Historia larga ParalefikZland: Alter Ego

Tema en 'Novelas' iniciado por Paralelo, 2 Febrero 2019.

  1.  
    Paralelo

    Paralelo Viajero dimensional

    Virgo
    Miembro desde:
    16 Agosto 2012
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    270
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    ParalefikZland: Alter Ego
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1761
    Obra registrada en Safe Creative. Código de registro: 1902029839144


    Primera parte


    1. El Viajero se presenta


    De entre todas las maneras que existen de convertirse en Viajero, una de las más simples y menos espectaculares, aunque no por eso menos inaudita, ocurrió a un ser de nombre Ánderwo, durante una tarde en la que caía una tormenta tan intensa que toda su ciudad se tornó inhóspita como un profundo lecho marino.

    Según cuenta la historia, Ánderwo había pasado todo el día acurrucado en su cama, bajo las sábanas, refugiándose de ese frío inesperado para el que no estaba preparado, ya que el calor habitual de la ciudad de Éntas lo había disuadido de comprar ropa abrigada. En algún momento sacó la cabeza y dirigió la mirada hacia la ventana que estaba sobre el escritorio; tal y como pensaba, las nubes no dejaban entrar el sol, y la única luz natural en toda la ciudad provenía de los esporádicos relámpagos, seguidos casi siempre por la soberbia respuesta del trueno. Convencido de que ese día no podría ni tendría ganas de hacer nada, refugió la cabeza de nuevo entre las sábanas. El frío pasaba a través del cristal de la ventana y el viento la aporreaba, sacándole un ruido tan molesto que no le dejaba dormir. Lo que pasó por su cabeza durante esas fastidiosas horas de frío son pura conjetura. Su estado emocional debía ser muy similar al de un prisionero al que se le tortura impidiéndole dormir mientras es forzado a recordar sin descanso sus crímenes pasados. Sentía la exasperación del lento paso del tiempo; su cabeza se encontraba estancada con un solo pensamiento que no se alejaba por más que intentaba dormirse; una sensación de que el cuerpo le apretaba y la cabeza le pesaba. No soportaba ver, no soportaba oír, y hasta el aire que lo mantenía vivo le hacía sentir ira; la sensación de no ser ahí, de no estar en ningún lugar y, sin embargo, estar atrapado en todos lados.

    Sea cual fuere su estado, algo muy interesante debió haberle encontrado el Viajero, porque en algún momento decidió romper su silencio y lo llamó con voz paternal:

    —Ánderwo.

    El joven detuvo toda actividad mental. Los músculos, agarrotados por el frío, se sintieron de repente cálidos de miedo. Su sentido del tacto se agudizó tanto que sus demás sentidos casi desaparecieron, y su columna adquirió la rigidez del mármol.

    —Ánderwo, no te asustes.

    La voz había adquirido un tono levemente irónico, quizá hasta burlesco, el Viajero intentaba no reírse de ese miedo exacerbado, y en consecuencia su inicial tono dulce casi se desvanece. Ese cambio no disminuyó el miedo de Ánderwo, aunque sí hizo brotar en él una curiosidad en la que su instinto de supervivencia no le permitió pensar mucho tiempo.

    —Vengo de otro universo paralelo —el Viajero volvió a su tono protector, como un dios comunicándose con su creación—. Pasaba por aquí, como parte de mis interminables paseos a través de las realidades, y he sentido el deseo que es el núcleo de tus pensamientos más profundos. —Y como Ánderwo no salía de su refugio abrigado, continuó—: Sé que has leído historias de nosotros los Viajeros, cuyas vivencias de tanto en tanto caen en las cabezas de los seres de este mundo a través de lo que llaman imaginación o sueños, y las confunden con productos de su propia inventiva. Sé que no quieres sentir que sólo recibes las experiencias de los otros seres, sino que la idea de vivir tú mismo todo lo imaginable te quema por dentro y te hace sentirte aprisionado en tu propio cuerpo; de hecho, el encierro físico al que te está condenando esta tormenta lo estás relacionando directamente con tu encierro abstracto, y la combinación de ambos al mismo tiempo te es insoportable. “Ahora mismo ni siquiera la muerte sería un alivio, porque la muerte, según se dice, no es más que una prolongación de este mismo estado de aislamiento en el que no estoy conmigo mismo, pero en el que tampoco puedo escapar de mí. Ojalá que no sea así, ojalá que la muerte sea una liberación”.

    Su primera reacción, después de escuchar de ese ser las palabras que en algún momento había llegado a concebir dentro de su cabeza, fue la de acentuar su miedo, pero pronto surgió en él un asombro por esa lectura mental que se combinó con una indignación por la misma, al sentirse invadido en lo más sagrado que tiene todo ser pensante. El resultado fue que, con un movimiento lento pero firme, removió la sábana de su cabeza y echó un vistazo: no había nadie; la habitación seguía habitada por todos sus muebles con sus libros y otros objetos de uso y decoración, pero ninguna fuente visible de la extraña voz.

    —He decidido permanecer invisible, si no te molesta. Me gusta estar así la mayor parte del tiempo —la voz del Viajero sonó condescendiente.

    Un nuevo miedo le hizo a Ánderwo olvidar su asombro e indignación anterior, pero no regresó a su refugio sino que abrió más los ojos como si con eso pudiera ver mejor, y un gran número de otros pensamientos se le apiñaron con poco orden en el cerebro.

    —No soy ninguna alucinación —dijo el Viajero, respondiendo a las hipótesis de Ánderwo—, tampoco soy malicioso ni busco con esto hacerte pasar ninguna desventura. He venido a proponerte la realización de tu deseo: tan sólo di a qué realidad quieres viajar, y yo de inmediato te llevaré a ella.

    Tuvo que pasar un rato de silencio para que la situación terminara de forjarse con calma en Ánderwo.

    —¿Un Viajero? —preguntó.

    —Un Viajero como de aquellos que alguna vez leíste en algunas ficciones de tu mundo; seres que tienen el poder de no estar limitados a una única realidad, sino que tienen virtualmente un número infinito de ellas en las cuales existir. Quiero hacerte parte de eso también, que te vuelvas un Viajero; yo te facilitaré el poder para viajar entre los universos como yo.

    Ánderwo se incorporó y se sentó en el borde de la cama, aún con recelo en los ojos.

    —¿Por qué quieres hacer eso? —preguntó mirando al techo, donde por un momento tuvo la impresión que se encontraba su invisible compañero.

    —Mis razones no son importantes —dijo el Viajero como burlándose de sí mismo—; ¿qué más da que sea porque tus intenciones han llamado mi atención, por aburrimiento, por el orgullo de convertir a alguien en viajero o sólo porque así me da la gana? No pongas esa cara, Ánderwo. Sé que piensas que si mis razones no son muy convincentes, o si hay en mí algún propósito malvado, eso obviamente va a afectar el resultado de esta experiencia que te propongo. Es verdad, no es imposible que todo esto no sea más que una treta para engañar a un pobre incauto con increíbles promesas; tienes razón al sospechar que quizás algún destino macabro te espere si aceptas, y cualquier cosa que haga para intentar demostrar mi pacifismo bien podría ser parte de esa treta. Ni siquiera puedes estar seguro de que me empeñaré en ser un guía fiel y confiable para ti. Tienes todas las de ganar y de perder, Ánderwo. La decisión es tuya al fin y al cabo; basta que me digas que no, y no tendré más que irme al universo en el que dijiste que sí. Pero debes saber unas condiciones en caso de que aceptes mi propuesta. En primer lugar, no te será permitido regresar a un universo anterior; una vez que decidas salir de un universo, no podrás volver a él. En segundo lugar, si bien te daré consejo durante tus viajes, las decisiones y consecuencias que por tu causa se generen en esos mundos serán tu responsabilidad; no te salvaré en caso de que así lo necesites, únicamente te garantizo que nunca tendrás una muerte auténtica, pues siempre mantendré tu existencia viva para que puedas continuar viajando. Por último, en caso de que quieras abandonar este proyecto, eres libre de hacerlo cuando me digas, y te regresaré a este preciso mundo y momento, como si toda tu partida no hubiera durado ni lo que tarda un parpadeo. Te dejo elegir entonces, puedes tardarte cuanto quieras.

    Muchas horas después, la tormenta seguía acompañando las violentas cavilaciones de Ánderwo, que apenas y cambió su posición sentado sobre la cama; cuatro o cinco veces fue al baño; otras tantas buscó algo de comer y beber; por un periodo de media hora caminó de un lado al otro de su habitación; por quince minutos hojeó algunos de sus libros y cuadernos de la universidad; diez minutos estuvo acostado mirando el techo casi sin pestañear; se durmió envuelto en su capullo de sábanas por aproximadamente una hora, y tuvo sueños que eran más bien sensaciones desagradables en el cuerpo. Pero por lo demás permaneció sentado al borde de la cama, a veces sujetando la cabeza con las manos; a veces echado hacia atrás; a veces encorvado hacia adelante; a veces golpeando el suelo con los pies.

    Dado que no es de interés para nuestra historia atestiguar el mundo en el que Ánderwo rechazó la propuesta del Viajero, atestigüemos mejor el mundo en el que la aceptó, por razones tan variables e insignificantes como las razones del Viajero para querer hacerle esa propuesta.

    Ánderwo sigue con un semblante desconfiado, similar al de un gato que acepta con cautela la comida que le ofrece un extraño; su excitación permanece oculta en el litoral de su conciencia, y da pocas señales de ella en su cara y lenguaje corporal.

    —¿A qué universo quieres ir ahora? —preguntó el Viajero, con la emoción que suponía debía estar sintiendo Ánderwo por dentro.

    Ánderwo aún tardó un rato antes de dar su respuesta, y casi sonó como si estuviera pidiendo un deseo humilde ante algún dios ya extinto del pasado:

    —Quisiera ir a un mundo como este pero de una magnitud inferior, para sentir cómo es ser como un dios.

    Imaginemos ahora que, al desaparecer Ánderwo de la habitación, el tiempo se detiene; se paralizan los truenos y los rayos, el frío se congela en el aire, el viento de la tormenta se vuelve una estatua. Así es como la realidad esperará a Ánderwo en caso de que decida regresar a ella. Para el resto de los seres de ese mundo que no sean Ánderwo, el tiempo seguirá su flujo normal, y el desaparecido para siempre será él, en caso de que elija nunca más volver.
     
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    Título:
    ParalefikZland: Alter Ego
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1380
    2. El que soñaba que viajaba

    ¿Estará despierto Altréu hoy? Siempre despierta todos los días, ya lo sabe Méyu; se corrige y se pregunta si estará despierto cuando ella llegue o si se despertará en algún momento de su visita, antes de que tenga que marcharse.

    Abre la puerta la señora Déla Néi, le sonríe con su regordeta boca del mismo modo que se les sonríe a las visitas que se han tomado la molestia de venir a darle el último adiós a un moribundo. Méyu la saluda (la señora Néi está hoy menos deprimida que ayer, y ayer lo estaba menos que anteayer; cada día que pasa parece más resignada) y caminan hacia la habitación de Altréu.

    Méyu: ¿Ha despertado hoy?

    La señora Néi (un poco optimista): Sí; hace rato fue al baño y luego bebió agua, también habló algo con Líru.

    Méyu: Al menos.

    Piensa qué le dirá a Altréu si lo encuentra despierto, o qué hará todo el rato en caso de que no se despierte, ¿mirarlo, leer algo, observar a la nada? Al abrir la puerta de la habitación y entrar en ella, piensa que ya hace tiempo que sus demás amigos se han aburrido de venir a visitarlo para encontrarlo siempre medio muerto, medio comatoso, perdido en otro mundo, siempre ignorándolos.

    Altréu está, como todos los días, echado en su cama, durmiendo con la profundidad que brindaría un fuerte sedante, y en combinación con lo oscuro de la estancia, la atmósfera llena de aire pesado que las ventanas abiertas no conseguían llevarse, y el absoluto silencio que hay, de verdad parece la habitación de alguien con los minutos contados, alguien que ya está más allá de lo que está acá.

    ¿Qué es lo que te ha sucedido, Altréu? Con lo que antes a esa hora estaba casi siempre con los demás, bajo los aires frescos de las tardes de vientos del sur, perdiendo el tiempo en el área para patinadores del parque de la esquina, y los demás: ¿hoy tampoco viene? ¿Y qué les va a decir, que sigue durmiendo? No, no duermes: viajas, como tú dices, ¿no es así? “No estaba durmiendo, estaba viajando”, y yo con mi cara de… Pero eso se repitió de nuevo, y otra vez, y una vez más, en la escuela; en medio de la exposición sobre los componentes de las células, tú hablabas de las mitocondrias y sus funciones y todos hacían silencio aunque sus ojos saltaban por todos lados menos hacia el proyector, y (nunca lo olvidaré) sonó el ¡paf! de tu cuerpo, y yo estaba atenta a tener que cambiar de diapositiva y no te vi caer pero sí lo oí, y todos exclamaron y hablaron y alguien gritó y a mí se me fue el cerebro al estómago. Sólo fueron dos minutos, pero volviste y te obligaron a volver a tu casa, aunque nunca te había visto tan feliz en mi vida, “todo es diferente ahora”, y así lo fue. Te caías dormido en la escuela, en la calle, en el parque, en mi casa, en la tuya; no podíamos dejarte sólo un momento o te desvanecías, fui (y sigo siendo) la que velaba por ti; tu sombra fiel, me debes tantas veces la vida y me la deberías más sino fuera porque ahora estás confinado en esta cama. ¿Pero por qué (amigo mío)? Y piensa disparates de maldiciones y males de ojo, pero se lo sacude todo de la cabeza al ver que las piernas de Altréu se han contraído. Es un tipo de narcolepsia muy extraña, habían dicho los médicos, una falsa catalepsia tan impredecible e intratable que tu vida ha sido condenada a ser un sueño.

    Se mueven los brazos; el cuello hace girar la cabeza, y tras una violenta inhalación, como si algún ser invisible le hubiera inflado los pulmones de un soplido en la boca y nariz, Altréu se despierta.

    Altréu: Hola, Méyu.

    Méyu (taciturna, casi indiferente): Buenas noches, Tréu.

    Y como casi todas las veces que va a visitarlo, no sabe ya qué decirle. Altréu respira igual a un pez fuera del agua; la vigilia lo sofoca.

    Méyu: ¿Qué soñabas?, digo, ¿adónde viajaste?

    Altréu (divertido por la corrección forzada de Méyu): Fui a un mundo increíble, o al menos lo fue por un rato. Yo era como un dios que convivía con otros dioses; nos divertíamos con las galaxias, jugando con ellas como si fueran juguetes. Pero entre esos dioses me sentía raro; estar entre dioses cuando eres un dios se siente igual a ser humano entre humanos.

    Méyu: Hoy la maestra Sentsa nos hizo leer sobre la vida en los países de habla inglesa; vamos a hacer un trabajo en equipo sobre aspectos de sus culturas…

    Altréu (con brusquedad): También fui a un mundo donde hablaban una lengua muy rara, gracias a mis poderes la aprendí en un instante. ¿Quieres oírla? (Con la lengua entre los dientes, moviendo poco los labios e intentando que el sonido salga por la nariz): Hlör u fang axaxaxas mlö[1]. Bueno, no suena tan bien cuando pronuncio con este cuerpo; necesitaba unos órganos fonadores diferentes para pronunciar bien. En todo caso, significa la luna surgió sobre el río.

    Méyu: Hoy me preguntaron por ti.

    Altréu: ¿Quiénes?

    Méyu: Yéman, Líe, Zúruk…

    Altréu: Hace ya que no vienen a verme…

    Méyu (secamente): Hoy me preguntaron por ti, querían que te preguntara si querías ir con nosotros al parque a mover un poco esos músculos.

    Altréu sonríe hacia el techo, su respiración sigue acelerada.

    Altréu: No tiene caso; volveré a irme en cualquier momento.

    Cierra plácidamente los ojos y sonríe despreocupadamente. Decepcionada, algo molesta, Méyu calla y lo observa.

    Y aumentó la frecuencia, y dormías cada vez más y más y más y era un milagro si te mantenías despierto dos horas seguidas. Y tú te veías siempre feliz como un niño en su cumpleaños, y te animábamos a salir, a moverte, a curarte, y tú No, gracias, tal vez en otro momento, pero ese otro momento nunca llega y tú sigues duerme y duerme. ¿No quieres curarte acaso? (nunca me había enojado tanto contigo) No respondiste; mencionaste tus sueños y con eso evitaste responder.

    ¿No quieres curarte?

    Los cielos por los que decías volar, en los que aprendiste a volar, te hicieron olvidar la tierra a la que tu cuerpo aún está pegada.

    ¿Quieres dormir así para siempre?

    Y apenas despertándote para mantener vivo el cuerpo. ¡Para eso sí que te levantas!

    ¡Vas a desperdiciar toda tu vida así!

    Te estás pudriendo en tu cama, tu cuerpo y tu mente, Altréu, y no importa cuánto quisiera que volvieras a levantarte y seguir con tu vida, con tu vida de verdad, no con esos sueños que te han hecho olvidarla… resignado, feliz de tu resignación, estorbo para el mundo, ladrón de aire, desperdicio de carne, inútil.

    ¿Qué tienen esos sueños que los prefieres a tu vida?

    Y nunca respondes.

    Altréu (abriendo contento los ojos): Un día podré mostrarte.

    Méyu: Mostrarme ¿qué?

    Altréu: Que lo que te digo es de verdad, que de verdad viajo a otros mundos y no es sólo un sueño, que todo esto no es un desperdicio de vida, como me decías.

    Méyu (casi entre dientes): Por favor, Tréu, por favor.

    Altréu: No necesito curarme porque no estoy enfermo; estoy trascendiendo.

    Méyu (más triste): ¿Y si te mueres así?

    Altréu (mirándola indolente): Méyu, entiende; no puedo desperdiciar esta oportunidad.

    Altréu vuelve a quedarse dormido tras una repentina inhalación como para sumergirse en el océano, en el cual permanecería sumergido por muchas horas.

    Méyu se levanta. La ira, la tristeza y la fatiga se disputan el dominio sobre ella. Es un imbécil, ojalá se muera de una vez. No, pobre, ha perdido las ganas de vivir, no podemos dejarlo morir. No, que haga ya lo que quiera; es su vida, no la nuestra.

    Sale de la habitación.



    [1] Lenguaje de Tlön, descrito por Borges en el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.
     
    Última edición: 9 Febrero 2019
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