Shinjuku Nekomata Café [Cafetería]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 21 Octubre 2025.

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    Gigi Blanche

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    El establecimiento comenzó como un pequeño centro de rescate mantenido en su mayoría por donaciones. Recientemente, gracias al patrocinio de diversas marcas, se remodeló e inauguró como un cafetería sin perder esa esencia, convirtiéndose en un cat café donde las personas pueden consumir diversas bebidas y alimentos y este dinero permite que el local siga en funcionamiento y se cuide de los gatos mientras estos encuentras sus hogares de definitivos.

    El espacio es acogedor, los ventanales dan a la calle y permiten que la luz natural ingrese, lo que mantiene a los gatos contentos y también a las plantas que decoran el lugar aquí y allá. En su interior hay repartidas mesas con sillas, pero también sillones y almohadones sobre los que es usual ver a los animales descansando. Hay una multitud de fotografías colgadas, mezcla de paisajes y fotos de gatos identificadas con nombre y fecha de adopción, como recuerdos de los que alguna vez estuvieron allí y ahora tienen hogares permanentes. La entrada tiene un pequeño descanso, separado por otra puerta de cristal, para prevenir el escape de algún animal cuando los clientes se retiran.

    Barrio de Tokio: Shinjuku


    Nekomata Café.png

    Kairi Tajima.png
    Edad: 21 años.
    Utilidad: Barista y mesero del café, trabajó como voluntario cuando el centro únicamente se dedicaba al rescate.
     
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  2. Threadmarks: I. Sábado 25 de julio [tarde]
     
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    Ignorando la tremenda interrupción de Arata yo igual era un estúpido, en los mensajes nunca dije hora ni nada, pero es que también quería mantener la sorpresa hasta cierto punto, pasaba que así hasta sería sorpresa cuando me apareciera. De todas maneras, al cabo de unos minutos logré oxigenar neuronas y envié un mensaje extra que decía que el plan era para la tarde, a eso de las tres. Con el asunto en mente me eché el resto del día hecho un amasijo de nervios porque siendo realistas no tenía ni la mínima idea de cómo se hacía esto.

    En la vuelta a casa pasé a comprar algunas cosas, parte de la sorpresa, y me eché hasta la medianoche escarbando mi armario como idiota. Tenía negro… y negro, azul oscuro, café bien oscuro, verde casi negro, más negro. Sí, bueno, ¿y la de no ir vestido de Drácula donde iba a quedar? Al final me rendí, saqué un pantalón y lo dejé sobre la silla del escritorio y me dije que la parte de arriba sería un problema del Altan del futuro. Durante la cena me acordé de lo que Allen me había dado para papá y se lo di luego de comer, todavía un poco contrariado con la idea.

    Él pareció igual de extrañado y me dijo que le diera las gracias cuando pudiera, pero también que no era necesario que se preocupara por tener gestos de esa clase. Sabía que quería evitar darle cuerda de la índole que fuese, lo vi en sus ojos, y es que era lo natural. Desde fuera un hombre de su edad recibiendo regalos de una adolescente se veía mal. No quería problemas para sí mismo ni para la chica y, sinceramente, yo tampoco. De por sí intuía de dónde venía la repentina gratitud de la mocosa y si se alimentaba el sentimiento, se complicaba el cuadro.

    Eso a un lado, papá me había agarrado casi a la una de la mañana, luego de mi buceo en el armario, y me tuvo cuarenta minutos dándome consejos que por el sueño y la preocupación por la cita, no terminé de registrar del todo. Que vestirse bien era importante, pero también la colonia, pero incluso más que eso era importante ser caballero. ¡Pero no caballero en exceso! Al final me dejó tranquilo cuando vio que estaba cabeceando, pero lo vi sonreír con algo parecido al alivio y también la ternura.

    —Espero que sea un lindo día para los dos —convino mientras yo me metía en la cama—. Me saludas a Anna, ¿sí? Y olvida todo lo de antes. Sé tú mismo, Al, ella te quiere por eso.

    Suspiré, hice un sonido afirmativo y le deseé buenas noches. Creí que se iría, pero luego de apagarme la luz retrocedió y me arropó como si tuviera cinco años. El gesto fue sorpresivo, pero me di cuenta que me aflojó el cuerpo y todo lo que supe después fue que me quedé noqueado.

    Cuando me desperté, a eso de las once, encontré una bolsa junto a mi puerta con una nota de mi madre dentro “Te vi quemándote las pestañas buscando qué ponerte. Escucha el consejo de tu madre por una vez, a tu padre le queda bien este color, debe pasar igual contigo. Diviértete con Anna”. Por el otro lado del papel aclaraba que ella había tenido que irse a un ensayo y que papá había tenido que irse a la oficina a arreglar algunas cosas.

    Acaricié la nota y pensé que todavía nos costaba un poco hablar el uno con el otro, pero luego del día en su estudio las cosas se empezaban a enderezar. Tomaría tiempo reparar el daño que nos habíamos hecho el uno al otro sin pretenderlo. Lo mejor era no apresurar nada y dejar que todo sucediera despacio, para que nuestras personalidades no volvieran a chocar así.

    Como fuese, dentro de la bolsa había una camisa de un tono muy claro, algo entre rosa y lila, ni Dios sabría. Me hizo un poco de ruido, porque sí, el de la ropa negra y los piercings poniéndose otro color de pronto era medio raro, pero suponía que el cambio no era una cosa mala en sí misma.

    El día de hoy era prueba de eso.


    Tuve otro dilema sobre si pretender peinarme o no, pero eso era medio que un caso perdido, en media hora estaría igual que siempre así que dejé que mi pelo hiciera lo que le diera la gana. Terminé de arreglarme, husmeé la bolsa donde había metido el regalo de Anna y luego de muchísimo dudar, ajusté en el obsequio el anillo del viejo Sonnen que ella me había regresado y yo había tomado.

    Era suyo, siempre tendría que ser suyo.

    Con todo listo a excepción del tema de mis nervios, pedí un Uber que me encaminara a su casa en Shinjuku y me bajé al frente. Era pequeña, de corte tradicional y se notaba el paso del tiempo en ella. No tanto como el paso de la ansiedad por mi cuerpo, eso sí. Por varios minutos me quedé plantado en la acera, con la bolsa de regalo sujeta por las cintas medio oculta tras de mí y contemplando cómo llamaba a la puerta o si debía llamar para empezar.

    ¿Sí estaba haciendo el calor que yo sentía o era que la vergüenza me tenía el cuerpo sofocado? La duda me asoló de pronto y saqué el móvil para verme en la cámara, acomodarme el cabello y confirmar que, ni idea, no había prendido fuego o algo así. Al final pasé saliva y aproveché para dejarle un nuevo mensaje a Anna.

    Estoy afuera

    Guardé el móvil y tomé aire de nuevo, me aproximé un poco más a la casa y me quedé esperando. Me miré a mí mismo, me alisé la camisa, me ajusté los pantalones y luego pensé que ponerme unas Converse con esta ropa no era la mejor decisión estilística, pero ni modo. Me esforcé porque el regalo se notara lo menos posible. Mientras tanto seguí pensando, desde aquí podíamos ir caminando o podíamos pedir un Uber que nos dejara más rápido, así no nos sudábamos como pollos tampoco, pero le preguntaría a ella qué prefería.


    my babieeees *rueda en el piso*

    pa el índice: sábado 25 por la tarde

    cuál editado, este es el outfit del pendejo
     
    Última edición: 21 Octubre 2025
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    Gigi Blanche

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    Anna 8.png

    Los mensajes de Al finalmente habían caído ayer durante el receso. Bueno, sus mensajes y un audio de Shimizu, pero aquí lo importante era lo primero. Había estado practicando con la guitarra en el gimnasio, siendo que mini Ishi se ausentó y siquiera pude guardarla en la sala, y en un pequeño momento de frustración había revisado el móvil. Me olvidé bastante rápido de cómo se me enredaban los dedos entre las cuerdas, la verdad, y el cuerpo se me bañó con una mezcla de nervios y emoción. La respondí las preguntas directas, que podíamos quedar el sábado y que no tenía problema en que pasara por casa, y cuando mi cabeza empezaba a carburar overdrive entre posibles atuendos, él pareció recordar el trozo de información que faltaba. Me reí en voz baja, enternecida.

    En cierta forma tuve la certeza de que ambos debíamos andar caminando por las paredes con esto.

    Sábado a eso de las tres, ¡no tenía mucho tiempo! Apenas llegué a casa de la escuela empezó mi misión y fui probando diferentes piezas de ropa hasta dar con algunas combinaciones que mínimamente me convencieran. Sentí el impulso de pasarle fotos a Emi y pedirle opinión, y ya con el móvil en la mano fui consciente de mis propias decisiones. Detuve mis movimientos progresivamente y bajé la mano, suspirando. Era una tonta, de verdad. ¿Por qué aún no le decía nada? Ahora tenía... Ahora estaba este importantísimo asunto de Estado y no podía consultarle a mi mejor amiga. ¿Tonta? No, era imbécil a secas.

    La semana que viene se lo diría. Se lo debía.

    Al final la opinión se la pedí a Rei como para no morirme con la duda, aunque obviamente su respuesta no me sirvió de nada. Sin importar cuántos conjuntos le mostrara, para él todos "estaban bonitos". ¡Ugh, hombres! Me tumbé en la cama, rodeando a Berta con mi propio cuerpo, y me pregunté si debía esperar a que mamá regresara del trabajo para hablarlo con ella. ¿No estaría muy cansada? Durante la semana siempre andaba en modo zombie. Prefería no molestarla...

    Estaba tomando unos mates cuando llegó, le ofrecí y conversamos sólo cinco minutos antes de que ella fuera a pegarse una ducha mientras me dejaba a cargo de echar el arroz en la arrocera y cortar los vegetales. Conforme reducía los pepinos a rodajas de (muy) diferente grosor, me reprendí mentalmente y me pregunté por qué me costaba tanto hablar de lo que me ponía contenta. ¿Era como si... temiera arruinarlo? ¿Como si disfrutarlo al máximo fuera a echarle una maldición encima? Escuchaba a mamá cantar desde el baño y Berta se refregaba entre mis piernas, insistente.

    —Berta, voy a tener una cita —le confesé a la gata en español, quien me clavó la mirada encima... y maulló—. ¡Te lo juro! Mañana a la tarde, todavía no decido el outfit. ¿Con quién? ¿Te acordás de Altan? Sip, el mismo. Me dijo que iba a intentar no vestirse como Drácula pero yo creo que al menos algo negro se va a poner. ¿Apostamos, gordita? Si gano te doy granitos, y si pierdo igual te doy granitos, porque obviamente sos incapaz de hacer nada por mí. Así sos, así sos.

    Le seguí haciendo bullying mientras aprovechaba su hambre para agacharme cada dos minutos y llenarle la cabecita de besos. Mamá salió, puso los bifes a cocinarse y yo preparé la mesa. Entre una cosa y otra decidí postergar la charla para mañana, y cuando me levanté al otro día... mamá ya no estaba. Los últimos sábados no había ido a la casa de su familia y tuve la esperanza de que se mantuviera así, pero la nota escrita en la nevera evidenciaba lo opuesto. Resoplé, decepcionada, e intenté barrer la emoción lejos. Agaché la vista.

    —Al menos vos siempre estás para escucharme —dije a Berta junto a una risa floja, quien, obviamente, quería comida de nuevo.

    Ya qué. Almorcé, me bañé y alrededor de la una de la tarde di inicio oficialmente a mi preparación. No era la primera cita que tenía en mi vida, así que algunos detalles ya me los sabía. Mientras me rizaba las pestañas me pregunté sobre Al. ¿Para él sí sería su primera primerísima cita? ¿O ya habría salido antes con alguna chica? Me puse la máscara negra, un poquito de corrector en la piel, y un gloss liviano en los labios. Con el cabello seco, me hice dos trenzas espiga sobre los hombros y las acomodé para que lucieran más voluminosas.

    No tenía idea adónde iríamos, pero al menos por la hora de encuentro dudaba que fuera un lugar elegante. Además, él había dicho "ropa cómoda de verano". Sólo debía adecuarme a la consigna, ¿cierto? Me decanté por un top rosa y el overol de jean. Ya que estaba, agregué unos collares que tenía dando vueltas por ahí y unos aretes pequeñitos de perlas. Me miré al espejo, lo hice largo y tendido, y empecé a dudar de todas y cada una de mis decisiones. ¿Estaba...? ¿Estaba lo suficientemente bonita? ¿No me había vestido demasiado casual? Al frente, los costados, desde atrás.

    Y el móvil vibró. El corazón me golpeó el pecho y pasé saliva, viendo el mensaje de Al.

    Voy!

    ¡Espera! ¡No había pensado una cartera, ni un bolso, nada! ¿Dónde llevaría mis cosas? Bueno, ¿qué cosas necesitaba además del móvil y las llaves? En mi humilde experiencia pretendiendo ser una dama, nunca jamás había usado ni el maquillaje, ni el perfume, ni los pañuelos con los que salía. Mejor mantenerlo simple, ¿cierto? Guardé el aparato en un bolsillo del overol, me eché una buena cantidad de perfume y bajé las escaleras correteando. Le rasqué la cabeza a Berta a la pasada, derretida sobre la barra, y me puse las zapatillas blancas en la entrada.

    Al estaba de pie, en la acera. Los nervios se me revolvieron en el estómago conforme lo alcanzaba, y al bajar la vista a sus pantalones solté una risa al aire. ¡Ja!

    —Los dos estamos de rosita —dije para disimular, e intenté sonar lo más casual posible—. Hola, Al, ¿cómo va?


    Pero sin el saquito blanco cuz its jottt

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    Zireael

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    En lo que Anna salía concentré mis nervios en aplastarme un mechón de pelo que se negaba a seguir la forma del resto, esto no eran ni rizos ni lacios, ¿qué mierda se suponía que hiciera? Papá era otro que parecía haberse rendido a que las ondas hicieran lo que les viniera en gana, ¡pero yo estaba aquí esperando a mi novia, no tenía tiempo para tantas rebeldías! Al final bufé, frustrado, y renuncié a acomodar nada otra vez.

    Volví a alisarme la camisa, le olisqueé el cuello a ver si me había puesto suficiente colonia y bajé la vista a los zapatos de nuevo, dándole vueltas al exceso de informalidad. A ver, el pantalón tampoco es que fuese de vestir, ¿sabes? Era un pantalón común y silvestre, entonces suponía que servía. ¿Debí preguntarle a alguien antes de salir? Aunque oba-san no estaba, ¿entonces qué? Jez estaba afuerísima de la ecuación. ¿A Shimizu que era un burro? ¿A Cayden, quizás? Al menos el mocoso tenía sentido de la estética... Ya ni modo, no le había preguntado a nadie y confié en la decisión de mamá con la camisa. Que fuera lo que Dios quisiera.

    Posé la mirada en cualquier lado, balanceé el peso de un pie al otro y estaba en eso cuando oí la puerta, que me hizo dar un respingo para nada congruente con mi carácter. ¿Desde cuándo era propio de mí este manojo de nervios? A ver, Altan Sonnen, ¿dónde estaba tu compostura? De vacaciones seguro y en el otro lado del mar, según veía.

    Volqué la vista en Anna y me quedé embobado con ella, para sorpresa de absolutamente nadie. Me alegraba que hubiese atendido al tema del dress code, porque sabía que lo más importante era que se pusiera ropa cómoda antes que nada por el tema del clima y del lugar al que íbamos. La risa que soltó me confundió un poco y cuando al llegar a mí apuntó que los dos íbamos de rosa bajé la vista a la camisa.

    —Hacer match sin pretenderlo tiene que ser como pegar el jackpot —apañé, ligeramente divertido, y regresé los ojos a ella para dedicarle una sonrisa amplia—. Todo bien, An. ¿Tú qué tal?

    Solté la mano derecha de la bolsa que seguía ocultando, más o menos, y la estiré para encontrar su cuerpo y atraerla en un abrazo. Me alcanzó el olor de su perfume y la estruje con un poquito más de fuerza, al irla soltando busqué reajustar la postura y busqué sus labios para darle un beso, porque aquí se saludaba bien o no se hacía nada. ¿Me comía el gloss? Pues me comía el gloss.

    —Estás preciosa —le dije y usé la mano libre para recorrer una de sus trenzas, con la sonrisa todavía pegada en la cara.

    edit: don't mind mi desastre de ratings, fue que mi teléfono recargó la página y le di a varios sin querer JAJAJ estúpido, mi adorable para Annita wey, respetalo
     
    Última edición: 21 Octubre 2025
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    Gigi Blanche

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    —¡Oye, eso es trampa! —me quejé, riendo, frente a la idea del jackpot conforme lo alcanzaba—. Ponerte algo rosa es trampa, es como si yo hubiera usado algo negro, ¿no?

    Me detuve frente a él, recibí la amplitud de su sonrisa y genuinamente fui incapaz de desviar la mirada de su rostro. Le dije, sin elevar el tono, que de mi lado también estaba todo bien, y empecé a alzar los brazos al mismo tiempo que el suyo me atraía. Me enganché de su cuello, sobre mis puntillas, y lo estrujé con ganas. El aroma de su colonia me envolvió y cerré los ojos, reconfortándome en su existencia, su presencia y... y todo lo que él era, lo simple y lo complejo.

    —Hueles rico —murmuré junto a una risilla, separándome.

    Llegué a leer sus intenciones y no regresé a la planta de mis pies, pues tenía una misión más importante. Me presioné contra sus labios, mis manos se acomodaron a los costados de su cuello y le acaricié parte de las mejillas con los pulgares. ¿Ni cinco minutos de cita y ya empezaría a perder el gloss? Tendría que habérmelo traído o usar uno intransferible.

    Finalmente de vuelta en el suelo, lo seguí mirando con la sonrisa pegada a los labios y deslicé las manos por sus hombros antes de despegarlas de su cuerpo. Su cumplido me revoloteó en el pecho y lo dejé tocar mi trenza sin ningún tipo de problema.

    —Tú también estás muy guapo~ —canturreé, más bien tranquila, y al recorrerlo con los ojos para comprobar mi punto noté que aún mantenía una mano tras su espalda; me asomé por un costado, curiosa—. ¿Hmm? ¿Traes algo ahí?


    ya dejo mi respuesta acá porque me apetecía, pero obviamente tómate tu tiempo y postea cuando quieras <3 theres no hurry, really
     
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    Su réplica a lo del jackpot me hizo reír, ni modo, y su lógica bastó para hacerme asentir con la cabeza. A ver, razón tenía, pero a mí me había rescatado mamá, si no yo estaría aquí con una de mis tantas shades de negro o con la camiseta random de una banda, ¿no? Mi armario no estaba preparado para ninguna cita.

    —Entonces tendría que habérselo dicho a mamá, que fue la que me dejó la camisa antes de irse —apañé en medio de la risa—. Debió darle pena verme bucear a mi closet... Salía negro, negro más oscuro, negro desteñido, negro nuevo y así todo el rato.

    Me respondió que estaba todo bien y alzó los brazos, claro, así que pronto me estuvo estrujando y me dejé hacer. El calor de su cuerpo me hizo cerrar los ojos y acaricié su espalda con la mano, solo tocarla me había bajado un poco los nervios de todo el asunto. El comentario de que olía rico me estiró una sonrisa, por supuesto, y desde el abrazo susurré un "Tú también".

    Recibió mi beso, desde esa cercanía absorbí su aroma y sentí el tacto de sus manos, que estuvo a poco de erizarme la piel. La reverse card del cumplido me aflojó una risa que siguió contribuyendo a regular mis nervios y cuando preguntó por lo que traía, dejé de ocultar la bolsa por fin. La atraje al frente, era una bolsa de regalo color cartón, pero el obsequio en su interior estaba envuelto con papel seda de un tono lila. No me llevaba un master en envolturas de regalo, qué va, pero tenía algo especial hacer las cosas yo mismo o en este caso al menos encargarme del envoltorio.

    De la manera que fuese, extendí la bolsa hacia ella y aunque me regresó algo de la ansiedad al cuerpo, la moderé y le dediqué una sonrisa. Después de todo hoy era el día en que me redimía por haber formalizado nuestra relación en el patio de la escuela sin haberlo planeado.

    —Para ti —le dije, esperando que la tomara.

    Había estado un buen rato en la tienda hablando con el pobre encargado, un chico de mi edad pero bastante bajo y algo nervioso que finalmente me había salvado la vida. Bueno, la metralleta de Anna al respecto también, así era cómo había sabido qué buscar y dónde intentar conseguir algo.

    thank u <3 por aquí vengo para ir retornando de a poco a la normalidad (el altanna salvándome, a classic)

    Lo que viene dentro de la bolsa es este peluche y alrededor del "cuello" viene una cadenita con el anillo que le había dado antes y que Annita le regresó cuando se fueron al carajo
     
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    La idea de que su mamá le hubiese escogido la camisa me hizo sentir repentinamente tímida y esperé que Al no lo notara, de enfocado que estaba enlistando los negros de su armario. No me había planteado hasta ahora cuán... universal sería el conocimiento de esta cita. Si su mamá lo sabía, su papá seguramente también, ¿cierto? Y es que era lo normal. Luego estaba yo que apenas se lo había dicho a Berta y... me sentí culpable, puede que incluso avergonzada, y también percibí un pinchazo de envidia. Ayer había tenido un montón de oportunidades, claro, pero hoy me había propuesto abrir la boca y acabé despertándome en una casa vacía. Como siempre.

    Me hacía feliz, lo suficientemente feliz para pintar una pancarta enorme, gritarlo en la calle con megáfono, anunciarlo en todos los noticieros del país. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no decía nada?

    —Es una misión bastante compleja combinar diferentes prendas negras, ¿eh? —puntualicé, riendo—. Uno cree que son todas negras y ya, y cuando las empiezas a comparar te das cuenta que no hay nada más alejado de la realidad.

    Husmeé lo que mantenía tras su espalda, que resultó ser una bolsa, y la acepté en automático con una mezcla de sorpresa y expectativa. No quería hacerme muchas ilusiones, pero... era un regalo, ¿verdad? ¡Tenía toda la pinta! Mi sonrisa se ensanchó hasta iluminarme el rostro y miré antes de meter la mano dentro, sacando algo mullidito envuelto en un papel lila. Se me escapó una risilla y dejé la bolsa en el piso para abrir el obsequio, sintiéndome repentinamente en Navidad. Busqué alguna unión de la cual jalar y, bueno, digamos que nunca había sido muy delicada para estas cosas.

    —¡Derpy! —exclamé, riendo de pura alegría.

    Era un peluche del tigre de K-Pop Demon Hunters y recordé automáticamente el día que le había parloteado sin parar al respecto. Era bien redondo, bien suavecito y tenía la misma cara de boludo que en la peli. Volví a reírme, a punto de abrazarlo, cuando noté la cadena que le rodeaba el cuerpo y el anillo pendiendo de ella. Lo sostuve sobre mis dedos, reconociéndolo al instante, y disolví mi energía en una sonrisa suave. Había mucho contenido en este pequeño anillo, y que hubiera elegido regresármelo...

    —Es como los objetos malditos de esas pelis de terror japonesas, ¿no? Siempre vuelven —bromeé, abrazando por fin a Derpy, y miré a Altan; mis dedos se quedaron jugueteando con el anillo—. Gracias, Al. Me encanta. Y gracias por... darme otra vez el anillo de tu abuelo. Si soy muy, muy sincera, lo extrañé un poquito este tiempo.

    No me arrepentía de habérselo regresado, en cierta forma se había convertido en un símbolo de la decisión que tomamos y el camino que elegimos transitar; eso no quitaba que, de vez en cuando, lo hubiera echado de menos. Deslicé la cadena fuera del peluche y me la colgué al cuello, junto a los demás collares. Me reí al verlos juntos, no pegaban nada y... y nada había cambiado, ¿verdad? Seguía siendo un símbolo.

    De la decisión que tomamos.

    Y el camino que elegimos transitar.

    —¿Cómo me queda? —Posé, extendiendo los brazos de forma exagerada—. ¿El lugar al que vamos es apto para Derpy o sería más sabio y prudente dejarlo en casa?

     
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    Quizás hubiese que dar gracias a mis propios nervios que me tenían allí enlistando todos los tonos de negro a pesar de haberme calmado un poco, de forma que no reparé en la timidez que había alcanzado a Anna cuando dije que mamá me había dejado la camisa. A ver, le había contado a papá, luego a mamá y estaba Shimizu allí que sabía porque era un entrometido insufrible, bueno, quería decir sabía de la cita. Lo de que habíamos formalizado sí se lo había contado voluntariamente, si al final el pobre diablo era lo más parecido que tenía a un mejor amigo varón. No es que el asunto fuese de conocimiento del pueblo entero, pero de todas formas en la felicidad que sentía, casi abrumadora, me había alegrado contárselo a mi familia que eran quienes más allá de Anna habían tenido que soportarme. Todavía me quedaba la duda de si Anna ya se lo habría contado a alguien.

    Su acotación sobre la ropa negra me hizo asentir con la cabeza, era siempre la misma cosa. Había que combinar el negro desteñido con negro nuevo, negro verdoso con negro azulado y luego se me ocurría a mí tener una cita y prometer no ir de negro. Eso a un lado, también me distraje muchísimo viendo cómo su sonrisa se ensanchaba, le iluminó todo el rostro y a mí algo me revoloteó en el pecho. Fue cálido, que me mirara lo acentuó, y lo genuino y hasta inocente del cariño que sentía por ella estuvo a poco de darme vergüenza. Era preciosa, me quería muchísimo y yo la quería a ella. Ahora mismo era el idiota más afortunado de este país y del mundo.

    Me hizo gracia la falta de delicadeza, pero en sí lo que me soltó la risa fue su exclamación. Gato, tigre, todavía no tenía puta idea de qué era el bicho, el muchacho de ayer me lo habría explicado, pero ya se me había olvidado. En su caso daba igual, a ella le había gustado y si se detuvo de abrazarlo fue porque reparó en el anillo. La emoción se diluyó en una sonrisa y a mí la ansiedad me revolvió el estómago, pero a pesar de eso cuando habló su comentario en lugar de ofenderme me sacó una carcajada directo del pecho.

    —El objeto que para nada debiste sacar de su lugar porque ahora te persigue —añadí, divertido, la risa me había aflojado el cuerpo. Ella había abrazado el peluche y el anillo daba vueltas en sus dedos, así que encorvé la espalda para dejarle un beso en la frente—. No sabía si estaba bien regresártelo, pero... Es tuyo ya, ¿cómo no iba a devolverte algo que te pertenece de por sí? Así que ya no tienes que echarlo de menos, porque ya lo tienes otra vez.

    Fue una reflexión estúpidamente sencilla, la verdad fuese dicha, aunque sabía el peso real que cargaba el anillo del viejo. Marcaba un inicio, un final y ahora una suerte de ascenso de entre los escombros. Era un recuerdo de nuestras decisiones y para mí ahora de lo que quería cambiar. De la persona que quería ser por y para Anna, porque se merecía una mejor versión de mí. Una que aunque todavía sintiera miedo, pudiera navegarlo para llegar a ella.

    Sacó la cadena de Derpy (que era un solo bulto sin cuello, pero yo le inventé un cuello para ponerle el anillo) y se lo colgó ella. Desentonaba con sus accesorios, notarlo me hizo reír a mí también y cuando la vi posar fingí tomármelo muy en serio. Me llevé una mano al mentón y la miré a conciencia, al final asentí con la cabeza, muy convencido.

    —Te queda perfecto. La reliquia maldita acentúa lo guapa que estás —contesté por fin y le dediqué una sonrisa, desviando la vista al bicho azul—. No tienes que agradecerme, An, quería regalarte algo que te gustara, así que me hablaras de esto el otro día ayudó mucho. Sobre Derpy, creo que el lugar al que vamos de hecho es el más apto de todos, pero si quieres dejarlo en casa para no cargarlo hasta allí también es una opción.

    Había que reconocer que ver el peluche en una cafetería con gatos era el cuadro perfecto, pero yo quería seguir manteniendo la sorpresa hasta las últimas consecuencias. De todas formas, saqué el teléfono y abrí la galería para mostrarle a Anna una captura de pantalla donde había tachoneado el punto exacto al que íbamos, de forma que le extendí el aparato y tapé el tachón con un dedo y con la otra mano apunté la calle.

    —Vamos a esta calle. Queda como a diez minutos caminando, pero por el tema del calor y eso siempre podemos pedir un Uber que nos deje allí. Sería una lástima sudar nuestro match no planeado —dije con una risa colada en la voz—, pero como tú prefieras, An.
     
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    —¡Ah! Por eso me lo diste, ¿verdad? ¡Para pasarme la maldición! —lo acusé, con toda la indignación que fui capaz de reunir y que se disolvió en la módica suma de cinco segundos con su beso en mi frente—. Si es mío, ¿significa que puedo empeñarlo y amasar una fortuna?

    Alguien debería enseñarme algún día a tomarme las cosas con más seriedad y dejar de colar bromas cada dos minutos. Suponía que eran los nervios de la primera cita. Apenas cerré la boca, quise morderme la lengua o directamente amordazarme. Me colgué el anillo al cuello para no atorarme ahí y posé, la respuesta de Al me arrancó una risa. Me hacía mucha gracia la idea de tener una reliquia maldita como accesorio, ¿tal vez se activaría y nos salvaría de los villanos en un momento de necesidad? Invocando el espíritu vengativo del viejo Sonnen o algo.

    —Si el lugar es apto para Derpy, Derpy va con nosotros —afirmé, abrazándome al peluche con fuerza, y eché un vistazo a su móvil en cuanto me lo mostró—. Nah, vayamos caminando. Diez minutos no es nada y nos lo podemos tomar con calma e ir por la sombrita. A menos que tengas un problema muy particular y terriblemente grave con el verano... cosa que es probable.

    Volví a reírme, regresando a Derpy dentro de su bolsa, y la sostuve con una sola mano.

    —¡Estoy lista, capitán! —exclamé, alzando la mano al costado de mi frente—. ¡Dirija la marcha!
     
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    Zireael

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    La cosa del anillo del abuelo como objeto maldito me siguió estirando la risa en vez de ofenderme luego de haberle dado el beso en la frente. A ver, el viejo Sonnen seguía vivito y coleando, esos anillos debía tenerlos mi padre desde hace muchos años, no eran algo así como una gran herencia familiar ni nada, pero sí que era gracioso imaginarse a la criatura yendo a empeñarlos.

    —Una fortuna pues no sé, pero de poder, puedes —contesté sin problema—. Aunque yo insisto en que el accesorio maldito acentúa tu belleza, así que tú eliges, algo de dinero o estar incluso más guapa que de costumbre.

    La gracia del tema del anillo se diluyó en una sonrisa suave al escucharla decir que se llevaba el bicho y verla abrazarlo, era... al final del día había sido por eso que me había dado cuenta, ¿cierto? Habían acciones de Anna que me causaban ternura a secas, no era algo que sintiera con frecuencia, así que era allí donde yacían las diferencias.

    —Bueno, tengo un problema muy particular y terriblemente grave con el sol —dije alzando la vista al cielo y achinando los ojos, luego bajé la mirada a ella de nuevo para dedicarle una sonrisa—, pero hoy no vine con el disfraz de Drácula y sí me puse protector solar, así que debería estar bien. Podemos irnos por la sombrita como dices y así tampoco se nos insola el pobre Derpy.

    Ella ya lo había regresado a la bolsa, pero de todas formas aplicaba la tontería. Al escucharla decir que estaba lista me reí por lo bajo y entonces me dispuse a iniciar nuestro camino. Me dijo que liderara la marcha, pero claro que en su lugar le hice un gesto medio caballeresco para que una vez ella empezara a caminar, yo me acoplara a ella con tal de guiarnos a nuestro destino.

    Me quedé pensando si ofrecerle mi mano, porque seguro nos sudaría más temprano que tarde, así que aunque no lo hice de inmediato, sí que busqué sostenerla cuando ya habíamos avanzado un par de metros. Si era mucho, pues nos soltábamos y ya, ¿no?

    —¿Has visto alguna otra peli o serie que requiera una muy intensa sesión de fangirleo? —le pregunté genuinamente curioso al respecto, luego oxigené neuronas—. Deberíamos ir al cine otro día y comernos un montón de porquerías juntos.
     
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    Gigi Blanche

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    —Ay bueno, entonces me lo quedo, ya qué —accedí al instante de recibir el segundo cumplido del día, sin disimular lo mucho que me gustaba oírlos—. Dinero puedo hacer cualquier día, ¡pero el momento de estar guapa es ahora!

    Lo vi alzar la vista al sol, repasé sus facciones y me reí en voz baja, conservando una sonrisa al recibir sus ojos. Apenas oí "protector solar", sin embargo, mi expresión se deformó y me estampé la palma contra la frente. Hizo más ruido del que había calculado... y también dolió más.

    —¡Sabía que algo me olvidaba! Ni modo, ya qué, me da mucha pereza volver a entrar. De todas formas íbamos a ir por la sombra para que cierta persona no se nos muera.

    Su invitación tan caballeresca me arrancó otra risa y le agradecí con una suerte de reverencia en la cual pellizcaba los bordes de mi falda imaginaria. Avancé unos pocos pasos antes de detenerme y seguir caminando a la par suya. Percibí el leve tacto de su mano, la intención que cargaba, y entrelacé mis dedos con los suyos sin dudarlo un segundo. Mi andar era liviano y balanceaba la bolsa de atrás hacia adelante, sin disimular lo contenta que estaba. Pobre Derpy ahí dentro, se pegaría el mareo de su vida.

    —¡Sí! Siempre quise ir al cine a comer nachos con cheddar. ¿Por qué? No tengo idea, pero siempre fueron más caros que las palomitas y en mi cabeza es, como, un super lujo. ¿Y viste esos cines que tienen butacas gigantescas? ¡Quién pudiera! —Me mantuve pensativa un par de segundos—. Hmm, creo que no he visto nada nuevo que amerite tanto fangirleo, no. ¡Bueno! Hay una serie que hace poquito salió por fin la segunda temporada y que la disfruté un montón. ¿Viste cuando ves una serie que te gusta, pero te gusta normal, y luego al salir otra temporada te das cuenta lo mucho que extrañabas a los personajes? Como si fueran tus amigos, o tu familia. Así me pasó con esta serie, así que fue muy bonito.

    Vaya cháchara, y ni me molesté en callarme.

    —Se llama Nobody wants this, está en Netflix, ¿la ubicas? Es como una comedia romántica medio slice of life de una chica cualquiera que se enamora con un judío, ¡pero no cualquier judío! ¡Un pastor judío! Él viene de una familia ultra conservadora y, bueno, te imaginarás todos los dramas que su relación acarrea. —Lo miré—. ¿Tú te enganchaste a algo últimamente?
     
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    Zireael

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    No se trataba de que antes no tuviese, digamos, permiso de decirle cumplidos de arriba para abajo, pero ahora me sentía mucho más libre para hacerlo y a ella le gustaban, ¿cierto? Entonces guardárselos no tenía sentido, menos si era a costa del anillo del viejo. Ya le contaría algún día en una de tantas videollamadas sobre lo que había estado pasando, seguro le venía en gracia.

    —¿Viste? No se puede desaprovechar una oportunidad así —atajé de lo más convencido al asunto de que el momento de estar guapa es ahora.

    Lo del protector solar, por otro lado, le reconectó neuronas y al escuchar cómo sonó su mano contra su frente, estiré la mía para tomarla y darle un beso en la palma. El asunto de irnos por la sombra me hizo soltar una risa y aunque no lo dije, se me ocurrió que si luego volvíamos a salir podíamos comprar un tarro de bloqueador en alguna tienda, tampoco era un gran drama.

    Mi invitación la puso a reír y por consecuencia a mí también, sobre todo al verla pescar la falda imaginaria. Echamos a andar, aceptó mi mano y me puse a pensar en lo que sentía, la calidez, la alegría y en cómo así los grises retrocedían. Anna accedió a un futuro plan de ir al cine a comer porquerías y me sonreí al irla oyendo, siquiera me di cuenta. La criatura siempre había hablado hasta por las orejas, pero me sentía cómodo con ella, con el sonido de su voz y las cosas me contaba.

    —¿Los VIP y estos con los efectos de movimiento en las butacas y demás? Podemos ir a uno, también, pero a esos sin nachos porque se nos pueden volar a la mierda —dije junto a una risa—. Los nachos del cine están bien, los chips no suelen ser la gran cosa, ¿pero el queso? El queso siempre está bueno.

    Fui asintiendo a lo que dijo después, lo de que al retomar la siguiente temporada de una serie te dabas cuenta de que la echabas de menos y tal. No me pasaba muy seguido, pero sí de vez en cuando y eso me hacía pensar que la serie estaba bien hecha. Si no te generaba nada emocional, ¿qué sentido habría tenido volver para la nueva temporada, además?

    Negué con la cabeza a la pregunta de si la ubicaba, porque no me sonaba, pero por el corte del género que mencionaba tenía sentido, no era de la clase de cosas que solía ver. Alcé las cejas al oír lo del judío pastor y me tragué una risa, aunque ni idea de por qué me hizo reír de por sí.

    —¿Y quién es tu personaje favorito? —Quise saber antes de responder su pregunta mientras seguíamos caminando buscando las sombras—. No me preguntes cómo llegué a un drama coreano, pero llegué a un drama coreano tipo thriller. Es una adaptación de una novela japonesa igual, de Okuda Hideo, que se llama Naomi y Kanako. Básicamente va de dos chicas, dos amigas, y una de ellas está dispuesta a todo para liberar a la otra de la relación abusiva en la que vive donde su esposo, o más bien remedo de esposo, la agrede físicamente. Es corta, son ocho capítulos, pero me gusta el suspenso en el que te sostiene.
     
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    Gigi Blanche

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    El beso que dejó en la palma de mi mano fue delicado e inesperado, y el corazón me rebotó en el pecho al pensar que, de ahora en más, esta clase de gestos ocurrirían con mayor y mayor frecuencia; me ponía muy contenta. Empezamos a caminar y asentí con vehemencia a su descripción de las salas 4D, riéndome poco después. Tenía razón, esos no eran compatibles con mi sueño de los nachitos con cheddar. Aunque lo mismo aplicaba con las palomitas, ¿no? Y ni hablar de los refrescos.

    —Queso cancerígeno, mi favorito —comenté, riéndome—. Entonces una ida al cine 4D y otra para comer nachos, ahora necesitamos dos pelis que estén a la altura.

    Preguntó por mi personaje favorito de la serie que había mencionado y tuve que detenerme a pensarlo, pues todos me gustaban por diferentes motivos. Al final, me apegué a la primera opción que había aparecido en mi cabeza.

    —Esther, la cuñada del pastor. Es de los personajes que más evolucionan y me gusta el enfoque que le están dando. Al principio era una chica super rígida y mala, pero de a poco fue haciéndose amiga de la protagonista y ahora incluso está cuestionándose si divorciarse o no de Sasha. Ah, Sasha es el hermano del prota. Pero de una buena manera, ¿sabes? No porque ya no lo quiera, sino porque empezó a darse cuenta de que cada vez anhela más... no estar atada a una vida de madre, supongo. Se quedó embarazada muy joven, se casó muy joven, y ahora siente que hay cosas de la vida que perdió en el camino. ¡Y bueno! Me daría pena si se divorcian porque Sasha la adora y es un grandulón adorable, pero al mismo tiempo no puedo evitar apoyarla, ¿sabes? En fin, que ya quiero la tercer temporada.

    Y ya le había llenado el culo de spoilers, pero dudaba que a Al le interesara una serie del estilo. Él me habló de un k-drama que recordé haber visto recorriendo Netflix y di un respingo repentino, sonriendo ampliamente.

    —¡Ah, sí! —exclamé, mirándolo—. Lo ubico, conozco a una de las protagonistas. Ya la vi en otro k-drama que me gustó mucho y también trabajó en la primera temporada del Juego del Calamar, ¿la recuerdas? Bah, estoy asumiendo que viste El juego del calamar, ¡pero es que todos la vieron! Te juzgaré si no la viste, y si no la viste, te obligaré a verla. Ya que estamos en tema, ¿viste Alice in Borderland? —Con la avalancha de preguntas hecha, regresé la vista al frente bien tranquila—. Me gusta mirar k-dramas de vez en cuando porque muchos son miniseries y luego no tienes que quedarte esperando un año a la continuación o arriesgarte a que la cancelen a medio camino.
     
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    —Y el favorito del pueblo, que por algo se sigue vendiendo —atajé a lo del queso cancerígeno—. Apoyo las dos salidas del cine, ahora espero que los cineastas del mundo nos colaboren.

    En lo que ella pensaba su respuesta sobre su personaje favorito me dediqué a brindarle caricias distraídas en la mano y seguir caminando. Pensé que el verano no parecía tan tortuoso si podía compartir el tiempo con ella y que de hecho hacer planes juntos era divertido, aunque seguramente iríamos haciendo todo al ritmo medio desordenado de siempre. En cualquier caso, mi atención volvió a ella cuando me dijo que su favorita era la cuñada del pastor. Cuando dijo Sasha pensé en, bueno, la Sasha que yo conocía y la aclaración me recordó que también era un nombre masculino.

    —No he visto nada, pero por como lo cuentas suena a que Esther se merece eso. Digo, algo más allá de una vida de madre, y quizás desde fuera puede parecer una motivación egoísta... pero al final del día las madres también son personas, ¿no? Así que por ahí suena interesante su personaje —reflexioné unos segundos más tarde.

    Los spoiler que me comí no me importaron demasiado, si algún día acababa viendo una serie de ese corte sería por ella, no porque fuese algo que yo buscara adrede. Justo por eso acababa en el drama coreano random de suspenso y no sé qué más, que hablando de eso, ¿le había dicho el nombre? Estaba por aclarar cuál era cuando ella dio un respingo me sobresaltó un poco y la miré, curioso, antes de entender por qué la reacción.

    —Ah, cierto. En la sinopsis ponía que una de las protagonistas era del Juego del Calamar —recordé en una suerte de pensamiento en voz alta y luego me reí alzando la mano libre como si estuviera entregándome voluntariamente a la policía—. No la vi, lo siento, así que ya tienes una tarea entre manos. Tampoco Alice in Borderland, así que puedes instruirme en los minutos de caminata que nos quedan.

    Fui bajando la mano y reflexioné sobre los k-dramas, no es que me hubiese visto muchos, la verdad, aunque sí notaba el patrón este de miniseries. Quizás no estuviese mal ver otros más, la verdad me daban una pereza tremenda las series de Netflix con un chorro de temporadas que tardaban años produciéndose y al final ni siquiera estaban tan buenas.

    Igual mis pensamientos fueron deslizándose a lo que nos concernía y se me ocurrió una tontería. Tironeé un poco de su mano, buscando su atención, y apenas recibirla le sonreí de nuevas cuentas.

    —¿Quieres intentar adivinar a dónde vamos?
     
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    —¿Tienes algún género prohibido de pelis? —pregunté, luego de pensar brevemente si recordaba la cartelera actual... sin éxito.

    Murmuré un sonido afirmativo sobre su reflexión de Esther y pronto mi atención acabó completamente absorbida en la terrible confesión de sus horrendos pecados. Giré el cuello por completo hacia él y lo miré con los ojos bien abiertos.

    —¡¿Cómo?! —exclamé, indignadísima, y devolví la vista al frente—. Me parece que tendremos que cambiar la cita doble en el cine a maratón doble de series, ¡no puedo creer que no las hayas visto! ¡Ni una! Encima estuvo literalmente el mundo entero hablando de ellas cuando salieron, ¿o eres de los que se alejan de lo que se vuelve mainstream? Sí, tienes cara de ese tipo de único y detergente.

    Se me escapó una risa nasal, pues para esta altura sólo lo estaba molestando, y fui relajando la actitud.

    —Mi favorita de las dos es Alice in Borderland, es más fumada pero ¿los personajes? ¿El final? —Hice un chef kiss con la mano libre, colgándome la bolsa de la muñeca—. Bueno, el final de la segunda temporada. Hace poco sacaron una tercera absolutamente innecesaria. Tan, tan innecesaria que todavía ni la miré, ¡fíjate tú!

    Dejando a un lado el episodio de indignación y potencial evangelización, el leve tirón en mi mano me hizo mirarlo y al recibir su sonrisa parpadeé, sintiendo algo tibio en el pecho. Me gustaba mucho verlo sonreír así... o sonreírme así, más bien. ¿Adivinar adónde íbamos? Fruncí el ceño, los labios, y mientras barajaba opciones empecé a balancear nuestras manos, husmeando alrededor. ¿Tenía chances de conseguir alguna pista en la calle? Probablemente no, pero me servía para pensar. A ver, era de tarde y Al había dicho que el lugar era ideal para Derpy. Se había puesto protector solar, pero no parecía haberse preocupado de que yo no tuviera. ¿Eso significaba que era un lugar cerrado? ¿Sería... una heladería, un café, o algo así? Pero... ¿cómo se relacionaba eso al peluche? ¿O quizá fuera algún parque con mucha sombrita?

    Espera, ¿y si lo de Derpy lo había dicho por decir, sólo para que lo trajera? Ah, Dios, ya empezaba a dar vueltas.

    —Hace calor... Vamos a... ¿una heladería? —arriesgué, con una gran sonrisa y la esperanza de haber atinado.

     
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    —¿Género prohibido? —reboté—. La verdad no, bueno, creo que no. Diría que lo que menos me gusta son las comedias huecas, pero veo casi cualquier cosa. ¿Tú tienes alguno que del todo no verías?

    La confesión respecto a los dramas me hizo fingir un susto, pretendí hacerme pequeño a su lado sin soltar su mano y tuve que luchar bastante para no reírme por lo indignada que sonaba. Se notaba desde la otra prefectura que solo estaba molestándome, pero justo por ello estaba aguantando las ganas de reírme.

    That's me, ma'am! —espeté pues no podía defenderme de la acusación—. Disculpe usted, por ofender a todo el planeta con mi necesidad de no ser como todo el planeta.

    De todas formas me dijo que su favorita fue la de Alice in Borderland y justo por eso me sorprendió que la tercera temporada fuese tan innecesaria a sus ojos que ni siquiera la había visto. Alcé las cejas, dejando ver dicha sorpresa, y volví a hablar.

    —¿En plan, porque con la segunda temporada ya quedaba bien concluida y la tercera se la sacaron del culo o innecesaria en qué sentido?

    Luego le dije lo de que si quería adivinar a dónde estábamos yendo aunque bien sabía yo que tenía la cantidad exacta de cero información,, pero quería ver qué se le ocurría. Me callé mientras la dejaba pensar, sin quitarme la sonrisa de la cara, y me di cuenta de cómo trataba de encontrar alguna data en la calle. Puestos en ello, ni siquiera mi regalo servía de pista, era un peluche y un anillo, ¿de qué servía eso para llegar a una conclusión?

    A pesar de ello, arriesgó con un lugar y apuntó a una heladería por el tema del clima. Había errado, claro, pero la amplitud de su sonrisa compensaba el error. De todas maneras allí acabé soltando la risa que tenía ya un rato de estarme tragando, no cargó burla alguna, fue pura y simple diversión con todo el cuadro.

    —Qué va, An, aunque quizás tengan helado. Eso tendremos que averiguarlo en tiempo real —apañé con la risa algo colada en la voz todavía y saqué el móvil para ver en Maps cuánto nos quedaba de trecho—. Según cómo administres tu tiempo, te quedan un par de intentos, ¿qué te parece?
     
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    —Define comedia hueca, niño genio —me mofé, junto a una risa floja—. Hmm... no me gusta mucho el gore, supongo, en seguida me da asquito en el estómago. Hay cosas que puedo verlas, pero ciertamente no mientras como. —Volví a reírme—. Recuerdo un capítulo de The Walking Dead que estaba puesto en la tele una noche mientras cenábamos con mamá, había quedado más bien de fondo, pero en un momento aparece un... aparece este zombie enorme y super obeso, todo podrido, que se le abre la barriga y empiezan a caérsele todas las tripas rancias. Ugh, te juro por Jesusito que casi vomito, fue lo más asqueroso que vi en mucho, mucho, mucho tiempo. Encima todos los soniditos, ¿sabes? Un horror.

    Que Al se alejara de lo mainstream se emparejaba, en mi humilde opinión, a su categorización tan cruel de las comedias huecas. Ni modo, me había colado por un estiradito, todo esto era mi culpa. Preguntó por Alice in Borderland y murmuré un sonido afirmativo.

    —Eso, sí. El final de la segunda era perfecto, realmente no había necesidad de estirar el chicle. Pero ya sabes, estos capitalistas y su dinero.

    Luego me sometió a la casi imposible misión de adivinar adónde íbamos y su risa, sumada a su respuesta, me enfurruñó un poco. ¿Cómo pretendía que le atinara? ¡Ni que fuera Nostradamus!

    —¿Ves que me salgan aquí seis brazos extra? ¡No soy el pulpo Paul, Altan! —Solté una risa al instante—. ¿Te acuerdas del pulpo Paul? Bueno, no, que estábamos muy pequeñitos. Yo en realidad absorbí la cultura por papá y los demás que, como buenos hombres argentinos, podían olvidar el cumpleaños de sus esposas ¿pero los mundiales de fútbol?

    Lo miré.

    —Mejor dime cuánto falta, que conozco bastante bien la zona. Además, ¡siento que llevamos caminando una eternidad! ¿Falta mucho? Derpy dice que ya quiere salir de la bolsa. Que se está asfixiando. ¿Deberíamos correr? Mira si nos denuncian por maltrato animal. ¡Y de un animal exótico, encima! Yo digo que corramos.


    Y en ese preciso instante, me solté de la mano de Altan y piqué hasta la esquina.
     
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    Por supuesto que me puso a definir comedia hueca, pero yo me lo había buscado, ¿o no? Negué con la cabeza, resignado, antes de escuchar su propia respuesta. Puestos en ello, sí que me costaba un poco imaginar a Anna sentada mirando algo con gore, si la niña era todo colores y demás, incluso con su carácter. Yo tampoco era muy fan en realidad, podía verlo, pero justo ejemplos como ese de The Walking Dead, bueno, ¿quién quisiera ver tripas podridas cayendo? Arrugué la cara, un poco asqueado.

    —Mete ahí el gore también, no me gusta mucho y los zombies en particular tampoco, demasiada pudrición junta, creo. Y las comedias huecas... Imagina cualquier peli de Adam Sandler, supongo, es lo primero que se me ocurre —sumé a lo que ella había hablado, aprovechando para aclarar lo de las comedias—. Tampoco me gustaba mucho esta serie, The Big Bang Theory, incluso cuando tiene todo el asunto de los frikis y tal.

    Luego me confirmó que Alice in Borderland habría podido cerrar con su segunda temporada y pensé que era una estupidez cuando arruinaban así las cosas, buscando más dinero o la mierda que fuera. Habían producciones que incluso dejaban finales abiertos, luego los idiotas que reabrían algo ya concluido, pero bueno, ¿quién era yo para juzgar a la gente que sí sabía, supuestamente, de crear cintas?

    —¿Muerte al capitalismo entonces? —bromeé.

    A la pobre la seguí molestando con que intentara adivinar a dónde íbamos y cuando mencionó al pulpo se me salió una carcajada directo del pecho. El fútbol me daba increíblemente igual, pero lo del pulpo había sido tan descabellado que no darse cuenta era imposible, encima había sido para predecir los resultados de Alemania. Estábamos pequeños, sí, pero no tan pequeños.

    Das Krakenorakel, el abuelo se lo pasó bomba cuando el pulpo —apañé en alemán, todavía riéndome cosa que se estiró por lo de los argentinos olvidando el cumpleaños de sus esposas, pero no los mundiales—. En una cosa tienes razón, no eres oráculo.

    Su defensa fue que mejor le dijera cuánto faltaba, que sentía que llevábamos caminando una eternidad y que Derpy se estaba asfixiando, lo que nos llevó sin escalas al maltrato de un animal exótico. Cuando quise acordar, había echado a correr y la verdad era que nos faltaba bien poco, apenas esa calle porque el local estaba justo en la esquina y acabaría pasándose a este paso.

    —¿No que no íbamos a sudarnos? ¡Anna! —No fue una queja como tal y no me quedó más remedio que correr detrás suyo, ni me paré a pensar en el cuadro que estábamos haciendo—. ¡Vas a marear a Derpy, te lo digo! ¡Está al final de la calle, no te pases!

    A ver, había que recordar que yo tenía las piernas más largas, ¿no? Alcanzarla no costó tanto.

    —En esta esquina —le dije con la respiración algo atropellada—. Mira el letrero de allí y por las ventanas.

    Señalé le cartel primero, que ponía el nombre de lugar junto a la imagen de un gato con manchas, luego hacia los ventanales que daban a la calle. Dentro habían algunas personas que sentadas, bebiendo algo o comiendo, y aquí y allá se notaba la presencia de gatos de diferentes tamaños. Algunos estaban con las personas, otros simplemente tomaban el sol que ingresaba por el vidrio, otros dormían bajo los muebles o en los rascadores. Los más pequeños jugaban entre sí.


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    —¡Hay una peli linda de zombies igual! —exclamé frente al recuerdo repentino, y me reí—. Bueno, "linda". Es como una comedia romántica de una humana y un zombie que se enamoran durante el apocalipsis, así como oyes. Obviamente es el zombie más aesthetic que encontrarás nunca y toda la peli era un enorme sinsentido, pero no recuerdo haberla padecido. Al menos no tenía gore. —Arrugué la nariz al oírlo quejarse de Adam Sandler y solté un suspiro exageradamente dramático—. Comedias huecas, dice el señor, ¡eso es porque te falta cultura!

    Yo tampoco había visto muchas romcom estadounidenses, igual, pero por mantener la fachada de indignación no lo dije. Le hablé de Alice in Borderland y me reí con su respuesta.

    —¡Muerte al capitalismo! —exclamé entre las carcajadas, alzando los brazos (y su brazo, y la bolsa).

    No esperé oírlo reírse con tanto énfasis con la anécdota del buen Paul, pero lo hice y una sensación cálida, alegre, se me revolvió en el pecho; me gustaba mucho escucharlo reírse. Después me habló en alemán de repente y mi corazón latió más deprisa, ya de por sí débil con el ataque anterior. No podía echarse unas carcajadas y encima hablarme de esa manera inmediatamente después, ¡tenía que ser ilegal! Modulé mis reacciones, obvio, si yo era una dama, y bastó que me dijera que no era oráculo para girar el rostro y perforarlo con la mirada.

    —Altan Sonnen, ¿estás insinuando que no poseo el famoso sexto sentido brujeril de las mujeres?

    Eché a correr, y escucharlo decir desde atrás que Derpy se marearía me arrancó una carcajada directa del pecho. Me detuve en la esquina y giré sobre mis talones, hacia él, abriendo los brazos y luego cerrándolos. ¿Al final de la calle? Ladeé la cabeza, confundida, y luego empecé a mirar alrededor. Me hizo gracia que se oyera agitado siendo que yo me sentía en perfecto estado, ¡tenía que hacer más ejercicio!

    Al atender a su indicación, me encontré de lleno con el cartel de un café de gatitos. ¡Un café de gatitos! Di un respingo, mi sonrisa se amplió de oreja a oreja y me apresuré hasta uno de los ventanales, desde el cual empecé a identificar gatos, gatos y más gatos. Se me escapó una risa de pura emoción.

    —¿Venimos aquí? ¿En serio venimos aquí? —Busqué mirar a Altan, irguiéndome, y empecé a dar saltitos sobre mis talones regresando la vista al local—. ¡Mira ese! ¡Está panza arriba!
     
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    No pude hacer otra cosa que arrugar las facciones al escuchar la trama de la película "linda" de zombies, porque en sí la premisa de los zombies debería haber imposibilitado a casi cualquier alma (no kink shaming tho) de hacer algo del rollo, pero suponía que si se sacaba el gore de la ecuación no había que censurar la gran cosa para montarse un romance. Ni idea, los que hacían romances se los sacaban de la manga, era casi un acto de magia. Igual no sonaba como la clase de cosa en la que yo invertiría mi tiempo y eso que papá se ponía casi cualquier cosa en la tele.

    Luego me tocó hacerme el ofendido cuando me llamó falto de cultura y solté un "¿Yo?" bastante incrédulo. ¡Podía ser cualquier cosa menos un falto de cultura! ¿Dónde quedaban mis valores de niño rico si era así? De todas formas no me defendí, qué va, si por otro lado cumplía el estereotipo de punketo único que ella misma me había arrojado en la cara, así que ni modo.

    Lo que me hizo reír fue la efusividad con la que proclamó muerte el capitalismo, ya que acabamos arrastrados yo y el pobre Derpy en su bolsa, que ya debía estar más licuado que un milkshake. Después nos metimos con el asunto del profetismo y el pulpo, ante lo que de pronto la tenía acusándome de insinuar que no poseía sexto sentido femenino.

    —¡Nunca dije eso! —Me defendí—. Estábamos hablando de un pulpo que predecía los partidos de Alemania, ¿qué tenía que ver el sexto sentido femenino? Nunca me metería con ese poder, con el miedo que da.

    Con la carrera agradecí que me hiciera caso cuando le advertí que no se pasara, que el lugar estaba cerca. Se puso a mirar siguiendo mi indicación y en cuanto reparó en el letrero su sonrisa se amplió y a mí me quiso dar un microinfarto de amor. Lo disimulé aprovechando que ella ya estaba ocupada en el ventanal y me acerqué desde su espalda, su emoción fue similar a la de una niña pequeña y sonreí sin darme cuenta.

    —Venimos aquí —confirmé aguantándome la risa al verla saltar de la emoción y todo, solo dejé de mirarla para ver al gato que me mostraba—. Se ve como que está viviendo su mejor vida... Ah, mira allá, debajo de una silla, el pequeñito está jugando con su propia cola.

    El cuadro me sacó una risa baja y poco después le di un toquecito a Anna en la cintura, invitándola a acercarnos a la puerta. Noté que era una suerte de puerta doble y supuse que era así para evitar el escape de alguno de los animales, así que abrí la primera, dejé que ella pasara y que la puerta se cerrara detrás de nosotros. Abrí la segunda después que fue cuando nos recibió el ruido del interior, se escuchaba el rumor de los enfriadores y las máquinas, casi por completo cubierto por un instrumental apenas al volumen suficiente para ello sin que compitiera con las voces de las personas dentro del café.

    —Según lo que leí —empecé desde mi posición apenas un poco detrás de Anna—. Hasta hace poco era un refugio, pero se remodeló y se convirtió en esto. El dinero se utiliza para mantener a los gatos, rehabilitarlos y demás. La mayoría están en adopción.

    —¡Bienvenidos a Nekomata! —dijo de repente un muchacho que hacía malabares para caminar pasando a un gato que dormía en el suelo sin tirar las cosas que traía en una bandeja para una pareja que estaba en una de las mesas. El chico era más bajo que yo y tenía el pelo teñido de morado y rosa, era de facciones algo hoscas, pero habló con buen timbre y ánimo—. Pueden tomar asiento donde gusten, si no está ocupado por un gato, claro. En breves estoy con ustedes.

    Miré a Anna, le dediqué una sonrisa y estiré el brazo.

    —Tú eliges dónde, An.


    Annita puede hacer lo que guste antes de elegir asiento ofcourse, incluso hacer un mini tour por el espacio uwu

    Te dejo la opción de tirar 1d20 para lo siguiente si te apetece:
    1-5: Se asusta un gato que estaba descansando cerca de la entrada y eso pone nerviosos a varios más, que se esconden.
    6-10: No se asusta ninguno, pero tampoco se acercan a ellos.
    11-15: Se acerca a Anna un gato adulto y si ella quiere interactuar más con él, se deja acariciar.
    16-20: Se acercan dos gatitos pequeños, si ella interactúa se dejarían acariciar o cargar. Si los deja a su bola, intentarían estirarse para husmear en la bolsa donde trae a Derpy.
     
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