Comedia Mi Niñera

Tema en 'Novelas Terminadas' iniciado por Kay Greenwish, 15 Octubre 2011.

  1.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Pues aquí yo, otra vez, con una nueva historia. Espero que les guste y la disfruten tanto como yo disfruté escribiéndola. Les dejo el mini-prólogo y el capítulo 1.


    Sinopsis: La vida de Kevin es como la de un chico de su edad, pero sus días de “normalidad” son alterados por la misteriosa llegada de una extraña mujer que se hace llamar Nimi. La vida de Kevin dará un giro de 360° al enterarse de que su niñera (Nimi) es una extraterrestre.

    MI NIÑERA

    Prólogo

    Hace mucho tiempo, tal vez hace unos años luz, un planeta llamado “RAC” fue destruido, no por un meteoro o por alguna otra raza, sino por sus mismos habitantes. Así que éste dejó de existir en el universo.

    Cap. I: “Todo comenzó así”

    Era un día normal, los muchachos estaban en la escuela y los padres de familia en sus respectivos trabajos. Ubiquemos una escuela en específico. La escuela secundaria Harton, nombrada como el pueblo. Dentro de esta escuela, en el salón 1-B para ser exactos, se encontraba un joven que respondía al nombre de Kevin Ibarra. Era un chico de cabello corto, peinado hacia arriba, color negro; su estatura era de unos pocos centímetros menos que el promedio de su edad, lo que era molesto para él al ser víctima de constantes burlas. Sus ojos eran café muy claro, tirando a miel, su piel era blanca colorida.

    Él, como muchos otros de su clase, tomaba una siesta en la clase de Historia. Debido a que él ocupaba el asiento de la fila de enfrente, era común que los profesores lo regañaran cada vez que dormía en sus clases, pero esta vez era diferente. Al profesor que impartía Historia no le importaba que los chicos descansaran, lanzaran notitas o hicieran trabajos de otras materias. Él ignoraba eso y seguía con su clase, sin embargo, al llegar la hora del examen, era cuando no mostraba compasión y era de tenerle miedo. Alguna duda y decía: “Eso lo vimos en tal clase”. Eso sí, sólo a los que en verdad pusieron atención a su clase era a quienes ayudaba, los otros sinvergüenzas que se las arreglasen solos.

    Debido a que esa era la última clase del día y el timbre sonó, todos los jóvenes salieron de sus salones y corrieron a la salida, pensando ya en qué hacer el resto del día libre y no precisamente estudiar, eso sí era seguro.

    —Espera, Kevin —el joven se detuvo y observó a su amigo Armando, conocido como el intelectual del salón B. Notas perfectas, con unos padres orgullosos de él. Un chico castaño y un tanto delgado que se la pasa estudiando en casa, o bueno, eso es lo que cualquiera pensaría al verlo, pero la gente que lo trataba sabía que era un chico fiestero y un tanto loco.

    — ¿Qué sucede, Armando? Si quieres que vuelva a pasear a Little, tu enorme perro san Bernardo, ¡olvídalo!

    —Eso no —dijo al estar a una prudente distancia de su amigo—. Quería invitarte a una fiesta que voy a tener en casa. Como mis padres se fueron a visitar al tío Oscar a la cárcel, mi hermano me está cuidando y como ya tiene novia, no hace más que estarse todo el día pegado al teléfono, por lo que aproveche para hacer una pequeña fiesta en el sótano —puso su mano derecha sobre el hombro izquierdo de Kevin y continuó—: He invitado a los chicos —bajó su mano y empezó a contar con los dedos—. Irán José, Claudia, Susana, Pablo, Melisa…

    —Melisa… —repitió sorprendido.

    —Sí, Melisa… La chica que te gusta, ¿cierto?

    — ¡No! Claro que no me gusta, eso es mentira.

    —Oh, Kevin, por favor. Yo sé que te mueres por ella, eh, eh, eh —empezó a darle golpecitos con su codo—. ¿Vienes? No importa que sólo sea para ver a Meli.

    —Voy a ir pero no por eso.

    — ¡Mira! Ahí va Meli. ¡Meli, Meli! —corrió hacia donde la joven castaña oscuro con una larga cabellera, por debajo de las cadera, que caminaba con sus amigas—. ¡Tienes un admirador!

    —Armando, ¡no hables! —siguió a su amigo intentando detenerlo.

    Después de un par de horas, Kevin llegó a su hogar, su dolor de cabeza. Abrió la puerta y entró.

    — ¡Ya llegué! —gritó como de costumbre, para que donde fuera que se encontrara su padre lo escuchara. Había ocasiones en las que no le contestaba, pero aun así gritaba por hábito.

    Lo primero que hizo al llegar, fue ir directo a su lugar favorito: la cocina, donde comería un aperitivo antes del platillo fuerte. Abrió el refrigerado y comenzó a recorrer con su mirada todo lo que éste contenía. No encontró nada de su agrado por lo que lo cerró y se dirigió a las alacenas. Abrió una y repitió el proceso que hizo con el refrigerador, pero tampoco encontró nada que pudiera comer. Sólo halló latas y pan, tal vez caducado.

    — ¡Apá! —gritó mientras subía las escaleras y se dirigía al cuarto de su padre. Vio la puerta abierta y se asomó. No lo encontró, sólo vio ropa regada por todo el suelo. No podía creer que un adulto tuviera así su habitación—. ¡Apá! —volvió a gritar, pero esta vez bajando las escaleras al primer piso. Si no lo encontraba en su cuarto, lo encontraría en la sala de trabajo. Al entrar a ésta, descubrió que tampoco se encontraba allí.

    “¿Acaso se volvió a ir sin decir nada?”, pensó. “¿Cómo tiene el descaro de dejar a su…?”

    — ¿Qué haces aquí? —preguntó alguien detrás de él. Se volvió a donde la persona y vio a su padre, con las mismas ropas de ayer y desaliñado, como si apenas se hubiese despertado, parado en el marco de la puerta—. ¿No deberías estar en la escuela?

    — ¿Pero de qué hablas? Acabo de salir hace como dos horas.

    Su padre miró su muñeca izquierda, donde tenía un reloj.

    — ¿Tan tarde es? Maldición, me quedé trabajando hasta la madrugada… Maldición y ni siquiera tengo hecho nada. Estoy escaso de ideas —mientras decía lo último, se acercó a un escritorio y empezó a quitar un montón de papeles hasta descubrir que debajo de éstos había una laptop, la abrió y tomó asiento en su silla movible.

    —Papá, ¿no sabes dónde quedaron las galletas de chocolate? —no obtuvo respuesta alguna—. Olvídalo… —iba a dar media vuelta para irse pero se acordó de algo—. Ah, sí, Armando me invitó a una fiesta que hará en su casa, ¿puedo ir?

    — ¿Una fiesta? —Preguntó el hombre sin dejar de mirar la pantalla de la laptop—. Pero escuché que sus padres no se encuentran.

    —Es verdad, pero Marco, el hermano mayor de Armando lo está cuidando, así que…

    —No.

    — ¿Por qué no? —inquirió un poco enojado ante la negativa de su progenitor.

    —Porque no. Si no hay adultos supervisando no te dejaré ir —levantó su vista un poco para ver a su hijo.

    —Pero…

    —Pero nada —alzó su voz, autoritario—. Ya dije, no vas a ir.

    Kevin se molestó mucho por eso, ni siquiera le había dado la oportunidad de darle su opinión. En verdad que estaba molesto.

    — ¡Siempre, siempre es igual! ¡No me dejas hacer nada! ¡Te odio! —y ante lo dicho, salió de la sala.

    — ¡Vete a tu habitación!

    — ¡Es lo que hago!

    —Oh, ya está en la etapa rebele —se oyó un portazo—. ¡No golpees la puerta! Niños.

    Una vez solo en su habitación, Kevin se sentó en su cama y se acostó en ella. Cerró los ojos e imaginó cómo sería su vida si fuera mayor de edad. Se vio caminado por las playas de Fiji, buscando entre la gente y los turistas a su amada y dulce novia, y en la orilla del mar la vio. Vio a su amada Melisa. Eso es, una vida fuera de esa casa. Después de imaginare aquello abrió los ojos y se dio cuenta de que no fue una simple imaginación, sino un sueño. Se había quedado dormido. Lo descubrió al mirar por la ventana y ver el cielo oscuro.

    —No fui a la fiesta —se dijo mientras volvía a acostarse en la cama. Puso las manos sobre su rostro—. No fui.

    Se levantó, presuroso y de manera drástica cuando escuchó un ruido que no le pareció normal. Era algo que no había escuchado. Por un momento lo ignoró, pero volvió a escucharlo y esta vez un poco más cerca. Se levantó de la cama y se asomó por la ventana. Al principio, no vio nada más que los árboles grandes que estaban en el patio de la casa de lado, que estaba vacía. Iba a retirarse de la ventana pero su vista logro detectar una luz parpadeante proveniente de aquella casa inhabitada. Entrecerró los ojos para enfocar mejor su visión.

    — ¿Qué es eso? —se preguntó al ver una y otra vez parpadear la luz aquella, hasta que dejó de hacerlo.

    Iba a ignorar el suceso, mas la curiosidad lo invadió por completo; en verdad quería saber qué era esa cosa. No podía creer lo que iba a hacer. Abrió su ventana, subió el mosquitero, sacó uno de sus pies y lo apoyó en el tejado naranja. Cuidadosamente empezó a andar, poco a poco, sin despegar sus manos de la pared hasta que llegó a la orilla del techo, donde se encontraba un árbol alto del cual se aferró para bajar por él.

    Esa no era la primera vez que hacía eso, la verdad era que ya la había intentado unas cinco veces y no creía que esa fuera la última, bueno, hasta que su padre decidiera talar ese árbol, que esperaba no lo hiciera hasta que fuera a la universidad. No es que él se escapara por allí todas las noches, sólo utilizaba esa ruta cuando estaba muy, muy deprimido y no quería estar en casa.

    Al bajar del árbol, se dirigió a la reja de madera, una vez allí, levantó una tabla y se agachó para pasar al otro lado.

    “¿Qué estoy haciendo?”, se preguntó al merodear cuidadosamente por el patio lleno de arbustos, basura y plantas que estaban muy crecidas. Era un total desastre. Hacía años que nadie vivía en esa casa y todo allí era un desorden. “Tal vez es sólo un auto o una moto que se descompuso”, pensó por instante. “Pero… ¿una moto o carro aquí adentro? Eso es extraño.”

    De repente, sintió un golpe en el estomago, fue doloroso porque gimió y hasta sintió que fue con algo duro, una tabla quizá; después, sintió otro en la espalda. Este último golpe lo derribó.

    —Pero si eres un crío —dijo una voz.

    Kevin volvió a gemir de dolor. La persona aquella lo agarró y lo puso en sus brazos.

    “¿Pero quién…?” Miró a la persona y descubrió a una mujer a quien nunca había visto. Cabello corto, hasta los hombros, extraño corte y su color era verde. ¿Verde? ¿Su cabello era verde? ¿Acaso era un punk? “¿…Es ella?

    La mujer caminó a la casa de Kevin. Lo bajó cuidadosamente y con una muy dulce voz le susurró:

    —No te preocupes —en ese momento, él quedó en modo de shock. No sabía por qué exactamente, pero eso sí, era impresionante como esa mujer lo llevó a su casa. Era como una persona amable, que se preocupó. Tal vez ella…

    Se abrió un poco la puerta principal y su padre se asomó por la rendijilla.

    —Dígame.

    —Señor…

    …Tal vez ella era…

    —…Este crío estaba afuera, iba a escaparse. Si por casualidad es su hijo debo informarle que lo cuide más y lo eduque adecuadamente, pues iba a irse de casa.

    …Era absolutamente una loca. ¡Una loca de pelo verde!

    —Válgame —miró fríamente a Kevin.

    —Pero yo…

    — ¡Nada! Entra a tu cuarto y no salgas de allí. Estás castigado hasta nuevo aviso. ¡Adentro, Kevin! —ordenó el hombre enojado. Kevin hizo lo encomendado—. Pido disculpas por mi hijo.

    —Ah, no se preocupe —formó la mujer—. Está en la etapa de la rebeldía.

    El padre asintió.

    —Es cierto, muy cierto.

    ¿Faltas de ortografía? Pido me las perdonen y me las corrijan. Es todo por ahora.

    Bye.
     
  2.  
    Borealis Spiral

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    Jajaja, qué capítulo tan divertido. Jajaja. Oh, Kevin tiene problemas con su padre, ¿eh? ¿Y la mamá? Aunque el papá tiene razón, la adolescencia es la etapa de la rebeldía. Uh, pero se me hace que más problemas llegarán a su vida con esa mujer extraña de ¡¿cabello verde?! ¿En serio? ¿De verdad es ua punk? Oh, no, ell guarda un secretito XD Pues me pareció muy divertido el capi, sobe todo el final. Sí que esa sujeta está loca, jajaja. Espero el siguiente con ansias. No te demores mucho.

    Hasta otra.
     
  3.  
    Marina

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    Ahaha, que cool. Una historia que te deja deseando querer saber más. Muy interesante. La narración y todo está muy bien. Una que otra letra faltante, pero por lo demás, todo bien. Me ha encantado. El nombre de Kevin me gusta mucho, así que será uno de mis personajes favoritos. En verdad haces historias muy divertidas xDD.

    Little? Un enorme san bernardo con ese nombre xDDD Me mató d ela risa eso xDD

    Amm, otra cosa que me divirtió mucho, fue el prólogo. Lo juro, es la primera vez que leo un miniprólogo jajaja, uno así como este xDD

    Aaah, por favor, no tardes con la conti.

    Saludos.
     
  4.  
    Kay Greenwish

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    Hola a todos. Agradezco enormemente a todos ustedes por leer mi historia y muchas más gracias a los que se toman el tiempo de dejarme sus comentarios. ¡Me encantan! Ahora, les dejo el siguiente capítulo. ¡Gocen!



    Cap. II: “Una loca en casa”

    La alarma del despertador de Kevin sonó por toda la habitación de éste. Marcaba las 6:30 a.m., la hora en que el joven se levantaba para cambiarse y arreglar todo para irse a la escuela. Como todas las mañanas, fue al baño. Lo ocurrido la noche anterior lo habría tomado como un simple sueño de no ser porque, al verse en el espejo, descubrió la marca en su estómago que el golpe de la tabla le había dejado.

    Esa mujer extraña, con extraño corte de cabello color verde, tal vez era una loca. Sí, una loca que escapó del manicomio, había robado un auto, hizo ese extraño ruido y se escondió en esa casa desolada. Sí, tal vez eso fue lo que había sucedido. Kevin asintió con casa pensamiento que se le venía en mente. También creyó que fue ella la que lo había golpeado con ese palo o algo así. Claro, eso es lo que los locos hacen. Golpean a las personas comunes y corrientes. ¿Por qué no había pensado eso anoche? Pudo haberle dicho a su padre todo lo sucedido, pero sabía que éste no le creería, así que decidió dejarlo como agua pasada.

    Ya estaba listo. Estaba bajando las escaleras para irse, pero antes, decidió pasar por su lugar favorito y comer algo.

    — ¡Buenos días! —gritó desde la sala la mujer de cabello verde al ver a Kevin.

    El muchacho se sorprendió mucho al verla en su sala.

    —Tú… tú… tú… tú —dijo sorprendido mientras la apuntaba con su dedo índice.

    —Kevin —lo nombró su padre al verlo—, es de mala educación apuntar a la gente.

    —… pero… pe-pero…

    —Ya escuchaste al jefe —dijo la mujer mientras bajaba el dedo de Kevin con el suyo propio—. Eso es de mala educación.

    — ¡¿Qué está haciendo ella aquí?!

    —Oh, es verdad —informó la mujer con una sonrisa de oreja a oreja—. El señor de la casa me dijo que si cuidaba de su hijo por un par de días podría quedarme aquí y yo acepté.

    — ¿No se te hace raro? —le preguntó el chico a su padre.

    —No —soltó sin más éste empacando unos papeles y su laptop en una maleta—. Hasta luego. Nos vemos en un par de días, Kevin. Tengo una importante conferencia y no puedo faltar.

    — ¡Espera! —Gritó el joven, pero el adulto ya había cruzado la puerta y la había cerrado—…No me dejes con ella.

    Sintió como alguien se recargaba en su espalda; era ella, quien muy feliz le dijo:

    —Kevin, espero que nos caigamos muy bien.

    Kevin se la sacó de encima.

    —Pero tú… No lo creo. Yo sé la verdad.

    — ¿En serio? —Lo miró con una seriedad penetrante que asustó a Kevin, quien sintió que le atravesaban el cuerpo—. ¿Cuál verdad?

    —La… la, la, la de que eres…

    —Soy…

    —Una loca que escapó del manicomio.

    — ¿Manicomio? —se preguntó pensativa—. ¿Qué es eso?

    Kevin volvió a quedar en estado de shock. No podía creer lo que estaba escuchando. Pero con esto estuvo más seguro de que era una maniaca y tenía que tener cuidado con ella. Al dejar de vagar en sus pensamientos, se dio cuenta de que la mujer lo miraba fijamente a tan sólo unos centímetros de distancia de su rostro. Se asustó y lanzó un pequeño grito dando un brinco hasta llegar a la puerta; acto seguido, aún asustado, abrió ésta.

    —Me voy —dijo y salió.

    Su corazón saltaba en su pecho. Ya no quería regresar a su casa. Sabía que era un peligro, más si esa demente se encontraba ahí.

    —Sólo es un sueño, sólo es un sueño, sólo es un sueño —se repetía una y otra vez ya sentado en su butaca.

    —Kevin — lo nombró Armando un tanto preocupado al percatarse que a su amigo le pasaba algo—. ¿Te encuentras bien?

    — ¡Que sólo sea un sueño! —gritó en desahogo. Se dio cuenta de que todos los que estaban en el salón dejaron de hacer lo que estaban haciendo y todas las miradas se dirigieron a él.

    —Parece que no —se dijo Armando.

    —Armando, ¿estoy perdiendo la cordura?

    —La verdad… sí. ¡Ah! No importa, será para la próxima.

    — ¿Próxima?

    —Sí, estás así porque ayer no fuiste a ligar a Meli, ¿cierto?

    — ¿Dices por lo de la fiesta?

    —Así es.

    Era verdad, ayer lo habían invitado a una fiesta, pero por lo que había vivido anoche el asunto ese se le había olvidado por completo. Pero no estaba preocupado por eso ahora, sino por el gran problema que tenía en su casa. Era increíble que su padre fuera tan irresponsable y dejara entrar, es más, dejar vivir a una completa extraña. Pero bueno, así era su padre. No pensaba más que en hacer videojuegos. Sólo para eso pensaba.

    —Kevin —escuchó la voz de una dulce persona. Melisa. Posó toda su atención en ella. Por un momento, todas sus preocupaciones se acabaron y quedaron encerradas en una caja sellada—. Todos te extrañamos ayer en la fiesta. Fue una lástima que no pudieras asistir— sonrió levemente por algo que recordó y para Kevin ese fue el mejor momento de la mañana—. Fue divertida, espero que a la próxima puedas ir.

    —Claro, claro que sí, te lo prometo.

    —Bueno, hasta luego —con esto se retiró y fue a tomar su asiento, que para desgracia de Kevin, éste se encontraba en el otro extremo del salón.

    — ¡Ah, pero qué linda se ve hoy! —Informó Armando—. Si tú no haces nada creo que me la haré mi novia.

    En ese momento, la caja que guardaba las preocupaciones se abrió y dejó salir una tormenta. Kevin dejó caer su rostro a la butaca.

    —Espera —se apresuró Armando—, sólo era una broma, no es verdad. ¿Kevin, estás bien? No es para tanto, es broma…

    —Armando.

    —Dime.

    —Dime que estoy soñando.

    —No, no lo estás.

    —No quiero ir a casa.

    — ¿Tu padre de nuevo se puso pesado?

    —Mi padre está bien, es sólo que anoche me pasó algo raro… —y antes de que pudiera continuar, el maestro de la primera clase llegó y todos tomaron sus respectivos asientos.

    Faltaban escasos diez minutos para que el timbre del almuerzo sonara. Algunos estaban esperando a que lo dieran pues tenían hambre, es más, muchos ya estaban comiendo en el salón. Las primeras clases, Kevin estuvo muy nervioso. Se movía inquieto en la butaca y no dejaba de mover sus ojos de aquí para allá y, precisamente, cuando por fin estuvo calmado, se escuchó que alguien tocó la puerta.

    — ¿Pero quién podrá ser? —inquirió la profesora un tanto extrañada. Se acercó a la puerta y la abrió—. ¿En qué puedo ayudarle?

    —Busco a Kevin Ibarra —Kevin se sobresaltó al reconocer la voz; una voz que lo había estado siguiendo toda la mañana—. Ha ocurrido algo urgente y necesito que venga conmigo.

    — ¿Y usted es?

    — ¡Ah! —Entró al salón—. ¡Yo soy su niñera! ¡Hi, Kevin! —saludó felizmente al joven. Acto seguido, todos los del salón empezaron a reírse, mientras la maestra los silenciaba.

    —No la conozco —dijo Kevin escondiéndose entre sus manos.

    Afuera de la escuela.

    — ¡Absolutamente no! —dijo Kevin, enojado—. ¿Cómo te atreves a venir aquí y decir frente a todos que eres ¡mi niñera!? ¡Eso no se hace! Además, no pienso ir a donde estés tú, sólo espera a que papá llegue.

    —Kevin —empezó a decir ella con seriedad—, necesito hablar contigo de algo importante, vamos a casa…

    — ¡No! No voy a ir, ya te lo dije, me quedo aquí —cruzó los brazos, decidido a quedarse plantado en ese lugar si era necesario.

    —Eres un desconsiderado, ¿sabes cuánto tardé para poder dar contigo?

    —Yo no pedí que hicieras eso —dijo seriamente mientras giraba su rostro en dirección contraria a donde estaba la mujer y cerraba los ojos; luego, sintió que sus pies dejaban el suelo, elevándose. Abrió los ojos y descubrió que nuevamente, estaba en brazos de ella—. ¡Bájame! ¡Déjame! —se agitó bruscamente.

    —Si no quieres por las buenas, entonces serán por las malas.

    — ¡No puedes hacer esto! ¡Es un delito! ¡Me secuestran!

    Pataleaba y dama manotazos al viento, pero todo aquello que intentaba parecía ser completamente ignorado por ella, porque como si nada comenzó a correr a la casa.

    Kevin estaba totalmente molesto, sentado en el sillón grande de la sala. Molesto porque fue a la casa a fuerzas y molesto porque no podía creer que a nadie se le hizo raro ver a un niño en brazos de una persona de cabello verde, y a parte, gritando.

    — ¡Listo! —aseguró la mujer estando frente a Kevin. Ella se tomó el cabello y se lo quitó, ocasionando que el joven se sorprendiera—. ¡Me estaba dando calor con esta cosa! —dijo satisfecha.

    — ¿Pero como…? Eso es… ah… es… ¿Por qué tienes eso? —su cabello era normal, de un café fuerte y le llegaba a los hombros.

    — ¿Por qué lo dices?... Bueno, ¡es para camuflarme entre las hierbas! —informó acompañada de una carcajada.

    “Absolutamente es cierto, está loca”.

    —Pero no es momento de reír —volvió a su seriedad—. No, lo que tengo que decirte es severamente importante y serio.

    —Dilo.

    —Soy extranjera.

    —O sea, ¿de Europa?

    —No, no. Soy de arriba —apuntó el techo.

    —O sea, ¿de la alta sociedad?

    — ¡No! ¿Cómo lo dicen aquí? ¡Soy del espacio!

    Bien, es todo por hoy. Ojalá les haya gustado. Pido perdón por las faltas de ortografía que pudieran encontrar.

    Bye.
     
  5.  
    Marina

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    Para comenzar, no fueron muchas faltas de ortografía, sólo una que otra letra faltante y la narración se ve más fluída, lo que me muestra lo mucho que haz mejorado.

    En cuanto a la historia, esta va avanzando como se debe, ya que finalmente ya está en casa esa chica de pelo verde xD Con este capítulo queda mostrado las divertidas aventuras que nuestro querido Kevin pasará al lado de Nimi.

    Buena continuación. Gracia por dejarla.

    Saludos
     
  6.  
    Borealis Spiral

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    Jajaja, divertidísimo, jaajajaja. ¿Pelo verde? Era una peluca, por Dios. ¿A quién rayos se le ocurre ponerse una peluca para camuflarse entre las hierbas? Ah, Kevin tiene razón, está loca, loca, mucho muy loca... uff, no. ¡Qué susto vivir con alguien así! En verdad que entiendo al pobre mchacho. ¿En qué piensa su papá al dejar entras a una desconocida a su casa par aque cuida a su hijo? Hola, eso no es normal. Ammm, ¿cuántos años tiene Kevin? ¿Doce? ¿A esa edad es normal tener niñera? Lo siento, pero no lo creo y en verdad reaccionaría igual que él si mi niñera entrar así al aula. ¡Vergonzoso!

    Ok, ok, la cosa está poniéndose interesante. La mujer ya le ha dicho la verdad a Kevin sobre su origen y procedneica. ¿Cómo reaccionará el chico? Espero ansiosa el siguiente capítulo. No te demores.

    Hasta otra.
     
  7.  
    Kay Greenwish

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    Aquí otra vez. Graicas a todos por leerme y por sus comentarios también. Muy bien, dejo el siguiente capítulo. ¡Disfruten!

    Cap. III: “¡Sorpresa!”

    — ¡No! ¿Cómo lo dicen aquí? ¡Soy del espacio!

    —O sea que, ¿eres astronauta?

    “Lo único que sé es que con cada minuto que paso con ella, más me convenzo que escapó de un manicomio”.

    La mujer puso su dedo índice en su frente.

    —Quieres hacerme enojar, ¿verdad?

    — ¡Pues explícate bien!

    — ¡Soy una extraterrestre!

    Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Kevin quedó estupefacto al escuchar aquello. Hubo unos segundos de incómodo silencio, luego, el joven, presuroso, cogió el teléfono y desesperado, comenzó a marcar unos números como loco.

    — ¡Auxilio, policía! ¡Estoy con una demente!

    — ¡Oye, alto! ¿Qué haces? —le arrebató el auricular y lo colgó.

    — ¡No quiero vivir contigo!

    —Te digo la verdad.

    — ¡Estás loca!

    —No, es la verdad. Vengo del espacio y no soy astronauta.

    — ¿En serio quieres que me crea eso?

    —Es verdad, ¿quieres que te lo demuestre? —notó que la atención de Kevin volvió a ella—. ¿Quieres que te muestre cómo soy?

    — ¿Cómo eres?

    En ese momento, el ambiente se tensó. El joven observaba cuidadosamente a su “niñera”. No sabía qué iba a ocurrir, sólo sabía que algo iba a pasar. La espera lo estaba matando, no podía imaginarse cómo sería, claro, si era verdad eso de que era una extraterrestre.

    — ¿Estás preparado? —inquirió ella.

    Por un momento dudó, pero después se armó de valentía y le dijo que estaba listo. La mujer lo tomó por los hombros y volvió a preguntarle si estaba listo.

    —Hazlo de una vez, ¿quieres? —suplicó Kevin más nervioso que nada, con las manos sudándole y sintiendo que la presión lo sofocaba.

    —De acuerdo —acercó su mano a sus ojos, provocando que Kevin fijara su vista en éstos, y ¡puf!, se sacó una especie de lentes de contacto, mostrando unos ojos azul claro, ya no marrón—. Así soy. Extraño, ¿no?

    Exactamente, era extraño, pero un extraño diferente a lo que ella imaginaba. Si hubiera un grillo, ese sería el momento perfecto para que chirriara. La reacción de Kevin fue la de dar media vuelta y comenzar a correr, con la intención de alejarse de aquella loca; pero la mujer no lo dejó. Se lazó sobre él y lo tomó por los pies, provocando que ambos cayeran al suelo.

    — ¿Qué haces? —indagó ella.

    — ¡Suéltame! Eres extrañamente rara, no quiero estar aquí. ¡Suéltame!

    — ¡Espera, espera! Creo que no te convencí.

    — ¡Sí, sí lo hiciste! ¡Me convenciste al cien por cien que saliste del manicomio!

    —No quiero saber.

    Kevin y la mujer estaban frente a la puerta que conducía al garaje de su casa. Por alguna razón, “la demente”, pues así la llamaba, lo había convencido. Había dicho que lo que demostraría que ella venía del espacio se encontraba allí adentro; pero claro está, fingía demostrar interés en todo eso dado que su plan era que en el momento en que ella estuviera distraída, correría y huiría de allí, tal vez a reportarla, pues había deducido que por algún motivo, ella lo tenía como rehén, ya que no lo dejaba salir de casa. Bueno, así se sentía él y dadas las circunstancias, no había que culparlo.

    La mujer abrió la puerta. El lugar estaba oscuro, sólo alcanzaban a verse algunas cosas y eso porque se encontraban cerca de la luz que salía de la puerta. En el garaje, lo único que guardaban eran cajas viejas, pues ya ni el auto del “señor de la casa” se quedaba ahí. La mujer buscó el interruptor y prendió la luz.

    — ¡Oh, Dios! —Exclamó sorprendido Kevin mientras daba un paso atrás, tropezando y cayendo al suelo—. ¿Qué…qué es eso? —no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Una especie de nave estaba donde, desde un principio, debería estar el auto de su padre.

    —Es mi transporte —notificó ella con una gran sonrisa dándole una patada a la nave, causando que unas cuantas piezas cayeran de ésta debido al terrible maltrato que demostraba tener—. O era, ahora es chatarra. ¿Ya me crees?

    Kevin observaba esa extraña máquina, llamada “El Hatton”, pero no podía asimilar lo que sucedía, estaba totalmente sorprendido, quizás en un estado fuerte de shock. Su cabeza le decía que no era verdad, que todo eso era un cruel juego de su mente; pero no era sí, por desgracia no lo era. Todo estaba allí. La mujer que estaba a un lado de “El Hatton” era precisamente una… una… ¡Una loca! ¡Una loca venida de otro mundo! No sabía si ese descubrimiento era algo agradable. No dijo ni una palabra, en ese instante no estaba para pronunciar palabra alguna.

    — ¡Oye, crío! ¿Estás bien?

    Ahora, por extraño que fuera, todo parecía tener sentido. Anoche, lo que escuchó fue tal vez aquella máquina. Kevin se puso de pie, por poco volvía al suelo, pero se mantuvo firme en sus plantas de pies. Sentíase mareado, como si hubiese estado en una barca en medio del océano y una tormenta; así se sentía debido a la impresión. Se acercó a donde la mujer, se colocó al otro extremo de la nave y dando un hondo suspiro, preguntó, refiriéndose a la nave:

    — ¿Cómo la has traído aquí? —fijó su mirada a la puerta principal y la vio destrozada de la parte de abajo—… A la fuerza, entiendo. Ahora, otra cosa, ¿por qué has venido aquí? Me refiero a la tierra.

    La mujer sonrió, como si estuviera esperando que le preguntara eso.

    —Es una larga historia. Verás, soy una transportadora. Unos compañeros y yo nos encargamos de viajar a diferentes planetas transportando gente, animales, materiales o lo que sea. Esta vez, transportábamos bestias únicas a un lugar seguro porque están en peligro de extinción. Por desgracia, se escaparon y llegaron aquí a la tierra e intento encontrarlas porque son peligrosas. Tienen garras enormes, dientes filosos que pueden perforar hasta el material más resistente de la tierra…

    — ¿Qué dices? Espera, espera. ¿Estás diciendo que andan rondando bestias feroces en las calles?

    —Así es —aseguró con descaro, como si fuera algo divertido—. ¿No crees que es emocionante?

    — ¡Para nada! ¿Sabes lo peligroso que es eso? —empezó a alterarse al imaginar lo que pasaría si unas de esas cosas atacara y que luego investigaran las muertes, periódicos, reporteros, FBI, tanques, soldados…. Se tranquilizó.

    —Es por eso que estoy aquí —siguió la mujer, como si le hubiese leído la mente; de hecho, por un momento así lo creyó—. Para evitar que esto se convierta en un caos.

    Las palabras lo tranquilizaron.

    —Algo más, ¿cómo es que vas a atraparlos?

    Ante la pregunta, la mujer sonrió, pero por una extraña razón, a Kevin esa sonrisa le pareció mala, siniestra, una sonrisa a la cual no tenerle confianza. Sufrió un escalofrío y aún más cuando ella dijo:

    —Ahí es donde entras tú…

    — ¿Qué yo qué…? —no completó la frase cuando la mujer lo sujetó por el brazo derecho fuertemente—. ¿Pero qué…? —sintió miedo y un mal presentimiento.

    Estiró su brazo, para soltarse, pero fue inútil. Ella era, por mucho, más fuerte que él, esa era una de las muchas cosas que le daba miedo de ella. Entonces, la mujer, rápidamente y en fracción de segundos, sacó de su bolsa izquierda del pantalón un aparato, una especie de pulsera estilo reloj, de color verde y se la colocó en su muñeca. Terminado su objetivo, lo soltó y debido al esfuerzo que estaba haciendo al tratar de soltarse, Kevin cayó al suelo, pero en lugar de quejarse por el dolor, su reacción fue la de querer quitarse esa cosa de su muñeca. La jalaba, la empujaba y de todo, pero nada.

    —Lo que hagas será en vano —le advirtió la mujer caminando a la nave, agachándose para revisar algo de abajo—. Para abrirse necesita la contraseña y esa sólo la sé yo.

    — ¡Dámela! —se puso de pie, furioso—. ¿Qué se supone que esta cosa? ¿Una especie de bomba?

    —Escucha, esa “cosa”, como la llamas tú, es un radar y sirve para detectar a esas bestias debido a la energía que emanan. Si uno de ellos, que por cierto se llaman cannies, está a unos metros, pita y entre más cerca estén, el sonido se hace más fuerte. Entonces tú tienes que presionar el botón azul cielo que está del lado izquierdo, para yo recibir la señal por medio de mi pulsera —le mostró la pulsera, idéntica a la que le había puesto, en su muñeca izquierda.

    — ¿No puedes hacer tú eso?

    —Claro, pero como voy a estar reparando esta chatarra no voy a poder salir mucho y tú sí.

    —En pocas palabras, yo soy la carnada.

    —Pues si lo ves de esa manera, sí.

    La mujer, por un instante, creyó que Kevin iba a sobresaltarse como lo había hecho desde el principio, pero no, lo único que hizo fue acercarse a la pared, apoyar su espalda en ésta, resbalar poco a poco hasta quedar sentado, con las rodillas flexionadas hacia su pecho y ocultar su rostro entre éstas. Permaneció allí, sin decir nada. La mujer lo miró, por un momento pensó que estaba llorando y se lo preguntó, pero él se limitó a negar con la cabeza, sin mostrar su rostro. La mujer se encogió de hombros y continuó revisado la nave, moviéndose a la parte trasera para abrir una especie de maletero y sacó algunas herramientas de allí.

    Transcurridas un par de horas después, Kevin habló:

    — ¡Oye! —la mujer posó su atención en él—. ¿Cómo es tu planeta?

    — ¿Mi planeta? —ella comenzó a recordar—. Hace tiempo que no estoy ahí, pero es muy parecido a aquí, a la tierra. Aurón es un lugar hermoso igual que aquí, eso sí, tiene mucho menos luz. Nuestros ojos son un poco delicados, es por eso que aquí tengo que usar esos lentes de contacto, para que la luz no me haga daño. ¡Ups! Un enorme defecto.

    Mientras decía esto, Kevin se había levantado y había caminado hacia ella. Cuando ella terminó su explicación, él levantó su antebrazo derecho a la altura de su pecho y con la mano derecha señaló la pulsera.

    — ¿En serio no puedo quitarme esto?

    —No —contestó con una sonrisa burlona.

    El joven suspiró. Sabía que diría eso, pero no perdía nada si preguntaba.

    —Iré a comer algo, tengo hambre —se dirigió a la puerta para entras a la casa, se detuvo en el umbral y se volvió a ella—. ¿Quieres algo?

    —No gracias, comí algo en la mañana.

    — ¿En la mañana? Pero si ya es tarde.

    —Sólo como una vez al día.

    “¿Sólo una vez al día? ¿Cómo puede? Yo me ando muriendo si no como una de las tres veces al día”, pensó mientras cruzaba la puerta, entonces recordó algo. Volvió al garaje.

    — ¿Cómo es que te llamas?

    — ¿Qué? ¿No sabes cómo se llama tu niñera?

    — ¿De qué hablas? ¡No llevas ni un día aquí!

    —Aun así, ¡pero qué crío!

    —Y no me digas así, me llamo Kevin,

    —Me llamo Nimichiminimi

    — ¿Qué? ¿En serio?

    —Es verdad.

    —Nimimichi…

    —Nimichiminimi. Sólo dime Nimi.

    —Nimi, ¿qué clase de nombre es ese? —se dijo en voz baja mientras se dirigía a su lugar favorito.

    Después de prepararse un sándwich bien relleno, sonó el teléfono. Kevin corrió y lo descolgó para contestar.

    —Kevin —escuchó la voz de su padre—. ¿Cómo has estado? ¿Todo bien?

    —Papá, ¿cuándo vas a venir? Quiero que regreses.

    El padre escuchó la voz de su hijo, ansiosa. Como si en verdad esperara su llegada, lo que lo extrañó mucho ya que nunca había ocurrido eso, nunca. Desde que era muy pequeño se iba y sí, siempre pedía a su padre, pero cuando comenzó a crecer, Kevin demostraba que le gustaba que se fuera y ahora no, fue diferente y eso lo hizo muy feliz.

    —Mañana en la mañana voy a dar mi conferencia, ¡voy a dar lo mejor de mí! Tal vez esté en la tarde.

    — ¿Hasta la tarde? —suspiró. No quería estar más tiempo con Nimi—. Bueno, entonces hasta mañana.

    — ¡Oye, espera!...

    Colgó. Tendría que esperar más. Bueno, por el momento iba a comerse ese rico sándwich que lo esperaba en la cocina y luego, quizás vería tele hasta la hora de dormir. He aquí otro día más en su vida o un día menos, para Kevin daba igual.

    Al día siguiente, como todas las mañanas, Kevin se levantó, se vistió e iba a irse a la escuela. Bajó las escaleras y al pasar por la sala, para ir a la puerta que conducía a la calle, vio a la mujer loca de otro mundo dormida en el suelo. Ni siquiera estaba sobre un sillón, no, estaba en el frío piso. Antes de irse, subió de nuevo al segundo piso y de su cuarto, del armario, sacó una colcha que utilizaba para cuando lavaban la que él usaba en ese momento, así las turnaba. Bajó las escaleras y llegó a donde Nimi, colocando la colcha sobre ella.

    —No sé si ustedes pescan resfriados o no, pero no puedo dejarte así —se dirigió en murmullo. Enseguida se fue a la escuela.

    Desde el suelo, Nimi sonrió.

    —Kevin, ¿eh?

    Es todo por ahora. Espero les haya gustado.

    Bye.

     
  8.  
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Ahí está, la declaración del año. La niñera de Kevin es una extraterrestre. Pruebas más creíbles que su nave espacial no existen. Ah, pobre chico, la noticia le cayó durísima. Perdí la cuenta de cuántas veces quedó en shock por lo que vio y escuchó, jajaja. Pero al principio, cuando ella se sacó los lentes de contacto, me quedé con la misma expresión de Kevin. ¿Eso qué? Esa prueba si fue rara.

    ¿Nimichiminimi? Concuerdo, ¿qué clase de nombre es ese? No hay duda de que mejor se le llama Nimi y ya. Oh, estoy ansiosa por saber qué pasará con esas bestian. Ahora sí siento que Kevin empezará con sus aventuras. Espero el siguiente capítulo. Te cuidas.

    Hasta otra.
     
  9.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Oh, genial capítulo. finalmente lo ha covencido de que es una extraterrestre y me encantó la manera como se llevó a cabo el covencimiento de Kevin y también cuando le pidió a su padre que volviera XDD

    Lo peor o mejor, no sé como ver esto, es que él se ha convertido e la carnada para atrapar a esas bestias salvajes que quien sabe que apariencia tengan. Pobre Kevin. Esta historia se está tornando aún más interesante, ya quiero saber que más sucederá con nuestros protagonistas.

    Esa parte final, cuando Kevin cubre a Nimi con la colcha para evitarle pasar frío se me hizo de lo más tierno. Kevin ya comienza a sentir algo de cariño por su ñiñera xDD ¿La verá posteriormente como su mamá?

    Lindo capítulo. Espero la conti. Saludos y cuídate.
     
  10.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Mi Niñera
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    Género:
    Aventura
    Total de capítulos:
    17
     
    Palabras:
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    Aquí trayendo el siguiente capítulo. Espero que les guste.

    Cap. IV: “Un día más extraño que ayer”

    Kevin llegó, como siempre, diez minutos antes de que las clases iniciaran. A pesar de que no era un chico responsable, siempre le había gustado estar puntual para comenzar con el día escolar. Se sentó en su lugar asignado y esperó a que llegara el profesor. Algo que también le gustaba hacer era observar a sus compañeros entrar y mucho más le gustaba cuando se trataba de Melisa. Se le quedaba viendo hasta que ella dejaba su mochila en su asiento y se iba con una de sus amigas hasta que dieran el timbre. Miró como su mejor amigo entraba por la puerta hecho un zombi.

    — ¡Ah! Ayer me desvelé terminando el ensayo del profesor Pablo. Por cierto, ¿lo hiciste?

    — ¿Yo? ¿No recuerdas que ayer me fui a casa temprano?

    —Es verdad, pero el profe nos lo dejó hace una semana.

    — ¿En serio?

    — ¿En qué mundo vives, Kevin?

    Por supuesto, esa era una broma, pero Kevin no la tomó como una, pues ese juego de palabras ya no le gustaba. “Mundo” le recordaba a la mujer que estaba durmiendo en el suelo de su sala. Las primeras clases antes del almuerzo, Kevin se la pasó mirando su muñeca derecha.

    “¡Dios! Mínimo me la hubiera puesto en el brazo izquierdo. Ahora siempre que haga algo me la voy a ver”.

    Una vez terminadas los tres primero períodos y dieron el timbre del receso, todos los alumnos empezaron a reunirse en sus lugares favoritos de las instalaciones para poder comer junto con sus amigos o charlar. Armando y Kevin, como todos los días, se dirigieron a la parte trasera de la escuela, donde casi nadie iba para allá.

    —…Entonces, ¿tú siempre te haces tu lonche?

    —Así es.

    — ¡Órale!, mi madre siempre me lo tiene preparado antes de venirme —en realidad, sus padres se lo tenían todo bien preparado; incluso hasta lo llevaban a la escuela, tal vez porque sacaba buenas notas o porque era hijo único, aunque pensándolo bien, Kevin también lo era—. ¿Entonces tu padre no te cocina?

    —Para nada —confirmó negando con la cabeza—. Él come lo que hace y yo como lo que hago, así es la regla.

    —Mira, mira, ahí viene Meli.

    —Oh, ya veo —se hace el desinteresado, pero sus ojos miraron hacia donde estaba la joven, notando hasta lo que pisaba.

    — ¡Oye, Kevin! —escucharon una brusca voz.

    —De nuevo ese molesto de Erick —dijo Armando entre dientes—. ¡Deja de molestarlo!

    — ¿Tú qué, cuatro ojos? No es contigo —Kevin ignoró lo sucedido y siguió comiendo, pero el nombrado Erick se molestó al no ver reacción alguna por parte del chico—. ¿Me oyes? —una vez más, fue ignorado. Erick golpeó la comida de Kevin y ésta cayó al suelo, ensuciándose por completo.

    — ¡Oigan, pelea! —gritó alguien de por allí, con eso, más estudiantes comenzaron a reunirse alrededor de ellos para ver el pleito.

    Kevin se puso de pie, ante la acción, todos los presentes lanzaron una exclamación de sorpresa; sin embargo, las intenciones del chico fueron las de retirarse de allí, no quería meterse en una pelea o una discusión, no quería dar problemas. No obstante, no contó con que el chico brabucón lo sujetaría por el cuello de la camisa por la parte de atrás, la halaría hacia atrás y lo arrojaría al suelo.

    —Claro, es tal como dicen mis padres, tu padre es un flojo inútil, igual que tú. ¡Eres un inútil! —con esto, estaba por irse del lugar.

    En el suelo, Kevin temblaba de furia por lo que el otro había dicho.

    — ¡No es un inútil! —gritó levantándose con rapidez e iba a darle un puñetazo a su contrincante cuando a medio camino se detuvo con brusquedad, provocando que cayera nuevamente al suelo, arrodillado.

    —Se detuvo, se detuvo —dijeron los espectadores. Kevin, igual que los demás, estaba sorprendido.

    —Oye —empezó a decir Erick algo molesto, pero no logro continuar porque la campana sonó—. Vámonos de aquí —dijo al fin y se fue.

    — ¡Qué tipo! —murmuraron algunos—. Él sí es fuerte. ¡Se contuvo! —después se retiraron.

    Armando se acercó a él.

    —Bien hecho, Kevin —lo felicitó, orgulloso de ser su amigo—. Vámonos —y también se fue.

    —Me alegra que no te rebajaras.

    Kevin levantó su mirada y vio a Melisa, contenta. Le encantó ese momento. Por alguna razón todos habían estado hablando de lo valiente que fue y escuchar a Melisa decirlo, lo puso realmente feliz. Pero no se había detenido por lo que pensaron, ni porque quería impresionar a la chica que le gustaba; realmente él quería romperle la cara al molesto de Erick, aunque en el intento él sería el que terminaría con la cara rota. Había parado porque había escuchado un ruido, un sonido proveniente de la pulsera en su muñeca o tal vez fue su imaginación. Estaba tan molesto que su mente pudo engañarlo para que se detuviera.

    Se puso de pie y por curiosidad, observó su alrededor. No había nada, afuera, entre la maya, podía verse un montón de hierbas crecidas. Iba a dirigirse a su salón cuando, al dar el primer paso, escuchó un “pip” seguido de otro. El pánico se apoderó de él.

    Si una de esas ‘cosas’ está a unos metros, el aparato pitará y entre más cerca esté, el sonido se hará más fuerte”, recordó las palabras de la loca, miró la pulsera, nervioso y con dolor de estómago. “Debes presionar el botón azul cielo que está del lado izquierdo para enviar una señal que mi pulsera detectará”.

    Eso fue lo que hizo. Presionó el botón azul y espero que eso funcionara.

    En casa, Nimi pateaba desesperadamente la nave.

    — ¡Porquería del infierno! ¡Funciona! —gritó enojada mientras iba a la parte trasera de la nave y del maletero sacaba un arma, apuntándole a la máquina—. Chatarra, si no quieres vivir entonces muere —después oyó que su pulsera comenzaba a sonar, indicando que Kevin la había llamado—. Con que han empezado a salir.

    Kevin, aún afuera en el patio, caminaba de un lugar a otro, esperando algo, no sabía exactamente qué, pero algo, una señal, ruido o algo; algo que no fuera el molesto sonido que emitía su pulsera y que por cierto, definitivamente no era su imaginación ya que sonaba con más constancia que al principio. No sabiendo qué hacer, se encaminó a su salón, teniendo la esperanza de que Nimi solucionara aquello, pero antes de que entrara al edificio, escuchó la voz de ella.

    — ¿Hola? —saludó en forma de pregunto porque no estaba seguro de que fuera la voz de Nimi, además, nadie era visible en el entorno.

    —Kevin, necesito que hagas algo al respecto —Kevin se dio cuenta de que la voz de ella salía de la pulsera—. Desaloja el edificio.

    — ¿Que quieres que haga qué? ¿Y cómo hago eso?

    —No lo sé, piensa en algo. Tal vez con una alarma o algo así, pero haz que el edificio quede vacío —mientras escuchaba las indicaciones Kevin entró al lugar, buscando una alarma de incendio, fue lo único que se le ocurrió en ese momento—. Porque puede que el cannie entre y haga de las suyas en la escuela

    . —Está bien, está bien —dijo mientras corría por los pasillos vacíos.

    Hallándose a unos metros de la oficina del director, aminoró la velocidad. Debido a que en ese instante su mente era un caos completo, la primera alarma que se le vino a la mente fue la que estaba a un lado de la oficina del director del plantel. Se acercó sigilosamente, esperando que en el último minuto, como en las películas de Hollywood, lo acacharan y lo llevaran a su salón; pero no, llegó y todavía un poco indeciso, bajó la palanca. En cuestión de segundos, los alumnos y catedráticos empezaron a salir de los salones y demás, intentando mantener el orden y así los pasillos se llenaron de personas amontonadas, como una colonia de hormigas o una colmena de abejas.

    Kevin quería caminar en sentido contrario a donde todos se dirigían, a la salida, pero no podía, era como luchar contra una corriente de agua. Era empujado y golpeado. Algunos profesores intentaban tranquilizar a los muchachos, otros ya había corrido, siendo los primeros en salir. Por fin, con esfuerzo, llegó de nuevo a la salida de atrás y realmente esperó ver a Nimi. Debido al ruido que impregnó en la escuela, Kevin ignoró por completo el sonido de su pulsera, que se había vuelto más veloz. Al poner un pie afuera, se quedó helado, asombrado de ver esa “cosa” frente a sus ojos. Un monstruo, ese era un cannie.

    No era tan grande como lo había imaginado, pero lo demás era concorde a lo imaginado. Una especie de perro, tamaña de un labrador, su fisonomía era robusta, su color era café oscuro con nubes café claro, una enorme mandíbula, la boca era pequeña en comparación con sus filosos y largos dientes que siempre mostraba, su nariz era aún más pequeña en comparación con su boca y ojos, unos grandes ojos negros, tan negros que reflejaban lo que veían. Monstruosas patas con unas afiladas garras, que al verlas, a Kevin se le puso la piel de gallina.

    El cannie escuchó cuando Kevin salió del interior, porque en ese instante sus canicas negras lo miraban, insistente. El chico no se movió, estaba en blanco y paralizado. El cannie corrió hacia él. Unos metros para embestirlo cuando Kevin despertó, por decirlo así, al ver como a un par de metros, el monstruo se detuvo, ya que escuchó, como Kevin, un silbido, que le pertenecía a nadie más que a Nimi, quien estaba donde el cannie había roto la maya para entrar a la escuela.

    — ¡¿Pero qué te pasa?! —Gritó ésta al ver al joven ahí parado, en pleno peligro—. Muévete de allí, crío. Y tú… —apuntó al cannie. En su hombro derecho le colgaba una bolsa y de ésta sacó una especie de brazo metálico que se puso sobre su brazo izquierdo—… Ven a jugar conmigo —aplaudió como si de un perro se tratara.

    El cannie corrió hacia ella, haciendo caso de su invitación. Kevin no se fue de allí, se encontraba algo emocionado. Nunca había visto algo como eso y absolutamente nunca iba a verlo de nuevo, por ello aprovechó la situación y se quedó mirando. El cannie sujetó fuertemente el brazo metálico que Nimi le ofrecía mientras hacía extraños ruidos, parecidos a los de un gruñido pero diferentes. Luego, al ver que no logró hacerle nada, el monstro soltó el brazo.

    —Ven, ven —Nimi seguía con su juego, gritándole al cannie para provocarlo.

    Aún emocionado de ver aquello, Kevin se percató de que los bomberos estaban por llegar porque escuchó la sirena que los caracterizaba. Eso era un problema. Se preocupó pues sabía que ellos entrarían a las instalaciones del plantel y verían que todo había sido una farsa y no sólo eso, saldrían al patio trasero y verían la escalofriante escena que él presenciaba. Una mujer loca que toreaba a un monstruo, ¿algo más extraño? ¡No lo creía!

    —Nimi, las autoridades ya están aquí —informó al escuchar también las sirenas de los autos policías—. Nimi.

    —Ya escuché —dijo ella un poco fastidiada porque los aburridos humanos le estaban echando a perder su diversión. Ya no podría jugar más con ese “simpático” cannie.

    — ¡Nimi, si no haces algo…!

    — ¡Cuidado!

    El feroz cannie iba a saltar arriba de Kevin, pero la mujer, velozmente, ya al tanto de eso, se colocó frente al muchacho y con su puño golpeó el pecho del “animal”, quien, por el golpe, cayó al suelo lanzando un extraño y ahogado gemido de dolor.

    —Te dije que te fueras de aquí —le dijo la mujer algo molesta a Kevin.

    El chico, sorprendido y sin aliento por lo que pudo haberle pasado, corrió dentro del edificio para salir de la escuela, dejando en manos de Nimi la situación. Unos metros antes de llegar a la salida, los bomberos comenzaron a bajar del camión preparándolo todo y unos cuantos se adentraron al lugar; luego, la policía hizo lo mismo. Kevin se quedó afuero junto a los demás, viendo el espectáculo. Unos minutos después los hombres al servicio de la seguridad pública confirmaron que todo, al parecer, había sido una espantosa broma de algún delincuente juvenil; aun así, las clases se suspendieron por ese día. Kevin sentíase aliviado de ver que todo había salido bien. Parecía ser que Nimi había llevado al cannie a otro sitio o algo así, justo en el momento preciso. Se encaminó a su casa.

    “Espero que no esté batallando mucho”, pensó el muchacho al estar frente a la puerta de su casa. “Espero que le haya ido bien”.

    — ¡Hola, crío! —recibió el saludo de felicidad de Nimi en cuanto puso un pie en su hogar.

    — ¿Pero qué?... —se quedó con la boca abierta al verla frente a él—. ¿No estabas con el animal ese? —cuestionó perdido.

    La mujer caminó a la sala y muy cómoda se sentó en un sillón.

    — ¡Ah! Eso fue fácil. Sólo rocié un líquido en su nariz y ¡pum! Con eso estuvo para que cayera rendido.

    — ¡¿Qué?! ¿Entonces por qué no hiciste eso desde un principio?

    — ¿Por qué? Porque así no sería divertido —respondió a carcajada abierta. Ese momento a Kevin le desquició. Se acercó a ella.

    — ¿Sabes? Me preocupé mucho.

    — ¿Y quién manda que hagas eso?

    —Eres la peor.

    —Y tú divertido.

    Hubieran continuado con su discusión si no fuera porque escucharon la puerta principal abrirse y cerrarse.

    — ¡Ya estoy aquí, Kevin! —oyó la voz de su padre.

    Nimi se levantó rápidamente y saludó al hombre.

    —Bienvenido, jefe —dijo con vital energía, que a Kevin le resultó increíble. ¡Ya ni él tenía esa energía que era más joven que ella! —. ¿Qué tal le fue?

    —Mal, muy mal.

    “Qué novedad”, pensó Kevin.

    —No quieren ningún trabajo mío. Soy un asco. ¡No sé qué hacer!

    Se escuchó la risilla de Nimi.

    —No diga eso. Se le ocurrirá algo.

    Kevin iba a retirarse a su habitación cuando recordó algo.

    —Nimi, ¿dónde…?

    —No te preocupes —lo interrumpió—. Está en un lugar donde no causará daño alguno.

    —Tengo hambre —dijo el Sr. Ibarra—. ¿Sabes cocinar? —le preguntó a ella.

    —Claro.

    Así, terminó otro día para Kevin. Otro día que fue más extraño que el anterior. Ahora se preguntó cómo serían los días de ahora en adelante. Bueno, no quería preocuparse en vano, era mejor esperar a que pasaran.

    Espero les haya gustado. Es todo por ahora.

    Bye.
     
  11.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Aah, que buenn capítulo. Estuvo muy emocionante y veo que la relación de Kevin y Nimi mejora. Pero, ahora que ha regresado su padre, ¿seguirá siendo su niñera? Aunque noto que ya el padre de Kevin le dio trabajo de cocinera xD

    ¡Así que de esa manera son los cannies! Como perros grandes, con enormes garras destructivas y feroces mandíbulas llenas de filosos dientes. Wow, no me gustaría ser carnada xDD.

    Me encanta la actitud de Nimi, como muy despreocupada, lo que la hace de cierta manera cruel y hasta algo sádica, digo, en el sentido de que le encanta burlarse de Kevin xDD Hahaha, tienen bonita relación xDD

    Me encantó el capítulo y hasta se me hizo corto por lo emocionante que estuvo. Espero la conti. Cuídate xD
     
  12.  
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Ah, así son las cannies, eh. No, de hecho estoy igual que Marina, no me guataría estar frente a una de esas criaturitas tan.... ¿simpáticas? ¿En serio? Oh, ok, aunque también estaría igual que Kevin. Precenciar algo así, ¡no todos los días! Así que sí me hubiera quedado allí a mirar. Pero veo que él estuvo a punto de ser atacado, mejor se fue.

    Oh, es una buena pregunta esa de si en verdad Nimi podrá seguir siendo la niñera de Kevin. Su padre ya regresó. Y otra cosa, ¿qué tiene esa mujer en la cabeza? Es decir, ¿todos los extraterrestres son así de despreocupados? ¿En verdad no está preocupada por lo que esas bestias puedan hacerle a las personas? ¡Están rondando por las calles! ¡Qué tipa tan rara! Qué va, esta historia es rara de pies a cabeza.

    Pero es muy interesante, estoy impaciente por saber qué más parará con Kevin y Nimi y todo aquello. Espero el capítulo siguiente. No te demores.

    Hasta otra.
     
  13.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Hola, muchas gracias por sus comentarios. Bueno, aqui les dejo el siguiente capitulo. Disfrutenlo.

    Cap. V: “Una parte de la verdad”

    “Debido a que los cannie escaparon y huyeron a un planeta, he tomado una nave del Blipon y he salido a traerlos de vuelta”.

    Atte. La heroína de la historia XD

    Una vez terminó de leer la pequeña nota que había encontrado en la mesa, el hombre la arrugó con su mano derecha, molesto, enojado, furioso. Se dirigió a una joven mujer que parecía ser su fiel ayudante.

    —Esa mujer —dijo entre dientes—. ¿En qué rayos está pensando? ¿Cree que soy un tonto?

    Su ayudante permaneció callada, mejor eso a meterse en problemas. El hombre dirigió sus dedos índices a sus sienes e hizo presión en ellas con éstos.

    —No lo puedo creer, simplemente no puedo creerlo. Aley, ¿acaso quiere que piense eso? —Le mostró la bola de papel—. Cuando es imposible que los cannie abrieran sus jaulas, tomaran una nave y la programaran para que aterrizara en cierto lugar. ¡Aley! Quiero que me muestres las cámaras de la zona donde estaban los cannie.

    —Sí, señor —los dos se dirigieron a la sala de monitoreo a ver los vídeos reveladores.

    Denor es el capitán a cargo del comando del Blipon, la nave que utilizan para ir a diferentes planetas para transportar diferentes cosas y especímenes. Era un hombre de estatura promedia y cabello castaño claro.

    Aley era su ayudante, su secretaria, por decirlo así. Ha estado trabajando con él ocho años terrestres. De piel moreno claro y cabello oscuro. A simple vista se diría que odia su trabajo, pero al parecer no porque no lo ha dejado, aunque puede que realmente lo haga.

    La joven mujer tomó asiento frente a una enorme pantalla en la que había pantallas más pequeñas a cada lado, las encendió y empezó a mover el monitor hasta lograr ubicar el lugar que deseaban encontrar. Pulsó un botón y ante el acto todas las pantallas mostraron interferencia, indicando que las cámaras habían sido saboteadas. Giró la silla en la que estaba y miró a su jefe, que se encontraba detrás de ella.

    —No se muestra nada, parece que las desconectó. Mandaré a alguien a que las revise.

    Denor sujetó su barbilla y se la masajeó mientras se decía:

    —Dime, Nimi, ¿cuál es tu plan? ¿Qué ganas haciendo esto? —Empezó a molestarse al no imaginarse nada—. ¡Maldición! ¡Aley! —se dirigió a ella una vez terminó de dar la orden de verificar las cámaras—, ubica dónde cayo la nave que robó Nimichiminimi.

    Una vez más, la mujer hizo lo ordenado. Después de buscar por unos segundos, se mostró un radar donde, representada por un puntito rojo, la nave se movía poco a poco hasta llegar a cierto lugar y desaparecer.

    —El radar indica que el Hatton 7 se movió a las coordenadas del sistema solar 458, llegó a un punto donde la señal fue desactivada, indicando que entró a la atmósfera terrestre. La nave aterrizó en el planeta azul.

    — ¡¿Qué?! —Se sobresaltó al escuchar tal cosa—. ¿Al planeta azul? —su mirada se tornó preocupada—. ¿Qué piensa hacer allí? ¿Cuál es su plan? ¡Maldición! Tengo que ir a detenerla. ¡Tenemos que ir allá!

    Al decir lo último, salió disparado del cuarto de monitoreo hacia la sala principal, para poder dar la orden de cambiar el rumbo. Esto provocó que su secretaria, preocupada, se levantara de la silla y lo siguiera. El mayor había llegado a una enorme puerta que estaba a punto de abrir insertando un código, pero Aley le dio alcance y lo detuvo.

    —Espere, ¿qué va a hacer? No haga eso.

    —Tengo que detenerla, detener su malvado plan…

    — ¿Cuál plan?

    El hombre se sujetó la cabeza con las manos y exaltado, respondió:

    — ¡No lo sé! Pero no quiero saberlo cuando ocurra. Esa mujer está loca, no sé qué es lo que su retorcida mente está maquinando. Así que tenemos que detenerla.

    —Pero no puede hacerlo —la mujer intentó razonar con su mayor—. Si los de la Federación Universal se enteran lo retirarán de su cargo.

    Se quedó pensativo ante aquella posibilidad, la verdad no había pensado en eso.

    —Tienes razón, entonces yo solo iré por ella.

    — ¿Quiere decir que yo estaré a cargo? —preguntó la otra un tanto feliz por la idea.

    —No.

    — ¿No? —se desilusionó.

    —No, tú vas a ir conmigo.

    — ¿Qué? Está loco, no quiero meterme en problemas. Además, usted dijo que iría solo.

    —Solo, contigo —marcó el código y la puerta se abrió, cediéndole paso.

    — ¿Solo con alguien? Eso no tiene sentido —siguió a su jefe. Para su desgracia, una orden tenía que ser cumplida y más para una simple ayudante.

    La sala principal estaba compuesta por seis monitores y cada uno era manejado por un co-capitán. Denor se dirigió al co-capitán número cuatro, una bella mujer que llevaba trabajando diez años y que, después de Aley, era una de sus queridas amigas.

    —Co-capitana Berry, usted estará a cargo de la navegación del Blipon mientras esté ausente.

    — ¿Ausente? ¿A dónde irá?

    —A cumplir una importante misión y la señorita Aley irá conmigo. Así que dejo el trabajo en sus manos.

    Berry tan sólo asintió a la orden de su capitán.

    —Por favor, cuida muy bien de mi querido Blipon.

    Con esto, junto a su fiel secretaria, se dirigió a donde estaban las naves de excursión. Ambos se subieron a una. Aley se colocó en el monitor de mando y Denor se colocó unos lentes negros y unos guantes negros también, y empezó a mover su dedo a la altura de sus ojos. Los lentes eran especiales, ya que a través de éstos él podía ver una especie de pantalla y con los guantes podía mover las imágenes que en la pantalla se mostraban, cambiándolas hasta que encontró lo que buscaba. Agrandó la pantalla poniendo sus dedos índice y pulgar juntos hasta ir separándolos indicando algo grande. Silbó.

    —El planeta azul está a una gran distancia. Tardaremos días en llegar.

    —Sí —dijo ella al presionar algunos botones del monitor para encender la nave—. Un viaje largo.

    —Sólo espero que no sea demasiado tarde.

    La compuerta que conectaba el interior del Blipon y el espacio se abrió y así, la nave cuatro se dirigió a su nuevo destino: la tierra.

    En la tierra, Kevin estaba afuera de los módulos, pues era la hora del almuerzo, no obstante, él no estaba en la parte de atrás del edificio como todos los días, ya que unos trabajadores estaban quitando la maya pues, por alguna extraña razón que aún las autoridades desconocían, tenía un agujero enorme, como si alguien lo hubiese hecho para robar o algo. A pesar de que nunca antes había sucedido algo parecido, ahora no sólo pondrían una simple maya, sino que sería una pared, para evitar otro desagradable accidente.

    —Todavía me parece increíble el escándalo de ayer con la alarma de incendios —dijo Armando a su mejor amigo.

    Kevin no respondió nada ante el comentario, pues estaba pensando que si en su casa hubiera una alarma de fuego, indudablemente se hubiera escuchado el día anterior en la tarde, pues Nimi casi había incendiado toda la cocina de no haber sido porque su padre estaba allí con ella. Aun así, ¿quién cocinaría cuando ni siquiera sabe prender una estufa? ¡No! I siquiera sabía prender un simple encendedor. ¡Dios! Ni él ni su padre volverían a poner a Nimi a cocinar. Eso estaba bien claro.

    —… ¿Quién crees que fue el que la activó? —esa pregunta fue lo único que alcanzó a escuchar cuando dejó de prestarle más atención a sus pensamientos.

    —Un desesperado —fue lo único que dijo.

    Después de que el receso hubiese acabado, como todos los días, entraron a clases, terminaron y Armando y Kevin caminaron a la salida.

    — ¡Kevin!

    —Esa voz —dijo el joven Ibarra al reconocer a la persona y, precisamente, a unos metros de distancia se hallaba la dueña de la voz agitando los brazos en forma de saludo, para que la viera.

    —Kevin, ¿esa no es tu niñera? —le preguntó su amigo.

    —No la conozco —caminó mucho más rápido, en dirección contraria a donde estaba Nimi, para evitar encontrarse con ella.

    — ¡Kevin, estoy por acá!

    —Sí, lo sé, por eso voy por allá.

    Y su plan hubiese funcionado a la perfección, perdiéndola entre todos los alumnos de no haber sido porque escuchó que alguien lo llamaba y era nadie más que Melisa. No podía ignorar a la chica de sus sueños, así que se detuvo a su llamado.

    —Hola, Melisa.

    —Hola, sólo quería entregarte esto que se te cayó de la mochila —le entregó una pluma y él la tomó.

    —Gracias.

    —Bueno, nos vemos hasta mañana.

    —Hasta mañana.

    —Con que, esa es la chica que te gusta —mencionó Nimi una vez le dio alcance y la chica se hubo ido.

    —Nimi, ¿qué haces aquí? —inquirió el joven en tono enojado por no poder escaparse de ella y por haberse detenido por una pluma que resultó no ser de él. Aunque le agradó la idea de que Meli lo hizo para hablar con él.

    —Soy tu niñera, ¿no? —Obvió mientras colocaba su mano en su hombro—. Por eso me pagan; además, estaba desquiciada con esa odiosa máquina de pacotilla que no puede funcionar como es debido. Necesitaba u poco de aire —suspiró—. ¿Te cargo?

    — ¡No! No soy un bebé, puedo caminar.

    Ambos dirigieron sus pasos hacia el hogar Ibarra.

    —Dime —inició Kevin rompiendo el silencio que había entre los dos—. ¿Es muy difícil reparar esa máquina? Oh, espera, ahora que lo pienso, creo que dejarla en el garaje no es muy buena idea, puede que mi padre la descubra y no creo que responda de la misma manera que yo.

    —No te preocupes por eso —le dijo con una gran sonrisa—. Ya me adelanté, la puse donde tengo al cannie.

    —Es verdad, ¿qué es ese lugar?

    —Un lugar que encontré por causalidad.

    —Espero que ese monstruo no se escape y haga de la suyas —dijo Kevin en un suspiro.

    —Te digo que no te preocupes, todo está perfectamente calculado.

    Kevin se detuvo.

    —Por supuesto que me preocupo. Siempre pienso en qué es lo que pasaría si una de esas cosas sale a plena luz y devora todo a su paso.

    Nimi se colocó frente a él y colocó su mano sobre su cabeza, volviendo a repetir:

    —No te preocupes —por alguna razón, quizás por la manera tan convincente que ella pronunció las palabras, Kevin pareció relajarse. Ella estaba muy segura de lo que decía—. Además, íbamos a llevar a ocho cannies y sólo se escaparon siete —rió mientras seguía con su camino, muy divertida por su comentario.

    — ¿Siete? ¿Se te hacen pocos? —susurró el chico también comenzando a caminar. No pudo evitar reír pues sentía que Nimi tenía todo bajo control, aunque puede que sólo se veía así ya que realmente no sabía qué hacía. Bueno, por el momento no había pasado nada grave así que todo marchaba bien.

    Es todo por ahora, hasta la proxima.
     
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    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Eh! El capitan tiene razon, ahora que lo pienso bien. Es imposible que los cannies fuera por su cuenta a un planeta. No creo que sean tan inteligentes para eso. Entonces? Que ha pasado aqui? Nimi los dejo escapar a proposito? El capitan dice que Nimi tiene un plan, pero sera verdad? Y si si, que clase de plan? Ah... no se por que siento que el capitan le tiene un extranio miedo a Nimi, jejeje, ok, si, se que en verdad esta loquita, pero tanto asi? Hum, habra que ver que pasara con el capitan y su fiel ayudante XD

    Ah, asi que no importara que el padre de Kevin estuviera de regreso ya que Nimi sigue siendo su niniera, jejeje, que simpatico que quiera cargarlo todo el rato XD Oh, pero una niniera que no sabe cocinar? Eso es raro, no? Pero bueno. Eso de que Kevin se preocupe por los cannies es comprensible, hasta yo. Pero si Nimi dice que todo esta bien, entonces todo esta bien... No! No se supone que ella los dejo escapar? Ya no se que pensar! Espero ansiosa la siguiente actualizacion.

    Hasta otra.
     
  15.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

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    Oooh, qué capítulo tan genial, me gustó mucho con la implicación de estos otros personajes. La situación sucedida con los cannies también se me hace sospechosa. Además, cuando el capitán deseó ver lo sucedido por medio de las cámaras, no pudo hacerlo porque "alguien" las aniquiló y ese "alguien" ¿quién es? ¿Acaso Nimi tiene un plan diabólico con respecto a la tierra? Porque sólamente ella sabe de la huída de los cannies a ese planeta azul... ¿Y cómo es eso que precisamente los cannies pudieron trazar una trayectoria a la tierra? ¡¡Todo es sospechoso!!

    Tengo algunas dudas ya con respecto a esta historia. Hasta aquí, ya se mencionaron algunos planetas. El del miniprólogo, ese planeta llamado RAC, el de Nimi y el mío xDD La tierra. Pero aún no logro ver qué tiene que ver ese planeta extinto, el planeta RAC. ¿De allí eran los cannies? Aah, creo que volveré a leer la historia de nuevo. ¿O el enemigo, (porque todavía no me convence que Nimi sea el enemigo, aunque ahora las pruebas la acusan) es de RAC? ¿Pero cómo si todo fue exterminado? ¿O no?

    owo, muchas dudas. ¡Exijo conti!

    Saludos, excelente capítulo xD
     
  16.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

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    Hola a todos. De nuevo por aquí dejando por fin el siguiente capitulo. Disfrútenlo.


    Cap. VI: “Cuidado con quién te metes”
    Un niño estaba acuclillado en el selo, de espaldas, mientras miraba extrañas flores moradas; giró su cabeza y con una gran sonrisa en su pálido rostro dijo:

    Mira que bonitas flores.

    Gray…

    Nimi abrió los ojos y vio el cuarto iluminado por los primeros rayos del sol.

    —Ya es de día —se dijo levantándose de la cama del padre de Kevin.

    Solía dormir en la sala, pero el señor de la casa, desde que había llegado, dormía en el sillón, así que ella debía dormir en su cama. Bajó al segundo piso. Ese día había despertado un poco tarde a lo acostumbrado ya que Kevin ya estaba en la escuela. Se asomó a la sala y no encontró a nadie, es más, aún estaba doblada la cobija que la noche anterior Kevin le había traído a su padre. Se encaminó ahora a la habitación de trabajo y descubrió al hombre sentado frente a su laptop como el día anterior, cansado.

    —Jefe, ¿no ha dormido? Se ve horrible, debería descansar un poco.

    — ¿Hm? No, aún no.

    —Ha de tener hambre, le cocinaré algo —iba a dirigirse a la cocina, pero el hombre se levantó de su asiento y con el brazo extendido le dijo, apurado:

    — ¡No! No te preocupes, yo lo haré.

    —No, no, yo lo haré.

    —En serio —insistió él acercándose a la puerta para ir a la cocina—, yo lo haré, no te preocupes. Además, soy un hombre mayor, puedo hacerme algo de comer.

    —Como quiera —lo vio ir a la cocina—. Entonces yo iré a… hacer cosas normales como pasear y esas cosas.

    -N-

    —Claro que sí, muchas gracias —dijo una mujer de cabello castaño claro despidiéndose del hombre de la mudanza.

    Ella, junto a su esposo y su pequeña hija, se había mudado a esa ciudad. La niña, que era la viva imagen de su madre, abrió la puerta de su nueva casa para salir al patio trasero, que era muy grande y estaba arreglado con diversidad de plantas y árboles.

    —Ivonne —la llamó la madre desde adentro acomodado unas cajas—, no te alejes mucho.

    —No mami —respondió la niña quien ya corría por todo el patio, divertida.

    Después de unos minutos de andar de acá para allá, la niña escuchó un ruido de entre unos arbustos. Curiosa, se acercó poco a poco y, con mucho batallar, atravesó los arbustos, caminó un poco más y se detuvo sorprendida cuando vio a un extraño animal que nunca antes había visto en su corta vida. La extraña criatura se acercó a la niña y la miró fijamente con sus negros ojos; la reacción de la pequeña fue de correr dentro de la casa y, algo asustada, se aferró a la pierna de su madre, quien hablaba por teléfono.

    —Mami, mami, hay un feo perro afuera, mami.

    —Espera, hija —tapó la bocina del aparato—, estoy hablando con papi, deja a mami acabar de hablar con él.

    Ivonne apuntó afuera.

    —Pero mami, es un perro grande y está feo.

    —Está bien —destapó la bocina y habló por ella—. Querido, te hablo después, tengo que llamar a alguien… De acuerdo. Te amo, adiós.

    Colgó y marcó otros números. Casi enseguida de llamar al departamento de control animal, una furgoneta se detuvo frente a la casa. Las dos no habían salido al patrio por seguridad. Se escuchó el timbre y la señora abrió la puerta.

    —Muy buenos días —saludó Nimi animada y con una sonrisa en el rostro—. Ya estoy aquí, ¿dónde está el perrito malo?

    — ¿Usted es del control animal?

    —Es verdad, sí, soy yo la que le quitará el problema. ¿Usted ha visto al perrito?

    —La verdad no, mi hija y yo quisimos esperar aquí.

    —Pues han hecho muy bien, debido a que ese es un horrible animal, ¿cierto? —se hincó para quedar a la estatura de la péquela, que sólo afirmó con la cabeza. Nimi se irguió para seguir hablando con la señora—: Le recomiendo que pase lo que pase, oiga lo que oiga, se quede aquí. Yo le haré saber cuando el lindo animalito sea capturado, ¿de acuerdo?

    —Está bien.

    Con eso, la de “control de animales” se dirigió al patio trasero a hacer su trabajo.

    -N-

    —Dígame lo que vio— ordenó un oficial a uno que trabajaba en la fundación de control de animales.

    Por lo visto, alguien había ponchado las llantas de los vehículos de la fundación. ¿Por diversión? ¿Venganza? ¿Sin alguna razón? La verdad, este oficial no lo sabía, era algo raro, nunca había pasado algo como eso. En cierta manera, esa situación le parecía graciosa, pero no, tenía que ponerse serio.

    —Está loco —se metió a la conversación otro hombre que al parecer había escuchado todo—. ¿Usted cree? Dice que fue una mujer de cabello verde —al decir el color de cabello se le notaron las ganas de reír—. Y dice que luego esa mujer se llevó un auto.

    — ¿Una mujer de cabello verde? —preguntó el oficial un poco incrédulo.

    —Es verdad, es un poco extraño, pero tal vez ella esté en alguna banda e hizo eso para molestar, no lo sé, pero de que se robó una camioneta, es cierto.

    —Entiendo —comentó el hombre de traje, enseguida observó su alrededor y distinguió una cámara de seguridad en el poste del otro lado de la calle—. Espere aquí, voy a ver al gerente de la tienda de enfrente.

    Con eso, se dirigió al otro negocio. Una vez habló del caso, él, el gerente y otro chico, se dirigieron a los monitores para activar la cámara y ver lo que realmente había sucedido. Un plan ingenioso. La persona que había inventado las cámaras de seguridad, en estos casos, era la mejor.

    —Es extraño que algo como eso sucediera —mencionó el gerente de la tienda para romper el silencio—. Ponchar los neumáticos de todos los vehículos excepto uno. Lo mires por donde lo mires, es realmente inusual, ¿no creen? —el hombre no aguantó más y carcajeó.

    Los tres hombres que se encontraban en el cuarto se quedaron sorprendidos al ver lo que había aparecido en las pantallas. No era algo poco común como ver a una mujer robarse un camión ni una banda de locos que desinfló las llanas de los demás autos. Lo que vieron fue simplemente una pantalla gris con pequeños puntitos negros que hacía un ruido infernal; en pocas palabras, sólo vieron interferencia. Las cámaras fueron dañadas.

    — ¿Pero qué…? —el oficial no pudo completar la frase ante su asombro.

    ¿Con qué clase de persona se estaba metiendo? Pensó detenidamente. La persona esa se había puesto alguna peluca para distraer a los demás. ¿Quién podría fijarse en el rostro de alguien cuando la atención se dirige al cabello verde? Era inteligente, eso debía reconocerlo el oficial, pero la pregunta que retumbaba en su cabeza sin dejarlo en paz era: ¿Cuáles eran las intenciones de usar un vehículo del control animal? La respuesta le vino en mente tan rápido como un relámpago. ¡Plan con maña! Hacer un crimen con un auto robado y, quién sabe, dejarlo por ahí y perdérsele la pista, no pudiendo localizarla más.

    No podía fiarse de esa camioneta robada, así que por el momento sólo tenía dos pistas: Una, esa mujer y dos, que tenía pelo verde; pero si esta última se trataba de una peluca no podría detenerla a menos que alguien la viera y la denunciara, una gran desventaja. Darío Guerra un oficial de la policía local había trabajado más de cinco años allí. Era alto, cabello rubio y ojos de un color verde agua. Era uno de los mejores oficiales y ese caso le interesó mucho.

    -N-

    Nimi, aún en el patio de la señora, ya había atrapado al cannie. No había batallado mucho en capturarlo. Parecía ser que el animal había comido algo que le había hecho daño, porque al ver anteriormente a la niña no hizo nada ni cuando Nimi fue a verlo, por lo que ella se sintió un poco decepcionada ya que quería divertirse con el cannie, pero en esas condiciones era imposible. Bueno, de cualquier manera, lo durmió, lo clocó cuidadosamente en un costal y sin dificultad, claro con mucho cuidado también, se lo colocó en la espalda. Se acercó a la puerta.

    —Bien, mi trabajo aquí ha terminado —le informó a la señora que aún acomodaba varias cajas.

    —Eso fue rápido.

    —Sí, es que soy una experta. Espero que este lindo animalito esté un lugar mejor —mostró el costal.

    —Ese es…

    —Nos vemos.

    Sin más cruzó la puerta de salida, se trepó a la camioneta, una vez dejó el costal en la parte trasera y se fue, dejando a la señora un poco preocupada. Por alguna extraña razón, sentía lástima por el animal.

    —Van dos, quedan cinco —se dijo Nimi mientras se miraba por el espejo retrovisor y se colocaba la peluca. Luego se dirigió a devolver la camioneta cuando llevó a cannie con el otro.

    -N-

    Kevin había llegado de la escuela y como de costumbre, se sentó en el sillón para ver la televisión; además, Nimi no estaba, lo que lo extrañó porque no fue a recogerlo como ayer ya que había dicho que siempre iba a ir por él. Su padre estaba en la sala de trabajo y a él, por ser fin de semana, no le habían dejado tarea así que aprovechó ese momento de paz para relajarse y ver la televisión, algo no que había hecho desde hacía… tres días. De acuerdo, exageraba, pero vivir con una extraterrestre hacía ver que ya llevaba viviendo un año con ellos. Hizo funcionar la tele y comenzó a cambiar de canal hasta que encontró un programa de su agrado. Las noticias locales. No es que a él le gustara ver eso, le aburría mucho para ser sinceros; pero algo había llamado su atención, lo que una mujer estaba diciendo:

    “…Así es, es poco común este caso. Se dice que en la fundación de control de animales una mujer de pelo verde robó una camioneta y eso no es todo, la camioneta fue devuelta. Esto ha hecho que…”

    “Nimi”, pensó Kevin. ¿Cómo era posible que estando fuera de la casa, fuera del alcance de él, ella lograra hacer que se preocupara? “¿En qué piensas?” Rápidamente cambió el canal al escuchar a su padre.

    —Hijo, ¿no ha llegado Nimi? Es raro, en la mañana se fue y no ha regresado. ¿Crees que nos dejó?

    “Eso quisiera”, pensó el muchacho.

    —Tal vez fue a comprar algo y se perdió.

    —No creo que se haya perdido, Kevin. Tal vez fue a visitar a algún familiar.

    —O tal vez tuvo un accidente.

    —O tal vez se encontró con un amigo en la calle.

    —O tal vez la metieron a la cárcel… o la meterán —lo último lo dijo en un susurro.

    —No importa, realmente —dijo el hombre volviendo a la sala de trabajo—. En tanto no le haya pasado algo grave y nos hable o algo así.

    -N-

    El oficial Darío entró a la sala de los policías y se dirigió a la oficina de su comandante, lanzándole una libreta que cayó en el escritorio.

    — ¿Y esto? —lo tomó y empezó a leerlo.

    —Son los informes que acabo de escuchar sobre el caso.

    — ¿Hablas de lo que sucedió en la fundación? Es verdad, es algo inusual, pero la camioneta fue devuelta y al parecer fue una simple broma.

    —Aun así, debemos detener a la mujer que hizo esto. Es posible que tenga cómplices. Es imposible que ella desinflara todos los automáticos ella sola. Es mejor detenerlo antes de que vuelvan a hacer otra de esas “bromas”.

    —Guerra, ¿a caso piensas detener a todas la mujeres de cabello verde? ¿Sabes cuántas bandas punk hay en este sitio?

    —Es verdad, pero hay que intentar resolver este caso.

    —No lo considero un caso grave, pero ya que estás obsesionado con eso, haz lo que quieras, pero no hagas que esto te quite el sueño, te quiero al cien.

    -N-

    Kevin, una vez hubo comido se fue a su recámara. Se encontraba un poco preocupado por Nimi. Su padre había dicho que desde la mañana había salido y todavía no regresaba. Sí, ella era una mujer grande como para hacer una locura; pero se trataba de Nimi, una alienígena que no sabía las reglas de la tierra. Además, Kevin no tenía ni la más mínima idea de lo que pasaba en su cabeza. ¿A quién se le ocurriría llevarse una camioneta? ¿A caso estaba loca? Pero qué demonios, ¡claro que estaba loca! Y eso él lo sabía muy bien. En verdad que era buena haciendo preocupar a la gente.

    Una vez en su cuarto, Kevin se asomó a la ventana para poder salir por su escape, pero al recorrer la cortina se sobresaltó e incluso pegó un gritito, pues vio a su niñera afuera, sobre el tejado. Ella tocó el vidrio.

    — ¿A dónde ibas, crío?

    El joven abrió la ventana.

    —No me asustes —pidió—, ¿qué estás haciendo aquí?

    Estaba claro, no sabía qué pasaba por su mente.

    — ¿Sabes? Estoy súper aburrida, por eso estoy aquí —entró al cuarto del muchacho—. Acabo de encontrarme otro cannie, pero este fue fácil de atrapar, no hizo ninguna resistencia y tampoco quiso jugar conmigo —lo último lo dijo en tono triste—. Hazme un favor…

    — ¡No! —se adelantó sin pensarlo dos veces. Fuera lo que fuera lo que tendría que pedirle, no sería algo bonito.

    —Anda, vamos, no te comportes como un crío. Y ni me dejaste explicarte de qué se trata. Lo único que quería era que salieras.

    — ¿Salir?

    —Así es, es que no me sirves…

    —Oh, ya veo, sólo soy una herramienta —le dio la espalda a Nimi para salir de su cuarto.

    —No te lo tomes tan a pecho, me refiero a que salgas a la calle, que pasees, te diviertas con tus amigos de la escuela y que no te quedes aquí amargándote solo en tu habitación, escapando por la ventana. Eso déjalo para cuando tengas novia.

    —Eso o para buscar cannie —le casi gritó el joven, pues ya estaba bajando las escaleras. Nimi lo siguió.

    —Eso de paso. ¡Estoy aburrida!

    — ¿Por qué no vas a arreglar tu nave?

    —Es igual de aburrido, no se quiere arreglar.

    —No creo que la máquina se arregle sola —después de hacer el comentario se quedó pensativo un momento—. Bueno, a lo mejor si tienen esa tecnología.

    —Pero esa máquina no —después de estar triste su puso enseguida feliz al recordar algo—. Bueno, por el momento esperaré —se tumbó en el sillón—. ¡Jefe, ya estoy en casa!

    —David, se llama David, dile así, que lo llames jefe… hm, bueno, no creo que le quede.

    — ¿Sr. David? —lo pesó un poco, luego hizo un sonido con la boca, indicando que la idea no le pareció—. Mejor sigo diciéndole jefe.

    —Como quieras —se sentó a un lado de ella y prendió la tele.

    —Kevin —lo nombro seria, luego sonrió—. ¿Salí en la tele?

    Bueno, eso es todo por hoy. Hasta la próxima.
     
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    Borealis Spiral

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    Jejeje, este capitulo tambien estuvo muy divertido. Lo de las llantas fue genial, vaya, en verdad que Nimi es extrania, mira que hacer todo eso para poder tomar una camioneta y hacerse pasar por la de "control animal", jejeje. Pero debo adminit que fue ingenioso ya que asi pudo capturar al otro cannie.

    Oh, aqui lo unico malo seria que ese oficial policiaco va a estar detras de ella O_O Podria descrubir su procedencia? No creo que eso sea bueno para ella. Habra que ver.

    Hasta que se nombro al papa de Kevin, yo hasta crei que se llamaba senior de la casa, jejeje, pero no se llama David, ah, me encanta ese nombre e insisto, Nimi es rara, mucho muy rara, pobre de Kevin lo comprendo, creo que morira joven por esos sustos y preocupaciones. Espero ansiosa el siguiente capitulo.

    Hasta otra.

    P.D. Lo de al principio me trajo algunas dudas. Quien es el ninio ese? Lo sonio Nimi? O era como mera introduccion del capi?:confused:
     
  18.  
    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    owo, yo también me quedé intrigada con ese niño. ¿Fue un sueño de Nimi? ¿Ese niño está relacionado con ella? También me extrañó que no se dijera como fue que Nimi supo que había un cannie en esa casa de la familia recién llegada. Ahora, bien, es interesante como es que la historia comienza a complicarse en el sentido de que Nimi puede correr peligro bajo la mira de ese agente policiaco, quien al parecer ha quedado cautivo por el caso de la camioneta robada y los neumáticos ponchados, pero tiene razón, ¿a quien se le ocurre robar una camioneta del la agencia de control de animales y después devolverla? Además de las cámaras de seguiridad. ¿Cómo daña Nime las cámaras? ´Tiene algun arma que utiliza para afectarlas? Si, ya sé que cuenta con avanzada tecnología, pero me gustaría saber cómo es que funciona xDDD Oh, está bien, quizás más adelante, por lo mientras, esta historia se pone más interesante, ya quiero leer el siguiente capítulo, así que:

    ¡¡Conti!! xD Buen capítulo xD. Saludos.
     
  19.  
    Kay Greenwish

    Kay Greenwish Let's go home Comentarista empedernido

    Leo
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    Mi Niñera
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    Hola a todos, aquí dejando el siguiente capitulo de esta historia que disfruto mucho escribiendo xD

    Cap. VII: “Un invitado no deseado”
    Los alumnos del salón 1-B estaban ansiosos de que el timbre de salida sonara, tan sólo quince minutos más. La última clase era de Biología, impartida por la maestra Teresa. La mujer observó a los chicos y los notó algo desanimados debido al horario de su clase y eso que apenas empezaba la semana.

    —Chicos, por último les voy a dejar un trabajo para dentro de tres días. Es una pequeña exposición acerca de lo que vimos aquí: La biodiversidad. Serán equipos de a tres.

    Al escuchar la parte final, los estudiantes se levantaron con la intención de conformar sus equipos. Les gustaba mucho esa clase de trabajos porque pasaban un rato agradable con sus amigos y podían repartirse el trabajo, aunque algunos lo hacían más por conveniencia. Armando ya estaba dirigiéndose al asiento de su amigo.

    —Esperen —tomó la palabra la profesora—. Yo haré los equipos, así que tomen asiento, por favor.

    Ante esto, el salón completo dejó escapar una exhalación de inconformidad y una que otra queja.

    —Pero maestra… —se escuchó la voz de Armando, totalmente inconforme. Observó a Kevin y éste se limitó a encogerse de hombros.

    Teresa comenzó a formar los equipos y Kevin, como muchos de sus compañeros, no prestó mucha atención a los demás nombres, sólo al suyo.

    —…El siguiente será: Arturo, Kevin y Melisa…

    “¡Me tocó con Melisa!” Kevin se puso sumamente feliz con la idea.

    Ya en la salida caminando hacia la puerta de salida.

    —Me gustó eso de que la maestra hiciera los equipos.

    — ¿En serio? —inquirió Armando no muy contento—. A mí no me parece. Me tocó con los hermanos Padilla, ¿algo peor? ¡No lo creo!

    Como si sus palabras fueran mágicas, como si los hubieran invocado, los hermanos nombrados aparecieron.

    —Hola, amigo —dijo uno de ellos pasando su brazo por los hombros de Armando, él otro sólo caminó—. ¿Listo para empezar el proyecto?

    —Por fin vamos a sacar un diez, hermano.

    —Así es, nos tocó con el intelectual.

    Armando le pidió ayuda a Kevin moviendo los labios sin soltar palabra.

    —Vámonos, Juano.

    —Es Armando —y sin más se lo llevaron.

    Kevin vio alejarse al trío mientras él se quedaba allí, un tanto divertido por la escena que acaba de presenciar. Luego se encontró con Meli y ella le preguntó que si podía ir a su casa después de clases por lo de la exposición. Sin titubear ni una vez Kevin accedió. El joven Ibarra estaba en verdad contento; era verdad eso que se dice de que después de la frustración llega la felicidad o algo así. Después de eso siguió su camino a la entrada principal y como siempre, desde que había conocido a Nimi, ésta lo esperaba frente a la puerta. Él ya se había acostumbrado a verla, aunque en verdad le costó hacerlo.

    — ¿Sabes qué he estado pensando? —Mencionó la mujer en tanto caminaban a casa—. En ir a vacacionar por allí, a salir un rato de este lugar un tiempo, ¿qué te parece? Solos tú, tu padre y yo.

    — ¿En serio has estado pensando eso? ¿No crees que en vez de eso deberías pensar en reparar tu nave?

    —Oye, ya me quieres correr, ¿cierto? Siempre tienes que meter ese tema.

    —Aún faltan unos días para salir de vacaciones y hoy pienso ir a la casa de Melisa.

    — ¡Oh, bueno! Tenía planeado ir a reparar la máquina, pero bueno, otro día será. Vamos a la casa de Meli.

    — ¡Espera, espera! —Kevin se detuvo intentando procesar lo que acaba de oír—. ¿Vas a ir? ¿Y quién te invitó?

    — ¿Cómo que quién? Soy tu niñera, no lo olvides.

    —Pero no necesito que vayas conmigo a todos lados.

    —No te preocupes por mí.

    — ¿Quién está preocupado? ¿Me estás escuchando? ¡Nimi!

    La mujer comenzó a alejarse de Kevin, quien no tuvo más opción que ir tras ella. El chico llegó a su casa, cansado de correr tanto. Nunca alcanzaba a Nimi. Esa mujer tenía una condición de acero, muy resistente. Esa fuerza y esa agilidad a Kevin le daban miedo.

    —Hi, joven, por fin llegas —le dijo Nimi muy cómoda sentada en el sillón con los pies en la mesita que adornaba el medio de la sala.

    —Baja los pies de allí, eso no es un escabel —pidió Kevin en un tono de regaño, luego se encaminó al cuarto de trabajo para decirle a su padre que ya estaba en casa y que iría a hacer un trabajo escolar, pero no lo vio.

    —Oh, es verdad. El jefe salió para algo de su negocio y dijo que iba a llegar tarde.

    — ¿Qué se le puede hacer? Bueno, me voy ahora a la casa de Melisa.

    — ¿Ya? ¿Viniste sólo a avisar a tu papá?

    Kevin no respondió.

    — ¿Nos vamos?

    Kevin y Nimi estaban sentados en la sala de la casa Prados. Una hermosa mujer los había recibido, seguramente se trataba de la madre de Melisa porque vaya que era idéntica a ella. Los genes. La señora, muy amable por cierto, les llevo un par de vasos con agua mientras esperaban a la joven Prados, pues había ido a su alcoba por algunos plumones para empezar con el trabajo hecho en cartulina.

    —Entonces me decías que ella es tu niñera —dijo la señora entregando los vasos.

    —Gracias, así es, ella es mi niñera.

    —Es un poco raro que un chico de tu edad tenga una.

    —Lo que sucede es que el señor David, el padre de Kevin, lo quiere tanto que me pidió que siempre lo cuidara, ¿cierto? —Notificó Nimi muy sonriente mirando a Kevin, quien, de la vergüenza, no pudo contestar nada—. Además, el muchachito me quiere tanto que no puedo despegarme de él, lloraría…

    —No exageres.

    —…Por eso me quedaré con él. Bueno —se levantó del sillón—, muchas gracias por su hospitalidad, pero me tengo que irme.

    — ¿No dijiste que te ibas a quedar conmigo? —preguntó Kevin algo confundido. Nimi lo abrazó.

    — ¿Ve? Lloraría.

    La señora sonreía por esa escena tan tierna. Se veía que se apreciaban muchísimo y que se caían muy bien. Casi podía decirse que eran como hermanos o madre e hijo. No obstante, Kevin se sintió un poco engañado. ¿Plan con maña?

    —Siento mucho la espera —dijo Meli en cuanto regresó.

    —Bueno, los dejo en paz —dijo la señora—. Si se les ofrece algo estaré en la cocina.

    Melisa tomó asiento en el sillón de una sola persona una vez dejó todo el material en la mesa que estaba allí.

    —Arturo aún no llega —dijo la chica mirando el reloj que se encontraba colgado en la pared—. Vamos a tener que empezar sin él, de cualquier modo, si no llega, le dejaremos trabajo para que lo haga después.

    —Sí —estuvo de acuerdo el chico.

    —Manos a la obra.

    —Bueno, yo también los dejo.

    — ¿Te vas? —indagó Kevin extrañado. ¿A caso no era broma lo anterior?

    —Tengo cosas que hacer. Nos vemos, crío, no llegues tarde a casa.

    —Ok.

    —Se ve que es una buena persona —mencionó Meli una vez Nimi se hubo retirado.

    —No vives con ella —fue el único comentario de Kevin.

    -N-

    Se procuró que la nave de excursión aterrizara en un lugar no habitado, para sí no sorprender, alertar o atemorizar a los terrícolas. Así que el lugar fueron las afueras del pueblo.

    —Lo siento mucho, pero no puedo ver —dijo Denor tapándose los ojos con sus manos—. No quiero ver, no quiero ver la destrucción que hizo esa mujer.

    —Señor —lo llamó su secretaria mientras abría las puertas del Hatton cuatro—, abra los ojos, por favor. Todo se ve tal y como debe verse. Todo en orden.

    — ¿En serio? —preguntó con un tanto de duda todavía. Retiró las manos de su rostro, aunque aún mantenía los ojos tras los párpados.

    —Oh, señor, antes de que…

    — ¡Oh, por Dios! ¡Mis ojos! ¡Me quemo!

    —…abra los ojos póngase esto —concluyó, un poco tarde como pueden imaginarse—. Aquí los rayos del sol son más fuertes.

    —Es verdad, se me olvidó por completo.

    Denor estaba muy contento de verificar que todo estaba bien. Seguramente allí estaba la gente paseando de aquí para allá, todos los pueblerinos haciendo sus vidas. Los dos llegaron al centro del pueblo Harton. Denor Inhaló profundamente respirando el aire a lo más.

    —Qué hermoso planeta, ¿no lo crees?

    —Es idéntico a Aurón.

    —Sí, pero este es un maravilloso lugar. Mira que es el único planeta del universo que tiene más de trescientos idiomas oficiales y más usados, eso sin contar los miles de dialectos. Si uno quiere venir vacacionar aquí tiene que aprender todas estas lenguas. ¿No es increíble? Yo sólo sé hablar trece. Este lugar es interesante…

    —Tal vez por lo mismo vino Nimi, ¿no?

    — ¿Eh? No lo creo, yo lo dudo —se puso serio—. Ella está tramando algo, de eso estoy seguro. Vamos a buscarla, ¿por dónde empezamos?

    —El lugar es extenso, puede estar en cualquier sitio.

    El capitán se colocó los lentes oscuros, y un tanto molesto, informó:

    —Por desgracia la señal no llega aquí a la tierra —se quitó los lentes—. Si no, sólo la buscaríamos por radar. ¡Ya qué! Tendremos que buscarla a la antigua. ¿Usted ha visto a Nimi? —le preguntó a un hombre que pasó por allí.

    —No.

    —No creo que la conozcan —razonó la mujer—. Es mejor buscarla por nuestra cuenta o empezar a buscar en los lugares que más le gustan.

    El hombre se quedó pensando.

    — ¿Un lugar que le guste? ¿Una florería? ¿Un lugar? ¿Un lugar?

    —Bueno, si aterrizó en este pueblo no creo que sea muy difícil encontrarla. A menos que se haya ido a otro lugar.

    — ¿Por qué aterrizaría en este lugar específicamente? —Se preguntó el mayor—. Tal vez… sólo tal vez… podría ser que… no tengo ni la más mínima idea.

    Aley tan sólo lo miró. No podía creer la actitud tan extraña de su jefe. Todavía no se acostumbraba a ella a pesar del largo tiempo que llevaba trabajando para él. Era el jefe más extraño que había tenido y esperaba fuera el único.

    — ¿Sabe qué? —Siguió la morenita—. Si ella todavía tiene la pulsera de corta distancia podríamos ubicarla con eso.

    —Es cierto. ¡Aley, eres increíble! Cada día me sorprendes más. Vamos.

    “Yo cada día me sorprendo más de usted”, pensó la mujer.

    —Sólo espero que no se haya deshecho de ella —comentó un poco intranquilo, porque si así era ya no tendrían nada para encontrarla. Era verdad, cayó en ese pueblo, pero tardarían días en encontrarla y era urgente tenerla enfrente de ellos, ya.

    —Pues si ella no quiere ser encontrada lo más seguro es que sí. Pero no hay que ser negativos.

    Ambos comenzaron a moverse, caminando de aquí a allá. Del sur del pueblo al norte. Ya habían transcurrido un par de horas desde su búsqueda y para desgracia del mayor, no había ninguna señal de la pulsera. Esa pulsera funcionaba de la siguiente manera: cada explorador debía contar con una de éstas, casi de por ley, si uno de ellos perdía la comunicación con los demás, éstos iban y lo buscaban y al estar a algunos metros de distancia la pulsera lanzar un pitido y conforme se acercaban más y más el sonido se hacía más rápido y constante hasta que se presionaba el botón azul que servía para cortar la señal. La pulsera también funcionaba para comunicarse con los demás como una especie de radio.

    —Espera —Denor se detuvo y detuvo también a Aley —creo que escuché algo.

    Efectivamente, el sonido que había estado esperando se oyó.

    —Por aquí —dijo apuntando cierta dirección.

    -N-

    Kevin tenía mucha hambre. La madre de Melisa, quien en verdad era una persona amable, invitó tanto a él como a Arturo a comer. Su compañero aceptó, pero él no. La verdad era que el daba algo de pena, además de que no quería estar mucho tiempo fuera por si su padre llegaba; aunque, pensándolo bien, tal vez ni notaría que no estaba. Bueno, pero le prometió a Nimi que no tardaría; aunque, pensándolo bien, tal vez ella ni estuviera en casa. ¡Maldición! ¿Por qué no aceptó mejor? ¿Qué haría solo en casa? ¿Ver televisión? Una vida solitaria. De cualquier manera, se alegró un poco. Ya estaba adaptándose a su nueva vida. Se detuvo en seco cuando escuchó el mismo sonido que había escuchado por primera vez aquel día que vio al cannie. De nuevo se repetiría la escena. La reacción más pronta que tuvo fue la de correr a su casa, que ya no le quedaba lejos, unos metros. Y deseo profundamente que Nimi estuviera en casa.

    — ¡Nimi! ¡Nimi, Nimi! ¿Estás aquí? —Empezó a correr por toda la casa, desesperado

    — ¿Y esos gritos? —Oyó la vos de su padre—. Estamos en la cocina.

    — ¿En la cocina? —Se adentró a ésta. Nimi y su padre estaban sentados frente a la mesa en donde había comida, claro, comida a domicilio—. ¿Y esta comida?

    —Nimi la trajo —informó el señor.

    —Es correcto, así que ven y siéntate, crío.

    — ¿Qué es ese ruido? —inquirió David extrañado.

    —Es verdad —a Kevin ya se le había olvidado a lo que realmente iba. Le enseñó la pulsera a su niñera.

    —Oh, presiona el botón azul —dijo mientras se levantaba de la silla y se acercaba al chico.

    Kevin hizo lo sugerido y al mismo tiempo se escuchó que alguien tocaba la puerta. Rápidamente, Nimi va a abrir, Kevin la sigue. Una vez Nimi estuvo frente a la puerta, la abrió encontrándose, del otro lado, a nada más y nada menos que a Denor y Aley. Nimi se sorprendió mucho y luego sonrió.

    — ¡Hola! Cuánto tiempo sin verte, Aley —tomó las manos de la mujer—. Pasa, pasa.

    — ¿Eh?

    La morena entró un poco confundida, después Nimi cerró la puerta en las narices del mayor. Ignorado por completo, éste se enfurece ante el recibimiento y tocó la puerta con mucha más fuerza.

    — ¡Nimi! ¡Abre ahora! ¡No finjas que no me viste! ¡Abre mujer! ¡Abre, Nimi!

    La puerta se abrió apenas lo suficiente como para que los dos pudieran mirarse a través de una rendija.

    — ¿Estabas aquí? —preguntó ella en tono sarcástico.

    —Nimi, ¡qué simpática! —respondió con el mismo tono.

    Bueno, es todo por hoy. Hasta la próxima.
     
  20.  
    Borealis Spiral

    Borealis Spiral Fanático Comentarista destacado

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    Ah, jajaja me ha encantado el capitulo. Ha sido super divertido, eh. Oh, no puede ser. Nimi me sorprende cada dia mas y mas. Mira que ir a la casa de Meli con Kevin por lo del proyecto. No se por que siento que fue nada mas para avergonzar al muchacho. Y como no? En verdad que tener niniera a esa edad es como que... poco usual, je. Menos mal que la mama de Meli es muy amable y no dijo nada, porque de ser yo ella y haber precenciado ese papelito que Nimi y Kevin montaron, me moria de risa.

    Ok, ok, Oh, asi que el capitan y su fiel ayudante ya arribaron a la tierra. Interesante, en verdad ese sujeto sospecha de Nimi y le urgia encontrarla. La pulsera, asi que es obligatorio que todos tengan una, ah, ahora se porque Nimi tiene esa. Y ya se encontraron! Y que manera de encontrarse No, no es por nada, pero siento que a Denor no lo respetan mucho. Mira que cerrarle la puerta en la cara, jajaja. Oh, esto se pone interesante, ya quiero saber que pasara. Espero el siguiente capi.

    Hasta otra.
     

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