Historia larga Moon Sons Reborn

Tema en 'Novelas' iniciado por Hada Negra, 16 Junio 2017.

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  1. Falta narrativa

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  3. Hay mal uso de los signos de puntuación

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  4. Es buen comienzo

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  1.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Me alegro mucho de que así sea! Así es, tengo muchas ideas que podrían ser atractivas, o hasta inesperadas. ¿Será que logres acertar con alguna de ellas? ¡Gracias por todo! Nos vemos pronto.
     
  2.  
    Kohome

    Kohome Fanático Comentarista destacado

    Libra
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    Escritora
    ¡Hola!

    Debo admitirlo, ¡este capítulo me encantó! ¿Sabes por qué? Porque aquí se ve que no te vas a meter con sentimentalismos que a veces no cumplen ninguna función, o con el típico 'romance prohibido' que creí que tendría.
    No señores, aquí habrá sangre, sudor y lágrimas.

    ¡Por la gloria, jop*ta! (?)

    En fin, estuvo muy bueno y tu narración me sigue encantando.

    Una cosita, si quieres adiciona los links de las canciones al inicio del capítulo. Sólo sería darle 'Editar' :3
    Y si no, pus no.

    Estaré esperando por el resto. :3

    ¡Suerte!
     
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  3.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Gracias por tu apoyo! Y por tu consejo también, cómo no se me ocurrió antes, ¡qué burra! Nos estaremos leyendo muy pronto, esperando seguir en tu agrado.
     
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  4.  
    AssasinDPM

    AssasinDPM Encontré la mejor vía para amarte mejor

    Leo
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    Escritor
    ¡Saludos!

    Un buen comienzo, se desarrolla muy bien esta trama que planteas:
    un rey que busca venganza por los malos tratos hechos hacia su pueblo, y que no descansara
    hasta cumplir su objetivo.
    En fin, esta muy bueno.
    Espero con ansias el próximo cap.

    Sin mas que agregar, See you soon!
     
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  5.  
    Bahamut

    Bahamut Entusiasta

    Virgo
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    Escritor
    Hola.

    Acabó de leer el capítulo I y fue interesante, ya que por un lado nos muestras un poco de la vida de Arubino, el príncipe de los Selenitas(si no estoy mal) y la desgastada relación que hay entre su raza y los humanos. Creo que esa falta de tolerancia que presenta la humanidad-específicamente el hombre adulto-está bien representada a lo largo del capítulo, además también está el infatigable elemento "romántico" que siempre sazona de buena manera los relatos. Creo que la forma en que relatas los hechos de la historia se entiende bien y eso requiere de un poco de trabajo...se nota que esmeraste en construir una buena historia. En cuanto a los fallos no tengo nada que aportar está vez.

    Buena historia, nos vemos.
     
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  6.  
    Yukiiii-chan

    Yukiiii-chan Lectora compulsiva

    Aries
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    Woow, es genial tu historia. Muy bien narrada, me sorprende y eso que no soy de leer historias muy largas, en definitiva tu historia me llamo mucho la atención.
     
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  7.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Gracias por tu comentario! Esta historia realmente es mi vida y mi pasión. ¡La llevo en la cabeza todo el día! Me alegra saber que hay buenos resultados a tan obsesiva manía de redactarla. ¡Seguiré esforzándome!
     
  8.  
    Hada Negra

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    Géminis
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    ¡Muchas gracias, Yukiiii-chan! Haré lo posible por mantener el interés en esta historia. El apoyo de cada uno de ustedes significa mucho para mí, en verdad.¡Gracias!
     
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  9.  
    Alisse Madness

    Alisse Madness Maestre

    Virgo
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    Recien me lei toda la historia esde el comienzo, la verdad es que, efectivamente la pequeña introduccion no era tan detallada asi que no me daba tanta idea de lo que se trataria en realidad, pero al leer los siguientes capitulos me he dado cuenta de el verdadero potencial que tienes en tu historia, me ha encantado y espero que no tardes en actualizarla.

    saludos
     
  10.  
    Ghea Kurai

    Ghea Kurai Entusiasta

    Leo
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    Gracias por invitarme a leer, pero no me ha interesado mucho esta historia. No sé si decir que es una historia aburrida, más bien creo que mi apreciación no será exacta, puesto que antes me gustaban los relatos fantásticos de batallas y aventura heroica, pero ahora me inclino por el terror de ficción especulativa.

    Debo agregar que la forma en que desarrollas el espacio emocional de los personajes me ha parecido bastante bien encaminado.

    Si escribes dentro de otros géneros literarios avísame, creo que sería interesante.
     
  11.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    Escritora
    Título:
    Moon Sons Reborn
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    5346
    ¡Hola, nuevamente! Antes que nada, me disculpo por la demora de esta actualización. La reescribí cerca de cuatro o cinco veces, pero no me convencía. Ojalá que el resultado, luego de tanta espera, sea positivo y les agrade. Les traigo un par de cosas que, creo, les resultarán... ¿inesperadas, es la palabra? Bueno, ya ustedes me dirán. ¡Recibo sus comentarios con todo ánimo!


    CAPÍTULO III​


    Los restos de La Villa claman justicia en un llanto inaudible. La mayoría de las casas ahora se han reducido a cenizas, algunas otras continúan cayendo a pedazos. Los soldados de Arubino, siguiendo las ordenes de su rey, avanzan entre cuerpos y arrancan la cabeza de cada uno, depositándolas en un enorme cesto. El joven rey, que analiza milimétricamente los escombros, se topa con una sorpresa terrible…

    Se le hela el cuerpo, un escalofrío recorre su espalda… Contempla, recargado en la puerta de una de las casas, un chico de rostro muy familiar. El recuerdo llega a él como un rayo, pues, aunque han pasado algunos años, ese semblante piadoso siempre estuvo presente en su memoria. Sin embargo, los planes que tenía al encontrarlo eran diferentes… Él pretendía que Rey se convirtiera en uno de sus aliados, pues era un chico justo e inteligente. Se preguntaba el porqué de la macabra coincidencia, si ellos se habían conocido en Tanesi, una aldea mucho más al pie de la montaña que La Villa. De repente, una preocupación mayor, azotó su corazón…

    — ¡Eisen Mond! — Llamó a todo pulmón, y el general acudió a él. —¿Quién asesinó a este chico?

    — Yo mismo lo hice, mi señor.

    — ¿No había alguien más con él?

    — Pues… — Cerró los ojos, haciendo memoria de lo ocurrido esa noche. — Sí. Era una joven, de cabello rojizo. Llevaba un bebé consigo. En realidad, yo iba tras ella, pero este chico se atravesó.

    — ¿Y la mujer?

    — Le dieron alcance, no supe quién. Sólo la vi caer al río Weinen, junto al niño. ¿Eran conocidos suyos? — Arubino bajó la mirada, sin responder. Eisen Mond comprendió la situación. — Mi señor, ellos eran gente de Hervé. Siempre estarían de lado suyo, sin importar la situación. Además, piense que lo peor que les pudo pasar, ya les pasó. Despreocúpese de hoy en adelante, ya no habrá más accidentes lamentables.

    Lo dejó solo, regresando a su tarea con los demás hombres. Arubino caminó hacia el río, tratando de mantener su postura fría, escondiendo el par de lágrimas que rodaban por sus mejillas. Lamentaba profundamente la muerte de Rey, pero más le dolía saber de la muerte de Saeth… Recordaba la dulce mirada de la joven, y esa sonrisa tan cálida y hermosa. Su mente creó una escena, donde vio a Saeth huir mientras abrazaba a su hijo, y se estremeció de sólo imaginar el momento en que su vida era arrancada. ¿Y su hijo? ¿Qué fue de él? Un sollozo quiso salir de su garganta, pero se controló y lo evitó. Para él, el único culpable sería siempre Hervé. Si Hervé no fuera un déspota desgraciado, Selenia no tendría porqué levantarse en armas; si Selenia no se hubiera revelado, Saeth y Rey no habrían muerto. Arubino aprendió el amor a Selenia, a su tierra, a su gente, a todo lo que ser un selenita significa, y no se detendría en su búsqueda de justicia. Tenía que planear su siguiente paso, pues este primer ataque no sería de gran importancia para Hervé, sólo lo estaría poniendo en alerta.


    Al cabo de casi una semana, un grupo de cobradores llegaron a lo que antes fuera La Villa, con la sola intención de recaudar los impuestos del mes. Mas no se esperaban la sorpresa de que la pequeña aldea ya no existiera. Se apresuraron en su regreso a la capital, donde avisaron a Hervé de todo lo que habían visto, de las casas destruidas, de los cuerpos decapitados.

    Hervé, pasando la mano sobre sus barbas, escuchó con curiosidad los relatos, y llamó su atención el asunto de los decapitados. Era por todos sabido, que cuando un bárbaro anunciaba su conquista de una tierra, decapitaba al rey o patriarca y con ello doblegaba al pueblo entero. Que alguien llegase a destruir una aldea, a quemarlo todo por igual, y a decapitar a todo hombre o mujer presente, era un absurdo y un sinsentido tremendo, que señalaba, sin lugar a dudas, a un líder torpe, primerizo e ignorante de la guerra.

    Se dibujó una sonrisa en su rostro, despreciando por completo al desconocido que pretendía conquistar sus terrenos. No sólo se lucía como un completo ignorante de las batallas, sino como un absoluto incompetente, pues La Villa no representaba una gran pérdida para él. Ni eran grandes campesinos, ni artesanos, ni aportaban gran suma a los impuestos.

    — ¿Existe algún posible responsable?

    — La población más cercana es Selenia…

    — ¡¿Selenia?! — Estalló en una incontenible carcajada — ¡El imbécil de Addaí acaba de cometer el peor error de su vida! No hay de qué preocuparse, Esdras. Envía un comando para que vigile la zona. Apenas asome las narices, deshazte de él.

    — ¿Cuántos hombres quiere que mande?

    — Envía medio centenar. —Esdras se da la media vuelta, y Hervé lo detiene casi de inmediato. — Esdras, envía a los nuevos reclutas. Les servirá como entrenamiento y no distraerás a los más expertos.

    — Como lo ordene, mi señor.

    Las palabras de Hervé eran, a la vez, las mismas que revoloteaban como ideas inconexas en la mente de Athalwolf. Él sabía que le debía lealtad a su nuevo rey, pero, ¿qué tan confiable era, realmente, reposar toda una aldea sobre los hombros de un niño? Aunque no quisiera dar vueltas al asunto, era una duda constante para él. El joven Arubino parecía, a simple vista, como si estuviera tratando mediante prueba y error. Daba una orden y se iba a encerrar a su habitación, luego salía a ver los resultados, sin gran expresión y daba una orden nueva. Selenia podría, quizá, estar firmando su propia muerte, pero debía permanecer fiel al rey.

    Llamó Arubino a Eisen Mond, Athalwolf y Verstecker, congregándolos en una reunión muy privada en el gran comedor del castillo. Y dio Arubino su discurso:


    “Sabemos bien que, lo que hemos hecho, no causará gracia al rey vecino. Por lo cual, estén seguros, que dejará caer sobre nosotros todo su poder. No habrá rincón de Selenia que se salve del castigo, no habrá selenita alguno que pueda huir al deseo de Hervé por hacernos pagar la ofensa. Sólo tenemos dos opciones: Permitirle que acabe con nosotros, sin siquiera levantar la mirada. O luchar hasta el final y hasta las últimas consecuencias. Las tierras que conquistemos hoy, serán las que darán el alimento a nuestros hijos el día de mañana. Necesitamos organizarnos y dejar de ser los bárbaros ignorantes que él nos cree. Eisen Mond, a partir de hoy, serás el responsable de las fuerzas militares de Selenia. Será tu voz la que guíe a las tropas cuando salgan de mi supervisión y a ti te pediré cuentas. Verstecker, tu nueva tarea será la de diseñar y crear armas que nos lleven a la victoria. Dejarás de ser el herrero del pueblo para convertirte en el primer armero, sé que puedes lograrlo. Athalwolf, sobre tus hombros, he de reposar la mayor de las tareas… Tú serás la cara del rey. A ojos de todo ajeno a Selenia, tú serás el rey, y las cosas se harán como las mandes, siguiendo siempre mis designios al pie de la letra. Llevarás mi mensaje y lo mostrarás como tuyo a las diferentes tribus, unificarás, mediante la palabra, a todas las comunidades posibles.”

    Cinco días después, el medio centenar de soldados se presentó en la zona destruida y montó su campamento, esperando, como lo dijo Hervé, el momento en que Addaí asomara las narices. Llevaban consigo caballos, armaduras y armas diversas, así como algunos víveres. Acamparon todos, según las ordenes de Hervé, como cazadores al asecho de venados. Mas cuál sería su sorpresa, si tan sólo hicieran el orgullo de lado y abrieran los ojos, al descubrir que realmente eran ellos las presas. Los informes llegaron a Arubino con la velocidad del viento: Medio centenar de caballos de guerra, equipados con sus respectivas bardas; armaduras, espadas, escudos de primera; dos carros de víveres y dos más de arsenal para artillería ligera.

    — Anuncien el ataque. Díganles que han venido a su propia muerte.

    — Mi señor, ponerles sobre aviso no es buena idea, tomarán medidas… — Quiso disuadirle Athalwolf, dirigiendo la vista a Eisen Mond.

    — Sólo obedece, Eisen Mond.

    — Sí, mi señor.

    — Escribió el mensaje en un trozo de papiro y se lo entregó, dirigiéndose este a una zona apropiada desde la cual disparar una flecha con el mensaje atado.

    “Nada bajo los cielos puede hacerse sin que Selene se entere. Nada sobre la tierra puede hablarse, sin que Sadeh lo escuche. Ríndanse o prepárense a morir.”
    Seguros de que el ataque ocurriría de noche, los cristenitas montaron una guardia nocturna, pero el enemigo no llegó. Claramente no serían tomados por sorpresa, y se rehusaron a relajar sus vigilancias durante cuatro noches consecutivas, tiempo que aprovecharon los hombres de Arubino para seguir la nueva orden: se adentraron más a la montaña y montaron hogueras, tantas como les fuera posible.
    Finalmente, y harto de la burla, el capitán cristenita, Starkermann, envió a dos de sus hombres a investigar la zona. Caminando con cuidado por terreno desconocido, se llegó la quinta noche. Un resplandor potente, proveniente de uno de los valles, llamó su atención y los guio con la promesa de revelarles el campamento enemigo. Quedaron pasmados al contemplar la escena completa, pues centenares de hogueras ardían en el lugar. Sintiendo todo su cuerpo erizarse, regresaron lo antes posible a avisarle a su capitán. Y, como pasa en toda información que corre de boca en boca, el temor les llevó, sin querer, a exagerar su relato de lo visto, asegurando por vida propia que habría cerca de diez mil hombres apostados por todo el valle principal de Selenia. Starkermann no podía dar crédito a lo que escuchaba. Sin embargo, contra su orgullo y vanidad, debió ordenar la retirada, pues era obvio que un grupo de apenas cincuenta hombres no podría contra los miles que sus vigías le habían asegurado.

    Arubino, que ya lo había previsto todo, se adelantó a enviar un grupo a bloquear la salida segura de La Villa hacia Tanesi, con lo cual, los hombres de Hervé se verían forzados a rodear, cayendo inevitablemente a trampas crueles ocultas por todo el terreno. Sin embargo, los cristenitas no fueron tan temerarios, y optaron por abrirse paso entre el bloqueo de roca, prefiriendo arrojarlas montaña abajo y sortear entre los obstáculos del camino visible, antes que lanzarse al descubrimiento de senderos alternos.
    Ante la posibilidad de que su presa escapara, el rey envió a sus hombres a confrontar directamente. Luego de haber pasado varias noches en vilo, la pequeña tropa estaría débil, dando ventaja a los de Selene. Se presentaron entonces, los hijos de la Luna, inmediatamente al cruzar la muralla de rocas, y a Starkermann no le quedó más que empuñar su espada.

    — No sean estúpidos. — Se acercó Eisen Mond. — Tiren las armas y ríndanse, no tienen posibilidad de ganar.

    — Prefiero perder la vida en batalla antes que doblegarme ante ti, maldito villano asqueroso. — Vociferó, escupiendo sobre el pecho del selenita.

    Armados con porras y mazos, los de Arubino esperaron fielmente por la señal de su general. Asintió este, y se lanzaron al ataque. Los hombres de Hervé, que ciertamente estaban mejor armados, no pudieron hacer mucho con el cansancio de las noches previas. Sus espadas rectas, diseñadas para estocar, mas no para rebanar, se atoraron en los gruesos mazos, robándoles tiempo en tratar de liberarles. Los ataques selenitas no iban dirigidos a ser mortales, sino que herían los muslos y dañaban las rodillas, de modo tal que sus contrincantes fueron cayendo rendidos. Les maniataron y colocaron uno al lado de otro, hasta que ninguno pudo zafarse de los atados.

    — Tú, que denigras al que es diferente y menosprecias al que es incapaz, ríndete y doblega tu voluntad, tal como Selene te da la oportunidad, o resígnate a vagar en las tinieblas, por el resto de tus días. — Sentenció el general, pero el cristenita sólo clavo la fiera mirada en él y frunció el ceño, con el orgullo y la soberbia que de su raza ya se conocía. Entonces, colocó Eisen Mond los pulgares sobre sus ojos y comenzó a clavarlos lentamente, hasta que los hundió por completo en las cuencas, entre gritos de dolor y malhayas, escurriendo por sus mejillas los ríos de sangre. — Menosprecias al que es diferente de ti, abusas del que no tiene y señalas al que no ve. ¡Vive y paga en carne propia aquello mismo que has provocado!

    — ¡¡Malparido, desgraciado!! ¡¡Hijo de perra!! — Trataba, sin éxito, de abrir los ojos y volver a ver. El resto de cautivos llevó la misma suerte, y fueron llevados uno tras otro hasta Selenia.

    Entre los matorrales de la zona alta, se oculta Saeth, mirando con impotencia aquello que, a su juicio, no ha sido más que una injusticia, puesto que aquellos que iban a cobrar la indigna matanza de los suyos, terminaron de peor manera. Contuvo el llanto, provocado por la rabia profunda, y se aferró a un envoltorio que llevaba consigo. Se cubrió la boca cuando sintió que escaparía un sollozo, y siguió su andar, pues nada ganaba enfrentando a los hombres de Selene.
    Rapeleó por barrancos, se deslizó y cayó en varios puntos, lastimándose inevitablemente cada parte del cuerpo, mas no pensó un solo instante en detenerse. El primer poblado que hallaría, sería Tesenia, cuyo castillo, a cargo del Lord Chestibor, se rodeaba de amplias campiñas antes de llegar al burgo. Sería ya de por sí suficiente para hacerle sentir descansada y protegida, lejos del peligro. La luz del día comenzaba a escasear, y anduvo, renqueando hasta volver a encontrarse con el río, para saberse en el camino correcto. Como era de suponerse, la noche le dio alcance, pero era peligroso parar a mitad del llano. Alzó la vista y alcanzó a distinguir una luz tenue y una columna de humo. El terreno del cual provenía, contaba con una casa enorme, parcelas y una caballeriza. La noche era tan helada, y sus ropas tan desgastadas y rotas, que fue la ocasión perfecta para toparse con el sitio. Se adentró en el establo, tratando de no asustar demasiado a las bestias, y se recostó entre un montón de heno, sin apartar de su lado el preciado bien que llevaba envuelto entre trozos de lana y manta de lino.

    A la mañana siguiente, el aroma de carne asada y pan llenó los alrededores. Se escuchaban los leños crujir en el fogón, en el patio de la casona. Varias mujeres, la mayoría ya mayores, se encargaban de preparar el desayuno del amo. Saeth, que permanecía oculta, miró por las separaciones de la madera del establo, y distinguió a cada una, llegando a ella la preocupación de ser descubierta si es que una se acercaba.
    Una muchacha de entre veintitrés y veinticinco años, vestida tan humildemente como las demás y llevando el tradicional capiello, un tocado que les cubría por completo la cabeza y cabellera, (prenda que, por cierto, en La Villa nunca fue utilizado), salió buscando a tientas contra la pared. La joven, que ciertamente daba la impresión de cometer movimientos erráticos, permanecía con la mirada al suelo. Finalmente, su mano se topó con un bastón, y anduvo despacio, llevándole por delante. Llegó así al establo, y sostuvo Saeht la respiración, pues temía que la mujer le descubriera. Sin embargo, y a pesar que le caminó muy cerca, la joven no se percató de su presencia. Notó entonces la pelirroja, que los ojos de la chica no tenían brillo. Era una verdadera suerte.

    Tomó un balde de madera lleno de semillas y migas de pan viejo, y salió a alimentar a los pollos. Saeth le miró con atención, distinguiendo cada pequeño rasgo de su rostro, cada gesto amable e inocente que dedicaba, durante su labor, a las aves. Y sintió un calor agradable, brotando de su pecho y corriendo por todo su cuerpo, como si estuviese cerca de una hoguera. No era la primera vez que un sentimiento así despertaba en ella, no le era enteramente desconocido, pese a ser joven y doncella. Fue su mayor temor que sus padres le rechazaran, por ello, nunca tocó el tema. Mas, sin embargo, Rey lo sabía y le reprochaba que fuese en contra de su misión como mujer, como hija del jefe y como hermana misma. Pero, ahora Rey ya no estaba, y no podía sólo ignorar aquello que sentía. La muchacha, mayor que ella por lo menos seis años, lucía delicada y frágil. Lucía pura. El corazón de Saeth latió fuertemente, pese a no saber nada de aquella joven. Finalmente, terminó de alimentar a las gallinas, y devolvió el balde a su lugar, retornando a la casona. Saeth no pudo evitar pensar, que siendo Cristenio un pueblo cruel e intolerante con los desvalidos y malformados, la joven debía ser, sin duda alguna, una persona importante. Realmente le causó curiosidad, pero no podía quedarse por más tiempo oculta en el granero. Esperó la caída de la noche y salió nuevamente, dirigiéndose al mercado a buscar un rincón en el cual dormir y aguardar por su segundo día en la ciudad.

    Temprano, se escucharon los cascos de los caballos golpear contra el suelo de piedra, y se llenó el ambiente de pregones, murmullos, risas. La ciudad estaba despierta y hacía su cotidianidad, con gente yendo de aquí para allá, comprando y vendiendo. Tesenia había crecido mucho desde la última vez que le visitó. Se echó a caminar, vigilando en todo momento que su preciado bien estuviese a salvo. Los soldados, que creyeron sospechoso su comportamiento, la siguieron de cerca. Anduvieron preguntando a cada poblador si le conocían, mas todos respondieron negativamente.

    — ¡Detente allí! — Ordenó uno de los guardias. Saeth obedeció y detuvo su andar. —¿Quién eres? ¿De dónde vienes?

    — Mi nombre es Saeth Falkenhorst. Vengo de La Villa…

    Los hombres se miraron, sorprendidos.

    — ¿De La Villa, dices? Sabes que fue destruida, ¿verdad?

    — Sí, señor. Estuve presente el día de la masacre y he sido testigo de una más. Soy la única sobreviviente de la tribu.

    — ¿Qué buscas en Tesenia?

    — Deseo hablar con su Señor y presentar mis respetos. Quiero unirme a sus tropas.

    Los soldados rieron al escuchar tal locura, pues las mujeres no podían, ni en los más bizarros sueños de un ebrio, pertenecer a las legiones de Lord Chestibor.

    — Mi linaje guerrero pertenece a uno de los más antiguos de Cristenio, no veo motivo para su burla. —Se cruzó de brazos, mirando retadora a los sujetos. — Demando hablar con su señor, él debe escucharme.

    — Debo admitir — dijo uno de ellos, secando las lágrimas de sus ojos — que casi caí en tus mentiras. De La Villa no queda ya ni el recuerdo, y los hombres de Hervé están en este momento acabando el problema desde su raíz.

    — ¿Esa panda de novatos con armadura? Lo más seguro es que estén muertos a estas alturas. Les capturaron ayer, antes del mediodía.

    — Mentirosa — Desenfundó la espada, amenazando con el filo bajo la barbilla de la pelirroja. Aun así, ella no retrocedió ni demostró miedo.

    — Eres ignorante del folclor de tu reino. Llévame ante tu Señor, Chestibor, y ahórrate un mal momento. Soy de sangre noble, y tu Señor lo sabe.

    Insolente, prepotente, mentirosa. Esa fue la impresión de los soldados, pero la seguridad en su voz era tal, que les hacía dudar y pensar si, sólo talvez, algo de lo que decía podía resultar real. De linaje noble, se dijo ella misma. Sin embargo, el apellido no resonaba en la memoria de ninguno de los soldados. Luego de pensarlo, la apresaron, asegurando que hablarían con Lord Chestibor. De ser verdad que su sangre era noble, ellos tendrían que disculparse. Pero, si fuera todo un engaño, le humillarían y enviarían al trabajo forzado para compensar el irrespeto que había demostrado a la autoridad de Tesenia.

    Fue el capitán a hablar con su Señor, que al principio se demostró reacio de atenderle. Mas, tal como lo advirtió Saeth, al escuchar el apellido Falkenhorst, Chestibor paró en seco y volvió la mirada al soldado.

    — ¿Falkenhorst, has dicho? Eso es imposible, Roy Falkenhorst no tuvo descendencia…

    — La mujer asegura que ella es su hija.

    — Llévame hasta ella. Que me demuestre que desciende de él y le liberaremos y escucharemos. Si de lo contrario, no puede probarlo, le castigaremos con severidad.

    Se adentró Lord Chestibor al calabozo y conoció a la joven doncella, que permanecía maniatada por la espalda.

    — Dices ser de sangre noble. Ni más ni menos, que hija de Roy Falkenhorst. Ahora, dime, ¿por qué habría de creerte?

    — ¿Ve el atado, a su derecha? — Señaló el envoltorio de lana. — Ábralo y dígame si le es familiar.

    Lord Chestibor tomó el paquete y procedió a desamarrar las tiras de cuero que lo aseguraban. Se dejó ver el pomo brillante de una espada, seguido por la empuñadura, forrada en tiras de cuero entretejidas y una guarda gruesa, con grabados intrincados, entre los que destacaban dos escudos de armas. La funda de la espada lucía elegante, bordeada en oro y plata y con incrustaciones de piedras preciosas. Quedó boquiabierto al desenvainar el arma, ciertamente ya la había reconocido, pero quería admirarla en todo su esplendor.

    — La Doncella… Es imposible…

    — Si no cree ni en sus propios ojos, entonces no puedo ayudarle.

    La Doncella. Cuenta la leyenda que, cuando los primeros habitantes de Cristenio llegaron a estas tierras, se toparon con el asedio y tormento constante de un ser demoníaco, que comandaba a las bestias y fieras de toda la cordillera. Tras sufrir numerosos y sangrientos ataques, una dama valiente alzó la mirada. Anduvo por el bosque, buscando una señal de Dios, hasta encontrarse con una roca ardiente y pesada, abandonada en un cráter. En su interior, relucía el destello metálico, esa fue su señal. Llevó la roca hasta su pueblo y pidió al herrero que forjara la espada más poderosa jamás conocida por el hombre. De allí surgió La Doncella, y fue empuñada por aquella valiente mujer, que les comandó contra la terrible criatura de las montañas, consiguiendo, con el filo de la espada sagrada, asesinarle y traer paz a todo su pueblo. Años después, esa espada se heredó al mayor de sus hijos, y siguió heredándose durante siglos. Falkenhorst fue el apellido de quien la desposara y el mismo se mantuvo hasta la fecha. En pocas palabras, Falkenhorst es sinónimo de sangre noble y guerrera. Se trata de los auténticos descendientes de quien, siglos después, se renombró como la Dama Cristal, y de quien proviene el nombre del reino, Cristenio.
    Los cristenitas, que, entre muchas otras cosas, se caracterizaban por ser fieles creyentes de las señales divinas, y también de ser muy supersticiosos, vieron en la inesperada reaparición de un Falkenhorst la señal inequívoca de que el demonio de las montañas había regresado y que ellos, por contar con la espada sagrada y la última heredera de la sangre campeona, tenían el favor de Dios. Además, parecía demasiada coincidencia que La Doncella volviera a ser empuñada por una mujer.

    Lord Chestibor regresó el acero a su funda y observó a Saeth. Por el parecido a Roy Falkenhorst, que hasta ese momento miró a detalle, no le quedó más duda, y ordenó que se le liberara. Entonces, Saeth procedió a hablarle de lo que había visto en su trayecto y confirmó las sospechas de Hervé, de que los selenitas eran los únicos responsables del ataque. Esa información se le envió de inmediato al rey, aunque, por la distancia, tardaría de tres a cuatro días en recibirla.
    Mientras tanto, vio Lord Chestibor, que la joven noble había quedado sin hogar ni riquezas. Sería para él un honor darle una vivienda y un par de hectáreas. Recordó que uno de los mercaderes más importantes de Tesenia había liquidado una pesada deuda hacia él con un terreno extenso y una casona, con animales de corral, bestias e incluso servidumbre. Era el lugar ideal. Cabalgaron a las afueras de Tesenia, a orillas del río Weinen, lugar donde se hallaba la propiedad que, en ese mismo momento, le fue cedida a Saeth. Lord Chestibor tenía más y mejores tierras de cultivo, por eso no le resultó difícil desprenderse de estas parcelas en particular. Saeth reconoció de inmediato la casa mientras se acercaban por el camino, y vio salir a un grupo de mujeres que se colocaron a los costados de la entrada en una absoluta reverencia hacia su nueva Señora. Entre las mujeres, estaba la joven que había robado su corazón el día anterior… ¡Vaya, vueltas de la vida!

    — Mis disculpas, dama Saeth, porque entre la servidumbre se encuentra una minusválida. Pero siéntase libre de deshacerse de ella en el momento que guste.

    — ¿Deshacerme de ella? Lo dices como si fuera un objeto. ¿Por qué la tienes aquí si tanto te irrita, Chestibor?

    — Era parte de la propiedad, como el resto de siervas. Casi no vengo a estas parcelas, así que no he tenido tiempo de ocuparme de ella. Parece que alguna vez fue la señora de esta casa, pero hoy ya no tiene relevancia. Incluso las siervas valen más que ella.

    — ¿Cuál es su nombre?

    — Lil.

    Bajaron de los caballos y entraron a la casa, volviéndose todas las mujeres a sus labores para preparar la mesa a su nueva señora. Lil, por su parte, regresó al granero y allí se quedó, encerrada con el perro guardián y las bestias.

    — ¿Una mujer es la nueva dueña? — Comentó una de las matronas, mientras pelaba algunas papas. —Siempre creí que sería alguno de los guerreros de Hervé.

    — Se dice mujer, pero me parece raro la manera en que viste. No lleva falda, ni tocado. Por el contrario, viste como cualquier hombre del reino…

    — ¡A callar las dos! — Intervino una tercera, la mayor de todas. — Agradezcan que la casa ya no estará más en el olvido. Sea quien sea la nueva Señora.

    Chestibor y Saeth continuaban hablando y comiendo. Sin lugar a dudas, Hervé se sentiría dichoso

    — Se llevará a cabo una justa, es lo más seguro. Sólo el caballero más apto podrá blandir la espada bendita.

    — ¿Qué dices? La espada me pertenece a mí, ¿por qué le buscarían otro dueño?

    — Mi Señora, su presencia nos honra y es, sin lugar a errores, la mayor gracia que Dios nos pudo enviar como muestra de su favor. Pero, siendo reales, una mujer no peleará junto a los hombres de Hervé.

    — ¿Por qué no? Soy tan capaz como cualquiera de ellos.

    — ¿Acaso tiene entrenamiento de caballero? — Dijo en tono burlón, limpiándose los labios con la manga de la túnica.

    — Por supuesto. Mi padre me enseñó las técnicas que todo Falkenhorst debe dominar. Nadie, mejor que yo, puede dar uso a La Doncella.

    — Pues…

    — Te reto a que me pongas a prueba. Envía a tus mejores soldados, si me derrotan, puedes organizar esa justa. Si gano, tendrás que dejarme ser partícipe de esta batalla contra Selenia.

    Chestibor, aun conteniendo la risa, bebió de su copa y asintió.

    — Por hoy, descansa. Deja que el rey se entere y entonces veremos qué sigue. — Arrancó de la mesa su puñal y lo guardó en su cintura. Dio la media vuelta y se retiró.

    Las palabras de Saeth sonaban completamente seguras y prometedoras, aunque, en realidad, la joven sentía temor de enfrentarse tal como lo había propuesto. Su padre, Roy, enseñó todas sus técnicas a Rey, pues sabía que algún día heredaría el liderazgo de su pueblo. Y, de hecho, a ese deseo respondía el nombre de su primogénito, pues era su voluntad que el mismo se convirtiera en el primer rey de La Villa. No obstante, y para desagrado de su padre, Rey siempre fue malo aprendiendo las técnicas de combate. El choque de las espadas le aterraba, y más sabiendo que, si cometía un error, se volvería la decepción de su linaje. Saeth, que siempre buscaba el mejor sitio, observaba con gran atención cada movimiento y analizaba a profundidad los errores de su hermano. En ocasiones, buscando el perfeccionamiento, Rey le pidió ayuda para entrenar. Todas esas veces en que su madre, Yvonne, le encontró empuñando una espada de madera, ganó castigos y sermones. No era natural que una doncella se inclinara a las armas, ella debía dedicarse al hogar y los bordados. Su entrenamiento debía ser en servicio a los hombres, pues, algún día, desposaría a algún líder tribal para poder unificar y extender su tribu.

    Salió de la casa hacia las parcelas a respirar un poco de aire. Jamás había luchado contra nadie, más que aquellos entrenamientos con su hermano. Decidida a defender su honor, su linaje, su herencia y la espada legendaria, tomó un palo de escoba y comenzó a entrenar arduamente. Pasadas las horas y agotándose la luz del sol, se aproximó Lil, escuchando atentamente el cortar del aire con la espada improvisada.

    — Entrena usted con gran disciplina. Sin embargo, ya es tarde. Debe descansar. — Saeth volvió a ella la mirada, sintiendo un sonrojo en su rostro. — Perdone mi atrevimiento…

    — ¡No, no! Por el contrario, te agradezco tu preocupación.

    — Se escucha su voz muy joven, para ser una Señora. ¿Cuál es el nombre de mi nueva ama? No he tenido el gusto.

    — Saeth, mi nombre es Saeth.

    La joven hizo una reverencia, regresando sin más al granero.

    — ¡Espera!

    — Diga, mi Señora.

    — ¿No duermes en la casa?

    — No quiero ofender a la Señora con mi presencia. Mi lugar es aquí, afuera…

    — No, por favor. Es helado el granero. Ven conmigo.

    — ¿A dónde?

    — Dormirás en mi habitación, donde no pases frío. Hay una chimenea y…

    — Lo sé. — Dijo con una amable sonrisa en su rostro. — Pero, ese no es lugar para mí.

    — Lo es. A partir de hoy, esa es tu habitación. Dormirás conmigo, y es una orden.

    — Como lo mande, mi Señora.

    — Mandaré a que arreglen algunos baldes con agua caliente. Debes bañarte. — La expresión de Lil fue de desconcierto. Y es que, en Cristenio, ni los baños ni las duchas eran habituales. — Te caerá muy bien, ya verás. Yo me bañaré, también. Es muy relajante antes de dormir.

    — ¿Siempre? ¿No es peligroso? Los doctores…

    — Están locos, no les hagas caso. En mi pueblo, acostumbrábamos bañarnos o ducharnos casi a diario y nunca nos hizo daño. Creo que a ti no te ha tocado el agua en un buen tiempo, y eso debe cambiar de hoy en adelante, Lil.

    No era que Saeth tuviera malas intenciones ni deseos de abusar de la sumisión de la joven, sino que realmente le preocupaba que pasara frío. Ella ya había pasado una noche allí, y sabía por propia experiencia, lo difícil que resultaba ganar un poco de calor. Consiguió una bañera y la metió en la habitación. Como las comadronas murmuraban tal locura, les ordenó ducharse también, pues ella no toleraría el desaseo en su propiedad. Se sumergió Lil en la bañera, dudando en todo momento por su bienestar. Saeth lavó su cabeza y le consiguió una bata limpia. Dejando a la joven a solas para vestirse, se dirigió a acomodar ocho sillas, unas frente a otras. Pegó dos sabanas y las rellenó de heno, colocándolas luego en la base hechiza. Esa sería la cama de Lil. Así, su primera noche oficial en Tesenia, se llenó de alegría y de un momento memorable para la posteridad, pues sabía que había encontrado a la persona especial, a aquella por la cual lucharía arduamente y a la que dedicaría sus batallas. Claro que, sería más hermoso si Lil supiera de sus intenciones y la aceptara. Pero eso, será después… Quizá.
     
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    Estoy empezando a creer que se me pasó la mano con lo extenso de este escrito... :v

    ¡Oh, por cierto! Les dejo este enlace a mi galería. En ella iré colocando los dibujos de los diferentes personajes, para que puedan conocerlos.


    Dibujo Tradicional - Galería Moon Sons Reborn
     
    Última edición por un moderador: 18 Agosto 2017
  13.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

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    Oh, no te preocupes.

    Viéndolo bien, no ha sido muy largo, pues en comparación a los dos primeros capítulos de mi historia, el tuyo no es nada. Y creeme ese error de longitud del que hablo fue para mí, un error catastrófico. Pero no hay nada de malo en un capítulo largo, aveces son realmente necesarios.

    Me agrada como va progresasando Arubino, y pensé que era un rey algo inmaduro y sobretodo inexperto en el arte de la guerra, pero veo que me equivoqué.

    Me gusta tu narrativa, leerte es como leer uno de esos típicos cuentos, sin dudas, ese no es uno de mis fuertes.

    Es interesante lo que puede pasar aquí con Saeth y Lil, por lo que veo, si no me equivoco, aquí no importará nada de cosas "Prohibidas" verdad?, porque si es así, me va a gustar aún más.

    Saludos y hasta la próxima.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Leí la historia hace rato, pero tuve que esperar a tener acceso a mi pc de escritorio para poder dejar un comentario.

    Realmente me gustó mucho el capítulo. La narración ha mejorado mucho, y la forma en la que se describen los lugares y las acciones de los personajes realmente es muy fluida y fácil de seguir.

    Al final, Arubino fue un poco descuidado con el ataque que ordenó a su ejército. Debió haber considerado que Saeth y Rey podrían encontrarse en otro lugar que no sea su lugar de residencia original. No pensó en eso y ahora se está lamentando. Si le hubiera dado una orden a Eisen la orden de tener mucho más cuidado, probablemente las cosas habrían sido diferentes. Aunque tengo ganas de ver como reaccionará cuando descubra que Saeth está viva y que tiene deseos de matarlo. Tengo la teoría de que Saeth matará a Eisen antes de encontrarse con Arubino cara a cara, como una pequeña venganza por Rey. Algo que también me intriga es ver si Saeth recordará a Arubino de aquella vez que lo vio, o si simplemente lo tomará como hijo de Addaí.

    A pesar de que esta historia empieza con Addaí y su hijo, estoy empezando a pensar que Saeth es la protagonista de la historia. En cualquier caso, es el personaje más importante. Y todo parece indicar que tiene una profecía que cumplir. Lo que más me gusta de ella es su amabilidad, poco común en el resto de los cristenitas.

    Estoy seguro de que esta historia dará para muchos capítulos por la cantidad de personajes que aparecen en la misma, y ya quiero ver a donde llegará.

    El mundo que has creado es increíble, y espero que puedas explotarlo bien.

    Tal vez se me hayan pasado por alto porque es tarde, pero no noté errores de ortografía ni de narración. Solamente que en una parte utilizaste un paréntesis para marcar algo:

    El paréntesis realmente no hace falta, y con las comas da el mismo resultado sin romper mucho la narrativa. Eso es lo único que tengo para mencionar.

    A pesar de su extensión, el capítulo fue muy bueno y agradable para leer. Cuando publiques la continuación, yo leeré y dejaré un comentario cuando pueda. Me despido.
     
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    Hada Negra

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    ¡Gracias por sus comentarios! Es una sensación indescriptible el leerlos, y un honor el hecho de que me regalen un poco de su tiempo. Temía un poco que no fuera a gustar, gracias a Selene que no fue así :v
    !Nos leemos pronto, colegas!
     
  16.  
    Hada Negra

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    Título:
    Moon Sons Reborn
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    3028
    ¡Hola! Nuevamente, he demorado mucho en poder actualizar este fic, y me disculpo por ello. Aquí les traigo la continuación, esperando sea de su agrado y, por supuesto, deseosa de leer sus opiniones y comentarios. En este capítulo, tenemos un personaje de nombre muy peculiar, lo encontrarán como "Caoihim". Dicho nombre, se pronuncia "Kiva"... Lo sé, son muchas letras para poco sonido. ¡Muchas gracias por su tiempo! Haré lo posible por tener la siguiente parte en menos tiempo que estos últimos dos capítulos.


    Capítulo IV


    Los días transcurren rápidamente en Tesenia. La finca, que ya luce muy diferente a como la tomó Saeth, es uno de los terrenos más llamativos. Cualquiera, de hecho, podría jurar que un hombre se encarga del predio, pues las cercas han sido reparadas y las cosechas lucen ordenadas. La nueva señora, pese a ser joven, se disciplina a una rutina bien organizada, en la cual atiende personalmente las parcelas y animales durante la mañana y una intensa jornada de entrenamiento durante la tarde.

    Cierto día, pasado el meridiano y tras sus pesados ejercicios, se deja caer al suelo con semblante de derrota. Alza la vista al cielo, como buscando a alguien. Un largo suspiro abandona su pecho y el viento fresco revuelve su larga cabellera.

    — ¿Mi señora? — Se aproxima Lil llevándole una jarra con cerveza. Saeth voltea a verla y le toma del brazo para indicarle su dirección.

    — Aquí, siéntate conmigo un rato.

    La muchacha obedece, acomoda la enagua tras las corvas y busca una postura cómoda. Saeth la mira a los ojos atentamente, tratando de deducir la historia de la sierva, pues, pese a lo bien que se han llevado y la confianza mutua que se han otorgado, aún no siente el valor suficiente para preguntar la razón de su estado.

    — ¿De verdad planea, mi señora, competir en la justa por La Doncella? — inquiere la mujer, mientras lleva los dorados cabellos del flequillo tras su oreja. Saeth sale de su transe y tarda un poco en comprender el sentido de aquellas palabras.

    — ¡Pero claro! La Doncella es mi espada, no puedo permitir que alguien me la arrebate. Además, tengo una misión que cumplir.

    — Entiendo, sin embargo, las leyes son inflexibles y los hombres, vanidosos…

    — Ese es punto a mi favor. — Lil no comprendió el argumento. Entonces, Saeth procedió — Imagínate, esta oportunidad no se da todos los días. Tienen la chanza de humillar y pisotear a quien ha osado postularse como la elegida de Dios, ¡no van a desperdiciarla! Bajarán la guardia para concentrarse en lo imponentes y aptos que deben verse.

    — Sólo espero que mi señora tenga razón.

    Saeth bebe de la jarra y ofrece un poco a su acompañante, la cual acepta la invitación.

    Mientras tanto, en la capital cristenita, los más nobles caballeros de Hervé se encuentran en reunión con su majestad. Los siete más importantes, gobernantes de las ciudades principales que conforman el reino, se muestran reacios a que la justa por La Doncella se lleve a cabo. Permitirle a caballeros y guerreros, de toda clase social, la oportunidad de volverse historia y pieza importante para la política del reino, es una completa locura. Si bien deberían estar enfocándose en eliminar la amenaza que Selenia representa, están tan seguros de la ineptitud de Addaí, que la contraofensiva se vuelve tema rezagado de la reunión. ¿Cómo se organizará la supuesta justa? ¿Qué reglas habrá? ¿Deberían cobrar por participar en ella? Basura, basura y más basura, eso es justamente lo que Arubino espera para tomar la delantera.

    Todas aquellas cabezas cercenadas en La Villa muestran facciones irreconocibles. Son colgajos de carne podrida y parcialmente adherida a cráneos. Prosiguiendo con los planes, solicita a todos los ciudadanos selenitas, que entreguen herramientas de labranza o todo aquello hecho de hierro que posean. Verstecker y sus nuevos aprendices, se apresuran a crear falsas coronas de muy variados diseños con el metal obtenido. Éstas, son colocadas en los cráneos, haciéndoles pasar por cabezas de reyes y jefes tribales. Eisen Mond reúne a los hombres y les organiza en grupos de diez u ocho, a cada grupo le entrega un puñado de cabezas. Así, marchan, montados en los caballos cristenitas y ataviados en las lustrosas armaduras robadas, con rumbo al noreste de la cordillera. Esas son zonas tan gélidas que se vuelven tierras estériles e inhabitables. Todos aquellos que Hervé ha despojado de sus terrenos, son enviados a este lugar. Aquellos hombres y mujeres exiliados formaron grupos que, poco a poco, han ido creciendo en mayor o menor medida. Todos aquellos grupos son tribus guerreras, acostumbradas a luchar por su vida, gente sin contacto con la civilización, que ignora por completo lo que sucede en Cristenio o reinos vecinos. Carecen totalmente de armas o monturas, y son enemigos acérrimos entre sí. Sólo tienen algo en común: el odio a Hervé, el rey que les condenó a vivir en la tundra y a pelear con fieras para preservar a los suyos.

    El mensaje de Arubino es enviado en boca de cada líder de grupo. Se presentan los equipos con una falsa soberanía e intimidando con las cabezas de los supuestos reyes y líderes derrotados.

    “Selene está harta de que su gente sea sobajada y humillada. Todos aquellos hermanos en el dolor, deberán unirse para derrotar al tirano, autor de su sufrimiento. El que busque la prosperidad y el amparo de nuestra madre, es bienvenido a sus tierras. Ha de recibir su gracia en el bautismo y los derechos que ello le otorga. Aquel que ose oponerse y entorpecer sus planes, ha de pagar con vida propia la ofensa. Nuestro rey, elegido por la diosa, ofrece la paz y la unión a quien guste renacer bajo el manto de la diosa; o la muerte inmisericorde, si es que se niegan. Decidan, pues, la fortuna que ha de tomar su vida”


    Cada pequeño pueblo sabe, viendo las lujosas armaduras de Selenia, que no hay oportunidad si se oponen a la expansión. Es por ello que, una a una y sin saberlo, se arrodillan sus líderes y juran lealtad a la Madre Luna. Para Athalwolf, este plan resulta una locura impensable, ¿unirse con humanos contra los humanos? Sí. Es que los humanos son tontos, y Arubino lo sabe de sobra. Pero, además, ¿cómo planea el rey hacer que las tribus obedezcan y hagan sus diferencias a un lado? Son tan salvajes, que podrían volverse más un estorbo que una ayuda significativa en sus campañas.

    Por semanas no se sabe más de ataques a otras aldeas cristenitas, y los gobernadores y Hervé sienten que ya todo ha pasado. No así, la presencia de la espada legendaria evita que las cosas en el reino marchen tranquilas. La justa es un hecho y las reglas han sido asentadas en dos papiros enormes, que pronto son exhibidos en el centro de la ciudad capital. El mismo mensaje es llevado a cada pueblo de Cristenio, y la gente está ansiosa, el torneo será hecho a la escuela antigua, es decir, todos contra todos. Las reglas: cualquier arma es permitida, se gana por sumisión o asesinato, si es que el oponente se niega a rendirse. Está permitido el secuestro. Al final de la campaña, como es tradición, se brindará un banquete, donde se dará a conocer al vencedor absoluto, y se le permitirá al mismo la oportunidad de pertenecer a la legión elite de Cristenio. La justa se llevará a cabo al finalizar la primera cosecha del año, en Tesenia. Es decir, aún queda poco más de un mes antes que el evento se lleve a cabo.

    Lentamente, la mitad de los jefes de las tribus añadidas a Selenia, son escoltados y dirigidos al centro de la montaña, a la morada del rey. Los selenitas han puesto especial esmero en arreglar su pueblo, han alzado pilares de roca y creado caminos empedrados, todo con esfuerzo incansable. Ya fueran niños, mujeres o ancianos, la orden del rey fue clara. Comienzan a entender el juego de Arubino, comienzan a ver con más claridad: mientras mejor finjan, mayor será su ventaja.

    Los líderes se adentran a la ciudad, mirando detenidamente cada parte de la misma. Uno de los líderes, Vann, suspira aliviado, pues ve claramente que Selenia no es el prodigio que amenazaba ser al principio. Es hermosa y vasta, llena de recursos, pero no poderosa. Vio, en cambio, frente a él, la oportunidad perfecta: les seguiría el juego a los selenitas sólo para conocer más de cerca el lugar. Este bien podía ser el nuevo hogar para su golpeada tribu. Debe mantenerse tranquilo, pues ha sido despojado de sus armas y no conoce las mañas del enemigo.
    Al entrar al castillo, que es todavía una edificación pequeña, les recibe Eisen Mond. Unos metros más al interiro, en la sala de banquetes, se encuentran con un hombre esvelto y de larga cabellera. No tan alto como los demás selenitas, aunque, no por ello, de estatura despreciable. Viste ropajes elegantes y coloridos, y lleva en la cabeza una corona de oro y piedras preciosas. Junto a él, un muchachillo escuálido, de rasgos muy acentuados y unos trece años de edad. La idea colectiva se inclina a creer que se trata del escudero del rey, o algún tipo de paje o doncel.

    El chico se apresta, inmediatamente, a abrir la silla a cada invitado. Luego, regresa junto al rey.

    — Se les agradece su presencia, jefes y señores del yermo. — Hace una reverencia muy solemne.

    — ¿Y el niño quién es? — Interrumpe Kahali, otro de los líderes. — Debería retirarse, ¿no son estos asuntos privados?

    — Arubino está presente en todas las reuniones y es pieza fundamental de todas mis decisiones y decretos. — Responde el supuesto rey, que no es otro más que Athalwolf. — Es leal a la corona e hijo especial de la diosa. Pasando a lo que a esta asamblea le compete, les felicito por haber elegido la opción correcta, y unirse a Selenia…

    — ¿Qué opción teníamos? — interviene Yasek — ¡Llegan a nuestras tierras con despojos humanos y amenazándonos de muerte! Pero creo que hablo por todos al decirte, Addaí, que tu farsa se va por el suelo. No puedes pretender tanto poder si estamos viendo la precaria condición de tu… “reino”.

    — Te pido que midas tus palabras, jefe, pues podrían ser las últimas. No debo explicaciones a quien no las merece. La oferta sigue al aire, es quedarse con Selene y obedecer, o negarla y morir. La oportunidad ya la tienen, sólo debe consumarse mediante el bautismo.

    — ¡¿Bautizarme, has dicho?! — Estalla en risa otro sujeto, envalentonando a la mayoría de los presentes a reírse del rey. — ¡Quedarás sepultado, selenita! Tuviste agallas al ir a amenazarnos, pero nada más. Tu poblado es tan pequeño, que ni cosquillas le harás a Hervé. Porque es su cabeza la que buscas, ¿o no?

    — Es verdad, que numéricamente seguimos siendo inferiores. — Mantiene Athalwolf el temple. — Pero, no por ello, un ejército despreciable. Lo que ves aquí es sólo una parte de nuestro total, estamos apostados en toda la cordillera. Nuestro juego, amigo mío, es estratégico y no numérico. Y es la propia Selene, quien guía nuestros pasos.

    Lo observan un momento. Luego vienen las risotadas de nuevo.

    — ¡¿Realmente crees que tu diosa te habla?!

    — Arubino es mi vínculo con la diosa. No es sólo mi escudero, sino, también, nuestro oráculo.

    — Y, según tu oráculo — Retoma la palabra Yasek —¿Qué es lo que dice tu diosa? ¿Dónde está ahora? ¿Cómo es? ¿Cómo puedes probarme que ella vive entre ustedes?

    Arubino no se dejó intimidar por el interrogatorio. Sus ojos, de color gris blanquecino, se posaron directamente a los ojos de su interlocutor. Tan fría la mirada, tan serena, que se guardó un silencio profundo y retomaron su asiento todos.

    — Mi Diosa, Selene — profirió Arubino — ha de encarnar en el cuerpo de una mujer, puramente selenita. Esta mujer ha de llevar por nombre el de Arabelle, y será la reina de estas montañas, y autora de la caída de Cristenio. Todo aquel que ose dudar de ella, será destruido de la manera más cruel y dolorosa imaginible. — Athalwolf, que intentaba disimular su sorpresa, miró al muchacho. Intrigado, por completo, con cuanta cosa decía y aseveraba. ¿De dónde es que sacaba Arubino tales historias? — Mi Diosa, Selene, pide las oraciones de sus hijos y la sangre de aquellos que perpetraron su amargo suplicio en la eternidad. La sangre de los hijos de la Dama Cristal, que fue quien blandió la espada que asesinara a nuestro padre, Sadeh.

    — Ustedes, que han sido condenados por Hervé — retomó Athalwolf la palabra. —tienen el mismo deseo que nosotros, que no es otro más que ver al rey vecino pagar cada ofensa. Cada lágrima, cada herida, cada hijo o mujer que arrancó de sus vidas para siempre, exigen la misma justicia que clama nuestra amada madre y diosa. No les pido que renuncien a sus puestos, sino que colaboren con nosotros. Abran sus mentes, unámonos contra el enemigo común, las ganancias serán enormes. Empezando, claro, por dejar de lado el yugo de su penitencia.

    — ¿Y qué si no? — Jacid, un hombre moreno de ojos verdes, rompe el silencio de los jefes. Pero no a modo amenazante, sino más bien temeroso. — ¿Y qué si, por buscar la justicia, encontramos la condena para todos los nuestros?

    — ¿Y qué si no? — Repite Arubino. — Esa expresión es propia del azar. Nosotros no estamos jugando, estamos trabajando y preparando el terreno. No existe un “qué si no”, porque no lo dejaremos ser. Encontraremos muerte al por mayor, eso es seguro; pero es el costo mínimo por liberar a nuestros hijos, y a los hijos de ellos. — Nuevamente, los jefes callaron.

    — Firmaremos un tratado de unión y asentaremos, en votación colectiva, las leyes que hemos de seguir. En cuatro meses, Selenia estará apta para recibir a todas sus familias…

    — Dos meses. — Le interrumpió Arubino. — Dos meses, y las tierras estarán listas para ustedes.

    En acuerdo común, el acta quedó asentada y firmada por cuarenta y cinco jefes tribales. La misma reunión y las mismas premisas y argumentos fueron usados con la segunda mitad de jefes, que hicieron su arribo tres días después de los primeros. Con sus objetivos bien en claro, Arubino ordenó a sus hombres que construyesen las casas suficientes para albergar a los nuevos hijos de Selene, a quienes llamaron “nuevos selenos”. Bajo los suelos, pidió se hiciera una red de túneles recubiertos con piedra, con el propósito de drenar los desperdicios de la ciudad. Dos grandes edificios, colocados en la zona más segura de la nueva ciudad, harían la función de escuelas. En ellas, se internaría a los niños desde uno a diez años, con el principal propósito de inculcar en ellos la fe en Selene. Los víveres y reservas colectadas, fueron puestas a resguardo en una bóveda de increíbles dimensiones, misma a la que sólo él tenía total acceso. Sólo faltaba arreglar un asunto más: ¿Dónde adorarían a la diosa?

    Para los selenitas, el vínculo de comunión con la diosa era el agua. Su manantial, ubicado más arriba, en la montaña, reflectaba con claridad la luna cada noche. Beber de esas aguas era símbolo de convivencia con su madre celestial. Sin embargo, los humanos son más complicados, pues necesitan de una figura precisa para adorar y de un templo para orar. Ciertamente, los selenitas no contaban con una imagen de la diosa, ni siquiera se habían preguntado por su rostro. Entonces, el rey decidió que una estatua sería suficiente para llenar las necesidades de los nuevos selenos, y se encargó personalmente de describir a la diosa, pues era él el único que le había visto directamente.

    — De ojos profundos y hermosos, llenos de armonía y amor. Sus facciones son afiladas y su figura proyecta la paz y la perfección absoluta… Su cabellera es abundante y larga, de mechones robustos y fleco alto, echado hacia la derecha… — recordaba con nostalgia a aquella joven que le diera muestras de verdadera humanidad, hace algunos años. Aquella que, de no ser por la cruel ironía del destino, hubiera amado y respetado como esposa. Por supuesto que la efigie fue tallada en la forma de una mujer adulta, de caderas amplias y pechos generosos, pues no podían colocar a una niña como representación de Selene. Aun así, los rasgos de su rostro recordaban a la joven cristenita. El monumento fue colocado al centro del manantial, y ese sería, entonces, el punto de oración para la diosa.

    Cada noche, Arubino acudía ante la estatua y le contemplaba en total silencio. Algunas veces, lloraba al saberse culpable de la muerte de Saeth, y deseaba profundamente que las cosas fueran diferentes. Si tan sólo el joven rey supiera, que la doncella por la que clama cada noche y a quien dedica cada hazaña, vive aún. Y vive con un solo objetivo, el de acabar con aquel que resulte culpable del deceso de su hermano…

    Saeth, sigue entrenando arduamente, no piensa ni un solo momento en dejarse vencer. La justa está a poco de realizarse, y deberá enfrentar a guerreros fuertes y bien curtidos. Por suerte para ella, hay alguien que puede ayudarla y está en camino a Cristenio. Aquel joven que fuera como un hermano más, un muchacho valeroso y un tanto alocado que viaja de puerto en puerto, conociendo y aprendiendo todo cuanto puede.

    Lejos de allí, en las costas de Cian, el reino vecino de Cristenio y poseedor de la única salida marítima, se ve aproximarse una carabela. Caoihim Backe, quien se ha autoproclamado como el rey de los mares, regresa luego de un viaje de expedición de casi ocho años. Muchos lo toman a loco, pues asegura que ha surcado los mares más allá del fin del mundo, y que ha conocido tantas razas como estrellas en el firmamento. Él cree que, de todas las gentes que ha conocido, los cristenitas son los más testarudos y complicados de todos, sólo La Villa es diferente y es, de hecho, la única razón que tiene para volver al territorio de Hervé. Sin embargo, desconoce por completo lo ocurrido a la aldea que tanto amó, será sólo cuestión de tiempo para que, una vez tocando tierra, los rumores lleguen a sus oídos.
     
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    Yukiiii-chan

    Yukiiii-chan Lectora compulsiva

    Aries
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    Hola!! Debo destacar que me encanto.
    Pareciera que estoy leyendo un libro y aquí entre nos'
    ¡¡Me encantan los libros!! (*-*)
    Me gusta mucho como narras, y espero con ansias tu próxima actualización.
    Sin nada más que agregar
    Mucha Suerte con tu historia !! ♡
     
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  18.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Muchísimas gracias, Yukiiii! Este capítulo, en particular, me ha tomado mucho más esfuerzo en cuanto a la estructura de la historia. Tenía un poco de miedo de no hacer los cambios de escena de la manera adecuada. La siguiente parte está sólo esperando a ser pulida, el manuscrito está listo. ¡Nuevamente, gracias! ¡Espero no decepcionarte en la continuación! <3 <3 <3
     
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  19.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Hola. Paso a comentar el capítulo.
    Tengo que admitir que me gustó mucho, y que la historia me atrae cada vez más. Me gusta ver la perspectiva de Saeth y la de Arubino al mismo tiempo, ya que podemos saber bien que tan preparados están para enfrentar lo que se viene.

    Lo que sí me gustaría saber es de que se trata el entrenamiento de Saeth, para así poder darme una idea de su estilo de batalla, y de como va a luchar en la justa. Eso es algo que podrías mencionar con más detalle en el siguiente capítulo.

    Por otro lado, Arubino cada vez me parece más imprudente. Primero liberar a los prisioneros (lo cual le salió bien de casualidad) y ahora hacer tratos con los líderes de otras tribus. Está corriendo demasiados riesgos para poder vencer a Hervé, y no creo que eso lo lleve por buen camino. Se sabe que uno de los líderes solo está siguiéndole el juego para ganarse su confianza y poder traicionarlo más adelante, aunque es posible que algun otro también intente hacer lo mismo. Arubino está poniendo a Selenia en peligro y sin tener un plan de reserva en caso de que las cosas se salgan de control.

    Creo que el terminará cayendo en la derrota, no por haber planeado mal sus estrategias (que de hecho, son muy buenas), sino por poner su confianza en desconocidos pensando que todos piensan igual que él. Y aun no se da una idea de que Saeth sigue viva. Solo puedo imaginarme a Arubino viendo como su lucha termina sin éxito, para después darse cuenta de que Saeth viene a darle el golpe de gracia. Sería interesante ver eso.

    No he notado ningún error de narración ni de ortografía, pero ya es tarde en donde vivo, y no hice una lectura muy profunda.

    Eso es todo lo que tengo que decir por el momento. Esperaré por la continuación. Saludos.
     
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  20.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Gracias, Rey! La verdad, es que esta historia me trae la mente en una revolución constante. Literalmente te lo digo: no dejo de pensar en las situaciones que han de atravezar los personajes. ¡Gracias por tu tiempo y comentarios!
     

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