Comedia Peces

Tema en 'Relatos' iniciado por Dark RS, 29 Julio 2020.

  1.  
    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

    Capricornio
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    Título:
    Peces
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Comedia Romántica
    Total de capítulos:
    1
     
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    Peces



    Alice alimenta a su bebé en la cocina. O al menos es lo que intenta, ya que el pequeño no se lo hace fácil. Se voltea cada vez que ve la pequeña cuchara plástica acercarse a su boca.

    —Vamos, mi bebito, está muy rico. Prueba un poco —pide ella, aún con esperanzas de que su hijo pruebe por primera vez la papilla.

    —Esto ya es como un deja vú, pero en otro color —comenta Magnus, el padre del pequeño, entrando a la cocina.

    —Muy gracioso.

    —¿Puedo?

    —Claro, pero no creo puedas darle de comer, estoy aquí desde hace como una hora y nada que come el muy ingrato.


    Magnus llena la cucharita de la papilla color naranja y se la embarra en la frente al bebé, haciendo que este suelte una carcajada.

    —Te había faltado ahí, ahora está perfectamente disfrazado como calabaza.

    —No me simpatizas —reclama ella, arrebatándole la cuchara plástica. El bebé vuelve a reírse —. Y tú tampoco.

    —Vamos, ten un poco de sentido del humor.

    —Tú lo bañas y limpias todo esto —declara ella, yendo a lavar la cuchara.

    —Sí, no te preocupes. —Va hacia ella y la abraza desde atrás —. ¿Te molesta si cambiamos nuestros planes para mañana?

    —¿Nuestro aniversario? Ni siquiera sé qué es lo que íbamos a hacer.

    —Por que se supone era una sorpresa.

    —No me ayuda que me digas eso. ¿Qué es lo que quieres hacer que vas a cambiar lo que sea que íbamos a hacer?

    —Verás, y no te enojes, hay un restaurante al sur de la ciudad, cerca de la gran colina, el cual tiene vista al mar.


    Ella se libera del abrazo y lo mira detenidamente.

    —Está bien… Aún no veo una razón para enojarme.

    —Bueno, he estado hablando con el dueño de dicho restaurante, busca que invierta en su negocio y quería llegar de sorpresa mañana para ver el lugar —explica él, mientras busca una toalla para limpiar la mesa.

    —No suena como algo que me haría enojar. Tampoco suena como algo lo bastante especial como para un aniversario.

    —Imagina esto —cambia a una aptitud más animada —, una de las paredes de este restaurante es una pecera gigante, con cientos de peces y otras muchas criaturas marinas.

    —Sigo sin escuchar la parte que me hará enojar —dice impaciente.

    —Pues… es probable que pase un buen rato hablando con el dueño del restaurante… con suerte no será más de una hora…

    —Ah, eso es lo que me iba a hacer enojar. ¡Quieres pasar nuestro aniversario trabajando!

    —Tranquila, tranquila —pide él, retrocediendo un poco —. Mira, podemos llevar a tu madre, y si no queda de otra también a Mana. No estarás sola esperando. Y claro que el bebé puede ir. No aceptan infantes en el restaurante, pero si quieren que invierta no tendrán otra opción que dejarlo entrar.

    —Suena al peor aniversario de la historia.

    —Piensa en esto, luego de comer, tu madre puede llevarse al bebé y tú y yo podremos… —el resto se lo susurra al oído. Ella se pone roja como tomate.

    —¡No digas esas cosas frente a Angus!

    —No creo que nos esté prestando mucha atención. —El bebé se encuentra mirando la mesa, mientras saca su lengua y produce burbujas de saliva. Algunos “prrrfff” salen de su boca, los cuales lo hacen reírse —. Hay que admitir que sabe cómo entretenerse solo.

    —No suena como un mal plan. Hace mucho que no pasamos la noche juntos, y mi madre de seguro que se emocionará de pasar una noche cuidando a su nieto —acepta Alice, aún con el rostro rojo.

    —Excelente —dice él, probando la papilla —. Ugh, con razón no se lo comía, esta cosa es de calabacín y sabe horrible.


    La siguiente noche, la pareja llega al restaurante que fue el centro de la discusión de la noche anterior. Son acompañados por la madre de la chica, la cual carga al pequeño bebé. Madre e hija son tan similares físicamente que bien podrían pasar por hermanas, siendo la única diferencia que la madre luce mayor que la hija. Alice, con un elegante vestido azul claro que acentúa su pálido rostro, la madre de esta usa un vestido color rojo apagado. El bebé trae puesto un pantalón y saco color vino, chaleco amarillo, camisa y corbata color verde y mocasines café oscuro. En contraste, Magnus usa un pantalón azul, camiseta blanca y tenis blancos. Y claro que todos los demás comensales lo voltean a ver en cuanto ingresa.

    —Te dije que te pusieras un traje —le reclama Alice en voz baja.

    —Si no usé traje en nuestra boda, menos lo usaré en un restaurante —responde él, totalmente tranquilo, sin importarle que todas las miradas están sobre él.

    —Y esa ropa que le compraste a Angus se me hace conocida.

    —No te preocupes, mientras el bebé no le dispare al metre* o haga un comentario sobre la sociedad actual que desencadene revueltas, estaremos bien —responde Magnus, sonriendo.

    —¿Le pusiste un cosplay al bebé el primer día que lo llevas a cenar?

    —No digas eso, es un auténtico traje de gala lo que viste. Que sea similar al que usa cierto personaje es meramente intencional.

    —Lo sabía.

    —Disculpen, señores —los aborda el metre —. Pero aquí tenemos un estricto código de vestimenta y, además, lamento decirles que es un restaurante solo para adultos, por lo que el bebé no puede entrar.

    —¿En serio? —dice Magnus, sonriendo a tono de burla. Le gusta desentonar siempre que le es posible.

    —Lamento decirle que es así —asegura el elegante camarero.

    —¡Oye, Walterino! —grita Magnus a todo pulmón, llamando al dueño del restaurante, y de camino llamando nuevamente la atención de todos los presentes.


    Un hombre, en sus cincuentas, se asoma desde la cocina al escuchar su nombre ser mencionado de una forma tan poco educada. Al principio se acerca enfadado, listo para pedirle a quien haya sido que gritó así que se vaya o llamará a la policía. Pero al reconocer de quien se trata, cambia su enojo por nerviosismo en un parpadeo.

    —Señor Magnus, es un verdadero placer verle aquí —saluda Walterino.

    —Quiero estudiar todos los documentos, pero antes, mi familia viene a comer y queremos ver la pared de pecera.

    —Oh, por supuesto. Señor Mario, lleve a nuestros distinguidos comensales al salón VIP —ordena Walterino.

    —Pero, este sujeto no está vestido de etiqueta, sin mencionar que traen un infante que podría molestar a los demás comensales —murmura el metre a su superior, preocupado de que se susciten quejas de los demás clientes.

    —Sé que es algo fuera de lo ordinario, pero esta persona es de la que les hablaba.

    —Y por cierto, esperamos a una persona más que está afuera. Será fácil de reconocer —dice Magnus. Escuchó todo lo que murmuraron, pero no dijeron nada que le preocupe.

    —Por supuesto, señor. Ya escuchó, señor Mario, mantenga atención a la llegada de esa persona.

    —Lo haré, señor Walterino. Por favor, todos síganme al salón VIP.


    El maitre los guía a una cortina roja que da hacia un segundo salón privado. Este nuevo salón es tan grande como el primero, pero las mesas están a mayor distancia y en menor cantidad. También se nota que todo en ese lugar tiene muebles y decoraciones de la más alta y fina calidad. Pero la atención de todos se centra en la pared opuesta, la cual es un enorme vidrio traslúcido a cuyo otro lado hay cientos de peces, corales multicolores y algas muy vividas. Los llevan hacia unas escaleras que suben a uno de los dos balcones de lujo, los cuales están a la mitad de la altura de la pared, lo que da una mejor vista del monumental acuario.

    —Lamento decirles que no tenemos sillas para bebés —informa el matre.

    —No es problema —dice Alice —. Traemos la nuestra.

    —¡Oígan! —grita Mana, la prima de Alice, entrando al salón VIP —. No me hagan cargar sola la silla del apestoso.

    —Tráela aquí, Mana —pide la abuela del bebé.

    —“Tráela aquí, Mana” —remeda la joven —, muy fácil decirlo cuando soy yo la que lleva esta silla tan pesada.


    Mientras ordenan la comida, Magnus conversa con Walterino en planta baja del mismo salón. Muchos papeles, que a simple vista parecen puestos al azar, se encuentran acomodados según lo que representan, siempre al alcanza de cualquiera de los dos, para tomarlos en cuanto quieran.

    —Ya veo —murmura Magnus, estudiando una serie de recibos y facturas.

    —Sí —asiente el dueño del local —, justo la razón por la que este restaurante es famoso, es lo que lo tiene al borde de la quiebra. Esta pecera terminó costando mucho más de lo que había anticipado.

    —Trescientos siete por ciento más de lo presupuestado, según veo.

    —Sí, desafortunadamente así fue —suspira el hombre.

    —Quiero ver los permisos de tenencia de los peces exóticos.

    —Claro, están… —mueve algunos papeles hasta que encuentra los documentos que busca —. Aquí los tiene, verá que están en orden. Permisos de tenencia por hasta siete años.

    —Deme unos momentos, para revisarlos bien.


    En el balcón, la madre de Alice observa a Magnus, conversando con el dueño del restaurante. Tiene el ceño fruncido.

    —Es increíble como ese pedazo de irresponsable se encuentra allá abajo, ignorando por completo a su familia, y, por si fuera poco, en el día de su aniversario de bodas —reclama en voz alta.

    —Ay, ma, no exageres, está aquí mismo, y en cuanto termine subirá con nosotros —defiende la chica.

    —Te advertí que él sería así. Pronto no tendrá tiempo para ti o el pequeño Angus. Así son, como si no conociera a las personas como él.

    —Es la primera vez que lo veo trabajar —añade Mana, poco interesada en la plática.

    —No recuerdo haberte preguntado nada —regaña la mujer, pellizcando en al brazo a su sobrina.

    —Perdón, no volveré a decir nada —se apresura a disculparse la joven, alejando su brazo para evitar un segundo pellizco.

    —Más te vale.

    —Pero, ma, Magnus incluso pidió permiso para trabajar esta noche. Sé que si hubiera dicho que no, él no estaría ocupado con cosas de negocios.

    —No inventes excusas por él, querida —niega la mujer.

    —¡Ba! —grita de repente el bebé. Su silla se encuentra mirando hacia la pared de pecera, y ha estado admirando los peces todo este tiempo —. ¡Ba! —repite, señalando con su manita hacia un enorme pez luna que está pasando frente a él.

    —Sí, mi bebito guapo, es un pez muy grandote —afirma Alice, sonriéndole a su hijo.

    —¿Ya casi habla? —cuestiona la abuela del pequeño.

    —Eso pensamos. Por ahora solo balbucea “ba” cuando quiere llamar la atención, o “baba” si quiere que le demos algo que tenemos en la mano.

    —Es tan listo mi nieto precioso. Aún recuerdo que tú no hablaste hasta casi los dos años. Estaba preocupada, los doctores decían que necesitabas terapia de lenguaje, pero no la podía pagar. Por suerte comenzaste a hablar poco después. Lo malo es que ya no había como callarte —se ríe al recordarlo.

    —¡Qué vergüenza! —exclama Alice, cubriéndose el rostro con ambas manos.


    Un par de horas más tarde, estando la pareja en casa.

    —Esa fue una buena cena —comenta Magnus.

    —Es cierto, estaba delicioso —comenta, notoriamente preocupada.

    —¿Qué sucede?

    —Es que me preocupa Angus.

    —Lo acabamos de dejar con tu madre hace escasos veinte minutos.

    —Igual me preocupa. Llamaré a mi madre a ver si está bien.


    Alice saca su teléfono de su bolso y llama a su progenitora. Suena varias veces hasta que finalmente contesta.

    —Hola, ma. ¿Cómo está Angus? Ajá. ¿Segura? Bueno… Ponlo al teléfono para desearle buenas noches. Hola, mi bebito guapo. No le des problemas a tu abuela. Te portas bien. Te pondré a papi para que… Oh, está bien, ma. Descansa.

    —¿Qué sucedió?

    —Dijo que el teléfono está muy caro y que ya había hablado mucho, por eso no te lo pude pasar.

    —¿No llamaste tú?

    —Es verdad… De seguro no se acordaba.

    —Claro, eso debió ser —responde él, evitando problemas.


    Magnus abraza a Alice y le clava un apasionado beso, al que ella responde de inmediato.

    —Feliz aniversario, mi hermosa Alice. —Saca una cajita negra del bolsillo de su pantalón.

    —Gracias. —Abre la cajita y ve un collar de oro con una estrella de jade tan grande como su dedo pulgar —. ¡Me encanta! —exclama emocionada, corriendo al espejo del cuarto, para ver cómo le queda.

    —Es curioso, siento algo vacía la casa sin el bebé —se dice él, escuchando el silencio que impera.

    —¡Ven a ver lo bien que me queda! —grita de pronto ella.

    —Voy —responde, sacudiendo de su mente la nostalgia. Después de todo, mañana por la mañana irán por el pequeño bebé y todo será igual de animado que siempre.





    *Metre o Maître: Camarero de restaurantes u hoteles de alto rango.
     
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    InunoTaisho

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    Me causa relax y algunas sonrisa leer historias sueltas de tus personajes, con una trama sencilla sin sobrecargar demasiado sus personalidades, sobre todo del adorable Angus y de su alegre papá de rimbombante nombre Magnus... ☺☺. Las demás, Alice, su madre y Mana, siempre haciendo lo suyo sin variar su lenguaje y apreciaciones, pero sin duda es divertido imaginar sus expresiones a cada momento.

    Gracias por escribir, amigo.
     
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    Definitivamente todas las historias de esta familia me encantan. Son una pareja entrañable, con un bebé adorable y un montón de anécdotas cotidianas y divertidas.

    Sin duda, ha sido una forma peculiar de celebrar el aniversario. Supongo que habrá una segunda parte porque la historia se me ha quedado un poco en el aire. ¿Magnus finalmente se involucra en el restaurante? ¿Cómo le ayuda con el tema del gasto extra de la pecera? ¿Por qué la madre de Alice está tan en contra de mi querido Magnus? Claramente necesito una segunda parte.

    El relato en si, como siempre, es interesante y divertido. Los protagonistas sabes que me encantan y tu forma de redactar es excelente, siempre consigues que la lectura enganche y sea muy amena. Para cuando me doy cuenta ya lo he devorado. La primera escena de Alice intentando darle de comer me ha recordado al relato previo, como si estuviera en un flashback. El detalle de él manchándole al bebé de papilla para tener toda la cara de naranja ha sido muy divertido, me encantan esos toques de humor con los que impregnas tus historias. Me hubiera encantado ver a Angus maravillado con los peces. Es verdad que la escena del restaurante se me ha quedado corta, esperaba que el bebé armara alguna de las suyas y que daría más juego. Por lo demás está genial.

    Gracias por avisarme siempre de las historias.
     
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