso es algo – Suspiró Neil.

    – El problema es cuanto más permanecerá dentro de los muros. Si pudo vencer a dos santos, escapar no puede serle tan complicado – Comentó Aikar.

    – Eso es verdad, no nos queda más que esperar y confiar en las habilidades de los soldados y guardias. Además ya se le informó al ejército, pronto enviaran más soldados y otros santos para colaborar – Sonrió un poco.

    – ¿Cómo sigue la otra víctima, la que sobrevivió? – Preguntó Oss.

    – Ella…Pues está muy herida, los sanadores dicen que realmente tuvo mucha suerte de sobrevivir. Lamentablemente perdió el ojo derecho y tiene muchas fracturas por todo el cuerpo, sin contar los cortes y demás golpes. Ha estado inconsciente todo el día, calculan que despertará hasta mañana – Comentó notándose preocupado por ella, como si la conociera.

    – Pobre, pero, al menos sobrevivió, eso es algo – Dijo Diane agachando la mirada compadeciéndose.

    – Bueno. Tuve un día algo largo, voy a tomar una ducha y luego a descansar, me alegra que estés aquí Diane – Bostezó y se dirigió a la salida del a cocina, pero antes miró a la chica sobre su hombro – Lamento lo que pasó con Albert. Papá me lo contó cuando le vi en el palacio del gobernador. Sé que debes de estar muy preocupada, pero no debes hacerlo, Albert es un mago muy fuerte, estoy seguro que él está bien y pronto volveremos a verle. – Dicho esto se retiró.

    Diane no hizo más que suspirar tan solo de recordar eso agachando la mirada. Aikar se acercó y colocó su mano suavemente sobre su hombro para darle ánimos, acompañado de una sonrisa que la maga emuló.

    Horas más tarde, ya por la noche. El Santo y su fiel sirviente estaban en la a habitación que compartirían, no era nada ostentoso pues era una habitación de huéspedes, dos camas, un par de mesas de noche, un escritorio y varias lámparas de aceite por el lugar. Aunque cabe mencionar que los muebles eran de alta calidad.

    Aikar estaba en el balcón solo mirando la noche y disfrutando de la brisa nocturna. Aunque su semblante parecía nostálgico y algo apagado.

    – Aikar – Se acercó Oss y se puso a su lado para mirar la noche y la bella vista de la ciudad solo iluminada por antorchas y lámparas – Sabes. Sé que no quieres hablar de esto, pero. Yo pensaba que mañana podríamos ir a alguna biblioteca o a algún lugar donde pudiéramos encontrar algo acerca de lo que ocurrió con nuestro clan, es una ciudad grande y antigua, puede que haya algo

    – Oss…Seamos realistas amigo…No queda nada del clan, ni del reino en el que crecimos – Dijo con un tono muy apagado y pesimista.

    – Vamos, no digas eso Aikar. Si, ha pasado mucho tiempo…Quinientos años….Pero él reino sobrevivió todo este tiempo, quizás, tan solo quizás los Grimm también lo hicieron… – Pero fue interrumpido por Aikar.

    – Se realista Oss – Dijo con un tono más serio – Tu sabes lo que ocurrió antes de ser sellados, lo que pasó con mamá, papá, mi hermana, todos los que vivían en nuestra villa. No trates de olvidar lo que pasó, tú y yo lo vimos con nuestros ojos – Lo miró serio y apretando los puños con frustración y tristeza, no pudiendo contener las lágrimas que surcaron sus mejillas ante tan funesto recuerdo.

    – Yo…Yo lo sé Aikar…Nunca podré olvidarlo – Agachó la mirada también con esa misma sensación, quizás más tristeza que frustración – Yo no soy humano, ni siquiera soy mortal…Sin embargo a tus padres y hermanos, nunca les importó eso. Cuando llegue al mundo para servirte todos me acogieron como uno más de la familia, tus padres me trataban como si fuera su propio hijo, y tus hermanos me apreciaban como si compartiéramos la sangre – Al igual que el santo no pudo contener las lágrimas, sintiendo un gran nudo en la garganta – A pesar que me dieron su apellido…Yo nunca me sentí digno de usarlo, nunca me sentí al nivel de ustedes.

    – Oss – Dijo Aikar sorprendido por sus palabras pero conmovido. Se acercó y lo abrazó – Aun sin compartir sangre o tan siquiera naturaleza, tu eres mi hermano y mi mejor amigo….Y eres otro miembro de la familia Grimm, nunca lo dudes…Costal de huesos.

    – ¿Aikar? – Era raro ver al santo de la muerte demostrar su aprecio a los demás, eso lo sabía Oss por eso se sorprendió – Me honra ser un Grimm. Me honra ser tu hermano y tu sirviente Aikar Grimm, santo de la estrella de la muerte.

    – ¡Bueno! – Exclamó soltándolo de forma brusca y dándole un golpe en el brazo – Costal de huesos ya mi pusiste sentimental – Dijo riendo – Mañana será un día ajetreado así que será mejor que descansases – Se dirigió a su cama.

    – ¿Ajetreado por qué? – Cuestionó Oss sin entender.

    – Porque mañana vamos ha…… – Dijo sonriendo pero fue interrumpido.

    En ese momento Oss pudo ver algo que pasó por encima de la casa donde estaban, claro que solo vio la sombra que pasó sobre él

    – ¡Aikar, mira! – Señalo al frente, una persona con una capa gris saltaba ágilmente por las azoteas de los edificios.

    Aikar se acercó rápidamente para ver qué pasaba. Entonces ambos vieron el brazo derecho de esa persona esto por los movimientos que hacia su capa en cada salto.

    – ¡Un brazo de roca, es el asesino! – Exclamaron sorprendidos ambos.

    – Rápido Oss, conviértete, vamos a seguirlo antes que lo perdamos – Ordenó Aikar parándose sobre el barandal del balcón.

    – ¿Así sin más, no le avisaremos a Diane? – Cuestión él.

    – ¡No hay tiempo Oss, rápido o lo perderemos! – insistió.

    El sirviente no lo dudo y rápidamente se volvió polvo para tomar su forma de guadaña y ambos salir tras él
     
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    Hola. Tardé mucho en poder leer la historia y venir a comentarla porque estuve ocupado trabajando en un proyecto mío, además de otros asuntos personales que no me dejaban mucho tiempo para el foro. Dado a que ya están terminados, pasaré a comentar.

    Me ha gustado el capítulo, como la mayoría, pero es algo incómodo que en el principio el 95% del capítulo sean solamente diálogos entre los personajes. Pasando la mitad, la narración ya se empieza a ser más abundante dejando un buen equilibrio entre la misma y los diálogos. Deberías cuidar más ese detalle y tratar de llegar a un mejor equilibrio entre ambos.

    Algo que no me gustó era que revelaras de entrada que el "jabalí asesino" es un vampiro. Podrías haber puesto detalles como la palidez de su piel y la longitud de sus colmillos y dejarle al lector que llegue a esa conclusión.

    La mujer que habló con él me da la impresión de que se trata de Zila. Esto es por la forma en la que habla, además de que el Joss no era alguien de la ciudad, sino alguien que entró exclusivamente para la misión. Podría formar parte de la horda, pero eso está por verse. Tal vez me equivoque.

    Me gusta como se va mostrando la relación entre Diane, Aikar y Oss. Además de que la escena del final entre el amo y su sirviente fue muy buena. Se vio el tipo de relación que existía entre ellos antes, y de la forma en la que se aprecian ahora que son los únicos de su clan en estar vivos. Igualmente Aikar no debería venirse abajo de esa forma, tal vez algún descendiente de su familia siga con vida. Pero es lógico de pensar que no sobrevivió nadie.

    Una cosa que me sorprende es que nadie envía más soldados hacia la posición de Albert. Entiendo que sepan que él puede defenderse muy bien por su cuenta, pero un ejército salió de la nada y atacó ese lugar. Parece raro que no envíen un grupo para comprobar que se encuentra bien tras enfrentarse a varios de ellos, o incluso un espía para que les pueda informar sobre la situación de la ciudad. Sin posibilidades de comunicarse, deberían enviar aunque sea a un grupo de tres personas en su ayuda.

    En el próximo capítulo estoy seguro que se verá el enfrentamiento entre Aikar y Joss. Tengo curiosidad por ver como se desarrollará. Además de que creo que Oss podría entrar a la pelea y demostrar algunas de sus habilidades.

    Eso será todo. Tardé un poco en ponerme a leer, pero al fin y al cabo lo hice. Cuando publiques el siguiente, trataré de leerlo. Aunque ahora se me hará más difícil porque mis vacaciones ya casi se terminan. Saludos.
     
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