Explícito de Naruto - Naruto: El resurgir del samurái

Tema en 'Fanfics de Naruto' iniciado por Fersaw, 13 Agosto 2018.

  1.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
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    192
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
    3379
    Capítulo 18: Secretos y deseos

    (Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)

    17 de febrero. Aldea de la arena

    La noche anterior fue muy agitada para los ninjas y los habitantes de la aldea de la arena. El simple hecho de escuchar las explosiones provocadas durante el escape del samurái les hizo recordar el brutal ataque efectuado por los akatsukis días antes. Para suerte de la población, y la mayoría de los ninjas, esta vez no hubo un gran alboroto ni víctimas.

    En la cima de la, otra vez, dañada muralla están el kazekage y la hokage, entre otros ninjas. Esperan el resultado de la búsqueda del fugitivo samurái.

    –Mis ninjas dijeron que el sujeto luchó como un animal acorralado –comentó la rubia de forma seria y de brazos cruzados–. Sin embargo, parecía no intentar matarlos.

    –Los samurái son personas misteriosas para nosotros, su forma de actuar puede no revelar sus verdaderas intenciones –agregó el pelirrojo de forma seria–. Lo que importa, ahora, es capturarlo, con el poco tiempo que pasó aquí pudo obtener información suficiente, como la ubicación de esta aldea.

    –Desearía saber más acerca de ellos. Neji me informó que el sujeto no poseía una cantidad de chakra considerable, tiene menos que un niño en entrenamiento. Aun así, era capaz de usar técnicas con elementos. Es desconcertante –comentó Tsunade con el ceño fruncido.

    –Cuando lo capturemos averiguaremos todo lo que podamos sobre él, aunque tengamos que hacerlo a la fuerza. –sentenció el kazekage.

    La rubia lo miró, y este a ella, de forma que ambos asintieron. Sin dudas esta alianza entre la aldea de la arena y de la hoja tiene un gran potencial y bases sólidas.

    Un par de horas después dos escuadrones de ninjas de la arena regresaron sin resultados acerca del paradero del fugitivo, lo más preocupante es que habían enviado tres, uno aun no regresaba. Bueno, ya no regresaría.

    Durante toda la noche Jubei corrió sin cesar por el desierto. Logró llegar a una zona boscosa donde pensó que estaría a salvo, no obstante, durante las primeras horas de la mañana un grupo de cuatro ninjas lo rodearon y buscaron a capturarlo. Como Tsunade mencionó, Jubei luchó cual animal acorralado y desesperado.

    El lugar es un pequeño campo de batalla, dos ninjas fueron decapitados, otro está clavado en un árbol por una lanza de hielo, y el último, atravesado por la fiera nodachi de Jubei. En el centro del lugar el samurái está tirado en el suelo solo mirando al cielo, su respiración es mu y agitada, jadea más que agotado.

    –Maldición, maldición –espetaba molesto y muy adolorido, durante esta batalla recibió varios golpes y heridas leves –. Estos maldito ninjas no dejan de joder. Ya me he quedado sin energía, si llegan a aparecer mas no podré hacer nada. ¡Necesito comida, necesito agua! –exclamó con un gran sentimiento de frustración.

    Desde su lucha con Sasori, donde consumió la mayor parte de su Chi, el pobre samurái no ha consumido nada, esto repercute directamente en su regeneración de Chi, la cual, ante la carencia de alimentos es casi nula.

    –Asami, Ryo… carajo, muchachos, creo que les fallé, lo siento –recordaba a sus apreciados alumnos, y lo lejos que estos estaban, así como la base de los samurái.

    El dolor de su brazo herido causaba un incesante sufrimiento, su fuerza flaquea y no puede siquiera levantar su espada. Y sus piernas ya no le responden. Solo mira al cielo mientras su mirada comienza a nublarse. La carencia de chi, así como de chakra para los ninjas, conlleva a la inconciencia. Antes de desmayarse logró distinguir la silueta de una persona acercase, aunque no logró identificarlo y cerró los ojos.

    De regreso en la aldea de la arena. Los ninjas de la hoja se preparaban para regresar a su hogar, los jóvenes estaban en sus habitaciones preparando sus cosas para partir. Durante un largo rato Naruto no dijo nada, cosa que le sorprendía a Sakura.

    –Oye, Naruto ¿estás bien? –preguntó su compañera, curiosa por esa actitud del rubio.

    –Sí, lo estoy –dijo sin mirarla y de forma seria.

    –Sí, claro. No me engañas –rio y se acercó a él–. Vamos, dime que ocurre.

    –No es nada, de veras –suspiró desviando la mirada.

    –Naruto –arqueo la ceja insistiendo.

    –Vale, ya. A ti no puedo engañarte –sonrió agachando la mirada–. Es que con lo que pasó anoche me queda claro que no soy tan fuerte como esperaba.

    –¿De qué hablas? –cuestionó desconcertada.

    –Ese sujeto, ese samurái, logró vencernos a los dos, estuvo cerca de herirnos con facilidad –se notaba cierta frustración en la voz del rubio.

    –No es tu culpa, desconocíamos el poder de nuestro rival y…

    –Si algo hubiera pasado hubiera sido mi culpa, fue mi decisión enfrentarlo cuando debíamos avisar –apretó los puños–. No soy suficientemente fuerte, mi poder no es suficiente.

    –Naruto, deja de pensar en eso –reprendió la pelirosa–. No te obsesiones con el poder de esa forma, sabes lo que ocurre cuando eso pasa…

    –Lo sé –interrumpió de forma tajante. Dándole la espalda–. Sasuke se obsesionó con ser más poderoso y ahora está en manos de un maldito loco, pero es diferente, Sakura. Yo tengo la opción de ser más fuerte si lo deseo –llevó su mano a su abdomen, donde está el sello del zorro–. Solo pensar en usar esto me da asco y vergüenza. Si seré poderoso será por mis propios méritos, por mi entrenamiento, no por un maldito demonio sellado contra mi voluntad.

    –Naruto –llamó ella sorprendida y compadecida. Siempre sintió cierta pena por el rubio que fue obligado a portar ese demonio dentro. Aunque pocos saben el verdadero motivo de eso.

    –Tengo que entrenar más, tengo que ser más fuerte, no solo para regresar a Sasuke a la aldea, no solo para vencer a Orochimaru, ahora están los akatsukis y esos samuráis –miró sobre su hombro para ver a su amiga –. Tengo que ser más fuerte para proteger a mis seres queridos, para… para protegerte –esto lo dijo con un tono muy bajo, se forma que solo el mismo lo escuchó.

    –Oye, Naruto. Cuando regresemos deberíamos entrenar juntos y pedir a Kakashi que aceptemos misiones de mayor rango, eso nos ayudará a mejorar nuestra fuerza –sugirió ella.

    –Sí, es verdad –sonrió dejando de lado sus pensamientos.

    –Naruto, Sakura, ya es hora de irnos –llamó Rock lee pasando por el pasillo de esa habitación.

    Los jóvenes asintieron y siguieron a sus compañeros. Todos los ninjas de la hoja, incluida la hokage, se reunieron en la entrada para ser despedidos por el kazekage, quien era acompañado por sus hermanos, para este momento Temari ya podía caminar, aunque volver a su vida ninja tardaría un poco más.

    –Mantendremos un contacto muy riguroso para que nuestros planes se lleven a cabo de forma correcta –dijo el kazekage estrechando la mano de la rubia.

    –Estaremos a la espera de los primeros informes. Les deseamos buena suerte para su recuperación –dijo ella de forma respetuosa.

    Después de unas largas despedidas por parte de todos los allí presentes, los ninjas de Konoha emprendieron el largo regreso a su hogar. La aldea de la arena había sido golpeada con fuerza por los akatsukis, pero son gente fuerte y aguerrida en poco tiempo se habrán recuperado y estarán listos para recibir a eso ninjas si deciden regresar.

    Las horas pasaron y llegó el medio día. Nos encontramos una vez más con Jubei, quien lentamente abre sus cansados ojos, vislumbrando el lugar en el que se encuentra ahora, es una especie de cueva, algo pequeña pues se ve la enorme entrada. Se incorpora, a pesar de haber descansado su cuerpo se siente débil aunado al hambre, sed y dolor. Su olfato fue bombardeado por un suculento aroma a sopa de verduras. Volvió la mirada en dirección a ese aroma, al ver quien estaba allí Jubei se sorprendió como nunca.

    –Veo que ya despertaste, Yagyu –dijo aquel hombre. Sus largos cabellos oscuros, una barba también larga, una aclara edad madura y ese par de oscuros ojos que miraban a Jubei junto con una sonrisa amable–. La sopa está lista, debes tener hambre, ¿no?

    –Por la diosa madre, esto tiene que ser un sueño –miraba incrédulo a ese hombre–. Hideo Fujigawara, ¿eres tú?

    –Pues sí, soy yo –sonrió mientras tomaba un par de cuencos y serbia la sopa que cocinó en un pequeño caldero sobre una fogata –. No esperaba toparme con un compañero samurái tan lejos de la base.

    –¿Compañero? –cuestionó él. Tenía cierta desconfianza sobre ese sujeto, tanto por lo que conocía de él en el pasado, así como la noticia que había traicionado a los samurái proclamándose ronin–. Tú no eres un samurái.

    Aquí comienzan las disparidades con el Hideo que él recordaba. Cualquier samurái, sin importar su nivel, se ofendería ante tal injuria.

    –Bueno, puede que tengas razón –dijo Hideo, riendo ante esa “ofensa”–. Un ronin no es un samurái.

    –…Supongo –arqueo la ceja Jubei–. ¿Tú me salvaste? ¿Porque?

    –Porque ya habían muerto cuatro personas en ese lugar, si dejaba que murieras, es como si yo hubiera matado a una quinta. Además, la comida siempre sabe mejor cuando se comparte con alguien la necesita –respondió mientras le ofrecía el cuenco.

    –Eso suena estúpido –rio sarcástico mientras tomaba el tazón y observaba lo que le dio. El hambre le decía que devorara eso al instante, pero una desconfianza lo hacía analizarlo antes.

    –Las cosas son tachadas de estúpidas, cuando no las entienden –respondió Hideo, sin ofenderse ante las palabras de Jubei–. Aunque también te salvé porque sabía quién eras, un samurái de verdad, un honorable miembro del clan Yagyu. No puedo dejar que buenos y honorables samuráis mueran así… este mundo necesita gente como ustedes. Samuráis que sigan el verdadero camino.

    –No me hagas reír, Fujigawara. ¿Acaso tú no te consideras un samurái honorable?

    –No, no lo soy –su voz amble y sonrisa desapareció al instante mientras miraba al suelo–. Yo no soy un samurái honorable, tampoco soy una buena persona. Lo que menos deseo es que exista gente como yo, que arruinen la belleza y la paz del mundo. ¿Olvidaste quién era, las cosas que hice?

    –No, no he olvidado al legendario Demonio Sombra, aquel a quien todos respetaban y admiraban…

    –No confundas el respeto y la admiración con miedo y terror, el demonio sombra era eso, una persona que solo infundía miedo, no era digno de llamarse samurái cuando abandonó el verdadero sendero de un samurái.

    –Entonces, ¿quién es el hombre que tengo ante mí ahora? –cuestionó de forma seria, mirándolo a los ojos confundido ante las cosas que él decía.

    –A un hombre que solo desea vivir en paz lo que resta de su vida, un hombre cansado de la violencia y que odia lo que hizo casi toda su vida –sonrió de forma apacible y sincera–. Un ronin si así desean llamarme, aunque realmente soy un hombre libre.

    –¿Por eso sellaste tu espada? –señaló la espada de Hideo. Además, lo que escuchaba era tan extraño y sorprendente, era como si el Hideo que recordaba y el que veía fueran dos personas diferentes.

    –Sí, la sellé. Lo hice porque deseo no tener que usarla nunca más –la tomó mostrando el sello que impide sacarla de la funda–. Pero tampoco puedo abandonarla, después de todo en ella está mi mejor amigo, y le prometí que nunca lo dejaría. Cuando alcance la paz que deseo lo liberaré.

    No hubo mayor charla de momento, ambos se dedicaron a degustar la sopa hecha por el ronin. Sin dudas, a pesar de lo rustica que podía ser su preparación, era un manjar que pocas veces Jubei había probado, terminó por comer hasta tres tazones.

    –Mientras estabas inconsciente murmurabas dos nombre, Ryo y Asami, ¿puedo saber quiénes son? –preguntó Hideo mientras terminando de comer.

    –Son mis alumnos, ellos… ellos deben haber regresado a la base, nos separamos cuando pelee con un ninja poderoso. Supongo que me preocupo por ellos y por eso murmuraba sus nombres –explicó él.

    –Ya veo. Siempre los grandes samurái crean vínculos especiales con sus alumnos, lo sé.

    –Ellos son mis primeros alumnos, los conocí hace seis años. Cuando lo vi por primera vez se veían tan unidos que llegué a pensar que eran hermanos –rio al recordar a ese par cuando eran niños–. No han cambiado casi nada.

    –Los aprecias mucho ¿verdad? –sonrió Hideo guardando sus cosas.

    –No tienes idea. Siempre han sabido como hacerme sentir orgulloso de ellos, son buenos muchachos, atentos y obedientes. Todo lo contrario a lo que yo fui a su edad –su mirada se perdió en las ascuas que aún quedaban de la fogata.

    –Es muy curiosa esa relación que llegamos a forjar con nuestros maestros –agregó Hideo–. Dicen que, al final, terminamos siendo tan cercanos como una familia. Cuídalos bien, enséñales el verdadero camino del samurái, que sean como tú, o mejores –con esto, guardó sus cosas en una cesta que luego se colocó en la espalda y se dispuso a irse.

    –¿Qué planes tienes Hideo, a donde iras, que harás? –preguntó mirándolo con curiosidad, dejando de lado la desconfianza.

    –Voy viajas, iré de aquí a haya, a donde los caminos y el viento me lleven, voy a disfrutar de la belleza del mundo y toda la paz que pueda conseguir. Quiero alejarme de la maldad que los samurái planean verter sobre este mundo –su mirada se volvió seria y se perdió en el horizonte –. Jubei, aléjate y aleja a tus alumnos de esos hombres, los daimyo y el shogun, ellos son seres crueles y sin alma. No permitas que te corrompan ni a ti ni a tus alumnos.

    –No me pidas que traicione, Hideo, yo soy leal hasta la muerte…

    –No te pido que traiciones, Yagyu, te pido que no te dejes influenciar por ellos, duda de todo lo que te digan, y cuestiona las ordenes que te no agraden. Solo quieren acabar con la paz, y acabar con aquellos que están en su contra. Te pido, que abras tu mente –le miró con tal seriedad que no había cabida a mentiras en sus palabras –. Nunca olvides el Sengoku y todas las mentiras que allí nos dijeron, esos hombres no velan por el interese de los samurái, ellos no tienen derecho a llamarse samurái, solo velan por su interés y ambición. Nos vemos y suerte.

    Ante esas raras palabras el samurái tuerto solo dejó al ronin irse, perdiéndose entre los arboles a los pocos minutos. Ahora Jubei estaba confundió, todo lo que pasaba, todo lo que recordaba, y sobre todo, lo poco que se les informó acerca de este mundo y los ninjas. Pero ya no había tiempo para seguir meditando eso, después de todo, aún tiene un largo camino por delante para poder regresar a la base. Quizás no estaba al cien por ciento, pero estaba algo recuperado, lo suficiente para apresurar su paso y poder defenderse de ser necesario.

    Las horas pasaron desde aquel extraño encuentro entre el samurái fugitivo y el misterioso ronin. Regresamos pues hasta la aldea de la arena. A esas horas de la noche ya casi todos estaban descansando en sus hogares, salvo en el edificio principal del kazekage. El pelirrojo Gaara se había tenido que desvelar con su trabajo, una gran cantidad de papeleo, para su suerte a estas horas estaba terminando esa tediosa labor.

    –Gaara –llamó su hermana, quien lo había asistido durante su trabajo–. Por hoy es suficiente. Me voy a dormir, ¿sí? –informó mientras se levantaba y se estiraba bostezando.

    –Adelante, y gracias –dijo él de forma tranquila mientras cerraba sus pergaminos.

    –Oye, tú también debes descansar, has trabajado todo el día. Ya habrá tiempo para lo que resta del trabajo –sugirió ella, algo preocupada por la dedicación, exagerada, que su hermano tenía.

    –Tranquila, por hoy ya terminé. Voy a guardar mis cosas y luego me iré a acostar –respondió para no preocuparla. La rubia asintió y se dispuso a irse–. Temari. Me alegra mucho que estés a salvo, hermana –Gaara decía la verdad, aunque su rostro sea inexpresivo.

    –Lo sé. Mañana necesito que hablemos con Kankuro, él se culpa por lo que pasó y comienza a pensar cosas preocupantes, se está obsesionado con Sasori –explicó ella, para luego salir de la oficina de su hermano.

    El pelirrojo dio por terminado su trabajo y se tomó un momento para relajarse. Suspirando cansado y recostándose sobre su silla para cerrar los ojos un momento. O eso parecía, Gaara más bien estaba concentrándose para algo diferente.

    Cuando abrió los ojos estaba en una habitación oscura en la que no se veía absolutamente nada. Salvo a él de pie y con los brazos cruzados.

    Ichibi, ya estoy aquí –llamó Gaara de forma seria, esperando la respuesta.

    –Gaara –se escuchó una gran e inhumana voz entre la penumbra. Un par de rejas gigantes aparecieron y detrás de estas el poderoso Ichibi, el una cola, la bestia sellada dentro de Gaara–. Podemos hablar después de todo lo ocurrido, que bien.

    –Cumplí con la misión que me diste –Gaara, notándose una actitud relajada ante el una cola.

    –¿A sí? Qué bien –respondió con una voz burlona y una leve risa el Ichibi. Al tiempo que acercaba su cara a las rejas y agitaba su cola de un lado a otro, mostrando satisfacción–. Esa mujer rubia parece haber creído todo lo que le dijiste, ¿verdad?

    –Hasta la última palabra. La hokage está convencida que podrá controlar a todos los jinchurikis, y por ende a los bijus, no sospecha nada de nuestro verdadero plan.

    –Que bien, que bien, Gaara –rio el Ichibi agitando más su cola y mostrando una gran sonrisa perversa–. Cuando todos los jinchurikis estén juntos, destrozaré sus cuerpos humanos para liberar a mis hermanos de esos asquerosos sellos, así, los nueve volveremos a ser uno mismo. Entonces tú podrás absorbernos y convertirte en el jinchuriki del Jubi –acercó su cabeza hasta tocar las rejas y mirar a Gaara a los ojos–. No habrá nadie que pueda vencer al gran Kazekage Gaara, jinchuriki del diez colas.

    –Tú sabes que eso no me importa –su mirada seguía inexpresiva–. Recuerda lo que prometiste qué harías, lo que juntos vamos a hacer cuando te conviertas otra vez en el Jubi.

    –Claro, claro. Lo que te prometí que haría, es obvio que lo voy a cumplir, Gaara –había algo en su forma de hablar, quizás sarcasmo, pero no daba confianza–. Velaré por la paz y ya no habrá guerras en el mundo, y habrá felicidad y todo eso, tranquilo, no lo he olvidado.

    –Eso no… bueno, sí. Pero me refiero a lo otro –frunció el ceño fulminándolo con la mirada.

    –Cierto, cierto, el pequeño Gaara quiere recuperar a su mamá ¿verdad? –lo dijo de forma burlona–. No lo he olvidado, como te dije, el Jubi tiene el poder de revivir a los humanos, y cuando lo reconstituyamos reviviré a tu hermosa madre. Es una promesa

    Gaara lo miró de forma seria, sin embargo, el pelirrojo estaba plenamente convencido que podría revivir a su madre si ayudaba al Ichibi a reconstituir al Jubi, aunado a otras condiciones. Pero la verdadera pregunta es: ¿El Ichibi dice la verdad y planea cumplir sus promesas?

    –Tenemos que apresuramos, recuerda que los akatsukis también están en busca de mis hermanos. No sé qué desean de nosotros, quizás sellarnos, quizás doblegarnos o destruirnos, no lo sé. Pero no debemos dejar que atrapen a ningún Jinchuriki–. Dijo el Ichibi,

    –No, no lo haremos. Ya he enviado ninjas para que comiencen a buscarlos, estoy seguro que los hallaremos antes, luego dejamos que los de la hoja los convenzan para unirse a este “proyecto” y los capturamos nosotros para liberar a los bijus –explicó Gaara.

    –Así se habla. Bueno, es hora que regreses y descanses, tenemos mucho trabajo que hacer, Kazekage –ordenó el Ichibi desapareciendo.

    Gaara abrió los ojos estando en su oficina. Lo primero que hizo fue mirar la única fotografía que tiene de su amada madre. Eso era lo que él deseaba, volver a verla, escuchar su voz una vez más, y para ello, haría lo que fuera necesario.

    –Solo es cuestión de tiempo para que puedas volver a este mundo –se dijo a sí mismo mientras miraba la foto.

    (Ending: Dont say goodbye - Skillet)
     
  2.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

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    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
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    Capítulo 19: Sentencia de muerte

    (Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)

    22 de febrero

    Cinco días han pasado después de lo ocurrido en la aldea de la arena. Durante este tiempo los ninjas de la hoja regresarían a su aldea y los de la arena se encargaron de reparar y mejorar sus defensas. En las sombras las dos facciones, samuráis y akatsukis, planean sus siguientes movimientos.

    Sabemos perfectamente que los akatsuki y los samurái buscan con mismo anhelo a los jinchuriki. No obstante, los primeros han decidido postergar la captura del Ichibi, mientras que los invasores no tienen idea alguna de dónde encontrar a su primera presa. No obstante, debemos recordar que tienen en su poder a Deidara, quien ha sido sometido a las peores torturar en busca de la información que le interesa a la Gran Alianza.

    El día anterior el campeón Jubei logró regresar sano y salvo, esto por ayuda del ronin. A penas llegar fue recibido efusivamente por sus dos apreciados alumnos, los jóvenes Asami y Ryo, así como otros colegas que se preocupaban por él. Pero ahora Jubei no está en un lugar precisamente ameno. A primeras horas de este día fue llamado ante los daimyo y el shogun, quienes mostraban gran interés en su travesía, así como sus experiencias vividas.

    Nos encontramos pues en la torre del shogun, sede y centro de mando de la gran alianza. En el salón principal, los seis daimyo, juntos con el shogun, así como algunos campeones, escuchan atentamente la historia que Jubei les cuenta.

    –El sujeto siguió luchando con fiereza. Estando yo envenenado no duraría mucho más, así que decidí tomar una drástica solución. Consumí en un ataque la mayoría de mi Chi, esperando lograr vencerlo –relataba el samurái arrodillado frente a los siete líderes y sus respectivos campeones. Exceptuando únicamente a Nobunaga, quien había salido en una misión junto a otros herederos.

    –Cualquiera diría que fue una estupidez –comentó Yuu, la líder del clan Mori, sonriendo de lado.

    –Puede parecerlo, pero, ante una inminente derrota por parte de un veneno, quizás fue la solución correcta –agregó Takehiko, líder de los Shimazu.

    –Logré vencerlo, mi técnica destrozó a todas las marionetas y a él mismo. Creí que podría haber huido, pero el veneno me doblegó y terminé perdiendo el conocimiento. Fui capturado por ninjas que me llevaron a una especie de ciudad a la mitad del desierto.

    –¿Ninjas? ¿Y que puede decirnos de ellos? –alegó el shogun con interés.

    –Me temo que no mucho, tan pronto como pude escapé del lugar, no sin antes enfrentarme a unos cuantos de ellos, aunque debo decir que eran muy jóvenes, quizás eran novatos ninjas, aun con mi chi disminuido y lesionado pude hacerles frente y escapar. Pero estaba demasiado endeble ya –en este punto Jubei guardó silencio, pues no estaba seguro de lo que diría a continuación. Agachó la mirada.

    –¿Y luego qué? –cuestionó Masamune, líder de los Date y amo de Jubei–. ¿Cómo es que estando tan débil lograste llegar hasta aquí?

    El samurái estaba confundido ¿Debía o no debía hablar acerca de Hideo? Él lo salvó y es más que obvio que los daimyo lo quieren muerto. Las palabras que el ronin le dedicó antes de irse no podían dejar su cabeza, la advertencia acerca de los daimyo lo confundía.

    –Habla –ordenó con seriedad el Shogun ante ese silencio.

    –Yo… fui ayudado por alguien más… cuando me desvanecí un hombre me ayudó y me alimentó –no levantaba la mirada, trataba de decidirse.

    –¿Quién? –exigió Kamagure, líder de los Takeda.

    Pero el samurái no respondió.

    –¡Mitsuyoshi! –exclamó Masamune levantándose molesto ante el silencio de su sirviente.

    Pocas personas conocían el verdadero nombre de Jubei, uno que él no gustaba que usaran para referirse a él, sin embargo, cuando su amo lo usaba era porque estaba molesto.

    –Un verdadero samurái es leal a su amo. Y soy un verdadero samurái, Hideo –musitó Jubei a sí mismo–. Fui ayudado por el Demonio Sombra

    Al escuchar la mención de ese hombre todos suspiraron sorprendidos, las miradas de los campeones allí presentes se posaron sobre Jubei con interés y molestia a la vez. Shinzo se levantó indignado mirando con molestia al campeón.

    –¿Él te salvó? –cuestionó molesto–. ¿Por qué no lo mataste?

    –No diga tonterías, Lord Tokugawa –dijo el Shogun mirando interés a Jubei–. Seamos sinceros, Jubei no sería capaz de vencerlo aun con toda su energía y descansado. Enfrentar al demonio sombra agotado y hambriento es lo mismo que un suicidio. Lo que me sorprende es que un monstruo como lo es el traidor Fujigawara, haya ayudado a alguien.

    –Él nunca intentó atacarme… ya no es ese monstruo –dijo Jubei para sí mismo sin que lo oyeran.

    –Sea como sea, creo que ya hemos aplazado mucho el castigo del traidor Fujigawara –sentenció con una seria mirada Takehiko–. Es hora de acabar con él, un samurái con todos sus conocimientos es un riesgo si es atrapado por los ninjas…

    –¿Crees que existe ninjas con el poder de vencer al Demonio Sombra? –cuestionó con mucha escéptica Yuu.

    –Tal vez no, pero es posible que ese traidor de una a ellos por voluntad propia, revelando secretos y tácticas para ayudarlos a pelear contra nosotros –agregó Kamagure.

    Entonces todos miraron al Shogun, pues, al final de todo, es él quien tiene la última voluntad y ordena que se debe hacer.

    –Concuerdo con ustedes, se ha aplazado demasiado la sentencia del Demonio Sombra, después de todo es un traidor, ya con eso es más que suficiente para sentenciarlo a muerte. Aunado tenemos el riesgo que sus conocimientos suponen. Apruebo la sentencia de muerte de Hideo Fujigawara.

    Con esa sentencia, varios campeones y daimyo no pudieron evitar sonreír, pues no es mentira que la gran mayoría lo desean muertos, pero quienes están dispuestos a enfrentarse a uno de los ninjas más temidos y considerado el más cruel y sanguinario. Pues uno de ellos no dudo en caminar hasta estar frente al shogun, se arrodilló y habló.

    –Mi shogun –dijo Kazuki Kisaragi–. Le pido me permita a mí ser parte del grupo que ejecutará esa sentencia de muerte. Será un honor para mí impartir justicia.

    –¿Justicia? –cuestionó Shinzo Tokugawa con una sonrisa–. O es que no has olvidado cuando el demonio sombra te venció y te humilló dejándote vivir con ese gran deshonor.

    –No es mentira que guardo cierto rencor hacia ese sujeto por humillarme en el campo de batalla –dijo con seriedad, sin dejarse llevar por las provocaciones del daimyo Tokugawa–. Pero insisto en que mi deseo para cumplir esta orden es únicamente para impartir la justicia, justicia que dicta la muerte de todo aquel que traicione a los samurái –levantó la mirada para ver a su amo y señor–. Soy uno de los samurái más poderosos, yo solo podría enfrentarme a él y garantizar su deceso.

    –Mi estimado y apreciado Kazuki –sonrió el shogun acercándose a él, ordenándole con un ademan que se pusiera de pie–. Eres el campeón más fuerte sin dudas, un hombre leal y firme seguidor del camino del samurái. Yo podría confiar en ti esta misión sin pensarlo –articulo una sonrisa llena de soberbia.

    –Entonces lo haré, mi señor. Yo voy a…–Kazuki se dio por satisfecho pensando que aceptaría su petición.

    –Pero en esta ocasión, no puedo enviarte a ti. Te necesitaré para misiones de mayor dificultad –dijo tranquilamente dándole la espalda y regresando a su trono.

    –Pero, pero. Shogun, usted dijo que confiaba en mi…

    –Y lo hago, pero habrá misiones más importantes que dar casa a un traidor.

    –Ese traidor es el Demonio Sombra, uno de los samurái más poderosos de todos, debe ser enfrentado por el samurái más fuerte de la Gran Alianza, por mí –insistió tratando de convencerlo.

    –¿Te auto proclamas el más poderosos de todos? Eso es mucha soberbia, Kisaragi –rió Kazuma Ishigawa.

    –Puedo demostrártelo en cualquier momento –respondió con seriedad mirándolo de reojo.

    –Ya he dicho. Tú no serás, Kisaragi, te reservaré para otras misiones. Ya he pensado en un equipo que pueda encargarse de ese traidor –miró a los campeones allí presentes– Ren Fukui, Tomoe Mizushima y Tetsuo Nabanue.

    Al oir sus nombres esos tres samurái, campeones de los clanes, Mori, Oda y Tokugawa respectivamente, se acercaron hasta estar frente al shogun, donde se arrodillaron. Enunciando al mismo tiempo “Mi, shogun”

    –Ustedes tres, campeones reconocidos y temidos, son suficiente para hacer frente al Demonio Sombra –dijo el shogun con una sonrisa–. ¿Están dispuestos a enfrentarse a ese hombre y hacer cumplir la voluntad de la Gran Alianza?

    –¿La voluntad de la Gran Alianza, o la suya? –susurró Jubei así mismo, mirando con seriedad lo que pasaba.

    –Es un honor poder servirle, mi shogun. Acepto la encomienda –dijo Tetsuo.

    –Es una misión complicada, pero estaremos al nivel para ejecutar al traidor Fujigawara –agregó Tomoe.

    –No descansaremos hasta que el traidor esté muerto –finalizó Ren.

    –Perfecto. Quiero que salgan esta misma noche en busca de ese hombre. Jubei, te encargaras de orientarlos y explicarles donde fue la última vez que lo viste. Para esta tarde tendremos información sobre la ubicación de un jinchuriki, Gadi lo ha garantizado. Por ahora es todo, la reunión termina –Ordenó el shogun y con esta orden todos los presentes se pusieron de pie y se retiraron del lugar.

    –Así que eres el samurái más fuerte de todos, ¿no? –cuestionó, a manera de burla, Kazuma al ver a Kazuki pasar frente a él–. ¿En verdad crees que tu podrías vencer al Demonio Sombra solo? Creí que la vez que casi te mata te hizo entender que él está en otro nivel.

    –Cuando digo que puedo hacer algo, es porque puedo –lo miró de reojo de forma seria.

    –Por favor, Kazuki, Kazuki, el benevolente, el diplomático, el héroe –rió acercándose a él–. Ese sujeto no es humano, es un monstruo hecho persona, yo mismo vi las atrocidades que era capaz de hacer. Él asesinó a un dios samurái, le cortó la cabeza y la exhibió a una multitud aterrada.

    –Puedes temblar de miedo si crees que es impresiona –sonrió de lado–. Me venció una vez, lo admito, no tengo por qué avergonzarme al aceptar que alguien era más fuerte que yo.

    –No, no tienes de que avergonzarte, salvo que era una batalla a muerte y él te perdonó la vida, te negó el honor de una muerte digna, eso es vergonzante –rio muy divertido.

    –Sea lo que sea –suspiró para relajarse ante esa molesta risa–. Cuando me encuentre con él, no tendrá la misma suerte que aquel día. Hideo Fujigawara entenderá que yo, soy más fuerte que un dios samurái –con estas palabras no dijo más y se retiró. Kazuma solo le miró son una enorme sonrisa mientras se alejaba.

    Por otro lado, caminando por la calle principal y en la zona más lujosa de la base se encontraban los tres miembros del equipo que daría caza a Hideo.

    –Habrá que planear una estrategia que con la que podamos vencer a ese monstruo –decía el gigante, Tetsuo caminando junto a las hermosas Ren y Tomoe.

    –Saldremos esta misma tarde, hablaré con Jubei para que nos indique el donde fue que se topó con él –agregó Tomoe.

    –Bien, tendremos que ser muy hábiles para vencer a ese sujeto. Fallar no es una opción –finalizó de forma seria Ren.

    –Claro que no es una opción, si fallamos estamos muertos. El Demonio Sombra no perdona –rio con cierto temor Tetsuo.

    Mientras caminaban por allí, un samurái del clan Mori se acercó a Ren. Este le informo que su señora, Yuu Mori, solicitaba su presencia en su residencia. Sin dilación la campeona fue al encuentro con su ama, quien estaba en el salón principal de una de las residencias que le entregaron a los daimyo, que son las más grandes y lujosas.

    –Mi señora –llamó Ren entrando al lugar.

    –Ren, acercarte –dijo Yuu tranquilamente mientras tomaba el té–. ¿Estás lista para tu misión, linda?

    La señora Yuu es una preciosa mujer aun con su edad, viste un bello kimono naranja con blanco, que sienta muy bien a lo voluptuoso de su cuerpo, así como su rojo cabello y sus coquetos ojos.

    –Por supuesto, mi señora –respondió ella al instante con su serio semblante.

    –Me parece perfecto, es una misión muy importante para el shogun. Sin embargo me temo que debo pedirte dos cosas –dejó de lado su taza y miró su campeona–. No quiero que intervengas en el combate contra Hideo –dijo de forma tajante.

    Normalmente Ren es seria y fría, pero esta orden sique la sorprendió.

    –¿Por qué me pide eso, mi señora? –alegó sin poder ocultar su sorpresa.

    –Por qué no deseo que maten a Hideo, al menos no ustedes –Dijo con una mirada seria–. Dejaras que Hideo se encargue de ese par de tontos que te acompañan.

    –Si los enfrentan él los matará –dijo la campeona.

    –No, no lo hará –espetó Yuu. Suspiró y se notó menos seria y más preocupada–. Hideo ya no es el monstruo que alguna vez fue, yo lo sé, por eso sé que no los matará. No sé qué fue lo que le ocurrió a mi amado Hideo, pero ya no es el hombre que alguna vez fue.

    La sorpresa de Ren no podía ser mayor, en verdad no se había equivocado, en verdad su ama había dicho “amado”

    –Cuando se venza a esos campeones tú te acercaras a él y le entregaras esta carta –sacó de sus ropas una pequeña carta sellada y se la entregó a Ren.

    –¿Qué hay aquí? –preguntó la campeona tomándola y mirándola.

    –Mi más grande deseo –sonrió–. Cuando Hideo la lea estoy segura que volverá aceptará reunirse conmigo, y entonces, cuando nos volvamos a ver –una sonrisa perturbadora se dibujó en su rostro–. Le arrancaré el corazón con mis propias manos, como él me destrozó el mío.

    La sonrisa de esa mujer por si sola era suficiente para darnos a entender que deseaba con un gran anhelo asesinar a Hideo personalmente. Incluso Ren se sintió algo intimidada por esa mujer.

    Ahora nos dirigimos a un lugar menos agradable, por mucho, es la zona donde tienen cautivo al rubio akatsuki. Deidara se encuentra, quizás, en la peor situación de su vida.

    Había perdido un brazo, y el que aun tenía estaba encadenado al techo del lugar. Sus pies también estaban apresados, inmóvil y a merced de nadas más y nada menos que el sanguinario Gadi Enoshima, quien se estaba dando gusto clavando lentamente ajugas en el abdomen del akatsuki.

    –¿Te gusta? –sonreía el samurái mientras miraba la expresión de dolor en el rostro del rubio.

    El rubio no podía hacer más que gritar con desespero y agonía, gritos que eran contenidos por una ven alrededor de su boca, y, para aumentar la tortura sus ojos también eran cubiertos por vendas para evitar que viera lo que le hacían realmente.

    –Esta mierda está llegando muy profundo en ti –rio Gadi mientras seguía clavando la aguja, la cual, por cierto, era de hielo.

    El samurái Gadi sin dudas disfrutaba esa parte de su trabajo. Vistiendo únicamente un pantalón llevaba un par de días atormentando a Deidara, golpes, cortes, quemaduras por frio, eran solo pocas cosas que había hecho para divertirse y sacarle información. Hay que hacer mención en eso, hasta ahora el rubio se había negado a responder todo.

    Detrás del torturador Enoshima hay otros tres jóvenes samurái, quienes no se muestran tan alegres ante esos tormentos. Eran Miri Shimazu, Asami y Ryo. Quienes miraban con incomodidad tal escena, Ryo, simplemente trataba de mantener la mirada en otro lugar, pero era imposible, no había ventanas, Asami prefería mirar al suelo, y Miri, quien quería ser más fuerte, creí que podría ser mejor si se acostumbraba a esas escenas, pero no podía evitar perturbarse por los gritos ahogados del rubio, así como la risa psicópata de su mentor, Gadi.

    –No quieres hablar, que rudo eres –se lamió los labios y giró la aguja dentro de Deidara.

    El rubio se agitaba de un lado a otro, trataba de evitar el dolor pero era imposible, estaba perfectamente inmovilizado. Es posible que para este punto se hubiera lastimado también la garganta por gritar tanto.

    –Se, señor Gadi ¿Esto es necesario? Hay, hay otros métodos para sacar información –alegó Miri acercándose al pelirrojo demente que tiene por mentor–. El ninja ha demostrado tolerar el dolor, quizás deba usar otros métodos.

    –¿Me estás diciendo como hacer mi trabajo? –alegó mirando de reojo a Miri.

    –No, no solo, solo pienso que hay otros, otros… métodos –esos negros ojos que han visto tanta muerte intimidaron a la joven Miri.

    –Que mal, pensé que había mejorado tu fuerza de voluntad –rio al verla retroceder–. El shogun confía en mi para que obtenga la información que desea, y no tengo tiempo para otras tonterías, causar dolores inimaginables es la mejor tortura.

    Con brusquedad sacó la aguja del cuerpo de Deidara. De forma que quedó una herida abierta y quemada por el frio. La sangre emanó junto con tejido, era una vista aberrante. Ryo se llevó las manos a la boca para evitar vomitar, Asami simplemente se dispuso salir de ese lugar.

    –¿A dónde crees que vas? –llamó Gadi al verla intentar salir.

    –No, no puedo seguir viendo esto –respondió ella sin mirar atrás–. Esto, esto no está bien, hay formas más efectivas y menos barbáricas para obtener información.

    –¿Me estas llamando bárbaro, niña? –sonrió Gadi y se acercó a Asami.

    –Sí. Esto no es correcto, torturar a un enemigo que luchó con honor va en contra del camino el samurái –se dio vuelta para encararlo.

    –El camino del samurái me importa un carajo –quedó frente a ella, mirándola sonriendo. Entonces la empujó contra una pared y la acorraló allí, mirándola a los ojos y estando cara a cara.

    Mirar a los ojos de Gadi Enoshima es como mirar a los ojos de un demonio, están cargados de perversidad y malvada, eso es lo que todos dicen, ahora Asami puede comprobarlo por ella misma. La joven samurái no pudo evitar temblar un poco al tener tan cerca a ese sanguinario hombre.

    –Que linda eres –susurró sonriendo y mirándola de pies a cabeza–. Me gustan las chicas como tú, jóvenes, dieciocho añitos, ¿verdad? Me gusta tu aroma, es como…–se acercó a ella olfateando su cabello. Pero en eso algo llamó su atención

    –Basta ya –espetó Ryo colocando su mano en el hombro de Gadi de forma ruda, mientras que con su otra mano empuñaba su arma–. Aléjate de ella, ahora.

    Gadi le miró arqueando la ceja, para luego reírse a carcajadas, mientras se alejaba de Asami.

    –Ya, ya veo. Parece que Jubei los ha entrenado muy bien –pasó a un lado de Ryo para volver con Deidara–. Le enseñó a no tenerme miedo, eso importante, pero es un error –miró de reojo a Ryo–. La próxima vez que me toques, te arranco el brazo, niño.

    Ryo tragó nervioso manteniendo su serio semblante, mientras se acercaba su compañera, quien miraba con odio y temor a ese psicópata.

    –No puedes amenazar a otro samurái, idiota –alegó Miri, quien estaba entre intimidada y molesta.

    –Entonces como haré que unos niños estúpidos me respeten –se encogió de hombros y miró a Deidara–. Acabaremos con esto, un par de idiotas arruinaron mi inspiración.

    Colocó su mano sobre el abdomen de Deidara, entonces sus dedos se recubrieron de hielo creando largas y afilas garras.

    –Bien, si quieres evitar un dolor traumatizante y una muerte lenta, dolorosa y asquerosa, vas a responder la siguiente pregunta ¿Dónde podemos encontrar a un portador de bestia con colas? –Preguntó el torturador.

    El rubio simplemente no dijo nada. Terrible error, eso era lo que Gadi deseaba. Presionó y con sus garras perforó el abdomen del ninja. Sus cinco dedos comenzaron a penetrar la piel y carne, hundiéndose muy lentamente. Los gritos y movimientos de Deidara no podían ser más desesperados y agónicos.

    Los tres samurái que miraban tal acto no dijeron nada, pero tampoco pudieron mirar. Las garras siguieron su camino llegando a los intestinos.

    –Te voy a reventar las vísceras, morirás con tu sangre infectada por tu propia inmundicia, tu cuerpo se va a podrir lentamente mientras de infectas y llega el shock séptico. Una horrible forma de morir. Yo puedo aliviar tu dolor, evitar que mueras de esta forma, solo dime, ¿vas a hablar? –susurró Gadi

    Ya no podía más, desesperado el rubio comenzó a asentir, no había forma humana de negarse a lo que podía aliviar su dolor, que sería responder esa simple pregunta. El samurái sonrió satisfecho y detuvo sus movimientos para luego quitarle la venda de la boca.

    –¡Aldea oculta de la nubes, allí, allí hay una mujer rubia, ella posee al dos colas, eso es todo lo que se, lo juro! –exclamó a todo pulmón mientras gritaba de dolor.

    Al instante Gadi sonriendo le volvió a tapar la boca y sacó sus garras del rubio. Miró a los tres samuráis testigos de sus torturas.

    –Lo ven, el dolor, al final, siempre consigue cualquier información. Informen al Shogun, ya sabemos dónde está nuestro primer objetivo real –pasó por su pecho sus garras para macharse de la sangre del rubio, mientras con su demencial sonrisa miraba a esos tres, quienes tan rápido como pudieron salieron corriendo de ese lugar.


    (Ending: Dont say goodbye - Skillet)
     
  3.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    192
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
    3849
    Capítulo 20: Una mujer llamada Yugito

    (Opening: You´re gonna go far, kid - The Offspring)

    23 de febrero. Aldea de la hoja

    Es una mañana soleada en la aldea de Konoha, las cosas parecen muy tranquilas como de costumbre. Nos encontramos en las inmediaciones de la antes mencionada aldea, en los campos de entrenamiento, para ser más precisos. La paz de esos bosques se ve interrumpida por constantes detonaciones y golpes que perturban el lugar.

    –¡Rasengan! –se escuchaba gritar a Naruto.

    Luego de un gran estruendo y un nuevo agujero en la tierra, seguido de una nube de humo que marcaba la desaparición de un clon de sombra. En el medio Naruto jadea agotado tomándose un momento.

    –Maldición –musitó con frustración–. No soy suficientemente rápido, y mi rasengan no causa el daño necesario. No podría vencer a nadie con esto, no de un solo golpe –se incorporó mirando sus manos, las cuales se ven algo dañadas–. Mientras más lo uso más me daño. ¡No estoy mejorando, maldición!

    Juntó sus dedos una vez más, creando un grupo de varios clones detrás de él.

    –¡Que están esperando, ataquen! –les miró sobre el hombro dándoles una orden.

    Los clones se abalanzaron sobre él luego de rodearlo para atacarlo cuerpo a cuerpo. Era un nuevo tipo de entrenamiento, pensaba que luchando contra más y más clones mejoraría sus habilidades. Quizás funcione.

    Desde las sombras y los árboles en la distancia cierta persona vigila el entrenamiento del rubio. La pelirosa Sakura se pregunta por qué su compañero tan repentinamente se ve obsesionado por obtener más poder, esto le preocupa, pues piensa que podría llegar a seguir el camino de Sasuke si no logra su objetivo. El rostro de la chica refleja ese temor, temor a perder a otro compañero por esa obsesión.

    –Hola, Sakura –llamó alguien detrás de ella.

    –Maestro Jiraiya –respondió la kunoichi al verlo–. Buen día, ¿Qué hace por aquí?

    –Estaba a punto de preguntarte lo mismos, no te había visto ni a ti ni a Naruto en todo el día, pensé que estarían entrenando juntos –comentó el peliblanco acercándose a ella para ver mejor al rubio. Quien seguía enfrascado en su combate contra los clones.

    –Esa era mi intensión. Pero cuando fui al apartamento de Naruto por la mañana me di cuenta que ya se había ido. Lleva ya todo el día entrenando sin detenerse. Me preocupa.

    –¿Te preocupa? –preguntó el maestro mirando la de reojo con cierto interés–. ¿Porque?

    –¿Qué no es obvio? A Naruto le ocurre algo, no sé qué es, pero desde que regresó, o quizás antes, ha estado actuando muy raro. Primero comentó algo acerca de unas pesadillas sobre un ojo que lo observaba a él y al Kyubi, luego parecía haberse olvidado de eso, y ahora parece obsesionado con ser más fuerte. Siento que algo le pasa, pero no quiere decir que es.

    –No me comentó algo acerca de esas pesadillas –murmuró el maestro. Luego miró a Naruto quien seguía sin detenerse, incluso creó más clones–. ¿Crees que se está obsesionando?

    –No me gusta pensarlo, porque…bueno, así es como comenzó Sasuke –dijo en voz baja–. Siento que está siguiendo ese camino y él podría…

    –No te preocupes –dijo Jiraiya al instante interrumpiéndola–. Naruto no se dejará llevar por el mal camino, él tiene principios que nunca rompería. Debe estar molesto consigo mismo al no poder ayudar al kazekage, o quizá le molesta saber que los akatsukis están en busca de los jinchuriki.

    –Eso tampoco es bueno. Tarde o temprano vendrán por él y atacaran Konoha –alegó con temor–. No sé si estaremos listos para cuando eso ocurra. Cuatro de ellos atacaron la aldea de la arena y la destrozaron.

    –Bueno, no es por presumir, pero nosotros somos más fuertes que la aldea de la arena, y por mucho –rio Jiraiya, quizás solo para que la chica no se preocupara por eso–. Los akatsukis no se atreverán a venir hasta aquí tan fácil, saben lo difícil que será para ellos infiltrarse en nuestra aldea. Además, tengo entendido que uno de ellos fue derrotado, por ese extraño sujeto en la aldea de la arena, un sujeto que apenas y tenía chakra, no todos son tan fuertes ¿o sí?

    –Aun no lo sé. Pero, ahora que lo menciona, no solo debemos preocuparnos por los akatsukis, también están esos extraños samuráis. Aun cuando ese sujeto no tenía nada de chakra y estaba agotado pudo hacernos frente a mí y a Naruto hasta dominarnos, escapó y se enfrentó a Neji y su grupo para luego escapar de la aldea. No me imagino que habría sido capaz de hacer si hubiera estado fresco y sano.

    –Sakura, te daré un consejo –llamó el sabio maestro, quien notaba las preocupaciones que tenía la chica–. Aun eres joven como para preocuparte por todo lo que ocurre, y pareces olvidar los fuerte que eres. La situación, a veces, suele verse más difícil de lo que realmente es. No importa cuán fuerte o numeroso sean nuestros enemigos, no olvides que formas parte de una gran aldea de ninjas excepcionales, de los cuales, tu eres una de ellos. Si los akatsukis o los samuráis piensan que somos débiles pueden venir cuando quieran y les demostraremos el enorme error en el que están –finalizó sus palabras con una confiada sonrisa.

    No era tan común que adularan sus habilidades, y es que ella se ha esforzado mucho para ser más fuerte cada día, así que recibir tal elogio de un sannin animó a la chica hasta hacerla sonreír. Lo que decía era verdad, la aldea de la hoja está llena de ninjas formidables que, por su hogar y su gente, lucharan hasta la muerte.

    –Gracias, maestro Jiraiya–sonrió ella.

    –Por cierto, de camino a aquí vi que Kakashi tenía una reunión con Tsunade, probablemente le esté encomendado una misión, así que deben prepares tú y Naruto –le dio la espalda dispuesto a irse–. Sobre Naruto, no debes preocuparte por él, conozco perfectamente sus motivaciones y están lejos de llevarlo por el camino del mal, él tiene un corazón demasiado puro. Y tú, no debes descuidar tu entrenamiento, no querrás que ese rubio tonto te deje atrás, ¿verdad?

    –Entiendo, gracias, iré a hablar con mi maestra…

    –Quizás debas quedarte –interrumpió el peliblanco–. Tal vez Naruto necesite tu compañía y ayuda. Si me en tiendes –la miró sobre su hombro y le sonrió, para luego irse.

    La pelirosa de quedó confundida un momento, entonces entendió a lo que el maestro se refería. Volvió su mirada a su compañero y sonrió.

    –Bien Naruto, si deseas mejorar yo voy a ayudarte –sacó sus guantes y se los colocó–. Tus clones no pueden ser mejores que yo.

    Dicho esto salió de los arbustos y se acercó a Naruto, quien la miró extrañado. Pero cuando ella se colocó en guardia solo bastó una oración para entender.

    –¿Ya terminaste tú calentamiento? Porque yo no te lo pondré tan fácil –dijo Sakura con una sonrisa de orgullo.

    Naruto estaba algo sorprendido, pero no pudo evitar sentir algo en su interior que lo emocionó

    –¿Estas segura? Quizás no estés al nivel, Sakura –tomó un respiro y se puso también en guardia. Sonriendo de forma retadora

    –Si me subestimas terminaras muy herido, tonto –rio ella.

    Mientras ese par de jóvenes ninjas llevaban a cabo un amistoso pero rudo entrenamiento, en la aldea otro par de ninjas hablaban acerca de cierto plan pactado días atrás en la aldea de la arena.

    –¿Usted está segura de esto? –preguntó Kakashi mientras miraba por la ventana de la oficina de la hokage.

    –Sí. Los akatsukis están tras los jinchurikis, la idea de unirlos para crear un grupo no es mala, con su poder junto podrían vencer a los akatsukis, además cada jinchuriki de nuestro lado es uno menos que esos criminales tengan –explicó la rubia desde su escritorio, mirando al de la máscara.

    –¿Qué garantiza que ellos luchen de nuestro lado? –cuestionó Kakashi, quien no parecía tan convencido.

    –Pues no es que tengan muchas opciones, después de todo o se unen a nosotros o quedan a merced de los akatsukis. Además, entre nuestras filas tenemos ya a un jinchuriki –dijo ella de forma seria.

    –¿Naruto? ¿Qué tiene que ver él? –Kakashi la miró sobre su hombro.

    –Naruto es uno de ellos, sabe cómo son, sabe cómo piensan y los comprende. Estoy convencida que si alguien puede convencer a los jinchurikis es Naruto, después de todo, ya lo hizo años atrás con el kazekage.

    –Puede que tenga razón –desvió la mirada–. Los akatsukis buscan a los Jinchuriki, si estos se unen crearan una fuerza temible que podría hacerles frente. Es algo irónico, que las presas se vuelvan los cazadores –rio un poco–. Bien, estoy de acuerdo, aunque no del todo, pero creo que puede funcionar.

    –Sabía que podía confiar en ti, Kakashi –sonrió la rubia con gran satisfacción.

    –Estaré listo cuando llegue la información de la ubicación del uno de ellos, tendré a Naruto y a Sakura listos para partir –se dispuso a retirarse.

    –Ya llegó esa información –llamó ella sacando de sus mangas un pergamino–. Llegó esta mañana, será mejor que prepares a los muchachos, quiero que partan esta misma tarde –le arrojó el pergamino.

    Kakashi lo tomó y lo abrió para leerlo.

    –La aldea de la nube, una mujer rubia de veinte dos años de edad de nombre Yugito Nii –leyó Kakashi–. ¿Ella es la jinchuriki del Nibi?

    –Así es Kakashi, ya tienes el lugar y a la persona, es hora que se preparen y salgan lo antes posible, recuerda que deben encontrarla antes que los Akatsukis –dijo Tsunade.

    –Entendido, haremos esto tan rápido como nos sea posible ¿Esta misión será solo para el equipo Kakashi?

    –Por supuesto que no. Debemos anticipar cualquier contratiempo, el equipo Gai formará parte también de esta misión. Ya les he informado, estarán esperando para partir por la tarde. Por cierto, será mejor que no reveles a los demás que Yugito es una jinchuriki, quiero que la reacción de Naruto al conocerla sea natural, así será más fácil que ella confié en él

    –Bien, cumpliremos está misión de forma satisfactoria. Me retiro –hizo una reverencia y se retiró de la oficina.

    La rubia se quedó entonces sola. Se levantó de su silla y se acercó a la ventana para ver su amada aldea, todo parecía tan pacifico a simple vista. La gente camina, corre, trabaja y viven en paz, paz que los ninjas han llevado sobre su espalda todo el tiempo, pero, en estos tiempos el peso de los enemigos, Akatsukis y samuráis, pueden vencer y cubrir al mundo de muerte, caos y desgracia, el mayor temor de Tsunade. Llevó su mano a su collar acariciándolo suavemente, quizás eso le causaba cierta paz o tranquilidad.

    –A veces, desearía tener a alguien con quien hablar y confesar mis temores. Alguien que me apoye de forma… diferente –musitó para sí misma, trayendo a su mente recuerdos de cierto joven que alguna vez amó–. Pero ya no soy aquella chica, ahora soy la hokage, debo ser la persona más fuerte de toda la aldea, una fortaleza que no da cabida a sentimentalismos –suspiró enormemente, pues, en su ser hay cierto vacío–. A veces me siento tan sola…

    En ese momento tocaron a su puerta, era Shizune quien entró con un par de pergaminos, sin haber oído nada de lo que Tsunade se dijo a sí misma hace unos momentos.

    –¿Todo bien, mi lady? –preguntó la pelinegra al ver a su maestra mirando por la ventana.

    –Sí, claro. Sabes, creo que tengo un poco de sed, ¿podrías traer un poco de sake? –tuvo que fingir unas sonrisa mirando a su asistente por encima de su hombro.

    –¿Está segura de eso, no es muy temprano para beber? –cuestionó Shizune.

    –No me digas que hacer, ve y trae un poco –arqueó la ceja mirándola seria.

    Las horas y horas pasaron y el medio día llegó. Naruto y Sakura habían entrenado bastante, ambos regresaban por la entrada de Konoha, entre uno que otro golpe, raspón y mucha tierra sobre sus ropas, pero sus risas denotaban el gran momento que pasaron juntos.

    –No pensé que tu fuera hubiera aumentado tanto en tan poco tiempo, Sakura. La abuela Tsunade te ha entrenado muy bien –decía el rubio.

    –No ha sido nada fácil, lady Tsunade es muy exigente durante los entrenamientos –ella, a diferencia de Naruto se notaba más agotada–. Tu también has mejorado muchísimo, eres más ágil, más fuerte y tus clones son más hábiles, el maestro Jiraiya ha hecho un gran trabajo con un tonto como tú –sonrió.

    –Sí, el ero-sennin es muy sabio, y sabe perfectamente cómo enseñar. Cada día era un reto –sonrió llevándose las manos a la parte posterior de la cabeza–. No tienes idea cuanto deseo tomar una misión y luchar de verdad contra un ninja, solo así podré usar todo mi poder y ver qué tan fuerte soy, de veras.

    –¡Oye! ¿A caso quieres decir que yo no estoy a tu nivel? –espetó ofendida y de brazos cruzados la pelirosa.

    –No, no es eso, Sakura –respondió un tanto intimidado por su enojo–. Me refiero a luchar contra alguien de verdad, no un entrenamiento –en eso el sonido de su estómago rugiendo llamó la atención–. Cielos, salí tan temprano de casa que me olvidé de comer.

    –Típico de ti –rio Sakura.

    –Qué bueno que escucho eso –dijo la voz de Kakashi. Sus alumnos lo buscaron con la mirada. Y el ninja de la máscara estaba sobre un poste leyendo su libro–. Buen día chicos.

    –¡Kakashi sensei! –exclamó Naruto–. ¿Creí que habíamos acordado entrenar juntos hoy? Nunca llegó.

    –Lo siento, Naruto. Tuve una reunión imprevista con la hokage –dio un salto y bajó de ese poste hasta ellos–. Pero como decía, me alegra saber que estas, o están, de humor para luchar contra alguien.

    –¿Por qué lo dice, y a que se debió su reunión con lady Tsunade? –preguntó Sakura.

    –Bueno, porque hoy mismo saldremos a una nueva misión –dijo el ninja enmascarado.

    –¡¿Qué?! Tan pronto, pero si a penas llegamos ayer –alegó Sakura sorprendida.

    –¡Qué bien! por fin una misión, ¿De qué se trata? –preguntó Naruto con una gran emoción.

    –Me gustaría revelárselos ahora, pero ya habrá tiempo para eso. En la tarde los veo en la entrada, allí les hablaré de esta misión junto a los miembros del equipo Gai –les dio la espalda y se dispuso a irse–. Solo les anticipó que es una misión de rango A.

    Ante esa revelación ambos chicos quedaron sorprendidos, aunque la emoción de Naruto no hacía más que aumentar por eso. Sin más que hacer ambos ninjas se prepararon para un nuevo viaje, llevando equipaje para varios días. Ya por la tarde en la entrada de la aldea Sakura y Naruto se unieron al grupo de Gai, quienes esperaban desde hacía un rato.

    –Neji, Tenten, cejotas, parece que volvemos a trabajar juntos, esto será genial, de veras –llamó Naruto al llegar.

    –No le veo la divertido –bufó Neji con su típica seriedad.

    –Naruto, Sakura, al fin aparecen –dijo Rock Lee–. ¿Ustedes saben de qué va esta misión?

    –Me temo que no, Kakashi sensei no nos dio nada de información, salvo que será una misión de rango A –explicó Sakura.

    –¡¿Rango A?! –Exclamaron los tres ninjas del equipo Gai.

    –Eso no lo sabíamos –confesó Tenten sorprendida.

    –Que bien, parece que ya están todos –se escuchó la voz de Kakashi. Quien llegaba junto a Gai.

    –Eso es bueno, ahora por fin me vas a decir de que se trata esta misión y por qué tanto secretismo –cuestionó la bestia azul de Konoha.

    –Sí, así es –Todos se acercaron a ellos para escuchar lo que Kakashi le diría–. Nuestra misión consiste en encontrar a una mujer llamada Yugito Nii, ella es rubia y tiene veinte dos años de edad. Es sumamente importante hallarla cuanto antes. Lo poco que sabemos es que pertenece a la aldea oculta de la nube y está en un gran peligro –explicó él, reservándose ciertos detalles.

    –¿la aldea de la nube? Eso está muy lejos –comentó Tenten.

    –¿Qué clase de peligro? –cuestionó Neji.

    –No entiendo, si ella pertenece a una aldea oculta es porque es una ninja, ¿no? Entonces, ¿por qué debemos protegerla? –fue lo que preguntó la pelirosa.

    –¿Qué más ocultas, Kakashi? Debe haber más, lo sé –preguntó Gai, quien intuía que el enmascarado no lo decía todo.

    –Bien, admito que me reservé un detalle –suspiró rodando los ojos–. Esa mujer es buscada también por los akatsukis, al parecer puede tener cierta información que ellos desean. Por eso debemos hallarla cuanto antes –aunque reveló un poco más, y mintió, seguía reservándose el que ella era una jinchuriki, como Tsunade se lo ordenó.

    –¿Los akatsukis? –exclamaron todos impactados.

    –Esos malditos otra vez –dijo Naruto apretando los puños–. Bien, entonces, ¿qué estamos esperando? Si de arruinar los planes de esos imbéciles se trata, estoy más que dispuesto –levantó la mirada articulando una enorme sonrisa llena de decisión.

    –Así se habla Naruto, ya es hora que esos sujetos vean de lo que somos capaz los ninjas de la hoja –apoyó Gai, dando la orden de marchar y comenzar el viaje.

    Es así que el grupo, conformado por los equipos Kakashi y Gai, parten a una nueva misión, esta, en tierras extranjeras al noreste. Sin embargo, sin que lo supieran, una pequeña ave blanca había estado demasiado cerca de ellos. Esta voló poco después que se fueron y llegó hasta el hombro de un chico.

    Un chico de cabello oscuro y piel pálida, quien ella en su espalda una pequeña espada.

    –Entiendo –dijo, pues, al parecer, esa ave le hablaba–. Lord Danzo estará muy sorprendido de esto cuando se lo comunique –dijo el chico, para luego el ave desaparecer convirtiéndose solo en tinta.

    Al mismo tiempo, mientras los ninjas de Konoha partían, algo similar ocurría en la base de los samurái en el país de los campos de arroz. Por cierto, cada vez ese lugar mejoraba más, ahora los Ashigaru y los esclavos trabajaban en una gran muralla que protegía el recinto y les daba más terreno para construir. En una de las entradas una tercia de jóvenes caminaban a los establos, llevando equipaje para varios días.

    –Oigan, ¿Ayako sensei les dijo de que va esta misión? – preguntó uno de ellos. Su ligera barba, cabello largo oscuro y la banda con el símbolo de su clan la cual lleva en la frente lo identifican, es Hiroshi Fujigawara.

    –No, para nada. Solo dijo que tenemos un viaje de varios días por delante –agregó la chica, quien está al mando de esos dos. Yura Kuriyama, la hermosa joven de cabellos castaños

    –Creo haberla escuchado hablar acerca de buscar y capturar a una mujer –comentó el tercer chico. Igual posee una larga cabellera negra, aunque él la ata en una coleta alta. Akira Tokisawa.

    Los tres jóvenes están vestidos para el combate, pues portan sus armaduras samurái, aunque esta son un poco más ligeras, esto por el rango al que pertenecen, sus armaduras son de color verde con blanco, los colores del clan al que sirven, el clan Shimazu. Hiroshi y Yura son usuarios de katanas, las cuales llevan en sus cinturas, Akira, por otro lado, en su mano y sobre su hombro lleva su larga yari.

    –Ya era hora que nos dieran una misión, desde que llegamos no hemos hecho más que trabajar como esclavos todo el día en el puerto –comentó el joven Fujigawara.

    –¿Por qué siempre te quejas del trabajo? –cuestionó Yura mirándolo de reojo.

    –Porque sí, es aburrido trabajar, soy un samurái, no un ashigaru, yo lucho y cumplo misiones, no descargo mercancías y limpio barcos, es humillante –respondió cruzado de brazos.

    –Eso, o es que no sirves para trabajar, no soportabas ni medio turno en el puerto, eres un vago, Hiroshi –comentó Akira sonriendo de lado.

    –Solo hablas para joder –bufó Hiroshi ofendido.

    –Akira solo dice la verdad –agregó Yura riendo.

    –¡Oye! –espetó ofendido el joven Fujigawara.

    En eso cierta persona salió de los establos con su caballo. Era la maestra de ese grupo de chicos, Ayako, quien también viste su armadura de combate, pues será parte de la misión. La madura y hermosa mujer de cabellos rojos y ojos azules porta una gran y poderosa naginata como arma.

    –Vaya, hasta que mis queridos alumnos llegan temprano a algo –sonrió al verlos–. Mis enseñanzas empiezan a dar frutos.

    –No exagere, Ayako sensei, no es que seamos tan impuntuales –rio Hiroshi, aunque no podía evitar mirar detalladamente a su mentora–. Cielos, la armadura de elite se ve increíble en usted, sensei.

    –¡Oye, respeta! –exlcamó Yura dándole un golpe en la cabeza a su compañero.

    –Cielos, Hiroshi, sé que eres un pervertido, pero contrólate –dijo Akira arqueando la ceja.

    –No me refería a eso, idiotas –alegó sobándose la cabeza por el golpe de Yura–. Me refería a que se ve genial.

    –Bueno, gracias Hiroshi –aun siendo una mujer seria no pudo evitar reír un poco por el malentendido–. Vayan por sus caballos, aun debemos esperar a los otros dos integrantes del grupo para partir. Ellos tienen toda la información sobre la misión.

    No muy lejos de esa zona, dos personas que portan sus armaduras de combate caminan tranquilamente hacia esa misma salida para reunirse con los otros miembros del grupo.

    –Entonces anoche decidí regresar con ese ninja rubio para sacarle más información, y lo logré –relataba el demente Gadi Enoshima, usuario katana y nodachi.

    –Maldición, me dan escalofríos solo de pensar en que le hiciste a ese pobre infeliz –objetó su acompañante y alumna, Miri Shimazu, la preciosa hija menor del daimyo Shimazu, una bella mujer de cabello rubio y ojos grises, usuaria de katana y yari.

    –¿Quieres que te diga la verdad? –rio y se acercó a ella, intimidándola un poco–. Le saqué un ojo con mis manos –le susurró, provocando una mirada de temor en la chica, para luego echarse a reír–. Pero sirvió para tener más información acerca de la jinchuriki que debemos capturar.

    –Estas demente –musitó la chica mirándolo de reojo.

    –¡Enoshima! –se escuchó la voz de un hombre.

    Al volver la mirada en esa dirección Gadi se topó con Jubei, quien se acercó a él con un enfurecido semblante.

    –Mi querido y estimado amigo Jubei Ya… –pero se vió interrumpido cuando Jubei lo tomó por el peto de forma brusca.

    –Me enteré que tuviste el atrevimiento de amenazar a mis alumnos –se notaba que Jubei estaba más que molesto por lo sucedido el día anterior con Asami y Ryo.

    –Cielos amigo, deberías relajarte un poco –rio Gadi, pues le parecía divertido el enojo de Jubei.

    –Escúchame bien, pedazo de animal psicópata, si se te ocurre ponerles un dedo encima te haré pedazos –lo soltó y sin más se alejó.

    –Ya vez, te dije que amenazarlos te traería problemas –dijo Miri mirándolo sorprendida por la amenaza de Jubei.

    –No, no es nada que no supiera que pasaría –decía Gadi viendo a Jubei alejarse–. En verdad tengo ganas de cortarle el cuello a ese tuerto imbécil.


    (Ending: Dont say goodbye - Skillet)
     
  4.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

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    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
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    Capítulo 21: El camino del ronin

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    Nos encontramos muy lejos, extraviados en el tiempo y el espacio. En un bello y lujoso castillo, cerca de las grandes montañas, allí donde hondea flamante y gallardo el estandarte del clan Fujigawara. Dentro del castillo poca gente hay a estas horas de la noche. Pero nos dirigimos a uno de los amplios y elegantes baños, es allí donde dos personas conversan mientras se duchan. Un hombre y una mujer.

    –Mi padre ha insistido muchas veces en ejecutar a todo los rehenes –decía el hombre, quien, sentado en un pequeño banco recibía atenciones por parte de su acompañante–. Le he dicho muchas veces que no es correcto, los Mogami y los Imagawa están siendo obligados a luchar contra nosotros, los verdaderos artificies de esta guerra son los Taira.

    Este hombre, quien aquel entonces tenía veinte años, su cabello era corto y carecía de vello facial, es nada más y nada menos que el mismo Hideo Fujigawara.

    –Estoy de acuerdo contigo, mi amor. No tienes que convencerme –decía ella con una muy suave y dulce voz, mientras con una esponja limpiaba la espalda de su esposo–. Esta tontería del Sengoku fue creada por ellos, son gente despreciable. Los Mogami y los Imagawa son solo esclavos.

    Aquella mujer era la esposa de Hideo, poco podemos ver de ella, salvo su larga cabellera rubia y su agraciada figura.

    –Me alegra que me entiendas, nadie más me cree cuando hablo de eso en la sala de guerra –sonrió mirándola de reojo–. No quiero arrastrar a nuestros clanes a la tonta guerra que los Taira desean.

    –Y no lo haremos. Por la mañana me hablaste de tu plan para conseguir la paz entre los Fujigawara, los Mogami y los Imagawa –se levantó y se colocó frente a él sentándose en sus piernas. Al instante Hideo la abrazó por la cintura.

    –Si entregamos a los rehenes a sus respectivos clanes podríamos firmar un tratado de paz. Pero mi familia no está dispuesta, y dudo que la tuya también –suspiro recargando su cabeza suavemente en el pecho de su esposa–. No lo entiendo a veces, una de las virtudes del samurái es la “compasión” pero, en estos tiempos aquellos que sienten compasiones somos considerados débiles. ¿Crees que eso me hace débil? –levantó la mirada hacia su amada.

    –Claro que no, Hideo. La compasión no es debilidad, es una muestra de lo noble que eres y lo puro que es tu corazón –respondió ella con amor mientras acariciaba el rostro de Hideo y luego lo besaba. Un beso que duró varios segundos, era tiene y lleno de amor.

    –Gracias, Yumie. Siempre sabes cómo animarme. No sé qué haría sin ti –sonrió mirando con ojos llenos del más sincero y puro amor.

    –Y nosotras no sé qué haríamos sin ti, Hideo –correspondió al abrazo acariciando su cabello.

    –Espera… ¿nosotras? –cuestionó sin entender eso último.

    –Claro, amor. Nosotras –la mujer llevó su mano a su vientre, el cual mostraba el inicio de un embarazo–. El gran maestro del templo me asegura que, según su flujo de Chi, será una niña.

    –Increíble –alegó sonriendo con emoción y acariciando el vientre de Yumie–. Espero herede tu belleza.

    No había mayor felicidad para el noble y joven Hideo que su amada esposa y las ansias de conocer y criar a esa hija que pronto llegaría al mundo. Pero el destino, en ocasiones, puede ser más cruel de lo que podemos llegar a imaginar.

    En un cambio radical, un parpadeo. Hideo está de pie en lo que alguna vez fue su habitación donde amó y proclamó fidelidad eterna a esa mujer. La habitación y el castillo están en ruinas, destruidos por alguna gran batalla. Una tormenta se cierne sobre el lugar, los derruidos techos dejan caer el agua en las habitaciones que aun logran mantenerse en pie. Los relámpagos resuenan como gritos lejanos de dolor y temor.

    Hideo está cubierto de sangre, herido y frente a él, una imagen que no se puede borrar de la mente, una imagen que duele más que cualquier herida de batalla. En medio de la habitación, en un charco de sangre yace su amada esposa, asesinada de forma cruel y con claras señales de haber sido torturada de forma vil antes de ser ejecutada.

    Los ojos de Hideo han perdido su brillo, se mantiene de pie como un ser sin alma, sin expresión alguna, como si la vida misma se hubiera escapado de él. Fue cuando su mirada se digirió a cierto mueble de la habitación. Lo que vió harían perder la cordura a cualquiera, pocas personas, si no es que nadie, serían capaz de ver eso sin volverse loco. Era una cuna, una cuna teñida de rojo y sin señal de vida.

    Fue esa noche y con aquel fatídico y doloroso panorama que el joven bondadoso y noble samurái conocido como Hideo Fujigawara, murió. Dando pasó a una persona sin corazón, sin alma, una persona que enmarcaba perfectamente la descripción de un demonio. El Demonio Sombra había nacido.

    Con un grito desgarrador, el Chi que emanó de ese hombre destrozó todo a su paso, y aquella energía que alguna vez fue amarilla, se volvió completamente negra.

    Un fuerte estruendo puso fin a ese recuerdo. Hideo despierta abruptamente en el presente, veinte años después, ahora en el mundo de los ninjas.

    25 de febrero. País del fuego

    Hideo respira agitadamente con lágrimas en los ojos, no importa cuánto tiempo pase, el dolor de aquel día jamás podrá borrarse de su mente. Se sienta la borde de la cama buscando poder tranquilizarse, pero sus manos están temblando y hay un nudo en su garganta.

    –O,… O, otra vez… otra vez puedo recordar ese día –musita con temor y tristeza–. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que soñé con eso –se queda unos momentos en silencio. El temor se disipa rápidamente, volviéndose tristeza ante cierto detalle–. Yumie, mi, mi amada, Yumie… ya no puedo recordar tu rostro. Han pasado veinte años desde aquel día. Mi maestro decía que solo el tiempo podría aliviar mi dolor, pero no me dijo que parte de ese alivio seria el olvido.

    Ya no quería pensar más en eso. Se levantó mostrando que había dormido sin camisa. Aun con sus cuarenta años de edad Hideo es un hombre de complexión y atractivo envidiable. Su pecho, abdomen y brazos perfectamente tonificados detallando cada musculo. Se vistió y ató su cabello como siempre, finalmente puso su inseparable katana en su cintura.

    –Akumu –suspiró acariciando la empuñadura–. Sé que al menos dirías alguna estupidez para hacerme sentir mejor. Prometo que pronto te liberaré amigo.

    Sin más que decir, respiró profundamente para liberarse de los malos recuerdos. Y salió de la habitación, para afuera encontrarse con una pequeña niña.

    –Hola pequeña –saludó él de forma amble.

    –Señor, Hideo –dijo la niña, quien parecía despertarse, pues sus ojos estaban somnolientos–. Mi mami me pidió que le preguntara si podía ayudarla.

    –Claro que sí, iré con ella de inmediato –dijo con una sonrisa, y, de forma cariñosa acarició la cabeza de la niña.

    Hideo había llegado un par de días antes a ese lugar, el cual era una posada con salón de té. Desde un principio él le dijo a la dueña que no tenía dinero, pero podía trabajar a cambio de comida y hospedaje por unos días. La mujer, quien era madre de dos niños, la pequeña con quien Hideo se topó y un joven mayor, aceptó el trato del ronin.

    Al bajar al salón de té se encontró con la señora, dueña del lugar, quien, además, estaba embarazada.

    –Buenos días, señora Hakuru –saludó el ronin con una reverencia–. ¿Espero se encuentre bien hoy?

    –No tanto como desearía, señor Hideo –dijo con una leve sonrisa–. Disculpe que le pida esto, sé que usted se encargaría de limpiar el lugar, pero mi hijo salió temprano por la mañana a buscar medicamentos y mi marido volverá por la tarde, ¿podría hacerse cargo de la cocina hoy? No será muy difícil, hoy no hay huéspedes.

    –Con mucho gusto, ayudaré en todo lo que usted necesite –asintió y se dirigió a la cocina.

    Así inició el día del ronin, al parecer por fin alcanzaba esa paz que tanto había añorado los últimos años. Trabajar para vivir era lo que deseaba, así como no tener jamás que volver a usar la violencia contra nada ni nadie.

    El día fue muy tranquilo, apenas hubo unos pocos comensales, la mayoría viajeros que pasaban a comer algo o beber y luego se iban. Pero el Fujigawara hacía gala de una habilidad prodigiosa para la cocina. Manejando los cuchillos e ingredientes como un maestro, y gracias a sus reflejos y precisión todo quedaba perfecto. De reojo podía ver a la señora y a su hija convivir, cuanto habría deseado Hideo ver a su hija crecer y jugar con su amada.

    Era el medio día. Hideo atendía a un viejo hombre que recién llegaba. Cuando un grupo de jóvenes entraron creando un poco de alboroto.

    –¿Desea algo para acompañar su té? –preguntaba Hideo al viejo.

    –Entonces me encargue del jefe de los guaridas mientras ustedes buscaban la salida, no fue nada difícil, ese imbécil era un debilucho, ni siquiera necesité mi espada para encargarme de él –decía un joven de cabellos blancos mientras entraba al lugar acompañado de otras tres personas.

    –Y por tu culpa casi nos descubren, Suigetsu, causaste un alboroto y derribaste dos torres –alegó una chica de cabello rojo y gafas.

    –Karin, tu siempre cuestionado todo lo que hago. Pero durante nuestro escape no hiciste más que mirarle el culo a Sasuke, no aportaste nada, mujer inútil –respondió el de cabellos blancos cruzándose de brazos.

    –Quieren callarse, han estado toda la maldita mañana hablando de estupideces –ordenó el pelinegro Sasuke Uchiha.

    Los cuatro tomaron una mesa cercana y se sentaron esperando ser atendidos.

    –Por cierto ¿tienen dinero para pagar la comida? –preguntó en voz baja el ultimo joven, de cabellos anaranjados.

    –Qué más da, yo me encargaré de que no nos cobren –susurró Suigetsu riendo.

    –Maldita sea, vas a hacer otro puto desastre –bufó Karin–. Sasuke, dile algo.

    –Que haga lo que quiera, no voy a ser su niñera. Solo quiero comer algo y largarme lo antes posible –respondió Sasuke sin preocuparse o interesarse en lo que Suigetsu pudiera hacer.

    Mientras ellos hablaban de sus cosas, y esperaban que les atendieran, Hideo no dejaba de mirarlos de reojo, sabía que algo malo había con ese grupo y le preocupaba que intentaran hacer algo.

    –Enseguida traeré su té, señor –dijo Hideo al viejo hombre, quien también era intimidado por el grupo del Uchiha.

    En eso la pequeña, hija de la dueña, jugaba con una pelota, la cual termino por rebotar y rodar lejos de ella, justo a un lado del Suigetsu. Inocentemente la niña fue por su ella, llamando la atención del peliblanco psicópata.

    –Vaya, vaya, que tenemos aquí, una niña molesta –dijo este con una sonrisa perversa. La niña se asustó al verlo–. Tranquila, pequeña, no te haré nada malo, ven, acércate.

    La mano de Suigetsu se acercó a la niña lentamente, mientras ella solo lo miraba asustado. De la nada, y sin que ninguno de los allí presentes lo sintiera, Hideo tomó la muñeca del peliblanco deteniéndolo. Las miradas sorpresivas se posaron en el ronin.

    –Pequeña, creo que tu mamá te llama, ve con ella, ¿sí? –dijo Hideo a la niña, quien rápidamente salió corriendo a la cocina. El ronin soltó la mano del ninja–. Lamento si hubo algún inconveniente. ¿En qué puedo servirles?

    –Eso no lo viste venir, verdad, Suigetsu –rio Karin ante la sorprendida mirada de su compañero.

    –¡Cállate tú! –exclamó este molesto.

    Al instante se puso de pie encarando a Hideo, que, aun así el ronin es más alto y corpulento. Los ojos de la pelirroja se posaron en ese maduro pero atractivo hombre.

    –Pareces una niñita frente a él, Suigetsu –se burló Karin.

    –Le pido guarde la compostura mientras este aquí, así como a sus compañeros, este es un establecimiento familiar y puede incomodar a otros comensales, así como a los dueños del lugar –dijo Hideo de forma amble, sin intimidarse o molestarse.

    –¿Quién te crees que eres, idiota? Tu no me vas a decir a mi cómo comportarme –alegó de forma molesta frente a Hideo.

    –Trabajo en este lugar, y, por lo tanto, tengo la autoridad para juzgar a quien se permite entrar o no. Me temo que tendré que pedirles que se retiren de inmediato para que no haya más problemas, por favor –señaló la puerta.

    –Hablas como un anciano, porque no sacas esa espada que tienes allí y lo arreglamos como se debe –sonrió de forma retadora.

    –La violencia en innecesaria, joven. No tengo intención alguna de pelear contra ninguno de ustedes. Por favor, retírense de este lugar –no había forma de perturbarlo o de enojarlo, él seguía serio.

    –A sí, pues tendrás que sacarme, imbécil. Un idiota cobarde como tú no merece llevar una espada como esa.

    Suigetsu llevó su mano a la empuñadura de la katana, pero antes que lo logra Hideo lo detuvo por la muñeca, con fuerza lo jaló bruscamente y lo golpeó en el pecho con el codo derribando al peliblanco.

    –Lo vez, la violencia solo conlleva más violencia. Actuar de forma impulsiva solo acarrea problemas –dijo Hideo mirando lo en el suelo.

    –así, así que te gusta jugar rudo, imbécil –alegó el peliblanco tosiendo mientras se levantaba y se contenía el pecho.

    Pero Suigetsu no se contendría, arrojó varios puñetazos al ronin, quien sin problemas o siquiera moverse los detenía con sus palmas. En el último golpe Hideo inclinó su torso aun lado esquivando a Suigetsu y permitiéndole impactar un contundente puñetazo en el estómago del ninja. Quien cayó al suelo tosiendo y conteniendo su estómago.

    –Sasuke –dijo Jugo levantándose de forma amenazante.

    Sin embargo el pelinegro miraba con curiosidad las habilidades del ronin, quien, si hacer uso de habilidades o un arma había sometido a Suigetsu.

    Sin previo aviso Karin se lanzó sobre Hideo con un kunai en la mano intentando córtalo, sin embargo, por más rápido que ella fuera Hideo evitaba sus cortes, aunque debía retroceder por lo insistente que era ella. En su último ataque Karin arrojó una estocada, el ronin la tomó por la muñeca firmemente, la jalo hacia él y con su pierna la hizo tropezar cayendo al suelo de forma brusca, al tiempo que la desarmaba

    –Lamento eso, no me agrada lastimar mujeres– dijo Hideo haciendo una reverencia–. Pero no me dejaste otra opción –se acercó a ella y le dio la mano para ayudarla a levantarse.

    Acción que la pelirroja aprovechó para intentar cortarlo con otro kunai que sacó por debajo de su manga. Él pudo prever el corte, pero solo hizo un rápido movimiento hacia atrás para evitar cualquier daño. Aunque el kunai cortó su camisa, exponiendo su torso.

    –…ho, por dios –los ojos de Karin se posaron en ese hombre, cautivada por su atractivo.

    Pero se distrajo, e Hideo atacó. La tomó por la mano que tenía el kunai, abrió su defensa y con la palma la golpeo en el pecho, la chica retrocede adolorida y tosiendo, conteniendo el dolor en su pecho, por el cual una vez más soltó el kunai.

    Suigetsu atacó por la espalda arrojando una fuere patada al costado del ronin. Fue fuerte, Hideo gruñó por eso, pero superándolo atrapo la pierna de su agresor y la jaló hacia él, golpeando con la parte posterior de su cabeza la boca de Suigetsu, logrando aturdirlo. El ronin gira ágilmente, toma la mano de su rival y lo golpe en el rostro con la palma, derribándolo de forma muy ruda.

    –Por favor, ya detengan sus intentos –dijo de forma seria, mirando al peliblanco y a Karin sin bajar la guardia.

    –Sa, Sasuke –llamó Karin tosiendo–. Debemos enseñarle a este sujeto con quien se ha metido. Vamos a acabar con él los cuatro juntos –agregó Karin levantándose adolorida.

    –Oye, tú, ¿eres un samurái? –preguntó Sasuke también levantándose. Mientras analizaba la postura del samurái. Parecía un maestro de artes marciales, teniendo una espada decidió no usarla.

    –Alguna vez lo fui, pero ya no. Ahora soy un ronin –explicó él, esta vez con una mirada más seria. Si bien, es un pacifista no dejaría que esos jóvenes hicieran lo que quisiera, y si lo atacaban, los golpes le serian regresados.

    –¿Un ronin? Eso suena interesante, ¿qué significa? –preguntó Sasuke acercándose a él.

    –Que soy un hombre libre y no sigo la voluntad de nadie más que la mía –explicó cruzándose de brazos–. Y, sean quienes sean, no me agrada su presencia en este lugar, por su forma de ser y de hablar deduzco que son criminales o algo así. Este un establecimiento respetable y para buenas personas. Deben irse ahora, o me veré en la obligación de sacarlos.

    –Está bien, nos iremos. Pero quiero ver tus habilidades, quiero saber de qué son capaces los samurái. Que te parece si hacemos esto, vamos allá afuera y te enfrentas en un mano a mano con mi compañero, si le ganas nos vamos sin causar problemas –explicó Sasuke.

    El ronin lo miró dudosos, y luego miró a Suigetsu y a los otros dos que le miraban con seriedad. Si los hacia enojar a los cuatro tendría que luchar contra todos, quizás pudiera vencerlos, pero no sería fácil, además sería una lucha innecesaria, según Hideo.

    –Solo si es un combate de sumisión –dijo con seriedad–. No voy a matar a nadie.

    –Así será, solo un combate de “sumisión” –dijo sonriendo de lado.

    Sin más que objetar los cinco salieron del lugar y se alejaron un poco para encontrar una zona en la cual Suigetsu e Hideo pueden luchar libremente.

    –Sasuke ¿Qué pretendes? –preguntó Karin extrañada por la propuesta hecha por Sasuke.

    –Han corrido muchos rumores acerca de los samuráis desde su llegada, creo que esta es la mejor oportunidad para aprender un poco acerca de ellos y sus habilidades –explicó Sasuke en voz baja.

    –Pero ese sujeto dijo que no es un samurái…

    –dijo que lo fue y con eso me basta, y si no es tan fuerte igual lo puede despedazar Suigetsu y dejará de joder el resto del camino –respondió de brazos cruzados mientras los otros se preparaban.

    Una vez allí fuera, Hideo y Suigetsu se pusieron frente a frente a cierta distancia, esta vez el peliblanco estaba dispuesto a usar su temible espada Kubikiribōchō.

    –Estás listo, ronin, esta vez no tendrás tan fácil. Cuando tomo mi espada suelo perder la cabeza un poco –dijo riendo mientras la agitaba un poco–. Muchas personas han sufrido gracias a mí, creo que tu serás el siguiente.

    –Actuar provocando dolor a los demás nunca te hará sentir mejor –dijo Hideo con su apacible semblante. A diferencia de su rival él no tenía intención alguna de usar su arma. Solo permanecía de pie y con los brazos cruzados–. Desearía no tener que hacer esto, pero en ocasiones, lo jóvenes necesitan sufrir un poco para entender que su camino está mal.

    –Solo dices estupideces, parece que lo samurái no son tan agresivos como pensé. Si todos hablan y dicen estupideces pacifistas como tú, no será tan difícil acabar con ustedes –rio Suigetsu.

    –Me temo que soy uno en miles, la mayoría de los samurái son personas bélicas y orgullosas, solo piensan en luchar y luchar. Son muy pocos los que aún siguen el verdadero camino del samurái y respetan las siete virtudes.

    –¡Vale, ya callate! ¿Qué esperas para sacar tu espada? –alegó frustrado Suigetsu.

    –No voy a usarla, mi deseo es no tener que volver a usarla nunca más –dijo tranquilamente–. Puedes atacar si así lo deseas, pero, si decides retirarte ahora podemos evitar algo incensario.

    –¡Ya me tienes harto, no solo dices estupideces, también me subestimas, te voy a partir en dos! –exclamó con furia y saltó intentando dar un fuerte ataque con su espada.


    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     
  5.  
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    Fersaw Hideo-sama

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    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
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    Capítulo 22: El puño del dragón amarillo

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    –¡Ya me tienes harto, no solo dices estupideces, también me subestimas, te voy a partir en dos! –exclamó con furia y saltó intentando dar un fuerte ataque con su espada.

    La espada impactó el suelo con fuerza levantando una nube de polvo y tierra, los miembros de Taka fijaron mejor la mirada para ver que ocurría. Lo que vieron fue a Suigetsu salir proyectado de la nube y rodar por el suelo varios metros.

    –Una mente calma suele dominar a la mente inestable –dijo el ronin relajando mientras avanzaba–. Si te dejas guiar por la ira te harás daño a ti mismo.

    –Fue solo un golpe de suerte –gruñó el peliblanco mientras se levantaba y escupía un poco de sangre–. ¡Nos has visto nada, imbécil!

    Saltó alto en por el aire buscando atacar una vez más con un feroz corte de su enorme espada. Para el ronin fue tan fácil como moverse a un lado para evitarlo. El ninja de la niebla lo siguió con la mirada y arrojó feroces cortes horizontales, balanceado como experto el peso de la espada.

    –Suigetsu se está saliendo de control, como siempre –comentó Jugo, junto a sus compañeros.

    –Poco me importa lo que haga, solo quiero ver las habilidades de ese samurái –agregó el Uchiha mirando tranquilamente el enfrentamiento con los brazos cruzados.

    –Ese sujeto es muy hábil, ¿no creen? Solo miren con qué facilidad evita los ataques de Suigetsu –dijo la pelirroja que miraba impresionada a Hideo.

    Los ojos del ronin se movían de un lado a otro, se fijaban únicamente en la espada, de esta forma era capaz de prever cada movimiento. Suigetsu era muy rápido y certero, pero Hideo lo superaba en conocimiento, pues, enfrentar a un samurái con una espada no es una gran idea. El ninja arroja un corte horizontal, el ronin se agacha ágilmente evitándolo, la defensa queda abierta, el samurái se acerca en un solo movimiento conectado un golpe con la palma de su mano en el pecho de su rival.

    El golpe es suficientemente fuerte para empujar a Suigetsu y hacerlo gruñir de dolor. El ronin se acercara rápidamente, el ninja arroja una estocada, pero Hideo la esquiva, se acerca y conecta un puñetazo certero en el estómago del peliblanco. La fuerza derriba a Suigetsu y lo arroja por el suelo, obligándolo a soltar su arma.

    –¡Vieron eso! –exclamó el Uchiha con cierta sorpresa.

    –Sí, fue un buen golpe, apenas logré verlo –respondió Jugo.

    –No, no solo el golpe. Por un instante pude ver una energía amarilla cubrir su puño. ¿Acaso era su chakra?

    –Hasta donde sé, el chakra no es amarillo Sasuke, es azul –alegó Karin–. Yo no vi nada.

    –Es mejor que te rindas ya, muchacho, este combate no tiene razón de ser –dijo Hideo a su rival.

    –No me digas que haces, anciano –espetó tosiendo y gruñendo, por mucho que se resistiera el dolor en su abdomen era evidente. Pero igual se levantó con intensión de seguir luchando–. Granizo de agua.

    El ninja juntó sus manos, y al instante, decenas de balas se agua fueron arrojadas a gran velocidad contra el ronin. Sorprendido, Hideo, se vió en la necesidad de retroceder y moverse de un lado a otro evitando esos fugaces ataques de agua, que fácilmente podrían causar heridas.

    –¡Eso es todo lo que puedes haces, anciano, escapar y correr! –rio el peliblanco sin cesar su ataque.

    Sin embargo Hideo seguía esquivando sus ataques sin problemas, ante esto, Suigetsu decidió aumentar la velocidad de su ataque, duplicando la cantidad de proyectiles. Ahora el ronin comenzaba a vérselas más difíciles para evitarlos. Una bala cruzó muy cerca de su mejilla, haciéndole un corte, debió contener el gesto, pues había más dirigiéndose hacia él.

    –¡¿Qué esperas para sacar esa espada, acaso no la necesitas?! –retó Suigetsu aumentando aún más su cadencia.

    –No tengo intención alguna de usarla –respondió sin dejar de moverse, el más mínimo error lo haría víctima de las balas de agua.

    –Bien, entonces te destrozaré más rápido –sonrió deteniendo su ataque, al instante usaría otro jutsu–. Gran brazo de agua.

    El ninja corrió a toda velocidad hacia el ronin, quien terminaba de evitar las últimas balas. El brazo derecho de Suigetsu se hinchó enormemente, los músculos ganaron un gran tamaño, y su fuerza se vería multiplicada.

    Se acercó a Hideo, quien lo vió y arrojó golpe para detenerlo, pero el ninja convirtió todo su cuerpo en agua, atravesando al ronin hasta quedar detrás de él, allí solidificó su cuerpo una vez más y giró buscando golpear con su gran brazo al enemigo. Hideo estaba sorprendido por lo que había ocurrida, apenas logró ver el ataque que se acercaba por su costado, solo logró cubrirse. La fuerza de Suigetsu arrojó de forma violenta al ronin, estrellándolo contra un árbol el cual se partió en dos. Hideo cayó al suelo inerte.

    –Dudo que pueda levantarse después de eso. Con suerte sobrevivirá –dijo Jugo.

    –Parece que ese sujeto hablaba más de lo que podía soportar –rio Karin–. Suigetsu, que no se te ocurra mutilar su cuerpo, no tenemos tiempo.

    –Tú no me vas a decir que hacer, Karin. Ese sujeto se atrevió a insultarme, ahora me divertiré un poco con su cuerpo –confiado en que su enemigo había sido vencido sonrió de forma victoriosa y se acercó a Hideo para cortar su cuerpo.

    –Eso me dolió –se escuchó la voz del ronin. Comenzó a levantarse con un poco de dificultad.

    –Y te dolerá más cuando… –cuando el ninja vió el rostro del ronin, no pudo evitar sorprenderse, y, quizás, intimidarse.

    –¿Quieres hacerme enojar, niño? –el cabello de Hideo se había soltado y ahora estaba su rostro, sus ojos se tornaron más oscuros y varias letras aparecieron en el lado derecho de su rostro, como si de un sello se tratase–. Por qué me estoy enojando, en serio.

    –¿Qué le pasa a este sujeto? –tembló Suigetsu retrocediendo.

    –Esto es malo, Sasuke, tengo un mal presentimiento –alegó Jugo.

    –Si es eso, quiero saber de qué se trata, no se les ocurra intervenir –ordenó Sasuke sonriendo.

    Movimiento sombra –enunció Hideo.

    En un parpadeo desapareció, dejando humo negro en donde estaba, y apareció frente a Suigetsu, el ninja ni siquiera había visto que desapareció cuando el puño del ronin impactó su rostro, lo proyecto brutalmente contra un par de árboles, derribándolos cual si fueran de cartón.

    –Esto será divertido, espero no haberte hecho mucho daño, princesa –rio el ronin, quien en este momento parecía otra persona.

    Suigetsu se levantó tan rápido como pudo. El golpe le había hecho mucho daño, toda su boca estaba llena de sangre, y su cuerpo tenía varios arañazos.

    –Eso, eso no fue nada –gruñó tosiendo–. Aun puedo destrozarte imbécil.

    Saltó hacia Hideo intentando un corte vertical, el ronin se movió a un lado ágilmente, la espada se clavó en el suelo, dejando la defensa del ninja abierta, para recibir una patada en el costado, con tal fuerza que lo derribó.

    –No eres nada, muñequita, creo que acabaré contigo, ahora –la mano del ronin empuñó su espada.

    Estaba un solo movimiento de romper el sello y liberar a Akumu, y con él, fallarse a sí mismo en la promesa de pacifismo que se hizo. Sin embargo, en ese último momento, los ojos de Hideo volvieron a la normalidad, y el sello en su rostro desapareció.

    –¿Qué estoy haciendo? –se dijo a sí mismos sorprendido, soltando el arma. Retrocedió mirando sus manos–. Me, me dejé llevar por la ira, esto no está bien.

    El ronin, sumido en su desconcierto y temor, se olvidó de su enemigo, quien aprovechó esta distracción para atacar. El brazo derecho de Suigetsu seguía mejorado por su jutsu. Con fuerza golpe el rostro del ronin de forma ascendente. Tomado por sorpresa Hideo no pudo hacer nada para evitarlo, la fuera lo elevó en el aire, antes que tocara el suelo el ninja saltó e impactó otro golpe en su espalda. Para terminar cayendo bruscamente al suelo.

    –Imbécil, sin duda estás loco –dijo el ninja mirando a su rival en el suelo.

    –Lo merezco. Dejé, por un momento, que la ira me cegara, ahora este dolor afirma ese error –musitó para sí mismo.

    Suigetsu, una vez más, pensando que su rival estaba ya vencido, fue a por su espada. El ronin se levantó lentamente al estar adolorido.

    –No debo permitir que la ira ciegue mi camino. Ya no soy el Demonio Sombra, ahora, soy Hideo Fujigawara, el ronin –esto lo decía en voz alta, pero claramente hablaba consigo mismo.

    –¿De qué habla este loco? –cuestionó Karin.

    –Comienzo a pensar que esto es una pérdida de tiempo, deberíamos acabar con esto ahora, comienzo a aburrirme –suspiró Sasuke, tomando su espada con intensión de usarla.

    –¿Qué está haciendo ahora? –dijo Jugo, al ver lo que el ronin hacia ahora.

    Hideo se puso de pie firmemente. Junto sus manos y cerró los ojos concentrándose. A los pocos segundos su energía Chi comenzó a emanar de su cuerpo, en forma de humo amarillo.

    –¡Allí esta esa energía amarilla! ¿Qué es? –cuestiono el Uchiha con gran interés.

    Suigetsu le miró de reojo, apretó los dientes frustrado. Saltó rápidamente arrojando varios shuriken al ronin. Quien, a pesar de tener los ojos cerrados, los esquivó.

    Senda del Honor –enunció Hideo. Un símbolo apareció su brazo, el kanji de “honor”

    Los ataques del ninja no cedieron, arrojó más andanadas de shuriken uno tras otro, pero, como los primeros, todos eran evitados por su enemigo con los ojos cerrados.

    Senda de la lealtad –enunció Hideo. Otro símbolo más en su brazo, el kanji de “lealtad”

    Suigetsu utilizó una vez más su técnica de granizó de agua. Aunque no lo admitiera no quería acercarse al samurái, quizás por precaución, o temor.

    Senda del amor –siguió hablando. Ahora eran las balas de agua las que eran evitadas sin problema por él –Senda del respeto –con cada palabra un nuevo kanji aparecía en sus brazos.

    –¡Sasuke, tenemos que hace algo ahora, esto no puede terminar bien! –exclamó Jugo.

    –¡Tiene razón, acabemos con él todos juntos! –agregó Karin, quien también entendía que algo malo podría pasar si lo dejaban seguir.

    –¡No! –los ojos del Uchiha estaban sobre el ronin, esa energía amarilla lo intrigaba y fascinaba–. Quiero ver ese poder.

    Senda de la compasión –era el siguiente kanji.

    Asustado, o quizás desesperado al ver todos sus ataques fallar, Suigetsu no tuvo más opción que lanzarse al ataque cuerpo a cuerpo. Los feroces y veloces cortes del ninja eran esquivando por el ronin, quien mantenía aun sus ojos cerrados.

    Senda de la justicia –este último está muy cerca ya de su hombro, lo que significa que es el penúltimo. Su energía Chi emana aún más intensa.

    Sin hacer caso a la orden de Sasuke, Jugo saltó al ataque, apoyando a su compañero. Ambos ninjas atacaban simultáneamente, pero simplemente no podían contra los reflejos ciegos del ronin. Su faz estaba apacible sin hacer un solo gesto.

    Senda de la humildad –el ultimo kanji apareció justo en su hombro, los siente símbolos se fundieron y crearon un bello y majestuoso dibujo de un dragón amarillo en los brazos del ronin.

    Una corriente de viento alejó a sus rivales, además de la sorpresa de ver algo así. El ronin abrió sus ojos y se puso en guardia, una pose firme y flexible para el combate cuerpo a cuerpo sin armas.

    ¡Técnica secreta samurái, estilo del clan Fujigawara, puño del dragón amarillo! –exclamó con firmeza–. Esta es una técnica ancestral, pasada de generación en generación por los monjes de mi clan. Esta es la última advertencia, jóvenes, retírense, o tendré que hacerles daño.

    Suigetsu arrojó un ataque con su espada. Hideo lo esquiva fácilmente, se acerca y conecta puntapié a la rodilla derecha del peliblanco, este se arrodilla por el dolor, para recibir un rodillazo directo a la cara. Jugo se acercó por detrás intentado golpear a Hideo, quien sin necesidad de verlo previó el golpe, lo bloqueo cubriéndose, luego le dio un fuerte codazo en el pecho al peli naranja, quien por el dolor retrocedió.

    El ronin volvió la mirada a su nuevo adversario, pero no era el único, un par de kunais volar hacia él, pero como todo, los pudo evitar sin problemas, estos fueron arrojados por la pelirroja Karin. Ella se acercó usando un par de kunais como cuchillos.

    El ronin veía cada movimiento, la instante, esquivándolo y esperando el momento correcto. Ella abre su defensa, e Hideo ataca.

    Palma del dragón –la palma de Hideo conectó en el pecho de la chica, y su energía Chi la travesó.

    Karin gritó adolorida ante esa sensación, que para ella era como si una espada la hubiera atravesado. Su cuerpo se paralizó y, por unos instantes, fue incapaz de moverse. Hideo siguió su ataque, esta vez pateándola en el pecho, arrojándola al suelo, inconsciente, e incluso perdiendo sus lentes.

    –Nunca un hombre debería golpear una mujer, pero si ella arremete con fiereza debe entender las consecuencias de sus actos –dijo Hideo.

    Una sombra se movió detrás de él. Era Jugo, quien era presa de su segunda personalidad, trasformado su brazo y la mitad de su rostro. Arrojó un puñetazo certero, Hideo lo vió, logrando cubrirse. La fuerza lo arrojó hasta estrellarlo con varios árboles. Suigetsu tomó el frente entonces.

    Dragón de barro –unas posiciones rápidas de mano, hicieron surgir un dragón de tierra mojada, el cual se precipitó hacia el lugar en el que debía estar el ronin.

    Soplido de dragón –enunció el ronin.

    Arrojó un golpe con su palma. Liberó un gran cantidad de Chi en forma de poderosa ventisca que deshizo el dragón de barró y lo arrojó por los aires. El ronin emerge de los árboles derribados, y se le ve apacible una vez más, a pesar de los arañazos y los moratones en sus brazos.

    Clones de agua –con esto Suigetsu creó dos copias de sí mismo–. Acabemos con este idiota, Jugo.

    –¡Esto será divertido! –exclamó el, ahora, enloquecido Jugo.

    Los clones avanzaron a toda velocidad, con Jugo al frente. El ronin saltó al frente, evitando los salvajes golpes del peli naranja. Lo golpe en el estómago para alejarlo. Los dos clones atacan por los lados, usando kunais como chuchillos. Evita al primero y le conecta una poderosa patada en la cabeza, se agacha para evitar el ataque del segundo.

    Palma del dragón –golpe con su palma el pecho del segundo, destrozándolo y haciéndolo agua.

    El otro intenta atacarlo por la espalda, pero el ronin evita su ataque, se voltea y conecta un puñetazo en su cabeza, luego una patada que termina por destrozarlo y volverlo agua.

    Soplido del dragón –arrojó un golpe con su palma al aire. ¿Porque?

    El verdadero Suigetsu intentó caer sobre él arrojando un corte con su espada. Pero el ronin lo anticipó, y con este ataque el viento creado por su puño hizo volar por los aires al ninja. Su mirada se fija en el hacha que se acerca a él con intensión de matarlo. El brazo de Jugo se había vuelto un hacha mediante su habilidad.

    –¡Te voy a matar, idiota! –exclamó riendo.

    Un movimiento sencillo, evitó el ataque, y al mismo tiempo un codazo conectó el rostro de Jugo. Retrocede aturdido, pero es vuelto atacar por una patada directa la rodilla que lo hace arrodillarse, allí un rodillazo directo al pecho y uno al rostro lo derriban. Estando en el suelo Hideo arremete con su palma de dragón, directa al pecho del Jugo. Un grito ahogado en dolor, y el cuerpo se paraliza. Un segundo golpe con la palma del dragón termina por dejarlo inconsciente.

    ¡Misil de agua! –exclamó Suigetsu. El ninja estaba desesperado ya, así que usó una técnica muy potente para tratar de hacer daño al ronin.

    Proyección de dragón –enunció el ronin al ver sus grandes disparos de agua acercarse.

    Haciendo gala de una gran velocidad dejando una estela amarilla tras de sí, pasó entre los misiles de agua y se acercó a Suigetsu en un parpadeo, impactando un poderoso puñetazo en el rostro del ninja. Este retrocede dándole la espalda al ronin. La palma del dragón impactó justo en su columna, la energía lo atravesó e incluso emanó de su boca. No hizo falta más, la energía que invadió el cuerpo de Suigetsu fue más que suficiente para dejarlo inconsciente.

    Así es como Hideo finalizó su combate contra los tres miembros de Taka bajo el mando de Sasuke. Quien no hacía más que mirar atónito como sus compañeros fueron derrotados, con cierta facilidad si se puede agregar. A pesar de eso, el Uchiha no hacía más que sonreír enormemente, como quien mira una obra de arte.

    Karin comenzaba a reaccionar, arrastrándose por el suelo lentamente, los golpes aun resentían en ella. Miró sobre su hombre, divisando al ronin que se acercaba a ella una vez más.

    –¡Sasuke, Sasuke, ayúdame! –exclamó con temor.

    Pero el pelinegro no hizo nada, quizás esperaba ver un poco más de acción sobre ella. Karin solo cerró los ojos y se cubrió esperando más dolor. Para su suerte eso no pasó. No pasó nada por varios segundos, así que abrió los ojos.

    –Espero que entiendas, el camino del mal solo acarrea dolor y desgracia –Hideo estaba frente a ella, arrodillado dándole sus lentes–. Realmente deseaba no tener que hacer esto, lo siento.

    Sorprendida y sonrojada, ella tomó sus lentes, y, con ayuda del ronin, adolorida logró levantarse. Sasuke se acercó a ellos entonces.

    –¿Eso es lo que un samurái es capaz de hacer? Es sorprendente debo decirlo –dijo el Uchiha, quien poco interés o atención prestaba a su compañera.

    –Usar la violencia no es algo de lo que enorgullecerse, pero, en ocasiones, es la solución a un problema. Tus compañeros rompieron las reglas, interviniendo en un combate uno a uno, aun así los vencí, espero cumplas tu palabra –dijo con seriedad al mirar a Sasuke.

    –Supongo que tengo que hacerlo. Después de todo hicimos un trato, nos iremos sin hacer un desastre. No obstante, te garantizo que nos volveremos a ver, y la próxima vez, vendré por ese poder tuyo.

    –Entiendo. Al parecer tienes una especie de obsesión con el poder, lo sé, alguna vez fui como tú. Es triste que un joven se pierda en el camino de la oscuridad, si deseas, puedo ayudarte a regresar al camino de la luz y a purificar tu espíritu –ofreció.

    –Por favor, a diferencia de los que son como tú, no creo en esas tonterías de la paz. Además, mi búsqueda de poder está justificada, tengo una venganza que cumplir –alegó con seriedad ante lo que el ronin ofrecía.

    –Sí, siempre estamos buscando una venganza, creemos que destruir algo o matar a alguien aliviará el dolor o la carencia que sentimos en el interior –suspiró Hideo, pues lo que Sasuke decía, le recordaba mucho a su pasado–. Pero te equivocas, no vas a encontrar saciedad en la muerte…

    –¡Cállate! –Exclamó furioso. Al tiempo que activaba su sharingan–. No necesito que un anciano idiota me diga como sentirme o que hacer. Karin, levantemos a ese par, y larguémonos de este lugar.

    Con esa orden la pelirroja obedeció, no sin antes mirar al ronin una vez más.

    –No te recomiendo que sigas a ese grupo, su destino no puede terminar bien –dijo Hideo a la pelirroja. La cual no dijo, nada, pero demostró duda.

    Sin más, los miembros de Taka debieron retirarse de lugar por orden de Sasuke, pero era obvio que Suigetsu no estaba conforme con eso, antes de irse dedicó una mirada asesina a Hideo. Quien no hizo más que juntar sus palmas, cerrar los ojos y poner fin a la técnica del puño del dragón amarillo.

    Ahora el ronin regresa al interior de la posada donde estaba, topándose con la dueña y su pequeña hija, quienes miraban con sorpresa, pero alegría al ronin.

    –señora, lamento mucho lo que ocurrió. No era mi intención causar problemas en su establecimiento –pensando que le reprenderían, hizo una reverencia pidiendo disculpas.

    –No tiene nada de que disculparse, señor Hideo. Agradezco mucho lo que hizo por nosotras –dijo ella con una dulce sonrisa, haciendo ella una reverencia junto a su hija.

    –¿No entiendo, por qué me agradece?– cuestionó él.

    –Por qué no quiero imaginar que hubiera pasado con esos criminales si usted no hubiera estado. Le agradezco por protegernos –explicó ella.

    –Usar la violencia no es algo que se deba hacer, ni es algo que me haga feliz –suspiró él.

    –Usar la violencia no siempre es malo, señor Hideo.En ocasiones, cuando se usa la fuerza para defender un fin noble o a alguien es lo correcto –dijo ella tomando a su hija y se retiró, dejando con una gran duda al ronin.



    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     
  6.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
    Miembro desde:
    18 Junio 2016
    Mensajes:
    192
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
    4371
    Capítulo 23: los asesinos Tamui y Zana

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    28 de febrero. País de los campos de arroz.

    Nos encontramos en los espesos y oscuros bosques del país de los campos de arroz, muy cerca de una gran y verdosa montaña. Es aquí que nos topamos con cierto cuarteto de samuráis que avanzan rápidamente siguiendo la pista de un par ninjas que hirieron horas atrás.

    –¡Vamos, vamos, vamos, no se queden atrás! –ordenaba una hermosa chica de larga cabellera violenta y piel pálida. Es la misma Reiko Tokugawa.

    –¡Ayako, no vayas tan rápido, maldita sea! –Exclamaba detrás de ella su amiga y compañera, la preciosa Miyuki –¡¿Señor Sato, que ve?!

    Entre los arboles un hombre de edad madura avanzaba también, saltado y saltado con una agilidad sin igual, superando incluso a las chicas que corren sobre el suelo. Este es un campeón samurái, Sato Imagawa.

    Los dos ninjas están huyendo hacia el oeste, pero están bajando su velocidad, a este ritmo los atraparemos muy pronto –dijo él. Curiosamente sus ojos eran blancos y las venas a los lados se resaltaban ¿A caso era un Byakugan?

    –¡Esto es genial, estoy segura que esos inútiles nos ayudaran a dar con ese famoso Orochimaru! –exclamó Reiko aumentado más su carrera– ¡Kido, pequeño insecto, no te quedes atrás, como no luches esta vez te obligaré a lavar mi ropa llena de sangre! –miró tras de sí buscando al otro integrante de su equipo.

    –¿Por qué yo? –bufó el más joven del grupo. Quien trataba a toda consta de igualar la velocidad de sus compañeras.

    –¡Atención, se han dividido, uno va al norte y el otro sigue de frente! –alertó Sato

    –Maldición, quería matarlos a los dos. No importa, Kido, Miyuki ustedes sigan de frente, señor Sato, usted y yo vamos por el norte –Ordenó Reiko.

    Tal como ella lo ordenó se crearon dos grupos para dar caza a cada uno de los ninjas que seguían. Miyuki y Kido apresuraron más su paso.

    –Estate alerta Kido, no debemos dejar que nos sorprenda ese ninja –dijo la chica de cabello corto y cobrizo.

    –¿Sorprendernos? Pero está huyendo, señorita Miyuki –aclaró él.

    –Aun así, puede que tengan algo escondido, no cometas errores –afirmó.

    Siguieron el rastro hasta salir del bosque y llegar a una zona descampada. Es allí donde ambos samurái se detuvieron al instante. Frente a ellos hay dos ninjas que parecían esperarlos. Un hombre y una mujer, respectivamente.

    –Parece que fue una buena idea enviar a estas liebres para que los zorros salieran –dijo el hombre de ese par. Quien con su mano sostenía por el cuello al ninja que huía de los samuráis.

    Alto y de gran musculatura, calvo y con una atemorizante mirada. Viste únicamente un pantalón negro, anda descalzo y sin camisa, mostrando mejor su tonificado torso, sus ojos son lo más extraño, son completamente negros, solo con el iris en color rojo. Con un simple movimiento le rompió el cuello al ninja que tenía en su mano.

    Los dos samurái retrocedieron desenvainando sus armas y colocándose en guardia.

    –Es una trampa, maldición, lo sabía –bufó Miyuki analizando de pies a cabeza a ese sujeto–. Parece una maldita montaña de músculos.

    –No te olvides de la otra, no se la ve muy amigable –agregó Kido, quien posó su mirada en la mujer.

    –Parecen un par de cachorritos asustados –rio la otra ninja–. Me voy a divertir mucho con ellos.

    Ella no están alta, pero es dueña de una bella figura delgada, aunque un poco plana de pecho. Su cabello es oscuro completamente ligeramente largo, su piel es pálida y sus ojos son como los de su compañero, completamente negros, solo con el iris en color rojo. Ella viste una cinta que cubre sus pechos, dejando todo lo demás de su torso expuesto, una falda negra corta y medias de red que cubren sus piernas, así como las típicas sandalias de los ninjas.

    –Acabemos con ellos, hermanita –sonrió perverso el ninjas, colocándose en guardia–. Maestro de la roca asesina, Tamui

    –Siempre quieres hacer esa ridícula presentación –bufó ella–. Maestra del rio asesino, Zana –se colocó en guardia.

    –Encárgate de ella, y yo de él, Kido –ordenó Miyuki.

    –Entendido –asintió él.

    Tamui fue el primero en iniciar el combate, corriendo a gran velocidad hacia la samurái de cabello corto cenizo. Miyuki vio sus movimientos y se anticipó saltando sobre él fácilmente. Detrás de Tamui ella atacó con su espada, pero el enorme sujeto era suficientemente ágil para esquivar sus ataques. Ella insistió pero no lograba herirlo, pues el ninja retrocedía en cada ataque evitándola, articulando una sonrisa socarrona.

    –Parece que los samurái no son tan fuertes cuando se enfrentan con un ninja de verdad –rio de forma burlona el enorme sujeto.

    –No te preocupes, aun no me encuentro con un ninja de verdad –respondió ella, dio un salto hacia atrás para ganar distancia–. Estilo de aire, gran ventisca –agitó su espada, la cual creó una fuerte corriente de aire que viajó hacia su rival.

    Estilo de roca, jutsu muralla –unas muy rápidas posiciones de mano y una gruesa pared de roca se levantó frente a él protegiéndolo.

    La samurái saltó sobre la muralla intentando un corte vertical, pero de poco sirvió, su rival parecía haber desaparecido de la nada.

    –¿Dónde está? –cuestionó mirando en todos lados buscando a su rival. Sin embargo pudo percibir que algo se movía debajo de la tierra, así que saltó tan rápido como pudo.

    Estuvo muy cerca de caer en la trampa de Tamui, quien emergió debajo de la tierra, con claras intenciones de tomarla por los pies. El ninja vió frustrado su plan así que regresó al subsuelo.

    –Mierda, ese sujeto se mueve como un jodido topo –alegó Miyuki mirando en todos lados.

    Tamui permaneció oculto un momento, solo esperando para atacar. Miyuki en este momento no podía fiarse de su vista, debía presentir los movimientos de su enemigo. Canalizó su chi en la planta de sus pies volviéndolos más sensibles.

    –¡Te tengo! –exclamó, y con todas sus fuerza clavó su espada en la tierra, justo donde pensó que estaría su rival.

    –¡Te engañé, preciosa! –se escuchó la voz de Tamui. El ninja había emergido justo detrás de ella.

    La samurái le miró sobre su hombro, sabiendo perfectamente que estaba desprotegida. Recibió una poderosa patada en el costado por parte del ninja, la pobre Miyuki fuer arrojada por el suelo de forma violenta. Tan rápido como pudo se incorporó y se puso en guardia, teniendo que contener el dolor entre dientes.

    –Hijo de puta, ¿Cómo me engañó, claramente sentí su presencia en donde ataqué? –se dijo a sí misma apretando los dientes.

    Estilo de tierra, jutsu clones de barro –este jutsu le permitió crear dos clones a partir de la tierra. Los tres comenzaron a correr contra ella.

    –Mierda, ahora lo entiendo, creó esos clones y me engañó –se dijo a sí misma.

    Los tres llegaron hasta la samurái y comenzaron a atacar con poderosos puñetazos, uno tras otro y tras otro, sin dejar un solo momento a Miyuki. Ella lograba esquivar los ataques, pero no tenía espacio para atacar. La samurái se veía obligada a retroceder en cada ataque.

    Por otro lado tenemos a la asesina Zana, quien mira con una enorme sonrisa a su joven y serio rival, Kido. El muchacho permanece firme en posición de ataque, sin mover un solo musculo, mientras que ella camina lentamente rodeándolo.

    –Dime algo ¿no eres muy joven para ser un guerrero, niño? –cuestionó ella sonriendo.

    –No, no lo soy –respondió con seriedad–. Y tampoco soy un niño, tengo dieciocho años.

    –¿En serio? –rio un de forma coqueta–. Es que con esa estatura pareces de catorce, es bueno, porque me sentía extraña al ver tan guapo a un niño.

    –¿No eres algo ridícula para ser una guerrera? –cuestionó el sonriendo de lado.

    –Quizás… ¡estilo de agua, jutsu cañón de agua! –de su boca arrojó una poderosa esfera de agua que viajó a una velocidad abrumadora.

    El joven samurái logró evitarlo saltando ágilmente hacia un lado. La poderosa bala de agua había destrozado varios árboles. Kido volvió la mirada a su rival tan rápido como pudo.

    Estilo de agua, jutsu látigo de agua –un fugaz hilo de agua voló a toda velocidad buscando herir al muchacho.

    Kido rodó por el suelo para vitarlo, pero la ninja siguió hostigando una y otra vez obligándolo a retroceder hasta poder incorporarse. Ahora él avanzaba contra ella esquivando los ataques del látigo de agua, saltando, agachándose se acercó y arrojó un corte a la mano de ella, cortando su látigo, para luego patearla en el pecho para alejarla.

    Estilo aire, aire comprimido –respiró hondo y sopló, liberando desde su boca un haz de aire que viajo a gran velocidad hacia ella.

    La ninja apenas logró percibirla y trató de esquivarla, llevándose un corte en la mejilla. Kido insistió y la atacó por un costado pateando una de sus piernas, luego su costado y luego volvió a arrojar el aire comprimido. La ninja no entendía sus ataques, siendo presa de ellos. Ahora recibió un corte en el hombro, este un poco más profundo.

    Estilo de aire, tornado directo –llevó su mano al pecho de ella, tocándole un seno por cierto, pero lo que causó fue una violenta ventisca que arrojó por el aire a Zana.

    La ninja rodó por el suelo incapaz de detener la fuerza que la arrojó. Terminado llena de tierra y varios arañazos. Pero poco tardó en levantarse, con una gran sonrisa.

    –Te gusta tratar rudo a las mujeres, niño, que bien, porque a me gusta rudo –escupió un poco de sangre.

    –Eso se escuchó muy mal –dijo Kido un poco sonrojado.

    –No te distraigas cariño, no quiero matarte tan rápido. Clones de agua –juntó sus palmas, hizo unas muy rápidas posiciones de manos y cuatro clones aparecieron junto a ella.

    Kido se puso en guardia firme, pero algo intimidado. Las cinco atacaron al instante, siendo la real la que arrojó una andanada de shurikens. El samurái se vio obligado a bloquearlos con su espada. Los clones no fueron directo a él, sino que lo rodearon. Kido pudo verlas tomar sus posiciones, pero no pudo hacer nada, la original seguía arrojando sus shuriken.

    –Listo, guapo, ¡allí voy! –en un rápido movimiento los shurikens fueron cambiados por kunais con papeles bomba.

    El primero lo desvió, el segundo también, el tercero se acercó, pero los dos anteriores estallaron. El samurái recibió un poco de daño, no obstante, lo verdaderamente malo era que los estallidos lo aturdieron. Aquí comenzó el ataque coordinado de los clones de agua. Cada una creó un látigo de agua en su mano y comenzaron el ataque, una tras otra arrojaban los latigazos.

    Kido logró esquivar los primeros, pero por la espalda lo hirieron, luego el hombre, las piernas, los brazos, el costado, la cara, el pecho, cada golpe le hacía imposible esquivar el siguiente, estaba atrapado en una jaula, recibiendo daño constante.

    –¡Te gusta, cariño, esta es mi técnica favorita Jaula del dolor! –dijo con una sádica sonrisa, acompañada de una risa pervertida, y, curiosamente, la mujer se sonrojaba por esto.

    Kido trataba de defenderse, arrojando cortes con su espada, que de poco serbia, pues siempre alguien lo atacaba por la espalda. Los cortes en su cuerpo se hacían más profundos y partes de su armadura comenzaban a caer en pedazos.

    Zana chasqueo sus dedos y los clones dejaron de atacar. Kido cayó arrodillado, aferrado a su espada tratando de mantenerse de pie.

    –Te vez más lindo a sí, cariño, todo lleno de sangre y cortes, me gustas más a sí. Es hora de acabar con esto –dijo Zana lamiendo sus labios.

    –Quien, quien, quien dijo que esto estaba por acabar –dijo levantando la mirada–. Nunca deben subestimarme.

    –¿De qué hablas, guapo? –cuestionó mirándolo con curiosidad.

    –¡Estoy harto que me subestimen, no soy débil, yo soy un samurái, un verdadero samurái! –gritó levantándose a pesar del dolor –¡Estilo humo, pantalla de humo!

    Abrió la boca y liberó una nube de humo gris que lo cubrió por completo. La ninja, por precaución retrocedió y espero a ver que tramaba.

    –Es hora de actuar, preciosa –susurró Kido a su propia nodachi. La espada emitió una especie de susurro o respiración, a manera de afirmación–. Ahora conocerán a mi hermosa Hokkaku, Sabita. ¡Técnica secreta samurái, beso de Sabita!

    Entonces sopló con fuerza la hoja de su espada. Una especie de arena gris se levantó y viajó a toda velocidad hacia Zana, quien la esquivó, pero un poco de esa arena se impregnó en su brazo. Para mala suerte de Kido una de los clones atacó con un cañón de agua, el joven fue incapaz de evitarlo, recibiéndolo de llenó, estrellándolo violentamente por el suelo hasta dejarlo inconsciente.

    Ahora era el turno de Zana de sufrir, por más que intentara agitar su brazo o quitarse la arena con la otra mano esta no se soltaba, comenzó a sentir un ardor que aumentaba rápidamente.

    –¿Qué pasa? ¿Qué es esto? –decía adolorida tratando con desesperación de quitarse era arena, pero ahora sus dos manos estaban cubiertas, y el ardor solo aumentaba– ¡¿Qué mierda es esto?! –el ardor era mucho peor y su piel se enrojecía, para luego comenzar a lacerarse.

    Los gritos de Zana se hicieron escuchar, no sabía cómo detener el dolor y el avance, hasta que se le ocurrió crear agua desde su boca para mojarse por completo, solo así logró liberarse de ese martirio, pero las heridas que dejó no eran solo superficiales.

    De regreso en la pelea entre Miyuki y Tamui. Los dos clones de barro habían sido destrozados por la espada de ella, pero no pudo evitar recibir un fuerte golpe en el rostro cortesía del ninja. Miyuki retrocedió por la fuerza del golpe, antes que pudiera reaccionar un pedazo de roca le fue arrojada golpeándola con fuerza en el estómago, haciéndola arrodillarse y toser.

    –No te rindas, preciosa, en verdad comenzaba a divertirme –retó Tamui tomando con su mano otra roca.

    –Cielos, debo admitir que eres fuerte –sonrió adolorida conteniendo su estómago–. Me alegra mucho tener que usar esto, voy a disfrutar viéndote sufrir imbécil.

    Se levantó y pasó su mano por el filo de su arma, cortándose obviamente. La sangre corrió por su palma y la arrojó sobre el campo de batalla dejando varia y pequeñas manchas por todos lados.

    –¿Se puede saber qué diablos haces, preciosa? –cuestionó Tamui sorprendido y extrañado por eso.

    –Quieres saber lo que una rosa puede hacerte –sonrió levantándose y concentrando su energía Chi, de forma que el fulgor amarillo característico de esta emanó de ella–. Técnica secreta samurái, estilo del clan Hitoyo, jardín rojo

    En un solo instante las gotas de sangre que ella había regado por el suelo se convirtieron en bellos rosales que florecieron en un segundo.

    –¿Qué técnica más interesante? –dijo él con curiosidad.

    –¿Aun no has visto nada? –sonrió. En un parpadeo se lanzó al ataque, su velocidad había aumentado muchísimo tras lamer la esencia que emanó de su espada.

    Estuvo cerca de cortar la cabeza de Tamui, pero este logró evitar el filo con mucha suerte, debió retroceder en cada ataque que Miyuki arrojaba, le era imposible al ninja contraatacar. Dio un paso a atrás y aplastó uno de los rosales. Tamui sintió como si decenas de agujas atravesaran su piel. No tuvo tiempo de quejarse, pues la samurái lo golpeó con fuerza en el rostro arrojándolo varios metros por el suelo.

    Se levantó tan rápido como pudo, para notar que los pétalos del rosal que aplastó se pegaron a su piel, haciendo permanente el dolor, un dolor que aumentaba. Pero debía fijarse en la fiera samurái que lo atacaba.

    Jutsu armadura de roca –llevó sus manos al suelo para recubrir sus brazo con piedra sólida.

    Ahora podía bloquear los certeros ataques de la samurái con sus brazos pertrechados. Pero aún era incapaz de igualar la velocidad mejorada de Miyuki, quien en un ágil movimiento se colocaba detrás de él en intentaba cortarle la nuca, Tamui se arroja para evitarlo, aplastando otro rosal con la otra pierna. El dolor aumenta y comienza a notar que sus piernas tiemblan.

    –¿Qué me pasa, porque me siento débil? –se preguntó a sí mismo. Bloqueando los cortes de Miyuki.

    –Parece que comienzas a sentir el efecto del veneno de mi jardín rojo –rió ella pateándolo en la piernas logrando derribarlo–. Mientras los pétalos de mis rosas estén asidos a ti te debilitaras y perderás sangre, y si pasa el tiempo suficiente, morirás.

    Tamui rodó por el suelo ágilmente para evitar los ataques siguientes, logró ponerse de pie, para ver como la sangre emanaba por las zonas donde había pétalos de rosas en sus piernas.

    –No tengo mucho tiempo. Jutsu clones de barro –juntó sus manos y creó un grupo de cuatro clones más.

    Tamui envió a sus clones contra Miyuki, no esperaba que la vencieran, si no que la distrajeran mientras él comenzaba una nueva técnica. Juntó sus manos y concentró todo su chakra hasta el punto de hacerlo visible emanando de su cuerpo.

    Estilo de roca, Jutsu bombardeo pétreo –un jutsu poco conocido.

    Todo comenzó con un gran temblor en la zona, luego decenas de roca salieron de la tierra elevándose a gran velocidad en el aire. Miyuki para este punto había acabado ya con los clones de barro, pero el temblor le impedía moverse hacia Tamui.

    –¿Qué está haciendo ahora? –alegó ella tratando de no ser derribaba por el temblor.

    Decenas y decenas de rocas se elevaron muy altas en el cielo. La sonrisa de Tamui nos advertía que lo que pasaría a continuación no podía ser bueno.

    –voy a machara tu hermoso cuerpo, preciosa.

    Las rocas comenzaron a caer a gran velocidad por el campo de batalla, impactaban causando un gran estruendo, y una vez más, haciendo leves temblores. Cada impacto arrojaba metralla en todas direcciones, pequeños pedazos de roca que podían cortar y golpear.

    Miyuki hacia lo que podía para evitar las rocas que caían y las que volaban por el campo de batalla, pero era demasiado difícil, ya tenía sobre el cuerpo varios moratones y cortes, pero no podía darse el lujo de detenerse. Para aumentar más la dificultad una nube de polvo se elevaba para no dejarla ver casi nada.

    Algo se movió ágilmente por detrás de ella, logró presentirlo y girar para esquivarlo, pensando que era una gran roca. No lo era.

    Jutsu gran brazo de golem –se escuchó la voz del ninja.

    El brazo completo de Tamui se trasformó en roca solida e impactó de forma brutal el cuerpo de Miyuki. La samurái salió proyectada por la fuerza dando tumbos por el suelo. Estaba vencida, incapaz de moverse por el dolor que la invadía, tosiendo sangre. Solo logró ver a su compañero igual vencido y a los dos ninjas de pie victoriosos.

    –Acabemos con esto de una vez, hermanita –dijo Tamui jadeando algo agotado, sin dudas sus técnicas requerían una gran cantidad chakra.

    –Me temo que no podremos, los otros dos samurái se acercan, será mejor irnos antes que lleguen, este par logró herirnos y agotarnos. Si prologamos el combate terminaremos muertos –dijo Zana, quien cubría sus brazos con vendas para tratar de detener el ardor, cosa que no lograba.

    –Demonios, deseaba divertirme con ella un poco más, pero tienes razón. Igual, ya era hora que le dieran su merecido a estos estúpidos samurái, ahora saben que existimos ninjas más fuertes que ellos. La próxima vez no tendrán tanta suerte.

    Sin más que hacer, ambo hermanos ninjas desaparecieron. Verlos escapar entre los arboles fue lo último que vió Miyuki antes de desmayarse, no sin antes dedicar unas palabras a ellos.

    –Mal, malditos. Me las van a pagar… la próxima vez, la –tose sangre–. La próxima vez, los haré pagar a los dos –Luego sus ojos se cerraron, cayendo inconsciente

    01 de Marzo. Frontera del país Helado y el país del Rayo

    Nos encontramos por una de las tantas veredas que atraviesan los bosques del mundo shinobi. Es por esta zona, que, por la tarde, nos encontramos con un singular grupo de ninjas que se dirigen al noreste. Es el equipo Kakashi y Gai. Los ninjas de la hoja llevan la misión de encontrar lo antes posible a la jinchuriki del dos colas, la mujer de nombre Yugito.

    El grupo conformado por seis ninjas ha avanzado a marcha forzada para llegar cuanto antes, pues, no son los únicos que están detrás de aquella mujer, también lo akatsukis, y, sin que los ninjas de la hoja lo sepan, un grupo de samuráis, comandados por Ayako Sendo, maestra de Hiroshi, Yura y Akira, también marchan al país del rayo con las mismas intensiones.

    –A partir de aquí debemos pasar desapercibidos muchachos –llamó Kakashi–. Recuerden que estamos en una misión encubierto nada ni nadie puede saber que estuvimos aquí o siquiera saber quiénes somos o de dónde venimos.

    –¿Eso que significa, Kakashi? –preguntó Gai mirando de reojo a su compañero.

    –Que debemos quitarnos las bandas, y tú y yo, nuestros chalecos, Gai –respondió.

    Todos se sorprendieron, jamás habían tenido que quitárselas para una misión. Pero era imprescindible mantener su origen oculto. Sin objetar los seis ninjas se quitaron sus preciadas bandas, así como los jonin sus chalecos. Todo lo guardaron en una mochila que Rock Lee lleva.

    –Me siento rara sin mi banda –comentó Sakura atando un pañuelo en su cabello.

    –Cuida bien de ella Rock, es algo muy preciado para mí –dijo Naruto.

    –No se preocupen chicos, estarán bien cuidadas –sonrió el cejotas– ¿Cuánto falta para llegar Gai-sensei? –cuestionó Lee, caminando al frente con su mentor.

    –Bueno, si seguimos a este ritmo, para mañana por la mañana habremos entrado en el país del rayo, y dos días después llegaremos a la aldea oculta de las nubes –explicó Might Gai.

    –¿Si seguimos a este ritmo? –cuestionó Tenten, quien jadeaba y caminaba agotada–. No podemos seguir a este ritmo, no hemos parado en tres días, y apenas hemos dormido.

    –Tenten tiene razón, Gai –agregó Kakashi. Quien no parecía agotado y caminaba tranquilamente leyendo su típico libro–. No estaría mal detenernos un momento para descansar, quizás una noche completa de sueño sería lo mejor para el equipo.

    –No tenemos tiempo Kakashi-sensei. No podemos permitir que los akatsukis nos tomen ventaja, yo digo que debemos seguir avanzando –objetó Naruto, quien, a pesar de notarse agotado, no daba cabida al descanso.

    –¡Así se habla, Naruto, el poder de la juventud irradia en ti! –exclamó Gai con emoción.

    –¿Y crees que en tu estado actual eres capaz de hacer frente a un akatsuki, Naruto? –cuestionó Kakashi. A lo que Naruto solo bufó.

    –Naruto, Kakashi-sensei tiene razón, debemos descansar y recobrar fuerzas para enfrentarnos a ellos si debemos hacerlo –agregó Sakura para convencer a su compañero. Articulando un sonrisa amable.

    –Bueno…quizás tengan razón, un descanso no estaría mal –suspiró el rubio sonriendo con un ligero rubor en sus mejillas.

    –Qué extraño, siempre que Sakura dice algo logra convencer a Naruto a la primera –dijo Tenten en voz baja.

    –¿Por qué crees que es así? –le preguntó Neji mirándola de reojo.

    –Bueno, ya que vamos a tomar un descanso, que valga la pena, ¿no? –llamó Gai señalando un edificio cerca de allí–. Nada como un buen baño en aguas termales y la cálida habitación de una posada.

    –¡Eso suena genial! –exclamaron las dos chicas del grupo.

    –“Yosō-gai no” que nombre más raro –dijo Naruto.

    Sin más que agregar, el grupo decidió tomarse esa tarde y noche libre para relajarse y recuperar sus fuerzas pérdidas durante el largo viaje. Se registraron y de dispusieron a gozar de lo que ese lugar les ofrecía, entre comida y baño con aguas termales.

    Ahora nos encontramos en una vereda cerca de un rio. Es por allí que un grupo singular de personas avanzan a paso lento, aunque no parecen estar rebosantes de energía.

    –Podemos parar un, una noche por favor –jadeaba un chico de cabellos largos y una banda en la frente, el mismo Hiroshi Fujigawara. Quien parece estar terriblemente agotado.

    –Si, por piedad. Llevamos días caminando sin parar –agregó la hija menor del daimyo Shimazu, la bella Miri Shimazu.

    –Ayako-sensei, Hiroshi y la señorita Miri tienen razón, estamos muy cansados para seguir, debemos descansar para recuperar energías –agregó Akira, quien no se notaba diferente a los otros tres.

    –Vaya, trio de flojos tenemos aquí –rio el psicótico Gadi. A diferencia de los otros tres no parecía tan cansado.

    –Quizás tengan razón. Necesitamos estar frescos y descansados para nuestra misión –suspiró Ayako–. Esta noche vamos a descansar, hagan un campamente y…

    –sensei, mire –llamó Yura señalando una posada con aguas termales en la distancia–. ¿Qué tal si descansamos allí?

    –No creo que podamos, no tenemos dinero…–alegó Ayako sin convencerse que fuera una buena idea.

    –¡¿aguas termales?! –exlcamó Miri sorprendida–¡Yo pago lo que sea, pero descasemos allí!

    –¡No se diga más, vayamos entonces! –agregó Hiroshi secundando a Miri.

    Sin que los demás dijeran nada, Miri y Hiroshi corrieron a toda velocidad para llegar allí.

    –“Yosō-gai no” que nombre más extraño para una posada –comentó Akira. Siguiendo a su amigo y a la chica.

    –Enoshima, te advierto que no quiero que hagas un desastre, debemos pasar inadvertidos, ¿entendido? –dijo Ayako mirando de reojo al otro samurái a su lado.

    –Oye, estás hablando conmigo, preciosa. Sabes que soy todo un caballero –dijo él, claramente a manera de burla. Pasando de ella y yendo con los demás.

    –¿Todo bien, sensei? –preguntó Yura a su mentora, pues notaba como Ayako miraba con seriedad y desconfianza a Gadi.

    –No me agrada ese sujeto, es un demente y un criminal. Debo mantenerme alerta para evitar que haga alguna locura –respondió Ayako.

    Sin más que agregar, el grupo de seis samuráis se encaminaron hasta llegar a esa posada, donde se registraron y fueron a sus habitaciones, para luego gozar de lo que ese recinto les ofrece, entre comidas y los baños con aguas termales.


    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     
  7.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

    Aries
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    18 Junio 2016
    Mensajes:
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    28
     
    Palabras:
    4422
    Capítulo 24: Yoso-gai no

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    01 de Marzo. Frontera del país Helado y el país del Rayo

    Es una calurosa noche en el país Helado, por contradictorio que suene. Nos encontramos en una gran posada, donde minutos antes un grupo de samuráis llegaron con intenciones de descansar y disfrutar de los servicios que allí se ofrecen. Sin saberlo, allí también se encuentra un grupo de ninjas que llegaron antes con las mismas intensiones.

    Los jóvenes Hiroshi y Akira salieron de la habitación que les fue asignada, se deshicieron de todo su equipo de samurái, quedando solo vestidos con batas de baño.

    –Oye, Akira, sabes, ¿me siento raro sin mi espada? ¿No crees que deberíamos llevarlas con nosotros? –cuestionó dudoso el pelinegro Fujigawara, que de momento lleva su cabello suelto y no lleva su típica banda en la frente.

    –No digas tonterías, Hiroshi, no podemos deambular por aquí con espadas. Aunque debo decir que es extraño verte sin tu banda, deberías quitártela más a menudo… o al menos lavarla –comentó Akira, quien también posee el cabello largo y negro, pero decide llevarlo atado.

    –Ni lo sueñes, esa banda y mi espada son lo más valioso que tengo en la vida, solo me la quito para dormir, y no hace falta lavarla –respondió él mientras se encaminaba a los famosos baños de aguas termales.

    –Das asco, amigo –bufó Akira siguiéndolo.

    Durante su trayecto pasaron por los pasillos de las demás habitaciones. Mientras conversaban de cosas triviales, un par de jóvenes chicas pasaron frente a ellos, una preciosa pelirosa de ojos verdes, acompañada de una chica, notan bella, pero igual muy atractiva, de cabello castaño y ojos marrones.

    –Por la diosa del sol, mira eso, Akira –susurró Hiroshi con una enorme y tonta sonrisa al verlas, dado leves codazos a su amigo.

    –Mierdas, ya vas a empezar –suspiró Akira, sabiendo bien lo siguiente que haría su compañero.

    Tal y como lo pensó, Hiroshi se acercó a ese par de chicas, rápidamente, forzando una postura más recta y fuerte, y no es que lo necesitara, todo samurái posee una complexión atlética con los músculos bien definidos.

    –Naruto ha mejorado mucho, ya no es el niño tonto e impertinente que era, se le nota más maduro –decía Sakura a su compañera, sin prestar atención.

    –Buenas noches, linduras –llamó Hiroshi, con cierto detalle a la hora de hablar.

    –¿Está engrosando la voz? –arqueo la ceja Akira al oírlo.

    –¿Disculpa? –alegó Tenten, sorprendida, y quizás ofendida por cómo las llamó.

    –Lo siento, es que no pudo evitar notar lo hermosas que ambas son, y pensé, ¿Qué tal si me acercó a ellas y les invito algo? ¿Os gustaría acompañarme?

    –Qué pena, pero no vamos al bar, nosotras nos dirigimos a los baños, con permiso –respondió Sakura de forma seria, pasando de él.

    Pero el joven samurái es insistente. Rápidamente se colocó frente a ella otra vez, tomando una postura más presumida.

    –Nunca dije que iba al bar. Qué tal si los tres vamos a los baños mixtos, y nos conocemos mejor –terminó su frase con una sonrisa más que soberbia, y tonta.

    –¿En verdad dijo esa estupidez? –se dijo a sí mismo Akira sorprendido por tal imprudencia.

    La cara de Sakura ya advertía lo que iba a pasar. Iniciando con un enorme sonrojo, entre ira y sorpresa, que terminó con una poderosa bofetada en el rostro del samurái, quien terminó en el suelo.

    –¡Maldito pervertido! –gruñó la pelirosa pasando de él, aun con un gran enojo. Y tampoco es que Tenten estuviera diferente, pero la bofetada de Sakura bastó para darle su merecido.

    –Sabes, creo que cada vez superas más tus estupideces. No soy experto en mujeres, pero estoy seguro que no es la mejor forma para iniciar una conversación –comentó Akira acercándose a su adolorido compañero.

    –¿En serio? No lo había notado, genio –respondió con sarcasmo mientras se sobaba la mejilla, donde la mano de la kunoichi quedó marcada, y un par de lágrimas se asomaban en sus ojos–. Solo a mí se me ocurre fijarme en ella. Ni que fuera tan guapa, está más plana que mi espalda.

    –Sí, sí, lo que digas, don juan –no pudo evitar reír por la forma tan orgullosa de justificarse–. Será mejor que vayamos pronto a los baños, si Yura y Ayako sensei te ven esa marca, y saben cómo te la ganaste, te harán otra para dejarte simétrico.

    –No me amenaces. Hiroshi Fujigawara no le tiene miedo a un par de mujeres enojonas –alegó cruzado de brazos.

    –Hola sensei–. Dijo Akira.

    –¡No es cierto, no dije eso! –exclamó asustado Hiroshi, solo para darse cuenta que fue broma de Akira,–. Idiota. Bueno, ya vamos a los baños, vale.

    Sin más que decir, el par de chicos puso rumbo a ese lugar. En esta hermosa y romántica posada existes tres de esos baños públicos, uno para hombres, otro para mujeres, y uno mixto, este último para cierta clase de personas que no tienen inhibiciones morales y buscan otro tipo de relajamiento, pero eso es otra historia.

    El baño de los hombres es bastante espacioso y pulcro, cuenta con las típicas tomas de agua donde asearse tranquilamente sentado en un taburete. En el fondo se encuentra un gran jacuzzi donde uno puede sumergirse, sentarse y disfrutar de las cálidas aguas que son segregadas desde una lejana terma.

    Es aquí que una tercia de jóvenes ingresaban, como es costumbre, y por reglas, solo portando un par de toallas en la cintura. Eran Naruto, Neji y Rock Lee.

    –Que bien, el lugar está casi vacío –comentó el cejotas dirigiéndose al jacuzzi.

    –¿Que pasa Lee? A caso te molesta la compañía –rio Naruto.

    –No es eso, simplemente deseo relajarme en silencio y disfrutar de este lugar –respondió tranquilamente.

    –Cuando hay muchas personas, curiosamente, el agua suele ser más cálida de lo normal –comentó Neji.

    Los tres jóvenes mostraban sin problema sus cuerpos trabajados con arduo entrenamiento, pechos planos y marcados, seguidos de abdómenes tersos donde los músculos se pueden apreciar sin problemas, pero es Lee quien muestra una tonificación más detallada por su entrenamiento de taijutsu. Aun así son delgados y de constitución ágil y ligera. Muchas mujeres caerían encantadas ante dicha vista.

    –Sí, esto era lo que necesitaba –suspiró el rubio entrando en las cálidas y cristalinas aguas.

    –Sí, es genial –secundó Lee.

    Neji también disfrutaba del momento, pero como era costumbre, no hablaba tanto como el otro par, que no tardó en iniciar una larga charla acerca del sus entrenamientos. Es en este momento que hacen acto de presencia otro par de chicos, mayores por un par de años a los ninjas, son Hiroshi y Akira.

    Es aquí donde podemos apreciar la disparidad entre el físico de un samurái y un ninja. El Fujigawara y el Tokisawa, son más altos que los ninjas, y sus músculos son más desarrollados, destacando sus fornidos brazos, que denotan un par de venas resaltadas, sus pectorales lucen más duros, y sus piernas, la base de toda defensa samurái, son fuertes y torneadas. Los samurái suelen optar por la fuerza, de manera que suelen ser más corpulentos que los ninjas, aunque hay sus excepciones, aunado a ellos, su estatura es ligeramente superior por naturaleza.

    Imaginaos una joven e incauta chica entrar por “error” y toparse con esos cinco adonis expuestos. El ambiente no sería lo único húmedo entonces.

    –Entonces ella se enojó porque le dije la verdad –relataba Akira, acerca de un viejo dilema con su ex novia–. No logro entender el origen de su molestia, ella siempre me pedía ser honesto, y aun así se enojaba cuando le decía la verdad.

    –Cielos, cielos, mi estimado e ingenuo Akira –sonrió Hiroshi, como aquel que supiera más–. ¿Que no sabes que, en ocasiones, cuando las mujeres te piden que les digas la verdad lo último que desean escuchar es la verdad?

    –Eso no tiene lógica, Hiroshi –alegó este sin entender tal planeamiento–. ¿Quizás hice algo malo y no me di cuenta?

    –Lo que necesitas es una hermosa chica que te quiera de verdad, no a esa tonta –alegó Hiroshi entrando al agua, manteniendo su distancia con los ninjas, aunque esto de manera inconsciente.

    –Mira quien lo dice. Yo nunca te he conocido una novia, solo un par de chicas que te rechazaron de la peor manera –objetó Akira entrando junto a su compañero.

    –Yo no soy un hombre de una sola mujer, amigo mío. Yo tengo mucho amor y pasión para todas las que deseen tomar un poco de mí.

    –Me encanta como te vanaglorias de una fama o habilidad que nunca has tenido, ¿con cuántas mujeres te has acostado? –cuestionó a manera de reto el Tokisawa.

    –Pues con mas que tú, seguramente –alegó su compañero de forma seria.

    –¿Eso es un reto o algo así? –espetó Akira al instante–. No habré tenido muchas, pero al menos las he hecho más felices que tú, yo soy un caballero de primera, y tú un pervertido de segunda –se puso de pie.

    –No necesito darles flores o chocolates o frases románticas para hacerlas felices, solo basta con que sepan de lo que soy capaz, si sabes a qué me refiero –dijo Akira poniéndose también de pie y encarando a su compañero.

    Los ninjas no intervenían en la conversación, pero era imposible no escucharlos. Y más imposible fue no mirarlos al ponerse de pie sin las toallas, que se quitaron antes de entrar al jacuzzi. Pues tenían algo de que presumir.

    –…de repente, me siento… pequeño –pensó Lee mirando su entrepierna.

    –Eso, eso no significa nada Lee, solo… solo es una pequeña diferencia –alegó Neji, sin poder ocultar su sorpresa, mirándoles de reojo.

    –Yo no diría que “eso” es pequeño –dijo Naruto sonrojado, y quizás con menos ánimos.

    A sí en sus alturas, si hablamos de virilidad hay una notoria diferencia entre ninjas y samurái, diferencia a favor de los samurái.

    –¿Lo ves? Eres un pervertido, solo piensas en eso. No te importa el corazón de las mujeres, déjame decirte que ganarte el amor y el cariño de una mujer es mil veces mejor que solo acostarte con ella –siguió hablando Akira, sin prestar atención a los ninjas–. El sexo es limitado, pero el amor verdadero es para siempre –Akira era un joven inteligente y sabio, versado en las artes y los conocimientos, no necesitaba la fuerza o la intimidación para ganar una discusión.

    –…Mierda –musitó Hiroshi agachando la mirada, entendiendo que su amigo era quien estaba en lo correcto y él, como casi siempre, equivocado. No es que Hiroshi fuera un mal hombre, pero era terriblemente impulsivo y solía ser presumido hasta del menor logro, además de muy terco–. Tú ganas, Akira, tienes la razón. Se de lo que hablas –dijo con una voz más baja, regresando a sentarse.

    –¿En serio?... oye tu nunca dejas una discusión tan fácil –se sorprendió bastante del repentino cambio en la postura de él.

    –Ya sabes bien porque –desvió la mirada con un leve sonrojo–. Puedo ser un idiota y un pervertido con las mujeres, pero yo también puedo enamorarme, ¿sabes?

    –No me jodas, ¿Estás enamorado, tú, Hiroshi Fujigawara? –Akira no creía lo que su amigo decía, pero por su serio semblante sabía que no era una broma–. ¿De quién?

    –De, de la señorita Reiko Tokugawa –confesó algo cohibido, anticipando la reacción de Akira.

    –Por la diosa del sol. ¿No estarás hablando en serio? –no paraban las sorpresa.

    –¿Por qué siempre que hablo de ella tienen esa reacción? –objetó con frunciendo el ceño.

    –Lo siento, pero es que, amigo, no puedes enamorarte de ella, recuerda quienes son su padre y su hermano, y bueno, sabes que ella no es una buena persona y, pues, está… loca.

    –Eso es mentira, tu, Yura y Ayako-sensei siempre dicen eso, pero no les consta, son solo rumores que difundieron para difamarla –cruzó los brazos desviando la mirada, claramente ofendido por lo que decían se esa chica.

    –¿Y a ti te consta que son mentiras? –cuestionó Akira.

    –Sí, me consta –respondió al instante de forma cortante.

    –¿A sí, y por qué? –insistió.

    –Porque ella me salvó la vida, cuando ni siquiera sabía quién era yo –fue la respuesta, de Hiroshi, mientras en su mente un recuerdo llegaba.

    Akira se impactó por tal revelación, Hiroshi nunca había confesado eso. Mientras los samuráis conversaban los tres ninjas cerca de ellos no pudieron evitar escuchar esa conversación, y hubo cierta alusión por el tema, con iguales resultados.

    –Menuda par de raros –comentó Neji.

    Pero se extrañó de no tener respuesta por parte de sus colegas, al mirarlos supo que no estaban de bueno humor precisamente.

    –¿Qué les pasa? –cuestionó el Hyuga.

    –Oye Neji, dime ¿Tú te has enamorado o te gusta alguien? –preguntó Rock con cierta curiosidad.

    –¿A qué viene eso? No, supongo que no. Los sentimentalismos y relaciones románticas no me interesan –respondo despreocupado.

    –Típico de ti, Neji –rió Naruto levemente, pero no podía ocultar su desanimo repentino.

    –Bueno, ya que estamos en la hora de los sentimentalismos, Naruto, ¿Tú sientes algo por Sakura aun? –preguntó Lee.

    –¡¿Qué?! –exclamó sorprendido por la repentina pregunta, al tiempo que se ruborizaba–. ¿De qué hablas Lee? Yo no estaba enamorado de Sakura.

    –¿A quién tratas de engañar? Tú mismo lo dijiste muchas veces, mismas que Sakura te mandó a volar, eso hasta yo lo sé –comentó Neji.

    –Gracias, Neji –bufó Naruto con obvio sarcasmo. Suspiró profundo y se relajó un poco–. Que puedo decir, nunca he sido bueno para disimular. Durante estos tres años que no estuve en la aldea y me fui a entrenar con Jiraiya, creí que podría olvidar esos sentimientos hacia Sakura.

    –¿Y, lo lograste? –preguntó Lee.

    –No, no lo logré –dijo con pesar–. Creo que, incluso, estos sentimientos solo incrementaron al estar tanto tiempo lejos de ella. No puedo evitarlo, es mi amiga, mi mejor amiga y compañera, no obstante, ya saben, quisiera algo… algo más.

    –Pero ella sigue enamorada se Sasuke, ¿no? –Alegó Lee–. Y eso no ha desaparecido en estos años, diría que ella está aún más enamorada que antes. No deja de pensar en encontrarlo y hacerlo regresar a la aldea.

    –Lo sé, yo le prometí que lo haría regresar –dijo Naruto. Haciendo una larga pausa–. ¿Quieren que les diga la verdad? Sasuke es mi amigo, y todo eso, pero él decidió traicionar a la aldea, fue su decisión, ya sea para a bien o para mal, él quiso hacerlo, no puedes obligar a alguien a regresar al lugar del que escapó por voluntad. Él no es un criminal como Orochimaru, solo quiere hacerse fuerte para vengar a su familia de quien los asesino. Quizás, tan solo quizás, Sasuke no esté lejos de lo correcto.

    –Estoy en discrepancia con eso, pero, puede que tengas cierta razón. Aun así, ¿cuál es el punto? –cuestionó Neji sin entender esa explicación y a que venía.

    –Que solo me interesa traer a Sasuke de regreso…por Sakura –dijo titubeando. Tal revelación desconcertó a los otros dos ninjas allí presentes–. Lo sé, es estúpido –dijo riendo de forma hilarante, tratando de ocultar su tristeza–. Traer de regreso al chico de quien está enamorada la chica de quien yo estoy enamorado, es lo más estúpido que alguien puede hacer.

    –¿Y por qué deseas hacerlo? –esto lo preguntó Hiroshi, interviniendo en la conversación de los ninjas. Pero de forma respetuosa y realmente interesado en la respuesta.

    Naruto se extrañó de la intervención de un desconocido en la conversación, pero qué más da, al fin y al cabo él no sabe de quién habla y poco podía repercutir.

    –¿Por qué deseo hacerlo? –repitió la pregunto, para sí mismo–. Por qué no hay nada que me duela más que verla triste, verla llorar, y sé que solo él puede aliviar su llanto y hacerla feliz de verdad.

    –Carajo –suspiró Hiroshi–. Eso es triste, rubio. Aun así, a diferencia de mí, tú tienes el gusto y la alegría de estar cerca de ella, la chica de la que estoy enamorado ni siquiera sabe quién soy –comentó, tratando, de alguna manera, de animar a Naruto–. En ocasiones, es mejor olvidar o ignorar los sentimientos, ¿no?

    –Desearía que fuera tan fácil olvidar e ignorar los sentimientos. Muchas veces he estado a punto de decirle lo que siento por ella. Pero, casi siempre ella saca el tema de Sasuke y lo mucho que le preocupa y lo extraña… ¡eso me jode! –gruñó al final.

    –¿Y ese Sasuke siente algo por ella? –cuestionó Akira de forma seria.

    –No lo sé, no lo creo. Él nunca mostró ningún interés en Sakura, está obsesionado con su maldita venganza. Diría que no, aunque no lo sé –respondió pensando en ese detalle, detalle que no había contemplado antes.

    –Te daré un consejo. Si crees que ella no tiene oportunidad con él, no la lastimes con un amor imposible, hazla entrar en razón, la verdad duele, pero se puede superar, una esperanza falsa da pie a cosas falsas –dijo el samurái.

    –Maldita sea, Akira, ahora entiendo que es lo que siempre estás leyendo –comentó Hiroshi sorprendido por tan profundas palabras.

    Naruto pensó un largo rato las palabras del desconocido, ¿tenía razón? Quizás, ¿pero cómo decirle a Sakura que Sasuke no regresará o que ella no le interesa? Esas tribulaciones mentales solo daban como respuesta una palabra al rubio.

    –No quiero lastimarla, no quiero ser el causante de su tristeza…no quiero que me odie –pensaba Naruto.

    Dejamos pues de lado a este grupo de jóvenes y nos dirigimos a otro baño, más precisamente, al baño de mujeres. Al igual que el de los hombres estaba casi vacío, exceptuando únicamente a un par de bellas y jóvenes kunoichis que disfrutan del cálido Jacuzzi.

    Sakura y Tenten, dos de las flores más hermosas de Konoha. Cada una con atributos diferentes pero compartiendo la gracia de un cuerpo femenino desarrollado, sensuales y sublimes a los ojos de cualquier hombre. Pieles suaves, cuerpos delgados y rostros de princesa, ¿qué más se puede pedir?

    A los pocos minutos una tercia más de mujeres hizo acto de presencia en dicho lugar, eran las tres encantadoras samuráis, la joven Yura, Miri y la notan joven, pero igualmente preciosa, Ayako. A diferencia de los hombres ninjas y samuráis, entre las mujeres no hay diferencias físicas que puedan identificarlas. Las tres féminas caminaban tranquilamente hacia el jacuzzi conversando entre ellas suavemente. Verlas caminar, solo cubiertas por unas delgadas toallas, era un placer en sí mismo. Su cuerpos de contoneaban con elegancia y gracias propias de las mujeres.

    Al llegar al jacuzzi se despojaron de las tollas para entrar al agua. Desnudas, sin nada que nada pueda cubrir las zonas más eróticas de sus cuerpos o sus bellas curvas. Quizás a Tenten esto no le importaba, pero la pelirosa no pudo evitar apreciar el busto de estas mujeres. Yura y Miri no eran nada fuera de lo común, de hecho Yura tenía cierto parecido con Sakura en ese aspecto. Pero cuando miró la mayor, sintió ese complejo que siempre la ha molestado, pues aquella mujer de edad madura posee un par de senos de gran tamaño.

    –¿Sakura? –llamó Tenten de forma suave al verla con la mirada perdida en aquella mujer.

    –¿Qué? –dijo reaccionando–. Lo, lo siento, me distraje –dijo un poco ruborizada.

    –Sí, lo noté –rio ella–. Ahora que lo pienso, el tipo con el que nos topamos de camino a acá, era un tonto, pero era guapo, ¿no crees? –dijo con un leve sonrojo.

    –Sí, supongo que sí, aunque no es la clase de chicos que me gusten –respondió buscando relajarse otra vez.

    –¿No? ¿Y cuál es la clase de chicos que te gustan? –preguntó con curiosidad.

    –A decir verdad, no encuentro a muchos chicos atractivos, no me interesan de esa forma…salvo uno –a su mente llegaba la imagen de su anhelado pelinegro Uchiha. Causándole nostalgia.

    –¿Sasuke? –cuestionó ella–. ¿Aun sigues enamorada de él?

    –¿Enamorada? –se preguntó a si misma musitando, mientras una inocente sonrisa se dibujaba en su rostro–. Si, esa es la palabra adecuada para describirlo –cerró los ojos, dejándose llevar por la calidez y tranquilidad de lugar, viajando a sus fantasías–. Sasuke siempre fue el deseo de muchas de nosotras cuando éramos niñas. Había algo en él que lograba que todas lo miráramos. No sé en qué momento dejó de ser un simple capricho de niña, para volverse algo más real y profundo

    –Sí, es cierto, supongo –sonrió Tenten. Si bien, no es que le guste el Uchiha, no puede negar que es un joven muy apuesto–. Aunque debo decir que te veo más unida a Naruto.

    –¿Naruto? –musitó–. Es un buen chico, él ha cambiado mucho, ha madurado rápidamente… –decía la pelirosa.

    –Tanto física como mentalmente –musitó la pelicafé para sí misma.

    –Me gusta estar con él, sabe cómo alegrar el día de cualquiera, y no ha dejado de ser un poco tonto, pero es esa clase de tonto que te agrada y te hace reír. Es un gran compañero, y mi mejor amigo –respondió con una sonrisa, pero no era la sonrisa que el rubio desearía verle, era una sonrisa sincera y amigable.

    –¿Mejor amigo? –esto lo dijo la samurái Yura, quien, inconscientemente había escuchado la charla de las kunoichis.

    Esa frase, tan habida entre los jóvenes, capaz de causar alegría como decepción. Y lo segundo parecía ser el caso de la linda Yura.

    –¿Pasa algo Yura? –preguntó con curiosidad Miri, mientras peinaba su cabello rubio platinado–. De repente quedaste callada.

    –… ¿Qué? Lo siento, no, no es nada –era obvio que mentía, su mirada persistió agachada por unos instantes hasta que decidió hablar –Miri, tú tienes veintiocho años, ¿verdad?

    –¿Si? –respondió arqueando la ceja extrañada por la pregunta.

    –Tú, bueno…Hmmm…. ¿Te has enamorado de alguien? –preguntó con cierto titubeo.

    –…Para nada, no me interesan esas cosas –respondió tranquilamente–. Es difícil encontrar a un hombre que valga la pena.

    –¿Qué valga la pena? –dijo Ayako sonriendo, mientras acomodaba su rojo cabello hacia atrás–. Niña, lo dices como si una relación fuera un castigo. No todos los hombres son iguales, y algunos pueden llegar a sorprenderte con su verdadera personalidad.

    –Pues todos los que me he topado son unos imbéciles –bufó la rubia.

    –¿Su verdadera personalidad? ¿A qué se refiere con eso sensei? –preguntó con mayor interés la castaña, Yura. Y, sin que lo notaran, las dos ninjas también se interesaron en su conversación.

    –Quizás no lo sepan, pero los hombres no son lo que dicen ser, en el fondo ellos también pueden ser tiernos, cariñosos, atentos y mables, sin embargo, esta personalidad solo la van a revelar a la mujer de quien estén enamorados, quizás por orgullo y para no verse débiles ante sus amigos. Al final, por más rudo y fuerte que se vea un hombre, dentro de él hay ternura –dijo ella, y claro está que con su edad y vivencias esa mujer sabe de lo que habla.

    –¿En serio? –Preguntó Sakura, entrando en la conversación–. ¿Usted cree que todos los hombres son así?

    –La pelirosa tiene razón en cuestionarlo, eso no es verdad. La mayoría son patanes que solo se interesan en pelear y acostarse con todas las mujeres que puedan –alegó Miri.

    –Les puedo asegurar, Miri, y jovencita, hasta el hombre más pervertido y mujeriego puede llegar a enamorarse, y cuando lo hace, olvida para siempre ese deseo por estar con cualquiera, solo se fijará en una. El problema es que los hombres suelen ser un poco menos racionales en esos aspectos, llegando a enamorarse sin motivo alguno o casi por cualquier cosa –explicó ella, haciendo honor a su título de sensei.

    Las chicas se quedaron sorprendidas por eso. Quizás tenía razón, quizás lo habían vivido y no lo habían notado. Los hombres no pueden entender a las mujeres, así como ellas no pueden entenderlos a ellos, eso hace más especial, misterioso y difícil al amor.

    –¿Sensei, usted alguna vez se enamoró de un hombre? –preguntó Yura con curiosidad, mientras que en su mente, cierto chico se hacía presente, imaginándolo en una faceta cariñosa.

    –A decir verdad, sí. Era el hombre perfecto, caballeroso, atento, amable, cariñoso, fuerte, inteligente, guapo. Todo lo que una mujer puede desear –una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, mientras los recuerdos llegaban uno tras otro.

    –Déjeme adivinar, ¿la engañó? –sonrió de lado Miri, buscando solventar su punto.

    –¿Se hicieron pareja? –preguntó Sakura con interés, colocándose a sí misma en esa ficticia situación con cierto pelinegro.

    –No, nunca estuvimos juntos. No me enorgullece, pero por más que intenté seducirlo el jamás cayó, y, terminó por odiarme y alejarse de mi –suspiró con pesar.

    –Los hombres son tan idiotas, ya desearía ese tipo haber estado con una mujer como usted una sola noche –alegó Miri.

    –¿A caso él no se sentía atraído por usted o se sentía intimidado? –preguntó Yura–. He escuchado que algunos hombres no les agrada emparejarse con mujeres fuertes –dijo Yura, refiriéndose a que son samuráis. Y como ella dijo, algunos hombres suelen intimidarse por eso.

    –Seguro luego se arrepintió de no haberla aceptado, ¿verdad? –comentó Tenten.

    –No chicas, yo fui la culpable, él solo hizo lo que debía. Mi error fue enamorarme de un hombre casado…casado con mi mejor amiga –reveló, sabiendo perfectamente que lo que hizo estuvo mal–. Él amaba a su esposa más que a nada, por eso nunca aceptó estar conmigo. Era un verdadero hombre, y yo le falte al respeto con mis proposiciones, a la vez que traicioné a mi amiga, aunque ella nunca lo supo.

    Las cuatro se sorprendieron, tanto por que les hablaba de un hombre verdaderamente fiel, como por que les revelaba que traicionó a su mejor amiga.

    –Nunca me había dicho eso, sensei –dijo Yura sorprendida.

    –No es que me guste hablar de eso –rio nerviosa–. Niñas, lo que yo hice estuvo muy mal, hasta el día de hoy me arrepiento. No hay nada peor que tratar de separar a dos personas que se aman de verdad. Y, estoy agradecida por que me haya rechazado, no podría vivir sabiendo que le arrebaté su esposo a mi mejor amiga.

    –Entiendo, sensei –asintió Yura–. Solo, solo por curiosidad, ¿quién era él?

    –Bueno, te lo diré, pero Yura, no puedes decirle de esto a Hiroshi –advirtió de forma seria–. El nombre de aquel hombre era Hideki Fujigawara –un leve sonrojo se apoderó de sus mejillas al recordarlo.

    –¿Y por qué Hiroshi no pueden enterarse de esto? –cuestionó Yura.

    –Porque Hideki, era el padre de Hiroshi –reveló la sensei, sorprendiendo enormemente a Yura.

    Continuara…

    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     
  8.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

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    Título:
    Naruto: El resurgir del samurái
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    Género:
    Acción/Épica
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    Palabras:
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    Capítulo 25: Ninjas y samurais

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    01 de Marzo. Frontera del país Helado y el país del Rayo

    Mientras los jóvenes hombres y mujeres, samuráis y ninjas, se relajaban tranquilamente en los baños de sus respectivos géneros, otros miembros de dichos grupos preferían disfrutar de su momento de relajación en el restaurante de la posada.

    Es en ese lugar que los jonin de la hoja, Kakashi y Gai, se encontraban comiendo y bebiendo para relajarse. Para el ninja de la máscara resultaba entre aburrido y molesto escuchar una y otra vez los retos y relatos de la bestia azul, todos competentes a sus habilidades físicas.

    Para poder comer y beber Kakashi no lleva su máscara, de manera que su rostro está expuesto y poco le importa realmente. Su mirada se despegó de la comida para plantarse en cierta persona que estaba al fondo de la habitación.

    En dicha zona estaba el mismo Demonio de Hielo, Gadi Enoshima, otro miembro del equipo samurái. Aunque no se le ve mal acompañado, pues comparte el momento con dos bellas mujeres, ataviadas con kimonos sugerentes. Se sientan a los lados del samurái mientras se ríe y las abraza de forma poco caballerosa.

    –Ese idiota no dejaba de retarme, una y otra vez, y otra vez decía lo mismo “Estas loco, es momento que alguien te de tu merecido” –relataba Gadi acerca de una pelea que tuvo ya hace varios años con otro samurái.

    –Cielos, ¿y no te asustaste? –cuestionó una de las mujeres de forma coqueta mientras acariciaba el pecho del samurái.

    –¿Miedo? Esa palabra no existe en mi vocabulario. Yo jamás escaparé a un reto, sin pensarlo dos veces me lancé sobre ese imbécil. No tuve que hacer uso siquiera de mi espada, era un debilucho –respondió mientras reía y daba un gran trago a su copa–. ¡Maldición, esto sí que está bueno! ¡Oye, amigo, trae otra botella! –llamó al mesero.

    –Debes de ser muy fuerte, acabaste con él solo con tus puños –comentó la otra mujer mientras se acercaba a él besando su cuello.

    –Preciosa, ustedes no tienen idea de lo que soy capaz –lamió sus labios para luego besarla de forma lasciva–. En verdad, no tienen idea de lo que soy capaz –le susurró al oído haciéndola sonrojarse un poco.

    Qué suerte tiene ese sujeto, son un par de chicas muy lindas –pensó Kakashi al verlo, y sobre todo al ver cómo eran ellas las que más deseosas estaban.

    –Menudo grosero, ¿no crees? –cuestionó Gai a su compañero. La bestia azul también había sido testigo de los deslices del samurái con ese par de mujeres, y, a diferencia de Kakashi, a él no parecía agradarle tal escena.

    –¿De qué hablas, Gai? –cuestionó Kakashi.

    –De lo irrespetuoso que está siendo con ellas –explicó él–. No me agrada ver esa clase de escenas en un lugar público –espetó con cierta seriedad.

    –Qué más da, amigo. Además, parece que a ellas no les molesta lo que él hace, solo míralas, se ven muy animadas –en el fondo Kakashi quisiera ser ese sujeto en ese momento.

    –Sí, lo que digas. Pervertido –no muy conforme, pero tampoco es que pudiera o debiera hacer algo, así que no le dio más importancia y volvió a seguir comiendo.

    –¡Oye, maldita sea! ¡¿Dónde está mi botella?! –exclamó Gadi ante la tardanza de la mesera.

    Tan rápido como pudo una chica, que era otra mesera, se acercó con la botella que el samurái exigía. Al verla Gadi sonrió de lado, una sonrisa maliciosa.

    –Mierda. Por la diosa del sol, ¿que tenemos aquí? –sonrió mirándola de pies a cabeza.

    La chica se intimidó ante la perversa mirada del hombre. No era necesario preguntar, a simple vista se notaba que es bastante joven. Viste un lindo kimono blanco con flores rosas, que se ajusta a su delgado cuerpo.

    –¿Qué edad tienes, lindura? –preguntó, casi ignorando a las dos mujeres que tenía con él.

    –d-diecinueve, señor –respondió titubeando.

    –Sabes, eso suena muy bonito –rápidamente se levantó encarándola. Él samurái le sacaba bastante en altura, pues ella era algo baja–. Me gustan las jovencitas, como tú. Qué tal si te quedas conmigo, y me haces compañía también.

    –No, no puedo hacer eso –negó asustada.

    –Oye, déjala en paz, ella aún es muy joven –alegó una de las mujeres que estaban con él, aunque la verdad es que le daba un poco de celos.

    –Sí, ¿Acaso no tienes suficiente con nosotras? –cuestionó la otra de brazos cruzados.

    –Créanme, ustedes no son suficiente para mí –las miró de reojo con una enorme sonrisa–. Los hombres como yo, necesitamos muchas mujeres para saciarnos, ¿sabes? –eso se lo dijo a la chica–. Y tú me gustas mucho. No aceptaré un no por respuesta.

    –¡Oye, déjala en paz! –exclamó Gai levantándose de su mesa en un instante.

    Todos volvieron a verlo, sorprendidos por la repentina interrupción del ninja, que, obviamente desconocen que es un ninja.

    –¿Perdón? –preguntó Gadi sorprendido–. ¿Dijiste algo, cabeza de hongo?

    –Lo que escuchaste, idiota. Deja a la chica en paz –insistió con una gran seriedad, mirando con fieros ojos al samurái.

    –Debo admitir que ya me estaba incomodando la forma en la que tú y el otro sujeto me miraban –respondió riendo mientras se acercaba a Gai–. Llegué a pensar que eran de esos raritos que no les gustan las mujeres. Pero veo que me equivoqué. Dime, ¿Por qué debo dejar de hacerlo?

    –Odio a las personas como tú –gruñó Gai acercándose también–. Creen que pueden ir por allí y hacer todo lo que quieran porque son fuertes. Pues no, así no son las cosas. Será mejor que te retires de este lugar o tendremos problemas.

    –¿Me estas retando, cabeza hongo? –el samurái, amante sin escrúpulos de la violencia, sonrió enormemente al encarar al ninja, con quien por cierto, solo había un par de centímetros de diferencia en sus estaturas.

    –Gai, basta, no es el lugar, ni el momento… –Kakashi se levantó para evitar que su amigo hiciera algo imprudente. Sin embargo, en ese momento notó algo, algo muy particular que Gai parecía ignorar– ¿Qué está pasando?

    En el momento en que Gadi se levantó y se acercó a ellos, extrañamente, la temperatura del lugar comenzó a descender, hasta el punto que el frio se hizo notorio.

    –Me encanta cuando me retan, por que disfruto ver a un imbécil que creyó ser valiente, morir en el suelo –la sonrisa socarrona de Gadi desapareció, dando paso a una mirada más seria y asesina.

    –Pues esta vez será diferente. Esta es la última advertencia, vete ahora, o esto se pondrá muy violento –advirtió Gai apretando los puños.

    Gadi no estaba dispuesto a eso, en el fondo, ansiaba poder luchar. Encaro mirando a los ojos al ninja, e igual apretó los puños, y la temperatura descendió aún más, hasta el punto en que podían verse los alientos de los allí presentes.

    –¿Qué está pasando? –cuestionó Kakashi mirando en todas direcciones si entenderlo.

    –¿A caso la calefacción está fallando? –dijo la mesera temblando un poco.

    –¿Es alguna clase de jutsu? ¿En qué momento lo activó? –se preguntaba a sí mismo Kakzshi.

    En una sola fracción de segundo, ambos se atacaron con un poderoso puñetazo derecho dirigido al rostro del rival. El impacto resonó en el lugar, sorprendiendo y asustando a los presentes.

    –Hijo de puta, sí que eres fuerte. Eso me dolió mucho –dijo Gadi con el puño de Gai en rostro.

    –Lo mismo digo, imbécil. No eres débil –respondió Gai con el puño de Gadi en su mejilla, al tiempo que una delgada línea de sangre escapaba de su labio.

    –¡Gadi! –se escuchó la voz de una mujer entrando al lugar–. ¿Qué diablos estás haciendo? –era la misma Miri, quien había llegado solo vestida con una bata de baño y el cabello aun humedo.

    –Solo me divierto, señorita Shimazu –explicó sonriendo mientras retiraba su puño de la cara del ninja, a lo que Gai hizo lo mismo.

    –Pues no es el momento –se notaba que estaba muy enojada, se acercó a él de brazos cruzados–. La señora Ayako te lo advirtió, no queremos problemas. Ahora te ordeno que vengas conmigo y dejes de lado tus tonterías.

    Enoshima se sorprendió y la miró ante esa palabra “te ordeno”

    –¿Qué me vez? –reprendió molesta–. ¿A caso se te olvida que eres un sirviente de mi padre? ¡Obedece!

    –…Claro, señorita, Shimazu –no podía creer la forma en la que le había hablado, pero quisiera o no, ella tenía la razón. Dejó de lado su conflicto mirando de reojo a Gai–. Nos volveremos a ver, cabeza de hongo, lo prometo.

    –Te estaré esperando, imbécil –respondió a la amenaza mientras limpiaba la sangre de su labio.

    Y tal como apareció el frio, desapareció, volviendo rápidamente a la cálida temperatura normal del lugar. Mientras se retiraba Miri cruzó miradas con Kakashi.

    Se miraron a los ojos por un segundo. La chica era hermosa sin duda, su cabello rubio platinado hace un maravillo juego con sus grandes y grises ojos, el ninja no pudo evitar perderse en esos orbes preciosos. De igual manera, la samurái se perdió en los ojos oscuros del apacible ninja de cabello platinado, tenía el rostro más atractivo que había visto, así como esa cicatriz que le da cierta rudeza, terminando ella también por ruborizarse. Poco duró ese duelo de miradas pues ella salió del lugar junto a Gadi.

    –Debo admitir que ese sujeto sí que es fuerte –bufó Gai sobando su mejilla–. Estoy seguro que no me golpeo con toda su fuerza, aunque yo tampoco lo hice.

    –¿Quiénes son ellos? –fue lo único que musitó Kakashi sin dejar de mirar la puerta por la que salieron.

    Por otro lado nos dirigimos a las habitaciones de los jóvenes samurái. Más concretamente en la que se encuentra Hiroshi, Akira debería estar con él, sin embargo había salido a comer algo, de manera que el Fujigawara estaba solo. El chicho vestía únicamente su pantalón, de manera que su torso estaba expuesto. Se hallaba en un balcón solo mirando el inmenso bosque.

    En ese momento alguien entró en la habitación. Era Yura, quien pensaba que se encontraría con ambos de sus compañeros.

    –Hiroshi, Akira, ¿vamos a comer algo? –preguntó al entrar, para darse cuenta que solo el primero estaba allí.

    –Akira se te adelantó, fue con Ayako-sensei a comer hace unos minutos –dijo Hiroshi con una leve sonrisa volteando para verla.

    –…Si –dijo ella. Los ojos de Yura se habían perdido, por un instante, en el torso de su amigo. Detallando cada musculo, desde su plano abdomen hasta sus fuertes brazos. No era la primera vez que lo miraba así, y tampoco era la primera vez que se sonrojaba al hacerlo.

    –¿Yura? –cuestionó él al no tener respuesta. Por la leve oscuridad no notó el rubor en las mejillas de ella.

    –Sí, si ya…pensé que estarían juntos –agitó su cabeza para salir de ese trance–. ¿No vas a cenar hoy?

    –No, la verdad no tengo hambre. Pensaba en disfrutar de la vista un rato más y luego dormirme, mañana por la mañana debemos retomar nuestro camino hacia ese lugar llamado “Aldea Oculta de las Nubes” que nombre más raro, ¿no? –tranquilamente volvió su mirada al bosque, recargado en el barandal del balcón.

    –Deberías comer algo, aunque sea poco, necesitaras energías para el viaje, Hiroshi –sugirió ella acercándose a su lado.

    –Vamos, pareces mi madre, cuando hablas así –rio Hiroshi, ante esa costumbre que tenía ella para con sus amigos.

    –Solo me preocupo por ti, tonto. Cuando estemos luchando no quiero que te debilites –bufó cruzándose de brazos algo ofendida.

    –Solo bromeo –dijo él acercándose para abrazarla de forma afectuosa–. Tú eres la que cuida de Akira y de mí siempre, eres como nuestra hermana mayor. Y no lo digo solo por la edad –rio.

    –Sí, su, su hermana mayor –sonrió ella, con un enorme sonrojo, ante esos fuertes y cariñosos brazos. Le miró de reojo, y solo pudo suspirar al ver su bello rostro–. Hiroshi, has cambiado mucho desde que éramos niñosmusitó mientras sonreía.

    –¿Tú crees? –sonrió él–. ¿Crees que me he vuelto más apuesto?

    –Sí, claro –rio ante la pregunta a manera de broma, pero era para disimular que tenía la razón.

    –Qué mala eres. Nos es fácil mantenerse en forma, ¿sabes? Todos los días debo trabajar bien estos músculos para que se mantengan firmes y en su lugar –la abrazó solo un poco más fuerte y de forma juguetona.

    –Sí, pero hay un musculo que no sueles ejercitar mucho, ¿verdad? –se sonrojó mas pero supo disimularlo.

    –¿Cuál? –cuestionó extrañado.

    –Pues el cerebro, tonto. Deja de pensar tanto en músculos, un samurái no solo es fuerza. Necesitas astucia, inteligencia y estrategia, eso es incluso más importante.

    –Hablas como Akira –rio él–. Pero les doy la razón.

    Akira, Hiroshi y Yura se conocen desde que eran solo unos niños, los tres quedaron bajo la tutela de Ayako durante la terrible guerra Sengoku, fue su sensei quien siempre buscó que esos tres huérfanos se volvieran tan unidos como si fueran hermanos, y lo logró. Ahora esa tercia de samuráis tiene una relación muy cercana entre ellos. Y Yura, quien es mayor que ellos por dos años, puede decirse que es quien está a la mando y los dirige. A su vez ellos siempre la han visto como su hermana mayor, pues les dice que hacer y se preocupa por ellos.

    Mientras ese par seguían abrazados, la sensei pasó por allí, se asomó por curiosidad a la habitación, donde pensó que solo estaría Hiroshi. Para verlos abrazados a los dos, y reír por las tonterías que él decía.

    –Yura…ahora entiendo el motivo de tus preguntas cuando estábamos en el baño –se dijo así misma Ayako, sonriendo enternecida. Luego miró a Hiroshi detalladamente, no pudo evitar sonrojarse también, aunque no es que viera de esa forma a su apreciado alumno, más bien era que le traía recuerdos–. Hiroshi, eres el vivo retrato de tu padre, si tuvieras el cabello corto diría que eres él –suspiró con una orgullosa sonrisa–. Hideki, Nana, su hijo ha crecido mucho, ya es un todo un samurái –eso fue todo lo último que dijo, cerró la puerta con delicadeza y se retiró.

    Al mismo tiempo algo similar ocurría en una habitación no muy distante. En ella estaban Sakura y Naruto, recostados en diferentes futones. Ambos tenían intensiones de descansar, pero no lo lograban, sus mentes estaban ocupadas en otras cosas.

    –Naruto –llamó ella con una suave voz.

    –¿Si?, Sakura –respondió él mirándola de reojo, por un momento una fantasía pensó se haría real.

    –¿De qué crees que se trate esta misión? Es decir ¿Quién es esa mujer y por qué debemos protegerla? –preguntó ella.

    –…N-no lo sé –respondió con cierta decepción–. Kakashi dijo que tenía información que los akatsukis desean, no me imagino que será, pero no será para algo bueno.

    –Sí, es verdad. Si nos topamos con ellos tendremos que enfrentarlos, ¿estaremos a su nivel? –cuestionó dudosa la pelirosa–. Cuatro de ellos acabaron con la aldea de la arena, deben ser muy fuertes.

    –Quizás, no lo dudo, por algo son tan peligrosos y nadie podido capturar a uno de ellos. Sin embargo, recuerdo que uno de ellos fue vencido por ese samurái que capturamos y luego escapó.

    –Entonces la cuestión es, o ese akatsuki era débil o ese samurái era muy fuerte –alegó–. De cualquier forma, a hora que lo mencionas, los samurái también son un problema al que no nos hemos enfrentado de verdad.

    –Por suerte, no nos han atacado. Me intriga saber ¿cómo son? ¿Cómo es una pelea contra ellos? Y lo más importante ¿De dónde y por qué vinieron? –respondió el rubio con la mirada fija en el techo.

    –Cuando luchamos contra ese sujeto en la aldea de la arena, pude notar que no estaba luchando con toda su fuerza, quizás estaba cansado o realmente no quería hacerlo, no lo sé, pero, si hubiera deseado matarnos, tal vez, lo habría logrado.

    –¿Tenias miedo? –preguntó Naruto mirándola.

    –No, claro que no. Solo que, me hizo pensar. ¿Todos los samurái son así de fuertes? Porque si es así, entonces eso si me asustaría un poco –confesó con un poco de vergüenza.

    –No tienes de que preocuparte, Sakura. Si debes enfrentarte a ellos no lo harás sola, yo estaré contigo ayudándote y protegiéndote –aseguró con una sonrisa mientras la miraba.

    –No digas eso, ya no soy una niña, Naruto, puedo protegerme yo sola –rio ella ante las palabras de su compañero, que la hicieron ruborizarse, más que nada por la forma en la que lo dijo.

    –Aun así, Sakura. Yo te protegeré y no dejaré que nadie te lastime, nunca –insistió, aunque eso lo dijo un poco más bajo para que no lo oyera–. Por cierto, no te lo había dicho, pero te vez muy linda hoy.

    –Gracias, Naruto –sonrió y lo miró–. Te has vuelto más amable y lindo, eres un gran compañero y amigo. Yo también cuidaré de ti cuando estemos en combate –le dedicó una sonrisa, pero era una sonrisa de amigos, no lo que el rubio deseaba–. Mañana saldremos temprano por la mañana, ya es hora de descansar. Hasta mañana, Naruto.

    Dio la espalda a Naruto y se dispuso a dormir. Sin más que hacer, él tuvo que hacer lo mismo.

    –Hasta mañana, Sakura –suspiró él.

    La noche fue fría, aun dentro de la posada. Al día siguiente, por suerte, no hubo más roces entre ambos grupos, los ninjas salieron más temprano que los samuráis, de forma que no se toparon. Sin embargo, sus caminos se cruzaran tarde o temprano, después de todo, ambos grupos buscan a la misma persona, que a su vez, también es buscada por un par de akatsukis sanguinarios.

    01 de Marzo. Konoha.

    A primera hora de la mañana un mensaje urgente llegó a la oficina de la hokage, apenas lo leyó mandó a hablar a dos equipos de jóvenes ninjas. Una vez allí les informó de la situación.

    –Me llegó un reporte. Diez ANBU que exploraban la frontera norte, desaparecieron la mañana de ayer. No tenemos certeza de que fue lo que ocurrió, por eso necesito que ustedes se encarguen de investigar y saber qué fue lo que ocurrió –informó la hokage a los líderes de los equipos con los que hablaba.

    –¿Dónde fue que desaparecieron para ser más preciosos? –preguntó el apacible, y algo vago, Shikamaru Nara mientras veía un mapa. Detrás de él sus fieles compañero, Choji e Ino, el primero comiendo una papas como es normal.

    –Justo en la frontera entre El país del fuego y el País de los campos de arroz –respondió con seriedad Tsunade.

    –¿El país de los campos de arroz? –Cuestionó Shikamaru–. ¿No es allí donde están los samurái?

    –Así es, de manera que son los primeros sospechosos de dichas desapariciones –advirtió ella.

    –No se preocupe, Hokage, nosotros nos encargaremos de eso, y encontraremos a los desaparecidos. No hay nada que Akamaru y yo no podamos encontrar –aseguro con una confiada sonrisa Kiba Inuzuka, secundado por Shino y Hinata.

    –Me alegra oír eso, muchachos. Por cierto, sé que esta es su primera misión sin sus maestros, sin embargo, me temo que, por el riesgo que esto supone, he asignado a Azuma y a Kurenai para que los asistan, pero, en calidad de auxiliares. Quiero me demuestren que son dignos de portar la banda ninja de la hoja, ¿entendido? –dijo con firmeza.

    –¡Entendido, Hokage, no la decepcionaremos! –dijeron los seis al instante, mientras hacían una reverencia y se retiraban del lugar.

    Viajamos rápidamente a la zona en la que los ANBU desaparecieron. ¿Quién o quienes podían ser los causantes de dichas desapariciones?. En una torre de vigilancia, la cual debía ser custodiada por los ANBU desaparecidos, vemos lo que ocurrió.

    Los alrededores de la torre estaban cubiertos por los cuerpos de los ANBU y otros ninjas. Todos muertos, atravesados, decapitados, empalados o con golpes muy severos. Dentro, de la torre cuatro figuras desayunaban tranquilamente.

    –Estos ninjas son inútiles, pero comen muy bien. ¿Miren esto? Es salmón, salmón enlatado, parece que para ellos es una comida cualquiera –decía Akame Mori, heredera del clan Mori e hija de Yuu. Mientras comía varias latas de ese salmón.

    –Sí, vaya que son débiles. Solo mírenlos en el suelo, con su sangre regando las hermosas plantas y el verde césped. Una guerra contra ellos no será un reto para la Gran Alianza. Solo espero que haya ninjas que sean capaces de ofrecerme una gran batalla que valga la pena –dijo con una gran frialdad Nogunada Oda, el joven daimyo de su clan. Mientras desde la ventana miraba los cadáveres y le daba una pasividad aterradora.

    –Si existe ninjas fuertes, lucharan conmigo. Yo me propuse ejecutar a los líderes de las naciones, es mi deber como hijo del Shogun, mi nombre debe quedar en la historia como un samurái legendario –dijo Kenta Ashikaga, hijo del mismísimo shogun Ashikaga.

    –Será muy divertido verte luchar con ellos. Solo llevamos una semana en este lugar y miren a cuantos tontos ninjas hemos e eliminado, espero que lleguen más –sonrió Hikari Takeda, hija de Kamagure Takeda. Ella estaba tranquilamente sentada en las piernas de Kenta mientras este la abrazaba y acariciaba su cabello.

    –Espero que vengan pronto, y entre más sean mejor. Regar su sangre sobre la tierra comienza a gustarme –sonrió Nobunaga.

    Continuara…

    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     
  9.  
    Fersaw

    Fersaw Hideo-sama

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    Naruto: El resurgir del samurái
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    Acción/Épica
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    Capítulo 26: Los tres ancianos

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    03 de Marzo. Base samurái

    Es una fría noche en el país de los campos de arroz. Nos encontramos en la sede de la Gran Alianza Samurái. Este lugar día a día crece en tamaño pues mejores edificios son erigidos. La mano de obra ashigaru parece inagotable, así como el empleo de esclavos campesinos capturados, hacen que este lugar nunca descanse en cuanto a trabajo.

    Entre las calles que se construyeron nos encontramos en una pequeña taberna, la cual sirve para que los soldados y los trabajadores puedan descansar ocasionalmente, beber, comer algo o simplemente reunirse para charlas. Es una inesperada reunión la que nos trae a este lugar. En el lugar se encuentran tres campeones, Jubei, Kazuma y Kazuki. Los tres hombres se mostraban carentes de responsabilidad pues visten ropas civiles y muy ligeras.

    –No lo entiendo, ¿Por qué el shogun no me envió a mí en esa misión? –cuestionaba Kazuki Kisaragi, mientras se servía otra copa de sake–. ¿A caso no confía en mis habilidades?

    –¿Puedes dejar de pensar en eso? En serio, llevas días jodiendo. No te envió por que no quiso, carajo. Supéralo –alegó Kazuma, quien se notaba influenciado por el alcohol.

    –A diferencia de ti, a mí no me gusta estar de vago todo el día. Un samurái de verdad debe estar siempre activo y en forma, ¿Cuándo fue la última vez que entrenaste? –reprendió con seriedad el de cabello oscuro.

    –No tengo idea. La última vez que entrené aun estábamos en nuestro país –respondió riendo mientras daba otro trago–. No necesito entrenar, solo necesito descansar y disfrutar de la vida.

    –Hablas como un jodido ronin. Qué vergüenza. ¿Cómo diablos Lord Shimazu te considera su campeón? –alegó con cierto desprecio ante su forma de ser.

    –Púdrete. El viejo Shimazu sabe perfectamente que soy el más fuerte de sus sirvientes, y nadie mejor que yo para ser su campeón –da otro trago–. Ya veraz Kisaragi, cuando me den una oportunidad acabaré con una tropa de ninjas y meare en sus cadáveres –aunque eso último fue una broma.

    –Sí. Tu daimyo cofia tanto en ti que prefirió que un criminal entrenara a su hija antes que tú. Ya todos sabemos que Gadi Enoshima es el sensei de Miri Shimazu. Eso habla de tus habilidades, Zuma –comentó sonriendo de lado Kazuki, mirando de reojo a su amigo, quien solo bufó.

    –Sí, si lo que digas. Esa tonta, presumida y vanidosa… es igual a su madre –dijo cruzando de brazos.

    –Debes respetar a tus enemigos y tus amos, Zuma –habló Jubei de forma un tanto seria. Zuma es como algunos se refieren a Kazuma–. No importa quienes sean o como actúen.

    –Solo estoy jugando, Jubei…nunca me dan ganas de orinar en una pelea –siguió molestando y riendo, mientras daba un gran trago directo a la botella–. ¡Esta mierda es muy buena, quiero otra!

    –No, ya no. Mañana tienes exploración, y debes estar en tus cinco sentidos –objetó Kazuki alejándole la otra botella.

    –Puedo hacerles una pregunta –interrumpió Jubei, quien desde hace un tiempo se había notado algo serio y pensativo.

    –¡Déjame adivinar! Otra pelirroja de pechos grandes te rompió el corazón… que pena Jubei, no hay medicina para eso –se burló Kazuma tratando de alcanzar la botella, pero Kazuki se la alejaba.

    –No le hagas caso, ya está demasiado ebrio como para decir cosas coherentes –alegó Kazuki rodando los ojos y dándole la botella para que no interrumpiera.

    –No quiero que malinterpreten esto, solo es una pregunta. ¿Ustedes confían en los daimyo? –preguntó de forma seria, obviando las tonterías de Kazuma.

    Kazuki se extrañó por la pregunta, mirando de reojo a Kazuma, quien se daba gusto con la botella. La dejó de lado y suspiró sonriendo.

    –¿A qué viene eso, Jubei? –cuestionó Kazuma, aún más ebrio.

    –Solo es una pregunta entre amigos. Sea lo que sea que tengan que decir no saldrá de aquí –aclaró. El samurái tuerto, buscaba escuchar algo de sus compañeros, algo que solventara las palabras que tiempo atrás le dijo Hideo Fujigawara.

    –¿Acaso tienes algo que quieres decir, pero no sabes a quién? –objetó Kazuki, notando que Jubei ocultaba algo.

    –No, realmente no…–Jubei se notó solo ligeramente nervioso al verse descubierto. Era obvio, Kazuki es demasiado listo, Kazuma igual pero está muy ebrio para deducir algo. Y esa misma ebriedad es la que lo hizo golpear la mesa interrumpiendo a Jubei.

    –Yo si tengo algo que decir, sí, quiero decirlo –habló Kazuma dejando de lado su botella–. Mi daimyo, ese viejo, es in verdadero idiota, soberbio, debilucho y estúpido como nadie. ¿No sé cómo diablos es que lo aceptaron en esta alianza? No hizo nada útil durante el Sengoku. ¿Saben que hizo? ¡Se ocultó en su puto castillo durante cinco años! ¿Imaginan eso? Menudo cobarde.

    Los otros dos se sorprendieron de ver a su compañero hablar de tal forma acerca de su amo. Miraron en todas direcciones, por suerte no había nadie cerca para que oyera.

    –¡Diez años, diez años defendí las fronteras Shimazu! ¡Lo hice yo, no lo hizo él! No tienen idea a cuantos infelices asesiné, carajo. A veces no sabía si eran hombres o mujeres, solo los mataba sin más. Yo no quería, pero eran las órdenes de mi infeliz amo. A veces eran muy jóvenes, a veces eran mayores que yo, igual me imploraban perdón y no tenía más opción que matarlos –dio un gran trago a la botella–. ¿Pero qué puedo hacer? Ese pedazo de mierda Shimazu es mi amo, y yo soy un samurái. Juro por mi espada que lo obedeceré y lo protegeré hasta el último maldito día de mi maldita vida… eso es lo que hago, eso es lo que soy…un…un samurái.

    Los acompañaban estaban más que impresionados, muy pocas veces se escucha a Kazuma hablar tanto, y nunca lo habían visto enojado o frustrado a menos que fuera en un combate.

    –Ahora entiendo por qué no quiso que entrenaras a su hija –comentó Kazuki arqueando la ceja. No le agradó para nada la forma en la que se expresó de su propio amo, pero tampoco es que le importara mucho–. Será mejor que dejes de beber.

    Trató de quitarle la botella, pero Kazuma lo evitó. Dio un gran trago más, este aún más prolongado casi acabando con la botella.

    –¡Aun no termino, idiota! –exclamó. Y de un solo trago se terminó la botella–. Se los diré una sola vez, Kazuki, Jubei, les voy a decir lo que pienso de Shinzo Tokugawa, Samuro Ashikaga y Masamune Date, les diré lo que pienso de esos tres demonios –dijo señalando con una seria mirada a los dos hombres que le acompañaban.

    –¡Cuida tu lengua, Kazuma! –advirtió Kazuki con seriedad también–. Te recuerdo que estás hablando de nuestro Shogun, y de mi amo.

    –Déjalo hablar, Kazuki –agregó Jubei de forma seria. Esperando escuchar lo que Kazuma tenía que decir.

    –No sé qué es, no sé si es bueno o es malo. Pero sé que esos tres ancianos ocultan algo, algo muy importante que no han confiado a nadie, ni a sus propios hijos. Esos tres ancianos fueron los samurái más poderosos en sus tiempos, fueron ellos quienes iniciaron la guerra contra los Taira. Y ahora fueron ellos tres los que nos trajeron a todos hasta este lugar. Este viaje no es una casualidad –decía Kazuma. Podía estar ebrio, pero no decía incoherencias, decía lo que pensaba y parecía tener fundamentos para sus afirmaciones.

    –¿A qué te refieres, Kazuma? –preguntó con interés Jubei.

    –Dices puras estupideces –bufó Kazuki cruzado de brazos.

    –Maldición. Kazuki, Jubei, solo piensen. El maldito Sengoku duró cincuenta años. Cincuenta años de guerra sin cesar, hasta que esos tres sujetos se unieron para declarar la guerra a los Taira. La guerra se intensifico dividiendo a todos los clanes en dos bandos, hasta que por fin tuvimos paz. La paz por la que luchamos toda nuestra vida. ¿Y qué pasó? Solo dos años duró, ahora venimos al otro lado del mundo, a una tierra que ninguno de nosotros o de ellos ha conocido. Una tierra que no ha sido pisada por los samurái en varios siglos. ¿Para qué? ¿Para qué venir hasta aquí cuando ya teníamos un hogar, cuando ya teníamos la maldita paz?

    –¡Lo hicimos porque estas tierras siempre fueron de los samurái y deben volver a serlo! –exclamó Kazuki levantándose y encarando a Kazuma. Se notaba una gran ira en los ojos de Kazuki–. ¡Vinimos aquí por el orgullo de los samurái!

    –¡Vinimos a otra puta guerra! nos trajeron a otra maldita guerra –alegó él levantándose también. Jubei debió intervenir separándolos un poco para evitar que esto llegara a las agresiones físicas–. ¿No fueron suficientes cincuenta años de guerra? ¿No murió suficiente gente en el Sengoku? ¡Maldición, la peor maldita guerra que hemos visto terminó hace solo dos años y ahora estamos aquí, vinimos como invasores que serán tratados como invasores! Los ninjas no entregaran esta tierra sin morir en el proceso y puedo anticipar que van a luchar hasta el final con tal de aniquilarnos.

    –¿A caso les tienen miedo a una parda de ninjas inferiores? –cuestionó mirándolo a los ojos, notando desprecio en ellos–. Los samurái nacimos para la guerra.

    –¡Eso es lo que quieren que creamos! ¡Abre tus putos ojos! –respondió–. Solo somos borregos, perros con collar o armas a su servicio para esos tres ancianos. No nos ven como personas, solo quieren que hagamos el trabajo sucio, les importa un carajo si vivimos o morimos. El demonio Sombra era diferente, por eso el ya no está aquí.

    –¿Qué tiene que ver Hideo Fujigawara en esto? –cuestionaron Jubei y Kazuki sin entender.

    –Ese hijo de perra era un demente, un psicópata sanguinario. Nunca dejó que nadie le dijera que hacer, hacia lo que quería cuando quería. ¿Y qué hizo cuando su propio amo intentó asesinarlo? Se defendió y él le cortó la cabeza, a su propio amo. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de eso? –dijo sonriendo–. Ahora es un ronin, un traidor… pero es libre.

    –¡Es un maldito traidor y un ronin! No puede tener menos honor, ahora mismo la vida de un perro vale más que la suya –gruñó Kazuki apretando los puños– No hablen de ese hijo de puta como si fuera alguien del que hubiera que aprender algo.

    –¿Lo dice tu espíritu de samurái o lo dice Kazuki Kisaragi, quien fue humillado por el Demonio Sombra? –cuestionó Jubei mirándolo de reojo. Por mucho que Kazuki lo negara, era más que obvio para todos el rencor que le tiene a Hideo por aquella batalla.

    –¿Qué les pasa, par de imbéciles? ¿Ahora concuerdan con las decisiones y las acciones de un ronin? –claramente se ofendió, pero no les daría la razón. No decidió quedarse y seguir alegado más acerca de eso. Pero antes de irse les dedicó unas palabras–. Más les vale dejar de pensar en ese sujeto como alguien admirable. Lo que se habló aquí, aquí se quedará, se los aseguro. Pero si vuelven a hablar así de los daimyo, terminarán como pronto terminará Hideo Fujigawara –los fulminó con la mirada–. Muertos –dicho esto se retiró del lugar.

    –¡¿Ese imbécil acaba de amenazarme?! –cuestionó ofendido Kazuma, trató de moverse, pero la ebriedad se lo dificultaba.

    –Vale, ya. Será mejor que regreses a tu residencia a descansar –dijo Jubei ayudándolo a levantarse.

    –Claro que no, aun no. No tengo ganas de dormir. Veré si puedo acostarme con una preciosa chica antes de eso –dijo riendo mientras se levantaba–. Nos vemos luego, Jubei. Procura que no te maten por pensar libremente –sin más que decir se fue del lugar riendo y robando una botella.

    –Bueno, supongo que esta reunión fue un poco más infructuosa de lo que pensé. Al menos ahora sé que no soy el único que duda de las motivaciones de los daimyo –se dijo así mismo de forma pensativa.

    Mientras tanto algo se suscitaba en la torre principal, la torre del Shogun. A esas horas de la noche ya no había nadie más allí, salvo los guardias y el Shogun. Samuro Ashikaga, un hombre de sesenta años de edad, una leyenda entre los samuráis, quien llegó a ostentar el título de Dios Samurái durante la dictadura de los Taira.

    Deambula a paso lento, ataviado por una gran y lujosa bata blanca con detalles en rojo, y con su espada en la cintura. Camina por el gran salón, donde las luces están completamente apagadas. Aun así él pudo presentir dos presencias en ese lugar, cosa que no le sorprendió.

    –Recuerdo claramente haberles dicho que la reunión seria a la media noche. Llegaron una hora antes –dijo con su apacible voz, al tiempo que se sentaba en la mesa junto a esas dos presencias.

    Con un solo gesto de su mano las lámparas y antorchas se encendieron. En ese lugar estaban dos daimyos muy cercanos al Shogun. Básicamente los fundadores de la gran alianza. Masamune Date y Shinzo Tokugawa.

    –El tiempo no es algo que nos sobre, Samuro –dijo tranquilamente Shinzo mientras bebía de su té y tenía su katana sobre la mesa. ¿A caso lo llama por su nombre?

    –Es verdad. Debo decir, con mucha vergüenza, que los años y las lesiones comienzan a pasarme factura a mí también. Cada vez me es más difícil trasnochar y no estar agotado al día siguiente –comentó Masamune. Tomando también una taza de té, y portando su poderosa nodachi en su espalda.

    –Mis estimados compañeros y amigos. Es una pena vernos en esta situación. Antaño éramos los hombres más fuertes y poderosos del mundo –dijo sonriendo mientras se servía un poco de té–. Ahora solo somos un trio de ancianos, tomando té y hablando de viejos tiempos. Irónico –rio al final.

    –Pero, estamos aquí, para cambiar eso, ¿no? –dijo Masamune mirándole de reojo.

    –Ya no me queda mucho tiempo, Samuro. Mi enfermedad está avanzando cada vez más. Ya no puedo comer cualquier cosa, tengo que tomar muchos medicamentos y mi vista comienza a fallar –comentó él calvo líder del clan Tokugawa. Quien desde hacía ya varios años era víctima de una terrible e incurable enfermedad que progresaba lentamente.

    –Yo no estoy en un lecho de rosas precisamente –agregó Masamune–. Mis rodillas terminaron muy dañadas después de la guerra, perdí un pulmón y tengo cicatrices por todo el cuerpo. De joven no eran un problema, pero ahora pesan sobre mí.

    –Que cruel es el destino –sonrió Samuro–. Decían que los samurái, mientras más poderosos fueran, más lento envejecen, pero nosotros somos la excepción. Yo perdí la sensibilidad en todo el cuerpo, mi virilidad y todo mi poder fue absorbido por mi último enemigo. No soy ni la sombra de lo que alguna vez fui. Un Dios Samurái.

    –¿Cuándo fue la última vez que midieron su poder con una Carta Cazadora? –preguntó curioso Lord Date.

    –Hace dos días –respondió Shinzo. Sacó de sus ropajes una pequeña tarjeta. Parece un naipe, completamente blanco salvo por una pequeña mancha roja de un lado, y en el otro lado aparece el nombre de Shinzo seguido de un número.

    –Maldita sea, Shinzo. ¿5,500? Estas incluso debajo del nivel de un samurái estándar. Cualquiera podría venir y matarte sin que pudieras hacer algo. Ahora entiendo por qué andas con tantos guardaespaldas –dijo sorprendido Masamune.

    –Se los dije. Esta enfermedad está por acabar conmigo –suspiró–. ¿Y tú, Samuro? –le miró de reojo.

    El shogun también sacó una de esas cartas de sus ropas y la puso sobre la mesa.

    –Debes de ser el shogun más débil que jamás haya existido –rio Masamune al verla–. Solo tienes 4,000. Pero bueno, yo no soy la excepción, solo tengo 6,000

    –El sello que ese maldito Taira usó sobre mí me arrebató casi todo mi poder, dejándome como una basura –dijo con molestia el shogun–. Pero vinimos hasta aquí para revertir los deseos del destino.

    –Es lo más importante. Más importante incluso que exterminar a los ninjas –agregó Shinzo–. Si no evitamos morir, no podremos gobernar este mundo tanto como deseamos –dijo sonriendo.

    –Quiero suponer que con la información que has recolectado ya has encontrado el lugar. Mi querido hijo Tenma y el joven Kazuhiro no han dejado de hacer misiones de exploración –comentó Masamune, mirando al Shogun.

    –Aún no hemos recolectado suficiente información –respondió Samuro. De entre sus ropajes sacó un pergamino. Se notaba bastante viejo y algo maltratado–. Y mi hijo también está haciendo misiones de exploración, así que no molestes con eso.

    –Kenta se fue con su novia y amigos a matar ninjas, no a explorar…si yo fuera veinte años más joven habría ido con ellos a divertirme también –bromeó Masamune.

    –Da lo mismo –obvió el shogun. Tomó el pergamino y lo desplegó sobre la mesa para que lo pudieran ver.

    No era tan extenso como los que en otro momento mostró, sin embargo este era diferente al no contener tantas letras, pues no hay relatos en este, sino un mapa. Pocas letras describían lo que marcaba, pues, en cierta zona del mapa estaba el símbolo de la cara de una mujer llorando.

    –Este mapa es tan viejo. No entiendo nada, no puedo compararlo con los mapas que hemos conseguido de los ninjas, ni con los informes de exploración –explicó Samuro–. Lo único que puedo deducir es que no esta tan lejos como podemos pensar. Y claramente debe estar dentro de los territorios que alguna vez dominaron los Minamoto.

    –Eso no es muy claro. Los Minamoto dominaron la mitad de este continente. Técnicamente puede estar oculta en cualquier lugar –alegó Masamune cruzado de brazos.

    –No en cualquier lugar –habló Shinzo–. Aquí dice “Oculta dentro del Gigante Verde, resguardada por ríos y escondida entre un bosque de un solo camino” –leyó una leyenda en el pergamino.

    –¿Gigante Verde? –cuestionó sin entender.

    –Los Minamoto eran muy religiosos y amantes de la naturaleza. El Gigante Verde debe ser alguna clase de planta, quizás un árbol muy grande –sugirió Samuro.

    –Bien, solo tenemos que encontrar un árbol gigante que esté protegido por ríos y dentro de un bosque inexpugnable. Todo este continente está plagado de bosques y ríos. No lo encontraremos tan fácil –bufó el daimyo de la nodachi.

    –Tendremos que hacer un cambio en nuestra exploración. Nos hemos enfrascado en identificar a las naciones ninjas que son un potencial peligro, y no nos hemos interesado en encontrar lo que tanto deseamos, amigos. A partir de mañana dejaremos las misiones de reconocimiento militar a los otros cuatro clanes. Los nuestros se encargaran únicamente de encontrar ese árbol –dijo el shogun con seriedad.

    –Estoy de acuerdo, mientras más pronto la hallemos mejor para nosotros. Aun así hay algo de lo que no hemos hablado aun –comento Shinzo.

    –¿De qué se trata? –cuestionaron los otros dos ancianos.

    –¿Qué pasará cuando bebamos de esa agua y haga lo que tiene que hacer? ¿Qué pasará con los otros cuatro daimyos? Ellos también querrán un poco de ese “secreto”

    –¿Crees que vamos a darles algo a esos cuatro imbéciles? –rio enormemente Masamune.

    –No olvides, Shinzo. Yuu Mori, Nobunaga Oda, Takehiko Shimazu y Kamagure Takeda son solo herramientas –sentenció con una sonrisa únicamente perversa–. Cuando bebamos de la fuente Lagrima de Diosa, y volvamos a ser tan fuertes como los fuimos en nuestra juventud, nos deshacemos de ellos.

    –Este mundo es muy pequeño para siete daimyos. Tres son más que suficientes –agregó Masamune riendo con una sonrisa puramente malvada.

    –¿Y tu hijo? –Shinzo se mostraba más serio. No es que la idea no le agradará, más bien es que prefería analizar cada detalle. Esa pregunta se la dirigió a Samuro.

    –¿Qué pasa con mi hijo? –arqueo la ceja sin entender.

    –El joven Kenta ha desarrollado un gran afecto, diría que es amor, por la hija de Kamagure, Hikari Takeda. ¿Qué pasará cuando “eliminemos” a su padre?

    –Kenta tendrá dos opciones: convence a su novia de unirse al clan Ashikaga o tendrá que matarla –respondió tranquilamente.

    –Luego tenemos a Nobunaga Oda. Yo no subestimaría a ese muchacho, diría que de los cuatro él es el más peligroso. No por nada luchó solo contra los Taira por mucho tiempo, ganó las guerras de su padre y sobrevivió. Y luego tenemos a Yuu y Akame Mori. Un par de locas peligrosas –expuso Shinzo.

    –No te preocupes por Yuu –aseguró Masamune tranquilamente–. Tengo espías en su residencia. Ella le envió una carta personal al traidor Fujigawara, usando como mensajera a Ren Fukui.

    –¿Por qué diablos no nos habías dicho eso antes? –objetó algo molesto el shogun.

    –Porque quería esperar –respondió riendo–. Escuchen. Todos sabemos bien que Yuu está obsesionada con el Demonio Sombra. Aquí solo hay dos opciones. Ella quiere reunirse otra vez con él, lo cual terminará con ella muerta por que ese sujeto es un demente o nosotros la acusamos de traición y la ejecutamos bajo la “ley” –explicó–. Sugiero esperar a que ella misma encuentre su perdición en manos del Demonio Sombra.

    –¿Me estás diciendo que los campeones que enviamos a por él no podrán vencerlo?... Ya entiendo, por eso me pediste que no enviara a Kazuki ni a Kazuma, querías que enviara campeones menos poderosos –cuestionó el shogun.

    –Les seré sinceros. Shinzo, tu campeón, Tetsuo, es demasiado débil.

    –Lo sé, soy consciente de eso. Pero fue lo único que me quedó después de la guerra –dijo tranquilamente.

    –Ren Fukui es muy fuerte y muy hábil, no lo niego. Pero ella tiene órdenes de su ama de no intervenir en un combate contra el Demonio Sombra –entonces suspiró–. No obstante luego esta Tomoe, esa mujer si es un riesgo, es muy fuerte… quizás la samurái más fuerte de todas. Si tenemos suerte ella no será suficiente para vencer al Fujigawara. Dejaremos la puerta abierta para que Yuu muera en sus manos después…

    –Luego “eliminamos” a su hija y nos ganamos de enemigos a Nobunaga, quien tiene bajo su mando a Tomoe –agregó Shinzo poco convencido.

    –¿Te preocupan los campeones? –alegó serio Masamune–. Tengo a Jubei de mi lado.

    –Y yo tengo a Kazuki bajo mi mando. Él es el campen más poderoso de todos y me es leal hasta la muerte…

    –Sí, y yo tengo aun gigante inútil bajo mi mando. Los Shimazu tienen a Kazuma Ishigawa, quien no le pide nada a Kazuki. También a Ayako Sendo. Los Takeda a Sato Imagawa y Yuu Mori a Ren Fukui. Además tú ordenaste liberar al psicópata de Gadi Enoshima, quien también está bajo el mando de los Shimazu.

    –¿Y crees que no lo hice deliberadamente? –le miró con seriedad el shogun–. Desde un principio sabía que tendríamos que eliminar a los demás clanes, por eso me encargue de dejar dentro del clan Shimazu a un bomba de tiempo… a Gadi –sonrió de lado.

    –No lo entiendo –dijo Masamune.

    –Gadi Enoshima no es diferente a Hideo Fujigawara. Ambos se ganaron a pulso el título de Demonio. Cuando llegué el momento ordenaré a Gadi que acabe con los Shimazu.

    –¿Y cómo lograras que te obedezca? –preguntó Shinzo.

    –De la misma forma que doblegué al Demonio Sombra. Le ofreceré algo que no podrá negar. Aceptará, estoy seguro. El Demonio de Hielo se postrará a mis pies y me será leal solo a mí. Con él y Kazuki acabaremos con los campeones que no se nos unan. Y cuando bebamos de la fuente Lagrima de Diosa, volveremos a ser los samurái más fuertes de todos.

    –Los tres Dioses Samurái que acabaron con el clan Taira –dijeron Masamune y Shinzo al mismo tiempo sonriendo.

    –¡Y acabar con los ninjas no podrá ser más fácil, pues además tendremos a las bestias con cola de nuestro lado! –exclamó el Shogun levantándose rápidamente y desenvainado su katana.

    –¡Seremos invencibles! ¡El título de Dios Samurái será poco para lo que seremos! –exclamó también Masamune desenvainando su nodachi

    –¡Hokakus y Bijus, fundidos en nuestras espadas, empuñadas por nuestro poder rejuvenecido! –agregó Shinzo desenvainado su katana.

    Un aura terriblemente oscura se cernió sobre el lugar. La torre misma tembló ligeramente ante un poder invisible que emanaba de esas tres armas. Son lo Hokakus que cada uno de ellos poseen encerrado en sus armas.

    Detrás de Shinzo se vió una enorme y corpulenta figura ataviada con una armadura samurái, alas y su nariz alargada lo delataron, el hokaku de Shinzo es un tengu. Aun costado de Masamune apareció una gran y enorme silueta, destacan sus enormes brazos y cortas piernas, así como sus cuernos, el hokaku de Masamune es un Oni. Sobre Samuro levita una silueta espectral y esquelética, cubierta con un manto oscuro, el hokaku de Samuro es un shinigami

    Continuara…

    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)

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    Espero os haya gustado el cap de esta semana. Menudo plan están maquinando esos tres ancianos.
    No se olviden de dejar un comentario sobre el cap o si tienen alguna duda con gusto la aclaro.
    Nos vemos
     
  10.  
    Fersaw

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    Naruto: El resurgir del samurái
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    28
     
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    Capítulo 27: Jinchuriki en problemas

    (Opening: Awake and alive - Skillet)

    04 de Marzo. País de los campos de arroz.

    Nos hayamos de regreso con el grupo de samuráis que decidieron ir tras Orochimaru. Tras la derrota de Kido y Miyuki por parte de los ninjas Tamui y Zana días atrás, el grupo decidió parar momentáneamente su búsqueda para que pudieran descansar y recuperarse de sus heridas. Lograron llegar a una pequeña aldea cultivadora de arroz y se apoderaron de una vieja casa para descansar.

    –¡Ya podemos irnos! –exclamó Reiko levantándose de un viejo sofá–. Estamos perdiendo tiempo valioso –la hija de Shinzo Tokugawa vestía solo ropa interior, color rojo por cierto, se había despojado de su armadura y armas para descansar. Presumiendo su sensual y atlética figura. Poco le importaba la presencia de dos hombres con ella–. Esta misión se está prologando más de lo necesario. Si sigo perdiendo tiempo mi hermano dejará de confiar en mí.

    –No estamos aquí por usted, señorita Reiko –objetó Sato de manera apacible. El arquero samurái, campeón del clan Takeda. A diferencia de los demás miembros de su equipo él no se despojó de su armadura–. La señorita Miyuki y Kido aún no se han recuperado completamente de sus heridas. Debemos esperar.

    –¿Lo dices por mí, o por el niño? –alegó Miyuki de forma seria la bella samurái de cabello cobrizo. Ella también carecía de su armadura. Sus brazos estaban cubiertos por vendas al igual que varias banditas sobre su rostro y algunos moratones todavía persisten en ella–. Yo estoy más que lista para regresar a la búsqueda de ese par de ninjas. Les voy a cobrar con intereses lo que hicieron.

    –Precipitar un encuentro sin meditarlo es la mejor forma de volver a fracasar, señorita Miyuki –aconsejó sato suspirando ante las personalidades tan similar de ese par de chicas.

    –No me hables con tus tontos refranes de monje, Sato. Si te dedicaras a entrenar más a ese niño no nos hubieran vencido tan fácilmente –recriminó mientras señalaba despectivamente a Kido–. Fue por él que perdimos, esa mujer lo venció fácilmente.

    –A ti también te patearon el culo, Miyuki. No culpes al niño por eso –agregó a manera de burla Reiko mientras reía.

    –¡Cállate, Reiko! –exclamó ofendida. Al instante se levantó de donde estaba–. ¡Ya no perdamos más tiempo y vamos a por esos hijos de perra, a los dos los voy a matar! –aseguró de forma molesta mientras se iba a su habitación para prepararse.

    –¡No se diga más! –sonrió Reiko complacida–. Sato, niño. Nos largamos, regresamos a la búsqueda de ese sujeto –al igual que su amiga ella también se fue a su habitación.

    –Estas jóvenes nunca entenderán el verdadero camino del samurái –suspiró Sato levantándose. Luego volvió la mirada a su apreciado alumno, quien no había hablado en toda la mañana. Solo había estado sentado mirando al jardín mientras con una tela pulía su espada y armadura–. ¿Estás bien, Kido?

    –…Si, sensei, estoy listo para regresar a la misión –respondió mirándolo sobre su hombro. Sato asintió y salió de la casa–. Quizás la señorita Miyuki tenga razón. No fui rival para esa mujer durante el combate, me venció fácilmente –suspiró agachando la mirada.

    Mientras miraba su espada esta reflejó una silueta en su hoja, al tiempo que un pequeño chillido emanaba de ella. Este era el hokaku de Kido, o mejor dicho, la hokaku.

    –Sabita –suspiró–. Siempre me subestiman, siempre creen que no puedo estar al nivel. El único que ha confiado en mí es Sato-sensei. Ahora que perdí contra esa mujer, pues, creo que tienen motivos para creer que soy débil, ¿no? –se notaba mucho la decepción en él.

    El chillido volvió a sonar, aunque un poco más alto y más contantes. Dicho sonido es como el que emitiría un pequeño roedor. Y es que Sabita es eso precisamente.

    –Nunca te rindes, ¿verdad? Sé que tienes ganas de volver a luchar –sonrió acariciando el filo de la espada–. Quisiera tener tu espíritu de lucha.

    Una vez más chilló la hokaku, aunque más fuerte esta vez, cual si le gritara algo.

    –…Si… ¿Si? –de un salto se levantó–. Claro que sí, tienes razón. Sato-sensei jamás me habría elegido como su alumno si no viera algo en mí. Ese gran samurái tiene toda su confianza en mí, no puedo decepcionarlo solo por una derrota. Tengo que demostrarle que soy digno de sus enseñanzas –sonrió agitando de lado a lado su arma–. Gracias, Sabita. Siempre sabes cómo animarme –miró su hombro, donde la silueta de su hokaku apareció. Sabita es una erizo de arena, un ser místico que aparece en los desiertos de las tierras del clan Takeda.

    Sin que lo supiera, Sato había escuchado todo lo que él dijo. El campeón samurái no podía estar más orgulloso de su alumno, que, aunque ocasionalmente flaqueaba, siempre se levantaba más fuerte que antes.

    –Al menos he hecho algo bueno en estos años. Ese niño no lo sabe, pero puede convertirse en un gran samurái si camina por la senda de la luz y sigue el verdadero camino del samurái –musitó para si el sensei para luego cerrar la puerta y salir.

    Al mismo tiempo otra reunión se llevaba a cabo. Ahora nos hayamos en una de las más grandes y ocultas guaridas del ninja Orochimaru. Quien se encontraba en una gran sala, sentado tranquilamente mientras bebía un poco de té, en compañía de su fiel sirviente, Kabuto. Pero había mas personas en ese lugar.

    –¿Y bien? ¿Me vas explicar por qué me enviaste a otro país a rescatar a esta tercia de inútiles? –cuestiono Sasuke Uchiha de pie frente a Orochimaru. Y por tercia de inútiles se refiere a Karin, Suigetsu y Jugo.

    –¡Oye! ¿A quién llamas inútil, imbécil? –alegó ofendido el peliblanco.

    –Nunca dije imbécil. Pero si, también eres imbécil –agregó Sasuke sin mirarlo. Luego volvió la mirada a Orochimaru– ¿Y quiénes son ese par? –señaló a dos personas que estaban sentados en un sofá mirando la reunión.

    –Sasuke, te presento a dos nuevos miembros de mi organización. Tamui y Zana –presentó Orochimaru a los que estaban sentados. Aquel par de hermanos que vencieron a los samurái días atrás, quienes trabajan para Orochimaru como asesinos.

    –¿Este es su alumno? Señor Orochimaru –cuestionó sonriendo Tamui. Mirando detalladamente al Uchiha–. No parece tan impresionante como lo describió –dijo mirando desafiante a Sasuke.

    –No se ve muy intimidante, pero es muy guapo –dijo con una voz muy coqueta Zana. Mientras pasaba su mirada por Sasuke de pies a cabeza y se mordía el labio–. Me gustan los jóvenes como él, fríos y rudos.

    Tamui miró de reojo a su hermana, Sasuke la ignoró, Suigetsu sonrió y Karin gruñó claramente celosa. Fue pues que Orochimaru se levantó.

    –No tomen a la ligera a Sasuke, después de todo es un miembro del clan Uchiha. Tiene una ascendencia de grandes y poderosos ninjas que lo respaldan –dijo sonriendo perverso–. Por cierto, este par de ninjas que ven han tenido ya la experiencia de derrotar a un par de samuráis.

    –¿Vencieron a un samurái? –exclamaron con sorpresa Suigetsu, Jugo y Karin.

    –No, no, no –rio Zana presumida–. Vencimos a dos samuráis. Los humillamos.

    –¿A sí? –Cuestionó Sasuke cruzado de brazos y con su seria mirada–. ¿Si los humillaron porque estas cubierta con vendas? –se refería a Zana, quien tenía sus manos y brazos cubiertos con vendas, esto ante las heridas que le causó el último ataque de Kido.

    –Fue solo un descuido, no fue nada. Igual ese niño tonto terminó el suelo –respondió un poco avergonzada desviando la mirada.

    –Dudo mucho que los samuráis con los que se enfrentaron fueran fuertes. Nosotros nos topamos con uno muy poderoso y luchamos contra él. Es más, estoy seguro que es de los samurái más fuertes que hay –presumió Suigetsu, refiriéndose a su encuentro con Hideo. Y decía que era el más fuerte solo por orgullo no porque lo supiera.

    –Eso no lo mencionaste, Sasuke –dijo Kabuto mirando con seriedad al Uchiha–. ¿Háblanos de eso?

    –No hay nada de qué hablar –respondió tajante–. De camino aquí nos topamos con un samurái, o algo así, decía que era un ronin, no sé qué sea eso. Suigetsu lo enfrentó y terminaron luchando, luego Karin y Jugo entrar al combate también. A los tres los dejó mordiendo el suelo. Tienen suerte que ese sujeto era un pacifista y los perdonó. Aun no entiendo para que quieres a estos tres inútiles –explicó Sasuke. Obviando el hecho que él no quiso luchar contra Hideo.

    –Que interesante, eso es bueno, en parte –aseguró Orochimaru–. El motivo para formar a este grupo es muy sencillo –regresó a su asiento y bebió de su té–. Ustedes seis tienen la misión de buscar y enfrentar a los samurái que deambulan cerca de esta zona, los mismos que Tamui y Zana enfrentaron.

    –¿No los mataron? ¿Entonces de que presumen? –alegó Karin cruzando los brazos.

    –Fue por ciertos motivos que los dejamos vivir –replicó Tamui con seriedad. Omitiendo el hecho que huyeron ante la llegada de Reiko y Sato.

    –Sea como sea. Es algo bueno después de todo –llamó Orochimaru para que se callaran y lo oyeran a él–. Su misión es encontrarlos, enfrentarlo y capturarlos –todos se sorprendieron con esa última parte del plan.

    –¿Capturarlos? –Cuestionaron Sasuke y Tamui– ¿Por qué? No sería mejor simplemente matarlos.

    –Sí, lo seria. Pero tengo mucho más interés en que los capturen y los traigan aquí para poder experimentar con ellos y conocer mejor sus habilidades –sonrió sacando su larga lengua y lamió sus labios–. ¿Tienen algún problema con eso, o es que no se creen capaces de capturarlos?

    Entre los integrantes del nuevo equipo se miraron entre sí, buscando a alguno que dudara. Pero ninguno estuvo dispuesto a negarse. Todos asintieron.

    –Perfecto, estoy seguro que pronto habrán capturado a eso samuráis y me los traerán. Cuando lo logren entonces les daré una misión más difícil. Por ahora eso es todo, dense prisa –ordenó la serpiente sonriendo más que complacido. Lo seis asintieron y se dispusieron a salir de la guardia, sin embargo, Orochimaru les detuvo para agregar algo más antes que se fueran–. Olvidé mencionarlo. Sasuke, como mi alumno tu estas al mando del equipo.

    –Perfecto, lo que faltaba, seguir las órdenes de un niño –bufó Tamui.

    –Yo no tengo problemas en seguir las ordenes de este bombón como él –sonrió coqueta Zana guiñándole el ojo a Sasuke.

    –¡Zana! –gruñó Tamui-

    –Zorra –musitó Karin molesta.

    Pero poco le importaba eso a Sasuke, ya se había encaminado a salir sin importarle si le seguían o no.

    –¿Confía en él, mi señor? –cuestionó Kabuto a Orochimaru cuando se habían ido–. Sasuke Uchiha no es alguien de quien podamos fiarnos.

    –Estoy seguro que Sasuke está listo para esto. Enfrentarse con los samurái le ayudara a mejorar sus habilidades más rápido. Luego podremos ir tras los akatsukis –respondió completamente convencido de su plan.

    05 de Marzo. País del rayo.

    Todo parecía tranquilo en una de las ciudades más importantes del país del rayo. La gente deambulaba por las calles haciendo sus tareas cotidianas en santa paz. Hasta que un gran estruendo se escuchó en toda la ciudad. En el edificio más grande un estallido había destrozado los pisos superiores. Entre las ruinas de esa zona dos siluetas ataviadas con túnicas negras y nubes rojas aparecieron entre el humo y el fuego.

    –Creo que te excediste un poco, Kakuzu, amigo mío –dijo riendo Hidan mientras arrastraba el cuerpo de un ninja con su mano izquierda, pues la derecha estaba cercenada y la llevaba colgando de su cintura para poder cocerla después.

    –El ataque lo hizo ella, no yo. Solo fue cuestión de contraatacar –dijo con seriedad el ninja zombi mientras miraba desde la cima hasta el suelo y una de sus marionetas regresaba a su cuerpo–. ¿Ya no hay más ninjas que puedan estorbar o seguirnos?

    –No, creo que ya mate a todos. Mira que son tontos e inservibles. Quinces ninjas asesinados y solo pudieron cortarme un brazo –dijo para luego echarse a reír cual si de un chiste se tratase–. Oye, ¿puede cocerme el brazo ahora?

    –Ahora no. No hay tiempo, debemos capturar a la mujer jinchuriki cuanto antes –negó mientras trataba de divisar algo en el suelo.

    –¡Oye, fuiste tú quien la arrojó por la ventana! Esa pobre infeliz debe estar muerta por la caída –exclamó bufando–. Volviendo al tema. ¿No te da vergüenza deambular con tu compañero mutilado?

    –Si, en eso tienes razón. Me da mucha vergüenza que seas mi compañero –alegó dándole la menor importancia a Hidan–. Hubiera preferido al imbécil de Deidara.

    –¡Pues vete al diablo, zombi malagradecido! Yo soy más fuerte que Deidara, te recuerdo que soy inmortal –exclamó ofendido.

    –Me importa un carajo. Tu inmortalidad es proporcional a tu estupidez –entonces la mirada del zombi se fijó en su objetivo–. ¡Allí está!

    En el suelo pudo ver a Yugito Nii, la jinchuriki del dos colas. Una hermosa rubia de ojos oscuros. Se notaba herida y adolorida. La mitad derecha de su rostro estaba cubierta de sangre por una herida en su frente, sus brazos tenían quemaduras y contenía su abdomen por causa de un golpe contundente. A duras penas logró levantarse e intentar huir.

    –¡Vamos por ella! –ordenó Kakuzu.

    –Mejor ve tú, debo encontrar aguja e hilo para coserme cual ropa vieja –intentó regresar al interior del edificio para buscar lo que necesitaba.

    –¡Te dije que vamos por ella, pedazo de animal! –rápidamente le quitó el brazo del cinturón y lo arrojó por el aire hacia la calle.

    –¡Hijo de puta, mi brazo! –no tuvo más opción que saltar a por su miembro perdido.

    Curiosamente, con o sin intención, el brazo de Hidan llegó hasta Yugito y la golpeo en la cabeza derribándola. Al ver un brazo la gente que miraba la escena comenzó a huir y vaciar las calles.

    –Dios, eso me dolió –se quejó la rubia contenido el dolor en su cabeza y volviendo a levantarse. Para luego ver que la habían golpeado con un brazo cercenado– ¿Quiénes son estos monstruos? –dijo un poco asustada para seguir corriendo y tratando de escapar.

    Para tener mayores posibilidades creó una gran nube de humo y luego escapó por una de las puertas cercanas de la ciudad. Hidan y Kakuzu llegaron a ese punto en el que la habían derribado para darse cuenta que ella no estaba y le habían perdido la pista. Aunque al menos Hidan pudo recuperar su brazo.

    –¡Eres un hijo de puta, Kakuzu! –exclamó volviendo a asir su brazo a su cinturón–. Que no entiendes que no puedo perder mis partes.

    –¿Entonces de que te sirve ser inmortal si no puedes usar refacciones? –cuestionó el zombi tratando de adivinar la dirección en la que la rubio huyó.

    –Pues a diferencia de ti, yo no soy un cúmulo de diferentes cadáveres, yo soy único y solo uso piezas originales –dijo con presunción.

    Rápidamente Kakuzu lo tomó por el cuello y lo jaló hasta él.

    –Ya me tienes harto, Hidan. Deja de ser tan inservible y encuentra a esa zorra –le dijo gruñendo–. Tengo mucho dinero que cobrar y no puedo seguir perdiendo mi tiempo de esta manera.

    –Relájate, tarde o temprano la hallaremos. ¿Qué tan difícil puede ser? Solo hay dos villas alrededor de esta ciudad –dijo Hidan sonriendo a pesar del enfurecimiento de su compañero–. Por cierto, te apesta la boca, ¿no usas dentífrico?

    Kakuzu solo gruñó enormemente a punto de estallar y querer asesinar a su compañero. No obstante logró tener una mejor idea antes de eso.

    –Hidan. Si la encuentras te dejaré que hagas con ella lo que quieras, siempre y cuando no la mates –trató de relajarse un poco y lo soltó.

    –¿l-lo que quiera, lo que yo quiera? –sonrió con un brillo en los ojos.

    –¡Si, carajo! Lo que quieras –aseguró.

    –¡Entonces a qué diablos estamos esperando, vamos a por ella! –cual si fuera un gran premio lo que le espera comenzó a correr a toda velocidad hacia las puertas de la ciudad.

    Mientras tanto, en una de las aldeas cercanas a la ciudad un grupo de seis samuráis llegaban con la única misión de encontrar a la mujer llamada Yugito Nii, de la cual tienen la descripción. Durante toda la mañana, Yura, Miri y Ayako se encargaron de reunir información, dejando bien claro a los hombres del grupo que debían esperarlas en la posada hasta que regresaran. Esto porque estaban seguras que podrían sacarle información a cualquiera usando sus encantos femeninos.

    –Me cago en la puta, mira que hermosísimo paisaje de putas montañas, malditos ríos y cuanta mierda se pueda apreciar en este jodido país alejado de todo. Qué maravilla –dijo Gadi con un gran sarcasmo y aburrimiento mientras miraba por una ventana del lugar en el que estaban.

    –Es una geografía muy interesante y bella. Si pudiera, me gustaría pintar un cuadro de esa cascada que vimos ayer. Desde un viejo árbol que vi se tendría una imagen preciosa –comentó Akira mientras bebía un té y leía un pequeño libro.

    –¿Eres artista o qué? –cuestionó Gadi arqueando la ceja.

    –Así es. Ese es el talento que elegí cuando me convertí en samurái –explicó tranquilamente.

    –Ya veo. Bueno, en mis tiempos no todos los samurái teníamos la oportunidad de aprender un talento, había una puta guerra y todas las tierras estaban ardiendo –dijo riendo Gadi.

    –No creo que eso tenga mucho que ver, señor Gadi. Aun durante la guerra muchos samurái tenían la oportunidad de aprender un talento –agregó Hiroshi mientras comía un tazón de ramen.

    –¿Tienes que tragar algo en todas las posadas o restaurante por los que pasamos? dejaras pobre a la joven Miri –arqueo la ceja al verlo comer su segundo tazón de ramen–. Volviendo al tema. Sí, puede que tengas razón. Algunos clanes tenía la suficiente paz para eso, no obstante, les recuerdo que el glorioso, poderoso y terriblemente honorable Clan Enoshima era uno de los más leales y allegados al infame Clan Taira. Nunca tuvimos la suficiente paz para el ocio –sonrió bebiendo de su té–. Supongo que habrán escuchado acerca Masahiko Enoshima.

    Hiroshi, quien poco de historia podía saber miró a su versado y estudioso amigo.

    –Sí, he escuchado y leído acerca de ese hombre. Era uno de los cuatro Dioses Samurái al servicio del Shogun Taira, junto a Samuro Ashikaga en aquel tiempo. Fue el primero de los cuatro en perecer durante la guerra, y dio comienzo al conflicto entre los Taira y la Alianza Samurái. Si mal no recuerdo fue asesinado por el temido Demonio Sombra, Hideo Fujigawara –explicó Akira tranquilamente.

    –¡Correcto! Pero que niño tan más estudioso tenemos aquí. Debería ponerte una estrellita en la frente –dijo carcajeándose.

    –¿A qué viene la pregunta y la mención de ese hombre? aunque es obvio que eran miembro de su clan –cuestionó Hiroshi.

    –Por algo muy curioso que les he querido decir, y aprovecharé que su linda maestra no está aquí. Es algo que aprendí hace quince años, cuando tenía más o menos la edad de ustedes. Verán, Masahiko era un samurái muy poderoso, él seguía el “verdadero camino del samurái”. Y fue precisamente esa ideología lo que lo hizo perecer ante un poderoso samurái que no sigue el “verdadero camino del samurái” Masahiko fue asesinado frente a su hijo y todo su clan, justo en el templo del clan Enoshima. Ese día aprendí una valiosa lección. Si sigues “El verdadero camino del samurái” vas a morir, así de fácil. No debemos limitarnos por esas estúpidas siete virtudes que todo samurái debería tener –dijo sonriendo. Ante un par de jóvenes que les miraban extrañados e incomodos, pues básicamente les decía que debían olvidar todas las enseñanzas de su maestra.

    –¿Qué pasó con el hijo de Masahiko? –preguntó Hiroshi.

    –Era un chico muy tonto, se creía todas las idioteces que su padre le inculcó. Esa noche intentó salvar a su padre de la furia del Demonio Sombra, pero no lo logró, se llevó una enorme herida en el pecho que casi lo mata. El chico se volvió loco por la desesperación y el dolor de ver a todo su clan destruido, pues fue testigo de cómo el Demonio le cortaba la cabeza a su padre y la exhibía como un premio en el templo sagrado del clan. Días después ese chico entendió que si quería vivir y ser más fuerte no debía ser como su padre, no. Debía ser como el Demonio Sombra, despiadado y sanguinario, ese es el camino que nos guía hasta un gran poder.

    –Todo aquel que sigue la senda de la oscuridad está destinado a nunca encontrar saciedad ni felicidad –objetó con seriedad Akira.

    –Eso dicen, pero es mentira. Ese chico luchó y entrenó sin descanso con una sola meta en mente, ganarse el título de “Demonio” y lo logró tan solo cinco años después. Logró igualar al Demonio Sombra a quien tanto comenzó a admirar –aseguro con una enorme sonrisa.

    –¿Cómo sabe que es mentira? –cuestionó Hiroshi interesado en lo que decía.

    –Porque la verdadera felicidad se consigue con la miseria de otros –entonces se levantó de la mesa y se abrió la camisa, para revelar una enorme cicatriz–. Les puedo asegurar que todo lo que digo es verdad y posible. Yo soy el hijo de Masahiko y he recorrido por quince años la senda de la oscuridad, y ahora solo conozco la felicidad, la alegría, la diversión y el poder.

    Sí, estaba sonriendo, pero no era una sonrisa de felicidad o de alegría, era una sonrisa de locura y perversidad sin igual. Los jóvenes que lo acompañaban solo pudieron temblar ante lo que habían escuchado y miraban.

    –Si lo desean, yo puedo guiarlos por la senda de la oscuridad y convertirlos en samuráis poderosos e invencibles –ofreció mirándolos con ojos llenos de ambición y locura.

    Continuara…

    (Ending: Polyamorous – Breaking Benjamin)
     

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