One-shot Opposite Side [Yume Nikki]

Tema en 'Fanfics sobre Videojuegos y Visual Novels' iniciado por Luncheon Ticket, 15 Noviembre 2017.

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    Luncheon Ticket

    Luncheon Ticket Diccnero

    Virgo
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    30 Octubre 2017
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    126
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Opposite Side [Yume Nikki]
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1682
    Un escrito ya publicado hace dos o tres años en otro sitio. Ya no recuerdo su nombre, lamentablemente.


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    Por un instante temí que el ascensor ya no funcionara, puesto que actualmente hay muchos edificios cuyas infraestructuras se encuentran inoperables. Luego de un silencio que parecía eterno, el elevador llegó a la planta baja y, mediante un tono que se asemejaba a una campanilla, abrió sus puertas. Miré a Kyoko en ese momento, estaba cabizbaja, quizá pensando que ya no nos quedaba mucho tiempo. Es cierto, no parece que vayamos a seguir con esto por mucho más, pero me negaba rotundamente a aceptarlo. Con esto en mente, comencé a cumplir con nuestra tarea.
    Al oír que acomodaba las numerosas cajas de provisiones dentro del ascensor, ella pareció despertar de su ensimismamiento y se acercó a ayudarme. Mientras lo hacía, su silencio gentil me provocó cierta ternura. Sus largos cabellos castaños y su aspecto jovial seguían atrayéndome, aun con el terrible panorama que se cernía sobre nosotros, sobre toda la humanidad. De repente mis ojos se posaron sobre sus vendajes, ubicados en sus muñecas, que ocultaban aquellos estigmas siniestros. Pareció notarlo, y de inmediato trató de esconder sus manos entre las mangas de su sweater amarillo, en una reacción cuasi instintiva e infantilmente pudorosa.
    No dije nada y proseguí. Al terminar de acomodar todas las cajas, me dirigí a ella para preguntarle algo.

    –La niña sigue en la furgoneta, ¿no es así?

    Sabía perfectamente que la muchacha permanecía allí, solo quería distraerla para que no se preocupase tanto de lo que había sucedido recién. Ella me miró a los ojos, con su semblante risueño me hizo saber que no era necesario aquello, que no le afectaba lo que estaba padeciendo y que los demás lo notaran. Al menos, no del todo.

    –Claro, está en la furgoneta –dirigió su vista hacia la entrada del edificio–. Si quieres puedo escoltarla, mientras tú subes las provisiones –de nuevo enfrentó su mirada a la mía–. Te alcanzaremos más tarde.

    Asentí y abordé el elevador, a continuación oprimí el botón del panel para que ascendiera hasta el último piso. Las puertas se cerraron, reemplazando la imagen de la bella Kyoko por una superficie de frío metal.
    Mientras esperaba, me quité los lentes y me sobé el pelo, intentando tranquilizarme. Apoyé el dorso de mi antebrazo derecho sobre la pared del ascensor, para descansar mi frente. Estaba agotado. Desde que comenzamos el Proyecto de Rescate y Contención Civil, no hemos parado ni un solo día. El virus se expandía de manera alarmante sobre toda la población. Todos los medios reportaban brotes en cada país del globo. Nadie sabía con certeza cómo se transmitía o si existía una cura. Lo peor de todo era que este mal no solo afectaba a organismos vivos, sino a todo tipo de superficie o materia. Sus efectos son devastadores.
    Los edificios parecen mutar espantosamente, adquiriendo rasgos propios de los seres que antes habitaran en ellos. En los muros aparecen ojos que observan la nada, mientras que sobre el oscuro asfalto brotan brazos, piernas y todo tipo de extremidades. Las urbes hasta parecen derretirse o deformarse, como si fueran la representación de una pesadilla retorcida. Las aguas de los mares tienen un aroma pútrido y el cielo ha adquirido una tonalidad extraña. Las calles están en ruinas, atiborradas de cadáveres en descomposición. Apenas unos cuantos hemos sobrevivido a este debacle, solo para presenciar cómo toda nuestra cultura va deteriorándose frente a un escenario sombrío y angustiante. Tenía ganas de cerrar los ojos y despertar. Pero no era posible, esto es real, está sucediendo de verdad. Me entristecía no poder tener esa capacidad. Todo lo que representó alguna vez nuestra sociedad ahora parece un sueño lejano, un recuerdo distante y ficticio. Maldita sea la hora en que establecimos contacto con esa nave extraterrestre.
    Ya no hay más algarabía, ni sonrisas, ni se oye la esperanza.
    Ya casi no existe la vida.

    Nuevamente la campanilla resuena en lo alto, anunciando el arribo del elevador a su destino. Suspiré y volví a colocarme los lentes, no ganaba nada quedándome allí a solas con mis penas, debía continuar. Junté algunas cajas y las llevé hasta el apartamento que serviría de refugio a su futuro huésped. La arquitectura del complejo habitacional no presentaba signos de descomposición ni ningún tipo de alteración, lo cual era una suerte. Cada vez era más difícil hallar lugares así, una clara señal de que ya no disponíamos de tantas posibilidades. Examiné la vivienda y noté que era demasiado austera, pero muy acogedora a la vez. Esta contaba con una mini biblioteca, un escritorio, un lecho, un televisor antiguo y, al parecer, una consola de videojuegos de hace varios años.
    A medida que posicionaba las cajas en su lugar, pensé en aquella muchacha. Al quedarse aquí sola de seguro se sentiría muy desdichada, pero esto era por su bien. La facultad de ser inmune al virus es un lujo que no muchos han podido alcanzar, y debería aprovecharlo al máximo. Divisé el paisaje ominoso y malhadado que se dibujaba dentro de los contornos de la puerta corrediza que daba al balcón, era un día nublado. En ese momento me invadió una inexplicable sensación melancólica, como una epifanía.
    En serio aquella niña se sentiría muy desdichada.

    –Hideo, te faltaron estas.

    Me volteé al oír aquella voz meliflua que acariciaba mis tímpanos. Kyoko atravesaba el umbral de la entrada llevando unas cajas entre sus brazos, me aproximé a ella y me encargué de terminar con los preparativos. Un sonido sordo captó mi atención. Eran las pisadas de la joven que encontramos hace unas horas en la calle. Sus dos trenzas de color pardo volteaban de lado a lado, a medida que su mirada inquisitiva observaba detalladamente todo a su alrededor. Llevaba puesto una sudadera rosa, un vestido de falda color bordó y unos zapatos rojos. Creo que aparentaba unos trece o catorce años de edad. Tenía un cuerpo esbelto y facciones muy delicadas. A simple vista parecía demasiado normal, no tenía la apariencia de alguien que sobresaliera del resto. Llegué a la conclusión de que la particularidad inmunológica se daba más por el azar que por algún rasgo en concreto.
    Mientras pensaba en eso, noté que ella miraba el paisaje que momentos antes yo había presenciado, provocándole una reacción similar a la mía.
    Todo estaba dispuesto para la cuarentena, por lo que, anteponiéndose al aislamiento, Kyoko se acercó a ella para abrazarla y darle palabras de ánimo y afecto.
    Me puse frente a ella y me miró con curiosidad, como esperando a que yo obrara igual que mi compañera. Por el contrario, tan solo me limité a preguntarle algo.

    –Disculpa jovencita, ¿cómo te llamas? –intenté ser amable, para que no se sobresaltara–.

    Pareció indecisa, agachó levemente la mirada y luego me respondió.

    –Madoka… mi nombre es Madoka Tsukimiya –sus pupilas denotaban cierto dejo de gratitud–. Mis amigos me llaman Madotsuki.

    Teniendo la seguridad de que había ganado su confianza, apoyé mi mano izquierda sobre su hombro y la miré fijamente, para que me prestara atención.

    –Escúchame bien, Madotsuki. A partir de ahora te quedarás aquí, a salvo de la infección. Será por tiempo indeterminado, hasta que encontremos la forma de suprimir la epidemia. Toma –le pasé un pequeño frasco, ella lo recibió con azoramiento–, son píldoras que actúan como tranquilizantes de intensidad moderada, por ahora son un recurso provisional, impiden que te alteres o entres en estado de shock. Te serán de mucha utilidad, créeme. Por nada del mundo intentes salir, debes tener mucho cuidado. Te hemos provisto de suficientes víveres.

    Una vez finalizada la aclaración, Kyoko se puso de pie y se alejó, despidiéndose. Crucé el umbral y me dispuse a cerrar la puerta. Sentí cómo Madotsuki intentaba alcanzarnos para que no la dejásemos encerrada. Nos suplicaba que no lo hiciéramos y que no la abandonáramos allí. Le pedía que se detuviera, asegurándole que era por su bienestar. Introduje la llave en el cerrojo y trabé el seguro. Del otro lado se oían golpes y un desesperado sollozar. Casi consideré todo esto como una crueldad irremediable, y vi que Kyoko pensaba de manera similar, mientras contenía el llanto de sus ojos brillosos y apoyaba la palma de su mano sobre la boca.

    El ascensor abrió sus puertas y alcanzamos la planta baja. Con la duda de saber qué le ocurriría a Madotsuki y otros tantos en su misma situación, atravesamos la antesala del complejo departamental. No faltaba mucho para llegar a la salida, cuando Kyoko pareció desplomarse. Exclamé su nombre con la preocupación adornando mi voz y corrí hasta ella. Trató de contener sus espasmos, pero era inútil. Un fino hilo de sangre brotaba de las comisuras de sus labios. La observé con impotencia, mientras cubría sus hombros con mis brazos. El estigma había mermado toda su vitalidad. Su pálido rostro estaba cubierto de sudor.

    –Kyoko… no. Por favor, no te vayas –la sacudí sutilmente–. No ahora, te necesito –me di cuenta que todo esfuerzo por reanimarla era inútil–.

    Sus ojos, apenas entreabiertos, parecían otear el infinito. Lentamente fue cerrándolos, hasta que el silencio inundó el lugar. Apoyé mi frente sobre la suya y le presenté mis respetos, cerrando los ojos para soportar el dolor indescriptible que me causaba su pérdida. Mi cuerpo temblaba por la rabia. Más adelante yo sería el siguiente. La alcé entre mis brazos y salí a la calle.
    Estaba lloviendo muy fuerte. Sabía que esa precipitación era altamente nociva a causa de la toxicidad que afectaba al planeta, habida cuenta de la epidemia global que la aquejaba. No me importó, ya nada me importaba. Muy pronto sería otro eslabón en la inmensa e inescrutable cadena de almas que perecieran durante la epidemia.
    Junté fuerzas para enfrentar mi ignominioso destino y, sin detenerme, me perdí entre la tormenta que azotaba la ciudad.


    Ya no hay más algarabía, ni sonrisas, ni se oye la esperanza.
    Ya casi no existe la vida.

     
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    Sana

    Sana Hands-on journalism, literally!

    Capricornio
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    Vaya, qué cosa tan desesperanzadora. Lo que es muy congruente con el juego en que está basado. Muy bien logrado.

    La explicación para todo el fenómeno que vive Madotsuki es muy original, te confieso que no había leído ni considerado la posibilidad de que lo que está mal en el mundo de Yume Nikki es el mundo mismo y que los sueños de ella simplemente son un espejo de lo que ella ve en el mundo real. Aunque encuentro algo consoladora la implicación de que en algún lugar, alguien más está pasando por algo similar, y que existe una mínima posibilidad de encontrarse con otros seres normales en ese mundo moribundo.

    Una duda random: era necesario el aislamiento, aunque dos o más personas fueran inmunes al virus? Lo que quiero decir es, si todos sabían cuan deprimente era encerrar a una sola persona, por qué no instalaban a varias personas inmunes en un solo lugar? Supongo que entre más cantidad de personas hubiera en determinado sitio, más rápido pudiera descomponerse su vivienda.

    Gracias por compartir tu fic con nosotros, Sin Rostro!
     
    Última edición: 2 Abril 2018
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    Luncheon Ticket

    Luncheon Ticket Diccnero

    Virgo
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    Pluma de
    Escritor
    Ante todo, muchas gracias por tu comentario. Tus dudas me dejaron pensando y es que este fic está basado en el video Opposite Side, el cual figura al pie del mismo. Nunca me pregunté por qué los 'supervivientes' no se refugiaban en grupo, pero supongo que es para que la teoría se corresponda con el juego (Madotsuki siempres está sola en su habitación, y no puede salir de allí).
    Un saludo cordial...
     
  4.  
    Cygnus

    Cygnus Usuario VIP Usuario VIP Comentarista destacado Crítico

    Libra
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    Pluma de
    Escritor
    Qué original... Alguna vez hace mucho tiempo había leído la teoría de que era precisamente el mundo el que se hallaba en decadencia y ella soñaba su propia realidad. Pero nunca me había convencido del todo dado que no existía un elemento de trasfondo que pudiera darle... credibilidad. Ahora con lo del virus de alguna manera se siente más verosímil esa teoría. Me encantó leer este relato basado en ella.

    Creo que no resuelve absolutamente todas las incógnitas del juego, y hay bastantes cosillas ahí dentro de sus sueños que no terminan de encajar pero es un buen acercamiento, bastante fresco luego de tantos fanfics que resaltaban sobre todo su locura, su enfermedad o sus traumas personales. La verdad es que no vi el video que mencionas así que no sé hasta qué punto te hayas basado en teorías que más o menos exploren el resto de cabos sueltos, pero creo que me doy por bien servido con este pequeño relato. Fue muy lindo.
     

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