Una voz grave, que viaje entre las ligeras brisas otoñales, en busca de un dulce sonido, vaga desde el oeste al este ¿Cuál es aquel exquisito sonido que lo obsesiona e impulsa a navegar por tanto tiempo, en un plano tan ancho e incierto, como lo es el mundo? Supongo que es el noble replique de las majestuosas señoras que se alojan en la cúspide de aquellas arcaicas iglesias, que anuncian el comienzo de una fiesta; aunque es muy posible que me equivoque y él este en búsqueda de un sonido más travieso, como la risa de los infantes, la cual no esta sujeta a prejuicios o altos estándares. Tal vez aquella ingenua voz, que juguetea con el viento, en realidad solo anhela una melodía que traiga paz a su cansado viaje, y le permita reposar, olvidando el fuerte ronquido que emite la ciudad, cada noche. A lo mejor aquella tonada se desprenda del silbido de un bolero, que día a día logra que brille el camino de sus clientes. ¡Quien sabrá!