Historia larga Pandracon

Tema en 'Novelas' iniciado por Gamenor, 13 Septiembre 2018.

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  1. Threadmarks: El surgimiento de Alkos
     
    Gamenor

    Gamenor Juramentado de Redoran.

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    Título:
    Pandracon
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    13
     
    Palabras:
    1303
    Título: Pandracon
    Estado: En proceso (9 capítulos publicados a la fecha, 6 en borrador)
    Fechas de actualización: Lunes, Miércoles y Viernes.
    Cantidad de capítulos: A determinar.
    Sinopsis: Dragones. Seres que nos fascinan y llenan de temor a partes iguales. Muchos los ven como un enemigo a vencer, o un obstáculo a superar. Esta crónica, en cambio, explora un mundo regido por ellos.

    Capítulo 1: El surgimiento de Alkos
    Nos encontramos en la meseta de Moundus, hogar de bellos lagos y colinas, en la región de Wyynhaist. Allí, como por todo el resto del mundo, residen dragones. Esta meseta en particular es un punto donde se concentran unos pocos hogares permanentes. Nuestra vista se centra en la pequeña cueva que es el hogar de Kellen, un dragón erudito, de escamas púrpuras en el lomo y blancas en el pectoral, quien recibe la visita de una cría de Wyvern de color azul.

    — ¿Señor Kellen?

    — ¿Si, joven?

    Kellen, quien era un conocido relator de historias, estuvo recibiendo visitas indeseadas de jóvenes como este desde el último Día del Fuego. Normalmente, se trataba de pequeños curiosos por las historias de Los Orígenes. El estaba bastante acostumbrado a esto, pero aun así no dejaba de molestarle.

    — He venido para que me cuente una historia.

    En este caso, el visitante era un Wyvern de escamas rojas llamado Neoh, conocido en la zona por su impresionante velocidad.

    — Quieres escuchar el origen del Día del Fuego ¿Verdad?

    — No, quisiera saber cual es nuestro origen. — Dijo con especial énfasis en la palabra nuestro.

    — Oh, ese es sin duda un tema interesante, joven Neoh. Ven, pasa y ayúdame a terminar de comer este fénix mientras te cuento... El surgimiento de Alkos, Padre de todos los Dragones.

    La hospitalidad y la generosidad no eran virtudes comunes entre los dragones. Sin embargo, Kellen estaba mas allá de todo eso de la rudeza y la brutalidad, y precisamente por eso tenía la simpatía de jóvenes, padres y madres por igual. Solo los más brutos y algunos de los ancianos lo miraban con recelo o hasta odio. Pero, bueno, eso no era algo raro entre los dragones que elegían el camino de la sabiduría y la paz.

    Y con el ave fénix siendo masticada por ambos dragones, Kellen comenzó a contar la historia.

    Una vez, en un recóndito lugar del multiverso, un universo inerte y sin vida en lo absoluto, una galaxia comenzó a transformarse de la nada. Se convirtió en un huevo cósmico y de ese huevo, Alkos fue concebido desde la nada misma. Eones pasaron hasta que el huevo fue quebrado, y cuando sucedió, Alkos nació inconsciente y hambriento, y, al estar hecho de materia y energía puras, comenzó a atraer toda materia y energía cercanas a sí mismo, para consumirlas. A más consumía, más crecía. A más crecía, más poderoso se volvía, alcanzando nuevas cuotas de poder a cada segundo, pero seguía inconsciente.

    Repentinamente, cuando todo su universo fue parte de él, despertó, dándose cuenta de su propia existencia. Entonces, comenzó a experimentar con su poder. Y se dio a si mismo forma y también un nombre. Pero, como estaba solo, decidió crear seres similares a el, pero menores en poder que el mismo. Primero sus hijos e hijas, y desde ellos, sus nietos. Todos estos, desde Alkos hasta sus nietos, son llamados Los Dragones Divinos, o, simplemente, Los Divinos.

    — Interesante sin duda. — Dijo Neoh.

    — Y, entonces ¿Por que esa repentina curiosidad por El Origen?

    — Bueno, tengo una hermana, Naja.

    — Sí, la conozco, visita el archivo a menudo. ¿Quiere llegar a ser una erudita?

    — Claro, pero tiene problemas de confianza, en otros y en si misma.

    — Y te pidió a tí que vinieras a que te cuente esto?

    — Claro que no, eso la avergonzaría. Simplemente escuché lo que necesitaba y decidí hacerle un favor. Así que gracias, esa historia sera útil para su investigación. Solo temo que no podré contar esta historia tan bien como usted.

    — Haz lo mejor que puedas, estoy seguro que tu hermana te lo agradecerá. — Dijo Kellen.

    — Bueno, Ya me voy a casa.

    — Que los divinos estén con tus alas.

    Entonces, el joven wyvern echó vuelo. Lejos del hogar de Kellen.

    — Siempre da lo mejor de tí. — Pensó Kellen en voz alta mientras el joven partía. — Así Alkos estará orgulloso de ti y de los tuyos. Ten la paz en tu mente y en tu corazón. Trata a los demás como desearías que te traten a ti. Sigue la senda de la sabiduría y la paz, y tu y los tuyos vivirán. Quien aviva el fuego, por su propio fuego morirá, pero hay felicidad y regocijo en el camino de los pacíficos. — Entonces, abrió un libro, solo para leer exactamente las palabras que el mismo acababa de pronunciar. — Oh, ¿Por que hemos olvidado tan importantes consejos? Este joven ha mostrado hoy mas amabilidad con un solo acto de abnegación que algunos de los ancianos en toda su vida.

    ...

    Y mientras Kellen meditaba en sus cosas, Neoh llegaba a su hogar, donde su madre dormía, y su hermana estudiaba. Y se acercó a esta última, muy similar a el, pero de escamas blancas como la nieve.

    — Hey, Naja. Estuve en el hogar del relator.

    — ¿Que hiciste que? Hay, Neoh, esto es malo... ¿Por que lo hiciste?

    — Para ayudarte, por supuesto.

    La wyvern blanca estaba comenzando a enfadarse con su hermano, pero sabía que no tendría fuerzas siquiera para intentar lastimarlo. Era bastante más pequeña. Así que decidió simplemente no hablarle.

    — Escucha, es la historia del surgimiento de Alkos.

    — Ya sé esa historia. ¿Siquiera prestaste atención a lo que estoy haciendo?

    Si, ni siquiera su silencio duró.

    — ¿Que estás haciendo?

    — Estoy intentando mapear nuestro lugar en el multiverso.

    — ¿Para que?

    — Así podré unirme al Colegio de Wyynhaist y dejar este sitio, idiota.

    — ¿Quieres abandonar el nido tan pronto? Soy mayor que tú, y hasta yo creo no estar listo aún.

    Neoh tenía un punto, pero Naja también, salvo que no tenía la fuerza de decirlo. No era lo suficientemente fuerte para decir que estaba harta de sus padres y vecinos. Los primeros reprimiendo su talento cuando podían, los segundos haciendo de ella un hazmerreír. Su hermano no lo comprendería, porque para el, las cosas eran muy diferentes. Sus padres lo acompañaban debido a su don, y sus vecinos lo respetaban y le ofrecían su amistad. Pero como la principal cosa que ocupaba la cabeza de su hermano era volar, tanto que parecía estar constantemente con la cabeza en las nubes.

    — Si no me uno al Colegio de Wyynhaist pronto, estaré atascada aquí por siempre. — Dijo Naja, con una voz tan débil que ni siquiera esperaba que su hermano la oyera, pero lo hizo.

    — ¿Por que lo dices? No es como si las solicitudes fueran a cerrar.

    — ¡Pero la entrada se volverá más y más competitiva cada año! Si no lo logro pronto... ¡Algún otro dragón podría presentar lo mismo que estoy tratando de hacer!

    — Está bien, te ayudaré, entonces.

    — ¿De verdad? — Naja estaba sorprendida — ¡Oh, gracias, hermanote!

    — No es nada. Oye, hablando de metas en la vida... Escuché que un inspector de pruebas de la LCA viene al valle de Moundus pronto.

    — ¿La Liga de Carreras de Acantilados? ¡Eso es increíble! ¡Seguro podrás volar ahí muy pronto!

    — Solo espero que madre y padre me dejen competir.

    — Claro que lo harán, siempre lo hacen. Tienes todo su apoyo, ni siquiera pienses en olvidarlo. Y... una cosa, perdona que cambie de tema. ¿Que tal es Kellen? ¿Como te trató?

    — Fue bastante gentil, incluso compartió una presa conmigo. ¿Sabes? Le conté acerca de ti. Así que si necesitas algo de el, siéntete libre de pedírselo, seguro te ayudará.

    — Hmmm ¿Podrías ir conmigo? ¿Aunque sea una sola vez?

    — Con gusto.

    Ambos wyverns se abrazaron. Y luego, cada uno siguió con sus propios asuntos.
     
    Última edición: 13 Septiembre 2018
  2. Threadmarks: Rebelión en Jorhalt
     
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    Capítulo 2: Rebelión en Jorhalt

    Trescientos cincuenta años en el pasado, aproximadamente.

    Estamos viendo una gran montaña, cubierta de nieve y rodeada por docenas de cuevas como hoyos en un queso. Se trata de Monte Cherall, en la fría región norteña de Jorhalt, la cual es la única región libre de dragones en el mundo, o al menos, lo era, hasta hace unos años, cuando un grupo de dragones exploradores excavó estas cuevas en esta montaña.

    Jorhalt era conocida por ser el hogar de los llamados kindfolk, una raza de seres inteligentes, menores a los dragones en poder y en tamaño, y no tan inteligentes, pero mucho más adaptables y, también, más receptivos en lo que se refiere a cosas como cooperar y compartir. Los kindfolk también estaban dotados de una enorme variabilidad genética, incluso mayor a la de los propios dragones, debido a una capacidad perdida hace eones, la habilidad de asimilar virtudes de los animales de su entorno. Por esta misma habilidad, los kindfolk solían estar divididos en razas y tribus. Había una tribu llamada Lupine, otra conocida como Felis, y otras muchas más. Pero de eso hace milenios. En la actualidad, los kindfolk llevan casi un siglo desarrollando un profundo sentido de la hermandad y una estrecha cooperación entre sí, y, junto con esto, una gran civilización, con industrias y ciencias.

    En cierto punto de esta revolución, muchos se comenzaron a quejar por estar limitados a la región de Jorhalt, mientras los dragones ocupaban territorios que ellos podrían utilizar mejor. Luego, algunos dragones vieron cómo sus territorios eran invadidos por multitudes de pequeños extraños. Vieron sus alimentos y tesoros siendo usurpados mientras dormían, e incluso sufrieron que se pusieran trampas en las cercanías de sus lugares de habitación.

    En mitad de esto, antes de que el conflicto escalara, fue que estos dragones exploradores tomaron Monte Cherall como puesto de avanzada. Asustados por esto, los Kindfolk decidieron enviar un emisario, Coul Vallante, el león. El escaló la montaña desarmado, sin nada más que su ropa y una cajatera, un artefacto que usan los kindfolk para preparar un brebaje caliente conocido como té, que los ayuda a mantenerse calientes.

    Cuando llegó a la primera cueva que encontró, halló un dragón, el cual medía casi cuatro metros y poseía un raro patrón de escamas blancas y grises claras, estas últimas formando líneas sobre su pecho. Este dragón lo recibió con una pregunta.

    — ¿Has venido a rendirte? ¿O has venido a morir?

    — He venido para negociar. — Respondió.

    El dragón estaba agotado y débil por culpa del frío, así que decidió escuchar en vez de luchar.

    — Nosotros, los dragones, somos legítimos dueños del mundo. ¿Qué puedes ofrecer, acaso, que no sea nuestro ya?

    — Los kindfolk han decidido que para mantener la paz, no tienen alternativa, así pues, he venido a ofrecer a los propios kindfolk. — Dijo convencido el león.

    — Interesante. Ahora tienes mi atención. — Dijo el dragón.

    — Una ley ha de ser dictada entre mi gente y los dragones, de que mi pueblo puede asentarse de forma permanente donde lo desee, mientras se encuentre a al menos unos diez kilómetros aproximadamente de cualquier cueva o zona de nidada existente. A la inversa también se ha de aplicar, y los dragones han de cuidarse de no establecerse a al menos unos diez kilómetros aproximadamente de cualquier ciudad, aldea, poblado, u otro asentamiento permanente que mi gente construyera. Y, en cambio por la aprobación de esta ley, los dragones han de ganar un derecho sobre mi gente. Siéntete libre de pedir este derecho cómo desees.

    — Estas siendo demasiado generoso, león. Heme aquí que podría pedir a tu pueblo ofrendas anuales para sus dragones vecinos, hasta que estos queden saciados. Podría incluso pedir sumisión y obediencia absolutas de tu gente. Pero, como has sido generoso, lo seré yo también. Cualquier asentamiento permanente de los kindfolk que se funde fuera de esta región pertenecerá a nosotros. Y tienen que nombrar ustedes un líder de entre los suyos cómo alcalde del asentamiento, más a un dragón de las zonas cercanas, uno adulto, como gran alcalde, uno que esté por encima del suyo propio y que interceda entre los asuntos de los dragones y los asuntos de la ciudad. Y debe haber paz entre ambas partes, más a cualquier individuo que ose perturbar la paz entre las partes, estas en conjunto deben darle muerte, sea esta un kindfolk, o un dragón.

    — Tu propuesta es justa, oh, dragón.

    — Y, en cuanto a ti, león, llamame por mi nombre, Hidneat, y dime el tuyo, pues te has ganado mi respeto.

    — Me llamo Coul Vallante.

    — Dos nombres separados, más una sola cabeza. Curioso sin duda.

    — Oh, Vallante es mi apellido, es decir, el nombre de mi familia.

    — Pues encuentro rara esa costumbre, entonces, poner nombres a las familias.

    — Noto que ustedes no lo hacen.

    — ¿Por que habríamos de adoptar una costumbre sin utilidad en absoluto?

    Y cuando vio que la conversación iba para largo, Coul se sentó y desplegó su cajatera. Se puso a preparar té, e incluso ofreció algo de este a Hidneat.

    ...

    Monte Cherall, hoy.

    Hidneat se encontraba en una cueva en una altura mayor, conversando con un Wyvern negro con las puntas de las escamas color bronce.

    — Así que. ¿Te quedarás aquí?

    — No tenían motivo para odiarnos, Nouris, eran nuestros amigos. ¿No entiendes que hay algo sospechoso en todo esto?

    — Eso no me concierne, ellos han quebrantado la ley, y deben ser cazados tal como dice la ley. Yo tengo hambre, pero el comandante Jaynuhs me hizo venir aquí a hacernos perder a ambos nuestro valioso tiempo. ¿Sabes? ¿Quieres meterte en problemas con el? ¿Quieres meterme a MI en problemas con su enorme vozarrón? ¿Es lo que quieres?

    — No. — Respondió Hidneat.

    — ¿Entonces qué? — Preguntó Nouris.

    — Saldré, pero voy a hacer otra cosa. Dile a Jaynuhs que me de hasta la luna nueva para interrogar a los kindfolk.

    Hubo un silencio tenso entre ambos mientras Hidneat se acercaba a la entrada. Finalmente, las palabras de Nouris lo rompieron.

    — No eres el mismo desde los tratados. El Hidneat que yo conocía no hubiera pensado dos veces un llamado a la caza.

    — Es que nunca me conociste realmente.

    Dijo antes de partir hacia la aldea más cercana.
     
  3. Threadmarks: Olivia de Rivierae
     
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    Capítulo 3: Olivia de Rivierae​

    Me gustaría seguir narrando la historia de Kellen y los jóvenes Wyverns, o los conflictos de la región de Jorhalt. Pero antes, he de hablarles de alguien más. Así que vamos a la región de Rivierae.

    En Rivierae se encuentra la mayor concentración de ríos, riachuelos y lagos del mundo. La región cuenta con varias ciudades y unas pocas aldeas aisladas. También es conocida como la región preferida de los Wyrms, es decir, los dragones acuáticos. Y en esta región se encuentra la aldea Pleadent, un sitio humilde, pero muy especial. ¿Y por qué digo que es especial? La respuesta se encuentra años atrás en el pasado, cuando la aldea estaba cercana a su trigésimo aniversario. Mientras los aldeanos pescaban a la orilla del río Siel, el más cercano a la aldea, en preparación para la fiesta del aniversario, sucedió algo que cambiaría muchas vidas para bien.

    Pero no todo es color de rosa, ya que el suceso del que voy a hablar también estuvo fuertemente marcado por la tragedia. Río arriba, una madre Wyrm había decidido mover su nido a otro sitio más alejado. No vaya a suceder que la pesca luego no fuera suficiente para ella, sus crías, y los kindfolk. Y en medio de la mudanza, uno de los huevos se le zafó del agarre, y fue rio abajo. En ese momento, ella no lo notó, así que el huevo había quedado a la deriva. Y fue a parar a la orilla en que los pescadores estaban.

    Uno de los pescadores lo vio, y lo rescató, a pesar de que el resto dudaba en hacerlo. Pero no estaba seguro de que hacer, así que se dirigió al alcalde, y este, a su vez, se dirigió a su superior, según la ley.

    El pescador, llamado Willow Marlyn, era un halcón ya entrado en la veintena. Tenía problemas de depresión y de dinero, y una mala suerte legendaria. Hacia un año había quedado viudo y con una cría que, para el momento en que salvó el huevo, tenia cinco años.

    En cuanto al alcalde de la aldea, Crey Griz, se trataba de un viejo oso, el cual era el único candidato en todas las votaciones desde que se fundó la ciudad, y no por corrupción, si no que literalmente era el único que quería el cargo, pero ya estaba viejo y tenía pensado retirarse para las próximas elecciones.

    Y sobre el gran alcalde, Allakor, se trataba de un Wyrm con las escamas de color barro, y la peculiar característica de poseer tres pares de cuernos amarillentos retorcidos cual cuernos de carnero, dispuestos en un patrón que recordaba al de una corona. Había sido elegido en el período de fundación de la aldea, y cómo el mandato de los dragones que ejercen cómo grandes alcaldes no concluye si no hasta la muerte del propio dragón, había ejercido el cargo por décadas, y tenía la esperanza de ejercer por muchas más. Y en todo ese tiempo, había forjado una cierta amistad con Crey.

    — ¿Por qué me han mandado llamar? —Inquirió el Wyrm nada más llegar.

    — Este humilde pescador ha hallado un huevo abandonado en la orilla del río. — Dijo el alcalde señalando a Willow.

    — Ya veo. Se trata de un caso sin precedentes en la historia. — Señaló el dragón. — Hasta ahora han sido solo cinco las veces en la historia, en que los kindfolk han reportado hallar huevos abandonados. De estas, dos fueron reportes erróneos en los que se trataba de huevos de otro tipo de criatura. En otro caso, el descuido fue de la propia gran alcaldesa, allá por las regiones de Isthelm. En el cuarto caso, se debió ejecutar a dos kindfolk por hacer un huevo frito.

    — Veo que es cierto lo que dicen de usted. Que está al tanto de todo. — Señalo Willow, antes de recibir una mirada de reprimenda por parte de ambos alcaldes.

    — Bueno, en este caso — Dijo el gran alcalde retomando la palabra — me gustaría dejar bien en claro algo. Si otros dragones se enteran de esto, habría que tener cuidado con lo que puedan llegar a pensar.

    — ¿Se refiere a...? — preguntó a medias el alcalde.

    — Sí, personalmente, intentaré devolver el huevo a su familia, más me temo que una vez nacida la cría puede ser demasiado tarde. Si eso llegara a pasar, no tendré otro remedio que darla en adopción. Personalmente, no me apetece tener crías, y ahí es donde entra usted, señor Willow.

    — ¿Yo? — Se preguntó el halcón.

    Así es. El Wyrm había decidido que, de no poder encontrar a la madre, cosa que no intentó siquiera, entonces el pescador Willow se haría cargo del huevo y de la criatura dentro de él. Es decir, realizaría una adopción. La ley era la ley. Y en ese momento, Allakor, el gran alcalde, la estaba ampliando con un nuevo precedente.

    Y pasaron los meses, y nació una cría del huevo en casa de Willow, mientras él y su hija Mercedes la observaban con cuidado. Y entre el señor Willow y la pequeña Mercedes ya habían decidido que hacer cuando naciera.
    Primero, ya que era una hembra, habían decidido que la que sería su hermana mayor le diese un nombre. Y así fue que se la llamó Olivia.

    Olivia Marlyn, la primera dragona con apellido. Una wyrm de color celeste en las escamas del lomo, y verde agua en las del pectoral.

    Al principio, Willow intentó mantenerla en un estanque con ruedas que el mismo había improvisado para que ella pudiera moverse sin salir de su medio natural. Sin embargo, al pasar un par de años se hizo patente que ya no cabría en él.

    Lo siguiente que intentaron fue enseñarle a reptar valiéndose de sus dos pares de aletas laterales. Sin embargo, aunque esto dio sus frutos y Olivia pudo moverse por el pueblo, haciendo amigos allá donde fuera, tras algunos años más finalmente hubo que mudarla al humilde puerto pesquero que se instaló a escasos metros de donde se la halló por primera vez, ya que estaba dejando de caber en la anchura de las calles.

    Y cuando se tomó la decisión, todo el pueblo la despidió con una fiesta.

    Desde entonces, Olivia es muy feliz compartiendo su hábitat con los pescadores, a los cuales ayuda y con los cuales juega todos los días.

    A día de hoy, Olivia ya tiene casi dos décadas de vida, y aunque tan solo su cabeza dobla en altura a Mercedes, ella aún la considera su hermana mayor, a pesar de saber que no lo es realmente.

    Y en cuanto a Willow y Mercedes, el primero la visita cuando va a trabajar al puerto, día por medio, y la segunda, aunque esté ocupada con sus propios asuntos, no pierde oportunidad de verla, aunque sea una vez a la semana.

    Y aunque este pudiera ser un final ideal, en realidad es tan solo el comienzo de nuestra historia. Ya tenemos una guerra latente en el horizonte, un sabio, un panteón, y dos familias muy diferentes. ¿Que habrá de pasarles? Sólo digamos que muy de vez en cuando, el azar y el destino tienen pequeños encontronazos.
     
    Última edición: 14 Septiembre 2018
  4. Threadmarks: El Colegio de Wyynhaist
     
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    Capitulo 4: El Colegio de Wyynhaist

    La institución educativa conocida como el Colegio de Wyynhaist es una escuela de prestigio mundial, y la única que acepta a dragones y kindfolk de todo tipo por igual. Con una historia de casi doscientos años, aún hay algunos dragones ancianos que no tienen fe en la institución, ya sea por por problemas con la administración, o por algún choque de ideales. Sobre la estructura, se trata de una curiosa hibridación entre la típica montaña con cuevas excavadas y el más ostentoso de los castillos. Con una muralla de cincuenta metros en la base de la montaña, un total de cincuenta y tres cuevas sin contar las recámaras interiores de las mismas, y tres docenas de torreones de tamaños variados, además de casas, campos, y establecimientos de todo tipo en toda su estructura. El proyecto de la misma databa de pocos años después de la aprobación de la ley de ciudades. Pero El Tribunal solo dio permiso para fundar el colegio cincuenta años luego de la propuesta original, y el fundador murió años después. Todo esto hizo que la fundación del colegio se postergara más de ciento cincuenta años. A la entrada de la misma hay una estatua de tres lobos y una Wyvern. Esta estatua representa al fundador original, Vincent Nives, su hijo, Iulius, que siguió con la construcción a pesar de todos los contratiempos, Y Oswaldo, quien concluyó el proyecto al que su padre y su abuelo habían consagrado su vida y recursos. Un colegio que abriría las puertas a nuevas cuotas de entendimiento entre los kindfolk y los dragones. Y a la espalda de los tres, Kaldoria, la Wyvern que inspiró y colaboró con el colegio desde que era tan solo una idea, y que aún a día de hoy sigue en el colegio, ejerciendo como directora.

    Hoy era día de aperturas. Se trataba de un evento que se realizaba cada pocos meses, y que permitía a los jóvenes que deseaban entrar a la escuela demostrar que eran dignos de la institución. El evento era sencillo, todos los candidatos exponían sus logros y metas frente al resto, y frente a la directora.

    Y allí se encontraban Kellen, en calidad de tutor, junto a Naja y Neoh. Olivia y Mercedes, acompañadas de Marlyn, y otros veintitantos dragones y kindfolk.

    Todos debían exponer frente a la firme aunque cordial mirada de Kaldoria. La Wyvern de escamas plateadas miraba con detenimiento cada pequeño detalle, y puede decirse que tenía un ojo crítico, más sabía exactamente cómo tratar a cada uno de los aspirantes con tan solo mirarlos un rato. En realidad, no tenía intenciones de negar la entrada a nadie, pero tampoco podía permitir que entraran aquellos que sólo tenían malas intenciones para con la institución.

    El primero en exponer fue un ratón llamado Michael, quien había preparado un ensayo sobre casos legales relacionados con la interacción entre los huevos hallados perdidos y los kindfolk. Ante este, Olivia y su familia no pudieron si no agachar la cabeza, cosa que no pasó desapercibida a Kaldoria.

    Luego, Kaldoria señaló a otros para que expusieran. Primero fue un Drake, o dragón sin alas, y luego un par de zorros, y tras estos, un dragón rojo y un ciervo. Tras todos estos, pasó Neoh, quién en realidad, sólo tenía intención de apoyar a su hermana. Hacia unos pocos días su vida había dado un vuelco cuando fue rechazado en la liga de carreras de acantilados por haber nacido con el don de la velocidad y además ser un Wyvern, debido a que ambas condiciones se consideraban ventajas injustas. Habiendo explicado su situación de manera similar, la directora pidió una breve demostración de velocidad. A esto, el joven wyvern voló hasta la cima del colegio y de regreso en cuestión de menos de treinta segundos. Habiendo sido ovacionado por la concurrencia, pidió que por favor hicieran pasar a su hermana.

    —¿Era mucho pedir que no te lucieras demasiado? — Preguntó Naja a su hermano en voz baja.

    — Créeme, ni siquiera hice un esfuerzo por ir rápido. — Dijo él en respuesta. — En fin, perdón y suerte.

    — Así está mejor. — Dijo a su hermano en voz baja otra vez, antes de subirla para continuar. —Pues ¿Qué tal? Voy a mostrarles un proyecto de investigación en el que estado trabajando desde hace unos años.

    Kaldoria asintió con la cabeza. Aunque claro, ella estaba notando todo lo que estaba pasando, no solo lo que se veía a simple vista.

    — Bueno. Tras estudiar y comparar docenas de mitos y leyendas sobre el multiverso, pude lograr un mapeo aproximado de una pequeña area del mismo. He aquí los resultados: — Dijo, algo nerviosa al principio. Mientras iba proyectando su mapa desde un adorno en su cuello, regalo de Kellen para la ocasión. — La zona que he mapeado consta de veinticinco universos. Ubiqué el nuestro en el centro como referencia. Luego, tenemos alrededor nuestro seis universos más, de los cuales tres solamente están habitados por dragones, dos más tienen otras formas de vida diferentes, el sexto, en cambio, está vacío. Ahora, quiero que presten atención al universo marcado con un 1, a la izquierda del nuestro. ¿Lo ven? ¿Ven su forma tan particular? Ahí se supone que viven Los Divinos. Ése es el lugar de nacimiento del Dragón Original.

    — ¿Y qué pasó con el resto de los veinticinco universos? — Preguntó Kaldoria.

    — Bueno, la gran mayoría deben de estar sin vida ya. En algunos casos no se menciona si están habitados o no, en todo caso, sólo pude encontrar historias que me aclaren la presencia de vida en unos pocos. Por ejemplo, el número veinticuatro está habitado por una raza poderosa similar a los folks, pero más bien a cómo se supone que eran en el pasado. En teoría, un caso similar podría darse en el número trece, pero aún no lo he confirmado. Y del resto, aún tengo que seguir algunas pistas.

    — Un trabajo estupendo para haberlo hecho tú sola. — Dijo, dirigiéndose a Naja, pero mirando de reojo a Kellen.

    — Bueno, he tenido un buen maestro.

    No había ni un rastro de mentira o de falsa modestia en su voz, así que Kaldoria simplemente se limitó a darle una sonrisa a la joven Wyvern y llamar al siguiente. Las presentaciones siguieron hasta un par de horas después y, en todo ese tiempo, ni Olivia ni Mercedes fueron llamadas. Finalmente, Kaldoria dijo algo que sorprendió a algunos.

    — Bien, esta vez voy a hacer las cosas un poco diferentes. Primero. Si ahora digo sus nombres, me temo que tendrán que marcharse hasta el próximo día de aperturas. Michael Rootings, Nah Huum, Shell Killian. N'wah Taal Roth. Son todos. Mejor suerte la próxima. —Tres buscapleitos y un armador de polémicas. Esa era la clase de seres que no quería en el colegio.

    — Ahora. — Continuó la directora. — Si no digo sus nombres, es que están dentro. Pueden ir entrando al archivo para registrarse como estudiantes. El Archivista los atenderá de uno en uno. Bien, inicio: Neoh, Naja, Bruma Springs, Slizy, Barth Elms, Morris Killian, Mercedes Marlyn y Olivia. Quiero que me acompañen. Necesito entrevistar personalmente a cada uno de ustedes por separado.
     
    Última edición: 14 Septiembre 2018
  5. Threadmarks: Entrevistas con Kaldoria
     
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    Capitulo 5: Entrevistas con Kaldoria

    El hogar de Kaldoria estaba ubicado en la cueva más alta del colegio. Constaba de una entrada con un par de recámaras interiores, las cuales estaban recubiertas de lana en paredes y suelo. Kaldoria había aprendido de su contacto con los kindfolk que el pelo y la lana ayudaban a conservar el calor y reducían el eco de las cuevas, claro que la humedad hacía de las suyas, por lo que cada tanto debía cambiar las coberturas, o estas se pudrían y dejaban de retener bien el ya de por sí poco calor que había en la cueva. También contaba con una hoguera en cada recámara, y la entrada tenía algunos muebles para comodidad de los visitantes, especialmente los kindfolk. Kaldoria incluso había mandado armar una cajatera de acuerdo a su tamaño, unos cuatro metros de altura, ya que resultó ser una gran amante del té.

    Las recámaras del hogar de la directora eran completamente diferentes la una de la otra. Una estaba ubicada por debajo del nivel de la entrada, la otra, por encima de la misma. La inferior estaba completamente vacía, salvo por la hoguera y huecos en una de las paredes, casi a ras del suelo, por donde entraba luz de fuera. En la segunda, Kaldoria guardaba todas sus cosas. Libros, metales preciosos, artefactos varios, regalos de estudiantes, etcétera. Claro, era la sala más desordenada, pero la otra se veía muy lúgubre para atender visitantes, así que cuando la directora tenía visitas, estas solían o bien quedarse en la entrada, o bien, como en este caso, subir a la sala superior.

    El primero en recibir su entrevista fue Willow. El pescador, sin haber sido llamado personalmente, había ido hasta allí para acompañar a sus hijas. Así que cuando fue el primer señalado a pasar a la recámara superior, se sorprendió tanto o más que el resto de los presentes.

    — Dígame. ¿Usted ha venido en calidad de acompañante, o me equivoco? — Dijo la wyvern al kindfolk, sin pelos en la lengua.

    — Bueno, sí.

    — ¿De quien, exactamente?

    — De Olivia y Mercedes, ambas. — Dijo el halcón, con mucho cuidado.

    — Así que... Olivia, una wyrm con nombre kindfolk. Señor Marlyn, entiendo que tenga miedo, pero no tiene por qué avergonzarse, ni ocultarme nada. Así que dígame ¿Cual es el vínculo que lo une a Olivia? Y diga la verdad.

    La wyvern hablaba en tono firme y algo severo, así que. viéndose sin otra opción, el pescador tuvo que decir la verdad.

    — Soy su padre adoptivo. La crié desde que salio del huevo. Solo la gente de mi pueblo y algunos parientes de confianza saben sobre esto. — Dijo.

    — ¡Extraordinario! — La wyvern no pudo contener el grito de la emoción, el cual se escuchó a través de las salas a pesar del aislamiento, luego, retomó la conversación con su voz moderada usual. — Lo supe en cuanto la pobre escuchó sobre los casos de huevos perdidos, pero quería oírlo de su propia boca. En fin, cuénteme ¿Como sucedió?

    Y ante esta pregunta, el pescador contó con lujo de detalles todo lo poco que sabía realmente acerca del incidente. Luego, Kaldoria pidió que subiera Olivia, sin Mercedes, e hizo bajar a Willow.

    — Olivia, pequeña. — Dijo la wyvern, aún a pesar de que la wyrm era bastante más grande que ella. De hecho, era tan grande que su cuerpo entero a penas cabía en aquella sala, con tesoros y todo. — Está bien ser diferente.

    Estas últimas palabras, dichas con tanto tacto, e incluso compasivamente, calaron hondo en la joven wyrm. Pero claro, Kaldoria tenía una doble intención, como muchas veces. Abrazando la cabeza de Olivia como mejor pudo, alcanzó a verle la marca del don en la nuca.

    — Así que, te criaste en un pueblo donde te apreciaban mucho, y ayudaste a muchos en todo lo que pudiste. Y en todo ese tiempo, nadie te habló de los dones ¿Verdad?

    — ¿Dones? — Preguntó.

    — Un conjunto de escamas en la nuca o el cuello de cada dragón, cuyo color contrasta con el resto de escamas en la zona alrededor. Estas siempre forman una palabra en el alfabeto antiguo. Esta palabra define un don otorgado al dragón que lo lleve. Todos los dragones nacen con uno. ¿Desconoces mucho de tu cultura y de tu especie, cierto? Pues no te preocupes. Aquí te puedo ayudar.

    — ¿Y cual es mi don exactamente? — Preguntó Olivia.

    — Ah, es raro hallar esta palabra como don, realmente. Aunque tengo una teoría de lo que hace. La palabra es "Empatía". Y creo, no estoy segura, pero creo que lo que hace es fortalecerte en base a tus buenas acciones o sentimientos.

    — ¿Y como llego a esa conclusión, precisamente? — Preguntó Olivia.

    — Pues explicaría cómo es que eres tan... grande. Básicamente doblas en tamaño a cualquier wyrm de tu edad. De hecho... Si, podría ser interesante... — Kaldoria quedó absorta en sus pensamientos un rato. Olivia temió interrumpir algo importante, así que simplemente calló. Luego, la wyvern volvió en sí. — Oh, sigues aquí. Baja, por favor. Dile a tu hermana que ambas están dentro.

    — Pero todavía no se entrevistó con ella, ni vio su presentación.

    — Oh, no lo necesito. Tu estás dentro, y no parece que ella vaya a ser un problema, además, necesitaré de alguien cercano a ti.

    — ¿Para que, exactamente? — Preguntó Olivia.

    — Tengo instinto para estas cosas, pequeña. Créeme, vas a necesitar de tu hermana.

    A Olivia no le parecía bien que Mercedes entrara solamente por ella, no después de lo duro que ella había trabajado para tener una presentación. Pero no podía negarse, pues significaría echarle por la borda años de esfuerzo y trabajo duro. Así que se limitó a asentir con la cabeza y hacer tal como Kaldoria había pedido.

    Luego, pasó el resto de los estudiantes que habían sido llamados. Naja y Neoh quedaron hasta el final, acompañados de Kellen. Y cuando les tocó el turno a estos, Kaldoria los hizo pasar a los tres juntos, a diferencia del resto.

    — Bueno. ¿Que puedo decir? Neoh, no pareces querer entrar al colegio. Pero tampoco quieres separarte de tu hermana. ¿O me equivoco? — Kaldoria inició la entrevista yendo de frente.

    — ¿Como...? — Neoh intentó preguntar, reaccionando, pero fue interrumpido por la directora.

    — Así como tu, yo también tengo un don. El tuyo, "Motuum", Del dracónico antiguo para "Movimiento". El mío, "Perspicacia", básicamente, soy muy observadora. Noto cosas que otros pasan por alto, por ejemplo, con Olivia... — La wyvern fingió haberse ido de la lengua. Pero en realidad, lo que buscaba era despertar la curiosidad de los hermanos. — ¿Saben que? Mejor centrémonos en lo que nos compete. Presentenme a su acompañante, por favor.

    Kellen quiso hablar, pero recibió una veloz mirada de reprimenda por parte de la directora. De los dos hermanos, solo Naja comprendió la situación con la suficiente velocidad como para reaccionar.

    — Él es Kellen, nuestro tutor desde hace unos meses. Es archivista y también cuentacuentos. Viene de la meseta de Moundus, al igual que nosotros. E insistió en acompañarnos para volver a ver este colegio, dice que estudio aquí, pero que no pudo continuar.

    — Claramente, no pudo continuar. —Interrumpió la directora, y luego cambió el sentido de la conversación. — Kellen, eras un alumno estrella, pero nunca me dijiste por qué abandonaste el colegio. — Dijo la directora, ahora si, dirigiéndose al dragón.

    — Pues me temo que mis asuntos personales ya no son de su incumbencia. Tampoco es algo que desee rememorar ahora mismo. Sin embargo, sí le puedo garantizar que lo que me llevó a ello ya es cosa del pasado. Hace sesenta y siete largos años ya.

    — Hmmm, veo sinceridad en tus ojos, sin embargo, es un asunto que me inquieta. Por ahora, lo dejaré aquí, pero luego lo retomaremos. Mientras tanto, mi condición para que tus pupilos entren al colegio es sencilla. Trabajarás en nuestro archivo.

    Cuando Kaldoria usaba su voz de autoridad, resultaba bastante difícil decirle que no. Y, en este caso, Kellen no tenía motivos para negarse, bueno, tal vez uno. Si se quedaba, Kaldoria podría vigilarlo, y tal vez deducir una o dos cosas que el quería guardar para sí. Pero no iba a ser egoísta, ese no era su estilo. Así que se limitó a aceptar.
     
    Última edición: 14 Septiembre 2018
  6. Threadmarks: Parte de Investigación de Hidneat
     
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    Capitulo 6: Parte de Investigación de Hidneat
    A quien pueda interesarle.

    Por Hidneat. De la primera comisión de exploración de Jorhalt.

    400 Escamas de Plata a coste de escritura. 2 Escamas de Platino por el envío. Parte de gastos de redacción, a mero fin informativo de mis gastos, a nombre mio y no de mis superiores.

    Continuo desde donde lo dejé en mi última carta. Aún a pesar de haber agotado el tiempo que se me dio inicialmente, he decidido continuar hasta llegar al fondo de este asunto, por mi honor, y el de mi amigo, no en menor medida.

    Tras pasar tres días ocultando a varias familias inocentes de la furia de mi comandante, he escuchado suficiente información como para determinar ciertos hechos que se han pasado por alto.

    El origen de las hostilidades parece ser un instigador de Lengua Venenosa, un clan que ya ha causado problemas a la comunidad en tiempos recientes, como consta en partes anteriores de mis compañeros y también míos. El clan se fundamenta en principios tribales de los antiguos Sierpen, más en cierta forma ha logrado captar curiosos y adeptos provenientes de otras tribus y razas. Su objetivo, aunque incierto, parece involucrar la muerte de dragones a gran escala, no como un fin, si no como un medio para algo más.

    Como es de esperar, el clan en sus proclamas tiene parte de razón, por eso resultan tan convincentes. No se puede exigir tanto a los dragones como a los kindfolk el convivir, y al mismo tiempo, mantenerlos separados. Sin embargo, se equivocan en algo mucho mayor, la ley no estaba pensada para propósito deshonesto. La esencia de la ley era servir de escalón para una cooperación aún mayor. Más ahora, la ley cuyo propósito era ser un paso en un largo camino, pasó a ser un bozal y una mordaza, un lazo, una burla de sí misma. Su propia existencia ya no permite que las relaciones entre kindfolk y dragones escale para bien. Era lógico, entonces, prever este resultado.

    Ruego se me disculpe por esta inapropiada reflexión. Sin embargo, me gustaría hacerla llegar a las vistas de El Tribunal.

    Ahora, continúo con el parte informativo.

    Tras descubrir a los responsables, mi siguiente paso es descubrir donde se esconden y llevar a los líderes ante la justicia. Me apresuro a ello en cuanto termine de redactar esta carta, tal vez así pueda dar freno a la masacre que está teniendo lugar fuera de los refugios que he tenido que construir.

    Por ahora, me han llegado los siguientes rumores a este respecto:

    Los líderes se encuentran en Jorhalt, al ser esta la región con menor concentración de dragones y, por tanto, la mas segura.

    Hay en proceso de instalación, células de la Lengua Venenosa en las regiones de Wyynhaist, Altamora, Suderbia, Rivierae, Skarmaal, Vulkanja, y Keligrove. Los líderes de estas células fueron nombrados por los propios cabecillas y se dice que son diestros en combate. El número de regiones coincide con el número de víctimas de la matanza. Siete dragones muertos, siete regiones a ocupar. Regiones clave, si se me permite la observación. Ninguna de ellas colinda con otra, y en todas ellas hay varios ancianos influyentes, incluyendo El Tribunal, en Altamora.

    Otros rumores, menos creíbles pero muy sonados, apuntan a la posiblidad de que cada uno de estos llamados Señores de la Guerra haya tenido que enfrentar a un dragón y matarlo sin ninguna ayuda con tal de ser nombrados como tales. Esto sugiere pericia, entrenamiento y preparación previas. Si tales rumores son ciertos, el conflicto puede reavivarse a escala mundial si no se hace algo con los responsables pronto.

    Lastimosamente, soy sólo uno. Así que cedo a los demás la responsabilidad de velar por vuestra salud en lo que a estos kindfolk respecta, y de investigar a quienes estén llevando a cabo esta rebelión.

    PD: Antes de enviar, acabo de oír nueva información de boca de un respetado doctor que ha decidido permanecer anónimo. Al parecer estudia algo llamado "Teoría de las ideas tóxicas". Hace referencia a esta revolución cómo "un parásito que va infectando a quienes le prestan atención." También dice que "este parásito busca expandir su alcance a través del movimiento de masas, se contagia a través de una frase, una idea, pero solo a aquellos de corazón o mente débil, y de ahí pasa a los más fuertes, pero siempre con alguna predisposición."

    Si bien parece estar hablando de esta idea como un parásito figurativo, hay algo en su forma de decirlo que me recuerda a cierta crisis que no puedo mencionar por alto secreto. De ser cierta la deducción que acabo de hacer, tendría sentido otro fragmento de información. Y es que al parecer los rebeldes se refieren a su líder como "Q". Use discernimiento el lector.

    Copiar en destino y reenviar a nuevos destinatarios a cuenta del remitente.
    - Base de la Primera Armada.
    - Base de la Segunda Armada.
    - Base Naval Rivierae.
    - El Tribunal.
    - Dirección Superior de Colegiados.
    - Dodecagesimo Séptimo Consejo de ancianos, en su Nonagesima Tercera Comisión.
    - A quien pueda interesarle.

    Atte.
     
  7. Threadmarks: Naja la tutora y el panteón principal
     
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    Capítulo 7: Naja la tutora y el panteón principal
    Las condiciones de vida de cada estudiante del Colegio de Wyynhaist eran diferentes, ya que la institución se encargaba de que cada estudiante tuviera una educación acorde a sus necesidades y peculiaridades. Esto solía acentuarse más cuando se trataba de los dragones, y más aún cuando había dones o alientos raros de por medio. Así que en cierta forma, el personal de la institución estaba acostumbrado a ver a Kaldoria tomar decisiones controvertidas y dar en el clavo. Pero cuando decidió que Olivia debía vivir en el lago que había a las afueras del colegio, sola, en vez de en el gran estanque subterráneo que había bajo la academia y que era el sitio designado a los wyrms, todos sin excepción volvieron a dudar de ella.

    A pesar de eso, Kaldoria se salió una vez más con la suya en ese y el resto de los asuntos concernientes a la nueva estudiante promesa. La tutoría de Olivia estaría cargo de Kellen, el nuevo archivista, Naja, una nueva estudiante, la propia Kaldoria, y la mismísima Skaraldra, la Matriarca, vendría cada tanto a evaluarla.

    Así pues, se había decidido que los estudiantes y profesores que no estuvieran expresamente autorizados ya no se podrían acercar al lago, y que este sería el nuevo hogar de Olivia.

    La primera clase que tuvo Olivia fue con Naja, la wyvern que había conocido el día anterior en las presentaciones, y con la que había conversado un poco en el hogar de Kaldoria.

    — ¡Naja! ¿Que haces por aquí?

    Olivia no estaba al tanto de todo lo que Kaldoria había hecho. Había pasado toda la noche nadando sola, conociendo a fondo el lago que sería su nuevo hogar. Era natural que se sorprendiera de tener compañía.

    — Vengo a darte clases. Soy tu tutora en Cultura, Historia y Teología. Aunque dependiendo de cómo lo veas son prácticamente lo mismo. Luego Kellen te enseñará Dones, Alientos y Ciencias. Y más tarde Kaldoria vendrá a hablar contigo. Según me explicaron, esa vendría a ser tu rutina diaria a partir de ahora.

    — ¿Y la comida?

    — No sé. Aunque éstas en un lago lleno de peces.

    — Si, ya sé, es solo que...

    — ¿Costumbres Kindfolk? Si, estoy al tanto de que eres... Ya sabes... Adoptada y eso. - Dijo Naja, sacando un cero del tamaño del colegio en su intento por mostrar tacto.

    — Claro que comía los pescados que conseguía en el río. Pero... — A más hablaba, más melancólico era el tono de su voz. — También solía compartir una comida o dos al día con alguien. Con mi familia, o con el pueblo.

    — Bueno, ya tienes algo que hablar con Kaldoria. ¿Te parece si comenzamos con la clase?

    La wyrm no pudo articular una sola palabra, así que se limitó a asentir con la cabeza.

    — Bien. La base de todo estudio de la historia y cultura draconicas está en los primeros dragones, Los Divinos.

    Primero, Alkos, o como algunos dicen, Alkosm. Es el llamado padre de todos los dragones, también es el origen de nuestros dones y alientos. Se dice que cuando un dragón muere, su don y aliento regresan a Alkos, cómo alimento, para que el ciclo de la vida siga su curso.

    Los hijos de Alkos tuvieron su origen como uno Sólo, El Ar-shin-vyy, de tres cabezas. Estas competían tanto entre sí, que Alkos las separó en tres. A la primera dijo "Por la bondad de tu corazón, sé que no necesitarás garras a donde vayas." Así pues, a esta cabeza se la llamó Vyyvern. Con un sólo par de alas y un solo par de patas. Este fue el antepasado de los Wyverns, y tambien de los Wyrms, al cambiar patas y alas por aletas.

    A la segunda cabeza, Alkos dijo: "Veo ambición en tu mente, e ira en tu corazón. Así que dejaré tus patas sobre la tierra." Así que le despojó de las alas, y la segunda cabeza fue bautizada Arnexia, y la tercera, Atho'shin. Y Arnexia fue madre de los Drake, o dragones terrestres. Y Atho'shin, el fue el padre de los dragones alados.

    Y el primogénito del Ar-shin-vyy, y, en concreto, de Atho'shin, fue Eslermaathus. El protector de los huevos y las crías. De él se dice que se distrae con facilidad a la vista de hembras jóvenes.

    — Sólo espero que no se haya "distraído" con mi madre. — Dijo Olivia como para sus adentros, sin intención de interrumpir, cosa que, en realidad, sí hizo.

    — Pues si me preguntas, Eslermaathus es famoso por su promiscuidad. De hecho, hay docenas de mitos que inician con el y alguna hembra, o bien con el siendo castigado por el mismisimo Alkos. Y si te refieres a cómo fue que te perdiste, eso puede ser obra de alguno de los que siguen.

    Meselinargus, primogénito de Arnexia. Poseedor del don único del destino, el cual le dota de la capacidad de vigilar y controlar los acontecimientos, y el devenir de la historia. Se dice que es invisible al ojo mortal y etéreo, pero que su forma posee infinidad de cabezas para vigilar el destino del multiverso.

    En cuanto a sus hermanos menores, son conocidos como Los Hermanos del Caos. Una multitud de crías que nunca crecen, ni maduran. Estas incontables crías gemelas de Arnexia viven jugando con los hilos del destino, disfrutando de deshacer el trabajo de su hermano mayor, cambiando el curso de la historia.

    Por último, Yugelmatria, la menor de Los Divinos. O, al menos, de Los Divinos que forman parte del panteón principal. Hija de Vyyvern. Yugelmatria es una Wyvern que se manifiesta en forma física en todos los mundos donde habitan dragones, en algún lugar oculto al que sólo pueden llegar aquellos que ella escoge. Yugelmatria es la patrona del amor de dragón en todas sus formas. Los que realizan el viaje para verla dicen que es sencillamente magnífica en cuanto a belleza, además de humilde y compasiva.

    — Pues me gustaría conocerla.

    — A mi también, Olivia. A mí también.
     
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  8. Threadmarks: La Lengua Venenosa
     
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    Capítulo 8: La Lengua Venenosa

    En el muro del escondite podía verse un organigrama. El cual mostraba un escalafón con la siguiente información:

    Q. - Líder
    Arnau y Kelvin. - Cabecillas en Jorhalt.
    Ygnatzio. - Cabecilla en Vulkanja.
    Killian y Maurice. - Cabecillas en Keligrove.
    Ahmrose. - Cabecilla en Rivierae.
    "1" . - Cabecilla de Altamora.
    Los nombres de los cabecillas de Wyynhaist, Suderbia y Skarmaal no aparecían en la lista.

    El recluta de rasgos felinos estudiaba aquel organigrama por centésima vez, mientras se quejaba para sí mismo de la poca cantidad de provisiones con que sus superiores los habían enviado. No eran más que una tropa de tres, más Noctis, el cabecilla, pero aún así, sólo había comida para dos o tres.

    Se habían instalado en una aldea cercana a lo que sería su primer objetivo: El Colegio de Wyynhaist. Haciendose pasar por un grupo de mercaderes de Jorhalt que buscaban un nuevo mercado para sus productos. Desgraciadamente, estos productos no incluían comida, si no algunos metales preciosos y baratijas que tuvieron que cargar ellos mismos durante todo el viaje.

    Recordar todo eso ponía a Albert, el recluta felino, de muy mal humor. Y este se incrementó aún más cuando uno de sus compañeros entró al refugio. Y es que los otros dos reclutas eran unos completos idiotas que no paraban de hacer monerías, literalmente eran un par de chimpancés.

    El felino volteó, sólo para ver la cara de enfado de su líder. Bueno, no realmente, Noctis jamás se quitaba su armadura, incluyendo el casco tipo L, es decir, un casco diseñado específicamente para cabezas de lagarto. Lo que realmente le podía permitir al recluta percibir el enfado de su jefe era el refunfuñante resoplido de su rabia haciendo eco con el yelmo.

    Y no le faltaba razón, ya que los monos llegaban tarde una vez más, y con las manos vacías.

    — Eh, jefe. Sé que no es el momento para llegar, pero, jeje. Tenemos muy buenas noticias. — Dijo uno de los reclutas.

    — Ya nos encargamos de uno de los objetivos, señor. Con estas armas fue tan sencillo como sumar dos más dos — se apresuró a afirmar el segundo, mientras el primero contaba con sus dedos.

    — No me digas... — Dijo Noctis con un deje de sarcasmo en su grave y siniestra voz.

    — ¡Cinco! — Gritó el primero.

    — No me digas que ¿¡Mataron a un dragón a plena luz del día!? ¿¡Usando nuestras armas secretas!? —Rugió el cabecilla. — ¿Acaso no escucharon cuando les dije específicamente que sean DISCRETOS?

    — Ah, ahhh... Discretos. Oye, jefe, y... ¿Eso que significa?

    Noctis ya había perdido la paciencia, pero necesitaba averiguar qué pasó exactamente.

    — Y cuéntenme ¿A quién he de tachar de la lista?

    — Eh... Su nombre era Aenjarl.

    — ¿Aenjarl, eh? ¿Están seguros de que no fue su padre, Klenjarl?

    — No, seguro matamos a Aenjarl, incluso trajimos su cabeza y otras partes clave como bien dijo usted.

    — La cabeza no ¡Dije específicamente que la cabeza no, par de zopencos!... Y encima de Aenjarl. Hijo único del Gran Alcalde de la ciudad. Y traen su cabeza a nuestro escondite. Bien, estaba considerando darles una oportunidad más, pero visto lo visto, sólo me queda una opción. ¡Eh, gatito! — Dijo cambiando de interlocutor rápidamente para dar una orden igual de rápida.

    ...

    Minutos después, Albert estaba cumpliendo órdenes. Se dirigía al ayuntamiento con ambos chimpancés atados de manos, pies y cola, y amordazados.

    Ese día, el vio a sus dos compañeros ser devorados por un dragón. Tal como dijo su jefe, no tendrían juicio una vez que el Gran Alcalde viese la cabeza y oliese la sangre de su hijo. Eso lo marcó. Pero no precisamente de determinación. Más bien, al ver a aquel padre derramar lágrimas sinceras, el felino se llenó de dudas. Así que decidió no regresar a su escondite hasta que no las resolviera. Tampoco podía acudir a los dragones, ya que era culpable por asociación de la muerte de uno de ellos.

    De vuelta en la base, Noctis contemplaba en secreto el arma que sus maestros le habían dado. Recordaba la noche de la matanza, hacía ya más de dos semanas.

    Esa noche, le habían dejado muy claro dos cosas: que ahora portaba el don que le permitiría vencer a cualquier dragón, y que ese don no le pertenecía a él, si no a la Lengua Venenosa, por lo que ahora, él, y también sus subalternos, eran propiedad de la Lengua.

    Y cuando volvió con la cabeza en alto, y cargando una presa dos veces más grande que él, le dejaron bien claro... Que aún no estaba listo.

    Por eso lo enviaron a una de las regiones más sencillas. Wyynhaist era, luego de Jorhalt y Triskelion, la región más inhóspita para los dragones, y, en general, para cualquier reptil. Eso significaba que también era la tercera región más inhóspita posible para él. Pero no le importaba. Lo único que Noctis quería era luchar. No tenía otro motivo, había sido criado para la guerra, ese era su único propósito en la vida. Por eso, cuando creció y vio que no había ninguna guerra, buscó otro enemigo que combatir. Y lo halló.

    En el fondo, Noctis no odiaba a los dragones, de hecho, los admiraba. Sin embargo, no podía permitirse admitirlo, ni siquiera para sí mismo. El debía demostrar su fuerza, debía derrotar a cada enemigo que se topara en su camino hacia la gloria que sólo experimentan los guerreros más dignos.

    A veces, sólo a veces, se preguntaba qué sentido tenía luchar. Pero luego recordaba las palabras de su maestro, quien lo había cuidado incluso más que su propio padre. Él decía que la vida en sí era una lucha constante, y sólo los más fuertes podían ganar el derecho de seguir en ella un día más.

    Y así era para él. Un pequeño lagarto sin cabida en el mundo, de escamas oscuras como una noche sin luna. Desde su más tierna infancia, el había luchado por sobrevivir, hasta que finalmente, la lucha se convirtió en toda su vida.

    Y cuando finalmente fue reclutado por La Lengua, creyó que por fin había encontrado un motivo más grande por el que luchar. Un enemigo más grande al que vencer. Y estaba decidido a hacer lo que fuese necesario para ganar esa batalla.

    Finalizando su sentimental pero varonil introspectiva, Noctis se dio cuenta de que algo, o más bien dicho alguien, faltaba en la base.

    — ¿Donde cuernos se metió ese gato?
     
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  9. Threadmarks: Sangre en las aguas
     
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    Capítulo 9: Sangre en las aguas

    Noctis tenía cada vez más claro que tendría que finalizar la misión él sólo, sin sus subalternos. Habiendo entregado a dos de ellos a una ejecución más que clara y viendo que el tercero no regresaba, se preparó para concluir todo esa misma noche.

    Su objetivo principal era doble. Cazar dragones con dones poderosos y cortar la marca de dichos dones por un lado. Y por el otro, debía dar muerte a tres objetivos específicos. La directora y el subdirector del colegio de Wyynhaist, y el gran alcalde del pueblo en que estaba.

    Su arma era un don de dragón, y la usaría para matar dragones. "Forma" era el nombre del don. La función era simple: recordar la forma de un objeto primero, y luego proyectarla como energía en su mano.

    El objeto de su elección para esa noche de cacería fue una ballesta ligera. Un arma que poseía la seguridad que confería un arco, con la movilidad de una espada a una mano. La única desventaja sería que en el peor de los casos solo contaba con un tiro. Pero ahí estaba la gracia. Los dones de dragón pueden traspasar cualquier escama, y "Forma" no es la excepción. Por eso fue tan sencillo para esos monos idiotas el acabar con el hijo del gran alcalde.

    La noche se cernía sobre Aurusval, nombre de la aldea y también del lago que se hallaba en las cercanías de la misma, donde Olivia residiría de forma temporal. La Wyrm ya había acabado sus clases y se disponía a comer en soledad por séptima vez esa semana. Kaldoria le había comentado que debía partir pronto a atender un asunto importante en Jorhalt debido a una carta que le había llegado esa misma mañana, pero que a su regreso ella se encargaría de autorizar a Mercedes para que coma con ella de vez en cuando. Olivia se lo había pedido desde el principio, pero la wyvern insistía en hacer las cosas a su modo.

    Y claro, al ver a aquel extraño con armadura acercarse demasiado al colegio, portando una ballesta de un color rojo sangre que emitía un tenue brillo, Olivia se asustó y gritó en señal de alarma, llamando de inmediato la atención de aquel Kindfolk sospechoso.

    Al verla, Noctis pensó que aquella wyrm sería un gran calentamiento, Así que se acercó. Quería estar frente a frente con su oponente antes de luchar. Olivia, saliendo del agua, también se acercó al sospechoso, moviendo sus casi cinco toneladas con una facilidad pasmosa. A pesar de que jamás había luchado, no pensaba permitir que aquel Kindfolk armado se acercara al colegio, ya que su hermana y sus amigos estaban ahí.

    La mente y el corazón de Noctis se llenaron con el fuego interior que sentía antes de cada batalla. Aquel podría ser con facilidad el combate más difícil que hubiese tenido hasta el momento, o eso sería si no tuviera un tiro de gracia.

    El proyectil salió a toda velocidad hacia su presa. Dándole a penas nada de tiempo para reaccionar. La flecha color sangre se clavó en uno de los costados de la presa, perforando las escamas y una gruesa capa de músculo y grasa, unos 40 centímetros, antes de detenerse al contacto con el hueso de la aleta.

    — Vamos a luchar.

    Dijo Noctis.

    Así es, el podría haber tomado la vía fácil, pero apuntó a la aleta, en vez de al pecho, el cuello o la cabeza. Olivia estaba desconcertada. En parte por haber sido dañada y en parte por haber sobrevivido. Con un arma tan poderosa como esa, aquel Kindfolk podría haberla matado, en cambio, prefirió herirla y retarla a un combate.

    No estaba segura de que tramaba aquel extraño, pero sí estaba segura de que no lo dejaría pasar.

    Noctis, por su parte, había optado por sacar de su cinto un par de dagas que había hecho él mismo con las escamas de su presa anterior. Al verlas, Olivia se horrorizó. Y no sin razón. La sola existencia de aquellas dagas significaba que un dragón había sido muerto por un Kindfolk.

    Así fue que Olivia, que nunca había peleado en su vida, se abalanzó a toda velocidad dando tumbos y saltos hacia el Kindfolk, cubriendo los pocos metros que los separaban en cuestión de un par de segundos. Aún así, sus movimientos eran torpes y resultaron, por ende, fáciles de esquivar para el Kindfolk, que sólo se llevó un toque con la punta de una aleta.

    Olivia claramente estaba asustada, y enfadada. Ya no podía dejar ir a aquel sujeto. En cuanto se dió cuenta de que la había esquivado, se dio vuelta para volver a verlo. Y se llevó una sorpresa al ver que no sólo estaba detrás de ella ¡El intruso estaba comenzando a treparse por uno de sus costados! Intentó quitárselo a coletazos, pero no llegaba. Así que hizo lo primero que se le ocurrió, y rodó en la tierra.

    Ambos cometieron un craso error.
    Noctis, al ver que la Wyrm reaccionaba tal como esperaba, decidió dejar sus dagas clavadas y dar un salto hacia atrás para salir de peligro. Esto causó que las dagas se clavaran más profundo y dejaran un par de largas heridas al ser arrastradas por el propio peso de Olivia. Por otro lado, ahora Noctis se había quedado sin las armas que pretendía usar para ganar aquel combate con sus propios medios. Las dagas se habían encarnado tanto que le sería imposible sacarlas, no con su oponente aún con vida.

    La wyrm aún estaba lanzando un largo quejido por los cortes, mientras que por otro lado, el kindfolk usaba su don una vez más, esta vez, para crear dos dagas de color sangre, con las que continuar el asalto.

    Pero se confió. Noctis se había dejado engañar, pensando que su presa estaba con la guardia baja se acercó, sólo para ser sorprendido con un gran coletazo por la espalda. A pesar de que alcanzó a verlo venir, no tuvo la velocidad para esquivarlo a tiempo. Y así fue derribado. Mientras aún se incorporaba, la Wyrm puso sobre el una de sus aletas delanteras, apoyándose con la suficiente fuerza para inmovilizarlo, más no para aplastarlo dentro de su armadura, cosa que podría haber hecho.

    En un último movimiento desesperado, Noctis esperó a poder usar Forma de nuevo para crear una espada que hiriese la aleta que lo mantenía en el suelo, con la esperanza de que eso la hiciera ceder. Más aunque retrocedió un poco por el dolor, no fue suficiente para escapar y, como resultado, cuando Olivia se volvió a apoyar, lo hizo un poco más de la cuenta, abollando la armadura de su adversario y aplastandolo de mala manera, rompiéndole un brazo.

    Olivia sintió cómo se partía el brazo bajo su peso. Y lo lamentó.

    — Lo siento. Pero no puedo permitir que te acerques a mis amigos.

    — Jeje. Adelante niña, mátame.

    — No.

    Olivia estaba en su derecho de hacerlo. Pero no, se negó a matarlo, a pesar de todo.

    — Se suponía que tú no serías más que... Un simple calentamiento. Esta misma noche yo debía... Asesinar a tres. — Dijo mientras se retorcía de dolor por su brazo y las abolladuras de su armadura, cuyo metal se clavaba en su piel. — Y ya viste mis dagas. Ellos no habrían sido los primeros.

    — ¿Y por qué? — preguntó Olivia.

    Esa era la pregunta que Noctis más temía, pero en ese momento, se le ocurrió una respuesta apropiada. — Un cazador debe cazar, y un guerrero siempre será un guerrero.

    Olivia no estaba satisfecha con eso. Así que siguió hablando.
     
  10. Threadmarks: Nighishad, maestro del miedo
     
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    Capítulo 10: Nighishad, maestro del miedo.
    Luego de unos minutos de conversación con aquella wyrm, Noctis pudo sentir cómo sus fuerzas lo abandonaban, hasta que finalmente cedió ante el agotamiento.

    Lo siguiente que supo era que estaba en una especie de burbuja de energía, similar a la de su don, pero de un color púrpura oscuro y decaído. Además, era traslúcida. A través de esta, pudo ver a un drake de siete cabezas que reconoció inmediatamente cómo Nighishad. No es que lo hubiese visto antes, pero calzaba a la perfección con la descripción que tenía de él. De hecho, era una de sus presas, el subdirector del colegio de Wyynhaist, lo cual significaba que estaba dentro del colegio.

    El Drake, de cuerpo robusto y escamas oscuras tal como las del propio Noctis, al darse cuenta de que este había despertado, le dirigió la palabra.

    —A veces creo que Meselinargus puede mostrar un gran sentido de la ironía. —Dijo el drake.

    El Lagarto no respondió.

    — Deberías estar agradecido a tu captora de estar vivo. La pobre realmente cree que salvandote hará una diferencia. Si hubiera dependido de mí, te habría comido en cuanto tuve la oportunidad.

    De vuelta, Noctis no respondió.

    — En fin, te mantendré ahí hasta que Kaldoria vuelva de su viaje, y entonces decidiremos que hacer contigo, te adelanto que no será nada bonito. Hasta entonces, me temo que tendré que mantenerte en óptimas condiciones.

    — Suena bien para mí. — Dijo el lagarto, con la voz aún cansada.

    — Pero en compensación, me temo que tengo una condición.

    Noctis no pudo hacer otra cosa que gruñir.

    — Verás, últimamente me estoy aburriendo mucho, así que te daré un par de opciones. O me das algo de conversación, o tendré que ponerme a practicar mi don contigo.

    Al prisionero solo le tomó un instante darse cuenta de las implicaciones de ello. Podía morirse de hambre, darle a aquel drake información sobre La Lengua, o, según lo que le habían contado, vivir sus mayores temores en carne propia.

    — Entonces, seré su muñeco de pruebas.

    Con las tres opciones que tenía, vivir sus peores miedos era como si fuese la única para él. Según su filosofía de vida, la tortura era preferible a morir a manos del enemigo, y hasta la propia muerte era preferible a la traición.

    — Bien, te explicaré cómo funciona. Vivirás tus peores miedos, y los peores momentos de tu vida, y yo seré testigo de ellos. Los sentirás uno tras otro a la velocidad que yo quiera. Y si alguno me interesa lo querré ver más de una vez. Esto puede causarte jaquecas cronicas a corto plazo, y eso si no me pongo en serio. Ni siquiera yo sé lo que podría llegar a pasarte si decido torturarte con Terror. ¿Comenzamos?

    Al Lagarto le sonaba a amenaza, pero no le importó, así que asintió con la cabeza.

    Así pues, el drake dio rienda suelta a su don, y lo primero que vieron los dos fue... Una carreta cayendo por un barranco. La sombra de un enorme dragón. Un Kindfolk de aspecto roedor y muy gordo... Y en ese momento, Noctis comenzó a agitarse. Los miedos, los peores momentos de su vida, se sucedían uno tras otro, en cuestión de segundos.

    Su primera derrota en combate, la primera vez que fue enviado a la jaula, aquella vez que le cortaron... ¿Qué era lo que le habían cortado? Estaba en una especie de quirófano, y el doctor traía instrumentos de amputación. Pero por más que Nighishad forzaba su don una y otra vez en ese recuerdo, y por más que Noctis se retorciera del horror, ninguno alcanzaba a ver qué era lo que estaba sucediendo realmente.

    Finalmente, tras unos intentos, el subdirector dejó de usar Terror.

    — ¿Hace cuánto que no va al dentista? — Preguntó, pensando que tal vez el recuerdo perdido fuese tan sólo una simple amputación de muela.

    —No es algo que me pueda permitir.

    — Y antes de decidir cazar dragones fue luchador, por lo que veo.

    — Nací para superar a los mejores. Y cuando los superé, me aburrí. Necesitaba oponentes mayores.

    — Ya veo. ¿Y la escena de la carreta cayendo por el barranco? ¿Que puede decirme sobre ella?

    — Estoy tan perdido como usted.

    — Bueno. Ahora que ya comprobaste cómo funciona Terror ¿Quieres seguir con esto o prefieres hablar?

    Entonces, a Noctis se le ocurrió una forma para desviar la atención de su celador.

    — ¿Y para que te sirve tener seis cabezas de sobra? — Preguntó.

    — Policefalia clase C, la fui desarrollando conforme crecí. Realmente no sirven de mucho, con una sola cabeza extra es suficiente para no necesitar dormir. Luego está el hecho de que actúan por instinto y van comiendo por reflejos involuntarios, que es casi cómo respirar.

    — Es interesante. Y aún a pesar de tener siete cabezas, necesita de mí para entretenerse.

    — ¡Es que son idiotas! Bah, es Policefalia clase C, sólo puedo tener una cabeza consciente por vez. Por lo general uso esta. La central, la original. Pero de vez en cuando me gusta usar alguna otra.

    — Interesante. Cuénteme más.
     
  11. Threadmarks: El trato
     
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    Capitulo 11: El trato
    Olivia se encontraba en dirección a la muralla del colegio. La noche anterior había luchado contra aquel intruso cuyo nombre desconocía, el cual le había dejado dos heridas en paralelo en el lomo. Ella deseaba hablar con Nighishad, el subdirector, para ver cómo estaba aquel intruso.

    Siendo tan grande y torpe, no pudo evitar chocar con algunas cuantas cosas de camino a la cueva que era el hogar del así llamado maestro del miedo. Tumbó una carreta. Derribó una pila de heno. Y finalmente decidió tomar un paso más lento y seguro cuando por poco casi aplasta a un gatito. Y no, no era un kindfolk.

    Cuando por fin llegó a su destino, no se esperaba ser recibida de la forma que lo fue.

    —¿¡Quién osa perturbar mi almuerzo!? —Preguntó Nighishad, a punto de enfadarse. —Ah, eres tú, Olivia.

    La verdad era que a pesar de los años ejerciendo como subdirector, Nighishad aún no estaba acostumbrado del todo a la vida en compañía. De hecho, era conocido por sus ataques aleatorios de agresividad, aunque afortunadamente reducidos a un mínimo, lo suficiente como para que los estudiantes más débiles, generalmente kindfolk, no estuvieran en peligro inminente tan solo porque él estuviese allí.

    Y claro, tampoco es que tuviera los mejores modales. Esto se ponía en clara evidencia, cómo en este caso, cuando era interrumpido al comer.

    —Tu prisionero está bien, por ahora. No me lo he comido, aún, si eso es lo que quieres saber.

    — En realidad, vine a hablar con él. Quiero averiguar de donde sacó sus armas. - Dijo Olivia.

    — ¿Las dagas? Por lo que me dijo, las hizo el mismo, con las escamas de un dragón que mató por su cuenta.

    — No me refería a esas armas. Me refiero a la ballesta y todo lo demás.

    — ¿Las que me dijiste que el creó básicamente de la nada? Me temo que eso es imposible. Seguramente haya sido una ilusión óptica o algo por el estilo. — Dijo Nighishad restándole importancia al asunto.

    — Sé lo que ví. El estaba debajo mío sin armas y de repente una espada color rojo sangre atravesó del todo mi aleta derecha. Eso no fue una ilusión óptica, fue una espada de verdad, apareciendo de la nada.

    — Cómo sea, pasa, no voy a detenerte.

    Y, cuando Olivia se acercó al lagarto, el cual seguía atrapado en aquella burbuja de contención morada, con el brazo aún adolorido y la armadura sin reparar, este, por su parte, gritó con furia en dirección al subdirector.

    — ¿Así que por esto no me comiste, vejestorio? ¿¡Que acaso soy sólo un caramelo para la cría!?

    — No pienso comerte. — Dijo Olivia. — Jamás se me ocurriría comer a alguien con quien puedo hablar.

    — ¿Y si fuese mudo? — Preguntó Nighishad, recibiendo una mirada que le indicaba que no debía interrumpir.

    — A lo que voy es, que no quiero hacerte daño. He venido a intentar razonar contigo.

    — ¿Y por qué habrías de hacerlo? — Preguntó el kindfolk.

    — Porque me perdonaste la vida. Podrías haberme matado ahí fuera, pero no lo hiciste. ¿Por qué?

    El lagarto, por su parte, no pensaba dejarse sonsacar información, pero esa conversación lo distraía del dolor que sentía en su brazo roto.

    — ¿Qué gloria hay en una presa fácil? Ninguna.

    — ¿Y que hay de tus dagas? ¿Cómo mataste al otro?

    — Tuve una ventaja injusta, y abusé de ella, es todo. — Noctis no cedía fácil a la presión directa.

    — Ya veo. Una cosa, aún no sé tu nombre. — Dijo Olivia, intentando acercarse por la vía personal.

    — Me llamo Noctis, Noctis Grief, de Ciudad Triskelion.

    — Un gusto conocer tu nombre. Mi nombre es Olivia, de la región de Rivierae. — Se presentó de forma similar a como lo había hecho él, pero sin incluir su apellido ni su pueblo de origen, por precaución.

    El lagarto estaba intrigado por el nombre de aquella criatura. No era el nombre que esperaba de un dragón, de hecho, estaba claro que era un nombre de origen kindfolk. Pero ése no era el momento para hablar de eso.

    Y entonces, hubo un silencio incómodo. Hasta que finalmente, fue el propio Noctis quien tomó la iniciativa.

    — Hacía años que no probaba el sabor de la derrota. ¿Quién te enseñó a luchar?

    Olivia nunca había luchado en su vida. Pero no iba a decirlo así sin más, no habiendo visto por fin una oportunidad.

    — Te lo diré, pero espero que me des información a cambio.

    Noctis no sabía nada de lo que Olivia estaba tramando, pero no se iba a dejar interrogar tan fácilmente.

    — ¿Y de qué provecho me sería conocer el nombre de tu maestro, si no puedo salir de esta burbuja?

    Por supuesto, Olivia no quería dejarlo escapar, pero era casi lo único que podía darle para que hablara.

    — Te sacaré de ahí, pero primero quiero escuchar cómo obtuviste esas armas.

    — Y sin embargo, heme aquí que cualquier dragón que me vea si soy liberado ciertamente me matará.

    Noctis quería ver qué tanto subiría Olivia su oferta antes de aceptar.

    — Pues no. Personalmente, en tanto permanezcas cerca mío, y en cuanto de mí dependa, veré que no se te haga daño. — Olivia se veía completamente segura de lo que le estaba pidiendo. A pesar de lo ridículo que pudiese sonar.

    — Sólo una cosa te pido, además de esto, y entonces te diré lo que quieres y haré como pides. Quiero tener una revancha contra ti. Si gano, seré libre, y tendré que velar por mí mismo, pero no te diré nada acerca de mi poder ni su origen.

    — Me parece una oferta aceptable. Será una revancha amistosa, sin nadie intentando matar a nadie, y si gano, tendrás que enseñarme a luchar mejor. Esas son mis únicas condiciones. — Olivia lo miró a los ojos.

    — Trato hecho.

    — Bien, comenzaré con mi parte del trato. — Y mientras tapaba con su aleta el artefacto que daba orígen a la burbuja — Nunca antes he luchado con nadie en mi vida.

    — Bueno. Eso fue innecesario. Quiero decir, podrías no habérmelo dicho. Aún tenemos que tener nuestra revancha.

    — Lo dije cómo acto de buena fé. Al fin y al cabo, no pierdo nada con decírtelo.

    Nighishad se acercó por la espalda a Olivia y le susurró. — ¿Estás segura de esto?

    — Claro que lo estoy.

    — Bueno, ahora que lo dicen, creo que veo un problema. — Dijo Noctis, escuchándolos. — Aún tengo el brazo roto.

    — Oh, de eso no te preocupes. — Afirmó Nighishad. — En la enfermería del colegio hay un remedador. Con eso será suficiente para tenerlos de vuelta en condiciones en un par de minutos.

    — ¿Y por qué no lo dijo antes? — Tanto Noctis como Olivia reaccionaron a coro.

    — Bueno, mi costado siniestro quiso divertirse un rato.
     
    Última edición: 19 Septiembre 2018 a las 9:14 AM
  12. Threadmarks: Mercedes perdida en el mundo al revés
     
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    Capitulo 12: Mercedes perdida en el mundo al revés


    Cuatro habitaciones, todas en una segunda planta. Dos baños completos, uno para las chicas y otro para los chicos. Diez metros cuadrados de salón comedor y cocina en la planta baja. Biblioteca y ludoteca, además de una galería de tiro con arco y un establo adyacentes al comedor. Así eran las casas de estudiantes kindfolk en Wyynhaist. A Mercedes le había tocado vivir en una casi nueva, sospechosamente cerca de la cueva que había sido asignada a Neoh y Naja. Y a ella le resultaba sospechoso porque desde justo después de las entrevistas, los Wyverns casi no se habían separado de ella o de su hermana.

    Al segundo día de haberse instalado, Mercedes recibió correspondencia de parte de la propia Kaldoria, en la cual se detallaban los horarios de clases y visitas para Olivia. Y finalmente aclaró que todos los profesores, incluyendo a Naja, a pesar de que sólo ejercía de tutora de Olivia, estaban al tanto de la condición de ella.

    Claro, eso la preocupaba, y la actitud prepotente de la directora para con lo concerniente a su hermana la sacaba de sus casillas, pero en ese preciso momento, ella tenía otros problemas. Y esos problemas se llamaban Candy, Jude y Zady, tres medios hermanos que se llevaban cómo agua y aceite.

    La primera era una coneja, y también una sobrecargada bola de entusiasmo y azúcar. No parecía capaz de calmarse ni por un segundo, salvo estando dormida, pero el resto del tiempo estaba constantemente haciendo cosas, a veces incluso más de una a la vez. Jude, por su parte, era un carnero amargado, incluso resentido podría decirse. Él básicamente hacía dos cosas además de estudiar, masticar lo que sea que tenga al alcance, y tomar largas siestas. Pero bajo esa capa de indiferencia, ocultaba uno o dos talentos y aficiones. Finalmente Zady, el lobo, era el más normal de los tres, siendo el mayor y más sociable de los hermanos, iba saltando de grupo en grupo de amigos por la academia, pero más allá de esa costumbre que le solía meter en problemas con otros estudiantes, era un alumno que solía destacar en lo que intentase, fuera lo que fuera.

    Y en cuanto a Mercedes, ella creía que no podría encajar entre ese colorido grupo familiar. Pero al tercer día de estar en la academia se dio cuenta de que ya la habían hecho encajar con el importantísimo rol... De ser la niñera de aquellos tres.

    — ¡Merce! ¿Me ayudas con mi tarea? — Candy había intentado acercarse a Mercedes desde que llegó. Pero a la joven halcón no le entusiasmaba casi nada de lo que ella más disfrutaba, así que esta vez intentó con un enfoque más directo.

    -—¿Bueno, de qué trata?

    — Geografía. Debemos armar tres caminos que recorran al menos tres regiones cada uno.

    —¡Hey Candy, yo había hecho esa misma tarea antes de que te apuntaras. ¿Quieres usar mis mapas como ayuda? —Interrumpió Jude.

    — ¡Eso sería chipifantástico!

    Candy solía usar prefijos inventados cuando quería exagerar algo. Cómo en este caso.

    — Oh, olvídalo, creo que ya me los comí.

    Y Jude tenía ese enorme problema con latas, telas, papeles, maderas finas, cartones y cueros varios. Eran pocos los materiales cotidianos que uno podía poner cerca de su boca sin que corriesen riesgo inminente. Pero ése no era el único problema. El verdadero lío venía por algo que los dos hermanos mayores sabían que jamás debían hacer... Desilusionar a Candy.

    La coneja comenzó a llorar a gritos. Despertando al lobo de... Su siesta de la media tarde. El cual, mientras bajaba las escaleras y luego de pegar un gran bostezo, usó su tacto habitual para intentar resolver la situación.

    — Candeline Niles de Rhodes, o dejas de gritar o tendré que colgarte por las orejas del tendedero de la ropa sucia. —Por su tacto habitual, me refería, por supuesto, a su tacto de hermano mayor malhumorado.

    Y eso no hizo más que alterar a la adolescente aún más.

    Y ése era el momento en el que Mercedes no tenía otra opción que intervenir.

    — Candy, calma. —Dijo con voz tranquila, y, cambiando el tono a uno más severo, se dirigió a los otros dos. —Y ustedes, grandulones, se vienen para acá y le dan un abrazo a su hermana ¿Estamos? ¡Habrase visto tratar así a la hermanita!

    Y claro está, Jude y Zady no tuvieron más opción que obedecer a regañadientes.

    Escenas cómo esa se repitieron día tras día, hasta que por fin, al final de la primera semana, Neoh tocó el timbre de aquella casa con noticias inesperadas.

    — Así que... — Mercedes resumía —Viste a Olivia con dos cortes largos en el lomo ir a la enfermería con el subdirector Nighishad y un kindfolk con armadura que no reconociste.

    — Sip.

    —Y luego los viste salir de la academia en dirección al lago y ahora Olivia está peleando con él.

    — Fue lo que dije hace exactamente un minuto.

    —¿Y por qué seguimos aquí? ¡Llévame allá ahora!

    — ¡A la orden!

    Y mientras Mercedes partía a lomos de Neoh, un pensamiento de hermanos invadió las mentes de sus tres compañeros de casa por igual.

    — ¿Qué pasa con Mercedes? — Preguntó Zady —Primero los wyverns esos son sus amigos de la noche a la mañana y ahora se preocupa por la única wyrm que tiene que vivir afuera del colegio.

    — ¡Nuestra Mercedes está haciendo amigos! Digo... ¡Eso es raro en verdad! ¡Pero que súper topirraro! —Dijo Candy.

    —¿Están pensando lo mismo que yo? — preguntó Jude.

    —Depende ¿Estas pensando en limos de gomita y jugo de arándanos? Ah, no espera, te refieres a seguir a Merce y Neoh para ver lo que está pasando. ¿Cierto? —Dijo Candy.

    —Yo estaba pensando en esa leona de la 193-B, pero sí, también me parece una buena idea seguir a esos dos. —Ante estas palabras de Zady, tanto Jude cómo Candy le devolvieron la típica mirada de desagrado.

    — Zadok Niles de Beowulf, me das asco. —Afirmó Candy con acento de reproche. Y los tres hermanos siguieron mirándose por un rato.

    Con el correr de los segundos, sus miradas se transformaron en juego ridículo de morisquetas. Pero luego se miraron de otra forma diferente. Esa forma que indicaba la típica y archiconocida complicidad entre hermanos.
     
  13.  
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    1162
    Capitulo 13: La Revancha
    Olivia y Noctis habían decidido que la revancha tendría lugar frente al lago, inmediatamente después de que fueran a curarse las heridas. Y así sucedió. Junto a Nighishad oficiando de árbitro, el lagarto y la wyrm se enfrentarían nuevamente en el mismo escenario en que tuvo lugar su anterior combate, hacía menos de doce horas.

    Y esta vez, lo harían con reglas para evitar nuevas heridas serias en la medida de lo posible.

    — Bien, las reglas son simples, si Noctis dura más tiempo que la vez anterior sin perder, o si llega a derribar a su oponente lo cual un servidor cree imposible, entonces gana. — Inició el árbitro.

    — Bueno, no medi el tiempo — comentó Olivia —¿Les parecen unos quince minutos?

    — Por mí no hay problema, te derribaré en menos de eso. —Afirmó el lagarto.

    — Bueno, en cuanto a Olivia, su condición de victoria es el derribo de su adversario. — Continuó Nighishad. — No se permiten aplastamientos, ataques a los órganos vitales, ni a áreas sensibles cómo ojos o similares. También está prohibido alejarse del oponente dándole la espalda. Cuenta cómo derribo el contacto con el suelo de cualquier parte del cuerpo salvo manos y pies para Noctis, y el contacto con el suelo de los costados, cuello o cabeza en el caso de Olivia. Y si alguno terminase dentro del lago o demasiado alejado de la zona de combate, también se lo consideraría derrotado. ¿No les parece justo? ¿Saben que? No me importa ¡A luchar!

    Ambos estaban más o menos de acuerdo con las reglas. Y aunque se hubieran quejado eso solo los habría puesto en desventaja. Así que sin dudarlo comenzaron el combate.

    Noctis tenía dos ideas contrarias, de las cuales sólo podría aplicar una a la vez. O mantenía las distancias lo suficiente durante el tiempo que tuviese, o tomaba la iniciativa e intentaba derribar a su oponente.

    Por el lado de Olivia, ella directamente no pensaba, después de su victoria anterior y con estas reglas, había decidido relajarse y tomar esto como un juego. Así pues, simplemente reptó y corrió dando tumbos en dirección al lagarto, que la esperaba en guardia. Este por su parte dio un salto hacia un costado en el momento justo para no permitir a la wyrm virar en su dirección, y contestó con un zarpazo de su garra desnuda. No tuvo un gran efecto, pero sí fue mayor que el que esperaba.

    Esto mismo se repitió un par de veces, con Olivia acelerando más fuerte a cada intento, y fallando igualmente en cada uno. Finalmente, decidió probar otra cosa. Utilizando sus aletas izquierdas junto con su cola, impulsó uno de sus costados en dirección a Noctis. Este, por su lado, se esperaba una jugada del estilo, así que no le fue difícil ubicarse fuera de la zona de mayor peligro, que era cerca del flanco de la wyrm.

    Una vez más terminaron viéndose frente a frente tras esto, y Noctis, comenzando a agotarse y viendo que su rival a penas estaba calentando, decidió tomar la iniciativa. Utilizando Forma justo antes de darse cuenta de que no debería haberlo hecho, el lagarto cubrió sus manos con una segunda capa de garras hechas de la energía del don.

    — Eso es... ¿Forma? Pero ¿Cómo es posible? — Masculló Nighishad al verlo.

    Si sus garras habían perforado a penas las escamas de la wyrm, esto seguramente le dolería aún más, pensó Noctis.

    Para ese momento, ya habían pasado unos cinco minutos del combate. Y, por otro lado, Neoh y Mercedes ya llevaban cosa de un minuto mirándolo desde el cielo.

    De nuevo, la wyrm cargaba, está vez con su costado derecho, contra el kindfolk que, por su parte, había cometido un nuevo descuido por pensar en cómo se había permitido el error de mostrar Forma frente a Nighishad, y no solo él, ya que había notado a al menos otro dragón disfrutando el espectáculo desde el aire. Este descuido hizo que Noctis debiese dar un brinco hacia atrás para evitar lo que de otra forma sería una derrota inminente.

    Y, en cuanto a Olivia, bueno, ella esperaba que algo así sucediera en un momento dado, por lo que no vaciló en dar su remate. En cuestión de unos segundos se había enroscado sobre si misma. Y antes de que Noctis pudiese reaccionar, la wyrm ya había rifado un coletazo y le había dado al lagarto todos los números. Y la fuerza de casi la mitad de todo el cuerpo de Olivia había impactado contra Noctis, amortiguada en su mayoría por la suave membrana de la cola, y en otra gran parte por la armadura del lagarto, pero aún así suficiente como para tirar a este al suelo.

    — Jejeje. — Rió Noctis al verse vencido. Y es que no podía creer lo que estaba pasando. En cierto sentido, hasta le pareció divertido.

    — ¿De qué te ríes? — Preguntó Olivia.

    — De nada. —Dijo el lagarto, claro, no iba a decir lo que pensaba, no así de fácil. —Más adelante voy a querer otra revancha.

    — Sí, ha sido divertido.

    —Bueno ¿Cerramos la apuesta? — Propuso el kindfolk.

    —Claro.

    — Aviso que no será bonito lo que voy a decir. — Comenzó Noctis. — Ciudad Triskelion, ahí es donde recibí esto, pero... ¿Saben qué? Mejor cuento toda la anécdota.

    "Cuando me uní a La Lengua Venenosa, empecé desde abajo, cómo todos. Nos habían prometido que los que sobreviviesen al entrenamiento conseguirían el poder de un dragón. Éramos más de tres docenas, pero la gran mayoría murió mientras entrenaba, otros quisieron huir, y supongo que también murieron. Cuando el entrenamiento terminó, nos llevaron a un sitio oculto, a las afueras de Ciudad Triskelion, allí nos pusieron una marca candente, y con eso, sentimos surgir el don.

    En cambio por ese nuevo poder, nos exigieron participar en lo que ellos llamaron una noche de cacería."

    —¿Ellos? —Preguntó Nighishad.

    Noctis continuó. —Los que estaban a cargo del entrenamiento. No solo eran fuertes, eran poderosos también, tenían varias marcas candentes, sólo cuando me dieron la mía me dí cuenta de lo que significaba eso. En fin, que nos exigieron cazar un dragón y llevar prueba de la caza a un cierto punto inhóspito en el medio de Jorhalt. Y cuando cumplimos, nos hicieron un último pedido, prometiendo un mayor poder a quien lo cumpliera, y sin darnos opción de retirarnos. Así fue que nos pusieron a cargo de novatos que, de alguna forma, habían conseguido el mismo don que nosotros. Nos ordenaron no hacer preguntas. Nos nombraron líderes, y nos enviaron a cada uno a una dirección diferente.

    — ¿Y los otros, los que están bajo tu mando, donde están? —Preguntó Olivia.

    —Dos han muerto ya. El tercero sospecho que ha desertado.

    Tras escuchar estas palabras, hubo algo ajeno a la conversación que captó la atención de Olivia. Neoh había aterrizado unos metros frente a ella, con Mercedes a cuestas, y unos metros más allá, saliendo del colegio, había un grupo de estudiantes acercándose a ella con rostro preocupado.
     
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