Long-fic Ranger por pura casualidad

Tema en 'Fanfics de Pokémon' iniciado por Poisonbird, 19 Junio 2018.

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  1. Threadmarks: Preludio
     
    Poisonbird

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    Ranger por pura casualidad
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    Pues... voy a cumplir con lo prometido, venga.

    Este es mi primer fanfic. Lo he escrito hace unos seis años y su última edición fue de hace dos. Está publicado por todas partes, ya sea en Fanfiction, Wattpad... y sí, Centro Pokémon también. Yep. De ahí vengo yo.

    De hecho si estuviera en diversos lugares ya no tendría por qué publicarlo, pero, eh, voy a ahorrar el trabajo de buscarlo ya que estoy. Aparte, no creo que os guste ver la versión que hay en Fanfiction. Hay algunos capítulos que son... un poco asquerosillos, tengo que decir [?].

    Y además, me chifla el feedback elaborado, qué se le va a hacer. De hecho... aunque lleve unos años y huela a moho ya, apreciaría mucho cualquier crítica con sentido, porque al fin y al cabo estoy pensando en darle una tercera pasada también. Así corrijo algunos errores y eso. La trama no. La trama no la quiero cambiar porque eso ya lo hice en la anterior y me ha tomado su tiempo también.

    Sin más preámbulos, voy a poner el prólogo de esta histo...

    Espera... ¿prólogo? Antes era un trocito de 1328 palabras de descripciones patosas pero quería arreglarlo un poco y acabé reescribiendo gran parte del coso... extendiéndolo en el proceso. Así que esta vez lo voy a llamar "preludio". Es más apropiado.

    Conste también que solo le he dedicado una tarde y una mañana para escribirlo. Le habría dedicado más tiempo para revisarlo y eso, pero... eh, quería publicar algo pronto y luego ponerme a hacer lo que me quedaba pendiente. Temo que me haya quedado algo enreversado, por eso.

    Ah... y parece que también que retocar un poco el capítulo 1. Espero que no tenga que toquetearlo todo.

    Bueno. Cheerio!



    Ranger por pura casualidad

    3ra edición

    Preludio.

    Hacía un día de perros para trabajar. Encima de la Selva Oliva caía un molesto diluvio que convertía el suelo en barro y los riachuelos en torrentes. No era precisamente un tiempo propicio para hacer una patrulla rutinaria. Pero quién sabía, quizá algún idiota se le ocurría meter los pies en el río. Era hasta complicado escalar usando las zarzas por lo resbalosa que se volvía la roca.



    Como era de esperar, no había ningún Pokémon, ni persona que se atreviera a salir con semejante goteo. Solo había algún que otro ser acuático deleitándose con ese baño tropical. Tal como aquella chica de cabellos azules pensaba, no había alma humana que se atreviera a contraer un resfriado con ese temporal… salvo ella y su Plusle. Aunque el pequeño conejo estaba soltando chispas de alegría… literalmente.



    —Bueno, bueno, Plusle, cálmate. Guarda tus rayos para las capturas, ¿quieres?



    Pero ella ignoraba. Correteaba alegre por el suelo hasta que al final salpicó un charco de lodo. La pequeña no tardó en zarandear su pelaje.



    —¡Ya vale, que me ensucias!—decía entre risas mientras intentaba protegerse de la mugre. Después, Plusle fue corriendo de vuelta hacia su hombro. Quizá no fuera un día para divertirse, pero al menos su acompañante ayudaba a reforzar la moral.



    Aún así, no podía ignorar lo silencioso que estaba aquel bosquejo para el tiempo que era. Quizá no habría muchas aves cantoras, pero al menos las otras veces se escuchaba algún aullido entre la llovizna. Pero hoy…



    Algo ocurría. No sabía si era así, pero su intuición le decía que algo iba mal. La selva se sentía mucho más vacía de lo normal. ¿Dónde estaban los Palpitoad y los Electrike?



    Igual se había sospesado con anterioridad que aquí podría residir la guarida del Equipo Go-Rock. Algo bastante improbable, desde que la base de Villaestío estaba cerca y no era una isla muy grande. Al fin y al cabo, la selva es un lugar bastante transitado. Algún transeúnte habría informado de actividad sospechosa si así fuera.



    Pero con el espacio que hay para subsuelo y la cantidad de vegetación, podría ser posible. Aún así, hoy no era un día para ver por dónde se hallaría la entrada. Aparte, qué demonios, ¿con un suelo de arcilla iban a excavar una base de operaciones? Y teniendo el mar por debajo, ni más ni menos.



    No, no. No era factible. Mirara por donde miraba, no había forma de que hubiera una base aquí. Quizá una guarida pequeña, pero… toda la base. Ni hablar.



    De todas formas, las gotas empezaban a darle mucho la vara y estaba claro que no había nadie. Pero por mucho que lo odiara, y aunque aquí no resida el enemigo, no podía dar la patrulla por acabada. Así que continuó adentrándose, aún vigilando por donde pisaba.



    Y de pronto, se encontró con la respuesta siendo azotada por una de las especies ausentes.



    Un perro de gran pelambrera verde con rayas amarillas en los costados se abalanzó hacia ella en el costado. Con el espesor de la maleza y la lluvia camuflando cualquier ruido le proporcionó una emboscada perfecta. Un golpe sorpresa que hicieron que cayeran hacia el suelo.



    Selena tardó en responder, pero Plusle fue rápida. El Electrike cargaba sus colmillos de electricidad para proporcionarle un buen choque. Mas, aprovechando la distancia que ganó al ser tirada, atestó un Ataque Rápido que apartó al pequeño lobo.



    Cómo no, la ranger agradeció el gesto. Sin embargo, era tarde. Había una manada de ellos rodeándoles.



    Esto ya era terrorífico. La agresividad de esos Electrike no era normal. Cuánto menos eran tímidos. Sin duda había una mano maestra detrás de este comportamiento.



    ─¡Vaya, vaya, mira quién tenemos aquí! La molesta Ranger de alto rango. No pensaba que nos iríamos a reencontrar tan pronto, querida.



    Hombres de blanco con camisas blancas de tirantes, pantalones acampanados con líneas rojas, guantes y adornos negros empezaron a mostrarse. Algunos fregaban sus guantes cuales moscas, deseando cosas indescriptibles. Y entre ellos…



    Sí. La conocía. Esas personas extravagantes daban paso a alguien de todavía más nivel. Sujetando un estiloso paraguas y dejando ondear su larga gabardina sin mangas, aquella joven esbozaba una sonrisa llena de malicia.



    —Aina...—dijo Selena, la chica del pelo azul.

    —¿Qué es lo que estabas husmeando, pillina?

    —¿Y a ti qué te importa?—contestó con rudeza. No tenía ningún asunto con ellos esta vez.

    —Aw, ¿pero por qué me contestas así? Pensaba que éramos amigas… ah, no. Espera. Me humillaste en la entrada de la Gruta Unión. Muy bien por ti, querida, ¿pero es que no piensas en la gente? Quiero decir, tenemos intereses que pagar y beneficios que ganar, ¿sabes? Aparte, no me gusta que me quiten a mi Camerupt.

    —Ese Camerupt no era tuyo.—volvió a responder con tosquedad.

    —Si siempre pilláis prestado los pokémon a la selva. ¡Ah, en fin! ¡Me da igual! El caso es, te tengo atrapada, niña. Me he ocupado de que no tengas escapatoria. Sí… ¿y si te llevamos de primicia a nuestra base? ¡Te daremos estancia gratis sin posibilidad de retorno y cadenas de regalo!



    Aina se reía cual reina malvada en un trono de oro. Irritada, Selena se iba levantando mientras acercaba su mano a la cintura.



    —Oye… ¿a quién llamas niña? Tengo como dos años más que tú por lo menos.



    Entonces Aina dejó de reír. Ofendida por la verdad, le clavó una mirada de odio hacia ella.



    —Maldita sea… vas a pagar muy caro por esto, ¿sabes? ¡RECLUTAS!



    Selena desenfundó su “arma”. Lo puso delante suyo, levantando la solapa con el pulgar, para luego con el mismo dedo encenderlo. Aquel aparatoso móvil carmesí alargó una antena que dispersó algunas gotas con un rápido zarandeo. Los lobeznos se fueron abalanzando con los pies prestos hacia ella como una jauría de lobos hambrienta. Y ella estaba preparada.





    Lo poco coordinado del ataque la ayudó a evitar las afiladas fauces de los canes rodando hacia la izquierda. Tres de ellos se chocaron de frente, mientras que otros se enterraron en el barro. Sin perder ni un segundo, Selena se levantó y dejó que la boca del aparato expulsara una peonza blanca y azul que giraba sin parar sobre su luminoso eje. Con energéticos movimientos de mano, el disco capturador rodeó a aquellos perros que apenas se recuperaban del testarazo que se han dado. El mismo destino le aguardaba para aquellos que recién sacaban el hocico de la tierra.



    —Ya van cinco.—musitó con toda confianza. Todavía habían varios, pero no pensó que sería ningún problema. Lo normal sería que la manada se amedrentara al ver la línea. Quizá corrieran asustados; incluso crearan un pequeño campo de electricidad estática a su alrededor.



    Guardó el disco y aquellos Electrike capturados huirían del alboroto. Los otros amenazaban con gruñidos y soltaban chispas.



    Esa actitud desafiante aún persistía. Peor aún, parecía que ningún recluta estuviera comandando. Quería ser cauta al respecto y pedir ayuda a Plusle para que descargara su energía. Pero sabía que no serviría de mucho, desde que ambos comparten tipos.



    No le quedó otra que dejarse llevar por el sentimiento de euforia y el impulso de salvarlos de sus garras. Nada más seguir con su orquesta, uno de ellos corrió e hincó el diente sobre aquel trazo luminoso. La línea se rompió con violencia hasta que esta volvió al capturador. Tal fue la descarga que la aturdió hasta obligarla a volver al suelo.



    Era demasiado para un mero mordisco. No. Cuánto menos, era uno electrificado. Y no se equivocaba. Al ver los indicadores del capturador, vio que ese ataque le provocó una bajada anormal de la batería.



    —¿Pero qué dem-?



    Pillada por la consternación, sus carnes pudieron probar lo mortífero que podría llegar a ser la electricidad. Los colmillos del Electrike dolieron como un taser. No entendía cómo no había perdido la consciencia en ese momento. Pero el shock fue tal que no podía ni moverse.



    Aina se regodeó con ese grito de dolor inmenso. Otra de sus risas se hizo eco por la selva.



    —¿Sorprendida? Estas mejoras que nuestro querido hermano le ha puesto a los súper-capturadores permite potenciar los ataques de los pokémon un cincuenta por ciento. Aunque quién soy yo para decir números. Sólo se que los ataques son más fuertes. De hecho diría que esto casi te mata, ¿no?



    Intentaba huir. Luchaba por ponerse de pie. Pero su brazo simplemente no respondía. Plusle tampoco sabía qué hacer. Miraba atónita ante su compañera, intentando escapar del barro. El conejo estaba al borde del llanto.



    —Bueno, ¿a qué esperáis idiotas? Cogedla, vamos.



    Los reclutas a unisono afirmaron y fueron a levantar su cuerpo del suelo por ella. Era algo que Selena no quería, y con testarudez quería solucionar por sí sola. Tampoco podía pensar muy bien, después de ese shock.



    Era entonces cuando Plusle comprendió que no podía quedarse de brazos cruzados. Corrió y saltó frente a Selena erguida, dispuesta a darlo todo.



    —Auu, mira qué monada. Se cree que puede combatir contra una manada de Electrikes sola. Que lástima que no pueda ser.



    El Plusle empezó a soltar chispas con la mejilla mientras gruñía. No quería que se llevaran a Selena. Para nada.



    —Em… oye, Aina. Creo que ese conejo va en serio…

    —¿Cómo que crees? VA en serio, imbécil. ¿Qué hacemos, se lo birlamos, lo capturamos o…?

    —Bah. No me importa lo que hagáis con él. Mientras no salga de aquí o vaya a gritar a su mamaíta…



    La ranger le conmovía tal gesto. Sabía que ella y Plusle estaban muy compenetradas; pero hasta el punto de que Plusle le quisiera proteger…



    Aún así, no podía permitir que ella acabara capturada. No podría soportarse a sí misma. Pero, si lograba escapar de esta, quizá podría tener ayuda.



    Estaba decidido.



    —Plusle, no, escapa. Toma mi capturador y ve a la base de Villaestío. Carlos sabrá que hacer.



    Las órdenes de Selena le vinieron como un balde de agua fría. Contaba con que no tuviera que abandonarla. Contaba con que ellas dos salieran. Ella no quería. Se negaba huir sin apenas luchar. No quería que la retuvieran. No podía hacer más que negarle con la cabeza intentando no llorar.



    —Eh, no te preocupes por mí. Seguro que averiguarán lo que habrá pasado.



    Los reclutas estaban preparando los capturadores. No podía esperar.



    —¡PLUSLE, POR FAVOR! ¡NO PIERDAS MÁS EL TIEMPO QUE TE VAN A CAPTURAR!



    Entonces, el pequeño lagomorfo comprendió. No tenía oportunidad alguna. Tuvo que aceptar de mal gusto.



    Por suerte, el capturador no estaba tan hundido y tenia un llavero que le ayudaría a arrastrarlo. Agarró con la boca el llavero y ye impulsó para saltar sobre un recluta. La inercia se encargó de que este se doblegara. Dos de sus compañeros cayeron por la rápida carrera que el conejo empezó a tomar. Ese impulso le sirvió para alejarse un poco. Pero no lo suficiente.



    —¿¡Qué puñetas hacéis, imbéciles!? ¡Id a por ese Plusle de inmediato!─ordenó Aina con todo ímpetu. Sus hombres intentaron accionar sus capturadores. Pero habían algunos que no encontraban. —¡Aaargh, inútiles! ¡Que no puedo tocar el violín con esta lluvia!

    —D-d-¡deje que le aguante el paraguas ahora! Igual ese conejo no va a poder muy lejos.

    —¡Pero darte prisa, no te me vayas confiado ahora!



    Sin más dilación, el servicial recluta tomó aquel paraguas y cubrió a Aina para que esta pudiera sacar el violín y entonar un chillón llamado. Al oír semejante ruido, el conejo intentó correr aún más deprisa de lo que podía. Pero el capturador estaba empezando a sentirse más pesado. Para colmo, el aire empezaba a sentirse mucho más cargado que de costumbre. Sentía que el peligro le estaba pisando los talones. Aún así, no podía detenerse ahora. Sabía que la salida debía de estar cerca. Tenía que llegar.



    Mas, su instinto le detuvo. Su pelaje se erizó por completo. Tuvo que retroceder de enseguida, pues un rayo iba a azotar la tierra. Y no se equivocaba.



    Una hilera de rayos empezó a atizar la tierra rodeándola. El ruido hizo que se abrazara al capturador como si de su vida se tratase. Tenía miedo. No quería que fuera un animal peor que una manada de Electrikes. No quería.



    Al abrir los ojos, vio como una bestia desquiciada se estaba acercando a ella con un paso lento e intimidante. Aquella bestia azul de prominente melena desprendía un aura sanguinaria que daba un anuncio de muerte segura sin depender de lo que hiciera.



    Plusle ya estaba cansada. El Manetric ya dio a entender que no tenía ninguna forma de escapar. Si esta empezaba a correr de nuevo, el Trueno le alcanzaría sin ninguna duda. Quizá no la mataría; pero la dejaría muy maltrecha. Sabía que no era nadie fuerte. Era solo una presa para el lobo.



    No quería morir. No quería. Pedía por favor que algún milagro ocurriera. Que viniera algún otro pokémon con orgullo a desafiar a ese depredador; que creciera una riada y se lo llevara. Todo menos que le hinquen el diente encima.



    Y, para sorpresa del Manetric, ocurrió. Un gran chorro de agua atizó al can de tal manera que hizo que perdiera el equilibrio. Este gruñía con una creciente ira.



    —Jo-deeeer, menudas pulgas que tiene ese chaval. ¿No lo crees, Politoed?



    La rana verde que le había salvado croó en afirmación. Plusle se le hacía familiar a ese chico, pero no lo conocía. Mucho.



    —Un poco más y provoca un incendio, el tío. Me hubiera jodido todo el día libre. Eh, un momento. ¿Ese no es el conejito de Selena? Qué carajos, y tiene su capturador encima…



    Ya recordaba. Era el chico que perdió a su Politoed. Fue corriendo hacia él gritando socorro en su idioma y rogando que se la lleven con ellos antes de que el Manetric se recomponga.

    Pero mientras tanto, este ya se estaba irguiendo de nuevo.



    —Arrceus míooo… vale, vale, creo que lo capto. Quieres escapar, ¿huh? Politoed, llévala tú. Yo me encargo de ese bicho.



    Politoed no se negó a esta propuesta. Pidió que le diera el capturador y que Plusle se subiera encima de él. Ella lo hizo sin rechistar. De enseguida, el anfibio empezó a brincar sobre la lluvia.

    Manetric iba a tomar carrera de nuevo; sin embargo, el chico de piel morena puso su línea capturadora por medio.



    —¿A dónde te crees que vas, chucho?—dijo con toda la chulería posible mientras cargaba el capturador. Con eso, su salida había sido garantizada. El Manetric acaparó toda su atención en aquel humano que se interponía en su camino. Politoed, aún preocupado, miraba atrás mientras saltaba todo lo que podía. Mas confiaba en que se pudiera retirar si se complicaban las cosas.



    Pronto dejaron las palmeras atrás y llegaron a los puentes de madera que había en el pueblo de Villaestío. Llegaron hasta un edificio de forma hexagonal con una pared verde y una cúpula de cristal.



    Tomó el capturador y llamó a la puerta de cristal. Una persona ancha y pelirroja se acercó a abrir.



    —¿Politoed? Habéis tardado bien poco. No, espera. ¿Dónde está Fernando…? ¡Oh!



    Estaba atónito. Ver a Plusle sin Selena era muy raro. Y mucho más si este llevaba su capturador. Aparte, el rostro de Plusle denotaba de cansancio.



    —Ay madre… esto no me gusta.—musitó para sí mientras tomaba a Plusle con sus brazos.—¿Vas a entrar? Si no dame el capturador. Le echaré un vistazo.



    Obediente, la rana entregó el capturador.



    —Gracias.—luego entró en la base. El interior no era gran cosa. Había una gran pantalla, una recepcionista arreglándose las uñas y un ascensor. El suelo era de moqueta roja con las paredes de color crema. Ahí tomó la toalla que había encima de una de las butacas y se secó la cara mientras lo miraba.



    Hacía un tiempo que estaba intentando contactar con Selena. Pero al parecer no podía ser. El disco estaba en modo captura. Con razón no contestaba. Pero que su Plusle y el Politoed de Fernando volviera con el capturador era ciertamente nada alentador.



    Intentó contactar con Fernando. Pero tampoco contestaba. El temor estaba empezando a afectarle al apacible jefe. Perder dos rangers en un día era inaudito. Pero si Politoed estaba tranquilo, tal vez él sí esté bien.



    Esperó un rato antes de entrar en pánico. Casi iba a volver a llamar al personal, hasta que la puerta se abrió de nuevo.



    —¡JO-DER, CASI ME FRÍE VIVO EL CHUCHO ESTE!

    —¡FERNANDO! ¡Me tenías preocupado!—el jefe se levantó de su butaca y le dio un gran abrazo de oso a su vuelta.

    —Oooyeoyeoye, que me asfixias, tío.

    —Ah… sí… perdona.—lo apartó un poco por los hombros. —Oye, ¿has visto a Selena ahí dentro? Digo, tu Politoed llegó con su capturador y eso…

    —Puessss no sé, tío, yo me pregunto lo mismo... Digo, fui para allá y encontrarme con un Manetric con muy malas pulgas. ¡No podía capturarlo, macho! ¡Tuve que salir pitando de ahí!

    —¿En serio? ¿Pero cómo puedes tener problemas con un Manetric? Sí son fáciles de capturar.

    —¡¿Pero es que no ves mi brazo?! Aparte, el muy… me consumió la mitad de la energía. Mira el indicador. ¡Mí-ra-lo! Encima lo lazaba y no se capturaba. No sé si tenía rabia o qué carajos, pero ese perro no era normal.



    Tenía razón. Había alguna que otra quemadura en el brazo. Y su capturador no estaba en sus mejores condiciones.



    —Jopé… y dices que no viste a Selena.

    —¡No, no he podido! ¡Que te lo he estado diciendo todo el rato jefe!



    El hombre estaba sudando la gota negra. No podía parar de limpiarse con la toalla ante semejante incertidumbre. Ni siquiera sabía si era obra de algún pokémon y… peor. Podría ser el equipo Go-Rock otra vez.



    —Pero al menos algún recluta viste, ¿no?

    —Hmm… ahora que lo dices, me pareció oír un violín a lo lejos. Pensé que tenía su mérito, peeeero… seh, me pareció muy raro esto.



    Lo sabía. Igual sus informes decían que algunos de ellos usaban capturadores implementados en instrumentos. Era factible.



    Ante esto no podía quedarse de brazos cruzados. Fue al mostrador y ordenó a la recepcionista que le pusiera en contacto con Villavera. De inmediato. Vista la parsimonia de su secretaria, no tuvo otro remedio que entrar dentro y ponerse delante de la pantalla. Nada más abrir la línea, un joven con una bandana roja y pelo verde se mostró.



    —¿Qué ocurre, Carlos?

    —¡ALEJANDRO, TENEMOS UN PROBLEMA BIEN GORDO!—gritó a voz viva que espantó al ranger en pantalla y a los que estaban dentro del recinto.

    —Con calma, ¿eh? Casi me rompes los tímpanos.—se frotó la cabeza. —Dime qué ocurre al menos.

    —Perdona… ugh, no tengo tiempo para disculpas. Se trata de Selena. Su Plusle ha vuelto con el capturador, pero ella no.

    —¿¡Qué!?—exclamó. —¿Qué le ha pasado? ¿Sabes algo?

    —No… he intentado llamarla, pero el capturador estaba en modo de captura y… bueno, antes de eso mandé a Fernando, pero ha tenido un encontronazo con un Manetric, así que no sé qué pensar… bueno, sí. Escuchó un violín más allá.

    —¿El equipo Go-Rock?

    —Sí… estoy seguro.



    Se denotaba la preocupación que Alejandro tenía. Al fin y al cabo, Selena era una de sus mejores rangers.



    —Esto es grave. Podría haberla matado ahí mismo…

    —No te preocupes, hombre. Mis chicos la buscarán. Quizá la tengan escondida por alguna parte o tendrán una base… yo qué sé, pero haremos lo mejor que podamos, ¿sí?

    —¿Estás seguro? ¿No se la habrán llevado?

    —Naaaah, no creo que con esta tormenta hayan ido muy lejos. A todo esto… eh… ¿qué hago con Plusle? Está empapada y jadeando, además de sucia…

    —De momento ocúpate tú de ella. Yo… intentaré ver si consigo algo de personal. No puedo estar con un ranger y medio aquí.

    —P-p-pero Alejandro… no sé medicina…

    —Solo está cansada, ¿no? Si la estoy viendo aquí.

    No se dio cuenta que Plusle se había subido a su hombro.

    —Oh.

    —En todo caso, lo único que debes de hacer es limpiar y secar. En cuanto al capturador…

    —Bueno, eso sí que ya no puedo. Esta operadora solo sabe reparar sus uñas.

    —Pues estáis apañados… en fin, pues eso. Quédate con Plusle de momento, ¿sí? Ya veremos qué hacer con el aparato.

    —Ugh… está bien.

    —Voy a colgar. Tengo cosas que hacer.



    Desde entonces, la base tomó un tono bastante lúgubre. Los rangers de Villaestío intentaron encontrar a Selena por todas partes, así como algún recluta que sirviera de testigo. Si al menos hubiera algún lacayo que pudiera proporcionar algo de información…



    Pero no hubo suerte. No había rastro de ella, tampoco del Equipo Go-Rock. Para colmo el tiempo estaba muy inestable, y las constantes lluvias no permitían hacer una búsqueda más exhaustiva. Igual que Selena en su día, se percataron la poca cantidad de fauna que había ahora.



    Pasaron tres días desde que la noticia de desaparición fue dada. Y aún no encontraron pista alguna; ni siquiera huella que indicara algún camino. Plusle esperó a que hubiera alguna novedad durante esos días. Mas por mucho que transcurriera el tiempo, no veía cambio alguno.



    Estaba harta de esperar. Aunque sea una pequeña acción, tenía que hacer algo.



    Recordaba que el capturador tenía que ser reparado de inmediato y que nadie podía ir a entregarlo. ¿Y si fuera ella quién lo trajera? No le traería de vuelta a Selena, pero al menos se quitaría esa sensación de inutilidad de encima.



    Esperó el momento propicio para partir. En una noche apacible, fue con sigilo hacia donde estaba el capturador y se lo llevó consigo saliendo por la ventana. Aprovechó la complicidad que tenía con el Lapras del muelle para navegar hacia el continente; todo sin que nadie se diera cuenta.



    A la vez que Plusle viajaba sola con el capturador, un hotel errante navegaba en las serenas aguas de Zafrán. Un crucero cruzaba el mar sin dejarse mecer por el oleaje. Pero aunque se mantenía recto, no todos los que dormían en los camarotes estaban teniendo un buen descanso.



    Había alguien en particular cuyo mareo no le dejaba en paz. Una adolescente de dieciséis años intentaba acomodarse en su cama para poder aguantar esas terribles náuseas que amenazaban con ensuciar su camarote.



    —Uuuugh… déjame dormir, mala mar.—imploraba.
     
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    Thranduil

    Thranduil Entusiasta

    Aries
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    :o!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Hola!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Creo que ya era hora que comenzaras a publicar tu fic en este foro, aquí hay más unión y todos somos hermosos, etc.

    Me agrada leer nuevamente este fic, prometo no spoilear a los lectores con el futuro de esta historia, sólo decirles que es muy buena, etc.

    No recordaba cómo habían atrapado a Selena, ahora le pusiste más detalle, todo me pareció claro, presentando a personajes de la historia, pero de una manera pertinente para un preludio, además, das varias luces del camino que podría seguir la trama, planteando de inmediato una problemática. Me gustó el mini cameo de la niña del final, ya sé quién es, pero no spoilearé nada.

    No puedo comentar mucho más, ahora me resta esperar ver cómo la mejoraste. Ciao
     
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  3.  
    Plushy Berry

    Plushy Berry Equipo administrativo Comentarista destacado

    Acuario
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    ¡Hora de meterme café por intravenosa para comentar!

    Tenía rato que no veía una historia de Rangers, al menos no desde que Jho escribió unos one shots relacionados a su historia principal pero no uno meramente centrado en ello. Y puede que eso me juegue un poco en contra porque Rangers es un spin off que no he jugado y por tanto ni ubico a los personajes ni conozco del todo las mecánicas para "crear lazos" con los pokémon. Amen que esto es pokémon y ese problema se soluciona en su mayoría dando un wikipediazo o ya en casos drásticos viendo un let's play así como le hice con Colloseum.

    A pesar de no conocer de primera mano a los personajes se siente que tienen fuerza por la manera en que están trazado los diálogos, en especial Fernando, hasta la Pluse se siente viva dentro del relato. La historia arranca fuerte con un potencial secuestro de parte de la organización malvada (debo leer sobre ellos), un misterio para los protas y una aventura latente para el pokémon acompañante. Se nota que le metiste bastante mano a la re-edición (aunque ignoro como era la primera versión) porque la historia no tiene fallas visibles y la narración es bastante dinámica y muy acorde al tipo de historia que se va a contar: ni tan extensa en detalles que alenten el ritmo pero tampoco tan carentes de ellos que haga que se sienta vacía. Quizá ya poniéndome quisquillosilla habría que darle una revisada a la puntuación de los — ya que en unos no hay espacios que sí deberían tener o el punto no va en donde debería. Como digo es un detalle muy mínimo y en la gramática es de lo más difícil de dominar pero a como está realmente no es una falta que obstruya el flujo de la lectura.

    Y bueno, así como ya tienes la historia completa, no estaría de más que te dieses la vuelta a ver otros trabajos que seguro hay varias cosas que te puedan interesar. Saludos.
     
  4.  
    LittlePichuBaby

    LittlePichuBaby Entusiasta

    Piscis
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    Wow, me ha encantado, espero el próximo capítulo.
     
  5. Threadmarks: Capitulo 2
     
    Poisonbird

    Poisonbird Iniciado

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    Hiiii, siento el retraso~

    Tengo bastantes cosas que hacer, u see. Pero no pasa nada, no se crean que me olvidado que este sitio existe.

    Hm, hm. Tengo planes de ir leyendo algunos otros fanfics por aquí y ver si publico un original, pero creo que eso ya lo haré cuando termine ese proyecto que tengo encima. Además de eso... lo sé. Soy consciente que la puntuación en los guiones no está arreglado. Debería de mirar otra vez las normas de puntuación cuando hay guiones, en verdad -w-U

    En el próximo capítulo procuraré que no haya ningún error de ese tipo. Igual estoy añadiendo tanta cosa que tendré que alterar algún que otro diálogo una vez más. Aparte, no sé si puedo cambiar la actitud de cierto personaje que aparece después.
    Aunque apenas he modificado nada de lo que ha pasado otra vez.

    ¡En cualquier caso! Espero que os guste este capítulo.

    Cheerio~!

    Capitulo 1


    Fuera en la cubierta se hizo oír las arcadas que aquella chica trataba de contener en su camarote. Pese a sus mejores esfuerzos, no pudo evitar regar la mar con su propia bilis vacía. Respiraba agitada, intentando aliviar las terribles náuseas que le causaban el vaivén del barco.

    —Aaaj, jopé... es la tercera vez que vomito en esta noche.—se quejaba para sí. —Espero que este viajecito valga la pena, porque como no sea verdad lo que me hayan dicho…

    Ella se frotaba los ojos bajo sus gafas. Su corta melena castaña ondeaba con la gélida brisa del mar que azotaba por la velocidad del barco. Por suerte, su vestimenta era la más apropiada para ese aire de invierno. El polar verde y los tejanos le hacían ajena a aquella intemperie térmica.

    Detrás de ella, una criatura baja con un nénufar de sombrero la siguió preocupada. Una Lombre hizo constancia de su presencia con un leve gruñido.

    —Oh, no… no te preocupes, Lol, es solo que no puedo estar dentro ni un minuto.—suspiró. Se quedó entre brazos en la barra que separaba el barco del mar mirando al frente, esperando indicios de sueño. Calló e intentaba por lo menos disfrutar de la leve brisa que traía el mar. Alzaba la cabeza, solo para buscar el horizonte en medio de la oscuridad.

    No se percató entonces que, en medio de la nada, las estrellas se iluminaban con mayor fuerza que nunca. No recordaba que hubiera visto con tanta claridad lo vasto que era el espacio. Era lo único bueno que podía ver en ese viaje.

    —Oye, Lol. ¿No te parece irónico que las cosas sean más bellas cuando más vacías están? No se puede ver por dónde estamos atravesando y aún así… oh… dios… allá va otra-

    Y sin previo aviso, volvió a vomitar encima de la negra mar.

    —¡Sea como fuere, no quiero ver ningún entrenador fardón que te rete a la mínima que le mires con el rabillo del ojo! ¡Y como no sea así…! Pues oye, ni puñetera idea de lo que haré, tú.

    Lol insinuaba herirles con sus pequeñas zarpas poniéndolas delante. Se las miraba con una mirada maliciosa, sonriente.

    —Eh… no es mala idea pero… neh, nos arrestarían por agresión, la verdad. Ya he tenido suficientes problemas en mi vida ya. ¿Aunque para qué me irían a mentir? No tiene ningún sentido hacerme pasar un mal trago. ¿Qué beneficio tendrían?—se encogió de hombros. —¡Bueno, el caso, que quiero descansar de tanto combatir y tanto entrenar! Y supongo que tú también.

    Lol asentió con ganas de tener unas pequeñas vacaciones en respuesta.

    —Eso sí, la próxima vez vamos en avión. No quiero volver a montar en un barco en toda mi puñetera vida.

    Aunque en eso Lol no estaba de acuerdo. Le daba pánico las alturas, y como buen pokémon acuático, le encantaba ver el agua, sea dulce o salada. La chica, con el nombre de Gionna, seguía contemplando el apacible paisaje. En especial, buscaba el sol. Quería saber si era verdad que se podía ver sol y luna en un solo lugar.

    Obviamente, eran altas horas de la noche, así que no había indicios de que iba a amanecer aún. En cambio vio algo inusual para ella.

    —¿Hm? ¿Y eso?

    Era la silueta de un pokémon muy poco común. La silueta de un largo cuello que opacaba aquella cortina divina. Pasó un tiempo conjeturando en silencio, hasta que llegó a una conclusión.

    —Oh… es un Lapras. —bostezó. —, no creo que hayan más pokémon marinos con semejante pescuezo. Aunque… ¿no debería estar en la playa? Tengo entendido que son diurnos…

    Reposó la cabeza en sus brazos sintiendo el peso del sueño.

    —Qué raro. Como no sea una variante regional no me lo explico. En serio, ¿qué diablos haría un Lapras a estas horas?

    La palabra “horas” le hizo recordar el transcurso del tiempo. Arremangó la manga de su polar verde para que deje mostrar su reloj digital. Un botón y una luz azulada indicó unos números que hacían una idea de lo tarde que era.

    —Las cinco de la madrugada.—volvió a colocar la manga por donde le pertenece. A estas horas ella estaría durmiendo si no fuera la fiesta que se está dando en sus tripas.

    Estaba deseosa por llegar a Otonia. Por muy buena que fue la comida del barco, su cuerpo no pudo hacer provecho de ello.

    Intentaba no dormirse con los brazos colgando en la barra de seguridad. Estaba que no podía. Quería llegar a ver el sol salir por una vez en su vida.

    Solo para sentir, aunque sea ilusorio, que tendría algún lugar por donde estar.

    Algún lugar apacible, que no tuviera que recordar cuán cruel podía ser el mundo.

    Solo pedía… que no tuviera que golpear y huir, por alguna vez…

    Al final no pudo más. Se quedó a merced del sueño, dejando que sus brazos bailoteen en el aire y la boca soltando aguas. Su Lombre, por el contrario había dormido medianamente bien y ya estaba desvelada.

    En cuanto la luz ya se llevó las estrellas por delante, Lol intentaba despertarla de la forma más gentil posible. Mas por mucho que la agitaba, esta no conseguía que abriera los ojos.

    No tenía opción. Lanzó un chorro de agua bien fría para que reaccionara. Por lo menos logró sacarle un gruñido y mirara de nuevo el reloj.

    —Mira que bien, he descansado una mísera hora.─se quejaba de con todo el sarcasmo. —No podía quedarme frita en la cama, maldita sea.

    Pero sus plegarias porque ese viaje del diablo cesara había dado sus frutos. Podía disuadir tierra firme en la distancia.

    —¡Aleluya, hermano! ¡Ya casi estamos! … Ugh… se me han dormido los brazos, joder.

    Le costó horrores separarse de la barra metálica. Con algo de esfuerzo, consiguió separarse del metal e ir de vuelta a su camarote.

    O al menos intentarlo. Tuvo que volver corriendo, pues el estómago aún tenía ácido que sacar.

    —Anda, Lol, ve a por las maletas tú... ay...─ordenaba afectuosamente mientras volvía a hacer cascadas de vómito.





    Poco después de que el barco atracara en el puerto, el Lapras que de Villaestío partió se colocó al lado del muelle. El marinero, propietario de este, estaba esperando al plesiosaurio desde buena mañana.

    —¡Hombre, Selena, ya era hora! ¿Cómo ha ido la patru-?

    Pero entonces, vio que volvía solo. Lapras dejó que Plusle bajara del lomo con el capturador en boca. Accidentalmente, el aparato chocó con el borde del suelo y se quedó flotando. Plusle estaba a punto de entrar en la histeria. No podría perdonarse si el capturador se perdía en el fondo marino.
    Por suerte, Lapras estaba ahí para evitar el desastre. Lo pilló y se lo dejó en el suelo.

    —¿Eh? ¿Has vuelto solo? No, un momento, ese conejito…

    Tratando de evitar todo contacto humano, Plusle agachó sus hombros ante Lapras y volvió a arrastrar el capturador a cuatro patas. Hizo caso omiso al fornido hombre y volvió a correr; esta vez dirección a Villavera. Estaba confiada en que fuera a lograrlo. Si todo iba bien, al día siguiente estará frente la puerta de la base. Habría cumplido su propia misión.

    Mas cómo no, infortunio era lo que le esperaba. Escuchó ladridos detrás suyo. Intentó ir tranquila; ignorar y seguir pensando que todo iría bien. Pero era todo una vil mentira. Tan vil como su perseguidor.

    Lo que faltaba. Era otro can rabioso. Solo uno. Pero era uno que ya conocía. Un rencoroso galgo negruzco con cuernos de carnero le estaba pisando los talones sin venir a cuento. Y sin hacer nada esta vez.

    ¡Maldito, estúpido y rencoroso Houndoom! No hizo más que arrimarse a los contenedores de basura y ya tenía que volver a tener un encontronazo con el perro de Hades. ¿No habían solucionado esa disputa antes?

    Pero, por supuesto, no fue por ella quien se solucionó la trifulca. Más bien ella fue quien provocó al Houndoom haciendo una de sus chirigotas. Encima su presencia le hacía recordar cuán dependiente era de Selena.

    ¡Maldita sea!

    Intentó pasar entre alegres Ludicolos para evadirlo y correr encima de la fuente de la plaza principal. Pasó por las calles donde otros Pokémon de su tamaño jugaban, solo para disuadir al perro de perseguirla. Incluso tuvo que desviarse a las calles comerciales, esperando a que Houndoom no osara a molestar a la gente. Pero su cazador era tenaz. No se dejaba intimidar por el flujo de la gente ni los asustados paisanos o los curiosos comensales de los cafés.

    Al final, Houndoom acorraló a Plusle en una calle cerrada. El colérico animal sonrió mostrando esos afilados dientes, alegre por poder cumplir con su venganza.
    Tenía miedo. No quería morir. Tenía una pared detrás suyo y las patas del Houndoom prácticamente no le daba ningún flanco por donde podía escapar. Solo podía abrazar el capturador, temblando y al borde del llanto.



    Al fin. Después de una hora de caminata, Gionna pudo ver un buen café por donde pedir algo y nutrirse. Tenía ante ella un croaissant de mantequilla y un vaso de agua mineral, solo porque sentía que llevaba toda una tarde caminando en el desierto. La deshidratación podía hacerle pasar estragos. Eso lo tenía claro. Al lado, en el suelo, tenía una maleta de ruedas verde y una pesada bandolera. Y en frente su Lombre, sentada masticando una manzana.

    Aún con el sueño pesándole los párpados, sujetaba un panfleto de turismo por una mano y por otra, otro vaso; esta vez con un batido de vainilla que iba bebiendo con pajita. Estaba mirando a ver qué podía hacer en este lugar.

    Pero tampoco podía ver nada de interés. Una torre con un reloj, un montón de tiendas… prácticamente todo eso era lo que había.

    —Bueno… parece que quieran ganar dinero con el turismo, pero… lo mejor que se puede hacer desde aquí es subirse en otro puto barco e ir a Villaestío… no quiero.—comentaba a su Lombre. —Podría mirar qué hacer después de ver si hay algún hotel asequible aquí… pero no sé, no sé…

    Alzó mirada para ver a su Lombre.

    —¿Tú qué dices Lol?

    Aquel kappa no hizo más que encogerse de hombros. Tampoco tenía ni idea.

    —En fin, primero ocupémonos de encontrar un alojamiento y luego ya veremos que hacemos, ¿sí? Dios, estoy molida.

    Dejó el vaso en la mesa, ya sin líquido. Se quedó un momento viendo un cartel con un símbolo que parecía un círculo cinético en el fondo con dos figuras saltando abajo.

    “¡La sede Ranger de Villavera te necesita!

    ¿Se ha planteado ser un guardián de la naturaleza alguna vez?

    Para los interesados, deje su currículum en la base de Villavera o llame a este número. Le haremos una prueba de captura. Si la pasa, ¡le otorgaremos un capturador completamente gratis!

    El sueldo y las condiciones de trabajo se acordarán una vez se realicen la prueba.

    ¡No pierda esta oportunidad!”

    —¿También hay grupos de estos aquí? Madre mía.—se bebe un buen trago de agua. —¿Cómo van a reclutar gente con este anuncio de teletienda? Bueno. Mira. Mientras no me los encuentre por el camino ni me toquen las narices, supongo que no pasará nada.

    De pronto notó que el ambiente se estaba caldeando un poco. La gente que estaba sentada empezó a mirar hacia una dirección. Preguntas de qué era eso que acababa de pasar se estaban haciendo audibles por el ambiente y algún que otro grito le dio un respingo.

    —¿Y este jaleo? ¿Qué pasa, gente?

    Por supuesto, nadie la iba a contestar. Lo único que podía hacer era ver qué se cocía entre el bullicio. Sí pudo distinguir a un roedor y un Hondoom pasando entre la gente.

    —Una cacería en plena calle… qué diablos.—dijo antes de dar el último trago. Pensaba que de momento podía estar de espectadora en la lejanía mientras terminaba su desayuno. Podría ser una trifulca pequeña que no le iría a incumbir de ninguna manera. Lo sentía por el Plusle, sin embargo. No le gustaría estar en su lugar si fuera la presa. Quizá si terminaba pronto iría a echar un vistazo y se haría la heroína…

    No, no quería llamar la atención. Estaba de vacaciones, maldita sea.

    Pero cambió de opinión cuando vio que el Houndom sacaba ascuas después de exhalar.

    —Oh joder…

    El colmo. Tomó su croaisant y se dirigió hacia allí con el desayuno en mano. También se aseguró de pillar la mochila que tenía colgada en la silla. Lol, viendo que se levantaba, la siguió, descuidando el equipaje. Al fin y al cabo, no estaban lejos.

    Dando un bocado detrás de Houndoom y con la boca llena, Gionna llamó la atención con su voz.

    —Eh, chucho, deja a ese pequeño conejo en paz. —dijo, , —O al menos no lo chamusques. Podrías quemar la ciudad si lo haces.

    Plusle estaba confundida con semejante acto. No sabía si discernir si se estaba haciendo la dura en frente de la gente o quería salvarla realmente.

    En todo caso Houndoom tomó a aquella esbelta humana como una molestia. Su molleja ya había dejado preparado el fuego para escupir. Ella lo notó de enseguida y se metió toda la pasta en la boca para apartarse rápido.

    Por los pelos.

    No podía decir nada. Tenía la comida almacenada en toda la boca. Nada más ver cómo disparaba ese Lanzallamas, Lol tiró los restos de la manzana y se abalanzó contra Houndoom con sus zarpas hiriendo el lomo. Ahora mosqueado, el Houndoom retribuyó los Golpes Furia dando un mordisco en su mano.

    A Lol le dolía. Pero estaba acostumbrada. Después de todo, no era la primera vez que combatía.

    —¡Lol!—gritó preocupada por esa herida. Luego cayó en la cuenta que no le dijo de vigilar el equipaje.
    Pero ahora no podía ir a por él. Se acababa de meter en un lío. Aparte, su pokémon recibió una buena herida.

    No tuvo otra que dejar que Lol combatiera, a pesar de todo. Ella misma se había metido, y tampoco podía permitir que el perro arruine sus vacaciones porque cocinó conejo a la brasa.

    La guardaespaldas de Gionna seguía protegiendo a su señora con todas las armas que tenía disponibles; tanto sea con chorros de agua o uñas hirientes; hasta plantando zarzas en su cuerpo si era preciso. Houndoom también trataba de devolverle esos golpes haciendo uso de artimañas y el propio fuego. Por supuesto, Lol tenía ventaja sobre el dóberman, y se las estaba arreglando bien sin ningún tipo de comando. Aunque tampoco parecía que iba a salir ilesa de aquella pequeña trifulca. El limitado espacio que había no permitía esquivar bien al pequeño duende, igualando así sus condiciones.

    Gionna tenía claro que no podía dejar que el can se hiriera más. Sería problemático si tuviera propietario. Aparte, el Plusle estaba en medio.

    No. Se equivocaba. El conejo había recobrado la claridad de su mente y aprovechó para seguir su camino. Era un alivio que esa persona hubiera acudido en su ayuda. Realmente tenía bastante suerte cuando estaba entre la espada y la pared.

    Y más fortuna que tuvo. No le hizo falta atravesar todo el camino. Justo cuando iba rumbo hacia su huida, se chocó con la pierna de hombre alto y atlético. Tenía la misma vestimenta de Selena de torso a cintura, con la camisa y la torera encima. En vez de medias, tenía puestos unos pantalones bombachos de color negro y una banda blanca que levantaba su melena verde.

    Estaba salvada. Alejandro estaba ahí.

    —Vaya, Plusle, no me esperaba encontrarte tan pronto.—dijo mientras cogía el capturador cubierto de barro seco. El conejo se deleitó con unas caricias en la cabeza. —¿Pero cómo has llegado aquí, bandida? Se supone que tendrías que estar con Carlos.

    Obvio, el ranger ignoraba de lo que estaba pasando hasta que oyó a Houndoom aullar. Esta vez Lol le atestó un golpe directo en el hocico.

    Estaba débil. Sus patas le dolían. Cayó al suelo todo rendido, incapaz de hacer algún movimiento. Gionna dio un suspiro.

    —Lo siento. Me hubiera gustado no tener que recurrir a la violencia, pero... no me dejaste ningún remedio. Venga, Lol, vamos a pagar antes de que algún desgraciado nos robe las maletas. Me voy a cabrear como…

    Pero aún no estaba acabado.

    Justo mientras iban a volver a su mesa, el carnero, sediento de sangre, se levantó y soltó un rugido. Se giró por el bramido y le miró, toda incrédula. ¿Cómo un pokémon, después de ser azotado varias veces, puede seguir queriendo luchar? Como siempre, su Lombre estaba dispuesta a protegerla. Mas Gionna le frenó.

    —No, Lol, has hecho suficiente. Descansa un poco, ¿quieres? Voy a sacar a Akiro, si no te importa.

    Estaba loca. Esta chica estaba como un cencerro. A este paso, si continuaba echándole más frío al carnero, lo iba a matar.

    Al final fue tras ella y la apartó de ahí.

    —¡Pero, oiga! ¡¿Qué está haciendo?! ¿¡Que no ve que va a sacar fuego por la boca o qué!?
    —Lo sé. Pero pienso dejar que saques a ningún otro pokémon. Déjame esto a mí.
    —¿Tú? ¿Con qué? ¿Tienes alguna chuchería perruna en esos bolsillos o qué?

    No lo entendía. Él no tenía ningún pokémon a su lado, y no parecía que el fuera muy fuerte. ¿Aunque quién era ella para juzgar la fuerza que tenía? Quizá sabía artes marciales... ¡Qué importaba! Quería saber lo que tenía entre las mangas.

    Alejandro iba a sacar el capturador del bolsillo que lo transportaba. Pero antes tenía que saber una cosa. Una pequeña comprobación, más que nada. Tenía que saber si el capturador que Plusle llevaba aún funcionaba.

    Aparte, esta chica… quizá ella no era tan frívola como parecía. Quizá era una simple ignorante que solo conocía la violencia como único recurso para calmar a los pokémon. Sonaba resignada, por alguna razón.

    Decidido estaba. Una lección se le tenía que dar.

    —No, pero… mira, ¿sabes qué? Será mejor que manejes esto.

    Le tendió la mano por donde sujetaba el capturador. Ella no entendía nada, pero aceptó cogerlo para echarle un vistazo. Era extraño que un completo desconocido le diera un desconocido aparato.

    —Eeeeeh… pero si esto está hecho un fisco…
    —Solo tiene un poco de barro. Anda, va, intenta hacerlo funcionar, a ver.

    Notó de enseguida que el aparato tenía una solapa, cuya apertura dejaba mostrar varios botones. Reconoció de enseguida de que esta pieza tenía alguna función. Ahora, su propósito era algo que se le escapaba. Aunque Alejandro estaba dándole instrucciones, ella iba apretando botones al azar, solo para averiguar por sí misma lo que hacía.

    Con ello logró encender la pantalla con las instrucciones de uso. Botón tal para esto, botón cual para lo otro…

    —¿¡Lograste encenderlo!? ¡Bien! Ahora pulsa el botón azul.
    —Eh… dice que tengo que pulsar el botón azul para… ¿capturar? ¿Qué?
    —Sí. ¡Exacto! Eso tienes que hacer. ¡Púlsalo!
    —¿Pero cómo va a capturar esta cosa? ¿Es una lanzapokéballs o qué?
    —Ya lo verás. ¡Solo-pulsa-el-maldito-botón!

    Encogió de hombros. Quería que le contestara, pero a la vez quería ver lo que pasaría si lo pulsa, así que le hizo caso. Una antena se alzó hasta unos cuántos centímetros de largo. ¿Era solo eso? ¿Solo levantaba una antena y ya está?

    En la pantalla apareció una instrucción que iba a dar Alejandro a la vez. “Pulse el botón verde para iniciar captura”.

    Una peonza salió disparada del aparato que dejaba un rastro de energía. La antena tomó el mismo color que la luz que dejaba el disco. El destello le alumbró un poco estos ojos llenos de sueño, lo cual hizo que se apartara.

    Pero cuando se acostumbró, movió un poco la antena, solo para ver si esta dejaba rastro. Y efectivamente, lo hacía. No solo eso, también se percató que, una vez agitaba el dispositivo, la peonza que recién había disparado se sincronizaba.

    Houndoom se estremeció. Sabía perfectamente qué era eso. Con eso lo capturaron una vez, y no quería ser capturado de nuevo.

    —¡Perfecto, le has pillado el tranquillo! Ahora conduce el disco capturador hacia ese Houndoom y rodéalo.
    —¿Por qué debería? ¿No sería mejor dirigir la peonza directamente hacia él y golpearlo?
    —¡No, pero qué-! ¡Esto no es una Pokéball! Oh, no, lo que tienes que hacer es “lazar” a ese pokémon con el trazo que deja. Cuando lo rodees suficiente, este se unirá a ti.
    —Ooooooh, vale, así que es eso… no lo entiendo.
    —Solo sigue mis indicaciones ahora. Confía en mí, ¿vale?
    —Ugh…

    No tenía otra. Buscó cómo moverlo hacia delante, que es lo que le interesaba. Pensó que iría a hacer bruces con él, pero ya empezaba a pillarle el tranquillo. Ahora procedía a rodear al herido Houndoom con la línea que dejaba aquella torpe peonza.

    Mas el can no iría a permitir capturarse de nuevo. Justo cuando estaba a punto de hacer una sola vuelta, el perro sacó una pequeña llamarada de su hocico. Con ello, la peonza regresó dando un pequeño calambre a Gionna y dañando más el aparato.

    —Oh… sí. Me olvidé mencionarte que tengas cuidado con los ataques de los pokémon. Si cortan la línea con un ataque brusco, la energía empleada por el capturador regresa dañándolo. Aunque si el pokémon solo llega a tocar la línea, esta solo se rompe, pero no daña.
    —Aaagh… Entendido… eh, oye, igual esto huele un poco a quemado… no me diga que me puede reventar en la mano.—dijo vacilante y dolorida.
    —Por desgracia… si el capturador recibe demasiados daños podría hacerlo.
    —¡NO FASTIDIE! ¡Me niego a tenerlo más rato en la mano!
    —No te preocupes. Si no le da más golpes, no tendría por qué ir mal. Concéntrate en la captura y todo saldrá bien, ¿de acuerdo?

    La entrenadora frunció el ceño. Aún no estaba segura por qué no le tiraba el capturador en la cara. Pero tampoco creía que usarlo de granada iría a servir para acabar con el Houndoom… aparte, sus manos estaban lejos de su mochila. ¿Por qué diablos no llevaba las pokéball en la cintura como todo el mundo?

    —Ugh. No sé por qué le hago caso.

    Sacó de nuevo el disco, intentando rodear al feroz pokémon otra vez. Pasó al lado, intentando rodearlo lo más rápido que ponía. Suerte para ella, ya combatió con algunos Houndooms antes. Ergo podía predecir más o menos cuándo podría atacar.

    Cuando vio que iba a abrir la boca, hizo que el disco se alejara del trayecto del proyectil. Después retomó antes de que volviera a moverse. Alejandro no cupo de su asombro al ver semejante predicción. No muchos lograban ver cuándo retirarse en la primera captura.

    Después de que atacara, el disco siguió danzando alrededor de Houndoom, provocándole. Finalmente, la luz que dejaba se hizo más intensa.

    —¡Vale! ¡Ahora sube la antena!

    El círculo trazado se quedó en el aire, haciéndose más pequeño hasta comprimir a Houndoom, inundándolo de ese fulgor. Para su sorpresa, las heridas que le hizo Lol se fueron cerrando mientras estaba brillando.

    —¿Y… ya está? Eh… lo… lo he curado. ¿Eso no supone un proble-? ¡AAAY!

    De repente, sintió el peso del perro encima suyo. Tal era el placaje que cayó al suelo. Lol se apartó por instinto, preparada para otro asalto. Mas no había ninguna hostilidad esta vez. El Houndoom estaba jadeando y agitando la cola de felicidad.

    —¿¡QUÉ!? ¿¡PERO QUÉ QUIERES AHORA!?

    Entonces, su cara empezó a llenarse de saliva. Un cambio de actitud bastante repentino que le sacó de su compostura.
    Cada vez entendía menos. ¿Cómo puede un halo de luz convertir a un fiero lobo en un cariñoso galgo?

    En todo caso, ahora su problema era ese mar de babas que le estaba inundando la cara.

    —Bueno, bueno, ¡ya vale! Después de hacerte tanto daño… En serio, ¡¿se puede saber qué mosca te ha picado? ¡QUE ME DEJES HE DICHO!— imploró la entrenadora.

    Plusle pensó que había encontrado un bis de Selena. El mismo perro mostró las mismas muestras de afecto que en ese momento estaba dando. Lo único que a Selena la raptaron una banda de rock de los años setenta. Y además, la desconocida entrenadora no se asemejaba en actitud ni en aspecto.

    No sabía nada de lo que acababa de hacer. Los rangers, mientras se captura al pokémon, consideran que transmiten sus sentimientos al objetivo. Cuando se completa la captura, entonces estos se convierten en fieles amigos...

    Pero algo extrañaba a Alejandro. La reacción que tuvo Houndoom tras la captura era señal de que los sentimientos transmitidos eran muy fuertes positivamente, pero ella mostraba cierta apatía. Algo raro había. ¿Qué era? ¿Quizá era ella misma, o tal vez el Houndoom estaba pidiendo ayuda a gritos?

    No obstante, estaba convencido de que podría ser una buena ranger. Podría instruirla para que no dañe a ningún pokémon de la región y luego, cuando haya aprendido lo suficiente, la mandaría a rescatar a Selena. De hecho no estaría nada mal. Aunque ha puesto carteles por doquier y sus compañeros de trabajo han esparcido la noticia, nadie se ha ofrecido a entrar.

    Pero visto lo visto, ya había tratado antes con varios pokémon. Sería natural, desde que parece ser una de esas personas que se enfrentan con ellos. No sería mala incorporación. Sin embargo, tenía esa desagradable sensación de que se negaría a ser Ranger. Sentía que aquella posibilidad se le iría de las manos.

    Necesitaba un plan. Rápido. Algún mensaje disuasorio, o ser honesto… no, eso estaba descartado.

    Finalmente, Houndoom se fue de ahí y dejó levantar a Gionna.

    —Vaya, te ha dejado perdida, ¿no? Ten, toma. —le tiende un pañuelo del cual no dudó en usar.
    —Ugh… gracias. Ten tu cacharro de vuelta. No quiero algo que me pueda dejar manca. —le devolvió el aparato.

    Tal como imaginaba. Al oír los peligros de tener un capturador, le echó para atrás. No tuvo que decir nada.
    En todo caso, tomó el aparato y se lo puso en el bolsillo.

    —A todo esto. Tengo que recoger las maletas y… oh, mierda. Me las habrán quitado, seguro.
    —¿Maletas?
    —Seh… el equipaje, vaya. No sé por qué diablos te digo esto. No es como si me hubieras hecho un favor. Bleh. Asqueroso perro… justo cuando logré quitarme las náuseas de enci-

    Un poco más y se iba a manchar con ese ácido potaje. Que vergüenza. Pero… no iría a juzgarla por tener un estómago delicado. Más bien, era su esperanza. Una turista que iba a pasar sus vacaciones de tanto batallar… apostaba a que estaba buscando un alojamiento asequible. Al fin y al cabo, los entrenadores vivían de los combates y el dinero de los perdedores, ¿no era así?

    De todas formas, eso era justo lo que él tenía ahora mismo.
    Sí, ¿por qué no? Podría intentarlo.

    —Así que eres de fuera… ¿no?
    —Sí, soy de fuera. ¿Por qué?
    —Supongo que estarás buscando sitio por donde alejarte, ¿no es así?
    —No andas equivocado... ¿conoces algún sitio barato, eres amo de llaves, un pisito de alquiler?
    —Hmm, algo así. Tengo un... albergue en un pueblo cercano llamado Villavera. Las habitaciones son un poco pequeñas, pero son confortables. Y precisamente tengo una libre. Si te interesa…


    Lo que decía le tentaba poco. Olía a trampa.

    —¿Y... cuánto costaría esta habitación?—preguntó para asegurarse, no sin denotar sospecha en su cara.

    ¿Qué diría si en ese albergue se tenía que hacer más que tareas domésticas? ¿Tendría que decirle que costaba hacer unas misiones o que era completamente gratis? Pues los viajeros vienen a reposar en esa región, no a trabajar. Aunque parecía más una turista con ese equipaje. Además, eso de misiones se podría malinterpretar muy fácilmente.

    De hecho no creía que iba a ceder así como así, aunque le ofrezca un buen precio. Aparte, qué diablos, la base no se parecía nada a un albergue o una casa de campo.

    Aún así, tenía que intentarlo.

    —¡No te costará nada! Con tan solo mantener la habitación ordenada cuando te marches bastará.
    —¿Ah? Bueno... si me lo ofreces así... creo que podré aguantar un poco de trabajo físico si no tengo que pagar por los servicios. ¡Bien, llévame a ese albergue, buen hombre! A ver que tiene.

    ¿Tan fácil? Debía de estar bastante desesperada para aceptar semejante trato, pensó. De todas formas… era conveniente. Muy conveniente.

    —¡Pues no se hable más! ¡Partamos hacia allí! ¡Sujetate fuerte a mí!
    —No.
    —Vale. Haré que te agarre con la otra pata entonces.

    Alejandro llamó a su acompañante Fearow con un silbido. Una gran cigüeña de color marrón con cresta de gallo vino rauda agarrando a los dos con sus alas. Plusle, como tiempo atrás, se sujetó a la pierna de la inconsciente principiante, que agitaba los brazos con nerviosismo mientras se balanceaba por el aire que le venía de enfrente.



    —Ahora que lo pienso… los carteles mencionaban un aparato llamado “capturador”. Y ese trasto captura… eso quiere decir… oiga. Usted. ¡USTED! ¡¿ME OYE?!

    Alejandro tragó saliva. Parece que le iba a descubrir incluso antes de aterrizar.

    —S-¿sí?
    —Esos capturadores no son exclusivos de esos tales “Rangers”, ¿verdad?


    No podía decir nada. Aún.

    —No. Es… es de uso general. Todo el mundo tiene acceso a ellos, es solo… que es muy caro… y… tal.
    —Huh. ¿Sí?

    Hubo un silencio incómodo que solo era roto por el aire. Temía que Gionna sospechara de que estaba yendo a la base Ranger. Y no quería. No quería que supiera.

    —Pues… no me vendría mal venderlo, la verdad. No creo que saque un buen pico con él por el estado en que está, peeero…

    Como hiciera eso se iba a enterar.
     
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    Thranduil

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    Hola!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Bueno, hace mucho que no leía el nombre de Gionna, debo reconocer que no recordaba su sombre, pero si recordaba el de Lol, creo que es el nombre más gracioso que he leído que tiene un pokémon, la primera vez que lo leí no entendí qué era, pensaba que era algo de la narración. Me gusta como sigue la historia, aun recordaba cómo se encontraba Gionna con Plusle, pero no que Alejandro la engatusara de esa manera, aunque creo que Gionna fue algo ingenua.

    Otra cosita, noté que en ocasiones usaste nombres de animales, como conejo, creo que eso no estaría mal si fuese dentro de la narración, pero las usa Gionna dentro de sus diálogos, y en el mundo de pokémon, no existen los conejos u otros animales, si bien algunos pokémon ocupan eso en su especie, según yo es un error, porque no existen. No tengo reparos con respecto a la narración.

    Ciao.
     
  7. Threadmarks: Capitulo 2
     
    Poisonbird

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    ... ¿Solo me comenta el elfo? Well, no worries. No caeré en el meme. Total, esto ya lo acabé.

    Yeaaah, el principio es un poco ridículo tbh. Pero ni a día de hoy he sabido como hacer que esta chica se metiera en este embrollo sin que pecara de idiota. I mean, si llegara a saber lo que pasa, seguramente se habría ido a Alola en vez de Floresta.

    ...

    Huh. Podría hacer un fanfic de esto. Nah, coña. Estoy fuera del garito del fanfickeo ya. O al menos no los produzco (pero remodelo el mismo una y otra y otra y otra vez... ah, ¿tan vieja y rancia me he vuelto ya? [?])
    Pero I swear to god, esto irá escalando hasta ser algo... más o menos bueno. Igual tengo que revisar a estos personajes porque hay algunos que son jodidamente planos. Aunque... la verdad, preferiría no tocarlo tanto a partir de ahora. Aunque sí tuve que reescribir como el 70% del capítulo por los cambios de las circustancias; no sé para bien o para mal. Bueno, dejaré que sir Thranduil sea juez de eso. Lo que sí sé es que quizá lo encuentren un poco denso por el montón de información que he puesto...

    ¡Y por una vez en mi vida, he revisado las normas de puntuación con las rayas! Yay! Aunque me lo he leído un poco por encima, pero creo que notarán una pequeña mejoría al respecto por lo menos.

    Respecto al uso de nombres de animales... eeeeeh... no sé. La pokédex los utiliza. Aparte, en mi headcanon aún hay especies de animales... escasos, por supuesto. Bueno, es igual, de todas formas es una nimiedad y no creo que afecte al transcurso de la historia :D
    ...
    ¿Pero... si hay varios ratones en el mundo pokémon aparte de Rattatas... cómo lo generalizamos? Deben de tener un nombre de grupo, ¿no? Digo yo, vamos.

    Bueno, basta de rodeos. Voy a poner el segundo capítulo. Que lo disfruuuuteeen~ :D


    Capitulo 2

    Ahí iban. Arriba, al cielo, hacia unos pocos kilómetros del lugar. Se habían olvidado de Lol. Y para colmo, también la carga. Una maleta que se arrastraba, una bolsa de correa igual de pesada y… nada más. La mochila ya la llevó ella, por suerte.

    Diablos. Se quedó sola en una ciudad que no conoce. No es como si fuera el primer páramo que desconociera. Al fin y al cabo, ellos eran nómadas. Cualquier intento de pasarse a la vida sedentaria se veía interrumpida por un percance u otro. Infortunios de la vida, pensaba.

    Ahora, si bien habían tomado la vía aérea, el pobre kappa deducía que sería una travesía larga y ardua. Si fuera ella sola, tomaría rumbo este de donde estaba; todo siguiendo el rumbo del Fearow que se llevó a su mejor amiga.

    Pero, otra vez, estaba el equipaje.

    El suspiro sonó como un ronquido en sus carnosos morros. Tenía que presentarse como un pokémon extraviado. Buscar alguien que le entienda, o… y ella qué sabía. Tenía a alguien quien proteger, leches.

    Buscó alguna oficina de policía por la ciudad. Fue por todas las calles inferiores de Otonia, por donde las tiendas de souvenirs y de necesidades básicas frecuentaban. Era una ciudad preparada para recibir visitas de otras regiones, e incluso de otros continentes del planeta. Pero por ningún lado encontró alguna comisaría. No parecía que el crimen ni los extravíos existieran en la región. Utópico, pero inconveniente.

    Para más colmo, no veía ningún entrenador a la vista. Solo gente corriente con pokémon de mascota. La recomendación que le hicieron a Gionna era buena, sin duda. Desde luego allí no encontraría ningún retador.

    Visto que en la parte sur no habían más que tiendas y tiendas, tuvo que dirigirse hacia arriba. Si subir unos tres escalones le resultaba un suplicio, subir una decena era un martirio. Sería como escalar los Alpes con la carga de una mula.

    Pero tenía que hacerlo. Todo sea para que pudiera tener un pequeño reposo al fin. Pensaba ella. La encontraría a faltar, ¿no?

    La Lombre aspiró el aire para coger fuerzas y subir con todo el peso del trípode y los lápices en la bandolera y las múltiples mudas que su madre ha obligado que llevara de la maleta. Descansó a los cinco unos minutos y luego procedió con la última mitad. Pudo encontrarse con un edificio que parecía una sede avanzada a su tiempo.

    El fachada era verde por arriba, y la parte que estaba unida al suelo era gris. Todo él tenía forma hexagonal, y la coronaba una pequeña cúpula de cristal. Lucía diferente que los demás edificios, además de que estaba aislado del resto.

    Un edificio tan fuera de lugar en una ciudad de ladrillos…

    No tenía buena pinta. Era lo más parecido a un laboratorio que había. No le gustaban los laboratorios. No quería volver a uno. Y menos si tenía una galería subterránea. No, no, ni hablar.

    Por otra parte, podría ser una sede militarizada. Espera, eso era mil veces peor. ¿Una comisaría, tal vez?

    Como sea, no quería acabar con cuerpo y mente trastornados como dos que se sabía.

    Quería evitar entrar a toda costa. No importaba lo que fuera, tampoco estaba dispuesta a correr semejante riesgo. A no ser…

    La puerta era de cristal.

    Se armó de valor y se asomó por la pared. Para su mala suerte, esa puerta también era automática y se abrió de par en par. Maldecía por llevar un sombrero tan grande en su cabeza y no se la pudiera quitar. Porque al parecer, también había gente.

    Se retiró tan rápido como pudo. Pero por lo poco que vio, no parecía que estuvieran diseccionando Rattatas ni nada por el estilo. Solo era gente tomando café en una mesita de cristal. ¿Un bar futurista, podría ser?

    En todo caso, se armó de valor y puso sus pies sobre la moqueta. Ni de coña habría pasado desapercibida. O al menos, tal vez, para aquella pecosa que ocultaba sus pecas bajo un tebeo.

    Pero ni siquiera los que estaban sentados dieron ningún brinco de sorpresa. Parecía que estaban absortos indicando sitios en un mapa. Y esos eran los únicos que habían dentro de aquella base.

    ¿En serio? ¿Nadie que pueda atenderla? Pero le dio igual. Se hizo oír arrastrando la maleta y jadeando como fumador tras una maratón. Tal fue el movimiento que aquella chica dejó caer aquel cómic con toda la preocupación.

    —¡Madre de Arceus!─gritó asustada por como se presentaba el nenúfar andante.
    —¿Qué ocurre ahora, Ana?—habló un rubio vestido de púrpura gala, sin perder calma alguna.
    —Mira como va ese Lombre, por el amor de la madre tierra!—señalaba aterrorizada como si viera un muerto viviente.
    —Dios...—dijo también otra rubia con tirabuzones y conjuntada. —. ¿Quién ha dejado a este Lombre con todo este peso? ¿No tienen vergüenza estos turistas? Haberse visto.
    —Hmm… déjame mirar.

    El elegante hombre se acercó a ella y ajustó sus gafas. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué se estaba acercando?

    “No, aléjate. ¡Que no te acerques!”

    Intentaba decir eso, pero no tenía ni el habla ni las fuerzas para amenazar siquiera.

    Así que gritó. Se abrazó a la maleta y gritó de tal forma que muchos de ellos tuvieron que taparse los oídos si querían preservar sus tímpanos. El susto fue tan grande que aquel joven retrocedió hasta estampar su espalda contra la pared.

    —¡Cálmate, cálmate, oh dios, cállate!—suplicaba que parara con esas palabras.


    ...


    Villavera era un lugar acogedor. Tan solo habían cuatro casas en medio de la llanura, de estilo rústico. Lo único que no entonaba con lo demás era el edificio que estaba delante de Gionna. No sabía a quién diablos se le ocurrió la brillante idea de poner un edificio de metal verde en medio de una llanura. Arruinaba la imagen campestre del pueblo.

    Pero todo lo demás… esperaba que fuera una de estas casas donde residiría estos finales de invierno. En todo caso, excepto por ese intento de edificio alien, estaba segura de que Lol se estaría deleitando con semejante vista.

    Quiso ver su cara de asombro. Mas no estaba.

    Intentó buscar con la miraba si estaba correteando por la hierba o rodando por ahí. Nada de nada. Lo único que tenía era un Plusle posado en su hombro.

    Entonces, se imaginó el peor de los escenarios posibles. Ella, el equipaje… el resto del equipo no. La única Pokéball que se podría haber caído del cielo aún estaba en su sitio.
    Aún así, era un fastidio. Tenía una idea de dónde paraba.

    —Vaya hombre…—murmuraba al darse cuenta de que Lol brillaba en su ausencia.
    ─No te preocupes por tu equipaje, seguro que lo habrán encontrado.─la tranquilizaba. Él en cambio, no suponía, pues sabía que no pudo recoger sus cosas. No iría a atosigar a su Fearow con tanto peso, obvio.
    —No solo el equipaje, señor; también me he dejado a mi Lombre. Puf… empezamos bien.—decía con cortesía. Plusle subió a su hombro —. ¿Hay algún teléfono que pueda usar en alguna parte? ¿Número de policía de Otonia? ¿Por favor?
    —Pero si ya tienes un teléfono.
    —¿Eh? ¿No? Oiga, oiga, que no todo el mundo tiene por qué tener un BlackCherubi, ¿sabes?
    —¿Qué me estás diciendo? ¡No, mujer, no! Me refiero al capturador que te he dado. Tienes el número de la base de Otonia, ¿sabes?
    —Multifunciones, ¿eh? Un momento, querrá decir comisaría, ¿no?
    —E-eh, sí, eso…

    Por poco se le desmontaba la fachada. De todas formas, Gionna no preguntó para nada.

    —Vale, dime cómo se accede al teléfono entonces.
    —De acuerdo. Tienes que encender el aparato y…
    —Espera. Esto me puede reventar en el oído en cualquier momento.
    —Eh-a-sí, tienes razón… —casi quería decir que, una vez dentro, la operaria podría repararlo. Pero eso también desmontaría la mentira que tenía ya puesta. —. ¡pero por suerte, tenemos una mecánica en el albergue! Y una buena, además. Sí, ¿por qué no entramos y se lo damos? Seguro que lo tendrá arreglado en un periquete.
    —Eso… suena bien. Demasiado. ¿Seguro que me reparará el bicho gratis?

    ¿Ya lo consideraba suyo? Vaya. Eso era buena señal.

    —¿Qué? Claro que sí, ¿quién crees que le paga el sueldo?
    —¿Qué dijo?
    —¡Aaaaaah, que sí lo reparará! Tú… solo… eh, mira, creo que me encargo yo.
    —No hace falta que te tomes tantas molestias. Ya lo averiguaré yo.
    —Qu-eh, no, no, que no me hace nada llevarlo a reparación, de verdad.

    Pero no cedió el aparato. En vez de eso empezó a tocar botones otra vez.

    —Aaaah, ¡¿pero no dijiste que era peligroso llamar tal y como está?!
    —Sí, pero preferiría no molestar a nadie. Solo tengo que hacer una llamada... ¿no? ¿Tiene manos libres esta cosa?
    —¡Pero-pero-!
    —A ver, a ver… modo captura, estado del capturador, mapa, liberar… ¿Red Ranger?

    El ceño de Gionna frunció de muy mala manera. A este paso no sería él quien cavaría su propia tumba.
    De todas formas, parecía estar tan absorta en encontrar los contactos que dejó pasar ese detalle.

    —Ah… hay algo que pone directorio. ¿Será eso?
    —No, no lo abras, ¡NO!

    Y lo ignoró por completo. Pulsó el botón y vio todo un listado de pokémon que Selena había capturado con anterioridad

    —A ver, Chickorita, Torchic, Zizagoon, Bellsprout, Plusle… eh, un momento, esto es una Pokédex. ¡SEÑOR! ¡¿ME PUEDE EXPLICAR QUÉ SIGNIFICA ESTO?!
    —¿¡Qué!? Ho-hombre, esto captura pokémon, ¿no? Es normal que recopile datos.
    —¡Nononono, quiero decir POR QUÉ tiene una función llamada “Red Ranger” cuando ESTO se supone que es PARA TODO EL PÚBLICO!
    —Aaah… pues… en realidad… eh… no… ¿es una red para rangers? Sí. ¡Claro! ¡Pero no los Rangers de Floresta, no! ¡Los de Texas! Ya sabes a quiénes me refiero.
    —Pffft ja-ja-ja, muy gracioso… ¿¡me tienes por estúpida o qué!? Mire, no sé si me ha tendido una trampa para eliminarme de la faz de la tierra o me quieren secuestrar, pero si te crees que me vas a obligar a unirme a esos tales “Rangers” o cualquier cosa que dije antes, vas a tener que sufrir mi cólera.

    La entrenadora paranoica metió la mano en el bolsillo para buscar su pequeña arma. Estaba dispuesta a defenderse de una posible amenaza, aunque ignoraba cómo. Alejandro tenía que apresurarse. O vete a saber lo que iría a pasar.

    —No, no, ¡espera, ESPERA, BAJA LA POKÉBALL, POR FAVOR!
    —¿O? Porque me tenéis hasta la coronilla, de verdad.
    —¿¡Pero por qué!? ¿¡Qué te hice aparte de llevarte aquí!? ¿¡Q-qué te crees que somos!? Vale, sí, te he engañado con lo del albergue y con lo del capturador. Ese edificio es una base Ranger y lo que te he dado… sí, es solo un aparato que usamos nosotros. ¡Pero no somos mala gente, en serio!
    —¿Ah, no? ¿Y entonces por qué me engañaste para venir aquí, hm? ¿Por qué lo del albergue y esas triquiñuelas?
    —Eso… eh…

    En verdad no tenía justificación para lo que hizo. Podría haber preguntado antes de engañarla de este modo. ¿Quizá tendría que decirle la verdad?

    Sí, era lo mejor.

    —Supongo que no puedo seguir con este fantoche. Verás… estoy… un poco desesperado.

    Gionna lo miró extrañada un momento, malpensando lo que dijo.

    —No, en serio. Estamos bajos de personal y…

    Su ceño se arrugó más de lo que estaba.

    —Bueno, quería ver lo bien que te desempeñabas en la captura. Oí que no querías dañar mucho más al Houndoom y quería darte una alternativa. La verdad, creo que tienes talento para esto. Sé que no he sido muy correcto con mis maneras y… lo siento. Aún así, lo pediré formalmente. ¡Por favor, únete a la Unión Ranger!

    Se inclinó las espalda, rogando por Arceus que diera su afirmativa respuesta.

    —Búscate otro. Yo no soy quién para ayudarte.
    —¿¡Qué!? ¿¡Pe-pero por qué!? ¡Si lo hiciste bien!
    —No diga tonterías. Eso fue el cacharro que lo dejó medio tonto. Ahora si me disculpas, tendré que volver para Otonia… ergh, ¿por dónde se va?

    No. Se iba. ¡Se iba! ¡¿Por qué!? No podía dejar que se fuera. No lo sabrá, pero una persona normal no podía hacer semejante captura. Tenía que mantenerla como sea. Todavía no.

    —¡A-aún así! No te mentía con el alojamiento. Tengo una habitación libre. Además, estarás cansada, ¿no? Y… tampoco sabes por dónde ir…
    —Pero tengo a mi Lombre ahí.
    —Deja que yo me encargue esta vez, ¿vale? También hay una sede ahí.

    Ella aún no sabía si confiar en Alejandro o no. Estaba preguntándose si aún estaba ocultando alguna otra cosa. No estaba segura ni tampoco podía fiarse de absolutamente nadie en esa región. Al fin y al cabo, acabó demostrando que era una presa fácil del engaño.

    —Perdona, pero… aún no sé qué diablos sois y qué objetivos tenéis ni sois malignos o qué.
    —¿Ma-malignos? Ay, Arceus de mi vida, si que he dado mala imagen… te lo explicaré dentro. Acompáñame.

    Esta vez, sin sospechas de que fuera algún maleante de las altas esferas, entró en el edificio. Dos personas estaban reposando en las sillas mientras un Minun cabalgaba sobre un Slowpoke. Uno, graso con el cabello corto de color castaño claro, estaba comiéndose un trozo de pastel. El otro, de estatura alta, con una bandada roja alzándole su pelo azul marino y de ojos azules, miraba la pantalla del capturador con aburrimiento.

    Ambos miraron a su jefe y a la nueva inquilina; aunque más que a la persona, se fijaron en el pokémon que llevaba en su hombro.

    —¿Jefe? Este es el Plusle de Selena, ¿no?─ Preguntó su ayudante de pelo oscuro sin rodeo alguno.
    —Sí... es ella.
    —¿Y esta chica?—la masa que comía tranquilamente el pastel se acercó a Gionna, curioso. Ella se apartaba un poco por la proximidad que tomaba. —. ¡Ah! ¿¡Podría ser!? ¿¡Será un remplazo de Selena!? Jo, jefe, no tienes vergüenza.

    Cada vez entendía menos. No sabía ni quién era Selena y aún no le había contestado nada. Su paciencia se iría a pique si no tenía respuestas pronto.

    —No, Eustaquio. De momento no se apunta. Va a quedarse aquí un día hasta que encuentren su equipaje.
    —¿Cómo que “de momento”? Te dije que no iría a unirme a vuestro chanchullo.
    —¿Chanchullo? Jefe, ¿pero qué has hecho?—preguntó con insistencia el otro ayudante.
    —Nada, Helio. Lo juro.
    —Me trajo aquí diciéndome que me daría una habitación aquí sin decirme que esto era una organización de… de… ¿qué es esto, otra vez?
    —Jefe, qué diablos.
    —Ya me he disculpado en su momento. Ahora deja que le de el capturador a la operaria, ¿sí?
    —¿Qué… qué capturador? Espera, no me digas que Plusle vino sola aquí con él.
    —Pues sí. No me preguntes cómo lo hizo pero… ahí está. De mientras, ¿por qué no te presentas a nuestra nueva inquilina y le explicas nuestro trabajo?
    —Sí, no vaya a ser. En fin, me llamo Helio. Y tú eres…
    —Eh… primero dime de qué va esto y luego decidiré si dar el nombre o no.—insistió.

    En ese momento, quiso susurrar lo borde que era. Pero se contuvo.

    —Directa al grano, ¿eh? Vale. ¡Vale, genial! Pues nosotros somos Rangers, como sabrás. Somos… una especie de policías que velamos por la gente y el medio ambiente.
    —Ajá. Suena demasiado utópico para mis oídos, si quieres que te diga la verdad.
    —Eh… ¿pero tú qué traumas tienes? Como sea. Nosotros, los Rangers locales, hacemos las misiones que nos encomiendan nuestros superiores. Alejandro, como habrás notado, es nuestro jefe. Es uno de los mejores Rangers que hay… ugh, siento que hayas tenido que pasar por esto. Normalmente él no hace estas cosas.
    —Joder. Vaya suerte la mía entonces.—rodó los ojos mientras ocultaba sus manos en los bolsillos.
    —Es que… mira, no quiero justificarlo, pero hace poco perdimos el rastro a una compañera y… el pobre está un poco de capa caída últimamente. Y, bueno, ya ves que solo somos tres aquí. La Unión nos ha dado permiso para reclutar gente después de hacer una prueba, pero no hubo suerte.
    —Ajá.—asentía con todo su desinterés.
    —Y… sí, eso sería todo. Ahora dime tu nombre, si no te importa.

    Los dramas de este lugar le eran ajenos. Pero al menos ya le quedó claro que esto solo era un mero lugar de oficio y no alguna que otra base de operaciones ilegales. Podía estar más tranquila. De hecho, no creía que por dar su nombre iría a pasar nada. Pero había algo que primaba más que la confianza de esos “compañeros de piso” temporales. Aún no había dormido nada. Se notaba por el bostezo que había dado.

    No, sería de muy mala educación irse sin que supiera cómo se llama. Más cuando dijo que lo diría. Por lo menos ella cumplía su palabra, caray.

    —Uh… llámame Gionna.
    —Sí. Se nota que eres de fuera. Eh…
    —Bueno, ¿os vais conociendo ya? Bien, bien.

    De pronto, Alejandro volvió con ellos y tendió a Gionna el capturador.

    —Toma.
    —Em… perdona, pero eso es tuyo.
    —Ah… sí… la costumbre.
    —Bueno. Va. Habitación. Ya. Me muero de sueño.
    —Cierto. Por aquí.

    La condujo hasta el ascensor, y el elevador subió hasta la parte más alta. En el centro del piso, si se alzaba la cabeza, se podía ver el cielo a través del cristal que abultaba desde fuera. Un dragón amarillo de dos metros aguardaba a quien pudiera y quisiera montarse en el. Mirarlo le dio un pequeño escalofrío. Solo esperaba que no estuviera siempre ahí. Más a la izquierda, el Fearow que llamó anteriormente Alejandro reposaba de un pequeño pero agotador viaje.

    Había varias puertas al lado; tres, en concreto. Una de ellas aguardaba una cama blanda para aliviar el cansancio que ella tenía. Alejandro giró el pomo de la madera y le abrió paso. Entró y se tiró corriendo a la cama. En cuanto su cuerpo chocó con el colchón, Plusle se retiró de su hombro.

    —Eso fue rápido. Bueno, intenta descansar. Te diré algo cuando te levantes, ¿vale?
    —Vaale…
    —Descansa.

    La puerta se cerró. Al fin podía dormir tranquila, después de tanto balanceo y cascadas de bilis a la espuma. Aún así, no podía quitarse la sensación de que metió la pata en una trampa muy obvia. Quién sabía. Sabía que había policías corruptos por doquier. De hecho, hasta pensaba que podría ser un secuestro encubierto.

    Solo para comprobar que no fuera así, miró si podía abrir la puerta. Y sí. Podía.

    En otro tiempo, quizá habría estado a punto de soltar a su pequeña bestia. Pero no fue el caso.
    Ignorando completamente a la juguetona Plusle, se volvió a echar en la cama, esperando a que Lol estuviera bien esté por donde esté.




    Mientras, en el piso inferior, el jefe de Villavera estaba a punto de iniciar una videollamada con su rival en la pantalla de recepción. Si al menos no se unía, iría a ayudarla. Para eso estaban, después de todo.

    No obstante, su rival y amigo se adelantó. El tono de llamada de la pantalla se encendió. Justo a tiempo.

    —Alejandro, es Julio.
    —Sí, ya lo veo Nora. Abre la comunicación.

    Entonces, el rostro tembloroso del jefe de Otonia se mostró en pantalla. Tembloroso y granulado por la mala calidad que ofrecía la imagen del capturador.

    —Ho-ho-hola Alejandro.─saludó, algo nervioso por lo que había en la base.
    —Hola Julio... eh... estás pálido… ¿te encuentras bien?—resaltó Alejandro al ver su cara.
    —Sí, es solo… digamos… que tengo un problema detrás mío…—vigilaba sus espaldas para que Lol no se percate de que estaba pidiendo ayuda. Se veía claramente cómo Ana daba a Lol un zumo de manzana con unas pastas industriales y ella acomodada como si fuera la reina de Midas en su trono.
    —Esto es absurdo. Estúpido. ¡Bochornoso!—se quejaba Ariadna. Lol la miró con malicia y amenazó con mojarla inflando sus mofletes con agua. Su rostro era indiferente. Entonces Lol disparó el chorro, empapando su traje.
    —¡Mira que bien! Por este Lombre te iba a preguntar.
    —¿Sí? Pues menos mal. Había llegado y estaba que daba pena con la carga que llevaba, pero no sé qué le ha pillado que empezó a adueñarse de la base.
    —Sí. Ese es justo el Lombre que buscaba.
    —¡Oh, perfecto! ¿Encontraste a su dueña?
    —Sí… la tengo durmiendo en la habitación de Selena ahora mismo.

    Le daba vergüenza decir que fue por su culpa que lo había perdido.

    —¿Eh? ¿Y vino a Otonia aquí? No me digas que lo ha abandonado ahí.
    —No, no, parece que le perdió el rostro mientras se paseaba por la ciudad… eh, lo típico.
    —Alejandro. Estás raro.
    —Lo sé. De hecho… había venido precisamente a apuntarse. Ya le hice la prueba con… ¡el mismo Houndoom de la otra vez, ni más ni menos!

    Podía oír a Helio preguntando qué estaba haciendo otra vez, pero le hizo caso omiso.

    —Y el Lombre es su acompañante.
    —Sí. De hecho, te quiero pedir un favor. ¿Podrías traerlo aquí con las maletas y demás? Me harías un favor.
    —Lo haré encantado.—sonrió. Esa tirana pronto estaría fuera.
    —¡Vale! Te espero aquí… o a Ariadna, o quien sea.
    —De acuerdo. Mantendremos el contacto.

    Colgó. Cuando acabó de hablar con él, Helio tuvo que dirigirle algunas palabras.
    —Aún no lo superas, ¿eh? En serio, como sigas actuando así…
    —Tú… solo no le digas nada a la Unión y todo irá sobre ruedas, ¿vale? No quiero ningún problema.
    —Jefe. Ella ya dijo que no se iría a unir. ¿Es que no entiendes un no por respuesta o qué?
    —En este caso… creo que no puedo permitirlo. No sabiendo de lo que es capaz.—dijo finalmente.





    Julio discutía con Ariana; su mejor ayudante. Necesitaba a alguien que llevara los objetos abandonados y a Lol, pero no le venía de gusto. “Tengo que patrullar por el mar Zafrán para que no ataquen los Gyarados” era su mejor excusa.

    Debido a la cabezonería, y que no tenía ningún ayudante más, tuvo que recurrir a un tercero. Era viejo, y sentía lástima tener que mandarle ir al pueblo de al lado cargado con tantas cosas, pero no tenía más remedio. Los otros rangers estaban ocupados patrullando parte del Bosque Lila, la ciudad, y la Cueva Unión.

    Pero de nuevo, no tenía otro remedio. Debía llamar y pedir ayuda a un anciano.

    —¡Qué descarado de tu parte, jovencito! ¿¡No podrías ir tú!?
    —Eh... No. Tengo que pensar por dónde podría estar la base del equipo Go-Rock.—contestó con toda la sinceridad. Después de todo, era cierto. Desde que Selena había desaparecido, la Unión local empezó a centrarse más en encontrar la base oculta de la banda clandestina, sin descuidar de los problemas que la gente cotidiana tenía.

    Al fin y al cabo, toda esta guerra entre rangers y equipo Go-Rock empezó con un robo. Y Gobios fue la primera víctima. Había terminado con una versión nueva del aparato, una más eficaz que el modelo estándar. Mientras Selena traía de vuelta a su laboratorio, esos energúmenos hicieron su debut. Dos rodearon al anciano y hurgó entre sus pertenencias. Y entonces, el grupo tuvo esos aparatos a su disposición para usarlos en su contra.

    Desde aquel entonces, Selena, consciente o no, combatió contra ellos. Fue una importante colaboración para frenar a la organización criminal... hasta que la secuestraron. Supieron que estaba en su morada gracias a un reporte venido del mismo Carlos que indicó que no se encontró su cuerpo por ningún lugar de la Selva Oliva. Esos bandidos habrían dejado que se pudriera en la selva para provocar el caos entre ellos. Si encontraran la base, entonces esta batalla entre Floresta y ese grupo de peleles terminaría. Recuperarían los planos de construcción del modelo y el prototipo, además de ella, claro. Robarían el conocimiento que tenían sobre sus propios artilugios.

    Pero que él estuviera ocupado planteándose qué callejones podrían ocultar algún pasadizo secreto y revisando periódicos para buscar acontecimientos sospechosos no quería decir que fuera uno de sus hombres. Él solo era el jefe técnico. Y también tenía sus obligaciones.

    —¡Pues yo también tengo mucho trabajo! ¿¡Sabes los capturadores que tengo que arreglar!? ¡¿Pero qué te has creído que soy, un viejo despreocupado?!

    Julio se disculpó y cortó la conversación. Lol, mientras, se reía con tono malicioso. Se sentía la reina suprema del lugar, y su súbdito no lograba deshacerse de ella. Pero su reinado no iba a durar mucho tiempo. Al atardecer, finalmente Julio decide hacer él mismo el encargo. El cielo se anaranjaba mientras el príncipe de Otonia intentaba que Lol le siguiera, mas ella se negaba rotundamente a moverse del sillón.

    —Venga, si nos vamos a ver a tu compañera. ¿Seguro que no quieres volver a verla?

    Enseguida reaccionó. Se levantó y, sin olvidarse del equipaje, partieron hacia Villavera.

    El sol había pasado de dar luz blanca a amarilla, cambiando sutilmente el colorido de la ciudad. Yendo en contra de la gran bola de fuego, pasaron de pisar fría piedra a basta tierra. Un camino que atravesaba la fresca hierba guiaba a quien caminara hacia la oscura cueva que daba al frente. Su interior era iluminada por luces artificiales que ellos mismos habían plantado.

    “Tranquilo, Julio, es solo cruzar el túnel, la llanura y ya está.” se repetía en la mente mientras daba sus pasos dificultados por el peso de la bandolera.

    A medio camino de la cueva, dos de aquellas personas que hacían el mal, cuya personalidad se ausentaba, se puso en medio con un trío de duendes azules furiosos y con ganas de usar los músculos para partirle la cara.

    —Vaya, vaya, vaya, que aparición más oportuna.— Decía con tono burlesco. —. ¿Te ha dejado tu novia? ─se reía locamente con este chiste fácil, haciendo referencia a la maleta que llevaba. A Julio no le hacia gracia alguna.

    ¿Qué hacían estos aquí? Se suponía que sus hombres los detendrían si los veían pululando. A no ser…

    —¿Ah? Qué extraño. —se ajustaba las gafas, molesto. —. Pensaba que no iríais a volver por aquí.
    —Te crees demasiado, hombre pijo. Claro que íbamos a volver. ¿Qué? ¿Te creías que tus guardacitas iban a frenarnos?
    —Jaja, sí, claro, ¡si se fue con el rabo entre las piernas al ver los machotes que eran los Machops!
    —Uf, menuda paliza le han dado al pobre… me dio lástima… jaja, es broma, más bien me dio la carcajada del día.
    —Sí, ¿¡verdad!?

    Ambos se reían como unos descosidos. Sus rangers… estaba furioso. Que le hicieran algo así era completamente imperdonable. Por mucho que quisiera despotricar, Julio mantuvo su temple

    —Cállense y manden a esos Machop a atacarme, ¿queréis?

    Entre risas, ambos reclutas señalaron a Julio en señal de orden para el ataque. Justo como la “tradición” indicaba, ellos mandaban a los pokémon y el Ranger se dispondría a liberarlos de sus garras. El jefe de Otonia no demoró en lanzar el disco al suelo y dirigirlo presto hacia sus pies para enlazarlos. Pensó que sería fácil. Ellos estaban apiñados hacia fuera en una formación triangular rodando los brazos. Eso ya lo tenía visto. Era un aviso que hacían que iban a atacar. Pero él tenía la confianza de que el golpe no alcanzaría a la línea de captura.

    Craso error. En vez de levantar algo de polvo, salió disparado una onda de aire que rompió con brusquedad la línea, haciendo que el disco vuelva provocando una sobrecarga al capturador.

    Fue doloroso. No solo le dio una gran descarga en la mano; también dañó al aparato más de lo normal. Normalmente eso le quitaría tres barras de energía, considerando que recibió tres golpes a la vez… pero este…
    Aparte que no era el movimiento que solían hacer, provocó muchos daños en los circuitos. El capturador incluso echaba humo.

    Desde luego, el dolor no era para menos. Pero insistía en capturarlos. No podía dejarse perder por una panda de roqueros malignos.

    Volvió a intentarlo, pero esta vez intentó disuadirlos con la propia línea. Esperó a que ellos se separaran. Cada uno fue a su propia dirección con notable cólera, intentando apuntar por dónde cortar con su palma. El disco iba evadiendo los golpes de cada uno con una maestría que era superior a muchos de los Ranger que había por ahí. Y cuando vio que tenía a uno de aquellos humanoides arrinconados, se dispuso a capturarlo.

    Mas, antes de que pudiera hacer un círculo, uno de ellos se abalanzó contra el disco con la palma extendida. Y como un mazo, lo dejó caer sobre la peonza, destrozándola en el proceso.

    Ya no había línea. No había disco. No había posibilidad de captura.

    Había perdido. Era inaudito. ¿Cómo? Esos Machop no eran normales. Para nada.

    —Hah. Vaya, pues sí que furulan estos nuevos cacharros.
    —¡Ya ves! Oye, ¿le pegamos una paliza también?
    —Ni se os ocurra.—solo podía decir. Pero en verdad, ya no tenía nada que hacer. Peor aún; empezó a notar un dolor agudo en la mano.

    Quemaduras. Lo que le faltaba. Lol quedó perpleja nada más verlas. Eran de primer y una de segundo grado. Ver que las capturas podrían hacer semejante daño…
    Si Gionna se le ocurriera volver a usar uno de esos…

    —Y porque tú lo digas vamos a detenernos. Ya, claro. ¡Machop!

    No, no era momento para pensar en eso. Estos se estaban en medio de su camino. Mientras ellos daban pasos hacia delante calentando sus nudillos, Lol se puso delante del derrotado Julio lista para combatir.

    —¿Pero qué estás haciendo? Oye. No estarás pensando en…—preguntó Julio nada más ver como esta se interponía en la marcha de los karatekas. Todos se quedaron un poco embobados al ver la determinación de aquella Lombre. Luego los Machop le quitaron importancia y saltaron al ataque.
    Fue una oportunidad que el kappa aprovechó para derribarlos en medio del aire con un Hidrobomba. Fue un impacto tan fuerte que los mandó al techo y los hizo caer al suelo.

    Ya se había abierto paso. Era una obertura perfecta. Lol gritó para indicar que Julio apretara el paso. Cogió carrerilla siguiendo la gruta recta sin esperar a nadie, y apartó a los dos reclutas con sus dos brazos. Ellos miraban como intentaba escapar a paso lento… por supuesto. Porque sus patas eran demasiado cortas para una buena carrera.

    —Joder, ¿has visto ese chorrazo que ha tirado?
    —Ya ves. ¿Capturamos a ese bicho?
    —Seh, venga.

    Con aquello, forzaron a sus Machop levantarse comandando con sus capturadores. Aunque ella ya había ganado distancia, ellos le estaban pillando ventaja poco a poco, a pesar de sus heridas. Intentó correr más. Incluso intentó hacer uso de sus brazos para ganar distancia. Pero pronto se vio acorralada cuando uno de ellos saltó en frente suyo.

    Por lo menos en esos caso ya sabía que hacer. Infló los mofletes una vez más para otra vez escapar. Mas, de repente, tuvo que escupirlo al suelo con una cascada. Había sentido una violenta convulsión en todo el cuerpo, como si le hubieran lanzado un Trueno desde arriba. Se percató que había un rastro demoníaco al lado de sus pies, rodeándola.

    A pesar de querer correr, la formación que ellos tenían era infranqueable. Quiso usar las zarpas, pero cada vuelta que daba la aturdía. No tenía escapatoria ninguna.

    Estaba frustrada. Bajó la cabeza, haciendo que su sombrero tape sus ojos. Lloró en silencio, con su mente estaba estancada en la culpabilidad por no poder hacer nada para evitar su propia desgracia.

    Finalmente, cuando el rayo rojo la oprimió, sus pupilas llorosas se volvieron pequeñas y llenas de odio. Ya no tenía noción de ser. Ya no recordaba para qué luchaba. Lo único que sabía ahora era que pertenecía al pelele que le había capturado.

    —¡JA! ¡Otro más! ¡SÍ! Y este es bueno, ¡muy bueno!
    — Hoh, hemos hecho un buen trabajo, tron. Ala, disfruta de tu derrota. Creo que me quedaré contento con esa cara de pasmao tuya.

    Entre risas, reclutas y pokémon salieron de aquella gruta. Quedó frustrado. Iracundo. Intentaba no perder aquella calma; mas era difícil. Quería dar una patada a una piedra. Pero cómo no, eso sería darle el gusto a sus enemigos.

    Para colmo, no podía retomar su trabajo. ¿Qué haría? Si el Lombre iba con ellos, entonces ya se consideraría una misión fallida.
    Respiró hondo para no perder los nervios. Quizá habría perdido el pokémon, pero no le robaron el equipaje. Lo único que podía hacer ahora era seguir adelante. Aunque las luciérnagas empezaban a embellecer la penumbra con su luz; aunque no hubiera ya luz, debía llegar a su destino.

    Siguió su camino fuera de la cueva, hasta mirar las pocas casas que iluminaban el pueblo.






    —Yo que vos no cedería vuestra confianza tan pronto. No creo que, tras esta burda malinterpretanción, permita que sigamos siendo libres.
    —Aún así, tampoco que sea tan mala gente. Pero… sí, es verdad, el pobre parecía un poco trastornado. ¿Tal vez debería…? No sé, ¿ayudarles? ¿Aunque sea temporalmente? Tampoco tenemos nada mejor que hacer.
    —No sea vos ingenua. Apenas los conocéis. Quizá ejerzan un oficio noble, pero si ya os engañó una sola vez, no dude que podrían volver a recurrir a la mentira. Y sabéis muy bien cuán taimado puede ser el ser humano.
    —Hmmm… bueno, ya lo pensaré mañana. De todas formas tampoco me apetece meterme en otro embrollo.
    —Que así sea entonces. No se involucre más con estos viles mentirosos y no tendrá más líos.

    Eso era lo que decía. Pero aún así tenía esa inquietud por ayudar al prójimo… otra vez.
    No importaba lo que dijera esa sombra negra que le acompañaba, aún quería hacer algo aparte de deambular en vano.

    Si tan solo tuviera algún propósito…
     
  8.  
    Thranduil

    Thranduil Entusiasta

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    No Loooooooooooooool!!!!!!!!!!!!!!!! Se llevaron a Lol!!!!!!!! eso fue inesperado.

    Me agradó este capítulo, ver cómo Gionna es engañada, aunque debo decir que yo en lo personal no me hubiese ido con alguien que me ofreciese algo tan de la nada, bueno una vez lo hice, pero pudo haber sido peligroso, bueno uno a veces lo hace. Pero estando en el lugar de Gionna, no me hubiese ido como si nada, hubiese vuelto a recoger a Lol, ¿cómo la puede dejar así?

    Creo que la personalidad de Gionna está más marcada ahora, pero se nota también más la personalidad de otros, dijiste que estabas trabajando en ello, pero especialmente se nota más la de Lol. Tener de esclavos a los del otro cuartel ranger, o base ranger, eso es gracioso.

    La parte de la base sirvió para conocer mejor el contexto de la historia y dónde parte de ella se llevará a cabo. Hay un dragonite en el techo? Ella se inquietó un poco. (Recuerdo lo que se viene y que tiene que ver eso).

    Al principio, cuando leí la parte de Julio y que tenía que llevar a Lol, no entendí por qué lo habías puesto en el capítulo, me pregunté, ¿tan importante es esta parte que hay que narrarla? Pero seguí leyendo y todo cobró sentido.

    No puedo creer que se la llevaran, sin duda esto llevará a que Gionna se convenza de ayudarlos...Ya estoy imaginando cómo será. Irá a rescatarla a su manera, etc.

    Sinceramente no recuerdo que en tu otra versión se llevaran a Lol, pero sin duda esto generará un impacto interesante en Gionna, y dará inicio para que pase lo que tenga que pasar. Me parece una buena estrategia de tu parte.

    Sin duda alguna, Lol se robó el capítulo.

    Apreció la otra compañera de Gionna!!!!! No recuerdo su nombre, pero ya la quiero ver actuar.

    Espero por el próximo capítulo. Ciao.
     
  9. Threadmarks: Capitulo 3
     
    Poisonbird

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    URYYYYYYY, ESTOY VIVAAAAAAAAA.

    Grrr, entre dramas y cosas varias no he podido revisar bien el capítulo ni pasarme. Y es que... cambiar un poquito las circunstancias ya me obligan a reescribir capítulos enteros. ¿Por qué demonios no me conformé con reescribir el prólogo?

    Por suerte no fue como el 14-15 de la segunda edición, que tuve que cambiarlos enteros. Esto de ser perfeccionista a veces es un suplicio. Tbh... creo que me quedó un poco más cliché que antes. Al menos cerca del final. Me gustaba más cuando Ginny despotricaba con los Rangers la verdá [?????]

    Y además, el capítulo 4 sigue siendo coherente dentro de esto (aún tengo que revisarlo igual). El 5 tal vez deba añadir y cambiar más texto, desde que las condiciones han cambiando.
    En fin. Voy a dejar el capítulo. Cheerio~!

    Capitulo 3

    Amaneció. Eran las ocho de la mañana cuando, en el piso inferior, el poco personal que tenía la base de Villavera empezaba a pillar su desayuno en aquella mesa de cristal. Cada uno tenía diferentes preferencias; Eustaquio tenía predilección por la bollería, mientras que Helio optaba por algo más saludable…

    Pero no importaba cuán bueno era el desayuno, el ambiente estaba igual de lúgubre que el día anterior. Por no decir que deberían de haber cuatro personas abajo. Más bien cinco personas y tres pokémon.

    Alejandro empezaba a sentirse un poco irritado. Después de que hiciera sonar la alarma de la base, esa… inquilina no había salido de su habitación todavía. ¿Tan cansada estaba? Si se había ido a dormir a las seis de la tarde, maldita sea. De todas formas, no era como si dijera que quería ponerla a trabajar o algo por el estilo. Pero en serio. ¿Y si venía Julio ya mismo?

    Quizá tuvo que decirle parte del reglamento. Más específicamente, la parte de “todo inquilino de la base debe acudir al comedor a las ocho de la mañana a no ser que sea una víctima de un accidente, incendio forestal o padezca alguna enfermedad incapacitante”.

    Después de beberse el café, tiró el vaso de plástico y subió al piso de arriba. No quería ser grosero, así que llamó a la puerta.

    Seguía durmiendo. Al menos eso pensaba después de no recibir ninguna respuesta.

    Carraspeó un momento para preguntar:
    —¿Puedo entrar?
    —Un momento.—le contestaron desde el otro lado.

    Ah, sí. Se estará vistiendo, seguro. ¿Con qué? Si no se llevó nada de Otonia.
    Pero también llevaba una mochila encima, así que no era imposible. Aunque era bastante pequeña como para poder llevar una muda ahí dentro.

    A él le parecía que seguía en la cama. A lo mejor debería…

    ¡No! ¿Y si se estaba cambiando de ropa? ¡Se metería en un buen lío si abriera en ese mismo momento!

    Aunque… tampoco tenía por qué abrir la puerta de par en par.

    Así que lo hizo. Con cuidado de no chirriar el pomo, abrió un poco la puerta y asomó el ojo por la obertura. Lo que encontró fue… inaudito.

    Era justo como un cuadro de Cassius Marcellus Coolidge. Estaba la cama sin hacer, con el edredón colgando de abajo, el polar encima de la cama y con una pila de cartas y fichas en el centro de aquel triángulo de jugadores, ferales y no tanto.

    Estaba Gionna misma, toda desaliñada y con una básica blanca encima, Plusle y un Umbreon cuya pelambrera no era nada normal. Parecía tener dos matas de pelo en cada oreja cuyas puntas casi tocaban el suelo. Aunque quizá no lo distinguía bien, parecía que tenía otra marca oval en el lomo. Y… sí, sus ojos también eran raros.

    Eran dos diminutos puntos en la cara. Dos malditos diminutos puntos rojos que no tenían nada que ver con los grandes y brillantes ojos que un Umbreon posee. Por si fuera poco, cuánto más lo miraba, cada vez se le hacía más familiar. Pero estaba convencido que era la primera vez que lo veía. Quizá vio algo parecido de reojo mientras Eustaquio buscaba memes de anime por internet. Solo le faltaba que la cola fuera más pomposa y sería su viva imagen.

    La entrenadora de pronto sonrió, confiada.

    —Je, je, je…—se reía Gionna con una ingenua picardía. —. Prepárate, Kyu. Esta baza va a ser muy dolorosa.

    Plusle, que también sujetaba unos cuantos naipes, los dejó en el suelo.

    —¿Ah, sí? Veamos, pues.—para colmo hablaba. No movía la boca, pero su voz resonaba en los oídos de todos, como si tan solo necesitara pensar para comunicarse con todo el mundo.

    Gionna tumbó los naipes al suelo.

    ─¡Ja! ¡Toma dos pares!

    Dos cartas rojas con un dos en cada uno; corazones y diamantes respectivamente. El resto no tenía nada que ver.

    Y el Umbreon se mostraba impasible. Con toda la calma del mundo, dejó caer los naipes con sus patas delanteras y las reposó en el suelo.

    —Escalera de color. Buen intento, querida.
    —Mecachis la mar, Kyu, así no se puede.—soplaba la humana hacia arriba, levantando parte de su largo flequillo. Y es que era cierto. Con esa inamovible cara no se podía jugar una partida de póquer justa. —. ¿Por qué no jugamos a otra cosa?
    —¿Al burro?—sugería el Umbreon mentalista.
    —Todo menos eso.—reprochaba. En cambio, Plusle asentía con todas sus ganas e ilusión.
    —El pueblo ha hablado.—decía victorioso, a pesar de no expresarlo de ninguna forma. Gionna suspiró. Se iba a aburrir como una ostra.
    —Am… yo que vosotros no jugaría más. Solo lo digo.

    Era divertido ver cómo jugaban, pero en serio, se iba a hacer tarde.

    —Al fin hacéis acta de vuestra presencia, señor embustero. Mirad que no tenéis vergüenza, fisgando tras esta puerta…

    ¿E… embustero? O sea, que en todo este tiempo le dio para hablar de su pequeña travesía, del incidente y todo eso… ¿y se pasó toda la madrugada jugando a cartas, puede ser?

    —Espera, ¿has estado espiándonos hasta ahora? ¿Y-y-y tú lo sabías? ¡KYU, HABÉRMELO DICHO!
    —Mis disculpas. Mas se le veía tan centrada en conseguir su vendetta en la última partida… no es como si vos estuviera con las carnes desprotegidas. ¿Por qué cree que no le he roto la nariz con la puerta en ese mismo instante?
    —Madre mía… mira que he visto Pokémon agresivos, pero tú… ¿se puede saber de dónde sales tú?—dijo Alejandro en alto.
    —De una Pokéball, humano ignorante. ¿Dónde cree que he estado en todo este tiempo? No soy como ese gato genio que aparece por doquier cuando quiere.
    —Ah, claro…—no era eso a lo que se refería, pero tampoco quería darle cuerda. —. A todo esto… todavía no me ha llegado tu equipaje, pero yo que tú bajaría al primer piso si quieres pastas para desayunar.
    —¿Por? ¿No puedes traerme una y ya? Ah, un zumo de uva también estaría bien.
    —¿Pero qué te crees que es esto? ¿Un hotel? —preguntó con cierta indignación el jefe de Villavera.
    —Er… no me malinterpretes. No es que no quiera salir y coger el desayuno yo misma… pero… pero-pero…
    —¿Pero?
    —Es que… joder, qué vergüenza me da decir esto. Llevo cinco días con la misma ropa y no quiero bajar hasta que me ponga algo limpio. Lo peor es que el polar huele a rayos y si me lo vuelvo a poner…

    Oh. Mira qué conveniente. Parece que la señorita quería un poco de ropa. Perfecto. Estupendo. Magnífico. Lo mejor era que no tenía por qué esperar, pues él tenía montones de ropa para dar y tomar.

    —Ah, entiendo… bueno, no pasa nada, podría prestarte un uniforme hasta que te llegue la maleta. ¿Te parece bien?
    —Huh, ¿sí? Un-puto-momento, Avellano. —¿Avellano? —, ¿seguro que no es otra estratagema de las tuyas para que me quede a trabajar aquí?

    Le caló. Esta vez no iría a pillarla desprevenida, estaba claro. Lo peor era que ya mintió a Julio. ¿Como diablos le iría a explicar que tiene a una turista viviendo en la habitación de Selena porque intentó ingresarla sin su consentimiento? Bravo por él. Bravo.

    No tuvo otra que admitir la derrota. Pero la presión se la iba a dejar a Julio. A ver si se ponía insistente creyendo que era una nueva Ranger.

    —Sí… me pillaste. Quería hacer que te confundieran por el personal… de todas formas no creo que tu equipaje tarde en llegar. Y no, no pienso subírtelo. Tengo trabajo que hacer aquí.
    —Pues qué remedio.—encogió de hombros. —Bajaré ahora pues.
    —Vale, te espero.

    Por fin se fue. Tenía un rato más para hablar con su Umbreon. Kyumbreon. Ese era el nombre completo.

    —Sabia decisión. Hubiera sido problemático si vos hubierais aceptado esas telas de aquel señor.
    —Sep. Supongo que sería demasiado pedir un alojamiento gratuito, ¿eh?—suspiró. —. Cuando tengamos la maleta y a Lol nos largamos de aquí echando leches.
    —Me parece perfecto.—respondió.

    Luego bajaron al piso inferior para comer. Lo único que quedó de aquella bandeja eran unas galletas de avena y un plátano. Bueno, no le hacía nada comer otra pieza de fruta. ¿Qué más daba? Al menos le paliaría el hambre un momento. Iba a pillar cuatro, pero una se la tuvo que dar a Plusle. El resto estaban ocupados con el móvil, con su faena… de hecho Helio brillaba por su ausencia en ese mismo momento. Parecía que había partido para hacer algún recado.

    Cuando al fin terminaron de desayunar, la puerta automática se abrió dejando paso a un galán de cabellos rubios con unas gafas de montura metálica, traje púrpura, una bandolera azul oscura y una maleta verde manzana.

    Gionna estaba que saltaba de alegría. Su equipaje había llegado. Alejandro había cumplido su palabra; y menos mal.

    —¡Gracias a Arceus! Casi pensaba que iría a ir sucia todo el santo día.
    —Um… ¿eres la nueva? —preguntó Julio. —Ah, como sea. Te dejo la maleta; y esto… ugh, ¿qué llevas aquí encima?

    No tardó en cogerlo todo. Su trípode, su libreta de apuntes, la ropa que tenía limpia… todo estaba en orden ahora. Lista para largarse otra vez.
    Luego Alejandro lo recibió.

    —¡Qué pasa, machote! ¿Cómo has podido tardar tanto? Pensaba que habías partido de enseguida.
    —Y en efecto, eso hice… pero…
    —¿Pero...?
    —Ugh, no te lo vas a creer, pero… espera, voy a pedir a la operadora que me repare el capturador.
    —¿Eh…? ¿Se te ha roto?

    Para entonces Gionna iba tan contenta a la habitación a cambiarse cuando de repente notó que faltaba algo.

    —Espera un momento. ¿Y mi Lombre? Habíamos quedado en que me traerías a Lol también.
    —Ah… sí, imaginaba que me lo preguntarías.—se masajeó las sienes un momento con una mano. La vergüenza que le daba comunicar que el legendario Jinete del Dodrio había perdido ante una panda de bandidos…
    —¿Julio?—preguntó Alejandro, ya un poco preocupado.
    —Lamento tener que comunicarte esto, pero… tu Lombre… es decir, Lol… lo... lo… lol… lo he perdido.
    —No fastidies. ¿Cómo que se ha perdido?—no se podía creer lo que estaba oyendo. Por una vez quería que fuera una broma de mal gusto.
    —No sé si lo entenderías... pero… —intentaba decir lo que le había ocurrido; pero la entrenadora ya estaba sacando sus propias conclusiones.
    —Almendro, como la hayas captado de rehén dejaré que Kyu te mate.
    —Y lo haré. Que no le quepa usted duda.
    —Eh, no. Él no hizo nada. Más bien… la han… “secuestrado” otros. En otras palabras… fue… capturada.

    Se quedó de piedra. Estaba deseosa por estrangular a Alejandro por no decirle que se llevara el equipaje, y luego a aquel hombre rubio por dejar que se la llevaran otros. Lo habría hecho si no fuera porque le dominaba más la pena que no la ira.

    Su primer pokémon; su más fiel amiga; la amistad más duradera que ha tenido, superando incluso a las agradables pero cortas compañías que suponían las compañeras de su clase… ese pokémon que le dio un poco de comida al huir de unos abusones y meterse en tierras prohibidas por el directivo escolar, no estaba a su lado.

    Empezaba a arrepentirse de venir a Floresta. Vistas las circunstancias… no, estaba segura que este sitio volvería a abrir heridas lamidas y cosidas desde hace pocos años. Ya lo estaba haciendo, de hecho. Estaba claro que había una organización criminal de por medio.

    Pero por otra parte…

    —Lo siento mucho, de veras.— dijo Julio agachándose la mano en el pecho. —. Pero en verdad, no está todo perdido. Por suerte, lo único que se ha roto en el capturador ha sido el disco. Si ese es el único daño que hay, aún tengo una posibilidad de…
    —Julio, tienes la entrada del cargador totalmente chamuscada. No puedo recargar el capturador.—dijo de pronto la operadora.
    —¿En serio?
    —Sí… tengo que pedir un recambio. No creo que lo pueda tener listo hasta dentro de tres días.
    —Argh, qué faena.—se desordenaba el cabello Alejandro. —, tendré que ir yo, por lo que veo.
    —No. Iré yo misma. Es mi Lombre al fin y al cabo.
    —¿Oh?—soltó Alejandro sorprendido.
    —Vaya… tienes coraje. ¿Pero sabes bien lo que estás diciendo? Estamos hablando del equipo Go-Rock. Esa panda de criminales no tienen ningún tipo de piedad por los Rangers; mucho menos con los novatos. ¿Aún así quieres-?
    —¿Quién coño te dijo que era una Ranger ya?—Gionna clavó su mirada asesina en Alejandro un momento. —. De todas formas, me subestimas. No es la primera vez que me enfrento a situaciones como esta. Estaré bien.
    —¿Tú crees…?—Julio aún estaba escéptico ante semejante confianza. —De todas formas debo regresar a Otonia. Y estoy seguro de que esos canallas seguirán rondando por ahí… voy a necesitar que me hagas de escolta.
    —No tengo problemas con eso.—dijo fría. —Bueno, dejen que me cambie y vamos para allá.
    —Ah, sí, un momento. Tengo que encargarme de una cosa.

    Alejandro fue arriba un momento para luego volver decir lo siguiente:

    —Ya está, te he dejado el uniforme encima de la cama. Esto es una misión oficial, al fin y al cabo.
    —Que no me lo voy a poner, joder. Solo voy a recuperar a una amiga mía, por dios.
    —Pero aún así vas a necesitar el capturador, ¿no? De hecho no voy a dejar que uses el capturador si no te lo pones. Así que…

    Al final se rindió. Tenía confianza en que la recuperaría de todas formas. Aunque si aquí “capturar” significaba otra cosa, entonces…
    No creía que ese fuera el caso, pero era mejor prevenir que curar.

    —¡Está bien, pesado, me lo pondré! Aaaargh, ¡¿por qué tienes que ser tan persistente?!
    —Mi señora, piense con frialdad. Aún podemos…

    Pero no llegó a oír a su Umbreon. Se fue al ascensor con el equipaje, toda enfurecida por tener que ponerse las telas que no le correspondían.



    Después de una pequeña trifulca con Alejandro para que le cambie los shorts del uniforme que le ha dado por unas bermudas, cruzaron aquella llanura llena de exuberancia y vitalidad. Zizagoon correteaban por la hierba baja mientras Chickoritas y Mudkips disfrutaban de la brisa matutina. Era un lugar hermoso, sin duda. Y sería un paseo agradable de no ser por las circunstancias que le habían tocado vivir.

    De tanto en tanto, Gionna miraba el aparato que le habían prestado para esta misión. Ese cachivache de la discordia que la llevó a esto y reveló lo perdida que estaba. Esperaba a que le dieran otro modelo, pero… en efecto. Le dieron el mismo aparato de hace dos días. Qué demonios.

    Para colmo el Plusle del otro día le seguía cual perro faldero y Kyumbreon no paraba de reiterar cuán errática fue esa decisión dentro de su propia cabeza. Desde luego no estaba nada contento con esto. “Si por el aparato era, podríais haberme mandado a buscar y hurtar. Y desde luego, si las cosas se complicaran siempre podía enterrarlos con los escombros de ese mismo lugar”, era lo que le decía en privado. Pero no quería contestarle en voz alta. Ya le constaba que su idea iba a crear más inconveniencias de las necesarias, desde que ellos no eran la banda que aterrorizaba a esa región.

    Por otra parte, Julio estuvo un poco confundido. Juraba que escuchó a Gionna decir que no era ninguna Ranger. Y va y se pone el uniforme. En serio, quería preguntar lo típico; quién era, de dónde venía, qué hacía y por qué estaba ahí.

    Pero antes de que se dieran cuenta, ya estaban frente la cueva.

    —Aquí es.— Dijo Julio. —. A partir de aquí las cosas se van a volver... algo complicadas. Ya sabes. Por la banda.
    —Esa banda no representará ningún peligro. No estando un servidor.
    —¿¡Eh!? ¿¡Quién habló!? ¿¡Quién está ahí!?
    —Oye, tranquilo. Ese fue Kyu hablando.
    —¿Kyu? O sea, ¿el Umbreon? Pero… pero si los Umbreon no son psíquicos… en serio, ¿cómo…?
    —Necio humano, ¿acaso confiáis más en las letras de alguien que vuestros propios sentidos? Por cosas como esta vuestra raza avanza inexorable hacia su propio abismo. En todo caso, si es cierto que son capaces de causar estragos, los haré retorcer de dolor antes de que hagan algo. Así que no se preocupe.

    Ya empezaba a lucirse. Gionna suspiró al oírle jurar sufrimiento a quien se ponía en medio. Había muchas cosas que le gustaba de él; pero si había algo que impedía que fuera uno de sus favoritos, era el trato que tenía con sus contrincantes. Era sanguinario a más no poder; incluso a veces quién se ha enfrentado a este, se quedó varios días en un Centro Pokémon por lesiones graves.

    Temía que Julio le dijera algo respecto a ese comentario. De hecho, quería hacerlo. Pero estaba demasiado asustado como para objetar algo.

    —¿Qué… acabo de…? No importa. Entremos.

    Sin más dilación, entraron. Avanzaron por un camino corto, rocoso, aunque alisado. El aire era húmedo, sin dejar de ser frío. Sería oscuro si no fuera por los fluorescentes instalados en el interior de aquella montaña.

    Era una gruta. De eso no cabía duda. Había estalactitas y estalagmitas por doquier; así como los trazos que los Digglets dibujaban en la tierra. No parecía ser un camino muy largo. De hecho solo habían unos metros de cueva y muy poco prado para llegar a Otonia.

    Nada más llegar a mitad del recorrido, se encontró a la pandilla que hirió el orgullo de Julio. Y al parecer, estaban de “servicio” capturando a un Digglet.
    Diablos. Cada vez sus temores estaban cobrando más fuerza. Tenía que desviar su atención a otra cosa.

    —Que pinta más… extraña, por no decir ridícula.—criticó Gionna al ver por primera vez a esos personajes. —. No serán esos los que...
    —Sí, son ellos. Son el equipo Go-Rock, una panda de bandidos que quieren sustituirnos causando problemas en Floresta. No sabemos a raíz de qué lo hacen, pero…
    —¡Menudo propósito más estúpido!—exclamó la entrenadora con desdén. —¿Por qué diablos querrían ser algún “Ranger” o la competencia de estos? ¡Ay, por favor, si es mucho trabajo! ¿Se puede saber quién fue el pánfilo que tuvo la idea de-? Kyu, ¿a dónde vas?

    El Umbreon se acercaba a uno de ellos, intrigado por lo que estaba haciendo. Claramente parecía que estuviera haciendo el ganso con un aparato eléctrico muy parecido al que le habían otorgado a su entrenadora, pero quería mirar qué efectos tenía.

    —Em… perdona… pero creo que deberías ordenar a tu Umbreon que vuelva aquí. Es peligroso.
    —No me hará caso. Ya te digo que no.

    Una vez que estaba cerca y acabó de acosar al Digglet que estaba atrapando, el felino empezó a hablarle.

    —Disculpe vos, ¿pero podría decirme qué diablos hizo a ese pobre y agonizante topo?

    El extraño se giró hacia el. Lo miraba con ojos como platos tras sus gafas de ochentero. Un Umbreon raro en este lugar que encima hablaba. Tenía que ser suyo.

    Apuntó al gato azabache con la máquina. Sus intenciones era claras. Ambos se pusieron alerta hacia ese gesto.

    —Mierda, va a intentar capturarlo.
    —Ya lo veo, ya, ¡KYU!

    Gionna pensó gritarle a su negro felino que destrozara la línea con un ataque ofensivo, pero no le hizo falta. Justo cuando el recluta lanzó la peonza hacia Kyumbreon, el pokémon Luz Lunar saltó por encima como si de una cerca se tratara todo el rato.

    No quería gastar energías en el ataque para cuando el momento llegara. Mas la persistencia de aquel pelele hacía que perdiera su temple pronto.

    Dejó de brincar para luego dejar que su cuerpo emanara un aura oscura y luego expandirla hacia el suelo, provocando que la línea y el disco regresaran hacia el aparato con toda la carga. Tal fue la descarga que el aparato reventó en la mano del pelele.

    —¡AAAARGH, MI MANO! ¡DUELE! ¡DUELEEEE!
    —Tch. Humanos...—dijo con desprecio. —No sé lo que intentabais hacer, pero fuere lo que fuera, vuestra acción fue necia.

    Se retiraba de la vista del incrédulo recluta, regresando a las cercanías de Gionna. Ese Pulso umbrío fue demasiado dañino, tanto para la mano de su enemigo como el súper-capturador en sí. Esos desgarradores gritos de dolor ponía de pelos de punta a Julio y también a su entrenadora, por lo visto.

    Indiferente al daño ajeno, el gato empezó a adelantarse por su propia cuenta. Pero visto que no le seguían, giró su cabeza hacia atrás.

    —¿Y bien? ¿Continuamos con nuestra búsqueda?
    —Um… sí…

    Una vez que el falso ranger ya no era molestia, el grupo avanzó. Pocos metros, pues esos gritos llamó la atención de otro recluta.
    Era uno de los dos malandrines que encontró Julio el otro día. Y estaba muy enfadado. Había visto lo que Kyumbreon había hecho desde la distancia.

    —¡Eh, rangers, de aquí no salís! Vuestro Umbreon ha herido a uno de mis compañeros de trabajo.
    —Siento mucho las molestias. —contestó Julio. —. De verdad, no tenía ni idea que lo que es capaz ese demonio.

    Gionna puso la mano en la frente. Sí era verdad que provocó daños innecesarios, pero eso de disculparse ante el enemigo…

    —Sí, y ahora te disculpas, ¿no? ¡VENGA, GEODUDOS! ¡Denle una santa paliza!

    Tres piedras de musculosos brazos con rostro acudieron a su llamada cayendo desde el techo.
    Intentaron golpearles con su propio cuerpo impulsándose hacia delante; cosa que les obligó a tirarse al suelo. Peor aún, los Geodude parecían idos. Incluso se diría que rabiosos. Si los llegaban a golpear una sola vez, podría ser una fractura al cando.

    A la segunda vez que intentaron hacer un Placaje, Kyumbreon los levantó del suelo haciendo uso de un Psíquico. Aún concentrándose en levantarlos, él pudo infundir algo de terror al otro recluta con su profunda y retumbante voz.

    —¿Mandas tres Geodudes para hacernos daño? Patético.

    Entonces subió la presión. Con la fuerza de una prensa, hirió a los Geodude hasta que agrietó sus robustos cuerpos. A la mínima que vio la grieta, este los dejó caer con brusquedad.

    Mas a pesar de esa fuerza, ellos todavía seguían moviéndose. Ese ataque habría bastado para dejarles incapacitados por varios días, pero aún así se movían.

    Luego Kyumbreon usó un Pulso Umbrío, que, aunque eso habría terminado de noquearlos, solo les había aturdido. Entonces fue cuando pasó de una faceta de indiferencia a una impía.

    Entró en frenesí. Lanzó ataques siniestros indiscriminadamente, ya no para dejarlos inconscientes, si no para quitarles la vida de una buena vez.

    —Para, ¡para, para! ¡Ellos no pararán por mucho que los dañes!—Julio suplicó clemencia para las inocentes piedras en vano.

    Mas él seguía atizándoles con crueldad. Lo ignoraba por completo.

    —Oh, dios, ¡tú! ¡Dile que pare! No puedo aguantar ver esto.
    —Es imposible. Una vez que Kyumbreon se pone así… y más con el estómago vacío…—suspiró. —. Aunque tampoco es como si pudiera comer a esos Geodude, así que…
    —¿Eh? ¿No lo alimentas nunca?
    —¡Claro que lo hago! ¿Qué te piensas que soy? Pero bueno, muchas veces no me acepta las croquetas. Prefiere cazar a sus presas él mismo. Esto, ¿por qué estamos de cháchara?
    —¡Da igual, no puedo tolerar esto! ¡Tendrías que hacer algo!

    Miraba a Gionna, que llevaba el capturador sujeto en su mano derecha.

    —Oye. ¿Por qué no usas el capturador?
    —¿Estás de guasa? No. ¿No dije que no era ningún Ranger?
    —¿Entonces prefieres que esos Geodude mueran?

    Obvio no quería; pero tampoco le importaban tanto sus vidas.
    Pero estaba de acuerdo en que sus muertes no eran necesarias. Tendría que usarlo una vez más. Solo al menos por esta vez.

    —Quieto, Kyu. Ya los has dejado bien tiesos.
    —¿Eso cree? Aún siento como respiran.
    —¡Kyu, que los dejes de una puta vez, coño!

    Obedeció. Tampoco quería gastar más energía de la necesaria. La entrenadora preparó el artilugio de captura y lo usó para trazar en el suelo una serie de círculos que encerraba a aquellos malheridos pedruscos. Estos no pudieron oponerse mucho. Sus movimientos estaban limitados por el dolor.

    En cuanto la luz azulada envolvió a aquellos duros cuerpos, las recientes heridas provocadas por la ira de su pokémon fueron sanadas. Recobraron el sentido y su voluntad para luego huir de aquel hombre. Y antes de que Julio se dispusiera a detenerlo, el cobarde recluta no tardó en hacer lo mismo, temiendo que lo detuvieran.

    —Eso… huye, cobarde, huye…—murmuró Julio.
    —Me debéis un favor. De no ser por mí os hubiera roto las testas con sus pesados cuerpos.
    —No te debemos ninguno.
    —Y yo que quería preguntarle dónde para Lol… no me dejó tiempo.
    —No te preocupes. Vi a ese mismo recluta ayer. El otro no debe andar lejos.
    —Sí, ¿eh? Andando pues.

    Entonces siguieron su camino. Por fin, después de unos minutos caminando, salieron de la cueva. Era caminar un poco más por la pradera y habrían llegado a Otonia.

    Mas justo cuando parecía que nadie más iba a estorbar, otro problema, otra vez en forma de rockero ochentero, les cortó el paso. Era el que faltaba. El tipo de los Machop dopados hizo acto de presencia.

    —Vaya, ¿otra vez tú?—el desagradable sujeto preguntó a Julio. Miró seguidamente a Gionna, con una sonrisa burlona.—. ¿Esa es tu nueva novia? No me esperaba esto de ti.—se reía con su propio chiste.
    —Mira como ha degradado la inteligencia en este mundo... si ya cuando vas acompañada de un chico ya dicen que es tu novio.—criticaba ella al mundo con el que convivía diariamente.
    —¡Oh, vamos, que era broma, Ranger de pacotilla! ¿Es que no sabes identificarlas o qué?

    Gionna apretó los puños. Le estaba empezando a cansar de que la llamaran ranger. Ella no quería ser una maldita forestal-policía; ella quería descanso, vacaciones, tranquilidad, y, ¿a cambio, qué recibía tras múltiples mareos en un barco? ¡Trabajo! ¡Un señor de pelo verde que insistió que hiciera encargos! ¡Nuevos maleantes que ni si quiera aspiraban dominar el mundo! ¡Un idiota que se reía por tontunas! Aunque para ayudar todo ser vivo que sufría un problema era un deber, le crispaba que la obligaran a ella llevar ese traje rojo que le daba el nombre de Ranger.

    Ya estaba. Cuando llegara a Otonia, lo primero que hará será robar algún vestido de una tienda de ropa y luego devolver el uniforme a Alejandro. Pero antes de poder hacer estas cosas, tenía que apartar a ese cerebro de mosquito del medio. El recluta llamó a sus sicarios y les ordenó que atacaran a la entrenadora.

    Kyumbreon reaccionó rápido. Detuvo la carrera de los pequeños hombres gris-azulados elevándolos al aire con su mente para después hacerlos caer en picado contra el suelo. Como antes, no fue suficiente para dejarlos K.O, aunque el agotamiento no tardó en hacerse mostrar.

    Eran tres pokémon tipo luchador potenciados por el súper-capturador contra uno siniestro que conocía un ataque demoledor para ellos. Si lograban golpearle, le partirían los huesos y sería humillado ante vista de su propio dios. Y tampoco sabía sin mucha certeza si ejecutar la misma técnica les agotaría del todo. Tuvo que mirar a su señora para saber qué hacer. A veces resultaban más eficaces sus decisiones precipitadas que su cálculo.


    —Haz lo que tengas que hacer, Kyu.

    Con eso le quedó muy claro lo que quería que hiciera. Volvió a la carga, pero esta vez no los levantó, si no hizo presión en la musculatura para causarles un horrendo dolor. En cuanto les rompió algunos ligamentos, paró. Julio no podía creerse que ahora le hubiera dejado hacer lo que se le antojara.

    —¿Pero no podrías haber intentado capturarlos antes?—preguntó Julio irritado.
    —No me malinterpretes. Esto es para prevenir que escapen.

    Entonces volvió a preparar el capturador, lista para liberarlos. No pasaba nada si podía curarlos después, ¿verdad? Desde luego, a Julio le parecía un juego muy sucio. ¿Cómo Alejandro podía tener a esta chica de Ranger?

    —¿¡Pero qué hacéis, inútiles!? ¡Levantaos!—ladraba el recluta. Por mucho que intentaran complacer a su amo cumpliendo sus órdenes, sus hombrecillos volvían a caerse como un tablón de plomo. —. Ah, ah, muy bien, no os levantéis entonces. ¡Sois escoria! ¡Tengo a otro mucho mejor! ¡Vamos, sal, cara de pato! ¡Tienes rangers que humillar!

    Con un tono cantarín, dio vida a los arbustos que estaban cerca de él. Unos pocos movimientos y una figura corta de brazos largos salió de un salto y aterrizó enfrente de la vista de los rangers. Gionna miraba incrédula a aquel ser.

    Sabía que podría pasar. Que era una posibilidad; no, que seguramente se la encontraría así. Pero de todas formas no se lo creía. No podía creérselo.

    —No-no puede ser... no…

    Su Lombre miraba intimidante a su entrenadora. No la reconocía. Pensó que Lol estaría encerrada esperando a que fuera vendida, pero en ningún momento se le ocurrió la posibilidad de que llegaría a acabar como los pokémon que se enfrentó antes. Pensó que quizá resistiría… o que hubiera huido a tiempo. Pero estando así…

    Kyumbreon se quedó impasible ante su magistral presentación. La entrenadora la quería tomar con Julio. Gritar y romperle la nariz por su ineptitud; por dejar que estuviera así.
    Pero no podía culpar a él de no decirle lo que era evidente. Ahora lo único que podía hacer era decir su nombre.

    —Lol… estás aquí…

    Pero no había ninguna reacción.

    —Venga, ¿no me reconoces? ¡Si no nos hemos separado en ningún momento hasta ahora!—fue acercándose con los brazos extendidos. Quería darle un abrazo. Realmente quería. Pero tenía miedo.
    —Mi señora…
    —¡Venga! No atacarías a tu amiga, ¿verdad?

    Y de repente, sentía que su mejilla estaba siendo rasgada por las uñas de su mejor amiga. Fue un golpe tan repentino que perdió el equilibrio y Gionna cayó al suelo. Ella, con la mano temblorosa, se tocó la herida con los dedos. En cuanto los vio, estaban teñidos de rojo.

    No era una herida muy profunda, por fortuna; pero saber que estaba sangrando en la cara la aterrorizaba. Esperaba que no fuera ella la primera que se atrevería a herir. Ni ella ni ningún otro.

    Kyumbreon reaccionó nada más que su señora cayera víctima del Golpe Furia. Se puso delante y creó un muro verde translúcido para que el único daño fuera aquel arañazo. Lol dejó de atacar, pero aún pensaba herirla.

    —¡Detente! ¿¡Acaso no recordáis a quién estáis dirigiendo vuestra fuerza!?—le gritó, intentando que entrara en razón; mas parecía que la palabra era inútil.

    Lol soltó un gritó amenazante, como si quisiera que Kyumbreon se apartara. El felino también tuvo que adoptar una postura agresiva. Ya no era ella. Tenía que sacrificarla.

    —K-k-kyu... no-no pensarás...—preguntó con los labios temblorosos y ojos humedecidos.
    —Lo siento, mi señora. Tendrá que ser llevada a Lunetah por traición.

    Así era su forma de decir que ya no era ella, y que no tenía salvación. Ella no podía aceptarlo. ¿Tan de repente tenía que despedirse de Lol? Había que hacer algo. ¿Pero qué? Todo parecía perdido. O tal vez... podía vislumbrar la luz de una idea entre esas sombras de desesperanza. ¿Pero qué era?

    Sus emociones la ofuscaban. Tenía que dejar de lado lo que pasó en el presente para ver fríamente el pasado, encontrar en los hechos lo que tenía que hacer. ¿Qué iba a hacer antes de empezar a llorar como una cría?

    No tardó en verlo. En su mano todavía estaba el capturador.

    Ya está. Ya lo tenía.

    —Kyu. Aparta. Yo me ocuparé de ella.—dijo más sosegada, sin dejar de ser imperativa.
    —Es peligroso, mi señora. No volverá en sí por mucho que diga que es vos.
    —No pienso usar la lengua, tontín.—Kyumbreon se giró para ver a su entrenadora preparó su aparato curativo; cosa que hizo sonreír a Julio.
    —¡No! ¡No iréis a volver a usar ese aparato! ¡Vuestro cometido es enfrentar las adversidades usándonos, no curar al contrario!
    —Y sin embargo, una de mi equipo se ha convertido en una adversidad. Ahora que sé que podemos resolver esta crisis sin implicar a la violencia... ¿por qué no?
    —¡Os estáis contradiciendo a vos misma!
    —Será la última vez.

    Él se quedó un rato breve en silencio. Al fin, se apartó del medio para no interferir en la captura.

    —Que sea su voluntad, pues, la que le haga recobrar el sentido.

    Cuando apuntó a Lol con la antena, esta dio un respingo, como si en un tiempo breve hubiera recobrara la conciencia. No quería que utilizara el capturador. No quería que se hiciera daño. Pero no tenía control de su cuerpo. Le dañaría con todo su potencial.

    La captura de Lol dio comienzo. La peonza fue disparada con el propósito de que volviera a tener dominio sobre su motricidad; sin embargo, no iba a ser tan fácil como antes. Los anteriores fueron agotados previamente, pero ella no. Y desde luego, no quería usar la fuerza bruta de Kyumbreon.

    Trató de capturarla haciendo movimientos rápidos, pero o bien la línea tropezaba con su trayectoria o bien los ataques de Lol lo alcanzaban. Si chocaba con su cuerpo no ocurría nada. El disco solo se quedaría quieto un momento y retomaba su trayectoria.

    Pero por mucho que supiera los movimientos de su propio Pokémon, muchas veces no podía evitar las ráfagas que su Pokémon creaba. Era capaz de hacer obstáculos con las pequeñas zarzas de sus Drenadoras, así como sus zarpas y los chorros que lanzaba. Su Hidrobomba era fácil de evitar, desde que necesitaba llenar la boca antes. Era un hábito que no podía quitarse de encima.

    Las zarpas, por otra parte, aparte de que las zarzas le dificultaban el movimiento y aún no tenía soltura con el aparato, no le era tan fácil evitar. Solo llegaba a hacer dos círculos cada diecisiete segundos; insuficientes para que pudiera capturarla.

    Para colmo, los espasmos que le daban después de recibir la electricidad empeoraba todavía más sus movimientos. Lo intentaba una y otra vez, hasta que el capturador avisaba de que sus energías estaban llegando al límite. Empezaba a salir humo y a pitar.

    Un golpe más y explotaría.

    Estaba a punto de rendirse. Resultaba difícil devolverla a la cordura. Aquellos intentos inútiles estaban llevándola a la derrota. Quería intentarlo aunque lo tuviera que pagar con su mano… pero por otra parte, ya la estaba dando por perdida.

    ¿Qué haría? ¿¡Qué podía hacer!?

    Aquella escena estaba conmocionando a Plusle. Por un momento pensaba que era una humana desalmada, que dejaba a los dementes hacer lo que les plazca. Pero verla padecer así... justo por ese cachivache del demonio…

    Se lanzó a ayudar. Corrió rauda hacia la Lombre, pasando al lado de Kyumbreon, mostrándose al fin.

    El conejo impulsó su pequeño cuerpo para situarse a escasos centímetros de Lol. Sus mejillas iban soltando chispas. Chispas que posteriormente se convirtieron en rayos paralizantes que azotaron a Lol, atrofiando sus músculos. No podía mover ni la boca para lanzar agua.

    Era su oportunidad.

    Reanudó el proceso y volvió a hacer círculos al aire que sintonizaban con la perinola luminosa. Cuando la luz cobró fuerzas, era hora de retirar el disco, finalizando así su captura. Su parálisis fue sanada, y al fin volvió en sí. No acababa de creerlo.

    Lo había conseguido. La había recuperado. En todo momento era consciente de lo que había hecho, y se sentía mal. Pero al fin la pesadilla había terminado.

    Lol fue corriendo hacia Gionna para darle un abrazo, al igual que ella. Ambas se agarraron con fuerza y lloraron de alegría. Pensaba su entrenadora que la había perdido para siempre. Sin embargo, Lol se fijó en la herida de su mejilla. Reconoció que la había causado ella. Pero no importaba. Ahora estaban las dos juntas, y era lo único que contaba. Eso y el hecho de que aquel Plusle le acababa de hacer un gran favor.

    Quería soltarla un momento para agradecerle. No pudo. Lol estaba pegajosa y no quería soltarse. Y mientras, Kyumbreon intentaba no ver para no morirse del asco.

    El recluta, en cambio, estaba disgustado con aquella derrota. Iba a dejar que se reconcilien, decepcionado por su mala suerte. Por si no fuera poco, Julio se dio cuenta de que iba a escapar. Tenía que detenerle e interrogarle cuanto podía.

    —Oh. Mi señora, aquel molesto personaje partió hacia la captura de ese malvado. ¿Queréis que aproveche la ocasión y le ejecute por este mal rato?

    Que descuido. Tener que dejarla ahí sola… ir por la ciudad, solo cuando ella era su única compañía…

    Ya no estaban bajo la tutela del jefe de Otonia. Era su oportunidad para planear otra escapada.
     
    Última edición: 1 Agosto 2018
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    Holi. Me gustó el capítulo, debo decir que lo encontré largo al principio, pues creo que algunas cosas se pudieron haber resumido para agilizar la lectura, por ejemplo, cuando llega Julio, no les dice de inmediato lo de Lol, si de todas maneras Gionna se iba a percatar, ¿por qué no lo hizo cuando entró y los vio?

    Pero luego ya dejó de ser lento, cuando entramos a la acción, esa parte se me hizo más rápida, aunque entiendo el largo del capítulo por las cosas que suceden, como un obvio enfrentamiento con los malos, y con Lol, eso da un leve aporte al desarrollo de Gionna y la acerca más a ella a convertirse en Ranger, además, el capítulo sirve de presentación para Kyu, si bien apareció al final del capítulo anterior, ahora podemos ver más su actuar y personalidad, no recordaba que adoraba a a Lunetah. Una cosa que me agrada de este fic es que le das personalidades a los pokémon, yo siempre he centrado los mío en los humanos, dejando muy de lado a los pokémon, tendré que hacer algo al respecto. Pero tú los destacas muy bien.

    Creo que no tengo más que comentar por ahora. Ciao.
     
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    Título:
    Ranger por pura casualidad
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    4621
    Hey again.

    Buenas noticias para vosotros; he revisado los cuatros capítulos siguientes y... ¡están bien! Quizá el séptimo le tenga que hacer una segunda ojeada, pero diría que ya ha quedado coherente dentro de lo que cabe. Apenas cambié alguna cosa al inicio, añadido más diálogo y ya está, así que pifiar no pude haberla pifiado.
    Malas noticias thou, el noveno y el décimo quizá necesiten una lectura y revisión exhaustiva con todos los cambios que he hecho. Sobre todo el décimo. Hay una cosita que me preocupa de ahí.
    Y el undécimo quizá tenga un lío de PoVs, pero esto lo puedo arreglar en un par de horicas. El resto ya... ni idea. Pero diría que a partir del undécimo ya no tengo que trastocar nada más. ¿Algunas descripciones chafas, maybe?

    Also del aslo, sí es cierto que alargué ese momento del principio de forma innecesaria... bueno, veré si lo cambio. Cuando pueda. Maldigo al proyecto por no dejarme tiempo para esto. [?????]

    Y sin más dilación, aquí tienen este capítulo. Cheerio~!

    Capítulo 4


    Los tres pokémon y entrenadora entraron en Otonia. ¿Quién iría a decir que desde el primer día en su estancia tuviera que volver a la ciudad para luego no regresar? Era otro lugar más donde reinaba una guerra fría entre bandas. ¿Por qué no la informaron de esto? ¿Por qué solo se tuvo que conformar con el nombre del paraíso? Tuvo que desconfiar; demandar detalles del estado sociológico de este lugar. Ahora tenía la urgencia de marcharse, antes de que se encontrara un accidente similar. Pero antes tenía que quitarse esa vestimenta cubierta de polvo. Ahora que tenía su monedero y su mochila, podía ir a adquirir ropa normal.

    Pero se sentía débil. Junto con el shock, que aún le afectaba en su estado de ánimo y la falta de alimento hacía que sus piernas le pesaran como yunques. Tenía que pasar por la cafetería de antes para reponer fuerzas, todo y que estaban a punto de ser horas de comer.

    Sentada en la mesa, y después de ocultar y los guantes el capturador en su mochila junto cuatro bolas y una cuarta que lucía diferente de las demás, Kyumbreon notó que algo se salía de lo normal. No le metió en su Pokéball; y eso que la cambió de bolsillos antes de marcharse.

    —¿No me metes en mi pokéball?—le recordaba que estaba fuera, claro que ella ya era consciente de estaba tomando aire fresco.
    —No... necesito a alguien con quien planear nuestro próximo destino.— Argumentó por qué no le metía, todo y que podría haberle comentado las anteriores desventuras pasadas en vez de hablar sobre su futuro incierto. Pero sabía que era asuntos que no incumbían en esos momentos.

    —Entiendo...—subió a una de las sillas de la mesa, para ponerse a su frente. —. No puede planear sola el próximo viaje por lo sucedido, ¿verdad que sí?
    —Tan perspicaz como siempre...—apoyaba parte de su cara en la palma de su mano zurda.
    —Pues apresúsere y saque el mapa del continente.

    Eso era lo que tenía que hacer. Dejarse de tanta historia y expandir el folio plastificado por toda la mesa. Prácticamente no se veía la mesa; ahora era un gran trozo de tierra de colores acompañado de varias islas bañado en las aguas del Océano Pacífico, cercano a América y Asia. Mientras miraba el mapa sentada, Plusle se puso encima de las piernas de Gionna para reposar mientras ella pensaba.

    Los dos miraban el mapa dubitativos. Pensaban por dónde podrían ir. Pero ella suspiró nada más pensar que tendría que volver a coger un crucero. Gionna bufó al ver el mapa.

    —No me puedo creer que tengamos que movernos de aquí tan pronto.
    —Esto le pasa por incauta. Habéis cedido que fueran generosos con vos a un precio que no era visible. Ya supe el destino que le aguardaban para vos cuando le traían estas ropas. Ahora deberá de pagar por su ingenuidad.—dijo con severidad.
    —Venga ya, Kyu... no seas tan duro conmigo. ¡No es mi problema que me crea a cualquiera!
    —¿Tengo que volver a repetirle? ¡Nadie, ni en las tierras sin domadores, es de fiar! Todos somos renegados que están condenados a la desdicha del aislamiento. ¡No podemos confiar!
    —No hables por todos y hazme el favor de ayudarme a decidir dónde podríamos ir, anda.—le ordenó en seco.

    El camarero vino a tomar notas mientras discutían las posibles paradas. Cuando Gionna pidió su ensaimada y su tila, además de una fruta para su Lombre, el negro gato también se animó a pedir, solo para infundir el miedo.

    —A mí me da un croaissant de chocolate y un café largo, ¡y espero que el croaissant tenga el chocolate desecho! ¡Y lo quiero presto!—exigía con una voz potente.
    —¡Kyu!—reñía a su Umbreon por su travesura.—. No se deje asustar, solo es un granujilla... tú, Plusle, ¿quieres algo?

    Esta negaba con su cabeza.

    —Vale, eso es todo.

    El camarero se retiró intentando conservar la calma. Mientras se hacía la infusión, seguían con la discusión. Tras descartar varias opciones, decidieron al fin que partirían hacia el oeste, a deambular otra vez sin causa concreta ni cobijo. Una vez acordado, la entrenadora volvió a doblar el papel y lo guardó en la mochila. Luego dio un suspiro, esperando a que llegara ya su calmante natural. La espera siempre era densa y tediosa, tanto que obligaba a aislarse del mundo que la envolvía con su propia imaginación...

    No. No podía. Con lo que había ocurrido antes, era imposible. Solo podía recordar lo pasado, y algunos detalles. Este Julio, ese Alejandro... ellos no parecían tratar a los pokémon como herramientas, como tantos que ha visto. O al menos se demostró que empatizaban con ellos. Quizá demasiado. ¿Pero quién era ella para juzgar? A las criaturas que no era cercana no llegaban a importarle mucho, al no ser que sean lo suficientemente débiles o rechazados para que ella los pueda ayudar.

    Pero con los encuentros recientes pudo ver pokémon sometidos involuntariamente al yugo de la humanidad, incluso a su propia Lombre. Además, no ha necesitado emplear primeros auxilios para salvar a aquellos geodudes. Solo tuvo que jugar con un juguete para que sus heridas cicatrizaran al instante. ¿Y si fuera aquel oficio el que buscaba? ¿Sería ese el cometido que buscaba durante todo aquel exilio que le ocupaba cuatro años de su vida?

    No. Odiaba trabajar para alguien. Estar en colectivos era un calvario. Y si un compañero tendría que tener, se quedaría como la quién no puede mover ni un dedo por la duda. Era impensable. Prefería actuar por su propia cuenta antes que por el mandato de un superior, pese a que hubieran cosas que tenía en común con la entidad y ella. Era incuestionable que aquel no era su lugar.

    Por otra parte, aunque intentaron reclutarla, es cierto que les hizo un sendo favor reparando los errores que habían cometido. No le habían quitado importancia y le ayudaron con el problema de Lol.

    Mientras estaba inmersa en su reflexión, el camarero trajo lo pedido. De repente, Kyumbreon notó un olor un poco fétido en el aire. Era tenue, pero…

    Era más importante preguntar por lo suyo.

    —¿Dónde está mi croaisant?—preguntó Kyumbreon.
    —Oh... Vaya, ¿no lo hacías para asustarme?
    —Estúpido humano... cuando digo que quiero un croaisant...—preparaba su pulso umbrío, solo para que adquiriera un aspecto más intimidante. El pelo que le colgaba se alzaba como si hubiera un conducto de aire, y en cuanto sus ojos, brillaron del color de la sangre.—. ¡ES QUE QUIERO UN CROAISSANT! ¡Date prisa si no quieres que provoque caos y destrucción por la ciudad!

    Con el rabo entre las piernas, el camarero corrió con temor de su supuesto poder destructivo.

    —¡Y NO TE OLVIDES DE MI CAFÉ!—gritaba con tal potencia que también asustaba a su alrededor. Luego se rió. Que fácil era hacer para él crear miedo.
    —Pobre hombre, no le hagas esto...—decía Gionna mientras iba a tomar un sorbo de su tila. Cuando movió, Kyumbreon notó que el olor se había “desplazado”.

    No podía ser. Tenía que impedir que se bebiera esa tila.

    Detuvo su mano y aumentó su peso para que la bebida se esparciera.

    —¡OYE! ¿¡Pero qué estás haciendo!?
    —No tome ese brebaje. Algo le ha puesto ese camarero.
    —¡¿Pero qué narices dices?! ¡Yo no huelo nada!
    —Quizá porque ustedes humanos tenéis un sentido del olfato pésimo. Mas puedo decir con certeza que algo le pasa a ese vaso.
    —No fastidies… ¿pero por qué querría drogarme?
    —No, dudo que esas sustancias huelan tan mal. Más bien diría que es veneno.
    —¿Ve-veneno?—tenía el corazón palpitando. Pensar que estaba a un paso de enfermar…

    Y para colmo, la piel de la mano le empezaba a picar de sobremanera. Podía decir con certeza que era por la zona por donde le había salpicado. Parecía salir ronchas rojizas con el borde morado. Un Pokémon había hecho eso. Seguro.

    Gionna soltó el vaso y se limpió de enseguida con muchas toallitas de papel, con cuidado de no perjudicar la otra mano. Con eso quedó claro que el agua estaba envenenada.

    Por otra parte, el camarero volvió con el pedido del gato.

    Tal y como pensaba. El café olía como tal; pero había un matiz rancio que lo disuadía de tomarlo.

    —Aquí tiene. Espero que lo disfrute… milord.—dijo el camarero con tono condescendiente.
    —No-tan-rápido, imbécil. ¿Me puedes explicar por qué me pusiste veneno en el vaso?
    —¿Eh? ¿Por-por-por qué haría eso? ¡Esto no puede ser! ¡En todo caso lo habrían puesto en barra, yo-!

    Entonces Gionna le enseñó la mano con las ronchas.

    —Mire. Justo me salpicó cuando mi Umbreon intentó impedir que lo tomara y tengo la mano hecha un cristo. ¿Sabe cuánto le puede costar un incidente como este? Le podrían cerrar el negocio, ¿sabe usted?
    —¡Le-le-le juro que no sé nada! ¡En serio, no entiendo cómo ha llegado el veneno en su vaso!
    —No, ¿eh? Dígame, ¿alguno de vosotros viene de Aria? Porque si es así…
    —Ahorre su saliva con ese plebeyo. Este cobarde no miente.

    Cuando decía eso, era cierto que aquel hombre era inocente. Se calmó un poco y dejó la mano bajo la mesa.

    —Lo… lo siento mucho. Por favor, si eso les sirve, di-diré que les invita la casa, ¿sí?
    —Hm. Sí, será lo mejor. Las pastas están bien, ¿verdad? Por lo menos mi ensaimada no se ha mojado.
    —La comida está intacta. Comamos y luego larguémonos de este lugar.
    —Será lo mejor.

    Cada uno se comió lo suyo. Mientras mascaba, empezaba a pensar que la ropa limpia empezaba a escasear en la maleta. Pensó que lo suyo sería buscar una lavandería y, para cuando recoja la maleta, iría a lavarla ahí. Ya que no pagó por el almuerzo…

    Pero como quería cambiarse de ropa al ipso-facto y también era verdad que tenía ya ropa que le iba pequeña, pensó que no sería mala idea ir a comprar un par de piezas. Así que decidió ir a una tienda de moda… eso sin darse cuenta que un hombre trabajador que leía tranquilamente el periódico con un cortado en mano colapsó encima de la mesa.

    Visto que aquel hombre no respondía y la que se marchaba tan campante tenía uniforme de Ranger, el camarero intentó traerla de vuelta. Pero no contestó.

    El establecimiento tenía mármol gris como suelo, con perchas sujetándose a las barras que a la vez colgaba ropa esperando a ser comprada. Buscó algo que le resultara cómodo. Encontró un pantalón de chandal azul oscuro que le llegaba hasta los pies y una alegre sudadera gris con la imagen de un Persian jugando con un Pachirisu bordada. Fue a caja a preguntar si podía llevársela puesta. La dependienta le respondió con que “si estaba de servicio”; que “pensaba que iba a comprar ropa para luego, para cuando terminara su turno”. Le contestó que estaba de vacaciones. Una falsedad, pero en parte cierta.

    Mas, cuando ya estaba lista para partir, se dio la casualidad de que a su lado, una chica de ojos verdes de cabello lila-rosado también estaba comprando ahí. Era corta, de piel pálida igual que ella y casi de su misma estatura si no fuera por el calzado.

    que lucía un vestido púrpura corto que no le cubría ni las rodillas, calzaba con unas botas blancas y rosas con un tacón no muy largo

    Al ver a la entrenadora, reaccionó instantáneamente.

    ─¡Oh, venga ya! ¡¿Solo te vas a llevar eso?! ¡Qué crimen!─exclamó aquella fresca desconocida. Que alguien con un noventa-sesenta-noventa saliera un conjunto deportivo era una blasfemia.

    Entonces Gionna se fijó más en quien le estaba hablando. Para ella no era más que otra “fashion victim” con un vestido púrpura que no le cubría ni las rodillas. Menos mal que tenía ese abrigo que parecía aparentar una capa y llevaba unas botas blancas con detalles rosados.

    Pero aún así, Gionna asintió indiferente, sin decir palabra. Craso error.

    La violinista le agarró el brazo, arrastrándola delante de las perchas.

    —¡Aaaaw, pero cómo puedes! ¡Con lo de ropa que hay aquí! ¡Mira esto! ¡Este estampado es el último grito!

    Entonces le lanzó un vestido de elastano con estampado de lunares psicodélicos por todas partes.

    —Ah… mira, te agradezco que te preocupes y eso, pero-
    —Uy, ¿y esa cosita? ¡No me digas que esa falda no es mona!

    Y también le tiró. Ya empezaba a hacer una media sonrisa nerviosa al ver el caso omiso que le hacía y el precio de esa pieza.

    —Oye, no sé tú, pero solo necesito esta ropa y… “Ditta” sea, ¡que no tengo tanto dinero, por qué-!
    —Ah, si es por el dinero no te preocupes, que yo te lo pago fijo. Pero que no pase de dos mil pokes, eh. ¡Uy, esto te quedaría fetén!

    Y así iba, lanzando ropa entre sus brazos con argumentos similares mientras el entrecejo de Gionna empezaba a arrugarse como la cara de un bulldog. Lol contenía su risa con esta escena mientras que Kyumbreon, como siempre, injuriaba al comportamiento humano.

    Plusle, en cambio, recordaba a ese sujeto perfectamente. Saltaban chispas amenazantes de sus mejillas. Aunque notaban que el aire se electrizaba, ignoraron la reacción del pequeño conejo.

    La ropa que seleccionaba la misteriosa joven se fue acumulando en los brazos de Gionna. El monte de piezas de algodón tintado le tapaban la vista. Vio que ya era demasiado y paró de darle ropa. Propuso probárselo, a ver si había acertado con su talla.

    —Co… como iba diciendo hace poco… solo necesito un par de piezas de ropa... No un MONTONAZO de ropa.—dijo al fin. Pero esta insistión.
    —Tonterías; en cuanto más ropa tengas mejor. ¡Ala, pruébate la ropa, VENGA!

    Entonces, la empujó de tal manera que le hizo retroceder y caer hasta la cortina del vestidor, entrando en el acto con el montón de tela enterrándola. Como un cuerpo inerte reviviendo, despegó la espalda del suelo, con cierta dificultad. Miró todo el textil que tenía y empezaba a buscarle pegas para no llevársela consigo. La gran mayoría fueron descartadas por ser demasiado escotadas, demasiado feas para su gusto, ajustadas, e incluso, porque se llevaban. Solo quería algo cómodo, demontre.

    Salió del probador, dejando atrás toda la ropa que no se puso. De todo el montón, solo tres conjuntos fueron aceptadas, contando también con lo que llevaba puesto. Cogió aquellas dignas piezas y las puso entre brazos, dejando que el uniforme coronara la montaña.

    La compradora compulsiva se fijó entonces en aquel rojo carmesí y el negro que distinguía a los Rangers de Villavera. Pronto recordó por qué se acercó a esa nerd, en primer lugar.

    Tenía que sonsacarle información.

    —Eh… ¿te importa si vamos a tomar algo?
    —Nah… no tengo ganas. Digo, creo que me envenenaron la bebida…
    —¡Tonterías, aquí no pasa nada! Si quieres te invito yo también.
    —Que te digo que no quiero, por dios. Aparte, tendría que comer ya…
    —¡Mejor! ¡Comamos juntas! O al menos no te hace nada que te acompañe, ¿no? ¡Vengaaaa! ¡Conozco un sitio que hacen unas ensaladas riquísimas! Ah, pero si es comida tendrás que pagarme tú, ¿eh?
    —Me niego.—dijo en seco.
    —Vale, pero al menos vamos a tomar algo.

    Esa insistencia… no tenía otra que rendirse ante semejante “hospitalidad”. La chica pagó la ropa que sacó y salieron de aquella tienda.

    Plusle seguía mostrando hostilidad, y Kyumbreon también le empezaba a caer mal. Se notaba hipocresía en el aire. A Lol todo lo contrario; se alegraba de que al fin alguien se acercara a ella. Gionna aún no sabía como considerarla; ¿era una mera imbécil que se metía con la gente o era una extraña alma solitaria que hacía amistades en las tiendas? De todas formas, la joven desconocida cogió su abrigo magenta, con sus mangas ajustadas de color negro y decoración amarilla para salir a la calle.

    Llegaron a la cafetería. La tercera vez que Gionna se sienta en el mismo puesto, y la segunda vez que le atiende el mismo camarero. El muchacho miraba con temor al felino, que se asentaba al lado de su dueña.

    —Aaaah, nooo… íbamos a cerrar ahora…—el camarero se puso la mano en la frente. Claramente estaba muerto de miedo; y no solo por Kyumbreon.
    —Aaaw, pero podéis atender a una más, ¿no? Ponme una magdalena. Y un zumo de melocotón. Que sea de bote.
    —S-s-sí… ¿y… tú quieres algo…?

    Lo sentía por el camarero. De verdad, quería que se tomara un descanso.

    —Agua. Tengo una sed espantosa.
    —¡Y que sea mineral! Nada de sacarla del grifo o algo así.—añadió Aina.
    —¿Q-qué te crees que iba a hacer? Oh, dios. Esta gente…

    Y así se fue, refunfuñando. El intercambio de información puede empezar.

    —Bueeeno… tienes buena cara. Lástima que tengas esas cosas feas en la mano.
    —Seh, bueno. Un accidente lo tiene cualquiera.

    Miró a Kyumbreon con mala uva. Este no reaccionó.

    —Aw, ¿te atacó algún tipo veneno o algo así? Me llamo Aina, por cierto. ¿Y tú?
    —Ah… ¿tendría que decirlo? Bah, da igual, llámame Gionna.
    —¡Kyaa, qué nombre tan bonito! Rezuma de romanticismo, belleza, de memorias de la Toscana… aw, pero tendrías que hacerle honor a tu nombre. Si al menos te peinaras un poco y cuidaras un poco más ese cutis…

    A Gionna le dio un tic en el ojo. ¿Qué diablos quería decir con eso?

    —Como sea, ¿de dónde vienes tú? No te he visto nunca por aquí.
    —Muy lejos. No voy a decir dónde.—ni de coña iba a darle tanta información.
    —Oh. No seas así, por favor… al menos dime qué te gusta. No, mejor, ¿qué tipo de chico te gusta a ti? A mí me encantan los morenos y altos, ¿sabes? Como… ¡como Alexander Strigas! ¡Ese es el tipo más hermoso que he visto!
    —Oh, por el amor de…

    Y luego, empezó a acaparar toda la charla hablando de sus propios gustos. Chismorreos, chicos, moda... sobre todo se le antojaba hablar de moda, como si ya fuera su amiga del alma. Sin embargo, aquellas chácharas le resultaban aburridas para Gionna. Qué le importaba que lo más que se llevara en aquellos momentos, los cantantes del momento... ¿qué hacía aguantando toda aquella sarta de tonterías? ¿No tenía que irse a Villavera a por el equipaje, otra vez?

    Plusle ya le empezaban a escapar rayos azules de sus mejillas de la tirria que le provocaba. Sabía que estaba intentando que ella cogiera confianza en ella solo para que no actuase en su contra; o al menos, lo pensaba. El pokémon ánimo sabía realmente qué era: una arpía que encantaba a los pokémon con su violín. Nadie, excepto Kyumbreon en ese momento, notó la retenida agresividad que el lagomorfo empezaba a soltar.

    De repente, un tono alegre sonó. Venía de la mochila de la entrenadora. No tenía nada de su posesión que sonara así... al no ser que fuera el aparato que le dieron. Ahora que lo recordaba, le pareció oír algo mientras estaba en el probador…

    Qué inoportuno. Estaba en frente de una completa pija desconocida, ¡y va y suena el teléfono-juguete de las narices! Tenía que desconectarlo.

    —¡Uy, tienes móvil! ¿Puedes enseñármelo, porfaaaaa?—pedía con entusiasmo, acercando su cara contra la suya. Gionna retrocedía como podía sin moverse de la silla. Ella ponía una cara de susto y desespero.

    Quería que enseñara su “móvil” para responder la duda suya de si era un Iphone o una Blackberry de esas que se anunciaban tanto en las paradas del autobús, ¡seguro! Temía a que le pidiera otro favor si lo sacaba y lo veía. ¿Pero qué más podía hacer si no sacarlo a la luz para que la dejara en paz?

    Abrió su mochila y un olor a circuito quemado le llegó a la nariz, irritando un poco su garganta. Sacó al exterior el aparato y miró la pantalla. Anunciaba que tenía una llamada perdida de Alejandro. Y unos cuantos mensajes de texto con el nombre del energúmeno de verde.

    Pesado.

    Lo dejó para luego y volvió a dejar que perfumara la mochila de su asfixiante olor.

    Ya está. Las dudas de Aina se resolvieron. Realmente, era una de esos moscardones que defendían a los pokémon con capa y espada. Pero había un misterio que resolver. Se quitó el uniforme y se cambió con ropa nueva por alguna razón. Y además, esa persona tenía el capturador de su reclusa más reciente. La cruz que tenía como llavero era inconfundible.

    —Vaya, vaya, vaya... Así que eres Ranger… no me lo habías dicho eso.—decía con un tono siniestro.
    —Erm... ¿Porque… no me dejaste decirlo…?—¿qué tonterías decía? No lo era. —¡Eh, y que tenga una réplica de ese... ese... aparato de cuyo nombre no me quiero acordar, no significa que sea Ranger, sabes!


    Dios, no esa patética mentira otra vez. Lo peor era que la estaba utilizando ella ahora. ¿Qué tipo de paleto local se creería semejante cosa? Que desastre.

    —No me mientas, sé que eso es un capturador.—seguía con aquella entonación cargada de malicia.

    Nada. Aparte, ¿era ella o su tono era menos chillón que antes?
    De todas formas, no tuvo otra que seguir la corriente. No quería contarle su vida durante estos tres días. No a ella. Y la comida llegó; al fin.

    —Vale, lo admito, soy Ranger.—suspiró por tercera vez. —Bueno, me han metido como ranger por narices, sin preguntarme ni nada, pero no me considero Ranger... Y todo eso por una habitación gratis... ¡ARGH!

    Ya está. Ya lo soltó todo. Al fin. Se odiaba por eso.

    Y luego, el silencio. Aina pensaba con cuidado. Era una principiante, al parecer obligada, y no parecía estar contenta con ese deber que le pusieron en medio.

    —Oh… entiendo. Pero si tanto odias estar con ellos, ¿por qué estás en el servicio?
    —Créeme, me iba a retirar. Pero…

    Abrió la botella y se dio un buen trago.

    —No sé… tengo mis dudas. Sí es cierto que me liaron, pero… la verdad, tampoco son tan malos. Digo, parece que sean los únicos que se encargan de detener a esos roqueros malvados que raptan pokémon para no sé que mierda… y con tan poco personal. No sé, me dan un poco de pena la verdad.

    Y bebió otra vez, como si fuera una botella de whisky.

    —Peeero. Tampoco digo que sea mi lucha. Aparte, qué cojones, me intentaron liar esos capullos, así que…
    —Mi señora... será mejor que se aleje de aquella humana infame.
    —¿Eh? ¿Por qué?
    —Tampoco te has percatado del comportamiento del Plusle, ¿verdad?
    —¿Plusle...?

    Cierto… ella no le paraba de seguir. De hecho se olvidaba de su presencia cada dos por tres. Menudo descuido.

    Dirigío su mirada hacia ella para ver que se le estaba escapando la electricidad al lado de su silla. Aina observaba que estaba mirando al suelo, hablando… ¿sola? Ella también se agachó, curiosa. En su cara no pudo asimilar la sorpresa que se llevó.

    ¡Ese Plusle...!

    La miraba fijamente; la reconocía. La misma que se escapó de esa pequeña horda de Elecktrikes.

    Estaba a punto de preguntarle por dónde se encontró al conejo, el móvil-cacharro sonó de nuevo. Tenía varios mensajes de la misma persona. Y Gionna, cómo no, no tuvo otra que leer todos.

    “Oye, ¿cómo va por ahí? ¿Pudiste recuperar a tu Lombre? Bien, bien. Julio me lo ha contado todo. Y no todo son cosas buenas, precisamente. Te ve un poco bestia y tampoco entiende por qué tienes más de un compañero; y fuera de su bioma además. Tendría que haberle dicho que eras entrenadora antes… perdona.

    Pero lo que sí que no te perdono es que te movieras del sitio y no le ayudaras a atrapar a ese recluta. Eso no se hace. Quizá dijiste otra vez lo que no eres Ranger y toda esa historia, pero tendrías que tener un poco más de decencia, por Arceus.

    De todas formas, si tienes un momento, ¿podrías ir a la base de Otonia? Él tampoco tiene mucho personal que se diga, y la ciudad tiene problemas MUY GORDOS en este momento. Te agradecería que lo ayudaras, de verdad.

    Nos leemos,

    Alejandro.”

    “Esto. Gionna. ¿Dónde paras? ¿No te suena el capturador? Digo, Julio necesita una mano, pero pronto. Es urgente.

    Contéstame cuando estés en la base de Otonia.

    Alejandro.”

    “Vale, te he metido en un lío, lo sé. Pero mira por el lado bueno, has podido recuperar a tu Lombre, ¿no? Y todo gracias a que te dimos el capturador. ¿No crees que esa es razón suficiente para devolverle un favor?

    Alejandro.”

    “Gionna. Hazme el favor. Ve a la base ranger de Otonia...

    o haré una hoguera con tu equipaje.

    Alejandro.”

    —Se-será atrevido el jaimito peloverde...—maldecía.
    —¿Qué pasó? ¿¡Se te ha declarado el novio!? ¡Oigh, que bonito!—decía otra vez con su tono burlesco. Otra vez Gionna la miró con malos ojos. Si ni siquiera lo decía alegre.
    —¿Y bien?—preguntaba por el mensaje Kyumbreon a la vez.
    —Que me amenaza con incinerar las maletas, el tío este.—contestaba su pregunta.
    —Déjale... Así se intoxica con los químicos empleados en la fabricación. ¡Que se liquide el solo!— se reía Aina con su humor negro. Eso a ella no le hacía gracia alguna. En esas maletas albergaba su principal entretenimiento y las creaciones de su aburrimiento, aparte de ropa que tenía que llevar a lavandería. Pero era una buena excusa para irse. Esta vez, su mandato fue de lo más oportuno.

    —Hija... siento tener que dejarte, perooooo... me llaman.
    —¡Oh, no, quédate! ¡No tienes por qué ayudarlos! Ah, ¿es por la broma de antes? ¡Lo siento! Pero por favor, quédate un rato más, tengo una cosita que decir respecto a los…
    —Me han chantajeado, lo siento.
    —Ah… sí… un poco impropio para alguien noble que use esas artimañas, ¿no te parece?
    —Sí, ya, ya lo sé, pero que no tengo otra, cojona.

    También podía estar de acuerdo en que esas no eran formas de mandarla a la base. Pero, aún así, tenía cosas que decirle a Julio de todas maneras.

    —Ah... ah, bueno... en tal caso... ¡Ya nos veremos!
    —Sí... eso... nos vemos...—quiso añadir un “hasta que los Tepig vuelen”, pero no tenía el suficiente valor para decirlo.

    Irremediablemente, con el temor de perder esas cosas, se fue al lugar indicado. Se despidió de Aina dejándola con su magdalena. Antes de alejarse demasiado, Lol despidió a Aina con el brazo, como si tuviera la corazonada de que tendrían un agradable reencuentro. Ella también decía adiós moviendo la mano, fingiendo simpatía. En cuanto estaban lejos, volvió a dibujar una sonrisa maquiavélica en su rostro.

    —Sí sí, tú ve... que a lo mejor te mandan a la muerte.
     
  12.  
    Poisonbird

    Poisonbird Iniciado

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    Pluma de
    Escritora
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    Ranger por pura casualidad
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    11
     
    Palabras:
    3702
    ¿Ni una sola respuesta? Supongo que debo asimilar que este fanfic no es lo suficientemente bueno como para captar la atención de otros lectores. Eso o no me forjé la reputación suficiente como para que alguien pase, lea y comente o de una reacción (por lo menos. Solo quiero saber que lo estáis leyendo y disfrutando. Al menos díganmelo, porque así sabré que estoy haciendo algo bien, leches).

    *Sigh*

    Igual admito que el cap.4 es un poco meh aquí. Supongo que el quinto ya estará mejor.

    ...

    Bueno, quizá también sea un poquitín denso, pero créanme. Irá mejorando.

    En fin, sin más dilación...

    Capitulo 5

    Un plano de la ciudad se extendía por lo ancho de la mesa de cristal. Julio estaba mirando junto a su mejor ayudante por dónde podría haber algún escondrijo. Habían varias posibilidades, algunas poco viables. Una era bastante potencial, pero aparentaba vacío. Revisaron las cuentas locales de electricidad, y el nombre del local no figuraba en la lista. Sin embargo, ninguno de sus Rangers pudieron aventurarse en aquel lugar. Las puertas estaban cerradas y los muros de hormigón eran infranqueables. Tampoco era una posibilidad que pudiera ser descartada a la ligera.

    La recapitulación de los pocos hallazgos encontrados fue interrumpido por la entrada de Gionna. Venía agobiada por la reciente amenaza, pero agradecida. Una queja de ella bastó para que Julio se fijara en la ausencia del uniforme.

    —¿Qué haces sin uniforme?—preguntó Julio.
    —Em... ¿tengo que llevarlo?—interrogó también con una sonrisa asimétrica y forzada.
    —¿Acaso tú no fuiste a la escuela?—también participaba en la conversación su ayudante.
    —Sí, digo, pero no la acabé.—era cierto. No pudo.

    Le pareció oír algo venir de la rubia. Nada bueno, pensaba.

    —Anda, sube al ascensor y cámbiate en el ropero. No puedes estar así.
    —Pffft, ¿y por qué? Creo que fui clara cuando dije que no era ninguna Ranger.
    —¿No? ¿Y por qué Alejandro te dio la ropa, si no?
    —Oh, venga ya, este hombre está desesperado por ganar personal, ¿que no lo ves tú? ¿Cómo te crees que tengo tres pokémon acompañándome, si no?
    —Bueno, quisiera que me lo explicaras y unas cuantas cosas más, pero ahora mismo estamos en estado de urgencia, así que… ve en el probador de arriba y ponte el uniforme, por favor.

    Se resignó. Al fin subió. ¿Para qué rebelarse? ¿Para que sus cosas se conviertan en hollín? Ni de coña.

    No tardó mucho en cambiarse y bajar abajo con la ropa reglamentaria. La bolsa, junto con las nuevas mudas, la tuvo que dejar arriba en el almacén. Tener que hacer eso… qué remedio.

    Después de realizar su mandato, se encontró a su Umbreon hablando con Julio. No pudo entender muy bien del tema del que conversaban; tampoco notó el ápice de culpa que mostraba el hombre de traje púrpura. Nada más dar una señal de su presencia, Julio la miró arrepentido del trato que la dio anteriormente.

    —Podrías... habérmelo dicho antes...
    —¿El qué?—preguntaba sin saber aún a que se refería.
    —Lo que te hizo Alejandro. No me esperaba que hiciera eso… digo, por supuesto, supe lo de Selena al día siguiente, pero… por no decir que tú eres una entrenadora Pokémon. Y mira que era obvio.

    Julio dio un suspiro. Ahora ella sabía de lo que estaban charlando; Kyumbreon le había contado las desventuras anteriores al incidente de la cueva.

    —Iba a mandarte a hacer una misión, pero dudo de que quieras hacerla. Aunque me harías un favor si fueras para allá. Últimamente no tengo mucho personal, Y la única que tengo disponible... bueno. La necesito para otra misión.

    Ahora le dio pena. Lo que antes era un enorme monstruo mandón había sido reducido a un gato abandonado a su suerte. Igual sabía que iría a tener algún problema si Alejandro había insistido tanto en que viniera.
    Aparte, ¿qué narices? Se tomó la molestia de traerle el equipaje y se lo pagaba abandonándolo mientras perseguía a un recluta. De alguna manera tenía que compensarlo.

    —Bueno... veamos qué es primero y luego decidiré si ayudarte.

    Pero la oposición no tardó en responder a aquella decisión.

    —Mi señora, no.
    —Mi señora sí, Kyu. No tenemos nada más que hacer salvo irse por ahí. Y ya sabes que ando algo cansada de caminar sin razón.
    —¡Pero ayudando se agotará más!
    —Mejor que te tomes tú un descanso.—sacó su pokéball del bolsillo y le obligó a entrar.
    —Muchas gracias.—Julio volvió a mostrar sus anillos agachándose y poniendo la mano en el corazón. —. Ahora mismo procederé a explicar la misión.
    —Em… oye… no hace falta que hacas eso todo el rato. No eres un botones, ¿sabes?—dijo, ya extrañada.
    —Mis disculpas.—dijo antes de erguirse de nuevo. —Hace unas cuantas horas, justo cuando había llegado a la base, me llamaron del hospital informándome de que hubo una ola de intoxicaciones por toda la ciudad por ingerir líquido.
    —¿In-intoxicaciones…?

    Pronto tuvo un escalofrío muy frío recorriéndole todo el cuerpo. Intoxicaciones. Veneno. Lo de la cafetería no era ningún intento de asesinato. Ahora estaba segura de, no ser por Kyumbreon, ella podría estar en el otro barrio en este mismo momento.

    —Sí, así es. Sospechamos que el origen reside en la Red de Aguas porque la mayor parte de incidencias ocurrieron en domicilios y tuvimos una confirmación de parte del capataz. Nos notificaron también que los Koffing habían salido del depósito de residuos. No dudo en que ese podría ser el problema. Ariadna ordenó cerrar la distribución de agua de forma preventiva por si contaminaban el agua… pero…
    —Pero al parecer no lo han hecho.—continuó ella, con vehemencia. —. Pensé en un principio que eran unos ineptos, pero cuando volvía contactar con el capataz, nadie al contestó teléfono. Y eso que he llamado veces.
    —Y… ya veo… por eso la tila estaba así…
    —Oh, dios, no me digas que te fuiste a tomar algo encima.
    —Lo necesitaba. Como, muy urgente. ¡Me atacaba el hambre, por el amor de Rayquaza!—intentó justificarse así.
    —Como sea. Este incidente ya se ha cobrado unas cuantas vidas, y las víctimas no paran de llegar en el hospital. Ya hemos avisado a todo el mundo que no utilice el agua del grifo, así que por lo menos no aumentarán. Sin embargo…—Julio se ajustó las gafas un momento. —. Tenemos que zanjar este asunto pronto. No voy a obligarte, sabiendo las circunstancias; pero como bien entenderás, este es un problema muy serio. Y tampoco podemos ignorar que hay reclutas del equipo Go-Rock aquí cerca… de modo que…
    —Sí… comprendo.—dijo. —. Igual me figuro que los trabajadores de esa Red de Aguas habrán sucumbido a sus gases. Dios, entrar en ese lugar debe de ser una trampa mortal ahora mismo. Por no decir que debe de hacer una peste…
    —Sobre eso no te preocupes. Tenemos máscaras de gas para este tipo de incidentes. ¿Así pues, aceptas hacer esta misión?

    No hacía falta preguntarle. Ya había aceptado desde un principio. El abastecimiento de agua, un recurso necesario, convertido en un arma de aniquilación masiva… no podía tolerar semejante atrocidad.
    Por no decir que eso había pasado a un asunto personal con el responsable.

    —Cuente conmigo.
    —Bien. Habla con Ana para que te de el equipo. Contamos con tu ayuda.

    Fue a hablar a la pecosa operadora para que le diera la máscara, y de paso le pidió a la chica que le arreglara el capturador. Debería de experimentar un poco más antes de partir definitivamente. Además, no iría a devolverlo con esas pésimas condiciones..

    Y luego se puso la máscara; un visor de plástico que se pegaba a la cara y tenía dos filtros en cada lado. Estaba convencida de que era una protección muy segura; sin embargo, había un inconveniente.

    No podía ver bien de lejos. La máscara le apretaba la montura de las gafas, y era incómodo. No podía hacer otra que quitárselas.

    Esto iba a costar…

    Después de una pequeña caminata, llegaron a la alcantarilla por donde se accedía a la Red de Aguas. Lol notó de enseguida un olor desagradable emanando de esa entrada. Estaba suplicando a gritos que la guardara en la mochila. Y le parecía bien; su Lombre y el Plusle que le acompañaba eran vulnerables al tóxico. Si no tenían algún tipo de cubierta respiratoria, podrían padecer los molestos síntomas que conllevaba; conjuntivitis, disnea, debilidad muscular... todo dependía del tiempo que estarían. Dos horas aspirando el veneno y morirían de asfixia. A ella la podría salvar de tal destino; Plusle, en cambio...

    ¿Qué haría? Ella era un pokémon que se encontró en la calle mientras saciaba su torturado estómago. En el único sitio por dónde podía meterla era la mochila, mas era demasiado pequeña e incómoda para el roedor. Lo único que podía hacer era mandarla de regreso hacia la base sola. No tenía nada de qué preocuparse; ella le condujo a aquel lugar.

    Pero no quería. Insistía en quedarse. Tanto que recurrió a sus encantos para que la dejara seguir, pese al riesgo. Cosa que funcionó bastante bien; más por persistente que mona. Pero en fin.
    Una cosa estaba clara. Esto tenía que terminar pronto, sin duda.

    Bajaron por las escaleras que conducían al subsuelo. Un riachuelo de agua pasaba entre el suelo cementado, y al lado, cuerpos lilas que flotaban en el aire escupían en el agua una substancia del mismo color que ellos, casi transparente. A vista de Gionna, eran tan solo un par de manchas difuminadas que hacían una invisible cascada. Aún así, pudo identificar esos borrones como los Koffing que son.

    La entrenadora se acercó a uno de estos globos, solo para asegurarse. Este ni siquiera se percató de que un ser humano se acercó a él. Ella lo tocaba con el dedo; hasta intentaba hacerlo balancear en el aire, sin resultado. Parecía que estaba en trance, como si solo pudiera soltar tósigo para contaminar el agua.

    —Oh, venga... hazme caso…—le pegaba hasta golpes de puño con su blanquecina mano, de nuevo sin ninguna reacción de parte del globo.

    Al final, recurrió a una solución desesperada. Entre todas sus criaturas había una que era inmune al veneno. De hecho, ya tenía preparada la canica que liberaría a otra de sus bestias para lanzada.

    En cuanto la bola se abrió al aire, una rana antropomórfica, azulada, con una bolsa grande en el cuello, salió relajada de aquel artilugio del demonio.

    Saludó a su Toxicroac. Google era su apodo. Sí, Google. No sabía por qué se le ocurrió semejante nombre. ¿Por sus ojos? No. Lo único que quedaba claro era que era el primer nombre que se le ocurrió. Y así quedó.

    —Bueno… aparta a ese Koffing del agua, si no te molesta.

    Pero esta vez, fue su mismo pokémon que hiciera que sus planes fallara. Su actitud pacífica no le permitía golpear a ninguna criatura salvaje. Justo como temía. ¿Por qué tenía que ir a un lugar ponzoñoso?

    Pero al menos tendría un resguardo; un último recurso que no era muy ortodoxo; que lo odiaba con todo sus ser, pero que le hizo un sendo favor…

    Si. Tenía que usar el capturardor.

    Sacó el aparato de la mochila, lo encendió y soltó el disco. Manejó la peonza para que corriera entre agua y cemento una y otra vez alrededor del Koffing. Este de enseguida paró de babear y se hinchó, tanto que hizo que el cinturón que dibujaba en el aire se rompiera en pequeñas chispas por el contacto. Cuando el globo morado recuperó su hinchazón normal, el Koffing se desinfló, soltando gases que polucionaban el interior.

    Probó otra vez con un radio mayor. Al principio iba a conseguirlo; sin embargo, no fue suficiente para evitar los gases. Estos detuvieron al disco. De hecho fue suficiente para que dañara un poco el aparato.

    Ni modo. No podía atraparlos. Al no ser que fuera más rápida en hacer los círculos, no podía hacer nada. Iba a intentarlo de nuevo, mas el calambre que se llevó por no llevar los guantes le hizo reconsiderar esa opción. Prefería mirar más a fondo el lugar antes que arriesgarse.

    Continuó en el único camino que veía que se podía ir, y uno de los empleados, también con una máscara, le cortó el paso. “No pasa nada, todo está controlado”, decía, pero ella no se lo creía. Para la poca reacción que hacían aquellas pelotas vivientes...

    Lo ignoró y siguió adelante, sin ni siquiera quejarse. Ahí, al menos algo de vida que no sea venenoso circulaba también por el aire, sin verse afectado por la polución. Siendo completamente de metal y magnetismo, no tenía circulación a la que contaminar.

    Ese Magnemite le venía como anillo al dedo ahora mismo. Sí, ¿por qué no? Podía intentarlo.

    Decidió practicar un poco su técnica con el imán. Este solo podía cubrirse un poco de su electricidad y girar rápidamente, pues no sabía como deshacerse de esa molesta línea que brillaba cada vez más y más. Y por supuesto, no fue tan tonta como para rodearlo a pocos centímetros de su cuerpo.

    Al final fue capturado y alegremente, el pokémon imán le otorgó su lealtad. Sí, eso fue demasiado fácil. A saber cómo le iría con otros pokémon…

    Siguió explorando la construcción subterránea. Intentaba no mirar al suelo para evitar ver a las ratas púrpuras que habían sucumbido a la toxicidad del aire; a aquellos cadáveres que aún tenían fresca la hemorragia nasal que causaba el veneno… para empezar, ¿por qué dejaban vivir aquí a los pokémon? ¿No haría del agua un poco… insalubre, de por sí?
    Pero bueno, no podía objetar. No era su tierra, al fin y al cabo.

    Mientras caminaba tan campante por la mal iluminada zona, tres Koffing se dirigían hacia ella, lentos y sin mostrar ninguna emoción, agresivos. El Magnemite, que estaba detrás suyo, se puso en frente e intentó avisar al objetivo principal de las bombas flotantes de humo; pero la entrenadora no entendía qué quería decir. Este solo movía frenéticamente sus imanes y emitía ruidos metálicos incomprensibles para el oído humano. Finalmente, la bola de acero mantuvo quieto una de sus magnetitas para señalar al frente. Lo cual desgraciadamente se interpretó como una acusación sin fundamento.

    —Magnemite, ¿pero por qué me señalas, qué te hice, qué-?

    Tres golpes secos fue sentidos en su espalda. Entre la sorpresa y el impacto, perdió el equilibrio y se estampó contra el suelo. Google los había visto venir, pero se quedó parado al no saber qué hacer; podría ser que estuvieran invadiendo su territorio.

    No. Los koffing no se comportaban así normalmente, aunque fueran salvajes. Ella miró atrás, por fin. “¡Koffings!”, gritó para sí.

    Aún tratando de levantarse, estos preparaban otro Placaje para ella. Por suerte no le dieron tiempo a darle. El Magnemite los electrocutó levemente cuando cargaban. Plusle también se puso a la delantera para proteger a Gionna, soltando chispas. Estaba claro que había un peligro aquí y la rana no iría a mover ni un solo un dedo.

    Los Koffing dirigieron su ira hacia Magnemite. Lo iban golpeando con su ligero cuerpo, propulsados por sus propios gases. Por suerte, los placajes apenas le hacían algo a su acero desnudo; pero desde que era la primera vez que combatía así, los golpes le resentían. Y mientras, Plusle inhalaba sin querer aquella polución. También quería contribuir; pero la tos simplemente no le dejaba.

    Mientras estaban entretenidos con el Magnemite, Gionna aprovechó para practicar el manejo de la máquina una vez más. La nula visibilidad le impedía hacer buenos círculos, además de que eran muchos y el capturador no llegaba a hacer un gran diámetro. Tenía que acercarse un poco, pero temía que fueran a por ella de nuevo.

    Finalmente, el Magnemite, al verse sin posibilidad de atacar con su duro cuerpo, tuvo que recurrir a la electricidad. Las chispas que se formaban en sus imanes fueron hacia las bombas lilas. Parece que al menos esa cabeza de cíclope metálico sabía Onda Trueno. Lo cual le otorgó una oportunidad de oro para que Gionna.

    Fue corriendo hacia allá con el capturador en mano y lo accionó en la carrera. Después frenó de enseguida para atraparlos a los tres de un solo lazo.

    Habían parado de atacar. Más aún, parecían consternados, como si supieran que no debían estar ahí. Fue una reacción extraña, considerando la actitud que adquirió el Magnemite antes. Pero esto…
    Esto le recordaba más a los Geodudes de la cueva.

    Será posible…

    Por otra parte, el Magnemite se veía fatigado, así que la entrenadora le mandó a descansar. Ahora tenía que continuar ella y sus acompañantes. No iría a involucrar a nadie más.

    Un panorama moribundo se le presentaba ante sus ojos. Crustáceos, cocodrilos y tortugas estaban en el suelo tumbados, o tambaleando, esforzándose por no caerse como sus vecinos. También se veían Koffing alrededor vomitando esos Residuos. Que no falten esos globos de gas lacrimogeno.
    ¿Cómo pueden? Entendía que quizá su territorio podría haberle quedado pequeño, pero eso era pasarse de castaño oscuro.
    Pero no todos eran agonizantes Corphish, Squirtles con dolor de estómago y Totodiles que perdieron su alegría. Había un particular grupo de pokémon que parecían no afectarles esa densa atmósfera.

    Era como si se hubieran anticipado a los acontecimientos. Mamíferos de amarillo cadmio con cortas trompas y youguis azules flotaban salvaguardándose del mismo destino de sus compañeros acuáticos cubiertos de un aura rosada.
    Ella era consciente de ello, y no sabía si estos Pokémon, protegidos por el Velo Sagrado serían igual vulnerables al efecto de la captura. Quería comprobarlo; esta vez en nombre de la ciencia.

    Decidió testear el aparato en uno de los Drowzee que caminaban tan campantes por la orilla. Al principio le costó, pero desde que sus movimientos emitían una luz borrosa, podía evitar más hábilmente los psicorrayos de Drowzee. Cuando consideró que ya le pilló el tranquillo, procedió con la captura definitiva.

    No. Por lo visto, el Velo Sagrado no interfería con la captura. O quizá el mismo Drowzee decidió unirse a ella por su propia voluntad sabiendo cuál era su cometido. No podía estar segura. Era un pokémon tipo Psíquico al fin y al cabo.

    Pero por otra parte, era el señuelo perfecto. Era un Pokémon tipo psíquico, cuyos ataques podían levantar e inmovilizar a objetos pesados; aunque eso dependía del potencial que disponía el Pokémon en sí. De todas formas, sería suficiente para capturar a los que habían en la zona.

    Fue por ellos, uno por uno. Ahora que tenía al tapir de su lado, era imparable. Su falta de coordinación se compensaba con la asistencia. Peinó las zonas por donde había estado antes para así detener a esos Koffing. Al fin, pensó que lograría facilitar la limpieza de las aguas. Una vez que acabó, se dispuso a ir más al fondo.

    Algo captó su atención. Y esta vez no era un pokémon tendido en el suelo. Gionna se acercó más para ver qué era aquella alargada figura turquesa.

    No pudo evitar que el pulso le temblara. Pudo distinguir un matojo de pelo castaño. No parecía que se pudiera levantar. Aún respiraba, pero con muchas dificultades. Una pequeña tos le indicó que aún estaba vivo.

    Tenía que mantener la cabeza fría. Aunque estuviera nerviosa, no podía permitir acobardarse y dejar tirado al joven.

    —Dime, ¿qué ha pasado? ¿Cuánto tiempo lleva aquí? ¿Ha tomado algo del agua?—preguntaba con tono neutro, asimilando su terror. Él intentaba responderle; mas su garganta estaba demasiado irritada. Aquellos ahogados torbellinos le dificultaban el habla.

    Él miró a aquella Ranger por encima de sus propias gafas. No podía dar detalles. Tenía que decirle lo más brevemente y claramente posible quién había causado todo este desastre.

    —Go... go... Los Koffing... El equipo…

    Tosió con violencia otra vez.

    —¡NOOOO! ¡He dicho si está bien! Puf, para qué pregunto.—sentía la obligación de ayudar a aquel empleado, y rápido. Intentaba llevárselo consigo; sin embargo, ella sola no podía.─. ¡Google, ayúdame a cargarlo, maldita sea!

    Tenía los minutos contados. Él no podía permitirse que un Ranger se ocupara de él. Casi no tenía aliento, y pensaba que su vida ya no merecía la pena. No tenía más remedio que seguir hablando.

    —El...Equipo... Go... Rock... los Koffing...
    —No, no, no siga malgastando aliento, por favor... tenemos que llevarte a un hospital.
    —Pero... todos... capturados... un We... arriba... en la tubería...

    Su tos se hacía más fuerte cada vez. Su mente se le nublaba, y la frase se deformaba, perdiendo coherencia. Tenía que volver a empezar.

    —Shhhh... ya... sé que lo está pasando mal, pero-
    —Los Koffing... Fueron todos... Capturados... Por el Go... Go... Rock.

    Al fin logró captar sus oídos. ¡Aquella panda de nuevo! ¡Otra vez! ¡Y no había pasado ni un solo día! ¡De modo que ellos estaban tras esto!

    Eso explicaba muchas cosas. Y quizá la causa por la que él no pudiera salir también fuera ellos. ¡Malditos! ¡Ahora tenía que correr más para ir a detenerlos lo antes posible y salvarle! Mas, Google lo soltó tras que el “rock” fuera pronunciado.

    —¿¡Google, pero qué haces!? ¡Tenemos que llevarlo al hospital! ¡Venga!

    Este no hizo nada. Un silencio sepulcral se escuchó. Solo el agua que corría era oído. Ni una respiración dificultada por venenos gaseosos se hacía audible. Tampoco el débil pulso se sentía en la muñeca del chico.

    No podía ser. Al final yació sin fuerzas. Ella también lo soltó sin cuidado alguno. Se sentía impotente. Justo cuando pensó que podía hacer algo por ayudar al prójimo, había tardado demasiado. En cuanto a las criaturas, no hizo nada por las que quedaban vivas.

    ¿Por qué? Se sentía inútil. Tanto querer ayudar, y lo que lograba era dejar pasar la desgracia, permitir a la muerte que dominara aquellas instalaciones.

    Tuvo que hacer caso a Kyumbreon. Esta situación acababa con su autoestima.

    Pero luego pensó. Al operario le quedaba poco tiempo. Después de que muriera, ella pudo notar el tono liliáceo de su tez y el pequeño río rojo de las fosas nasales. Y los otros... ¿qué podía hacer con ellos? No se confiarían. Se habrían alejado de ella antes.

    Tenía que seguir para que esto dejara de suceder. Y aquel difunto le había indicado por dónde tenía que seguir.
     
  13.  
    Poisonbird

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    Ranger por pura casualidad
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    Capitulo 6

    Estaba empezando a cansarse. La tubería hacia cuesta arriba, y el agua que fluía la empujaba en contra de su dirección. Plusle estaba fatigada, no por la caminada; anormalidades empezaban a surgir en sus pulmones. Le pedían que aspirara más aire, aunque sea el mismo que le creaba la necesidad.

    Después de tanto esfuerzo por no verse arrastrada de vuelta al cuerpo del muerto, se encontró con unas escaleras que bajaban hacia una zona llena de una substancia viscosa parecida al barro. Eran los despojos de las aguas residuales, combinado con unos cuántos químicos más. Parecía un lugar adecuado para la cría de Grimers.

    Y tanta grima. A Gionna le daba algo de asco caminar entre aquel moco marrón liliáceo, mas parecía el único camino que se le presentaba. Tenía sus peligros; aparte del riesgo a quedarse atrapada entre aquel mar de porquería y de caer enferma por vía cutánea, podría descender en los agujeros que había. Entonces tendría una intoxicación y una fractura. Y eso era muy inconveniente.

    Con miedo y temblores, bajó lentamente por la escalerilla. En cuanto sus bambas entraron en contacto con el suelo lodoso, pudo notar lo resbaloso que era. Por poco se reprimió la tentación de apartar el pie de ahí.

    Luego puso el otro con lentitud. El último paso sería desprenderse de la barandilla. Algo que le costó bastante. Una vez cogido el equilibrio, empezó a patinar con torpeza. Gritaba como una posesa, presa del pánico. Iba directa a uno de esos huecos, pero por una vez, aquel poco control motriz mal dirigido jugaba a su favor.

    Hasta que, cerca de las otras escaleras, se estampó contra la pared. Al menos la máscara amortiguó el golpe en la cara. Pero sus piernas quedaron en el suelo. Suerte que estaban cubiertas, o de lo contrario a saber como estaría.

    Drowzee y el Toxicroac fueron mejores patinadores y subieron antes que ella. Viendo que Gionna no lograba ponerse en pie, Google fue a su ayuda, subiéndola. Al estar los cuatro reunidos, Drowzee separó el lodo de su cuerpo, solo para asegurar su salud. Este tenía una idea de donde estaban aquellos maleantes. Se puso a la delantera e indicó por donde tenían que ir.

    Siguieron al baku, y más Koffing rociaban sus desechos al agua. Aparte, personas con mascaras antigás de ropas ochentonas contemplaban sonrientes a sus esclavos. No tardó en reconocer a aquellos bellacos.

    No.

    No solo eran bellacos. Era un grupo de crimen organizado. Ahora lo veía con sus propios ojos, a pesar de lo borrosa que era su imagen. Sombras del pasado le acecharon, reviviendo experiencias negativas. Combinado con la agonizante muerte que acababa de presenciar, hacía que su ego y su rechazo al sufrimiento emocional se interpusiera a su altruismo, diciéndole a ella que se echara atrás y se tome ya sus dichosas vacaciones.

    Pero la valentía y el sentimiento de responsabilidad se interpusieron en su decisión de retirada. Ella había presenciado demasiado sufrimiento. Se juró detenerlo, como sea. Google miraba a su jefa, esperando a que ella siga adelante.

    Aunque con inseguridad, dio un paso adelante y se dispuso a seguir con su trabajo. No obstante, fue interrumpida por uno de aquellos peleles.

    Ya se lo esperaba. No estaba sorprendida lo más mínimo.

    —¡Eh, tú! ¿No serás por casualidad aquella que nos estás quitando a los koffing?
    —¿Cómo que vuestros, si ni siquiera lo metisteis en una Pokéball?—aplicaba la lógica del entrenador, pues no veía por ninguna parte su pequeña residencia.
    —Yo no entreno, ¡pero estás acabada! ¡A por ella, mis Koffing!

    Todos los globos de la zona la rodearon. Eran cinco que en contra de su voluntad querían herirla, por dentro o por fuera; no importaba cómo. Drowzee se adelantó a la orden, tumbando a las bombas vivientes con sus poderes psíquicos. Sin pensarlo dos veces, Gionna intentó hacer vueltas a su alrededor con la peonza; pero los cuerpos estaban tan juntos entre sí que no lograba hacer bien la captura, pues la línea tocaba constantemente con el cuerpo de al lado, o con el de su objetivo mismo.

    Al final el tapir amarillo no pudo contenerlos más, y su ataque cedió. Los Koffing volvieron a alzarse al aire, y se dirigieron a por el baku amarillo con sus cuerpos. Los Placajes le dañaron; no lo suficiente para debilitarle, pero sí para dejarle cerca de aquel límite. Tres se pusieron al margen para dirigir una niebla purpúrea al pokémon psíquico, sin los resultados deseados gracias al Velo Sagrado.

    Gionna vio una oportunidad para librarse de estos. Aún le sería difícil capturarlos, pero al menos no era imposible. Lamentablemente, uno de ellos se percató de los fugaces movimientos del juguete y redirigió sus gases al disco capturador, dañándolo una vez más.

    La mayor avidez que presentaba le desesperaba. Se coordinaban bien entre ellos, incluso se ayudaban mutuamente, como si de su trance no quisieran salir. Además, estaban manteniendo ocupado a su Drowzee.

    Por fortuna tenía aún dos opciones; mandar a su Toxicroac para que los disperse o pedir a Plusle que los paralice con onda trueno. Ambas opciones le parecían válidas, pero con trabas; por un lado, separar a uno de los Koffing con un solo pokémon haría que otro acudiera a su ayuda, provocando el fracaso de la maniobra. Y por otra, la formación que quedaría tras detener su baile de vals sería entre dispersa y unida; demasiado cerca para que se pueda hacer tranquilamente unos movimientos fugaces, demasiado lejos para poder atraparlos a la vez. Al menos a su rana podía doblarse, o triplicarse si quisiera...

    Ya está. Ya lo tenía.

    Ordenó a Google que los acorralara, con tan solo engañarles la vista. Con esto dejó claro que no quería emplear la violencia, y entonces esta vez accedió a cooperar.

    La rana luchadora fue corriendo hacia ellos, quintuplicándose y dirigiendo a los Koffing cuales ovejas. Una vez acorralados era el turno de Plusle. Esta pidió que usara el movimiento; mas no entendió. Luego fue más específica. Pese a que sus fuerzas estaban mermadas por la intoxicación, fue por debajo de ellos y usó su técnica. Las chispas de Plusle imposibilitaron la movilización de los cuerpos ligeros y su gestión de gases. Ahora era su oportunidad para salvar a esas almas inocentes con su instrumento divino. Uno menos. El recluta se retiró al quedarse sin siervos.

    Pudo adentrarse más, llegando pacientemente al fondo del asunto. Ningún Koffing enloquecido, ni los múltiples actos que hacía la muerte en los pokémon que se encontraba, ni tubería, ni pelele, le impidió llegar al centro del mal.

    Plusle cada vez se encontraba peor. Su disnea era cada vez mayor, y su corazón empezaba a ahorrar sus latidos para tiempos mejores. Mientras, los pies de Gionna no daban abasto y le empezaban a demandar un descanso.

    Se sentó, apoyando la espalda sobre la pared de hormigón enmudecida. Miraba su reloj, solo para controlar el tiempo de reposo. Cinco minutos le era un tiempo justo, pero suficiente para menguar el dolor de las plantas.

    Observaba lo que tenía alrededor, y pudo notar que había una zona que la ocupaba una muchedumbre cubierta por los filtros de las máscaras. ¿Tan necesario era que hubiera tanta gente para contaminar el agua?

    El tiempo de descanso se terminó. Ya era hora de levantarse para acabar con el constante envenenamiento. Entre la multitud, habían algunos acobardados con los que se enfrentó antes. Múltiples de insultos vulgares fueron escuchados en boca de estos.

    —Oh, por favor, chicos, la única razón por la que os persigo es porque vosotros habéis esparcido agonía y desesperación por la ciudad. ¿Sabéis que os habéis cobrado algunas vidas ya? La que os debería insultar sería yo, vaya. Yo no hice nada para llevarme el título de “perra” o “malparida”... Solo hice justicia.—decía con tono arrogante, en respuesta a aquellas malas palabras. Se sintió ligeramente ofendida por los adjetivos que la etiquetaron.

    Detrás de esa barrera de lobos cazadores, un alfa estaba ejercitando su sentido rítmico con su bombo. Tras oír los tomates de desprecio que tiraban a Gionna por sus anteriores andanzas, paró de tocar, al igual que el grandullón flotante que manipulaba dejó de funcionar.

    —Así... que la entrometida Ranger llegó hasta aquí...—sonaba su voz detrás de sus guardianes. Era un año menor que ella. Su peinado casi blanco de tono azulado era un par de cuernos de pelo cuya punta se caía, mantenido por medio bote de gomina. Estaba vestido con una gabardina de cuero azul más vivo, y un pantalón del mismo color. Llevaba una camiseta púrpura que exhibía entre la apertura de la chaqueta, y, en cuanto a adornos, se podía ver un cinturón en el cuello. Su fisonomía era robusta; no es que fuera musculoso, pero su torso era ancho. Él también llevaba una máscara que le mantenía sano.

    —Oye, tú, so ñoña, deja que el ritmo de nuestra fiesta continúe.—hablaba metafóricamente, refiriéndose como fiesta el jueguecito que tenían con los pokémon de la zona. No obstante, ella no tenía entendimiento para dobles sentidos.
    —¿Qué fiesta?
    —Además de problemática, lerda. Chicos, haced el favor de transmitirle la rabia, ¿queréis?—se refería esta vez al medio de transmisión, todo y que a los que mandaron no la padecían. Quince Rattatas canijos por culpa de las porquerías del aire iban como podían a por ella.

    Tenían convulsiones por la fiebre, y eso les quitaba mucha movilidad. Parecía complicado poder capturarles debido a su número, pero no le hizo falta ni siquiera aturdirlos. Eran solo un par de vueltas, y ya los abandonaban a su suerte. La masa se quedó sin armas para atacarla, y empezaban ya a temerla, aunque solo fuera porque le pusieron la victoria en bandeja.

    —Erm... ¿jefe? Ha podido con nuestros Rattata...—Informaba uno.
    —Porque habían respirado mucho aire en este lugar, pedazo de imbécil. Los gases de los Koffing no es que sean una cosa muy sana, precisamente.─argumentaba la causa de que fuera tan fácil capturarlos. Después de comentar eso, pensó en Plusle.

    Echó un vistazo rápido. Ella adquirió una imagen enfermiza, insana. Estaba sucumbiendo al veneno.

    Tenía que zanjar este asunto rápido si quería tratar su salud.

    —¡Pero que aguafiestas que eres! ¿Es que los Rangers solo sabéis arruinar nuestros planes o qué?
    —Oye, tú. Deja de esconderte de tus secuaces y sal que te vea la cara.

    Empezaba ya a ponerle nerviosa esa irritante voz sin saber cómo es el cuerpo que la procedía. El adolescente dio a los reclutas la orden de apartarse, y en vez de echarse a un lado, fueron detrás de Gionna a bloquearle la salida, por si intentaba escapar. Al fin, el pokémon que estaba manejando, contemplativo ante el agua que él había profanado y el energúmeno que manejaba la operación se mostraron.

    —Así que tú eres el jefazo de estos malandrines...
    —Sí, sí lo soy, capulla. Mi nombre es Emilio, por si te se ocurre llamarme “tío raro”.—recordaba a uno de la misma profesión que le había llamado así. ─. Me han dicho que has podido capturar a nuestros Koffing... ¡pero seguro que con su evolución no vas a poder!

    La bola mutante de gas dejó de contemplar su creación y se giró, esperando su rítmica orden.

    —Pffft, como si no me hubiera enfrentado a cosas peores. Oh, por cierto, tu tampoco me llames Ranger. Tengo nombre, ¿vale?
    —¡Yo te llamo cómo me de la gana, Ranger!

    La unión de dos koffing se acercó intimidante hasta quedarse frente a ella. Soltó gran cantidad de gas. Aquella expulsión creó una corriente de aire caliente que ondeaba su uniforme y levantaba parte del cabello que quedó suelto. Retrocedió unos cuantos pasos para poder proceder con la captura una vez más.

    De nuevo, con un toque de botón, la peonza fue volando hacia el cuerpo del pokémon dominado por el ritmo que dictaba el bombo. Al primer círculo, el abominable globo doble cargó y golpeó la línea. Pudo retirar el disco pronto, evitando más daños.

    Algo captó su atención. Los Weezing acostumbran a flotar y moverse al ralentí; sin embargo este no era el caso. El cuerpo lila era endemoniadamente veloz. Al menos esta vez estaba tratando con un solo Pokémon, así que no debería de haber ninguna dificultad si le paraba un poco. Pese al agotamiento de su acompañante, mandó a que usara confusión una vez más, solo por si acaso.

    —Je, je, je, no te creas que será tan fácil.

    Dicho esto, a otro compás le indicó el nuevo objetivo. Inmediatamente, el Weezing obedeció a la música y regurgitó un escupitajo hecho de lodo púrpura y toxinas, impregnando de él al Drowzee antes de que pueda pararlo con su mente. El peso del Bomba Lodo era demasiado para el baku, y pronto cayó derrotado.

    Gionna se percató del cambio de ritmo. Había pasado de allergo a vivace antes de que la abominación vomitara sus ácidos, y después a la inversa. Era como una rata actuando según la melodía del flautista de Hamelín.

    —Un momento... ¿está manipulando a ese Weezing con el bombo?—preguntó para sí misma en voz alta. Luego se tapó la boca por encima de la máscara. Acababa de hablar sola.
    —Vaya, no eres tan lela como pareces...─confirmaba él —. Pues sí, con mi bombo lo atrapé y con mi bombo lo controlo. ¿Hay algún problema con ello?
    —¿Aparte de que me estás impidiendo devolver la salud al agua? Ninguno.—la frase final lo entonó con ironía; mientras, tenía que planear como detener a ese Weezing. Miró a Google por un momento. Tenía que volver a probar el mismo truco de antes.

    Emilio y Weezing estaban confundidos. El Toxicroac se había camuflado entre iguales. No obstante, había algo que no tuvo en cuenta. Emilio tocó presto, mientras Weezing se hinchaba, haciendo que se lo pensara dos veces antes de empezar la captura.

    Finalmente, soltó un gas helado gris que nubló la vista de todos los presentes. El tiempo en el que estuvo presente la niebla fue poca. Al dispersarse, las diez ranas volvieron a ser una. Google buscó a sus gemelos ficticios, mas desprevenidamente fue golpeado con un Placaje, haciendo que volara por los aires y se estampara contra el suelo. Se levantó, furioso por el daño. Emilio se reía como un poseso de su ingenuidad.

    —AAJAJAJAJAJJAJAAJAJAJAJ, ¿¡de verdad pensabas que iría a caer en la misma trampa que mis reclutas?! ¡TONTA!

    Gionna empezaba a impacientarse. El choque fue muy fuerte como para ser un Placaje normal y corriente. Ahora iba a lanzarse con todo lo que tenía. Aunque su voz no fue necesaria.

    Google preparó las reservas de veneno para dirigirlas a sus garfios para después dar un salto e inyectarle las substancias con ellas. La mutación era inmune al nocivo; mas aquel puñetazo fue contundente. Después de que se recuperara de la sorpresa, ambas criaturas ponzoñosas lucharon enrabiados. Emilio intentaba dominarlo con el sonido del bombo, pero estaba demasiado ocupado como para prestar atención a las órdenes rítmicas. La batalla continuaría hasta que uno de los dos decayera, y eso no ocurriría hasta un largo tiempo.

    Eso le dio tiempo a Gionna para pensar. Ambas fuerzas estaban igualadas, así que tuvo que plantearse en aprovechar su entorno. Sabía que lo tuvo enfrente todo el tiempo, pero se le escapaba. ¿Qué podía utilizar?

    Entonces recordó. Tenía agua cerca, y con él se podía recuperar. Ralentizaría su victoria, pero al menos la tendría asegurada… al no ser que el instrumento pudiera hacerle recuperar fuerzas.

    Pero no parecía que le quería dejar tranquilo ni un segundo. Eso podría dificultarle las cosas... o quizá facilitarlas.

    Ya estaba. Ya sabía como pararle los pies.

    —¡Google, métete en el agua, rápido!—ordenó. Sin rechistar, el Toxicroack se lanzó al agua para aliviar sus contusiones. Emilio no sospechó de lo que estaba planeando hacer, hasta que este se lanzó sin razón.
    —¡No, tontolaba, NO LO HAGAS!

    Demasiado tarde. Weezing entró en el agua en balde, pues su contrincante lo pudo evadir sumergiéndose. El trío unido intentaba alzarse de nuevo, pero no podía; su cuerpo lleno de gas se rellenó de agua nada más entrar.

    Pronto imperó a su rana vivaz que lo hiciera emerger. Este, con su puño cerrado, dio un fuerte gancho acompañado de un gran salto, haciendo que el agua se abriera y moviera para dejar salir a los dos pokémon venenosos.

    No demoró más. Antes de que el agua se escapara por sus orificios y cayera de nuevo al agua, hizo la captura con nerviosismo. Cuando el círculo ya decía que estaba listo para liberar a Weezing de sus penurias, hizo un brusco alzamiento hacia el techo del recinto para que lo abrazara y lo liberara.

    Presenciada la derrota de su señor, los peones de Emilio huyeron despavoridos. No tenían nada que hacer contra ella.

    Weezing ya era lo suficientemente ligero como para que Google pudiera impedir que se ahogara. Cuando su cuerpo se vació, este volvió a levantarse al aire para reunirse con sus iguales.

    Gionna esbozó una sonrisa orgullosa, mientras veía como este recuperó su libertad. Emilio también quería irse, y rápido.

    Mas los ojos rapaces de ella se movieron hacia la mancha azulada que era, y pidió a Google que lo detuviera. El anfibio fue corriendo hacia él y lo tumbó antes de que Emilio pudiera galopar.

    Antes de acercarse al vivo tumbado y asustado, la entrenadora guardó el capturador y agarró a Plusle en brazos. Ya no podía mantenerse de pie. Tenía que saber. ¿Por qué tanto daño?

    —Tú no te irás hasta que me digas la causa de todo este embrollo.
    —Pffffft, ¿te crees que te lo voy a decir a ti, niñata? ¡Ni en sueños!
    —Dilo o el veneno de este enorme sapo recorrerá por tus venas. Y no creo que te apetezca sentir como cambia tu cuerpo... porque, sinceramente, es una tortura. ¿Ves a este Plusle? Tómala como ejemplo.

    Google levantaba el brazo con el puñal incorporado preparado, para dejar claro que lo iba a hacer.

    —¿Y bien? ¿Vas a decirme o no?
    —Vale, vale... muy bien...—se reía nerviosamente.—. ¡Os he quitado tiempo, rangers! ¡Hemos envenenado el agua para que vayáis ahí y nosotros podamos encontrar al pokémon legendario! ¡Y NO TE DIRÉ POR DÓNDE ESTAMOS BUSCANDO, NUNCA!
    —¿Qué...?

    No comprendía. No sabía nada de que una leyenda se ocultaba en alguna parte, de la que se buscaba como un santo grial, y esa organización que estaba ayudando sin intención alguna era un obstáculo para ellos, o eso extrajo de sus palabras. Pero tenía sentido. Sabía de primera mano que un desastre provocado puede despistar al poblado para que no se prevenga una catástrofe aún mayor.

    —Nosotros podemos capturar hasta el pokémon más duro de pelar. En cuanto consigamos muchos legendarios, vosotros llorareis como nenazas. ¡Y nosotros seremos los mismos salvadores del caos que crearemos! Claro que pediremos algo a cambio... ¡PASTA! AHAHAHAA, ¡ES UN WIN-WIN, BITCH! ¡UN ENORME PLAN CON LOS MILLONES ASEGURADOS! ¡Y YA NO VAIS A PODER HACER NADA, AHAHAHAHA!

    Se reía como un loco en un manicomio. La furia brotó en la entrenadora, y recorrió las venas de las manos, haciendo que sus dedos se adjuntaran. Quería decirle todo lo que pensaba al respecto; de lo viles que eran... mas se calló. Sería un desperdicio de saliva, y también de un tiempo crucial. Se giró hacia atrás para así volver a sentir el aire fresco, sin decir palabra. Google lo dejó en paz y se fue con ella, dejando a Emilio solo con sus sudores y sus temblores.
     
  14.  
    Poisonbird

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    Capitulo 7

    Sesenta latidos por segundo. Ese era el ritmo cardíaco del pequeño conejo eléctrico, el cual estaba a punto de desvanecerse como el atardecer. La entrenadora trataba de llegar lo más pronto posible a la base, acompañada por Google en un lado. El Toxicroack podía adelantarse, pero prefería no hacerlo; haría que se sintiera mal con ella misma. Finalmente, llegada a las puertas de cristal automáticas, se paró. Ana, como siempre, exclamaba su llegada, y Julio se giraba.

    —¿¡Y ahora qué pasa!? ¿¡Te falta el aire!?

    Había hecho un gran esfuerzo para tener a tiempo la ayuda. Gionna tuvo que inhalar hondo para poder contestar.

    —Sí... Pl-Plusle está en muy mal estado... Estuvo... estuvo d-demasiado tiempo respirando la polución de las alcantarillas…
    —Ay, madre.

    Salió de su puesto y le arrebató a Plusle de sus brazos. Ana posó la palma de su mano en su ardiente frente, lo que hizo que su preocupación fuera mayor.

    —Madre mía, madre mía, ¡madre mía, que se va a morir, que se va a morir, ay, ay, ay, ay, ay, ay...!
    —¡Calma, calma, calma!—alzaba Gionna su voz con ímpetu, mostrándose también al borde del pánico. —. Nervios es lo último que necesitamos, lo que necesitamos es una solución al problema.

    Automáticamente, supo con qué remediar el envenenamiento de Plusle.

    —Díganme que tienen antídotos por aquí.
    ─No, hace tiempo que no los compramos. Los casos de intoxicación no son muy comunes por aquí.—contesto Julio.
    —¡OH, NO ME JODAS! ¡Si estáis cerca de UN PUTO BOSQUE! ¡¿Y si a alguien le pica un Beedrill qué!?
    —Um... normalmente de eso se ocupa Alejandro. Bueno, deja, voy a preguntar si tiene.
    —¡Naaaaanananananana! ¡No hace falta!
    —No, en serio, él puede venir rápido con su Fe-
    —¡Queeeeee NO!

    Estaba nerviosa. No había una cura inmediata para el envenenamiento de Plusle. No sabía lo que tenía que hacer. Solo había otra cosa que le podría salvar la vida. Algo más natural y sano que aquel rocío médico.

    —¡YA SÉ! Conozco una baya que neutraliza la ruibarxina del cuerpo... lo único que no se si habrá algún árbol que de ese fruto o lo vendan por ahí... díganme que hay una frutería, por favor.
    —¡Hay una frutería abajo, a la segunda calle de la izquierda!—contestó raudamente Ana, igual de desesperada que ella.
    —¡JODER, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, ahora vengo!

    Ni siquiera esperó a Google ni se quitó la máscara pese a los escozores de la herida. Siguiendo las indicaciones que le dio la operadora, se encontró de enseguida con la tienda, ayudada se sus cansados pero potenciados pies.

    En cuanto vio que el dueño estaba cerrando la tienda, se apresuró más, y gritaba que esperara. Al parar enfrente suyo, el señor mayor le comunicaba el cierre.

    —Lo siento, la tienda ya está cerrada... Ugh. ¿Hay alguna fuga de gas ahora o qué?
    —¿Eh? No...—se olvidó de que tenía una máscara en la cara. —Eeeeh, cómo sea, no cierre todavía.
    —Oye, si te falta una fruta en el frutero espérate a mañana porque esta tienda está cerrada.
    —¡NO TENGO NINGÚN FRUTERO!
    —¡OYE, NIÑA! ¿¡QUÉ ES ESO DE GRITAR A TUS MAYORES, ES QUE NO TIENES RESPETO O QUÉ!?
    —¡NO, NO TENGO!—tenía que calmar esos nervios, o en unas horas habrán tocado las campanadas de luto. —. Eh, mire, no me replique más y deme una Baya Meloc, ¿sí?
    —¡JA JA JA! ¡Me pides que no te replique en cuanto hace un rato me estabas gritando! ¿¡Sabes la hora qué es!?
    —Por favor, tengo a un Plusle que se está muriendo a mis brazos y no hay ninguna Tienda Pokémon por aquí.
    —¡Ooooooooh YA! ¡Tienes a un Plusle enfermo y vas a última hora para comprar su medicina!
    —No podía ir más pronto. Se intoxicó mientras trabajaba, mierda.

    Miró las ropas de Gionna. Con eso se le aclaró las dudas.

    —Eres una Ranger de Villavera, ¿verdad?
    —N-digo sí, sí que lo soy. ¿Podrías darme la baya, por favor?
    Que no era, pero bueno; si eso le daba el privilegio de tener una fruta gratis lo iba a decir.
    —Bueno, miraré a ver si me quedan.

    La fortuna le sonreía. El hombre tenía una caja entera de lo que buscaba. Aunque para la cantidad que había solo cogió una sola baya, sin nada a cambio. El pago aún retrasaría más la ida de aquel señor, y estaba demasiado cansado como para quedarse más tiempo.

    Echó otra vez a correr de vuelta a la base. Todo y que pudo encontrar las bayas, alguien se entrometía en su camino.

    —¡Eh, Gionna!

    Era ella. Aquella devoradora de ofertas de moda, aquel extravagante personaje, aquella arpía de abrigo de harapos. Era quien menos se quería encontrar ahora. Pero sin parar, pasó de largo.
    Aina miraba como corría mientras el pálido y sudoroso Emilio llegaba a su lado.

    —Oh no, no me digas que tú intentas hacerte amiga de esta, por favor...
    —Pues sí. ¿Algún problema?
    —Que está como una chota. ¡Casi me mata esa tía!
    —Oh, venga ya, si parece tranquila…

    Su hermano no se lo creía.

    —¡SI ME HA CHANTAJEADO, LA PUTA ESTA!
    —Ay, la pobre... No sabe qué hacer. La han engañado y metido en este lío. Está tan confundida…
    —¡Ojojojojojo! ¿¡En serio!? Mira que llegan a ser ratas esos Rangers.

    Esa noticia le dio a su hermano unas risas terapéuticas.

    —¿Sabes qué pienso? Creo que estaría bien ganarme su confianza. Podría convencerla de que se vaya a otro sitio. ¡O mejor aún, podría hacerla entrar a nuestro grupi! ¿Qué me dices, ¿eh?
    —¿Reclutarla a nuestro equipo? ¡JA JA JA, apuesto cien pavos a que no lo logras! ¿¡Pero tú sabes si comparte nuestras ideas!?
    —No, pero sé que está odiando estar aquí.
    —Tch. Pero tampoco es que vea a los pokes como una sola herramienta. O sea, ¡fíjate! ¿¡Tú te crees que habría bajado a la red para liberar a nuestros Koffing!? ¡Esta tía trata de ser una mala mezcla de Robin Hood y Al Capone, joder! ¡Te va a dar por el pelo como sepa que estás con nosotros!

    Tenía razón. Recordó que dijo que le gustaba ayudar mientras fuera una buena causa. El cometido de su banda era sentarse encima de sus enemigos Rangers, y eso ayudar no era. No la convencería de nada al no ser que la engañase y le dijera que es otra cosa. No obstante, parecía que, por lo que le contó Emilio, ya vio lo que realmente era. Solo podía hacer que dejara su trabajo, al menos por el momento.

    Mientras la violinista urdía una estrategia para que abandonara la región, Gionna ya entró en la base con la medicina para Plusle; no sin antes quitarse la máscara. Al ver la mejoría reflejada en su rostro tras comerse la baya Meloc, supuso que por la mañana ya estaría recuperada del todo.

    Después de atenderla, se dirigió hacia Julio, que la había preguntado anteriormente por la misión. Le explicó todo lo sucedido ahí dentro. Los verdaderos causantes, quién iba al mando, los fallecidos que habían, el estado de los pokémon que habitaban ahí... Cuando dijo que se enfrentó al chico del bombo, Julio la detuvo.

    —¿¡Te has enfrentado a uno que controlaba a los pokémon con el bombo!?
    —Exacto. Por la ropa que llevaba diría que es alguien que ocupa un puesto muy alto en el equipo. ¡Oh, pero espera, hay más! Resulta que le hice soltar algo muy relevante con mis propios... métodos…

    Se reía siniestramente por el enorme susto que le dio a Emilio.

    —¿Cómo qué?
    —Como... que todo ese envenenamiento masivo era solo una maniobra de distracción para poder capturar a un pokémon legendario. No me especificó cuál ni dónde, pero estoy segura de que dijo “legendario”.

    Julio se quedó pensando, buscando en su memoria la leyenda más cercana a Otonia por donde aparecieran pokémon legendarios. Dio con una, por dónde hablaba sobre un pokémon de estatura humana cubierto por una armadura de duro metal desconocido para la tabla periódica. Su localización era en las profundidades de la Cueva Unión, según decían. Temía que el gran Pokémon cayera en manos de aquellos bellacos, por lo que se puso instantáneamente a la acción.

    Preguntó a Ariadna, de la cual, accedió sin discrepancias. Cuando se trataba de esa panda de bellacos ella iba con mucho gusto. En cuanto a Gionna, le tocaba descansar. Le estaba permitido estirar sus piernas, pero no volver a Villavera debido a la actividad que se estaba llevando a cabo en el único camino de vuelta.

    Empezaba a notar que las tripas le demandaban comida. Intentó acallar su hambre con el silencio, pero sonaba a oídos de Ana y Julio. Se compadecieron de ella y le dieron una pequeña paga que le permitía escoger un menú barato en algún restaurante de poca monta. Aunque fuera poco, serviría para recuperar fuerzas.

    Todo y que gastó lo que tenía para hallar un mesón asequible para su bolsillo. Entró dentro del restaurante, sin importar lo que hubiera dentro y sacó de nuevo a Kyumbreon, que se estaba aburriendo dentro.

    —¡Ah, aire fresco! Ya era hora de que demandaras mi consejo. ¿Qué le urge?
    —Súbete en la silla de delante, tenemos que hablar.
    —Cómo no. La conversa es la mayor distracción que podéis tener ahora.

    El hijo de Anubis no tuvo reparos en dar un brinco y acomodarse en el asiento. El violín sonaba de fondo, tocando una melancólica melodía que hacía llorar a algunos hombres ebrios y destrozados. Era un lugar deprimente, pero al menos no se sentía tan vigilada.

    —¿Y cuál es aquello que tanto le urge?
    —Bueno... he estado pensando... creo que este lugar está... ¿un poco peor que los otros sitios que hemos recorrido? No sé. Pienso que ese equipo trata de hacer algo que no me gusta nada.
    —Pamplinas, mi señora, todos los lugares que hemos visitado tenían algún ente criminal mal labrando por doquier.
    —Pero no sé... creo que es una buena oportunidad para fortalecerme, ¿no crees? O sea, aquí no se usan a los pokémon para tranquilizar a otros. Más bien usan... un aparato para ello. No niego que me intriga, la verdad.
    —Vos no necesitáis ser fuerte y valeros por vos misma. ¿Cuándo os hemos fallado?
    —¡Nunca! Precisamente por eso quiero quedarme aquí y ayudarlos. Tampoco os quiero fallar a vosotros por ser tan floja y tan enclenque. ¡Es una oportunidad perfecta para desarrollarme como entrenadora y persona, Kyu! Además, algún día no podré depender de vosotros. Tendré que solucionar las cosas por mí misma, ¿no?

    Kyumbreon se quedó un minuto en silencio. Pensaba que se estaba descarrilando de su camino. Se suponía que ellos tenían que ser los fuertes, no ella.

    El camarero vino para tomar nota de lo que deseaban. Pidió solo dos platos del menú del día; el primero, que era totalmente vegetal, se lo comería ella. A falta de platos que pudiera comerse en paz para el segundo, se lo dejaría a su Umbreon, quien no le importaba en absoluto la procedencia de esa longaniza. Hacía rato que el acompañamiento sonoro paró de sonar. Iban a retomar la conversación, hasta que de nuevo apareció aquella chica agarrando el diapasón de su instrumento.

    —¡Pero qué sorpresa, no me esperaba encontrarte por aquí hablando sola, pillina!
    Gionna la miró hostilmente.
    —¿Es eso una burla? ¿No ves que tengo a mi Umbreon en frente mío?
    —¿Estabas hablando con tu pokémon? ¡Uy, vaya, qué descuido!—se reía falazmente de su fallo. ¿Igual, quién hablaría con su pokémon? Era algo estúpido, a su parecer.
    —Buenas noches tenga, señorita. Buena actuación la de esta noche. ¿Le importaría dejar esta mesa en paz, por favor?─replicó el felino. Ahora entendía por qué hablaba tanto.
    —Um. Vale. Solo pasaba por aquí y... ¿puedo sentarme? No hay muchas mesas por aquí.

    Ambos se quedaron mirándose mutuamente, para luego dar diferentes respuestas a la vez. Después de esos incidentes, Kyumbreon no quería volver a verla; pero su entrenadora agradecía cualquier compañía, por muy desdichada que fuera. Además, quería ver qué demonios era lo que quería con ella. Tantos saludos procedentes de una sola persona no era nada normal en su día a día.
    Bajo una faceta de gratitud, separó la silla de la mesa para acomodarse y conversar con ella.

    Aunque ganarse su confianza, al menos por afinidad, le resultó más difícil de lo que pensaba.

    Ella preguntaba si le gustaba ciertos músicos de moda, y alguna que otra opinión sobre los últimos atuendos que se llevaban, o últimas series. Para su disgusto, ella vivía como una anticuada nómada que siempre ignoraba los medios de comunicación.

    —¡Jo! ¿¡Pero qué te gusta a ti!?—la preguntaba irritada por su eterno desinterés. Ella no estaba para aquellas conversaciones, ni tampoco para hacer nuevas amistades.
    —No sé, pero esas preguntas que me haces son bastante estúpidas, a mi parecer.—decía mientras bostezaba de aburrimiento.

    La paciencia de Aina estaba casi al límite. Entonces posó su cabeza bajo sus manos entrelazadas, solo para dar un aspecto algo más intimidante. Creía que así, y con un tono más grave la asustaría lo suficiente para que cante.
    —Ahora déjame preguntarte una cosa seria. ¿Tú a qué has venido? ¿Por qué te acercas tanto a mí? ¿Qué quieres?

    Le estaba empezando a incordiar más de lo debido. Pero tenía que mantener la calma y transmitirle el mensaje que quería darle.

    —¿De verdad lo quieres saber?
    —Apreciaría mucho que lo digas, la verdad.
    —Pues muy bien. Quería darte un consejito.
    —Oh, ¿y cuál es? Porque me tienes bastante intrigada ahora mismo.

    Solo para dar algo más de confianza, puso su mano en su hombro. Lo único que dio, sin embargo, fue escalofríos.

    —¿Sabes, Gionna? Me tienes muy preocupada. He oído que los Rangers se embarcan a misiones muy peligrosas. Incluso hay por donde podrían... ya sabes. Fallecer.

    Era algo cierto. La última fue una tarea muy arriesgada de hacer. Casi perdía a aquel pequeño Plusle de no ser por su buena suerte.

    —Así que te lo voy a decir. Aléjate de ellos. En serio. Solo te van a traer problemas, de verdad. Vuelve de por donde hayas venido, o escápate; pero por el amor de Arceus, no les ayudes más.

    Sonaba más a amenaza que a un consejo de alguien fiable. Aún así, no sabía como interpretar aquello. ¿Quería realmente ayudarla o tan solo quería que desapareciera de su vista? ¿Y si no quería verla más, entonces por qué trataba de conocerla? Tanta confusión enturbiaba aún más su mente. Kyumbreon estaba harto de ver cómo aquella chica creaba inseguridades en su entrenadora, y finalmente, pronunció una contundente orden a Aina:

    —Márchese de esta mesa. Ahora.
    —Oh, vamos, Umbreon, si solo le estoy tratando de ayudar.
    —¿Acaso os demandó su consejo? ¿Acaso veis que la estáis ayudando? Humanos como vosotros solo emponzoñan el planeta con sus nocivas ideas y lo degradan aún más. Deje su conciencia tranquila. ¿O acaso tendré que esparcir sus entrañas por todo este comedor para que lo haga?

    Estaba empezando a provocarla. Aquel dúo era completamente imposible.

    —¿Eso es una amenaza?
    —De vos depende de que la cumpla o no. ¿Y bien?

    Era evidente. No quería arriesgar su vida inútilmente por convencer una enclenque. De todos modos ya la veía tambalearse. ¿Quién diría que iba a ser tan fácil? Triunfante, salió de la taberna, sin decir palabra. Ambos ya podían cenar en paz.

    Pero eso seguía sin solucionar sus problemas. Necesitaba tranquilizarse un poco. Y afortunadamente, había un lugar por donde podía reflexionar en paz.

    Las aguas estaban serenas esta noche. El mar reflejaba la gran luna llena, aunque sea solo su luz. Kyumbreon adoraba aquellas noches. Sobretodo porque su deidad particular estaría dando su merecido a algunas personas que se sabía. El agua del mar también era una cura perfecta para las quemaduras de la entrenadora. Aunque de propiedades balsámicas no tenía ninguna; la sal hacía que las heridas escocieran. Mientas dejaba sumergida la mano en lo que fue el caldo primigenio muchos tiempos atrás, estaba pensando. ¿Realmente merecería la pena quedarse en Floresta? ¿Era mejor irse de aquellas tierras?

    Kyumbreon sabía muy bien que aquel contacto le había desestabilizado emocionalmente. Debía de dar su opinión para tranquilizarla.

    —¿Sabéis? Sigo pensando que lo más conveniente es marcharse de esta región de locos. Mientras más lejos estemos de bandas criminales, más seguros estaremos de que no ocurra ninguna catástrofe.
    —Ya sé, Kyu. Pero ya que estamos aquí no podemos echarnos atrás ahora. Acabo de comprometerme, ¿sabes?
    —¿Queréis reabrir la caja de Pandora de los recuerdos? La última vez que os encontrasteis con una situación similar os acobardasteis y dejasteis que hicieran lo que se le antojaran. Menos mal que están en un lugar mejor ahora.
    —Ya nos hemos encontrado en una situación similar antes. Y admito que he tenido miedo. ¡Pero mira! ¡Me enfrenté a ello! Creo que puedo hacerlo. Solo tendría que practicar con el aparato.
    Al fin, los argumentos que no encontró para mantener su postura ante los pensamientos de su entrenadora, los halló en ese momento.
    —¿Con esa arma de doble filo? No es mejor que utilizarnos. Al menos tú sales ilesa usándonos.
    —Ya, pero...
    —Sabes que si no fuera por el hecho de aprender la facultad de utilizar a los pokémon para tu propia defensa y ofensiva no habrías salido ilesa de tantas situaciones; no habrías aguantado ni un momento; siempre hubieras caminado sola y más importante; no hubieras aplacado la ira de la gran bestia. Creéis que sois enclenque y no sois merecedora de nuestros servicios; mas vuestra determinación por seguir viviendo es más que suficiente para nosotros.

    Gionna volvió a mirar el agua negra. Estaba reconsiderando de nuevo sus planes. Tenía razón que, sin ellos estaría perdida, igual que ellos estarían perdidos sin ella. Era una simbiosis perfecta basada en la compasión y en el repudio otorgada por algunas personas. Pero eso no quitaba que estaban expuestos a la pérdida. El capturador le ofrecía un remedio para ello, en caso de que su parecer cambiara por antinaturales influencias.

    Sin embargo, el mismo aparato albergaba el mismo temor para Kyumbreon. Con aquel instrumento podría domar a cualquier pokémon salvaje, siendo un potencial reemplazo para todos ellos. Aunque hubieran sido sus compañeros desde su preadolescencia, los soltaría por ser totalmente innecesarios.

    Pero no obstante, no podía disuadir dicho acontecimiento. Ella no era de aquellas personas.
    Además, sentía que era una oportunidad perfecta para enfrentarse a sus propios fantasmas. No importaba si tenía que sacrificar su talento; estaba harta de vivir atormentada por su pasado. Kyumbreon pudo ver esa idea grabada en fuego dentro de su pensar. Entonces entendió que era una pérdida de tiempo discutir más. Si quería sufrir innecesariamente, era su propia decisión.

    Después de escuchar el azote de las olas un rato, volvieron al hotel provisional que les ofreció Julio.
    Las luces del edificio aún estaban encendidas, a la espera de algún apurado ciudadano; pero la única que podía atenderles se había rendido ante las potentes garras de Morfeo encima de la mesa de recepción. La pequeña enferma también decidió empezar sus horas de sueño, para acortar la recuperación. Hasta Google, que pacientemente aguardaba su llegada, se quedó dormido en el suelo. Con pasos sigilosos, por no interrumpir sus dulce sopor, se fueron a la habitación asignada para cerrar otro exhaustivo día más.
     
  15.  
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    No pude hayar la caja de comentarios asi que.... por ahora me conformo con comentar aqui cof cof.... eto, tenia mucho que no oia algo de pokemon ranger, una serie que la vivi en lo maximo de mi adolecencia, me encanto este cap.
     
  16.  
    Joselitox

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    Wow ahora que recuerdo, en el juego habia houndoom que daba problemas tambien.... que bellos recuerdos :")
     
  17.  
    Poisonbird

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    Huh. Parece que ya tenía el octavo corregido.

    Y vaya, tengo un lector más. No es como si no me alegrara, pero... eh...
    Bueno, el capítulo 9 creo que iba necesitado de arreglos así que... seh, no me esperen hasta dentro de un mes o más. O menos, y yo qué sé.

    Cheerio.

    Capitulo 8

    Las aves cantaban la recién llegada mañana. Febrero estaba a mitad de su curso, y los días ya empezaban a notarse más largos. Eran las ocho y media de la mañana cuando la cabeza arropada se levantaba con su pelo revolucionado por la electricidad estática. Su mano izquierda tomó el reloj de pulsera que reposaba sobre la mesita de noche. Vista la hora, volvió a cerrar los ojos para volver a dormir.

    No obstante, la puerta se abrió, dando paso a los rayos de sol que recibía el recinto desde la cúpula. Gionna se apresuró en refugiarse de la aquel abrumador torrente fotónico girando la cabeza contra la almohada mientras gruñía de mala manera. Mientras, sus acompañantes también abrían sus ojos, igual de adormilados.

    —¡Lo siento, pensaba que estabas despierta!—gritó y luego bajó el tono.—, ay, no, si había venido para despertarte… ¡venga, a levantarse!
    ─Argh, mami, Kyu, o quien seas, es fin de semana, jo... petas.—por poco, la palabreja malsonante salía con todo su esplendor. Estuvo a tiempo para suavizarla.
    —Lo siento; por mí te dejaría dormir más, pero son normas del recinto. Todos los que residen tienen que levantarse a esta hora. ¡Incluidos los invitados! Al no ser que el invitado esté en estado de shock tras el incendio de su casa... Claro que es solo un ejemplo. ¡Pero este no es tu caso!
    —¡Oh, niña ingrata, cállate y deja que el regalo de la deidad de la luna menguante dormite en paz!—se quejaba Kyumbreon con su potente voz. Google seguía durmiendo como un tronco pese las voces.
    —Vale, vale, ya os dejo dormir... no, pero… en serio, como no os levantéis ahora el Dodrio de Julio os va a acribillar a picotazos. Y no es broma, eh. Lo hace, en serio. Tiene una mala leche ese pajarraco…
    —¡Rumores!—exclamó Kyumbreon antes de dormir de nuevo.

    Y Ana no tuvo otra que dar un suspiro.

    —Vosotros mismos entonces. No digáis que no he avisado.

    Y pasados quince minutos, se cumplió la amenaza. Se oían pisadas a lo lejos; fuertes e impetuosas. Era algo ignorable; pero ligeramente molesto.

    —Kyu, ¿crees que deberíamos levantarnos? Este correteo no me gusta…
    —Siga soñando.
    —¿O… key…?

    Pero no pudo. Los pisotones se estaban haciendo cada vez más fuertes.

    —Eh. La chica no cerró la puerta, ¿verdad?
    —No. No lo hizo.
    —Con razón… intenta cerrarla con un Psíquico pues, ¿quieres?
    —Hm. De acuerdo.

    Pero era demasiado tarde. Ese hidra con cuerpo de avestruz ya estaba dentro.

    —¡Rayos!

    Cual fiera famélica, las tres cabezas picoteaban a aquellos dormilones mientras desesperados intentaban mantenerse dentro de la cama protegiéndose bajo las endebles sábanas. Google fue el primero en salir, desde que no soportaba ese tipo de acupunturas. Los otros dos en cambio estaban atrapados bajo el edredón.

    —¡ME CAG...CNEA EN LA JYNX! ¡¿A QUIÉN SE LE OCURRE DEJAR SUELTO A ESTE BICHO?!
    —Si me permitís partirle el cuello…
    —¡Apártalo y salgamos pitando de aquí!
    —Ábrame una apertura primero entonces.

    Asintió. Gionna levantó parte del edredón y de enseguida, Kyumbreon tiró a Dodrio hacia la pared con sus poderes psíquicos. Nada más golpearlo contra el muro, los dos salieron y salieron prestos hasta el ascensor.

    Una vez dentro, la ave fue rauda a perseguirlos. Presa del pánico, ella intentaba cerrar la puerta del ascensor pulsando repetidas veces antes de que uno de sus picos llegaran a entrar.

    Por poco, la punta del pico iba a quedar pillada entre las puertas. Pero se cerró por completo.

    Aliviada, la entrenadora se apoyó en la pared y cayó sentada en la moqueta del ascensor.

    —¡JO-DER! Ha ido por poco, ¿eh?—exclamó. —, desde luego… tanto ser servicial y luego que el tío deje a esa bestia asesina suelta por ahí.
    —Pero la rana se quedó fuera.—recalcó el Umbreon.
    —Mierda. En fin, supongo que aún podrá darle un Golpe Bajo en todos sus tres pitos… ugh, no, eso no está bien.—se levantó de enseguida. —, deberíamos ir a por él.

    Pero antes de volver a apretar el botón, Ana los esperaba con una pícara sonrisa.

    —Je-jeeee… veo que habéis tardado un poco en bajar, ¿eh?

    Sentía que la vena se le estaba hinchando. Esa risilla le hacía parecer que se divertía con su desgracia.

    Iba a decir algo al respecto. Pero Plusle corrió por la barra y saltó hacia Gionna con tal de abrazarle; pasando por encima del hombro de Ana. Acabó aterrizando en su pecho, para susto suyo.

    Pero solo fue un respingo. Con eso supo que ya estaba recuperada del todo.

    —Vaya, sí que te ha sentado bien la baya, pequeñuela.—le dijo a Plusle acariciándole la cabeza mientras salía del ascensor. — , ¿y bien? ¿Qué hay para desayunar?
    —Para los que se levantan tarde nada.—decía el tirano de Julio.
    —¿Cómo que nada? Perdona, pero pensaba que el desayuno era la parte más importante del día. ¿Por qué me estás privando de comer?
    —¿No te lo dijo Ana? Todos se tienen que levantar a las ocho; sin excepción.
    —¡Y yo qué sabía! Mira, me muero hambre y de sed, por no decir que tengo a un Pokémon ahí arriba con un Dodrio asesino, así que SI NO ME DAS ALGO DE COMER…
    —Bueno, si tienes tanta prisa por salvar a tu Toxicroack, ¿por qué no pillas un vaso de agua y vas corriendo para arriba?

    Gionna sopló irritada al ver que no iría a desayunar esa mañana. Era un sacrilegio. Mira que había pasado hambre antes, así que no sería la primera vez que pasaría la mañana en ayunas. Pero aún así...

    En cuanto parecía que la discusión se terminó con Julio triunfante, este, al intentar dar un sorbo a su café, el gato birló el vaso con su boca sin que ninguna gota se le escapara.

    —O-oye, ¿p-pero qué estás haciendo?—dijo Julio con cierto enfado.
    —¿No hay desayuno? No hay café.—el felino negro alzó la cabeza con el vaso para gastar el café, bebiéndolo como pudo, mojando el suelo en el proceso. ─. Ah, ¡qué delicia! ¿Quién diría que los humanos hicieran tan buenos elixires?
    —D-desde luego… eres de lo que no hay.─Suspiró, intentando que la indignación no le invadiera. —. En fin, chicos. Antes de que vayáis arriba otra vez, ¿puedo pediros otro favor?

    Gionna y Kyumbreon se miraron entre sí. Encima que no les daba las vitaminas para empezar el día, tenía el descaro de pedirles otro encargo. En un diálogo mental entre ellos dos, se pusieron de acuerdo.

    —Ni hablar.—dijo Gionna.
    —Por favor...
    —Tenemos hambre y sed.
    —Es importante… por favor…—suplicó Julio.
    —Pues danos alguna galleta para desayunar, aunque sea.
    —No tenemos galletas.
    —Pues danos lo que haya y nos cuentas, que tampoco puedo hacerte favores con el estómago vacío. ¿Entiendes?

    No tuvo más remedio que hacer una excepción con ella, puesto que lo que le pasaba le preocupaba bastante. Ana le dio las últimas pastas que había en la repisa guardadas y le dio un café de la máquina a Gionna.

    Bollería industrial. Justo lo que necesitaban.

    Ella dio un bollo a Kyumbreon y empezó a devorar el otro con rapidez.

    —Bien. Recuerdas a Ariadna, ¿verdad?
    —¿La chica de los tirabuzones?
    —Sí, esa. También recordarás que la envié a la Cueva Unión… ya sabes. A razón de la información que le pudiste sacar al alto cargo del equipo Go-Rock.

    Gionna asentía en silencio, con los ojos legañosos. Le costaba atender, y más con el sueño que aún tenía.

    —Pues bien. Normalmente Ariadna habría vuelto antes de que amaneciera; pero como verás, todavía no ha llegado. He estado pendiente toda la noche para ver si recibía algún mensaje de texto aunque sea. Pero no he recibido nada.
    —Ajá. Así que tengo que ir a ver qué fue de ella, ¿no?
    —Exactamente. No querría obligarte; pero tampoco quiero arriesgarme. Tengo Rangers patrullando por toda Otonia para atender a los ciudadanos; pero tengo una reunión importante con un superior mío, de modo que…
    —Ajá. Sí.—dijo toda lúgubre, pensando que se estaba excusando para no ir él mismo. Parecía una tarea sencilla… si no fuera porque sabía que todos esos canallas estarían allí. Y no le apetecía. Al fin y al cabo, ya tenía suficiente con enfrentarse a esa banda un par de veces.

    No obstante, también le iban a fastidiar, quiera o no. Tenía que pasar por ese túnel, sí o sí. Y quién sabía, quizá los dos del otro día y el macarra del bombo rondarían por ahí. Esos dos podrían reconocerla, con o sin uniforme.

    Que por cierto, aún lo llevaba encima. No había pillado ningún pijama, desde que no contaba con que pasaría la noche en aquella base.

    —Bueno. No es que tenga muchas opciones, en verdad.
    —Mi señora, ¿tengo que ser la voz discordante otra vez?
    —No me malinterpretes, Kyu. Esta vez no lo estoy haciendo por altruismo. Simplemente me viene de paso; eso es todo.—aclaró.
    —Te lo agradezco de veras.—otra vez, se inclinó con la mano al pecho, agradecido. —, no te enfrentes contra el equipo Go-Rock si no quieres; solo te pido que la busques. Eso es todo.
    —Vale, vale. Pero tengo dos condiciones para hacer esto.
    —¿Hm? ¿Y estas son?
    —La primera es que me dejes llevar otro atuendo aparte del uniforme. No solo por mí; también es para evitar el mayor conflicto posible.
    —De acuerdo; es comprensible por qué quieres hacerlo. ¿Y cuál es la segunda?
    —La segunda…

    Gionna respiró hondo. No quería. Realmente no quería pedir ese favor. Pero entre que iría a hacer una misión y eso, tampoco podría hacer eso ella misma. Ya irían dos veces que le piden eso. Pero… alguien debía decirlo.

    —La segunda condición… es que me traigas la ropa que he comprado a Villavera, capisci? No quiero dejarme el dinero aquí.

    Julio tuvo un tic en el ojo rápido y poco duradero. Pronto recuperó la compostura y asintió.

    —M… mandaré a uno de mis rangers para esa petición.
    —Bien. Con eso me vale.—sonrió satisfecha y se levantó para subir de nuevo. —. Ah… sí, espero que por el bien de tu pajarraco encuentre a Google vivo. —y cerró la puerta.

    Tras media hora de cambio y disculpas a su rana, se dirigió a la cueva que había encomendado; no sin la compañía de Plusle y el capturador. Quizá no fuera a usarlo mucho; pero de alguna forma debía de contactar con Julio por si algo debía salir mal.

    La gruta que unía Otonia con Villavera lucía igual de oscura cuando entraron por primera vez. Desde luego, ¿qué cambio habría después de dos días? ¿Qué se esperaba? ¿Que hubiera más maleza y más luz?

    Igual entraron sin más preámbulos. Ninguno que fuera normal circulaba por la cueva. Solo había reclutas y más reclutas invadiendo las paredes de roca calcaria. Detestable. Suerte para ella, su conjunto deportivo de pantalones anchos y camiseta con el logo de Anoridas no cantaba lo más mínimo.

    Trataba de pasar desapercibida con tan solo caminar como normalmente lo haría. Después de todo, de pequeña iba pasando y nadie se daba cuenta de su presencia. ¿Por qué irían a fijarse en ella ahora? Una queja que tenía era que esa camiseta quizá era un poco apretada. Suerte que tenía mandarinas y no melones encima del corazón. Hubiera atraído a la gente por las razones equivocadas.

    Saldría bien. Tenía confianza en que saldría todo bien. Solo debería estar ahí, como si nada, mirando por los lados, caminar y nadie se interpondría en su camino porque pensarían que no tendrían por qué poner el pie.

    Mentiras. Todo mentiras. Se le acercó uno, bien chulito, con ganas de tocar las narices.

    —Oye, ¿qué estás haciendo aquí, niña? Estamos nosotros, así que shoo, shoo. ¿No ves que estamos ocupados capturando Pokémon aquí? ¡Venga, fuera!

    Qué fastidio. Ahora tenía que tener una excusa para poder cruzar y mirar más adelante.



    No. No serviría. Empezarían a sospechar si la diera. Tendría que ganar tiempo.

    —Eh… eeeeh…
    —A ver, ¿eres tonta o qué te pasa? ¡Que la cueva es nuestra, a ver si te enteras!
    —Pero… tengo que pasar…—tartamudeaba.
    —Y a mí me importa un comino lo que tengas que hacer, así que vuelve de donde has venido cría de mierda.
    —Oiga. Respete un poco, ¿quiere? ¿Quién te ha dado permiso para expulsar a la gente, hm? Esta cueva es de todos, ¿sabe usted?

    No pensó. Eso le había salido solo.

    —Hah. Buena esa. Pues me lo di yo, bonita; ¿algún problema?—decía mientras se calentaba los nudillos con la otra mano. Claramente quería pelea.

    Y no pensaba dársela. Ya se había cansado de discutir. Así que se largó corriendo.

    —Eh, ¡pero oye, tú, vuelve ahí! ¡CHICOS, TENEMOS UNA INTRUSA!

    Corrió como pudo. Todo y que estaba acelerando como podía, estaba empezando a tener una muchedumbre posesiva y furiosa estaba pisándole los talones aún sin querer hacer nada. Y pensaba que ignorarían a los civiles…

    “¡Y una leche!”

    Viendo que salir de la cueva no le iría a servir, giró hacia una entrada que conducía a la parte húmeda de la cueva. Siguiendo el camino más largo, se adentró más, apresurada por quitarse de en medio a la estampida de furiosos bandidos. Siguió hasta entrar en una zona todavía más umbría con el musgo reinando en las paredes, y, finalmente, consiguió que desapareciera ante sus ojos, entrando lo más rápido que pudo en un callejón sin salida.

    —Madre mía… que jaleo he montado.
    —Parece que vuestro plan de ir de incógnito estaba destinado a fallar. Ahora tenéis que enfrentaros otra vez a esos nombres. ¿Cuán más necia podéis llegar a ser?—comentaba Kyumbreon.
    —Pero yo pensaba que solo iban a por los Rangers… bueno, claro que para el numerito que hicieron con el agua... ugh… en fin… por lo menos les hemos dado el esquinazo, ¿no?

    La entrenadora asomó la cabeza por el hueco de la pared para ver si pasaron de largo.

    Nadie. No se les ha ocurrido mirar por esa entrada.

    —No hay moros en la costa.—dijo por lo alto.—, ¿seguimos o nos retiramos?
    —Os diría que huyéramos presto hasta la base de su captor; mas sería insensato de nuestra parte. Había mucha chusma ahí.
    —No, pero yo digo para buscar a Adriana.—dijo sin percatarse del fallo que tuvo con el nombre. —, aunque sí deberíamos buscar también algún atajo hasta la salida.
    —En eso podemos estar de acuerdo.
    —Bien.

    Era tiempo de proseguir con la búsqueda. Umbreon y humana fueron explorando la cueva con el ojo avizor de que nadie les pillara. No veían más que musgo, pokémon, más musgo, y, finalmente, Zubats.

    Ahí se detuvieron. Cualquier entrenador sabía que aquellas ratas voladoras podía dejar desorientado a un Nosepass con sus ondas ultrasónicas. Además, miles de ellos se abalanzaban hacia el humanoide explorador, dificultando mucho la travesía. Por ello algunos preferían tomar atajos por el aire libre antes que pasarse por una cueva, aunque implique pasar al lado de un río de lava.

    —¿Y ahora qué? Como estos cegatos se den cuenta de que estamos aquí nos va a chupar la sangre.—expresó así su temor a los murciélagos.

    Por supuesto, había una solución a esos problemas. Uno de ellos era usar tantos repelentes como uno podía con tal de que el asfixiante olor los alejara del sujeto en cuestión… cosa que por desgracia no tenía. Y la otra, más tediosa y larga, era debilitar a uno por uno. Pero su Pokémon no simplemente podía acabar con uno, dos o tres. De hecho, en esos mismos instantes, Kyumbreon tenía una sed de sangre que le urgía saciar.

    Gionna dio rienda suelta a Kyumbreon para que hiciera su cometido. Provocó a los Zubat con una canción de idioma desconocido para que se acercaran hacia él con sus colmillos drenadores.

    Entonces, a escasos centímetros, la forma oscura de Eevee levantó una ola psíquica bastante fuerte. Tanto que casi les causa algún que otra hemorragia cerebral. Todos aquellos quedaron tiesos en el suelo, esperando momentos mejores para volver a alzar vuelo de nuevo.

    —Solucionado. Estos Zubats ya no nos estorbarán más.

    Gionna llevó su palma al frente por su innecesaria crueldad. En cuanto al pokémon ánimo, esta se quedó traumatizada. Eso no lo hacía Selena ni de broma.

    Entraron en otra cueva que había por delante, y en su interior, un luchador de sumo hacía palmadas con sus manazas contra la pared. Estaba tan centrado en su entrenamiento que no se dio cuenta de que habían intrusos. Bajó por las escaleras creadas por los obreros Machop y esta vez, dos Hariyama se enfrentaban a empujones, compitiendo por ser el pokémon más fuerte de la cueva.

    No había indicio alguno de que Ariadna estuviera aquí. Así que quiso retroceder. Mas contrariamente al anterior, estos se dieron cuenta de que había otras vidas aparte de las suyas. Los Hariyama se escandalizaron al ver la camisa verde de Gionna y empezaron a perseguirles. Hasta aún saliendo de su gimnasio particular seguían con su persecución, dispuestos a agotar sus piernas.

    —Y pensar que esas obesas manazas eran tranquilas...—injuriaba Kyumbreon su fisonomía, que los odiaba a muerte por tener ventaja sobre él.
    —¡Y es que lo son, pero no sé que les pasa a estos! Deben de tener la rabia o algo.—se basaba en documentales vistos ocasionalmente y los libros que se leía en los hostales cuando se aburría. Y ahora esos conocimientos adquiridos se contradecían.

    No paraban de pisotear tierra con fuerza para darles caza, y para lanzarse al ataque tendrían que detenerse; algo arriesgado, ya que podrían acercarse demasiado y con sus palmas romperles la espalda.

    Tenían que hacer una obra evasiva para que los dejaran en paz, y no parecía ser posible realizarla. No sin mojarse.

    Kyumbreon, cuya mente no se atascaba tanto al correr, propuso tirarse por los ríos de la cueva, pues los pokémon terrestres prefieren quedarse en tierra que no empaparse, al no ser que sea semiacuático. Ella no le apetecía calar sus huesos de agua en este momento, pero era de urgencia parar; sus pies volvían a darles guerra.

    Siguió a Kyumbreon, que aceleró hacia el río oeste y se dio un chapuzón, sin sumergirse mucho, puesto que no era muy hondo. Plusle siguió los pasos de Kyumbreon, acabando padeciendo por el frío. La última, que quería comprobar la temperatura del agua, no tuvo tiempo de pensar en nada. Kyumbreon le forzó a entrar en el riachuelo con sus poderes psíquicos, impidiendo que estos le partieran la columna. Kyumbreon emergió su cabeza para dar un cántico de burla.

    —¡Que miedo la fría agua os da, y nosotros con gozo nadando mirándoos como los luchadores con cobardía que no desafían a la serenísima agua!—recitaba musicalmente.
    —Kyu, no los provoques, por favor...—poco le apetecía volver a correr. Ya bastante trabajo tenía chapoteando para coger calor.
    —Se os nota agotada, mi señora. ¿Queréis parar aquí?
    —Sí... descansemos un poco.
    —Deje de chapotear como un Magikarp entonces, ¿queréis?

    Era fácil decirlo. Pero la verdad hacía tiempo que no nadaba. Además, el agua que entraba en las bambas le refrescaban los pies, lo que le aliviaba un poco el dolor. La corriente era débil y el pequeño río tampoco era muy hondo, así que podía relajarse antes de seguir.

    Pero tampoco le duró mucho.

    —Viene gente... Será mejor que aguantemos un poco la respiración.

    Gionna dejó de respirar un momento.

    —¡Pero dentro del agua, cabeza de chorlito!

    Se sumergió. Pulsle hizo lo mismo, apartándose del camino de la gente. Todos se fueron para el norte para evitar las acosadoras miradas de los reclutas. Kyumbreon tenía que irse más lejos debido a las marcas amarillas de su piel. Era la linterna de su entrenadora, y no podía permitir reducir su luminosidad.

    Después se sintió dos chapoteos. Dos Tangela huían de aquella panda, pues ellos eran su presa. Por delante les perseguía una gran bestia de dos metros que provocaba que la tierra diera un salto repentino. El agua se agitaba por cada paso que daba. Pese a ser de cuerpo similar a la roca, cruzó el río colérico, haciendo que el agua se tambalee.

    Luego, un sujeto joven de diecisiete años de pelo casi igual que el anterior jefe encontrado, vestido con un abrigo negro con pelos lilas en la cubierta y con dos grandes cuernos de pelo los seguía, corriendo. Gionna salió rápido en cuanto pasó la estampida, recuperando aire. Los dos pokémon hicieron lo mismo.

    —Eso no era gente... Eran Mamoswines desquiciados.—dijo Kyumbreon.
    —Parecía un terremoto.—también ella notó aquellos temblores. —, y no creo que sea casualidad que viniera tras ver a esa gente.
    —Pues claro que no es casualidad. era muy obvio que eran ellos.
    —Pues como no sea una maratón multitudinaria...
    —¿Te crees que pensé que el terremoto lo provocó la gente?—falso. Lo había pensado en un principio. Su salvadora salió del agua para responder sus preguntas. —, ¿se te han aliviado ya sus pies?—preguntaba.
    —No, pero la curiosidad me vence.

    Todos salieron del agua y se fueron hacia la entrada que había al frente. Por poco, la curiosa se estampaba los morros con el suelo. La entrada estaba mal hecha; más arriba de lo que tendría que estar. Un rugido fue escuchado, dando un susto a la entrenadora.

    Se giró hacia la procedencia de ese estruendo salvaje, y lo que avistó no le gusto para nada. Había un buen grupo de pokémon acompañando a cada roquero. Y aparte, la altura del dinosaurio resaltaba entre toda la plebe. Voces de batalla se oían al fondo. Dos de ellas le resultaban algo familiares, y una era totalmente nueva.

    —Os acorralé. No podéis escapar, malditos.

    Dos rangers estaban en un buen aprieto. Sus capturadores estaban al límite, y tenían que abortar la operación. Pero ellos fueron a su caza. No se conformaban con su retirada; supondría su regreso. Era preferible aprisionarlos o matarlos, depende del humor del jefe que estaba al cargo. Mandó al Tyranitar a que los ejecutara con sus rayos de destrucción.

    El Híperrayo golpeó a un Digglet que salía a tierra para descansar, dejándolo prácticamente muerto. Pero no a los apurados. El acompañante de la desaparecida cultivaba sus emociones para sacar valor de su interior. Era hora de evitar un trágico destino adelantado.

    —¿Por qué? ¿Por qué siempre tenéis que obligar a los pokémon hacer lo que vosotros queráis en contra de su voluntad? ¿¡Acaso no los hacéis bastante daño con tan solo ansiarlos!?
    —Que rollazo tío, cállate ya.—mientras hacía el gesto de bostezar, el gran godzilla preparaba otro Híperrayo. Helio, agotado de la agonía de Tyranitar, mandó a su pequeño Minun a paralizar sus músculos con sus rayos.

    Corrió hacia él, y soltó la descarga eléctrica que tenía acumulada. Pudo mantener quieto a Tyranitar, y procedió con su captura. Casi lo logró, si no fuera porque recuperó la movilidad rápido. Aplastó el disco de captura con su pie, fragmentándolo en mil pedazos, junto a sus esperanzas de que nada grave pasara.

    —Se... acabó.

    Bajó su cabeza, decepcionado consigo mismo por no poder curar a ese Tyranitar. El desagradable amo del temible reptil prehistórico se rió con malicia. Ariadna quería hacer algo, pero carecía de medios para capturarlo. Aún tenía a Tangela, cuya ayuda le resultaría útil, pero este estaba exhausto.

    Y ellos estaban de espectadores. Esa persecución tampoco la veía justa. Ellos solo eran dos forestales con un conejo y un espagueti azul con patas. Ellos en cambio eran doce con un equipo multitudinario con un Tyranitar incluido. Un. Tyranitar. Un pokémon cuya fama se lo debía a su voracidad con las montañas y su brutalidad a la hora de proteger a sus larvas. Eran un monstruo.

    Algo tenían que hacer.

    —Este humano no está bien... Se supone que la parca soy yo.—habló Kyumbreon para sí solo. Gionna le respondió de vuelta.
    —Bueno, la cuestión es que va a matarlo. Y no pienso darle el gusto a ese gilipollas.

    Gionna fue sacando una de las pokéball de su mochila. Ahora faltaba llamarles la atención. Y sabía muy bien cómo hacerlo.

    —¡Pensaba que solo eran una imitación de los disco frikis, pero nunca, NUNCA pensé que serían asesinos!

    Así, a voz viva, llamó la atención de los delincuentes. Se giraron para ver quién era. Eran los mismos que la perseguían. Debido a la interrupción, su superior también echó una ojeada la procedencia de la voz.

    —¡Pero qué sorpresa! Tenemos aquí a otra Ran… espera…

    Intentó apretar los ojos, a ver si le aparecían la torera y las bermudas. Pero no. Estaba confundido.

    —¿Que cojones…? Tú no eres Ranger.—dijo consternado. —, pero parece que tienes las mismas ganas de morir por unos pokémoncitos del bosque.
    ─Oh, no, te equivocas. Yo no daría tanto por ellos...─rectificó Gionna.
    —… ya que yo los mataría de todas formas.—añadió su Umbreon en tono sarcástico.
    —¡KYU!—riñó.—, aún así, no te pienses que voy a dejar que te lleves la alma de estos… dos… forestales justo porque no llevo la misma ropa que ellos. Odio vuestro tipo de grupos, de verdad.

    El chico no pudo evitar escupir de lo ridículo de sus palabras. No se podía creer que alguien mojada y en deportivas se estuviera oponiendo a ellos.

    —Oye, mira… no quiero meterme con nadie más que no sea Ranger, ¿vale? Así que si no te hace nada, ¿podrías dejarte de hacer el héroe y salir de aquí echando leches? Estoy en medio de un trabajo importante.
    —P-pero… ¿Gionna, era? ¿Qué estás haciendo?
    —Favores a Julio.—dijo tajante contestando a Helio.—, y no, no me da la gana. Estos tipos ni me dejaron ir al prado, hostia. Como que tendría que daros un buen rapapolvo antes de salir en paz.
    —¿Aaah?—aquel músico levantaba una ceja, todo intrigado.—, vaya vaya. No pensé que conocerías a estos dos palurdos… menos a uno de sus jefes. Parece que las cosas se han puesto un poco interesantes, ¿no creéis, chicos? Por no decir que parece una mosquita muerta.

    La cara de ese opositor se dibujó una filosa, maliciosa sonrisa. Una que dio escalofríos a la misma Gionna. ¿Estaba segura de que le hubiera dejado salir si solo hubiera hecho como si no le importara lo que le pasaran a estos dos Ranger? Con eso le decía que no.

    —Me pregunto… ¿cómo se pondrían ellos cuando te vean toda rota en el suelo?
    —Oh, créeme. Tampoco me importaría mucho.—dijo Ariadna con toda neutralidad.
    —Vaya, gracias por los ánimos, chica. Encima que te vengo a buscar…—contestó Gionna con todo el sarcasmo.
    —Bueno. Me estoy empezando a aburrir ya. ¡Reclutas!

    Con ese grito de guerra, mandó a su tropa de criaturas a destrozar el cuerpo de Gionna. Kyumbreon se ocupó instantáneamente de ellos con sus artes oscuras, repeliéndolos a todos con un solo Pulso Umbrío y tratando de rematar el mayor número posible de asaltantes. Plusle, en cambio, aprovechó el caos para reunirse con el Minun de Helio.

    —¡Ja! El reto era para ti, no para tus seguidores, pedazo de burro.—la entrenadora deliraba de nuevo. No especificó que lo estaba desafiando a un típico combate Pokémon. Todo sea por tal de entretener y poder contactar con Julio.—. Sé hombre y asume tus propias responsabilidades.

    Hablaba muy alto. Tenía el orgullo subido a más no poder, reflejándose en sus cuerdas vocales. Kyumbreon la había oído mientras batallaba con todas las criaturas que le mandaban.

    —¿¡Aaah!? ¡¿Quién es el provocador ahora, eh, eh?! ¡Orgullosa, ingenua, cerebro de mosquito!—hacía referencia a la riña anterior. Le fastidiaba que hiciera lo mismo que hizo él hace unos momentos.
    —Tch… muy bien cabezota, si tú insistes te mataré a ti también.

    El chico puso su guitarra delante y empezó a hacer un solo muy estridente.

    El monstruo de piel pétrea se imponía con su estatura, ansioso por desplegar todo su poder sobre ella. Aunque ella se veía intimidada, agarraba fuerte la pokéball que tenía en mano.

    —Oh, dios mío. No va a poder con él.—dijo Helio todo aterrorizado.
    —Espera, ¿ella no tenía un capturador? No me digas que no se lo ha traído.—le preguntó Ariadna a Helio.
    —¿Yo cómo lo voy a saber? Apenas la conozco.—dijo todo molesto.

    Sin embargo, podía ver cómo sacaba el aparato de la mochila. Se lo había traído. Eso quería decir que tal vez, solo tal vez, lo iría a capturar.

    —¿Ah? ¿Vas a capturarlo con eso? ¡Hah, y pensar que eras entrenadora...!
    —Oh, quieres ver cómo lo capturo, eh… lo siento, pero eso va a tener que esperar.

    Dicho esto, lanzó la bola al aire. Un brillo cegador se desvanecía para revelar a quien le daría la victoria.
     
  18.  
    Poisonbird

    Poisonbird Iniciado

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    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Ranger por pura casualidad
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Aventura
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    11
     
    Palabras:
    5638
    Capitulo 9

    La bola compresora de pokémon liberó a una figura durmiente rosada. Tenía una cara plácida, hasta que sus ojos se entreabrieron. Veía que estaba en un lugar nuevo, aunque no le extrañaba; no solía salir fuera de la bola. Se levantó y bostezó, para después estirarse como si no hubiera Tyranitar para enfrentarse. Miró al pokémon tipo roca siniestro vacilante, seguro de sí mismo. Eso le provocaba una risa estrepitosa al cabeza del equipo Go-Rock.



    ¡Un Slowpoke! ¿Iba en serio?

    —¿Has hecho aparecer a un Slowpoke? ¿Un Slowpoke lentorro?



    No obstante, Gionna no mostró ningún signo de ofensa. Era normal que su Slowpoke sea considerado torpe y poco ágil de reflejos. Después de todo, era su apariencia la que le atribuía tal mala fama.


    —Ay, ay, ay, la que te espera como sigas así... ¡Akiro!—le llamó para adelantar su lento despertar. —, ahí delante tienes a un peligroso Tyranitar. Su entrenador se ha burlado de ti por parecer lento.



    Tras decir esto, la mirada de Akirosoku pasó de ser somnolienta a chispeante. Su especie es lenta, pero este era un caso aparte. Y no toleraba que se le ponga ese apodo. El demonio vestido de negro ordenó a Tyranitar que utilizara Híperrayo. Esperaba que el chorro de energía diera de lleno, pero, al dispersarse el polvo que se levantó debido al impacto, solo encontró un cráter y rocas.


    —¿¡Qué!?



    El pequeño hipopótamo estaba detrás del dinosaurio bajo un velo acuático circundante que usó para darle un tajante golpe por la espalda. El veloz Acua Jet, aparte de que le dolía, hizo que su furia acrecentara tras el segundo golpe, que lo golpeaba sin compasión mientras recuperaba energías.



    El colosal reptil dio un raudo giro e intentó clavar sus garras cubiertas de sombras fantasmales. Nuevamente, sus intentos de azotar al Slowpoke fueron en vano. En un abrir y cerrar de ojos, el aparentemente lento lo esquivó por la izquierda.


    Todos los espectadores se quedaron atónitos ante la velocidad de Akirosoku. Suponiendo que su especie es lenta por naturaleza, este era un caso completamente anormal. Los Rangers que fueron acorralados pensaron lo peor. Pensaron que lo dopaban con una exagerada cantidad de carburantes por tal de que fuera así de presto.



    Ajena a las sospechas de maltrato, la batalla seguía. Tyranitar parecía al borde de la perdición, hasta que su amo se le ocurrió una manera de pararle los pies. Mandó a que moviera la tierra, y así hizo. Bien conocido como Terremoto, era un ataque potente que hacía que el objetivo se inmovilizara e irremediablemente tenga que sucumbir al próximo ataque, aparte de que abría una grieta en la tierra y, dependiendo del terreno, haga que se desprenda unas cuantas rocas o árboles encima.



    La cantidad de grava y la punzante tierra era otro de los factores que hacía de ese movimiento algo temido. Akirosoku no pudo mantenerse mucho de pie. Había evitado lo peor, pero sucumbió a la fuerza de las ondas sísmicas. Aprovechando que había perdido el equilibrio, Tyranitar cargó otro haz destructivo.



    Cuando Akirosoku se había levantado, era demasiado tarde. Recibió el golpe de lleno. Después de que el rayo de luz se desvaneciera, el veloz Slowpoke yació rendido, sin poder saber que sus músculos se atrofiaron.

    ─Vaya, hombre...─fue un chasco para ella que, cuando casi tuviera en sus manos la victoria, consiguiera debilitar al Slowpoke antes. Tuvo que regresarlo a su Pokéball para que se recuperara.



    Ariadna y Helio esperaron que ese rayo de esperanza que vino repentinamente hiciera efecto en su infortunio, pero solo iluminó sus horribles métodos para llegar a alcanzar sus objetivos.

    Estaba ocupada en guardar a su pequeño corredor en su florida mochila, ignorando las pisadas del mastodonte. Justo cuando preparaba a su querida Lombre para luchar, se encontró a un Tyranitar iracundo con las garras en alza, dispuesto a derramar su sangre.



    Por poco la garra umbría le daba de lleno. Pero su tardía reacción hizo que su brazo izquierdo fuera rasgado por una de las uñas. El dolor hizo que diera un sonoro grito, a la vez que soltara la Pokéball y, en el proceso, se liberara a Lol de su prisión. Nada más salir, fue a acudir en su ayuda como madre provisional que es. Las dos tuvieron que evitar los repetidos golpes que el dinosaurio trataba de atestar.



    Lol querría defenderla de este; mas le preocupaba más la salud de su entrenadora que no el atacante en sí. Mientras esquivaban, Lol pudo coger de nuevo su pokéball; mas además de eso, eran inadvertidamente conducidas hacia un camino sin salida. Sus espaldas pronto se apoyaron en roca maciza. Con los ojos llorosos del dolor causado por aquella grieta de carne sangrante, Gionna no podía enfrentar a aquel monstruo.



    Por lo menos, su primer pokémon estaba a su lado, mirando desafiante al descendiente de dragones. Podría atacarle de no ser porque usar Hidrobomba en aquel momento era algo arriesgado debido a las proximidades.

    Helio estaba harto de ser espectador de aquella carrera y batalla de vida o muerte. Llevado por el pánico, gritó lo que debía hacer según él:


    —¿¡Pero no has traído el capturador!? ¡ÚSALO, MALDITA SEA!



    ¿Por qué preguntaba y ordenaba sin esperar respuesta? Claro que había traído el cacharro ese. Pero si se paraba a sacarlo ahora, seguramente le fulminaría antes de poder hacer nada. Por no decir que podría electrocutarse todo el cuerpo si este lograba romper la línea de captura.


    —¿Quieres decir tus últimas palabras, maldita entrometida?



    El pavor a los límites inexplicados la amordazó. Eso le dio cabida para que pudiera desenfundar la guitarra y ordenar a Tyranitar que hiciera el golpe final.



    Sin embargo, el tumulto de atrás cesó. Entre los cuerpos inconscientes de los pokémon controlados, el felino se abrió paso con elegancia, dispuesto a acudir a la ayuda de su entrenadora.


    —Disculpe vos, ¿pero vais a despojarle a mi señora de su derecho de vida? Tengo una sentencia para aquellos que amenazan con ello. Si vos la matáis, yo os mataré a vos ya que habréis despojado de mí la poca esperanza que tenía en la humanidad. Y por consiguiente, mataré también a esa chica de dorados tirabuzones, al chico desesperado que no se entera de que así no es como mi señora hace las cosas y, por supuesto, mataré también a aquellos enclenques que tenéis como servidores, condenándoos a todos a que Lunetah os desmiembre para el resto de vuestras condenadas vidas. No querréis padecer eso por el resto de vuestra no-vida, ¿verdad?



    Giró ante la criatura parlante de habla siniestra. Se preguntaba socarronamente qué se creía aquel rostro ridículo con aquel manejo del lenguaje.



    —¡Anda, mira, un conejito con el que jugar! ¿Qué vas a hacerme para impedir que la mate? ¿Lanzarme a por mí y roer mi cara con esos dientecitos? ¡¿Sabes que mi vida me importa un pepino con tal de que mates también a los otros!?—se burlaba David entre carcajadas ante la seria amenaza del Umbreon. —, ¡Tyranitar!



    Dio la señal junto con un furioso acorde. Tyranitar cargó rápido el ataque y soltó el rayo de energía, más fino que otras veces. Gracias a ello, Gionna y Lol pudieron evitar su temprana muerte con solo agacharse rápido. No obstante, no pudieron evitar la gravilla que soltó la roca al destrozarse. Después de que se dispersara la nube de polvo, se abrió un pasadizo en la pared.



    Emplear la fuerza de los brazos para levantarse le resultaba doloroso, pero tenía que hacerlo. Lol no dudó ni un segundo. Ayudó a Gionna a levantarse para luego llevársela dentro. Al parecer hoy Kyumbreon no cosecharía ningún alma.


    —Habéis tenido suerte.—dijo Kyumbreon, tras ver que ella evitó el ataque. Ariadna y Helio aprovecharon el desconcierto del momento para huir hacia el nuevo camino descubierto. —Si me disculpáis, tengo que proteger a la enclenque de vuestra bestia. Así que lo único que puedo deciros ahora es... ¡Au revoir!



    Dicho esto, siguió al resto antes de que David volviera a ordenar a Tyranitar atacar. Enfurecido por la mofa del servidor de la noche, ordenó a su tropa de poca monta a perseguir a los fugados. Estos corrieron rápidos esperando a que hubiera alguna otra salida. No obstante, pronto quedaron desesperados.

    Se encontraron de nuevo en un callejón sin salida. El camino estaba cortado por un precipicio que solo se podía cruzar con un pokémon que manejara las lianas, y afortunadamente tenían un Tangela a su disposición. Solo había una pega, y era la condición que estaba.



    Tenían que pedirle un último esfuerzo por tal de preservar su vida. Primero pasó a Helio, luego a Ariadna, y finalmente a Gionna. Plusle y Minun lo cruzaron el abismo a través de las piernas de Helio. El manojo de lianas había empleado todo lo que le quedaba de energía para transportar a los humanos. Los otros dos pokémon se quedaron en la deriva.



    —Oh, no, no podemos transportar a los pokémon al otro lado.—dijo Ariadna. A Gionna no le preocupaba en absoluto.

    —Espera, un momento… ay, mi brazo.



    Removió los bolsillos en busca de sus pokéball. Los reclutas se pararon tras los pokémon. Con ironía, uno de ellos dijo:



    —Bueno, al menos tenemos dos pokémon por los que capturar. ¡Oh, pobres desgraciados!
    —¡Ja! ¿Eso creéis? ¡Pues siento arruinaros la sorpresa, pero ahora mismo una lengua de luz vendrá y nos engullirá a su cuerpo!─no tomaron en serio a la voz que se escuchaba, dando por hecho que era una esperanza de los pokémon.



    Finalmente Gionna encontró sus pokéball y los metieron dentro con un rayo rojo. Tras meterlos, inmediatamente los sacó al exterior, en el lado por donde estaban los fugitivos. De nuevo, Kyumbreon cantó satíricamente hacia el grupo.


    —¡Ah, pobres de vosotros, malandrines desastrosos, que desfortuna la de ser humano vano que no puede cruzar el abismo sin ayuda...!
    —Kyu, por favor...—intentaba no poner su mano ensuciada de sangre en la frente. La tropa no podía hacer nada por el momento. Se retiraron. Así permitieron un pequeño receso a los fugitivos.


    Gionna, quien no podía aguantar el dolor, se sentó y utilizó la pared como respaldo. Lol le quitó la mochila y buscó tijeras para cortar el vendaje que también sacó, y empezó a ejercer de enfermera, limpiando la herida con su agua y con un paño de tela. Entonces fue cuando Helio cogió a Plusle para ver si sus ojos no le engañaban.


    —Vaya, tú también has venido, ¿eh? Parece que le has pillado cariño a esa entrenadora muy pronto. ¿Por qué, Plusle?

    —Bah… debe de tener Estocolmo o algo así. Ni siquiera le hago mucho caso.—dijo.

    —Pues vaya, menuda consideración de tu parte.—añadió Helio con sarcasmo. —, ¿y no te trajiste el capturador o qué? Porque si de verdad fuiste a hacer una misión como Ranger…

    —¿Te esperas que saque el bicho ese teniendo el brazo como lo tengo? Ugh… casi no puedo moverlo de lo que duele…



    Mientras mantenían la charla, Kyumbreon fue más a fondo. El camino no era muy largo, y pronto se encontró con una gran puerta. Era un par de losas rectangulares, enmarcadas con otras piedras de la misma forma. Las rocas geométricas estaban inscritas en un lenguaje arcaico. Era algo curioso. Algo que su entrenadora, aficionada a mitos, le interesaría ver. Volvió con el resto.


    —Señores, lamento interrumpir su pequeña e inútil cháchara de poca importancia, mas debo informar que hallé una puerta de inscripciones rúnicas. Tal vez os interese ver.
    —Espera, Kyu. ¿Una puerta rúnica? ¿¡Aquí!?
    —¡El cuarto del pokémon legendario!—exclamó Ariadna.—, ¿Pero de verdad te has encontrado con una puerta antigua?

    —Mis ojos serán pequeños, pero al menos son mucho más fiables que los de mi señora.

    —Kyu, no, no estoy de humor para que critiques mi miopía.

    —Vos cállese y no se queje tanto.



    Lol se sintió ligeramente ofendida por el comentario. Pero hizo oídos sordos canturreando una canción. Helio estaba emocionado por lo que decía Kyumbreon.


    —Yo… yo... sabía que este lugar encerraba algo. ¡Pero nunca pensé que sería un pokémon legendario! ¡Ay, qué emoción! ¡Me palpita el corazón con solo pensar lo que hay dentro!



    Helio no cabía de su gozo. Siempre quiso presenciar alguna leyenda mítica, sea cual fuera. Gionna, en cambio, cuya herida le hacía pensar de manera negativa, se mostró escéptica, y le era más probable que no hubiera nada.



    —No te hagas ilusiones. A lo mejor es una cámara vacía, o qué se yo. De igual modo estaremos encerrados aquí por culpa de esos bastardos.

    —P-pero las runas... y además, este camino estaba oculto. ¡Debe de haber algo ahí dentro! Oye, que si quieres puedes quedarte aquí, eh. No pasará nada… espero.

    —Helio, por dios, estás hablando como un novato.—reprochó Ariadna.



    Pero hizo caso omiso. Helio se largó corriendo hasta el fondo.



    —Aaargh, ¡Helio, espera!—gritó Ariadna.

    —Oh, no, venga ya, no me dejen aquí sola…



    Tarde. Los dos se fueron rápidos hacia el lugar que Kyumbreon les dijo. Gionna no tenía otra que seguirles; pero cuando tuviera la hemorragia ya tapada.



    En cuanto terminó, ella pudo levantarse y ver como la puerta se abría delante de los rangers. Helio estaba ansioso de ver qué criatura mística les aguardaba, y su amigo Minun se dejaba contagiar por esa emoción. Al abrirse, lo primero que se vio fue una figura redonda bajo la penumbra. Era una naranja metálica pelada por el medio, cuyos hombros dejaban caer unos largos brazos flexibles terminadas en tres largos dedos. Estaba asentado en la roca, aguardando su llegada bajo un largo sueño.



    No era lo que Ariana se esperaba. Ella más bien quería ver algún tipo de dragón o similar. Expresó su decepción:



    —Me esperaba algo más... grande, pero esto tampoco está mal.
    —¡Un legendario es un legendario, Ariadna! ¡No menosprecies a una creación superior de Arceus!—decía Helio ofendido por sus necias palabras. Más ofensas. Esta vez para Gionna.
    —¿Creación superior de Arceus? ¿Estás de coña? ¡Este es Registeel, uno de los golems de Regigigas, hombre, no fastidies!

    —¿Pero quién creó a Regigigas? ¿Y el planeta? ¿¡Y el universo!?



    Ambos estaban entrando en una discusión teológica. Ariadna solo se quedaba a escuchar esta acalorada tertulia sobre quién hizo qué.



    —A ver, pienso que el universo fue creado por Arceus y sus ahijados, sí, vale; pero el resto y las especies me da que lo hizo Mew... pero... jolín. Por lo que he leído de mitología, hubo un tipo llamado Regigigas, que era un enorme golem con unos arbustos de hombreras y zapatos, que cogió tres elementos para hacer a tres sirvientes. ¡Oh, y movió los continentes también!

    —Tampoco te lo negaba, pero... todo vino de Arceus, no lo niegues.



    Se quedó un rato callada, pensando en lo necio que era. Igual no pensaba en que ese pokémon todopoderoso hiciera gran cosa por ellos, después de todo lo que le pasó a lo largo de su vida. ¿Habría permitido este que existiera algo tan temible como lo que llevaba su pesada bola de titanio? ¿De que ella misma se hubiera vuelto una tirana para todos por la marginación de sus compañeros de primaria? Bueno, eso último no ocurrió por sus circunstancias, pero aún así, si ese mito existiera, parecía ser un enorme vago en este mundo.



    Quiso hacer una broma por Helio, pero antes necesitaba la aprobación de su Umbreon. Él también era muy devoto de su propia fe.



    —Vuestras propias esperanzas son las que me repugnan. Las falsas empleadas para volver locos a los que están a tu alrededor son las que me complacen. Venga, no perdáis el tiempo esperando mi aprobación y decidle.—le dijo para ella sola. Entonces procedió con la broma.

    —De hecho... Arceus no es el creador. El verdadero creador es un Omanyte. De sus tentáculos salió Arceus, sí.—dijo Gionna con una tonta sonrisa en la cara. Esperaba a que Helio saltara de la furia, pero no lo hizo.

    —¿Estás jugando con mis creencias, acaso?

    —Eh... no... solo quería gastarte una broma. Pero vale, admito que no tiene ni puta gracia.

    —Jaj, ya. Un Omanyte creó el universo, ja ja, qué gracioso.—reafirmaba con sarcasmo. Y ese sarcasmo hacía reír con malicia a Kyumbreon. —¡De todos modos! ¡Quiero ver de cerca a esa leyenda!



    Mejor así. Ella no quería seguir con esa estúpida conversación. Dejó que Helio viera a la leyenda durmiente más de cerca. Pero pronto pensó: “¿y si sus pasos lo despertarían? ¿y si este era uno de aquellos seres hostiles a los que no debían perturbar su sueño?” Fue entonces cuando gritó imperativa al fin:



    —¡Eh, quieto, podría atacarnos!

    —Pffffft, sí, ya, solo porque el Omanyte lo ordena, ¿no? Mira lo cerca que me estoy poniendo...

    —Helio, no, ya vale, la idiota del Omanyte tiene razón, ¿y si se despierta?—dijo Ariadna.

    —Vamos, Ariadna, ¿cuánto tiempo ha estado durmiendo? ¿Diez años? ¿Quizá un siglo? ¿Un milenio? ¿Te crees que solo por estar nosotros va a despertarse aho-?



    Las luces del pokémon de tipo acero se encendieron con un color carmesí, igual que las marcas triangulares de los brazos. Con un chirrido de molestia, este se levantó, mirando con sus sensores a los cinco.

    Verlo en acción le emocionó aún más, a la vez que asustar. Debido a esas dos emociones contradictorias, Helio se desmayó. Minun lo agitaba para reanimarlo, y Registeel puso su mano debajo de la inscripción braille luminiscente, extrañado por la reacción del intruso. Gionna quedó un rato en silencio. Estaba asustada. Habían despertado a la bestia. Igual eso no quitaba que tenía que reanimar a Helio de su desmayo. Y la única forma que tenía de hacerlo sin electrocutar a nadie era...


    —Lol, ve a airearlo un poco, anda.


    El único abanico que tenía estaba en la bandolera, y estaba tirando hacia el oeste de la cueva y cruzar parte del bosque. Igual, Lol no pensaba ir a Villavera a cogerlo, si no agitar sus largos brazos arriba y abajo para crear lo que podía de aire.


    —¿No habéis pensado que eso podría resultar en un furioso arañazo?—Dijo Kyumbreon.

    —Creo que esa es más o menos la idea que tenía.


    Ariadna se acordó de las preguntas que tenía para ella, pero sus enemigos regresaban. Aún no alcanzaron a verlos, pero podian saber que todavía tenían a Tyranitar de su parte, pues sus pasos se hacían notar en la distancia. Helio recobró la conciencia tras sentir el suelo moverse. Se levantó alarmado y se alejó de Registeel. Por un momento, los temblores cesaron. Ellos no bajaron la guardia ni un momento. Sabían que estarían ahí dentro.



    —Mierda.—masculló Gionna. —Por lo menos habrán renunciado otra vez a perseguirnos, ¿verdad? ¿¡Verdad!?

    —No. Siento sus repulsivas almas acercándose. Y el Tyranitar también.

    —A buenas horas... ¿ahora qué hacemos? No podemos dejar al legendario aquí.—dijo Ariadna.

    —. Habrá que enfrentarlos. No hay otra.



    Se sintió un furioso temblor entre aquel silencio sísmico. El Tyranitar había cruzado la brecha con una carrera. Después siguieron los seísmos. Pronto se pudieron ver a los reclutas y al jefe. Habían traído Ivysaurs y Bulbasaurs del bosque para cruzarlo. Habían menos hombres; sin embargo, los más peligrosos estaban ahí. Tyranitar vino el último. David estaba más feliz que un niño con un caramelo. Tenía todo lo que quería en una sola habitación.



    —¡Pero bueno! ¿¡Qué tenemos aquí!? ¡Parece que ha llegado la navidad, chicos!
    —¡David! ¿¡Pero cómo has podido entrar!?—preguntó sorprendido Helio.
    —Oh, ¿pero es que eres cegato o qué te pasa? Fui a por Pokémon que tenga... Eh, ¿cómo lo llamáis vosotros? ¿Movimiento de campo?
    —Es Látigo Cepa, inepto.—respondía con tono irritado Gionna.
    —No, no, es “transbordar”.—daba otro nombre a la misma acción Ariadna.
    —¿Qué? Yo pensaba que se llamaba “liana de nivel 1”.—otro que apodaba las tiras vegetales.
    —Llamadlo como queráis. En todo caso son lianas producidas por pokémon tipo planta.—rató de detener la discusión Kyumbreon.
    —¡Que le den a los nombres! ¿Sabéis qué? Diré lo que vamos a hacer. Primero mis hombres os tapará la salida por atrás…



    Los reclutas del equipo Go-Rock rodeaban por la parte trasera a los rangers y la pseudoranger.



    —, luego Tyranitar os intentará destripar, ¡y mientras, yo capturaré a este legendario!



    David fue a ponerse delante de Registeel. Pero Ariadna se interpuso.



    —Oooh, no, no lo harás. ¿Te crees que te vamos a dejarte capturar a Registeel así por las buenas?

    —Oye, preciosa, estás en el medio. Apártate si no quieres que te de una una paliza.

    —No lo haré.

    —Oh, está bien.



    Entonces apartó a Ariadna de un empujón para plantarse frente al homúnculo de acero y dedicarle una canción. Una canción que lo esclavizaría para que actúe bajo su mandato sin opción a rechistar. Cogió la guitarra, pulsó un botón y una pequeña compuerta dejó salir una peonza de la misma forma que tenían los rangers, de diferente color. Era de un siniestro negro, con la cúpula del medio y los adornos carmesí. Y al contrario que sus artilugios, este soltaba una línea rojiza llena de maldad.


    Rodeó a Registeel mientras tocaba una melodía malsonante, y el pokémon legendario de acero invocaba del techo bolas de hierro que descendían y rodaban hacia la línea. Como si se tratase de un espectro, las bolas lo único que hicieron era atravesarla.



    Mientras, Tyranitar se dispuso a atacarlos sin cesar con sus garras. Helio y Ariadna, antes de ingresar a la unión, entrenaron su cuerpo para ganar agilidad y poder esquivar los ataques de los pokémon furiosos. Gionna no. Era torpe en el deporte, y también lo era en la defensiva. Pero contaba con la barrera verde que le proporcionaba Kyumbreon; mas no podía usarlo siempre. Llegó hasta en una ocasión, quebrarla y herirlo en la cara. No fue nada que se saliera de un rasguño. No obstante, el quiebro de la barrera y la herida le volvió más fiero, y empezó a atacarle, sin meditarlo antes.


    Expandió una onda de oscuridad en el suelo que le dolió a Tyranitar. Fue un ataque potente, pero no representó nada serio para este. Su oponente tenía más recursos para dañarle, por lo que estaba en clara ventaja. Pero Kyumbreon era testarudo. Quería derrotarlo cueste lo que cueste.



    Entonces, Lol, para que nadie saliera leso, intervino en el enfrentamiento, escupiendo una semilla que se convertiría en una planta parásita. La semilla se implantó en el cuerpo del lagarto pétreo y de enseguida, raíces espinosas se clavaron y empezaron a drenarle la vida. De la sangre absorbida, unos frutos comestibles crecían, para que aquellos que la plantaron y sus aliados pudieran sanar un poco sus heridas. Tyranitar poco a poco iba debilitándose.



    No obstante, Kyumbreon se enojó con aquella intromisión.

    —¿Por qué te interpones entre nuestro enfrentamiento? ¿No ves, acaso, que esto es un asunto entre el señor dinosaurio y yo?



    “¡Venga ya, hombre, si tú con lo único que sabes hacer daño es con pulso umbrío y psíquico! Y ninguno de los dos ataques son efectivos”, contestó Lol en su incomprensible idioma a oído humano. Él ya lo sabía, pero su orgullo le cegaba ante su condición.


    Cada vez que trataba de atacar a Tyranitar, Lol se lo impedía, apartándolo. Finalmente logró que se lo dejara en sus manos. Realmente Lol no lo hacía por él, si no por Gionna. Quería hacerle pagar por herir a su protegida.



    Tyranitar disparó un hiperrayo, y ella lo contrarrestó con su propio Hidrobomba. Ambas energías chocaron violentamente, dando lugar a una pequeña explosión que creó un espeso vapor, aunque no lo suficiente como para nublar la vista de todos. Tyranitar empezaba a ponerse nervioso. Estaba indefenso ante cualquier ataque por la energía empleada en su potente ofensiva. No podía ni esquivar.

    Era su oportunidad. Lol disparó de nuevo el potente chorro a presión en el vientre. Soltó un aullido de dolor estremecedor, lo que hizo que Helio le diera valor para también entrometerse. Sin embargo, su capturador estaba obsoleto, y nada podía hacer. Ariadna tenía las mismas ganas de parar ese combate, y, a diferencia suya, aún podía utilizar el cachivache, al límite de sus energías.



    Aprovechando que Tyranitar tenía que reposar, Lol lo golpeó con sus aguas por segunda vez al mismo sitio. No pudo aguantarlo más. Cayó su pesado cuerpo en el suelo, sufriendo por sus órganos internos. Parecía derrotado.


    —Vaya manera de quitarnos a Tyranitar de en medio.—se quejaba Helio. No pensaba que era la mejor manera de hacerlo parar.
    —Podrías haberme dejado a que lo capture.—decía Ariadna a Gionna, igual de molesta.
    —Eh, a mí no me miréis, yo no le pedí a Lol que lo atacara. Igual también empezó Kyumbreon...



    Pensaban que estaba vencido. Pero no era así. Tyranitar no se iba dejar ganar por un par de chorros. Empeñó todo su esfuerzo en levantarse y emitir un furioso rugido mientras se abalanzaba a por el Lombre con sus garras, logrando abrir heridas nuevas en su cuerpo. Lol entonces fue rápida y cogió un fruto de la planta parasitaria para engullirla. La baya aceleró la cicatrización de las heridas que le hizo Tyranitar, y volvieron otra vez a luchar.



    Ambos volvieron a combatir, con garras y puños. Lol estaba entreteniendo a la gran bestia, mas Helio sentía pena por él. No tenía la culpa de que actuase así. Suplicó que parara bien alto, como si eso iría a funcionar. Llevado por el ego y el rencor, Kyumbreon emitió un cruel juicio, justificando sus actos:


    —Ha marcado su destino. Atacar al elegido es un pecado que se castiga con la muerte absoluta, y no parece arrepentirse. Que lástima, eso le salvaría.



    Eso fue cruel incluso para Gionna. Saltó en su contra por su frialdad.


    —Por el amor de Dios, Kyu, ¿cómo puedes decir esto ante una situación como la de ahora? ¡Estamos atrapados, demontre!
    —¿Osas cuestionar mis palabras?



    Ella siempre estaba en desacuerdo con las palabras que decía su Umbreon cuando se trataba de su deidad, junto a la religión que el mismo se ha creado. Parecía un profeta enloquecido por el odio hacia la humanidad y las atrocidades que algunos hacen, y él mismo decía que a los pokémon había que ayudarlos a acabar con su sufrimiento, he aquí otra razón por la que mata sin compasión a algunos pokémon salvajes. Y no pensaba que acelerar lo inevitable era una buena manera de lograr su objetivo.


    Antes que se empezara una discusión entre el Umbreon y la humana, Ariadna sintió pena por Helio, e hizo una rápida intervención con su capturador, apartando a ambos pokémon, sin rodearlos.


    —¡Ya está bien, Lombre, para ya! Ya me encargo yo de él.



    Lol se negaba a dejar de luchar. Aún no había acabado con él. Además, ¿quién era ella para hacerla detener? Gionna también consideró que con las Drenadoras y los anteriores golpes eran más que suficientes. Ordenó a que parara, y con desgana lo hizo.

    Ariadna procedió con la captura, pero no paraba de atacar. Al menos, evitó que le rompiera el disco con destreza. Necesitaba la ayuda de un pokémon tipo agua, y estaba a su lado, pero se mostraba recia ante ella. Tuvo que pedir a Gionna que le diga que meta un poco de agua en el núcleo de agua; no obstante, se negó.



    —Por favor... ¿Lol, era? Necesito que me ayudes. Puede que no lo parezca, pero este Tyranitar no está actuando en contra de su voluntad. Si lo capturo, no tendrás que luchar con él. Solo confía en mí y préstame tu ayuda, ¿vale?



    Seguía sin creerle. Pero si así podría detenerle, por ella bien. Con el capturador, Ariadna hizo que la semiesfera del disco se abriera para que la Lombre pueda insertar un poco de agua dentró. Un poco bastó para que la cápsula se cerrara.



    Pronto los colores de la peonza cambiaron. La ranger de Otonia volvió a insertarla dentro del aparato y lanzarla. Hizo que permaneciera en el suelo mientras rotaba bajo su propio eje. El aire comprimido hacía que una esfera acuática se formara bajo este. Pronto, esta tomó la altura del Tyranitar, del cual estaba demasiado absorto buscando la línea del capturador. Cuando vio la burbuja, ya era tarde. Esta fue impulsada por el propio disco, y no tardó en estar atrapado bajo una liviana pecera que se mantenía bajo la fuerza centrífuga.


    Ahora era su oportunidad. Ariadna lo rodeó rápido. En vez de luz, salió un rastro acuático de su punta. Pudo finalizar la captura con éxito. El aro lo comprimió, deshaciendo el orbe, y fue curando sus heridas, a la vez que quemaba las lianas punzantes. No obstante, la luz que lo envolvía tardaba en desvanecerse. Era algo anormal en las capturas. Eso indicaba siempre algún error en el proceso, o una anomalía.



    Kyumbreon se acordó de Registeel, y miró cómo le iba a quien les perseguía. Él ya acabó, pero esperaba que su siervo acabara con ellos. En su rostro, una sonrisa malévola se dibujó en su cara. En este momento, presintió que algo no iría para nada bien. Y andaba en lo cierto. La captura, en teoría, finalizó con éxito; sin embargo, por una extraña razón, Tyranitar seguía enfurecido con sed de sangre al mandato de David. Helio entró en desesperanza. No podía creer lo que veía en sus ojos.


    —Esto... no... no puede ser.


    David inició una risa que parecía del mismo demonio. Tenía a un legendario a sus manos, y al fin, pudo ver que su mejora era efectiva.

    —Pobrecitos... Que penita me dais, que no habéis podido liberar a este Tyranitar. ¡Al fin, el fallo que tenía nuestros nuevos capturadores ha sido corregido! ¡Ya somos invencibles!
    —¿M-mejoras? No lo entiendo.—dijo Gionna. Estaba desconcertada.
    —Ni lo entenderás. ¡Porque vas a morir sepultada aquí! ¡Tyranitar, haz que la codicia llegue a los cielos...! Digo al techo.

    Y así hizo. Tyranitar levantó su cola y la hizo estrellar al suelo, provocando un continuo seísmo.



    —Y ahora si me disculpan me piro, no vaya a ser que corra la misma suerte que vosotros. ¡Adiós!



    Y huyó corriendo con sus reclutas. El seísmo provocaba que las rocas se desprendieran.



    —Aaah, ¡malditos! ¡Como los pille ya verán quién es el-!

    —¡Déjate de diálogos ahora, Ariadna! ¡Tenemos que salir de aquí!—gritó Helio.



    Fueron corriendo con el resto. Los rangers ya llegaron al otro lado, y al llegar a la parte cortada, empezó a temer de nuevo a la parca. El lugar se desmoronaba.


    —¡Tranquila, Tangela te ayudará a cruzar! Anda, Tangela, ve.—ordenaba Ariadna con cariño, y este obedecía con agrado. Sin embargo, un pedrusco aplastó el poste de madera, por lo que el rescate se volvió inoperable.



    Gionna estaba aún más asustada. Las rocas caían, sin dejar otra opción que salvar a sus compañeros y despedirse, pero los desprendimientos no daban respiro alguno ni para meter las manos en el bolsillo y buscar el refugio de sus criaturas. Una roca de buen tamaño iba cayendo en su cabeza, capaz de quebrarle todos los huesos.



    Mas, al principio del aparente final, cuando todo empezó a parecer perdido, Kyumbreon reaccionó a tiempo para apartarla con sus poderes psíquicos.



    —¡No nos tratéis de salvar! Tengo un plan para salvarnos.

    —¿Eh?

    —Solo tratad de evitar las piedras. Yo me encargaré de que podamos cruzar sin saltar.

    —Pero...

    —¡Sin peros! No tenemos otra salida. Ahora no me despistéis y moved esos torpes pies.



    Sonaba a que tenía un plan. Su entrenadora hizo caso de sus órdenes, como si se hubieran intercambiado los roles por un momento. Trataba de esquivar toda roca que podía suponer un problema como podía, mientras estas, gracias a los poderes psíquicos del felino, iban deteniéndose en el aire para dirigirse a la brecha. Pronto esos desprendimientos formaron un puente irregular por el cual cruzar.



    Kyumbreon había empleado gran parte de sus fuerzas para salvarles. Estaba agotado mentalmente. Pero eso no le impidió saltar de roca en roca para llegar al otro lado. Lol fue la siguiente en cruzar. Pero Gionna demoró en actuar. El vértigo podía con ella. ¿Qué pasaba si caía?



    —Vamos, no os cortéis y cruzad ya el puente.

    —Pe-pero las rocas...

    —Al menos si os caéis, el dolor será nulo. O eso o podríais quedar atrapada, ¡pero por Lunetah, no dejéis que vuestra indecisión os mate! ¡VAMOS! ¡CRUZAD!



    Bien. Igual era quedarse y morir o cruzar y poder vivir. Lentamente, puso uno de sus pies en el puente, sin dejar que los desprendimientos le asusten. Su equilibrio se tambaleaba nada más sustentarse en la roca apilada. Algo de grava caía por el infinito. Tenía que pasar rápido, si no quería que bajara.



    Respiró hondo y cogió impulso. Corrió todo lo posible como para cruzarlo sin caerse. Parecía que lo lograba. Pero pronto algunos cantos traicioneros empezaron a rodar hacia abajo justo al final. Por poco se precipitaba. Su brazo derecho se agarró al borde del otro lado. Y el camino estaba al cerrarse.



    Lol le tendió rápido su mano cuando vio que ella peligraba de partirse los huesos con aquellos restos geológicos. Desgraciadamente, tenía que tenderle el brazo herido. Los dedos poco a poco se resbalaban del suelo. El otro le dolía horrores al levantarlo.



    Pronto no pudo más. Aquellas cuatro terminaciones se rindieron ante su propio peso, y por poco se precipitaban. Pero Lol la agarró a tiempo. Sin embargo la gravedad no les ayudaba nada. Poco a poco ella también iba arrastrándose hacia el pedregal. Al final, Kyumbreon tuvo que hacer un último esfuerzo. Trataba de arrastrar a Lol atrás usando una vez más su telequinesis. Logró salvarlas, pero acabó desmayándose en el suelo.



    Gionna trató de levantarlo como podía con su brazo sano.Mientras, Helio y Ariadna ya se fueron de la cueva.

    Una vez salvadas, salieron rápido por la salida del túnel más cercana para que las piedras no acabaran con su vida.
     
  19.  
    Thranduil

    Thranduil Entusiasta

    Aries
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    Holi, después de miles de años he vuelto para comentars un comentario en tu fic. Leeré los capítulos de a poco, me demoraré en ponerme al día, pero lo haré. Hoy leí el capítulo 4, así que el comentario que te comentaré será sobre ese.

    Fue interesante, me parece, si mal no recuerdo, que en la versión anterior, sólo relatabas la parte donde estaban comiendo, pes no recuerdo nada sobre el veneno ni la lavandería. Le pusiste más relleno, pero con un propósito, ver un poco más de los villanos rockeros y sus movimientos, dando como casualidad que Gionna tuviese capturador de la niña que raptaron. ¿Pero cómo no se percató de plusle desde un principio? ¿En ningún momento la notó? Otra cosa que me llama la atención es que Gionna no hiciera gran escándalo por el veneno, sólo vio que el camarero era inocente y le bastó para comer e irse, si no fue el camarero, pudo haber sido alguien en la cocina, por qué Gionna no pidió ver cámaras si es que las había, y en caso de que fuese un pokémon veneno, ¿por qué había uno cerca de un lugar de comida?

    Bueno, no pasa mucho más en el capítulo. Me sigue gustando la personalidad de Lol, creo que uno de tus fuertes en poder darle personalidad a los pokémon, sin dejarlos de lado dentro de la trama. Ciao.
     
  20.  
    Poisonbird

    Poisonbird Iniciado

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    Oh, yeah. Responderé al comentario de @Thandruil . Parece que se dio demasiada prisilla por retomar la lectura. Arigatou.

    Hmmm... no sé si lo puse en el capítulo o se me pasó como miles de otras cosas, pero me da que Aina SÍ se da cuenta de que está ese mismo Plusle a su lado. Lo único que no dice nada porque, obviamente, si se entera que fue su pelotón quién secuestró a quien "sustituía"... :3

    O no sé, si me preguntas por qué Gionna no se da cuenta de la irascibilidad de Plusle... bueno, ¿debo recordar que es una despistada empedernida? Si ni siquiera se acuerda bien del nombre de Alejandro LOL.

    Y... sobre el veneno... creo que te olvidas de lo que viene luego, y es que no hubo ningún pokémon que envenenara el agua en ese momento, si no que el propio grifo llegaba cargadito con este. No, pero esa no es la pregunta -facewing- gommen.

    *Relee el capítulo*

    Oh, sí. Ya sé por qué no podría haberlo notado ni el de cocina ni el camarero ni nadie. De hecho, Ginny no es la que se da cuenta; es Kyumbreon. Y ahí mismo ya especifiqué que el olor era muy sutil para el olfato humano; pero para un pokémon con un olfato un poco más desarrollado sí lo podría detectar.

    Y bueno, eso es todo -w-
     
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