Pequeña White.

Tema en 'One Piece' iniciado por Mrs Roronoa, 31 Julio 2012.

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    Mrs Roronoa

    Mrs Roronoa Entusiasta

    Virgo
    Miembro desde:
    16 Mayo 2011
    Mensajes:
    161
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Pequeña White.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    781
    Holi, bueno, este es el primer capítulo del three-shot para la actividad ¡Crea tu personaje ideal! La historia se desarrolla cuando nuestra tripulación acaban de llegar a Water 7, aún con Robin y sin Franky. Bueno, espero que os guste. El primer capítulo no es muy largo, pero a mi no se me da demasiado bien eso de describir a un personaje, soy más de narración, de que pasen cosas. El segundo capítulo será más largo, I promise. Espero que os guste, CUALQUIER CRÍTICA ES BIENVENIDA. Graaaaaaaaaacias:)

    Pequeña White.
    Desperté sola, como siempre, aburrida en aquella ciudad. Water 7 siempre se me había hecho demasiado grande. Y las noches eran frías, muy frías. Demasiada humedad. Dormir en la calle tampoco ayudaba demasiado. Suspiré. Debía de levantarme.
    Cuando me sentí con fuerzas para ponerme en pie, me levanté del césped donde dormí aquella noche y recogí la pequeña mochila en la que guardaba mis pertenencias. Me acerqué al canal más próximo y, arrodillándome, miré mi reflejo. Estaba igual que todas las mañanas. Mis ojos negros no conseguían abrirse del todo por el sueño. Mi pelo largo y rubio caía por mis hombros hasta casi rozar el agua. Tenía trozos de césped en la mejilla derecha. Todo el mundo me decía que estaba muy blanca, pero a mi me gustaba mi tono de piel. De ahí mi nombre. White. ¿Extraño? Nunca lo pensé.
    Estuve jugando un rato con mi pelo y me lo puse por detrás de las orejas. Era lo que menos me gustaba de mi cuerpo, tenía las oreja un poco de soplillo, y demasiado grandes para mi gusto. Por eso me dejaba siempre el pelo suelto.
    Metí las manos dentro del agua y me intenté lavar la cara. Pero, nunca entenderé por qué, noté el agua demasiado enturbiada como para lavarme. ¿Qué quería, lavarme o ensuciarme aún más?
    Me levanté y comencé a subir hacia la fuente. Allí seguro que el agua estaría mucho mejor. Conforme me iba despertando iba subiendo más rápido. Comencé a correr. Más rápido. Un poco más. Miré hacia atrás, sentía como si alguien me persiguiera. Seguía corriendo. Giré hacia la derecha, ya no quería llegar a ningún sitio. Sólo huir. Huir de aquello que me perseguía. No lo veía pero lo notaba. Volví a mirar hacia atrás. Nada. Comenzaba a estar cansada. La verdad es que estaba en buena forma, lo suficiente como para dar la vuelta a toda la ciudad corriendo en a penas diez minutos. Era rápida y por eso siempre había participado en carreras.
    Entonces frené en seco. Nada venía detrás de mi. Sólo era mi estúpida imaginación jugándome malas pasadas otra vez. Pero bueno, yo era así. Una maniática, siempre ordenada. Simpática, amable y cariñosa con los que me dan cariño. Borde, desconfiada y seria con los que me odian. Con una sonrisa pintada en la cara o llorando a mares. En resumen, bipolar. Devoradora de libros. Amante de las cartas. Sociable, muy sociable.
    Aún recordaba aquella vez en la que Shanks me encontró en la playa y comenzamos a hablar. Fue ahí cuando me dijo que era una chica muy sociable. Aquel pelirrojo todavía conservaba su brazo. Y su sombrero. Lo que daría por volver a ver ese sombrero. Shanks había significado tanto para mi... Pero aquel muchacho aún más. Aquel por el que Shanks perdió el brazo. El que ahora llevaba su sombrero. El futuro Rey de los Piratas, iba jurando por villa Fucsia. ¿Lo habría conseguido?
    No me gustaba nada leer periódicos ni escuchar los comentarios de la gente. La mayoría de veces era todo mentira. Así que si aquel niño había cumplido su juramento ella ni se había enterado. Ni si quiera recordaba su nombre. ¿Lucio? ¿Ruffy? No lo conseguía recordar. Sólo recordaba aquella sonrisa que siempre iluminaba su rostro, que siempre la ayudaba a seguir hacia adelante...
    Entonces comencé a notar los ojos llorosos. ¿Qué era aquello? Sentía ganas de seguir corriendo, de correr hasta el final del mundo, de tirarme al mar y tocar el fondo. Y lo hice, volví a correr. Sentía como mis piernas se iban intercalando. Izquierda, derecha, izquierda, derecha... Torcí en una calle, la siguiente la seguí recta, volví a torcer. Necesitaba seguir corriendo. Ya ni siquiera notaba mis pies tocar el suelo. Sentía que volaba. Era libre. Siempre lo había sido. Las lágrimas ya no querían salir de mis ojos. Ahora sonreía. Y sentía que mi sonrisa era la misma que aquel niño de mi villa.

    Se terminó el primer capítulo, ojalá os haya gustado y esop :3 Dentro de poco subiré el siguiente, espero que pueda en esta semana. Adiooooooooooos.
    Gracias por los futuros comentarios:D
     
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    Mrs Roronoa

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    Para adolescentes. 13 años y mayores
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    Drama
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1430
    Holi ^^
    Perdón por tardarme tanto, me podéis matar si queréis, pero mis padres se empeñan en hacer viajes y no me dejan llevarme el portátil ;-; Bueno, no me lio más, aquí tenéis el segundo capítulo.

    —¡Luffy despierta!
    —¡Ah!
    El golpe fue tremendo. Nami acababa de llegar a la habitación y ya le estaba gritando a su capitán. Odiaba que éste se durmiera cuando todos los demás estaban ayudando. La ponía de los nervios.
    —¡Luffy! Deja de escaquearte y acompaña a Sanji —siguió gritándole Nami.
    —¿Qué? —contestó Luffy con cara de cansancio.
    —¡Tira!
    Luffy no tuvo más remedio que ir, después de la enorme patada que le propinó su navegante. Bueno, quizás podría aprbechar y entrar en alguna taberna para comer. Que hambre tenía...
    Cuando se levantó del suelo, vio a Sanji unos metros más lejos. Estaba levantando la mano, indicándole que se acercara. Así, Luffy se estiró y llegó en un momento hasta donde estaba el cocinero.
    Durante el camino ninguno de los dos habló. Estaban inmersos en sus pensamientos. Cada uno con sus temas. Cada uno con sus puntos de vista. Cada uno con sus emociones.
    Luffy no podía dejar de pensar en Shanks. Aquella noche había soñado con él. Bueno, sueño. Lo único que había hecho había sido recordar aquel día. Aquel día en el que Shanks perdió un brazo por su culpa. Seguía sintiéndose muy culpable. Eran amigos, y aunque él le hubiera dicho que no importaba, Luffy seguía estando mal cuando lo recordaba.
    Poco a poco, Luffy se fue alejando de Sanji, que además había aligerado el paso cuando se le puso por delante una pelirroja con una minifalda. De repente, no supo ni cómo ni por qué, pero acabó totalmente perdido por la ciudad.
    —¿Cómo coño me he quedado sólo? —Dijo Luffy en voz alta, esperando que alguien le contestara, aunque no escuchó respuesta.
    Simplemente se resignó a seguir dando vueltas por la ciudad. Podría haberse subido a algún edificio, quizás haber vuelto al barco, pero prefirió seguir andando. No tenía ganas de nada. No quería que sus nakamas lo vieran así, algo triste y muy melancólico. Sus nakamas siempre lo habían visto con una enorme sonrisa en la cara, y esta vez no iba a ser diferente. Así que siguió caminando. Giró una, dos, tres veces... Cada vez se adentraba más en la ciudad. Cada vez había más y más gente. Hasta que alguien lo agarró por el brazo y lo arrastró hasta un callejón donde a penas había nada.
    —¿Quién...? —estuvo a punto de propinarle un puñetazo en la cara a quien fuera el que le había llevado hasta allí. Pero entonces se dio cuenta de quién era— ¡Tú!
    —Eres tú, ¿verdad? —preguntó White, todavía incrédula.
    —Pues, si tú eres la... la... ¡White! La pequeña White que recuerdo sí, yo soy Luffy.
    ¿De veras se acordaba de su nombre? White estaba feliz, muy feliz. Justo hacía una hora estaba corriendo acordándose de él y ahora estaba aquí, delante suya. Lo recordaba más... menos... No sabía cómo explicarlo, pero estaba mucho más guapo. No estaba nada mal.
    —¡Claro que soy yo! Y no me llames pequeña, que soy mayor. Hace mucho que no nos veíamos, pequeñajo.
    —Tienes razón... ¿Cómo te va? —Luffy estaba verdaderamente sorprendido. ¡Era ella! Echaba mucho de menos que le dijeran 'pequeñajo'. Ella era algo mayor que él, por lo que siempre se lo estaba recordando llamándolo así. White... Fue su amor de la infancia. Hasta que se fue buscando la libertad que sus padres no le daban, o algo así.
    —Muy bien, totalmente libre. ¿Y tú, conseguiste ser el Rey de los Pirata?
    —¡Todavía no, pero lo conseguiré! Y... Bueno, ¿tienes algo que hacer ahora? —Se estaba poniendo nervioso— Lo digo por si querías comer conmigo... ¡Y con mis nakamas! —¿Estaba hablando demasiado rápido?— Que... Bueno, tenemos un gran cocinero.
    —Pues... ¡Claro! No tengo nada que hacer... Ya sabes, lo bueno de no tener ataduras —concluyó con un guiño White. Le encantaba cuando Luffy se ponía nervioso, de pequeño le pasaba muchas veces, o al menos con ella.
    Volvieron al barco. Todos estaban ya allí, algo preocupados por su capitán. No sabían cómo, pero White y Luffy habían acabado llegando a él cogidos de la mano.
    —¿¡Pero quién es esa hermosa señorita!? —Gritó Sanji nada más verla subir al barco. Pero cuando vio que iba cogida de la mano de su capitán. Entonces se colocó en una esquinita del barco comenzando a llorar, provocando risas en el resto de sus nakamas.
    —Se llama White, es una amiga mía de hace tiempo.
    —¿Sólo una amiga? —preguntó Ussop acercándose a su capitán y moviendo las cejas de forma más que insinuante.
    —¡Calla Ussop! —gritó Nami pegándole un puñetazo al narizotas de la tripulación— Me alegro de que estés aquí, por fin otra chica con la que hablar —Nami se acercó a ella, y habló sonriendo—. Yo soy Nami, al que acabo de golpear es Ussop y el renito que lo ayuda es nuestro médico, Chopper.
    White miró hacia donde se encontraban y vio a Chopper corriendo alrededor de Ussop pidiendo un médico. Aquella tripulación era, como mínimo, divertida.
    —Yo soy el cocinero del amor, Sanji.
    Sanji se había levantado del rincón y ahora le cogía la otra mano a White. También tenía una rosa en la boca.
    —Ero-Cook...
    —¡¿Qué me has llamado marimo?!
    —¡Ero-Cook!
    —¡Marimo idiota!
    —¡Oye! Que se van a pelear —Dijo White sin poder creerlo.
    —Tranquila, siempre están así —dijo Luffy—, pero ven, quiero enseñarte algo.
    Y salió corriendo con ella de la mano, dejando al resto de la tripulación atónitos. Seguían sin soltarse de la mano.
    Cuando llegaron a la parte delantera de Merry, Luffy invitó a White a sentarse en su cabeza, como siempre hacía él. A White le sorprendió aquello. Allí sentada, se sentía mucho más libre que en cualquier lugar. Veía el océano delante de ella. La brisa marina le alborotaba un poco el pelo. De vez en cuando, algunas gotas de agua salpicaban su cara. Era maravilloso. Cerró los ojos. Respiró hondo. No supo cuanto tiempo estuvo allí. Se podría quedar allí toda la vida. Luffy sabía lo que le gustaba. Luffy... Era genial.
    Abrió los ojos de golpe, al pensar detenidamente en aquello. ¿Genial? ¿Quizás le gustara? Pero lo único que consiguió fue ponerse más nerviosa. Ahí delante, mirándola de cerca, con aquella sonrisa dibujada, estaba Luffy.
    —¿Te gusta? —preguntó, inocentemente.
    —¿El qué? —se puso muy nerviosa. ¿Tanto se notaba?
    —¿Eh? Pues esto, las vistas, estar aquí.
    —Ah... —suspiró aliviada. Claro, aquello— Sí, me encanta.
    Luffy sonrió. ¿Estaba seguro de lo que iba a hacer? No, para nada, pero aún así, se armó de valor y lo dijo, sin rodeos.
    —¿Te quedarías aquí? Digo... ¿Querrías acompañarme a conseguir el One Piece?
    Aquello le pilló totalmente por sorpresa. ¿Irse con él? ¿Al mar? ¿En aquel barco? ¿Con él?
    EL silencio se estaba haciendo incómodo. Luffy se estaba arrepintiendo de aquello. Creía que White se había cabreado. No dejaba de mirarlo con los ojos desorbitados. Hasta así se veía preciosa.
    —No hace falta que me respondas ahora. Pero, te quiero, pequeña White.
    Se terminó de acercar a ella y le dio un pequeño beso en los labios. Ni siquiera él se esperaba aquello, pero había tenido muchas ganas al ver como White se había relajado. Se separó. La miró. Sonrió. Y se fue corriendo hacia la cocina, llamando a su cocinero.
    White seguía petrificada. Se tocó los labios. Luffy le encantaba desde siempre. Pero la idea de estar allí, encerrada en aquel barco... No le gustaba nada. ¿Qué pretendía? Además que... ¡se acababan de ver!
    Sonrió. ¿Necesitaba más? De pequeños no pasaban dos minutos separados. Su madre siempre pensó que había algo entre ellos. Aunque quizás era verdad y nunca se había dado cuenta. Tan pequeños, siempre pensando en las aventuras que iban a vivir. Hasta que ella decidió que era el momento de largarse de allí.
    —White... ¿Qué te pasa?
     
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