Explícito Nada, no te vayas; limón [Mao/Masuyo|Kenzaburo/Kenzo]

Tema en 'Mesa de Fanfics' iniciado por Mori, 13 Enero 2021.

  1.  
    Mori

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    Escritora
    Título:
    Nada, no te vayas; limón [Mao/Masuyo|Kenzaburo/Kenzo]
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Tragedia
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    655
    ¿Querías tu maldito drama? :anicry:
    Pues toma tu maldito drama, rapuma :ganso:
    Por el dúo más endemoniado jamás creado :shani:


    Nada, no te vayas; limón

    Mao.jpg



    Los sentía, lo sentía todo, y a la vez no sentía nada, porque entendía todo. El amanecer fresco, una emboscada de... ¿cuantos? ¿10?, ¿habían sido más, acaso? Y ni siquiera nos dimos cuentas cuantos matamos, cuanta calidez robamos, cuantos monstruos creamos.

    La vida era un tira y afloja, y en cuanto más nos tironearas, menos aflojaríamos: Cuanto más amenazados, más ganas de aferrarnos a la vida con garras y dientes nos brindabas. ¿Escudo humano, espada en las palabras? Así funcionaba, y así íbamos aprendiendo de los errores del otro, de las advertencias del otro.

    Sentía mi garganta gélida, mi cuerpo gélido, podía sentir su cuerpo gélido e inerte sin siquiera mirarlo. Las lágrimas brotaron, el nudo se hizo fuerte, pero nada. No había rastro de debilidad, porque había superado a mi maestro hace tiempo, ahora simplemente era un maestro más. El padre que me salvó de no conocer a mi verdadero progenitor.

    Para otros, un demonio. Para mí, el más gran dragón.

    Con sonrisa temblorosa, de una alegría y paz que solo aquellos que vivían sufriendo entendían, me arrodillé frente a él; aún con el daruma en las manos. Aún con el daruma en las manos.

    Apretandolo con fuerza, con mucha fuerza.

    Busqué entre sus ropas, busqué y busqué; como la vil rata que era, la carroñera que no desperdiciaba nada. Su cuerpo, en mayor parte desnudo, lo besé: besé su frente, porque a pesar de que ya estaba inerte, su energía nunca más abandonaría este mundo. Es más, el le brindaría aún más energías de las que el mundo le brindó a él.

    A él, a quien entendía sin entender; al que comprendía sin palabras, al que me frustraba con gestos sutiles. Nos entendíamos tanto, y nos habíamos necesitado tanto... que simplemente no podía estar triste. No podía, porque sin él en mi vida, no sería la fuerte Masuyo y próxima Kobayashi que era.

    Ahora que mi maestro había partido podía volver a mi verdadero hogar, en paz, y volver a tener el control que solo nuestro clan poseía: El control sobre bestias, demonios, yokais, naturaleza.

    Sobre gente rota, gente odiosa, que aún así vuelve alevantarse; en busca de otra oportunidad. Por eso lo comprendía, a pesar de nunca haber salido de la perifería de mi pequeño y gran mundo.

    Yo no quería éxito, solo quería que mis seres amados murieran alegres de haber pasado, aunque sea solo uno, momentos efimeros conmigo.


    Partí su cuerpo en pedazos, me llevé uno que otro hueso, y lo enterré en distintos partes del campo del batalla. Terminé envuelta en un carmín; carmín propio, ajeno, de él.

    Y, una vez plantado los restos de Kenzaburo en esa tierra estéril, casi como sí yo misma fuera una diosa que decidía a través de sus deseos lo que deparaba el destino, me marché.

    Porque a dónde sea que fuera, había gente que salvar; porque a dónde sea que él estuviera, había un orgullo que mantener. Su torso lo enterré junto al daruma, que era él, y tomé de vuelta el amuleto de Hideki:

    Yin-Yang.

    Tendría que volver a eso, amado maestro; ahora que no podrías sostenerme en tus brazos, ni besar mi frente, ni escuchar mis risas.

    A pesar de que yo te dedicaría cada uno de los sentimientos que me hicieran sentir viva. Como agradecimiento eterno por haber dejado de ser un huraño el día en que yo más necesitaba un ser leal como tú.

    Como solo tú podías ser capaz de ser.


    Masuyo.jpg
     
    Última edición: 13 Enero 2021
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