Por un sueño...

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Suzaku-kun, 20 Julio 2012.

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    Suzaku-kun

    Suzaku-kun Game Master Funadísimo

    Capricornio
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    12 Julio 2012
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    Escritor
    Título:
    Por un sueño...
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    676
    Buenas, les presento mi nuevo fic, cómo no, de Pokémon. Será un long-fic no demasiado extenso, de unos ocho capítulos o así. Tendrá acción, aventura y mucho drama. Espero que les guste... se titula:

    POR UN SUEÑO.

    INTRODUCCIÓN:

    De ojos azules y cabello rubio, el chico de erizados pelos se disponía a desafiar a la liga Pokémon de Teselia. Por fin había alcanzado su objetivo, tras un largo periplo por la región. Todo este esfuerzo, por un sueño. Por un deseo que tal vez no llegue a cumplirse. ¿Sería capaz de hacerle ver todo lo que su corazón sentía? ¿Lo que pasaba por su mente? Quizá no, pero sólo él podía intentarlo.
    Entró en el recinto de la Liga. Cuatro caminos se dividían ante él, ¿cuál escoger? Realmente, le daba igual. Sabía que ganaría. Derrotaría a cualquiera que se le opusiera. Por eso había venido desde la lejana región de Kanto. Sólo para hacerle ver la verdad. Sólo… por un sueño.
    Se paró frente a la estatua situada en el centro de la Liga. Sacó su ball, y liberó a sus Pokémons. Sus fieles compañeros, que le habían acompañado todo este tiempo.
    Bisharp miraba al cielo. Era el nuevo del grupo, pero había conectado con su dueño, y por él llegaría hasta el final.
    El elegante Glaceon acarició los pies de su dueño. Lo había cuidado desde que era un huevo, lo había visto nacer, lo había criado como un Eevee, lo había hecho evolucionar… ¿cómo no apreciarlo?
    Scizor se apoyó en la estatua y miró al suelo. ¿Cómo olvidarse de cuando era un Scyther, viviendo en aquella zona Safari? Cuando su dueño lo capturó, lo odio por lo que hizo. Pero ahora, a su lado, era feliz. Ya no estaba sólo. Aunque no le gustaba reconocerlo, daría lo que fuese por su fiel entrenador.
    Machamp hacía flexiones, dispuesto a luchar dando lo mejor de sí. Lucharía hasta el final, para demostrarle a su entrenador que podía contar con él para lo que quisiese.
    Un meditativo Alakazam reflexionaba con tranquilidad la manera más fácil de vencer en las batallas que le aguardaban. No podía dejarse vencer, no podía permitirse ese lujo. No; por su entrenador, que tanto lo quiso, quiere y querrá.
    Y por último, el fiel compañero del rubio entrenador. El gran Dragonite, siempre presente en la vida de su dueño, desde que su entrenador era un chiquillo y él mismo un Dratini. No podría fallarle nunca. Él había vivido su dolor, sabía de primera mano lo que él sentía. Con él, hasta el final. Daría su vida por él; y Dragonite sabía con certeza que su dueño haría lo mismo.

    El entrenador de ojos azules como el cielo miró a su equipo pokémon. Podía leer en sus ojos que lo apoyarían, que lucharían junto a él, llegaría hasta el final. Para llegar hasta él… necesitaba ganar la liga de Teselia, derrotar al Campeón. Sólo así llegaría al nuevo Frente de Batalla y podría mostrarle la realidad. Y, para ello, contaba con seis amigos. Seis Pokémons… dispuestos a todo. Los miró una vez más, y con voz fría, dijo:
    -Vamos, a por todas, amigos.
    Uno a uno, sus Pokémon asintieron. El entrenador no hizo más que sonreír, y avanzó sin dilación por el camino que estaba más a la izquierda.

    El rubio entrenador Kerim había vencido a los ocho líderes de gimnasio de Teselia. Y ahora, ¡pretendía derrotar al alto mando y al campeón! Y todo… por un sueño.
     
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    Por un sueño...
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    Para todas las edades
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    1659
    CAPÍTULO I: Nada ni nadie.

    El entrenador de nombre Kerim entró en la sala situada más al oeste, entrando en un extraño lugar, con un lúgubre aspecto. Un estadio se encontraba en lo alto de una gran plataforma, situada frente a él.
    Se acercó a la plataforma, y unas llamas azules le envolvieron. Sin él quererlo, como si las llamas lo llevasen, fue ascendiendo, girando en círculos alrededor de la plataforma.
    Cuando llegó al estadio, una joven chica con una extraña vestimenta morada que portaba un libro aguardaba.
    —Cuando vi el rostro de aquel hombre, frío, pero a la vez expresivo y ardiente, sentí como mi alma se estremecía —leía en voz alta la muchacha—. Era un profundo sentimiento, era miedo. Aquel hombre parecía estar dispuesto a mover toda una montaña si era necesario. ¿Qué le motivaba a tener tal fuerza de voluntad? — cerró el libro—. Bienvenido, chico. Soy Anís, miembro del alto mando de Teselia.
    —Encantado— dijo seriamente Kerim.
    —¡Oh, eres él! ¡Eres el hombre que defino en mi novela! — dijo exaltada la escritora—. Rostro frío, pero ardiente. Dispuesto a mover una montaña si fuese necesario. ¡Sí, eres al chico que andaba buscando! Estoy deseando combatir contigo, ¡seguro que la lucha me inspira!
    El primer combate de Kerim en la Liga Pokémon. Pero sabía que ganaría. Debía hacerlo, de todas formas.
    —Cuatro contra cuatro— dijo Anís—. Sabes que no tendrás descanso entre los combates con los miembros del alto mando, ¿no? Sí un pokémon tuyo se agota mucho en este combate, no podrás acudir a un centro pokémon antes de enfrentarte al próximo.
    —Lo sé.
    —Bien, ¡comencemos! Adelante, Cofagrigus.
    Un sarcófago con siniestros brazos oscuros y mirada diabólica salió de la pokéball.
    —Muy bien. Esto será fácil. Bisharp.
    El férreo pokémon entró en el combate mirando al suelo, dispuesto a dar lo mejor de sí.
    —Empieza atacando tú— dijo Anís, confiada.
    —Tajo umbrío, entonces.
    Bisharp se lanzó contra Cofagrigus, y sus cuchillas, bañadas en sombras, debilitaron rápidamente a Cofagrigus. Anís se quedó petrificada.
    —Comencé mi enfrentamiento contra él, pavorosa— dijo Anís escribiendo en su libro—. No tenía ni la más ligera idea del potencial que podía desarrollar. De un simple ataque, me dejó sin el más mínimo ápice de aliento. Me vi obligada a tomar medidas— cerró su libro y regresó a Cofagrigus— ¡Te toca, Golurk!
    Un gran ente, similar a una colosal armadura, miró amenazante a Bisharp. Con su puño, golpeó el suelo, haciéndolo temblar. Bisharp saltó por orden de su entrenador, quedando a la altura de la cabeza de Golurk, y al tiempo esquivando su ataque terremoto.
    —Ahora, garra umbría.
    Con su cuchilla, Bisharp rasgó toda la cara del Golurk rival. Se estremeció, llevándose sus enormes manos a la cabeza para tratar de aliviar el dolor.
    —Puño hielo.
    Con el puño rodeado de una neblina helada, Bisharp golpeó el estómago del gran fantasma, que cayó hacia atrás en redondo.
    Anís regresó a Golurk y se quedó mirando a su contrincante.
    —Vuelve Bisharp, no quiero que te canses. Sal, Scizor.
    Otro férreo pokémon, con aire serio, entró en el campo. La fantasmagórica mujer cogió su libro y continuó escribiendo, hablando en voz alta mientras lo hacía.
    —El hombre continuaba atacando sin piedad, no había nada ni nadie que lo frenase. Él podía con todo, su fuerza era sobrehumana. Aún así, yo no podía rendirme: seguí luchando— guardó su libro y sacó una ball, de la que salió Jellicent.
    —Jum— dijo Kerim confiado—.
    —¡Jellicent, hidrobomba!
    Un chorro de agua enorme salió disparado contra el Pokémon.
    —Doble equipo.
    Scizor se multiplicó, y el ataque de Jellicent le dio a una vulgar copia. Ahora varios Scizor rodeaban al pulpo fantasmal.
    —¡Pulso umbrío! — dijo Anís, y su Pokémon barrió con múltiples esferas oscuras a todos los Scizor— ¿Qué? ¿Y el original?
    Kerim sonreía mientras dijo:
    —Puño sombra, en picado.
    Y del techo cayó como un rayo un metálico pokémon, golpeando con enorme fuerza a Jellicent, que cayó inmediatamente.
    Anís realmente no sabía que hacer. Un miembro del alto mando, ¡acorralado!
    —Vuelve, Jellicent— ahora la batalla era algo personal para ella. Ya no escribió más— ¡Acaba con el, Chandelure!
    Una gran lámpara viviente salió de la pokéball, con múltiples llamas azules amenazantes.
    —Esto será rápido, ¡llamarada!
    Una gigante llama fue lanzada contra Scizor, que no se movía.
    —Salta.
    Scizor dio un salto enorme, evitando el ataque.
    —Ahora, ida y vuelta.
    Se lanzó en picado contra Chandelure, golpeándolo, y acto seguido volvió a la ball.
    —Sal ahora tú, Glaceon.
    El elegante pokémon de las nieves salió a escena caminando a paso lento.
    —Un pokémon de hielo, ¿no? Tú verás... ¡llamarada de nuevo!
    Otra vez la gran llama fue directa hacia el pokémon de Kerim.
    —Hidropulso.
    Una onda acuática extinguió la llamarada conforme avanzaba, creando un profundo humo. El ataque acuático le dio de lleno a Chandelure, que cayó.
    Como si nada, Kerim regresó a su victorioso pokémon y se dio media vuelta, sin siquiera despedirse.
    Anís, al ver a ese magnífico oponente retirarse, regresó a su Chandelure y sacó su libro. En él escribió:
    —Y así fue como aquel enigmático individuo me venció. Supuse que tenía una fuerte motivación, algo que le daba fuerzas para luchar, para seguir adelante. Era un poder tan fuerte que nada ni nadie, como ya he dicho, lograría frenarle.

    De nuevo se encontraba el rubio entrenador en la estatua del centro de la liga. Ahora un círculo de luz brillaba frente al pasillo del que acababa de salir. Otros tres miembros del alto mando le aguardaban.
    Avanzando sin pausa por el camino que estaba arriba a la derecha, no pudo evitar recordar:

    ***FLASHBACK***

    Miró a ese Charmander. Sí, era de otro color, era negro. ¿Tan especial era eso? Siempre le había oído decir a su padre: ¡Es el más fuerte! ¡No tiene rival! ¡Este pokémon es un caso especial! Y todo tipo de piropos.
    El Charmander miraba al Kerim de seis años, que abrazaba a su Dratini. Ese Charmander, apoyado en la pared de enfrente, aguardaba pacientemente a que llegase su entrenador.
    La mirada que entonces el pokémon variocolor le dirigió a Kerim no fue una mirada de un pokémon normal. Sus ojos irradiaban un poder extraño, algo misterioso, algo que aterraba.
    Entonces entró ese hombre alto y con pelos rubios y de punta, muy parecido al propio Kerim.
    —¡Charmander! ¿Me echabas de menos? — dijo abrazándolo.
    El pequeño Kerim miró a su padre, que abrazaba a su Charmander negro.
    —Papá— dijo Kerim—, ¿vendrás hoy conmigo a entrenar a mi Dratini?
    El hombre alto, que no le prestaba atención, dijo:
    —¿Qué decías, Kerim?
    —Te preguntaba si vendrás conmigo a entrenar a Dratini.
    —Oh, no puedo, hijo. Voy a ir a entrenar a Charmander.
    —Bueno, puedes entrenarlo conmigo. Así entrenamos a los dos.
    —Hijo, Dratini no puede luchar contra Char. Mi pokémon le haría mucha pupa, tu Dratini es muy débil. Y Charmander es muy fuerte, ¡el más fuerte!
    —Pero…
    —Me voy hijo— dijo saludándolo de lejos—. Dile a mamá que no sé a que hora volveré— soltó a Charmander en el suelo, que miró con esa mirada siniestra a Kerim.
    Su padre salió con Charmander. Kerim, con lágrimas en los ojos, dijo:
    —Pero me lo prometiste…
     
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    Por un sueño...
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    Drama
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    1779
    CAPÍTULO 2: Una fuerza misteriosa.

    Avanzó el entrenador de rubio cabello por la nueva sala de la Liga Pokémon de Teselia. Ésta era misteriosa: un polvo brillante parecía brillar flotando en el aire, y una especie de estrellas fugaces caían. Un camino en el aire conectaba la entrada de la sala con un estadio situado en lo alto.
    Kerim dio un paso al frente, y el polvo lo comenzó a rodear creando una esfera de luz que lo envolvió. La esfera se desplazó automáticamente por el místico camino, y lo dejó en el elevado escenario. Allí, vio de frente una cama cubierta por cortinas.
    —¿Hola? — dijo Kerim. Un bostezo se oyó desde detrás de la cortina, que se abrió y una mujer con larga melena rubia bajó de la cama.
    —¿Qué quieres? ¿Un combate? Uaaaa…
    —A eso vengo; a combatir.
    —Oh, claro, lógicamente— dijo la miembro del alto mando—. Perdóname si ando un poco soñolienta, pero acabo de despertar… ¡oh, que pereza me da empezar un nuevo combate! En fin, soy Catleya, miembro del alto mando. Cuando quieras, empezamos… uaaa…
    —Bien. Adelante, Alakazam.
    El meditativo pokémon salió de la ball sereno y tranquilo.
    —Oh, interesante elección— dijo tras un bostezo Catleya—. Un pokémon psíquico. Tendré que imitarte, pues. Adelante, Reuniclus.
    Salió de la pokéball un pokémon inmerso en una especie de sustancia verde.
    —Vamos, ¡bola sombra! — dijo Catleya.
    —Psíquico.
    El psíquico de Alakazam frenó la bola sombra.
    —Ahora, bola sombra tú también— dijo Kerim.
    Alakazam lanzó una bola sombra que colisionó con la otra, creándose una aún más grande, que no se movía por el efecto de psíquico.
    A continuación, Aakazam aprovechó el ataque psíquico para redirigir la enorme bola sombría contra Reuniclus. Éste calló ipso facto.
    —Sorprendente— dijo aún adormilada Catleya—. Una fuerza admirable la tuya. Tendré que usar a Sigilyph, entonces.
    Sacó a un enorme pájaro con un solo ojo.
    —Rayo—ordenó Kerim.
    Alakazam obedeció, y el rayo a punto estuvo de colisionar con el pokémon pájaro, que lo evitó con gran agilidad.
    —Sigilyph, usa remolino.
    Un torbellino hizo que Alakazam volviese a su ball, y en su lugar salió Glaceon.
    —Glaaa…—gritó el elegante pokémon.
    —Bien, como quieras— dijo confiado Kerim— Ventisca.
    Una colosal ventisca impactó contra el pájaro ancestral, dejándolo congelado y, por consiguiente, KO.
    —Oh, que grata sorpresa, una vez más—dijo Catleya—. Tendré pues que usar otro pokémon, por más pereza que me de— bostezó, mientras sacaba a un Musharna que desprendía un espeso humo onírico.
    —Rayo hielo, Glaceon.
    —Bola sombra, Musharna.
    El rayo hielo partió en dos la bola sombra de Glaceon y le dio a Musharna, que dejó de levitar, cansada.
    —Mush, ¡psíquico!
    Musharna levantó con psíquico a Glaceon.
    —Glaceon, bola sombra.
    Desde lo alto, Glaceon atacó con un bola sombra a Musharna, y este cayó, dejando de nuevo a Glaceon en el suelo.
    Catleya estaba admirada.
    —Vaya, una fuerza misteriosa te rodea, amigo. Pero no vencerás a Gothielle.
    Gothielle salió de la ball con mirada desafiante.
    —Vuelve Glaceon. Te toca, Scizor—dijo el entrenador cambiando de pokémon.
    —Interesante elección— pronunció la adormilada Catleya—. Gothielle, energibola.
    Gothielle lanzó una bolita verde que Scizor repelió hábilmente con su pinza derecha. Scizor comenzó a andar, acercándose a su rival.
    —Vamos, bola sombra.
    El bola sombra fue hacia Scizor, quien lo apartó con suma facilidad. Continuaba su marcha, ya casi alcanzó a Gothielle.
    —¡Psíquico!
    Pero era demasiado tarde; Scizor esta frente a frente con Gothielle y por órdenes de Kerim asestó un fuerte tijera X que la dejó fuera de combate. Catleya había perdido.
    Como si no hubiese pasado nada, Kerim devolvió a su ball a Scizor y se dio media vuelta, abandonando la sala. Catleya se le quedó mirando un rato, pensando en de donde podía sacar esa fuerza tan misteriosa.

    Ya en el núcleo de la Liga, Kerim vio como dos de los cuatro círculos que rodeaban la estatua estaban iluminados. Miró a los dos caminos que le quedaban, y caminó por uno de ellos, al tiempo que recordaba su pasado.

    ***FLASHBACK***^

    El Kerim pequeño jugaba con su Dratini en compañía de su hermano mayor, que en esa época tenía 16 años.
    —Tu Dratini está creciendo mucho, hermanito. Es sorprendente lo fuerte que se ha vuelto.
    —Gracias— contestó Kerim—. Ojalá algún día sea tan fuerte como tu Machoke o tu Kadabra.
    El mayor sonrió.
    Entonces entró en la casa una mujer.
    —¡Mamá! —gritó Kerim—.
    —¡Hola, hijos! — sonrió la madre—. ¿Y vuestro padre?
    Los dos hermanos se miraron y el mayor dijo, con la cabeza agachada.
    —Con ese Charmeleon. Desde que ha evolucionado, está aún más emocionado. Incluso ha dicho algo de llegar a la Liga Pokémon. Cree que con ese pokémon llegará a ser Campeón.
    La madre se llevó la mano derecha a los ojos.
    —Oh… este hombre…
    —Mamá, yo creo que esto no es normal—dijo Mirek, el hermano mayor—. Papá está obsesionado, ¡ya no nos presta atención! Ayer no durmió en casa, y hoy ha llegado, ha cogido un par de cosas y, con las mismas, se ha ido. Tú estás en el trabajo, pero nosotros lo vemos, mamá.
    Ella miró al suelo. ¿Qué le estaba pasando a su marido?
    —Tranquilo, hijo. Solo está emocionado con su pokémon.
    —La culpa es de ese Charmeleon—dijo con ira Mirek—. ¿Por qué tuvo que encontrarlo…? ¡Está volviendo loco a papá! ¡La culpa es de ese pokémon!
    Entonces, el hombre entró en casa, con el Charmeleon negro acompañándole. El pokémon miró con sus ojos amarillos a los hermanos, y después a la madre. Sonreía de una malévola forma.
    —¡Cada día estás más fuerte, Char! —dijo el padre, ignorando a su familia—. Ahora mismo vamos al gimnasio de la ciudad.
    —¿Vas a desafiar a Lt. Surge? —dijo sorprendida la madre.
    —¿Decías? —dijo ignorándola el padre, que metía en su mochila algunas pociones y demás objetos.
    —Decía que si vas a desafiar a Surge.
    —Oh, sí. Es posible que no vuelva en una temporada. Voy a reunir las medallas de gimnasio.
    —Pero, ¿así, sin más? ¿Y tu trabajo?
    —He dimitido— dijo mientras miraba sonriendo a Charmeleon.
    —¿Qué has hecho qué? —exclamó la madre.
    —Sí, pienso llegar a la liga pokémon y ser campeón. Entonces, ganaré mucho más dinero.
    —Pero, ¿cómo vamos a mantenernos mientras tanto? ¡Con mi sueldo no nos da para mantenernos!
    —Tranquila, mujer. Bueno, ¡me marcho! —dijo saludando desde lejos con la mano—. Si paso por Ciudad Carmín durante el viaje, me pasaré por aquí.
    —¡Pero…!
    —¡Adiós!
    Mientras salía de la casa, Charmeleon se giró y volvió a lanzar a la familia esa enigmática mirada.
    Hubo silencio en la sala. Durante unos minutos. Al final, Kerim, llorando, dijo:
    —¿Se va?
    La madre comenzó a llorar también.
    —Eso parece, cielo.
    Mirek se levantó bruscamente y dijo.
    —¡Es un inconsciente! ¿Qué vamos a hacer ahora?
    —No lo sé, cielo…
    Mirek apartó la mirada, reflexionando. Después volvió a centrar la mirada en su madre, y, dejando caer una lágrima, dijo:
    —Tranquila, mamá. Yo… trabajaré. No permitiré que pasemos hambre.
    —¡Pero tu padre volverá!
    —¡¡No va a volver!! — dijo alterado Mirek—. Ese Charmeleon, no se como, ¡pero le ha lavado el cerebro! Ya no es el mismo… solo piensa en entrenar y ser el mejor. Ya no piensa en nosotros, no le importamos.
    Mientras, el pequeño Kerim derramaba algunas lágrimas. No comprendía muy bien la situación, pero algo era obvio: su padre se había ido.
     
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    Drama
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    1324
    CAPÍTULO 3: Un motivo.

    Caminó avanzando por el camino, que le llevó a un lúgubre lugar, enigmático: un gran torreón con un camino que lo rodeaba, ascendiendo. Se colocó en el camino, y la roja alfombra de éste comenzó a desplazarlo. A su paso se iban encendiendo con un aire siniestro las antorchas que atrás dejaba. Al fin llegó a la parte alta del torreón, donde un extraño hombre con un pañuelo amarillo esperaba sentado en una especie de trono.
    —Oh, un visitante. Bienvenido a la Liga Pokémon, chico—dijo con enigmática voz el hombre, levantándose del trono—. Mi nombre es Aza, miembro del Alto Mando y maestro del tipo siniestro. ¿Pretendes retarme?
    Kerim apretó un puño. Aquella mirada, la del tal Aza, le recordaba a los amarillos ojos de ese pokémon negro.
    —Pretendo ganarte—dijo Kerim
    —¡Ja, ja, ja! De acuerdo, comencemos. Liepard.
    El felino pokémon morado salió de la ball y comenzó a desfilar de manera elegante.
    —Machamp, sal.
    Enorme, Machamp era enorme. Causó su tamaño una fuerte impresión en Liepard: pero no se iba a dejar vencer tan fácilmente.
    —Vamos, ¡Golpe aéreo! —pronunció Aza.
    El Machamp de Kerim aguardó pacientemente a que Liepard propinase su ataque. Justo cuando la zarpa del felino se hundió en la piel de Machamp, Kerim dijo:
    —Contador.
    Y, con un suave pero contundente giro de muñeca, Machamp mandó a volar a Liepard, que cayó debilitado al instante.
    —Dios—dijo Aza, que no se esperaba tal muestra de fuerza—. Está bien, ¡sal, Scrafty!
    Un pokémon con aires de gamberro salió. Igualmente el pokémon se amedrentó al ver el tamaño de Machamp.
    —¡Scrafty, patada baja!
    —Estúpido.
    El pokémon de Aza se lanzó contra los pies de Machamp, con objeto de propinarle una patada. Justo cuando le dio dicha patada, Machamp ejecutó de nuevo contador, y de un puñetazo bajo debilitó a Scrafty.
    —Pero, ¿cómo? —Aza no creía lo que estaba sucediendo—. Está bien, te enfrentarás contra alguien de tu tamaño. ¡Krookodile, a luchar!
    El gran pokémon arenoso superaba en tamaño a Machamp. Miró con su gran morro al forzudo pokémon, que no se había movido de su posición en todo el combate.
    —¡Krookodile, disparo lodo!
    Krookodile lanzó un chorro de arena, que Machamp frenó poniendo dos de sus seis brazos formando una X.
    —Tajo cruzado.
    Machamp corrió en esa posición, frenando a su paso el ataque de Krookodile. Cuando llegó al pokémon, propinó un severo golpe, que hizo caer de espaldas al cocodrilo de las arenas, debilitado.
    —¡Esto no quedará así, chico! —dijo Aza, furioso—. ¡Bisharp, demuéstrale lo que eres capaz!
    —Vuelve, Machamp. Bisharp, sal— cambió Kerim.
    Los dos idénticos pokémons estaban cara a cara.
    —¡Puño hielo! —gritó Aza.
    —Puño fuego— dijo Kerim.
    Los dos ataques colisionaron. El fuego de puño fuego extinguió el hielo, y el Bisharp de Aza tuvo que saltar hacia atrás para evitar recibir daños.
    —Bien, ¡puño drenaje!
    El Bisharp de Aza se lanzó con el puño brillante.
    —Salta y cae con puño drenaje tú también.
    El Bisharp de Kerim esquivó el ataque saltando y cayó sobre el de Aza, golpeándole duramente en la cabeza y absorbiendo su energía. Mantenía el puño succionador en la cabeza, mientras que con el otro golpeaba utilizando un tajo umbrío. Al poco tiempo, el Bisharp de Aza estaba K.O.
    Aza estaba sin aliento. Su contrincante regresó a su Bisharp y se disponía a dar media vuelta. Su siniestra voz lo paró.
    —¿Por qué luchas tan bien? ¿Qué motivación tienes para ser tan brutal?
    Kerim, sin voltearse a mirarle, dijo:
    —Lucho por hacer realidad un sueño. Lucho para que todo sea como debería de ser. Lucho por hacer el bien. Llámalo… venganza, si prefieres.
    Kerim abandonó la lúgubre sala. Esta explicación de sus motivaciones había despertado recuerdos en su interior.

    ***FLASHBACK***

    Kerim estaba sentado tranquilo en el sofá de su casa. Su madre estaba, como siempre, en la cama. Seguía sin comprender muy bien porqué. Su hermano le dijo algo de depresión. Habían pasado tres meses desde que no sabían absolutamente nada de su padre y desde que se fue, su madre no era la misma. Acabó por estar mal de salud.
    Entró entonces Mirek.
    —Hola, Kerim. ¿Cómo está mamá?
    —Como siempre…—dijo apenado el niño—. En la cama. ¿Qué tal en el trabajo?
    —Bien, no es que ser obrero sea lo mejor del mundo, pero es lo que hay.
    Mirek pensó en lo duro que era su trabajo. Pero era necesario, ya que su madre ya no podía trabajar. Aún así, el sueldo de Mirek no llegaba a veces para mantener a los tres. En múltiples ocasiones renunció a cosas que deseaba, o simplemente a su comida. Eran dos bocas humanas que alimentar, y además Dratini y los pokémon necesitaban la comida más que él. Prefería no comer un día para dar de comer a su familia.
    —Mamá dice— dijo Kerim— que no le gusta que trabajes de obrero. Dice que te puede pasar algo malo trabajando en un sitio tan peligroso.
    Mirek se estremeció.
    —Pero tengo que hacerlo, hermanito.
    Hubo algunos segundos de silencio. Mirek se hundió en el sofá junto a su hermano.
    —¿Volverá papá? — dijo de repente el pequeño.
    Mirek se mordió el labio superior.
    —¡Olvídate de papá! Partió hace tres meses, y ni siquiera nos ha mandado una simple carta. A saber dónde está. Quizá ni se acuerde de nosotros.
    Mirek vio en la mirada de su hermano la tristeza y la incomprensión. No entendía porqué su padre se había ido así, sin más.
    Mirek se levantó, y, dirigiéndose al cuarto de su madre, dijo:
    —Voy a ver cómo está mamá.
    Kerim miró a su hermano. Seguía sin entender porqué su padre se marchó. Y entonces, recordando a su padre, un escalofrío recorrió su cuerpo al visualizar en su mente los amarillos ojos de aquel Charmeleon negro
     
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    Drama
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    9
     
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    1298
    CAPÍTULO 4: ¿Futuro campeón?

    El entrenador de nombre Kerim, cuya fuerza era sobrehumana, misteriosa, avanzaba ya por el último pasadizo hacia un alto mando de la Liga de Teselia. Justo arriba de aquel altísimo ring de boxeo le esperaba el miembro final del alto mando. Se subió decidido al ascensor, que le condujo hasta el ring. Allí, un forzudo hombre de piel muy morena y cabello rubio golpeaba un saco de boxeo con energía.
    El hombre boxeador se giró a ver a Kerim. Lo miró de arriba abajo, analizándolo.
    —Pareces fuerte—habló tranquilo, pero a la vez emocionado—. Soy Lotto, Alto Mando y pupilo del campeón.
    —Mucho gusto. Yo soy el que va a vencerte a ti y al campeón.
    Las palabras de Kerim hicieron reír a Lotto.
    —Me gusta tu actitud, chico. ¿Realmente eres tan bueno? Cuando quieras lo comprobamos. ¡Adelante, Throh!
    Un pokemon rojo con piel rugosa y vestido con un traje de karate salió al ring, preparándose para el ataque.
    —Vamos, Alakazam.
    Alakazam, sereno, salió de su ball. Miró al decidido contrincante, que preparaba una de sus llaves de kárate.
    —¡Llave giro!
    El Throh intentó agarrar a Alakazan y llevar a cabo su llave, pero fue frenado por un psíquico del pokémon oponente.
    —Alakazam, ahora puño trueno, hielo, y fuego.
    El pokémon golpeó a su rival con puño tronante, helado y ardiente, mientras éste levitaba inmóvil en el aire por efecto de psíquico.
    Lotto regresó a su debilitado Throh y sacó a otro pokémon, semejante al anterior, pero azul, más delgado y más intranquilo.
    —¡Sawk! ¡Finta!
    Sawk desapareció y reapareció justo detrás de Alakazam. Se dispuso a golpearle, pero:
    —Teletransporte.
    Alakazam hizo lo mismo que Sawk: desapareció, para luego aparecer detrás de él.
    —Ahora, Psicorrayo.
    Un rayo multicolor lanzó por los aires a Sawk. Aún se aguantaba, a duras penas, en pie.
    —Madre mía— pensó Lotto—. Realmente es bueno. ¿Estaré enfrentándome a un futuro campeón? —ahora habló—. Sawk, ¡un golpe karate!
    Saltó, con la mano en posición de golpear desde arriba. Golpeó en la cabeza de Alakazam, que apenas se inmutó.
    —Alakazam, psicocorte.
    Alakazam hizo un movimiento de cabeza que separo de ésta a Sawk, y desde lejos lanzó con su cuchara una onda de energía cortante que lo derribó.
    —Vuelve— se lamentó Lotto—. ¡Conkeldurr! ¡Terremoto!
    Un gran pokémon que sujetaba contra el suelo dos grandes pilares de piedra levantó éstos y los chocó contra el suelo bruscamente, generando un fuerte terremoto. Alakazam simplemente levitó, evitando el ataque.
    —Vuelve, Alakazam— Kerim regresó a su pokémon—. Es hora de que demuestres de lo que eres capaz, amigo. ¡Dragonite, sal!
    El fiel compañero de Kerim hizo acto de presencia en la sala. Miró decidido a Conkeldurr y después miró a Kerim, esperando su orden. Kerim sonrió, y con un golpe de voz dio la orden que Dragonite esperaba. Un pulso dragón, un hálito azul, surgió de la boca de Dragonite, impactando contra Conkeldurr.
    —¡Avalancha!
    Una cascada de rocas cayó sobre Dragonite, quien, antes de que impactasen, alzó sus manos, cayendo las rocas tranquilamente sobre ellas, sin ocasionarle daños a Dragonite y dando como resultado un gran cúmulo de rocas en las manos del dragón. Rocas que arrojó contra Conkeldurr, debilitándolo.
    —Bien, ¡se acabó! — exclamó Lotto—. Esto no puede seguir así. ¡Adelante, Mienshao!
    Mienshao salió al ring. Se movía con destreza, mostrando su gran agilidad.
    —Drago, hiperrayo.
    Dragonite lanzó un potente rayo que Mienshao esquivó con facilidad.
    —¡Demolición!
    Mienshao se lanzó contra Dragonite para golpearlo. Su puño dio de lleno en el estómago de Dragonite.
    —Ahora sí. ¡Hiperrayo!
    Dragonite lanzó contra el suelo un hiperrayo que fulminó por completo a Mienshao.
    —Oh… que fuerza—exclamó Lotto—. Sin duda, podría vencer a Mirto.
    Kerim ni siquiera oyó estas palabras. Ya se había oído, y su mente estaba en otra parte, recordando…

    ***FLASHBACK***

    El pequeño Kerim se acercó a su enferma madre. Yacía postrada en la cama, no se levantaba. Su padre seguía sin aparecer, después de un año de su marcha, y aún no había dado siquiera una señal de vida, ni una llamada, ni una carta.
    Solo rumores de que un hombre con un Charizard negro se había coronado campeón de Kanto llegaron a sus oídos.
    —¿Cómo estás, mamá?
    La madre de Kerim dormía. No solía hablar mucho, y siempre tenía alta fiebre. Aquella cosa llamada “depresión” la dejó en este estado.
    Volvió al salón donde miró el reloj de pared. ¿Media hora tarde? Era raro que su hermano se retrasase tanto. Normalmente, solía salir directo del trabajo a casa.
    El tiempo pasaba, y Mirek no llegaba. El pequeño Kerim decidió salir en su busca.
    Ciudad Carmín era grande, pero tranquila. Mirek trabajaba en una zona en la que se pensaba construir una casa. Ya estaban los cimientos colocados, faltaba poco.
    Kerim vio, de lejos, una ambulancia y mucho alboroto alrededor de la zona de trabajo de Mirek. Se acercó, extrañado. Allí vio como varios obreros hablaban con un hombre, apenados. En el suelo, un cuerpo tapado completamente por una manta blanca, yacía tumbado. Junto a él, una viga de metal y un charco de sangre.
    Kerim se acercó, sin imaginarse que pasaba. Le preguntó a uno de los compañeros de su hermano, al cual conocía.
    —Doro, ¿qué ha pasado? ¿Y mi hermanito?
    Doro se estremeció. Se agachó para quedar a la altura de su cabeza, y, poniendo sus manos en sus hombros, dijo, dejando caer una lágrima.
    —A tu hermano le ha caído una viga en la cabeza. A tenido un accidente.
    —Oh, ¿y está bien? — preguntó Kerim—. ¿Va al hospital? ¿Se ha hecho mucho daño?
    Doro miró apenado a Kerim y negó con la cabeza.
    —No va al hospital. Va al cielo…
     
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    Suzaku-kun

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    CAPÍTULO 5: Batalla contra el campeón.

    Era el momento. Los cuatro círculos de luz estaban activados y la estatua del núcleo de la Liga rebosaba luz. Se acercó a ella, la tocó, y, como si se tratase de un ascensor, comenzó a descender. Lo dejó abajo, muy abajo, en un páramo rodeado de acantilados, entre montañas. Una enorme escalera, de increíble anchura y longitud más grande aún aguardaba frente a él.
    Comenzó a subirlas a paso ligero, sin prisa, pero sin pausa. A ambos laterales de las escaleras había varias columnas derruidas por el paso del tiempo. Subiendo las escaleras fue divisando a lo lejos una especie de templo, hecho con columnas, similar a los templos griegos.
    Entró en aquel edificio, y allí un hombre peculiar, algo mayor, con pelo rojo y anaranjado, dividido en cinco puntas. Llevaba sus pokéballs al cuello, en forma de collar.
    El hombre, que estaba sentado en el suelo, se levantó al ver entrar a Kerim.
    —Vaya, ¡un visitante! — exclamó el hombre—. Lo primero, enhorabuena por vencer al Alto Mando. Yo soy…
    Fue interrumpido por Kerim.
    —Sí, sé que eres Mirto, campeón de la Liga Pokémon de Teselia. Vengo aquí para derrotarte. Si no es mucha molestia, ¿podemos empezar la batalla?
    Mirto abrió mucho sus ojos y sonrió. Le gustaba la actitud decidida de Kerim. Sacó una pokéball y envió a su Druddigon.
    —Cuando quieras.
    Kerim asintió, dispuesto a vencer a Mirto, campeón de la Liga Pokémon de Teselia, para así conseguir el acceso al nuevo Frente de Batalla.
    —Bien— dijo sonriendo Kerim.
    Sacó a Glaceon, que caminó elegante como siempre.
    —Druddigon, lanzallamas— dijo Mirto.
    Druddigon arrojó un fuerte torrente de llamas que Glaceon extinguió con un hidropulso. El pokémon de Mirto saltó para evitar el ataque de Glaceon.
    —Bien, muy bien— alabó Mirto—. Pero no suficiente. ¡Garra dragón!
    Druddigon arañó con una garra cargada de energía a Glaceon. Este volvió la cara a un lado, con su orgullo resentido.
    —Ventisca.
    Y, de la boca de Glaceon, una profunda ventisca helada hirió a Druddigon de gravedad.
    —¡Druddigon, demolición!
    Justo antes de golpear a Glaceon, éste le impactó con un bola sombra. Druddigon cayó.
    —Eres muy bueno, chico. ¡Sal, Bouffalant!
    El búfalo miró con rojos ojos a Glaceon, y no titubeó a la hora de asestarle un fuerte ariete. Glaceon cayó al suelo.
    —¡Glaceon, rayo hielo! —gritó Kerim.
    El muy lastimado Glaceon lanzó desde el suelo un rayo hielo empleando todas sus fuerzas. Se debilitó, no sin antes congelar a Bouffalant.
    —¡Ahora, Machamp, sal y usa puño fuego!
    El congelado Bouffalant no pudo hacer nada en su estado de congelación, más que recibir el ataque, que lo descongeló al tiempo que lo hirió de gravedad.
    Mirto se estremeció antes de decir:
    —Ariete, ¡con todas tus fuerzas!
    —Contador—dijo fríamente Kerim.
    Bouffalant no llegó a golpear a Machamp. Un fuerte golpe del forzudo pokémon lucha lo tumbó devolviéndole el golpe.
    —Vuelve— Mirto miró a los ojos a Kerim. Su mirada era vacía, tranquila y profunda—. Estás muy concentrado… y tienes potencial. ¡Adelante, Vanilluxe!
    El gélido Vanilluxe salió de la ball y sus dos caras miraron con una extraña sonrisa a Machamp.
    —¡Tajo cruzado!
    Machamp fue a golpear a Vanilluxe, pero:
    —Canto helado.
    El ataque fue frenado, y el canto helado golpeó en Machamp.
    —¡Cambio, Machamp! —dijo Kerim, cambiando de pokémon—. Scizor, ¡garra metal!
    Como un verdadero relámpago, Scizor salió y fulminó de un golpe a Vanilluxe.
    —Grr… sorprendente— dijo el campeón retirando a su pokémon— ¡Accelgor!
    Como si de un Ninja se tratase, el pokémon salió de la ball luciendo un porte enigmático.
    —Demolición, Scizor.
    Scizor se lanzó contra Accelgor, que evitó con gran agilidad el ataque.
    —¡Púas! —Accelgor llenó el campo de púas punzantes— ¡Y ahora, ida y vuelta!
    Golpeó a Scizor y volvió sólo a la pokéball. También por sí solo, un gran Escavalier salió.
    Scizor no podía moverse bien por las púas, así que sacó sus pequeñas alas y sobrevoló el suelo.
    —¡Cabezahierro! —gritó Kerim.
    —Tú también— ordenó Mirto.
    Los ataques impactaron, y los dos pokémon bicho quedaron frente a frente. Finalmente, Scizor cayó, agotado por el golpe de ida y vuelta.
    —¡Vuelve! —dijo Kerim, que temía que la situación se le fuese de las manos. Recordó las púas presentes en el campo, y eligió a su próximo pokémon—¡Alakazam!
    Alakazam salió levitando, y así evitó las púas.
    —Ahora, ¡puño fuego!
    —Tijera X.
    Ambos ataques dieron en el blanco, y ambos pokémon quedaron muy heridos.
    —Ahora, ¡Cabezahierro!
    Escavalier se lanzó de cabeza contra el pokémon de Kerim.
    —¡Teletransporte, rápido!
    Alakazam se teletransportó, evitando a Escavalier, que se chocó contra el suelo y a su vez contra las púas.
    —¡Escavalier!
    El pokémon bicho se estremecía.
    —¡Remata con energibola! —exclamó Kerim.
    La esfera de energía remató a Escavalier.
    —Está bien, amigo. ¡¡Volcarona, confío en ti!!
    Volcarona, grande e imponente, salió a escena. Con sus flamantes alas rojas, amenazó a Alakazam.
    —¡Remolino!
    Una gran onda de viento arrojó hacia su ball a Alakazam. En su lugar salió por sí solo Machamp, que cayó en las púas, debilitándose.
    Mirto sonrió.
    —Se nota que eres un campeón— piropeó Kerim—. ¡Pero no me rendiré! ¡Bisharp!
    Bisharp, con sus cortantes brazos, se lanzó en un fuerte tajo umbrío contra Volcarona.
    Mirto volvió a sonreír.
    —Llamarada.
    Antes de que impactase en él, Volcarona lanzó tal llamarada que Bisharp fue a parar a una pared, malherido.
    —¡Ahora, remolino!
    De nuevo, el pokémon de Kerim regresó a su ball y salió al campo Alakazam, que evitó, levitando, las púas.
    —“Está muy clara su estrategia— pensó Kerim—. Ataca y me hace cambiar, aprovechando las púas. Si usa remolino otra vez y sale Bisharp, se debilitará por púas. Tengo que quitarme de en medio a Volcarona… usar su técnica contra él” —habló—. ¡Mimético!
    Alakazam leyó la mente de Volcarona y se dispuso a utilizar su ataque remolino. De sus manos salió un viento que obligó a Mirto a cambiar a Volcarona. Salió Accelgor, que se debilitó al caer sobre las púas.
    —Bien, chico, muy bien. Ahora solo me queda Volcarona— dijo sacando de nuevo a su pokémon.
    Kerim miró al imponente bicho de ojos azules. Miraba a Alakazam, seguro de sí mismo. Alakazam no aguantaría mucho más, Bisharp caería por las púas en cuanto saliese, así que solo le quedaba una opción: su fiel amigo Dragonite. Pero antes, debía intentar herirlo.
    —¡Alakazam, psíquico!
    —Volcarona, doble rayo.
    El psíquico levantó por los aires a Volcarona, pero no le hizo nada: antes de que pudiese herirle, debilitó a Alakazam con su doble rayo.
    —Bien, es la hora. ¡Dragonite!
    Mirto negó con la cabeza.
    —Creo que aún queda un pequeño detalle. Esto debe ser un uno contra uno en toda regla. ¡Remolino!
    Nada más salir Dragonite, el remolino lo devolvió a su pokéball, y el malherido Bisharp salió al escenario, cayendo al instante por las púas.
    Ya con sólo un pokémon, Kerim sacó una vez más a Dragonite, dispuesto a llevar a cabo el duelo final.
    Dragonite y Volcarona esquivaban las púas sobrevolando el suelo. Los dos pokémons parecían decididos a demostrar su superioridad.
    —¡Volcarona, zumbido!
    Volcarona emitió un fuerte ruído que obligó a Dragonite a taparse los oídos.
    —¡Lanzallamas ahora!
    —Tú también, Drago.
    Los dos lanzallamas chocaron, impidiendo que ninguno de ellos diese en el blanco.
    —Bien, tu Dragonite es muy bueno— alabó el campeón—. El zumbido de Volcarona no lo ha distraído.
    —Je. ¡Dragonite, pulso dragón!
    Dragonite emitió una llamarada azul.
    —Volcarona, ¡defiéndete! ¡Protección!
    El insecto se protegió del golpe.
    —¡Dragonite, onda trueno!
    Esta vez el ataque sí que impactó en Volcarona. Éste quedó paralizado, y no pudo mantenerse en el aire. Cayó sobre las púas.
    —¡No!
    Kerim sonrió.
    —Dragonite, ¡enfado!
    Dragonitese acercó bañado en extrañas llamas a Volcarona, e impactó contra él.
    —¡Volcarona! ¡Levanta!
    Volcarona no podía moverse, y estaba muy malherido.
    —Esto se ha acabado, campeón— dijo triunfante Kerim—. ¡Vamos Dragonite! ¡¡Hiperrayo!!
    De la boca de Dragonite emanó un enorme rayo de energía que exterminó al pokémon de Mirto.
    El campeón, al ver a su Volcarona tumbado en el suelo, debilitado, suspiró, para después regresarlo y comenzar a reír.
    —¡Chico, que fuerza! Estoy encantado de haber luchado contigo. Acompáñame, te inscribiré con gusto en el Hall de la Fama, y serás reconocido como uno de los mejores entrenadores de Teselia.
    Kerim siguió a Mirto, callado y sin mediar palabra. Mirto lo llevó a una extraña sala, en la que había una máquina igualmente extraña. Mirto le pidió a Kerim que pusiese sus pokéballs en la máquina, y así él y sus pokémons quedarían inscritos en el hall de la fama de Teselia.
    Kerim, mientras sus pokémons se registraban, preguntó.
    —Ahora que soy reconocido como uno de los mejores entrenadores de Teselia, ¿podré participar en el nuevo Frente de Batalla?
    Mirto sonrió.
    —Claro que sí. Todo aquel que demuestre su fuerza en Teselia, ya sea derrotando a la liga pokémon, venciendo en el Gran Festival o siendo reconocido por cazatalentos, podrá participar en el Frente de Batalla. Allí irán muchos entrenadores, la mayoría como tú, jóvenes que vienen desde fuera y triunfan aquí en nuestra región.
    Kerim sonrió. Faltaba poco para su destino. Para llegar hasta él…

    ***FLASHBACK***

    Doro, amigo y compañero del ahora difunto hermano de Kerim, se había ofrecido para cuidarlos a él y a su madre. Un niño de siete años no podía ocuparse por sí solo de su madre enferma, que había mejorado, pero la mejora duró hasta que supo la noticia de la muerte de su hijo mayor. Entonces, volvió a caer en la depresión, esta vez, con más fuerza que nunca. Pasaron algunos años, y Kerim llegó a la edad de diez años.
    Doro estaba atendiendo a su madre mientras que Kerim hablaba con los pokémons de su hermano, que ya no tenían entrenador.
    —Kadabra, Machoke— dijo el niño—. No os preocupéis. Yo os cuidaré, ¿vale? Seré vuestro entrenador. Dratini y yo estaremos siempre con vosotros.
    Machoke y Kadabra asintieron.
    Entonces Doro salió y se dirigió a la puerta.
    —Bueno, Kerim, me voy al trabajo, ¿vale? Si tu madre se encuentra mal, ven a decírmelo, ¿de acuerdo?
    Kerim lo miró fijamente.
    —¿Se sabe algo de mi padre?
    A Doro le impactó la pregunta, y dijo evitando la mirada del niño:
    —Chico, tu padre no da señales de vida. Se rumorea que un hombre con un Charizard negro había vencido la Liga Pokémon y se había convertido en su nuevo campeón. No sabemos si realmente es él, pero es seguro.
    Kerim dejó caer una lágrima.
    —Puedo ir allí.
    —¿A dónde? —dijo Doro, extrañado.
    —A la meseta Añil. Ya soy mayor… tengo diez años, ¡iré allí y hablaré con papá!
    Doro sonrió compasivo.
    —Kerim… no es tan sencillo. Para entrar en la meseta añil, necesitas las ocho medallas de Kanto.
    —Pero…
    —Olvida a tu padre, chico— dijo duramente Doro—. Preocúpate por tu madre enferma. Ahora tengo que irme, volveré en cuanto pueda.
    Y se marchó.
    Kerim se quedó meditativo durante algún tiempo. Por fin, se decidió. Cogió su mochila, la cargó con varios objetos que consideró convenientes y se acercó a su madre, que dormía en la cama.
    Le cogió la mano, y dijo en voz baja:
    —Mamá, me voy. Voy a ir junto a Dratini, Machoke y Kadabra y voy a ganar las ocho medallas de gimnasio. Cuando las consiga, entraré en la liga pokémon, ¡y llegaré hasta papá! Le venceré… y le haré ver que hizo mal en dejar a su familia.
    Se acercó a su cara para darle un beso. Le extrañó no notar su respiración al hacerlo. Extrañado, puso su mano derecha en su cuello.
    No tenía pulso.
     
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    Suzaku-kun

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    CAPÍTULO 6: El Frente Batalla.

    Kerim ya estaba allí, en el nuevo frente batalla de Teselia. Cinco altos edificios rodeaban la plaza central, imponentes. Un enorme lugar que parecía ser una escalera de caracol gigante: la Escalera Batalla. Luego, un pequeño pero profundo lugar boscoso, aunque claramente artificial: la Selva Batalla. Al fondo a la izquierda estaba el Mirador Batalla, un altísimo y estrechísimo edificio con un enorme estadio en la parte más alta. Al fondo a la derecha, las Ruinas Batalla, un lugar de aspecto antiguo y deteriorado. Por último, presidiendo el frente, con un tamaño colosal y miles de ventanas de cristal por toda su superficie, la imponente Torre Batalla. Su objetivo principal.

    Entró allí, en la Torre, dispuesto a llegar hasta el final, lograr lo que pretendía. Una joven en recepción lo inscribió y lo acompañó a una sala, llevándolo en un ascensor. Allí tuvo una batalla tras otra, acumulando victorias. Casi ni se percató de la cantidad de batallas que había librado. Mientras luchaba, se dedicaba a recordar. A recordar el motivo por el que estaba allí.

    ***FLASHBACK***

    El niño de siete años, Kerim, lloraba desconsolado en su casa. Estaba solo. Su madre también se había ido al cielo. Al igual que su hermano. ¿Y todo por qué? Por el imbécil de su padre. Si no se hubiese obsesionado tanto con el entrenamiento… si al menos hubiese hecho las cosas de otra forma, hubiese aunque sea mandado alguna carta, dado alguna señal de vida, las cosas no estarían así.
    Pero no podía evitar pensar que la culpa era del pokémon de color negro. De ese Charizard, ese pokémon de mirada inquietante, con esos ojos malévolos.
    Le había absorbido el cerebro.

    Sin nadie a su cargo, el pequeño Kerim estaba destinado a acabar en un orfanato. Doro no podía hacerse responsable de él como tutor legal.
    Pero Kerim no estaba dispuesto a que lo llevasen al orfanato.
    Cogió la mochila que un día preparó, las pokéballs de sus amigos, y se vistió adecuadamente para el viaje que le esperaba.
    ¿Su padre era campeón? ¡Pues iría a la Liga Pokémon! Ganaría las ocho medallas y conseguiría por fin derrotar al alto mando y llegar hasta su padre. Entonces, le vencería, y le haría ver la realidad, lo que todos han sufrido por su culpa.
    A los recién cumplidos ocho años, Kerim emprendió un viaje por todo Kanto.
    No fue un viaje fácil, menos para un niño como él. Pero sus pokémons fueron creciendo, evolucionaron, y capturó otros. Formó un buen equipo con el que logró las ocho medallas en casi un año de viaje. Estaba dispuesto a llegar al campeón.

    Ya cruzaba la meseta añil, un niño como él, dispuesto a todo. El alto mando, empezando por una excéntrica mujer de nombre Loreleil, se burló de él por su edad. Pero salieron escaldados de la batalla. Kerim y el enorme potencial de sus pokémons, vencieron, uno a uno, a Loreleil, Bruno, Agatha, y a Lance.
    Entonces, caminó hasta la sala del campeón. Allí estaría su padre, al fin. Y le demostraría de lo que era capaz.
    Su sorpresa fue mayúscula cuando, al abrir la puerta del Campeón, no era su padre el que allí aguardaba.
    —¿Quién eres tú? ¿Y mi padre, y Reight?
    El joven muchacho que estaba allí, presidiendo la liga, no era mucho mayor que Kerim. Tendría, quizá, diez años. Pero su mirada lo decía todo. Era una estrella entrenando pokémon.
    —Hace poco que Reight dejó esta liga. Ahora es uno de los As del nuevo Frente de Batalla de Teselia, una lejana región. Yo soy Rojo, el nuevo campeón.
    Kerim no podía creerlo. Cerró su puño con fuerza, con mucha fuerza, irritado. Sacó a sus pokémons, dispuesto a liberar su ira en combate.
    Pero perdió. Rojo demostró su superioridad tras un duro enfrentamiento.
    —Eres… sorprendente, chico. Tienes madera.
    Kerim comenzó a llorar. Pensó que había desaprovechado un año entero, y no había conseguido nada.
    —Si lo que quieres es enfrentarte a Reight — dijo Rojo —Ve a Teselia. Vence a los líderes de gimnasio. Derrota al campeón. Y entra en el frente de batalla. Después, ve a la Torre Batalla, demuestra que eres el mejor derrotando a muchos rivales, y por fin podrás retar a Reight.
    Kerim asintió, muy serio.

    No iba a partir a Teselia. Aún no.
    Pasó un año entero entrenando a sus pokémons, y a sí mismo. Cumplió la edad de diez años, y Kerim adquirió una personalidad fría, de acero. No parecía tan joven. Era un chico con una mirada penetrante, que intimidaba. Un chico con un poder sobrehumano.

    Esta vez sí estaba preparado. Llegó a Teselia, y logró vencer con facilidad a los líderes de gimnasio. No tardó más de cuatro meses en hacerlo. Y llegó a la Liga… donde ya sabemos lo que hizo.

    ***FIN DEL FLASHBACK***

    —Enhorabuena, señor Kerim — dijo la muchacha —. El As de la Torre, Reight, ha reconocido su potencial, y está dispuesto a enfrentarse a usted. ¿Está preparado?
    Kerim asintió. Esta vez sí.
    De la puerta de enfrente, salió un hombre alto y de pelo castaño. Lo acompañaba un Charizard de color negro, ese Charizard de ojos amarillos.
    Reight miró a Kerim, extrañado. Realmente, había cambiado mucho desde que tenía seis años. Casi no se acordaba de su familia, menos aún habiendo cambiado tanto.
    —Bien, chico — dijo Reight — ¿Listo para la batalla?
    Kerim enarcó las cejas con asco.
    —Patético — dijo —. Ni siquiera me recuerdas, ¿eh? ¿Tanto he cambiado?
    Reight pareció no comprender.
    —Crees ser el mejor. Nunca te han derrotado, ¿verdad? Eres “invencible”, eso crees — sermoneó Kerim —. Yo te demostraré la realidad… papá.
    Reight abrió mucho los ojos, y se dispuso a decir algo, pero fue interrumpido por su hijo.
    —No necesito que me digas nada. No me valen tus palabras. Sólo quiero derrotarte. Que sobre ti caiga el dolor que tú mismo has causado. ¡Prepárate!

    El combate iba a comenzar. Por fin, Kerim podría demostrarle a su padre lo equivocado que había estado. ¿Será capaz de vencerle?
    El Charizard sonreía, y sus ojos amarillos brillaban, irradiando esa maldad inexplicable.
     
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    ¡Ya no puedo aguantar más las ganas de comentar! *O*
    Si la idea del fic ya me pareció muy interesante desde el principio, ahora me atrapa. No puedo esperar para ver ese combate, ¡no puedo! Pero Kerim tiene que ganar, eso está claro. Todos los enfrentamientos me han gustado, pero sin duda este será el más intenso... simplemente quiero leerlo ya >.<U
    En cuanto a errores, sólo he visto algo sobre el famoso guion largo:
    Te faltaron los dos puntos; creo que se escriben ambos, pero si alguien lee esto a lo mejor piensa lo contrario... aún no soy una experta en el tema, pero creo recordar que era así ^_^U
    Por otra parte, y eso sí lo sé seguro, las rayas que te he marcado tendrían que ir pegadas a ''dijo Reight'', es decir, a la acotación del narrador.
    No tengo que añadir nada más, ando impaciente por leer el próximo capítulo~
    ¡Pikapi!
     
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    Suzaku-kun

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    Escritor
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    Por un sueño...
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    2602
    CAPÍTULO 7: Batalla contra el destino.

    Los ojos de Kerim brillaban. No podía perder. Este combate debía ganarlo, sí o sí.
    El juez decretó un tres contra tres. La batalla del visitante, Kerim, contra el Amo Torre Reight… su propio padre.
    Reight quedó boquiabierto al contarle Kerim que él era su hijo. Trató de hablarle, de mostrar su sorpresa, pero su hijo no le dejó. Sólo quería combatir. Así que eso hizo: tratándolo como uno más, sacó a su Snorlax, listo para la batalla.
    Kerim sonrió. Era su momento.
    —Adelante, Scizor.
    Scizor salió de la pokéball con la mirada seria, listo para la batalla. Pensaba ganar.
    Comenzó el amo Torre.
    Snorlax, ¡puño fuego!
    La enorme criatura bañó en fuego su puño y se dispuso a golpear. Scizor saltó atrás hábilmente, evitando el puño, que golpeó el suelo.
    —¡Puño bala!
    Golpeó Scizor en el estómago a Snorlax. Como si de una colchoneta se tratase, Scizor se hundió en la panza y después salió disparado.
    —¡Prueba un tijera X!
    De nuevo arremetió contra Snorlax, esta vez en la cabeza. Cortó con sus pinzas, formando una X que le dejó dos rasguños en la cara a Snorlax. La mole se tapó su cara con una mano, dolorido. Con la otra comenzó a golpear a ciegas, acertando en Scizor varias veces. El pokémon de Kerim cayó al suelo, levantándose después a duras penas.
    Cuando Snorlax apartó lentamente la mano de su cara, mostrando un rostro furioso. Miró a su rival enfadado, y ejecutó la orden de su dueño.
    —¡Giga Impacto!
    Como un rayo enorme, Snorlax se lanzó velozmente con todo su peso contra Scizor.
    —¡Doble equipo!gritó acelerado Kerim.
    Snorlax era demasiado grande. Golpeó a varios Scizor, sin quedar ninguno en pie. La velocidad del ataque hizo que se estrellase contra la pared. Cuando Snorlax se separó de ella, le sorprendió no ver a Scizor por ningún lado.
    —¿Dónde está? — dijo nervioso Reight.
    Kerim rió.
    —¡Esa estrategia nunca falla! ¡¡Puño bala en picado!!
    Desde el techo cayó un rápido Scizor que golpeó en la cabeza a Snorlax. Cayó de espaldas, debilitado. Scizor aterrizó con elegancia.
    Reight estaba impresionado. Su hijo mostraba tener una gran fuerza.
    —Veo que eres muy fuerte. Mucho. Estoy sorprendido.
    —No quiero escuchar tus halagos— dijo secamente Kerim—. Saca al próximo pokémon.
    Reight de nuevo se quedó sin palabras. Su hijo… ¿era esa persona? ¿Qué lo había hecho tan frío?
    Una cosa estaba clara; quería vengarse de él.
    —¡Adelante, Rhyperior!
    Otro gran pokémon salió de la ball. Éste era más alto que Snorlax. Era muy rudo y su cuerpo, rocoso. Un gran cuerno que hacía de nariz apuntaba a Scizor.
    —¡Vuelve, Scizor! —retiró a su pokémon—. Te elijo a ti, Glaceon.
    —¡Avalancha!
    Rhyperior lanzó varias rocas contra su enemigo. Glaceon las esquivó con un elegantísimo salto a la izquierda.
    —Hidropulso.
    Glaceon lanzó una onda circular acuática.
    —¡Hiperrayo!ordenó Reight, creando su Rhyperior un enorme rayo de gran potencia que fulminó el hidropulso.
    —¡Salta!
    Glaceon evitó el hiperrayo por los pelos. De un salto se colocó sobre Rhyperior, apoyándose en su cabeza. El pokémon roca se puso nervioso, y comenzó a agitarse para quitarse de encima a Glaceon.
    —¡Rhyperior, golpe cabeza contra la pared!
    Rhyperior se dispuso a golpearse contra la pared para que Glaceon bajase de su cabeza. Kerim esperó al último momento para ordenar:
    —¡Salta, ahora!
    Glaceon saltó, estrellándose Rhyperior contra la pared. Su cuerno se quedó incrustado en la pared, y luchó por liberarlo.
    —¡Ahora sí! ¡¡Glaceon, hidropulso!!
    La onda de agua hirió a Rhyperior.
    —Otra vez, ¡vamos!
    Bastaron dos hidropulsos más para acabar con él.
    Reight sonreía al ver el potencial de su hijo. Él estaba confiado, pero Reight aún no había perdido. Le quedaba su mano derecha, el todopoderoso…
    —¡Charizard, a por él!
    El Charizard negro dio varios pasos hacia delante. Desde luego no era como los otros dos pokémon, era mucho más pequeño. Pero su mirada, esos ojos, irradiaban algo que atemorizaba.
    No era un pokémon normal. Ya no era cuestión de color. Simplemente, ese Charizard tenía algo extraño, no había duda.
    —¡Lanzallamas!
    —Hidropulso.
    Los ataques chocaron. Pero para la sorpresa de Kerim, el hidropulso no apagó las llamas; éstas consumieron el ataque de Glaceon con facilidad y lo calcinaron, dejándolo KO en un abrir y cerrar de ojos.
    Kerim apretó sus dientes mientras miraba a la cara a el Charizard de su padre. Maldito pokémon, era lo único que pensaba. La ira cubría su cuerpo.
    —Vuelve, Glaz. ¡Sal, Scizor! ¡Roca afilada!
    Scizor salió, levantando nada más pisar el suelo una ráfaga de rocas que golpearon a Charizard.
    Pero el pokémon de fuego ni se inmutaba.
    —Dragoaliento.
    Una llama azul brotó de la boca de Charizard. El ataque fundió las rocas y llegó hasta Scizor, que se cubrió con sus pinzas.
    La fuerza de la llamarada azul era tal que Scizor retrocedía, siendo arrastrado por ésta.
    Cuando no pudo aguantar más, flojeó un momento, y las llamas lo consumieron.
    Scizor se debilitó.
    Kerim volvió a mirar a Charizard. ¡Sonreía! Sonreía con maldad. Ese pokémon, ¿qué le pasaba? No era comprensible, ¡su fuerza no era normal en un Charizard!
    Sacó una pokéball, y la miró, diciendo.
    —Confío en ti. Sé que puedes hacerlo, amigo—cerró los ojos un momento. Cuando los abrió, lanzó la pokéball.
    —¡Drago!
    Dragonite salió, imponente. Su mirada lo decía todo. Ganar era cuestión de honor.
    Él también había sufrido el dolor de Kerim. También vio como Mirek moría, y como su madre enfermaba hasta acabar falleciendo también. Dragonite era uno más de la familia. Como Alakazam, como Machamp. Ellos también sufrieron.
    Y Dragonite pensaba descargar todo el sufrimiento de su corazón sobre Charizard.
    Por Mirek, por su madre, por Kerim.
    —Vamos, Dragonite, usa rayo.
    Un rayo emergió de las antenas de Dragonite. Impactó con facilidad en Charizard, que se estremeció ligeramente.
    —¡Garra dragón, Char!
    Aún envuelto en la electricidad que le hería suavemente, Charizard preparó sus garras, que se envolvieron en llamas azules. Comenzó a andar, soportando el rayo que mantenía Dragonite.
    —¡Vuela, Dragonite!
    El Dragón alzó el vuelo, cesando su rayo y evitando el ataque de Charizard.
    —Vuela tú también.
    Charizard también batió sus alas, igualando la altura de Dragonite. El dragón miró fijamente a su oponente. Todo o nada. Un duro duelo aéreo le esperaba.
    —¡Lanzallamas!
    —¡Esquívalo! ¡Ahora, enfado!
    —¡Protección y cuchillada!
    —Onda trueno, ¡luego pulso dragón!
    —¡Evítalo, Charizard!
    Las órdenes se oían continuamente, una tras otra. Los dos pokémon luchaban duramente volando por la zona, sin decidirse un claro ganador.
    —¡Dragonite, hiperrayo!
    —Lo mismo digo, Charizard.
    Dos fuertes hiperrayos colisionaron, generando un humo que nubló la vista a todos los presentes.
    —Despejar, Drago.
    Dragonite batió sus alas, despejando el humo. Charizard no estaba.
    —¿¡Dónde está, maldita sea!? —Kerim miraba a su alrededor, buscando al pokémon negro.
    Reight sólo sonrió.
    Dragonite hacía lo que su entrenador; mirar a su alrededor, buscando a su oponente, permaneciendo inmóvil en el aire.
    Entonces, sucedió.
    Pareció un rayo oscuro, una ráfaga de viento negro.
    Sin saber muy bien de donde, ni como, Charizard arremetió con todas sus fuerzas contra Dragonite, que no tuvo tiempo ni para reaccionar. Clavó su puño en el estómago de Dragonite. El pokémon no pudo ni suspirar. El aliento se le paró, la respiración era alterada.
    Fue un duro golpe.
    Y Charizard sonreía, con esa malicia siempre presente en su esencia.
    Lentamente, Charizard retrocedió en el aire. Dragonite cayó al suelo, maltrecho.
    —Drago…— se lamentó Kerim.
    Estaba acabado. No le quedaban fuerzas para seguir. Pero aún así, Dragonite hizo el esfuerzo de levantarse. Tenía que hacerlo, ¡no podía rendirse así! Y se puso en pie.
    Charizard aterrizó, mirándolo con sus ojos amarillos.
    Sin que su dueño le ordenase nada, Dragonite cargó un hiperrayo.
    De nada sirvió.
    De nuevo un relámpago negro. A una velocidad impresionante, Charizard se plantó frente a Dragonite, rasgando su cara con sus afiladísimas garras.
    Dragonite cayó derrapando algunos metros.
    —Dragonite, vuelve…—dijo Kerim, intentando retirar a su pokémon.
    Pero Dragonite se negaba. Una vez más, se levantó sin apenas fuerzas.
    Charizard caminaba a paso lento hacia su oponente, preparando un garra dragón.
    —¡¡Vuelve, he dicho!! ¡¡Te va a hacer daño!! — gritó Kerim.
    Pero Dragonite cargaba su hiperrayo.
    Ni cinco centímetros separaban a Charizard de Dragonite. El malherido pokémon iba a lanzar su hiperrayo, y Charizard se paró frente a él con su garra dragón preparada.
    Cuando Dragonite lanzó el hiperrayo, Charizard lo evitó con simplemente inclinar su cabeza a un lado.
    Miró a los ojos a Dragonite, y volvió a sonreír. Alzó su garra…
    —¡Ya basta! — gritó Kerim. La garra de Charizard se detuvo—. Me rindo.
    Reight miró a su hijo, y preguntó:
    —¿Estás seguro?
    —Sí.
    Dragonite miró a su dueño, intentando disculparse. Se desplomó.
    La pokéball de Kerim acogió al abatido Dragonite.
    Las lágrimas comenzaron a inundar los ojos de Kerim, que dio media vuelta y empezó a caminar, en dirección al exterior de la torre.
    —Mirek…—dijo Reight.
    —¡Cállate! ¡Soy Kerim! ¿De verdad no te acuerdas ni de tus hijos? Todo esto que he hecho… todo mi viaje, ¿para qué? He perdido, pero, ¿y si hubiese ganado? No habría conseguido nada— se secó las lágrimas, sin darse la vuelta en ningún momento—. Me voy.
    Y abandonó la torre.

    Aquella noche, Kerim se adentró en una cueva de los alrededores del frente. Aún lloraba, sin poder evitar sentir la rabia que le daba el pensar que todo lo que había hecho no sirvió de nada.
    La Gruta de los Deseos. Aquella cueva se llamaba “Gruta de los Deseos”.
    Se paró frente a la famosa cascada de la cueva. En ella se vio reflejado. ¿Qué veía? A un vulgar niño. Fuerte, con gran confianza en sí mismo, y con aspecto adulto. Pero sólo era un niño.
    Golpeó el agua, tratando de destrozarse a sí mismo. Se dejó caer de rodillas, y comenzó a llorar.
    Un deseo… un sueño… que todo sea como antes. Ese era su sueño. Deseaba volver a vivir la vida como un niño normal. Volver a ver a su madre y a su hermano. Convivir con su padre, que le quisiese.
    No eran más que sueños. Deseos, que pensó que nunca se cumplirían.

    La cascada comenzó a brillar. Una luz brotaba de su interior. Alguien le hablaba, retumbando la voz en su cabeza, como si estuviese dentro.
    —¿Quién eres? — preguntó Kerim, secándose las lágrimas.
    De la cascada salió la voz. Era brillante, irradiaba energía positiva.
    Era una estrella.



    CONTINUARÁ...
     
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  10.  
    Suzaku-kun

    Suzaku-kun Game Master Funadísimo

    Capricornio
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    1513
    Capítulo 8: El deseo.

    Sí, era una estrella.
    Una delicada estrella dormida. Una estrella con vida.
    ¿Era un pokémon? Eso parecía. Flotando en el aire, la estrella abrió sus ojillos, y, alegremente, bostezó y se estiró. Luego miró a Kerim, sonriente. Le hablaba telepáticamente.
    —Tú… has luchado mucho por conseguir tu sueño. Y has fracasado.
    Con los ojos llorosos, Kerim miró a ese pokémon. ¿Qué quería?
    —Has demostrado tu perseverancia y tu fuerza de voluntad. Pero el destino no ha sido justo contigo. Por eso, yo, Jirachi, voy a concederte un deseo. Aprovéchalo bien, porque será tu segunda y última oportunidad.
    Con gran madurez, Kerim se dio media vuelta y dijo.
    —No quiero un deseo. No quiero que todo se solucione con sólo chasquear los dedos, ¿sabes? Quiero hacerlo por mí mismo.
    Jirachi sonrió al oír las palabras del joven.
    —Kerim… —dijo telepáticamente el pokémon—. Te comprendo. Y es justo lo que dices. Pero tu deseo no tiene porqué solucionarlo todo. Lo harás por ti mismo. Yo sólo te daré una segunda oportunidad, si es lo que quieres.
    Kerim se volteó y miró a aquel pequeño pokémon con forma de estrella.
    —Te comprendo —le contestó—. ¿Puedo, entonces, pedir lo que quiera?
    Jirachi asintió.
    —Deseo volver a la liga pokémon de Kanto, cuando mi padre aún era campeón. Deseo que me lleves allí tal y como soy ahora, con mi equipo curtido y entrenado.
    Jirachi inclinó la cabeza a un lado.
    —Pretendes que te envíe al pasado, ¿verdad? Eso es complicado. La misma persona no puede estar dos veces presente en una realidad temporal —calló un momento. Luego siguió: —. Pero puedo concedértelo. No obstante, habrá duras condiciones.
    Decidido, Kerim exclamó que soportaría cualquier condición, por dura que fuese.
    —No podrás estar allí por mucho tiempo —explicó el pokémon—. Deberás acabar tu objetivo cuanto antes. Y… distorsionar la realidad espaciotemporal de esa manera traería una dura consecuencia, Kerim. Desaparecerías tal y como eres ahora, tú y tus pokémons. Sólo quedaría el tú del pasado.
    —Estoy dispuesto a ello.
    —Pero eso no es todo —habló compasivo Jirachi—. Kerim… es probable que, cuando desaparezcáis tú y tus pokémons, al volver a ser el tú del pasado, nunca vuelvas a verlos. Ni siquiera a Dratini, Kerim. Dratini jamás te habría conocido.
    Esto último sobresaltó a Kerim, que agachó la cabeza. Sacó la pokéball de Dragonite y la observó apenado. Con todo el dolor de su corazón, alzó la vista y dijo:
    —Acepto.
    Jirachi asintió lentamente y cerró los ojos. Un halo de luz rodeó a Kerim.
    —Deseo concedido —pronunció Jirachi antes de que Kerim desapareciese.

    Cuando Kerim abrió los ojos, estaba en la liga pokémon de Kanto. ¿Realmente había viajado al pasado? ¿No se lo había imaginado todo? Aunque, si de verdad no eran imaginaciones suyas, tenía que aprovechar esta oportunidad. Miró al frente, alzó el mentón, y avanzó a paso rápido, entrando en la liga.
    Lo único que podía pensar era:
    —“En esta época, en el pasado, mamá y Mirek aún siguen vivos. Tengo que lograr que papá se olvide de ser campeón y vuelva con nosotros. Y sé cómo hacerlo. El problema… siempre ha sido el mismo. Y Mirek siempre los supo”.

    Ya dentro de la Liga, una mujer pelirroja y con gafas lo recibió en una fría sala.
    —Lorelei —dijo en tono de saludo—, otra vez nos vemos.
    Lorelei enarcó las cejas.
    —¿Nos hemos visto antes?
    Kerim comenzó a reírse.
    —Anda, saca a Dewgong. Soy un aspirante.
    Lorelei se sorprendió y al mismo tiempo se irritó. Sacó a Dewgong, tal y como Kerim había adivinado.
    —Machamp.
    El Machamp que un día fue el Machoke de Mirek salió al campo.
    —¡Machamp, golpe karate!
    Machamp saltó y golpeó con una de sus manos en plena cabeza de Dewgong. Como si fuese un relámpago, Machamp fulminó a su enemigo.
    —¡¿Pero qué…?! —exclamó la alto mando— ¡Adelante, Slowbro! ¡Psíquico!
    Slowbro salió de la ball y comenzó a crear una energía psíquica.
    Pero no sirvió de nada; Machamp usó tajo cruzado, soportando con sus rudos brazos la onda Machamp fulminó a los gélidos pokémon de Lorelei. Alakazam y sus poderes psíquicos acabaron rápidamente con los pokémon luchadores de Bruno. Bisharp acabó con los pokémon venenosos de Agatha. Y fue Glaceon quien sepultó a los dragones de Lance.
    Había fulminado al alto mando de Kanto. Para un entrenador como Kerim, no eran más que vulgares moscas que trataban, con su débil vuelo, de frenar su avance hacia el Campeón, Reight. Su padre.
    —Aquí estás. Otra vez —dijo Kerim mirando de arriba abajo a su padre.
    —Bienvenido, aspirante. Enhorabuena por haber vencido al alto mando, ¡demuestras una gran fuerza, chico!
    Como la otra vez, Kerim miró a su padre por encima del hombro. ¿De verás había cambiado tanto como para no reconocerle? Al fin y al cabo, era su hijo.
    —Reight —pronunció lenta y tranquilamente—. Es tu primer día como campeón, ¿me equivoco?
    Reight asintió. Aún así, parecía confiado. Tras él, el Charizard negro. Ese pokémon…. Con esa mirada. Ya entonces mirarle a los ojos daba escalofríos.
    —¿Qué pasaría si te derrotase?
    —Pues que entrarías en el Hall de la Fama, chico. Pero eso no va a pasar.
    —Ah, ¿no? —una maliciosa sonrisa se dibujó en el rostro de Kerim—. ¿Hacemos un trato, para hacerlo más interesante?
    Reight dudó un momento.
    —Habla.
    —Si te derroto —señaló a Charizard—, lo liberarás.
    —Pero… —exclamó Reight, pero fue interrumpido por su hijo.
    —¿Crees que vas a perder? ¿Dudas de ti mismo?
    Charizard gruñó. Él si había reconocido a Kerim. Y no le hacía gracia la idea de poder ser liberado.
    —“Eso es —pensó Kerim—. Charizard es el problema. Siempre lo ha sido, ¡siempre! Y mi hermano lo dijo, pero no le creíamos. Ese Charizard… ¡no manipulará más a mi padre!” —habló—. ¿Aceptas?
    Ya era una cuestión de orgullo. Charizard miró a su dueño y asintió. Debía ganar.
    —Está bien —dijo lentamente Reight, al que aún no le convencía la idea—. Pero no pienses que vas a ganar. ¡Adelante, Poliwrath!
    —Sal, Glaceon.
    Los dos pokémon se miraron a los ojos. El combate iba a comenzar.

    Esta vez Kerim no podía perder. Ahora sí, el destino de su gente estaba en sus manos. Sabía que si ganaba, todo acabaría. Y el Charizard de su padre, con la mirada siniestra que lo caracteriza, también lo sabía.
     
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