Historia Interactiva O de (no) ocasional - ¡Sigue tu propia aventura! XVI

Tema en 'Literatura experimental' iniciado por milo g, 4 Febrero 2019.

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    milo g

    milo g wh y Crítico

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    Escritor
    Título:
    O de (no) ocasional - ¡Sigue tu propia aventura! XVI
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    523
    Sí. (Capítulo anterior)

    Era un horror ese trabajo.

    Es decir- le encantaba servir café, de verdad, y los clientes era, casi siempre, bastante agradables. Sus gerentes eran los insoportables. “Polly, has esto”, “Polly, deja eso”, “Polly, deja de perder el tiempo”, “Polly, ¿no puedes ser más lenta?”.

    Era maravilloso porque, por lo que había visto, ellos no hacían prácticamente nada.

    Había trabajado un año allí porque tenía diecisiete años y el dinero era maravilloso a esa edad.

    Su puesto de trabajo variaba cada día, a veces le tocaba limpiar (lo que más odiaba), o reabastecer todos los puestos de trabajo (meh); también le tocaba, no muy seguido, estar en la cocina, que no era tan malo, pero desde la última vez que se quemó, dejó de agradarle un poco. Pero su lugar favorito, sobre todas las cosas, era atender las mesas y cobrar a los clientes.

    Ahora... Ahora lo recordaba. Era un cliente habitual, para nada ocasional. No recordaba cuándo había sido la primera vez que lo había visto, sino que, cuando quiso darse cuenta, lo veía varias veces a la semana. Lo recordaba bastante porque se le había hecho atractivo, se parecía bastante al cantante de una banda que le gustaba mucho.

    Habían intercambiado palabras varias veces, el genérico “hola, cómo estás”. A Polly le causaba bastante ternura las reacciones de él, cómo se trababa un poco en sus palabras, o hablaba demasiado rápido y tenía que repetir su orden, o la curiosa cara (casi de sufrimiento) que ponía cuando trataba de sacarle conversación a ella.

    Se había dado cuenta de que ella le gustaba a él, pero no se imaginó que era su alma gemela.

    —No es lo que parece —dice Thomas, nervioso. Suelta el hacha y da un paso hacia ella, pero Polly retrocede—, Polly, déjame explicar.

    —Siéntate —dice ella, pero él no se mueve—, dame el hacha y siéntate, sino, llamaré a la policía.

    Thomas la mira y mira el hacha—, ¿quieres que la vuelva a agarrar para dártela, o...?

    —No- yo, solo-—ella suspira y camina hacia él—, solo siéntate.

    Ella está parada, con el hacha en una mano, mirándolo, preocupada.

    —¿Qué pasó? ¿Por qué estás... así?

    Thomas está contrariado por las actitudes de ella, por lo comprensiva que está.

    —Yo... me metí en la casa del vecino —la mira, esperando alguna reacción. Al no recibir, sigue hablando—, y él, uh, creo que no le agradó eso.

    —No me digas —murmura ella, sarcástica.

    —Y me atacó, con esta hacha, y...

    —Oh, no...

    —Y me defendí, y...

    —No hace falta que sigas-

    —Y creo que él, uh, murió.

    —¿Crees? Ah, esto, esto está mal. Muy mal, Thomas. Hay que llamar a la policía —Polly camina en círculos, tratando de no entrar en pánico y de pensar bien las cosas. Thomas solo asiente, pues, sabe que ya hizo suficiente como para opinar en el tema.

    —Yo... Polly —la mira a los ojos—, has lo que creas mejor. Confío en ti.

    Gracias. (8 de febrero)

    ¿Por qué? (9 de febrero)
     
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