Renacimiento apocalíptico.

Tema en 'Relatos' iniciado por Emiya Shirou, 3 Febrero 2015.

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    Emiya Shirou

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    Título:
    Renacimiento apocalíptico.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3356
    Saludos a todos, aquí está la historia que hice para el concurso "Sobrevivientes" en el cual me tocó representar a un repartidor de pizza, lo cual fue muy divertido. :3

    Espero que les guste, es la primera vez que escribo una historia de este género.
    Les deseo a todos un buen día :)

    Terror… era todo lo que había en el rostro de un joven de 18 años conocido como Humberto Martínez, quien vio todos sus sueños e ideales ser destruidos por una plaga zombi.

    — ¿! Por qué?! — Era lo que se preguntaba Humberto mientras estaba oculto en el sótano de su casa, junto con su madre, su tía, una amiga de la universidad y un biólogo que había logrado rescatar.

    Todo lo que él quería era ser un buen diseñador gráfico, aunque debido a la muerte de su padre, la situación económica de su familia había bajado considerablemente. Para tratar de remediarlo, el decidió conseguir un empleo como un repartidor de pizza, trabajando para Pizza Hut, durante las mañanas, para luego ponerse a estudiar su carrera en las tardes.

    Desde que él tenía memoria, su familia había sido pequeña, solo había vivido con su padre, su madre, su tía materna y su hermana, Laura, quien aún no había regresado a casa, lo más probable es que la hubiesen devorado o convertido durante ese periodo de tiempo. Tras la muerte de su padre por culpa de una pulmonía, Humberto tuvo que volverse más responsable, por lo que dejó de hacer muchas cosas que le gustaban, como ver animé o leer manga, para dedicarse a tiempo completo a sus estudios y a su trabajo como repartidor, aunque ocasionalmente el solía ver un animé cada tres meses, una vez que una temporada finalizaba.

    En la pizzería, él había conocido a muchas personas de todo tipo, y además había conseguido un gran conocimiento de las calles de su ciudad natal, Guayaquil. Claro, él jamás habría esperado que la humanidad terminase su existencia de manera tan repentina.

    Humberto lo recordaba perfectamente, todo había comenzado debido a un experimento realizado en los Estados Unidos de América, donde unos científicos habían dicho que tenían la cura definitiva a la muerte. Varios sacerdotes, clarividentes y chamanes les dijeron que no lo hiciesen, ya que eso sería interferir con el orden natural de las cosas, pero debido a su inmensa curiosidad científica, lo hicieron de todos modos.

    Recuerdo

    — Aquí está Catherine Jones transmitiendo desde la Universidad de Harvard, donde el doctor Edward Reynolds ha logrado lo que muchos han anhelado por décadas, el poder revivir a un muerto. — Narraba Catherine mientras veía entusiasmada el proceso.

    En efecto, esos doctores habían logrado conseguir el supuesto “Elixir” de la vida eterna, usando células madre, tejidos vegetales y un virus como contenedor.

    Todo el público estaba emocionado, por lo menos había unas quince mil personas en las afueras, esperando el resultado de aquel experimento. Para este, se había elegido el cadáver de una persona que solo tenía dos días de fallecida, ya que sus familiares hubiesen hecho lo que fuera necesario para poder regresarla desde el más allá.

    — Lo primero que debemos hacer es colocar el elíxir por medio de una inyección directamente en el corazón del cadáver. — Dijo Edward mientras empezaba con el experimento.

    A medida que la inyección se vaciaba, muchos notaron que el cadáver comenzó a recuperar brillo en la piel, sus labios pasaron de un color púrpura post mortem a un color rojo, y las uñas también recuperaban su color original, esto era simplemente increíble.

    — Majestuoso… — Decía un estudiante mientras veía todo el proceso con mucho detalle. Mientras tanto, en todo el mundo, millones de personas tenían la misma reacción. No podían creer que la muerte ya era cosa del pasado, o bueno, eso era lo que parecía.

    Solo quedaba esperar a que esa persona despertase, así que los doctores esperaron con muchísima paciencia. Pasaron más de 2 horas, y no pasaba nada, eso era una locura, es decir, ¿acaso no habían creado la cura a la muerte? Iban a quedar en ridículo.

    Una estudiante de medicina que estaba ayudando a los maestros notó algo extraño, el cadáver era muy peculiar, es decir, se veía bastante bien, pero apestaba. Olía como una persona que llevase varios días sepultada, ¿cómo era esto posible?

    De un momento a otro, sin que nadie se lo esperase, el cadáver tomó a la estudiante de medicina y le dio una mordida en el brazo, antes de caer al suelo desde la cama donde se encontraba.

    — ¡Llamen a seguridad! — Gritó el médico mientras unos guardias armados venían listos para la lucha. El recién reanimado cadáver, tenía unos rasgos verdaderamente extraños, ya que lucía exactamente igual que una persona normal, pero su olor era casi insoportable.

    Un guardia escudó a la estudiante mientras le disparaba al zombi, dándole un tiro directo en el cerebro, lo cual acabó con él en un instante. Todos los presentes suspiraban de alivio, salvo un soldado histérico, que tenía las intenciones de matar a la estudiante de medicina.

    — ¡Dejad que la mate! — Exclamaba el guardia mientras era detenido por sus compañeros. — ¿Es que jamás habéis visto una historia de zombis? Esta chica se va a convertir y será un peligro para la humanidad. —

    Durante ese momento de histeria, el guardia hizo que se cayesen unos frascos, los cuales contenían un líquido bastante volátil, el cual se evaporó apenas toco el suelo y se esparció por todo el lugar, donde no hubo alguien que no fuese expuesto al patógeno.

    ****

    — ¿Pero qué ha sido eso? — Se preguntó Humberto mientras esperaba que la siguiente orden de pizza de salami con queso estuviese lista.

    Todos sus amigos de la pizzería, no solo él, estaban enfrascados en la pantalla, en aquella conmoción que parecía haber sido sacada de una película de ciencia ficción.

    — Esto es aterrador… — Dijo Cristina en un tono suave, el miedo se sentía en cada esquina del lugar, hasta que la reportera Catherine logró calmar la situación.

    — La estudiante mordida ha sido llevada a un hospital para ser tratada, y todo el extraño vapor ha sido eliminado del aire. — Dijo en perfecto inglés mientras toda la gente se retiraba de vuelta a sus casas.

    Lo que muchos no sabían, es que gran parte de las personas que estaban ahí eran turistas provenientes de muchos lugares del mundo, como Japón, Perú, Alemania, Rusia, India, Pakistán y lamentablemente, Ecuador.

    Humberto quiso ignorar la situación, una vez que le habían dado su siguiente trabajo. Mientras el conducía por las calles en su camioneta, queriendo terminar sus entregas cuanto antes, ya que tenía que ir a clases en unas pocas horas, aunque una parte de él no podía dejar de pensar en aquel incidente.

    — Me pregunto qué habrá pasado… — Pensaba Humberto mientras llegaba a una casa en Los Ceibos, dispuesto a realizar su primera entrega.

    Y así, ese día pasó sin muchos contratiempos. Ya que Humberto entregó todas las pizzas, logró sacar una buena nota en su lección de dibujo técnico, y también logró terminar toda su tarea, aunque un poco tarde.

    Cuando ya eran las 12:00 AM, Humberto no sabía que haría durante el fin de semana, es decir, no tenía más deberes pendientes, le habían dado un día libre en la pizzería, y tampoco tenía que estudiar para alguna lección o examen.

    Entonces, el decidió que iba a ver animé, tal como solía hacerlo durante sus días de adolescencia.

    ****

    En una base militar secreta de Estados Unidos, unos científicos habían comenzado a analizar el supuesto “Elíxir” de la vida, tratando de averiguar él porque de la actitud tan violenta de aquel cadáver.

    Lo que descubrieron fue horrible, ya que el virus que habían usado como contenedor de la proteína que formaba el elíxir había mutado en aquel cadáver, ya que éste había muerto de una manera muy aterradora, primero tenía un resfriado común, y luego fue mordido por un perro infectado con rabia, lo cual le causó la muerte.

    — Dios mío… — Dijo el coronel de la base, temiendo lo peor.

    — ¿Cómo haremos para eliminar un virus como éste? — Se preguntó un sargento, cuyo rostro mostraba una forma pura de miedo.

    Nadie fue capaz de responder, sabían que el virus ahora estaba dentro de todas esas personas, y que solo era cuestión de tiempo para que todo comenzase.

    Y así fue. Unos tres días después del incidente, gran parte de esas personas habían vuelto a sus lugares de origen, ligeramente enfermos. Parecían tener gripe, aunque los síntomas eran mucho más brutales. Dolor de cabeza, fiebre, mareos, náuseas, vómitos y diarrea, todos los pacientes tenían esos síntomas, que se iban agravando progresivamente.

    Los médicos de todo el mundo estaban impresionados, ninguna clase de medicamento podía detener los síntomas, al parecer, estas personas estaban condenadas.

    En la Clínica Alcívar, localizada en Guayaquil, un joven llamado Ricardo Guzmán estaba agonizando, tras haber regresado de la exhibición de Harvard.

    Su cuerpo se encontraba muy débil, demacrado, debido a que había perdido una enorme cantidad de fluidos debido a los vómitos y a las diarreas. Los doctores solo podían hacer que sus últimos momentos fuesen relativamente pacíficos.

    — ¡Doctor! — Gritó una enfermera mientras veían como el paciente comenzaba a convulsionar de manera grave. Su cuerpo no paraba de temblar, sus ojos estaban completamente blancos, un poco de sangre comenzaba a salir desde su nariz, hasta que finalmente, solo hubo silencio.

    — Diablos… — Dijo el inocente doctor, que no tenía idea de lo que estaba a punto de pasar. Una extraordinaria mutación estaba ocurriendo en el cuerpo de Ricardo, el cual rápidamente estaba recuperando su tonalidad original, varios tejidos se regeneraban, y un apestoso olor comenzaba a salir desde su cuerpo.

    En un instante, el cadáver de Ricardo volvió a la vida, y se abalanzó hacia el doctor, para morderlo en el brazo izquierdo, una vez mordido, Ricardo comenzó a morder a cuantas personas veía, al parecer, él no tenía intención de devorarlas o algo por el estilo.

    Nadie lo podía detener, quien en vida había sido un joven bastante delgado, ahora era capaz de enfrentarse a más de cinco personas al mismo tiempo, dándoles a cada una la mordida letal.

    — ¡Auxilio! — Gritó una enfermera mientras trataba de huir de los zombis que venían a toda prisa desde la Clínica Alcívar, al parecer el virus había mutado una vez más, haciendo que la infección se propagase de manera más rápida y eficiente a través de sus víctimas.

    Humberto, quien se encontraba comiendo un pastel de queso junto con una amiga en un restaurante, notó de manera casi inmediata a esos doctores y enfermeras que perseguían de manera incansable a otros, con un solo objetivo, darles una mordida.

    — ¡Dios mío! — Gritó Aura, la amiga de Humberto mientras veía la terrorífica escena. Humberto sabía que tenía que huir cuanto antes, por lo que pagó la cuenta de los pasteles, para luego ir directo hacia su camioneta junto con Aura, con el fin de conducir hacia un lugar seguro.

    Humberto encendió la radio, y todas las estaciones transmitían el mismo mensaje. Había cientos de infectados en las principales ciudades del mundo, la infección se transmitía de manera rápida, a este paso, la humanidad no tardaría en extinguirse, o bueno, eso era lo que pensaba Humberto.

    — Tenemos que hacer algo, esto no puede seguir así. — Dijo Humberto mientras seguía conduciendo por la ciudad, buscando salir de esta cuanto antes, para formular un plan de emergencia.

    — ¿Cómo ha podido pasar esto? — Dijo Aura mientras trataba de calmarse, ya que todos los planes que tenían para el futuro quedaron en segundo plano, todos los animes que iban a ver, todas las tareas que tendrían que hacer, todo eso dejó de importar. Ahora, solo importaba la supervivencia.

    En todas las ciudades importantes del mundo, como Tokio, Nueva York, Estambul, Lima, Berlín, Bogotá, Roma y París, había un caos que no paraba de expandirse.

    Esto era verdaderamente extraño, los zombis solo tenían el instinto de morder, pero no se alimentaban de los vivos, al parecer, ya no tenían esa necesidad en absoluto.

    La infección original tardó 72 horas en infectar a sus huéspedes, mientras que en el caso de la segunda y tercera generación de infectados, solo bastaba quince minutos para convertirlos, vaya, lo que la evolución vírica era capaz de hacer…

    Tras una media hora de agonía, Humberto y Aura lograron salir de la ciudad, ya las carreteras aún eran lugares seguros, perfectos para calmarse un poco y pensar.

    — Esto es terrible, si no hacemos algo para proteger a cuantos podamos, vamos a morir de una manera muy dolorosa. — Dijo Aura mientras veía como Humberto buscaba provisiones en la parte trasera de su camioneta, al parecer, no había ni comida ni agua, pero sí había una pistola eléctrica que le habían dado como arma de defensa personal.

    — Espero que esto funcione, es todo lo que tenemos. — Dijo Humberto mientras se disponía a regresar a la ciudad, para tratar de poner orden a la situación.

    El panorama de Guayaquil era desalentador, se podía ver como cientos de personas convulsionaban en el piso antes de ser completamente infectados, el hedor era realmente insoportable, parecía como si alguien hubiese dejado carne podrida por todo el lugar, habían algunos zombis que yacían muertos en las calles, lo extraño era que parecían tener varios días de haber fallecido, cuando supuestamente solo llevaban unas dos horas de haber sido infectados.

    — ¡Por favor, déjenme entrar! — Fueron los gritos de un biólogo que acercaba a medida que un zombi lo perseguía, para salvarlo, Humberto detuvo el auto y salió armado con su pistola, con la cual le dio un disparo certero. Se podía como el voltaje fluía por su cuerpo, y de repente, todo había terminado. El cadáver comenzó a descomponerse de manera rápida, hasta casi parecer un esqueleto.

    — Muchas gracias. — Dijo el biólogo mientras entraba a la parte trasera de la camioneta, aliviado tras haber sido rescatado por Humberto. — Me llamo Alberto Magallanes, es un gusto conocerlos. —

    — Soy Humberto, y ella es Aura. — Dijo Humberto mientras hacía una rápida presentación.

    Poco después, Humberto decidió partir a su casa, dispuesto a llegar a su sótano para pasar la noche y tener la ayuda de su familia. Pero el camino se veía muy difícil, ya que había cientos de zombis enardecidos, buscando a su siguiente víctima.

    Humberto sabía que para llegar a casa necesitarían hacer algo arriesgado, salido de una película de ciencia ficción, pero que si funcionaba, les salvaría la vida.

    — Tengo una idea. — Dijo Humberto mientras le contaba su idea a sus dos acompañantes, estos le miraron con una cara de asombro, pero sabían que no tenían otra alternativa.

    Durante un tiempo, casi por media hora, siguieron conduciendo en dirección hacia la casa de Humberto, la cual quedaba cerca del río Guayas, por lo que no estaban tan lejos. Mientras avanzaban por la calle Chile, pudieron avistar a un grupo de sobrevivientes que estaban peleando valientemente contra los zombis, usando cuchillos de cocina, hachas, martillos, ladrillos y hasta rodillos de cocina. Sus esfuerzos eran nobles, pero era poco probable que pudiesen contra una horda de doscientos zombis.

    — Al parecer estos zombis solo pueden estar vivos durante unas horas, después el virus muere, para que luego los cuerpos vuelvan a estar muertos. — Dijo Alberto en un tono triste. — Vaya, si eso es una vida nueva, me gustaría no obtenerla. —

    — ¿A qué se refiere? — Preguntó Aura con un tono de curiosidad.

    — La única función de esos zombis es transmitir el virus, ya que su metabolismo se consume de manera rápida, por lo que no podrán vivir más de 3 horas cada uno. — Respondió en un tono neutro.

    Humberto no lo podía creer, mientras hubiese un solo zombi en la ciudad, este horror no acabaría hasta que todos estuviesen muertos.

    Al estar cerca de su casa, Humberto vio a sus peores temores volverse una realidad, había unos cincuenta zombis tratando de entrar desesperadamente, ya que el virus estaba a punto de morir en sus cuerpos.

    — Ahora es cuando. — Dijo Humberto mientras veía como Aura y Alberto bajaban del vehículo con la pistola eléctrica, mientras él dejaba abierta la puerta del lado del conductor, para luego pisar el acelerador a máxima potencia.

    Estaba por lo menos a unos cien metros de aquellos zombis, pero era distancia suficiente para ejercer el truco, un error de cálculo significaría su muerte, por lo que no era momento para estar nervioso.

    Cuando finalmente estaba a unos pocos metros, Humberto saltó desde la cabina del conductor hacia la acera, cayendo a una gran velocidad, mientras que el auto hizo pedazos a casi todos los zombis, destrozándolos y liquidándolos al instante.

    El olor era una pesadilla, Alberto y Aura corrieron a socorrer a Humberto, quien se había lesionado el brazo izquierdo con la caída, mientras trataban de no desmayarse debido al terrible hedor.

    — Lo hemos conseguido… — Dijo Humberto mientras trataba de mantenerse consciente.

    Y así como Alberto lo dijo, los zombis se habían convertido en cadáveres esqueléticos en apenas unos instantes, cosa que afectó mucho a Aura.

    De repente, Aura vio a una mujer de unos cincuenta años salir desde una casa, quien estaba muy feliz de ver a Humberto.

    — ¡Hijo! — Gritó la madre de Humberto mientras corría a darle un abrazo llena de lágrimas.

    — Es un gusto que sigas con vida mamá… — Respondió Humberto mientras le devolvía el abrazo.

    Después de ese pequeño reencuentro, todos se dirigieron al sótano de la casa de Humberto, el cual había sido construido por su padre, quien para sorpresa suya, había sido alguien muy creyente del fin del mundo.

    Él nunca dejó que nadie entrase, a no ser que hubiese una catástrofe mundial, tal como ahora.

    Dentro del sótano se encontraba la tía de Humberto, cocinando sopa de lentejas para todos los presentes. Sin lugar a dudas, el padre de Humberto había sido un verdadero genio.

    Tenían todo lo necesario para sobrevivir durante unos meses, ya que tenían unos trescientos galones de agua, mucha comida enlatada, purificadores de agua, bolsas para desechar los desechos fecales y la basura, algunas armas como bates de baseball, enormes hachas y elegantes catanas. Además, había unas cinco pistolas calibre 22, con suficiente munición como para acabar a varios de ellos, por último, tenían una gran cantidad de medicinas y objetos de primeros auxilios.

    — Aquí estaremos a salvo. — Dijo Alberto con una sonrisa mientras cerraba la puerta del sótano, para luego sellarla con varios seguros.

    — Mamá, ¿en dónde está Laura? — Preguntó Humberto con un tono de tristeza.

    — No tengo idea. — Respondió con un tono de dolor. — A lo mejor ya es historia… —

    Humberto de verdad se sintió destrozado, primero su padre fallecía de pulmonía, luego su hermana desaparecía sin dejar rastro, producto de la ambición de un científico loco de Harvard…

    Entonces, Humberto le pidió a su madre que le vendara el brazo izquierdo, ya que ella era enfermera, que bueno que no le tocó turno el día de hoy…

    Una vez vendado, él se acercó a donde su tía, para darle un fuerte abrazo.

    — Les prometo que haré que esta locura termine, por lo menos en nuestra ciudad. — Dijo Humberto en un tono neutro.

    — Humberto, lo mejor sería quedarnos ocultos durante unos días, hasta que todos los zombis hayan muerto, lamentablemente, no podremos salvar a nadie. — Dijo Alberto en un tono triste.

    Todo el mundo se quedó en silencio tras esa afirmación, y no hubo más palabras durante todo el día, incluso durante la merienda.

    Fin del Recuerdo

    Ahora ya saben que fue lo que pasó. Humberto, quien no podía aceptar la realidad que estaba viviendo, veía como sus cuatro acompañantes dormían de manera relajada.

    ¿Acaso la humanidad está condenada? Era lo que pasaba por su mente una y otra vez, desde que Alberto le dijo que no había forma de salvar a las personas afuera.

    Si la situación era así de fea en Guayaquil, él no podía imaginarse lo que estaría pasando en Quito o Cuenca.

    — Desearía poder hacer algo por la humanidad… — Dijo Humberto mientras volvía a quedarse dormido en medio de la primera noche de los muertos vivientes, para luego tener que despertarse en un mundo corrompido, que tan solo era una mera sombra en comparación a su predecesor.

    FIN.
     
    Última edición: 3 Febrero 2015
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    Fenix Parker

    Fenix Parker Orientador ejemplar Orientador Comentarista destacado

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    Hola Tsubasa, que bueno lo hayas pasado bien gracias por participar en la actividad, mira que pensabas que no lo alcanzarías y fuiste e los que si entregaron al final.
    Para ser tu primera historia ha sido bastante buena, es un poco inconsistente pues algunos detalles quedaron al aire y mientras que a algunos aspectos les prestas mucha atención hay otros que han sido muy rápido, creo que haz querido contar bastante en poco renglones.
    Algo que me gustó bastante es que hiciste tu propio virus, más letal y con infectados más simbioticos, algo que siento que faltó es reacciones más descritas para impregnarle más pasión y provocar que el lector lo sintiera, lo adquirirás con el tiempo tranquilo. Hasta la próxima.

    3.5/5

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    Última edición: 7 Febrero 2015
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    Emiya Shirou

    Emiya Shirou Entusiasta

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    Resistance

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    Un gran escrito, pues te lanzas a explicar detalles necesarios, aunque a veces he visto que la propagación del virus ha ido muy rápido. Muy bueno eso de crear tus propios zombis, tienes buena imaginación y lo hace mas esperanzador porque te escondes unas 3 horas y ya no hay XD. Humberto parecía tímido, pero joder, este tipo quería ser el héroe, lo ha hecho todo y aun tenía ganas de hacer más. No he visto faltas, tal vez me las salte, pero era porque estaba entretenido en el capítulo. Muy bueno, espero verte pronto por aquí.

    4/5
     
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    Emiya Shirou

    Emiya Shirou Entusiasta

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    Muchas gracias Resistance, te lo agradezco de verdad :D
     
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    rimless

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    Escorpión
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    Para ser tu primera vez en este genero lo hiciste muy bien, me gustó como explicas las causas y el por qué de las cosas mediante los propios personajes xD aunque por qué tiene que ser repartidor de pizza, un diseñador grafico -_- , espero sean ideas mias y no estes insinuando algo prejuicioso :L, en todo caso, espero sepas tomar los consejos que te dan y mejores tus futuros relatos.
    Como siempre, Éxitos :D
     
  7.  
    Emiya Shirou

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    N0 te preocupes, no creo que te llegue a pasar nada de esto xD
    Gracias por el comentario amigo, te lo agradezco de corazón :D
     

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