Mini-rol Ludi Harpastum | UA (Genshin Impact)

Tema en 'Salas de rol' iniciado por Gigi Blanche, 21 Diciembre 2021.

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    Las risas ya eran algo constante durante la velada, no era como si buscásemos cualquier excusa para reír, realmente todo se sentía natural, como si fuese algo que simplemente no pudiéramos evitar. Aunque apreciaba el comentario, lo cierto es que aun siendo yo el local en esta situación mi sentido de la moda no es que fuese el más desarrollado de todos; es más, hasta donde yo sabía solo era cinco sentidos pero aparentemente tenía más.

    Todos y cada una de mis preocupaciones se había marchado tan pronto sentía el suave tacto de la chica sobre mi mejilla, aunque esta rápidamente pasó a estirar mi mejilla no lo hizo con nada de rudeza, así que no dejaba de ser un dulce gesto para tranquilizarme.

    Tras mi repentina salida del bar pude notar la silueta de la chica sobre la barandilla, mientras su largo cabello acompañaba su silueta a la luz de la luna, aun con esa gentil sonrisa.

    —¿E-Eh? P-Por lo general no trato de impresionar a nadie, le gente suele asustarse con relativa facilidad —comenté algo apenado al rascar mi nuca poco antes de que empezara a subir la pared, cuando sus palabras me confundieron un poco—. Estoy bastante seguro de que puedes verme desde aquí y estoy casi seguro que mi nombre no es Romeo...¡Oh, espera, ya me acuerdo de esto!

    >>¡Aquí Julieta! Junto a esta...¿Maceta?

    ¿Quién escribió esto?

    Una vez arriba no puede evitar notar el no tan sutil puchero de la chica, con sus mofletes infladitos y todo. Pero si es que era adorable. Me aproveché un poco de que me debía la jugada y pellizque sus mejillas antes de dedicarle una pequeña sonrisa.

    —No te voy a mentir, siempre ha sido mi manera favorita para desplazarme.

    Una vez en las calles decidimos comenzar nuestro tour nocturno por la ciudad, pasando por un lado del Gran Hotel Goth y la sede del Gremio de Aventureros, aunque al principio cuando pasamos por el hotel no pude evitar notar que había algo de bullicio en una de sus habitaciones, ¿eran acaso los de la compañía? Me preguntaba si Anna no los echaba en falta. Fue una lastima que no pudiera preguntarle, pues en cuanto pasamos por la taberna Cola de Gato ella se lanzó sin dudarlo a jugar con los felinos.

    No tenía ninguna intención de apresurarla, así que simplemente saludé a la camarera y me limité a acariciar a uno de gatitos que se había subido a mi cabeza.

    Pobre de Diona, teniendo que trabajar hasta altas horas de la noche por el festival.

    Tras un rato continuamos caminando hasta llegar a la plaza principal junto a la fuente y nos sentamos en los escalones para descansar un poco y apreciar la vista. Annie se sentó y como una niña pequeña comenzó a mecerse al ritmo de la música de fondo producida por los bardos, y yo cómo buen guía que era, me senté junto a ella e hice prácticamente lo mismo.

    No pude ocultar del todo mi preocupación al escuchar no solo que los Fatui seguían en el hotel, sino que aparentemente tenía un Banco en Liyue y hasta se rumoreaba que estaban involucrados en al muerte de Rex Lapis. Parecía que eso tipos habían estado más ocupados de lo que yo hubiese imaginado.

    —¿Causar problemas? No, creo que no, al menos ninguno del que sepamos los del gremio. Han estado aquí desde antes de que Dvalin, el Dragon del este, fuese corrompido momentáneamente por el Abismo, y luego de eso muchos se marcharon, pero aun hay unos cuantos rondando por la ciudad —Solté aire algo derrotado para luego mirar al cielo—, traté de probar que ellos estaban relacionados con algunos de los problemas de la ciudad, pero aparentemente están "limpios" pero...

    Terminé por negar con la cabeza para luego volver a dirigirme a la castaña con una sonrisa un poco más serena.

    —No vale la pena hablar de eso ahora, la noche es muy linda para eso...Hey, ¿te gustaría pedir un deseo en la fuente?
     
    Última edición: 7 Octubre 2022
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    Gigi Blanche

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    Llevaba riéndome tanto desde que habíamos llegado a Mondstadt, y en especial desde que la presentación había acabado, que por muy pequeños chispazos de tiempo realmente deseaba que el sol tardara más en salir. Que la noche se prolongara junto a las estrellas, la música de los bardos y la brisa cálida de Barbatos. Aleck se amoldaba a cada una de mis tonterías, y si no, sencillamente me esperaba.

    Llegando ya a la plaza, me senté en las escalinatas y el muchacho hizo lo propio a mi lado. Su preocupación fue palpable en cuanto le comenté sobre los rumores que circulaban en Liyue de los Fatui, y estuve por preguntarle si aquí había ocurrido algo pero no hizo falta. Las historias sobre la crisis del dragón habían llegado hasta el puerto hace ya un tiempo, así que estaba medianamente enterada. Lo oí atentamente y con el ceño algo fruncido. ¿Un dragón legendario corrompido por el Abismo? Vaya, sonaba... aterrador. Una cosa era hablar de los Fatui.

    Y otra era mencionar el Abismo.

    Una presión desagradable me comprimió la garganta apenas la palabra salió de sus labios, pero me las arreglé para respirar hondo y desviar la vista al frente, disimulando mi reacción. Gracias a los Siete acabó suspirando y concediéndome una sonrisa, dispuesto a cambiar el tema. Repasé sus ojos brevemente y le regresé el gesto, asintiendo.

    —Y yo que sólo quería venir a Mondstadt pura y exclusivamente para pedir un deseo en esta fuente, ¿cómo lo supiste? —bromeé, incorporándome.

    Las telas que llevaba mi vestido se deslizaron, vaporosas, y se enredaron momentáneamente en torno a mi cuerpo cuando giré sobre mis talones para extenderle la mano. Volví a sonreírle, estaba todo muy tranquilo y me acerqué entonces a la fuente. Estiré la mano para alcanzar uno de los chorros de agua un instante, salpicó en todas direcciones y me reí, arrugando la nariz.

    —Muy bien, un deseo.

    Saqué una moneda de las que llevaba encima, tomé aire y alcé a mirar el cielo, cerrando brevemente los ojos. La voz de mamá se deslizó junto al viento, me susurró al oído, hizo eco y se fue. Estaba cantando una canción y la canción permaneció. Cargaba un deseo en el corazón, el más importante de todos; lo repetía con tanta insistencia que siquiera tuve que formularlo en mi mente. Existía allí a todas horas, como una nostalgia atada al cuerpo.

    Deseo que estén a salvo.

    Abrí los ojos, bajé la vista a la fuente y lancé mi moneda dentro. Le sonreí a Aleck.

    —Está prohibido ser la única que pida un deseo —dictaminé en un murmullo suave, y junté las manos frente a mi pecho—. Los deseos son importantes, después de todo.
     
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    Estaba considerando seriamente ir con un medico mañana siguiente, si ya me dolía el pecho de no parar de reír ahora, no me quería ni imaginar como me iba a sentir por la mañana. Era como cuando estornudabas tantas veces que los músculos se tensan y te duele. Pero a diferencia de mis alergias, esto era algo que no me molestaría repetir cada día, incluso si eso implicaba tener que ver un medico cada día, y si se trata de Barbara seguro que hasta vale más la pena por escucharla cantar.

    De cierta forma, agradecí que nuestra conversación en las escaleras fuera más bien breve. El abuelo siempre decía que las cosas del trabajo se queda en el trabajo, fuera de este se debe procurar hablar de otras cosas; y me gustara o no, lidiar con los Fatui o aun peor el abismo, era parte de mi trabajo.

    La pobre Annie trató de disimular su preocupación. Había encontrado otra cosa en común entre nosotros: Ambos procurábamos no alterar a los demás con nuestras propias preocupaciones. Tenía que dar las gracias de que haya seguido mi idea casi al momento, realmente sería un desperdicio gastar una noche tan bella charlando sobre eso, además, un deseo nunca estaba mal, ¿no?

    —Que te digo, es la fuente más famosa de todo el continente. La gente viene aquí todos los días solo buscando esta maravilla de la arquitectura —agregué de la misma manera, para luego tomar la mano de la chica e incorporarme.

    El aire había arreciado un poco dentro de los muros de la ciudad, solo lo suficiente para que parte de las gotas de la fuente viajaran con la brisa, acariciando mi rostro y agitando un poco mis ropajes al compas del viento, era algo frío, pero ciertamente agradable. Ver a la castaña juguetear con el agua logró arrancarme otra sonrisa más, en cuanto miró al cielo, no pude evitar imitar su movimiento y me quedé absorto, mirando a la bóveda celesta y sus maravillas, esta era realmente la mejor vida que podría pedir.

    Me quedé reflexivo en mi lugar por un momento, pensando en todas las cosas que podría desear. Ser aun más fuerte, tener una mejor armadura, incluso podría pedir cientos de monedas y así pedir cientos de deseos, pero en el fondo realmente no me importaba nada de eso. Quiero decir, Tener fuerza, mejor equipo y Mora nunca estaba de más, pero no sentía que fuese algo que necesitara desear, a veces lo único que se necesita en la vida es tener la posibilidad de ver salir el Sol sobre un nuevo día.

    Deseo que todos puedan vivir la mejor versión de su vida.

    Saqué un moneda de mi manga y la arrojé con un giro hacía el agua, cayendo relativamente cerca de la de la chica, logrando salpicar un poco más de agua.

    —Tenemos un buena vida Annie. Espero que no cambie nunca.


    Me senté por un momento en el borde de la fuente y volví a centrar mi mirada en el cielo, con una sutil sonrisa en mi rostro. Casi siempre clavaba mi vista en las luces de Mondstadt, pero hoy en particular las estrellas en el firmamento parecían más brillantes que nunca. Incluso casi podría jurar que vi una estrella fugaz con un aura dorada pasar veloz en el cielo.

    —¿Esta es la parte en la que debo confesar que esa era mi ultima moneda? Estoy tentado a sacarla del agua —Bromeé distendido. Volví a sonreírle a la chica.

    >>Debí desear tener más Mora.
     
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    Gigi Blanche

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    Que hiciéramos tanto alboroto sobre una fuente que, aunque bonita, seguía siendo bastante común, consiguió prolongar las risas. Si era cierto eso de que reírse nos alargaba la vida, ¡teníamos que estar haciéndonos inmortales! Lo ayudé a incorporarse, pues, jugamos con el agua y contemplamos el cielo. Las estrellas de todo Teyvat estaban allí, frente a nosotros, y recordé uno de los poemas favoritos de Yun Jin.

    Aguarda por mí, recita mi nombre y cántale a las estrellas, pues sobre ellas fueron escritas todas nuestras historias.

    Y si volvemos a encontrarnos no será mera fortuna, sino la voluntad de Celestia.

    Sabía de una gran astróloga que vivía aquí, en la ciudad de Mondstadt. Se decía que era capaz de leer el futuro de cualquier persona en las estrellas. Si los rumores eran ciertos, ¿eso significaba que nada era coincidencia? ¿Que incluso el poema de Yun Jin llevaba razón? Una vez lancé mi moneda y pedí el deseo, Aleck me imitó y yo seguí sus movimientos con una pequeña sonrisa en los labios. No estaba segura si el concepto de destino dotaba a nuestras decisiones de sentido o se lo quitaba por completo, pero aún no me importaba demasiado; no cuando la vida que tenía me obsequiaba esta clase de momentos.

    Tenemos una buena vida, Annie. Espero que no cambie nunca.

    Asentí, con las manos aún frente al pecho, y pestañeé tranquila en lo que Aleck se sentaba al borde de la fuente. El agua seguía reverberando a un ritmo constante, las monedas destellaron una última vez antes de asentarse y deslicé la mirada al muchacho, luego al cielo; su voz, sin embargo, me hizo bajar la vista de regreso a él. Sonreí, divertida.

    —¿Un aventurero pobre? Qué cliché —bromeé en un murmullo calmado—. ¿Cuál fue tu deseo, entonces? Si se puede saber, claro.

    El festival a nuestro alrededor muy lentamente iba amainando, ofreciendo una postal de la ciudad muy diferente a la que había conocido hasta el momento. Las conversaciones se oían sutiles, entremezcladas con los sonidos de los ciudadanos cerrando sus locales o guardando la mercancía de los puestos. Era probable que ya debiéramos empezar a retirarnos, pero honestamente no me apetecía demasiado. La canción que llevaba en mi mente desde que nos detuvimos en las escalinatas cobró fuerza, inhalé y simplemente empecé a cantar.

    Aleck no sería capaz de entender una palabra, ya que se trataba de una muy vieja canción en el idioma antiguo de Inazuma. Era tradicional de la aldea donde había nacido, la había aprendido en boca de mis padres y de vez en cuando, cuando las estrellas brillaban y los recordaba con particular fuerza, me gustaba cantarla. Era mi forma de traerlos conmigo y mostrarles todas las maravillas que Teyvat me había obsequiado.

    Tras recitar unas pocas líneas sonreí, buscando los ojos de Aleck, y mi sonrisa pretendió extenderle una disculpa silenciosa; no dejé de cantar, sin embargo. Mi cuerpo se fue amoldando lentamente a la melodía que palpitaba en mi mente, y junto a ella comenzó a mecerse a un ritmo estable, silencioso. Era similar al movimiento de un pequeño barco en medio del océano, suponía, o al consuelo que encuentran los bebés dentro de sus cunas. Calmaba, apaciguaba y nos conectaba con la naturaleza. Al menos a mí me gustaba verlo así.

    A medida que gané confianza, seguí ejecutando pequeños movimientos relacionados a la canción, a lo que recordaba de mamá y las veces que me la había cantado antes de dormir. La ciudad a mi alrededor se desdibujó, entremezclándose con los paisajes de la melodía, y sonreí. Estaba el océano bajo nuestros pies, los cordones montañosos a lo lejos y el cielo, de un azul cerúleo, sobre nuestras cabezas. Y nosotros nos mecíamos dentro de un pequeño bote, cada vez más lejos de casa, hacia un destino desconocido.

    Con las últimas estrofas cayó la noche, las estrellas tintinearon y estiré el brazo junto a Aleck hasta alcanzar el agua de la fuente. Me mojé la mano, le salpiqué un par de gotas en la cara y una risa suave se me coló en la voz.

    Las estrellas en el cielo cantan mi canción,
    llevan mis pensamientos, destellando.

    Y esta canción mía viaja por doquier,
    resuena todo el camino de regreso a ese país.

    El silencio se sintió cómodo. Cerré los ojos un instante, los despedí y volví a mirar a Aleck, riéndome.

    —No has entendido una palabra, ¿verdad?


    dejo por acá las lyrics en inglés de la cancioncita cuz LORE
     
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    Rider

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    Era ciertamente irónico como algo tan agradable como el reír era capaz de hacerte sentir algo de dolor en las costillas, pero hey, que mejor recordatorio que ese para saber que estamos vivos ¿no? Esta sesión de risas compensaría cualquier dolencia y amargura a futuro. Después de todo, siempre podíamos refugiarnos un poco en bellos recuerdos en momentos difíciles, pero yo me aseguraría de atesorar esta noche como ninguna otra. Y lo mejor de todo, es que podía añadir a esos recuerdos la hermosa canción que no sabía que estaba a punto de escuchar más adelante.

    Los murmuros de la chica lograron arrancarme una sonrisa, aunque poco después decidí aparentar estar molesto mientras me cruzaba de brazos.

    —¡Hey, lo dices como si ser pobre fuera una elección! —Aunque lo intenté, no pude evitar soltar una risa más antes de contestar la pregunta de Annie—. Que esta vida no nos cambie a nosotros.

    Sonreí tranquilo, explicar todo mi deseo hubiera sido demasiado complicado, así que esa frase que escuché alguna vez de un jovial y apuesto viajero encapuchado sería útil para resumir todos mis anhelos.

    >>Ahora solo esperemos que sea falso eso de contar los deseos en voz alta hace que no se cumplan —le sonreí a la chica una vez más y le guiñé el ojo de manera bromista—. ¿Y bien? ¿Cuál fue tu...?

    Me vi interrumpido cuando la castaña comenzó a interpretar una canción en una lengua francamente desconocida para mí, pero su suave tono y la limpieza con la que la interpretaba era más que suficiente para transmitirme infinidad de emociones, pero sobre todo, me transmitía mucha calma y serenidad. Mientras ella continuaba impecable con su interpretación, yo me giré por un instante hacía la fuente, y aunque podía ser meramente mi imaginación, casi podía jurar que la brisa en conjunto con el movimiento del agua hacía que esta se asemejara a un mar espumoso. Me hizo añorar aquellos días en que fuimos con el gremio a contemplar el amanecer en un acantilado junto a la Costa del Halcón.

    La voz de la chica tenía el increíble don de despertar recuerdos y transmitir tantas emoción.

    Regresé mi vista a la castaña mientras esta terminaba su tonada. Las sutiles notas y la nostalgia con la que cantaba logró extrañamente hacerme entender un poco sobre lo que trataba de comunicar, aun cuando desconocía el idioma que cantaba. Era la magia de la música: Capaz de transmitir tanto, sin que nada pudiera frenarla. Aplaudí la interpretación de la chica como era debido para luego dirigirme a ella otra vez.

    —Palabras no, no he entendido muchas la verdad —confesé con una sonrisa algo apenada mientras rascaba mi nuca—, pero sin dudas pude entender entonces cual fue tu deseo, Annie.

    Tomé un poco de agua con la punta de mi dedo índice para luego colocar este sobre la punta de la nariz de la chica. No era ningún poliglota, pero no era necesario cuando las palabras no eran capaz de expresar emociones tan sinceras y puras.

    —Esa bella canción, ¿tiene un nombre?
     
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    Gigi Blanche

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    Quizás una de las razones por las que Aleck y yo habíamos cuajado tan pronto se debía precisamente a las similitudes que nuestros temperamentos, e incluso filosofías, compartían. No iba sólo de que ambos fuéramos enérgicos o alegres, eran los fundamentos sobre los cuales lográbamos serlo día tras día. Estaba en los pequeños optimismos cotidianos, en decidir tomar lo bueno de las situaciones y siempre, siempre esforzarnos de cara al futuro. Era, también, no permitirnos estancarnos en el pasado.

    Por seductor que a veces llegara a parecer.

    —Pero ¿sabes qué sí es una elección? —repliqué, aún sonando bastante divertida, y lo señalé con el dedo—: Arrojar sus últimas monedas al agua, señor, ¿le parece una conducta responsable?

    Me confió su deseo, parpadeé y deslicé la mirada a la fuente, dándole vueltas en mi cabeza. Que la vida no nos cambiara. Me gustaba creer en la esencia de las personas, pero también en su capacidad de automoldearse. Creía, también, que muchas cosas, incluso las inevitables, acababan siendo meras opciones; no porque perdieran su carácter de obligatoriedad, sino porque, al final del día, la decisión siempre estaba en nosotros. La longevidad, el peso de las mismas, y cómo nos afectaran.

    Que la vida no nos cambiara.

    Era el deseo de mantenernos fieles a nuestra esencia.

    Luego sentí el impulso de cantar la canción, y eso hice. A decir verdad no me avergonzaba; trabajaba en una compañía de teatro, después de todo, uno perdía el pánico escénico conforme ganaba experiencia. De hecho, al acabar, Aleck llegó a aplaudirme y la tontería dibujó una sonrisa en mi rostro. Me incliné ligeramente a modo de agradecimiento, risueña, y reconoció no haber entendido una palabra. Normal. Yo tampoco conocía el idioma extensamente, si acaso había aprendido esa canción, su significado y la pronunciación de la letra. Era una lengua muerta, al fin y al cabo, y a medida que estas tradiciones no se pasaran de boca en boca... lentamente iría desapareciendo.

    Arqueé apenas las cejas al oírlo decir que, a raíz de la canción, había conseguido comprender mi deseo. Quise molestarlo, la verdad, pero me distrajo tocando la punta de mi nariz con el índice mojado. Parpadeé, solté una risa breve y asentí.

    Tooku kimi e —indiqué en su idioma original, y luego traduje—: "Desde lejos, para ti" es lo que me han dicho que significa, aunque no sea sumamente preciso. Está en la lengua que hablaban los pobladores originales de Inazuma, incluso antes de que el pueblo de Watatsumi ascendiera de Enkanomiya. Mamá solía cantármela, y a ella se la cantaba su madre, y así sucesivamente. Es una tradición que se ha mantenido por generaciones en la Aldea Higi, donde nací.

    Renové la sonrisa, tranquila, y una chispa de malicia se me coló en el gesto.

    —Entonces, señor aventurero... —murmuré, moviéndome con cierta suavidad para sentarme a su lado, en el borde de la fuente, y giré el torso en su dirección—. ¿Cuál dices que fue mi deseo?


    tenía que hacer a Anna provenir de una de las world quests más trágicas del juego? por supuesto
     
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    Rider

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    No era una persona con muchas virtudes; casi ninguna en realidad, pero algo que siempre aprecié de mi mismo fue mi optimismo hacía el futuro. Había conocido mucha gente que simplemente se había rendido al esperar que el día de mañana fuera mejor que el de hoy, gente que al aferrarse a lo que fue, se impedían a si mismo contemplar lo que podría ser. Siempre había algo bueno en cada pequeña cosa de la vida, valía la pena tratar de apreciarlo, ¿Pero lo mejor? Lo mejor siempre viene cuando sale el sol, pues siempre viene acompañado por los vientos de un nuevo día.

    Me daba gusto conocer a alguien con quien sentía que compartía tanto en tan poco tiempo.

    La pregunta de la chica me tomó por sorpresa, y no pude hacer más que arquear las cejas ante su cuestionamiento para luego soltar una carcajada.

    —Señorita, ¿A usted le parezco una persona responsable?

    Reímos un poco más después de eso, hasta que luego noté un poco a la chica algo melancólica luego de haber interpretado su canción, pero sin quererlo mi gesto pareció sacarla de su tren de pensamiento, y para ser justos, tampoco me sentía con derecho de lanzar preguntas tan personales tan pronto, así que aproveché el desliz y continuamos con la conversación.

    —T-Tako wiki eh...?—intenté replicar sin éxito hasta que la chica tradujo las palabras para mí—. ¡Oh! Hey, es un gran titulo, aun si no es la traducción totalmente correcta. Me gusta.

    Contesté con una sonrisa al pensar en las implicación de dicho nombre para una canción tan profunda, y sobre la tradición tan ancestral que la precedía. Una sonrisa se me dibujo al pensar en que una canción milenaria había sido interpretada justo frente a mí, proveniente de una tierra tan lejana como Inazuma, pero sobre todo, el pensar que Annie había decidido compartirla conmigo. Ninguna tradición podía superar el paso del tiempo, por muy noble o simbólica que fuera, pero siempre podríamos empezar nuestra propia tradición, ¿no?

    —Je,je. Oh, no lo sé, podrían haber sido un montón de cosas ¿No~?—contesté evadiendo totalmente la pregunta, con la pura intención de molestar un poco a la chica—. Lo que sí que sé es que se esta haciendo muy tarde, y aun tenemos que madrugar en la mañana.

    Me levanté con toda la calma del mundo y me giré hacía la chica y le extendí mi mano para ayudarla a ponerse de pie.

    —¿Me permitiría acompañarla hasta su hotel, señorita?
     
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    Gigi Blanche

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    Bueno, tenía un punto, ¿cierto? No podía esperar mucha responsabilidad de alguien que saltaba por balcones en vez de utilizar las escaleras, sonaba a que tranquilamente podría ser la misma persona arrojando todo su salario a la fuente de la fortuna.

    —Pues no, en absoluto, pero siempre tenemos permitido soñar, ¿verdad?

    La forma en que intentó repetir el nombre de la canción me arrancó una risa divertida que tapé con la amplia manga de mis ropas. Escuchó mi explicación, supe que estaba brindándome hasta la última gota de su atención y fue algo que valoré muchísimo. Luego indagué sobre su deseo y el muy... malnacido se hizo el tonto, evadiendo mi pregunta. ¡Incluso metió la excusa de la hora! Resoplé, haciendo un mohín, pero no pude replicarle. En efecto, se estaba haciendo tarde.

    —Está bien, volvamos —cedí, aún no muy convencida.

    El muchacho se puso en pie, giró hacia mí y extendió su mano, como todo un caballero. La tontería me quitó un poco la decepción de encima y sonreí, aceptando su ayuda.

    —Cómo no, mi Señor~

    El camino hasta el hotel fue tranquilo y ameno, de alguna forma el cansancio comenzó a pesarme en el cuerpo y, para cuando lo alcanzamos, solté un bostezo que, otra vez, tapé bajo mi manga. Luego, usé esa misma mano para picarle el pecho.

    —Recuerda, a las ocho en las puertas de la ciudad —sentencié, seria, y suavicé la expresión. Dudé un poco, pero acabé retrocediendo y agitando mi mano—. Nos vemos, Aleck.

    Estuve a punto de desaparecer dentro del hotel, pero me giré hacia él antes de cerrar la puerta y le solté un "¡no llegues tarde!" a su espalda. Inhalé, seguí su silueta un par de segundos y, finalmente, entré. Ya había bastante silencio, por lo que estimé que la fiesta habría acabado aquí también. Volví a bostezar, cansada, y subí las escaleras hacia mi habitación.

    Mañana tocaba otro gran día, ¿verdad?

    .
    .
    .

    Firme como un granadero y vivaz como un gallo, el cálido sol de la mañana me recibió justo a la entrada de la ciudad amurallada. El movimiento se había reiniciado, con los trabajadores y mercaderes yendo y viniendo. Había una niña ofreciendo flores frescas, el martilleo incesante del herrero y las guardias fieles de los Caballeros de Favonius.

    Me había levantado especialmente temprano, así tenía todo listo a tiempo para pasar por El Buen Cazador y pedir un par de viandas. Sara me las envolvió, olían delicioso y, con eso, me quedé a la espera de Aleck. También me sirvió para eludir a Yunyun, por supuesto. Tan sólo rezaba por que leyera mi notita cuando ya fuera demasiado tarde.

    Y para eso, necesitaba que cierto aventurero no se quedara dormido.
     
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    —Soñar es gratis, esa siempre será la parte más maravillosa de los sueños.

    Le contesté a la chica con una sutil sonrisa, que reflejaba parte de ese deseo infantil de conservar nuestros sueños. No por nada muchas personas decían que a veces parecía que soñaba despierto y bueno, en parte era cierto. La vida se vive mejor soñando un poco.

    El ver a la chica hacer aquella especie de mohín tras haberme negado a elaborar más en mi respuesta me pareció simplemente adorable. Aunque en parte si era un excusa, lo cierto era que debíamos apresurarnos a ir a dormir, pues mañana se vendría un día un poco más movido que hoy, y más nos valía tener una buena noche de descanso; pero todo eso no me iba a impedir regodearme un poco sobre esa pequeña victoria sobre Annie, así ahora el marcador estaría igualado ¿No? Quien llevaba la cuenta de todos modos.

    La manera tan peculiar en la que la castaña me llamó señor logró tomarme por sorpresa luego de ofrecerle mi ayuda para ponerse de, tanto así que casi juraría que mis mejillas se ruborizaran un poco. Trate de ocultarlo con una tos un poco fingida antes de retomar nuestra conversación.

    —Aun soy muy joven cómo para que me llames señor, ¿no crees?—comenté un poco entre murmuros—, no tengo canas y los huesos no me duelen...tanto.

    Tras llegar a la entrada del hotel a ambos nos cayó un poco todo el bajón de energía que implicaba haber estado corriendo y bebiendo toda la noche. Annie bostezó y yo acabé por reflejar dicha acción que no me esmeré en ocultar demasiado, estirando mis brazos hacia el cielo. Me faltaba un poco de la sutileza y gracia que caracterizaba a la chica para el día a día. Hundió su dedo índice en mi pecho y me recordó sobre nuestro plan para el día siguiente. Coloque mi mano sobre su cabeza para acariciarla un poco a manera de juego, aunque resultó algo complicado con todos los arreglos en su cabello.

    —Descuida, no me perdería de esta expedición por nada del mundo. Estaré ahí puntal, ¡y llevaré provisiones!—la chica pareció dudar respecto a algo, pero no fui capaz de averiguar el qué, pues antes de cualquier cosa, ella ya se estaba despidiendo—. Hasta mañana, Annie.

    Comencé a caminar con rumbo a mi hogar, cuando de la nada escuché su característica voz detrás de mí, insistiendo con mi puntualidad. Me giré sobre mi cadera sin detener mi paso, para soltar una ultima risa antes de despedirme con un suave ademán. Mis palabras no eran mentirá: Por nada del mundo me perdería de una aventura cómo esta.

    Llegué finalmente hasta mi habitación entrando por la ventana en un vago intento de no despertar al pobre Bennet que ya estaba dormido, pero no me dirigí a mi cama de inmediato, tenía que preparar todo en mi mochila antes de irme a dormir, lo cual por suerte no tomó demasiado. Me tiré sobre mi cama, apenas quitándome las piezas de mi armadura. Coloqué mis manos detrás de mi nuca y me quedé contemplando el techo por unos instantes con una sonrisa, para poco después cerrar mis párpados y caer dormido.

    .
    .
    .
    Me desperté un poco más temprano de lo que había anticipado, apenas si estaban saliendo los primeros rayos del sol, pero era la hora ideal para salir. No tuve más remedio que despertar a mi pobre compañero de cuarto para hacerle saber que me iría por probablemente todo el día, así al menos no se alteraría al no verme al despertar.

    —Benny, Benny —susurré y piqué su mejilla tratando de llamar su atención—, me iré a Espinadragón y me llevo parte de nuestras provisiones, si no vuelvo en 48 horas, envías los equipos de rescate.

    El chico de cabello color ceniza apenas balbuceo un par de palabras, cuestionándome si acaso tenía una buena razón para no solo levantarme tan temprano, sino para irme hasta aquella montaña congelada; a lo cual yo simplemente le respondí que, en efecto, tenía una buena razón.

    Salté por mi ventana, no sin antes tomar toda la mochila y colocarla en mis hombros y salir listo para otra aventura. Usé parte del poder de mi visión para darme un pequeño impulso, logrando así llegar a la parte alta de los muros que protegían la ciudad, de esta manera solo tendría que seguir el camino hacía la entrada y de paso evitarme un poco el trafico por los transeúntes madrugadores que abundaban por la mañana, listos para comenzar un nuevo día. Con aquella escena, viendo a todos esos ciudadanos bajo la luz de un nuevo día, no pude evitar distraerme un poco admirando la belleza de Mondstadt, pero no había sido demasiado tiempo...¿Cierto?

    A la entrada de la ciudad pude vislumbrar a Annie, recargada en uno de los muros esperando por mí. Salté desde lo alto sin meditarlo demasiado, usando el viento a mi favor para suavizar mi aterrizaje.

    —¡Buen día, señorita Anna!—la saludé con entusiasmo luego de incorporarme—. Es otra hermosa mañana en la capital de la libertad, ¿no lo crees?

    Antes de siquiera poder preguntarle a Annie como había dormido o si estaba lista para salir de aventuras me pareció escuchar una voz a lo lejos...¿Llamando por Anna?

    >>Oh-oh, no llegué tan temprano como creí ¿verdad...? Tal vez debamos correr.
     
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    La espera me puso bastante ansiosa, en especial porque se estaba alargando más de lo deseado. Por suerte llegué a distraerme bastante con los ciudadanos que, al pasar, lograron reconocerme por la presentación de ayer. No me consideraba tímida, así que sus elogios y saludos tan cálidos siempre me significaban mucha alegría. Así, el tiempo perdió algo de densidad y, cuando me estaba despidiendo a lo lejos de un anciano y su pequeño nieto, Aleck se materializó a mi lado. Trajo consigo una ráfaga de viento, me sobresaltó y acabé con la mano en el corazón, suspirando. Alcé la vista. ¿El jodido loco había saltado de la muralla?

    Ya ni me sorprendía, vaya.

    —Buen día, Aleck —saludé, recompuesta, alisando brevemente mis ropas—. Sí, es una mañana preciosa. Casi me da pena irnos a Espinadragón con el buen clima de aquí.

    Estuve por seguir hablando cuando una voz femenina se alzó a la distancia, llamando por mi nombre. El corazón se me agarrotó en el pecho, giré el rostro y se me empapó el cuerpo con un chute de adrenalina. ¡Ahora era correr o morir!

    Ni siquiera esperé a que Aleck terminara de hablar, lo tomé de la muñeca y escapé de la ciudad a toda velocidad. Yunyun era estricta pero también una dama, no había forma de que nos persiguiera más allá de la entrada, ¿verdad? Atravesamos el puente, espantando a unas palomas en el proceso y molestando mucho a un niño que estaba allí. La tontería me hizo reír y exclamé una disculpa al aire, sin detenerme. Corrí y corrí por el camino que llevaba a la Aldea Aguaclara, hasta que la falta de aire me quemó en el pecho y frené.

    —Dioses, lo siento —dije aún con dificultad, quitándome algo de cabello del rostro; sería una disculpa, pero estaba sonriendo bastante amplio—. Sabía que Yunyun jamás me dejaría ir, así que tuve que escabullirme fuera del hotel super temprano. ¡Maldita loca que amanece con el sol! Ni la resaca puede con ella.

    Exhalé bien fuerte y, ya recompuesta, le concedí una sonrisa suave al muchacho.

    —Bueno, conmigo nunca te aburrirás —bromeé, riendo—. ¿Cómo dormiste, Aleck?
     
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    El saludo de Annie fue gentil y cálido cómo siempre, casi como si esos movimientos gráciles y esa melodiosa voz nunca se fuera una vez se bajase del escenario. Era parte de su personalidad, y ciertamente era encantador. Estaba totalmente de acuerdo con ella, la mañana era preciosa y casi me planteé el posponer el viaje a Espinadragón para poder explorar otras regiones de Mondstadt, pero eso lo podríamos dejar para otro día, a demás, tenía pinta que el clima iba a ser así de perfecto por los próximos días, así que tampoco nos perderíamos de mucho.

    A la lejanía me pareció ver a un pequeño quien caminaba junto a su abuelo, quizás habían visto a Anna en la función de anoche; pero al mirarlos, no puede evitar sentirme un poco reflejado, al punto en que una sonrisa más sutil se dibujó en mi rostro.

    Cuando apenas habíamos terminado con nuestros saludos tuvimos que cortar todas las formalidades, pues mis sospechas habían sido ciertas: YunYun estaba buscando a Annie.

    Sus pupilas se contrajeron por un instante, y cómo en uno de esos instantes en los que solo se actúa y no se piensa, me tomó por la muñeca y comenzamos a correr. Me había olvidado de lo veloz que era. Pasamos tan rápido que por desgracia ahuyentamos a unas palomas que estaban siendo alimentadas cuidadosamente por un niño; y para desgracia del niño, esta no era la primera vez que pasaba.

    —¡Te lo compensaré al volver Timmy, lo juró! —le grité al chico sin detener nuestra marcha. Él grito algo hacia nosotros pero no fui capaz de escucharlo, pues unas risas empezaron a invadir aquel espacio. Había algo en pensar que estábamos corriendo por nuestras vidas junto a la chica que simplemente me hacía reír como un niño que huía luego de haber cometido otra travesura. La visión en mi hombrera comenzó a titilar nuevamente mientras a cada paso nos alejábamos de la ciudad y un par de plumas y hojas eran arrastradas por la brisa, justo cómo anoche.

    Nos detuvimos finalmente a unos cuantos pasos de Aguaclara para retomar el aliento. Correr con abrigos relativamente bromosos no era la mejor idea, pero al menos no estaba haciendo nada de calor esa mañana. Coloqué mis manos sobre mis rodillas mientras me recuperaba y escuchaba a la chica, ambos sin perder esa sonrisa.

    —Correr siempre es buen deporte, pero hay mejores maneras de entrar y salir de la ciudad, ¿sabes? —bromeé un poco antes de seguir escuchando—. Oh, ¿así que ahora soy cómplice en una fuga? Si que sabes mantener la cosas interesantes, Annie.

    Había algo admirable en pensar que aquella chica podía ir de fiesta toda la noche y aun así despertar cómo si nada. Admirable y aterrador. Una vez que ambos nos reintegramos la chica me dedico esa habitual sonrisa gentil, y yo por mi parte hice lo mismo. Realmente no había una mejor manera de iniciar el día.

    — Bueno...Digamos que dormí, y eso es suficiente —me rasqué la nuca algo nervioso tratando de desviar la atención—. ¿Qué hay de ti? Nunca he entrado al hotel Goth, ¿es tan acogedor como dicen?

    Le pregunté amablemente antes de indicar el camino que debíamos seguir hasta la montaña, listos para una aventura inolvidable.
     
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    Gigi Blanche

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    —¿Como por encima de las murallas, por ejemplo? —le repliqué, esperando a recuperar el aliento para devolverle la jugada apropiadamente, y luego asentí muy inocente—. Así es. ¿Ya te dije que cometí un crimen terrible en Liyue y sólo me oculté en la caravana de la Compañía para huir de la Geoarmada? Eres cien por ciento cómplice.

    Su respuesta a si había dormido bien me hizo pestañear, curiosa, pero no logré discernir su reacción. ¿Eso significaba que había descansado mal? Pero ¿por qué le avergonzaría? No le encontraba mucho sentido, mas lo dejé correr. Su pregunta sobre el Hotel Goth me renovó la sonrisa y asentí, comenzando a caminar hacia donde me había indicado: poco antes de llegar a Aguaclara el camino presentaba una intersección dividida en dos; la ruta hacia Espinadragón era la alternativa, una que hasta ahora jamás había pisado.

    —Es algo curioso y que pasa siempre, y que es muy obvio pero no lo piensas hasta que viajas mucho —conté, ligeramente divertida—. La gente nunca sabe cómo son los hoteles donde viven, porque ¡claro! ¿Con qué motivo pagarían una noche en ellos teniendo casa propia? Por eso, siempre adonde voy termino conversando de los hoteles con los locales. Es gracioso.

    Con esa suerte de introducción hecha, giré el rostro hacia él y le sonreí.

    —Es muy acogedor, sí, todo está muy prolijo y cuidado ¡y las almohadas son super cómodas! No tiene mucho sentido, pero si un día te apetece gastar dinero puedes hospedarte ahí. Ampliamente recomendable, diez de diez. —Fruncí levemente el ceño y agregué—: Por cierto, ¿por qué apareciste por la muralla? ¿Vives a las afueras de la ciudad?
     
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