Historia larga ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke

Tema en 'Novelas' iniciado por Paralelo, 16 Noviembre 2019.

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  1. Threadmarks: Capítulo 18. Nuevos cambios
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

    Virgo
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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
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    Capítulo 18. Nuevos cambios


    51


    No nos habíamos visto por varios días cuando los cambios comenzaron (no tenía otra manera de llamar a lo que comenzó a ocurrir). A causa de las vacaciones me levantaba tarde, salvo algunos días en que mi madre entraba de repente a mi habitación y me dejaba el cesto de ropa sucia con un gesto demasiado tierno, recordándome sin hablar el precio que debía pagar por mi mediocridad. Pero eso no importa. Debí darme cuenta de que había algo extraño cuando vi que la camisa que llevaba puesta era diferente a la que había tenido al acostarme (me había dormido con una amarilla con el dibujo de una palmera; me desperté con una azul sin dibujo), pero en ese momento pensé que sólo lo había recordado mal. Eran las ocho, mucho más temprano de lo que mi reloj interno me hacía sentir. Para mí era como si fuera mediodía. Salí de mi casa y me puse a caminar hasta la tienda; no porque quisiera comprar algo; sólo para tener un lugar al cual dirigirme. Debía parecer un zombi medio dormido para los demás, pero no me importaba. Si uno nunca ha tenido presiones en su vida, le será imposible imaginar el gran alivio que se siente al deshacerse de ellas, o al menos superarlas temporalmente. Con la seguridad de haber pasado de año y tener dos meses de vacaciones, extrañamente despertaron mis pensamientos. El ocio es, según mucha gente, el punto de partida de todos los males; pero quizás Sinke tenía razón, tal vez es gracias al ocio que uno puede darse verdadera cuenta de su realidad, el hecho gozar de pequeños instantes en los que no tienes que preocuparte de sobrevivir es lo que nos hace vivir verdaderamente; también los miserables que se mueren de hambre viven dentro de su burbuja, sólo que ésta no es nada cómoda. El ocio es algo bueno, lo difícil es saber cómo aprovecharlo, porque no es lo mismo el ocio del que sólo se goza por el ocio mismo que el ocio que abre mentes, que cambia consciencias, que te enfrenta contigo mismo y te hace reflexionar, decía Sinke. Y en ese momento sólo una cosa pasaba por mi mente en ese momento de ocio: el jínnliù era historia. Así de repente se había terminado; sólo distanciarnos rompió el contrato. Era como si no me hubiera dado cuenta de que el fin había llegado hasta ese momento; me pregunté si de verdad yo había participado en él y por qué, si fue algo en serio o sólo producto del mal humor y del estrés. Llegué a la tienda y ya no tuve a dónde ir, así que me propuse caminar hasta la avenida como mi nuevo objetivo. Es algo triste que después de varios años de jínnliù uno se dé cuenta de que en realidad no significó mucho, al menos no lo suficiente para seguir juntos. Quiero decir, al fin me di cuenta mientras caminaba hacia la avenida de que honestamente no deseaba que se terminara; antes de que Sentsa dijera eso de dejar el club no tenía ganas de abandonarlos, pero algo en lo que dijo, o cómo lo dijo, provocó no sé qué en mí, como si algo importante dejara de importarme, no sé ponerlo en palabras. En fin, a veces uno simplemente ya no quiere nada que ver con la gente de la que durante tanto tiempo fue jínn. Es triste, pero así es la realidad. ¿Así es la realidad? Los gemelos siempre hablaban de rebelarse contra ella. Me parecía algo muy inmaduro de su parte, ¿cómo te puedes rebelar contra tu mundo? Llegué a la avenida.


    ***​


    ¿Ahora a dónde voy? ¿Tendré que elegir otro lugar? Podría ir ahora hacia la glorieta cuatro calles más abajo, la que tiene el monumento a Ráu Shorsta; de seguro hay turistas. Bien, iré ahí. ¿Qué decía? Mi realidad, como decían los gemelos, no es la misma para todos, y la realidad de ellos de seguro es diferente a la que yo entiendo. Gaviotas, ellas viven en este mismo mundo, pero su realidad es diferente a pesar de eso. El sonido del tranvía; ahí está la gente viajando en él, cada uno en la realidad que sus decisiones crean. Qué raro, juraría que el tranvía doblaba en la otra calle. Bueno, como sea. ¿Qué tanto existo yo? Es la pregunta de Sinke. Sólo por el hecho de pensar, y darme cuenta de que lo hago, demuestra que existo, pero eso no quiere decir que exista del mismo modo que existió Ráu Shorsta; él fue un gran escritor que tuvo la suerte de tener el mismo apellido de esta región donde se construyó la ciudad. Todo danzilmarés sabe de él, pero pocos saben de mí. Por eso se puede decir que existo poco porque si muriera, habría pocos restos de mi paso por la tierra, y un día no habrá más memorias de mí, dice Sinke. Entonces ¿para existir más hay que hacer muchas cosas mientras vivas? Hay algo que no me cuadra de esa lógica. ¿Eh? ¿Dónde está el monumento a Ráu Shorsta?


    ***​


    —Disculpe, señor, ¿qué le ocurrió al monumento a Ráu Shorsta?

    —No eres de aquí, ¿verdad? El monumento a Ráu Shorsta está al otro lado de la ciudad.

    —¿Al otro lado?

    —Sí, en la avenida de Las Flechas, cerca del teatro Ítuyu. Te apuntaré la dirección exacta.

    —¿Avenida de Las Flechas? ¿No es ese un parque que está en las afueras?

    —No, ese es el parque de Las Cinco Piedras… aquí tienes, ojalá te ayude.

    —Gracias.


    ***​


    —¿Qué estás esperando?

    La sonrisa mofante colmilluda de Huba. Hinta ajustose el cinturón, temblábanle las manos de cansancio. No tienes valor para atacar primero, ¿verdad? Fuertes piernas corrieron hacia ella; se preparó para esquivar y contraatacar.

    Negrura. La patada al soltarse golpeó un rostro. Espinilla impactante en duro cráneo.

    —¡¿Sinke?! —el dolor de la tibia, opacado por la sorpresa de la aparición.

    —Vaya, vaya, tu patada es más fuerte de lo que parece.

    De pie.

    —¿Qué… qué ocurrió? —como de un fantasma, hacia atrás con un traspiés, el dolor de la tibia hace su aparición.

    —Tranquila, estimada —agachado, masajea el hueso que conoció su cabeza—. Encontrábame en inseguros pensamientos cuando algo ha pasado por mi sistema nervioso, como un horizonte cercano, familiar sensación, cerca pero lejos; e instantes después, esta dura espinilla en mi cara.

    —¿Y mi hermana? —menguando el dolor, queda el ardor.

    Sinke, hacia la puerta del dojo, mirando de un lado al otro, mas nadie para interrumpir.

    —Ante algo grandioso nos encontramos, parece. Aunque también terrible… ¿No lo sientes?

    —Sentir… ¿qué?

    Dedo a sus propios labios: silencio. Temblor de cuerpo y calor por la espalda.

    —Siento como si alguien acabara de irse, y solamente hubiera dejado huecos horizontes en la existencia.

    Negrura. No más traje de artes marciales. La mansión de los gemelos. El pato mandarín en la cabeza de Hinta.


    ***​


    Hasta la estación del metro Kanyu rápidamente en camino, suspirante reacción al cambio de dirección del metro, ya sin destino hacia donde siempre solía antes. “Oh no, ¿ahora cómo llego?”. Posteriormente, preguntas a un encargado, el nuevo camino adecuado con satisfacción y calma hacia su destino, ahora sí de su conocimiento. Inútil el celular para la comunicación con sus amigos; sus números ausentes en los contactos. “Espero que estén ahí”.

    Carrera después de la parada, hacia la mansión, más de diez manzanas con impaciencia. Profunda y horrorizada sorpresa, la mansión de los gemelos desaparecida de su terreno. Reja oxidada sin candado. Largas hierbas marchitas como único adorno lúgubre del terreno. “¿Por qué no está?”. Un sonido entre los matorrales. El pato sobre la tortuga a su encuentro tras la reja. La cara sin sangre de Kanyu hacia aquellos, como fantasmas.


    ***​


    Llega Sentsa caminando frente a la reja. El perro ladra; pero nadie sale a su encuentro, como siempre había sido. En clamando el nombre de su amiga abre el seguro de la reja y se aproxima a la puerta cruzando el patio de hierbas marchitas y pedazos de tierra desnuda. El perro vuelve a dormir en su perrera. Sabe que puede reconocerla por el ladrido de su perro, pero quizás no abre porque aún está triste o tal vez resentida. Toca la puerta con los nudillos y llama de nuevo. Una pantalla negra la deja ciega por unos instantes, se encuentra entonces frente a la casa de Hinta. En su estupefacción, alcanza a oír decir a Huba que hacía rato Hinta había salido con Sinke. Pregunta si se encuentra bien ante su rostro impactado por el repentino cambio. Se va de ahí tras una apresurada despedida y piensa que quizás solamente sueñe; mas no se despierta, sólo recuerda que, habiéndose sentido afligida por el repentino distanciamiento, su moral la había obligado a dirigirse a la casa de Yuska. Ahora se pregunta sin poder responderse, camina errática y turbada. Suena el celular y contesta rápidamente. Es la voz de Sinke.


    ***​


    Kanyu tendrá el instinto de alejarse del terreno baldío; pero sentirá sin poder evitarlo la necesidad de voltear a verlo de nuevo, y nada habrá cambiado. Los mismos animales en el mismo sitio lo mirarán y desaparecerán entre la hierba. Esa mañana, la nostalgia lo azotaba y mortificaba; había bajado las escaleras, preparó un desayuno a su primo, y al subir de nuevo a su habitación sintió el destello negro frente a sus ojos; rápido como la ceguera de un parpadeo, y la habitación la encontró en un orden diferente: la cama junto a la ventana y no junto al escritorio, la lámpara sobre el escritorio y no sobre la mesa de noche, la mesa de noche en ningún sitio, y libros y ropa por todos lados. La foto que se habían tomado en la fiesta de navidad inexistía en el segundo estante del librero. Inquieto, tomó su teléfono y buscó los números de los que habían sido jínnyi, desaparecidos de la memoria del aparato. Se sentó en una silla apartando una camisa blanca y reflexionó alterado. Pasarían unos minutos antes de pensar en los gemelos, sentiría el impulso de levantarse y dirigirse a su mansión, como si le supusieran la respuesta definitiva a tan extraño suceso.

    Cuando terminare de cuestionarse a sí mismo, y concluyere que ir ahí no fue más que solución inútil, volverá a mirar el terreno una vez más, y después de la destellante oscuridad aparecerá de nuevo la mansión tal y como la recuerda. Una voz que no había oído en más de una semana volverá a sus oídos.


    ***​


    ¡Kanyu! Era la voz era Ate, que llegó agitado y quedose algo lejos, ¿qué haces aquí? No lo preguntaba como si le molestara, sino como si presintiera que sus situaciones eran similares. Titubeó el chico de lentes un Yo, y añadió: Creó que también vine a ver a los gemelos. ¿Para qué? Preguntó Ate, sospechando. Kanyu tardó unos segundos en darse valor, y luego dijo: Tal vez te parezca una tontería, pero creo que por un momento estuve en otro mundo; me di cuenta de que al despertarme había algo diferente. ¿Qué era lo diferente? Preguntó Ate. Y contestó Kanyu: no importa, pero lo más extraño es que cuando llegué aquí, la mansión no estaba. ¿Se te puso todo negro? Preguntó Ate, después de mirar la casa por unos segundos. Kanyu se quedó helado, y preguntó: ¿Cómo lo sabes? Y los ojos alarmados de Ate parecían contestar mudamente: Creo que yo también estuve en otro mundo.


    ***​


    Sinke se acercó a la ventana. El pato voló de la cabeza de Hinta como si su perplejidad lo repeliera. Los dos chicos ingresaban en el jardín por la reja y se dirigían hacia la entrada corriendo. Hinta fue a recibirlos.

    Sinke tomó su celular y marcó el número Sentsa. Kanyu y Ate ya habían llegado cuando Sentsa contestó.

    —Ven a mi casa y no pienses mucho en el camino —ordenó Sinke.

    Su tono se escuchó tan severo que le pareció a Sentsa estar hablando con Yake.

    —¿Por qué dices eso? —preguntó asustada.

    —Te explico luego. No te preocupes, si cambias de nuevo, lo sabré.

    Colgó.

    Contaron los recién llegados lo que habían experimentado. Estaban evidentemente alterados, atrapados en una jaula esperando sentencias de muerte o de esclavitud.

    —¿Por qué venir aquí fue para ambos lo primero que se les pasó por la mente? —preguntó Sinke.

    Esa pregunta los privó de palabras por un momento, como escépticos después de ver un fantasma.

    —Por lo de que tú y tu hermano siempre andan diciendo —contestó Ate—. Ya sabes… lo de no sentirse parte de la realidad.

    —Pues lamento desilusionarlos —contestó tajantemente—, me temo que de un desconcierto tan grande como el suyo soy víctima también.

    Sopló el viento en la ventana. Nadie habló por unos segundos. Luego preguntó Hinta:

    —¿A qué te referías con que sentiste algo, justamente antes de que apareciéramos aquí?

    A lo que Sinke contestó:

    —Ya les hemos hablado antes acerca de nuestro eterno pesar: el sentir un horizonte a una distancia infinita desde que tenemos conciencia, del cual siempre hemos considerado, tal vez ingenuamente, como nuestra realidad cuyos ecos nos llegan todavía, como si supiera que dos hijos suyos están perdidos en un universo ajeno y que los llama a su hogar. Nunca le pudimos dar explicación. Sin embargo, hoy en la mañana sentimos como si esa barrera invisible se debilitara; sentimos otra realidad similar que era, por así decirlo, más fuerte y cercana. Era como si nuestra piel hiciera contacto con algo a través de una tela de aire, y escucháramos sonidos tan bajos como si vinieran de algún lugar lejano del universo. Desconcertados, lo platicamos mi hermano y yo, y cada segundo que pasaba la sensación de que nuestro cuerpo estaba rodeado por una membrana invisible se hacía más fuerte. “Demasiado dura para que nuestro cuerpo la cruzara; tal vez ese privilegio sea sólo para la mente”, fue lo que él pensó un momento después. Luego, por alguna razón que todavía no comprendo, tuve un desmayo con la duración de un parpadeo, igual que si me encogiera o desvaneciera en esa misma fracción de segundo, y aparecí en casa de Hinta. No lo dije en ese momento, pero mi espíritu se volvió de piedra cuando momentos después sentí otro horizonte. Inmediatamente aparecimos aquí, como si hubiera cruzado a uno de ellos. Y el primer horizonte, el que pertenece a vuestro mundo, todavía está ahí, todavía lo siento. Ahora tengo dos horizontes: el de vuestro mundo y el del mío.

    Rato después llegó Sentsa, igual de agitada que los otros, y lo primero que notó fue que faltaba Yuska.

    —Cuando ocurrió el cambio me separé de mi hermano —dijo Sinke—, no sé qué es de él ahora; pero mientras no sienta otro horizonte, puedo estar seguro de que ambos se encuentran en este mismo mundo.

    —¿De qué estás hablando? —preguntó Sentsa.

    Como si no la hubiera escuchado, Sinke marcó el número de Yuska, pero se lo ponían como inexistente. Mientras marcaba una segunda vez, explicó:

    —Ahora mismo nos encontramos en un mundo ligeramente diferente al que recordamos, no me atrevo a especificar qué tanta es la diferencia, así que solamente me limitaré a decir que en mi celular el único número de todos ustedes que tengo registrado es el de Hinta, y los demás ya no existen.

    —¿Por qué crees que es así? —preguntó Kanyu.

    —Estoy seguro de que ustedes pueden pensarlo un poco también —dijo Sinke, colgando definitivamente el celular.

    —Quizás en este mundo nos borraste a todos de la memoria de tu celular —dijo Ate—, así como hace un rato estuve en el mundo en que el monumento a Ráu Shórsta estaba en otro lugar.

    —Dijiste que aún sentías otro horizonte —dijo Hinta—, que es el de nuestro mundo, eso quiere decir que podríamos volver a cruzarlo para regresar, del mismo modo que llegamos aquí, ¿verdad?

    —Es posible —dijo Sinke—, pero si no entendemos lo que sucede, en cualquier momento podría sentir un nuevo horizonte, y según hemos visto, eso quiere decir que alguno de ustedes se ha ido.

    Procedió Sinke a explicarle a Sentsa lo que había dicho antes de su llegada, y al terminar, su confusión se hizo más prominente.

    —No entiendo nada—dijo Sentsa, tanto su voz como su cuerpo se estremecieron—, pero creo que lo mejor es no separarnos por cualquier cosa.

    Iba a decir algo Sinke cuando su teléfono comenzó a vibrar. Al ver que el que llamaba era su hermano, inmediatamente lo puso en altavoz, y antes de dejarlo hablar, dijo:

    —Ya todos están aquí, ¿dónde están Yuska y tú?


    52


    —Entonces ¿en realidad estamos tomando prestados estos cuerpos —miró Kanyu su reflejo en el espejo—, pero la mente que tenemos sigue siendo la de nuestro mundo?

    —Veo que aún en esta realidad tienen la molesta costumbre de repetir lo que se acaba de decir si es una afirmación extraordinaria —rio Sinke, sentado en el sofá.

    —Espera —Sentsa se levantó de la silla y se acercó a él—, si dices que puedes sentir nuestra realidad original, ¿por qué no solamente piensas en volver a ella?

    Se mostró Sinke tan calmado ante esa pregunta, que si no hubiera sido por su sonrisa maliciosa hubieran jurado que se trataba de Yake.

    —El problema no es que nosotros regresemos, sino que ustedes lo hagan, pues de otro modo sus mentes permanecerán aquí.

    —¿Y cómo lo vamos a hacer? —preguntó Hinta— No es como si nosotros tuviéramos control sobre esto.

    —Ese es precisamente el problema que hay que resolver en cuanto mi hermano y Yuska lleguen…

    —¿Qué te sucede?

    El gemelo se había detenido bruscamente, víctima de un sopor paralizante.

    —Siento otra realidad.


    ***​

    Se sintió Hitna jalada hacia atrás. Se halló de repente en los brazos de Sinke, quien retrocedió llevándola como en un baile, y ella instintivamente movió los pies al mismo ritmo, y cuando el gemelo la sostuvo casi horizontal, evitando que cayera, con el rostro encima de ella, miró de cabeza a los que, riéndose y cuchicheando, habían visto la osadez de su novio.

    —Ah, mi querida palomita guerrera, mis sentimientos obligado a compartir repentinamente me he sentido. He soñado despierto en prodigiosa realidad, donde ningún ser idealista exista, ni empirista, ni determinista, ni nada. ¿Qué opinas de ello?

    —Sinke… no es el momento…

    Su voz era queda; pero con la mano apretó el bíceps y no dudó en mostrarle una pequeña boca regañante.

    La incorporó Sinke, volviendo sobre sus pasos, y con una pose dramática dijo:

    —¡Wafna! Que aquí hoy admito que de como novio empalagoso actuar me avergüenzo… mas la emoción de esta nueva sensación, querida, de al volver encontrarme en una relación hallarme en mi mente actúa como si en elixir me ahogara. Tiene mi existencia nueva definición que me diferencia de infinitos alter egos, mil veces más incapaces de ser honestos consigo…

    Las gentes pasantes rápidamente se aburrían de su cursi hablar forzado para llamar la atención, aliviando así a la enamorada, quien después soltó una risa enternecedora, sintiendo divertido el hablar y expresar que muchos otros considerarían incómodo e ridículo. Lo interrumpió tomándolo de la mano.


    ***​


    Y sobre el puente:

    “¿Recuerdas, amada Hinta, nuestro primer beso que nunca vivimos? Estábamos volviendo de la playa. Nuestra tensión crecía y crecía en el autobús conforme pretendías mirar el suelo a mis pies, y subir los ojos hasta mis manos, mis hombros, mi rostro, sin que nadie te notara. Pero tus ojos hallaron los míos. No lo vivimos; pero lo recordamos. Era de esperarse, pues pasamos mucho tiempo a merced de la realidad, bailando en mi habitación. Y esa sensación de regocijo inescrutable que rompía con la lógica de la vida diaria, santuario que nos conectaba a la fuerza, poco a poco nos fue haciendo dependientes, nos fue llenando las arterias y la médula del deseo silencioso de volver, hasta que, a su tiempo, comenzábamos a sentirlo apenas nos quedábamos solos en algún momento, apenas nuestras pieles y ropas se rozaban por accidente, apenas tu miraba se apartaba de la mía con vergüenza. Se habían bajado todos, incluido mi hermano acompañando a su novia; tú no te bajaste a pesar de que debías hacerlo, poniendo como excusa que antes debías ir a otro lugar; pero en realidad te quedaste porque no me veías moverme, y al oírte poner tal excusa tuve menos motivos para hacerlo…”

    Y bajo el árbol:

    “Sinke, me intrigaste casi desde el principio, pasado mi inicial temor, debo ser sincera. Pero no fue sólo esa mirada profunda que tenías, ni ese modo de hablar que me es tan divertido aunque nunca lo admitiera, sino esa manera que tenías de ver las cosas de modo que siempre las conducías una tras la otra; aunque no parecieran tener nada que ver, o aunque resultara incómodo, pero siempre de manera ingeniosa, o confusa. Esa seguridad para decir lo que pensabas en cualquier momento, la seguridad de tus movimientos; nunca titubeaste, pensabas y eras imparable; aunque a veces te podían hacer cambiar de idea, y en ese caso solamente buscabas otra cosa en la que liberar la energía de tu mente. Yo nunca fui así; yo era la que se reprimía, la que se esforzaba por dar siempre la mejor imagen, la que fingía. Cuando me propusiste que bailara contigo mi cerebro se detuvo, al igual que en ese momento en el camión, cuando de repente, al hallarnos solos en la parte de atrás, sin aviso te acercaste a mi boca y pegaste los labios en ella, para luego retroceder con la misma lentitud y calma con la que te habías acercado. Y yo temblé y me sentí sin esqueleto. Mi cabeza la tenía vacía, los músculos de mis labios reaccionaron y dieron un beso tardío al aire…”

    Y entre las paredes:

    “Te envío mensajes discretamente mientras el profesor Íbien habla. Vaga imaginación la mía a la hora de algo original efectuar. No espero que me respondas; pero me respondes, y tu respuesta no es enojada, sino un simple guiño coqueto hecho de grafías; un punto y coma y cierre de paréntesis, emoción que te daba vergüenza darme con tus verdaderos gestos en público. Es ahí en donde representas la realidad de tu mente; signos conceptuales que expresan tu interior. En una banca del parque mi cabeza recuesto en tu regazo, emulando a los otros enamorados alrededor de nosotros. Me tocas el pelo, lo peinas y juegas con él; lo pones sobre mis ojos, con mis puntas rascas mi piel y te escucho reír con la boca cerrada por mi estremecimiento. Luego, esa misma boca riente cae sobre mis labios. Levantas tu rojo rostro y finges, imitando seriedad, que miras un árbol. Cubren tus manos mi cabeza que yace en tu regazo”.

    Y en la cama:

    “Sientes mi respiración entrando y saliendo, y escuchas mi corazón latir cada vez más y más tranquilo, con tu rostro a la altura de mis pechos. Como un bebé te siento, enmaraño tu cabello; me encanta hacerlo. Antes y después, estás siempre con esa exagerada atención, ya sea que te diga que vayas despacio, lo haces sin decir nada más, y luego, cuando comienzo a disfrutar, no paras de preguntar por lo que siento, muy cerca de mi oído, calentándome con tu aliento mi lóbulo, pero aún me da vergüenza hablar en ese momento, así que la presión que hago con mis manos sobre tu espada, apretándote contra mí, son mi respuesta. No tengo que hablarte; lees mis pensamientos con cada caricia de mis manos, como si hubiéramos inventado un código de tactos y sensaciones en el que tú hablas y yo toco, yo escucho y tu sientes, y ambos gozamos y reímos de lo bien que funciona ese lenguaje, ese juego que surgió sin que nadie escribiera las reglas. Ahora te quitas de encima y te acuestas a mi lado, entonces finges dormirte, lo haces para que yo me acueste sobre ti, para que lo haga al tiempo en que te abrazo, y entonces sea yo la que sienta tu respiración y escuche tu corazón latir. Luego tu mano me sujeta del hombro, y me aprieta contra tu cuerpo, y aún disfrutamos el contacto de nuestras pieles sin nada entre ellas”.
     
  2. Threadmarks: Capítulo 9. Alegría y regalos
     
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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    3882
    Capítulo 9. Alegría y regalos

    27


    Un día Hinta recibió una repentina llamada de Yake, el cual sorpresivamente le pidió, forzando sus palabras, que lo acompañara al centro comercial a comprar un regalo para el cumpleaños de Yuska, que sería dentro de pocos días.

    Sinke se había empeñado, casi desde el primer momento de su unión al jínnliù, a que su hermano intentara acoplarse a su nueva vida, y para ello le había dicho que, si quería hacer un juego justo, tendría que ir él mismo a comprarle un regalo a su nueva jínne. Para hacerlo todo más interesante, exigió que fuera en compañía de algún otro de los jínnyi.

    Cuando Hinta hubo llegado a la enorme puerta de vidrio del centro comercial, vio al gemelo serio de pie entre las personas que entraban y salían, estático como un maniquí, y tan vivo como uno también.

    Hola, Yake ¿Llevas mucho tiempo esperando? Preguntó Hinta acercándose, Un poco, contestó el gemelo. Sin decir ni una palabra más, se adentraron en el edificio cuyas enormes tiendas y almacenes recibían amistosamente a todos los seres que ahí iban a gastar su dinero. Mientras pasaban entre las diferentes tiendas, invisibles para las demás personas, Hinta notó que Yake caminaba con mucha seguridad, como si supiera a dónde ir. Vamos a la tienda de mascotas, dijo Yake, como leyendo la pregunta de su mente, Voy a comprarle a Yuska un ratón, ¿Por qué un ratón? Preguntó Hinta, Porque le gustan, contestó Yake secamente. Cuando subían por la escalera mecánica Hinta no pudo seguir aguantando la curiosidad, y preguntó con voz calmada: ¿Por qué me pediste que te acompañara? Sinke me dijo que se lo pidiera a uno de ustedes, contestó Yake mirando al frente, Y de todos los demás eres la que menos me molesta. ¿De verdad? Dijo Hinta sorprendida, ¿Y eso por qué? A lo que el gemelo contestó: Sentsa solamente se quedaría mirándome con un rostro de hipócrita superioridad moral, evaluándome para pasar mi personalidad por el filtro de su propia ideología; Ate no habría aceptado venir ni suplicándole; y no quiero tener que estar con Kanyu sonriendo como idiota todo el camino. Pues, supongo que gracias, dijo Hinta con modestia, Nunca me agradezcas nada, por favor, dijo Yake, tan tranquilo que casi sonó amable, y nadie habló hasta llegar a la tienda de mascotas.

    Eligió Yake un ratón blanco con su jaula, pagó y salieron de inmediato, haciendo el mínimo contacto visual con el malhumorado vendedor. Si bien al principio Hinta miraba con cierto temor a Yake, en poco tiempo había comenzado a sentirse más confiada cerca de él, ya que sabía que la indiferencia que mostraba a todo le hacía sentir la seguridad de que, sin importar lo que ella dijera, entraría en oídos sordos, casi como si no estuviera ahí. Sin embargo, durante mucho tiempo continuó creyendo que el gemelo Yake no era más que un chico sin fe en la vida, que había decidido refugiarse bajo una máscara de frialdad, pero que en el fondo deseaba la felicidad, como todos los seres que habitaban ese mundo con ella, y lo único que necesitaba era una buena amistad. Pensando en todo eso, mientras lo veía sujetando la jaula con el ratón, le propuso ir a una de las tiendas para tomar un té helado, y lo hizo con una actitud tan indiferente y casual, pensando que para ganarse su confianza debía mostrar una actitud más similar a la de él, que el gemelo volteó a mirarla con los ojos carentes de vida de una máquina, y la chica de cabello áureo pensó que era señal de que se había interesado; pero, para su gran decepción, el gemelo le contestó con una negativa. ¿Por qué no? Preguntó Hinta, todavía calmada, Si crees que intentando caerme bien vas a hacer que me sienta mejor, te equivocas, es evidente lo que tú piensas, crees que en el fondo soy un incomprendido, desesperado por un poco de afecto humano y consuelo, y que por eso inventa tonterías como el sentirse de otra realidad. Hinta no perdió la postura, Todos necesitamos algo de contacto humano, dijo sin intentar sonar muy sermoneante, En la vida es necesario convivir con los demás, creo que fue valiente de tu parte el aceptar unirte a nuestro jínnliù, y lamento que los demás tal vez no lo sepan ver. ¿Por qué tienes tanto interés en que me acople con ellos, si al parecer a todos los demás, como mínimo, nos ven a mi hermano y a mí como entes extraños? Preguntó Yake con una discreta entonación de curiosidad, Porque somos un jínnliù, contestó Hinta, como si aquella palabra sirviera para justificar todo, Es el círculo más importante, solamente superado por el de la familia, y si no queremos que se extinga, debemos tomárnoslo más en serio. Hinta se sentirá como una tonta rato después por haber dado aquella razón, pues tarde recordó que preservar el jínnliù no era en absoluto de interés para Yake, sino para ella.

    No hablaron el resto del camino hasta la salida, y al llegar ahí, Yake se detuvo y dijo con la misma voz seria y susurrante: ¿Sabes? Al principio dudaba sobre todo esto, pero ahora puedo decirte que eres la que más me agrada de los demás jínnyi, ¿Eh? Exclamó Hinta, Puedo percibir en tu voz y actitud que, a pesar de todo lo que me has dicho, dudas de tus propias palabras, y por eso eres incapaz de expresarte con la misma voz tenaz de Sentsa a pesar de intentar defender tus valores, y eso es deseable, es necesario que haya gente que dude de lo que dice, que dude de sus propias convicciones e ideales, Oye… yo no dudo que… la voz de Hinta se tornó un poco nerviosa, Tal vez ahora no tanto, continuó Yake, Pero no cabe duda de que una parte de ti se cuestiona que la idea de un jínnliù sea, como mínimo, honesta, y, a lo peor, coherente. Se detuvo y vio a su jínne, que parecía turbada por esas palabras, Y ahora, continuó un momento después, Como dictan las tontas pero necesarias reglas de la reciprocidad, acepto invitarte a un té helado; acompáñame, cerca de aquí hay un local donde tales líquidos son vendidos.


    ***​


    Quedose Ate mirando incrédulo el enorme árbol de navidad que había aparecido cuando Sinke, apretando un botón de su extraño control, lo hizo brotar de aquel pequeño cubo como si fuera un artefacto mágico.

    —¡Increíble! —había exclamado Yuska acercándose a él, y viose reflejada en una esfera roja —Como viva magia, milagro tecnológico del que los humildes como yo únicamente en fantasías visualizamos.

    —He aquí el nuevo producto de la marca Gramt —dijo el gemelo orgulloso—, a buen deber sería considerar el de tan fácil y práctica manera la realidad ser vivida, aunque con ello nos libre de los fútiles placeres…

    —¿Ya vas a comenzar, de nuevo, con esas exacerbantes comparaciones pseudo-filosóficas? —dijo Sentsa, quien había ido a la mansión de los gemelos a la espera de ayudar con la decoración, pero encontrose con la morada plenamente ornamentada.

    —Por cierto, Sinke —dijo Kanyu apresuradamente, para evitar la extraña discusión que habría tenido lugar—, ¿cómo has convencido a Yake para que la fiesta en vuestra casa tuviera lugar?

    —Yo también me lo pregunto —dijo Hinta—, puesto que la natividad parecele la festividad más absurda de todas, y por la que de seguro preferiría perderse vagando en el frío de la costa, donde en estas fechas nadie que no sea por oficio se atreve a acercarse, antes que pasar una incómoda velada entre tanta luz y parafernalia.

    —Tal cuestión, estimada jínne, me he encontrado en la circunstancia de de los oídos de mi terco hermano ocultar.

    A lo que dijo Ate, sentándose somnoliento sobre una silla rodeada de lucecillas de colores:

    —Si tal evento permanece en misterio a la consciencia de Yake, ¿en verdad crees que, al haber arribado a su mansión, y la encontrare de luz y felicidad salida de la nada llena, su parecer de repente se muestre cooperador y entusiasta, o de ese modo no harías más que favorecerle una inminente partida hacía lugares tan alejados del propósito que todos en estas fechas se proponen, como el que nuestra estimada jínne propuso hace un momento?

    —Fuere ese el desgarrador destino que a nuestra primera saturnalia aqueje, de vuestro apoyo me veré en la necesidad de pediros para cuando llegare en menos de una hora.

    —Por cierto —interrumpió Yuska—, siendo que apenas acabamos de llegar, y que su presencia en la morada de nula aparición ha sido, había supuesto que simplemente en su habitación se había custodiado; mas ahora dices que se haya en algún lugar del exterior y que su arribo es inminente, ¿a dónde, pues, ha sido enviado, si es que su ausencia no ha sido precisamente consecuencia de su voluntad?

    —Esa cuestión, estimados, de gran importancia nos ha de suponer, pues en efecto, no ha sido por propio ejercicio de su libre albedrío el en nuestra casa ahora no encontrarse, y es en parte debido a eso que os he llamado tan rápido como él hubo puesto un pie fuera de la casa, porque ahora os digo que ha ido a recibir a la estación de autobús a una persona muy especial: nuestra muy querida tía Kísa, a quien no vemos desde nuestros lejanos seis años, y supongo que la sorpresa y regocijo que toda tía posee al encontrarse con el sobrino tan cambiado y crecido algo de su tiempo le robará.

    —¡Válgame! —dijo Sentsa— Será, pues, la primera vez que a siquiera un familiar suyo nos hagamos conocer.

    —Es por eso que, para mi malévolo plan llevar a cabo, debo pediros que, en el momento de que pongan un pie dentro de la casa, no escatimen en su actividad social de congeniante comunicación para que, de ese modo, cuando viere el rostro contento y ansioso de nuestra tía conviviendo con nuestros jínnyi, se le creará un profundo sentimiento de culpa que lo mantendrá atado como una cadena de hierro dentro de los confines de la mansión.

    —Qué alguien a Ate de un porrazo en la nuca despierte —dijo Sentsa, viéndolo perdido en vacíos pensamientos en la silla.

    —Te he oído ya, bruja cascarrabias. Debo hacerles entender que, en este asunto de las festividades de convivencia familiar, de parte de ese gemelo me siento.

    —Eso tienes necesidad de sentir —continuó Yuska, levantando el dedo índice— porque en navidad es cuando tu hermana Kuesta, llegada de alguna importante investigación de algún lado de china, cuyo nombre carezco de la habilidad de pronunciar, de la atención de tus padres te priva y la monopoliza para ella misma. Pero no tienes que preocuparte —aproximóse a él y con suavidad abrazólo por la cabeza—, aquí nosotros gustosamente te guardamos en nuestras almas hogar.

    Iba el apenado chico a responder cuando oyéronse pisadas en el jardín, y asomándose por la ventana atestiguaron al frío gemelo caminando junto a una mujer sonriente como una niña, y cabello largo de ébano con ropa de color verde y rojo, con el estilo suave de bordados curvilíneos con el que visten las mujeres del sur de Danzilmar.


    28


    Mucho tiempo dejé a este chico apartado de mis continuas observaciones, a causa de la poca significancia que representaba para mis entonces no muy claros propósitos como testigo de esa realidad. Sin embargo, en futuros viajes que hice cuando visité la realidad de Émbora, logré ver al mismo ser en otras circunstancias y momentos de mucha mayor relevancia, por lo que tuve la curiosidad de saber un poco más de él en este mundo, a causa de lo diferente que era en comparación.

    Desde el primer día en que se encontró con ella por accidente, Súruk no podía estar cerca de Hinta sin que la voz le traicionara, la espalda se le calentara, y el corazón se le detuviera. Al bajar rápidamente la escalera de caracol, la chica no vio, a causa de la curva, que el chico de aspecto infantil venía corriendo en la dirección opuesta; sus cuerpos estuvieron a punto de sentirse colisionar. Súruk de inmediato pidió exageradas disculpas, y cuando Hinta observó la vergüenza en sus ojos y respondió también disculpándose por un accidente que nunca había ocurrido, su percepción la hizo ver hermosa como a ninguna otra chica que hubiera visto en su vida, y quedó aún más fascinado por el color de oro de su cabello y el rubor natural de sus mejillas, así como de sus profundos ojos azules. Perdió el habla, titubeó, apartó los ojos hacia el barandal blanco que rodeaba el segundo piso, su dedo índice dibujo líneas en el aire, le dio un último saludo de cabeza tan inclinado que estuvo a punto de estrellarse contra los escalones que tenía por delante, y continuó su camino ascendente, cabizbajo, y muriéndose de la más insoportable vergüenza.


    ***​


    Esperó Yake bastante rato, pero parecía que el autobús había tenido un retraso. Hace años que no vemos a la tía Kísa, ¿qué se supone que va a hacer una semana viviendo en nuestra casa? Entró un autobús a la estación; mas no era el que esperaba. Sí, recuerdo la última vez que la vimos, cuando nuestros padres tuvieron que irse al extranjero; la recompensa es siempre más trabajo y por eso aún hoy no están. ¿Cuántos tratos ya habrán cerrado? Un enorme grupo de gente entró en la terminal, obligándolo a moverse. Y ahora viene ella en su lugar. Debieron pensar que, en tal época del año, algo de sangre, aunque sea adoptiva, sería lo adecuado. Un nuevo autobús se detuvo en la estación, y de él la gente comenzó a salir. Reconoció rápidamente a la tía Kísa, no demasiado cambiada de sus recuerdos de infancia. Saludándolo afectuosamente a lo lejos, ella se acercó a paso lento. Lo apruebe o no, es mi semejante.

    —¡Yake, mírate qué grande estás! —exclamó dándole un abrazo apapachador.

    —Hola, tía.

    —No te veía desde que tus padres te enviaron con el señor Fúntuo, ¿cómo fue su vida con él? No los trató muy duro, ¿verdad?

    —Estábamos mejor entonces que ahora.

    El rostro de la tía Kísa se tornó más serio, incluso algo triste, al ver de nuevo el semblante tan imperturbable de su sobrino.

    —Oye, Yake, es probable que tus padres vengan también esta navidad, me avisaron que podría ser.

    —Me lo suponía —contestó apresurado. ¿No es ese dulce rostro acaso tan dibujado como el mío?—, déjame ayudarte con eso.

    Tomó su maleta, y se fueron de aquel lugar antes de que el siguiente grupo de gente llegara. Supongo que dada nuestra situación, estaremos necesitados de que nos recuerden que aún somos recordados.


    ***​


    Hinta se quedó petrificada al escuchar las palabras de Súruk, que mostró una actitud valiente y segura pese a su notorio tartamudeo y la dificultad con la que se atrevió a mirarla a los ojos. El chico podía escuchar sus propios latidos mientras apretaba el puño con fuerza, y rezaba a todos los dioses para que sus ruegos fueran escuchados. “¿Quieres salir conmigo?” Fue lo que había preguntado; calló y esperó, con los órganos entumecidos, la respuesta de la chica.

    Hinta iba a pronunciar un titubeo, aturdida y casi sin aire; pero Súruk la detuvo, impulsado por un temor agobiante, queriendo postergar lo que consideraba un inminente rechazo.

    —Espera… no me lo digas —volteó la cabeza hacia la izquierda, para no hacer contacto visual con ella—, voy a estar esperando mañana en el puente rojo, a la hora del almuerzo. Si no quieres tener nada conmigo, yo entenderé que no vayas, y no te molestaré más.

    Se fue de ahí, sintiendo un increíble peso en sus pies que le dificultaba caminar.

    El día siguiente llegó, y el pobre Súruk estuvo sintiendo una sensación de parálisis en su espalda y piernas; la cabeza nublada, llena de aire y silencio desde el primer momento de su despertar hasta que la alarma del descansó sonó. Entonces caminó fuera de su edificio, se dirigió hacia donde estaba el lago, avanzó hasta el centro del puente rojo y se apoyó sobre el barandal, mirando a las inocentes ranas que bajo su reflejo croaban y nadaban junto a los peces. Súruk nunca se había imaginado lo eterno que el tiempo podía parecer cuando un chico enamorado esperaba la tormentosa respuesta, cuando mantiene esperanzas de que sus sentimientos serán correspondidos; pero también el miedo al rechazo se clavaba como un cuchillo en su espalda, sintiendo un río de ardor hasta el coxis. Deseó nunca haber dicho nada al respecto, para al menos no alejarla más de él. A la tumba, sí, todo secreto y deseo está a salvo en la tumba, pero ya lo había desenterrado. Pensó ya muy tarde que, si la chica del cabello áureo no llegaba, si decidía que él no era lo bastante digno para ella, nunca más podría volver a mirarla a los ojos sin sentirse humillado y triste.

    Escuchó pasos en el puente, dejó de respirar cuando vio con el rabillo del ojo a Hinta, de pie al comienzo del puente, volteó a mirarla completamente sorprendido, y por un momento sintió que la gravedad de la tierra había aumentado cientos de veces. Le quemó un ardiente calor en la nuca cuando vio que Hinta le sonreía con dulzura.


    ***​


    La llegada de la tía Kísa fue cálida y amena. Sinke la abrazó con alegría preguntándole por su viaje y su vida, para luego expresarle que preparaban una brillante fiesta de navidad. La tía Kísa se regocijaba por el calor que su sobrino le demostraba. Sinke le presentó luego a sus jínnyi, cosa que también le sorprendió, puesto que apenas había grupos de jínnliù en su juventud, y dijo que los pocos que había visto en general duraban muy poco tiempo. La instalaron en una de las habitaciones, y luego se ofreció amablemente a ayudar con la comida para la fiesta, pese a que le dijeron que debía descansar del largo viaje desde el otro lado de Danzilmar.

    Mientras los gemelos, junto con Sentsa y Ate, fueron a comprar otras cosas necesarias e innecesarias para la fiesta, Yuska, Hinta y Kanyu se quedaron preparando la comida junto a la tía Kísa, sorprendiéndose ésta por la gran habilidad con la que Kanyu cortaba tan uniformemente las verduras y la firmeza de su pulso para revolver la salsa, así como la exactitud cronométrica que tenía para freír la carne de manera que ambos lados quedaran igual.

    —Disculpa, tía Kísa —dijo Yuska, como si se tratara de un familiar de toda la vida—, ¿cómo eran los gemelos cuando eran pequeños?

    —Yuska, no creo que eso les guste —dijo Hinta, pensando en lo que diría Sentsa.

    —¿No me digas que no tienes curiosidad? Después de todo somos jínnyi; debemos saber lo más que podamos de ellos.

    La tía Kísa sonrió ante la pregunta de aquella simpática chica, y sin dejar de desgranar las mazorcas de maíz, habló tranquilamente:

    —Bueno… ya saben que fueron adoptados, ¿verdad? Pues aún recuerdo el día que mi hermana Kinábi llegó con ellos junto a mi cuñado Náo. Era una época en la que la compañía que manejaba con él estaba en una muy buena posición en el mercado de Danzilmar; pensaron que esa época de relativa estabilidad económica les ofrecía una vida tranquila para tener hijos. Pero tiempo después supimos que mi hermana era estéril, y aunque ambos quedaron muy dolidos por ese hecho, pronto decidieron adoptar. El día en que los vi por primera vez mi hermana los llevó a la casa de nuestro padre; estaba muy delicado por una enfermedad del hígado que lo mantuvo en cama durante sus últimos meses de vida. Bajó del auto una carriola, y al acercarme me sorprendí al ver a dos adorables gemelitos (¡Ay, debería haber traído fotos!); ambos estaban despiertos y me observaron con unos increíbles ojos anaranjados. No parecían de más de unos pocos días de nacidos, pero uno me miraba sonriendo como si mi rostro le pareciera algo gracioso, y el otro lo hacía como si fuera algo extraño…


    ***​


    —¿Estuviste tú también en aquella realidad en la que volvieron Yake y Sinke bastante tarde el día previo al festival deportivo. Cuando, por órdenes del entrenador, el equipo para la competencia de carreras debía quedarse horas extras en el instituto para entrenar. Estaba oscureciendo, y cuando salieron de las duchas se fueron rápidamente de ahí caminando el largo trayecto hasta su casa, pasando por la avenida y varias callejuelas vacías de gente. Y hablaron:

    “Ah, hermano, mañana a gran prueba nos hemos de enfrentar cuando, en frente de tantas personas que nos observarán desde sus cómodos asientos, bebiendo refrescos y comiendo perros calientes, nuestra gran grandeza física revelemos”.

    “Lo que digas”.

    “En sus diminutas mentes se cuestionarán nuestra pertenencia a lo que ellos conocen como realidad, ¿no crees?”

    “Mejor no te luzcas tanto”.

    “¿A qué se debe tal preocupación, hermano? ¿Temes al mundo revelar tus verdaderas capacidades?”

    “Mientras menos se sepa de mí, mejor”.

    Y Sinke guardó silencio durante un rato antes de decir:

    “Debo hacerte consciente, hermano, de que una cierta chica sobre ti los ojos ha puesto con deseo, ¿Tal idea no emociona tu frío corazón?”

    “Después de lo de la actividad del centro, sólo sé que no importa lo que sepa. Lo que antes era serio para mí, lo comienzo a ver tan trivial e insignificante como todo lo demás”.

    “¿Ya sentiste eso?”, dijo Sinke sin aminorar la marcha.

    “Sí”, dijo Yake, con una áspera voz de alerta, “del otro lado de esa esquina. Usemos otro camino”.

    “No, hermano”, lo detuvo de escaparse, “mejor sigamos; de algo de curiosidad mi espíritu se inunda”.

    Caminaron hasta la esquina del callejón, donde dos figuras con máscaras rojas les salieron al paso blandiendo bates de beisbol. Yake detuvo el golpe que iba a su cabeza con el pie, y el arma blanca salió volando de la mano de su atacante, cayendo con un fuerte ruido sobre un bote de basura, luego el enmascarado intentó darle un golpe en la cara; pero Yake lo desvió con el brazo, deslizándolo, y con el dorso de su mano impactó en la garganta del enmascarado, causándole dolor, para después derribarlo con una patada en la cara. Al mismo tiempo, Sinke, al sentir el bate aproximarse, lo eludió retrocediendo unas cuantas veces, y luego le dio una patada suave en el estómago a su atacante, para luego golpearle repetidamente el esternón con los nudillos, y cuando el lastimado intentó sujetarlo, recibió una rodilla en el rostro.

    Y entonces Yake, que se había ocupado de su agresor en menos tiempo, miró a su hermano noquear al enmascarado, y dijo aburrido:

    “Ya es la segunda vez”.

    A lo que Sinke contestó:

    “Al menos esta vez vienen armados, ¿no quieres quitarles las máscaras para preguntarles por qué nos atacan?”

    “Déjalos, no me importa”, dijo Yake mientras continuaba su camino. “Que lo hagan de nuevo si quieren”.

    Y Sinke rio mirando por última vez a los dos desmayados y se alejó de ahí?

    —No exactamente…
     
  3. Threadmarks: Capítulo 19. Infiernos
     
    Paralelo

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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Género:
    Ciencia Ficción
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    33
     
    Palabras:
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    Capítulo 19. Infiernos


    53


    La clausura sería en unos días, por lo que Sinke presionó a su hermano para que eligiera la última actividad del club que tendría lugar fuera de la escuela. Por aquel entonces había en Shorsta una convención de literatura, una de las más grandes y extravagantes del mundo, en la que la gente tenía la costumbre de disfrazarse de todo tipo de personajes literarios. Yake era consciente de eso cuando propuso que debían participar.

    Se encontraron con una multitud que esperaba fuera de un enorme edificio abarrotado de puestos, la mayoría vestida de los ficticios protagonistas de diversos libros, incluyendo a aquellos cuya apariencia física no era del todo explicada por los autores, por lo que tenían que ponerle algo de imaginación y actuar de manera que fueran reconocibles.

    Fue Sinke vestido como Don Quijote en su traje de caballero, hecho de cartón y aluminio, incorporándo además una barba postiza y una lanza que había hecho con un palo de escoba y cartón. El resultado era bastante tosco, pero alegaba que era justificable tomando en cuenta que el propio personaje que representaba debía verse igual de ridículo. A su lado, un tímido Kanyu con los cabellos teñidos de dorado, vestía un traje blanco con capa azul y una espada de plástico emulando al Principito, elección prácticamente forzada por Sinke.

    “Os lo ruego, estimado príncipe planetario”, dijo Sinke, exagerando su postura caballeresca, “le suplico permitirnos, a simples lacayos de vuestra merced, el honor de escuchar de su boca las grandes y filosóficas palabras que famoso le han devenido, y que, en la posteridad, serán indispensable material de estudio para todos aquellos principiantes en el maravilloso mundo de las letras”.

    Se moría Kanyu de vergüenza, pero al fin terminó diciendo: “Por favor, dibújame un cordero”.

    “¡Oh! ¿Pero cómo podría yo negarme ante tan tierna y reflexiva petición?”, luego garabateó Sinke en un hoja (traída exclusivamente para aquel acto) el tosco dibujo de una bolsa de papel y se la entregó diciendo: “Que no se engañe vuesa merced de lo que vuestros ojos a priori vean, puesto que en realidad no se trata de una bolsa de supermercado, sino que en el interior se hallan un cordero, dos bacalaos, tres hipopótamos, cuatro tortugas, cinco osos hormigueros, veinticuatro periquitos y treintaisiete elefantes”.

    Sentsa, que había ido vestida con ropa hecha de sábanas en imitación de Penélope, se quejaba de la incomodidad de su disfraz, cuestionándose la razón por la que habría que ir a una convención literaria como si se tratara de una feria o un circo. “Viendo el panorama completo, esto es incluso peor que los que se disfrazan en las convenciones de comics”.

    “¿Por qué?”, preguntó Hinta, a la imagen de Elizabeht Bennet, portando un sencillo vestido café.

    “No lo sé bien”, contestó Sentsa, “pero no puedo dejar de pensar que lo es”.

    El Ate vestido, según Sinke interpretaba, como Stephan Dedalus, dijo: “Hmm, creo que es porque la literatura tiene ese, como se dice, ese algo que hace que se vea… no sé, para viejos o intelectuales, pero aquí es como si fuera popular”.

    “¿Qué tiene de malo que la gente quiera divertirse con la literatura?”, preguntó Hinta.

    Entonces Yake dijo:

    “Que entonces la gente podría acostumbrarse a que la literatura puede ser encasillada según criterios falaces, sin ver que, muchas veces, la literatura debe aburrir”.

    Los jínnyi todavía no creían que Yake hubiera decidido teñirse el pelo de rojo sólo para representar a su personaje, y no podían dejar de mirarlo.

    “¿De qué se supone que estás disfrazado?”, preguntó Hinta, mirando su gris vestimenta europea, intentando no fijarse en la pintura de su pelo.

    “Pretendo representar a Antoine Roquetin”, respondió Yake, “tengo ropa parecida a la de su tiempo y país, y el cabello rojo. La Náusea ya la he tenido aquí desde siempre”, señaló con los brazos extendidos a su alrededor.

    “No te pongas ahora tan dramático”, dijo Yuska, riendo. Iba ella vestida de ropas que se pretendían árabes, representando a Sherezade. “Tomando en cuenta que esta es la actividad que tú elegiste, deberías disfrutarla”.

    Cuando se abrieron las puertas, la gente comenzó a ingresar en tumulto al edificio, debiendo los jínnyi apretujarse para no ser separados como una flota a la deriva en el mar.

    “¿Cómo es que hay tanta gente?”, se quejó Sentsa, temiendo que alguna mano aprovechada cayera en la tentación de rozar con ella, dado lo liviano de su ropa.

    “Es el morbo, Sentsa, el morbo de la prostitución de la seriedad”, contestó Sinke.

    Centenares de tiendas desperdigadas bajo los techos con ventanas ofrecían productos relacionados con la literatura: puestos con libros viejos, algunos de los cuales eran de las primeras ediciones y con las cubiertas originales, eran muy buscados por los coleccionistas que pagaban grandes sumas por un ejemplar en francés de En busca del tiempo perdido del año de su publicación con algún error de ortografía; otros ofrecían libros poco usuales, y a veces tan raros que ni siquiera tenían una traducción fuera de su idioma original. Vendedores vociferaban con altavoces las sinopsis de libros de temáticas tan extrañas, que las personas eran atraídas para escuchar con ojos incrédulos cómo alguien pudo haber escrito un libro sobre la matanza de ballenas enviándolas al sol. Se entretuvo Sinke en un puesto que vendía libros desconocidos escritos por autores muy conocidos, y salió de ahí con un par de ellos. En un minúsuclo puesto, ofrecían lo que afirmaban ser la segunda parte de La Galatea de Cervantes, la cual Sinke adquirió prontamente.

    Se dividían las secciones en toda clase de clasificaciones, desde libros eróticos de temática homosexual hasta libros censurados debido a problemas políticos con los países en los que habían sido escritos. Una sección en la que se vendían los considerados peores libros de la historia también abarrotaba la atención. Y en todo ese tiempo, se sentían los jínnyi en un desconcertante mundo en el que uno de los aspectos más importantes de la cultura humana era tratado igual que los productos de un supermercado, más como curiosidad que como verdadera apreciación por dicho arte.

    “Estoy seguro de que la mitad de los aquí presentes no ha leído ni se interesan realmente en esos libros cuya atención parecen robarles”, dijo Sinke, “¿Eh? ¡Mira, hermano! ¡Un concurso de leer el monólogo de Molly Bloom!”.


    ***​


    Si mal pronunciaren o muy lentamente leyeren, el turno al siguiente habrían de conceder. Leían las incontexas frases y oraciones desperdigadas a lo largo del papel lo más rápidamente posible. Mareantes palabras cumbres de la historia literaria reducidas a un simple juego pues no quieren los jóvenes más que divertirse no hay casi adultos o gente mayor aquí locuáleslógicodadalaaberracióndeestelugar aunque veo muchos estudiantes de literatura que también lo ven más todo como un juego aunque debo darles crédito a algunos que en verdad muestran interés real pero no puedo ignorar a ese que va vestido de insecto negro gigante Kakfa se está revolcando en su tumba pero los gemelos también están vestidos así eso los vuelve parte de ellos ¿verdad? aunque como símbolo sea han tomado la osadía de representar algo que es mucho mayor que ellos mejor hubiera Yake venido como el Lobo Estepario.

    La chica de ropa árabe a su lado ojeándole el serio rostro. Eh ni siquiera estando rodeado de lo que le gusta se ve feliz enverdadodiastantolafelicidad bueno yo no soy muy dada a leer pero la idea de venir me emocionó pero sobre todo porque tú la escogiste.

    —Yuska —dijo Kanyu—, vamos a ir a comprar algo de comer, ¿no vienes?

    —¿Eh? Vayan ustedes, yo voy después.

    Sonrió Kanyu antes de irse. En verdad parece encontrarle la gracia a ese monólogo para quedarse escuchándolo con Yake quisiera quedarme a ver a Sinke cuando le toque pero la verdad ya me estoy mareando.

    —Veinte yaos —dijo el ojeroso vendedor de bebidas.

    Sentsa pagó, entregó a Hinta su encargo y se abanicó con la mano mientras esperaban a Ate y Kanyu regresar con sándwiches. Este calor casi parece que el sudor de todos se condensa en el techo como nubes amargas (lluvia ácida derriteojos).

    Podían escuchar por los altavoces la voz de Sinke:


    Oh me encantan las excursiones en tren o en coche con bonitos y suaves respaldos me pregunto si sacará primera por mí a lo mejor quiere hacerlo en el tren dándole una buena propina al guarda Oh supongo que siempre habrá el idiota de turno mirándonos con la boca abierta y los ojos de estúpido aquél sí que era un hombre excepcional aquel trabajador corriente que nos dejó solos en el compartimento aquel día yendo a Howth me gustaría saber de él 1 o 2 túneles quizás luego tienes que mirar por la ventanilla todo más bonito…


    ¿Cuál es el sentido de todas esas sin sentido? Palabras palabras palabras el mundo no necesita palabras necesita hechos pero cuando yo intenté dárselos intentando ser presidenta resultó que no eran siempre bienvenidos los hechos y eso me llevó a mi fracaso sin embargo debo reconocer que a pesar de todo ellos no me reclamaron nada ¿eh?

    La teatral voz de Sinke curveaba alegremente la boca de Hinta.

    —¿Qué te sucede? —preguntó Sentsa.

    Sobresalto y fingida seriedad inmediata.

    —Nada.

    Suena divertido eso es todo claro porque parece que me he acostumbrado y qué hum está caliente este jugo tal vez se les acabó el hielo. Sorbos ruidosos de pajilla mirando el suelo, reparó de nuevo en su traje. A pesar de estar disfrazados así no estamos representando el personaje que se supone pero creo que es lógico ¿qué Odiseo se supone que está esperando Sentsa?

    —No había de los que te gustaban, Sentsa —dijo Ate.

    El emparedado de queso no tenía la carne de pollo como el letrero del puesto ofrecía le había traído de pavo. No puede ser me preguntaron varias veces qué personaje era y se me olvidó el nombre ¿cómo era? ya lo olvidé perocomosiimportara.

    La espada de cartón del pequeño príncipe se apoyó en la mesa plástica. Qué calor da este traje. Arremangó la capa para sentarse.

    —¿Cuánto tiempo ha estado hablando Sinke? —preguntó Kanyu y dio un sorbo a su té.

    —Si no se cansa puede terminar todo el monólogo él solo —dijo Sentsa.

    —¿Cuánto dura? —preguntó Ate.

    —¿Crees que sé tanto de esa obra? Lo único que sé es que es larguísima, podríamos estar aquí por horas.


    54


    El día del ritual en el que Sinke sería sacrificado, fueron encendidos todos los fuegos azules en aquel templo rojo, lleno de grabados de los más infames demonios danzilmareses. Un templo subterráneo y cerrado como una cripta, el aire denso en los pasajes semioscuros, por los cuales marchaban solemnemente los fieles vestidos de túnicas grises sobre sus ropas comunes, entonando bajas canciones con solemnidad en un danzilmarés antiguo. Llevaban los pasillos a la enorme cámara principal, de altísimo techo oscuro, tapizada de imágenes grotescas de demonios devorando humanos. Los grandes trípodes de hierro iluminaban con fuegos azules, contrastando con el violento rojo de las paredes, y alrededor de ellos los fieles esperaban sentados en silencio, orando sangrientas plegarias en sus mentes.

    Ate había sucedido a su padre cuando éste hubo muerto días atrás, feliz víctima del sacrificio al que debían someterse todos los sacerdotes que llegaran a los ocho lustros. “Ahora tú eres su guía”, le había dicho minutos antes de que el hacha cayera sobre su garganta, “depende ahora de ti que nuestra fe prospere, hijo”.

    Se puso las vestimentas ceremoniales verdes de su padre, coloró su rostro con tintes anaranjados y se colgó al cuello el medallón con el símbolo del triángulo Yór, el triángulo equilátero al cual una raya roja cruza en diagonal[1].

    —¿Estás preparado?

    Tarka entró en la habitación de piedra, apoyada en el marco de la entrada.

    —La verdad estoy algo nervioso —dijo Ate.

    Tarka hizo chasquidos con la boca, y mientras sea aproximaba a él decía:

    —Eso está muy mal. El sucesor del gran Zíyi Pragt, nuestro más grande líder, nervioso por su primer sacrificio.

    Lo abrazó por el pecho por detrás.

    —No es por el sacrificio en sí —contestó ofendido—, sino porque tal vez no tenga yo tanta presencia ni sea tan imponente en mis palabras como lo era mi padre.

    —Vamos, no seas cobarde —le susurró al oído—, sé bien que cuando estés frente a ese afortunado, y cuando veas su rostro de terror y sus súplicas por vivir, saldrá el instinto natural en ti y todo lo harás tan bien como tu padre. Te conozco bien, y sé lo apasionado que observabas los sacrificios que efectuaba tu padre desde que eras niño, y nunca te vi el más mínimo remordimiento. Lo tienes en la sangre.

    Ate volteó sonriéndole, y la peliverde lo besó clavándole los dientes en los labios.


    ***​


    Sinke, desde su oscuridad, escuchaba cada vez con más fuerza las impresionantes palabras del sacerdote Ate, y estas desaparecían absorbidas por las paredes casi al instante.

    “… ya que de sangre y carne estamos hechos, sangre y carne hemos de devolver. Ese es el trato que nuestra diosa Lokáilora[2] ha hecho con nosotros, y no debemos sentirnos mal por ello, hermanos, sino todo lo contrario, pues es de este modo en el que nuestra tierra continúa girando, que el sol sigue iliminando, que nuestras plantas siguen creciendo y nuestra agua sigue aplacando nuestra sed. El precio a pagar es poco en relación a lo que nuestros amables dioses nos dan a cambio, y es por eso que hoy ha llegado el momento de ofrecerles nueva sangre y nueva carne, para que el siguiente mes sea de prosperidad y abundancia, la cual los dioses nos darán a nosotros, sus hijos queridos, mientras los sigamos manteniendo contentos y les permanezcamos obedientes…”

    Y los gritos de regocijo se alzaron, los fieles se quitaron las capuchas para exponer sus rostros pintados de blanco con cal, y abrieron paso a los que arrastraban al sacrificio hasta el altar.


    ***​


    Contaron luego los testigos que todo se volvió confuso en ese momento.

    La joven Déla se hallaba en frente del grupo, viendo al sacrificio ser llevado al altar, cuando el desgraciado reaccionó y forcejeó contra sus captores, logrando darles grandes problemas para seguirlo llevando. Se defendió con tanta fuerza que por poco la derriba. “Qué raro, nunca antes nadie había tenido tantas fuerzas después de estar toda la vida en esos calabozos”. Intentaron someterlo entre varios hermanos, y la conmoción se escuchó por todos lados cuando el condenado golpeó a uno de ellos hasta hacerlo estrellarse contra uno de los pesados trípodes con fuego. En el forcejeo se le resbaló la capucha negra que le cubría la cabeza, y dejó a todos boquiabiertos al ver los ojos anaranjados del que debía morir. Contó Dela mucho tiempo después que la sacerdotisa Tarka se enojó mucho por arruinar la sorpresa, puesto que era ella la que se encargaba de elegir a los sacrificios, y quería que el primero que su prometido sacrificara fuera uno muy especial y raro.


    ***​


    Diría Délo años más tarde:

    Yo estaba en la parte de atrás cuando todo comenzó. Había tanta gente que apenas pude ver el forcejeo de ese joven. Me abrí paso entre todos hasta el altar y vi a Tarka regañando a todos y hablando pendencieramente al chico de ojos anaranjados, diciéndole que no debía resistirse a ser el siguiente sacrificio, mientras todos los hombres que había cerca intentaban inmovilizarlo. Era un verdadero prodigio de la naturaleza que después de permanecer toda su vida en los calabozos, con poca comida y agua, apenas dejándolos moverse, pudiera tener todavía fuerzas para no dejarse sacrificar. Pero la fuerza se le terminó de repente y cayó vencido, volviéndose tan débil como se supone que debía haber estado su cuerpo desde el principio. La sacerdotisa Tarka estaba más calmada y sonreía malvadamente como siempre. Sin embargo, el sacerdote Ate, el sucesor de Zíyi Pragt, había perdido por completo su mirada adusta y el éxtasis con el que había pronunciado su discurso. Se veía claramente aterrado y temblaba como un auténtico cobarde. Miró hacia todos lados como si no supiera dónde se encontraba, retrocedió unos pasos cuando el sacrificio fue llevado hacia el altar. Luego, Tarka le entregó el hacha.


    ***​


    No tiene más fuerzas el pobre chico que tan valientemente había intentado liberarse. Lo tiran ahora sobre el altar y lo atan con gruesas cadenas de hierro. Ate reconoce a su amigo y se aleja aterrado al ver el hacha. ¿Pero qué haces?, pregunta Tarka, desconcertada por el rostro de horror de su prometido, y no le ve la más mínima pizca de la emoción con la que siempre solía reaccionar ante un sacrificio. Sinke en su sitio ríe fuertemente. Ahora es tu turno, Ate, dice Sinke, ¿En qué realidad hemos caído, sumo sacerdote? No le hables al sacerdote así, lo golpea Tarka en la cara, quien siente el dolor en su mano como si golpeara un duro pedazo de madera. ¡Vamos, Ate, mátalo!, le exige enojada, sacudiendo su mano. Sinke, libérate, dice Ate, intentando calmarse, Eres muy fuerte, puedes hacerlo. En otra realidad mi fuerza es impresionante, estimado; pero aquí escasos segundos me ha durado y la degeneración de mis músculos ha estropeado mis esfuerzos. ¿De qué están hablando? Los gritos de impaciencia se oyen de las gargantas de todos. ¿Qué le pasa al sucesor del gran Zíyi Pragt? ¿Por qué se acobarda de repente? ¡No es digno de ser el sucesor de su padre! ¡Ate!, grita Tarka enojada, ¡Deja de actuar como un idiota y mátalo ya!, ¿qué diría tu padre si te viera ahora, acobardado, con las manos en la cara y temblando? Y de esas palabras sale la vida de Ate en esa realidad, como el hijo del líder de ese culto mortal, sus juramentos, sus propósitos y sus ideologías que le habían inculcado desde que era pequeño vuelven a su consciencia. Parece a los demás sólo unos instantes; pero para Ate es recordar toda su vida, y la admiración que su alter ego sentía por su padre y por su culto comienza a vencer su miedo, y la seguridad y la emoción por ver la sangre correr brota de sus ojos rojos. Toma el hacha y se acerca a Sinke. Se alegra Tarka de verlo de nuevo así. ¡Córtalo de una vez!


    ***​


    El silencio era como el de una iglesia en el momento más importante de la ceremonia. Arrojó Ate los polvos amarillos sobre el cuerpo de Sinke, que representan el polvo al que volverá. El gemelo lo mira sonriendo, el cuerpo tembloroso por el esfuerzo previo al que no estaba acostumbrado en ese mundo.

    “Ate, ¿en serio estás dominado ahora por tu alter ego?”

    Dudó Ate un momento mientras sostenía el hacha, y lo miró como si una parte de él todavía lo reconociera. Sinke dejó de sonreír, sin perder la calma.

    “Tu definición ahora es otra, Ate. Pero ¿esa es la definición que quieres?”

    El hacha se levantó y se tambaleó en el aire. Pequeñas lágrimas salían de los ojos del sacerdote.

    “Que tu definición la domines tú”.

    Era inútil hablar; la mente del alter ego dominó sobre la consciencia de Ate.

    Cayó el hacha sobre su cuello. Vitorearon los fieles, pero no se desprendió la cabeza de un golpe. Tuvo que dar Ate varios golpes hasta que la cabeza del gemelo terminó de desprenderse. Con cada golpe, el ímpetu del joven sacerdote aumentaba, sin importarle la inusual resistencia de ese cuerpo, sino alegrándose de poder hacerlo sufrir más. La cabeza cayó rodando en un charco de su propia sangre. Los ojos de su antiguo jínn permanecieron abiertos al caer mientras la sangre terminaba de escapar por su cuello.

    Tarka tomó la cabeza por los cabellos y la mostró orgullosa a todos. Vitorearon una vez más y cantaron alabanzas a sus dioses. Ate soltó el hacha y se llevó las manos al rostro, la túnica salpicada en sangre y el espíritu atormentado por el horror. Tarka iba a decirle algo; pero su voz rápidamente se desvaneció en la oscuridad, y un momento después, Ate estaba en su casa, frente a su hermana Kuésta.


    [1] Triángulo ceremonial usado durante los sacrificios del lago Dên.

    [2] Diosa del sufrimiento, la cual recompensa a los que causan desdichas en la tierra y castiga a los que buscan el bien de los demás. Según varios mitos, cada cinco mil años se convierte en Mínhiara, diosa de las virtudes, que premia a los nobles y castiga a los malvados, y así se alternarán su reinado sobre la tierra hasta el fin de los tiempos.
     
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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Capítulo 10. Club


    30


    Era el primer día de las vacaciones de abril, Ate se encontraba de regreso a su casa después de un día escolar común y corriente. Caminaba con pesadez y sin energía, pensando en que al llegar a su casa solamente iría hasta su cuarto, se echaría sobre la cama y dormiría las dos semanas que duraban las vacaciones. Sin embargo, no dejaba de repasar las cosas extrañas y tan nuevas para él de las que Sinke le hablaba, y que, aunque no lo admitiera, comenzaba a generar en él un sentimiento confuso, muy alejado de su usual apatía.

    Al llegar a su casa, se dirigió hacia la cocina para beber algo de agua, y sentándose en una silla bebió mientras escuchaba el silencio de la casa, lo cual al principio le pareció relajante, pero luego se extrañó de ese mismo silencio, pues era muy poco común que al volver de la escuela su madre no anduviera por la casa, y su padre para esa hora todavía no salía al trabajo. Decidió no darle mucha importancia a ello, y se disponía a ir a su cuarto cuando una voz emocionada desde atrás le hizo dar un sobresalto.

    —¡Ate, hermanito! Perdón, ¿te asusté?

    Se trataba de Kuésta, su hermana mayor por siete años. Se quitó su gorro negro de algodón y lo puso sobre la mesa mientras se sentaba al revés en una silla, apoyando los brazos sobre el respaldo, y en sus anteojos se reflejó, como un garabato, la boca irritada de su hermano.

    —¿Qué haces aquí? —dijo Ate, apartándole la mirada rencorosamente— ¿No se supone que estabas en china haciendo yo qué sé? A todo esto, ¿Dónde están mamá y papá?

    —¿No te avisaron? Salieron de vacaciones esta mañana —contestó.

    Ate asentó el vaso sobre la mesa, y la miró como si fuera una loca.

    —¿Cómo que se fueron de vacaciones?

    —Resulta que mi nuevo proyecto ganó el concurso de desarrollo tecnológico en Shanghái, y con el dinero decidí regalarles unas vacaciones en Japón, su avión salió hace una hora, pero creí que te lo habían avisado, se los dije desde hace más de una semana para que estuvieran hoy en el aeropuerto para encontrarse conmigo. Mamá se ilusionó mucho, incluso lanzó un gran grito de alegría.

    Ate caminó hasta el fregadero, donde aún había una pila de platos sucios, y empezó a lavarlos con los ojos perdidos.

    —¿Pasa algo? —preguntó Kuésta, tras escuchar unos segundos el agua cayendo.

    —No, no es nada, sólo olvidé que me lo dijeron —dijo mientras luchaba contra una mancha de grasa en un plato.

    —Pero no te preocupes, hermanito, yo voy a hacerte compañía mientras están fuera, se los prometí antes de despedirme.

    —No tienes que hacerlo —dijo con voz distante—, puedo cuidarme solo. Además, debes estar ocupada con otros proyectos de la universidad, ¿o no?

    Kuésta se levantó de la silla y le ayudó a lavar los platos que faltaban.

    —Yo también me merezco unas vacaciones, ¿no crees? Y además, no hemos convivido desde hace mucho tiempo los dos juntos, como cuando éramos niños.

    Ate no se conmovió, se alejó y vio sobre la mesa una manzana a medio comer que Kuésta había dejado. Mientras la observaba, ella hablaba sobre cosas alegres a las que no prestaba atención.

    —¿Qué estás pensando? —preguntó Kuésta al verlo tan callado.

    —Nada importante, sólo algo que ocurrió cuando estaba en el club.

    —¿Ya estás en un club?, me parece muy bien. Yo aún recuerdo cuando me uní al club de robótica cuando tenía tu edad. ¿Qué club es?

    —No es ninguno que conozcas, es uno que creamos mis jínnyi y yo.

    —Interesante, ¿y qué hacen ahí?

    —No tengo la menor idea —contestó después de dudar un momento.

    Kuésta movió confundida su cabeza castaña.

    —Bueno, no importa. A todo eso, ¿te gustó el bumerán que te envié para tu cumpleaños?

    —Bastante.


    ***​


    Al día siguiente de que los gemelos se unieran al jínnliù, Yuska convenció a dos de sus compañeros de aula de que se cambiaran de sillas para que los gemelos pudieran sentarse junto a ellos, y declaró, sin vergüenza ni necesidad alguna, que era a porque desde ese momento eran jínnyi y lo correcto era permanecer cerca. Sinke ocupó campantemente el asiento justo detrás de Hinta, delante de Sentsa y a la derecha de Ate, mientras que Yake en el asiento de más atrás, junto a la ventana y con Yuska enfrente. A su derecha se encontraba un chico de nombre Dégo, el cual al ver al gemelo con cara de póquer, volvió la vista a su cuaderno de música. Minutos después de que la maestra Nin comenzara la clase, dos chicas de segundo año llamaron educadamente a la puerta y le pidieron a la profesora unos minutos para hacer un aviso a los estudiantes, a lo cual ella aceptó, y parándose al frente pidieron con voz firme que les prestaran atención.

    —Buenos días, compañeros, yo soy Ále Mag, y ella es mi compañera Éla Gam.

    Sinke retuvo ruidosamente una risa, llamando la atención de sus compañeros que estaban alrededor.

    —Somos representantes de la sociedad de clubes de la escuela y tenemos un anuncio importante que hacer —dijo Ále mientras su compañera repartía entre los estudiantes unos folletos—, como ya han de saber, el instituto Ítuyu posee una gran variedad de clubes de todos los tipos como parte del programa educativo para seguir promoviendo un sano desarrollo entre los estudiantes, y es el deber de todos el encontrar y enfocar sus conocimientos y ambiciones a un ambiente práctico que desarrolle sus potenciales como individuos…

    Mientras hablaba, Yake vio que los folletos contenían información sobre los clubes activos hasta ese momento, los cuales se dividían entre clubes científicos, artísticos y deportivos, pero en lugar de seguir leyendo, decidió simplemente ignorarlo.

    —…Así que, si ustedes son talentosos en algo y están interesados en pertenecer a un ambiente con gente que comparta sus intereses, entonces inscríbanse al club de su elección. Recuerden que desarrollar los talentos en muy importante en el competitivo mundo moderno, y un buen desempeño en un club puede darles grandes ventajas a la hora de querer entrar a una universidad.

    Éla terminó de repartir los folletos y regresó al lado de su compañera.

    —Para inscribirse a un club deben solicitar con nosotras una petición, y nosotras las remitiremos al líder del club correspondiente, luego los interesados procederán a pasar una prueba dependiendo de la disciplina que elijan para asegurarnos de que tengan talento…

    Sinke alzó la mano y lanzó un silbido.

    —Disculpen mi inoportuno interrumpir, estimadas, para mí lamentable, de una duda víctima-ser, es.

    Las chicas lo miraron vacilantes con la boca ligeramente abierta, mientras algunos alumnos no pudieron evitar reír en voz baja por lo exageradamente teatral de su entonación.

    —… Sí, ¿cuál es tu pregunta? —dijo Ále.

    —De la búsqueda del desarrollo del talento, compañeras, acabáis de expresaros con gran ímpetu y determinación homérica, vosotras. Y ruego a la existencia que pertinente el interrogarme sobre de qué gracia la existencia os ha hecho portadoras me sea, después de percibir con mi frágil asombro el vigor de vuestro motivante expresar, y el carácter moviente-conciencias de las lideresas de las cuales esta bella nación oceánica precisa.

    Hubo un momento de silencio en el cual sólo se escuchaba el sonido de los ventiladores en el techo, que eran usados en lugar del aire acondicionado cuando el calor les permitía abrir las ventanas.

    —Perdón, ¿qué? —preguntó Éla, perpleja.

    —Me parece que quiere preguntar si ustedes se encuentran en algún club —dijo Sentsa, con firmeza y un poco de vergüenza ajena.

    —Pues, digamos que nuestro club es hacer que todos estén cómodos en sus clubes —contestó Ále, no sin cierto orgullo—. Sí, encontrar y sacar a flote las habilidades de los alumnos es nuestro club.



    31


    Los exámenes parciales de comienzos de abril habían dejado agotados a los estudiantes, pero aun así, la cálida luz esperanzadora de las vacaciones de dos semanas que les esperaban fue un alivio que tranquilizó sus agitadas mentes, y con esas pequeñas vacaciones en la mira, seguían su eterno hormiguear en aquella verde escuela inundada de árboles.

    Para esas alturas ya no era sorpresa para nadie ver los nombres de los gemelos hasta arriba en la hoja de los mejores promedios seguidos del número cien al lado en el área común de estudiantes, pero lo que más llamó la atención fue un gran anuncio de grandes letras rojas clavado a un lado, y al leerlo uno a uno, algunos estudiantes se llevaban la mano al mentón y lanzaban una leve exclamación; otros sólo lo miraban como si nada y seguían con lo suyo. Pero entre aquellos que no pudieron evitar preocuparse por el anuncio se encontraba Hinta, quien no tardó en correr hacia donde se reunían con sus jínnyi desde hacía mucho tiempo junto al lago. Sentsa notó su preocupación y preguntó qué pasaba.

    —Tengo una mala noticia: si no nos unimos a un club, no podremos pasar de año —dijo.

    Debido a la confusión que generó el anuncio, la presidenta Altra se vio forzada a aclarar las cosas en el auditorio ante todos los estudiantes. El asunto había sido sugerido por las promotoras de los clubes, Ale y Ela, las cuales lograron convencer a la presidenta de aprobar la obligatoriedad de pertenecer a un club para mejorar su desarrollo académico.

    —Deben unirse a un club antes de las vacaciones —dijo la presidenta al final—, ¡den todos su mejor esfuerzo!

    El anuncio de la presidenta tuvo un efecto arrollador en todos aquellos que aún no estaban en ningún club. Durante la semana siguiente, las listas de solicitudes se llenaron, y aspirantes de todos los grados hicieron fila para entrevistarse con los presidentes y conseguir el puesto. Los examinados eran puestos a diferentes pruebas según el club: el club de jardinería les hacían podar, trasplantar e identificar flores; los del club de dibujo les pedían que hicieran un retrato; los clubes deportivos los hacían jugar contra los miembros; y los de los clubes científicos les hacían pruebas sobre química, física o matemáticas. No era necesario salir perfecto en todo para ser aceptado, sino que únicamente bastaba con que el interesado tuviera talento y disposición. Entre los jóvenes no dejaba de sentirse la abrumadora presión de obligar a salir sus talentos, sobre todo cuando muchos no se habían puesto a pensar en ello hasta ese momento.


    ***​


    La orquesta de la escuela se encontraba ensayando en el auditorio cuando los gemelos los interrumpieron, entrando por la puerta principal, cargando ambos sus violines.

    —Lamentamos la interrupción de vuestra interpretación de la Marcha Turca de Las ruinas de Atenas —dijo Sinke superando la intensidad de la orquesta, mientras se dirigía hacia ellos a paso campante—, hemos venido aquí para ver si de unirnos a vuestro club dignos somos.

    El joven presidente del club, que también era el director, detuvo la música y los miró con extrañeza mientras subían al escenario.

    —Ni Ále ni Éla nos avisaron que iban a venir nuevos aspirantes —dijo.

    —¿Cómo es posible que a estas alturas, en las que prácticamente cada estudiante está desesperado por ser aceptado en una nueva familia, sea todavía necesaria tal inútil intervención burocrática? ¿No te parece, hermano?

    —Como digas —contestó Yake, abriendo la caja de su violín.

    Un momento después los dos estaban afinando sus cuerdas, y el presidente preguntó si estaban bien con hacer la prueba en frente de todos, a lo que Sinke contestó que buscaba entrar en la posición del primer violín, y que su hermano estaba conforme con ser el último de los segundos.

    —Esperen un momento —dijo Dégo, indignado—. Los nuevos no pueden simplemente tomar el puesto que quieran así como así, mucho menos mi puesto de concertino.

    —Tranquilízate, amigo —dijo Sinke abanicándolo con el arco—, el criterio sobre quién debe tener el honor de tal puesto tener no es el tiempo, sino la habilidad y el talento, que es la competición que nuestra amada presidenta tanto se empeña en promover.

    Dégo intentó reclamar al presidente, pero él propuso que primero vieran lo que los gemelos fueran capaces de interpretar antes de decidir. Sinke insistió en que ambos tocaran exactamente lo mismo al mismo tiempo, y para ello, le pidieron al presidente que eligiera un número del uno al veinticuatro. El número elegido fue el trece.

    Los gemelos pusieron sus violines en posición. Yake tenía la mirada caída y robótica, pero en el momento de ponerse el violín su rostro se levantó ligeramente y adquirió un brillo más entusiasta. Con Sinke fue el efecto contrario, al sentir el mentón contra el soporte, se tornó levemente solemne y concentrado.

    Comenzaron a tocar al unísono una melodía a dos cuerdas, jocosa y saltada como la risa de un diablo, y al reconocer la pieza el resto de los músicos quedó en silencio. La manera en que los gemelos tomaban el arco y lo desplazaban a lo largo de las cuerdas, con una soltura y fuerza que arrancaba las demandantes notas de las entrañas del instrumento, estaba en perfecta concordancia con las pisadas de la mano izquierda, cuyos dedos, con la habilidad que requerían las dobles cuerdas para que cada nota sonara exactamente igual sin opacar una a la otra, sacudía con potentes vibratos la longitud de las cuerdas. Tras repetir la sección, tocaron una parte difícil y acelerada. Sus dedos se movieron de un lado al otro del mango, los arcos iban y venían de una cuerda a otra con un movimiento suave y ágil. Conforme pasaban las notas sus respiraciones se amoldaban a su ritmo, sus ojos se cerraron y apretaron los labios entrando en comunión con la música, llegando al punto en que casi no había diferencia física entre ellos, como dos sombras exactas.

    Al terminar, todos aplaudieron emocionados. Dégo no aplaudió, pero los miró con la boca abierta y sintiendo que se le paralizaban el cuerpo. A pesar de todo, los gemelos no parecían satisfechos en absoluto con su interpretación.

    —Tus agudos están demasiado bajos, hermano —espetó Sinke con violencia—, ¿no puedes hacer algo tan simple como cambiar de cuerda sin perder el tono?

    —Al menos mi vibrato no parece como si estuviera masturbando el mango —dijo Yake con voz ofendida.

    —¿Cómo crees entonces, hermano, que le saco sonidos orgásmicos a mi violín?


    ***​


    —¿Cómo te fue en el club de historia? —preguntó Kanyu, limpiándose las manos con un desinfectante líquido— Yo intenté entrar en el de lectura, pero creo que al fin y al cabo eso no es lo mío.

    Suspirando, Sentsa se sentó a su lado y le pidió el jabón.

    —No me agradó para nada el ambiente; entraban muchos interesados, pero al final todo el club parecía una excusa para sentarse a chismear.

    —No van a poder controlar tantos clubes con tanta gente —dijo Ate—, todos los clubes están literalmente sin espacio para nadie más. ¿Cómo se supone que van a organizarse?

    —En realidad no creo que se trate de eso —dijo Kanyu—, solamente quieren agruparnos a todos en un club, no creo que literalmente tengamos que estar sesenta apretados en una habitación diseñando cosas en computadoras.

    Mientras hablaba, Hinta se reunió con ellos con un pesado caminar.

    —¿Cómo te fue? —preguntó Sentsa.

    —No entré al club de Yúndáo —dijo dando un suspiro.

    —¿Cómo va a ser posible? Has hecho artes marciales desde hace muchos años.

    —Me puse nerviosa en la prueba —contestó bajando la mirada—, me pusieron frente a alguien, y entonces, antes de que me diera cuenta, me había derribado.

    —¿No estás lastimada, verdad? —preguntó Kanyu.

    —No, pero cuando llegue a mi casa… ¿cómo voy a decirle a mi padre que no pude entrar?

    —Pues no tiene que saberlo —dijo Ate.

    Sentsa estaba a punto de contestarle cuando el grito de Yuska la interrumpió.

    —¡Adivinen qué! Me aceptaron en el club de fútbol —dijo agitando vigorosamente el brazo derecho y apretando el puño izquierdo.

    —Qué bien —dijo Kanyu.

    —Pero lo rechacé —dijo juntando los brazos a sus costados, y sacando las manos hacia afuera.

    —¿Por qué hiciste eso? —la reprendió Sentsa.

    —Todos los demás eran malísimos, no quiero perder el tiempo en un club así.

    Poco después llegaron los gemelos, los cuales habían sido rechazados del club de música, no a causa de su falta de talento, sino porque el resto de los miembros no soportaban a los dos.

    —¿Por qué no formamos nosotros mismos un club? —sugirió Yuska con el índice en el mentón—, uno de manera oficial, uno que sea reconocido por la presidenta para pasar de año.

    —No me parece una mala idea —dijo Sentsa—, ¿pero qué haríamos en él?

    El rostro de Sinke se iluminó un momento, se levantó, y, aproximándose a su hermano, comenzó a hablarle en alemán entusiasmadamente. Era la oportunidad que había estado buscando, una luz de esperanza para hacer algo nuevo con sus experiencias en esa realidad ajena. El gemelo frío se quedó pensándolo, incrédulo.

    —Habla sólo en danzilmarés —se quejó Ate—, esto de ponerse a hablar en otros idiomas ya es ridículo.

    Sinke sólo les sonrió, y, despidiéndose de ellos, se fue corriendo hacia la oficina escolar.

    —¿Pero qué le pasa? —preguntó Sentsa.

    Yake se apartó del árbol en que se recargaba y comenzó a caminar lentamente hacia donde se había ido su hermano, y respondió inquieto, como si presagiara un desastre:

    —Todo.


    32


    Sinke giró la llave y abrió la puerta. Entraron en una habitación ordinaria en la que había una mesa, sillas y un pizarrón, como tantas otras en todo ese edificio de clubes. Sinke se apresuró a abrir la enorme ventana corrediza desde la que se podía ver la zona de alumnos, muchos de los cuales estaban a punto de irse a sus casas.

    —¿Para qué nos trajiste aquí? —preguntó Sentsa, cruzando los brazos.

    Kanyu se había puesto a ver un librero que había ahí.

    —Aquí hay bastantes libros, ¿no es este el club de literatura?

    —No, esos libros, estimados, los he traído yo —dijo Sinke con orgullo.

    —¿Ah, sí? ¿Para qué? —preguntó Yuska.

    El gemelo le dio la espalda a la ventana y firmemente puso las manos en sus caderas.

    —Porque ahora éste es nuestro club.

    Estoy seguro de que el lector hasta este punto ya no tendrá necesidad de que le explique las reacciones que los seres de esa realidad mostraban ante las noticias sorpresivas.


    ***​


    Si hubiera presenciado esa realidad, habría visto a Yuska ser la única en dar un brinco de felicidad y a los demás permanecer callados, y oído preguntar a Sentsa:

    —¿Cómo que nuestro club?

    —Aquí tengo el permiso de la presidenta —visto al gemelo arrogante entregar el papel—, la crisis con los clubes es tan grande que aceptan cualquier club nuevo con tal de que haya alumnos en él.

    Habría visto en el papel la aprobación para el club del salón 12 del edificio de clubes, y leído el nombre del club aparecer como Fíkzionò[1].

    —También eligió el nombre sin consultarnos —oído decir a Ate.

    —Me parece un buen nombre —oído decir a Yuska.


    ***​


    Exageró Sinke un aire de solemnidad, respiró hondamente. Su hermano ya había comenzado a leer el penúltimo capítulo del Ulises sobre una silla, aparentemente sin prestar atención.

    —¿De qué se supone que va a ser este club? —preguntó Sentsa, sacando a la fuerza todo su optimismo. Pensó en tomar asiento, pero anticipó que la respuesta la haría levantarse de inmediato.

    Miradas: sosa; emocionada; nerviosa; y sonriente, en silencio.

    Ahora sí, hermano. Siente cómo la realidad se retuerce y nuestro camino marca. El gemelo leyente dio la vuelta a la página. En vano será intentar hacer esto, hermano. Pero adelante, aumenta la rareza, dejó de importarme hace tiempo.

    —Como ya saben, estimados jínnyi, de nuestro sentir de no pertenecer a la realidad que ustedes entienden son ya consientes.

    —Ya va a comenzar otra vez —dijo Ate, la mano extendida sobre la mesa, la cabeza recostada en el hombro.

    —Es por eso que la idea de un club propio, como la vibración de una cuerda, ha excitado mis sentidos, pues a la brillante idea he llegado de en un curso más analítico y crítico encaminarnos…

    —Sinke, perdón que interrumpa —dijo Hinta— ¿Podrías darte prisa? Debo volver a mi casa.

    Vayamos al grano.

    —Abrí este club para estudiar la realidad. Juntos nos adentraremos en los misterios más triviales de la vida y de ellos sabiduría cosecharemos. Es por ello que he llamado al club Fíkzionò, pues en la ficción e irrealidad, algo importante para la vida real hemos de sacar, lo que sea que eso signifique. Explorar el mundo de la futilidad con altas dosis de reflexión.

    Silencio. Manos a la cara; la barbilla; y la boca. Pies nerviosos y miradas esquivas. ¿Respuestas? Obvias. Será un club divertido, será un club extraño, será un club bonito, será un club insoportable, será un club inútil.


    ***​


    Días después, dentro del espacioso dojo adornado con espejos alrededor, Sinke observó desafiante a su hermano del otro lado de la arena recubierta de tatami gris, mientras que éste le lanzaba una mirada fría y sin vida. Ambos iban descalzos y vestidos de una ligera camisa blanca sin mangas y pantalón de lana de un llamativo color rojo, con una franja negra a lo largo de cada pierna que iba desde la cadera hasta los tobillos, el cual era la ropa común de las artes marciales en Danzilmar.

    Sinke comenzó a atacarlo lanzándole golpes veloces, Yake se mantuvo fuera de su alcance antes de responder con una barrida que Sinke evitó apartándose. Luego, Sinke se encontró retrocediendo ante los puños de su hermano. Se escuchan las tibias estallando contra codos, rodillas amortiguadas por palmas y puños que sólo hieren el aire.

    —¿Qué sucede, hermano? —preguntó en un momento de forcejeo— Parece que algo te perturba.

    Le quiso golpear en el estómago, pero Yake lo bloqueó, y con una repentina patada lo obligó a retroceder.

    —¿Sigues pensando en Yuska, verdad? —preguntó con picardía— ¿Será que ya tan rápido te esté pareciendo bien la idea del jínnliù?

    Yake no contestó, y golpeó con más violencia que antes. Se entrelazaron y forcejearon, intentando derribarse. Pies intentando desequilibrar al otro, músculos que friccionaban como metales.

    —No me puedes engañar, hermano, alguna impresión toda esta situación ya ha dejado en ti.

    Yake recibió en el pómulo derecho un codazo de Sinke, y éste se alejó.

    Con furia, Yake se lanzó contra él. Le hizo una llave en la muñeca para inmovilizarlo y derribarlo. Sinke intentó liberarse, pero su garganta fue apresada por detrás por cinco dedos furiosos, el otro brazo de Yake impidiéndole moverse. Yake lo arrastró hacia atrás; el cuerpo de Sinke se dobló.

    —Mira cómo estamos, hermano, sólo falta que estemos sobre un opuntia que crezca en una roca en un lago.

    Harto de su falta de seriedad, Yake lo arrojó violentamente contra el suelo. Sinke se incorporó de inmediato de un salto.

    —Toda tu vida has estado huyendo de los seres, sin poder verlos a los ojos sin querer alejarte de ellos, y ahora te asombra, te inquieta aunque no lo admitas, que alguien en ti se haya interesado, aunque sea como objeto de una curiosidad.

    Yake le dio la espalda, respiró lentamente.

    —La apuesta aún sigue en pie, hermano, un año es todo lo que pido.

    —No voy a hacer apuestas —se volvió mirándolo con tranquilidad, su voz volvió a carecer de vida—, ni me importa nada de lo que hagan ellos.

    —Muy tarde, hermano, ya existes. La curiosidad nos hace desear saber cosas que creemos que no nos importan, y es el primer paso para volverlo parte de nuestra vida.

    Y sin embargo, su hermano nunca cedió.

    La tortuga de Yake lo esperaba en la entrada del dojo, y en cuanto su amo pasó junto a ella, ésta lo miró con demasiada humanidad.


    [1] Adaptación danzilmaresa del término inglés fiction.
     
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    Capítulo 20. Preámbulo


    55


    Meses habían pasado desde la última vez que sus mentes habían abandonado su realidad. Durante todo ese tiempo temían que al abrir los ojos por la mañana aparecieran en un mundo nuevo; por eso Sinke prometió, no sin sentirse decepcionado, no intentar imaginarse en otra realidad. Fuera de eso la vida del jínnliù continuó siendo normal, como si esos tres viajes que habían hecho a otros mundos no fueran más que un recuerdo incómodo ocurrido en un sueño.

    Los gemelos se encontraban en relación con las chicas que se habían interesado en su unión al jínnliù, y dichas relaciones al principio no pareció cambiar el paradigma social que habían estado viviendo hasta entonces, con la excepción de las espontáneas y abruptas conversaciones de novios que de tanto en tanto aparecían; a veces quejumbrosas, a veces regañantes o románticas, pero también inútiles y sin resultar más que una fuente de incomodidad para el resto de los miembros sin pareja.

    Pero cuando el año estaba a punto de terminar, un nuevo problema les haría tener que vivir un nuevo viaje a otra realidad.

    —Los exámenes vocacionales se llevarán a cabo en la última semana del ciclo escolar —anunció la presidenta Tarka en el auditorio—, por lo que las elecciones presidenciales se retrasarán para una semana después, aunque caigan en vacaciones.


    ***​


    Nunca antes un cambio había sido tan repentino y desconcertante.

    Recordóse Ate en el tercer año mientras permanecía de pie en la fila. El edificio era verde y había mucho eco de todos los aspirantes a inscribirse a sus respctivas carreras.

    —Siguiente.

    La voz alegre canturreaba a cada turno. Se detenían los demás tras la línea amarilla pintada en el suelo verde de aspecto resbaladizo. Llevaba Ate unos folios consigo en una carpeta. Pese a que estaba consiente de ese nuevo viaje, no sintió tener control sobre el cuerpo de su alter ego, y quedó siendo testigo de sus propias acciones.

    —Siguiente.

    Caminó. El alegre atendiente, sentado tras un escritorio de blanco plástico, recibió al chico mientras acomodaba otros folios y los archivaba en cajas hechas del mismo material que todo el edificio.

    —Vine a solicitar la inscripción a la carrera de matemáticas (¿matemáticas?), aquí está el comprobante de aprobación de examen.

    —Veamos… umm —inspeccionó detenidamente los papeles—… no se puede, muchacho.

    —¿Eh? ¿Por qué?

    —Según tu documento del bachillerato, todavía te falta aprobar la materia de Literatura III. Lo siento, no te puedo inscribir a la facultad de matemáticas hasta que lo hayas aprobado todo.

    —Pero me dijeron que con el comprobante de aprobación del examen de matemáticas sería suficiente. Revíselo, es del examen oficial que da la universidad a sus aspirantes, lo aprobé con la calificación más alta (¿cómo pasé un examen así?).

    —Ese examen significa que la universidad acepta tu nivel en la materia para poder estudiar la carrera, pero eso no es suficiente; para que el sistema pueda aceptarte debes tener todo el bachillerato. Quien sea que te lo haya dicho, estaba mal.

    —¿Qué sentido tiene todo esto? No voy a estar mejor en matemáticas por aprobar un examen de literatura.


    ***​


    —Pueden comenzar ahora.

    Lápiz en mano, golpeteó una vez el alter ego de Hinta antes de perder su voluntad. ¿Qué es esto? Los demás abrieron sus sobres y sacaron las hojas con los exámenes. La adusta examinadora de pie frente a la decena de jóvenes aspirantes, sentados en largos escritorios en un aula con forma de enorme escalera. Hinta, sentada en la parte más alta, no reconoció a nadie alrededor.

    —¿Algún problema?

    La voz de la examinadora la sorprendió. Era en apariencia la que en su mundo sería la profesora Nín, pero con los ojos atentos de un águila y la voz de una comandante.

    —No. Lo siento, no es nada.

    No puede ser, volvió a ocurrir. Abrió nerviosamente el sobre. ¿Por qué estoy aquí? Esto es como un examen para entrar en la universidad. Las hojas mostraban el examen de admisión para la carrera de Criminología. Pasó rápidamente los ojos por toda su extensión, tragó saliva, su respiración se aceleró y sintió un ardiente calor bajar por su columna. ¡No sé nada de esto! ¿Por qué nos ponen este tipo de examen? ¡No vimos nada de esto en la preparatoria!... O quizás sí lo vimos en esta realidad. Tomó de nuevo el lápiz y pretendió que escribía para evitar que la examinadora le reclamara de nuevo. Si estoy sentada aquí ahora eso quiere decir que mi alter ego está interesada en esta carrera; si es como yo, de seguro estuvo estudiando duramente para esto… ¿Criminología?, ¿en serio me interesé por esta carrera en este universo paralelo? No importa. Esto no es bueno, el tiempo está pasando y no puedo contestar nada. Vamos, tranquila, intenta concentrarte y quizás recuerdes tu vida, entonces volverás y podré terminar bien este examen… vamos, ¿quién soy en esta realidad? ¿Existe nuestro jínnliù? ¿Conozco a los gemelos? ¿Siquiera me apellido Semt? ¡Ah! No recuerdo nada. Un momento: mis cosas, tal vez si veo en mi bolso encuentre algo que me haga recordar. Intentó agarrar el bolso rojo que estaba a los pies de su silla.

    —¿Qué está haciendo?

    —¡Ah! N… nada, perdón.

    La examinadora no dejó de quitarle la mirada de águila durante el resto del examen. Si hago que me expulsen, mi alter ego perderá su oportunidad de entrar a esta carrera. O tal vez no. Quizás en esta realidad tenga otra oportunidad de presentar en otro momento, entonces al menos podré ganar tiempo para recordar y regresar, aunque la retrase un poco. Pero, ¿y si no es así? ¿Y sí es todo lo contrario y ser expulsada del examen significa tener que esperar hasta el siguiente año o ser vetada de la universidad para siempre? ¿Qué tal si es una alternativa que no puedo imaginar y es mucho peor? Si trato a este universo usando el mío como base podría equivocarme, pero también podría estar en lo correcto, ¿Pero cuál es la verdad? ¡Dioses! No sé nada de esta realidad, no sé qué debo hacer… Lo siento, alter ego, no es mi intención que tu carrera se arruine por mi culpa.

    Mientras mantenía la cabeza baja, lamentándose acongojada, sintió como si su cerebro se despertara; primero breves palabras, luego frases simples y oraciones. Recuerdos breves relacionados a la investigación policial, a la psicología criminal, derecho, caligrafía, matemáticas, anatomía, entre otras áreas del saber humano. Volvió a mirar las preguntas, esta vez impresionada, pues se daba cuenta de que las respuestas se aclaraban en su mente como si siempre las hubiera sabido, sus nervios se calmaron. Escribió titubeantemente las respuestas que su cerebro iba decidiendo para cada pregunta, solamente copiando al dictado, dudando a cada trazo pero finalmente cediendo, asintiendo como si escuchara a un sabio de cuyas palabras no comprendiera nada y no tuviera más opción que obedecer.

    Terminado el examen escribió su nombre, la sorpresa la hizo taparse la mano con la boca cuando su cerebro le hizo garabatear sobre la línea el nombre de Ima Lib.


    56


    —Aquí está todo.

    Le entregas el dinero y miras cómo ella lo cuenta meticulosamente; sus ojos siempre suspicaces, atentos al menor intento de engaño. Luego te sonríe y busca en lo más profundo de su mochila.

    —Aquí tienes. Con esto pasas el examen de matemáticas.

    Lo tomas y miras el sobre con recelo.

    —¿Estás segura de que es el correcto?

    —¿Con quién crees que tratas, Yóno? Todas las respuestas de los exámenes que doy son completamente confiables, yo misma ayudé a hacerlos.

    Le das la espalda y sales apurado de aquella aula.

    Y con respecto a ti, Hinta.

    Te das cuenta de que estás en una alter ego. Tu sonrisa de satisfacción se transforma en una mueca de sorpresa. Sale a tu conciencia el contenido de las carpetas que tan celosamente guardas en tu mochila y las sacas de inmediato. Folios llenos de exámenes contestados, con fechas próximas y algunos con nombres de profesores que conoces. Tú, una de las asistentes de la administración de las pruebas, reducida a eso. Sientes fuego en la espalda; tienes que irte de ahí rápidamente. Guardas todo de nuevo y sales corriendo. La escuela está casi vacía, temes que los pocos alumnos que aún permanecen te vean escabulléndote. Tiemblan tus piernas pero también estás segura de lo que debes hacer ahora. Corres hasta la salida y suspiras aliviada. Caminas casi sin pensar hasta tu casa. No hay nadie pero no te sorprendes; no te das cuenta de que no te resulta extraño. Vas al patio trasero, al lado del estanque quemas las carpetas una por una hasta que son cenizas. No te preguntas por qué tenías un encendedor contigo, ni por qué haces eso de ese modo tan decidido. Luego analizas que tu primer impulso hubiera sido tirar los papeles lejos o mojarlos hasta destruirlos, pero no con fuego, eso no lo hubieras hecho en tu mundo.

    “¿Y los demás?”, te preocupas de repente. Tu primer impulso es buscar en tu teléfono sus números; pero algo dentro de ti te decía que de todos ellos solamente encontrarías el número de uno. “¿Kanyu?”, piensas como si fuera una certeza. Compruebas que has acertado al tener ese presentimiento. Marcas y esperas ansiosa a que te conteste.


    ***​


    No sabes lo mucho que me asusté cuando aparecí de repente en mi bañera. De inmediato supe que habíamos cambiado de nuevo. Luego Hinta me llamó y contó lo que le había sucedido. Salí de inmediato en dirección a su casa. Siendo sincero, esa situación de andar cambiando de realidad comenzó a parecerme, como mínimo, una ayuda para el jínnliù, pues fueron esos cambios los que de algún modo nos estaban volviendo a unir, aunque sólo fuera el aparecer en algún lugar para tener que volver a encontrarnos, o al menos así lo sentí en ese momento. En el camino mi memoria recordaba la vida de mi alter ego, y me parecía una vida bastante monótona solamente habiendo conocido a Hinta. Ni siquiera era una amiga cercana; su número únicamente aparecía en mi teléfono como mero contacto escolar, ya sabes, en caso de tener que hacer algún trabajo en equipo. Cuando llegué vi a su padre saliendo en el coche, me vio por un instante tras el cristal pero siguió de largo, tal vez no me recordaba de la única vez que había estado en su casa para hacer un trabajo de historia. Hinta salió instantes después. Al igual que las demás veces, dijo que teníamos que encontrar a los demás y yo estuve de acuerdo. Fuimos a sus casas; pero no vivían ahí en ese mundo. Hinta tuvo el fugaz recuerdo de haber visto a Ate en el instituto Ítuyu en algún momento de su vida, pensó que quizás él nos buscaría a nosotros. Se quedó en mi casa el tiempo que estuvimos esperando, tomando té de bambú, sentados en las sillas blancas de la mesa del jardín con una gran sombrilla azul, me hubiera gustado tener una así en mi universo.

    Estaba melancólica, le pregunté si estaba bien, la pregunta que cualquiera hace por instinto incluso sabiendo que la respuesta era negativa.

    “Me pregunto qué irá a suceder cuando logremos volver”, contestó. Honestamente yo esperaba que dijera “no es nada” (la respuesta por defecto), pero continuó: “de seguro volveremos a aparecer repentinamente en otra realidad, y cuando los gemelos logren recordar, regresaremos, y volveremos a aparecer en otro mundo, y así y así por siempre…”

    Su voz no era de cansancio o enojo (raramente así lo era), sino que parecía tener un afanoso deseo de que sus palabras fueran verdad. Sus ojos adquirieron una chispa de vitalidad mientras permanecía en silencio, de seguro imaginándose aquella versión de nuestra historia…


    ***​


    —¿Recuerdas cuál fue tu primera reacción cuando te dijeron que se sentían de otro universo? ¿Y después, cuando fuimos a su casa por primera vez? Ahora me da vergüenza admitir que pensé que sólo estaban exagerando o tenían algún tipo de problema psicológico.

    Hinta bajó la taza de té.

    —Eso es lo que cualquiera hubiera pensado. Los ojos anaranjados podrían ser genética, sus habilidades desarrolladas también podrían haberlo sido, o, cuando mucho, y todavía exagerando, algún experimento secreto o incluso cosa de otro planeta.

    —Como extraterrestres, lo que sea con tal de mantenerlos en nuestro universo.

    —Pienso que me lo creí muy deprisa, bueno, en comparación con todos ustedes.

    —Eh, perdona la observación, pero me parece que toda esto de los cambios de realidad de algún modo te alegra, o al menos no te desagrada.

    La sombra de dos pájaros se vio a través de la sombrilla.

    —Tal vez porque, fuera del jínnliù, no tenemos nada de especial —rio por la nariz—, Sinke lo dijo una vez hace mucho tiempo, ¿lo recuerdas?: Somos todos clichés de la vida, seres triviales por defecto hasta demostrar lo contrario, y lo único que nos hacía interesantes era esa... tonta sociedad llamada jínnliù.

    —Sí. Intenté olvidarlo.

    Kanyu tocó el hombro de Hinta; su boca era una parábola risueña; sus ojos, dadores de esperanza.

    —Hinta, el jínnliù es lo mejor que nos pudo haber pasado. Y si necesitamos aparecer en un millón de mundos diferentes para que te des cuenta, no me importaría vivirlos contigo.

    El deseo de Hinta por creerle le hizo permanecer callada. Kanyu iba a decir algo más, pero al segundo siguiente se halló dentro de una casa, vio a su padre salir de unas escaleras y se sintió poco a poco perder el control de su voluntad.


    57


    Habla entusiastamente como siempre, Tarka. Ya eres la presidenta del consejo estudiantil, no acabas de darle las gracias a la ex-presidenta Altra por aprobar la ley de cambio de fecha de las elecciones. Está contenta; esta vez has ganado. Ahora estás en la ceremonia de clausura. Dile a Ale que encienda las diapositivas, que impacten contra la pantalla del atestado y oscuro auditorio con fotografías tomadas a lo largo del año, que suene la música solemne, expongan las boletas de los mejores para que todos las vean. (¡Asht! Otra vez los gemelo ahí). Espera a que los aplausos educados terminen. Los diplomas se entregarán, directamente tú se los darás a todos. Vienen los gemelos y se los das como a cualquier otro: con la curva maliciosa de tu cara. Luego, el aburrido discurso del director bigotudo que brilló por su ausencia el año entero, dejando que los estudiantes se las arreglaran por sí mismos como todo director danzilmarés. Los egresados reciban una ovación especial aunque todavía no es el día de su ceremonia en específico; pasen algunos a dar discursos trillados y sin originalidad de sus experiencias en la escuela, y apláudanles todavía más. Ahora canten todos el himno de la escuela, y luego el himno nacional; más fuerte, con más entusiasmo, que los escuchen hasta en mi mundo. Y ustedes, gemelos, no cantan nada. No me sorprende de Yake, y la verdad tampoco de Sinke, ambos se ven tensos, alertas, desconfían incluso del aire que respiran. ¿Es porque esa mañana le insinuaron a sus jínne algo de clases del baile y la pintura en su mansión, y éstas reaccionaron como si hablaran de locuras impensables, y desde entonces no han parado de preguntase qué carajo ha sucedido? Ya ha terminado la canción, pueden irse entonces. Pero no pueden abandonar de la escuela hasta las once, así que algunos estudiantes se dirigen a sus clubes, ustedes entre ellos. ¿A dónde vas, Yake? Ahora hablas con Délo y le haces una simple pregunta: ¿Se me declaró Ima Lib durante el Nóînye? Él te mira ladeando la cabeza, y confundido te responde que desde aquel día ella sale con Kanyu. Vas a llegar atrasado a tu club.


    ***​


    El sol lanza unos rayos lácteos hacia la playa, como una ceguera hecha de bruma espesa. Los siete miran la franja que se alargaba a una distancia infinita en el mar; nubes brumosas son conducidas por el viento hasta lo alto de la bóveda del color de los danzilmareses. Los danzilmareses tienen arraigada la admiración por el horizonte del mar; por lo que no es raro encontrar gente en las costas observando la lejanía en sus momentos melancólicos, o simplemente por ocio. Incluso yo me dejo asombrar un poco por ese hipnotizante dibujo, mucho más logrado que muchos paisajes naturales de mi propio universo.

    —Esta es la mayor prueba de todas —oigo decir con voz nostálgica a Sinke.

    —¿Qué? —pregunta Sentsa.

    —Va a comenzar de nuevo —dice Ate.

    Sinke ríe. Su hermano, tomado de la mano por la enamorada Yuska, contempla también. No ve a Hinta; pero la siente a poca distancia detrás de él, y por alguna razón se siente feliz. Yake tiene un pequeño temblor en la palma; Yuska le da calor apretando su cuerpo.

    El viento refresca sus pieles y cabellos con su aire salado.

    —Ya no nos quedan más dudas —dice Sinke—, la gran pesadumbre que sufríamos ha llegado a su revelación definitiva.

    Los gemelos sienten su realidad llamándolos del otro lado del horizonte, difuminado por el velo lumínico de los rayos del sol.

    —¿Por qué? —pregunta Kanyu.

    Sinke se voltea y mira a su hermano. La visión de Yuska asida al torso de su gemelo, sin que éste se resistiera, es por sí misma una evidencia de lo imposible, y el propio calor que su espalda libera al sentirse cerca de Hinta no hace sino convencerlo más. El silencio de Yake aprueba las palabras que el viento está a punto de llevarse:

    —Porque ahora sí estamos seguros, estimados jínnyi, cuando decimos que nos encontramos en otro universo paralelo.



    Fin de la primera parte



    Gracias por leer hasta este punto.
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  6. Threadmarks: Capítulo 26. Atracción
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    5480
    Parte 2

    Nostalgia





    Capítulo 26. Atracción


    72


    [“Ya están viniendo los dos; no van a tardar”.]

    Pero la verdad era que Yuska se negaba a ir con Yake aunque él le había explicado la extraordinaria situación en la que se encontraban. La chica contempló desde la reja el paisaje campirano de terrenos verdes que circundaba la colina sobre la cual se localizaba su casa, lejos de los callejones de la ciudad de Shórsta.

    —Me gusta más este lugar —dijo.

    Yake insistió en que debían regresar.

    —¿Para qué? Al fin y al cabo todo se terminó. Dices que en este mundo nunca fuimos jínnyi, ¿por qué no nos quedamos aquí entonces?

    Se había dado cuenta del cambio unos segundos después de despertar. Lo primero que percibió fue el ventilador de su habitación y los resortes de su cama abatible vertical, y tras un pestañeo y un mareo, hubo colgando sobre ella una lámpara apagada, y bajo ella una cama sin resortes incomodos.

    —No me asusté —explicó—, me asombré al principio, pero después simplemente lo acepté. Bajé y mi padre estaba desayunando, y desayuné junto a él. Entonces escuché la voz de mi madre también, en la sala, leyendo un libro, y me sonrió y me dijo buenos días, y me sonreía como nunca la llegué a ver así —su voz se tornaba entrecortada, dejó de hablar por varios segundos, el rostro triste y feliz a la vez, y concluyó—: y ya no me importó volver.

    Yake argumentó que los demás estaban alterados y querían regresar, además del hecho de que en cualquier momento podían volver a cambiar de mundo.

    —Que así suceda —contestó Yuska—, si de todos modos vamos a cambiar como dices, al menos déjame estar aquí el tiempo que pueda.

    Yake sospechó que ese mundo había salido de la necesidad de Yuska, y, compadeciéndola, le pidió perdón por haber dicho que el jínnliù debía desaparecer, y afirmó que sí era algo importante y que valía la pena mantenerlo. Incluso él dudó de estarse engañando sólo para convencerla, y adoptó un aire avergonzado.

    [“El problema no es que nosotros regresemos, sino que ustedes lo hagan, pues de otro modo sus mentes permanecerán aquí”.]

    Yuska se sorprendió al oírlo hablar así.

    —¿Qué dijiste?

    Tan acostumbrada estaba a la apatía de Yake que su reacción fue de una sorpresa algo exagerada. Yake repitió sus palabras con más vergüenza, como si dolieran. Yuska se puso escéptica; le dio la espalda y reflexionó con el nudillo en el labio.

    Yake sintió entonces un nuevo horizonte en el infinito, sensación que le llegará haciéndole estremecer los huesos.

    [“Siento otra realidad”.]

    Yuska se dio la vuelta y preguntó:

    —¿Qué haces aquí?


    ***​


    —No recordaba lo que habíamos hablado, pero sí me conocía.

    —¿Podría ser que vayas tras ella y la traigas de regreso?

    Mientras los gemelos hablaban por los celulares, el resto de los chicos tuvo un repentino mareo y se sintieron encoger. El horizonte se intensificó para los gemelos. Se volteó Sinke y sus compañeros se veían confundidos con expresiones interrogantes. Solamente Hinta reconocía a Sinke. Los gemelos ni siquiera tuvieron que decirse nada. Cerraron los ojos resignadamente y se dejaron llevar. “Que nuestros alter egos se ocupen de estos”.


    ***​


    Rascacielos de kilómetros de altitud infestando una gigante metrópolis. Construcciones como de plástico gris opaco y ventanas negras. La gente volaba entre un tráfico de otras gentes volantes sin ayuda de aparatos o alas. Yuska caminó entre los pocos que deambulaban sin levitar, con la boca abierta, anonadada ante los altos y numerosos edificios que en conjunto obstruían la luz del sol en el fondo cuando éste no alumbrara directamente encima. Lo primero que pensó fue en Yake y sus ex-jínnyi y lo mucho que se maravillarían de ese mundo.

    Por otros lados los demás aparecieron según sus alter egos habían decidido. Ninguno recordaba nada. Por puro instinto revisaron sus celulares (poseyendo unos más cuadrados y casi transparentes), y sus dedos automáticamente buscaron sus números, comprobando que estaban todos los siete registrados.

    Se llamaron, se gritaron y desesperaron buscando ayuda en los gemelos. El alter ego de Yuska había dejado su celular apagado. Los gemelos vieron desde la ventana de su edificio a los que volaban con total normalidad en el exterior, y decidió Yake ir por todos a sus paraderos mientras Sinke buscaba a Yuska.

    Fue el gemelo serio rápidamente a sus ubicaciones, teniendo a veces los jóvenes que bajar cientos de pisos de las altas construcciones en las que se hallaban, y los mantuvo cerca como un pastor a un rebaño. Los seres de ese mundo no parecían inmutarse por los jóvenes que preferían correr por las aceras en lugar de volar como ellos.

    Como se ha mencionado antes, la ciudad era muy oscura a causa de los edificios, sobre todo en la superficie; por lo que Yuska pronto comenzó a tener miedo de no saber dónde se encontraba mientras que en el cielo la gente volaba bajo la luz del sol. Sinke tardó un rato en encontrarla, usando su olfato, y cuando lo hizo, estando tan serio que parecía su hermano, el temor de Yuska se desvaneció. Mientras caminaban de vuelta a su edificio, la tranquilidad de Yuska le hizo elevar la vista y apreciar al tráfico que volaba, no habiendo necesidad ya de vehículos ni en el cielo ni en la tierra para esas personas, y se sintió con ganas de poder volar hacia ellos. Entonces el cielo se volvió la tierra para Yuska, y la tierra se volvió el cielo. Cayó hacia arriba gritando, rozando el cuerpo de un edificio que medía kilómetros. Gritó el nombre de Sinke y este subió trepando y saltando a gran velocidad por la construcción plástica, dio un salto apoyándose en una ventana y le tomó la mano. Yuska miró el cielo a sus pies y sintió la gravedad que surgía de él, reclamándola como lo haría la tierra. Gritó que no la soltara. Sinke intentó descender poco a poco, pero era como si la gravedad que afectaba a Yuska fuera más fuerte que la que lo afectaba a él. La gente no estaba asustada de lo ocurrido, pues pensaban que era un juego de jóvenes tan común en aquella ciudad. La gravedad comenzó a arrastrar a Sinke hacia arriba y tuvo que aferrarse a una ventana para no seguir avanzando. Con un pie la despedazó y, arrastrando a Yuska hacia sí, se introdujeron en aquella habitación, quedándose Yuska pegada al techo.


    ***​


    Dégo se había espantado cuando vio a las dos figuras frente a su ventana, “otra pareja jugando a eso”, pensó fastidiado y continuó con su tarea. Entonces escuchó su ventana romperse en pedazos, se alejó asustado y vio a los dos entrando a su habitación.

    —¿Qué carajo les pasa? ¡Miren lo que le hicieron a mi ventana!

    Comenzó a flotar hacia ellos, enojado.

    —Lo siento, amigo —dijo Sinke—, estábamos en una emergencia, mi amiga estuvo a punto de caerse al cielo.

    Ese comentario hizo que el enojo de Dégo se convirtiera en incredulidad.

    —Tan grande y aún te caes al cielo —dijo casi riéndose—, mejor vayan a practicar con los del preescolar.

    —¡Oye, no te burles! —exclamó Yuska— Apenas acabamos de llegar…

    —Está bien, como digas —interrumpió Sinke—, somos un poco tontos para algo tan básico, ¿podrías decirnos cómo es que funciona esto de volar?

    Y Dégo los miró sintiendo vergüenza ajena. Contestó entonces, como su fuera lo más obvio del mundo, representando con su cuerpo algunas de sus palabras:

    —Si piensas en ir hacia arriba, tu gravedad cambiará hacia arriba; si piensas en ir hacia abajo, tu gravedad irá hacia abajo, y así para todas las direcciones y velocidades.

    —¿Eso es todo? —preguntó Sínke.

    —Ja, procuren no pensarlo con demasiada fuerza o la gravedad podría matarlos.

    Y haciéndole caso, Yuska pensó en bajar lentamente, no lo logró de inmediato, pero después de varios intentos la gravedad cambió, bajándola al suelo como una pluma. Suspiró aliviada.

    —Ogian, no crean que me engañan. ¿Quién va a pagar mi ventana?


    ***​


    Se instalan todos en el departamento de los gemelos. Yuska se ha aferrado a los gemelos durante el trayecto en caso de que algo sucediera.

    —Ya hemos intentado pensar en regresar o lo que dijo Sinke, pero no funciona —dice Ate.

    —Pero si no lo hacemos, nos quedaremos aquí hasta que otro cambio ocurra —dice Hinta.

    —¿No podríamos buscar ayuda? —propone Sentsa— Tal vez nos den por locos si contamos lo que nos pasó, pero podríamos intentarlo.

    Sinke permanece apartado, meditando sobrecogido mirando sus manos. Yake deja a los demás por un momento y se le acerca.

    —¿Qué idea tienes ahora? —pregunta.

    —Si nuestros alter egos también son de otro universo paralelo, entonces la regla de que uno puede volar cambiando la gravedad para uno mismo no debería afectarnos, ya que no nacimos aquí.

    —Quizás esa regla es adquirida por cualquiera que llegue del exterior.

    —¿Pero y lo del aire qué, hermano?

    —¿De qué están hablando? —pregunta Sentsa.

    —Eso no es algo natural de ellos —continua Sinke—. ¿No crees que, sólo posiblemente, esto sea como lo del agua?

    Habiendo oído eso, Yake abre la ventana; del otro lado sólo habían más edificios, sin nadie más volando. Todos se quedan quietos al verlo extender el brazo hacia el exterior.

    —Despacio —dice Sinke.

    Apunta Yake con la palma semiabierta. Una suave corriente de aire comienza a fluir por toda la habitación, dirigiéndose hacia el gemelo y saliendo por la ventana, alejándose lentamente del edificio. Algunas personas que pasan volando notan la corriente de aire, por lo que el gemelo se detiene y cierra. Emocionado, Sinke va hacia un aparato cúbico de plástico en el que los seres de ese mundo almacenan el agua, se sirve en un vaso apretando un botón transparente y levanta el agua con el pensamiento.

    —Esto no se ha perdido, hermano —dice.

    Se atreve a pensar también en el aire, y, sin dejar de levitar el agua, una corriente todavía más suave que la de su hermano abanica con un viento fresco a todos los que observan atónitos dentro de esa habitación.


    ***​


    Yake llegó volando a la estación internacional, una enorme estructura cúbica en la que se encontraban las máquinas de teletransporte, donde fue a recibir a Altra. Al salir ella de la terminal, se saludaron, platicaron sobre su viaje a Lemuria y se fueron volando.

    —¿Cómo va todo contigo? —preguntó Altra— Todavía mantienen oculta su aeroquinesis del mundo.

    —Aún pensamos que es innecesario que se sepa —dijo Yake, frio.

    Altra se le quedó sonriendo.

    —¿Qué quieres? —preguntó Yake.

    —¿Quieres hacer lo que solíamos cuando éramos niños? —dijo Altra.

    —Eso fue hace mucho, podría lastimarte si lo hago.

    —No seas cobarde, no me lastimaste entonces y no lo harás ahora. Mira, vamos hacia esas montañas.

    Y al llegar, flotaron al borde de un acantilado rocoso, Altra le encargó a Yake su maleta y lo encaró.

    —¿Lista? —preguntó Yake.

    —Lista.

    Yake se mantuvo inmóvil en el aire, los brazos a los costados, y un súbito torrente de aire salió disparado hacia Altra, ésta se dejó empujar por el fuerte viento por más de medio kilómetro, riendo y gritando divertida mientras daba vueltas sin control, y no se estabilizó sino hasta que la gravedad empezó a atraerla peligrosamente hacia el suelo. Voló Yake hacia ella después, su semblante complacido pero con cierta inquetud.

    —¿Estás bien? —preguntó.

    Altra seguía flotando, y quitándose el pelo de la cara respondió:

    —Sí, fue incluso más divertido que cuando éramos niños; ahora lo haces más lejos.

    Después de andar un rato jugando así (aunque más bien era sólo Altra la que se divertía), se sentaron a pocos metros de un arroyo a comer algo y platicar. Altra notó que Yake miraba fijamente el agua que bajaba fluyendo de la montaña.

    —¿Qué estás pensando? —preguntó— Y no me digas que en nada porque tú siempre estás pensando en algo.

    Yake dudó por un momento, pero luego dijo:

    —Hace unos días nos ocurrió algo extraño, se sintió como si lo hubiéramos soñado más bien. Estábamos con unos amigos de la escuela, Yuska, Sentsa, Kanyu, Ate y Hinta, ¿los recuerdas?

    —Sí, más o menos.

    —Pues era como si nos hubiéramos juntado de nuevo después de tanto tiempo. Sinke y yo nos habíamos olvidado de que podíamos volar y de nuestra capacidad de mover el aire, y al mismo tiempo teníamos otras habilidades. Era un sueño un poco acalambrado; se sentía como cuando la sangre no te llega bien a los miembros, y te parece estar apretando un cilindro cubierto de largas púas que presionan la carne, pero no la penetran. Al final, nos pusimos a discutir sobre algo que parecía muy importante, no entendí bien qué, pues mis oídos estaban entumidos y sólo escuchaba ecos. Descubrimos de nuevo nuestra habilidad con el aire, y después de otra combinación de sonidos e imágenes que no te podría describir, nos despertamos. Sin embargo, ¿sabes qué es lo raro?

    —¿Qué?

    —En primer lugar, no estábamos donde recordábamos por última vez, y de hecho todos ellos se encontraban en nuestra casa, como en el sueño.

    —¿En serio? ¿Y qué dijeron?

    —Nada, sólo se mostraron confundidos, como cuando uno tiene amnesia, y se fueron de ahí. Pero hay algo aún más extraño.

    Diciendo eso, se levantó y se acercó al arroyo.

    —¿Qué vas a hacer? —preguntó Altra.

    —Dije que en ese supuesto sueño teníamos otras habilidades, ¿recuerdas? Cuando recuperamos el control, descubrimos que podíamos hacer esto.

    Entonces acercó la mano derecha al agua, y una estela luminosa de ésta flotó lentamente hacia él, pegándosele a la piel. Altra se levantó sorprendida y se le aproximó.

    —¡¿Aquaquinesis?!

    Yake continuó jugando con esos pedazos de agua que salían del río. Bajó sus manos y continuó moviendo el agua sólo con el pensamiento, describiendo trayectorias variadas en el aire.


    73

    (¿A dónde voy ahora?)

    Ate seguía en el cuerpo de su alter ego al salir del edificio verde, y no tenía control sobre él. No podía saber los pensamientos de su alter ego, sólo escuchar sus quejas masculladas por no haber sido aceptado. Se dirigió hacia un edificio similar del que salían decenas de estudiantes que habían terminado sus exámenes de ingreso, y conforme era envuelto por ellos sintió que ya tenía algo de control sobre sus piernas. Se detuvo el alter ego y se sobó los muslos, quejándose de un leve dolor. Ate logró tener un poco más de control y movió la cabeza, y entonces vio a Hinta entre la muchedumbre de estudiantes que salían del otro edificio. Batalló para poder gritar su nombre, peleando contra la voluntad de su desconcertado alter ego, que se sentía víctima de un ataque de parálisis. El esfuerzo por tener el control lo dejó muy cansado, pero finalmente pudo tartamudear el nombre de Hinta, luego otra vez un poco más fuerte, y de nuevo con más fuerza hasta que ella se dio cuenta. Hinta llegó corriendo hasta él.

    —¡Ate! ¿Qué pasa? —dijo preocupada.

    —Es otro jodido cambio —dijo Ate jadeando—, sabía que Sinke lo haría de nuevo.

    —No es verdad —dijo Hinta—, él prometió que no lo haría, debe haber otra causa.

    Ate ya se sentía plenamente en control de su cuerpo.

    —No importa ahora, sólo hay que encontrarlos.

    Revisaron todo lo que tenían a la mano. Los celulares no tenían registrado ninguno de sus nombres.

    —Creo que en esta realidad algunos tenemos otros nombres —dijo Hinta—, hace rato me di cuenta de que mi nombre era Ima Lib.

    —¿En serio? —dijo Ate—, entonces tendremos que buscar a alguien que nos conozca para que nos diga algo de nosotros.

    —O quizás los recuerdos nos lleguen.

    Hinta le explicó entonces la extraña situación que había vivido durante el examen de hacía un rato. A mitad de su relato escucharon una conmoción; varios alumnos gritaban y huían de dos figuras que peleaban en una explanada de concreto blanco. Reconocieron Hinta y Ate a los gemelos, que luchaban encolerizados entre sí; Sinke mantenía su distintiva sonrisa malvada y soberbia, con los ojos mirando fijamente a su hermano, el cual estaba sosegado, dormido con los ojos abiertos.

    —¡Yake, Sinke! ¡Aquí estamos! —exclamó Hinta.

    Ellos la ignoraron y continuaron luchando. No era la primera vez que los veían luchar, de hecho, antes habían sido testigos de algunos de sus entrenamientos cuando iban a su mansión y los encontraban peleando, pero nunca como algo serio. En cambio, ahora en verdad parecían querer matarse, y los golpes que se lanzaban eran capaces de romper el concreto y los árboles. Se hacían llaves, se liberaban y pateaban en la cabeza y abdomen hasta que comenzaron a sangrar; del impacto de sus cuerpos o de los golpes que esquivaban surgía un suave viento que movía sus ropas. Quisieron acercarse para detenerlos; pero tuvieron miedo por el fragor de su increíble furia y permanecieron lejos.

    —¡Ya cálmense! —exclamó Ate— ¿Qué carajo les pasa?

    —¡Ya dejen de pelear! —gritó Hinta, asustada.

    Del otro lado de la explanada aparecieron Sentsa, Kanyu y Yuska, ésta última dio un rodeo y corrió hacia ellos mientras Sentsa les gritaba a los gemelos que se detuvieran.

    —¿Qué sucede, Yuska? —preguntó Hinta.

    —No sé —respondió Yuska, agitada—, cuando nos dimos cuenta ya estaban peleando.

    —¿Dónde estaban? —preguntó Ate.

    —Estábamos todos en un examen, y al salir comenzaron a pelear.

    —¿Y qué vamos a hacer? —preguntó Hinta.

    Las autoridades llegaron para parar a los gemelos, pero incluso la policía fue recibida con golpes tan fuertes que por poco mueren, y cualquier oficial que osara intentar atraparlos recibía el mismo trato. La situación llegó al punto en que tuvieron que amenazarlos con pistolas, pero eso no los asustó. Los jínnyi pedían que no dispararan; ya no les importaba el hecho de haber cambiado de realidad, lo único que querían era que dejaran de pelear así. Los oficiales hicieron varios disparos de advertencia, pero no se detuvieron. El jefe ordenó usar contra ellos pistolas de electrochoques, los aparatos eléctricos salieron disparados y se incrustaron en sus cuerpos, pero no cayeron, sino que permanecieron de pie resistiéndose el dolor. Aumentaron el voltaje, pero los gemelos continuaban desafiándose con la mirada, y entonces ambos sonrieron; Yake se volvió más confiado; Sinke se volvió más serio, hasta parecer exactamente iguales en un semblante que combinaba sus dos personalidades. Se apuntaron el uno al otro con las palmas izquierdas. Las pistolas de electrochoques dejaron de funcionar; quedándose primero sin carga, y después recibieron de vuelta tanta energía que se sobrecalentaron y estallaron. Todos se alejaron mientras la electricidad de las palmas de los gemelos se extendía invisible sobre sus cuerpos. Los brazos bajaron, se tranquilizaron mientras las pocas chispas que habían empezado a aparecer se diluyeron en el aire. Por un momento todo quedó calmado. Los policías volvían a apuntar con las pistolas y les ordenaban permanecer inmóviles. Ya creían los jínnyi que todo había terminado; pero cuando los oficiales se acercaron a sólo unos metros de ellos, sintieron un choque eléctrico tan fuerte que quedaron sin consciencia. Los gemelos no se movían, pero en realidad estaban intentando electrocutarse el uno al otro con un campo eléctrico que habían creado alrededor de ellos. Otros oficiales intentaron ayudar a los heridos y al acercarse también fueron electrocutados, como si hubieran tocado cables de alta tensión invisibles. El jefe ordenó que todos se alejaran y que dispararan a sus piernas. Las balas se incrustaron en sus huesos y se tambalearon, quejándose de dolor. Tuvieron que recibir varios balazos más antes de que se desplomaran inconscientes a causa del esfuerzo de mantener el campo eléctrico. Esperaron hasta asegurarse de que el campo eléctrico hubiera cesado y recogieron a los oficiales heridos. Alrededor había gente incrédula de lo que acaba de ocurrir, incluyendo los jínnyi. Vieron éstos cómo se llevaban a los gemelos inconscientes en una ambulancia y toda la conmoción terminó abruptamente; pronto la explanda se vació de mirones y sólo quedaron los silenciosos destrozos de la batalla.

    Rato después estaban los cinco sentados en un banco.

    —¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Kanyu, con la cara tras las manos.

    —Viajamos a otra realidad —dijo Ate—, y al viajar a otros universos nunca puedes saber qué vas a encontrar.

    —¿Tendremos que volver a esperar a que recuerden su vida aquí para volver a nuestro mundo? —preguntó Sentsa, más triste que enojada.

    —Yo creo que ya lo hicieron —dijo Yuska.

    —¿Cómo lo sabes? —preguntó Ate.

    —Lo creo por la manera de ignorarnos; ni siquiera voltearon a vernos, como si no nos reconocieran.

    Minutos después, cuando comenzaban a sobreponerse de la sorpresa, sus mentes volvieron a viajar a otra realidad.


    ***​


    Ya dije que sí quería irme, tenemos la oportunidad. Escribían en el examen en silencio. ¿Valdrá la pena continuar, hermano? Hemos salido de la cueva, ¡No! No hemos salido porque no hay un afuera de la cueva, solamente infinitas cuevas conectadas entre sí. Encontraron el naranja de sus ojos al otro extremo de la sala. Voy a matarte, hermano, ¿por qué será? Casi se rompen los lápices. Debo recordar qué hacía antes, estaba ¿dónde? ¿Quién? ¿Por qué razón?... ¡Te voy a matar! Inundó el tumulto las puertas al terminar. Esas voces familiares que dicen nuestros nombres, ¿de quiénes son? Te voy a matar. Vamos, hermano, entre más gente lo vea mejor. Nos están siguiendo, ¿por qué? Una tibia impactó con un húmero. Lo siento, árbol, no quise darte. Este movimiento, lucha atroz movida por ignota razón. Te mataré, hermano. ¿Mi sangre? Nuestra sangre, dolor opaco, suave, sin flujo sanguíneo bajo la piel. ¿Por qué nos miran así aquellos? ¿Y estos policías? ¡Fuera! Mis sentido del tacto se reduce hasta que me siento como encapsulado en mi alter ego. ¿Qué? Tzzzzzz. Lo absorbe mi cuerpo. Incoherente electricidad. ¿O en esta cueva nos es posible? De moverla soy capaz, la percibo a mi alrededor, la usaré para matarte, hermano. Alzar la mano, ¡espera, no! Inverosímil moción, los sabios no se mueven; están quietos, el movimiento es de inmaduros. El campo: agrandarlo, me reduzco en mi propio cuerpo; de la corriente siento todo. ¡Muere ahora! ¿Por qué? ¿Por salir de la cueva? ¿Por mudarse a otra? No funciona esto, ya detente. No puedo moverme, no me puedo detener. ¡Bang! Rodilla al suelo. ¡Bang! Mano al muslo. ¡Bang, bang, bang, bang! Moriremos los dos de inaudito cansancio. Será la próxima vez, hermano. Ojos cerrados.


    74


    —Un momento, ¿por qué esa ráfaga de viento salió del dedo índice de Sinke sin pensar en ello, si antes de eso estuvo moviéndose igual de brusco y nada sucedió?

    —Meditaron tiempo después sobre eso. Yake sugirió que en aquel momento la naturaleza que tenían en ese mundo decidió intentar manifestarse por su cuenta, tal y como luego comprobaron conforme viajaban a otros mundos. Pero luego les surgió la pregunta del porqué aún conservaban esa habilidad después de marcharse. Desafortunadamente, la realidad los interrumpió un momento después.


    ***​


    Pese a que sentí sus mentes viajar, decidí ser el alter ego que permaneció con ellos en ese mundo y nunca pensé que me arrepentiría por eso. Poco a poco dejaron de verse. Tan sencillo como eso. Yuska y Hinta continuaron visitándose esporádicamente durante más tiempo, pero al igual que los demás, sus periodos de convivencia tuvieron huecos de días, luego semanas, meses, y al final muy raramente convivían. Un año después habían dejado de evitarse, incluso se saludaban, pero fuera de eso no se hablaban. Hicieron más amigos, se juntaron con ellos y volvieron a tener sus vidas sociales separadas. Inconforme y decepcionado, Sinke continuó con su reputación escolar de chico irritante, escandaloso y excéntrico, y humildemente aceptó tarde su derrota ante su hermano, a quien el alejamiento de los jínnyi le hizo volver a sentir la calma que no tenía desde hacía tiempo, y recuperó su anterior soledad en la que le gustaba vivir, intentando olvidar todo lo que había experimentado. Algun tiempo después, los gemelos decidieron salir de esa realidad por cuenta propia.


    ***​


    Los aplausos suenan en el auditorio al terminar el concierto, ovaciones de pie al concluir los acordes de la obertura Fidelio, reverencia de los músicos con sus instrumentos a la mano. Dégo, relegado a estar un atril más atrás, pensaba que en ese lugar pasaba mucho más desapercibido; nunca antes fue tan evidente para él que los aplausos del público eran ofrecidos al concertino, el verdadero protagonista de una orquesta, fuera del cual todo era olvidable. Después de la noticia de que el director había designado al inexpresivo gemelo como el concertino y a Sinke como su acompañante, Dégo lo aceptó sin quejarse, pero regresó a su casa digitando frenéticamente con la mano izquierda; el pulgar abajo, recibiendo las yemas de los dedos como el diapasón; los dedos imitando el capricho de Paganini que acababan de interpretar los gemelos. Yo también puedo tocarlo, yo también, en realidad no fue tan grandioso, ¿verdad? Quiero decir, esa precisión de los dedos; sin desafinar ni una nota, la agilidad del arco sin rozar accidentalmente la cuerda equivocada, la presión sobre la nuez para sacar el sonido, la soltura en las dobles cuerdas con cada dedo a la distancia exacta, ¡dios, todo fue perfecto!, pero yo también podría lograrlo si practico más. Desde ese día, renunció a casi todas sus horas libres para practicar sin detenerse, teniendo siempre como meta recuperar su puesto, y permaneció en su lugar viéndoles resignadamente las espaldas hasta el momento de su regreso.


    ***​


    —Ya te toca —dijo Dégo.

    El gemelo apenas lo miró; el tono de Dégo tampoco era muy amigable.

    —¿Sabes?, yo estaría en tu lugar si no te hubieras unido —continuó, cruzado de brazos—, y sería yo quien toque ante esos jueces —luego de intercambiar miradas desconfiadas una vez más, dijo —: hazlo bien, al menos por el prestigio de la orquesta del instituto Ítuyu.

    Yake salió al escenario acompañado de un mar de aplausos. Los jueces estaban serios, preparados para apuntar cualquier error o desliz en la difícil interpretación que el gemelo iba a realizar. Del otro lado del escenario, Sinke se apoyaba contra la pared, sonriendo con orgullo.

    Comenzó a tocar [(La,lala dotila mi,mimi sifimi la,lala dotila mi mi). Despertaron Yake y Sinke en la ambulancia tras un rato de inconsciencia. “¿Ya recuerdas, hermano?”, preguntó Sinke. “Sí”, respondió Yake, desequilibrado por los recuerdos que atestiguó en su inconsciencia. “Yo también”, dijo Sinke. Sus mentes abandonaron esa realidad. (La, lala telasol fa,rere famire sol, solsol lasolfa mi,dodo miredo fa,titi redoti mi,lala dotila fa,rimi midoti la la)]. En la primera variación sintió algo raro en los dedos, como un entumecimiento que rápidamente pasó sin afectar nada, pero el entumecimiento lo sintió en la cabeza en la segunda variación. Su cuerpo se tensó, pareció por un momento que se iba a tambalear. Sinke lo percibió, preocupado [(Do,la siti mi do,la tiri fami). Kanyu pregunta qué deben hacer entonces, pero los gemelos están más interesados en la habilidad de crear viento que poseen en ese mundo de los edificios altos. Sinke dice que eso les parece más importante, Sentsa y Ate se enojan. Sentsa les grita que se olviden de eso y que quiere irse de ahí, entonces sus mentes se fueron (la,di remi fafi sol,ti dore rimi fa,ti mi,la tifa misi ti la)], y entonces sintió también el entumecimiento en sus miembros y cabeza. Escucharon unas voces: “Ya estamos en otra cueva”, “Rápido, luna, bájate”, “me pregunto si aquí existe un dios”.

    Yake se detuvo de repente a mitad de la quinta variación. El dolor de cabeza se transformó en la sensación de quedarse sin sangre, y cayó de rodillas como si pesara toneladas, haciendo vibrar el escenario. Lo mismo le sucedió a Sinke, pero nadie le prestó atención más que el igualmente confundido Dégo. Empezó la conmoción; corrieron a ayudar a los gemelos cuando sus cuerpos sucumbieron.


    ***​


    Gracias a dios que esa pesadilla terminó, piensas acostada en tu cama, intentando superar al insomnio provocado por las impresiones de la experiencia que vivieron. No sé si pueda volver a mirarlos a los ojos, en especial a Yake, ¡Qué vergüenza! Todavía lo veo y lo siento, ¿él también lo recuerda? Me muero si me quedo sola con él. Pero no hay problema, ¿verdad? Después de todo ya no somos un jínnliù, esto no ha de haber cambiado nada, ¿verdad? Te acuestas de lado; tus pupilas se ajustan en la oscuridad para percibir mejor la tenue luz de la luna que entra por la ventana. Así estaba la noche antes de entrar en la primaria, mamá murió sólo una semana antes de comenzar la escuela… cada instante de cada noche que permanecí llorando en la oscuridad… y luego papá quiso que no fuera al día siguiente, pero yo le dije Sí quiero ir, y me llevó. Secaba mis lágrimas cada minuto para que los demás niños no me vieran así, en el recreo me fui a un lugar solitario, no podía dejar de pensar en mamá, y mi rostro debía estar rojo, pero no quise mostrarme débil, ¿débil para quién? Era una niña que perdió a su madre, no habría sido mal visto si lloraba; pero no lo hice, porque quizá quería verme fuerte para ella, para emular su serenidad incluso durante los momentos dolorosos, y entonces escuché esa voz aguda, Hola, y una cara amigable saltó frente a mí, Soy Yuska, dijo, estamos en el mismo salón, parecía no notar mi dolor, y eso me calmó. No dije nada, pero ella continuó, vi que bajaste de ese auto largotote que se parece al escarabajo limu[1] de mi tío, ¿conoces los escarabajos limu? Viven en las costas del sur y pueden correr tanto hacia adelante como hacia atrás. Y yo dije Es una limusina, mi familia es muy rica y me traen en ella, y al hablar no pude evitar sacar una voz húmeda y entrecortada por los lagrimeos que comenzaron a salir, esa sensación de que la espalda se te quema se volvió insoportable y oculté la cara tras mis manos, creo que ella se impresionó porque se calló, yo no le vi la cara pero, cada vez que recuerdo esta escena, la imagino con una expresión de piedad. Un momento después se quitó la banda roja que tenía en el cabello y me la ofreció, sonriéndome como si quisiera reconfortarme. Tómala, dijo, y yo dudé porque sabía de la tradición de la banda, y como no la agarraba ella misma se puso detrás de mí y me amarró una cola mientras tarareaba, entonces volvió a encararme y dijo Ahora podemos comer juntas[2], y me quedé sin habla porque, mientras me amarraba el pelo, había tarareado la cancioncilla de La tortuga de plata[3] (Tortuguita de plata, ¿por qué vas tan triste?), canción que mi madre solía cantarme desde que tengo memoria, y sintiendo el cabello amarrado de mi nuca, supe que había que cumplir con la tradición, como querría mi madre. Retomé mi compostura lo mejor que pude y dije Está bien.


    [1] Tipo de escarabajo que recibe su nombre por su semejanza con una limusina.

    [2] Pedir a alguien comer juntos se considera una forma amable de expresar el deseo de hacerse amigo.

    [3] Canción infantil popular.
     
  7. Threadmarks: Capítulo 21. Sorpresas
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    4387
    Capítulo 21. Sorpresas


    58


    La primera vez que los jínnyi se enteraron de lo que Sinke llamaba “el problema del agua” (nombre que le había puesto medio en serio, medio en broma) fue cuando éste solicitó a Hinta su presencia en su mansión un día. Estaba más alegre de lo usual, y eso le hizo sentir a Hinta un escalofrío. El gemelo la condujo de la mano hasta el enorme baño de la mansión, donde había una gran pileta de lozas blancas.

    —¿Hace cuánto tiempo que estamos en el jínnliù? —preguntó mientras llenaba una cubeta con agua.

    —Hace… como tres meses —respondió Hinta, más confundida que inquieta.

    Sonriendo, Sinke comenzó a quitarse la ropa. Al ver que Hinta se paralizaba, y volteaba hacia todos lados como si quisiera esconderse, dijo que ya era tiempo de que fueran conscientes del problema del agua.

    —¿Te gustaría saber por qué razón mi hermano y yo no podemos nadar? —preguntó, hallándose ya en ropa interior.

    Hinta no levantó la mirada, pero al escuchar esa pregunta su curiosidad poco a poco se abrió paso por su pudor, y giró un poco la cabeza para mirarlo.

    Sinke se quedó de pie dentro de la pileta, sujetando la cubeta llena de agua, y pidió a Hinta que lo observara mejor. Ella dudó un momento, pero al final terminó por volverse del todo, y vio la casi completa desnudez del gemelo. Entonces, Sinke vació el contenido de la cubeta sobre su cabeza, escurriéndole el agua por todo el cuerpo y pegándosele a la piel como si fuera metal a un imán, de modo que ni una gota tocó el suelo. Hinta se llevó la mano a la boca cuando aquella agua que se negaba a caer comenzó a moverse como si tuviera voluntad sobre el torso y abdomen de Sinke; subió reptando hasta su rostro, dejando sus vías respiratorias sumergidas. Sinke la miraba con orgullo, con la soberbia de un dios.


    ***​


    Sentsa se postulará a la presidencia del consejo estudiantil días después de aquella desafortunada junta. Un fuerte remordimiento le hará ir al cementerio, arrodillarse ante la tumba de su madre y pedirle perdón. De algún modo, había sentido que los ideales de su madre le hubieran sido legados en el momento de su último suspiro, cuando Sentsa tenía siete años. Es por eso que, frente a la lápida de su madre, juró que no le quitarían la moral tradicional al instituto Ítuyu, y con eso en mente no le importó luchar por una causa perdida, pero no absurda.

    Hinta se sobrecogerá cuando su jínne le cuente sobre sus nuevos planes. Puesto que en el instituto Ítuyu era necesario contar con el apoyo de al menos un representante para ser candidato, Hinta retendrá el aliento cuando escuche la obvia proposición de Sentsa.

    —Necesito que secundes mi candidatura —dirá, más como una orden que como una petición.

    Sabía que Hinta, y por consiguiente toda el aula 1-C, no aprobaba su estricta ideología, y que la única razón por la que la había defendido en la junta era por su situación de jínne. Antes de que Hinta pueda articular alguna nerviosa excusa, Sentsa dirá, no sin sentirse miserable:

    —Yo te estuve cubriendo todo este tiempo desde que comenzaste a ir a casa de los gemelos disque para aprender a bailar. Yo he dado la cara a tu padre por ti cada vez, y siempre le he mentido diciendo que te encontrabas conmigo o con Yuska, y él tiene tanta confianza en mí que ni siquiera pide hablar contigo para saber si es verdad. Lamento mucho tener que pedirte esto, jínne, pero necesito que hagas esto por mí.

    Cuando se aleje de ella, estará apretando los labios de vergüenza, pero se consolará pensando que era para un fin necesario para su integridad.


    ***​


    Aeiyóu —devuelve Yake el saludo, bajando la cabeza.

    Ima Lib se le acerca, radiante, contorneándose tiernamente, con la mentalidad quizás demasiado infantil para darse cuenta de su sensualidad. Intenta besarlo en la boca, pero el movimiento esquivo del gemelo hace que sus labios le aterricen en la mejilla.

    Camina Yake a su lado; su mirada es asustada y sin voluntad para oponerse a los pasos guiantes de su novia, que lo agarra de la mano y pregunta:

    —¿Qué te sucede, Yake?

    Y él contesta:

    —¿No te molesta todo lo que te dije ayer?

    Ella vuelve a besarlo en la mejilla y responde:

    —Para nada. En serio es muy interesante tener un novio de otra realidad.

    Tienen que separarse debido a su proximidad al instituto Ítuyu. El comité de moral no los dejará entrar si los ven tan juntos.


    ***​


    De nuevo ambos gemelos habían sacado un promedio de cien. Reverenció a las chicas que se habían acercado al tablero para observar las calificaciones. Se alejó de ahí a paso solemne. ¿Por qué esto me tiene tan mal? No puedo evitar pensar en lo mucho que me molesta, pero no puedo hacer nada al respecto, tengo que soportarlo sea como sea.

    Se acercó Ima Lib y saludó con alegría, “Hola, presidenta Altra[1]”. La presidenta se le devolvió el saludo, “Ya sabes que no me tienes que decir presidenta, llámame sólo por mi nombre”. La acompañó al edificio de los segundos años, le compartió el irracional pesar que sentía cada vez que el número cien aparecía a lado de los gemelos en el tablero. “Es admirable que siempre saquen un promedio perfecto”, dijo Ima, “Lamento que te sientas mal, pero no puedes hacer nada para impedirlo”. Altra siguió caminando, viendo los árboles del camino como si quisiera ver a través de ellos. Pero cómo podría siquiera pensar en eso, no quiero ser una persona envidiosa, no es lo correcto en alguien como yo… “Tal vez deberías descansar un poco de tus obligaciones”, dijo Ima, “¿por qué no le pides a la vicepresidenta Tarka que ocupe tu cargo aunque sea por un tiempo”. “Ni pensarlo”, dijo Altra con ternura, “¿Qué clase de ejemplo sería si mostrara síntomas de cansancio, en especial por algo tan irracional como celos académicos?”. ¿En verdad creo esto de mí misma? Sintió su cuerpo tensarse, “Además, tengo que ver el asunto de Sentsa y el comité de moral”.

    Dos jóvenes les salieron al paso, tristes y preocupados, pero saludaron con entusiasmo a la presidenta y a Ima. “¿Por qué están tan deprimidos?”, preguntó Ima. Yóno, el chico más alto y robusto de ellos, la miró apenado. “Apenas y pasamos con sesentas”, dijo, “Lo lamentamos mucho, presidenta”, continuó, Duyuháveni, el de mechones rojos al que llamaban Dúyu debido a lo increíblemente largo de su nombre, “Sabemos que es un deshonor, pero juramos esforzarnos mejor los próximos parciales…” Y Altra los consoló con sus palabras tiernas y llenas de motivación, tan profundas que los jóvenes no pudieron evitar llorar un poco por su bondad (las omitimos para no abrumar al lector). “Gracias por su confianza, presidenta, si hay algo que podamos hacer por usted, no dude en decirnos”, dijo el pelirrojo; el robusto también asintió. Esa respuesta estuvo rebotando en el cráneo de la presidenta durante mucho tiempo.

    Pocas horas después, la presidenta Altra observó a los gemelos con su jínnliù, almorzando bajo la palmera de siempre, junto al lago. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en eso? Intentó distraerse en la reunión para decidir cómo se iba a organizar la fiesta de navidad. Pese a todo, siguió pensando en lo mucho que le gustaría que los gemelos no pudieran sacar cienes de nuevo. No supo ella misma por qué, pero al terminar la reunión solicitó que enviaran a Dúyu y a Yóno a su oficina, con pretexto de darles una última charla motivacional. Cuando llegaron, cerró la puerta y los miró con evidente culpa, “Yóno, Duyuháveni, lamento pedirles esto, pero ¿recuerdan lo que dijeron hoy en la mañana, acerca de que harían lo que fuera por mí?”, los dos sintieron una punzada por el modo en que la presidenta les hablaba, tan firme, pero al mismo tiempo tan dudante. “Presidenta, tiene nuestra completa lealtad”, dijo Duyuháveni, “Díganos y haremos lo que sea, si de ese modo usted es feliz”. Altra se tragó el sentimiento de culpa, el cual hubiera evitado en otra realidad que pronunciara su petición: “¿Saben quiénes son los gemelos Yake y Sinke?”, los dos asintieron, “Quiero que los lastimen”.


    59


    Un día se me acercó Sinke cuando salía de mi casa para ir al instituto. Había dormido mal debido al insomnio, así que no me dieron ganas de comenzar a platicar con él, pero antes de que le pudiera decir que no estaba de humor para lo que sea que quisiera me dijo Hola, Ate, vine a acompañarte al instituto, y yo le pregunté ¿Viniste hasta mi casa solamente para acompañarme?, y él contestó Sí. De camino a la parada de autobús me dijo Oye, no hay problema con lo de ayer, ¿verdad?, y yo le contesté ¿Esa cosa de que el agua se les pega al cuerpo? Ni me importa en absoluto. Y luego de eso se vio satisfecho, aunque yo sabía que aquello sólo era un engaño para soltar alguna tontería en cualquier momento. Sin embargo, esa tontería tuvo que esperar hasta el día siguiente, cuando también lo encontré esperándome afuera de mi casa, y le pregunté ¿Qué es lo que quieres ahora?, y él me contestó Te voy a enseñar un poco de filosofía, y no sé qué gesto hice yo, pero el caso es que me siguió con la mirada emocionada, y comenzó a decir no recuerdo bien todo, pero sí recuerdo que preguntó ¿Quién eres?, y yo me rehusé, pero al final, cuando ya habíamos llegado a la parada, le dije Soy Ate Pragt, y él se llevó la mano a la cara como si aquello fuera una tontería, y dijo Entonces ¿si te hubieran llamado de otra manera, serías otra persona?, y pese a que continué ignorándolo no entiendo cómo es que aún me acuerdo de lo que dijo después, dijo Tu nombre no eres tú, nadie es su propio nombre, el nombre es solamente un título que te ha sido dado en esta realidad, es sólo una pequeña parte de tu definición, más exactamente la parte de tu definición con la que uno se refiere a ti en este mundo. No sé por qué después yo pregunté ¿Cómo que mi definición?, y sonrió mucho más satisfecho que el día anterior; pero para mi sorpresa no me contestó, y no volvió a mencionar el asunto el resto del día. Sin embargo, al día siguiente volví a encontrarlo esperándome a la salida de mi casa, sonriendo malévolamente.


    ***​


    Pedaleó Yuska alrededor del parque de Las flechas hasta que sintió que sus rodillas iban a romperse. En la línea de partida, Kanyu la esperaba con un cronómetro, atento para detenerlo en el momento exacto en que la rueda delantera de la bici pasara la raya de tiza que había dibujado sobre el pavimento rasposo. Yuska se detuvo con un agudo chirrido de freno.

    —¿Cuánto fue? —preguntó entusiasmada.

    —Tres minutos y trece segundos —contestó el risueño.

    Yuska se decepcionó, se quitó el casco con estampados de nubes y se sentó en una banca para beber agua. Estaba exhausta y sudorosa, respiraba por la boca y no dijo nada por un rato. Kanyu se sentó a su lado y le dijo que había sido su mejor marca hasta entonces.

    —Lo haremos de nuevo luego de descansar un poco —dijo Yuska, y vació la botella de agua en su garganta.

    —No deberías exigirte tanto, Yuska —dijo Kanyu—, no tendrás problemas con la carrera.

    —Vamos, jínn, es lo único en lo que puedo sobresalir en la escuela, al menos eso que logre… y tráeme otra botella de agua de la tienda, todavía me muero de sed.

    —Ahora vuelvo —dijo Kanyu.

    Conforme caminaba al puesto de bebidas, volteó a mirar sonriente a su jínne, y pensó que era muy orgullosa para expresar en frente de él la preocupación que todavía sentía por lo ocurrido durante el Nóînye y la confesión de Ima Lib. “Pobre”, pensó, “Su mirada revelaba indirectamente que le gustaba su propio jínn, sus ojos eran como los de alguien que estaba a punto de perder algo muy importante. Aunque se lo ha estado tomando muy bien desde entonces, bueno, al menos lo aparenta…”

    —Una botella de agua al tiempo, por favor —pidió al llegar a la tienda.

    “Pero de todos modos, Yake siguió actuando como si aquello no le importara, como es típico en él”.

    —Tu cambio —dijo el tendero.

    —Muchas gracias.

    Al volver, observaba a Yuska a lo lejos, sumida en una meditación interior que le hacía permanecer inusualmente seria. “…Aunque supongo que es esa indiferencia de Yake lo que la tiene tan triste. Tal vez por eso se empeña tanto en ganar la carrera, para así desviar su preocupación hacia otro lado… Yo eso haría”.

    —Aquí tienes.

    Yuska Sintió la botella y reclamó:

    —¡Uh! ¿No había agua fría?

    —Si vas a seguir haciendo ejercicio, no debes tomar agua helada, así que te traje al tiempo.


    ***​


    Ojalá te hubieras quedado más tiempo. Eran serios discutidores, nunca se reservaban sus opiniones, se lo tomaban todo con calma y una aparente apatía; pero en el fondo no podían evitar sorprenderse de su propia realidad. Así eras tú, basta que recuerdes un poco la realidad de los marcados a la que fuiste, debes haber mareado a todos con tus observaciones y comparaciones sobre ese nuevo mundo. Sin embargo, tú sabías de antemano que tu realidad era otra, pero ellos tuvieron que vivir con ese desconcierto obsesivo que, aunque no lo quisieran admitir, con el tiempo se volvió un temor, una desesperación interna; el sentimiento de sentir su realidad original como un horizonte debió ser insoportable para ellos. Nacer con el überwelt sin saber que lo posees debe ser terrible. Muchas veces me pregunté si era lo correcto seguir esperando o si debía hablar de una vez. Lo único que parecía hacerles olvidar esos momentos de angustia camuflada era motivarlos a actuar como sus naturalezas se los decían. Ponía a prueba sus habilidades físicas; a veces saltábamos de acantilados y rompíamos rocas, corríamos entre las ramas de los árboles a gran velocidad, y combatíamos entre nosotros hasta que nuestros huesos estaban a punto de romperse. Además, en la playa se ponían a experimentar el hecho de que el agua se moviera a su voluntad, sin necesidad de mover un músculo; con solamente pensar el agua les obedecía. Debiste haberlos visto en la orilla de esa solitaria costa en la playa del Pez Piedra, estaban ambos observando el ocaso, sumergidos en el mar hasta las rodillas, el agua trepándoles hasta el cuello. Estaban sintiendo nuestra realidad, hermano, sentí los deseos que tenían por seguir ese infinito horizonte hasta nuestro universo paralelo, que no conocían y que, no obstante, sentían como si lo amaran. Me acongojó un poco el saber que la verdad no era tan ideal como pensaban, como sentían, pero también estaba consciente de que no tenía permitido decirles nada hasta que no sucediera el evento que desencadenara la parte más importante de sus definiciones, el despertar de su überwelt. Sólo permanecí junto a ellos como su “primo”, tal y como me pediste.


    ***​


    Estar aquella navidad en su casa, reunido con su hermano, sus jínnyi y su tía Kísa, comer el pan de bambú glaseado de mermelada de flor roja, beber del vino de durazno[2] y escuchar a su hermano quejarse teatralmente por carecer éste de alcohol, escuchar a Yuska contarle a su tía la historia y circunstancias de su unión como jínnliù, exagerando partes y omitiendo otras, oír los bostezos de Ate y ver la tonta sonrisa eterna de Kanyu, tener que aguantar la pedantería moral de Sentsa sobre el significado social de tal fecha, tener que aguantar la teatralidad de su hermano sobre el origen extranjero y sinsentido de la misma, ver el repetitivo silencio serio y tímido de Hinta, escuchar a su tía Kísa platicar sobre su niñez, y de ese modo revelar a sus jínnyi momentos y circunstancias incómodas de su vida, a causa de lo extraño y surrealista de algunos eventos, y seguir aquella plática con la sensación de ser su vida y sus extrañezas el único tema del que hablar, fue un recuerdo permanente para todos.


    ***​


    —Recibe pues, mi presente —dijo Sinke. Los cascabeles de sus mangas sonaron como metálicas agujas.

    Hinta tomó la caja envuelta en periódicos, e iba a preguntar el motivo, dado que los gemelos eran ricos; pero Sentsa se le adelantó, descolocada y se podía decir que ofendida.

    —Pues —rio Sinke— es verdad que la vistosidad exterior vana es. De dinero materia no es toda, sino de psicología sobre todo…

    La caja de Hinta contenía una caja musical, hecha de madera con ornamentos de zigzag tallados, sonaba un vals europeo al abrirla, y en la parte interior de la tapa se podía poner una foto.


    ***​


    —Toma, Yake —dijo Kanyu, y ofreció una envoltura que contenía algo suave—, ¡feliz navidad!... o ¡Saturnalia!, como dijiste ayer.

    —No tengo regalo para darte.

    —Bueno, no tienes que darme nada, después de todo, se supone que es incondicional.

    —Nada es incondicional. Todo se hace por algo a cambio.

    —Yo no lo pienso así.

    Viendo que no lo pensaba aceptar, Kanyu rompió la envoltura y optimistamente le mostró una camisa negra con el estampado de El grito. Yake la miró con interés por un instante; pero luego, fríamente, dijo:

    —No la quiero.

    Y Yake no dio ni aceptó ningún regalo esa primera navidad en un jínnliù.

    [Imagínalo, hermano, la saturnalia, la fiesta de los esclavos, ellos son esclavos de la banalidad, de su propia realidad, dales una ración extra de ella; es su momento, dijo Sinke. Yake se siguió negando y fue a abrir a los jínnyi que llegaban para la fiesta.]


    60


    —¿Quieren ver algo impresionante? —preguntó Sinke maliciosamente.

    Los cinco lo miraron.

    —¿Qué cosa? —preguntó Sentsa, con una inquieta expectación.

    Sinke se levantó y caminó hacia una mesa.

    —¿Tiene que ver con lo que estaban hablando en otros idiomas? —preguntó Kanyu, pensando en romper la incomodidad del momento.

    Del cajón de la mesa Sinke sacó un martillo. Asentó su mano en la superficie de madera. Yake permaneció mirando desaprobatoriamente, pero sin intenciones de intervenir. Sinke alzó el martillo. Algunos de los jínnyi se sobresaltaron, uno lo miró confundido y otra con curiosidad.

    —No solamente nos caracteriza nuestro sentir, o no sentir, de la realidad —dijo Sinke—, tenemos pruebas más concretas de que algo es extravagante en nosotros.

    Estaba a punto de descargar el golpe sobre su mano cuando Hinta lo detuvo:

    —¡No, espera! No lo hagas.

    —Es verdad —dijo Kanyu—, les creemos, les creemos que son de otra realidad, pero baja el martillo.

    Sinke los miró fingiendo decepción. Se aproximó a Hinta y le dijo:

    —Ah, ya sé lo que quieres decir…

    Sorpresivamente la tomó en brazos y se dirigió hacia la salida con ella exclamando sorprendida. Sentsa le gritó. Todos los siguieron hasta la entrada. Al salir, Sinke dijo:

    —Recuerdas algo como esto, ¿verdad?

    Y manipulando el cuerpo de su jínne, la posicionó sobre sus hombros como solía hacerlo para llevarla a su casa desde el instituto. Durante ese momento Sentsa estuvo a punto de alcanzarlos, y al darse cuenta, Sinke le sonrió y en frente de ella dio un salto tan grande que llegó a la altura de la mansión, mirándolo Sentsa con la boca abierta desde abajo. La gravedad al bajar hizo gritar a Hinta, pero ambos cayeron a pocos metros de ahí, sin lastimarse ella por el amortiguamiento de las piernas de Sinke.

    —A que no nos atrapas —se burló Sinke de Sentsa.

    Corrió a una gran velocidad hasta uno de los árboles más altos del jardín y de un salto subió a la rama más alta. Aferrando los muslos de Hinta, comenzó a saltar entre las ramas de los árboles como si corriera entre ellas, dándole toda la vuelta a la mansión en muy poco tiempo. Hinta se le aferraba con fuerza a la cabeza; pero él no ponía objeción alguna por eso. Al dar la segunda vuelta, Sinke tomó con una mano un pesado tronco de una pila que había preparado a un costado de la mansión, hundió sus dedos en la dura madera, y continuó.

    —Yake, ¡dile a Sinke que se detenga! —le exigió Sentsa, despertando de su aturdmiento.

    —El objetivo de esta visita era conocernos mejor, ¿no es así? —contestó Yake secamente. Sentsa, aún aterrada, le suplicaba con la mirada, pero apretó los dientes al ver que Yake no reaccionaba.

    Ate y Kanyu estaban mudos de espanto.

    Al asomar por la esquina de la mansión, Sinke arrojó el tronco directamente hacia donde los cuatro jínnyi y su hermano se encontraban. Teniendo apenas tiempo de hacerse a un lado para evitar ser golpeados, Yake por acto reflejo le dio un golpe tan fuerte que el tronco se detuvo y se partió en dos.


    ***


    —¡No lo hagas!

    Otro tronco sale de entre los árboles, más pesado que el anterior. Tu puño lo detiene pero no lo quieres partir.

    ¿Para esto eran? Pocas horas antes de la visita, viste esa hilera de gruesos troncos cortados en el patio trasero, y junto a ellos a tu arrogante hermano. Lamentas ahora tu apatía en aquel momento, cuando pudiste haber evitado de algún modo que tus nuevos jínnyi estuvieran en peligro de ser aplastados. Rompes con una patada otro tronco.

    —¿Sinke nos quiere matar? —exclama Ate. Por seguridad, todos se han metido en la mansión.

    —No —dices—, sólo quiere molestarme.

    El último tronco te llega desde el cielo, en donde Sinke arrojó el más pesado de todos con más fuerza. Los segundos que le toma al tronco llegar hasta ti parecieron minutos, pero al final, es detenido por tus dos palmas abiertas, provocando un sonido seco y sordo por el contacto de tu piel y la madera, y ante los ojos de tus jínnyi, a salvo a los pies de la escalera, cae al suelo con suavidad en el verde césped sobre el que, desde ese día en adelante, saldrás a sentarte para contemplar el amanecer, alegando inconvincentemente a tu hermano que desde ahí el cielo se ve mejor que desde el tejado.


    ***​


    Al final, Sinke da un último salto y aterriza en el techo de la casa.

    —¿Estás bien? —pregunta a Hinta, que ha perdido la voz.

    La sujeta de los muslos y salta hasta el suelo. Camina tranquilamente hasta la sala seguido de la reclamante Sentsa, la asustada Yuska, los intrigados Ate y Kanyu, y su fastidiado hermano.

    —¿Tú también puede hacerlo? —pregunta Yuska, alterada, mirando a Yake.

    —Desafortunadamente, todo lo que uno puede hacer el otro también puede —dice Sinke acercándose al sillón—, pero no se preocupen, estamos trabajando para que esa igualdad pronto desaparezca.

    Dándole la espalda al sillón, sobre los cojines deja caer a Hinta, quien todo el recorrido estuvo sintiendo los pulmones en la cabeza, y lanza un breve quejido por el pequeño impacto.

    —¡Oh! Lo siento, estimada jínne —dice Sinke, reagarrando el martillo que había dejado sobre la mesa—, pero no importa, ¿recuerdas que te había dicho que si te dejaba caer, me rompería una mano con un martillo?

    Y esa vez nadie detiene al martillo, que cae pesadamente sobre la mano del gemelo, una y otra vez, hasta que lo que se rompe es la mesa de madera en la que se apoya. Yake se sienta en una silla y suspira mientras su hermano se ufana del vigor y bienestar que su mano poseía. Entrega luego el martillo a Yuska, quien se sienta a lado de Yake, y siente la dureza del metal.

    —¿Qué os parece, estimados? —pregunta Sinke— Contestando a su pregunta previa, durante todo este tiempo estuvimos perfeccionando todo esto y mucho más.

    Hinta ya se incorpora del sofá en el momento que Yuska, mirando fijamente el martillo, pregunta:

    —¿En verdad ambos pueden hacer lo mismo?

    —Ya he dicho que me temo que así es —dice Sinke.

    Tomando el martillo por el mango, Yuska toma impulso y da un golpe a Yake en la cabeza, lo suficientemente fuerte como para haber dejado a cualquier otra persona con una fuerte contusión; los jínnyi se sobresaltan; Kanyu incluso se pone de pie de un salto, pero Yake sólo voltea hacia Yuska como si le hubiera tocado suavemente en el hombro. Yuska parece no percibir el enojo de su jínn, y dice alegremente:

    —¡Vaya, y ni siquiera les duele!

    Por lo que le da otro martillazo en la cara. Está a punto de dar un tercero cuando Yake se lo arrebata, y dice:

    —Esto no quiere decir que no nos duela.

    —Pero eso también intentamos arreglarlo —dice Sinke.

    Pocos minutos después, cuando el reloj dio las siete y media, la visita se dio por terminada.


    [1] En Danzilmar, es costumbre referirse a las figuras de autoridad por el nombre en vez del apellido, dado que usar el apellido connota desinterés o un sentimiento de inferioridad.

    [2] Bebida no alcohólica usada para los brindis.
     
  8. Threadmarks: Capítulo 27. Aislados
     
    Paralelo

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Género:
    Ciencia Ficción
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    Palabras:
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    Capítulo 27. Aislados


    75


    Memorias de Kanyu.


    Era como si hubiera estado durmiendo durante días. Recordé a mis jínnyi difuminarse en negro ante mis ojos, y luego el sonido de olas, la sensación rasposa de arena en mis pantorrillas, y una pared de piedra en mi espalda. No tenía lentes, y no los necesitaba. Había un olor extraño y chillaban las gaviotas; las sentía revolotear cerca de ahí. Superando el sueño en que se encontraba mi alter ego, abrí los ojos, y cientos de miles de objetos blancos estaban desperdigados por toda la playa: eran huesos, su olor era penetrante y desagradable, me tapé la nariz y vi que a mi lado un cráneo de tortuga me miraba sin ojos. Del susto pegué un brinco, y me di cuenta de que vestía ropa raída, sucia de arena y descolorida. Observé a mi alrededor: sólo había huesos de tortuga y arena. La pared contra la que había estado durmiendo mi alter ego era una gran roca detrás de la cual sólo había más arena con huesos; ese escenario se extendía hasta donde alcanzaba la vista tierra adentro. No queriendo aventurarme en aquel mar de huesos, empecé a recorrer la costa, evitando pisar los restos de las tortugas, y grité los nombres de mis jínnyi. No hubo respuesta durante todo el día. Empecé a caer en la desesperación conforme la noche avanzaba, y no vi nada salvo huesos, huesos y más huesos. Tenía sed, necesitaba encontrar agua, pero al mirar tierra adentro me sentí como al borde de un mundo que sólo era un desierto infinito de arena y restos de tortugas. Afortunadamente el instinto de mi alter ego tomó un poco el control y me acerqué al mar, de manera natural tomé de aquella agua salada y mi sed se apagó. Aquella noche dormí apoyado contra otra de las muchas rocas que había a lo largo de la costa. Lancé todos los esqueletos que pude lejos de mí, pues ya no aguantaba el olor a hueso. Me despertó un movimiento a pocos metros de mí: una tortuga había salpicado de arena mis pies en su penoso avance tierra adentro, todavía era visible el rastro que había dejado por la arena y a través de las osamentas de sus compañeras tortugas. Me levanté de inmediato y la seguí con la vista; se aventuró lenta pero segura hacia la infinidad de la tierra de arena y huesos, y no sé por qué, pero no pude seguir mi camino hasta que no la perdí de vista. Por la zona hacia la que se dirigía la tortuga noté que se levantaban colinas de arena, igualmente escarchadas de blanco.

    Tras medio día de recorrer la costa, con constantes paradas para beber del mar, llegué a una roca gigante que salía del mar y entraba a tierra. En lo alto, a varios metros de altura, vi a Yake mirando hacia el horizonte. Grité su nombre, pero él no se inmutó. Corrí hacia ahí sin importarme pisar algunos huesos, y cuando estuve a los pies de la roca volví a llamarlo, diciéndole que me alegraba de verlo y preguntándole si había visto a alguien más.

    —Te dije que no volvieras a mi lado de la costa —me dijo. Noté que su voz estaba deprimida, nunca lo había visto tan al borde de las lágrimas.

    Confundido por su respuesta, insistí con mis preguntas.

    —Te daré la oportunidad de que te vayas esta vez, o te irá peor que antes.

    Ya comenzaba a tener miedo, y una parte de mí quiso mejor seguir el camino por la costa para encontrar a alguien más, porque sospechaba que lo que había observado Yuska en el mundo de los exámenes podía ser cierto; pero fue ese mismo pensamiento lo que me hizo quedarme y pregunté:

    —No recuerdas que vienes de otra realidad, ¿verdad?

    Su respuesta fue levantarse y clavar su mirada triste en mí. No había yo dado ni un paso atrás por el miedo cuando la roca en la que estaba comenzó a temblar, primero leve, luego aumentando la intensidad para finalmente liberarse de su nicho de arena y flotar en el aire.


    ***​


    Verás la roca levantarse a la distancia, hacia el final del desierto lleno de huesos, las lomas arenosas te impedirán la visión del mar. Notarás una figura humana sobre ella; pero no lo distinguirás como Yake. Irás hacia ahí corriendo, confundido por qué no sentirás miedo ni perplejidad. Yake se dará cuenta de ti cuando te hayas acercado, y te dirá que no te metas, que ya le había advertido que no viniera a su lado de la playa, y ahí estará Kanyu, aterrado por la levitación de la roca. Irá hacia ti y te preguntará dónde están las demás, le dirás que no las has visto pero Yake interrumpirá; pedazos de la roca flotante se desprenderán y saldrán dirigidos hacia él, le exigirás a Yake que se detenga, pero no te hará caso. Le insistirán pero los pedazos de rocas cada vez serán más grandes y amenazantes. Saldrán corriendo los dos, tierra adentro, y le dirás a Kanyu que te siga. Unas rocas enormes volarán siguiendo a Kanyu, luego éstas se detendrán y volverán a la playa. Suspirando, Kanyu te dirá que Yake tal vez no recuerda quién es, y que la consciencia de su alter ego es la que está en control. No dirás nada, continuarán caminando entre las enormes lomas, tras las cuales saliste. Te preguntará hacia donde van, contestarás que hacia el oasis en el que apareciste. Se encontrará a media hora de caminata, y no será más que un largo agujero en la arena en el centro del cual habrá un estanque de agua salada, del cual pueden beber. Contarás que cuando llegaste a esa realidad lo primero que sentiste fue el sabor y humedad del agua salada, y sacaste la cara de ese pozo inmediatamente. Al salir del agujero te rodeaban las montañas desérticas atestadas de huesos de tortugas, e incluso había algunas vivas a algunos metros del pozo, rendidas y resignadas, muriendo lentamente bajo el intenso calor del sol. Habías gritado los nombres de tus jínnyi, pero tu voz no llegó a ningún oído, o si lo hizo, no tenían voz para responder. Permaneciste en la seguridad del agujero, bebiendo del agua cuando te diera sed y esperando. Al día siguiente, permaneciste ahí lanzando gritos con paciencia; te daba miedo dejar ese lugar porque temías no volver a encontrarlo y morir de sed. Hasta que algunas horas después, armándote de valor y mandando todo al diablo, abandonaste el agujero y caminaste en dirección a las dunas, y en tu irritación no te importaba patear los restos de los animales que habían parado a morir ahí. Tus esperanzas aumentaron cuando, tras unas colinas, viste una tortuga que venía en dirección contraria, y pensaste que las tortugas marinas debían venir, obviamente, del mar. Y entonces viste la roca flotando a lo lejos.

    Se sentarán junto al lago salado.


    ***​


    “Bebiendo del agua de la poza”

    Kanyu: Sentsa, Yuska y Hinta deben estar en puntos diferentes de todo este desierto.

    Ate: Me pregunto por qué no te mató.

    Kanyu: ¿Qué dices? ¿Yake?

    Ate: Tengo esa certeza de que debió haberte matado, no sé por qué. Quizás es un recuerdo de la mente de este cuerpo.

    “Con la mano en el lateral de la cabeza”

    Kanyu: Creo que comienzo a recordar. Es verdad, ¿por qué no lo hizo si su alter ego lo está dominando?

    Ate: Bueno, eso no importa ahora. Hay que pensar en algo. Como parece que no tenía problemas conmigo, podría intentar volver yo sólo y hablar con él.

    Kanyu: ¿Qué le vas a decir?

    “Reflexivo”


    ***​


    Al regresar a la playa, vio a Yuska, Sentsa y Hinta a los pies de la roca.


    ***​


    Oigo una tierna voz y una suave mano acariciando mi mejilla, también huelo un olor desagradable. “Hinta, despierta”. Abro los ojos y no sé si es Yake o Sinke el que está frente a mí. Pienso que es Sinke por su sonrisa, pero la frialdad de sus ojos me hace pensar en Yake. “Bebe un poco”, me dice, y un vaso hecho de piedra sale flotando hacia el mar, se sumerge en él y regresa lleno de agua salada. “Ya hace varias horas que no bebes”, me dice. Lo bebo porque, para mi sorpresa, en verdad tengo una sed de muerte y mi cuerpo pide esa agua; nunca sentí un alivio más placentero en ninguna otra realidad que cuando mi lengua, mejillas y labios se refrescaron con esa sabrosa salinidad. Le pregunto si no recuerda nada y me mira confundido. Le menciono nuestra realidad, el instituto Ítuyu, su mansión, y el jínnliù. “Tal vez lo soñaste todo”, me dice. Entonces se levanta y veo que, recorriendo la costa por la derecha, se aproxima Ima Lib. Entonces me doy cuenta de lo macabro del ambiente en el que estamos, y de que lo que huele mal son los huesos de las tortugas, las cuales han sido apartadas del lugar en el que dormía y por eso no las había visto al principio. Me entristecí terriblemente ante tal panorama, pero Ima Lib se me acerca y dice “¿Todavía te sientes mal por lo de hace días?”, y yo no sé de lo que me habla y Yake no dice nada tampoco. “No te preocupes, pero tienes que venir conmigo para continuar con el ritual”, me sujeta y me arrastra dulcemente hacia otro lugar de la playa sin que Yake diga nada. Le digo que espere, pero ella dice “no te preocupes, mañana podrás volver”, y no tengo más remedio que ir con ella, soportando la horrible visión de los esqueletos de tortugas.


    ***​


    —…Te encuentras en la isla de Yazalá[1] —dijo Ima Lib—. Como puedes ver, hay huesos de tortugas marinas cubriendo toda la playa, y es igual para el resto de la isla. Eso es porque, desde hace millones de años, las tortugas han sido atraídas por el extraño embrujo de la isla, que les hace venir a morir como si todas supieran que este lugar ha sido asignado por los dioses para su descanso eterno.

    —Suéltame, por favor —suplicó Sentsa, cuyas ataduras le lastimaban las muñecas.

    —Cada día salen del mar decenas de tortugas —jugueteó Ima Lib con un cuchillo—, y con un coraje admirable, se arrastran lo más profundo que pueden en el desierto. Pero últimamente el número de tortugas que vienen a morir se ha reducido por centenas, lo que es muy preocupante…

    —Por favor, suéltala —dijo Hinta.

    —¿Por qué la defiendes, Hinta? Después de todo, tuve que ir a buscarla hasta las islas Wîrfe especialmente para tu ritual.

    —¿Ritual? —Hinta no apartaba los ojos de la daga brillante.

    —Hinta, ya sabes que para que la isla no se hunda es necesario que las tortugas vengan a morir, y para que vengan a morir, debemos atraer a la muerte primero.

    Ima Lib tomó a Hinta del brazo, y con el filo le hizo un largo corte recto sobre las venas. Hinta lanzó un grito y la hoja se llenó de sangre.

    —Vamos, Hinta. Ya sabías que esto era parte del ritual.

    —No… —Sentsa tembló cuando Ima Lib se le acercó con el cuchillo ensangrentado.

    —Pensé que al menos deberías saber por qué ibas a morir —continuó Ima Lib—, y deberías estar feliz de que sea para una buena causa.

    La salpicó en la cara con la sangre de Hinta. Sentsa cerró los ojos, creyendo que la iba a apuñalar después. Hinta, creyendo lo mismo, corrió hacia Ima Lib, paso un brazo por su garganta y, con todas sus fuerzas, comenzó a estrangularla. Ima Lib soltó el cuchillo por la sorpresa, forcejeó contra Hinta, que era casi de su altura. De su garganta salían desesperados gorjeos resecos. Hinta ejercía cada vez más presión, con los ojos cerrados, no pudiendo darse cuenta de que los ojos de Ima Lib enrojecían y la piel de su rostro palidecía. Cayeron sus rodillas sobre la arena sin que Hinta cediera su insólita presión sobre el cuello. Con desesperación, Ima Lib se aferraba a los brazos que la estrangulaban, implorante, escurriendole lágrimas, sacando la lengua, hasta que su cuerpo fue un gran peso para los brazos de Hinta. Las piernas de Ima Lib se convulsionaron, revolvieron la arena y los huesos cercanos, hasta que dejó de moverse; pero Hinta, en su ímpetu protector para su jínne, continuó asiéndose a su cuello por varios minutos más hasta que estuvo segura de que había muerto.


    ***​


    ¡Oh, dios mío, Hinta! Moverá huesos arenosos en su retroceder. Verá el cuchillo caído sobre la arena. Pavor ante la imagen del macabro evento. Verála recular; mano en boca, ojos en el cadáver. Se arrastrará hasta el cuchillo, intentará aferrarlo con las manos atadas a su espalda. Reaccionará Hinta. Irá hacia ella y la liberará de las cuerdas que le inmovilizan las manos y los pies, húmedas de agua de mar. Se levantará Sentsa y caminará de espaldas hacia el mar, mirará a Hinta aterrada.

    —¿Qué te pasa, Sentsa?

    —No te acerques —marcará espacio con la mano.

    Boca abierta de Hinta.

    —¡Te iba a matar! —no habrá soltado el cuchillo—, lo hice para salvarte.

    El cuchillo aún en su mano, levantado inconscientemente contra ella.

    —Esa no eres tú, Hinta —tocarán los talones la marea, que arrastra pedazos óseos en su subir y bajar—; además, ella no me iba a matar aún. El ritual requería esperar un día después de que la víctima fuera marcada con la sangre de la guardiana principal, osea tú.

    Hinta enojará los ojos, avanzará amenazante como un acto reflejo.

    —¿Cómo es que sabes eso?

    —No lo sé, no me preguntes cómo lo sé —tartamudeo, temblor, terror.

    Y sobre la duna de arena que Sentsa encara, aparecerá Yuska, vestida de raídas ropas grises.


    ***​


    Es, pues, este camino.

    Huesos despedazándose por las pisadas de Sinke en su carrera hacia el mar.

    ¡Espera, Sinke! No tan rápido.

    Pies adoloridos y escarchados de arena. El avanzar de Sinke detenido.

    Hay que darse prisa, estimada; aunque el sacrificio sea hasta mañana, no debemos perder tiempo.

    ¿No recuerdas nada en serio?

    Cabeza ladeada, ojos fatigados.

    La toma de las conciencias comenzarán, la isla por fin se hundirá y su memoria será olvidada por siempre, pero mi hermano no lo permitirá.

    A lo lejos, tortugas arrastrándose en el desierto, detenidas al finalizar el discurso de Sinke y muertas por fin.

    Ve, pues, hacia esa dirección; el lado por el que el sol se levanta, pasa tras esas dunas y camina durante unas horas, pues ahí se encuentra el lugar en el que el tributo de sangre será entregado, y mata a Ima inmediatamente.

    De nuevo sonidos de huesos aplastándose. Una nueva carrera de Sinke en el desierto, hacia una dirección ignota.

    ¡No te vayas!

    Mano de Yuska hacia él. Luego, ojos en el horizonte señalado por el gemelo. El inseguro avanzar de sus pies, sorteando huesos, hacia aquella dirección.

    ¿Detener un sacrificio? Detener un sacrificio ¡Detener un sacrificio!

    Sordera.

    Si la isla se hunde, podremos irnos de una vez en lugar de permanecer aquí por siempre. ¿Dónde estarán Yake y los demás? Pobres tortugas, atraídas a esta isla a morir. La tortuga, la tortuga, la tortuga, Yake, ¿por qué tu tortuga no tiene nombre? Vamos, dime que es por algo que te molesta, pero custodias la isla y sus reglas y darás todo por seguirlas y ¡no tendrás piedad porque Kanyu intentó matar a tu hermana Hinta! ¿Qué?

    Frente sudorosa con una mano encima.

    ¿Cómo? Evitar el sacrificio, acabar con la que debe dar la sangre. ¿No entiendo nada?


    ***​


    Y Sinke saltó a la poza y bebió.

    —Saludos, Kanyu, ¿qué haces tan lejos de tu territorio?

    Lo vio vestido con lo que parecía ser una piel vieja. Quiso recordarle su condición, pero ese gemelo también permanecía en su sorda locura, metido en el papel de su alter ego.

    —¿Dónde se encuentra Ate? —preguntó Sinke— Esperaba de hecho poder dialogar con él.

    —Él fue con Yake a la playa hace rato —dijo Kanyu.

    —Inverosímil es. Para este momento ya debió haber notado que el sacrificio no fue hecho.

    —¿Sacrificio?

    —Lo que hemos estado intentando evitar, acuérdate. La isla debería hundirse en poco tiempo. Yuska misma afirma que la propia Hinta fue la que mató a Ima para salvar al tributo, una chica de nombre Sentsa, que fue raptada del archipiélago Wîrf. Pero lo mejor fue que Hinta misma fue a decirle la noticia a mi hermano. Debe estar destrozado por la traición de la chica que tanto quiere y considera su hermana. Aunque si la hubieras conseguido matar hace días, hubiera sido igual de bueno.

    —Sinke —con lágrimas—, por favor volvamos a nuestra realidad; no quiero estar aquí.

    —Por supuesto, estimado, que la alegría te vuelva a embriagar. En cuanto la isla se hunda, seremos libres.


    ***​


    Llamó sus nombres en voz alta y captó su atención. Las chicas se alegran de verlo.

    (—Yake, se acabó todo esto —dice Yuska—, ¿No recuerdas el universo de la gente blanca, el universo del zoológico y el universo de las groserías? ¡Ya date cuenta!

    Él sigue mirando el horizonte con ojos tristes.

    —Lárguense todas —dice.)

    Tembló entonces la arena de toda la isla. Las dunas más altas y lejanas perdieron altitud. Los huesos se entierraron en la arena, y el cuerpo de Ima también fue sepultado.

    /La dejarán ahí, olvidada, tú decidirás ir a decirle a Yake que la has matado, extrañamente sin sentir temor alguno, pero aún con una ira surgiéndote en el corazón. Llegarás a él y le dirás: “Yake, no habrá sacrificio”, y él reconocerá el cuchillo de Ima y te observará incrédulo y herido/.

    [“¡Ha comenzado, estimado, ha comenzado!”

    “¿Qué sucede?”

    “Mira cómo la arena se atiborra de toda la muerte que yace en el desierto, pero la vida como la nuestra la respeta. ¡Ya somos libres!”

    Y poniéndose de pie, la arena comenzó a flotar sobre él, y formó una nube tan gruesa que creó una sombra como un pequeño eclipse.

    “Ahora es mi turno de ir contra mi hermano”]

    (Las tres se van de ahí, intimidadas por la roca que Yake ha hecho flotar en el aire, y vuelven caminando hacia el lugar por el que habían llegado.

    —¿Qué vamos a hacer ahora? —pregunta Sentsa— Aquí todo es al revés; ellos sólo recuerdan la vida de sus alter egos, pero no la suya.

    —Creí que si le decía que no estaba de su lado, iba a despertar —dice Hinta—. ¿A dónde se habrá ido Sinke?

    —Ayer estaba hablando de un lugar secreto en la isla, algo sobre tener el poder de la tierra —dice Yuska—, no entendí bien, pero por lo que vimos con Yake, es similar a lo de la electricidad de antes.

    Llegan junto al cadáver de Ima Lib cuando el sol está a punto de ponerse.

    —No podemos hacer más que esperar aquí a Sinke, ¿verdad? —dice Sentsa.

    —¿Qué más podemos hacer? —pregunta Hinta.

    Pasan la noche en aquella playa. Sentsa, todavía atemorizada por la actitud de Hinta, duerme alejada de ella. Al día siguiente siguen discutiendo y lamentándose. Poco a poco sus razones pierden el control, se hablan con violencia, relatan hechos de sus vidas sin ser conscientes de sí mismas. Hinta se enoja y amenaza a Yuska con el cuchillo. Ella se defiende y grita que el sacrificio ha fracasado. Hinta, perdiendo el control de su personalidad, se corta el brazo cómo Ima lo ha hecho el día anterior e intenta matar a Sentsa. Yuska se lo impide, pero en el violento forcejeo Yuska es herida; Hinta vuelve a tener consciencia de sus actos y lanza el cuchillo aterrada, viendo con horror la herida en la pierna que le causo a su jínne. Llora Sentsa y propone volver con Yake y que suceda lo que tenga que suceder, aún si las mata. Las demás están de acuerdo).

    Ate se tambaleó. La roca de Yake vaciló en sus cimientos. La playa terminó de tragarse los esqueletos, y el agua comenzó a subir por la orilla.

    /Te dirá que te vayas, entre gimoteos, y tú te quedarás hasta que te lo pida gritando, y regresarás afligida y aturdida, y ya no estará Sinke con las demás. Yuska propone ir las tres juntas; intentará hacer reaccionar a Yake de algún modo/.

    Y luego todos menos Yake, corrieron tierra adentro, y tuvieron instantes de recuerdos de sus vidas en aquella isla, llenos de ira y miedo mientras desaparecía la isla tras ellos. Sintieron que el suelo se elevaba, y flotaron de pie sobre una porción de arena que había adquirido una consistencia sólida como el granito. Sinke los había visto y les brindó esa ayuda, subiendo posteriormente a Kanyu a esa pequeña isla flotante mientras la isla poco a poco se hundía. Los jínnyi estaban reunidos, pero no supieron qué decirse. Sinke formó otra nube de arena que solidificó para subirse en ella, justo en el momento que la isla de Yazalá desaparecía en el fondo del mar.


    ***​


    Vuela Yake hacia ellos en su roca. Sinke crea un disco afilado de arena sólida y se lo lanza. La roca de Yake se parte al eludirla, y usa los fragmentos para contraatacar a su hermano.

    —¡No, otra vez no! —grita Yuska con lágrimas de furia— ¡Despierten, idiotas!

    La roca de Yake chocó contra la de Sinke, haciéndose pedazos las dos. En ese momento, la roca en la que flotaban los cinco jínnyi perdió su solidez y cayeron al mar.


    76


    Lidera Sinke a los demás al entrar en la mansión, localizada a la mitad de los grandes páramos de la región de Hyánt. Testigos afirmaron semanas después que el grupo de siete jóvenes se había dirigido a ese lugar pese a las advertencias de todos los que sabían de sus intenciones, y fue la última vez que fueron vistos. La mansión se ve limpia y reluciente, sin apariencia exterior de desmoronamiento, como si todavía viviera gente en ella, lo cual no hacía más que aumentar el temor de todos los que pasaran por la carretera aledaña. Reportaron que dos de los jóvenes, hermanos gemelos, iban muy confiados debido a una habilidad extraordinaria que poseían, la cual consistía en unos sentidos tan finos que, comentaron asombrados, los hacían capaces de caminar, correr y hacer increíbles acrobacias estando privados de sus sentidos de la vista y oído (para cuya prueba les pusieron máscaras y tapones en los oídos), y se movían únicamente guiados por su tacto. No han pasado ni cinco minutos en el interior cuando no son más los dueños de sus cuerpos.

    La pareja del grupo, cuyos nombres eran Sentsa Fonet y Ate Pragt, dijeron que en sus vacaciones tenían la costumbre de visitar lugares embrujados por diversión, y hasta entonces no había habido un lugar que les asustara.


    ***​


    Habiéndose dado cuenta, mirando por la ventana, de que el exterior había sido reemplazado por un negro vacío, discuten y se lamentan de su desgracia interminable.

    Ate: ¡¿Y ahora dónde estamos?! (Patea el aire. Se pasa la mano por la frente)

    Yuska: Esta mansión… ¿no se parece un poco a la de los gemelos?

    [Doblará Kanyu, desesperado, por la derecha del pasillo en el que se encuentra la habitación de Yake. Ese ruido, como una fuerte respiración asmática, lo seguirá]

    Sinke: Es nuestra casa, pero ahí afuera sólo el vacío habita.

    Habiendo escuchado un profundo soplido salir de la cocina, y habiéndose aproximado Kanyu y Hinta hacia el centro de la habitación junto a los demás.

    Yuska: ¿Qué fue eso?

    Sinke: Sé que esto es inquietante, pero por favor, tranquilos.

    Yake: Lo escucho muy fuerte.

    Habiendo descendido la temperatura de la sala, y habiendo sentido todos como si algo invisible y ruin rondara alrededor de ellos.

    Sinke: Hay que subir.

    [Subirá Ate al techo de la mansión, y desde ahí no verá más que espacio negro. Sentirá una presencia con él, y ahí, donde antes no estaba, estará la que en su realidad era la presidenta Altra. De la verdosidad de su piel emanará un olor vomitivo.

    —Bonita vista, ¿no crees?

    Los ojos de ella brillarán de sangre. Los pulmones de Ate casi reventarán cada vez que inhale].

    Habiéndose encerrado todos en la habitación de Sinke, después de haber subido de prisa, con los gemelos quedándose levemente rezagados y mirando hacia atrás constantemente.

    Sentsa: ¿Qué hay allá abajo?

    Habiendo pasado unos segundos.

    Yake: En este mundo hay algo nuevo en nosotros, lo siento cada vez más fuerte.

    Sinke: Lo siento y huelo desde aquí. Está en el piso de abajo, rondando los pasillos como un animal salvaje iracundo por el hambre. Huele a carne podrida, su andar es cojo. ¡Ahora sube por las escaleras!

    Yake: Son dos en realidad. Uno permanece abajo, paciente.

    Habiendo sentido los siete un rápido viento por debajo de la puerta.

    Yake: Está del otro lado.

    [Un momento después de darse cuenta de esa presencia, Sentsa, víctima del pánico, intentará abrir la puerta del baño antes de que la horrorosa figura de la que en su mundo fuera la presidenta Altra, desnuda y bañada en un ponzoñoso líquido verde, decida encaminarse hacia ella].

    (El ente hace estallar los seguros de la puerta cuando irrumpe. Duyuháveni, como un fantasma morado por la sangre seca en su cara, desolado por la tristeza, se fija con ira en los gemelos que protegen a sus amigos).

    [Serán estrelladas Yuska y Hinta contra las paredes de la mansión; se hieren, se rompen huesos, sentirán dolores de muerte, y Altra hará que los gemelos vean todo ese proceso, mortalmente heridos e impotentes].


    ***​


    “¿Quién soy?”, me preguntas ahora. ¡Miserables, engreídos!, ahora yo los tengo a los dos. “¡Sigan así, hasta que escuche sus huesos crujir!”. Lloren, chicas, clamen como yo lo hice cuando aún vivía, pero yo no tuve esperanza alguna. “¡Yóno, tráela!”. Su extraño poder no les ayuda ahora, patéticos. “Duyuháveni, mantenlos quietos”. Comenzaré contigo, Yuska, en tu cuerpo representaré lo que tu querido me hizo antes de morir. “¡Quítale la ropa!”.


    ***​


    El recuerdo más horroroso que Kanyu reveló, estando ya en su lecho de muerte, en un estado tan senil que sus seres queridos creyeron que no se trataba más que de una mera invención, fue cuando aquel monstruoso alter ego que en su mundo fuera un compañero escolar, con una prodigiosa velocidad tomó a los gemelos por el cuello, y la increíble fuerza y habilidades que éstos habían demostrado en otros mundos se había desvanecido, quedando reducidos a simples trapos en el suelo. Luego él y los otros cuatro salieron corriendo, rebosando un terror tan insoportable que sólo buscaron otro lugar en el que esconderse, no dándose cuenta de que se habían separado. Contó cómo había sentido la otra presencia yendo tras él hasta su improvisado refugio en otra habitación, y cómo a cada segundo su corazón se sentía reventar. Lo último que vio antes de desmayarse fue unas pupilas negras sangrantes, que ocupaban casi toda la extensión del ojo, sobre un rostro verde de olor amargo y penetrante, el cual le dijo: “Hola, Kanyu, cuánto tiempo sin verte”.


    ***​


    —¿Cuánto tiempo más vamos a estar aquí? —preguntó Yuska— ¿Por qué no cambiamos de universo?

    Y Yake sintió un ajetreo en algún lugar de la mansión.

    —Sinke —dijo Hinta—, habías dicho el problema era que nosotros volviéramos a nuestra realidad, ¿verdad? —el gemelo parecía absorto observando una nada hacia las escaleras—, entonces ¿qué vamos a hacer?

    Y en los oídos de los gemelos resonó un desgarrador grito de dolor, una sensación de horror e impotencia insoportable que les hizo cerrar fuertemente los ojos y gimotear sonidos guturales. Sus sentidos inesperadamente se sintieron intensificados. Fueron víctimas de una dolorosa omnipresencia; cada rincón de la mansión fue percibido con una exactitud tan grande, que era como si estuvieran en frente de ellos hasta los resquicios polvorientos de los libros abandonados en el ático.

    —Hay que encontrar la razón por la que ustedes no quieren regresar —dijo Sinke.

    —¿Por qué dices que no queremos regresar? —preguntó Sentsa.

    Entre los alaridos que escuchaban, y toda la información que sus sentidos no podían evitar percibir, con mucho trabajo lograron mantenerse calmados.

    —La ruptura del jínnliù ha sido lo que ha provocado estos cambios de realidad, es lo que suponemos —contestó Yake.

    Sentsa se cruzó de brazos.

    Sinke se paseó de un lado al otro, intentando que todas esas percepciones en su cabeza no lo volvieran loco.

    —¡Fue porque decidieron separarse! —dijo Sinke—, esos cambios pequeños fueron por sus propios deseos inconscientes de distanciarse más, pero al mismo tiempo de acercarse.

    El tacto se les transformó en vista. El goteo de una llave, el polvo de las ventanas, las formas y texturas de cada loza, de cada esquina, de cada marco, escalón y objeto de la casa los percibían con una nitidez terriblemente precisa. Sus ojos ahora miraban un vacío. Oscilaban entre los ruidos y las terribles visiones de unas espantosas figuras fantasmales.

    —O tal vez no, hermano —dijo Yake, quien parecía luchar contra un terrible dolor—, quizás todo está equivocado y somos nosotros los que prolongamos esto.

    —¿Por qué lo dices, hermano?

    —Esa realidad de grandes edificios —Yake ahora miraba hacia la cima de las escaleras, fijándose en algo invisible—, la gravedad cambiante según la voluntad, nuestra casa poseyente de un embrujo en la que percibimos hechos alternativos, ¿una isla de huesos de tortugas? —se estremeció con las imágenes que sentía durar largos minutos.

    —Exámenes: pruebas para el futuro —dijo Sinke con los ojos cerrados, sus piernas poco a poco cediendo.

    No pudieron soportar más y se desmoronaron sobre el suelo, sin consciencia.


    ***​


    ¿Qué íbamos a hacer en ese momento? No respondían, no se movían. No había a donde ir. El mundo afuera no existía y no podíamos escapar. No se nos ocurrió mejor cosa que hacer que llevarlos a sus habitaciones y dejarlos sobre sus camas para que durmieran. Las habitaciones ya no tenían las cosas que antes sí tenían, como los pianos y los libreros, y sólo estaban las camas. ¿De qué podíamos hablar los demás? ¿Qué podíamos opinar? Ahora tenemos la eternidad, la eternidad de este espacio interminable en el que estamos para preguntarnos una y otra vez por qué sólo nos quedamos sentados en la sala, ahí en donde muchas veces nos habíamos reunido antes. Y no había sido mucho tiempo atrás que todavía éramos un jínnliù, ignorantes de estas verdades que ahora estábamos enfrentando. ¿Cuál debía ser nuestra reacción al saber no solamente que no existe una única realidad, sino que estábamos perdidos en otras y no podíamos siquiera regresar a la nuestra? Intentamos por varias horas simplemente desear volver, como entendimos por las palabras de Sinke, pero nada sucedía, ya no estábamos en control de nada. Yake había dicho algo del jínnliù antes de abandonar ese primer mundo tan igual al nuestro, pero ya había sido olvidado, como si entre más tiempo permaneciéramos en esa mansión rodeada de oscuridad más olvidáramos lo ocurrido antes. Pero ahora concluimos que no vale la pena recordar esos tristes recuerdos sólo para llenarnos de melancolía. Aún tenemos mucho universo que recorrer.


    ***​


    Reportaron algunos vecinos que la mansión abandonada a la mitad del páramo repentinamente se había vuelto decadente, ruinosa y a punto de desmoronarse, como si los fantasmas que la habitaban la hubieran dejado desamparada, adquiriendo así el aspecto que debía haber tenido desde hace años. No obstante, algunas personas sintieron curiosidad por ese fenómeno y se adentraron en la mansión solamente para encontrar los cuerpos de seis jóvenes. Los dos gemelos, que días atrás habían sorprendido a todos con sus increíbles sentidos, se encontraban degollados al final de la escalera. Dos de las chicas estaban frente a ellos, muertas de lo mismo; presentaban horribles heridas por todo el cuerpo, así como violenta tortura sexual. Una de las chicas fue encontrada muerta en el baño; otro de los chicos, en la azotea. El cuerpo del último chico fue encontrado en el enorme jardín trasero, entre unos rosales marchitos.


    77


    No recuerdo el día preciso en que ese grupo comenzó a juntarse conmigo, pero cuando lo hicieron una vez no dejaron de hacerlo nunca. Fue poco después de que me transfirieran a la primaria del instituto Ítuyu. Yuska me presentó a todos durante el almuerzo. Todos, salvo uno, se mostraron amables conmigo, pero irónicamente fue el menos amistoso con el que mejor me llevaría de ellos. Me propuso Yuska que me uniera a su jínnliù, y como no sabía lo que significaba eso, la niña pelirroja de mirada intimidante dijo: “Es el círculo social danzilmarés más importante después del de la familia. Está conformado por gente comprometida a una relación de amistad que dure toda la vida y que sea más fuerte que con otras personas salvo la familia directa”.

    Y si bien esa idea me agradó apenas la escuché, lo cierto es que sonaba muy exagerada y tajante; es decir, ¿cómo iba a ser amigo de ellos por toda mi vida si ni siquiera nos conocíamos?

    Durante mucho tiempo se siguieron juntando conmigo, mientras me decidía. La verdad no me esforzaba en pensarlo mucho tampoco, pero durante esos días conocí mejor a esos niños y me cayeron bien. Yuska me hacía reír con sus ocurrencias extrañas; se preguntaba, por ejemplo, qué pasaría si hubiera un gato con dos colas, y exageraba lo impresionada que estaría de eso. Hinta fue la que me trató con menos indiferencia, y era la que más me convidaba de su comida, ¿había acaso algo de lástima en sus ojos durante esos días? No lo sé, pero me agradó su atención. Sentsa casi no me hablaba a menos que quisiera preguntarme algo, y en general era para saber si me iba bien en los estudios o si tenía problemas acoplándome en la nueva escuela. Ate, pese a no iniciar nunca alguna plática, fue más abierto conmigo cuando le hablaba, quizás por haberse sentido algo raro de ser el único niño de ese grupo hasta entonces. Hablábamos de lo que los niños hablan normalmente, sin nada muy especial o extravagante que agregar, solamente nuestros intereses y gustos en común, a veces eso es todo lo que se necesita para iniciar ese sentimiento de confianza que más adelante se transforma en estima.

    En algún momento acepté unirme. No recuerdo si lo dije de manera explícita; quizás nunca dije un sí más que para mí mismo. En realidad, sólo continuábamos como siempre: almorzando juntos, saliendo juntos, haciendo las tareas juntos. Llegó un momento en el que simplemente fue dado por hecho, sin necesidad de resaltarlo con palabras.


    ***​


    Esas enigmáticas mezclas de sensaciones sutiles, voces fantasmales que chocaban contra sus nervios, marcaron un drástico cambio de ritmo en las actividades de los gemelos. Cada vez estaban menos dispuestos a realizar actividades al aire libre, ni siquiera cuando Kusat se los proponía. Se interesaron menos en sus juegos con el agua, llegando a afirmar en alguna ocasión sentirse como si prefirieran el contacto con otra substancia; a veces era el fuego; otras, la tierra. También sentían la tentación de hacerse electrocutar de los tomacorrientes o salir al tejado durante una tormenta eléctrica para ver si eran alcanzados por un rayo. El capricho irrealizado más extraño fue cuando Sinke sintió el deseo de cambiar las leyes físicas para hacer levitar un vaso, y Yake expresó un deseo (o necesidad) de realizar algo parecido. Aquellos anhelos e impresiones que no podían explicarse les hicieron adquirir una forma forzada de referirse al resto de su mundo. Se quedaban observando durante más tiempo el horizonte invisible que habían sentido desde su niñez, preocupados porque cada vez lo notaban más sutil, como una sábana delicada a punto de desaparecer, y al mismo tiempo una nueva fascinación por cosas que antes no les interesaban. Por ejemplo, Yake miró con nostalgia al grupo de cinco chicos que más de dos años atrás le habían propuesto unirse a su jínnliù, y explicó que, en aquellas toscas y opacas alucinaciones sensoriales, podía reconocer sus voces en una cantidad incontable de emociones e intenciones, y comprobó, no sin aterrarse, que entre más pensaba en ellos, algunas de sus sensaciones eran más vívidas, casi al punto de llegar a engañarse y creer que en verdad los había escuchado, no como voces que sólo vibraban en su cabeza, sino como sonidos que también habían hecho vibrar sus tímpanos en la vida real.

    Cada vez dormían más. Decía Sinke que al dormir las sensaciones desaparecían, pero pronto sus sueños, ciegos y sordos hasta entonces, comenzaron a mostrar de manera más vívida lo que en la vigilia sentían como un ensueño ligero.


    ***​


    Se detuvo Kusat junto al río skér después de la caminata de más de cinco horas desde la ciudad. Yake y Sinke también se acomodaron contra un árbol cuyas raíces superficiales casi llegaban al agua.

    —¿Ya están cansados? —dijo Kusat.

    —¿En serio te parece? —dijo Sínke— ¿Cuántas veces no hemos caminado trechos superiores en distancia y dificultad en el pasado sin transpirar una gota de sudor? No nos recostamos, pues, por cansancio, sino por el aburrimiento de ya no saber hacia dónde dirigirnos o justificar siquiera nuestra presencia aquí.

    —¿No se sienten mejor de alejarse de la ciudad? —dijo Kusat.

    —¡Bah! La ciudad tiene un encanto que el campo no posee —dijo Sinke—, no me preguntes ahora cuál es.

    —Ya comienzas a hablar sólo por hablar, ¿verdad? —rio Kusat— ¿Al menos ya se calmaron las voces?

    —Ah, reconozco esa inflexión en tu voz —dijo Sinke—, en tu mente siempre ha estado el fenómeno que nos ha asaltado. Algo quieres saber, más de lo que ya te hemos relatado.

    —Y aunque ya lo sabían, porque me niego a pensar que no habían notado mis intenciones de inmediato, de todos modos están aquí conmigo.

    —Sí —dijo Yake—, ahora que estamos lejos de lo que consideras el origen de estas influencias, crees que algo se nos ha aclarado, pues me temo que te decepcionaremos, cabrón.

    —Es todo igual entonces —dijo Kusat—, pero si aunque sea un poco ha cambiado, explíquenme pues.

    —Los pequeños cambios son variaciones que escapan toda descripción con el lenguaje —dijo Yake—. Los qualia son celosos y no se dejan compartir. Es inútil detallarte qué sucede ahora como lo es el explicar la amarillez de lo amarillo o la pequeñez de lo pequeño.

    —Al margen de su incapacidad para expresar en palabras la exactitud de sus percepciones, ¿cómo se explican que les hayan llegado tan de pronto?

    —Bien podría no ser más que una enfermedad mental —dijo Sinke—, en cuyo caso lo encuentro divertido. Podría intentar ver qué tanto soy capaz de controlarla y escapar de ella, si me es posible.

    —¿No han pensado que, a lo mejor, lo que estén sintiendo sean experiencias reales, hechos que ustedes mismos han vivido y cuyos recuerdos solamente les han sido dados a conocer?

    —¿Qué teoría sostendría esa conjetura? —dijo Yake— Estos no son dejavus o recuerdos reprimidos del pasado.

    —Tal vez no los son en este rincón de la realidad.

    Sinke despegó la espalda del tronco; suspicacia en los ojos; barbilla sobre las falanges.

    —De nuevo los universos paralelos, Kusat —rio—. El maestro Gyéo ha dado en el clavo para ti, ¿verdad?

    —¿Por qué no podría ser? —dijo Kusat— ¿qué hace imposible que las mentes de inconmensurables alter egos estén ahora mismo proyectando sus experiencias directamente a sus cerebros?

    —Debes hacer un mejor caso que eso —dijo Yake.

    —En el fondo sabes que, pese a no ser muy verosímil, es posible —dijo Kusat—. Pero como bien has dicho, la qualia no se comparte, ¿verdad? Ustedes han ya demostrado con sus actitudes que no solamente sienten algo más, sino que también son —hizo gran énfasis en esta última palabra—, potencialmente, algo más.

    —Tengo la sospecha de que este asunto tiene mayor interés especial para ti que para nosotros, primo —dijo Sinke.

    —¿Por qué me miran así? ¿No fueron ustedes los que clamaban provenir de otra realidad desde el primer día en que los conocí? Lo que supongo no es más que una observación con base en lo que ustedes mismos han estado diciendo desde la infancia.

    —Nunca hemos dicho que somos de otra realidad, o al menos yo nunca lo he hecho, no hablo por mi hermano —dijo Yake—. Tal idea es, cuando menos, insustentada, y una tontería a lo peor. Lo que siempre hemos dicho es que nada en el mundo nos parece real, y que sentimos algo más en el horizonte. Fuera de esa subjetividad no afirmamos nada más.

    —¿Llamas subjetivo a la barrera que sienten en el horizonte? —dijo Kusat— Considerando todo el énfasis que durante sus vidas han puesto a esa subjetividad, me sorprende que todavía no hayan tenido el deseo de cruzarla, o al menos imaginar que se acercan a ella.

    —Hemos hablado de esto muchas veces —dijo Yake—, ¿en serio es racional hablar de esto otra vez?

    —¿Estás evitando la discusión? —dijo Kusat, la inflexión de su voz se agudizó— Nunca antes te había parecido inútil repetir tus explicaciones.

    —Tal vez ya me aburrí —dijo Yake, tembló su voz, su vista giró hacia el río—, ¿no es eso lo verosímil después de tantos años de estar hablando de lo mismo?

    —¿Y acaso ustedes son verosímiles? —dijo Kusat.

    La tierra entorno a la cual los pies de Yake y Sinke tocaban el suelo tuvo un pequeño movimiento. Insignificantes polvos de tierra se levantaron centímetros del suelo, aumentó la cantidad y la altura hasta que una opaca capa de tierra les llegó hasta la cabeza. Los labios permanecieron tensos, los ojos abiertos, queriendo ignorar sin lograrlo.



    [1] Isla real en la que abundan leyendas sobre tortugas que van a morir ahí, probablemente de ahí se inspiró este pasaje.
     
  9. Threadmarks: Capítulo 22. Compromisos
     
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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    5795
    Capítulo 22. Compromisos

    61


    Debido a la inauguración del comité de moral de Sentsa, Hinta pasó a ser la representante del aula 1-C. El día en que Sentsa anunció su retiro para centrarse en su nuevo puesto, Sinke propuso casi inmediatamente que Hinta la supliera; la gran mayoría de sus compañeros de aula estuvo de acuerdo con eso, alegaron que Hinta era la chica más responsable y disciplinada de la clase, y que, pese a su dificultad para hablar en público y nada intimidante presencia, su honradez y disposición inquebrantable por buscar siempre lo mejor para los demás le daban un gran valor como representante. De manera exagerada pusieron toda su confianza en ella.

    Hinta estaba atónita por el repentino apoyo, pues, según su punto de vista, ella no había hecho nada muy especial para demostrar todas las cosas buenas que le atribuían.

    —El último en darse cuenta de su propia influencia sobre los otros es uno mismo —le dijo Sinke, sentados bajo la palmera solos los dos, esperando a que llegaran los demás.

    Sus nuevos uniformes les daban calor, y de rato en rato se sacudían la blusa y la camisa para que entrara aire.

    —¿Pero yo qué he hecho para que piensen así de mí?

    —Pregúntales —contestó Sinke—, quizá tenga que ver el hecho de que eres la que mantiene unido nuestro jínnliù.

    —¿Tú crees eso? —Hinta volteó lentamente hacia Sinke.

    —Eso es lo que los demás parecen percibir, que de algún modo la cohesión de nuestra pluralidad se debe a alguna influencia tuya. Podemos o no estar de acuerdo con eso, pero quién sabe.

    A partir de ese momento, Hinta tomó realmente el cargo de representante de su aula.


    ***​


    Quizás la ayuda más inesperada le llegó de manos de Sinke, el mismo que la había propuesto para comenzar. Se volvió su ayudante en un acuerdo sin palabras, siendo muchas veces el que hablaba en público cuando debían hacerse avisos importantes, o informar de diversas cuestiones a las que la representante se iba enfrentando en relación al resto de la escuela. Pocos días antes de la confesión de Kanyu a Ima Lib, los representantes tuvieron que anunciar en su aulas las advertencias que el comité de moral de Sentsa iba a implementar desde ese día, y en caso de violarse, podría suponerles expulsión inmediata. Estando Hinta asustada por tener que dar noticias tan tiránicas de su propia jínne, escribió la noticia de manera que quedara en claro que aquella no era su opinión ni estaba de acuerdo con las medidas, pero a última hora se afligió y Sinke tuvo que darla por ella.

    —No puedes tener estos lapsus de inseguridad, Hinta —le dijo Sinke alegremente, rato después, al caminar con ella hasta su casa—, el gobernante debe verse seguro aunque sólo diga idioteces.

    —No me puedes culpar por ponerme nerviosa —dijo Hinta—, y mucho más en esa situación. Siento que pueden juzgarme por ser jínne de Sentsa.

    —Podría ser también que te hayan elegido precisamente por ser la jínne con más sentido común. Si hubieras levantado la vista a todos en el momento en que daba la noticia, no hubieras encontrado recelo hacia ti. De hecho, únicamente hubo fastidio debido a mi expresar y hablar, pero más bien sentían lástima por ti, como si vieran que estabas al mismo nivel de ellos y sufrieras lo mismo. La empatía, estimada, el sentir que tu representante te entiende, que vive lo mismo que tú, y que a la vez está tan cerca del problema, lo suficiente como para tener probabilidades de arreglarlo desde adentro. Teniendo todo eso, pasan de tus defectos, aunque sean importantes. Pero una cosa sí, estimada, así como te lo dije en nuestro primer día: te ayudaré en todo como un jínn debe hacerlo.

    Semanas después, cuando hubo que dar la terrible noticia de que los noviazgos iban a ser completamente prohibidos, Hinta misma fue la que encaró a sus compañeros, respirando nerviosa como el día de su presentación. Con los ojos cerrados, como pidiendo una disculpa anticipada, dio la noticia.


    ***​


    —¿Qué tal es Sinke como novio? —preguntará Yuska suspicazmente.

    Hinta trató de usar el examen parcial de ese mes como excusa para no responder. Del otrolado del teléfono, Yuska escuchará su respiración nerviosa, reirá y le volverá a insistir.

    —Yuska… acabamos de volver de… viajes a otro universos paralelos, aunque ahora estemos en esta situación no tenemos que hablar de eso.

    —¿Por qué no? —Yuska se echará para atrás en su silla— Después de todo esta es nuestra nueva realidad, como dice Yake, una realidad que hemos creado con nuestras decisiones, o algo así. —Se incorporará repentinamente, y preguntará entusiasmada—: ¿Qué fue lo que hizo Sinke para que le dieras el sí?

    Hinta se quedará con decenas de palabras al borde de la boca, y la maliciosa Yuska escuchará los tiernos titubeos que su jínne solía hacer cuando trataba de contener su incomodidad.

    —¿No… no puedes recordarlo? —preguntó Hinta luego de un instante—, Yake dijo que recordaríamos lo que estuvimos haciendo mientras no estuvimos.

    —Sí, lo sé —responderá Yuska, volviendo a sentarse en su silla—, pero aún sólo tengo recuerdos borrosos desde ese día en que lo anunciaron oficialmente. Más bien recuerdo las cosas que pasaron en la escuela entre Yake y yo. La verdad no recuerdo qué sucedió entre Sinke y tú.

    Huba apura a Hinta para que termine con el teléfono, por lo que Yuska le propondrá que mejor se lo cuente en persona al día siguiente, en su casa.


    ***​


    Yuska le dirá a Yake que cierre los ojos, y cuando lo hizo, lentamente comenzó a desvestirse. La piel se Yake sintió cada uno de sus pasos y sus formas femeninas tan nítidamente que era como si lo sintiera. Entonces recordó aquella ocasión en que había creído encontrarse en similar situación el día en que conoció a su padre, pero sólo se trató de mostrarle la pintura de la manzana. La sensación que percibió de ella era tan exacta a la de aquel día que se estremeció, y luego permaneció quieto, atónito, porque entonces sintió que unas manos le acercaban un objeto cuadrado a la cara. Yuska le dirá que mire, y Yake verá la piel canela y suave del abdomen y los pechos de Yuska.


    ***​


    Huba Semt. Sentada en una silla playera frente al estanque de su casa, después de haber visto a su hermana salir con su novio Sinke.

    “¡Increíble! No hizo más que hablarle a mi padre con ese estilo antiguo tan mareante y automáticamente se ganó su confianza, ¡hasta para dejarlo salir con mi hermana! Pero bueno, no es que me importe; aunque la verdad se veía muy claramente desde que te volviste representante de su clase. ¿Cómo lo ignoraría? Papá no dejaba de hablar de lo orgulloso que estaba de ti en cuanto supo la noticia. Y más aún ayudada por un chico que hace artes marciales y habla como poeta idiota, tu jínn o lo que sea ese tonto círculo social en el que te metiste. Papá debe estar seguro de que hiciste buenas influencias, por ahora. ¿Necesito un chico que hable como ese Sinke para poder tener un novio? ¡Qué idiotez! Sin embargo pareces feliz con él. ¿Por qué será? No lo entiendo, si hace menos de un año apenas y podías estar cerca de él sin poner cara de gallina, pero no era nerviosismo de atracción, si ya lo sabré yo, ¡era nerviosismo de miedo! ¡Ah, claro! Jejeje, hermana, por poco se me olvida ese detalle… tal vez papá tenga razón en que te hace bien juntarte con Sinke. Parecías superar poco a poco tu miedo a no agradar a la gente, te conozco, hermana, te conozco, tu miedo a lo que la gente pueda pensar de ti se fue yendo entre más tiempo pasabas con Sinke, parecía que su pedantería y extrema confianza se te pasara en pequeñas cantidades. ¿Por qué estoy pensando tanto en eso? La verdad me enoja un poco. No eres ni la mitad de buena que yo para luchar y por eso papá me tiene más fe a mí. Ganar un tonto torneo de tu escuela no significa nada. Yo seré la que continúe con la escuela de papá, por mi gran talento, y fíjate que ni siquiera preciso de mucho entrenamiento, soy una virtuosa en esto… aunque ese Sinke me venció esa vez, todavía pienso pedirle la revancha… aunque quizás sea justo, tú me envidias por mi talento, y yo... ¿Sentimos así todos los adoptados con hermanos, esa extraña necesidad de superar a los hijos biológicos? ¡Bah! No sé ni me importa pensar mucho en eso. Mientras aún tengas esa timidez tan tierna, será divertido molestarte a veces.


    62


    Fueron los novios Délo y Déla los que le dieron a Kanyu el valor final para hablarle a Ima Lib.

    —El amor se trata de experiencias —dijo Déla, con la solemnidad de una predicadora—, nunca sabrás si amas a alguien si no tienes experiencias con ella, y las experiencias nunca comienzan si no das este paso.

    —Aun si te rechaza, es una experiencia que puede contar para tu futuro —dijo Délo, un poco menos severo.

    Contaron cuando, estando todavía en la primaria, los dos se aventuraron en un terreno baldío con enormes rocas que les parecían gigantes monumentos naturales, se subieron en ellas y jugaron a saltar de una a otra. En una parte había dos rocas lo suficientemente cercanas para que Délo, alardeando de su fuerza infantil y su estatura, se colocara como un puente humano entre las dos. Aseguró que podría soportar el peso de su riente amiga, pero al pisar ella sobre su espalda, las manos del chico no aguantaron y ambos cayeron los dos metros que había hasta el suelo, siendo Déla amortiguada por el cuerpo de Délo, quien terminó con dos costillas fracturadas y un brazo roto, llorando agudamente de dolor. Días después, ya enyesado el chico en el hospital, ambos se reían de lo ocurrido como si hubiera sido algo divertido, salvo que a Délo le dolía el pecho al reír.

    Kanyu interrumpió la historia para preguntar qué tenía que ver todo eso.

    —Que si no estás dispuesto a romperte unas cuantas costillas, no estás listo para amar —dijo Délo.

    —Pero si logras superar ese dolor y seguir adelante, el amor durará para siempre —dijo Déla.

    Sintió Kanyu que lo que le decían todavía carecía de mucho sentido, y hasta demasiado cursi, pero de todos modos agradeció que lo apoyaran, así que un momento después tomó aire y caminó hacia la chica de ensueño, que almorzaba con una amiga en una de las mesas del área común de alumnos.


    ***​


    —Antes veníamos mucho a este parque, ¿recuerdas, Ate? Tú estabas apenas comenzando la primaria y yo en la secundaria.

    —No ha cambiado mucho, la verdad.

    —Hubieras traído tus bumeranes. Quisiera ver que tal los lanzas.

    —Te aburrirías mucho.

    (El viento sopla tan fuerte que por momentos se sienten sordos.)

    —Te veo muy meditativo.

    —¿Sí?

    —¿Qué estás pensando? Dime.

    (Dos jóvenes se pusieron a jugar con un frisbee a cincuenta metros de ahí.)

    —Recuerdas a mis jínnyi.

    —Sí, me acuerdo.

    —Poco después de comenzar la prepa, se nos unieron otros dos.

    —Vaya, así que después de tanto tiempo aún siguen con eso.

    —Ajá. Son hermanos gemelos, muy raros, sienten que vienen de otra realidad.

    —¿Otra realidad?

    —Eso no importa. Uno de ellos, Sinke, hace algunos días comenzó a hablar conmigo de cosas que me están haciendo pensar.

    (Uno de los que se lanzaban el platillo volador golpeó al otro en la cabeza.)

    —Siempre habla con un estilo antiguo y tonto; siempre suena como diciendo tonterías y cosas que no entendemos, pero últimamente me ha estado hablando de cosas que, no sé por qué, me vienen dando vueltas en la cabeza.

    —¿En serio? ¿Y qué te hace pensar?

    —No lo sé explicar bien, pero te puedo decir que, aunque me avergüence un poco, siento que el jínnliù cada vez es algo más y más tonto.

    (El césped dejó la huella del cuerpo de Kuesta cuando se levantó.)

    —¿Quieres dejarlo?

    —No lo sé. Quizás todavía no.

    —¿Qué te hace seguir en él?

    —No lo sé explicar… tal vez me acostumbré a su compañía; al temperamento moralista de Sentsa, al positivismo de Kanyu, a la tranquilidad de Hinta, a lo energético de Yuska, e incluso un poco a los gemelos tan extraños. Pero no puedo decir que los haya llegado a sentir como si fueran mis hermanos, como se supone que es el jínnliù

    (El frisbee chocó contra la cabeza del mismo chico, quien reclamó por el doble accidente).

    —Entonces, ¿qué te hace dudar permanecer en tu jínnliù?

    —Estar ahí me hace sentirme terriblemente estúpido, porque no tengo una razón para sentirme a gusto con ellos más que la mera costumbre. No tiene sentido.


    ***​


    Primero había comenzado como acontecimientos raros, aislados de toda conexión con lo que sea que estuviera ocurriendo en el momento, pero poco a poco comenzó a ser más notable la actitud de Yuska en relación con Yake.

    Pocos días antes del viaje al universo de la gente sin rostro, estando Yake todavía muy hostigado por el tema de los breves cambios que su hermano y él habían hecho entre realidades levemente diferentes, llegó Yuska a la habitación de Yake y radiantemente le propuso que vieran una película. En su estado de estupefacción por su actual circunstancia, Yake aceptó sin esperar demasiado de esa experiencia. Para su sorpresa, Yuska había traído un documental sobre la vida de Ráu Shórsta, escritor danzilmarés ganador del premio nobel de literatura en 1935. Se sentó ella a su lado, al borde de la cama, se recostó en el pecho del gemelo y vieron la película.

    —¿Sabías que James Joyce estuvo nominado al nobel el mismo año que Ráu Shórsta, pero Shórsta le ganó?

    No supo Yake si fue la naturalidad con la que Yuska había articulado esa pregunta, pero logró sacarle una pequeña exclamación de sorpresa. Ella no había dejado de mirar el televisor ni de sonreír, pero sí movió los pies con cierta ansiedad.

    —Sí, lo sabía —respondió Yake—. Estuviste viendo la Wikipedia, ¿verdad?

    Ella no dijo nada. Al terminar el documental ella quiso hacer el amor. Yake se dejó acostar y besar sin decir nada. Al ver su inconvincente disposición, Yuska le dijo al oído.

    —También leí que Ráu Shórsta sólo tenía sexo con su esposa por cada capítulo que escribiera, y a veces podía estar semanas sin terminar un solo capítulo. Eso no es de la Wikipedia.

    Cuando hubieron terminado, y Yuska se hubo despedido y salido de la mansión, Yake volvió a sentir el malestar en el cuerpo que había estado teniendo desde hacía días, cada vez que su relación con Yuska se hacía más cercana.

    Como es obvio, estos hechos repercutieron en la actitud de Yake el tiempo que estuvieron en la realidad de la gente sin rostro y del zoológico, tiempo en el cual se avergonzaba de sí mismo por estarle dedicando demasiado tiempo a pensar en Yuska más que en las implicaciones de esos nuevos acontecimientos.

    El origen de eso era más lejano. Reflexionó que aquello había estado ocurriendo desde el día en que por primera vez había pintado con Yuska en su habitación. Poco a poco, le parecía que su mente comenzaba a ser empujada por una fuerza superior a él, lejos de la seriedad de la vida que buscaba, y aquella realidad lo acercaba más a Yuska entre más intentaba forcejear contra ese sentimiento. Cuando regresaron del universo del zoológico y se enteró de que su hermano estaba saliendo con Hinta, no le quedó la menor duda de que la realidad se había empeñado a hacerlo enamorarse de Yuska.


    ***​


    —¿Lo dije bien? —preguntará Yuska.

    Hinta bajará el libro y le dirá sorprendida:

    —Sí, todo lo memorizaste bien.

    Yuska lanzará una exclamación victoriosa, y dirá:

    —Bien, ahora la siguiente página.

    Hinta dará la vuelta a la hoja, pero antes de que su jínne comenzara a hablar le dirá:

    —¿En serio quieres memorizarte tanto El corazón delator? ¿Para qué?

    Yuska reirá con algo de pena.

    —Ese cuento le encanta a Yake. Me enteré una vez cuando estábamos pintando… bueno, no estábamos pintando en ese preciso momento, pero logré sacarle esa información. Tal vez se sorprenda si le demuestro que puedo aprender las cosas que le gustan, en especial cosas literarias.

    Y volviendo a alzar el libro, sintiéndose de algún modo contenta, Hinta le dijo que prosiguiera. Yuska cerró los ojos, buscando en su memoria las palabras que había leído tan esmeradamente el día anterior:


    ***​


    ¡Pensar que estaba yo ahí, abriendo la puerta poco a poco, y que él no podía ni siquiera soñar en mis actos!...”


    Entró tarareante, pero al sentarse a pintar volvió a sentir ese fuego irreal en la piel de su espalda, y por la tensión no pudo pintar bien de nuevo (¿Por qué siento este frío cada vez que estoy aquí? ¿Yake?).


    “…y sabiendo que no podía ver la puerta, seguí empujándola cada vez más.”


    Lo único que podía ver de Yake era su mano sujetando el mismo pincel, la mano también le temblaba (también tú lo sientes, ¿verdad? ¿Es esto acaso lo que dices? ¿Esto sucede porque en verdad eres de otro mundo?)


    “—¿Quién anda ahí?”


    Yake se alejó de ella. Retrocedieron las paredes oscuras, apareció de nuevo la habitación tal y como estaba.


    “Permanecí inmóvil sin contestar; durante una hora me quedé petrificado, y en todo ese tiempo no lo vi acostarse de nuevo; seguía sentado y escuchando, como lo había hecho yo noches enteras.”


    Respiró Yuska normalmente (ya no se siente; todo es como antes. ¿Pero por qué?). Yake se sienta en el banco del piano; no la mira. (¿Por qué no dices nada? ¿Por qué finges que todo esto no sucede? Yo… quiero que pase de nuevo).


    “Pero he aquí que de repente oigo una especie de queja débil, y reconozco que era debido a un terror mortal; no era de dolor ni de pena, ¡no! Era el ruido sordo y ahogado que se eleva del fondo de un alma poseída por el espanto”.


    Dijo Yake que ya podía irse. Se queja que después de tantas veces todavía no puede pintar bien ni tres círculos. (¿Ni siquiera te das cuenta de que yo también siento todo esto?). La cara de Yuska se ensombreció (crees que sólo pintar es lo importante aquí). Vuelve a reír como si nada, se despide, pero antes de salir, se detiene y le pide que le preste un lienzo y unos pinceles para practicar en su casa (¿estarás contento si intento pintar algo por mí misma? Voy a intentarlo).


    ***​


    —¿Y después qué? —preguntó Hinta.

    —Creo que hasta ahí llegué —rio Yuska.



    63


    Súruk. La explanada del instituto Ítuyu. Cuando Sentsa hubo terminado su discurso previo a la votación.


    Vaya, Sentsa parece más confiada que nunca. Aún después de haber sido tan dura durante todo este tiempo parece segura de que va a ganar. Pero lo más seguro es que gane de nuevo la presidenta Altra. Sin embargo, ahí está Hinta, junto a los otros representantes. Se ve tensa. Es obvio; tiene que apoyar a su jínne pese a no estar de acuerdo con sus acciones. Es admirable que permanezca seria ante las duras medidas que Sentsa aplicará si es electa. No parecías así antes, cuando no podías ni estar frente a un grupo de personas sin perder la compostura, o al hablar directamente con algunos de tus jínnyi, en especial con ese Sinke… No es que los estuviera observando mucho. Ese lugar que escogen junto al lago para sentarse queda muy a la vista. Prácticamente toda la escuela sabe que ese es su lugar y al pasar cerca del lago es imposible no mirarlos ahí. Como sea, es obvio que te preocupará que gane Sentsa, o que no lo haga más bien.


    Súruk. La cola para votar del aula 1-E.


    ¿Qué hago? No quiero votar por Sentsa, pero Hinta querría apoyarla para que ganara, eso es lo que se hace en un jínnliù, ¿no? Sólo lo supongo, nunca he pertenecido a uno pero es lo que parece ser. ¿Sería capaz de votar por Sentsa sólo para apoyarte? ¿Cómo podría ayudar eso? La mayoría votará por Altra, un voto por Sentsa no significará nada. Pero aun así quizás esté dispuesto a hacerlo para demostrarme a mí mismo que no siento rencor por lo de ese día. Dijiste que no y por poco pierdo la compostura de vergüenza. Luego llegó Sinke y tu rostro también se avergonzó, y reconocí que la facción de vergüenza que pusiste con él era la misma facción de vergüenza que pongo yo contigo. Una parte de mí se sintió llena de rabia. No me importó en absoluto lo que pasó después con Yake e Ima, sólo podía mirarlos a ustedes dos ahí tras el árbol, muriéndome de celos. Al volver a mi casa lo primero que hice fue ir hacia mi poste de madera con el que entreno y lo pateé con fuerza hasta que se me astillaron las tibias. Salió mi madre y me vio al borde de las lágrimas, y sólo le dije que no sucedía nada. No sucede nada, ¿verdad? Ya es mi turno. Tres opciones hay ante mí. Mi propia elección me hace querer meter la boleta en la urna de Altra, ¿pero qué me detiene? Cuando veo la urna de Sentsa veo tu determinación, tu autosuperación, y quiero meter ahí la boleta. Tal vez lo más fácil sea sólo votar por Tarka, pero eso sólo sería huir del problema, no enfrentarlo. ¿Qué es lo que quiero? Quiero que estés contenta, aunque no pueda lograrlo, pero votar por Sentsa al menos demostrará que seguí de tu lado pese a todo, quiero sentir que te apoyo. Vamos. Mete la boleta en la urna de Sentsa. Que no te importe que no quieras; lo haces por ella, por Hinta.


    ***​


    Diario de Kanyu.

    23 de noviembre 2016.


    Hoy regresamos después de que Sinke nos enviara a esa realidad en la que Sentsa casi es arrestada sólo por decir “por favor”. Estábamos todos en la mansión de los gemelos porque (según dedujimos todos) habíamos decidido hacer la tarea en grupo, como es costumbre. He decidido comenzar este diario dadas las increíbles y misteriosas circunstancias que hemos estado teniendo con los viajes a otros universos paralelos. En caso de que volvamos a viajar, escribiré mis observaciones apenas regresemos.

    Me impresionó mucho el haber despertado en el universo de la gente blanca, quizás más que los demás. Me hubiera gustado haber comenzado este diario en aquel momento; pero, por estar asombrado y asustado, no se me ocurrió.

    Sinke estuvo muy decepcionado por nuestro repentino regreso (en verdad quería decirle algo a ese juez), y se molestó con Yake cuando supimos que él fue quien nos había regresado al recordar toda su vida en ese mundo. Fue ahí mismo que los recuerdos comenzaron a volver a nosotros; algunos recordamos cosas que los otros no podían. Yo, por ejemplo, recordé la rudimentaria fiesta de cumpleaños de los gemelos de hace un mes, y también otras cosas relacionadas a la escuela y a mi propia vida privada (Mi primo Prak por alguna razón parece ahora atraído por Sentsa). Luego de eso, Sentsa le pidió a Sinke, con una extrañísima mezcla de exigencia y ruego, que por el amor de dios no intentara aparecernos en otro mundo. Lo prometió, pero yo no creo que lo cumpla.


    24 de noviembre.

    Hoy Yuska nos propuso ir al centro comercial. Supongo que ya superó la sorpresa de los universos paralelos. Me pareció que solamente quería presumir que Yake seguía siendo su novio. Sinke hizo algo parecido con Hinta. La pasamos bien, al menos creo yo. Aunque fue algo nuevo, hasta raro, el ver a los cuatro como parejas.


    25 de noviembre.

    Hoy visité a mi padre en la cárcel. Me recibió como siempre, con un abrazo y una escondida sonrisa de felicidad. Casi me siento tentado a decirle que había viajado a otro universo, que aparentemente los gemelos sí tienen algo de razón con eso de sentirse de otra realidad. Pero sólo hablamos de lo mismo de siempre: la escuela, los compañeros, el jínnliù, la familia.


    26 de noviembre.


    Estuve en casa de Ate jugando videojuegos. Más bien nos la pasábamos hablando de lo que había sucedido. Ate también parecía afectado por esas experiencias, en especial los sentimientos que había tenido dentro de la jaula habían permanecido con él desde nuestro regreso. No lo admitirá, pero sé que es algo a lo que ni él puede ser indiferente. A diferencia de Yuska, noté que para él esos viajes habían sido como haber salido del mar después de estar nadando durante horas: la sensación de que el cuerpo pesa y las piernas están débiles, la cual poco a poco va pasando hasta sentirse normal otra vez. Le tomará un tiempo sentirse como antes, estoy seguro, pero tal vez ocurra otro viaje antes de eso.


    27 de noviembre.


    Por primera vez noté que el Facebook de Yuska dice que está en una relación con Yake. No sabía que Yake tenía Facebook. Le di me gusta a una foto que se hizo con él en el patio de la mansión. El Facebook de Sinke tiene algo similar con Hinta. Se me hace curioso que la primera publicación en su muro diga “¿En serio quieres saber lo que pienso?”, y más aún porque ya tiene más de un año sin publicar nada más hasta su respectiva foto con Hinta.


    30 de noviembre.


    No pude escribir nada por dos días porque fui a visitar a mis abuelos a Cêu y olvidé el diario. Aunque tampoco pasó nada muy interesante salvo que mi abuelo parece estar interesado en el tema de los universos paralelos y tiene varios documentales en DVD. Platicamos mucho sobre eso mientras recorríamos la costa y contemplábamos los monumentales riscos de la región; me pregunté si los gemelos podrían sobrevivir a una caída desde ellos. No pude evitar decirle que sería muy divertido que la mente pudiera viajar a la de un alter ego y recordar todas sus vivencias. Él lo pensó con seriedad y yo también.

    Poco después de llegar, estuve conversando bastante rato con Yuska por Facebook y me contó las cosas que poco a poco iban recordando. Le pregunté, sin esperar que supiera la respuesta, por qué no podíamos recordarlo todo de una vez tal como los gemelos, y contestó que Sinke le había dicho que podría deberse a que ellos (los gemelos) eran los seres de otra realidad, y de algún modo lo provocaban todo, mientras que las mentes de nosotros (los seres nativos de este universo) quizá no éramos tan sensibles a eso. No me satisfizo mucho la respuesta. Publique unas fotos de los famosos riscos en mi muro, Sinke no tardó en comentar que desde ellos podría lanzarse de cabeza contra las duras estructuras coralinas de abajo sin lastimarse. Creo que ya varias personas han muerto por resbalarse desde la cima, no estoy seguro.


    ***​


    Creo que ofendí a Sentsa con mi mirada; quizás era de lástima, no sé, uno no siempre es consciente de cómo los demás perciben la mirada de uno. El día de la boda de su padre estuvo evitándonos a todos, o al menos estuvo evitando mirarnos, y mantenía esa compostura tensa, insensible pero respetuosa como la que se tendría en el funeral de un extraño. Hicieron una boda tradicional danzilmaresa pese a la afiliación del señor Fonet por lo occidental. Yuska y Sinke fueron los únicos en animarse a hablar con Ihra, la mujer con la que el señor Mirt Fonet iba a casarse. Yuska me dijo después que originalmente estaba planeada una boda en iglesia, con sacerdote y todo lo demás, hasta que Ihra sugirió que la cambiaran a algo más tradicional. Quizás ese cambio fue lo que más le molestó a Sentsa; por percibir que ese cambio era un intento de la mujer para verse tan tradicional como lo había sido su madre, o al menos eso me pareció ver en su rostro mientras los novios se dirigían hacia el riúmk[1], mientras el monje Drìny[2] pronunciaba las plegarias en danzilmarés antiguo. Estábamos todos rodeándolos en silencio, el monje se arremangó las mangas de la túnica y unió las manos de los novios entre sí, amarrándolos con el yúm-pôuh[3] con el que se había amarrado a su anterior esposa. En ese momento fue cuando Sentsa casi no pudo evitar derramar lágrimas. Estando yo junto a ella, pude ver apenas una lágrima que se deslizó hasta su labio, pero Sentsa permanecía tan rígida como una roca, o un monumento a la fortaleza emocional cuyo concreto se cuarteaba poco a poco, luchando por no hacerse pedazos.

    Fue tiempo después, por los días en que me pidió que la secundara para poder ser candidata a la presidencia del instituto Ítuyu, cuando me dijo, muy casualmente, que la razón por la que ese día se había sentido tan mal era porque Ihra había usado el mismo tiégh[4] de la boda de su madre.

    —Mi madre me lo mostraba todo el tiempo —dijo—, y le pedía que se lo pusiera sólo para que yo lo pudiera contemplar bien.

    El tiégh era largo y adornado con franjas doradas que emulaban el brillo del sol; de tela azul, como casi todo lo tradicional en Danzilmar, y con el símbolo del triángulo isósceles de la antigua dinastía Máryo. Sentsa no es una chica romántica ni interesada en las bodas, pero alguna vez me había dicho que si llegaba a casarse, lo haría usando ese mismo vestido.

    —¿Por qué me hablas de eso ahora? —pregunté.

    Parecía no querer contestar, pero dijo:

    —Por ayudarme, Hinta.

    No sabría decir exactamente en qué momento superó ese rencor hacia Ihra, pero en ese tiempo todavía estaba lejos de ello.

    Terminó la ceremonia. El yúm-pôuh fue desatado y guardado en el bolsillo de la novia. Nos sentamos todos en silencio mientras los esposos bajaban del riûmk, tomados de la mano. No fue hasta comenzada la fiesta que empezaron los aplausos y las felicitaciones, para respetar el sagrado silencio que se exigía durante el ritual. Entonces vi que Sinke se acercaba a los novios acompañado de sus padres, los Gramt.


    ***​


    Ya los estaban esperando en la entrada cuando los vieron llegar en taxi (“Después de tantos meses al fin los vemos de nuevo”, “¿Qué tiene eso de emocionante?”) y salieron a recibirlos. Náo Gramt salió con una maleta. Era muy diferente a como lo recordaba en otra realidad, pero seguía teniendo ese porte vivaz y creído, y la misma sonrisa del que tiene todo bajo control.

    —¡Hijos! —exclamó al verlos acercarse.

    Kinábi Gramt salió del otro lado del vehículo. Ella también se veía igual de segura, sin demostrar demasiada añoranza tampoco, pero un poco más feliz que su esposo.

    Sinke abrazó a ambos con un cariño quizás muy fingido, pero parecía auténticamente contento de verlos de nuevo. Su hermano apenas les sonrió.

    Una vez instalados en el interior de la mansión, se sentaron a platicar con sus hijos. Me sentí un poco nostálgico por verlos ahí a los dos, casi tanto como cuando volví a ver a Ábant, Zíyi y Yísa, Mírt, Bái, y Vérend con sus respectivos hijos.

    Después de las preguntas comunes sobre su bienestar, la escuela y su vida en Shorsta, y después de presumir de los bien que marchaba la empresa Mâre’kói en Estados Unidos y China, finalmente se enteraron del jínnliù al que pertenecían sus hijos.

    —Eso sí que es una sorpresa —exclamó Náo.

    —Tenemos que conocerlos, ¿no crees? —dijo Kinabi, un poco más sorprendida que su esposo.

    —Pues en dos días el padre de una de nuestras jínne se casa por segunda vez —dijo Sinke—, deberíamos ir todos.

    —Perfecto —dijo Náo.

    —Por cierto, su padre es Mírt Fonet, el dueño de Wrìo’Fonet —dijo Sinke.

    Rato después regresó la tía Kísa, quien había salido de la casa y esperaba volver antes de que su hermana regresara.




    [1] Plataforma circular en la que se celebran las bodas tradicionales.

    [2] Sacerdote que en la antigüedad participaba en mútiples eventos sociales, hoy en día su trabajo es sólo simbólico.

    [3] Hilo blanco que según la costumbre se debe conservar el resto de su vida matrimonial, celosamente guardado.

    [4] Traje de bodas tanto femenino como masculino. Tienen un bolsillo en la cintura donde se guarda el yóum-pôuh.
     
  10. Threadmarks: Capítulo 28. Espacios y tiempos
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    7752
    Capítulo 28. Espacios y tiempos


    78


    ¿En qué universo paralelo se encontraron después?

    Un mundo cientos de años en el pasado, en la ciudad de Dyánz, una de las ciudades más importantes de la historia antigua de Danzilmar. Apreciaron las nuevas construcciones que en su tiempo serían ruinas o lugares históricos del reino de Dânzil, el cual gobernó la península Oriental de Danzilmar antes de su unificación con el reino Máryo, que reinaba sobre la península Occidental. Reconocieron los cinco los estilos zigzagueantes y llenos de ondulaciones de los antiguos edificios ceremoniales, las humildes casas estilo próuh, de una sola habitación, con sus puertas de marcos tan bajos que los adultos tenían que agachar la cabeza para entrar.


    ¿Qué dijo Sentsa cuando Yuska le preguntó por qué los marcos superiores de las puertas eran tan bajos?

    Le recordó que en aquel tiempo creían en los Kalük, unos enormes espíritus malignos cuyo único límite era no poder entrar en las casas que tuvieran ese tipo de marco sagrado, ya que al agachar la cabeza era como si cada vez se le ofreciera una reverencia a los dioses, y ellos siempre iban con la cabeza en alto, desafiando orgullosamente al cielo.


    ¿Cuánto tardaron en encontrar a los gemelos?

    Un día, cuatro horas y trece minutos.


    ¿Qué estuvieron haciendo todo ese tiempo?

    Kanyu recordó que poseía un próuh en las afueras de la ciudad, donde descubrieron que vivía junto con un alter ego de Délo, quien recibió a los invitados de su amigo con recelo, pues la alta actividad delictiva había subido desde hace tiempo, y no confiaba en los que no habitaran la misma sección de la ciudad.


    ¿Cómo habían aparecido en esa realidad?

    Los cinco se encontraban en el gran mercado de Daotz, el mercado circular localizado en el centro de la ciudad, el cual miles de años después se convertirá en un centro histórico en el que se llevarán a cabo eventos culturales. Pero en ese momento era como un campo de batalla entre los pobres que se desesperaban por conseguir un poco de alimento para su hambre y los comerciantes que, sin misericordia, lo vendían todo a precios inaccesibles para los más desamparados. Los que si podían comprar eran comúnmente acosados por llorosos niños y mendigos ancianos, implorándoles aunque sea unas migajas del pan que acababan de comprar. Abundaban los ladrones discretos, que apenas les bastaba alargar sigilosamente su mano para hacerse de lo que otros habían pagado. No faltaban los enfrentamientos cada vez que algún ladrón era descubierto, y el disturbio no hacía más que aumentar el caos y el desastre, aunque también propiciaba que los más desesperados pudieran hacerse de algún alimento aprovechando la distracción de los comerciantes. En ese lugar aparecieron los cinco, apenas a unos metros de distancia los unos de los otros. Entendían perfectamente el lenguaje antiguo de la época, con un sistema muy parecido al hiperbático hablar de Sinke. Se aproximaron al verse, y por nada del mundo pensaban separarse en ese ambiente.


    ¿Cómo encontraron a los gemelos?

    Teniendo miedo del mundo en el que se encontraban, los cinco estuvieron renuentes a salir. Pero, no teniendo más alternativa para poder regresar a su mundo, decidieron salir al día siguiente a buscarlos juntos. No los encontraron durante varias horas, y conforme el día avanzaba la ciudad se volvía más peligrosa, sobre todo cuando los guardias reales salían a hacer sus caminatas rutinarias e intimidaban a todos los pobres habitantes de las casas próuh, muchas veces golpeando a unos cuantos sólo por diversión. Poco después de regresar a la casa de Kanyu, Délo llegó también y les informó que cerca de ahí había una börâ[1] en el que un joven estaba haciendo un espectáculo mágico. Ate fue el primero en suponer que podría tratarse de uno de los gemelos, y al pedir más información, Délo dijo que la magia que hacía era poder crear una música extraña de la nada.


    ¿Qué encontraron al entrar en el börâ?

    Encontraron a Sinke parado sobre una de las piedras del centro, hablando, como si fuera un profeta, de los futuros designios que le esperaban a esa nación. A cada movimiento de sus brazos salían sonidos; algunos reconocibles como de instrumentos musicales; otros eran puros y sin sonoridad específica, también cristalinos y agudos. Lo más extraño era que cada sonido provocaba un ligero viento duro que golpeaba a quienes estuvieran demasiado cerca.


    ¿De qué hablaba?

    Habló de la futura crisis del reino de Dyánzil; la gran hambruna que les obligaría a las regiones de Líyoh y Kyél a pedirles su ayuda, con su futura anexión, provocando que posteriormente surgiera un conflicto con los del reino Máryo, conflicto que, después de muchos años de guerras y sangre, terminaría por unificar a los dos reinos oficialmente bajo el nombre de Dyânzilmaru, nombre que sobrevivirá durante siglos y siglos. Predijo la caída del gran templo del lago Dên, cuando los habitantes del pequeño reino de Útod se liberen de los brutales gobernantes que los mantenían con miedo, pero que los sumiría en una anarquía aún más brutal, la cual solamente podrá ser controlada con el avance del ejército del reino Máryo. Profetizó la segunda gran división danzilmaresa durante el periodo del descubrimiento y colonización por parte de Europa y Asia, en la cual la nación se convertiría en un pastel geográfico y económico del cual todos querrán un pedazo, y cómo el ochenta por ciento de las tradiciones que ahora tanto veneraban sufrirá una abrupta caída de seguidores y un igualmente abrupto aumento de detractores, para luego volver a ser respetadas varios años después de la lucha de Danzilmar contra el imperio japonés para lograr su libertad al fin de la segunda guerra mundial, en un periodo de tiempo conocido como La gran vergüenza[2], en el cual las tradiciones volverán a florecer en el mundo del futuro más como una retribución a su historia que como honesta veneración.


    ¿Hicieron algo los cinco?

    No durante un rato. Pensaron que era mejor no interrumpirlo.


    ¿Qué pasó cuando Sinke terminó?

    La gente murmuraba; algunos se reían; otros se quedaron embelesados por sus palabras; algunos muy ebrios aplaudían. Pero en general la gente se fue yendo, como si el acto de mágia musical no les importara en absoluto por carecer de utilidad práctica para sus pobrezas y miserias. Uno de los ebrios le ofreció a Sinke una jarra con un fuerte licor de bambú, el cual bebió con avidez.


    ¿Fueron hacia él los cinco?

    No, porque Sinke de inmediato quedó ebrio, o al menos su actuar así parecía indicarlo, y entonces comenzó a brotar música de él, y los sonidos y ritmos eran extraños y confusos (aunque fantásticos) para los parroquianos danzilmarses de aquel tiempo. Y cantó mientras, como todo un alegre borracho, se paseaba entre los bebedores como si hubiera perdido la poca vergüenza que de por sí tenía.


    ¿Qué cantaba?

    In taberna quando sumus,
    non curamus quid sit humus,
    sed ad ludum properamus,
    cui semper insudamus.
    quid agatur in taberna
    ubi nummus est pincerna,
    hoc est opus ut quaeratur;
    si quid loquar, audiatur…



    ¿Por qué dejó de cantar?

    Yake entró en ese momento.


    ¿Cómo estaba vestido?

    Desnudo del torso y pies, pantalones raídos de tela marrón áspera, una banda roja en la cabeza con el símbolo del reino de Máryo[3].


    ¿Cuál era el símbolo?

    La imagen de una montaña enorme entre dos montañas pequeñas.


    ¿Cómo se veía Yake?

    Cansado y alterado, aunque aún conservaba parcialmente su seriedad.


    ¿Qué hicieron los demás al verlo?

    Yuska y Sentsa quisieron hablarle, pero no pudieron.


    ¿Por qué?

    Yake las interrumpió.


    ¿Qué dijo?

    Anunció que los guerreros del reino de Máryo estaban a punto de atacar la ciudad y que debían salir de ahí. Sinke, que sólo había fingido su ebriedad, dijo que eso no debía ocurrir, puesto que el primer ataque tendría lugar en la región que en el futuro sería llamada Nihg.


    ¿Qué hicieron cuando finalmente Yake los hizo salir de la cantina y de la ciudad, con una inverosímil desesperación, hasta llevarlos a las afueras?

    Los condujo lo más lejos posible. Ante las incesantes preguntas de todos, él respondió que intentaba salvarles las vidas presentándolos rendidos ante los atacantes.


    ¿Qué hizo Sinke?

    Le preguntó cómo sabía dónde encontrarlos exactamente.


    ¿Qué respondió Yake?

    En esa realidad su capacidad auditiva era increíblemente aguda, lo había escuchado cantar desde las afueras.


    ¿Y qué más?

    Podía moverse casi tan rápido como el sonido y solidificarlo como el diamante. Pero aún no entendía como controlar esa habilidad, y constantemente se apagaba y regresaba a su audición normal.


    ¿Alguien dijo algo después?

    Hinta estuvo a punto de preguntar una gran cantidad de porqués, pero no tuvo tiempo.


    ¿Por qué?

    Los moas de los guerreros del reino de Máryo aparecieron corriendo a lo lejos.


    ***​


    Protegidos por la distancia, en un pesaroso silencio esperarán que los gemelos no mueran mientras luchan volando contra el Gyün-déi, o dragón de la mitología danzilmaresa, que rugía con furor al no poder atrapar a los gemelos que volaban en torno a él. De sus voluntades se materializaba el fuego que quemaba las largas plumas de la bestia. El agudo sonido que generaban de la nada frente a sus oídos aporreaba y despedazaba sus tímpanos poco a poco y se enfurecía más. El dragón alado con caparazón alargado de tortuga intentaba en vano derribarlos vomitando violentas trombas de viento por la boca. A una distancia mayor, los guerreros del reino Máryo tomaban la ciudad, de la cual surgían los clamores de las armas y los gritos de los verdugos y condenados.

    /Al acercarse a una tienda de telas que tenía una antorcha encendida en frente, colocada por el dueño a causa de la inminente noche, el fuego flotó hacia ellos y afectuosamente abrazó los cuerpos de los gemelos. Ate estuvo a punto de ser alcanzado por las llamas que impregnaban a Sinke.

    —¡Cuidado, casi me alcanzan las llamas! —se alejó unos metros.

    —De nuestra incapacidad de evitarlo, sabes ya —dijo Sinke.

    La gente retrocedió palideciendo de los cuerpos en llamas.

    —No podeis proseguir así hasta mi morada —dijo Hinta—, id a apagaros a la fuente/.

    El largo caparazón protegía la espalda del dragón, pero los gemelos atacaban sus ojos, nariz, oídos y cola. Las largas garras como espadas no eran lo bastante rápidas, los filos de su boca no conseguían atraparlos.

    Yuska se sentará en la tierra húmeda por la lluvia de la noche anterior, y rabiará quedamente.

    —¿Qué te pasa? —preguntará Sentsa.

    Pese a la desgracia frente a la cual se encontrarán, ninguno se mostrará horrorizado o exaltado, sino que será como si simplemente no les importara.

    —Estoy cansada —dirá Yuska.

    Ate se sentará a su lado. Jugueteará con las hojas marchitas del suelo, rompiéndolas despacio.

    —Vamos a volver a aparecer en otra realidad —dirá Yuska—, a otro mundo del cual tendremos suerte de saber algo, y no podemos controlarlo. Deberíamos simplemente matarnos.

    —¿Qué estás diciendo, tonta? —dirá Sentsa— No digas cosas horribles.

    —Si lo hacemos quizás podríamos regresar —dirá Ate—, nuestras mentes podrían viajar a nuestro universo original y todo se detendría.

    —¿Por qué piensas eso? —preguntará Hinta.

    —Por lo que me dijo Sinke, ya lo sabes, Sentsa.

    El dragón cada vez estaba más débil por las quemaduras. Los tímpanos, por los golpes de sonido, ya se le habían reventado completamente, y se tambaleaba en el aire.

    —¿Qué cosa? —preguntará Kanyu.

    —Según Ate —responderá Sentsa—, los gemelos creían que suicidándose regresarían a su realidad original, si es que existe. Pero no lo hacen porque en parte ni ellos se lo creen, y también porque no tienen prisa en descubrirlo.

    —Pero si Yake todo el tiempo se quejaba de nuestra realidad y lo mucho que le gustaría alejarse de ella —dirá Hinta con laxitud.

    —Eso no quiere decir que de veras creyera que matándose podrían salir —dirá Ate—, pero después de todo esto, y lo que tal vez vendrá, ¿qué les impediría intentarlo?

    El dragón cayó a la tierra con gran estruendo. Los cinco estarán indiferentes ante eso. Los gemelos bajaron exhaustos del cielo y no se acordaron de ellos.


    79


    El frío hace a Sentsa frotarse las manos a través de los guantes de piel. Lleva caminando por la inmensa estepa rusa hacia su pueblo natal, apura el paso antes de que se haga más tarde. La mente de la Sentsa que hacía unos instantes se tambaleaba sobre la roca flotante después de hundirse la isla de Yazalá cae sobre ella, no pudo hacer más que sentir cómo su voluntad dejaba de ser suya, y quedó sumida en una profunda inconsciencia de la que no se recuperaría.

    La nueva Sentsa ausculta asustada el bosque de pinos en el que se halla, y sin gritar los nombres de sus jínnyi debido al frío que le corta la garganta, camina sin dirección por varias horas.

    Cae en la desesperación cuando el sol comienza a desaparecer tras las blancas montañas, la belleza de la tarde no puede ser apreciada. Escucha estruendosos pasos por su espalda, sonidos de árboles desquebrajándose. Está ahora frente a una casa asentada sobre dos enormes y grotescas patas de gallina, desde la cual una fantasmagórica anciana la observa. Se forman en la nieve las huellas reculantes de Sentsa. Las manos aterradas hacia adelante. Los ojos rojos de la vieja permanecen inexpresivos por unos instantes, y luego las patas de gallina se lanzan a la persecución de Sentsa, quien no tiene más alternativa que salir huyendo mientras tras ella la voluminosa casa destruye los pinos a su paso. La oye gritar palabras en ruso conforme se acerca. En vano intenta perderla entre la espesura de los pinos enanos cuyas ramas le raspan la cara. Las patas de gallina los aplastan y la dejan expuesta.

    Escucha una voz conocida, una voz teatral, fingida, orgullosa y que hablaba en ruso. El gemelo había saltado desde atrás de la casa marchante y había caído en su tejado de madera húmeda. Le grita algo, y de sus manos sale hielo y nieve que envuelven a la bruja. Sentsa aprovecha para alejarse de ahí, y la vieja lanza a Sinke del techo con una fuerte sacudida. Cae frente a ella y una pata de gallina lo aplasta contra la nieve. Sentsa se detiene, voltea y ve a un Sinke inmóvil debajo de la horrorosa pata de gallina. Se dice a sí misma que no necesita su ayuda a causa de sus habilidades, pero al ver que el gemelo no se mueve, su tranquilidad se vuelve horror, y más aún cuando ve que la vieja estira su grotesco cuello hacia el suelo, cuatro colmillos como espadas saliéndole de la boca. Sin pensarlo, toma una piedra del suelo y la arroja hacia aquella cabeza blanca. La bruja se aturde por unos instantes. Sentsa empuña otra piedra, temblando pero atenta. La cabeza de la bruja se abalanza hacia Sentsa, como una cobra cayendo sobre su presa. Sentsa no alcanza a cerrar los ojos cuando una punta de hielo sale desde el suelo y se clava en el cuello de serpiente. Sinke, aún aplastado por la pata de gallina, la ha creado con la nieve del suelo. De la herida no sale sangre. Los ojos de la bruja se apagan, las patas de gallina se tambalean y la casa cae hecha pedazos.


    ***​


    Un entrometido rostro invadió su espacio personal, pronunciando palabras que no entendió.

    —Soy yo, Sentsa —se apartó de él—, ¿no me reconoces?

    —¡Ah! —dijo Sinke— Así que hablas danzilmarés. Yo también por extraordinaria coincidencia.

    —¿Eh? ¿No recuerdas que esa es tu lengua natal?

    Volvió Sinke a inspeccionar el cuerpo de la bruja.

    —Sigue, pues, con tu camino —dijo—. Yo también seguiré el mío hacia mi pueblo.

    —¿En serio no me recuerdas para nada?

    —Esta era la bruja Baba-Yaga. Los lugareños, asombrados por mi formidable poder, me suplicaron que viniera a matarla porque andaba matando a la gente que se adentraba en el bosque. Creí que podría congelarla fácilmente, pero fue más difícil de lo que creí.

    —¿Dónde está Yake?

    —Ven conmigo, vagabundeante-en-el-bosque-chica, celebraremos en mi aldea nuestra extraordinaria victoria.

    Se sintió elevada por una pared invisible. Sin nada a qué sujetarse, quejándose e intentando hacerlo recordar con palabras, se dejó llevar volando mientras Sinke corría delante de ella.

    Los pueblerinos lo ovacionaron al verlo volver sano y salvo. Todos hablaban una extraña mezcla de idiomas que no era ni enteramente ruso, danzilmarés o chino, pero Sinke se comunicaba con todos con soltura. El pueblo estaba hecho de madera, construcciones básicas que nunca había visto; casas perfectamente cúbicas como un pequeño laberinto entre caminos blancos. Vio ahí a Yuska, vestida con piel de venado y zapatos de piel de oso. Se abrazaron con alivio. Yuska no había dejado de preocuparse por ella desde que había aparecido en ese mundo, en especial por la noticia de la bruja del bosque, y no pudo evitar sacar una lágrima.

    —¿Dónde está Yake? —preguntó Sentsa.

    —Me temo que es como si no nos recordara tampoco, es como en la isla.

    —Voy a hablar con él directamente —dijo Sentsa con decisión—, esto ya es demasiado para que podamos soportarlo.

    —Ya intenté hablar con él, pero no escucha. No podemos hacer más que esperar un cambio.

    —¿Esperar un cambio a dónde? ¿A otro mundo? ¿Y luego qué, otro más? Ya hemos estado en demasiadas realidades. Hay que volver a la nuestra. Dime dónde está.

    Yuska la detuvo de los hombros con la cara sombría, algo que nunca había hecho.

    —Espera un poco al menos —dijo como si lo suplicara—, saldrá al anochecer, cuando enciendan la gran fogata. Déjalo hablar y después dile todo lo que quieras.

    Sentsa le apartó las manos con suavidad. Yuska parecía tener una triste resignación en los ojos, como si sus esperanzas de volver estuvieran muriendo.

    —Está bien, si así te parece mejor. ¿Dónde están los demás?

    —Ellos están con Yake, en su cabaña.

    Y mientras tanto, una fiesta había comenzado en el poblado. Sacaron instrumentos musicales: violines, balalaikas, flautas de madera y tambores de piel. Sinke tocaba un violín entre ellos. Era una melodía que más se asemejaba a las tonadas rusas que a las danzilmaresas, pero con un toque infantilizado, como si el violín cantara una letra sencilla, largos y estruendosos trinos acompañaban su pose teatral, la flauta duplicando la melodía. Luego un pasaje lírico, violento y apresurado, acompañado del trino de la flauta. La balalaika fue el acompañamiento del contrabajo, cuyo tema se volvió melancólico y lloroso. Tocaron de nuevo al unísono un pasaje movido y pausado, ante el cual todos los presentes bailaron jubilosos. Terminó Sinke, acompañado de las campanillas, con una melodía grave y siniestra, cuya última nota sostuvo hasta volver al silencio.


    ***​


    Terminada la parte alegre de la celebración por la muerte de la bruja, dio paso al discurso nocturno del sabio de la aldea. Instalaron la gran hoguera, cuyo calor era tan fuerte que la mayoría estaba más confortable sin guantes. Se sentaron sobre la nieve alrededor del fuego, manteniendo su distancia de él.

    Yake salió de su cabaña junto con Ate, Kanyu y Hinta, todos en silencio, como si fueran a protagonizar un ritual sagrado. Los tres se separaron de Yake y se mezclaron en la multitud; iban ataviados de manera similar a Yuska. Divisaron a Sentsa y a Yuska y se sentaron junto a ellas.

    —¿Qué va a suceder ahora? —preguntó Sentsa.

    Los tres se veían consternados, como si en todo ese tiempo hubieran estado sometidos a un conocimiento incómodo que los mantenía resignados a un triste destino.

    —No hay nada que hacer —dijo Ate—. Yake no reconoce a nadie y sólo habla incoherencias.

    —No hay sentido en intentar volver a nuestra realidad —dijo Hinta, con tristeza—, es mejor aceptar que esta es nuestra nueva realidad.

    Yake alzó la voz. Iba ataviado con prendas similares a los demás, pero con el rostro pintado de una substancia roja alrededor de los ojos, que le daba un aspecto atemorizante junto con su color anaranjado natural. Portaba además un pequeño sombrero piramidal, como una versión en miniatura del tradicional sombrero danzilmares.

    Y habló así en una mezcla de varios idiomas:

    —Existir, compañeros, esa palabra que ha intrigado a tantos de nosotros. Hoy, mi hermano ha acabado con una amenaza para vuestra existencia, que no vuestra vida, pues esa únicamente puede ser ultimada por uno mismo, los seres que buscan no solamente subsistir. Pero es ahí, en el existir, donde yace la clave de mis palabras de esta noche. Sé que muchos de ustedes nos han admirado, a mi hermano y a mí, desde nuestros nacimientos, a causa de las cualidades que, a falta de entendimiento, habéis decidido nombrar con apelativos como “mágicas” o “místicas”, y que sin embargo para nosotros no son más que una forma más en la que existimos, sin sentir en ellas nada que merezca vuestros asombros y aplausos. La pregunta es: ¿existimos más nosotros dos que vosotros? Después de todo, ¿por qué otra razón me habéis designado como vuestro guía si no es por las características que en mí véis, pero en vosotros no existen? Si todos en la aldea supiéramos tocar la flauta, se acabarían los pasmados clamores de admiración cada vez que alguien afirmara tocar la flauta. ¿Por qué pasa eso? Porque para que algo sea especial, para que algo levante encantos y pasmos, es necesario que el número de seres que no posean esa habilidad sea mucho mayor al de los que sí la poseen. Y esos seres que levantan encantos y pasmos, aquellos que son admirados por sus características irrepetibles, son los que más existen para el resto. La existencia es precisamente eso: hacerse presente para el mundo, hacer de tu ser algo reconocido. Es verdad, uno puede existir únicamente para sí mismo, sin importarle la relación de sus homólogos con los que vive, pero ese ser de todos modos tendrá que probarse su propia existencia a sí mismo, y por eso es necesario adquirirla. Al nacer somos como jarrones casi vacíos, y somos llenados con agua conforme crecemos. Y aquí, me atrevo a decir, que entre más lleno sea el jarrón, más existe, tanto para sí mismo como para los demás. Algunos tenemos la suerte de nacer con un poco más de agua, pero la mayoría tiene que ir llenando su jarrón poco a poco. Si el jarrón no recibe agua, uno se siente seco, vacío, sin existencia y no quiere seguir viviendo en un mundo en el que siente que no existe. Es por eso que no debéis sentiros intimidados o acomplejados por nosotros, pues existimos poco desde el punto de vista de los seres de otros mundos, y a su vez vosotros existéis mucho para otros seres, porque en esos mundos vuestras pocas habilidades serán como prodigiosos milagros dignos de ser considerados transendentales e inalcanzables. Eso es lo que debéis buscar: elementos que os hagan existir más.

    Las llamas de la hoguera formaron una lengua de fuego que cubrió a Yake. Todos se alejaron horrorizados, pero rápidamente vieron con asombro que su líder no se consumía por el intenso calor. Y finalizó:

    —Ahora existo más. Y podría existir aún más en el futuro si descubro más de mí.


    ***​


    Por varios meses, el jefe Yake se había mantenido encerrado en su cabaña. Rara vez hablaba con alguien además de sus tres confidentes, los cuales entraban sin necesidad de anunciarse, y se sentaban en las sillas recubiertas de piel de oso alrededor del taciturno jefe que, sentado con las piernas cruzadas sobre el suelo de madera, había decidido emprender una inanunciada huelga de contacto con el mundo exterior, y pasaba días enteros en aquella posición de la cual nadie sabía si se hallaba despierto o dormido.

    Pasados varios días, Ate se atrevió a preguntar:

    “¿Qué es lo que te has propuesto ahora, Yake, que ni siquiera quieres notar que hemos venido cada día desde tu cautiverio voluntario?”

    “Has encontrado algo en tu introspección”, dijo Hinta, “estoy segura de eso. Deberías al menos hacernos saber un poco de aquello que mantiene a tu mente ocupada”.

    Por varias horas Yake no dijo nada. Ninguno intentó preguntarle nada, sólo Kanyu expresó en voz alta su deseo de permanecer ahí hasta que hablara.

    Fue hasta el fin de la noche cuando abandonó su letargo, y comenzó a hablar como si le hablara a seres invisibles:

    “He estado percibiendo cosas increíbles. Como escudriñeos sensoriales, sensaciones-en-visiones-tornantes. Ecos de sonidos de otros mundos cercanos, y sin embargo inaccesibles. Siento que los he visto, que he vivido con ustedes, en otros lugares, tiempos y circunstancias, y mi cuerpo se siente cambiar, se siente invadido de tantas voces, deseos e intenciones, tantas emociones contradictorias, como si poco a poco dejara yo de ser uno solo y me convirtiera en varios. Pero al mismo tiempo adquiero algo a cambio: me siento existir más conforme me dejo llevar en esas meditaciones, y ahora es como si mi cuerpo hubiera robado algo de alguna de esas ilusiones, algo que dentro de poco me creo capaz de entender y dominar”.

    Días después, cuando hubo el anuncio de que la bruja Baba-Yaga andaba por las cercanías, Yake se negó a abandonar su meditación y dejó ir solo a su hermano, el cual, al verlo en su terca concentración, le dijo:

    “Más vale que aquello que te ocupa sea espectacular”.

    A lo que Yake contestó:

    “Hoy en la noche lo será”.

    Y permaneció ahí con sus tres silenciosos compañeros, hablándoles de las observaciones de sus sentidos y el significado que les atribuía.


    ***​


    Un año pasó desde el día que cayeron en aquella estepa rusa. El cambio nunca llegó, y no tengo esperanzas de atestiguar otro en ese estado de la realidad. Por primera vez voy a escoger voluntariamente el universo paralelo en el que quiera atestiguarlos.


    80


    Áiyo[4]!

    La palma de Yuska se alzó como una bandera. De su abdomen se aprensaba Hinta, tiembla con cada pedaleo hasta que la bicicleta se detuvo en la entrada.

    —Es increíble que Hinta haya soportado tanto tiempo —dijo Ate, y se dirigió hacia el interior del instituto Ítuyu.

    —¡Ey! ¿A dónde vas? —preguntó Yuska.

    —No hay que esperarlos a todos todo el tiempo en la entrada, ¿verdad?

    —Bueno, espérame.

    Se propuso Hinta a esperar a los demás, acto que únicamente la costumbre dogmática, ya inseparable de su vida, le obligaba a realizar. Vio a Kanyu llegar por la esquina. Sinke pasó corriendo junto a ella en desenfrenada carrera. Otra vez está así de apurado, pese a que aún falta para que toquen la alarma. ¿Qué? Oh. Ahora su primo va tras él, siguiéndole el juego como niñera. No nos ha vuelto a hablar ni mirar desde ese día en que Yuska les propuso ser parte del jínnliù en el puente.

    Áiyo! —dijo Kanyu.

    Áiyo!

    Caminaban hacia el edificio 3-C, con prisa por la proximidad de la alarma. Si Sentsa no se apura, va a llegar tarde; no podemos esperarla ahí hasta que suene la alarma. Es raro que llegue tarde. Sería una lástima que estando a punto de terminar el ciclo escolar manchara su registro de asistencias. Sonó la alarma. Entraron a su edificio y el cuidador les anotó la asistencia. Subieron a prisa la escalera de caracol, resonaban los pisotones de los rezagados como una carrera de caballos. Lo logramos. La profesora Nin cerró la puerta tras ellos. Pobre Sentsa, pero aún podrá entrar a la segunda hora. Se sentaron en sus lugares. Qué raro, tampoco está Yake en su lugar. Él tampoco ha faltado nunca en todo este tiempo. Bueno, Sinke no se ve preocupado por eso ni su primo. Le preguntaré en el descanso. Tal vez sea hora de romper este silencio entre nosotros. No tiene sentido que estemos por terminar y quedarnos con esta impresión incómoda.

    Inventó como excusa que había quedado de almorzar con Súruk para ayudarle a entender algo que no comprendía de matemáticas. Vio que el gemelo y su primo se dirigían hacia el huerto de naranjos de la escuela, cuyos árboles estaban sin frutos debido a la recolección que los alumnos habían hecho un mes antes como actividad obligatoria. Los escuchó hablando mientras se acercaba. Kúsat le quedaba de frente desde la posición en la que estaban sentados en la banca, la miró con una alegre suspicacia, pero Sinke no volteó pese a lo evidente de la acción de su primo.

    —Buenos días, Sinke, Kúsat —dijo Hinta—. ¿Por qué no vino Yake? ¿Se enfermó?

    Y aunque Sinke la había oído, no volteó a mirarla ni contestó sus preguntas. Hinta creyó ver que el gemelo se ensombreció cuando escuchó su voz, a causa del movimiento que realizó su cabeza como escondiéndose entre los hombros. Kusat siguió con su impasible suspicacia.

    —Así es, Hinta —dijo Kúsat—, y al parecer Sinke también está por caer enfermo —sonrió y observó a Sinke esperando alguna reacción.

    Sinke se levantó, visiblemente incómodo, y nunca había tenido una sonrisa tan forzada como en ese momento, casi apretando los dientes. Se le acercó. Hinta se sintió preocupada al verlo a punto de desmayarse.

    —¿Estás bien? —preguntó.

    Después de un instante, Sinke dijo:

    —Fue mejor así, Hinta.

    Y como si la energía hubiera vuelto a él, se alejó en dirección al lago, caminando apresuradamente. Hinta vio que, pocos instantes antes de perderlo de vista, se llevaba la mano al rostro.

    —No te preocupes por él —dijo Kúsat—, está pasando por un momento difícil en su vida.

    —¿Eh? ¿Por qué?

    —Algunos seres son afortunados de ser similares a páginas en blanco, y de tener que llenar la historia de sus vidas poco a poco conforme van existiendo. Esa es la realidad común de muchos, pero no para ellos.

    —No te entiendo.

    —Y no pretendo que lo hagas. Sin embargo, ahora es más que innegable que tu influencia, y también la de tus jínnyi, es propicia.

    Hinta, incómoda, se despidió educadamente y se fue.

    “El trece de junio, después de la graduación, irán a la mansión de los Gramt, tú y todos tus jínnyi”.

    Kúsat permaneció en el huerto, mirando el cielo despejado con satisfacción.


    ***​


    Habiendo retornado del descanso, Yuska sentirá ganas de ir al baño por haber tomado tanta limonada en el almuerzo. Pedirá permiso para salir y le será concedido. Bajará las escaleras de caracol y entrará al baño. Cuando salga, y se dirija de nuevo hacia las escaleras, verá a Yake entrando al edificio, sin mochila en su espalda y con la mirada espantada, alterado como recién despertado de un coma. Él se acercará hacia ella ignorando el reproche del cuidador. Se asustará más Yuska de verlo con esa expresión que evidenciaba indudablemente un profundo pavor, lo suficientemente fuerte para hacerle salir un gesto aterradoramente humano: las cejas alzadas, la piel pálida, las narinas contrayéndose por el paso del aire y temblándole la barbilla.

    —¿Está mi hermano en el aula? —preguntará Yake, después de unos segundos.

    Titubeando, Yuska asintirá. Yake subirá corriendo la escalera.

    —Yake, ¿qué te pasa? —preguntará, pero no tuvo respuesta.

    Subirá también.

    Irrumpirá Yake con más fuerza con la que su hermano lo había hecho el primer día en esa escuela. El ruido espantará a todos y le lanzarán miradas agudas, pero Yake sólo observará a Sinke y a su primo sin hablar.

    —Yake —dirá la profesora Nin—, ya es tarde para que puedas integrarte a la clase.

    No habrá terminado de hablar cuando Sinke se levante y salga con él tan rápidamente que dejará sus cosas olvidadas en su lugar. Se encontrarán a Yuska, que acabará de subir la escalera, y pasarán de largo. Yuska apenas tendrá tiempo para ver cómo desaparecen tras la curva de la escalera y a través de la puerta del edificio.

    Kúsat se levantará tranquilamente de su asiento y tomará la mochila de Sinke.

    —También tengo que retirarme, profesora Nin —dirá y se acercará a la puerta.

    —No puedes retirarte, Kúsat —dirá la profesora—. Si lo haces, tienes falta y un reporte.

    —Cómo sea, de todos modos ya no volveré más.


    ***​


    (“¿Qué le pasa a esta niña?” ¿jínnliù, qué es eso? “¿Cómo una familia?” ¿Por qué quieren que me una a ustedes tres? No estoy sólo y triste, sólo estoy solo. No, “¿por qué preguntas tan de repente?” Mi hermana está en la preparatoria. No es tan genial tener hermanos como crees, “¿por qué te importa saber?” No, no hago nada en las tardes. Hazle caso a tu amiga, déjenme en paz. ¿No? Bueno, “a veces vamos al parque juntos para”… ¿qué te importa? ¡Oye, ese es mi bumerán! Sí, estoy aprendiendo a lanzarlo… ¡espera, no lo lances! “¿Por qué lo traigo?”, me gusta traerlo a la escuela aunque no lo lance. “Y sigues sin callarte, no entiendo ni me importa lo que digas, hazle caso a Sentsa, ¿cómo se volvió ella tu amiga? ¿Y Hinta también? ¿Por qué? No lo entiendo. Qué bueno, la alarma”.

    “¿Cómo puede ser? ¿En serio esas tres son amigas?, y más aún, están en ese tal jínnliù, como una familia. ¿En verdad se tratan como hermanas? No me lo creo para nada. Como hermanas, y si yo me uniera, ¿me tratarían como un hermano?” ¡Eh! “¿El primer kény de la dinastía Dánzil?”. Sí lo sé, maestra… esteee. “¿Eh, qué hace ella volteando hacia mí? ¿Por qué me sonríe así esa Yuska? Hinta también lo hace” Fue el kény Dyután. “¿Por qué Yuska me levanta el pulgar? Está empezando a incomodarme”. “No dejan de mirarme de reojo las tres; Sentsa me reprocha con los ojos, ¿por qué me miras así? Pero, ¿en verdad se llevarán bien entre ellas? No, no es como que yo quisiera ser tratado como un hermano. Kuesta es mi hermana, pero aun así, ¿por qué esto me da curiosidad? Ella está muy ocupada siendo muy buena en lo que hace, últimamente no hacemos nada juntos. Ella es tan inteligente en todo, no como yo; puede reparar cualquier aparato sólo con abrirlo y examinarlo. ¿Qué he hecho yo hasta ahora? Bueno, todavía soy un niño, pero para ella eso no fue un pretexto. No esperan nada de mí, ¿verdad? Sería ridículo que mamá y papá quisieran ver en mí un genio similar. La alarma”.

    “No puedo dormir”, ¡Asht, humm! “No puede ser que esas niñas me hayan hecho pensar tanto. ¿En verdad me vi tan desesperado, tan miserable y patético que sintieron que necesitaba un hermano? ¿Qué clase de hermanas serían ellas con un niño que apenas conocen? No tiene sentido, pero, por otro lado, es la primera vez que quieren juntarse conmigo. Qué cursi, me siento así por algo tan cursi. ¡Ya intenta dormirte y deja de pensar! ¿Pero y si es una buena idea? ¿Si en verdad podemos ser como hermanos? ¿No esperarán ellas nada de mí como todo el mundo lo espera de mi hermana, y quizás mis papás de mí? Quizás lo hagan, pero no son de verdad de mi familia. Podría sentirse diferente. ¿En serio lo estoy considerando?”

    Sí, lo estuve pensando por muchos días, “no te emociones tan ridículamente”. Está bien, estaré en su jínnliù o lo que sea, pero sólo por un tiempo).

    Y aquí he estado desde entonces, pero creo que ya no más.


    ***​


    Entran Yake y Sinke a la mansión


    Sinke

    Contesta ahora, hermano, que tercamente has querido permanecer mudo todo el camino. Interrumpiendo la clase y manteniéndome en este estado de asombroso pavor. ¡Contéstame ahora! ¿Por qué te escuché en mi cabeza, por qué fue como si atisbos de tus ilusiones y reflexiones quisieran apoderarse de las mías?

    Yake

    Hermano, nunca me había sentido tan al borde de la depresión, pero al mismo tiempo nunca he estado más maravillado con mi existencia. Se debe todo a que, al menos por un breve periodo de tiempo, estuve en otro universo paralelo. De ahí robé esa capacidad que ya has experimentado.

    Sinke

    Ya no sé si debo creerte; no puedo dar otra explicación, pero ¿cómo ha sido así?

    Entra Kúsat

    Sinke

    Primo, perdón por no explicarte nada, pero lo que pasó ameritaba nuestra inmediata atención. Yake dice haber estado en otro universo, y por esa razón ahora sus qualia agonizan.

    Kúsat

    Cuéntanos pues, Yake, la experiencia que tuviste. Que sepas que no dudo ni un segundo de tu honestidad, y si clamas haber viajado a otra realidad, te creo, pero quiero oír con tus palabras las experiencias de tu mente.

    Sinke

    Por más acostumbrado que esté a tu inusitado interés, primo, creo que esto debería ser un asunto sólo entre nosotros dos.

    Yake

    No, hermano, déjalo que escuche. Él es en parte como nosotros desde que lo conocemos, y, a decir verdad, él siempre se ha interesado más por nuestras anormalidades que nosotros mismos.

    Sinke

    Como quieras, hermano.

    Yake

    Como ya saben, les había anunciado que hoy me negaría a asistir al instituto, y lo aceptaron sin reclamarme, pero lo que no saben es que anoche dormí, y más raro aún: soñé. O al menos eso creí al principio. Me sentí en un cuerpo similar al mío, pero como si estuviera envuelto en un material que entumecía mis sentidos y mis pensamientos, membranas duras que restringían mi voluntad, estaba yo completamente consciente, sin llegar a sentirme como un sueño o algo irreal.

    Sinke

    ¿Membranas?

    Yake

    Así es.

    Kúsat

    Las branas del multiverso, tal vez.

    Yake

    Me encontré en una cocina común y corriente, no es necesario describirla por completo salvo por el hecho de que había una bandeja con panes en la mesa. Ate, nuestro compañero, apareció en algún momento que no alcancé a procesar. De hecho, todos los agujeros que encuentren en mi historia son porque mi mente cambiaba de un estado de vigilia a irresistible somnolencia. Alcancé a oír de él:

    —Todo está preparado, Yake.

    Lo siguiente que vi fue la imagen de un niñito entrando en la cocina y sentándose al lado de los panes. Se le acercó Ate y le dijo:

    —Pase lo que pase, no comas estos panes por nada del mundo, porque si lo haces te morirás.

    Pese a que nunca había visto a ese niño en mi vida, por alguna razón sabía su nombre y quién era. Prake, era el nombre que resonaba en mi cabeza, el primo de Ate, fue lo que también pensé sin poder evitarlo, un experimento macabro era lo que habíamos planeado hacer. De repente me encontré con Ate en una habitación contigua a la cocina, donde había un cristal desde el cual podíamos ver a Prake sentado junto a los panes, no recuerdo haber visto ningún cristal desde la cocina, como si estuviera camuflado en el concreto de la pared.

    —Miremos ahora qué sucede —me dijo, y en seguida habló por un aparato en su muñeca que no pude distinguir.

    Cuando me volví a sentir despierto, junto a Prake se encontraba Kanyu, con la misma alegría irritante de siempre, y le decía (lo que nosotros podíamos oír de algún modo) que era mentira lo de morir en cuanto comiera los panes, agarró uno de ellos y se lo comió. Prake, encantado por esa revelación, y por la confianza que inspiraba la presencia y la bondad de Kanyu, tomó uno y se lo comió también. Ate lanzó un largo suspiro.

    —Bueno, parece que no hay de otra —dijo.

    Un momento después, estábamos en un baño de loza muy blanca, y Ate estaba ahogando al pequeño Prake en la bañera. Mantenía la cabeza del niño sumergida en el agua mientras éste pataleaba y forcejeaba desesperadamente. Kanyu no estaba por ningún lado, o tal vez simplemente no lo vi. Sentí un fuerte mareo, mis sentidos se intensificaron. Sufrí entonces un gran dolor en los pulmones, como si se estuvieran llenando de agua. Ate no se daba cuenta, pero era como si la agonía del niño fuera compartida conmigo, y sentí, que no oí, los horrorosos pensamientos del niño, impactado por el hecho de estar siendo asesinado por su propio primo, llorando lágrimas que se perdían en el agua que lo asesinaba, gritando mudos alaridos que sacudían el agua y le hacían inundarse aún más los pulmones. Luego, el momento en que el cerebro, privado de oxígeno, condenado a una extinción inevitable, entra en éxtasis. Es la droga de la pérdida de la vida, temblor del espíritu que uno percibe como largos periodos de tiempo y espacios que se contraen y se funden unos con otros. En ese estado lamentable me comuniqué con el pequeño, segundos antes de que ambos perdiéramos la conciencia; él para siempre. No sé qué le dije, probablemente no era el yo que mi consciencia controlaba, pero sé que le dije algo sin hablar y que él me escuchó. Mi despertar en este mundo fue mi reencarnación, y aquellas partes en las que mi mente estuvo lo suficientemente despierta se impregnaron fuertemente en mi cerebro, y no me quedó duda de que aquello había sido algo real. Sentí, instantes después, que mis pensamientos podían dejar de estar sólo en mi cabeza, fue una convicción tan innegable como que tenía dos brazos y dos piernas, y desconcertado y aterrado por todo eso, fui hasta el instituto por ustedes para contarles todo esto.

    Kusat

    Y sin duda crees que de tan obvia referencia adquiriste esa habilidad de proyectar el contenido de tu mente.

    Yake

    Esto es lo más extraordinario que pudiera descubrirse, y es por eso que hemos estado sintiendo todas estas emociones, todos esos sentimientos y habilidades como si nuestras definiciones se enriquecieran por medio de lo que somos en otros mundos.

    Sinke

    Yo todavía me niego a darlo por hecho.

    Yake

    ¿Tienes alguna otra explicación?

    Sinke

    No caigamos en falsas dicotomías.

    Yake

    Tengo la certeza de que no fue una alucinación o un truco de mi mente, pues de otro modo no tendría yo esta nueva habilidad.

    Sinke

    ¿Y si ya era parte de ti desde el principio, y no la hubieras descubierto hasta el día de hoy? Quizás ese sueño sólo te reveló esa parte de tu definición que ya tenías. De hecho, todo esto puede reducirse sólo a eso: revelaciones de nosotros mismos que no podemos entender ni controlar pero que ya eran parte de nosotros. No hay necesidad de meter alter egos de otras realidades alternativas.

    Kúsat

    Entonces, Sinke, ¿lo que has estado sintiendo por esos cinco compañeros, sobre todo por Hinta, ha sido siempre algo innato de tu ser? ¿De repente su indiferencia hacia aquellos seres ha pasado a ser un sentimiento tan grande de hermandad, a tal punto de sentirse tristes por ellos? ¿No contestas ahora, Sinke, porque sabes que es verdad lo que digo? Algo también has ocultado desde hoy en la huerta de naranjos, algo sentiste, algo escuchaste, fuiste víctima de una terrible certeza que te doblegó y te obligó a irte de ahí.

    Sinke

    Es verdad, no lo niego, y es, en efecto, algo que no puedo explicar alegando a mi idea de que todo estaba en nosotros. También he estado soñando, de manera terriblemente vívida, y en uno de esos sueños fui testigo de la muerte de todos ellos, la culpa era nuestra por alguna razón, y al despertar esos recuerdos y sensaciones de insoportable desdicha seguían en mí, y al estar frente a frente con Hinta esos recuerdos se intensificaron y no pude soportarlo. En verdad era como si yo la hubiera matado de algún modo, y tuviera que ver con aquella proposición que rechazamos al comenzar el instituto, y por eso le dije que era mejor así, sin haberse juntado con nosotros, para no acabar muriendo por causa nuestra.


    ***​


    Kusat no fue visto de nuevo desde ese día; simplemente había abandonado la mansión Gramt y el instituto Ítuyu. A partir de ese día hasta la graduación, los gemelos seguirán sintiendo, con gran pesar, todas aquellas vidas que no habían vivido, todas aquellas experiencias de las cuales no habían formado parte. Mientras más evocaciones se hacían espacio dentro de sus mentes, sienten más nostalgia.



    [1] Especie de cantina antigua de piso de tierra y techo de palmas secas, cuyos asientos y mesas eran de enormes y rasposas piedras del desierto.

    [2] Ráu Shórsta detalla este período en El danzilmarés y sus demonios.

    [3] En nuestro mundo es una mano que sostiene un disco con un triángulo adentro.

    [4] Saludo y despedida muy informal.
     
  11. Threadmarks: Capítulo 23. Movimientos y caídas
     
    Paralelo

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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Ciencia Ficción
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    Capítulo 23. Movimientos y caídas


    64


    Al regresar el Bumerán, Ate ya lo esperaba.

    “Entonces, ¿qué quiere decir eso?”

    Yake contestó:

    “Quiere decir que, a pesar de lo que nos sucede con el agua, eso no es algo que nos suponga una gran importancia.”

    “Si el agua se les pega, o lo que sea que puedan hacer con ella, ¿por qué no es algo que les importe?”

    “¿A ti te importa acaso?”

    Ate detuvo su lanzamiento por un segundo, y luego dijo:

    “Si yo tuviera ese poder, lo usaría a mi favor”.

    Salió volando el Bumerán.

    Yake dijo:

    “¿Un poder? A mí no me gusta esa palabra”.

    “¿Cómo lo llamarías entonces?”

    “Habilidad, definición, característica, atributo quizás. Parte de mi ontología, como lo es para ustedes el comer todos los días”.

    “No lo adornes sólo para que suene menos tonto; es un poder y punto”.


    ***​

    — …—¿Por qué no nos dijeron que tenían el poder de controlar el agua? —preguntará Yuska, medio enojada, medio sorprendida, como regañándolo.

    Yuska se habrá enterado poco después de que Sinke se lo mostrara a Hinta, la cual habrá intentado mantenerlo en secreto, pero Sinke le sugerirá que se lo cuente a Yuska sin miedo alguno.

    Yake parecerá desconcertado, luego resignado. Su hermano reirá; los demás jínnyi se quedarán confundidos. Yake mirará a Hinta, quien tendrá un escalofrío delator.

    —¿Que pueden hacer qué con el agua? —preguntará Sentsa, incrédula.

    Pensará que es una tontería por parte de Yuska, pero entonces, ésta destapará su botella de agua y arrojará su contenido hacia Yake. Él se apartará rápidamente y el agua mojará el tronco de la palmera.

    —No es algo importante —dirá.

    —¿Por qué no lo sería? —preguntará Yuska— Si es verdad, entonces es algo maravilloso.

    Y mientras dice esas palabras, Sinke acercará su mano a las gotas que resbalan del tronco, y recibirá en su piel los pedacitos de agua que se le pegarán, volando suavemente hacia a él. Los demás se quedarán pasmados, mirarán la fina película líquida sobre la palma del gemelo, y ésta le recorrerá el brazo como una mascota juguetona.

    Y mientras todo eso todavía no ocurre en aquella versión de esa realidad, me debato sobre cómo afectará ese hecho la manera en la que los jínnyi verán a los gemelos. ¿Con lo que sabes hasta ahora de esa realidad, qué es lo que esperas? En realidad no importa mucho lo que concluyas, o yo, pues todo será, todo estará, es tonto rebatirse por ello. Solamente puedo recordar lo que pude atestiguar en mi momento, y desafortunadamente no fue tan emocionante, pues el acontecimiento en sí mismo resultó tan raro, aun para los estándares de los gemelos, que la mayoría no pudo sino fingir que nunca lo supieron, y como Sinke no volvió a exhibirlo, el asunto pasó como una mera curiosidad de los gemelos sin utilidad ni estorbo.

    —Cada uno debió haber experimentado algo diferente. Revelaciones como esas no pueden sólo olvidarse.


    ***​


    Fue Yuska a casa de su novio para ayudarlo con unas tareas de mantenimiento para el jardín, Yake la recibió mostrándose agradecido, mas sólo en palabras y no en actitud. Rastrillar las hojas de los árboles al final del otoño, cortar las ramas que habían crecido demasiado, trasplantar algunas plantas de lugar y cubrir algunos agujeros dejados por topos, fueron las tareas que Yake hubiera terminado rápidamente de no ser porque su novia se empeñó en ayudarlo en todo. Reflexionó que ya había sido mucho tiempo en que los pensamientos más fuertes que rondaban su mente eran Yuska y los viajes a otras realidades, y no entendía cómo podía Yuska permanecer tan indiferente a aquel fenómeno y sonreír tan tontamente al intentar, subida en una escalera metálica, cortar las ramas sobrantes de un bambú con el machete.

    Estaba tan concentrado pensando en eso que no se dio cuenta de que Yuska se dirigía hacia la manguera. Fue mojado por la espalda. Le quedó una gruesa capa de agua transparente pegada al cuerpo.

    —¿Qué pasó, Yake? —rio Yuska— ¿Mi novio, incapaz de ser sorprendido por nada, de repente bajó la guardia?

    Algo debió haber pasado por la cabeza de Yake, pues Yuska, no bien hubo terminado de decir esas palabras, se sintió golpeada por la misma agua que el gemelo había tenido alrededor de sí. Pero él no había movido ni la mirada; el agua había respondido a algún deseo de su consciente o inconsciente. Riéndose por millonésima vez, Yuska volvió a mojarlo burlándose de su seriedad, y volvió a ser recibida por la misma agua, y el mismo juego continuó por unos minutos. ¿Había acaso una pequeña sonrisa en Yake? Su cara permaneció sombría, los ojos ocultos tras las tiras de cabello húmedo.

    —Oye —dijo Yuska cruzándose de brazos, temblando—, ya me mojaste mucho y me puedo enfermar. Creo que es tu deber dejarme tomar un baño en tu casa, ¿no? —Fingió un estornudo, en voz baja para no delatar mucho su falsedad.

    Yake sólo se le acercó lentamente y la abrazó, sin decir una palabra. Sorprendida por eso, Yuska no se dio cuenta de que al contacto con su cuerpo el agua y humedad de su ropa y piel se pegaban al gemelo hasta dejarla seca segundos después. El agua flotó lentamente hasta los azahares que había junto a ellos en unas masetas; el agua los alimentó. ¿Por qué lo había hecho así? Era lo que se preguntaba obsesivamente. Si quería secarla, lo hubiera podido hacer sin necesidad de abrazarla.

    Pasada la sorpresa, Yuska estornudó, esta vez de verdad, y dijo:

    —Creo que el frío ya me afectó un poco —se dirigió hacia la entrada, y con una mirada picaresca y roja añadió—: ¿te importa si me acuesto un rato en tu cama?

    Y pensó que Yake se lo había creído, porque no dijo nada en contra de eso.

    Minutos después, cuando Yake hubo terminado de trabajar, tomó un baño rápido y entró en su cuarto, Yuska lo esperaba sobre la cama, cubierta solamente por las cálidas sábanas. Yake curveó levemente la boca; el cómo llegaron a esa situación le daba risa. Cerró la puerta y ésta no se abrió durante horas.


    ***​


    5 de diciembre.


    Seguimos en la misma realidad. Me parece increíble que Sinke no haya intentado provocar un cambio. Supongo que de algún modo este asunto ha comenzado a perturbarlo. Fui a visitar a mi padre a la cárcel. Le conté que había soñado que mi mente había viajado a otro universo paralelo, reaccionó sin interés, como los que se dicen que sólo es un sueño y por tanto no tiene importancia. Me sentí un poco incómodo después porque pensé que él querría soñar que vuela lejos de aquella prisión.


    6 de diciembre.


    Aparentemente ya no nos queda mucho más que recordar de lo que nuestros cuerpos estuvieron haciendo mientras no estábamos. Sentsa se mostró sorprendida de recordar que se llevaba relativamente bien con su madrastra, pero todavía le falta recordar un poco sobre por qué exactamente. Ate recuerda el haberse llevado bien con su hermana en la semana de su cumpleaños; también le hace falta recordar un poco más. Hinta recordó haber entrenado más tiempo con su padre, pero a diferencia de antes, se sentía tranquila y segura, no con el miedo y aprensión de siempre. Yuska ya casi parece haber superado por completo el abandono de su madre, o al menos así parece, pues ha comenzado a hablar de ella sin inhibirse. Me alegra que todo parezca mejor ahora. Pero se me hace un poco extraño que todas estas mejoras en nuestras vidas se hayan dado de esta manera, ¿cómo es posible que después de habernos ido por un tiempo, nuestra vida acá haya mejorado por sí sola para todos? Hablaré de eso con Yake y Sinke.


    7 de diciembre.


    Ahora que lo he pensado todo el día, es curioso que todos nosotros tengamos o hayamos tenido algún tipo de problema asunto complicado con algún familiar. Ya éramos todos conscientes de eso, incluso yo, pero ¿por qué ahora me pongo a pensar tanto sobre eso?


    8 de diciembre.


    Le conté lo que pensaba a Sinke. Nos dijo en el instituto que aquello era nuestro cliché de vida (lo dijo riendo, no entiendo si porque le parecía gracioso o sólo ridículo), y que gracias a eso parecía haberse formado el jínnliù en primer lugar, así como los de alcohólicos anónimos forman sus grupos por un problema común. Hinta dijo que ya estaba algo consciente de eso desde hace años, pero que no le parecía nada malo. ¿Será verdad que eso fue lo que nos hizo unirnos al jínnliù? Aún me falta hablar con ellos sobre lo que pensé el 6 de diciembre, pero una cosa a la vez.


    9 de diciembre.


    Yuska derramó agua sobre Yake. No sé si fue a propósito o no. Es la primera vez en mucho tiempo que volvemos a ver el asunto del agua. Nunca lo olvidé, pero se volvió algo de uso tan escaso que a nadie le importó. Creo que Sinke tiene razón: algo no está muy bien con los seres de esta realidad si pensamos así de lo extraordinario. Pero él tampoco quiso seguir mostrándonoslo, ¿de qué se apenaba?


    10 de diciembre.


    Mis tíos no estuvieron todo el día. Me quedé sólo cuidando a mi primo Prake. Me preguntó si tenía alguna foto de Sentsa que le pudiera regalar.


    65


    ¡Qué pereza, es el día del festival deportivo! Incluso los que no participamos tenemos que venir a apoyar. Demasiado ruido; viene gente de fuera para ver a los estudiantes competir; calientan chismorreando las chicas del equipo de volibol; los de soccer alardean en voz alta; quieren presumir, estoy seguro. Me como un perro caliente mientras Kanyu se estira junto a la piscina. Mírenlo, sonriendo como siempre. Su novia Ima le da ánimos. ¿Por qué te sentaste junto a mí? ¿Quieres demostrarle a Kanyu que te puedes llevar bien con nosotros? Pues hazme un favor y deja de moverte tanto al saltar de alegría para animarlo, ¡vas a tirarme mi bebida! Y antes de comenzar, nuestro dichoso himno nacional. Hay que ponerse de pie. Bla bla bla, tierra de los mareses sobre la montaña que encara el mar y lo que sigue, bla, bla, bla. Todos cantan con tanto entusiasmo y tan fuerte que el resto de la letra no se entiende. Al fin comienza. Kanyu en verdad nada muy bien; aventaja a todos desde el comienzo. Pero parece que al final pierde fuerzas y se deja rebasar. Queda en segundo lugar. Qué mal.


    ***​


    Arranca Yake de su posición al recibir la estafeta de su compañero. Kúsat observa desde la tribuna con ojos suspicaces, anticipando lo que acontecería. Por haber tenido que decir que no sabían nadar, la oficina de la escuela les llamó porque aparentemente había un problema con eso. Pronto Yake se quedó sin nadie a su derecha ni a su izquierda. Ignora a todos los que lo animaban desde la tribuna, y continúa corriendo hacia su hermano. Fue la presidenta la que abogó por ellos cuando hubo que discutir qué debían hacer los gemelos para cubrir el programa obligatorio de natación. Sinke objetó que era injusto que saber nadar fuera parte de la calificación final. Pocos segundos después, comienza a disminuir su velocidad. La competencia aún está algo lejos, pero poco a poco lo van alcanzando. Le gritan que se apure. Se sorprenden todos al ver que el gemelo ahora sólo camina tranquilamente, y en seguida los demás lo pasan sin que él reaccione. A Yake no le importó que su promedio final fuera reducido por no participar en las horas de natación. Sabía que a su hermano tampoco, pero de todas formas discutía por el mero amor a las discusiones. Los competidores entregan las estafetas. Los nuevos corredores pronto están lejos de Sinke, que permanece quieto, mirando arrogantemente a su hermano, la palma lista para recibir el palo de madera. La presidenta Altra sugirió entonces que las horas que debían cubrir en natación las cubrieran en otro deporte, y sugiere amablemente que sea en atletismo. Ninguno objetó nada en contra. Yake se acerca lentamente, la estafeta como un péndulo al final de su mano. Le siguen gritando; algunos se burlan, dicen que ya se cansó el gemelito. Cuando llega a su hermano, los corredores están en la recta final. Desde entonces nunca volvieron a la piscina, y los días que tocaban deportes se quedaban una hora más en la pista de la escuela. [Un momento de tranquilidad en el que no había nadie más cerca de ellos, hasta el día en que se unieron al jínnliù, cuando algunas veces uno de los jínnyi se quedaba a hacerles compañía].


    ***​


    Acércate, hermano, o vamos a perder. La mano de Sinke recibió la estafeta; los dedos la apresaron, pero Yake no la soltó de inmediato. Jeje, no quieres que haga lo que sabes que estoy a punto de hacer, por eso no la sueltas. ¡No! Al contrario, ¡quieres que lo haga! De otro modo no los habrías dejado pasar en primer lugar para hacernos perder tiempo, tiempo que hay que recuperar rápidamente. ¿Al fin quieres revelar esta parte de nuestra definición? Pero eres muy cobarde para hacerlo por ti mismo. ¡Suelta, están a punto de llegar!


    ***​


    Yake abrirá la mano y se alejará. Su cabello evitará que se le vean los ojos mientras sale de la pista. De todos modos nadie se fijará en él y su lúgubre semblante. Todos gritarán atónitos cuando Sinke se encuentre a la cabeza de los corredores, estando a sólo unos metros de la meta. Todos se preguntarán cómo, qué drogas consumió o qué alucinación están teniendo, cuando vean al gemelo acortar la distancia entre sus rivales en cuestión de instantes, en lo que dura un soplido. Todos se quedarán helados instantes antes de que salga corriendo a esa velocidad, luego de que la mano de Yake se lo permita.


    ***​


    Gira y gira la rueda con el pedal. Funciona bien, se siente suave, pero estable. Cae la rueda y da un pequeño rebote.

    —¿Ya estás lista, estimada jínne?

    Estudiaba la determinación que refulgía en sus ojos. La primera vez que la verá correr en una carrera. Lo disfrutas, ¿verdad? Al fin queda más evidente tu propia importancia. Los paseos en bicicleta que dabas con mi hermano. Te querías lucir. Y hoy también lo harás, ¿no es así?

    —¡Claro que sí! —alzó el puño y se bajó los brillantes anteojos protectores— Todos van a comerse mi polvo.

    (Pasóle Kanyu una botella con agua. Yuska la acomodó en la parte de abajo de la bici.

    “¿Qué te pasa? Te noto un poco nerviosa”, dijo al sentarse Yuska en el sillín. Le pareció que le incomodaba, pero el problema no estaba en el asiento. “No, nada. Sólo que esta vez sí voy a ganar”, dijo probando la soltura de los frenos. Kanyu, notando la minúscula inseguridad en la voz de Yuska, le puso la mano en el hombro con suavidad. “No te preocupes. Esta vez sí lo harás”).

    Ate se cruzó de brazos y apretó los labios. Nunca había visto a Yuska tan emocionada con una bicicleta desde hace años, antes de entrar al instituto. Nunca se separaba de esa bicicleta. Yake sabrá mejor, después de todo, es con quien más se junta. Es verdad, me he dado cuenta de que desde que los gemelos están en el jínnliù he convivido mucho menos con Yuska, creo que hasta con Hinta. Me han robado tiempo con ella. Mírala ahí, preparándose junto a todos los demás que van a participar. Se ve feliz, muy feliz. Ojalá que ganes, jínne.

    Yake estaba dentro del instituto cuando el disparo sonó, veía la muchedumbre, no quería ir pero terminó dirigiéndose hacia ella, primero caminando, y al final infiltrándose entre todos con cierta violencia. Una ola de gritos de ánimo surgió de los mirantes. Yake llegó al frente y alcanzó a ver las espaldas con números que se alejaban. Ninguna de esas espaldas es la de Yuska; ya adelantó a todos.

    (El circuito había cambiado un poco desde la carrera del año pasado: un poco más corto; algunas partes de la ruta habían sido atajadas por callejuelas menos transitadas. “Quizás la escuela recibió quejas porque tenían que cerrar algunas calles solamente por esta carrera”, pensaba Yuska, adelantaba a todos por pocos metros; una chica de cabello rosado casi le igualaba a la rueda trasera. “Parece más corto… pero hay más en dónde doblar”. Como ya estaba acostumbrada desde hace años, zigzagueaba osadamente por las pequeñas calles adornadas de señales de color rojo indicando el camino. Las estampas de nubes de su casco volaban. Algunas personas que sabían de la competencia los animaban a todos a su paso, y se asombraban de la habilidad de Yuska para doblar y continuar perdiendo la mínima velocidad. Frenaba hasta casi derrapar sin miedo a caerse; apoyaba el pie en el suelo y se impulsaba sin dejar de pedalear; el pie regresaba rápidamente al pedal sin fallar).

    Al fin se vio libre de la parte más intrincada. Los ruidos apoyadores de los transeúntes dejaron de entusiasmarla y comenzaron a fastidiarla. Sudó de cansancio y tensión. El agua de su botella se agitó como el mar en un tifón. Esta ya es la parte larga, debo ir más rápido, ¡sí, pedalea más! Ni siquiera se molestaba en ver qué tanto ya ha adelantado a los demás. ¡Vamos, vamos, vamos!

    (Bebió de la botella y rio. “Esta ya es la última curva antes de la meta”. La chica de cabello rosado había quedado muy atrás. Dio la última curva tan bien como todas las demás y apareció la meta a lo lejos, a la entrada del instituto Ítuyu, donde todos la esperaban entusiasmados).

    Violento retortijón en su pantorrilla izquierda, ahogó un quejido de dolor. Le quemaba y aprisionaba el músculo.

    No. Estuvo tan emocionada revisando la bicicleta que no calentó lo suficiente. Sintió que las fuerzas se le escapaban. La pierna dolía al subirla para pedalear y no había tiempo para descansar. No le importó el dolor y continuó, mas cada pedaleo le entumecía más la pierna. Escuchó las bicis de atrás acercarse. Oh, no, vamos. Ya no pudo mantener la velocidad (“¡Ya casi llego!”, pensó casi gritándolo, el viento estrellándose en su garganta. “Esta vez no me dará un calambre, esta vez sí será”. En su éxtasis no se dio cuenta de que se estaba incorporando demasiado, y entre más la distancia entre ella y la meta se acortaba, más se alejaba del punto de equilibrio y su pie izquierdo vaciló en el pedal) y casi llorando se sintió adelantada por la pelirrosa, por un chico de piel morena, y una chica que la volteó a ver por un instante con lástima, pero sin detenerse. Llego en cuarto lugar, y lo primero que hizo fue bajarse y tumbarse al suelo, aferrándose a su pierna (poco a poco, hasta que resbaló. No tuvo tiempo de gritar. Rodó por el asfalto y raspósele la piel. Las nubes de su casco se rajaron. Su cuerpo se detuvo contra la pared del instituto; mientras los demás pasaban de largo solamente volteando a mirar el accidente con horror).


    ***​


    Kanyu se apresuró a vestirse para no perderse el torneo de artes marciales. Ima estaba esperándolo fuera del vestuario y lo acompañó amorosamente.

    Primero fue la categoría femenil. Hinta se había apuntado desde hacía semanas, más que por elección propia, porque su padre se había enterado de los eventos del festival, y si bien no le ordenó que participara, hizo alarde de que a su hermana Huba le gustaría participar y sería seguro que ganaría. Durante una hora, con lapsos de varios minutos para descansar, pasó a combatir y ganó a todas sus adversarias, y no podía evitar mirar con orgullo a su familia en la tribuna con cada una de sus victorias. Ahora se encontraba frente a su última rival, una chica a la que no conocía llamada Zóbi. Pese a ser de su misma estatura su aspecto era severo, pero le dijo que no iba a subestimarla, como si con eso quisiera hacerse la sabia.

    —¡Pártele la cara! —gritó Yuska.

    —¡No digas esas cosas! —la regañó Sentsa.

    —¡Ya cállense las dos! —exclamó Ate.

    —A los seres de esta realidad les encanta gritar por todo —observó Sinke con malicia.

    Al comenzar la pelea, Hinta iba defendiéndose de los golpes y patadas retrocediendo lentamente. Al ver el momento oportuno; cuando su rival dio una patada de gancho a su cara y la eludió agachándose, aprovechó para darle un golpe en el estómago.

    —¡Punto! —dijo el réferi.

    El señor Semt se veía sereno; Huba miraba a su hermana como diciendo “yo lo hubiera hecho más rápido”.

    —¡Mete más el codo hacia tu centro! —gritó Sinke efectuando lo que decía.

    En el siguiente round, Zóbi comenzó más salvajemente: pateó tan rápido y fuerte que le dolieron los brazos a Hinta, el consejo de Sinke no pareció serle de utilidad y terminó recibiendo una patada en el estómago.

    —¡Punto!

    —¡Ja! Ni siquiera encontró oportunidad para atacar —dijo Huba en voz baja.

    Intentó calmarse Hinta. “Sus patadas son muy fuertes; pero después de atacar muchas veces descuida su guardia; se cansa pronto”. En el tercer round, se mantuvo de ella lo más cerca posible. Zóbi le quiso atacar con la rodilla; pero Hinta pudo pararla, así como los codazos que le dio a continuación. Esperó algunos golpes, asegurándose de no alejarse mucho para darle la oportunidad de patear con fuerza, y poco después le pareció que Zóbi se cansó por un instante y, por el tiempo que dura pronunciar una sílaba, dejó abierta la guardia mientras retrocedía. Hinta aprovechó y la golpeó en el abdomen.

    —¡Punto!

    —Qué bien, un punto más y gana —dijo Kanyu.

    Mientras descansaba, Hinta vio a sus jínnyi y les sonrió mostrando los dientes. Sus brazos estaban algo adoloridos, pero su resistencia estaba lejos de venirse abajo. Huba aproximó más el cuerpo al barandal cuando el siguiente round comenzó.

    Zóbi se movía con rabia en los ojos, volviéndose más intimidante que antes. Hinta intentó acercarse pero una patada casi le hunde el estómago. Zóbi, con los puños de guardia, no la dejaba aproximarse sin recibirla con patadas cada vez más fuertes. Esas patadas que hacían vibrar el aire aterraron a Hinta. Intentó parar una con el codo; pero resultó lastimada y gimió. Sin tiempo para detenerse, no pudo sino retroceder por toda la arena, cuidándose de no salirse.

    Yake, mirando de pie junto a los demás, parecía interesarse.

    Se sorprendió Sinke cuando vio una mirada de gran seguridad en Hinta, quien encaró en posición de guardia defensiva a su rival con un brillo en los ojos, y se preguntó qué había provocado ese cambio tan repentino.

    Un momento después, una patada de frente le pasó de lado, se esforzó para que sus brazos detuvieran la siguiente patada lateral, y por último la patada de abanico que pasó sobre su cabeza. Zóbi pensó que Hinta iría a quedar justamente en frente de ella para volver a atacarla en el estómago, y por ello había preparado un golpe sorpresa con el puño. Pensaba dárselo en el momento en que quedaran de frente; sin embargo, Hinta no estaba ahí; en su lugar, recibió en la cara un pie que venía impulsado desde abajo. La pose de la patada de Hinta, con el cuerpo y la pierna formando una perfecta línea diagonal, fue oportunamente atrapada en una fotografía, que sería publicada un día después en el periódico escolar. Al caer Zóbi, el réferi declaró la pelea terminada y Hinta como la ganadora.

    Después de recibir su trofeo y la breve celebración posterior con sus compañeros, Sinke le preguntó cómo había superado su miedo para pensar con claridad.

    —Su patrón de patadas parecía repetirse cada vez que me acercaba o alejaba mucho. Sólo tuve suerte de que no hubiera decidido cambiarlo por algo más impredecible —contestó. Se veía una gran satisfacción en sus ojos.


    ***​


    Sinke decidirá inscribirse a última hora al torneo en categoría masculina debido a que uno de los que estaban inscritos se había lastimado al calentar. ¿No te cansará mucho antes de tu carrera? Preguntará Yuska. Para nada, contestará presumido, No olvides que tenemos mi hermano y yo mucha resistencia. Poco después, verá con sorpresa que entre los concursantes se encuentra Súruk.


    66


    Fue algo de miedo lo primero que sintió Ima al ver a Yake. Es verdad que el hermano tenía un físico muy similar y los mismos ojos penetrantes que tanta gente volteaba a mirar resistiendo las ganas de señalar; pero en el gemelo silencioso le hacía sentir su propia sangre fluyéndole por la piel de la cara. Entre los muchachos que salían al descanso lo vio dirigirse detrás de una bodega, donde había un árbol de limón casi deshojado, y ahí se sentó en una gran roca a leer. No le importaba que el sol le cayera encima, calentándole la coronilla de la cabellera. Discretamente, Ima lo examinó en ese lugar durante algunos días hasta que Yake se dio cuenta de que era observado, e Ima no volvió a intentar buscarlo durante el descanso.

    Poco después lo volvió a ver con un grupo de jóvenes junto al lago durante los descansos. Se enteró de que eran un grupo de jínnyi, quizás el único de toda la ciudad.


    ***​


    ¿Cuántos “No” tendrán que recibir los pobres chicos del instituto Ítuyu antes de que sólo uno de ellos pueda escuchar el tan anhelado Sí de parte de la chica de cabellos de mar? No supo Kanyu exactamente por qué había oído el Sí. Había hablado muy poco con ella antes, y su atracción hacia ella se debía, según admitía con pena, a su belleza. “Sé que casi no nos conocemos. Y lo admito, es por tu belleza. Pero, si quieres, si no te desagrada la idea, permíteme conocerte mejor para ver si puedo enamorarme de algo más de ti. Dame la oportunidad de amar quien eres en verdad y no sólo el cómo te ves. Lo siento si sueno muy tonto”. Y en la mente de Ima Lib esas palabras fueron como una señal, pues todos sus anteriores pretendientes no admitían que lo único que los impulsaba a ella era su hermosura, sino que se esforzaban por disfrazar sus hormonas con palabras de amor; decían amar su inteligencia, su manera de pensar, su perspectiva de la vida, pese a no conocer en realidad nada de eso, y era obvio que sólo la querían por su atractivo. Tenía Ima además inculcado el sentimiento de que, en caso de buscar novio, tenía que escoger uno sincero en primer lugar, y en segundo, que quisiera enmendar sus faltas. “No te conozco y sólo me gusta tu belleza, pero dame una oportunidad y aprenderé a amar tu alma también”. Le rondaron esas palabras en la cabeza el resto del día, sus amigas le dijeron que sólo era otra táctica de un pervertido de closet; pero ella las ignoró, tan tontamente hechizada parecía por aquellas palabras, y a la mañana siguiente le dio el “Sí”.


    ***​


    —¿Por qué es importante Ima Lib en la realidad que atestiguaste?

    —Dividió la realidad, como todo el mundo lo hace. Pero en su caso, me quedó la incertidumbre de qué hubiera yo atestiguado si en ese momento, ante las miradas atónitas de todos los alumnos, después de que Yuska rompiera el desesperado abrazo con el que Ima apresaba a Yake bajo el naranjo, y sintieran los gemelos esa ruptura del espacio, mareante y desesperante como una parálisis de sueño, Yake le hubiera dado un “Sí” a Ima Lib por alguna razón. Me puedo imaginar el rostro de todos, de una sorpresa para dislocarse las mandíbulas, sin haber ya duda de que algo andaba mal con el gemelo. Ni su propio hermano lo reconocería. Después comenzarían a salir, y aunque sé que todo lo que pueda imaginarme será la realidad en infinitos universos, me mataba la intriga del porqué Yake lo habría hecho en aquella versión de la realidad. ¿Qué pasó? ¿Qué hechizo existencial le hará abrazar a la divina muchacha y salir con ella? ¿Habría atestiguado su caída final hacia la aceptación de esa realidad? ¿Habría crecido y aceptado al fin su condición en el único mundo que había conocido? ¿O la habrá dejado poco después y regresado a su estado de intriga y deseo de vivir una realidad verdadera para él?

    —Todo eso será.

    —Sí, pero quisiera haber atestiguado un poco de eso.

    —Así que en tu caso no se dejó caer.

    —Así es. Además, aunque sea otra historia, en la realidad de otro de los hermanos encontré a la gemela de Ima Lib.


    ***​


    —Buenos días, presidenta —saludó la chica recién llegada, asomando la cabeza tras la puerta—, ¿está ocupada?

    —No tienes que ser tan formal, Ima. Sólo entra; ya terminé lo que debía hacer.

    Ima se sentó frente a la presidenta y le sirvió un poco de té que tenía guardado en un termo, ambas se aliviaron un poco del frío con él.

    —Ya hace tiempo que no sales con las demás —dijo Ima.

    —Lo siento, he estado bastante ocupada. Cosas de los parciales que comenzarán mañana. ¿Estás preparada?

    La chica bajó la cabeza.

    —Sí, creo…

    —Mejor hablemos de algo más alegre, ¿sabes quién es esa chica que acaba de salir?

    —Sí, todos la conocen, pero no recuerdo su nombre.

    —Bueno, se llama Sentsa Fonet, de seguro sabes que es una de las jínne de Yake Gramt, ¿verdad?

    Ima detuvo el sorbo que estaba a punto de dar al oír el nombre del chico, bajó la cabeza y su rostro se ensombreció.

    —Sí… lo sé. Siempre se sientan a almorzar en el mismo lugar junto al estanque. Es intimidante.

    —Sé lo mucho que te gusta Yake Gramt, y por eso te tengo buenas noticias. Al terminar las vacaciones de navidad, Sentsa ocupará el cargo de la presidenta de un nuevo departamento de moral, por lo que estoy segura de que no tendrá mucho tiempo para estar con ellos durante la escuela.

    A Ima se le iluminó el rostro.

    —Entonces, ¿ella no estará con ellos?

    —Es muy probable, así que quizás puedas aprovechar la oportunidad para acercarte a él sin temor a Sentsa.

    Ima sintió su corazón acelerarse ante esa posibilidad; sin embargo, esa misma posibilidad le hizo brotar otro tipo de temor.

    —¿Por qué pones esa cara? —preguntó la presidenta con un gesto amistoso—Deberías estar más alegre por eso, no me digas que tu timidez te va a ganar de nuevo.

    —No es sólo eso —dijo desviando la mirada y jugando con su cabello—, es que también además de Sentsa hay otras dos jínne con él…

    —Así que eso es lo que te preocupa… bueno, no tienes por qué temer.

    —¿Por qué no?

    —¿No lo sabes? Una de las reglas de los jinnliù es que no puede haber relaciones románticas entre ellos, pues se supone que es sólo una fuerte relación de amistad, casi de hermandad. El romance lo rompería, como es obvio.


    ***​


    Yake se ve agitado, como si se diera cuenta de que acaba de hacer algo tonto y tiembla. ¿Que no es por eso, entonces por qué? Finalmente me atreví a confesarme yo, y ahora que no quere hablar, me hace triste. ¿Vas a decirme que sí o que no? De nuevo temo ponerme más triste. ¿Tal vez? ¿Tal vez? ¿Qué es esa respuesta? ¡Ah! No, un chico se le ha acercado por la espalda y lo golpea en la cara. Le dice que es un idiota por dejarme esperando así. Rápidamente se le suma otro, y otro y otro y otro, ¡Déjenlo en paz! No me hacen caso. Yuska me aleja asustada, más y más chicos coléricos lo patean en el suelo.


    ***​


    Saldrás corriendo de entre los árboles para acudir a la ayuda de tu hermano, impulsado por un molesto sentimiento fraternal. Te preguntarás por qué no se defiende, por qué sólo permanece ahí tirado, recibiendo golpes que en realidad no le deben lastimar mucho, y al llegar a él, tras haberte metido como un león y apartado y arrojado a los chicos furiosos a varios metros de distancia, lo verás ahí con una pequeña sonrisa satisfecha, y pensarás que lo hizo porque así se había salvado del influjo en que la realidad le obligaba a hacer algo contrario a su esencia. Los que antes lo golpeaban huirán asustados de tu fuerza. Todo el ambiente permanecerá silencioso como un santuario sagrado; aunque los pájaros seguirán viviendo sus realidades como si nada en las ramas de los abundantes árboles de ese jardín. Nadie, ni Ima, ni Yuska, ni Sentsa se atreverán a decir nada hasta que la alarma suene instantes después, y el jardín se vaciará rápidamente de los morbosos jóvenes que salieron sintiéndose un poco culpables. Se irá de ahí Súruk, a quien tan impulsivamente arrastraste junto con Hinta, y también Délo, secándose el sudor frío de la frente. Ima permanecerá ahí unos instantes, viéndolos a ustedes irse, y no tendrá valor para hablar con Yake después de eso.


    ***​


    ¿Crees en dios? Me preguntó un día. Estábamos almorzando juntos bajo el naranjo bajo el cual me le confesé, y al preguntar aquello parecía mirar un punto perdido en la huerta, pero su voz se escuchaba auténticamente interesada. No lo sé, respondí, no era algo en lo que pensara mucho la verdad. ¿Crees que una mente fue lo que creó este universo? Preguntó con el mismo tono. Tal vez sí, dije. Se ve lindo cuando habla de esas cosas, pero a veces era demasiado insistente. Si ese ente es consciente, entonces existe en algún tipo de tiempo, pues el tiempo es esencialmente una sucesión de eventos, y el pensar implica una sucesión de pensamientos, de estar en estado A a pensar en B, por lo tanto no es atemporal. Y yo no le dije nada, sólo me alegré por dentro de su inteligencia. Me miró por un instante, como para evaluarme, y volvió a mirar la huerta. Sin embargo, dijo, algunos dicen que ese simple capricho, sin explicación del porqué lo haría, pudo haber ocurrido simultáneamente, al mismo tiempo, por lo que no habría una sucesión de pensamientos. ¿Tú qué crees, Ima? ¿Tiene sentido decir que antes de la creación de nuestro universo existía una cronología de eventos en la mente de dios sin ser una cronología temporal? Y yo, con pena, le dije que no tenía idea.


    ***​


    —A ver —Yuska mirará el cielo, tocándose la barbilla—, veamos: si pienso en un pato que vuela y luego en una tortuga que camina, uno de esos pensamientos habrá ocurrido primero y luego el otro, por lo que hay un tiempo entre ambos pensamientos, pero puedo imaginar un pato volando al mismo tiempo que una tortuga caminando.

    —Pero habrá un momento en el que no estabas pensando ni en el pato ni en la tortuga —dirá Yake—, sino que en el momento de no pensar en ellos a estar pensando en ellos ya hay un evento temporal.

    —Entonces, para estar fuera del tiempo, ¿dios tendría que no pensar en absolutamente nada?

    —Tendrías que estar en un estado en el que una sucesión de eventos no se dé ni siquiera dentro de tu mente.

    Yuska parecía luchar por seguirle el argumento, y luego dijo:

    —¿Entonces dios no estaba pensando nada antes de crear el universo?

    —Pero de no pensar en crear un universo a pensar en crear un universo ya hay una sucesión de estados de pensamiento.

    —¿Estaba en estado de coma entonces?

    —Según algunos, estaba muy ocupado simplemente existiendo en la nada.

    —¿Sólo existiendo?

    —Una conciencia no-pensante que existe inútilmente.

    Los alumnos comenzarán a entrar al auditorio antes de comenzar la ceremonia de graduación.

    —¿Pero cómo es que puedes estar consciente sin estar pensando? —preguntará Yuska.

    Yake sonreirá por un momento, con inusual satisfacción, y levantará los hombros.


    ***​


    —Déjame ver si entendí —dice Ate—. ¿Entre más cosas sepas hacer, más existes?

    —Es una manera poco elegante de llamarlo —dice Sinke—; es más bien que tus habilidades, proyectos y propósitos revelan qué tanto existes para ti mismo y los demás, revela la importancia que cumples en un ambiente en el que la gente está necesitada de cosas. ¿Crees que es verdad cuando alguien te dice que, para ser exitoso en la vida, tienes que ser tú mismo? Pues es una gran mentira. En realidad uno tiene que ser uno mismo si ese “uno mismo” implica desde el principio una actitud o serie de virtudes y habilidades que lleven a un fin deseable para alguien. La gente de éxito aprende lo que los demás necesitan y quieren, y al mostrarles su apoyo se ganan sus favores y culpas o admiraciones; de ese modo prosperan a base de manipular la consciencia de los demás, haciéndose más existentes para ellos.

    —Explícate mejor.

    —Al ir a una entrevista de trabajo tienes que ir presentable, bien vestido, peinado, actuar con firmeza y saber expresarte de manera que se note que eres alguien seguro de ti mismo, y al mismo tiempo servirle de tapete al jefe. Todo eso no tiene nada que ver con qué tan bueno seas en verdad en tu trabajo o de tu compromiso real; por más que escribas en tu currículo clichés como “soy muy trabajador, siempre trato de aprender, me gusta trabajar en grupo” etcétera. Sin embargo, esa imagen cuenta a veces mucho más que quién seas en verdad. De hecho, al jefe poco le importa el conjunto de características que conforman totalmente tu ser: si en privado eres todo un poeta romántico, si amas a tus hijos, si recuerdas el cumpleaños de tu esposa, o si te masturbas por las noches, lo que le interesa es que esa actitud deseable que vio en ti cuando te contrató esté ahí cuando trabajes, y esa es la parte de tu existencia que él recordará de ti y se tomará en cuenta a la hora de contratarte, subirte el sueldo o despedirte.

    Llegan a la panadería de la calle hyû. En esa época del año, durante la semana nacional de la gastronomía danzilmaresa, establecimientos de comida tienen la costumbre de adornar sus fachadas con luces e imágenes de paisajes del país. Dicha panadería había colgado sus luces como una brillante cascada en las vitrinas, alternándose éstas entre los colores azul, amarillo y verde. Estaban esas luces colocadas de manera tal que los panes que ahí se exhibían reflejaban los colores en su superficie, y por consecuencia, esa panadería sobresalía por su esplendor mucho más que otras tiendas cercanas.

    —¿Ves ahí, Ate? El pan de esta panadería no es malo: es horrible; su harina es de baja calidad, el sabor de su grasa está disfrazado por el chocolate y las almendras mal almacenadas. Los que no te rompen los dientes se te rompen en los dedos.

    —¿Cómo sabes todo eso?

    —No te lo diría si no los hubiera probado antes.

    —¿Los comiste sólo por curiosidad?

    —Eso no importa. El punto es que, pese a lo malo que sea su producto, se está vendiendo muy bien, como lo puedes ver. ¿Te das cuenta? Ese ambiente familiar y fiestero; alegría visual casi como fuegos artificiales en miniatura, es deseable en el subconsciente de las personas. Lo ven y dicen “¡Oh, ese pan se ve muy bueno!” Luego irán a sus casas, lo probarán, se jurarán no volver a comprar aquí nunca más, y al día siguiente volverán a quedar hipnotizados, dudarán y se dirán “a lo mejor en realidad no es tan malo como creía”, y volverán a comprar.

    —No creo que haya gente tan estúpida.

    —Ahora es estúpido porque sabes, estimado. Pero ya qué —continúa caminando y Ate lo siguió—. Dejemos a esa panadería existir un poco más, obligada por necesidad a disfrazar su mediocridad y ganando por eso.


    ***​


    El bumerán amarillo fue lanzado. La luz de la luna comenzaba a ganarle terreno a la luz del sol en el cielo.

    —Por eso los que no poseen esas cualidades deseables lo tienen difícil —dijo Yake—. Los inútiles, los vagos, los antisociales, los que no aportan nada a nadie no pueden darse el lujo de ser ellos mismos.

    —¿Lo estás diciendo por mí? —preguntó Ate.

    El bumerán dio la vuelta.

    —De algún modo, pero también aplica para mí —dijo Yake.

    —Pero no todos podemos ser ricos —dijo Ate antes de atrapar el bumerán.

    —No hablo de dinero, sino de condicionar mentes.

    —¿Qué?

    Lanzó el bumerán de nuevo.

    —Basta con lograr hacer algo deseable para alguien más, y así adquerirás una existencia notoria. Los jínnyi no existíamos antes de conocernos, o al menos no existíamos para los demás. Pero ahora que lo somos, se supone que debemos existir mucho para nosotros.

    El bumerán regresó y no volvió a volar por ese día.

    —¿Qué tanto existo yo para ti? —preguntó Ate.

    —Estás a la cabeza de todos los demás, por ahora.


    ***​


    23 de diciembre.

    Sé que no es correcto, pero voy a hacer una lista de mis jínnyi según el aprecio que siento por ellos. Me temo que casi no recuerdo cómo los veía en el universo de la gente blanca, lo que me ayudaría mucho, aunque supongo que no sería justo por tratarse de los alter egos de otra realidad. Me ha costado mucho hacer esta lista:

    1- Hinta. Tal vez porque era con quien más me llevaba en la secundaria, y fue con la que más conviví cuando los conocí a todos. Significó mucho para mí cuando me acompañó un día a visitar a mi padre a la prisión; aunque no la dejaron entrar, estuvo ahí para cuando salí, sin haberse movido de lugar. Quizá supuso que me sentiría triste al salir y me propuso que fuéramos a comer un pan. La verdad sí lo estaba.

    2- Ate. No sabría contestar por qué sin sonar muy trivial, pero fue el único hombre del jínnliù además de mí antes de que llegaran los gemelos y, por lo tanto, me sentía cómodo con él de un modo que no podía con las chicas. Supongo que es natural entenderse mejor con los de tu género en determinados mometos. Visité muchas más veces su casa que las de todos los demás, y podíamos hablar de casi lo que fuera. Con las chicas todavía me muestro muy optimista. Es con Ate con quien tengo el valor de no estar sonriendo a cada rato.

    3- Yuska. Me divierte. Además es la única de nosotros que parece tener una pasión por algo: el deporte, sobre todo lo relacionado con las carreras de bicis. Su determinación para no rendirse me hace querer desearle suerte y apoyarla en todo lo que se proponga, aunque no siempre le encuentre mucho sentido. A veces es fastidiosa, pero es difícil no querer seguirle la corriente.

    4- Sinke. Es el que tiene las charlas más interesantes, aunque un tanto difíciles y exageradas. Digamos que es divertido escucharlo hablar cuando te acostumbras, y hasta aprendes algo nuevo.

    5- Yake. Antes me ponía nervioso, aunque ahora ya me acostumbré. Se podría decir que sus pláticas son parecidas a las de Sinke, pero más serias y algo deprimentes, sin el factor entretenido de su hermano.

    6- Sentsa. Lo siento, jínne, me gusta tu sentido común y que en el fondo de tu arrogancia moral seas capaz de una gran humildad, como el día que perdiste las elecciones y ante toda la escuela te disculpaste, con lágrimas en los ojos, por no haber sido lo suficientemente buena para ellos; pero no puedo dejar de sentir que a tu lado me siento restringido; no es tu culpa, me restrinjo yo mismo para que estés contenta conmigo; es problema mío. Aún recuerdo cómo estuve a punto de decidir que los gemelos no se unieran a nosotros sólo para que no te enojaras conmigo, y desde ese momento intenté evitar cualquier actitud o comentario que pudiera no agradarte. Me das miedo, como la lideresa del jínnliù que eres, y no quisiera enojarte.

    Tal vez esta lista sea muy superficial todavía. Intentaré hacerla más precisa después.


    ***​


    —¡Estaba a punto de decir tantas cosas a ese juez! —se quejó Sinke con su hermano.

    Yake no le regresó ninguna réplica hasta que, minutos después, las mentes de todos fueron bombardeadas de recuerdos. Eso no le importó a Sinke.

    —Tenemos que regresar —dijo.

    Sentsa, quien al recibir sus recuerdos parecía estar a punto de entrar en pánico, murmuró un “No”.

    —Ya terminó todo, hermano —dijo Yake—, olvídate de esa realidad —miró a Yuska, quien pensaba con la mano tapándole la boca—, ya tenemos una más aquí.

    —¿No entienden lo que esto significa todavía, pese a todo lo que hemos visto? —preguntó Sinke, incrédulo— Podemos elegir qué en qué tipo de realidad será. No sé cómo es que todos pueden venir también, pero hay que averiguarlo…

    —¡No! —gritó Sentsa. Había perdido el control, y ahora lo encaraba colérica y llorosa. Todos guardaron silencio— ¡No más universos paralelos, por favor! Tal vez es divertido para ti porque no eres de este mundo… pero yo tengo miedo, tengo miedo.

    —¿De qué? —preguntó Sinke, retador.

    —¡No importa de qué! —contestó Sentsa— Sólo promete que no intentarás llevarnos a otra realidad. No piensen en ninguna metáfora que les haya dicho su maestro o lo que sea que nos haga salir de nuestra realidad.

    Y al hablar se le acercaba a Sinke alzando cada vez más la voz. El gemelo no le contestó, sólo adoptó un aire tranquilo y asintió suspirando. Cuando Sentsa se fue de ahí, instantes después, se prometió que si algo así volvía a pasar, dejaría el jínnliù.


    ***​


    Sentsa se encontrará con Ima Lib a la entrada de la escuela, ésta abrirá la boca al verla y se irá apresuradamente. Tal parecía que, desde lo ocurrido hacía más de un año, Ima Lib había adquirido una especie de fobia hacia los jínnyi, provocada por la vergüenza, y durante el resto del año y el año siguiente los había evitado lo más posible, volviendo sobre sus pasos, desviando su camino o esperando tras alguna esquina. Sentsa, quien, debido a las nuevas circunstancias que había vivido desde entonces, había comenzado a ser más sensible hacia los sentimientos de los demás, la detendrá de un grito. ¡Espera, Ima! La chica de rostro angelical desconfiará por un instante y se detendrá mientras Sentsa se le aproxima, pero al llegar con ella se dará cuenta de que no sabe qué decirle. ¿Cómo estás? Saludó intentando sonar amable, pero no pudo evitar cierta rudeza en su tono. Eh… bien, dirá Ima Lib. Y tras cinco segundos de silencio incómodo, Sentsa se atreverá a decir: Oye, ¿está todo bien en serio, con respecto a lo de hace un año? Por primera vez se dará cuenta de lo incómodo que es el hablar con alguien con quien no se ha hablado en la vida, y por quien, no obstante, se llega a sentir algo de lástima, todo eso sumando al temor que Ima por naturaleza demostraba hacia ella. No esperará una mejor respuesta que un Sí titubeado. En su lugar, Ima Lib dirá: No quiero hablar de eso. Con algo de alivio ante una respuesta que la liberaba de seguir la plática (aunque sin sentirse del todo liberada), Sentsa se despedirá. Espera, interrumpirá su partida Ima Lib. Sentsa verá que la chica tiene unos brillantes ojos tristes, pensará que se esfuerza por decir algo, pero no encuentra las palabras. Nada, dirá finalmente, bajando la cabeza. Si Sentsa hubiera sabido que aquella sería la última vez que cruzaría palabras con Ima Lib, no se habría ido tan rápidamente. Quizás imaginaba que tendría la ocasión de volverle a hablar en algún momento del resto de su estadía en el instituto Ítuyu. No estuve yo ahí para atestiguarlo.


    ***​


    Después de la silenciosa disolución del jínnliù, Kanyu acudiría a casa de su novia para tener algo de consuelo; aunque no lo diría de ese modo, sino que sólo se sentaría con ella abrazándola. Ella escucharía la triste noticia y pensaría que nunca había visto a su novio tan deprimido. Después se besarían, creyendo Ima que así Kanyu sería más feliz. Él le correspondería con más caricias, cada vez menos inocentes; Ima se dejaría tocar amorosamente por primera vez en partes de su cuerpo que otros chicos sólo visualizaban en sus fantasías. Si no hubieran estado los padres de Ima en ese momento en la casa, no se habrían contenido y se habrían dirigido a la habitación de Ima.

    Al despertarse por la mañana, después de un sueño intranquilo que lo había dejado amodorrado, Kanyu bajaría a la cocina a prepararle el desayuno a su primo Prake, y al subir de nuevo, con la intención de seguir durmiendo, se encontraría en un universo paralelo en el que el jínnliù nunca había existido.
     
  12. Threadmarks: Capítulo 29. Batallas
     
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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Ciencia Ficción
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    Capítulo 29. Batallas


    81


    Un barco descascarado de madera marrón, pudriéndose y astillándose. Arrugas de humedad lo surcan de la popa a la proa.

    —Parece una nuez gigante —dice Kanyu.

    El oleaje los mece con un movimiento arrullador. Sentsa, apoyada contra el barandal, el agua a su espalda, asiente y vuelve a su estado adormecido, con los ojos abiertos.

    En la parte de abajo, Hinta descubre un camarote lleno de cajas de madera repletas de oro en forma de gotitas.

    —Parece miel —dice Sinke antes de regresar a la cubierta.

    “¿Existe un dios en esta realidad? Un dios que aún sólo haya querido crear agua y nada más. No tengo memoria alguna de la tierra en este mundo. Los demás ya no dicen nada, ¿se han hartado al fin? ¿Habrán aceptado ya nuestra realidad?”

    Sinke empuña el timón; sin camisa, deja su piel tostarse al sol. Una suave bruma impide la vista del horizonte por todos los extremos. Sinke tararea una canción pueril y fastidiosa, como la que le cantarían a un niño, a veces pronuncia palabras en ningún idioma y sigue tarareando.

    “Se siente como si pesara mucho mi cuerpo, pero ellos no dicen nada”.

    —Yuska, ¿en qué piensas? —pregunta Yake.

    A ella poco a poco le deja de importar todo.

    —Nada —dice. Aparta la mirada. (Debemos llegar antes de que comience la tormenta nocturna).

    —¿A dónde? —dice Yake.

    —¿A dónde qué? —dice Yuska. (No, mejor ahoguémonos todos de una vez).

    —¿Por qué dices eso?

    —No estoy diciendo nada.

    Era verdad.

    Todos menos Sinke sentados en la cubierta. Yake sigue oyendo lo que nadie dice. (Ayer apenas pudimos escapar con la carga, pero si no le hacemos mejoras a este barco, pronto será un montón de basura) “Kanyu es el que piensa, se oye rudo y preocupado, es porque aquí somos contrabandistas. ¿Pero cómo existe el oro o la madera si nunca ha habido tierra en este mundo?” (Les dije que ya quiero volver, pero siempre es a otro lugar, debí haber dejado el jínnliù antes) “Sentsa, no seas dramática. Hay un modo de parar estos viajes, sólo hay que averiguarlo”.

    Sinke se había callado.

    “¿Cómo vas a resolver este problema si no haces nada?”, “¿Hermano?”, “También te escucho a ti y a los demás. Ellos no se han dado cuenta, pero están gritando directamente a mi cerebro”, “También siento sus cuerpos casi como si fueran el mío. Mira, Ate mueve su mano hacia la derecha al ras de la cubierta, míralo sobresaltarse”.

    —¿Qué te pasa, Ate? —pregunta Hinta.

    —Na…nada.

    “Me siento en el área motora de su cerebro, me puedo mover hacia el resto de sus sentidos”, “Lo siento ahora yo también, estoy viéndote la espalda a través de los ojos de Sentsa. Siento su coraje, su odio, su desesperación. Nos culpa a los dos; los estamos condenando a una existencia miserable de la que no tendrían que ser parte, sería mejor si continuáramos los dos solos”, “¿Qué pasó con regresarlos a todos a su realidad? ¿Todavía recuerdas? Debíamos juntarlos para regresarlos a su mundo, ¿qué salió mal, por qué no podemos arreglarlo?”, “Ya no nos es posible simplemente imaginar; nada sucede, no supimos controlar nuestro deseo de continuar con estos viajes, y ellos son los que lo están sufriendo”.

    —Me muero de hambre —dice Ate.

    Entra a la cabina y sale con unas migajas de carne de origen desconocido; es todo lo que hay.

    Sinke divisa las jorobas de tres ballenas, cerca del borde en el que comienza la neblina, que se hace más densa y alta conforme el sol avanza. Sinke siente una subida de su ánimo, extiende su mano hacia una de las ballenas y la mira fijamente. Se la escucha gemir con miedo, la fuerza invisible la va acercando contra su voluntad al barco.

    —Así que eso es lo nuevo que saben hacer —se ríe Sentsa, con un poco de histeria.

    La ballena está ya muy cerca del barco y lejos de sus compañeras, que siguen su camino aparentemente sin darse cuenta. Sinke la hace levitar fuera del agua. Hinta y Ate observan incrédulos cómo comienza a quemarse sin razón aparente, víctima de una combustión espontánea. Se retuerce impotente a pocos metros sobre el agua, que es para ella un alivio inalcanzable para su agonía. Huele sabroso cuando la carne se le ha cocinado. El fuego se le apaga. Grandes pedazos se desprenden de esa ballena y llegan volando hasta el barco.

    Comen todos. Los restos de la ballena muerta son abandonados después, para los tiburones.


    ***​


    Tras varias horas, la distante bruma, que antes era casi totalmente transparente, se había vuelto completamente opaca y comenzaba a levantarse poco a poco hacia el cielo, amenazándolos con dejarlos encerrados en una prisión natural de agua y nubes. El mar también empezó a agitarse, los vientos soplaron en las velas y volvieron el barco inmanejable. Los jínnyi se refugiaron en el interior del barco durante un rato, apretujándose unos contra los otros hasta que escucharon que la madera crujía bajo sus pies. Mientras tanto, los gemelos intentaban controlar la furia de la tormenta que ya se había precipitado sobre ellos, la lejana bruma que ya cubría todo el cielo se acercó lentamente hacia ellos. Recordaban la habilidad que habían adquirido en el universo de los rascacielos, por lo que quisieron apaciguar el vendaval y el oleaje que aporreaba el casco. Desafortunadamente, los cuerpos de sus alter egos dolían cuando intentaban detener el viento y el agua. Lo único que podían hacer sin dificultad era comunicarse entre sí directamente a sus cerebros.

    La madera del suelo crujió y el barco comenzó a partirse por la mitad. Los jínnyi salieron a la cubierta y buscaron ayuda en los gemelos, presas del pánico. Se aferraron todos a cuanto pudieron cuando el barco colapsó en pedazos.

    Se sujetó Ate de una de las cajas que contenía oro, que no se hundía para su fortuna, y llamó a los demás. Sentsa casi es hundida por una ola pero Kanyu la tomó de la mano y se sujetó a los restos del mástil que aún flotaban. Yake ayudó a todos a subirse a los restos de la proa que se mantenían en la superficie. Sinke estaba flotando a poca distancia de ahí, observando con asombro la lejana pared de bruma.


    ***​


    —¿Tuvieron que matarse, verdad?

    —Sí. Aunque la tormenta había pasado, la cúpula de bruma seguía contrayéndose, acercándose a ellos, cada vez más negra y fría, y al mismo tiempo ennegreciendo y enfriando el mar. Ya no había sol; el cielo era un agujero sin fondo al igual que el océano. La proa también se hundía poco a poco, y la muerte de todos, al menos la de los jínnyi, era inminente.

    —¿Los gemelos hubieran podido sobrevivir?

    —Si hubieran logrado calmarse y concentrarse lo suficiente, habrían podido reactivar la habilidad natural que tenían en su realidad para controlar el agua y sobrevivir en ella sin ahogarse, quizás incluso habrían podido salvar a sus jínnyi si recordaban cómo volar, pero la realidad que yo atestigüé no les tenía deparado ese destino. Impotentes y llenos de miedos, culpas y otros pensamientos, llegaron los gemelos a la conclusión de que lo más justo sería si ellos mismos se suicidaban ahí mismo, porque al hacerlo sus mentes irían a otra realidad y sus jínnyi regresarían con ellos, para así al menos evitarles el dolor de ahogarse.

    —¿Por qué pensaron que muriendo ellos todos cambiarían de realidad? Estuve con un alter ego tuyo hace poco tiempo, y él sí fue testigo de cómo los gemelos aprendieron que la muerte de alguno de ellos resultaría en volver a su realidad. También estuve con otro que pudo ver que la muerte de uno de los jínnyi podía hacer que los gemelos sintieran la brana de su universo paralelo, supongo que porque la mente del que murió regresaría ahí de inmediato. Pero en todas las historias que tú has atestiguado y me has contado no veo razón alguna para que los gemelos supieran eso.

    —A mí también me sorprendió que dijeran eso, de hecho a todos les sorprendió esa afirmación repentina y los interrogaron, pero ellos estaban completamente seguros de esa verdad. Descarté que la desesperación que veían en sus jínnyi les hubiera hecho inventar algo absurdo que no iba a cumplir ningún propósito. Tuve que infiltrarme en sus mentes para explicármelo. Resulta que, desde que aquella odisea de viajes universales comenzó, habían estado captando inconscientemente los pensamientos de sus alter egos repartidos a lo largo y ancho de la existencia, pero eran pensamientos tan tenues, y en general tan insignificantes, que la inmensa mayoría se perdían en el fondo de sus cerebros, sobre todo las emociones nuevas que estaban viviendo propiciaban que esos recuerdos permanecieran escondidos, y sólo de vez en cuando alguno de ellos se manifestaba en sus consciencias. Cuando eso ocurría, tenían la sensación de haber recordado algo que nunca habían vivido o pensado, y simplemente no recordaban cómo lo sabían. En el caso de lo que yo atestigüé, ese recuerdo de que la muerte era la solución a los viajes lo habían adquirido en algún momento, pero no lo supieron hasta ese día en el barco, quizás las circunstancias y la desesperación hicieron que sus mentes se presionaran para que ese dato fuera recordado. Aun así no fue agradable, Yuska, Hinta y Kanyu intentaban desmotivarlos para que no lo hicieran, hasta Sentsa y Ate dejaron de lado su desesperación por un momento para reclamarles que era una idea absurda. Pese a que sólo era necesario que uno de los dos muriera, ambos se mostraron muy orgullosos para dejar al otro hacerlo solo, por lo que, al mismo tiempo, saltaron al agua y desaparecieron en las profundidades. Ya te imaginarás las reacciones de los jínnyi, confundidos, aterrorizados, pero en el fondo aferrados con esperanza en esa acción para al menos no sentir la muerte y regresar a su mundo. Los gemelos no tardaron mucho en morir; apenas podían verse el uno al otro en el agua oscura, sus sentidos desarrollados no se manifestaron en ese momento, pero aun así se encararon con orgullo y aspiraron el agua directamente a sus pulmones. Pocos minutos después, estaban muertos. Las mentes de los jínnyi abandonaron esos alter egos, los cuales perecieron en ese lugar sin entender qué había pasado.

    —Fue una suerte que recordaran lo de la muerte justo en el momento en que la proa iba a hundirse.

    —Tal vez, pero eso de poco serviría tomando en cuenta que la realidad en la que cayeron a continuación fue la más cruel de todas.


    82


    —¡Oigan, ustedes! ¿A dónde van?

    Yuska y Sentsa se encontraban a la salida del instituto Ítuyu. De repente sintieron un gran temor, y al voltear vieron a Déla mirándolas con desaprovación.

    —Lo sentimos, jefa —dijo Sentsa visiblemente nerviosa—, ya volvemos de inmediato.

    La suspicacia en los ojos de Déla se agudizó, levantó la mano hacia ellas.

    Las dos jínne se elevaron en el aire. Déla parecía intentar leer sus mentes desde el suelo. Vislumbraron recuerdos de esa realidad, en la que el instituto Ítuyu se encontraba en medio de la selva de Yâok, muy lejos de Shórsta. Recordaron las dos, incrédulas, que aquel era una ciudadela donde habitaban hechiceros, de los cuales ellas eran parte.

    Déla apretó aún más los labios.

    —Hay algo muy raro en ustedes dos —dijo—, y en un momento como éste no puedo correr riesgos.

    Caminó hacia el interior de la ciudadela. Las chicas flotaron tras ella como si las jalara un lazo invisible. En su camino vieron los edificios de la escuela convertidos en viviendas con puertas que que sólo eran arcos pintados de negro, todas las casas eran completamente blancas y de apariencia áspera, sin ningún tipo de decorado. Vieron a decenas de jóvenes y adultos que practicaban hechizos y encantamientos exclamando frases en diversos idiomas que, en esa realidad, se habían perdido para siempre desde hacía centenares de años. De sus manos desnudas brotaban fuegos azules y luces verdes; cambiaban de forma los muñecos de práctica que tenían delante o los hacían encogerse. Vieron a Súruk invocar un par de manos blancas gigantes, las cuales se movían en el aire obedeciendo sus propios movimientos, y así aplastaba y trituraba las rocas que sus compañeros le lanzaban invocando otros conjuros.

    Como ya dije, ninguno de los edificios tenía puertas. En su lugar, en la parte de enfrente había enormes arcos dibujados, el pedazo de pared que encerraban se volvía traspasable, como un holograma, ante todos los magos que quisieran entrar. Déla las condujo a uno de esos edificios que llamaban la Torre, extendió su mano, pensó un encantamiento y traspasaron la pared. El interior del edificio era un cilindro oscuro que se extendía hacia arriba por kilómetros, pero por fuera no llegaba ni a cinco metros de alto y era completamente cúbico. Había cientos de rectángulos dibujados a lo largo y alto del cilindro negro. Muchos de los rectángulos brillaban con una soporífera aura verde; el resto mantenía un color blanco opaco. No había escaleras. En su lugar, Déla las condujo hasta un cuadrado dibujado en el centro, el cual se desprendió del suelo y comenzó a elevarse instantes después de que Déla se parara sobre él.

    Las chicas subían flotando, y durante todo ese tiempo no se atrevieron a hablar, pero pensaban, casi con la misma exactitud, en lo preocupadas que estaban del destino del resto de sus jínnyi.

    La plataforma se detuvo a decenas de metros del suelo, justo donde terminaban los rectángulos verdes. Déla las hizo flotar hasta una de las puertas pintadas que no brillaba.

    —¿Qué nos va a hacer? —preguntó Sentsa.

    Déla no contestó, las hizo atravesar la pared y se encontraron en una habitación pequeña, completamente blanca y lisa como el plástico. Al entrar, el exterior de la habitación se iluminó con un brillo verde.


    ***​


    Elegí seguirlos hasta una realidad en la que la magia y la ciencia habían entrado en guerra. Durante cientos de años, los humanos que habían nacido con capacidades mágicas habían vivido al margen de los humanos con capacidades científicas, manteniéndose separados y conviviendo lo menos posible entre sí. Habían desarrollado sociedades independientes que fueron evolucionando de manera paralela conforme sus conocimientos aumentaban; así pues, los científicos desarrollaron curas para enfermedades mortales casi al mismo tiempo que los magos dominaron encantamientos para solucionar el mismo problema; los magos habían perfeccionado sus habilidades de vuelo cuando los científicos inventaron tecnología que les permitía hacer lo mismo, y así durante toda su historia desde los comienzos de la humanidad. Dicha competitividad era generalmente ignorada por la mayor parte de los científicos y los magos, sólo un pequeño porcentaje de ellos se veía con recelo y abogaban para que sólo uno de los dos grupos imperara sobre la tierra, alegando cada quién las carencias y defectos de los otros desde sus puntos de vista. Los científicos argumentaban que los magos banalizaban demasiado las leyes que regían la realidad con su fantasiosa palabrería, y que, debido a lo aparentemente sencillo de su modo de vida, algunos jóvenes de la raza científica podían ser seducidos por esos encantamientos que parecían hacer aburrida la comprensión del mundo por medio de la experimentación científica. Los magos, en cambio, criticaban que los científicos eran unos cerrados de mente por pensar que el único modo serio de abordar y conocer la realidad era a través de fórmulas y ecuaciones que requerían muchos años de formación para ser comprendidas, y que sus inventos y máquinas increíblemente complejas eran menos eficientes y requerían demasiado esfuerzo inútil en comparación a sus hechizos y conjuros; alegaban también que la magia no era un paraíso de facilidad como los científicos suponían, sino que los riesgos que se corrían durante su entrenamiento y perfeccionamiento eran cientos de veces más peligrosos que las combinaciones y reacciones químicas más peligrosas de los científicos; también se daban los casos en los que los jóvenes magos quedaban fascinados con los experimentos de los científicos, sobre todo por el hecho de que pudieran salir grandes maravillas sin necesidad de la magia, simplemente con el puro ingenio y entendimiento de leyes físicas que ellos no necesitaban aprender. Por tales motivos, muchos magos se sentían menos inteligentes que los científicos, y muchos científicos se sentían más ineficientes que los magos.


    ***​


    Te encontrarás en el centro de la explanada de la ciudadela Ítuyu, viendo entrenar a tus compañeros de guerra, cuando Déla venga a decirte que, por alguna razón, las mentes de dos de las reclutas son inmunes a sus intentos por leerles las mentes, y que las ha encerrado por miedo a que sea alguna treta de los científicos. La acompañarás hasta la celda y la abrirás.

    —Sinke —dirá Yuska, pero callará al ver en tus ojos una severidad que ella no conoce.

    Les leerás las mentes sin dificultad y verás en ellas la sorprendente historia que guardan esas memorias. Una parte de ti se dará cuenta de que no eres más que un invitado en el cuerpo de un alter ego.

    —¿Algún problema, señor? —preguntará Déla, inquieta por tu silencio.

    Le sonreirás presumidamente.

    —Tu habilidad para leer mentes se ha debilitado, Déla —dirás—, solamente pensaban en dar un paseo para calmar el estrés que, sin lugar a duda, estamos sintiendo todos en este momento. Déjalas salir.

    Déla, avergonzada por su acción apresurada, las hizo subirse en la plataforma y descendieron.


    ***​


    —Lánzalos ahora —dice Délo severamente, desde su monitor.

    Kanyu mira inquieto el tablero, no entiende las opacas figuras de la pantalla. Yake, frente a los monitores, espera con ansiedad.

    —¡Kanyu! —exclama Délo.

    Kanyu tiene una sensación extraña al pasar la mano sobre una figura redondeada con trazos rojos, la presiona y cambian los botones del panel, su mano se dirige por instinto al botón de una figura similar pero gris.

    De la estación del desarrollo tecnológico salieron volando decenas de esferas metálicas hacia la ciudadela Ítuyu.

    —Eh, la primera ola llegará en treinta segundos —dice Délo—. Las coordenadas están en orden, la Torre estará fuera de peligro.

    Kanyu y Ate, una vez conscientes del cambio, se miran y gesticulan sin decir nada, ven a Yake tan sumido en la trayectoria de las esferas y entienden que no recuerda. Ate decide enviarlo todo al demonio y sentarse en silencio, esperando a ver qué sucede. En el panel se ven las esferas estrellarse contra la ciudadela Ítuyu.

    —Comienza ahora —ordena Yake.


    ***​


    Los patrulleros de la ciudadela habían apresado a Hina, que había osado aproximarse a a ciudadela siendo ella una científica. Los magos la recibieron con hostilidad y la llevaron levitando hasta Sinke.

    —Vengo a prevenirlos a todos —dijo con firmeza—: mis compañeros planean atacarlos por sorpresa dentro de dos días.

    Sinke intentó leer su mente, pero no pudo.

    —¿Cómo esperas que confiemos en ti si tienes activado esa cosa que impide que les leamos las mentes?

    —El chip que nos hace inmunes a sus ataques mentales los mantiene controlados la institución de científicos; no decido yo cuando desactivarlo. Tendrán que confiar en mí.

    —¿Por qué una científica querría prevenirnos? —dijo Dúyu, mostrándole un puño brillante listo para carbonizarla.

    —Por favor —dijo Hinta—, estoy completamente indefensa ante sus ataques; no tengo ni mis escudos ni mis armas y estoy completamente sola, si esto fuera una trampa ya lo habrían detectado porque conozco la eficacia de sus escudos. Sin embargo, les digo que los científicos han logrado crear un metal que su magia no puede detectar y planean usarlo contra ustedes en dos días.

    —Eso no responde la pregunta —dijo Sinke—, ¿por qué querrías ayudarnos?

    Hinta levantó la frente.

    —Porque quiero cambiarme de bando —dijo—. Después de vivir tanto tiempo como científica, me he dado cuenta de lo vacío y frío que es ese mundo, la mentalidad de los científicos me ha decepcionado y hartado, y he empezado a admirar a ustedes, los magos, y cómo su mente es en realidad superior a la nuestra en muchos aspectos. Pienso que puedo ayudarles a ganar la guerra; tengo mucha información y podría conseguirles más.

    —Tus palabras no son suficientes por ahora —dijo Sinke—, haremos algo al respecto para prevenir el ataque que dices, y si es verdad, te consideraremos una aliada. En caso contrario, te arrepentirás de haber venido.

    Fue encerrada en uno de los calabozos de la torre.


    ***​


    Se había dado la orden de prepararse para una evacuación al día siguiente, y mientras tanto los magos no dejaban de vigilar el horizonte de la selva.

    El día del ataque, Sinke estaba meditando profundamente acerca de lo que había visto con Yuska y Sentsa tan sólo hacía unos minutos. Poco a poco sentía que la personalidad del Sinke de ese mundo adquiría conciencia y opinaba sobre ese mundo y esa guerra. Sin embargo, el repentino sonido de una explosión lo sacó de sus cavilaciones. Todo un edificio del instituto había sido reducido a escombros por el impacto de una de esas esferas que no podían detectar. Corrió la alarma. Los magos se juntaron para desviar la trayectoria de las esferas que la siguieron, sin embargo éstas explotaban apenas sentían el influjo de la mágia intentando detenerlas, por lo que continuaban haciendoles daño por las ondas expansivas.

    Sinke salió a tiempo para evitar que las últimas terminaran con toda la ciudadela. Mirándolas fijamente, las hizo detenerse en el aire haciendo un esfuerzo increíble. Al explotar las esferas, Sinke absorbió la onda y evitó más daños. Necesitó un momento para descansar después de eso.

    Muchos de sus compañeros murieron por alguna de las explosiones. Estaba a punto de ordenar que abandonaran la ciudadela y alertar a los magos de otras regiones, cuando por la puerta de la Torre salió su hermano, acompañado de un pequeño ejército de científicos en sus trajes resplandecientes como la plata.

    Sin tener tiempo de pensar, comenzó una batalla.


    ***​


    Sentsa no dejaba de maldecir a Sinke mientras se encontraba en uno de los caminos blancos de la ciudadela, fieles representaciones del instituto Ítuyu de su mundo. Se quejaba de siempre tener que volver a aparecer en otra realidad y de no entender nunca qué demonios sucede con los eventos a su alrededor, y más aún si los gemelos se han olvidado de quiénes son. Yuska dice que comienza a recordar cosas de ese mundo. Le cuenta sobre la inminente guerra entre los científicos y los magos cuya primera batalla podría comenzar de un momento a otro. Sentsa se detuvo al oir eso, y recordó el aviso del ataque que la chica rubia había hecho el día anterior. Tuvo un temblor en la espalda en cuanto recordó que se trataba de Hinta, y que también había sido encerrada en la Torre, en una de las celdas de abajo. Mientras corrían hacia la Torre no dejaban de preguntarse si se hallaba a salvo, si los magos le habían hecho algo malo en algún momento que ellas no pudieran recordar. Yuska decidió que si estaba herida, se enfrentaría a Sinke. Cuando llegaron a la Torre se dieron cuenta de que no recordaban el encantamiento para poder entrar. Sentsa vio que algunos de los alumnos las observaban sospechosamente y se presionó para recordarlo. Yuska intentó ver en lo más profundo de sus recuerdos; cientos de encantamientos en palabras extranjeras aparecieron frente a sus ojos, cada una se relacionaba con algún efecto o algún ataque: vio fuego, agua, madera, heridas y fragmentos de edificios y partes del cuerpo, poco después vio aquella misma puerta dibujada en la Torre, se dejó llevar por la primera palabra que sintió, extendió la mano hacia ella y pensó: “dadurch”.

    Al atravesar la puerta, Hinta se encontraba fuera de su celda, al primer instante se sonrieron aliviadas, Yuska corrió hacia ella, pero de repente Hinta reaccionó como si eso fuera un ataque: retrocedió varios pasos y de sus manos con guantes grises surgió un brillo eléctrico. Yuska y Sentsa, instintivamente, le apuntaron haciendo brillar sus puños con un aura roja. Cada una se quedó muda mirando aquellos efectos que salían de sus manos, sus cuerpos se tensaron, sus ojos se encontraron pavorosos. Instantes después, un estruendo sacudió la Torre, seguido a los pocos segundos de varios más.


    ***​


    Hinta se encuentra en el interior de una celda blanca recostada contra la pared, el brillo de los muros es tan fuerte que tiene la necesidad de esconder los ojos entre los brazos. Tiene un leve pánico que casi inmediatamente es superado por una sensación de satisfacción y seguridad, como si supiera que lo único que tiene que hacer es esperar sin nada que temer. Permanece así por una hora, tiempo en el cual recuerda levemente la historia de ese mundo. También se da cuenta de que frente a sus ojos aparecen unos números y letras, como si viera desde la perspectiva de un robot. No se asusta; se deja llevar por la curiosidad. En un momento siente que ha llegado la hora de hacer algo. Se pone en pie, toca la puerta pintada de su celda con la palma. Unos números y letras cuyo significado no comprendió del todo aparecieron frente a sus ojos. Dejándose llevar por los conocimientos de su alter ego, seleccionó números y letras uno tras otro hasta que la pared se volvió traspasable y salió. Observó las puertas pintadas de las celdas de la torre cilíndrica, que se extendían hacia arriba hasta lo que alcanzaba la vista. Instantes después, vio a Yuska y a Sentsa aparecer a través de la puerta pintada que da al exterior de la Torre.


    ***​


    “Comienza ahora”, escuchó Hinta en su cabeza la voz de Yake poco después de que cesaran las explosiones. Mientras Yuska y Sentsa seguían apuntándole, apareció un comando frente a sus ojos, a lo cual dio la orden de ejecutar. “Sistema de teletransporte activado”. Hinta apunto con la palma hacia el centro de la torre con un movimiento robótico que no pudo controlar; su brazo temblaba y su rostro sudaba. Yuska y Sentsa retrocedieron hasta quedar contra la pared.


    ***​


    La circunferencia en el centro de la sala de comando se iluminó.

    —Bien hecho, Hinta.

    —Yake, ¿todavía no recuerdas nada? —dijo Kanyu con una voz incrédula, casi le imploraba con la mirada. El resto de los científicos lo observó como si sospecharan— ¿No te das cuenta de que estamos en otro universo paralelo?

    —Kanyu —dijo Ate—, cállate.

    Todos se dirigieron al círculo.

    —Tú quédate —dijo Yake a Kanyu—, espera mis órdenes.

    Y sin embargo esa pregunta de Kanyu logró que una parte de Yake reaccionara, pero sin quitarle el dominio a su alter ego. Antes de desvanecerse dentro del círculo, Yake miró a Kanyu por un instante como si lo reconociera.


    ***​


    De la palma de Hinta salió una circunferencia verde que aterrizó en el suelo con brusquedad. De ella se materializaron Yake y los científicos, entre ellos Ate. Al ver a las dos magas en ese lugar, los científicos activaron las ondas de choque de sus manos para matarlas, pero Yake los detuvo, y en su lugar las inmovilizó con una onda paralizadora. Ambas cayeron al suelo, gimiendo por los calambres de sus cuerpos; sentían que se ahogaban.

    —¿No vas a matarlas? —preguntó Délo.

    Los alter egos de Hinta y Ate no les permitieron lanzar ni una exclamación de miedo o protesta, sólo rogaron porque Yake las reconociera. Las convulsiones de Yuska y Sentsa fueron apaciguándose, respiraron con dificultad y permanecieron con los ojos cerrados mientras el dolor las abandonaba.

    —No. No son peligrosas —dijo Yake, con piedad en la voz—. Rápido, continuemos.

    Yake puso su mano sobre la pared, de manera similar a cómo lo había hecho Hinta. Ignoró los cuerpos de las chicas que se recuperaban, pero una parte de su mente continuó atento a ellas. Después de unos segundos las luces de las puertas pintadas se apagaron, de ellas salieron decenas de científicos que habían sido encerrados por los magos en el transcurso de varias semanas. Afuera, los estallidos del ataque ya habían cesado. Los científicos de las celdas elevadas descendieron activando los magnetos de sus pies que les permitían levitar. Los colegas recién liberados abrazaron a los compañeros que los habían rescatado, pero apenas pudieron intercambiar palabras de alegría porque de inmediato Yake les recordó que aún no se terminaba su misión. Les explicó que durante su cautiverio, sus compañeros habían logrado desarrollar una tecnología capaz de repeler los ataques más peligrosos de los magos y usarlos en su contra. En cuanto fueron liberados, esa tecnología les fue dada a través del sistema inalámbrico del chip que tenían en los cerebros. Era una tecnología tan avanzada que incluso podía burlar el encantamiento mágico que los había mantenido aislados de comunicación en la Torre. Los científicos comenzaron a emitir un brillo similar al que Hínta había tenido en los brazos. Activaron sus escudos, preparados para cuando Yake abriera la puerta de la Torre y salieran a atacar.


    ***​


    Los científicos rápidamente superaron a los magos; sus rayos paralizadores inutilizaban a todos los que se les pusieran en frente, quedando decenas de magos expuestos a otros ataques y reducidos a polvo. Aquello no evitó que algunos magos pudieran quemar, congelar o desintegrar a muchos de ellos con las manos blancas gigantes, pero aquella valiente resistencia de los magos no fue suficiente para contrarrestar esa nueva tecnología, y ahí donde un mago lograba matar a un científico, un científico mataba diez magos.

    En el interior de la Torre se quedaron los jínnyi. Hinta y Ate habían logrado no seguir a los demás y apuntaban a las chicas en el suelo sin mirarlas. Las dos comenzaron a incorporarse; los vieron sin rencor alguno, pero sí con algo de dolor. Cuando se levantaron por completo, sus manos volveron a iluminarse y esta vez tuvieron que luchar con todas sus fuerzas para no dispararse. Todos cerraban los ojos, Hinta gimoteaba un poco, Yuska miraba a su propio brazo con odio.

    —¿Dónde está Kanyu? —preguntó Sentsa, casi gritando.

    —Él se quedó en la base —dijo Ate, apretando los dientes.

    Volvieron a quedarse en silencio, resistiendo los cuatro sus ganas de matarse. Las luminosidades de sus manos hacían un sonido eléctrico cada vez más fuerte; aquella energía ganaba fuerza a cada segundo.

    —¿Por qué no podemos mover los brazos? —preguntó Yuska, desesperada.

    Se escuchó un agudo silbido. Sentsa sintió un intenso dolor en el muslo derecho. Una herida provocada por un aire cortante comenzó a sangrarle. La luminosidad de la mano de Hinta había menguado.

    —¡Perdóname, Sentsa! —suplicó Hinta— No fue mi intención.

    En ese momento, de la circunferencia del suelo se materializó Kanyu. Había desobedecido pensando optimistamente que Yake ya debía haber recordado algo más, tomando en cuenta la manera en que lo había visto antes de desaparecer por el círculo, pero al ver aquella escena se le borró todo rastro de optimismo.

    —¿Qué están haciendo? —gritó Kanyu.

    La otra mano de Yuska le apuntó.

    —¡No podemos controlarlo! —gritó furiosa.

    —¡Regresa ahora, Kanyu! —gritó Ate— En cualquier momento ya no podremos controlarnos más. Nos vamos a matar.

    —No, no —dijo Kanyu apretando los puños, los cuales comezaron a brillar tenuemente, sintióse dominado por una inmensa ira y apuntó a Yuska y Sentsa—, vamos a escapar a tiempo, nadie va a morir —su voz era temblorosa, histérica—, los gemelos van a recordar y saldremos de aquí en cualquier momento.

    Todos cerraron los ojos, todos sintieron la ira apoderándose de ellos. Era inútil seguir combatiendo contra la naturaleza que aquella realidad les había dado. Antes de que alguno diera el primer golpe, la Torre sufrió una violenta sacudida. El techo se vino abajo y estuvo a punto de aplastarlos. Hicieron pedazos algunos fragmentos con sus ataques para salvarse. El cielo apareció en lo alto y la mágia de la Torre desapareció; se desvanecieron las puertas pintadas, el negro cilindro se volvió una habitación cúbica y blanca sin techo. Vieron a los gemelos volando, enfrascados en su violenta pelea.


    ***​


    Sinke atacaba con mágia; Yake atacaba con ciencia.

    Me tendiste una trampa, hermano, y destruíste mi ciudadela; los científicos ganaron esta batalla, pero los magos aún no hermos terminado.

    La magia nunca le ganará a la ciencia, hermano.

    Yake disparó un brote de rayos gamma en miniatura, el cual desapareció apenas fue esquivado. El cegador destello del ataque de Yake casi deja ciegos a los jínnyi, que descuidadamente lo observaban desde el suelo.

    Si te toco aunque sea una vez, desaparecerás, hermano.

    Yake continuó lanzándole los rayos gamma. Los resplandores hacían imposible mirar hacia arriba.

    —¡Ya no puedo más! —gritó Sentsa antes de lanzar una esfera de fuego a Kanyu.

    Kanyu la repelió activando un escudo de electrones. Esa acción fue suficiente para que el resto perdiera definitivamente el control de sus cuerpos. Comenzó una batalla entre Hinta, Ate y Kanyu contra Yuska y Sentsa. Los brillos y chispas que surgían de sus manos rígidas intentaban atinar y al mismo tiempo corrían y eludían para evitar ser lastimados. De Sentsa surgieron dos manos blancas que aprisonaron a Kanyu y lo estrujaron hasta sacarle gritos, pero de inmediato lo soltó debido al calor de las manos de Hinta que acudió en su rescate. Yuska se protegía de las luces de Ate con una barrera invisible que absorbía el calor para regresárselo con más fuerza. Los fuertes resplandores de la batalla que se liberaba en el cielo iluminaban constantemente a las figuras encerradas en la destruida torre. Los tres científicos, viendo que no lograrían traspasar su defensa mediante sus armas normales, recordaron sus paralizadores, cuya tecnología era nueva y su alcance más elevado y difícil de detener para las magas. Las dos volvieron a quedar tendidas en el suelo, tal y como había pasado con Yake. Los científicos esta vez se dispusieron a matarlas. En ese momento, Sinke se cansó de huír como cobarde ante esos rayos mortales de Yake. Lo encaró, decidido a usar todo su poder para absorber un rayo y devolvérselo con más potencia. El rayo salio de la palma de Yake y Sinke lo recibió. Debido a la reacción con su magia, hubo un gran resplandor parpadeante tan caliente como un sol. Los jóvenes magos y científicos quedaron ciegos y sordos al instante. El intenso estallido se volvió repentinamente una alegre música de carnaval.



    83


    Soñó Sinke que se encontraba en una región desértica, similar al desierto del sur de Danzilmar, siguiendo un maltrecho camino formado por el paso de vehículos que poco a poco desaparecía por falta de uso, la vegetación marchita suplicaba por una gota de agua y los guijarros puntiagudos se clavaban en las plantas de sus pies; la arena sucia y áspera se los ennegrecía. Cuando el sol estuvo en su punto más alto, el camino ya no era diferente a la arena, rocas y plantas secas, pero a lo lejos observó un bosque de arena, indicando el fin del desierto para entrar en un clima tropical. Las palmeras y cocoteros brillaban de humedad por alguna lluvia que las había refrescado, sus sombras producían frescos espejismos que apagaban la sed, la arena sedosa y fina acariciaba y limpiaba sus pies de la amarga arena del desierto. Caminó hasta que llegó a un río que se abría entre la arena, amplio y diáfano, inmóvil como una columna de mármol, parecía que todos los peces y plantas que habitaban su hondo lecho podían ser alcanzados fácilmente con la mano. Caminó a lo largo del río, esperando hallar su desembocadura o su nacimiento, pues la inmovilidad de las aguas era tal que no podía saber hacia cuál se dirigía. Vio a un ser sumergiendo sus pies en la orilla; estaba adormilado y bostezaba quedamente, sus ropas eran como trapos cafés roídos por el tiempo.

    —Hola —dijo Sinke— ¿Quién eres?

    —Me llamo Ate.

    —¿Qué haces aquí?

    —Soy y estoy aquí.

    Sinke se sentó a su lado y metió los pies en el río; las aguas lo abrazaron con su reconfortante frescor.

    —¿Por qué estás aquí?

    —He decidido vivir sin preocuparme por nada ni nadie, sin hacer nada ni aspirar a lograr nada.

    —Qué miserables es entonces tu existencia.

    —¿Quién eres tú para decidir lo que me hace miserable a mí? Cada mañana desentierro el cuerpo de la arena y contemplo la suave luz del sol que se filtra entre las hojas de las palmeras, extiendo mi mano y como uno de los hongos de arena, me refresco en el río, agarro un pez y me lo como, me paseo por el bosque de palmeras deleitando mis ojos y mis pulmones, camino hasta la playa para ver la puesta del sol y me duermo ahí donde caigo, abrazado por el viento salado, la arena y el olor de las rocas. A veces, cuando llueve, me meto en el río, ahí me masturbo y duermo flotando en el agua, a veces trepo las palmeras y me quedo ahí todo el día casi sin moverme, a veces me pongo a jugar con los cangrejos antes de comérmelos. Miserable no soy.

    —Vuelve a tus semejantes, vuelve al mundo, vuelve a la vida. Busca la compañía y el calor de otros humanos. Es imposible, o al menos es estúpido, alcanzar la felicidad si no es entre los otros. La felicidad en sí misma es absurda, egoísta y sin sentido. Abandona tu suave arena y tus palmeras frescas, renuncia a tu viento salado y a tus aguas diáfanas. Acompáñanos en el ardiente desierto cuya arena nos hiere y cuyo viento nos sofoca, pues ese es el mundo y a él debes ser sumiso y obediente aunque no quieras. No oses buscar felicidad en otro lugar que no sea el desierto.

    —Viví entre la gente que vaga en el desierto como tú. No les importa mi felicidad o la de nadie más. Dicen: sólo se debe ser feliz en el desierto; la felicidad fuera de él es inaceptable. Por eso he decidido vivir aquí; ellos no van a decidir cómo debo encontrar la felicidad ni lo que me hace infeliz…

    —¡Espera! —Sinke se levantó, la cabeza se le despejó y se dio cuenta de que soñaba— Ya se ha vuelto evidente…


    ***​


    Mis padres me hicieron mudarme de escuela después del primer grado de primaria. Ni siquiera me avisaron, simplemente el último día de las vacaciones me dijeron que iba a ir a otro instituto. No me pondría a discutir con mi padre. Mi madre me dijo que encontraría otros amigos, después de todo, solamente había estado en esa otra escuela por un año, no habría sido tiempo suficiente como para ponerme muy triste por dejar de ver a nadie. Creo que no entendían que, al menos para los niños, un año es suficiente para crear una amistad que dure por toda la vida, o así lo creí en ese tiempo.

    No recuerdo qué dije en mi presentación, y es mejor así. Me senté hasta atrás y comenzó todo normal. Durante un momento en el que la maestra estaba ocupada calificando las tareas de matemáticas de ese día, Yuska caminó hacia mí. Nunca pude quitarme de la cabeza la manera tan familiar y confiada con la que me dijo “áiyo”, me asustó un poco, como si todo el contenido de su alma se viera reflejado en esa simple palabra. Creo que mi “áiyo” de respuesta también reflejó mi esencia, sólo que ésta era de gran falta de autoestima. El tono bromista con el que empezó a hablar me distrajo casi por completo de lo que decía. Preguntas simples y algo apresuradas: mi cumpleaños, mi color favorito, mi comida favorita. Era un interrogatorio y me sentí acosada. Sentsa vino a socorrerme y a reprender a Yuska. Sentsa parecía una madre, no una niña de primaria. Me dio algo de miedo, pero extrañamente también me hizo sentir segura. Yuska prácticamente me obligó a almorzar con ellas. Sentía que todo iba demasiado rápido. Quisiera recordar mejor lo que ocurrió ese primer día, pero por más que lo intente hasta ahí llegan mis recuerdos. Quizás no fue nada importante.

    Recuerdo que días después Yuska me regaló una banda roja para el cabello (la cual aún conservo), fue entonces cuando Sentsa explicó la tradición de que las mujeres danzilmaresas solían representar su amistad regalándose bandas para el cabello, generalmente roja, costumbre que estaba a punto de caer en desuso por el desinterés de la gente.

    Fue algún tiempo después, en clase de Civismo, que aprendimos la tabla de los “triángulos sociales de Danzilmar”, cada uno dentro del otro. Primero, el tyôliù, el triángulo que representa la unidad de toda la especie humana, desde los danzilmareses hasta los lituanos. Luego el màoliù, o el triángulo de la gente que comparte un país y una cultura en común, es decir, los danzilmareses y los lituanos tienen su propio màoliù. El siguiente es el kâoliù, en él se encuentra toda la gente con la que convives o has convivido, aquella cuyas acciones directamente ocurren cerca de ti, los maestros y los compañeros de clase son ejemplo de eso. El lànliù es el círculo de los amigos, las personas con las que te hayas asociado de manera un poco más profunda que el círculo anterior y que representen ya una parte importante de tu vida. Por último está el hyömliù, que representa a la familia y el es triángulo social más poderoso y el más importante de todos.

    Aquella clase no habría tenido tanta importancia en mis memorias sino hubiera sido por el hecho de que, días después, Yuska señaló a la maestra que había omitido un último triángulo que se encontraba entre el lànliù y el hyömliù: el jínnliù. Dijo que lo había buscado por su propia cuenta, y preguntó por qué no se encontraba en la tabla de los libros de texto. La maestra contestó que no era necesario porque los jínnliù prácticamente ya no existían salvo entre algunas personas mayores. Esa idea estuvo rondando la cabeza de Yuska por varios días, en silencio, y en su mirada y sus movimientos impacientes había una emoción que cada día era más notable.

    Para ese punto yo apenas me consideraba amiga de Yuska y Sentsa. Es verdad que no me animaba a hablar con nadie más; aparentemente el hecho de que Yuska y Sentsa me hicieran juntarme con ellas de algún modo desmotivó a los demás niños a hablarme, y aun cuando lo hacían nunca me atreví a comenzar una amistad por mi propia cuenta. Se imaginarán mi reacción cuando un día, mientras comíamos, Yuska dijo: “Saben, deberíamos formar un jínnliù”. Tal idea no disgustó a Sentsa, lo cual no me sorprendió después de conocerla por tantas semanas, pero aun así preguntó por la razón, y Yuska contestó que le parecía una buena idea simplemente porque, de ese modo, seríamos únicos en toda la escuela, y quizás en todo Danzilmar.

    Después de pensarlo un rato, Sentsa dijo: “Por mí está bien, sería cumplir con una buena tradición”. Yo no supe qué contestar. Pregunté qué sería diferente, y Yuska dijo que harímos lo mismo que siempre pero como si fuéramos hermanas. Sin estar del todo convencida, dije que sí.

    Ahora que lo veo todo en perspectiva, creo que la idea del jínnliù no la terminé de aceptar por completo hasta que conocimos a Kanyu, pero ese sentimiento de ser especial por el simple hecho de pertenecer a ese triángulo creció conforme vivimos experiencias los cinco, y llegué a pensar de verdad que era lo mejor que me había pasado en la vida. Ni siquiera ahora, en mi edad adulta, soy capaz de expresar con exactitud qué me hizo dejar de pensar así. Sin embargo, no me arrepiento de casi nada.
     
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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Ciencia Ficción
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    Capítulo 24. Grandes peleas

    67


    Por debajo de su temperamento infantil y verecundo, Súruk poseía una gran fortaleza física, producto de los años de entrenamiento en el Yúndáo que le había enseñado su padre. Por debajo de las ropas casuales con las que acudía a la escuela se escondían unos abdominales y unos bíceps bien formados, resitentes y cosquilludos. Dicha condición física era evidente para sus compañeros los días que tocaba deportes, en los que tenía ventaja sobre los demás y provocaba congratulaciones por parte de los chicos y suspiros de admiración en algunas chicas, quienes cuchicheaban su deseo de poder apreciarlo durante las clases de natación si no fuera porque estaban separadas por género. Contra lo que podía esperarse después de haberlo conocido un poco, su habilidad en la lucha era el único aspecto de su ser que no expresaba con modestia, sino que, al verse afrontado por algún comentario incrédulo o retador, no tenía vergüenza en levantarse y ponerse en posición de guardia hacia el chico que dudara de él. A veces una breve pelea se llevaba a cabo y terminaba en cuestión de segundos; a veces el retador se intimidaba por el fuego en los ojos del que normalmente sería como un niño indefenso, y todo terminaba antes de comenzar.


    ***​


    Súruk termina rápidamente con su contrincante, pasando así a la final del torneo. Durante todo ese tiempo se ha dado cuenta de Sinke, y pese a no haberle dirigido la palabra en ningún momento, no ha perdido ninguno de sus movimientos durante los combates; especialmente el que le da a Sinke el pase a la final contra él. Siente miedo de la resistencia del gemelo, de la velocidad de sus golpes y de su ojo para vaticinar los ataques del adversario. Sin embargo, al encararlo en la arena, Sinke lo sorprende al decir:

    —Perdona por ignorarte, Súruk, no conocía esta sección de tu definición. Mas la viviente prueba eres de que, en esta realidad al menos, las apariencias inconfiables son.

    Y Súruk se da cuenta de que Hinta estaba del lado de Sinke, junto con los jínnyi. Ella se había quedado sin palabras y con pensamientos culposos al saber que Súruk estaba participando, pues no sólo lo había rechazado sino que también fue ella quien le había dado a Sinke la idea de sustituir al que se había lastimado, por lo que no tuvo valor estar presente durante sus combates. Pero en ese momento siente injusto desaparecer durante el combate final de su jínn, y sólo evita mirar fijamente al adversario que tan tiernamente se le había confesado tiempo atrás.

    Entonces siente Súruk que el miedo lo deja para remplazarlo por una insoportable necesidad de luchar esa pelea, aunque acabe perdiendo y herido. Se pone en guardia, serio, como nadie lo había visto antes, y agradece el comentario del gemelo. Suena la alarma y comienza la lucha final del torneo.


    ***​


    “Sí, qué bueno, todo salió bien”, diría Súruk. (Qué sorpresa, Bái Semt, con razón el apellido de Hinta me parecía familiar) Los almuerzos comenzarían a ser lentamente comidos por la pareja a la sombra del techo del área común de alumnos.

    “La verdad me aterré un poco cuando se reconocieron”, diría Hinta, enrollando pasta en los dientes del tenedor.

    “Fue extraño verlos reaccionar así; luchando en tu dojo, con esa fuerza como si fuera algo serio, tuve la impresión de que querían resolver algún conflicto del pasado, tal vez sólo exagero”. (Has envejecido bien, Málg)

    “A mí también me pareció extraño que al final se reverenciaran”. (Al fin y al cabo esta rivalidad es entre nosotros, no entre ustedes. Pueden ser pareja si así lo desean)

    Súruk reiría con la boca cerrada, poniéndose rojo. “Y luego lo que dijo tu hermana”. (¡Ey! Si se casan y tienen hijos, serán como tiernas palomitas guerreras)

    “Siempre se mete en todo, qué vergüenza”, diría Hinta.


    ***​


    Ya casi anochece cuando Sinke termina colocar las tejas del tejado del dojo. El día anterior hubo un violento aguacero que duró por horas, el agua se había filtrado y había arruinado parte de la madera. Hinta llamó a Sinke para que lo ayudara a repararlo junto con su padre. El señor Semt y Sinke estuvieron trabajando toda la tarde; descubrieron que el daño era peor del que parecía; tuvieron que conseguir madera nueva y remplazar toda una sección del techo. Mientras trabajaban, se hablaban el suegro y el yerno en el antiguo sistema hiperbático del danzilmarés; hablaba Sinke de los poetas de la segunda dinastía Máryo, la favorita del señor Semt. Pese a que el señor Semt nunca se apartaba de su solemnidad y tranquilidad al hablar, fue evidente para Hinta que disfrutaba, o al menos no le molestaba, la compañía de Sinke, pues en ningún momento se quejó de sus breves instantes de reflexión filosófica exagerada, con peligrosos momentos a sugerir que la mentalidad del danzilmarés de querer sentirse orientales u occidentales era una tontería, los cuales no solían ser tolerados por nada del mundo por el señor Semt viniendo de alguien más. Tiempo después se enteraría Hinta, por medio de su madre, que tal excepción en el comportamiento de su padre era porque se había comenzado a dar cuenta de las contradicciones en su vida, sobre todo por sentir un gran respeto y aprecio al concepto danzilmarés del jínnliù siendo él tan apegado a lo oriental y ser muy duro con otros aspectos de la cultura puramente danzilmaresa. Los breves comentarios de Sinke, a veces disfrazados como palabrería incomprensible para todos los no acostumbrados al hipérbaton y vocabulario rebuscado, le hicieron pensar en eso seriamente aunque no lo demostrara, como si Sinke hubiera descubierto que la belleza de hablarle como los antiguos rompería su filtro anti-crítica.

    Al terminar finalmente con el techo, el señor Semt agradeció su ayuda y le ofreció que entrara a bañarse y a cenar, a lo que Sinke obviamente no se negó.


    ***​


    —Era como si las piernas de Súruk golpearan un tronco de roble, pero eran las piernas y los brazos de Sinke los que resistían sus patadas. En las luchas anteriores se había dado cuenta de eso; sabía que no tendría oportunidad de vencerlo, pues además de ser resistente, parecía Sinke leer su mente para interceptar todos los golpes que se dirigieran hacia una zona que marcara un punto de ser tocada. Sinke sólo se defendía, y tras unos minutos en que ninguno conseguía un solo punto, Súruk le dijo ¿Qué te pasa, por qué no me atacas? Pues su orgullo le obligaba a pedirle que no se contuviera. No sabía Súruk que Sinke había notado sus constantes ojeadas hacia la zona de sus jínnyi, deduciendo que esos vistazos buscaban a Hinta a causa de la expresión valerosa que adquirían sus labios y ojos, como si primero quisiera desistir de la lucha, luego la observaba y recobraba su confianza y deseo de, cuando menos, lucir su valentía. Sinke tuvo un desconcertante temblor en el cuello.

    —¿Sabía Sinke de la confesión de Súruk a Hinta?

    —De otro modo no habría podido suponer que intentaba ver expresamente a Hinta. Sin embargo, no fue algo que Hinta le contara. De hecho, Hinta únicamente se lo había dicho a Yuska pocos días después de la confesión, y ella siempre mantenía todos sus secretos como una hermana protectora. Sinke tuvo que deducirlo a partir de las observaciones que hacía cada vez que Hinta y Súruk se aproximaban, lo cual ocurría con cierta frecuencia dada la contigüidad de sus aulas y la presencia de otros alumnos con los que tenían relación de compañerismo en común. Observaba Sinke los claros síntomas de la vergüenza insoportable del rechazado y la vergüenza insoportable de la rechazadora. Habían dejado de hablarse por completo; si alguno veía al otro a lo lejos, modificaban sus direcciones para pasar lo menos cerca posible, si la aproximación era inevitable, por ejemplo, en las escaleras de caracol de su edificio, pasaban con la cabeza agachada, (no la mires) mirando hacia el lado opuesto, (no lo mires) esforzándose por mantener una posición carente de interés como dos extraños en la calle.

    Te decía que, al darse cuenta Sinke de eso en la pelea, la lástima le hizo esperar a que Súruk lanzara un par de golpes, y luego, habiendo anticipado una patada hacia su cabeza por el lado izquierdo, la dejó seguir, por lo que el pie de Súruk le impactó con energía en el lateral de la cabeza. Sinke cayó. No se levantó hasta después de que el doctor viniera a examinarlo, y al verlo completamente aturdido y sin probabilidades de levantarse pronto, declararon a Súruk ganador…


    ***​


    En el momento en que Yake le insinúe a Súruk que Sinke le dejó ganar, diciéndole que le parecía extraño que ni siquiera él, su hermano, de fortaleza y habilidades similares, había sido capaz de noquearlo nunca de una patada, pese a sus constantes luchas de entrenamiento, Súruk se sentirá aún más insignificante, burlado y ofendido, y tras unos segundos, apretando su puño con rabia, correrá hacia Sinke y le lanzará otra patada a la cabeza, para sorpresa de todos los concurrentes que, hasta hace un momento, habrán estado aplaudiéndole orgullosos y admirándolo por su victoria. Súruk nunca habrá visto a Yake pelear, por lo que no le constará que su comentario tenga mucha relevancia con respecto a si su victoria fue genuina o no. Sin embargo, al ver al gemelo tirado en el suelo derrotado, sus sorpresa bien podría haber sobrepasado a la de todos los jínnyi, todos los alumnos, y en general a todos los que hubieren visto todas las peleas anteriores y conocieran a Sinke. El pensamiento de un fraude pasará por su mente, pero, en la conmoción de ser declarado ganador, ovacionado y entregado el trofeo, no dirá nada, y cada segundo que piense en lo ocurrido hará que le quede menos duda de que Sinke fingía. “Sinke pudo incluso detener mis patadas con un solo dedo”, pensará mientras sus compañeros lo felicitan, aquellas voces alegres para él sonaran quedas y muy lejanas, “pero tal vez su cabeza no era tan resistente, ¿será verdad eso, que sus dedos sean así de fuertes pero su cabeza no?” Y entre ese y otros pensamientos que lo harán dudar, fue comentario de Yake el que finalmente le hará sentir como un perdedor que no merecía la victoria. Sinke se recuperará de repente cuando el trofeo le sea entregado a Súruk. Se disculpará apenado con Yuska y Hinta (las que más le preguntaron qué le había sucedido. Yuska se decepcionará mucho más que Hinta, pero la manera con la que Hinta miraba a Sinke le hizo sospechar de los motivos del fraude). Entonces sentirá a Súruk corriendo por detrás y lanzándole la patada. La esquivará, así como las que le siguieron. Todos se alejarán de ellos. La alegría por el fin del torneo se transformará en confusión al ver como Súruk intenta golpear en la cabeza a Sinke, con mucho más ímpetu de lo que había intentado durante el torneo.

    —¡Vamos, resiste otra vez! —le gritará.

    Pensando que Súruk se cansaría en un momento, Sinke se limitará a bloquear y esquivar. Los choques de sus puños contra los antebrazos del gemelo le dolerán; pero como Súruk parecerá víctima de un frenesí colérico, y ya no será en nada el tímido que era normalmente, comprenderá Sinke la situación y su único remedio. Eludirá un último golpe, resbalándolo por su brazo izquierdo, y con el dorso de la mano golpeará a Súruk en el pómulo derecho. Súruk caerá, empujado unos metros por el golpe aparentemente suave, su piel quedará roja y su carne hinchada. El hueso habrá estado a poco de romperse. No obstante, sonreirá con una satisfecha tristeza al ver que los preocupados ojos de Hinta se fijan en él, y por primera vez en mucho tiempo ella se le acercará, se agachará junto a él y le preguntará si le duele mucho. Se sentirá en paz.


    ***​


    ¿En serio lo estás considerando, Dúyu?

    Viste el rostro de la presidenta Altra cuando nos lo pidió, ¿o no? Nunca la había visto así de segura y avergonzada a la vez. No sé tú, pero yo no puedo decirle que no.

    Ni Yóno ni Duyuháveni supieron qué contestar mientras Altra esperaba la respuesta; sus ojos están tristes; pero sus piernas se mantuvieron firmes.

    —Lo… lo vamos a pensar —dijo Duyuháveni.

    Se alejaron sin hablar entre sí. Los pasos de Altra los alcanzaron y les pidió que esperaran, su boca se colocó en medio de los oídos de los dos muchachos, y dijo:

    —Si lo hacen, les garantizo que pasarán todos sus exámenes.

    Si le decimos al director, de seguro la destituirán o la expulsarán.

    O quizás sólo piensen que lo estamos inventando, ¿a quién le va a creer, a la presidenta tan querida y tan aplicada, o a unos tontos con fama de inútiles y además sin pruebas?

    ¿Crees que si intentamos avisarle al director y no nos cree, ella nos quiera perjudicar después?

    ¡Carajo!

    ¿Crees que lo haga?

    No lo sé, después esto ya no sé qué pensar de ella.

    ¿Entonces qué?

    Ya somos sus cómplices ahora, creo. No me arriesgaré a que quiera perjudicarnos si nos negamos.

    ¿Y cómo lo haremos? Podrían delatarnos después.

    Usaremos máscaras, no te preocupes, no será tampoco gran cosa. Solamente los lastimaremos un poco.


    ***​


    —Son demasiado fuertes; no podemos hacerles nada —dijo Yóno.

    —A pesar de parecer tan fuerte no sirves para nada —dijo Altra, apretó los labios con fuerza.

    (“Espera un poco más”, dijo Dúyu. Cuando los gemelos pasaron por el callejón les saltaron encima. Yóno intentó sujetar a Sinke y Dúyu casi golpea a Yake. Instantes después estaban en el suelo, las rojas máscaras a punto de zafárseles por los golpes, y la risa de Sinke llenó el silencio de la callejuela)

    —Cálmese, presidenta —dijo Dúyu, su voz temblaba de arrepentimiento—, hicimos lo que pudimos de nuevo.

    Altra respiró profundamente. ¿Por qué? ¿Por qué no se va esto?

    —Lo intentarán otra vez y con un mejor plan —dijo con resolución—, usaremos a nuestro favor que no les interesa averiguar quiénes son, han sido muy idiotas por no tomárselo en serio...

    —Si tanto quiere vengarse de ellos por sacar mejores notas que usted —interrumpió Yóno, enojado—, ¿entonces por qué no simplemente les cambia las calificaciones para que sean menores que las suyas?

    Ante esa pregunta, Altra tuvo que apoyar su mano contra un muro para no desmoronarse, y su voz se tornó turbia, levemente llorosa.

    —No quiero que sea así —dijo sin levantar la cabeza.

    —¿Por qué no? —dijo Dúyu— No tiene el valor de vengarse por sí misma, ¿y cree que lastimándolos la hará sentirse mejor? —tomó aire un momento, y añadió—: ¡No mereces que te admiren[1]!

    Altra los miró con unos ojos grises. Nunca antes alguien había visto a la normalmente tranquila y maternal presidenta con un semblante tan perverso, triste y al borde de una locura cuya absurda causa no hacía sino enterrarla más.

    —Si no lo hacen, haré que los expulsen del instituto —sentenció.


    ***​


    —Sólo con saber el tipo de realidad en la que me había tocado atestiguar las vivencias de los gemelos Yake y Sinke, supe de inmediato que iba a ser una estadía bastante tranquila, al menos en comparación con las realidades de los otros hermanos cuyos universos ya había visitado. Todo ese tiempo de monotonía, que consistía esencialmente de vida escolar, vida social, y, en menor medida, vida familiar, me pareció interesante al principio; mientras todavía conocía a estos gemelos e intentaba relacionarlos con sus otros hermanos y su realidad. Sin embargo, con el tiempo comencé a fastidiarme de los modos de los seres de esa realidad, sus actitudes, reacciones, psicología y modelos de comportamiento me hartaban cada vez más. Para un viajero como yo, que vivía hasta no hacía mucho cambiando de realidad constantemente, el tedio me hacía preguntarme qué hacía siendo testigo de una realidad que de seguro no le interesaría a ninguno de mis semejantes si no fuera por la naturaleza de unos gemelos que ahí habitaban. Pese a eso, después de una cantidad casi infinita de tiempo de mi estadía en ese mundo, seguí visitando mentalmente ese periodo de actividad monótona y sin importancia, como si algunas veces los aspectos más nimios de aquel mundo me produjeran gran nostalgia. Viajo de nuevo al mundo en el que Yake se encontraba con Ate en el parque los sábados, y sin darse cuenta éste último, comenzó a asimilar las pláticas espontáneas y fuera de tema del gemelo frío, así como su forzada disposición hacia el jínnliù al que había decidido unirse. Aquello generaba en su naturaleza de humano una empatía que, mucho tiempo después, terminó por convertirse en un aprecio que apenas demostraba. Hubo ocasiones en las que él mismo llamó a casa del gemelo cuando Kanyu no estaba disponible para pasar un rato jugando videojuegos con él, y Yake acudía en su esfuerzo por fortalecer los lazos que él mismo había aceptado atar. También recordé el efecto similar que tuvo Sentsa con Sinke, pues eventualmente su cerebro se acostumbró al gemelo lunático casi del mismo modo en que se había acostumbrado a Yuska, y no eran pocos los momentos en los que reflexionara sobre qué es lo que diría Sinke ante cada evento que tomara lugar.

    Podría seguir explicándote cada detalle que ahora me gusta rememorar de cuando estuve en ese universo, o cómo esas insignificantes observaciones afectaron mi propia definición, pero sería algo inútil, pues será mejor que tú mismo la atestigües y la razones.

    Por cierto, se me ha ocurrido que quizás todas mis observaciones de los ocho hermanos deban ser conocidas por seres de otros universos paralelos. Debería buscar alter egos míos que también los hayan visitado, y tal vez así expandamos nuestras experiencias entre un número infinito de realidades.

    —¿Por qué quieres hacer eso?


    68


    “No me gusta la definición de Cosidad que Cortázar da en Rayuela, ni siquiera como broma o metáfora”, dijo Yake.

    Yuska se volteó hacia él; las sábanas se movieron con ella dejando ver la forma de las piernas y los senos.

    “¿Entonces qué es para ti la Cosidad?”, preguntó.

    “Cuando te das cuenta de que la manera en la que te defines no tiene sentido, entonces uno empieza a preguntarse qué tan humano es, y si uno duda de su humanidad pasa a sentirse, o a definirse, como una cosa, algo sin En sí ni Para sí, inconsciente o indiferente de su propia muerte, sin Id ni Ego ni Superego que combatan entre sí. Por ende la pregunta es: ¿Qué tan Cosa sientes que eres?”

    Después de volver a hacer el amor, Yuska se acostó boca arriba encima de Yake, extendió los brazos y dejó que él palpara sus volúmenes con delicadeza.

    “¿Qué haces?”, preguntó Yake.

    “Estoy comprobando tu nivel de Camidad para saber qué tan cama eres”, rio Yuska por lo tonto de sus palabras y por las placenteras cosquillas que recibía en sus senos de las palmas del gemelo.


    ***​


    Un día estaba Sinke ayudando a Yuska con una tarea de literatura que no entendía y es por eso que Moby-Dick es aburridísima, pero el tema a veces se le desviaba hacia asuntos que nada tenían que ver con el examen aburridísima, de todos modos, Yuska anotaba en su libreta todo lo que podía en serio, estimada, todos en la cabeza tenemos una versión para niños de dicha novela mientras Sinke explicaba levantando el dedo índice, sin embargo, la razón por la que goza de tanta aceptación entre los eruditos es porque le otorgan, lo que a mí me gusta llamar, el Beneficio de la interpretación metafórica el beneficio de la interpretación metafórica, el cual hace que ya no se trate sólo de una Kanyu, que estaba a lado de Yuska, escuchaba en silencio, más confundido que interesado ballena blanca y un capitán que quiere vengarse, sino que se ha convertido en una alegoría de la lucha del hombre contra dios o la naturaleza y la pequeñez del primero frente a los segundos el hombre contra la naturaleza, ¿qué significa para ti? Kanyu preguntó para mí es un mensaje principalmente abortivo y los horrores de la paternidad y Sinke contestó de modo tal que los dos jóvenes no sabían si era en serio o en broma pues la ballena blanca, bajo ese cristal, no sería más que un espermatozoide gigante, y el capitán Ahab, a quien el espermatozoide privó de una parte de su ser, el eyaculador que desespera de venganza por lo que su propio semen le ha hecho ¡Ah, Moby-dick, gigante espermatozoide marino! ¡Muere! ¡No hay óvulo aquí que fecundar! No hay óvulo aquí que fecundar… ¿no es esa una interpretación muy rara? Es la magia de la literatura y al terminar de escribir, Yuska dijo gracias nadie lee exactamente lo mismo y al autor no debe importarle, sólo debe asegurarse de escribir algo con gran calidad literaria Sinke hablaba cada vez más calmado, como si pensara seriamente en sus propias palabras pero que sea digna del Beneficio de la interpretación metafórica, de ese modo puede escribir cosas que parezcan no ser la gran cosa pero que al menos una persona defenderá como una obra maestra y tras anotarlo todo se despidió Yuska y se fue a su casa, al día siguiente hola Ate, ¿ya tienes el trabajo de literatura? entregó la tarea, y al ver la nota, Sentsa le recomendó que no volviera a pedirle ayuda a Sinke para literatura.


    ***​


    ¿Por qué Yake le dijo a Ate que prefería las ficciones literarias a las demás?


    Porque representaban el éxtasis de la liberación de la banalidad del día.


    ¿Le contó a su jínn que con el tiempo esa sensación dejaba de producirse?


    Sí. Se daba cuenta de que la seriedad que le proporcionaban las obras literarias resbalaba con el tiempo al nivel de los asuntos anodinos de la vida diaria.


    ¿Le aterraba eso?


    Sí y no. Sí porque la parte más importante de su ser (la que lo hacía sentirse superior por preferir una realidad a la que ni siquiera pertenecía ni había conocido nunca) también se sentía más distante, de extrema y remota lejanía. Por otro lado no, porque ese cambio además fue una experiencia nueva para él, y, aunque nunca lo admitiera, muy en el fondo tenía la curiosidad de saber hasta qué punto llegaba todo eso, incluso si llegaba al punto de dejar de sentir el horizonte, idea que al mismo tiempo le daba pavor.


    ¿Dijo algo Ate de todo eso?


    Al principio le daba pereza escuchar las mismas quejas de Yake sobre la realidad y la seriedad, pero con el tiempo esa pereza se transformó en curiosidad provocada por la fuerza de la costumbre. Eso en parte fastidiaba al principio a Yake, pues consideraba que la reacción natural sería el hastío y el deseo de protestar por la monotonía de los tópicos, pero, como si la realidad le diera la razón con respecto a sus quejas sobre lo inverosímil, la reacción de Ate era la contraria. Y respondiendo a la pregunta, relacionada a lo que acabo de explicar, dijo un simple ¿en serio? Que no fue dicho con sarcasmo.


    ¿Qué acontecimientos siguieron?


    Ate recibió una llamada de Hinta para pedirle que, debido a un problema que no quiso aclarar, su fiesta de cumpleaños se atrasaría un día.


    ***​


    9:00 am. Clase de literatura del aula 2C del instituto Ítuyu.

    Tarea: Escribir un cuento muy breve teniendo la familia como tema principal.

    Cuarto alumno en pasar al frente a leer: Kúsat.


    Aquella familia necesitaba tener hijos, así que fueron a una clínica especializada en fecundación in-vitro. La mujer donó sus óvulos y el hombre espermatozoides. Pidieron tres niños y tres niñas. Uno de los cigotos se dividió y dio lugar a dos gemelos varones, por lo que ordenaron otra niña para que quedaran parejos. Pocas horas después de haber sido plenamente formados, los padres los separaron y llevaron a siete países diferentes para que crecieran ahí.


    Calificación: 5.


    ***​


    Diario de Kanyu (escrito sobre la hoja de un examen). En donde estoy es el martes 18 de noviembre del 2050.

    Al fin hemos aparecido en otro universo paralelo, estoy presentando un examen, veo a Sentsa y Yuska sentadas en lugares distantes. No sé por qué escribo esto si al fin y al cabo al volver ya no lo tendré. Los gemelos están a mucha más distancia y no los distingo bien.


    ***​


    ¡Bravo! Clamaba el alumnado, el anuncio oficial de la victoria fue hecho en la explanada. El conteo de los votos declaró la reelección de Altra como la presidenta. Nunca habría podido ser yo. Pupilas que dilataban tristeza; cabellos rojos cuyo brillo contrastaba con la amargura de la boca; las manos quietas entre una multitud de manos aplaudientes. Nunca habría podido ser yo [¿Qué dices, renuncias al comité de moral?, preguntó Déla. Le pareció a Sentsa que la chica ocultaba alegría tras su tono de sorpresa. Así es, contestó. ¿Por qué si te dieron tiempo para…? Porque no les voy a dar esa satisfacción, dijo Sentsa, ellos quieren que cambie (“¡Me postularé para presidenta!”) mis ideales para que se adapte a los caprichos de los estudiantes, y no lo haré, antes renuncio. Déla se quedó con el dedo en la comisura de la boca, Entonces, ¿se acabó? Se acabó, sentenció Sentsa, fue una corta experiencia, muy corta, de hecho, pero (“¿En serio crees lograrlo?”) es mejor que termine con todo yo misma antes que dejar que me degraden (“¡Sí!”). Presentó la renuncia y el comité de moral fue dejado en manos de Altra. ¿Cómo puedes pensar así, qué pasó con esa gran seguridad que tenías al principio, qué pasó con la Sentsa que iba a defender sus ideales a toda costa?, Lo siento, Yíban, agradezco tu lealtad, pero esto era una causa perdida desde el principio, tenemos que aceptarlo] nunca por la que votara esta escuela, no soy para ellos, pero defendí mi integridad. Habló Altra dando un discurso de agradecimiento que resonó en los altavoces. Los tímpanos de Sentsa sintieron la caricia de su voz; pero sus nervios la ignoraban en su camino al cerebro. Una mano en el hombro, ¿Quién… eh, ¡Yake!? [El gemelo le dijo que lo sentía, tan fríamente que no parecía decirlo en serio] El gemelo le dijo que ya se iba junto con su hermano. ¿Por qué me avisas de eso? Y Yake dijo Por si también te quieres ir pero no quieres hacerlo sola; las actitudes de los demás no asemejan a las de los que ya desean irse. (Sentsa mirará una vez más la tarima de madera de la cual había descendido cuando hubo felicitado a Altra, después de terminar su discurso, y sabiéndose digna por haber luchado por intentarlo, hizo una reverencia y su espíritu quedó parcial y temporalmente en paz con ella misma) De la muchedumbre se desprenden tres seres, una de ellos se sentía satisfecha de haber hecho lo que hizo: no dejarse manipular; aunque su alma conservó durante mucho tiempo después un gran pesar, porque una parte de ella hubiera querido haber luchado un poco más.


    ***​


    Llegué a la mansión un poco más temprano. Entré en la habitación de Sinke (ya sabía que no le importaba que entraran sin tocar) y lo encontré bailando al compás de una música muy animada, cargada de un reconocible folklor europeo. Rato después, Sinke me explicó que su baile se trataba de diversos estilos de las danzas Kozak, originarias de Ucrania y que todo el mundo cree que son de Rusia. Sin dejar de bailar me saludó con alegría y pidió que esperara un poco a que terminara. No sabía si reírme o asombrarme ante aquel alegre baile en el que rebotaba de un lado al otro impulsándose con sus pies, daba enormes saltos, giraba, giraba mientras saltaba, se tiraba al suelo y levantaba, haciendo siempre gala de la gran fuerza de sus piernas (las mías me dolieron sólo de verlo). No parecía estar siguiendo una coreografía, sino que improvisaba según cómo sintiera la música.

    —Esto es cultura, Hinta —me dijo sin detenerse. Rebotaba casi al ras del suelo sobre una pierna mientras la otra la sujetaba a la altura de la cabeza—, seriedad folklórica, ¿quién osaría decir que estos pasos tan llenos de historia y dificultad vanos son? —la música se hizo más fuerte y rápida; por lo que se levantó y comenzó a dar vueltas y vueltas, tal y como los bailarines profesionales rusos que alguna vez vi por la tele— ¡Siente la seriedad de la cultura! —gritaba y reía a cada vuelta. Al final, después de un paso extraño que parecía como si se resbalara apropósito una y otra vez, ejecutó el famoso paso en el que uno parece estar sentado en el aire, con los brazos cruzados mientras los pies percuten repetidamente y a gran velocidad contra el suelo, dejando a todos preguntándose cómo lo hacen sin caerse (luego me dijo que ese paso se llamava povzunok). Se mantuvo efectuando ese paso durante un rato, en el cual, como una moto (o un cangrejo, por el movimiento lateral), fue de un lado a otro de la habitación como en un círculo hasta que se escuchó el final de la música. Se levantó y me hizo una reverencia. Le aplaudí y me dijo que se arreglaría rápido para salir. Se desvistió frente de mí sin que le importara (de todos modos ya estaba acostumbrada a ver su cuerpo).

    —¿Estás segura de que no quieres seguir aprendiendo a bailar conmigo? —me preguntó, poniéndose una camisa limpia.

    —¿Para qué? —contesté— Ya no es necesario ahora que somos novios.

    —Ya eres capaz de decirlo con toda naturalidad —se puso los pantalones—, debo confesar que extrañaré esa timidez tuya al decirlo.

    —Oye, ¿todavía estás molesto por lo de los universos paralelos? —pregunté. No sé bien por qué lo hice. Cuando volvimos por última vez luego del mundo de las groserías, noté que Sinke algunas veces tenía una pequeña mueca de insatisfacción, sobre todo cuando se quedaba mirando el vacío en silencio.

    Sus hombros se levantaron.

    —Es comprensible que ustedes quieran que todo se quede como está —contestó—. ¿Por qué? ¿Te gustaría ir a otro universo paralelo? —sentí cierta emoción en su pregunta.

    Bajé la cabeza y dije que no.

    —¿Lo ves? —dijo tras un segundo, volviendo a su animosidad habitual— Igual yo ya me siento bien en esta realidad, contigo, de algún modo como si me hubieras encadenado a este plano de la existencia.

    Fuimos al cine después de eso.


    ***​


    —¿En serio crees que no he dejado de pensar en eso, hermano?

    En la oscuridad de la madrugada apenas entraba la luz de la luna por la ventana de la sala. El fresco natural de la hora se escurría por debajo de las puertas y atravesaba los cristales de las ventanas.

    —Claro que he querido volver a viajar. Después de todo, ese horizonte, nuestra realidad, todavía es lo primero que mis sentidos sienten antes que todo lo demás.

    —¿Por qué será, hermano, que no hemos aparecido en nuestro mundo sino en variaciones de éste, o en algunos totalmente diferentes, como el zoológico y los seres blancos?

    —¿Por qué razón no sentimos el primer cambio de todos? ¿Recuerdas? ¿El sábado en que ellas no vinieron?

    —La noche anterior ambos habíamos dormido, quizás por eso no sentimos el cambio.

    —¿Cómo saber entonces que no hemos estado viajando al estar dormidos, las pocas veces que lo hemos hecho?, ¿y si la realidad cambia tan nimiamente cada vez que dormirnos que no podemos discernirla de la del día anterior?

    Yake permaneció silencioso, mirando el jardín arboleado por la ventana empañada.

    —¿Te has ya acostumbrado a Yuska?

    —¿Y tú a Hinta? —tardó unos segundos en contestar.

    —Sí —dijo en un susurro—, me ha aprisionado en esta realidad, y supongo que Yuska ha hecho lo mismo contigo. Eso podría explicar por qué no hemos experimentado cambios tan significantes, porque una parte de nosotros ya no quiere irse.

    —Eso no es verdad conmigo.

    —No me engañas, hermano. Has caído también. Yuska es ahora tu Eurídice, tu Julieta, tu Ligeia, tu Amaranta Úrsula, tu Scheherezade, tu Lolita, tu Hermine, tu Myrna, tu Kamala, tu Beatriz; te ha condicionado a este mundo cual perro que se queda con el humano que le da comida y le mima la cabeza.

    Yake respiró profundamente.

    —¿Vas a aceptar las cosas como son entonces?

    —No, no quiero hacerlo tampoco.

    —¿Qué haremos entonces?

    Y Sinke no dijo nada hasta que los rayos del sol hubieron entrado por el cristal de la ventana. Entonces se levantó y fue a arreglarse para la escuela.


    69



    Contarás ahora:

    Pocos días después de que mi hermana llegara con los gemelos, nuestro padre murió. La enfermedad lo había dejado casi completamente ciego; no pudo ver bien a los bebés, pero tuvo las fuerzas suficientes para sentir sus piecitos con sus propias manos y sonreír, porque sabía que mi hermana era feliz con ellos. Después del funeral, mi hermana decidió quedarse en nuestra casa para dedicarse a sus hijos mientras mi cuñado seguía ocupándose de la empresa. Era rara aquella decisión, pues desde siempre había sido muy trabajadora y se tomaba con gran seriedad su estatus en la empresa. Tal vez, como creo yo, se dio cuenta de que una parte de ella era maternal, y nunca la vi ser tan calmada y dulce como durante ese tiempo en que se quedó en nuestra casa. Yo también me encariñé rápido con los pequeños, y pronto me di cuenta de que había algo diferente en ellos además de su color de ojos, que simplemente atribuíamos a un bello capricho de la genética. Muy pocas veces comían, de hecho nunca lloraron por hambre ni por ninguna otra razón, y aunque los primeros días dormían normalmente, en pocas semanas sus horas de sueño comenzaron a descender hasta que solamente dormían unas horas por semana, permaneciendo el resto del tiempo siempre despiertos y atentos. También sus cuerpos se desarrollaban de manera inusual: al mes de nacidos ya se sentaban derechos e intentaban pararse; cuando lo lograron poco después, comenzaron a caminar; primero lentamente, como los niños de un año, pero a los tres meses ya podían recorrer grandes distancias, podían correr y saltar un poco, así como subir por las escaleras. El mismo tiempo comenzaron a hablar el idioma, o al menos Sinke lo demostraba a cada rato, pues no dejaba de repetir cada palabra nueva que escuchaba y las encadenaba en oraciones coherentes por sí mismo. Con Yake tardamos un poco más en darnos cuenta debido a su natural personalidad callada, pero a él lo vimos curiosear todos los objetos que encontraba a su paso y reflexionar sobre ellos. Yo les enseñé a leer. Comenzamos un día que Yake encontró uno de mis libros: “La tortuga de plata”. Rápido aprendieron a leer los dos, y se interesaron en tantas cosas que ni su madre ni yo podíamos contestar todo lo que les daba curiosidad.

    Un día en que los estaba bañando, Sinke me dijo Mira, tía, mientras enjabonaba a Yake. El agua se le había trepado a Sinke hasta el rostro. Pegué un grito y llego mi hermana. Tuve miedo de que se ahogara e intentamos limpiársela. En nuestra confusión, fue lo primero que se nos ocurrió. Pero el agua se le regresaba apenas la retirábamos. Lo sacamos del agua y nos dimos cuenta de que lo mismo sucedía con Yake. Mi hermana quiso llamar una ambulancia, pero al volver a ver a sus hijos, observó que no les ocurría nada malo; Sinke seguía riendo y observando ese fenómeno con interés, mientras que Yake lo analizaba silenciosamente. Segundos después, el agua se les cayó.


    ***​


    Escuchas el grito de tu joven hermana Venúa en el jardín: “¡Kísa, los gemelos están en el techo”! Sales corriendo y los ves a la orilla del tejado de tejas azules. Los pequeños de un año de edad no están asustados. Yake está sentado; Sinke de pie. Ambos están mirando por encima del muro que rodea la casa desde esa altura, pudiendo ver unas pocas casas, la playa, el mar y el cielo que está a punto de oscurecerse por completo. “¡Quédense quietos, no se muevan!”, gritas. Deseas que tu hermana Kinabi no tarde en llegar.

    —¡Es el horizonte! —grita Sinke con una aguda pero firme voz de infante— ¡Tías, es el horizonte! ¡Debemos ir hasta ahí!

    Ustedes, preparadas para atraparlos si caían, intentaban calmarse.

    “¡Siéntate, Sinke! El horizonte no puedes alcanzarlo desde ahí, los llevaremos a la playa mañana”.

    —No, tía Venúa, no es el horizonte del mar. Sentimos otro mucho más lejano, más allá del mar, más allá del planeta, más allá de las estrellas.

    Mientras Sinke habla cada vez más entusiasmado, Yake sólo observa en silencio y quieto, aunque sus ojos están igual de impresionados y concentrados en ese horizonte que no puedes percibir.

    “Subiré al techo”, dice Venúa y va a buscar una escalera. Los gemelos permanecen con las miradas excitadas en el horizonte. Al subir Vénua, Sinke ve sus largos cabellos negros subir hasta que aparece su cabeza. “Ven aquí”, le dice.

    —Espera, tía —dice Sinke—, quiero ir a ese lugar.

    “Los llevaremos si se bajan”, dice Vénua, en un intento por convencerlo.

    —¿Pueden sentirlo también? —pregunta Sinke, mirándola emocionado.

    “Sí, sí puedo, y también tu tía Kísa y su madre”.

    Sinke frunce la cara.

    —¡No es verdad! Sólo lo dices para que me baje.

    Aún molesto, vuelve a encarar el horizonte del mar, y entonces, ante tus gritos de horror, Sinke salta del techo, atraviesa el jardín y aterriza sobre la barda. Ahí se queda y observa embelesado ese horizonte más allá de la bóveda anaranjada.


    ***​


    Es nuestro hogar. A Yake le habían preguntado por qué habían hecho eso. Allá a lo lejos está donde debemos ir.

    Kinábi, alterada, les ordena que no lo vuelvan a hacer nunca.

    Discuten las hermanas lo que deberían hacer. Venúa dice que, dadas esas capacidades extraordinarias que hasta los vecinos ya notaban, no podrían controlar mucho más tiempo esa naturaleza inquisitiva que tenían, la cual podría llevarlos a hacer algo mucho más peligroso por seguir sus extrañas ideas. Proponen llevarlos con especialistas, e incluso con científicos para que los estudien, pues esas capacidades físicas y mentales no son normales. Kinábi rechaza esa idea tajantemente; no quiere que sus hijos se vuelvan objeto de estudio y queden como fenómenos ante el resto de la gente. Un momento después escuchan el timbre sonar. Venúa va al patio a abrir, del otro lado de la enorme puerta de madera encuentra un joven con un bastón de gancho, como el de un lisiado, colgándole de la espalda, asomándole por encima del hombro.

    —Disculpe las molestias —dice el hombre, con una voz carismática—, vi en su puerta el anuncio de que buscan un jardinero y me interesa el trabajo. Mi nombre es Gyéo Fúntuo.




    [1] Los danzimlareses cambian del registro formal al informal para enfatizar la pérdida del respeto hacia las figuras de autoridad.
     
  14. Threadmarks: Capítulo 30. El último golpe (1)
     
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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    5920
    Capítulo 30. El último golpe (1)


    84


    Un puesto de comida desierto cerca del centro de la ciudad de Shórsta


    (Entran Súruk, Yake y Sinke)


    Súruk.—Si yo tuviera la mitad de la fuerza que ustedes tienen, todo esto no sería necesario. Pero bueno, ya es tarde para dar vuelta atrás.

    Yake.—¿Cuánto tiempo falta?

    Súruk.—Unos veinte minutos. Desde aquí alcanzaremos a escuchar la explosión.

    Sinke.—¿Estás seguro de que funcionará?

    Súruk.—(Sonriéndoles). Mis bombas nunca fallan. Y si lo que me piden es poder volar toda su mansión, les garantizo que su mansión volará. ¿Qué les sucede? ¿Se sienten mal?

    Sinke.—No te preocupes, amigo. Estamos pensando qué es lo que haremos después de todo esto.

    Súruk.—Yo no me preocuparía, pues nunca me han capturado, (murmurando) recuerdan la casa de esa maestra de inglés que explotó, a que no adivinan quién lo hizo. ¿Y encontraron culpable? No.

    Sinke.—Claro, ¿quién podría dudar del pequeño y delicado Súruk? Pero por lo que te vamos a pagar, mejor será que la bomba no falle al último segundo.

    Súruk.—Sigo diciendo que me parece muy exagerado que me pidieran hacer la bomba, quiero decir, (murmurando) ¿por qué no solamente los matan con sus propias manos? He visto demostraciones de su fuerza y me consta que lo habrían tenido muy fácil; tan sólo un apretoncito con los dedos en sus pescuezos y ¡ksh!, sus cabezas rodarían como cortadas por guillotinas. ¿Se quedan callados? Jajaja, tienen mentes asesinas, pero no son carniceros, mejor que un genio de las bombas le dé a sus jínnyi una muerte grandiosa, con suerte no sufrirán si la llave del sueño que les aplicaron es lo bastante fuerte, aunque debieron usar alguna droga o algo. No me hago responsable si se despiertan antes y por alguna circunstancia sus muertes son algo dolorosas.

    Sinke.—Tal vez no despierten.

    Súruk.—La verdad me sorprendieron, gemelos. Pese a no tener el corazón para hacer el trabajo sucio ustedes mismos, en verdad tuvieron el valor para reunirlos a todos en su casa, dejarlos inconscientes y amarrarlos mientras yo instalaba la bomba, y después irse de ahí conmigo sin una pizca de remordimiento.

    Sinke.—Claro, tal vez es verdad que somos unos monstruos.

    Súruk.—Es una pena que su mansión tenga de destruirse, pero eso tampoco es mi asunto.

    Yake.—Es nuestro símbolo, la mansión en la que vivimos por tanto tiempo destruida al mismo tiempo que los seres con los que tanto tiempo convivimos.

    Súruk.—Sus motivos son difíciles de entender, pero ni modos. A decir verdad, gemelos, también tengo algún motivo personal para ayudarlos, aunque tal vez a estas alturas es absurdo decirlo.

    Sinke.—¿Por lo de Hinta?

    Súruk.—(Mirando el tráfico) Su rechazo despertó mi sed de destrucción, soy una abominación al igual que ustedes, es verdad, pero creo que ésta será mi última explosión. Muerta la razón de mi dolor, espero que esta manía se esfume.

    Yake.—Eres peor que nosotros.

    Súruk.—¿Ah, sí? ¿Entonces por qué no van ahora mismo y los salvan? Ustedes los quieren muertos por razones mucho más absurdas que yo. (Sinke se levanta). ¿Qué te ocurre? ¿En verdad quieres salvarlos?

    Sinke.—No recuerdo por qué razón…quiero que mueran, quiero que mueran, como mi hermano y yo queremos morir.

    Súruk.—¿Y ahora de qué estás hablando?

    Yake.—(Exaltándose) Van a morir, hermano.

    Súruk.—¿Yake?

    Sinke.—¡Van a morir!

    (Salen Yake y Sinke)


    ***​


    Corren hacia la mansión. No concuerda, hermano, no tiene sentido. ¿Por qué los querríamos muertos? ¡Cállate y corre! Mis pies no avanzan más; somos lo que nuestros alter egos han hecho de nosotros. Volemos. No puedo. ¿Qué tenemos entonces? Esa fuerza que nos dijo Súruk. Eso no nos sirve. Cruzan la avenida. Suenan los cláxones y frenazos de los automóviles. No concuerda, ¿por qué no cerramos la puerta con llave al salir? Tampoco los dejamos amarrados muy fuertemente. ¿Qué necesidad había para poner tanto tiempo en la bomba? Si los quisiéramos muertos le hubiéramos dicho a Súruk que no tardara tanto tiempo. ¿Y si en realidad no queríamos que murieran? ¿Y si todo eso fue a propósito para darles la oportunidad de escapar? Debe ser eso, ¡debe ser eso, hermano! Avanzan muchas calles más. ¡Ya llegamos! La reja se hace cada vez más grande. Entran. ¡Ahí están! Una pared cegadora y un estruendo hirviente los empujan lejos de sus jínnyi, y ven como aquellos rostros son borrados por la luminosidad y el polvo.


    ***​


    El aire polvoriento asfixiará los restos de la mansión Gramt como la niebla. Estrellados contra el muro desquebrajado de la casa de enfrente, los gemelos respirarán los escombros y contemplarán las siluetas de los pocos fragmentos de las paredes que aún siguen en pié. Yake se levantará y caminará a través del jardín gris. Llegará hasta donde solía estar la puerta y buscará con los ojos entre la neblina polvorosa. Estará sordo al igual que su hermano, el cual también se adentrará en ese campo antes lleno de árboles verdes. Como dos fantasmas en un limbo silente de polvo blanco y gris, se pasearán por todo el perímetro esperando encontrar algún resto u osamenta, pero todo, salvo algunas paredes, habrá sido desintegrado; ningún mueble habrá sobrevivido el calor de aquella pequeña bomba atómica. Tras algunos minutos sus oídos volverán a funcionar, y escucharán las sirenas de un ejército de ambulancias y policías. El polvo comenzaba a despejarse lentamente.

    Yake comenzará a caminar fuera del terreno, hacia donde el mundo volvía a tener color.

    —¿A dónde vas? —preguntará Sinke.

    Yake no contestará. Seguirá caminando hasta volver a ver el cielo, su hermano lo seguirá entre todas las calles en dirección contraria al sonido de las sirenas. Llegarán al río Skér, cruzarán el puente y continuarán hasta más allá de la avenida principal de Shórsta, ignorando toda la alarma y el pánico que se generaba alrededor. La gente, aterrada por el siniestro, se alejaba caóticamente del lugar de la explosión, aunque algunos tenían la suficiente voluntad para dirigirse hacia ahí en caso de poder brindar su ayuda. Mucho rato después se encontrarán en las afueras de la ciudad.

    Caminarán hacia el sur en dirección a los páramos de Máru. Sinke tendrá que apretar el paso para alcanzar a su hermano, pero permanecerá detrás de él. Se adentrarán todavía más en la extensa explanada verde poblada de arbustos y rocas, ocasionalmente algunos poblados lejanos romperán la monotonía del paisaje, pero Yake no se detendrá ni siquiera para pensar.

    Continuarán caminando un día entero sin detenerse. La ciudad de Yânt alcanzará a verse a la lejanía. Yake se detendrá en una zona llena de muros enormes hechos de roca, vestigios de una antigua pirámide que no soportó el paso del tiempo. Se sentarán a la sombra de uno de esos muros desquebrajados y no hablarán por un día entero. Dormitarán y se despertarán exhaltados, para volver a dormirse casi inmediatamente; cambiarán de posición sobre la tierra, sin que ninguna les acomode. Escucharán el viento lejano, el levante danzilmarés que cruza los páramos desde la cordillera central hasta los lejanos acantilados de Zéu. Pequeñas nubes detendrán brevemente la luz del sol a lo largo de todo ese día silencioso.

    —¿Por qué no sentimos el horizonte de su realidad cuando murieron? —preguntará Yake.

    —¿Por qué habríamos de hacerlo? —dirá Sinke.

    —En el barco…. nos llegó la certeza de que muriendo escaparíamos de ese universo. ¿De dónde salió eso?

    —No sé, hermano.

    Rato después, cuando la noche con luna menguante haya caído, Sinke reflexionará contemplando con contenta melancolía las estrellas:

    —A lo mejor ellos ya están de vuelta en su mundo, el que nos acogió a nosotros. Me los imagino: Sentsa regañándonos colérica, je, je, todos muy enojados con nosotros, y con mucha razón. ¿Cómo les diremos que nosotros los matamos? Nuestros alter egos también han de estar impactados por este relato. Espero que con esto al menos se hayan liberado de nosotros.

    Yake permanecerá callado. De vez en cuando mirará a su hermano y a las estrellas que éste mire, imaginándose su propia versión de una vida en la que esos viajes nunca hubieran ocurrido: un paseo normal sin levantar la conciencia hacia otros mundos, centrados únicamente en lo que los sentidos sienten inmediatamente, en las consecuencias directas de sus acciones sin preocuparse por los qué hubiera ocurrido de haber hecho otra cosa, sin tener que enfrentarse a las situaciones hipotéticas de mundos de ficción.

    La madrugada quemará con su frialdad el páramo. Las rocas y las hierbas adormecidas por la música de los grillos. Las estrellas tenues dilatando sus sombras. Las miradas estáticas intentando encontrar el punto que les corresponde en el universo.

    Un aura centelleará con una luz fría a sus espaldas. Voltearán al mismo tiempo. Cinco figuras de resplandor opaco los mirarán tristemente.

    —¿Estimados? —dirá Sinke. Se levantará sin contener su emoción, pero los rostros fríos y el silencio de los jínnyi le borrarán la sonrisa. —¿Quiénes son? ¿Los de nuestro mundo o los de éste?

    El espíritu de Hinta hablará, bajando la mirada:

    —Lo sentimos, no podemos regresar ya más.

    —¿Por qué? —preguntará Yake, consternado.

    —Son las reglas de este mundo —dirá Kanyu.

    —¿Qué reglas? —preguntará Sinke.

    —El alma permanece por siempre en este universo —dirá Ate—, el alma es la mente, las experiencias y lo que uno se lleva consigo.

    —No —dirá Sinke—. Al menos sus mentes deben regresar porque no son de esta realidad.

    —Todo lo que tiene alma se queda al morir —sentenciará Sentsa—, son las reglas.

    Los espectros aumentarán sus brillos conforme comienzan a ascender, pero al hacerlo se volverán más transparentes y sus formas desaparecerán poco a poco.

    —¡Esperen! —gritará Yake con la voz quebrada, dará unos pasos hacia ellos levantando la cabeza— No pueden quedarse para siempre en una realidad que no es la suya. ¡Eso es injusto!

    El espectro de Yuska los mirará por última vez, llorando pequeñas lágrimas al mismo tiempo que sonríe con la misma jovialidad con que le había propuesto a Yake unirse al jínnliù. Antes de difuminarse en el cielo nocturno, levantará la mano y se despedirá:

    —¡Adiós, gemelitos! Nos vamos a recorrer este universo. ¿A qué galaxia nos recomiendas ir primero, Yake? ¡Bah! No importa, ¡iremos a todas!

    Los grillos, las estrellas y el frío volverán a dominar el páramo. La hierba suave se sacudirá cuando dos rodillas caigan pesadamente sobre ella; el aire helado invadirá dos bocas abiertas; una pierna reducirá a polvo uno de los enormes muros que habían sido los cimientos de una antigua pirámide maresa.


    ***​


    Sucios y silenciosos recibieron los rayos del intenso sol del mediodía en el pedregal. A veces interrumpían el sonido del viento que peinaba las hierbas para preguntarse qué harían, y no se contestaban. En un momento de la tarde, Sinke volvió a patear otra de las piedras; ésta se rompió también con gran facilidad. Yake, sentado sobre la hierba, palpó la tierra y dio un pequeño golpe. El suelo retumbó y sacudió varios muros y parte del pastizal. Sinke dio un pisotón y el mismo efecto volvió a ocurrir. Yake volvió a golpear más fuerte; la sacudida de la tierra hizo tambalearse a otros de los muros, algunos cayeron; varios árboles dejaron caer algunas hojas. Riendo, Sinke golpeó el suelo con el puño, poniendo un poco más de fuerza. Del lugar en que su puño cayó se formó un pequeño cráter de varios metros de largo en el que se hundió; el campo volvió a estremecerse. Yake miró a su hermano en el fondo del agujero, apretó el puño por un momento y golpeó el suelo con tanta fuerza que el temblor alcanzó la ciudad de Yânt; el cráter que dejó fue mucho más grande que el de Sinke. Ambos salieron de sus cráteres y miraron la niebla de tierra, las piedras que habían sido desperdigadas y los árboles derribados. Parecía como si hubieran caído dos pequeños meteoritos en aquel páramo.

    Como si leyeran sus pensamientos, Sinke le sonrió y se acercó a su hermano; Yake mantenía su triste mirada; apretaron los puños hasta que les dolieron. A la cuenta de cuatro, golpearon el suelo al mismo tiempo. El páramo se volvió un agujero café; la ciudad de Yânt se derrumbó. Ya emocionados, saltaron del hondo crater y corrieron por el campo muerto por varios kilómetros hasta que volvieron a ver hierba. Volvieron a dejar otra marca de meteorito en esa sección del páramo.

    Durante varias horas continuaron ese juego, corriendo hacia el sur y las montañas de la cadena central[1], dejando tras de sí mares de tierra caóticos y destrucción. Al llegar a las montañas, Sinke hizo pedazos una de ellas de un puñetazo; Yake lo imitó y destruyó otra. El polvo de ambas montañas bloqueó parcialmente la luz del sol. Se sintieron de nuevo en ese limbo en que se había convertido su mansión tras el estallido. Se sentaron a respirar ese aire polvoriento y descansaron. Varias horas después, cuando el sol pudo iluminar mejor sus cuerpos mugrientos, tenían los rostros mojados de lágrimas.

    Cuando las lágrimas se les secaron, dejando sobre sus rostros un enlodado rastro de tierra, se pusieron de pie y se miraron con paz. Se escondieron entre las montañas de la cordillera central durante más de un año. En su aislamiento, aprendieron a conocer lo que eran en ese mundo. Adquirieron lo que sus alter egos habían conseguido y perfeccionado por medio de recuerdos e introspecciones interminables, pasando una vez más por toda su vida hasta ese momento. Al cabo de ese tiempo salieron, andrajosos y sucios como las propias montañas. Relajaron los puños, respirando hondamente con los ojos cerrados, preparándose para el desastre que estaban a punto de realizar.

    Apretaron los puños de nuevo por unos segundos, resistiendo el dolor de la tensión de sus músculos. En ningún momento se miraron ni se hablaron. Cuando finalmente sintieron que tenían suficiente fuerza acumulada, la dejaron salir sobre el suelo.


    ***​


    ¿Cómo se vio la destrucción de esa tierra?

    Como si un gran meteorito invisible hubiera impactado justo en el centro de Danzilmar. Este país desapareció casi inmediatamente, el resto del mundo tardó aproximadamente un minuto en ser borrado y el planeta comenzó a desmoronarse en un infierno rojo. Cuando todo terminó, sólo quedaron fragmentos de la tierra perdiéndose lentamente en el universo.


    ***​


    ¡Yake, Sinke! Nadie responde. ¿Estamos solos? ¿Ahora en qué nos han metido? ¿Cuánto tiempo más vamos a estar así? Tranquila, Sentsa, ahora tenemos que buscar cómo salir de aquí. ¿Para qué? Si al fin y al cabo esto continuará para siempre. ¡Mira! Me estoy desamarrando. Tenemos que hacer que nos regresen a nuestro mundo, y después hay que alejarnos de esos gemelos para siempre. ¿Ate? Todo esto es por su culpa. Es por culpa de ustedes por decidir abandonar el jínnliù, ¿recuerdas lo que dijo Sinke? Nosotros comenzamos estos cambios. Sé que lo dijo, pero no tiene sentido, yo digo que lo hicieron ellos y sólo quieren echarnos la culpa. Ate, cálmate. ¡Lo logré! Ayúdanos a desamarrarnos. Hinta, ¿tú qué dices?, sé sensata y admite que nunca debimos juntarnos con ellos. Yo… ¿cómo podría saber que esto sucedería? Desátenme a mí ahora. Debe haber una manera de poder detener todo esto. ¿Nunca se acaba tu optimismo, Kanyu?, ni siquiera los gemelos pueden controlar nada, sólo nos arrastran de un mundo a otro y yo ya no lo aguanto. Sentsa. Voy a subir, ¡Yake, Sinke! Tal vez si nos alejamos todos de aquí lo antes posible… ¿Cómo va a funcionar eso? No sé, pero no quiero volver a estar cerca de ellos; si los encontramos o nos encuentran, algo pasará que arriesgará nuestras vidas… y luego apareceremos en otro mundo, algo ocurrirá y apareceremos en otro, ¡y así y así por siempre! No hay nadie. Yo tampoco encontré a nadie. Salgamos de aquí de una vez. Esperen, antes de eso, prometamos algo. ¿Qué? Que seguiremos con ellos sin importar lo que suceda. ¿Nos estás jodiendo, Kanyu? Sólo no creo que rendirnos sea la solución. Si seguimos así, en algún momento acabarán por matarnos. Sí, ¿y qué? ¿Eh? ¿No hemos acaso sido testigos de un hecho maravilloso de la vida? ¿No hemos comprobado que hay otras realidades en las que nosotros existimos y tomamos decisiones? Porque, como yo lo veo, Yuska tuvo razón, tuvimos la fortuna de encontrar a dos personas que pueden mostrarnos algo tan nuevo e importante, me siento afortunado, privilegiado; es una gran oportunidad para experimentar lo que nadie en nuestro mundo puede, imagínense todo lo que seremos capaces de hacer si logramos controlar estos viajes. Para mí vale la pena la posibilidad de morir en el intento. Estás loco de verdad. Yo apoyo a Kanyu. Ay, Yuska. Tú también estabas harta de todo esto. Sí, pero lo que dice Kanyu es verdad, tal vez sea aterrador a veces, pero viajar de mundo en mundo es una gran oportunidad, estoy segura de que podríamos llegar a hacer algo extraordinario con esto, algo que no podríamos sólo viviendo en un mundo. Pues hagan lo que quieran. Sí, nosotros nos vamos, Hinta, ven. ¿Hinta? Una oportunidad más, si no podemos regresar, haré lo que ustedes digan. Hinta, ya fue suficiente. Sólo una oportunidad más, por favor. Bien. ¿Sentsa? Bueno, ¡sólo una más!, la próxima nos alejaremos de ellos. ¿Eso cómo les va a ayudar en algo? No lo sé, pero lo vamos a hacer, vamos a buscarlos, pues. ¿Eh? Ahí están. ¡Ey, gem…!


    85


    Se encontraron los hermanos en lo alto de la escalera de su mansión. Se habían despertado vistiendo ropas ligeras por el calor, en sus camas, con un viento fresco entrando por las ventanas de los balcones. Primero tuvieron consciencia de que seguían vivos, como ya habían supuesto que sucedería antes de matarse. Luego se dieron cuenta de que ya no sentían el horizonte que dividía su realidad con otra; algo había pasado con los alter egos en los que habían caído, que ya no sentían que el aire que respiraban se entumecía en sus pulmones, los vivos colores del mundo ya no eran inverosímiles para sus ojos, el tacto con la materia ya no se sentía opaco ni distante. Todo era real. La tortuga y el pato estaban junto a ellos. No les sorprendió lo humano de su estética ni lo artificial de sus reacciones. Se incorporaron como si hubieran vuelto a nacer. Los hermanos no se hablaron en la escalera; no querían expresar con palabras ese increíble sentimiento de ya no estar en un mundo de ficción, pese a que en apariencia era exactamente el mismo de siempre.

    Escucharon el timbre de la reja. La voz de Yuska salió de la caja de control que estaba a un lado de la puerta.

    —¿Hola, gemelos, están ahí?

    Sinke bajó las escaleras y corrió hasta el monitor. Vio en la pantalla la imagen de los cinco chicos que en la realidad anterior habían muerto.

    —Ya abre de una vez, Sinke. Estamos perdiendo el tiempo —dijo Sentsa.

    —Exageras —dijo Ate—, sólo es una tarea, y ni siquiera es de gran importancia.

    —¿Cómo que no? —replicó Sentsa— ¿Oíste, Sinke? Ate dice que el último proyecto no es importante sólo porque no será calificado.

    —Tranquila —dijo Kanyu—, todavía hay tiempo para hacerlo.

    Yake bajó las escaleras lentamente, sobrecogido por dentro al oír esa conversación trivial, y que, sin embargo, le pareció en aquel momento tan emotiva, tan nostálgica y llena de vida que no pudo contener una sonrisa, y por poco tampoco contuvo las lágrimas.

    —Sínke, ¿qué sucede? —preguntó Hinta al ver a Sinke gimoteando en el monitor.

    —No, nada —Sinke apartó la mirada al contestar. Por su mejilla escurrían gruesas lágrimas mientras su boca mostraba los dientes.

    Pulsó el botón para abrir la reja y los cinco entraron.


    ***​


    El proyecto final del instituto Ítuyu, que se marcaba después de que los de tercer año terminaran los exámenes finales, constituía en un ensayo en grupos acerca de sus experiencias en el instituto. Los gemelos, dominados todavía por la felicidad de verlos vivos de nuevo, encerraron todo recuerdo de lo ocurrido, así como todo su raciocinio y su natural tendencia de sobreanalizar las circunstancias que vivían. Quedaron sumidos en un estado extraño en el que Sinke detuvo sus extravagancias y sus pláticas complicadas con su habla antigua, y Yake tampoco criticó nada, no se quejó de nada, no contradijo a nadie e hizo todo lo que le pedían. La realidad finalmente les había hecho aceptar aquel mundo como el suyo. En ese estado de alegre conformidad, no dudaron en escribir la aceptación de la realidad como parte de lo que su estadía en el instituto Ítuyu les había brindado, y para la incredulidad de sus amigos, ambos afirmaron que era un sentimiento honesto. Se veían llenos de paz, tan plácidos y seguros de esa tranquilidad que no se liberaron fácilmente de las preguntas de Yuska y Kanyu, y esa preocupación por ellos y esa muestra de hermandad no hizo sino incrementar sus sentimientos de simpatía y felicidad. Sentsa y Ate también los miraron con extrañeza, la primera quizás con cierto alivio que no ocultaba del todo su curiosidad; el segundo intentaba ignorar ese cambio, e interiormente les recriminaba por lo abrupto de sus actitudes. Hinta fue la única que pensó, al menos por un momento, que los universos paralelos habían tenido algo que ver, pero era un tema del que habían jurado nunca volver a hablar.

    Durante los días que tuvieron que esperar antes de la graduación, los gemelos no se molestaron en preguntarse nada sobre el mundo en el que habían caído, por lo que ya he explicado acerca de su conformidad. No se preguntaron por qué habían dejado de referirse a sí mismos como jínnyi para pasar a denominarse simplemente amigos. Tampoco se interesaron en averiguar lo que sus alter egos habían hecho en esa realidad. Durante ese corto periodo de tiempo, en el que vivieron en un estado de presente eterno, sin querer saber ni pensar, fueron felices.


    ***​


    La fiesta de graduación será monumental. Ataviados en sus coloridos trajes y vestidos, reunidos en el auditorio, donde hay siempre comida y mucha plática entusiasta, los recién graduados festejan con sus compañeros; ríen de sus experiencias, lloran los que temen no volver a verse, añoran con cinismo las vivencias escolares que, en su momento, juraron detestar; dicen que extrañarán a los estrictos profesores que eran sus pesadillas hasta hace pocos meses, claman que los caóticos días previos a los exámenes no fueron tan malos, afirman una y otra vez que extrañarán sus libros de texto, que en su momento odiaron, y que los seguirán leyendo durante mucho tiempo después, para no olvidar. Nada los hará amar más la escuela que el saber que ya no tienen que vivirla.

    Al anochecer comenzará la ceremonia de entrega de los diplomas. Como ya todos esperan, Yake y Sinke son los primeros en ser llamados por el director. Verlos de pie en frente de todos con modestas sonrisas, vistiendo la tradicional toga verde de los egresados en Danzilmar, recibiendo sus diplomas y reverenciando al director y a los profesores que los felicitan, será una imagen que se quedará con toda esa generación, incluso entre los que apenas se habían fijado en ellos hasta ese momento. Se dirigen hacia el micrófono, porque los egresados clamarán a grandes voces que digan su discurso al mismo tiempo, por la pura curiosidad y morbo por saber si cada uno puede continuar diciendo lo que el otro diga.

    Los gemelos sonreirán y les darán ese gusto.

    Hablarán al mismo discurso que todos los egresados hacen al terminar la escuela: lo que representó para su crecimiento emocional, lo mucho que extrañarán a los profesores y a la institución en general, un pequeño discurso que pretende sintetizar toda esa emoción y melancolía que sentirán al irse. Contarán cómo conocieron a los cinco chicos que los habían acogido en su grupo, brindándoles así una amistad eterna, motivando a los demás a hacer algo parecido, porque el principal objetivo de una escuela no es precisamente enseñar o transmitir información, sino promover el acercamiento humano para encontrar un lugar en el mundo, crecer por dentro, cambiar sus valores, actitudes, sentimientos y emociones hacia la vida para bien. Este discurso será lo que, unas horas después, será el más grande motivo de vergüenza de su vida.

    Al terminar la entrega de los diplomas, continuará la fiesta. La música no se hará esperar; el baile tampoco. Las alegrías se mezclarán con las tristezas con más intensidad conforme la noche avance. Ahí estarán los inseparables Délo y Déla, disfrutando su tiempo juntos antes de que Déla tenga que partir hacia Híns, en la península occidental, según contará a Yuska rato después, para estudiar Biología marina. Ate habló con Délo, quien estará optimista pese a su tristeza, pues él se quedará en Shórsta a estudiar Economía. Al menos le será fácil ir a visitarla usando el tren transpeninuslar.

    Hinta acompañará a Ále y Éla al exterior del edificio, pues tanta música les impide conversar con tranquilidad. Hablan del extraño club que habían fundado el primer año y lo tonto que les había parecido al principio. Le preguntan a Hinta por qué habían decidido terminarlo, y ella contestó, con algo de pena, que en aquel momento se dieron cuenta de que el jínnliù parecía no estar funcionando bien, por lo que decidieron distanciarse un poco.

    Kanyu, acompañado de su novia Ima, se encontrará con Dégo en la mesa de los bocadillos, y lo felicitó por el concierto de la semana pasada en el que había sido solista. Dégo dice que probablemente se irá a Kráings a continuar con sus estudios musicales.

    Sentsa se quedará un rato platicando con la maestra Nin acerca de sus planes a futuro. Sentsa le dice que quiere dedicarse a la educación como ella, y que en el examen vocacional había sacado una puntuación tan buena que prácticamente todas las universidades de Danzilmar la habían aceptado, pero no se decide a cuál sería mejor ir. La maestra Nin le sugiere la universidad de Kutuzá, su ciudad natal.

    Rato después, saldrán los siete amigos para recorrer el instituto Ítuyu por última vez.


    ***​


    Es aquí cuando la realidad vuelve a hacer estragos en la ya delicada condición de los gemelos. Es agobiante describir la amarga sensación de melancolía, el calambre espiritual que sienten los recién graduados al pasearse entre los obscuros árboles desde los cuales suenan grillos y brillan luciérnagas, sobre los caminos blancos alrededor del lago adornado de lámparas amarillas hexagonales, al subirse al puente rojo bajo el cual la luna se refleja en el agua, donde los peces, las ranas y los renacuajos existen ignorantes de que los ojos que los miran probablemente nunca más lo harán. Entran a sus edificios, miran los ahora vacíos cubículos donde los cuidadores controlan las entradas y salidas de los estudiantes; suben silenciosos las blancas escaleras de caracol, guardando en la memoria el sonido de cada escalón al pisarlo; visitan una vez más sus antiguas aulas y se sientan en sus antiguos lugares. Sonidos fantasmales, reminicencias de los recuerdos de sus clases pasadas, saldrán de la pizarra y de los pupitres; del abandonado marcador negro que aún yace apoyado en el metal de la pizarra brotará el mismo olor alcohólico; de las lozas blancas emanarán sonidos de zapatos y el aroma del detergente de los lunes.

    —Dentro de unos días nos separaremos —dice Kanyu con tristeza—, cada quién por su lado.

    —No te sientas así —dice Hinta—, estaremos en contacto y será fácil visitarnos aunque estemos muy lejos.

    Habían decidido no hablar de eso durante los días anteriores para evitar sentirse tristes. Se habían esmerado durante el último mes con impacientes ansias de terminar la escuela, sin apenas pensar en las implicaciones para sus vidas al salir; por eso la realización de que el fin había llegado los golpeó de repente al último minuto, y nadie podía explicar ni definir ese sentimiento de haber despertado a un nuevo mundo, de sentir que toda su vida hasta ese momento había sido un sueño.


    ***​


    Todos habían decidido inscribirse en diferentes universidades de Danzilmar. Sentsa anunció que le daría una oportunidad a la universidad de Kutuzá, como le había sugerido la maestra Nin. Yuska irá a Hyíng a estudiar Historia mientras se entrena para ser ciclista profesional. Hinta se irá a Dyánz a estudiar Criminalística. Ate irá a Láf a estudiar Filosofía. Kanyu irá a Utód a estudiar Ciencias Culinarias con Ima Lib. El conocimiento de esa separación hizo reaccionar a los gemelos. No tenían idea de cómo es que esas vocaciones habían llegado a formarse en aquellos cinco alter egos de sus jínnyi, ni qué experiencias o razonamientos justificaban aquellas decisiones académicas. En ese momento comenzaron a desvariar. En sus cerebros se clavaron como balas voces y sensaciones en todos los tonos y timbres que alguna vez habían escuchado salir de las bocas de los cinco.

    —¿Ustedes también tienen que irse en una semana? —preguntó Ate.

    El Sinke de ese mundo había decidido estudiar literatura en Rínd, y Yake en Génd.

    —Sí —dijo Sinke.

    ¿Por qué habían decidido alejarse tanto? ¿Solamente por pura vocación? En Shórsta también se daban todas esas carreras, ¿por qué no quedarnos todos aquí?

    —Volvamos al lago —dijo Yuska, poniéndose de pié—, es el lugar que más voy a extrañar.

    De camino de regreso al lago, decenas de imágenes pasan por los ojos de los gemelos. La sensación es peor que cuando habían recordado sus vidas en otros universos, como si en ése en particular hubieran vivido demasiado. Al llegar al lago no se oía ni un grillo; el agua estaba tan quieta como si todos sus habitantes se hubieran dormido. Aquel lugar bajo las palmeras a la orilla del lago se había convertido en un triste santuario en el que todos los seres vivos mostraban un solemne respeto por la aflicción de los siete. Los cinco chicos de ese mundo se vieron sentados de nuevo en aquel rincón que habían vuelto suyo, y que un día otro grupo de amigos adoptará como lugar de reunión y formará nuevos recuerdos bajo las palmeras. Se vieron comiendo, bromeando, regañándose, estudiando, aburriéndose, esperando, discutiendo y en silencio, y se imaginaron a hipotéticos grupos de amigos del pasado y del futuro representando esas mismas escenas.

    —¿Recuerdan cuando estuvimos aquí por primera vez? —pregunta Yuska, acariciando la palmera que los había abrigado por tres años.

    —Fue una situación incómoda —dijo Ate, pero pensó: “aun así, no fue tan mala”, y sonrió.

    Hinta levantó la voz:

    —Me pregunto si el próximo curso, cuando otros estén aquí, alguien de un año anterior que nos haya conocido dirá: ese es el lugar donde estuvieron los que fueron un jínnliù.

    Todos miran sus rostros y no ven la tristeza esperada en esas circunstancias. Una sutil felicidad yace bajo sus ojos nostálgicos. ¿Será que en el fondo queremos separarnos?

    Durante un largo rato siguen recordando hechos ya conocidos para el lector, riéndose de ellos aunque no hayan sido episodios graciosos, sólo para mitigar la nostalgia que sentirían al llegar la hora de irse. De repente Yake siente un agudo dolor en la garganta, como el golpe de una guillotina helada; Sinke siente un hacha cayéndole repetidamente en la garganta también. A ambos se les corta la voz, se les cierran los ojos, se voltean para esconder sus rostros y gimotean.

    —¿Qué les sucede? —pregunta Sentsa.

    —Nada —dice Yake.

    Sinke dice lo mismo. Sus voces son secas y débiles, pero no tienen tristeza notable.

    Los alter egos de ese mundo también habían viajado a otras realidades como ellos, y también los jínnyi lo habían hecho. Revivieron cuando Kanyu mató a Ate, cuando Sentsa quedó drogada, entre otros muchos sucesos no conocidos que, posteriormente, los llevaron a dejar de verse del mismo modo que antes. No pudieron soportar el volver a considerarse un jínnliù, por lo que dicha sociedad fue disuelta. No se separaron, sino que continuaron juntos bajo la definición clásica de amistad durante el tiempo que continuaron en el instituto. Pero en el fondo no estaban convencidos de su honestidad. Quizás habían permanecido juntos sólo por sentirlo como su obligación, tratando de compensar las experiencias que vivieron en esas realidades. El fin del instituto conllevaría una oportunidad para escaparse. Todo eso son suposiciones de los gemelos, pero en el estado de amargura que intentaban disimular frente al lago, no les queda fuerza intelectual para pensar de otro modo.

    —Tenemos que irnos —dice Sinke.

    —¿Te duele algo? —pregunta Yuska.

    —Sólo estamos algo tristes —Sinke sonríe forzadamente.

    Ya no quieren estar en esa realidad, una en la que, a largo plazo, quizá todo volvería a ser como la que ellos habían intentado evitar. Se levantan.

    —Bien, nos vemos mañana —se despide Hinta, intentando animarlos con una sonrisa amigable, su sonrisa típica que nunca lograba ocultar su profunda preocupación.

    La música aún sale estruendosamente del auditorio cuando los gemelos abandonan el instituto. Muchos jóvenes también se retiran o se detienen a conversar o a besuquearse en la entrada.

    No son ellos, no son los mismos que han conocido de siempre, los del mundo de la gravedad, el de la mansión, el del dragón, el del barco, y los dos lo piensan casi a la vez.

    Pronto dejan atrás el instituto Ítuyu, sus pensamientos continúan en él hasta que la música deja de oírse.

    Las callejuelas de camino a su mansión están silenciosas, un silencio asesino en el que las visiones de las experiencias de sus alter egos se materializan.

    —Me odió, hermano, lo recuerdo ahora —dice Sinke, con voz sombría—, Hinta me odió en cuanto regresamos, me odió y tuvo miedo de mí.

    —A los dos.

    —Primero compañeros, y luego me odió.

    —Y Yuska también. Y todos.

    —¿Nos importa acaso, hermano?

    —No debería, y sin embargo, sucede.

    Llegan a la mansión. En su estado mental, les parece lúgubre, indeseable, pero también un refugio cómodo mientras llega la mañana. Caminan lentamente hasta la entrada, y de ahí suben por la escalera, totalmente a oscuras salvo por la luz de la luna que entra por la enorme ventana.

    —¿Qué vamos a hacer entonces? —pregunta Sinke.

    —Seguir existiendo, aquí o donde sea —responde Yake.

    Se dirigen a sus habitaciones, se quitan la ropa de gala y se tumban sobre sus camas. La suavidad y frescor de las sábanas y los colchones los abrazan, pero no alivian la combustión que bulle de sus reflexiones. Hay una pesada sensación en la oscuridad de sus recámaras; pensamientos que no son suyos los adormecen, pensamientos descontrolados, pero por alguna razón comienzan a sentirse bien con ellos, como si se integraran y los aceptaran para formar parte de sus propias vivencias. En otras realidades, alter egos suyos están pasando por un momento similar, y los sienten cada vez con más fuerza.


    [1] Cordillera Krénd.
     
  15. Threadmarks: Capítulo 30. El último golpe (2)
     
    Paralelo

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    5271
    Capítulo 30. El último golpe (2)



    Kanyu tocó la puerta que los estudiantes que había encontrado le indicaron. No pudo ocultar su alegría cuando Sinke le abrió. Se saludaron con un abrazo y entró.

    —Te dejaste crecer el cabello —dijo Sinke—, me gusta, te ves mucho mejor así.

    —Y tú no te lo has cortado nunca —dijo Kanyu—, ¿no te molesta?

    —No, sólo me pongo una cola cuando hay mucho viento.

    Kanyu vio la computadora encendida y el documento en el que trabajaba Sinke.

    —¿Estoy interrumpiendo? —preguntó— Si quieres, vuelvo cuando termines.

    —No te preocupes —dijo Sinke—, eso es una novelita que estoy escribiendo.

    —¡Vaya! ¿De qué trata?

    —No creo que interese a nadie —dijo Sinke, aparentemente bromeando—, trata de una persona que se vuelve loca y ocurren cosas quijotescas pseudofilosóficas. Se me ocurrió cuando la vi en un sueño en el que estaba en un desierto.

    —Suena bien —dijo Kanyu—, cuando la termines me gustaría leerla.

    Sinke le ofreció un té de espina de pescado tradicional en la isla de Rínd, tenían que beberlo con cuidado para no tragarse una espina. Hablaron un rato acerca de sus carreras. Kanyu se alegró de volver a escuchar la manera antigua de hablar de Sinke.

    —¿Cómo vas con Ima? —preguntó Sinke, con una emoción algo exagerada.

    —Todo va muy bien —dijo Kanyu—, tuvimos algunos problemas para acoplarnos al ritmo de vida en Utód, pero en sí todo va perfecto.

    —Así que dio resultado eso de “¡Ah! Déjame aprender a amar tu mente del mismo modo que amo tu cuerpo” —Sinke exageró un tono poético.

    —Búrlate, amigo, pero al final sí que tenía mente y alma para amar.

    Siguieron hablando por poco más de una hora, Sinke sirvió un poco de licor de naranja. Conforme pasaba el tiempo, Sinke notó que la animosidad inicial de Kanyu decrecía, como si estuviera postergando el momento de hablar de algo más importante. Después de hablar de algunas otras tontas reflexiones de su vida vista desde ese periodo de tiempo, Kanyu preguntó repentinamente:

    —¿Cómo está Yake?

    Era poco creíble que Kanyu hubiera esperado tanto tiempo para preguntar por él, pero Sinke no le tomó importancia.

    —Sigue en Génd —contestó—, a veces se pone en contacto conmigo, pero casi nunca hablamos.

    —¿Y los demás? —preguntó Kanyu, poniéndose serio.

    —No, no he hablado con los demás en años —dijo Sinke—, ¿por qué pones esa cara?

    Kanyu miró con tristeza las espinas blancas del fondo de su taza.

    —Creo que tu hermano y tú deberían reunirse con ellos para arreglar algunas cosas —dijo.

    —¿Qué? —Sinke rio—, bueno, tal vez sea verdad que no nos hemos hablado en mucho tiempo, pero tanto como “arreglar algunas cosas” me suena exagerado, ¿no?

    —No están muy contentos, en especial en estas fechas, cuando… ya sabes, lo de Hinta.

    Sinke disimuló su repentino desconsuelo. Bajó su taza y miró la mesa de madera tallada con bajorrelieves de critaturas mitológicas danzilmaresas.

    —No es nuestro problema si aún nos culpan por eso —dijo Sinke, algo cínico.

    —Pero aunque no lo crean así, no me parece bien que así sea como terminemos. Después de todo fuimos jínnyi.

    Sinke se puso de pié y caminó hacia la puerta.

    —Lo pasado es presente y es futuro —dijo tranquilamente—, pero un camino no puede ser desandado en estas circunstancias —abrió la puerta y miró a Kanyu—; en otras, podrán ser.

    Kanyu entendió el mensaje y se aproximó a él, se colocó del lado exterior de la entrada y le dio una última sonrisa optimista igual a la del primer día de su unión al jínnliù.

    —¿Hablaremos cuando estés más tranquilo?

    —Dalo por hecho —dijo Sinke, sonriendo fraternalmente y dándole una amistosa palmada en el hombro.


    86


    Cuando los gemelos se dieron cuenta, ya no estaban volando sobre la ciudadela Ítuyu en medio de la selva, se sintieron débiles y cayeron de rodillas. El carnaval del verano los rodeaba; la estridente música salía de enormes bocinas en carros alegóricos decorados con zigzags coloridos, hechos de papel opaco de bambú. La música mezclaba sonidos electrónicos modernos con melodías de escalas tradicionales, los típicos tarareos de la música danzilmaresa sonaban con ritmos de baterías, guitarras e instrumentos tradicionales. Sobre los carros, diversas representaciones del arte y cultura danzilmareses se exhibían con improvisadas danzas; bailarines con máscaras de dragón danzilmarés hacían como que lanzaban agua en cubetas a la gente. Mujeres y hombres de gran belleza se exponían con prendas de la antigüedad, como guerreros y guerreras, princesas y príncipes, poetas y poetisas. Había también el baile desenfrenado, los papeles de colores ensuciando las calles, los bailarines de bastón largo danzaban entre los carros. La gente, embriagada en dicha, veía pasar los carros y los seguían con alcohol en sus sistemas. Algunos se besaban; otros estaban al límite del nudismo. Pero la masa humana era feliz ahí, indiferentes al inmenso dolor que los gemelos sentían en el suelo cuando las memorias de todo el tiempo perdido de esa realidad les entró como una daga en el cerebro. Nadie les prestaba atención ni se preguntaba por la razón de su repentino colapso.

    —¡Yake! —gritó Yuska entre la muchedumbre.

    Pronto los demás también surgieron de los festejantes, asustados y aliviados por el repentino cambio y el inesperado ambiente de carnaval.

    —¿Están bien? —preguntó Kanyu.

    Sinke se levantó con dificultad.

    —Para ustedes sí —contestó exaltado—, pero nosotros los tenemos a todos ellos aquí —se tocó la cabeza. Ja, ja, ¿no les parece algo poco común que Sentsa haya aceptado venir a esta celebración? ¡Miren cuánta alegría a nuestro alrededor!

    Hinta lo tomó de la mano.

    —Mejor vamos a su casa —dijo.

    —¿Ya todo terminó? —preguntó Ate, quien empezaba a recordar también— ¿Ya no habrá más viajes?

    —Eso es algo que no puede saberse —dijo Sinke, cada vez más histérico— Pero miren qué aventura sin estar nosotros conscientes de nuestras situaciones. Durante ese tiempo aceptamos esas realidades como si nada, y al recordarnos que no éramos de ahí, volvíamos a cambiar —cada vez hablaba más fuerte—. ¡Pero cuánta seriedad pudimos sacar de esa banalidad, cuántas existencias hemos adquirido, cuántos seres somos ahora, seres que quieren salir y gobernarnos! ¿Quieren otra ronda de viajes?

    Hinta lo abrazó por detrás, llorando de rabia, lo apretó con fuerza.

    —¡Ya, Sinke! —gritó— No sé si lo puedas controlar, pero por favor, haz todo lo posible para permanecer aquí. Ya han sido demasiadas realidades, no pueden hacernos sufrir así.


    ***​


    Mientras Sinke habla, Yake se incorpora poco a poco.

    —¿Estás bien, Yake?

    La dulcísima voz preocupada de Yuska lo hace retroceder con un temblor. Quiere mirarla, y al mismo tiempo no quiere; su presencia le da gozo, y le da nauseas; quiere abrazarla, y también apartarla.

    Sale corriendo; desaparece en el mar de alegres seres embriagados de carnaval.

    Yuska no pronuncia su nombre al escapar; en el furor de los ojos de Yake había visto la orden de no acercarse. Nunca le había hecho caso cuando él le indicaba con su actitud que quería estar solo, y esa rebeldía suya casi siempre había terminado bien para los dos, pero esta vez no tiene el valor de ir tras él. En el fondo no está muy preocupada; tiene la confianza de que ya no volverán a cambiar de realidad, porque, desde el principio, había supuesto que, si no podían regresar a ese mundo, era porque los gemelos aún tenían que arreglar algún problema entre ellos, algo que les aquejaba y hacía miserables, y que quizás esos viajes habían servido para arreglarlo todo. Ingenuamente cree que ya todo está resuelto aunque no sea muy evidente todavía.

    —¡Ya! —gritó Sentsa. Se acerca a Sinke, aún abrazado por Hinta, y le clava unos ojos furiosos y suplicantes, temblándole un poco la espalda por la ira—. ¡Idiota! Te dije que no volvieras a hacer eso, lo que sea que fuera que nos cambiara de mundo.

    —Sentsa, cálmate —dice Kanyu—, ya todo terminó.

    Trata de acercarse, pero Sentsa lo empuja tan violentamente con ambas manos que casi lo hace caer. Kanyu se queda con la boca abierta.

    —¿Ya terminó? ¿Y hasta cuándo será eso? —la voz de Sentsa se vuelve pesada— ¿Cuánto tiempo estaremos aquí hasta que vuelva a pasar lo mismo? ¿Qué te hace pensar que no volverán a hacerlo? Tal vez no hoy ni mañana, pero en algún momento lo volverán a hacer y nosotros vamos a pagar por eso si nos quedamos con ellos. ¿No estás de acuerdo, Ate? —voltea a mirarlo.

    Ate no sabe cómo poner sus pensamientos en palabras. Nunca lo habían visto tan agitado e intimidado, como si entendiera lo que Sentsa insinúa con ese tono tan aseritvo, pero no supiera si apoyarla o no en ese estado. Titubea y no logra decir nada.

    —¡Voy a dejar el jínnliù! —exclama Sentsa.

    La alegre música y ambiente festivo opacan las reacciones de esos chicos para las consciencias de los que pasan por ahí, perdidos en su propia diversión, ajenos al dilema que viven los jovenes que han estado en otras realidades.


    ***​


    Se ha terminado, el instituto Ítuyu se ha terminado. Yake sube las escaleras y se dirige a su habitación. La mansión oscurece conforme el sol se oculta. No enciende ni una luz. Ya somos todos bachilleres, y ni siquiera estuvimos aquí. Los recuerdos de todo el tiempo que estuvieron ausentes terminaron de acoplarse en su cerebro para cuando llegó a la puerta de su cuarto. Su tortuga estaba en el corredor. Yake la dejó entrar con él. Se quitó los zapatos, arrastró una silla y se sentó frente al balcón, encarando la tarde que menguaba. Intentó dormir. La tortuga se recostó a su lado.


    ***​


    “¿Ya estás en paz?”

    —¿Eh?

    “A salvo de nuevo en tu realidad, bueno, en la realidad que has experimentado desde que tienes consciencia”

    —¿Quién eres?

    “Proyecto soy, como lo son todos. Aunque supongo que a partir de ahora seré tu proyecto, aquello que decidas hacer de mí”

    —Yo… eres; alter ego mío.

    “Era otro Tú. Me sacaste de mi realidad; me dividiste. Ahora sigo en ella, viviendo como siempre, desarrollando el proyecto que había planeado, pero me adquiriste; robaste mis conocimientos, mis poderes, mis recuerdos, pero también mis sentimientos, mis ideales, mi deseos”

    —¿Cómo te saco?

    “¿Cómo lo sabría yo? Tú eres el que ha hecho todo esto, vive con ello”

    (A mí también. ¿Recuerdas? Soy el que habitaba la isla. Imbécil, si no hubiera sido por tu influencia, por tu patético deseo de no lastimar a nadie, habría evitado su hundimiento. Es tarde para quejarse, después de todo, ahora tus deseos y sentimientos para con esos seres que destruyeron mi isla son míos también)

    —¿Todos ustedes están aquí?

    /Estamos y somos en ti, ¿por qué no lo entiendes?/

    “Tiene miedo; es más patético de lo que cree”

    /Se arrastrará a la locura si no lo domina/

    —¡Tú eres el de la gente blanca!

    /No viste el color de tus ojos, ¿recuerdas? Porque no te conocías/

    —No me expliques.

    (¿Qué nos mantiene en este mundo?)

    —¿Qué nos mantiene?

    [Lo que seas tú lo somos nosotros, lo que te ata a ti nos ata a nosotros]

    —No lo sé, ni siquiera entiendo qué provoca exactamente nuestros viajes.

    /No hablamos de esos viajes. No los provoques. Así sólo conseguirás más y más alter egos/

    [No los busques. Acabarás existiendo tanto que ya no serás nadie]

    —Se refieren a volver a donde inició todo.

    “Nuestra realidad original. Ahí debe estar la solución”

    {Aún podemos sentir nuestro horizonte; el horizonte que siempre nos gritó que volviéramos a él. ¿Cómo vamos a llegar?}

    —Desearlo no nos funciona, lo hemos intentado desde siempre.

    (Mientes, en parte no creías que fuera verdad lo que sentíamos)

    —Las circunstancias lo indican ahora más allá de toda duda.

    [¿Quieres ir entonces?]

    —¡Sí, sí quiero!

    =¿Qué te ata aquí entonces?=

    /¿No respondes?/

    #Sabemos todos ya la respuesta: son ellos, en especial ella#

    {Por ella has abandonado tu realidad; con su ficción te ha seducido}

    “Pero no te culpamos; a algunos de nosotros nos pasó igual. Lo sabes, conoces cada instante de nuestras vidas como si las hubieras vivido. No somos invulnerables”

    <Si quieres ir a tu realidad, debes liberarte>

    —¿Cómo?
    <Hace mucho tiempo que sabes. Decías que no tenías prisa por llevarlo a cabo, pero a todos nos parece que el momento es propicio>

    —No podemos saber si va a funcionar.

    /¿Tienes una mejor idea?/

    =No, míralo. En el fondo no queremos irnos=

    {No queremos joder lo que hemos creado aquí. ¡Poco a poco hemos aceptado esta realidad!}

    (¡Qué vergüenza siento por nosotros! Tan hostiles hacia este mundo, y al mismo tiempo con tanta admiración por él)

    “¡Ah, Yuska! ¿Por qué has tenido que anclarme? Jínnyi, ¿por qué me han enterrado hasta el cuello en sus fangos?”

    <Y sin más razón que la pura costumbre. Somos la vergüenza de lo que tanto clamamos. La realidad nos ha ganado>

    #¡No! No ha de ser así. Aún podemos revelarnos contra ella. Hasta ahora ha estado haciéndonos lo que quiere, pero aún podemos dar un último golpe de libertad#

    “No elegimos cuándo ni dónde nacer. De manera limitada podemos elegir cómo y por qué vivir. Morir es la única certeza que podemos conseguir. Con suerte nos esperará otra vida, una en otra realidad que podamos llamar nuestra”

    —Cállense.

    [La novela ha terminado. No hay nada más que leer]

    —¿Ninguno de ustedes va a defenderme? ¿Nadie puede ver que aún hay razones para permanecer aquí?

    /Tú nos sacaste a nosotros. También creíamos que nuestras realidades aún tenían algo que ofrecernos. Con qué cara nos exiges que nos resignemos a aceptar la tuya/

    —Haremos lo que yo elija. Ustedes son mi proyecto. No tienen poder sobre mí.

    <Me temo que así es. Mientras tu cuerpo esté bajo tu control no podemos hacer nada. Pero considéralo, sabes que quieres hacerlo, por tu ser, por tu estar>

    —¡Cállense!

    #Tú eres el verbo, nadie te quita ese derecho, pero nosotros somos voz, y no queremos permanecer aquí#

    {No es fácil, poco a poco te vuelves parte de nosotros: comenzamos a sentir tu aprecio por estos seres y el aprecio que empezaste a sentir por este mundo durante todos tus viajes}

    /Cada realidad que visitabas sólo te hacía sentirte afortunado de haber existido en ésta, y ese sentimiento se está pasando a nosotros. Así que, antes de que tu consciente nos entierre, tenemos que insistirte de nuevo: Muramos/

    —Cállense.


    ***​


    Se han ido Sentsa, Ate y Yuska a sus casas. La primera se fue apenas terminó de gritar contra Sinke, hirviendo en furor y afligida hasta las lágrimas a la vez. El segundo permaneció unos minutos más hasta que vio a Sinke tomar parte en aquella fiesta, como si se hubiera olvidado de todo lo que había pasado y no hiciera más que ignorar a los jínnyi; luego se escabulló entre la gente sin despedirse. La tercera estuvo con ellos media hora, periodo durante el cual Sinke se unió a la alegre caravana de jóvenes celebrantes, bailando al son de la música azarosa que ahora dominaba el carnaval, bebiendo cerveza y animando a los demás a unirse. Se fue de ahí porque la preocupación por Yake y Sentsa le impidió tener cualquier goce fiestero, y durante todas las horas que pasó hasta que quedó dormida en su cama, no dejó de preguntarse si estarían bien todos.

    La locura del carnaval aumentaba conforme los relojes se acercaban a la media noche. Kanyu se había quedado acompañando a Hinta, movido por la fuerza del deber, para que no estuviera sola en ese momento de gran turbación, pues era evidente que Sinke estaba en otra realidad frente a ellos, como si al dejarse llevar por el ímpetu de la música y el alcohol postergara el inevitable momento de enfrentarse a la realidad a la que habían vuelto.

    —No tienes que quedarte, Kanyu —dijo Hinta—, vete a tu casa.

    —No, Hinta. No te voy a dejar sola así.

    Apenas podían oírse por la fuerte música, pues no querían alejarse y perder a Sinke de vista.

    —Esto es humillante —Hinta apretaba el cuerpo con enojo—, sé que él es así desde siempre, pero ahora sólo lo veo como un cobarde.

    —¿Vas a seguir siendo su novia? —Kanyu nunca supo qué cosa en el tono de Hinta le impulsó a hacer esa pregunta.

    —Ya no lo sé —tardó un rato en responder.

    Kanyu pensó que Hinta decidiría irse en algún momento, o eso parecía sugerir su lenguaje corporal cada tanto. Sin embargo, alrededor de las diez y media, algo le pasó a Sinke que lo hizo caer al suelo, como si lo hubiera golpeado un rayo.


    ***​


    (¿Cuánto más vas a seguir haciendo el ridículo?)

    No te hago caso.

    [Mira a los demás mirándote, embobados por tus pasos de Kozak. Patéticos. Mejor es irnos]

    No.

    “¿Intentas burlarte ahora?”

    Ustedes son los que me hablan con ironía. Mejor cállense un rato.

    /Cierto, cabrón. Mejor sigue bailando frenéticamente, así todo estará bien/

    “¿Por qué no sigues con algo de Povzunec?”

    Buena idea.

    (Más aún, ¿por qué no haces sonar la música más allá de tu cabeza? Deja a todos perplejos cuando escuchen que sale música de ti)

    /Ya están perplejos; hemos estado así durante mucho rato, están empezando a apostar en cuánto tiempo se te van a romper las rodillas/

    #Somos el espectáculo de esta calle, al parecer#

    No me importa.

    —¡Uoh!

    =Déjame salir un poco y los sorprenderemos con nuestra manipulación de la materia; convertiremos sus cervezas en agua=

    Paso.

    <Ya nos están doliendo un poco las piernas>

    Todavía podemos seguir.

    [¿Quieres seguir bailando para siempre?]

    {Así no tendrá que volver con ellos. Ah, ¿qué estará pensando nuestra novia ahora?}

    +¿Nuestra?+

    =¿Ya está comenzando a importarnos?=

    /Él es la mente dominante, estamos sintiendo lo mismo que él/

    (¡Carajo! ¿Dejaremos de existir para formar parte de la existencia de este Sinke?)

    <El Sinke que controla la tierra tiene razón. Yo quiero salir un rato>

    ¿Qué se supone que vas a hacer? Ésta ya no es la realidad en la que habitabas.

    <Eres demasiado alocado, quisiera irme a un lugar más tranquilo>

    Pero a mí me gusta aquí.

    “No vale la pena discutir con éste tonto, muchachos. Tenemos que resignarnos a lo que él decida”

    —¡Uoh!


    ***​


    La multitud lo rodea y comienza a convulsionarse.

    —¡Sínke! —grita Hinta aterrada.

    ¿Qué ha pasado?

    #¡Ha llegado uno nuevo!#

    )¿Dónde estoy?(

    /Bienvenido a la mente de tu alter ego de esta realidad/

    )¿Otro viaje?(

    [¿Ya has viajado antes?]

    )Muchísimas veces(

    ¿Eh? ¿Qué es esto?

    El alter ego recién llegado llena su cerebro con todas las experiencias que había tenido. Sinke siente un dolor insoportable.

    =¡Joder! ¿También tienes alter egos en ti?=

    )¡Ah! Sí, he viajado a otras realidades y absorbí a otros(

    —Háganse todos a un lado, ¡llamen a una ambulancia!

    —¿Qué te pasa, Sinke? —pregunta Kanyu, alterado.

    Los miembros de Sinke temblaban.

    )¿Hinta?(

    “Tus memorias se nos están pasando a nosotros”

    [¡Ah, perfecto! Ahora tenemos este dolor nuevo]

    Recuerda ahora lo ocurrido en la ceremonia de clausura, el recorrido nocturno del instituto Ítuyu y todo lo demás hasta que cayó sobre su cama.

    /¿En serio dijimos todas esas tonterías/

    (Tranquilo, estaba emocional. Yo lo hubiera hecho también)

    —¡Sinke! —grita Kanyu.

    El gemelo se tranquiliza; se queda inmóvil sobre el asfalto. El Sinke recién llegado también termina de recordarlo todo. Ya no existe por su cuenta; ahora se ha mezclado con un alter ego que ha vivido viajes similares a él. No sabe si sentirse aterrado porque su existencia independiente ha terminado o sorprenderse porque ahora existe mucho más, al lado de todos esos alter egos.

    —Supongo que ya me cansé —ríe Sinke, con voz temblorosa.

    Los alter egos que el recién llegado traía se acoplaron junto a los demás.

    +Miren cuántas habilidades tenemos entre todos+

    *Yo no quiero existir así para siempre. Pero… ¿por qué me siento así?*

    =Tranquilo. Te estás acoplando a la mente consciente de este Sinke=

    *¡Carajo!*

    —Ya está bien.

    —Solamente se cansó.

    —¿Cómo no va a ser después de todo lo que bailó? Oye, amigo, ¿quieres un poco de agua?

    Sinke tomó el vaso que le ofrecieron y bebió. Sintió una parte de ella congelarse en su boca.

    ~Lo siento, creo que lo hice yo~

    (¿Lograste salir un poco?)

    ~No sé, el agua sólo suele congelarse un poco cuando la toco~

    [Entonces los demás también podremos salir]

    —¡No! —el intenso grito de Sinke, como una violenta ráfaga de aire, opacó el ruido de todo el festival, muchos de los que estaban cerca se espantaron, pero la música no se detuvo.

    :Esa es parte de mis habilidades:

    “Al parecer la llegada de ustedes bajó la capacidad de control de Sinke”

    ¡Ya no los aguanto más!

    Sinke se levanta tambaleándose. La gente que lo había visto gritar se aparta confundida.

    —¿A dónde vas, Sinke? —pregunta Hinta.

    —Debes descansar un poco —dice Kanyu—, ve a tu casa.

    ‘No tienen idea de lo que sucede aquí adentro, si me dejas, me infiltraré en sus mentes para hacerles saber lo que nos sucede’

    “No valdrá la pena, sólo nos tendrían lástima”

    Sinke los miró con una sonrisa forzada.

    —Vayan a sus casas —dice alegrando su voz—, se está haciendo tarde; tu padre se enojará.

    Les da la espalda y se aleja de ahí corriendo.

    Hinta quiere ir tras él, pero Kanyu la detiene.

    —Creo que quiere estar sólo —dice.

    —Debería poder ayudarlo yo —dice Hinta, llorosa.

    —Si recuerdas todo lo que pasó, creo que ya sabes que no podemos ayudarlos de verdad.

    —Pero… ¿por qué no?

    —Porque ellos no son de esta realidad. Tienen problemas que nos pueden explicar, pero no podemos comprender. Déjalo solo.

    Kanyu la acompañó hasta su casa.


    ***​


    Sinke se alejará del festival en dirección opuesta a su casa, no le importa hacia dónde se dirige. Sus alter egos se calmarán entre más adquieren las experiencias de los demás. Caminará por más de una hora.

    )En este mundo sí somos novios, en el mío esa oportunidad se arruinó(

    /No es momento de seguir pensando en eso. Ya tenemos mucho con haber visto morir a nuestros jínnyi/

    =¿Todavía les importa el jínnliù a estas alturas? ¿En serio no se dan cuenta de la importancia de lo que nos está pasando?=

    —Sí, pero ¿qué podemos hacer? Estoy muy cansado de todos ustedes, no puedo pensar.

    <¿Todavía piensas que vale la pena estar en esta realidad?>

    —No, por favor, no me hables de eso.

    )Ya veo, también tú has pensado en la idea del suicidio(

    +Casi todos nosotros lo hemos pensado como una manera de ir hacia el horizonte+

    —¿En serio quieren que me suicide para saber si así vamos a nuestra realidad?

    #Si todos tenemos ese sentimiento, por algo será#

    )¿Qué pasa si en realidad acabamos cayendo en otro alter ego, y el ciclo se repite infinitamente?(

    —Acabaríamos condenando a otro Sinke a cargar con todos nosotros, y yo dejaría de existir aquí.

    <Como todos nosotros en nuestros mundos>

    Se sentaron en una banca despintada de la calle. Se habían adentrado en una colonia desierta donde la iluminación fallaba como el día en que habían hecho la actividad de la casa abandonada. Sólo había rumores muy lejanos de fiesta y un viento frío que venía del mar.

    —Yo todavía quiero permanecer aquí.

    “¿Estás seguro? Los demás no parecen muy felices con ustedes. Sentsa incluso renunció al jínnliù

    {Tal vez se les pase dentro de poco}

    [Eso si no ocurre otro viaje. Eso pondrá locos a todos]

    ‘A todo esto, ¿qué será lo que ocasiona los viajes?’

    —Quizás nuestros deseos reprimidos, algo que queramos exteriorizar o lograr.

    )¿Por qué queríamos matar a Yake?(

    *No lo tenemos muy claro todavía, alguna razón absurda ha de ser*

    /¿Y eso ya se resolvió?/

    <Ya todo quedó olvidado, o perdonado incluso, porque ahora vemos que no importa quién tenga razón con respecto a todo esto>

    —Ya no tiene caso. Ambos perdimos.

    #Me reconforta un poco pensar que, ahora mismo, los alter egos de los que vinimos siguen viviendo las vidas que dejamos atrás#

    ‘Me pregunto qué tanto podrán recordar’

    {Tendríamos que volver a uno de ellos para saberlo}

    )Nuestro hermano quizá ahora mismo esté hablando con sus nuevos alter egos, si el Yake de mi mundo también viajó hasta aquí al igual que yo(

    “Quisiera verlo hablar consigo mismo, de seguro se ve tan ridículo como nosotros”

    +Me pregunto a qué conclusiones estará llegando+

    )Ya conocemos a nuestro hermano; de seguro está haciendo un melodrama peor que el nuestro(

    =No me sorprendería si ya está calmado, incluso más que nosotros=

    —Hermano —dijo en voz alta, sonriendo y relajado.

    [Creo que más bien sus alter egos serán más renuentes a aceptar este hecho de la realidad]

    ‘Le estarán insistiendo que quieren salir, que tienen que ir al horizonte, sin dejarlo en paz. Es así de terco aun en todos esos mundos’

    )Le van a estar insistiendo que se suicide(

    —No, ¿verdad? —desaparece su tranquilidad.

    /Yake tal vez…/

    —No.

    <Él siempre ha sido más capaz de desprenderse emocionalmente de este mundo>

    —No lo haría; tiene a Yuska y la quiere.

    =¡No sabemos con certeza qué tanto eso es verdad! Podrían convencerlo de lo contrario=

    —¡No!

    )¡Hay que ir, Sinke! Sabemos que es capaz de hacerlo, ¡Rápido!(

    —¡Yake!


    ***​


    Nunca había visto a Sinke tan desesperado. Su pánico era tal que apenas respiraba mientas corría hacia su mansión. Su turbación le impedía sacar toda su velocidad; se maldecía por eso. Intentó volar; no le importó que alguien pudiera verlo. Apenas lograba levitar unos metros por unos segundos, y la velocidad con la que avanzaba en el aire era tan lenta que era mejor seguir corriendo. Mentalmente le gritaba a su hermano que no lo hiciera, que no fuera tan estúpido, y que dejara de lado la tontería de ser originarios de otra realidad. “No podría ser verdad”, gritaba en su mente, “es todo una fantasía, ¡no vamos a ir a ningún lugar al morir!” Algunos de sus alter egos le decían que tenía razón porque cuando ellos habían muerto, como el Sinke que fue decapitado o el Sinke que hizo estallar la tierra, sólo habían regresado a los universos de los Sinkes cuya mente dominaba en aquel momento, pero los otros alter egos pensaban que lo del suicidio podría funcionar si los que murieran eran los de las mentes dominantes, que quizás si el Sinke que había sido decapitado por Ate no hubiera sido invadido por otro Sinke, habría funcionado su muerte y ya estaría en su mundo real. “¡No piensen eso ahora!” La sensación de ácido en sus venas le hacía temblar, pero sus piernas siguieron corriendo lo más rápido que podían.

    Al llegar a la mansión, de un salto intentó cruzar el muro, pero apenas logró ganar altura para aferrarse a la cima y trepar. Aún sin haber cruzado, vio la oscura habitación de su hermano con la ventana del balcón abierta, pero las cortinas cerradas. En el barandal del balcón, el pato agitó las alas desesperadamente al ver al gemelo aparecer tras el muro. Sinke se apuró a dejarse caer al otro lado. Sintió un dolor en las rodillas cuando aterrizó; la desesperación absorbía sus fuerzas poco a poco, y cuando llegó a los pies del balcón se sintió exhausto. Con la poca energía que le quedaba, tomó aire y dio un salto que le permitió asirse al barandal. Sus brazos vibraron al hacer fuerza para subir su cuerpo, y al dejarse caer al interior se sintió desfallecer. Se levantó temblando, sintiendo frío y calor a la vez. Deseaba con toda su voluntad que su hermano estuviera durmiendo cuando apartara la cortina.

    La luz de la luna no había iluminado la habitación ni por dos segundos cuando Sinke se abalanzó sobre las piernas colgantes de su hermano, y con todas sus fuerzas lo elevó para que la gruesa soga, que colgaba del candelabro del techo, aflojara la presión sobre su cuello. La respiración de Sinke se oía como gemidos que no terminaban de salir, entrecortados, secos y sin aire, como si gritara con voz inaudible. Yake estaba completamente rígido como el acero. Los agudos sentidos de Sinke no pudieron oír su corazón ni sentir su pulso. La luz de la luna iluminaba los ojos cerrados de Yake.


    ***​


    Yake se despierta. Está frente a la ventana de su balcón, mirando la enorme luna llena junto a su enorme tortuga. ¿Ya volví a mi realidad? ¿Ah? Siente que mil hachas ardientes se le clavan en el cerebro. Queda ahogado en imágenes, sonidos y sensaciones de un enorme número de vidas alternas, de las cuales su cerebro archiva con dolor cada instante, cada experiencia, cada pensamiento que tomó lugar en todos esos mundos, y deja entonces de ser sólo uno y se vuelve muchos en una misma mente, cuyas personalidades y deseos quieren hacerse oír. Todo eso será y estará en él para siempre.

    Queda tumbado a los pies de la cama. La tortuga se ha despertado y mantiene su distancia. Siente Yake que su diafragma no absorbe oxígeno, que en sus venas ahora no hay más que ácido, que sus nervios se restriegan contra espinas.

    /Ahora ya quieres morir, ¿verdad?/

    )Ahora hasta yo quiero hacerlo(

    —Sí.

    :Quítate las manos de la cara, enfrentémonos de una vez a nuestro horizonte:

    —Sí.

    #No hagamos dramas, sólo hagámoslo ya#

    —Sí.

    No hay más sufrimiento en sus ojos; hay locura, pero no sufrimiento. Tantas vidas posée que no vale la pena anclarse a ninguna. Cierra la cortina del balcón. De atrás de su librero saca una cuerda con forma de horca.

    #Esta cuerda…#

    “La tenemos desde el primer día que llegamos a esta casa, en caso de que este día llegara”

    Yake toma firmemente el lazo que en pocos minutos privará a su cerebro de sangre.

    Lo siento, jínnyi; lo siento, hermano. Tengo que pasar al otro lado del horizonte.

    Hace un lazo en el otro extremo de la cuerda y lo arroja hacia el fuerte candelabro del alto techo; se atora en él, se sube a una silla y ajusta la altitud del nudo, jala de la cuerda para probar su resistencia.

    +Sirve+

    Ya no importa lo que pude llegar a sentir por todos ustedes, seres de este mundo. Se coloca el lazo alrededor del cuello. He permanecido mucho tiempo en esta ficción, y aunque no me vaya con las manos vacías, y desde el fondo de mi honestidad reconozca que mucho extrañaré, no puedo abandonar la realidad que me llama.

    Se deja caer. La silla se tambalea y se desploma detrás del cuerpo colgante de Yake. La fuerza de su cuerpo lo mantiene vivo.

    *Yo nos ayudaré. Relajaré los músculos del cuello para que la soga apriete*

    =Corazón, deja de bombear ya. Has latido suficiente en este mundo; reserva tus latidos para el mundo real=

    {Ya descansen, pulmones, no tiene caso llenarse de oxígeno irreal}

    Suavemente perdamos la voluntad de vivir. Yuska, fuiste mi ancla, casi lograste ser la única razón por la que detenerme, pero no puedo doblegar mi naturaleza a tu influjo, tengo una realidad a la que pertenezco y tú no eres parte de ella. No, ¿verdad?

    La soga se incrusta poco a poco en su cuello, la tráquea se cierra y las venas se bloquean. Las manos sienten aferrar mazorcas de agujas finas que no duelen. La mente se marea y el corazón desacelera. Muy gradualmente los sonidos enmudecen; los cortos segundos se sienten como horas; las imágenes dan vueltas en todas direcciones; su cuerpo vuela a gran velocidad hacia todos lados al mismo tiempo. El horizonte se acerca, resplandeciente.
     
  16. Threadmarks: Capítulo 25. Frente al acantilado
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    Título:
    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    33
     
    Palabras:
    2093
    Capítulo 25. Frente al acantilado


    70


    Diario de Kanyu (escrito tras la hoja de un examen):

    En donde estoy es el martes 18 de noviembre del 2050.

    Al fin hemos aparecido en otro universo paralelo, estoy presentando un examen, veo a Sentsa y Yuska sentadas en lugares distantes. No sé por qué escribo esto si al fin y al cabo al volver ya no lo tendré. Los gemelos están a mucha más distancia y no los distingo bien.


    ***​


    Mundo inescrutable es el único, los órganos captan, sienten e interpretan: mis experiencias, la base de lo que soy, mas todo eso es limitado. No hay a mi alrededor en realidad un enorme parque, no hay árboles frescos, no estoy corriendo sobre un camino de tierra blanca, no hay otros corredores a mi alrededor, no hay seres comiendo y bebiendo en ninguna tienda junto a los inexistentes caminos para corredores, no estoy subiendo ninguna colina bordeada de ningunas estátuas de ningunas criaturas mitológicas danzilmaresas, no hay rayos de sol filtrándose entre las hojas de los árboles, ningún rayo cae al suelo como monedas de oro. El universo es un vacío que sí nos importa, porque en él existimos. No hay salida.

    Mis ojos, falibles receptores de fotones, son ineficientes. Voy a cerrarlos, quiero que mi piel, mis oídos y mi nariz sean mis ojos. Igual: nada ha cambiado salvo porque no hay color. Sigue sin haber un camino frente a mí, sigue sin haber polvo en mis zapatos. Y sin embargo oigo corazones, huelo sudores y escucho jadeos, muy leves; un mosquito a diez metros haría más ruido que si todos esos sonidos ocurrieran junto a mis tímpanos. Mis pies no erran en el camino que no está ahí; las estátuas, sus formas grotescas se impregnan en mi piel. Zapatos marchantes, basura en-contenedores-cayente, bichos volante-apareantes, lenguas en-boca-bamboleantes, pechos camisa-apretantes, cordones tierra-arrastrantes, viento cabello-despeinante, y en todo eso las etéreas figuras de mis no presentes jínnyi, Yake-acosantes. ¡Basta![1] Abriré los ojos, espero no ver nada.


    ***​


    Y seguía ahí la playa y el mar. Sus pies seguían caminando a un metro de distancia de las olas que parecen desear alcanzarlos, lanzándose suplicantes sobre la arena en su misión suidida. Y así renace la, no quiero decirlo ahora; ya lo he repetido mucho pero. Ha cambiado, el mismo, no. Se instruye, intenta complacerme, intenta alcanzarme; la compadezco; es patética así. Conchas se vuelven despedazos brillantes al recibir el peso de los talones. Huellas superficiales en la costa interminable, circuito infinito que encierra toda una nación. Tu madre, Yuska, deshazte de ella y de mí. Déjame continuar en este triángulo infinito en el que cambio de realidad. Es verdad, después de que lo hicimos todo se detuvo, ¿fue por ti? Si fue así, déjame volver a cambiar de mundo, esos pequeños mundos, tal vez así podría regresar, o más bien, ir a ese mundo del que de seguro vengo.

    Una voz jovial irrumpe y vence contra el estruendo del viento.

    —¡Yake!

    Ahí está mi nombre otra vez, esa voz y ese tono otra vez, esa mano ondeante, esas fuertes rodillas de ciclista vienen a mi encuentro. ¡Qué sonrisa tan radiante; la siento en mi espina! No dejaré de caminar.

    —¿Por qué tan solo, Yake? —risa nasal y de garganta— Sinke se puso a construir un castillo de arena, pero prefirió enterrar a Kanyu hasta la garganta.

    —Bien.

    Claro, una semana entera de ser para ella como otro ser humano, teniendo sexo como un ser humano, comiendo como un ser humano. Yuska lo toma de la mano.

    —Oye, mira esas rocas, apuesto que nadie podrá vernos si vamos ahí.

    Un pequeño pueblo de rocas, grietas en las que el agua se esconde, corredores en los que se aparean los peces díri[2] cuando llega la época.

    —¿No quieres ir ahí un ratito?

    Esa ternura increíble no hace disonancia con su temperamento dinámico. Dientes se muestran como si diera por hecho la disposición del novio.

    —Mejor no.

    No vas a cejar, vas a bajar la petición, pretenderás que lo haces por mí, pero no.

    Una boca suave se acerca a una oreja que quiere ser sorda.

    —Aunque sea una...

    Y con todo, el horizonte no deja de gritar. Ante cada articulación silábica su conciencia se divide infinitamente. Infinitos sí, infinitos no, infinitos al rato, infinitos ahí mismo, infinitos tras las rocas, infinitos en el agua…


    ***​


    De nuevo a cumplir la irrompible tradición. Disco solar, escóndete tras la frontera marina y las tierras danzilmaresas del Este, no importa si tu presencia en esa playa no es tan importante, no importa si el cielo luneciente que poco a poco dejas de iluminar llama más la atención de los danzilmareses que se han divertido y aburrido en la costa. Contemplar tu puesta no siempre es contemplarte a ti. Cede tus rayos poco a poco a las estrellas que irrumpen por el Oeste. Ilumina por última vez en ese día a los jínnyi que te ignoran, ilumina cuando Yake y Yuska se reúnan con los demás, ilumina a Sinke y su sonrisa sospechosa cuando perciba un aroma extraño, ilumina a Hinta cuando se dé cuenta de que Yuska se saborea apaciblemente los labios.



    ***​


    Hínta estaba a punto de proponer su actividad, cuando Sentsa tomó la palabra para renunciar al club.

    ¿Sabes qué actividad habría sido aquella?

    Desde el día anterior se había imaginado a todos en la sala de conciertos de la sinfónica de Shórsta: Ate cabeceando de sueño; Yuska distraída con los bonitos adornos del techo, las luces, las personas, los instrumentos; Sentsa escuchando con la frente en alto; Kanyu mirando reverencialmente a los músicos; Sinke haciendo digitaciones con los dedos de las notas de los violines; Yake perdido en los sonidos con aparente indiferencia. Era el único tipo de actividad que parecía apaciguar a los gemelos y darles un descanso a todos de tanto pensar.

    ¿Y ella cómo se sentía?

    Feliz de verlos a todos por primera vez tan tranquilos, sin casas abandonadas, pinturas complicadas, animales humanos, transeúntes desconocidos, difraces inconvincentes ni novios falsos. Y tan juntos.


    71


    (¡Gracias, Yake! Me encantan los ratones) Danzilmar (La señora Pragt los saludó con reverencias de cabeza) orgullosa de sus raíces, preocupada por su futuro, ignorante de su presente. El mar ha abierto una brecha en su inmensidad para cobijarte, (Vamos a la península oriental la próxima excursión; la península occidental se me hizo muy aburrida) que ha sabido prosperar en su soledad geográfica. [hermano] [no, hermano] [idiota] [Se acercó al borde del acantilado más alto de Zêu] [ahí lloró] (El alacrán se ha matado a sí mismo por medio de la alacranidad, la seriedad ha sido matada por la propia seriedad, la realidad ha destruido a la realidad).

    “Siento un dolor en el interior de mi cabeza, Kusat, como si tuviera mucha gente en mi cerebro, me hablan y piensan, razonan y describen cosas tan diferentes”.

    Aquí he atestiguado esta realidad. Vi todo lo que tenía que ver. La historia de los gemelos (ya estuvimos apartados del resto de la gente demasiado tiempo, hermano, es hora de cambiar de ambiente. Rato después, los pisoteos de Sinke retumbaron por toda la escalera de caracol antes de ingresar en el aula para el primer día de clases) ha terminado por ahora para mí, así como ha sucedido con otros hermanos, y tendré que irme a seguir siendo testigo de las experiencias de los demás en las respectivas realidades en las que les tocó existir. Realidad “sienten que existen demasiado” tranquila y pacífica de Yake y Sinke, hasta cierto punto fuiste un descanso de tanto horror y disparate que tuve que presenciar antes y después. [No porque pese a lo que consideremos completamente predecible uno nunca puede asegurar lo que ha de acontecer en el mundo en el que seas consiente sino que estamos condenados a sólo tener =Tomará a Hinta por la cintura, ella colocará la mano en su hombro y comenzarán a bailar. “¿Hace cuánto tiempo que no bailamos?”, preguntará Hinta. “Desde hace aproximadamente veinte universos”, contestará Sinke= certeza de las realidades que no nos tocan hermano y cuando ibas de un lado a otro libro en mano cabellos cubriéndote la cara /Sentsa hubiera tosido/ ensombreciendo tu semblante parecías saber que nada bueno podría salir de este experimento que te costó la vida /Kanyu por poco resbalaría con el suelo mohoso del pavimento/ idiota en serio estás ahora en nuestro mundo y no te siento no aunque te sintiera me llenaría de nostalgia cretino esos días que /Ate siempre sí se ha animado a ir a la fiesta/ por escasos segundos se te veía feliz no en tu rostro sino en tu lenguaje corporal te llegaste a sentir cómodo pero con vergüenza fue el miedo a ser arrastrado definitivamente y después de haber /Hinta habrá acompañado a su jínne hasta la puerta y se despedirá de ella/ vivido tantas vidas de haber tenido los recuerdos de tantos alter egos finalmente sucumbiste y decidiste irte dejando todo acá triste que no ves que te lloran que te extrañan pero ir /Yuska saca al ratón de su jaula y se pone a jugar con él junto a su novio/ a nuestro verdadero mundo a nuestro mundo real eso fue más importante para ti pues en el fondo odiabas vivir hermano detestabas lo irreal pese a que eras parte de este mundo =Dí ahora: quiero inscribirme al examen de admisión para la carrera de criminalística= no si hubiera hecho algo diferente hermano esos momentos previos a nuestra llegada en los que apenas hablábamos si no fuera para discutir sobre alguna insensatez seria como cuando solíamos salir con los jínnyi a caminar y hablar oh hablamos y escuchamos tanto y tantas cosas +Aiyóu!+ de mínima importancia porque en este mundo no había nada de qué preocuparnos en realidad fuiste un maldito quejumbroso y yo también pero es verdad que una vida con problemas tiene más sentido que [dejó colgando los (¿hasta qué altura podrías sobrevivir?) pies] una sin problemas y ya no sé ni qué digo si no hubiera hermano y en esos momentos donde reflexionábamos (¿fue eso suficiente para convencerte?) creyéndonos superiores a esta ficción a estas ficciones que nos tocó vivir y si la certeza hubiera sido de mi conciencia no porque ha sido en realidad mi culpa y sin embargo no hubiera si en aquel momento (no quiero) en el patio del techo (no quiero) al serme preguntado yo con la reja a mi espalda quieres unirte al jínnliù (¿si queremos continuar en esta realidad? Sí, sí queremos) hubiera salido (no) de ahí y (no) con orgullo (no) con lágrimas brillándome en la cara (no) hubiera dicho no quiero (no).

    Hasta otro universo paralelo.

    Fin de la segunda parte


    Nota: El lector que así lo desee puede dejar de leer hasta aquí y considerar que la novela ya ha terminado, prescindiendo de la tercera y última parte. También se invita al lector a retomar la última parte dentro de mucho tiempo, cuando ya se haya olvidado de todo lo leído hasta ahora.


    [1] En español en el original.

    [2] Especie de pez que puede vivir fuera del agua, con apéndices que parecen patas muy cortas.





    Gracias por leer hasta este punto.
    Si te agrada esta historia, tal vez te interese leer otros de mis escritos:
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  17. Threadmarks: Capítulo 31. Los gemelos
     
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

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    ParalefikZland: La realidad de Yake y Sinke
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    Ciencia Ficción
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    33
     
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    Nota del autor: A manera de recuerdo, el lector puede dejar de leer a partir de aquí y suponer que esta última parte es un bonus, eventos alternativos o un mero fanfiction de mi propia historia, o puede seguir leyendo y tomarla como el verdadero desenlace o desenlaces. Se invita al lector a leer esta parte dentro de algún tiempo, cuando los recuerdos de las primeras dos partes no estén tan frescos.


    Parte 3

    Danzilmareses existiendo en Danzilmar[1]






    Capítulo 31. Los gemelos


    85


    Uno tenía una mirada maliciosa y tempestuosa, parecía un ser de naturaleza disparatada, un bosquejo ambiguo entre la locura y la cordura. Su sonrisa era la del que todo y nada le importa en la vida, la mueca de la comisura izquierda de su labio expresaba la más absoluta irreverencia, el cabello totalmente peinado hacia atrás para así lucir toda su apariencia sin vergüenza alguna. El otro era de ojos fríos e inexpresivos, como un ser sin alma y de emociones muertas, aunque algunas veces sus cejas descendían sutilmente cuando la imagen de aquellos seres pasaba frente a sus ojos. Lanzó un ahogado suspiro mientras los curiosos estudiantes lo examinaban. Unos pocos cabellos colgaban por delante sus llamativos ojos, como una delgada cortina que no logra esconder nada.


    ***​



    Fue Yake un viernes a casa de Kanyu saliendo de la escuela, tenían planeado pasar la noche ahí para dirigirse al día siguiente a una obra de teatro que darían en la sala de convenciones de la ciudad, donde actuaría un primo de Kanyu que no había visto hacía mucho tiempo. Partieron los dos de la escuela en autobús, y en el camino se entretuvieron platicando de esta manera:

    Yake: ¿Y tu primo sabe que vas a ir?

    Kanyu: Sí. Le dije que intentaría estar en las primeras filas. Hace ya mucho que no nos vemos, de seguro ni me reconocerá.

    Yake: ¿Cómo se llama?

    Kanyu: Iyán.

    Pasa un rato en el que sólo se oyen las charlas de otros pocos jóvenes y de una pareja mayor, ésta última es casi un cuchicheo inquieto.

    Kanyu: Oye, ¿sabes qué le pasó a la maestra Nin? Por lo de ayer.

    Yake: Oí que su padre tuvo un accidente.

    Kanyu: ¿En serio?

    Yake: No me consta; eso es lo que me dijo Sentsa, ellas se llevan muy bien, ya sabes.

    Kanyu: Mmm, pobre. Si Sentsa lo dice, de seguro es verdad. Ojalá no pierda a su padre.

    Yake: Pues la maestra estaba llorando mucho cuando salió. De verdad, hasta yo me asusté un poco. Ella no parece una persona de espíritu fuerte.

    Kanyu: No te creas. No le digas a nadie que te dije, pero Sentsa me contó que hace años ella perdió un bebé.

    Yake lo mira sorprendido, lanza una exclamación sorda, sin abrir la boca.

    Kanyu: A causa de eso se separó de su esposo y vino a vivir a Shórsta.

    Rato después llegan a una cuadra de la casa de Kanyu, donde se bajan y caminan.

    Kanyu: ¿Te vas a inscribir al taller literario?

    Yake: No lo creo, vi el programa y no me llamó mucho la atención.

    Kanyu: ¿Qué daban?

    Yake: El énfasis era la literatura del posmodernismo danzilmarés.

    Kanyu: ¿Y por qué no te llama la atención?

    Yake: Meh, no sé. Siento que los de ese periodo sólo le quisieron copiar a los europeos.

    Kanyu: ¿Cómo es eso?

    Yake: Mucho flujo de conciencia, la incapacidad de ser objetivos, el valor relativo del tiempo, la muerte de las grandes historias, el uso excesivo de personajes y situaciones cotidianas, cientos de clones de Joyce.

    Kanyu: ¿Qué tipo de literatura te interesaría?

    Yake: No estoy seguro. Sólo sé, si llego a escribir algo algún día, no quiero que sea para el pasado.

    Kanyu: Oye, ahora que me acuerdo, todavía no termino de leer el libro que me prestaste, ¿me lo podrías dejar otra semana?

    Yake: Quédatelo más tiempo si quieres. No pensaba que lo terminarías tan pronto. ¿Qué te parece hasta ahora?

    Kanyu: Me está gustando; es entre divertido y trágico. Me rio cada vez que el personaje se queja de su válvula.

    Yake. Sí, la famosa válvula pilórica de Ignatius. Entiendes el simbolismo de eso, ¿verdad?

    Kanyu: La verdad no.

    Yake: La válvula pilórica conecta el estómago con el duodeno, pasa la comida del estómago al intestino delgado. Los bebés recién nacidos suelen tener problemas con esa válvula; se les cierra y la comida no puede pasar al intestino delgado, provocándoles vómitos. Es una condición que ya no debe existir conforme se va creciendo, por lo que esa anomalía en Ignatius es un símbolo de su falta de crecimiento, de que es en el fondo como un bebé que se niega a cambiar pese a que se cree un iluminado en un mundo que no lo comprende. A cada cosa que le desagrade, que falte a las normas de la geometría y de la teología, se le cierra la válvula.

    Kanyu: Intolerancia, ¿no?

    Yake: Más bien su rechazo al cambio. A veces la ideología está tan arraigada que atestiguar su antítesis provoca dolor físico, el dolor de un bebé sensiblero ante todo aquello que no obedezca a su capricho.

    Al llegar a casa de Kanyu, almuerzan junto con la tía Núra. Comen asado de pescado con salsa, un sencillo draóhi de verduras y jugo de arándano.

    Núra: ¿Y qué cuentas, Yake? ¿Cómo va todo?

    Yake: Normal, normal. Nada fuera de lo habitual.

    Tras unos bocados y tragadas:

    Núra (apoya la cabeza en la mano, con una sonrisa curveada en la comisura izquierda, y parpadeando lentamente): ¿Y qué es de tu hermano?

    Yake: Sigue por ahí, tan insoportable como siempre.

    Núra: ¿Por qué no vino con ustedes?

    Yake: Mañana salen de visita al parque nacional, por su aniversario.

    Núra: Ah, ¿y tú qué vas a hacer con Yúska?

    Kanyu (avergonzado): Tía, ya.

    Núra: ¿Qué tiene de malo? Sólo es curiosidad.

    Yake: Es Yuska la que se encarga de planear esas cosas. Ya veremos qué planea hacer cuando regrese mañana.

    Núra se queda observando a Yake atentamente durante el resto de la comida, sin disimular lo más mínimo el interés creciente, casi reprimido, que se cuela por el brillo de sus ojos, y disimulando entre el pescado y el arándano, humedece los labios y continúa hablando sobre temas cotidianos. Kanyu pierde el apetito poco a poco, hasta que siente que el estómago se le ha encogido tanto que cualquier otro bocado lo haría vomitar.

    Pasan la calurosa tarde en el cuarto de Kanyu, fresco por dos ventiladores, uno de suelo y uno de techo. Kanyu intenta dejar todo pasar volando mientras se entretienen con una película que no interesa a ninguno, pero sus ojos casi ni parpadean frente a la pantalla.

    Yake: Tienen problemas en casa, ¿verdad?

    Kanyu, acostumbrado a la sagacidad del gemelo, no aparta los ojos de la pantalla.

    Kanyu: Perdona, amigo, no pensaba que haría eso.

    Yake: Los problemas maritales con comunes.

    Kanyu (alza un poco la voz): Pero coquetear contigo es demasiado.

    Se calló de repente, por coincidencia en el momento en el que la película también llegaba a una escena silenciosa.

    Yake: Si te incomoda que esté en la casa, puedo dormir afuera, en un árbol.

    Kanyu: ¡No!, no seas tonto, ¿cómo te voy a dejar dormir en un árbol?

    Yake: Bien, no hablemos más de eso.

    Tiene que esperar hasta acabada la película para que Kanyu calme sus nervios y asiente sus ideas.

    Kanyu: Creo que se van a separar. Hace noches que mi tío duerme en la habitación de huéspedes, se levanta mucho más temprano para irse a trabajar y regresa mucho más tarde, como si la evitara.

    No habiendo nada útil que comentar de toda esa situación, Yake se limitó a darle un golpe suave en el antebrazo.

    Yake: Tranquilo.

    Esa muestra de humanidad conmovió un poco a Kanyu, pero siguió sintiendo temblores amargos en las venas.

    Kanyu (con tono socarrón): Oye, ¿cómo que irte a dormir a un árbol?, ¿qué pensabas que podría suceder?

    Yake (palideciendo): Lo… lo mismo que tú estabas pensando, no te hagas el inocente.

    Kanyu (con una explosión de risa): ¿Pensabas de verdad que mi tía iba a escabullirse por la noche hasta aquí para buscarte? No lo puedo creer, ¿qué pensaría Yuska?

    Yake (se calma y sonríe con complicidad): Cualquiera que hubiera visto como me miraba habría pensado lo mismo, ¿acaso carezco de imaginación, he ya pecado de pensamiento, o más bien de suposición?

    Kanyu: No lo hubiera creído cuando te conocí.

    Yake: Ya, no te pongas así, que no haré nada con tu tía.

    Kanyu (picaresco): ¿No me digas que no te atrae un poco?

    Yake: No, y además tengo novia.

    Kanyu: Conociendo a Yuska, estoy seguro de que le encantaría saber que te has humanizado un poco más al encontrar atractivas a otras mujeres.

    Yake: Conociéndola, también lo creo. Ya olvídalo.

    Tan apagados están los sentidos de Yake, que no siente ya a la tía Núra que intenta escuchar lo que conversan los dos jóvenes, del otro lado de la puerta del cuarto de Kanyu.


    ***​


    Suaves sonaron los pies de Kusat cuando entraron a la cámara de Yake a través de las cortinas del balcón. Pacientemente esperó a que los dulces vibratos fueran liberados por las virtuosas muñecas y que las cuerdas cesaran de estremecerse por las hebras doradas que salpicaban un fino polvo plateado. La tortuga dormía junto a la cama.

    —¿Cuántas veces has tocado hoy los 24 caprichos de Paganini? —Kusat apoyó una gruesa mano contra el piano cerrado.

    —No las suficientes todavía —dijo Yake bajando el instrumento.

    Kusat abrió las cortinas. Las pupilas del gemelo no retrocedieron ante el impacto de la luz.

    —Tocas muy bien, Yake —dijo Kusat—, es una pena que no permitas a nadie más deleitarse con las notas de los maestros inmortales. Espera, no me digas. Estás triste por lo del concurso. Supongo que tuviste muy mala suerte de que te diera migraña en medio de tu interpretación, pero no es para que te encierres como un niño llorón.

    —No pretendas intentar ofenderme como lo haría mi hermano —Yake se sentó en la silla—, bien sabes que aquello no fue una simple migraña —rasgueó suavemente las cuerdas plateadas, lentas escalas y arpegios.

    —Como sea, ya deja de encerrarte, —abrió de golpe las cortinas—, levántate y sal a esa ficción a la que los seres de este mundo llamamos realidad.

    Los pizzicatos de Yake continuaron.

    Kusat vio un libro asentado en el centro de la tapa del piano. Lo tomó.

    —¡Oh, El Aleph! —dijo—, ¿cuántas veces lo has leído este año? Mira lo gastado que está —hizo pasar las hojas como un rápido torrente del final al principio, melodía seca de libro viejo—. ¿Qué te parece La escritura del dios? Increíble, ¿verdad? Cuánta reflexión en tan pocas páginas. Estás de acuerdo, ¿verdad? Toda proposición implica el universo entero. Decir una tortuga es decir las tortugas que la engendraron, los tomates y lechugas que comieron, las piedras que pisaron todas hasta el comienzo de los tiempos, así como la tierra en la que viven, el aire que respiran, los átomos que lo conforman, la historia de esos átomos desde el comienzo del universo. Decir algo es decirlo todo. ¿Pero y tú qué? ¿Acaso decir Yake implica decir a los que te dieron la vida, implica decir el aire que respiras y la luz que te alumbra? No, porque a nada de eso dices pertenecer. Tu indiferencia ante tu propio origen, tus progenitores, de dónde vienes y qué lugar ocupas aquí. La luz de este mundo no te toca, su viento no te sopla, sus sonrisas no te mueven. No fuiste creado por el polvo de las estrellas de este universo, ni eres resultado de la gran expansión que lo hizo nacer. Decir Yake es decir Nada.

    —Me encanta que vengas a interrumpir para darme un discurso filosófico, en serio lo digo —se levantó y empuñó el violín—. ¿Por qué no vienes dentro de una hora y me sermoneas de modo similar usando de modelo El jardín de senderos que se bifurcan? Quiero ver hasta dónde soy capaz de predecir el orden de tus palabras y la exactitud de tus pensamientos. Me haría muy feliz prever aunque sea diez de tus palabras sin errar.

    Kusat se sentó sobre la cama y lo escuchó tocar.


    ***​


    El día que Hinta me propuso unirme al jínnliù me había dirigido a la azotea de los primeros años, planeaba aprovechar la modesta altura del edificio para lanzarme al vacío y estrellarme contra el suelo, sensación a la que llegué a desarrollar un gran aprecio solamente por sentirme capaz de hacerlo, a diferencia de los seres de este mundo, los cuales morirían sin remedio. Esperaba, apretado contra la reja, a que todos se fueran para que nadie me viera, pensaba que en algún momento debía hacerlo en frente de todos. Ahí apareció ella y ya conocen el resto.


    ***​


    Solamente un largo paseo por las calles limpias y ordenadas de la ciudad de Shórsta era suficiente para ayudarme sentirme más calmado; había algo reconfortante en esa gran contradicción de sentirse sólo al mismo tiempo que se está acompañado por tantas personas. La soledad no era para mí un cáncer que se curara con compañía. La compañía muchas veces agrava el deseo de estar sólo, y esa soledad en la compañía provocaba en mí una extraña fascinación, precisamente por lo contradictorio que parecía. Únicamente en mi grupo ese sentimientos de soledad-compañía tintineaba con fuerza entre las risas y discusiones, los problemas y las tranquilidades, los enojos y los romances, lo inteligente y lo estúpido, toda la vida era un juego de opuestos en los que asocié mi propia obsesión: la realidad y la ficción, la seriedad y lo trivial, no sabiendo si sentirme real y serio o ficticio y trivial, quizás podía ser ficticio y serio o real y trivial; diferentes fuerzas gravitatorias tirando de mí, cada cual ganando por momentos y tranquilizándome o alterándome.

    Había ratos en los que podía identificarme como un ser ficticio y serio, como cuando tuvimos que ser voluntarios para recolectar y organizar víveres para los afectados por un huracán que hubo en Dyânz, o cuando hicimos algo parecido pero para ayudar a los pobres niños de Kenia y otros países africanos. Digo que era ficticio porque desde mi percepción de la vida, sesgada por el horizonte que no puedo dejar de sentir, la pobreza y la miseria humana son de naturaleza ficticia porque no tendrían que existir; su existencia implicaba un error en la manera en la que los seres de este mundo y la naturaleza habían moldeado la realidad. Sin embargo, también identificaba ese problema como serio porque, si bien para mí no representaba algo real, tenía conciencia de que para el resto del mundo sí lo era. Aquí mi capacidad para la alteridad entraba en juego con mi horizonte. ¿Cómo puedo tratar seriamente algo que es ficticio para mí? ¿No se supone que solamente lo que identificamos como real nos supone un asunto serio? Si en verdad existía un universo del que mi hermano y yo viniéramos, ¿ese universo no sería acaso ficticio para los seres de ese mundo y, por lo tanto, trivial e inútil?

    Alguna vez saqué este tema para conversarlo con los demás. Es obvio que haber experimentado otros mundos por ellos mismos iba a cambiarles su visión de la vida y sus meditaciones sobre la misma; ya no rehuían tanto a hablar de este tema, siempre y cuando no se sacara tan seguido. Fue entonces que pude apreciar que, pese a su juventud y prejuicios, en ellos había seres inteligentes o que se esforzaban por serlo. Ate dijo que, antes que nada, teníamos que definir lo que era la realidad y lo que era la ficción, tarea que nadie ha podido hacer con precisión durante toda la historia de la humanidad, no obteniendo más que respuestas provisionales y que responden a una utilidad práctica. Podíamos alegar que un mundo inventado en un libro no tenía por qué ser forzosamente irreal, o que tuviera obligatoriamente una jerarquía de realidad inferior a la de un país de nuestro mundo azotado por una guerra, sin embargo eso no importaba en la práctica; cuando hubiera una guerra, o la amenaza de una, ésta pasaba a ser automáticamente más real que una guerra imaginaria de un libro. Kanyu concluyó (con palabras no muy elegantes) que entonces lo real es todo aquello que puede percibirse y que conlleve una aplicación práctica en el mundo, pero entonces recordó nuestros viajes y se preguntó si los seres de esos universos representaban para este mundo alguna utilidad práctica. Habría sido demasiado pretencioso decir que aquellos mundos no eran reales si no podían afectarnos de alguna manera. Se rompía así la noción de que la realidad debe estar centralizada a las experiencias que uno percibe en su mundo de origen. Yuska opinó (con palabras y una forma aún menos elegante) que eso no podía contar porque a nosotros sí nos afectó de manera práctica el haber experimentado esos universos paralelos, volviendo a centralizar la realidad. El problema con la centralización de la realidad, mi hermano explicó, es que es algo parecido al sistema geocentrista, en el cual todo lo que existe (lo real) da vueltas alrededor de nuestras experiencias y necesidades. Como ejemplo puso a Délo y Déla, los cuales no habían experimentado los cambios como nosotros, y preguntó si esos universos paralelos podrían ser reales desde su punto de vista sin haberlos experimentado de forma alguna. Según la centralización, esos mundos serían ficticios porque no representan ninguna utilidad ni experiencia para ellos, y al mismo tiempo sí serían reales para nosotros porque ya los hemos experimentado y hemos sacado utilidad de ellos. Según la descentralización, esos mundos seguirían siendo reales independientemente de que alguien los experimente, sólo que, al no poder experimentarlos, no les importan en absoluto: son inútiles aunque sean reales.

    Aquí Sentsa hizo una observación, puso como ejemplo la situación de los países pobres: ellos viven una realidad (experiencias) diferente a la de nosotros a pesar de que estamos viviendo en el mismo mundo, y al mismo tiempo tienen experiencias semejantes a las que vivimos aquí en Danzilmar. En efecto, el pertenecer al mismo mundo implica que algunas experiencias serán compartidas por todos sus habitantes, tales como el hambre, la sed, el instinto sexual, la muerte o las limitantes de la fisiología, la biología, la física y la química. Todas esas son circunstancias impuestas por la naturaleza para todos los seres de este mundo, conforman una “realidad común” que nadie puede eludir ni modificar, y es el único caso en el que es posible decir que todos en un mundo viven una misma realidad (un conjunto común de experiencias). Decir que la realidad es que hay que comer es quedarse en un plano muy básico, pero fácil de comprender y que lleva a realizar actividades con resultados prácticos y concretos. Luego viene el conjunto común de experiencias que no son ya creadas por la naturaleza, sino por los seres que actúan y generan cambios en ella; aquí entrarían las culturas, los lenguajes, las naciones, las sociedades, las guerras, los sistemas monetarios, las religiones, las clases sociales, los niveles educativos, todo eso no es la realidad en sí, sino varias maneras en las que la realidad ha sido configurada desde que el ser humano logró adaptar su entorno, la cual cambia con el tiempo según las nuevas decisiones que se hagan en ella. Entonces tenemos que la realidad puede ser invariable (en el primer caso) y variable (en el segundo), todo eso al mismo tiempo. Sumando todo a nuestro reciente descubrimiento de que los universos paralelos existen y que se conforman de todo lo posible, nos hizo pensar a todos que preguntarse por la realidad era algo cada vez más absurdo, ya que si todo era real, entonces nada lo era; no hay manera de distinguir la realidad de algo que no lo es, y lo único que podemos hacer para dar una respuesta práctica es caer en la centralización de la realidad. La gran mayoría de la gente no tiene otra opción.

    Ya con algo de dolor de cabeza, Ate dijo que, al fin y al cabo, cuando regresara a su casa, la realidad era que iba a haber platos sucios en el fregadero, polvo en el suelo, ropa que lavar y tarea por hacer. Hinta objetó, siguiendo la lógica que hemos seguido hasta ahora, que todo eso no era la realidad en sí misma, sino consecuencias conformadas por realidades inmutables y realidades mutables. Pues sí, un plato sucio es consecuencia de nuestra realidad de tener que comer y de la realidad de que no se puede cocinar sin ensuciar. Pero tal vez algún día esos aspectos de la realidad cambien, y entonces el decir que hay que lavar los platos nos sonará a ficción.

    Ya fatigados y con la alarma a punto de sonar, decidimos, medio en serio y medio en broma, que romperse la cabeza por saber qué era la realidad era una pérdida de tiempo.


    ***​


    Cansado de pensar tanto y no actuar nada, Yake fue un día a uno de los almacenes donde se recibía ayuda para los damnificados del huracán que hubo en Dyânz. Cargó con cajas y cajas de alimentos y vestimentas los camiones hasta que todos estuvieron listos para partir, los demás voluntarios observaban cómo ayudaba con un extraño semblante en los ojos, como si al hacer aquello se redimiera de algo que había hecho, pero al mismo tiempo estuviera renuente a aceptar lo que estaba haciendo y no pensara en eso, y durante las horas que duró aquello se convirtió en una máquina de altruismo casi perfecta. Al terminar, y recibir las gracias de los organizadores y de otros voluntarios, Yake intentó con todas sus fuerzas sentirse dichoso, una parte útil de ese mundo al que no pertenecía. Lo consiguió un poco; sintió que en aquellos camiones partía una parte de su ser, una parte que siempre había negado al mundo desde que tuvo consciencia. Pensó que podría hacer algo más, sus habilidades podrían hacerlo cumplir con un propósito más allá de sólo definirlo interiormente. Podía dejar de ser sólo para sí y ser también para los demás. Volvió a su casa con una sonrisa algo tonta, y era algo tonta porque poco a poco iba dándose cuenta de la absurdez de su deseo, iba surgiendo como sube lentamente una burbuja desde la profundidad del mar, la cual no llegó a la superficie hasta que se halló en su habitación, tocando el piano junto a su tortuga. Y mientras hacía sonar acordes y notas jocosas se dio cuenta de que aquello iba a representar su caída final: la realidad ya lo había hecho enamorarse, ya lo había hecho experimentar fuertes sentimientos por su grupo de jínnyi, y ya empezaba a hacerlo sentirse compadecido por los demás seres que lo acompañaban en el mundo. Pero entonces, mientras su mano izquierda caía de nuevo sobre las notas graves del piano, pensó que la realidad se había saltado un paso: todavía no lo había hecho sentir aprecio y amor por la familia que lo había adoptado, sus padres Náo y Kínabi Gramt, y sus tías Kísa y Venúa. Deseaba que la realidad se hubiera olvidado de ellos, que respetara al menos un pedazo de lo que lo mantenía fiel a aquella otra realidad más allá del horizonte. Si ocurría aquello, iba a pertenecer definitivamente a ese mundo. Para su desgracia o fortuna, la realidad volvió a reírse de él.

    Sonó el teléfono y Sínke se apresuró a contestarlo. Era su padre, que avisó que iría junto con su madre y sus tías a pasar las vacaciones de abril con ellos, en familia.


    ***​


    A pesar de que sentía mucho sueño, Sínke no lograba alcanzar la inconsciencia sin importar cuánto tratara de dejar su mente en blanco. Su mente divagaba caóticamente en pensamientos que se mezclaban, se separaban, se relacionaban y se destruían unos con otros. En la oscuridad y la soledad de su habitación, experimentó sensaciones de compañía que no venían de ningún lado, fantasmas hablando desde su cerebro lo mantenían despierto. Ninguna posición le acomodaba. En vano intentó buscar una posición que le permitiera experimentar aunque fuera un estado pequeño de confort, pero todo, ya sea boca arriba, boca abajo o de lado, le parecía tan incómodo, tan asfixiante, tan limitante, que no pudo soportarlo más y se incorporó en la cama. Estar sentado tampoco lo liberó de esa opresiva sensación, como si su cuerpo se hubiera encogido y lo apretara. La angustia era equivalente a la de una mariposa que no consigue salir de su crisálida. Se levantó de la cama y comenzó a caminar de un lado al otro de la habitación. El movimiento alivió un poco su angustia, pero aun así se sentía atrapado en su cuerpo. Abrió las ventanas del balcón. El pato, que dormía en el barandal, se despertó. Vio cómo Sínke se aproximaba y miraba largamente el pequeño bosque de enfrente, se subía al barandal y disfrutaba la brisa fría de la madrugada, pero todavía se sentía preso de su cuerpo. Poco a poco, Sínke vio que algo más había cambiado, pero no con el mundo, sino con él. Se sintió más liviano, su masa y su peso disminuyeron, y empezó a flotar lentamente en el aire. Esa experiencia le proporcionó tanta paz que no se la cuestionó. Sólo se dejó llevar. Subió acostado en el aire hasta alcanzar el techo de la mansión. Volvió a experimentar un cambio: se hacía invisible, traspasable y sin forma. El desprenderse de esa manera de su cuerpo físico lo adormeció como un fuerte sedante, y batalló por no dormirse porque quería ver qué sucedería después. Cuando cerró los ojos, escuchó y vio más claramente sus pensamientos, descubrió que aquellas sensaciones eran un regalo que provenía de algún rincón lejano de la existencia. Un alter ego le había pasado ese alivio sin saberlo, un alter ego de un mundo en el que toda la materia era más resistente en comparación, en la que él sería un ser patético y debilucho, donde no sería capaz de romper ni una roca y donde no podría saltar ni un metro en el aire. Cuando se sintió completamente sin cuerpo, quedó sumido en un sueño en el que se encontraba en ese mundo, lo veía desde los ojos de ese alter ego carente de cuerpo, y recorrían planetas y galaxias buscando nada y todo al mismo tiempo. Cuando despertó, con el sol de la mañana en la cara, estaba tendido en el balcón con los miembros extendidos. Intentó volver a experimentar la inmaterialidad, pero apenas logró volverse traspasable por unos instantes; atravesó el balcón y cayó al césped.


    ***​


    Acaban de terminar un largo proyecto de Historia en casa de Ate. Todos los jínnyi se van excepto Sinke, para ponerse a jugar videojuegos con Ate. Pasado un rato, Sinke salta con una nueva idea:

    —Vamos a ver porno.

    Ate se dejó arrastrar hasta su propio cuarto, Sinke cerró puertas y ventanas celosamente y prendió la computadora.

    —No me jodas —dijo Ate—, ¿cómo dices eso tan de repente?

    —¿Que acaso nunca vez porno?

    —Bueno… sí, pero nunca con nadie.

    —Anda, no seas cobarde. Además sólo vamos a ver, no nos la vamos a jalar.

    Antes de que Ate encontrara palabras para rebatirle, Sinke ya había entrado a una página y buscaba en la lista de videos. Hizo a Ate sentarse a su lado y leyó los títulos como si fuera una importante investigación. Al no encontrar alguno que le agradara, dijo:

    —Voy a buscar uno que mi hermano me dijo, debí pedirle el nombre exacto en lugar de sólo las tags.

    —¿Yake también ve porno? —dice Ate aturdido.

    —Bueno, más bien Yuska le hace verlo. Muchas de las cosas que hacen en la intimidad la sacan del porno.

    —¿Yake te cuenta de eso?

    —A veces, pero es más bien Yuska la que me platica de eso.

    —¡No jodas!

    Sinke había encontrado el video y lo puso a reproducir mientras Ate exclamaba. Los cables se le cruzaron en la cabeza a Ate, y en vez de los actores vio a Yake y a Yuska, imaginándose su desnudez y sus voces plasmadas en video. Pero hubo algo más que le hizo temblar, y es que al ver el video regresaron a él recuerdos recientes, memorables e inverosímiles, y le pareció volver a escuchar la voz de Sentsa y volver a sentir su cuerpo junto al suyo. Tal fue el conjunto de retortijones que sintió que se levantó de un brinco y le dio la espalda a Sinke.

    —Ah, no empieces, Ate —Sinke volteó la mitad de su cuerpo—, no te hagas el inocentón.

    —¿Al menos podrías poner otro video?

    —¿Es en verdad el hecho de imaginártelos lo que te hace sentir tan incómodo —Sinke tornó su voz como un susurro—, o es el hecho de que lo que acabas de ver es similar a aquello que ya sabemos que viviste con Sentsa?

    Ate volteó la cabeza hacia el gemelo, que sonreía como un detective degenerado, y palideció hasta un punto en el que Sinke, preocupado, temió que se desmayara, por lo que cerró la ventana del video. El sonido se apagó violentamente y sólo se escuchó la fuerte respiración que salía de la nariz de Ate.

    —¿Có…có…cómo sabes cómo fue…?

    —Ah, sí —de una patada en el suelo, Sinke hizo girar la silla y quedó frente a Ate—, Sentsa misma se lo contó todo en profundo y obsceno detalle a su queridísima Yuska, quien a su vez se lo contó a Yake, quien, tras asegurarse de reducir en la mayor medida posible el fenómeno del teléfono descompuesto, contómelo todo.

    —¿Ella misma? —Ate tuvo que sentarse en su cama y escondió la cara tras las manos.

    —Lo sé, estimado. ¡Inaudito, apocalíptico, alguna antigua profecía ha de haber despertado de las entrañas de la tierra; los manatíes volarán, los moas comerán tierra y escupirán árboles, nos invadirán las orugas carnívoras y no dejarán ni el tuétano de nuestros huesos!

    Ate no salía de su letargo. ¿Vergüenza, frustración, había sucedido algo más que sólo un encuentro placentero?, pensaba Sinke mientras cómodamente se sentaba a su lado.

    —¿Qué te perturba tanto, estimado? ¿Será que tan acostumbrado estabas a verla como amiga, casi hermana o madre, que aquel acontecimiento resulta para ti indistinguible del incesto?

    Ate levantó la cabeza, había un aire de resignación en sus ojos, pero apretaba los labios con fuerza.

    —Sinke, tú eres inteligente. Dime, ¿ya notaste mi orientación sexual?

    Sinke lanzó una risa burlona, más bien por el tono derrotista de Ate.

    —La pregunta correcta es si ella lo notó.

    —No, no lo hizo.

    Y tras dejar pasar adrede unos segundos de silencio, Sinke preguntó, con verdadero interés:

    —¿Por qué la dejaste continuar entonces, si se supone que tu principal fuente de interés está mínimamente comprendido en las características de su sexo?

    —No sé, fue tan repentino que no pude hacer nada. Estuvo ahí, y al momento siguiente no tenía ropa, y pasaron muchas cosas por mi cabeza.

    —Realidades guerreando en tu interior.

    —¡No empieces! Y luego sólo pasó, sólo pasan las cosas.

    —Qué dramático te ves al decir eso, ¿en verdad fue tan malo, ni siquiera gozaste algo?

    —No llego al punto de sentir repugnancia por el cuerpo de una mujer o de nadie, si eso es lo que dices. Ninguno me atrae. Pero en realidad fue algo más allá de eso, quiero decir, ya era obvio que no era la misma desde tiempo atrás, ¿recuerdas?, fue como si se hubiera destruido y reconstruido después, y el resultado…

    —¿Pero cuál es el verdadero núcleo de este pesar tan exagerado?

    —Ponte en mi lugar, ¿cómo habrías reaccionado?

    —No como tú, te lo aseguro. Pero respondiendo, quizás estaría contento porque, lo veas o no, Sentsa ahora se siente mejor; se ha liberado de aquello que la mantenía en el pasado, y por la satisfacción de verla encaminada hacia una nueva personalidad, bien habría valido la pena aguantar sus repentinas actividades sexuales.

    Ate pareció un poco menos intranquilo, y rio hacia Sinke con sarcasmo.

    —Claro, para ti es fácil decirlo.

    —Ate, estimado jínn, yo tengo cientos de alter egos en mí, algunos de ellos comparten tus intereses, no sabes cómo sufren cuando lo hago con Hinta.

    —Claro —Ate rio sarcástico—, no creas que con eso logras algo.

    —¿De verdad no te sientes bien por ella, ni siquiera un poco?

    Viendo que Ate no iba a responder tan fácil, Sinke se retiró. No fue sino hasta varios días después, durante los cuales Ate no le dirigió la palabra, que vio a Ate y Sentsa platicando normalmente sobre los próximos exámenes, que serían los últimos antes de embarcarse en la siguiente etapa de la vida. Sinke especuló sobre ese nuevo cambio de Ate, y muchas noches no durmió.


    ***​


    Mientras sentía las hierbas cosquilleándome los pies descalzos, la tía Venúa ayudaba a mi padre a servir los platillos llenos de carnes, ensaladas y otros alimentos de los cuales mi hermano y yo comimos hasta hartarnos. La intemperie era soleada y ventosa, las nubes allá arriba nos brindaban espacios placenteros de frescas sombras que avanzaban a paso de caracol. Los aromas de los hierbajos recién bañados por la llovizna de anoche daban a los alimentos un sabor más natural, fresco de vida, húmedo de ensueños al calor de la compañía de nuestros padres, nuestras tías y nuestras novias. “Si no te parece bien, podemos ir a la Costa de platino”, dijo mi padre refiriéndose a las futuras vacaciones de verano, “sí, la Costa de platino me han dicho que es muy bella en verano”, dijo Yuska, que en el frenesí de la plática planeadora con mis tías, se había olvidado que mi hermano estaba a su lado, sonriendo y soñando despierto mientras su amada no dejaba de sorprenderse con cada cosa nueva que le contaban sobre nuestra infancia. “¿Y por qué no ir a la jungla de Yáok?”, inquirió mi amadísima, siempre pendiente a lo que decían mis tías, “no habías dicho, tía Vénua, que te gustaría visitar los ríos Blancos[2] de la selva?”, “Yo no aguantaría visitar la jungla”, dijo la tía Kísa, “soy del sur y estoy acostumbrada al clima seco, la humedad me mataría”. Observa mi madre Kinabi los gestos de Yuska y Hinta, ¿orgullo, presteza a evaluar las condiciones de nuestro actual estado, o simplemente amabilidad?, nuestra madre expresaba su aprobación irónicamente al no comentar nada, pues era de la creencia de que sólo hay que interferir cuando las cosas vayan mal, y si nada va mal, ¿para qué meterse? “Por cierto”, dijo mi padre en algún momento, “¿aún tienen ese viejo prototipo del control remoto universal?” No nos había vuelto a importar desde nuestra aventura en la casa abandonada, y se había quedado por ahí arrumbado en la inmensidad de los recuerdos, “yo lo guardo aún”, dijo mi hermano, “pero no nos ha servido para nada”, “ya lo suponía”, dijo mi padre, con una de sus risas escépticas que siempre lanza cuando sabe que algo en realidad no importa tanto, “después de crear ese prototipo, el proyecto del control quedó cancelado durante mucho tiempo por otras cosas más importantes”, “sólo a ti se te pudo haber ocurrido que un control así pudiera gustar a alguien”, irrumpió mi madre, vivazmente, con una amorosa malicia, “ah, vamos, era una gran idea”, se defendió mi padre, “imagínense si se hubiera completado mi idea: un control remoto que abra hasta las puertas del refrigerador, encienda y apague las luces, localice teléfonos y reciba correos electrónicos”, “no es una sorpresa que sea yo la que prácticamente dirija la empresa”, dijo mi madre a Hinta, que estaba a su lado, susurrando a gran volumen para que mi padre la oyera, “es mejor crear ideas tontas a crear lo mismo de siempre”, dijo mi padre fingiendo enojo, “¿y qué cosa de nuevo piensa crear ahora?”, preguntó Yuska, “ahora estoy trabajando en un departamento especial”, y al hablar se daba aires de importancia, “es un secreto lo que ahí estamos desarrollando, pero cuando salga a la luz, le dará la vuelta al mundo, te lo garantizo, Yuska”, y mi madre rio escéptica con la boca cerrada, “el día que esa cosa funcione, caminaré por la Playa de los peces piedra descalza”, “es una apuesta entonces”, mi padre se apresuró a seguirle el juego, y el convivio continuó.

    Sin embargo, algo no avanzó para mi hermano y para mí. Ahí, en esa maravillosa colina desde la cual se veían los acantilados de Céu, lejanos como siluetas de gigantes, la palabra “apuesta” sonó en nuestros oídos como si provinieran desde aquellos riscos puntiagudos; hasta la sensación de sus rocas resbalosas rozó nuestra piel y nos estremeció. ¿Había ganado alguien? Oh, aquí vamos de nuevo. Caer, caer, caer de los peñascos, la liberación, la gran travesía, el gran retorno; todo eso allá a lo lejos, enterrado bajo el peso de los nuevos sentimientos, pero cuyos gritos de tanto en tanto aún se escuchan desde la gran profundidad de nuestra naturaleza. No. Volteamos los dos la mirada hacia los riscos, y al mismo tiempo, como dos marionetas, dijimos que no con la cabeza.


    ***​


    Ciudad al final de una bella selva, rodeada de grandes montañas, brisa salada del mar que viajaba desde kilómetros de distancia hasta nosotros, entre calles y puentes de piedra roja y verde en zonas con apenas automóviles. Recorrimos la ciudad de Hîns en nuestro viaje escolar. ¿Era esto lo que necesitábamos? ¿La experiencia exacta para sentirnos en una realidad viva? Un vuelo de fe sobre el mar de la experiencia, sutil y a la vez gritona, llena de calma y nada más que buenas comidas locales y bromas. Charlas con los nativos, coqueteos inocentes de Yuska con los muchachos guapos que no generan reacción en mi hermano, pero al terminar y regresar nuestro camino durante los ocasos que pasamos, toma su mano con más firmeza y le murmura recónditas ofrendas. Uno de esos chicos guapos por un momento colora y derrite la cara pálida y dura de Sentsa; iba aquél sin camisa por el puente que cruzaba el río, y sus abdominales bien formados y piel morena hacen surgir en el corazón de mi jínne un instante de pensamientos libidinosos, tal era la honestidad de su cuerpo. Juntos todos en el hotel, de noche, jugando damas chinas, ajedrez o dominó, le echamos en cara su repentina lujuria visual. Me ofrezco a buscarlo al día siguiente para ella, pues he memorizado su fragancia. Se debate. Está a punto de decir que no, pero dice está bien, roja hasta las piernas. Ella se ha retenido mucho, ha dejado pasar y pasado de largo, se ha arrepentido y ha aprendido; ella se ha renovado (me preocupa un poco la dirección hacia la que su nueva personalidad se dirige, pero, como siempre, prefiero esperar a que surjan los problemas antes de hacer algo). Siento a Ate levantarse a media noche, pasar sobre nuestras colchas y acercarse al balcón. ¿Qué consuelo buscas en las estrellas, chico indolente? Nada más que aire fresco por el calor, pues es verdad que el ventilador anda bastante lento. Se duerme sentado en la silla playera. Hinta, abrazada a mí, lanza ronquidos húmedos, ríe en sus sueños y su cuerpo también se estremece. No tener que dormir tiene sus ventajas; no sabía que Kanyu hablaba dormido. Dice: lebenredosnolo, oyemelatodalacosa, eeeeee, ¿eeeee? El habla del inconsciente pacífico. Antes del alba, mi hermano ya no aguanta el aburrimiento, se separa lentamente de Yuska, le da un beso en la mejilla y sale a la playa. Lo sigo. La paz y serenidad de los minutos previos al amanecer, esos instantes en el que el último frescor de la noche hidrata el espíritu con el canto de las olas y los vientos en los oídos, la suavidad de una arena de millones de años, fina y acariciante; todo eso nos quedamos a disfrutar hasta que los rayos aparecen por la raya del eterno horizonte. No pensamos ya en nuestra realidad ni tonterías filosóficas, sólo sentimos con miradas idiotas aquel prodigio trivializado de la naturaleza, sólo el sentir el placer de la contemplación por el simple placer de la contemplación, sin razonamiento, sin pensar en lógica alguna, sin querer darle explicación, sólo la experimentación sin rigor, el placer por el placer. Nos volvimos humanos por ese momento.

    Entonces recordamos, casi al mismo tiempo que sale el sol, que la ciudad de Hîns no está a la orilla de ningún mar, o sería más exacto decir que no lo estaba en el mundo que recordábamos el día anterior.


    ***​


    Adiós, horizonte.



    [1] Posible referencia al libro de cuentos de Ráu Shórsta Danzilmareses viviendo en Danzilmar.

    [2] Rios de la selva de Yáok a los que los lugareños atribuyen propiedades curativas.
     
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