Historia larga Moon Sons Reborn

Tema en 'Novelas' iniciado por Hada Negra, 16 Junio 2017.

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    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    Acción/Épica
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    9
     
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    Los hijos de la Luna: El nacimiento de un reino.



    En sus orígenes, era este un reino, que no podía ser tomado siquiera en cuenta. Poco más grande que una tribu, sin ejército ni miras a la grandeza.

    Se trataba de una tribu pacífica y trabajadora, nacida de una leyenda: la leyenda de Selene, reina de la noche, y Sadeh, un ángel caído. Esta tribu, cuyo principal don era la capacidad de aprender e inventar, se mantuvo pacífica en la bastedad de las montañas, al norte de Cristenio.

    No así, y aun teniendo tanto por dar, las vecinas tribus humanas les tacharon de adefesios y aberraciones. Errores que no debían ni tenían un por o para qué existir.

    Sus cuerpos carecían de pigmento, su cabello era blanco platinado, sus orejas alargadas y sus ojos felinos, de color gris verdoso. Generalmente más altos los hombres, que el humano promedio, y de más fino talle las mujeres, que la humana promedio. Poseían colmillos muy desarrollados, que podían intimidar fácilmente a cualquiera.

    Se albergó en sus corazones el veneno, que lentamente pudría su alma y les hacía gestar el odio hacia los humanos, pues las humillaciones y vejaciones no tenían fin, y no hallaban límite ni aún se tratara de mujeres, niños o ancianos.

    Addaí Kaltemond, un selenita valeroso y criado con el amor más puro de sus padres, sabía que era cuestión de tiempo para que el caos se desatara. Por ello, decidió actuar y frenar la masacre que veía venir. Se dirigió así, en un viaje de días y noches a campo traviesa, al castillo de Cristenio, morada del rey Hervé. Y pidió hablar con él, echando cualquier orgullo o soberbia de lado, humillándose de rodillas ante él y ofreciendo en juramento la lealtad de su pueblo, a cambio de la aceptación y oportunidad.

    Su tribu crecía rápidamente, y el patriarca (que era un selenita tan viejo como las montañas del reino) ya no podía hacer más para proveerlo. Las selenitas se caracterizaban por ser increíblemente fértiles, dando a luz a dos o tres hijos por cada parto, un poco a menor escala de lo que la leyenda de Selene narraba. Sin alimento suficiente, ni materiales para confeccionar, herrar ni construir, los hijos de Selene sufrían la devastación y peligraban de muerte. Sí, los humanos les habían marginado y humillado. Pero sabía Addaí de sobra, que alzar la cabeza y revelarse, era la peor idea, pues una sola legión de Cristenio superaba desmesuradamente a la población entera de Selenia.

    Cargado con algunos alimentos, frutos, telas y artesanías, mostró a Hervé la habilidad de su pueblo y un poco de lo que podían ofrecer a los cristenitas, si estos les permitían desarrollarse pacíficamente entre ellos. Hervé se maravilló de la delicia y sutil sabor de los frutos de la montaña, y se asombró con el fino manejo de los metales, barro y tejidos. Todos de belleza y calidad incomparable.

    Le otorgó entonces el permiso para importar y vender sus productos entre los cristenitas, simpre y cuando llevara el mensaje siguiente a su gente:

    No olviden, ni pretendan ignorar mi designio. Los cristenitas somos los dueños y señores de estas tierras, y de todo lo que sobre ella crece y en su bastedad reposa. Somos, entonces, sus amos y señores, siempre que entren a nuestros dominios. Han de tapar sus cabezas en señal de respeto, y harán todo lo que Cristenio les demande, sea en boca del hijo que sea.”

    Talvez no era una propuesta muy justa, pero sería suficiente para poder sustentar a su tribu y preservar la vida de los nuevos nacidos bajo el cobijo de la Luna.

    Fue este acto el que le otorgó a Addaí el nombramiento de patriarca, que luego llegaría al puesto de Primer Rey de Selenia. Fue erigido su castillo al centro de su pueblo, y fue creado un pequeño ejército, más bien en misión de resguardar a los mercaderes que bajaban a Cristenio.

    Los selenitas, siendo más longevos que los humanos, vieron centenares de soles y lunas posarse sobre la cabeza de Hervé. Lo vieron envejecer y morir, y lo vieron heredar su trono al mayor de sus hijos: Hervé II.

    Este nuevo rey, criado con soberbia y aires de egocentrismo, tuvo un mayor desagrado por los selenitas, y fue más estricto con ellos. Consideró de los selenitas un grupo vulgar, ignorante, y además ladrones; pues crecía su reino gracias a comer lo que por derecho pertenecía a Cristenio. Así, decretó su primer madato:

    Ningún hijo de Selene, sea la razón que sea, encontrará refugio en las tierras de nuestra dama protectora, Cristenio. No podrán pasar más de un día y una noche en estos suelos, ni podrán profanar con su presencia la santidad de este reino más de dos veces por mes. Ningún selenita venderá más que cualquier cristenita, ni ha de enriquecerse con el dinero de esta gente.”

    Y Addaí, resistiendo por bien de su pequeño reino, aceptó el designio y ordenó que se siguiera a pie de la letra.

    Pero los cristenitas, que no conocían ley que les detuviera, abusaron de su docilidad. Invadieron a gusto las tierras de la Luna, destruyeron y comieron cuanto quisieron toda vez que les apeteció. Y se sirvieron además de las mujeres de la Luna, sin que sus esposos pudieran hacer algo para evitarlo.

    Algunos de sus hombres, cansados del abuso y heridos por la ofensa a sus hogares, atacaron a los cristenitas. Y Addaí, que vio su fuerza más efectiva en controlar a su gente que a los de Hervé, castigó con prisión a los que se envalentonaron y olvidaron el designio de los reyes.

    Al paso de los años, la sangre selenita se mezcló tanto con sangre humana, que algunos de los rasgos comenzaron a perderse. Las nuevas generaciones no tenían ya la piel de nieve, sino que un ocaso bello y rozado se posó en la delicadeza de sus cuerpos, y el cabello se tornó más bien rubio. Los colmillos fueron desapareciendo, la fuerza sobrehumana quedó como un mito, y los ojos felinos dejaron de verse en su mirada. Todos ellos fueron recibidos y amados por Addaí, pero rechazados y tomados como basura por Hervé II y Cristenio entera.

    Entre la nueva mezcla de sangres, era raro ver a un auténtico selenita, como Addaí. Pero conoció a una joven hermosa y de casta pura, cinco veces más joven que él. Se enamoró y la proclamó su reina. La amó y la cubrió de besos, halagos y todo aquello que la muchacha, digna de comparación celestial, mereció a sus ojos.

    Y la joven concibió entonces al primogénito de Addaí. Aunque siendo de casta pura, extrañamente, le fue muy difícil procrear. Rezó con fuerza en nombre de su madre Selene para

    poder gestar en su vientre al heredero del rey, y su súplica fue escuchada. Mas, sin embargo, no fue capaz la reina, siendo casi una niña, de conservar la vida propia luego de traer al mundo a su hijo.

    Con una mezcla de dolor y regocijo, recibió Addaí a su primer y único hijo, al que llamó Arubino. Un niño de sangre pura, que trajo de regreso todos los rasgos que se habían perdido ya de su raza. El rey, de ochenta y cinco años humanos, tomó en sus brazos al pequeño, y le cubrió de besos y todo su amor, jurando educarlo en el amor a sus tierras.
     
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Tengo que decir que el capítulo es un poco corto, y que no da demasiada información sobre la dirección que va a tomar la historia en los próximos. Aun así, tiene la pinta de ser una historia muy interesante.

    Por el título, asumo que Arubino, el hijo de Addaí tendrá que encargarse de que los selenitas puros regresen luego de que su raza se mezclara con el resto de los humanos. Probablemente, haya una guerra entre selenitas y cristonitas de sangre pura, en donde aquellos que tienen la sangre de ambos se unan a los selenitas, puesto que Addaí los ha recibido con los brazos abiertos.

    El personaje de Addaí es alguien a quien yo considero "demasiado pacífico". Aceptaba cualquier cosa que Hervé I le dijera con tal de evitar una guerra. Entiendo que quisiera proteger a su gente, pero a veces es mejor morir luchando que vivir sumiso. Veremos si Arubino lleva los mismos ideales de paz que su padre.

    También me gustaría conocer a más personajes en el futuro, ya que esta historia tiene la pinta de que será centrada en varios personajes.

    Sobre aspectos de narrativa y ortografía, tengo que admitir que la universidad se robó todo mi tiempo de lectura y escritura. Así que ahora no estoy en condiciones de hacer observaciones sobre ninguno de los dos. No he notado errores ortográficos que hayan dificultado la lectura, ni tampoco errores de narración, aunque hay una parte sobre el final que ha quedado separada:

    Intentaré (si mi tiempo lo permite) leer el siguiente capítulo. Saludos.
     
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    Hada Negra

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    ¡Te lo agradezco mucho! Trataré de publicar capítulo nuevo lo más frecuentemente posible, ojalá tengas el tiempo para poder pasar por aquí. ¡Mil gracias!
     
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    Hada Negra

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    Capítulo I


    Era este el octavo invierno que los ojos del joven príncipe presenciasen. La montaña se había cubierto enteramente de un manto blanco y helado, el frío calaba los huesos. Llevaba tantos ropajes encima, que parecía casi un muñeco.

    Aunque Addaí amaba pasar los días enteros con su hijo, enseñándole todo respecto al reino y hablándole del folclor y las leyendas de sus tierras, como líder del clan, debía en ocasiones dejarle al cuidado de alguien más para poder atender las demandas de su naciente reino. Así, Athalwolf, el consejero de Addaí, obtuvo la encomienda de cuidar del príncipe en su ausencia, cosa que hacía gustoso. Athalwolf veía a Arubino con gran cariño y, sobre todo, con gran esperanza. Él sabía que Selenia reposaría en hombros de Arubino en un futuro, quizá no muy lejano. Y sabía que tenía la oportunidad, como mentor, de criarlo y cimentarlo con las ideas apropiadas para tal labor.

    Pese a ser Athalwolf un muchacho de apenas veinticinco años, y pertenecer a la nueva generación de selenitas mestizos, poseía gran pasión y entrega por servir a su reino. Tenía él la madurez mental suficiente para escuchar al rey y dar sus opiniones desde la perspectiva más apta posible, sin dejarse alterar por egos o apatías. Sin duda, era Athalwolf quien mejor entendía las premisas del rey con respecto a mantener a Selenia en convivencia pasiva y tolerante. O, por lo menos, hasta que tuvieran la fuerza para valerse por sí mismos y librarse de su yugo.

    Descendían la montaña a paso firme, dirigiéndose al pueblo cristenita, Tesenia, a comprar algunas yerbas medicinales, pues el rey había sufrido dolores últimamente. Aunque Selenia poseía gran variedad de yerbas poderosas, éstas, en específico, sólo crecían en tierras de Cristenio y era imposible sustituirlas.

    El poblado de Tesenia se erguía al cruzar el río Weinen, el cual por supuesto tenía su nacimiento en el seno mismo de Selenia. Era una colonia más grande que el resto de las cercanas al pie de la montaña, casi emparejándose a las que se hallaban bajo el cobijo total de Hervé. Claramente dependían de las aguas de Weinen, y claramente se apropiaban de ellas, importándoles una miga si provenían o no de Selenia. Las casas eran de madera, con tejados de dos aguas, teñida la tierra de color gracias a los plantíos de arándano.

    — ¿Ves las bayas de esos arbustos, príncipe? — Dijo como un susurro al pequeño, quien sólo asintió sin despegar la mirada de los frutos señalados. — Cuenta la leyenda, que cuando Selene se encontró con la muerte de Sadeh, lloró tanto, que sus lágrimas formaron el caudal de este río. La tierra, que había absorbido la sangre de Sadeh, y alimentada también con el llanto de nuestra madre, dio esos frutos rojos. Para nosotros, los selenitas, esas bayas son casi sagradas. Claro que para los humanos no importa de mucho. — Dejó escapar un suspiro de resignación. Detuvo su andar y miró al príncipe. — Espérame aquí, Arubino. No demoraré, te lo prometo. — Y continuó en solitario un par de metros más, hasta la tienda donde conseguiría los insumos.

    Arubino miró, no muy lejos de allí, a un grupo de niños jugando. Se divertían y reían tanto, que no pudo evitar el deseo de unirse a ellos. Caminó tímidamente. La capucha le estorbó, y la dejó caer hacia su espalda.

    Entre el grupo de niños, jugaba una pequeña, de cabellera roja, piel rosada y el rostro salpicado en pecas. Dirigió a él la mirada, atrapándolo en el verde profundo de sus ojos. Si ya de por sí Arubino era un niño muy retraído, el verse reflejado en aquel precioso par de esmeraldas, le congeló al grado de no acertar claramente palabra alguna. Y la niña, que no había visto antes a un niño de raza selenita, le observó con la misma atención, atraída sobre todo por la particular forma de sus orejas y la blancura de su piel. Le dedicó entonces una mueca de bienvenida. Sin embargo, los otros niños no tuvieron la misma reacción. Dejaron de jugar y vieron a Arubino, borrando lentamente las sonrisas de sus labios.

    — Eres un selenita…— Dijo uno de ellos, poniéndose de pie sin apartar la vista del pequeño.

    Arubino salió de su trance. Sacudió la cabeza y sonrió al chico —¿Puedo jugar con ustedes?

    — ¿Estás loco? ¡Claro que no! ¡Eres menos que un esclavo! No eres digno de estar cerca de nosotros. ¡Tapa tu cabeza!

    — No soy un esclavo, soy el príncipe de Selenia…

    — ¿Selenia tiene príncipes? — Se echó a reír, invitando a los otros a seguirlo. — ¡Selenia no es más que una colonia de esclavos! ¡Ustedes son nuestros sirvientes!

    La pequeña, que había permanecido en silencio, intervino en tono de regaño.

    — ¡Ya basta! No lo molestes más…

    — No lo molesto, Saeth. De hecho, déjanos que le demos una “real bienvenida…” ¡Sobre él! — Ordenó, y los otros obedecieron gustosos. Arubino no supo hacer más que cubrir su cabeza con sus brazos, tratando de amortiguar los golpes, que ya se dejaban sentir. Pero Saeth no se quedó quieta… Corrió cuan rápido le fue posible y regresó casi de inmediato, acompañada por un muchacho mayor. El chico, casi idéntico a ella, apartó de inmediato a los agresores y los empujó con fuerza lo más lejos que pudo.

    — ¡Rey! ¡¿Qué haces?! ¡El enemigo es el selenita, no nosotros!

    — ¡Ningún enemigo! ¡Basta! Es tan sólo un niño, menor que ustedes, por cierto. Debería darles vergüenza tratar así a alguien que no puede defenderse…

    Saeht fue donde Arubino y le ayudó a levantarse.

    Él, aturdido, trató de comprender lo que había sucedido. Jamás había visto a esos niños, y jamás les había hecho nada para merecer tal golpiza. De pronto, sintió una caricia suave en la mejilla, y dirigió su mirada a Saeth.

    Era una niña apenas dos o tres años mayor que él. Sus ojos lo atraparon nuevamente, pues eran como hermosos faros, llenos de luz e inocencia, que le reconfortaron e hicieron olvidar todo lo ocurrido. Como si la chica ejerciera un poder dentro de su alma, capaz de dominarle de forma bella. Como si la necesidad de agradarle fuera lo único que valiera la pena en el mundo entero…

    La caricia se volvió punzante, y Arubino, en reflejo, frunció el entrecejo y retrocedió levemente.

    —¿Te duele mucho? — Limpió Saeth el rastro de sangre, pues le habían reventado el labio inferior. — Tranquilo, ya pasó… — Miró sus orejas con gran curiosidad, y dejó escapar una risa amigable. — ¡Me gustan tus orejas! ¿Puedo tocarlas? — Arubino asintió, apenado. — ¿Cómo te llamas?

    — Yo… Me llamo…

    En ese momento llegó Athalwolf. Parecía preocupado o asustado. Lo tomó en sus brazos, apartándolo rápidamente de Saeht y Rey, y cubriendo la cabeza, casi violentamente, con la capucha. La banda de niños ya había sido dispersada, por lo que creyó que habían sido Rey y su hermana los autores de cada golpe que el príncipe había recibido.

    — Me disculpo… por las molestias que haya causado…

    — ¿Molestias? ¡Nada de eso…! — Se acercó Rey en un intento de diálogo con Athalwolf, pero éste dio la media vuelta y echó a andar sin más. Sentía su sangre hervir, sentía un odio profundo y una impotencia desesperada de sólo saber que los humanos fueran tan crueles de golpear a un niño, sólo por su estirpe.


    Los regaños y reprimendas no se hicieron esperar durante el camino. ¿Por qué había hecho Arubino algo tan estúpido, como acercarse a esos niños? Si los padres llegaban a enterarse de lo ocurrido, sin dudas, tendrían algún tipo de reprensión por parte de Cristenio. Y entre sermones y rapapolvos, las lágrimas, venidas de un corazón inocente e inmaduro, rodaron sobre las mejillas del príncipe. Sus labios, aun hinchados y rojizos, rompieron en una mueca de profundo dolor.

    Detuvo su andar y frotó su cara con los puños. Athalwolf, al darse cuenta que el niño había quedado un par de metros tras de él, supo que quizá no era la manera de enseñarle las reglas que había que seguir. Regresó sobre sus pasos, se hincó frente al pequeño y secó sus lágrimas.

    — Ya basta, no vale la pena llorar. Sólo recuerda que no debes acercarte a ellos. Al menos no ahora. Arubino, escúchame bien: Jamás, jamás, llores frente a un humano. Y, si es posible, frente a nadie. No les des gusto. No les hagas saber que te han herido. Tienes la dignidad de un príncipe, aunque la gente opine lo contrario. Tu padre se esfuerza por hacer crecer a Selenia, y lucha cada día por lograr que se nos respete. Nuestra madre eterna, Selene, nos ha otorgado el don del entendimiento. Aprende de esto, Arubino. — Lo abrazó con fuerza, escuchando el gemido lleno de dolor y sentimiento. Se aferró el niño a él y lo mojó en llanto, amargo y sincero.

    — Yo no quería buscar problemas…

    — Lo sé, Arubino. — Lo separó de sí, buscando el modo de cambiar el ánimo y hacerle parar el llanto. — ¿Sabes que a los humanos les aterran los colmillos selenitas? La próxima vez que veas un humano, enséñale tus colmillos para que sepan que no deben meterse contigo. Después de todo, tus colmillos son muy grandes. Podrías incluso hacer que Hervé te dejara el trono. — Le bajó la capucha, buscando ver su cara con claridad.

    El pequeño río, aun entre lágrimas y suspiros. Athalwolf se reincorporó y le alborotó el cabello, invitándole a continuar el camino.

    Las semanas y meses pasaron. Arubino fue creciendo y aprendiendo cada lección que su mentor, Athalwolf, le enseñó. Y se apropió de su filosofía y sus credos.

    “¿Es este un obstáculo, o un escalón? ¿Es este un problema, o la llave a la mejor solución? El hombre sin pasión no puede decirse hombre. El hombre que no defiende a capa y espada lo que cree y ama, no merece la pena.”

    Pero, también, fue inevitable que su corazón se llenara de odio y rencor hacia sus opresores. Porque presenció tantas injusticias, tantas humillaciones y burlas, tantos asesinatos… Sólo por querer vivir una vida digna y feliz, sólo por trabajar duro cada día. ¿Por qué los humanos eran tan crueles? ¿Por qué les llamaban monstruos, si eran ellos los que atacaban y mataban por placer?

    Y, sobre todo, ¿por qué Addaí lo permitía? Si él fuera el rey, esto no volvería a ocurrir. Si él fuera el rey, todo Cristenio, e incluso la poderosísima Isla de Cian, se doblegarían ante él y suplicarían piedad. Si tan sólo pudiera intentarlo, y llevar a su pueblo camino a la gloria…

    Addaí era, en años humanos, un anciano. Pero, a ojos selenitas, permanecía aún dentro de lo considerado como un joven. El último patriarca antes de él, murió a los doscientos quince años, mientras él cumplía apenas los noventa y siete. Sin embargo, y para sorpresa de su gente, su salud fue de mal en peor. Posiblemente por tanto convivir entre humanos, pues estaban estos llenos de enfermedades extrañas.

    Una noche, la noche previa al cumpleaños número trece de su hijo, Addaí no pudo más y sucumbió ante la muerte. Algunos decían que por fallos del corazón, pues se quejaba mucho de dolores agudos en el pecho los días previos. Sea cual fuere la causa, el reino sintió terriblemente el deceso de su primer y más grande rey. El luto se guardó y acompañaron al príncipe durante el entierro de su padre.

    Por días enteros, Arubino no quiso salir de su habitación. Y era comprensible. Pero Athalwolf le hizo ver que, como nuevo rey de Selenia, su obligación era cuidar de la gente.

    Así, una noche, salió el rey niño del castillo, y se dirigió al lugar menos pensado… Entró al calabozo, llevando consigo una antorcha de luz tenue, casi extinta.

    Los reos, que no imaginaban la visita, se cubrieron el rostro con molestia, pues la luz, aun ligera, les lastimaba los ojos. Los murmullos comenzaron a llenar la mazmorra, todos se pusieron de pie y se acercaron, curiosos, a los barrotes de sus respectivas celdas.

    — ¿Eres el nuevo rey? — preguntó el que quedó frente de él.

    — Así es. Mi nombre es Arubino. — El hombre sonrió a modo de burla. Pero Arubino tenía una expresión fría, y la mirada tan vacía, que le heló la sangre.

    — ¿A qué has venido?

    — A liberarlos.

    Se hizo el silencio en la ergástula. Nadie podía creer lo que escuchaba.

    — ¿Liberarnos? Sabes que no seguiremos ordenes tuyas, ¿verdad?

    — Lo harán. Estoy seguro de eso.

    — ¿Por qué?

    — Porque les daré todo lo que nunca han tenido. Poder, riquezas, toda la tierra que sus ojos les permita ver.

    — ¿A cambio de qué?

    — De lo que mejor saben hacer. Saldrán a matar humanos, ganarán mucho por hacerlo. Pero, a cambio, deben jurarme lealtad y obediencia total. — El silencio se hizo presente. El reo lo miró detenidamente, buscando en su rostro y el tono de su voz algún indicio de engaño.

    — ¿Qué pretende, joven rey?

    — Llevar a Selenia a la cúspide del poder. Nuestro reino será la nueva potencia, seremos los amos y señores de Cristenio y Cian.

    — ¡¿Qué locuras dice este niño?! — Interrumpió otro de los prisioneros, a sus espaldas, vociferando casi ofendido por lo que él consideró simples juegos y patrañas venidas de una mentalidad inmadura. — ¡¿Tienes idea del enorme ejército que Hervé comanda?! ¡Y si no te son suficientes, Cian está unida casi en matrimonio a Cristenio!

    — El ejército de Hervé no es más que la sombra, casi extinta, de lo que alguna vez realmente fue.

    — ¡¿Tú qué vas a saber?! — Los murmullos regresaron. Todos apoyaban la opinión de este reo, coincidían en que Selenia caería definitivamente, pues un niño era ahora el responsable de las tierras.

    — ¿A qué le temes? — Caminó pausadamente hacia él.

    — ¡A morir por culpa de tu guerra inútil! ¡A que mi familia muera! ¡Tengo hijos, maldita sea!

    — ¿No te parece que es peor morir lenta y dolorosamente cada día, por falta de alimento? ¿No crees que es peor vivir con miedo de no regresar un día a casa, todo porque a un humano le dio la gana segar tu vida? ¿Permitirás que tus hijos y sus hijos vivan eternamente con ese miedo? Podríamos morir en batalla, es verdad. Pero no sin antes asegurar a nuestra gente un mejor porvenir. Hervé es estúpido y ciego, igual que su ejército.

    — ¿Cómo pretendes ganar?

    — Con estrategia. Tenemos todo para lograr la victoria, sólo falta que tengan las agallas.

    Se miraron entre sí, comentando a volumen inaudible para el príncipe. Finalmente, el primer reo se puso de pie, mirando al joven. Arubino le dirigió la mirada. Sin más, el enorme selenita se arrodilló, agachando la cabeza en señal de respeto.

    — Cuente conmigo, majestad. — poco a poco, el resto le siguió. El primer paso ya estaba dado, era cuestión de tiempo para traer a la realidad el sueño en común.
     
    Última edición: 18 Agosto 2017
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    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

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    Hola. Debo decir que este capítulo me gustó mucho más que el primero, no solo por la extensión sino porque se muestran más personajes aunque no sean demasiados. Tal y como lo había pensado, Arubino no seguirá los mismos pasos que su padre pacífico seguía, y el pasará más a la acción. Aunque su plan es algo arriesgado, ya que le está dando total libertad a prisioneros que no conoce. Pero cualquiera que sepa como matar es una buena adición a una lucha.

    Lo que me intriga es si Arubino dará alguna orden para que no maten a cualquiera. Yo me pregunto que es lo que pasaría si uno de esos prisioneros asesinara a Rey, a Saeth o a algún otro niño que no sea como los que lo agredieron.

    Vuelvo a comentar que me parece imprudente por parte del príncipe, o debería decir rey, liberar a los prisioneros para que lleven esas acciones a cabo. Me gustaría saber que es lo que el resto de su gente opinaría al respecto, si todos los presos realmente le tienen lealtad, y como va a manejar la situación del país si es que llegan a haber problemas.

    En cuanto a narración y ortografía, errores no encontré nada más que este:
    Imagino que quisiste poner rió. Igualmente no es nada grave, a todos nos pasa y no es que eso tenga demasiado efecto en el capítulo. Esperaré el tercer capítulo de tu historia. Saludos.
     
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    Hada Negra

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    ¡Gracias por tus comentarios! Tus palabras siempre me dejan con una incógnita en mente: ¿soy muy predecible o eres muy analítico? ¡Me motiva mucho saber que alguien como tú está leyendo mis redacciones, muchísimas gracias!
     
    Última edición: 25 Junio 2017
  7.  
    Josephthetrainer

    Josephthetrainer Iniciado

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    Este es el primer capítulo, lo anterior era como una introducción, vi tu invitación para que leyera este fic, había leído fics que se trataban de hijos de la luna y eso, pero este puso a volar mi imaginación con todo y música de fondo.
     
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  8.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    ¡Muchas gracias por tu comentario! Me da mucha emoción saber que se transmite de manera correcta todo lo que esta historia crea dentro de mí. ¡Gracias nuevamente!
     
  9.  
    InunoTaisho

    InunoTaisho とうが 犬の大将 Comentarista destacado La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia

    Leo
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    Gracias por invitar pero no soy muy adepta a seguir historias originales, sobre todo por las cuestiones de hacer observaciones de una trama desarrollada de forma personal y al gusto del escritor. Aun así se puede dar una opinión sobre aspectos técnicos y he de decir que hubo momentos en que se me hizo un poco pesada la lectura pero nada que no pueda irse arreglando con el pasar de los capítulos.
    En general el fic va siendo atrayente así que no decaiga el ánimo de escribir sobre ese mundo casi mágico de los hijos de la luna. Un saludo
     
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  10.  
    Kohome

    Kohome Fanático Comentarista destacado

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    ¡Hola!
    Sinceramente, con tan sólo un capítulo y una introducción la historia pinta bastante bien.

    Vi muy pocos errores, quizás de puntuación o redundancias mínimas, pero en general la historia es bastante atrapante. No sólo por la trama fantástica y épica, llena de estrategia y un camino bastante duro para los Selenitas; sino también por tu narración, que al final es prácticamente el cincuenta por ciento —si no, más— de la historia. Es bastante buena y fácil de digerir, además de similar a la forma de narrar de los relatos antiguos.

    Espero bastante de esta historia, muchas gracias por haberme invitado a leerla.

    ¡Suerte!
     
    Última edición: 28 Junio 2017
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  11.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

    Acuario
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    Admito que al principio no me convecía, pero tras leer algunos párrafos me empecé a interesar.

    Y sabes, es curioso, el primer nombre mencionado en tu historia, se parece un 99.9% al nombre del personaje principal de mí historia. Cuando lo leí llegué a pensar que era la misma XD.

    Debo decirlo, la razón principal por la que empecé a leer tu historia, fue por el nombre del primer personaje mencionado, me llamó mucho la atención y espero saber mucho más de ella. Conforme seguí leyendo me llegué a sumergir en el mundo que has creado. ¡Y me gusta!

    Yo no soy muy bueno describiendo, y algunos signos los olvido, pero tú eres muy bueno. La narrativa es muy fácil de seguir y las descripciones son exelentes, has hecho un gran trabajo. Sigue así!

    Espero que sigas adelante con tu historia, y sobretodo que sea bastante larga, tienes mucho con qué trabajar.

    Gracias por invitarme, estaré al pendiente de la actualización.

    Saludos!

    PD: Si te interesa la historia de la que hablo, revisa mi ficha de perfil, ahí encontras la historia. Y si lo haces, lee primero la que se llama "Lost Years"
     
  12.  
    Bahamut

    Bahamut Entusiasta

    Virgo
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    Hola, vi que había una alerta para ver una historia y dije vamos a ver de qué se trata esto.

    Pasando a lo que me convoca, quisiera destacar que la historia en sí tiene cierto encanto que te envuelve y te invita a seguir leyendo para saciar tu curiosidad de ¿qué pasara?. Quiero aclarar que solo leí el prólogo-el primer capítulo-donde haces una introducción a la historia y desarrollas un poco el ambiente en donde se gesta todo. A mi me cuesta un poco detectar errores técnicos específicos tal vez pueda detectar algunos fallos muy básicos, pero en tu caso todo está bastante bien. La narración es buena, claro que pienso que hay cosas que se pueden pulir con más tiempo. En cuanto al folklore que describe la historia de la tribu de los selenitas, me agrado la manera en que presentaste todo y como lo narraste. Además la ficción es algo que me llama bastante.

    Como una precisión, quisiera señalar que según tengo entendido; el significado de la palabra bastedad-con b-hace alusión a que un objeto es tosco o que está sin pulir. En cambio, la palabra vastedad-con v-denota que algo tiene una gran extensión o amplitud. Te sugiero revisar este detalle.

    Te aliento a continuar con la historia y cuando tenga tiempo continuaré leyendo.

    Saludos y suerte.
     
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  13.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Vaya! No había notado ese detalle, te lo agradezco enormemente. Y también te agradezco tu tiempo y atención, me esforzaré para que la historia continúe en ese rumbo. ¡Hasta pronto!
     
  14.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

    Géminis
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    ¡Gracias a todos por su comentarios! Es muy motivante leer cada uno, ¡la verdad es que no me lo termino de creer!... Es la primera vez que hago pública esta historia, la cual ha rondado mi cabeza desde hace varios años. Tengo varias ideas en mente que, ojalá, lleguen a concretarse y no queden como un simple deseo. ¡Estaré publicando el nuevo capítulo muy pronto! ¡Saludos y gracias por su apoyo!
     
  15.  
    makakenea

    makakenea Entusiasta

    Leo
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    ¡hola!, que puedo decir, me encanta tu historia, espero que la continues, jeje, yo no soy muy buena en ortografía ni nada, así que en esa cuestión no puedo decir nada.
    esperare con ansias el siguiente capitulo. ¡suerte!
     
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  16.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    ¡Claro que sí! Agradezco tu apoyo, de todo corazón. El nuevo capítulo se está horneando, igual que los dinujos correspondientes a la historia.
    ¡Nos leemos pronto!
     
  17.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    Título:
    Moon Sons Reborn
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    9
     
    Palabras:
    2166
    Capítulo II

    Se resguardan en el manto de la noche, con la Luna en aterradora complicidad, pues se oculta entre los nubarrones, dejando apenas la luz suficiente para distinguir las siluetas. Los hombres de Arubino caminan sigilosos, algunos aún incrédulos ante los cambios que nacerán en su raza con este ataque, pero con todo el deseo de devolver un poco del daño que han recibido durante años. Aún no puede decirse de ellos un ejército, ni siquiera llamarlos “guerreros”, sus armas son rudimentarias, sólo algunos de ellos llevan espada. Ninguno porta armadura.

    La pequeña aldea en mira, es una de las más alejadas aún bajo el cobijo de Hervé, conocida simplemente como “La Villa”, hogar de mercaderes y pastores, ubicada justo al pie de la montaña selenita. Esta aldea fue originalmente formada por un caballero retirado, perteneciente a un linaje legendario. Luego de generación tras generación de aguerridos hombres al servicio del rey, este guerrero decidió llevar una vida tranquila y estar junto a su familia. Otro motivo era también el hecho de que ya no comulgaba con las ideas del nuevo monarca, Hervé II. Tras el trágico deceso de este hombre, que fuera el líder de la comunidad, su esposa, Yvonne Königin, heredó su puesto y sus obligaciones, teniendo que prever la preparación de sus hijos como guerreros. De igual modo y no mucho tiempo después, Yvonne fue asesinada en una emboscada. Sería el mayor de sus hijos el encargado de dirigir la aldea. Por esa falta de defensa y capacidad bélica del nuevo líder, La Villa se vuelve el blanco perfecto para comenzar y enviar el primer mensaje de sublevación al rey.

    Muchos de los lugareños duermen ya, mientras otros permanecen alrededor de la fogata al centro del poblado, como es su costumbre. Asan manzanas, improvisan música con sus liras y entonan hermosos cantos. No imaginan ni medianamente la emboscada que les espera, no intuyen ni en lo más mínimo que alguien les observa, cual fiera hambrienta o demonio deseoso de sangre.

    Las órdenes del nuevo rey fueron muy claras:

    “Asesinen, saqueen, destruyan. Sin piedad. Que sepan Hervé y su legión de corruptos que Selenia nunca más llorará por causa suya. Que paguen con sangre y lágrimas de miseria todo el daño que nos han hecho. Sea todo en nombre del rey Addaí el Grande, hijo de Sadeh y Selene.”

    Se sabía del origen divino de los selenitas, como descendientes de la propia Selene, reina del cielo nocturno y dueña del firmamento. Pero, pocos conocen la simiente original que en Selene encontró su suelo fértil: hablamos de un ángel caído, de gran belleza y aun mayor poder: Sadeh. De él provienen esos arrebatos de violencia que, aunque durante siglos han sido suprimidos, encuentran esta noche la puerta a la libertad. De él proviene la necesidad de alzar la mirada y el sueño de reposar, con la copa llena, sobre la miseria de su opresor.

    Se dispersaron, silenciosos, hasta rodear a los pueblerinos. Esperan todos ellos el momento oportuno, que les indicará el cabecilla de la misión, Eisen Mond.

    Levanta la mano, observa con cuidado…Cierra el puño. Y es ese el momento en que todos se lanzan al ataque, encendiendo las antorchas en la misma hoguera de los pueblerinos, aullando como fieras desatadas, retumbando la tierra con la fuerza de sus pasos.

    En una de las casas, un joven de dieciocho años, de cabellera roja y tez clara, se aseguraba de apagar la vela en la habitación de su hermana menor, de quince años. De imagen casi gemela, posee la muchacha la misma cabellera roja, el rostro salpicado de pecas, decorando el tono rozado claro de su piel.

    El estruendo en el exterior hace a la chica despertar repentinamente. Su hermano también presta atención, intentando identificar la causa de lo que parece ser un rugido ahogado a mitad de la noche. La habitación se ilumina de repente, el calor comienza a sentirse… Sabe que el peligro asecha afuera. Se levanta por mero instinto, pues es él quien está a cargo de la aldea. Él, como hijo del gran guerrero, Falkenhorst, tiene la obligación de hacer frente a cualquier amenaza que llegue a sus tierras, aun sintiendo su corazón latir aterrado.

    — ¡Espera! — Lo sujetó la joven fuertemente del brazo, observándole con ojos suplicantes. —Por favor, no vayas, Rey… No lo hagas…

    Él la mira un momento, aunque realmente no logra pensar con claridad. Se suelta y camina hacia la puerta de la recamara.

    — Debo hacerlo, Saeth.

    — Rey, por favor, no… ¡Te lo ruego! — Se le llenaron los ojos de lágrimas.

    — Te prometo que todo va a estar bien… Te amo. — Le dedica una sonrisa, queriendo tranquilizarla.

    Cruzó el comedor y, en su paso, hizo una pausa frente al altar de sus padres. Muy alto en la pared, cuelgan los retratos de ellos. Su madre, una mujer hermosa y de estampa cálida. Su padre, retratado en armadura, lleva en la frente una banda azul con motivos en rojo. Había sido, sin duda, un guerrero fuerte y dedicado. Un hombre valiente, que jamás dejó que sus temores le dominaran… El peso sobre los hombros de Rey es demasiado. Entre jarrones con flores, en un pedestal, se mantiene la espada que el hombre empuña en su efigie, junto a la banda de tela.

    La tomó con gran solemnidad, atando el pañuelo alrededor de su cabeza y empuñando la espada. Continúa su camino, decidido a proteger a su hermana. Sin embargo, al contemplar el caos traído por el invasor y los cuerpos inertes en el suelo, el terror le congela y queda boquiabierto, tratando de despertar de lo que cree una pesadilla. El juego de luces y sombras, el bailoteo de las llamas y lo alto de éstas, el calor abrumador y el derrumbe paulatino de cada vivienda… Es todo tan irreal.

    Una chica, que lleva entre sus brazos a su neonato, corre desesperada, huyendo de uno de los enormes hombres. A mitad del escape, una de sus sandalias se revienta y ella va a dar al suelo, atinando apenas a meter el hombro para proteger a su hijo. El cobrizo cabello de la joven se alborota a causa del viento que las llamaradas altas de las casas vecinas emiten. Y se arrastra por tierra y grava, con la rodilla sangrante y el rostro empapado en llanto, abrazando con fuerza al infante. Pero ni el llanto del inocente, ni la mueca de angustia en el rostro de su madre, fueron suficientes para calmar al demonio desatado dentro del selenita. Alzó su espada, gozando cada segundo de lo que veía, y tomando fuerza para dar un tajo fulminante a su víctima.

    Se escucha romper el aire al blandir del acero, pero algo detiene el impacto, generando un sonido claro y potente…

    Rey, interpuesto ante él y la muchacha, ha frenado el ataque con su propio acero, tratando de resistir el peso con ambas manos. La diferencia de estatura y fuerza es abismal, las rodillas de Rey ceden poco a poco, su frente suda a mares y los brazos caerán vencidos si no encuentra el modo de salir de esa postura.

    La joven, que vio su oportunidad, se levantó y echó a correr sin tiempo a nada más. Rey, que ve fijamente a los ojos del selenita, comprueba en propia experiencia lo que se rumora de ellos: que son decenas de veces más fuertes que el hombre promedio.

    — ¿Llevas prisa, no es verdad? — Ríe el sujeto, retornando la espada a posición de combate, notando a su inesperado oponente a punto de extenuarse. Pese a ello, Rey no se echó atrás. Tomó su postura de defensa e hizo frente a cada ataque que el selenita le lanzó.
    Sin embargo, la fuerza de cada golpe viene mayor uno tras otro. Los brazos de Rey se sienten cansados y es cada vez más difícil responder. Todo su esfuerzo es vano a ojos del agresor, para él, no es más que un juego. Un simple calentamiento. Ríe mostrando sus colmillos.

    Finalmente, le es imposible detener el acero enemigo… Su cuerpo ya no responde, su corazón está a punto de estallar en medio de tan brutal e imprevisto despliegue de fuerza. El selenita, aburrido luego de la batalla tan pobre que le ha dado el joven, decide terminarlo todo y le estoca sin más misericordia. La fría hoja de metal atraviesa su estómago como un rayo. Lo empuja, en carrera parecida a la embestida de un toro, hasta llevarlo contra la puerta de una casa cercana. La espada se clava a la madera, dejando a Rey suspendido entre ella y la empuñadura. Eisen Mond lo contempla un instante, disfrutando el gesto de sufrimiento y cada gemido de dolor.

    — ¿Tan pronto se te acabó la energía? ¡Ja! Empezaba a divertirme, es una pena. — Se burla de él, posando la enorme bota sobre el hombro de Rey y tirando de la espada, sacándola cubierta de sangre.

    Rey cae al piso, se cubre el estómago con la mano izquierda, negándose a soltar su espada, empuñada en la mano derecha. La aprieta con fuerza, buscando la manera de levantarse una vez más. El selenita coloca la punta de su acero entre las clavículas del muchacho, justo bajo su cuello. Observa con deleite la expresión de dolor y pánico del chico, y clava la hoja lentamente. La sangre comenzó a ahogar a Rey mientras su verdugo estallaba en una siniestra carcajada. Pudo ver, por un costado del monstruo que lo finaba, a uno de sus cómplices acercándose con antorcha en mano hasta su casa, prendiendo fuego al techo, sin dudarlo ni un segundo. De pronto, todo comenzó a tornarse oscuro…

    — Ya está, Jacid. Ordénale a los hombres que tomen el botín y marchemos de vuelta a Selenia.

    — Sí, Eisen Mond.

    — ¡En gloria sea de Addaí, rey de Selenia! — Y le siguieron en coro todos los selenitas.

    Saeth, que apenas logró escapar de las mortíferas llamas, contempla, pasmada, el pueblo en el que nació y creció, totalmente devastado. Puede ver a los hombres abandonando la aldea, pero sabe que no hay sentido en seguirles y descubrirse como sobreviviente frente a ellos.
    Caminó, despacio y a punto del desmayo, por entre cadáveres y sangre. Los rostros de aquellos con los que creció, los rostros de aquellos con los que convivió… Todos estaban muertos ahora.

    Una figura, no muy lejos de ella, la llamó, silenciosa. Sin ser dueña de sus propios pasos, se aproximó hasta esa persona…Su corazón se detuvo, su cuerpo se tornó helado y palideció de inmediato... Rey yacía en el piso. Sus ojos ya no tenían brillo, sus manos ya no ejercían fuerza, su corazón ya no latía. No tenía caso llorar, no tenía caso gritar, no tenía caso rezar, no tenía caso vivir…
    Calló de rodillas junto al cuerpo, y miró el tierno rostro de quien fuera su protector desde muy niña. Algo se agolpó en su pecho, impidiéndole respirar. Una lágrima, atrapada aún en los ojos del muchacho, se deslizó por sobre su mejilla hasta caer en la tierra y fundirse con la sangre que de él mismo brotaba. Recordó Saeth aquellos años en que solían jugar a ser caballeros, cuando tomaban los bastones de sus abuelos y los convertían en sus caballos, y se iban a cabalgar por todo el reino… Vino a su mente todo aquel difícil entrenamiento que su padre les imponía, pues el apellido Falkenhorst ponía un peso titánico sobre sus hombros como futuros jefes de La Villa. Remembró todas las veces que su hermano secó sus lágrimas y le alentó a seguir peleando, cada vez que ella, sumergida en dolor y pena, clamaba el calor de Yvonne, su madre, y las caricias de Roy, su padre.

    Algo en su interior se rompió, algo como una burbuja. Le arrancó un suspiro del pecho y las lágrimas y los sollozos comenzaron a salir desde lo más hondo de su ser. Algo en su interior se rompió, algo frágil y cristalino, cuyos pequeños pedazos se clavaron en su alma, haciéndole sentir la desgarradora punzada de los años venideros sin el amor y la protección de su más grande ídolo, de su única familia…De su hermano.
    Cerró los ojos del joven mártir, y se aferró a su cuerpo por última vez. Empapó su rostro en sangre y entre la sangre misma mezcló sus lágrimas. Juró en silencio enaltecer el nombre de su hermano. Juró con su alma dar venganza.
    Le quitó con cuidado la banda de la frente y la ató en la suya. Sacó de su mano la empuñadura de la espada y la estrechó con fuerza.

    — Te juro, por todo lo sagrado de este mundo, que vengaré tu muerte. Te juro, hermano, que Addaí pagará todo el dolor que te ha causado. Y no descansaré hasta verlo derramar la última gota de su maldita sangre.
     
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  18.  
    Hada Negra

    Hada Negra Faith das Schwarze Fee

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    ¡Hola! Les traigo este nuevo capítulo, que ojalá les guste. En esta ocasión, me ha parecido buena idea adjuntar los temas que me ayudaron a la hora de redactarlo. Quizá les ayude a meterse un poco más en la historia, o puede que a ustedes también les aporten ideas en sus redacciones.
    Sin más, les dejo las canciones y me despido, esperando sus opiniones. Todo es bienvenido. ¡Hasta pronto!



     
  19.  
    Zurel

    Zurel Camino a la Supremacía

    Acuario
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    Hola.

    El nuevo capítulo me ha parecido muy entretenido. Me parece que tan sólo es la punta del iceberg. Además, creo que los capítulos hasta el momento, son sólo una parte de lo que es la verdadera historia.

    Me entra la intriga de saber mucho más de Selene y del Ángel Caído, Sadeh. Me gusta mucho el hincapié, digamoslo así, que haces en estos dos personajes. Lo que me indica que son muy importantes, pues a inicios de la historia se habla de ellos.

    Debo decir que la historia, está tomando un camino muy interesante e intrigante.

    Te incito a seguir con tu historia, la verdad, me gusta, y espero no la dejes.

    Saludos y hasta la próxima.
     
  20.  
    Reydelaperdicion

    Reydelaperdicion Equipo administrativo Comentarista empedernido

    Piscis
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    Este capítulo fue muy entretenido para leer. Todo parece indicar que Arubino quiere muertos a todos los cristenitas y no aplicó ninguna restricción a las acciones de los criminales. Los prisioneros lograron cumplir con el objetivo que tenían sin ningún problema, me pregunto si habrán saqueado alguna clase de armadura para ellos, pero tratándose de un pueblo de cristenitas probablemente no se hayan encontrado con nada útil.

    Hay algo que me intriga. Los presos cumplieron la primera orden de Arubino en agradecimiento por haberlos puesto en libertad, pero me pregunto que es lo que harán en algún futuro. Si demandarán algo más a cambio de realizar esos saqueos, dado a que ponen en riesgo su vida. También me pregunto que haría Arubino si esos prisioneros se salen de control, dado a que debió idear alguna clase de plan para contenerlos en caso de que se revelaran. Pero eso es cosa de los siguientes capítulos.

    Al final, Rey terminó siendo asesinado, y Saeth planeará su venganza. Probablemente ella no recuerde a Arubino ni él tampoco a ella, pero sería muy interesante si eso pasara. Ahora Hervé II se enterará de lo que ocurrió en uno de sus pueblos y estoy seguro que el querrá su retribución. Ahora la historia tiene mi atención total, porque este capítulo le dio paso a varias posibilidades.

    La narración fue muy buena y todo se comprendió a la perfección. No he notado errores ortográficos, y si hubiera habido alguno, la narración del capítulo lo opacó.

    Esperaré ansioso por el próximo capítulo. Saludos.
     
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